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Poder y Performance en el Imperio Tarasco

Este documento trata sobre el poder del performance en el teatro arqueológico. Discute cómo el teatro prehispánico, incluyendo el del imperio tarasco, fue una estrategia para el control y dominación a través de características como el sacrificio humano o animal. El performance sacrificial era llevado a cabo por individuos específicos con intenciones específicas de transmitir ideologías y cosmovisiones de la élite. Propone que el estado tarasco puede considerarse un "estado teatro" basado en el concepto de Geertz, donde el espectáculo

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Poder y Performance en el Imperio Tarasco

Este documento trata sobre el poder del performance en el teatro arqueológico. Discute cómo el teatro prehispánico, incluyendo el del imperio tarasco, fue una estrategia para el control y dominación a través de características como el sacrificio humano o animal. El performance sacrificial era llevado a cabo por individuos específicos con intenciones específicas de transmitir ideologías y cosmovisiones de la élite. Propone que el estado tarasco puede considerarse un "estado teatro" basado en el concepto de Geertz, donde el espectáculo

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Centro de Estudios Arqueológicos

Maestría en Arqueología

Análisis e interpretación de contextos arqueológicos

Dr. Alberto Aguirre Anaya

ESPACIOS DE PODER Y SU REPRESENTACIÓN IDEOLÓGICA EN EL

ESPACIO. EL PERFORMANCE SACRIFICIAL DE LA SOCIEDAD

TARASCA DEL POSCLÁSICO TARDÍO (1350-1525 d.C.)

Lic. Eduardo Miranda


EL PODER DEL PERFORMANCE EN EL TEATRO ARQUEOLÓGICO

“El poder del performance es totalmente comunicativo y completamente emocional, es

ahí donde reside el drama y por lo tanto no debe ser subestimado” (Coben 2006).

El teatro es, por excelencia, el arte de la imitación. Desde sus orígenes,

los artistas de la escena han intentado conseguir convencer a sus

espectadores de que lo que hacían era verdad. Pese a que los primeros

artefactos que manejaban (máscaras, cantos, voces distorsionadas o

sonidos) no invitaban demasiado a relacionarlos con la verdad, lo cierto

es que la perseguían a toda costa (Oliva 2000:15). Es por ello, que una

de las características más relevantes del arte escénico es el hecho de que

su práctica suele ir siempre por delante de la teoría que genera. En esta

máxima se encierra buena parte de la naturaleza de esta peculiar forma

de comunicarse que idearon los seres humanos hace más de veinticinco

siglos (Ídem 2000:16).

Al ser el teatro una forma de expresión que descansa por completo

en el cuerpo viviente y actuante de los participantes, en la interacción

directa entre actores y público, obliga a relativizar muchos de los

supuestos sobre la representación de los indígenas (Araiza 2016). Entre

ellos, el supuesto de que las personas sean meros instrumentos para dar

una forma plástica a un concepto o una ideología. Vista desde el ángulo

de práctica teatral, la representación del indígena se revela más compleja

2
que una instrumentación del teatro, sino como una herramienta para la

construcción de principios, programas, cosmovisiones e ideas de corte

indigenista (Araiza 2016:24).

Teniendo en consideración estas bases, la intención de este

capítulo es poner en contraste el poder de las manifestaciones teatrales

en el imperio tarasco, así como en otras culturas mesoamericanas como

la maya, la teotihuacana y la azteca. Desde mi perspectiva, el teatro fue

prehispánico fue una de las variadas estrategias de control, dominación e

integración de las poblaciones debido a sus características fundamentales

de violencia y sangre, derivado del sacrificio humano o animal. Por ello,

la representación o el performance sacrificial, era llevado a cabo por un

individuo en específico y con una intención específica, por lo tanto, el

espectáculo era un medio para transmitir ciertas ideologías y

cosmovisiones propias de la clase dominante y de la elite encargada de

llevar a cabo el acto teatral con la finalidad de mantener las relaciones de

poder. Por lo que se propone al estado tarasco como un estado teatro,

basado en el concepto de (Geertz 1980).

