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Reformas Toledanas

El virrey Francisco de Toledo realizó importantes reformas en el virreinato del Perú durante su mandato entre 1569 y 1581. Algunas de las reformas más destacadas incluyeron: 1) La promulgación de las Ordenanzas de Toledo, que establecieron leyes para regular la población indígena; 2) La ejecución de Túpac Amaru y la expulsión de los nobles incas; 3) El establecimiento del sistema de mita minera para proveer mano de obra a las minas; 4) El reordenamiento urbano
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Reformas Toledanas

El virrey Francisco de Toledo realizó importantes reformas en el virreinato del Perú durante su mandato entre 1569 y 1581. Algunas de las reformas más destacadas incluyeron: 1) La promulgación de las Ordenanzas de Toledo, que establecieron leyes para regular la población indígena; 2) La ejecución de Túpac Amaru y la expulsión de los nobles incas; 3) El establecimiento del sistema de mita minera para proveer mano de obra a las minas; 4) El reordenamiento urbano
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Virrey Toledo: Reformas Toledanas más resaltantes

En el año 1568 Francisco Álvarez de Toledo fue elegido virrey por el cardenal Diego de
Espinoza, presidente del Consejo Real de Castilla e Inquisidor General de España.

“Habiendo aceptado el nombramiento, a partir de marzo de 1568, don Francisco no


desaprovechó el tiempo y examinó los informes y documentos que sobre el Perú existían en
el Consejo de Indias. En mayo, el virrey se presentó ante el rey para agradecer la merced
recibida, y pocos días después, en Aranjuez, Felipe II firmaba su nombramiento.” (Ronald
Centurión, 2015, p.6)

El virrey Francisco, ya nombrado oficialmente virrey y presidente de la real audiencia; logra


zarpar hacia las Indias en marzo de 1569.

“A lo largo de su Visita, Toledo se puso en contacto con la realidad local y buscó solucionar
sus problemas urbanísticos. El aumento y conservación de las ciudades era tema fundamental
en la consolidación del dominio hispánico. A lo largo de la ruta, el Virrey dejó testimonio de
su vivo interés por el acrecentamiento de ellas. En el Cuzco, se ocupó de las redes de agua,
de la construcción de la Catedral y el mercado, de la reducción de los indígenas en seis
parroquias y de la instalación de una fortaleza en Sacsahuamán. En Potosí se preocupó de las
condiciones de vida, de la construcción de la Iglesia Matriz y el diseño de las plazas
públicas. En Lima, su interés lo llevó a dotar a la ciudad de su primera fuente de agua, de
mejorar la sede del Palacio virreinal, de regular el cuidado y limpieza de las acequias
públicas, y de prevenir las frecuentes inundaciones de los barrios populares.” (Centurión,
2015, p.20).

Luego de un recorrido general por todo el virreinato que realizo el virrey Toledo, el investigador
Merluzzi Manfredi menciona:

“Toledo era un funcionario escrupuloso y con un alto sentido del deber; por eso seguramente
quería finalizar cumplidamente el mandato que le había encomendado el soberano, pero en
su mente tenía que haber como un convencimiento, un plan mental. Levillier habla de un
acuerdo con el soberano por un período de tres o cuatro años de permanencia en el Perú. Si
tenemos en cuenta la insistencia con la que el virrey empezó a solicitar al soberano que lo
dejara volver a la metrópoli a partir de 1572, esta nos parecería una hipótesis plausible. Otra
posibilidad, como él mismo declaró en más de una ocasión, es que se sintiese muy mayor y
con el físico ya desgastado y, por tanto, desease regresar a su patria antes de morir (de otra
parte, cuatro de sus predecesores habían muerto en servicio)” (p. 170)

1. Ordenanzas de Toledo:

Buscando soluciones para la problemática del reinado de Felipe II, se crearon las reformas
legislativas en España, y estas también habían llegado a Perú, siendo Las Ordenanzas de
Toledo. “Contemporáneas a las leyes toledanas, fueron la Nueva Recopilación de las Leyes de
Castilla (1567), el intento de Código de leyes indianas iniciado por Juan de Ovando (1571), y
las Ordenanzas de Nuevos Descubrimientos y Poblaciones (1573). Este conjunto de normas ante
todo legislaba temas referentes a la población nativa; su aplicación, obviamente, estuvo limitada
a la jurisdicción del Virreinato del Perú, complementando y aplicándose de forma supletoria a la
legislación dictada por la Corona.” (Centurión, 2015, p.18)
1.1 La ejecución de Túpac Amaru y la expulsión de los nobles incas:

“Una de las tareas más ingratas para la memoria del Virrey fue la derrota final de los incas de
Vilcabamba. Si bien su resistencia, que databa de la rebelión de Manco Inca en 1536, era a
todas luces heroica, para el Virrey, era una traición al Rey, y más tomando en cuenta que
Manco había jurado vasallaje a Carlos V en 1534.” (Mumford Jeremy, 2011, pp. 55-58)

