Los Dos Adanes
Unas Palabras al Lector:
En los últimos tiempos se ha desarrollado en el seno de la iglesia Adventista un interés
creciente por el estudio del Evangelio y la Justificación por la Fe. Aunque no debiera ser, esto
ha generado una serie de desacuerdos que de momento no parecen fáciles de resolver. Un
análisis exhaustivo de las principales obras de los escritores denominacionales permite ver
serias inconsecuencias en la forma en que enfocan ciertos conceptos soteriológicos y
cristológicos. Las mismas no dejan de ser percibidas por el investigador cuidadoso. Estos
conceptos son sostenidos por hombres que desempeñan puestos de importancia en la iglesia
actualmente. Claro, esto no convierte un error en verdad (un buen ejemplo de ello es el caso de
Desmond Ford), pero causa perplejidad y hasta cierto grado de confusión en la mente de
muchos miembros de la iglesia que esperan unidad de criterio en el ámbito teológico.
Es imposible iniciar un estudio detenido de las publicaciones denominacionales
pasadas y actuales sin dejar de percibir ciertas anomalías en algunas enseñanzas
fundamentales. Se puede apreciar un gran énfasis en el aspecto objetivo del Evangelio (lo que
Dios ha hecho en Cristo) por parte de algunos escritores, mientras que otros resaltan el
aspecto subjetivo del Evangelio [lo que Dios está haciendo en el creyente por medio del
Espíritu Santo), dejando entrever una forma sutil de legalismo o salvación basada en nuestra
conducta a comportamiento. En este tipo de enfoque, el énfasis en la perfección de carácter
constituye el centro de todo discurso, en lugar de Cristo y su justicia. Con todo, no queremos
desmeritar ambas posiciones como erróneas, sino más bien llamar la atención al equilibrio que
debe existir entre ambas. Pero el equilibrio no siempre es fácil de lograr.
Nosotros debemos estar plenamente convencidos de la necesidad siempre presente de
la predicación cristocéntrica. No podemos repetir el fatídico error de 1888. En ese año, Dios,
“en su gran misericordia” envió “un preciosísimo mensaje” a su pueblo a través de “los pastores
Waggoner y Jones” que presentaba la “Justificación por la Fe” en Cristo, el “sublime Salvador”
que murió por los pecados del “mundo entero” (vea Testimonio para los Ministros pp. 91,92). El
énfasis legalista de la Ley de Dios había robado al pueblo remanente el gozo del verdadero
servicio cristiano y de una experiencia viva con Cristo. Lamentablemente surgieron serios
inconvenientes en aquel Congreso, pues el mensaje fue objetado por los que debieron ser los
primeros en recibirlo y prestarle atención y proclamarlo al mundo.
Más de una centuria ha pasado, y todavía estamos aquí. Pero ahora se abre
nuevamente ante nosotros la puerta de la oportunidad para recibir este “precioso mensaje” de
Cristo y Su Justicia, así como presentarlo al mundo que perece en le pecado. Pero es obvio,
que si lo ignoramos no podremos presentarlo a nadie, mucho menos ser tocados par él.
Necesitamos urgentemente conocer el contenido de ese mensaje.
Una de las enseñanzas que más revuelo ha causado en los últimos años es la doctrina
de los dos Adanes que se encuentra contenida en Rom. 5:12-21. Este pasaje - dice Atilio R.
Dupertuis - es “de profundo contenido teológico” (En Paz con Dios, p. 97). Talvez por esto ha
sido motivo de múltiples interpretaciones. Pero lo cierto es que cualquiera que sea la
interpretación que le demos, debemos saber que en esta parte de las Escrituras están
envueltas principios de intereses eternos.
El personal de Mensajes de Esperanza cree conveniente que los estudiantes de las
Escrituras deben tener la oportunidad de estudiar una de las interpretaciones más interesante
de este controvertido pasaje de la carta a los Romanos. Sabiendo que estamos sometidos
constantemente a ideas que son irreconciliables en sí mismas, y con las Escrituras, creemos
que es necesario conocer las que constituyen una oposición por algunos, para que sean
estudiadas y comparadas. No es seguro llevarnos solamente de lo que alguien puede decir de
cualquier doctrina, independientemente de la capacidad teológica que pueda tener. Hemos sido
llamados a investigar toda doctrina que se nos presente de la Palabra de Dios, no sea que
rechacemos la verdad (o un entendimiento más amplio de la misma) como sí fuera el error.
La interpretación y estudio de Romanos 5:12-21 que usted leerá no es nueva, ha
existido durante largos años en el adventismo. Por eso es importante que sea considerada con
detenimiento y oración no sea que constituya una comprensión más amplia que enriquezca la
“Verdad Presente” que durante tanto tiempo hemos sostenido como iglesia. Después de todo,
queremos presentar un mensaje que sea ético y legal al mundo y capaz de ganar el corazón de
los oyentes.
La idea de los dos Adanes que usted leerá a continuación fue sostenida por W. W.
Prescott en la Conferencia General de los Adventistas del 7mo. Día en el año de 1895. Es
bueno saber que Prescott es considerado como uno de los teólogos formadores de la teología
adventista en los primeros años de la iglesia. También es interesante conocer que esta
interpretación de los dos Adanes fue sostenida por Waggoner y Jones en algunos de sus
escritos desde los años 1894, 1895, 1896. Por ejemplo, A. T. Jones dijo basado en Rom. 5:18:
“Entonces, Adán era figura del que había de venir. El que había de venir era Cristo. Adán era
figura de Él. ¿En qué entonces, era Adán la figura de Cristo? En esto: Todos los que estaban
en el mundo fueron incluidos en Adán, [de la misma manera] todos los que están en el mundo
están incluidos en Cristo” (GCB, 1895, p. 268). Otros estudiosos han sostenido también este
punto de vista en el transcurso del tiempo. Hemos publicado una segunda parte de este
material (Los Dos Adanes –II) que proveer las repuestas a algunas de las objeciones que se
han presentado contra este enfoque. Alentamos a nuestros lectores a ser juiciosos en el
estudio de las doctrinas bíblicas - Héctor A. Delgado.
La verdad de los dos Adanes es una de las doctrinas más descuidadas de las
Escrituras. Sin embargo, es una de las enseñanzas más importante de la Palabra,
perteneciente a la salvación de la raza humana. Esto es porque el destino eterno de la
humanidad está envuelto en estos dos hombres, Adán y Cristo (el segundo Adán).
