La Prospección Arqueológica de Superficie y Los SIG
La Prospección Arqueológica de Superficie y Los SIG
Abstract. This paper presents a review of those aspects of the archaeological survey in which
the impact of GIS has been most relevant. Those aspects include the design and planning of surveys,
the geo-referencing of archaeological entities (error correction, increase of precision and homogenis a-
tion of projections), their cartographic representation (with especial emphasis in map intelligibility
and micro-topography of individual sites), as well as the integration of survey data with information
collated from other sources (geophysical prospection, air photography, etc.)
1.- Introducción.
Durante el siglo XIX y la primera mitad del XX, el principal instrumento de obten-
ción de las observaciones empíricas pertinentes para el estudio arqueológico del Pa-
sado fue la excavación. La propia noción de trabajo de campo giró principalmente (o
exclusivamente) en torno a la noción de excavación, quedando el reconocimiento
arqueológico del territorio supeditado a la tarea de identificación de los yacimientos
más significativos y adecuados para la excavación.
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tados Unidos y el Reino Unido, de un enriquecedor debate que sirve para fijar los
principios de su incorporación al cuerpo metodológico principal de la disciplina ar-
queológica. Al trabajo seminal de R. J. Ruppe (1966) sigue una importante serie de
trabajos de orden teórico y metodológico que en apenas diez años fijan de hecho los
principios de la prospección arqueológica de superficie contemporánea (Redman y
Watson, 1970; Rogge y Fuller, 1977; Plog, 1978; Plog et alii, 1978; Schiffer et alii,
1978; etc.). En España, las primeras lecturas y aplicaciones de estas propuestas tie-
nen lugar algo más tarde, a partir de los años 1980 (Ruiz Zapatero, 1983; 1988; Fer-
nández Martínez, 1985; Fernández Martínez y Lorrio Alvarado, 1986; Ruiz Zapatero
y Burillo Mozota, 1988; etc.), pero el efecto y consecuencia general ha sido el mis-
mo.
En un lúcido análisis de este proceso, G. Ruiz Zapatero señalaba hace ya varios años
al proceso de informatización, como uno de los vectores de más rápida renovación
metodológica de la prospección de superficie (Ruiz Zapatero, 1988:39). Efectiva-
mente, quizás uno de los aspectos más destacados del rápido proceso de formaliza-
ción y sistematización de la prospección arqueológica en los últimos diez años haya
sido la incorporación de la informática, y muy especialmente de los Sistemas de In-
formación Geográfica. Este es precisamente el tema de este trabajo.
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2002), además de las diversas sesiones publicadas en las actas de las conocidas
Computer Applications in Archaeology, así como una miríada de artículos, tratando
casos de estudio específicos e investigaciones empíricas, que conforman una biblio-
grafía cada vez más inabarcable – aunque véase Petrie y otros (1995) para un ensayo
de compilación.
¿De qué forma han afectado los SIG al diseño y práctica de la prospección de super-
ficie? De una forma muy sintética, podría decirse que, si por un lado, han aportado
una serie de procedimientos enteramente nuevos, anteriormente inexistentes, por otro
lado han hecho más eficaz y sencilla la ejecución de procedimientos ya previamente
existentes, reduciendo el tiempo y/o el esfuerzo de trabajo requerido y haciéndolos
más rigurosos (por ejemplo mediante un necesario incremento del grado de consis-
tencia y estandarización en la recogida y tratamiento de los datos). Como resultado
de su articulación en un SIG, la prospección arqueológica se hace más eficiente, fia-
ble y productiva. Ello tiene ciertamente su reflejo en los cuatro temas abordados en
este trabajo, que son (i) la planificación de la prospección (estrategia, alcance, obje-
tivos), (ii) la georreferenciación de los eventos arqueológicos (ubicación dentro de
sistemas de coordenadas universales), (iii) la representación y visualización de sus
propiedades espaciales (forma, tamaño, elementos y relaciones topológicas), y (iv) la
integración con datos obtenidos mediante otros procedimientos de reconocimiento
del territorio.