Geertz (1980), adjudica el término estado teatro para la cultura

balinesa en Indonesia, debido a la naturaleza del estado balines,

expresada a través de su historia de tiranía y en la sistemática

concentración del poder por parte de sus gobernantes. Quienes han

perseguido el poder por medio de estrategias como el espectáculo, la

3
ceremonia y la dramatización pública. En los estados teatro, los reyes y

las princesas son el centro del espectáculo, los sacerdotes son los que

dirigen el acto y las personas el elenco de apoyo, son parte de la

escenificación y son la audiencia; para ello se realizaban estupendas

cremaciones, dedicaciones a los templos, peregrinajes y sacrificios de

sangre con el objetivo de movilizar a cientos o miles de personas y sus

bienes no con una finalidad político sino como el fin en sí mismo (Geertz

1980:13).

En términos metodológicos y en el contexto particular del teatro,

los estudios del performance nos permiten proponer nuevas relaciones

entre identidades, eventos, circunstancias, y ayuda a proveer un pasado,

pero también un futuro cambiante que sólo puede ser adivinado (Pinto

2015). En otras palabras, el estudio de las artes escénicas o de

performance se basa en un pasado mucho más cercano al futuro, una

especie de historicismo digital (Pinto 2015:508).

Para Tedlock (2009), el performance o la performatividad no es sólo

un concepto que reitera el poder del discurso para crear una estructura,

sino que también produce un fenómeno que regula y restringe el

comportamiento humano. En este sentido, el performance está presente

en muchos aspectos de la vida diaria, desde simples gestos, hasta

melodramas y macro-dramas. Y aunque este concepto fue inicialmente

desarrollado por John Austin en 1962, serían los estudios feministas de

4
Judith Butler en 1990 y 1997, donde serían aplicados extensamente en la

teoría de género (Tedlock 2009:107).

Butler (1988), señala que difícilmente pensamos en actuar en el

modo clásico de las artes teatrales o performativas, sin embargo, en

nuestra vida diaria continuamente mantenemos un discurso frente a

nuestros actos, basado de manera asociativa, en una relación y un

significado semántico. Esta forma de comunicación constituye una

relación o un vínculo entre los interlocutores y los espectadores, abriendo

un campo que ilustra además de la locución y la gesticulación, todo un

escenario para la filosofía analítica del lenguaje.

Por lo tanto, cuando un individuo desempeña un papel,

implícitamente les pide a sus observadores que tomen en serio la

impresión de la realidad que se les ofrece (Goffman 1956). Se les pide

que crean que el personaje que ven de hecho posee los atributos que

parece poseer, y que el acto performativo que realiza tendrá las

consecuencias que implícitamente se reclaman, en general, estas

cuestiones son lo que aparentan ser (Goffman 1956:10).

Inomata y Coben (2006) señalan en Archaeology of Performance,

acerca de la importancia de conocer el significado del performance, ya

que los actos performativos son fundamentales en el establecimiento y la

transformación de las relaciones de poder y las relaciones comunitarias.

Este sentido de comunidad, los valores culturales y el orden moral en

5
sociedades antiguas nunca podría ser comprendido adecuadamente sin la

consideración de tales eventos teatrales. Los eventos públicos y el

performance teatral son muy importantes para la operación y el manejo,

así como un medio de integración en cualquier sociedad, ya que su

ejecución tiene implicaciones críticas y consecuencias para el desarrollo

de los gobiernos centralizados (Inomata y Coben 2006:11).

Hodder (2006), también coincide en que el espectáculo está

frecuentemente ligado al poder y a sus diferentes formas. Sin embargo,

no está de acuerdo con Foucault (1975), quien asume que las sociedades

antiguas que castigaban por medio del espectáculo están separadas de

las sociedades disciplinarias modernas. Ya que en el registro arqueológico

en sociedades premodernas, por lo menos en Çatalhöyük (7400-6000 a.

