Wyb
Wyb
Traductoras:
Janira Kyda Laura Delilah MaJo Villa
Hansel Nika Trece Lau LR Sofía Belikov
evanescita Sahara victoriavergara Val_17
Mae NicoleM StephannyAl Kath1517
Vane hearts FaBiis Mary Warner Zara1789
Fany Keaton Jadasa Edrika Beatrix
johanamancilla Beluu Miry GPE Gise
Sandry Kells Vero Mery St. Clair
Jeyly Carstairs Daniela Josmary
Dannygonzal Agrafojo AndryGomez
Correctoras:
Mery St. Clair Sofía Belikov Laurita PI
Michelle♡ NicoleM Sahara
Mae Dannygonzal glori
Lu Annie D Jadasa
Vane hearts Meliizza Janira
Vanessa Villegas Vannia
Miry GPE Anakaren
Lectura final:
Mery St. Clair
Diseño:
Ana Avila
Capítulo 1 Capítulo 26
Capítulo 2 Capítulo 27
Capítulo 3 Capítulo 28
Capítulo 4 Capítulo 29
Capítulo 5 Capítulo 30
Capítulo 6 Capítulo 31
Capítulo 7 Capítulo 32
Capítulo 8 Capítulo 33
Capítulo 9 Capítulo 34
Capítulo 10 Capítulo 35
Capítulo 11 Capítulo 36
Capítulo 12 Capítulo 37
Capítulo 13 Capítulo 38
Capítulo 14 Capítulo 39
Capítulo 15 Capítulo 40
Capítulo 16 Capítulo 41
Capítulo 17 Capítulo 42
Capítulo 18 Capítulo 43
Capítulo 19 Capítulo 44
Capítulo 20 Capítulo 45
Capítulo 21 Capítulo 46
Capítulo 22 Capítulo 47
Capítulo 23 Capítulo 48
Capítulo 24 Epílogo
Capítulo 25 Sobre el Autor
El futuro es brillante para Reese Ellis. Tiene a Mase Colt-Manning, el
hombre de sus sueños, y una familia que no sabía que existía hasta que su
perdido padre apareció en su puerta en Rosemary Beach. Después de crecer con
una madre cruel y un padrastro abusivo, Reese está ansiosa de conocer al hombre
cariñoso y encantador que quiera ser parte de su vida. Todo finalmente está en su
lugar.
Mientras Reese visita a su nueva familia en Chicago, Mase pasa tiempo con
su “prima”‖Aida,‖quien‖lo‖ha‖adorado‖desde‖su‖infancia.‖A‖pesar‖de‖que‖no‖est{n‖
relacionados por la sangre, Mase y Aida se han considerado el uno al otro como
familia. Pero cuando Reese regresa, puede decir que hay algo no del todo bien
con Aida, quien claramente odia a Reese y sobresale en sus juegos de
manipulación. Y aunque Mase no lo sospeche, Reese sabe que Aida no lo ve solo
como‖un‖primo<
Rosemary Beach, #12
Traducido por Janira
Corregido por Luna West
Reese
Pasaron veintidós días, cinco horas y treinta minutos desde que me despedí de
Mase‖en‖el‖aeropuerto‖O’Hare.‖Una‖vez‖que‖se‖aseguró‖de‖que‖me‖encontraba‖segura‖en‖
la casa de mi padre en Chicago, con mi nueva familia, volvió al rancho de su familia en
Texas, el cual no podía funcionar sin su presencia.
Regresar con él fue tan tentador. Me encontraba lista para empezar mi vida con
Mase, me hallaba ansiosa por hacer de su casa nuestro hogar. Pero primero, necesitaba
hacer esto.
Hace un poco más que de un mes atrás, un hombre italiano refinado y bien
vestido se presentó en mi puerta en Rosemary Beach, donde trabajaba como empleada
para una de las familias más ricas de la ciudad. No mucho después de conocer a Mase,
el padre que nunca conocí —y que ni siquiera me hallaba segura si estaba vivo— volvió
a mi vida, queriendo ser parte de ésta.
Mase estuvo allí conmigo, sosteniéndome la mano a través de todo. Benedetto se
quedó con nosotros en Rosemary Beach una semana, y luego todos volamos juntos a
Chicago.
Pronto descubrí que no solo tenía un padre, sino también un hermano. Era dos
años menor que yo y un revoltoso total, Raul me hacía reír constantemente. También
tenía abuela, o nonna, como prefería que la llamaran. Amaba sentarse y conversar
conmigo por horas. Me contó historias de juventud sobre mi padre y me enseñó fotos de
la niñez de Raul. También me contó cómo le suplicó a Benedetto que me encontrara. Él
tenía sus razones para no venir detrás de mí. Eso era lo todo lo que decía. Quería odiarlo
por no ir por mi cuando era pequeña, pero no podía. Mi vida me guió a Mase.
El tiempo que pase con ellos fue hermoso, pero extrañaba a Mase. Hablarle todas
las noches no era suficiente. Lo necesitaba. Lo necesitaba más que necesitaba un padre,
hermano y nonna. Mase era mi familia. La primera persona quien verdaderamente
estuvo allí para mí después de toda una vida de abuso de parte de mi madre y
padrastro.
Ahora, finalmente, me encontraba en casa, o el lugar que casi se convierte en mi
casa antes de que mi padre se presentara. Mase y yo planeábamos mudarnos juntos,
pero todavía no sucedía completamente.
No le dejé saber que volvía antes. Quería sorprenderlo.
El conductor del taxi se detuvo afuera de la casa de los padres de Mase en su gran
rancho. Un vistazo a la oscura casa me dijo que no había nadie. Bueno. Mi sorpresa era
solo para Mase. Le pagué rápidamente al conductor, saqué mi única maleta de la
maletera, y fui apresurada al establo. Su camioneta se hallaba estacionada al lado de otra
que no reconocí.
Dejé la maleta al lado de su camioneta, luego caminé hacia la pequeña colina
hacia los establos. Sabía que se hallaría allí, ya que me dijo que no planeaba entrenar un
caballo este día. Mi corazón se aceleró de emoción, y mis manos picaron por tocarlo. Me
encontraba agradecida del tiempo con mi familia, pero no iba a dejar a Mase otra vez. Si
no podía ir conmigo a Chicago la próxima vez, entonces no iría. Ellos tendrían que venir
a visitarme aquí.
Una risa femenina salió del establo mientras me acercaba. ¿Atendía una reunión
de negocios? No quería interrumpirlo si se encontraba con un cliente. No podía
arrojarme a sus brazos si se hallaba en medio de un negocio con un caballo y su dueño.
Hice una pausa afuera de los establos.
—No, Mase, la otra noche me prometiste que cabalgaríamos hoy. No puedes
retractarte para trabajar. Quiero cabalgar —dijo la mujer. Su voz me envió un escalofrío
por la columna. Era joven y coqueta, se hallaba demasiado familiarizada con Mase.
—Sé que lo prometí, pero tengo trabajo que hacer. Tendrás que ser paciente —
respondió.
—Voy a batir las pestañas y hacer puchero si no consigo lo que quiero —amenazó
la fémina.
—Nada de juegos hoy, Aida. En serio tengo cosas que hacer. Haz monopolizado
todo mi tiempo los últimos dos días —dijo con voz que me hizo retroceder. Conocía esa
voz. La usó conmigo.
—Pero estoy aburrida, y tú siempre me entretienes —respondió juguetonamente.
—En serio, necesito que me des algo de tiempo para hacer algunas cosas hoy. Te
entretendré esta noche. Saldremos, iremos por algo de comer. Incluso te llevaré a bailar.
Mi corazón se rompió. Lo que escuchaba podría ser interpretado de muchas
maneras. Mase estaba pasando tiempo con otra mujer. Se preocupaba por ella. Podía
oírlo en su voz.
Asumí que me engañó una vez. No quería hacerlo de nuevo, pero, ¿qué más
podía significar? Miré la camioneta estacionada al lado de la suya y de nuevo a la puerta
que llevaba adentro. Mi corazón quería correr y hacerse una bola para evitar romperse a
pedazos.
Pero mi cabeza me decía que tenía que enfrentar esto. Sea lo que sea. Por lo
menos, darle la oportunidad de explicarse antes de irme.
Toda la emoción que sentía momentos antes, murió completamente. Me hallaba
llena de emociones que ni siquiera podía empezar a descifrar.
La risa de la mujer flotó hacia afuera, seguida por la risa baja de Mase, la que
siempre me hacía sentir cálida por dentro. Se divertía. Estar con esta mujer lo hacía feliz.
¿Me fui por mucho tiempo? ¿Había necesitado a alguien más?
¿O descubrió que yo no era tan especial como pensaba?
—Hola. ¿Puedo ayudarte? —preguntó la voz femenina.
Levanté la cabeza de golpe para verla parada en la puerta del establo como si
estuviese a punto de irse. Era alta, con largo cabello rubio, levantado en una cola de
caballo. No tenía nada de maquillaje, y aun así era impresionante. Labios llenos y
perfectos dientes blancos. Sus grandes ojos verdes brillaban de felicidad. Mase tenía ese
efecto en las mujeres.
»¿Te encuentras aquí por un caballo? —preguntó cuando no dije nada, solo me
quedé de pie mirándola. Los pantalones que usaba eran apretados y exhibían caderas
esbeltas y muslos delgados. Era delgada como una modelo. Yo no.
—Yo,‖yo,‖eh<‖—tartamudeé. ¿Cómo podría hablar con esta mujer? Simplemente
debería irme. Confrontar a Mase mientras ella se hallaba allí, viéndose como una Barbie,
iba a ser imposible. Nos vería a las dos paradas lado a lado y vería quien era la mejor
elección.
—¿Te encuentras perdida? —preguntó.
Sí. Me encontraba completamente perdida. Todo lo que pensaba era verdad, todo
lo que pensé que era mío, no lo era. —Tal vez —susurré, luego negué—. No. Vine a
ver<
—¡Reese! —La voz de Mase resonó desde atrás de la mujer, y antes de que
pudiera decir algo más, la empujó para pasar y envolverme en sus brazos—. ¡Estás aquí!
¿Por qué no me dijiste que venías a casa? Habría ido a recogerte. Dios, hueles bien.
Extrañé esto. ¡Te extrañé jodidamente tanto!
Miré sobre su hombro hacia la mujer, quien ya no sonreía. Me miraba como si
fuera repulsiva.
—Quería<‖ quería‖ sor-sorprenderte —tartamudeé, insegura de qué pensar. Lo
escuché con esta mujer. Sabía que pasaron tiempo juntos, y ella, obviamente, no me
quería aquí.
Me agarró el rosto y me cubrió la boca con la suya. Tan insegura como me
encontraba y tan herida como me sentí por lo que escuché entre ellos, hice a un lado mis
sentimientos rápidamente. Su sabor y la sensación de sus labios moviéndose contra los
míos siempre me deshacían. Se dio un festín con mi boca, me aferré a Mase y aspiré su
aroma. El movimiento de su lengua sobre la mía me hizo estremecer. Nada más en el
mundo importaba cuando estaba de esta forma con Mase.
—Ejem. Sigo aquí, chicos. ¿Me recuerdan? —La voz de la otra mujer se abrió paso
por mi deliciosa niebla, y me congelé. Alejándose de mí, Mase se rio entre dientes y miró
hacia la mujer, aun con los brazos fuertemente envueltos entorno a mí.
—Lo siento, Aida, mi mujer se encuentra en casa, y voy a estar ocupado, por lo
menos, las próximas cuarenta y ocho horas. Quizá más. Ve a encontrar algo que hacer en
casa —dijo, luego me besó la punta de la nariz mientras le daba la espalda otra vez.
—Eres un poco grosero al irte y dejarme, y no presentarme a tu amiga —
respondió, con un claro disgusto en su tono de voz.
Mase sonrió y me guiñó un ojo. —Es una diva. Te acostumbrarás. —Luego volteó
la cabeza hacia la otra mujer—. Aida, esta es Reese, la mujer de que no dejo de hablar.
De la que te hablé por horas cada noche. —Regresó su atención a mí—. Reese, conoce a
mi única prima, Aida. Es un poco mimada, muy dramática y se aburre fácilmente.
¿Prima? Si eso era todo lo que era, ¿por qué me miraba como si me interpusiera
en su camino?
Miré a Aida, y ésta me sonrió. Y aunque me reconfortó el saber que se
encontraban emparentados, algo en la forma en que me miraba se sentía como un
desafío.
Que<‖raro.
Traducido por Hansel
Corregido por Luna West
Mase
Tener a Reese en mis brazos otra vez ayudó a aliviar la frustración acerca de que
no me había avisado que vendría a casa. La habría recogido en el aeropuerto. No me
gustaba la idea de ella llegando sin nadie para darle la bienvenida.
—¿Tomaste un taxi? —Le pregunté, no gustándome la idea de eso, tampoco.
Asintió, pero no dijo más.
—Me hubiera gustado que me llamaras. —La tiré contra mí y caminamos de
regreso hacia mi camioneta. La llevaría a nuestra casa. Donde pertenecía.
—Pensé que sorprendente sería divertido. —Parecía apagada, como si estuviera
molesta. Tal vez solo cansada por viajar.
—Diría que me llames la próxima vez, pero no habrá una próxima vez. No me
voy a separar de ti así de nuevo. Si quieres ir a Chicago, iré contigo.
Su cuerpo pareció relajarse cuando se inclinó más cerca de mí. Esto era lo que
necesitaba hoy. Aida era agotadora y exigente. Tenerla aquí ayudó a aliviar el dolor de
extrañar a Reese, pero sólo porque ella estaba llena de distracción, parloteando sin
parar.
Tan pronto como mamá llegara a casa, ella tendría que entretener a Aida.
Tomé la maleta de Reese y la coloqué en la parte de atrás de mi camioneta, y
luego deslicé una mano bajo su culo perfecto y la levanté. La risita que se le escapó
envió una sensación de calidez por mis venas. Necesitaba su risa.
—No dejaré que te vayas de mi lado durante al menos dos días. Estoy necesitado
—Le dije mientras la subía dentro—. Además, escogí un par de libros en la biblioteca la
semana pasada. Estoy listo para que me los leas.
Apoyó la cabeza en mi hombro y suspiró con satisfacción. —Te leí casi todas las
noches durante mi ausencia.
—Sí, pero no estabas desnuda en mi cama.
Se rio de nuevo, haciendo sentir todo en mi vida perfecto. Ella era lo que había
estado esperando. Todo antes de ella fue aburrido, incluyendo las mujeres. Nadie me
hizo sentir la emoción de despertar cada mañana y ver su rostro. O ir a la cama cada
noche con ella en mis brazos.
—¿Quieres que lea desnuda en la cama? —preguntó en un tono divertido.
—Diablos, sí, lo quiero. Quiero que hagas todo desnuda.
Reese echó la cabeza hacia atrás y me miró. —No lo dices en serio.
Miré su cara sonriente. —Sí, nena. Cuando hablo de ti estando desnuda, hablo
muy, muy en serio.
Se rio de nuevo y la acerqué más a mí. Esto era lo que necesitaba.
Reese se dirigió al interior mientras recogía la maleta de atrás. Me tomé un
momento para verla caminar a mi casa, que pronto será nuestra casa. Se sentía diferente
con ella aquí. Ella trajo calor y sol.
Echando un vistazo por encima de su hombro, sonrió. —¿Vienes?
—Estaba disfrutando de la vista —le respondí con una sonrisa, y me dirigí a ella.
Tan pronto como atravesé la puerta, puse la maleta en el suelo y llegué a ella.
Gritó de sorpresa cuando la recogí y la llevé al sofá. Hundiéndonos sobre el cuero
gastado, la tuve entre mis piernas mientras se aferraba a mis hombros.
—Bienvenida a casa —le dije, justo antes de capturar sus labios con los míos.
El chico en mí quería desnudarla y follarla contra la puerta. Pero el hombre que
sabía lo que necesitaba iba a abrazarla y amarla un poco primero. Nunca quise hacerle
creer que era todo sobre el sexo para mí. Estuve enamorado de ella antes de que
hubiéramos tenido sexo. Era demasiado preciosa para ser tratada como un pedazo
caliente de culo... aunque su culo era divino.
Reese tomó mi sombrero y lo arrojó sobre el asiento junto a nosotros, y luego
hundió sus dedos en mi cabello. Sus besos eran como miel caliente, y estaba muy seguro
de que podía hacer esto para siempre. Curvas suaves en mis manos y la boca de un
ángel eran más de lo que habría imaginado. Reese era más de lo que habría imaginado.
El relleno suave de sus labios rozó mi barbilla sin afeitar mientras dejaba un
rastro de besos sobre mi cara. —No te has afeitado —susurró.
—No te esperaba.
—Me gusta. Es sexy —murmuró, y su boca se volvió a la mía.
—Le hará daño a tu piel suave —contesté, antes de tomar su beso más profundo
y ahogarme en su dulzura. Mis manos se deslizaron bajo su camisa para tocar su piel
caliente, y se estremeció en mis brazos.
—Creo que me gustaría que doliera un poco. Si eres tú el que lo hace —dijo,
moviéndose en mi regazo hasta estar a horcajadas. Su pelo oscuro cayó sobre sus
hombros mientras me daba una pequeña sonrisa tímida y sexy que hizo que mi sangre
bombeara con más fuerza.
Extendí la mano, tomé su cara y rocé mis pulgares en sus mejillas. —Nunca
podría lastimar esta piel. Sería trágico.
Se sonrojó y se inclinó hacia adelante, presionando su cara en mis manos. —Te
necesito —susurró. La chispa de emoción en sus ojos era todo lo que necesitaba.
—Levanta tus brazos. —No preguntó, hizo exactamente lo que pedí. Saqué su
camisa con cuidado y la coloqué junto a nosotros. Verla en un sujetador me hizo sentir
como un adolescente otra vez, viendo tetas por primera vez. Joder, las había extrañado.
—Las quiero en mi boca, pero tengo que afeitarme —dije, sin poder dejar de
empaparme con la vista de ellos.
—Por favor, Mase. Quiero sentir tu barba en mi piel. Me gusta. En serio me gusta.
Iba a volverme loco. Quería ver las marcas de mí en su piel, también. Me sentí
culpable por querer hacerle daño de alguna manera, pero escuchar su ruego era
demasiado difícil de ignorar.
Llegué detrás de ella y desabroché su sujetador. Mi corazón dio un vuelco en mi
pecho cuando ambos pechos cayeron libres. Esos pezones perfectos me necesitaban
tanto como yo los necesitaba.
A la mierda. Incliné mi cabeza y puse uno en mi boca, dejándolo rodar sobre mi
lengua. Suspiros y gemidos de Reese mientras tiraba con fuerza de mi pelo enviaron mi
adrenalina a volar. Quería morder y escuchar su grito de placer. Pero no podía. Nunca
querría asustarla o dañarla. Sino que siempre se sienta segura y querida entre mis
brazos.
—Quiero tu camisa afuera —dijo con un suave gemido.
Haría lo que quisiera. Dejé ir su pezón de mi boca y tiré de mi camisa en un
tiempo récord. Mi boca volvió a donde quería estar en segundos. Las uñas de Reese se
arrastraron suavemente por mi pecho, y sus palmas cubrieron mis pectorales mientras
arqueaba la espalda y susurraba mi nombre de una manera que me hizo sentir como un
rey.
Una vez, ella había estado asustada de esto. Saber confiaba en mí para amarla y
hacerla sentir bien era algo que nunca tomaría por sentado. Ella había estado rota una
vez, y yo tenía la intención de asegurarme de que nunca se sintiera de esa manera otra
vez. Me gustaría protegerla de todo mal. Conmigo, siempre sabría que estaba a salvo.
Sus caderas comenzaron a oscilar, y reprimió una mueca de dolor. Mi polla se
encontraba a punto de estallar en mis vaqueros. Tener la cremallera dura en contra de
ella causó dolor con placer.
Dejé ir su pezón para reclamar su boca de nuevo e inhalé su dulzura. Cuando
gimió, rompí el beso y toqué mi frente con la de ella. —Vamos a sacarte de esos
vaqueros —dije, con ganas de tocar más de ella.
—Vamos a sacar el tuyo —replicó con una sonrisa, y luego se echó hacia atrás y se
levantó.
Vi como abrió la cremallera de sus pantalones y poco a poco comenzó a zafarse
de ellos. Yo estaba en trance. Un par de bragas de satén negro apareció a la vista, y el
dolor de la cremallera empeoró. Cogí mis vaqueros y los desabroché para darme un
poco de alivio. Pero nunca alejé mis ojos de Reese. Ella deslizó sus pantalones por las
piernas y los arrojó a un lado.
—Bragas —dije, pero sonó más como un gruñido.
Su rostro enrojeció y sus ojos se iluminaron de deseo mientras se quitaba
rápidamente esas, también. La tenía completamente desnuda ahora. La quería así para
siempre.
—No te has quitado tus pantalones —dijo ella, bajando la mirada a mis bóxeres
que ahora estaban a la vista.
—Estaba en eso. Me distrajiste.
—Entonces levántate y déjame ayudarte —respondió, sonriendo con malicia.
Juro que saltaría de un acantilado si me lo pidiera. Esa sonrisa podía obligarme a
hacer cualquier cosa.
Traducido por evanescita
Corregido por Michelle♡
Reese
Mase se puso de pie, y mis ojos fueron hacia su estómago marcado, que era tan
definido que no podía mantener mis manos lejos de él.
—Cualquier cosa que quieras —dijo, mirándome como si fuera su mundo. Este
era el Mase que conocía. El hombre en quien confiaba. El hombre que yo sabía que
nunca me lastimaría. Me sentía culpable por dudar de él antes. Nunca estuve en una
relación sana y segura hasta hace poco, por lo que no entendía cómo confiar en una.
Hasta ahora.
Cerré el pequeño espacio entre nosotros y tiré de sus pantalones ya aflojados
hasta que me di cuenta que todavía llevaba sus botas. Me encantaban esas botas. —Es
necesario que te las quites —le recordé.
Sonrió, se inclinó, y se quitó ambas con facilidad. —Hecho.
Me hizo sentir como si pudiera pedirle cualquier cosa y él lo haría. Era un
sentimiento poderoso aunque humillante. Seguí tirando para bajar sus pantalones,
haciendo una pausa para apreciar sus musculosas piernas y pantorrillas perfectas.
Me levanté, mirando a su bóxer. Mis mejillas se calentaron mientras los agarraba
y suavemente comencé a deslizarlos hacia abajo. Pude oír a Mase contener su
respiración, y eso envió un escalofrío de anticipación a través de mí. Estando tan cerca
de él, así de esta manera, especialmente de su pene, lo excitaba. Ese era un poderoso
sentimiento para mí, también. Sabiendo que le gustaba me tomé mi tiempo, hice una
pausa y miré hacia él cuando tuve su bóxer lo suficientemente abajo como para
exponerlo. Sus ojos se calentaron con entusiasmo.
Inclinándome, le di un beso en su hinchada punta roja.
—Joder, nena —gimió.
Me gustó eso. No, me encantó eso.
Seguí bajando su bóxer por sus piernas, luego me levanté y toqué su estómago
deslizando mis manos por su pecho. Sus manos se posaron en mis caderas.
—Deja que te lleve a la cama —dijo, tirando de mí contra él.
—Está bien —le susurré.
Me levantó y me sostuvo cerca de su pecho mientras me conducía hasta su
habitación, mis piernas envueltas alrededor de su cintura. Su boca cubría la mía en un
beso hambriento antes de ponerme suavemente en la cama king-size.
Lo miré, dejando que mis piernas se abrieran mientras sostenía mis manos en alto
hacia él. Quería que me cubriera. Me completara.
Mase cayó en mis brazos inmediatamente.
—Te amo —dijo con fervor mientras besaba mi cuello—. Te amo tanto que no
puedo respirar. Tú eres mi corazón, Reese. Mi vida. —Continuó besando el sendero por
mi cuello hasta que fue mordisqueando mi clavícula.
—Mase —gemí, levantando mis caderas. Quería más. Lo quería dentro de mí.
Llenándome.
Deslizó una mano entre mis piernas, y uno de sus dedos se deslizó dentro de mí.
—Tan jodidamente mojada. Maldición —gruñó. Tomó ese mismo dedo, se lo metió en la
boca y lo chupó antes de bajarse a sí mismo hasta que sentí la punta de su dureza
presionando contra mí.
Esto era lo que necesitaba. Esta conexión.
Poco a poco se hundió en mí, extendiéndome con su tamaño. Sobresaliendo los
músculos de sus brazos, cerró los ojos con fuerza. Observé su rostro hermoso. La
ajustada opresión de su mandíbula y la vena en su cuello. Todo eso me hizo zumbar de
placer.
Cuando finalmente estuvo muy dentro de mí, sus ojos se abrieron y se encontró
con mi mirada. Había tanta emoción en ellos que sentí que mis propios ojos comenzaban
a lagrimear. No tenía que decirme lo que sentía por mí, podía verlo. Se abrió ante mí en
ese momento, y lo sabía.
»Envuelve tus piernas alrededor de mí —dijo en un susurro ronco mientras se
bajaba a sí mismo aún más. Su boca rozó mi oreja.
Hice lo que me dijo.
»Tan bueno —dijo, susurrando su alabanza.
Me aferré a sus hombros, lista para que se moviera dentro de mí. Sabía que iba a
ser tan increíble, más que increíble, realmente; no había manera de describir lo que
sentía durante el sexo con Mase.
»Mantén las piernas bien abiertas, nena. Déjame amarte hasta que no puedas
recordar tu nombre.
Con esas palabras, casi me llevó al borde de un orgasmo. ¿Era eso posible?
»Dulce, justo así. Déjame hacerte sentir bien. Quiero que llegues al cielo como lo
hago cuando estoy enterrado dentro de ti.
Empecé a asegurarle que estaba allí, que sabía lo que estaba sintiendo, pero al
menear sus caderas, perdí todo pensamiento y la capacidad de respirar mientras lo
sostenía con fuerza. Hizo gruñidos de placer mientras enviaba chispas de calor a través
de mí.
Cuando el primer orgasmo se estrelló sobre mí, me llevo contra su pecho y me
susurró lo hermosa que era y otras cosas dulces que no pude absolutamente recordar,
sus palabras y el ritmo constante de sus movimientos ya me llevaba a mi siguiente
orgasmo. Con rapidez. Lo abracé, aferrándome a él con mi vida.
Al momento en que el tercero me golpeó, Mase rugía y gritaba mi nombre
mientras su cuerpo se estremecía con su propio orgasmo. Presionó su cara en mi cuello
mientras jadeaba en busca de aire.
Sentirlo derrumbarse sobre mí me hizo temblar de placer, una vez más, antes de
que colapsara, nuestros corazones latían salvajemente.
El sonido de golpes en la puerta irrumpió en mis sueños obligándome a abrir mis
ojos. Miré a mí alrededor en la oscuridad de la habitación, el cálido cuerpo de Mase
estaba presionado contra el mío mientras yacía envuelta en sus brazos. Después de la
tercera vez que habíamos hecho el amor la noche anterior, ambos nos habíamos
desmayado.
Mase gimió y parpadeó abriendo los ojos. —¿Pero qué...? —preguntó con voz
soñolienta.
—¡Mase! —grito la voz de una mujer. La reconocí. Aida estaba aquí—. Abre. Traje
comida.
—Mierda —gruñó mientras salía de la cama. Se acercó al armario y cogió un par
de pantalones vaqueros y una camiseta. Cuando se giró hacia mí, me dio una sonrisa de
satisfacción—. ¿Tienes hambre?
Tenía sueño, pero estaba con hambre, también. Parecía que habíamos dormido
hasta pasada la cena. Asentí.
—Voy a traer tu maleta. Tómate tu tiempo para vestirte. Voy a servir tu plato —
dijo, inclinándose para presionar un beso en mis labios.
Mase salió de la habitación. Me quedé allí, metida en las mantas que olían como
él.
Podía escuchar a Aida en la puerta principal mientras su voz llenaba la casa. —
¿Que te tomó tanto tiempo? Te traje comida. Pensé que estarías más agradecido.
—Gracias —dijo rotundamente.
—¿Dónde vas?
—A llevarle su maleta a Reese —respondió mientras sus pasos se dirigieron al
dormitorio.
—Jesús, Mase. Podrías al menos haber recogió tu ropa interior antes de que me
dejarás entrar —dijo Aida en un tono molesto. Ella no me gustaba. Simplemente no
estaba imaginando eso.
Él no respondió. Cuando abrió la puerta, rodó los ojos y me sonrió. Nuestra ropa
deshecha estaba escondida bajo uno de sus brazos mientras llevaba mi maleta en la otra
mano. —Ignórala.
Arrojó nuestra ropa sobre una silla y me guiñó un ojo. —Vístete y ven a comer.
Cuando salió esta vez, me senté, preocupada acerca de cómo enfrentaría a Aida.
No quería que su prima no me gustara, pero no estaba segura de sí tendría
control alguno sobre eso.
Traducido por Kyda
Corregido por Mery St. Clair
Mase
Mamá me había enviado suficiente comida para alimentar a un ejército. Extendí
mi mano para sacar dos platos del gabinete. —Dile a mamá gracias por esto. Reese
probablemente esté muriendo de hambre.
Aida se encontraba de pie en el otro lado del mostrador con su mano en su
cadera. —Sólo sacaste dos platos. ¿Reese no comerá con nosotros?
¿Nosotros? Mierda.
Aida no se iría. No era que no disfrutara pasar el rato con ella cuando nos
visitaba, pero no la quería con nosotros en este momento. Acabo de obtener a Reese de
vuelta. No estaba listo para compartirla aún.
—Uh, supuse que ya habías comido.
Se vio herida. —No, quería comer contigo. Siempre cenamos juntos.
Maldita sea. Esto no sería fácil.
Vi un movimiento del otro lado de la sala y levanté mi mirada para ver a Reese
de pie allí en un par de pantaloncillos cortos y una camiseta que envolvía su cuerpo
perfectamente. Quería estar solo con ella, pero Aida estaba aquí, y no podía herir sus
sentimientos.
Le sonreí a Reese. —Ven a comer. Te prepararé un plato ahora. —Miró a Aida y
luego a mí nerviosamente.
—¿No puede prepararse su propio plato? —preguntó Aida en una voz sarcástica
que no me gustó.
—Sí, sí puede. Pero no tiene que hacerlo. No cuando estoy aquí.
Mi respuesta pareció molestar a Aida, pero no dijo nada más. ¿Qué le pasaba? Ya
veo porque Reese lucía nerviosa. Aida no estaba siendo alegre como siempre. Reese veía
un lado malo de ella.
—No me importa. Puedo hacerlo —dijo Reese mientras se movió hacia mí.
Parecía ansiosa por complacer. Está era la Reese que conocí. La que era insegura de sí
misma y tímida. Aida no sacaría eso de ella de nuevo, no lo permitiría.
—Yo lo haré, nena —Le aseguré.
Caminó hacia los gabinetes. —Entonces, prepararé las bebidas. ¿Qué te gustaría,
Aida? —cuestionó.
Miré a Aida, quien parecía aún más molesta antes de verme observándola. Luego
sonrió. —Me gustaría té dulce, por favor —contestó. Su sonrisa no llegó a sus ojos. Iba a
tener una charla con Aida. Algo iba mal con ella.
—Mamá envió té también —Le dije a Reese, deslizando el galón de té a través del
mostrador hacia ella—. También beberé un poco.
Reese me sonrió, aliviada por algo, y empezó a servir tres vasos. —Amo el té
dulce de tu mamá —comentó.
Y mi mamá amaba a Reese. Estaba sorprendido de que no hubiera traído la
comida ella y que enviara a Aida en su lugar.
Deslicé un plato hacia Aida antes de recoger el de Reese y caminar hacia la mesa
para colocarlo. Reese coloqué los vasos de té en cada asiento. La jalé hacia mí y la besé.
—Come mucho. Necesitas recuperar energía —susurré en su oreja, luego caminé
de vuelta para servir mi plato.
Aida me frunció el ceño. —¿Tienes que hacer eso conmigo aquí?
—Es mi casa, Aida. Puedo hacer lo que quiera en ella. Si no te gusta, puedes
comer en casa de mamá. —Me cansaba su actitud sarcástica. Nunca fue así. No sabía
que le pasaba.
—Eso es grosero —dijo sonando herida.
—Cuando quiera besar a Reese, lo haré. Supéralo.
No esperé que dijera algo más, pero agarré varias piezas de pollo frito y un
bizcocho antes de regresar a la mesa.
Reese se sentó allí, mirando su plato con sus manos en su regazo, luciendo
perdida. —No está comiendo —declaré.
Levantó su mirada para hacer contacto visual con la mía. —Esperaba a que
ambos se me unieran.
Aida se sentó a mi otro lado. —Así que, ¿aún iremos a la subasta de ganado
mañana? He estado esperándola con ansias toda la semana.
Mantuve mi mirada en Reese. —Lo dudo. No creo que Reese quiera levantarse
tan temprano.
—Reese no tiene que ir —respondió Aida.
En serio comenzaba a enojarme. —Acaba de volver a casa. No iré a ninguna parte
sin ella.
Sentí la mano suave de Reese tocar mi brazo. —Si necesitas ir a la subasta de
ganado, puedo levantarme temprano. No dejes que sea la razón por la cual no hagas
cosas que necesitas hacer.
Intentaba duramente arreglar las cosas. No quería que pensara que tenía que
hacerlo. Pertenecía aquí.
—Mi necesidad de tenerte para mí solo es lo que me está evitando hacer las cosas.
No tengo intención de hacer ni una mierda mañana. Te quiero sola en esta casa
conmigo.
Reese se sonrojó, y una sonrisa tiró de sus labios antes de bajar su mirada de
vuelta hacia el plato frente a ella.
—¿Eso quiere decir que no irás a casa de los Stouts para la barbacoa mañana en la
noche? Te están esperando.
Los Stouts eran dueños de uno de los dos ranchos más grandes en un radio de
ochenta kilómetros; mi familia era dueña del otro. Había crecido con su hijo, Hawkins.
No éramos amigos cercanos, pero ambos sabíamos que tomaríamos las posiciones de
nuestros padres algún día.
Miré a Reese. —¿Tienes ganas de ir a una barbacoa de Texas?
Asintió. —Suena divertido.
Tener a Reese de mi brazo y presentarle a las personas del pueblo hizo que ir a la
barbacoa se sintiera más soportable.
—Supongo que perdí mi cita. ¿Con quién bailaré ahora? —preguntó Aida con un
puchero.
Se comportaba exasperante. Había empezado a responder su ridículo comentario
cuando dejó caer su tenedor en el plato con un ruido y se puso de pie.
—No me quieres aquí. Estoy de sobra —Se giró y caminó a la puerta.
¿Qué demonios? ¿A dónde fue mi pequeña prima divertida? Se había convertido
en una llorona enojada. No era propio de ella, en absoluto.
—Necesito hablar con ella —Le dije a Reese—. No sé qué le sucede.
Reese asintió y me dio una sonrisa que no llegó a sus ojos. Eso me molestaba.
Tenía que arreglar esta cosa con Aida para que dejara de molestar a Reese.
Seguí a Aida sólo para encontrarla en su camión, llorando. —¿Qué te pasa? —
pregunté mientras bajé los escalones hacia ella.
Levantó su mirada hacia mí con un rostro lleno de lágrimas. —Yo no... Ella es...
no tienes tiempo para mí con ella aquí.
—Aida, esto no es una competencia por mi tiempo. Mi vida y mi futuro le
pertenecen a Reese. Es una parte de mí. Somos un paquete. Pensaría que estarías feliz
por mí, pero apenas le has hablado a Reese. Quiero que sean amigas. Eres parte de mi
familia, y ella lo será también, pronto.
Aida limpió sus lágrimas y esnifó. —¿Así que nunca haremos más nada juntos,
sólo tú y yo?
Intenté entender por qué lloraba. Siempre le presté toda mi atención a Aida
cuando me visitaba. No venía a menudo cuando crecíamos, pero cuando lo hacía, la
trataba de la forma en la que trataba a mi hermana, Harlow. Pero las cosas cambiaban, y
ahora éramos adultos. No era esa niña ya. No tenía que dejarla seguirme por todos
lados, y no estaba obligado a entretenerla cada segundo mientras se encontraba aquí.
—Si le dieras una oportunidad a Reese, sé que la amarías. Es fácil de amar. Todos
los que la conocen la aman. Podemos hacer cosas todos juntos. No te sacaré de mi vida,
pero tienes que entender que Reese es mi vida ahora.
Aida sorbió por la nariz y suspiró. —Ya no tendrás tiempo para mí.
Tenía razón. Ya no sería capaz de dejar todo y escoltarla a donde sea que quisiera.
—Somos adultos, Aida. Ya no somos niños. No soy un soltero que tiene tiempo para
hacer lo que sea que quieras. Esos días se han ido.
Asintió y sus lágrimas parecieron secarse. —De acuerdo. Puedo aceptar eso.
¿Pero puedes por lo menos no ignorarme?
—No te ignoro.
Aida pareció calmada por eso y empezó a abrir la puerta de su camión. Extendí
mi mano alrededor de ella y se la abrí. Se subió. —Sé amable con Reese la próxima vez,
¿de acuerdo? —dije, antes de cerrar su puerta y dirigirme de vuelta hacia adentro con
mi chica.
Traducido por Mae
Corregido por Luna West
Reese
Terminé de comer sola y limpié mi plato y el de Aida antes de volver a la
habitación. No estaba segura de cuánto tiempo él se iría, y deseaba poder cerrar mi
mente acerca de lo que pasaba. Apenas conocía a la familia cercana de Mase. ¿Cómo nos
afectará si su prima me odiara? Porque me encontraba bastante segura de que lo hacía,
aunque no sabía cómo arreglar eso. Harlow era tan dulce y me aceptaba, y era su
hermana. Debería ser más fácil de ganarme a su prima.
La corriente de agua cálida se sentía maravillosa cuando entré en la ducha. Justo
cuando cerré la puerta, escuché a Mase llamar a mi nombre.
Empecé a abrir la puerta y responderle cuando apareció en la puerta del baño.
Caminó directamente hacia mí, y lo miré a través del cristal mientras sus ojos se
arrastraban sobre mí como si fuera su comida en vez de la que dejé para él en la mesa.
Abrió la puerta de la ducha, y nuestros ojos se encontraron justo antes de que
comenzara a quitarse la ropa.
—Dejé comida en la mesa para ti —dije, mirándolo sacar sus pantalones y
calzoncillos.
—No puedo comer sabiendo que estás desnuda y mojada en mi ducha —
respondió, y dio un paso bajo el chorro de agua conmigo.
—No comiste mucho. —Soné sin aliento.
Él sonrió. —Date la vuelta, Reese. Pon las manos en la pared. Quiero besar mi
lugar.
Su lugar era la peca bajo mi nalga izquierda. Se encontraba obsesionado con ella.
Y cuando quería ser malo, eso era lo primero que besaba.
Mi cuerpo tembló de la emoción ante lo que vendría, giré y me incliné hacia la
pared, preparándome mientras levantaba mi trasero para él.
Su dedo rozó hacia atrás y adelante de la peca. —Me encanta esto. Me vuelve loco
—dijo, y sus labios se presionaron contra la parte baja de mi espalda y comenzaron a
dejar besos sobre mi culo hasta que estuvo lamiendo y besando la peca—. Mi peca —
dijo contra mi piel.
Mis rodillas se sentían débiles, y mi cuerpo temblaba.
»Extiende tus piernas —exigió, y el tono de su voz hizo que mi interior se
retorciera. Las separé y esperé no caer al suelo.
»Mi coño —dijo, poco antes de que su lengua comenzara a probarme allí.
Era suya. Todo de mí pertenecía a Mase Colt-Manning. Grité su nombre cuando
empezó a jugar con mi clítoris.
»Sé buena, nena. Este es mi postre.
—Mase —gemí, insegura de que podía estar allí mucho más tiempo.
—¿Sí, nena? —Su cálido aliento bañaba mi carne sensible, y la pulsante necesidad
se hizo más fuerte.
—No puedo. . . estar de pie —dije, sintiendo mis rodillas empezar a ceder.
Sus manos se encontraban en mi cintura, atrapándome y dándome la vuelta. —Te
tengo —dijo, antes de doblarse, tomar una de mis piernas, y colocársela al hombro.
Otro gemido escapó de mí al ver Mase de rodillas así.
—Déjame que te ame —dijo con una mirada feroz, antes de enterrar su cara entre
mis piernas.
Agarré sus hombros y grité cuando me llevó a otro reino de placer.
Mis ojos se abrieron cuando mi espalda golpeó la cama blanda. Miré a Mase. Su
cuerpo se encontraba seco, pero tenía el pelo todavía húmedo. La sonrisa de suficiencia
en su rostro me hizo desear por más, a pesar de que no estaba segura de sí podría
soportar más.
Retiró las mantas y se metió en mi lado, luego nos cubrió a ambos.
—Me alegro de que hayas vuelto —dijo, sosteniéndome—. Ese debió ser un
infierno de orgasmo.
Fruncí el ceño. —Lo fue< pero< —No podía recordar lo que sucedió después de
tenerlo. Me rompí en un millón de pedazos, y Mase siguió deslizando la lengua en mí
hasta que no pude aguantar más. Rogaba y respiraba con dificultad y después< nada.
—O estás agotada, o soy muy bueno —dijo en tono satisfecho.
—¿Qué pasó? —pregunté finalmente.
Mase inclinó la cabeza y me besó en la frente. —Te desmayaste teniendo un
orgasmo después de gritar mi nombre. Fue increíble.
—Oh, Dios mío —susurré—. No sabía que podía suceder.
—Yo tampoco —respondió, sin dejar de sonreír.
—Sólo seguiste y<
—Sabes como un rollo de canela, y cuando te corres, es como crema dulce. No
podía parar. Era demasiado bueno.
Enterré mi cara en su pecho. Me sentía avergonzada y complacida.
Él se rio y me abrazó con más fuerza. —Te dije que tu coño me iba a poseer.
Inhalé y me aferré más cerca.
—Duerme, nena. Estás agotada. Descansa un poco.
—Te amo —dije, reclinando mi cabeza para mirarlo.
—Y eso me convierte en el hombre más afortunado del mundo.
Sus ojos me calentaron, dentro y por fuera. Apoyé la cabeza en su pecho, y el
sueño llegó rápidamente.
Traducido por Miry GPE
Corregido por Mae
Mase
Al día siguiente, descubrí que Aida y yo seríamos los únicos Colt en la fiesta de
los Stout. Mi padrastro necesitaba ir a Austin por negocios, y mi mamá fue con él. Ella
llamó y me pidió que llevara a Aida con nosotros. No quería que condujera sola por ahí.
Aún no sabía si confiar en que Aida fuera amable con Reese, pero le pedí que viniera
con nosotros de todos modos.
Después de hacer el amor con Reese en la mesa de la cocina después del
desayuno, y de nuevo en el sofá mientras se suponía que viéramos una película, y luego
otra vez en la cama cuando fue a tomar una siesta, realmente necesitaba conseguir algo
de descanso. La desperté hace una hora para que tuviera tiempo para alistarse.
Escuché que llamaron a la puerta, y cuando la abrí, Aida me sonreía. Llevaba un
vestido rojo que probablemente costaba mucho dinero y un par de tacones de aguja, los
cuales no eran inusuales para este tipo de fiestas. Los Stout eran increíblemente ricos y
se codeaban en los círculos de élite. Ella lucía feliz y de mejor humor. Aliviado, me hice
a un lado para dejarla entrar.
—Reese debe estar lista en pocos minutos —dije.
Justo cuando dije las palabras, la puerta de la habitación se abrió, y me giré para
ver a Reese salir vistiendo una falda corta de mezclilla azul con un par de botas. Todo lo
que vi fueron piernas. Santo infierno, sus piernas se hallaban realmente ahí. Mías. Los
hombres no serían capaces de quitar sus ojos de ellas.
Elevé la mirada para ver que también vestía una bonita blusa blanca atada
alrededor de su cintura. El tejido mostraba el brillo de su piel bronceada. Me miró a los
ojos, y mi respiración se detuvo. Su largo cabello oscuro se encontraba hacia un lado y
cubría uno de sus hombros. Como siempre, su maquillaje era mínimo. No sería capaz de
dejarla fuera de mi vista esta noche.
—Estas hermosa, nena. Tal vez deberíamos quedarnos —dije, considerándolo
honestamente.
La sonrisa de Reese se iluminó, y una sonrisa elevó las comisuras de sus labios.
—Uh, sí... supongo que la mezclilla funciona —dijo Aida vacilante.
El rostro de Reese cayó de inmediato, y la preocupación tocó su frente. Sabía que
su vestuario era limitado. No tenía ropa de diseñador como las demás mujeres que
estarían en esta barbacoa, pero nadie se comparaba a Reese. Un vestido caro no podía
competir con ella.
—Pensé‖que‖era‖una‖barbacoa.‖Puedo‖encontrar‖algo‖m{s‖elegante.‖No‖sé<
—Estás perfecta. Tan perfecta que no dejaré tu lado en toda la noche —dije.
Ella miró de Aida hacia mí, sin dejar de lucir insegura de sí misma.
—Él tiene razón. Lo estás. Tenemos que irnos, o estaremos algo más que
elegantemente tarde —dijo Aida a mi lado.
Me acerqué a Reese y la atraje hacia mí. —Estás impresionante. Lo juro. —Deslicé
mi mano para descansar en su espalda y la guie hacia la puerta.
Aida forzó una sonrisa y volvió a salir.
—Ella se ve tan bien. Debo encontrar algo más elegante. Tengo tacones —dijo
Reese.
—No. Está demasiado arreglada —aseguré.
Reese no se relajó, como si no estuviera segura de creerme.
Aida fue hacia el lado del pasajero de mi camioneta y abrió la puerta para subir
primero. Me detuve un momento y luego conduje a Reese hacia mi lado y la ayudé a
subir a la cabina para que pudiera sentarse en el asiento del medio, a mi lado. No quería
herir los sentimientos de Aida pidiéndole salir y dejar que Reese entrara primero. Subí
detrás Reese y me acomodé.
—No seré capaz de alcanzar la radio —dijo Aida, claramente molesta. No creí que
quisiera decir intencionalmente que quería sentarse entre Reese y yo, pero no estaba
seguro.
—Bien —contesté. Nunca me gustaba cuando Aida controlaba la radio.
Una vez que nos dirigíamos hacia la carretera principal, deslicé la mano sobre el
muslo desnudo de Reese y lo apreté. Ese pequeño gesto pareció aliviarla un poco.
—¿Quién estará en la fiesta? ¿Sólo personas de la ciudad? —preguntó Reese.
—Todos con los que los Stout hacen negocios. Banqueros, abogados, rancheros y
también gente de su cadena de restaurantes que son dueños de una de sus franquicias.
Vuelan de todas partes —dijo Aida, sonando satisfecha de sí misma.
Reese se tensó de nuevo.
—Haces sonar a los Stout más importantes de lo que son —le dije a Aida,
lanzándole una mirada molesta.
Aida se encogió de hombros. —Lo son para aquellos de nosotros cuyos padres no
son estrellas de rock legendarias.
—Mi padre es ranchero —contesté, sin gustarme el que sacara a relucir a Kiro. No
hablaba mucho de mi padre biológico. No era parte de mi vida; mi padrastro fue quien
en realidad me crio. Mi única conexión con Kiro era por Harlow. Él era una presencia
mucho más grande en la vida de mi media hermana.
—Lo que sea, Mase. Tienes la fama en tu sangre. Supéralo —dijo Aida y me
sonrió.
Reese se alisó la falda con nerviosismo. Ahora se sentía preocupada por esta
maldita barbacoa. Quería olvidar la estúpida cosa. No quería obligarla a hacer nada que
le molestara.
—Podemos regresar a casa ahora. Solo dilo —dije, apretándole el muslo de
nuevo.
—¿Qué? ¡No, no podemos! No me perderé esta fiesta. —El agudo gemido de
Aida fue exagerado.
—Quiero ir —dijo Reese, y se inclinó hacia mí.
—Si decides que quieres regresar a casa en cualquier momento, sólo dímelo.
Conseguiré que alguien lleve a Aida. —Ignoré la mirada que Aida me envió.
Reese no dijo nada; simplemente se inclinó aún más cerca de mi lado.
