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Dapuez - El Intercambio Social en Mauss

Este documento describe la evolución del concepto de intercambio social en la obra de Marcel Mauss. Inicialmente, Mauss estudió el intercambio como base social de categorías del entendimiento humano como la causalidad y la comunidad. Posteriormente, enfocó sus análisis en objetos empíricos implicados en transacciones, adoptando un enfoque histórico y comparativo. Mauss rechazó la idea de categorías puras del entendimiento, argumentando que estas varían entre sociedades y emergen de procesos sociales.

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Dapuez - El Intercambio Social en Mauss

Este documento describe la evolución del concepto de intercambio social en la obra de Marcel Mauss. Inicialmente, Mauss estudió el intercambio como base social de categorías del entendimiento humano como la causalidad y la comunidad. Posteriormente, enfocó sus análisis en objetos empíricos implicados en transacciones, adoptando un enfoque histórico y comparativo. Mauss rechazó la idea de categorías puras del entendimiento, argumentando que estas varían entre sociedades y emergen de procesos sociales.

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Diferencias categóricas.

La invención del intercambio


social en la obra
de Marcel Mauss
Andrés Dapuez*

E n este ensayo se intenta identificar el surgimiento y la evo-


lución de uno de los objetos de investigación más importan-
tes en la obra de Marcel Mauss: el intercambio. Del análisis
cronológico de sus textos puede inferirse que éste aparece, en una
primera instancia, como instancia social de las categorías del enten-
dimiento humano de relación primero, la de causalidad,1 y luego la
de comunidad o reciprocidad.2 En el marco del grupo de trabajo di­rigido
por Émile Durkheim —que constituye también el equipo editorial
de la revista L’Année Sociologique—, Mauss construye en una prime-
ra etapa una obra que es producto de la división del trabajo intelec-
tual bajo la cual se ha conformado el grupo; encontrar los di­versos
fundamentos sociológicos de las categorías del entendimiento hu-
mano es uno de los objetivos principales de dicha empresa. Sin em-
bargo, después de la Primera Guerra Mundial, y en una segunda
etapa, la escuela sociológica francesa, entonces dirigida por el mismo

* Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas-Universidad Nacional de


Entre Ríos, citer.
1 Marcel Mauss y Henri Hubert, “Esquisse d’une théorie générale de la magie”, L’Année

Sociologique, núm. 7 (1902-1903), 1904.


2 Marcel Mauss “Essai sur le don. Forme et raison de l’échange dans les sociétés archaï-

ques”, L’Année Sociologique, nueva serie, 1 (1923-1924), 1925, pp. 30-186.

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Mauss, orientó sus indagaciones a una multiplicidad de objetos em-
píricos implicados en transacciones.
Su trabajo de investigación sobre el intercambio, objetivado en
reseñas de investigaciones, ensayos y artículos, dejó de lado los orí-
genes sociales de la conformación categórica del entendimiento, y
consecuentemente, las bases sociológicas de metafísicas particulares,
para volverse mucho menos teórico. Sus interpretaciones, mucho
más dependientes ahora de los contextos situacionales y empíricos
en los que se insertan las compra-ventas, sacrificios, donaciones
y demás intercambios sociales, adquieren un carácter histórico y
comparativista. Al tiempo que Mauss se interesa por los escritos de
Char­les Sanders Peirce y John Dewey, sus análisis, contrariamente
a la idea de una prestación social total instituyente del pensamiento
asociativo y de las asociaciones humanas, comienzan a depender
más de un protocolo comparativo “preciso”.3 Cualidades morfoló-
gicas tales como edades, clanes, generaciones y sexos se agregan a
los objetos en circulación para complejizar cualquier percepción
estática y holística de lo social. Por el contrario, Mauss señala que
ciertas continuidades y contigüidades en los intercambios reformu-
lan las ideas propias que las comunidades tienen sobre sí mismas.
En sus últimos escritos tenemos la impresión de que, por medio de
transacciones concretas, parciales y cambiantes, Mauss señalaría que
cualquier conjunto social estaría siempre en formación y que no
puede nunca presuponerse a priori.
Las categorías del entendimiento humano, para Durkheim y
Mauss,4 y posteriormente para Durkheim,5 son nociones fundamen-
tales en las que se enraíza toda vida social e intelectual. Ellas corres-
ponden a las propiedades más universales de las cosas. Actuando
como “marcos sólidos a los que se confina el pensamiento”, estruc-
turan y hacen pensable los distintos objetos de determinadas mane-
ras. Por la vía negativa, Durkheim explica que “no podemos pensar
objetos que no estén en el tiempo o en el espacio, que no puedan ser
contados y así sucesivamente”.6 Después de mencionar a Aristóteles,
Durkheim y Mauss enumeran no taxativamente las siguientes no-

3 Ibidem, p. 34.
4 Émile Durkheim y Marcel Mauss, “De quelques formes primitives de classification-
contribution à l’étude des représentations collectives”, L’Année Sociologique, núm. 6, 1903.
5 Émile, Durkheim, Les formes élémentaires de la vie religieuse: Le système totémique en

Australie, 1912.
6 Ibidem, p. 9.

Diferencias categóricas. La invención del intercambio social... 63


ciones: tiempo, espacio, número, causa, sustancia, personalidad.
Durkheim y Mauss7 dedican un artículo a la producción social y
extra-lógica de la categoría de clase (genre, en el sentido de clase, tipo
o especie); Mauss y Henri Hubert se dedican a la de causalidad;8
Hubert hace lo propio con el tiempo;9 Robert Hertz, con las nociones
de vivo y muerto, y de izquierda y derecha;10 Mauss, a la de relación,11
etcétera. Así, las categorías, lato sensu, ordenan el trabajo interno del
grupo reunido alrededor del L’Année Sociologique y abren no sólo la
filosofía del conocimiento sino también la metafísica, específicamen-
te la ontología, al trabajo sociológico.
Esta nueva misión para el trabajo sociológico implica que los
rasgos esenciales de las categorías del entendimiento humano se han
formado a través de “una penosa conjunción de elementos prestados
de las más diferentes fuentes, las más extrañas a la lógica”, conjun-
ción que ha sido, a su vez, laboriosamente organizada por diferentes
comunidades.12 En definitiva, para Mauss las categorías del enten-
dimiento no deben ser consideradas como “inmediatamente dadas
en la constitución del entendimiento individual”.13 Como proce-
sos sociales, de número incierto, las categorías aparecen más bien
como emergentes inestables de las múltiples formas de vida social
y no como su precondición. Si el axioma sociológico que promue-
ve Mauss es válido: “no olvidar jamás que el hombre piensa en co-
mún con los otros, en sociedad”,14 por cada sociedad debería existir
un conjunto di­ferente, abierto y mutable de categorías del entendi-
miento humano.
Al sostener que la sociología necesita “más de la antropología y
de la historia”, Marcel Mauss se aleja de cualquier ideal para estudiar
casos concretos y podríamos decir experimentales de morfología

 7  Émile Durkheim y Marcel Mauss, op. cit.


 8  Marcel Mauss y Henri Hubert, op. cit.
 9 Henri Hubert, “Étude sommaire de la représentation du temps dans la religion et la

magie”, en l’École pratique des Hautes Études, section des sciences religieuses, 1905.
10 Robert Hertz, “Contribution à un étude sur la représentation collective de la mort”,

L´Année Sociologique, núm. 10, 1907, pp. 48-137, y “La prééminence de la main droite: étude
sur la polarité religieuse”, Revue Philosophique, núm. 68, 1909.
11 Marcel Mauss “Essai sur le don…”, op. cit.

12 Émile Durkheim y Marcel Mauss, op. cit.

13 Marcel Mauss, “Parentés à plaisanteries”, Annuaire de l’École Pratique des Hautes Études,

Section des Sciences Religieuses, 1927-1928, 1928.


14 Marcel Mauss, “Une forme ancienne de contrat chez les Thraces”, Revue des Études

Grecques, núm. 34, 1921, pp. 388-397.

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social. El objeto mismo de estudio de la nueva sociología incluye
no sólo un aspecto empírico sino uno ontológico. Al afirmar que
“yo también diría que una antropología completa puede reempla-
zar a la filosofía, ya que comprendería precisamente esa historia
de la mente humana que la filosofía considera dada”,15 Mauss se­ñala
la dimensión social de cualquier objeto. Durkheim y Mauss, al im-
pulsar el estudio sociológico de las categorías del entendimiento,
inician un giro ontológico que recién se comenzaría a completar más
de cien años después. A la tarea de los lógicos, que “consideran la
je­rarquía de los conceptos como dada en las cosas e inmediatamen-
te expresable” en silogismos, o a la tarea de los psicólogos, que se
en­tretienen en el simple juego de asociaciones de ideas, de leyes de
si­militud y contigüidad, se les suma el trabajo de los sociólogos. Se­gún
Durkheim y Mauss, los sociólogos tienen algo que decir sobre la
dimensión social de las categorías, clasificaciones jerárquicas de
personas, conformación y categorización de grupos de ideas y, por
último, pero no menos importante, sobre el orden social de las cosas.
Por decirlo brevemente, clasificar no les parece a Durkheim y a
Mauss un acto “simple”, puramente “individual”, “innato” y que
dependa de “afinidades mutuas” entre ideas. Por el contrario, el
in­dividuo y sus categorías del entendimiento humano, o más preci-
samente todas las clasificaciones, deben ser explicadas considerando
la historia y la producción social de las que emergen.
A diferencia del racionalismo kantiano, Mauss rechaza la idea
demasiado moderna de una razón pura. Como él mismo lo señala,
toda purificación de la razón está en el futuro, no en el pasado de
las sociedades: “la gramática pura, la lógica pura, el arte puro están
por delante de nosotros, no detrás”.16 Por eso para la escuela de
sociología francesa no existen categorías puras del entendimiento
humano, claras y distintas, atemporales y desterritorializadas. Las
palabras del mismo Marcel Mauss cuando habla en nombre de la
escuela de sociología francesa en Londres, al inicio de la Huxley
Memorial Lecture de 1938, son claras: “nosotros nos hemos apegado
muy especialmente a la historia social de las categorías del espíritu

15 Marcel Mauss, Oeuvres. 3, Cohésion sociale et divisions de la sociologie, 1994 [1969],


pp. 127-128.
16 Marcel Mauss, “L’obligation à rendre les présents”, L’Anthropologie, núm. 33, 1923,

pp. 193-194.

