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HORACIO GONZALEZ
UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES
UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO
ENSAYO ¥Y MEMORANDUM
Sdbitamente se hizo evidente que nos encontramos instruidos por la
palabra ensayo. Tan diligente con su propia vaguedad, ella misma no puede
dejar de soprenderse con los indicios de una nueva vigencia, que si fuera
real, la traicionarfa, Pues no podria haber tal nombradfa triunfadora del ensayo.
Porque quiz4s mds con el ensayo que con la poesia o la novela es que se
debilitan las ataduras de género, los compromisos con un estilo ya designado,
ubicable y general. Y asi el ensayo seria un modo que solo puede existir
como vida singular por cada objeto que lo integra, poco atareado en constitur
una vicaria general que reclutara ungidos, misioneros, avisados y novicios.
No hace mas de un mes, en un tramo de unas jornadas rosarinas sobre
Hegel un expositor anot6 una resignada protesta al decir que el ensayo
estaba de moda. Esle aserto queria ser una queja referida al abandono de la
expresi6n meditada, argumentada y quizas cientifica. Como toda dolida
desavenencia, ésta merece cuidadosos comentarios pero me atengo a une:
si el ensayo llama a un arbitrio de trabajo que esencialmente lo es sobre su
propio lenguaje, tiene de la moda el estar siempre alli donde el tiempo se
ejerce voluntariamente contra el si mismo de su propio pasaclo.
Pero de todas las opiniones que podrian esgrimir los remisos, la cortés10 Boterin/10
injuria de atribuirle el estigma de fugacidad de la moda es improcedente y al
mismo tiempo lo tinico eficaz. Porque el ensayo esta siempre en estado de
problema, revelando su esencial renuncia a que cada ser mundano extraiga
de si mismo las explicaciones completas sobre su propia existencia tangible.
Mientras el acto de conocimiento es alguna cosa que continuamente desea
revelar las condiciones en que se produce, es decir, que también le perteneceria
todo lo que no esta siendo él mismo y se halla situado antes de él, el ensayo
es la valerasa renuncia a que esa reapropiacion se realice. Quiere producir
sus resultados antes que el conocer complete su ciclo en si mismo. ¢Tiene
razon? Es que el ensayo no puede sostener que el intento de investigar
condiciones, y a veces precondiciones, y asi al infinito, demora una de las
grandes vias del conocimiento. No justamente las que proponen las pruebas
de verdad consistentes en la aplicaci6n de las leyes descubiertas a aquél que
las descubre —pues esto es la libertad retrospectiva de las condiciones— sino
la de lanzarse al descubierto con un comienzo que finge ser absoluto porque
en realidad desea abandonar el problema de su origen.
La fuerza de esta actitud del ensayo no es la de negar los fundamentos
del mundo, sino la de asociar la accion mas decidida a Ja renuncia a la
averiguacion de lo que a la realidad le falta para completarse. Pero qué
realidad? En toda historia de hombres y cosas hay realidades que parecen
completas gracias a la ignorancia de sus ancestros o precursores. Y al
revés, en toda historia de lenguajes y codices hay realidades acongojadas
por incompletas que procuran saber de si mismas, para lo cual el saber
de la autoconciencia 0 el viaje hasta los confines del arbol genealégico,
sirve para renunir en una sola materia las aristas de las formas anteriores
con las actuales. {Qué elegir? ZEl que esta incompleto creyéndose saturado
© el que sabiendo que falla cuando se desea colmado de si, se propone
examinar los momentos previos de esa totalidad fracasada? El ensayo, en
verdad, descubre tanto que la existencia disfraza una integridad inexistente,
como que completar la realidad implica abdicar de la basqueda de sus
propios cimientos. Es fragil para ser fuerte, se mantiene ingravido en el
conocimiento de su escritura para ser vigoroso en los resultados que se
traducen en sucesos de la historia piblica
Aquel deseo de completamiento puede percibirse siempre como
perentoria necesidad de un reclamo de vida. Pero a veces estas formas de
vida sofiadamente situadas en la paz del todo unificado, son también las
que nos advierten sobre el papel activo de lo inexplicable. Silo inexplicableENSAYO Y MEMORANDUM 11
cobra la dimension de un goce de conocimiento, deriva necesariamente
hacia lo que debe explicarse como sorpresa, como demora de los tiempos
que nos sustraen sus secretos 0 al revés, como oronda actividad del que
para ser feliz ni quiere escuchar que sus certezas ya han sido refutadas en
otro tiempo o lugar. Si esto es el ensayo, no puede dejar de ser literariamente
inevitable, y nunca puede estar de moda, por existir siempre de un modo
segundo, supernumerario 0 adventicio. No podria estar de moda, porque
a pesar de que —como la propia moda-, supone ignorar el trazado rigido
de su propia serie, se diferencia de la moda en que no depende del coqueteo
de una reposicién sistematica del coraz6n fugaz de las cosas sino del
complemento de antigiiedad que le carga a todo ente de actualidad.
