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C O N OC IMI EN TO S F U ND AME N TALE S

CIENCIAS SOCIALES
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3

AUTORES
SOCIOLOGÍA

Mónica Guitián Galán


Licenciada y maestra en sociología, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM | Doctora en
ciencias políticas con orientación en sociología, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM |
Profesora de carrera titular A, tiempo completo definitivo, en el Centro de Estudios Teóricos y
Multidisciplinarios en Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM |
Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel 1.

Adriana Murguía Lores


Licenciada y maestra en sociología, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM | Doctora en
filosofía de la ciencia, UNAM | Profesora titular en el Centro de Estudios Sociológicos, Facultad de
Ciencias Políticas y Sociales, UNAM | Profesora en el posgrado en Filosofía de la Ciencia, Instituto de
Investigaciones Filosóficas, UNAM.

ANTROPOLOGÍA

Hugo Martín Flores Hernández


Licenciado en ciencias políticas y administración pública, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales,
UNAM | Maestro en administración pública, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, UNAM |
Profesor de carrera de tiempo completo en la ENP Plantel núm. 4, “Vidal Castañeda y Nájera”,
UNAM.

Edel Ojeda Jiménez


Licenciado en antropología social, Escuela Nacional de Antropología e Historia | Posgrado en historia
social por la Sorbonne de Paris (París I) y la Universidad de Vincennes-Saint Denis (París VIII) |
Doctor en ciencia política con especialización en historia social por la Universidad de Vincennes-Saint
Denis | Profesor de carrera titular B en antropología en el CCH-Sur, UNAM.

Sergio Ricco Monge


Licenciado en etnología, Escuela Nacional de Antropología e Historia | Maestro en estudios
latinoamericanos, Facultad de Filosofía y Letras, UNAM | Profesor de tiempo completo en la
Universidad Pedagógica Nacional.

CIENCIA POLÍTICA

Jorge González Rodarte


Licenciado, maestro y candidato a doctor en ciencia política por la Facultad de Ciencias Políticas y
Sociales, UNAM | Doctor en historia por la uam-i | Profesor en el Colegio de Ciencias y
Humanidades, UNAM.
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DERECHO

Sara Arellano Palafox


Licenciada en derecho, Facultad de Derecho, UNAM | Secretaria Académica de la Facultad de
Derecho, UNAM | Académica de la Facultad de Derecho de la UNAM desde 1983 | Profesora Titular
B, tiempo completo definitivo, en el Área de Derecho Civil.

Alma de los Ángeles Ríos Ruiz


Doctora en derecho, Facultad de Derecho, UNAM | Jefa de la División de Universidad Abierta y
Educación a Distancia en la Facultad de Derecho, UNAM | Miembro del Sistema Nacional de
Investigadores, nivel 1, por sus aportaciones académicas en materias como Derecho Internacional,
Teoría del Comercio Internacional, Régimen Jurídico de Comercio Exterior, Derecho de la Integración
Económica, entre otras.

ECONOMÍA

José Francisco Reyes Durán


Maestro y doctor en economía, Facultad de Economía, UNAM | Secretario de Planeación de la
Facultad de Economía, UNAM | Profesor del posgrado y la licenciatura en la Facultad de Economía,
UNAM.

ADMINISTRACIÓN

Luis Alfredo Valdés Hernández


Doctor en administración, Facultad de Contaduría y Administración, UNAM | Profesor investigador
titular de la División de Investigación en Contaduría, Administración e Informática, Facultad de
Contaduría y Administración, UNAM.

María Araceli Mejía Barrón


Doctor en administración, Facultad de Contaduría y Administración, UNAM | Profesor investigador
titular de la División de Investigación en Contaduría, Administración e Informática, Facultad de
Contaduría y Administración, UNAM.

Carlos Eduardo Puga Murguía


Doctor en administración, Facultad de Contaduría y Administración, UNAM | Profesor investigador
titular de la División de Investigación en Contaduría, Administración e Informática, Facultad de
Contaduría y Administración, UNAM.
5

INTRODUCCIÓN

LOS AUTORES

La presente obra es el trabajo colectivo e interdisciplinario de un grupo de académicos universitarios


especialistas en las diferentes áreas de las ciencias sociales y con una amplia experiencia en la docencia
e investigación de sus respectivos temas. Todos ellos se integraron en lo que representa una gran
oportunidad para difundir la complejidad del conjunto de disciplinas que conforman a las ciencias
sociales.
Esta complejidad supuso un gran reto para la integración de la obra, pues en tanto que cada
disciplina aplica un método distinto para abordar las interrelaciones del hombre en y con la sociedad,
objeto de estudio de las ciencias sociales, pronto los diversos enfoques se hicieron presentes
enriqueciendo la totalidad de la obra. Por tanto, llegar a un consenso con tan diversos autores no fue
tarea fácil, ya que sus variados enfoques dificultaban la integración del conocimiento en un todo
homogéneo; sin embargo, con verdadero espíritu universitario se llegaron a establecer acuerdos para
mostrar lo específico de cada disciplina, lo cual se refleja en la obra que ahora presentamos.
El conjunto del libro tiene como objetivo central ofrecer un panorama general de las ciencias
sociales, así como poner de manifiesto el impacto que éstas tienen en la vida cotidiana de nuestro país.
Fue elaborado y estructurado como apoyo para el interesado en el estudio de algunas de las disciplinas
que constituyen el conjunto de las ciencias sociales: sociología, antropología, ciencia política, derecho,
economía y administración; y está divido en capítulos que se corresponden con las disciplinas antes
mencionadas.
Comenzamos con el capítulo dedicado a la sociología, en donde las doctoras Mónica Guitián Galán
y Adriana Murguía Lores estudian la conformación de dicha disciplina como ciencia de la modernidad
a partir del siglo XIX, con el establecimiento de dos grandes tradiciones del conocimiento sociológico:
la escuela francesa y la escuela alemana, hasta llegar al desarrollo de la sociología en el siglo XX, en
donde analizan los conceptos de sociedad del conocimiento y sociedad del riesgo.
En el segundo capítulo, la antropología se define como una ciencia que busca estudiar al ser
humano de una manera integral, lo cual precisa que el antropólogo combine los enfoques de las ciencias
naturales, sociales y humanas para conformar así la perspectiva humanística de la antropología. Los
autores —maestro Hugo Martín Flores Hernández, doctor Edel Ojeda Jiménez y maestro Sergio Ricco
Monge— explican el sujeto y los métodos utilizados por la antropología, y analizan el aspecto cultural
de dicha disciplina profundizando en los conceptos de diversidad humana, cuerpo, familia, cultura y
multiculturalismo.
En el tercer capítulo, destinado a la ciencia política, el doctor Jorge González Rodarte trabaja los
conceptos de sistema político, dominación legítima, Estado-nación, ciudadanía y sociedad civil.
Asimismo, analiza la función que realizan los partidos políticos y las corporaciones sociales, así como
el lugar que en todo ello ocupan los viejos y nuevos actores del escenario global de las naciones.
Las autoras del cuarto capítulo —licenciada Sara Arellano Palafox y doctora Alma de los Ángeles
Ríos Ruiz— abordan el derecho a partir de dos temas centrales. El primero corresponde al derecho
penal, en donde se analizan asuntos en torno a los juicios orales, la pederastia, el tráfico de órganos, el
secuestro, el terrorismo y el robo de identidad. El segundo tema parte del derecho civil, que incluye el
problema de la clonación, la ley de convivencia, el divorcio incausado, la adopción, el reconocimiento
de paternidad, el cambio de sexo, la propiedad intelectual y la maternidad subrogada.
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En el capítulo quinto, dedicado a la economía, el doctor José Francisco Reyes Durán explica los
conceptos básicos que utiliza la disciplina, para después analizar la diferencia entre crecimiento y
desarrollo económico. Finaliza con un análisis de la crisis económica que se vivió en México en el
periodo que va de 1994 a 1995, y una explicación de la crisis bancaria y financiera de 2007.
Finalmente, la maestra María Araceli Mejía Barrón, el doctor Carlos Eduardo Puga Murguía y el
doctor Luis Alfredo Valdés Hernández comentan, en el capítulo sobre administración, el concepto de la
empresa como sistema, explican en qué consiste el proceso administrativo, las áreas funcionales, la
planeación estratégica y su relación con la administración; asimismo, analizan la óptica de la
administración como ciencia social y cuáles serán las tendencias futuras de esta disciplina.
La constitución y desarrollo de las ciencias sociales son temas que requieren de muchas páginas para
ser tratados a cabalidad. La aportación de esta obra es —a manera de introducción y sin perder por ello
la rigurosidad— sintetizar el conocimiento necesario para comprender algunas de las disciplinas que
integran el conjunto de las miradas de la vida en sociedad. Por medio de las diversas perspectivas de los
especialistas y con un formato ágil se lleva al lector a colocarse frente a las distintas disciplinas e
introducirse en ellas. Como apoyo al contenido teórico de esta obra se incluye un dvd con material
audiovisual que apoya el interés de los lectores y les ayuda a entender su propio lugar como integrantes
de una sociedad.
Vale la pena mencionar la importancia que tiene el trabajo multidisciplinario en la realización de
este libro, y se agradece la oportunidad que la Secretaría de Desarrollo Institucional de la Universidad
Nacional Autónoma de México ha proporcionado al permitir realizar tan importante proyecto de
difusión de las ciencias sociales.

TEMA 1. LA SOCIOLOGÍA: CIENCIA DE LA MODERNIDAD

1
L'inhumaine, de Georges Djo Bourgeois, cártel de la película de Marcel L'Herbier, 1924.
La reflexión sobre las relaciones sociales en Occidente cuenta con una larga historia que se remonta
más allá del pensamiento de los grandes filósofos griegos. Sin embargo, no todo pensamiento social
forma parte de las ciencias sociales. Éstas, al igual que las ciencias naturales, son producto de un periodo
y unas circunstancias históricas específicas: la modernidad. El pensamiento riguroso y sistemático no
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es exclusivo de la ciencia ni se originó en la modernidad. Lo podemos encontrar en civilizaciones,


lugares y momentos históricos muy diversos, pero sería un error afirmar que dichos sistemas de
pensamiento son científicos o proto-científicos. La ciencia constituye una forma de producir
conocimiento que emergió y se institucionalizó durante la temprana modernidad europea. Por lo tanto,
es un producto de las condiciones históricas y culturales de dicha configuración social, aunque, como
muchas de las instituciones modernas, hoy se ha expandido a prácticamente todas las regiones del
mundo.
La llamada revolución científica que dio lugar al surgimiento de la ciencia moderna se produjo
entre los siglos XVI y XVII en Inglaterra y Francia, principalmente. Dicha revolución sustituyó la
contemplación pasiva de la realidad como forma privilegiada de producción del conocimiento por una
forma activa, en la que la observación sistemática, la experiencia, la constante puesta a prueba y la
corrección de las ideas constituyen el núcleo de la investigación. Los resultados de ésta, además, se han
aplicado desde entonces a la transformación del mundo natural, lo que ha producido cambios de una
velocidad y profundidad nunca antes experimentados por la humanidad.
La institucionalización de la ciencia se inició paralelamente a la revolución científica y constituye
un proceso igualmente importante, porque permitió la creación y el mantenimiento de instituciones
dedicadas exclusivamente a la investigación, así como la aparición del científico profesional, que ocupa
desde entonces un lugar muy influyente en las sociedades modernas. Para comprender el lugar central
que ha tenido la ciencia en dichas sociedades resulta importante considerar los cambios en las formas
de pensar, el surgimiento de nuevas instituciones sociales, así como las consecuencias que ha tenido la
aplicación del conocimiento científico en la vida de los individuos y en las sociedades modernas.
El nacimiento de las ciencias sociales se produjo durante el siglo XIX, con la intención de sus
precursores de reproducir en el ámbito de las relaciones humanas los logros de las ciencias naturales,
particularmente de la física, cuyos avances la convirtieron en el modelo para todo pensamiento
científico. En consecuencia, la consolidación del método científico, cuyo objetivo se definió como el
descubrimiento de leyes universales por medio de la observación sistemática y la experimentación, tuvo
una amplia influencia en el pensamiento que propuso convertirse en ciencia de lo social.
Sin embargo, las diferencias entre las ciencias naturales y las sociales se evidenciaron muy pronto.
Éstas se fundamentan en el hecho de que, en el caso de las ciencias de la sociedad, los seres humanos
son, a un tiempo, tanto los sujetos que llevan a cabo la investigación, como el objeto de estudio, mientras
que el objeto de las ciencias naturales lo constituye una realidad distinta. Esta diferencia se encuentra
en la base de la diversidad teórica y metodológica de las ciencias sociales, cuyos fines y prácticas se han
desarrollado de manera distintiva.
A pesar de que el objeto de las ciencias sociales en su conjunto es la vida de los seres humanos en
sociedad, cada una de estas ciencias ha desarrollado preguntas específicas que han dado lugar al
desarrollo de tradiciones de conocimiento diferenciadas. Por esta razón, incluso cuando la historia, la
antropología y la sociología se ocupan de la sociedad en su conjunto, sus esfuerzos han estado
tradicionalmente dirigidos por preguntas diferentes.
La historia moderna, por ejemplo, ha desarrollado teorías, métodos e investigaciones con una
preocupación central por la reconstrucción del pasado, y ésta ha dado lugar al desarrollo de la
historiografía, que es la reflexión sobre cómo llevar a cabo científicamente dicha reconstrucción. De
manera que, aunque la historia como narración de hechos pasados se ha producido tanto de forma oral
como escrita en civilizaciones y sociedades muy añejas y diversas, la historia como ciencia se produce
atendiendo a los principios establecidos por la historiografía moderna.
Por otro lado, en el centro de las preocupaciones que han impulsado el desarrollo de la antropología
se encuentra el problema de las diferencias entre los seres humanos. Diferencias que incluyen las
anatómicas, de las que se encarga la antropología física, y las diferencias socioculturales, que dan lugar
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a comportamientos e instituciones de una variabilidad inmensa, de las que se ocupa la rama de la


antropología cultural o etnología.
En Occidente encontramos antecedentes muy remotos de la preocupación por la diversidad de la
especie humana. Por ejemplo, la descripción que hace Herodoto de las costumbres de los pueblos que
llama bárbaros al compararlos con la cultura griega; o los relatos de viajeros tan célebres como el italiano
Marco Polo, quien describió, desde el punto de vista del hombre europeo medieval, las sociedades
orientales que exploró. Más tarde, la llegada a América constituyó un proceso histórico que produjo una
amplia reflexión sobre la diversidad cultural y social, así como el inicio de los procesos de colonización
europea moderna, que se extendieron hasta finales del siglo XIX, y se ligaron a la institucionalización
de la antropología. De los ejemplos anteriores se puede afirmar que, si bien los relatos y descripciones
sobre las diferencias entre los seres humanos y sus culturas no son un producto exclusivo de la
modernidad, la antropología, como ciencia empírica, sí lo es.
Por su parte, la sociología no se ocupa prioritariamente del pasado ni de la diversidad de la especie
humana. Su preocupación central se ha dirigido, desde su nacimiento a mediados del siglo XIX en
Francia y Alemania, a las relaciones sociales y las instituciones a las que ha dado lugar la modernidad.
Es en ese sentido en el que podemos afirmar que la sociología es la ciencia de la modernidad. No porque
sea la única disciplina que se ha ocupado de ella, sino porque es, de entre las diversas ciencias sociales,
la que se ha abocado a la comprensión de las relaciones e instituciones sociales modernas en su conjunto,
así como a la vinculación de las actividades de los individuos con dichas instituciones.
La economía, por ejemplo, a pesar de que su objeto de estudio evidentemente forma parte de las
relaciones e instituciones sociales, se encarga de analizar el conjunto de estas relaciones vinculadas con
una serie de problemas específicos: los que surgen de los procesos de producción, distribución y
consumo de bienes y servicios para la satisfacción de las necesidades humanas. La ciencia política, en
cambio, se ocupa de problemas relacionados con el ejercicio legítimo del poder, la administración y el
bien público, por tanto, su interés se dirige al Estado y a los individuos en su calidad de ciudadanos.
La sociología, por su parte, en sus análisis y diagnósticos sobre la modernidad no privilegia la
dimensión económica, política o cultural, sino que establece vínculos entre las instituciones económicas,
políticas y los procesos culturales al producir teorías e investigaciones empíricas sobre las sociedades
modernas. Por tanto, la sociología reconoce que para la comprensión de la dinámica de dichas
sociedades resulta igualmente importante considerar tanto la economía capitalista y la producción
industrial, como a los estados nacionales y los vínculos entre ellos, así como también los cambios en
las relaciones sociales interpersonales producidos por la evolución de los medios de comunicación y
la urbanización, por mencionar algunos de los aspectos más importantes. De ahí que, en palabras del
sociólogo inglés Anthony Giddens, la sociología reconozca que la modernidad es multidimensional en
el plano de las instituciones.
La sociología, además, no se limita al análisis de las grandes estructuras e instituciones sociales.
De igual importancia resulta para la disciplina la comprensión de la acción de los individuos y su
relación con dichas estructuras e instituciones. Al investigar la acción, la sociología parte del principio
de que las causas del comportamiento radican no sólo en las capacidades e intereses individuales, sino
que a éstos se añade algún tipo de causa social de la que los actores pueden no tener conocimiento o
control, y que es tarea de la disciplina explicar este hecho. En ese sentido, la sociología se aleja de la
concepción forjada por la filosofía social de la Ilustración durante el siglo XVIII, que construyó una
imagen de los individuos modernos en la que su autonomía, razón y libre voluntad debían constituir las
únicas fuentes de su conducta, rechazando las diferentes formas de autoridad social.
Desde sus orígenes, la sociología ha ido contra esta concepción al subrayar la dependencia que
tienen los individuos de los otros con quienes comparten los contextos sociales en los que se
desenvuelven; resalta también el hecho de que las normas, relaciones e instituciones sociales pueden ser
fuente tanto de constreñimiento como de habilitación para las decisiones y acciones individuales. No se
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trata de que la disciplina niegue la importancia de las capacidades de los individuos, sino que resalta el
hecho de que la racionalidad, las acciones y los planes de las personas tienen relación constante con
los diversos contextos sociales en los que los individuos viven cotidianamente, los cuales pueden
imponer límites o facilitar el ejercicio de las capacidades y metas de la gente.
Por esta razón, constituyen temas de interés sociológico, en primer lugar, la socialización, es decir,
los procesos mediante los cuales los individuos pertenecientes a una sociedad aprenden e interiorizan
un repertorio de normas, valores y formas de percibir la realidad, que los dotan de las capacidades
necesarias para desempeñarse satisfactoriamente en la interacción social; luego, el funcionamiento de
los roles y su relación con las instituciones; también la estratificación, las clases sociales y la división
del trabajo. Todos estos temas se ocupan, a pesar de su diversidad, de la relación entre los individuos y
la sociedad. Además, los sociólogos comparten la convicción de que esta relación individuo-sociedad
se produce de maneras muy diferentes dentro de las sociedades modernas en comparación con las
sociedades tradicionales.
En estas últimas, la mayoría de los roles y relaciones sociales eran muy estables, generalmente no
cambiaban durante el curso de la vida de los individuos; se producían en los mismos espacios y con
personas con las que regularmente se compartía algún grado de familiaridad. Durante la modernidad
esta estabilidad y familiaridad se va transformando. La urbanización, el crecimiento demográfico, la
división del trabajo, el surgimiento de los medios de comunicación, son procesos que han dado lugar a
la aparición de una amplia diversidad de relaciones sociales, cuya complejidad también se acrecienta.
Así, actualmente un individuo que vive en una sociedad moderna sostiene, en un solo día, relaciones
sociales muy diversas, que van desde encuentros que pueden no volver a repetirse —como la
momentánea relación que se establece con el empleado de un establecimiento comercial—, hasta las
relaciones más estables con compañeros de trabajo y familiares, o las relaciones con instituciones tan
complejas y despersonalizadas como un banco o el gobierno. Ante la diversidad de estas realidades
modernas se plantea la interrogante acerca de la forma en que se mantiene la integración social.
Los miembros de las sociedades modernas se enfrentan al problema de cómo vivir juntos siendo
diferentes, lo que indica que los procesos de diferenciación social no sólo constituyen un referente
definitorio del mundo contemporáneo, sino una preocupación académica y práctica que se expresa en
debates teóricos y pugnas políticas. Si bien en las sociedades premodernas encontramos una
diferenciación de la sociedad en diversos estamentos, solamente con el advenimiento de la modernidad
este tema se convierte en una pregunta central para la sociología, lo que la distingue de otras ciencias
sociales.
Las sociedades occidentales modernas son complejas y heterogéneas en la medida en que se
componen de grupos diferentes, cada vez más numerosos y jerarquizados. Para decirlo de otra forma: la
sociedad se desarrolla en distintos ámbitos funcionales, en diferentes órdenes de vida como la economía,
la política, la ciencia, la religión o el derecho. Cada uno configura un modo específico y propio de
solucionar problemas, en donde los individuos se relacionan de maneras muy diversas. Pensemos tan
sólo en las incontables actividades que son indispensables para hacer llevadera nuestra vida cotidiana y
los diversos roles que se requieren para que dichas actividades se realicen: transacciones comerciales,
trámites burocráticos y legales, educación, producción de bienes y servicios, participación política y en
asociaciones civiles y voluntarias, entre muchas otras.
Hay que considerar, además, que en las sociedades actuales las personas aumentan su sentido de
individualidad. Esto quiere decir que, a pesar de que los individuos evidentemente han existido siempre,
sólo en la modernidad éstos reclaman su singularidad: los miembros de las sociedades modernas
consideran firmemente que cada quien es libre de creer, elegir y actuar según sus preferencias y valores.
Sin embargo, esto no significa que los individuos dejen de necesitar de los demás para llevar a cabo sus
planes y objetivos. Para decirlo de otra forma, el individuo se diferencia de la sociedad, se hace
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consciente de sus posibilidades, pero al mismo tiempo requiere encontrar los elementos que le permitan
integrarse a la sociedad.
Los procesos de diferenciación social que se traducen en la diversificación de grupos, papeles y
normas que privilegian diferentes metas y valores, plantean el problema de la construcción de
significados culturales o principios funcionales que permitan la integración de la sociedad. El
conocimiento, las creencias, las expectativas y normas compartidos permiten a los individuos actuar en
el mundo limitando desde el principio la distancia infinita de las elecciones a las cuales se someterían
si no compartieran estos referentes sociales.
¿Qué es lo nuevo en la experiencia de la diferenciación funcional y la complejización de la sociedad
moderna actual? Esta cuestión ha sido ampliamente trabajada por la sociología del siglo XX y lo que va
del XXI desde distintas perspectivas, como las de los sociólogos alemanes Niklas Luhmann y Ulrich
Beck, así como la que encontramos en la obra del sociólogo polaco Zygmunt Bauman. Todos ellos
hacen hincapié en que una de las características de las sociedades en la modernidad tardía es su extrema
complejización. La complejidad se ha incrementado y la diferenciación ha sufrido recomposiciones, los
significados culturales ahora son múltiples, por lo que la sociedad moderna tardía se caracteriza por el
pluralismo social y de valores que causan una tensión que nunca se resuelve de forma definitiva.
En la actualidad, los temas de la diferenciación e integración sociales reconocen muchas facetas y
se encuentran ligados a problemas tan distintos como pueden serlo el multiculturalismo, referido a la
convivencia de identidades culturales diferentes; las reivindicaciones étnicas, regionales, religiosas, de
preferencias sexuales, entre muchas otras. Todos ellos conllevan sus propios marcos de referencia y
expectativas, y las reivindicaciones a las que dan lugar se traducen en el discurso de los derechos.
Paralelamente, la interdependencia generada por la división del trabajo se ha extendido de los
ámbitos locales y nacionales a los inter y transnacionales. La diferenciación ha sufrido modificaciones
de tal grado, que hoy hablamos de diferenciación dentro de la diferenciación, cuyo ejemplo más notorio
se encuentra en las migraciones, acompañadas siempre de la experiencia de la alteridad, del otro que ya
no se encuentra en una cultura ajena —como lo analizó la antropología en sus inicios—, sino dentro de
una misma sociedad, en cuyo seno habitan hoy esos "otros" que piensan, creen y actúan de maneras
muy distintas. Este proceso se expresa en los cambios de la conciencia individual y de las
representaciones colectivas, en la toma de decisiones que se corresponden con una creciente pluralidad
de marcos normativos y consecuentemente, con la pérdida de referentes compartidos por todos los
miembros de la sociedad. Estos procesos derivan en muchas ocasiones en lo que los sociólogos
denominan anomia, que se refiere a la alteración de los acuerdos preestablecidos, y a la diferencia que
se produce entre los deseos individuales y las posibilidades sociales vinculadas a cada posición social.
En muchas ocasiones esto produce desorientación en los individuos, pues no tienen certeza sobre lo que
es posible y lo que no lo es; lo que es justo y lo que es injusto; lo que pueden lograr y cómo hacerlo de
manera que sea aceptable para la sociedad. En consecuencia, se encuentran constantemente sujetos al
riesgo de no tener claro el futuro, a la frustración de sus expectativas, al malestar cultural y personal, e
incluso a la pérdida del sentido de la vida.
Esta realidad no es ajena a las sociedades latinoamericanas, en general, y a la mexicana en
particular. En ellas también se presentan procesos de diferenciación y complejidad crecientes y, por lo
tanto, se produce un orden en el que coexisten muchos centros de referencia. La centralidad del Estado
se ha desdibujado, y las instituciones que antes daban certidumbre están abandonando su lugar
preponderante en la vida de los individuos. Los valores comunes se debilitan, situando a las personas
en un espacio y tiempo sociales en los que la certidumbre es precaria. La diferenciación social y el
pluralismo de los valores causan una tensión constante entre la sociedad y sus miembros. Se hacen
presentes la desorganización social y la desnormalización de los roles, y los individuos buscan las reglas
para guiar su conducta en diferentes ámbitos.
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Un ejemplo muy claro de estos procesos lo encontramos en los roles de género. En las sociedades
tradicionales, y también en la modernidad temprana, los papeles, derechos, obligaciones y expectativas
de los hombres y las mujeres eran claros, estables y diferentes. Hoy en día esto no es así. Tanto unos
como otras reclaman su derecho a cambiar de roles, a llevar a cabo tareas que eran consideradas
exclusivas de su contraparte, a comportarse como lo dictan sus preferencias y valores,
independientemente de su sexo. Esto ha provocado profundos cambios en los ámbitos de la familia y
las relaciones de pareja, la educación y la ciencia, el trabajo y la política. Todos estos procesos son
producto de la diferenciación social, y un problema para su integración, así como fuentes constantes de
reflexión para la sociología.
La complejidad de la diferenciación social conduce a diversas preguntas: ¿cómo se llega a
establecer significados sociales comunes en sociedades diferenciadas, como la nuestra?, ¿cómo
garantizar la comunicación y el intercambio entre ámbitos sociales cada vez más autónomos en sus
principios de acción?, ¿cómo es posible explicar la escalada de las interacciones sociales a partir de la
diferenciación funcional?
En un contexto de crisis económica, marginación social y polarización crecientes, de exclusión,
violencia e incertidumbre, se impone la necesidad de analizar la realidad social contemporánea de
manera a un tiempo rigurosa e imaginativa, de forma que sea posible proponer la constitución de medios
de inclusión e integración sociales, que complementen a los de la órbita estatal ya debilitada. Todos
ellos constituyen problemas que reclaman con urgencia la reflexión, la investigación empírica, así como
la propuesta de soluciones, pues la sociedad necesita siempre reconstruir su unidad en términos tanto
teóricos como prácticos, y la sociología ha jugado, y debe seguir haciéndolo, un papel incuestionable en
esta tarea.
Otro tema sociológico relacionado con la acción y su vinculación con los fenómenos sociales
modernos surge del reconocimiento de que las consecuencias de las acciones pueden ir mucho más allá
de las intenciones individuales. Para ilustrar lo anterior podemos recurrir al ejemplo de los problemas
ambientales. El deterioro del medio ambiente es un fenómeno producido por la agregación de millones
y millones de acciones individuales, entre las que se encuentran el uso de automóviles, la generación de
basura, el crecimiento de las ciudades, entre muchas otras. Sin embargo, es claro que no es la intención
de los individuos deteriorar el medio ambiente cuando se transportan, desechan lo que ya no necesitan
o deciden vivir en una gran ciudad. Los graves problemas ambientales que hoy enfrenta la humanidad
en su conjunto constituyen un asunto que rebasa las intenciones de los individuos; son una consecuencia
social de la suma de millones de acciones individuales. Los problemas ambientales adquieren
características y dinámicas diferentes a las de las acciones que los produjeron y, por lo tanto, su solución
no podría encontrarse sólo en la decisión de algún individuo o grupo en particular.
Si éstos son, a grandes rasgos, los problemas de los que se ocupa la sociología, ¿cuál es la
aplicación del conocimiento que produce? Respecto a esta cuestión, vuelven a hacerse evidentes las
diferencias entre las ciencias sociales y las naturales. La aplicación del conocimiento generado por estas
últimas, así como las transformaciones que dicha utilización ha producido en todos los ámbitos de la
vida humana son evidentes. No habría más que pensar en los cambios que ha experimentado la vida de
grandes porciones de humanidad desde que se inició el vertiginoso proceso de producción de
conocimiento en las diferentes disciplinas que abarca la ciencia natural y su vinculación directa al
desarrollo tecnológico.
Al reflexionar sobre las ciencias sociales parecería que sus resultados no son comparables a los de
las ciencias naturales, en términos del cambio que son capaces de producir. Las ciencias sociales no
posibilitan la producción de artefactos ni permiten hacer predicciones exactas, como en el caso de las
naturales. Esto ha dado lugar a que en ocasiones se señale que su influencia y utilidad son menores que
las de las ciencias naturales o, incluso, que se dude de que constituyen prácticas legítimamente
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científicas. Sin embargo, estas afirmaciones son resultado del desconocimiento de la especificidad de
las ciencias sociales y de la relación que tienen con su objeto de estudio.
Esta especificidad surge, en primer lugar, del hecho de que los fenómenos de los que se ocupan las
ciencias sociales en su conjunto son históricos, cambiantes e irrepetibles; en cambio, el éxito práctico
de las ciencias naturales se basa en gran medida en la capacidad que han desarrollado para reconocer
regularidades y hacer predicciones que permiten intervenir eficazmente en la naturaleza. Las ciencias
sociales, por su parte, a pesar de que reconocen patrones y tendencias, no pueden predecir la ocurrencia
de fenómenos sociales. La manera en que intervienen en la realidad es muy diferente, no se basan en el
descubrimiento de leyes, la experimentación y la aplicación técnica. Su intervención se produce de una
manera completamente distinta, aunque no por ello menos profunda.
Para ilustrar la relación entre las ciencias sociales y su objeto, pensemos en el surgimiento y la
consolidación del Estado moderno. Esta forma de organización política fue posible gracias a pensadores
como Locke, Rousseau y Montesquieu, entre otros, quienes desarrollaron la crítica al Estado
monárquico absolutista de los siglos XVII y XVIII. Propusieron la fundación teórica del Estado
moderno; así, las ideas de soberanía, derechos ciudadanos, división de poderes, entre otras originadas
por estos autores, aportarían los conceptos en los que posteriormente se apoyaron los movimientos
sociales que produjeron la Revolución francesa y la independencia de Estados Unidos, movimientos que
dieron origen a los primeros estados modernos. Estos hechos históricos ilustran la relación que las
realidades sociales modernas tienen con las teorías producidas por las diferentes ciencias sociales.
En muchas ocasiones, dichas teorías proponen conceptos que después se convierten en realidades
en las que se desenvuelve la vida de los individuos en las sociedades modernas. Como ilustra el caso
del Estado moderno, éste fue concebido primero por pensadores que criticaron la realidad sociopolítica
que les tocó vivir; esta crítica sentó las bases para la construcción de los estados nacionales, que
constituyen una realidad social consolidada en los siglos posteriores y que hoy afecta, de muy diversas
maneras, la vida de la inmensa mayoría de los seres humanos. El mismo proceso se da en muchos otros
casos: los derechos humanos, la igualdad entre hombres y mujeres, el respeto a la diversidad cultural,
entre otros, son objeto de análisis teórico y empírico de las ciencias sociales y, al mismo tiempo,
fundamento de movimientos sociales, cambios institucionales y también de la concepción que tenemos
de nosotros mismos, de las formas legítimas de relacionarnos con los otros, de nuestros derechos y
obligaciones como miembros de las sociedades modernas, y la tradición de conocimiento que constituye
la sociología ha jugado un papel central en estos procesos.

1.1 LA SOCIOLOGÍA COMO TRADICIÓN DE CONOCIMIENTO


Una disciplina científica se construye en un contexto histórico específico, y la sociología fue el resultado
de un proceso que, en lo esencial, se produjo a lo largo del siglo XIX. Éste estuvo marcado, en sus
inicios, por el peso de dos grandes revoluciones modernas: la industrial y la francesa, acontecimientos
que, si bien son de índole diferente, coinciden en las ideas de ruptura que generaron. Así, la constitución
de las industrias, el cambio de las relaciones entre la ciudad y el campo, y el surgimiento de
un proletariado que vivía hacinado en los barrios urbanos crearon problemas sociales nuevos. Ya no
se trataba de situaciones que el pensamiento tradicional concebía como un orden "natural" de las cosas
sino de problemas sociales, y por esa misma razón requerían de la intervención y reflexión de la sociedad
sobre sí misma: ése fue el sentido del surgimiento de la sociología.
El sentimiento de ruptura generado se manifestó también en un cambio en la vida cotidiana y en
los estilos de vida, en los procesos de secularización, en el trabajo, en la burocracia, en los aparatos
del Estado, en la diferenciación social y en las tendencias hacia la individualización. Todos ellos
expresaban una variación entre lo antiguo y lo nuevo. Esta conciencia de ruptura con el pasado en el
presente, interpretado como una transición hacia lo nuevo, en la advertencia de la aceleración de los
13

acontecimientos históricos y en la esperanza de que el futuro sería distinto, conformaron el núcleo de


los problemas de los que se ocupó la sociología en sus inicios.
Se puede afirmar que la época moderna, y la sociología como expresión de ella, surgen como
proyectos liberadores de lucha contra el pasado, con una enorme confianza en la capacidad
emancipadora de la ciencia. Esta visión se encuentra en la obra de Auguste Comte, a quien se le reconoce
como el padre fundador de la disciplina. En su obra Consideraciones filosóficas sobre las ciencias y
los sabios, Comte afirmaba que en el pasado, las ciencias han librado al espíritu de la tutela ejercida por
la teología y la metafísica, que, siendo indispensable en su infancia, tendía luego a prolongarse de
manera indefinida. Consideradas en el presente, las ciencias deben servir —ya sea por sus métodos o
por sus resultados generales— para determinar la reorganización de las teorías sociales.
En la obra de Karl Marx también se encuentran análisis que prefiguran a la sociología. Como
hombre del siglo XIX, Marx estaba deslumbrado con el ideal de ciencia ofrecido por la física
newtoniana. En su obra influyeron también la lectura de los economistas clásicos Smith y Ricardo. El
capital sería la expresión de esta postura, que se afana en encontrar las causas de los efectos advertidos
en el conjunto de cambios que ocurren sin cesar. El propósito de esta obra era encontrar las regularidades
que operan en la sociedad moderna, tal como lo hace la física en relación con el movimiento de los
cuerpos. Marx, buen conocedor de la filosofía de Hegel, amplió la idea de ciencia histórico-social al
recuperar la dialéctica y el materialismo heredado de Feuerbach, con lo cual llega a afirmar que no es
la dimensión de las ideas lo que constituye la base del desarrollo de la historia, sino que las ideas se
fincan en las condiciones materiales de la vida social. De los historicistas alemanes, además, hereda el
reconocimiento del valor de lo histórico, de la necesaria atención al cambio. El pensamiento político de
Marx en El dieciocho brumario de Luis Bonaparte o La crítica al programa de Gotha es expresión
de ello. Sin embargo, estas reflexiones no están al servicio de un proyecto que constituya una nueva
disciplina; se inscriben dentro de un proyecto de cambio en la práctica política encaminada a la
transformación social, una idea que ha tenido un profundo impacto en el desarrollo de la sociología.
Comte y Marx fueron importantes antecedentes; posteriormente, Émile Durkheim y Max Weber
construyeron los andamiajes sobre los cuales se fundó la disciplina sociológica, que fue, desde sus
orígenes, a la vez única y plural, en tanto que su objeto es la comprensión de las relaciones e instituciones
del mundo moderno, y porque en ella conviven diferentes formas de concebir la naturaleza de lo social.
Esta diversidad se expresa en la existencia de dos grandes tradiciones, de las que se deriva una gran
variedad de escuelas. Dichas tradiciones son la positivista o naturalista, y la hermenéutica. Las luchas,
tensiones y polémicas entre tradiciones, anunciadas desde hace más de dos siglos, siguen vivas en
muchos de los problemas que se plantean hoy los profesionales de la sociología.

1.1.1 La tradición positivista o naturalista: la escuela francesa de sociología


La sociología francesa en formación se expresó en un inicio en la Revue philosophique, fundada en
1876 por un psicólogo experimental, Theodore Ribet. En ella, bajo una línea positivista, la mayoría de
los autores abordaban temas sociológicos aunque fueran profesores de filosofía como Alfred Espinas,
Alfred Fouillée o Marcel Bernés; autores entre quienes se tejía una red de referencias cruzadas y de
confrontación que daban cuenta de un campo común de preocupaciones, aunque éstas eran todavía
muy especulativas. De ahí que se hable de ruptura epistemológica para calificar el aporte de Émile
Durkheim. Con él apareció en la tradición francesa la figura del sociólogo. Egresado de la Escuela
Normal Superior, su preocupación giraba en torno a la necesidad de lograr una unidad interna y racional
entre las ideas y los hechos. Su incesante exigencia de una construcción rigurosa del objeto de estudio
de la sociología y de una comprobación de las teorías por medio de pruebas empíricas recorre toda su
obra y constituye la base de un compromiso de nuevo cuño, consagrado a la constitución de la sociología
como ciencia empírica.
En Las reglas del método sociológico, Durkheim sienta las bases epistemológicas de la
sociología al extender al campo de los fenómenos sociales la ley de la causalidad que se aplica en otros
campos de lo real. ¿Es legítima esta extensión? ¿Los fenómenos sociales pueden someterse a ella? Al
responder a estas preguntas, el sociólogo francés plantea un programa de investigación, es decir, un
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conjunto coherente y abierto de postulados y procedimientos que se aplican a la especificidad de lo


social como dominio de conocimiento. Propone entonces que en la investigación sobre las relaciones e
instituciones sociales es necesario desprenderse de los prejuicios y presuposiciones, separar los juicios
de hecho —lo que es— de los juicios de valor —lo que debería ser—, para encontrar un punto de partida
científicamente confiable.
Durkheim sostiene que los fenómenos sociales son externos a los individuos y que se les imponen
incluso cuando parecen ser extremadamente íntimos, como es el caso del suicidio. Será precisamente en
la investigación empírica sobre El suicidio donde Durkheim lleve a cabo una demostración del alcance
de la sociología. En la elección del tema se encuentra ya una manera completamente nueva de analizar
una realidad humana: ¿acaso el suicidio no es el acto más individual e íntimo, y por lo mismo, lo más
alejado a un fenómeno o hecho social, determinable o determinado por factores externos a los
individuos? Precisamente por ello el suicidio era el objeto para poner a prueba el postulado de que los
fenómenos sociales operan bajo el principio de la causalidad social. Como la sociología no puede
proceder por experimentación directa, dado que los hechos sociales no pueden reproducirse en un
laboratorio, debe hacerlo por "experimentación indirecta", es decir, por comparaciones. ¿Qué es lo que
hay que comparar? Las variaciones recíprocas de los diversos factores estudiados: si un fenómeno (la
filiación religiosa) varía con otro fenómeno (tasa de suicidios) es porque entre uno y otro existe una
relación de causalidad directa o indirecta sobre la que el sociólogo debe echar luz.
Otra de sus obras fundamentales, De la división del trabajo social, corresponde a una pregunta
de la época que sigue siendo una preocupación permanente de la sociología, y que gira en torno a la
posibilidad de que en la relación individuo-sociedad se concilien tanto la unidad del grupo como el
respeto al individuo. El problema de la democracia, diríamos hoy. Aquí, la argumentación también pone
en juego el tránsito de sociedades homogéneas a sociedades que encuentran su solidaridad en la división
de las funciones y tareas, forma de solidaridad característica de las sociedades industriales.
En Las formas elementales de la vida religiosa, Durkheim desarrolla sus reflexiones sobre el
proceso de individualización moderno, esto es, el pasaje de la prioridad que las sociedades tradicionales
otorgaban al grupo, a la centralidad que adquiere el individuo en un contexto social que lo conforma,
pero que no lo anula. Durkheim sostiene que el individualismo dará lugar a la sacralización del hombre,
a su "endiosamiento", convirtiéndose éste en objeto de culto, afirmación que podemos ver convertida
en una realidad de las sociedades actuales.
Hasta la primera guerra mundial, la sociología francesa estuvo dominada por los seguidores de
Durkheim. En 1887 fue llamado a la Universidad de París como chargé de cours de Ciencia de la
Educación, la cual se transformó oficialmente en Ciencia de la Educación en Sociología en 1913. Era la
primera vez que el título oficial de una cátedra universitaria francesa utilizaba el nombre forjado por
Comte para la ciencia de la sociedad. Gracias al empeño de Durkheim se institucionaliza la sociología
como una ciencia independiente.
La tradición que consolidó el sociólogo francés —y que el filósofo de la ciencia Richard Bernstein
califica de temperamento positivista— se arraigó en la cultura anglosajona expresándose con nitidez
en el modelo estructural-funcionalista que dominó a la sociología teórica de los años cuarenta y
cincuenta del siglo XX.

1.1.2 La tradición hermenéutica: la escuela alemana de sociología


Comparado con Francia, no fue sino hasta 1880 que apareció el término sociología en Alemania, y en
1914 se crea la primera cátedra sobre esta materia. Sin embargo, esto no significa que antes no se trataran
temas sociológicos. La revista Vierteljahresschrift für Wissenschäfliche Philosophie und Soziologie,
fundada en 1877, publicó textos de Comte, Spencer y Mill; paralelamente a ésta, a partir de 1883
comenzó una importante discusión metodológica que movilizó a filósofos, economistas y sociólogos, y
15

permitió pensar de otra forma los fenómenos sociales, sentando las bases de la escuela sociológica
alemana. A diferencia de la postura positivista, esta tradición insiste en la relación distintiva entre
el sujeto cognoscente y el objeto a investigar en las ciencias sociales y, por lo tanto, se propone la
comprensión del significado como el método adecuado para entender la realidad social. La comprensión
se encuentra vinculada con la intencionalidad de los seres humanos de una manera que la explicación
causal no lo está. Se comprenden los objetivos y finalidad de un agente, el significado de un signo o de
un símbolo, el sentido de una institución social o de un rito religioso. Esta dimensión intencional —es
decir, el reconocimiento de la naturaleza significativa de las acciones humanas y la idea de que su
estudio apunta a la interpretación de su significado, y no tanto a explicar sus causas— jugó un papel
central no sólo en la formación de la tradición alemana, sino que todavía conserva un papel importante
en las discusiones sociológicas actuales.
Si bien en el ámbito alemán Ferdinand Tönnies fue el fundador de la Deutsche Gesellschaft für
Soziologie y autor de la primera gran obra de la sociología alemana, Comunidad y sociedad, su papel
en la construcción de la sociología no igualó al realizado por Max Weber, quien sentó las bases
epistemológicas de un programa de estudio científico de los fenómenos sociales diferente al de la
sociología francesa. Jurista de formación, Weber ocupó una cátedra de sociología en la Universidad de
Múnich durante los últimos meses de su vida; sin embargo, dedicó una parte importante de su carrera
académica a la reflexión epistemológica de las ciencias sociales, en específico de la sociología. Weber
sostendrá en sus Ensayos metodológicos de 1904 que el problema fundamental del conocimiento de lo
social estriba en la interpretación de la acción social. En ese sentido, en su obra principal, Economía y
sociedad, define a la sociología como una ciencia que pretende entender —interpretándola— la acción
social, para luego explicarla causalmente en su desarrollo y efectos. Inicia con un capítulo dedicado a
los conceptos fundamentales de la sociología con el que, al igual que Durkheim, sienta las bases de un
programa de investigación aún vigente.
Weber demuestra la fecundidad de su enfoque en la obra La ética protestante y el espíritu del
capitalismo, en la que analiza las relaciones entre la religión y la actividad económica para comprender
la especificidad de la racionalidad occidental que se expresa en el desarrollo del capitalismo moderno.
En esta obra, Weber se interroga por el origen de la mentalidad capitalista moderna, enemiga y
vencedora del tradicionalismo, y llega a la conclusión de que tal mentalidad procede no del propio
desarrollo económico capitalista, sino del modo de vida generado por el protestantismo de raíz
calvinista. Este protestantismo propició una racionalización de la vida equivalente a un
"desencantamiento" del mundo, es decir, la conciencia de la existencia de una pluralidad de visiones, y
la posibilidad de que ante ella se abra un desafío en tanto que ya no existen referencias culturales fuertes
capaces de garantizar a los individuos una precisa identidad. Por eso, cada uno, por cuenta propia y
según sus gustos y circunstancias, debe tratar de inventar una identidad. Todos estos procesos, junto con
la reducción de ese mundo a objeto de cálculo, explotación y dominación, son temas que siguen siendo
objeto de reflexión sociológica en la actualidad.

1.1.3 El desarrollo de la sociología del siglo XX: sociedad del conocimiento y del riesgo
La segunda guerra mundial marcó un cambio en el escenario geográfico para la investigación
sociológica que, como afirma el sociólogo estadunidense Jeffrey Alexander, se desplaza de Europa hacia
Norteamérica. A ello contribuyeron, sin lugar a dudas, los cambios en el ambiente intelectual generados
por el conflicto bélico, las realidades del mundo socialista y el ascenso del fascismo. En la década de
los años treinta del siglo pasado, muchos de los principales discípulos de los clásicos de la sociología
terminaron por huir de Europa a Estados Unidos. La sociología se desplaza hacia el norte del continente
americano, cuya situación era muy diferente de la que prevalecía en la golpeada Europa, ya que ahí se
conservaba el optimismo y la confianza en defender y reconstruir el mundo moderno. Esta confianza se
expresa en el estructuralismo funcional, particularmente en la obra La estructura de la acción social,
del sociólogo estadunidense Talcott Parsons, publicada en 1937, y que ejerció una gran influencia en el
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desarrollo de la sociología durante los dos decenios posteriores a su publicación. En dicha obra se apunta
a la construcción de una teoría sistemática intentando reconstruir la sociología europea al elaborar una
síntesis entre las tradiciones de autores como Durkheim y Weber.
El funcionalismo asoció su propuesta teórica a un diagnóstico positivo de la sociedad moderna de
la posguerra, pero a finales de la década de 1950 estas esperanzas habían empezado a desvanecerse. Las
sociedades occidentales sufrían nuevamente el asedio de conflictos clasistas, de formas novedosas de
desigualdad y conflictos generados por la sociedad "opulenta". Los conflictos que, según Marx,
destruirían a la sociedad capitalista, y que a juicio de Parsons serían superados por la sociedad moderna,
aún estaban allí. A finales de los años cincuenta, el clima pesimista y crítico enfrentado a los logros de
la sociedad moderna y el funcionalismo como perspectiva de análisis dieron pie al surgimiento de una
nueva generación de teorías sociológicas muy diversas; lo que ahora permite afirmar que la disciplina
se caracteriza por su amplia variedad de escuelas.
Hoy la sociología investiga a la sociedad desde puntos de vista diferentes, que van desde el análisis
de la acción individual, su significado y fines, hasta los análisis del sistema-mundo en los que la
constante relación económica, política y cultural entre los estados nacionales se encuentra en el centro
de las teorías e investigaciones empíricas. Actualmente, el sociólogo alemán Ulrich Beck acentúa los
problemas y riesgos de la sociedad moderna creados por el potencial de los productos técnico-científicos
de la civilización moderna, poniendo nuevamente en entredicho los fundamentos mismos de la sociedad
en que vivimos, una sociedad caracterizada por la centralidad que ha adquirido el conocimiento experto
y los riesgos asociados a su aplicación.