Diferencias categóricas. La invención del intercambio social... 65


humano”,17 considerando siempre que dichas categorías varían de
una sociedad a otra.
Pero si bien esta historia social nada tiene de evolucionismo
darwiniano, su lamarckismo es innegable. Para establecer un ár-
bol evolutivo, con patrones y rasgos sociales sucesivos, Durkheim
formula una construcción hipotética, teóricamente necesaria, análo-
ga a la del evolucionismo morfológico de Jean-Baptiste Lamarck.18
Es también su amigo y mentor, Alfred Espinas, quien introduce a
Marcel Mauss a la obra de Lamarck. Aunque Mauss no describa nin­
guna evolución unilineal desde las hordas “primitivas” hasta las so­
cie­dades “complejas”, ordena la diversidad de formas sociales en un
con­tinuum temporal. El mismo se instituye como gradiente evoluti-
vo en el cual distintas sociedades expresan distintas categorías del
entendimiento. Se trata también de la división del trabajo social
del pensar. Pero la primera y la segunda escuelas sociológicas fran-
cesas, dirigidas por Durkheim y Mauss, respectivamente, proyectan
distintas imágenes del tiempo sobre las que se estructuran los tra-
bajos que las sociedades se toman para nombrar y clasificar, para
ordenar y hacer vivibles la vida en común. Ambas presentan dife-
rentes ideas de la evolución morfológica del hecho social. Ambas
problematizan el origen de distintas maneras.
Durkheim lo hace señalando que Levi-Bhrul había puesto de-
masiado énfasis en los procesos de “participación” y “confusión”
de la “mente primitiva” a expensas de los “contrastes”, “oposicio-
nes” y “diferenciaciones” de las categorías del entendimiento en sus
formas más elementales.19 Por su parte, Mauss plantea que Durkheim,
a su vez, había diferenciado de manera muy simplista la solidaridad
mecánica (de las sociedades modernas que establecen relaciones
simples entre sus miembros) de la solidaridad orgánica (de las so-
ciedades primitivas que establecen entre sus miembros relaciones
complejas entre sus partes). Ya en 1909, Mauss y Hubert declaran en
la “Introducción” del libro Mélanges d’histoire des religions, el haber
proseguido estudios sobre “los orígenes del entendimiento” huma-
no, “estudios que habíamos comenzado con y a partir de Durkheim”;

17 Marcel Mauss, “Une catégorie de l’esprit humain: la notion de personne, celle de ‘moi’,
un plan de travail”, Journal of the Royal Anthropological Institute, núm. 68 [Huxley Memorial
Lecture], 1938, pp. 263-281.
18 Snait Gissis, “Late Nineteenth Century Lamarckism and French Sociology”, Perspectives

on Science, vol. 10, núm. 1, 2002, pp. 69-122.


19 N. J. Allen, Categories and classifications: Maussian Reflexions on the Social, 2000, p. 32.

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pero ambos confiesan que han movido el foco de sus investigaciones
sociológicas “fuera del análisis de las formas que [éstos] toman en
la conciencia” y hacia una consideración de dichos fenómenos reli-
giosos “en tanto que [los mismos] se desarrollan”.20
Tal profesión de empirismo, positivismo y pragmatismo21 marca
una clara diferencia con la perspectiva mucho más sistemática y fi-
losófica de Durkheim. La empresa de Mauss evade metódicamente
la construcción de cualquier sistema. En un primer movimiento
abandona el estudio de los orígenes del pensamiento humano en
tanto que invención desde la nada. O mejor, como lo dice en su
texto sobre Los orígenes de la noción de moneda, “no se necesita mostrar
un origen o un comienzo absoluto, por así decirlo, un nacimiento
ex-nihilo”, en este caso, de la noción de moneda. La invención es un
concepto que parece no tener mucho lugar en los textos de Mauss.
Su estudio se basa principalmente en la complejidad histórica de con­
­tinuidades, de supervivencias, amalgamas y combinatorias de ras­gos,
instituciones y de procesos de especialización del trabajo religioso,
cuyos efectos concomitantes aparecen en distintos fenómenos so­
ciales. Para decirlo de manera breve, Mauss considera que existen
hechos sociales que exceden cualquier teoría y sus consiguientes
simplificaciones: los denomina “hechos sociales totales”.

Morfología social

Mauss se sirve del evolucionismo morfológico para objetivar y cla-


sificar los diversos modos que las sociedades van tomando en el
tiempo. En 1932 ofrece un texto programático: en La cohesión social
se refiere a esas sociedades posteriores en la evolución “a las formas
australianas, cerca de formas vecinas a las de aquellas sociedades
que han dado nacimiento a las nuestras”.22 Al hablar de la cohesión
social de este tipo de sociedades, Mauss reconoce y rechaza de pla-
no la noción de amorfismo. Aunque Durkheim explicitaba que la

20 Marcel Mauss y Henri Hubert, op. cit.


21 El mismo Durkheim dedica los últimos años de su vida al estudio de los filósofos es-
tadounidenses, especialmente a la obra de John Dewey, tal como lo consigna Mauss en su In
memoriam de 1925. Dewey reaparece hoy en la sociología francesa, específicamente en la obra
de Bruno Latour, Políticas de la naturaleza. Por una democracia de las ciencias, 2012 [1999].
22 Marcel Mauss, Oeuvres. 3, Cohésion sociale…, op. cit.

Diferencias categóricas. La invención del intercambio social... 67


unidad social mínima o “protoplasmática” era teórica e hipotética-
mente necesaria, sus consecuencias sobre el estudio de las sociedades
concretas podrían producir distorsiones en el estudio empírico. En
palabras de Mauss:

Todos hemos partido de una idea un poco romántica acerca del tronco
originario de la sociedad: el amorfismo completo de la horda, después
el clan; los comunismos que se derivan. Tal vez hemos dedicado mu-
chas décadas para deshacer, no digo toda la idea, pero una parte nota-
ble de esas ideas. Falta ver lo que se ha organizado en los segmentos
sociales y cómo la organización interna de esos segmentos, más su or­
ganización general entre sí, constituye la vida general de la sociedad.23

En este texto, la vida general de las sociedades se presenta como


altamente compuesta, descompuesta y recompuesta por las diversas
interacciones que se dan entre los mismos segmentos que la confor-
man: grupos locales, edades, sexos, generaciones, familias, etcétera.
Al funcionar como fragmentos de un caleidoscopio, en permanente
movimiento combinatorio, son mayormente sus relaciones e imbri-
caciones las que determinan el resultado final. Sin embargo, y para-
dójicamente, para Mauss, los elementos constituyentes implican una
complejidad mayor que el conjunto resultante. El amorfismo del
grupo local, por ejemplo, “implica de manera constante el polimor-
fismo de las familias”. Es decir, las familias como partes internas al
núcleo social más homogéneo que se pueda encontrar, la horda o
grupo local, son a su vez mucho más complejas que este último.
Después del párrafo arriba citado, Mauss continúa:

[...] la idea de una sociedad que funcionaría como una masa homogénea,
como un fenómeno puro y simple de masas es una idea que es necesa-
rio aplicar, seguramente, pero solamente a determinados momentos
de la vida colectiva. Creo haber dado de este principio de la “doble
morfología” un buen ejemplo a propósito de los “esquimales”. Pero lo
mismo está en casi todas partes. Vivimos alternativamente una vida
colectiva y una vida individual y familiar, como ustedes quieran. Que
sea en los momentos de la vida colectiva que las nuevas instituciones
nacen, que sea en los estados de crisis que más particularmente ellas

23 Idem, traducción propia.

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se forman, y que sea en la tradición, la rutina, las reuniones periódicas
que funcionan, eso ya es ahora indiscutible. Pero lo que es igualmente
indiscutible es que en todas las sociedades, las más antiguamente co-
nocidas así como también en las nuestras, existe una especie de retrac-
ción del individuo y de la familia en relación con esos estados de vida
colectiva más o menos intensos.24

La paradoja del parentesco, el sexo, la edad, etcétera, que cons-


tituyen individualidades para luego, y hasta cierto punto, homoge-
neizarse en un conjunto social mucho más simple y amplio es sólo
aparente. Mauss confía en la prioridad lógica de los hechos sociales
totales para resolver la contradicción que implicarían los dos mo-
mentos evolutivos de una misma sociedad con una doble morfolo-
gía. No existen términos contrapuestos en Mauss, sino perfectos
complementarios que se articulan a través de relaciones, específica-
mente a través de intercambios sociales. Aunque Mauss considera
que cada sociedad está compuesta por variados segmentos, la cohe-
sión social aparece cuando los mismos están obligados a entablar
“reciprocidades” o “intercambios recíprocos”, esto es, relaciones sim­
ples entre segmentos complejos. Sin embargo, en determinados mo­
mentos de la vida social existen hechos que relacionan todos los
aspectos de una sociedad con todos sus segmentos. Son los hechos
sociales totales los que, en los escritos de Mauss, se vuelven episo-
dios fundamentales para explicitar una suerte de hiperarticulación
entre todos los segmentos y sus distintas características sociales.
Estos hechos, y en particular las prestaciones sociales totales que de
ellos se deducen, hacen posible la existencia misma de los intercam-
bios posteriores, parciales y recíprocos. Para decirlo de otra forma y
un tanto brutalmente, las prestaciones sociales totales permiten que
las sociedades se descompongan en segmentos articulados y que lue­
go estos segmentos se vuelvan a recomponer en diversas combina-
ciones, por medio de intercambios recíprocos.
Los hechos sociales totales y sus prestaciones no son meramen-
te actos de comunión o de amorfismo social sino que, al implicar
todos los aspectos de una sociedad, permiten la continuidad de di-
versos aspectos sociales en otros; es decir, son, también, totalmente
sociales. Según Mauss, del hecho social total se derivan dones en

24 Idem, traducción propia.

Diferencias categóricas. La invención del intercambio social... 69


prestaciones sociales totales de las que, en principio, ninguna reci-
procidad puede predicarse. En el don, el aspecto económico del
intercambio se continúa estética, religiosa, política, jurídicamente,
etcétera. En esa capacidad de continuidad, de un aspecto en otro,
reside su principal característica. Los hechos sociales totales son
herramientas sociales para componer, descomponer y recomponer
lo social. Tan es así que el interés económico puramente individual
puede desinteresarse y volverse interés político o invertirse en des-
interés estético, casi inmediatamente. Cualquier clase de reciproci-
dad podrá aparecer o podrá predicarse sólo a posteriori. En este
sentido, las prestaciones totales tienen como finalidad el devenir
intercambios recíprocos entre los variados segmentos sociales. Sin
embargo, estas reciprocidades no existen en el momento de la pres-
tación total social. Para decirlo de otra forma, las reciprocidades son
efectos de las prestaciones sociales totales, pero no pueden consti-
tuirlas en tanto que cualidades, atributos o características de las
mismas.