Pero no es asi también la moda? Lo es, pero el ensayo no se complace
en borrar a cada paso sus figuras anteriores. Tampoco crea hegemonias
volatiles, sino que tiene el alma invisible de lo que se hace presente aun
cuando quién lo reclama no percibe que lo ha convocado. Ni atin si
creyera que posee el secreto de todo conocimiento escrito, haria de eso
un motivo de militante visibilidad. Su importancia es tan duradera e
imperceptible, que recibe con mayor complacencia los ataques de quienes
lo reprueban antes que la ojeriza de los que lo ven victorioso como
nuevo género al uso.
De algtin modo, son las deficiencias del ensayo —deficiencias que en
primer lugar se perciben en el esfuerzo fenomenal que realiza para imponer
un yo siempre fragil- las que lo llevan a ser un buen resumen de todos
los problemas de la ret6rica. Y ya cuando decimos el nombre de la retrica,
se est4 invocando un nudo de irresolucién que finalmente acabamos por
agradecerle. Porque la retérica esta destinada a mostrar: 0 que el mundo
es inconsistent® 0 que el lenguaje es el cierre tiranico de las instituciones.
Un mundo donde la ret6rica fuera norma o sistema seria ingrato e invivible.
Pero un mundo que pudiese escapar de la retorica seria un mundo
equivocado al resignar el examen de lo que hace el lenguaje con las
pasiones.
Huir de la observancia de los engranajes de las lenguas o combatir la
ignorancia del material que retine a los hombres en sn habla, son los
sentimientos que aparecen cada vez que se menta la ret6rica y lo retérico.
Serretorico. Nadie quiere serlo. Se rechaza ser portador de aquello mismo
que extenda el lenguaje a costa de ponerlo frente a la conciencia de sus
realizaciones. Se impugna la ret6rica como indicio de fastidio ante una12. BoLeTin/10
burocracia de intrigantes que enturbian el sentido empirico de los actos
de lengua; pero nadie puede suponer que el lenguaje no tropiece siempre
con el ineluctable dilema de su ignoto sentido ante el hecho de ser
meramente solicitado. Porque ese solicitar y en ese solicitar somos nosotros
mismos. En la medida en que nos lleva al area de las pasiones, es mejor
decir que la ret6rica carga los mismos inconvenientes que el ensayo,
pues sin ella no podemos pensar en el peligro de los efectos vacios de
ser—lengua, ni en los inconvenientes de un lenguaje entendido como una
maquinaria inerte y de funciones fijas.
Somos profesores argentinos, tenemos nuestros misales y andrajos de
lectura, las citas son lapidas fundamentales en nuestros idiomas. La gran
angustia que esto genera es que en el nombre del ensayo postulamos la
reconquista de una expresi6n tinica que lucha por sostenerse en un célido
olvido de su metalenguaje, palabra que es un nostdlgico recuerdo y que
sacamos de épocas mas amenas que ésta. ;Entonces cémo tener una
actividad ensayistica que al mismo tiempo no sea una revisién del
metalenguaje de las citas? Estas implican una pérdida de libertad solo
cuando no se las puede someter a otra fidelidad que las extrafia de sus
engarces naturales. Pero la cita devocional también importa, porque la
posicién del que la trae como remate tiltimo de todo lo que puede decirse
sobre algo, también quiere ponerse en el lugar de una sabiduria que
habria llegado en la vehiculizacion de todo lo dicho por otro y en la
memoria general del mundo. Nada indigno para los profesores cuando
nos sentimos preparados para hacerlo dignamente y sin humillaciones.
Pero resta el problema del metalenguaje. ;Acaso no dijimos que cierta
renuncia a querer significar sobre el significado, caracteriza la gracia del
ensayo? Entonces, mejor seria traer sin mas hacia nosotros todo lo que la
cultura tuvo a bien acarrear para su uso comunitario. Pero la Gnica
posibilidad que tenemos para realizar virtuosamente esa eleccién de los
signos exteriores de la cultura, es evitarles esa exterioridad diciendo en
cada caso que lo que tomamos de alguna manera ya nos pertence. No
porque sea un robo, un plagio, un homenaje o una cofradia indiferenciada
de pensamientos que pertenecen a priori a la humanidad. sino por la
honra y el recato de la utopia ensayistica que los va reclamando para
despertar de su suefio. El] ensayo puede privarse de comentar todo lo
que hace en simultaneidad al momento en que lo hace, pero es el género
de la celosia y debe traer cada nombre a los suyos propios en un acto deENSAYO Y MEMORANDUM 13
integra libertad. Asi invitamos ahora a escuchar el nombre de Montaigne,
celosos de que no desarregle lo que hasta aqui tenfamos hecho con la
potencia de su lumbre o que al contrario resulte insuficiente nuestra
facultad para convocarlo.