1.2 SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

El pueblo a la Universidad, la Universidad al pueblo


Las nociones con las que los científicos sociales caracterizan a las sociedades contemporáneas son muy
diversas: posmodernidad, modernidad tardía, modernidad reflexiva, sociedad del conocimiento,
sociedad del riesgo, entre otras. A pesar de sus diferencias, todas convergen en un punto: la centralidad
que le otorgan al conocimiento experto y a las consecuencias sociales de su producción, aplicación y
transmisión.
El conocimiento es, sin lugar a dudas, un universal antropológico, es decir, una capacidad que
poseen los seres humanos como especie. La acción de los seres humanos se basa en el conocimiento,
por tanto, éste es un componente fundamental de cualquier sociedad y siempre está presente, incluso en
las relaciones sociales más sencillas. En consecuencia, la cohesión y reproducción de todo grupo social
depende de que sus miembros adquieran el conocimiento que resulta importante para el grupo, así como
que dicho conocimiento guíe sus decisiones y acciones. Siendo así, la reproducción de la especie
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humana nunca se limita a la reproducción física, implica la reproducción tanto de la base material como
cultural de la sociedad, y dichas bases siempre tienen incorporadas diversas formas de conocimiento.
Ahora bien, a pesar de que es un hecho que el conocimiento siempre ha sido tanto un producto
social como un componente de todas las sociedades humanas, la producción exponencial de saberes ha
permitido el desarrollo de la ciencia y la tecnología modernas, lo que, a su vez, ha transformado a las
sociedades contemporáneas de maneras impensables hasta hace apenas unas décadas, y a un ritmo que
la humanidad no había experimentado antes. La profundidad de estos cambios permite afirmar que las
características centrales de la modernidad han cambiado. Un debate que se ha desarrollado, no sólo en
la sociología sino en el conjunto de las ciencias sociales respecto a este tema, radica en saber si dichas
características se han trascendido o profundizado. Los defensores de la primera posición argumentan
que las sociedades contemporáneas son sociedades posmodernas; quienes, en cambio, afirman que las
características que definen a la modernidad se han profundizado, sostienen que nos encontramos en un
periodo de modernidad tardía o radicalizada.
A pesar de los desacuerdos entre los defensores de las diferentes posturas, lo que resulta innegable
es que las transformaciones económicas, sociales, culturales y políticas de las sociedades actuales se
relacionan directamente con las diversas maneras en que el conocimiento experto ha penetrado en todos
los ámbitos de la vida de sus miembros, y en ese sentido es que puede afirmarse que son sociedades de
conocimiento. En consecuencia, podemos decir que, mientras históricamente las sociedades se han
estructurado alrededor del flujo de energía (animal, humana o fósil), hoy lo hacen en torno a flujos de
conocimiento e información.
Al iniciar este capítulo sostuvimos que para la sociología ha sido muy importante, en su análisis
de la modernidad, el reconocimiento de sus múltiples dimensiones institucionales; es decir, que la
disciplina ha incorporado a sus teorías y diagnósticos sobre la modernidad el análisis del capitalismo y
la división del trabajo, la producción industrial, los estados nacionales y la burocracia. Todas estas
dimensiones han sido profundamente transformadas por la incorporación del conocimiento experto a
sus funciones, métodos y normas. Pero no sólo las dimensiones institucionales han cambiado, también
las relaciones interpersonales lo han hecho, los estilos de vida y las identidades individuales se han
transformado gracias a la dinámica de incorporación, transmisión y reproducción del conocimiento.
En la década de los años setenta, el sociólogo estadunidense Daniel Bell describió los principales
cambios que la implementación del conocimiento ha provocado en el ámbito de la producción material.
Éstos se relacionan con el hecho de que la producción industrial, en la que la coordinación de
trabajadores y máquinas para la producción de mercancías ocupa un lugar central, pierde importancia
en la economía frente al sector de servicios. El resultado es que la división del trabajo también cambia,
y la ocupación comienza a inclinarse hacia las clases profesionales y técnicas. Surgen, además, nuevas
industrias basadas en la ciencia y la tecnología, como las industrias de la información, que se vuelven
indispensables para el funcionamiento de la economía, la educación, la formación de la opinión pública,
entre otros ámbitos. El conjunto de estos cambios permite afirmar que las sociedades industriales se
convirtieron en sociedades postindustriales y, por tanto, que las dimensiones de la modernidad
relacionadas con este ámbito, como la estratificación, la división del trabajo y la riqueza, se han
transformado profundamente por la incorporación del conocimiento científico y tecnológico a la
producción, que se convierte, en sí mismo, en un recurso indispensable tanto para los individuos como
para las sociedades.
Con respecto a los estados nacionales y la burocracia, es evidente que éstos también han
experimentado cambios muy profundos por la incorporación del conocimiento experto. No sólo porque
el ejercicio del poder político se vincula con el acceso de los individuos y los grupos al conocimiento,
modificando de manera muy importante las estructuras de poder y las jerarquías, sino también porque
cada vez más el diseño y la implementación de las políticas públicas incorporan el conocimiento de
especialistas. La salud, la educación, la seguridad social, la energía, por mencionar algunos de los
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sectores más importantes, requieren para el logro de sus metas sociales la incorporación del
conocimiento de expertos de las más diversas áreas: la medicina y las ingenierías, la economía y la
administración, la ciencia política y la sociología, entre muchas otras.
Esta incorporación del conocimiento se convierte en un requisito para que dichas políticas sean
legitimadas y aceptadas por la población. Por ello, en las sociedades actuales los debates entre
especialistas sobre la adecuación y eficacia de las decisiones técnicas tomadas por los grupos en el poder
son una constante, y de ahí la importancia, también, de que la población en general tenga acceso al
conocimiento que le permita participar de manera informada en dichos debates.
Además de estos cambios en las formas en que se ejerce el poder, hay otra vía por la cual el
conocimiento experto modifica de manera muy importante la vida de los individuos. El acceso a los
medios masivos de comunicación, la divulgación del conocimiento científico y la incorporación de
dicho conocimiento a la mayoría de las esferas de la vida cotidiana, transforman profundamente no sólo
las acciones de los individuos de las sociedades actuales sino también la concepción que tienen de sí
mismos y la forma en que se relacionan con los demás.
Para ilustrar este hecho podemos recurrir al ejemplo de la psicología. La apropiación que amplios
sectores de la población han hecho de algunos de los conceptos producidos por esta disciplina
relacionados con la formación de la personalidad, la salud psíquica, el desarrollo de las capacidades
individuales, entre otros, ha transformado la manera en que los padres educan a sus hijos, la forma en
que se establecen las relaciones de pareja y entre familiares, así como las acciones que los individuos
realizan para diseñar sus planes de vida y llevar a cabo sus metas. Lo anterior constituye un caso muy
claro en que el conocimiento producido por una disciplina científica se encuentra ya incorporado a la
vida cotidiana y, sin lugar a dudas, dicha incorporación mejora la calidad de vida de los individuos y los
grupos. Pero la aplicación del conocimiento experto no necesariamente tiene consecuencias positivas.
Hoy sabemos que el mayor conocimiento de la naturaleza y la vida en sociedad, en constante revisión
ante nuevos conocimientos, paradójicamente, también ha generado incertidumbre y resultados
negativos. El desarrollo de la tecnociencia ha producido riesgos, como la contaminación del medio
ambiente, la posibilidad real de la aniquilación del género humano por medio de la destrucción nuclear,
o el agotamiento de las fuentes naturales de energía. Estas situaciones requieren hoy acciones conjuntas
de la sociedad mundial para hacerles frente de manera pronta y eficaz.

1.3 SOCIEDAD DEL RIESGO


Después de consolidarse la revolución científica, e institucionalizarse plenamente durante el siglo XIX,
la ciencia cobró cada vez más importancia y prestigio. Esto condujo a que, tanto en los países en los que
se originó la modernidad como en aquellos otros en los que se llevaron a cabo procesos de
modernización, se otorgaran cuantiosos recursos públicos a la investigación, con una amplia autonomía
de la comunidad científica que tenía libertad para decidir las áreas de conocimiento y los proyectos a
los que dirigía sus esfuerzos. Estos hechos se debieron a que durante más de dos siglos prevalecieron
las ideas de que la aplicación del conocimiento científico iba a ser siempre positiva, es decir, que la
ciencia era sinónimo de progreso y racionalidad. Estas creencias condujeron no sólo al enorme
desarrollo de la investigación, sino también a que la ciencia desplazara otras formas de conocimiento.
Se llegó incluso a sostener que todos los problemas sociales podrían, eventualmente, ser resueltos por
medio de la aplicación del conocimiento científico.
Sin embargo, estas ideas empezaron a ponerse en duda en el siglo XIX, en plena
institucionalización de la ciencia, y los acontecimientos histórico-sociales del XX han conducido a su
completo replanteamiento. En primer lugar, porque hoy es claro que hay importantes ámbitos de la vida
social —como los relacionados con la moral y la política— que no pueden resolverse científicamente,
pues abarcan dimensiones de la vida humana que requieren otro tipo de capacidades y esfuerzos.
Pensemos, por ejemplo, en la satisfacción de las necesidades básicas de los seres humanos. A pesar de
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que se ha generado el conocimiento necesario como para asegurar que todos los seres humanos tengan
cubiertas sus necesidades mínimas de alimentación, salud, vivienda y educación, esto no sucede porque
la satisfacción de dichas necesidades es una cuestión de justicia social, no de aplicación de conocimiento
científico.
Por otro lado, desde la primera guerra mundial y, de manera más acentuada, durante la segunda, se
iniciaron los proyectos que han dado lugar a lo que se conoce como Gran Ciencia, es decir, proyectos
cuya dimensión y necesidad de recursos requieren de financiamiento público y privado, lo que acota la
autonomía de la comunidad científica. La manera en que la ciencia se ha relacionado con los objetivos
militares y comerciales ha dejado claro tanto su potencial destructivo, como el hecho de que el
conocimiento que produce puede usarse para fines que se alejan por completo de los ideales de la
Ilustración y el bien público.
Por último, pero de manera igualmente importante, la aplicación de dicho conocimiento no ha
tenido siempre las consecuencias positivas que se esperaban. Por el contrario, se ha generado una serie
de problemas que ponen en riesgo la sobrevivencia de las diversas formas de vida que han evolucionado
en el planeta, incluida, por supuesto, la especie humana. Los problemas ambientales son los más
evidentes y conocidos, pero no los únicos.
Un ejemplo que permite ilustrar claramente la aparición de consecuencias no previstas en la
aplicación del conocimiento científico y evidenciar la manera compleja en que ésta se entrelaza con
otros ámbitos de la vida social, lo constituyen los cambios demográficos. La explosión demográfica del
siglo XX está estrechamente ligada al desarrollo de la medicina, y es un hecho incuestionable que abatir
la mortalidad infantil, evitar enfermedades y prolongar la expectativa de vida constituyen efectos
positivos. Sin embargo, el aumento de la población trae consigo múltiples necesidades: trabajo,
vivienda, seguridad social; necesidades que a su vez crean tensiones y cambios sociales, como el
crecimiento de las ciudades en menoscabo del campo, el aumento constante de personas que requieren
pensiones, el avance de enfermedades crónicas largas y costosas, entre otros.
Esta dinámica entre el conocimiento y la imposibilidad de saber qué consecuencias traerá su
aplicación ha llevado a abandonar la pretensión de que la ciencia conduce al dominio de la naturaleza y
a la resolución de los problemas sociales. Es en este sentido en que sociólogos contemporáneos como
Ulrich Beck sostienen que vivimos en sociedades de riesgo.
En gran medida y como consecuencia de la aplicación de la tecnología y del desarrollo de los
medios de comunicación actuales, la realidad social contemporánea y la experiencia que ella configura
han cambiado radicalmente. El vínculo con el territorio, entendido como el escenario sobre el que se
desarrollan la producción, la cooperación y la cohesión de la sociedad en constante transformación, está
siendo trastocado. La globalización industrial, política y cultural está produciendo cambios estructurales
en el ámbito social e internacional; la relación entre lo propio y lo ajeno se ha perturbado, afectando el
dibujo de las fronteras tradicionales. A pesar de que todavía existen los estados nacionales, hay
realidades sociales tan distintas, como el sistema financiero internacional, internet y la cultura juvenil,
que no reconocen límites de tiempo y espacio. En este contexto histórico complejo, convulso y de
orientación incierta nos encontramos todos los ciudadanos del mundo actual.
En este escenario, los conceptos de riesgo e inseguridad ocupan un lugar central, y han sustituido
el que ocupaban las ideas de progreso y certeza, características de la modernidad temprana, no sólo
como puntos de observación de la realidad social de las ciencias sociales y la sociología, sino también
como conceptos que dan cuenta de la experiencia de vida de hombres y mujeres a lo largo y ancho del
mundo. Sin embargo, esto no quiere decir que la idea de riesgo haya estado ausente durante la época
moderna o en las discusiones sociológicas clásicas. Si entendemos que el riesgo se refiere a peligros que
se analizan activamente en relación con posibilidades futuras, e incorporamos el concepto de efecto
colateral como imprevisto o no intencionado de la acción, ¿acaso no encontraríamos en los análisis de
20

la sociología inicial la evaluación de posibilidades futuras a partir de la consideración de potenciales


efectos colaterales de la acción? Sería un error pensar, como se afirma en muchos de los discursos
sociológicos contemporáneos, que la sociología inicial no fue consciente del riesgo y que fue fruto de
una fe ingenua en los postulados de la Ilustración y el progreso. También allí, en la sociología clásica,
la modernidad supone el juego de ambas caras, el orden y el desorden, la regularidad y la contingencia,
la seguridad y el riesgo.
Si bien el desarrollo de la modernidad ha hecho evidente que el futuro es un horizonte de
posibilidades abiertas, tanto positivas como negativas, la idea de riesgo hace evidente que la realidad
social se configuró de otra forma a la esperada durante el periodo en el que no se dudó del progreso
material y moral que la modernidad traería consigo. Asimismo, si el desarrollo de la modernidad
también es producto de la decisión de seguir alguno de los cursos de acción posibles, se puede afirmar
que el mundo contemporáneo es resultado de elecciones no acertadas, y en muchas ocasiones de
consecuencias no previstas por los agentes individuales y colectivos. La idea de riesgo hace evidente la
distinción entre realidad y posibilidad, es decir, que un estado no deseado de la realidad pueda ocurrir
como resultado de actividades humanas.
Apelar al concepto de riesgo para hablar de los fenómenos en las sociedades actuales es una
constante en la tradición sociológica. Las sociedades antiguas aludían al peligro y trataban de protegerse
de la incertidumbre por medio de la adivinación o de la magia; posteriormente, las desgracias se
explicaban por medio del pecado. Lo que las sociedades premodernas imputaban a la fortuna, a la
voluntad divina o al destino, las sociedades modernas lo conciben en términos de riesgo. Del paso de la
fortuna renacentista al riesgo moderno se ha transitado del destino dado por Dios al destino producido
socialmente, como consecuencia de la multiplicación de las posibilidades de la acción y también de
nuevas incertidumbres, esta vez creadas socialmente por la intervención humana en el mundo social y
natural. Como afirma el sociólogo español Josexto Beriain, el riesgo representa una secularización de
la fortuna y aparece como producto social histórico en la transición de la Edad Media a la Edad Moderna
temprana y, como tal, en tanto construcción social descansa en lo que cada sociedad y sus instituciones
consideran normal y seguro.
La elección de los riesgos y de las formas de vida van de la mano. Cada forma de vida conlleva
una forma específica de percibir, construir y luchar contra el riesgo o los riesgos, y en este sentido, los
peligros no existen en sí mismos, independientemente de la percepción, sino que devienen en asunto
político cuando las personas son conscientes de ellos. Las afirmaciones sobre el riesgo descansan en
patrones culturales que fijan lo que es aceptable frente a aquello que ya no lo es. Por ello, el tema de la
seguridad se ha convertido en un tema medular en la modernidad tardía, y ocupa un lugar central dentro
de la agenda política y social. Los asuntos de seguridad se han convertido en cimientos del orden social
y político; de manera que los crecientes problemas de inseguridad son una preocupación que deriva en
crisis de confianza en las propias instituciones policiacas, de inteligencia y en las estrategias
gubernamentales ante un clima creciente de violencia, crimen y corrupción.
Cada sociedad conlleva su propio catálogo de riesgos; en México y en América Latina destacan el
narcotráfico y el incremento de la criminalidad, configurando un entorno que se percibe y vive como
más violento. Ello requiere de un nuevo tratamiento y una reflexión por parte de las ciencias sociales y
la sociología, en tanto la violencia viene dada por actores no estatales que difícilmente pueden ser
contrarrestados por las tácticas y negociaciones políticas habituales. Estos actores no estatales han
privatizado, dispersado, desregulado y descentralizado la violencia, al salirle al paso al actor tradicional
que poseía el monopolio de su uso: el Estado nacional. Frente esto, por ejemplo, incursionar
sociológicamente en la percepción de la violencia con base en los medios de comunicación implica
analizar de qué manera se construyen las representaciones sociales sobre la inseguridad y el miedo. Los
medios de comunicación actúan como resonancia de la inseguridad, aunado a la cultura de la
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instantaneidad, de la inmediatez, de la sensación, del impacto, del "ahora en todos los sitios", que
despliegan las nuevas tecnologías de comunicación.
Preguntarnos cómo es que el miedo y la inseguridad se han ido construyendo como formas
colectivas e individuales de vínculo social; qué se puede hacer y qué no se puede hacer con los miedos
y riesgos que percibimos cotidianamente; así como el papel del Estado en estos procesos, cuando fundó
su razón de ser y su pretensión de obediencia ciudadana en la promesa de seguridad y protección, se
convierten en algunos de los problemas que enfrenta hoy la sociología.
Frente a los grandes retos sociales que tienen los individuos y grupos que conviven en las
sociedades contemporáneas, de los que sólo hemos mencionado algunos de los más evidentes, es claro
que la sociología ha construido a lo largo de su historia un arsenal de herramientas teóricas y de análisis
empíricos que la convierten en una disciplina indispensable para enfrentarlos, tanto en el nivel de la
reflexión y el diagnóstico, como en un nivel práctico del diseño de posibles soluciones, una doble faceta
que siempre la ha acompañado.

TEMA 2. LA ANTROPOLOGÍA

Día del dios, de Paul Gauguin, 1894.


La antropología es la ciencia que estudia al ser humano en dos grandes direcciones. En la primera, busca
explicar y entenderlo en relación con la naturaleza, desde sus orígenes, como parte de un grupo de
primates, hasta su constitución evolutiva en la subespecie llamada homo sapiens sapiens, esto es, el
hombre moderno y actual que todos conocemos en las diversas partes del mundo. En la segunda
dirección, la antropología estudia la totalidad de la condición humana: su pasado, presente y futuro; así
como la biología, la sociedad, el lenguaje y la cultura que el hombre conforma.
Este estudio que realiza la antropología se encuentra estrechamente ligado a entender la influencia
que la naturaleza ha tenido y sigue teniendo en la aparición y desaparición de una gran cantidad de
especies, específicamente animales. Todas las actividades del ser humano en su proceso evolutivo,
paulatinamente, van distinguiéndolo y a su vez separándolo de las otras especies animales. En este
proceso, la naturaleza se convierte en la fuente primaria e inmediata para su subsistencia. Las piedras,
las ramas de los árboles, las cuevas, los ríos y mares, las montañas y planicies, y evidentemente las otras
especies se convierten en recursos inagotables para la capacidad creadora y transformadora humana,
dedicada a su producción y reproducción como especie.
22

Así, de las piedras talladas y de las ramas cortadas de los árboles, aparecen las primeras
herramientas de trabajo o las primeras armas de defensa y ataque. Las cuevas y oquedades de las
montañas se convierten en las primeras habitaciones que limitan los estragos de la lluvia y el frío, que
además sirven para simbolizar a la naturaleza por medio de dibujos y grabados. Se recurre a la tierra, a
los mares y a los ríos, para iniciar lo que hoy conocemos como ritos funerarios.
Para la antropología, el ser humano se estudia como parte de un grupo cuya existencia se expresa
mediante el habla y el lenguaje; como cuerpo dentro de una especie que crea objetos y símbolos; que
escribe y representa lo que ve, siente y piensa; que crea códigos grupales y sociales, y que elabora sus
alimentos. En síntesis, el estudio de la antropología incluye al ser humano en sus diferentes dimensiones,
ya determinadas y en las que está por establecer. En su perspectiva más amplia, esta disciplina estudia
todos los procesos productivos, tanto objetivos como subjetivos, que el homo sapiens sapiens tiene en
los diversos tiempos y espacios, pasados, presentes y futuros. Los antropólogos llaman a todo lo anterior:
cultura.

2.1 OBJETO Y MÉTODOS DE LA ANTROPOLOGÍA

D
anza de campesinos, de Pieter Bruegel el viejo, circa 1569.

2.1.1 Objeto de estudio de la antropología


La antropología nace como ciencia social a finales del siglo XIX y principios del XX. Surge ante la
necesidad de comprender a los pueblos no industrializados y a las sociedades lejanas, que los europeos
denominan "sociedades primitivas", "pueblos bárbaros" o "lugares exóticos". Desde el principio, se
ocupó de esclarecer la historia, las lenguas, la organización social, las estructuras políticas, las
religiones, tradiciones y costumbres de los pueblos, objeto de dominación colonial. Este conocimiento
científico de los pueblos se extiende a utensilios, construcciones, sistemas productivos y armas; pero
también incluye formas de combate, fenotipos, alimentación, miedos, etcétera. Desde que surge busca
entender al ser humano de una manera completa, uniendo tanto la vertiente biológica como la social, lo
que constituye el fundamento de la perspectiva holística de nuestra disciplina.
Sin duda alguna, es el inglés Edward Burnett Tylor (1976) quien señala a la cultura como objeto
de estudio de la antropología y la define como el todo complejo que incluye el conocimiento, las
creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres, y cualesquiera otros hábitos y capacidades
23

adquiridos por el hombre. La condición de la cultura en las diversas sociedades de la especie humana,
en la medida en que puede ser investigada según principios generales, es un objeto apto para el estudio
de las leyes del pensamiento y la acción del hombre. Esta primera definición nos ofrece una descripción
de la acción del ser humano en la naturaleza, es decir, la cultura sería todo aquello que el hombre
produce, desde lo material hasta lo inmaterial. Todos los antropólogos, hasta la fecha y con sus
respectivas críticas, han aceptado esta definición de cultura. A partir de ella, a lo largo de un siglo de
historia, diversos autores han agregado o restado elementos.
Por su parte, Conrad Phillip Kottak (2007) propone algunas características clave del objeto de
estudio de la antropología: la cultura lo abarca todo, es general y específica; la cultura es aprendida,
simbólica y compartida. La gente utiliza creativamente la cultura, y las mismas reglas pueden ser
aprendidas, interpretadas o ejecutadas de diferente modo por distintos individuos, lo que da muestra de
la creatividad de los seres humanos. Sin embargo, no siempre se siguen las reglas pautadas en la sociedad
a la que pertenecemos. Así, mientras la "cultura ideal" consiste en lo que la gente dice que deberían
hacer y lo que dicen que hacen, la "cultura real" se refiere al comportamiento tal como lo observa el
antropólogo.

2.1.2 El método de investigación de la antropología


Para conocer y entender la riqueza del objeto de estudio, los antropólogos utilizan como método
principal el contacto directo con la gente. Estudian el lugar donde habitan y conviven en los espacios
que ocupan. Buscan comprender cómo existen, cómo se comunican, sus formas de hablar y sus
lenguajes; definir cuáles son sus hábitos alimenticios, qué producen. También están en contacto directo
con sus vidas para saber cómo se organizan en todos los ámbitos de su cotidianidad, para entender sus
costumbres, sus códigos, normas y reglas de comportamiento, sus sistemas de creencias, ritos y prácticas
simbólicas. Estudian la biología del ser humano, el funcionamiento del cuerpo, los problemas genéticos
y fenotípicos, las enfermedades en general; analizan el cuerpo humano como elemento cultural mediante
el cual se expresa.
El antropólogo utiliza como base metodológica el trabajo de campo y el análisis comparativo
empleando la descripción cultural, también llamada etnografía. El trabajo de campo del antropólogo
conlleva una gran diversidad de técnicas para adquirir información específica. Entre las más comunes
se encuentran: la observación directa o participante, el diario de campo, la historia de vida, la entrevista
a diferentes niveles, la encuesta, el uso de las genealogías, las perspectivas emic (punto de vista de los
nativos) y etic (punto de vista del etnógrafo) de investigación, el trabajo con informantes clave. En todas
se destaca el contacto directo del antropólogo con la realidad humana que estudia. El trabajo de campo
y el subsiguiente de reflexión (trabajo de gabinete) son parte indisoluble de los resultados de una
investigación antropológica.

2.1.3 Las especialidades de la antropología


En México, la antropología se estudia a partir de cinco especialidades o subdisciplinas, como algunos
autores prefieren llamarlas: la antropología física, la arqueología, la lingüística, la etnohistoria y la
antropología social (en algunos países la llaman antropología cultural, y en otros, etnología).

La antropología física
En una perspectiva amplia, y siguiendo a Tonatiuh Osornio y Alfaro Castro (2006), ésta puede
considerarse un conjunto de disciplinas biológicas y sociales que estudian al hombre como una especie
animal, integrando ciencias muy diversas y empleando técnicas diferentes. Específicamente, según
24

Arturo Valls (De la Torre, 2006), sería el estudio del origen, naturaleza y evolución de
la variabilidad biológica de los grupos humanos en su doble dimensión histórica y espacial, teniendo
en cuenta la interacción que los factores biológico-ambientales y de comportamiento (sociales,
culturales y psicológicos) ejercen tanto en el común de los individuos de nuestra especie como sobre los
diferentes grupos y poblaciones de homo sapiens. La antropología física se subdivide en distintas ramas:
• Antropología forense: reconstruye las circunstancias de muerte.
• Paleoantropología: estudia la evolución humana.
• Primatología: estudia los primates no humanos.
• Osteología: estudia los huesos y su aplicación en la parte sociobiológica.
• Paleopatología: estudia las enfermedades padecidas por personas o animales en la antigüedad.
• Ecología humana: estudia la relación entre el hombre y el medio ambiente.
• Antropología genética: estudia la aplicación de técnicas moleculares para entender la evolución
homínida.
La antropología física se apoya en el trabajo de los arqueólogos que han exhumado y estudiado huesos
y utensilios prehistóricos; de los paleontólogos que buscan huesos de animales ya extintos, al menos los
posibles antepasados del hombre; se recurre también a los historiadores de la geología que proporcionan
las fechas en las que se puede confiar para el estudio del ritmo y de la duración de la evolución humana.
El estudio del ser humano y de su lugar en la naturaleza involucra no solamente al antropólogo físico y
al anatomista, sino también a aquellos biólogos cuyos campos de investigación son la embriología, que
estudia el desarrollo que tiene lugar antes del nacimiento; la genética, que se encarga de la herencia
biológica; la fisiología, que explica el funcionamiento del cuerpo; y la bioquímica comparada, es decir,
la química de los seres vivientes.

La arqueología
La arqueología, en su perspectiva más general, tiene como objeto de estudio la cultura material humana.
Según Jaime Litvak (1988), la arqueología se ocupa principalmente de contestar las preguntas sobre el
qué, quién, dónde, cuándo, con arreglo a qué fines y a qué patrones los seres humanos existen. A medida
que los arqueólogos insertan una cronología a una masa confusa de datos descriptivos, nos formamos
una idea no sólo de la naturaleza acumulativa de la cultura, sino también del patrón en la historia.
La arqueología moderna se enfoca en establecer los principios del desarrollo y el cambio de la
cultura material del hombre. Para Manuel de la Torre Mendoza y Jannu Lira Alatorre (2006), el objeto
de estudio de la arqueología es la cultura material, formada por todo el conjunto de bienes tangibles que
las personas utilizan, transforman o crean mediante su acción, culturalmente determinada. Para estudiar
este objeto los especialistas han creado una metodología que se puede estructurar en dos ejes principales:
a) el análisis de los materiales arqueológicos y b) el análisis de su distribución espacial, ya sea en una
región, sitio, o en contextos particulares. Con el fin de obtener la información que requiere para evaluar
sus modelos teóricos sobre el desarrollo social, el arqueólogo recurre a una gran variedad de técnicas
que lo ponen en contacto con otras ciencias sociales, con las ciencias naturales y con diversos
procedimientos analíticos. Ya que en muchas ocasiones la cultura material a nuestro alcance es el único
registro de procesos históricos que ocurrieron en el pasado, la arqueología puede ofrecer una perspectiva
del cambio a largo plazo que otros campos de la investigación social no tienen.
La arqueología ha llegado a ser una ciencia inmensamente técnica. El químico y el metalúrgico le
ayudan a analizar ciertos ejemplares. El mismo arqueólogo tiene que ser un cartógrafo y un fotógrafo
25

hábil. La fijación de fechas puede implicar el estudio de los anillos de los troncos en las maderas de
edificación, una identificación microscópica de los minerales en los trozos de barro, el análisis del polen
depositado en las capas, la identificación de los huesos de los animales fósiles encontrados, seguir los
estratos para enlazar con un orden geológicamente establecido de terrazas fluviales. Todo lo anterior
lo realiza el arqueólogo a partir de una técnica de medición —la más reciente es la del carbono 14—,
que ayuda a la datación, pues se halla presente en toda materia orgánica, pero va desapareciendo en una
proporción bastante constante (cinco mil años).
La investigación arqueológica ha estado relacionada fundamentalmente a la Prehistoria y la
Antigüedad; sin embargo, durante las últimas décadas la metodología arqueológica se ha aplicado a
etapas más recientes, como la Edad Media (arqueología medieval), la Edad Moderna o el periodo
industrial. En la actualidad, los arqueólogos dedican ocasionalmente su atención a materiales actuales,
investigan residuos urbanos, con lo cual se está conformando la denominada arqueología industrial.

La lingüística
La lingüística es la ciencia que estudia el lenguaje, entendido como un sistema organizado de signos,
que a su vez se ordena por reglas. Está constituida de tres partes fundamentales: a] el estudio de los
sonidos de una lengua mediante la fonología y la fonética; b] el estudio de la gramática, esto es, las
reglas y principios que regulan el uso de las lenguas, y c] el estudio del léxico que implica el conjunto
de palabras y significados que utilizan las lenguas.
Para estudiar las lenguas, según Roca-Pons (1985) existen dos divisiones importantes. La primera
es la división entre lingüística interna y externa. La interna trata todo lo concerniente a la lengua misma
considerada como un sistema u organismo; la externa se refiere a sus relaciones con la sociedad, a la
distribución geográfica y a todas las influencias que una lengua recibe. La segunda división es la que
separa la lingüística sincrónica y la diacrónica; mientras que la primera estudia la lengua en un tiempo
específico de su evolución, la segunda lo hace en su conjunto evolutivo.
El lingüista se ocupa de la lengua tal y como los hablantes la expresan en sus relaciones cotidianas;
en esta perspectiva, no existe el buen hablar o el mal hablar de la lengua. Se parte del hecho de que toda
nueva palabra y significado que se le da, si se extiende y se usa por los hablantes, es en sí una
contribución cultural a una lengua. El lingüista no establece normas, deduce reglas; no analiza textos
sino que describe la lengua.
Los principales ejes de reflexión dentro de la lingüística son los siguientes: la sociolingüística
estudia la variación lingüística en su contexto social y analiza la diversidad dentro de una lengua única
para mostrar cómo el habla refleja las diferencias sociales; la lingüística descriptiva estudia los sonidos,
la gramática y el significado de las lenguas concretas; la lingüística histórica tiene en cuenta la variación
a lo largo del tiempo, como los cambios que se producen en el sonido, la gramática y el vocabulario en
una misma lengua durante varios siglos.

La etnohistoria
La etnohistoria es el estudio del pasado de los pueblos o grupos con base en fuentes no convencionales
y alternativas. Según Romero Huerta (2006), éstas pueden ser de carácter documental, etnográfico o
arqueológico; en los tres casos se encuentran fuentes voluntarias e involuntarias. Las fuentes de carácter
documental voluntarias son las crónicas, códices, anales y probanzas de méritos; las involuntarias son
archivos, confesionarios, estadísticas vitales y periódicos. Las de carácter etnográfico voluntarias son
mitos, leyendas, corridos y danzas; las involuntarias son la vida cotidiana, paisajes, chistes y albures.
Entre las fuentes de carácter arqueológico voluntarias se hallan las pinturas murales, inscripciones; las
de carácter involuntario son los paisajes y los patrones de asentamiento.
26

La etnohistoria busca entender el devenir de los grupos o pueblos que han sido marginados o
excluidos de la historia o de las historias oficiales. Parte del principio de que en todos los grupos
humanos, comunidades o pueblos, se encuentran actores históricos que organizan y dirigen,
compositores y músicos que sintetizan las aspiraciones y sentimientos, poetas y escritores que utilizan
recursos diferentes al papel y al libro para escribir sus producciones. Para el etnohistoriador, todo aquel
espacio u objeto, material o inmaterial, que utilice un grupo humano para expresarse es una fuente
potencial que puede documentar una parte de la historia del mismo. Así, las piedras, las pieles de los
animales, las construcciones, el diseño de las calles, las danzas, jardines, chistes, etcétera, son elementos
que, organizados, contribuyen a relatar la historia.
A diferencia de otros países, en México, la etnohistoria se estudia como una especialidad o
subdisciplina de la antropología; en 1953 surge como una especialidad, hasta que en 1973 el estudio de
la etnohistoria se hace en el marco de una licenciatura en la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

La antropología social (antropología cultural o etnología)


Los franceses denominan a este tipo de estudios etnología, los ingleses, antropología social; y en Estados
Unidos y Canadá, antropología cultural. La antropología social, como se designa en México, se inicia
con el estudio de los grupos humanos, pueblos y comunidades de origen no europeo. Los primeros
estudios buscaron entender lo que los europeos llaman "comunidades primitivas", "pueblos sencillos",
o "sociedades sin escritura" (ágrafas). Con el tiempo, los estudios de antropología social se han
extendido a las sociedades modernas y actuales.
La antropología social, a diferencia de las otras especialidades reseñadas, centra su interés general
en entender la producción y reproducción de la gran diversidad de símbolos que se originan en las
relaciones grupales o sociales que establecen los humanos. Estos símbolos suelen aparecer en diferentes
relaciones: las familiares, las relaciones entre grupos o entre distintas culturas , y las que se establecen
entre el ser humano y la naturaleza. La forma específica que adquiere esta producción y reproducción
simbólica, que en lo fundamental sólo aparece en la especie humana, se expresa por las relaciones de
parentesco, las prácticas religiosas, las relaciones de identidad, las formas conscientes de violencia, la
organización para todas las actividades humanas, incluidas la valoración ética y estética de las mismas.
Desde el surgimiento de la antropología, entre los años cincuenta y setenta del siglo XX, en
diversos países se da una reorientación de los estudios culturales. A los objetos y sujetos clásicos de
investigación, se agregan otros nuevos con orientaciones metodológicas distintas. De las más
importantes se pueden señalar las siguientes tradiciones antropológicas: la antropología posmoderna,
los estudios culturales y la antropología francesa.

2.2 ANÁLISIS CULTURAL DE LA ANTROPOLOGÍA

2.2.1 Diversidad humana, cuerpo y cultura


El homínido homo sapiens sapiens tiene una antigüedad de alrededor de 35 000 años y es el resultado
de la amplia variabilidad genética homidae. Con seguridad una de sus características principales ha sido
su gran plasticidad y su extraordinaria capacidad de adaptación a los distintos ambientes del planeta.
El homo sapiens sapiens es el hombre contemporáneo que ha habitado los más diversos nichos
ecológicos: desde las heladas y elevadas tundras de los Andes, a cerca de 5 000 metros de altura; pasando
por las costas, el trópico húmedo, los desiertos, las marismas y los fértiles valles; hasta establecerse en
las selvas impenetrables, en donde se alcanzan temperaturas de menos 40 grados centígrados, y en
algunos desiertos y selvas con temperaturas cercanas a los 50 grados.
27

Esta amplia maleabilidad para habitar en los más diversos suelos y climas le ha permitido al ser
humano una alta capacidad de adaptación; además, lo ha obligado a generar estrategias tecnológicas y
formas organizativas, en lo social y lo político, para transformar y controlar las situaciones más agrestes
de los hábitats en el planeta, y para explotar ese medio. Cada grupo humano desplegó capacidades de
adaptación y transformación hacia el medio ambiente, ocupando todo el planeta y expandiendo su
creatividad para rentabilizar de la mejor manera cada espacio. De ahí que existan distintas formas de
concebir el mundo, la vida, y la tendencia siempre presente de una diversidad en la cultura humana.
También por este proceso de adaptación a distintos ambientes se han producido lenguas y culturas
distintas, modos de vida diferenciados y capacidades para regular las formas a las que la evolución de
la humanidad ha llegado. El resultado va del homo sapiens sapiens con una reducida, pero
paradójicamente, compleja tecnología de cazador-recolector, hasta los más elegantes hombres y mujeres
que se hacinan en las cosmopolitas urbes.
Así, la humanidad es un profundo crisol de talla, estatura, peso, color y grosor de piel, forma, color
y textura de pelo, color de ojos, adiposidades, forma y color de la dentadura, al igual que estructura y
tamaño de la nariz. Todo ello dentro de una misma especie, pero con una amplia diversidad y
variabilidad en genotipo y fenotipo; por ejemplo, desde el ejemplar nórdico de los helados fiordos del
mar del Norte hasta los pigmeos, extraordinarios cazadores del África central. El homo sapiens
sapiens es variable y diverso; es portador de caracteres somáticos visibles, y de otros no perceptibles
(tipo de sangre, potencial de crecimiento, formas fisiológicas que se heredan biológicamente, y lo más
intangible, la cultura). Pese a la diversidad y distinciones que podemos encontrar entre los grupos
humanos, no es posible sostener que hay grupos superiores o inferiores, como desgraciadamente hasta
el día de hoy se trata de argumentar. Nos encontramos, en cambio, con una variabilidad que tiende a la
adaptación de los diversos hábitats del planeta.
Desde luego, existen límites físicos que el individuo como tal es incapaz de vencer. La adaptación
implica una interrelación constante con el medio, y la forma en que nuestra especie ha resuelto esta
interrelación ha sido por vías culturales. Lo anterior conlleva formas de organización social y política
que se ponen a prueba para mantener un equilibrio en la especie, y constituye una situación dinámica
constante. En otras palabras, es un proceso de regulación, aclimatación y desarrollo. Por ejemplo, en las
primeras etapas de la colonización de América se sostenía que la población hispana no soportaba las
alturas de los Andes, y ello se debía sencillamente a una ausencia de aclimatación; vivir a alturas
superiores a los 3 000 metros sobre el nivel del mar exige un cambio en la composición sanguínea
(generación de más glóbulos rojos), y un mayor desarrollo pulmonar o torácico.
Algo similar sucede con grupos raciales no acostumbrados al régimen selvático de calor y
humedad; la especie responde a condiciones extremas por medio de la habitación, el vestido y el
conocimiento del entorno, esto supone formas de regulación social, y para algunos, el diseño de
estrategias políticas. Así, varios grupos humanos subsistieron durante miles de años en las difíciles
condiciones de las selvas amazónicas. Estos grupos tenían como estrategia general un reducido grupo
de población que generara una economía capaz de rentabilizar una amplia área a su disposición; además,
evitaban la jerarquización social, que entre otras cosas pudiera propiciar una explosión demográfica que
pusiese en peligro la regulación del grupo inicial. En otros espacios, aparentemente hostiles, se propició
una estratificación social que generó un mayor número de población mediante el descubrimiento de la
agricultura, y durante largo tiempo se reguló la aclimatación y el desarrollo por medio de innovaciones
tecnológicas, como los sistemas de terrazas, con los cuales se aprovechaba el agua; lo anterior sucedió
sobre todo en el Mediterráneo, Asia Central, Mesoamérica y los Andes.
En otras palabras, la regulación, la aclimatación y el desarrollo no son unívocos ni mantienen una
línea predefinida. En estos procesos adaptativos interviene la sociedad, la historia y el desempeño
cultural, que siempre es dinámico y se interrelaciona en un sentido complejo con la ecología y con las
estrategias que grupalmente se van definiendo como una totalidad. La adaptación, por lo regular, se
acompaña del azar y la necesidad; se traduce en posibilidad, oportunidad y competencia constantes. Los
28

grupos humanos, por más estables que parezcan, de manera permanente combinan innovaciones
tecnológicas, conductuales, fisiológicas y material genético. Y ello no es reciente, es una característica
de la especie; el homo sapiens sapiens es el resultado de la transformación del medio en el que se
desarrolla, es decir, nuestra especie es capaz de modificar el entorno, y esta característica es implícita
desde su aparición. Los antropólogos han denominado a lo anterior: proceso de hominización.

El uso del cuerpo


Como homínidos hemos generado vertiginosos cambios y modificaciones evolutivas, que se definen en
el proceso de la hominización: posición bípeda, pulgar oponible, visión estereoscópica y con seguridad
el más asombroso cambio ha sido la producción del lenguaje. Por este medio la especie ha logrado la
comunicación, en otras palabras, la socialización, la creación de sociedades no estáticas, de
organizaciones variables y, en consecuencia, de cultura. Por medio del lenguaje podemos distinguir a
un grupo de otro, y son miles los grupos que hoy habitan el planeta con formas culturales distintas; lo
que implica lenguas particulares y formas de adquisición de identidad, que se traducen en peculiares
maneras de vestir, diseñar espacios para la vida, relacionarse entre sí, establecer fronteras con los otros,
maneras de comportamiento, de concebir el mundo en lo material y en lo espiritual, formas de
alimentarse, de amar; en fin, una de las tendencias centrales de la especie es la diversidad.
Si bien somos uniformes en la biología, por ejemplo, la especie humana posee 23 pares de
cromosomas, nuestras diferencias se expresan en la cultura, que permite la alteridad. Por más que los
sectores dominantes persigan la uniformidad, el hombre tiende a lo plural. Para ilustrar lo anterior sirva
el caso de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, UNESCO,
que en 2009 inventarió cerca de 6 000 lenguas en el planeta. En México, oficialmente se han registrado
364 variantes lingüísticas pertenecientes a once familias (matriz lingüística) y 68 grupos (lenguas); en
este sentido, México está dentro de los diez países con mayor variabilidad lingüística en el mundo
(Instituto Nacional de Lenguas Indígenas, Inali, 2008). Una lengua implica una cultura, una sociedad y
una forma particular de entender el espacio que ocupa. Por cultura vamos a entender también a la lengua.
Ninguna lengua es superior o inferior a otra, sino que puede llegar a tener un distinto nivel de desarrollo,
un número diferente de hablantes, u ocupar los más diversos hábitats, como montañas,
valles, marismas, desiertos y ciudades. Ello configura formas diferenciadas de relación y comunicación
con los otros, que en ningún momento son homogéneas; incluso un grupo mayor puede ser también
diverso y diferenciado.
La cultura ha sido un concepto central en la antropología, y hasta hace no mucho tiempo esta
palabra, no sin abuso, se ha empleado en sentido lineal, como la suma de tradiciones, de costumbres que
son trasmitidas de una generación a otra. Tal forma de entender la cultura, que no deja de ser social, no
sobrepasa una idea estática, uniforme de las manifestaciones humanas. Sin embargo, al concepto
anterior de cultura hay que imprimirle un acento de dinámica social, que nos permita entender
trasmisiones generacionales, pero también fuertes rupturas e irrupciones en las historias sociales, sobre
todo en la actualidad, donde las interrelaciones humanas son vertiginosas. Lo anterior sucede, por
ejemplo, en los veloces cambios tecnológicos, donde lo que hace tres años era novedad hoy comienza a
ser obsoleto, lo cual tiene serias implicaciones para la telemática, la informática o la cibernética.
En este mismo sentido, desaparecen condiciones que pensábamos estables, como las formas
religiosas inamovibles que tienden a desaparecer o a romper su rigidez para dar paso a nuevas facetas,
tal vez igual de rígidas, pero con nuevas inspiraciones; otras formas de organización que se han
modificado son las estructuras familiares, o el declive de instituciones como la escuela, que ya no es
fuente de información unívoca. Así, la cultura deberá entenderse como una dinámica social con una
acelerada comunicación, que conlleva la desaparición de grupos estables y el surgimiento de algunos
intentos de iniciar tendencias estéticas, políticas y de rearticulación con sociedades mayores. Esto
implica, también, intercambios no pensados hace 50 años en el ámbito de la genética. Asistimos a una
29

síntesis de diversidades; lo que para algunos es la globalización, para otros consiste en remarcar
particularidades, ya sean nacionales, religiosas, políticas, de género o de preferencias sexuales.
Después de la segunda guerra mundial hubo una reorganización del mundo, una reubicación de los
mercados, un restablecimiento de los estados nacionales, la solidificación o desaparición de grupos
humanos, y, con ello, la adquisición de nuevos conocimientos o la desaparición de saberes profundos.
Esto ha repercutido en nuevos fenotipos humanos; por ejemplo, los antropólogos físicos predicen que
en no más de tres generaciones los rubios desaparecerán del paisaje humano, así como también han
estado desapareciendo con gran velocidad alimentos en el planeta. Se han perdido conocimientos sobre
el uso medicinal, mágico y nutricional de las plantas, en gran medida por la voraz intención, al momento
exitosa, de homogeneizar por vía del mercado todas las mercancías, incluidos los alimentos.
Un ejemplo que llama la atención por su gravedad, es la desaparición de cerca de 34 o 36 razas
del zea mays mesoamericano, nombre científico otorgado a la especie domesticada de maíz que
cotidianamente consumimos los mexicanos bajo diferentes formas. Estas razas de maíz han sido el
resultado del manejo milenario de los campesinos, que han logrado adaptar este cereal desde el nivel
del mar hasta altitudes de tres mil metros; esta selección de razas ha servido para producir este vital
alimento en terrenos de secano, humedad e irrigación. La alta tecnología agrícola de orden tradicional
logró la milpa, que consiste en la asociación de distintas especies vegetales, todas destinadas a la
nutrición humana, como el maíz, la calabaza, el chile, el frijol y los quelites, productos que sintetizan la
alimentación básica de muchos grupos en nuestro país. En el caso del maíz, su uso y consumo en México
es interclasista y atraviesa todo el territorio, incluso traspasa fronteras, ya sea en forma de tortilla, que
es alimento, plato, cuchara o servilleta, y en otras presentaciones, como el tamal o el atole. El maíz es
parte integrante de la amplia variedad nutricional de México con sus distintas particularidades locales y
regionales: el pozole guerrerense, el totopo del Istmo, el zacahuil huasteco o la tlayuda, ejemplos que
muestran las distintas formas de artesanía culinaria que implican una alta tecnología.
Actualmente, esta riqueza está en serio peligro por la introducción del maíz transgénico, que ha
dejado de ser zea mays y que contamina el material genético de las razas nativas, poniéndolas en peligro
de extinción. El mercado trasnacional corporativo se esfuerza por homogeneizar y hacer desaparecer
las culturas que se resisten a aceptar innovaciones perjudiciales. Situaciones similares a las del maíz las
viven los campesinos de los Andes, donde la selección de las razas de sus papas y tubérculos también
se encuentra en peligro por la introducción de material transgénico. África también se ha visto obligada
a reducir variedades de mijo y sorgo para producir las que les dictan a los agricultores los poderosos
consorcios agroquímicos. Similares circunstancias se sufren en Oriente con la producción de arroz.
Paralelamente a esta situación, la UNESCO anuncia que de las seis mil lenguas que se hablan en el
planeta, de dos mil quinientas a tres mil están en peligro de desaparecer.
Los resultados de estas tendencias en las dinámicas sociales de los pueblos indígenas y tribales, de
raíz campesina, están provocando el abandono de sus prácticas agrarias, ya sea por lo poco rentables,
por pérdidas en tiempo, en fuerza de trabajo e incluso en forma monetaria, o bien por la migración en
busca de nuevas expectativas. Ésta ha sido una de las vías, no sólo para la desaparición por medio del
acoso económico y político de sectores en condición de minoría, sino también para la derrama en el
mercado de lo que genéricamente denominamos alimentos chatarra, casi todos ellos con altos contenidos
de carbohidratos, con colorantes y saborizantes artificiales y con nula aportación nutricional. Las
secuelas están a la vista; a nivel mundial, México tiene la mayor cantidad de personas obesas, y disputa
el primer lugar, con los estadunidenses, en diabéticos. Pese a ello, hay grupos que tendencialmente se
aferran a sus formas tradicionales de producción y las defienden a toda costa, demostrando una estrategia
cultural de resistencia, y al mismo tiempo comprueban que los alimentos producidos de manera
tradicional resultan más nutritivos y en consecuencia más saludables. Ésta es una tendencia planetaria
y forma parte del conflicto que se libra en la actualidad en nuestro mundo.
30

La gastronomía, que tiene por arte lo culinario, radica en la disposición de alimentos y en sus
formas de preparación, de ahí la adquisición de la identidad cultural. Sería muy extraño encontrar a un
mexicano que no guste del más elemental de los platillos, que es el taco; éste es un elemento cultural
indiscutible, su distinción clasista dependerá del relleno: no es lo mismo tener este alimento con quelites,
jitomate y chile, día con día, que ofrecerlo con un suculento corte de carne, en este caso, probablemente
encontraríamos una diferencia de sector social o en su caso de clase social, pero en sí, este sencillo
platillo es una identificación nacional. En la historia de la cocina existen distintos préstamos que incluso
logran llegar a ser parte integral de la identidad de un pueblo. El jitomate es de origen mesoamericano
y sería casi imposible entender nuestra cocina y su arte sin él; este fruto, de la familia de las solanáceas,
ha sido un préstamo que Mesoamérica otorgó a Europa y al mundo, y desde hace varios siglos
el pomod'oro (manzana de oro) o jitomate, es el ingrediente central de la comida italiana.
Los spaghetti (de origen oriental) no se pueden concebir sin una salsa de jitomate y otro ingrediente del
mundo árabe que es la albahaca. Sirva este breve ejemplo para entender que las cocinas intercambian
productos, procedimientos en su desarrollo histórico y evolutivo, pero mantienen una estructura,
digamos un punto de referencia. En otras palabras, un núcleo cultural.
Existen préstamos culinarios aceptables, incluso propositivos, que están destinados a optimizar el
sabor, la calidad y los efectos nutricionales del individuo y del grupo que los consume. Así como se
expandió el uso del jitomate en Europa, nosotros hemos recibido el aceite de oliva que, en su uso
moderado, ha demostrado poseer propiedades nutricionales de alta calidad, y resulta ser un mejor aceite
que el que proporciona la grasa de origen animal. Esto lo podemos extender a frutos y vegetales que se
han incorporado en nuestra tradición gastronómica; al mismo tiempo, resurgen alimentos que se
encontraban al punto de la extinción, como el amaranto (Amaranthus Spp), que los conquistadores
españoles intentaron suprimir de nuestra dieta por considerar que era utilizado en rituales bárbaros, pues
algún cronista reseñó que en el sacrificio humano se mezclaba el amaranto con la sangre. También
existen préstamos alimenticios nocivos, que no forman parte de la estructura cultural que nos identifica
y que, aunados a las actuales formas de vida cada vez más sedentarias, se convierten en verdaderos
tóxicos para nuestra salud, afectando en lo fundamental a los niños. Ejemplos de lo anterior son el uso
excesivo de alimentos industrializados, como los refrescos embotellados con altísimas cantidades de
azúcar, que desplazan a las tradicionales bebidas de frutas o de maíz (el pozol del área maya, el agua
de chía, el tepache, la horchata, la jamaica, entre otras tantas bebidas refrescantes y nutritivas); o el
consumo indiscriminado de caramelos que deja de lado la variedad de postres con los que cuenta nuestra
cocina (la calabaza en tacha, las frutas cristalizadas, o simplemente una fruta que se condimenta con
chile, sal y limón). El mercado se ha inundado de alimentos chatarra con harinas y azúcares en forma
de pasteles, o la enorme cantidad de frituras que consumen nuestros niños y jóvenes día con día. Lo
anterior ha conducido a profundos trastornos fisiológicos y nuevas modalidades en el proceso salud-
enfermedad. Cada vez es más frecuente y a edades más tempranas la aparición de enfermedades de
origen endocrino o cardiovascular, que afectan el crecimiento y desarrollo individual y poblacional,
generando, además, una pérdida de nuestra identidad.
Si a lo anterior sumamos otros préstamos de orden lúdico, también se genera una merma de nuestra
identidad. En las ciudades es cada vez más difícil observar el juego de las canicas, el trompo o el balero,
que ponen en funcionamiento la ubicación del espacio, el manejo psicomotor fino y el desempeño de
los reflejos. Tampoco se ven otro tipo de juegos, como las escondidas, el bote pateado, el avión, los
quemados, los encantados, las traes, que ponen en movimiento el mecanismo músculo-esquelético y
psicomotor mayor. En muy poco tiempo estamos asistiendo a una cultura visual que, de entrada, no se
debe desechar; la telemática y la informática son instrumentos de la vida contemporánea que asombran
y ayudan al aprendizaje, pero los contenidos que se ofertan a los grandes conglomerados de población,
principalmente infantil y juvenil, los atrapa con elementos culturales que rompen con formas
tradicionales de adquisición de la identidad. La informática y la telemática no son ni buenas ni malas;
lo peligroso es el uso que se les da. Finalmente son medios y no fines, como hasta ahora los sectores
dominantes lo están imponiendo. Es lamentable que la socialización que permiten nuestros recursos
31

lúdicos se sacrifique en aras de los beneficios de un mercado de la imagen que proporciona poca
información positiva, y más bien provoca el aislamiento y el acento en la individualidad, fracturando
alternativas basadas en cooperativas o en el desarrollo comunitario.
La cultura es un producto social; no es unívoca, no es uniforme, tiende a la diversidad y es también
un espacio de conflicto. Una tendencia que varios sectores de nuestro país impulsan es la necesidad de
recuperar los espacios de convivencia social que en los últimos años han sido arrebatados del disfrute
social. Las plazas, los jardines, los parques, las calles, deben ser retomadas para la vida comunitaria; sin
participación social los procesos culturales se fracturan. Frente al ofrecimiento de diversión en plazas
comerciales, las familias, los jóvenes y los niños debemos tomar de nueva cuenta los espacios públicos
ante la afrenta del automóvil, el comercio de todo tipo, que se conduce en los últimos tiempos hacia
la chatarrización de la vida social y comunitaria. Recuperemos la inmensa riqueza que nuestra historia
local, regional y nacional nos ofrece para un mejor disfrute de la vida.

