Capítulo 19
LA EPÍSTOLA DE SANTIAGO
UN RASGO COMÚN A TODAS LAS EPÍSTOLAS UNIVERSALES ES LA CARENCIA DE
toda indicación de haber sido escritas a alguna congregación en particular, si
bien en este respecto 2 y 3 Juan son excepciones a la regla. Puede parecer
extraño que el Nuevo Testamento no contenga ninguna carta que pueda ser
positivamente identificada como dirigida a una congregación de
cristianos judíos en tierra palestina, sirviendo así de paralelo a las varias
escritas por Pablo a iglesias gentiles fuera de la tierra santa. Esto no se
debe a la carencia de iglesias en Palestina, ya que éstas florecieron en Judea
(Gá. 1:22), en Samaría (Hch. 8:4-8), y Galilea (Hch. 9:31). Quizás estos
creyentes judíos tuvieran menos necesidad de una supervisión pastoral que
sus hermanos que habían venido del paganismo. En muchos casos estas
iglesias no fueron fundadas por un apóstol que permaneciera en contacto
estrecho con ellos, sino que lo fueron por creyentes que habrían sido
dispersado de Jerusalén por la persecución (Hch. 8:4). La epístola de
Santiago no es un escrito ocasional, sino que fue aparentemente concebida
con la intención de enfrentar de un modo general las necesidades de los
creyentes judíos, fuese ya dentro de las fronteras de Palestina o fuera de
ellas.
381
Introducción al Nuevo Testamento
RECONOCIMIENTO POR PARTE DE LA
IGLESIA PRIMITIVA
Si bien hay alusiones a Santiago en los Padres Apostólicos, el primer
autor que se refiere a la obra por su nombre y que la cita como Escritura es
Orígenes, en su comentario sobre Juan. Eusebio, que la colocó entre los
libros en disputa, la aceptó, haciendo mención de ella como la primera de
las epístolas universales y aclarando que era utilizada públicamente en las
iglesias junto con las otras epístolas. El hace notar que pocos de los
antiguos la citan, y que por esta razón era rechazada por algunos de sus
contemporáneos.' En la iglesia siria la epístola no logró una posición
establecida hasta que apareció en la Peshitta. En el occidente no fue incluida
en el Canon de Muratori y fue generalmente ignorada hasta que Jerónimo
y Agustín le dieron su apoyo. Su posición pareció haber quedado
asegurada con su inclusión en el canon por parte del Tercer Concilio de
Cártago, en el año 397, pero a principios del período moderno volvió a ser
cuestionada por Erasmo y otros. La actitud de Lutero fue una de
desconfianza y de desilusión, puesto que la encontraba en desacuerdo con la
enseñanza paulina respecto a la justificación por la fe. Visto que ella no
cumplía su requisito de presentar a Cristo como lo hacían las otras
epístolas, él le dio una posición secundaria y la motejó como "una
epístola de pura paja".
BOSQUEJO DEL CONTENIDO
A continuación de las palabras de apertura (1:1), se desarrollan los si-
guientes temas: la paciencia en la prueba y en la tentación con la ayuda de
la oración hecha en fe (1:2-18); la religión verdadera (1:19-27); el peligro de
mostrar parcialidad (2:1-13); fe y obras (2:14-26); el problema de la lengua
(3:1-12); la sabiduría celestial (3:13-18); lo pernicioso de la
mundanalidad (4:1-10); el pecado de juzgar a los demás (4:11-12); la propia
voluntad versus la voluntad de Dios (4:13-17); advertencias a los ricos
injustos (5:1-6); la admonición a tener paciencia en vista del regreso del
Señor (5:7-11); la prohibición de los juramentos (5:12); la curación a través
de la oración (5:13-18), y la restauración del hermano descarriado
(5:19-20).
Algunos de los términos más usados son: hermano, pedir, orar, fe, pe-
cado, lengua, juez y juicio, probar o tentar, ley, obra, hacer y hacedor,
rico y pobre, sabiduría, y perfecto.
CARACTERÍSTICAS
Pueden notarse las siguientes características principales: (1) La obra
tiene un tono de autoridad. Casi cada versículo por medio contiene un
'//£• II, xxiii. 24-25.