4Cémo comienza la mencién de este hombre que posee la particularidad
de haber dicho mucho y de abrumadora sutileza sobre el tema que nos
ocupa y preocupa? Somos profesores argentinos, lo sabemos, y nuestra
larga tarea consiste en convocar nombres que ni siquiera nos exigen una
ciencia de presentacién. Podemos ser bruscos con ellos y empujarlos
sobre el umbral de nuestros papeles sin preambulos. Pero cémo eliminar
preambulos? Hay un estadio anterior al del ensayo, o que se sittia entre el
ensayo y el memorandum, que es lo que no puede olvidarse en el
cumplimiento del deber con las citas y por eso se lo respalda con una
escritura sumaria, estricta y que comienza y termina cuando tiene
obligaci6n de hacerlo. Nos referimos a la analecta, es decir el compendio
que a su vez significa la recoleccién de las sobras de mesa. El diccionario
dice que analecta da el nombre del mozo que junta olvidos de mantel. El
triangulo ensayo, analecta, memorandum nos permite —somos profesores
argentinos- introducimnos en el sombrio dilema de las citas: si el ensayo
juega con elas, la analecta las colecciona como residuos momenténeos y
el memorandum es él mismo una cita no asumida. Con espiritu de analecta
llamamos entonces a Montaigne.
Montaigne escribié los Ensayos, a los que unié su nombre. Pero hizo
algo mas: cuando citamos algtin ensayo de los Ensayos, no tenemos c6mo.
diferenciar lo que hace del nombre que le ha puesto. A costa de una
fatidica redundancia, decimos el ensayo Diez de los Ensayos. Lo que es
se define por lo que hace, el nombre que tiene no es dilucidado sino que
es reiterado como si alguna vez hubiese sido explicado. Veamos el capitulo
diez de los Ensayos, o el ensayo diez, dicen los profesores argentinos. Se
denomina Del hablar pronto o tardio. Es una de las pequefias joyas siempre
invocadas de los Ensayos. Alli Montaigne define lo que siglos después
pudo Ilamarse escisi6n del yo, diciendo: “no me hallo a gusto cuando me
poseo y dispongo de mi mismo. Ociirreme también el no hallarme cuando
me busco y hallarme mas por encontronazo que inquiriendo en mi
entendimiento”. No es, desde luego, una definicién del ensayo sino una
disposicion hacia el ensayo, ensamblada siempre con la declaracion de
una identidad que escapa ante las posibilidades de su propia14 BoLETIN/10
autoconciencia, y que al hacerlo genera un dislocamiento entre lo que se
completa sin ser y lo que es sin dejar de abandonarse a la caprichosa
fortuna. Nada mejor que decirle ensayo a este permanente apologia de la
escritura azarosa como un “no hallarsc” o “un hallarse” solo por un golpe
sGbito del acaso.
Apenas abandonemos el ensayo anterior, encontraremos en los Ensayos
el que se titula De dos pronésticos. Montaigne actiia alli con una ritmica en
la que siempre le da la palabra a otros, voces que en un distraido
parlamento van ofertando el tema visto por miltiples angulos: los ejemplos
poco a poco van adquieriendo las caracteristicas de un didlogo atemporal.
He aqui que frente a la adivinaci6n, algunos la desprecian 0 comprueban.
su decadencia, como Cicer6én. Otros, como Platén, la conciben de tal
envergadura que se llega a pensar que los miembros de los animales
estan moldeados por los pronésticos que ellos posibilitan. Estos
parlamentarios de la antigiiedad no suelen ponerse de acuerdo. Se
acumulan las citas, a veces se envian dos epigrafes seguidos en medio
del texto, El latin en el que hablan es insistente y alegre, nada fingido. He
aqui el caso del marqués de Saluces, perdido por un ordculo, que lleva a
Montaigne a una consideracién sobre la ventaja del azar sobre la
adivinaci6n. Por su parte, nos enteramos que la duda de Cicer6n es si
habiendo dioses siempre debe haber advinaci6n.
Montaigne presenta sus animales lingiiisticos con tranquila mordacidad
y va preparando las imprescindibles conclusiones personales: “He
comprobado, con mis propios ojos, que en las confusiones generales, los
hombres asombrados de su destino, se lanzan como en toda superstici6n
a buscar en el cielo las causas y antiguas amenazas de su desgracia”. Asi
lo dice. Mas que ensayo, parece una analecta. Ha recogido la comida
sobrante. Mas que analecta, parece memordndum. Ha sentenciado, ha
escrito una orden para el espiritu, pero una orden que no obliga a nada.
Solo que su peso, pues algiin peso tiene, obliga al ensayo, ese estilo que
se la pasa calculando la carga de objetos en la escritura.
