Elige por maestro aquel a
quien admires más por lo que
en él vieres que por lo que
escuchares de sus labios.
Séneca
CAPÍTULO I
EL PROBLEMA
Problematización de la realidad
El proceso educativo, en el cual se presenta una interactividad entre sujetos,
quienes aportan, cada uno a su manera y en diverso grado, conocimientos que van a
servir al otro para enriquecer su bagaje cultural, ha sido estudiado desde diversos
puntos de vista; y, a su vez, se enriquece de los aportes de diversas disciplinas
científicas y por otros aspectos no tan científicos (el conocimiento cotidiano, por
ejemplo).
La educación se concibe, entonces, como un proceso de construcción de los
conocimientos por parte de los individuos que interaccionan en un contexto
determinado. Esta interacción lleva aparejada, a su vez, dos acciones: (a) una que se
refiere al hecho de alimentar (edu-care), en el cual hay alguien que se dedica a
mediar en el proceso de enseñanza y aprendizaje, lo que a su vez produce otras
acciones; las que recaen en alguien que educa y aquellas referidas a ese otro que
aprende. (b) La otra vertiente, se apoya en un proceso en el cual se busca extraer, de
quien aprende, todas sus potencialidades para que se pueda aprehender del
conocimiento (edu-cere) (Colom y Núñez, 2001).
De acuerdo con lo anterior, podemos asumir el proceso educativo como una
actividad dinámica; en este sentido, cada vez que nos refiramos a la educación, lo
entenderemos como un proceso interactivo, en el cual se producen aportes de varios
protagonistas; aportes que se van estructurando en grandes bloques de contenidos y
saberes, y servirán, en cierta medida, como asidero para el sujeto en las
particularidades de su diario vivir.
3
Este proceso dinámico requerirá, de quien sirve como mediador de los
aprendizajes, de una preparación adecuada, dirigida a potenciar en él características
profesionales que le permitan, además de desenvolverse idóneamente en su práctica
docente, estar en la búsqueda permanente de las competencias profesionales, de tal
manera que pueda adaptarse a las situaciones cambiantes que se producen en el
mundo educativo actual. Se hace referencia a la formación profesional,
particularizada, en este estudio, en los docentes, como formación docente, y
entendida como todos los estudios y experiencias de las cuales se apropia el ser
humano, a lo largo de su existencia, que lo conducen a ejecutar sus labores de manera
exitosa.
La formación docente, en nuestro país, se encuentra diferenciada en dos
vertientes: la primera, denominada formación inicial, reconocida como aquella que se
recibe en la universidad y que lleva a la consecución de un título académico, bien sea
de nivel intermedio, técnico superior o de carrera larga, licenciado o pedagogo.
En esta dimensión de la formación docente, el futuro educador recibe los
conocimientos básicos de la carrera; así como también, desarrolla prácticas en el aula
que lo llevan a identificarse, antes de salir al campo de trabajo, con la realidad a la
cual se enfrentará cuando finalice sus estudios académicos. Los lineamientos
curriculares de cada casa de estudio dirigen las asignaturas que el estudiante ha de
recibir a lo largo de su permanencia en ellas.
Muchos de estos educadores, si no la mayoría, una vez que egresan pasarán a
formar parte de los profesores del subsistema de educación básica (Ley Orgánica de
Educación, LOE, 2009) otros, se convertirán en docentes en las casas de estudios del
nivel universitario; es decir, pasarán a ser formadores de formadores.
La otra vertiente dentro del proceso de formación, la encontramos asociada
con la formación continua. Esta formación está referida a los conocimientos y
estudios que realiza el docente una vez que ha obtenido su título académico y que,
por su naturaleza permanente, se podría decir que la realiza el profesional a lo largo
de toda su vida.
4
Es en este aspecto puntual, sobre el cual se desarrollará el presente trabajo de
investigación; específicamente sobre las competencias del docente a través de su
formación continua; se trata de comprender la actuación de aquel profesional que se
ha incorporado en la universidad para formar a otros como formadores en otros
espacios, otros contextos y en otras condiciones.
