Facultad de Ciencias Veterinarias
-UNCPBA-
Efusión pleural en caninos: diagnóstico y manejo
terapéutico
de Dios, Agustina; Rizzuti, Mariela; Nejamkin, Pablo
Mayo, 2017
Tandil
Efusión pleural en caninos: diagnóstico y manejo terapéutico
Tesina de la Orientación en Sanidad Animal, presentada como parte de los
requisitos para optar al grado de Veterinario del estudiante: de Dios, Agustina.
Tutor: Med. Vet. RIZZUTI, Mariela
Director: Med. Vet. NEJAMKIN, Pablo
Evaluador: Dr. QUIROGA, Miguel Ángel
Agradecimientos
A todas aquellas personas que forman parte de la Facultad de Ciencias
Veterinarias, que con sus enseñanzas me formaron como profesional.
A mis tutores, Mariela Rizzuti y Pablo Farías, por su paciencia y
dedicación durante mi etapa de residencia.
A mi director, Pablo Nejamkin, por la buena predisposición y
colaboración en el desarrollo de la tesina.
A mi evaluador, Miguel Ángel Quiroga, por la realización de las
correcciones necesarias para perfeccionar la tesina.
A mi familia y amigos por estar siempre acompañándome durante todos
estos años.
Resumen
La efusión pleural es una patología que se encuentra con frecuencia en la
clínica diaria canina, y se caracteriza por el acumulo anormal de líquido dentro
del espacio pleural. Debido a que son múltiples las etiologías que pueden llevar
al desarrollo de esta afección y al consecuente tipo de derrame, es importante
llevar a cabo una correcta anamnesis y examen físico en el animal, como
también utilizar los métodos complementarios correspondientes que permitan
arribar al diagnóstico final. Si bien el tratamiento inicial consiste en la
estabilización del paciente y drenaje del líquido, la continuidad del mismo y el
pronóstico dependen de la causa primaria desencadenante.
Palabras clave: efusión pleural, etiologías, métodos complementarios,
diagnóstico, tratamiento, pronóstico.
Índice
INTRODUCCIÓN……………………………………………………..…......…..pág. 1
Objetivos……………………………………………………………………….....pág. 2
RESEÑA BIBLIOGRÁFICA………………………………………………........pág. 2
Anatomía de la pleura………………………………………………………......pág. 2
Irrigación sanguínea y linfática……………………………………....………...pág. 2
Patologías pleurales………………………………………………………....….pág. 4
Derrame o efusión pleural…………………………………………….…....…..pág. 4
Fisiopatología de la efusión............…………………………………….....…..pág. 4
Tipos y causas...............................………………………………….…....…...pág. 5
Signos clínicos…………………………………………………………....…….pág. 15
Examen físico……………………………………………………………....…..pág. 15
Pruebas diagnósticas………………………………………………...........….pág. 16
Análisis del líquido y su colaboración diagnóstica……………………...…..pág. 24
Tratamiento………………………………………………………..….......……pág. 26
Pronóstico..................................................................................................pág. 29
DESCRIPCIÓN DEL CASO CLÍNICO.......................................................pág. 30
Reseña del animal.....................................................................................pág. 30
Anamnesis.................................................................................................pág. 30
Evaluación inicial......................................................................................pág. 31
Estudios complementarios.........................................................................pág. 32
Tratamiento................................................................................................pág. 33
Análisis de laboratorio y diagnóstico..........................................................pág. 33
DISCUSIÓN...............................................................................................pág. 35
CONCLUSIONES......................................................................................pág. 36
BIBLIOGRAFÍA.........................................................................................pág. 38
INTRODUCCIÓN
El derrame pleural (DP) es una afección relativamente frecuente en perros y
gatos, y ocurre como consecuencia de la acumulación anormal de líquidos en
la cavidad pleural. Constituye una manifestación clínica común a numerosos
procesos primarios y secundarios (Suarez et al., 2012).
Su presentación clínica es variable, depende de la enfermedad subyacente, del
volumen del derrame y de la rapidez en su formación (Suarez et al., 2012). Los
animales a veces no presentan signos (acumulación lenta, pequeño volumen) o
pueden estar gravemente afectados (acumulación rápida y grandes
volúmenes). Pueden destinarse grandes volúmenes de fluido en los caninos no
estresados que no realicen ejercicio, pero dichos animales se descompensan
rápida y fatalmente si no se tratan con cuidado (Fuentes, 2013).
Determinar la causa del DP resulta en ocasiones complejo, se requiere de la
estabilización previa del paciente, y de procedimientos diagnósticos y
terapéuticos potencialmente invasivos, por lo que es esencial una aproximación
diagnóstica ordenada (Suarez et al., 2012).
El planteamiento diagnóstico dependerá de las causas probables establecidas
en función de la anamnesis y la exploración física de cada paciente en
particular (Suarez et al., 2012).
La toracocentesis es necesaria para establecer el diagnóstico y también se
puede utilizar para aliviar la dificultad respiratoria. Las muestras de líquido
deben conservarse para su estudio analítico (Herrtage, 2006).
La radiografía torácica es el medio de diagnóstico por imagen más eficaz para
confirmar la existencia de DP, determinar la afección unilateral frente a la
bilateral, y evaluar la posible presencia de masas pulmonares (Suarez et al.,
2012; Munro, 2013).
1
La ecografía es un procedimiento no invasivo, fácil de realizar y que facilita el
diagnóstico antes de la extracción de fluidos, pues éstos constituyen una buena
ventana acústica, y a su vez permite la toma de decisiones precoces en cuanto
a la idoneidad de un tratamiento frente a otro (Suarez et al., 2012).
El tratamiento es muy variable pues depende de la etiología subyacente
(Suarez et al., 2012).
Los objetivos del trabajo consisten principalmente en destacar la amplia
variedad de etiologías que pueden dar lugar al desarrollo de la efusión pleural,
su correcto diagnóstico y posterior tratamiento. A su vez, mediante la
presentación del caso clínico, evidenciar una de las causas consideradas con
peor pronóstico, establecida en base al análisis del propio derrame pleural.
RESEÑA BIBLIOGRÁFICA
Anatomía de la pleura
La pleura está compuesta por las membranas serosas que recubren los
pulmones y la cavidad torácica, formando un espacio virtual denominado
cavidad pleural. La pleura parietal es la parte de la pleura que reviste la pared
de la cavidad torácica, mientras que la visceral (o pulmonar) recubre los
pulmones y sus fisuras, separando completamente los distintos lóbulos
(Fossum, 2009). A su vez, los sacos pleurales derecho e izquierdo pueden ser
entidades distintas (Thrall, 2001).
La cavidad pleural normalmente es menor de 1 mm y contiene un líquido
seroso para reducir la fricción durante el movimiento respiratorio (Munro, 2013).
Irrigación sanguínea y linfática
La irrigación de la pleura parietal proviene de las arterias intercostal,
pericárdica y diafragmática (es decir, de la circulación sistémica), de modo que
las fuerzas hidrostáticas que conducen los líquidos fuera de los capilares
2
exceden las fuerzas oncóticas que previenen la eliminación de los líquidos
(Fuentes, 2013).
La pleura visceral es irrigada por las arterias pulmonares, y el drenaje se
realiza en las venas pulmonares. Las fuerzas hidrostáticas en los capilares de
la pleura visceral son, por tanto, menores que en la pleura parietal, de modo
que existe una salida neta de fluido desde el espacio pleural a través de la
pleura visceral (Fuentes, 2013).