C.), un antiguo asentamiento del período Neolítico, la evidencia muestra

la existencia de ambos casos, tanto espectáculo como disciplina, debido

a que estas dos relaciones de poder están necesariamente integradas en

la sociedad.

Particularmente, Inomata (2006), examina la sociedad maya del

Clásico (250-950 d.C.) y determina que los eventos teatrales o

performativos, tenían fuertes implicaciones políticas utilizadas para

formar relaciones de poder entre miembros de la comunidad, ya que una

comunidad involucra, precisamente, conflictos y negociaciones entre

individuos y grupos en diferentes posiciones y con distintos recursos. Por

6
lo tanto, una forma de obtener ese control es por medio de la imposición

y la subversión del poder a través del performance o de los actos

performativos que se llevan a cabo en cualquier escala y en diversos

contextos.

Otro tipo de performance utilizado por el Imperio Inca es el teatro

ritual estudiado por Coben (2006). Esta otra estrategia performativa

constituye una forma alterna de manipulación del poder político en

sociedades complejas premodernas, particularmente en Estados. Por

teatro ritual, (Coben 2006:223) se refiere a una mayor escala de actos

teatrales no cotidianos, los cuales son dirigidos y organizados por agentes

políticos o religiosos, estos ocurren generalmente en momentos y lugares

específicos que incluyen elementos teatrales, invocaciones cosmológicas,

banquetes y sacrificio humano, en este sentido, el acto ritual y el

performance secular no son epifenomenales, sino parte de un discurso

político e ideológico para crear y mantener las relaciones de poder.

Este tipo de performance, definido por (Coben 2006) como teatro

ritual, me parece el más adecuado para mi objeto de estudio, ya que en

la sociedad tarasca del Postclásico Tardío (1350-1525 d.C.), basado en

los datos que arroja la Relación de Michoacán, podemos percibir una

unidad entre el discurso del petámuti (jefe sacerdotal) y la sociedad

tarasca durante el Equata Cónsquaro, traducido como la “Fiesta de la

Justicia”.

7
EL PERFORMANCE SACRIFICIAL DEL IMPERIO TARASCO:

SANGRE Y MUERTE COMO TRIBUTO

Para Aguilar (2013), los sacrificios humanos en el Estado tarasco están

sumamente vinculados con las guerras, de hecho, se puede decir que la

mayoría de estas prácticas culminaban con el ofrecimiento de las víctimas

a sus dioses. Una vez que eran capturados en las guerras, los cautivos

eran llevados a la capital del estado por los sacerdotes hatapatiecha que

venían cantando delante de ellos, se los entregaban a los curitiecha y los

opitiecha para llevarlos con cantos en procesión sahumándolos con

incienso hasta llegar a la casa del irecha para entregárselos y

posteriormente eran encarcelados hasta el día del sacrificio.

Aguilar (2013), señala que el sacrificio de los cautivos era uno de

los componentes fundamentales de las fiestas en la sociedad tarasca. Para

ello, los sacerdotes seleccionaban a los cautivos que serían sacrificados,

un ejemplo de esto es la fiesta de Sicuindiro, donde se les señalaba el

pecho a los esclavos o delincuentes que iban a sacrificar y posteriormente

les colocaban distintos atavíos como eran unas mitras de plata en la

cabeza, una rodela de plata en el pecho, cascabeles de cobre en las

piernas, plumas o banderillas de papel. Relacionando estos objetos con la

deidad a la que se le sacrificaban, y finalmente, los sacerdotes

8
cesquarecha danzaban alrededor de ellos (Aguilar 2013:159) (ver figura

1).

Figura 1. Escena de impartición de justicia tarasca, Relación de

Michoacán (2008).