Montaigne no es Maquiavelo, pero tiene su espiritu, siempre empujando
al limite las piezas combatientes de su escrito, aplastandolas al ras del
ejemplo que encierra poderosos arquetipos secretos, ejemplos que hace
chocar como un buen 4rbitro de pasiones que solo cree en un buen
momento de tensi6n, y que cuando lo logra, de inmediato es desbaratado
y lo convierte en pura ligereza. Pues solo tenia como motivo recordarENSAYO Y MEMORANDUM 15
distantes durezas de la vida. O sino, el momento de la muerte, gloriosa
ruptura de sentido donde aparece el desnudamiento de los sentidos
disonantes o ficticios. El ensayista puede probarse ante la muerte, tema
que la filosofia del siglo veinte quizds ha cerrado para el ensayo. Heidegger
escribié un verdadero memorandum con un idioma de 6rdenes secretas
para oficinas de un submundo indescifrable. Pero Montaigne habia elegido
el tema de la muerte para mostrar que se podia ser tenue y gracil con los
fundamentos del ser.
Los profesores argentinos, en nuestros memoréndums y analectas,
usufructuamos sin saberlo lo que un profesor aleman demasiado famoso
llamé “la forma critica por excelencia”, el ensayo, pues aunque no lo
empleemos en nuestros tratos diarios es lo que nos permite seguir a la
espera de una novedad en tanto tal en la cultura compartida y trastornada.
Novedad en tanto tal que es algo parecido a la innominado que pugna
por ser, y en ese sentido también se parece a la muerte.
Es una propiedad del ensayo poder sentir cémo ciertos puntos de un
lienzo muy abarcativo admiten superposiciones a primera vista
incongruentes. Lo innombrado de la muerte sigue el camino de las citas,
que son proyectos resurrectos aplicados a tal o cual punto de la memoria,
o formas inocentes de abolici6én del tiempo. Martinez Estrada ha visto asi
reclamada su atencién por Montaigne, al que no sin tiento llama Filésofo
impremeditado. Ese es el titulo del ensayo que el hombre de San José de
la Esquina escribe en Heraldo de la verdad. No era necesario, pero los
hemos mencionado juntos. No deja de resultar extrafio esta cabriola del
tiempo, por la que un hombre del siglo XVI, establecido en la cultura
occidental sin que nada amenace sus posiciones, editado en colecciones
llamadas Grandes Obras del Pensamiento, pueda convivir en un escrito
con otro hombre del que sélo podemos hablar nosotros, los profesores
argentinos, y que s6lo a nosotros pertenece.
Una posibilidad de sentir la existencia politica del ensayo se liga
precisamente a este juego de venganzas y reparaciones abruptas, por las
cuales todo queda revuelto, ajeno a las prudencias del historiador 0 del
lector universal, que sabria qué benevolencia destinarle a un escritor
argentino que simpatico por su desvario sera alojado en criptas supletorias
cuyas gracias literarias ya estan moldeadas, cuales prestigios le tocarian a
la parte nobiliaria que le daria nombre universal al panteon. Por eso, el
ensayo es un sistema de palitos que se pisan, segiin la expresi6n popular16 Botetin/10
piso el palito, hecho nimio en el cosmos pero de inmensas repercusiones
para exponer una verdad sofocada. Alguieri dice el nombre que pudo no
decir, y asi se crea un vinculo, un simple palito que es una brizna en el
tiempo que sin embargo sale al cruce del tiempo lineal y de las jerarquias
irremisibles entre las singularidades de las sucursales del espiritu, y las
casas matrices que solo esperan ser mentadas como parte de deudas
incobrables y siempre perdonadas.
Para el profesor argentino, escuchar en los palitos quebradizos del panteon
general la onomatopeya Martinez Estrada u otras del parnaso nacional, implica
las pequefias infamias reparatorias que permite el ensayo. Montaigne debera
medir fuerzas entonces con su desafiante argentino de doble apellido pero
sin apellido en el anaquel universal del pensamiento. Sin embargo, lo que
interesa es que los dos hombres divergen en una materia que suele preocupar
al ensayo. La cuestién del destino. Montaigne escribe absorto por una gran
resignacién zumbona y risuefia. Martinez Estrada agrega un ingrediente no
enteramente destinal, pues en cada texto suyo hay admonici6n, advertencia,
profecia, lo que no es exactamente una manifestacién del destino sino un
gtavamen espiritual. La semblanza de Montaigne que hace Martinez Estrada
es sugestiva y fundamental, pues significa revisar las fuentes de lo que él
mismo hace: “scomo unir el vivir y el pensar?”. Ese es el problema segin
Martinez Estrada. Pero si se tratara de consagrar esa unin, no habria que
ignorar aquél “no me hallo a gusto cuando me poseo de Montaigne, evidencia
de ese pensar distraido, sin éxtasis. Si se promueve el reingreso de la
inteligencia en el cuerpo y de la forma en la vida, tal como dice Martinez
Estrada, no cabe duda que estamos frente a la variante alemana o centro
europea del ensayo como forma, lo que de inmediato lleva al problema del
ensayo como destino. El argentino nos hace creer que acepta un punto de
partida parecido al de Montaigne, pero es demasiado argentino, y jsustittyase
aqui la palabra argentino por la palabra ensayo! Se aproxima entonces a la
variante alemana de las alegorias animicas y al hechizo de los objetos
conculcados por la serie capitalista.