2.2.2 Multiculturalismo
Para comenzar este tema es preciso distinguir entre lo que se entiende por multiculturalismo e
interculturalidad. Los conceptos de multiculturalismo e interculturalidad van más allá de lo que propone
la pluriculturalidad; esta última es un concepto utilizado en nuestra Constitución, bajo el supuesto de
igualdad semántica, que señala que México es un país pluricultural, lo que simplemente supone la
existencia de diversas culturas en un mismo territorio. En cambio, el concepto de multiculturalidad
plantea el respeto que deben tenerse las diversas culturas, mientras que el de pluriculturalidad puede
suponer relaciones de segregación y discriminación entre culturas. Por su parte, la interculturalidad
denota una interacción de grupos humanos con diversas culturas y propone que esta relación se
fundamente en la igualdad entre culturas. La realidad intercultural niega la existencia de desigualdades;
asume que la diversidad es una riqueza. A diferencia del integracionismo y la segregación, en donde lo
que se busca es excluir las diferencias, la interculturalidad asume la diferencia como algo necesario y
justo, que tiene como eje de convivencia el respeto. Esta interculturalidad se desarrolla en una relación
de comprensión y respeto entre las culturas.
La interculturalidad y el multiculturalismo reconocen al otro como diferente sin borrar sus
características, sin segregarlo; tienen como eje el respeto, la comprensión y el reconocimiento mutuo,
donde reside el concepto de autonomía. La autonomía, desde la perspectiva multicultural e intercultural,
explica que el sujeto (individual o social) se relaciona desde su diferencia con el que considera
interactuar, con el grupo minoritario. Pero entiende, como parte del grupo mayoritario, que el diferente
puede desarrollarse desde su diferencia. De esta forma, pensar en la interculturalidad, y por ende en el
multiculturalismo, desde la perspectiva anglosajona, implica plantear que cada grupo étnico o cultural
tiene todo el derecho a conservar y desarrollar su cultura en un marco de respeto y tolerancia, y a
educarse en sus propios valores y conocimientos culturales en igualdad de condiciones.

Los orígenes del fenómeno multicultural


La atención que se ha dado al reconocimiento y respeto de la diversidad cultural y étnica reside en un
fenómeno político y social que tiene su origen en una serie de acontecimientos. En los años sesenta
destacan las exigencias de la comunidad afroamericana en Estados Unidos, cuyo propósito era luchar
contra la discriminación social y política, y en favor de la implantación de los derechos civiles, que se
les negaban como ciudadanos. Las pretensiones de este movimiento, también se hicieron sentir en otros
países como Reino Unido, Canadá y Países Bajos. El fenómeno migratorio del tercer mundo, desde los
años sesenta y setenta, con el cual los países desarrollados han recibido población inmigrante en grandes
32

cantidades, ahora demanda sus derechos, lo que ha generado la necesidad de plantear políticas para dar
respuesta a esta diversidad multicultural.
Actualmente han resurgido problemas de racismo, destacando en los últimos años los casos de
España y Francia, por mencionar algunos. De esta forma el multiculturalismo y la interculturalidad se
presentan no como una moda pasajera, sino como el medio para reflexionar sobre la necesidad de
generar una conciencia que tenga como propósito central la construcción de una sociedad multicultural
en un mundo diverso e interdependiente.
La globalización ha impulsado la apertura de fronteras y el aumento del intercambio en
comunicación e información, lo que demanda la mejora de la relación intercultural. Asimismo, se ha
generado un auge del factor étnico, que se manifiesta como presión sociopolítica para los gobiernos de
los Estado-nación, y que crece con los movimientos de clase social y de género. El reclamo de la
identidad étnica y cultural, así como la lucha por la igualdad social y de género, se están convirtiendo
en las causas de presión sociopolítica más importantes de esta época. Ante el surgimiento histórico de
los países donde conviven todos sus ciudadanos con los mismos símbolos y estructuras, los
distintos grupos étnicos plantean la defensa del reconocimiento y respeto de sus características
culturales y lingüísticas para desarrollar satisfactoriamente su identidad, conseguida bien por
ascendencia o por solidaridad, en todo caso asumida conscientemente como diferente a la de otros
grupos con los que interactúan.
Además de esta serie de fenómenos, hay que reconocer que en la mayor parte de los países la
conformación de la sociedad es multicultural; muchas naciones se encuentran constituidas por diversas
etnias, culturas y regiones muy distintas. Esta pluralidad ha sido clasificada por Will Kymlicka (1996),
en estados multinacionales y estados poliétnicos; así, en los primeros la diversidad proviene de la
incorporación de culturas concentradas en un territorio, que tuvieron antes un gobierno propio; en los
estados poliétnicos proviene de la inmigración individual y familiar. Sin embargo, algunos países
podrían tener ambas formas de Estado múltiple, como en el caso de Estados Unidos, "multinacional"
por haber incorporado antiguas nacionalidades, como los pueblos indios o Puerto Rico, y "poliétnico"
por resultar de la mezcla de muchos países.
Otra propuesta de clasificación de países es la de Rodolfo Stavenhagen (1990), quien señala que
existen los Estado-nación con una nación dominante y otras subordinadas (como en el caso de España,
Reino Unido o Japón), o heredadas de una multiplicidad cultural propia de un imperio precedente (como
China, o la antigua URSS), los estados derivados de antiguos imperios que guardan minorías en su seno
(como Turquía o Rumania), los estados con un mosaico de etnias (como India, Pakistán y la mayoría
del África negra), los estados producto de inmigraciones de diferentes nacionalidades (como Estados
Unidos, Argentina, Australia), o bien, los estados en los que los descendientes de colonizadores forman
la nación dominante sobre restos de otras culturas (como ocurrió en Indoamérica, Australia o Nueva
Zelanda).

El multiculturalismo como opción


La convivencia de diversos grupos étnicos, culturales y lingüísticos en un mismo contexto supone un
reto, ya que esto requiere de respuestas teóricas y prácticas para formar ciudadanos y culturas que se
interrelacionen en un marco de tolerancia y respeto. Uno de los grandes retos que enfrentan las
sociedades en la actualidad es cómo atender la diversidad cultural; lo cual, más que un freno para el
crecimiento, es un elemento enriquecedor de cualquier nación. Como opción, en el marco del
multiculturalismo es importante sentirse orgullosos ante las diferencias culturales, intentar ilustrarse de
ellas y no imaginarlas como ajenas, inaceptables u odiosas. Sabemos que la interrelación de diversas
culturas es un fenómeno natural de convivencia y el concepto de interculturalidad refleja la promoción
33

de un genuino diálogo entre culturas. Exige respeto mutuo entre personas y grupos originarios de
distintas culturas, desterrando idealismos, tensiones y conflictos.
La posibilidad de optar como sociedad por la interculturalidad o el multiculturalismo emana de una
serie de fenómenos que son de gran importancia, como por ejemplo:
• El reconocimiento de que en realidad la mayor parte de los países son multiculturales.
• El proceso de globalización.
• El arribo de una sociedad más informada, moderna y democrática, por lo tanto, más justa.
• Los movimientos de los derechos humanos y cívicos, y el derecho universal a la educación.
• El reclamo de las minorías por el respeto a su cultura e identidad, y su lucha por mantenerla.
• La importancia que organismos internacionales le han dado al reconocimiento y respeto de la
diversidad cultural.
Con base en esto, el propósito de una sociedad que convive en el marco de la interculturalidad es permitir
el intercambio y el diálogo entre los grupos culturales y su mutuo enriquecimiento. Es importante que
no se considere a ninguna cultura superior a otra o con derecho a dominarla; para evitarlo se requiere
un continuo acto de reflexión de la propia cultura que confronte todos aquellos valores que pudieran
entrar en conflicto con los valores humanos universales.

La diversidad cultural de México


La composición multicultural de nuestro país se sustenta en gran medida por sus grupos originarios. De
hecho, la sociedad mexicana se conforma por una diversidad muy grande de culturas que históricamente
nunca ha sido homogénea; durante toda la historia conocida, en México han convivido diferentes grupos
que tienen y reproducen su propia cultura. Sin embargo, definir qué distingue a un grupo originario de
otro que no lo es resulta difícil. Para ello se retoma la propuesta de Guillermo Bonfil Batalla (1997), que
distingue los siguientes elementos:
• Territorio históricamente propio y formas particulares de aprovechamiento de recursos naturales,
lengua indígena.
• Producción agropecuaria, modos de explotación, de consumo propio y mercado de excedentes.
• Organización social, política y ceremonial, sistema de cargos.
• Atuendo y objetos suntuarios tradicionales, producción artesanal y agropecuaria propias.
• Medicina tradicional y curandería.
• Cosmovisión y filosofía, sistema de valores.
• Aspecto ceremonial, religioso, civil, profano, y sus instrumentos.
• Complejo alimentario.
• Narrativa particular: mitos, leyendas y cuentos.
• Transmisión de la cultura.
Tal vez una definición que se pueda aportar es que la comunidad indígena es una agrupación social
formada por un territorio determinado, por grupos humanos que tienen características similares como
las costumbres, la forma de ver la vida, la misma lengua, la misma cultura y los mismos valores. La
34

visión del México rural no estaría completa sin la dimensión indígena. En México habitan poco más de
10 millones de indígenas (véase cuadro 1); se trata de la mayor población indígena, en términos
absolutos, de los países de América Latina, que equivale a la población total de Honduras, Nicaragua y
Costa Rica.
La gran diversidad cultural de México se aprecia en la existencia de cuando menos 62 grupos
étnicos (véase cuadro 2) en el territorio nacional. Entre ellos existen amplios contrastes: mientras que el
náhuatl es utilizado por más de dos millones de personas, sólo hay 80 hablantes del aguateco.
En este contexto, la diversidad cultural de México debe verse como un elemento que puede
enriquecer a los ciudadanos. Ciertamente, es un reto cuando hablamos de igualdad de oportunidades;
sin embargo, plantearse una convivencia en el marco de la interculturalidad —es decir, de igualdad y
respeto en la diversidad y la diferencia cultural y étnica, con un proyecto único consensuado o acordado
previamente por todos los grupos con sus identidades diversas— representaría un ejemplo internacional
y una oportunidad para nuestra sociedad. Romper con las utopías ficticias entre los diversos grupos
indígenas más que un reto es una oportunidad.

2.2.3 Familia y cultura


Uno de los grupos sociales más importantes es la familia. En toda cultura o sociedad, en el pasado y en
el presente, la familia sigue teniendo un lugar imprescindible en la vida de cualquier individuo. A lo
largo de la historia, la familia ha estado en constante cambio. En las últimas décadas, las modificaciones
y transformaciones que ha sufrido el grupo familiar se han presentado en casi todo el mundo. Cada
quien, con sus propios recursos y desde su propia perspectiva cultural, se enfrenta al dilema entre la
familia tradicional y la familia actual. Es un debate que está en proceso.
En el mundo no hay un solo tipo de familia y tampoco un solo tipo de matrimonio, lo que sí
encontramos son nuevas prácticas familiares que de alguna manera están transformando las antiguas
formas.
Se puede definir a la familia como el conjunto de personas unidas por dos principios básicos. El
primero es el de afinidad, que se establece a partir del matrimonio; el segundo es el principio de filiación,
en el cual las personas establecen nexos, deducen responsabilidades, deberes, obligaciones, derechos y
privilegios con respecto a otras personas y en relación con muchos aspectos de la vida social.
35

Fuente: INEGI, XI Censo general de población y vivienda, 1990, México.


INEGI, Conteo de población y vivienda, 1995, México.
INI, Indicadores socioeconómicos de los pueblos indígenas de México, 1993, México.
Luz María Valdés, Los indios en los censos de población, UNAM, 1996, México.
36

INEGI, Estadísticas socioeconómicas de México, 2000, México.

Fuente: SEP/DGEI.
La organización de la familia es diferente según la cultura que se trate. No hay un tipo de familia
superior o inferior, mejor o peor. Cada cultura organiza su espacio doméstico de acuerdo con las
enseñanzas y valores predominantes, heredados por las generaciones anteriores. Se trata de procesos de
endoculturación (experiencia de aprendizaje por medio de la cual una generación de más edad incita,
induce y obliga a la generación más joven a adoptar los modos de pensar y comportarse tradicionales)
que se suceden históricamente.
En algunas culturas, las familias se organizan según el tipo de afinidad o de matrimonios que se
practiquen. En la mayor parte de Europa y de América se ejerce el matrimonio monogámico, que es el
que une a una mujer con un hombre. En muchas partes de África, Medio Oriente y Asia, la vida familiar
se organiza mediante el matrimonio poligámico de tipo poligínico, que permite la unión de un hombre
con varias mujeres. Hay también espacios culturales, como algunas partes del Tibet, la India y algunos
grupos de esquimales, en los cuales el matrimonio poligámico es de tipo poliándrico, la esposa es
compartida por varios maridos, en otras palabras, es el matrimonio de una mujer con varios hombres.
Los diferentes modelos de matrimonio crean distintos modelos de familia; entre los más conocidos,
podemos encontrar:
• La familia nuclear: el marido, la esposa y los hijos.
• La familia extensa: al menos tres generaciones, en donde viven varias personas con sus hijos e hijas.
• La familia nuclear extendida: un pariente de uno de los progenitores vive con ellos y sus hijos.
• La familia monoparental: el padre o la madre con sus hijos e hijas.
• La familia reconstruida: parejas separadas de matrimonios anteriores, que deciden casarse por segunda
vez.
• La familia atípica o nueva: una pareja del mismo sexo (hombre-hombre o mujer-mujer);
en ella se incorporan los hijos de cualquiera de los dos o se decide la adopción de los hijos.
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Es probable que en nuestro entorno más cercano sea difícil encontrar matrimonios poligínicos o
matrimonios poliándricos; sin embargo, los procesos de globalización cultural han difundido estos
modelos de matrimonio, por lo que no será difícil encontrarlos con más frecuencia en algunos años.

La familia nuclear
En diversos países del mundo, influidos por la cultura occidental, se reivindica y defiende
institucionalmente el tipo de matrimonio monogámico y la familia nuclear. En estos lugares, todo el
sistema político y jurídico defiende, justifica y promueve los valores familiares en torno a este modelo
de matrimonio y familia. De acuerdo con Murdock (1949), la familia nuclear tiene las siguientes
ventajas:
• Satisface las necesidades sexuales y reduce la fuerza perturbadora de la competencia sexual.
• Garantiza la protección de la mujer durante el embarazo, y durante los meses o años de lactancia.
• Es esencial para la endoculturación de los niños de ambos sexos.
• Dadas las especialidades conductuales impuestas a la mujer por su papel reproductor, y las diferencias
anatómicas y fisiológicas entre hombres y mujeres, la división sexual del trabajo hace más eficiente la
subsistencia.
En nuestra realidad social mexicana coexisten diferentes culturas. Durante mucho tiempo,
especialmente desde la llegada de los españoles hasta los procesos de independencia que se desarrollaron
en América, tres influencias culturales se despliegan en la familia. La primera es la que se origina en la
cultura prehispánica; los grupos indígenas, en esencia, continuaron organizando sus núcleos familiares
de acuerdo con sus tradiciones y costumbres. La segunda es la que surge de la presencia de la población
europea, y, más específicamente, con el modelo de familia patriarcal español. Finalmente, la tercera
influencia cultural proviene de la presencia de población africana que llega con los españoles.
El mestizaje biocultural que se desarrolla en América produce una articulación de las tres influencias
culturales en la familia, especialmente en la nueva población mestiza que paulatinamente crecerá y será
predominante en algunos de estos países.
En efecto, el modelo monogámico y el matrimonio nuclear se practicará y defenderá como la única
opción de familia, aunque en la práctica, sobre todo en los hombres, la poligamia será una constante.
Algunos historiadores sitúan el origen de estas prácticas en la época colonial; Asunción Lavrin escribe:
"En la América Latina colonial el matrimonio no era ni el resultado exclusivo del noviazgo ni el único
canal de expresión sexual. Las relaciones sexuales antes del matrimonio, la unión consensual, la
homosexualidad, la bigamia, la poligamia, la concepción extramarital y las aventuras clandestinas entre
los religiosos y seglares han sido prácticas frecuentes desde el siglo XVI" (Lavrin, 1991).
Con la independencia de los países de América, las prácticas matrimoniales no cambiarán mucho.
Durante todo el siglo XIX y XX, el nacimiento de hijos fuera del matrimonio, las "casas chicas", los
"segundos frentes", las "uniones libres", "la casa catedral y la casa capilla", no son más que expresiones
populares para caracterizar la diversidad con la que se presenta la familia en la realidad social cotidiana.
A lo anterior se suman gradualmente problemas asociados a la familia, como el maltrato infantil, la
violencia conyugal, la infidelidad, las prácticas incestuosas, el autoritarismo de los padres, las
adicciones; problemas que vuelven más compleja la realidad familiar de nuestros días.
Ante la ausencia de estudios precisos que den cuenta de la magnitud del problema, en los últimos
años, sociólogos, historiadores y antropólogos se han percatado de la necesidad de entender el fenómeno
de la familia en su diversidad.
38

Los cambios en la familia


La familia actual vive cambios importantes; los procesos de industrialización, la creciente urbanización,
el desempleo y la magnitud de los procesos migratorios son algunos aspectos que desencadenan grandes
transformaciones en la familia. Los jóvenes son los más sensibles a estas mutaciones; la búsqueda de
independencia o de apoyo a la familia los lleva a buscar fuentes de trabajo fuera de sus localidades. En
las mujeres jóvenes, la educación les aporta nuevas aspiraciones que no tienen mucho que ver con los
modelos tradicionales que viven en sus casas.
Ejemplos de lo anterior los encontramos en casi todos los países europeos; el caso de Alemania es
arquetípico de los países industrializados. En un estudio realizado en Francia, Adelheid Hege (2007)
muestra que los alemanes están orgullosos del modelo tradicional de familia nuclear que aparenta
tranquilidad (hombre en el trabajo, mujer en el hogar, hijos cuidados por la madre que asegura las
mejores condiciones psicosociales para su educación). Este modelo, sin embargo, en la perspectiva de
las autoridades alemanas responsables empieza a tener efectos perversos. La débil tasa de empleo de las
mujeres; la subutilización de sus estudios profesionales o técnicos; la falta de autonomía económica de
las mujeres, sobre todo en el caso de las separaciones, que son cada vez más frecuentes; el riesgo de la
destrucción de las estructuras familiares; y el fracaso escolar como consecuencia de los conflictos
familiares, son algunos de los actuales problemas.
Con el fin de evitar una explosión demográfica, desde 1979 en China las autoridades deciden
autorizar sólo un hijo por familia. Casi treinta años más tarde, estos hijos únicos que crecieron con los
procesos de modernización y fueron educados con los valores de una sociedad de consumo, a juzgar por
los especialistas, poco se diferencian de los jóvenes occidentales. Según Yunxiang Yan (2007), de
acuerdo con una encuesta realizada en 2001 en la provincia meridional de Guangdong, 80% de los
jóvenes que vivían en el campo habían tenido relaciones sexuales antes del casamiento; el mismo
porcentaje se presentó en las ciudades. Otro aspecto a destacar es la transformación de las antiguas
prácticas de solidaridad con los padres y abuelos; la mayor parte de los padres dudan de las capacidades
de sus hijas para hacer una familia. El modelo 4,2,1 (cuatro abuelos, dos padres y un hijo), que
garantizaba la estabilidad generacional de las familias chinas, ya no es seguro, pues las nuevas
generaciones no se sienten comprometidas a responsabilizarse del cuidado de los mayores.
En algunos otros lugares, los cambios en la familia obedecen a otras causas. En el continente
africano hay más de 12 millones de niños, llamados los huérfanos del sida. Por ejemplo, África del Sur,
con una población de 42 millones, tiene 5.5 millones de niños infectados de sida, y existen más de 1.2
millones de niños cuyos padres murieron por esta enfermedad. Algunos de estos niños se ven obligados
a dirigir una familia debido a la muerte de sus padres; en otros casos, las abuelas deben trabajar para
cuidar y alimentar a sus nietos. Según Heston Philps y Barbara Anderson, investigadores sudafricanos,
más de 80% de los niños huérfanos se van a vivir con sus abuelos e incluso con sus bisabuelos. La falta
de empleo, la edad y lo numeroso de las familias hacen de estas realidades tragedias que son casi
desconocidas en otras latitudes del mundo.
En Estados Unidos, las familias en su sentido más tradicional (padre, madre e hijos) ocupan cada
vez un lugar menor en los hogares estadunidenses. La nueva mayoría está ahora formada por familias
de divorciados, personas solteras y parejas del mismo sexo. En el fondo, la estadística sólo demuestra
lo que era una tendencia desde hace tiempo: la familia como la hemos conocido y como se la ha venerado
hasta hoy, simplemente está dejando de ser la "célula" en la que se basa toda organización social. En
México, según Gabriela de la Riva (2007), actualmente no es posible hablar de la familia tradicional
mexicana. No es aceptable presentar y dirigirse a una familia de mamá, papá e hijos, cuando más de la
mitad de la población en México no tiene esa organización. Lo anterior supone discriminar a una madre
soltera o divorciada, o a un padre solo, en un contexto en el que aproximadamente 21% en el nivel
39

nacional y 5% en la ciudad de México son familias en donde la responsable es la mamá y hay ausencia
física del papá.
El caso de México es un ejemplo representativo de lo que ocurre en América Latina; la familia
nuclear se ha cobijado y apoyado en otros modelos familiares. El padre biológico, con mucha frecuencia,
ha sido sustituido en las funciones familiares por los tíos, los abuelos o los padrinos. Todos ellos, en
muchas familias, participan en las diversas actividades de educación, alimentación y protección. Ante
el abandono de uno de los padres biológicos, en la familia mexicana se han creado estructuras alternas
que de alguna manera garantizan la continuidad de la normalidad familiar. En diferentes estados de la
República, como Michoacán, Zacatecas y los estados fronterizos del norte, la figura de la madre como
jefe de familia es cada vez más frecuente.
Es evidente que la ausencia de alguno de los padres modifica sustancialmente las relaciones
familiares. Los hijos automáticamente buscan el sustituto de la ausencia; a veces lo encuentran en un
familiar mayor o en un maestro, pero en otras ocasiones se apoyan en el amigo del barrio o de la escuela,
o en el jefe o líder de algún grupo. En el caso de las madres solteras, la soledad y la necesidad de tener
pareja sin los compromisos que ello implica, las lleva a practicar ciertas formas de poliandria que están
en proceso de modificar las antiguas prácticas sexuales de las mujeres.

La nueva familia
Para especialistas como Geneviève de Parseval (Yan, 2007), estamos en proceso de pasar de un modelo
familiar dominante a una variedad de modelos todavía flojos y no consolidados. Este paso es
perturbador. En la concepción de la filiación llamada "euroamericana", en vigor en los países
occidentales, los padres son aquellos de sexo diferente y que tienen un nexo genético con sus hijos; sin
embargo, esta concepción de familia heterosexual y nuclear no es universal. En muchas sociedades,
otros parientes cercanos (tíos, abuelos, padrinos) intervienen activamente en la educación de los niños.
La familia monoparental, la familia reconstruida y la familia atípica paulatinamente se apropian de
los espacios domésticos de muchos países. Prácticamente no hay cultura donde los cambios no estén
modificando las tradiciones familiares. Actualmente, parejas de homosexuales y lesbianas están
conformando familias por medio de diversos recursos legislativos que las condiciones actuales de
tolerancia permiten en una variedad de países democráticos. La decisión de formar una familia pertenece
a cada individuo. El tipo y el modelo es una decisión propia, lo importante es cumplir con las
responsabilidades que tal decisión conlleva.
Está claro que hay distintos tipos de familia y de matrimonio. Las funciones de concepción de los
hijos, educación, alimentación, protección, instrucción, dar nombre y ser responsable mientras el hijo
sea menor, son diferentes según la cultura de que se trate. En muchas de ellas, los lazos que se establecen
pueden variar, y no siempre son los padres biológicos los que desarrollan estas funciones.
En nuestra cultura, formalmente, se ha defendido la familia nuclear y monogámica, aunque en la
práctica, la familia extensa y la poligínica han sido una constante en muchos países de América Latina
y una realidad que empieza a ser estudiada. El caso de México no es la excepción; la cantidad de hijos
formados y educados por los parientes es un problema cuyos orígenes históricos están claramente
establecidos. Los cambios en la pareja y en la constitución de las nuevas familias parecen relegar lo
biológico por lo social. Las transformaciones que encontramos en la institución familiar parecen regirse
por una nueva realidad.
40

TEMA 3. CIENCIA POLÍTICA

Mural en East Side Gallery del muro de Berlín


, primavera 2002.
La concepción moderna de la ciencia política se puede ubicar en los años cincuenta y sesenta del
siglo XX. Sus primeros pasos estuvieron marcados inevitablemente por el contexto de la guerra fría.
En los países con dominio soviético, la imposición por decreto de una ciencia única como doctrina
oficial ahogó la posibilidad del pensamiento crítico en las universidades, e impidió que la tradición de
los grandes historiadores, lingüistas y psicólogos rusos y del este europeo tuviera un desarrollo
institucional similar al de las ciencias sociales en las universidades capitalistas.
Mientras tanto, en Europa Occidental se adoptaba la etiqueta de "ciencias humanas" para agrupar
a la antropología, la historia y la psicología en torno a las formulaciones del psicoanálisis, la lingüística
estructural y las diferentes versiones críticas del marxismo occidental. A diferencia de lo que sucedía en
Estados Unidos, varias de las más importantes líneas de trabajo de las ciencias humanas europeas se
desarrollaron al margen de las universidades, y, dentro de éstas, se disputaban los espacios con las
disciplinas "tradicionales", como la filología, la filosofía y la historia política.
En Estados Unidos, las llamadas "ciencias de la conducta" —integradas por la antropología, la
psicología, la sociología y la ciencia política— adquirían un lugar predominante en las universidades en
un momento de fuerte expansión y desarrollo de grandes programas de investigación social realizados
con abundantes apoyos presupuestales, públicos y privados, orientados hacia la política exterior, e
interesados en la promoción de la economía de mercado y la democracia liberal ante el avance
del nacionalismo y el socialismo en los países del capitalismo dependiente y periférico en las nuevas
sociedades poscoloniales.
La asignación de amplios recursos para la creación de escuelas, posgrados, centros y áreas de
investigación especializadas dio como resultado que, en pocos años, apareciera un gran número de
unidades y asociaciones académicas reconocidas con la etiqueta de "ciencias de la conducta". Éstas
estaban orientadas a la formación de especialistas en asuntos relacionados con el funcionamiento del
Estado de bienestar, los comportamientos y alineaciones electorales, los estudios de opinión, y los
problemas del desarrollo en los países emergentes.
Una de las disciplinas académicas en las que el nuevo enfoque institucional tuvo mayor impacto
fue en la ciencia política, ya que pudo separarse del análisis jurídico (la reglamentación institucional),
de la historia política (acontecimientos y personajes ejemplares) y de la filosofía política (teoría ética o
41

reformista), para acercarse más al diálogo analítico con la sociología, la economía, la psicología, las
nuevas ciencias de la información, y las disciplinas europeas del psicoanálisis y la lingüística estructural.
El ambiente predominantemente anticomunista en la sociedad y el Estado estadunidenses (el solo
hecho de no llamarles ciencias sociales sino "ciencias de la conducta", para evitar cualquier posible
referencia al socialismo, da cuenta de ello) obligó a la construcción de un lenguaje especializado,
deliberadamente abstracto y formalizado en un cuerpo de conceptos validado mediante técnicas de
procesamiento informático cada vez más sofisticado. Esto, junto con la orientación hacia la política
exterior, era una clara evidencia de la "lealtad sistémica" de los "cientistas políticos", y un escudo de
protección ante la vigilancia macartista y la campaña anticomunista en la sociedad estadunidense.
Este lenguaje abstracto permitió que la investigación empírica trabajara con términos y modelos
equivalentes para ir más allá del plano descriptivo, de la elaboración detallada de inventarios y la
acumulación no sistemática de hechos de la tradición empirista anglosajona, lo cual orientó a la
investigación hacia la producción de hipótesis operacionales y series de datos comparables. Al mismo
tiempo, la etiqueta de "ciencias de la conducta" pretendió integrar el imperativo empirista de la conducta
observada y organizada, como patrón o sistema de acción, con la orientación de la teoría de los sistemas
generales (Bertalanffy, 1986) hacia la colaboración interdisciplinaria.
Así, a los ojos de sus principales académicos el empirismo estadunidense, particularmente en
sociología y ciencia política, adquiría el rango de "ciencia normal", según los cánones de validación y
"falsación" del positivismo lógico y la filosofía de la ciencia, colocándose así en el mismo nivel de
consistencia teórica de las "ciencias humanas" europeas, orientadas por la teoría del "inconsciente"
psicoanalítico, "la larga duración" histórica, y la lingüística y antropología "estructural".
La nueva ciencia política "conductualista" consistió en un núcleo duro de conceptos e hipótesis
integrados en el denominado "enfoque de los sistemas políticos", construido centralmente por Easton
(1968, 1969) y desarrollado por Deutsch (1971). Éste permite un marco de referencia conceptual común
para distintas líneas de investigación como las "políticas públicas" con Lasswell (2000); la "política
comparada" con Almond (1981, 1992), Dahl (1987, 1996), Sartori (1987), Lijphart (1999); la
"sociología política" con Lipset (1997), Smelser (1995), Offe, Schmitter, Linz, entre las más
importantes.
Estas líneas de investigación lograron sobrevivir a la dura crítica del "paradigma conductual
estructural funcionalista" en los años sesenta y setenta, y forman parte de las orientaciones y áreas
centrales de estudio en la ciencia política contemporánea. Al mismo tiempo, conceptos derivados del
enfoque de sistemas, como ambiente, retroalimentación, flujos de información, reducción y regulación
de la complejidad y de la tensión, conversión, entrada (input) y salida (output), entre otros, son
elementos del lenguaje especializado que determina el estado de la ciencia política como disciplina en
la actualidad.
El éxito del enfoque de sistemas en la ciencia política se explica porque a pesar de construirse en
el estudio de unidades específicas dentro de los sistemas complejos en la sociedad industrial, también
puede aplicarse, dentro de ciertos límites que es necesario definir en cada caso, al estudio de unidades
poco diferenciadas como las comunidades agrarias de los nuevos países surgidos en las antiguas colonias
europeas y en vías de adoptar las instituciones del mercado y del Estado-nación. De esta manera, se
avanza significativamente para establecer un lenguaje especializado común capaz de dar cuenta de
relaciones básicas en cualquier situación social; con lo cual se obtiene un instrumento analítico apto
para organizar la investigación empírica mediante procedimientos deductivos y resultados verificables
y comparables.

3.1 LOS SISTEMAS POLÍTICOS


42

Trabajo de construcción, de Olga Rozanova, 1913.


Por sistema político se entiende la capacidad que una colectividad tiene para utilizar y movilizar a su
favor condiciones y medios que le ayuden a la realización de un fin, a conseguir una meta o lograr un
objetivo. Esta capacidad opera como un sistema de interacciones sociales que se orientan
predominantemente a la realización de medidas políticas, consistentes en asignaciones obligatorias de
valores (materiales y espirituales) para una sociedad. Una asignación es obligatoria cuando las personas
que hacia ella se orientan se sienten presionadas por temor al uso de la fuerza o a una sanción psicológica
severa, por interés personal, por tradición, por lealtad, o por un sentido de la legalidad o de la legitimidad
(Easton, 1969).
La política consiste en decisiones "colectivizadas". Podemos distinguir cuatro tipos de decisiones
dentro de las colectividades: a) las individuales; b) las grupales (los pocos, las unidades específicas); c)
las colectivas (los muchos, los agregados mayores a un grupo), y d) las colectivizadas. Las tres primeras
se refieren al sujeto que toma la decisión; la última se aplica y se hace cumplir en una colectividad,
independientemente de si las decisiones son tomadas por una persona, unas pocas o la mayoría. El
criterio que define una decisión política colectivizada no corresponde a quién la toma, sino al alcance
de la misma: quienquiera que decida, decide por todos (Sartori, 1989). Puede haber decisiones
colectivizadas que no sean políticas, por ejemplo las económicas. La diferencia es más bien jerárquica;
es decir, que las decisiones colectivizadas son políticas en la medida en que son: soberanas, porque
anulan cualquier otra norma; sin escapatoria, porque se extienden hasta las fronteras que definen
territorialmente a la ciudadanía; y sancionables, porque están respaldadas por el monopolio legal de la
fuerza.
En general, un sistema social es una colección de unidades reconocibles (individuos, grupos,
organizaciones) que se caracterizan por su cohesión (permanecen unidas o forman un todo) y covarianza
(cambian juntas: si una cambia, la otra también). En la medida en que parecen variar juntas y aparecen
dotadas de cohesión, decimos que estas unidades son interdependientes y, por lo tanto, son componentes
o partes de un sistema definido por confines determinados y en interacción con el ambiente externo.
Para que cualquier conjunto de actores, individuales o colectivos, pueda ser estudiado como un sistema
social, es necesario que las interacciones específicas entre los componentes que se examinan sean más
intensas, o de naturaleza distinta, respecto de las interacciones de los mismos componentes con otros;
estos últimos serán entonces considerados elementos del "ambiente" del sistema social en cuestión. Con
el término ambiente se designa lo que se coloca externamente al sistema, y que respecto a éste representa
un mayor grado de complejidad (Deutsch, 1983; Parsons, 1981).
43

La definición del sistema como unidad analítica considera varios planos. Desde los grupos "cara a
cara", cuyos componentes son los actores que interactúan en papeles individuales (plano micro); las
organizaciones cuyas unidades de acción son los grupos (plano medio); las sociedades nacionales que
integran grandes organizaciones (plano macro), hasta los grandes agregados sociales del "sistema-
mundo" como los Estados nacionales, los organismos multilaterales y las empresas trasnacionales
(plano global) (véase figura 1, p. 314).
Para delimitar como unidad básica de análisis un sistema o un conjunto de sistemas interconectados
es necesario construir los límites del sistema, es decir, su ambiente. Esto significa establecer una
gradación de mayor a menor complejidad. El mundo ofrece al hombre una cantidad prácticamente
ilimitada de posibilidades de experiencia y acción, a la que le corresponde una capacidad muy reducida
de percibir, elaborar informaciones y actuar. La complejidad es el exceso de las posibilidades del mundo,
es decir, la diferencia entre el número de las posibilidades potenciales y la cantidad de las mismas,
actualizadas.
La experiencia y la acción son siempre selectivas en el sentido de que constituyen elecciones entre
las innumerables posibilidades. Pero esa selección es "sistémica", ya que realiza una reducción de la
complejidad del ambiente, lo que permite una reacción congruente con los eventos importantes de éste
para la permanencia del sistema. El sistema es un gran reductor de la complejidad social, en cuanto
excluye una serie de posibilidades y permite la actualización de una serie de alternativas. A su vez, es
también un multiplicador de todos los aspectos de la acción y la experiencia; por lo tanto, se puede decir
que el sistema vive de la tensión entre reducción y potenciación de la complejidad (Luhmann, 1986).
La regulación de la tensión en los sistemas se realiza procesando y convirtiendo los estímulos
ambientales (insumos-demandas) en respuestas funcionales (productos-asignaciones).
44

Esta regulación se lleva a cabo por medio de un proceso dinámico de retroalimentación, en donde se
comunica la información relativa a la actuación de un sistema en forma tal que se produzca el
comportamiento subsiguiente del sistema. Las funciones estratégicas para el mantenimiento y
reproducción de una colectividad son consideradas, para su estudio, como sistemas o subsistemas de
acción (Easton, 1969). La unidad básica del análisis es siempre un sistema o conjunto de sistemas
interconectados. Cuando el investigador establece una unidad de estudio o sistema determinado, los
otros sistemas que interactúan con él serán considerados como parte del ambiente o situación (véase
figura 2). Así, el proceso de estudio va de la definición de la unidad a la elaboración de su ambiente.
Para que una colectividad pueda reproducirse en el tiempo es necesario que las necesidades
individuales se socialicen, es decir, asuman una forma coherente con los modelos de valor compartidos,
los cuales son institucionalizados (colectivizados) en sistemas sociales y culturales, e internalizados
(individualizados) en personalidades y organismos. Esto se estudia en el plano micro mediante lo que
Parsons llama una "estructura dual de vinculación" (1999). En esta estructura, lo que hace un actor (al
que Parsons llama "Alter") se verá afectado debido a que éste necesita de la acción de otro actor ("Ego")
por razones instrumentales, pero también por razones afectivas, en la medida que comparten la
necesidad de adecuarse a una norma. Por esto, tanto los fines como los medios que pueden emplearse
y, por ende, las acciones que se consideran permisibles, quedan sujetos al control normativo.
El estudio de los valores compartidos inicia con la elaboración de secuencias de acontecimientos
desde lugares intermedios de un continuo o escala. Los extremos de ese continuo son, por una parte, el
caso institucionalizado en el que existe un acuerdo respecto a unos fines legítimos y a las normas que
rigen los medios apropiados para llevarlos a cabo. En este caso, Ego comunica sus expectativas a Alter,
quien hace lo que de él se espera, tanto porque desea recibir la aprobación, como porque la acción
exigida lo satisface instrumental y normativamente. En el extremo opuesto, estaríamos en una situación
de desviación de la conducta esperada (anomia); serían los casos de perturbación, sin comunidad de
fines ni consenso normativo sobre los medios apropiados, y sin que Ego pueda comunicar sus
expectativas.
La operación de las reglas de juego dentro de los procesos de institucionalización se basa en el
acuerdo o contrato entre los integrantes. Este acuerdo se establece por medio de la fuerza y el
sometimiento, de la costumbre y la tradición, del convencimiento racional, o por una combinación de
todas. Cualquiera que sea la causa que logre el acuerdo para formalizar un determinado vínculo social
(institucionalización), la normatividad define y establece derechos y deberes, sanciones y recompensas,
calificaciones y atribuciones, para todos y cada uno de los papeles en juego. Esta reglamentación
45

(codificación), que puede ser explícita-formal (norma jurídica) o implícita-informal (usos y


costumbres), permite que las funciones específicas necesarias para la existencia de la institución se
puedan cumplir con indiferencia de los individuos y colectividades que ocupen los papeles y posiciones.
Easton retoma este esquema ubicándolo en el plano macro o nacional de la política, en donde las
motivaciones aparecen como objetos de apoyo u oposición, de consenso y disenso en tres niveles
(Easton, 1969). Primero, el nivel de la comunidad o "consenso básico", donde lo que se comparte (o no)
son valores fundamentales como la autoridad, la libertad, la igualdad, que estructuran el sistema de
creencias. En segundo lugar, el nivel de régimen o "consenso procedimental", basado en las regulaciones
del ejercicio del poder y de cómo deben resolverse los conflictos y procesarse la discrepancia. Por
último, el nivel de acción política o "consenso político", que corresponde a los gobiernos y políticas
gubernamentales específicas. El nivel decisivo es el del consenso procedimental, puesto que asegura la
consistencia del sistema y permite que los desacuerdos en los otros dos niveles no afecten la capacidad
de autorregulación y sobrevivencia del sistema (véase cuadro 1, p. 316).

Todo orden normativo puede considerarse resultado de un conflicto en el que se ha negociado


(impuesto) una larga tregua (un arreglo estructural) que construye un cierto equilibrio, permanencia o
estabilidad políticas. Ante los estímulos, tensiones e influencias de los otros sistemas sociales
(económicos, culturales o comunitarios), los componentes del sistema político tienden a actuar y
reaccionar, hasta lograr una estabilidad, aunque sea momentánea, un equilibrio en movimiento. Esto
implica concebir a la realidad social como un flujo constante que trata de acercarse al equilibrio sin
alcanzarlo nunca, como un proceso de "balanceo" o "equilibrante", el cual nunca llega a obtener el
equilibrio completo. Hablar de la vida política como un proceso de desequilibrio sugiere algo más que
el cambio o el constante flujo, abre la posibilidad de compararlo con una condición hipotética que surge
de la construcción de un modelo de cómo debería ser el equilibrio si se permitiera a las tendencias
presentes llegar a su completa realización, sin que se presentara algún cambio en las condiciones básicas
que determinan las relaciones de poder entre los diversos grupos. En otras palabras, el concepto de
46

equilibrio puede funcionar como un instrumento heurístico, simplificador, para ayudarnos a estudiar
los agrupamientos empíricos: regímenes constitucionales, sistemas de partidos, organizaciones y
movimientos sociales (Easton, 1968).
El "equilibrio" que mantiene vinculados a los individuos y a los grupos se presenta entre dos
extremos teóricos que pueden ser estudiados como procesos, dimensiones o coordenadas analíticas
interrelacionadas. Por una parte, se encuentra la dimensión de la colaboración, la cohesión, el consenso
y la construcción de autoridades legítimas; la cual implica un alto grado de integración, aceptación
voluntaria y correspondencia entre las necesidades específicas de los componentes y categorías sociales,
y las necesidades de reproducción del sistema, a la vez que apunta respuestas a la pregunta central de
¿qué es lo que mantiene unidas a las colectividades? La otra dimensión, la del conflicto, la coerción, el
disenso y las relaciones de fuerza-poder, o sometimiento obligatorio por medio de la costumbre, la
moral, el derecho, la denegación de bienes necesarios y en situación extrema por el uso de la violencia,
se interroga centralmente acerca de ¿qué es lo que hace que cambien las sociedades?
La interacción entre los dos procesos se presenta en una escala de variabilidad asimétrica, pues en
la medida en que uno aumenta su importancia para el mantenimiento de la institución o del sistema, el
otro decrece: a mayor cohesión, menor coerción; y a mayor coerción, menor cohesión. La primera
situación, la de cohesión, implica la existencia de un organismo fuerte y en pleno desarrollo de sus
potencialidades de cambio, crecimiento y desarrollo; la segunda, la de coerción, es una situación de
crisis que puede dar lugar a cambios drásticos —favorables o no— en la estructura del sistema y en las
relaciones de poder que lo sustentan.
En la dimensión coercitiva el aspecto crucial es el poder, entendido como la capacidad de un sujeto
individual o colectivo para obtener en forma intencional determinados objetivos en una esfera específica
de la vida social, o bien de imponer en ella su voluntad, sin importar la eventual voluntad contraria, o la
resistencia activa o pasiva de otro sujeto o grupo de sujetos. Dicho de otro modo, el poder es la capacidad
para hacer que sucedan cosas que de otra manera no habrían sucedido, y para alterar los cambios que ya
están en proceso y que seguirían adelante si no existiera algún tipo de intervención intencional. El poder
es uno de los fenómenos más difundidos en la vida social. Se puede decir que no existe relación social
en la cual no esté presente, de alguna manera, la influencia voluntaria de un individuo o de un grupo
sobre la conducta de otro individuo o grupo, desde la familia hasta la empresa moderna, desde los
pequeños grupos hasta las relaciones entre las clases sociales.
El poder es la expresión funcional de una determinada relación de fuerza, o mejor dicho, es un
fenómeno de relaciones, no una cosa que alguien posea; es una relación en la cual una persona o un
grupo pueden determinar las acciones de otro en forma tal que satisfaga los fines del primero. Además
—y éste es el aspecto que distingue al poder de una gran influencia—, la persona o el grupo debe estar
capacitado para imponer una sanción si la persona en quien ejerce su influencia no actúa en la forma
deseada. El poder, por lo tanto, está presente al grado de que una persona o un grupo pueden controlar,
por medio de la sanción, las decisiones y las acciones de otros. El poder-coacción se asocia con la
imposición, con la "capacidad para que las cosas se hagan". Quien ejerce el poder también tiene la
capacidad de otorgar recompensas, pero especialmente, y de forma más diferenciadora, tiene la
capacidad de privar de ellas.
En cambio, en la dimensión de la cohesión, la autoridad significa un poder que es aceptado,
respetado, reconocido, legítimo, que se basa en el prestigio y la deferencia. Mientras que el poder ordena,
y el poder del Estado dicta órdenes respaldadas por el monopolio legal de la fuerza, la autoridad apela,
ejerce influencia moral, e implica legitimidad, liderazgo que recibe apoyo espontáneo. El poder sin
autoridad es opresivo o impotente. La autoridad no es algo que acompaña al poder, sino que lo remplaza.
La transformación del poder (coactivo) en autoridad (directiva) debe entenderse entonces como un
proceso de democratización (Sartori, 1989), porque el concepto de autoridad refiere siempre a la
legitimidad, a la obligatoriedad de la esfera ética, no a la legalidad. No obstante, el poder legal es la
47

forma específica de las instituciones políticas en el Estado moderno, que debe convivir con otros tipos
de legitimidad (Weber, 1969) que se basan en el respeto a las instituciones consagradas por la tradición
o en las cualidades personales del jefe; ambos son tipos de sistemas autoritarios (véase cuadro 2).