Una de las fuentes históricas que habla sobre la vida ritual y

ceremonial de la sociedad tarasca es la Relación de Michoacán. El

manuscrito original de la Relación de Michoacán es una traducción del

discurso que el petámuti o sacerdote pronunciaba en la celebración

tarasca conocida como Equata Cónsquaro, que se traduce como la Fiesta

de las Flechas. La fiesta de Equata Cónsquaro, era una ceremonia de

9
justicia donde se presentaba un aspecto teatral comparable con lo que

ocurría en la fiesta de Xochiquetzal entre los aztecas, el discurso del

petámuti era el eje central de figuraciones, incluyendo farsas, danzas,

invocaciones, y culminaba con la muerte de los presos (Le Clézio

2008:25). Este discurso, “duraba hasta la noche, aproximadamente doce

horas de narración continua, no comían ni bebían, ni el petámuti ni

ninguno de los que estaban en el patio” (Le Clézio 2008:21). En relación

con lo anterior, la originalidad de la Relación reside en la transcripción fiel

de este discurso, reconstruido tal como el petámuti lo pronunciaba cada

año delante del cazonci y de los representantes del pueblo.

Es decir, que por medio del discurso y las habilidades narrativas del

petámuti durante los rituales de justicia tarasca se transmitía su

cosmovisión e historia. De esta manera se establecían genealogías y

códigos de comportamiento, por lo que el cuento folklórico, el teatro, las

danzas, la oralidad y las bebidas embriagantes eran el preámbulo

ceremonial para culminar con los sacrificios humanos y la ejecución de los

presos. A través de este ritual de justicia se cohesionaba el poder político,

religioso y militar del Estado tarasco y, por lo tanto, una de las prácticas

culturales para ejercer dicho poder simbólico era por medio del discurso

del petámuti.

Le Clézio (2008), menciona que el papel de la coordinación

mitológica era atribuido al sacerdote supremo, el petámuti, de la raíz

10
tarasca petámuni, (el que habla)-que pronunciaba su discurso durante la

fiesta de la justicia Equata Cónsquaro. Este discurso abarcaba toda la

historia del pueblo de Michoacán, desde la llegada de los guerreros

uacúsecha y la fundación de la ciudad de Vayámeo por el rey Ticátame

hasta la muerte del cazonci Zuangua en 1520, cubriendo una época de

más de trescientos años (Le Clézio 2008:22).

Así, el sentido y el valor social de una tradición reside en la cohesión

y perpetuación del grupo social a través del tiempo, es la salvaguarda de

su identidad (Herrejón 1994). Y como costumbre, el sentido y el valor

social reside en su fuerza de conducta general, de comportamiento

generalizado que permea lo cotidiano y lo especialmente memorable;

conducta general que se impone como norma y regula el funcionamiento

del grupo en las diversas circunstancias, por ejemplo, obrar conforma a

la costumbre y es legítimo en el grupo social, obrar contra ella es

ilegítimo, y obrar fuera de ella es sospechoso de ilegitimidad (Herrejón

1994:146).

Por lo que esta tradición oral no sólo era una fiesta simbólica de

sangre y muerte para aplacar el hambre de su divinidad principal, el Dios

del Fuego: Curícaueri, sino un relato legendario llevado de generación en

generación por los sacerdotes petámuti, solemne e impregnado de belleza

oratoria.

11
Stasch (2011), menciona que, al tratar la oratoria y el ritual juntos,

sugiere un principio de selectividad, ya que se trata de un discurso dirigido

a una colectividad de personas, teniendo poderosas consecuencias debido

a las propias cualidades del discurso, ya que la oratoria es una forma de

persuasión a través de la representación. Esto implica hacer presente por

medio del lenguaje lo que de otra manera no está presente, en una

manera en que los oyentes puedan alterar sus propias convicciones, en

este sentido, un ritual involucra una correspondencia entre el movimiento

corporal y la trasmisión de un mensaje consciente, es por ello que los

rituales promulgan la concepción de la cosmovisión (Stasch 2011:161).