382
Las Epístolas de Santiago
imperativo. Sin embargo uno no percibe un espíritu autocrático. El escritor
frecuentemente se dirige a sus lectores llamándolos hermanos. (2) Hay
poca doctrina cristiana. No hay ninguna enseñanza respecto a la redención a
través de la muerte y de la resurrección de Cristo. (3) Por otra parte, la
epístola es eminentemente práctica en su enfoque. Esto puede ser
fácilmente comprendido si el escritor se encontraba en una posición de
responsabilidad administrativa. De principio a fin el escritor acentúa el
desarrollo práctico de la verdadera religión. Casi no se ve lo que aparece en
las cartas paulinas, a saber, la intención de asentar una base doctrinal que
sirva de fundamento para la amplia gama de mandatos que son colocados
uno tras otro con poca o ninguna relación entre los diferentes temas. El
principal elemento unificador es la insistencia en que uno debe ser hacedor
de la Palabra, y el hecho mismo de que la Palabra tenga una prominencia tal
indica que la obra dista de carecer de presupuestos teológicos. Debido a lo
cortante de la predicación del escritor en contra de la injusticia social y de
la falta de igualdad, éste ha sido llamado muchas veces el Amos del Nuevo
Testamento. (4) La epístola es notablemente impersonal. "No hay ninguna
relación personal en particular entre él (el escritor) y aquellos a quienes 'se
dirige'. El retrato de los lectores y la figura del escritor son igualmente
incoloros e indistintos".2 (5) Hay un excelente aprecio de la naturaleza en
este libro. Se ha dicho que hay más de esto en Santiago que en todas las
cartas de Pablo juntas. (6) La enseñanza tiene una marcada similaridad a la
de Cristo, en especial a la que está contenida en el Sermón del Monte. D. A.
Hayes escribe lo siguiente: "Santiago dice menos respecto al Maestro que
cualquier otro escritor del Nuevo Testamento, pero su modo de hablar es
más parecido al del Maestro que el de cualquiera de ellos".3 Los siguientes
ejemplos son típicos: sobre los juicios (Stg. 4:11-12; Mt. 7:1); sobre el
humillarse de uno mismo (Stg. 4:10; Mt. 23:12); sobre los juramentos
(Stg. 5:12; Mt. 5:34-37). (7) Santiago pertenece a la literatura sapiencial, y
demuestra tener parentesco tanto con los libros sapienciales del Antiguo
Testamento como con algunos de los apócrifos, en especial Sirá; se
distingue, empero, de esta literatura en que demuestra interés por la
escatología. (8) El griego de esta epístola es de alta calidad, y se puede
comparar favorablemente con el de Hebreos y de 1 Pedro. Contiene un
porcentaje bastante alto de palabras que le son privativas entre los escritos
neotesta-mentarios.
LECTORES
Se dice que éstos son "las doce tribus que están en la dispersión' '(1:1).
Notamos la ausencia de toda afirmación que los identifique como santos
:
A. Dcissmann, Bible Stud/es, p. 53.
•ISBE, I I I, 15664.
383
Introducción al Nuevo Testamento
o creyentes, o aun como aquellos que han sido llamados por Dios. Este
modo de dirigirse a los lectores es único entre las cartas del Nuevo Testa-
mento e invita a que uno se pregunte si esta carta podría haber sido escrita,
en realidad, a judíos no cristianos.
No todas las doce tribus regresaron de la cautividad, si bien puede
haber habido representantes de todas las tribus tanto en tierra de Israel
como fuera de ella. No importaba cuan divididos, reducidos o esparcidos
estuvieran, los miembros de la nación se aferraban entrañablemente a la
terminología "las doce tribus" como expresión de su unidad ideal como
pueblo del pacto (Mt. 19:28; Hch. 26:7).