Las grandes puertas de hierro se encontraban abiertas, y un par de grandes
hombres de traje se hallaban en la entrada. Me detuve y bajé la ventanilla.
—¿Nombre? —preguntó el hombre.
—Mase Colt —respondí, dejando el Manning fuera de mi nombre. La mayoría de
la gente de por aquí pensaba en mí como un Colt.
Asintió. —Bienvenido, señor Colt. Puede proceder.
Seguí el extravagante camino de entrada de ladrillo hasta que llegamos a la parte
delantera de la casa de tres pisos, la cual era más grande que la mayoría de las casas de
la gente de por aquí. El valet se quedó esperando, pero no dejaría que un chico en
esmoquin estacionara mi camioneta.
Cuando el valet se acercó, tenía una sonrisa falsa pegada en su rostro.
—Puedo estacionar mi camioneta —le informé.
Pareció confundido. —Uh, bueno, es que hay... pero tiene que caminar. —Señaló
hacia la izquierda de la casa, donde varios autos ya se estacionaban.
—Gracias —le contesté, y luego volví a mirar a Reese y Aida—. Ustedes pueden
seguir y bajarse aquí, así no tienen que caminar.
Reese se acercó y me tomó del brazo. —Me quedaré contigo. No me importa
caminar.
Aida puso los ojos en blanco y buscó la manija de la puerta. —Bajaré.
El valet se apresuró a abrir la puerta al resto del camino y la ayudó a salir. Tan
pronto como se cerró, me dirigí a la zona de estacionamiento. Nunca me gustó dejar las
llaves con un desconocido. Un hombre podía aparcar sus propias malditas ruedas.
Traducido por Vane hearts
Corregido por Mae
Reese
El patio donde se celebraba la barbacoa parecía algo sacado de una revista.
Linternas colgaban de los árboles de roble macizo, echando su luz mientras la noche se
acercaba y resplandecientes luces blancas colgaban de árbol en árbol, haciendo un
extravagante dosel sobre las mesas y las sillas tapizadas en blanco, que no parecían
pertenecer al exterior.
Una banda se encontraba en el escenario tocando de todo, desde música popular
country a clásica. Había incluso una pista de baile, con el mismo dosel de luces como la
zona de comedor.
Pero lo que más destacaba era la forma en que las mujeres se encontraban
vestidas. Aida tenía razón, una falda de mezclilla no encajaba aquí. Ni siquiera los
hombres vestían pantalones de mezclilla. Debí cuestionarme el hecho de que Mase
llevara un par de pantalones rectos de color caqui con las botas en lugar de sus vaqueros
habituales. La camisa Oxford azul cielo de botones era más elegante que cualquier cosa
que haya llevado. ¿Por qué no insistí en que me dejara volver y cambiarme?
Su mano descansaba sobre mi espalda mientras me dirigía hacia la multitud. La
gente andaba por ahí en grupos, copas de champán en mano, mientras hablaban entre
sí. Los diamantes brillaban en las manos, muñecas, orejas y cuello de las mujeres. ¿Mase
nunca había estado en una de estas "barbacoas" antes? Pensé que fue a muchas de ellas.
¿Por qué dijo que Aida estaba demasiado arreglada?
—Mase Colt. —Un hombre alto, de hombros anchos, con pelo canoso en las
sienes llamó con voz profunda cuando entramos en la luz—. Es bueno verte. No estuve
aquí para el último intercambio. Hawkins dijo que todo salió a la perfección, como
siempre.
—Sí señor. Papá estaba contento —respondió Mase.
Esta era la segunda vez que era referido como Colt, no Colt Manning, esta noche.
Nunca lo escuché soltar su apellido antes.
La atención del hombre se movió a mí y por un momento, quise correr y
esconderme debajo de una mesa. —Y veo que trajiste a una mujer hermosa.
La mano de Mase permaneció en mi espalda. —Sí señor. Esta es Reese Ellis.
Reese, este es Arthur Stout, uno de nuestros socios de negocios y el anfitrión de esta
'modesta' barbacoa.
Arthur se rio entre dientes. —Eso es en realidad culpa de mi esposa. No puede
hacer nada pequeño. Es un placer conocerte, Reese. Ha pasado un tiempo desde que
Mase tuvo a una mujer en su brazo. Todo buen hombre necesita una buena mujer a su
lado. He tratado de decirle a Hawkins eso desde hace años, pero él no escucha.
—Cuando la conozca, no tendrá que decirle nada. Simplemente va a suceder —
dijo Mase, haciendo que mi corazón golpee y mi pecho se sienta caliente.
Arthur Stout sonrió y asintió. —Calculo que eso es así. Dios sabe que así fue con
su mamá. Dios la tenga en su gloria, tomó una parte de mí cuando se fue de este mundo.
—Arthur, cielo, debes conocer a Chantel. Ella es del club. Justamente te hablaba
sobre nuestro encantador té del otro día —dijo una mujer que parecía sólo unos pocos
años mayor que yo. El diamante en su mano captó la luz y brilló.
—Ya voy, cariño —respondió—. Me tengo que ir. Ustedes dos disfruten.
Lo vi irse, luego miré a Mase, un poco confundida.
—Piper es su segunda esposa. Su primera esposa falleció hace diez años de
cáncer. Se casó con Piper hace cuatro años —dijo Mase, comprendiendo mi confusión.
—Pero se ve tan joven —susurré, mirando a la mujer aferrándose al brazo de un
hombre que tenía que tener unos sesenta años.
—Ella tenía veintidós años cuando se casó con ella. Su hijo, Hawkins, es un año
mayor.
Ew.
Mase miró mi cara y se rio entre dientes. —Vamos. Vamos a tomar una copa.
Stout comenzó su propia fábrica de cerveza hace unos siete años. Tiene algunas sidras
que te pueden gustar; sé que no eres una fan de la cerveza.
Caminé con él hacia la extravagante barra.
—¡Ahí estás! Vi a Aida antes y me dijo que te encontrabas aquí. Me pregunté si la
dejaste y luego te escondiste.
Mase se detuvo y giró la cabeza hacia la voz, así como yo lo hice. Un chico
atractivo, con el cabello corto, rubio y ojos azul claro caminaba hacia nosotros.
—Aida no me dijo que trajiste una cita —dijo el hombre cuando se detuvo frente
a nosotros, mirándome con una sonrisa de satisfacción.
—Hawkins —respondió Mase con un tono más duro que el que usó con el padre
de Hawkins.
Hawkins sonrió aún más ampliamente y finalmente miró a Mase. —Por favor,
dime que es otra prima —dijo.
La mano de Mase se deslizó alrededor de mi espalda, ahora agarrando mi cadera
mientras me atraía hacia él. —No. Ella es mía.
Hawkins siguió sonriendo.
—Reese, este es Hawkins Stout. Hawkins, esta es Reese Ellis —dijo Mase,
sonando molesto.
Hawkins me tendió la mano. —Es un placer conocerte, Reese Ellis —dijo.
Puse mi mano en la suya, preguntándome si las íbamos a sacudir, pero él levantó
mi mano a su boca y me dio un beso allí. Me quedé helada. No me esperaba eso.
Mase se aclaró la garganta y la mirada de Hawkins me dejó para mirar a Mase
con diversión. —Cálmate. Entiendo —dijo con una sonrisa, y luego dio un paso atrás—.
Disfruten su noche. Tenemos varias cervezas nuevas que disfrutarían.
—Nos dirigimos a la barra ahora —respondió Mase.
Hawkins me dio una última sonrisa antes de excusarse para saludar a otras
personas.
Empecé a decir algo, pero decidí no hacerlo. Mase no dijo nada, así que tomé el
liderazgo y nos dirigimos hacia el bar.
Él pidió una cerveza y me decidí por la sidra de arándano después de probar una
muestra. Una vez que tuvimos nuestras bebidas, nos giramos para ver a Aida viniendo
directamente‖por‖nosotros<‖o‖por‖Mase.‖Se‖veía‖molesta.‖Realmente‖molesta.
—Te necesito —soltó ahogadamente.
—¿Qué pasa? —preguntó él.
Me miró fijamente y luego a él, suplicante. —No puedo hablar de eso aquí. Por
favor —rogó.
Mase asintió. —Está bien, ¿dónde quieres ir?
—A‖algún‖lugar‖donde‖podamos‖estar‖solos.‖Yo‖solo<‖No‖puedo.‖—Se cubrió la
boca y apretó sus ojos dramáticamente. No estaba segura de si creía que algo andaba
mal.
Mase asintió hacia la casa. —Vamos adentro.
Ella asintió y después la mano de Mase se encontraba en mi espalda, guiándome
hacia adelante. Sabía que no era la idea de Aida de “solos”.‖ Comencé‖ a‖ decir‖ algo‖
cuando vio que iba con ellos.
Su rostro se arrugó de nuevo. —No puedo hablar de esto con ella. Sólo tú.
Mase negó con la cabeza, como si estuviera a punto de discutir.
—Es Heath. Está aquí con ella —dijo Aida con un sollozo.
El ceño de Mase creció. —Sé que es duro, Aida, pero no puedo dejar a Reese sola.
No conoce a nadie aquí.
Esta era mi oportunidad de ganarme a Aida, aunque sólo sea un poco. —Sí
puedes. Tengo una bebida y me puedo sentar en una de esas encantadoras sillas y
esperar. Ve con ella. Está molesta.
Mase no parecía convencido.
Aida sollozó de nuevo. —Por favor, Mase. Necesito que me ayudes en esto.
—Ve —repetí.
Por último, Mase suspiró y me dio un beso en la frente. —Vuelvo rápidamente —
susurró.
Asentí y siguió a Aida al interior. Los observé hasta que llegaron a la casa y luego
me di la vuelta para inspeccionar la escena. Estaba en una fiesta llena de extraños y
nadie más estaba sentado todavía. Tal vez las mesas estaban fuera de los límites hasta
que comiéramos.
Me dirigí a las sombras, donde las luces de los árboles no llegaban. Podía ver la
casa desde aquí y cuando Mase regresara, podría ser capaz de verlo.
No fue hasta que estuve fuera de la luz y mis ojos se acostumbraron a la
oscuridad que vi que no estaba sola. Hice una pausa. ¿Debía preocuparme? O tal vez
debería disculparme y encontrar otro punto oscuro.
—Él te deja por otra mujer y te escondes en la oscuridad —dijo una voz profunda.
Sólo pude distinguir la forma de un hombre apoyado en un fardo de heno con una
cerveza en la mano. Lo estudié rápidamente para ver si debería estar preocupada. La
primera cosa que noté fue vaqueros, luego su blanca camisa Oxford, similar a la azul de
Mase. Pero sus mangas se hallaban enrolladas hasta los codos. Lo único que pude
distinguir claramente de sus rasgos eran sus ojos verdes, que ardían con una luz
interior.
—¿Ya decidiste? —preguntó el hombre, haciéndome consciente que todavía lo
miraba.
—¿Qué? —pregunté, confusa.
Un ruido sordo que sonó como una risa vino de él. Inclinó la cabeza y me di
cuenta tenía el cabello recogido en una cola de caballo. Aunque estaba oscuro, pude
distinguir toques de luz en su cabello. Parecía que pasó mucho tiempo en el sol. —
¿Estoy seguro de estar por aquí? Eso es lo que estás tratando de decidir, ¿no es así?
¿Estaba él seguro de estar aquí?
—Eso es discutible, si me preguntas —dijo.
—¿Qué es discutible? —pregunté.
Tomó un trago de su cerveza y me estudió un momento antes de responder a mi
pregunta. —Ya sea que esté a salvo o no —se río de nuevo, a pesar de que fue bajo y casi
difícil de escuchar—, tienes una cara expresiva.
¿Cómo podía siquiera ver mi cara aquí en la oscuridad?
Cambió su postura y cruzó el tobillo izquierdo sobre el derecho. Eché un vistazo
a sus botas y me di cuenta de que no eran como las botas de Mase. Eran más como botas
de combate.
—¿Por qué estás aquí en la oscuridad? —pregunté, no queriendo decir realmente
eso en voz alta.
Levantó la cerveza. —Bebiendo mi cerveza en paz.
Asentí. Eso tenía sentido. Tal vez no le gustaban las multitudes, tampoco.
—¿Por qué estás tú aquí en la oscuridad? —preguntó.
Miré hacia la casa y no había ni rastro de Mase todavía. —Yo<‖mi‖novio‖se‖fue‖a‖
tratar con algo. Su prima se siente mal.
El tipo me miró mientras bebía su cerveza. Me puso nerviosa. Era como si
pudiera leer todos mis pensamientos. —Pero él sabe que no te sientes cómoda en una
multitud de gente que no conoces. Un hombre no debe dejar a su mujer.
Él no entendía la situación. ¿Quién era para juzgar algo que no sabía? —Su prima
está molesta. Le dije que se fuera.
—No cambia el hecho de que no debería haberte dejado.
No me gustaba este hombre. Preferiría enfrentarme a la multitud que esconderme
aquí con él. —No hagas suposiciones acerca de algo que no sabes nada —dije con rabia,
antes de girar y caminar de regreso a la luz, justo a tiempo para ver Mase, sus ojos
escanearon las mesas, buscándome. Sus largos pasos se aceleraron mientras caminaba
por las escaleras y pasaba a varias personas que trataban de hablar con él. Cuando su
mirada finalmente aterrizó en mí, pareció aliviado.
Corrí hacia él, decidiendo que no mencionaría al hombre en las sombras.
Traducido por Fany Keaton
Corregido por Lu
Mase
Aida estaba siendo dramática. Empezó a salir con Heath cuando vino de visita el
año pasado, pero significó algo más para ella que para él. Rompió con él hace un año
porque la engañó con una de sus ex amigas. Le advertí cuando empezó a salir con el
primo de Hawkins que Heath Stout era un mujeriego. Ahora, un año después, ¿tenía
una crisis dramática? Sabía que él estaría aquí.
Odiaba dejar a Reese, pero sabía que Aida no lo iba a dejar hasta que yo lo
hiciera. Busqué a Reese entre la gente. No se encontraba donde dijo que estaría. Escuché
mi nombre siendo llamado por diferentes personas, pero mantuve mi concentración
mientras la buscaba. Cuando me di la vuelta y la vi caminando hacia mí, dejé escapar un
suspiro de alivio. Estaba bien.
—Lo siento por eso —dije, a la vez que deslicé mi mano por su cintura y la atraje
hacia mí—. Aida hacía de la reina del drama.
—Estuvo bien. No me importó en lo absoluto. Solo caminé alrededor y chequé las
cosas.
Miré hacia atrás por donde vino y vi a un hombre saliendo de las sombras. Me
miraba con una sonrisa divertida, pero no lo reconocí. Llevaba vaqueros y botas de
combate y tenía una cola de caballo más impresionante que cuando yo me recogía el
cabello.
—River, ven aquí, quiero que conozcas a alguien —bramó Arthur Stout. Me giré
para verlo caminando hacia mí mientras le hacia un gesto con la mano al hombre de la
coleta.
River no parecía tener prisa.
Una vez nos alcanzó, Arthur lo palmeó en la espalda. —Mase, conoce a River
Kipling. Ha estado a cargo de Stout & Hawkins Steakhouse en Key West. Añadió
mariscos frescos al menú, y ahora es nuestra franquicia más exitosa. Lo traje aquí para
que haga lo mismo por la locación de Dallas. Conoce sus mariscos —explicó Arthur—.
River, este es Mase Colt. Es nuestro principal proveedor de ganado vacuno, a excepción
de los que criamos nosotros mismos. El rancho de Colt es todo de pura calidad.
Necesitas darle una visita y ver que tiene allí en el momento.
—De Key West a Dallas. Ese es un gran cambio de ambiente —dije, sin gustarme
la forma en que su Mirada seguía yendo hacia Reese o la forma en que ella se tensó a mi
lado.
—Algunos ambientes son mejores que otros —respondió, sus ojos fijos en Reese.
No me gustó esa mierda para nada.
—Espera a que River venga para una visita conmigo durante la siguiente semana.
Tengo un par de personas que necesito presentarle. Bebe, y lleva a esa chica bonita a la
pista de baile —dijo Arthur, antes de girarse hacia River y llevárselo. River le echó un
vistazo más a Resse y lo siguió.
—No me gusta —dijo Reese con firmeza.
Bajé la mirada hacia ella. —¿Quién?
—Ese tipo River. Me da mala vibra.
Sonriendo, me agaché y la besé en los labios. Quería esos labios. También la
quería contra la pared con su pequeña falda corta arremolinada en su cintura. Esas botas
se podían quedar puestas.
—Tampoco soy su fan.
Dos horas después, había forzado una sonrisa y hablado con cualquier persona
que mi padrastro quisiera que hablara. Reese se mantuvo escondida de forma segura a
mi lado todo el tiempo. Tenía que recordarme de no enojarme cuando las miradas de los
hombres caían en sus piernas. Las mostraba esta noche, y esperé eso. Pero no tenía que
jodidamente gustarme.
Reese me sorprendió y eligió las costillas para la cena. Me encontraba seguro de
que ella era la única mujer comiendo costillas. Verla comer una costilla era sexy como el
infierno, y tuve dificultad concentrándome en mi propio plato de comida; mis ojos
seguían yendo a su boca y la manera en que su lengua seguía saliendo para lamer la
salsa de sus labios.
Ya me hallaba listo para regresar a casa y miré alrededor por Aida. La quería
dejar aquí para que así no tuviera que lidiar con ella queriendo regresar a mi casa esta
noche‖de‖visita.‖Tenía‖planes‖para‖Reese‖y‖esa‖falda<‖y‖esas‖botas.‖
—Baila conmigo —dijo Aida, su mano agarrando mi brazo. Logró colarse por
detrás de mí.
—Ya me voy a ir —contesté.
Hizo un puchero. —No has bailado conmigo en toda la noche. Siempre
bailábamos en estas fiestas.
Empecé a decir que no de nuevo cuando Reese se apartó un poco de mí. —Ve a
bailar. Esperaré justo aquí.
—¿Ves? A ella no le importa. Bailemos. —Aida se hallaba en un estado de ánimo
mucho mejor del que la dejé. Se encontraba un poco demasiado feliz. Su humor
cambiante durante estos pasados dos días me torturaba. No me encontraba
acostumbrado a ella por tanto tiempo; normalmente vendría por unos días varias veces
al año, a pesar de que no se quedó con nosotros el verano pasado.
No quería bailar con ella. Ni siquiera había bailado con Reese, en su mayor parte
porque tenía miedo de que entrara en pánico ante la idea de bailar con todas estas
personas aquí. Era obvio que no se sentía cómoda entre extraños. Bailar con Aida,
parecía malo.
—Por favor, por favor, por favor —rogó Aida, atrayendo la atención a la vez que
tiraba de mi mano, tratando de tirarme hacia adelante—. Podemos irnos después de un
baile.
Queríamos irnos tan pronto como estuviera listo.
—Ve —dijo Reese, empujándome hacia adelante.
Demonios. No quería hacer esto. Aida y yo aprendimos a bailar por mamá
cuando éramos niños, y entretuvo a Aida cuando era pequeña. No le gustaba hacer las
cosas que yo disfrutaba, como pescar, senderismo, y acampar. A Harlow le encantaba
hacer todas esas cosas conmigo. Pero Aida siempre fue diferente. Ella disfrutaba la
atención.
Siguió rogando y tirando de mi brazo. No me libraría de esto.
—De acuerdo. Un baile —respondí, y sonrió brillantemente.
Miré hacia atrás a Reese a la vez que me empujó hacia adelante. —Ya regreso.
Reese asintió y me sonrió.
Esta era una mala idea.
Traducido por JohanaMancilla
Corregido por Vane hearts
Reese
―¿Él siempre‖baila‖con‖su‖prima‖así?‖―preguntó‖una‖voz‖profunda.‖Aunque‖solo‖
conocí al chico una vez, o dos veces técnicamente, sabía quién era sin mirar.
―Sí‖―respondí,‖a‖pesar‖de‖que‖no‖tenía‖ni‖idea.‖
Ellos realmente eran algo. No tenía ni idea que Mase podía bailar así. La gente
paró de hablar y ahora los observaban. Un baile se convirtió en dos.
―No‖es‖realmente‖listo‖―dijo‖River‖Kipling‖arrastrando las palabras.
Allí iba de nuevo, haciéndome enojar. Me di la vuelta para fulminarlo con la
mirada. En la luz, era mucho más atractivo de lo que me di cuenta. Había una mirada
despreocupada sobre él y‖no‖parecía‖afectado‖por‖la‖fiesta‖a‖nuestro‖alrededor―.‖Él‖es‖
brillante‖―repliqué.‖
River‖sonrió‖y‖sacudió‖su‖cabeza―.‖Eres‖algo‖m{s,‖Reese‖Ellis.‖
No estaba segura de lo que quiso decir por eso, pero no me importaba. Dijo cosas
malas‖ sobre‖ Mase.‖ No‖ me‖ gustaba‖ él,‖ en‖ absoluto―.‖ A‖ ellos‖ les‖ gusta‖ bailar‖ ―dije,‖
sintiendo la necesidad de defender a Mase incluso más.
―Entonces‖debería haber bailado contigo. Quizá esté avergonzado de tenerte en
su brazo y perder la oportunidad de hacerte girar alrededor de la pista de baile.
Mase no me pidió bailar. Pensé que quizás no le gustaba, pero estaba haciendo
una escena con Aida. Observé como la alzaba y hacía alguna cosa rara. La multitud
aplaudió‖ y‖ vitoreó―.‖ Ella‖ es‖ mejor‖ bailando‖ de‖ lo‖ que‖ yo‖ lo‖ soy‖ ―admití―. Yo no
podría hacer ese tipo de cosa.
Pensé que eso callaría a River Kipling, pero me equivoqué―.‖ Eso‖ luce como
trabajo, no diversión. Sostener a una mujer cerca y sentir tu cuerpo rozar contra el de
ella, la tentación de saber que no puedes tocar nada de la forma que quieres.‖ ―Se
detuvo―.‖Eso‖es‖por‖qué‖bailas.‖
Quise que se callara. No lo necesitaba en mi oído. Trataba de encontrar una forma
de encajar en el mundo de Mase, este chico no ayudaba al poner dudas en mi cabeza. La
canción terminó y Mase sacudió su cabeza cuando Aida obviamente le suplicó para
bailar una vez más.
Él volteó hacia mí, lo vi tensarse mientras su mirada se levantaba a River a mi
lado.
―Apuesto‖a que‖para‖de‖bailar‖ahora.‖De‖nada‖―dijo‖River‖en‖un‖tono‖divertido.‖
Miré hacia atrás a él mientras caminaba más allá. Llenaba muy bien un par de
pantalones vaqueros y tenía un pavoneo cuando caminaba, pero por otro lado, era
irritante
―¿Te‖estaba‖molestando?‖―preguntó‖Mase‖ mientras sus manos se deslizaban a
mí alrededor.
Olvidé al hombre irritante y levanté‖la‖mirada‖a‖Mase―.‖No, solo hablaba sobre
cuán bien bailaron.
Mase‖ frunció‖ el‖ ceño‖ a‖ eso―.‖ Sí,‖ lo‖ siento,‖ ella‖ me‖ hizo‖ bailar dos veces. Está
viniendo ahora, así que podemos ir.
Asentí.
La risa de Aida se arrastró detrás de nosotros mientras caminábamos hacia la
camioneta.‖―Amo‖bailar‖―chilló fuerte‖en‖la‖oscuridad―.‖Necesitamos‖hacer‖eso‖m{s.‖
Mase no respondió. Caminó hacia la puerta del lado del conductor y la abrió,
luego me alzó y me puso sobre el asiento, como si yo no pudiera hacerlo por mí misma.
―Puedo‖hacer‖eso‖sin‖ayuda,‖sabes‖―provoqué.‖
Él‖se‖inclinó―.‖Pero si lo haces, tu falda se subiría y veré mi peca. Aida está con
nosotros, así que no sería capaz de darle una lamida.
Mi cara se puso caliente y me dio un escalofrío, pensando como de bien se sintió
cuando‖hizo‖eso.‖―Oh.‖―Me las arreglé para responder sin aliento.
―Sí,‖oh‖―repitió‖él―.‖Cuando‖ caminemos a través de esa puerta esta noche, te
inclinaré, así podré visitar a mi peca.
Anticipación hizo a mi respiración trabarse.‖―Est{‖bien‖―dije,‖no‖sabiendo‖ que‖
más responder a eso.
―Necesitamos‖salir‖a‖bailar‖el‖próximo‖fin‖de‖semana‖―dijo‖Aida‖mientras abría
la puerta del pasajero y subía.
Mase me hizo a un lado y se subió a mi lado.
―Reese‖puede‖venir‖y‖observar.‖Podemos‖bailar‖toda‖la‖noche‖―dijo‖Aida.‖
No iba a observar a Mase y Aida bailar toda la noche, pero no dije nada.
―Me‖alegro‖que‖lo‖disfrutaras‖―dijo‖Mase‖simplemente.‖
―¡Me‖ encantó!‖ Nadie‖ m{s‖ baila‖ tan‖ bien‖ como‖ tú‖ ―dijo‖ Aida.‖ Luego sentí su
mirada en mí. Me giré hacia‖ ella‖ y‖ vi‖ una‖ sonrisa‖ de‖ suficiencia‖ sobre‖ su‖ cara―.‖
Supongo que Reese no sabe cómo bailar ya que tú no bailaste con ella en toda la noche.
Eso escoció, un poco.
La‖mano‖de‖Mase‖se‖deslizó‖sobre‖mi‖muslo―.‖Ella‖puede‖bailar.‖‖‖‖‖‖‖‖‖‖‖‖‖‖
―Oh< bien, entonces, no debes disfrutar bailar con ella. Está bien, Reese, él me
ha tenido para bailar la mayor parte de nuestras vidas y nos movemos juntos como una
maquina bien engrasada.
No me gustó la forma que ella dijo eso, había algo raro acerca de su tono.
―Amo‖ bailar‖ con‖ Reese.‖ Déjalo‖ ir,‖ Aida.‖ ―Eso‖ todavía‖ no‖ respondía mi duda.
Comenzaba a pensar que quizás Aida tenía razón. Él no quiso bailar conmigo porque
estaba acostumbrado a presumir y yo no podía presumir con él.
Mase dejó a Aida fuera‖de‖la‖casa‖de‖su‖madre‖sin‖un‖“buenas‖noches”‖y‖supe que
era su forma de dejarle saber que no era bienvenida a la casa con nosotros. Comencé a
pensar lo que él dijo sobre inclinarme y me retorcí un poco en mi asiento.
―No‖te‖pedí‖bailar‖esta‖noche‖porque estaba asustado que no querrías en frente
de toda esa gente. Parecías nerviosa y no quise añadir eso, pero no hay nada en el
mundo que preferiría hacer que sostenerte contra mí.
Esperó hasta que Aida se fue para explicar y lo aprecié. No quería que ella
supiera que me sentí intimidada por ellos bailando. Inclinándome, besé su brazo.
―Tienes razón, habría estado nerviosa.
―Sentir‖ tu‖ cuerpo‖ moverse‖ contra‖ el‖ mío‖ es‖ la‖ mayor‖ excitación. Si hubiese
bailado contigo, no me habría sido posible quedarme. No podríamos haber llegado
hasta la camioneta antes que tuviera mi mano alzando la parte de atrás de tu falda para
acunar tu delicioso trasero.
Esta vez, reí. Me gustaba esa excusa;‖me‖hizo‖sentir‖mucho‖mejor.‖―¿Por qué no
vamos adentro y puedes mostrarme exactamente qué quieres que haga? Recuerdo que
tenía algo que ver conmigo inclinada<‖‖
Los ojos de Mase se iluminaron con hambre mientras me agarraba y sacaba de la
camioneta―.‖No‖estoy‖seguro‖que‖pueda‖llegar‖adentro‖―dijo justo antes que su boca
estuviera sobre la mía. Me agarré a sus dos brazos y me hundí en él. Sus besos siempre
hacían débiles a mis rodillas. Nada más en el mundo importaba cuando su boca se
movía sobre la mía. Hacia todo perfecto por simplemente besarme.
Dejé escapar un pequeño gemido de protesta cuando él rompió el beso, pero sus
ojos brillaron con emoción y posesividad.
―Inclínate‖ y‖ ag{rrate‖ al‖ asiento‖ ―dijo en un tono autoritario que hizo a mi
estómago oscilar.
―¿Aquí‖afuera?‖―pregunté.‖
Me dio una sonrisa maliciosa―.‖ Nadie‖ está aquí afuera y solo es un poco de
juego, nena. Lo prometo.
Esa mirada en su cara podía hacerme hacer cualquier cosa. Me di la vuelta e hice
exactamente lo que dijo.
―Joder‖―murmuró él, mientras sus manos se deslizaban hacia arriba por la parte
trasera de mis muslos hasta que levantó mi falda sobre mi trasero y me quedé expuesta.
Sus dedos se deslizaron sobre mi peca. No podía verla, pero sabía dónde estaba. Él
pasaba un montón de tiempo allí. También estaba un poco sensible por su falta de
afeitado la noche pasada.
―No‖ me‖ gustas‖ en‖ faldas‖ cortas‖ ―dijo―.‖ Me‖ hace‖ preocuparme de que te
doblarás y alguien más verá esto. Esto es mío. No quiero a nadie más viéndolo.
Cerré mis ojos y tomé una profunda respiración. Iba a matarme con sus muy
sexys palabras, incluso antes de que hiciera cualquier cosa.
―Ábrelas‖m{s‖―demandó‖él.‖
Sus manos agarraron mis muslos y los abrió hasta que supe que estaba
completamente expuesta a él. Dejé escapar un gemido mientras su dedo lentamente
trazaba el calor entre mis piernas.
―Tan‖ húmedo‖ ―susurró, entonces presionó un beso en el interior de mi
muslo―.‖Tan‖suave.‖‖‖‖‖‖‖‖‖‖‖‖
―Oh,‖Dios‖―gemí,‖sintiendo‖mis‖piernas‖temblar.‖
―No‖soy‖Dios,‖nena‖―dijo‖él,‖sonando‖entretenido.‖Sonreí‖y‖me‖aferré‖al‖asiento‖
en‖ frente‖ de‖ mi―.‖ Pero estoy a punto de llevarnos a ambos al cielo.‖ ―Escuché su
cremallera deslizarse hacia abajo.
Iba a hacerme el amor aquí afuera. Fuera, al aire libre.
―Sé‖que‖dije que solo iba a jugar, pero estás mojada y hueles como crema dulce.
Necesito estar dentro de ti.‖―Su voz era profunda pero amable.
Sus manos agarraron mi cintura y lentamente se hundió dentro de mí mientras
gemía su nombre. Ser llenada por Mase era increíble. Anhelaba este sentimiento todo el
tiempo. Cada vez que me daba esa sexy sonrisa o veía sus músculos flexionarse bajo su
camiseta, soñaba despierta sobre sus brazos musculosos sosteniéndose a sí mismo sobre
mí, flexionándose mientras salía y entraba en mí.
Una‖de‖sus‖{speras‖manos‖acarició‖mi‖trasero―.‖Amo‖esto‖―gimió‖él.‖
No podía estar más de acuerdo. La única cosa que amaba más que esto, era al
hombre mismo.
Traducido por Sandry
Corregido por Mery St. Clair
Mase
Durante la próxima semana, tuve muy poco trabajo en el rancho. Cuando no
pasaba cada segundo que podía con Reese, estaba Aida, quien siempre parecía
necesitarme para una cosa u otra. Ya que Reese insistió en que fuera, lleve a Aida en
caballo otra vez a su lugar favorito junto al lago. Luego, el otro día, Aida quiso ir a la
subasta de ganado conmigo. A pesar de que tenía la intención de llevar a Reese, ella dijo
que prefería quedarse en la casa y leer, así que debía llevar a Aida.
Sabía que Reese hacía todo lo posible para agradarle a Aida. Fue por eso que
constantemente me presionaba para que hiciera cosas con mi exigente prima. No tenía la
seguridad de si Aida apreciaba eso en la forma que debería. Cada vez que podía, se
quejaba de Reese o del tiempo que pasaba con ella. Me cansaba de defender a Reese
todo el tiempo. Aida debía cambiar su actitud sobre Reese, o no la dejaría estar cerca de
Reese de nuevo.
Si Aida pensaba que esto era una competición, necesitaba saber que ya la había
perdido. Aida era mi prima. Estuvo compitiendo con Harlow una vez que su visita
coincidió con Aida. Dar a Harlow toda mi atención tampoco fue muy bien con Aida en
ese entonces. Pero éramos niños y simplemente la ignoré. Ahora somos adultos, y
actuaba como una loca.
Mi mayor preocupación era que Reese se aburriera de estar en el rancho todo el
tiempo, así que cuando recibí la llamada de Harlow para invitarnos a la primera fiesta
de cumpleaños de Lila Kate en cuatro días, me sentí aliviado de tener una excusa para
escaparme con Reese. Ya era hora de que Aida se fuera a su casa.
Blaire y Rush Finlay celebraban la fiesta de Lila Kate en el patio trasero, en su
piscina, y puesto que su casa se encontraba prácticamente en la playa, Harlow haría una
fiesta hawaiana. Ni siquiera me había dado cuenta de que era tío ya desde hace un año.
El tiempo pasó volando.
Reese se hallaba emocionada por volver a Rosemary Beach, y es sólo me
preocupó más. No tenía nada que hacer aquí en Texas. Cuando no estaba con ella, se
encontraba sola. Odiaba la idea de verla sola o triste. Tenía que arreglar esto. Quizás
meterla de nuevo en las clases y animarla a seguir trabajando en su certificado del
instituto.
Aunque prefería no confiar en mi padre —el biológico, es decir— mi hermana no
siempre fue tan cooperativa. El jet privado de Slacker Demon se encontraba programado
para recogernos y llevarnos a Florida en un par de días. La banda de rock de nuestro
padre todavía iba a enormes giras todo el tiempo, por lo que el avión privado era una
necesidad para ellos. No para mí. Podía discutir con Harlow, pero sabía que ella
acabaría ganando. El avión ya se encontraba en Dallas para recoger a un invitado de
Blaire y Rush por lo que quería que Reese y yo aprovecháramos.
Tenía todas las tareas hechas y me aseguré de todo, de manera que Reese y yo
pudiésemos volar el día antes de la fiesta. También planeábamos pasar después unos
días más en la ciudad; sabía que Reese quería ver a su amigo Jimmy. Él había sido su
mejor amigo, y hablaba con él al menos una vez a la semana por teléfono.
Cuando aterrizamos en Florida, Harlow tenía un Mercedes plateado
esperándonos en el aeropuerto para que yo lo condujera el resto del camino a la ciudad.
Sabía que esto tenía que ser cosa de nuestro padre, pero era más para Harlow que para
mí. Harlow era la única de los tres hijos de Kiro —incluyéndome a mí y a la media
hermana de Harlow, Nan— que había echado una mano en su crianza, por lo que
Harlow en realidad pensaba en él como un padre. Él la amaba más, pero ella era fácil de
amar. Caray, yo la amé mucho, demasiado, hasta que Reese entró en mi vida. La única
persona que se encontraba siempre amargada por ese favoritismo era Nan.
Reese tocó el interior del cuero de color mantequilla del Mercedes y sonrió. —
Guau. Este coche es algo caro —dijo con asombro. Ella había tenido miedo durante todo
el día. El avión la dejó boquiabierta durante unos buenos cinco minutos. El verla
caminar y explorar la cabina con asombro infantil hizo que la experiencia valiera la
pena, incluso si era cortesía de Kiro.
—Estoy seguro de que esto también es de Kiro —expliqué—. Si yo hubiera
pagado por esto, conduciríamos un camión Dodge.
—Él, eh, ¿él estará allí? ¿En la fiesta? —preguntó, casi con cautela. Como si la
pregunta fuera a molestarme.
Asentí. —No iba a perderse el cumpleaños de su nieta por nada en el mundo. Al
menos, ninguna nieta de Harlow. Y esta será la única. Harlow no puede tener más hijos.
Casi murió al dar a luz a Lila Kate.
—¿Así que Harlow es su favorita?
Me reí. Eso era un eufemismo. —Harlow es la única hija que su amada esposa,
Emily, le dio. Adoraba a Emily. Aun cuando sufrió un daño cerebral en un accidente
hace años y no puede hablar ni hacer nada por su cuenta.
Reese frunció el ceño. —¿Qué pasa con Nan?
Suspiré. —Nosotros ni siquiera sabíamos que Nan era nuestra hermana hasta
hace pocos años. Kiro no la reclamó y su madre le mintió acerca de quién era su padre.
Fue un fracaso. Y Nan es una víbora cabrona. Ya sabes. Has tratado con ella. Odia a
Harlow porque nuestro padre la ama. No es una buena situación familiar.
—Eso es triste —dijo Reese simplemente.
La miré. —¿Qué es triste?
Me miró con los ojos llenos de tristeza. —Que dijeran que tu padre era alguien
que no era, y descubrir que el padre que tienes no te quiere. Eso pondría triste a
cualquiera. Luego de ver que tu padre adora a otra hija mientras él apenas te reconoce.
Eso tiene que dejar una herida muy profunda. Me imagino que ella ha sufrido una gran
cantidad de heridas emocionales en la vida
¿Se encontraba de verdad excusando a Nan? Nadie tenía una excusa para ser
malvada y cruel. Sin embargo, aquí se encontraba Reese, sintiendo lástima por ella,
incluso después de trabajar como empleada doméstica de Nan durante un corto tiempo
y experimentar de primera mano su fealdad. Reese estaba siendo comprensiva por el
motivo que Nan tenía de ser así.
—Puedes cambiar de opinión después de haber pasado más tiempo con ella. Si es
que eso llega a suceder.
—¿No estará en la fiesta?
Lo dudaba. —Antes de que Grant encontrara a Harlow, tenía algo con Nan.
Cuando Grant se enamoró de Harlow, no ayudó al odio de Nan para ella. El hecho de
que Nan donara sangre para Harlow cuando se encontraba dando a luz a Lila Kate hizo
una gran diferencia y al menos mostró un poco de humanidad. Pero dudo que eso sea
suficiente para que Grant la invite al cumpleaños de su hija. Además, Kiro y Nan no se
llevan bien. Cada vez que están en la misma habitación, por lo general terminan
gritando.
Reese no me preguntó nada, pero me di cuenta de que le daba vueltas en la
cabeza. Intentaba encajar todo para que tuviera sentido. El problema era, nada con este
lado de mi familia tenía sentido. Kiro lo jodió todo hace años. Harlow y su hija eran todo
lo que importaba en este lado de mi familia. Y Grant, a veces. Había probado ser digno
de mi hermana, pero todavía me encontraba observándolo. Le mataría si alguna vez la
lastimaba.
Traducido por Lauu LR
Corregido por Vanessa Villegas
Reese
Limpié casas fabulosas antes, pero ninguna comparada con esta. El lugar de los
Finlay era enorme y maravilloso. Ubicado directamente en el agua, y costosos
automóviles llenaban el camino de entrada. Nos estábamos quedando con Grant y
Harlow, pero ellos ya se habían ido para preparar las cosas. Nos habíamos ofrecido a
quedarnos con Lila Kate, pero Grant dijo que se pondría quisquillosa si él no se
encontraba cerca. Mase dijo que era más probable que Grant se pusiera quisquilloso. Ver
a Grant Carter con su hija, mientras ella se tambaleaba por allí, tratando de caminar, era
adorable. Se cernía por encima de ella constantemente, listo para atraparla si se caía en
cualquier momento. Las pocas veces que se cayó, reaccionó a la velocidad de la luz,
levantándola y revisando sus pequeñas rodillas gorditas.
—Kiro está aquí. Dean debe estar con él, ya que trajeron la limo —dijo Mase sin
emoción.
Iba a conocer a dos de las leyendas de la industria musical, pero Mase no se
encontraba sorprendido. Entonces de nuevo, Kiro lo ignoró la mayor parte de su vida,
entendía porque él no estaba emocionado por ver al hombre. No me hallaba segura de
que fuera a gustarme, de todos modos. A mis ojos, tenía muchas cosas en su contra.
Antes de que pudiera salir del Mercedes, Mase se hallaba ahí para darme la mano
y ayudarme a bajar. Lo dejé ayudarme, ya que yo sostenía la larga caja rosa con puntos
cafés con el regalo de cumpleaños de Lila Kate en ella. Habíamos ido de compras a
Dallas para encontrar el regalo perfecto para el primer cumpleaños de su sobrina.
Cuando vimos un par de botas vaqueras rosas con un sombrero de cuero rosa a juego,
Mase insistió en que compráramos los dos. Eran regalos perfectos para Lila Kate de su
tío Mase.
Yo le compré un caballo de peluche para combinar con su nuevo atuendo. Mase
había dicho que le enseñaría a montar un día, pero después de ver a Grant con su hija,
dudaba que Lila Kate alguna vez llegara a lomos de un caballo. No creía que Grant
pudiera manejarlo.
—Vamos a la fiesta —dijo Mase con un guiño.
Acomodé mi vestido de verano amarillo después de que él tomó el regalo de mis
manos. Era un luau, así que me había puesto mi mejor vestido de playa y un par de
sandalias de tiras. Harlow había estado vestida similar, así que no me encontraba
preocupada por estar mal vestida para esta fiesta.
—Hay muchas personas aquí —le dije, mirando a los carros que seguían
llegando.
—Sí, Grant ha estado en Rosemary Beach la mayor parte de su vida. Es amigo de
todo el mundo.
Mase tocó una vez, y una mujer que podría haber sido un ángel de Victoria`s
Secret abrió la puerta, sonriendo brillantemente. —Mase, hola —saludó, entonces volvió
sus impactantes ojos verdes hacia mí—. Hola, Reese. ¿Cómo has estado?
—Gracias por invitarme, Blaire. Es maravilloso verte de nuevo.
Blaire retrocedió y nos indicó que entráramos. —Tú, yo, Harlow, Bethy y Della
necesitamos tener un día de chicas pronto. Incluso si tenemos que volar a Texas para
hacerlo —dijo Blaire, sonando determinada.
Nunca había tenido un día de chicas. Eso sonaba divertido.
—Harlow está afuera en la piscina. Grant tiene a Lila Kate en la piscina con Rush
y Nate. Vayan allá a ver a todos. Soy la encargada de la puerta ahora. Tomaré el regalo
para ponerlo con los otros.
—Gracias Blaire —dijo Mase, entonces puso una mano en mi espalda baja para
guiarme a través de la impresionante casa de los Finley hacia un grandioso patio trasero,
con escaleras que llevaban a una piscina que parecía pertenecer a un hotel lujoso.
Había personas en todos lados. Algunas de las mujeres usaban bikinis, mientras
las otras usaban cortos vestidos de verano como el mío. Los hombres que usaban trajes
de baño lucían todos como modelos en buena forma. Escaneé la multitud, buscando una
cara familiar además de la de Harlow.
Mis ojos aterrizaron en alguien que no había esperado ver aquí. Acostado en una
silla usando un par de shorts para nadar, mostrando un bronceado que la mayoría de
los otros hombres no tenían, lucía como si viviera en un bote. Su cabello era exactamente
como lo recordaba de la barbacoa. Café con destellos, amarrado en una desordenada
cola de caballo que lucía como si no la hubiera cepillado. Incluso con lentes de sol
puestos, podía sentir su mirada en mí. ¿Qué demonios estaba haciendo él aquí?
—Mase, es tan bueno verte —dijo una voz femenina desde detrás de nosotros, y
me volví para ver un rostro que reconocí. Había conocido antes a Della Kerrington, pero
esta vez, ella sostenía un pequeño bulto en una manta azul.
—Y Reese —dijo. Su genuina sonrisa me hizo sentir inmediatamente cómoda a su
alrededor—. Estoy tan feliz de que estés aquí.
Mase asintió con la cabeza hacia el bebé en sus brazos. —Felicidades. Escuché que
el pequeño chico nació el mes pasado.
Della bajó la mirada al bulto y sonrió. —Sí. Vino un mes antes, pero es perfecto, y
no puedo recordar nunca estar así de feliz. Él nos completa.
—¿Cuál es su nombre? —preguntó Mase.
—Cruz —dijo, volviendo a mirarnos—. Cruz Woods Kerrington.
—Nombre genial. Me gusta —respondió Mase.
—A mí también. Y felicidades —agregué.
Della sonrió cálidamente. —Gracias a ambos. Trataré de pasar un poco más de
tiempo contigo, Reese. Pero justo ahora tengo un chico hambriento que alimentar —dijo
antes de entrar.
—Me gusta —comenté mientras la observaba irse.
—Sí, es lo mejor que le ha pasado a Kerrington. El chico era una zorra antes de
ella —dijo Mase y me guiñó.
Me reí mientras deslizaba su mano alrededor de mi cintura y me dirigía escaleras
abajo hacia la piscina. Miré por encima de la silla a donde había visto la cara familiar
más temprano, pero se había ido. Raro.
—¡Mírame saltar, papi! —gritó una pequeña voz, y me volví para ver a un
adorable niño pequeño parado en la cima de una cascada de rocas. Parecía muy
pequeño para estar allá arriba, pero tenía un brillo determinado en sus ojos.
—Estoy viendo. Muéstrame lo que tienes —gritó un hombre desde el agua. Me
encontraba demasiado preocupada por el niño para alejar mis ojos de él y ver quien era
su padre. ¿Sabía su madre que estaba allá arriba?
El chico mostró una amplia sonrisa que me dijo que era un galán, incluso si era
solo un niño. Entonces brincó alto y apretó su pequeño cuerpo para girar dos veces en el
aire antes de sumergirse en el agua.
Todos aplaudieron y animaron, incluyéndome. Estaba asombrada.
Su pequeña cabeza surgió, y tenía un brillo orgulloso en su rostro. Era precioso.
—Te dije que podía hacer dos —dijo mirando a Grant. Entonces nadó y le dio a un
enorme y musculoso hombre los cinco. Sin que Rush Finley se diera vuelta, supe
exactamente quién era. Lo había visto en revistas y en la televisión antes. Era el hijo de
Dean Finley. Se dio la vuelta para sonreírle a Grant, quien se reía.
—No dudes de mi chico —dijo, lo que solo hizo que Grant sacudiera la cabeza
mientras se seguía riendo.
Rush Finley se había dado la vuelta para nadar hacia la escalera cuando sus ojos
se levantaron y vio a Mase. Si no hubiera estado completamente enamorada de Mase,
tendría que decir que este hombre era la cosa más hermosa que había visto. Pero amaba
a Mase, y nadie se comparaba. Rush tendría que quedar en un cercano segundo lugar.
—Mase —dijo Rush con una sonrisa antes de salir del agua. Tuve que apartar la
mirada, porque, en serio, estaba empujándolo. Incluso salía del agua de forma atractiva.
—Talentoso niño el que tienes —respondió Mase.
—Infiernos, sí, lo es. Al igual que su padre —dijo Rush.
—Y le gusta recordarles eso a todos —gritó Grant desde la piscina.
Me forcé a darme vuelta para enfrentar a un mojado Rush Finley. Agradecía de
que tuviera una toalla envuelta a su alrededor ahora. Sin embargo, no quitó las gotas de
agua que escurrían por su pecho.
Rush volvió su atención hacia mí. —Reese —dijo, sorprendiéndome por saber mí
nombre—. Gusto en conocerte.
Me las arreglé para dejar salir un—: Igualmente.
Luego regresó su atención a Mase. —¿Has visto a Kiro? —preguntó.
Mase negó con la cabeza. —Aún no.
—Está adentro con Emily. No la quiere mucho en el sol.
Los ojos de Mase se ampliaron. —¿Emily está aquí?
Rush pasó una mano por su corto y húmedo cabello y asintió. —Sí, no quería que
se perdiera el cumpleaños de su nieta.
Guau. De todo lo que Mase me ha dicho acerca de la mamá de Harlow, nunca me
habría imaginado que Kiro la sacaría de su instalación medica especial en Los Angeles,
ni por un día.
—Supongo que ahora que el mundo sabe que está viva, se siente seguro
sacándola —dijo Mase con una mirada desconcertada en sus ojos.
—Papá dice que cree que este es el último año que Kiro incluso grabará con
Slacker Demon. Teme que Kiro esté listo para dejar la banda. Me imagino que es tiempo
para todos ellos. Han estado en eso por veinticinco años, después de todo.
—Ya es tiempo de que se retiren. —concordó Mase.