3.2 LA DOMINACIÓN LEGÍTIMA


Un sistema social, en su interior, se define como una pluralidad de actores individuales que crean una
red interactiva de acciones, cada uno movido por la tendencia a la satisfacción óptima; la relación de
estos actores se define de acuerdo con un sistema de normas culturalmente estructuradas y compartidas.
La relación entre acción y sistema se realiza, según Parsons, por medio del concepto de "variables pauta
o estructurales" (1999), que se refieren a lo que se espera de una relación interpersonal y a las cualidades
que se valoran a la hora de asignar recursos y recompensas en el ámbito social. Se trata, entonces, de
una reconstrucción de las posibles orientaciones alternativas de la acción, tanto en la actitud de las
personas frente a los demás, como en las necesidades propias y ajenas, y en el tipo de valores y normas
imperantes en un grupo social.
Lo anterior permite determinar sistemas de papeles fundados en la primacía de una determinada
combinación de alternativas. Un sistema basado, por ejemplo, en la neutralidad afectiva, la orientación
universalista y la prestación, es un sistema de roles profesionales dentro de organizaciones complejas;
mientras que las orientaciones particularistas, afectivas y dirigidas a la cualidad de la persona, no a sus
prestaciones, corresponden a sistemas de roles tradicionales como las relaciones de parentesco,
religiosas y locales. Las alternativas emparejadas y establecidas como "variables pauta o estructurales",
describen el paso de una sociedad tradicional a una moderna, así como las posibles combinaciones en
cada uno de los subsistemas y planos analíticos.
Éste es el punto de partida para preguntarse sobre el papel que juegan los canales de comunicación
horizontales, "cara a cara", de los grupos primarios y las organizaciones informales en la formación de
las opiniones políticas. Según el patrón racional esperado en los sondeos de actitud de voto en las
sociedades industriales de finales del siglo XX, este tipo de opiniones deberían ser moldeadas por los
medios de comunicación de masas y por las opiniones de expertos en distintas áreas. Sin embargo, los
resultados mostraron que, aun en las sociedades industrializadas más complejas, el típico líder de
opinión no es un experto sino un individuo que inspira confianza, y cuya influencia política es una
consecuencia difusa de otros roles.
48

De lo anterior se derivan dos características que orientan el estudio de los patrones de conducta
política. Primero, que cualquier análisis de los rasgos culturales de un sistema complejo debe tener en
cuenta la permanente vigencia de las relaciones informales y tradicionales que modelan las acciones y
actitudes de los individuos; y segundo, que todos los sistemas políticos poseen culturas políticas mixtas
o heterogéneas. La racionalidad instrumental se encuentra presente en la estructura y cultura de las
sociedades más primitivas, de la misma manera que las sociedades más modernas y complejas se hallan
impregnadas de relaciones y actitudes informales, adscritas y particularistas. El predominio relativo de
uno u otro componente, o la composición de la pauta mixta es lo que establece las verdaderas diferencias
entre distintos tipos de sociedades. La secularización, por tanto, no es más que una cuestión de grado y
de distribución. El campo de estudio de la conducta política se establece como análisis de los procesos
políticos de aculturación.
En su estudio comparado de la cultura política en cinco países realizado durante los años sesenta,
Almond (1992) construye una tipología de culturas políticas: 1) la parroquial, formada por comunidades
locales autónomas y sociedades tribales, con ausencia de roles políticos especializados y de previsiones
de evolución iniciadas por el sistema político; 2) la de súbdito, con una relación puramente subjetiva
con el sistema político en un nivel general y respecto al elemento administrativo o "corriente inferior",
que se da de modo preferente en una sociedad en la que no existe una estructura política diferenciada, y
3) la de participación, la más desarrollada, con una orientación explícita hacia el sistema como un todo
y hacia sus estructuras y procesos políticos y administrativos. Esta orientación hacia los objetos políticos
puede ser favorable o desfavorable, y se orienta a un rol activo de la persona que puede ir desde la
aceptación hasta el rechazo total.
Los resultados obtenidos por Almond demostraron que, en todos los casos, las culturas políticas
eran mezclas específicas de la modernización y la tradición. La conclusión es que, si bien en las
sociedades modernas las interacciones políticas se realizan en sistemas de roles especializados como las
instituciones de gobierno, parlamentos, tribunales, partidos políticos, asociaciones de interés y medios
de comunicación, esto no evita que en ellas o en otras sociedades con menor grado de complejidad, las
funciones políticas sean realizadas también por estructuras tradicionales como las relaciones de
parentesco, étnicas y religiosas (Almond, 1981). Los estudios de opinión pública, de culturas y de
conductas políticas demostraron que las sociedades contemporáneas se constituyen con combinaciones
singulares de aspectos, que corresponden tanto a sociedades tradicionales, precapitalistas, locales, como
a las modernas sociedades industrializadas con su organización "racional" en torno al mercado, el
derecho y la tecnología.
De esta manera, los estudios de "caso" o de "coyuntura" realizados en localidades, regiones y
naciones se auxilian de las construcciones teóricas o tipos ideales de relaciones económicas, políticas,
sociales y culturales. Esto permite situar los objetos de estudio dentro de parámetros o escalas, es decir,
dentro de modelos que ayudan a saber cómo se organizaría un sistema de acción si todos sus elementos
pudieran desarrollarse en las mejores condiciones posibles y sin alterar las bases de una determinada
situación o relación de fuerza entre los actores involucrados. Estas relaciones de fuerza "estabilizadas",
hasta el punto de permitir su reproducción en el tiempo, podemos estudiarlas como "tipos de dominación
legítima" (Weber, 1969), esto es, como configuraciones específicas de los componentes y de los
acuerdos básicos o estructurales, más allá de los cuales una determinada organización social debe
modificar los supuestos de su funcionamiento para sobrevivir, ya sea mediante procesos de reformas,
de cambios revolucionarios o de imposiciones militares, en las reglas de aplicación de las relaciones y
de la composición de los grupos dominantes y de las mayorías dominadas.
A lo que Parsons llama "sistemas de roles tradicionales" corresponden, según Weber, dos tipos
ideales de dominación legítima: la carismática y la tradicional. Cada uno de estos tipos se descompone
en subtipos. El liderazgo carismático, o la fe en las virtudes extraordinarias de una personalidad, surge
en situaciones históricas de emergencia, de conmoción colectiva, y sólo existe en tanto vive el dirigente
49

que ejerce la autoridad personal. Uno de los primeros subtipos del carisma corresponde a los profetas
iniciadores de las grandes religiones u órdenes religiosas, quienes a partir de sus virtudes personales
transmiten una orden divina en forma de profecía que en todos los casos intenta sistematizar la conducta
de los adeptos en una vida regulada normativamente. Si triunfan en el intento, los profetas darán lugar
a la formación de una comunidad religiosa permanente, en donde el carisma del fundador se traslada a
(se "rutiniza" en) las instituciones y las órdenes, con reglas claras en cuanto a bienes, cargos y conductas
personales ejemplares o extremas, por ejemplo, el celibato.
Otro subtipo histórico del carisma corresponde a la organización patriarcal, representada por el
caudillo tribal de las comunidades agrarias que combina todas las funciones del liderazgo. Es cabeza
patriarcal de la familia y del clan; jefe de las expediciones de caza y de guerra; mago principal, promotor
de lluvias, curandero mayor y, sobre todo, juez. El patriarca aparece dotado de poderes o virtudes
excepcionales, sin embargo, con la muerte y la sustitución del titular de la autoridad las propiedades del
carisma corresponden más al rol y menos al individuo que lo ejerce, realizándose también una
"rutinización del carisma". El carisma se hace inherente al parentesco y se vuelve hereditario, lo que
da lugar a lo que llamamos "linajes" y "castas".
Por otro lado, la autoridad tradicional deriva de la santidad inviolable representada por una sola
persona, y sólo requiere extender este principio de legitimación patriarcal más allá de los límites de la
comunidad doméstica. Esto se puede observar en las primeras tribus urbanas de las ciudades-Estado
monárquicas y, posteriormente, en las grandes y supralocales construcciones imperiales. La evolución
supone la división de las funciones entre diferentes individuos, donde toda regularización de una función
de liderazgo tiende a favorecer la permanencia institucional, sobre todo cuando se da lugar a la creación
de un cuadro administrativo asociado al poder unipersonal y despótico (véase cuadro 3).
Esto es lo que Weber llamó la dominación "patrimonialista", que significa que todos los cargos del
gobierno se originan en la administración de la comunidad doméstica del rey, donde todos los
funcionarios son servidores y representantes personales del monarca, con todos los privilegios
inherentes y sujetos siempre a las decisiones caprichosas y arbitrarias del patriarca-monarca-emperador.
También significa la capacidad de establecer monopolios económicos y políticos como prerrogativa
personal o extensión de la administración doméstica, esto es, hacer un uso privado de los recursos
colectivos y públicos. El gobierno patrimonial es una ampliación del que ejerce el monarca sobre su
comunidad doméstica; la relación entre el monarca y sus funcionarios se mantiene sobre la misma base
de autoridad paternal y sumisión filial. El funcionario sólo es responsable ante quien lo nombró, y en
cualquier momento esa misma persona lo puede cesar del cargo.
50

Otro subtipo de la dominación tradicional es la del gobierno feudal que sustituye la relación
paternalista por un pacto de fidelidad. Éste se determina contractualmente sobre la base del militarismo
caballeresco, aristocrático y terrateniente, cuyos integrantes constituyen un grupo estamental o de
estatus (posición, rango, privilegios o "estilos de vida" y subculturas de exclusión de los extraños)
basado en las relaciones de parentesco (la sangre y el honor) y en los derechos territoriales del
terrateniente como gobernante local de colonos patrimoniales y súbditos políticos. Estos derechos son
formalizados en la herencia de un feudo mediante el "vasallaje", lo que constituye un antecedente
importante del contrato de hombres libres en la sociedad de mercado.
Los parlamentos medievales eran las instituciones que representaban y garantizaban el
cumplimiento de las leyes tradicionales de la aristocracia militar terrateniente, de "auxilio y concilio"
que regulaban el contrato de propiedad y autoridad, y de señorío y servidumbre en toda la escala
jerárquica de la organización feudal, desde el campesino hasta el emperador. En la sociedad feudal
europea, dentro de cada reino particular se desarrolló un sistema de estamentos o estados generales que
en una asamblea tripartita organizaban a los representantes de las corporaciones estamentales: la
nobleza, el clero y, posteriormente, el "tercer estado", los burgueses. Estos últimos eran representantes
de las ciudades, en tanto sectores o clases distintas del sistema político feudal, esto es, corporaciones
fundadas en principios de afinidad ocupacional y gremial, y no en los principios guerreros de la "sangre".

3.3 EL ESTADO-NACIÓN

Puente de Brooklyn, de Joseph Stella, 1919 – 1920.


El arreglo institucional y normativo societal (macro) en las sociedades modernas aparece en la figura
del Estado-nación, entendido como la institución de las instituciones. El arreglo constitucional
del estado de derecho racional-legal formaliza las reglas y orientaciones a las que habrán de sujetarse
las reglamentaciones específicas y los fines inmediatos de la acción social y política. El conjunto de los
individuos y las instituciones adquiere una existencia formal, pues es reconocido legalmente por el poder
constituido. De la misma manera, los individuos y las instituciones en sus acciones reales, según reglas
establecidas, construyen el reconocimiento necesario de la autoridad gubernamental que se organiza
51

como estructura burocrática para garantizar toda relación contractual, o aparato de Estado, que impone
el apego al derecho y a los objetivos manifiestos mediante la expropiación y el monopolio de la violencia
legítima, cuyo uso por parte de la autoridad aparece siempre como recurso legítimo, excepcional y
extremo (Marx, 1971a). Todo interés es particular (privado) frente a la asociación de todas las
asociaciones, el Estado, entendido como el acuerdo político general que representa el interés común, es
decir, nacional, formalizado en el orden jurídico constitucional.
La nación es una idea de comunidad compartida por una población delimitada en un territorio
específico, un idioma y una religión, una historia imaginada (símbolos comunes) y una forma de
gobierno reconocida, independientemente de cómo se constituyó: por la fuerza, la costumbre o el
convencimiento. Estos elementos conforman el ambiente cultural e ideológico del poder instituido a
escala nacional. Esta idea ha sido válida, por lo menos, desde la secuencia de acuerdos que configuraron
un sistema de naciones en la Europa continental, a partir de la llamada Paz de Westfalia en 1648,
construyéndose una arquitectura mediante la cual las sociedades modernas se convirtieron en sociedades
individuales y delimitadas las unas respecto de las otras. Estos límites externos permitieron que en cada
una de estas unidades territoriales se construyera un espacio interno subdividido en categorías sociales
o identidades colectivas (clases, estamentos, grupos religiosos, étnicos, sexuales, profesionales,
comunitarios) y en sistemas organizados de acciones individuales y colectivas en los ámbitos
económico, político, cultural y social.
Sin embargo, puede haber naciones sin Estado, ya sea porque nunca consiguieron
la soberanía estatal, o porque la perdieron y forman parte de sociedades plurales complejas, surgidas
de la derrota militar, la conquista y la explotación colonial. Esto supone un conflicto entre la lealtad a
la nación intermedia y la vinculación obligatoria al Estado nacional (multinacional) al que se encuentra
subordinada. También supone un conflicto en la competencia de identidades étnicas con lealtades de
clase, partidistas o de ideologías políticas, y de género o preferencia sexual. Así, los arreglos
estructurales existentes en la propia sociedad formalizan la relación de fuerzas entre estas lealtades
enfrentadas. La homogeneidad interna de este conjunto de componentes es fundamentalmente una
creación del control estatal, que se ejerce sobre una unidad territorial en donde todo tipo de práctica
social aparece contenida en la sociedad nacional: economía, lengua, literatura e historia… nacionales
(Beck, 1998; Sartori, 2001).
Hasta antes del capitalismo, los mercados eran locales y regionales, y sólo con el desarrollo de las
sociedades marítimas en el Mediterráneo se comienzan a vislumbrar las grandes transformaciones que
implicaba el crecimiento del comercio por encima de las localidades y regiones. El cambio crucial se da
a partir de que la producción manufacturera e industrial se vuelve hegemónica, dando como resultado,
primero, el surgimiento de los mercados nacionales en Europa; luego, la generalización del trabajo
asalariado, y, por último, el paso de la propiedad condicionada, comunal o aristocrática, basada en las
reglas del parentesco y la sangre, a la propiedad privada sujeta a un contrato civil, de acuerdo con las
leyes racionales del mercado de la propiedad comercial (Marx, 1971).
Estas circunstancias favorecieron la aparición de una burocracia moderna en Europa Occidental.
El desarrollo de una economía monetaria determinó en los gobiernos nacionales la existencia correlativa
de un sistema estable de tributación y una organización burocrática de gobierno; lo que Weber (1969)
llamó la dominación "legal-racional", característica de las sociedades capitalistas con economías de
mercado. En ellas el cuadro administrativo estatal asegura la continuidad en los asuntos oficiales,
delimitando la autoridad mediante reglas estipuladas, con supervisión de su ejercicio, separación entre
el cargo y el titular nombrado a partir de un contrato y de sus aptitudes técnicas, y con un soporte
documental para los trámites oficiales.
Todos estos elementos componen el atributo central de la burocracia, la idea de calculabilidad: en
una administración gobernada por reglas, las decisiones deben ser predecibles si las reglas se conocen,
son universales y eliminan la práctica de decidir en cada caso concreto. El desarrollo del cuadro
52

administrativo tiene una particular importancia para el análisis político, ya que podemos afirmar que la
lucha por el poder en el Estado moderno puede conducir a cambios en el control sobre el aparato
burocrático, pero no a su destrucción.
Los entramados institucionales de una nación constituyen el marco general en el que se realizan
las acciones de los intereses políticos en contienda por prevalecer. Las decisiones políticas se toman
dentro de estos entramados institucionales, los cuales recogen y jerarquizan las demandas sociales,
procesan el conflicto y establecen asignaciones obligatorias o políticas públicas. Se trata de un proceso
de retroalimentación mediante el cual se fortalecen y recomponen las relaciones formales e informales
básicas. Para el estudio de estas relaciones, la ciencia política construye modelos y tipologías complejas
de los sistemas de acción política a partir de una serie de indicadores susceptibles de comparación y
contrastación empírica (Sartori, 1989). El estudio de los procesos de decisión política requiere construir
una escala de grados que tenga como extremos ideales la democracia (todos deciden) y la autocracia
(sólo uno decide). Es posible entonces estudiar los grados intermedios del continuo resultante en el nivel
societal, en sus rasgos más generales como versiones o modalidades de los sistemas políticos nacionales:
pluralismo y autoritarismo (véase cuadro 4).

El pluralismo (sistemas de oligarquías competitivas) tiene como referencias empíricas a las


democracias liberales representativas. En ellas la autoridad gubernamental se constituye mediante la
contienda electoral entre dos o más partidos políticos, planteándose como fines explícitos de la política
las libertades individuales y públicas, en lo que se refiere al comercio, la educación, y las opiniones
religiosas, artísticas y políticas (Dahl, 1996). El modelo político constitucional (la dominación racional-
legal) es el característico de los sistemas pluralistas; lo cual supone la supremacía, o soberanía, de las
leyes acordadas y pactadas por los "factores reales del poder", es decir, las fuerzas más importantes de
la sociedad: las clases propietarias. Esta capacidad de legislar radica en el parlamento (poder legislativo)
organizado inicialmente de manera estamental-corporativa y, posteriormente, en un sistema de partidos.
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Las labores de gobierno (poder ejecutivo) son controladas primero por las monarquías
aristocráticas, representantes de las leyes fundadoras del reino, para posteriormente quedar en manos de
funcionarios civiles, primeros ministros o presidentes, que subordinan su actuación a la reglamentación
y orientación generadas en el parlamento. La aplicación de la legislación referida a las relaciones entre
los particulares (derecho privado), o entre los particulares y el poder político (derecho público), queda
en manos de los tribunales de magistrados (poder judicial), que son funcionarios civiles electos por las
comunidades o designados por los otros dos poderes (Duverger, 1970).
Este modelo es el resultado de los procesos de construcción del pluralismo en las llamadas
democracias liberales con economía de mercado en Europa Occidental, las cuales pronto se convirtieron
en las grandes potencias capitalistas colonizadoras del mundo, imponiendo reglas e instituciones a
conveniencia. Las instituciones políticas pluralistas se construyen en combinaciones nacionales
específicas de dos armados históricos teórico-constitucionales: el parlamentarismo y el
presidencialismo.
Por parlamento entenderemos una asamblea o un sistema de asambleas con un "principio
representativo", variadamente especificado, que determina los criterios de su composición. Estas
asambleas titulares, de atribuciones formales distintas, se caracterizan por un común denominador: la
intervención (directa o indirecta, poco o muy relevante) en la elaboración y ejecución de las elecciones
políticas a fin de garantizar la correspondencia con la "voluntad general". El término "asamblea" indica
una estructura colegial organizada, no sobre un principio jerárquico sino, por lo menos en líneas
generales, sobre un principio igualitario. Es decir, se trata de una estructura de tipo tendencialmente
policéntrico (Sartori, 1994).
Los sistemas parlamentarios más antiguos se encuentran en Europa Occidental, en sociedades en
las que la gama de opciones políticas e ideológicas están diversificadas. Es por esta razón que en ellas
la representación debe establecerse con el reconocimiento de las diversidades existentes, por medio de
sistemas electorales que combinen los principios de mayoría relativa y de representación
proporcional, al tiempo que obliguen a las fuerzas políticas a establecer acuerdos duraderos que
aseguren la formación de coaliciones para la creación de mayorías de gobierno. La forma típica de los
sistemas parlamentarios es un gobierno de amplia coalición, nombrado y controlado por mayorías
parlamentarias pluripartidistas. La renuncia de miembros del gabinete o del jefe de gobierno no da lugar
a crisis institucionales, sino a procesos de reconstrucción de alianzas entre las fuerzas políticas mediante
procedimientos establecidos, que incluyen, en última instancia, la posibilidad de llamar a nuevas
elecciones en el momento en que se requiera (Lijphart, 1999).
La representación proporcional permite que las minorías políticas (comunitarias, regionales y
nacionales) tengan presencia en el parlamento y en el gobierno. El caso británico (o "modelo
Westminster") es una excepción, ya que si bien el parlamento nombra y controla al gobierno, éste se
constituye como de mayoría dentro de un parlamento bipartidista, resultado de un sistema electoral de
"mayoría relativa", que excluye a las minorías y hace posible gobernar dentro del periodo establecido
sin necesidad de nuevas alianzas (véase cuadro 5, p. 326).
En Estados Unidos, la transición al pluralismo sigue muy de cerca el modelo inglés. Más que una
revolución, fue una escisión. La declaración de independencia de 1776 fue, esencialmente, una demanda
del derecho de avanzar por el sendero de las libertades que ya existían en Gran Bretaña. A diferencia de
ésta, en Estados Unidos, al no existir un jefe de Estado hereditario con la suficiente legitimidad para
representar en el imaginario popular la unidad nacional, se establece la figura presidencial que integra
las funciones de jefe de Estado y de gobierno. Éste se elige por sufragio directo (popular) y, por lo tanto,
con una representatividad propia, independiente del parlamento, pero sujeta a controles constitucionales
(reelección limitada, aprobación parlamentaria del gabinete y de las políticas presupuestales, etcétera).
Al igual que en el Reino Unido, el sistema electoral se basa en la mayoría relativa, pero el bipartidismo
54

prevaleciente se parece más al modelo de representación oligárquico de los whigs y tories británicos,
que a un sistema de partidos moderno.

Según muchos autores, en el caso de Estados Unidos no puede hablarse propiamente de partidos
políticos, sino de comités electorales cuya principal función es prestar un símbolo u operar como
franquicia para que dos candidatos se enfrenten entre sí en los distritos electorales. La ausencia (o
coincidencia) de definiciones (y responsabilidades) políticas de largo plazo, se combina con una
homogeneidad ideológica fundamental (puritanismo, conservadurismo, pragmatismo) y un sentimiento
compartido de gran potencia (identidad nacional en el American way of life). La acción política del
parlamento y del gobierno en Estados Unidos no se orienta por objetivos programáticos generales
(el new deal después de la crisis de 1929 será la excepción que confirma la regla), sino por objetivos de
corto plazo determinados por los grupos de interés. Esto hace que el presidente (a diferencia de otros
jefes de gobierno) nunca cuente con una mayoría verdadera y confiable en el Congreso (salvo en los
momentos de escaladas militares), por lo que la acción gubernamental y las alianzas parlamentarias se
guían más por acuerdos específicos, que por el entendimiento duradero sobre una gama coherente de
temas expresado en coaliciones de gobierno (Sartori, 1994).
El modelo presidencialista, cuyos orígenes históricos se encuentran en Estados Unidos, es adoptado
fundamentalmente en aquellas sociedades cuyo tránsito a la democracia se inscribe en la lucha por la
obtención de la independencia nacional. El esfuerzo político reformador trata de asegurar la existencia
de aquellas libertades políticas ya existentes en las respectivas metrópolis coloniales, junto con la
necesidad de un ejecutivo fuerte que logre mantener la unidad política nacional e integrar a los poderes
locales en el contexto del poder centralizado (sobre todo por el hecho de que las demarcaciones
territoriales nacionales fueron establecidas de manera arbitraria por arreglos entre las principales
potencias coloniales). La ausencia de jefes de Estado hereditarios o designados desde la metrópoli,
obliga a que la figura presidencial integre en un solo individuo las funciones de jefe de Estado y jefe de
gobierno, con el consiguiente predominio del ejecutivo sobre el parlamento y el poder judicial.
En la mayor parte de las naciones que logran su independencia después de la segunda guerra
mundial, la figura del ejecutivo se refuerza aún más por el predominio, en las nuevas élites dirigentes,
de versiones autóctonas de ideologías nacionalistas, socialistas y confesionales. Esto provoca modelos
de organización política concentrados, jerárquicos, monopólicos y tendencialmente autoritarios, con
sistemas de partidos que se mueven en el partido único, hegemónico y predominante (Sartori, 1987).
55

En la tipología de los sistemas políticos, se llaman autoritarios (sistemas de oligarquías no


competitivas) a aquellos regímenes en los que la competencia política no existe de manera explícita,
salvo en la forma de contiendas individuales o grupales subterráneas que pretenden captar los favores y
la complicidad del grupo o partido gobernante, y en los que, minimizando la coordenada de la
competencia política, se privilegia el aspecto del mando, concentrando el poder político en un hombre
o en un solo partido, restando valor a las instituciones representativas en las que se construye el
consenso. De ahí la reducción a la mínima expresión de la oposición y la autonomía de los subsistemas
políticos. En consecuencia, la oposición política está suprimida o invalidada; el pluralismo de los
partidos está prohibido o queda reducido a un simulacro sin incidencia real, y la autonomía de los demás
grupos políticamente relevantes está destruida o tolerada mientras no perturbe la posición de poder del
jefe o de la élite gobernante (Stoppino, 1985).
Las principales referencias empíricas de los sistemas autoritarios son los absolutismos, las
dictaduras militares, las dictaduras de un solo partido, y los regímenes de partido dominante. Todos
ellos son sistemas políticos con un pluralismo político limitado y no responsable, sin una ideología
elaborada y con proyecto de futuro (con características de mentalidad), sin una movilización política
intensa o basta (excepto en algunos momentos de su desarrollo), y en los que un jefe y un pequeño grupo
ejercen el poder dentro de límites que formalmente están mal definidos, pero que de hecho son
previsibles (reglas informales). Los sistemas autoritarios se caracterizan por la ausencia del parlamento
y de elecciones populares o, cuando estas instituciones quedan con vida, por su reducción a meros
procedimientos ceremoniales por el indiscutible predominio del vértice ejecutivo. Se distinguen también
por la falta de libertad de los subsistemas, tanto formal como efectiva, típica del pluralismo (Linz, 1990;
O'Donell y Schmitter, 1994).
Finalmente, la situación extrema se presenta en el totalitarismo (sistemas de hegemonía cerrada),
una forma de dominio radicalmente nueva porque no se limita a destruir las capacidades políticas del
hombre aislándolo de la vida política, como lo hacían las viejas tiranías y los viejos despotismos, sino
que tiende a destruir también a los grupos y las instituciones que constituyen la red de relaciones
privadas del hombre (Sartori, 1989). El concepto de totalitarismo designa un cierto modo de hacer
política en el extremo autoritario; más que de una cierta organización institucional, se trata de un cierto
régimen. Este modo extremo de hacer política, que penetra y moviliza a toda la sociedad al destruir su
autonomía, encarnó en dos regímenes políticos únicos, temporalmente circunscritos: el nazi-fascismo y
el comunismo-estalinismo. El concepto de totalitarismo tiene un valor limitado en el análisis comparado
de los sistemas políticos, aunque es, sin embargo, un concepto importante del que no se puede ni debe
prescindir, porque denota una experiencia política real, nueva y de gran relieve que dejó una huella
indeleble en la historia y en la conciencia de los hombres del siglo XX (Stoppino, 1985).
En el resto del mundo y fuera de las metrópolis capitalistas, las transiciones hacia las instituciones
del mercado y del Estado-nación han seguido derroteros muy diversos, que incluyen construcciones de
sistemas autoritarios en dictaduras unipartidistas, militares y religiosas. Los procesos de tránsito
combinan características locales, regionales, nacionales e internacionales que requieren arreglos
constitucionales singulares de acuerdo con los elementos específicos de orden histórico, cultural,
político e ideológico. Las constituciones pueden ser, entre otras opciones institucionales federalistas o
unitarias, escritas o no, contener o no los derechos económicos y sociales, incluir el referendo y el
plebiscito, con legislatura unicameral o bicameral, con procedimientos para revisar la constitucionalidad
de las leyes elaboradas por la legislatura, o con sistemas electorales de mayoría o de representación
proporcional. En la mayoría de los países, los arreglos constitucionales del pluralismo son
combinaciones específicas de dos grandes modelos de organización de la representación política y la
conformación de mayorías (formas de gobierno): los regímenes parlamentarios y los regímenes
presidencialistas.
56

3.4 CIUDADANÍA Y SOCIEDAD CIVIL

El cuarto estado, de Giuseppe Pellizza da Volpedo, 1901.


El triunfo de la sociedad nacional como modelo de organización social, supone el establecimiento de un
acuerdo o equilibrio que limita los conflictos entre las categorías sociales a partir de la imposición
política de las mismas reglas y formas de vida para todos. Este equilibrio impuesto es resultado del
proceso histórico que en los estados nacionales ha llevado de la configuración autocrática del poder
político al modelo pluralista de las llamadas democracias liberales occidentales; y en el ámbito de la
población constituida nacionalmente marca el paso de la condición de súbditos a la de ciudadanos, es
decir, de los privilegios a los derechos de los individuos. En el plano formal-jurídico, al cancelarse las
diferencias entre las personas se establece el principio de ciudadanía como prerrogativa para tener los
mismos derechos, pero también las mismas obligaciones.
El proceso de construcción de los derechos ciudadanos inicia propiamente en Europa en el
siglo XVIII, con la obtención de los derechos civiles: de libertad, igualdad, propiedad, libre
desplazamiento, derecho a la vida, a la seguridad, etcétera. Para la plena realización de estos derechos,
la Ilustración liberal exigía la existencia de un Estado mínimo, así como la posibilidad de control y de
responsabilidad (accountability) de la autoridad política.
En el siglo XIX se obtienen los derechos políticos: libertad de asociación y de reunión; de
organización política y sindical; participación política y electoral, y sufragio universal. Estos derechos
constituyen la agenda republicana que configura la participación ciudadana en el poder, la gestión dentro
de la vigencia plena de la legalidad, y la responsabilidad política en la formación cívica (escuela pública
y servicio militar obligatorio).
El siglo XX será el escenario de los derechos sociales: al trabajo, a la salud, a la educación, a la
jubilación, al seguro de paro o desempleo, a la garantía de acceso a los medios de vida y al bienestar
social. El reconocimiento de los derechos sociales implicó que fueran las instituciones públicas las
encargadas de satisfacerlos, es decir, estos derechos demandarían la presencia de un Estado fuerte para
poder realizarse (Vieira, 1998; Rabotnikof, 1997).
La obtención de los derechos civiles, políticos y sociales establece dos dimensiones de la
ciudadanía: los derechos individuales del hombre privado (lo civil) y la participación política del hombre
público (lo cívico). La primera se refiere al campo de las relaciones de los individuos entre sí, en donde
se establecen acuerdos bilaterales bajo el principio de reciprocidad, y cuyas instituciones fundamentales
son la propiedad y el contrato. La segunda dimensión hace referencia a las reglas y orientaciones a las
que habrán de sujetarse tanto las reglamentaciones privadas específicas como los fines inmediatos de la
57

acción política. Éstas aparecen como normas generales y obligatorias (leyes) que son impuestas por la
autoridad política, y reforzadas constantemente por la coacción que la autoridad ejerce de manera
exclusiva.
De aquí se derivan dos órdenes normativos: el derecho privado y el público. Ambas dimensiones
de la ciudadanía y los órdenes normativos que a ellas corresponden establecen las fronteras entre los
dos componentes generales de la unidad nacional. Por una parte, la sociedad, esto es, el conjunto de las
instituciones económicas y sociales que organizan a la población dentro de las relaciones de mercado;
y por la otra, el Estado, entendido como el conjunto de instituciones políticas que asegura la realización
de las funciones de gobierno (véase cuadro 6).

Sin embargo, las fronteras ideales entre la sociedad y el Estado rápidamente son desdibujadas por
la emergencia de dos procesos históricos que actúan simultáneamente en el ámbito nacional. Por una
parte, el crecimiento de la estructura burocrática o aparato de Estado que, al monopolizar la violencia
institucional, progresivamente invade espacios cada vez más amplios de la vida social, sometiéndolos a
una lógica de la acción política marcada por principios como la "responsabilidad", la "calculabilidad",
la "anticipación", la "razón de Estado", que permitieron un aumento en la especialización de la dinámica
y la gestión políticas, pero que también excluían al resto de la población del conocimiento de los asuntos
que necesariamente los afectaban.
Por otra parte, la formación de las nuevas élites ilustradas, que acompañan el desarrollo del
mercado, la industrialización y la urbanización, dio lugar a un nuevo espacio de crítica global al poder
estatal por parte de las vanguardias ilustradas excluidas de todo ejercicio político. La crítica al
racionalismo ilustrado y la aparición de una opinión "pública" en la segunda mitad del siglo XVII,
expresada en la difusión de las ideas por medio de publicaciones (libros, folletos y formas incipientes
de prensa escrita) y la discusión en foros inicialmente privados (los "salones"), y después paulatinamente
"públicos" (calles y plazas), marca el surgimiento de un nuevo espacio intermedio entre la sociedad y el
Estado que los teóricos de la Ilustración denominarán la "sociedad civil". Ésta es considerada una
realidad "anterior" al Estado, en la que hay diversas formas de asociación de los individuos para
satisfacer sus más diversos intereses, y sobre las cuales el Estado se sobrepone para regularlas, pero sin
obstaculizar su desarrollo ni impedir su renovación constante (Rabotnikof, 1997).
Durante los siglos XIX y XX, y conforme los conflictos de clase cobran importancia en los ámbitos
nacionales, la noción de sociedad civil refiere cada vez más al lugar donde surgen y se desarrollan los
conflictos económicos, sociales, ideológicos y religiosos, que las instituciones estatales tienen la misión
de resolver mediándolos, previniéndolos o reprimiéndolos. Los sujetos de estos conflictos —y por ende
de la sociedad civil, en tanto contrapuesta al Estado— son las clases sociales, o más específicamente,
los grupos, movimientos, asociaciones y organizaciones que las representan o que se declaran sus
representantes (Bobbio, 1989).
58

La diferenciación entre la sociedad civil (organizaciones, asociaciones y corporaciones sociales) y


el Estado (partidos, parlamento y gobierno) implica que el conjunto de los individuos y las instituciones
privadas adquiera una existencia formal al ser reconocido legalmente por el poder constituido. De la
misma manera, los individuos y las colectividades en sus acciones prácticas, de acuerdo con las reglas
establecidas, construyen el reconocimiento necesario de la autoridad gubernamental. De esta forma, el
sistema político en su conjunto adquiere legitimidad.
Esto permite entender el problema de la gobernabilidad. Una sociedad se vuelve más ingobernable
cuando aumentan las demandas (input) de la sociedad civil, y no aumenta paralelamente la capacidad
de las instituciones para responder (output) a ellas. La ingobernabilidad produce crisis de legitimidad.
Cuando esto sucede en la sociedad civil, se forman —especialmente en los periodos de crisis
institucional— los contra poderes que tienden a obtener una nueva legitimidad, incluso en detrimento
de los poderes legítimos, en otras palabras, se desarrollan los procesos de deslegitimación y
relegitimación (Bobbio, 1989).
Con la diferenciación entre la sociedad civil y el Estado, lo público adquirirá una de sus
connotaciones modernas: lo público como poder del Estado que reclama la libertad de sustraerse a la
publicidad (visibilidad) en la decisión política y el secreto de Estado. El poder político encarna lo que
es común, pero no abierto y manifiesto. El surgimiento de la opinión pública, como resultado de la
crítica al racionalismo ilustrado, comenzó a trastocar los límites entre lo privado y lo público. En
consecuencia, la esfera pública aparece como monopolio de un poder personalizado, autocrático, que
mantiene un control excluyente del aparato gubernamental, y, por lo tanto, sus decisiones escapan al
escrutinio de los demás. Frente a esta política excluyente, el "interés público" aparecerá como la voz
"desde abajo" que desafía las pretensiones del gobierno autocrático, dándose un paulatino acercamiento
de lo público a lo social (Sartori, 1989).
Lo público, como asunto de "un público" (particulares reunidos en calidad de público), seguirá
diferentes caminos en la Europa del siglo XVIII. En el caso inglés, la temprana adopción del parlamento
en sentido moderno, el desarrollo de la prensa y la conquista de varios elementos del estado de derecho,
hacen que la voz de ese público se traduzca, primero, en una opinión pública que controla, cuestiona y
se enfrenta a las medidas de gobierno, y que más tarde lo hace en las asambleas públicas y por medio
de asociaciones políticas locales que otorgan una base más amplia y fuerte a los partidos como
representantes del público. En el caso francés, el público se desarrolla en los ámbitos literarios y en el
"secreto" protegido de la censura y el control estatales. Será hasta la Revolución francesa cuando se
intente dar forma institucional a la voz de ese público.
La aparición de la opinión pública ilustrada hizo posible la creación de un nuevo "espacio" o lugar
para la selección, presentación y tratamiento de un conjunto de problemas comunes a todos, determinado
por el principio básico de la publicidad. De esta manera, lo vuelto "público", visible, manifiesto,
necesariamente ponía de relieve una cierta idea de lo que podía significar "racionalizar" el poder político
por medio de la argumentación pública y la discusión racional, desplegada sobre la base de la libertad
formal y la igualdad de derechos (Rabotnikof, 1997).
El desarrollo de las sociedades industriales significó un nuevo trastocamiento de los límites entre
lo privado y lo público, dando lugar a dos procesos paralelos. Por un lado, la publicitación de lo
privado, esto es, la progresiva intervención de los poderes públicos en la regulación de la economía y,
por lo tanto, la ampliación de las funciones interventoras del Estado en ámbitos sociales
tradicionalmente considerados privados. Por otro, la privatización de lo público, o reaparición de las
relaciones de tipo contractual, características del mundo de las relaciones privadas, en el nivel superior
de las relaciones políticamente relevantes. Esta reaparición se presentó por lo menos en tres formas
diferentes: en las relaciones de las grandes organizaciones sindicales para la formación y renovación de
los contratos colectivos; en las relaciones entre partidos políticos para la formación de las coaliciones
59

de gobierno; y en la penetración de grandes organizaciones de origen "privado" en el ámbito estatal, con


la consecuente traslación de competencias públicas a esferas privadas (Bobbio, 1989).
La existencia de las relaciones contractuales modifica las relaciones de jerarquía entre ley y
contrato. Sin embargo, los contratos colectivos respecto a las relaciones sindicales, las coaliciones de
gobierno respecto a las relaciones entre partidos políticos, y los grandes acuerdos corporativos en la
planificación económica nacional, han sido elementos decisivos para la vida del Estado contemporáneo.
Lo anterior, particularmente en el desarrollo, durante el siglo XX y hasta finales de la década de los años
setenta, del llamado Estado de bienestar o Estado social, implicó el fortalecimiento del gobierno
político administrativo y la crisis del parlamentarismo. No aportar información para el debate y el
control públicos ya no se sustenta en una abstracta razón de Estado, sino en la urgencia de tomar
decisiones, en la autonomía de ciertas instancias de gobierno y en el monopolio técnico. El
reconocimiento de los derechos sociales implicó que las instituciones públicas fueran las encargadas de
garantizarlos y satisfacerlos, lo que formalmente abría lugares y servicios antes exclusivos de algunos
grupos (salud, educación, vivienda, etcétera) al público.
Esto hace más complejos los entramados institucionales que recogen y jerarquizan las demandas
sociales, procesan el conflicto y establecen asignaciones obligatorias de políticas públicas. Se trata de
un proceso de retroalimentación mediante el cual se fortalecen y recomponen las relaciones formales e
informales básicas, de las cuales destacan los siguientes indicadores: la cantidad y calidad de las
libertades políticas y garantías institucionales alcanzadas, las condiciones y reglas de la competencia y
el debate político, la participación y representación ciudadana en las decisiones políticas en todos los
niveles institucionales de la sociedad, y las políticas gubernamentales orientadas a compensar e igualar
tendencialmente la distribución de bienes y oportunidades en la población.
Los cambios positivos dentro de los dos primeros grupos de indicadores suponen procesos o
avances en la democratización política, mientras que los cambios positivos en los dos últimos
indicadores suponen avances en la democratización social. Y también implican la existencia de una
sociedad civil fuerte y participativa. En contraparte, los cambios negativos en cualquiera de los
indicadores marcan una tendencia regresiva hacia modalidades autocráticas, dentro de las cuales la
existencia misma de la sociedad civil queda puesta en entredicho, aun y cuando en situaciones de
debilidad extrema la sociedad civil sigue siendo el lugar donde se manifiestan todas las instancias de
cambio de las relaciones de dominio, se forman los grupos que luchan por la emancipación del poder
político, y adquieren fuerza los llamados contrapoderes.

3.5 PARTIDOS POLÍTICOS Y CORPORACIONES SOCIALES


60

Cartel del Partido Conservador del Reino Unido, que advierte de la amenaza del Partido Laborista,
1929.
Al institucionalizarse el intercambio entre los individuos, las colectividades y el gobierno se vuelve
intermediación a cargo de grupos profesionales, especialistas en la gestión-dirección de las
organizaciones, que suplantan a éstas en la negociación y establecen una asignación diferenciada del
costo-beneficio. La intermediación cumple dos funciones centrales: en primer lugar, la representación
(entrada), un arreglo para comunicar y transformar las preferencias de los miembros en demandas sobre
otros; y segundo, el control (salida), un arreglo para supervisar e influir en el comportamiento
involucrado en la realización de tales demandas. Los mecanismos de intercambio funcionan como
canales de legitimación, y por consiguiente de integración social respecto al sistema político, en general,
y a los diversos gobiernos, en lo particular. La legitimación se obtiene por medio de la existencia misma
de las asociaciones de interés como organizaciones permanentes con reglas aceptadas de decisión y
elección de cuerpos especializados de representación y control social (Schmitter, 1992).
Estas organizaciones o asociaciones se constituyen mediante un acuerdo para la solución de
demandas económicas, culturales o políticas comunes de una colectividad específica (sindicatos,
iglesias, comunidades, organizaciones empresariales, partidos políticos, etcétera), y se enfrentan a otras
asociaciones en disputa de un mercado limitado (local, regional, sectorial o nacional), en donde se
negocian e intercambian bienes de naturaleza diversa ubicados entre la economía y la política, como
son los salarios, la ocupación, las inversiones, las facilidades de crédito, etcétera; así como la lealtad
61

política, el consenso democrático, o sencillamente la detención del disenso activo o el aplazamiento de


sanciones.
Para mantener e incrementar los valores en intercambio, los intereses concurrentes deben
establecer un equilibrio relativo y transitorio (impuesto) a partir de un cálculo (conjura) para obtener
beneficios por medio de una transacción en la que cada una de las partes contendientes acepta una
satisfacción parcial (pospone la solución total) de sus demandas, basados en la percepción de la
composición y distribución de los valores en intercambio, las pérdidas y ganancias resultantes de una
escalada del conflicto, y la cantidad y calidad de los recursos que los contendientes podrían usar. La
relación de fuerza es la base de toda transacción, y se expresa en arreglos, acuerdos o contratos de
diferente tipo que son reglamentaciones, en cuanto a duración, jurisdicción y obligatoriedad, de los
costos diferenciados a pagar por cada parte en connivencia, y constituyen la red institucional que integra
el conjunto de relaciones de las asociaciones entre sí y con el Estado (Rusconi, 1986).
De manera general, representar significa sustituir, actuar en lugar de o en nombre de alguien; cuidar
los intereses de alguien; reproducir, reflejar las características de alguien o algo; evocar simbólicamente
a alguien o algo; personificar. En su significado político, el término representar debe distinguir dos
grandes acepciones. La primera es la representación por delegación (ejecutor), carente de iniciativa y
autonomía, y dependiente de las instrucciones de sus representados. Se le conoce también con el nombre
de "mandato imperativo" y tiene un origen medieval. Algunos autores también la denominan la
"representación-espejo" o representatividad sociológica o corporativa, ya que refleja puntualmente los
intereses específicos de sectores particulares de la población: profesionales, confesionales, étnicos y
sexuales. La segunda acepción es la representación autónoma (fiduciaria), y supone que la única guía
para la acción es el "interés" de sus representados tal y como es percibido por el representante; se
encuentra al servicio del "bien general" o "interés nacional", y no del simple "querer" y los "prejuicios"
locales. En las sociedades contemporáneas se reconocen los dos tipos de representación: la de intereses
con mandato imperativo ejercida por las corporaciones sociales, profesionales, religiosas, étnicas,
sexuales, etcétera; y la representación política o fiduciaria, que se ejerce principalmente por medio de
los partidos políticos (Cotta, 1985; Pitkin, 1969).
Tanto los partidos políticos como las corporaciones sociales son organizaciones o instituciones que
median entre los individuos y las colectividades. Cumplen la función de seleccionar, agregar y transmitir
las demandas sociales, pero establecen diferencias en cuanto a su composición interna, los objetivos
perseguidos y los procedimientos para lograrlos. Mientras que los partidos políticos pretenden la
construcción de decisiones políticas de consecuencias obligatorias y generales, con carácter de ley, las
corporaciones sociales buscan inicialmente la consecución de acuerdos locales, regionales e incluso
nacionales, pero sólo de carácter sectorial, y en ese sentido, privados, contractuales. En la sociedad
contemporánea no es posible encontrar ninguno de los dos extremos: ni un sistema de intermediación
totalmente "pluralista", ni uno por completo "corporativista". Lo que hallamos son combinaciones
históricas específicas de ambos en los ámbitos regionales, sectoriales, nacionales e internacionales
(Schmitter, 1992).
Los partidos políticos son organizaciones de ciudadanos que se presentan como voluntades
autónomas encarnadas en la igualdad ciudadana, las libertades públicas y el principio de mayoría para
la obtención del acuerdo. Son las asociaciones características de representación de los ciudadanos en
los sistemas políticos pluralistas y liberales. Se apoyan en la concurrencia privada, la libre asociación y
el principio de mayoría (relativa, absoluta, calificada o derecho de minoría) para la toma de decisiones.
Las relaciones entre los partidos políticos y la sociedad civil son contradictorias, ya que "tienen un
pie en la sociedad civil y el otro en las instituciones políticas" (Bobbio, 1989). Los partidos políticos
pueden ser entendidos "como agrupaciones que en concreto median entre los grupos (de interés) de una
sociedad y el Estado, que participan en la lucha por el poder (dominio) político y en la formación de la
voluntad política del pueblo" (Lenk y Neumann, 1980), y que en la práctica se comportan como
62

instituciones pro-estatales. Orientados hacia la lucha por el poder, los partidos acaban asumiendo las
"razones de Estado", pues su centro estratégico no se sitúa en el interior de la sociedad civil, a la que
pretenden representar, sino en el modelo de Estado que pretenden conservar o cambiar (véase cuadro
7).

Las corporaciones sociales son los organismos profesionales que representan a los sectores de la
población (asociaciones obreras, patronales, campesinas, religiosas o comunitarias) y, en la medida que
atienden a un interés gremial, hacen posible el establecimiento de acuerdos sectoriales con la regla de
la unanimidad negociada, al mismo tiempo que requieren de una mayor intervención del Estado en la
regulación de los intercambios, que alcanza su nivel extremo en los sistemas corporativos de partido
único.
En los países capitalistas industriales, el sistema de intereses, o de representación corporativa en el
plano nacional (sociedad civil), ha funcionado por medio del acuerdo "corporatista" entre los sindicatos,
el patronato y el gobierno. En él los tres actores se declaran positivamente interesados en intercambiarse
favores y concesiones con la intención de una gestión casi gremial del desarrollo; asimismo, le asignan
al Estado el papel de garante de las reglas del juego y promotor de las políticas sociales compensatorias,
convirtiéndolo en un Estado de bienestar. En un acuerdo mínimo, los tres actores admiten la necesidad
de no cambiar los términos de su relación de fuerzas, pues se alteraría demasiado una de las contrapartes,
y peligraría la resistencia global del sistema. Éste funciona en un doble intercambio de influencias, de
las asociaciones hacia el Estado y de él hacia las asociaciones, a partir de dos características
fundamentales: la macro-organización de los intereses sociales y la escena global de negociaciones
(Rusconi, 1986; Schmitter, 1992).
En la forma pluralista del "Estado benefactor" los acuerdos corporativos, llamados también
"corporativismo social o neo-corporatismo", han sido en su mayor parte la salida no intencionada a una
serie de conflictos de intereses y de crisis políticas, en donde ninguno de los representantes involucrados
de los grupos, clases sociales y del Estado fue capaz de imponer sus preferencias a los demás. Los
acuerdos corporativos comenzaron como compromisos secundarios, satisfactorios y no óptimos, que
nadie realmente quería ni defendía abiertamente. La base estructural del corporativismo reside en ese
nivel intermedio de los acuerdos por conveniencias mutuas entre representantes de las asociaciones de
intereses y representantes del Estado, pues ambos tienen algo que ofrecer al otro, que no podrían obtener
por sí mismos, y también tienen algo que temer del otro. Las organizaciones de intereses tienen la
capacidad de conseguir la conformidad de sus miembros hacia aspectos específicos de las políticas
públicas. Pero también deben temer la cooptación, es decir, transformarse en receptores dependientes
de los favores públicos y agentes pasivos de la política del gobierno (Schmitter, 1992).
La forma en como las organizaciones sociales se integran en los regímenes autoritarios ha sido
llamada tradicionalmente "corporativismo de Estado"; donde la existencia de las organizaciones
63

depende del reconocimiento del poder político que las subordina y les asigna un monopolio
condicionado de la representación y de los controles sobre la selección del liderazgo y la articulación de
intereses (Schmitter, 1992).
El desarrollo y complejidad de los sistemas de intermediación en las sociedades contemporáneas,
altamente complejas y diferenciadas, ha provocado que el consenso, como integración social de las
expectativas y como base de la legitimidad de las instituciones, ya no se funde en las convicciones
comunes de los ciudadanos, sino que aparezca "economizado" por las organizaciones políticas y
sociales, y asumido como "disponibilidad" a aceptar las decisiones vinculantes, sin particulares
motivaciones. Es decir, ya no se basa en la concurrencia activa de los implicados, sino en la aceptación
pasiva de reglas y en la exclusión formal (Luhmann, 1986; Easton, 1969).

3.6 VIEJOS Y NUEVOS ACTORES EN EL ESCENARIO GLOBAL

Cartel electoral antisemita del Partido Social Cristiano en Viena, 1918.


