AÑO DE LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCION Y LA IMPUNIDAD
UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN ANTONIO ABAD DEL CUSCO
Tema. Nutrición Escolar
Docente. Adelma Velásquez Jara
Alumna. Marleni Lima Nina
Código. 160813
Semestre y grupo. IA
Año
2019
Introducción:
Existe una relación directa entre los hábitos alimentarios adquiridos en la
infancia y el riesgo de desarrollar enfermedad a lo largo de la vida. La relación
de los hábitos alimentarios con la salud y la enfermedad ha preocupado al
hombre desde los orígenes de las primeras sociedades y culturas. Hasta el siglo
pasado, la mayoría de enfermedades relacionadas con la alimentación se debían
a la deficiencia de algún nutriente; en los últimos años, el interés se ha
desplazado hacia las enfermedades crónicas (enfermedad cardiovascular,
diabetes, cáncer), pero también hacia las enfermedades relacionadas con un
exceso de grasa, fundamentalmente la obesidad .El ser humano no necesita
ningún alimento determinado para mantener su salud, sino solamente energía y
Alimentación del niño preescolar, escolar y del adolescente .No existe ninguna
duda sobre la importancia que la alimentación en los primeros años de vida,
junto al establecimiento de hábitos de vida saludables, tienen en la posibilidad de
prevenir el desarrollo de enfermedades a lo largo de la vida, en especial, la
enfermedad cardiovascular, la diabetes, la obesidad o el cáncer. Además, los
hábitos alimentarios se establecen en esos primeros años y permanecen en el
tiempo. Para adecuar la ingesta de energía y nutrientes a las necesidades de
cada niño, es preciso conocer las características fisiológicas y del desarrollo en
cada etapa, y tener en cuenta, además, las diferencias personales,
condicionadas en parte por su grado de actividad, así como sus circunstancias
sociales. Después de un periodo de crecimiento rápido el periodo de lactante y
de niño pequeño, en el que la alimentación está dirigida por los padres y muy
supervisada por el pediatra, nos adentramos en los periodos pre-escolar (3 a 6
años) y escolar (6 a 12 años), de crecimiento moderado, donde adquieren
relieve progresivo los aspectos sociales de la comida (la familia, el grupo, el
comedor escolar), que culminan con la pubertad, inicio de la adolescencia, que
aúna un nuevo aumento de las demandas metabólicas y los grandes cambios,
tanto en la fisiología como en la personalidad, que condicionan los hábitos
alimentarios.
Justificación:
Uno de los principales retos del país se centra en la reducción de los niveles
de pobreza y de pobreza extrema, los cuales, lejos de haberse reducido como
consecuencia del crecimiento económica, se han mantenido y, en algunas áreas
geográficas, cada vez, ha alcanzando a un número mayor de hogares. A pesar
de los esfuerzos realizados en términos del gasto social, las cifras referidas al
número de hogares pobres y al estado de salud infantil no han progresado como
quisiéramos. La situación es preocupante, bajo la premisa de que los niños de
hoy representan la fuerza laboral del país en los próximos años.
En este marco de referencia, las investigaciones respecto de los determinantes
del estado nutricional infantil se tornan relevantes, toda vez que constituyen una
herramienta necesaria para la formulación de programas de asistencia
nutricional, mecanismos imprescindibles en el objetivo de reducir la pobreza del
país. De esta manera, el presente estudio busca precisar los principales
determinantes de la desnutrición infantil y, sobre la base de los resultados
obtenidos, pretende establecer las pautas para mejorar la estrategia del gasto
social de forma que sea eficiente, equitativo y efectivo en la reducción de los
niveles de desnutrición de la población vulnerable.
Los primeros años de vida resultan de vital importancia en lo que al estado
nutricional se refiere: si el niño presenta algún grado de desnutrición obesidad ,
los efectos se reflejan incluso durante la etapa adulta, en la productividad de las
personas; una alimentación inadecuada dentro del hogar tiene un efecto
negativo sobre las condiciones de salud del niño, sobre su habilidad para
aprender, comunicarse, pensar analíticamente, socializar efectivamente y
adaptarse a nuevos ambientes y personas, es así como surge el interés de
buscar con este proyecto posibles soluciones al mal que acecha dicha población
para lograr el cumplimiento de los objetivos de esta investigación, se pretende
brindar algunas medidas de prevención para que una de otra forma se pueda
combatir la misma; Por lo tanto el presente trabajo será de gran utilidad para los
hogares, centros asistenciales, guarderías etc., y todas
aquellas instituciones independientes del hogar que tengan a su cargo el manejo
y cuidado de preescolares.