Parte por parte. Las distintas sociedades según


sus intercambios

Si, como sostiene Marcel Mauss, la filosofía ha considerado como


dada a la mente, su trabajo será reconstruir positiva y sociológica-
mente algunas de sus historias. Casi siempre contrastados en una
progresión morfológica, los hechos sociales implican un devenir
cuyo punto de partida es mucho más complejo que sus resultados
evolutivos. Esta idea ya es clara cuando Mauss, en la devolución a
una ponencia de Simiand, responde con sentido del humor presen-
tándose a sí mismo ante sus colegas como un “primitivo”. La pre-
misa es que todo fenómeno “primitivo”, o mejor dicho “arcaico”, es
más complejo por no haber sufrido ningún tipo de proceso de frag-
mentación, especialización o de analítica moderna. De este modo,
Marcel Mauss reactualiza una imagen del tiempo propia: en vez de
“formas elementales”, el “hecho social total” se presenta como una
especie de aleph que implica, entre otros fenómenos, sus propias
formas y razones para intercambiar.
En su Ensayo sobre el don, Mauss, según Karsenti, se pregunta:
“¿Cómo se efectúa en nuestro derecho y en nuestra moral la unidad
sintética arcaica de estos términos que oponemos, interés y desinte-

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rés, liberalidad y ahorro, lujo y utilidad, que en las formas del don
que hemos estudiado se encuentran estrechamente mezclados?”.25
En palabras de Bruno Karsenti, Mauss logra una respuesta ha-
ciendo “resurgir lo arcaico en el presente”. Si bien los hechos so­
ciales totales podrían ser interpretados como síntomas modernistas
de una nostalgia por un illo tempore, tales no se limitan al pasado.
Las distintas conjunciones entre personas y cosas, es decir, las dis-
tintas sociedades, según la definición amplia de sociedad que da
Durkheim, se explican en Mauss por la supervivencia del pasado en
el pre­sente, organizando eficientemente toda vida social. Fenómenos,
hechos y prestaciones totales funcionan contemporáneamente, según
Mauss, como conjuntos arcaicos de potencialidades. En ellos reside
la agrega­ción real de todas las posibilidades, de las especializaciones
orgán­icas y analíticas societarias, pero también y sobre todo, de las
potencialidades de cambio social.
Forma y razón del intercambio en las sociedades arcaicas es el subtí-
tulo del Ensayo sobre el don, en el que Mauss explica extensamente
sus ideas sobre la prestación social total, los hechos sociales totales
y los fenómenos sociales totales. No se trata de una búsqueda del
origen del intercambio sino de una suerte de gradiente de confor-
maciones sociales en las que la misma noción de intercambio se hace
posible según distintos contextos sociales. En tanto entendamos la
categoría de relación, comunidad, o reciprocidad como lo hace Kant,
proyectaremos una idea demasiado general y “dada” de esta preno-
ción a toda la humanidad, de una vez y para siempre, parece decir-
nos Mauss. Si la entendemos como una coexistencia que depende
de la intuición a priori del espacio, en la cual por lo menos “dos
substancias están siempre afectándose una a otra recíprocamente”,
la categoría de reciprocidad, relación o comunidad será la misma
para cualquier orden social y para toda mente humana. Pero, si las
prácticas sociales han ayudado a conformar a esta y las otras cate-
gorías del entendimiento, si las distintas formas del don son ante-
riores, lógica e históricamente, a cualquier definición definitiva de
“relación”, los estados arcaicos del don podrían echar luz sobre una
cierta complejidad que no nos es dado observar en las relaciones
purificadas que predican los filósofos. Es decir, en las formas más
elementales de comunidad (en el sentido ontológico del término,

25 Bruno Karsenti, Marcel Mauss. El hecho social como totalidad, 2008, p. 110.

Diferencias categóricas. La invención del intercambio social... 71


como unidad entre personas y cosas), o mejor dicho, en los hechos
sociales totales, se podrían encontrar las más diversas razones y
formas sociales para intercambiar. En otros términos, la categoría de
relación, reciprocidad o comunidad no son datos de la mente huma-
na, sino que deben haber sido producidas, tal como también sucede
hoy, laboriosa y socialmente, a través de intercambios concretos en
los que se conformaron diversos modos de comunidad. Así, los fe-
nómenos sociales arcaicos o “totales” expresarían más cabalmente
formas de comunidad más complejas y menos puras. Y sobre éstas
es que hoy se construyen otras formas, y los más específicos y par-
ciales intercambios mercantiles contemporáneos.
No se trata aquí de presuponer relaciones sociales entre entes
especializados que hoy denominamos personas. Podríamos traducir
a un lenguaje más arcaico el término personas como cosas-con-per-
sonalidad. Para entender un poco más a Mauss debemos tratar con
relaciones sociales en las que personas-cosas o cosas-personas se
expresan mutua y recíprocamente. Se trata entonces de remontar
dos procesos de purificación, o mejor dicho, de olvidar algunas de
las analíticas del puritanismo. Uno llevado a cabo primero por la
filosofía crítica de Immanuel Kant; otro, por la purificación de
la categoría de relación social, por la filosofía social crítica de Karl
Marx. Para decirlo brevemente, sus dos productos críticos, el feti-
chismo de la mercancía de este último, y la contigüidad entre puros
objetos, categoría de relación kantiana, son jaqueados por Marcel
Mauss cuando, en varios de sus artículos describe las sucesivas mor-
fologías sociológicas en las que tienen lugar los procesos sociales de
intercambio. O, para decirlo en términos negativos, ninguna de estas
dos críticas, la kantiana y la marxista, pueden explicar la conjunción
de fenómenos como los dones y los intercambios propios del mer-
cado moderno. Sus ascéticas, tanto la del uno como la del otro, por
no hablar de la de un agonista crítico como Hegel, se sostienen a
través de una denuncia permanentemente: la existencia de gente
comprometida en algún engaño. Ambos, con mayor o menor viru-
lencia, sugieren la necesidad de limitar y abandonar relaciones pro-
yectadas en cosas. Esos filósofos críticos imaginan siempre una
empresa moral de emancipación humana del mundo material. A fa-
­vor de relaciones humanas, demasiado humanas en los dos casos,
la toma de conciencia que personifica, desaliena y decosifica nece-
sita primero producir un residuo mudo, disimulación o referente
nouménico, esto es, un puro signo vacío.

72 Dimensión Antropológica, año 24, vol. 70, mayo/agosto, 2017


Por el contrario, Mauss reconoce siempre una moral en economías
positivas, en regímenes concretos de intercambio y reencuentra en las
cosas y en las economías una dimensión ética. Pero también en­cuen­
tra que dichos elementos, entre otros los morales y los económicos,
no son analíticamente discernibles; es decir, que tanto la mo­ral como
la economía cohabitan en todo intercambio remitiendo siempre a
fenómenos totales cuyos aspectos se continúan unos en otros. Por
eso en su obra, la evolución morfológica del intercambio es la que
ofrece alguna clave para estudiar los fenómenos sociales que el mis-
mo intercambio pone de manifiesto. Dicha evolución podría esque-
matizarse en tres grandes momentos:

a. El de los hechos, fenómenos y prestaciones sociales totales.


b. El del potlatch o intercambio agonístico.
c. El del mercado.

Sin embargo, cabe aclararlo, cualquier intercambio concreto pre-


senta necesariamente elementos de los tres periodos, que Mauss ha
abstraído sólo para una mejor comprensión morfológica de las so-
ciedades. Ni el Ensayo sobre el don ni la obra de Mauss relacionada
con éste tratan de fases sucesivas, de una evolución clara y distinta
de instituciones, sino más bien de una “arqueología” que busca des-
cribir, a través de ejemplos empíricos, de lo “arcaico” una de las
“rocas humanas sobre las que se construyen nuestras sociedades”.26
Si bien no concibe sociedad sin mercado,27 éste no es presentado por
Mauss como un simple modelo de la economía política clásica. Los
diversos mercados que Mauss refiere poseen en sí mismos múltiples
formaciones y formas de intercambios. En otras palabras, el potlatch
(o intercambio agonístico) y la prestación social total son para Mauss
formas elementales del mercado que no se superan totalmente en la
modernidad, sino que hasta hoy lo habitan, animándolo. Por ello,
en vez de presentar una progresión evolutiva (prestación social total,
potlatch y mercado), debemos comenzar hablando del mercado y,
dentro de él, de formas de intercambio que no pueden ser simplifi-
cadas mercantilmente (potlatch y prestaciones sociales totales). Dicha

26 Marcel Mauss, “Essai sur le don...”, op. cit. p. 34.


27 Marcel Mauss, “Appréciation sociologique du Bolchevisme”, Revue de Métaphysique et
de Morale, núm. 31, 1924.

Diferencias categóricas. La invención del intercambio social... 73


morfología podría esquematizarse en tres grandes momentos ana-
líticos:

a.3 El del mercado.


a.2 El del potlatch o intercambio agonístico.
a.1 El de los hechos, fenómenos y prestaciones sociales totales.

a.3 Economía de guerra y guerra a la economía

En el texto Apreciación sociológica del bolcheviquismo, publicado en


1924, Mauss también estudia la aplicabilidad de la economía y del
principio de reciprocidad a la Rusia revolucionaria. Su análisis se
centra en el periodo que va desde 1917 a 1921, y en los cambios que
se entrevén en los primeros años del periodo subsiguiente, el de la
nueva política económica (npe), que va de 1922 a 1929.
El primer periodo de economía militar, conocida con el nombre
de comunismo de guerra, incluía entre otras las siguientes medidas:

a. Nacionalización y gerenciamiento centralizado de toda in-


dustria.
b. Monopolio estatal del comercio exterior.
c. Estricta disciplina de los trabajadores (los huelguistas debían
ser fusilados).
d. Trabajos obligatorios para las clases no trabajadoras.
e. Confiscación de los excedentes agrícolas para distribuir entre
el resto de la población.
f. Supresión de la moneda y el comercio interior.
g. Racionamiento de todas las mercancías y distribución centra-
lizada de las mismas.
h. Ilegalidad de las empresas privadas.

La npe representa un cambio de dirección. En un sentido impli-


ca la superación de la economía de guerra impuesta por la misma
dinámica revolucionaria, pero en otro, “un paso hacia atrás” en el
camino hacia el socialismo. Definida por el mismo Lenin como “ca-
pitalismo de Estado” y “retirada estratégica del socialismo”, la npe
significa una corrección radical de las reformas revolucionarias im-
plementadas desde 1917 hasta 1921. Entre otras medidas de “libre
mercado” con la npe se terminó con la requisitoria forzada de granos

74 Dimensión Antropológica, año 24, vol. 70, mayo/agosto, 2017


(introduciendo el intercambio en forma de impuesto, primero en
especie y luego en dinero, a los productores rurales); la total na­
cionalización de la industria (permitiendo la propiedad privada
de pequeñas empresas y la mixta de medianas y grandes en donde
in­vierten mayoritariamente capitales estadounidenses); la obse-
­siva planificación económica (al legalizar, entre otras cosas, que los
campesinos conservaran y vendieran parte de sus excedentes en
mercados desregulados); la retribución equitativa del trabajo (rein-
troduciéndose las escala salariales), etcétera.
En el informe al X Congreso del Partido Comunista, en marzo
de 1921, Lenin admitió:

Los hechos están ahí. Rusia está amenazada por la hambruna. Todo el
sistema del comunismo de guerra chocó contra los intereses de los
campesinos [...] Hemos avanzado demasiado en la nacionalización del
comercio y de la industria, en el bloqueo de los intercambios locales.
¿Es posible restaurar en cierta medida la libertad del comercio? Sí, es
posible. Es una cuestión de medida. Podemos volver un poco sobre
nuestros pasos sin destruir por ello la dictadura del proletariado.28

Los resultados fueron casi inmediatos. Según algunos autores,


después de la hambruna del 1921-1922 la producción creció un 40 %.
También el apoyo hacia los bolcheviques. Al mismo tiempo que
mermó el comercio ilegal y se monetizó la economía, apareció una
nueva clase social formada principalmente por nuevos ricos, hom-
bres de negocios, que puso en alerta a los bolcheviques, quienes la
consideraron una amenaza. En 1928 es Stalin quien dio por termi-
nada la npe y volvió a un esquema de economía fuertemente cen-
tralizada.
En su artículo, Marcel Mauss retoma algunos de estos términos:
avances, retrocesos, hechos, medidas, etcétera. Teniendo en cuenta que
él no concibe sociedad sin mercado, en ese artículo sugiere que otros
sistemas con sus “evidentes regresiones hacia el individualismo, o
más hacia atrás todavía, hacia el comunismo” pueden provenir “de
los errores cometidos” por los bolcheviques y “del triunfo de formas
arcaicas de economía” en Rusia. Pero más allá de conservar cierto
historicismo gradual que todo “progresismo” implica y de reaccionar
negativamente contra el historicismo espasmódico de los leninistas,