La reflexión planteada a continuación en relación con estos temas, así como los
ejemplos y casos prácticos que la ilustran, se basa en una serie de experiencias inves-
tigadoras desarrolladas en los últimos años desde el Departamento de Prehistoria y
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Arqueología de la Universidad de Sevilla. Estas experiencias se pueden agrupar bási-
camente en dos: (i) una línea de investigación relativa al poblamiento de Sierra Mo-
rena occidental durante la Prehistoria Reciente que comienza a finales de los 1980 y
continua en la actualidad y (ii) diversos proyectos realizados entre 1996 y 1999 en
relación con la gestión SIG de inventarios arqueológicos.
2.- Planificación.
Un primer aspecto de la prospección arqueológica de superficie en el que los SIG
tienen un gran potencial a explorar es el de la planificación y diseño del trabajo de
campo. Posiblemente sea el modelado predictivo de la distribución de yacimientos el
ámbito en el que la contribución de los SIG a la planificación de la prospección de
superficie se ha expresado de forma más elaborada. En el modelado predictivo se
tienen en cuenta múltiples variables relativas tanto a las características geográficas
así como a las propiedades de los yacimientos arqueológicos de un territorio que
haya sido objeto de un reconocimiento arqueológico intensivo, para así establecer de
forma estadística las probables pautas de localización de estos últimos en territorios
donde todavía no se ha prospectado o se ha prospectado con menor intensidad. Los
resultados de estos análisis han sido luego utilizados para guiar y dirigir las prospec-
ciones de superficie hacia aquellas zonas donde existen mayores probabilidades esta-
dísticas de identificar determinados yacimientos o pautas de asentamiento. La utili-
dad y alcance del modelado predictivo para la prospección, análisis espacial y ges-
tión territorial en Arqueología ha sido objeto de un amplio debate disciplinar que ha
servido para fijar el alcance y los límites que puede tener en la investigación y ges-
tión arqueológicas (Carmichel, 1990; Warren, 1990; Brandt y otros, 1992; Wheatley,
1996; Deeben y otros 1997; etc.).
En realidad los SIG aportan numerosas herramientas que, sin llegar a la complejidad
del modelado predictivo, pueden ser de gran utilidad en la planificación de la pros-
pección. Cualquier proyecto o trabajo de prospección comienza por el planteamiento
de preguntas básicas relativas al área a prospectar. ¿Qué superficie implica? ¿Cuáles
son las condiciones topográficas imperantes en términos de pendiente media, cursos
de agua o elevaciones? ¿Cuál es la cobertura vegetal predominante? ¿Cuáles son los
precedentes arqueológicos de la zona? ¿En qué zona es más probable encontrar una
determinada categoría de yacimientos? De la respuesta dada a estas preguntas depen-
de en buena medida la configuración de la estrategia de trabajo y por tanto los resul-
tados que se obtendrán más tarde. Las consultas de carácter espacial, cálculos de su-
perficies, distancias o pendientes como parte de la preparación del trabajo de campo,
cálculos que con anterioridad a la aparición de los SIG constituían una tarea manual
bastante lenta y tediosa (Estébanez y Puyol, 1976:34), se convierten en simple rutina
dentro de un SIG.
Un ejemplo muy sencillo de cómo las utilidades más básicas de recue nto y cálculo de
superficies o distancias de los SIG pueden incrementar la eficacia de las prospeccio-
nes de superficie en el estadio de planificación, es la estimación de densidades de
yacimientos. Estas estimaciones pueden servir como referente durante el desarrollo
del trabajo de campo, indicando la eficacia o rendimiento de la prospección y ac-
tuando como un sencillo pero contundente control de calidad de las mismas. La pre-
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gunta a responder es ¿qué cantidad o densidad de yacimientos es probable detectar en
una zona a prospectar dadas una serie de condiciones ambientales, geográficas, histó-
ricas, etc.?