Desde los orígenes de un verdadero sistema de estados en los acuerdos europeos de 1648, la política
estatal (fuese por medio de conflictos armados, negociaciones o ambas vías) apuntaba, ante todo, a trazar
y conservar (garantizar "internacionalmente") las fronteras que separaban y encerraban el territorio de
soberanía legislativa y ejecutiva de cada uno de aquéllos. La imagen del "orden global" se reducía a la
suma de órdenes locales, cada uno de ellos sostenido por el eficaz poder policial de un solo Estado
territorial. La consolidación del sistema de Estado-nación no fue un proceso uniforme, ni afectó a cada
país y a cada región de forma similar: desde el inicio, este proceso implicó grandes costos para la
64

autonomía e independencia de muchas colectividades, especialmente en los estados menores y en las


civilizaciones extraeuropeas, en donde el dominio de uno solo sobre un territorio se volvió dominio
colonial sobre otras sociedades.
Este modelo de equilibrio de los Estado-nación europeos funcionó hasta 1945, cuando la formación
del bloque soviético dio lugar al modelo bipolar. Desde la segunda mitad del siglo XX y hasta 1990,
sobre ese mundo parcelado por los estados soberanos se superpusieron dos bloques de poder. Ambos
promovieron un grado de coordinación creciente en la administración de los estados, basado en la
hipótesis de la insuficiencia militar, económica y cultural de cada uno por separado. Se promovió así,
en la práctica política antes que en la teoría, un principio nuevo de integración supraestatal. La escena
global se convirtió en el teatro de la coexistencia y la competencia entre grupos de estados (Bauman,
1999; Held, 1997).
En el bloque capitalista liderado por Estados Unidos los acuerdos de Bretton Woods, firmados en
1944, funcionaron como reglas comunes en la internacionalización de las relaciones de mercado hasta
inicios de los años setenta. Estos acuerdos establecían reglas en cuanto a los tipos de cambio fijos, el
patrón oro de equivalencia universal, la creación de organismos financieros multilaterales para la libre
circulación de capitales (Fondo Monetario Internacional, FMI) y el fomento del desarrollo por medio
de préstamos a las economías pobres (Banco Mundial, BM). Para la década de los setenta, Estados
Unidos busca compensar su rezago productivo manufacturero frente a Europa y Japón, así como su
déficit comercial, fiscal y de deuda externa, para lo cual abandona el patrón oro, convierte al dólar en el
único medio internacional de cambio, y hace crecer artificialmente el mercado de divisas al incrementar
el circulante monetario con la emisión de dólares destinados a la especulación monetaria y no a la
inversión productiva. Esto provocó que se ejerciera presión en los tipos de cambio, promoviéndose la
baja del dólar y el alza de las monedas europeas y japonesa, y recuperándose artificialmente la
competitividad mundial de las manufacturas estadunidenses.
Esta situación también provocó un aumento considerable de los intercambios de divisas en el
mundo, la mayor parte de las cuales no corresponden a ningún intercambio real de mercancías, sino a la
búsqueda de beneficios financieros inmediatos. Los movimientos especulativos provocan una gran
inestabilidad del sistema monetario y causan una sucesión de graves y contagiosas crisis económicas,
que arruinan en pocos días el esfuerzo de naciones enteras. La primera de estas grandes crisis se presentó
a principios de 1980, en los inicios de la estrategia neoliberal para frenar la explosión inflacionaria
causada por las políticas gubernamentales de expansión del gasto público (déficit presupuestal) para la
estimulación de la demanda; crisis que se caracterizó por dos cuestiones cruciales: el aumento de los
precios del petróleo y los ajustes de la política monetaria y fiscal en las metrópolis industriales,
El resultado inmediato de esta crisis fue el aumento de las tasas de interés hasta niveles de castigo
y la cancelación de las fuentes de financiamiento externo. Las consecuencias para los países
latinoamericanos, particularmente México, los países socialistas de Europa Oriental, y los países árabes
y africanos, fueron devastadoras y frenaron por completo el crecimiento (Skidelsky, 1999). Estos países
durante la década de los setenta habían mantenido la expansión de las inversiones públicas y las políticas
de fomento a la exportación mediante grandes préstamos de la banca internacional a tasas bajas (véase
cuadro 8).
65

Para el Estado-nación, una primera consecuencia del predominio de las políticas neoliberales fue
la pérdida de un amplio espectro de controles, formales e informales, sobre las fronteras que
anteriormente habían servido para restringir la circulación de bienes y servicios, equipo productivo y
tecnología, y el intercambio cultural y de ideas. El resultado fue la disminución de la capacidad del
Estado para controlar las actividades dentro y a través de sus fronteras. El impacto del flujo del capital
privado a través de las fronteras puso en peligro las medidas antiinflacionarias, las tasas de cambio, la
política impositiva y otras disposiciones gubernamentales (Held, 1997).
Desde los años setenta, las economías nacionales se han visto minadas por la extensión de empresas
multinacionales capaces de organizar el flujo de información, capital, tecnología y capacidad
manufacturera a través de las fronteras. Ya no existen empresarios, financieros, firmas, industrias y
economías inmóviles en el espacio, a los que se pueda regular, administrar y hacer pagar con fines
nacionales. La obligatoriedad sólo se aplica a los individuos y no a las corporaciones económicas; éstas
operan en un espacio global donde no se han encontrado los sustitutos supranacionales de la
administración nacional, incluso cuando la autosuficiencia militar, económica y cultural, y la
sustentabilidad del Estado estén lejos, en muchas partes del planeta, de ser una perspectiva viable. Para
ganar la confianza de los inversionistas, la única tarea económica que se le permite al Estado —y que
se espera que éste cumpla— es mantener un "presupuesto equilibrado" al reprimir y controlar las
presiones locales a favor de una intervención más vigorosa en la administración de los negocios y en la
defensa de la población ante las consecuencias más duras de la arbitrariedad del mercado (Bauman,
2001).
Así, con mercados financieros de gran alcance, instantáneos y de enorme volumen (en otros
tiempos lo grande desplazaba a lo pequeño, ahora lo rápido desplaza a lo lento), lo que ahora le importa
al capitalismo no es tanto dónde se fabrica un producto determinado, sino quién posee la patente. Lo
que cuenta es el control de la idea, de la distribución más que de la producción que se hace global,
distinguiéndose así entre lugar de inversión, lugar de producción, lugar de declaración fiscal y lugar de
residencia. Esto es lo que algunos autores llaman la "deslocalización del proceso productivo", que está
en la base de la crisis del Estado de bienestar y que se manifiesta, en las metrópolis, con el aumento del
paro y el aumento del gasto social para el desempleo, y en los países periféricos, con el crecimiento de
mercados laborales no regulados (maquilas), así como la imposición de las políticas "desreguladoras" y
"neoliberales" del consenso de Washington, el acuerdo multilateral de inversiones, el BM y el FMI.
Para finales de los años ochenta, particularmente en Latinoamérica, el modelo de desarrollo hacia
dentro, de sustitución de importaciones y de Estado interventor, es remplazado por las nuevas políticas
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neoliberales en contra del Estado "obeso" por el aumento en el gasto social y la corrupción adyacente.
Estas políticas han consistido en la disminución de dicho gasto, la desregulación estatal, la
privatización de los servicios públicos, la preeminencia del mercado, la eliminación de barreras
arancelarias en países periféricos, mientras las mismas se mantienen en las metrópolis. Todo esto
significa limitar las funciones del Estado a las de vigilancia policiaca y militar.
El resultado es el aumento dramático de la polarización social, con un pequeño grupo de alta
concentración de ingresos que está dentro del mercado (con un consumo altamente diferenciado,
cosmopolitismo de élite, movilidad territorial y en la red), y los que están fuera de él (en situación de
exclusión social, economía informal, migración forzada y delincuencia). Además, con un Estado que no
regula el conflicto social y no puede establecer compensaciones diferenciadas, ya que se encuentra cada
vez más al servicio de la élite, y con un aparato de justicia que sanciona la pobreza.
Al romperse los nexos que muchas asociaciones civiles tenían con el Estado, y al desaparecer las
diversas formas de intervención estatal, la conflictividad (por ejemplo la delincuencia) tiende a crecer
sin que el Estado encuentre nuevas formas de amortiguar la desintegración social. Esto tiene que ver
con el debilitamiento del orden legal en un determinado territorio (cuyos ejemplos más dramáticos en
América Latina son Colombia y México) y, por lo tanto, con el debilitamiento de la publicidad entendida
como visibilidad y control. En cuanto el Estado es incapaz de garantizar la dimensión pública (legal) en
el territorio nacional por la aparición de zonas de violencia privada, se comienzan a crear circuitos
regionales de poder virtualmente privatizados, territorios controlados por la delincuencia organizada o
por movimientos sociales (EZLN, FARC) (Rabotnikof, 1997).
El territorio urbano se convierte en el campo de batalla de una guerra continua por el espacio, que
a veces estalla en disturbios en los vecindarios pobres, en los enfrentamientos multitudinarios de los
espectáculos deportivos, o en la violencia homicida del narcotráfico en México. La localidad se
convierte en una zona de riesgo en donde el "factor miedo" crece, proliferando los sistemas de seguridad
en automóviles, casas y vecindarios, así como los mensajes de peligro emitidos por los medios de
comunicación masivos (Bauman, 1999).
El papel tradicional del Estado se reduce cada vez más al control directo de ciertas categorías
sociales: los pobres posmodernos redefinidos como "consumidores defectuosos" y, de modo más
general, todas las categorías sociales peligrosas, potencialmente criminales, que al quedar excluidas de
la agenda establecida por el mercado recurren, presumiblemente, a alternativas que dicha agenda deja
fuera. En cuanto al resto de la población, un espectro cada vez más amplio de opciones alternativas es
considerado, explícitamente o por omisión, fuera de la incumbencia de las autoridades políticas
(Bauman, 2001). Es el avasallamiento de los poderes económicos multinacionales en contra de las
instituciones políticas y sociales que tradicionalmente habían constituido una barrera de protección para
los individuos y las comunidades.
En lo que se refiere al ámbito físico, la "plaza" como delimitación de un espacio propiamente
político, que funciona como centro de referencia para todos, es víctima de la transformación de los
espacios urbanos, disminuyendo rápidamente en dimensiones y número, y los pocos que quedan tienden
a ser cada vez más selectivos. Los espacios públicos tradicionales son remplazados por espacios
construidos y poseídos por entidades privadas y destinados al consumo y en donde el acceso depende
de la capacidad de pagar. Los centros comerciales están construidos de tal manera que mantienen a la
gente en movimiento, mirando a su alrededor, atraída y entretenida constantemente —pero en ningún
caso durante mucho tiempo— por las interminables atracciones. La organización física del espacio no
alienta a la gente a detenerse, mirarse, conversar, pensar, ponderar y debatir algo distinto de los objetos
en exhibición, a pasar el tiempo en actividades desprovistas de valor comercial.
Esta privatización del espacio público tiene como consecuencia una disminución de la importancia
de los líderes de opinión locales, aquellos que filtran, evalúan y elaboran para los demás residentes
67

locales los mensajes que llegan desde "afuera" en los medios de comunicación. Para cumplir esa función,
los líderes locales debían hacerse oír por la localidad, necesitaban un espacio donde los locales pudieran
reunirse a hablar y escuchar. En esa ágora, las voces de los líderes locales competían con las que venían
de lejos y, con su convicción, eran capaces de sobreponerse a los recursos de la autoridad, debilitada
por la distancia (Deutsch, 1971).
Al mismo tiempo, las antiguas formas de acción colectiva dejan de ser movimientos de liberación
y crítica política para encerrarse en la defensa corporativa, afirmándose como grupos caracterizados por
la lógica de los intereses económicos particulares y privados, como las organizaciones sindicales,
empresariales, profesionales, comunitarias, etcétera. Éstas se institucionalizan en campos definidos de
acción, y se burocratizan con temas fijos y rígidos que no reconocen la existencia de un nuevo tipo de
sociedad, intentando apropiarse de los espacios públicos en función de sus intereses particulares. A su
vez, en la esfera estatal, las empresas y corporaciones estatales, formalmente públicas, encuentran su
lógica en la defensa de intereses particulares, económicos o sectoriales, comportándose en la práctica
como organizaciones de mercado (Vieira, 1998).
La reducción de la esfera de acción de las instituciones políticas nacionales, así como
el debilitamiento y burocratización de las asociaciones sociales tradicionales y su progresiva conversión
en grupos de interés limitados a espacios privados, sectoriales y locales, ha implicado la emergencia de
nuevos actores ciudadanos comprometidos con la construcción de organismos y movimientos no
gubernamentales, no corporativos, no mercantiles y no partidarios. A diferencia de las organizaciones
sociales tradicionales, estos nuevos actores ciudadanos son privados en su origen, pero públicos en su
finalidad. Estas nuevas organizaciones y movimientos no pretenden constituirse en voz única de la
sociedad, sino que sus acciones construyen en los hechos nuevos espacios públicos constituidos por una
pluralidad de voces organizadas como circuitos de comunicación estructurados en torno a temas que
logran, como tales, especificar el abanico de lo políticamente posible, canalizar el potencial (escaso) de
la atención consciente, y convocar a la formación de consensos y disensos basados en la discusión
abierta de opiniones y posiciones diversas.
Los temas de debate y agrupamiento social, que forman la agenda en los nuevos espacios públicos
ciudadanos, tienen que ver con la crisis del medio ambiente ante la ausencia de regulaciones contra la
devastación ecológica (calentamiento global, deforestación, contaminación de ríos y mares, y crisis
alimentaria); en este rubro destacan organizaciones como Greenpeace y otros movimientos de defensa
del ambiente. Otro tema de interés central para estas organizaciones es la salud pública, sobre todo en
relación con la expansión global de las pandemias (sida, hepatitis C, gripe aviar, mal del ébola,
influenza), en las zonas de miseria extrema en el planeta afectadas por conflictos políticos y militares,
en donde actúan asociaciones como Médicos Sin Fronteras. También se considera el problema de la
defensa de los derechos humanos frente al atropello de los gobiernos, en donde organizaciones como
Amnistía Internacional cuentan con una larga experiencia de intervención activa. El problema de las
nuevas tecnologías genéticas y la disputa por los derechos de propiedad intelectual sobre los organismos
vivos ha provocado que las organizaciones campesinas de pequeños productores agrícolas —entre las
que destaca la Vía Campesina encabezada por José Bové— sean uno de los componentes más dinámicos
de la actual lucha mundial en contra de las políticas neoliberales.
Otros actores históricos, cuyas demandas están presentes por doquier en la opinión pública de las
sociedades industrializadas desde finales de los años sesenta, son los jóvenes, las mujeres, y los
miembros de las minorías sexuales. Un tema que en los últimos años ha resurgido con particular
dramatismo es el de la polarización social en las metrópolis, causada por la migración de población de
los países periféricos a los centros desarrollados en busca de los mercados de trabajo, por ejemplo, la
migración árabe y africana hacia Europa, o los latinoamericanos que se trasladan a Estados Unidos. El
tema de la migración refiere a realidades enfrentadas en torno a nociones como multiculturalismo,
68

polivalencia cultural, nacionalismo cultural, fundamentalismo étnico y religioso, y en general a la


relación entre culturas globales, nacionales y locales (véase cuadro 9, p. 341).
Estos actores y voces actúan en el contexto de la revolución permanente de la información y las
tecnologías de la comunicación, que para muchos ha implicado la posibilidad de revertir el modelo
"panóptico" del poder moderno que, permaneciendo en la sombra, observa a sus ciudadanos sin dejarse
observar por ellos. Para algunos autores esta supuesta reversión que en las sociedades modernas permite
al público observar más al poder, provocada por el auge de los nuevos medios, encuentra algunas
limitantes como: la ampliación y extensión de bases de datos con fichas personales de todos los
ciudadanos, que permiten a quienes detentan el poder observar al público mucho mejor que los Estados
del pasado. También la "interactividad" de los nuevos medios constituye una exageración, ya que
internet no es para todos, y difícilmente será algún día de uso universal. El resto de la población queda
relegado a la red de la televisión que es un medio unidireccional. Otra limitante de internet es que la
mayoría de los usuarios no utiliza el instrumento para la adquisición de conocimientos e información de
acuerdo con intereses intelectuales, sino que quedan atrapados en los circuitos de "entretenimiento", por
lo que la red queda reducida a la misma función de la televisión (Foucault, 1978; Bauman, 1999; Sartori,
1997).

En contraparte, internet ha mostrado sus amplias ventajas en el establecimiento de espacios


públicos alternativos, en donde es posible convocar a la formación de redes de acción internacional en
torno a temas concretos. Los ejemplos más importantes son, en primer lugar, la formación de las redes
de apoyo internacional al movimiento zapatista (la "primera insurrección contra la mundialización
liberal", Le Bot, 2009), que logra la articulación ciudadana de lo local y lo global en torno a temas
comunes relacionados con la libertad y la justicia, y con una nueva forma de lucha: la guerra de
contrainformación en la red (netwar).
Otro ejemplo es la formación de la Asociación para la Tasación de las Transacciones Financieras
para la Ayuda al Ciudadano (ATTAC) —o movimiento por la aplicación de la llamada "tasa Tobin"—,
un importante intento ciudadano para avanzar en el logro de límites normativos a la acción incontrolada
de los fondos financieros globales, y que ha mostrado su capacidad de convocatoria en las protestas
69

masivas desarrolladas en los distintos foros gubernamentales y financieros internacionales. En enero de


2001, junto con el Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, la ATTAC convocó a la realización
del I Foro Social Mundial (FSM) en Porto Alegre, que desde entonces y hasta la fecha se ha reunido
anualmente en diferentes sedes del mundo (el IX FSM se realizó en enero de 2009 en Belem, Brasil).
Los nuevos espacios públicos en gestación se desarrollan por medio de la integración, en distintos
niveles de escala (local, nacional e internacional), de temas que articulan una nueva configuración
ciudadana capaz de construir amplias coaliciones que transitan por nuevas vías. En ellas la república
está, para decirlo con Bauman (2001), "emigrando" del Estado que durante unos cuantos siglos
compartió con la nación. Tras haber perdido gran parte de su anterior soberanía, y al no ser capaces de
equilibrar las cuentas o de conferir autoridad al tipo de orden social que prefieren, los estados
contemporáneos no satisfacen la condición necesaria de una república viable: la capacidad de los
ciudadanos de negociar y decidir conjuntamente "el bien público", y de modelar una sociedad que estén
dispuestos a reconocer como propia (Touraine, 1997; Vieira, 1998).
Sin embargo, esta última afirmación, válida sobre todo para el mundo "occidental" europeo, es
puesta en duda por la emergencia de un fenómeno completamente novedoso y dinámico: los gobiernos
de la nueva izquierda latinoamericana. Éstos han llegado al poder en elecciones competitivas y
razonablemente limpias, en tránsitos suaves, graduales, más consensuados —como en Brasil, Chile y
Uruguay—, o como resultado de las grandes protestas sociales que conmocionaron las calles de Quito,
La Paz, Caracas y Buenos Aires. Son gobiernos de izquierda porque, independientemente de las
características nacionales de cada uno de ellos, ponen en el centro de las políticas estatales el problema
de la desigualdad y la pobreza, y asumen como compromiso político el mantenimiento de mínimos
niveles de bienestar por medio del gasto social, del fomento a la producción, el desarrollo de los
mercados nacionales, programas de transferencia de renta, incentivos salariales, subsidios y créditos
sociales (Bobbio, 2001; Natanson, 2008).
Esto parece poner límites al ciclo de políticas neoliberales que se extendió en América del Sur
desde finales de los años setenta hasta finales de los noventa, y si bien los gobiernos de la izquierda
latinoamericana han podido estabilizar la economía y consolidarse políticamente,1 se enfrentan a graves
dificultades y problemas en medio de una escalada de polarización política, entre una oposición de
derecha cada vez más beligerante y dispuesta a llegar, como en el pasado reciente, a situaciones
extremas,2 y los movimientos sociales que han depositado sus expectativas en los nuevos gobiernos de
izquierda, y que no están en condiciones de posponer más la solución de sus demandas cruciales.
70

TEMA 4. DERECHO

La Justicia, de Antonio Canova, 1792.


Desde la época de los romanos, Gayo, uno de los pensadores jurídicos más destacados, identificó que
las obligaciones de los ciudadanos tenían dos fuentes, las cuales se conocen como los delitos y los
contratos. Esta distinción permitiría dividir posteriormente al derecho en dos grades ramas: el derecho
penal y el derecho civil, división que se mantiene vigente hasta nuestros días.
En la actualidad, el derecho es considerado una ciencia social que limita las opciones de
comportamiento humano y normaliza aquellas que son moral y socialmente aceptadas. Esto nos obliga
a revisar constantemente los hechos sociales, económicos, políticos, culturales y científicos que
transforman a nuestra sociedad, para poder adecuarlos con el único objetivo de dar una respuesta
oportuna a las necesidades que exige nuestra sociedad.

4.1 DERECHO PENAL


71

Ejecución de la justicia, del fresco Alegorias del Buen y del Mal Gobierno, de Ambrogio
Lorenzetti, 1338 – 1340.

4.1.1 Juicios orales


El pasado 18 de junio de 2008, fueron publicadas, en el Diario Oficial de la Federación,
importantes reformas en materia penal a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos,
que van del artículo 16 al 22. Tras largas discusiones en la Cámara de Diputados y en la de Senadores
se aprobaron las reformas constitucionales que implican la modificación al sistema de justicia penal que
se había utilizado hasta hace un tiempo. Lo anterior, a pesar de que dicha propuesta no estaba
contemplada originalmente en la iniciativa de reforma planteada por el presidente de la República.
José Luis Santiago Vasconcelos explica que si bien esta medida ha generado polémica, también ha
ganado los aplausos de diversas organizaciones no gubernamentales, académicos, empresarios e
instituciones educativas, que han impulsado la instauración de los juicios orales desde hace varios años.
Por otro lado, Sergio García Ramírez afirma que dicha reforma representa un claro avance hacia un
sistema penal más acorde con los derechos humanos, porque se respetan garantías tan esenciales para el
ser humano, como las de la publicidad, la contradicción, la concentración, la continuidad y la
inmediación en el proceso penal (García Ramírez, 2008).
El sistema acusatorio oral encuentra sus orígenes en el derecho común (common law), que ha sido
usado durante siglos por países anglosajones como Estados Unidos, Canadá y Reino Unido. No obstante,
en la actualidad, países que fundamentalmente han seguido la tradición jurídica románica germana,
basada en el sistema inquisitivo en materia penal (más adelante se explicarán sus características), han
decidido adentrarse a un nuevo sistema, tras la derrota de este último. Países como Francia, Chile y
Colombia han sido los principales precursores de ese cambio radical.
Por otra parte, desde hace algunos años en nuestro país se venían desarrollando diferentes
propuestas para implementar la oralidad en los procedimientos penales. A pesar de que los sistemas
acusatorios se basan en los mismos principios (concentración, oralidad, inmediatez y publicidad) las
propuestas difieren esencialmente en la gradualidad de su implementación, en las posibles limitaciones
al principio de publicidad, y en los plazos y términos.
Vizcaíno Zamora sostiene que la experiencia chilena, francesa, colombiana o inglesa en la
implementación de juicios orales tiene particularidades de las que podemos aprender y que pueden ser
aplicables en supuestos distintos. El modelo francés de comparution
72

immédiate o comparecencia inmediata en juicio oral abreviado puede ser útil en México para delitos
flagrantes no graves que no puedan ser resueltos por la justicia alternativa. Por su parte, los juicios
orales bajo el sistema adversarial inglés pueden ser un buen modelo para delitos graves. De Colombia,
por otra parte, tenemos mucho que aprender en su experiencia contra la delincuencia organizada.
Un ejemplo de lo anterior tuvo lugar en Francia en 2004, donde 95% de los asuntos penales se
resolvieron en menos de 36 horas, mediante una gran variedad de sistemas de justicia alternativa o la
implementación de juicios orales abreviados conocidos como comparution immédiate (Vizcaíno,
2007).
Descubrimos muy pronto que la experiencia internacional y nacional (Francia en Europa,
Colombia en América Latina o Nuevo León en México, por ejemplo) demuestra que para que un sistema
acusatorio en el que se implementen juicios orales tenga éxito, se requiere que en las bases del mismo
exista un sistema eficiente de justicia alternativa, misma que resulta el eje total del sistema. La justicia
alternativa, es decir, procedimientos como la conciliación o la mediación permitirán liberar el sistema
judicial, y la sociedad civil podrá obtener rápida y eficaz respuesta a su demanda de justicia (Vizcaíno,
2007).
No se trata de copiar o importar un modelo, sino de hacer un modelo mexicano que parta del
análisis de los elementos que han tenido éxito en otros países, pero que atienda particularmente a las
características sociodemográficas y culturales de cada país. En México, antes de que la reforma
constitucional en materia penal fuera publicada en 2008, en algunos estados de la República ya se venía
implementando paulatinamente el sistema acusatorio oral.
La gestación de la reforma procesal penal veracruzana inició oficialmente el 4 de julio de 2007
cuando se publicó, en la Gaceta Legislativa del Congreso del Estado, el dictamen con proyecto de
decreto, mediante el cual los legisladores locales deciden reformar el Código de Procedimientos Penales
de Veracruz, estableciendo un nuevo capítulo denominado De los juicios orales sumarios (Vizcaíno
Zamora, 2010).
La mayoría de los expertos coincide en que la gradualidad en la puesta en marcha de los juicios
orales es una de las piedras angulares para el éxito de un sistema penal acusatorio. En Chile, por ejemplo,
es un proceso que aún no acaba y que ha llevado más de diez años en implementarse. El gobierno de
Zacatecas esperó año y medio para la práctica de los juicios orales, después de haber reformado también
su sistema; en el caso de Oaxaca, el sistema oral inició en la región del Istmo el 9 de septiembre de
2007.
Con las reformas constitucionales publicadas en 2008, los estados con leyes que se ajustan a los
juicios orales, como Oaxaca, Nuevo León, Chihuahua o el Estado de México, tan sólo tendrían cambios
mínimos (Vizcaíno, 2007). Es el caso del estado de Nuevo León, en el cual desde el año 2004 la
legislatura había emprendido reformas a su legislación penal y procesal penal con el establecimiento de
los juicios orales. Si bien en un principio éstos sólo fueron aplicables para los delitos culposos, hoy se
han extendido a otro tipo de delitos.
En la ciudad de México, en el año 2006, el jefe de gobierno sostuvo que ya se habían creado 40
nuevas salas de audiencia para los juicios orales, y consideró que hacía falta habilitar otras 40 más para
atender a una mayor cantidad de población y brindar justicia expedita.
A continuación se presenta un resumen de las principales diferencias entre el sistema inquisitivo
que nuestro país había adoptado desde hace muchos años para la solución de problemas en materia
penal, y el sistema acusatorio que actualmente se está implementando de manera paulatina en toda la
República mexicana (Carbonell y Ochoa, 2008).
73
74

Del cuadro anterior se desprende que los juicios orales tienen sus fortalezas, pero también sus
debilidades. Sin embargo, cabe precisar que diversos autores han coincidido en que era necesaria una
reforma a nuestro sistema de justicia penal. A continuación se enlistan los aspectos positivos y negativos
que involucra la introducción de los juicios orales en nuestro país:
• Garantiza que sea la jurisdicción la que resuelva los asuntos, es decir, no permite que el juez delegue
la facultad de juzgar.
• Mayor transparencia.
• No resuelve el problema de la seguridad pública, pues no tiene efectos preventivos —que tampoco
tiene el sistema escrito—. Es un error pensar que con la sola propuesta de reformas al sistema de justicia
penal o con la instauración del juicio oral se pueda garantizar un combate más eficaz a la delincuencia.
• No es más rápido que el escrito, ya que es imposible evitar el rezago judicial.
• La implementación resulta muy costosa, pues requiere de un mayor número de locales, jueces, agentes
del ministerio público, así como personal ministerial y judicial mucho más capacitado.
• La idea del juicio oral está vinculada con la idea del llamado principio de oportunidad, que se refiere
a la capacidad de establecer si un caso debe ser canalizado a justicia alternativa, proponer las mejores
medidas cautelares al juez y definir si se cuenta con la evidencia suficiente y creíble para solicitar una
vinculación a proceso; así como la idea de los procedimientos abreviados. Pero además, nos hace pensar
en una práctica como la del plea bargaining del sistema angloamericano, que se refiere a una
negociación de la condena, respecto de la cual habrá que considerar seriamente sus riesgos.
Dentro de la planeación estratégica debe tenerse presente la necesaria gradualidad en la aplicación del
cambio. Los dos sistemas que se han utilizado son el de la implementación progresiva por regiones y el
del cambio simultáneo en la totalidad de la demarcación geográfica de que se trate, pero de manera
gradual por tipo de delito, comenzando por los más leves y adicionando paulatinamente más supuestos.
Álvaro Vizcaíno comenta que el primer sistema es el más adecuado, es decir, comenzar por aquellos
municipios de menor índice delictivo y establecer mecanismos de evaluación a corto plazo que permitan
proponer adecuaciones o mejoras en las etapas inmediatas. En el caso del ministerio público, al trazar
un nuevo perfil debemos destacar el desarrollo de destrezas y habilidades para tomar decisiones rápidas,
argumentar jurídicamente, expresarse oralmente, tener capacidad de síntesis y planear la construcción
de un caso y la forma en que éste se presentará entre los tribunales (Vizcaíno Zamora, 2010).

4.1.2 Pederastia
Cuando el derecho y la política pública portan en sus principios el consenso moral de la gran mayoría
de los ciudadanos, no existe la necesidad de regular cuestiones que los individuos pueden concretar
conforme a lo dictado por la conciencia, la cultura y las costumbres. Sin embargo, en cuestiones donde
la opinión moral y los principios valorativos son tan diversos, cambiantes en función del tiempo y lugar,
75

y en ocasiones contradictorios, como sucede en lo referente a la sexualidad, no opera la obviedad de


seguir parámetros de conducta claros y definidos (Roemer, 1998).
De lo anterior resulta necesaria la legislación de diversas conductas sexuales entre los individuos,
para evitar daños físicos, psicológicos y económicos que la actividad sexual pueda causar a los demás
individuos de la sociedad. La sexualidad es parte inherente del cuerpo y la personalidad del ser humano,
por lo que se encuentra presente en cada partícula de su corporalidad, en cada pensamiento y
sentimiento, y en cada segundo de su vida, individual, familiar y social (Martínez, 2007).
En este contexto de ideas encuentra plena justificación la existencia de la protección a los derechos
sexuales. Tratándose de menores de edad, según Marcela Martínez, estos derechos consisten en ser
respetado en la intimidad, la seguridad, la dignidad y la salud sexual; finalmente, también implica recibir
información y educación sexual científica.
Para comenzar el estudio del presente tema es importante que se distinga la pedofilia de la
pederastia. La pedofilia es un término que expresa el amor por los niños; indica todas las formas de
relación heterosexual y homosexual entre un adulto y un sujeto prepúber (o adolescente no maduro
intelectualmente para tomar decisiones) de uno u otro sexo (Oliverio Ferraris y Graziosi, 2004). Por el
contrario, la pederastia en sí es una forma de homosexualidad basada en la atracción por los adolescentes
y los jovencitos.
La pedofilia prevalece en el restringido círculo familiar, en el que los padres abusan de sus hijas e
hijos, se casan con mujeres con hijos por los que se sienten atraídos o intercambian hijos con otros
padres pedófilos. La pederastia, en cambio, usualmente tiene lugar fuera del círculo familiar. La palabra
pederastia (del griego παιδεραστία) es un concepto sociológico que engloba diversos delitos cometidos
contra la seguridad, la dignidad, la salud sexual y el sano desarrollo psicosexual de personas menores
de 18 años, tal como lo exponen Ferraris y Graziosi (2004). Jurídicamente estos delitos son conocidos
como violación, estupro y abuso sexual.
Por lo general, dichos delitos son perseguidos por el ministerio público local de forma oficiosa,
con excepción de la violación, en el supuesto de que la víctima y el victimario guarden una relación
de matrimonio o concubinato —hipótesis en la que sólo se admite la querella de las partes
involucradas directamente, como se establece en el artículo 265 bis del Código Penal Federal, tras
haber tenido conocimiento de la realización del hecho por medio de cualquier persona—. Se sanciona
con una penalidad grave a aquella persona que haya cometido una conducta que agravie a la víctima,
sin importar que sea miembro de la familia o no, haya actuado sin consentimiento o con él, con o sin
violencia, o engaño.
Cabe señalar las diferencias entre la violación de personas menores de edad y el estupro.
La cópula con una persona menor de 12 años se sanciona con la pena prevista para la violación, sin
importar que el o la menor haya consentido el acto o no, y es un delito que cualquier persona puede
denunciar, a diferencia del estupro, en el que sólo los sujetos directamente involucrados pueden
intervenir. En el caso de estupro, la víctima se encuentra entre los 12 y los 18 años de edad, y otorga su
consentimiento con base en engaños o convencimiento ejercido por parte del o la victimaria. En la
actualidad se sabe que la cultura griega era la principal precursora de esta figura. En efecto, desde la
época arcaica, la pederastia consistía en la relación entre un joven adolescente y un hombre adulto que
no pertenecía a su familia. Surgió como una tradición aristocrática educativa y de formación moral.
También cabe remarcar que el erómeno era un adolescente ya entrado en la pubertad, y no un niño,
como se entiende en el concepto actual de pederastia.
Miguel Romo Medina (1989) señala que en México existen indicios de que la pederastia era uno
de los delitos fuertemente sancionados desde antes de la Conquista española. Esta información se
desprende de la costumbre como principal fuente de derecho de los aztecas, así como de diversos
documentos jurídicos y legislaciones antiguas, como el Código Mendocino, las Leyes de
Netzahualcóyotl, o el Libro de Oro figurado en la obra de Orozco y Berra, entre otros.
76

Marcela Martínez Roaro (2007) expone que, hasta hace algunos años, el delito de violación y
estupro estaba previsto en nuestro marco legal como privativo entre un hombre y una mujer.
Recientemente, debido a numerosos escándalos nacionales e internacionales, se prevé y sanciona la
conducta ejercida por un hombre hacia un menor de edad, en virtud de que la ley dejó de hacer
distinciones entre quienes pueden asumir el papel de víctima y de victimario. Actualmente se califica
como grave que una persona mayor de edad abuse sexualmente o llegue a la cópula con un menor de
edad, independientemente del sexo de la víctima o del victimario. Lo anterior se debe a que no importa
si la víctima se trata de un niño o niña, lo relevante es la conducta que se realiza.
La violencia sexual presente en un medio social y familiar violento, carente de información
científica sobre sexualidad, y permeado de tradiciones conservadoras, machistas y patriarcales, es una
problemática compleja, que a su vez es causa de que un porcentaje considerable de violaciones no se
denuncien. En consecuencia, a partir de la década de los ochenta se han creado, en todo el país, agencias
especializadas para la atención a víctimas de delitos contra la sexualidad, principalmente mujeres y
menores de edad. Desafortunadamente, son delitos llamados de cifra negra, toda vez que es imposible
decir con exactitud cuántos menores de edad han sido víctimas de violación, estupro o abuso sexual,
debido a la carencia de denuncias.

4.1.3 Tráfico de órganos


El tráfico de órganos es un delito de carácter especial dentro de la teoría del derecho penal mexicano,
en virtud de que, en lugar de encontrarse previsto en el Código Penal Federal, se encuentra en la Ley
General de Salud, debido a la especialización de la materia. No obstante, algunas legislaciones locales
prevén variedades en las conductas que engloba en general el delito de tráfico de órganos. En el ámbito
internacional, el tráfico de órganos se contempla dentro del delito de trata de personas, previsto en
el Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente en mujeres y
niños, que complementa la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada
Transnacional. Dicho protocolo, en su artículo tercero, incluye como una variedad de la trata de personas
la explotación de las mismas, término dentro del cual se engloba la extracción de órganos.
El tráfico de órganos consiste en diversas conductas previstas en la legislación y generalmente
realizadas de forma clandestina, sin permiso de la Secretaría de Salud, como la extracción, el traslado,
venta o compra de órganos, tejidos y sus componentes, de seres humanos vivos o cadáveres.
Comprendemos por órgano a la entidad morfológica compuesta por la agrupación de tejidos diferentes
que concurren al desempeño del mismo trabajo fisiológico. Asimismo, son reconocidos como órganos
los tejidos o cualquier sustancia excretada o expedida por el cuerpo humano como resultante de procesos
fisiológicos normales (la sangre, su plasma o cualquier componente de ella; los concentrados celulares;
los derivados de la sangre; cadáveres de seres humanos, incluyendo los embriones y fetos; la placenta y
los anexos de la piel).
El tráfico de órganos encuentra sus orígenes en el surgimiento de la medicina moderna del
siglo XX, cuyo mayor éxito es el trasplante de órganos para alargar y mejorar la vida de cientos de miles
de pacientes a nivel mundial. Sin embargo, este logro se ha visto disminuido por los numerosos informes
sobre el tráfico con seres humanos que se utilizan para la extracción de órganos, y sobre pacientes de
países ricos que viajan al extranjero para comprar los órganos de la gente con menos recursos.
En efecto, el tráfico de órganos es una realidad en Latinoamérica. Países como Argentina, Brasil,
Honduras, México y Perú hacen este tipo de comercio con compradores alemanes, suizos e italianos,
según un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). En Argentina, por ejemplo, hay
denuncias de casos en donde se retiran córneas de pacientes a los que se les declaró muerte cerebral
después de haber falsificado exploraciones cerebrales.
77

En 2004, la Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo un llamado a los estados miembros
para proteger a los grupos más pobres y vulnerables del turismo de trasplantes y la venta de tejidos y
órganos, y para abordar el problema más amplio del tráfico internacional de tejidos y órganos humanos.
Para tratar los problemas relacionados con la venta de órganos, el turismo de trasplantes y el tráfico
de los donantes ante la escasez mundial de órganos, se celebró en Estambul, del 30 de abril al 2 de mayo
de 2008, una cumbre en la que se reunieron más de 150 representantes de organismos médicos y
científicos de todo el mundo, oficiales de gobierno, científicos sociales y eticistas. De dicha cumbre se
desprenden las siguientes medidas:
• Cada país debe luchar, tanto para garantizar la aplicación de programas que prevengan la carencia de
órganos como para ofrecer órganos que satisfagan las necesidades de trasplantes de sus residentes, a
partir de donantes de su propia población o por medio de la cooperación regional.
• El potencial terapéutico de la donación de órganos de personas fallecidas debería maximizarse, no sólo
para los riñones sino también para otros órganos, según las necesidades de cada país.
• Los programas educativos son útiles para hacer frente a las barreras, ideas falsas y desconfianza que
actualmente impiden el desarrollo suficiente de la donación de órganos de personas fallecidas; todo ello
para que los programas de trasplantes tengan éxito.
• Es esencial que exista una infraestructura de sistema sanitario pertinente.
• El cuidado de los donantes de órganos, incluido el de las víctimas del tráfico de órganos, la
comercialización de trasplantes y el turismo de trasplantes es una responsabilidad fundamental de todas
las jurisdicciones que hayan permitido este tipo de prácticas.
En relación con las medidas propuestas en la cumbre de Estambul, México ha suscrito diversos
documentos internacionales para prevenir y sancionar el tráfico de órganos, así como para poner en
marcha soluciones que permitan de forma legal la obtención de un mayor número de órganos vitales.
Asimismo, este delito se persigue de forma oficiosa, después de que cualquier persona haya dado
conocimiento a la Unidad Especializada en Investigación de Tráfico de Menores, Indocumentados y
Órganos, adscrita a la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada de
la Procuraduría General de la República. No obstante, según los datos proporcionados por la Secretaría
de Salud, por medio de la Dirección de Informática y Procreación de Órganos y Tejidos, se sabe que no
se ha podido comprobar fehacientemente la realización delictiva del tráfico de órganos.
En otros países, como Argentina, se han adoptado medidas más radicales, como la aprobación de
la Ley de Donante Presunto que, para algunas organizaciones de derechos humanos, tiene características
claramente violatorias de los derechos de la ciudadanía, ya que obligará a la población entera a donar
sus órganos, salvo que se exprese lo contrario. El tratamiento de esta ley ocurre en el momento en que
se cuestiona la escasez de políticas para enfrentar el tráfico de órganos en la Argentina.
Un informe del Seprin, publicado hace tres años, revela que en la venta clandestina de órganos en
Argentina un riñón puede costar más de 102 mil euros, un hígado 150 mil, un pulmón 150 mil, una
córnea 87 mil, una médula ósea 165 mil, un corazón 150 mil, un páncreas 144 mil, y las arterias hasta
10 mil euros. Esta conducta también ha sido frecuente en Filipinas, Hong Kong y China, donde los
pobres venden un riñón por sólo mil dólares a personas procedentes principalmente de Japón. En menor
grado, también existe el tráfico de órganos en muchos países del norte de África y, sobre todo, en Egipto,
donde en la prensa aparecen con frecuencia anuncios de oferta de riñones por parte de personas
económicamente desesperadas, lo que beneficia a ricos desesperados por seguir viviendo ("Subasta…",
2010).
78

4.1.4 Secuestro
Actualmente, el secuestro ha sido denominado de diversas formas: privación ilegal de la libertad,
detención ilegal o robo de personas. Debemos aclarar que las dos primeras designaciones no describen
nuestro objeto de estudio, debido a que tales acciones son realizadas por una autoridad y a que esta
privación o detención no se sustenta en hechos suficientes para que la autoridad sospeche sobre la
comisión de un delito. Por lo que se refiere a la tercera designación —robo de personas—, ésta es
incorrecta ya que las personas no se consideran cosas susceptibles de robo. Por esta razón, Góngora
Pimentel (2004) explica que el secuestro comúnmente apela a una conducta ilícita cometida por una o
varias personas en perjuicio de otra y sus familiares, que trasciende la integridad física y moral de la
víctima, de los familiares y amigos. Esto se ve reforzado en la medida en que en el secuestro se crea un
estado de sumisión corporal y moral absoluto que desvaloriza a la persona.
René Jiménez (2002) comenta que el secuestro no es un delito común, puesto que implica una
organización particular, así como el acceso a información sobre las personas a las que se quiere privar
de la libertad, aunado a los gastos de transportación, casas de seguridad y armamento.
En la actualidad, nuestro Código Penal Federal estipula algunos parámetros que son útiles para
determinar si nos encontramos frente a un secuestro o ante un supuesto totalmente diferente. Entre estos
parámetros está el hecho de que la privación de la libertad de una persona deberá ir acompañada de la
intención de obtener un rescate (sumas de dinero en efectivo); la persona deberá encontrarse en calidad
de rehén, o amenazada con la privación de la vida o con causarle algún daño.
Los secuestros generalmente son realizados por la delincuencia organizada; aunque en algunos
casos son cometidos por delincuentes comunes o por personas que tienen cierto parentesco con la
víctima. En raras ocasiones el secuestro es realizado por una sola persona; esto sucede principalmente
cuando se trata de niños (Consultores Exprofesso, 1999).
El secuestro, desafortunadamente, es una rentable industria criminal que pone en jaque la
capacidad de respuesta de nuestro gobierno. Para Carrión Tizcareño (2006), el secuestro se puede
clasificar en tres tipos diferentes, de acuerdo con las características de los sujetos que participan y los
fines con los cuales se realiza:

1. Secuestro simple: realizado por delincuentes sin experiencia inspirados sólo en la


necesidad económica; carece de logística y práctica.
2. Secuestro extorsivo o profesional: realizado por cuerpos altamente capacitados, que
sustraen violentamente a las personas de sus casas, oficinas o centros deportivos; las ocultan y
retienen para pedir posteriormente sumas de dinero.
3. Secuestro político: cometido por grupos subversivos que pretenden una acción u omisión
por parte del gobierno; buscan un beneficio para su organización, que se traduce en la
desestabilización del Estado.
Existen otras modalidades que retoma Góngora Pimentel, ex ministro de la Suprema Corte de Justicia
de la Nación, y que, a diferencia de las anteriores, responden a la forma en la que se comete el secuestro
(Góngora Pimentel, 2004). Estas modalidades son el secuestro exprés, el económico, el narcosecuestro,
el secuestro virtual, el cibernético, el científico y el autosecuestro.
Es importante señalar que en México existen factores que han conducido al incremento de este
delito. Entre ellos se encuentran la desintegración familiar, los nuevos hábitos y la velocidad con que se
vive en la ciudad, aunado al crecimiento demográfico sin control que representa una imposibilidad para
satisfacer las necesidades más elementales de la población, entre ellas la seguridad (Carrión, 2006). Lo
anterior se refleja en los datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía
(INEGI), que en su II Conteo de Población y Vivienda relativo al año 2005, nos indica que en los Estados
79

Unidos Mexicanos la población total se estimaba en 103 263 388; mientras que en el año 2000 la
población se estimó en 97.5 millones, lo que indica un aumento de 5.8 millones de personas. Por otro
lado, en el Distrito Federal se contabilizaron 8 720 916 de personas, constituyéndose, según el INEGI,
como una de las zonas con mayor población en México.
De lo anterior se desprende que el crecimiento demográfico, aunado a la problemática social y
económica por la que atraviesa México, hacen del secuestro una mina de oro para la delincuencia
organizada y, sin una estrategia efectiva que permita combatir la pobreza extrema, sería inútil pensar
que el secuestro dejará de ser una industria rentable. Sobre todo porque no existe voluntad para modificar
las políticas de seguridad pública, para establecer tecnologías de punta en el combate a la delincuencia
organizada y la corrupción, para dar mayor capacitación a los cuerpos policiales y para coordinar a las
diversas corporaciones policiacas.
Si algún día fuera posible lograr lo anterior, sería inútil sin la denuncia ciudadana, por ejemplo, por
medio de las líneas telefónicas para denunciar ciertos delitos; pero, sobre todo, sin una estrategia efectiva
que permita combatir la pobreza extrema. De lo contrario, el secuestro seguirá siendo considerado un
desestabilizador social y económico (Jiménez e Islas, 2002).

4.1.5 Terrorismo
El terrorismo es una práctica tan antigua que tiene su cuna en las convicciones religiosas de principios
de la era cristiana. Ha tenido como objetivo principal el mantenimiento del control. Su modo de actuar
ha sido regularmente el asesinato de personas destacadas, cuya muerte provoca desestabilidad política,
religiosa y económica, lo que fortalece los intereses del grupo terrorista. A finales de los
siglos XVIII y XIX, el terrorismo recibió un gran impulso con la propagación
de ideologías y nacionalismos seculares tras la Revolución francesa. Esto nos conduce a pensar que los
estados también han recurrido al terrorismo como método de guerra al atacar deliberadamente a la
población civil del país enemigo con el objeto de aplastar su moral, como el Reino Unidos y Estados
Unidos.
La Real Academia de la Lengua Española define el terrorismo como "la dominación por el terror;
la sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir temor". Por su parte, Noam Chomsky dice
que el terror es el uso calculado de la violencia o la amenaza del uso de la violencia para alcanzar
objetivos ideológicos, políticos o religiosos mediante la intimidación, la coerción o el miedo. Para Chris
Cook, el terrorismo es un fenómeno contemporáneo: la tentativa de alcanzar fines políticos gracias a la
creación de un clima de temor mediante bombas, asesinatos, secuestros y piratería aérea con el objeto
de socavar la confianza en la capacidad de un Estado para proteger a sus ciudadanos, o de lograr
publicidad para una causa.
Sergio García Ramírez (2003) hace un acotamiento significativo sobre la forma que toma la
estrategia de un país al incluir el término terrorismo en su orden jurídico, pues esta forma condiciona
la reacción del Estado frente a él. Si el terrorismo, a diferencia de la guerra, es visto siempre como un
delito, entonces la obligación de combatirlo corresponde a la policía, y no será legalmente admisible
recurrir a la ayuda militar, aunque se trate de situaciones que sólo los militares estén técnicamente
preparados para enfrentar.
En México encontramos la definición de terrorismo en el Código Penal Federal, con lo cual nos
damos cuenta de que en nuestro país el terrorismo es considerado como un delito.
Esto es consecuencia de la Convención Interamericana contra el Terrorismo, celebrada en 2002, cuyo
objeto explícito consiste en prevenir, sancionar y eliminar el terrorismo. De conformidad con la adhesión
que tuvo México, el artículo 139 del Código Penal Federal, párrafo primero, explica que el terrorismo
se caracteriza por conductas en las cuales se utilizan explosivos, sustancias tóxicas, armas de fuego, se
incendia o se inunda, o mediante cualquier otro medio violento se realizan actos en contra de las
personas, las cosas o servicios al público, produciendo alarma, temor, terror en la población o en un
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grupo o sector de ella; todo lo anterior, para perturbar la paz pública, tratar de menoscabar la autoridad
del Estado o presionar a la autoridad, para que tome una determinación.
De acuerdo con Eugene Victor Walter, un acto de violencia puede ser considerado terrorismo si
corresponde a los tres aspectos siguientes:
• El uso sistemático de la violencia: relativa a la organización y planeación del uso de la violencia, así
como los medios para asegurar la imprevisibilidad de la misma.
• Una víctima inmediata: tiene varios significados, pues en un primer momento las víctimas pueden ser
escogidas por sus características sociales o políticas, o tener relación con el mensaje que quiere dar el
grupo terrorista, o simplemente se encuentran en el lugar incorrecto.
• Una audiencia: se entiende como la publicidad que tiene un atentado para enmarcarlo como exitoso,
ya que el objetivo es causar temor en la población civil.
Es muy importante destacar cómo este fenómeno va creciendo día a día, y cada vez es más cercano a
nuestra sociedad. Esto se puede comprobar al enterarnos en los noticieros de ejecuciones relacionadas
con cárteles de la droga nacionales y extranjeros, o de innumerables ataques a módulos policiacos en
el territorio nacional. En vista de lo anterior, hace ya varios años nuestro ejército se encuentra habilitado
para brindar apoyo a instituciones policiales con el objeto de dar una respuesta pronta y oportuna a los
problemas que atañen a nuestra sociedad en relación con el terrorismo.