—Sin embargo, el mundo de la música no estará de acuerdo —dijo Rush—. Pero
si están listos, entonces es tiempo de parar. Solo que no sé si mi papá ya está ahí.
Continuaron hablando, y volví mi atención a los otros. Escaneé la piscina y una
cabaña montada cerca, y mis ojos colisionaron con esas gafas de sol de nuevo. Él seguía
mirándome.
Traducido por Jeyly Carstairs
Corregido por Vanessa Villegas
Mase
No habíamos visto a Harlow desde que llegamos a la fiesta, pero ahora sabíamos
que debía estar con sus padres. Estar cerca de Emily era duro para ella. Vivió casi toda
su vida pensando que su madre había muerto. Cuando descubrió que Emily se
encontraba muy viva, pero no podía comunicarse o hacer cualquier cosa, fue difícil de
manejar para ella. ¿Pensó Kiro en los sentimientos de Harlow cuando decidió traer a
Emily aquí?
Frustrado, busqué a alguien a quien pudiera confiarle a Reese para poder buscar
a mi hermana y asegurarme de que se encontraba bien. Si nuestro padre le arruinó el
día, estaría enojado. Por una vez, tenía que pensar en alguien que no fuera él mismo.
Blaire salió, y toqué el codo de Reese. —Tengo que comprobar a Harlow y
asegurarme de que está bien con su madre estando aquí. Todo esto es nuevo para ella, y
estoy preocupado. Te dejaré con Blaire unos minutos. ¿Está bien?
Reese asintió. —Claro.
Blaire nos vio dirigirnos en su dirección y caminó hacia nosotros. —Iba a entrar y
chequear a Harlow. No está aquí, y sé que Emily está aquí, así que<‖—Mi voz se apagó,
sabiendo que Blaire entendería mi preocupación.
Blaire asintió. —Ve adentro. Eso me dará tiempo para llegar a conocer a Reese.
Tomaremos cocteles y charlaremos.
Eché un vistazo a Reese, y me dio un codazo para que fuera. —Me está
ofreciendo cocteles. Estaré bien. Ve.
Una vez que me sentí seguro de dejarla, caminé hacia la casa en busca de mi
hermana.
No tomó mucho tiempo encontrarla. Se hallaba de pie en la cocina, mirando
fijamente la pared con la mirada perdida. Esto era lo que me tenía asustado. Harlow no
debería tener que lidiar con esta mierda en el cumpleaños de su hija. Claro, era su
madre, pero no se le dio tiempo para procesar que incluso tenía una y mucho menos
aceptar el hecho de que nuestro padre la mantuvo encerrada y en secreto de todos.
—Harlow —la llamé en voz baja, porque no quería asustarla.
Se dio la vuelta, y sus ojos se encontraban húmedos con lágrimas contenidas. —
Hola —saludó en voz baja.
—Voy a decirle que se largue. No debería haberte hecho esto—dije, mi voz
revelando mi enojo.
Negó con la cabeza. —No,‖no‖ es‖eso.‖Me‖dijo‖que‖la‖traería.‖Es‖solo<‖ No‖estoy‖
llorando por ella. Estoy llorando por él. Verlo con ella es desgarrador, Mase. No lo has
visto. Hay un lado de nuestro padre que ni siquiera sabía que existía hasta hace poco.
Cuando lo ves con ella, todo tiene sentido. Él tiene sentido. Era su todo, y la perdió
tr{gicamente‖ después‖ de‖ un‖ corto‖ tiempo.‖ Sólo‖ lo‖ veo‖ y‖ pienso‖ que<‖ ¿Qué‖ si‖ no‖ lo‖
hubiera hecho? ¿Y si hubiera muerto en esa sala de parto? ¿Y si Grant hubiera tenido
que criar a Lila Kate sin mí? ¿Habría podido ser ese adorable y maravilloso padre que
resulto ser? ¿O se habría convertido en lo se convirtió Kiro?—Sorbió y limpió sus ojos—.
Tienes tanto en contra de él, y entiendo por qué. Sé que no hizo lo correcto contigo o tu
madre. Pero se encontraba tan roto, y por un momento, mi madre lo salvó, solo para
perderla. No sabe cómo ser feliz. Perdió al amor de su vida.
Comencé a argumentar que el hijo de puta tenía niños en que pensar y
responsabilidades, pero me detuve, porque el rostro de Reese pasó ante mí. La había
encontrado. Cambió mi mundo, e incluso después de tan poco tiempo, sabía que era mi
futuro. ¿Y si la perdía? ¿Y si mañana se fuera? ¿Cómo saldría adelante? ¿Podría alguna
vez recuperarme?
—¿Cómo es con ella? —pregunté, necesitando creer que Kiro podía amar. Aun
así, quería que el hombre que me dio la vida tuviera algunas cualidades redentoras.
Crecí creyendo que no tenía ninguna.
Harlow sonrió, y sus ojos mostraron tanta emoción. —La trata como si fuera
preciosa. La cosa más importante, lo más preciado en el mundo. Acaricia su cabello y le
cuenta‖ las‖ historias‖ de‖ su‖ pasado.‖ La‖ llama‖ su‖ {ngel.‖ Es<‖ es‖ hermoso.‖ Desearía‖ que‖
hubiera tenido la oportunidad de vivir la vida con ella. Creo que hubiéramos crecido
con un tipo muy diferente de padre. Tal vez incluso Nan sería diferente por eso.
¿Podría amar a alguien destruirte por completo? Nunca pensé tan
profundamente sobre ello, pero más de una vez, me preguntaba si Kiro tenía un alma.
Veía la forma en que vivía y me preguntaba como mi madre pudo haber cometido un
error tan gigante durmiendo con ese hombre incluso una sola vez.
Pero si perdió su alma cuando perdió su futuro con Emily, entonces eso lo hacía
menos un monstruo ante mis ojos. Lo hacía humano, no el dios del rock que el mundo
conocía sino un hombre que amó con todo su ser y perdió ese amor.
—Nos ama. Te ama. Está orgulloso de ti. Lo escuche contándole a‖Emily<‖a‖mi‖
mam{<‖de‖ti‖el‖otro‖día.‖Al‖parecer,‖mi madre también te amaba. Le decía sobre el buen
hombre en el que te has convertido y en lo orgullosa que estaría del niño que adoraba.
No muestra su emoción con claridad, pero Emily es su corazón. Es su único vínculo con
la felicidad. La quiero aquí con él.
Kiro nunca me dijo que estuviera orgulloso de mí. Tragué la emoción que
apretaba mi garganta y asentí. —Está bien. Entonces ven afuera conmigo. Disfruta la
fiesta de tu hija. Vamos a celebrar la vida. La tuya y la suya.
Harlow sonrió y se acercó para envolver sus brazos alrededor de mi cintura. —
Eres otra razón por la que amo a papá. Me dio el mejor hermano del mundo.
Mis ojos no picaron con lágrimas contenidas.
Bueno, tal vez solo un poco.
Traducido por Dannygonzal
Corregido por Miry GPE
Reese
Blaire nos consiguió a cada una un Mai Tai desde la cabaña y me guio hacia un
par‖de‖sillones.‖Apuntó‖hacia‖la‖cascada‖en‖las‖rocas.‖―No‖quieres‖perderte‖esto.
Volteé mi atención hacia la cascada mientras tomaba un trago de mi bebida. Nate
Finlay se encontraba de nuevo en la cima de la roca, pero esta vez, sostenía la mano de
un hombre mayor. Incluso sin el delgado y muscular cuerpo cubierto de tatuajes y los
brazaletes de oro en sus brazos, reconocí a ese hombre.
―Dean‖ Finlay‖ ―dije.‖ Sabía‖ que‖ estaría‖ aquí, pero verlo así no era algo que
esperaba.
―Sip‖―respondió‖Blaire‖en‖un‖tono‖divertido.
Nate‖gritó―:‖¡Ya!‖―Y‖ambos‖se‖hundieron‖en‖el‖agua.
―Ha‖intentado‖hacer‖que‖Dean‖dé‖una‖voltereta‖con‖él,‖pero‖no‖lo‖har{.‖Dijo‖que‖
se rompería algo importante si lo intentaba.
Me reí, pensando en lo divertido que sería ver a Dean dando una vuelta en el aire
desde la cascada.
―Tomaste‖mi‖silla‖―dijo‖una‖voz‖profunda‖y‖masculina‖detr{s‖de‖mí,‖la‖reconocí‖
al instante.
No estaba segura si debería levantar la mirada y encontrar la suya o qué hacer. Ni
siquiera podía imaginar porqué incluso se encontraba aquí. Me quedé esperando que
Mase lo notara y dijera algo, pero nunca lo hizo.
―Sé‖ agradable,‖ Captain.‖ Si‖ quieres‖ unirte‖ a‖ nosotros,‖ puedes‖ tomar‖ ese‖ asiento.‖
―Ella‖apuntó‖a‖uno al otro lado del mío.
¿Captain? Pero pensé que su nombre era River Kipling. Ninguno de esos
nombres sonaba como Captain.
―Reese,‖ este‖ es‖ mi‖ hermano,‖ Captain.‖ Es‖ un‖ sabelotodo‖ el‖ cien‖ por‖ ciento‖ del‖
tiempo‖―dijo‖Blaire.
¿Su hermano? ¿Qué?
―Un‖sabelotodo‖no, hermanita. Te dije que solo digo lo que pienso. No me ando
con rodeos. No veo el punto en malgastar palabras.
Blaire‖ dejó‖ salir‖ una‖ risita‖ y‖ rodó‖ los‖ ojos.‖ ―En‖ realidad‖ es‖ un‖ chico‖ agradable‖
una vez que logras conocerlo.
Lo conocí antes, y no estaba de acuerdo en que fuera un chico agradable.
Además, el que conocí mintió sobre su nombre.
―Yo,‖eh<‖―¿Debería‖decirle‖a‖Blaire‖que‖lo‖conocía‖desde‖antes?
―Lo‖que‖ella‖intenta‖decir‖es‖que‖ya‖me‖conoce.‖Estuvimos‖en‖la‖misma‖fiesta,‖la‖
que dio mi nuevo compañero de negocios. De cualquier forma, me presenté como River
Kipling.‖―Se‖giró‖hacia‖mí―.‖Le‖di‖mi‖nombre‖de‖pila.‖Captain‖es‖mi‖apodo.
Los‖ojos‖de‖Blaire‖se‖ampliaron‖mientras‖se‖sentaba‖m{s‖recta.‖―¿En‖serio?
Asentí. Quería agregar que en ese momento también fue un idiota, pero no lo
hice. Me gustaba Blaire. No quería insultar a su hermano.
―¿Tu‖ novio‖ no‖ ha‖ bailado‖ m{s‖ con‖ su‖ prima?‖ ―preguntó‖ Captain,‖ River,‖ o‖
cualquiera que sea su nombre.
De verdad no me gustaba este chico. Manejé una sonrisa tensa y sacudí mi cabeza
en un no. Aunque fueron juntos a montar a caballo y a un remate de ganado. Le dije a
Mase que hiciera ambas cosas con la esperanza de poderle ganar a Aida como la novia
despreocupada, pero no hice nada bien. Ella aun me miraba o me disparaba pequeñas
sonrisas triunfantes a donde quiera que saliera sola con Mase, como si hubiera ganado
alguna clase de competencia. Era increíblemente extraño.
―Observaría‖ eso‖ ―dijo―.‖ Le‖ pregunté‖ a‖ Hawkins‖ sobre‖ ellos,‖ y‖ dijo‖ que‖ Aida‖
realmente no era prima de Mase. Es sobrina de su padrastro, y también es adoptada. La
chica luce como si tuviera los ojos sobre tu hombre.
―Captain,‖es‖suficiente.‖Mase‖est{‖muy‖comprometido‖con‖Reese.‖Ella‖se‖mudó‖a‖
Dallas para vivir con él. Y la forma en que la mira es la misma con la que Rush me ve a
mí. No le des cosas sobre las que tenga que preocuparse.
Aprecié‖las‖palabras‖de‖Blaire,‖pero‖si‖lo‖ que‖Captain‖dijo‖era‖cierto,‖entonces<‖
¿era posible que Aida sintiera más por Mase que solo un vínculo familiar? ¿Ella quería
más? Me encogí ante el pensamiento. Eso sería un desastre si fuera verdad.
―No‖ has‖ visto‖ a‖ su‖ prima‖ ―dijo‖ Captain‖ respondiendo‖ el‖ comentario‖ de‖
Blaire―.‖Largo‖cabello‖rubio,‖esas‖piernas‖largas‖y‖curvas.‖Ella‖es‖algo‖para‖mirar.
¿Qué demonios? ¿Trataba de asustarme? ¿Y por qué a este hombre le disgustaba
tanto? No le hecho nada. Desde el momento en que lo conocí, fue rudo.
―Entonces,‖ Reese,‖ ¿qué‖ haces‖ all{‖ en‖ el‖ rancho‖ todo‖ el‖ día?‖ ―preguntó‖ Blaire,‖
obviamente tratando de cambiar de tema.
Además de tener sexo con Mase, dar paseos y limpiar, no hacía nada, en realidad.
Necesitaba algo que hacer. No me gustaba vivir de Mase. Quería hacer mi propio
dinero, quería conseguir mi Diploma de Equivalencia General. Era algo que planeaba
hablar con Mase cuando regresáramos. Necesitaba un plan de vida.
―Visité‖a‖mi‖familia‖en‖Chicago‖durante‖un‖mes,‖pero‖desde‖que‖regresé,‖solo‖he‖
estado pasando tiempo con Mase y merodeando por el rancho. Cuando regresemos lo
primero que necesito hacer es conseguir trabajo. Todavía no he comenzado a buscar,
pero‖pienso‖que‖tal‖vez‖en‖uno‖ de‖limpieza.‖ Y‖me‖gustaría‖regresar‖a‖la‖escuela.‖―No‖
mencioné que la escuela significaba clases para obtener mi DEG, seguido por un
programa universitario en línea, si pudiera ahorrar suficiente.
―¿Disfrutas‖limpiar‖casas?‖―preguntó‖Blaire.
En realidad no, pero por mucho tiempo, fue todo lo que pude hacer. Ahora que
podía leer mejor, tenía otras opciones. Me preocupaba el que a duras penas pudiera
concentrarme en leer y escribir en un apuro si me estresaba en el trabajo.‖ ―No‖ es‖ mi‖
trabajo de ensueño, pero soy buena en eso. Si algo mejor viene más adelante, lo tomaría.
Quiero hacer algo más que limpiar casas.
Blaire‖ sonrió.‖―Sí,‖cuando‖trabajaba‖en‖el‖club‖de‖golf,‖quería‖ser‖algo‖m{s‖que‖
una chica que manejaba el carro, así que te entiendo completamente.
―Reese.‖ ―La‖ voz‖ de‖ Mase‖ fue‖ un‖ alivio,‖ y‖ levanté‖ la‖ vista‖ para‖ verlo‖ de‖ pie‖
frente a mí. Su mirada cambió y la dirigió hacia Captain.
―Kipling,‖¿así‖era?‖―dijo,‖viéndose‖confundido‖y‖un‖poco‖enojado.
―Colt,‖¿así‖era?‖Oí‖que‖en‖realidad‖es‖Manning‖―respondió‖Captain,‖mirando‖a‖
Mase con una expresión de aburrimiento.
―Mase,‖ él‖ es‖ mi‖ hermano,‖ Captain,‖ pero‖ su‖ nombre‖ real‖ es‖ River‖ Kipling‖
―explicó‖Blaire.
―¿Hermano?‖―preguntó,‖dispar{ndole‖una‖mirada‖curiosa.
Ella asintió. ―Sip.
―El‖mundo‖es‖un‖pañuelo‖y‖toda‖esa‖mierda‖―dijo‖Captain.
―Sí‖ ―concordó‖ Mase,‖ luego‖ me‖ tendió‖ una‖ mano―.‖ Gracias‖ Blaire,‖ por‖ cuidar‖
de mi chica y darle algo de compañía. Harlow se encuentra bien y ahora viene para
disfrutar de la fiesta de su hija.
Blaire‖se‖veía‖aliviada.‖―Bien.
Deslicé‖mi‖mano‖en‖la‖de‖Mase‖y‖me‖puse‖de‖pie.‖―Disfruté‖hablar‖contigo‖―le‖
dije, mientras evitaba hacer contacto visual con Captain.
Creí que escuché una risa baja ante mi obvio desprecio hacia él, pero la ignoré.
―La‖ próxima semana estaré en el rancho con Hawkins para ver el
funcionamiento‖del‖ganado‖―le‖dijo‖Captain‖a‖Mase.
Él‖asintió.‖―Te‖veo‖entonces.
Podía decir que no era la única a quien no le gustaba Captain River Kipling.
Atravesamos el patio, y Mase me consiguió otra bebida. Mientras giraba para
entregármela, sus ojos se enfocaron en algo, o alguien, detrás de mí.
―Kiro‖―dijo‖simplemente.
Kiro. Osea Kiro Manning. Vi saltar al agua a Dean Finlay con su nieto desde una
roca, ahora Kiro Manning se encontraba parado detrás de mí.
―Me‖ alegra‖ que‖ lo‖ lograras.‖ Harlow‖ te‖ quería‖ aquí‖ ―respondió‖ una‖ voz‖
profunda.
Mase‖lo‖miró.‖―Nunca‖le‖quedaría‖mal‖a‖mi‖hermana.
El hombre tras de mí, hizo un sonido de Pfff, y la espalda de Mase se puso rígida.
Me estiré y pasé una mano por su brazo para tratar de calmarlo.
―¿Vas‖ a‖ presentarme‖ a‖ tu‖ amiga?‖ ―preguntó‖ Kiro.‖ Aun‖ no‖ me‖ giraba‖ para‖
devolverle la mirada.
Mase bajó la vista hacia mí, y me giré para dale la cara a Kiro. Era como todas las
fotos que vi de él y se movía de la forma en que lo hacía en los videos musicales. Pero
también abandonó a su hijo por años. No podía perdonarlo por eso.
―Kiro,‖ella‖es‖mi‖novia,‖Reese.‖Reese,‖este‖es‖mi‖padre,‖Kiro‖Manning.
Kiro‖ me‖ sonrió‖ y‖ sacudió‖ la‖ cabeza.‖ ―Este‖ chico‖ no‖ presenta‖ a‖ ninguna‖ mujer‖
como su novia, debes ser algo más.
―Eh,‖es,‖mm<‖un‖placer‖conocerlo.‖ ―Kiro‖sonrió.‖Se‖parecía‖tanto‖a‖la‖sonrisa‖
de Mase, que durante un momento lo miré fascinada.
―Iba‖ a‖ encontrar‖ a‖ mi‖ nieta‖ y‖ ver‖ si‖ no‖ puedo‖ lograr‖ separarla‖ el‖ tiempo‖
suficiente de Grant y llevarla‖adentro‖para‖que‖vea‖a‖Emmy‖―dijo,‖luego‖se‖alejó.
Mase no parecía estar sorprendido por la salida abrupta de su padre. En cambio,
tocó‖mi‖espalda‖baja‖y‖me‖condujo‖a‖otra‖parte.‖―Vamos‖a‖buscar‖algo‖de‖comer.
Traducido por Kyda
Corregido por Miry GPE
Mase
Pasar tiempo con mi hermana y sobrina fue agradable, y las extrañaba, pero
estaba más que listo para volver a Texas con Reese. Tener sexo no fue fácil en la casa de
mi hermana, y quería a Reese solamente para mí; Harlow seguía alejándola de mí. Sabía
que Reese necesitaba amigas, pero extrañaba tenerla cerca.
Cuando regresamos a nuestra casa, respiré de alivio. Agarré la bolsa de las manos
de Reese y la coloqué en el piso antes de jalarla contra mí. Estuve tentado de hacer esto
en el avión, pero supuse que le avergonzaría que la asistente de vuelo pudiera
escucharnos atrás, así que la dejé acurrucarse contra mí y dormirse.
Pero estábamos en la privacidad de nuestro hogar ahora, y la quería desnuda.
—Desnúdate —dije, y tiré de mi camiseta sobre mi cabeza.
Reese se rio mientras permanecía allí de pie y me observaba desabotonar mis
vaqueros.
—No bromeo, nena. Necesito estar dentro de ti ahora.
No se rio esta vez. En su lugar, jaló la camiseta que vestía y salió de su falda. Justo
lo que necesitaba.
—No te dejaré salir de la habitación hasta mañana por lo menos —advertí.
Mordió su labio inferior y terminó de quitarse sus braguitas. Esa vista nunca me
aburría. —Pruébalo —se mofó.
La levanté y arrojé sobre mi hombro. Le di una nalgada a su trasero desnudo,
haciéndola chillar. Cuando estuvimos en la habitación, la puse en medio de la cama. —
Follamos primero, luego jugaré —prometí.
Reese me mostró una sonrisa burlona y rodó, sacando su trasero en el aire
mientras se puso sobre sus rodillas y palmas. Deslicé ambas manos sobre su trasero
lleno y por detrás de sus muslos. —Querías follar. Así que, fóllame —dijo, mirando
hacia mí.
Se comportaba valientemente. Haciendo la primera movida. Mi dulce chica
estaba siendo traviesa. Jodidamente me encantaba. Me doblé sobre ella y besé su
hombro. —¿Cómo quieres ser follada, nena? ¿Suave?
Reese negó. —No. Quiero que me folles como quieras.
Esa era una respuesta cargada. Pero lo primero que hice fue besar mi peca. Reese
rio a medida que le di extra atención a ese punto antes de mover una mano hacia arriba
entre la suavidad de la parte interna de sus muslos.
—¿Está bien que follemos primero? ¿Segura? —pregunté mientras pasé mis
labios por donde acababan de estar mis manos.
—Sí, Mase. Fóllame primero —contestó con un suave gemido.
Sus deseos son mis órdenes.
Me acerqué por detrás, agarrando sus caderas y entrando, lentamente primero,
hasta que me tomó por completo. Entonces hice lo que ella quería que hiciera, pero no
fue hasta que la escuché gritar mi nombre una y otra vez, mientras su cuerpo se
estremeció, que dejé salir mi propio grito de placer.
***
Arthur Stout se reuniría conmigo en el establo hoy. Llamó ayer, diciendo que
quería hablarme con respecto a comprar uno de mis viejos caballos cuarto de milla para
que su esposa usara para la escuela de equitación que llevaba en su rancho.
Normalmente, sólo lidiaba con ganado cuando se trataba de los Stouts, pero de vez en
cuando, su esposa necesitaba un caballo confiable para sus clases. Arthur siempre venía
a mí, y tenía dos para que viera, los cuales pensaba que encajarían con las necesidades
de la señora Stout.
Le di un beso de despedida a Reese y la dejé en cama antes que sol saliera. Me
molestaba saber que estaría ahí la mayor parte del día a menos que viniera a verme. No
necesitaba esa reclusión. Aida fue a visitar a la abuela Colt por unos pocos días con mi
madre, y fue un alivio saber que no tendría que lidiar con su drama mientras descifraba
cómo hacer una vida más llena para Reese.
La camioneta F—450 de Arthur se estacionó, limpié la tierra de mis manos y salí
para recibirlo. Bañé y cepillé a Buttercup y Rose para que las inspeccionara. Ambas
cumplirían catorce años este año. Tenían la edad perfecta para nuevos aprendices.
—Buenos días, Mase —gritó Arthur mientras caminó bajando por la colina para
encontrarme.
—Buenos días —contesté, inclinando mi sombrero hacia atrás para poder verlo
mejor.
—Sin embargo, es como tarde para un ranchero, ¿Cierto, chico? —Se rio.
Sólo eran las nueve de la mañana, pero tenía razón. Nos levantábamos lo
suficientemente temprano para que las nueve fueran como las doce para el resto de las
personas. Cuando llegó a la colina, miró sobre mi aro de entrenamiento y asintió. —Se
ve bien. Las cosas deben estar yendo bien para ti. Me alegra ver eso.
—Sí, señor. El negocio está creciendo.
—Bien, bien —dijo, entonces se quitó su sombrero y limpió el sudor de su frente
con su manga—. Vine aquí para ver esos caballos como te dije por teléfono, pero
también tengo otra proposición para ti. El negocio de mi esposa está creciendo, y
necesita más ayuda en la parte de la oficina. Recibir llamadas y hacerlas. Leer correos
electrónicos y responderlos. Incluso sólo limpiar y demás —Hizo una pausa para
ponerse de nuevo su sombrero—. Escuché que tu novia buscaba trabajo. Me agrada la
chica, y creo que trabajaría bien con Piper.
¿Dónde escuchó que Reese buscaba trabajo? Ella no dijo nada al respecto.
Tampoco estaba seguro de quererla en la propiedad de los Stout. No con Hawkins
alrededor.
—Realmente no estoy seguro de que busque trabajo. No lo ha mencionado. No sé
de dónde sacaste esa información, pero piensa en volver a la escuela. Sin embargo,
aprecio la oferta.
Arthur lucía decepcionado, pero asintió. —Entiendo. Sólo pensé en comprobar.
Piper ha entrevistado a unas pocas mujeres, y han sido... mayores y la han tratado como,
eh, bueno, sólo digamos que no funcionó. Necesita a alguien más de su edad.
Asentí en comprensión, pero no me gustaba esta idea. —¿Listo para ver a las
chicas? —comenté, y me dirigí hacia los establos sin esperar a que me siguiera.
Reese no buscaba trabajo. Si lo estuviera, me habría dicho. ¿Cierto?
Traducido por Nika Trece
Corregido por Miry GPE
Reese
Ahuequé las almohadas en el sofá una vez más antes seguir paseando por la sala
de estar. Durante todo el día, limpié y pensé en cómo le diría a Mase que quería trabajar.
También quería obtener mi DEG y tomar cursos universitarios en línea, pero para hacer
todo eso, necesitaba un ingreso estable.
Permanecer aquí todo el día no iba a ser suficiente. Incluso con la pausa para el
almuerzo de dos horas de Mase, necesitaba algo qué hacer con el resto de mi día. Decirle
a Mase que quería tener mi propio dinero y pagar mis cosas no iba a ir bien. Sólo podía
sentirlo. Se pondría todo hombre de las cavernas e insistiría que podía cuidar de mí.
Necesitaba ir por otro camino. Necesitaba hacer hincapié en que quería un propósito.
Quería salir al mundo y hacer algo.
Él era un hombre razonable. Escucharía lo que le decía y lo entendería.
Antes de que pudiera estar más nerviosa, la puerta se abrió y entró Mase,
luciendo sucio, sudoroso y muy sexy. Era mi propio vaquero personal, y me encantaba.
Ver la sonrisa en su rostro era todo lo que necesitaba, ¿no? Esa sonrisa hacía que todo lo
demás pareciera menos importante. ¿Quería hacerlo enfadar? ¿Quiero discutir esta
noche? O ¿Simplemente acurrucarme en sus brazos y hablar de otras cosas? Cosas que le
hicieran feliz.
Sí… no… ¡uf! Tenía que hablar con él. Tenía que enfrentar esto. Era mi vida.
Nuestra vida. Tenía que encontrar mi dirección en esto.
—Quiero conseguir trabajo —espeté, por temor a no decirlo si esperaba—. Quiero
conseguir trabajo, un certificado y tomar cursos universitarios en línea.
Ahí. Lo dije.
Mase se detuvo y me estudió. No dijo nada por un momento, y me preocupó
haber sonado ingrata o infeliz. No era infeliz. Lo amaba. Me encantaba estar con él. Sólo
necesitaba más que permanecer aquí todo el tiempo.
—¿Quieres trabajo? —preguntó—. ¿A quién le mencionaste esto?
Negué con la cabeza. —Sólo a ti —contesté. No creí habérselo dicho a nadie, pero
tal vez se lo dije a Blaire, ¿o fue a Harlow? No podía recordar.
—¿Por qué quieres trabajo?
—Quiero ganar dinero. No quiero que pagues por mi escuela y —extendí las
manos— todo.‖Quiero‖contribuir.‖El‖permanecer‖aquí‖todo‖el‖día‖es<‖es no hacer nada,
de verdad. Necesito trabajar. Tengo que conseguir mi DEG.
Mase dejó escapar un suspiro y puso las manos en sus caderas mientras estudiaba
sus botas un momento. Estaba molesto. Hice que se molestara. Esto era lo que no quería
hacer. Abrí la boca para disculparme cuando miró hacia mí. —Está bien. Entiendo. ¿Qué
piensas acerca de contestar llamadas telefónicas, correos electrónicos y limpiar establos
de caballos?
¿Qué? ¿Trataba de darme trabajo? Eso no fue lo que quise decir. Él no me
necesitaba. Creaba un trabajo para mí. Necesitaba sentirme más independiente que esto.
Necesitaba esa seguridad. —No, Mase. No puedes crear un trabajo para mí. No
necesitas ayuda. Tengo que conseguir trabajo afuera, en el mundo y traer dinero a casa.
Una pequeña sonrisa tiró de sus labios. —No sería para mí.
—¿Eh?
Se agachó, se quitó las botas llenas de barro y las puso cerca de la puerta, luego se
dirigió hacia mí. —La esposa de Arthur Stout, Piper, da clases de equitación en sus
establos. Necesita una asistente. Arthur te ofreció el trabajo hoy.
Tomó mi mano y la sostuvo en la suya como si examinara un tesoro de valor
incalculable en su palma. —Tendrías que contestar teléfonos y tomar notas. Anotarlos.
Tendrías que leer correos electrónicos y responderlos. No le dije a Arthur sobre tu
dislexia. Eso es algo que le tendrás que decir a Piper si quieres este trabajo. Creo que
puedes hacerlo. Creo que puedes ser la mejor maldita asistente en el mundo. Pero
necesito saber si tú lo crees.
Un trabajo que no implicaba asear retretes. Un trabajo de asistente. En una
oficina. Guau. Era más de lo que pensaba que podía hacer. —Se lo diré —aseguré—. Sí,
lo quiero. Sería un gran trabajo para tener en mi currículo.
Asintió. —Estoy de acuerdo. Y creo que lo puedes hacer. No me gusta pensar en
que estés fuera todo el día, pero también quiero que seas feliz. Quiero que tengas todo lo
que quieres en la vida.
Lo quería a él. Era la cosa más importante. Pero también quería otras cosas. Este
fue el primer paso para ser mi propia persona. Estirándome, envolví mis brazos
alrededor de su cuello y lo abracé. —Gracias. Muchas gracias por esto.
Mase besó mi cabeza. —No me des las gracias por querer hacerte feliz. Tengo la
intención de mantenerte aquí. Lo que tenga que hacer para asegurarme de que eso
ocurra, lo haré.
Sonriendo, puse mi cabeza en su pecho.
—Estoy muy sucio —dijo—, pasándose una mano por el pelo.
—No me importa. Me gustas así. Eres mi vaquero sexy.
Mase se rio entre dientes. —Vaquero sexy, ¿eh? —Asentí, y me abrazó con fuerza
contra él—. ¿Por qué no nos preparó unos bocadillos, y entonces puedes tomar una
ducha conmigo para asegurarte de que este vaquero quede todo limpio?
Me aparté y le sonreí. —¿Qué clase de novia sería si me quedara aquí todo el día
y no te preparase ninguna cena?
—No huelo nada —dijo, mirando hacia la cocina.
—Debido a que es pescado frito, y las bolitas de maíz se encuentran enrolladas y
listas para hacerse. Esperaba a que llegaras para freírlos, entonces estarían ricos y
calientes. Sírvete un poco de té dulce. No me llevará, más de diez minutos freír todo. La
ensalada de col ya se enfrió en el refrigerador.
Sus ojos se iluminaron. —¿En serio? ¿Pescado frito? Maldito calor. Voy a lavarme
y poner la mesa.
Sonriendo, recorrí un dedo por su camisa sucia. —¿Por qué no tomas una ducha
así puedes estar limpio para la cena?
—Una ducha contigo suena más divertido —dijo, con una mirada enfurruñada
que me hizo querer seguirlo.
—Vas a disfrutar la comida si estás limpio. Siempre podemos ensuciarnos de
nuevo más tarde.
—Sigue hablando así, y no vamos a comer hasta más tarde.
Riendo, corrí a la cocina para sacar el pescado de la nevera antes de que me
pudiera agarrar.
—Bien. Pero nos ensuciaremos más tarde. Lo prometiste.
Le dediqué una sonrisa, y fui a calentar el aceite.
***
Mase me dejó temprano esta mañana, como siempre, pero regresó alrededor de
las ocho y media para despertarme. Piper estuvo encantada de escuchar que quería ir a
hablar con ella sobre el trabajo. Me esperaba alrededor de las once. Por suerte, Piper no
se regía por horarios de rancho. Le gustaba dormir.
Él me besó y me aseguró que podía hacer esto. También me dijo que iría a
buscarme alrededor de las diez cuarenta para darme un aventón. No tenía coche aquí,
pero no estaba segura de cómo llegar de todos modos. Esto era otra cosa que no
consideré. ¿Cómo llegaría a mi trabajo todos los días? No podía solo caminar.
Traducido por Sahara
Corregido por Mery St. Clair
Mase
No fui capaz de dejar sola a Reese. Necesitaba estar con ella mientras se reunía
con Piper. Quería sostener su puta mano a través de la entrevista completa, pero no
podía. Si Reese debía mostrarle Piper que podía hacerlo, entonces tenerme cerca,
mimarla, no ayudaría.
Piper le dio a Reese una sonrisa genuina cuando la conoció y fue muy amable.
Debió haber visto mi renuencia a irme, porque se giró hacia mí y me dijo que Reese
estaba en buenas manos y me llamaría más tarde. Era una sugerencia para que me fuera.
A regañadientes, volví al rancho. La camioneta de mi madre estaba en el camino,
lo cual significaba que Aida estaba aquí. Pero la de Major se encontraba estacionada a su
lado. No lo había visto desde al menos dos meses. Me dirigí a la casa, con la necesidad
de un poco de té dulce y algo para mi mente y las preocupaciones sobre Reese.
Abrí la puerta de rejilla, bajé al pórtico y en la pequeña entrada que conducía
directamente a la cocina. Major estaba sentado en la mesa, con un plato de galletas y
salsa. Aida estaba frente a él, frunciendo el ceño a algo. Eché un vistazo a mi madre,
quien todavía trabajaba en la cocina en algo que olía como tocino.
—Un poco tarde para el desayuno, ¿no? —Le pregunté, quitándome el sombrero
antes de que mi mamá se quejara de mí y lo colgué en el perchero junto a la puerta.
Los tres pares de ojos se volvieron hacia mí.
—Su chico favorito está en casa. Tiene que alimentarme —respondió Major con
una estúpida sonrisa. A veces creía que honestamente se tragaba eso.
—Oh, para eso. Pero sí, Major está aquí, y parecía hambriento. Sabía que tenía
que poner algo de carne a sus huesos —dijo mamá.
Major luce igual que la última vez que lo vi. De ninguna manera se moría de
hambre.
—Seguro que lo hace —dije, rodando mis ojos—. ¿Puede tu segundo chico
favorito, tener un poco de eso? —Le pregunté.
Caminé y besé la mejilla de mamá, ella me abrazó por los hombros lo mejor que
pudo. —Eres mi número uno siempre, y lo sabes. Siéntate, y déjame alimentarte,
también. Además quiero sabe todo sobre el nuevo trabajo de Reese.
—¿Reese consiguió un trabajo? —preguntó Aida, sus ojos agrandándose con
algo que no reconocí.
—¿Ya la pones a trabajar? Maldición, hombre ¿Cuál es tu problema? Mujeres
como ella deben estar en la cama todo el día. Feliz y cuidada —dijo Major, y sabía a lo
que se refería.
—Major Colt, es suficiente. No hables así en mi mesa —dijo mamá con severidad.
Le guiñó un ojo y frunció los labios como si le lanzara un beso a mamá, antes de
tomar otro bocado. Como siempre, mi madre se rio de sus travesuras. Sí hubiese sido yo,
me habría golpeado.
—Reese quería un trabajo. No le conseguí uno. Y Piper Stout le ofreció uno que
creo que disfrutará.
Major frunció el ceño y tomó un sorbo de su té. —¿Estará trabajando con los
Stouts?
Asentí.
—Eres‖ estúpido,‖ quiero‖ decir<‖ —Se detuvo de maldecir mientras sus ojos se
levantaron a mi madre, quien le miraba con advertencia.
—Creo que ella y Piper se llevarán bien.
Major arqueó una ceja. —No era a Piper a quien me refería. ¿Recuerdas a
Hawkins? ¿Verdad?
Esa era mi mayor preocupación, pero confiaba Reese. No había duda de allí. Yo
simplemente no quería que Hawkins- la hiciera sentir incómoda.
—Si en algún momento se pasa de la raya, lo manejaré. Pero no puedo
mantenerla encerrada lejos del mundo. Ella necesita una vida.
Major encogió de hombros y volvió a comer. —Lo que sea. Pero amigo, tu mujer
es caliente.
Aida dejó escapar una breve carcajada, como si pensara que el comentario era
divertido. Tanto Major como yo nos volvimos hacia ella.
—¿Qué? ¿No estás de acuerdo? —preguntó Major. El siempre peleaba con Aida.
Aunque yo era el primo con quien creció adorando, él era el primo con quien creció
peleando.
—Es gorda. ¿Has visto su trasero? Sin ánimo de ofender, Mase. Podrías haber
elegido mejor —dijo Aida, mirándome con lo que ella creía que era una sonrisa de
disculpa. No lo era.
—Reese no es gorda. No puedo creer que dijeras algo tan cruel —Mamá volvió
su mirada desaprobatoria a Aida.
Aida se encogió de hombros. —Lo‖siento.‖No‖quiero‖ser‖grosera,‖pero‖ella‖es<‖Es‖
un poco, demasiadas curvas.
Major dejó escapar una carcajada. —Estoy muy contento de haber venido aquí.
Extrañaba esto, y nadie me lo dijo. —Continuó a carcajeándose de la risa.
—El trasero de Reese es de las mejores cosas que capta mi interés. Es perfecto, y
es mío. No quiero volver a oírte decir nada negativo sobre su cuerpo o ella de nuevo.
¿Me entiendes?
Los ojos de Aida se ampliaron, y me di cuenta que nunca le hablé con tanta
frialdad o con dureza antes. Pero dijo algo incorrecto. Ser cruel no era aceptable. Ser
cruel con Reese me volvía completamente en contra de ella.
Major finalmente dejó de reír. —Reese tiene el cuerpo de una estrella de una
porno, Aida. Tu tiene el cuerpo de una modelo. Las mujeres quieren tu cuerpo. Los
hombres quieren a Reese. Es un hecho simple. Pero verte celosa no tiene precio.
Aida se puso rígida ante su comentario. —¡No estoy celosa!
—No digas que cuerpo de mi mujer es como el de una estrella porno, o vamos a
tener que llevar esto afuera de la cocina, y te haré tragarte las palabras —le advertí a
Major.
—¡No estoy celosa de ella! —dijo Aida con fuerza.
—Solo hice una comparación. Es el mejor que he visto —dijo Major con un
encogimiento de hombros.
—No lo hagas —le advertí una vez más antes de que dijera algo que no pudiera
perdonar.
—¡Mase es mi primo! ¿Por qué iba yo a estar celosa de quién sale? —escupió Aida
con rabia.
Major volvió su atención a Aida. —Porque siempre has estado celosa de
cualquier persona que te quite la atención, ya sea yo, Harlow, o diablos, un maldito
caballo. Porque desde que cumpliste dieciséis años y las hormonas se hicieron presentes,
comprendiste que no hay una gota de sangre entre ustedes dos y has estado
obsesionado con él. Él no lo ha notado porque no te ve de esa manera. Pero yo sí. Haces
todo lo posible para conseguir su atención. El problema es que ya perdiste. Te ve como
su prima y nada más.
¿Qué? ¿A dónde quería llegar Major con esto? Aida no pensaba en mí de esa
manera.
Aida se puso de pie y salió corriendo de la cocina sin decir una palabra. ¿Qué
demonios?
—Alguien tenía que decirlo —dijo Major, luego se echó hacia atrás y tomó un
sorbo de su té dulce.
—Será mejor que vaya a verla —dijo mamá, apagando la estufa—. Ustedes
pueden terminar de cocinar el tocino.
Vi como mamá salía por la puerta para buscar a Aida.
—No lo sabías, ¿verdad? —preguntó Major.
¿Saber qué? ¿Qué Aida sentía algo para mí? Joder, no. —No creo que tengas
razón —le dije.
Se rió entre dientes. —Sí, la tengo. ¿Tu mamá me corrigió o reprendió? No. Fue
tras Aida. También sabe que tengo razón. Todos lo sabemos. Solo que tú no.
Mierda. ¿Qué se suponía que debía hacer con esto? Sabía que Aida actuaba
diferente ahora que traje a Reese a casa. Cuando Aida no estaba cerca, no pensaba en
ella, ni me preocupaba sobre ella como lo hacía con Harlow. No éramos tan cercanos.
—Siempre‖ quería‖ hacer‖ todo‖ contigo.‖ “Llévame‖ a‖ bailar,‖ Mase”‖ “Vayamos‖ a‖
montar los‖caballos,‖Mase”‖“Un chico me rompió‖el‖corazón,‖abr{zame,‖Mase” —Toda
esa mierda era ridícula, pero cierta todos modos, ni una sola vez me di cuenta de lo que
ella buscaba.
No dije nada, porque... Tenía miedo de que tuviera razón.
—Infierno, es una buena cosa que ella te eligiera a ti para estar detrás. Si hubiera
sido yo, me la habría follado. No tengo la moral. Además, es adoptada, así que no estoy
muy relacionado con ella, tampoco. Y sus piernas son muy muy lindas.
Sacudiendo la cabeza, me puse de pie. No podía sentarme aquí y escuchar esto.
Necesitaba estar solo. Encontraría la manera de hablar con ella. Esto se volvería
incómodo, y tenía que irse a casa. No podía tenerla aquí cerca de Reese. No con esta
mierda loca pasando en su cabeza.
Traducido por NicoleM
Corregido por Sofía Belikov
Reese
—Ese hombre tuyo es un ejemplar hermoso. Verlo todo hombre de las cavernas y
protector contigo es caliente —dijo Piper con un guiño. Se encontraba vestida con
pantalones ajustados, botas de montar de cuero marrón y una camisa de franela atada
en la cintura, mostrando su vientre plano—. Esta es la oficina en la que estarás
trabajando —dijo, señalando una gran puerta de granero—. Entremos y hablemos.
—Está bien —dije mientras se giraba y dirigía a la puerta. Me sentía nerviosa.
Desde el momento en que Mase me soltó la mano y se fue, mi corazón había estado
latiendo aceleradamente en mi pecho y mi garganta se sentía apretada. Esta era. Mi
oportunidad de un trabajo que podría ayudarme en la vida y realmente llevarme a
alguna parte.
La puerta se abrió, y me tomó un momento observar mi alrededor. Todo el techo
tenía vigas a la vista. Bombillas Edison largas colgaban de cuerdas desde el techo,
bañando la habitación con una luz más favorecedora. Estanterías se alineaban en la
pared del fondo, y tres archivadores altos se encontraban apoyados contra la parte
izquierda de la habitación. Un ordenador con una pantalla gigante se encontraba sobre
una mesa de madera encalada. Dos sillas de cuero marrón se hallaban al otro lado del
escritorio, con un barril pequeño que servía de mesa entre ellas.
Piper se sentó en una de las sillas y me indicó que me sentara en la otra.
—Entonces —dijo, cruzando las piernas y apoyando un brazo en el muslo—.
Mase le informó a Arthur que no tienes ninguna experiencia con caballos o con el tipo
de trabajo que necesitaría. Dijo que eras una gran trabajadora y que creía que podías
hacer cualquier cosa que te propusieras. Lo que quiero saber es acerca de ti. Lo que crees
que puedes hacer. Qué quieres hacer.
Era hora. Ahora tendría que contarle acerca de mi dislexia. No tenía sentido
seguir adelante si era inaceptable para ella. Relajé el puño apretado en mi regazo y
respiré profundo. No tenía nada de qué avergonzarme. No era estúpida. Aprendí a leer,
y mis habilidades de escritura mejoraron desde que Mase comenzó a enseñarme.
—Primero, quiero que sepas que tengo dislexia. —No me detuve ni le di tiempo
para hablar—. Hasta que conocí a Mase, no podía leer o escribir. Entró en mi vida y me
ayudó a identificar la raíz de mi problema, y entonces me consiguió ayuda. Le leo
siempre, y también escribo todos los días en un diario, el cual Mase lee para revisar mi
ortografía. He trabajado duro para llegar hasta donde estoy. Sin embargo, cuando me
encuentro en una situación tensa y me siento presionada, puedo escribir algo mal o
posiblemente congelarme y no ser capaz de escribir en absoluto. Entiendo si es algo que
no crees que servirá con tus necesidades. Aun así, quiero este trabajo, y haré todo lo
posible para hacerte feliz.
Piper se quedó callada un momento antes de hablar.
Me concentré en no juguetear con mis manos. Me encontraba nerviosa, pero esta
era una parte de mi vida. Una con la que tenía que aprender a trabajar.
—Este trabajo requerirá una gran cantidad de lectura y escritura. Sin embargo,
por lo que acabo de oír, creo que tener un empleado que quiere hacer un buen trabajo y
confiarse es el mejor tipo. Necesitaré que respondas llamadas telefónicas, tomes notas,
leas y respondas correos electrónicos, y que luego me ayudes un poco con los arreos y a
limpiar los compartimentos. Si estás dispuesta a asumir este reto, quiero ofrecértelo. Me
gustan los luchadores, Reese Ellis, y para mí, tú pareces una.
Podía sentir las lágrimas formándose en mis ojos, pero las alejé. El alivio me llenó,
y sonreí. Probablemente era una de esas sonrisas enormes y cursis, pero no me importó.
Conseguí el trabajo. Yo. Lo hice.
—Gracias —dije, deseando tener las palabras para decirle lo verdaderamente
agradecida que me sentía.
Piper se inclinó y me dio unas cuantas palmaditas en la rodilla.
—Todavía no me lo agradezcas. Puede ser que llegues a odiar este trabajo, pero
espero que no.
No lo haría. Me iba a encantar. Debido a que era algo que conseguí por mi cuenta.
***
Sentada detrás del escritorio, sola en la oficina, taché la tercera cosa de la lista
frente a mí. Piper revisó todo conmigo y luego me dejó una lista de cosas que necesitaba
que hiciera hoy. Una vez que se fue, dejé escapar un gran suspiro de alivio. Estando
aquí sola, hacía que fuera mucho más fácil leer y escribir. Me encontraba completamente
enfocada.
Lo siguiente en la lista era leer y responder los correos electrónicos. Piper generó
mucho interés con sus lecciones de equitación. Ya había atendido cuatro llamadas acerca
de ello. Cuando abrí la bandeja de entrada, tenía ocho correos con consultas.
Comencé a leer el primero, pero apenas llevaba unas oraciones cuando hubo un
golpe en la puerta y luego esta se abrió. Levanté la mirada para ver una cara familiar,
pero no una que esperaba o quisiera ver, en realidad. Su cabello rubio y desordenado se
hallaba peinado hacia atrás de nuevo y se encontraba cubierto por una gorra de béisbol
al revés.
—Tienes el trabajo —dijo, con una mirada de suficiencia en su rostro.
¿Cómo supo del trabajo? Asentí, pero no hablé.
Captain se rió entre dientes y entró.
—¿Te gusta? —preguntó, viéndose como si tuviera todo el derecho de estar de
pie en esta habitación.
Asentí de nuevo.
Su sonrisa creció, y un hoyuelo apareció en su rostro.
—¿Tu silencio es un reto, Reese? Porque me encantan los retos.
Maldito hombre. Se encontraba decidido a volverme loca.
—En realidad, era una pista para que te fueras.
Me sonrió, se acercó a una de las sillas de cuero y se sentó. Estiró sus largas
piernas, y luego las cruzó.
—Me dijeron que esperara a Piper aquí. Está con un cliente. Necesito su firma en
algunos formularios, y Arthur está en Austin hoy. Piper tiene que firmar cuando no está.
Genial.‖ No‖ sabía‖ que‖ ver‖ a‖ Captain<‖ River<‖ o‖ como‖ sea‖ que‖ tuviera que
llamarlo, se encontrara en la descripción del trabajo.