Corona (1957), propone que el sacrificio humano entre los tarascos

revistió dos formas: una infamante que se daba a los criminales, y la

honrosa del sacrificio. La primera se ejecutaba con un golpe de porra en

la nuca en cumplimiento de una orden dada por el juez, o por mandato

del cazonci o irecha cuando se trataba de reos de poca peligrosidad. La

segunda, el sacrificio, se aplicaba a los prisioneros de guerra y se

acompañaba con grandes ceremonias, era tan honrosa o más que la

muerte que se recibía en el campo de batalla, la muerte por el sacrificio

la daban a los dioses (Corona 1957:55).

12
Figura 2. La burocracia del estado tarasco, Pollard (2004).

El sacrificado, desde que había sido hecho prisionero, asumía la

personalidad de Curita-Caheri, Mensajero Celeste, y como tal era

reverenciado (Corona 1957). Los cautivos eran recibidos por los

Hatapatiecha, que eran como pregoneros, los cuales los empolvaban con

harina de maíz e iban bailando con ellos hasta el lugar del sacrificio, para

hacerlos llegar más rápido al cielo:

“(…) Y traían al patio todos los delincuentes, unos atados de las


manos atrás, otros unas cañas al pescuezo. Y estaban en el patio
un gran número de gentes y traían allí una porra y estaba allí el
carcelero. Y como se asentase con su silla aquel Sacerdote mayor
llamado petámuti, oye las causas de aquellos delincuentes desde la
mañana hasta el mediodía y consideraba si era mentira lo que se

13
decía de aquellos que estaban allí presos. Y si dos o tres veces
hallaban que había caído en aquellos pecados susodichos,
perdonábalos y dábalos a sus parientes y si eran cuatro veces,
condenábalos a muerte. Y en la víspera de la fiesta señalaban en
los pechos, los sacerdotes, dos esclavos o delincuentes que habían
de sacrificar el día del Equata Cónsquaro. Y sacrificaban los dichos
esclavos y, sacando los corazones, hacían sus ceremonias con ellos,
y echaban sangre en las fuentes, que eran dedicadas a dioses que
estaban ahí, para finalmente usar las pieles de los muertos” (De
Alcalá 2008:13).

Para los tarascos el culto al por tres estrellas (Aldebarán,

fuego era de gran importancia. El Beta y Gamma), estas tres

Dios del Fuego fue su deidad más estrellas también eran

antigua: Curícaueri le llamaban, reverenciadas por los aztecas, y

el Gran Fuego (Monzón 2005) son las que forman la cabeza del

(ver figura 3). Curicaueri tenía un Toro en la Constelación de Tauro

hijo, el Sol, pero el Sol murió en (Corona 1957:13).

el Poniente por obra de la Noche,

y entonces surgió el Sol Joven: el

Nieto que va hacía la casa de la

Noche a desenterrar el cadáver de

su padre. Esta trinidad del Fuego,

el padre, el hijo y el nieto, está


Figura 3. Curícaueri, (Monzón
representada en el cielo nocturno
2005).
14
López-Austin (1981), menciona que, sobre los dioses de los

tarascos, prevalecía uno, que bien podía coincidir con el propio del grupo

dominante del pueblo, sin embargo, había muchos dioses, pero se dice

que uno de ellos era el principal. Y al ir ganando terreno, el pueblo de los

tarascos uacúsechas en el ámbito militar, su numen protector: Curícaueri,

se elevó hasta convertirse en el dios cuyo mandato, dado a conocer por

sus sacerdotes, sería el rector de la política de toda la zona (López Austin

1981:22).

Por lo que la Edad de Oro del Imperio tarasco la constituye la unión

de las ciudades y de los pueblos bajo el estandarte de Curícaueri, obtenida

a costa de tantas guerras y tantas marchas a través de Michoacán (Le

Clézio 2012). De esta conquista divina van a nacer poco a poco las

instituciones y las estructuras de un nuevo poder, que debilita el antiguo

feudalismo en favor de un gobierno central fundado sobre la fuerza militar

y la fe religiosa, es decir, el régimen teocrático (Le Clézio 2012:54).

