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Casación sobre propiedad y posesión en Cali

La Corte Suprema de Justicia Sala Civil - Colombia, no casa el recurso de declarar que es de su propiedad el predio por posesión

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Casación sobre propiedad y posesión en Cali

La Corte Suprema de Justicia Sala Civil - Colombia, no casa el recurso de declarar que es de su propiedad el predio por posesión

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LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA

Magistrado ponente

SC1716-2018
Radicación n.º 76001-31-03-012-2008-00404-01
(Aprobado en sesión de veintiuno de noviembre de dos mil diecisiete)

Bogotá D. C., veintitrés (23) de mayo de dos mil


dieciocho (2018)

Se decide el recurso de casación interpuesto por la


demandada Nubi Ersi Jaramillo Bedón contra la sentencia
proferida el 13 de febrero de 2015 por la Sala Civil del
Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali, en el proceso
ordinario instaurado por Lilia Patricia Jaramillo Bedón
frente a la recurrente, quien formuló reconvención.

1. ANTECEDENTES

1.1. La demanda inicial

1.1.1. El petitum. La actora solicitó el 28 de julio de


2008, declarar que es de su propiedad el predio ubicado en
la carrera 82 #5-61, Urbanización Mayapan, III Etapa, de
Cali, Valle, con matrícula inmobiliaria #370-70348; y
condenar a la accionada a restituírselo.
Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

1.1.2. Causa petendi. Enseguida se compendia:

a) Por compra a Pinsky y Asociados Limitada, adquirió


el dominio del predio por escritura 1214 de 31 de marzo de
1980 de la Notaría Cuarta de Cali, inscrita en la Oficina de
Registro de Instrumentos Públicos y es su actual dueña.

b) Está desprovista de su posesión, porque, de mala fe,


desde hace siete años la ostenta la contendiente, a quien
«(…) le permitió ocupar el inmueble por un tiempo, destruyendo el
primer piso», entre otras cosas.

1.1.3. Contestación y oposición. La convocada se


opuso a las súplicas. Alegó no constarle algunos hechos,
aclaró que el bien nunca ha sido poseído por la accionante
y negó los restantes. Propuso la excepción de «prescripción
extintiva de la acción reivindicatoria».

1.2. Demanda de reconvención.

1.2.1. Petitum. Nubi Ersi Jaramillo Bedón reconvino


para obtener la declaración de pertenencia a su favor, por
haber adquirido el inmueble, por prescripción
extraordinaria.

1.2.2. Causa petendi de la contrademanda. Dijo


ejercer posesión sobre la cosa, con ánimo de señora y
dueña, en forma pacífica, pública e ininterrumpida a partir
de marzo de 1980; desde entonces, ha ejecutado actos de

2
Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

disposición, la ha ocupado con su familia, mejorado


constantemente y explotado, ha pagado servicios públicos e
impuestos desde 1981 y ha hecho obras que dan derecho al
dominio1.

1.2.3. Réplica a la reconvención. Lilia Patricia


Jaramillo Bedón se opuso. De los hechos, solo admitió que
el predio objeto de usucapión es el mismo pretendido en
reivindicación; negó los restantes. Alegó que su hermana es
tenedora por virtud de un comodato verbal. Las obras,
mejoras y pagos de impuestos se realizaron con dineros
suyos remitidos desde el exterior.

1.3. Fallo de primer grado. El 21 de abril de 2014


negó la reivindicación y accedió a la pertenencia. Según el
a-quo, la razón estaba de lado de Nubi Ersi Jaramillo
Bedón, la poseedora, no de Lilia Patricia Jaramillo Bedón, la
propietaria teórica, pues los únicos testigos que refirieron
los hechos alegados por ésta última, Alfonso Mosquera
Bedón y Eva Antonia Jaramillo de Mateus, incurrieron en
contradicciones respecto de la procedencia de los dineros
aplicados a las mejoras.

En cambio, las demás pruebas acopiadas descubrían


que la posesión ejercitada por Nubi Ersi Jaramillo Bedón, a
partir de 1980, era propia, no en nombre de su hermana
Lilia Patricia Jaramillo Bedón, cual lo declararon Yaneth
Banguera Arredondo y Mery Izquierdo Miranda, entre otros.

1 Folios 10-11 del cuaderno 2 del expediente .

3
Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

1.4.1. Por virtud de la apelación, el 13 de febrero de


2015 el ad quem lo revocó al encontrar demostrada la
posesión y, en su lugar: (i) desestimó la excepción de
«prescripción extintiva de la acción reivindicatoria», (ii) negó
las súplicas de la reconvención, (iii) accedió a la
reivindicación, (iv) condenó a la demandada a restituir el
predio.

1.4. El fallo de segundo grado. El Tribunal revocó la


anterior decisión. En su lugar, negó la prescripción
adquisitiva y acogió la acción de dominio.

Para el ad-quem, era “tema pacífico” la titularidad del


dominio del predio controvertido en cabeza de Lilia Patricia
Jaramillo Bedón, así como la posesión material de Nubi Ersi
Jaramillo Bedón, en tanto, todo se reducía a establecer
“desde cuándo ha mutado la tenencia en posesión”.

Esto, porque los distintos testimonios recaudados


dieron a entender que la demandante en reivindicación no
solo había permitido a su hermana “vivir con su familia
gratuitamente (comodato)” en la casa, sino autorizado para
realizar las mejoras, en beneficio de sus moradores.

De ahí, cuando la dueña del inmueble fue repelida,


“Antonio Casella, esposo de Nubia Ersi Jaramillo Bedón, al
pedirle [a] Alfonso Mosquera Bedón, solucionar pacíficamente

4
Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

el problema, Casella le haya respondido que le den ciento


veinte millones de pesos y que se iba”.

La interversión del título de tenencia en posesión, por


tanto, ocurrió en el 2008, época en que Lilia Patricia
Jaramillo Bedón, al ingresar con sus propias llaves al
predio, luego de regresar del exterior, fue rechazada por los
ocupantes, quienes procedieron a cambiar la chapa. Y en
esta línea analítica remató, «(…) la posesión (…) únicamente vino a
(…) ocurr[ir] en enero de 2008, cuando Lilia Patricia fue repelida por (…)
[Nubia Ersi y] su esposo y cambiada la chapa de la entrada, (…)
[porque] doce o quince años antes como dicen los testigos (…) la
demandada (…) a ciencia y paciencia de la demandante (…) constru[yó]
la segunda planta (…), alentada por Lilia Patricia tal y como la misma
Nubia Ersi lo declara»2.

