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Un Aplazado

El poema describe la angustiante experiencia de un estudiante dando un examen oral frente a tres profesores. El estudiante se siente nervioso y asustado, y cuando le piden que nombre un sustantivo, se queda en blanco presa del pánico. Finalmente, rompe en llanto incapaz de responder. El poema critica la forma tradicional y estresante de evaluación oral donde los estudiantes son juzgados por un "tribunal" de profesores.

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Un Aplazado

El poema describe la angustiante experiencia de un estudiante dando un examen oral frente a tres profesores. El estudiante se siente nervioso y asustado, y cuando le piden que nombre un sustantivo, se queda en blanco presa del pánico. Finalmente, rompe en llanto incapaz de responder. El poema critica la forma tradicional y estresante de evaluación oral donde los estudiantes son juzgados por un "tribunal" de profesores.

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“Un aplazado” por Baldomero Fernández Moreno

De pronto, como un breve latigazo,


mi nombre, Friedt, estalló en el aula.
Yo me puse de pie, y un poco trémulo
avancé hacia la mesa, entre las bancas.
Era el examen último del curso
y al que tenía más miedo: la gramática.
Hice girar resuelto el bolillero.
Las dieciséis bolillas del programa
resonaron en él lúgubremente
y un eco levantaron en mi alma.
Extraje dos: adverbio y sustantivo.
Me dieron a elegir una de ambas
y elegí la segunda: "¿Y qué es el nombre?
dígame uno". Y me asestó las gafas.
Sentí luego un sudor por todo el cuerpo,
se me puso la boca seca, amarga,
y comprendí, con un terror creciente
que yo del nombre no sabía nada.
Revolvía allá adentro, pero en vano,
me quedé en absoluto sin palabras.
Y empecé a ver la quinta en qué vivíamos:
el camino de arena, cierta planta,
el hermano pequeño, mi perrito,
el té con leche, el dulce de naranja,
¡qué alegría jugar a aquellas horas!
Y sonreía mientras recordaba.
"¡Pero señor - rugió una voz terrible -
el nombre sustantivo, una pavada!"
Torné a la realidad: sobre la mesa
los dedos de un señor tamborileaban,
cabeceaba blandamente el otro,
el tercero bebía de una taza.
Hacía gran calor.
Yo tengo un cara redonda, simple, colorada,
los ojos grises y los labios gruesos,
el pelo rubio, la sonrisa clara.
Yo quería jugar, no dar examen
darlo otro día, sí, por la mañana...
Se me nubló la vista de repente,
los profesores se me borroneaban,
adquirió el bolillero proporciones gigantescas, fantásticas,
oí como entre sueños: "Señor mío, puede sentarse..."
Y me llené de lágrimas.

Modalidad: individual

Tiempo de resolución: 45 minutos

Entrega: Escribir una entrada en el cuaderno de reflexión.

Algunas preguntas para orientar el trabajo que compartiremos que, si


bien no se responderán por escrito, favorecerán el análisis individual.

 ¿Cuáles son las primeras ideas que surgen al leer el poema?


 ¿Qué elementos de los mencionados se podrían vincular a la evaluación
tradicional?
 ¿Cuáles de dichos elementos persisten en las situaciones de evaluación
que se desarrollan en el Instituto donde te desempeñas?
 A lo largo de tu trayectoria, como estudiante, ¿sentiste sensaciones
similares a las que describe el autor? Hoy, como directivo, ¿observas que
estas sensaciones están presentes al momento de evaluar?
 Respecto de los docentes que intervienen en la escena, ¿qué similitudes y
diferencias advertís respecto de la actualidad?
Las ideas que surgen al leer el poema son: miedo,castigo, decisión,
sensaciones físicas, terror, distracción, aciertos,nerviosismo del docente,
displicencia, indiferencia de los otros. Gradación de las emociones del
examinado hasta llegar al llanto.

Esta evaluación es la más tradicional. Los docentes, sentados al frente del


estudiante y provocando miedo y emociones negativas en esa persona. Son
un tribunal, como un cuerpo que juzga al acusado-alumno. No interesa qué
capacidades ha desarrollado el estudiante, sino su habilidad para recordar
fechas, nombres, conceptos, sin entenderlos.

En nuestro Instituto persisten estas formas de evaluación, con tribunal.,


ocasionando situaciones de estrés y angustia en los estudiantes.

Como estudiante, sí sentí estas sensaciones, aunque en menor medida


cuando estaba segura que sabía todo lo que el tribunal o el profesor me
preguntaría, sabía que preguntas me haría tal o cual profesor; me sentía
tranquila cuando había estudiado “para el profesor”, aunque no entendiera
lo que repetía maquinalmente.

En la actualidad, los personajes del cuadro, con diferencias de forma, se


repiten: un docente impaciente por terminar de tomar el examen; otro,
agotado luego de una larga jornada laboral y el tercero, preocupado en
chequear los mensajes de su celular. No se da en todos los casos, está
determinado por la formación que estos docentes recibieron, sus modelos,
las instituciones de las que egresaron y la edad.

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