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Rencor Cap IV

Titulo: Rencor Autor: Oscar Collazos Capitulo: 4
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IV Soltaron a Fercho y lo primero que hizo fue venir a = buscarme. Alguien le dijo que habia cogido marido, que se veia por las cosas que Ilegaban.a mi casa: la-nevera, el _ televisor, la licuadora, los abanicos, la cocina.de gas, en- vidiosa que es la gente. Puros embustes, televisor si, una “licuadora y un abanico de segunda, de nevera nada. Le habian dicho que tenia un marido rico y viejo, que estre- “snaba ropa cada semana. No vine a pelear, me dijo. Vine “va pedirte que me ayudes. :Con qué?, le pregunté. No sé, tienes marido rico y yo estoy en la calle. Necesito plata, me dijo. Estaba flaco y demacrado, con la ropa sucia y arrugada y los zapatos embarrados y rotos por arriba y por debajo. Dizque lo soltaron por falta de pruebas. Me dio pena verlo -asi, aunque no era el primer muchacho "que vefa con la ropa y los zapatos sucios con una plantilla ‘de cartones para que no se le metiera el agua. Yo no sé + silo queria, no pensaba en eso, no.sé si lo habia querido antes de que lo metieran preso. Me dio ldstima verlo en »,ese estado y le di lo. que tenia guardado, como cien mil “ pesos, se los di todos. No tengo mas, le dije. ;Dénde vas _avivir?, le pregunté. Por ahora, se iba a quedar donde sla mam que vivia con su marido viejo por los lados del Olaya Herrera. Me tienen fichado, me dijo. Si la policia me coge en otra, me zampan diez aflos, ‘ya soy mayor de 95 edad. De pronto me largo para Barranquilla, allé no me conocen. 3A hacer qué?, le pregunté. Lo mismo que aqui, contestd. Y empecé a preocuparme. Los recuerdos se me vinieron encima como un de- rrumbe de tierra sobre las casas de la Popa. Lo conocia desde los once afios, fue mi novio desde los trece, ahora me Ilevaria como tres afios de ventaja, nunca habia que- rido comerme y los recuerdos més lindos de mi vida me los habia dado él. Me dio pena verlo en Ia calle, sucio, més pobre y miserable que antes. Querfa ayudarlo pero | ecomo? Regresé por la tarde, cuando mi mamé no esta- ba. Yo debfa salir a encontrarme con el doctor Ricardo. : Me habia arreglado, me habia puesto unos pantalones descaderados, casi se me veian los pelos del cofio, un top © muy corto, mis sandalias nuevas, mi cadenita de oro y mi - reloj. Se quedé mirandome. Muy serio. — me pregunté. —No sé, sefio— le respondi. Yo si sabia lo que queria decir Ja casa incendiada. Habia visto muchas casas incendiadas en mi pueblo. Lo que hacia era acordarme de eso debajo del palo de man- go. Si se quemaba la casa, en el patio y debajo del palo de mango, no me pasaria nada. Sofiaba con casas incen- diadas y yo sin poder salir, gritaba pero nadie me ofa, las Hamas no me dejaban pasar hasta Ja puerta, la casa no te- nia ventanas, me despertaba cuando el fuego empezaba a quemarme la ropa. Eso si era raro. Todos mis suefios han sido raros, claro, no tan raros como el de una amiga mia . a la que le mataron el papa y me decia que habia sofiado con los asesinos, los encerraba en un cuerpo y los tasajea- = ba como carne de animales, uno por uno, los tasajeaba a todos y se com{a la carne, eso si era increible, estas loca, le dije, loca no, me dijo ella, desde que sofié que me comiaa . pedacitos a los que mataron a mi papd no volvi a pensar en eso ni a atormentarme, me quedé vaca, me dijo. Ese : sf era un suefio raro, el mas raro que me hayan contado. : No ponga esa cara. Se parece a la cara de asco que puse” cuando la muchachita, Kiomara se llamaba, me contd» 112 lo mismo. No sabia por qué pintaba a csa muchachita encerrada porque yo siempre estuve callejeando, nunca paraba en Ia casa. La psicdloga de la escuela no volvis a preguntarme nada, se queds con los dibujos para hacerles un estudio, me dijo. Lo que me hubiera gustado, en vez de pintar a esa muchachita encerrada en una casa que se incendiaba, era estrellas y constelaciones. ;Me entiende? Pintar cosas bonitas y misteriosas como los millones de estrellas que viven en el firmamento. Présteme su l4piz, vea, présteme una hoja de su libreta, sé pintar estrellas grandes y chiquitas en el cielo pero no sé por qué nunca me dio por pintarlas, vea, gverdad que me quedan boni- tas? La proxima vez que venga, regdleme un libro con las constelaciones. El que me regalé la sefio de'la escuela se -me habia embolatado, seguro que se mojé y se perdid en ~ una de las inundaciones de la casa, cuando Llovia mucho ‘todo se inundaba, habia que coger las cajas de cartén y _sacarlas del suelo, subirlas a las camas, pero las cosas ya “estaban mojadas y no servian mds, en una de esas se me “perdio el librito de las constelaciones, regéleme uno nue- -vo, vera como aprendo otra vez a distinguirlas. 113

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