En ese orden, el Tribunal concluyó en el éxito de la


reivindicación, porque el término de la posesión enfrentada
era insuficiente para adquirir el dominio por el modo de la
prescripción extraordinaria.

1.5. El recurso de casación. Se interpuso por la


interpelada contrademandante y al sustentarlo formuló dos
cargos, sin réplica de la otra parte. Se apoyó en el numeral
primero del artículo 368 del Código de Procedimiento Civil.

La Corte los resolverá en el orden propuesto.

2 Folio 16 del cuaderno del tribunal.

5
Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

2. CARGO PRIMERO

2.1. Denuncia la sentencia de violar, de manera


indirecta, los artículos 762, por falta de aplicación, 946 y
950 del Código Civil, por aplicación indebida, como
consecuencia de error de derecho al momento de apreciarse
las pruebas constitutivas del título de dominio blandido.

Sostiene que con base en la copia de la escritura 1214


de 31 de marzo de 1980, de la Notaría Tercera de Cali, por
la cual Pinski y Asociados Limitada le vendió a la
demandante el predio involucrado, el Tribunal dijo que ésta
era la propietaria del mismo.

Ese documento, dice la recurrente, es una copia


simple. Al dar por acreditado ese presupuesto de la acción
de dominio con un escrito carente de autenticidad, el ad
quem transgredió los artículos 254 y 265 del Código de
Procedimiento Civil, «(…) al valorar, más allá del mérito legal, las
copias simples (…), pues les dio un valor (…) que la misma ley les
niega. (…) [T]ratándose de la transferencia de dominio (…), debió
aportarse la copia autenticada (…) y (…) la constancia que da cuenta
de que dicho instrumento (…) fue inscrito en el registro inmobiliario
(…)»3, por cuanto este último solo, no es suficiente para el

efecto.

2.2. Solicita casar la sentencia y confirmar la del


juzgado.

3 Folio 15 de este cuaderno.

6
Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

CONSIDERACIONES

2.3. En la contestación de la demanda inicial, la


interpelada no hizo reparo alguno al documento en
cuestión. Por el contrario, ninguna duda le abrigó sobre la
titularidad del dominio en cabeza de la demandante, su
hermana, precisamente, como presupuesto para oponerle el
tiempo de posesión material suficiente para prescribir, en
apoyo de lo cual, igualmente, al formular la
contrademanda, allegó el respectivo certificado de tradición.

2.4. La Corte, es cierto en el marco del C. de P. C., ha


sostenido que las copias simples de documentos no tienen
ningún valor probatorio, a menos que hayan cumplido los
requisitos exigidos por el artículo 254 ejúsdem.

Esto es, “autorizados por notario, director de oficina


administrativa o de policía, o secretario de oficina judicial,
previa orden del juez, donde se encuentre el original o una
copia autenticada”; o “autenticadas por notario, previo cotejo
con el original o la copia autenticada que se le presente”; o
“compulsadas del original o de copia autenticada en el curso
de inspección judicial, salvo que la ley disponga otra cosa”.

Sin embargo, se precisa, en la hora de ahora, la


directriz jurisprudencial debe entenderse en un marco
donde no exista certeza sobre la procedencia o el contenido
del documento de que se trate, pero no cuando la conducta

7
Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

procesal de los sujetos en contienda, tratándose de copias


informales de documentos públicos, cejan la incertidumbre.

Con mayor razón, cuando respecto de los “documentos


privados manuscritos, firmados o elaborados por las partes,
presentados en original o en copia para ser incorporados a
un expediente judicial con fines probatorios”, el artículo 11
de la Ley 1395 de 2010, mediante el cual se modificó el
inciso 4º del artículo 252 del Código de Procedimiento Civil,
establece que “se presumirán auténticos, sin necesidad de
presentación personal ni autenticación”.

Las formalidades dichas, por lo tanto, resultan


esenciales, respecto de copias simples, frente a la duda
acerca del autor o del contenido del documento, sea público
o privado, y dejan de serlo en caso contrario. En el sustrato,
entonces, al tenor del artículo 252, inciso 1º del Código de
Procedimiento Civil, lo importante es que el documento sea
auténtico, cual ocurre “cuando existe certeza sobre la
persona que lo ha elaborado, manuscrito o firmado”.

2.5. En ese orden de ideas, en el caso, el error de


derecho probatorio denunciado, es inexistente, porque si
para el Tribunal era “tema pacífico” todo lo asociado con el
título y el modo del dominio, la conclusión, esto es, la
calidad de auténticos de los documentos, la encontró en los
mismos hechos manifestados en el expediente.

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Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

2.5.1. El cargo formulado, desde luego, contradice, in


radice, la conducta desplegada por la demandada en
reconvención, pues aceptó el valor probatorio de la escritura
en copias simples cuando contestó la demanda, refrendado
así “el animus domini” de la actora.

En efecto, en la audiencia del artículo 101 del Código


de Procedimiento Civil (fls. 52-53) se cumplió sin que la
demandada hiciera observación a la forma mediante la cual
estaba revestida la prueba en cuestión. En el auto donde
abrió a pruebas el proceso el a quo admitió «(…) como prueba
los documentos aportados con la demanda, para ser valorados en su
debida oportunidad»4; decisión frente a la cual la oponente

guardó hermético silencio, nada objetó sobre el particular.

En el fallo el juez del conocimiento apuntó: El «(…)


certificado de tradición del folio de matrícula inmobiliaria No 370-70348
de la Oficina de Registro de Instrumentos Públicos de Cali, la escritura
(…) 1214 del día 31 de marzo de 1980 otorgada en la Notaría Cuarta
(…) de Cali y el certificado del avalúo catastral (…) señalan, sin lugar a
duda, que ha sido (…) Lilia Patricia Jaramillo Bedón la titular del
derecho de dominio del citado inmueble y por ende, está legitimada
para demandar la reivindicación del mismo y a ello debería accederse
si la demandada (…) no se hubiera opuesto a tal pretensión (…)»5.

La decisión de primer grado sentenció declarando la


pertenencia, no por la ausencia de la prueba del derecho de
dominio, sino por la prosperidad de la declaración de

4 Folios 54 a 57 del cuaderno1 del expediente .


5 Folio 121 del cuaderno 1 del expediente.

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Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

prescripción adquisitiva. Finalmente en los alegatos de que


trata el artículo 360 ibídem, tampoco controvirtió la calidad
jurídica de la prueba en cuestión.