Objetivos:
Objetivos generales:
Determinar la Importancia de La Alimentación de Los Niños y Niñas
escolares, ubicado en el sector preescolar y escolar.
Objetivos específicos:
• Conocer los principales hábitos alimenticios en niños preescolares y escolares.
• Detectar los índices de obesidad y desnutrición en niños de edad preescolar y
escolar.
• Diagnosticar las causas que influyen en una alimentación sana.
• Analizar las consecuencias de una mala alimentación en niños preescolares y
escolar.
Marco teórico:
Alimentación en el preescolar (3-6 años) y escolar (6-12 años)
Características biológicas
Transcurridos los dos primeros años de vida del niño, correspondientes al
periodo de crecimiento acelerado, se pasa a la etapa de crecimiento estable en
la edad preescolar (3-5 años) y escolar (desde los 6 años al comienzo de la
pubertad). El crecimiento longitudinal en el preescolar es de 6-8 cm/ año y el
incremento ponderal de 2-3 kg anuales. En el escolar, el crecimiento longitudinal
es un poco más lento (5-6 cm/año) y la ganancia de peso es de 3-3,5 kg/año.
Paralelamente, continúa la maduración de órganos y sistemas. El desarrollo
psicológico en los preescolares incluye la incorporación paulatina de habilidades
motoras y del lenguaje; más tarde, durante la época escolar, maduran
habilidades como: la lectura, la escritura, las operaciones matemáticas y la
adquisición progresiva de conocimientos.
Factores condicionantes de la alimentación de la edad escolar y preescolar Las
costumbres nutricionales adquiridas en la niñez se modifican muy poco en los
años posteriores. Los hábitos alimentarios y las pautas de alimentación
comienzan a establecerse muy pronto, desde el inicio de la alimentación
complementaria (después de los 6 meses) y están consolidados antes de
finalizar la primera década de la vida, persistiendo en gran parte en la edad
adulta. La familia representa un modelo de dieta y conducta alimentaria que los
niños aprenden. La agregación familiar para estos hábitos es tanto mayor cuanto
más pequeño es el niño y más habitual sea comer en familia.
En la etapa preescolar, los niños inician el control de sí mismos y del ambiente,
empiezan a interesarse por los alimentos, a preferir algunos de ellos, a ser
caprichosos con las comidas, a tener poco apetito, a ser monótonos. En la
elección de alimentos, influyen factores genéticos, aunque tiene mayor
importancia los procesos de observación e imitación. Además de la familia,
adquiere cada vez mayor importancia la influencia ejercida por los comedores de
los centros educativos. La incorporación a la guardería y/o a la escuela conlleva,
además, la independencia de los padres, la influencia de los educadores y de
otros niños en todos los ámbitos, incluido el de la alimentación, especialmente,
en aquellos que acuden al comedor escolar. Con el aumento de la edad, el
apetito se recupera y tienden a desaparecer las apetencias caprichosas. En la
edad escolar, la alimentación se va haciendo más independiente del medio
familiar. La televisión y las otras tecnologías de la información y la comunicación
(TICs) van adquiriendo un papel relevante.
Además, la disponibilidad de dinero les permite comprar alimentos sin el control
parental. El desayuno suele ser rápido y escaso. En la merienda, se recurre
frecuentemente a productos manufacturados y bebidas azucaradas y el horario
de comidas es más irregular. Existe una gran variabilidad interindividual para la
ingesta de energía y su distribución según los nutrientes, para niños de la misma
edad y sexo, y con una tendencia a mantenerse en el tiempo. Existe también
una gran variabilidad individual en el % de energía y nutrientes aportado en las
distintas comidas del día; de tal forma que, a una comida con alto contenido
energético le sucede otra con un contenido inferior. Las propiedades
organolépticas de los alimentos ejercen un importante papel en su consumo y
consecuentemente en el aporte de energía y nutrientes. Junto a estos aspectos
relacionados con el desarrollo y el medio familiar, la alimentación en esta etapa
se ve influida por los cambios sociales.