Es evidente que la epístola de Santiago no hubiese sido recibida en el
canon si la iglesia antigua hubiese pensado que estaba dirigida a los judíos
en general. Es igualmente claro que la epístola misma contiene puntos que
difícilmente podrían haber sido incluidos en un documento dirigido a no
cristianos. Se presupone la fe en el Señor Jesucristo (2:1). Esto, a su vez,
hace que "la venida del Señor" (5:7) sea una referencia a la venida de
Cristo en vez de una futura intervención del Señor Dios de Israel. Lo mismo
es cierto de la descripción de los lectores como nacidos o engendrados por
la palabra de verdad (1:18). Esto se puede comprender mejor como una
alusión a la regeneración que a la creación. El buen nombre que ha sido
invocado sobre los lectores (2:7) es casi seguramente el de Cristo. Ciertos
intérpretes ven aquí una alusión al bautismo cristiano. Este sustrato de
presuposiciones cristianas hace imposible el punto de vista de Spitta de que
Santiago es una obra judía con interpolaciones cristianas en 1:1 y 2:1. Su
punto de vista queda aun más desacreditado por el uso de xapav (1:2) en
obvia aliteración con xaípeiv en 1:1. Ambas palabras deben provenir de la
pluma del mismo autor.
La segunda posibilidad es que son los cristianos en general quienes
fueron los recipientes de esta carta. Esto se basa en el supuesto uso paralelo
de "dispersión" en el encabezamiento de 1 Pedro, donde la palabra
presumiblemente denota a los cristianos dispersos aquí y allá entre pobla-
ciones no cristianas, de un modo análogo al de la dispersión histórica de los
judíos entre los gentiles. Se busca apoyo también en el concepto de la
iglesia como el nuevo Israel. Sin embargo el paralelo entre Santiago y 1
Pedro no es exacto, ya que Santiago usa el artículo definido con "disper-
sión", lo cual no es cierto de 1 Pedro. Asimismo, no hay mención alguna de
las doce tribus en 1 Pedro.
El tercer punto de vista es el que ha prevalecido habitualmente en la
iglesia, a saber, que los lectores eran cristianos hebreos. Esta opinión no es
de ningún modo universal hoy en día, pero todavía parecería ser lo más
probable, ya que es la que de mejor modo explica la frase de apertura, y se
encuentra apoyada por otros rasgos tales como la mención tanto de la
sinagoga (2:2) como de la iglesia (5:14), la advertencia en con-
384
Las Epístolas de Santiago
tra de efectuar juramentos (5:12)", y la ausencia de advertencias en contra
de pecados típicos de los gentiles tales como la idolatría y la inmoralidad.
Sobre la base del punto de vista tradicional respecto al escritor y de
una fecha bastante temprana para la epístola, es posible que también se
haya tenido en mente a los cristianos gentiles en un sentido secundario. La
recordatoria de Zahn al respecto tiene lógica: "Mientras la iglesia estaba
compuesta solamente de congregaciones cuyos miembros originales habían
sido miembros de la iglesia de Jerusalén antes de ser desparramados por la
persecución, y antes de la obra misionera entre los gentiles—que comenzó
en Antioquía y que hizo de esta ciudad un nuevo centro de la vida de la
iglesia independiente de Jerusalén—el hombre que estaba a la cabeza de la
iglesia madre debe haber tenido autoridad sobre la totalidad de la iglesia".5
La conclusión a que uno llegue respecto a todo este asunto se verá
afectada en cierta medida por la conclusión respecto a quien haya sido el
escritor de esta epístola, ya que si la misma emanó de alguien que estaba
dentro del círculo del cristianismo judío, lo más natural sería entonces
predicar una posición similar para aquellos a quienes se dirige. Por otra
parte, si el libro es considerado como una producción seudónima de un
período posterior al del apogeo del cristianismo judío, los rasgos judíos
son minimizados más fácilmente o eliminados totalmente, y la puerta
queda abierta para la suposición de que los lectores podrían haber sido
gentiles.s
ESCRITOR
El texto mismo no da más información que el nombre. Pero ésta es
una pista importante, a pesar de que Santiago haya sido un nombre tan
común. Es que la misma frecuencia del nombre significa que solamente
una persona de prominencia en la iglesia la usaría sin identificaciones
adicionales, y lo mismo sería cierto de la forma en que otros lo leerían.