2.5.2. La escritura pública de la compraventa


inmobiliaria es la expresión del título y el certificado de su
inscripción es paso demostrativo de la tradición, como modo.
Este se aportó, además, por la misma recurrente,
publicitando así la inscripción de la escritura tachada de
inauténtica, exhibiendo en él la cadena traditiva en los
términos de ley, sin objeción desde su postura procesal.

Es más, por auto de 6 de agosto de 2006 se ordenó


allegarlo actualizado cuando se inadmitió la demanda inicial.
El extremo actor cumplió la orden, procediendo a admitirse el
libelo el 22 de agosto siguiente; luego deviene verdadero,
genuino, cierto, fidedigno y legítimo que el respectivo título se
registró, concurriendo la causa y la consecuencia, el título y
el modo en cabeza de la reivindicante, todo esto corroborado
cuando la misma contrademandante, ahora recurrente, se
repite, lo aportó con su pretensión prescriptiva para acreditar
la titularidad de derechos reales.

2.5.3. El artículo 26 de la Ley 794 de 2003, luego el


artículo 11 de la Ley 1395 de 2010 y finalmente el artículo
244 del Código General del Proceso, progresivamente han
zanjado la cuestión, pues con fundamento en el artículo 83
de la Constitución Política, se impone el asentamiento
paulatino, pero vigoroso, con venero en la buena fe como

10
Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

principio rector de las actuaciones judiciales en pro del


derecho sustancial y de la desmitificación del rigor procesal,
otorgar igual valor probatorio a las pruebas documentales
en copias simples u originales, para no incurrir en yerro
probatorio o en defecto procedimental.

La tendencia dicha se erige en medio e instrumento


para proteger los derechos, principios y valores
constitucionales, así como para no confundir el carácter de
auténtico del respectivo documento, con el efecto o el valor
demostrativo que de esa autenticidad del medio se deriva.

Por esto, esta Corte, en un caso, un tanto análogo al


presente, en relación con la nota de registro en el
instrumento público, mutatis mutandis, en lo pertinente,
adoctrinó, reiterando una doctrina en punta de la centuria:

“Y así resulta, porque si bien el dominio es asunto a cuya


demostración debe concurrir tanto el título de adquisición como
la prueba de que fue inscrito en el registro competente, esto es,
la escritura pública y la nota de registro, tesis que a propósito
es la expuesta por la Corte en la sentencia a que alude el
impugnador, ello no traduce desde ningún punto de vista, como
lo pretende hacer ver el impugnador, que la dicha constancia
deba aparecer indefectiblemente en el título, desde luego que
una carencia de tenor semejante jamás podría conducir a
sostener que la tradición no haya operado, si es que, de otra
parte, como lo ha puntualizado también esta Corporación, "hay
evidencia de que de ella ya se tomó nota en el registro
inmobiliario, y así aparece en el documento idóneo para ello
como es el certificado del Registrador de Instrumentos Públicos"
(G.J. t. CCXXXVII, sent. de 2 de octubre de 1995, exp. 4493,
pág. 937).

En otra oportunidad dijo al caso la Corte:

11
Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

"Es evidente que la copia escrituraria mencionada no ostenta la


respectiva diligencia donde conste su inscripción en la Oficina
de Registro, pero la parte actora trajo a los autos en su
oportunidad el certificado expedido por el Registrador del
Circuito respectivo donde se deja clara constancia de que la
escritura hipotecaria (...) fue inscrita en aquella oficina (...). Y
esta Corte, en su sentencia de casación de 31 de marzo de
1919 previó ya este caso cuando dijo: 'Si bien el artículo 2669
del Código Civil previene que la nota de registro se ponga al pie
del título, de ahí no se sigue que encaso de omitirse por
cualquier causa esta formalidad, esté vedado obtener en otra
ocasión y por otro camino el certificado del Registrador. Como
acto de tradición lo esencial es el registro, y como prueba el
testimonio oficial y escrito del Registrador'" (LVI, p. 142).

“Entonces, si, como aquí, ninguna de las escrituras arrimadas


al proceso cuenta con la anotación en el registro, pero, en todo
caso, tanto la 1427 de 30 de abril de 1990 corrida en (…) , en
virtud de la cual el demandante adquirió el dominio del bien
reivindicado, como la otra, la 2068 de 3 de diciembre de 1986,
por la que su tradente lo hubo a su vez (…) figuran cabalmente
inscritas, cual en últimas lo acepta el impugnador, el ataque
carece de asidero”6.

2.6. El error de derecho denunciado, en consecuencia,


resulta infundado.

3. CARGO SEGUNDO

Acusa el fallo de infringir, por vía indirecta, los


artículos 769, 2518 del Código Civil, por falta de aplicación;
775 y 946 del mismo estatuto, por aplicación indebida,
como consecuencia de errores de hecho probatorios.

3.3.1. Según la recurrente, el fallador atribuyó plena


6 CSJ. Casación Civil. Sentencia 229 de 15 de septiembre de 2005, expediente
19078.

12
Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

credibilidad a lo testificado por Eva Antonia Jaramillo de


Mateus y Alfonso Mosquera Bedón, hermanos de las partes;
pero «(…) su argumentación [la hizo] con abstracción de lo (…)
demostrado [por ellos] (…)»7, pues concluyó que la demandada

poseyó solo a partir de finales de enero de 2008, cuando


repelió a la promotora; y que entre aquélla, como
comodataria, y ésta, como comodante, existió un contrato
de comodato, pese a no haber prueba que así lo establezca,
porque esos deponentes no refieren la existencia de un
pacto de la apuntada especie. Solo relatan «(…) hechos que a
ellos, en su intimidad y de forma personalísima, les consta (…) pero (…)
[su] dicho [no] se presta para (…) [inferir] la calidad de tenedora de
Nubia Ersi (…)»8. Como no podía deducir posesión solo desde

2008, el juez de segundo grado erró al ver «(…) los testimonios


(…) [de] Jaramillo de Mateus y Mosquera Bedón» 9.