NUMERO DENSIDAD
AMBITO EXTENSION
YACIMIENTOS MEDIA
TM Almadén de la Plata.
16,77 Km2 26 1,540
Zona prospección intensiva
Pantano de Los Melonares
34,8 Km2 39 1,120
Zona prospección intensiva
TM Almadén de la Plata 255,65 Km2 102 0,398
2
Campiña de Sevilla 3.723 Km 1455 0,390
2
Andalucía 87.268 Km c. 12.000 0,137
Sierra Morena Occidental 5.038 Km2 544 0,107
2
Sierra Norte de Sevilla 3.771 Km 160 0,041
Tabla 1
Densidades de yacimientos arqueológicos en diversas regiones y sectores de Andalucía occidental
Este empleo de las utilidades de los SIG para calcular densidades de yacimientos (o
cualesquiera otros parámetros relativos a su dispersión o concentración) tiene eviden-
tes implicaciones a nivel más general, en cuanto a diseño de políticas de protección
patrimonial. Cuando en 1996 se obtuvo la primera cartografía digital del inventario
de yacimientos arqueológicos de Andalucía, una de las revelaciones más incuestio-
nables fue la de la extrema irregularidad de su distribución territorial (Amores y
otros, 1997:131). Un ejemplo particularmente drástico de ello se muestra en la Figura
2, donde se puede comprobar el agudo contraste de densidades de yacimientos dentro
de los límites de distintas hojas del Mapa Topográfico Nacional en la campiña de la
provincia de Sevilla, dado que dichas hojas (y no cualesquiera unidades de paisaje)
fueron utilizadas como límite y referente para la realización de cartas arqueológicas
en los años 1980. La visualización en un SIG de una información de carácter eminen-
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temente espacial, que hasta aquella fecha había sido gestionada de forma exclusiva
en papel, sugirió una amplia serie de prioridades y estrategias a tener en cuenta en
futuras actuaciones de reconocimiento arqueológico del territorio andaluz.
En definitiva, los SIG pueden ser utilizados de múltiples formas en la fase de prepa-
ración de una prospección arqueológica de superficie. La simple visualización de las
condiciones del terreno es una de ellas: los SIG son el marco idóneo para gestionar
fotografías aéreas e imágenes satélite (que muestran con un alto grado de actualiza-
ción las cambiantes condiciones de uso del suelo y cobertura vegetal) en combina-
ción con cartografía. La selección de zonas de actuación preferente en base a cuales-
quiera postulados epistemológicos, teóricos o prácticos, según se ha mostrado en los
ejemplos anteriores, es otra de ellas. En ambos casos los SIG puede actuar no solo
como extraordinarias herramientas con la que incrementar la eficacia del tratamiento
y gestión de datos sino como verdadero estímulo para pensar la prospección de una
forma más creativa sobre la base de hipótesis originales.
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3.- Georreferenciación.
Un segundo aspecto crucial de la prospección arqueológica de superficie que se ha
beneficiado considerablemente de la introducción de los SIG es la georreferenciación
(Wheatley y Gillings, 2002:27). La georreferenciación supone la correcta inserción
de las entidades arqueológicas (yacimientos, monumentos funerarios individuales,
hallazgos aislados, territorios de captación, etc.) dentro de sistemas de coordenadas
estandarizados que permitan su visualización y ulterior representación cartográfica
cruzada con otros elementos y temas geográficos (topografía, hidrología, cobertura
vegetal, geología, etc.). Se trata de un aspecto vital para la prospección de superficie,
ya que una correcta georreferenciación constituye una exigencia fundamental de ca-
lidad en los resultados obtenidos y una garantía para la ulterior explo tación de los
datos en términos de análisis espacial y territorial.
Tres aspectos de la utilización de los SIG en este ámbito son especialmente destaca-
bles: (a) la detección y corrección de errores, (b) el incremento de la precisión me-
diante la utilización combinada de los SIG con la tecnología GPS, y (c) la racionali-
zación en el uso de los sistemas de proyección y designación de coordenadas.