Una ilustración de este principio se ve en el uso del nombre Simón para
designar a Simón Pedro a pesar de la presencia de otro Simón (el Zelote) en
la compañía apostólica (Le. 24:34).
La persona que responde a esta pista es Santiago, el hermano de nuestro
Señor, mencionado primeramente en Marcos 6:3 como uno de sus cuatro
hermanos. Visto que él encabeza la lista, lo probable es que fuese mayor
que los demás. Como los otros hermanos, él no reconoció el status
mesiánico de Jesús durante el ministerio, pero fue convencido por
4
Zahn nota que "los ejemplos de fórmula de juramento que aparecen en Santiago 5:12 son
del mismo tipo que el utilizado entre los judíos, no entre los griegos y romanos" (Introduc-
tion, I, 91).
'Zahn, op. cit., I, 103.
f'Así A. E. Barnett, 1DB, II, 795a.
385
Introducción al Nuevo Testamento
la resurrección (Hch. 1:14; 1 Co. 15:7). Todas las referencias que a él se
hacen utilizan constantemente su nombre personal (Gá. 2:9,12; Jud. 1;
Hch. 12:17; 15:13; 21:18). Su identidad en Calatas 2:9,12 queda firme-
mente establecida por la afirmación previa que aparece en Calatas 1:19 de
que este Santiago es el hermano del Señor.
Su elevación al liderato de la iglesia de Jerusalén no puede ser fechada
con certeza, pero es tentador pensar en términos de la fecha del martirio de
un apóstol que llevaba el mismo nombre—Santiago, el hermano de Juan
(Hch. 12:2). Poco tiempo después de esto Pedro se refiere a Santiago con
deferencia (Hch. 12:17). Sin embargo, el intervalo es breve, de modo que
Santiago podría haber llegado a su posición de liderazgo antes del comienzo
de la persecusión que se registra en este capítulo. Haciendo caso omiso del
problema de la fecha, la aparición de Cristo a él después de la resurrección
debe haber contribuido al proceso de reconocimiento de su liderazgo por
parte de la iglesia de Jerusalén.
Eusebio cita el testimonio de Egesippo, un historiador eclesiástico del
siglo II, que dice que Santiago vivió la vida de nazareo a perpetuidad, pa-
sando mucho tiempo en oración en el templo y gozando de la estima de los
judíos, por lo que los líderes le suplicaron advertir a la gente en contra de
creer en Jesús. Cuando él utilizó esta oportunidad para dar testimonio de
El, los escribas y los fariseos se indignaron y ordenaron que fuese
arrojado desde la muralla del templo. Con todo, sobrevivió lo suficiente
para orar por su nación, muriendo finalmente a consecuencias de un
golpe de garrote de lavandero.'
El examen de la epístola revela ciertos rasgos que favorecen el punto de
vista de que el escritor haya sido alguien como Santiago. Por un lado, la
sintaxis es más semítica que griega, recurriendo sólo ocasionalmente a alguna
construcción hipotáctica (subordinada). El escritor busca con naturalidad
sus ilustraciones en el Antiguo Testamento, utilizando las figuras de
Abraham, Isaac, Rahab, Job y Elias. Se refiere una y otra vez a la ley, sin
identificarla como mosaica o de Cristo, sino más bien unificándolas,
infundiendo a los mandamientos el toque de Cristo de modo tal que la ley
pasa ahora a ser la ley real de la libertad. La expresión "Señor de los
ejércitos" (5:4) sugiere un enfoque veterotestamentario, al igual que "la
justicia de Dios" (1:20). Elias oró "con oración", un aparente he-
braísmo. La referencia a la higuera (3:12) merece ser notada. Una acusación
de adulterio espiritual (4:4) nos hace recordar de ataques similares por
parte de los profetas de Israel. El mandamiento de lavarse las manos y
purificar los corazones (4:8) tiene un sonido decididamente veterotesta-
mentario. También está la referencia a los postreros días (5:3). Todos
estos puntos no prueban que el autor haya sido Santiago, pero al menos
concuerdan con tal supocisión.
Criterios más precisos surgen de una comparación del lenguaje de la
7
HE, II. xxiii. 4-18.