Las membranas de la pleura contienen una red linfática abundante. Los
grandes estomas de la pared parietal están conectados con los vasos linfáticos
colectores, y se vacían finalmente dentro del conducto torácico (ver Figura 1).
Estos linfáticos proporcionan la ruta principal de drenaje del espacio pleural
(Fuentes, 2013).
Figura 1- Dibujo esquemático de la producción y el drenaje normal del líquido pleural
(adaptado de Fuentes y Swift, 2013).
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Patologías pleurales
Entre las anomalías frecuentes de la cavidad pleural en el perro y el gato se
cuenta:
Acumulación de líquido (derrame pleural)
Acumulación de aire (neumotórax) (Nelson y Couto, 2010).
Engrosamiento pleural (Fuentes, 2013).
Derrame o efusión pleural
Consiste en la acumulación de cantidades excesivas de líquido en el espacio
pleural. La mayor parte de los casos de este tipo de derrame es bilateral debido
a que tanto en el perro como en el gato el mediastino suele ser incompleto
(Herrtage, 2006).
Fisiopatología de la efusión
Las membranas pleurales parietales son permeables a los líquidos y a las
proteínas. El fluido drena desde el espacio pleural predominantemente, más
por bombeo del flujo que por difusión. Los linfáticos parietales tienen una gran
capacidad de absorción, y pueden incrementar la tasa de drenaje pleural en
más de 30 veces la base (Fuentes, 2013).
Es probable que se desarrollen derrames pleurales si:
Se incrementa la tasa de producción de líquido: los cambios en las fuerzas de
drenaje pueden aparecer con un incremento en la presión hidrostática
(insuficiencia cardiaca congestiva) o a partir de un descenso en la presión
osmótica coloidal (hipoalbuminemia). Estas fuerzas producen un trasudado,
mientras que las membranas pleurales se mantienen intactas. Por otra parte,
las membranas pleurales pueden estar afectadas por la inflamación, la
infección o la neoplasia y el aumento de la permeabilidad capilar resultante
conduce a la producción de un exudado rico en proteínas y células. Las
efusiones pleurales también pueden ser resultado directo de lesiones
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intratorácicas, como hemorragia después de traumatismo o a partir de una
neoplasia sangrante (Fuentes, 2013).
Disminuye la tasa de drenaje: los linfáticos parietales pueden estar afectados
por obstrucción de los estomas, por patología ganglionar intratorácica o por un
aumento en las presiones venosas sistémicas que afectan al flujo el conducto
torácico (Fuentes, 2013).
Ambas están afectadas (Fuentes, 2013).
Tipos y causas
El líquido pleural se clasifica como trasudado, trasudado modificado, o
exudado, en función de la concentración de proteínas y del recuento de células
nucleadas. Se puede conseguir una clasificación más pormenorizada a partir
de otras características citológicas o bioquímicas (ver Tabla 1). Entre las
categorías de líquidos que son útiles desde el punto de vista clínico se cuentan
el exudado séptico, el derrame quiloso, el derrame hemorrágico y el derrame
causado por neoplasia (Nelson y Couto, 2010). A su vez, existe una gran
variedad de etiologías causantes de los diferentes tipos de efusión pleural
(Fuentes, 2013) (ver Tabla 2).
● Trasudado puro y trasudado modificado:
Los trasudados puros son líquidos con bajas concentraciones de proteínas de
menos 2,5 a 3 g/dL, y con bajos recuentos de células nucleadas, por debajo de
500 a 1.000/µL. Los principales tipos celulares son las células mononucleares,
que están compuestas por macrófagos, linfocitos y células mesoteliales
(Nelson y Couto, 2010). Macroscópicamente tienen un aspecto de un líquido
claro e incoloro (Fuentes, 2013) (ver Figura 2.A). Los trasudados modificados
tienen concentraciones de proteínas ligeramente superiores de hasta 3,5g/dL, y
recuento de células nucleadas de hasta 5.000/µL. En este caso, los principales
tipos celulares son los neutrófilos y las células mononucleares (Nelson y Couto,
2010).
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A simple vista pueden tener un color claro o moderadamente turbio, de color
pajizo a ámbar, o rosado a rojo (Fuentes, 2013) (ver Figura 2.B). Sin embargo,
el parámetro más importante a tener en cuenta para diferenciar entre ambos
tipos de trasudados es la concentración de proteínas totales (Papasouliotis y
Dewhurst, 2012).
Los trasudados puros y los trasudados modificados se forman como
consecuencia del aumento de la presión hidrostática, de la reducción de la
presión oncótica, o de una obstrucción linfática. El incremento de la presión
hidrostática se produce cuando hay insuficiencia cardíaca congestiva derecha,
o enfermedad del pericardio (Nelson y Couto, 2010).
La hipoalbuminemia produce una disminución de la presión oncótica
plasmática. Los derrames que se producen únicamente por la hipoalbuminemia
son trasudados puros, con concentraciones de proteínas muy bajas. En
ocasiones, se observa edema subcutáneo en áreas del cuerpo dependientes.
La disminución de la producción de albumina produce hipoalbuminemia en
pacientes que tienen enfermedad hepática, mientras que en un mayor
incremento de la perdida de albumina se produce en pacientes con
glomerulopatías o enteropatías pierde-proteínas (Nelson y Couto, 2010).
La obstrucción linfática puede deberse a neoplasias o a hernias diafragmáticas.
Debe pensarse en estas últimas en el caso de animales con antecedentes de
traumatismo, que puede ser reciente o remontarse a años atrás. Aunque las
hernias diafragmáticas suelen dar lugar a un trasudado modificado, también
pueden producir un líquido exudativo (Nelson y Couto, 2010).
La neoplasia debe considerarse como un diagnóstico diferencial en pacientes
con cualquier tipo de derrame, aunque no es frecuente que dé lugar a un
trasudado puro (Nelson y Couto, 2010).
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● Exudado séptico y no séptico:
Los exudados se forman como resultado de algún proceso inflamatorio
infeccioso o no infeccioso. Durante la inflamación, se liberan sustancias
vasoactivas y quimiotácticas que atraen células inflamatorias hacia la cavidad y
también pueden causar un incremento de la permeabilidad vascular. El
resultado es la perdida de fluido altamente proteico que puede ser rico en
neutrófilos y otras células fagocíticas/inflamatorias (Papasouliotis y Dewhurst,
2012).
El recuento total de células nucleadas es el parámetro más importante para
diferenciar los exudados de los trasudados modificados, ya que las proteínas
totales se superponen entre ambas categorías (Papasouliotis y Dewhurst,
2012). No obstante, para algunos autores la línea divisoria entre trasudado y
exudado no es neta, debido a peculiaridades del área afectada y diferencias
según el curso de la enfermedad (agudo o crónico) (Coppo, 2010).
Los exudados tienen una concentración de proteínas elevada (mayor de 3
g/dL) en comparación con los trasudados. Los recuentos de células nucleadas
son también altos (por encima de 5.000/µL). Entre los tipos celulares de los
exudados no sépticos se encuentran los neutrófilos, los macrófagos, los
eosinófilos y los linfocitos. Los macrófagos y los linfocitos pueden estar
activados, y es característico que los neutrófilos sean no degenerativos. No hay
evidencia de organismos (Nelson y Couto, 2010).