Empero, se hace necesario entender que la formación continua del docente, no
se encuentra referida solamente a los conocimientos que, después de finalizar su
período de formación inicial va acumulando para aplicarlos en su práctica docente;
por el contrario, esta preparación incluye, además, la experiencia que va adquiriendo
el profesional de la docencia en la medida en que desarrolla lo aprendido en la
universidad, así como también elementos de carácter socio afectivo y que surgen del
roce continuo con profesionales dedicados a un mismo fin común: enseñar a enseñar,
enseñar a ser docente.
La preparación académica de los profesores y la docencia en sí, desde el punto
de vista de las profesiones, se encuentran en una posición que requiere de quien la
imparte, una adecuada capacitación en los centros de formación docente en lo
referente a los contenidos y estrategias que posteriormente serán llevadas a la práctica
en el aula con sus futuros discípulos. Además de los aspectos de índole académica
(conocimientos, estrategias, técnicas), también se requiere que quien se dedica a la
labor de educar posea características de tipo actitudinal que lo ayuden a sobrellevar la
carga emocional que la labor de educar trae aparejada.
Dentro de la lógica de la preparación para el trabajo docente, es la universidad
la encargada de brindar a sus estudiantes la posibilidad de potenciar estas
características durante la permanencia en ella del futuro formador. Por este motivo,
los docentes, dentro del ambiente universitario, deben estar en capacidad de entregar
a sus estudiantes el mayor cúmulo de experiencias significativas que le permitan, a
ese docente en ciernes, una preparación acorde para su posterior desenvolvimiento en
el campo áulico, al cual se enfrentará una vez que culmine su ciclo escolar (o incluso
antes), producto de las circunstancias académico-administrativas-políticas que se
están viviendo en Venezuela.
5
En este sentido, nuestro país se encuentra en los actuales momentos
atravesando, desde el punto de vista educativo, por un proceso de transición con el
cual se busca deslindar al docente de ese modelo considerado tradicional, en el cual el
profesional de la docencia es preparado en las universidades en atención a las
directrices emanadas desde el nivel central, pero con un modelo signado por el
academicismo disciplinar, en donde la enseñanza de los contenidos pareciera ser el
fin esencial del proceso. Se intenta avanzar hacia un modelo en el cual ese docente
ha de verse como un mediador de los aprendizajes y a los estudiantes se les ha de
exigir el desarrollo en cuatro dimensiones básicas: saber hacer, saber convivir, saber
conocer y saber ser; aspectos éstos que vienen siendo incorporados en los currícula
de diversos países, a raíz de las propuestas del Informe Delors (1996) publicado por
la UNESCO.
Ya de manera visionaria estas dimensiones habían sido esbozadas por
Pestalozzi (en Maldonado, 2006:74) quien señaló a manera de analogía, las líneas
gruesas para la formación integral, y que hoy se consideran como el estandarte de la
formación integral: …“cultivar el desarrollo del corazón, las manos y el cerebro:
léase aprender a ser, aprender a hacer y aprender a pensar”… que traducido al
lenguaje actual serían las competencias básicas o genéricas.
Es, en este punto, en el cual entra a jugar papel importante la formación de
los docentes que se preparan actualmente en la universidad venezolana y en donde
radica el fin esencial de este proceso indagatorio. Entonces, la pretensión del estudio
se dirigió a establecer una aproximación a la explicación de las relaciones que
existen entre las competencias actuales de los docentes como formadores de
formadores y las que le son requeridas en el marco de las transformaciones
educativas.
El papel de la universidad se torna así en un aspecto esencial en el proceso de
formación; sin obviar que es el estudiante, y futuro docente, quien, a través de la
potenciación de sus competencias, podrá alcanzar en su labor pedagógica, un alto
nivel de desarrollo personal y profesional.
6
Ahora bien, es necesario referir, en cuanto al término competencia, que éste
fue utilizado por primera vez dentro de las investigaciones lingüísticas que realizaba
Noam Chomsky en los Estados Unidos y su competencia lingüística (Maldonado,
2001); dentro del área educativa fue utilizada por Simpson (1967:48) cuando
referenciaba una investigación de De Vita en 1963…“la escuela no tenía interés en
que algunos maestros se erigieran en jueces de los otros. No se estimulaban los
informes escritos con las observaciones acerca de la competencia del maestro”.