386
Introducción al Nuevo Testamento
la resurrección (Hch. 1:14; 1 Co. 15:7). Todas las referencias que a él se
hacen utilizan constantemente su nombre personal (Gá. 2:9,12; Jud. 1;
Hch. 12:17; 15:13; 21:18). Su identidad en Calatas 2:9,12 queda firme-
mente establecida por la afirmación previa que aparece en Calatas 1:19 de
que este Santiago es el hermano del Señor.
Su elevación al liderato de la iglesia de Jerusalén no puede ser fechada
con certeza, pero es tentador pensar en términos de la fecha del martirio de
un apóstol que llevaba el mismo nombre — Santiago, el hermano de Juan
(Hch. 12:2). Poco tiempo después de esto Pedro se refiere a Santiago con
deferencia (Hch. 12:17). Sin embargo, el intervalo es breve, de modo que
Santiago podría haber llegado a su posición de liderazgo antes del comienzo
de la persecusión que se registra en este capítulo. Haciendo caso omiso del
problema de la fecha, la aparición de Cristo a él después de la resurrección
debe haber contribuido al proceso de reconocimiento de su liderazgo por
parte de la iglesia de Jerusalén.
Eusebio cita el testimonio de Egesippo, un historiador eclesiástico del
siglo II, que dice que Santiago vivió la vida de nazareo a perpetuidad, pa-
sando mucho tiempo en oración en el templo y gozando de la estima de los
judíos, por lo que los líderes le suplicaron advertir a la gente en contra de
creer en Jesús. Cuando él utilizó esta oportunidad para dar testimonio de
El, los escribas y los fariseos se indignaron y ordenaron que fuese
arrojado desde la muralla del templo. Con todo, sobrevivió lo suficiente
para orar por su nación, muriendo finalmente a consecuencias de un
golpe de garrote de lavandero.?
El examen de la epístola revela ciertos rasgos que favorecen el punto de
vista de que el escritor haya sido alguien como Santiago. Por un lado, la
sintaxis es más semítica que griega, recurriendo sólo ocasionalmente a alguna
construcción hipotáctica (subordinada). El escritor busca con naturalidad
sus ilustraciones en el Antiguo Testamento, utilizando las figuras de
Abraham, Isaac, Rahab, Job y Elias. Se refiere una y otra vez a la ley, sin
identificarla como mosaica o de Cristo, sino más bien unificándolas,
infundiendo a los mandamientos el toque de Cristo de modo tal que la ley
pasa ahora a ser la ley real de la libertad. La expresión "Señor de los
ejércitos" (5:4) sugiere un enfoque veterotestamentario, al igual que "la
justicia de Dios" (1:20). Elias oró "con oración", un aparente he-
braísmo. La referencia a la higuera (3:12) merece ser notada. Una acusación
de adulterio espiritual (4:4) nos hace recordar de ataques similares por
parte de los profetas de Israel. El mandamiento de lavarse las manos y
purificar los corazones (4:8) tiene un sonido decididamente veterotesta-
mentario. También está la referencia a los postreros días (5:3). Todos
estos puntos no prueban que el autor haya sido Santiago, pero al menos
concuerdan con tal supocisión.
Criterios más precisos surgen de una comparación del lenguaje de la
, u. xxiü. 4-18.
387
Introducción al Nuevo Testamento
zar esto, uno podría indicar la gran disparidad que hay entre esta epístola y
los escritos paulinos, por ejemplo, que disfrutaron de una aceptación tan
temprana. Santiago sufrió en razón de su carencia de énfasis doctrinal. Es
posible también que el olvido general en que cayó la iglesia judeo cristiana
haya afectado durante cierto tiempo a esta epístola, que era naturalmente
identificada con aquella fase del cristianismo.
(2) La alta calidad del griego utilizado en este libro es inesperada, si no
imposible, para alguien cuya lengua madre debe haber sido el arameo.