Es que si tuviéramos que designar una tradici6n alemana y otra francesa,
podemos decir que acude a ambas el ensayista argentino. Y aqui el
ensayista argentino es el que merezca ese nombre, vidas y obras que
cada uno elija, para el caso Martinez Estrada, pero su nombre es provisorio
e intercambiable. Estrada acude a las dos dinastias, a veces
simultaneamente, a veces por secuencias distanciadas, y toma de una suENSAYO Y MEMORANDUM 17
vena moral que une elegancia y recato frente a la desdicha, y de otra su
roce con el destino, designado en él como un juego de vaticinio 0
imprecaci6n en el texto. Y tampoco Martinez Estrada abandona ciertos
estilos sigilosos de adivinacién. Recordemos que Montaigne decididamente
no cree en ella. Y es de ese modo que reaparece curiosamente en Martinez
Estrada el tema del fin de la ret6rica, tema esencial que hace a la paradoja
del ensayo. El ensayo es el género que anuncia el fin de la retérica para
poder situarse ante la palabra definitiva que hard felices a los hombres,
pero sabe demasiado que para denunciar hay que escribir yo acuso, y
que en la posicién de cada una de esas dos palabras esta todo el resumen
de un curso de retérica.
Martinez Estrada a propésito de Montaigne llama a una naturalizacion
de la inteligencia, es decir, a la disolucién del concepto en la naturaleza;
llama a la ignorancia de sf mismo, lo que significa el cuerpo marcando
los limites del pensar a la mente. Parece el fin de la ret6rica que cede sus
artilugios ante el mundo natural, donde por suerte no hay que convencer
mas a nadie. ;Pero esa biisqueda de la animalidad propia no lo lleva a
construir otra forma de la ret6rica, la que consiste en “extraer piezas
auténticas de los yacimientos del yo”? Esta vez, una ret6rica del sincerismo,
del verismo natural de la vida.
Llegamos asi a la equiparaci6n entre lectura y la sensaci6n fisica de
una presencia. Tal es el tema de Martinez Estrada que aparece a veces
dicho de otro modo, por ejemplo, cuando estamos ante el libro cuya
lectura provoca miedo por haber cifrado el presente y el futuro de una
historia. Es la alegoria del demonio que vuelve de repente en la teogonia
del libro, despertado por un incauto lector. No es ésta la situaci6n en la
que piensa Montaigne, que trabaja con el aliento de la amistad del lector
y de la amistad como forma literaria, hebra selecta de una amena actualidad
que une al escritor con su publico y conjura su divino escepticismo. En
Montaigne es la amistad del lector, cuerpo disperso pero concebido como
un sentimiento colectivo de orden moral, la que ha juntado esas piezas
separadas del cuerpo y la mente. Martinez Estrada percibe eso: los Ensayos
de Montaigne, dice, equivalen a la comedia (y un poco menos a la
tragedia). Merleau-Ponty, en un recurrido articulo en Signos sobre
Montaigne, encuentra que esos insignes ensayos revelan el secreto del
ser entre lo irénico y lo grave; de paso, Merleau-Ponty define por
proximidad su propio estilo18 Botetin/10
Recordemos brevemente el ensayo De /a amistad de Montaigne. Es
propio del profesor argentino trabajar con temas afines, colindantes 0
incluso muy distantes, que pueden evocarse en comtin bastando con que
una palabrita qucde cen posicién compartida, para desencadenar
semejanzas y tejiclos comparativos. Cuando Montaigne habla de la amistad.
es porque alli surge la memoria de su amigo Etienne de La Boétie con
palabras que yo he escuchado muchas veces en los tltimos afios: “en la
amistad de la que bablo se mezclan y confiunden las vidas de uno con
otro en union tan universal, que borran la sutura que las ha unido para
no volverla a encontrar. Si me obligan a dcir por qué le queria, siento que
solo puedo expresarlo contestando: porque era él, porque era yo.” Hay
que saber, proclamaria un profesor argentino, que esta frase filtima, esta
en el marmol de la cultura francesa y que seguramente podra despertar
una emocion singular en muchismas personas, que tambien podriamos
ser nosotros. /Porque era él, porque era yo! Nos sacude esta frase.Y sigue:
“bay mas alld de mi entendimiento y de lo que pueda decir particularmente
sobre ello, no sé que fuerza inexplicable y fatal, mediadora en esta union.
