Cuento sobre la paz para niños: Las flechas del guerrero
De todos los guerreros al servicio del malvado Morlán, Jero era el más fiero, y el más cruel. Sus
ojos descubrían hasta los enemigos más cautos, y su arco y sus flechas se encargaban de
ejecutarlos.
Cierto día, saqueando un gran palacio, el guerrero encontró unas flechas rápidas y
brillantes que habían pertenecido a la princesa del lugar, y no dudó en guardarlas para alguna
ocasión especial.
En cuanto aquellas flechas se unieron al resto de armas de Jero, y conocieron su terrible crueldad,
protestaron y se lamentaron amargamente. Ellas, acostumbradas a los juegos de la princesa, no
estaban dispuestas a matar a nadie.
¡No hay nada que hacer! - dijeron las demás flechas -. Os tocará asesinar a algún pobre viajero,
herir de muerte a un caballo o cualquier otra cosa, pero ni soñéis con volver a vuestra antigua vida...
Algo se nos ocurrirá- respondieron las recién llegadas.
Pero el arquero jamás se separaba de su arco y sus flechas, y éstas pudieron conocer de cerca la
terrorífica vida de Jero. Tanto viajaron a su lado, que descubrieron la tristeza y la desgana en los
ojos del guerrero, hasta comprender que aquel despiadado luchador jamás había visto otra cosa.
Pasado el tiempo, el arquero recibió la misión de acabar con la hija del rey, y Jero pensó que aquella
ocasión bien merecía gastar una de sus flechas. Se preparó como siempre: oculto entre las matas,
sus ojos fijos en la víctima, el arco tenso, la flecha a punto, esperar el momento justo y .. ¡soltar!
Pero la flecha no atravesó el corazón de la bella joven. En su lugar, hizo un extraño, lento y
majestuoso vuelo, y fue a clavarse junto a unos lirios de increíble belleza. Jero, extrañado, se acercó
y recogió la atontada flecha. Pero al hacerlo, no pudo dejar de ver la delicadísima y bella flor, y
sintió que nunca antes había visto nada tan hermoso...
Unos minutos después, volvía a mirar a su víctima, a cargar una nueva flecha y a tensar el arco.
Pero nuevamente erró el tiro, y tras otro extraño vuelo, la flecha brillante fue a parar a un árbol,
justo en un punto desde el que Jero pudo escuchar los más frescos y alegres cantos de un grupo
de pajarillos...
Y así, una tras otra, las brillantes flechas fallaron sus tiros para ir mostrando al guerrero los
pequeños detalles que llenan de belleza el mundo. Flecha a flecha, sus ojos y su mente de
cazador se fueron transformando, hasta que la última flecha fue a parar a sólo unos metros de
distancia de la joven, desde donde Jero pudo observar su belleza, la misma que él mismo estaba
a punto de destruir.
Entonces el guerrero despertó de su pesadilla de muerte y destrucción, deseoso de cambiarla por
un sueño de belleza y armonía. Y después de acabar con las maldades de Morlán, abandonó para
siempre su vida de asesino y dedicó todo su esfuerzo a proteger la vida y todo cuanto merece la
pena.
Sólo conservó el arco y sus flechas brillantes, las que siempre sabían mostrarle el mejor lugar al
que dirigir la vista.
Un conejo en la via. Educar en valores
Daniel se reía dentro del auto por las gracias que hacía su hermano menor, Carlos. Iban
de paseo con sus padres al Lago Rosado. Allí irían a nadar en sus tibias aguas y
elevarían sus nuevas cometas. Sería un día de paseo inolvidable. De pronto el coche se
detuvo con un brusco frenazo. Daniel oyó a su padre exclamar con voz ronca:
- ¡Oh, mi Dios, lo he atropellado!
- ¿A quién, a quién?, le preguntó Daniel.
- No se preocupen, respondió su padre-. No es nada.
El auto inició su marcha de nuevo y la madre de los chicos encendió la radio, empezó a
sonar una canción de moda en los altavoces.
- Cantemos esta canción, dijo mirando a los niños en el asiento de atrás. La mamá
comenzó a tararear una canción. Pero Daniel miró por la ventana trasera y vio tendido
sobre la carretera el cuerpo de un conejo.