Regresé mi atención a la pantalla del ordenador, pero podía sentir sus ojos en mí.
Se me hacía difícil concentrarme. Me sentía como si estuviera tratando de memorizar
cada uno de mis rasgos.
—¿Tu hombre sigue por ahí con esa prima suya?
Me tensé. ¿Por qué se encontraba tan decidido a hacerme pensar algo acerca de
ellos que no era verdad? Sabía que Mase me amaba. También sabía que no sentía nada
por Aida. A pesar de que ella podría sentir algo por él.
—No, pero eso no es asunto tuyo.
—No reconozco que lo sea. Pero no quiero estar demasiado lejos cuando lo
arruine. Tiene algo que quiero.
Todas las palabras en la pantalla se pusieron borrosas, y mi cabeza latió. ¿De qué
hablaba? ¿Mase tenía algo que quería? ¿Yo? ¿Hablaba de mí? No. Le gustaba decir cosas
para molestarme. No coqueteaba conmigo. Era un imbécil.
—Vas a tener que esperar mucho tiempo. Mase no comete errores. Es el mejor
hombre que conozco —dije, mirando las palabras desordenadas en la pantalla. Mi
enfoque había desaparecido por completo.
—Ningún hombre es perfecto, cariño —dijo, arrastrando las palabras.
No me gustaba que me llamara cariño. También odiaba que insinuara que Mase
podía hacer algo mal. Algo para lastimarme. Él no era así. Sólo porque Captain River
Quien Sea era un patán, eso no quería decir que todos los hombres lo eran.
—Mase lo es —contesté firmemente.
No respondió de inmediato, e intenté respirar hondo y centrarme en las palabras.
Haciendo de cuentas que no se hallaba allí.
—¿Te salvó? ¿Es por eso que confías tanto en él? Necesitabas un salvador, y llegó
en el momento adecuado. ¿Es eso?
Sí, me salvó. Me amaba. Pero eso no era asunto de este hombre.
—Cambió mi mundo.
Captain dejó escapar un suspiro que llamó mi atención, y me giré para mirarlo. Se
puso de pie, y esperé que eso significara que se iba. Tenía trabajo que hacer. Me
molestaba.
—También puedo cambiar tu mundo, cariño. Pero esperaré mi turno —dijo, y
luego salió por la puerta sin decir ninguna palabra.
Me quedé mirando la puerta cerrada con una mezcla de incredulidad, confusión
y enojo. ¿Quién se creía que era? Y, ¿por qué se encontraba interesado en mí? No era
como si pudiera entrar en una habitación y escoger a cualquier chica que quisiera. Tenía
que encontrar a alguien que se encontrara realmente disponible.
Traducido por FaBiis
Corregido por NicoleM
Mase
La sonrisa que iluminó el rostro de Reese cuando abrí la puerta de su oficina hizo
que todo el dolor de extrañarla y la preocupación se desvanecieran. Verla sonreír así,
sentada detrás de un agradable escritorio, hizo que todo valiera la pena. Ella era feliz.
—Lo hice. Hice todo en mi lista —dijo, con orgullo en su voz.
Me le acerqué al mismo tiempo que se levantó y tomó su bolso.
Tirándola en mis brazos, la abracé e inhale su aroma antes de cubrir su boca con
la mía. Necesitaba su sabor antes de regresar a mi camión e ir a casa. Elevó las manos y
se aferró a mis brazos. Me encantaba cuando hacía eso. Como si necesitara agarrarse de
mí.
Cuando tuve suficiente para llegar a casa, presioné un último beso en sus labios y
alejé mi cabeza así podría llevármela.
—Estoy tan orgulloso de ti.
Me sonrió.
—También lo estoy.
Eso. Eso era todo lo que necesitaba. Todo lo que quisiera hacer, haría que
sucediera si podía oír esas palabras de su boca. Tenía mucho de lo que estar orgullosa.
Nunca quería que dudara de sí misma otra vez.
—¿Lista para ir a casa? —le pregunté.
Se puso el bolso.
—Sí.
Puse mi mano en su espalda, y caminamos hacia la puerta. Se dio la vuelta y
cerró la puerta con su nuevo juego de llaves, entonces me miró.
—Piper se fue temprano. Dijo que me vería mañana, así que no tengo que decirle
que me voy.
Bien. Cuanto más pronto la llevara a casa, mejor.
Durante el viaje a casa, habló de su día y de todos los correos electrónicos y
llamadas telefónicas que respondió. Sonaba emocionada, como si hubiera disfrutado
cada minuto de ello. Deje que su felicidad alejara de mi mente mis propios sentimientos
que tenía del día. Aida estuvo fuera todo el día. Mamá dijo que solo necesitaba darle
tiempo para aceptarlo. Que era tiempo de que Aida superará ese enamoramiento que
tenía por mí. El que Major lo mencionara fue lo mejor que le pudo haber pasado. Ahora
ella tenía que superarlo y seguir adelante.
No hizo que fuera más fácil, y me encontraba preocupado acerca de a dónde
había escapado. Era joven y tan ingenua e ilusa con respecto a las cosas. El hecho de que
tuviera un enamoramiento por mí lo demostró aún más. No quería que saliera y se
hiciera daño debido a eso. Me culpaba a mí mismo.
Cuando me detuve en la entrada, la camioneta de Aida se hallaba estacionada
allí. Parecía que iba a enfrentarlo más temprano que tarde, y no quería a Reese oyendo
cualquier cosa. Aida estaba sentada en el asiento del conductor con su cabeza en el
volante, como si estuviera llorando. Excelente.
Estacioné el camión y miré a Reese, quien observaba a Aida. Nunca quise que
supiera que tenía una cosa por mí. Era algo que tenía que cerrar ahora para que
pudiéramos seguir adelante con las cosas. Los sentimientos de Reese no iban a ser
dañados con esto. Tenía que protegerla primero.
—Tengo que hablar con ella. Está pasando por algo ahora mismo, y soy el único
que puede ayudarla a superarlo —le explique. Quería entrar y cenar con Reese, luego
disfrutar de una larga ducha juntos antes de acurrucarnos y que me leyera. Pero eso no
pasaría esta noche. Tenía que dejar eso atrás.
Asintió.
—Está bien. Voy a hacer algo para cenar.
El tono de su voz era apagado, pero probablemente imaginaba cosas, puesto que
ya me encontraba preocupado por esta mierda con Aida. Me incliné y le di un beso
antes de salir de la camioneta.
Resse bajó antes de que pudiera llegar a ella.
—Ve a hacer lo que necesites —dijo y subió las escaleras sin mirar atrás.
Eso no era como Resse. Tal vez solamente se hallaba cansada y lista para entrar.
Quería acompañarla. Mierda, esto estaba jodido en todo sentido.
Me acerqué a la puerta del conductor de la camioneta de Aida y la abrí.
—Hazte a un lado, estoy conduciendo —le dije cuando levantó el rostro lleno de
lágrimas para mirarme.
No me cuestionó y una vez que se hallaba en el otro lado, me subí.
—Ponte el cinturón de seguridad —dije cuando no reaccionó para ello.
Una vez que se lo puso, nos saque de la calzada y me dirigí a la carretera
principal. Teníamos que hablar, pero iba a conducir mientras lo hacíamos. Necesitaba
algo que hacer aparte de mirarla y enfrentar esa mierda.
—Habla, Aida. Deja de llorar y habla conmigo.
Sollozó, y la vi limpiar su rostro.
—¿Qué quieres que te diga? Major dijo todo.
Bueno, eso lo aclaraba.
—¿Qué demonios, Aida? ¿En serio? ¿Cómo sucedió?
Soltó un suspiro tembloroso.
—Tú eras... eres mi todo, Mase. Siempre lo has sido. Estas ahí cuando necesito a
alguien. Nos divertimos juntos. Nos reímos. Encajamos. No sé porque no puedes verlo.
Ella<‖no‖se‖ajusta‖a‖ti.‖Yo‖sí.‖Te‖conozco‖mejor.
Hijo de puta. ¿Cómo me había perdido esto? Me sentía tan cegado.
—Eres mi prima. Maldición, Aida, te vi un par de veces al año mientras
crecíamos. No era como si fuéramos inseparables. La manera en que hablas de nosotros
suena como si hiciéramos todo juntos. No veo cómo inventaste todo esto en tu cabeza.
Ni una sola vez te he dado razones para pensar que tenemos algo o que incluso que
tuvimos algo. Apenas nos vemos.
Aida suspiró.
—No lo ves. Siempre hemos tenido una conexión. Podía sentirlo. Sé que también
lo sentiste. Reese lo arruinó todo. Crees que la amas. Simplemente no recuerdas lo que
hemos tenido.
Si, amaba a Reese. La amaba como un hombre loco. Era mi mundo. Eso no
cambiaría.
—Aida, Reese es todo lo que nunca supe que necesitaba, pero no puedo vivir sin
ella. Decirte a ti misma que hay, o había, algo entre nosotros no tiene sentido. Siempre
has estado celosa de aquellos que reciben mi atención. Lo sabía. Pero éramos niños, y
fuiste demandante. Lo pase por alto o lo ignoré. Pero esto no puede ser ignorado. Reese
es la persona más importante en mi vida.
Aida sollozó de nuevo.
—¿Por qué no puedo ser yo? ¿Qué tiene que yo no tenga? ¿Cómo puedo ser ella?
¿Cómo puedo ganar tu amor?
Maldición.
—No puedes. No funciona de esa manera. No puedes ser como ella y ganar mi
amor. Reese es la única. Encontrarás a un chico algún día que será así para ti, y ninguno
podrá comparársele.
—No quiero a nadie más, nunca lo haré —dijo con voz triste.
—Estoy tratando de ser comprensivo aquí, pero estás haciéndolo difícil. No lo
entiendo. Esto no es saludable, Aida. Tienes que verlo.
Comenzó a llorar en voz baja otra vez, y simplemente conduje. Tenía que ver la
verdad aquí y aceptarla. Las luces de Fort Worth aparecieron a la distancia. Esperaba
que una cafetería estuviera abierta, porque necesitaba algo para salir de esto.
—¿Qué si no es tu por siempre? ¿Qué si un día se va? ¿Qué tal cuando te
desenamores? No conoces el futuro. Nadie lo hace. La gente rompe, e incluso se
divorcian. ¿Qué cuando ya no la ames más?
Nada de eso sucedería, y oírla siquiera mencionarlo me molestó.
—No yo. Ese no soy yo. No me doy por vencido. Nunca me rendiría con ella.
Aida apoyó la cabeza en el asiento y dejó escapar un gemido frustrado.
—Eres tan terco.
Casi me reí. Me llamaba terco. ¿En serio?
—Esto tiene que terminar, Aida. No bromeo. Reese es mía. Es mi felicidad. Mi
razón para despertar en la mañana. Es cada sonrisa en mi cara. Ya basta. Nada lo
cambiará.
Aida cerró los ojos cuando entré en un autoservicio de una cafetería. Una cerveza
sería mejor, pero tenía que conducir, por lo que un café negro iba a tener que ser
suficiente.
—¿Quieres algo? —le pregunté.
—No —dijo de mala gana.
Pedí lo mío, y nos sentamos allí en silencio. Una vez que tuve mi bebida volví de
nuevo hacia el rancho.
—Te dejará algún día, y me habré ido. Te arrepentirás de esto. Te juro que lo
harás —dijo, mirando por la ventana.
La única cosa que lamentaba era haber perdido todos los signos y dejarlo llegar
hasta esto. Aida tenía que ir a casa. Su visita había terminado. Tenía la esperanza de que
pasaran años antes de la siguiente.
***
Cuando por fin llegué a casa después de dejar a Aida en casa de mis padres,
habían pasado más de de dos horas. Aida quiso hablar más, y la había escuchado, pero
no sentí como si hubiera hecho algún progreso. Aún me advirtió que lo estaba
arruinando. Comenzaba a pensar que mi prima era una desequilibrada mental.
Cuando abrí la puerta, me llegó el olor a ajo y mantequilla. Al entrar en la cocina,
vi el espagueti a fuego lento en una olla de agua hirviendo en la estufa. Pan francés
tostado frotado con ajo y mantequilla al lado.
Pero Reese no se encontraba allí.
Me dirigí a la habitación, y justo cuando llegué a la puerta, escuché su voz. Me
detuve y me di cuenta de que estaba leyendo. Sola. Sin mí.
Había tenido su primer día en un nuevo trabajo, y la había dejado aquí. En lugar
de poner mala cara como la mayoría de las mujeres haría, preparó la cena y ahora
continuaba con su noche. Mi instinto me golpeó. Me sentí como un idiota. Debería haber
estado aquí con ella. Debería haber cocinado para ella. Y debería estar ahí sosteniéndola
mientras leía. Eso era lo nuestro.
Al abrir la puerta, entré en la habitación, al instante encontrándola con mis ojos.
Se hallaba acurrucada en la cama, con el pelo recogido en coletas bajas y vestida con una
camiseta sin mangas y pantalones de pijama. Dejó de leer y levantó la mirada.
Entonces sonrió.
Esa sonrisa era todo lo que necesitaba en la vida. Eso y tenerla allí mismo en mi
cama. Nada era tan perfecto como esto.
—Lo siento —dije, necesitaba decirlo. Mi culpa y pesar por dejarla me comían.
Se encogió de hombros.
—Está bien. Te necesitaba.
Pero también lo hacia Reese. Nunca quise elegir las necesidades de alguien más
sobre las suyas.
—Debería haber estado aquí contigo. Debería haber cocinado tu cena y haberte
oído hablar acerca de tu día. Y debería estar en esa cama escuchándote leerme.
Reese dejó el libro en su regazo.
—Me habría gustado eso.
Esas palabras honestas me atravesaron. Ese paseo con Aida solamente me
permitió decir lo que sentía. Había desperdiciado mi tiempo. Y dejé a Reese de lado.
—Tengo que levantarme temprano. Me gustaría quedarme despierta contigo
mientras cenas y te duchas, pero Piper me necesita en la oficina a las ocho de la mañana.
Firmó un contrato para algunas lecciones tempranas, así que necesito dormir un poco.
Aunque dijo todo con una sonrisa, había tal tristeza en sus ojos que me hizo sentir
impotente. Luego se acostó y se dio la vuelta, poniendo fin a nuestra conversación.
Había metido la pata.
Traducido por Mery St. Clair
Corregido por Dannygonzal
Mase
Cuando mi alarma sonó a las seis y media, me di la vuelta y estiré. Los eventos de
la noche pasada y la tristeza con la que me fui a la cama regresaron a mí. Mase se había
ido con Aida y permaneció desaparecido durante horas. Lo esperé para comer con él por
más de un hora, hasta que estuve demasiada hambrienta para esperarlo más. Una vez
que comí y limpié, tomé un baño y el siguió sin llegar a casa.
Para cuando tomé mi libro y comencé a leer, comprendí que esto era un patrón.
Cuando Aida lo necesitaba, él iba con ella. Me preocupaba. No era su verdadera prima,
pero nunca me lo dijo. Alguien más tuvo que hacerlo.
Sacudí la cabeza, aparté las mantas y salí de la cama. Tenía que concentrarme en
el trabajo de hoy. No en Mase. Ni en Aida. Esa era una situación en la que necesitaba
encontrar una manera de atravesarlo. Tenía la esperanza de dormir con él cuando
llegara a casa a anoche después de qué le envíe un mensaje. Él me había molestado.
Quería que lo supiera. No quería quedarme detrás de su prima para siempre.
Él era mi prioridad. ¿No debería yo ser la suya?
Fui a lavarme los dientes y a vestirme. Hoy demostraría mi valía en el trabajo, y
no iría malhumorada porque Mase me defraudó anoche.
Cuando salí del dormitorio, mis ojos se posaron en Mase frente a la estufa. Estaba
de espaldas a mí, pero definitivamente cocinaba. Caminé hacia la cocina cruzando la
sala con la esperanza de ver lo que hacía.
Mase se giró justo cuando entré en la cocina y me dio esa sonrisa que hacía que
mi corazón se acelerara. —Buenos días, hermosa. El desayuno está casi listo.
¿Desayuno? Normalmente comíamos cereal o algo que su mamá, Maryann, nos
traía. ¿Y no se suponía que Mase ya hubiera bajado a trabajar a los establos?
—Toma asiento, iré a traerte tu jugo de naranja —dijo, limpiándose las manos en
el paño de cocina clavado en frente de sus vaqueros.
No me moví. Trataba de averiguar lo que pasaba.
Él hizo una pausa cuando me vio quedarme allí de pie. —¿Estás bien? —
preguntó, pareciendo consternado.
Me las arreglé para asentir y moverme hacia la mesa mientras me servía un vaso
de jugo de naranja.
—El café está preparándose. Te traeré algo dentro de pronto.
—¿Qué estás haciendo? —espeté.
Deslizó lo que parecía ser una tortilla de un sartén a un plato, luego se volvió
hacia mí. —Preparándote el desayuno. No pude prepararte la cena después de tu primer
día de trabajo. Así que pensé en arreglarlo haciéndote el desayuno antes de tu segundo
día. No es lo mismo, pero no dormí mucho. Te observé dormir y quise golpearme por
dejarte anoche. —Caminó hacia mí con una expresión seria en su rostro. Cuando dejó el
plato frente a mí, se inclinó y me miró a los ojos—. No quiero nunca ser quien te falle, e
hice eso anoche. No quiero hacerlo otra vez. Eres la parte más importante de mi vida.
Mi corazón latió a un ritmo vertiginoso. Había estado molesta con él, pero esto
hacia que me derritiera. Este era Mase. El hombre en quien confiaba y amaba. Le regresé
la sonrisa. —Gracias —susurré.
Se inclinó y me besó dulcemente. —No me des las gracias. No me lo merezco —
dijo contra mi boca—. Enójate conmigo. Lánzame algo. Infierno, nena, golpéame. Pero
no me des las gracias. Eso me mata.
Alargué mis brazos y acuné su rostro. Adoraba ese rostro. —¿Qué hay de decirte
que te amo, entonces? —dije con una sonrisa.
Cerró sus ojos y ladeó su rostro contra mi mano. —Eso siempre suena bien.
Aparté mis manos y bajé la mirada al plato frente a mí. El omelet que hizo se veía
delicioso y lleno de queso, pero era tan grande que era suficiente para tres personas. —
Trae otro plato y come conmigo. Esto está enorme.
Se rio entre dientes. —Sí, supongo que sí.
Durante nuestro desayuno, le conté todo lo que le quise decir anoche. Él me contó
sobre su día, aunque sentí como si estuviera escondiendo algo. Estaba en sus ojos. Y
nunca me contó lo que ocurrió cuando se fue con Aida.
Eso me molestó.
La mañana transcurrió rápidamente. Piper estuvo demasiado ocupada con una
lección tras otra, y tuve que salir y ayudarla a hacer un poco de limpieza y cepillar a los
caballos. Me explicó cómo hacerlo y me lo demostró una vez ayer, y yo aprendí
rápidamente. Me sentía muy cansada para cuando la hora del almuerzo llegó.
No preparé un gran almuerzo para hoy, y me moría de hambre. Mi emparedado
de pavo y manzana no sería suficiente. Quería una gran y gorda hamburguesa con
papas fritas. No era lo que mi trasero necesitaba, pero estoy segura de que era lo que yo
quería. Quizás algunas galletas con chispas de chocolate. Pensé en usar mi imaginación
y comer el emparedado que traje fingiendo que era lo más delicioso.
—¿Trajiste algo para comer? —preguntó Piper, asomando su cabeza a través de la
puerta.
No lo que yo quería. —Sí —repliqué.
—Bien. Tómate una hora de almuerzo. Iré a casa para reunirme con Arthur para
comer. Nos vemos más tarde.
Asentí, y ella cerró la puerta tras de sí. Suspirando, saqué mi bolsa de papel y la
coloqué en mi escritorio. Mañana prepararía un gran almuerzo. Algo delicioso. Algo
maravilloso.
La puerta se abrió otra vez, y levanté la mirada esperando ver a Piper, pero no era
mi jefa. Era alguien más. Alguien que no quería ver.
—Piper se acaba de ir a almorzar —dije, sonando más molesta de lo necesario.
Captain sonrió, y noté sus hoyuelos otra vez. ¿Se suponía que estos chicos
tuvieran esos hoyuelos? Eran profundos.
—Traje el almuerzo —dijo, levantando una larga bolsa de papel. Mucho más
grande que la mía.
—No te pedí un almuerzo —espeté.
Mi actitud no lo detuvo. Caminó dentro de la oficina y cerró la puerta detrás de
él. —No, no lo pediste, pero fue idea mía, y pensé ¡al diablo! Haz algo amable por
alguien hoy, Captain. —Dejó la bolsa en mi escritorio. El olor de algo delicioso golpeó
mi nariz. Mucho mejor que mi emparedado—. Así que ordené la mejor jodida
hamburguesa de Texas, y decidí conseguir dos y te traje una. Segundo día de trabajo,
imaginé que necesitabas algo bueno.
Me trajo una hamburguesa. ¿Bromeaba? ¿Podía leer mentes?
Cuando colocó la bolsa en frente de mí, estaba segura de que babeaba. Olía
maravilloso. Él estaba siendo amable. ¿Quién era yo para rechazar el almuerzo que tanto
había soñado?
—Esperaba más comentarios sarcásticos. La posibilidad de que me lanzaras la
jodida hamburguesa a la cara. Ese tipo de cosas —dijo Captain, sonando petulante.
Debí haber hecho todas esas cosas, pero quería la comida. La idea de comer mi
emparedado de pavo ahora era simplemente triste.
—Para endulzar el trato, tengo una rebanada de pastel de fresa —añadió. No eran
galletas de chocolate, pero era un buen sustituto. Abrió la bolsa como si yo no pudiera
hacerlo.
—Tú ganas. Tengo hambre.
Entonces se rio. Una risa real. No una risa listilla o de imbécil. Me agradó esa risa.
No era mala. Ni cerca de la persona molesta que él era usualmente.
—Bien, gracias. Esto significa que mi buena acción del día está completa y puedo
seguir mi camino a ser un bastardo.
Esta vez. Yo reí.
Cuando retiró una silla y comenzó a abrir su comida, noté que él se quedaría. No
estaba segura de eso. Me parecía demasiado familiar. No éramos amigos. No éramos
nada.
—Solo come, Reese. No voy a saltar la mesa e ir tras de ti. Solo voy a comer antes
de que mi comida se enfríe.
Correcto. Bien.
Observé como levantaba su hamburguesa y le daba un mordisco. Se veía
deliciosa. Aparté mis preocupaciones a un lado e hice lo mismo.
Comimos en silencio, y decidí que esto era correcto. Nada raro, en absoluto. Y las
hamburguesas eran la mejor cosa que había puesto en mi boca. Las patatas fritas
también cumplían mis fantasías. Cuando casi terminaba, habló otra vez.
—¿Te fuiste a casa sola anoche? ¿Ya que tu hombre se quedó bebiendo café con su
prima?
¿Fue a tomar un café con ella? Pensé que ella estuvo llorando. ¿Se quedaron hasta
tarde tomando café? —Ella estaba molesta. Él intentaba consolarla —dije, apartando la
comida. Ya no tenía hambre. Ni siquiera la idea del pastel de fresa me atraía más.
—Oh, no parecía molesta cuando los vi. Incluso lo vi a él reírse. Le debería dar
vergüenza dejarte ir a tu casa sola de noche. Era tu primer día de trabajo. Debió haber
estado contigo allí.
—Basta —dije, levantándome y poniendo distancia entre nosotros. No quería
escucharlo expresar mis propios miedos. Era suficiente para mí con escucharlos en mi
cabeza.
Cerró la bolsa y se reclinó en su silla para mirarme. —No manejas bien la verdad,
¿cierto?
—Estoy bien con la verdad —contesté, alzando la voz. Me provocaba. Me estaba
poniendo furiosa otra vez. Era bueno en eso.
—Entonces, ¿Por qué cuando te cuento lo que vi y cuan incorrecto me parece te
molesta? Solo digo la verdad. Cualquier hombre que te tenga en su casa debería
mantener su culo allí a tu lado.
No, no, no. No escucharía esto. Decía estas cosas para que dudara de Mase. No
dudaría de Mase. Había hecho eso una vez y casi arruiné todo. —Se siente mal por
dejarme. Se disculpó una y otra vez e incluso me preparó el desayuno esta mañana.
Mase es un buen hombre. Me ama. Así que deje de intentar hacerme dudar de él.
Captain se puso de pie y mantuvo su mirada centrada en la mía. No sonreía
ahora o parecía como si estuviera a punto de decir algo sarcástico. Era la primera
expresión verdadera que veía en él. —No estoy tratando de molestarte. Estoy tratando
de mostrarte que no todos los hombres son lo que parecen ser. Nadie lo es, cariño. Lo he
visto muchas veces. Y la primera vez que vi tus ojos, vi un dolor que yo comprendí.
Antes de que abrieras tu boca y encantarás mi dura y amarga alma, quería protegerte.
No puedo evitarlo.
No tenía palabras. Él tenía que irse. Esto no fue un almuerzo inocente. —Vete,
por favor —dije, señalando la puerta.
No discutió. Simplemente asintió, se dio la vuelta y se fue.
Estuve allí de pie mirando la puerta cerrada por un par de minutos. Él era
peligroso. No podía dejar que se acercara a mí otra vez. No quería su honestidad. No
quería sus verdades. Solo quería a Mase.
Traducido por Jadasa
Corregido por Miry GPE
Mase
Algo molestaba a Reese. Desde el momento en que la recogí esta tarde, la sentía
ausente. Su sonrisa no llegaba a sus ojos. También parecía empalagosa. No me quejaba
de eso. Pero no dejaba que me alejara mucho de ella. Nos duchamos juntos y tuvimos
sexo sobre el mostrador del baño antes de movernos al sofá y acurrucarnos.
En este momento, se encontraba sentada en mi regazo con su brazo alrededor de
mis hombros y su cabeza en mi pecho. Aún me corroía la culpa de lo de anoche. ¿Era
por eso que actuaba de manera tan diferente? ¿Le preocupaba que la dejara de nuevo?
¿Pensaba que tenía que aferrarse a mí? Jodidamente me encantaba cuando se aferraba a
mí, pero no quería que lo hiciera porque sentía que tenía que hacerlo.
Quería que supiera que siempre sería de ella. No necesitaba aferrarse a mí. No
iría a ninguna parte. Arrastré mis dedos sobre sus muslos desnudos, pensando en todo
lo que pasamos y lo lejos que ella había llegado.
Creció tanto, y nunca me perdonaría si mis estúpidas acciones me alejaban de
ella. Tanto como era suyo, ella era mía. Nadie más me tendría de esta manera.
—Te amo —susurré en su cabello.
—También te amo —contestó, y con su dedo trazó un corazón sobre mi pecho.
—No me iré de nuevo —le dije. Necesitaba que me creyera.
No contestó. En cambio, continuó trazando ese corazón sobre mi pecho una y otra
vez.
—Me posees, Reese. Tienes que saber eso, nena. Saber que soy tuyo.
Dejó de trazar sobre mi pecho y levantó su rostro para mirarme. —¿Qué pasa si,
un día, ya no eres mío y no puedes evitarlo?
¿Qué quiso decir con eso? —Puedo jurarte que siempre será así para mí. Nadie
encaja conmigo como tú. Nadie me hace sentir completo. Nadie más lo hará.
Sonrió y besó mi pecho. —Quiero creer eso.
Bueno, que me jodan. También quería que lo creyera. Pensaba que lo creía. ¿Y si
mi estúpido error de anoche la hizo dudar de eso? ¿Dudar de mí?
Acuné su rostro entre mis manos y la sostuve para que me mirara directamente a
los ojos. —¿Me ves? Este hombre frente a ti te amará hasta el día en que muera. Eres la
única para mí, Reese. Mi única.
Se relajó en mis brazos y se apoyó en mí. —De acuerdo.
¿De acuerdo? ¡Ja! ¿Eso era todo lo que iba a decir? ¿De acuerdo?
—¿Ese‖“de‖acuerdo”‖significa‖que‖me‖crees?
Asintió. —Te creo. Siempre te creo.
La abracé fuertemente contra mi pecho. Este era mi hogar. Ella era donde mi
hogar siempre estaría. Ya era hora de que diera el siguiente paso y que le demostrara
que me encontraba en esto. Para siempre.
***
Esta mañana, Reese hablaba con su padre por teléfono. No tenía que ir a trabajar
hasta las nueve, por lo que llamó a su padre para ponerlo al día. Hablar con la familia no
era algo que Reese acostumbraba hacer. Esperaba que él quisiera que ella lo visitara de
nuevo pronto, y necesitaba preparar el rancho para mi ausencia. No se iría sin mí de
nuevo.
—Sí, me encanta. Piper, mi jefa, es realmente genial. Y aprendí a cepillar los
caballos —dijo, charlando alegremente.
El solo escucharla me hizo sonreír. Al principio, no estuve seguro de lo que sentía
acerca de que él entrara en su vida. Temía que buscaba algo. Pero no era así.
Honestamente quería conocer a su hija. Reese necesitaba eso más de lo que siquiera me
daba cuenta. El horror de su pasado parecía estar desapareciendo, aunque sabía que de
alguna manera siempre sería parte de ella. Simplemente no dejaba que definiera su vida.
No usaba más a su madre y a su padrastro como excusas para no lograrlo. Reese creía
en sí misma.
Después de que dejé a Reese en el trabajo, fui a casa de mamá. No hablaba con
ella desde lo de Aida. Sabía que la camioneta de Aida se fue, pero no le pregunté al
respecto. Ver que no estaba era más que un alivio.
Sin embargo, la camioneta de Major seguía allí. Él estuvo afuera todo el día de
ayer, pero aparentemente, no salió de la ciudad. Estacioné mi camioneta y me dirigí
hacia el interior.
Major bebía una taza de café y comía de nuevo. —¿Qué crees que es esto? ¿Una
pensión? —me quejé, entrando para besar a mi mamá y servirme una taza de café.
—No seas odioso. Hay mucho para ti también —dijo con la boca llena de comida.
—Buenos días, hijo —dijo mamá.
—Buenos días, mamá.
—¿Reese está en el trabajo? —preguntó.
Asentí y tomé un sorbo del líquido caliente.
—¿Le contaste que tu prima está caliente por ti? —preguntó Major.
Si no estuviéramos en la cocina de mamá, hubiera estrellado mi puño contra su
rostro.
—Major —advirtió mamá.
Levantó ambas manos. —Solo preguntaba.
—Aida regresó a casa de sus padres. Dejó la universidad este semestre, y van a
obligarla a regresar este verano. Su papá no está contento con que lo dejara para venir
aquí —explicó mamá—. Pero ella es joven, y aprenderá. Vamos a dejar esto atrás.
—Entonces, no se lo contaste a Reese ¿verdad? —preguntó Major, sonriendo.
Lo fulminé con la mirada por encima de mi taza de café.
—Tampoco tendría que contárselo. Si realmente piensas en ello, es espeluznante.
—¿Te callarías? —gruñí.
Se puso de pie con su plato vacío y se dirigió al fregadero. —Por supuesto. Me
callaré. Tengo trabajo al qué llegar.
—¿Trabajo? —pregunté, sorprendido.
—Sip. Trabajo en la construcción de la ampliación de Stouts y Hawkins. Su nuevo
chico supervisando el proyecto, River Kipling, me contrató. Si éste es tan exitoso como el
de Key West, entonces Arthur lo enviará a Rosemary Beach para construir otro, y
también iré. Encontraré una de esas bellezas de las que he escuchado mucho.
La idea de River Kipling mudándose a Florida, lejos de Dallas, era muy atractiva.
Traducido por Beluu
Corregido por Annie D
Reese
Piper entró a la oficina una hora después de que llegué, llevando dos tazas de
café. —Buen día —dijo, animada.
Sin importar lo extraño que fuera imaginarla casada con Arthur, un hombre que
podría ser su padre, de verdad me agradaba Piper. Tenía los pies en la tierra, y la
observaba con los chicos que entrenaba. Era amable. Ahora me sentía culpable por
pensar que Arthur se casó con ella por su belleza y juventud, mientras que ella se casó
con él por su dinero. Piper no me daba esa impresión.
—Buenos días —respondí, tomando la taza que me entregaba—. Gracias. Lo
necesitaba.
—Todos necesitan una buena taza de café. —Tomó uno de los asientos de cuero
al otro lado del escritorio—. Así que, dime, ¿qué te parece este trabajo?
Amaba trabajar aquí. Sentía que era productiva. —Estoy disfrutándolo mucho.
Piper tomó un sorbo de su taza y me sonrió por encima del borde. —Bien —
dijo—. Estoy muy contenta con tu trabajo. En todo lo que has hecho, has entregado el
cien por ciento. Trabajas con esmero y como si significara algo para ti. Es difícil
encontrar eso en un empleado. Espero que podamos mantenerte alrededor por un rato.
—Gracias —respondí, sintiendo mi pecho hincharse con orgullo. Estuve tan
preocupada de no sería capaz de hacer este trabajo correctamente, y aquí me decía ella
que se encontraba impresionada con mi labor. Podía hacer esto. Mase tenía razón. Él
creía en mí, y yo necesitaba comenzar a confiar en mí, también.
—Ahora que demostraste que puedes manejar las tareas diarias, necesito añadir
una cosa más a tu lista. Mi marido tiene a un tipo trabajando en preparar y expandir el
menú para incluir mariscos en su parrilla aquí en Dallas, algo que ya ha hecho
exitosamente en Key West. River Kipling. Él ha pedido un poco de ayuda para llenar
recibos y facturas. Hasta que la expansión esté completa, Arthur necesita utilizar mi
archivador adicional para organizar todo eso. Necesitaremos que archives la
documentación que traiga River, y ocasionalmente te pedirá que hagas llamadas en su
nombre mientras está aquí.
Oh, no. ¿Cómo podía decirle que no quería trabajar con River? Acababa de decir
que hacía un buen trabajo y que quería que me quedara. No me podía negar a esto.
Además, él sólo vendría a dejar cosas cada cierto tiempo. No era gran cosa. Hacia un
escándalo de algo que no lo era.
—Está bien, seguro —respondí, aunque no me sentía segura para nada.
Ella me dio una sonrisa aprobadora y tomó un último sorbo de su café antes de
ponerse de pie. —Debería pasar en algún momento antes del almuerzo para repasar las
cosas contigo. Le dije que ibas a estar esperándolo.
¿Hoy? ¿Ya? Necesitaba más tiempo. Asentí. Eso era todo lo que podía hacer.
—Genial. Bueno, de vuelta al trabajo. Tengo un estudiante llegando dentro de
cinco minutos. Que tengas una buena mañana, Reese.
Creo que murmuré algo sobre que ella tuviera una buena mañana también, pero
no estaba segura. Mi mente asimilaba el hecho de tratar con River<‖ o‖ Captain. Tenía
que hablarle a Mase sobre esto. Necesitaba saber que iba a ver a River más a menudo,
pero ¿luego qué? Él estaría furioso y yo probablemente perdería este empleo.
Me gustaba mi trabajo. No iba a conseguir uno mejor. Tener este en mi
currículum iba a mostrarme mejores oportunidades.
En algún punto, fui capaz de sacar a Captain de mi mente el tiempo suficiente
para concentrarme en mis llamadas y correos electrónicos. Cepillé dos caballos para
Piper, hice otra tanda de café y le llevé una taza. Justo antes de estar lista para almorzar
y luego de que Piper se fuera a comer con su esposo, la puerta de mi oficina se abrió.
Sabía quién era sin alzar la vista.
El mismo cabello desordenado en una cola de caballo, la misma sonrisa
sabelotodo. Sólo le di una mirada antes de volver a observar la pantalla de mi
computadora y terminar de leer un correo. O al menos intentar.
—¿Estás enojada por este acuerdo? —preguntó, acercándose para dejar una bolsa
en mi escritorio.
No podía ignorarlo; Piper me pidió que lo ayudara. Me forcé a mirarlo. —¿Qué
tienes para mí? —pregunté, encogiéndome interiormente.
Él sonrió, satisfecho. —Primero, tengo un poco de la mejor comida mexicana en
Dallas para ti. Después de que comamos, podemos ponernos con lo demás.
Me trajo comida de nuevo. Esto no era sólo amigable; lo sabía. Él intentaba
coquetear conmigo. Pero yo era de Mase, y esto no iba a funcionar. —Ya comí —mentí.
Captain sacudió la cabeza como si estuviera decepcionado de mí. —No soy
fanático de los mentirosos.
Ugh. Este hombre me hacía enojar. —Simplemente pongámonos con los negocios.
¿Qué quieres que archive? —No iba a jugar al gato y al ratón, o a cualquier cosa que
estuviera intentando hacer conmigo.
Él abrió la bolsa y sacó el taco con el olor más delicioso del mundo. Lo
desenvolvió antes de tomar un bocado y sentarse en una de las sillas enfrente de mí.
¿Qué hacía, trataba de torturarme? —Es mi descanso para almorzar. Pensé que podía
compartirlo contigo, pero dado que quieres fingir que ya comiste, estoy seguro de que
no te importará si como enfrente de ti. Estoy muriendo de hambre.
Fantástico. Intenté respirar por la boca para no oler el taco delicioso, pero ya
podía saborearlo. Y quería uno. Levantando la vista de nuevo hacia mi computadora,
releí la misma oración tres veces, y cada vez decía algo diferente. Él me ponía nerviosa,
y no me gustaba.
—¿Podrías pasarme otro taco? —preguntó, y alcé la vista para verlo arrugar la
envoltura vacía.
—No sabía que mi nuevo trabajo incluía alimentarte. Tómalo tú mismo —espeté.
Esto sólo lo hizo reír. Podía verlo por el rabillo de mi ojo, poniéndose de pie y
tomando otro taco de la bolsa. Se quedó allí y lo desenvolvió, luego lo dejó justo
enfrente de mí antes de tomar otro y sentarse de nuevo al otro lado del escritorio. —Son
unos tacos condenadamente buenos —dijo.
Intenté no observar el taco. ¿Por qué estaba tan decidido a alimentarme? ¿Y por
qué siempre traía cosas buenas para comer? ¿Por qué no podía traer algo que no me
gustara? Las cosas serían mucho más fáciles de esa manera.
—Sólo cómelo, Reese. No es una propuesta de matrimonio; es un maldito taco,
por el amor de Dios.
Le lancé una mirada furiosa, luego me rendí y tomé el taco para darle una
mordida. No lo miré, pero él no se regodeó. Nos quedamos sentados silenciosamente, y
yo terminé el taco, aunque sentí un golpe de culpa con cada mordida.
—¿Uno más? —preguntó Captain.
Pensé que ya que me comí uno, bien podría comerme dos. No hablamos. No
discutimos. Fue pacífico, y esperaba que el lado de negocios de nuestra relación fuera
así de bien.
Él limpió los residuos de los tacos y luego sacó un gran sobre y lo dejó enfrente
de mí. —Esta primera pila es un desorden, y hay un montón de recibos. Intentaré
traértelos cada par de días para que no suceda de nuevo. Y, ¿tienes celular? Tendré que
poder mandarte un mensaje cuando necesite que hagas algunas llamadas por mí.
Tenía celular, pero no estaba segura de que él mandándome mensajes fuera una
buena idea. Simplemente lo observé, silenciosamente.
Él suspiró y alzó las cejas mientras me dedicaba una mirada exasperada. —
¿Prefieres que te mande un mensaje o que te visite cada vez que necesite que hagas unas
llamadas?
Rápidamente le di mi número, lo que lo hizo reír.
—Estaré aquí el lunes para repasar algunas otras cosas que necesito que archives
y clasifiques por separado.
Asentí. ¿Podía irse ahora?
Captain me dio una sonrisa, luego se giró para irse. —Disfruté el almuerzo
contigo —dijo, justo antes de salir de la oficina. Siempre tenía la última palabra. Era
molesto.
Traducido por Kells
Corregido por Vane hearts
Mase
―Viernes en la noche. Vamos, hombre. Reese va a disfrutar de un buen bar. No
has estado conmigo en años. Vamos a tomar, a jugar un poco de billar y bailar. Será
divertido ―me acosó Major mientras se sentaba en el poste de la cerca mientras yo
trabajaba en el nuevo caballo cuarto de milla, Bingo.
Fui más que positivo en que Reese disfrutaría de un bar. Ignoré la sugerencia de
Major por quinta vez consecutiva. ―¿No tienes trabajo que hacer? ―pregunté, molesto
porque decidió venir a fastidiarme.
―Entro después de las dos. Oye, vamos a jugar boliche. Puedo patear sus
traseros.
Le disparé una mirada. No iba a ir al boliche. ―¿Estás solo? ¿De eso se trata?
¿Terminaste con Cordelia?
Frunció el ceño como si no estuviera seguro de que hablaba. ―¿Cordelia?
Demonios, hombre, no la he visto desde hace un mes o más. No es como si quisiera
ponerle un anillo. Solo fue buen sexo.
Rodando mis ojos, volví al trabajo. A veces era imposible hablar con él.
―Vas a extrañarme cuando esté en Florida. Sabes que lo harás. Bien podrías tener
todo el Major que quisieras mientras estoy aquí.
―Ya tuve lo suficiente de ti. Siempre estás en la cocina de mi madre rellenando tu
cara.
―Awww, ¿estás celoso porque me ama más?
―No<‖ ¿Pero‖ ya‖ te‖ acostaste con la nueva novia de tu padre? ―repliqué,
pensando que eso lo molestaría. Contribuyó con terminar el último matrimonio de su
padre acostándose con su madrastra.
Solamente río. ―Aún no. ―Si no lo conociera tan bien, pensaría que bromeaba.
Lamentablemente, probablemente era en serio―. ¿Está Reese a gusto con su trabajo?
―preguntó, saltando de la cerca. Quizá eso significaba que me dejaría en paz.
―Lo ama. Piper ha sido buena con ella.
―Qué bueno saber que no tengo que patear el trasero de nadie, entonces ―dijo
con una sonrisa.
Ni siquiera le respondería. Amaba intentar hacerme enojar. ―Ve a trabajar —
―dije.
―Aún no es tiempo ―respondió.
―Entra más temprano.
Iba a comprar un anillo mañana, o al menos buscar uno que quisiera ver en la
mano de Reese. No podía imaginar cómo sería exactamente, pero debía ser perfecto.
Tenía que ser como Reese.
Mientras trabajaba todo el día, pensé en diferentes maneras de proponerme.
Quería hacer algo especial que nunca olvidaría y pudiera compartir una y otra vez. Se
merecía lo mejor. Le iba a dar eso. Por el resto de mi vida.
Esos pensamientos me tuvieron todo el día y me impidieron extrañarla
demasiado. Tenía ganas de ir por ella todos los días. Miré el reloj mientras se acercaban
las cinco, poniéndome más ansioso con cada minuto.
Cuando abrí la puerta de su oficina, su trasero estaba al aire mientras se agachaba
sobre la gaveta del archivador. Los pantalones que llevaba le quedaban como una
segunda piel.
―No te muevas ―dije, caminando detrás de ella y deslizando mis manos sobre
su trasero regordete.
Inclinó la cabeza hacia un lado y levantó la mirada con una risita. —Bueno, hola a
ti también.
―Mi chica tiene un trasero grandioso ―respondí, mientras permanecía inclinada
para mí.
―Gracias, pero si me quedo en esta posición, voy a terminar con un calambre.
Quité las manos de su trasero y di un paso hacia atrás a regañadientes. Cuando se
enderezó, tomé sus caderas y la jalé contra mí. ―Mmmm ―murmuré en su oído―. Te
extrañé.
Se derritió contra mí. ―También te extrañé.
Deslicé sus manos en el frente de su camisa y acuné sus pechos, dejando que su
pesadez llenara mis manos.
Inclinó su cabeza contra mi pecho y dio un suave gemido que solo me animó
más. Con un tirón, bajé las copas de su sostén y agarré cada pezón entre mis dedos. ―Se
siente tan bien ―le susurré en la oreja antes de besar su sien.
―No podría estar más de acuerdo ―dijo sin aliento.
Teniéndola toda derretida y dispuesta para mí era difícil para mí autocontrol. Ya
la imaginaba inclinada contra el escritorio y llevándonos a un lugar feliz. Empecé a bajar
mis manos, pero las tomó y las llevó hacía allí.
―No ―dijo, presionando su pecho contra mis manos―. Necesito este trabajo.
La necesitaba a ella, pero esto podría hacerse en mi camioneta si no podíamos
llegar a casa.
―Quiero quitar estos pantalones ajustados y hundirme dentro de ti, nena.
Necesitamos irnos. Ahora.
Sus manos fueron hacia su cadera y empezó a desabotonar sus pantalones. ¿Qué
demonios? A Reese le gustaba tener sexo, pero nunca fue de las que lo iniciaban en
lugares públicos, donde alguien podría entrar. Incluyendo a su jefa.
―Piper fue a una junta de negocios con Arthur. No hay nadie aquí ―dijo
mientras deslizaba sus pantalones hacia abajo y movía sus caderas. Los pantalones
cayeron a sus tobillos y entonces puso ambas manos en la orilla del escritorio, tirando su
cabello hacia un hombro y mirándome―. Te necesito ahora.
Esta no era ella, pero no iba a quejarme. Su dulce culo se movía y esperaba. De
ninguna maldita manera le diría que no. Si alguien entraba, la cubriría; me importaba
una mierda si miraban mi trasero.
Abrió las piernas tanto como sus pantalones le permitieron y levantó su trasero
en el aire. Esta no era una vista a la que un hombre podría resistirse. Era hermosa y
sensual, todo en uno.
Rápidamente, desabroché mis pantalones y los bajé antes de deslizar mis manos
bajo su camisa y tomar sus senos, ahora balanceándose libremente mientras ella se
inclinaba. ―¿Estás mojada? ―le pregunté, presionando un beso en su espalda.
―Mi ropa interior está empapada.
Demonios.
Utilicé una mano para posicionarme, me introduje con un empuje rápido. Gritó y
se retorció debajo de mí. Sus pechos llenaban mis manos mientras empezaba a
deslizarme dentro y fuera lentamente, disfrutando su apretado calor y gemidos suaves.
Besé cada punto de su espalda y cuello que podía alcanzar mientras mis manos
trabajaban en complacer sus pezones.
―Mase ―jadeó―. Oh, Dios.
No voy a mentir; amaba cuando me llamaba Dios. ―Mi sexy y empapado coño
―respondí mientras hacía mi camino dentro y fuera.
Pronto, tendría un anillo en su dedo avisándole al mundo que era mía. El pensar
en eso hizo que el hombre de las cavernas en mí cobrara vida y mi pene pulsará fuerte
en su interior. Quería reclamarla. Marcarla y asegurarme que nadie más la tocará.
―Sí ―gimió―. Más fuerte.
Empecé a bombear dentro de ella con más intensidad y sus manos se apretaron
contra el escritorio mientras gritaba mi nombre. Sus muros me apretaron, y empecé a
tener espasmos y a apretarme mientras me venía dentro, su nombre en mis labios.
Pasaron varios minutos para que ambos estabilizáramos nuestra respiración.
Cuando el mundo regresó a la normalidad, me sonrío mientras se recostaba contra el
escritorio, satisfecha.
―No puedo creer que hiciéramos esto ―dijo sin aliento.
―Honestamente, yo tampoco. Pero estoy feliz de haberlo hecho.
Se rio y hundió la cabeza entre sus manos. ―Yo también.
Mi pecho se apretó con emoción y recorrí las puntas de mis dedos por su espalda.
Ella era mi mujer.
Traducido por Daniela Agrafojo
Corregido por Annie D
Reese
Los días siguientes pasaron sin que tuviera que lidiar con Captain. Fue un
movimiento osado tener sexo en mi oficina, pero necesitaba asociar este lugar con Mase.
La próxima vez que Captain pusiera comida sobre este escritorio, yo sabría que sería
justo donde Mase me tomó. Se sentía como nuestro lugar ahora. En mi mente, eso
limpió todo lo de Captain de ahí. Incluso podía oler a Mase cuando entraba. Él marcó
esta área, y me gustaba esa sensación. Me daba confianza. Se sentía como si estuviera
aquí conmigo.
No hubo señal de Captain el viernes, y dejé salir un suspiro de alivio al final de la
semana de trabajo. No más almuerzos, no más comentarios con la intención de que
cuestionara a Mase, no más coqueteo. Podía disfrutar mi trabajo sin su molesta
presencia.