Este vocablo de las competencias se trasladó al área empresarial, allí se ha
enriquecido de manera fecunda generando propuestas que sobre el tema se tratan en
la actualidad referidos específicamente a la formación dentro de las aulas
universitarias. Maldonado (2006) considera que este término también ha sido
enriquecido con los aportes cualitativos y cuantitativos dados por la investigación
dentro del área docente.
Otros países europeos entre los que se ubican Alemania e Inglaterra,
recibieron numeroso aportes de las investigaciones y se han convertido en los
principales exponentes en las ciencias del lenguaje. Esta circunstancia los ha llevado
a destacarse sobre todo en las investigaciones de la pedagogía basada en
competencias, cuya expresión se hace traslativa a las reformas curriculares y a la
acción formadora de los docentes en las universidades (Maldonado, 2006).
Entonces, con respecto al modelo por competencias, su uso se remonta a las
postrimerías de los años 60 e inicios de los 70 y entre sus principales propulsores se
encuentran Ghiselly y Mischel (en De Sousa, 2001). Estos autores utilizaron el
término en el área de la psicología industrial, cuando los trabajos que se realizaban en
esta área eran poco desarrollados, pues los tradicionales test de aptitud se venían
mostrando ineficaces en el momento de tratar de explicar el rendimiento de las
personas en su campo de trabajo.
En 1973, David McClelland (Op. Cit.) en sus estudios acerca del por qué
algunas personas rendían más y mejor en determinado puesto de trabajo, logró
establecer que debía existir algo más allá de la capacitación profesional, que permitía
que una persona rindiera más que otra realizando la misma labor.
7
Es así como se empieza a estudiar este fenómeno y el autor citado supra
logra determinar que, aunque dos personas estén capacitadas para realizar
determinado oficio, siempre hay una que lo ejecuta de mejor manera que la otra, y
relaciona esta efectividad en el trabajo con características pertenecientes a la persona
antes que a su capacitación. Los aportes son descritos por Gallego (2003:1) de la
manera siguiente:
El estudio estuvo orientado a detectar las características presentes en las
personas a seleccionar, características que podrían predecir el éxito de su
desempeño laboral. Se tomó como variable fundamental: el desempeño en
el puesto de trabajo de un grupo de personas consideradas de excelente
desempeño, después de un largo período de estudio se comprobó que (...)
“hacerlo bien en el puesto de trabajo” está más ligado a características
propias de la persona, a sus competencias, que a aspectos como los
conocimientos y habilidades, criterios ambos utilizados tradicionalmente
como principales factores de selección, junto con otros como la biografía
y la experiencia profesional (estos últimos relativamente creíbles y
confiables)
De acuerdo con lo expresado por el autor, la competencia para ejercer de
manera adecuada una profesión, se puede encontrar íntimamente ligada a formas de
actuar, que implica la presencia de la tríada saber, hacer y ser, propias de la persona
antes que a los conocimientos y las habilidades que pudieran manifestar los
trabajadores; así pues, llevada esta situación a la práctica pedagógica de los docentes
de formación continua, nos dirige a conjeturar que un buen docente no solamente es
aquel que posee un excelente record académico, sino que, además, debe poseer
cualidades personales que lo conduzcan a realizar su actividad de manera fructífera.
Más tarde, en 1981, en Inglaterra se comienza a trabajar con la Critica
Incidente Tecnique; técnica que estaba dirigida a determinar y definir aquellas
habilidades consideradas como básicas y que era necesario que el personal las
poseyera, de tal manera de poder dar una garantía del desempeño eficiente dentro de
cualquier organización.
8
A partir de estos estudios en el área empresarial, el modelo de las
competencias ha ido tomando auge hasta tal punto que fueron adheridos más adelante
a los estudios que se realizan en las ciencias sociales y en las ciencias de la educación
y, su progreso en esta línea ha sido abrumador.