Las Escrituras enseñan claramente que “en Adán todos mueren” y “en Cristo
todos serán vivificados” (1 Cor. 15:22 énfasis suplido). De acuerdo a la Biblia, Dios
creó a todos los hombres en un hombre (Adán - Gén. 1:27,28; 2:7; Hech. 17:26);
Satanás arruinó a todos los hombres en un hombre (Adán - Rom. 5:12,18; 1 Cor.
15:21,22); y Dios redimió a todos los hombres en un Hombre (en Cristo - 1 Cor. 1:30;
Efe. 2:5,6).
Es la convicción de este escritor que nosotros nunca podremos entender o
apreciar completamente todas las implicaciones y privilegios de nuestra salvación en
Cristo a menos que nos demos cuenta de nuestra posición “en Adán”. Dos pasajes del
Nuevo Testamento explican con algunos detalles la vital doctrina de los dos Adanes,
Rom. 5:12-21, (el cual muchos eruditos de la Biblia consideran el punto más
sobresaliente de esta carta), y 1 Corintios 15:19-23, 45-49. Para entender esta verdad
es importante que veamos estos dos pasajes cuidadosamente.
En Rom. 5:11 el apóstol Pablo declara una gloriosa verdad del Evangelio - que
nosotros los cristianos podemos regocijarnos porque hemos recibido la expiación. Esto
significa que la reconciliación que Cristo ha obtenido para todos los hombres por su
muerte en la cruz (Rom. 5:10) ya es efectiva en la vida de todos los creyentes.
Entonces, él continúa exponiendo cómo recibimos esta expiación en los vv. 12-21. El
apóstol lo hace de una forma única, usando a Adán como un tipo o patrón de Cristo
(Rom. 5:14b)... La historia de estos dos hombres, Adán y Cristo ha afectado el destino
eterno de toda la humanidad. Consecuentemente, para usar a Adán como un patrón
de Cristo, Pablo explica primero nuestra posición “en Adán”. Y esto él lo hace en los
vv. 12-14.
“Todos Pecaron”
En el verso 12, Pablo declara tres hechos concernientes a nuestro problema
del pecado: 1) El pecado entró en el mundo (es decir, en la historia de la raza humana)
a través de un hombre. 2) Este pecado condenó a Adán a la muerte; pues Dios se lo
dijo claramente a nuestros primeros padres: “el día que de él (del árbol del
conocimiento del bien y del mal) comieres morirás” (Gén. 2:16-17). 3) Pablo continúa
declarando que esta muerte se extendió a toda la humanidad, llegó a ser universal. La
razón de esto es que “todos han pecado”. En vista del hecho de que esta última frase
del verso 12 es una declaración incompleta, ésta ha traído controversias sin fin en la
historia de La iglesia cristiana. ¿Qué quiso decir Pablo con esta frase? ¿Quiso decir
que todos los hombres mueren porque “todos han pecado” como Adán pecó, o estaba
implicando que todos los hombres mueren porque “todos han pecado” en Adán?
Serios argumentos han sido presentados defendiendo las dos posiciones por
eruditos famosos y las dos posiciones son sostenidas por cristianos sinceros. Como el
propósito de Pablo al mencionar a Adán es usarlo como un tipo o patrón de Cristo (ver.
14 u.p.) nuestra conclusión de lo que él quiso decir con esta frase, (“todos pecaron”)
es que tiene ramificaciones muy importantes. Mientras que gramaticalmente los dos
argumentos pueden estar correctos, sin embargo, cuando examinamos
cuidadosamente el contexto y la lógica de este capítulo (vv. 12-21) y consideramos las
implicaciones de las dos opiniones, llega a ser claro que para ser consistentes con el
contexto de este pasaje y con la clara enseñanza de Pablo de la Justificación por la
Fe, tendríamos que tomar la posición de que la idea de Pablo aquí es que la muerte
que vino a Adán por su pecado se extendió a todos los hombres porque “todos han
pecado en Adán”. Como Dios creó de Adán a toda la humanidad (Hech. 17:26),
entonces se puede decir que toda la humanidad estaba en Adán cuando él pecó, y por
lo tanto, toda la raza humana estuvo implicada o participó en ese acto de
desobediencia (es bueno notar que todos los hijos de Adán nacieron después que él
había pecado). Por lo tanto, la condenación de muerte que vino a Adán, fue pasada a
toda la humanidad. Para demostrar que este es el significado correcto de la frase
“todos pecaron” se pueden dar por lo menos cinco razones.
1) Históricamente, no es verdad que todos [los seres humanos] mueren porque
han pecado como Adán. Un buen ejemplo son los bebés; ellos mueren, a pesar de no
tener pecados personales. La única explicación de su muerte es que todos pecaron
“en Adán”.
2) El verbo “pecaron” en esta frase del verso 12 está en el tiempo “aoristo”; en
griego este tiempo normalmente se refiere a un acto que sucedió en el pasado una vez
y por todas. (2) Por lo tanto, gramaticalmente, “todos pecaron” se refiere a un evento
histórico en el pasado y no a los pecados personales de la gente, los cuales son
muchos y continuos. Note la segunda parte de Rom. 3:23, que se refiere (en el tiempo
presente continuo) a nuestros múltiples pecados personales, a diferencia de la primera
parte del texto del verso 23 que declara que “todos han pecado” (en tiempo “aoristo”
otra vez), implicando de esta manera, que fue “en Adán”.
3) De acuerdo a Rom. 5:13,14 (en estos versículos Pablo explica lo que quiso
decir con “todos pecaron” en el verso 12b), aquellos que vivieron desde Adán hasta
Moisés murieron, a pesar de que ellos “no pecaron a la similitud (o igualdad) de la
transgresión de Adán”. Por consiguiente, el contexto inmediato contradice claramente
el argumento de que todos mueren porque “todos pecaron” como Adán pecó.
4) Cuatro veces en Rom. 5:15-18 el Apóstol dice clara y explícitamente que la
ofensa o pecado de Adán (y no nuestros pecados personales) trajo a la raza humana
completa, juicio, condenación y muerte. Así, el contexto de este pasaje sostiene
claramente la idea de que todos mueren porque “todos pecaron” en Adán. En adición,
el verso 19 continua con la declaración de que el pecado de Adán nos constituyó o nos
hizo pecadores.
