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Despertar la Responsabilidad Materna

Este documento describe cómo las madres modernas están fallando en enseñar valores importantes como el respeto, la responsabilidad y la independencia a sus hijos. En el pasado, los hijos aprendían estas lecciones a través de la disciplina y obediencia, pero ahora los hijos se sienten con derecho a todo y no aprecian el esfuerzo de sus madres. El documento insta a las madres a despertar y enseñar de nuevo estas lecciones vitales para criar hijos que sean miembros productivos de la sociedad.

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Despertar la Responsabilidad Materna

Este documento describe cómo las madres modernas están fallando en enseñar valores importantes como el respeto, la responsabilidad y la independencia a sus hijos. En el pasado, los hijos aprendían estas lecciones a través de la disciplina y obediencia, pero ahora los hijos se sienten con derecho a todo y no aprecian el esfuerzo de sus madres. El documento insta a las madres a despertar y enseñar de nuevo estas lecciones vitales para criar hijos que sean miembros productivos de la sociedad.

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¡ DESPiERTA

MAMÁ…
DESPiERTA !
Cada día los hijos se van más tarde del hogar, es más,
hay treintones que aún dependen de sus padres.
Eso se llama ser MANTENIDO.
Parece que las madres estamos fallando en el
proceso de separación, individualidad y ayuda
a los hijos a crear su propia independencia.
Eso se llama COMPLEJO DE GALLINA.
Es curioso, lo que pasa es que las madres
principalmente, confundimos lo que es el amor y
nos dedicamos a hacer felices a nuestros hijos, a
cumplirles sus caprichos, a resolverles la vida y no
pensamos que el resultado es la infelicidad, ya que
nuestros hijos nunca aprenderán a ganarse la vida
y a ser autosuficientes. Eso se llama hacerlos
DEPENDIENTES E INÚTILES
En aras de una felicidad mal entendida queremos
llenarlos de cosas materiales, les damos la mejor
fiesta de cumpleaños, la mejor ropa, los tenis más
caros, la mejor escuela, dinero para las discotecas,
un carro si es posible, y constantes gratificaciones
que no se ganan, que no se merecen y lo más
grave que no te agradecen.
Eso se llama ALCAHUETERÍA.
Te sacrificas en todos los sentidos para que tus hijos
tengan lo mejor y nunca les quedas bien y lo que
recibes por parte de ellos es: exigencia, egoísmo y
en muchos casos, descalificación y malos tratos.