28 Vladimir I. Lenin, Collected Works, vol. 44, 1987, p. 159.

Diferencias categóricas. La invención del intercambio social... 75


su “método” aporta una afirmación positiva: Mauss intenta una
“apreciación” de la fase bolchevique de la Revolución rusa. Esta apre­
ciación debe responder a las preguntas siguientes: “¿En qué me­dida
la experiencia bolchevique, como los mismos comunistas la llaman,
hace avanzar a la sociedad rusa hacia nuevas formas de vida social?
¿En qué medida sus resultados autorizan a pensar que es en direc-
ción de ese tipo de formas que nuestras naciones de occidente se van
a dirigir?”. Es decir, qué aporta la experiencia bolchevique de “nue-
vo e indispensable”.29
En otros términos, y dejando de lado ambos historicismos, Mauss
produce una comparación denominada “apreciación”, buscando
hacer y “medir” una “diferencia”. La elección de ese término para
el análisis de lo que estaba pasando en esos años en la Rusia revo-
lucionaria sienta la posición del analista. A la institución desmercan-
tilizadora del Ejército Rojo, Mauss le opone la temporalidad y la
racionalidad de las prácticas de la vida cotidiana: la del mercado,
la del intercambio comercial, las compra-ventas ordinarias, y todas
aquellas prácticas de reproducción de la vida que la guerra y el co-
munismo han vuelto una ilusión de normalidad. Mauss concluye:

[e]s necesario constatar que este desesperar se debió a que, no solamen­


te los socialistas doctrinarios, los comunistas o economistas distingui-
dos como Thornstein Veblen y los soviets, no hayan podido “evadirse
del sistema de precios”. No es seguro que alguna sociedad conocida
esté equipada para elevarse hacia otras esferas. Momen­táneamente, y
según lo que podemos prever, es necesario que el socialismo —el comunis-
mo— busque su camino en la organización y no en la su­presión del mercado.30

Mauss habla de apreciación y no de evaluación. No intenta com-


parar valores, término que implicaría otro sistema de desmercanti-
lización, esta vez metafísico, estético, moral o económico. Mauss
habla de precio, de un concepto mucho más ordinario, interesante,
conmensurable y “de sentido común”. Y lo hace, me parece, refirién-
dose sobre todo al precio efectivo, no al precio probable, sino al
precio que ya ha sido pagado. Ese precio implica un hecho social.
Refiere más que nada a un tipo de justicia práctica e imperfecta,

29 Marcel Mauss, “Appréciation sociologique du Bolchevisme”, op. cit., pp. 103-132, tra-

ducción propia.
30 Idem.

76 Dimensión Antropológica, año 24, vol. 70, mayo/agosto, 2017


por supuesto. Pero en tanto que cuantificación de un poder (de com-
pra) es un hecho público. Y es en ese sentido que Mauss nos anima,
sobre todo hoy, a volver a apreciar el acontecimiento bolchevique
de la Revolución rusa, no sólo a la luz de nuevas evidencias, sino
hoy, cuando mucho de la apreciación maussiana de ese aconteci-
miento —en su momento revolucionaria— se ha vuelto de sentido
común.

Complejo-mercado

Al leer la obra de Mauss desde sus “otros textos”, teniendo como


objetivo la mejor comprensión del Ensayo sobre el don, su obra más
famosa, se produce un efecto no deseado. Los planos —por decirlo
así, a través de una metáfora óptica—, se complementan y crean una
profundidad de campo que tal vez su autor no imaginó. Sus escritos
se ordenan en un espacio teórico que les fue ajeno. La multiplicidad
de los objetos, de los detalles, de los casos etnográficos, de “hechos”
—como le gustaba decir a Mauss— ahora puede ser sometida a la
eva­luación del teórico. Sin embargo, esta nueva perspectiva aborre-
ce tanto detalle y fuerza los hechos para que se acomoden a una
serie de ideas. Estas ideas, lamentablemente, no surgen del complexus
de obligaciones entre clanes polinesios (1925) o de otro conjunto com­
pleto y concreto de obligaciones y expectativas que las etnogra-
fías multiplican. Si bien Mauss adivina la posibilidad de enunciar
leyes generales, o de mencionar un imperativo moral trascendente
a los intercambios particulares que funcionaría como una de las “ro-
cas fundantes de la humanidad”, su método y protocolo de “com-
paración precisa” impugna a priori toda aplicación de conceptos y,
sobre todo, la de su categoría de hecho social total a otros casos.
Cuando Mauss dice que “el acto [...] no se prescribe [...] se reali-
za y es de la práctica que se desprende (dégage) la regla”, no sola-
mente está indicando la principal vía inductiva por la que llega
a construir teoría. Más importante aún es la enseñanza, en ese texto
contra los bolcheviques, de que sólo la práctica social es la promo-
tora de cualquier tipo de regla. La ley, en tanto y en cuanto sanciona,
es mucho menos rica, fecunda e interesante que las prácticas sociales
que le dan nacimiento. A su vez, son las prácticas las que se asien­
tan sobre regularidades arcaicas. Estos fundamentos de cualquier
tipo de socialidad que sólo pueden entreverse como “hechos sociales

Diferencias categóricas. La invención del intercambio social... 77


totales”, es decir, aglutinantes del pasado más remoto y del futuro
más deseado o temido, sustentan prácticas que, a su vez, producen
esquemas de sanción. En ese artículo, que a la vez se piensa como
la conclusión de un libro sobre la experiencia bolchevique, Mauss
critica ferozmente al idealismo legalista de estos revolucionarios al
intentar hacer tabula rasa de antiquísimas prácticas ritualizadas, que
entre otras cosas hacen funcionar a los mercados (comprar y vender,
usar monedas, convertir cosas a precios, etcétera), y sostiene:

Una vez más, hay que repetir, la ley no crea, sanciona. El decreto pue-
de prescribir las formas de acción pero no puede suscitarla, ni tampo-
co ayudar a suscitar sus motivos. El Estado y la ley constriñen y limitan
más que incitan. De cualquier manera, la ley puede expresar, sancio­
nar y hacer respetar. Ella puede mejorar la práctica social. Pero no la
crea más que raramente, en política pura, sólo para determinar quién
será el soberano […] y aún hay excepciones. De hecho, la mayoría de los
preceptos de derecho público y administrativo consisten en defender
o a lo sumo en designar al agente de ejecución, o la forma que tomará
la resolución de determinado asunto. Pero no en la orden firme de la
necesidad de una acción. Esto lo hacen los individuos, en tanto minis-
tros, comisarios, funcionarios o soldados, que no son más que servidores
públicos o guardianes de la ley. El acto, económico o moral o de otro
tipo, no se prescribe, o sólo de manera deficiente. Se hace y es de la prác­
tica que se desprende la regla. Por eso son estériles las más bellas leyes
que no han sido desarrolladas a partir de la acción. Porque la ley no
está activa más que cuando detrás de ella existe una moral que sanciona
y una mentalidad que traduce; es cuando una socie­dad bien viva viene
a expresar a su ritmo las esperanzas, las expectati­vas, la fuerza, la
sabiduría moral, el saber-hacer práctico y técnico que posee.31

La teoría social, cualquiera sea, o pongamos por ejemplo el feti-


chismo de la mercancía, al igual que la ley, debe desprenderse para
Mauss de hechos y acciones sociales, pero difícilmente pueda el
mundo adaptase a ella. Teniendo en cuenta que estos últimos, los
hechos, en su propia empiria, son muchísimo más ricos, complejos,
fecundos y totales que las mismas leyes y teorías, sólo pueden ser
analizados en tanto que constituyen prácticas o usos regulares. La
pobreza de la teoría, al igual que la de la ley, es la de no poder crear

 Marcel Mauss, “Appréciation sociologique du Bolchevisme”, op. cit., traducción propia.


31

78 Dimensión Antropológica, año 24, vol. 70, mayo/agosto, 2017


y producir prácticas sociales estables. Debe consolarse con sancio­
nar lo que hay como más o menos regular y explicar lo existente. Sin
embargo, concebir tales límites formales a la teoría y a la ley no las
hace inservibles.
La teoría social que Mauss produce busca explicaciones para las
lagunas del derecho y la moral contemporáneos. Es decir, intenta
reconstituir hipotéticamente una historia de prácticas sociales en la
que la oposición entre dos economías aparentemente contradictorias,
una de mercado y otra de dones, estaban articuladas. Según su ex-
plicación, esta dicotomía surge después de una larga revolución de
“formas” que ciertas prácticas sociales cristalizaron.

Estas hipótesis concernientes a un muy antiguo derecho romano son


además de orden prehistórico. El derecho y la moral y la economía de
los latinos han debido tener estas formas [arcaicas], pero ellas fueron
olvidadas cuando sus instituciones entraron en la historia. Por eso son
justamente los romanos y los griegos, que, quizás siguien­do a los se-
mitas del norte y del oeste, han inventado la distinción entre derechos
personales y derechos reales, separado la compraventa del don y del
intercambio, aislado la obligación moral y el contrato, y sobre todo
co­nocido la diferencia que hay entre ritos, derechos e interés. Son ellos
los que por medio de una gran y verdadera revolución han sobrepasa-
do toda esta moralidad vieja y esta economía de don demasiado aza-
rosa, demasiado dispendiosa y demasiado suntuaria, obstaculizada
por consideraciones de personas, incompatible con un desarrollo del
mercado, del comercio y de la producción, y en el fondo, en la época,
antieconómica.32

Después de esta prehistoria de los intercambios, representada


hasta en la muy antigua Ley romana, se da la distinción entre dere-
cho real y derecho personal. Al mismo tiempo, se diferencia entre
compra-venta y donación. Esa revolución, sin embargo, es perfec­
tamente rastreable, ya que ha dejado marcas entre los pueblos y
fenómenos antiguos y arcaicos. Sin embargo, lo que Mauss ha abs-
traído como historia y prehistoria, en realidad no puede separarse
totalmente de nuestro presente: siempre hay algo en él de fenóme­
nos totales y algo de intercambios agonísticos. En otras palabras, los
mercados deben ser entendidos como lugares en donde también

32 Marcel Mauss, “Essai sur le don...”, op. cit., pp. 139-140, traducción propia.

Diferencias categóricas. La invención del intercambio social... 79


habitan formas elementales comparables al poroporo y al potlatch. En
términos de Mauss, el nacimiento de la spondé (ritual contractual
griego) y de apropiación de la forma semítica de contrato se vuel­
ven hechos irreversibles; sin embargo, estas mismas revoluciones
contractuales no impiden que nuestros mercados aún hoy funcio­
nen gracias a economías de donación domésticas, agonísticas y ex-
cedentarias.

a.2 El potlatch o la agonía de la prestación social total

La misma categoría potlatch parece ser —como lo sostiene Sergei


Kan— un invento europeo. Entre sus creadores, Kan incluye “a los
antropólogos”.33 Significa “dar” (giving away), pero no se trata de
una creación arbitraria sino de una “respuesta cultural lógica al en-
cuentro colonial”.34 El término proviene de la “jerga comercial chi-
nook”, que se basa parcialmente en el lenguaje chinook, pero que no
es idéntico a él. Esta lingua franca se originó en el comercio de cueros
y se compuso con el inglés, el francés y el chinook. Franca no por su
franqueza, tampoco por francesa, toda lingua franca, pidgin, como
el sabir o el cocoliche, es un código “puente” que simplifica al menos
dos lenguajes naturales. Como otros translenguajes35 y trade langua-
ges, la jerga chinook es un código usado sistemáticamente para co-
merciar, para la diplomacia, el gobierno y la administración. Por lo
tanto, son los fines de estas actividades los que la marcan. Tanto en
el intercambio como en los lenguajes de los intercambistas siempre
subsisten, disimuladas, numerosas diferencias de poder: en algunos
casos uno “se hace” entender mientras el otro “hace como” que entien­
de; en otros, todos entienden aunque no haya mucho de qué hablar.
Cuando potlatch emerge como un nuevo término de esta lingua
franca entre europeos e indígenas, generalmente denominados
kwakiult (hoy autodenominados kwakwaka’wakw, o aquellos que
hablan el lenguaje kwakwala), la palabra se extiende más allá del

33 Sergei Kan, “The Nineteenth-Century Tlingit Potlatch: A New Perspective”, American


Ethnologist, vol. 13, núm. 2, 1986, p. 208.
34 Joseph Masco, “‘It is a Strict Law That Bids Us Dance’: Cosmologies, Colonialism,

Death, and Ritual Authority in the Kwakwaka’wakw Potlatch, 1849 to 1922”, Comparative
Studies in Society and History, vol. 37, núm. 1, 1995, p. 43.
35 William F. Hanks, Converting Words. Maya in the Age of the Cross, 2010.