5) Puesto que Pablo está usando a Adán como un tipo de Cristo en este
pasaje, si insistimos en que todos los hombres mueren porque “todos han pecado”
como Adán pecó, para hacer que esta analogía se adapte a Cristo, tendríamos que
enseñar igualmente, que todos los hombres viven o están justificados porque han
obedecido como Cristo obedeció. Y esto convertiría a la Justificación por la Fe en
legalismo a salvación por obras; que es lo opuesto a la clara enseñanza de Pablo en la
carta a los Romanos. Pero la verdad es que como “todos han pecado” en Adán, y por
lo tanto están condenados a muerte en él, de la misma manera, la idea de Pablo es
que todos han obedecido en Cristo “y por lo tanto, están justificados para vida en Él
(ver. 18).
Una vez que hemos establecido este hecho, el razonamiento del verso 13 y 14
de Rom. 5 tiene sentido. Porque aquí, Pablo está probando simplemente el hecho que
él declaró en el ver. 12 que todos mueren porque “han pecado” en Adán. El hace esto
mirando a una parte de la raza humana, aquellos que vivieron desde Adán hasta
Moisés. Esta gente con seguridad estaba pecando, pero como Dios no había definido
explícitamente su Ley ni la había dada a la raza humana como un código legal hasta
Moisés, El no podía condenar a muerte justamente a esta gente por sus pecados
personales. Esto es lo que Pablo quiere decir en el verso 13, “pero no se imputa
pecado (no es contado a imputado) cuando no hay Ley”...
Sin embargo, Pablo señala en el ver. 14, que esta gente estaba muriendo
aunque sus pecados no eran idénticos a la transgresión de Adán. La diferencia está en
que mientras la raza humana desde Adán hasta Moisés estaba “perdiendo el blanco”
(es decir, pecando), el acto de desobediencia de Adán fue una “violación intencional de
la Ley” (es decir, transgresión) que justamente mereció la muerte (Gén. 2:17). En vista
de esto, la única razón válida por la cual esa gente estaba muriendo, era porque toda
la humanidad está condenada a muerte en Adán.
Algunos se dan cuenta que no pueden negar los hechos anteriores, sin
embargo, aún creen y enseñan que todos mueren porque “han pecado” como Adán, y
tratan de resolver el problema insistiendo que de Adán lo que recibimos es la primera
muerte solamente, mientras que nuestros pecados personales nos causan la segunda
muerte. Este razonamiento puede parecemos convincente, pero no pasará la prueba
de la Escrituras. La palabra “muerte” en Rom. 5:12 aparece dos veces, la primera vez
se aplica a Adán y la segunda vez se aplica a su posteridad a la raza humana. La
misma muerte que vino a Adán - dice Pablo - pasó a toda la humanidad.
Lo más seguro era que Adán no sabía nada de la primera muerte antes de la
caída, y por lo tanto, la sentencia de muerte pronunciada sobre Adán cuando pecó fue
la segunda muerte - el adiós a la vida para siempre. Y este tipo de muerte es la que ha
pasado a todos los hombres “en Adán”. En otras palabras, la raza humana completa
pertenece legalmente a la fila de los condenados a muerte. Además, la primera muerte
que es experimentada tanto por los creyentes como por los incrédulos, llegó a ser
necesaria por el Plan de la Salvación. Si no hubiera habido un sacrifico del Cordero
“que fue muerto desde la fundación del mundo”, Adán había muerto el mismo día en
que pecó y la raza humana hubiera muerto eternamente (la segunda muerte) en él
(Gén. 2:17). Es solamente en Cristo que podemos pasar de la muerte eterna a la vida
eterna (Juan 5:24; 1 Car. 15:55-57; 2 Tim. 1:10; Apoc. 20:6).
Una Advertencia
Al tratar can esta verdad permítame advertirle al lector que no debemos ir más
allá de lo que las Escrituras enseñan y decir que en Adán toda la humanidad hereda
también su culpa. Esta es la herejía del pecado original introducida por Agustín y
adoptada par la Iglesia Católica Romana. La culpa cuando se usa en un sentido legal,
siempre incluye la voluntad o la responsabilidad; y Dios no nos hace responsables por
algo en lo que no tuvimos elección. Es solamente cuando de manera personal,
consciente, persistente y deliberada que rechazarnos el regalo de la vida eterna en
Cristo (lo que significa que nosotros deliberadamente estamos escogiendo el camino
del pecado y de la muerte) que la culpa y la responsabilidad del pecado y la segunda
muerte llegan a ser nuestros (Juan 3:18,36; Mar. 16:15,16; Heb. 2:1-4; 10:14,26-29).
Habiendo establecido nuestra situación en Adán en los versos 12-14, Pablo
continua en los versículos 15-18 para mostrar como Adán es un modelo o tipo de
Cristo. Así como lo que Adán hizo afectó a la humanidad, de la misma manera, lo que
Cristo hizo afectó a toda la humanidad. Pero, a diferencia de Adán, Cristo (el segundo
Adán) obedeció. De acuerdo a Rom. 5:15-18, cuando Adán pecó, trajo sobre “todos los
hombres” juicio, condenación y muerte. De la misma forma [sólo que en sentido
opuesto], cuando Cristo obedeció, no solamente redimió a la humanidad de los
resultados del pecado de Adán, sino que hizo “mucho más”. Él canceló todos nuestros
pecados personales y además trajo el veredicto de “justificación de vida” a todos los
hombres (vv. 16-18, note que “muchos delitos” en el verso 18 implica el pecado de
Adán, más nuestros pecados personales). Estas son las Buenas Nuevas
incondicionales de salvación que se proclama en el Evangelio.
En el verso 19 Pablo añade otra dimensión al problema del pecado “en Adán”,
el cual constituye en pecadores a todos los hombres. Esto significa que en adición a la
condenación y la sentencia de muerte, también nacemos esclavos del pecado debido
a la caída, y por lo tanto, somos incapaces de producir genuina justicia por nosotros
mismos (Rom. 3:9-12; 7:14-25). Pero en la segunda parte del verso 19 Pablo nos
recuerda que es por la obediencia de Cristo, que seremos “constituidos justos” (note el
tiempo futuro. Claro, esto se aplica a todos los que lo recibieron [v. 17]). Y para
demostrar que somos esclavos del pecado Dios nos dio su Ley (v. 20; 7:7-13). En
otras palabras, la Ley fue dada por Dios no para resolver el problema del pecado, sino
para exponerlo, porque ésta muestra cómo el pecado de Adán produjo una raza
humana entera de pecadores (note que la palabra “pecado” en el ver. 20 está en
singular y se refiere al pecado de Adán). Sin embargo, las Buenas Nuevas son que,
donde el pecado se ha multiplicado por causa de la caída de Adán, la gracia de Dios
en Cristo se ha multiplicado mucho más.