Hay que admitir que esto constituye un problema. Dicho problema ha
sido enfrentado de dos modos, ya sea indicando el amplio contacto que
Santiago debe haber tenido con judíos greco-parlantes de diferentes lugares
en razón de su posición como cabeza de la iglesia de Jerusalén (sin pasar
por alto la posibilidad de que la responsabilidad de esta posición le hubiese
llevado a adquirir una proficencia especial en el griego), o recurriendo a la
teoría de la ayuda de una amanuense.
(3) La forma de la epístola es helenística, aunque la substancia sea
he-braística. "El hecho de que la epístola de Santiago está escrita en su
totalidad como una parénesis, (exhortación, amonestación), con
frecuente uso de la diatriba, demuestra que su escritor debe ser buscado
entre aquellos cuyas asociaciones literarias estaban más en el mundo griego
que en hebreo".1" Este argumento difícilmente puede ser considerado
decisivo cuando se recuerda que Pablo, el hebreo de los hebreos, utilizó
los mismos recursos literarios helenísticos, incluyendo la diatriba.
(4) El escritor de la epístola no reclama para sí una relación con Jesús tal
como la que Pablo le adjudica en Calatas 1:19. Esto es cierto, pero tiene
toda la debilidad de un argumento basado en el silencio. La modestia misma
quizá haya hecho que Santiago no manifestase su relación con el Señor. La
prominencia misma de que gozaba en el ámbito judeo cristiano haría tal
identificación innecesaria, más allá del uso de su nombre.
DIFERENTES PUNTOS DE VISTA RESPECTO A LA
PATERNIDAD LITERARIA
(1) La epístola es seudónima. En contra de esto milita el hecho de que el
escritor no hace lo que uno esperaría, a saber, hacer de la identidad de
Santiago algo abudantemente explícito, incluyendo la magnificación de su
posición en la iglesia. Además, es difícil ver qué razón podría haber
tenido el supuesto escritor para buscar la autoridad de Santiago, si se
tiene en cuenta que una obra de este tipo podría presumiblemente cumplir
de por sí misma su propio cometido. Esta carta no contiene ninguna
posición nueva o herética que pudiese ser introducida en la iglesia. Como
indica Zahn: "Si alguien consideró ventajoso hacerse pasar por el distin-
guido Santiago para lograr el propósito de enseñar y amonestar a sus
><>B. S. Bastón, IB, XII, 4.
388
Las Epístolas de Santiago
contemporáneos, entonces el fin que tenía en mente debe haber sido tal
que la personalidad de Santiago, según su memoria era retenida por la
tradición, le diese un valor especial a lo que él dijese. Pero el contenido de
la epístola milita absolutamente en contra de esta presuposición, ya que
no destaca ni una sola de las características por las cuales Santiago es
distinguido en la historia y en la leyenda"."
(2) Otro Santiago, seguidor de Jesús, escribió el libro. Santiago, el hijo de
Alfeo (Mr. 3:18), puede ser rechazado inmediatamente, ya que no hay
ninguna tradición a su favor. Santiago, el hijo de Zebedeo, es seriamente
cuestionable como candidato, ya que su simple nombre no hubiese servido
como referencia directa, puesto que él usualmente necesita ser identificado
de un modo adicional en las Escrituras. Por otra parte, de ser él el escritor,
posiblemente hubiese indicado su posición apostólica. Además, su
muerte en el año 44 d.C., o quizá un poco antes aun, sea demasiado
temprana para haberle permitido escribir este libro. Finalmente, no hay
ninguna tradición antigua que hable de él en relación con este asunto.
Las referencias que existen provienen del período medieval y están
localizadas en España.
(3) Santiago (en griego 'IáKco(3oQ quiere decir literalmente Jacobo, y
esto ha sido visto como una llave para la comprensión de la epístola, en-
tendiéndosela como una obra deliberadamente planificada para hacer
que se parezca en parte a la bendición dada por Jacob a las tribus (a sus
hijos y más remotamente a sus descendientes) según ésta aparece en Génesis
49.12 Al fin y al cabo, El testamento de los doce patriarcas, supuestamente
previo pero teniendo interpolaciones cristianas, muestra claramente los
efectos del tema jacobino. Meyer consideró que la parte más sustancial de
Santiago era una producción judía que recibió más tarde unos toques
cristianos aquí y allá. El afirmó encontrar referencias a los hijos de Jacob
y en los diversos énfasis de la epístola. Rubén por ejemplo, corresponde a
las primicias (1:18); Simeón a la ira y a la maldad excesiva (1:19-21), etc.