3.3.2. No vio (i) «(…) los demás testimonios o la documental» 10,


indicativos de que la accionada entró en posesión en 1980
para solucionar su vivienda y la de su familia, donde plantó
mejoras, de las cuales la actora era sabedora; (ii) ni que ésta
confesó, en el hecho quinto de la demanda y en la
subsanación, «(…) que Nubia (…) entró en posesión “desde hace siete
años” (…)» y que «(…) entró en posesión desde 1998 (…) [al pretender]

“(…) frutos (…) desde (…) 12 años (septiembre de 1998)”11.

3.3.3. Ignoró «(…) todos los medios de prueba (…)»

7 Folio 21 de este cuaderno.


8 Folio 22 de este cuaderno.
9 Folio 23 de este cuaderno.
10 Folio 22 de este cuaderno.
11 Folio 23 de este cuaderno.

13
Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

indicativos «(…) de la posesión ejercida por Nubia (…), la fecha en que


dicha situación (…) inició y la publicidad, pacificidad y continuidad de
la misma (…) que se extraen de la declaración de (…) Nubia (…) en
donde manifiesta que entró en posesión desde abril de 1980, que fue
su hermana, la demandante (…), la que le entregó las llaves (…)»12.

Concluyó lo contrario de lo declarado «(…) por Víctor Raúl


Sánchez Valderuten quien manifestó que la construcción (…) atribuible
a Nubia (…) se inició (…) hace doce años (…) [lo] que coincide con el
dicho de Martha Alcira Rengifo quien ubica (…) la iniciación de la
construcción (…) del segundo piso en la misma época»13.

3.4. CONSIDERACIONES

3.4.1. Más allá de la controversia entre dos de los


juristas más célebres del siglo XIX, frente a la posesión; dos
tendencias se han contrapuesto para definir los problemas
de subsunción normativa en los hechos, especialmente, en
relación al elemento inmaterial, el ánimus. En efecto, la
doctrina jurídica decimonónica ha destacado dos escuelas:
la subjetiva y objetiva.

En un extremo, Friedrich Karl Von Savigny (1779 y


1861), fundador de la Escuela Histórica alemana, en cuyas
obras principales, Gescichte des römischen Rechts im
Mittelalter (Historia del derecho romano en la Edad
Media (1815-1831), System des heutigen römischen Rechts
(Sistema del derecho romano actual), y en otras, apostó
claramente por la teoría subjetivista de la posesión, según
la cual sin animus domini no hay posesión, pues sólo

12 Folio 24 de este cuaderno.


13 Folio 24 de este cuaderno.

14
Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

existiría un mero tenedor sin la concurrencia de los


elementos intelectivos. Además de mediar una relación
consciente de la persona con la cosa, es necesario que esta
tenga la intención de poseerla como dueña y señora,
atribuyéndole a la voluntad del sujeto, el elemento
fundamental para que se configure la posesión.

En el otro polo, ulteriormente, Rudolph Von Ihering


(1818-1892), defensor del derecho como un producto social,
la posesión se defiende desde la Teoría objetiva, en cuanto
“(…) todo derecho en el mundo debió ser adquirido por la
lucha (…)”14, de modo que en forma preeminente, es un
poder de hecho, es ejercicio de la tenencia material de la
cosa, como exteriorización del elemento posesorio para
satisfacer una necesidad o un interés. Esta es, la tesis
vertida en La teoría de la posesión15, para disidir con vigor
de Savigny, y rectificar a la Escuela histórica, separándose,
también de Kant.

Para el maestro de la dogmática pandectista, basta con


la existencia de una relación material de la persona con la
cosa, salvo en el caso de que la ley le atribuya el carácter de
mera tenencia16. En su concepción, el elemento

14
IHERING, Rudolph Von. La lucha por el derecho. Traduc. de Adolfo Posada,
edición especial. Buenos Aires, Heliasta, 1974, p. 8.
15 IHERING, Rudolph Von. Teoría de la posesión. Traduc. de Adolfo Posada, 2da.

edición. Madrid: Reus, 2004, 224 p.


16 Ihering, sintetiza en una fórmula matemática ambas controversias. Así, efectúa la

siguiente notación algebraica: posesión X, tenencia Y, ánimus A, corpus C, para


designar los elementos comunes de una y otra teoría; y, particularmente, & para
representar el elemento adicional propuesto por la teoría subjetiva para que la
simple tenencia se convierta en posesión, y N para simbolizar la disposición de la
ley que, según la teoría jurídica, niega a la relación jurídica el carácter de posesión y
la convierte en mera tenencia. De este modo, la fórmula para la teoría subjetiva

15
Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

determinante de la posesión, es el corpus, como


manifestación exterior de la voluntad.

No obstante, esta Corte, con apoyo en el Código Civil


napoleónico, desde sus inicios a hoy, se ha superpuesto
coherentemente para despuntar esa vieja, pero, siempre
actual polémica, conjugando, como requisitos concurrentes
para edificar la posesión, como fuente para la adquisición
del derecho de dominio, la fusión intrínseca del elemento
subjetivo, el ánimus, con el elemento externo, el corpus.

La presencia de estos elementos, en quien se predica


poseedor con ánimo de señor y dueño, es precisamente, el
elemento que ideológicamente diferencia esta institución de
los diferentes títulos de tenencia que se asientan en el
sistema jurídico, como el arrendamiento, el comodato, la
anticresis y la retención, entre otros.

El elemento subjetivo en la relación posesoria implica


la convicción o ánimo de señor y dueño de ser propietario
del bien, desconociendo dominio ajeno; el siguiente, el
corpus, –elemento externo– conlleva ocupar la cosa, lo que
se traduce en su explotación económica. Estos dos
específicos requisitos, en particular el inicial, cuya base
sustancial la constituye el artículo 762 del Código Civil, a
cuyo tenor «[l]a posesión es la tenencia de una cosa determinada con
ánimo de señor o dueño», son los que diferencian el instituto en

sería: X= A+&+C; Y= A+C, y, en el caso, de la teoría objetiva: X= A+C; Y= A+C-N.


TRUJILLO, Juan. Lecciones de Derecho Romano comparado con la legislación civil y
procesal colombiana. Bogotá: Imprenta de la Luz, 1938, p. 127.

16
Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

cuestión, de la mera tenencia, o sea, «(…) la que se ejerce sobre


una cosa, no como dueño, sino en lugar o a nombre del dueño (…)»,

como el «(…) acreedor prendario, el secuestre, el usufructuario, el


usuario, el que tiene derecho de habitación (….)», calidad que «(…) se
aplica generalmente a todo el que tiene una cosa reconociendo dominio
ajeno», según las voces del artículo 775 ibídem, pues
mientras en ésta solo externamente se está en relación con
la cosa, en la posesión a ese vínculo material es menester
añadir la voluntad de comportarse ante propios y extraños
como dueño. Es decir, la distinción entre la una y la otra
gira en el ánimo o conducta reclamada en cada situación.