Nos buscdibamos antes de babernos visto y por los relatos que oiamos el
uno del otro, que bacian mds mella en nuesiro afecto de la que
razonablemente hacen los realtos, creo que por algtin designio del cielo:
nos abrazadbamos con nuestros nombres’.
Sin embargo el muy difundido escrito de La Boétie titulado El discurso
de la servidumbre voluntaria no le satisface a Montaigne como muestra
acabada de la obra de su amigo. Este era un escrito sedicioso escrito a los
16 afios en el que se dice que el tirano solo gobierna porque encanta a
los siervos con sus emblemas lingtifsticos de poderio, y sobre todo los
deja presos de un nombre. Y el nombre que se pronuncia o se deja de
pronunciar define las fronteras entre la libertad y la servidumbre. Solo el
entero consentimiento o el retiro de éste define nuestra relacién voluntaria
con la realidad del poder. Pero esta Ultima interpretacién ya es
contempordnea a nosotros y es uno de los retornos que ha tenido este
escrito: Lamennais lo prologa en 1835 y Lefort lo replantea en los afios
setenta ya transcurridos, seguramente intentando rediscutir la situaci6n.
en la URSS, deseando mantener un socialismo sin servidumbre a través
de una reconstruida conciencia soviética que hiciera impronunciable el
nombre del déspota.
Pero en Montaigne, donde una y otra véz desembocan estas reflexiones,ENSAYO Y MEMORANDUM 19
el nombre es parte de Ja vanidad del mundo, ningtin hecho del destino
puede recaer alli, y la prueba es que “la historia ha conocido a tres
Sécrates, a cinco Platones, a ocho Aristételes, a siete Jenofones, a veinte
Demetrios, cquién impide que se Ilame mi palafrenero Pompeyo el
Grande?” Hay aqui una altaneria de las palabras, pero un ataque a la
retérica, y mejor aGn una altaneria retérica y un ataque a las palabras:
“escuchad decir metafora, metonimia, alegoria y otros nombres tales de
la gramdtica gno parece que se habla alguna forma de lenguaje raro y
peregrino? Son palabras propias del parloteo de nuestra camarera’.
En La Boétie y Montaigne estalla el dilema del nombre: en el primero,
por el ataque al tirano en relacién con los nombres, en Montaigne no
importando el nombre pues es parte de la soberbia del mundo. {Pero no
era ingenuo dejar de pronuciar un nombre para desbaratar asi un poder?
Nuevamente la retorica como una presencia que debe acallarse para dejar
libre a la naturaleza incondicionada de la amistad entre los hombres. A
elegir, 0 naturaleza o retorica. Precisamente, Montaigne dice que los
hugonotes quieren trastocar el escrito del amigo muerto para convertirlo
en un grito insurgente, cuando sin embargo era un simple ejercicio escolar,
“en tanto que es un tema vulgar y manoseado en mil lugares de los
libros”, es decir, un tema de la ret6rica. Nuestra companera, la retérica,
nuevamente, escaldada. Asi, en vez de ser La Boétie un hombre amotinado
era un hombre obediente, “tenia su espiritu cortado por un patron de
unos siglos anteriores a éstos”.
Pero La Boétie no pudo clausurar las lecturas de otros siglos que lo
verin como tiranicida, autor de un texto que no pertenece a nignin
tiempo y lugar y llama a la emancipaci6n poética de los individuos. Esta
veta de atemporalidad en la insumisi6n de un escrito se arrastra asi por
los tiempos dando la impresion de que el ensayo corresponde al
temperamento de esta disyuntiva: o un escrito es lo que se interpreta de
4 en un acto libre y atemporal, no importando si traduce una época
revolucionaria o de abatimiento pesimista, 0 es un ejercicio de estilo que
se cierra como curiosidad retérica en su puro ejercicio escolastico. Esta
es la espina clavada en el corazon de la litertaura que solo el ensayo
puede incrustar y solo él puede sacar. Sainte Beuve, que tampoco deja
escapar un comentario a La Boétie, también cree que aquel texto
adolescente es una declamaci6n clasica, un segundo afio de retérica,
tragedia de colegio, obra declamatoria greco romana, 0 sino espartana y20 sotetin/10
solo justificable por la tierna pubescencia de alguien con la cabeza Ilena
de Plutarco y Tito Livio. Tal lo que puede leerse en algunas de las Causeries
du lundi.