Esto nos trae ahora al próximo punto importante concerniente a este pasaje
que estamos considerando. Usted notará que Pablo menciona dos cosas concerniente
a Cristo en Rom. 5:15-20, las cuales él las aplica a nuestra situación en Adán. 1) Lo
que Dios realizó para todos los hombres en Cristo se le refiere como un “don” o un
“regalo gratis”. (3) Esto significa que aunque todos los hombres han sido legalmente
justificados en la vida y la muerte de Cristo, eso es un regalo, y como todo regalo,
solamente aquellos que por fe lo reciben, gozarán los beneficios de la obediencia de
Cristo. Pablo aclara esto en el verso 17 usando la palabra “reciben” con referencia al
regalo de la justicia de Cristo.
2) Pablo usa repetidas veces la expresión “mucho más” cuando señala las
bendiciones que recibimos por la obediencia de Cristo. Lo que él quiere decir con esto
es que en Cristo se ha hecho “mucho más” que deshacer el daño que heredamos en
Adán. Por ejemplo: Por su muerte, Cristo liberó a la humanidad de la condenación de
la muerte que resultó del pecado de Adán, pero “mucho más”, nos redimió de nuestras
“muchas ofensas (personales) para justificación” (v. 16). En Cristo no sólo recibimos la
vida eterna, pero “mucho más”, “reinaremos (a gobernaremos) en vida por Uno,
Jesucristo” (v. 17, y cap. 8:17; Apoc. 20:6; 22:5). Esta es una gracia superabundante.
Por lo tanto, “cuando el pecado abundó [en y por Adán], sobreabundó la gracia
[en y por Cristo]” (v. 20). Consecuentemente Pablo hace su conclusión en el verso 21.
Como el pecado gobernó nuestras vidas desde el nacimiento lo haría hasta la muerte,
[si no hubiésemos aceptados el don de Dios] su suplica es que dejemos que la gracia
se haga cargo y reine en la vida de los creyentes, produciendo justicia, hasta que la
eternidad empiece.
Los Dos Adanes -II
Objeciones Consideradas
(1era. Parte)
Por: Jack Sequeira
Desdichadamente, muchos adventistas conservadores se oponen al glorioso
mensaje de los dos Adanes y a la Justificación universal de la raza humana en Cristo.
Su oposición está basada en una o más de las siguientes objeciones:
1- Esta enseñanza suena parecida ala doctrina Católica Romana del pecado
original.
2- Esta enseñanza es una teología federal.
3- Esta enseñanza socava la doctrina de la sustitución, la idea de que Cristo
murió por, o en lugar de nosotros.
Ignorar estas objeciones serla ciertamente minar el propósito de este libro -
traer unidad en la fe y en el mensaje de la justicia por fe que Dios envió a esta iglesia
hace más de un siglo. Yo creo que esas objeciones provienen de individuos sinceros
en su mayor parte y merecen una respuesta. Lo siguiente, por lo tanto, es mi
respuesta a esas tres objeciones al mensaje que examinamos en... [la primera parte
de este documento - la enseñanza de Pablo de los dos Adanes y la justificación
universal de la raza humana en Cristo.
Objeción No. 1
Esta enseñanza suena parecida a la doctrina Católica Romana del pecado
original. Muchos adventistas tienen sólo una vaga idea de lo que enseña realmente la
doctrina del pecado original. Todo lo que la mayoría de los adventistas conoce acerca
de esa doctrina es que es sostenida por la Iglesia Católica y por lo tanto, es una
herejía que debe ser evitada. Como resultado, pocos adventistas son capaces de
discutir o evaluar satisfactoriamente esta doctrina.
Yo creo que este es precisamente el plan de Satanás. Una de las artimañas del
enemigo para pervertir el Evangelio es mezclar la verdad con el error, de manera que
los cristianos sinceros rechacen la verdad junto con el error. Satanás ha tenido mucho
éxito con esto, y nosotros necesitamos estar en guardia para no caer en su trampa.
Esto es especialmente cierto con relación a la doctrina del pecado original.
El término “pecado original” no se encuentra en la Biblia; es una designación
teológica. Pero el hecho de que el término no aparece en la Biblia, no significa
necesariamente que la idea es una herejía. Muchas doctrinas enseñadas por el
adventismo y en la actualidad han sido nombradas con designaciones teológicas que
no aparecen en la Biblia. Buenos ejemplos son las doctrinas del “juicio investigador” y
la “sustitución”. Esos términos no se hallan en la Biblia, pero son designaciones para
conceptos que son bíblicos.
Pero, ¿qué acerca del pecado original? ¿Qué es lo que enseña y al mismo
tiempo es bíblico de esta doctrina? Agustín, el obispo de Hipona en África del norte, en
el siglo cuarto, fue el primero en formular y enseñar la doctrina del pecado original. La
Iglesia Católica Romana adoptó la enseñanza, y los reformadores, especialmente
Juan Calvino, la creyeron también. Así es como la Confesión de Augsburgo la define:
“Después de la caída de Adán, todos los hombres nacen con pecado; eso es,
sin el temor de Dios, sin confianza en Él, y con apetitos carnales; y este
fallecimiento, o falta original es pecado verdaderamente, que condena y trae
muerte eterna ahora sobre todos los que no han nacido de nuevo por el
bautismo y el Espíritu Santo” (Artículo II del pecado original -formulado por
Fhilip Melanchton, 1530 d.C.).
Pecado original se refiere a los efectos que el pecado de Adán tuvo sobre su
posteridad. Hoy la doctrina del pecado original está definida incluyendo cuatro efectos
mayores de la caída sobre la raza humana. Ellos son: 1) Culpa, 2) Condenación, 3)
Alienación y 4) Debilidades.
Culpa y condenación están estrechamente relacionadas, pero en un sentido
legal no significan lo mismo. La culpa envuelve una elección y responsabilidad
personal, las cuales tienen que hacerse con la anuencia deliberada de la voluntad. La
condenación, sin embargo, es el resultado de esa mala elección y puede afectar a
otros que no han tenido parte en esa elección.