Macroscópicamente, suelen tener un aspecto turbio, de color ámbar a rojizo
(Fuentes, 2013) (ver Figura 2.C).
El diagnóstico diferencial de animales con exudados no sépticos incluye
neoplasia, hernia diafragmática crónica, torsión de lóbulo pulmonar y exudados
sépticos en remisión. Un tratamiento anterior con antibióticos en animales con
derrame séptico puede alterar las características de la población de neutrófilos
en el líquido, haciendo que aparezcan como no degenerativos, y puede reducir
el número de organismos que están presentes en el líquido hasta un nivel
7
indetectable. Por lo tanto, hay que hacer un análisis del líquido pleural antes de
iniciar el tratamiento, para no pasar por alto la infección (Nelson y Couto, 2010).
También debe tenerse en cuenta la progresión de un trasudado modificado en
exudado, conforme avance la inflamación ya sea de un órgano o neoplasia
(Papasouliotis y Dewhurst, 2012).
Las torsiones espontáneas de un lóbulo pulmonar son más frecuentes en
perros con cavidad torácica profunda y estrecha. Además de producir un
derrame, las torsiones pueden ser secundarias a la efusión pleural. El derrame
suele ser un exudado no séptico, pero también puede ser quiloso o
hemorrágico (Nelson y Couto, 2010).
El recuento de células nucleadas de los exudados sépticos suele ser
extremadamente alto (de 50.000 a más de 100.000/µL), siendo los neutrófilos
degenerados las células predominantes. Con frecuencia se observan bacterias,
tanto en los neutrófilos y macrófagos, como extracelularmente (Nelson y Couto,
2010).
A simple vista se ven con una apariencia turbia o flocular, de un color que va
de amarillo a verdoso, marrón o rojizo y de olor fuerte (Fuentes, 2013) (ver
Figura 2.D).
Los exudados sépticos son diagnósticos de piotórax. Este puede ser
espontáneo, secundario a heridas que penetran en la cavidad torácica a través
de la pared torácica o el esófago, o como extensión de una neumonía
bacteriana (Nelson y Couto, 2010). No tan comúnmente, pueden desarrollarse
a partir de una bacteriemia (Papasouliotis y Dewhurst, 2012). En el caso de
animales con efusión pleural, se ha de operar con una técnica estéril cuando se
hace la toracocentesis o la implantación de una sonda intratorácica, para
prevenir la infección iatrogénica (Nelson y Couto, 2010).
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● Derrame quiloso:
La efusión quilosa (quilotórax) se debe a la fuga de líquido del conducto
torácico, por el que fluye la linfa rica en lípidos del organismo. La fuga puede
ser idiopática, congénita, o secundaria a traumatismo, neoplasia, cardiopatía,
enfermedad pericárdica, dirofilariosis, torsión de lóbulo pulmonar, o hernia
diafragmática (Nelson y Couto, 2010). La cirugía esofágica, la ligadura del
conducto arterioso persistente o la cateterización de la yugular pueden producir
quilotórax iatrogénico (Fuentes, 2013).
El quilo suele ser de color blanquecino lechoso y túrbido debido, en gran parte,
a los quilomicrones que transportan las grasas desde el intestino (Nelson y
Couto, 2010) (ver Figura 2.E). Tiene una característica única, que es la
concentración de triglicéridos mayor que la del suero, y la del colesterol menor
(Papasouliotis y Dewhurst, 2012). A veces, el líquido aparece teñido de sangre,
aunque este hallazgo suele ser un artefacto inducido por la toracocentesis
previa. También se puede obtener un líquido transparente e incoloro, sobre
todo en caso de animales anoréxicos, aunque no es lo habitual (Nelson y
Couto, 2010).
El quilo tiene las características citológicas de un trasudado modificado o de un
exudado no séptico, con concentraciones de proteínas moderadas,
generalmente por encima de 2,5 g/dL. El recuento de células nucleadas es de
bajo a moderado, y oscila entre 400 y 10.000/µL. En la fase temprana de la
enfermedad, el tipo celular predominante es el linfocito pequeño. También
puede haber algunos neutrófilos. Con el tiempo los neutrófilos no degenerativos
se hacen predominantes, mientras que los linfocitos tienden a disminuir. El
número de macrófagos también aumenta con el tiempo, pudiendo observarse
células plasmáticas (Nelson y Couto, 2010).
La mayoría de los casos de quilotórax son idiopáticos, si bien este diagnóstico
puede establecerse solo después de descartar los demás posibles trastornos
(Nelson y Couto, 2010).
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● Efusión hemorrágica:
Los derrames hemorrágicos presentan un color rojo intenso, debido a su
elevado contenido de eritrocitos. Tienen una concentración de proteínas por
encima de 3 g/dL, y el recuento de células nucleadas es superior a 1.000/µL.
Con el tiempo, aumenta el número de neutrófilos y macrófagos (Nelson y
Couto, 2010).
Los derrames hemorrágicos, salvo aquellos en los que las muestras se han
obtenido inmediatamente después de una hemorragia torácica, se distinguen
fácilmente de la muestra tomada de sangre periférica producida por una
toracocentesis traumática, por las siguientes características: los derrames
hemorrágicos tienen eritrofagocitosis y una respuesta inflamatoria en la
evaluación citológica, no coagulan, y su hematocrito (Hto) es un poco inferior al
de la sangre periférica (Nelson y Couto, 2010) (ver Figura 2.F). Otra
característica es que el recuento diferencial de leucocitos puede ser similar al
de la sangre periférica, y no contienen plaquetas (Fuentes, 2013). En la
mayoría de las efusiones hemorrágicas agudas, el hematocrito es casi
comparable al de la sangre periférica, mientras q disminuye en las efusiones
mas crónicas (Papasouliotis y Dewhurst, 2012).
La hipovolemia y la anemia pueden contribuir al desarrollo de signos clínicos en
pacientes con hemotórax. Este puede ser consecuencia de un traumatismo, de
trastornos hemorrágicos sistémicos, de una neoplasia, o de la torsión de lóbulo
pulmonar. En ocasiones poco habituales, los exudados sépticos son
macroscópicamente hemorrágicos, y se diferencian citológicamente. El
hemangiosarcoma de corazón o de los pulmones es una causa neoplásica
frecuente de derrame hemorrágico (Nelson y Couto, 2010).
● Derrame neoplásico:
Las neoplasias producidas en la cavidad torácica dan lugar a diversos tipos de
derrame (trasudados modificados, exudados y derrames quilosos o
hemorrágicos) (Nelson y Couto, 2010). Tanto los tumores primarios como los
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metastásicos pueden producir efusiones pleurales (Fuentes, 2013). Los
neoplasmas afectan a cualquiera de las estructuras intratorácicas, incluidos
pulmones, tejidos mediastínicos, pleura, corazón y ganglios linfáticos. En
algunos casos, las células neoplásicas se exfolian, pasando del tumor al
derrame, por lo que se puede hacer una citología del líquido para obtener un
diagnóstico precoz. Esto suele ser viable en el caso de pacientes que tienen
linfoma mediastínico (Nelson y Couto, 2010). Los adenocarcinomas también
pueden desprender células, al igual que los carcinomas metastásicos
(Fuentes, 2013). Por desgracia, en casos distintos del linfoma, es difícil, cuando
no imposible, establecer un diagnóstico definitivo de neoplasia solo sobre la
base de los hallazgos citológicos del liquido pleural (Nelson y Couto, 2010). Los
sarcomas (como el hemangiosarcoma) no tienden a exfoliar (Fuentes, 2013).