Tras las muertes de Manco inca y su hijo Titu Cusi Yupanqui, toma el mando Túpac Amaru
que ya en el Cuzco, intenta reiniciar las negociaciones, pero los capitanes incas se
manifiestan hostiles y matan a los enviados de Toledo. La noticia indignó al Virrey, que con
los datos recabados en las Informaciones, contaba con el sustento ideológico necesario, y lo
decidió a tomar medidas definitivas

“Toledo ordenó el envío de una fuerza militar a Vilcabamba, la cual venció rápidamente a
los incas entre abril y junio de 172, apresando a Túpac Amaru y a su corte, que fueron
conducidos al Cuzco. El último Inca fue acusado de traición, apostasía y de los asesinatos de
los españoles, y luego de un brevísimo juicio, fue condenado a muerte y ejecutado pese a los
pedidos de clemencia (septiembre de 1572). Toledo sería atacado por este episodio,
acusándosele de excesiva crueldad.” (Centurión, 2015, p. 15)

1.2 Establecimiento de la mita minera:

Toledo decidió reimplantar la mita, antiguo sistema laboral andino, permitiendo el


suministro de mano de obra a las minas y a otras industrias consideradas de utilidad pública.

Los mineros tenían la obligación de dar un jornal a los mitayos (sometidos al sistema de la
mita); trabajando solo días hábiles, debiendo tener una alimentación oportuna; el Virrey
estableció que solo los mitayos debían trabajar en las minas. Los cuales regresarían a sus
casas tras concluir su labor, aun así la mita minera fue muy criticada, por el ejemplo, el
sacerdote Rubén Vargas, comenta: “tan contrario al derecho divino y natural que hombres
libres sean forzados y compelidos a travajos tan excesivos y perjudiciales a su salud y
vidas”.

“La fisonomía de aquel mundo indígena colonial, sometido desde el siglo XVI a un esquema
de exacciones múltiples, por parte del Estado y de las élites españolas –donde los
corregidores ocupaban un lugar destacado- llevaba las huellas del proceso histórico de
dominación. Sobre las exacciones impuestas por el régimen toledano en la segunda mitad del
s. XVI –el tributo y la mita- se fueron imponiendo otros abusos, no necesariamente
procedentes del marco jurídico colonial, como los repartos, la confiscación de tierras y
formas de explotación de mano de obra fuera del sistema de la mita.” (Sánchez Albornoz,
1978: pp. 95-99).

La mita fue y aún sigue siendo objeto de polémica. Ya desde los tiempos de Toledo, fue
criticada por ser “tan contrrrio al derecho divino y natural que hombres libres sean forzados
y compelidos a travajos tan excesivos y perjudiciales a su salud y vidas”. (Vargas Rubén, p.
203)

“Otros, como Juan de Matienzo, defendían la mita, teniéndola por conveniente. La aversión
por la mita quizá no dependía tanto del mismo trabajo como de la forma de ejecución, al
arrancar a los indios de su suelo natal y obligarlos a ir con su familia a sus zonas de trabajo
por un lapso que muchas veces superaba lo previsto. Toledo buscó impedirlo mediante una
minuciosa reglamentación y un salario justo, pero fue en vano, quedando hasta hoy la mita
minera como una de las grandes manchas de la historia virreinal.” (Centurión, 2015, p. 21)

1.3 Reordenamiento urbano:

Toledo veía que “Las obras públicas de las ciudades…, estaban sin dueño y desbaratadas”
(Beltrán, p. 85)

A fin de darle a las ciudades más importantes del virreinato, un aspecto más ordenado acorde
con el rol que ocupaban dentro del Perú, Toledo reguló y reordenó ciudades como
Huamanga, Cuzco, y Lima. El Virrey veía la importancia de promover la creación y
mantenimiento de estructuras fundamentales de la vida civilizada, por ello no fue casual el
lugar primordial de la iglesia, el cabildo y las cárceles como admonición para respetar la ley
y el orden. (Centurión, 2015, p.20)

1.4 Creación del sistema de reducciones:

“Con la mita se podía poner en marcha la economía del virreinato, era preciso facilitar el
reclutamiento de su mano de obra, y ello impulsaría la creación de las reducciones de indios.
Hasta entonces, los indígenas vivían en pequeñas comunidades, los ayllus, diseminados por
todo el territorio. Ello dificultaba el control efectivo por parte de la administración española,
en particular el cobro del tributo y el reclutamiento de los mitayos.” (Centurión, 2015, p. 22)

La palabra reducción viene del latín reducti que significa “llevados”. Los indígenas,
convertidos, eran entonces "llevados" al catolicismo; parte de las personas responsables de
inculcar el cristianismo a los indios peruanos fueron los misioneros de la Compañía de Jesús
llamados Jesuitas; quienes aparte de enseñar a los indios sobre el dios cristiano, también
alfabetizaban a los indígenas.