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calización exacta de los eventos arqueológicos, por no hablar de su forma o exten-
sión, que no era físicamente representable sobre tales mapas. No es extraño, pues,
que cuando en 1996 se abordó por primera vez la migración a un entorno SIG del
inventario de yacimientos arqueológicos de Andalucía (que hasta entonces se había
alimentado fundamentalmente de los datos obtenidos de cartas arqueológicas depen-
dientes de la cartografía 1:50.000), uno de los problemas más serios detectados fue-
ron los errores de georreferenciación (Amores Carredano y otros, 1997; 1999; 2000).
Es más, solo mediante su transferencia y visualización en un SIG se hizo posible la
detección de errores de georreferenciación de numerosos yacimientos arqueológicos
que habían pasado inadvertidos durante años (debido a las limitaciones inherentes a
la gestión manual de los datos), dando así paso al establecimiento de las oportunas
medidas de corrección. Otros inventarios regionales y nacionales de yacimientos
arqueológicos han experimentado problemas semejantes al utilizar coordenadas inco-
rrectamente obtenidas o designadas en el curso de prospecciones de superficie (Gar-
cía Sanjuán y Wheatley, 1999:210-211).
b) Sin embargo, el avance que ha permitido dar el paso definitivo hacia la cualifica-
ción de la georreferenciación arqueológica ha sido la extensión definitiva de una tec-
nología intrínsecamente ligada a los SIG: el Sistema de Posicionamiento Global o, en
sus siglas inglesas, GPS (Global Positioning System). Dada su creciente accesibili-
dad económica, su precisión y su carácter portátil, la incorporación de la tecnología
GPS en el trabajo arqueológico de campo, y muy especialmente a la prospección de
superficie, ha sido fulgurante, aportando una solución definitiva al viejo problema de
la calidad de la georreferenciación arqueológica (Amado Reino, 1997; Estrada, 1997;
Colosi et alii, 2001a; 2001b; Gabrielli, 2001).
8
En lo que respecta a su precisión, como es sabido, el Sistema de Posicionamiento
Global incluía hasta hace muy poco tiempo un error deliberado introducido por del
gobierno de los EEUU, error que ha quedado recientemente eliminado, por lo que
incluso los aparatos más económicos y sencillos pueden alcanzar muy elevadas pre-
cisiones, con márgenes de error de escasos metros por lo general aceptables para la
prospección arqueológica de superficie. Pero incluso si tales márgenes de error no
son aceptables por cualesquiera razones, la utilización de GPS diferenciales permite
actua lmente obtener precisiones centimétricas y subcentimétricas en la ubicación de
los eventos arqueológicos sobre el terreno, lo que ha dado paso a la utilización de los
mismos, no ya para la ubicación de yacimientos, sino para la ubicación de estructuras
y artefactos a nivel semi- micro o dentro de una excavación (tarea que hasta ahora
venían realizando las estaciones totales), así como para la elaboración de micro-
topografías de alta precisión de yacimientos individuales (este tema es discutido de
forma más monográfica en la siguiente sección de este trabajo).
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res en las coordenadas de los nuevos yacimientos que, procedentes de prospecciones
de campo, son dados de alta en la base de datos (Fernández Cacho, 2002b). Esta ten-
dencia a la normalización puede ser considerada bastante beneficiosa, ya que impone
la toma de una serie de decisiones conscientes, argumentadas y explícitas que agili-
zan y hacen más efectivo el tratamiento y transferencia de la información arqueoló-
gica.
4.- Representación.
El tercer ámbito en el que la introducción de los SIG ha tenido un efecto positivo en
la calidad de la prospección de superficie es el de la representación cartográfica ar-
queológica. El resultado tangible más inmediato de cualquier prospección es un ma-
pa de la distribución de yacimientos en el territorio prospectado (Price y otros,
1995:159). A este respecto cabe destacar dos temas principales: (a) la inteligibilidad
de los mapas arqueológicos y (b) la realización de microtopografías como alternativa
a la representación geométrica simple de los eventos arqueológicos.