80 Dimensión Antropológica, año 24, vol. 70, mayo/agosto, 2017


comercio. A partir de la segunda mitad del siglo xix, nativos y via-
jantes comerciales, después de la fundación de Fort Rupert en la isla
de Vancouver, distribuyen la palabra por los actuales estados de
British Columbia, Oregon, Washington y Yukon. En un contexto
caracterizado por el “impacto del capitalismo” y la devastación que
nuevas enfermedades traen a la zona,36 son primero los indígenas
quienes “incorporaron el término potlatch a su vocabulario”.37 Luego
es popularizado por Mauss, que lo saca del contexto del Pacífico
estadounidense y lo traslada a otras regiones, como Melanesia y
Polinesia primero, para después denominar con esta palabra todo
intercambio agonístico, es decir, a todo intercambio en el que hay
rasgos de lucha. El mismo Mauss se refiere a la ausencia del térmi­
no potlatch en un texto del etnógrafo alemán Krause, denominado
Tinklit Indianer. Según Mauss, Krause “ha visto muy bien este carác-
ter (agonístico) de fiestas y de ritos y de contratos que él describe,
sin darles el nombre de potlatch.38 Sucede que, como Goldman lo
señalara en una discusión sobre el ceremonialismo kwakiult, “nun-
ca hubo, al menos en los días del precontacto, eventos tales como
potlatchs”.39 Sergei Kan sostiene que, “en su lugar, hubo específicas
ocasio­nes rituales conmemorando casamientos, muertes, la cons-
trucción de una casa, investiduras de herederos”.40 El hecho es que
“muchas ceremonias de la costa Noroeste compartían características
básicas”41 de lo que posteriormente se denominará potlatch. Pero no
habían potlatchs independientemente de estas instituciones de rege-
neración.
Lo que en definitiva impresiona fuertemente al punto de vista
europeo es la necesidad de gastos suntuarios para anunciar y pro-
ducir cambios naturales y en los estados religiosos, civiles y socia-
les de las aristocracias locales. Por ejemplo, los nobles acceden a sus
rangos a través de festivales dramáticos. Sin embargo, lo que queda
muchas veces de lado en los análisis sociológicos de estos ceremo-
niales es que los mismos están dirigidos a producir un renacimien­to

36 Joseph Masco, op. cit., p. 42.


37 Sergei Kan, op. cit., p. 208.
38 Marcel Mauss “Essai sur le don…”, op. cit., p. 37, nota 3.

39 Irving Goldman, The Mouth of Heaven: An Introduction to Kwakiult Religious Thought,

1975, p. 131.
40 Sergei Kan, op. cit., p. 208.

41 Idem.

Diferencias categóricas. La invención del intercambio social... 81


en las cosas y personas. A pesar de haber sido caracterizados como
inversiones económicas que producen retornos con interés,42 sínto-
mas de una personalidad social megalomaníaca,43 una sustitución
de la guerra a través del intercambio agonístico,44 o meras distribu-
ciones de comida,45 entre otras interpretaciones; todavía hoy, como
dicen Masco46 y Kan,47 la descripción de Marcel Mauss del potlatch
como fenómeno y prestación social total de rasgo agonístico es la
me­jor porque incorpora la obligación de dar a los ancestros, a los
aún no nacidos y a los espíritus naturales algo para recibir una re-
novación en la vida cotidiana.
Lo que parece sorprender a Mauss de los potlatchs es que, al
mismo tiempo que pueden incluir o ascender a un miembro en una
“casa” o familia hacia “sillas” o posiciones de mayor poder, también
la ceremonia lo puede excluir o hacer descender de escalafón. Aun­
que uno pueda suponer que un potlatch era una disputa que conlle-
vaba la destrucción y distribución de propiedades entre dos o más
candidatos a un cargo, esta interpretación presupone la existencia
de una economía, como un orden de personas (seres animados) po-
seyendo y distribuyendo meras cosas (seres inanimados). Podemos
denominar brevemente esta preconcepción de la economía como:
“personas con cosas”. Sin embargo, existe otra posibilidad, otro or-
den en el que las cosas limiten, posean y administren —hasta cierto
punto— también a las personas. Lo podemos llamar “conjunción de
cosas con personas”.48
En este sentido, el comercio que los potlatchs instauran es también
uno que los mismos europeos, inventores del nuevo dominio con-

42  Franz Boas, “The Social Organization and Secret Societies of the Kwakiult Indians”,
Report of the U.S. National Museum for 1895, 1897, pp. 311-338.
43 Ruth Benedict, Patterns of Culture, 1934.

44 Helen Codere, Fighting with Property: A Study of Kwakiult Potlaching and Warfare, 1792-

1930, 1950.
45 Andrew P. Vayda, “A re-examination of Northwest Coast Economic Systems”,

Transactions for the New York Academy of Sciences, serie II, vol. 23, núm. 7, 1961, pp. 618-624.
46 Joseph Masco, op. cit.

47 Sergei Kan, op. cit.

48 La literatura sobre este y otros temas relacionados es variada y extensa. Es de notar la

importancia de los autores que exploran en Melanesia “personalidad”, posesión y agencia


distribuida en “cosas”. Véase, entre otros: Nancy Munn, The Fame of Gawa: A Symbolic Study
of Value Transformation in a Massim Society, 1986; Marilyn Strathern, The Gender of the Gift:
Problems with Women and Problems with Society in Melanesia, 1988; Frederick H. Damon y Roy
Wagner, Death Rituals and Life in the Societies of the Kula Ring, 1989; Alfred Gell, Art and Agency:
An Anthropological Theory, 1998.

82 Dimensión Antropológica, año 24, vol. 70, mayo/agosto, 2017


ceptual de esa palabra, se resisten activamente a creer. A las acusa-
ciones de pactos demoniacos les sucede un descreimiento activo en
la posibilidad de tratos entre vivos, muertos, espíritus y aún no
nacidos. Las explicaciones etnográficas que dan cuenta de nativos
contratando con “fuerzas” en la “naturaleza” y espíritus para hacer
revivir su mundo son sucintas. Debemos, creo, esta forma de senti-
do común no sólo al pensamiento científico, sino también al moder-
nismo teológico que a partir del siglo xviii confina lo “divino” y
“supernatural” a una existencia nouménica, como ocultación (su-
perstición) de cualquier forma sensible.
Pero para varios autores, Mauss entre los primeros, esta “cuarta
obligación” para con los ancestros —y aún no nacidos—, es decir, la
eficacia manifiesta de mantener intercambios con estas entidades
invisibles, es el verdadero motivo de los potlatchs. Los resultados de
estos intercambios se explicitan en el estado del mundo, o, mejor
dicho, en las cosas, en tanto que las mismas se vuelven propicias o
funestas para los seres vivos. Así, el mundo debe ser cuidadosamen-
te administrado a través de una religiosidad política o, mejor dicho,
de una compleja política ritual dirigida a lograr regulares renaci-
mientos ónticos. Entre las particularidades de esos modos de ima-
ginar y de ejercer el poder está la de una manifiesta imposibilidad
de purificar símbolos de sustratos ónticos. Así, no existen actividades
políticas puramente simbólicas o puramente naturales. Desde la pers­
pectiva situada de actores que pueden prescindir de esta her­me­néu­
tica de la sospecha modernista, la complejidad de los ceremoniales
justifica, incluso hoy, el adjetivo “total”. Estos visos de totalidad son
los que Mauss intenta restablecer, a veces infructuosamente, para
superar una minusvaloración del fenómeno sociológico. A veces
Mauss nos tiene que explicar primero las articulaciones binarias de
esas formas sociales, cuando por ejemplo nos recuerda que en épo-
cas precoloniales, la morfología social de los kwakwaka’wakw se articu­
laba en dos estaciones.
Durante el verano la gente se dispersaba en grupos que cazaban,
pescaban y cosechaban o recogían frutos para preparar las grandes
festividades de invierno (ellos denominaban genéricamente a esta
estación la de los “secretos”). Dicho ciclo ritual de cuatro meses es-
taba destinado a alimentar a las fuerzas que dominaban y amena-
zaban al cosmos. Era seguramente a lo largo de este periodo cuando
las dicotomías nativas (que nosotros traducimos como “regenera-
ción” o “pérdida”) se podían resolver o empeoraban. Como Stanley

Diferencias categóricas. La invención del intercambio social... 83


Walens49 lo ha destacado, el universo kwakwala estaba poblado por
criaturas siempre hambrientas, espíritus, animales, humanos, con-
sumiéndose unos a otros permanentemente. Consanguíneos, todos
estos seres vivos servían de comida a los otros. Basada en metáfo­
ras básicas, como la que identificaba vivir con matar,50 las actividades
tanto de invierno como de verano estaban fuertemente regladas
aunque sus jerarquías diferían.51
Durante la estación de caza, pesca y cosecha, los trabajos y los
días estaban regidos por jefes que heredaban patrilinealmente el
poder y la autoridad. En cambio, durante las festividades de invier-
no era a través de las “casas” o numayms que se organizaba la per-
tenencia a las sociedades de danza y que se ejecutaban los secretos.
Estas casas nobles integraban las mal llamadas “tribus” o grupos
confederados y estaban compuestas, a su vez, por rangos o “sillas”.
De la estabilidad misma de este sistema de sillas jerarquizado, de
los actos de posesión de nombres y máscaras rituales que encarnaban
a los ancestros en las danzas y de otros bienes sagrados (cobres con
personalidad, mantas, esclavos, etcétera) dependía también el deve­
nir, fasto o nefasto, de la otra estación. La temporada ritual era im-
prescindible para mantener en funcionamiento una economía
general de cazadores y presas. En ella se regeneraba la vida. Así, la
distribución agónica de poder social no era diferente sino comple-
mentaria de la distribución ecológica. La valentía y la conducta mo-
ral de los candidatos nobles se materializaba en sus puestos dentro
de las sociedades de danza, al mismo tiempo que sus dones, entre
ellos sus danzas y desempeños rituales, se materializaban en rique-
zas, salud y presas de caza. Lo mismo sucedía cuando un poderoso
miembro de la casa moría.
En un texto publicado en 1892 por el reverendo Harrison sobre
los haidas se encuentra una de las primeras referencias escritas al
término potlatch. No casualmente ésta aparece en la última sección
de su artículo sobre ceremonias de enterramiento y reemplazo su-
cesorio:

Todos los hombres, especialmente los jefes, son muy alabados en su


partida de esta atmósfera mundana. Cuando alguien muere, el próximo

 Stanley Walens, Feasting with Cannibals: an Essay on Kwakiult Cosmology, 1981.