En todos los países, el desarrollo socioeconómico se acompaña de cambios
importantes en los hábitos alimentarios, que se caracterizan por un mayor
consumo de energía, de alimentos de origen animal, ricos en proteínas y grasa,
y de productos manufacturados, ricos en azúcares refinados y en grasas. En
estos cambios influyen también: la incorporación progresiva de la mujer al
trabajo fuera del hogar, el cambio en el modelo de estructura familiar, el número
de hijos, la influencia creciente y homogeneizada del mensaje televisivo, la
incorporación cada vez más temprana de los niños a la escuela (donde reciben
una parte importante de su dieta diaria), la influencia cada vez mayor de los
niños en la elección de los menús familiares, y la disponibilidad creciente de
dinero por parte de los menores. Los niños mayores frecuentemente adaptan
costumbres importadas de otros países, como las comidas en hamburgueserías,
los snacks o un consumo importante de refrescos y zumos industriales. En el
apetito influyen otros factores, como la disminución de las necesidades
energéticas, debido al menor gasto en el metabolismo basal y a un crecimiento
más lento. A esta edad, los niños son capaces de responder a señales internas
de apetito y saciedad, y no a señales externas (horario de comidas, “lo que se
debe comer en cada momento”). El niño tiene una gran capacidad para ajustar
su ingestión en respuesta a la densidad energética de los alimentos
administrados. Existen evidencias de que cuando los padres controlan
excesivamente la alimentación de sus hijos, estos tienen una peor regulación de
su ingesta calórica, por lo que el control familiar rígido, coercitivo o estricto de la
dieta de los niños es un factor negativo para su respuesta a la densidad calórica.
Por tanto, el sistema de sobornos, premios y recompensas para que el niño
coma, podría actuar negativamente sobre la regulación de la ingesta energética.
Por ello, es recomendable un ambiente familiar no coercitivo con el fin de
conseguir una adecuación de la ingesta a las necesidades.Una conducta positiva
y proactiva por parte de los padres (por ejemplo, preparando la comida juntos)
en estas edades se asocia al establecimiento de hábitos de vida saludables.
Requerimientos nutricionales
Las necesidades de energía y nutrientes están condicionadas por sus
necesidades basales y el grado de actividad física, muy variable a partir de esta
edad. Los patrones de alimentación y las necesidades de nutrientes durante la
niñez van a estar condicionados por las necesidades metabólicas basales, así
como por el ritmo de crecimiento y el grado de actividad física, junto al desarrollo
psicológico. El desequilibrio entre consumo de nutrientes y gasto es la causa de
la aparición de exceso de peso, que en la población española de esta edad
supera el 45% en el grupo de edad entre 8 y 13 años, y que aparece asociado a
las clases sociales más desfavorecidas y con menos estudios.
Las recomendaciones dietéticas son orientaciones de carácter general sobre las
necesidades de energía y nutrientes en las distintas etapas de la vida. Distintos
organismos han establecido recomendaciones, de las que las más empleadas
son las del Institute of Medicine de la Academia Americana de Ciencias, aunque
existen también referencias nacionales.
Estas recomendaciones, traducidas en frecuencias de consumo de alimentos y
raciones, sirven de orientación para diseñar una dieta saludable. El equilibrio
nutricional aconsejado no varía mucho del que se recomienda para los adultos
(12-15% de proteínas, 30-35% de lípidos, 50-58% de glúcidos).
Necesidades energéticas. Las necesidades energéticas van variando a lo largo
de las diferentes etapas de la vida, y esto implica la necesidad de adaptar la
ingesta para hacer frente a estas variaciones. Las recomendaciones para los
niños entre 4 y 8 años, son: 1.200-1.800 kcal/día y para los de 9 a 13 años,
1.600-2.000 kcal . En la ingesta energética intervienen principalmente 2 factores:
el volumen alimentario y la densidad energética de la dieta. La capacidad de
acomodar la dieta a las necesidades energéticas mediante cambios en el
volumen alimentario y, sobre todo, en la densidad energética, es ya constatable
en el niño desde edades tempranas.