1.5 El intento recopilador toledano:

El afán legislador de Toledo no se limitó a las Ordenanzas. Tenía la intención de cumplir los
acuerdos de la Junta Magna en el sentido de recopilar las distintas normas dictadas a lo largo
de los años para el gobierno del virreinato, tanto las cédulas y provisiones dictadas por la
Corona, como las ordenanzas promulgadas por sus predecesores en el gobierno del Perú. Y
apenas llegado al Perú se convenció de la urgencia de hacerlo. (Centurión, 2015, p. 23)

Pero la muerte de Ovando en 1575, llevó a que los trabajos emprendidos se anulen, y aunque
el Virrey se empeñó en continuar la recopilación54, se ignora el estado final de las labores de
Toledo.

1.6 Primera reforma en la universidad real de Lima:

Mención importante de la labor toledana fue la primera reforma universitaria en el Perú.


Desde 1551, la fundada Universidad Real de Lima estuvo dirigida por la orden dominica,
pero ante los diversos problemas surgidos, en 1571, Toledo decidió secularizar la
Universidad, favoreciendo la elección del jurista Pedro Fernández de Valenzuela como rector
y trasladando el local universitario fuera del claustro de Santo Domingo. (Centurión, 2015, p.
24)
Bajo su mandato, Toledo se eligió como patrón de la Universidad a San Marcos Evangelista,
el Virrey se preocupó por dotar a la Universidad de rentas fijas y emitió constituciones para
normar su funcionamiento.

En su afán por proteger San Marcos, Toledo clausuró el colegio de la Compañía de Jesús,
que representaba un foco alternativo de desarrollo intelectual. También Toledo propuso la
creación de colegios de caciques, idea aplicada recién en el siglo XVII. (Centurión, 2015, p.
24)

1.7 Implantación de la santa inquisición:

El Santo Oficio de la Inquisición, instrumento usado para reprimir a las personas que no
actuaban con fe y buena moral; el objetivo era conseguir una “limpieza de sangre” y la
extirpación de “las malas creencias” de su territorio, persiguiendo a los ciudadanos que
profesaban el judaísmo o el islamismo.

Los instrumentos de justicia que ejercía la inquisición eran demasiado violentos, usados para
castigar a los malhechores y a los presuntos herejes.

“La sola denuncia verbal valía para ordenar el arresto de cualquier persona. Una vez recluido
en el calabozo, el reo no tenía derecho a confrontar los testigos que habían declarado en su
contra, ni a elegir libremente su defensor legal, ni tampoco era enterado de los cargos que se
habían puesto contra él al momento de su arresto. Para apremiar al prisionero a la confesión
de su delito, los inquisidores del Perú -quizá más que sus colegas de otras partes de América
recurrieron con frecuencia a la tortura; instrumentos de tormento empicados en los lúgubres
sótanos del tribunal limeño fueron el potro, las vueltas de mancuerda, la garrucha, los grillos,
los baldazos de agua fría [...] “(Teodoro Hampe, 1989, p.257)

Aunque el acusado muera en el transcurso de su interrogatorio, la búsqueda seguía adelante


hasta determinar su culpabilidad respecto a la doctrina católica.

“Si se resolvía la pena de muerte, los huesos del difunto prisionero eran desenterrados y
llevados a quemar en la hoguera, mientras que una efigie en representación de su cuerpo
salía por las calles en la solemne procesión del auto de fe junto con los demás penitenciados.
[…] Los fastos de la Inquisición de Lima, en su trayectoria completa que va de 1570 hasta
1820, registran poco más de cuarenta autos de fe (ceremonias en la cuales se ejecutaban las
sentencias de "relajación" y de reconciliación forzada con la Iglesia).” (Teodoro Hampe,
1989, p.258)

Un testigo de estos castigos ha sido el padre Ávila, jesuita criollo, doctrinero del pueblo
indio de San Damián de Huarochirí, y su relato ha sido redactado en el libro de Pilar Latasa
Vassallo y José de la Puente Britnke en el año 2008.

“De regreso a Lima, Ávila se entrevistó con Bartolomé Lobo Guerrero, recién llegado a
archidiócesis, quien rápidamente prestó su apoyo al jesuita. El nuevo arzobispo era
licenciado en Leyes por la Universidad de Salamanca, y entre 1580 y 1586 había ejercido
como de la Inquisición en México. De allí se había trasladado a Santa Fe al ser nombrado de
aquella diócesis, en la que había promovido ya campañas contra la idolatría336. El 20
diciembre de 1609 tuvo lugar un acto público en la plaza mayor de Lima, con asistencia
arzobispo y el virrey Montesclaros, en el que se quemaron los ídolos incautados y se azotó
públicamente a un "hechicero" llamado Hernando Paucar.” (La Monarquía de Felipe III Los
Reinos, p.757)

Pero la ferocidad de este santo oficio no se satisfacía con el castigo a los propios “herejes”,
sino se extendía a sus descendientes. Y para esto se mandaba colgar en las paredes de la
catedral las prendas que representaban las faltas que habían cometido los pecadores.