La inflamación suele producir considerables alteraciones hiperplásicas de
células mesoteliales, que se confunden fácilmente con células neoplásicas
(Nelson y Couto, 2010).
En relación al resto de las efusiones pleurales, los derrames de origen
neoplásico son considerados los más complicados debido a su variabilidad de
presentación (Papasouliotis y Dewhurst, 2012).
Se considera que los tumores que afectan la parte craneal de mediastino y de
la pared torácica son los que se acompañan con mayor frecuencia de derrame
pleural (Herrtage, 2006).
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Figura 2- Aspecto macroscópico característico de los distintos tipos de derrame
pleural.
El análisis citológico siempre debe realizarse para garantizar la adecuada clasificación
del fluido y para evitar la no detección de organismos o células neoplásicas de
importancia diagnóstica. A, trasudado. B, trasudado modificado. C, exudado no
séptico. D, exudado séptico. E, derrame quiloso. F, derrame hemorrágico (adaptado
de Nelson y Couto, 2010).
Tabla 1- Clasificación citológica del líquido pleural.
Tipo Aspecto Análisis del líquido Citología
Trasudado Claro, transparente o Proteínas <25-30g/l Macrófagos, linfocitos,
verdadero amarillo muy pálido Células <1,5x /l células mesoteliales
Trasudado De claro a Proteínas <35g/l Macrófagos, linfocitos,
modificado moderadamente turbio; Células <1,0-7,0x /l células mesoteliales y
amarillo pálido/ de rosa a neutrófilos no
color paja/ rojizo degenerados
Exudado no Turbio, ámbar o rojizo Proteínas >30g/l Neutrófilos,
séptico Células >5,0x /l macrófagos, linfocitos
Exudado séptico Turbio o floculento, Proteínas >30g/l Neutrófilos
amarillo/ verde/ marrón/ Células 5,0-300x /l degenerados con
rojo, puede oler mal bacterias fagocitadas
12
Tabla 1 (Cont).
Tipo Aspecto Análisis del líquido Citología
Quilo De blanco a lechoso Proteínas >25g/l Linfocitos pequeños
rosado/ rojizo (poco neutrófilos);
neutrófilos no
degenerados,
macrófagos en
derrames que tienen
mucho tiempo
Hemorrágico Sangre Proteínas >30g/l Similar a sangre
Células (nucleadas) periférica
>3,0x /l (o un 25% de
los valores de la sangre
periférica)
Neoplásico Variable (véase Variable Pueden haber células
cualquiera de las neoplásicas (por
anteriores excepto ejemplo linfoma) o no
trasudado verdadero) haberlas
(hemangiosarcoma,
quemodectoma)
(Adaptado de Fuentes y Swift, 2013).
Tabla 2- Procesos de la pleura.
Tipo Etiología
Líquidos Trasudado verdadero Hipoproteinemia
Pleurales Trasudado Insuficiencia cardíaca congestiva
modificado Neoplasia
Torsión del lóbulo pulmonar
Rotura diafragmática
Exudado no séptico Peritonitis infecciosa felina
Toracocentesis repetida
Reacción a tubos de toracostomía
Neoplasia
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Tabla 2 (Cont).
Tipo Etiología
Líquidos Exudado séptico Piotórax
Pleurales Extensión de la infección intratorácica
Penetración de la pared torácica
Diseminación hematógena
Derrames de quilo Insuficiencia cardíaca congestiva
Neoplasia
Traumatismo
Congénita
Trombosis de la vena cava craneal
Linfagiectasia
Idiopático
Derrames Neoplasia
hemorrágicos Traumatismo
Coagulopatía
Torsión del lóbulo pulmonar
Neoplasias Linfoma
Mesotelioma
Tumores pulmonares 1rios o 2rios
Quemodectoma
Tumores pleurales metastásicos
Neumotórax Abierto Traumatismo penetrante
Iatrogénico (toracocentesis, biopsia)
Cerrado Traumatismo romo
Cuerpos extraños
Rotura de burbujas, bullas, neoplasias,
absesos
Neumotórax espontáneo
(Adaptado de Fuentes y Swift, 2013).
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Signos clínicos
Los signos respiratorios causados por la enfermedad pleural son producidos
por una interferencia en la expansión normal de los pulmones. La intolerancia
al ejercicio es un signo precoz, que finalmente da paso a una dificultad
respiratoria clínica (Nelson y Couto, 2010). También pueden presentar
molestias al tumbarse. Puede haber una historia no específica de inapetencia,
pérdida de peso, letargia y deshidratación. En ocasiones, puede describirse la
tos si existe una compresión concurrente de las vías respiratorias (Fuentes,
2013).
La gravedad de los signos clínicos puede variar de acuerdo a la causa
subyacente, la tasa de acumulación y el volumen de líquido (Fuentes, 2013).
Examen físico
Cuando se desarrollan los signos clínicos, suelen manifestarse como disnea
con una fase inspiratoria prolongada, a veces con respiración abdominal. No
existe un ruido del tracto respiratorio superior asociado (en contraste con la
obstrucción de las vías aéreas altas, que también causan esfuerzo inspiratorio)
(Fuentes, 2013).
El examen físico a menudo revela, mediante auscultación, una disminución de
los sonidos respiratorios y sonidos cardiacos sordos, particularmente marcada
en las zonas ventrales. La matidez en la percusión del tórax ventral también
puede notarse. En los casos graves, los animales están cianóticos y presentan
una caja torácica distendida, dando como resultado un tórax con forma de
“barril” (Fuentes, 2013).
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Pruebas diagnósticas
● Radiografía:
La pleura normal por lo usual no es visible radiográficamente. La pleura
pulmonar por fuera de las cisuras interlobulares no puede verse porque hace
silueta con los tejidos blandos adyacentes. La pleura pulmonar entre las cisuras
interlobulares está rodeada por aire intrapulmonar, el cual provee contraste,
pero la pleura es tan delgada que en general no absorbe un número suficiente
de rayos X para producir una opacidad detectable radiográficamente (Thrall,
2001).
La efusión pleural es radiológicamente visible cuando en la cavidad pleural se
han acumulado de 50 a 100 mL de líquido, dependiendo del tamaño del animal
(Nelson y Couto, 2010).
Un derrame inicial tiene la apariencia de líneas de fisura pleural y puede
confundirse con un engrosamiento de la pleura. A medida que se acumula el
líquido, los lóbulos pulmonares se retraen y el borde de los lóbulos se
redondea. Es especialmente destacable la forma redondeada de los ángulos
caudodorsales de los lóbulos pulmonares caudales. El líquido perfila el corazón
y el diafragma, enmascarando sus bordes. Los pulmones flotan por encima del
líquido, desplazando la tráquea en sentido dorsal, y creando la impresión
ilusoria de una masa mediastínica o de cardiomegalia. Cuando se acumula
más liquido, el parénquima pulmonar aparece anormalmente denso, debido a
su expansión incompleta (Nelson y Couto, 2010).