- Para el coche papi, gritó Daniel. Por favor, detente.
- ¿Para qué?, responde su padre.
- ¡El conejo, le dice, el conejo allí en la carretera, herido!
- Dejémoslo, dice la madre, es sólo un animal.
- No, no, para, para.
- Sí papi, no sigas - añade Carlitos-. Debemos recogerlo y llevarlo al hospital de
animales. Los dos niños estaban muy preocupados y tristes.
- Bueno, está bien- dijo el padre dándose cuenta de su error. Y dando vuelta recogieron al
conejo herido.
Pero al reiniciar su viaje fueron detenidos un poco más adelante por una patrulla de la
policía, que les informó de que una gran roca había caído sobre la carretera por donde
iban, cerrando el paso. Al enterarse de la emergencia, todos ayudaron a los policías a
retirar la roca.
Gracias a la solidaridad de todos pudieron dejar el camino libre y llegar a tiempo al
veterinario, que curó la pata al conejo. Los papás de Daniel y carlos aceptaron a llevarlo a
su casa hasta que se curara
Unas semanas después toda la familia fue a dejar al conejito de nuevo en el bosque.
Carlos y Daniel le dijeron adiós con pena, pero sabiendo que sería más feliz en libertad.
FIN
Itzerina y los rayos de sol. Cuento para niños sobre el respeto
Itzelina Bellas Chapas era una niña muy curiosa que se levantó temprano una mañana con la firme intención de atrapar, para ella
sola, todos los rayos del sol.
Una ardilla voladora que brincaba entre árbol y árbol le gritaba desde lo alto. ¿A dónde vas, Itzelina?, y la niña respondió:
- Voy a la alta montaña, a pescar con mi malla de hilos todos los rayos del sol y así tenerlos para mí solita.
- No seas mala, bella Itzelina - le dijo la ardilla - Deja algunos pocos para que me iluminen el camino y yo pueda encontrar
mi alimento. -
Está bien, amiga ardilla - le contestó Itzelina -, no te preocupes. Tendrás como todos los días rayos del sol para ti.
Siguió caminando Itzelina, pensando en los rayos del sol, cuando un inmenso árbol le preguntó. ¿Por qué vas tan contenta,
Itzelina?
- Voy a la alta montaña, a pescar con mi malla de hilos todos los rayos del sol y así tenerlos para mí solita, y poder compartir
algunos con mi amiga, la ardilla voladora.
El árbol, muy triste, le dijo:
- También yo te pido que compartas conmigo un poco de sol, porque con sus rayos seguiré creciendo, y más pajaritos podrán vivir
en mis ramas.
- Claro que sí, amigo árbol, no estés triste. También guardaré unos rayos de sol para ti.
Itzelina empezó a caminar más rápido, porque llegaba la hora en la que el sol se levantaba y ella quería estar a tiempo para atrapar
los primeros rayos que lanzara. Pasaba por un corral cuando un gallo que estaba parado sobre la cerca le saludó.
- Hola, bella Itzelina. ¿Dónde vas con tanta prisa?
- Voy a la alta montaña, a pescar con mi malla de hilos todos los rayos del sol y así poder compartir algunos con mi amiga la ardilla
voladora, para que encuentre su alimento; y con mi amigo el árbol, para que siga creciendo y le dé hospedaje a muchos pajaritos.
- Yo también te pido algunos rayos de sol para que pueda saber en las mañanas a qué hora debo cantar para que los adultos lleguen
temprano al trabajo y los niños no vayan tarde a la escuela.
- Claro que sí, amigo gallo, también a ti te daré algunos rayos de sol – le contestó Itzelina.
Itzelina siguió caminando, pensando en lo importante que eran los rayos del sol para las ardillas y para los pájaros; para las
plantas y para los hombres; para los gallos y para los niños.
Entendió que si algo le sirve a todos, no es correcto que una persona lo quiera guardar para ella solita, porque eso es egoísmo.
Llegó a la alta montaña, dejó su malla de hilos a un lado y se sentó a esperar al sol.
Ahí, sentadita y sin moverse, le dio los buenos días, viendo como lentamente los árboles, los animales, las casas, los lagos y los
niños se iluminaban y se llenaban de colores gracias a los rayos del sol.
