“Incorporados los estudiantes, la comunidad de personas y de saberes que
constituimos la Universidad Monteávila hemos podido iniciar nuestra marcha.
Por algo más que un acaso estamos a piedemonte de esta gigantesca ola de piedra
que no invadió el valle, milenios más tarde hogar de los Caracas, y sede de la
primera Universidad venezolana, ya casi trisecular.”
Enrique Pérez Olivares. Lección inaugural UMA, noviembre 1999.
“Madre, aquí estoy: de mi destierro vengo…”
Juan Antonio Pérez Bonalde, Vuelta a la Patria.
Esa pudiese ser la voz del estudiante que acude a nuestra
Universidad… por lo menos ese es el deseo que como docente
tengo; porque es un estudiante que viene desde una especie de
destierro del conocimiento y el saber… viene del destierro del
“maravillamiento” y es recibido en una comunidad de personas y
saberes. Parece que equivaldría a un ansia de conocimiento y que
su Alma Máter lo recibirá con sus brazos abiertos (cual madre), tal
como lo hará, repito, esta comunidad de personas y saberes.
Dice mas adelante Pérez Bonalde…
“Caracas allí está; vedla tendida
a las faldas del Ávila empinado,
Odalisca rendida
a los pies del Sultán enamorado.”
Ibidem.
Y esa Madre, que como Caracas, está a los pies del Ávila y que
trasciende como toda madre, es a partir de ahora el Alma Máter y
se llama Universidad Monteávila, en la ciudad enamorada a los
pies del Sultán, de El Ávila. La Monteávila recibe a sus estudiantes
ofreciéndoles a ellos y a toda la sociedad, un intercambio de
saberes y que cumple con su noble misión en Santiago de León de
Caracas… la de la eterna primavera, la de los techos rojos.
Ciudades hay para todos los gustos…y como dice Héctor Torres,
uno de los cronistas contemporáneos de Caracas, “hay ciudades
que ladran… pero Caracas nos muerde”… nos atrapa… nos
enamora a los pies del esa inmensa ola de piedra que la protege.
Estas palabras son introductorias a esta brevísima y muy
probablemente superficial revisión es motivada por la lectura de la
lección inaugural inicial del primer año lectivo de la UMA,
desarrollada por el Dr. Enrique Pérez Olivares en noviembre de
1999.
Que sea de su agrado.
magoavi
[Link]
¿Qué es o cuál es el significado de Wariarepano o Warirepano?
"Guaraira Repano", "Guaraiara Repano", "Guaraiara Ripano",
"Waraira Repano…”
Así es cómo nombran algunos ignorantes (seguidores de Hugo
Chávez) a la montaña más emblemática de Caracas que desde
siempre ha recibido un único nombre: Cerro Ávila o, más corto,
El Ávila.
Se dice que su significado es algo así como "la ola que vino de
lejos" o "la mar hecha tierra". Según los mitos que repiten los
chavistas, "en tiempos antiguos no existía la montaña. Todo era
plano, se podía ver hasta el mar. Pero un día las tribus
ofendieron a la gran Diosa del mar y ésta quiso acabar con todo
el pueblo. Entonces se levantó una gran ola, la más alta que se
había visto y toda la gente se arrodilló o e imploró perdón de
todo corazón a la Diosa y justo cuando iba a descender la ola
sobre ellos, se convirtió en la gran montaña que hoy existe. La
Diosa se había apiadado y había perdonado a la tribu".
Nada más falso... ¡Lo anterior fue inventado por algún ignorante
o bromista! ¿Deliberadamente?.. .uhmmmmmm...
¡Aprendamos! Investiguen... Lo cierto es lo siguiente:
Henry Pittier, citado por William Beebe en su libro "High Jungle",
indicó que poco antes de mediados del siglo XX refería haber
escuchado de la boca de un anciano que las montañas que
bordeaban a Caracas estaban cubiertas de densos bosques,
mientras no muy lejos, en los ríos, había dantas. Estos
testimonios son verídicos, debidamente escritos y registrados,
son decisivos para comprender el significado del nombre que le
daban los indios Caracas a la Cordillera de la Costa, que no era el
actual "Wuaraira Repano", tampoco la mala traducción "Sierra
Grande", como creyó un gobernador de esa época, sino
"Wariarepano" o "Warirepano".
En efecto, no existe en el Caribe Venezolano tal cosa como
"wuaraira" y tampoco "repano". Lo que sí existe es warare,
wariare, wariaret, formas locales para designar la "gran bestia",
es decir, la danta, y el sufijo colectivo -pano, equivalente a las
terminaciones castellanas -ero, -ar, -al (hormiguero, palmar,
cambural).