49

 Irving Goldman, op. cit., p. 3; Stanley Walens, op. cit., p. 12.


50

51 David Graeber, Toward and Anthropological theory of Value. The False Coin of Our Own

Dreams, 2001, p. 190.

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en sucederlo (generalmente su sobrino) es presentado con mantas,
platos, abalorios, rifles, canoas, imágenes, cerámicas, perros, hachas y
muebles. No son para su propio beneficio sino para beneficio del di-
funto, y de aquellos que participan de la ceremonia de enterramiento.
De hecho, nada parece ser demasiado valioso para el funeral... Durante
los entretenimientos de fumar, los jefes y amigos del muerto, de acuer-
do con su rango, comenzarán a exaltar las virtudes del fallecido y tra-
tarán de consolar a sus parientes refiriendo a su disposición hacia los
pobres, su amor por sus amigos y su bondad hacia su esposa e hijos, y
también serán muy cuidadosos al referir a su liberalidad, cuando hacía
una distribución gratis de sus bienes, es decir, un potlatch.52

Si bien las mantas y los perros parecen haber tomado ya el lugar


de los cueros y de los esclavos, en una sustitución más ajustada al
nuevo orden de reproducción cosmogónica del capitalismo haida
de fin del siglo xix, la “liberalidad” del muerto es todavía ensalzada
con entusiasmo. Las pieles de los animales, máscaras que los ances-
tros se quitan para volverse humanos, se reemplazan por frazadas
industriales. Estas y otras mercancías son reapropiadas por una ló-
gica ritual que persiste, adaptándose a nuevas instituciones. Pero el
fondo ritual sigue la misma lógica y objetivo: el de producir una
regeneración responsable de la vida (humana y no humana; en las
cosas y en las personas). Lo cierto es que el mayor potlatch registra-
do antes de 1849 implicó 320 cueros, cuatro esclavos y cuatro canoas.
Después de la ocupación europea en 1869, en un solo potlatch se
entregaron 9 000 mantas manufacturadas.53 La inflación en la canti-
dad de los dones, y la correspondiente devaluación en su calidad,
nos hablan del potlatch no como institución para evitar la guerra sino
para conjurar al mercado.54 Esta explicación se debe, tal vez, a que
desde el siglo xviii son los mercados las instituciones que más nos
interesa interpretar.

52 Charles Harrison, “Family Life of the Haidas”, Journal of the Royal Anthropological Ins­

titute, 1892, pp. 475-476, traducción propia.


53 Franz Boas, “Ethnology of the Kwakiult”, Bureau of American Ethnology Thirty-fifth

Annual Report, 1921, pp. 1027 y 883, respectivamente.


54 Joseph Masco, op. cit.

Diferencias categóricas. La invención del intercambio social... 85


a.1 Hechos, fenómenos y prestaciones sociales totales

Los hechos, fenómenos y prestaciones sociales totales son las cate-


gorías menos descritas y más importantes de la obra de Marcel
Mauss. Desde un punto de vista histórico, arqueológico o genealó-
gico, es comprensible que así sea. Solamente a partir de una analíti-
ca extensa, articulada y especializada de ciertos procesos, que hacen
posible la analítica en sí, se puede remontar certeramente. Estas
totalidades, al presuponer un trabajo de codificación de casos etno-
gráficos, dan lugar a una heurística y a una temporalidad paradojal.
El mismo hecho social total que se quiere explicar presenta indicios
de dos tiempos diferentes pero contiguos: primero, el de un descu-
brimiento extemporáneo y anacrónico de precursores, y segundo, el
reconocimiento de sus efectos o continuidades en el analista y en su
sociedad. Brevemente, el problema que éste tiene es encontrar lo que
busca en todas y ninguna parte. Al igual que con el genos o “clase”
familiar,55 lo que hace único al hecho social total está en todos y en
ninguno de los individuos o elementos que conformarían un grupo.
Así, el hecho social total existe, más que como acción consumada,
como complejo indiscernible de expectativas y obligaciones. Los
hechos, fenómenos y prestaciones sociales totales prometen una
coherencia al conjunto social que nunca se realiza. O, como decía el
Wittgenstein de las Investigaciones filosóficas,56 es necesario hablar de
un “aire de familia” (Familienähnlichkeit o family likeness) cuando no
es correcto referir a una o un conjunto determinado de características
en común para definir y limitar un conjunto en un concepto, cate-
goría o clase. Ante las preguntas: ¿qué es lo que agrupa?, ¿qué lo que
forma una comunidad?, ¿qué une, produce, aglutina a un conjunto
de aspectos en un fenómeno social total?, o, ¿qué es una relación?,
uno puede señalar “un aire de familia”, que explicaría la reunión de
pluralidades (e pluribus unum). Pero la respuesta que Mauss da en
el Ensayo indica una falta.

Para comprender completamente la institución de la prestación total y


del potlatch, falta buscar la explicación de los otros dos momentos que
son complementarios de éste; porque la prestación total no sólo con-
lleva la obligación de devolver los regalos recibidos; sino que supone

55 Émile Durkheim y Marcel Mauss, op. cit.


56 Ludwig Wittgenstein, Investigaciones filosóficas, 1988.

86 Dimensión Antropológica, año 24, vol. 70, mayo/agosto, 2017


otras dos, más o tan importantes como ésta: la obligación de hacerlos,
por un lado, la obligación de recibirlos, por el otro. La teoría completa
de estas tres obligaciones, de estos tres temas de un mismo complexus,
brindaría la explicación fundamental satisfactoria de esta fórmula del
contrato entre clanes polinesios. Por el momento no podemos más que
indicar la manera de tratar el tema.57

Si bien está claro que a la fecha del Ensayo, Mauss no tiene una
teoría de la prestación total, ya le parece imprescindible avanzar
sobre la obligación de dar y la obligación de recibir para entender
los fenómenos que tales prestaciones totales provocan. En varias
oportunidades ha explicado fenómenos y prestaciones sociales to-
tales mediante referencias al matrimonio de su época y a las fiestas
de familia que se dan en su región natal, Lorraine. Estos ejemplos
son mucho más pedagógicos que el concepto maorí de hau, porque
señalan hechos sociales totales en el presente. Así, Mauss se implica
y refiere al matrimonio de principios del siglo xx y a algunas de las
relaciones de parentesco devenidas de éste, en términos de fenóme-
nos, hechos y prestaciones totales, primero porque quiere hacerse
entender. Pero no es sólo por razones pedagógicas que lo utiliza.
Más allá de analogías, sospechas de parecidos, semejanzas o coinci-
dencias (en Wittgensten: ähnlichkeit, likeness, resemblance), Mauss
busca en Polinesia y en Melanesia prestaciones totales que carezcan
de rasgos agonísticos, es decir, que la competencia entre las partes
no les sea determinante.58

57 Marcel Mauss, “Essai sur le don…”, op. cit., p. 50, traducción propia.
58 Dejo la discusión sobre el hau, su concepto y efecto, para otro momento, pues merece
un escrito mucho más extenso que el presente. Se trata del ejemplo clásico de un “viento”, en
este caso, entre un bosque productor, mediadores rituales y cazadores fecundadores, o del
“viento” o devolución que un don produce a través de otro don. Desde que Mauss lo cita en
su Ensayo sobre el don, es la referencia más frecuente de prestación social total. Ni siquiera es
posible señalar aquí todo el debate que el término ha suscitado sin mencionar una larga lista.
En ella es imposible olvidar la crítica de Raymond Firth a Mauss (Raymond Firth, Economics
of the New Zealand Maori, 1959, pp. 418-421) sobre el poder y la agencia del hau de las cosas
recibidas y que no son devueltas a las personas. Tanto Lévi-Strauss (“Introduction à l’œuvre
de Marcel Mauss”, en Marcel Mauss. Sociologie et Anthropologie, 1950), como Sahlins (Stone Age
Economics, 1972) y Firth (op. cit.) buscan una corrección terminológica que se debe más a la
segregación modernista de objetos de sujetos (cosas de personas). La misma no se compade-
ce con la historia de las categorías persona (principalmente Mauss, 1938) y cosa (principalmen-
te Marcel Mauss, “Conceptions qui ont précédé la notion de matière”, en Centre International
de Synthèse, Onzième Semaine Internationale de Synthèse [1939]: Qu’est-ce que la matière, 1945,
pp. 11-24), que Marcel ha realizado en toda su obra. Debemos esperar hasta Alain Babadzan
(Les Dépoulles des dieux: Essai sur la religion tahitienne à l’époque de la découverte, 1993) y princi-

Diferencias categóricas. La invención del intercambio social... 87


Para Mauss,59 el matrimonio occidental es un ejemplo decadente
de hecho social total. En el mismo se implicarían numerosas presta-
ciones imposibles de traducir en uno o varios contratos. Asemejando
en muchos aspectos a las múltiples transferencias a las que los espo­sos
se obligan, pero que al mismo tiempo son libres de, y además desean,
prestarse entre sí, y con posterioridad a sus hijos, las prestaciones
totales no pueden ser expresadas mediante convenciones. A diferen-
cia de los contratos contemporáneos, los compromisos matrimonia-
les no se limitan ni en el tiempo ni en su cantidad, ni a determinados
servicios. El conjunto mucho más amplio de prestaciones a las que se
comprometen los contrayentes nupciales, o mejor dicho, las fa­mi­lias
de éstos, incluyen pero no se acaban en el cuidado mutuo, el amor, el
sexo, la comida, la fidelidad, etcétera. Dichos servicios están compren-
didos difusamente por la ley. Al haber sido prometidos solemne-
mente sus incumplimientos son causales de ruptura matrimonial, pero
sobre todo son los usos y prácticas sociales los que los regulan.
Al ser comprometidos ritualmente, el matrimonio es más que
una obligación entre familias. Como tal, es la prognosis o la con­ti­
nua­ción de derechos y deberes no estipulados por una cantidad de
tiempo incierto. “Hasta que la muerte los separe” es la frase que
resuena todavía hoy en algunos países. En todos, el casamiento se
presenta como un conjunto, si no ilimitado, sí indistinto de expecta-
tivas, derechos, obligaciones y compromisos intraducibles al lengua-
je del contrato mercantil. Aunque en numerosos lugares la institución
del matrimonio se limite hoy en día por medio de contratos prenup-
ciales, el lenguaje de dicha institución no puede reducirse al de los
acuerdos civiles sin desnaturalizarla. La prohibición de casarse y el
acceso posterior a dicha institución a personas “del mismo sexo”
realzan hoy en día los visos de totalidad del matrimonio, institución
que promete y compromete a más que a una serie definida de dere-
chos y obligaciones. No se trata solamente de formalismos legales.
Como lo indica la invalidez de cualquier matrimonio que no se haya
“consumado”, los hechos valen más que las palabras y la consuma-
ción en el matrimonio tiene tal vez mayor valor que la “tradición”, o

palmente hasta los comentarios de Alfred Gell (op. cit., pp. 104- 121) acerca del hau para volver
a tomar en serio la agencia y el poder estético de las personalidades distribuidas en cosas
o aspectos reales de personas que los hechos sociales totales se presentan. Graeber (op. cit.,
pp. 178-188) ofrece una interpretación por demás interesante. Vuelvo a dedicarme a algo más
doméstico.
59 Marcel Mauss, Oeuvres. 3, Cohésion sociale…, op. cit., p. 390.