Mase y yo acabábamos de llegar a casa cuando Major se detuvo, vestido con un
par de vaqueros, una camiseta negra entallada, botas, y un sombrero de vaquero en su
cabeza. —¿Cuándo estarán listos para salir? —preguntó, como si tuviéramos planes.
Miré a Mase, quien tenía el ceño fruncido. —Te dije que no íbamos a ir contigo.
Major no dejó que eso lo disuadiera. —Pero tengo tres boletos para escuchar a Pat
Green en donde Billy Bob esta noche —dijo, elevando los boletos—. No pueden hacerme
ir solo. Además, es Pat Green. Vistan sus traseros y vayámonos.
No tenía idea de quién era Pat Green, pero podía decir por la mirada en el rostro
de Mase que él sí. Parecía estar contemplándolo. Esperé y luego se giró para mirarme. —
¿Quieres ir a un concierto esta noche? ¿O preferirías quedarte aquí?
Podía decir que él quería ir, y honestamente, sonaba divertido. No sabía que era
el lugar de Billy Bob ni quién era Pat Green, pero quería ir a lo que sea que fuera. Asentí.
—Sip. Me gustan los conciertos. —En realidad nunca había estado en un concierto, pero
no mencioné eso.
—Y jodidamente amarás a Pat Green. No hay nada mejor que él en concierto
excepto Robert Earl Keen. Desearía como el infierno que estuviera tocando esta noche.
Pero será para otra ocasión. Ve y arregla tu lindo culo —dijo Major, lo que hizo que
Mase frunciera el ceño.
Major solo se rió y pasó junto a nosotros al interior de la casa.
—Una vez que superas su mierda idiota, es tolerable —dijo Mase, todavía
sonando molesto.
Me reí. Me gustaba Major. Era gracioso. —Él no me molesta.
Mase no pareció convencido mientras nos dirigíamos al baño para prepararnos.
—Nada de follar ahí. Tenemos un concierto al que llegar. Además, no parece
justo para mí tener que escuchar sin poder ver —gritó Major detrás de nosotros.
Comimos una deliciosa barbacoa en el café de Billy Bob antes de encontrar
nuestros asientos. No tenía un atuendo de vaquera para hacer juego con los dos
vaqueros con los que estaba, pero sí tenía mis botas y pantalones. Até una camisa de
franela de la manera que vi a Piper hacerlo para revelar mi zona media, pero Mase la
desató, sacudiendo la cabeza, y volvió a meterla en mis pantalones por mí.
El lugar no era como imaginaba que se vería un bar country, y dije lo mismo
cuando condujimos. Mase me dijo que no era un verdadero bar country; era un enorme
edificio con un restaurante, una tienda, y un gran escenario. No podía asimilar todo lo
suficientemente rápido, a pesar de que de inmediato me di cuenta de que me encontraba
entre la minoría sin un sombrero de vaquero.
Una vez que encontramos nuestros asientos, Mase se sentó entre Major y yo.
Había dos asientos vacíos a mi lado, pero el resto de la fila se llenaba rápidamente.
Después de que Mase y Major se fueran a buscar cervezas para ellos y una soda para mí,
me senté y observé a las personas mientras llegaban. Varias chicas tenían sus camisas
atadas de la forma en que intenté poner la mía. Sonriendo, pensé en la vena posesiva de
Mase; me gustaba que él no quisiera mostrarme.
Alguien se deslizó en el asiento junto a mí, y levanté la vista para ver unos
familiares ojos verdes y esa estúpida sonrisa. ¿Qué demonios? Aparentemente leyó mi
rostro con facilidad, porque su sonrisa se volvió aún más grande. —Que gusto
encontrarte aquí —dijo, arrastrando las palabras, como si no tuviera nada que ver en
esto de alguna manera.
Una mujer con rubio cabello ondulado y una sonrisa demasiado brillante se
inclinó hacia él, enseñándome su impresionante escote y la brillante camiseta de tirantes
plateada que llevaba puesta. —Hola, soy Kinsley —dijo mientras colocaba una mano
sobre la pierna de Captain. Suspiré de alivio por que tuviera una cita. Desearía que
dejara que Kinsley se sentara junto a mí en lugar de él.
—Un placer conocerte. Soy Reese —respondí, con una sonrisa que no tuve que
forzar. Era un verdadero placer conocerla. Más de lo que probablemente pudiera saber.
—¿No es Reese un nombre de chico? —preguntó con una risita—. Quiero decir,
nunca antes escuché de una chica llamada así.
Decidí no señalar que Reese Witherspoon era una actriz famosa. Solo me encogí
de hombros. —Bueno, ahora sí —respondí y regresé a mirar a las personas a mí
alrededor, esperando que este fuera el final de la conversación con cualquiera de ellos.
—No sabía que fueras fanática de Pat Green —dijo Captain a mi lado. Le lancé
una sonrisa rápida sin ganas.
—No tengo idea de quién es. Pero a Mase le gusta, así que aquí estamos.
Captain hizo un sonido despectivo. —Un hombre debería llevar a su mujer a
donde ella quiera ir.
Empuñé las manos sobre mi regazo. Ya comenzaba a molestarme. —Lo hace.
Quería venir esta noche. Me gusta la música, y nunca antes estuve en un concierto.
No dijo nada al principio, pero mi suerte no duró mucho. —Entonces, ¿este es tu
primer concierto? ¿En tu vida? —Su tono era incrédulo.
Asentí pero no lo miré.
Kinsley le preguntó algo que no pude oír, y mientras hablaba, sabía que ella
luchaba por mantener su atención. No podía estar más agradecida. Si Mase y Major se
apresuraran con las bebidas, entonces podría inclinarme hacia Mase y sentirme a salvo
del acoso sin cesar de Captain.
—Pat Green es de la clase de country popular. Es del country de Texas. Creo que
lo disfrutarás —me dijo Captain—. Hace un buen espectáculo.
Me giré para mirarlo. —De todos los asientos en esta inmensa arena, ¿cómo
terminaste en el que está justo a mi lado? —pregunté. Esto no era una coincidencia.
Captain parecía presumido. —¿De dónde crees que consiguió Major los boletos?
—dijo, arrastrando las palabras.
Lo sabía. Maldito fuera ese hombre.
—Sin embargo, si hubiera sabido que nunca antes habías ido a un concierto,
habría optado por algo mucho más grande —dijo.
Me permití asimilar su comentario. ¿Qué conseguía él? No era como si hubiera
conseguido esos boletos solo con el propósito de traerme aquí. Ni siquiera sabía que
Major iba a invitarme. ¿O sí?
Empecé a preguntarle cuando vi el sombrero de Mase, seguido por su largo
cuerpo musculoso revestido con vaqueros azules, caminando hacia mí. Era mío, este
hombre que hacía girar las cabezas de las mujeres con regularidad. Era difícil creerlo,
pero así era.
—Lamento que me tomara tanto tiempo. La fila era horrenda —dijo, sentándose a
mi lado y pasándome la soda que pedí. Todavía no notaba a Captain.
Pero Major sí. Extendió una mano y sonrió. —Hola, River, Kinsley. Asientos
geniales, hombre. ¡Gracias!
Mase se tensó a mi lado, luego giró la cabeza para ver a Captain y a su cita antes
de volver a mirarme. Me incliné hacia él y sonreí para asegurarle que todo se encontraba
bien. Él colocó su brazo sobre mis hombros, y me incliné más cerca, lo que pareció
aliviar la tensión.
—River me dio los boletos. Kinsley es la mesera principal en el restaurante. Ellos
se engancharon recientemente —escuché a Major decirle a Mase.
Mase solo asintió. Sabía que no le gustaba la idea de estar en un concierto pagado
por Captain. Pasó las puntas de sus dedos por mi brazo, trazando patrones mientras me
abrazaba más cerca. Sus ojos permanecieron en el escenario vacío, y sabía que pensaba
seriamente.
Captain se levantó y bajó las escaleras; por bebidas, me imaginé. Le sonreí a
Mase. —Espero esto con ansias.
Presionó un beso en mi nariz. —Yo también. Una de sus canciones me recuerda a
ti. Tenerte aquí mientras la canta va a ser malditamente perfecto.
Me gustaba saber que pensaba en mí cuando oía una canción. Tomé un sorbo de
mi soda y me relajé. Íbamos a disfrutar de nosotros mismos. No tenía que dejar que
Captain lo arruinara. Además, Mase no se preocupaba por él porque Captain dijo
algunos comentarios groseros. No lo sabía todo. Superaría su presencia aquí lo
suficientemente rápido.
Cuando las luces bajaron y el escenario se iluminó, todos se levantaron de sus
asientos, aullando y gritando. Silbidos y gritos de—: ¡Diablos, sí! —llenaron el lugar.
Mase se levantó, alcanzando mi mano, y me haló frente a él, envolviendo sus manos a
mí alrededor. Me incliné contra su pecho. Nada más importaba.
Estaba envuelta en Mase, y la música era genial. Major cantaba junto a nosotros, y
me sentí sorprendida de lo bien que sonaba. Como, realmente bien. Ni una vez miré
hacia Captain y Kinsley. Ni siquiera se hallaban ahí por lo que a mí concernía.
Pat Green se paró en el escenario y comenzó a hablar sobre una canción, y todo el
mundo a mí alrededor pareció saber de qué hablaba, porque los aplausos comenzaron
de nuevo. —Esta es —susurró Mase en mi oreja—. Mi canción para ti.
Eso atrajo inmediatamente mi atención. Me enderecé y esperé a que la música
empezara otra vez. Mase me acarició los brazos mientras me abrazaba y presionaba su
boca cerca de mi oreja a medida que cantaba las palabras. Tenerlo cantándome me hizo
sentir mareada.
Todo lo que busco eres tú.
Las palabras hicieron que mi corazón revoloteara en mi pecho y me giré para
mirarlo.
Viniste a mí ola sobre ola.
Cantaba con tanta intensidad en sus ojos que me aferré a él aún más y oré porque
este momento no terminara nunca. Solo nosotros ahí, juntos, con Mase cantándome al
oído. Fue la noche perfecta.
Traducido por Laura Delilah
Corregido por Michelle♡
Mase
Después de dejar a Reese en el trabajo el lunes en la mañana, llegué a los establos
y vi una cara que no esperaba ver. Tú podrías mirarme y nunca adivinar que mi padre
era una estrella de rock, pero no podrías decir lo mismo de Rush Finlay.
Él tenía el aspecto. Aún cuando tuviese un hijo de tres años ahora, no lucía como
un papá.
Dudo que alguna vez lo hiciera.
Pero ¿por qué rayos él estaba en mi rancho?
Saliendo de mi camioneta, cerré la puerta y me dirigí hacia él. Subió sus gafas de
sol y me sonrió. —¿Siempre vienes a trabajar así de tarde? —preguntó con una sonrisa.
—Tenía que llevar a Reese al trabajo. No esperaba regresar y verte de pie aquí.
Se encogió un poco de hombros. —Traje a Blaire y a Nate a visitar a su hermano.
Figuré que les dejaría un poco de tiempo en familia y vendría aquí para ver cómo van
las cosas.
Casi había olvidado que Captain era el hermano de Blaire. Recordarlo sentado al
lado de Reese en el concierto este fin de semana todavía me enfurecía.
—Luces como si conoces al hermano de Blaire y te gustaría golpearlo en la cara —
dijo Rush con una alegre carcajada.
—Él trabajó con alguien con quien hago negocios. Él ha hecho unos cuantos
comentarios los cuales no me han vuelto loco concerniente a Reese.
—Suena como Captain —dijo Rush—. Él solo es imprudente. La primera vez que
lo conocí, señaló que había dejado embarazada a Blaire antes de casarme con ella y que
esa era la manera invertida de hacerlo. Me enfureció como el infierno. Aunque ha
dejado de hacerlo conmigo, sin embargo.
Quizás estaba siendo muy duro con él. No es como si estuviese oliendo alrededor
de Reese. Sólo estaba siendo sensible y posesivo; la vibra que estaba recibiendo de él
cuando estaba alrededor de Reese podría posiblemente ser sólo yo analizando mucho
las cosas.
—Mantendré eso en mente —respondí—. ¿Así que viniste para ayudarme a
arreglar algunas cercas? —Sabía muy bien que Rush Finlay no estaba aquí para hacer
algo de trabajo duro.
—Declinaré esa oferta. Estaba comprobando para ver si Harlow ha hablado
contigo acerca de Kiro últimamente.
¿Eh? Sacudí mi cabeza.
Rush suspiró y asintió como si hubiese esperado eso. —La mamá de Harlow no lo
está haciendo muy bien, y él no está lidiando bien con eso. Está cayéndose en pedazos.
Papá dijo que no lo dejarían cerca de ella por tres días porque la medicina en la que
estaba debilitó su sistema inmune. Kiro se derrumbó de una manera que papá tuvo que
meterlo en la ducha para evitar que se vomitara encima antes de ponerlo en la cama. Se
despierta y comienza a beber de una vez. Le grita a todo el mundo. La única persona a
la que le está hablando es Harlow. Está preocupada por él. Pensé que podrías querer
saberlo.
Mierda. ¡Maldita mierda! Harlow no necesitaba esto. ¿Y por qué no me había
llamado? Tiré el pasto que tenía en mi camioneta contra el muro y maldije
ruidosamente.
—Papá dijo que no lo entendemos. No sabemos cómo era Kiro cuando tenía a
Emily. Me dijo que sería como si perdiera a Blaire. Y hombre, no puedo imaginar eso. Si
Kiro ama a Emily como amo a Blaire, entonces, hermano, él está en un maldito dolor y
lo ha estado por veintitrés años.
Entendía que Kiro amaba a Emily. Era obvio. Pero maldita sea, el tenía una hija
con un problema en el corazón. Un año antes, Harlow le había sido dado un milagro
cuando dio a luz a Lila Kate y vivió en el proceso. Ella no necesitaba esta mierda en ella
ahora. Él nunca pensó en nadie más, sólo en cuanto estaba sufriendo.
—Harlow no puede lidiar con esto —dije airadamente. Mi cerebro estaba ya
dando vueltas. Tenía que hacer algo. No podía dejar que lidiara con esto sola. Además
necesitaba ver a Kiro. Está mierda tenía que terminar. Un día, Emily moriría. A ella se le
había dado mucho más de lo que cualquier doctor esperaba. Kiro tenía que luchar a
brazo partido con eso.
Rush asintió. —Ella tiene a Grant. Él está preocupado como el infierno por ella.
Está llorando mucho. Supuse que tenías que saber. Harlow te necesita. Te necesita para
hacer algo con tu padre.
Él estaba en lo cierto. Me necesitaba. —Gracias por decirme. No sé por qué no me
ha llamado. —O Grant, lo que me enfurecía. Grant debería haber llamado.
—Ella dijo que te enojarías con Kiro y no ayudaría en nada. Le pidió a Grant que
no te llamará, así que en su lugar vino a mí. Ella nunca le dijo que no me dijera para
decírtelo a ti.
Maldición. Tenía que darle a mí cuñado más crédito. —Necesitó empacar y
decirle a mamá y a papá que me estoy yendo. ¡Mierda! Reese tiene un trabajo nuevo.
Ella no va a querer un tiempo fuera, y honestamente, no quiero que vea toda esta
Mierda con Kiro. Es jodido. No necesita estar envuelta.
—Ve y arregla las cosas. Estaremos viajando a la seis esta noche si quieres irte con
nosotros. Tenemos el jet.
—Gracias. Los veré entonces.
—La vida como el hijo de una estrella de rock apesta más de lo que no lo hace —
dijo Rush, y se dirigió a la colina para irse.
Pude decir que él entendía, pero él no lo hacía en realidad. Él era el hijo de Dean
Finlay.
Dean nunca había hecho la mierda que Kiro había hecho.
Dean había sido un cariñoso, presente padre—en su mayor parte. Dean no
siempre estaba metido en alguna mierda loca. Rush no tenía ni idea como se sentía ser el
hijo de Kiro Manning.
Apestaba. Eso era lo que malditamente hacía. Apestaba. Todo el tiempo.
Traducido por Lauu LR
Corregido por Michelle♡
Reese
Cuando la puerta de la oficina se abrió justo después de las dos, de alguna forma
sabía que iba a ser él. Todo mi cuerpo se tensó mientras levanté la mirada para
encontrarme con los ojos de Captain. Había un brillo en ellos mientras entró sin prisas a
la habitación.
—Buenas tardes Reese. Tengo algunos papeles y recibos para ti —dijo, mientras
se sentó en la silla de cuero más cercana a mi escritorio.
—Está bien —respondí simplemente. Ya me había resignado a no preguntarle por
los boletos del concierto.
—Parece que disfrutaste el concierto —me dijo, como si leyera mi mente. De
nuevo. ¿Cómo lo hizo?
—Fue un concierto grandioso —le dije. A pesar de que no tengo nada con que
compararlo.
Él sonrió—. Dices eso ahora. Espera hasta que veas a una banda como U2 en
concierto. Entonces sabrás lo que es un grandioso concierto.
Ni siquiera sabía quién era U2, así que solo ignoré su comentario—. ¿Los papeles?
—pregunté, sosteniendo mi mano hacia arriba, esperando para terminar con esto.
Él se rió entre dientes. —No te gusto Reese. ¿Por qué es eso?
No tengo una respuesta, además de que me pone nerviosa. Y coquetea conmigo.
Bueno, creo que esa es una respuesta. —Coqueteas, no me gusta —respondí.
El me estudió por un momento, y entonces su divertida sonrisa se convirtió en
algo más serio mientras se inclinó hacia adelante, poniendo sus codos en sus rodillas. Su
cara estaba más cerca de mí, y la mesa entre nosotros se sentía como un respaldo.
—Yo no he estado coqueteándote Reese. Cuando coquetee contigo, lo sabrás.
Oh. Está bien. Bueno, lo que está haciendo ahora parece coqueteo. ¿Pero estaba
equivocada? ¿Estaba asumiendo que sus intentos de ser amigable eran coqueteo? No. Él
me había hecho comentarios acerca de querer lo que Mase tenía.
—Has‖ hecho‖ comentarios,‖ comentarios‖ sobre‖ mi< —me detuve, sintiendo mi
cara calentarse.
Él se encogió de hombros. —Soy honesto. No me preocupa lo que piensen los
demás. Si quiero decir algo, lo hago. No significa que estuviera coqueteando nena.
Era tan confuso. Apreté mi mano en mi regazo, totalmente frustrada. —Está bien.
Bueno, entonces, vamos a olvidar todo esto y volver a los negocios. ¿Qué tienes para mí?
Él buscó en su bolsillo trasero y sacó un sobre manila. —Aquí tienes. —Entonces
se levantó y fue hacia la puerta—. Si tienes preguntas, puedes llamar o enviar un
mensaje —me dijo, sin mirarme. Cuando la puerta se cerró detrás de él, caí de nuevo en
mi asiento y dejé salir un suspiro frustrado. ¿Cómo había terminado sonando como la
tonta? Él había sido honesto y lo volteó para hacerme ver como una idiota.
Sacudiéndolo, abrí el sobre para encontrar más papeles y recibos de los que iba a
tener tiempo de manejar hoy. Aún tenía varias cosas que hacer por Piper. Ella se irá
mañana, y tenía que alimentar y dar agua a los caballos, encima de cepillarlos y limpiar
los establos. Piper recientemente había dejado ir a su ayuda de cuadra porque la chica se
la pasaba hablando por teléfono durante horas laborales. Ella no había contratado un
remplazo aun.
Tenía unos pocos días ocupados por delante y necesitaba trabajar hasta tarde esta
noche. Había sacado mi teléfono del bolsillo para comenzar a llamar a Mase cuando su
nombre iluminó mi pantalla.
Sonriendo, respondí, lista para escuchar su voz. —Oye, estaba a punto de
llamarte.
—Hola nena. Tengo un problema. Odio tener que llamarte por esto, pero estoy
empacando ahora y tengo que clavar unas cosas antes de volar a las seis.
¿Qué? ¿Empacando? —¿Qué está mal? —pregunté, sin gustarme la idea de que
vaya a algún lado con tan poca antelación.
—Es Kiro. La mamá de Harlow está teniendo complicaciones de salud, y Kiro no
está lidiando bien con eso. Está actuando como solía hacerlo y Harlow ha estado
lidiando‖ sola‖ con‖ él.‖ Ella‖ no‖ necesita‖ esta‖ mierda.‖ Su‖ corazón< bueno, te he contado
acerca de su corazón. Solo necesito manejarlo. Calmarlo y asegurarle a mi hermana que
todo‖ va‖ a‖ estar‖ bien.‖ Te‖ llevaría,‖ pero‖ va‖ a‖ ponerse‖ feo.‖ Kiro< no es normal. Este
jodidamente loco. Pero no quiero dejarte, tampoco. Estoy teniendo dificultades con esto.
No podía irme. Tenía más trabajo del que podía manejar así como estaba,
además, Piper iba a salir del pueblo y se estaba apoyando en mí. —Tengo que trabajar
de todos modos. Piper va a salir, y tengo que cubrirla. Solo ve. Ayuda a Kiro y
mantenme actualizada.
—Te amo. Voy a extrañarte. Te llamaré cada noche. Mamá dijo que va a darte un
aventón de y hacia el trabajo, y te recogerá a las cinco hoy; tengo que irme para el
aeropuerto antes de eso.
—También te amo. Estaré bien. Voy a extrañarte, pero tu familia te necesita.
¿Crees que hay manera de que Maryann pueda venir por mí hasta las seis y media?
Tengo que trabajar hasta tarde hoy.
El duda. —Sí, puede. Solo odio la idea de que estés trabajando tan tarde.
Quería abrazarlo apretado y sentir su beso en mis labios. Mi corazón ya dolía de
extrañarlo. Pero no dejaría que lo supiera. Tenía suficiente con lo que lidiar ahora. No
estaba agregándole más. —Estaré bien. Solo tengo un montón de papeles que necesitan
ser archivados primero. Viaja seguro, y llámame cuando llegues allá.
El suspiro—. Dios, odio dejarte.
Yo también lo odiaba. —No será por mucho. Te extrañaré, pero estaré aquí
cuando vuelvas.
—Te amo. Tan malditamente tanto —dijo fervientemente.
—Te amo más —le respondí.
Traducido por Lauu LR
Corregido por Sofía Belikov
Mase
Tomamos el jet privado a Florida así podía comprobar a Harlow, pero no me
quedaría mucho tiempo con ella. Tenía que llegar a Los Ángeles y lidiar con Kiro. Sólo
tenía que hablar con Harlow primero; ella sabía todo lo que sucedía. También quería
asegurarle que manejaría bien la situación. Lo que fuera para evitar que se preocupara.
Grant abrió la puerta antes de que incluso golpeara. Le envié un mensaje
diciéndole que ya iba de camino desde el aeropuerto. Lucía estresado. —Gracias por
venir —dijo en un susurro.
Asentí. —Ponte en contacto conmigo más pronto la próxima vez, ¿sí?
Grant señaló con la cabeza la parte trasera de la casa. —Está en el porche trasero.
Está llamando a Dean para comprobar a Kiro. Lila Kate ya está en la cama.
Dejé caer la mochila de lona en el piso y me dirigí al porche trasero.
Vi a Harlow sentada en una silla con el teléfono en la mano, balanceándose hacia
un costado. Su barbilla descansaba en sus rodillas. —No responde —dijo, sonando triste.
Todavía no me veía. Creía que era Grant.
—Iré esta noche. Veré como está y te llamaré de inmediato —le dije.
Ante el sonido de mi voz, su cabeza se enderezó y se dio la vuelta para mirarme.
De inmediato, sus ojos se llenaron de lágrimas. —Le dije que no te dijera —dijo con voz
quebrada.
—No lo hizo. Fue Rush. Tú deberías haberlo hecho —dije, caminando hacia ella,
alcanzando una de sus manos, y sosteniéndola en la mía.
—Te ibas a enojar con él. Y no lo necesita. Está sufriendo —dijo con un sollozo.
Lo sabía. Y si no fuera por Harlow, le daría una paliza por actuar así. Pero no
lastimaría a mi hermana de ninguna manera. —No es así. Sé que está sufriendo. Voy a
hablar con él. Veré si puedo hacer que vea las cosas más claras y duerma para que se le
baje el vodka. Encontrará otra manera de arreglárselas sin usar el alcohol. Después,
volverá a las drogas. Alguien tiene que detenerlo, y ambos sabemos que Dean no puede.
Harlow dejó caer la frente contra sus rodillas. —La ama tanto. No puedo
imaginarlo, Mase. No puedo comprender cómo lidia con ver a la mujer que ama tanto
perdida en su propio cuerpo. Se me rompe el corazón. Quiero que encuentre una
manera de ser feliz de nuevo. No lo ha sido en mucho tiempo.
Si alguno de los hijos de Kiro Manning fuera a llorar por él, sería Harlow. Lo
amaba de una manera que no entendía. El padre que ella conocía era tan diferente del
Kiro con el que me encontraba familiarizado. Me sentía agradecido de que apreciara a
Harlow. Lo odiaría completamente y me lo quitaría de encima si no adorara a Harlow
de la forma en que lo hacía. Era su única cualidad redentora en mis ojos. Amaba a mi
hermanita. Lo que me bastaba para tratar de evitar que se matara con su propia
estupidez. —Se ha aferrado a Emily por demasiado tiempo. Está hundiéndolo. Siente
que está perdiéndola de nuevo. Pero va a perderse a sí mismo si alguien no lo hace
entrar en razón. No seré malo con él, pero lo obligaré a ver las cosas como son. Lo
necesita, Harlow.
Sorbió y asintió mientras se secaba una lágrima que se deslizaba por su rostro. —
Lo amo, —dijo con suavidad.
Me acerqué y la abracé apretadamente. —Sé que lo haces. Y por eso, voy a hacer
todo lo que pueda para salvarlo de sí mismo.
Se aferró a mí, y permanecimos allí hasta que sus sollozos silenciosos se
desvanecieron. Cuando se apartó, usó una manga para limpiar su rostro cubierto de
lágrimas. —¿Dónde está Reese?
Reese. Tuve que dejar a Reese. Odiaba dejarla atrás. La necesitaba. —Tiene un
trabajo nuevo, y su jefa no va a estar mañana. Tiene que ocupar su lugar. Y con
sinceridad, no quiero que Reese esté ahí para ver a Kiro en su estado actual.
Harlow me dio una sonrisa triste. —Lamento que tuvieras que dejarla.
Yo también. Alargué una mano y metí un mechón de cabello suelto de Harlow
detrás de su oreja. —La extraño. No mentiré. Pero ahora, Kiro necesita ayuda. Y por ti,
voy a asegurarme de que la consiga.
Harlow suspiró y se recargó contra su asiento. —Él también te ama, sabes. Está
orgulloso de ti. No lo dice, pero está orgulloso del hombre en el que te has convertido.
De que no seas como él.
No era como él porque fui criado por un buen hombre. Aunque no se lo dije a
Harlow. Sólo asentí, porque era lo que necesitaba.
Se rió y estiró para apretar mi mano. —Estás de acuerdo conmigo porque no
quieres hacerme enojar. Eres tan malo como Grant. Sé que no lo crees. No sé si alguna
vez lo harás. Pero conozco a papá. Te ama.
Sonreí ante el sonido de su risa. Aligeró algo de la presión en mi pecho. —Solo
quiero que me prometas que dejaras de preocuparte. No llores. Descansa, disfruta a Lila
Kate y dale al pobre de Grant un descanso. El hombre está más que preocupado por ti.
Harlow le echó un vistazo a la casa, y una sonrisa dulce tocó sus labios. —Fui
afortunada con él. Hace que todo en mi mundo sea más brillante.
Qué bueno. —Entonces, enfócate en eso. La mierda brillante que crea Grant. Deja
de preocuparte.
Harlow se rió de nuevo, y me sentí mucho mejor por ella. Ahora podía dejarla y
lidiar con Kiro, sabiendo que se sentía mejor y su mente se encontraba tranquila.
La puerta se abrió, y Grant asomó la cabeza. —¿La oí reír? —preguntó con un
tono esperanzado.
—Sí, lo hiciste. Hago magia, hombre. Podrías tomar lecciones conmigo —le dije,
levantándome. Me acerqué y presioné un beso en la cabeza de Harlow—. Te amo.
Me apretó el brazo. —Yo también.
Grant se acercó, y ella se levantó para acurrucarse en su pecho. Él comenzó a
acariciar su espalda y metió su cabeza debajo de su barbilla. —Gracias —dijo,
mirándome cono si acabara de solucionar todos los problemas del mundo.
—Llámame sin importar lo que diga la próxima vez. No hay razones para que se
preocupe. Es terca, pero puedes ser más terco. Lo he visto. Estuve ahí cuando te pusiste
en la puerta del hospital, negándote a moverte hasta que tu esposa saliera de ese cuarto
con vida.
Un momento de miedo y después de alivio atravesó sus ojos ante el recuerdo. —
Anotado, —respondió.
Harlow me sonrió. —Le estás enseñando a llevarme la contraria.
Me encogí de hombros. —Cuando es acerca de tu salud y felicidad, hermanita,
haré lo que sea que tenga que hacer. Y lo mismo hará el.
Harlow presionó un beso en la barbilla de Grant. Volvió su atención a ella, y de
repente, era invisible. Ya comenzaba a decirle que me iba a Los Ángeles cuando se dio la
vuelta para mirarme. —No te irás esta noche. Te vas a quedar a dormir y verás a tu
sobrina en la mañana. Entonces tomarás desayuno con nosotros. Quiero pasar algo de
tiempo contigo antes de que te vayas a lidiar con papá.
Quería volver con Reese, pero también me sentía exhausto, y tenía razón; debería
ver a Lila Kate primero. Asentí, y Grant se rió entre dientes. —¿Qué? —le pregunté.
Sonrió. —Es divertido ver que también te tiene como loco.
Lo negaría, pero amaba a Harlow, y era difícil decirle que no.
Además, si veía a Kiro mientras me sentía cansado, no iba a hacerle ningún bien a
nadie. Podía hacer a Harlow feliz y ser productivo cuando finalmente lidiara con él.
Traducido por victoriavergara
Corregido por NicoleM
Reese
Anoche, la cama se sintió solitaria sin Mase. Al final conseguí dormir un poco,
pero no fue suficiente. Me desperté bostezando. Antes de que Maryann me recogiera,
me preparé un poco de café, y lo puse en el termo que Mase solía usar.
Oí cuando la camioneta de Maryann se detuvo, y rápidamente agarré mi
almuerzo y el termo. Corriendo hacia la camioneta, noté que no era la madre de Mase
quien conducía, sino Major. Abrí la puerta del lado del pasajero y metí la cabeza.
—¿Eres mi transporte? —le pregunté, asegurándome de que no apareció
solamente en busca de Mase.
Su sonrisa siempre parecía como si guardara un gran secreto.
—Sí. Maryann tenía que ayudar con algunas complicaciones con un ternero. Me
dijo que te llevara.
Subí y puse mis cosas en el asiento junto a mí, antes de abrocharme el cinturón.
—Gracias —le dije.
—De nada. Pero seré completamente honesto. Me prometió galletas y salsa, así
que<
Reí. Mase siempre se quejaba de que Major se comía toda la comida de su mamá.
Por lo que había oído, no tuvo mucha presencia materna, así que sentí una especie de
pena por él. Pero, de nuevo, se acostó con su última madrastra. Tal vez no merecía mi
simpatía.
—¿Hablaste con Mase?
—Sí. Llamó anoche cuando aterrizó en Florida para hacerme saber que iba a ver
Harlow.
Major dejó salir un largo suspiro.
—Esa familia es rara.
Mase era hijo de una celebridad. Su vida no se suponía que fuera normal. Pero, al
parecer, era peor de lo que creía.
—Parece preocupado —dije simplemente.
Major me miró antes de salir a la carretera principal.
—Está preocupado. Pero solamente por Harlow. Si no fuera por ella, no le
importaría ni una mierda Kiro. Ese hombre pudo haberle dado la vida, pero no es el
padre de Mase.
Tenía que concordar, aunque me entristeció pensar que no tuvo una relación con
su verdadero padre como la tenía Harlow. Kiro se perdió el conocer a este maravilloso
hombre que ayudó a crear.
—Entonces, ¿cómo va el trabajo? ¿Te está gustando? ¿Lista para dejarlo?
Abrí mi termo y bostecé.
—Me gusta. Piper es alguien realmente genial para quien trabajar.
Asintió.
—Eso es bueno. Sin embargo, apesta que no puedas ir con Mase.
Sí, apestaba.
—¿Crees que va a hacer la pregunta pronto?
¿Hacer la pregunta? ¿Eh? Fruncí el ceño y bajé el termo.
—¿Qué pregunta? —le pregunté.
Major me miró como si estuviera bromeando. Luego se rió y levantó la mano
izquierda.
—“¿Quieres‖casarte‖conmigo?”‖Esa‖clase‖de‖pregunta.
Oh<‖ ¡Oh!‖ Todavía‖ no‖ había‖ pensado‖ en‖ ello.‖ Claro,‖ pensaba‖ en‖ mi‖ futuro‖ con‖
Mase, pero eso no era algo que esperaba en cualquier momento cercano. Acabábamos de
empezar a vivir juntos.
Mi silencio hizo que Major soltara una risita.
—Supongo que no —respondió.
Lo miré, preguntándome lo que esperaba que dijera. Por suerte, estábamos
llegando al rancho de los Stout, y podría terminar esta conversación pronto. Una vez
que condujera hasta los establos, sería libre. No tenía más respuesta para él aparte de
que, lo dudaba.
Cuando la camioneta se detuvo, se giró en mi dirección.
—Simplemente por curiosidad, ¿el silencio es porque no quieres que te lo pida o
porque crees que no quiere preguntártelo?
Decidí tomar una página del libro de Captain y ser honesta.
—Creo que no está listo. Todavía somos algo nuevo. Si estuviera realmente
dispuesto a casarse conmigo ahora, ya me lo habría preguntado. Creo que quiere
esperar hasta que estemos juntos por más tiempo.
Major asintió, y luego se encogió de hombros.
—Tal vez —dijo, luego inclinó su sombrero de vaquero hacia mí, igual que como
Mase hacía a menudo—. Que tengas un buen día, Reese.
Me bajé de la camioneta antes de que Major pensará en alguna otra pregunta
curiosa.
***
En dos horas de trabajo, me había terminado todo el termo de café y bebía en una
nueva taza de la cafetera de la oficina. Me encontraba de rodillas en el suelo, buscando
un archivo que Piper había pedido, cuando la puerta de mi oficina se abrió, y entró
Captain.
No sería grosera hoy. Dijo que no coqueteaba conmigo, así que no estaría tan a la
defensiva. Trabajaríamos juntos por un tiempo, y necesitaba encontrar una manera de
hacerlo sin sentir que tenía que mantener mi guardia alta. Además, normalmente no era
una persona grosera. Era difícil serlo.
En vista de mi nueva actitud, le sonreí.
—Buenos días —dije. Pude ver la sorpresa en su rostro. No iba a dejarle decir
algo "honesto" y que lo estropeara—. Tengo que buscar un archivo para Piper, luego te
ayudaré en lo que sea que necesites. —Regresé a la caza del archivo.
—¿Entré en la oficina incorrecta? —preguntó Captain.
Sabía que diría algo. Tenía que. Así era él. Le di otra sonrisa amistosa.
—No. Solamente intentaba hacer esto más fácil. Si no coqueteas conmigo, no
tengo ninguna razón para estar a la defensiva contigo.
Por fin, el archivo apareció, y lo agarré. Me levanté y me sacudí el polvo de los
pantalones antes de caminar detrás de mi escritorio.
—¿Más papeleo para que archive? —pregunté.
Inclinó la cabeza y me estudió. Bueno, mierda. Se suponía que esto sería sencillo,
pero él le daría mucha importancia.
—Hoy no. Realmente necesito ver un recibo que te traje la semana pasada. Si me
apuntas al gabinete correcto, lo buscaré.
Asentí.
—De acuerdo. El segundo cajón tiene archivos etiquetados con las fechas de los
recibos.
Todavía me miraba como si no estuviera seguro de qué hacer conmigo.
Finalmente, asintió y fue a buscar el recibo. Lo tomé como mi oportunidad de sentarme
y encontrar la información que necesitaba para enviarle un mensaje a Piper. Saqué mi
teléfono y tomé varias fotos de los papeles que necesitaba. Entonces se los envié en un
mensaje de texto.
Era el momento de devolver correos de voz acerca de las lecciones, pero Captain
seguía en mi oficina, lo cual parecía incómodo. Además, si me miraba, no sería capaz de
escribir sin arruinarlo.
Decidí conseguir otra taza de café, a pesar de que me empezaba a poner nerviosa
toda la cafeína. Tendría que conseguir dormir mejor esta noche. Tal vez podría dormir
con una camisa de Mase. Olerlo podría ayudar.
—Lo encontré —dijo Captain, parándose con un papel en la mano—. Gracias. Eso
está muy organizado.
Asentí. Me enorgullecía de ello. Antes de Mase, nunca habría sido capaz de
organizar algo de acuerdo a su fecha. Él lo cambió.
Captain se acercó y mantuvo su mirada en mí.
—Había un par de fechas que se encontraban un poco mezcladas. Las arreglé.
Estoy seguro de que mirar muchos números llega a los ojos después de un tiempo.
Mierda. Sentí que mi cara se calentaba. Aquí me sentía tan realizada, pero me
equivoqué con unos recibos. De todas las personas para darse cuenta, tenía que ser
Captain.
—No tienes que verlo como si hubieras hecho algo imperdonable. Fueron
solamente un par de recibos.
Mi cara se sonrojó más. Quería que se fuera. Necesitaba un momento para
reagruparlos. Luego comprobaría todos los archivos. No quería que Piper los viera y
pensara que no podía hacerlo. Me encontraba orgullosa de este trabajo. Era buena en
ello. O, al menos, eso creía.
—Reese, mírame. —La voz de Captain sonaba autoritaria, y mi cabeza se sacudió
hasta encontrar su mirada—. Te ves como si estuvieras a punto de llorar. Joder, si
hubiera sabido que te alterarías así, no te he hubiera dicho de los pocos recibos que
encontré. Fue un error inocente.
Mis ojos ardían con lágrimas, y lo odiaba. No quería sentirme débil o afectada.
Además, no quería que Captain viera mi debilidad.
—Juro por Dios que si lloras por esto, me enojaré. ¿Por qué estás tan molesta?
Tal vez fue el agotamiento junto con toda la cafeína que ingerí, pero me
encontraba definitivamente emocional. También extrañaba a Mase. Era mi manto de
seguridad, y con él fuera, tenía que ser fuerte. Siempre había sido fuerte antes de
conocerlo. ¿Por qué me caía a pedazos ahora?
—Reese<
—Soy disléxica —solté.
Se quedó inmóvil por un momento, y luego el arrepentimiento brilló en sus ojos,
y por primera vez en la historia, vi a Captain luciendo arrepentido. Sin embargo, no
quería su simpatía.
—Estoy aprendiendo a trabajar con ello, y he recorrido un largo camino. Odio
cometer errores así. Me recuerda a dónde me encontraba antes. No quiero sentirme así
de nuevo. —Me preparé para la disculpa de Captain y apreté los dientes. No quería
escucharla, pero sabía que vendría.
—Cierra bajo llave, y ven conmigo. Hay alguien que quiero que conozcas —dijo,
como si fuera a hacer exactamente lo que dijo.
Negué con la cabeza.
—Tengo que trabajar.
Frunció el ceño.
—Bien. Después del trabajo, entonces.
No iba a ir a ninguna parte con Captain.
—No puedo.
—Por Mase. —No fue una pregunta. Declaró un hecho—. Entonces lo llevaré a ti.
¿Quién? Había empezado a preguntármelo, cuando Captain se dio la vuelta hacia
la puerta para salir.
Miró hacia atrás.
—No quiero que llores nunca más por eso. Solamente debes estar orgullosa de lo
que has logrado. Demonios, ese fue un error inocente que nadie podría haber hecho. No
dejes que tu debilidad te defina, Reese. Nunca. Tus fortalezas deben hacerlo. —Y
entonces se fue.
Traducido por StephannyAl
Corregido por Meliizza
Mase
Dean Finlay abrió la puerta de la mansión que compartía con Kiro en Beverly
Hills. —Ya se ha desmayado por esta noche. He tenido una habitación preparada para ti
—dijo cuando entré—. Va a ser un hijo de puta en la mañana. Es su nueva rutina.
No tenía miedo del temperamento del anciano. —Lo manejaré. Esta mierda tiene
que parar. Es tan malditamente egoísta —le dije, enojado de que estuviera haciéndoles
la vida un infierno, no sólo para Harlow, sino también para Dean, su mejor amigo.
Aparte de Harlow, Dean era la única persona que amaba al hombre.
—No sabes lo que era ella para él. A menos que vivieras a través de ello, no lo
puedes entender, Mase. Era un hombre diferente a causa de ella. El accidente creó a
alguien que ninguno de nosotros reconoció. Le rompió el alma. Cuando eso te sucede,
nunca vuelves de nuevo.
Estaba cansado de escuchar cómo perder a Emily le dio el derecho de ser un
idiota de clase mundial. —¿Sabes esto porque has tenido esa clase de amor? Porque te
aseguro que no actúas como él.
Dean suspiró profundamente y sacudió la cabeza. —Nunca he estado en el amor
así. Después de ver cómo cambió a Kiro cuando la perdió, nunca dejé que nadie se
acercara lo suficiente a mí. No iba a conocer nunca ese dolor. No lo quiero.
No podía asegurar de qué era peor, amar y perder o no llegar a conocer esa clase
de amor en absoluto. La vida sin Reese parecía vacía, desprovista, sin sentido. ¿Me
convertiría en mi padre si la perdiera? Quería creer que no lo haría, pero no podía
asegurar de que un hombre sin alma podía ser otra cosa. Si eso fuera cierto, entonces,
¿podría perdonar al hombre? ¿Podría entenderlo y no odiarlo por lo que le hacía a mi
hermana? ¿Había tenido ya esta conexión? Ella no sólo tenía a Grant, a Lila Kate,
también. No quería pensarla perdiendo a cualquiera de los dos.
—No lo juzgues cuando no has estado allí —dijo Dean, con una palmada en la
espalda—. Ahora, ve a descansar un poco. Vas a necesitarlo. No estará emocionado de
verte.
Acertaba. Kiro iba a estar enojado de que estuviera aquí para hablar con él. No
quería tratar conmigo. Quería regodearse en su dolor. Pero cuando lo enfrenté mañana,
sabía que lo vería de otra manera. Tenía que recordarme que este sería yo si perdiera a
Reese. Un mundo sin ella era incomprensible.
Puse mi alarma para despertar a las nueve así podría vestirme y estar listo para
enfrentar a mi padre. Necesitaría café antes de que hiciera eso. Ayer, Harlow se había
mantenido encontrando razones para mantenerme en la playa de Rosemary. Por último,
le dije que la amaba, pero tenía que ir. Llegar a casa de Reese era importante, y tenía que
llegar a Kiro antes de que pudiera ir a su casa.
Rumbo a la cocina, escuché dos voces. Reconocí a Dean pero no a la mujer que se
hallaba junto a él; tenía un acento. Al entrar en la iluminada sala, vi a una señora mayor
trabajando sobre la estufa, mientras que Dean se sentaba en la mesa, bebiendo café y
hojeando un ejemplar de la revista Rolling Stone. Levantó la vista y me sonrió.
—Buenos días, sol. Te levantaste antes que él. Joder gracias —dijo.
—¿Café? —pedí.
La señora se limpió las manos en el delantal y empezó a apresurarse a la cafetera.
—Lo tengo —le dije—. Solo señálame las tazas.
Me dio una sonrisa nerviosa, y luego miró a Dean.
—Marlana es nueva —dijo—. Marlana, este es el hijo de Kiro. No tienes que
esperar de él. No es nada como su padre.
Levantó la mirada, luciendo todavía nerviosa, luego metió la mano en el armario
y me trajo una taza antes de apresurarse de regreso al sartén en la estufa. Pobre mujer
tenía que lidiar con mi padre culo loco. No es de extrañar que fuera un desastre
nervioso.
Eché mi café y me acerqué a la mesa para sentarme frente a Dean.
—¿Quieres un periódico? Creo que hay uno sobre la puerta principal. Marlana
normalmente lo consigue y lo pone allí. No sé por qué tenemos uno, ya que ninguno de
nosotros lo lee.
—Lo tengo —dijo Marlana, dio la vuelta y corrió fuera de la habitación. No
necesitaba el periódico, pero era rápida.
Dean se encogió de hombros. —Es bastante entusiasta para complacer. Si Kiro no
la asusta primero.
—Mi plan es estar seguro de que su cabeza esta derecha antes de que me vaya de
aquí.
—Los planes no siempre resultan. Recuerda, que el hombre vive y respira por esa
mujer. Esta realmente perdiéndola de este tiempo.
Mi dolía el pecho. Todo lo que podía pensar era en perder a Reese.
—Hace que te arrepientas de enamorarte, ¿eh? —dijo Dean, bajando la mirada a
la revista en su mano.
Se equivocaba. Nunca me arrepentiría de Reese. Nunca me arrepentiría de esos
sentimientos. Ella abrió mi mundo de una manera que nunca imaginé. Cambio mi vida.
Me entrego la verdadera felicidad. Negué con la cabeza. —No, no es así.
Dean miró hacia mí.
—Antes de Reese, no sabía que el mundo podría estar lleno de sueños. Que
podías despertar cada día emocionado de respirar. Que una sonrisa podía hacerme
sentir como un maldito rey. Amarla vale. . . vale la pena todo. Vivir con el miedo del
amor no es vivir.
Frunció el ceño y puso la revista hacia abajo, luego continuó bebiendo su café. No
me miró como si me creyera. En realidad, se veía tan triste como Kiro. No sabía la
verdadera cruda emoción. No sabía que una mujer podía hacerte sentir todo.
Podría decir que pensaba en decir algo, pero cambio de idea.
—Kiro no se arrastrará fuera de la cama durante dos horas. Te sugiero que lo
dejes levantarse por su cuenta. Si lo levantas, vas a tener un tiempo más difícil.
—Bien. Voy a comer y luego llamaré a Reese.
Dean dejó la taza sobre la mesa. —Marlana está haciendo panqueques y
salchichas. O lo estaba, hasta que salió corriendo para obtener tu periódico. Por lo
menos mira la maldita cosa. La mujer es demasiado vieja para correr tanto.
Eso fue todo lo que dijo antes de que saliera de la cocina con una arrogancia que
era similar a la de mi padre. Decidí hace mucho tiempo que sólo las estrellas de rock
sabían cómo caminar de esa manera.
Marlana llegó arrastrando los pies y puso el papel delante de mí. —El desayuno
estará listo pronto —me aseguró, y luego regresó a la estufa.
Abrí el periódico, no dando una mierda a lo que tenía que decir, pero, al igual
que Dean dijo, ella fue y lo consiguió para mí. No quería herir sus sentimientos.
Traducido por Mary Warner
Corregido por Lu
Reese
Había llamado a Maryann para pedirle que me recogiera una hora más temprano
ayer así no estaría allí cuando Captain regresara. Cuanto más pensaba sobre ello, más
deseaba no haberle dicho sobre mi dislexia. ¿Qué pasaba con él que me hacía dejar salir
todo?
Mase me llamó cuando aterrizó en Los Ángeles. Hablamos durante su viaje a la
casa de su padre en Beverly Hills. Podía decir que se encontraba tenso y nervioso por lo
que iba a encontrar cuando llegara allí, y me sentía culpable por no estar allí con él.
Para compensar el haberme ido temprano del trabajo ayer, había venido más
temprano esta mañana. Dormí mejor que la noche anterior porque me hallaba
demasiado cansada por la falta de sueño. Si todo iba bien hoy, Mase vendría a casa.
Piper también regresaría hoy, y quería asegurarme que todo estaba ordenado y
listo para ella. Comprobé los caballos y barrí el polvo de los pisos que se había
acumulado en la noche. Luego me dirigí de regreso a mi oficina.
El resto de la mañana pasó rápido. Continué esperando la llamada de Mase, pero
me enfoqué en tener todo mi trabajo hecho en caso de que algo nuevo surgiera hoy.