Este cuento quiere enseñarnos lo importante que es el respeto al bien común.
Cuento de Luis Antonio Rincón García (México)
Ejercicios de comprensión lectora
Entender el mensaje del cuento es importante a la hora de inducir al niño a la lectura. Por eso te dejamos algunas preguntas para
saber si tu hijo ha entendido el significado del cuento.
La comprensión lectora es uno de los primeros pasos de iniciación a la lectura.
- ¿Por qué quería Itzelina coger los rayos de sol? - ¿Cogio la niña los rayos de sol?
- ¿A quién se encontró en un árbol? - ¿Por qué no los cogió?
- ¿Qué le pidió el gallo?
- ¿Dónde fue Itzerina a coger los rayos del sol?
Una lechuga no es un plato. Cuento infantil sobre generosidad
Matías estaba comiendo tranquilamente cuando de repente vio algo moverse en su
plato:
¡Hay un gusano en mi plato!, dijo Matías haciendo gestitos con la mano como para
ahuyentarlo. El gusano primero miró el plato, después miró a Matías y luego dijo:
- ¡Glup!, parece que me equivoqué. Esta no es una hoja de lechuga.
Cuando se le pasó un poquito el miedo, Matías, que era muy curioso, se acercó a
observar muy bien a don Gusano.
- ¡Vaya! -pensó- No sólo es bastante extraño y bonitos sus colores, sino que también
tiene muchas patitas. Debe estar desorientado.
- Desorientado no, apenas un poco cegato –corrigió el gusano- pero en voz tan bajita
que nadie lo escuchó.
Por un instante el gusanito detuvo su marcha, encorvó su lomo verde y miró a Matías
con sus ojitos finitos de gusano perdido.
Sonrieron cada uno a su manera. Matías, entonces, trajo una hoja de lechuga, que
con mamá sacó de la heladera.
Lo cargó sobre ella y la llevó al jardín. Don Gusano sintió el airecito y fue feliz.
Entretanto, Matías lo miraba divertido.
Pasito a paso el gusano se fue perdiendo entre las rosas con un buen bocado de
lechuga entre las mandíbulas.
Pero eso sí ¡lechuga sin condimentar!
FIN
Cuento de Patricia Cortondo (Argentina)
Preguntas de comprensión lectora para tu hijo
Descubre si tu hijo comprendió el cuento y aprovecha para reflexionar con él sobre el
valor de la generosidad. Puedes ayudarte de estas preguntas:
- ¿Qué encontró Matías en su plato?
- ¿Qué le sucedía al gusano?
- ¿Qué decidió darle Matías?
- ¿Cómo se sintió el gusano ante el regalo de Matías?
Santilín. Cuentos infantiles con valores
Santilin es un osito muy inteligente, bueno y respetuoso. Todos lo quieren
mucho, y sus amiguitos disfrutan jugando con él porque es muy divertido.
Le gusta dar largos paseos con su compañero, el elefantito. Después de la
merienda se reúnen y emprenden una larga caminata charlando y
saludando a las mariposas que revolotean coquetas, desplegando sus
coloridas alitas.
Siempre está atento a los juegos de los otros animalitos. Con mucha
paciencia trata de enseñarles que pueden entretenerse sin dañar las
plantas, sin pisotear el césped, sin destruir lo hermoso que la naturalezanos
regala.
Un domingo llegaron vecinos nuevos. Santilin se apresuró a darles la
bienvenida y enseguida invitó a jugar al puercoespín más pequeño.
Lo aceptaron contentos hasta que la ardillita, llorando, advierte:
- Ay, cuidado, no se acerquen, esas púas lastiman.
El puercoespín pidió disculpas y triste regresó a su casa. Los demás se
quedaron afligidos, menos Santilin, que estaba seguro de encontrar una
solución.
Pensó y pensó, hasta que, risueño, dijo:
- Esperen, ya vuelvo.
Santilin regresó con la gorra de su papá y llamó al puercoespín.
Le colocaron la gorra sobre el lomo y, de esta forma tan sencilla, taparon
las púas para que no los pinchara y así pudieran compartir los juegos.