Necesidades de proteínas: las proteínas cumplen principalmente un papel en
el crecimiento y en el mantenimiento de la estructura corporal. Una dieta
equilibrada debería proporcionar entre un 11 y un 15% de la energía total como
proteínas. El 65-70% de la ingesta proteica debería ser de alto valor biológico,
típicamente productos animales (carne, pescado, leche, huevos y derivados
lácteos) y el resto de origen vegetal.
Necesidades de grasas: La grasa en una fuente importante de energía,
soporte para trasportar vitaminas liposolubles y proveedor de ácidos grasos
esenciales (a-linolénicoomega 3, y linoleico-omega 6). La ingesta total de grasa
debe estar entre el 30-35% de la ingesta de energía para niños de 2 a 3 años y
entre el 25 y 35% para niños de 4 a 18 años. Los ácidos grasos esenciales
deberían constituir el 3% del total de la ingesta de energía diaria y las grasas
saturadas menos del 10% del total. El consumo de colesterol debe ser menor de
300 mg/día y la ingesta de grasas trans debe ser lo más baja posible. Hidratos
de carbono y fibra. Los hidratos de carbono son una importante fuente de
energía y soporte para el transporte de vitaminas, minerales y elementos traza.
Una ingesta adecuada de carbohidratos contribuye a una ingesta suficiente de
fibra, hierro, tiamina, niacina, riboflavina y ácido fólico. Los carbohidratos deben
rían constituir el 50-60% del total de energía. Proceden mayoritariamente de los
vegetales: cereales, verduras, hortalizas, frutas y legumbres. Dentro de este
grupo, se encuentra la fibra dietética, de gran importancia para el funcionamiento
del tubo digestivo, pero también para regular los niveles de glucemia y reducir la
absorción del colesterol de la dieta. La ingesta óptima de fibra en mayores de 2
años sería el equivalente a la edad, en años, más 5 a 10 g por día (máximo 30 g
por día).
Necesidades de vitaminas y minerales. Las vitaminas y los minerales carecen
de aporte calórico y su presencia en cantidades suficientes se garantiza con una
dieta variada. Destacan, el calcio por su importancia en la formación del
esqueleto y que está contenido en los lácteos y pescados, y también el hierro,
con necesidades aumentadas en los periodos de crecimiento rápido, así como el
yodo.
Características de una dieta saludable: Los objetivos de una dieta saludable
son: cubrir las necesidades que permitan un correcto crecimiento y desarrollo e
instaurar hábitos alimentarios saludables que eviten la aparición de
enfermedades crónicas en la edad adulta. Una dieta saludable es aquella que
tiene una proporción de alimentos que se ajusta a la distribución contemplada en
la dieta equilibrada en término de nutrientes. Además, los alimentos que la
integran son aptos para el consumo desde el punto de vista de la higiene y la
seguridad alimentaria y su forma de preparación y presentación es respetuosa
con la cultura, la tradición y otras características de quien la consume. La
mayoría de los niños deberían comer entre 4 y 6 veces al día . Los preescolares
hacen 3 comidas y varios pequeños tentempiés. Los escolares típicamente
toman menor número de comida y tentempiés que los más jóvenes. El desayuno
es una de las comidas más importantes del día; un desayuno inadecuado o
inexistente se asocia a una diminución de la atención y a un peor rendimiento
escolar.
También, se asocia a un riesgo aumentado de sobrepeso en edades
posteriores. En España, cerca de un 10% de niños no desayuna y otro 20% lo
hace de forma inadecuada. Un buen desayuno debe constar de un lácteo,
cereales y alguna pieza de fruta. Puede complementarse con la toma de fruta,
un bocadillo pequeño o un lácteo a media mañana. La comida de mediodía o
almuerzo es la comida principal, y debe incorporar alimentos de todos los
grupos. Como bebida, agua. La merienda es una buena oportunidad de
completar el aporte energético del niño y suele ser bien aceptada por estos. La
denominada “merienda-cena” es una opción nutricional aceptable si incluye
alimentos suficientes y variados. La cena es la última comida del día y debe
estar constituida por preparaciones culinarias fáciles de consumir y digerir. El
tamaño de la porción adecuada varía dependiendo de la edad del niño y de la
comida en particular. Sirviendo porciones mayores de las recomendadas se
puede contribuir a la sobrealimentación. Cuando se permite a los niños
seleccionar su tamaño de porción, consumen un 25% menos de entrada que
cuando se les sirven porciones mayores.