Justo después que Piper se fue para almorzar, la puerta se abrió, y un chiquillo
que no podía tener más de diez entró. Al principio, pensé que era un estudiante de Piper
cuyos padres habían confundido la hora. Hasta que Captain entró detrás del chico.
¿Qué?
—Me alegra que estés aquí. Henry y yo conducimos hasta aquí ayer para
encontrar que ya te habías ido. Temprano.
¿Había planeado traer a un niño a verme? Estaba confundida. —Uhm, sí, terminé
temprano —Lo que era una mentira. Sentí un tirón de culpa.
—Está bien. Henry y yo hicimos planes de regresar aquí hoy. Incluso trajimos
fajitas de bistec del restaurante. El padre de Henry es el cocinero principal en Stoust y
Hawkins aquí en Dallas. Él se ha convertido en mi amigo. Quería presentarle a uno de
mis otros amigos.
¿Qué hacía? ¿Traerme comida otra vez y usar a un niño para que comiera con él y
ser amable? Captain no tenía sentido. Dijo que no estaba coqueteando conmigo, pero
después hace cosas como esta.
—Mi papi hace las mejores fijitas de bistec —dijo Henry orgullosamente. Era un
niño lindo—. Te hizo unos especiales. Con su salsa secreta.
—Oh, gracias. Huele delicioso —le dije a Henry mientras Captain empezó a sacar
la comida frente a mí.
—¿Podemos tener un picnic? Es más divertido comer afuera. Además, este lugar
huele a popo de caballo —dijo Henry, alzando la vista hacia Captian y arrugando su
nariz.
Captain se rió y llevó su mirada a la mía. —¿Estarías bien con eso, Reese?
Como si fuera a decirle no a este niño. Él sabía eso. Maldito él. —Por supuesto —
dije a través de mis dientes apretados, entonces forcé una sonrisa mientras recogía la
caja que Captian había puesto frente a mí.
—Genial. Iré por la manta en la parte trasera de mi camión —dijo Captian. Se
dirigió hacia su camión, dejando a Henry y a mí con nuestras manos llenas de comida.
—¿Tiene una manta en su camión? —pregunté.
Henry asintió. —Síp. Miramos las estrellas en las noches que mi papi tiene que
trabajar hasta tarde.
Así que Captian cuidaba a un chiquillo mientras su papi trabajaba. No era lo que
esperaba. Eso no iba con la imagen de Captian en mi cabeza.
—Kinsley fue con nosotros la otra noche. Ella estaba fuera del trabajo, y nos
dieron batidos y fuimos a ver las estrellas. Pero a Kinsley no le gustó mucho. Se quejó
un montón.
Eso no decía mucho acerca de su carácter. Esperaba que Captian no la forzara a
estar alrededor de Henry otra vez. Él no necesitaba eso. Me pregunté dónde estaba la
madre de Henry, pero sonaba como que ella no estaba alrededor, así que no pregunté.
—Lo tengo. Lidera el camino, Henry. Llevamos al primer punto de picnic —dijo
Captian, sonriéndole al chico. Nunca había visto esa sonrisa en él antes. Era real. No era
calculada o planeada. No era una sonrisa mala.
Henry caminó poca distancia lejos de los establos y se detuvo donde supuse no
podía oler más a los caballos. Asintió para dejarnos saber que deberíamos asentarnos
aquí, su pelo marrón peludo cayendo en sus ojos. Quería meterlo detrás de su oreja,
pero estaba segura que no lo apreciaría.
Captian extendió la manta para nosotros, me quitó la comida, y la colocó en la
manta mientras Henry presentó la comida que había estado llevando. Captian rebuscó
en su bolsillo trasero y le lanzó a Henry una lata de soda. Entonces me miró. —Te traje
una, también.
Me tendió la lata, y manejé un—: gracias. —Me senté con las piernas cruzadas y
coloqué la caja de comida que me tendió en mi regazo.
—No va a ser fácil comer fajitas aquí. Pero no apesta, y es más divertido —dijo
Henry, sonriéndome.
—Tienes razón. Huele mejor, y es un montón más divertido. Además, como en mi
oficina cada día. Este es un lindo cambio.
Henry miró a Captian. —Ella es mejor que Kinsley. Sabe lo que es diversión —
dijo el chico.
No miré a Captian. A su vez, me enfoqué en mi comida. Tenía que pasar a través
de este almuerzo. Enfrentaría a Captian cuando Henry no estuviera con él. No sabía
cuáles eran sus motivos para traer a este chico aquí. ¿Trataba de manipularme?
No confiaba en él. Esto solo justificaba ese sentimiento.
Cogí mi fajita y tomé un bocado. Podía ver los ojos de Henry en mí, esperando
una reacción.
—Mmm, esto es increíble. La mejor fajita que he tenido alguna vez. Tenías razón,
tu papi seguro conoce su negocio.
Henry sonrió, entonces se volvió hacia su propia comida y empezó a comer.
Podía sentir a Captian observándome, pero no iba a mirarlo. Iba a comer esta
comida y ser linda con Henry, y entonces iba a empezar a bloquear la puerta de mi
oficina cuando Piper estuviera fuera. No más interrupciones de Captian.
—¿Por qué no le cuentas a Reese sobre el libro que estás escribiendo, Henry? —
dijo Captian. Observé mientras Henry lo miraba tímidamente, como si no estuviera
seguro—. A ella le encantará, lo prometo —lo animó Captian.
Henry finalmente giró sus grandes ojos marrones hacia mí, y las pecas en su nariz
hicieron su cara aún más linda. —En noviembre, gané el concurso de ortografía en mi
escuela. Luego fui a un concurso de ortografía en todo el estado, y lo gané, también. Voy
a ir a los nacionales en mayo.
Guao eso era algo de lo que estar orgulloso. A su edad, no había sido capaz
siquiera de escribir mí nombre correctamente. —¡Eso es asombroso! —Le sonreí—.
Debes ser un deletreador muy dotado.
Henry miró a Captian de nuevo antes de mirarme. —Es por eso que estoy
escribiendo un libro. Porque soy disléxico. Eso cuando no siempre ves las letras y
números de la forma que la otra gente lo hace —dijo, observándome de cerca.
La razón por la que Captian quería que conociera a Henry ya estaba claro. Esto
no había sido algún esquema. Asentí. —Sé lo que es la dislexia —le aseguré.
Pareció aliviado al no tener que explicarse. —Muchas veces, los chicos con
dislexia son ignorados o creen que no pueden hacer algo. Quiero decirles a ellos que
pueden. Mi papi y yo deletreamos palabras cada minuto que tuvimos la oportunidad
por meses antes de ese concurso de ortografía. Creo que la gente con dislexia puede
hacer lo que sea que ellos quieran. Solo que no creen en ellos mismos.
Sentí la emoción obstruir mi garganta. Este pequeño niño iba a vivir una vida
plena. Nunca se había dicho que era estúpido, y tendría una oportunidad de terminar la
secundaria e ir a la universidad. No conocía a su padre, pero lo amaba. Amaba que
Henry no estuviera sufriendo lo que yo sufrí. Bajé la fijita sin terminar y sollocé,
tratando de no llorar. —Eso es algo maravilloso para hacer, Henry. Los niños y adultos
con dislexia necesitan escuchar ese mensaje. Ellos necesitan ser inspirados por tu
historia.
Henry sonreía de oreja a oreja ahora. —También creo eso. Si no hubiera sido por
mi padre diciéndome que yo podía hacerlo una y otra vez, no sé si habría intentado lo
del concurso de ortografía. Pero quería, y él me convenció que podía.
Quería eso para todos los niños. Era desalentador saber que no todo el mundo
consigue esa clase de apoyo en sus vidas o les dicen que nada está mal con ellos. El
saber que son capaces de tanto haría maravillas con su autoestima. —Tu padre suena
como un hombre muy especial —dije sinceramente.
Henry asintió. —Lo es. Es el mejor.
Una vez más, no mencionó a su madre.
Era mi turno de admitirle a Henry que tenía dislexia, también. Compartir esto con
las personas no era algo que alguna vez hice. Era duro para mí, pero este pequeño niño
iba a compartir su historia con el mundo. Estaba orgulloso de lo que podía hacer
mientras lidiaba con este desafío. No había vergüenza en ser disléxico.
—Henry —dije, y me miró mientras masticaba su comida—. También tengo
dislexia.
Sus ojitos se agrandaron, y entonces una enorme sonrisa se esparció a través de
su rostro. —Sabía que eres especial —respondió—. Justo como yo.
Esas palabras se hundieron en mi corazón, y sabía que se quedaría por siempre.
Traducido por Edrika
Corregido por Meliizza
Mase
Era bien pasada la hora del almuerzo cuando Kiro llegó tropezando a la sala de
entrenamiento, donde me encontraba sentado con Dean, mientras él jugaba en la Xbox.
Amenacé con despertar a Kiro varias veces, pero cada vez, Dean sacudió su cabeza y me
advirtió que solo empeoraría las cosas.
Cuando los ojos nublados de Kiro inyectados en sangre me vieron, se detuvo. —
Mierda —murmuró, luego se dirigió hacia el bar. Esa fue mi señal para levantarme y
hacer algo.
—Estoy aquí para hablar, Kiro. Prefiero hacerlo contigo sobrio.
Trató de empujarme a un lado, pero se encontraba demasiado resacoso y débil.
No me moví. —Mi puta casa, muchacho. Muévete fuera de mi camino —gritó.
No retrocedí. —Bueno, Harlow es mi hermana. Y tú la molestaste, estresándola, y
haciéndola llorar y es mi maldito problema. Así que pon tu lastimoso culo abajo y
escúchame.
Al igual que sabía que lo haría, salió de su estupor ante el sonido del nombre de
Harlow. —¿Qué pasa con mi niña? —preguntó, pasándose la mano a través de su pelo,
haciendo que se pegara aún más.
—Está preocupada por ti. Te ama. Y la estás alterando actuando de esa forma.
Piensa en su corazón, Kiro. No queremos que algo le suceda porque tú no puedes
conseguir tu mierda junta.
Sacudió su cabeza. —No, nada puede pasarle a mi niña. La necesito. No puedo
perderla —dijo, sonando como un hombre roto en lugar del borracho enojado que
caminó por aquí.
—Entonces deja tu ira. Mantén tu cabeza bien puesta. ¿Es esta la forma en que
Emily querría que te comportaras? ¿Esto la haría feliz?
—¡No hables de mi Emily! —rugió, esta vez me empujó hacia detrás con más
fuerza—. ¡Tú no entiendes que es esto! Tú no entiendes ni una mierda. Mi corazón. —Se
detuvo, inclinó la cabeza hacia atrás y miró al cielo—. Ella me robó el corazón. Esa
bonita cara de ángel. Tan inocente y dulce. Siempre la tendrá. Mi vida con ella era
perfecta. —Volvió la mirada encantada de nuevo a mí—. ¡Perfecta! ¡Tan jodidamente
perfecta! Pero terminó. Terminó. Y si pierdo todo lo que queda de ella, no quiero vivir
más. No puedo soportar este dolor.
Sus ojos no eran los de la leyenda del rock que apareció en las revistas, donde
parecía que fuera el dueño del mundo. No tenía la arrogancia que lo definía. Ahora no.
Estaba destrozado.
Kiro Manning se había ido. En su lugar permanecía un hombre que estaba a
punto de quedarse sin ataduras a esta tierra. Si hubiera sido un buen padre para mí, si lo
hubiera amado como Harlow lo hacía, no podía asegurar de que sería capaz para estar
aquí y asumir esto. Mi pecho se apretó por el dolor de un hombre que había pasado la
mayor parte de mi vida cuestionando si dio una mierda por la mía.
—Harlow te necesita. Lila Kate necesita un abuelo —dije simplemente,
recordándole que si perdía a Emily, todo su mundo no se habría ido—. Si algo te sucede,
Harlow estará devastada. Esa chica te adora. ¿Podrías realmente hacerle eso a ella? ¿No
puedes encontrar la voluntad de sobrevivir a esto y ser el padre que necesita?
Kiro se tambaleó hacia atrás y se apoyó en el sofá, sosteniendo la cabeza con
ambas manos. —Se está desvaneciendo. No sé si puedo hacerlo sin ella. Yo amo a mi
niña. Ambos amamos a nuestra niña. Ha crecido hasta ser una hermosa mujer y madre.
Estoy tan orgulloso. No le he dado nada de que enorgullecerse.
Me hubiera gustado estar de acuerdo con él, pero sabía que Harlow no lo estaría.
Así que hablé por mi hermana, que no tiene la capacidad de manejar esto por sí misma.
—Te equivocas, está orgullosa de ti. Siempre ha estado orgullosa de ti. Y cuando se
enteró de que te quedaste al lado de su madre a través de todo esto, eso la sacudió. Sabe
que amas a su madre. Lo ha visto, y la hace estar más orgullosa de ti. Vio un lado de ti
que no pensó que existía. Todos lo hicimos.
Kiro se frotó la cara y dio un rugido frustrado antes de dejar caer las manos a su
lado. —¿Acaso Dean te llamó? No necesito esta mierda ahora, hijo. ¿Por qué no puedo
hacer frente a esto de la única forma que conozco?
Su forma de tratar está destrozando y molestando a Harlow. —Tu forma afecta a
mi hermana, entonces me afecta a mí. Dean no me llamó. Rush me hizo una visita. Grant
se encontraba preocupado por su esposa. Va a proteger a Harlow de cualquier forma
que pueda. ¿Seguramente puedes entender eso? Tu niña es amada con igual fiereza,
como tú a Emily.
Al oír el nombre de Emily, Kiro se estremeció como si le doliera. —¿Qué es lo que
quieres que haga? ¿Ser el maldito Superman? ¡No soy el hijo de puta de Superman!
Nunca lo he sido. No puedo empezar ahora solo porque vienes aquí a exigirlo.
Kiro tuvo la visión del túnel. Se hacía daño y eso era todo lo que el hombre podía
ver. Estaba perdiendo a Emily y no podía aceptar nada más. Quería agarrarlo y
sacudirlo. En cambio, apreté mis manos a mis costados y respiré hondo para calmar mi
frustración. —¿Quieres que Harlow pierda a los dos? ¿Crees que puede manejar eso?
¿Quieres su corazón roto? ¿No quieres ser parte de la vida de tu nieta? Esta es tu
oportunidad de ser el hombre que Emily hubiera querido que fueras. Tú y yo sabemos
que no eras el padre que hubiera querido para Harlow. No puedes salvarla, pero puedes
concederle la única cosa que los dos sabemos que quería. Quiere que seas el maldito
mejor abuelo en el planeta por Lila Kate.
—Yo soy el mejor abuelo del planeta. Tendrá que ser el segundo —habló Dean
mientras seguía jugando en la Xbox.
¿En serio? ¿No se da cuenta el hombre que ésta conversación es importante?
—Vete a la mierda, imbécil —se quejó Kiro.
—Sólo establezco lo correcto —replicó Dean.
Un atisbo de sonrisa tocó los labios de Kiro. —Quiero hacer que Emily se
enorgullezca. Le encanta Lila Kate. Se ilumina cada vez que Harlow la trae a visitarla. Si
pudiera, sería la mejor jodida abuela que alguna vez existió.
—No voy a discutir eso contigo. Emily era especial —dijo Dean.
—Es especial. —Kiro se rompió—. Es jodidamente especial.
Dean lanzó abajo el mando a distancia y se volvió para mirar a Kiro. —Es
especial, Kiro. Pero los dos sabemos que no es lo mismo. La Emily que salió el día del
accidente no regresó igual. Ha estado bloqueada en su cuerpo, incapaz de funcionar,
durante veintitrés años. Tú te has aferrado a ella más tiempo que cualquier médico haya
creído posible. Querer mantenerla aquí es egoísta, hombre. La echo de menos, también.
Te hace un hombre mejor. Ese hombre se perdió hace veintitrés años, también. El
muchacho tiene razón. No puedes salvarla. Pero puedes muy bien hacerla sentir
orgullosa de ti. ¿No quieres que esté agradecida de que tuvo una vida contigo? ¡Por
supuesto que sí! Tú harías cualquier cosa por esa mujer. Haz esto por ella. Joder haz
esto. Por. Ella.
Yo no necesité decir más. Dean lo dijo todo. Perfectamente. Había vivido en un
mundo donde mi padre había amado a una mujer y fue feliz. Sabía cosas que yo no. Ver
a Kiro a través de los ojos de Dean fue esclarecedor.
—Ella quería que fuera fuerte. Lo esperaba —dijo Kiro, mirando al suelo delante
de él.
Ninguno de los dos dijo nada. Dejamos que lo asumiera todo. Dean se levantó de
su lugar en el sofá y nos miramos cada uno sobre la cabeza inclinada de Kiro. Los dos
queríamos que nuestro mensaje llegara a él.
—Yo quiero que haya un cielo. Lo quiero para ella. Debería estar bailando y
riendo. Tiene la mejor sonrisa. Quiero que haya un lugar donde pueda tener todo eso.
Dime que cuando termine esta vida, no será el final, que tiene una nueva vida por
delante, llena de todo lo que le robaron en esta.
Tragué saliva a través de la emoción oprimiendo mi garganta. Dios, yo no quería
volver a pasar por esto. Kiro fue un idiota la mayor parte de mi vida, pero nadie merecía
tener que lidiar con un dolor tan intenso.
Dean se acercó y tiró su brazo sobre el hombro de Kiro. —Hay un cielo, hombre.
Tiene que haber un cielo para los ángeles. Y Emily era un ángel. Era el tuyo. No ha
terminado después de esta vida.
Kiro cerró sus ojos y asintió. —Tienes razón. Mi ángel va a estar bien. Va a bailar
otra vez.
Dean me miró y asintió. Kiro lo iba a hacer. Tenía un duro camino por delante,
pero ahora se encontraba centrado en hacer a Emily orgullosa de él. Eso fue la única
cosa que lo podría sacar de esto. No quería dejarla triste.
Traducido por Miry GPE
Corregido por Vannia
Reese
Me metí en la cama y sostuve el teléfono en mi mano, esperando a que Mase
llamara, cuando por fin sonó y la imagen de sus botas vaqueras apareció en mi pantalla.
—Hola —dije, sentándome, emocionada al escuchar su voz. Cuando regresara a
casa, le contaría sobre mi día de campo con Henry y Captain; eso sería demasiado difícil
de explicar por teléfono.
—Hola, nena. Regreso a casa en la mañana. Pasé el día con Kiro. Tuvimos un gran
avance esta tarde, una vez que finalmente se levantó de la cama, pero es tan volátil.
Decidí quedarme y asegurarme de que se encontraba bien. Te extraño.
—También te extraño. Estoy contenta de que las cosas estén mejor con él. ¿Fue
difícil? —Más de una vez deseé hoy el poder estar ahí con él.
—No fue fácil, pero creo que ahora lo entiendo mejor. Nunca será mi papá. Ya
tengo uno. Pero sentí algo hoy que nunca sentí por el hombre. Compasión.
Mase era un hombre compasivo. No podía imaginar lo horrible que su padre
tuvo que ser para no tener ninguna compasión de su propio hijo. Sabía que no pasó
mucho tiempo a su alrededor mientras crecía, pero aún así. —Entonces el viaje también
te ayudó —dije.
—Sí, creo que lo hizo —concordó—. Pero quiero estar en casa contigo.
—También quiero eso.
—¿Están bien las cosas por allá? ¿El trabajo sigue siendo bueno?
—Sí. El trabajo es genial, y he estado bien aquí. Cene con tus padres esta noche.
—Bien. Te amo, y antes de que digas que me amas más, eso no es posible.
Sonriendo, metí las mantas debajo de mi barbilla. —No lo creo.
Se rio entre dientes. —Tomaré un avión a primera hora de la mañana. Espera a un
invitado para el almuerzo.
Un nudo enfermizo se asentó en mi estómago, recordando a mi otro invitado
para el almuerzo que siempre aparecía. Tendría que decirle a Mase sobre todo eso
cuando llegara a casa. Quería conservar mi trabajo, pero tampoco quería mantener a
Mase en la oscuridad sobre cualquier cosa.
—Estaré esperando por eso —dije—. Te amo.
Una vez que colgamos, me acosté en la cama mirando al techo, preguntándome si
Mase reaccionaría mal a que Captain apareciera en mi oficina regularmente con el
almuerzo. No había hecho nada malo, en realidad, ¿pero estaría de acuerdo en que una
mujer le llevara el almuerzo a Mase y comiera con él? No. La respuesta era de ninguna
manera. Me sentiría celosa.
Tendría que decírselo a Mase. Sin ninguna duda.
Para las diez de la mañana, empecé a sentirme ansiosa. Estaba lista para ver a
Mase. Solo pasaron pocos días, pero cada vez que la puerta de la oficina se abría mi
corazón se aceleraba. Luego Piper se encontraba ahí, y le sonreía, fingiendo que no me
sentía completamente decepcionada. Él dijo que regresaría para el almuerzo.
Dos horas más hasta el almuerzo.
Justo cuando levanté el teléfono para regresar algunas llamadas, la puerta se
abrió. Antes de que pudiera emocionarme, el rostro de Captain apareció, y mi cara cayó.
No era a quién esperaba ver.
—No luzcas tan desconsolada. No soy tan feo —dijo con una sonrisa.
No respondí a eso. En su lugar, usé mi tono más profesional. —¿Con que le
puedo ayudar?
Captain alzó una ceja mientras se sentaba en la silla de cuero frente a mí. No
donde quería que se sentara. Quería que me dijera lo que necesitaba y se fuera. Rápido.
—¿Saldrás a comer hoy? —preguntó, inclinándose hacia atrás y cruzando el
tobillo derecho sobre la rodilla izquierda como si se pusiera cómodo.
—No. —Fue mi respuesta abreviada.
Parecía divertido. —Pensé que teníamos una tregua. Seríamos amigos. No actúas
muy amable.
Nunca dije que sería su amiga. —Estuve de acuerdo en trabajar con usted. No dije
que iría a comer con usted.
—Te gustó el día de campo de ayer —me recordó.
—Me gustó Henry —corregí.
Asintió como si ya lo supiera. —Sabía que te gustaría. Es un gran chico.
Además entendí por qué trajo a Henry a conocerme. Fue algo agradable. Lo
apreciaba, pero aún se sentía erróneo el tener algo más que una relación de trabajo con
él. Algo sobre la forma en que me miraba me hacía sentir que quería más. No importaba
lo que decía.
—¿Por qué no conduces? —preguntó, sacándome de mis pensamientos.
—Porque no he sido capaz de leer y escribir hasta hace poco. No podía tomar el
examen de conducir.
Metió la mano en su bolsillo trasero, sacó dos libros delgados, y se inclinó para
colocarlos sobre la mesa. Uno de ellos era un manual de conducción para el estado de
Texas. El otro era un manual para el permiso. —Puedes leer ahora. Lee esto.
Los alcancé. Había querido conseguirlos. La idea me asustaba, pero ahora que se
hallaban en mi escritorio, no era tan aterrador. Captain los consiguió para mí antes de
que le dijera por qué no conducía. ¿Por qué tenía que hacer este tipo de cosas buenas
por mí?
—No espero las gracias. Solo tienes que leerlos. Puedes pasar la prueba, Reese. Sé
que puedes.
No esperaba las gracias. Miré los libros frente a mí. No me sentía segura de qué
decir. Dejaría de lado sus cosas para ayudarme. No necesitaba pensar en mí. No
necesitaba que me ayudara. Pero él lo hacía, y no estaba segura de cómo detener eso.
—Gracias —dije, porque se lo merecía—. He tenido la intención de conseguirlos.
Asintió. —Bien. Me alegro de que estés lista para dar un paso más en esa
dirección.
Empecé a decir algo cuando la puerta se abrió, y elevé la mirada para ver el rostro
de Mase. Mi corazón saltó ante su imagen, pero cuando su mirada cambió Captain, pasé
de mareada a enferma del estómago.
—¿Qué demonios haces aquí? —preguntó mientras entraba en la habitación,
llenándola con su presencia.
Captain bajó su pie y se levantó. Se encontraba a nivel del ojo con Mase. —Vine a
dejarle algo a Reese —dijo el Captain, como si no estuviera molesto en lo absoluto.
—No parece así —gruñó Mase. Cambió su mirada hacia mí—. ¿Te está
molestando?
Esa era una pregunta con trampa. Si decía que no, entonces Mase pensaría algo
que no era cierto. Pero al mirar hacia los manuales sobre mi escritorio, sabía que no
podía tirar por completo a Captain bajo el autobús.
—Mase, está bien. Me trajo algunos manuales que pensó podría necesitar. Nada
más —expliqué.
Disparé una rápida mirada a Captain, y parecía sorprendido de que no dijera que
me molestaba. Mase tenía el ceño fruncido; hacia mí o a mi respuesta, no estaba segura.
—¿Te visita a menudo para traerte cosas que piensa que necesitas? —preguntó
Mase, su voz conteniendo una advertencia. No se hallaba feliz, y esta no era la manera
en que le quería explicar mi relación con Captain.
—Solo le traje el almuerzo un par de veces en la semana —dijo Captain.
El fuego que se encendió en los ojos de Mase no presagiaba nada bueno. ¿Por qué
dijo eso? —¿Haces qué? —preguntó lentamente cuando volvió su mirada a Captain.
—Tengo que traerle papeles para archivar, y a veces también traigo su comida.
Mejor que los condenados emparedados de pavo que come.
Mase se quedó tan quieto que tenía miedo de lo que haría a continuación. —Creo
que es hora de que te vayas —dijo en un duro tono cortante.
Captain me miró. —Supongo que lo es —respondió, y me guiñó.
Condenadamente me guiñó antes de pasar al lado de Mase con una sonrisa en su rostro.
Quería matarlo.
Mase se volvió hacia mí. Solo me miró en silencio durante unos momentos, y
empecé a abrir la boca para explicarle varias veces, pero no salió nada.
—¿No pensaste que el decirme que otro hombre te traía el almuerzo era
importante? ¿O que te visita a menudo?
Planeaba decírselo. Esta noche. Planeé todo. —Yo no... Yo lo... No lo...
Levantó la mano para detenerme. —Olvídalo. No escucharé esto. Acabo de pasar
por algo de mierda emocional, y no necesito esto ahora mismo. Necesito un jodido
descanso —dijo, luego se giró y salió de mi oficina.
Me quedé ahí, mirando la puerta golpear detrás de él mientras las lágrimas caían
libres, deslizándose por mi rostro. ¿Qué hice?
Traducido por Lauu LR
Corregido por Vannia
Mase
Mi corazón latía con fuerza en mis oídos mientras acechaba desde mi camioneta a
los establos. ¿En qué carajos acababa de entrar? ¿Estaba exagerando? Le había dado a
Reese la oportunidad de explicarse, y tartamudeó. No fue capaz de explicar. Casi
pareció estar defendiendo a ese idiota.
¿Confiaba en ella? ¡Sí! Nunca tuve una razón para no hacerlo. Era mi Reese. Era
tan malditamente dulce. ¿Cómo carajos paso esto? ¿Que se encontraba mal con ese
idiota que pensó que estaba bien traerle el almuerzo? Sabía que se hallaba tomada.
¿Cuál era el propósito detrás de eso?
Deseaba lo que era mío. Levante una silla, la lancé contra la pared y grite una
cadena de maldiciones. Esto no era para lo que quería volver a casa. Debería estar
besando a Reese y sosteniéndola cerca así podía olerla. Pero estuvo escondiendo algo.
Podía verlo en sus ojos.
Jódeme. ¿Era así de ciego? ¿Asumí que porque la encontré perdida y rota que
nunca querría explorar más? ¿Solo fui su manera de sanar? ¿Tenía curiosidad acerca de
otros? Me sentía enfermo mientras incluso pensaba en ello. No quería que estuviera
jodidamente curiosa acerca de otros hombres.
Ese estúpido idiota no era feo, tampoco, y lo sabía. Se encontraba usando su
apariencia para desestabilizarla, también. Y ella se sacudió. Funcionaba. Me incline
contra la pared e inhale una dolorosa respiración. Yo era su primer todo. Nunca había
dejado a nadie más llegar así de cerca.
¿Era egoísta por no dejarla ir, si era lo que quería? ¿Me hallaba cuidándola como
una posesión e ignorando sus necesidades? —¡Jodeeeer! —grite mientras el dolor se
deslizaba por mi pecho.
Quería estar exagerando. ¿Era porque me sentía mentalmente exhausto por lidiar
con Kiro? Todo se reprodujo en mi mente.
—Solo la deje allí —susurré en voz alta, sabiendo que no tenía forma de venir
detrás de mí y explicarme. Ni siquiera le había dado un momento para ordenar sus
pensamientos. Lució tan sorprendida como yo.
No podía dejarla ahí todo el día para preocuparse por esto. No es como si hubiera
hecho nada malo. Seguro, no me dijo que se encontraba almorzando con el jodido River
o Captain o quien carajos sea Kipling. Pero demandar una respuesta suya y entonces
huir cuando no pudo verbalizar una no era la manera de manejarlo.
Esta era Reese. Mi Reese. Tenía que haber una razón de que no hubiera dicho
nada antes. Tal vez tenía miedo de que reaccionaria exactamente del modo en que lo
hice. O pudo haber estado preocupada de que la haría renunciar a su trabajo. Amaba su
trabajo. Se sentía orgullosa de sí misma, y verla florecer bajo la obvia aprobación de
Piper era hermoso.
Tenía que regresar. Camine de vuelta a la puerta, solo para ser detenido por
Major que me miraba como si hubiera enloquecido.
—Muévete —espete, y comencé a empujar para pasarlo, pero tomo mis hombros
y me detuvo.
—No está ahí —fue todo lo que dijo. Sonaba molesto.
—¿Qué? —le pregunte, empujándolo para que me soltara.
—Llamo a Maryann. Tu mamá fue a recogerla.
Reese. —Mierda. ¿Está bien? —pregunte, moviéndome rápido alrededor de
Major y dirigiéndome por la colina hacia la casa de mi madre.
—Se encontraba llorando tan fuerte que la tía Maryann apenas escuchaba lo que
decía.‖Corrió‖por‖la‖puerta,‖entonces‖me‖apunto‖y‖dijo‖“Ve‖a‖decirle‖a‖mi‖hilo que mejor
se apure y solucione esto”
Tenía que arreglar esto. Reese estaba llorando. Mi estúpido temperamento.
—¿Qué demonios hiciste? —pregunto Major.
—River Kiplling se encontraba en su oficina. Le lleva el almuerzo a veces. Nunca
me lo dijo.
Major dejo salir un silbido bajo. —Él es uno bueno. ¿Pero ha hecho Reese algo
malo?
—¡Nunca me lo dijo! —grité, deseando golpear algo.
—Bueno, demonios Mase. Si pensó que reaccionarias así, no puedo decir que la
culpo. No te alteras así. Nunca te había visto volverte un idiota en toda mi vida.
Entonces, ¿qué carajos te ha pasado?
Este no era yo. No pierdo la cabeza por algo pequeño. Era cuidadoso, y pensaba
las cosas. Hacia decisiones calculadas. No era este hombre fuera de control y loco que
había tomado el control.
—Deja de gritar y escúchate. Estas actuando como un loco por algo que no es la
gran cosa. Así que le compro comida. ¿Lo follo por eso? No. puedo responder eso. Ella
te ama. A ti. Supera esto.
Supera esto. Esas palabras se reproducen en mi cabeza. Palabras que le acababa de
decir a Kiro. Cuando se encontraba perdiendo la cabeza por una mujer.
Me‖ encontraba‖ actuando‖ como<mi‖ padre.‖ Toda mi vida, tratando hasta lo
imposible de reflejar al hombre que me crio. Era un hombre sólido. Un hombre
cuidadoso y reflexivo pero fuerte. Aún así, en algún momento, olvide todo eso y me
volví el hombre cuya sangre corría a través de mis venas.
No quería ser este hombre. Pero lo entendía. Ni siquiera había perdido a Reese, y
me hallaba enloqueciendo. ¿Qué si me enfrentara en realidad a perderla? ¿Podría
recuperarme de eso? ¿Me volvería el hombre como el que lucía en lugar del hombre que
me enseñó todo?
—Tengo que verla —dije, sintiéndome indefenso.
—Sí, bueno, tu mamá estará aquí pronto, y no quiero estar aquí cuando llegue.
No está feliz contigo.
No me sentía feliz conmigo, tampoco. Había decepcionado a Reese, pero me a mí
también. Este hombre no era yo.
La camioneta de mi mamá apareció a la vista, y corrí hacia ella. No estaba
esperando a que Reese llegara a mí. Necesitaba verla ahora. Mamá se detuvo cuando me
vio acercándome. Ni siquiera hice contacto visual con mi madre; mantuve mis ojos en
Reese. Su cara se encontraba roja e hinchada por llorar, y todo era por mi culpa.
Si era posible en verdad odiarte a ti mismo, lo hacía.
Traducido por *~ Vero ~*
Corregido por Vannia
Reese
Una vez que las lágrimas comenzaron, no pude parar.
Después de que Mase se fue, sollozos sacudían mi cuerpo, y me terminaron
doblando. Me dejó. Lo arruiné. No podía perder Mase.
Todo lo que pude atinar a hacer fue llamar a Maryann. Quedarme en el trabajo
era imposible. Decirle a Piper lo que estaba mal conmigo también lo era. Se fue por el
día, y me tendría que disculpar después. Justo ahora, tenía que alcanzar a Mase.
Maryann saltó de la camioneta y corrió hacia mí. —¿Qué pasa? —preguntó,
tirando de mí en un abrazo. Me aferré a ella y lloré más fuerte.
Tener cualquier tipo de afecto maternal me deshizo. No era algo que conocía,
pero lo anhelaba. Los brazos de Maryann a mi alrededor hicieron que mis lágrimas
salieran con más fuerza. Porque había defraudado a su hijo. Me consolaba y no sabía lo
que hice.
—Shhh, ahora, no puede ser tan malo. Vamos a llevarte de vuelta a casa, y me
puedes decir lo que pasó. Conozco a mi hijo, y cuando sepa que estás así de mal, va a
estar furioso consigo mismo.
No, no lo haría. Ya se encontraba furioso. Conmigo.
Maryann me llevó a su camioneta, y me metí obedientemente. Una vez que se
hallaba en el asiento del conductor y saliendo del rancho de los Stouts, me miró. —
¿Puedes decirme qué pasó?
Podría, ¿pero iba a odiarme, también? Probablemente. Yo me odiaba. Debería
haberle dicho después de la primera vez. No haberlo mantenido en secreto.
—Dejé que Cap... River Kipling me trajera el almuerzo varias veces. No se lo pedí,
solo<‖ —Dejé escapar un pequeño sollozo—. Solo se aparecía con la comida, e iba a
comer con él. Ni siquiera me gusta la mayor parte del tiempo. Es arrogante. Pero tengo
que archivar la documentación que me trae.
—¿Y Mase está molesto porque River te trae comida?
—No... Sí. Está loco porque nunca se lo dije. Tenía miedo de que estuviera
molesto. Y le seguí diciendo a River que parara. A veces solo traía el papeleo, pero un
par de veces, trajo la comida. Tendría haberle dicho Mase.
Maryann no dijo nada al principio. Empecé a pensar que estaba enojada conmigo,
también. —¿Te gusta River Kipling de alguna manera que no sea como amigo?
Negué. —¡No! Ni siquiera me gusta como amigo. Asume demasiado y pasa por
alto el hecho de que no quiero que esté en mi oficina. Amo a Mase.
Maryann asintió. —Sé que lo haces, cariño. Pero parece que mi hijo ha dejado que
los celos tomen su control. No es propio de él, pero entonces, eso solo significa que eres
diferente de cualquier otra mujer que ha estado en su vida. Dale tiempo para enfriarse, y
entonces va a solucionar esto.
—Se encontraba tan enojado conmigo —susurré.
—No, tenía miedo de perderte. Se sentía aterrorizado de que no fuera suficiente
para ti. No se hallaba enojado contigo.
¿No era suficiente para mí? Sabía mejor que eso. La mirada en sus ojos era sin
duda por la ira. Pero no discuto con su madre. Iba a verlo muy pronto. No se
encontraría feliz de verme. Tenía que explicarle. Ponerme toda lengua trabada y con
pánico no iba a salvarnos.
—Nunca debería haber conseguido un puesto de trabajo —le dije, pensando que
nada de esto hubiera pasado si me hubiera quedado en casa.
Maryann chasqueó la lengua. —No empieces con eso, chica. Te mereces una vida.
Mase no tiene que ser tu mundo. Puede ser la parte más importante, pero necesitas
vivir, Reese. Necesitas sentirte realizada y hacer tu marca en esta tierra. Amo a mi hijo,
pero no quiero que renuncies a tus sueños por él.
Dejé que sus palabras se hundan en mí, pero no importaba. —Pero está en todos
mis sueños.
Asintió. —Como debería ser. Pero son tus sueños. Tienes control sobre ellos, no
sus celos. Sabe eso, también. Solo necesita enderezar su cabeza.
Pasamos por la puerta del rancho, y me limpié la cara húmeda mientras me
preparaba para enfrentarme a él. Me encontraba tan acostumbrada a verlo sonriendo y
queriéndome. No sabía cómo lidiar con un Mase que no quería siquiera mirarme.
—Ahí está —dijo Maryann, ralentizando el camión—. Supongo que debería
detenerme si el necio va a venir corriendo directamente hacia mí.
Miré hacia arriba para ver Mase corriendo hacia la camioneta y entré en pánico.
¿Iba a pedir que me vaya? Oh Dios. ¿Y si no me dejaba entrar en su propiedad? Tenía
que explicarme.
Maryann abrió la puerta de la camioneta y comenzó a caminar hacia la parte
delantera para encontrarse con su hijo. Me aferré al asiento como si fuera a abrir la
puerta y tirarme fuera.
Cuando Mase vio a su madre, le lanzó una mirada. Ella le dijo algo y luego le dio
una palmada en la parte posterior de la cabeza, antes de caminar hacia la casa,
dejándome sola en su camión, sentada. No quería que se fuera.
Mase tomó varios pasos largos a mi lado del camión y abrió la puerta. Cerré los
ojos con fuerza y me aferré, agradecida de que llevaba el cinturón de seguridad. No era
mucho, pero era una forma de protección.
Una mano cálida tocó el lado de mi cara y mis ojos se abrieron de golpe para ver
a Mase mirándome fijamente. Sus ojos no se hallaban llenos de la ira que había visto
antes. Se veía... apenado. Preocupado.
—Lo siento —susurró—. Tan malditamente lo siento.
Lágrimas de alivio llenaron mis ojos, a pesar de que no creía que tuviera más
lágrimas para llorar.
—Yo‖ no<‖ Ni‖ siquiera me gusta. Traté de que se fuera. Soy grosera con él.
Simplemente no le importa.
Mase se inclinó y me besó en la boca suavemente mientras desabrochó el cinturón
de seguridad. —No lo dudo —dijo en voz baja—. Fui un idiota. Dejé que me enfurezca,
y me desquité contigo. Me sentía celoso, Reese. Eres mía, y no puedo perderte, bebé.
Envolví mis brazos alrededor de Mase herméticamente y enterré mi cara en su
cuello. Inhalando profundamente, me sentí segura de nuevo. Se encontraba aquí. No se
hallaba enojado conmigo. —Lo siento. Debería haberte dicho. Tenía miedo de que te
enojaras.
Su mano pasó por encima de mi pelo, envolviendo los largos mechones alrededor
de sus dedos. —Supongo que he demostrado que la teoría era correcta —dijo en tono
divertido.
Asentí. —Pero debería haberte dicho. Dice que no está coqueteando, pero no sé lo
que está haciendo. Le he dicho que me dejara en paz.
Mase respiró hondo. —Quiero matarlo.
En este momento, yo quería matarlo. Lo había hecho a propósito. —Creo que sería
mejor si renunciara a mi trabajo. De esa manera, no tengo que verlo nunca más.
Mase no respondió al principio. Me quedé en sus brazos, agradecida de tenerlos a
mí alrededor. No me importaba lo que tuviera que hacer para evitar esto. —No. Amas
tu trabajo. No voy a dejar que mi miedo y ese imbécil te lo quiten. Pero de ahora en
adelante, voy a llevarte el almuerzo.
Sonriendo, lo miré a los ojos. —¿De verdad?
Me tomó la cara con una mano. —De verdad. Y te voy a traer comida de mamá.
Será mejor que cualquier restaurante de mierda que te trajo. —Una pequeña risa se me
escapó, y sonrió—. Eres tan condenadamente hermosa por dentro y por fuera, Reese.
Voy a tener que acostumbrarme a los hombres que quieran lo que tengo. No pueden
evitarlo.
Sonrojándome puse mi cabeza en su hombro. —No creo que ese sea el caso.
Captain‖es‖solo<‖molesto.
—Lo llamas Captain. ¿Sabes quién es?
—Es el hermano de Blaire Finlay. Estaba en el cumpleaños de Lila Kate. Me
enteré de su apodo después.
Mase frunció el ceño. —Nunca lo vi.
—Eso es porque hablamos cuando te encontrabas dentro con Harlow. Luego
desapareció. Me imaginé que entró en la casa.
—Pero te encontró y habló contigo —dijo en tono molesto.
—Junto con Blaire —le recordé.
—Aún así, el tipo es un imbécil.
Ayer, habría estado dispuesto a estar en desacuerdo. Pero después de lo que hizo
hoy, no podía negarlo. Le había dicho a Mase acerca de nuestras comidas por una razón,
y no era un inocente.
River "Captain" Kipling acababa de convertirse en mi enemigo.
Traducido por Josmary
Corregido por Anakaren
Mase
Después de dejar a Reese en su oficina, y de darle un beso largo y profundo, me
fui a buscar al maldito River Kipling. Llamé a Arthur para preguntarle dónde podría
encontrarlo. Me dijo que estaría en las oficinas principales de la cadena de restaurantes
Stout y Hawkins.
Entrando en las oficinas, le sonreí a la joven recepcionista. Necesitaba su ayuda.
—Buenos días —dije, con un asentimiento, inclinando el ala de mi sombrero.
—Buenos días —dijo ella, pasándose un poco de alegre.
—Arthur me dijo que podía encontrar a River Kipling aquí esta mañana. ¿Sabes
dónde podría estar?
Ni siquiera me pidió mi identificación. Asintió y señaló una puerta. —Ve por ahí,
está en la tercera oficina a la derecha.
Parpadee y le indiqué que entendía, luego fui a buscar al bastardo.
Ni siquiera me molesté en tocar a su puerta. Solo la abrí y entré, cerrándola detrás
de mí. River trabajaba en su escritorio. Cuando sus ojos se elevaron para verme, vi el
brillo de desafío en ellos. Terminaría con esta mierda.
—En realidad te esperaba antes —dijo, enderezándose en su asiento, luciendo
pagado de sí mismo.
—Reese vino primero. Estuve lejos de ella por unos días, y necesitaba estar con
mi chica —dije, poniendo énfasis en mi.
Sonrió. —¿Estás aquí para reclamarla como un maldito hombre de las cavernas?
Dios, odiaba a este idiota. —Estoy aquí para proteger a Reese. Eso es lo que hago.
Ella pensaba dejar un trabajo que adora por tu culpa. No dejaré que le arruines esto.
Sobrevivió a más mierda de la que te podrías imaginar. No necesita que la incomodes.
Su rostro casi parecía arrepentido. —Ella está superando su dislexia. Enfrentó sus
demonios, y está prosperando. No necesita que alguien se pare delante de ella y
mantenga al resto del mundo fuera. ¿Es que no se le permite tener amigos?
¿Le contó acerca de su dislexia? Estaba orgulloso de ella. Lo admitió a alguien
más aparte de Piper y yo. —Su dislexia la contuvo durante mucho tiempo. Pero ella
pasó por muchas cosas peores que eso. No asumas que la conoces. Porque no es así. Y si
quiero protegerla, lo haré. De quien sea o de lo que sea. No contó con nadie la mayor
parte de su vida, pero ahora si lo hará, por el resto de ella.
River frunció el ceño, inclinándose y poniendo sus codos sobre la mesa. —Estas
cometiendo una injusticia asumiendo que porque ella tuvo una infancia dura, no es lo
suficientemente fuerte como para cuidarse a sí misma. Sé de primera mano que eso la
hizo más fuerte. Viví una vida justo como la de ella.
En serio odiaba a este hijo de perra. —¿Qué? ¿Qué es para ti una vida dura? ¿Te
golpearon un poco? ¿Dejaste tu casa cuando tuviste la edad suficiente? Sí, bueno, qué
jodida suerte. Ese no es el infierno del que hablo. Solo quédate jodidamente lejos de ella.
¿Tienes papeles que debe presentar? Entonces llévaselos. Pero le traeré el almuerzo
todos los días.
River lucía como si estuviera sopesando mis palabras, y decidiendo cómo
responder. Sus respuestas ingeniosas parecían haberse terminado. —Solo era amistoso
—dijo finalmente con un encogimiento de hombros—. Ambos deben trabajar en esa
mierda. La confianza es parte importante de una relación.
Si le destrozara su presumida cara, terminaría en la cárcel. Me debatí si valía la
pena. —Tú versión‖de‖ser‖“amistoso”‖la‖hizo‖llorar‖ayer.‖Llorar‖de‖verdad.‖Lo‖que‖hiciste‖
ayer no fue amistoso. Fue un golpe bajo, y luego te marchaste y la dejaste para que
lidiara con ello. Eso no es ser un amigo. Es ser un imbécil. Ninguna mujer merece ese
tipo de falta de respeto
No respondió. Tenía que irme antes de que dijera algo que no pudiera dejar
pasar. Algún día tendré la oportunidad de patearle el trasero. Pero no era el lugar ni el
momento.
Abrí la puerta y salí antes de que él pudiera decir algo más.
Era la hora del almuerzo. Llegué a la oficina de Resse con un filete de carne de
mamá, molondrón frito y patatas a la crema. Cuando abrí la puerta de Resse levantó la
vista y me miró como si fuera la única persona en su mundo, se levantó del asiento y
corrió hacia mí.
—Oye, nena —dije, sosteniendo la comida fuera del camino, para poder inclinar
mi cabeza y besar los labios más hermosos del mundo.
—Oye, huele bien —dijo.
—Así es. Mamá lo hizo.
Me miró a través de sus tupidas pestañas y sonrió. —Hablaba de ti, pero la
comida también huele bien.
—Ten cuidado o tomaré más de lo que tuve esta mañana antes de dejarte comer
—le advertí, pensando en la ducha que tomamos juntos antes de traerla al trabajo.
—Tengo un microondas —dijo, recostándose en el escritorio. La observé mientras
empezaba a quitarse la blusa.
—Joder —respondí, dejando la comida sobre la silla vacía—. ¿Estás segura? —
Esperaba que lo estuviera.
Asintió. —Piper se marchó —dijo desabrochando su sujetador y dejándolo caer
por sus brazos—. Y llevo una falda, sería una pena desperdiciarla.
Tomé su cabeza en mis manos y reclamé esa dulce lengua antes que pudiera decir
algo más que me hiciera perder la cabeza. Cuando Reese se decidía a seducirme, no
tomaba mucho tiempo. El simple hecho de que quisiera hacerlo era sexy como el
infierno.
Probarla era intoxicante.
Empezó a menearse, y rompí el beso para mirarla. Dejó caer sus bragas, y las
pateó mientras se subía la falda. Jadeaba. —Te extrañé —dijo.
También la extrañé, a pesar de que tuvimos una caliente sesión de sexo en la
ducha, seis horas atrás. No me quejaba. Deslizando mi mano entre sus piernas, arrastré
los dedos sobre su húmedo calor. Estaba más que lista.
Comencé a ponerme de rodillas, cuando ella me agarró por los hombros. —No.
Te quiero dentro de mí. Necesitamos hacerlo rápido y te quiero ahora. —Sonaba sin
aliento.
Después de ayer, no sabía si era su forma de alejar ese recuerdo. Sea lo que sea,
haría cualquier cosa que me pidiera.
Después de bajar mi bragueta, se echó hacia atrás, mirándome, con las manos
apoyadas en el escritorio, poniendo sus hermosas tetas en un mejor ángulo. Bajé mis
vaqueros y luego me incliné para sostener ambos pechos en mis manos. —Amo a este
par —le dije con reverencia.
—Mmmm —dijo, y su cabeza se inclinó hacia atrás, exponiendo su cuello.