Los lóbulos colapsados se han de examinar cuidadosamente para detectar
signos de torsión. Las acumulaciones localizadas de líquido o el derrame
unilateral indican la posible presencia de adhesiones pleurales concomitantes
(Nelson y Couto, 2010).
En el caso de animales con derrame no se puede hacer una evaluación
radiológica a fondo de las estructuras intratoracicas, que incluya pulmones,
16
corazón, diafragma y mediastino, hasta que no se haya extraído el liquido. La
interpretación de las radiografías que se han obtenido con presencia de líquido
puede ser errónea (Nelson y Couto, 2010).
Es importante repetir la radiografía después de la toracocentesis, ya que el
drenado torácico puede enmascarar anomalías tales como masas
mediastínicas, cardiomegalia o torsiones de los lóbulos pulmonares
previamente ocultadas por líquido pleural (Fuentes, 2013).
La radiografía de tórax ayuda a elegir el lado en el que se ha de efectuar la
toracocentesis en caso de que se trate de una efusión unilateral (Nelson y
Couto, 2010).
A veces puede hacerse un diagnóstico radiográfico erróneo de líquido pleural.
La pleura engrosada puede dar una apariencia idéntica al fluido pleural. Los
cartílagos costales mineralizados a veces son confundidos con efusión pleural.
Las deformaciones de la pared torácica, tales como aquellas vistas en razas
condrodistróficas, pueden resultar en un incremento de la radiopacidad en el
margen del campo pulmonar (Thrall, 2001).
Es importante no lidiar con el animal que sufre disnea a la hora de realizar las
radiografías. Tampoco se debe colocar al animal en decúbito dorsal debido a
que la redistribución del líquido puede causar una insuficiencia respiratoria
(Herrtage, 2006).
● Ecografía:
El derrame pleural se identifica ecográficamente como un espacio hipoecoico o
anecoico entre la pared torácica o diafragma y el pulmón. El volumen y la
localización del líquido son responsables del grado de desplazamiento
pulmonar. El líquido queda recogido entre el pulmón y la pared torácica y entre
los lóbulos pulmonares, provocando que estos se retraigan hacia el hilio
pulmonar (Fuentes, 2013).
17
Los trasudados aparecen como espacio anecoico. El piotórax y el hemotórax
pueden contener ecos internos y a veces aparecen complejos o septados. En
ocasiones, sin embargo, el líquido anecoico puede estar infectado (Fuentes,
2013).
La ecografía también es útil para dirigir la colocación de la aguja durante la
toracocentesis. El aire interfiere con las ondas acústicas, por lo que no se
pueden evaluar las estructuras rodeadas por los pulmones que están aireados
(Nelson y Couto, 2010).
Recientemente se han comenzado a utilizar en medicina veterinaria técnicas
ecográficas más avanzadas para la detección del derrame pleural, que cuentan
con la ventaja de ser rápidas y no invasivas. Se trata de TFAST y Vet BLUE,
descriptos a continuación (Lisciandro, 2014).
a). TFAST
La evaluación torácica veterinaria mediante ecografía para la exploración del
trauma (TFAST) comenzó a utilizarse con el objetivo primario de determinar la
exactitud, la sensibilidad y la especificidad para la detección rápida de
neumotórax, conocido como a la causa más prevenible de muerte en pacientes
traumatizados. Dentro de sus objetivos secundarios se encuentran la detección
de otras lesiones incluyendo aquellas dentro de los espacios pleurales y
pericárdicos, y que implica la pared torácica y los pulmones. En términos
generales, es una técnica rápida de exploración torácica (Lisciandro, 2014).
Más recientemente, los usos clínicos de TFAST se han extendido más allá del
trauma. El acrónimo TFAST original se ha convertido en "TFAST3" con el "T3"
refiriéndose a su uso en la clasificación del trauma y seguimiento (monitoreo)
(Lisciandro, 2014).
Tanto la atención al paciente y su curso clínico ha mejorado potencialmente al
detectar rápidamente condiciones y complicaciones mediante el uso de esta
técnica, considerándolo como una "extensión de la exploración física". En otras
18
palabras, este examen detecta las condiciones que se ocultan por los medios
tradicionales de examen físico, signos vitales, hallazgos de laboratorio y
radiografía de tórax (Boysen y Lisciandro, 2013).
En relación a la efusión pleural, TFAST permite:
Detectar y controlar el derrame pleural, inicialmente y en serie.
Cuando se combina con el Vet BLUE puede ayudar en casos de
dificultad respiratoria rápidamente sobre diferentes tipos de enfermedad
pulmonar, incluyendo formas de edema pulmonar (cardiogénico, no
cardiogénico), la neumonía y las condiciones neoplásicas (Lisciandro,
2014).
Lo que no permite este examen es:
Caracterizar líquido pleural, para lo cual una toracocentesis diagnóstica
es necesaria.
No puede reemplazar totalmente la radiografía de tórax.
No se pueden diagnosticar causas no torácicas de dificultad respiratoria.
TFAST es limitado sin añadir en la exploración del pulmón la técnica Vet
BLUE para el diagnóstico de afecciones pulmonares y derrames
pleurales. Es importante señalar que Vet BLUE debe ser considerado
como una extensión de TFAST y utilizado habitualmente como un
complemento para vigilancia de efusión pleural y pulmón más completo
(Boysen y Lisciandro, 2013).
El TFAST consiste en 5 puntos de visualización (ver Figura 3):
1- Puntos tubo torácico (CTS, siglas en inglés), abordado de manera
bilateral y con el transductor en posición horizontal. Se utiliza para
descartar un neumotórax y para el estudio de patología pulmonar.
2- Puntos pericárdicos (PCS), abordado de manera bilateral y de
visualización dinámica. Es la mejor opción para buscar la presencia de
líquido pleural y pericárdico.
3- Punto diafragmático-hepático (DH), quinto punto del TFAST que a su vez
es utilizado en las evaluaciones abdominales (AFAST). Es la vista más
sensible de efusión pericárdica y pleural. Puede utilizarse también para
19
evaluar el estado de función y volumen del lado derecho del corazón
(Lisciandro, 2014).
Figura 3. Realización del examen de TFAST de cinco puntos.
(A) TFAST en posición lateral en un perro. (B) el examen de TFAST de cinco puntos
que se muestra en la posición de pie sobre un perro. Los marcadores (puntos negros)
en la cabeza de la sonda indican la dirección que deben hacer frente (hacia la cabeza)
para la orientación de la pantalla adecuada. (Adaptado de Lisciandro, 2014)
Visualización del Derrame pleural
El método rápidamente diagnostica la presencia de derrame pleural, el líquido
es visto como triangulaciones dentro del espacio pleural con el pulmón flotando
(ver Figura 4). El ultrasonido no puede caracterizar con precisión o diagnosticar
la etiología del derrame, y sólo la adquisición del líquido mediante
toracocentesis y su posterior análisis proporcionará tal información diagnóstica
(junto con el cuadro clínico completo del paciente) (Boysen y Lisciandro, 2013).
20
Figura 4. Ecografía torácica en la que se aprecia la presencia de líquido anecoico en la
cavidad pleural (*).
Las estructuras ecogénicas que se visualizan a la izquierda de la imagen se
corresponden con las cámaras cardíacas. (Adaptado de Suarez et al., 2012)
b). Vet BLUE
La exploración del pulmón Vet BLUE (las siglas en ingles provienen de Bedside
Lung Ultrasonography Evaluation), es un examen de ultrasonido abreviado de
pulmón. Está basado en los conceptos ecográficos de pulmón seco vs pulmón
húmedo (Lisciandro, 2014).