Por ejemplo, imaginémonos que usted es un americano que está en un país
extranjero sirviendo como misionero, y sucede que los líderes de América declaran la
guerra al país en el cual usted vive y trabaja. A pesar de que usted está opuesto a esa
decisión, el gobierno del país en el cual usted está viviendo lo condenará simplemente
porque usted es un americano. Usted está condenado aunque no tenga culpa.
Con relación al pecado original de Adán, no hay ni un sencillo texto en toda la
Biblia, que enseñe que sus descendientes participen de la culpa de su pecado. Dios
no nos tiene por responsables por el pecado de Adán, [un pecado] en el cual no
ejercimos elección personalmente. Por lo tanto, la idea de que nosotros heredamos la
culpa del pecado de Adán es antibíblica y debe ser rechazada. La doctrina del pecado
original tal y como la enseña la Iglesia Católica Romana es un error, pues enseña que
la culpa del pecado de Adán pasa [por herencia] a su posteridad. Así es como uno de
los últimos comentarios de la Biblia puntualiza esto:
“Puede ser dicho que Pablo sostiene una doctrina del pecado original, en el
sentido que desde el principio (nacimiento) cada uno ha estado bajo el poder
del pecado con la muerte como consecuencia, pero no una doctrina de la culpa
original, puesto que los individuos son tenidos por responsables [solamente] de
actos deliberados de desafíos en contra de Dios y su Ley” (The Word Biblical,
38a:291).
La Biblia no enseña que la humanidad hereda la culpa a la responsabilidad del
pecado de Adán, pero sí enseña definidamente que los hijos de Adán (nosotros)
estuvieron implicados [corporalmente] en la caída y por lo tanto, sufren las
consecuencias del pecado de Adán. Es en este respecto que Pablo declara que como
resultado del único pecado de Adán, la condenación, el juicio y la muerte llegaron a
todos los seres humanos (ver Rom. 5:12-21).
La idea de que la culpa del pecado de Adán pasa a su posteridad, enseñada en
la doctrina del pecado original, es la misma razón por la cual la Iglesia Católica, y
algunas iglesias protestantes, practican el bautismo de niños. Pero en ninguna parte
de las Escrituras encontramos la idea de que la culpa y la condenación que
heredamos de Adán es erradicada al bautizarnos; de esta manera no hay necesidad
para el bautizo de los niños. Fue sobre la cruz que la condenación que heredamos
como resultado del pecado de Adán, así como también la culpa y la condenación que
recibimos de nuestros pecados personales, fueron eliminadas. Es la sangre de Cristo
que nos limpia de todo pecado cuando andamos a la luz del Evangelio (cf. Juan 1:7,9).
Por lo tanto, aunque el pecado de Adán trajo sobre toda su posteridad el juicio
de condenación, podemos alabar a Dios porque en la justicia original de Cristo - su
vida perfecta y muerte sacrificial - la justificación viene como un don a toda la
humanidad. Esta es la Buena Nueva del Evangelio que hace posible la experiencia de
la Justificación par la Fe (cf. Juan 5:24; Hech. 13:38,39; Rom. 8:1).
Elena de White sostiene este concepto. Consideremos las siguientes
declaraciones, manteniendo en mente que ella usa la palabra “culpa” en el sentido de
“condenación”.
“Los hombres están emparentados con el primer Adán, y por lo tanto no
reciben de él sino culpa y sentencia de muerte” (Comentarlo Bíblico Adventista,
tomo 6, p. 1094).
“Tenemos motivo para dar incesante gratitud a Dios porque Cristo, por su
perfecta obediencia, reconquistó el cielo que Adán perdió par su
desobediencia. Adán pecó, y los descendientes de Adán comparten su culpa, y
las consecuencias” (Fe y Obras, p. 91).
“Bendita el alma que puede decir... yo estoy perdido en Adán, pero restaurado
en Cristo” (Hijos e Hijas de Dios, p. 120).
Así que, la doctrina del pecado original es incorrecta cuando enseña que la
posteridad de Adán hereda la culpa de su pecado. Pero es bíblica cuando enseña que
recibimos condenación como resultado del pecado de Adán. Es también correcta y
bíblica cuando sostiene que hay un tercer efecto del pecado de Adán sobre su
posteridad - alienación o separación. Elena de White dice:
“Desde las edades eternas, había sido el propósito de Dios que todo ser
creado, desde el resplandeciente y santo serafín hasta el hombre, fuese un
templo para que en él habitase el Creador. A causa del pecado, la humanidad
había dejado de ser templo de Dios. Ensombrecido y contaminado par el
pecado, el corazón del hombre no revelaba la gloria del Ser divino. Pero par la
encarnación del Hijo de Dios se cumple el propósito del cielo” (El Deseado de
Todas las Gentes, p. 132).
Esto es lo que la doctrina del pecado original quiere decir con alienación o
separación. A causa de la caída cada uno de nosotros nace espiritualmente muerto
(Efe. 2:1). Pero a través de la encarnación de Cristo, cuando su divinidad fue unida a
nuestra humanidad que estaba espiritualmente muerta, fuimos hechos espiritualmente
vivos en Cristo (cf. Efe. 2:5). Este hecho hace posible que experimentemos
individualmente el nuevo nacimiento y lleguemos a ser otra vez el templo de Dios. Este
es el cumplimiento de la promesa del nuevo pacto: “Porque vosotros sois el templo del
Dios viviente, como dijo Dios: Habitaré y andaré entre ellos” (2 Cor. 6:16). Este hecho
objetivo, que tomó lugar en Cristo, hace posible la experiencia subjetiva del nuevo
nacimiento. Por lo tanto, los cristianos nacidos de nuevo no están más separados de
Dios; ellos han llegado a ser adoptados como hijos de Dios y pueden clamar “abba,
Padre” (Rom. 8:15, ver también los vers. 14-17; Juan 3:1,2). Esto es parte del paquete
de las Buenas Nuevas del Evangelio. Y es lo que hace posible para nosotros andar en
el Espíritu como Cristo lo hizo en nuestra naturaleza pecaminosa. Y es lo que hace
posible que experimentemos la vida de Dios en el proceso de la santificación, una vida
que es agradable a Dios.
Finalmente, la doctrina del pecado original enseña que a causa del pecado de
Adán la raza humana es esclava del pecado. Esto, también, es una verdad bíblica.
Pablo concluye su análisis sobre el problema universal con el pecado en Rom. 3:9
declarando que Judíos y Gentiles están todos “bajo pecado”. Esto significa que
nosotros nacemos como esclavos del pecado, y Pablo confirma esto en Rom. 7:14.