No duraría mucho tiempo si seguía así. Cogí una de sus piernas, la puse sobre mi
brazo, y tiré de su trasero hasta que estuvo en el borde de la mesa. Estaba
completamente abierta a mí ahora. Sus ojos mostraban necesidad mientras miraba hacia
mí.
Lentamente, me deslicé dentro de ella mientras encajaba a mí alrededor
perfectamente. —Siempre tan jodidamente bueno —gruñí.
—Sí —concordó, subiendo sus caderas, para que me enterrara tan profundamente
como pudiera—. ¡Ahhh! —gritó cuando se sintió llena.
—Reese —dije, sin aliento, necesitando que sus ojos estuvieran en los míos—.
Mírame.
Hizo lo que le pedí, y empecé a moverme junto a ella a un ritmo constante, que
sabía que nos traería la liberación más rápido de lo que yo prefería.
—Oh, Dios —gritó, mientras su boca se abría.
Comencé a bombear con más fuerza, amaba el sonido de sus gritos de placer. —
¿Esto es lo que quieres? —pregunté.
—Sí —jadeó.
—Dime que este es mi coño, Reese —dije, aún en su interior. Necesitaba oírlo.
—Es tuyo —me dijo con una sonrisa, moviéndose debajo de mí,
Sonriendo, negué con la cabeza. —No, nena. Quiero que me digas que este es mi
coño. —Bajé la cabeza y besé la punta de sus senos.
—Es tu coño, Mase —dijo en voz baja, pero sus ojos llamearon con excitación,
cuando lo dijo.
—Correcto. Lo es. Mío —dije, agarrando sus caderas y moviéndome con
estocadas profundas, hasta que estuvo gritando mi nombre y arañando mis brazos.
Al oír mi nombre saliendo de lo profundo de su pecho, llegué al clímax. Nunca
nada sería tan sexy como ese sonido.
Traducido por AndryGomez
Corregido por Laurita PI
Reese
Para el momento en que llegó el fin de semana, todo había vuelto a la
normalidad. Captain no regresó a mi oficina. Envié los archivos con Major dos veces, y
pude comenzar a respirar con facilidad.
Hoy, Mase iba a revisar dos caballos que pensaba en vender. Decidí ir al
supermercado. Maryann se dirigía a la ciudad a realizar unos mandados y dijo que
podría dejarme en el supermercado y recogerme una hora más tarde.
Esta era la primera vez que realizaba la compra sin Mase, y me sentía algo
nerviosa por no recordar todo lo que me encargó. Sabía que nunca me diría si olvidé
algo, pero me centré en hacerlo bien. Me gustaba la idea de cuidarlo.
Después de pasar unos diez minutos escogiendo las frutas y verduras correctas,
me moví hacia el pasillo. No necesitaba leer mucho aquí. Realicé las compras por años,
así que era buena identificando las cosas por su empaque y etiqueta.
—La pequeña zorra creció. —El susurro heló mi sangre. Conocía esa voz.
Transcurrieron años desde la última vez que la oí, pero conocía esa voz. No pude
moverme. No pude girarme.
—¿No vas a decirle hola a tu papi? —preguntó Marco. No era mi padre. Era el
esposo de mi madre, pero no era mi padre. Fue mi torturador.
—Si te acercas más, voy a gritar con todos mis pulmones —le advertí, aún sin
girarme hacia él. No quería ver su cara. Las pesadillas que protagonizó justo
comenzaban a desvanecerse. Odiaba esa cara.
Una grave risa amenazadora me aterrorizó. —No, no lo harás. ¿Quieres que toda
esta gente se entere de lo pequeña zorra que eres? Les contaré. Cómo me sedujiste.
Cómo querías sexo con tu padrastro. Apuesto que tu noviecito rico no sabe lo que puta
eres. O, tal vez, lo sabe —dijo Marco, y tocó mi cabello.
Bilis rozó mi garganta. Iba a vomitar. Traté de encontrar mi voz, pero estaba
congelada por el miedo. Justo como cuando era una niña.
—Tal vez le gustan pequeñas zorras estúpidas. Con un gran culo y grandes tetas.
Creo que eso es lo suyo.
Cerré mis ojos y me encogí. No. No me haría esto. No lo dejaría. Ahora era más
fuerte. Era un adulto. Esa chiquilla no existía.
—Me tomó un tiempo encontrarte. Pero te he estado observado por una semana.
Sé dónde vives, dónde trabajas. Demasiado estúpida para manejar un carro. No me
sorprende.
Mi cuerpo se cubrió de sudor frío. ¿Porque se hallaba aquí? ¿Por qué quería
encontrarme?
—Tu mamá está muerta. Nada que te importe. Huiste y nunca regresaste. Perra
inútil —dijo, mientras tomaba con la mano mi cabello y lo tiraba con fuerza.
Necesitaba alejarme de él. Pero no encontraba mi voz. Esto tenía que ser una
pesadilla. En realidad, no se encontraba aquí. No podía ser real. Necesitaba despertar.
—¿Ni siquiera una lágrima por tu mamá? Las estúpidas putas no se preocupan
por sus madres. Pero tú amabas a tu padrastro, ¿verdad, niña? —Otra vez jaló mi
cabello con dureza.
—Déjame ir. —Alcancé a balbucear atravesando el terror que me envolvía.
Se rio. —Me llevó mucho tiempo encontrarte, chica. No voy a dejarte. ¿Le dijiste
que te tuve primero? ¿Qué tu cuerpo fue mío primero? ¿Qué andabas a mi alrededor
con esas ropas apretadas, burlándote, invitándome a tocarte?
Mi estómago se revolvió, me incliné hacia adelante, y sentí cómo las náuseas me
embargaban.
Enderezó mi cabeza con otro jalón de cabello. —Saldrás de aquí conmigo, y no le
contaré ninguno de tus sucios secretos. —Su aliento repugnante olía como leche amarga.
Levanté la mano para cubrir mi boca temiendo que fuera a vomitar encima de
todas las compras delante de mí. No podía gritar mientras luchaba por mantener el
contenido de mi estómago en su lugar. Cerré los ojos con fuerza, y recé; si existía un
Dios al le importara, me salvaría. No me encontraba preparada para esto.
Tal vez existía un Dios, porque, de repente, sentí que Marco me soltaba el cabello.
Me volteé y vi a Captain con una mirada de furia en la cara mientras su mano sujetaba el
brazo de Marc. Ahora que podía ver a Marco, lucía muchísimo más viejo.
—Aléjate de aquí, no regreses, y te dejaré vivir —dijo Captain con voz tranquila y
dura.
Marco trató de jalar su brazo para liberarlo. —¿Quieres ser arrestado por
agresión? —dijo con un tono agudo de voz.
Captain no pareció preocuparse. Continuó mirando a Marco como si fuera la peor
forma de criatura en la tierra. —Gritas, y no volverás a ver otro amanecer. Pruébame,
vejestorio. Jodidamente. Pruébame.
Le creí. No bromeaba. No sonreía. La expresión en su cara era la de un hombre
sin alma. Glacial, y también se aseguraba de que Marco lo notara.
Retrocedí.
—Continúa con tus compras, Reese —dijo Captain—. Acompañaré a esta mierda
inútil a la salida. No volverá. Te lo juro —dijo, sin quitar los ojos de Marco.
Entonces comenzó a caminar con la mano aún envuelta en el brazo de Marco. Me
quedé y miré hasta que ambos salieron por la puerta. Luego saqué el celular del bolsillo
de mis pantalones y llamé a Mase. Estaba a punto de romperme, y no me sentía segura
de lograr llegar a la puerta antes de hacerlo.
Traducido por MaJo Villa
Corregido por Sahara
Mase
Rompí todos los límites de velocidad imaginables para el momento en que llegué
al rancho. Mamá había vuelto para llegar a ella tan pronto como Reese llamó para
decirme lo que había pasado. La había mantenido al teléfono mientras que le escribía a
mi madre para que fuera a la tienda de inmediato. Todo lo que ella fue capaz de decir
fue que su padrastro había estado allí.
Y que River Kipling había estado allí y lo obligó a salir.
Se encontraba aterrorizada, y yo quería poner mis manos a su alrededor y
abrazarla. Si hubiera pensado por un segundo que esa excusa enferma y patética de ser
humano vendría a buscarla, nunca la hubiera dejado fuera de mi vista.
Mi cabeza no paraba de saltar al peor de los escenarios. ¿Qué habría pasado si
River no hubiera aparecido? El miedo me consumía. No podía pensar en eso. Odiaba a
River, pero ahora le debía una.
La camioneta de mi mamá entró en el rancho justo antes de que yo lo hiciera, y
me quedé justo detrás hasta que se estacionó. Entonces salí de un salto y corrí a buscarla.
Al momento en que abrí la puerta de su lado de la camioneta, ella se lanzó hacia mí y
empezó a sollozar mientras me sostenía en un apretón de muerte.
Mi mamá no sabía los detalles, pero supe que después de ver su reacción, lo
podía adivinar con bastante facilidad. La miré por encima de la cabeza de Reese. —La
voy a llevar a la casa —le dije. Tendría que esperar por una explicación.
Mamá asintió y se dirigió a su casa, dejándonos solos.
—Lo siento mucho, cariño —le dije, sintiéndome impotente mientras la sostenía
contra mí.
Solo sollozó con más fuerza. Si hubiera estado allí, habría matado al hombre.
Quería verlo muerto. Había marcado su vida, y él había vuelto para reabrir viejas
heridas. El bastardo enfermo.
Levantando mi mirada, vi a otro camión dirigiéndose en nuestra dirección. Lo
reconocí como el de River Kipling. Por mucho que no me gustara, entendí su necesidad
de pasar y ver cómo se encontraba Reese. Lo había visto. Él la había salvado. Y yo
tendría que encontrar una manera de aceptarlo.
Detuvo su camioneta, y Reese saltó en mis brazos ante el sonido de su puerta que
abriéndose y cerrándose de golpe. Estaba asustada. Tenía que llevarla a su casa para que
se sintiera segura.
—¿Va a estar bien? —Preguntó River, manteniendo su distancia.
Haría todo lo posible para asegurarme de que así fuera. Ya había superado este
terror antes. Ella podría hacerlo de nuevo. —Me aseguraré de ello —le contesté,
sabiendo que tenía que decir más. Se lo merecía—. Gracias. Por lo que hiciste.
Ni siquiera reconoció mis palabras. Sus ojos se encontraban sobre la espalda de
Reese, con su mandíbula apretada. —Le escuché. Yo estaba en el siguiente pasillo, y lo
oí.‖Él<‖¿fue‖él, el encargado de hacerla pasar por un infierno?
Solamente asentí.
River asintió en respuesta, dio media vuelta y regresó a su camioneta. Sin decir
una palabra, se marchó.
Levanté a Reese en mis brazos y la llevé a mi camioneta. Necesitaba estar en casa.
***
Captain
Esperaría toda la noche. Era un hombre de palabra. Echándole un vistazo al reloj
en el tablero del Escalade negro que conducía, vi que todavía quedaban minutos para
que el sol saliera. Aparqué en la parte trasera del edificio, fuera de la vista de la oficina
principal. No es que importara. El empleado de turno era un hombre viejo que bebió
una botella de tequila anoche y se entretuvo con una prostituta antes de regresar a su
puesto y desmayarse rápidamente.
Registré cada habitación. Sólo tres se encontraban ocupadas. Dos de ellas se
hallaban cerca de la oficina, pero ninguno de los ocupantes de las habitaciones regresó
lo suficientemente sobrio como para despertar antes del mediodía. El motel se ubicaba
en una parte vacía de la calle, lo que me facilitaba las cosas.
Agarré la única cosa que necesitaba y la metí en el bolsillo secreto, escondido bajo
mi chaqueta de cuero.
Cogiendo el desechable, o a lo que llamaba teléfono desechable, envié un
mensaje: Ya es de día.
Luego presioné enviar.
Sin esperar respuesta, salí del vehículo y me dirigí a la habitación que estuve
observando toda la noche. La pintura se descascaraba de la puerta desgastada. Era la
número cuarenta y cinco, pero faltaba el cuatro. Sólo quedaba pintura desvanecida
donde alguna vez estuvo. Retrocedí, y con una patada, abrí la puerta.
No me molesté con las luces mientras cerraba la puerta detrás de mí.
—¿Qué diablos? —dijo una voz ronca mientras el bastardo se sentaba en la cama.
No respondí. No se merecía una respuesta. No me encontraba allí para responder
sus preguntas. Él respondería las mías. Me senté en la silla junto a la ventana. Él ya
había cerrado las cortinas, así que no necesité hacerlo.
—Llamaré a la policía —dijo, su voz delatando su miedo.
Saqué la pistola de mi cintura y le disparé al teléfono, enviando trozos de plástico
en varias direcciones.
—¡Maldición! —gritó el hombre, saltando. Agradecí que vistiera ropa interior y
no tuviera que ver su mierda flácida—. Esa cosa tiene silenciador —dijo. Y entonces me
reconoció. Sus ojos pequeños se ampliaron más de lo que creí posible en lo que
levantaba ambas manos—. No hice nada. Dijiste que si me iba, podría vivir. No he
dejado esta habitación. —Comenzó a divagar.
Me recliné y observé mientras el miedo comenzaba a apoderarse de él.
—Dijiste<‖—dijo de nuevo.
—Dije que si te ibas, te dejaría ver otro amanecer —respondí, luego alargué una
mano y moví una de las cortinas—. Listo. Ya lo viste. —Dejé que la cortina regresara a
su lugar.
—Me iré. No volveré. —Empezó a balbucear de nuevo.
Apoyé la pistola en mi rodilla y observé con frialdad al hombre que hizo cosas
horribles y que no podía deshacer. Cosas que lo hacían inútil. Imperdonable. —Sé que
no volverás —dije en voz baja mientras seguía mirándolo.
—Es una mentirosa. Siempre lo fue. Lo que sea que te haya dicho esa perra,
miente.‖Le‖robó‖a‖su‖madre.‖Le‖rompió‖el‖corazón<
—Detente —lo interrumpí. Pasé la punta del arma por mis pantalones—. Al
momento en que levantes la voz, te callaré. Permanentemente.
—¿Qué q-q-quieres? —tartamudeó.
—Quiero justicia. Quiero que Reese viva la vida que merece. Quiero que cada hijo
de puta sucio y asqueroso como tú muera. Eso es todo lo que quiero.
Sacudió la cabeza mientras se apartaba de mí. —Mintió. Lo que sea que te haya
dicho, lo hizo. Es una manipuladora. Utiliza su cuerpo para hacer que los hombres
hagan lo que quiere.
—¿Sabes quién es su verdadero padre? —le pregunté, levantando la cabeza
mientras memorizaba el terror en sus ojos.
Negó con la cabeza. —No. El tipo le dio una paliza a su madre y huyó. Las salvé.
Cuidé de ellas. Fui yo quien mantuvo un techo sobre su cabeza. La cuidé, y no lo
apreció. Esperaba más. —Se aferraba desesperadamente a la esperanza. Los hombres
que sabían que eran sus últimas respiraciones se limitaban a decir cualquier cosa que
pudiera salvar sus vidas inútiles. Ya lo había visto. Lo había oído todo antes.
—¿Por qué buscaste a Reese? Se fue de casa cuando tenía dieciséis. —Era algo que
simplemente quería saber. Si quedaba alguien allí afuera que necesitaba ser detenido,
quería asegurarme que todo estuviera controlado. Pero por la búsqueda que hice, sólo
quedaba este bastardo enfermo.
—Su madre, tenía papeles con un fideicomiso para Reese. Nunca dijo de quién
era. No reconocí el nombre. Tratamos de todo para sacarle partido, pero fue imposible.
Nos esforzamos para criar a esa niña, y nos lo debía. Su pobre madre murió de
cansancio. No podía pagar sus cuentas médicas; ni siquiera pude darle un entierro
apropiado. Ese dinero me pertenece. Reese me lo debe. Se lo debe a su madre.
Así que sabía del fideicomiso. Eso lo explicaba todo. —¿Cuándo murió su madre?
—pregunté.
—Hace un mes —dijo, luciendo menos aterrorizado. Creía que me ganó un poco.
Si tan sólo supiera.
—Así que la perra está muera. Buenas noticias —respondí mientras levantaba la
pistola y la apuntaba directamente a su cabeza. Levantándose, me deleité del terror puro
en sus ojos en lo que retrocedía.
—No‖puedes<‖Te‖dije‖lo‖q-que hizo. Lo que me debe —dijo, su voz temblando.
—Reese no te debe nada. Le arrebataste su inocencia, y convertiste la vida de esa
niña en una pesadilla. Por no mencionar de que la convenciste de que era estúpida.
Marcaste su vida de una manera que nunca podrá ser borrada. Su pasado jamás
desaparecerá. Está en su interior. Tratará con eso por el resto de su vida.
Sacudió la cabeza. —Ella lo quiso —comenzó.
Y eso fue todo lo que pude soportar.
La bala abandonó la pistola de manera silenciosa, y por una fracción de segundo,
disfruté de la mirada en los ojos de Marco cuando supo que le llegó la hora. Cayó al
suelo con un ruido sordo, y puse la pistola de regreso en la funda. El agujero en su
frente rezumaba sangre que cubría su rostro y comenzaba a acumularse en el suelo. Sus
ojos lucían amplios y vacíos.
Era el último bastardo al que mataría. Mi trabajo se hallaba hecho. Era hora de
seguir adelante. Asesinar al hombre que lastimó a Reese era la mejor manera de cerrar la
puerta de esta parte de mi vida.
Cuando comenzó todo, nunca tuve intenciones de enamorarme de ella. Sabía que
su corazón se encontraba ocupado. Pero era difícil no amarla.
—Disfruta el infierno, hijo de puta —dije con rotundidad mientras dejaba caer la
pequeña tarjeta impresa que me enviaron para ese momento. Luego atravesé la puerta y
me dirigí al Escalade.
Una vez estuve en la carretera y me dirigía al punto de entrega del Escalade,
saqué el teléfono desechable y presioné el único número que tenía.
—Cap. —La voz firme llegó por la línea asegurada.
—Listo —respondí.
Un suspiro de alivio atravesó el teléfono. —Terminó —dijo. Podía oír la emoción
en su voz. Y lo entendía.
—Sí, terminó.
Finalizamos la llamada, y dejé caer el teléfono en el asiento junto a mí.
Extrañaría trabajar para DeCarlo. Me dio una vida cuando era un niño perdido.
Le debía mucho. Por primera vez, me sentí como si le hubiera devuelto todo. El hombre
que abusó sexual y físicamente de la hija de DeCarlo se encontraba muerto. Reese viviría
la vida que su padre quería que tuviera. Ya no necesitaba que la siguiera para
mantenerla a salvo. Se encontraba en buenas manos.
No tenía ninguna duda de que Mase Manning le daría la vida de una princesa.
Traducido por Val_17
Corregido por Anakaren
Reese
Mase me mantuvo en la cabaña por los próximos dos días. Empezaba a pensar
que se encontraba más conmocionado por esto que yo. Me mantenía cerca, y Maryann
nos trajo comida. Le permití mantenerme encerrada en el interior por el bien de ambos.
Sabía que necesitábamos regresar a nuestros trabajos, pero no me atreví a salir de la
casa.
Más de una vez, Mase sugirió que llamara a mi padre. Pensaba que hablar con él,
mi nonna, o Raul ayudaría, pero no podía. Tenía miedo de escuchar sus voces y
recordar la vida que no tuve con ellos. Los recuerdos de lo que viví en vez de eso se
hallaban demasiado presentes en este momento. Perdonar a mi padre por no
encontrarme y salvarme antes fue más difícil después de volver a ver a Marco.
Mase no me presionó. Mientras veíamos una película y me envolvía en sus brazos
en el sofá, mencionó que iría a Rosemary Beach por una semana de visita. Sabía que
trataba de sacarme de aquí. Estuve a salvo en Rosemary Beach, pero el hecho era que
Marco pudo encontrarme allí. ¿Y si me encontraba antes? ¿Y si no hubiera conocido a
Mase? Esa idea me atormentaba.
Mis pesadillas regresaron con fuerza. Por mucho que quisiera ser fuerte y volver
a trabajar, sabía que no podía. Todavía no. No sabía dónde se encontraba Marco, y estar
en algún lugar que me alejara demasiado de Mase parecía imposible. Odiaba lo que le
permitía hacerme. Entró en mi cuento de hadas y me lo quitó. Al igual que lo hizo con
mi infancia y mi inocencia.
Hasta que no supiéramos que Marco fue encontrado y detenido por la policía,
tenía miedo de vivir una vida normal.
Era la mañana del martes cuando finalmente le dije a Mase que quería ir a
Rosemary Beach. Él no perdió el tiempo. Nuestras maletas fueron empacadas, y nos
enviaron un avión en cuestión de horas. Mase habló con Piper, y me aseguró que se
preocupaba más por mí que por el trabajo.
Me encantaba Texas. Amaba estar aquí con Mase. Pero Marco lo manchó.
También me quitó eso. Lo odiaba. Si tan sólo no hubiera estado tan aterrorizada; si tan
sólo hubiera gritado. Si lo hubiese golpeado o reaccionado de alguna manera, él no
estaría libre. Yo no viviría asustada.
Cuando aterrizamos y bajamos, Grant Carter salió de una camioneta plateada y
se dirigió hacia nosotros.
—Gracias por venir a recogernos —dijo Mase cuando Grant tomó una de las
maletas de sus manos.
—Eres de la familia, hombre. No necesitas agradecer. —Su mirada se trasladó a
mí—. Me alegra que estés aquí, Reese. Harlow ha planeado cada segundo de tu estancia.
Está muy emocionada de tenerte en la casa.
La sonrisa sincera en su rostro no ocultó la preocupación en sus ojos. Estas
personas realmente se preocupaban por mí. La evidencia de esa emoción provocó que
mis ojos se llenaran de lágrimas. Nunca tuve una verdadera familia. La que se suponía
que me cuidaría me defraudó. Permitieron que viviera en un mundo lleno de pesadillas.
No iba a dejar que eso me impidiera tener una relación con ellos, pero nunca sería capaz
de perdonar verdaderamente a mi padre por eso.
Pero esta familia, de la que venía Mase, era leal. Estuvieron dispuestos a abrir su
casa y sus brazos para mí. La gente en su mundo seguía incluyéndome y aceptándome.
De alguna manera me las arreglé para no llorar. En su lugar, le sonreí a Grant. —
Gracias. También estoy esperando pasar tiempo con Harlow.
La mano libre de Mase se posó en mi espalda baja mientras me dirigía a la
camioneta. Cuando Grant cargó nuestras maletas y caminó para entrar en el lado del
conductor, Mase me acercó y ahuecó mi cara con una mano. —Eres mi familia, Reese.
Eso los hace tu familia. Nadie en este mundo es más importante para mí que tú, y
debido a eso, mi hermana te adora. Acéptalo —dijo—. Eso no es algo para llorar.
—No lloré —dije.
La pequeña sonrisa curvó una esquina de su boca. —Sí, porque luchaste contra
ello. Vi tu cara. Conozco todas tus expresiones, nena.
Con una risa suave, me apoyé en su mano y le sonreí. —Te amo, Mase Manning.
—Y eso me convierte en el hombre más afortunado del mundo.
Entramos en la casa de los Carter, donde bocadillos y dulces llenaban la mesa.
Harlow nos saludó, con Lila Kate aferrada a su pierna mientras nos miraba con una
expresión curiosa. Sin embargo, al segundo en que Grant entró en la casa, soltó a su
madre y chilló, levantando los bracitos hacia su papá.
—Ahí está mi pequeña —dijo Grant, dejando caer la maleta junto a la puerta y
levantando a la mini-Harlow.
Lila Kate le dio palmaditas en la cara con ambas manos, sonriendo alegremente.
—¡Papi! —anunció a todo el mundo.
—Hace pucheros cuando Grant se va cada mañana. Cuando llega a casa, es su
parte favorita del día —dijo Harlow, sonriéndole a su marido e hija.
—Porque ella es la niñita de papá —dijo él con orgullo mientras besaba su
regordeta mejilla.
—Sin ninguna duda —concordó Harlow. Luego giró su sonrisa hacia nosotros—.
Conseguí algunos bocadillos para todos.
—Me muero de hambre. Eso se ve increíble —dijo Mase, dando un paso adelante
y abrazando a su hermana. Le susurró algo al oído, y ella lo abrazó más fuerte en
respuesta. Al verlos juntos siempre me preguntaba por Nan. ¿Por qué no quería esta
cercanía con ellos?
—Pulín —le dijo Lila Kate a Grant mientras seguía acariciando su rostro.
—Me reuniré con ustedes en un momento. Adelante, empiecen sin mí. Lila Kate
quiere un poco de pudín. Es lo que hacemos cuando llego a casa —explicó.
Se acercó a Harlow, la besó dulcemente en la boca y le dijo que la amaba antes de
llevar a Lila Kate a la cocina.
Harlow se volteó para verlo alejarse como si nunca lo hubiera visto caminar
antes. Cuando se giró de vuelta, sus mejillas se encontraban ruborizadas. Ellos vivían el
cuento de hadas que yo quería para mí.
Traducido por Kyda
Corrgido por Lu
Mase
Harlow había llevado a Reese de compras con las chicas hoy. No me quería dejar
al principio y no iba a obligarla. Pero Harlow estaba tan emocionada al respecto, y Reese
empezó a relajarse un poco. Al final, me había asegurado que estaba bien. Le dije a
Harlow que no quería que salieran de Rosemary Beach; quería estar cerca si me
necesitaba. Harlow había prometido que no irían lejos, diciendo que sólo quería hacer
que Reese se olvidara de todo.
Me dirigía a jugar golf con Grant y Rush en el Country Club Kerrinton cuando mi
teléfono sonó. No reconocí el número y odié el miedo que venía con ello. No debí haber
dejado que Reese saliera sin mí.
—Hola —respondí, mi corazón en mi garganta.
—¿Mase Manning? —Era la voz de un hombre.
—Sí.
—Es el Detective Northcutt del departamento policial de Fort Worth. Marco Halls
ha sido encontrado.
Alivio me llenó. Lo habían encontrado. El bastardo no estaba libre. —Hemos
presentado cargos y Reese tiene una orden de restricción. ¿Cuál es el siguiente paso? —
Estaba listo para terminar esto. Lo quería detrás de las rejas. Sólo no estaba seguro que
eso iba a suceder.
—Está muerto —dijo Northcutt.
Inhalando profundamente, tomé tiempo para comprenderlo. El hijo de puta
estaba muerdo. Santa mierda.
—Fue encontrado esta mañana por la sirvienta del motel en el cual se había
estado quedando. Ya tenía un par de días muerto. Nadie sabía. Pagó la habitación por
adelantado y pidió privacidad; ella únicamente entró porque se suponía que se fuera
hoy.
—¿Cómo? —pregunté, aliviado. Nunca se acercaría a Reese de nuevo.
—Disparo a la cabeza. Un solo tiro —contestó—. Fuiste, por supuesto, el primer
sospechoso, pero fuimos a tu casa para interrogar a tus parientes. Hablamos con el Sr. y
Sra. Colt, junto con el comandante Colt, quien nos informó que tú y Reese no dejaron la
casa por dos días y que recientemente volaron a Rosemary Beach, Florida, para visitar a
tu hermana. Confirmaremos eso, pero por el momento, ya no eres un sospechoso. Parece
que este hombre tenía más de un enemigo. Las pistas muestran que estaba involucrado
en drogas, y creemos que esto pudo haber sido alguien a quien le debía dinero.
Cualquier información que tengas sería de ayuda.
—Por supuesto. Pero Reese no lo había visto o a su madre desde que tenía
dieciséis, cuando la botaron. Cuando se encontró con él en la tienda de comestibles, esa
fue la primera vez que lo había visto desde entonces. Realmente la perturbó. No
sabemos nada del hombre excepto lo que le hizo a Reese cuando estaba creciendo.
—Eso es lo que asumimos. El asesino no parece haber actuado por emoción. Fue
bien planeado y cubierto. Tiene todas las marcas de un asesinato profesional. Lo cual
significa que puede que nunca lo encontremos... —Su voz se apagó. Pude notar por su
tono que él no quería saber. Tenía la declaración de Reese, y sabía lo que ese maldito
bastardo le había hecho a ella.
¿Pero un asesinato profesional? ¿A quién demonios había enfurecido este
hombre? ¿Y qué si sabían de Reese? ¿Pensarían que ella tiene algo de él que ellos
querrían? Mierda. Mi alivio se convirtió en miedo otra vez rápidamente. —Si fue
profesional, ¿podrían estar detrás de Reese, pensando que ella sabe algo? —Tenía que
buscarla y traerla a un lugar seguro. Donde sea que estuviera, necesitaba encontrarla.
El detective aclaró su garganta. —Hubo algo que dejaron que nos lleva a creer
que Reese está segura. También es algo que lo conecta al tráfico de drogas. Hemos visto
esta evidencia antes —dijo en voz baja.
—¿Qué? ¿Qué quieres decir? —Aparté el teléfono de mi boca y miré a Grant—.
Necesito llegar a Reese, ahora.
Asintió y giró el camión.
—Había una nota. No tenía huellas dactilares en ella, y no estaba escrita a mano.
Simplemente decía Para mi pequeña.
Respiré pesadamente de alivio y cerré mis ojos mientras mi cabeza caía hacia
atrás. ¿Qué demonios había sucedido? ¿Con qué pequeña se había metido ese enfermo
bastardo esta vez?
—Cuando hayas vuelto a Fort Worth, necesitamos que ambos vengan y
respondan algunas preguntas.
—Sí, claro —respondí—. ¿Había huellas dactilares en alguna parte?
—Como dije, fue un trabajo profesional. No dejaron ningún rastro. Todo lo que
tenemos es esta nota. La cual... —Hizo una pausa—. La nota es una evidencia
explicando la razón de la muerte. Es algo que hemos visto antes. Muchas veces. Estamos
seguros que es el mismo patrón y tinta. Ha sido comprobado. Sólo no puedo decirte
más.
Esa nota. Lo único que me aseguraba que Reese estaba a salvo. Quien sea que
mató a Marco no tendría una razón para ir tras Reese. Dudaba que alguien supiera
siquiera que ella era parte de su pasado.
Finalicé la llamada justo cuando nos estacionamos en un pequeño café donde
Harlow estaba sentada con Reese afuera. Había preocupación en el rostro de Reese, pero
la necesitaba conmigo. Quería abrazarla mientras pensaba en las cosas.
—Hola —dijo ella, apresurándose hacia mí en el momento en que salimos del
camión—. ¿Qué está mal?
La atraje hacia mí y respiré profundamente, dejando que mi ritmo cardíaco bajara
¿Qué está mal? Repitió contra mi pecho.
Nada estaba mal. Ella estaba aquí. A salvo. Y alguien más se había asegurado de
que estuviera segura definitivamente. —Está muerto —declaré—. Marco está muerto.
Se apartó y me miró con asombro y esperanza mezclándose en sus ojos. —¿Qué?
—preguntó en un susurro.
—Está muerto —repetí. Decidí no darle detalles. No ahora.
—Oh, mi Dios —susurró y luego dejó salir un sollozo—. Se ha ido. ¿Se ha ido
para siempre?
Asentí, comprendiendo su emoción. —Se ha acabado, nena —dije mientras
sostenía su cabeza en mis manos y agradecía a Dios que estuviera a salvo. Y era mía.
Traducido por Kath1517
Corregido por Glori
Reese
Mi cabeza dolía y me encontraba lista para ir a casa. El detective asignado al
caso de Marco me interrogó sobre todo. Mi madre, mi verdadero padre, la familia
de mi padre. Tuve que decirle exactamente lo que Mase y yo hicimos durante los
dos días después de que Marco me asaltó en la tienda de víveres. Recordar todo
fue difícil, pero traté de darles la mayoría de detalles posible.
Me sentí culpable de contar que Captain fue quien sacó a Marco. No quería
meterlo en esto. Pero ellos ya tenían esa información por los otros testigos y
Captain ya había sido interrogado; cualquiera que fuera su coartada, era sólida.
Una vez fuimos libre de irnos, el detective me dio una paternal palmada en
la espalda. No esperaba que atraparan a la persona que mató a Marco. Me
encontraba agradecida de que hubiera huido. Me mostraron una carta que
simplemente decía Para Mi Pequeña Niña y me preguntaron si podía identificar a la
persona que la dejó. Nunca vi una carta como esa en mi vida, aunque me dolía en
el pecho al hacerlo. Era mi culpa que la hija de alguien más hubiera sido lastimada
por Marco. Nunca le conté a nadie sobre lo que me sucedió antes de conocer a
Mase. Marco estuvo libre para seguir aterrorizando niñas pequeñas por mi
silencio.
Mase me mantuvo cerca mientras caminábamos a su camioneta.
—Necesitas un largo baño de burbujas. Luego te daré un masaje. Este día ha
terminado. Todo terminó. Ahora puedes vivir tu vida sin él.
Asentí. Tenía razón. Esto era todo. Mi vida de verdad comenzaba ahora.
Marco y mi madre se fueron, para no regresar. Dejaría que mis recuerdos de la
vida que viví con ellos se fuera, también.
—Quiero ver a mi papá —dije. Había cosas que debía que decirle. Cosas que
no le dije antes porque fui tan sólo muy feliz de tener una familia. Pero para
verdaderamente avanzar sobre mi pasado, tenía que hacerle saber a mi padre
como me sentía. Y que lo perdonaba.
—¿Cuándo? Nos conseguiré un vuelo tan pronto como sea posible.
—Aún no. Sólo pronto. Vamos a casa y regresemos a nuestra vida primero.
—Lo que sea que quieras, bebé.
Por las siguientes dos semanas, mi vida volvió a su sitio. Mase me trajo el
almuerzo a diario y Captain no había puesto un pie en mi oficina de nuevo.
Tampoco dejó papeleo para mí en la mesa de archivo afuera de la puerta, o envió a
Major a que lo trajera. No me sentía en el borde y el trauma emocional con el que
había lidiado cuando Marco regresó comenzaba a desvanecerse.
Fue una tarde de domingo cuando todo cambió. De nuevo.
Mase y yo pasamos una tranquila mañana juntos, y luego él salió a revisar
algunas cosas en los establos. Después del incidente con Marco en la tienda, no
sólo nos faltaba comida, sino también toallas de papel y champú. Mientras
revisaba el baño para asegurarme de que no necesitábamos nada más, vi la caja de
tampones sin abrir que compré el mes pasado.
Mirándola, traté de recordar cuando debió comenzar mi periodo. Agarré
mis píldoras anticonceptivas del gabinete de medicinas y las revisé. Hace dos
semanas. Debí comenzar hace dos semanas.
Mis manos temblaron mientras dejaba las píldoras y caminaba hacia el
dormitorio para poder sentarme por un minuto. Pasé por mucho en dos semanas.
Mi mente había estado en todo menos en el comienzo de mi periodo. Me salté la
píldora la mañana después de ver a Marco.
Sin embargo, tomé dos al día siguiente. Ni siquiera tuvimos sexo esa noche.
Fui un desastre. Algo debía estar mal. No podía estar embarazada.
Poniéndome la mano en mi estómago, me permití imaginarlo por un
momento. Que estaba cargando al bebé de Mase. La alegría fluyó a través de mí,
pero fue rápidamente reemplazada por intranquilidad. Mase ni siquiera me había
pedido matrimonio aún. No se encontraba listo para una familia. No podía
obligarlo con esto. Él confió en mí para que tomara pastillas anticonceptivas y le
fallé.
¿Cómo podría ser una madre si jamás había tenido una? No tenía el ejemplo
de una madre. La que tuve no era algo que quisiera para mi hijo. Tocando mi
estómago, supe que debía ir a un doctor. Sin Mase. No tenía razón para entrar en
pánico si no era necesario, ¿pero cómo podría ir al doctor sin decirle a alguien?
Piper. Le preguntaría a Piper mañana en el trabajo si podía llevarme.
Confiaba en el ella y sabía que entendería. Bueno, esperaba que entendiera.
Metí los tampones de nuevo bajo el mostrador y terminé mi lista. No podía
preocuparme por eso ahora. Había una posibilidad de que no estuviera
embarazada. Sólo podría estar retrasada. Me aferraría a eso hasta que no pudiera
más.
—Oye, nena —llamó Mase mientras la puerta principal se abrió.
Tomé mi lista y caminé de regreso a la sala de estar. Verlo allí de pie en sus
empolvados pantalones, sombrero vaquero y botas nunca me aburría. Creer que
era mío era difícil algunas veces.
Él sonrió y caminó hacia mí. —Sigue mirándome así y no llegaremos a la
tienda como tú quieres.
Sabía exactamente lo que haría en cambio, y tan tentador como era, me
hallaba demasiado asustada como para arriesgarme. ¿Qué si no estaba embarazada
pero aún podía embarazarme por meter la pata con mis pastillas?
Le di una palmadita en el pecho y sonreí, esperando que no viera la
preocupación en mis ojos.
—Necesitamos alimentos. —Le recordé.
Bajó su cabeza y reclamó mi boca con un beso desde el alma tan ardiente
que me hizo olvidar todo menos lo bien que me hacía sentir. —Lo que quieras —
susurró cerca de mi oído, luego me dio una palmada en el trasero—. Dios, amo ese
trasero —añadió.
Alcé la lista de las compras.
—Prioridades —dije, y caminé para tomar mi bolso.
—Tengo una prioridad, y estoy seguro de que no es la maldita lista —dijo
en un tono divertido.
¿Era posible amar a alguien tanto como amaba a Mase? ¿Era siquiera
saludable?
Traducido por Kyda
Corregido por Lu
Mase
Reese llamó para decir que Piper la llevaría a almorzar el martes. Me
alegraba que estuviera llevándosela bien con Piper. Quería que tuviera amigos
aquí. Este sería nuestro mundo, y que Reese encajara en él era importante.
Necesitaba que lo amara tanto como yo lo hacía.
Cuando llegó la hora del almuerzo, me dirigí a casa de mamá para comer. El
camión de Aida estaba estacionado afuera y me detuve. Si habría drama, no estaba
seguro de poder lidiar con ello hoy.
Ella no se había ido en buenos términos, y no estaba seguro de por qué
había regresado. Pero de nuevo, no quería confrontarla frente a Reese más tarde.
Reese había soportado lo suficiente este mes pasado.
Suspirando, esperaba que esto no arruinara mi almuerzo. Cuando caminé a
través de la puerta que guiaba a la cocina, mamá se volteó para darme una sonrisa
de disculpa. Me estaba esperando; había llamado para que supiera que no
necesitaba que empacara almuerzo para mí y Reese y que simplemente comería
con ella.
A regañadientes, volteé mi mirada para ver a Aida sentada en la mesa al
otro lado de mi padrastro. —Papá —dije, luego—, Aida.
—¿Tienes preparada esa lista para que se la dé a Johnson? Vendrá hoy más
tarde —Papá sabía del drama con Aida, y hablar de cosas del rancho era su forma
de mantener las cosas niveladas.
—Sí, te la daré luego del almuerzo —Le aseguré, entonces caminé hacia
mamá para besarla en la mejilla y agarrar el plato que había estado sirviendo para
mí—. Yo lo haré. Siéntate y come.
—Lo siento —Ella articuló mientras me permitió quitarle el plato. No había
estado esperando a Aida tampoco. Asentí y terminé de llenar mi plato antes de
voltearme hacia la mesa para sentarme.
Supuse que ignorar a Aida no tenía sentido y sería tenso para todos. —Así
que, ¿qué te trae por aquí, Aida? —pregunté antes de tomar un bocado de las
papas a la crema.
Se tensó un poco, y pude ver la mirada nerviosa en sus ojos. Nunca fuimos
así. Era una lástima que ella hubiera arruinado nuestra amistad. —Extrañaba a
todos. Pensé en venir a ver cómo estaban las cosas —dijo.
Asentí y mordí un bizcocho.
—¿Lista para comenzar la escuela de nuevo? —preguntó mamá un poco
muy alegre.
Aida se encogió de hombros. —No en realidad. No sé lo que quiero hacer,
así que la universidad me parece sin sentido.
—Bueno, no lo es. Necesitas construir una base sólida para que puedas ser
lo que quieras ser —agregó mi papá.
Aida asintió. No iba a discutir con él. —Eso es lo que dice mi mamá —
comentó con un puchero.
—Es cierto —Fue la respuesta de papá.
Me concentré en mis chuletas de cerdo. No tenía nada que añadir en esta
conversación.
—Esperaba que ya estuvieras comprometido —mencionó Aida, y dejé de
masticar por un segundo para dejar que sus palabras se sumergieran. ¿Qué trataba
de implicar con ese comentario?
Cuando terminé mi bocado, bebí un largo sorbo de té dulce y me giré para
mirarla. —Aún no —respondí.
Una sonrisa de satisfacción tocó sus labios. ¿Creía que eso era algo bueno
para ella? Seguro que no. Ya habíamos pasado por esto.
—No hablemos de la vida personal de Mase. Cuando esté preparado para
comprometerse, lo hará —dijo mamá con una sonrisa que no llegó a sus ojos.
Estaba molesta con Aida también.
—Sólo me preguntaba si había decidido ponerle un anillo o no —comentó
Aida con un encogimiento de hombros, luego bebió de su agua mientras su mirada
permanecía en la mía.
No quería darle una explicación, pero tampoco quería que pensara que tenía
alguna esperanza. —Cuando crea que Reese está lista para esa pregunta, te
aseguró, la haré. Le estoy dando tiempo. Ha pasado por mucho últimamente —
dije. La molestia en mi voz era obvia.
Papá aclaró su garganta y lo miré. —Estoy pensando en empezar a criar a
las cabras enanas. ¿Por qué no nos encontramos en el extremo este y e
intercambiamos ideas al respecto? Además, tu mamá me ha estado repitiendo que
quiere cabras.
Cambio de tema. Gracias, papá. Asentí. —Suena bien. Me gusta la idea.
—Oh, qué bueno —dijo mamá, sonriéndole a papá.
Él le guiñó el ojo y vi a mi mamá sonrojarse como si fuera una adolescente
con enamoramiento platónico. Esa era una de las razones por las cuales amaba a
este hombre. Él amaba a mi mamá de la forma que se lo merecía. Kiro nunca la
amó, pero estaba agradecido por ello. La vida que ella había tenido era mucho
mejor de la que habría tenido con Kiro. Tuve una mejor vida de la que habría
tenido con Kiro también.
—Tengo un pupilo que vendrá con dos caballos raza Appaloosas en treinta
minutos, así que necesito regresar a los establos. ¿Te importa si tomo la última
chuleta de cerdo y un vaso de té conmigo? —Le pregunté a mamá mientras me
puse de pie.
Ella saltó, agarró una servilleta, envolvió un bizcocho en ella y me la
entregó. —Llévate esto también.
—Sí, señora —Acordé—. Gracias por el almuerzo. Lo disfruté.
Asintió, a pesar que eso era lo que siempre decía cuando dejaba la mesa. Me
había enseñado eso de pequeño. Siempre agradécele al cocinero y asegúrate que
sepan que aprecias la comida que te sirvieron.
—¿Puedo ir y ver a los caballos? —preguntó Aida.
—Necesitas quedarte aquí y comer. Deja al chico en paz, Aida —declaró
papá.
Aliviado, agarré mi sombrero del gancho al lado de la puerta y me lo puse
antes de salir. Había logrado pasar a través de la comida y Aida había sido
solamente un poco fastidiosa. Si tan sólo se fuera antes que Reese volviera a casa...
Había extrañado mi almuerzo con Reese hoy. Amaba poder verla y
abrazarla en el medio del día; me ayudaba a aguantar el resto. Sacando mi teléfono
de mi bolsillo, la llamé. Al menos podría oír su voz.
Traducido por Zara1789
Corregido por Glori
Reese
Eché una ojeada a mi teléfono para ver la imagen de las botas de Mase en la
pantalla. No pude responder. Aún no. Ahora no.
Piper no hizo ninguna pregunta cuando salí de la consulta del médico. Ella
dejó que me sentara en el silencio. Le debía una explicación, sin embargo. Concertó
una cita para mí con su médico y lo hizo rápido. Sin preguntas. Luego me llevó
hasta allí durante las horas de trabajo.
Presioné el botón de silencio, puse el teléfono en mi regazo, y miré afuera, a
la carretera.
—Cariño, ese hombre te ama. Adora el suelo que pisas. No tengas miedo de
decírselo. Va a estar emocionado —dijo en voz baja mientras se acercaba y me daba
unas palmaditas en la pierna.
Piper no era estúpida. Adivinó por qué tenía que ver al médico y cuál fue el
resultado sin que dijera una palabra. Supuse que era algo obvio. Me di la vuelta
para mirarla.
—Ni siquiera me ha pedido que me case con él. Lo único que he hecho es
añadir más estrés a su vida. ¿Cómo le digo esto?
Piper frunció el ceño. —Desde mi punto de vista, Mase Colt hace todo lo
posible para hacerte feliz. Tiene tanto miedo de perderte que no puede aferrase a ti
lo suficiente. Esto no va a ser una mala noticia para él. Confía en mí.
Ella no lo sabía todo. No sabía todo el equipaje que venía conmigo. Mase me
amaba, yo sabía eso, pero no se encontraba listo para más. Quería que nosotros
viviéramos juntos y disfrutáramos del momento. Él no planeó el futuro. Pero aquí
me hallaba yo, con nuestro futuro dentro de mí.
—Necesito tiempo para adaptarme a esto. Se lo diré. Solo que no estoy lista
aún —expliqué.
Piper suspiró. —Es tu decisión, pero él va a querer saberlo.
Él lo haría. Sabía que él querría saberlo. ¿Pero estaría feliz? ¿O yo sólo había
agregado más equipaje encima de todo lo demás? No quería que este bebé fuera
algo menos que adorado. Quería que él o ella tuvieran la vida que yo no tuve.
Quería darle a mi hijo la vida que Mase tuvo.
—No esperes demasiado tiempo. Cuanto más esperes, más difícil será
decírselo —dijo Piper.
Asentí. Tenía razón. Tendría que decírselo pronto. Pero primero, necesitaba
saber que tenía un lugar a donde ir si él no se encontraba listo. Ya no tenía que
preocuparme por mi sola nunca más. Tenía otra vida de la que era responsable.
Era hora de que fuéramos a visitar a mi papá.
Mase llamó de nuevo cuando volví al trabajo. Contesté al teléfono esa vez,
porque si seguía ignorando sus llamadas, él aparecería en el establo. No lo dudaba
ni por un minuto. Le dije que el almuerzo fue genial y que lo echaba de menos.
Pareció contento con eso y colgó.
Sentarme en su camioneta después del trabajo fue diferente. Existía un gran
secreto entre nosotros y me sentía culpable por no decírselo. Me había besado y
abrazado cuando llegó a Piper´s. Siempre me sentía tan segura cuando me
abrazaba.
La culpa me pesaba como un plomo en el estómago. Tenía miedo de lo que
podría perder aquí.
—En caso de que todavía esté allí cuando volvamos del rancho, tengo que
advertirte de la visita de Aida. Estaba con mamá durante el almuerzo de hoy —
dijo, mirándome por encima mientras conducía.
No estaba de humor para Aida. No era el mejor momento. —Está bien.
¿Dijo por qué los visitaba? —pregunté, tratando de sonar como si la noticia no me
molestara.
Se encogió de hombros. —Creo que estaba aburrida. No hay ninguna razón
especial.
—Oh. —Fue mi única respuesta.
Era el momento de visitar a mi papá de todos modos. Si Aida estaba allí, no
importaba. Simplemente aceleró mi decisión.
—¿Podemos visitar a mi padre ahora? Creo que estoy lista.
El brazo de Mase descansaba alrededor de mi espalda y sus dedos jugaban
con mi pelo.
—Voy a reservar el vuelo esta noche. ¿Quieres llamarlo así él sabrá cuando
esperarnos?
Asentí.
Se inclinó y le dio un beso a la parte superior de mi cabeza. —Lo que
quieras, nena. Todo lo que tienes que hacer es preguntar.
Esta vez, cuando me llamó nena, mi mano fue a mi estómago. ¿Cómo iba a
decírselo?
—Mamá envió las sobras a casa. Podemos comer y hacer los arreglos del
viaje. ¿Qué tan pronto estarás lista para salir?
—Pasado mañana. Tengo que decírselo a Piper primero y terminar algunas
cosas en la oficina.