Tan contentos estaban que, tomados de las manos, formaron una gran
ronda y cantaron felices.
Daniel y las palabras mágicas, un cuento infantil sobre la amabilidad
Te presento a Daniel, el gran mago de las palabras. El abuelo de Danieles muy aventurero y este
año le ha enviado desde un país sin nombre, por su cumpleaños, un regalo muy extraño: una caja
llena de letras brillantes.
En una carta, su abuelo le dice que esas letras forman palabras amables que, si las regalas a los
demás, pueden conseguir que las personas hagan muchas cosas: hacer reír al que está triste, llorar
de alegría, entender cuando no entendemos, abrir el corazón a los demás, enseñarnos a escuchar
sin hablar.
Daniel juega muy contento en su habitación, monta y desmonta palabras sin cesar. Hay veces que
las letras se unen solas para formar palabras fantásticas, imaginarias, y es que Daniel es mágico, es
un mago de las palabras.
Lleva unos días preparando un regalo muy especial para aquellos que más quiere. Es muy
divertido ver la cara de mamá cuando descubre por la mañana un buenos días, preciosa debajo
de la almohada; o cuando papá encuentra en su coche un te quiero de color azul.
Sus palabras son amables y bonitas, cortas, largas, que suenan bien y hacen sentir
bien: gracias, te quiero, buenos días, por favor, lo siento, me gustas.
Daniel sabe que las palabras son poderosas y a él le gusta jugar con ellas y ver la cara de felicidad
de la gente cuando las oye. Sabe bien que las palabras amables son mágicas, son como llaves que
te abren la puerta de los demás.
Porque si tú eres amable, todo es amable contigo. Y Daniel te pregunta: ¿quieres intentarlo tú y
ser un mago de las palabras amables?
FIN
Cuento de Susanna Arjona Borrego, España.
Preguntas de comprensión lectora para los niños
Utiliza este cuento para reflexionar con tu hijo sobre la importancia de valores esenciales como la
amabilidad. Además, puedes mejorar su comprensión lectora con ayuda de estas preguntas:
- ¿Qué le regaló el abuelo a Daniel?
- ¿Qué hacía Daniel con la caja misteriosa cada día?
- ¿Qué palabras podía formar la caja que hacían felices a los demás?
La desobediente tortuguita Ruby. Cuento infantil
Era una vez una tortuguita que se llamaba Ruby y que vivía con su mamá y sus dos hermanitas
tortugas. Un día, la mamá le dijo a Ruby que cuidara de sus hermanitas porque ella iba al campo en
busca de unas hojas frescas para comer.
Ruby le contestó que sí, que ella cuidaría de sus hermanas. Pero a lo lejos, Ruby, la
tortuguita, escuchó una música que le gustaba y se colocó una blusa de color rojo, un sombrero, una
falda amplia y se puso sus tacones para ir a bailar, porque decía que le gustaba esa música que
estaba sonando.
Cuando llegó al lugar de donde venía la música, se encontró que allí vivía un perro que se llamaba
Franklin, el cual le dijo que él tenía mucha hambre y que si ella no había pasado por algún lugar
adonde hubiera comida abundante.
Ella le dijo:
- Tranquilo amigo, yo te voy a ayudar a conseguir comida. Cuando tu dueño se ponga a comer me
avisas.
Así fue, cuando el señor José se iba a llevar un muslo de pollo a la boca, vino la tortuguita Ruby y le
mordió el dedo gordo del pie. Del dolor que le produjo la mordedura de la tortuga, soltó el muslo de
pollo de inmediato, llegó el perro y se lo llevó corriendo para comérselo lejos porque tenía mucha
hambre.
El señor José se puso a llorar; de inmediato su esposa, la señora María le preguntó que por qué
daba tantos gritos. Él le mostró la herida que le había hecho la tortuguita y le pidió que llenara una
olla grande con agua y la pusiera en el fogón a calentar para meter a la tortuguita dentro del agua
caliente y poderla comer.
Después llegó el perro y escuchó que la señora María buscaba afanada a la tortuguita porque el
agua ya estaba caliente, pero Franklin, el perro, sabía que matarían a su amiga la tortuguita Ruby
por haberlo ayudado a conseguir comida.