Esto es a causa del hecho de que... aun después de la conversión, somos incapaces
en y por nosotros mismos, de vivir una vida santa (cf. Rom. 7:15-25).
Como resultado del pecado de Adán, nacemos esclavos al pecado. David hace
esto bien claro en Sal. 51:5. El dice: “He aquí, en maldad (iniquidad) he sido formado y
en pecado me concibió mi madre”. Algunos aplican esta declaración a la madre de
David, antes que a David mismo, porque (dicen ellos) ella cometió adulterio cuando la
concibió. Pero el contexto, como también el principio de paralelismo en la poesía
hebrea no permite esta interpretación. Yo creo que Lutero estaba en lo correcto
cuando escribió:
El (David) no está hablando acerca de ciertas acciones sino simplemente
acerca del asunto, y él dice: ‘La simiente humana, de la cual yo fui formado, es
totalmente corrupta con faltas y pecados. La materia misma es defectuosa. La
arcilla, por así decirlo, de la cual esta vasija es formada es detestable... Así es
como soy yo; así es como son todos los hombres (0bras de Lutero, 12:347-
351).
Cuando hablamos de debilidad, de nuestra esclavitud al pecado como
resultado del pecado de Adán, Elena White tiene mucho que decir, he aquí algunas
citas que muestran que ella enseñó claramente que el pecado de Adán afectó nuestra
naturaleza de una manera tal que, aparte de la gracia salvadora de Cristo, los seres
humanos no pueden ser salvos:
“Por causa del pecado, su descendencia (la de Adán) nació con propensiones
inherentes de desobediencia” (Comentario Bíblico Adventista, tomo 5, p.
1128).
“Cuando el hombre transgredió la Ley divina, su naturaleza llegó a ser mala, y
estaba en armonía con Satanás y no en desacuerdo” (El Conflicto de los
Siglos, p. 505).
“En la vida de todo hombre se manifiesta el resultado de haber comido del
árbol del conocimiento del bien y el mal. Hay en su naturaleza una inclinación
hacia el mal, una fuerza que solo, sin ayuda él no podría resistir” (La
Educación, p. 29).
“Coma resultado de la desobediencia de Adán, cada ser humano es un
transgresor de la Ley vendido al pecado... siervo de Satanás” (Signs of the
Times, 23-7-1902).
Este breve estudio de la doctrina del pecado original, demuestra que [esta
enseñanza] contiene una mezcla de verdad y error. De este modo, la iglesia Adventista
correctamente rechaza esta doctrina. Sin embargo, al hacer esto no debemos cometer
el error de rechazar la verdad que contiene. Si lo hacemos no sólo socavamos el
problema del pecado, sino también la solución de Dios a ese problema - el Evangelio.
La Biblia no enseña que la humanidad hereda la culpa de Adán, o la responsabilidad
personal por su pecado. Pero si enseña que heredamos condenación, separación y
debilidades como resultado de su pecado.
Las Buenas Nuevas del Evangelio son que, porque Cristo asumió la misma
naturaleza humana que heredamos de Adán, esa naturaleza fue hecha espiritualmente
viva en la encarnación (Cf. Efe. 2:5), sus debilidades fueron vencidas por el poder del
Espíritu de vida en Cristo (Cf. Luc. 4:14), y finalmente esta naturaleza condenada fue
ejecutada en la cruz (ver Juan 12:31; Rom. 8:2,3). El resultado de todo esto es que
Cristo obtuvo para toda la humanidad una salvación plena y completa, la cual todos
podemos experimentar por fe.
Objeción No.2
Esta enseñanza es una teología federal. La teología federal como la
enseñanza del pecado original, es también una mezcla de verdad y error. En
pocas palabras, esta doctrina enseña que así como Adán fue la primera cabeza
federal de la raza humana, y por su pecado condenó a toda la humanidad, Cristo como
la segunda cabeza federal de la raza humana, redimió a toda la humanidad por su
acto de justicia.
Esta idea suena completamente bíblica. Sin embargo, casi todos los que hoy
enseñan la teología federal trazan ciertas implicaciones antibíblicas de esta
enseñanza. Casi todos son calvinistas o universalistas.
Calvinistas. El entendimiento de la salvación de Juan Calvino estaba basada
sobre la doctrina de la predestinación; él aplicó la verdad bíblica de “en Cristo”
solamente a los elegidos, a esos que Dios había predestinado que serían salvos. Por
lo tanto, los calvinistas hoy, aplican el “todos los hombres” en los textos universales del
Nuevo Testamento, no a toda la humanidad.
Universalistas. Los universalistas, por otro lado, enseñan que todos los
hombres serán salvados [finalmente] puesto que Cristo, como la segunda cabeza
federal de la raza humana, redimió a toda la humanidad por su vida, muerte y
resurrección. Un punto de vista tal falla al no tomar en cuenta que las Escrituras
enseñan claramente que quienes rechazan el don de la salvación “en Cristo” por su
incredulidad, se perderán eternamente (Cf. Mar. 16:15,16; Juan 3:18,36). Yo rechazo
el Calvinismo y el Universalismo por ser antiescriturales. Por lo tanto, la verdad como
es “en Cristo”, tal y como es presentada en este libro, no puede ser designada como
teología federal.
Pero el problema real que yo creo que existe con quienes objetan el concepto
“en Cristo” y los dos Adanes en este libro, y quienes acusan esta enseñanza de ser
“federalismo”, es que ellos mismos fallan en dar una exégesis adecuada de Rom.
5:12-21 y otros pasajes para probar su punto. Más que simplemente designar este
punto de vista como “teología federal” - un término que no es familiar para muchos
pastores y administradores, sin mencionar a los miembros de la iglesia - ¿por qué no
prueban ellos con las Escrituras que están en desacuerdo con mi interpretación de
Rom. 5:12-21? Cuando los hermanos que se opusieron al mensaje de 1888 criticaron
el mensaje de la justicia por fe de Waggoner y Jones, Elena White insistió en más de
una ocasión en que ellos no tenían derecho de acusar a sus hermanos de error hasta
que no pudieran probar con las Escrituras que estaban equivocados (ver, por ejemplo,
Materiales de 1888 de Elena White, II: 529; III: 122).
Objeción No.3
Esta enseñanza socava la doctrina de la sustitución, la idea de que Cristo
murió por, a en lugar de, nosotros. La sustitución es sin duda un pilar central del
Evangelio. La palabra sustituto significa: persona que actúa en representación de otra.