Para valorar la significación que los SIG han tenido en relación con este aspecto de la
prospección de superficie resulta práctico hacer referencia a la situación anterior a su
aparición y extensión. Tomando de nuevo como referente el caso de la Arqueología
andaluza, una revisión ad hoc y asistemática (es decir, sin voluntad de establecer
conclusiones estadísticas) de los Anuarios Arqueológicos (entendiendo que pueden
ser considerados una muestra tan representativa como cualquier otra de la práctica
arqueológica realizada dentro esta comunidad autónoma) resulta bastante ilustrativa.
De acuerdo con esta revisión, en los Anuarios publicados en la segunda mitad de los
1980 y primera mitad de los 1990 la calidad de los mapas arqueológicos es por lo
general limitada o baja. Tanto así, que más que de verdaderos mapas, cabe hablar de
croquis arqueológicos, escasos en precisión y en detalles y, con cierta frecuencia,
escasamente inteligibles. La ausencia de escalas, leyendas y orientación es muy fre-
10
cuente, como lo es la utilización de trazos someros hechos a mano para indicar la
distribución de los yacimientos arqueológicos sobre la porción correspondiente del
MTN o de la cartografía topográfica de la COPT de la Junta de Andalucía. La cali-
dad de la reproducción gráfica de muchos de los Anuarios de esos años no ayuda a
realzar la inteligibilidad de la cartografía en ellos publicada.
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Si hace 10 años los elevados costos económicos del software y hardware y la dificul-
tad de manejo de los programas (por la escasa amistosidad de los interfaces de usua-
rio) hacían del uso de los SIG en proyectos y trabajos arqueológicos una pequeña
aventura, en la actualidad, y por las razones exactamente opuestas (es decir, por el
enorme abaratamiento de costes que se ha producido y por la aparición de una gene-
ración de programas de manejo más sencillo) resulta difícilmente aceptable que la
cartografía arqueológica se publique con bajos niveles de calidad. Un buen mapa de
la distribución de un fenómeno en el espacio invita al ojo humano a buscar pautas e
incita al cerebro a hacerse preguntas: en este sentido, una visualización cualificada
como que la que aportan los SIG cons tituye siempre un primer paso en la dirección
correcta, es decir, hacia una buena interpretación de los datos (Goodchild, 1996:242;
Kvamme, 1999:160). Pero además, los SIG pueden y deben ser utilizados para algo
más que para re-elaborar de forma más profesional la tradicional cartografía arqueo-
lógica “de puntos sobre un mapa” (Quesada Sanz y Baena Preysler, 1997:94), ya que
posibilitan la generación de mapas analíticos y temáticos que contribuyan a la inter-
pretación arqueológica, utilizando plenamente las técnicas de análisis y manipulación
de la información espacial de que disponen (interpolación, cálculo de visibilidad,
distancia, topografía, etc.).
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yacimientos arqueológicos tales como la topografía, forma o extensión. Las represen-
taciones poligonales, más costosas, puesto que requieren observaciones de campo
más detalladas, permiten en cambio mejorar sensiblemente la calidad de la represen-
tación de los eventos arqueológicos.
13
aproximado de procesamiento de los datos obtenidos sobre el terreno para generar
dicha representación microtopográfica del yacimiento fue de una hora.
El mapa de curvas de nivel obtenido puede ser comparado con el levantamiento to-
pográfico realizado de este mismo yacimiento en 1996 con medios convencionales
(Figura 13). Este mapa del yacimiento fue elaborado tras una mañana completa de
trabajo de campo y otra mañana de trabajo de delineación, y fue elaborado a mano y
entregado en soporte papel (por lo que su manipulación o transformación en un SIG
hubiera requerido un importante trabajo de digitalización) mostrando curvas de nivel
con un intervalo de 25 centímetros (es decir 25 veces más que la microtopografía
GPS).