De forma similar, la arquitectura tarasca reflejaba el común legado

mesoamericano del México Postclásico, al tiempo que mostró ciertos

rasgos encontrados sólo dentro de los límites del México occidental o bien

exclusivos de la civilización tarasca. Una forma piramidal especializada (la

yácata) fue erigida en los principales centros religiosos asociados con el

dios del sol tarasco: Curícaueri (Pollard 1991, 1993, 2004). El botín de las

Águilas (elite militar) que obtienen para su Dios Curícaueri son el oro, la
plata, las plumas, las telas, el maíz o los fríjoles, pero también, como

entre tantos otros pueblos de América Central, la carne humana. Los

cautivos de guerra, capturados en los asaltos, son encarcelados, y

sacrificados en las fiestas, para alimentar a los dioses con su carne y con

su sangre, este sin duda era uno de los primeros objetivos de las

expediciones de guerreras (Le Clézio 2012:62).

Para Le Clézio (2012), la conquista de los pueblos primitivos de la

meseta tarasca por los guerreros del Dios Curícaueri, fue una empresa de

mucho tiempo, que comenzó con la investidura del rey Tariácuri, en los

últimos años del siglo XIV. Y se prolongó hasta la muerte de Zuangua,

padre del último cazonci, cuando llegaron los españoles (y las viruelas) a

México Tenochtitlán, en 1520, es decir, duró más de dos siglos. Esta

conquista reunió bajo el estandarte de Curícaueri a todas las poblaciones

antiguas de Michoacán.

Por lo que esta deidad, no sólo estaba en el centro de la vida social

tarasca, sino que era el corazón de su cosmovisión, ya que todas las

transformaciones de Curícaueri se sintetizan en tres: el águila, el lobo

(coyote) y la serpiente (Corona 1957). Y esta trinidad abarca el universo

entero indígena: el águila para el cielo, el coyote para la tierra y la

serpiente para el mundo de los muertos.

Son los dioses del Cielo, de las Cuatro Partes del Mundo y del

infierno que tanto nombra la Relación; las aves de rapiña representan a

16
los Dioses Celestes llamados también Engendradores, las águilas y los

halcones son las mejores aves cazadoras del cielo y el pueblo tarasco era

un pueblo cazador por excelencia, por lo que necesariamente sus dioses

tenían que asumir su imagen y ser conforme a sus necesidades.

Curícaueri, como dios solar, es un águila, su nombre está en el Codex

Plancarte, aplicado a un caudillo: Uacus-Thicátame, que significa “Águila

Poderosa” (Corona 1957:62) (ver figura 4).

Figura 4. El Dios del Fuego: Curícaueri, Codex Plancarte, Anales del

Museo de Michoacán (4).

17
Los nietos de Hire Ticátame (los primeros reyes de Michoacán)

desempeñaron también un papel sagrado: fueron los primeros servidores

de su Dios Curícaueri, en busca de una tierra para construir en ella sus

templos. Ya los pueblos de las orillas del lago, los primeros ocupantes,

reconocieron en Curícaueri un dios de suprema grandeza: un Águila (Le

Cléizo 2012:19).

En consecuencia, los mitos reflejan la realidad y si los mitos

sudamericanos mencionan águilas, armadillos, monos, pájaros

carpinteros, etc., es porque estos animales forman parte de su medio

ambiente (Acevedo 1982). De esta misma manera, si la mitología de la

meseta tarasca habla de escasez o abundancia de agua, aparecidos,

santos, pirekuas, etcétera, es debido a que estos símbolos conforman su

vivir cotidiano. La mente humana crea y refleja lo real, pero también le

confiere una capacidad simbólica, es decir, la transforma simbólicamente

(Acevedo 1982:24).