A este respecto la Sala tiene dicho:

«(…) es evidente que el Código Civil “destaca y relieva en la


posesión no solo la relación de hecho de la persona con la cosa,
sino un elemento intelectual o sicológico. Así, mediante el artículo
762 establece que ‘la posesión es la tenencia de una cosa
determinada con ánimo de señor y dueño’, con lo cual reclama
para su tipificación la concurrencia de dos elementos con
fisonomía propia e independiente: el corpus, o sea el elemento
material u objetivo; y el animus, elemento intencional o subjetivo.
… Según la teoría subjetiva o clásica, que fue la acogida en el
punto por los redactores de nuestro estatuto civil, de los dos
elementos que la integran es el animus el característico y
relevante de la posesión y por tanto el que tiene la virtud de
trocar en posesión la mera tenencia. Para que ésta exista es
bastante la detentación material; aquélla, en cambio, exige no
sólo la tenencia sino el ánimo de tener para sí la cosa” (G. J., t.
CLXVI, pag. 50)» 17.

El Tribunal, precisamente, hasta el 2007, halló en la

demandada principal y reconviniente, hechos configurantes

de un comodato.
17 CSJ SC. Sentencia SC #064 de 21 de junio de 2007, Radicación #7892.

17
Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

Según la disposición 2200 del Código Civil, el


comodato o préstamo de uso es “(…) un contrato en que la
una de las partes entrega a la otra gratuitamente una
especie mueble, o raíz para que haga uso de ella, y con cargo
de restituir la misma especie después de terminado el uso”.
Agrega el precepto, “Este contrato no se perfecciona sino por
la tradición de la cosa”.

Entre las características esenciales (art. 1501 C.C.)


que, según la norma pretranscrita, delimitan la institución,
y la identifican como una relación jurídica de tenencia, se
hallan las de corresponder a un negocio real, porque no se
perfecciona sino por virtud de la entrega (no tanto la
tradición, en sentido técnico)18 de la cosa sobre la cual
versa (arts. 1500 y 2200 C.C), carácter que se explica por
cuanto la obligación fundamental, consiste en la restitución
de la cosa por parte del comodatario al comodante; es,
asimismo, una convención sustancialmente gratuita o de
beneficencia (arts. 1497 y 2200 C.C.), cuyo objeto es la
utilidad de una de las partes, el prestatario o comodatario;
se trata de un acto jurídico de naturaleza unilateral, en
principio, porque sólo genera una obligación que grava a
uno de los contratantes, esto es, la obligación de restituir la
cosa, radicada en cabeza del comodatario; es un contrato

18Los autores, colombianos y chilenos por igual, coinciden en que la voz “tradición”,
empleada en el segundo párrafo del artículo 2200 del Código Civil -cuya redacción
es sustancialmente idéntica a la traída en el 2174 del Código chileno- se halla
impropiamente utilizada. Cfr. entre nosotros: VÉLEZ, Fernando. Estudio Sobre el
Derecho Civil Colombiano. Tomo VIII. Pág. 202; SALAMANCA, Hernán. Derecho Civil.
Curso IV. Contratos. 1970. Págs. 272-273; VALENCIA ZEA, Arturo. Derecho Civil.
Tomo IV. De los Contratos. 1980. Pág. 352. En Chile, véase: ALESSANDRI
RODRIGUEZ, Arturo/SOMARRIVA UNDURRUGA, Manuel. Derecho Civil. Tomo IV.
Fuentes de las Obligaciones. 1942. Págs. 571-572.

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principal, en la medida que “no requiere de algún otro para


nacer a la vida jurídica”19; y, finalmente, es convenio
nominado y típico, pues tiene enunciación y regulación
legal20.

Del mismo modo, la regla 2201 ejúsdem puntualiza la


conservación del derecho de dominio en cabeza del
commodator (prestante), puesto que únicamente se despoja
de su ejercicio en lo relacionado con los fines del
commodatum, cuando señala: “El comodante conserva sobre la
cosa prestada todos los derechos que antes tenía, pero no su ejercicio,
en cuanto fuere incompatible con el uso concedido al comodatario”. Por

esencia no transmite el derecho de dominio, por tal razón


una de las obligaciones principales del comodatario es
restituir la cosa a la expiración por causa legal,
convencional o en caso de necesidad del comandante, sin
soslayar, que la restitución, es una auténtica obligación de
resultados. De tal manera que mientras persista esa
relación de benevolencia, será siempre el comodatario un
mero tenedor, obligado a restituir la cosa en las
circunstancias anotadas. Si el contrato es gratuito en su
esencialidad, no oneroso; no puede mutarse en el interregno
de su existencia y vigencia, en perjuicio del comodante la
relación de tenencia en posesión material a favor del
comodatario, en contra del benovelente, desbordando el
régimen propio del comodato y de la equidad.

19 CSJ. SC. Sentencia del 4 de agosto de 2008.


20 La explicación de los elementos esenciales del contrato de comodato, que hoy se
reitera, previsto en los artículos 2200 y siguientes del Código Civil, han sido ya
abordados en la sentencia de casación del 4 de agosto de 2008.

19
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Fluye de las disposiciones contenidas en la norma en


cita, sustancialmente idénticas a las consignadas en los
artículos 2176 del Código chileno y, con ligeras variaciones,
en los cánones 1877 del Code francés y 1741 del Código
Civil de España, que por la celebración del aludido negocio
no hay ni puede existir, en línea de principio y salvo
contadas excepciones, desplazamiento de la propiedad, ni
de la posesión, en el sentido auténtico de la palabra, de tal
manera, que el comodatario no deviene más que tenedor y,
a su turno, es el comodante quien conserva la posesión, que
ejercita por intermedio del comodatario (art. 786 C.C.).

La razón de ello es elemental: la calidad de


comodatario, apareja un título –como enseña el genial
Nicasio Anzola21- el reconocimiento del derecho de otro,
quien posee, no sibi (para sí), sino allí (para otros o para
aquél), en y para el comodante, mientras persista esa
relación o no la interverse abierta y activamente, superando
los actos de mera tolerancia. Por consiguiente, jamás podrá
prescribir la cosa recibida en préstamo, porque no se
cumple la premisa, animus rem sibi habendi.