Les has dado tanto, que se creen merecedores


de todo. No te piden… te exigen!
Les hemos dado tanta atención que se sienten el centro
del Universo, cargados de egoísmo creen que el mundo
debe de girar a su alrededor y que lo único valioso,
importante y primordial son ellos.
No les hacemos conciencia de su papel como
miembros de una familia, si yo como madre cumplo
con el compromiso de cubrir sus necesidades
personales, de salud y escolares.
Ellos tienen que cumplir con el compromiso de sacar
buenas calificaciones y colaborar en el hogar.
¿Qué está pasando con las nuevas generaciones?
Si miramos un poco hacia atrás y revisamos
los años lejanos o cercanos a nuestra juventud,
todo era muy diferente…
No tenías teléfono celular, y no te pasaba nada.
Te conformabas con la ropa que tu mamá te
podía comprar y no por eso te sentías diferente
ni descalificada por no usar la marca “X” o “Z”.
Si te llamaban la atención, te negaban un permiso o
te daban un coscorrón, no amenazabas a tu mamá
con denunciarla a los Derechos Humanos y mucho
menos le mencionabas la lista de los Derechos
de los Niños y de los Adolescentes.
Si te ibas a una tardeada, fiesta o pachanga, te
comprometías a regresar a una hora determinada,
que tenías que cumplir, de lo contrario no había
permiso para la siguiente…
Y eso no era motivo para emitir gritos, aventar
zapatazos y azotones de puerta, o tener durante
una semana sonrisas fingidas y jetas naturales.
En ese tiempo existía un valor muy importante que
nos enseñaron desde pequeñas, se llamaba:
RESPETO.
Ahora no se conoce, no existe, no sabemos en que
lugar estará o detrás de que mueble lo escondimos
para que nuestros hijos no lo encuentren y mucho
menos lo practiquen.
En aquellos tiempos de familias grandes, la mamá
no tenía mucho tiempo para sentarse con nosotros
para hacer la tarea. Y no era común reprobar
materias y mucho menos perder el año.
Había valores que eran preponderantes: uno era el
orden, el otro la disciplina y otro la obediencia.
Hoy en día, la mamá tiene que hacer la tarea,
comprar la monografía y lo único que le falta es
ir a presentar el examen en el salón de clase.
Limpiarle los zapatos, zambullirse entre los sillones
buscando el cuaderno, el lápiz, o el sacapuntas y
buscar en el basurero la Circular que al día
siguiente tiene que presentar firmada en la
Dirección.
Y todo este circo para que el niño no haga berrinche
y no sufra una deshidratación a causa de sus
lágrimas y, lo más triste, para mantener la paz social
en el hogar, donde la solvencia y la autoridad de la
madre hace mucho tiempo no existen.
Y qué decimos de lo cotidiano en el hogar, donde
para evitar conflictos y discusiones, como ya no
funciona aquel estribillo de: “Jorgito a la una,
Jorgito a las 2, Jorgito a las dos y cuarto…” como
si fuéramos reloj. O el clásico “Te voy a contar
hasta diez: va una, van dos...”
Nos convertimos en la sirvienta, recogedora
de chunches, lava platos, tiende camas.
Eso sí, con la boca callada para no caer gordas
con tanta habladera y no le permitimos a la niña
que se desgaste ni siquiera recogiendo sus
propios tiraderos.
Total para qué, ella por qué, si para eso
está la mamá, ¿querías hija, no?.
“…Y aparte mi mamá ni trabaja, se la pasa en la
casa todo el día sin hacer nada….”: Claro esa frase
la han escuchado de alguien en casa.
En aquellos tiempos no te sobreprotegían, ni te
solucionaban los problemas, tenías libertad hasta
para cometer errores, lo cual te llevó a desarrollar
un sentido de responsabilidad y de identidad.
Eso se llama CRECER.
Dentro de este proceso de crecimiento no estaban
exentos un coscorrón o una que otra nalgada bien
puesta, mismas que a nadie le ocasionó ningún
trauma, ni hubo necesidad de llevarte al psicólogo.
En aquellos tiempos la voz de mamá se escuchaba
con respeto, las órdenes de mamá se acataban sin
protestar y los consejos de mamá no eran
catalogados como cantaletas, rollos o monsergas.
Ni le decías a tu mamá: “Ya cállate…"
En aquellos tiempos la mamá ponía los límites, las
reglas y las condiciones y no tenía miedo
de que el hijo o la hija le dijeran: “…aquí no me
comprenden, no me dejan ser, me voy de la
casa…”
¿Pues, a dónde te ibas a ir que te
trataran mejor que en tu casa?
En aquellos tiempos la mamá no tenía miedo
de llamarte la atención y "que te enojaras".
Total, sólo tenías dos sopas: enojarte
y volverte a contentar.
En aquellos tiempos si no querías comer, te
quedabas con hambre, porque NO te daban dinero
para comprar porquerías en la venta de la esquina.
Además la mamá se levantaba temprano a
prepararte el desayuno.
En aquellos tiempos tu mamá no te justificaba tus
malas calificaciones, ni tu mal comportamiento en
la escuela, ni la falta de respeto a los maestros, ni
tu falta de colaboración y apoyo en tu casa.
En aquellos tiempos la mamá decía no.
Y no, quería decir NO.
En aquellos tiempos mi mamá no tenía como
asistente educativa a la televisión. Se daba tiempo
para escucharme, de acuerdo a sus posibilidades
me informaba, pero sobre todo me Formaba.
En aquellos tiempos la figura de la mamá era
muy diferente a la actual, en aquellos tiempos
el amor, el respeto y la consideración no daban
cabida a los actuales calificativos:
“Mi mamá está loca, está menopáusica, es una
histérica, está neurótica, es una frustrada…” y
quien sabe cuántos calificativos más.
Mismos que me causan una gran pena, no sé si
por quien los emite o por quien los recibe.
¿Que vamos a hacer con los hijos de hoy?:
Egoístas, aprovechados, dependientes,
irresponsables, irrespetuosos, groseros,
estafadores económicos y emocionales?
Si no le das dinero, te lo roba, porque así se
llama la acción de tomar algo que no es tuyo.
Enséñales a ganar su propio dinero con
honestidad, para que sepan lo que
cuesta administrarlo y disfrutarlo.
Enséñale a valorar la oportunidad de estudio, no todas
las personas tienen el privilegio de prepararse, tener una
profesión y formar un plan de vida. No le permitas que te
amenacen con salirse de la escuela y no estudiar.
¿Qué vas a hacer con un parásito en tu casa?..
Enséñale a respetar a sus semejantes para que
cuando tenga su pareja la sepa cultivar y procurar.
La igualdad entre hombres y mujeres no es faltarse
al respeto, ni tener jerarquías ventajosas.
Enséñale a formar su escala de valores
que lo hará un ser humano de bien,
útil a su familia y a la sociedad.
Hazle conciencia que los valores no han
pasado de moda ni son piezas de museo.
Enséñales a quererse a sí mismos para que cuando
tengan sus hijos, los amen y eduquen.
Para que tenga credibilidad en la relación de pareja
y no opte por la unión libre, que engendra la
promiscuidad y la falta de selectividad afectiva.
Tus hijos son tu responsabilidad cuando Dios puso
en tus brazos ese pequeño ser, te lo dio limpio, sano,
puro; te dio un maravilloso material para que tú
elaboraras una extraordinaria obra de arte.
¿Qué haz hecho con ese pequeño ser?
¿En qué lo haz convertido?
¿Qué cuentas le vas a entregar al Creador
de la misión que te encomendó: de formar un ser
humano de bien?
Dios castiga también la falta de atención y la
negligencia.
Haz un examen de conciencia y reconoce tus errores
y enmiéndalos, reconoce tus carencias y prepárate,
busca tu dignidad y recupérala.
Hoy nos preocupamos por llenar de cosas
materiales a nuestros hijos y olvidamos por
completo sus necesidades morales y
espirituales: también el alma
necesita de alimento.
Enséñale a conocer y a practicar la generosidad,
hay muchas cosas que dar: una sonrisa, una flor,
amistad, amor, compañía, una palabra amable,
una oración, un pensamiento positivo.
Un corazón generoso siempre estará rebosante
de paz. Dale la oportunidad de estar en paz.
Pero primero debe de conocerla.
DESPIERTA MAMÁ…DESPIERTA!
Vamos a ponernos las pilas, hagamos de nuestra
escala de valores un estandarte y párate al frente,
para que tus hijos puedan identificar de cerca el
respeto, la comunicación, el compromiso,
la honestidad, la humildad, la cortesía, la
prudencia, la generosidad, el agradecimiento,
la nobleza de corazón que es lo que hace
seres humanos de excelencia.
Sé una madre responsable de tiempo completo,
desarrolla en tus hijos raíces profundas para que
crezcan y alas fuertes y ágiles para que vuelen y
Dios premiará tu esfuerzo.

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