Los tarascos concebían a Universo dividido en tres partes: la región

del firmamento, que designaban con el nombre de Auándaro; la de la

tierra, que nombraban Echerendo; y la de los muertos, llamada

Cumiechúcuaro (Corona 1957). Esta última región se localizaba en el

inframundo, dichas regiones eran tres planos superpuestos de igual

importancia y cada uno de ellos estaba habitado por dioses: en el

firmamento las deidades representadas por astros y aves, y en los dos

18
restantes, los dioses terrestres y de la muerte, con apariencia de hombres

y animales (Corona 1957:62).

En la actualidad, dentro del hogar tarasco la deidad familiar por

excelencia es el Fuego, puesto que aún se encuentran creencias y

prácticas de hechicería relacionadas con el fogón. Simbólicamente, en el

fogón arde el fuego en medio de tres piedras llamadas parangua, de la

misma manera que el Dios del Fuego ardía en medio de las tres estrellas

(Aldebarán, Beta y Gamma) en el cielo de la constelación del Toro (Corona

1957:63) (ver figura 5).

Figura 5. Constelación de Tauro representando al Dios del Fuego,

https://www.universetoday.com/

19
EL ESPECTÁCULO DE PERFORMANCE COMO UNA

MANIFESTACIÓN RITUAL

Para Houston (2006:135), el espectáculo debe inducir una gran cantidad

de reacciones: asombro, deleite, sorpresa, deseo, arrepentimiento,

intoxicación, incluso miedo y repulsión. Este acto implica otras cuestiones

también como la demanda de atención por parte de la audiencia quienes

a su vez se vuelven parte del performance y dependen paradójicamente

de lo espectado. Por lo que el espectáculo de la sociedad maya del Clásico

trataba de abrumar los sentidos, es por eso que implementaba elementos

visuales y sonoros, así como aromas, esencias y olores que podían

provenir del ambiente, de carne o residuos podridos, de campos

quemándose o incinerando deliberadamente la resina de los árboles,

principalmente de copal o pom y también de papel amate, generalmente

recubierto con sangre (Houston 2006:143).

Desde la perspectiva teórica de la Economía Ritual, tal como la

propone (Aguilar 2013), es que la vida de las sociedades mesoamericanas

estuvo marcada por la realización de diversos actos y ceremonias rituales

que se usaban para rendir culto a sus divinidades y antepasados, ya que

estas prácticas además de s9er un elemento integrador, eran también un

elemento de diferenciación social entre los sectores de la población. En

donde los rituales servían como un rasgo identitario entre las elites

20
regionales y como una herramienta para entender e interpretar el cosmos,

y para ello se realizaban distintas ceremonias en honor a los gobernantes,

había fiestas públicas y privadas, sacrificios humanos y animales, guerras

y juegos de pelota; de esta manera y por medio de estas actividades se

encontraban interrelacionados los aspectos políticos (gobernantes),

religiosos (deidades) y económicos (recursos materiales) de la sociedad

(Aguilar 2013:70).

El ritual tiene tres funciones diferentes. Primero, hay un lado muy

práctico para el ritual: se realiza por una razón particular con la intención

de afectar el medio ambiente (Groot 2008). Segundo, el ritual juega un

papel importante, ya que ayuda a crear o mantener las relaciones sociales

dentro de una sociedad. Finalmente, el ritual tiene un efecto psicológico

que es especialmente importante en tiempos de crisis (Groot 2008:101).

Para el contexto ritual, Feinman (2016), propone que los

participantes de estos eventos experimentan altos niveles de ansiedad

sensorial, lo que induce a estados emocionales que conducen a la

recepción de mensajes que desafían la lógica del pensamiento y la

comprensión. Es por eso que los rituales tanto en los modelos de acción

colectiva como en uno más autocrático en estados preindustriales servían

como mecanismos sociales a través de las cuales las relaciones políticas

eran comunicadas, negociadas e instituidas (Feinman 2016:32). Pero la

naturaleza de los mensajes que se transmitieron difería y, a menudo,

21
también lo hicieron los contextos sagrados en los que ocurrieron estas

comunicaciones. De esta manera, todos los estados tienen personas y

autoridades poderosas que gobiernan, pero las formas en que manifiestan

sus posiciones y sus bases de poder difieren, y este eje de diversidad

tiende en general a asociarse con diferentes modos de práctica ritual

(Feinman 2016:42).