Tal es la conclusión a la que han llegado, desde hace


décadas, los comentaristas22 y, más recientemente aunque
con alguna vaguedad, la jurisprudencia patria23.

21 ANZOLA, Nicasio. Lecciones Elementales de Derecho Civil. Curso Tercero. De los


Contratos. 1918. Pág. 279
22 Entre otros, consúltese, en su orden cronológico: VÉLEZ, Fernando. Estudio

Sobre el Derecho Civil Colombiano. Tomo VIII. Pág. 204; ANZOLA, Nicasio. Lecciones
Elementales de Derecho Civil. Curso Tercero. De los Contratos. 1918. Pág. 279;
SALAMANCA, Hernán. Derecho Civil. Curso IV. Contratos. 1970. Págs. 272-273;
VALENCIA ZEA, Arturo. Derecho Civil. Tomo IV. De los Contratos. 1980. Pág. 352.
23 CSJ. SC. Sentencias del 4 de agosto de 2008 y del 20 de abril de 2016.

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Igual tendencia se observa entre los más acreditados


autores franceses, entre los que se cuentan: Frédéric
Mourlon, Ambroise Colin, Henri Capitant, Louis Josserand
y León Julliot De La Morándiere24, así como la propia Cour
de Cassation25; también en España26 y Chile27.

3.4.2. En la anterior dirección conceptual, el juzgador,


fundado en «(…) todos los testigos (…)»28, dio por establecido que
la contendiente y su familia ocupaban el predio desde 1980,
cuando la accionante lo compró; pero advirtió que para
hablar de posesión era menester acreditar que aquélla lo
detentara con ánimo de señora y dueña.

Para establecer esta última situación –el ánimus–, se


valió de lo testificado por Eva Antonia Jaramillo de Mateus
y Alfonso Mosquera Bedón, hermanos de las partes, porque,
como el proceso envolvía «(…) un lío familiar (…)», ellos, más que
nadie, eran los indicados para explicar cómo se
desenvolvían las relaciones de la demandante con la
convocada, hermanas entre sí. A partir de tales «(…)

24 Cfr. MOURLON, Frédéric M. Répétitions Écrites sur le Code Civil. Tomo III. 1883.
Págs. 422-423; COLIN, Ambroise/CAPITANT, Henri. Cours Elementaire de Droit Civil
Francais. Tomo II. 1924; JOSSERAND, Louis. Derecho Civil. Tomo II. Vol. II.
Contratos. Traducción de Santiago Chunchillos y Manterola. 1951. Pág. 266; DE LA
MORANDIÈRE, León Julliot. Droit Civil. Tome III. 1967. Pág. 185.
25 Sentencia del 5 de julio de 1960.
26 Véase, en doctrina: FERRANDIS VILELLA, José. En la obra: ENNECERUS,

Ludwig. Derecho de Obligaciones. Tomo II. Pág. 404; y BASOZABAL ARRUE, Xavier.
Comentarios al Contrato de Comodato. En: DOMINGUEZ LUELMO, Andrés.
Comentarios al Código Civil. 2010. Pág. 1885. En jurisprudencia: Sentencias del
Tribunal Supremo, Sala de lo Civil, de 24 de abril de 1983 y 30 de junio de 1953.
27 ALESSANDRI RODRIGUEZ, Arturo/SOMARRIVA UNDURRUGA, Manuel. Derecho

Civil. Tomo IV. Fuentes de las Obligaciones. 1942. Págs. 571-572. La Corte Suprema
chilena ha seguido, hasta la fecha, idéntico orientamiento: Cfr. Sentencia del 19 de
diciembre de 2012.
28 Folio 16 del cuaderno del tribunal.

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Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

testimonios (…)»29 vio que para las partes el predio era de

aquélla, y que fue ella, quien le permitió a ésta no solo vivir


allí «(…) con su familia gratuitamente (…)», lo cual constituía, sin
duda, un comodato, en los términos del artículo 2200 del
Código Civil; sino también mejorarlo para que lo
aprovecharan. Tanto así que al interrogársele si le exigió a
su demandante el traspaso del bien, la demandada contestó
que ella le decía que cuando volviera arreglaban y, que
cuándo le contaba de los arreglos que había hecho a la casa,
Lilia Patricia la alentaba diciéndole que era muy bueno lo
que hacía.

Y aunque «(…) algunos testigos (…)» vieron a la oponente


pagar impuestos, lo cierto es que Eva Antonia Jaramillo de
Mateus y Alfonso Mosquera Bedón, hermanos de las partes,
declararon que la gestora era quien le «(…) giraba dinero (…)
para esos menesteres (…) [y] para otros emprendimientos de Nubia Ersi
y sus hijos (…)», lo cual indica que Lilia Patricia beneficiaba a

«(…) sus hermanos y sobrinos (…), pero bajo la (…) conciencia (…)» de

que el predio seguía siendo suyo. Y así fue hasta enero de


2008 cuando la opositora y «(…) su esposo Antonio Casella (…)» la
repelieron abiertamente, «(…) momento en el cual ocurrió la
interversión del título de tenedora a poseedora (…)», porque en

esa ocasión, cuando volvió de Estados Unidos de América,


la promotora «(…) llegó a su casa (…)[,] entró con sus propias llaves
(…)», y solo después «(…) fue cambiada la chapa»30.

29 Folio 16 del cuaderno del tribunal.


30 Folio 16 del cuaderno del tribunal.

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Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

Por ello, Eva Antonia declaró que el culpable de los


hechos había sido Antonio Casella, pues la accionada «(…)
jamás se había portado mal con su hermana Lilia porque ella la quería
mucho lo mismo que a sus hijos (sobrinos de Lilia) a quienes los había
ayudado»31. De ese modo, cuando repelieron a la actora, al

pedirle a Alfonso Mosquera Bedón que solucionara en forma


pacífica el problema, «(…) Antonio Casella, esposo de Nubia Ersi (…)
le (…) [respondió que si les daba] ciento veinte millones de pesos (…) se
iba (…)»32.