Puede ser utilizado como una rápida impresión clínica para las causas de
dificultad respiratoria, así como el monitoreo de respuesta a la terapia. Vet BUE
es clínicamente útil en perros y gatos para la clasificación de vías respiratorias
frente a causas no respiratorias, como para discriminar entre las condiciones
de la vía aérea inferior y superior, y dirigir la búsqueda de la disnea (Lisciandro,
2014).
Principios básicos de la técnica Vet BLUE:
- Es considerada como una extensión de TFAST, con orientación en el
examen a nivel pulmonar, permitiendo una exploración torácica más
completa.
21
- Su punto base de visualización es el punto torácico CTS de la técnica
TFAST, lo que permite una evaluación más centrada del pulmón.
- Estos principios son clínicamente útiles en perros y gatos que sufren de
dificultad respiratoria aguda, y los patrones deben utilizarse para ayudar
a diferenciar causas respiratorias y no respiratorias (Lisciandro, 2014).
Indicaciones de examen Vet BLUE en relación al derrame pleural:
Proyección preventiva para pacientes con compromiso respiratorio o
señal de insuficiencia, o pacientes hospitalizados en riesgo de
complicaciones respiratorias.
Evaluación rápida en animales demasiado inestables para la radiografía
de tórax.
Monitoreo de respuesta al tratamiento en muchos pacientes respiratorios
como un método rápido y no invasivo (Lisciandro, 2014).
El uso de Vet BLUE es un audaz intento de iniciar el uso clínico y aplicaciones
de la ecografía para afecciones pulmonares en perros y gatos.
Tradicionalmente, los veterinarios de pequeños animales han tomado
decisiones clínicas relacionadas con señales de dificultad respiratoria basadas
en información obtenida mediante la historia clínica, auscultación torácica y sus
respectivos patrones respiratorios. Como con AFAST y TFAST, el Vet BLUE se
puede realizar durante los primeros minutos de la evaluación del paciente, en el
punto de atención, o mientras realizan procedimientos intervencionistas
(adquisición de signos vitales, suplir oxígeno, colocación de catéteres
intravenosos y administrar medicamentos y líquidos intravenosos) (Boysen y
Lisciandro, 2013).
Es importante tener en cuenta que la sensibilidad, especificidad y exactitud
patrones de Vet BLUE actualmente está siendo estudiado de forma prospectiva
y no se conoce todavía (Lisciandro, 2014).
22
● Toracocentesis:
La toracocentesis está indicada para la toma de muestras diagnósticas en
animales con derrame pleural, para la eliminación de liquido o aire pleurales,
para estabilizar a pacientes con deterioro de la ventilación, y antes de la
evaluación radiológica de las estructuras intratorácicas, en perros y gatos con
liquido o aire en la pleura (Nelson y Couto, 2010).
La toracocentesis se realiza con el animal en decúbito lateral o esternal, según
sea la posición que menos estrés genere sobre el animal. El líquido suele estar
presente bilateralmente en el espacio pleural y puede extraerse a través del
séptimo espacio intercostal (EIC), introduciendo la aguja a unos dos tercios de
distancia de la unión costocondral hacia la columna vertebral (Nelson y Couto,
2010) (ver Figura 5).
Figura 5- La toracentesis se practica en el sexto, séptimo u octavo espacio intercostal,
cerca de la unión costocondral (adaptado de Fossum, 2009).
Se puede aplicar un anestésico local en el punto de la toracocentesis (lo
recomendable es utilizarlo siempre). La sedación no suele ser necesaria, pero
en ocasiones sirve para reducir el estrés del paciente. El sitio se rasura y
prepara quirúrgicamente, y el procedimiento se desarrolla mediante técnica
estéril. Generalmente, se utilizan una mariposa (butterfly), una llave de tres vías
y una jeringa. La mayoría de los líquidos pueden extraerse con una mariposa
calibre 21. Para la extracción de líquidos muy viscosos, como el piotórax,
23
puede ser necesaria una aguja de mayor calibre. La llave de tres vías se
conecta al catéter para que el aire no entre en el tórax durante el vaciado o
cambio de la jeringa (Nelson y Couto, 2010).
Se debe tener mucho cuidado para evitar lacerar el pulmón cuando este se
expande y roza el borde afilado de la aguja, por lo que la aguja debería
penetrar la cavidad pleural y ser redireccionada, de tal forma que la aguja
descanse paralela a las costillas con el bisel de cara al pulmón (Sullivan, 2013).
Una alternativa a la mariposa es el catéter intravenoso sobre aguja. En el caso
de perros grandes se utiliza un catéter de 8 a 13 cm y de calibre de 14 a 16.
Estos catéteres son blandos y producen un menor traumatismo que los de
mariposa mientras están implantados en el espacio pleural, y permiten el
cambio de postura o giro del animal para mejorar la extracción de liquido
(Nelson y Couto, 2010).
Deben drenarse ambos lados del tórax para eliminar la máxima cantidad de
líquido y mejorar la función respiratoria. Tiene q analizarse el liquido aspirado a
groso modo, microscópica y bioquímicamente; hay que enviar muestras para
cultivo aerobio y anaerobio, y antibiograma (Sullivan, 2013).
● Toracoscopía y toracotomía:
Se realiza una u otra cuando se dificulta establecer el diagnóstico definitivo de
la causa de derrame pleural. Permite valorar visualmente la cavidad torácica y
tomar muestras para su análisis histológico y bacteriológico (Nelson y Couto,
2010).
Análisis del líquido pleural y su colaboración diagnóstica
● Manejo de las muestras
Las muestras de fluido deben introducirse en tres tubos: a) sin anticoagulante,
b) esterilizado y c) con EDTA. El tubo con EDTA se utiliza para el recuento total
24
de células nucleadas (RTCN) y la citología. El tubo sin anticoagulante se utiliza
para medir la concentración de proteínas totales (PT) y otros ensayos
bioquímicos, mientras que el tubo estéril se somete, si es necesario, a cultivos
bacterianos (Papasouliotis y Dewhurst, 2012).
● Evaluación de laboratorio
Examen macroscópico:
El color, la consistencia y el olor pueden proporcionar información del posible
proceso patológico (Papasouliotis y Dewhurst, 2012).
Concentración de proteínas totales (PT):
Se utiliza junto con el RTCN para clasificar las efusiones en trasudados,
trasudados modificados o exudados (Papasouliotis y Dewhurst, 2012).
Recuento total de células nucleadas (RTCN):
Incluye las células mesoteliales, los macrófagos, los leucocitos y cualquier otra
célula nucleada que se encuentre en la efusión. Se utiliza en combinación con
las PT (Papasouliotis y Dewhurst, 2012).
Examen citológico (citopatología):
Los frotis de fluido deben prepararse como si se tratara de frotis de sangre
periférica (Papasouliotis y Dewhurst, 2012).