Entonces, Wariarepano ó Warirepano es lo mismo que "Dantal"
(lo reitera Frank Bracho: Clarinadas de María Lionza y El Ávila,
entre otros autores que también indican lo mismo), palabra de
formación análoga a la de designaciones indígenas relictas,
como Carúpano, o lugar donde hay matas de caro o de caruto,
Tucusipano, es decir "Tucusital" o Lugar de tucusitos, en el
estado Guárico, y especialmente Guararipano, en el estado
Falcón, entre otras.
La denominación "Ávila" surge durante la conquista española.
Esto se debió a que el sector comprendido entre el cerro de
Papelón y la Quebrada de Chacaíto, hasta la cumbre "donde se
avista el mar", pertenecía en 1575 al Alférez Mayor de Campo
Gabriel de Ávila. Este personaje fue uno de los que acompañó a
Don Diego de Lozada durante la fundación de Caracas. Fue
alcalde ordinario de la ciudad en 1573 y compró tierras en las
faldas del cerro. Posteriormente la propiedad pasa a Juan
Álvarez de Ávila. Al morir éste en 1795, su hijo Domingo de Ávila
heredó "el potrero y la serranía del cerro de Ávila", lo cual
vendería luego a Juan Manuel Matamoros y a su hermano
Fernando Antonio de Ávila. Es ésta la razón por la cual la gente
identificaba las posesiones de la referida familia como el "cerro
de Ávila" y es la correcta...
Y se denomina "Wariarepano" o "Warirepano" a todo el
conjunto de montañas que conforman el Pico Naiguatá, con
altura de 2.765 m; la Silla de Caracas con su asiento y sus dos
picos, el Oriental con 2.640 m y el Occidental con 2.478 m; el
topo Galindo, con 2.600 m; el topo Las Llaves, con 2.480 m; el
topo Goering, con 2.460 m; El Ávila (y su punta o pico
Humboldt), con 2.159 m; el topo Santa Rosa, con 2.150 m y el
picacho de Galipán.
Así que todas las denominaciones actuales (2010) que se están
usando para renombrar al "Parque Nacional" con
"reminiscencias pseudoindígenas" están equivocadas, no existe
"wuaraira" y menos el "repano". Se reitera, usted puede
corroborar todo, existe amplia bibliografía al respecto, apenas se
han realizado 2 citas de referencias aquí.
Da vergüenza verificar como instituciones públicas, servicios
turísticos y que incluso el mandatario Hugo Chávez reafirmen el
uso de un término erróneo sin registro histórico, inventado, con
una historia fantástica casi mitológica, que no se corresponde a
nada de los términos que usaban los indígenas de toda la zona.
¡Y los más insólito es que existe un grupo de ignorantes de la
U.N.E.S.R. para la licenciatura en educación mención "desarrollo
cultural" que se autodenomina "Waraira Repano", todo esto
está verificado y si no lo creen, verifiquen el asunto en donde
ellos se reúnen: I.N.C.E.S. Los Ruices, en Caracas!
El Ávila fue, es y seguirá siendo siempre El Ávila, y todas las
demás montañas aledañas siguen conservando sus mismos
nombres. Todo lo demás es FICCIÓN que se ha inventado y, de
paso, con ERRORES MUY GRAVES, tergiversando la historia y sin
tomar en cuenta lo que ambientalistas con reconocida
trayectoria profesional ya han certificado. Y si quieren cambiarle
el nombre al Parque Nacional y ponerle el más adecuado,
entonces usen la denominación Warirepano ó Wariarepano o
simplemente déjenlo como estaba hasta hace poco (Parque
Nacional El Ávila) pero, por favor, DEJEN DE USAR LAS NEFASTAS
ABERRACIONES "Guaraira Repano", "Guaraiara Repano",
"Guaraiara Ripano", "Waraira Repano", etc.
Desde el Pico Naiguatá, hacia la vertiente norte.
Vertiente sur. Desde Torre Humboldt, piso 21. Feb 2015. MAGOAVI.
[Link]
La Leyenda del Guaraira-Repano
Se cuenta que hacen muchas lunas los primeros habitantes del
valle de Los Caracas, fueron castigados por sus Dioses por haber
profanado varias de sus leyes.
El castigo vino del cielo en forma de tormentas y torrenciales
aguaceros que azotaron durante días con sus noches a los
pobladores del majestuoso valle.