Por lo anterior, insistió, la posesión ocurrió


únicamente en enero de 2008, cuando la accionante fue
repelida por la contendiente y su esposo y cambiada la
chapa de la entrada al predio, ya que «(…) doce o quince años
antes (…)», como lo dijeron los testigos, «(…) la demandada (…) a

ciencia y paciencia de la demandante (…)» construyó el segundo

piso, «(…) alentada por Lilia Patricia (…)»33, como la misma Nubia
Ersi lo declaró.

3.4.3. Si el comodato o préstamo de uso, a voces del


artículo 2200 del Código Civil, «(…) es un contrato en que una de
las partes entrega a la otra gratuitamente una especie mueble o raíz,
para que haga uso de ella y con cargo de restituir la misma especie
después de terminar el uso», si la prueba en la cual se apoyó, o

sea, lo declarado por Eva Antonia Jaramillo de Mateus,


Alfonso Mosquera Bedón, hermanos de las partes, y la
propia convocada, en sana lógica, permiten asegurar que la

31 Folio 16 del cuaderno del tribunal.


32 Folio 16 del cuaderno del tribunal.
33 Folio 16 del cuaderno del tribunal.

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convocante, actuando como su benefactora, entregó a


aquélla, gratuitamente, el inmueble de que tratan los autos,
para que con su familia lo usaran, con cargo de restituirlo, el
sentenciador no pudo cometer yerro fáctico, con las
características de manifiesto y trascendente, al asegurar,
afincado en tales elementos de juicio, que desde 1980,
cuando la demandante lo compró, hasta enero de 2008,
cuando ésta fue repudiada, la demandada ocupó la cosa
como mera tenedora, por virtud del contrato de comodato
que a partir de los hechos así establecidos consideró
configurado (art. 2200, C. C.), y que solo en esta última
fecha fue que ella mutó esa condición por la de poseedora,
cuando cambió las guardas, impidiendo así el ingreso de la
gestora.

Desde luego, hechos como pagar los impuestos de la


cosa con recursos girados por la promotora a la oponente,
levantar por ésta mejoras con la aquiescencia de aquélla,
aspirar y tener la convicción de que la propietaria se las
reconocería, condicionar la devolución de la misma al pago
de una determinada suma de dinero y tener la dueña llaves
que le permitían el acceso directo al predio, sin permiso ni
consentimiento de nadie, demuestran, irrefragablemente,
reconocimiento de dominio ajeno. La opositora siempre
admitió, por lo menos, hasta enero de 2008, que la actora
era la dueña de la heredad y solo esperaba, en últimas, el
reconocimiento y pago, por parte de ella, de las mejoras allí
levantadas; y todo ello desvirtuó, a la par, el ánimus, de
diciembre de 2007 hacia atrás, requerido en acciones

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Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

judiciales como las involucradas en este pleito, cual


presupuesto sine qua non de la posesión, tanto en la
reivindicación como en la declaración de pertenencia.

Al punto la Corte tiene dicho:

«(…) [La] posesión no se configura jurídicamente con los simples


actos materiales o mera tenencia que percibieron los declarantes
como hecho externo o corpus aprehensible por los sentidos sino
que requiere esencialmente la intención de ser dueño, animus
domini –o de hacerse dueño, animus rem sibi habendi–,
elemento intrínseco que escapa a la percepción de los sentidos.
Claro está que ese elemento interno o acto volitivo, intencional, se
puede presumir ante la existencia de los hechos externos que son
su indicio, mientras no aparezcan otros que demuestren lo
contrario (…)»34.

3.4.4. La recurrente acusa al Tribunal de argumentar


«(…) con abstracción de lo (…) demostrado (…)»35 por los testigos Eva

Antonia Jaramillo de Mateus y Alfonso Mosquera Bedón y


de dar por probado un comodato, pese a no haber prueba
de ello, porque éstos no lo refirieron.

Empero, no confronta36 la materialidad que brota de


tales declaraciones con lo que de ellas extrajo el fallo. Solo a
partir del respectivo paralelo era posible establecer si el
dislate atribuido se consumó o no. Insuficientemente afirma
la imposibilidad de inferir de tales versiones «(…) la calidad de
tenedora de Nubia Ersi (…)»37; no obstante, sin probar, ni poner

en descubierto, la contraevidencia o el yerro mayúsculo

34 CSJ SC. Sentencia SC G. J., t. LXXXIII, páginas 775 y 776.


35 Folio 21 de este cuaderno.
36 CSJ SC. Sentencia SC #112 de 21 de octubre de 2003, Radicación #7486.
37 Folio 22 de este cuaderno.

25
Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

cometido por el sentenciador. Hacerlo implicaba, ya se dijo,


contrastar la objetividad de lo depuesto por los declarantes
con lo sustanciado a su alrededor por el ad quem, y de tal
carga la censura no se ocupó.

La recurrente se distancia de la verdad al atribuirle al


tribunal sustraerse de ver «(…) los demás testimonios o la
documental»38, pues él, contrariamente, fundado en «(…) todos

los testigos (…)»39 estableció que la accionada y su familia

ocupaban el predio desde 1980, cuando la accionante lo


compró. Incluso tuvo en cuenta que «(…) algunos testigos (…)» la
vieron pagar impuestos, solo que al mismo tiempo encontró
que Eva Antonia Jaramillo de Mateus y Alfonso Mosquera
Bedón, hermanos de las partes, precisaron que tales pagos
los hacía con dineros que la actora le giraba.

Para la casacionista «(…) los demás testimonios o la


documental»40 y «(…) todos los medios de prueba (…)»41, no vistos por

el Fallador, indicaban que la contendiente entró en posesión


en 1980; pero en ello, no solo omite identificar42 esas
declaraciones y documentos, al punto de que a ciencia
cierta no se sabe cuáles son o a cuáles quiso referirse.
Mucho menos emprendió el laborío para efectuar el
parangón43 entre el contenido de ellos con lo motivado en la
sentencia. Tampoco, expuso los desaciertos, por los cuales
38 Folio 22 de este cuaderno.
39 Folio 16 del cuaderno del tribunal.
40 Folio 22 de este cuaderno.
41 Folio 24 de este cuaderno.
42 CSJ SC. Sentencias SC G. J. t. CCXLVI, Volumen I, página 270; CCXLIX, II,

1338; de 20 de octubre de 2005, Radicación #7749 y #325 de 13 de diciembre de


2005, Radicación #42709-02; entre otros pronunciamientos.
43 CSJ SC. Sentencia SC #112 de 21 de octubre de 2003, Radicación #7486.