En nuestro sistema de educación, tenemos maestros sustitutos, y los jugadores
sustitutos son una práctica común en los deportes. La doctrina de la sustitución
enseña que, Cristo, el segundo Adán, nos salvó como nuestro Sustituto, porque El
vivió y murió por, o en lugar de nosotros.
Yo de ninguna manera niego esta clara enseñanza de las Escrituras. Pero la
doctrina de la sustitución tiene peligros - así como lo tiene la salvación por gracia
solamente. El mismo hecho de que Cristo murió por todos puede ser usado
indebidamente y convertido en gracia barata, como sugiere Pablo en Rom. 6:1:
“¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?” La doctrina de la
sustitución también encara este mismo peligro: puede ser convertida en licencia para
pecar. Porque Cristo vivió y murió por o en lugar de nosotros, muchos creyentes han
concluido que tienen libertad para vivir como les plazca. “Por qué no”, razonan ellos,
“puesto que mi salvación está garantizada cuando yo creo en Cristo como mi
Sustituto?”. Es a este uso indebido de la justificación a la que yo me opongo - la idea
de que porque Cristo murió en mi lugar, yo puedo por lo tanto vivir como yo quiera.
Como yo lo vea, tal usa indebido de la doctrina de la sustitución es el resultado
de un punto de vista vicario de la sustitución. La cristiandad Evangélica como también
la mayoría de los adventistas de hoy entienden la doctrina de la sustitución como
enseñando que Cristo sustituyo vicariamente (en lugar de) a la humanidad caída
durante su misión terrenal. Pero este entendimiento de la sustitución no es
explícitamente enseñado por la Escrituras o en los escritos de Elena White. Lo que si
enseñan las Escrituras claramente es el entendimiento “en Cristo” de la sustitución.
De acuerdo al punto de vista vicaria de la sustitución, la naturaleza humana
impecable de Cristo fue sustituida en lugar de la naturaleza pecaminosa de la
humanidad. Su perfecta obediencia y su muerte sacrificial, fueron sustitutos en lugar
de los pecados de la raza humana. Tal punto de vista presenta a Cristo coma Sustituto
que no se identifica verdaderamente con la raza humana pecaminosa que vino a
redimir. El no viene a ser uno con nosotros, en cambio, el sustituye su naturaleza
impecable en lugar de nuestra pecaminosa. El siguiente diagrama ilustra como el
punto de vista vicario de la sustitución nos redime de los dos problemas del pecado -
el pecado como un estado y como transgresión de la Ley.
Como esta ilustración lo muestra, el punto de vista vicario de la sustitución está
en completa contradicción al punto de vista “en Cristo” de la sustitución, porque Cristo
actualmente redimió a la humanidad de los dos problemas del pecado (ver diagrama al
final de este artículo). Por lo tanto, uno de los mayores asuntos que la Iglesia
Adventista necesita establecer antes de que pueda cumplir unida su misión mundial de
presentar el Evangelio eterno a todo el mundo es esta: ¿Cuál punto de vista de Cristo
como sustituto es el verdadero y bíblico? ¿Qué constituye el Evangelio eterno que
Dios nos ha llamado a proclamar?
El punto de vista vicario de la sustitución niega que la humanidad de Cristo fue
totalmente identificada con la naturaleza humana pecaminosa de los que vino a
redimir; por lo tanto, dejan un gran abismo entre Cristo y nosotros. Tal abismo crea
problemas mayores con relación al poder del Evangelio para salvar a la humanidad del
poder y la esclavitud del pecado.
En la mente de muchos, el entendimiento vicario de la sustitución levanta
también una pregunta válida en relación con la legalidad de la salvación. Legalmente
¿cómo podría Cristo calificar para ser nuestro Sustituto, tomar nuestro lugar?
La Ley no permitirá que un hombre inocente muera en lugar de uno culpable.
Esta es una de las principales objeciones en contra de la doctrina de la sustitución que
la Iglesia Cristiana enfrenta del mundo no cristiano, especialmente de los musulmanes.
Ellos acusan al cristianismo de ser la religión más antiética en el mundo.
Si la iglesia hubiera proclamado la doctrina de la sustitución en el sentido de la
idea “en Cristo” y los dos Adanes, temas que están fundados solidamente en el
concepto de solidaridad corporal, esta piedra de tropiezo para el mundo no cristiano no
se habría levantado. La idea “en Cristo” y la verdad de los dos Adanes, come está
presentado en este artículo no socava la doctrina de la sustitución, antes bien la
fortalece [y enriquece].
La pregunta importante que necesita ser contestada no es: ¿Murió Jesús en
lugar de nosotros? La Biblia enseña claramente que Él lo hizo. Las preguntas reales
que necesitamos responder son estas: ¿Qué calificó a Cristo para vivir y morir en lugar
de nosotros? ¿Cómo podría Él ser legalmente mi Sustituto? Si Cristo tomó nuestro
lugar como un hombre impecable, hay todavía un profundo e infranqueable abismo
entre Él y nosotros. Pero fue este abismo, creado por el problema del pecado, que
tuvo que ser llenado antes de que pudiéramos estar unidos a Cristo. Para ser un
efectivo Sustituto en nuestro beneficio, Cristo debe llenar el abismo que existe entre el
hombre y Dios, creado por el pecado (Cf. Isa. 59:2). El no podría hacer esto
simplemente viniendo como un hombre inmaculado a sustituimos vicariamente. Sino
asumiendo nuestra naturaleza caída y pecaminosa para poder ser el Salvador del
mundo. Por su divinidad, Él se aferra del trono de Dios, mientras que por su
identificación con nuestra humanidad pecaminosa, sostiene a la raza que vine a
redimir.
La mensajera del Señor apoyó totalmente el entendimiento “en Cristo” de la
doctrina de la sustitución, antes que el punto de vista vicario. De hecho, Elena White
no usó el término “vicario” cuando presentó a Cristo como nuestro Sustituto y Garante.
He aquí algunas citas de su pluma que son típicas de las declaraciones que ella hace
apoyando el punto de vista “en Cristo” de la sustitución.
“Vestido de la humanidad, el Hijo de Dios descendió al nivel de los que
deseaba salvar. En Él no había astucia de pecaminosidad; Él fue siempre puro
y sin mancha; con todo Él tomó sobre sí nuestra naturaleza pecaminosa.
Vistiendo su divinidad con nuestra humanidad, Él pudo asociarse con la
humanidad caída, Él buscó redimir para el hombre lo que Adán perdió por
causa de su desobediencia” (Review and Herald, 22-8-1907).