4.1.6 Robo de identidad


La revolución tecnológica que se vive en el siglo XXI se convierte en una justificación fiel de la frase
de Protágoras, cuando afirma que "el hombre es la medida de todas las cosas". Así, damos inicio al
desarrollo de un tema vinculado con la utilización de los medios electrónicos. El título por sí solo indica
una conducta antijurídica que podemos describir como una acción del ser humano que afecta los
derechos de otras personas: el robo. Pero, ¿qué debemos entender por robo?
El Código Penal Federal establece que el robo es una conducta humana que tiene por objeto "el
apoderamiento de una cosa ajena mueble, sin derecho y sin consentimiento de la persona que puede
disponer de ella con arreglo a la ley". Por otro lado, el concepto de identidad se define en el Diccionario
de la Real Academia de la Lengua Española como un conjunto de rasgos propios de un individuo o de
una colectividad que los caracteriza frente a los demás. En ausencia de una definición propia de nuestra
legislación éste será el concepto que utilizaremos para nuestro estudio.
Aun con ambas definiciones por separado, existe una relativa complejidad para definir nuestro
objeto de estudio desde el punto de vista jurídico, motivada por los siguientes aspectos:
• El Código Penal Federal y los códigos penales estatales no cuentan con la descripción de la conducta
denominada "robo de identidad", ni mucho menos con una sanción para ella.
• El ámbito en el que se desenvuelve nuestro objeto de estudio se considera de carácter multidisciplinario
y, por tal motivo, la inclusión de un lenguaje extraño al derecho complica las cosas.
En la revista de la Procuraduría Federal del Consumidor se muestra que el robo de identidad se
materializa "cuando alguien adquiere, transfiere, posee o usa información personal de una persona física
o jurídica en una forma no autorizada, con la intención de cometer fraude u otros delitos". Esta conducta
la realizan personas con conocimientos especializados en informática, que utilizan sitios web falsos,
correos electrónicos, spam, virus, gusanos, entre otros, para adueñarse de información confidencial
relacionada con tarjetas de crédito o de cuentas bancarias, con el propósito de realizar cargos en ellas
comprando artículos o contratando servicios.
81

Existe una segunda forma en la que se puede robar la identidad de una persona, y que corresponde
meramente al robo de la cartera, el bolso o la correspondencia, también engañando a empleados, con el
objeto de que les proporcionen información confidencial, haciéndose pasar por vendedores o por
personal de soporte técnico al que se le tiene que confirmar información con la que supuestamente pueda
brindar asistencia, o simplemente hurgando en la basura.
Incluso, si asentamos una firma por otra persona o la inventamos, alteramos un acta de nacimiento,
matrimonio o defunción (como lo prevé de cierta forma el artículo 277 del Código Penal Federal)
estamos ante formas de robo de identidad. Por la gran generalidad que presenta nuestro objeto de
estudio, podríamos mencionar también la usurpación de profesiones, que sí está considerada como un
delito y se encuentra regulada en el Código Penal Federal.
En el tema del robo de identidad nos encontramos con un conflicto, pues aún no existe una
legislación informática que procure la protección de datos personales para evitar el atentado a los
derechos fundamentales de las personas provocado por el manejo inapropiado de informaciones. No
obstante, poco a poco, tanto el gobierno como las instituciones de carácter privado, se ven obligados a
adoptar las medidas de seguridad adecuadas para protegernos contra posibles pérdidas, destrucciones o
acceso no autorizado a nuestra información (María Correa, 1987). Nuestro objetivo es crear conciencia
de la utilización de las tecnologías de información y de la forma en la que las utilizamos; esto sólo se
logrará al ser cuidadosos cuando escribimos datos personales en páginas de internet, en pagos con
tarjetas de crédito y, en general, con la administración de documentos que por sí mismos contengan
información confidencial.

4.2 DERECHO CIVIL

4.2.1 Clonación
El Diccionario de la lengua española define la palabra clon como "el conjunto de células u organismos
genéticamente idénticos, originados por reproducción asexual a partir de una única célula u organismo
o por división artificial de estados embrionarios iniciales. […] Conjunto de fragmentos idénticos de
ácido desoxirribonucleico obtenidos de una misma secuencia original".
De la definición anterior podemos afirmar que los clones son seres vivientes iguales entre sí, porque
tienen un mismo ADN (ácido desoxirribonucleico), que es el elemento que individualiza, particulariza
y determina la naturaleza de cada ser viviente. Este ADN es generalmente único en cada ser vivo; sin
embargo, existe la excepción de los gemelos univitelinos, individuos que son tan similares que llegan a
compartir el mismo ADN, por lo que es evidente que se trata de clones. Estos clones son naturales, pues
se originan cuando un solo óvulo de la madre es fecundado por un espermatozoide. En el óvulo
fecundado, al mismo tiempo que se traslada del ovario a la matriz, comienza el crecimiento de células
que se reproducen y se separan en dos grupos que luego se asientan juntos o muy cercanos en la matriz,
produciendo una sola membrana vitelina.
Actualmente, la ciencia y la tecnología también permiten la existencia de clones artificiales, que
se originan cuando se reúnen una serie de elementos cuyo resultado produce seres con el
mismo ADN de un ser determinado. Este ser sirve de muestra y se convierte en padre y madre a la
vez, produciendo así su otro yo al crear un ser idéntico —genética y fisiológicamente— a la muestra.
La clonación es la acción de reproducir a un ser de manera perfectamente igual a otro en el aspecto
fisiológico y bioquímico desde una célula originaria.
Es de gran importancia el estudio jurídico de la clonación, y más aún cuando en su caso se trata de
seres humanos. Existen entre nuestra especie clones naturales, los gemelos idénticos, aunque éstos no
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son completamente idénticos, ya que presentan igualdad genética, fisiológica y bioquímica, pero una
gran diferencia en cuanto a sus experiencias, pensamientos y sentimientos, factores que los vuelven
individuales y diferentes de todos los demás seres humanos. La clonación artificial de seres humanos
puede llegar a ser un problema para las personas y la sociedad, puesto que se afectaría la reproducción
natural de los seres humanos, y se violarían los principios del bioderecho, como la supremacía de la
dignidad humana, la individualidad y la confidencialidad. La clonación pues, contraviene el propósito
del bioderecho de preservar a la especie humana. Es por ello que se necesitan normas legales y personas
especializadas en la materia, para controlar y regular la clonación, y resguardar los principios del
bioderecho.

4.2.2 Ley de convivencia


La Ley de Sociedad de Convivencia para el Distrito Federal fue aprobada el 9 de noviembre de 2006
por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. Tuvo gran publicidad en los medios de comunicación,
los cuales se encargaron de recalcar la ley de convivencia entre homosexuales al compararla con el
matrimonio. La institución del matrimonio, en nuestras leyes, se encontraba limitada a la unión de un
hombre y una mujer, pero con la reforma del 29 de diciembre de 2009, el matrimonio se convirtió en la
unión entre dos personas, sin hacer distinción entre el sexo de los contrayentes. Es importante recalcar
que la Ley de Convivencia no cambia de forma alguna el estado civil de los convivientes ni reconoce
vínculos familiares, únicamente contempla una unión civil.
Esta ley tiene por objeto establecer las bases y regular las relaciones derivadas de la sociedad de
convivencia, que tiene lugar cuando dos personas de diferente o del mismo sexo, mayores de edad y con
capacidad jurídica plena, establecen un hogar en común, con el fin de permanecer juntos y ayudarse
entre sí. La sociedad de convivencia tiene reconocimiento pleno cuando se encuentra registrada en la
Dirección General Jurídica y de Gobierno de cualquiera de las 16 demarcaciones político
administrativas correspondientes (antes delegaciones). Las personas unidas en matrimonio, concubinato
y aquellas que se encuentren en otra sociedad de convivencia, no pueden constituir una sociedad de
convivencia de este tipo; así como tampoco pueden hacerlo las personas que sean parientes
consanguíneos en línea directa sin límite de grado (abuelos, padres e hijos), ni colaterales hasta el cuarto
grado (tíos, sobrinos y primos).
Al constituirse una sociedad de convivencia, se adquieren diversos derechos y obligaciones, como
el deber de proporcionarse alimentos y derechos sucesorios, como los derechos que surten efectos
oponibles a terceros equivalentes a los concubinos, después de dos años del registro de la sociedad de
convivencia. También se adquiere el derecho a ejercer la tutela sobre la persona conviviente y sobre sus
bienes cuando sea declarado en estado de interdicción, es decir, en caso de enfermedad de alta gravedad
o cuando no pueda decidir por sí mismo, aplicándose las reglas en materia de tutela legítima
entre cónyuges, o en el caso de no existir otra persona que pudiera desempeñar legalmente la tutela.
En el ordenamiento legal en estudio también se establece que en el caso de que alguno de los dos
integrantes de la sociedad de convivencia haya actuado con mala intención al momento de suscribirla
perderá los derechos adquiridos y tendrá la obligación de cubrir los daños y perjuicios que ocasione al
otro. De igual manera, la Ley de Sociedad de Convivencia establece las causas de su terminación: por
voluntad de ambos o de uno de los convivientes; porque alguno de los convivientes abandona el hogar
en común por más de tres meses sin justificación; por contraer matrimonio o establecer una relación de
concubinato; por actuar dolosamente al suscribir la sociedad; o por la defunción de alguno de los
convivientes.
El divorcio es un medio por el cual se disuelve el vínculo matrimonial y deja a los cónyuges en aptitud
de contraer otro matrimonio. El divorcio incausado, conocido popularmente como divorcio exprés, tiene
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su origen en el decreto fechado el 3 de octubre de 2009, en el que se reforman los artículos 266 y 267
del Código Civil para el Distrito Federal, y que, de manera expresa, establecen lo siguiente:
ARTÍCULO 266. El divorcio disuelve el vínculo matrimonial y deja a los cónyuges en aptitud
de contraer otro. Podrá solicitarse por uno o ambos cónyuges cuando cualquiera de ellos lo
reclame ante la autoridad judicial manifestando su voluntad de no querer continuar con el
matrimonio, sin que se requiera señalar la causa por la cual se solicita, siempre que haya
transcurrido cuando menos un año desde la celebración del mismo.
ARTÍCULO 267. El cónyuge que unilateralmente desee promover el juicio de divorcio deberá
acompañar a su solicitud la propuesta de convenio para regular las consecuencias inherentes a
la disolución del vínculo matrimonial, debiendo contener los siguientes requisitos:
I. La designación de la persona que tendrá la guarda y custodia de los hijos menores
o incapaces;
II. Las modalidades bajo las cuales el progenitor que no tenga la guarda y custodia,
ejercerá el derecho de visitas, respetando los horarios de comidas, descanso y estudio de
los hijos;
III. El modo de atender las necesidades de los hijos, en su caso, del cónyuge a quien
deba darse alimentos, especificando la forma, lugar y fecha de pago de la obligación
alimentaria, así como la garantía para asegurar su debido cumplimiento;
IV. Designación del cónyuge al que corresponderá el uso del domicilio conyugal, en
su caso, y del menaje;
V. La manera de administrar los bienes de la sociedad conyugal durante el
procedimiento y hasta que se liquide, así como la forma de liquidarla exhibiendo para ese
efecto, en su caso, las capitulaciones matrimoniales, el inventario, avalúo y el proyecto de
partición;
VI. En el caso de que los cónyuges hayan celebrado el matrimonio bajo el régimen
de separación de bienes deberá señalarse la compensación, que no podrá ser superior al
50% del valor de los bienes que hubieren adquirido, a que tendrá derecho el cónyuge que,
durante el matrimonio, se haya dedicado al desempeño del trabajo del hogar y, en su caso,
al cuidado de los hijos o que no haya adquirido bienes propios o habiéndolos adquirido,
sean notablemente menores a los de la contraparte. El juez de lo familiar resolverá
atendiendo las circunstancias especiales de cada caso.
Se establece claramente que el divorcio podrá solicitarse por uno o ambos cónyuges cuando cualquiera
de ellos lo reclame ante el juez, manifestando su voluntad de no querer continuar con el matrimonio, sin
que se requiera mencionar la causa por la cual se solicita, siempre que haya transcurrido cuando menos
un año desde la celebración del mismo. El cónyuge que desee promover el juicio de divorcio deberá
acompañar su solicitud con la propuesta de convenio para regular las consecuencias derivadas de la
disolución del vínculo matrimonial.
Aunado a lo anterior, también deberán ofrecerse todas las pruebas tendientes a comprobar la
procedencia del convenio citado. Por lo que, a su vez, el otro cónyuge, dentro de los días que el juez le
autorice, podrá manifestar su conformidad con el convenio propuesto o, en su caso, presentar su propia
propuesta, mostrando las pruebas respectivas relacionadas con su contrapropuesta.
Una vez realizado ese proceso, en el caso de que los cónyuges estén de acuerdo sobre el convenio,
el juez dictará la disolución del matrimonio y la aprobación del convenio, sin necesidad de dictar
sentencia debido a que en el caso concreto no hay necesidad de cumplir con todo el procedimiento
84

común, por lo que únicamente se ordenará la preparación de la resolución y se señalará la fecha para su
desahogo.
Sin embargo, en el caso de que existieran diferencias en los convenios propuestos, el juez, dentro
de los cinco días siguientes, citará a los cónyuges para promover un acuerdo entre lo que desea cada
parte en su respectivo convenio. De no llegar a un acuerdo, el juez decretará el divorcio mediante
sentencia, dejando el derecho de los cónyuges para que hagan valer su desacuerdo sólo por lo que
respecta al convenio, puesto que el matrimonio ya se ha disuelto.
El divorcio incausado tiene como características fundamentales el hecho de que para que el juez
autorice y emita la sentencia correspondiente, únicamente se requiere la intención de uno de los
cónyuges de disolver el vínculo matrimonial, sin la necesidad de manifestar o acreditar alguna otra
causa. Esto, además de agilizar el procedimiento para la disolución del matrimonio en un periodo
aproximado de 15 días, evita la parte contenciosa, es decir, el conflicto del antiguo proceso de divorcio
con posibles afectaciones en el desarrollo psicosocial y emocional de los integrantes de la familia,
puesto que el "divorcio sin causales" respeta la decisión de las personas de no seguir unido a su cónyuge,
sin que ello dependa de la demostración de otra causa ajena a su voluntad.

4.2.4 Adopción
Para el maestro Rafael Rojina Villegas, el parentesco por adopción es el acto jurídico mediante un
contrato, en virtud del cual se establecen entre el adoptante y el adoptado los mismos derechos y
obligaciones que provoca la filiación, es decir, la relación de un padre con su hijo. Es un acto jurídico
solemne y formal entre dos personas, que establece vínculos de parentesco civil similares a los derivados
de la paternidad y filiación legítima. Por ello definimos que la adopción es el acto jurídico mediante el
cual se crea una relación de padres e hijos entre quienes no lo son por naturaleza; de este acto surge un
parentesco civil, una serie de obligaciones similares a las de un padre con su hijo y viceversa. Para
adoptar es necesario cumplir con los siguientes requisitos:
• Ser mayor de veinticinco años; en el caso de cónyuges o concubinos, ambos deberán estar conformes
en considerar al adoptado como un hijo, aunque sólo uno de ellos cumpla con la edad mencionada.
• Estar en pleno ejercicio de sus derechos.
• Tener diecisiete años más que el adoptado.
• Acreditar que tiene medios suficientes para proveer la subsistencia, educación y el cuidado del
adoptado.
• Demostrar que la adopción es benéfica para la persona que trata de adoptar.
• Acreditar que es apto, educado y preparado para adoptar.
• Cuando el adoptado es mayor de 12 años, también se requiere de su consentimiento.
Al formalizarse la adopción, el adoptante tiene respecto del adoptado y sus bienes los mismos derechos
y obligaciones que tienen los padres respecto de sus hijos y los bienes de éstos, por lo que los adoptantes
quedan sujetos a la guarda, custodia y educación del adoptado. Éstos deben procurar la seguridad física,
psicológica y sexual del adoptado; fomentar hábitos adecuados de alimentación, higiene y desarrollo
físico, intelectual y escolar; realizar demostraciones afectivas y determinar límites y normas de conducta
preservando siempre el interés superior del adoptado. De igual manera, el adoptante representa al menor
adoptado y tiene la administración legal de los bienes que pertenecen a este último. El adoptado tendrá
para con el adoptante o adoptantes los mismos derechos y obligaciones que tiene un hijo, incluyendo
85

los impedimentos del matrimonio. Para que la adopción pueda configurarse deberán consentir en ella,
en sus respectivos casos:
• El que ejerce la patria potestad sobre el menor que se trata de adoptar.
• El tutor del menor que se va adoptar.
• El ministerio público correspondiente al domicilio del adoptado, cuando éste no tenga padres
conocidos o tutor.
• El menor, si tiene más de 12 años.
En todos los casos de adopción, serán escuchados los menores atendiendo a su edad y grado de madurez.
Cabe señalar que si el tutor, el ministerio público o las personas que hayan acogido al menor dentro de
los seis meses anteriores a la solicitud de la adopción y lo traten como a un hijo, podrán oponerse a la
adopción exponiendo los motivos en que funden dicha oposición. El juez calificará estos motivos
considerando los intereses del menor o incapacitado.
La adopción quedará plenamente formalizada cuando la resolución judicial cause ejecutoria. En
dicho caso, el juez de lo familiar que apruebe la adopción deberá enviar copia de las actuaciones al juez
del Registro Civil. Es importante señalar que una vez configurada la adopción, además de los efectos
anteriormente citados, se presentan los siguientes:
• Se incluyen los impedimentos del matrimonio como consecuencia de la equiparación del adoptado a
un hijo consanguíneo, para todos los efectos legales.
• Se extingue la filiación preexistente entre el adoptado y sus progenitores y el parentesco con las
familias de éstos, salvo para los impedimentos del matrimonio, con la excepción de que el adoptante
esté casado con alguno de los progenitores del adoptado, ya que, en dicho supuesto, no se extinguirán
los derechos, obligaciones y demás consecuencias jurídicas que resultan de la filiación consanguínea.
Cuando exista una adopción, el Registro Civil se abstendrá de proporcionar información sobre los
antecedentes de la familia de origen del adoptado, excepto en los casos siguientes y con autorización
judicial:
• Para efectos que impidan contraer matrimonio.
• Cuando el adoptado desee conocer sus antecedentes familiares, siempre y cuando sea mayor de edad;
en caso de ser menor de edad, se requerirá el consentimiento de los adoptantes.
Hay que señalar que cuando las personas tengan vínculos de parentesco consanguíneo con el menor o
el incapaz que se adopte, los derechos y obligaciones que nazcan de la adopción se limitarán al adoptante
y al adoptado.
Por su parte, la adopción internacional es la que se promueve entre los ciudadanos de otro país con
residencia habitual fuera del territorio nacional. Tiene por objeto incorporar en una familia a un menor
que no puede encontrar una en su propio país de origen. Las adopciones internacionales siempre serán
plenas, esto es, no sólo crearán obligaciones para el adoptante y el adoptado, sino que esos derechos y
obligaciones se extenderán a toda la familia del adoptante. Estas adopciones se rigen por los tratados
internacionales firmados por México y por las normas legales establecidas en el código de la materia.
Por el contrario, la adopción por extranjeros es la promovida por ciudadanos de otro país con residencia
permanente en el territorio nacional. Esta adopción se regirá por lo dispuesto en el Código Civil.
Finalmente, debe subrayarse que en igualdad de circunstancias para una adopción se dará preferencia a
los mexicanos sobre los extranjeros.
86

4.2.5 Reconocimiento de paternidad (prueba de ADN)


El reconocimiento de los hijos tiene como consecuencia jurídica la filiación, es decir, la relación que
existe entre el padre o la madre y su hijo, formando el núcleo primario de la familia. ¿Quiénes pueden
reconocer a los hijos?
• Quienes tengan la edad exigida para contraer matrimonio (mayores de 18 años), más la edad del hijo
que va a ser reconocido.
• Los menores de edad, ya sea con el consentimiento del o de los que ejerzan la patria potestad sobre el
menor, o bien, con el consentimiento de su tutor. A falta de cualquiera de estas dos figuras, la adopción
se hará con la autorización judicial correspondiente.
Hay que precisar que el reconocimiento de uno de los padres produce efectos sobre él, pero no sobre el
otro progenitor. No es posible desdecirse de un reconocimiento hecho con anterioridad. En el caso de
que el reconocimiento se haya hecho en testamento y éste se cambie, el reconocimiento de los hijos no
será modificado. Sin embargo, también debe decirse que el reconocimiento hecho por un menor puede
ser anulado si prueba que hubo error o engaño al hacerlo, y se puede intentar hasta cuatro años después
de la mayoría de edad.
Cuando se trate del reconocimiento de un menor, el ministerio público tendrá acción contradictoria
de ello. Cuando se efectúe un detrimento al menor, también tendrá la misma acción el progenitor que
reclame para sí esa característica, excepto quien hubiere hecho el reconocimiento, y podrá contravenirlo
el tercero afectado por obligaciones derivadas de un reconocimiento ilegalmente realizado. No obstante
lo anterior, el reconocimiento de los hijos en ningún caso podrá ser combatido por causas de herencia
para privar de ella al menor reconocido.
El reconocimiento de un hijo debe hacerse por alguno de los medios que a continuación se
mencionan: en la partida de nacimiento ante el juez del Registro Civil, por escritura pública, por
testamento y por confesión judicial directa y expresa. Si se realiza el reconocimiento de un hijo de
manera diferente a las señaladas, éste no producirá ningún efecto; sin embargo, sí se podrá utilizar como
indicio en un juicio de investigación de paternidad.
El juicio de investigación de paternidad y el reconocimiento de paternidad pueden probarse por
cualquiera de los medios ordinarios. Si se propone cualquier prueba biológica o proveniente del avance
de los conocimientos científicos, y el presunto progenitor se negara a proporcionar la muestra necesaria,
se presumirá que es el padre, salvo prueba de lo contrario. Además del supuesto anterior, también se
presumen hijos de una persona los nacidos dentro del concubinato y los nacidos dentro de los trescientos
días siguientes en que cesó la vida común entre una persona y su concubina.
En la actualidad, cualquier presunción de paternidad puede ser corroborada de manera fácil y
fehacientemente gracias a los avances científicos. En especial con una prueba genética, mediante el
análisis de muestras de ADN (ácido desoxirribonucleico) tomadas del supuesto padre, que se cotejan
con el ADN del supuesto hijo. Esta prueba tiene una certeza superior a 99%, dejando sólo un margen
inferior a 1% de que el hijo fuese hermano o hermana del progenitor, o bien un pariente muy cercano.
Se puede afirmar que esta prueba resuelve plenamente las incertidumbres que pudieran existir
sobre la paternidad biológica, debido a su efectividad científicamente comprobada. Cabe señalar que las
acciones de investigación de paternidad sólo pueden intentarse en vida del padre. Si el padre hubiese
fallecido durante la minoría de edad de los hijos, éstos tendrán el derecho de intentar la acción en estudio
antes de que se cumplan cuatro años de su mayoría de edad. Finalmente, el reconocimiento de paternidad
de un hijo le concede a este último los siguientes derechos:
• Llevar el apellido paterno de su progenitor.
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• Ser alimentado por quien lo reconozca.


• Percibir la porción hereditaria.
• Los demás que se deriven de la filiación.

4.2.6 Cambio de sexo


La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece lo siguiente, en su artículo 1º,
párrafo III:
Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad,
las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las
preferencias, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por
objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas.
De lo anterior parte el derecho que tienen los individuos en nuestro país de modificar sus características
sexuales primarias o secundarias, con el fin de adaptar su anatomía a su identidad sexual. Este cambio
conlleva otro en la situación jurídica de estas personas, que se adapte a su nueva identidad.
Para profundizar en este tema, desde el aspecto jurídico, debemos señalar que la identidad de
género es la percepción que tiene una persona de pertenecer al género femenino, masculino, a ninguno
o a ambos. Esta identidad se determina generalmente entre los 12 y los 18 meses de vida. Comúnmente
la identidad de género coincide con el sexo, esto es, con las características anatómicas y fisiológicas que
definen a los hombres y las mujeres. No obstante, en la realidad, ser, saberse y sentirse mujer u hombre,
resulta independiente de las características sexuales que presenta cada persona.
Por otro lado, las expresiones de género son las formas con las cuales las personas manifestamos
nuestra identificación al sexo masculino o al femenino por medio de nuestra conducta y
comportamiento, determinado socialmente por la vestimenta, los movimientos corporales, los gestos,
las formas de hablar y la manera de interactuar.
En consecuencia, mientras la identidad de género es el elemento subjetivo de la expresión de
género, la expresión de género no es otra cosa que la exteriorización de la identidad sexual. Hay que
destacar que la identidad de género no es lo mismo que la orientación o preferencia sexual de los
individuos, ya que las personas transgénero o transexuales pueden ser heterosexuales, homosexuales
o bisexuales, al igual que las que no son transexuales.
Legalmente, en nuestro país no fue sino hasta 2004 que se aprobó una serie de reformas al Código
Civil que contemplan el cambio de sexo. Dichas reformas reconocen la transexualidad, toda vez que, de
manera expresa, la ley permite a cualquier ciudadano interponer un juicio de rectificación de acta de
nacimiento para adecuar su identidad de sexo a la realidad social y jurídica. De igual manera, las
reformas hechas al Código Civil del Distrito Federal permiten que se solicite la rectificación de un acta
de nacimiento cuando en ella exista un dato asentado que afecte la identidad de la persona. De esta
forma se puede solicitar el cambio de nombre y de sexo, no sólo en los casos de transexualidad, sino en
el transgenerismo e intersexualidad, con el carácter extensivo para cualquier persona.
En 2006 y 2007 se presentaron ante la Cámara de Diputados una serie de iniciativas de reformas y
adiciones para el reconocimiento de la personalidad jurídica de la identidad de género de las personas
transgénero y transexuales. Con esto se garantiza su acceso a los servicios públicos de salud, y su
reasignación integral, a fin de prohibir la discriminación por identidad y expresión de género.
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4.2.7 Propiedad intelectual


La propiedad intelectual comprende la protección de las obras literarias y artísticas, invenciones,
símbolos, nombres, imágenes, dibujos, modelos y marcas utilizadas en el comercio. Se suele dividir en
las siguientes categorías:

1. Propiedad industrial: comprende las invenciones, patentes, dibujos y modelos


industriales, modelos de utilidad, secretos industriales, marcas, nombres, avisos comerciales y
denominaciones de origen.
2. Derechos de autor: protege las obras literarias y artísticas. En el caso de intérpretes o
ejecutantes, el derecho recae sobre sus interpretaciones y ejecuciones; en los derechos
de fonogramas, sobre sus grabaciones; y en los derechos de los organismos de radiodifusión,
sobre sus programas de radio y televisión.
La protección jurídica de la propiedad industrial en México se encuentra regulada en la Ley de
Propiedad Industrial, y protegida por el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI). Esta
protección propicia que las personas mejoren los procesos de producción, y las formas de
comercialización para acrecentar su competitividad y obtener un mayor beneficio económico, con miras
al desarrollo de la sociedad.
Para comprender mejor las modalidades de protección a la propiedad industrial debemos señalar
que una invención es toda creación humana que permite transformar la materia o la energía para su
aprovechamiento con la finalidad de satisfacer alguna necesidad, o para dar solución a un problema
técnico determinado. Las invenciones se protegen con el otorgamiento de patentes de invención, el
registro de modelos de utilidad, el registro de diseños industriales (dibujos y modelos), los secretos
industriales y el registro de esquemas de trazado de circuitos integrados.
La patente es el privilegio que concede el Estado a una persona para producir, utilizar y explotar,
en forma exclusiva y durante un periodo de veinte años, una invención (producto o proceso) que haya
sido desarrollada por dicha persona, que aporta una nueva manera de hacer algo, o bien, que soluciona
un problema técnico. Por lo tanto, la finalidad de la patente es que la invención no pueda ser
confeccionada, utilizada, distribuida o vendida comercialmente sin el consentimiento del titular de la
patente, que cobra un beneficio económico por el uso de su producto.
Los modelos de utilidad son los objetos, utensilios, aparatos o herramientas que, como resultado
de un cambio en su disposición, configuración, estructura o forma, presentan una función distinta o
ventajas en su utilidad, respecto a las partes que lo integran, siempre y cuando estos objetos sean
novedosos (que no existan en el mercado) y de aplicación industrial (que se puedan elaborar en grandes
cantidades).
En cuanto a los diseños industriales, éstos están comprendidos por los dibujos industriales y los
modelos industriales. Mientras que los primeros corresponden a toda combinación de figuras, líneas o
colores que se incorporan a un producto industrial para embellecerlo y darle un aspecto peculiar, los
modelos industriales constituyen toda forma tridimensional que sirve de patrón para la fabricación de
un producto con una apariencia especial que no implique efectos técnicos, como, por ejemplo, la forma
del gabinete de un teléfono celular.
Por último, los secretos industriales son toda información confidencial que guarda una persona.
Esta información tiene una aplicación industrial o comercial que permite obtener o mantener una ventaja
frente a otros en la realización de la misma actividad.
Dentro de la propiedad intelectual también se contemplan los signos distintivos, que se protegen
con el registro de marcas (que pueden ser colectivas), el registro de avisos comerciales, la publicación
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de nombres comerciales y la denominación de origen. Las marcas son todos los signos visibles que
distinguen a unos productos o servicios de otros de su misma especie o clase. Las marcas colectivas son
aquellas registradas por asociaciones o sociedades de productores, fabricantes, comerciantes o
prestadores de servicios. Un buen ejemplo de esto sería el dibujo de un copo de algodón color verde en
la ropa de diferentes marcas confeccionadas con esa fibra.
Los avisos comerciales son las frases u oraciones que anuncian al público los establecimientos o
negocios comerciales, industriales o de servicios, para distinguirlos de otros de su especie. Los nombres
comerciales son las denominaciones de una empresa o establecimiento industrial, comercial o de
servicios y el derecho a su uso exclusivo. Por último, la protección a la denominación de origen es el
nombre de una región geográfica del país que sirve para designar un producto originario de la misma, y
cuya cualidad o característica se debe exclusivamente al medio geográfico, comprendiendo los factores
naturales y humanos, como ocurre con el tequila.
Por lo que respecta a la segunda categoría considerada dentro de la propiedad intelectual, los
derechos de autor son aquellos que tienen los autores de obras para explotar temporalmente, por sí o por
terceros, las obras de su autoría, con todas las prerrogativas inherentes a dicha facultad exclusiva. Hay
que puntualizar que la finalidad del derecho de autor es proteger tanto a las obras como a sus autores.
En México, el organismo encargado de proteger los derechos de autor es el Instituto Nacional del
Derecho de Autor (Indautor).
Estos derechos son concedidos a escritores, pintores, arquitectos, músicos, dramaturgos,
intérpretes, compositores, diseñadores, caricaturistas, escultores, fotógrafos, coreógrafos, cineastas, y
artistas en general; también a programadores, radiodifusores, televisoras, publicadores de páginas web
en internet y editores de periódicos y revistas.
A fin de comprender lo anterior, debe determinarse que una obra es la expresión de la inteligencia
manifestada en una forma perceptible, tiene originalidad o individualidad suficiente, y es apta para ser
difundida y reproducida. Las obras que pueden protegerse son las literarias, las musicales (con o sin
letra), las dramáticas, las danzas, las pictóricas o de dibujos, las escultóricas y de carácter plástico, las
caricaturas e historietas, las arquitectónicas, las cinematográficas y demás obras audiovisuales; los
programas de radio y televisión, los programas de cómputo, las fotografías, las obras de arte aplicado
(que incluyen el diseño gráfico o textil); las compilaciones u obras integradas por las colecciones de
obras (enciclopedias, antologías); las obras u otros elementos como las bases de datos, siempre que
dichas colecciones —por su selección o por la disposición de su contenido o materias— constituyan una
creación intelectual. También se incluyen las demás obras que, por analogía, puedan considerarse obras
literarias o artísticas dentro de la rama que les sea más parecida.
Asimismo, la protección otorgada por la Ley Federal del Derecho de Autor a las obras abarca la
vida de su autor y cien años después de su muerte, con la idea de que los beneficios económicos
obtenidos puedan proveer recursos a los hijos del autor de la obra. En caso de coautoría, es decir, de una
obra realizada por varios autores, el periodo de protección se calcula a partir de la muerte del último de
ellos. Las obras se registran en el Instituto Nacional del Derecho de Autor, donde se le otorga al autor
un certificado de registro, prueba plena que en caso de un juicio se convierte en la base de la acción del
ofendido.
Aunado a lo anterior, los programas de cómputo se protegen en los mismos términos que las obras
literarias, protección que se amplía tanto a los programas operativos como a los aplicativos, ya sea en
forma de código fuente o de código objeto.
La reserva de derechos es la facultad de usar y explotar en forma exclusiva los títulos, nombres,
denominaciones, características físicas y psicológicas distintivas o características de operaciones
originales aplicadas. Son objeto de protección de una reserva:
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• Las publicaciones periódicas editadas en partes sucesivas con variedad de contenido y que pretenden
continuarse indefinidamente.
• Las difusiones periódicas emitidas en partes sucesivas, con variedad de contenido y susceptibles de
transmitirse.
• Los personajes humanos de caracterización, ficticios o simbólicos.
• Las personas o grupos dedicados a actividades artísticas.
• Las promociones publicitarias, que contemplan un mecanismo novedoso y sin protección tendiente a
promover y ofertar un bien o un servicio, con el incentivo adicional de brindar la posibilidad al público
en general de obtener otro bien o servicio, en condiciones más favorables que en las que normalmente
se encuentra en el comercio; se exceptúa el caso de los anuncios comerciales.
La duración de la protección de una reserva tiene diversas vigencias, que se determinan según el objeto
de la reserva, por ejemplo:
• Las reservas otorgadas a títulos de publicaciones o difusiones periódicas es de un año, a partir de la
fecha de su expedición.
• Cuando se trate de nombres y características físicas y psicológicas distintivas de personajes, tanto
humanos o de caracterización, como ficticios o simbólicos; nombres o denominaciones de personas o
grupos dedicados a actividades artísticas; o denominaciones y características de operación originales de
promociones publicitarias, éstos tendrán una vigencia de cinco años.
Finalmente, es preciso indicar que los plazos de protección pueden ser renovados por periodos sucesivos
iguales, a excepción de las promociones publicitarias, las cuales, al término de su vigencia, pasan a
formar parte del dominio público.

4.2.8 Maternidad subrogada


La definición de maternidad, según el Diccionario de la lengua española, "es el estado o cualidad de
madre", y se refiere a la mujer que ha procreado o adoptado hijos. El papel de la mujer en la relación
madre-hijos supone hacerse responsable del cuidado, salud y educación de éstos; por lo que, una madre
no sólo es aquella mujer que da a luz, sino también la que educa, cuida y alimenta a los hijos.
Para el maestro Rafael Martínez Morales, la maternidad subrogada consiste en el embarazo
mediante métodos distintos a los naturales y tradicionales que hoy en día la ciencia moderna permite
efectuar. Entre los métodos que permiten la maternidad subrogada se encuentran:

1. La inseminación artificial, que es la introducción de un esperma en el útero de la mujer por


medios distintos de la relación sexual natural.
2. La fecundación in vitro, que tiene lugar cuando la fusión del óvulo y el espermatozoide se
realiza en un instrumento de cultivo, y luego se elimina la obturación existente en las trompas
de Falopio para introducir allí el óvulo fecundado previamente en el laboratorio.
3. Madre portadora, denominada así porque la maternidad consiste en implantar un embrión
en el cuerpo de una mujer en beneficio de otra mujer o pareja.
En consecuencia, la maternidad subrogada se configura cuando una mujer presta su útero para que le
sea aplicado alguno de los métodos antes citados. Todo ello mediante la existencia de un contrato, en el
cual se establece, generalmente, que una mujer permite que se le haga una inseminación artificial
utilizando su propio óvulo o el de otra mujer; o, en su defecto un contrato que estipule que la gestación
de una criatura se hará en el vientre de una mujer, la cual, una vez que dé a luz, renunciará a la custodia
en favor de otra mujer, terminando así todos sus derechos de filiación con el producto. Cabe señalar
91

que, en la práctica, la maternidad subrogada surge por medio de dos tipos de contrato, que son los
siguientes:

1. Contrato de maternidad sustituta: cuando se presta el óvulo y vientre.


2. Contrato de incubación: cuando se aporta exclusivamente el vientre para recibir uno o
varios cigotos producidos con material genético ajeno.
En México, jurídicamente no se contempla aún la maternidad subrogada, conocida coloquialmente como
préstamo de útero; sin embargo, este tema debe ser analizado y establecido en nuestro orden jurídico,
en razón de los avances tecnológicos que permiten que esto se lleve a la práctica.

Abundancia, de Noël Coypel, circa 1700.


La economía es un complejo ámbito, que aun para los más versados resulta fascinante. En esta
oportunidad se presentan de manera breve y sencilla algunos aspectos de este mundo mediante tres
apartados que servirán para introducirnos en el tema.

El primero de ellos contiene conceptos básicos que permiten un mejor conocimiento de la


disciplina, como los sectores económicos, el mercado (oferta y demanda), el empleo, los salarios y la
inflación; además, se abordan algunos aspectos relacionados con el tema monetario, como el dinero, la
tasa de interés, el crédito y el financiamiento y la tasa de cambio del poder adquisitivo. Una vez
familiarizado con estos conceptos, en el segundo apartado se contempla el crecimiento económico y las
formas de medirlo, la inversión, el gasto público, y se precisa lo que significa el desarrollo económico
a diferencia del crecimiento. Por último, el tercer apartado profundiza en el tema de la crisis económica,
su definición y tipología, y la crisis productiva. Se ofrece también un breve repaso de la crisis económica
en México de 1994 a 1995, y se concluye con la crisis bancaria y financiera de 2007 a 2009.

5.1 CONCEPTOS BÁSICOS


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Fresco de la cúpula de la iglesia de San Carlos (detalle), Viena, circa 1736.


Para empezar, vale la pena preguntarse por el significado que tiene el término economía. Éste procede
del griego οικος (casa, en el sentido de patrimonio) y νέμεωιν (administrar), que significa administrar
una casa o familia. A lo largo del tiempo el concepto ha evolucionado para hacer referencia al proceso
de la producción, la distribución, el cambio y el consumo de bienes y servicios en un sistema económico
determinado, entendidos éstos como medios de satisfacción de necesidades humanas, individuales y
colectivas de la sociedad.
La economía se encuentra estrechamente vinculada con otras ciencias sociales como la psicología
y la filosofía, que intentan explicar las causas y razón del ser; también se vincula con la sociología, que
interpreta el comportamiento humano en un contexto social; con la historia, que analiza los cambios en
el tiempo, y con la ciencia política, que explica las relaciones de poder que intervienen en los procesos
económicos.
En la mayoría de las escuelas donde se imparte la economía, ésta se divide en dos grandes campos
de estudio: la microeconomía y la macroeconomía. La primera estudia el comportamiento individual de
los personajes económicos, principalmente la composición económica de las empresas y su relación con
los proveedores, los distribuidores y los consumidores; explica cómo se determinan las diversas
variables, como los precios de los bienes y servicios, el nivel de salarios, las utilidades y las variaciones
de los ingresos. Los agentes económicos (empresarios, familias, gobierno, trabajadores y consumidores)
toman decisiones para obtener la máxima satisfacción posible y, de esta manera, maximizan su utilidad.
Por su parte, la macroeconomía analiza las variables nacionales o internacionales agregadas, como el
producto interno bruto, el desempleo, la balanza de pagos, la tasa de inflación y los salarios;
comprende los problemas relativos al nivel de empleo y al índice de producción o ingreso de un país.
En el ámbito económico empresarial y nacional intervienen diversas instituciones económicas y
políticas. En el caso de México, las más importantes son las secretarías de Estado (Hacienda y Crédito
Público; Economía; Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, entre otras), los
gobiernos de los estados y municipios, las instituciones financieras (Banco de México; la banca
comercial, que ha tenido enormes cambios y en la actualidad es esencialmente de capital extranjero,
como los bancos HSBC, BBVA Bancomer, Banamex y Santander), los organismos reguladores
(SHCP), las Comisiones Nacionales Bancaria y de Valores (CNBV), de Seguros y Fianzas (CNSF), para
la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef, institución pública que
depende de la SHCP y que realiza acciones preventivas para orientar, informar y promover la educación
financiera, y efectúa acciones correctivas a fin de atender y resolver las quejas y reclamaciones de los
usuarios de servicios y productos financieros), entre otros organismos.
Con estos elementos se puede redimensionar la economía, ya que ésta opera no sólo en los espacios
empresarial y nacional, sino también en la esfera internacional. Ahí tienen lugar importantes medidas
efectuadas por diversas instituciones como el Banco Mundial, para la promoción del desarrollo; el
Fondo Monetario Internacional, que contribuye al buen funcionamiento de la economía mundial; el
Banco Interamericano de Desarrollo, encargado de financiar proyectos viables de desarrollo económico,
93

social e institucional, y promover la integración comercial regional en el área de América Latina y el


Caribe; el Banco Internacional de Pagos, organización internacional que fomenta la cooperación
financiera y monetaria, y que es también el banco de los bancos centrales; u organizaciones económicas
de gran importancia como la Comunidad Europea, que integra el mercado común europeo; el Foro de
Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC); la Organización Mundial de Comercio (OMC), foro de
discusión ante el cual los países acuden para resolver sus diferencias en materias comerciales; y el
Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que es un acuerdo económico y comercial
que firmaron Estados Unidos de América, Canadá y México en 1994 para apoyar el desarrollo de cada
una de sus economías.
Con los ejemplos anteriores se evidencia que tenemos niveles nacionales e internacionales de
funcionamiento de lo económico. Sin embargo, es preciso señalar que la economía funciona
fundamentalmente por medio de tres sectores de la producción: el primario o agropecuario, el secundario
o industrial y el terciario o de servicios. En algunos estudios recientes se ha incorporado un cuarto sector,
el de los productos y bienes sustentables, es decir, todos aquellos agentes económicos que producen u
ofrecen un servicio, pero tienen incorporados factores para preservar y cuidar el medio ambiente con
recursos sustentables.
Los sectores agrícola (origen vegetal), ganadero (origen animal), pesquero (del mar), minero (de
las minas), forestal (del bosque) y, en general, la flora y la fauna, se encuentran incorporados en el sector
primario porque obtienen sus productos directamente de la naturaleza. El sector secundario es el que
transforma las materias primas en productos terminados o semielaborados; agrupa los subsectores
industrial, energético, de la construcción y minero (se considera también parte del sector secundario
porque a partir de la minería se pueden crear distintos productos). El terciario o de servicios, que no
produce bienes, se compone de los subsectores transportes, comunicaciones, comercial, turismo, salud,
educativo, financiero y administrativo.
La clasificación por sectores y subsectores es importante porque permite observar la manera en
que se integran y participan las distintas actividades económicas y su evolución al momento de efectuar
los estudios económicos que documentan su desarrollo a lo largo del tiempo.
Un rasgo distintivo de la economía es que opera en distintos mercados o espacios específicos para
la compra-venta de un producto en una región o país, e incluso a nivel internacional. Cuando se hace
referencia al mercado es porque existen productores o fabricantes de alimentos, casas, autos, ropa o
zapatos, etcétera, y compradores de éstos; los primeros constituyen la oferta y los segundos la demanda.
Todos ellos confluyen en esos espacios y fijan sus operaciones a un precio determinado; evidentemente,
mientras más alto sea el precio del producto los fabricantes estarán más interesados en vender más
productos, pero, en cambio, los demandantes se encontrarán menos dispuestos a comprarlos por su alto
precio. Así se define la oferta y la demanda. Estos términos se refieren a la conducta de las personas
cuando se relacionan en el mercado, entendiendo por éste al grupo de compradores y vendedores de un
bien o servicio. Desde el punto de vista de los compradores, éstos determinan la cantidad del bien que
quieren adquirir con base en la cantidad de dinero que poseen y el precio que desean pagar en ese
momento; a esto se le conoce con el término demanda. Por su parte, la cantidad ofrecida que los
vendedores quieren y pueden vender a un determinado precio se le conoce como oferta.
Todos los días aparecen noticias periodísticas que hacen referencia a otro concepto económico: el
de empleo, asociado con el de trabajo y las relaciones sociales que este último genera. En la historia de
la humanidad podemos encontrar diversos sistemas de producción, como el esclavismo, el feudalismo,
el capitalismo, el socialismo y otros complejos sistemas que han existido en diversos lugares y tiempos
donde la utilización de la fuerza de trabajo ha tenido modalidades diversas. Durante miles de años, la
forma dominante de relación de las personas con el trabajo fue la esclavitud; una relación de propiedad
donde el trabajador era considerado una cosa (un esclavo) propiedad de una persona (el amo). El
propietario, como dueño de la cosa, tiene el derecho de usarla y venderla a voluntad; además, puede
94

apropiarse de los frutos del trabajo que realiza la cosa. En un régimen de esclavitud no hay mercado de
trabajo, sino mercado de personas o trata de personas. A partir del siglo XIX, la esclavitud comenzaría
a dejar de ser la forma dominante de trabajo, proceso que empezó junto con el desarrollo
del sindicalismo y la democracia. Sin embargo, contra lo que suele pensarse, la esclavitud no ha
desaparecido y permanece aún bajo antiguas y nuevas formas de trabajo forzoso en amplios sectores del
mundo, incluso en los países más desarrollados.
Actualmente, el modo dominante de trabajo en el sistema capitalista es el asalariado o trabajo en
relación de dependencia; también se le conoce como trabajo por cuenta ajena y es legalmente conocido
como trabajo formal. El trabajador (empleado) es reconocido en su condición de persona, al igual que
aquel que va a utilizar su trabajo (empleador). La relación entre ellos se concreta por medio de un
contrato de trabajo en el que se establece el precio y las condiciones en que será prestado ese trabajo. El
precio del trabajo se denomina salario o remuneración, y suele pagarse diariamente (jornal),
quincenalmente (quincena) o mensualmente (sueldo). El ámbito en el que se ofrece, se demanda y se
concretan los contratos se llama mercado de trabajo.
En una empresa u organización encargada de administrar recursos humanos (trabajo) y materiales
(capital) con el fin de producir un valor agregado, el empleador contrata a uno o más trabajadores para
utilizar su trabajo en una actividad productiva organizada, generalmente con la intención de obtener una
ganancia.
Paralelamente al trabajo asalariado existe un amplio abanico de formas de trabajo con diferentes
estatutos jurídicos. Por ejemplo, el trabajo por cuenta propia, denominado también autoempleo, en el
que el propio trabajador dirige y organiza su actividad. El trabajo por cuenta propia puede adoptar dos
formas básicas: el autoempleo individual o trabajo autónomo, que se regula habitualmente por el
derecho civil bajo la forma de contrato de locación de servicios (profesiones liberales, oficios
autónomos); y el autoempleo colectivo, en el que el trabajador se desempeña como miembro pleno en
la toma de decisiones de una organización (cooperativa de producción o trabajo, sociedad laboral, entre
otros).
Existe además el trabajo informal, también llamado trabajo no registrado o sin contrato. Se
caracteriza por constituir la relación laboral sin cumplir las formalidades legales. Conforma relaciones
laborales en las que habitualmente el trabajador se encuentra totalmente desprotegido frente al
empleador, en una posición de máxima debilidad y mínima (o nula) capacidad de negociación, que lo
ubican cerca de la esclavitud. Este tipo de trabajo ha crecido notablemente en los últimos años.
Actualmente, muchas grandes empresas utilizan un sistema de recursos humanos que combina la
manutención de un pequeño grupo asalariado formalmente empleado por la empresa, con un amplio
grupo de trabajadores desempeñándose en empresas tercerizadas (outsourcing), muchas veces en
condiciones de informalidad, sin protección laboral y contratadas bajo el régimen de honorarios.
Dentro del trabajo informal se encuentra el de simple supervivencia por cuenta propia. Este tipo de
trabajo no debe confundirse con el anterior, aunque muchas veces en la realidad las fronteras son difusas.
Se caracteriza por ser un trabajo de muy baja productividad, realizado por cuenta propia y fuera de toda
formalidad legal; como en el caso de los limpiavidrios en los semáforos, los recolectores informales de
basura o los vendedores callejeros, entre otros.
Desde una perspectiva de género, el trabajo del hogar es un término que merece especial atención.
La mujer ha realizado este trabajo desde hace siglos, y éste básicamente aún carece de todo encuadre
jurídico. Las organizaciones de mujeres cuestionan enérgicamente esta marginación y exigen que la
actividad del hogar, educación y cuidado de los niños se considere un trabajo protegido y valorado
adecuadamente.
Por su parte, el trabajo sexual se encuentra vinculado con el tipo de trabajo anterior, no sólo por la
perspectiva de género, sino también por la falta de protección jurídica que comparten. Las
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organizaciones de mujeres han reclamado en forma creciente reconocer y proteger al trabajo sexual en
igualdad de condiciones con los demás tipos de trabajo.
Otra forma de trabajo informal es la desempeñada por el becario de investigación, es decir, el
trabajo agrupado bajo la forma jurídica en la que el trabajador procedente de estudios universitarios
mantiene una actividad investigadora. Es una figura derivada de la beca de estudios, mediante la cual se
remunera el trabajo realizado, pero el becario permanece fuera del estatuto de los trabajadores,
careciendo de gran parte de los beneficios sociales. En ocasiones se pretende utilizar como una forma
legal de contratación de jóvenes trabajadores disminuyendo los costos salariales derivados del alta en la
seguridad social.
Anteriormente se señaló que el trabajo remunerado implica el pago de una contraprestación
conocida como salario. El salario o remuneración salarial es el pago que recibe de forma periódica un
trabajador a cambio del trabajo para el que fue contratado. El empleado recibe un salario a cambio de
poner su fuerza de trabajo a disposición del jefe, siendo éstas las obligaciones principales de su relación
contractual. El salario es el elemento monetario principal en la negociación de un contrato de trabajo y
constituye la contraprestación en la relación bilateral; aunque en algunas ocasiones se tienen también en
cuenta otras condiciones laborales como vacaciones, participación de utilidades, seguros, primas
anuales, entre otras.
Todas las personas que tienen un empleo y son contratadas por un organismo o empresa perciben
un salario que es, principalmente, una contraprestación en dinero. Cuando los pagos son efectuados en
forma diaria, el salario recibe el nombre de jornal (de jornada); si es antes de las doce horas será jornal
matinal; si es por la tarde, vespertino; y si se realiza en la noche, nocturno.
Desde sus primeros años de existencia, la atención de la Organización Internacional del Trabajo
(OIT) ha estado puesta en el nivel de los salarios y ha luchado constantemente por establecer normas
que garanticen y protejan el derecho de los trabajadores a percibir un salario justo. Según la Constitución
de la OIT del año 1919, la garantía a un salario vital adecuado es uno de los objetivos cuya consecución
es urgente.
Para los trabajadores, los salarios representan algo muy diferente que para los empleadores. Para
los segundos, además de ser un elemento del costo de producción, es un medio que permite motivar a
los trabajadores; en cambio, para los trabajadores representa el nivel de vida que pueden tener, un
incentivo para adquirir calificaciones y, por último, una fuente de satisfacción frente al trabajo realizado.
La negociación colectiva en la empresa o en el sector, y un diálogo social tripartito (autoridades,
empleadores y trabajadores) en el plano nacional son algunas de las vías para determinar el nivel de los
salarios y resolver conflictos potenciales. Karl Marx establecía que el trabajo asalariado es el medio por
el cual el trabajador ofrece su fuerza de trabajo para la extracción de valor excedente y, por ende, para
la generación del plusvalor.
Otro elemento importante a analizar en el terreno de la economía y que resulta de enorme interés,
además del trabajo y el empleo, es la inflación. La gran mayoría de los estudios y estadísticas sobre la
inflación se centran en uno de estos dos puntos de vista: los que la sitúan como un fenómeno económico,
o los que la consideran como un indicador.
En términos generales, la inflación es un complejo fenómeno económico resultante de problemas
estructurales de la economía que derivan de la manera en que se produce algún bien o se otorga algún
servicio, de la forma como se utilizan los insumos o del empleo de técnicas de producción obsoletas;
incluso, la inflación puede influir en un endeudamiento elevado de la empresa o unidad productiva.
Estos problemas hacen que la unidad económica generadora de bienes y servicios sea improductiva y
opere con elevados costos que se trasladan a los precios de los productos, encareciéndolos y haciéndolos
poco competitivos.
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Conceptualmente la inflación hace referencia a una tasa, conocida como la tasa de inflación; es
decir, la tasa de modificación del nivel de precios, que se mide generalmente como un cambio porcentual
anual. Específicamente en economía, la inflación es el aumento sostenido y generalizado del nivel de
precios de los bienes y servicios, medido en relación con el poder adquisitivo. Se define también como
la caída en el valor de mercado, o en el poder adquisitivo de una moneda en una economía en particular.
Junto con el empleo y la inflación se presentan algunos importantes componentes monetarios de
la economía, como son el dinero, el crédito y el financiamiento, la tasa de interés y el tipo de cambio.
Los economistas emplean la palabra dinero para referirse al conjunto de activos de la economía
(dinero en efectivo, cheques y tarjetas de crédito) que normalmente utilizan los individuos para comprar
bienes y servicios. Para los economistas estudiosos del dinero, como los clásicos (Adam Smith y David
Ricardo) o keynesianos y poskeynesianos, se puede decir que el dinero desempeña tres funciones: es
un medio de cambio, es decir, es un bien que entregan los compradores a los vendedores cuando
compran bienes y servicios; es una unidad de cuenta, o el patrón que utilizan los individuos para marcar
los precios y registrar las deudas, y es un depósito o reserva de valor, también conocido como el
artículo que puede utilizarse para transferir poder adquisitivo del presente al futuro.
En las economías modernas, el dinero se expresa en un activo conocido como efectivo, es decir,
los billetes y las monedas que están en manos del público. Además, es el medio de cambio más aceptado
en una economía. En otro nivel funcionan las tarjetas de crédito; éstas son un método de pago diferido,
donde el banco que emite la tarjeta paga lo que se consume y más tarde se tiene que devolver la deuda
a la institución crediticia (quizá con intereses) cuando llegue el momento de pagar.
Además del dinero, todos los agentes económicos utilizan los medios crediticios como formas de
financiamiento, fundamentalmente cuando se requiere adquirir un bien de consumo perecedero en el
corto plazo, o cuando se adquiere un bien inmobiliario o se invierte en proyectos de inversión de largo
plazo para poner en funcionamiento una empresa.
El crédito significa, entre otras cosas, credere, confiar o tener confianza. Se considerará crédito al
derecho que tiene una persona (acreedora) a recibir de otra (deudora) una cantidad de dinero; en general
es el cambio de una riqueza presente por una futura basado en la confianza y solvencia que se concede
al deudor. Según algunos economistas, el crédito es una especie de cambio que actúa en el tiempo. Así,
si un molinero vende 100 sacos de trigo a un panadero a 90 días de plazo, esto significa que confía en
que, llegada la fecha, el panadero le cancelará la deuda; en este caso se dice que la deuda ha sido a
crédito o a plazo. El crédito permite financiar las compras de bienes y servicios para disfrutarlos en el
momento y pagarlos paulatinamente en el tiempo.
Para tener acceso al crédito se puede recurrir a las tarjetas de crédito asociadas a una línea de
crédito definida por el emisor de ésta (banco), que hace posible financiar las compras de bienes y pagos
de servicios, y otras operaciones, como dinero adelantado. Estas tarjetas son emitidas por bancos o
instituciones financieras autorizadas por el Banco Central, en el caso de nuestro país por el Banco de
México.
La población tiene acceso al crédito con diversos propósitos, lo que a su vez le otorga a este último
distintas particularidades. Como ocurre con el crédito tradicional que es un préstamo que contempla
un cierto capital y un número de cuotas a convenir, habitualmente estas cuotas incluyen seguros ante
cualquier siniestro involuntario. El crédito de consumo, préstamo a corto o mediano plazo (de 1 a 4
años) que sirve para adquirir bienes o cubrir el pago de servicios. El crédito comercial, préstamo que
se realiza a empresas de distinto tamaño para la adquisición de bienes, pago de servicios de la empresa
o para refinanciar deudas con otras instituciones y proveedores de corto plazo. El crédito
hipotecario que es dinero que entrega el banco o institución financiera para adquirir una propiedad ya
construida, un terreno, la creación de viviendas, oficinas y otros bienes raíces, con la garantía de la
hipoteca sobre el bien adquirido o construido. Normalmente este tipo de crédito se pacta para ser pagado
97