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el ad quem, prefirió lo relatado por Eva Antonia Jaramillo de


Mateus y Alfonso Mosquera Bedón, frente a lo que
expresaron los demás testimonios y documentos.

Por ejemplo, con referencia al elemento ánimus, el


Tribunal puso de presente cómo para «(…) que un declarante
común y corriente (…) [que vive] (…) en una casa y hace arreglos, sin
que haya visto pedir permiso a nadie, es natural que crea que quien [la]
ocupa (…) es el dueño, si no conoce la existencia de un contrato con (…)
el propietario, (…) [si] no ha visto que nadie le reclame, le cobre renta o
[le] entregue dinero al ocupante para que [la] mantenga o remodele
(…)»44; y esta motivación, que permite comprender porqué él

prefirió las versiones de Jaramillo de Mateus y Mosquera


Bedón, no fueron combatidas, dando lugar a un inocultable
ataque incompleto45. Entendió el ad quem que por tratarse,
el aludido ánimus, de un elemento sicológico, puramente
subjetivo, nadie mejor que los propios parientes de las
partes para declarar y entender la manera cómo se gestó la
relación jurídica que de la heredad se dio entre éstas; pero
este razonamiento, itérase, tampoco es acusado46.

No es cierto que en el hecho quinto de la demanda y


en la subsanación la convocante haya confesado posesión
de la accionada desde 1998, como al margen de la realidad
se sostiene en el cargo. Lo allí expresado por aquélla fue, en
concreto, lo siguiente: «5° (…) Lilia Patricia Jaramillo Bedón, se
encuentra privada de la posesión (…), puesto que (…) la tiene en la

44 Folio 16 del cuaderno del tribunal.


45 CSJ SC, Sentencias SC-041 de 8 de septiembre de 1999, Radicación #5210 y SC-
357 de 16 de diciembre de 2005, Radicación #19997-2016-01.
46 CSJ SC, Sentencias SC-041 de 8 de septiembre de 1999, Radicación #5210 y SC-

357 de 16 de diciembre de 2005, Radicación #19997-2016-01.

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Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

actualidad (…) Nubia Ersi Jaramillo Bedón (…) desde hace siete años
(…)» (fl. 17). «(…) Los frutos que se pretenden [son desde]
aproximadamente 12 años (septiembre de 1998)» (fl. 28).

Ahora bien, la circunstancia de que hubiera aducido


una «(…) posesión (…) desde hace siete años (…)» o pedido «(…) frutos
(…) desde aproximadamente 12 años (septiembre de 1998)», y que

ello no lo hubiere apreciado el juez de segundo grado con


mérito hacia la pertenencia o hacia la excepción planteada
contra la acción de dominio, no constituye un yerro fáctico,
manifiesto y transcendente, como se exige en casación, por
cuanto ese lapso de tiempo (siete o doce años, al 28 de julio
de 2008 cuando se promovió la acción47), en todo caso era
insuficiente para impedir la reivindicación a la cual en
últimas accedió el juzgador, por cuanto a la sazón el
término para ganar las cosas ajenas por el modo de la
prescripción extraordinaria era de veinte años, de acuerdo
con el artículo 2531 del Código Civil, pues a esa fecha aún
no se había completado el nuevo plazo establecido por el
artículo 5° de la Ley 791 de 2002, que lo reformó.

Por lo demás, el hecho de que Víctor Raúl Sánchez


Valderuten manifestase «(…) que la construcción (…) atribuible a
Nubia (…) se inició (…) hace doce años (…)»48, y que ello coincidiese

con lo declarado por Martha Alcira Rengifo, quien, al decir


de la censura, ubicó «(…) la iniciación de la construcción (…) del
segundo piso en la misma época»49, es circunstancia que por sí

47 Folio 23 del cuaderno 1 del expediente.


48 Folio 24 de este cuaderno.
49 Folio 24 de este cuaderno.

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sola no evidencia “ánimus”, en los términos ampliamente


explicados en esta providencia, muy lejos está de constituir
posesión, y menos, por algún tiempo anterior a enero de
2008.

Cual se dijo líneas atrás, la posesión no se gesta con


los solos actos materiales o con la mera tenencia percibida
por los testigos –corpus–, como hecho externo aprehensible
por los sentidos; para ello se requiere, en esencia, la
intención de ser dueño o de hacerse dueño, el animus, que,
como elemento intrínseco, escapa a la percepción de los
sentidos50.

El elemento sicológico se puede presumir ante la


existencia de los hechos externos que son su indicio,
mientras no aparezcan otros que demuestren lo contrario 51;
pero, en el subjúdice, obran medios de convicción
destructores de tal presunción. Así lo patentiza no solo lo
declarado por Eva Antonia Jaramillo de Mateus y Alfonso
Mosquera Bedón, cual se explicó. También la propia
convocada, en el cargo admite, la característica de la
relación jurídica existente con la reivindicante; por una
parte, “(…), la fecha en que (…) inició y la publicidad, pacificidad y
continuidad de la misma (…)», y, por el otro, «(…) que fue su

hermana, la demandante (…), la que le entregó las llaves (…)»52,

en claro reconocimiento del dominio ajeno, destruyendo su


hálito de posesión (negrillas de la Sala).

50 CSJ SC. Sentencia SC G. J., t. LXXXIII, páginas 775 y 776.


51 CSJ SC. Sentencia SC G. J., t. LXXXIII, páginas 775 y 776.
52 Folio 24 de este cuaderno.

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Radicación n° 76001-31-03-012-2008-00404-01

3.4.5. El cargo no prospera.

4. DECISIÓN

En armonía con lo expuesto, la Corte Suprema de


Justicia, en Sala de Casación Civil, administrando justicia
en nombre de la República y por autoridad de la ley, NO
CASA la sentencia de 13 de febrero de 2015, pronunciada
por la Sala Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial
de Cali, dentro del proceso ordinario identificado en esta
providencia.

Condénase a la parte recurrente a pagar las costas


causadas en el recurso extraordinario; se fijan como
agencias en derecho la suma de seis millones de pesos
($6’000.000).

Cópiese, notifíquese y devuélvase

(Ausencia justificada)
LUIS ALONSO RICO PUERTA
Presidente de Sala

MARGARITA CABELLO BLANCO

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ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO

AROLDO WILSON QUIROZ MONSALVO

ARIEL SALAZAR RAMÍREZ

OCTAVIO AUGUSTO TEJEIRO DUQUE

LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA

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