Los Chamanes se reunieron para conjurar el castigo, en
alucinados rituales alrededor de las hogueras, que ardían con las
pocas ramas secas que habían logrado salvar de la humedad. La
tempestad de tantos días empezaba a sumergir las tierras bajas
y los cultivos eran arrasados por los torrentes y ríos crecidos, los
animales de caza se retiraban a sus madrigueras más recónditas
haciéndose así, cada vez más insostenible la vida de las tribus
asentadas en el valle.
Los rituales, danzas, sacrificios y conjuros de los Chamanes no
lograban detener lo que habían profetizado los ancianos de las
tribus:
- Los Dioses lanzarán su ira sobre el pueblo aborigen del Valle de
Los Caracas como castigo a sus desafueros, violaciones e
irreverencias a los espíritus que habitaban en los ríos, bosques y
montañas.
Las tribus ante la impotencia de los conjuros chamánicos, se
congregaron como una sola humanidad alrededor de las
moribundas fogatas, las madres con sus hijos famélicos
adheridos a sus cuerpos, buscaban calmar su frío y su hambre,
los hombres ensimismados en su resignación, miraban como se
extinguía el último aliento de fuego que les quedaba.
De pronto un estruendoso sonido se habría paso entre las
hondonadas del cerro y una gran ola que pensaban venia del
mar, como un sobrenatural golpe mortal arrasaba con piedras,
árboles y animales, presagiando la extinción de toda vida sobre
la tierra. Frente a su destino y como una sola voz, un
desgarrador llanto de arrepentimiento salió de la garganta de
todos los habitantes del valle, mientras sus espíritus se elevaban
pidiéndole clemencia a los dioses de las tierras del mas allá.
Y fue tanto su clamor y el llanto arrepentido de este pueblo que
se hizo el silencio y por el este apareció el Sol después de tantos
días y un Arco iris surcó todo el valle hasta el poniente. Todas las
tribus voltearon hacia el cerro reverenciando su imponente
silueta coreando, -¡Guaraira Repano! , ¡Guaraira Repano!-, que
quiere decir la Ola que se detuvo y es leyenda que por esta
razón el Cerro Ávila, cambia de colores con el paso del Sol, como
lo hace el mar.
José Rafael Alvarado Ruiz - Toby –
[Link]
La leyenda del Waraira Repano
Vertiente norte desde el nor-oeste. La cumbre del Ávila.
Los caraqueños con mucho orgullo presumimos de nuestra más
importante montaña; el Ávila. El teleférico, Galipán, el hotel
Humboldt, etc. En el 2007, el gobierno cambió oficialmente su
nombre al de Waraira Repano, como le decían los indígenas de
la zona del valle de Caracas. El mismo presidente Chávez
comentó en una maratónica alocución que el nuevo nombre de
la montaña significa “Sierra grande”, en lengua caribe. Pudo
haber estado en lo cierto, pero, la realidad es que muchos años
han pasado y muchas de las tribus autóctonas han desaparecido,
y con ellas, sus lenguas y dialectos.
Su nombre significa muchas cosas, según distintas fuentes:
”lugar de las dantas”, ”montaña al mar” y ”sierra grande”. El
nombre castellano “Ávila”, y como todavía conocemos al cerro,
se atribuye a las actas del cabildo de Caracas de 1778, en donde
Juan Antonio Ávila era dueño de varios terrenos de la montaña.
La leyenda
Existe otra historia un poco más romántica, o trágica, del origen
del nombre Waraira Repano. La relata Acarantair, hija del
legendario cacique mariche Tamanaco, famosa por su belleza y
por la facilidad que tenía para “hechizar” a los hombres. Cuenta,
pues, que en tiempos inmemoriales la zona central y costera de
Venezuela era muy plana y que se podía ver el mar desde lejos.
Cierto día, los habitantes de estas planicies hicieron enojar a la
principal diosa, la Mar –como suele suceder en todas las
leyendas donde los dioses se enojan– la diosa llena de furia les
envió una muralla de agua –presumiblemente un tsunami– para
acabar con ellos pero, al ver sus caras indefensas y escuchar los
llantos de desesperación y terror, decidió perdonarlos.
¿Cómo los perdonó?
Cuando la ola gigante estuvo a punto de caer encima de los
poblados indígenas, la diosa Mar convirtió el agua en tierra,
cambiando de esta manera la geografía del área que hoy
llamamos Caracas. Waraira Repano significa – según esta
leyenda– “Gran ola que viene de lejos”, y así llamaron los indios
a la cumbre más alta de la nueva cordillera central de Venezuela.
Los indios del área continuaron sus vidas felices por siempre….o
al menos hasta que llegaron los europeos.
Vertiente sur vista hacia el noroeste. Desde el estacionamiento de la Universidad Monteávila.
Feb 2017. MAGOAVI