Olfateó dónde se encontraba la tortuguita que se encontraba debajo de una cama y le dijo:
- Sssssh..., no te preocupes, que cuando se acuesten yo te abro la puerta para que salgas.
Cuando oscureció la tortuguita Ruby salió y el perro se despidió de ella en la puerta.
La tortuguita tuvo mala suerte porque un señor que iba paseando por la calle la vio y la metió en un
saco, pero como el perro vio que Ruby la tortuguita estaba en peligro, corrió muy deprisa y mordió en
la nalga al señor.
Luego el señor soltó el saco y el perro Franklin ayudó a salir a Ruby, la tortuguita, del saco, cuando
de pronto vieron que la mamá de la tortuguita venía, llamándola, junto con sus hermanitas.
La tortuguita Ruby le prometió a su mamá que la obedecería, ya que casi pierde la vida por
desobedecerla. Y además, no había sido tan responsable dejando a sus hermanitas solitas.
FIN
Las conejitas que no sabían respetar. Cuento sobre el respeto para niños
Había una vez un conejo que se llamaba Serapio. Él vivía en lo más alto de una montaña con sus nietas
Serafina y Séfora. Serapio era un conejo bueno y muy respetuoso con todos los animales de la
montaña y por ello lo apreciaban mucho. Pero sus nietas eran diferentes: no sabían lo que era el respeto
a los demás. Serapio siempre pedía disculpas por lo que ellas hacían. Cada vez que ellas salían a
pasear, Serafina se burlaba: 'Pero mira que fea está esa oveja. Y mira la nariz del toro'. 'Sí, mira que feos
son', respondía Séfora delante de los otros animalitos. Y así se la pasaban molestando a los demás, todos los
días.
Un día, cansado el abuelo de la mala conducta de sus nietas (que por más que les enseñaba, no se
corregían), se le ocurrió algo para hacerlas entender y les dijo: 'Vamos a practicar un juego en donde cada
una tendrá un cuaderno. En él escribirán la palabra disculpas, cada vez que le falten el respeto a alguien.
Ganará la que escriba menos esa palabra'.
'Está bien abuelo, juguemos', respondieron al mismo tiempo. Cuando Séfora le faltaba el respeto a alguien,
Serafina le hacía acordar del juego y hacía que escriba en su cuaderno la palabra disculpas (porque así
Séfora tendría más palabras y perdería el juego). De igual forma Séfora le hacía acordar a Serafina cuando le
faltaba el respeto a alguien. Pasaron los días y hartas de escribir, las dos se pusieron a conversar: '¿no sería
mejor que ya no le faltemos el respeto a la gente? Así ya no sería necesario pedir disculpas'.
Llegó el momento en que Serapio tuvo que felicitar a ambas porque ya no tenían quejas de los
vecinos. Les pidió a las conejitas que borraran poco a poco todo lo escrito hasta que sus cuadernos quedaran
como nuevos. Las conejitas se sintieron muy tristes porque vieron que era imposible que las hojas del
cuaderno quedaran como antes. Se lo contaron al abuelo y él les dijo: 'Del mismo modo queda el corazón de
una persona a la que le faltamos el respeto. Queda marcado y por más que pidamos disculpas, las huellas
no se borran por completo. Por eso recuerden debemos respetar a los demás así como nos gustaría que
nos respeten a nosotros'.
Preguntas de comprensión lectora sobre el cuento
1. Responde 'V' si la afirmación es Verdadera y 'F' si es Falsa:
- Serapio era el papá de Serafina y Séfora
- Pedir disculpas lo soluciona todo y por ello no es importante aprender a respetar
- Solo debemos respetar a nuestros padres y maestros
- Debemos tratar a los demás como quisiéramos que nos traten a nosotros
2. Describe a los personajes con adjetivos:
- Serapio
- Serafina y Séfora
3. ¿Qué significa 'Respetar a los demás'?
4. Recuerda alguna vez en que sentiste que alguien te faltó el respeto (puede ser alguna vez en que alguien
se burló de ti por algo). ¿Cómo te sentiste en ese momento?
5. Subraya las palabras que no conozcas, búscalas en un diccionario e intenta utilizarlas cuando converses
con tus papás y maestros.