Es una herramienta de diagnóstico útil para determinar si la lesión es
neoplásica y, si lo es, para establecer si esta es benigna o maligna. Sin
embargo, algunos tumores, al menos citológicamente, pueden parecer
“benignos” cuando en realidad son malignos. El examen citológico no se
debería considerar un sustituto del examen histológico, ya que no proporciona
información respecto a la arquitectura del tumor y su relación con las
25
estructuras adyacentes, y tampoco puede determinar si el tumor está bien
delimitado o el localmente invasivo. De todas formas, suele proporcionar un
diagnostico vital e información pronostica referente al tipo de tumor, y también
puede ayudar a determinar si es necesaria una intervención quirúrgica, ya sea
para extirpar o para biopsiar (Dunn y Gerber, 2012).
Tratamiento
El derrame pleural se trata quirúrgicamente de tres formas: mediante la
eliminación del derrame por medio un drenaje por toracocentesis o con tubo de
toracostomía; por medio de la trasferencia del derrame a la cavidad peritoneal
o a la circulación gracias a un shunt pleuroperitoneal o pleurovenoso; o por
obliteración del espacio pleural por medio de pleurodesis (Spackman, 2013).
En algunos tipos de derrame pleural, es posible el tratamiento quirúrgico
específico, por ejemplo, la ligadura del conducto torácico en caso de quilotórax
idiopático (Spackman, 2013).
Es fundamental la estabilización previa del paciente antes de iniciar el
tratamiento. La función respiratoria debe controlarse minuciosamente. Las
valoraciones cualitativas de la función respiratoria incluyen el control de la
frecuencia respiratoria (normal 20-40 mpm) y el tipo de respiración, y el tiempo
de rellenado (normal menor a 2 segundos) y color capilar (Fossum, 2009).
Los animales con una enfermedad en la cavidad pleural presentan,
normalmente, un modelo restrictivo de respiración (es decir, rápida y
superficial). La gasometría puede ofrecer más información sobre la eficacia de
la ventilación y del intercambio gaseoso. La pulsioximetría es una técnica
incruenta que cuantifica la saturación de la hemoglobina en sangre y, en
consecuencia, proporciona una información cuantitativa indirecta de la
oxigenación (Fossum, 2009).
La suplementación de oxígeno está indicada para mantener las presiones de
oxígeno en sangre arterial (Pa𝑂2 ) en valores superiores a 60mmHg (normal 95
26
mmHg). La ventilación asistida está indicada en animales que tienen una
concentración de oxígeno arterial inadecuada, a pesar de la suplementación, y
en los que las presiones de dióxido de carbono arterial (PaC𝑂2 ) superan los
60mmHg (normal 40 mmHg) (Nelson y Couto, 2010).
Se puede suplementar la concentración de oxígeno inhalada administrando
oxígeno con máscara, campana, catéter nasal, catéter transtraqueal, sonda
endotraqueal, sonda traqueal o jaula de oxígeno (Nelson y Couto, 2010).
Se deben evaluar los parámetros cardiovasculares, es decir la frecuencia
(normal 70-140 lpm) y ritmo cardíaco (Fossum, 2009).
Hay que administrar fluidoterapia intravenosa a los animales deshidratados, o a
los que no beban suficiente cantidad de líquido, para mantener la hidratación.
Este tratamiento se hará con precaución para evitar hiperhidratación y edema
pulmonar, que agravaría el estado respiratorio. El control de la presión venosa
central puede ser útil en algunos animales (Fossum, 2009).
● Drenaje torácico:
La cavidad pleural requiere drenaje en aquellas enfermedades que limitan el
espacio torácico. La elección del drenaje y la manera de mantenerlo puede
depender de la necesidad de cada momento y de las preferencias del personal
(Sullivan, 2013).
Toracocentesis (método descripto en pág. 23).
Toracostomía con tubo de plástico: este método se utiliza en el caso de
que sea necesario un drenaje temporal de fluido, se basa en el uso de
una cánula torácica comercial con un trocar o un tubo de toracostomía.
Los tubos están disponibles en tamaños que van desde los 14 a los 40
French, y el diámentro del tubo debería corresponder aproximadamente
al ancho de las vías bronquiales principales (a menos que el derrame
pleural sea muy viscoso) (Sullivan, 2013).
27
● Shunt pleuroperitoneal y pleurovenoso
Las conexiones activas y pasivas pleuroperitoneales se utilizan en el
tratamiento de derrames intratables en los animales. Este procedimiento alivia
la disnea al trasferir el líquido pleural a la cavidad peritoneal, que permite una
reabsorción completa. El análisis de líquido pleural es el primer paso para la
utilización de este procedimiento. El shunt pleuroperitoneal está contraindicado
en caso de derrame pleural séptico, pero puede ser indicado como medida
paliativa en caso de derrame neoplásico o cáncer incurable (Spackman, 2013).
● Pleurodesis
Este método consiste en provocar adherencias entre las pleuras visceral y
parietal y, por lo tanto, se oblitera el espacio pleural. La pleurodesis se utiliza
como último recurso, cuando otras técnicas médicas y quirúrgicas han fallado
(Spackman, 2013).
Se han empleado métodos de pleurodesis tanto químicos como mecánicos:
La pleurodesis química consiste en la colocación de un irritante dentro
del espacio pleural. La tetraciclina es el agente recomendado.
La pleurodesis mecánica se realiza mediante a abrasión de las
superficies pleurales con un escobillón quirúrgico seco. Puede
combinarse con la infusión de tetraciclinas (Spackman, 2013).
La pleurectomía (excisión de la pleura parietal) no está recomendada, porque
la hemorragia y el atrapamiento de aire resultantes son graves (Spackman,
2013).
28
Pronóstico
El pronóstico de animales con derrame pleural depende de la causa
subyacente (Fossum, 2009).
Los trasudados, trasudados modificados y los derrames hemorrágicos son en
general fáciles de resolver, pero las expectativas a largo plazo dependerán de
la progresión de la enfermedad subyacente (Suarez et al., 2012).
Los piotórax tienen buen pronóstico, pero requieren de tratamiento antibiótico
riguroso y prolongado, y frecuentemente quirúrgico (Suarez et al., 2012).
Los derrames quilosos pueden responder a tratamiento dietético y drenaje,
pero si estos métodos fallan, será necesario el quirúrgico (Suarez et al., 2012).
Los derrames neoplásicos generalmente tienen un mal pronóstico y el
tratamiento suele ser paliativo (Suarez et al., 2012).
29
DESCRIPCIÓN DEL CASO CLÍNICO
Reseña del animal
ESPECIE: Canina.
RAZA: Doberman.
SEXO: Macho.
EDAD: 10 años.
PESO: 30,8 kg.
COLOR DEL MANTO: Negro y fuego.
Anamnesis
El día 11/03/16 a las 21:00hs se presentó a la clínica veterinaria” El Caiquen”
un canino macho, de raza Doberman, llamado Tako.
El motivo de consulta se debió a que el propietario notó que en las últimas 2
semanas el animal comenzó a disminuir el apetito, dejando de comer
completamente desde hacía 5 días. También contó que el animal tenía tos, y
que se “estiraba” para respirar, haciéndolo con dificultad.
Es un animal que convive con otros tres perros, dos de su misma raza y un
mestizo.
Previamente, el 22/05/15 se había presentado a la veterinaria por una posible
infección urinaria diagnosticada por otro colega, debido a que orinaba sangre.
Se le realizó una ecografía en la cual se obsevó un aumento del tamaño
prostático con formaciones quísticas, presencia nodular hipoecoica en el
testículo izquierdo de aproximadamente 1 cm de diámetro. Se procedió a la
castración del animal, y se le prescribió enrofloxacina y prednisolona durante
30 días.