El ambiente en las comidas: Las comidas en familia proveen una oportunidad
para que los niños aprendan hábitos saludables de alimentación y empiecen a
apreciar los aspectos sociales de la comida. El ambiente en la comida es un
factor crítico en el desarrollo de un comportamiento de alimentación saludable.
La estructura y la rutina de todas las ocasiones de comida son particularmente
importantes. A la hora de la comida, se deben evitar las distracciones. Se debe
comer en el área designada para comer, y el niño debe tener un comportamiento
adecuado en la silla. La responsabilidad para establecer un ambiente de comida
saludable está dividida entre el niño y sus cuidadores. La división de
responsabilidad se basa en la habilidad del niño de regular su ingesta y la
incapacidad para elegir una dieta bien equilibrada. Las responsabilidades del
cuidador incluyen: proveer una variedad de comidas nutricionales, definir la
estructura y el tiempo de las comidas, crear un ambiente que facilite la comida y
las relaciones humanas, reconocer y responder a las señales de los niños de
hambre y saciedad, y ser modelo de comportamiento de alimentación saludable
(consumir una dieta variada); mientras que la del niño es elegir qué y cuánto de
la comida ofrecida, consume. Los cuidadores deberían comprender que la
dificultad para aceptar nuevas comidas y el “comer siempre las mismas cosas”
son periodos normales del desarrollo del niño. Los intentos para controlar la
comida de los niños pueden hacer que sea menos sensible a las señales de
saciedad y hambre y contribuir a su sobrealimentación.
El comedor escolar: El comedor escolar constituye una herramienta importante
para la adquisición de buenos hábitos alimentarios. Un estudio reciente indica
que Cataluña es la comunidad española con mayor proporción de escolares que
comen en el colegio (33,9%), seguida del País Vasco (33,2%), Madrid (21,9%) y
Valencia (19,3%). El comedor escolar puede y debe ser, por tanto, un marco en
el que, día a día, se adquieran unos hábitos alimentarios saludables y se
conozcan de forma práctica las normas para una óptima alimentación y nutrición
durante toda la vida. Se dispone de excelente material, tanto para las escuelas
como para las familias, sobre las características de los menús escolares (ver
fuentes de información adicional). Terminamos este apartado con unas
recomendaciones prácticas para una alimentación saludable en el niño de esta
edad.
Alimentación en el adolescente:
Una alimentación pobre en la adolescencia puede tener consecuencias
duraderas en el desarrollo cognitivo, causando una disminución en la capacidad
de aprender, peor concentración y malos resultados académicos. La
adolescencia se caracteriza por un intenso crecimiento y desarrollo, hasta el
punto que se llega a alcanzar en un periodo relativamente corto de tiempo el
50% del peso corporal adulto; se experimenta una velocidad de crecimiento
mayor que en cualquier otra edad a partir del 2º año de vida. A esto contribuye,
también, la maduración sexual, que va a desencadenar importantes cambios, no
solo en la composición corporal sino en su fisiología y en sus funciones
orgánicas. Existe una enorme variabilidad en el momento en el cual se produce
este cambio. En la actualidad, en los países occidentales, se fija la pubertad
entre los 9 y 13 años, y la adolescencia entre los 14 y 18 años. La adolescencia
es una etapa decisiva en el desarrollo humano por los importantes cambios
fisiológicos, psicológicos y sociales que en ella ocurren y que condicionan tanto
las necesidades nutricionales como los hábitos alimentarios y de
comportamiento. La mayoría de los adolescentes del medio urbano controlan su
propia dieta y el nivel de actividad física que practican. Por todo ello, la
adolescencia está considerada como un periodo de la vida especialmente
vulnerable desde el punto de vista de la alimentación.
Preocupaciones nutricionales frecuentes: La adolescencia es una etapa de
riesgo de excesos y deficiencias nutricionales. Los excesos más comunes son
de grasa total, grasa saturada, colesterol, sal y azúcar. Un gran número de
adolescentes no cubren las recomendaciones diarias de ingesta de frutas,
verduras y alimentos ricos en calcio.