88 Dimensión Antropológica, año 24, vol. 70, mayo/agosto, 2017


la trasferencia cierta del dominio de una cosa en la compra-venta mer­
cantil. Es a ese fondo factual de intercambios al que permanentemen­
te nos conduce Marcel Mauss, como hacia “una de las rocas humanas”
sobre las que se asientan derechos, economías y estéticas.
­Mauss toma prestado del matrimonio y del lenguaje familiar un
conjunto de términos cuyo uso luego proyecta en otros ámbitos. La
etimología de la palabra gage no es la menos importante. Como sustan­
tivo, en el francés cotidiano significa “prenda”, “empe­ño”, y en plural,
“salarios”. Gager, como verbo, se usa para hablar de apostar y garan-
tizar. Sin embargo, engagement indicaba en tiempos de Mauss, y
tam­bién hoy en día, “empeño, contrato, promesa, obligación, com-
promiso y vínculo”. El uso que el catolicismo y con posterioridad el
lenguaje cotidiano de la política han hecho de estos términos es
también profuso.60 Sus etimologías son rastreadas por Mauss, por
ejemplo, en el breve artículo “Gift-gift”, para indicar el parentesco
de dichas palabras con las acciones de donar, recibir y devolver, y
en otros escritos, con las acciones de dar la dote matrimonial.

Los dos sentidos “regalo” y “veneno”, en los que esta palabra única ha
divergido en diferentes lenguas germánicas, parecen tan alejados el
uno del otro que los etimologistas han tenido dificultades para expli-
carse el pasaje del uno al otro y sus orígenes comunes. El destino mis-
mo de la palabra varía según las lenguas, conservando el sentido de
veneno casi exclusivamente en el alemán moderno, y conservando el
sentido de regalo y de don solamente en inglés, existiendo dos palabras
en holandés, una neutra y otra femenina para designar, una el veneno
y la otra el regalo, la dote.61

Queda claro también que, en el artículo arriba mencionado, más


allá de las lógicas lingüísticas e ideológicas, que se conservan o no en
los distintos lenguajes, la ambivalencia del típico brindis germáni-
co y de todo compromiso se despeja en la práctica. Es solamente

60 He descrito en otros trabajos con mayor detalle los usos ordinarios, políticos y rituales
de los términos promesa y compromiso, así como también sus sinónimos parciales en maya
yucateco. Véase Andrés Dapuez, “Promesas rituales y compromisos de libre mercado.
Regímenes de futuro en un pueblo de Yucatán”, Cuicuilco, núm. 18, 2011, pp. 181-202, y Andrés
Dapuez “Promissory Prestations: a Yucatec Village between Ritual Exchange and Development
Cash Transfers”, tesis, 2013.
61 Marcel Mauss, “Gift, Gift”, Mélanges offerts à Charles Andler par ses amis et ses élèves, 1924,

traducción propia.

Diferencias categóricas. La invención del intercambio social... 89


tomando (recibiendo y bebiendo) el don (gift) líquido de la cerveza
que se resuelve la ambigüedad de algo que al mismo tiempo se pre­
senta como don (gift) o prenda de amistad, pero que puede ser un
veneno (gift). Según Mauss, estas prestaciones totales de la cerveza
en el mundo germánico normalmente terminan bien, es decir, com-
prometiendo a las partes en un vínculo duradero de amistad y alian-
za que promete incrementarse:

En el mundo germánico ha florecido en alto grado el sistema social que


he propuesto llamar “sistema de prestaciones totales”. En este sistema
no solamente jurídico y político sino también económico y religioso,
los clanes y las familias y los individuos se vinculan por medio de
prestaciones y contraprestaciones perpetuas y de todo tipo, común-
mente comprometidos (engagées) bajo la forma de dones y servicios,
religiosos u otros, gratuitos.62

A diferencia de los potlatchs, o mejor dicho, de la interpretación


de los mismos como sustituto de la guerra,63 en las prestaciones
totales, si bien existe competencia, sospecha, lucha y explotación,
éstas normalmente no terminan prevaleciendo sobre el compromiso.
Los “presentes griegos” o “regalos indios” que implican tanto un
posible bien como un posible mal para su receptor pueden conju-
garse como armas contra un futuro enemigo o como prendas de
compromiso para con un futuro amigo y aliado. En otro texto, y con
respecto a la analítica de estas prestaciones sociales totales, Mauss
señala una instancia previa a la del potlatch, anterior lógica e histó-
ricamente, mucho más arcaica que la sustitución de la guerra me-
diante el intercambio.

En general no son los individuos sino las colectividades, los clanes y


las grandes familias quienes se comprometen (s’engagent) unos con
otros, a menudo en forma de alianza perpetua, y en particular, a pro-
pósito de matrimonios, de alianzas en el sentido pleno del término. Las
obligaciones mutuas que estas colectividades se imponen recíproca-
mente, no solamente engloban a todos los individuos, y a menudo a

62 Idem, nota removida.


63 Helen Codere, op. cit.

90 Dimensión Antropológica, año 24, vol. 70, mayo/agosto, 2017


las generaciones sucesivas, sino que se extienden a todas las actividades
y en todo tipo de riquezas.64

En “Parentés a plaisantaries”,65 Mauss señala que en ciertas for-


mas de parentesco ha encontrado hechos sociales totales previos a
los intercambios agonísticos. Al hablar de la relación fronteriza entre
ambos, señala:

Además estamos sobre la frontera de hechos conocidos bajo el nombre


de potlatch. Se dice que estos se distinguen por su carácter agonístico,
por rivalidades de generosidad en combates, de fuerza, de grandeza,
de desafíos en ocasión de injurias, al mismo tiempo que por hospita­
lidades. Pero uno ve, en estas instituciones de parentescos de etiqueta
y de parentescos embromados, instituciones más primitivas, en estos
intercambios de obligaciones y de bromas, muy visibles en el “poro-
poro” de las islas Banks, la raíz de estas rivalidades obligatorias.66

Hagamos poroporo y que parezca una broma, o mejor, que lo sea.


Mauss nos conduce hacia una serie de hechos concretos, particulares
y totales cuando identifica el poroporo con la “raíz” del potlatch, con-
siderándolo mucho más primitivo que este último, e indicando un
ejemplo de fenómeno social total del que se deducen prestaciones
totales. Pero debe quedar en claro que no alcanzan todas las teorías
sociales, ni toda la filosofía del mundo, para explicar estos paren­
tescos embromados, ni al poroporo, como no alcanza para explicar
ningún caso etnográfico. Ni siquiera es posible una descripción
equilibrada, ya que disfrutar o sufrir del poroporo, como de cualquier
matrimonio, podríamos decir, es mucho más complejo que contar-
lo.67 Esas instituciones de parentesco de etiqueta y de parentesco em­
bromado, de las que el poroporo es sólo un ejemplo, son para Mauss
lógica y morfológicamente previas o “más primitivas” que cualquier
potlatch. Pero tal vez haga falta remitir a alguna de las descripciones
disponibles a la fecha de la redacción de “Parentescos embromados”
para saber qué entiende Mauss por poroporo. Ya en 1914, William Halse
Rivers Rivers describe extensamente el poroporo de las islas Banks,
al que hace referencia Mauss. Rivers corrientemente lo traduce como
64 Marcel Mauss, “Parentés à plaisanteries”, op. cit.
65 Idem.
66 Idem, traducción propia.

67 Sobre el complicado matrimonio de Mauss, véase Marcel Fournier, Marcel Mauss, 1994.

Diferencias categóricas. La invención del intercambio social... 91


chaff, burlar, embromar. Cuando se refiere al poroporo dirigido al ma-
rido de la hermana del padre “the husband of the father sister”, en
el libro The History of Melanesian Society, Rivers cuenta:

La característica especial de este pariente, quien es llamado usur, es


que es objeto continuo de broma (chaff) por el sobrino de su esposa. La
gente va a poroporo a este pariente constantemente, y va a usar palabras
especiales para hablarle, las que son denominadas usur-gae. Como
ejemplos voy a tomar el caso especial en el que Virsal es el usur de mi
informante John. Si John o su hermana ven a un cerdo revolcándose,
ellos dirían, “ahí está Virsal”. Si escuchan un zorro volador en la noche
y se encuentran a Virsal a la mañana siguiente, ellos dirían, “te escucha­
mos anoche”. Si escuchan un martín pescador, ellos dirían, “tu comida
es el cuerpo de Virsal”, y todo el mundo escuchando esto sabría cómo
ellos están relacionados con Virsal. Si ven a Virsal yendo a la playa, ellos
dirán que él va a comer manvat (una especie de gusano) o babosas de
mar. Si la gente está hablando de Virsal y preguntan dónde está, John
dirá que en Panoi (Hades) o en algún lugar sagrado que se le ocurra.
Si una danza está a punto de ocurrir, y John sabe que Virsal va a estar
ahí, él irá también, corriendo hasta su tío y lo amenazará con un palo;
lo agarrará y sólo aflojará cuando éste le haya dado dinero, o lo que
Virsal haya traído con él, sabiendo muy bien lo que iba a pasar. De
acuerdo con nuestro informante, la idea de todo esto es enfatizar la
importancia de la hermana del padre. Antes de que Virsal se case, John
lo habrá colmado de todo tipo de oprobiosos insultos porque no pen-
saría que él es lo suficientemente bueno como para casarse con la her-
mana de su padre, y John piensa que la broma (chaff) y el usur-gae son
una continuación de este modo de conducta después del casamiento,
dedicado a magnificar la importancia de la hermana del padre.68

¿Es este un caso en el que el nuevo esposo se encuentra, según


Mauss, frente al “deber sin límite y sin contrapartida” de trabajar,
intercambiar y pertenecer a un nuevo grupo familiar? ¿De parte del
suegro o la suegra, se crean “derechos sin límites e incluso sin re­ci­
pro­cidad?”.69
Las bromas que el casamiento implica para este novio o esposo,
propinadas en este caso por el sobrino paterno de la novia o esposa,