“En Cristo fue unido lo divino y lo humano - El Creador y la criatura. La
naturaleza de Dios, cuya Ley había sido transgredida, y la naturaleza de Adán
el transgresor, se unieron en Jesús, el Hijo del Hombre y el Hijo de Dios” (Lift
Him Up, p. 345).
“Adán fue tentado par el enemigo, y cayó. El no estaba habitado por el pecado,
Dios lo había hecho puro y recto, a su propia Imagen. El era sin falta como los
ángeles delante del trono de Dios. No había en él principios corruptos, ni
tendencias al mal. Pero cuando Cristo vino a hacer frente a las tentaciones de
Satanás, El nació ‘en semejanza de carne pecaminosa’ “ (Signs of the Times,
17-8-1900).
“Él dejó las glorias del cielo, y vistió su divinidad con humanidad y se sujetó al
pesar, la vergüenza y el reproche, al abuso, al rechazo y a la crucifixión. Pero
aunque el tuvo la fuerza de las pasiones de la humanidad nunca cedió a la
tentación para hacer algo que no fuera puro, elevador y ennoblecedor” (Ibíd.,
21-11-1892).
“La unión de la divinidad con la humanidad le da a la raza caída un valor que
escasamente comprendemos. Lo humano y lo divino fueron unidos en Cristo,
para poder representar a quienes creerían en Él. Cristo tomó nuestra
naturaleza, y pasó a través de nuestras experiencias, y como nuestro
Representante asumió nuestras responsabilidades. Los pecados de los
hombres fueron cargados por Cristo, y aunque era inocente, prefirió sufrir por el
culpable, para que a través de la fe en Él, el mundo pueda ser salvo... ¡Oh, que
compasión y amor fueron aquí revelados! ¡Como es exaltada esta humanidad a
través de los méritos de cristo! Su sacrificio fue amplio y completo. El Santo
murió en lugar del impío. Él se vistió con nuestros trapos de inmundicia, para
que nosotros podamos ser vestidos con el inmaculado vestido de su justicia,
tejido en los telares del cielo” (Ibíd., 23-5-1895).
“Es un misterio muy profundo para la mente humana llegar a comprenderlo.
Cristo en realidad unió la naturaleza ofensiva del hombre a su propia
naturaleza impecable, porque por este acto de condescendencia, Él sería
capaz de verter su sangre en beneficio de la raza caída” (Manuscritos
Liberados, 17:26).
“Al asumir la humanidad Cristo tomó aquella parte de cada ser humano. Él era
la cabeza de la humanidad. Un ser divino y humano; con su largo brazo
[humano] rodea a la humanidad, mientras que con su brazo divino, se aferra
del trono de Infinito” (Mensajes selectos, tomo I, p. 252).
“El pecado de nuestros primeros padres hizo separación entre este mundo y el
cielo. Pero Cristo tomó sobre Sí nuestras debilidades y pecados. Él fue
tentado; ridiculizado; acosado en cada aspecto. El sufrió todas las penas, los
dolores y pesares de la humanidad, sin un murmullo para poder darnos
ejemplo. El descendió paso a paso por el camino de la humillación, hasta ser
tratado como un criminal sobre la cruz, para con su diestra de amor infinito
rodear a la raza [humana], mientras se aferraba del trono del poder infinito,
para conectar la tierra con el cielo (Signs of the Times, 3-12-1885).
Aquí está la identificación real con la raza humana que vino a redimir. Y a
causa de su victoria total sobre el pecado Él es capaz de ser nuestro perfecto Sustituto
y Representante ante Dios en el Santuario celestial. Por lo tanto, parece que para que
la teoría de la sustitución se ajuste totalmente y haga frente a la situación humana
pecaminosa, necesita que sea incorporada dentro de su estructura una posición
cristológica similar a la presentada en... [este documento] - que Cristo asumió en la
encarnación nuestra naturaleza pecaminosa con todas sus propensiones, pero que en
su caso, Él venció totalmente la [“ley del pecado y la muerte”] y redimió esa naturaleza
rebelde de cada aspecto del pecado, y llevó al cielo una humanidad glorificada, para
presentarse como nuestro Sumo Sacerdote.
Conclusión
Al concluir este importante tema de los dos Adanes, voy a compartir una carga
real que está sobre mi corazón. Quienes se oponen al tema “en Cristo” y a la verdad
de los dos Adanes están robando al pueblo de Dios el gozo y la seguridad de la
salvación, el prerrequisito para la genuina santificación. Como resultado,
inconscientemente han cambiado las Buenas Nuevas incondicionales del Evangelio,
por buenos consejos. Ellos creen que tienen que tomar la iniciativa de su propia
salvación mediante el arrepentimiento y su creencia en Cristo, antes de que Dios los
ponga en Cristo y los justifique.
El problema con esta enseñanza es que los repetidos fracasos para vivir una
vida santificada destruyen la confianza de uno en su arrepentimiento. Si el
verdaderamente me he apartado del pecado [sostienen algunos], ¿por qué todavía
caigo? El resultado es que cualquier gozo y esperanza que el creyente tuvo cuando
vino a Cristo, desaparece. Muchos dicen: “Dejaré la iglesia y gozaré del pecado,
puesto que no puedo llegar al cielo”. Triste de decir, yo he visto a muchos adventistas
experimentar los resultados de este llamado Evangelio y consecuentemente han
dejado la iglesia o han llegado a ser cristianos nominales.
La verdad del asunto es que la “bondad de Dios” (Rom. 2:13) revelada a través
del Evangelio [verdadero] es la que nos guía al arrepentimiento. Cuando uno
experimenta este arrepentimiento, es motivado por una apreciación de corazón por
Cristo y Él crucificado, de manera que la vida cristiana ya no es motivada más por el
miedo al castigo o el deseo de recompensa. Esta es verdadera santificación.
Por lo tanto, mi ruego, es que antes de que te opongas a estas maravillosas
verdades que han traído paz, gozo y victoria a muchos que una vez estuvieron
atrapados en una sutil forma de legalismo, que por favor pongas a un lado tu orgullo y
puntos de vista preconcebidos y estudies acerca de este asunto. Y pueda la verdad
como es en Cristo Jesús hacerte libre.
* El
título
original
de este
capítulo es Las Dos humanidades - 2, del libro El Salvador del Mundo, publicado
por la Pacific Press Publishing Association en el año de 1996.