Debido a este volumen impresionante de autores y materiales que se han
dedicado al estudio de este enfoque por competencias, cuando se quiere encontrar una
definición del término, las opciones son tan prolijas y variadas que haría falta mucho
material para detallarlas. Para efectos de lo que se pretende realizar, se considerarán
las competencias como un saber hacer dentro de un contexto, pero no un saber hacer
derivado de las calificaciones o el entrenamiento obtenido en los centros de estudio,
sino ese saber que incluye aspectos de tipo procedimental y los que tienen relación
directa con lo cognitivo y, por supuesto, los correspondientes a los aspectos
personales, tales como motivación, iniciativa, valores, los cuales llevan a un
individuo a realizar cualquier labor de manera eficaz y, por supuesto, influenciado
por un contexto.
Dentro del proceso de formación de los docentes se asumirá este enfoque por
competencias y, dentro de él, las competencias se clasificarán en dos grandes áreas
abarcadoras, las competencias personales y las competencias profesionales. Las
primeras, serán consideradas como aquellas formas de proceder de los seres humanos
que tienen como punto de partida las percepciones y maneras de captar la realidad
producto de las convicciones que se han acumulado y trabajado a lo largo de la vida y
que no han sido adquiridas a través de un proceso formal educativo, sino que en el
diario devenir, la experiencia y sus propias teorías implícitas, lo han llevado a
acomodar a su manera de acción, incorporadas, sobre todo, porque en oportunidades
anteriores le han rendido resultado satisfactorias.
En segundo término, las competencias profesionales, son aquellas que se
adquieren producto de la profesionalización, bien sea a través del entrenamiento,
capacitación profesional, y por medio del ejercicio de una práctica reflexiva,
asistencia a eventos, intercambios de experiencias, lecturas; en todo caso, a una
9
evidente autogestión de las competencias que el sujeto ha determinado que son
favorecedoras de la realización eficaz de una tarea
En el ámbito educativo, las casas de estudio de nivel superior, encargadas de
la capacitación profesional de los docentes, presentan diseños curriculares en los
cuales se pretende cumplir con esa finalidad, dotar a sus estudiantes de las
competencias profesionales mínimas para su desempeño en el aula; sin embargo;
pareciera que los profesores que se desempeñan en el medio educativo, no cuentan
con las competencias que les solicita el más reciente diseño curricular que se desea
implantar en el país. Se piensa que aquellos profesionales de la docencia de reciente
egreso sí vienen con estas competencias y, entonces ocurre que cuando se les observa
en su actuación áulica, presentan muchas debilidades en cuanto a las competencias
que supuestamente la universidad debería haberles potenciado.
Entonces, ¿qué pasa con esos docentes y con la no evidencia de aplicación de
las competencias? y ¿por qué las universidades o los formadores de los formadores
tampoco se han preparado para afrontar los retos de un currículo por competencias,
exigencia solicitada por el Ministerio de del Poder Popular para la Educación, ante
los retos de transformación que le requiere la sociedad actual? ¿Cómo ejecuta su
práctica pedagógica el docente que forma a los educadores? ¿Se adecua (esa práctica
pedagógica) a los requerimientos que le exige el entorno; o, por el contrario, aplica
como receta lo aprendido en la universidad que lo formó? ¿Cuáles son las exigencias
que en materia de competencias le hace la sociedad actual al docente que se prepara
en las aulas universitarias?
La labor del docente formador de formadores como tal, debe estar dirigida a
brindar a sus estudiantes herramientas y estrategias para que ellos puedan acceder a
los conocimientos de múltiples formas, requiere tomar en cuenta el contexto y las
características del grupo.
En la práctica, el docente utiliza día a día las mismas estrategias para
cualquiera sea el grupo; de la misma manera, se aferra a prácticas vistas en sus
propios estudios universitarios, que en la mayoría de los casos no tienen relevancia
para el grupo que le ha tocado formar o con las consideraciones laborales del
10
momento; se mantiene, entonces, una labor docente centrada en el pensamiento del
profesor y su estilo propio de ver lo que hace como lo mejor que se puede hacer.