Siendo la Santa Inquisición una entidad encargada de vigilar la disciplina entre los católicos,
no sorprende el hecho de que sus penitenciados hayan sido hombres de iglesia. Debido a que
las personas que ejercían los altos cargos se contagiaran del ambiente de corrupción moral
que reinaba entre los colonizadores, según lo demuestran las repelidas denuncias acerca de
curas "solicitantes", o sea que no cumplían con el mandamiento de la castidad; aunque
también hay acusaciones contra curas que celebraban la misa sin estar ordenados hasta
contra clérigos que contrajeron matrimonio. (Teodoro Hampe, 1989, p.260)

¿Cuántos y cuáles fueron los delitos reprimidos por el tribunal inquisitorio? Es difícil ofrecer
una respuesta exacta ya que aún no existen investigaciones minuciosas que sepan toda su
actividad procesal, pero J. T. Medina cifró en 3,000, aproximadamente, el número de causas
que debieron ser vistas por los inquisidores de Lima. Según las estadísticas de dicho autor,
corresponde el primer lugar a los juicios por pecados de la carne (bigamia, fornicación), con
22.9%; luego vienen los procedimientos por delitos de fe (judaísmo, luteranismo,
islamismo), con 21.2%, por expresiones malsonantes (herejías, blasfemias), con 16.1 %, por
prácticas supersticiosas (hechicería, brujería, quiromancia), con 1l.7%, y por solicitación
amorosa de los clérigos, con 7.4% 12.

Aparte de castigar a pecadores o herejes, una de las tareas más importantes asignadas a este
organismo fue el control de los libros importados de Europa y de los textos que de una u otra
forma, incluso mediante ediciones clandestinas- circulaban dentro del virreinato. En la época
más temprana, bajo el gobierno del virrey Toledo, se encuentran unos cuantos inventarios de
bibliotecas particulares entre las listas de bienes que fueron confiscados a personas recluidas
en las cárceles de la Inquisiciónl8. Pero es sólo a partir del siglo XVIII, con la difusión de las
obras jansenistas e "ilustradas", que comienzan a darse algunos procesos contra individuos
acusados de poseer libros prohibidos (incluidos en el Índice expurgatorio). (Teodoro Hampe,
1989, p.260)

Toledo es un personaje polémico, juzgado de distintas formas por los historiadores según la
corriente hispanista o indigenista. Para unos, destacando en especial Roberto Levillier, Toledo
desarrolló una eficaz labor legislativa, pacificó al país y organizó el Virreinato perulero en su
vida económica y social. Para los otros, sobresaliendo Luis E. Valcárcel, el Virrey fue el “gran
tirano”, el que ejecutó al Inca, que impuso la mita y las reducciones, y que tomó medidas
violentas y autoritarias. Sin duda, ambas ópticas tienen razón. La labor toledana, en aplicación
de los acuerdos de la Junta Magna, rediseñó la sociedad peruana en todos sus ámbitos,
marcando un punto de inflexión en todos los ámbitos. Para Merluzzi, su actuación, lejos de ser
meros excesos de normatividad, fueron hilos de un entramado que se entretejía para componer
un proyecto político con efectos de larga duración en la vida del Virreinato peruano. (Centurión,
Apuntes Finales, 2015, p. 26)
FICHA BIBLIOGRAFICA:

Freddy Ronald CENTURIÓN GONZÁLEZ. (2015). APUNTES DE HISTORIA DEL DERECHO


PERUANO. FRANCISCO DE TOLEDO, A CINCO SIGLOS DE SU NACIMIENTO 1515-2015. IUS, 1, 10.

Teodoro Hampe Martínez. (1989). CONTROL MORAL Y REPRESION IDEOLOGICA: LA


INQUISICION EN EL PERU (1570-1820). Lima, Perú: Tesis PUCP.

Pilar Latasa Vassallo y José de la Puente Britnke. (2008). La Monarquía de Felipe III Los Reinos
(volumen IV). Madrid: Fundación MAPFRE.

Cf. MUMFORD, Jeremy Ravi. “Francisco de Toledo, admirador y émulo de la ‘tiranía inca”, en
Histórica, volumen 35, Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades de la
Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 2011, pp. 55-58.

TOLEDO, Francisco de, “Memorial…”, en BELTRÁN Y RÓZPIDE, Ricardo (editor), Ob. cit. tomo I,
p. 85.

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