en el mediano o largo plazo (de 8 a 40 años, aunque lo habitual son 15 años). El crédito consolidado es
un préstamo que añade todos los otros préstamos en curso en un único y nuevo crédito, al reunificar
todos los préstamos permite bajar la tasa de interés de los créditos a corto plazo y pagar menores montos
al mes.
En el mundo moderno es imposible hacer referencia al crédito sin considerar el uso de las tarjetas
de crédito. El acreditado puede tener diferentes formas para pagar el uso de su línea de crédito;
normalmente será en cuotas o en la modalidad conocida como revolving, mediante la cual se puede
realizar un pago menor al total facturado en el periodo, llamado pago mínimo. El saldo, que es la
diferencia entre lo facturado y lo pagado, genera una nueva deuda (revolving) a la que se le aplica la
tasa de interés vigente para el periodo y se adiciona al saldo de deuda de esta modalidad, correspondiente
a los periodos anteriores, si existiesen. Esta deuda puede ser pagada (amortizada) por el cliente de
manera diferida (paulatinamente) en el tiempo.
Por lo general, cuando una persona se acerca a una institución financiera a solicitar un
financiamiento y la institución bancaria lo otorga, dicha persona se compromete, desde ese momento y
mediante un contrato, a pagar el capital (monto prestado) más los intereses. Los gastos de tramitación
del crédito corren a cargo del solicitante e incluyen impuestos, gastos notariales (necesarios para
perfeccionar el contrato del préstamo), gastos para bienes recibidos en garantía (como tasaciones,
escrituras de constitución de garantías, inscripciones o registros) y pago de primas de seguro por
cesantía, incapacidad o accidente.
La tasa de interés se encuentra directamente asociada al crédito como un monto en dinero que
corresponde a un porcentaje del crédito aprobado. Este dinero debe ser pagado al emisor en retribución
por el préstamo recibido. Regularmente, la tasa de interés se expresa como un porcentaje de una renta
al año. Por ejemplo, un préstamo de 2 000 pesos a pagar en un año, a una tasa de interés de 3% anual,
implica pagar el monto principal (el importe del préstamo) más los intereses generados, de 60 pesos;
por lo que, al cabo del año se deben reembolsar 2 060 pesos.
La economía moderna es compleja e implica la existencia de diversas tasas de interés como formas
de financiamiento de los distintos agentes económicos: tasas hipotecarias, tasas de préstamo para la
adquisición de automóviles, y tasas de interés sobre diversos instrumentos financieros, como los bonos.
Estos últimos son instrumentos de endeudamiento que deben pagarse de forma periódica durante un
tiempo específico; también se les conoce como un instrumento de deuda a corto o a largo plazos. Para
algunos estudiosos de los mercados financieros la palabra bono se usa sólo para describir los
instrumentos de endeudamiento específicos a largo plazo, como los bonos corporativos (empresariales)
o los bonos de la tesorería (Cetes, a los que se alude en las noticias financieras).
En términos generales, la tasa de interés (expresada en porcentajes) representa un balance entre el
riesgo y la posible ganancia (oportunidad) de la utilización de una suma de dinero en una situación y
tiempo determinado. En este sentido, la tasa de interés es el precio del dinero, el cual se debe
pagar/cobrar por tomarlo prestado/cederlo en una situación determinada. Por ejemplo, si las tasas de
interés fueran las mismas tanto para depósitos en bonos del Estado, como en cuentas bancarias a largo
plazo e inversiones en un nuevo tipo de industria, nadie invertiría en acciones o depositaría su dinero
en un banco.
Desde el punto de vista del Estado, una tasa de interés alta incentiva el ahorro y una tasa de interés
baja promueve el consumo (y la inversión). En cambio, desde el punto de vista del empresario, una tasa
de interés alta disminuirá la inversión y una baja la estimularía, porque el empresario tendrá la
expectativa de obtener más ganancias productivas que lo que le otorgue el banco o los instrumentos
financieros.
En cualquier sucursal de una institución bancaria, como HSBC, BBV Bancomer o Banco
Santander se manejan cinco tasas de interés que a continuación explicamos de manera sencilla para su
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mejor comprensión. En primer lugar, la tasa de interés activa es el porcentaje que esas instituciones
cobran por los diferentes tipos de servicios de crédito a los usuarios de los mismos; es activa porque
implica la captación de recursos a favor de la banca. Por su parte, la tasa de interés pasiva corresponde
al porcentaje que paga una institución bancaria a quien deposita dinero mediante cualquiera de los
instrumentos existentes y son pasivas porque para el banco son recursos a favor de quien deposita.
La tasa de interés preferencial es el porcentaje, inferior al normal, es decir, al costo de fondeo
establecido de acuerdo con las políticas del gobierno; se cobra por los préstamos destinados a
actividades específicas que promueve el gobierno o una institución financiera. Como ejemplos de esta
tasa de interés se pueden citar el crédito regional selectivo, el crédito a pequeños comerciantes, a
ejidatarios, a nuevos clientes, y a miembros de alguna sociedad o asociación, entre otros.
La tasa de interés también puede ser calculada para deducir su efecto inflacionario y se le conoce
como tasa de interés real que es el porcentaje que resulta de deducirle a la tasa de interés general vigente
la tasa de inflación. La fórmula aplicable para identificar la tasa de interés real (r) es la siguiente:
r = tasa efectiva de la operación financiera – tasa de inflación del periodo /
(1 + la tasa de inflación)
Por último, cuando el país asume una deuda externa con algún organismo gubernamental externo
o financiero internacional, el financiamiento se otorga a la tasa de interés externa tomando como
referencia algún indicador de los mercados o instrumentos financieros como la tasa libor que es la
establecida para el pago de los bonos emitidos por el gobierno federal estadunidense.
Uno de los problemas más serios al que se enfrentan los países y sus ciudadanos es el de la
insolvencia en el pago de los financiamientos. En México, uno de los problemas centrales se presentó
cuando las instituciones bancarias privadas otorgaron créditos hipotecarios y créditos al consumo a tasas
variables (referenciadas con la inflación) lo que implicó que ante subidas fuertes de los precios de las
mercancías, la carga de la deuda se reincrementara de manera importante, mientras los sueldos y salarios
de las personas no se movían en el mismo sentido de esos incrementos; esto llevó a la suspensión de
pagos de gran número de deudores.
Una alternativa a este cese de pagos es contratar los créditos a tasa fija; esto significa que el crédito
mantendrá su porcentaje a lo largo del periodo del préstamo. Esta modalidad ofrece la seguridad de
saber que el interés nunca cambiará; las cuotas son pactadas de antemano y son inamovibles sin importar
lo que ocurra.
Las tasas de inflación y de interés se encuentran directamente relacionadas con el tipo de cambio.
Para observar la manera como opera el tipo de cambio es necesario considerar otro elemento: la
devaluación, que se refiere a la caída en el valor de la moneda de un país en relación con otra moneda
cotizada en los mercados financieros internacionales, como el peso frente al dólar estadunidense, el euro
o el yen. Vale la pena preguntarse: ¿por qué disminuye el valor de la moneda? La respuesta es porque
un país tiene una mayor inflación que otro.
Si en un país el costo de los productos sube, la capacidad adquisitiva de esa moneda disminuye
porque se pueden comprar menos bienes y, viceversa, si la inflación disminuye, por ejemplo, por el
aumento de la productividad que baja el costo de los productos, el dinero podrá comprar más de esos
bienes. Entre dos países sucede lo mismo: si en México la inflación es mayor, depreciará el peso y
revaluará el dólar y si la inflación se contiene o disminuye con respecto a la inflación estadunidense
(que no ha sido el caso), podría aumentar la capacidad del peso frente al dólar. De esta manera, la tasa
de cambio expresa el valor de una divisa o moneda extranjera en unidades de moneda nacional. Al igual
que las tasas de interés, existen dos tipos de cambios: el real y el nominal. La tasa de cambio real se
define como la relación en la que una persona puede intercambiar los bienes y servicios de un país por
los de otro; y la tasa de cambio nominal, por su parte, es la relación en la que una persona puede
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intercambiar la moneda del país por la de otro. Esta última es la referencia más frecuente para las
transacciones en los mercados de cambios (divisas).
Al hacer alusión a los tipos de cambio, también es necesario considerar el significado que tiene el
sistema de reglas que define el comportamiento del Banco Central en el mercado de divisas. En el caso
de México han operado dos sistemas opuestos de tasas de cambio: el tipo de cambio fijo, determinado
rígidamente por el Banco Central, y el tipo de cambio flexible o flotante, definido por el juego de la
oferta y la demanda. En un sistema de tipo de cambio fijo, el Banco Central no determina realmente la
oferta monetaria, del mismo modo que en una economía cerrada o cuando se opera bajo un sistema de
tipo de cambio flexible. En un régimen de tipo de cambio fijo la variación de la oferta monetaria es
endógena, es decir, corresponde a las compras y ventas de moneda extranjera que realiza el Banco
Central para cumplir con su compromiso de mantener fijo el tipo de cambio.
En los mercados financieros se manejan varios tipos de cambio de acuerdo con su uso: tipo de
cambio spot, que se refiere al tipo de cambio corriente, es decir, se aplica en transacciones realizadas al
contado; y el tipo de cambio futuro (forward), que indica el precio de la divisa en operaciones realizadas
en el presente, pero cuya fecha de liquidación es en el futuro, por ejemplo, dentro de 180 días.
Miembros de la Escuela Monetarista de la Universidad de Salamanca, en el siglo XVI, definieron
el tipo de cambio como la paridad del poder adquisitivo (PPA). La paridad del poder adquisitivo es
una de las medidas más adecuadas para comparar los niveles de vida, con ventajas sobre el PIB per
cápita, puesto que toma en cuenta las variaciones de precios. Este indicador elimina la ilusión monetaria
ligada a la variación de los tipos de cambio, de tal manera que una apreciación o depreciación de una
moneda no cambiará la paridad del poder adquisitivo de un país, puesto que sus habitantes reciben sus
salarios y hacen sus compras en la misma moneda.

5.2 CRECIMIENTO Y DESARROLLO ECONÓMICO

5.2.1 Crecimiento económico


Hasta la última parte del siglo XIX no existieron estadísticas suficientemente detalladas para calcular el
crecimiento económico. Para el pasado, A. Maddison presentó cálculos estimados que, en relación con
otras fuentes, muestran que el crecimiento económico durante la Edad Media y hasta el siglo XIX fue
lento, mientras que desde 1870 hasta la primera guerra mundial, el crecimiento fue muy rápido.
El crecimiento económico es un concepto relativamente nuevo en la historia humana y se mide de
acuerdo con el crecimiento del PIB. Por años, el PIB fue muy bajo, por lo que no fue tomado en
consideración por los pensadores de los siglos XVII y XVIII, sino hasta después de 1800 que el PIB per
cápita (por persona) cambió el nivel de vida en tan sólo una o dos generaciones. Por otro lado, las tasas
de crecimiento difieren entre naciones, y una variación en la misma en el periodo de un año tiene gran
efecto sobre el nivel de ingreso per cápita en un periodo prolongado.
Por definición, el crecimiento económico es el aumento de la renta o valor de bienes y servicios
finales, producidos por la economía de un país, una región o a escala mundial, en un determinado
periodo de tiempo. A grandes rasgos, el crecimiento económico se refiere al incremento de ciertos
indicadores, como la producción de bienes y servicios, el mayor consumo de energía, el ahorro, la
inversión, una balanza comercial favorable, o el aumento del consumo de calorías per cápita.
Teóricamente, el mejoramiento de estos indicadores debería conducir a un alza en los estándares de vida
de la población.
100

Para medir el crecimiento económico habitualmente se toma un porcentaje de aumento del


producto interno bruto real, o simplemente PIB. El crecimiento económico, así definido, históricamente
se ha considerado deseable, porque guarda una cierta relación con la cantidad de bienes materiales
disponibles, y por ende con una cierta mejora del nivel de vida de las personas. Sin embargo, no son
pocos los que comienzan a opinar que el crecimiento económico es un arma de doble filo, pues, dado
que mide el aumento del valor de los bienes que produce una economía, evidentemente también está
relacionado con lo que se consume o, en otras palabras, gasta. La causa por la que, según este
razonamiento, el crecimiento económico puede no ser realmente deseable como medida de bienestar
para la población es que no todo lo que se gasta es renovable, como muchas materias primas o muchas
reservas geológicas (carbón, petróleo, gas, entre otros). En ese sentido el Índice de Bienestar Económico
Sostenible (IBES) usa datos similares al PIB, pero hace un cómputo más selectivo de los componentes
que redundan en bienestar al incorporar el costo de la contaminación y de los bienes no renovables.
El crecimiento suele calcularse en términos reales para excluir el efecto de la inflación sobre el
precio de los bienes y servicios producidos. En economía, las expresiones crecimiento económico o
teoría del crecimiento económico suelen enfocar el crecimiento productivo potencial, esto es, la
producción en pleno empleo (aprovechamiento de las capacidades de la economía incluyendo el empleo
para generarlo), y no el crecimiento de la demanda agregada (igual a la suma del consumo de gobierno,
empresas y familias; la inversión y el saldo de la balanza comercial).
De esta manera, el crecimiento económico de un país se considera importante, porque está
relacionado con el PIB per cápita de los individuos de un país. Puesto que uno de los factores
estadísticamente vinculados con el bienestar socioeconómico de un país es la relativa abundancia de
bienes económicos materiales y de otro tipo disponibles para los ciudadanos, el crecimiento económico
ha sido usado como una medida de la mejora de las condiciones socioeconómicas. Sin embargo, existen
muchos otros factores correlacionados estadísticamente con el bienestar de un país, siendo el PIB per
cápita sólo uno de ellos.
Esto ha suscitado una importante crítica hacia el PIB per cápita como medida del bienestar
socioeconómico, incluso del bienestar puramente material, ya que puede estar aumentando cuando el
bienestar total, materialmente disfrutable, se está reduciendo.
Es interesante observar cómo el mundo económico, lejos de ser lineal y fácilmente determinado,
presenta algunas paradojas. En países donde el petróleo es el principal factor de exportación, como en
el caso de México, esta actividad puede tener efectos negativos en el PIB, porque si bien incrementa los
ingresos gubernamentales, por otro lado, disminuye el ritmo de crecimiento de otros sectores distintos
al petrolero. En este sentido, al cotizarse el peso frente al dólar de una manera más elevada, las
exportaciones se ven afectadas negativamente en un primer momento por la disminución del ritmo de
crecimiento de los sectores exportadores y, en un segundo momento, por el efecto de éstos en los
sectores no exportadores al encontrarse vinculados en las cadenas productivas.
A nivel internacional y nacional, el papel jugado por las inversiones privada y pública, las
expectativas de crecimiento de los empresarios, los márgenes de ganancia actuales y pasados, y el grado
de actividad económica son factores que afectan al alza o a la baja el crecimiento de la economía. La
variación del crecimiento económico a corto plazo se conoce como ciclo de negocios o ciclo
económico, y se encuentra compuesto por diversas etapas: auge, estancamiento, depresión, recesión
(cuando la etapa anterior es prolongada) y recuperación. Sin embargo, en los últimos años, casi todas
las economías han experimentado etapas de recesión de forma periódica.
El ciclo económico puede confundirse debido a que las fluctuaciones no son siempre regulares. La
explicación de estas fluctuaciones es una de las tareas principales de la macroeconomía, y distintas
escuelas de pensamiento se han propuesto explicarlas, en especial la etapa de recesión
(keynesianismo, monetarismo, economía neoclásica y neokeynesiana). Las alzas en el precio del
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petróleo, las guerras y las pérdidas de cosechas son algunas causas evidentes de una recesión, así como
la caída de sectores estratégicos, como el del cemento y la construcción. La variación del crecimiento
económico a corto plazo ha sido minimizada en los países de mayores ingresos desde principios de los
años noventa, lo que se atribuye, en parte, a una mejor gestión macroeconómica.
El aumento del PIB de un país suele considerarse como un aumento en el nivel de vida de sus
habitantes; sin embargo, con frecuencia éste no es el caso. Puede efectuarse un ritmo adecuado de
crecimiento, pero no reflejarse en el mejoramiento de los niveles de vida de la población, debido a que
la estructura de ingresos se encuentra concentrada y los resultados del crecimiento van a parar a pocas
empresas e individuos. Por ejemplo, cuando una población aumenta y se quieren observar mejoras en el
nivel de vida, el PIB tiene que crecer más rápido que esa población, esto último permite entender por
qué existen tasas dispares de crecimiento económico en algunas regiones del mundo.
Veamos un poco más de cerca su cálculo. El producto interno bruto (PIB) es el valor monetario
total de la producción corriente de bienes y servicios finales de consumo de un país durante un periodo,
normalmente de un trimestre o un año. Por esta razón se dice que el PIB es una magnitud de flujo, pues
contabiliza sólo los bienes y servicios producidos durante la etapa de estudio; además, no considera los
bienes o servicios que son fruto del trabajo informal (trabajo doméstico, intercambios de servicios entre
conocidos, etcétera). Analizado desde el punto de vista del gasto o demanda, resulta ser la suma de los
siguientes términos:
PIB PM = C + I + X – M
De donde se deriva que PIB PM es el Producto Interno Bruto valorado a precios de mercado; C es
valor total del consumo final nacional; I es la formación bruta de capital, también llamada
inversión; X es el volumen monetario de las exportaciones, y M es el volumen de importaciones. Si
estamos interesados en distinguir entre el consumo (C), la inversión privada (I) y el gasto público (G),
entonces modificamos la fórmula:
PIBPM = CPR + IPR + G + X – M
También existen diferencias entre el PIB nominal y el PIB real. El PIB nominal es el valor
monetario de todos los bienes o servicios que produce un país o una economía a precios corrientes, en
el año en que los bienes son producidos. Sin embargo, en situación de inflación alta, un aumento
sustancial de precios, aun cuando la producción no aumente demasiado, puede dar la impresión de un
aumento sustancial del PIB. Para ajustarlo de acuerdo con los efectos de la inflación, el PIB real se
define como el valor monetario de todos los bienes o servicios que produce un país o una economía a
precios constantes. Este cálculo se lleva a cabo deflactando (quitando el efecto del aumento de los
precios) el valor del PIB según el índice de inflación, o bien computando el valor de los bienes con
independencia del año de producción mediante los precios de un cierto año de referencia.
Una forma de medir el nivel de vida de la población es mediante el estudio del PIB per cápita,
también llamado renta per cápita o ingreso per cápita, que es una magnitud que trata de medir la riqueza
material disponible y se calcula como el PIB total dividido entre el número de habitantes (N):
PIBPC = PIB / N
Por ejemplo, los cinco países con mayor PIB per cápita en 2009, medido en dólares estadunidenses
son Luxemburgo (103 356), Noruega (87 070), Estados Unidos (47 580), Islandia (40 070), Qatar (32
812) e Irlanda (49 533). En México el PIB per cápita es de 9 980 dólares al año, diez veces menos que
en Luxemburgo y cinco veces menos que en Irlanda.
102

5.2.2 Inversión
Desde el punto de vista macroeconómico, y de acuerdo con la contabilidad nacional, a la inversión se le
denomina formación bruta de capital fijo (FBCF). Ésta constituye uno de los componentes del Producto
Interno Bruto (PIB), de acuerdo con la demanda o el gasto. Al nivel de análisis de un país, como se ha
visto con el estudio macroeconómico, la inversión se refiere al aumento de la cantidad de los activos
productivos en tanto bienes de capital (equipo, estructuras o existencias) y de mano de obra contratada.
En economía, estas compras constituyen transacciones financieras o cambios de cartera, pues lo que
compra una persona, otra lo vende. Sólo hay inversión cuando se crea capital real. Entonces la inversión
puede descomponerse en tres elementos:
• Formación bruta de capital fijo: formación neta de capital fijo, consumo de capital fijo, que es igual a
la depreciación del capital fijo del país.
• Variación de existencias: es igual a las existencias al final del periodo, normalmente un año, menos
las existencias iniciales de las que se partía al comienzo del periodo.
• La suma de esas variables proporciona la inversión total.
La pregunta que se debe responder es: ¿por qué las empresas invierten? La respuesta la encontramos en
las utilidades. Las empresas invierten al comprar bienes de capital y contratar mano de obra para lograr
que los ingresos sean mayores que los costos de la inversión. Esta sencilla afirmación contiene tres
elementos esenciales que determinan la inversión:
• Los ingresos; una inversión le genera a la empresa ingresos adicionales si le ayuda a vender más.
• Los costos, es decir, los tipos de interés más los impuestos.
• Las expectativas y la confianza de los empresarios.
Cuando se toma la decisión de invertir, el empresario está apostando a que el rendimiento de una
inversión será mayor que sus costos. Así por ejemplo, si las empresas temen que empeoren las
condiciones económicas en Europa, se mostrarán reacias a invertir en el viejo continente y lo harán en
América, o simplemente no invertirán. Por el contrario, cuando las empresas creen que se producirá una
acusada recuperación en un futuro inmediato, comienzan a hacer planes para expandir sus plantas y
crear o ampliar sus fábricas.

5.2.3 Gasto público


Para el crecimiento económico, la inversión privada debe complementarse con el gasto público que es
la otra variable clave para darle dinámica a la economía. El gasto público es el flujo de recursos
producido a lo largo del ejercicio presupuestal de un país por operaciones de naturaleza presupuestaria
y no presupuestaria.
El gasto público puede tener tres destinos diferenciados y complementarios. Primero, el gasto en
desarrollo social, que se destina a impulsar el crecimiento de varios sectores, como el de la educación,
salud, seguridad social, urbanización, vivienda, desarrollo regional, agua potable y alcantarillado,
asistencia social y superación de la pobreza. Éstos pueden considerarse un gasto público real o de
consumo, cuyo impulso tiene efectos evidentes e inmediatos en el nivel de vida de la mayoría de la
población.
El segundo es el gasto en desarrollo económico, que permite dotar al país de infraestructura,
energía, comunicaciones y transportes, desarrollo agropecuario y forestal, temas laborales,
empresariales, ciencia y tecnología, promoción de la capacitación y el empleo, impulso competitivo
empresarial. Éstos pueden considerarse un gasto real o de inversión. El impulso de este tipo de gastos
también representa fuertes efectos positivos en el nivel de vida de la población.
103

Finalmente, el tercer tipo de gasto se refiere al gasto de gobierno integrado por los componentes
del gasto real de consumo (la contribución del sector público al consumo de una sociedad) e incluye los
gastos por adquisición de bienes consumibles o por servicios prestados al Estado, la contribución del
sector público a la formación bruta de capital de una economía, y las transferencias, que son gastos
realizados por el sector público sin obtener nada a cambio, es decir, gastos efectuados sin
contraprestación por parte de los destinatarios del gasto (por ejemplo, el subsidio de desempleo, las
pensiones públicas de la seguridad social o la sanidad nacional de la salud).

5.2.4 Desarrollo económico


En los párrafos anteriores hemos hecho referencia al producto nacional o PIB y a sus componentes, así
como a dos variables clave que implican su impulso: la inversión privada y el gasto de gobierno.
También se comentó que puede presentarse un crecimiento económico y no verse reflejado en el
aumento del nivel de vida de la población. Esto último nos lleva a considerar la diferencia entre
crecimiento económico y desarrollo económico.
El desarrollo económico es la capacidad de los países o regiones para crear riqueza, a fin de
promover o mantener la prosperidad o bienestar económico y social de sus habitantes, por ello el
crecimiento económico no es suficiente, pero sí necesario para el desarrollo.
Al estudio del desarrollo económico se le conoce como economía de desarrollo. El proceso de
desarrollo económico supone ajustes legales e institucionales para dar incentivos y fomentar
innovaciones e inversiones, con el propósito de crear un eficiente sistema de producción y un sistema
de distribución para los bienes y los servicios que se producen.
La economía del desarrollo surgió después de la segunda guerra mundial como una rama de la
economía preocupada por el bajo nivel de vida en América Latina, África, Asia y Europa Oriental. Entre
otras cosas, estos estudios buscaban explicar, primero, cómo podría lograrse el desarrollo económico y
social de la forma más rápida posible; y, posteriormente, comprender por qué el proceso de crecimiento
industrial y el desarrollo, en Europa Occidental, Estados Unidos y Japón, no se había extendido a otras
naciones o regiones, ya que se creía que sucedería naturalmente.
Desde que comenzó a utilizarse el término desarrollo se hicieron notar dos corrientes de
pensamiento principales: las que podrían ser llamadas revolucionarias, junto con los modelos
cepalino o desarrollista, inspiradas por percepciones marxistas, como la teoría de la dependencia; y
las corrientes conocidas como de ingeniería económica o de economía tradicional, ubicadas en los
límites conceptuales de las universidades occidentales desarrolladas.
Las primeras aproximaciones de la economía tradicional a una teoría de la economía del desarrollo
asumieron que las economías de los países menos desarrollados —LDC (por sus siglas en inglés Low
Development Countries)— eran tan diferentes a las de los países desarrollados, que la economía básica
no podía explicar su comportamiento. Tales aproximaciones produjeron algunos modelos interesantes
y hasta elegantes, pero fallaron en explicar la realidad del nulo crecimiento, el crecimiento lento o el
retroceso encontrado en las LDC.
Paulatinamente, el foco intelectual se fijó en el estudio de las funciones básicas de la economía,
que se encontraban también en las LDC. Esto limpió el área de estudio de visiones que a veces
bordeaban en el racismo o etnocentrismo, permitiendo, en cambio, la creación de modelos más
efectivos. La economía tradicional, sin embargo, todavía no podía reconciliar el modelo de crecimiento
débil y fracasado.
104

Mientras tanto, las aproximaciones revolucionarias fueron avanzando y lograron ofrecer un marco
explicativo del atraso o falla en el desarrollo. No obstante, adolecían de un programa eficiente de acción,
dado que a pesar de su consistencia teórica y metodológica, al ponerse en práctica no lograron los niveles
de desarrollo que se esperaban. Todo parece indicar que el problema principal para estas aproximaciones
fue político, pues sus propuestas no eran generalmente aceptadas en los países desarrollados por estar
asociadas con políticas anticapitalistas.

La educación como motor del desarrollo nacional


Existen distintos enfoques para abordar esta importante temática. A continuación presentamos sólo
algunos, para tener un panorama del papel de la educación en el desarrollo económico y social.
Según Tabares (2002), la educación es una práctica que tiene dos efectos: la capacitación y la
formación. En primer lugar, se trata de una práctica porque es una labor que realizan agentes
especializados (educadores) sobre una materia prima (alumnos) con instrumentos adecuados. Los
educadores realizan la práctica educativa con el fin de que los sujetos de la educación, generalmente
niños y adolescentes, sean transformados en sujetos adaptados a una determinada sociedad.
Considerando el primer efecto, la capacitación se entiende como la adquisición de conceptos,
procedimientos e informaciones que realiza un alumno para lograr un desempeño en una actividad
determinada. Según Sarmiento (1914), este efecto de la educación se denomina instrucción. La
instrucción sirve para desarrollar la inteligencia individual, transmitir conocimientos y formar la razón.
En cambio, la formación implica la adquisición de actitudes, normas, valores, así como un código ético
y moral.
Se podría decir también que la educación es un proceso que realiza la síntesis de la enseñanza y el
aprendizaje, en donde la enseñanza es la acción del agente educador sobre los educandos, que puede ser
programada o no, y que tiende a transformar al alumno a partir de la capacitación. El aprendizaje es el
resultado del trabajo que realiza el sujeto para adquirir lo que se le transmite.
¿Qué efectos produce la práctica educativa? El principal es que el alumno se transforme, se integre
a la estructura social y ocupe un lugar en la producción económica. Esto último merece una explicación
más detallada. La problemática educativa recuperó un lugar importante en los debates de diversos
sectores sociales, durante los últimos años. El desarrollo científico y tecnológico, los cambios
producidos en los procesos económicos y financieros, y la aparición de nuevos problemas sociales y
culturales obligaron a pensar en el proceso educativo.
Según el enfoque que intenta acercar la educación a la economía, pueden señalarse opiniones que
apuntan a rejerarquizar los perfiles de formación de los sujetos en un intento de crear mejores
disposiciones para participar de la actividad productiva. De acuerdo con la Comisión Scans (1992), el
mejoramiento de la calidad de la educación, que atienda a la formación de competencias prácticas,
incidirá en la disminución del abandono escolar. Con ello, los estudiantes podrán competir exitosamente
en el campo laboral y, como resultado indirecto, los productos y servicios competirán con éxito en los
mercados internacionales. En cambio, la UIA señala que los cambios significativos que se están
produciendo en el contexto del mercado de productos-tecnología-mercado de trabajo exigen una nueva
formación que atienda a la capacidad de gestión, de aprendizaje y del trabajo grupal.
Tales posiciones sostienen una relación necesaria entre los cambios tecnológicos y la organización
del trabajo; entre la complejización y transformación de los procesos productivos, y las condiciones de
empleo y calificación de los recursos humanos. Al respecto cabría preguntarse, por una parte, cómo se
manifiestan los procesos de transformación productiva en contextos de estructuras productivas diversas
y, por otra, si la modificación en el perfil de formación de los recursos humanos desde la perspectiva
señalada, generaría mejores condiciones de trabajo para el conjunto de la población.
105

La cuestión de la necesidad de redefinir los lineamientos educativos es impulsada por muchos


organismos no gubernamentales, como la CEPAL y la UNESCO que, en un intento por construir una
visión más integradora, proponen articular el desafío de la ciudadanía en el plano interno y el desafío de
la competitividad, en el plano externo.
En consecuencia, se señala la necesidad de impulsar la transformación de la educación, aumentar
el potencial científico-tecnológico de cada región con miras a la formación de una ciudadanía moderna,
vinculada tanto a la democracia y la equidad como a la competitividad internacional. Los conceptos
precedentes ponen de relieve algunas ideas que deben estar presentes en todo debate educativo. La
definición de políticas educativas debe hacerse tomando en cuenta las tensiones existentes: entre el actor
económico y el actor social, entre la adaptación a los desafíos del contexto internacional (revolución
científico-tecnológica y globalización de los mercados) y la realidad de contextos socioeconómicos muy
diversos. Los efectos de estas tensiones se manifiestan en el aumento de la pobreza y la marginalidad.
La práctica educativa sirve para que los egresados del sistema educativo tengan el perfil que la vida
en sociedad y el progreso requieren. Hoy, en cualquier lugar de trabajo existen requisitos que son
necesarios para un desempeño adecuado.
Un texto publicado por la CEPAL-UNESCO (1992), Educación y conocimiento: eje de la
transformación productiva con equidad, afirma que para garantizar un desempeño eficaz en un
contexto de creciente equidad, el sistema de formación de recursos humanos debe estar compuesto por
establecimientos que sean efectivos en el logro de sus objetivos primarios. Esta estrategia sólo puede
ser aplicada mediante la participación activa de un Estado que compense los puntos de partida
heterogéneos, equipare oportunidades, otorgue subvenciones a los que las necesitan, y refuerce las
capacidades educativas en las regiones más atrasadas y apartadas, entre otras medidas.

5.3 CRISIS ECONÓMICA

Pobres recolectando carbón, de Nikolay Alexeyevich Kasatkin, 1894.


En este apartado se aborda el concepto y tipología de la crisis económica y la crisis productiva;
asimismo, se señalan las características principales de la crisis económica en México, en el periodo de
1994 a 1995, y se ofrece una mínima revisión de la reciente crisis bancaria y financiera de 2008.
La crisis económica es un importante fenómeno económico que hemos vivido desde hace algunos
años. Debe ser entendida como la fase más depresiva de la evolución de un proceso económico
recesivo. Recesión es el movimiento cíclico descendente de la economía, que comprende, por lo
menos, dos trimestres de continua disminución del PIB real.
106

5.3.1 Crisis de producción

El toyotismo y la crisis productiva de los años setenta


Cuando, en los años 1973 y 1974, el sistema económico keynesiano y el sistema productivo fordista
dieron cuenta de un agotamiento estructural, las miradas en la producción industrial comenzaron a girar
al modelo japonés. Éste le permitió a la industria japonesa pasar del subdesarrollo a la categoría de
potencia mundial en sólo dos décadas. Los ejes centrales de ese modelo lograron revertir la crisis que
se presentaba en la producción en serie, conocida como fordista. Estos ejes fueron:
• Flexibilidad laboral y alta rotación en los puestos de trabajo/roles.
• Estímulos sociales, por medio del fomento al trabajo en equipo y la identificación entre jefe-subalterno.
• Sistema just in time, que revaloriza la relación entre el tiempo de producción y la circulación de la
mercancía por medio de la lógica de menor control del obrero en la cadena productiva, y un
aceleramiento de la demanda que acerca al stock cero y permite prescindir de la bodega y sus altos
costos por concepto de almacenaje.
• Reducción de costos de planta, que permite traspasar esa baja al consumidor y aumentar
progresivamente el consumo en las distintas clases sociales.
Idealmente, la manera en que se manifiesta esa nueva concepción vinculación/ejecución tiene que ver
con una economía, con un crecimiento aceptable y un control amplio de mercados externos. A pesar de
que sólo un pequeño grupo de países cumple con ese escenario, el toyotismo también ha manifestado
formas híbridas en otros países con el objetivo de perseguir la reducción de costos y el estímulo social
a los trabajadores. El toyotismo se convirtió en una importante estrategia del neoliberalismo. Algunas
de las características en este contexto son:
• Desaceleración en la innovación tecnológica en términos de creatividad y reconfiguración permanente
de la cosmovisión. En ese escenario, el crecimiento se presenta en el plano de la nanotecnología
(reducción progresiva del tamaño de los chips para mayor confortabilidad y ahorro) y la biotecnología.
(Al estar en manos privadas se desconoce si su uso será mayoritariamente para el beneficio científico o
para un programa dual de redireccionamiento bélico —armamento biológico— y prestación utilitarista
de mercado.)
• La caída generalizada de salarios, la desprotección creciente del Estado de bienestar, la
potencialización del individualismo y el desempleo estructural, entre otros factores, minan la contención
ideológica del trabajador de la época toyotista disminuyendo la productividad esperada.
Un concepto importante para comprender la reexpansión de la producción a nivel mundial es el de la
internacionalización productiva que consiste en el proceso de expansión internacional del capital, como
resultado de la tendencia a extenderse o reproducirse para obtener más capital. La internacionalización
productiva se lleva a cabo con la descomposición y diseminación internacional de los procesos
productivos, obra de las grandes empresas transnacionales o, dicho de otra forma, la división en
diferentes países de los procesos productivos de una empresa para abaratar costos, ganar mercado, tener
mejor aprovisionamiento o mejores políticas estatales en favor de las empresas transnacionales.
El origen aproximado de la internacionalización productiva se encuentra en la segunda mitad del
siglo XIX, cuando las grandes empresas de los países más industrializados se lanzaron a controlar los
yacimientos de materias primas de otros países, de los que ellos eran clientes. De esa forma, se
convirtieron en propietarios de los yacimientos de materias primas y abarataron los costos. Lo que estas
empresas no sabían era que gracias a este hecho se inició la industrialización productiva, el fenómeno
que revolucionó la economía mundial. Al principio, las empresas sólo se internacionalizaban para
107

conseguir materias primas a menor costo; más adelante trasladaron su producción a países extranjeros
para entrar en los mercados exteriores sin tener que pasar por aranceles o medidas proteccionistas que
les impidieran mantener fluidas relaciones comerciales con ese mercado.
Una importante causa de la proliferación de la internacionalización productiva fue la creación de
las sociedades anónimas, que tenían muchísimo capital líquido y necesitaban invertir para convertir
esa liquidez en un aumento de la producción, o, lo que es lo mismo, siguiendo la condición de existencia
del capital, para reproducirse. Y tal vez, al ver que esas nuevas sociedades anónimas eran muy rentables,
los pequeños inversionistas también empezaron a introducir sus ahorros en el mundo bursátil, frente a
la falta de demanda y el exceso de liquidez, ya que no encontraban sitios donde invertir los desmesurados
montos de dinero en su posición.
Uno de los mayores logros de la internacionalización productiva fue la creación de organismos
para las relaciones internacionales. Por ejemplo, se crearon instituciones como las Naciones Unidas
(ONU), la OTAN, y, en ámbitos económicos, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el
Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT). Este último repercutió de manera importante en la
internacionalización productiva; el GATT es un acuerdo entre países, principalmente entre los aliados
vencedores de la segunda guerra mundial, que fomentaba el libre comercio entre ellos, así como la libre
circulación de capital y factores productivos. Para tal efecto, se abrieron las barreras para que la
internacionalización productiva se propagase de manera rápida y eficaz en esos países. De una forma
no tan directa, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial también empujaron hacia la
internacionalización productiva. Como consecuencia de ello, los países se desarrollaron y abrieron sus
barreras proteccionistas, lo que posibilitó la entrada de capital extranjero. Eran los años del Estado de
bienestar.
A partir de la década de 1990 la internacionalización productiva se dirige a otros lugares, como las
repúblicas ex soviéticas y los países latinoamericanos. Por tal razón, se abren importantes mercados
para la Inversión Extranjera Directa (IED) de manera rápida y contundente, para tapar los agujeros de
las grandes industrias que el Estado había dejado de operar. De tal modo, estos países recibieron con los
brazos abiertos a las empresas transnacionales que aterrizaron con mucha fuerza en los nuevos mercados
tomando el control de las antiguas industrias estatales y, lo más importante, el control del mercado al
cual tenían que abastecer.
En la actualidad, sobre todo en países en vías de desarrollo, todavía existe una creciente
internacionalización productiva por medio de la IED; pero lo que manda ahora es la internacionalización
financiera: los países desarrollados vuelven a tener exceso de liquidez y, en vez de invertir en la
producción, invierten en el espacio financiero, lo que provoca que los índices bursátiles tengan un gran
protagonismo en nuestros días como fuente de riqueza. También los nuevos países industrializados
empiezan a ver cómo muchas empresas foráneas están creciendo desmesuradamente e
internacionalizándose de manera rápida, pero son casos de economías muy particulares como la de
China, Brasil, India o países de la cuenca asiática respaldados por Japón.

5.3.2 Crisis económica en México, de 1994 a 1995


La crisis económica en México en el año 1994 tuvo repercusiones mundiales en el plano financiero por
la falta de reservas internacionales, a causa de la devaluación del peso en los primeros días de la
presidencia de Ernesto Zedillo. A unas semanas del inicio del proceso de devaluación de la moneda
mexicana, el entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, solicitó al Congreso de su país la
autorización de una línea de crédito por 20 mil millones de dólares para el gobierno mexicano, que le
permitiera garantizar a sus acreedores el cumplimiento cabal de sus compromisos financieros.
En el contexto internacional, las consecuencias económicas de esta crisis se denominaron efecto
tequila. En México se le conoce como el error de diciembre, frase acuñada por el ex presidente
mexicano Carlos Salinas de Gortari para atribuir la crisis a las presuntas malas decisiones de la
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administración entrante de Ernesto Zedillo y no a la política económica de su sexenio. En lo que sigue,


se destinarán algunos comentarios acerca de las administraciones de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto
Zedillo para entender un poco más la crisis económica de 1994.