—Suena bien. Eso me da tiempo para organizar mis cosas también.
Cuando llegamos a la entrada, la camioneta de Aida se hallaba estacionada
fuera, y ella se encontraba sentada en los escalones del porche. Evitarla no era una
opción. No tenía otra elección ahora.
Mase apretó mis hombros. —Perdón por esto.
Antes de que pudiera salir de la camioneta, Mase estaba allí tomando mi
mano. Dejé que me ayudara a bajar y tirara de mí mientras caminábamos hacia la
casa. Aida se puso de pie cuando nos acercamos. Sus ojos se veían rojos de tanto
llorar y su labio inferior temblaba.
—Quería pediros disculpas a los dos —dijo ella, luego sollozó—, No era mi
intención causar tantos problemas. Volví para decirte que lo siento. —Miró
directamente a Mase—. Te echo de menos. Echo de menos nuestra amistad. Quiero
a mi primo de vuelta.
El cuerpo de Mase pareció relajarse junto a mí. —Nunca me fui, Aida. Pero
has cambiado las cosas. No podías aceptar a Reese, y ella es parte de mí.
Aida asintió y dejó que una lágrima rodara por su perfecto rostro.
—Lo sé. Estaba celosa. Nunca había tenido que compartirte antes. Lo siento
—Me miró—, Realmente lo siento. No era mi intención romper a llorar como lo
hice.
—Si puedes aceptar a Reese y entender que ella es mi vida ahora, entonces
podemos volver a ser amigos. Has sido mi prima pequeña durante la mayor parte
de mi vida. Me preocupo por ti. Quiero que seas feliz. Yo sólo no voy a permitir
que le hagas daño a Reese. Nunca.
Aida nos miró como si estuviera haciendo un puchero. Pero como tenía
esos labios tan carnosos a veces era difícil decirlo. —No lo haré. Lo prometo.
Quiero que seas feliz, también.
—Entonces vamos a olvidar el pasado y empezar de nuevo —dijo Mase.
Aida sonrió hacia él. —¿De verdad?
Él asintió con la cabeza. —De verdad.
Quería creerle. Pero algo en mi interior me decía que no era sincera.
Traducido por Mery St. Clair
Corregido por Sofía Belikov
Mase
Algo molestaba a Reese. No podía imaginar qué, y si intentaba hablar con
ella, se quedaba callada. Fue casi un alivio llegar a Chicago. Esperaba que fuera
porque necesitaba ver a su nueva familia, y se sentía ansiosa de volver a verlos, a
pesar de estar nerviosa por hablar con Benedetto sobre su pasado. Sólo necesitaba
saber qué era lo que la hacía actuar tan nerviosa.
Me sentía acostumbrado a que me contara cosas y se sincerara conmigo.
Esto era diferente. Era como si hubiera puesto una pared y se rehusara a
permitirme entrar. Me asustaba demasiado. Si era porque Aida se quedaría con
mis padres por un par de semanas, entonces la enviaría a su casa. Sólo necesitaba
que Reese me dijera lo que andaba mal. Me sentía tan condenadamente impotente.
Benedetto fue por nosotros al aeropuerto, y sorprendentemente, Reese se
dirigió directamente hacia sus brazos por un abrazo. Esperaba que se comportara
distante antes que tuviera la oportunidad de hablar con él sobre todo lo que le
molestaba.
—Te extrañé —dijo él con una mirada de alegría en sus ojos mientras la
abrazaba.
—Yo también lo hacía —replicó mientras se apartaba de él—. Gracias por
venir a recibirnos con tan poca antelación.
Benedetto frunció el ceño. —Nunca te disculpes por venir a vernos. Mi casa
es tuya. Siempre lo será, passerotta.
La abuela de Reese también la llamaba passerotta, y ella me contó que era
una‖expresión‖de‖cariño‖que‖significaba‖“pequeño‖gorrión”.
—Nonna está muy ansiosa porque llegues a casa —agregó él, recogiendo su
maleta y mirándome—. Es bueno verte otra vez, Mase.
—Lo mismo digo, señor —repliqué. Levanté mi maleta y coloqué una mano
en la espalda de Reese.
—Me alegra que estés aquí. La última vez, cuando te fuiste, los
pensamientos de Reese se fueron contigo. Fue duro.
—También fue duro para mí dejarla aquí —respondí.
Benedetto pareció satisfecho con esa respuesta y se giró para llevarnos hacia
un Escalade que nos esperaba con su chofer personal estacionado al lado de la
acera.
—Siéntense en los asientos traseros. Me iré en frente con Hernaldo —
instruyó Benedetto—. Raul quería venir a recogerlos, pero esta tarde tenía clases.
Está muy ansioso de verlos otra vez.
Reese se parecía demasiado a su hermano Raul. Era extraño mirarlo a los
ojos y ver algo de Reese en ellos. Su hermano no reaccionó mal al saber que ya no
era hijo único; en cambio, se mostró emocionado de tener una hermana mayor y
parecía genuinamente feliz de pasar tiempo con Reese.
—Tengo ganas de verlo —dijo Reese, y sabía que lo decía en serio. No
importaba lo que sintiera por su padre, adoraba a su hermano.
—Nonna quiere toda tu atención primero, claro. Ya ordenó que tengan listo
el té para tu llegada. Espero que sea para ella su mejor domingo —le dijo a Reese
con un guiño.
Reese se rió y me miró. Deseé que hubiera crecido con esta vida, con esta
familia cariñosa, cálida y segura apoyándola. Pero al menos la tenía ahora. Era algo
por lo cual me sentía agradecido.
—Hablé con Nonna la semana pasada —le dijo Reese—. Me preguntó
cuándo regresaría a visitarla.
Benedetto asintió. —Oh, sí, ha estado impaciente desde tu última llamada,
cuando le dijiste que vendrías.
Una vez que todo estuvo dentro de la camioneta, la charla continuó. Reese
se sentó cerca de mí, permitiéndome así sostener su mano en la mía. Quizás esto
era todo lo que estuvo molestándola. Tenía la esperanza de que terminara ahora y
pudiera ser capaz de derrumbar la pared que construyó.
No pasó mucho tiempo antes de que llegáramos a las puertas de hierro de la
casa DeCarlo. La primera vez que la visité, tuve que luchar contra la sensación de
furia al saber que Reese tuvo que luchar para sobrevivir mientras que el hombre
que le dio la vida vivía entre lujos. Sin embargo, la alegría pura en el rostro del
hombre mientras conocía a Reese disolvió lentamente mi amargura. Creí que él no
sabía dónde encontrarla. Lo que fuera que lo mantuvo lejos de ella, ya no era
importante. Se encontraba en su vida ahora.
Nonna abrió la puerta principal de golpe, y lucía llena de vida mientras
gritaba el nombre de Reese.
—Voy a ayudar a tu padre. Ve a ver a tu nonna —le dije, y luego presioné
un beso en sus labios antes de que se girara y se apresurara para llegar con su
abuela.
—Ella es buena para Nonna —dijo Benedetto detrás de mí.
—Nonna también es buena para Reese —le dije.
Asintió, y una mirada de preocupación atravesó su rostro. —Desearía que
hubiera tenido siempre esta familia. Me gustarían un montón de cosas, pero hice lo
que creí que era mejor.
Se equivocaba. Lo que creyó que era mejor fue una pesadilla. —El pasado de
Reese es algo que ella debe compartir con ustedes. Pero te diré que cualquier cosa
hubiera sido mejor que la vida a la que sobrevivió.
Benedetto se tensó, y el dolor acuchilló su rostro. ¿Sabía más de lo que me
permitía ver? ¿Cómo lo sabría? —He cometido muchos errores en esta vida —dijo,
viendo cómo Nonna llevaba a Reese a la casa antes de volverse hacia mí—. Pero
este error es uno que nunca podré perdonarme. Me iré a la tumba con esta parte de
mi alma destruida.
Lo sabía. Tenía que hacerlo.
—Vamos adentro. Hernaldo se asegurará de que el equipaje llegue a las
habitaciones correctas. —Benedetto me señaló para que caminara a su lado.
Caminamos en silencio, y reproduje sus palabras una y otra vez en mi
cabeza. ¿Cómo podría saber lo que Reese sufrió? ¿Quién se lo dijo? Ella
venía aquí a contárselo y a desahogarse sin ocultar nada. Si ya lo sabía, ¿por no se
lo dejaba saber?
—Saber que mi hija está con un hombre que puede y va a protegerla con su
vida es reconfortante para mí. Te ama, y puedo ver que tú también lo haces. Pero
quiero que entiendas que si se acaba alguna vez, si dejas de amarla o ya no puedes
protegerla, debes traerla conmigo. ¿Lo entiendes?
Nunca dejaría o me daría por vencido con Reese. Si importar nada. —Lo
entiendo. Pero ese día nunca llegará. Reese es mi vida. Mi futuro.
Benedetto asintió. —Bien. Eso era lo que quería oír.
Traducido por Beatrix
Corregido por Mery St. Clair
Reese
Nonna me retuvo con ella toda la tarde, hasta que Raúl regresó a casa e
insistió en que era su turno para pasar el rato conmigo. Disfruté de mi tiempo con
ellos, y alejé la conversación que necesitaba tener con mi padre al fondo de mi
mente. Benedetto seguía siendo un extraño para mí en muchos sentidos. Se sentía
poderoso pero con cariño. Sabía que se hallaba contento de haberme encontrado,
pero no lo conocía de la manera en que sentía que conocía a Nonna y Raúl.
Me asustaba decirle sobre el bebé. Parecía ser un hombre muy tradicional. A
pesar de que sabía que tuvo sexo con mi madre como una aventura y me dejó
atrás, esperaba más de su familia. ¿Cómo se sentiría acerca de mí estando
embarazada y ni siquiera comprometida? ¿Eso le defraudaría?
Planeé venir a verlo para decirle cómo el pasado me marcó. Cómo de difícil
era perdonarle por dejarme con mi madre. Pero ahora eso no parecía tan
importante. Tenía un bebé en el que pensar. Un niño que nunca permitiría
experimentar el horror que viví. Quería a este bebé protegido y amado. Si Mase no
se hallaba preparado para esto, tenía que saber que alguien quería. Que alguien se
ocuparía de nosotros.
Una vez que la cena terminó, me dirigí a mi padre. —Me gustaría hablar
contigo —dije en voz baja, mientras que los otros todavía hablaban entre sí. Raúl se
encontraba diciéndole a Mase acerca de un juego de baloncesto que jugó la semana
pasada.
Benedetto me dio una cálida sonrisa. —Claro. Vayamos a mi biblioteca.
Comenzó a ponerse de pie, y miré a su alrededor mientras me levantaba,
también. Todo el mundo sabría que hablaríamos a solas. No quería llamar la
atención sobre el asunto. Especialmente cerca de Mase, quien pensaría que iba a
hablar con mi padre sobre algo totalmente diferente.
—Te robaré a mi hija para que pueda tener algo de tiempo con ella. Este
grupo merece toda su atención, pero me gustaría tener un poco para mí también.
Por favor, disfrutar de un cóctel en el salón mientras tenemos un momento privado
—dijo Benedetto, extendiendo su brazo para que lo tomara.
—Eres un viejo tacaño —se quejó Nonna, pero pude ver la mirada
complacida en sus ojos.
Miré a Mase y le di una sonrisa tranquilizadora. No quería que nos siguiera.
Esto tenía que hacerlo sola.
—Si te aburre demasiado, recuerda, siempre puedes escapar diciendo que
no te sientes bien. Funciona de maravilla —gritó Raúl mientras dejábamos la mesa
y nos dirigíamos por el pasillo a la biblioteca.
—El chico piensa que le creo cuando usa esa excusa, también. Sólo sé que si
dice que no se siente bien cuando está a punto de irse y no escucha ni una palabra
de lo que le digo ¿Cuál es el sentido de mantenerle?
Reí. Escuchar a los dos quejándose el uno con el otro me dio la esperanza de
que podía ser un buen padre. Eso lo tenía en mi sangre, sería la madre que mi bebé
se merecía. Que un día, dentro de veinte años, estaríamos bromeando el uno con el
otro y apreciando los recuerdos compartidos.
Benedetto abrió la puerta de la biblioteca, y entré. El olor del cuero y los
libros me envolvió, y quería inhalar profundamente. Una vez que los libros me
aterrorizaron. No quise estar cerca de ellos por temor a que me pidieran que los
leyera. Ahora quería abrir todos los libros y descubrir los tesoros dentro.
—Toma asiento, y prepararé una bebida. ¿Te gustaría un martini?
Negué con la cabeza. —Un agua con gas.
Benedetto me estudió. En lugar de caminar hacia el bar detrás de dos
puertas grandes de roble, se detuvo frente a mí. —¿No bebes? —preguntó,
mirándome.
—No —le contesté.
Dejó escapar un suspiro, y luego una sonrisa tiró de la comisura de su boca.
—Passerotta, vas a hacerme abuelo. —No‖ parecía‖ decepcionado.‖ Parecía<‖
esperanzado.
Asentí, esperando más de una reacción.
Dio una palmada y soltó una carcajada. —Esta es una noticia que celebrar.
¿Por qué no nos contaste tan pronto como llegaste? Podríamos haber ordenado que
prepararan un postre para celebrar. Nonna estará emocionada.
—Mase no lo sabe todavía —le dije, provocando que la sonrisa de Benedetto
se desvaneciera.
—¿No lo sabe? Pero, ¿por qué no le has dicho?
Porque... ¿y si me deja? ¿Y si no estaba listo? —No fue planeado. Ni siquiera
se me ha propuesto. No está listo para esto —dije, mis miedos saliendo de mi
corazón y de mi boca.
—Ese hombre te ama, Reese. Te adora. Pelearía contra un ejército por ti.
¿Por qué crees que no se regocijará por la noticia de que estás llevando a su hijo?
Me hundí en el sofá de cuero detrás de mí. —Dice que soy su futuro, pero
nunca lo discute, en realidad. Un niño no está en sus planes. Voy a decirle, pero si
no está listo, yo... No voy a ser capaz de quedarme con él.
Benedetto se acercó y se sentó frente a mí. —Si no está listo, me tendrás a
mí. Nonna, Raúl, y me gustaría que a ti y a tu bebé no les falte de nada. Pero ese no
será el caso. Vas a hacerle el hombre más feliz del planeta cuando se lo digas. Te
quiere para siempre, passerotta. Este será su seguro de que te tiene. Teme perderte
aún más de lo que temes perderlo. Puedo verlo en sus ojos.
Quería que estuviera en lo correcto. Quería que Mase y yo compartiéramos
la alegría y la emoción de la vida que habíamos creado. Si sólo supiera que se
sentiría de la misma manera.
—Dime que se lo dirás pronto. Confía en mí. Confía en él. Dale esta
oportunidad de demostrar que te ama y que quiere esto.
—¿Y si se siente presionado a hacer algo que no quiere hacer? ¿Y si me pede
que me case con él? Si hubiera querido hacer eso, lo habría hecho a estas alturas,
¿no? Fue criado por una madre que le enseñó distinguir el bien del mal; No quiero
que me proponga matrimonio porque piensa que es lo que debe de hacer.
Benedetto asintió. —Eso es comprensible. Los hombres a veces tienen el
peor momento en el mundo cuando se trata de propuestas. Sin embargo, no tienes
que aceptar su propuesta si no crees que lo diga en serio. Que espere. Cuando
estés segura de que te ama y te quiere como a su mujer por ninguna otra razón que
no sea vivir sin ti, entonces puedes decir que sí. Pero no hasta entonces.
Podría hacer eso. Sólo porque él sentía que tenía que proponerse no
significaba que tenía que sentir que tenía que decir que sí. No teníamos que
casarnos, de todos modos. No había un libro de reglas que dijera que teníamos que
estar casado para ser padres.
—De acuerdo. Se lo diré. Y si él me propone matrimonio, voy a decir que no.
Por ahora.
Benedetto sonrió y dio unas palmaditas en mi mano. —Verte volver a este
chico loco será una fuente inagotable de entretenimiento para mí. Odio el hecho de
que voy a extrañarte mucho cuando estés de vuelta en Texas.
—Gracias —le dije.
Su expresión se volvió seria, y vi algo en sus ojos que hizo dolor en mi
corazón. Parecía estar sufriendo. —No he sido el padre que merecías. Te fallé.
Nunca me perdonaré por fallarte. Pero sé que voy a utilizar el resto de mi tiempo
en la tierra para asegurarme de que nunca te vuelva a fallar. No puedo cambiar tu
pasado, passerotta. Si pudiera, me gustaría tirar todo por la borda. Pero no puedo.
Sólo puedo hacer lo que está en mi poder. Y voy a utilizar cada onza de ese poder
para asegurarse de que tu vida esté llena de la luz del sol y la alegría de aquí en
adelante.
Las lágrimas brotaron de mis ojos, y traté de no parpadear para que no
rodaran por mi cara. No tenía que contarle lo de mi pasado. Mirando a sus ojos,
sentí que ya lo sabía. No estaba segura de lo que sabía, pero sabía algo. Y fue
suficiente.
Traducido por Gise
Corregido por Mery St. Clair
Mase
Era tarde cuando Reese finalmente llegó a la habitación. Había luchado con
el deseo de confrontarla varias veces, pero estuvo con su padre, y necesitaban ese
tiempo juntos. Esta era su oportunidad para curarse de la ira y el dolor que sentía
hacia él.
Estaba sentado en el extremo de la cama cuando la puerta se abrió y ella
entró. Ver la sonrisa en su rostro ayudó a aliviar mi mente, y salté y corrí hacia ella
para asegurarme de que se encontraba bien. —Hola —dije, envolviéndola en mis
brazos e inhalando su dulce aroma.
—Hola —respondió—. Siento llegar tan tarde. Terminamos hablando
mucho más de lo que esperaba.
—¿Sobre el pasado? —pregunté, retrocediendo para mirarla.
—Sí y no. También hablamos de cosas felices. Su infancia y de cómo conoció
a mi madre. Cosas como esas. Cosas que nunca supe, ni entendía.
—¿Ayudó? —Quería que ayudara. Nunca borraría su pasado, pero quería
que fuese capaz de cerrar la puerta.
—Sí. Ayudó mucho. —Se detuvo, y esperé—. Pero ese no era el motivo por
el cual quería hablar con él. Vine aquí por otra razón.
El toque de incertidumbre y miedo en su voz no me sentó bien. Las paredes
que ella había construido parecían a punto de venirse abajo, y yo estaba asustado
de averiguar por qué las había construido en primer lugar. ¿Sobre qué necesitaba
hablar con su padre que no podía confiar en mí?
—Mase.‖ Yo<‖ ver{s,‖ um,‖ yo<‖ —Se detuvo y soltó un suspiro frustrado
mientras luchaba por juntar las palabras. La vi cerrar los ojos con fuerza e inhalar
profundamente. Esto no era fácil para ella, y eso me aterrorizaba. ¿Qué
posiblemente podría decirme que fuera así de difícil?
—¿Reese? Nena, lo que sea que tengas que decir, lo puedo soportar. Estoy
aquí. Solo dime.
Ella asintió y abrió los ojos para mirarme otra vez. —Está bien. Quiero que
sepas que esto no fue planeado, y esto no es una trampa. Nunca haría eso. No
espero‖ninguna‖cosa.‖Solo<‖solo‖necesito‖que‖me‖creas‖cuando‖lo‖digo.‖No‖quiero‖
que pienses que esto fue a propósito.
Divagaba, y yo me ponía más nervioso por segundo.
—Estoy embarazada —soltó, y sus ojos se abrieron, como si no pudiera
creer que lo hubiera dicho en voz alta.
¿Esa era la razón por la que tenía tanto miedo de decirme? ¿Tendría a mi
bebé? La miré con asombro y dejé que mi mirada cayera a su estómago plano.
Hemos creado una vida, y estaba dentro de ella. Lo llevaba consigo. Nuestro bebé.
—Lo juro, no espero nada. Si no estás listo para esto, Benedetto dijo que me
puedo quedar aquí con él. Así que no pienses que tienes‖que<
—Espera, ¿qué? —Volví mí mirada rápidamente para encontrar la suya—.
.¿Quedarte con él? ¿Por qué te quedarías con él? Tenemos un hogar. Nuestro
hogar. El hogar de nuestro bebé. Te quedarás conmigo. Ustedes dos.
Sus hombros cayeron con un suspiro, y era yo quien sentía alivio. No tenía
idea de por qué e creía que tenía que prepararse para que yo la echara. ¿No
entendía que cuando dije que ella era mi futuro, jodidamente quise decir que era
mi futuro?
—No hay presión. Pasó, y es mi culpa. Me olvidé de tomar la píldora ese día
que<‖ Marco‖ vino.‖ Tomé‖ dos‖ al‖ día‖ siguiente‖ cuando‖ me‖ di‖ cuenta,‖ pero‖
aparentemente, eso no funcionó. No quiero que pienses que tienes que hacer algo
para lo que no estás listo.
Esta mujer tendría a mi bebé, y yo adoraba el suelo por donde caminaba.
¿Cómo en el nombre de Dios pensaba que me sentiría presionado para hacer cosas
en lo que se refiere a ella? Me encantaba hacer cosas por ella. —Reese, nena, te
amo. No digo esas palabras fácilmente. Cuando te digo que te amo y que tú eres mi
mundo, lo digo en serio. No son palabras que solamente las arrojo por ahí. Me has
dado tu corazón, y pensé que me habías dado tu confianza, también.
Aparentemente, no te tengo completamente todavía, y eso es culpa mía. Fallé de
alguna manera. No me he asegurado de que sepas lo importante que eres para mí.
Tendrás a mi bebé, Reese. La mujer que amo está llevando a mi bebé dentro de ella.
¿Sabes lo jodidamente emocionado que estoy ahora? Eres mía. —Caminé y puse mi
mano en su estómago—. Esto es mío. Y nunca voy a dejar ir a ninguno de ustedes.
Reese puso su cabeza en mi pecho y soltó un pequeño sollozo. La acuné
contra mí. Ella estaba tan asustada de las personas dejándola, pero lo esperaba. De
todos. Excepto de Benedetto. Ella confiaba en él. Ella le había contado. ¿Cómo
consiguió la confianza que yo no tenía? ¿Qué hizo bien que yo había hecho mal?
Cuando recogiera el anillo que encontré la semana pasada y que tenía
cambiándole el tamaño, le demostraría que ella me tenía. Infiernos, me había
tenido la mañana en que cantó fuera de tono y sacudió su culo en mi cara. No me
había dado cuenta entonces, pero ella me había tenido.
—Siento no habértelo contado enseguida. Era solo una sorpresa para mí, y
no estaba segura de cómo reaccionarías. No quería obligarte a hacer nada.
Ahuequé su rostro en mis manos. —En esta vida, tú siempre serás mi
prioridad número uno. Tu felicidad es mi meta. Nunca dudes de mí otra vez.
Prométeme eso —dije, necesitando saber que la próxima vez, ella vendría a mí. No
a su padre.
Asintió. —Está bien. Lo prometo.
Besé sus labios suavemente. Quería tenerla desnuda e inspeccionar cada
centímetro de su cuerpo para ver si había cambiado. ¿Sus caderas estaban más
anchas y no me había dado cuenta? ¿Su estómago mostraba algún signo? ¿Sus
pechos eran más sensibles?
—Necesito que hagas algo por mí —le dije, dejando ir su boca a
regañadientes.
—¿Qué? —preguntó sin aliento.
—Desnúdate. Déjame explorar y ver si puedo encontrar algún cambio —dije
con una sonrisa que no podía borrar de mi cara.
Ella se sonrojó. —¿Hablas en serio?
Asentí. —Mucho.
Podía ver la excitación en sus ojos mientras me miraba. Le gustaba la idea
de mí tocándola por todas partes. Prestando atención especial a las áreas que a ella
le encantaba que besara.
—Les daré a esos pezones sensibles atención especial —Prometí mientras
deslizaba mis manos en la cintura de su falda.
—¿Oh? —preguntó, inclinándose hacia mí.
—Umm. ¿Algún otro lugar sensible que necesite de mi experiencia? —
pregunté, ahuecando su culo en mis manos.
—Ahh<‖sí.‖—Se arqueó hacia mí.
—Entonces vamos a desnudarte y a averiguar dónde necesito besar. Esto
puede tomar horas.
Reese alzó sus manos en el aire y levantó la mirada hacia mí. Toda esa
confianza en sus ojos me hizo querer golpearme en el pecho y rugir. Esta era mi
mujer. Nunca la defraudaría.
Traducido por Kyda
Corregido por Dannygonzal
Reese
Cuando dejamos chicago, Nonna ya estaba tejiendo una cobija de bebé. Mi
padre había tenido razón. Se encontraba extática. Raul también se veía
emocionado. Siguió refiriéndose a sí mismo como el tío Raul por el resto de
nuestra estadía. Pero después de tres días, sabía que necesitábamos ir a casa y
decirles a los padres de Mase.
Mase se había vuelto sobre protector. Continué asegurándole que podía
caminar y que todavía no tenía que descansar, ni siquiera se me notaba. Realmente
esperaba que no me dieran náuseas matutinas, porque no estaba segura que él
pudiera soportarlo.
También se hallaba ansioso por llevarme de vuelta al doctor para que él
pudiera ir. Tenía un millón de preguntas a las cuales yo no tenía respuestas. La
única cosa que nunca mencionó era casarnos. Me debatía por eso. No quería que se
propusiera porque tenía que hacerlo, pero después de que ni siquiera lo
mencionara también me preocupó. Me convencí de que eran las hormonas del
embarazo y que no tenía nada de qué preocuparme. Aunque nunca me pidiera que
nos casáramos, me quería. Nos quería a ambos. No tenía que usar un anillo o su
apellido para ser suya.
Llegar a casa y decirles a sus padres era nuestra prioridad. Maryann trajo un
pastel de chocolate y yo hice una jarra de café. Podía ver la preocupación en los
ojos de su padrastro y la emoción en los de su madre. Quería que simplemente lo
dijera y terminar con ello. Quería que estuvieran felices, pero me preocupaba que
sintieran que estaba atrapando a Mase. Esa era mi principal angustia.
―Gracias por venir y traer el pastel. Ha sido un largo día de viaje, y Reese
necesita descansar ―dijo Mase. Le disparé un ceño fruncido de frustración. Me
hizo sonar como una debilucha. La razón por la cual ellos se encontraban aquí era
que él insistió en que me pusiera cómoda y me relajara.
―Nunca nos invitan. Esto es un placer ―dijo Maryann, sonriéndome
brillantemente. Estaba tan emocionada por estar aquí que me sentía culpable por
no invitarla más a menudo. Necesitaba hacer que vinieran más seguido.
―Estoy‖ listo‖ para‖ algo‖ de‖ pastel ―comentó Charlie―. Hablemos y
comamos. Ella no me dejó tocarlo antes de llegar aquí.
Maryann puso sus ojos en blanco y le dio una palmada en su hombro.
―Estás siendo grosero. Tienen algo que decirnos.
Charlie se encogió de hombros ―Bueno, no están yendo al punto. ¿Cuándo
se casarán? Listo. Ahora, comamos algo de pastel.
Me congelé. No podía respirar y me sentí enferma del estómago. No
esperaba que ellos pensaran que teníamos noticias. Decirle a Mase había sido muy
fácil. No iban a sentirse felices de que estuviera embarazada si no estábamos
casados.
Mase deslizó su brazo alrededor de mi cintura y me apretó. Observaba mi
reacción. Me podía leer bien. Esta era su forma de aliviarme, pero no estaba
funcionando. No me sentía aliviada. Me encontraba aterrada.
―Tendremos un bebé ―declaró Mase, con orgullo en su voz. Quería
arrastrarme bajo la mesa y esconderme. Charlie me miró fijamente, y Maryann
aplaudió y chilló.
―¡Lo sabía! ¡Lo sabía! ―dijo‖ con emoción. Moví mi mirada de Charlie a
Maryann y vi pura alegría en su expresión. El aire entró en mis pulmones que se
quemaban. Al menos su mamá estaba feliz.
―Están haciendo esto un poco al revés, ¿eh, hijo? ―dijo Charlie finalmente.
Esas eran las palabras que temía.
El agarre de Mase en mi cintura se apretó. ―No estaba al tanto de que tenía
que hacer esto en un orden. Soy un adulto. Esta es mi vida.
―Charlie, estas son noticias maravillosas. Sabíamos que se casarían. Así
que, ¿qué importa si el bebé vino antes de la propuesta?
Oh, Dios. Iba a vomitar. Él nunca mencionó una proposición. Ella asumió
algo que ni siquiera estaba planeándose.
―Él‖ la‖ trajo aquí sin comprometerse. Ha tenido mucho tiempo. ¿Cierto,
Mase? Es una vergüenza que esta pobre chica tenga que ser tratada de esta forma.
Pensé haberte criado mejor.
Mis rodillas se sintieron débiles. Si Mase no me hubiera estado sujetando, no
estaba segura de si aún estaría de pie. Su padrastro dijo todo lo que me había
estado acechando y confrontando a Mase con ello. ¿Esto lo haría correr? ¿Cambiar
de opinión?
―La‖traje conmigo porque no podía vivir sin ella. Mis intenciones siempre
han sido pasar el resto de mi vida juntos. Estaba tomando esto un paso a la vez.
―Y tienes esos pasos todos desordenados ―dijo Charlie―. Tu mamá puede
estar emocionada, pero estoy pensando en el panorama completo. Esta chica
merece tener un anillo en su dedo si tendrá un bebé. Necesita esa seguridad.
Tuviste una madre soltera por los primeros años de tu vida. Sabes mejor que nadie
cuán importante es ser el hombre que tu hijo merece. Arregla esto. ―Sus palabras
sonaron como una orden.
Mase estaba tenso a mi lado y Maryann miró asombrada al arranque
repentino de Charlie. No podía decir nada. Apenas podía respirar.
―No‖quiero‖ese‖pastel. Me iré a casa ―declaró Charlie y salió por la puerta.
―Lo siento tanto. Él sólo... tiene ideas de cómo se supone se deben hacer las
cosas. No quiere decir nada con ello. Está emocionado por este bebé. Sólo dale
tiempo ―dijo Maryann.
―Tiene una forma particular de mostrarlo ―respondió Mase tensamente.
Maryann se acercó y lo abrazó, entonces se volteó hacia mí, besó mi mejilla y
me abrazó. ―No podría haber pedido una mejor madre para mi nieto. Gracias
―susurró en mi oreja.
A medida que retrocedió, quería romper en llanto. Que ella aceptara esto y
estuviera contenta al respecto ayudaba. ―Dejaré el pastel para ustedes. Tengo un
hombre al cual enderezar ―dijo, entonces le dio una sonrisa de disculpa a Mase.
Él no contestó. Su madre finalmente se volteó y salió de la casa.
No tenía ni idea de qué decir.
―Est{‖ equivocado.‖ Piensa‖ a‖ la antigua. Ignóralo ―dijo‖ Mase,‖ aun
aferrándose a mí.
Tanto como no quería hablar, sabía que tenía que decir algo. Tenía que
aclarar que no esperaba un anillo. Ciertamente no quería uno bajo estas
circunstancias. ―No quiero un anillo. No se supone que este bebé te obligue a algo
que no planeabas hacer. Nunca permitiría que estés forzado a casarte conmigo. Así
que, por favor entiende, no me casaré contigo si me preguntas ahora, no si es
porque estoy embarazada. El bebé puede tener tu apellido. No tenemos que estar
casados para que eso suceda. Sólo no... no pienses en nada de lo que él dijo.
Mase frunció el ceño. ―Nunca te pediría que te casaras conmigo sólo
porque me sintiera presionado a hacerlo ―comentó, su voz sonando sincera.
Suspirando de alivio, asentí. ―Bien.
Traducido por Luna West
Corregido por Jadasa
Mase
La piedra de morganita rosa pálido con forma de lágrima, se encontraba en
medio de un halo de diamantes incrustados en una banda de oro rosado. Era único
y hermoso. Llamó mi atención entre los miles de anillos de diamantes que me
mostraron, y me dio el presentimiento de que el diseño sencillo era el indicado.
Podía imaginarlo en la mano de Reese. No necesitaba ver más anillos.
Fue difícil conseguirlo en la talla adecuada, ya que los diamantes se
encontraban en la banda del anillo, por lo que tardaron un par de semanas en
tenerlo en la medida correcta. Era excitante y aterrador sostener el producto final
en mi mano. El tiempo que tardó fue demasiado, y temía haberlo arruinado todo.
Reese fue firme en que no le propusiera matrimonio porque se encontraba
embarazada. Si solo hubiera sido capaz de darle el anillo hace una semana. Pero no
se pudo, y todo lo que tenía ahora, era la prueba de que lo compré hace tres
semanas. Esto tenía que ser manejado con delicadeza. No quería que el recuerdo
de nuestro compromiso fuera contaminado por mis ruegos o suplicas para que me
creyera. Quería que sea especial. Algo que ella amara recordar.
Mi madre sabía sobre el anillo, se lo conté cuando encontré el diseño
perfecto, por lo que era consciente de que iba a proponérselo antes de que llegara
la noticia del embarazo. Charlie ahora también lo sabía. Mi madre se aseguró de
que comprendiera lo desubicado que estuvo. Mamá debió ser dura con él, ya que
vino a disculparse conmigo esta mañana a los establos.
Metí la pequeña caja negra en el bolsillo de mis vaqueros y me dirigí a la
casa. Tenía un plan para esto, y solo faltaban tres horas antes de que fuera a
recoger a Reese de su trabajo. Mamá iba a ayudarme, e incluso Charlie tenía un
papel en él. Solo tenía que prepararlo todo.
Traducido por FaBiis
Corregido por Laurita PI
Reese
Después de un breve golpe, la puerta de mi oficina se abrió, levanté la
mirada para observar a Aida entrar en la habitación. No la vi desde que regresó a
casa. Al parecer, mi suerte acabó; y llegó a mi encuentro.
—Hola Aida —dije mientras tomaba asiento frente a mí.
—Pensé que podríamos hablar en privado. Tengo un par de cosas que me
gustaría que decirte. Cosas que necesitas escuchar, porque puedo decir que no eres
muy inteligente —comenzó.
Su insulto dolió, como si me hubieran dado una bofetada. Durante mi vida,
oí esas palabras demasiada veces.
—Escuché que estás embarazada, pero veo que todavía no luces un anillo en
tu dedo. Mase aún no te propone matrimonio. Eso debería decirte algo. Si estuviera
tan enamorado de ti como dice, se encontrarían comprometidos. —Me sonrió con
acero en sus ojos—. Cuando un hombre te quiere, te reclama mostrándoselo al
mundo. No lo tienes, ¿o sí? Nope. Piénsalo, Reese. Piensa en todas las cosas dulces
que dice y cómo no las sigue. Engancharlo con un bebé no funcionará. Mala idea.
—Se levantó y se echó el pelo sobre su hombro izquierdo.
No tenía nada que decir. No quería creer una palabra de lo que dijo, pero
era difícil no hacerlo. En el fondo, Charlie dijo lo mismo. ¿Fue esto mi estupidez?
—Cuando se aburra y siga adelante, lo estaré esperando. Lo he esperado
desde que era una niña. No lo alejarás de mí. Solo se desvió. Al final, lo tendré.
Disfrútalo mientras tengas su atención.
La observé lanzarme una sonrisa de triunfo y salió de mi oficina con un
golpe en la puerta.
Me senté mirando la puerta cerrada. Mase me amaba. Sabía que lo hacía. Así
que ¿por qué me dolían sus palabras? ¿Por qué dejaba que me afectara de este
modo? Estaba enfadada porque Mase era mío. Eso era todo. No me molestaría o
preocuparía por eso. No lo haría.
Pero lo hice por el resto del día.
Cuando salí a ver si Mase había llegado a recogerme, me sorprendió
encontrar a Charlie sentado en su camioneta en su lugar. Nunca antes envió a su
padrastro a recogerme. Después de anoche, me sentía nerviosa por entrar en su
camioneta. Me sorprendió que de todas las personas Mase lo hubiera enviado.
Sostuve mi bolso con fuerza, caminé hacia el lado del pasajero y subí al
interior. —Gracias por venir a recogerme —dije, sintiéndome incómoda.
Charlie asintió. —De nada. Además, necesitamos un minuto para hablar.
Anoche, no me encontraba en mis cabales.
Con seguridad, no lo hacía. Sin embargo, no respondí.
Retrocedió la camioneta para salir a la carretera principal. Sostener con tanta
fuerza el bolso tornó mis nudillos blancos mientras miraba el salpicadero de color
beige en frente a mí. —Parece que hablé sin conocer todos los detalles. Juzgué a
Mase cuando no se lo merecía. Es un buen chico. Siempre ha sido muy confiable, y
sentí que te decepcionaba. No quiero verlo cometer un error y arruinar su vida. Sin
embargo, no era mi deber decirlo, me he disculpado con él, y me ha explicado
algunas cosas. Me equivoqué. Espero que puedas perdonarme.
Asentí. —Sí, por supuesto —dije. De todos modos, no me enfadé con él.
Simplemente me avergonzó. Sin embargo, me alegraba que se disculpara con
Mase.
—Bien. Me alegra oírlo —dijo, y desaceleró al conducir a través de las
puertas del rancho Colt.
—Maryann no está muy feliz conmigo ahora mismo. Tengo que hacer algo
en lo que a ella concierne. Pero al saber que ustedes dos me perdonan, creo que
tengo la oportunidad de hacer a mi mujer feliz de nuevo.
Maryann amaba a Charlie. No tenía ninguna duda de que lo perdonaría con
bastante facilidad. Sabía lo fácil que era perdonar al hombre que amabas. En
especial, si en verdad se arrepentía.
—Ah, una cosa más —dijo Charlie mientras estacionaba frente a su casa—.
Mase dejó esto para ti. Creo que necesita que saques algo de los establos. Te dejaré
aquí.
Tomé el sobre blanco que me entregaba. —Eh, está bien. Gracias —dije,
preguntándome de qué demonios se trataba. Desconocía dónde se encontraban
ordenadas las cosas en los establos, y el sol ya se escondía. Caminar hasta la casa
en la oscuridad a través de este enorme rancho no era mi idea favorita.
Charlie asintió y abrió la puerta, luego salió. Hice lo mismo cuando abrí el
sobre para encontrar la copia de un recibo. Tenía un círculo rojo dibujado
alrededor de una fecha. Exactamente se emitió hace tres semanas. El artículo y el
precio fueron tachados, pero la tienda era Tiffany.
Apenas me dirigía hacia los establos cuando vi velas encendidas a la
izquierda. Deteniéndome, me volví para ver que el camino que conducía a nuestra
cabaña se encontraba iluminado por velas en frascos. Existían cientos, oscilando en
la puesta de sol. Era hermoso. ¿Qué sucedía? Empecé a guardar el recibo, cuando
noté otro pedazo de papel. Había una nota de puño y letra de Mase: Sigue las velas.
Confundida, me volví y me dirigí por el sendero hacia las luces
parpadeantes. En cuanto llegué a la primera, vi pétalos de rosa salpicados por el
suelo. Sonriendo, me agaché para recoger uno. ¿Qué tramaba?
Seguí caminando y vi pétalos rojos, blancos y rosas adornando el camino.
Cuando la casa apareció a la vista, noté una caja plana situada al final. Se
encontraba envuelta en papel plateado con un gran lazo rosa tornasol en la parte
superior. Con mi nombre escrito en negritas en la parte frontal de una tarjeta.
La desenvolví con cuidado. En el interior, me encontré con el primer libro
que le leí a Mase. Era un libro para niños que mi tutor me dio. Las primeras veces
que leí, luché para conseguirlo, pero mientras la semana avanzaba había logrado
mejorar. Mase me alentó y me hizo sentir que podía hacer cualquier cosa. Fue la
primera vez en mi vida que creí en mí.
Sosteniendo el libro en la mano como el preciado recuerdo que era, seguí
hasta la pasarela y hacia los escalones, donde las velas seguían iluminando mi
camino. Una vez que llegué a la puerta, vi otro pequeño paquete envuelto de
forma idéntica al primero. También tenía mi nombre. Colocando mi libro en la silla
junto a mí, abrí con cuidado el paquete. Había un pedazo de espejo roto. Mientras
bajaba la mirada para reflejarme en él, recordé el día que conocí Mase, cuando me
caí y rompí el espejo caro de Nan, cortando mi mano mientras limpia su casa. Mase
se alojaba en esa casa y ese día se ocupó de mí cómo nunca nadie lo hizo antes.
Extendí la mano y abrí la puerta, sosteniendo todavía la pequeña caja con el
pedazo de espejo en su interior. Entonces mis ojos se toparon con los Mase. Se
encontraba de pie en medio de nuestra sala de estar, que también se hallaba repleta
de velas. No estaba lleno de polvo y en su ropa de trabajo; si no limpio y vestido
con un par de sus buenos pantalones vaqueros con una camisa de franela con
botones.
—Lo guardé —dijo.
Con el ceño fruncido, traté de averiguar de qué hablaba.
—El espejo. Guardé un pedazo. No supe por qué en ese momento. Pero
cuando limpié, me quedé un pedazo. Quería recordarte. No esperaba volver a
verte. Así que conservé ese pedazo de espejo.
Guau. Oh, guau. Sostuve la caja entre las manos mientras lo miraba.
—También conservé el libro —dijo—. Cuando lo terminaste, llamé a tu tutor
y le pedí que me vendiera el libro. Quería recordarte leyendo esas palabras para
mí. Cómo eras tan tímida al principio, pero con cada frase y cada día, te hiciste más
fuerte y más segura de ti misma. Fue la cosa más hermosa que jamás he
presenciado.
Sentí que corazón explotaría en mi pecho. Incluso me puse una mano sobre
él para evitar que lo hiciera.
Mase caminó hacia mí y sacó una hoja de papel. Se veía como un recibo. —
Esto no es algo que un hombre muestre una mujer, pero necesito que veas esa
fecha y entiendas qué significa. Porque debido al momento y las circunstancias,
tomó tres semanas llegar desde ese momento a este.
Tomé el recibo de su mano, pero antes de que bajar la mirada para leerlo,
Mase se arrodilló.
No. Esto no estaba sucediendo. No quería esto. Le dije que no quería esto.
Empecé sacudiendo la cabeza mientras las lágrimas escocían mis ojos. No quería
que toda esta dulzura formara parte de un mal recuerdo.
—Necesito que mires en ese recibo, nena. Por favor —me dijo Mase
mientras levantaba su mirada hacia mí.
Mi estómago tenía nudos. Mi garganta ardía, y mis ojos se encontraban
borrosos. ¿Por qué no me escuchó? No quería forzarlo a hacer nada. Parpadeé y
traté de concentrarme en el recibo. Una vez más, la fecha fue circulada en rojo.
Justo igual de la que me había dado una copia. Era el mismo recibo. Sin embargo,
en este caso, el artículo no fue tachado, solo el precio.
Un anillo con morganita rosa en corte de pera en una banda de oro rosado.
Releí las palabras e incluso las repetí en voz baja mientras dejaba que la
información me penetrara. Era un anillo que compró tres semanas atrás.
—Era perfecto para ti. Simplemente no era de tu tamaño —susurró.
Levanté la mirada para encontrarse con la suya y vi que ahora sostenía un
anillo en su mano derecha.
—Tenía que conseguir un tamaño que encajara en tu dedo —dijo en voz
baja.
—Oh. —Fue todo lo que logré decir con un nudo en la garganta.
—Reese Ellis, entraste a mi vida y la iluminaste. Todo lo que era aburrido se
volvió brillante. Me cambiaste. Completaste mi vida. Así que por favor, dame todo
lo que quiero en esta vida y dime que serás mi esposa.
Para el momento en que terminó de hablar, tenía las mejillas empapadas.
Sabía que era lo correcto. Lo era. Esta era la forma en que se supone debía ser. Y
nunca amaría a otro hombre de la manera en que lo amaba.
—Sí. —Me las arreglé para decir más allá de los sollozos que liberé.
Mase deslizó el anillo en mi dedo y se levantó para reclamar mi boca con la
suya.
De todos, este era el mejor cuento de hadas.
Traducido por Mery St. Clair
Corregido por Janira
Mase
Reese no insistió en que nos casáramos antes de que naciera el bebé, pero yo
quería darle el apellido Colt-Manning antes de que trajéramos un niño a este
mundo. Seríamos una familia. Del tipo que nosotros no tuvimos al inicio de
nuestras vidas.
Hoy, Harlow llegó a Dallas para ir a comprar un vestido para la boda con
mi madre y Reese. Mañana, Reese, Harlow y yo iríamos a Los Ángeles para
contarle a Kiro sobre la boda y el bebé. Ya no bebía hasta perder la consciencia,
pero Emily empeoraba y Harlow se preocupaba por él. No quería que lo visitara
sin mí, y necesitaba decirle sobre Reese y yo. No era algo que quisiera contarle por
teléfono.
No me encontraba seguro de que siquiera le importara el bebé o la boda,
pero era mi padre. Debería, al menos, decírselo. Hice lo mejor que pude con Kiro
por cariño a Harlow.
Papá se estacionó frente a los establos, sostenía mi correspondencia, como la
mayoría de las veces que iba a comprobar nuestros buzones. —Te llegaron un par
de cosas hoy —gritó.
Caminé de la colina hasta su camioneta para quedar frente a él. —Gracias —
dije, tomando el pequeño fajo de sobres.
—De nada. Está demasiado tranquilo por aquí ahora que Major se encuentra
en Rosemary Beach y Aida se fue. Tengo más tiempo para resolver mis tareas sin
tener a tu mamá contándome sobre el drama que ellos provocaban.
Riéndome, revisé el correo en mis manos. —Sí, Major mantiene las cosas
interesantes. ¿Qué dice el tío Chap de que trabaje en el restaurante?
Papá sacudió la cabeza. —No está orgulloso, pero le dije que, por lo menos,
tiene un trabajo. No creo que Chap supere alguna vez el hecho de que su hijo
durmiera con su esposa. No sé qué esperaba al casarse con una mujer cuatro años
mayor que su hijo.
Concordé con papá. —Supongo que es difícil ser el hijo de Chap. —Nunca
envidié el padre que tenía Major. Chapman Colt era un dolor en el trasero. Nunca
fue mi tío favorito.
Papá gruñó. —Probablemente sí. Bueno, tengo mierda que hacer. Te veré
más tarde. Creo que prepararemos la cena ya que las mujeres se encuentran de
compras.
Sonriendo, asentí. —Hagámoslo.
Se marchó en su auto, y yo volví a revisar mi correspondencia. Un sobre me
llamó la atención, coloqué los demás en el bolsillo de mi chaqueta para poder
abrirlo. El sencillo sobre blanco no tenía remitente. Llevaba el sello postal de
Chicago e iba dirigido a mí.
Lo abrí y saqué un grueso conjunto de papeles doblados. Algo cayó al suelo.
Abrí los papeles primero, y mis ojos inmediatamente vieron las palabras Fondo
Fiduciario en la parte superior. Justo debajo se encontraba el nombre completo de
Reese.
Revisé los papeles para descubrir que Reese tenía un fondo fiduciario con
valor a diez millones de dólares, los cuales tendría derecho a reclamar el año que
cumpliera veintiuno. Confundido, seguí leyendo, y el nombre de Benedetto
DeCarlo apareció. Fue quien envió esto. Supo encontrar donde estuvo la madre de
Reese una vez, porque tenía sus métodos de búsqueda. No estaba seguro de como
contarle a Reese sobre esto. ¿Esta era la manera en que Benedetto me pedía que le
ayudara a contárselo?
Me agaché para recoger el papel que cayó del sobre. La pequeña y cuadrada
nota me pareció familiar. La había visto antes.
Dándole la vuelta, vi que simplemente decía: Para mi pequeña niña.
Fin
Abbi Glines puede ser encontrada saliendo con
estrellas de rock, paseando en su yate los fines de
semana, haciendo paracaidismo o surfeando en Maui.
Está bien, quizá ella necesita mantener su
imaginación sólo enfocada en su escritura. En el
mundo real, Abbi puede ser encontrada acerrando a
niños (que siempre suelen aparecer que no le
pertenecen a ella) a todos sus eventos sociales,
escondida bajo las sábanas con su MacBook con la
esperanza de que su marido no la descubra viendo a
Buffy en Netflix de nuevo, y escabulléndose a Barnes & Noble para pasar horas
perdida en libros.