Esta realidad permite plantear como interrogantes: ¿Cuáles son las
competencias profesionales que debe poseer un formador de formación continua?
¿Están estas competencias relacionadas de alguna manera con las que son exigidas
por la sociedad actual? ¿Hasta qué punto las competencias profesionales de los
docentes están presentes en la labor pedagógica que realizan?
En términos generales, la intencionalidad del trabajo estuvo dirigida a
establecer esa explicación relacional entre las competencias actuales de los docentes
formadores de formadores y las que le son requeridas en el marco de las
transformaciones educativas actuales.
Objetivos de la investigación
Objetivo General
Generar una explicación relacional de las competencias actuales de los docentes
universitarios como formador de formadores en función de las requeridas en el marco
de las transformaciones educativas actuales como vía para la elaboración de un
constructo sobre las perspectivas competenciales.
Objetivos Concretos
Identificar las competencias que poseen los docentes que laboran en la
universidad docente venezolana.
Analizar las competencias que son requeridas a los docentes en su labor
pedagógica de acuerdo con las exigencias curriculares universitarias.
Establecer las relaciones entre las competencias actuales de los docentes
formadores de formadores y las que le son requeridas en el marco de las
transformaciones educativas.
Realizar el proceso de elaboración del constructo que dé cuenta de las
perspectivas competenciales como base para el desempeño exitoso de los docentes en
su práctica pedagógica.
11
Razón de la Investigación
Con la atención puesta en estos objetivos de la investigación, se hizo una
búsqueda de información teórica relevante que permitió alcanzarlos; aspectos teóricos
que remitieron a temas claves profundizados en el curso de la realización del proceso
investigativo. En este sentido, la intención teórica estuvo dirigida a la realización del
análisis de las relaciones entre las competencias de los docentes y las que le son
requeridas en la actualidad.
Se analizaron diferentes concepciones y modelos que presentados en la
literatura referidas a las competencias profesionales de los docentes, con lo cual
buscó establecer un parámetro de comparación entre lo aportado por la teoría y lo
obtenido en el proceso de búsqueda de información en la realidad que fue sometida a
estudio.
Con una meta clara de hacia dónde se quería llegar, la disposición del trabajo
realizado estuvo guiada por la intención de aclarar aspectos fundamentales del
desarrollo teórico que lo sustentan, así, se asumió lo concerniente a los estudios que
hasta el momento se hayan llevado a cabo para caracterizar las competencias del
docente universitario en el campo de la enseñanza a otros docentes.
Posteriormente, se presenta lo concerniente a la aclaración de significados que
el término competencias ha asumido en el devenir del tiempo hasta llegar a hacer una
aproximación a la caracterización deseada de las competencias del docente que se
aspiran a alcanzar en la universidad y luego, con los aportes de tipo práctico y de
métodos, alcanzar un nivel de comprensión de la labor docente de tal manera de
establecer un panorama acerca de cuáles competencia son las requeridas en la
actualidad y que el docente debe poseer para ejecutar de una manera adecuada su
labor en el proceso de formación de educadores.
Como se pudo leer en los apartados anteriores, en la caracterización de la
problemática, el objeto de estudio, considerado como la formación docente y sus
referentes de las competencias del formador, se nos presenta como de tipo complejo
por las múltiples relaciones que se entrecruzan en el momento de dar visos claros de
su naturaleza. Dentro de su estudio se conjugan perspectivas sociales en cuanto a la
12
labor que en este campo cumple el docente y la influencia de su formación, los
aspectos cognitivos que se vinculan con el proceso de formación en los ambientes
universitarios lo cual lleva aparejado una formación de carácter pedagógico; entre
otros puntos que se estudiaron y los cuales, resultan variados y disímiles entre sí.
De la misma manera, la necesidad de formar educadores que sean capaces de
ejecutar una práctica docente relacionada directamente con los cambios que se van
produciendo dentro de la sociedad y dentro del mismo medio educativo requiere, de
quien la ejecuta, unas competencias que le permitan adecuarse a la movilidad
producida por estos cambios, a fin de encontrarse consustanciado e identificado con
aquellos que a diario se producen en el medio en el cual se desenvuelve.
13