Administración de Carlos Salinas de Gortari


Durante la administración del presidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) se dio especial
importancia a la inversión extranjera. Esta administración concluyó la privatización de la banca nacional
(nacionalizada apenas doce años antes por el presidente José López Portillo). Los fondos provenientes
de estas ventas y de otras compañías del gobierno se invirtieron en infraestructura con el objetivo de
aprovechar las posibilidades del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con
Estados Unidos y Canadá. La popularidad y credibilidad de Salinas de Gortari alcanzaron altos niveles,
ya que la burbuja de crecimiento económico, propiciada por la estabilidad y la baja inflación, hizo pensar
a muchos políticos y medios de información que "México estaba a punto de convertirse en una nación
de primer mundo". De hecho, nuestro país fue la primera de las naciones recientemente industrializadas
en ser aceptada en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en mayo
de 1994. No obstante, era un hecho conocido que el peso estaba sobrevaluado (al menos 20%, de acuerdo
con algunas fuentes), pero la vulnerabilidad económica no era bien conocida o era minimizada. Ésta se
agravó por varias decisiones de su administración en el ámbito de la política macroeconómica y por
varios eventos de inestabilidad política que se suscitaron en 1994.
La mayoría de los economistas e historiadores económicos, como Hufbauer y Schott (2005),
reconocen varios eventos y políticas macroeconómicas de la administración de Salinas de Gortari que
propiciaron la crisis económica de 1994. Por ejemplo, el elevado gasto gubernamental en obras públicas,
lo cual se tradujo en un déficit histórico; la emisión histórica de tesobonos para cubrir ese déficit;
prácticas bancarias relajadas, y problemas políticos como la rebelión del EZLN o la muerte del
candidato presidencial del PRI.
Estos eventos, junto con el creciente déficit de cuenta corriente, alimentado por la demanda del
consumidor y el enorme gasto gubernamental, alarmaron a los inversionistas que habían comprado
los tesobonos. Estos inversionistas eran, principalmente, ciudadanos mexicanos y algunos extranjeros
que pronto tuvieron que venderlos, vaciando con ello las reservas internacionales del Banco de México,
las cuales en ese momento se encontraban en niveles muy bajos.
La política ortodoxa que debía realizarse ante tal situación era incrementar las tasas de interés,
permitiendo que la base monetaria se contrajera para evitar que más dólares siguiesen extrayéndose
rápidamente de las reservas (Hufbauer y Schott, 2005). Sin embargo, dado que 1994 era un año de
elecciones, el Banco de México decidió comprar deuda mexicana para mantener la base monetaria e
impedir que las tasas de interés se incrementaran, lo cual, a su vez, causó una mayor fuga de dólares
colocando las reservas internacionales en niveles históricamente bajos (9 mil millones de dólares; a
modo de comparación, en 2005 llegaron a 70 mil millones y en 2009 se ubican en los 79 mil millones).
La crisis era inevitable, pero durante los cinco meses anteriores a la toma de posesión de Ernesto
Zedillo, la administración de Salinas de Gortari no realizó ningún ajuste. Algunos críticos sugieren que
Salinas quería mantener su popularidad, ya que buscaba el apoyo internacional para su candidatura como
Director General de la Organización Mundial de Comercio, OMC. Salinas por su parte, argumenta que
había hablado con Zedillo para compartir la devaluación entre las dos administraciones, y que Zedillo
decidió tomar la carga del ajuste económico en su totalidad.
109

Administración de Ernesto Zedillo


Zedillo tomó posesión el 1 de diciembre de 1994. Unos cuantos días después tuvo una reunión con
varios empresarios mexicanos y extranjeros donde se comentó sobre la devaluación que vendría, y que
sólo planeaba subir la banda de la tasa de cambio fija en un 15%, es decir, hasta 4 pesos por dólar, de
los 3.4 pesos en que se encontraba en promedio en ese año.
A principios de 1995, la administración de Zedillo decidió establecer el sistema de libre flotación
del peso, al no poder mantener la nueva banda de la tasa de cambio, la cual llegaría a 7.20 pesos por
dólar en tan sólo una semana.
Para salir de la crisis se diseñó un paquete de emergencia donde Estados Unidos intervino
rápidamente comprando pesos del mercado para evitar una mayor depreciación de esta moneda; sin
embargo, esta medida no fue suficiente. El presidente estadunidense Bill Clinton solicitó al Congreso
enviar un paquete de rescate. No obstante, diversos representantes del Congreso que se habían opuesto
al TLCAN veían esta crisis como un resultado del tratado, aunque para varios de los economistas, la
crisis y el tratado no estuvieron directamente relacionados.
A pesar de lo anterior, algunas personas dentro del Tesoro Norteamericano encontraron una vía
legal para enviar el rescate por medio del Fondo de Estabilización de Divisas, lo cual no requería la
aprobación del Congreso de Estados Unidos. Así, se enviaron desde este país 20 mil millones de dólares,
a los que se añadieron casi 30 mil millones: 17 mil millones del Fondo Monetario Internacional; 10 mil
millones del Bank for International Settlement; mil millones del Banco de Canadá en forma de swaps de
corto plazo, y mil millones más, provenientes de diversos países latinoamericanos, entre ellos Argentina
y Brasil, cuyas economías estaban severamente dañadas por los efectos de la crisis mexicana. El dólar
se estabilizó en 6 pesos por dólar para los siguientes dos años, antes de ser afectado por la crisis
financiera asiática de 1998, que lo ubicó entre 7 y 7.7 pesos por dólar.
Para cumplir con las obligaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, México
no recurrió a las prácticas tradicionales de los países latinoamericanos en tiempos de crisis (por ejemplo,
el control de capitales, lo cual hubiera prolongado la crisis, tal como sucedió con las crisis
sudamericanas de 2001-2002), sino que introdujo controles estrictos en la política fiscal, continuó con
su política de libre comercio y libre flotación. El crecimiento acelerado de las exportaciones amortiguó
la recesión, y en menos de diez meses la tasa de crecimiento mensual del PIB ya era positiva. Para 1996
la economía crecía y llegó a un máximo de casi 7% en 1999. En 1997, México pagó por adelantado
todos los préstamos de Estados Unidos. No obstante, los efectos de la crisis, principalmente causados
por las altísimas tasas de interés durante los días de la devaluación, que llegaron hasta 100%, provocaron
que millones de familias no pudieran pagar sus préstamos e hipotecas.
Los negocios mexicanos que tenían deudas en dólares, o que se confiaron en comprar suministros
de Estados Unidos, sufrieron un golpe inmediato, con un despido masivo de empleados. Los ejecutivos
que asistieron a las reuniones en las oficinas del entonces presidente Zedillo se ahorraron la pesadilla de
la crisis, ya que fueron advertidos, compraron rápidamente una inmensa cantidad de dólares y
renegociaron sus contratos en pesos. Para empeorar la situación, el anuncio de la devaluación se dio a
mitad de semana —un miércoles—, y durante el resto de la semana los inversionistas extranjeros
huyeron del mercado mexicano, sin que el gobierno tomara ninguna medida para prevenirlo o
desalentarlo, hasta el siguiente lunes, cuando ya todo fue muy tarde. La crisis se propagó rápidamente
por el contexto latinoamericano, alcanzando lugares tan alejados como Argentina. El pánico de lo que
había pasado en México se extendió a otros países, que de la noche a la mañana se vieron con escasez
de fondos y endeudados a corto plazo.
110

5.3.3 La crisis bancaria y financiera, de 2007 a 2009


La crisis financiera de 2008 se desató de manera directa debido al colapso de la burbuja inmobiliaria en
Estados Unidos en 2006, que provocó, aproximadamente en octubre de 2007, la llamada crisis de las
hipotecas subprime. Las repercusiones de la crisis hipotecaria comenzaron a manifestarse de manera
extremadamente grave a principios de 2008, contagiándose primero el sistema financiero estadunidense,
y posteriormente el internacional, con la consecuente crisis de liquidez y la crisis alimentaria global, así
como diferentes derrumbes bursátiles (como los de enero y octubre de 2008). Todo ello se conjugó en
una crisis económica a escala internacional.
La confluencia de otros eventos nocivos para la economía estadunidense, como el alza de los
precios del petróleo, el aumento de la inflación y el estancamiento del crédito, exageraron el pesimismo
global sobre el futuro económico estadunidense, hasta el punto de que la Bolsa de Valores de Nueva
York sucumbía diariamente a rumores financieros. Muchos opinan que esto fue lo que precipitó la
abrupta caída del banco de inversión Bear Stearns, que previamente no había mostrado particulares
signos de debilidad. Sin embargo, ese banco fue liquidado en el mercado abierto en cuestión de días en
marzo de 2008. Posteriormente, en un acto sin precedentes, la Reserva Federal maniobró un rescate de
la entidad, que terminó vendida a precio de saldo a J. P. Morgan Chase.
Rápidamente, el impacto de la crisis de las hipotecas provocó repercusiones más allá de Estados
Unidos. Las pérdidas de los bancos de inversión ocurrieron en todo el mundo. Las empresas empezaron
a negarse a comprar bonos por valor de miles de millones de dólares, a causa de las condiciones del
mercado. El Banco Federal de Estados Unidos y el Banco Central Europeo (BCE) trataron de reforzar
los mercados con dinero, inyectando fondos disponibles a los bancos y otorgando préstamos en
condiciones más favorables. En un esfuerzo para alentar los préstamos, las tasas de interés también
fueron cortadas.
No obstante, a corto plazo, las ayudas no resolvieron la crisis de liquidez (falta de dinero disponible
para los bancos), ya que los bancos desde entonces no tienen mucha confianza y se niegan a otorgar
préstamos. Los mercados de crédito se volvieron inmóviles, pues los bancos fueron reacios a prestarse
dinero entre ellos, al no saber cuántos malos préstamos podrían tener sus competidores.
La falta de crédito a los bancos, empresas y particulares acarreó la amenaza de la recesión, la
pérdida de empleos, las quiebras y, por lo tanto, un aumento en el costo de vida. En el Reino Unido, el
banco Northern Rock pidió un préstamo de emergencia para mantenerse, lo que impulsó una corrida
(run) en el banco que ascendió a dos mil millones de libras, como consecuencia de los retiros de sus
clientes. Más tarde, el banco se nacionalizó.
En Estados Unidos, los profundos problemas de Bear Stearns condujeron a una crisis de confianza
en el sector financiero y en los bancos especializados en inversión. El pánico bursátil se hizo presente.
Tras un respiro primaveral, los mercados bursátiles de Estados Unidos volvieron a una extrema
debilidad, colocándose oficialmente en junio de 2008 en caídas superiores a 20%, lo cual se considera
un mercado en retroceso extendido (bear market). Esto volvió a ser motivado por las malas noticias en
el sector financiero: las primeras declaraciones de bancarrota, incluyendo la caída del banco IndyMac,
la segunda quiebra más grande en términos de dólares en la historia del país, y el riesgo latente de que
otros bancos regionales también pudiesen terminar por el mismo sendero de la crisis.
La crisis tomó dimensiones aún más peligrosas para la economía de Estados Unidos cuando las
dos sociedades hipotecarias más grandes del país, Freddie Mac y Fannie Mae, que reúnen la mitad del
mercado de hipotecas sobre viviendas, comenzaron a ver sus acciones atacadas por los especuladores
bajistas a tal punto que, a principios de julio de 2008, el gobierno de Estados Unidos y la Reserva Federal
nuevamente tuvieron que anunciar un rescate para esas entidades financieras. Tal decisión creó
consternación en varios sectores liberales, que adujeron que dichos rescates sólo empeorarían a largo
111

plazo las prácticas éticas de los inversionistas, fomentando con dinero público la temeridad. Durante ese
periodo, la FED, así como otros bancos centrales, continuaron inyectando liquidez al mercado, por valor
de cientos de miles de millones de dólares, euros o libras esterlinas.
El 15 de septiembre de 2008, el banco de inversión Leman Brothers pidió legalmente protección
crediticia, declarándose oficialmente en bancarrota. Mientras tanto, el banco de inversión Merrill Lynch
fue adquirido por Bank of America, a mitad de su valor real. Los candidatos presidenciales de ambos
partidos en Estados Unidos y la prensa comenzaron a catalogar la situación como pánico financiero,
crisis económica en el país y colapso.
Como consecuencia, las economías de todo el mundo se vieron afectadas por la carestía del crédito.
Los gobiernos en Islandia y Francia nacionalizaron los bancos. Los bancos centrales de Estados Unidos,
Canadá y algunas partes de Europa coordinaron un recorte sin precedentes en 1.5% de las tasas de
interés, en un esfuerzo para aliviar la crisis.
Desde entonces, las acciones han subido y bajado con noticias de distinto tipo: fracasos,
adquisiciones y rescates, lo que refleja la poca confianza de los inversionistas en el sistema bancario. Si
bien las acciones bancarias han sido golpeadas por deudas dudosas, los inversionistas minoristas se han
visto afectados, ya que la confianza de los consumidores se ha desvanecido por la caída de los precios
de la vivienda.
El dólar estadunidense sufrió un proceso constante de devaluación (o depreciación) y el déficit
comercial continuó batiendo récords. La ventaja exportadora por un dólar débil fue completamente
anulada en el intercambio comercial por el alza de los precios del petróleo, del cual Estados Unidos
importa 50%, con lo que millones de familias perdieron sus hogares, e instituciones como General
Motors, Ford, Chrysler, y muchas aerolíneas tuvieron serias dificultades. Los índices de confianza del
consumidor se situaron en sus más bajos niveles históricos (algunos datan de los años cincuenta), y se
produjo un alza del desempleo en Estados Unidos y otros países desarrollados.
Para marzo de 2009, los mercados bursátiles y de bonos repuntaron un poco. Además, parece
atenderse la presión sobre algunas firmas financieras de Estados Unidos. El FMI reportó que los
sistemas financieros de Europa, Estados Unidos y Japón registrarían entre 2007 y 2010, 4.1 billones de
dólares en pérdidas (hasta el momento, el sector bancario ha perdido un billón de dólares). Para
recuperar los niveles de capitalización anteriores a la crisis, los bancos necesitarán recaudar 875 mil
millones de dólares en un corto plazo. Incluso, el FMI propuso nacionalizar los bancos si fuese
necesario. La acumulación de activos en problemas impide una recuperación económica: se proyecta
que las pérdidas de crédito serán mayores en otros países como México. Según el FMI, los bancos
necesitarán más dinero fresco para sanear sus balances.
Desde el inicio de la crisis, las autoridades económicas han optado por diferentes soluciones: la
inyección de liquidez desde los bancos centrales; la intervención y la nacionalización de bancos; la
ampliación de la garantía de los depósitos; la creación de fondos millonarios para la compra de activos
dañados, o la garantía de la deuda bancaria. Las medidas parecían mantener la solvencia de las entidades
financieras, restablecer la confianza entre ellas, calmar las turbulencias bursátiles y tranquilizar a los
depositantes de ahorros.
Desde finales de agosto de 2007, el gobierno estadunidense anunció varias medidas para evitar las
situaciones de impago de los hogares. Un primer plan de rescate para los bancos fue presentado
oficialmente a principios de diciembre de 2007, con un doble objetivo: proteger a los hogares más
frágiles y encauzar la crisis. La principal medida destinada a limitar los impagos hipotecarios es
congelar, bajo ciertas condiciones, los tipos de interés de los préstamos de alto riesgo a tasa variable, es
decir, fijar los créditos a tasa fija. La administración Bush también anunció, a principios de 2008, un
plan presupuestario de relanzamiento de 150 mil millones de dólares, es decir, el equivalente a 1%
del PIB.
112

Buscando una solución a largo plazo, el gobierno de Estados Unidos otorgó un rescate de 700 mil
millones de dólares para comprar la mala deuda de Wall Street a cambio de una participación en los
bancos. El gobierno quería pedir préstamos en los mercados financieros mundiales y esperaba vender
los bonos malos en cuanto el mercado de la vivienda se hubiese estabilizado. Por su parte, el gobierno
del Reino Unido lanzó su propio rescate, por 400 millones de libras disponibles para ocho de los más
grandes bancos de ese territorio y empresas de vivienda, a cambio de su participación en el capital de
esas instituciones financieras.
Muchas medidas han tenido cierto toque proteccionista, según denunció la OMC: ha habido
incrementos en aranceles, nuevas medidas no arancelarias y más países han recurrido a medidas de
defensa comercial, como acciones anti-dumping. Desde principios de 2009 se ha presentado un declive
significativo en el compromiso con el libre comercio debido a la crisis económica global, indicó
la OMC. En su informe anual, este organismo señaló que el comercio global se contraería 9% este año.
Desde que comenzó la crisis, en agosto de 2007, los bancos centrales han demostrado una gran
capacidad de reacción. Además, han actuado tanto para evitar una crisis bancaria y sistémica, como para
limitar las repercusiones sobre el crecimiento. Asimismo, la Reserva Federal de Estados Unidos
flexibilizó la política monetaria inyectando liquidez y, eventualmente, actuó sobre las tasas de interés.
Los bancos se financian tradicionalmente tomando dinero prestado a corto plazo en el mercado
interbancario. Pero la crisis financiera que empezó en 2007 y que aún continúa se ha caracterizado por
una gran desconfianza mutua entre los bancos, lo que llevó a un aumento de las tasas interbancarias.
Estas últimas superaron por mucho la tasa de interés del Banco Central. Asimismo, los bancos centrales
han intervenido masivamente para inyectar liquidez, esperando reducir las tensiones del mercado
monetario y restablecer la confianza. La política monetaria se ha caracterizado también por una
extensión de la duración de los préstamos, una ampliación de las garantías y la posibilidad de obtener
refinanciación.
Además de proveer liquidez, para reducir el efecto de la crisis financiera sobre el crecimiento, la
Reserva Federal de Estados Unidos (FED), ha bajado considerablemente su tipo directriz, que ha pasado
de 6% a principios de 2007, a medio punto porcentual hacia finales de 2008. En cambio, el BCE no ha
bajado su tasa de interés.
Finalmente, los bancos centrales desempeñaron la función de Prestamista de Última Instancia
(PUI), al prestar fondos adicionales a los bancos tomando sus activos como garantía. Desde el inicio de
la crisis, en febrero de 2008, el Banco de Inglaterra tuvo que nacionalizar temporalmente el banco
hipotecario Northern Rock y, en marzo de 2008, la FED solicitó ayuda del banco de inversión Bear
Stearns.
El 23 de marzo de 2008, el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet afirmó que Europa no
necesitaba aumentar los gastos para poder combatir la crisis financiera global. En su lugar, propuso que
los gobiernos actuaran con rapidez para operar las medidas ya anunciadas.
113

TEMA 6. ADMINISTRACIÓN

Rompecabezas Krypto / CC BY 2.0


Posiblemente la más joven de las ciencias sociales sea la administración. Ésta tiene su objeto de estudio
en las organizaciones. Para que la administración lleve a cabo su encomienda se apoya en otras ciencias,
como la economía, la sociología, la psicología y la antropología, así como también en el derecho, la
biología, las matemáticas, la física y la química, por nombrar algunas. Asimismo, la administración hace
uso de técnicas y herramientas tales como las matemáticas financieras, el álgebra, la contabilidad,
la prospectiva, la auditoría, la estadística, la informática, leyes y reglamentos, indicadores
financieros y procesos para el manejo de la información, la toma de decisiones y el control de
resultados.
Debido a esta multitud de disciplinas que puede conjuntar la administración, los profesionistas de
ésta deben tener una gran capacidad para el manejo de datos (en cantidades considerables), tanto para
su obtención, análisis y síntesis como para su difusión, que les permitan tomar decisiones en beneficio,
en primera instancia de las organizaciones y sus trabajadores y, después, en beneficio colectivo y del
país. Es así que los estudiosos de la administración (como ciencia) han propuesto, desarrollado y
aceptado un proceso para llevar a cabo la función de administrar una organización, al cual se le ha
denominado Proceso Administrativo.
En las organizaciones se cuenta con un consenso de la división del trabajo hacia el interior de ellas,
que se ha denominado "áreas funcionales"; las cuales desarrollan actividades específicas que, al
relacionarse entre sí, permiten llegar a resultados orientados al objetivo y fin que la empresa tiene. Por
lo cual, para poder explicar lo que representa la administración como ciencia social, primero, será
necesario establecer un concepto de "empresa", que es el objeto de estudio de esta disciplina, para,
posteriormente, identificar las áreas funcionales que se fusionan en la empresa, a la luz del proceso
administrativo que se lleva a cabo en la propia dinámica del trabajo.

6.1 LA EMPRESA COMO UN SISTEMA


114

La Primavera, de Giuseppe Arcimboldo, 1563.


Existen diferentes modelos y explicaciones para el concepto de empresa. El más amplio y aceptado es
el que la define como un sistema, concepto desarrollado en la "teoría general de sistemas" propuesta por
Ludwig von Bertalanffy (1969) para explicar a los organismos vivos. Este acercamiento, a partir de la
biología, ha permitido estudiar a las empresas como entidades sociales desde una perspectiva científica.
En su teoría general de sistemas, Bertalanffy estableció la necesidad de estudiar tanto las partes y
los procesos aislados como la interacción dinámica de las partes que conforman una entidad, y el orden
resultante que las unifica. Esto hace que el comportamiento de las partes sea diferente si se estudian en
forma aislada o dentro de un todo. Por tanto, el concepto de sistema define a un conjunto de elementos
que interaccionan para un objetivo en común.
La teoría de sistemas se desarrolla a partir de la observación de entes biológicos; al aplicarla, desde
esta perspectiva científica, a las empresas, consideradas como entidades sociales, se ha llegado a
resultados que permiten reconocer a la empresa de la siguiente forma: como una entidad compuesta por
diferentes partes, con una interacción dinámica donde existe un orden unificador para todas sus partes;
pero sobre todo, como algo que siempre será más en conjunto que la suma de sus partes.
En consecuencia, la empresa es un sistema que tiene un objetivo específico denominado misión
organizacional, que busca satisfacer las necesidades de la sociedad por medio de los productos, bienes
o servicios que ofrece en el mercado. Para aclarar lo anterior, haremos uso de figuras que describan las
relaciones dentro de un sistema básico, hasta llegar a la organización en un sistema complejo.
De acuerdo con Bertalanffy, los organismos tienen entradas, procesos de transformación y salidas,
lo que establece un primer concepto para el sistema con base en sus interrelaciones (véase figura 1). En
la administración este modelo se retoma para explicar a la empresa, utilizando estos elementos extraídos
del sistema biológico.

La empresa también se considera un sistema social (véase figura 2, p. 396); para explicar esto se
explicitan los conceptos involucrados. El administrador deberá establecer que el sentido de la
información irá de las salidas hacia las entradas del sistema; esto es que, de manera preferente, primero
se obtendrán datos que pueden ser obtenidos del mercado con los clientes y sus necesidades, y al final
se establecerán las salidas que son los datos de los posibles proveedores de la materia prima o los
cambios de procesos, por mencionar algunos.
115

De tal forma, en la salida del sistema completo se ubica el producto que la empresa ofrece al
mercado y a sus clientes, de los cuales se identifican sus necesidades, y éstas a su vez definirán las
características del producto. Por otro lado, en el área destinada al proceso de transformación se identifica
la misión organizacional, así como aquellos procesos encargados de dar al producto las características
y atributos que son necesarios para satisfacer a los clientes.

Por último, en las entradas del proceso de transformación se identifica a los proveedores de las
materias primas necesarias para obtener el producto que se ofrece en el mercado.
Esta manera gráfica de ver la estructura de una empresa permite identificar que el verdadero
objetivo de ésta no es elaborar un producto, sino más bien satisfacer las necesidades de los clientes con
ese producto. Lo anterior debe ser entendido y compartido por todos los integrantes de la empresa, con
el fin de orientar y facilitar su trabajo, pues en muchas ocasiones no se llega a comprender este objetivo,
lo que ocasiona una baja eficiencia y una ausencia de competitividad de la empresa. Por último, es
conveniente indicar que el término organización adquiere diferentes orientaciones, como son las
instituciones, las empresas, o cualquier sistema social independientemente de su clasificación.

6.1.1 Clasificación de las empresas

En el desarrollo de la administración han existido diversas clasificaciones de las empresas que obedecen
a la necesidad de estudiarlas bajo distintas ópticas. Así, para esquemas económicos, jurídicos y fiscales
las empresas difieren en su tipología y orientación. De acuerdo con Lourdes Münch Galindo (2007), las
empresas se pueden clasificar por su actividad o giro en: industriales, comerciales y de servicios; por su
régimen jurídico en: sociedades anónimas, cooperativas, de responsabilidad limitada y de capital
variable, aunque pueden diferir dependiendo del país donde se ubique la empresa; por el origen de su
capital en: privadas y públicas, nacionales o extranjeras, y por su tamaño (de acuerdo con el volumen
de ventas, número de empleados o resultados económicos) en: micro, pequeñas, medianas y grandes
116

empresas. Determinar una clasificación de empresa depende del abordaje que se pretenda y el fin de
investigación, intervención o comparación de dicha empresa.

6.2 PROCESO ADMINISTRATIVO

Ying y Yang, arte callejero, 2014 / CC BY 3.0


En la empresa las funciones administrativas del dirigente se establecen por las acciones orientadas a
planear, organizar, dirigir y controlar todos los elementos que la integran. Cuando estas funciones se
hacen de manera lógica (secuencial), ordenada y disciplinada (sistemáticamente), entonces se dice que
se establece un círculo virtuoso al que se le denomina proceso administrativo (véase figura 3). El proceso
administrativo, al dividir y ordenar las acciones que se llevan a cabo en la empresa, permite optimizar
el trabajo que se desarrolla en ella.

En este sentido se afirma que la administración está orientada a resolver los problemas sustantivos
que enfrentan las empresas en su camino hacia el logro de la misión organizacional y la competitividad.
Los estudios acerca del proceso administrativo caracterizan diferentes etapas en él (véase cuadro 1); sin
117

embargo, las cuatro etapas básicas son: planear, organizar, dirigir y controlar, mostradas en la figura 3
(p. 397).

Para las funciones administrativas existen diversas definiciones. De modo sintético se plantean las
más utilizadas:

Planeación
Tiene como propósito el establecimiento de acciones que permitan decidir dónde se van a aplicar los
recursos tecnológicos, financieros y humanos; qué estrategias se van a llevar a cabo para que la empresa
se adapte al medio que la rodea y asegure su permanencia en el mercado; cómo se van a coordinar las
funciones para un mejor uso de los recursos. Su importancia radica en que es fundamental para cualquier
entidad social y es la base de las otras etapas. La esencia de la planeación es conducir a la empresa hacia
la superación, mediante el establecimiento de estrategias genéricas integradas en planes que darán lugar
a programas, y posteriormente a proyectos específicos que proporcionen un mayor margen de éxito.
Esta etapa permite disminuir los riesgos inherentes a la toma de decisiones en cualquier actividad
organizacional.

Organización
Es el acto de coordinar las actividades que van a realizar las personas. Lo que se busca es la máxima
eficiencia dentro de los planes y objetivos señalados en la etapa anterior. Esto se realiza por medio de
la estructuración de las relaciones que se establecen entre funciones y actividades, así como entre los
diferentes niveles de los elementos humanos y materiales de los organismos sociales, lo cual simplifica
las funciones sociales del sistema.

Dirección
En esta etapa se ponen en marcha los lineamientos que se establecieron en las etapas de planeación y
organización. Con la dirección se buscan lograr normas de conducta deseables en todos los integrantes
de la empresa, estableciendo una adecuada comunicación entre los participantes. Si la persona encargada
no cuenta con los conocimientos y habilidades necesarias para dirigir al personal, lo más seguro es que
no se llegue a los resultados esperados. Generalmente, en esta etapa se consideran como variables
sustantivas el liderazgo, la toma de decisiones, la integración de equipos, la motivación de las personas,
el establecimiento de una comunicación adecuada, así como la supervisión y superación del personal
involucrado.
118

Control
Como función del proceso administrativo, la naturaleza del control consiste en supervisar todos los
niveles de la organización mediante mecanismos que permitan evaluar el trabajo realizado de acuerdo
con la planeación, la organización y la dirección. El control tiene que ser oportuno y accesible para
reflejar las actividades y procesos involucrados. Debe aplicarse a todas las actividades y personas
encargadas de ejecutar diferentes actividades dentro de una organización. Su objetivo es detectar
desviaciones y errores en las actividades antes de que éstas prosigan para permitir, con ello, corregir el
rumbo de acuerdo con lo planeado.

6.3 LAS ÁREAS FUNCIONALES

Tarjeta de adivinanzas, de Armstrong & Co., circa 1890 / CC BY 1.0


La aplicación del proceso administrativo se lleva a cabo en cada una de las divisiones del trabajo de la
organización, a lo que también se le denomina áreas funcionales. La empresa cuenta con éstas para
desarrollar su objetivo: ofrecer un satisfactor en el mercado. Entre las características de las áreas
funcionales se encuentra su interdependencia; además, ellas tienen un valor equivalente en la empresa,
aun cuando su impacto pueda depender del giro, madurez o los compromisos que la empresa tenga.
Los estudiosos de la administración han considerado cuatro áreas funcionales sustantivas:
mercadotecnia, producción, finanzas y recursos humanos.
• Mercadotecnia: conjunto de actividades de una organización encaminadas a identificar las necesidades
y deseos de una sociedad para satisfacerlas por medio del diseño de productos y su intercambio en el
mercado objetivo.
• Producción: conjunto de actividades de la empresa que se orientan a desarrollar y controlar los
procesos de transformación de los insumos hasta que lleguen a un estado de producto satisfactor para
nuestro mercado objetivo.
119

• Finanzas: área encargada de obtener, distribuir, aplicar y controlar los recursos financieros de la
empresa para mantenerla en un estado óptimo de rentabilidad.
• Recursos humanos: área encargada de proporcionar a la empresa el personal idóneo para las diferentes
actividades a desarrollar; se hace cargo también de la administración y manejo del conocimiento
desarrollado en la misma, considerando el desarrollo del personal durante su permanencia en la empresa.

En la actualidad existen autores que consideran que la informática puede ser un área funcional pero, a
su vez, sostienen que se trata de un área de servicio, por lo cual, considerarla como funcional dependerá
de la propia estructura organizacional y la división del trabajo de cada empresa.

6.4 EL PROCESO ADMINISTRATIVO Y LAS ÁREAS FUNCIONALES

Juego de rompecabezas, Museo Nacional de Dinamarca, 2014.


Fotografía de Anne-Mette Marchen Andersen / CC BY-SA 2.5
Para una mejor explicación de la administración, su proceso administrativo y las áreas funcionales se
desarrollará un ejemplo retomando el modelo de un sistema. Supongamos que se va a iniciar una
empresa que diseña, elabora y vende vestidos para niñas de dos a seis años. Todo proceso administrativo
comienza por la planeación, como se mencionó antes.

6.4.1 Planeación
El objetivo de esta etapa es anticiparse al futuro y considerar todas las posibles acciones a desarrollar
para iniciar una empresa. Para llevar a cabo lo anterior es necesario que las áreas funcionales aporten
datos sustantivos en cuanto a la organización, para integrar y desarrollar la etapa de planeación.

La mercadotecnia y la planeación
El área de mercadotecnia deberá indicar quiénes son los clientes objetivos, también denominados
mercado objetivo; cuáles son sus características demográficas y sociales y, de manera puntual, cuáles
son sus necesidades a satisfacer. En este punto es necesario ir más allá de las necesidades que los clientes
expresan para identificar aquellas de las cuales los clientes no son conscientes.
Una vez que se cuenta con los datos anteriores será necesario diseñar el producto que se va a ofertar
en ese mercado. Este diseño deberá contemplar todas aquellas características del producto que permitan
satisfacer las necesidades de los clientes. Sólo así se podrá ofertar en el mercado un verdadero
satisfactor, porque de otra manera tan sólo tendremos un producto más en el mercado.
120

Los datos aportados por la mercadotecnia son fundamentales en la planeación de la organización


(véase figura 4), porque si éstos son acertados podremos calcular de manera precisa la capacidad de
producción con que la empresa debe contar, así como los posibles ingresos que nuestra organización va
a recabar. En relación con el ejemplo propuesto, el número de vestidos que se van a vender se multiplica
por el precio en que se está ofertando, lo cual nos proporciona la cantidad de posibles ingresos a obtener.

En empresas que ya se encuentran en el mercado, el área de mercadotecnia es la responsable de


proporcionar los datos acerca de los cambios en los gustos de los clientes y en las características de la
competencia existente, con el fin de mantener a la empresa en un entorno agresivo y darle la posibilidad
de crecer en el medio que la rodea.

La producción y la planeación
El área de producción es responsable de la transformación y el diseño de los insumos que le darán al
producto las características previamente definidas por el área de mercadotecnia para satisfacer las
necesidades del mercado meta. Deberá aportar datos acerca de posibles proveedores, de sustitutos de las
materias primas, del equipo necesario para el proceso de transformación y sus operarios, así como de
los servicios de energía, telefonía y agua que puedan requerirse. Estos datos (véase figura 5, p. 402)
deberán ir acompañados de sus posibles costos para poder calcular el monto total del proceso de
producción, y del correspondiente al de la distribución y venta del producto, incluyendo los recursos
121

humanos necesarios para estas actividades. En caso de que la empresa ya se encuentre en el mercado, el
área de producción es responsable de optimizar los procesos de transformación para hacer más eficiente
la organización.

Las finanzas y la planeación


El área de finanzas está encargada de identificar los posibles resultados económicos de la organización
de acuerdo con la siguiente ecuación:

En este sentido, el área económico-financiera hace uso de la información que la contabilidad (como
herramienta) proporciona al administrador al identificar y clasificar los costos en fijos y variables. Esto,
con el fin de saber cuál es la cantidad mínima de producto que es necesario vender para salir sin pérdidas
122

o ganancias, es decir, lo necesario para cubrir los costos de producción, o como comúnmente se dice
"a tablas".
Por costo fijo debe entenderse aquella erogación que la organización debe llevar a cabo, sin
considerar si elaboró o no sus productos. Dentro del costo fijo se contempla la depreciación del equipo
y el sueldo de los operarios que se debe pagar, se produzca o no. Por el contrario, los costos variables
se refieren a aquellos en los que incurre la empresa al momento de producir; dentro de estos costos
variables están la materia prima y la energía, entre otras.
Con los datos contables y las proyecciones financieras podemos saber si es necesario solicitar
préstamos (financiamiento) para llevar a cabo la organización como se ha planeado, y de acuerdo con
la ecuación contable básica:
Activos = Pasivos + Capital
Baste un ejemplo para entender esta ecuación. Supongamos que deseamos comprar un automóvil
que cuesta $100 000, pero tan sólo contamos con $60 000; por lo tanto, si deseamos comprar el
automóvil deberemos buscar un financiamiento de $40 000, ya sea con la familia o con el banco. Si se
consigue el préstamo, para este ejemplo despejamos la ecuación contable original como sigue:
Activo = Pasivo + Capital
(Automóvil) = (deuda) + (con lo que se cuenta)
$100 000 = $40 000 + $60 000
Para el ejemplo de la empresa de vestidos este razonamiento es el mismo. Sin embargo, es
necesario saber el "costo extra" que tendrá el préstamo, sobre todo si el dinero faltante lo presta un
banco, pues esta operación generará otro pasivo que hay que considerar en las proyecciones financieras
para saber cuándo, en función de sus posibles ingresos, la empresa pagará todos sus pasivos. Lo anterior
debe proporcionar la suficiente información económico-financiera como para tomar la decisión de
iniciar o no la empresa. En otras palabras, nos permite visualizar la rentabilidad de la empresa.

Los recursos humanos y la planeación


Sin duda alguna, en cualquier organización el factor más importante es el humano, porque son las
personas las que llevan a cabo los procesos de transformación; son las que dan la atención al cliente y
determinan sus necesidades; además, son los mismos trabajadores los que desarrollan los procesos de
transformación, así como sus mejoras. Es por ello que en el proceso administrativo, y específicamente
en la etapa de planeación, es fundamental la propuesta que hace el área de recursos humanos acerca del
tipo de personas necesarias para el cumplimiento de la misión de la empresa.
En el ejemplo de la empresa de vestidos, el área de recursos humanos deberá indicar los
conocimientos, habilidades y experiencia deseables tanto para el diseñador como para las personas que
cortarán y coserán los vestidos, así como las características de quienes harán los arreglos finales, las que
transportarán y venderán los vestidos. Además, esta área deberá dar la información acerca de cómo se
podrá atraer, seleccionar, contratar, inducir y capacitar al personal idóneo y afín a los objetivos de la
organización.
6.4.2 Organización
La organización es la segunda etapa del proceso administrativo, en donde la interrelación con las áreas
funcionales deberá ser igual de estrecha que en la planeación. En esta etapa la dirección de la
información y las actividades se orienta a los objetivos de la organización.
123

De manera sucinta, en la etapa de la organización se estructuran los procesos de transformación de


acuerdo con el diseño del producto que se determinó en la etapa de la planeación. Estos procesos de
transformación se dividen en actividades que detallan al máximo el trabajo a realizar e indican quién ha
de desempeñarlo; se definen así las características, habilidades y conocimientos del personal
responsable del proceso, además de asignarle su correspondiente nivel de autoridad y responsabilidad.
La coordinación de esta relación —existente entre funciones, niveles y actividades de los elementos
materiales y humanos— permitirá una mejor organización y asignación del factor económico para el
desempeño financiero de la empresa.

6.4.3 Dirección
La etapa de dirección del proceso administrativo está orientada a la conducción del recurso humano para
llegar a los resultados propuestos en la planeación. Se deberán conjugar las necesidades de los
trabajadores —que se proyectan en sus motivaciones—, y las necesidades de la organización —que se
miden en el cumplimiento de objetivos y la obtención de utilidades—. El dirigente deberá
responsabilizarse del cumplimiento de ambas demandas. Por su parte, las áreas funcionales
proporcionan los datos acerca del perfil requerido para el personal, tanto directivo como operativo, de
las responsabilidades a las que tendrán que hacer frente, y de los sueldos y salarios que hay que pagarles.

6.4.4 Control
En esta última etapa del proceso administrativo se comparan los resultados obtenidos con los esperados.
De acuerdo con la evaluación de estos datos se definen las acciones necesarias para asegurar los
resultados o en su defecto corregir el rumbo.
Por esta razón, las áreas funcionales deben proporcionar los datos originales para los diferentes
procesos involucrados, por ejemplo: el técnico (insumos, energía, normatividad, etc.), el de
transformación (procesos, actividades clave, desperdicio, productos obtenidos, etc.), los referentes al
factor humano (sueldos, salarios, rotación, perfiles de contratación, promociones, capacitación, etc.) y
la parte económico-financiera (costos, gastos, utilidades, impuestos por pagar, retorno de la inversión,
financiamiento, etc.). Todos estos datos de la organización deberán considerarse con unidades de medida
comprensibles y de utilidad para el administrador de la empresa y para la toma de decisiones.
El control se establece desde el inicio de los procesos, ya que el producto final es la suma de éstos
y no se puede controlar la organización considerando solamente la terminación de los procesos. Por otra
parte, el aseguramiento del producto se establece por un control de los procesos importantes definidos
por las necesidades de los clientes, no por las necesidades técnicas o administrativas de la propia
empresa. Esta etapa del proceso administrativo es responsable directa de la permanencia y crecimiento
de la empresa por un cumplimiento de los requisitos que impone su mercado objetivo.
El proceso administrativo y su relación con las áreas funcionales es interactivo, esto quiere decir
que al finalizar la cuarta etapa se volverá a la primera para comenzar un nuevo ciclo. El maestro José
Antonio Fernández Arenas considera que la primera etapa —la planeación— es la actividad sustantiva
de la administración, ya que a partir de ésta se desarrolla todo el ciclo. Con este sustento, los
administradores la han considerado como la etapa donde se define el destino de la empresa, por lo que
ahora al proceso se le denomina planeación estratégica y es desarrollado por los cuadros directivos de
las empresas.

6.5 LA PLANEACIÓN ESTRATÉGICA Y LA ADMINISTRACIÓN


124

Rompecabezas de tema náutico


, compañía Wentworth Wooden, 2007.
Cuando al proceso de planeación en las empresas se le da un enfoque metodológico se le denomina
planeación estratégica, en la que se busca:

1. Establecer un sistema de objetivos coherentes, pero con diferentes prioridades.


2. Determinar los medios necesarios para llevar a cabo lo propuesto en los objetivos
planteados.
3. Asegurar el logro del objetivo.
En esta etapa se les denomina estrategias a las propuestas de acciones genéricas para lograr los objetivos
planteados, y es responsabilidad de la dirección o alta gerencia de la empresa diseñar, aplicar y controlar
dichas estrategias. Lo anterior está íntimamente ligado al estilo directivo con el que se lleva a cabo.
En el proceso de planeación estratégica se debe considerar, además del presente, pasado y futuro
de la empresa, una integración de sus análisis para establecer una propuesta integral. La planeación a
partir del estudio de las condiciones presentes de la empresa requiere de un diagnóstico de sus
condiciones internas para establecer las fortalezas y debilidades que presenta; además, debe analizarse
el entorno de la empresa para visualizar las oportunidades y amenazas a las que se enfrenta. Es así que,
al confrontar las cuatro variables que se alcanzan en este análisis (fortalezas, debilidades, oportunidades
y amenazas) se obtienen los posibles cursos de acción a seguir, denominados estrategias. A esta
metodología se la conoce como matriz FODA, acrónimo de las cuatro variables: fortalezas,
oportunidades, debilidades y amenazas (véase figura 6, p. 407).
Por otro lado, la planeación estratégica de la empresa a partir del estudio de sus condiciones pasadas
debe, en principio, definir las variables mediante las cuales se hará el estudio; por ejemplo, se puede
estudiar el comportamiento histórico de las ventas, de los ingresos o del desperdicio generado. Una vez
que se obtienen los datos necesarios, con éstos se hace una proyección que indique la tendencia que la
empresa tiene en esa variable. Esta proyección permite pronosticar cuál será la situación de la empresa
en el futuro, y a partir de ese dato se proponen las estrategias a desarrollar (véase figura 7, p. 407).
125

Una herramienta que esta disciplina —considerada como ciencia— desarrolló de manera reciente
es la prospectiva, que se refiere al estudio del futuro por el futuro mismo. Actualmente representa la
principal herramienta que tienen los administradores de las organizaciones sociales para desarrollar una
planeación estratégica, ya que permite considerar futuros alternos para la empresa dentro de un marco
social de referencia. Lo anterior conduce a la selección de uno de ellos para representar el futuro deseado
de la empresa; asimismo, deberá considerarse la visión de la organización que, comparada con el futuro
inercial definido en la proyección, establece una brecha o diferencial entre lo que se puede tener y lo
126

que se desea tener, también conocida como la brecha entre el ser y el deber ser. Este diferencial es la
base para proponer estrategias, pues éstas deberán encaminarse a disminuir o desaparecer ese
diferencial, logrando así llegar al futuro deseado o visión empresarial (véase figura 8, p. 408).
A menudo el desarrollo de las estrategias se confunde con el proceso de planeación tradicional; sin
embargo, la diferencia estriba en que mientras las estrategias son caminos genéricos para llegar a los
objetivos, la planeación refiere a la creación de las condiciones suficientes y necesarias para que se
lleven a cabo las estrategias. El proceso de la planeación es mecánico, estático y lineal; por el contrario,
el establecimiento de estrategias es dinámico, creativo, intuitivo y no lineal. La esencia de cualquier
estrategia empresarial siempre estará acotada por el diferencial que los clientes perciben en el valor de
nuestros productos con respecto a los de la competencia.
127

Hecho en México, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Esta página puede ser
reproducida con fines no lucrativos, siempre que no se mutile, y se citen la fuente completa y su
dirección electrónica. De otra forma requiere permiso previo por escrito de la institución.

6.6 LA ADMINISTRACIÓN COMO CIENCIA SOCIAL

Ilustración para el poema de Mihai Eminescu Emperador y proletario, de Ioan Alexandru


Brătescu-Voinești, 1941.
De acuerdo con diferentes autores, las características que llevan a considerar a la administración como
una ciencia son las que se enuncian a continuación. En primer lugar, es universal, porque en todo
organismo o sistema social existirá una coordinación recurrente de todos sus elementos o medios.
Luego, es específica debido a que cada sistema es particular y la administración del mismo también
deberá contar con características específicas a su misión, visión, valores, estrategias y sobre todo a su
entorno. En tercer lugar, es temporal, porque se lleva a cabo en tiempo y forma, únicos para cada sistema
social. Por último, la administración como ciencia es una unidad jerárquica, pues todos los organismos
sociales al igual que los biológicos cuentan con una unidad de mando que se traduce en una estructura
jerárquica para la toma de decisiones con autoridad y responsabilidades específicas a dicha estructura.
Después de este recorrido por los aspectos prácticos de la administración, se anotan algunas líneas
sobre lo expuesto por dos autores nacionales en torno a la administración como ciencia social. Entre los
más destacados se encuentra el maestro Isaac Guzmán Valdivia, quien considera que la administración
es una ciencia porque es el conocimiento de las relaciones constantes que guardan entre sí los fenómenos
de la experiencia en las organizaciones. Por otro lado, señala que la administración es una ciencia
práctica, ya que en ella el conocimiento se establece, no con la finalidad especulativa de saber por saber,
sino con el propósito de encauzar o dirigir la actuación del hombre. Asimismo, el maestro Guzmán
propone que se la considere como una ciencia social normativa de la dirección de los grupos humanos.
Por su parte, el maestro José Antonio Fernández Arena considera que la administración es una ciencia
social que persigue la satisfacción de objetivos institucionales por medio de una estructura y mediante
el esfuerzo coordinado.

6.7 TENDENCIAS EN LA ADMINISTRACIÓN


128

Diseño de Ying Yang / Licencia Arte Libre


Al considerarla como una ciencia inmersa en una gran dinámica evolutiva, siempre serán importantes
las nuevas tendencias de la misma. Por esta razón, se enuncian algunas de las más significativas de
acuerdo con algunos autores extranjeros y nacionales reconocidos.
Warren Bennis (2009) considera que en el futuro las empresas necesitarán de un liderazgo soñador
pragmático, con una visión original, pero alcanzable. Este autor piensa que las grandes empresas no
existen sin los grandes líderes, que tienen que inventarse un liderazgo que se acomode al grupo y actuar
de manera decidida, pero nunca de manera arbitraria. Bennis establece cuatro competencias para los
nuevos líderes: apreciación (deberán ser más entrenadores que creadores), constancia (para dar
propósito y significado a lo que hacen), generación de confianza (como factor de integración de las
personas con la empresa) y establecimiento de alianzas estratégicas con los miembros de su equipo (en
las empresas que crean la estructura social del respeto y la dignidad, los grandes equipos hacen a los
grandes líderes).
Arie de Geus (2002) plantea que las empresas son organizaciones vivientes y que, por lo tanto, los
directivos de las mismas deberán aprender a tratarlas como entidades sociales, es decir, como una
comunidad de seres humanos que aprenda a relacionarse con el entorno de la misma y no desde el punto
de vista tradicional de la administración. Esta propuesta se ha convertido en una corriente administrativa
denominada Gestión del Conocimiento. Por otra parte, considera que la esencia de tal aprendizaje es la
adaptación, lo que lo lleva a afirmar que el capital de la empresa del futuro está representado en ese
aprendizaje. Por lo tanto, las empresas ricas en intelecto se convertirán en los motores del progreso y
del crecimiento económico de la sociedad. Asimismo, destaca que dirigir una empresa para crear
conocimiento es totalmente distinto a la dirección de empresas para la producción física, pues aquéllas
demandan líderes capaces de crear espacio y libertad en su organización.
Para Peter Drucker (2008), la administración moderna tendrá cuatro grandes cambios. En primer
lugar, se terminará con la ortodoxia en el principio de la administración como una forma de organizar y
dirigir personas; la organización no es algo por sí misma, es sólo una herramienta. El segundo cambio
se relaciona con un nuevo acercamiento a las tecnologías de la información, en donde la parte sustantiva
ya no será la tecnología sino la información, lo cual implica una revolución en el concepto. El tercer
cambio consiste en que las empresas acepten que un entorno turbulento es la normalidad y no la
excepción. Por último, el cuarto cambio se refiere a los mercados. Drucker señala que las áreas de
crecimiento serán aquellas que no están ligadas al mundo empresarial, como las profesiones liberales,
la salud o la educación. Lo anterior representará una oportunidad para los administradores, porque desde
su perspectiva en la actualidad estas áreas carecen de una administración adecuada.
Hamel y Breen (2007) abogan por las innovaciones radicales en las empresas; consideran
necesario que los directivos desarrollen un pensamiento no lineal para crear la novedad. Establecen que
la planeación y las formulaciones estratégicas son cosas muy diferentes. La estrategia busca descubrir e
inventar, lo que la convierte en elemento de subversión, y al estratega en un revolucionario de las
empresas. También afirman que el pensamiento estratégico tiene cuatro condicionantes. En primer
129

lugar, la inclusión de nuevos actores en el proceso de la formulación estratégica; luego, el


establecimiento necesario de nuevas perspectivas; en tercer lugar, la creación del futuro de la empresa,
y, por último, la necesidad de tener pasión por el acto creativo. En las empresas la mejora incremental
y continua es una necesidad, pero no garantiza la ventaja competitiva requerida. Esto sólo lo hará la
innovación, de ahí la importancia de los estrategas.
Charles Handy señala que la empresa, como concepto clásico, ya no volverá a ser la misma en el
futuro, pues las organizaciones tienden a ser federales. Afirma que en las empresas federales existe un
centro, pero no sedes centrales. El centro no dirige o manda, sino que coordina y opera sobre la base de
la subsidiariedad, esto quiere decir que las decisiones y su responsabilidad deben venir desde la base de
la organización. En este tipo de organizaciones la gente acuerda estrategias y propósitos. Este autor
considera que, actualmente, la diferencia entre los más ricos y los más pobres se hace mayor, por lo que
la sociedad demanda una solución. Asimismo, observa que es en este sentido que las empresas se están
moviendo hacia un equilibrio más complejo entre el beneficio, la preocupación por el medio ambiente
y su responsabilidad social, porque éstas serán las variables restrictivas de la nueva sociedad.
Alejandro E. Lerma Kirchner plantea que la administración del futuro habrá de utilizar la
herramienta tecnológica que la inteligencia, el conocimiento y la creatividad generen, de forma cada
vez más acelerada. Así también, piensa que la administración como elemento unificador del esfuerzo
individual con propósitos colectivos se verá impactada y, a su vez, impactará las condiciones sociales.
Prevé que la administración tenga mayor énfasis en el desarrollo sustentable con responsabilidad
ecológica, salud y equidad, y que sea consciente de que el trabajador no sólo es un recurso para la
producción, sino que debe ser el fin del esfuerzo colectivo dirigido hacia la generación de riqueza en un
marco de bien común. Señala, como efectos previsibles en los elementos del proceso administrativo,
que:

1. En la planeación habrá mayores y más potentes herramientas computacionales, que en


forma "amigable" faciliten la tarea de rediseñar el futuro; asimismo, la planeación contará con
nuevos modelos y esquemas estándares, eficientes y sencillos de operar, no obstante que
tecnológicamente y en contenido serán complejos.
2. En la organización se habrá de diseñar esquemas más flexibles y adaptables de la
estructura, contenido funcional y tipos de interrelación hacia las áreas funcionales, y hacia las
relaciones con los clientes, proveedores, autoridades gubernamentales y otras organizaciones.
Se deberá contar con una extensa información global y en línea que facilite el contacto con
proveedores de recursos tecnológicos, financieros y humanos, para obtener ventajas en costo,
servicio y disponibilidad que implique una oferta variada, ampliada e inmediata.
3. En la dirección es previsible el desarrollo de esquemas más flexibles y autoajustables, que
las organizaciones puedan operar con mayor eficiencia para adaptarse a las circunstancias
cambiantes que deberán enfrentar; además, las empresas contarán con mayores y más poderosos
instrumentos tecnológicos computacionales, de comunicación y de automatización para la
supervisión y orientación al trabajo de los subordinados.
4. En cuanto al control, éste se verá agilizado mediante procesos y equipos amigables y
eficientes, capaces de registrar el avance y analizar diferencias con respecto a lo planeado, con
la funcionalidad para sugerir medidas correctivas, dotando al administrador de mayores
elementos para la toma de decisiones
Laura Fischer (2003) considera que un cambio significativo en la administración será una orientación
integral donde finanzas, operaciones y recursos humanos estén enfocados en la mercadotecnia, la cual
será el eje principal que mueva toda la administración en la organización.
130

Señala que la búsqueda de la satisfacción de las necesidades, deseos y expectativas de los


consumidores hará que la investigación cualitativa de mercados sea una práctica cotidiana para el
conocimiento más profundo sobre los aspectos emocionales y motivacionales que mueven a las personas
a realizar sus compras. Las estrategias de mercado serán más específicas, lo que provocará cambios en
los enfoques, con nichos más especializados que configuren una mercadotecnia personalizada, con
desarrollo de mercados diferentes a los existentes, donde no exista competencia alguna.
De acuerdo con Fischer de la Vega, las micro y pequeñas empresas seguirán jugando un papel
importante en el futuro, porque son las que rápidamente pueden adaptarse al cambio y hacer una
administración más directa y dirigida. También se verán cambios en la administración de las categorías
de productos, no como atributos físicos sino como satisfactores. En las estrategias de comunicación se
utilizarán cada vez más las redes sociales y la comunicación por internet. La aplicación de la tecnología
en todas y cada una de las estrategias de mercado, así como la orientación en la responsabilidad social
y desarrollo sustentable son los principales cambios y retos que tendrá la administración en el futuro.
Los autores, procesos y consensos que se han expuesto presentan una panorámica de por qué la
administración es considerada una ciencia social joven, que aún se encuentra desarrollando los métodos
y herramientas propias a su trabajo cotidiano y a los objetivos planteados en el mismo. Por ejemplo, una
de las características que ha de perfeccionar en un futuro es el establecimiento de un lenguaje común
que le permita crecer en cuanto a propuestas aplicables sin restricciones geográficas.
Si bien es cierto que la administración nace de la necesidad de explicar el fenómeno social
denominado empresa, su objeto de estudio ha ido evolucionado de tal manera que en la actualidad
también estudia los grupos sociales y sus relaciones dentro del trabajo. Asimismo, se encarga del manejo
de intangibles, como el conocimiento, y de aquellos elementos, como la mejora continua y la
innovación, que permiten a la empresa permanecer en un mercado cuya relación con el entorno es tan
dinámica que se la cataloga como turbulenta; incluso, llega a considerar las relaciones con la sociedad
y la necesidad de respetar el medio ambiente en el que se desarrolla. Todo lo anterior convierte a la
administración en una disciplina compleja que, debido a su universalidad, para continuar estudiando y
ampliando sus conceptos requiere del apoyo imprescindible de otras ciencias y técnicas.

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