Meyer pudo apelar a intentos similares de calibre más restringido en la
interpretación de varios autores patrísticos, y demostró sin duda gran
ingenio en la formulación de su caso, pero son pocos los expertos que han
apoyado sus resultados.» Este enfoque demasiado sutil demanda tanta
eiségesis como exégesis.
FECHA
Aquellos que consideran a Santiago como obra seudónima ubican su
redacción hacia fines del primer siglo o aun durante la primera mitad del
segundo siglo. La fecha que se le adjudique depende de la medida en que
11
Introducción, I, 140.
>2Arnold Meyer, Das Ratsel desl Jacobusbriefes (1930).
13
B. S. Easton (IB) utiliza este método, aun cuando admite que Meyer entró en demasiados
detalles.
389
Introducción al Nuevo Testamento
los expertos encuentran que el libro tiene deudas para con los diversos es-
critos del período postapostólico. Quienes sustentan esta posición tienen la
dificultad de explicar la viva expectación del regreso del Señor que
marca la epístola; esto permanecerá como causa de turbación para toda
fecha tardía.
Se ha debatido mucho la posible dependencia de esta epístola de los
Padres Apostólicos. Gerhard Kittel, tras un estudio de diez años de la
epístola y de sus problemas, llegó a la conclusión, en una extensa mono-
grafía escrita poco antes de su muerte, de que Santiago no dependía de
estos escritos, por lo cual él favorecía una fecha temprana. '•» En un ar-
tículo anterior él ya había afirmado que Santiago era el primero de los es-
critos del Nuevo Testamento, lo que pondría su fecha a mediados del primer
siglo o aun algo antes. '5
La fijación de una fecha muy temprana no depende necesariamente de la
aceptación de Santiago como escritor, sino que puede basarse en evidencia
derivada del mismo libro. '<> Cuatro puntos deben bastar: (1) Si bien la
epístola abunda en referencias a las enseñanzas de Cristo en los
Evangelios sinópticos, y tiene una relación especialmente estrecha para
con el Sermón del Monte, el acuerdo verbal es tan escaso que es difícil su-
poner el uso de fuentes escritas. Pareciera que el origen de Santiago co-
rresponde al período previo al de la fijación escrita de la tradición evan-
gélica. (2) Santiago dedica considerable atención a las condiciones econó-
micas, enfatizando el abismo entre el pobre y el rico y deplorando el duro e
injusto trato recibido por los obreros a manos de los terratenientes
(véase especialmente 5:1-6). Estas condiciones dejaron de existir cuando
comenzó la guerra contra Roma (66 d.C.), en la que los ricos sufrieron
grandes pérdidas y la agricultura se vio tremendamente agotada. (3) La
simplicidad de la organización eclesiástica implícita en la mención de an-
cianos solamente (5:14) es favorable a una fecha temprana. (4) La avidez
con que se espera la segunda venida de Cristo apunta en la misma dirección
(5:7-9).
Si se supone que Santiago es el escritor de esta epístola, la misma debe
haber sido escrita antes del año 62 d.C., fecha de su muerte según
Jo-sefo,!' o del año 66, según el relato de Hegesippo contenido en Eusebio.'»
En el intento de fijar más precisamente la fecha de composición, el foco de
la discusión es la sección sobre fe y obras (2: 14-26). ¿Depende esta ex-
posición de la enseñanza de Pablo respecto a la justificación por la fe según
la misma se expresa en Calatas y Romanos? ¿Se trata de un intento de
refutación de tal posición? Los antecedentes lo hacen poco probable,
, 43 (1950-51), 55-112.
15/Wrf., 41 (1942), 71-105.
I6
L. E. Elliot-Binns, Galilean Christianity, pp. 46-47, acepta una fecha temprana pero no la
paternidad literaria jacobina. llAntiquities, XX. ix. 1. '8/ÍEI1. xxiíi. 18.