Blackmore (2011), señala que la organización social de los mayas

sigue siendo entendida, en gran medida, como si fuera un sistema de dos

clases: la de los pobres y la de las élites. Y aunque estas categorías

señaladas como “pobre” y “elite” si reflejan los lados extremos de las

condiciones sociales, no describen o explican de manera adecuada, la

rutina y la realidad diaria de dicha sociedad; esta situación refleja como

resultado que las personas comunes no participaban ni comprendían la

complejidad del mundo sociopolítico que les rodeaba (Blackmore

2011:157).

De esta manera, Blackmore (2011:159), propone que los mayas

del Clásico Tardío utilizaron el ritual y otras prácticas públicas tales como

el espectáculo del sacrificio humano o animal (ver figura 6), como un

medio para enfatizar las diferencias en el estatus social, por lo que las

excavaciones en la antigua ciudad maya conocida como Chan, en Belice,

tuvieron como resultado la identificación de un alto nivel de diversidad

entre los hogares; esto indicaría que los ocupantes formaron una

22
identidad y un estatus social a través del control y la centralización del

ritual.

Figura 6. Performance de sacrificio animal en la sociedad maya,

http://hablemosdemitologias.com/c-mitologia-maya/ritos-mayas/

Houston (2006), señala que, para los mayas del Clásico, el ritual de

performance también podía involucrar actores y audiencia que no eran

humanos. Ya que, en algunas ocasiones, estas experiencias sensoriales

traían consigo diferentes seres de otros mundos a la concurrencia, por lo

que el término “trascendencia” estaría mal aplicado, ya que los

espectadores no eran llevados a ningún lado, por el contrario, eran las

23
esencias divinas quienes descendían a visitarlos y eran animados por el

espectáculo de la carne humana, la sangre, el humo, los tambores y las

danzas, estos elementos eran el escenario para el momento en que los

dioses descendían a fraternizar con los humanos (Houston 2006:149).

Esto es en el aspecto religioso y ritual, pero ¿qué implicaciones políticas

tenía el teatro maya?

Particularmente para la sociedad maya del Clásico, Inomata (2006)

vincula los eventos teatrales en relación con la integración de una

comunidad y la creación, el mantenimiento y la subversión del poder

político. Y a pesar de que coexistían múltiples tipos de comunidades

mayas, incluyendo pequeños grupos locales y otras basadas en relaciones

de parentesco, lo que tenían en común era un gobernante, una corte real

y una población sujeta fuertemente a esta forma de gobierno (Inomata

2006:187). De esta manera, se asumen los aspectos teatrales o de

performance en la sociedad maya del Clásico, como un modo de

integración y de configuración de identidades en la comunidad, así como

una forma de establecer relaciones de poder entre los miembros de la

misma.

Toner (2017) ejemplifica en su investigación Form and

Performance, una aproximación al análisis de los rituales de performance

entre los aborígenes australianos, quienes toman a la música, las

canciones, la danza y el contexto ritual como elementos que fueron

24
elaborados y estructurados en función de su uso, bajo sus propios

términos y llevados a cabo por la misma sociedad que ejecuta tales

representaciones. Para Toner (2017:90), al comparar y analizar estos

elementos performativos en el continuo espacio-tiempo, estos se

convierten en una poderosa herramienta analítica en las sociedades que

llevaban a cabo rituales de performance, ya que estos mismos son el

resultado del pensamiento profundo, la coordinación cautelosa y un

talento virtuoso.

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