68 William H. R. Rivers, The History of Melanesian Society, 1914, p. 40.


69 Marcel Mauss, Oeuvres. 3, Cohésion sociale…, op. cit.

92 Dimensión Antropológica, año 24, vol. 70, mayo/agosto, 2017


lo sumergen desde su compromiso en un nuevo mundo familiar que
él sabe le será muy hostil al principio, pero que terminará benefi-
ciándolo cuando el poroporo lo sufra el novio o esposo de su hija. Por
supuesto, las asimetrías y las desigualdades típicas del siglo xix y
comienzos del siglo xx entre hombres y mujeres no pueden más que
persistir en la institución matrimonial de la época que Mauss des-
cribe, o a la que hace referencia cuando presenta otro ejemplo, el de
la prestación total entre patres familias tracios. Sin embargo, Mauss
resalta que la naturaleza del vínculo no puede expresarse ni a través
de simples obligaciones inter pares ni a través de simples dones pu-
ros entre distintos estatus de personas.
Si bien los hombres tienen indudable predominancia en los ma-
trimonios tradicionales franceses de principios del siglo xx, y son
quienes reciben las dotes y se constituyen en administradores del
conjunto de los bienes de la pareja, no es posible criticar a Mauss en
los mismos términos que a la teoría aliancista del parentesco de
Lévi-Strauss. Entre otras razones, porque en Mauss no existe ningu-
na relación dialéctica entre sujetos y objetos.70 La explotación y el
poder están presentes en los análisis de Mauss; sin embargo, no le
es imprescindible hablar en un lenguaje de personas que acrecenta-
rían sus capacidades y atributos personales cosificando a otros.
Cuando se refiere a la explotación que sufre el marido de parte de
la familia de la novia, en “Parentescos embromados”, Mauss explica

70  Si, parafraseando a Latour, una relación presupone que “no podemos decir nada sobre
sujetos que no impliquen objetos humillantes; [y] no podemos decir nada sobre objetos que
no impliquen sujetos vergonzosos” (Bruno Latour, Reassembling the social. An Introduction to
Actor-Network-Theory, 2005, p. 72), es mejor abandonarla. Es más bien al costado de esta fe
modernista que dictamina de una vez y para siempre la preexistencia de objetos y sujetos, de
mujeres y hombres, de cosas y de personas, de esclavos y de amos, en estado puro, ocupando
posiciones dadas de una vez y para siempre, que Mauss sitúa a las sociedades y casos por él
examinados. Por el contrario, al echar mano de una evolución probable, de varios tipos de
devenir posible, de procesos emancipatorios permanentes, la ontología de Mauss abjura de las
categorías dadas y se embarca en un estudio empírico de la historia de las relaciones. Annette
Weiner (Inalienable Possessions. The Paradox of Keeping-while-giving, 1992), entre otros, nos ha
mostrado que los aspectos femeninos del poder en Melanesia son mucho más sutiles y efec-
tivos que una relación polar proyectada por meras interpretaciones teóricas. Concretamente,
el intercambio de mujeres que Lévi-Strauss indica como fundación universal del orden sim-
bólico y cruce fecundo entre naturaleza y cultura, es fuertemente cuestionado por las relaciones
entre hermana y hermano, y la posesión femenina de propiedad o “sacra” notada por Weiner
(op. cit.). El mismo Lévi-Strauss recurre con posterioridad a una noción mucho más compleja
de poder cuando rescata la noción de “casa” (parentesco mixto) en su libro La vía de las
máscaras 1982. Sin embargo, termina considerando a la casa como “institución” y “fetiche”
(Anthropology and Myth; Lectures, 1951-1982, 1987, p. 155).

Diferencias categóricas. La invención del intercambio social... 93


el abuso y la explotación sistemática como derivados de los hechos
y prestaciones sociales totales. Marcel Mauss, armchair ethnographer
(etnógrafo de sillón, como lo denominan los trabajadores de campo
ingleses y estadounidenses) o “etnógrafo de museo” (como se llama
a sí mismo en 1938),71 tiene muchísimo cuidado al describir o reseñar
cualquier institución. Sin intentar contar lo que se percibe en este
tipo de relaciones, recurre al método comparativo para explicar
cómo dichas obligaciones se transforman en un sinnúmero de dere-
chos y prerrogativas. El caso del poroporo, en las islas Banks, sufrido
por el marido a manos de los sobrinos, le permite percibir los inter-
cambios o prestaciones totales como signos de un compromiso total,
pero cuya articulación es realmente compleja. Para Mauss, ellos
involucran a varias secciones de una misma sociedad. Para nosotros,
también sus comparaciones implícitas entre sociedades e institucio-
nes, como el nexum de la Roma arcaica, iluminan su búsqueda de
articulaciones cuasi totales.
En “La cohesión social”, después de explicar la imbricación de
grupos polisegmentarios, Mauss describe a un yerno volviendo
de cazar y evitando a su suegra, ya que toda presa que trae a la aldea
debe presentársela como don.

Tomemos, por ejemplo, la situación de los parentescos embromados


(América del Norte, bantúes, etc.) que he indicado en un pequeño tra-
bajo. Comúnmente estos parentescos son aquellos entre cuñados y
esposos legítimos cara a cara con las cuñadas y las esposas legítimas
(el clan, sexo, generación y edad, en ocasiones determinan los dos gru-
pos respectivos). Están gobernados por diferentes trucos y en particu-
lar por el principio de reencarnación que el mismo expresa en otros
trucos. Además, uno puede embromar a su suegra, o (lo que es exac-
tamente lo mismo) hay que evitarla absolutamente; si bien es cierto que
al mismo tiempo que ella está prohibida para su yerno, ella puede tener
derechos excesivos sobre él, como por ejemplo, en ciertas tribus (Aus­
tralia del sur) cuya costumbre ha sido muy bien descrita por Howitt.
Inmediatamente que un yerno reporta su caza en el campamento don-
de habita, todo pasa a sus parientes políticos. Ahí ustedes ven un sis-
tema de intercambio, de comunidad condicionada por separaciones.
Esta gente se enfrenta a sus parientes políticos como nosotros nos

71 Sobre Mauss como etnógrafo véase John Borneman y Abdellah Hammoudi, Being There.
The Fieldwork Encounter and the Making of the Truth, 2009, p. 10.

94 Dimensión Antropológica, año 24, vol. 70, mayo/agosto, 2017


enfrentamos a un acreedor muy exigente. Hay comunismo porque los
parientes políticos tienen derecho a esta presa y el yerno no tiene nin-
gún derecho. Pero, al mismo tiempo, existe también una verdadera
organización promovida hasta en el detalle para el individuo. Y hay
reciprocidad indirecta, si el yerno tiene, a su vez, sus yernos para que
le deban a él su caza. Así, todos los grupos se imbrican los unos en los
otros, se organizan unos en función de otros por medio de prestaciones
recíprocas, por superposiciones de generaciones, de sexos, por super-
posiciones de clanes y por estratificaciones de edades.72

Como lo demuestra el caso más conocido de la corrección que


Mauss hace a Malinowski sobre el concepto de “don puro”, ninguna
pureza tiene lugar en relaciones que Mauss describe como consti-
tuidas siempre por muchos segmentos sociales. La noción de “don
puro”, su identificación con el término trobiandés mapula, y la pos-
terior retractación de Malinowski, termina como una anécdota tam-
bién un tanto graciosa.
Al principio, Malinowski traduce mapula como “retribución,
equivalente” (repayment, equivalent) y como “término general para
los regalos devueltos, retribuciones, económicas o no” (“return gift,
retributions, economic as well as otherwise”). Según los trobiandeses
de la isla Kiriwina, el mapula refiere a cosas pequeñas, tales como
pescado, tabaco y arroz que el hombre da a su esposa e hijos recu-
rrentemente.73 Pero alejándose de esta evidencia que relaciona al
mapula como una devolución de un don anterior, Malinowski escri-
be en 1922, en Argonautas del Pacífico occidental, que finalmente en-
contró lo que buscaba, esto es, un don puro y desinteresado. Buena
parte de su proyecto se basa hasta el momento en buscar transaccio-
nes que no estuvieran constreñidas por necesidades utilitarias, “frías
y calculadoras”. Finalmente, Malinowski señala que los trobiande­ses
“dan con el solo fin de dar” (“giving for the sake of giving”).74 Pero
Mauss entiende que ni los intercambios entre islas del kula, ni los

72 Marcel Mauss, Oeuvres. 3, Cohésion sociale…, op. cit.


73 Véase Annette Weiner (op. cit., pp. 24-27), así como la crítica a su trabajo, sobre todo a
los conceptos de reproducción y conservar-mientras-se-da, en Mark S. Mosko, “Inalienable
Ethnography: Keeping-While-Giving and the Trobriand Case (Critique of Annette Weiner)”,
en Journal of the Royal Anthropological Institute, vol. 6, núm. 3, 2000, p. 377.
74 Bronislaw Malinowski, Argonauts of the Western Pacific: An Account of Native Enterprise

and Adventure in the Archipelagoes of Melanesian New Guinea, 1961 [1922], pp. 167-175.

Diferencias categóricas. La invención del intercambio social... 95


dones domésticos como el mapula, pueden definirse como dones
puros.
Al mismo tiempo que señala que el mapula es uno de los actos
más importantes que Malinowski ha notado, ya que puede conside-
rarse la base misma de la construcción de los parentescos, Mauss le
cuestiona a Malinowski pública y privadamente la existencia misma
de cualquier “puro don”, algo que pueda ser dado sin esperar nin-
gún retorno a cambio. Sin haber estado en ninguna de las islas
Trobiand, Mauss le sugiere a Malinowski que el mapula que el espo-
so entrega a la esposa debe ser entendido como retribución o salario
por los servicios sexuales que ésta le presta. En Crimen y costumbre
en la sociedad salvaje, Malinowski responde a las objeciones de Mauss
retirando su concepto de “puro don”. Allí afirma que no hay ni hubo
dones gratuitos. Admitiendo su error, Malinowski considera que en
“una perspectiva suficientemente larga, el intercambio mapula es
siempre equilibrado”.75 Este episodio, muy poco frecuente en las
ciencias sociales y que implica la admisión de un error de interpre-
tación —errores, por otra parte, muy frecuentes en la práctica de la
etnografía—, terminará conformando uno de los acuerdos teóricos
y epistemológicos sobre los que se desarrollarán las sociologías y las
antropologías del siglo xx. La noción de “reciprocidad” como con-
cepto y acuerdo entre partes, en principio entre Malinowski y Mauss,
se transforma desde entonces en la piedra fundacional de numerosos
edificios teóricos de las ciencias que estudian las relaciones sociales.
Sin embargo, la idea de un fenómeno, hecho o prestación social
total vuelve cada tanto a subvertir el principio de reciprocidad es-
tablecido como acuerdo de partes entre Mauss y Malinowski. La
supuesta preexistencia de, por lo menos, dos objetos que entablarían
una relación es puesta en duda cuando el primero habla de hechos
sociales totales. La certeza en la anterioridad lógica del todo, en la
cualidad misma de totalidad, parece ser la condición de posibilidad
que engendra cualquier clase de socialidad. Para decirlo de otra
ma­nera, cualquier fenómeno que se nos aparece como social nos
remite siempre a una idea previa, y a veces nostálgica, de totalidad.
Así, en la obra de Marcel Mauss, el hecho social total es social porque
primero fue total. Cualquier tipo de fenómeno que tenga algo de
social nos hace pensar en la continuidad de sus cualidades, en su

75 Bronislaw Malinowski, Crimen y costumbre en la sociedad salvaje, 1982, p. 40.

96 Dimensión Antropológica, año 24, vol. 70, mayo/agosto, 2017


sinequismo.76 Sobre este prejuicio de continuidad, o mejor dicho de
contigüidad, Mauss establece la cualidad de lo social, y, luego, a
partir de esta última, de cualquier tipo de fenómeno, de hecho, de
prestación o de intercambio.

Bibliografía

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