En la tabla III, se muestran algunos factores que contribuyen a unos hábitos
dietéticos pobres. Algunos de los aspectos preocupantes en los adolescentes en
relación con la nutrición son: el consumo de productos con alto contenido en
azúcares, en especial refrescos, anemia por deficiencia de hierro, ingesta de
calcio insuficiente, métodos inadecuados para perder peso y los trastornos de la
conducta alimentaria. Las consecuencias de la mala alimentación y unos hábitos
inadecuados de actividad física son el sobrepeso y la obesidad. En España, hay
un 14,3% de adolescentes de 12 a 17 años con obesidad abdominal.
El consumo de alcohol y el tabaquismo son también motivos de preocupación,
junto con el embarazo y la situación de los adolescentes con discapacidad o con
enfermedad crónica. La dieta típica de un adolescente no incluye cantidades
adecuadas de frutas, verduras y cereales. En una encuesta reciente, en algo
más de mil adolescentes españoles, se encontró un consumo deficitario de
lácteos, pasta, frutas, verduras y hortalizas; así como un consumo elevado de
derivados cárnicos y de alimentos de bajo contenido nutricional (comida rápida,
dulces, refrescos). Por el contrario, un patrón alimentario regular, la ingesta de
alimentos saludables y una actividad física habitual, se asocian a mejores
rendimientos académicos.
Recomendaciones nutricionales: Las recomendaciones nutricionales en el
adolescente deben adecuarse a la edad puberal y al grado de actividad física.
Aunque por razones prácticas, las necesidades de energía y nutrientes durante
la adolescencia se establecen en función de la edad cronológica, siempre se
deberían tener en cuenta las necesidades según el desarrollo puberal. Los
varones necesitan entre 1.800 y 3.200 kcal, mientras que las mujeres de esa
edad requieren entre 1.600 y 2.400 kcal, en función de su actividad física. Los
hidratos de carbono son parte esencial de una dieta saludable. Las mejores
fuentes de hidratos de carbono son los cereales integrales, las verduras, las
frutas y las legumbres, que además son una excelente fuente de vitaminas,
minerales y fibra. Las necesidades de proteína varían con el crecimiento, aunque
la mayoría de adolescentes sobrepasan los niveles recomendados de ingesta.
Lo mismo sucede con los aportes de grasa, cuya recomendación es limitarla
entre el 25 y el 35% de las calorías diarias. Al igual que en edades anteriores,
existe un desequilibrio en el aporte de nutrientes, de tal manera que la energía
aportada por los glúcidos sigue siendo, en todos los casos, muy inferior a las
recomendaciones. La ingesta de lípidos supera a las recomendaciones, aunque
rara vez es mayor del 45%. Hábitos alimentarios de los adolescentes La
adolescencia se asocia con multitud de cambios en el estilo de vida personal y
es de esperar que haya variaciones en la preferencia de alimentos y en los
hábitos alimentarios. Además, la actitud hacia los alimentos que desarrollen los
adolescentes influirá no solo en su salud sino en la de sus propios hijos y dictará
los modelos alimentarios de la siguiente generación. El comportamiento
alimentario del adolescente está determinado por numerosos factores “externos”
(características familiares, amistades, valores sociales y culturales, medios de
comunicación social, conocimientos nutricionales, experiencias y creencias
personales…) e “internos” (características y necesidades fisiológicas, imagen
corporal, preferencias y aversiones en materia de alimentación, desarrollo
psicosocial, salud…). Los jóvenes pasan una gran parte del tiempo fuera de
casa y consumen comida preparada, por lo general, rica en calorías y grasa.
También, es común que se salten alguna comida y picoteen con frecuencia.
Conclusiones
La alimentación es un apartado dentro del tema transversal educación para la
salud, por ello podemos ir desarrollando actividades en torno al tema durante
todo el curso siguiendo una metodología globalizada, es decir, trabajando la
lecto-escritura, la lógico-matemática, la psicomotricidad… en torno a la
alimentación. Además debemos tener en cuenta la necesidad de una
colaboración estrecha entre familia-escuela, ya que las horas de comer se
desarrollan fundamentalmente en casa, con la familia.