30
Evaluación inicial
Inspección general
Se percibió una condición corporal muy mala, falta de brillo en su pelaje y de
ánimo (ver Figura 1). El paciente se mantenía en posición ortopneica, con
disnea, respiración abdominal superficial y fascie ansiosa, notándose muy
agotado debido a esta dificultad.
Figura 1- Aspecto general del paciente.
Inspección particular
Se evidenció aún más el compromiso respiratorio, sugiriendo la presencia de
una alteración de origen intratorácico.
PERCUSIÓN: Presencia de sonido mate en el área pulmonar.
AUSCULTACIÓN: Latidos cardíacos apagados.
FRECUENCIA CARDÍACA: 100 latidos por minuto.
FRECUENCIA RESPIRATORIA: 38 movimientos por minuto.
TEMPERATURA: 39,8 ºC.
31
Estudios complementarios
Ecografía torácica: Se procedió a realizarla ante la sospecha de la presencia de
contenido anómalo a nivel torácico, observándose un líquido hipoecoico en el
espacio pleural.
Toracocentesis: Se efectuó en el 6to espacio intercostal derecho, con el fin de
extraer contenido y mejorar la función respiratoria. Se obtuvieron 650 ml de un
líquido serosanguinolento viscoso (ver Figura 2 y 3).
Parte del líquido obtenido se conservó para su posterior análisis (ver Figura 4).
Figura 2- Toracocentesis.
Figura 3- Extracción del derrame pleural.
32
Figura 4- Parte de la muestra conservada para su análisis.
Luego del procedimiento Tako mejoró significativamente la respiración, y comió
con voracidad al ofrecerle alimento.
Tratamiento
Se le prescribió un tratamiento con furosemida a razón de 4mg/kg cada 8hs, y
prednisolona 1mg/kg cada 12hs.
Análisis de laboratorio y diagnóstico
La muestra del líquido adquirido por toracocentesis fue analizada, obteniendo
los resultados que se detallan en el informe de la página siguiente.
33
SERVICIO DE DIAGNÓSTICO ANATOMO-HISTOPATOLÓGICO
VETERINARIO
____________INFORME______________________________
Profesional Remitente: Rizzuti Fecha: 11 de marzo de 2016
Paciente:” Tako” Propietario: Montesino
Especie: Canina Raza: Doberman
Sexo: Macho Edad: 10 Años
Muestra: Líquido de toracocentesis para análisis físico-químico y citológico
Procesamiento técnico: frotis directo
- Coloración: Tinción 15
- Examen macroscópico: color rojo, aspecto viscoso, inodoro
- Examen microscópico: frotis con alta densidad celular.
- Población hipercelular rmonomórfica de tipo epitelial, pleomórfica, dispuesta en
acinos o agrupadas.
- Patrón nuclear: Anisocariosis, amoldamiento, multinucleación, cromatina
gruesa, multi y macro nucléolos. Citoplasma vacuolado y basófilo. Escasas
mitosis atípicas. Algunas células mesoteliales reactivas y macrófagos
fagocitando eritrocitos y cristales de hematoidina, sobre un fondo con
abundantes eritrocitos, algunos restos secretorios y cristales de hematoidina.
Análisis físico químico:
- Procesamiento técnico: centrifugación, refractometría.
- Densidad: 1022
- Proteínas totales: 2,2 g/100 ml
Líquido de efusión neoplásica con proceso hemorrágico crónico.
Mariela A. Rizzuti.
34
El día 22/03/16 se presentó nuevamente con inapetencia, signos de dificultad
respiratoria y decaimiento.
De acuerdo a los resultados obtenidos, se le ofreció al propietario la realización
de placas radiográficas con el fin de saber la localización del tumor, y continuar
con otras medidas diagnósticas y terapeúticas. Sin embargo, conociendo la
gravedad del caso y la edad del animal, solo pidió mejorar la función
respiratoria en la medida de lo posible, siempre y cuando el animal no sufriera
mucho. Por lo tanto, se procedió a realizar una nueva toracocentesis,
mostrando el animal un gran alivio respiratorio y apetito.
El propietario nos comunicó que el 26/03/16 Tako falleció en horas de la
madrugada.
DISCUSIÓN
La efusión o derrame pleural es una patología de presentación frecuente en la
clínica diaria, y es consecuencia de una amplia variedad de etiologías, por lo
que resulta imprescindible, una vez estabilizado el animal, llegar al diagnóstico
final para continuar con el tratamiento correspondiente (Suarez et al., 2012).
En el caso clínico presentado, los métodos complementarios que permitieron
inicialmente arribar al diagnóstico fueron la ecografía y la toracocentesis, esta
última a su vez, tuvo un rol fundamental como medida terapéutica para
estabilizar al animal ya que se drenó casi la totalidad del derrame.
No se realizaron análisis de sangre y orina que pudieran brindar información
sobre el medio interno del animal, como tampoco placas radiográficas para
localizar la ubicación precisa de la neoplasia.
El tratamiento inicial del derrame fue realizado, como se mencionó
anteriormente, mediante toracocentesis. No se mantuvieron drenajes
permanentes a través de la técnica de toracostomía con tubos de plástico, que
35
podrían haberle aliviado, tal vez, la función respiratoria de manera sostenida
según sugiere Sullivan (2013).
En concordancia con lo descripto en la bibliografía, las medidas terapéuticas
utilizadas frente al derrame pleural de origen neoplásico tuvieron como finalidad
mejorar la función respiratoria del animal (Nelson y Couto, 2010), continuando
con un tratamiento paliativo debido a que su pronóstico era desfavorable.
CONCLUSIONES
En relación a lo expuesto en el caso clínico:
El animal llegó a consulta con una condición corporal muy mala, con
signos de dificultad respiratoria.
La inspección particular sugirió un origen intratorácico del problema.
Con la ecografía torácica se observó presencia de líquido hipoecoico en
el espacio pleural.
Con la toracocentesis, se obtuvo líquido serosanguinolento, proveniente
de una efusión neoplásica.
Luego del tratamiento paliativo el animal mejoró temporalmente, pero
finalmente falleció.
Por lo tanto, lo representado en el caso clínico, sumado a lo descripto en la
bibliografía, permiten llegar a las siguientes conclusiones finales:
Existen múltiples orígenes que pueden llevar al desarrollo de la efusión
pleural. Por lo tanto, es importante utilizar los métodos complementarios
adecuados que permitan arribar al diagnóstico. A su vez, realizar un correcto
examen físico y tener en cuenta que los signos clínicos varían según el animal
y la causa.
La toracocentesis es una medida terapéutica y diagnóstica. El análisis
completo del líquido extraído brinda una importante información que permite
descartar o confirmar posibles causas. La ecografía es un método de
diagnóstico rápido y no invasivo, y tiene la ventaja que puede realizarse sin
36
forzar al animal a que tome posiciones que pueden alterar aún más su función
[Link] radiografía, en caso de que no haya un gran compromiso
respiratorio, es el método de diagnóstico por imagen de excelencia.
El tratamiento y pronóstico dependen de la causa que le dio origen al
derrame. Por lo tanto, por todo lo descripto, resulta fundamental conocer la
causa desencadenante a través de los exámenes y estudios necesarios.
37
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