Cuando, como en el caso de Dolmen de Palacio III, existen topografías antiguas (ela-
boradas con medios pre-SIG) de un yacimiento dado, pueden plantearse alternativas
a la captura directa de datos para la realización de modelos digitales del terreno.
Siempre y cuando la topografía original presente el suficiente nivel de detalle, es
posible transferir dicha cartografía a un entorno SIG para obtener resultados pareci-
dos a los alcanzados con un GPS de alta resolución. Un ejemplo de este tipo de pro-
cesamiento de la información de la prospección de superficie es el trabajo realizado
con el asentamiento de la Edad del Bronce de El Trastejón (Zufre, Huelva), excavado
por el profesor V. Hurtado Pérez. De este yacimiento se disponía de un levantamien-
to topográfico en papel realizado manualmente en 1988 a escala 1:2000. Para obtener
un MDT se procedió primero a una rasterización de esa imagen fuente; la imagen
raster resultante fue manipulada para acentuar el contraste de blancos (fondo neutro
de la imagen) y negros (curvas de nivel), creándose así una base digital binaria en
formato TIFF. Esta imagen raster fue a continuación vectorizada de modo automáti-
co mediante un software específico (Figura 14), generándose un fichero DXF que fue
entonces georreferenciado e importado en un SIG, donde ha sido posible obtener un
modelo digital del terreno del yacimiento, que como permiten apreciar la Figura 15,
es de gran precisión.
14
Con un desnivel real de 87 metros (cota máxima de 427 y mínima de 340), el MDT
de El Trastejón tiene curvas de nivel a intervalos de 1 metro de altitud, lo cual repre-
senta una precisión exactamente 100 veces inferior a la obtenida en el Dolmen de
Palacio III. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el tamaño del área cubierta por
la topografía es de 218.237 m2 (21,8 hectáreas), esto es, casi 50 veces más grande
que la del Dolmen de Palacio III.
5.- Integración.
El cuarto y último aspecto de la prospección arqueológica en el que la utilización de
los SIG ha supuesto un potente progreso de eficacia y fiabilidad es el de la integra-
ción de datos. Si hay una característica que defina la singularidad de los SIG como
sistemas de información, esa es probablemente su capacidad para integrar datos pro-
cedentes de múltiples fuentes, en múltiples formatos y su capacidad para representar-
los de forma integrada de múltiples maneras diferentes (pantallas, salidas gráficas
cartográficas, tablas numéricas, gráficos estadísticos, etc.). Una de las operaciones
más simples a realizar en un SIG es la conexión de los elementos espacialmente refe-
renciados con los atributos almacenados en una base de datos alfanumérica mediante
los códigos de identificación únicos de los registros. Otra operación, no menos sim-
ple y habitual en el manejo de cualquier SIG, es la superposición y combinación de
elementos espacialmente referenciados procedentes de diversas fuentes que, en el
caso de la prospección arqueológica, pueden ser imágenes de la superficie terrestre
obtenidas desde el aire o desde el espacio, imágenes del subsuelo obtenidas mediante
prospección geofísica, mapas digitales modernos, mapas antiguos e históricos, etc.
(Kvamme, 1999:167-168; Wheatley y Gillings, 2002:74-81; etc.)
15
Las fotografías aéreas más aptas para su representación combinada con otros eleme n-
tos cartográficos son las verticales (de hecho la fotografía área vertical es utilizada
desde hace tiempo para elaborar mapas mediante la fotogrametría ), aunque estas tie-
nen sin embargo una capacidad más limitada para revelar anomalías arqueológicas.