Estas causeries estan hechas de juicios personales que sostienen el
dictamen literario, y es lo que a su vez lleva a Proust en su Contra
Sainte-Beuve a lamentar que pueda concluirse que alguien por el hecho
de ser amigo de tal o cual, por ejemplo, de Stendhal, pueda juzgarlo
mejor y no peor. “Si todas las obras del siglo XIX fuesen quemadas excepto
las Causeries du Lund y si por ellas se deberia entener lo que ocurri6,
Stendhal seria inferior al mas inadvertido, porque Sainte Beuve no distingue
entre ocupaci6n literaria y conversaci6n”. Asi dice Proust. Y el resultado
de la conversacion es el periodismo que seria la amistad entre
contemporineos que nuca podria juzgar la actualidad, pues para ello es
preciso distancia y no amistad. La propia satisfaccion de Sainte Beuve lo
pinta de este modo Proust- que cada lunes abria el periddico EI
Constitucional para regodearse él mismo de su ingenio y pensar en cudntas
residencias se lo estaria festejando en ese mismo momento. Todo ello
revelaba que el juicio de la literatura es mascara de vanidad. Pero
precisamente por eso las Causeries son una forma que amenaza al ensayo,
lo arrojan como masa desabrida sobre el periodismo. Pero en su forma
robusta las causeries se llaman aguafuerte, en su forma vicaria tienen un
nombre puesto por algtin periodista argentino, como pirulo, pildora,
reseria, en su forma biografica se llaman retratos, en su forma de satira
politica se Ilaman manual de zonceras, y por este camino también
encontramos la detenci6n del movimiento en la forma memorandum.
Tenemos nuestros causeurs, lo sabemos. Ayer Alberto Giordano ment6
a Bianco. También Mansilla toma la dadiva de Sainte-Beuve, sin querer
tomar ni en comodato las consecuencias terribles que surgen del ataque
de Proust al método que asocia el juicio a la conversacién, Martinez
Estrada en cambio se debate entre la forma destinal del ensayo aleman y
la fusi6n entre escritura y vida que imagina poder extraer de Montaigne.
El problema lo habia planteado Lukacs en 1911, aunque Martinez Estrada
no leia a Luckacs, sino a su maestro Simmel. Para Lukacs, todo el ser del
escribir pone el mundo en estado de simbolo y le dona una relacion de
destino. Y el problema del destino determina siempre el problema de la
forma. No podriamos decir que en este entusiasta y joven Lukacs (jtan
parecido al joven La Boétie, dice sin ruborizarse el profesor argentino?)ENSAYO Y MEMORANDUM 21
quede siempre clara esta triada de forma, ensayo y destino, cuyos
procedimientos son diferentes porque el destino selecciona cosas, las
formas delimitan una materia que de no ser por ellas se diluiria, y el
ensayo recibe de ambos su fuerza. A veces forma cs destino, y siempre cl
ensayo es destino o forma, quizds ambas al mismo tiempo.
Con esto, LukAcs define las tareas del critico y la naturaleza de la obra.
“El critico —dice- es el que ve el elemento del destino en las formas,
aquél cuya viviencia mAs intensa es el contenido animico que las formas
contienen indirecta e inconscientemente”. Demasiadas facilidades para
pasar del pensamiento a Ia vida. O de las formas al contenido animico.
Pero no era ése el problema que Martinez Estrada le adjudica a Montaigne?
Somos profesores argentinos, ya lo he dicho; por lo tanto, el domicilio de
la pronunciacién de nombres como el de Montaigne o La Boétie no nos
pertenece y se nota el modo disonante 0 grosero con que pasan a nuestro
castellano. Pero solemos descuidar la fuerza retorica del ensayo que para
nosotros se mantiene como un medallén de consuelo. Por qué? Porque
es lo que nos permite que la cruel distancia con nuestros héroes piiblicos
© secretos sea vadeada incluso a favor nuestro, no con una recepcion
que se precie de escuchar o traducir mal, sino con un llamado a poner
nuestras obras en distintas situaciones criticas respecto a la galeria de
Grandes Obras Universales
Frente a esto una dulce tactica es la de omitir nuestras obras, me refiero
alas del linaje literario y critico argentino, cuando se invocan las de alcance
universal, para no producir su inmediato desfallecimiento. Our es la de
colocarlas en un pie de igualdad con todas las obras generales del
sentimiento de época. Y otra es elevarlas por encima de las obras universales,
en un esfuerzo autonomista cuyo asidero real chocaria contra el subyugado
caudal de citas de la cultura nacional que evidencia nuestra realidad
verdadera, que solo desaparece si apartamos para siempre los vocablos
nuestra, nuestro o nosotros. Pero ante estas tres deficientes posibilidades,
el ensayo nos ofrece el autonomismo de la displicencia. Somos profesores
argentinos que después del fracaso del programa que invitaba a tomar
tado el niversa sin cortapisas desde in determinada punta aleph, debemas
ahora forjar otro programa de emergencia y salvacién de nuestros peculios
literarios.