Recomendación de las OAS
o La publicidad de la OMS y otras formas de mercadotecnia de alimentos y
bebidas dirigidas a los niños tienen un gran alcance y se centran
principalmente en productos ricos en grasas, azúcar o sal. Muchos datos
muestran que la publicidad televisiva influye en las preferencias
alimenticias y las pautas de consumo de la población infantil. Además,
para promocionar esos productos se recurre a una amplia gama
de técnicas que consiguen llegar a los niños en las escuelas, las
guarderías y los supermercados, a través de la televisión y de Internet, y
en muchos otros entornos.
o Se estima que hay unos 43 millones de menores de cinco años obesos o
con sobrepeso. Para garantizar que los niños puedan crecer en un
entorno saludable, la OMS publica sus recomendaciones en materia
de promoción de alimentos y bebidas dirigida a los niños.
o La finalidad de las políticas debe ser reducir el impacto que tiene sobre
los niños la promoción de alimentos ricos en grasas
saturadas, ácidosgrasos de tipo trans, azúcares libres o sal.
o Dado que la eficacia de la promoción depende de la exposición y el poder
del mensaje, el objetivo general de las políticas debe ser reducir tanto la
exposición de los niños como el poder de la promoción de los alimentos
ricos en grasas saturadas, ácidos grasos de tipo trans, azúcares libres o
sal.
o Para lograr la finalidad y los objetivos de las políticas, los Estados
Miembros deben considerar diferentes métodos, es decir, el progresivo o
el integral, para reducir la promoción de alimentos ricos en grasas
saturadas, ácidos grasos de tipo trans, azúcares libres o sal dirigida a los
niños.
o Los gobiernos deben establecer definiciones claras de los componentes
esenciales de las políticas que permitan un proceso de aplicación
normalizado. Esto facilitará la aplicación uniforme, con independencia del
organismo que se encargue de ella. Al establecer las definiciones
esenciales, los estados miembros tienen que reconocer y abordar
cualquier desafío nacional específico con miras a obtener el máximo
impacto de las políticas.
o Los entornos donde se reúnen los niños deben estar libres de toda forma
de promoción de alimentos ricos en grasas saturadas, ácidos grasos de
tipo trans, azúcares libres o sal. Dichos entornos incluyen,
sin carácter limitativo, guarderías, escuelas, terrenos escolares, centros
preescolares, lugares de juego, consultorios y servicios de atención
familiar y pediátrica, y durante cualquier actividad deportiva o cultural que
se realice en dichos locales.
o Los gobiernos deben ser la parte interesada clave en la formulación de las
políticas y aportar el liderazgo, mediante una plataforma múltiple de
partes interesadas, para la aplicación, la vigilancia y la evaluación. Al
establecer el marco normativo nacional, los gobiernos pueden optar por
asignar funciones definidas a otras partes interesadas, sin menoscabo de
proteger el interés público y evitar los conflictos de intereses.
o Teniendo en cuenta los recursos, los beneficios y las cargas de todas las
partes interesadas involucradas, los Estados Miembros deben considerar
el método más eficaz para reducir la promoción de alimentos ricos en
grasas saturadas, ácidos grasos de tipo trans, azúcares libres o sal
dirigida a los niños. El método que se elija deberá establecerse dentro de
un marco concebido para lograr los objetivos de las políticas.
o Los estados miembros deben cooperar para poner en juego
los medios necesarios para reducir el impacto de la promoción
transfronteriza (de entrada y de salida) de alimentos ricos en grasas
saturadas, ácidos grasos de tipo trans, azúcares libres o sal dirigida a los
niños, con objeto de que las políticas nacionales logren el máximo
impacto posible.
o El marco normativo debe especificar los mecanismos de cumplimiento y
establecer sistemas para su aplicación. Esto debe incluir definiciones
claras de las sanciones y podría incorporar un sistema para la
presentación de quejas.
o Todos los marcos normativos deben incluir un sistema de vigilancia para
velar por la observancia de los objetivos establecidos en las políticas
nacionales, valiéndose para ello de indicadores claramente definidos.
o Los marcos normativos deben incluir también un sistema para evaluar el
impacto y la eficacia de las políticas sobre su finalidad general, valiéndose
para ello de indicadores claramente definidos.
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