Las fotografías aéreas que más resultados proporcionan en cuanto a detección de
sitios arqueológicos nuevos son las oblicuas, aunque estas a su vez son más difíciles
de utilizar en combinación con otros mapas por las distorsiones que se producen en
el proceso de rectificación (Wheatley y Gillings, 2002:75).A pesar de estos inconve-
nientes, las fotografías aéreas tanto verticales como oblicuas pueden ser utilizadas en
un SIG en combinación con otros mapas e imágenes. La utilización de las fotografías
aéreas dentro de un SIG no incrementa necesariamente la probabilidad de detección
de yacimientos arqueológicos nuevos, aunque la posibilidad de visualizarlas de for-
ma interactiva con otros temas geográficos y mapas sí aumenta su potencial interpre-
tativo y explicativo.
Mediante su manipulación dentro de un SIG, las fotografías aéreas pueden ser utili-
zadas en combinación con un modelo de elevación del terreno para proporcionar una
representación muy realista del paisaje, de forma que es posible visualizar tridimen-
sionalmente una fotografía aérea desde cualquier perspectiva (ángulo o altura) (Oje-
da Zújar, 2002:118). Esto es lo que se ha hecho precisamente en la Figura 20, donde
a un MDT previamente generado a partir de la digitalización del mapa topográfico
16
1:10.000 de la COPT (Figura 19), se han superpuesto el mosaico de ortofotos ya se-
ñalado anteriormente.
Otro buen ejemplo de modelización de las condiciones del paisaje mediante un SIG
se obtiene de las prospecciones llevadas a cabo de la zona de afección del embalse de
Los Melonares (Sevilla) ya anteriormente citadas (García Sanjuán y otros, 2003).
Aquí, de nuevo sobre un MDT generado a partir de la cartografía 1:10.000 de la
COPT (Figura 21), se muestra la distribución de los yacimientos localizados en la
zona de inundación del pantano. En la Figura 22 se ha simulado una situación de
inundación máxima del pantano (cota de 82 metros), comprobándose de forma efec-
tiva los yacimientos que desaparecen bajo el agua.
6.- Recapitulando.
17
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22
Figura 1.
Densidad de yacimientos arqueológicos por término municipal en Sierra Morena occidental
Figura 2.
Densidad de yacimientos arqueológicos por hojas del MTN en la cam-
piña de Sevilla
23
Figura 3. Vías pecuarias y monumentos megalíticos en Sierra Morena occidental.
24
Figura 5. Vías pecuarias y monumentos megalíticos sobre MDT.
Dehesa de Palacio (Almadén de la Plata, Sevilla)
25
Figura 7. Distribución yacimientos prehistóricos del entorno del embalse de Arace-
na (Huelva) sobre versión vectorial de la topografía e hidrología del MTN.
27
Figura 10. Curvas de nivel de la micro-topografía del
Figura 11. Modelo Digital del Terreno del Dolmen de Palacio III
(Almadén de la Plata, Sevilla).
28
Figura 12. Modelo Digital del Terreno del Dolmen de Palacio III
(Almadén de la Plata, Sevilla).
Figura 13. Levantamiento topográfico manual del Dolmen de Palacio III (Alma -
dén de la Plata, Sevilla).
29
Figura 14. Curvas de nivel de la micro-topografía de El Trastejón (Zufre,
Huelva) a partir de levantamiento topográfico manual.
30
Figura 16. Mosaico de ortofotos a escala 1:10.000 en el curso alto de la
Rivera de Huelva, en Sierra Morena occidental
31
Figura 18. Ortofoto a escala 1:10.000 del asentamiento de la Edad del Bronce de
La Papúa (Arroyomolinos de León, Huelva)
32
Figura 19. MDT a partir de cartografía 1:10.000 de la COPT y localizaciones ar-
queológicas de la Prehistoria Reciente del entorno del embalse de Aracena (Huel-
va).
Figura 20. MDT a partir de cartografía 1:10.000 de la COPT con mosaico de ortofotos
en 3D y localizaciones arqueológicas de la Prehistoria Reciente del entorno del emb al-
se de Aracena (Huelva)
33
Figura 21. MDT a partir de cartografía 1:10.000 de la COPT y localizaciones ar-
queológicas de la zona de afección del embalse de Los Melonares (Sevilla)
34