Citamos a Adorno, pues en este escrito ya ha llegado la hora de la
forma y no tanto del destino. Su articulo “El ensayo como forma” debe22 Botetin/10
ser lo mas alto que se ha escrito sobre el tema en el siglo veinte y esta en
la cota de lo mas vibrante de su obra. Alli Lukacs es regafiado por querer
convertir el ensayo en una poiesis o en una teoria. Y a Proust lo vemos
alli actuando bajo el impulso del espiritu cientifico pero para acentuar un
acto rememorativo de indole superior al del mundo experimental o
productivo. Sin embargo, el clima de redencién que tiene el ensayo de
Adorno no nos deja olvidar los nombres de los que él mismo depende,
que aqui no es necesario decir. Esta percepci6n es la del profesor argentino,
que ve en ese drama de presencias ausentes el propio drama de una
cultura nacional que no puede depender de la forma ensayo para salvarse
pero que sin la forma ensayo pierde su prognosis politica y la memoria
vital de su propio recorrido.
Es que el ensayo -segiin el ensayo sobre el ensayo de Adorno- hurga
precisamente en esa vacilacion entre la naturaleza y la cultura, entre la
ciencia y el arte, pues tomado por esa tensién descubre que el pensamiento
no puede ser homdlogo a las cosas, que su forma esté destinada a
interrumpirse y proceder a los saltos, trabajando sobre su propia conciencia
de no-identidad con lo que él mismo va rastreando en los objetos.
Mediador entre retérica y el lenguaje fisico del objeto, frente a la palabra
cientifica, el ensayo preserva los restos comunicativos del antiguo llamado
ala ret6rica. Y su forma est4 destinada a tratar ese Gnico tema. La actualidad
del ensayo es la de lo anacr6nico. Con esta formula adorniana que, horror,
repetimos de manera amorfa, se querria revelar que la autoconciencia
del ensayo surge en momentos inciertos, para recordar lo que el ensayo
no resuelve: 0 es un género superpuesto a todos los dem4s, o comparte
un modesto sitio enumerativo de limites asegurados, de modo que alguien.
podria una vez escribir un ensayo, luego una crénica, luego un informe
cientifico.
Pero seria mejor llamar ensayo a lo que se hace siempre al escribi
referido al gesto fatal de escritura, al modo de ponerla en formas o impedir
que Ia forma se torne un homélogo simulado del objeto que habla. Las
formas del ensayo que se van cayendo y desprendiendo de su engarce
con la ret6rica invisible del mundo, se van tornando ret6rica avistable,
fijada en cartabones que no son un régimen de metaforas o de
interprelaciones, sino de disposicién de lo escrito en actos de habla,
haciendo lo que suele llamarse cosas con palabras. Y aqui es el
memorandum lo que le espera al ensayo cuando agota su ret6rica sinENSAYO Y MEMORANDUM 23
reencontrar la forma viva de las practicas. El sosiego del memorandum es
congelar una misa de palabras que se disponen en casilleros que persignan
la memoria. No hay que afligirse por ello, pues toda forma final que vive
comprimida, es testigo de un pasado que sin ella no podria seguir errando
en libertad. Es la lejana memoria aut6noma que vive en el orden circular
del memorandum. Escrito para decir solamente lo que se quiere decir,
desoladoramente igual a si mismo, inscripto en un tiempo fijo y un espacio
finito, el memorandum puede ser visto como el establecimiento retérico
de una circel que puede ser relevante al recordarnos el origen del
pensamiento, entre grilletes y voces de mando.
Por eso, sin la experiencia real de esa largas carceles no existe el
ensayo. Por lo menos si lo queremos entender como un llamado urgente
para muchos de nosotros, en el reaprendizaje y recomienzo de un habla.
No en vano gracias a la experiencia penal se han escrito libros como
cuadernos o memorias de la circel 0 peliculas como un condenado a
muerte se escapa.
Hay mucho que rescatar en los brebajes de la cultura argentina, en la
que también actéa la cultura de los profesores, 1o que ellos escriben, lo
que ellos piensan, lo que ellos hablan. El ensayo a nada obliga y contra
nadie se dispone, pero esta siempre en el lugar donde hay que recordar
algo que puede repararse gracias a sus oficios. Porque su oficio es el de
admitir una resta en lo que afirma con denuedo, y por eso enoja a quien
lo cree decidido en su arbitrio y a quien lo ve demasiado fragil en sus
atirmaciones. Pero su fuerza es la que vive en su tacultad de convocar,
hasta por memorandum, los nombres mas diversos y tomarles con alegria
sus dichos, mientras de tanto en tanto, disimulando ser un descendiente,
un supérstite o un adulador, el ensayo produce una obra plena y sin
débitos, amiga igualitaria de todas las que antes habia saludado temeroso.
AGn en medio de esta crisis profunda del pais argentino, debemos trabajar
para ese honroso momento. Sea lo que sea el ensayo, la indecisi6n sobre
su destino es uno de sus temas favoritos. Es el estadio de un entrenamiento
con el cual se fabrican las palabras que perduran en la vida. Y no hay
que resignarse a que los profesores argentinos creamos que no vamos a
ser nosotros quienes las escribamos, porque atin en la galerna puede ser
que algo digno nos espere.
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