390
Las Epístolas de Santiago
puesto que Santiago estaba de acuerdo con el evangelio de Pablo (Hch. 15;
Gá. 2:1-10) y que, además, la presentación que se hace en Santiago no
suena como un intento de refutación de Pablo, ya que tanto la fe como
las obras son vistas de modo diferente en ambos escritores. Lo más que uno
podría llegar a suponer es que una distorsionada expresión de la
predicación de Pablo sobre estos temas, expresada quizá en Antioquía
antes del primer viaje misionero, hubiese llegado a la atención de San-
tiago, y que éste esté atacando la distorción en vez de la verdadera posición
de Pablo.«
Igualmente posible es la evaluación de la sección en cuestión como
algo causado por la tendencia de algunos creyentes judíos a apoyarse en la
fe en sentido credal y de fracasar en la elaboración de la misma. Esto
concuerda con la vigorosa insistencia de Santiago en otras partes de la
epístola de que los hombres deben ser hacedores de la Palabra. Pablo
tiene un énfasis similar (Ro. 2:6,13). Por otra parte, la opinión de que
Santiago está atacando una distorsión de la temprana predicación de
Pablo tiene la ventaja de explicar la presencia del verbo "justificar" en
ambos documentos, y especialmente la apelación a la justificación de
Abraham por la fe. Sea cual fuere la posición que se adopte, no hay nece-
sidad de colocar la epístola en fecha tan tardía como la del Concilio
Apostólico. El libro no refleja el asunto que fue tratado en dicha reunión,
por lo cual se le puede asignar tentativamente una fecha de dos o tres años
antes de la mitad del siglo.
El argumento de que las similitudes entre Santiago y 1 Pedro se explican
mejor suponiendo que Santiago hace uso de Pedro, no es convincente.
Mayor tomó la posición opuesta sobre la base de que "el pensamiento
común encuentra una expresión más completa en San Pedro".20
Hoy no podemos estar tan seguros como Mayor de que la relación lite-
raria es evidente, ya que gran parte del material común de las epístolas del
Nuevo Testamento puede haber sido tomado de un fondo común de
instrucción apostólica más o menos fija en su formulación. De cualquier
modo no hay necesidad de ajustar la fecha de Santiago para ponerla en
concordancia con una supuesta prioridad de 1 Pedro.
LUGAR DE REDACCIÓN
No hay nada en la epístola que sea decisivo para fijar la posición geo-
gráfica del escritor. Es posible que haya tenido cierta familiaridad con el
mar (1:6) y con los barcos (3:4). Más prominentes son sus referencias a la
agricultura—la higuera, la viña y los olivos (3:12), y el viento quemante
que seca la vegetación (1:11). También utiliza al mercader viajero como
ilustración (4:13). Todos estos rasgos son combinables con la residencia
19
Véase Kittel, op. cit., 41 (1942), 99-102. 20The
Epistle of St. James, p. xcviii.
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Introducción al Nuevo Testamento
de Santiago en Palestina, o al menos cuadran con alguien que creció en un
ambiente tal. No hay nada que seriamente ponga en tela de juicio a
Jerusalén como punto de origen.
Otros lugares que han sido sugeridos son Roma (suponiendo que fue
usada por el escritor de 1 Pedro y por Clemente de Roma); Antioquía
(debido a su relación con los materiales de Mateo); y Alejandría (básica-
mente debido a parecidos entre Santiago y Filón).21
VALOR
Desde el punto de vista histórico, Santiago nos permite ver algo de la
naturaleza del cristianismo judío en su período más prometedor, reve-
lando la fuerte influencia del Antiguo Testamento y del judaismo tardío,
particularmente la literatura sapiencial, y la medida en que la enseñanza de
Cristo había permeado y enriquecido este trasfondo. Es notable la
ausencia de la influencia paulina.
Como una contribución permanente a la vida de la iglesia, la epístola
acentúa más la actividad que la profesión y mantiene el imperativo ético
en una posición de prominencia tal que no puede ser ignorada.
21
Puede hallarse una lista de paralelos con Filón en Mayor, pp. Ixxvii-lxxx.
BIBLIOGRAFÍA
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