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La Conversion de Zaqueo

Jesús se detiene en Jericó para encontrarse con Zaqueo, un jefe de publicanos rico. Zaqueo sube a un árbol para ver a Jesús cuando pasa. Jesús lo ve y le invita a su casa. Zaqueo se convierte, prometiendo devolver a los pobres el dinero que les robó y dar la mitad de sus bienes. Jesús dice que la salvación ha llegado a la casa de Zaqueo porque él es hijo de Abraham.
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La Conversion de Zaqueo

Jesús se detiene en Jericó para encontrarse con Zaqueo, un jefe de publicanos rico. Zaqueo sube a un árbol para ver a Jesús cuando pasa. Jesús lo ve y le invita a su casa. Zaqueo se convierte, prometiendo devolver a los pobres el dinero que les robó y dar la mitad de sus bienes. Jesús dice que la salvación ha llegado a la casa de Zaqueo porque él es hijo de Abraham.
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LUCAS 19: 1-48 (LEER EN LA BIBLIA)

TEMA: LA CONVERSION DE ZAQUEO

Lucas 19
Este capítulo se inicia con un encuentro notable; en esta
ocasión, con Zaqueo, el recaudador de impuestos.
Jesús se desvió para pasar por Jericó, para alcanzar a un
hombre que se había subido a un árbol sicómoro. Sólo Lucas
registró este relato sobre Zaqueo, el publicano de Jericó.
El primer párrafo nos habla de
La conversión de Zaqueo
Recordemos que, en el momento en que se produjo este
incidente, el Señor Jesucristo se dirigía hacia Jerusalén para
morir en la cruz. En su viaje, resolvió pasar por Jericó.
Leamos el versículo 1:
"Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la
ciudad."
Lucas nos contó que Jesús había estado en el país de los
samaritanos. Cuando salió de Samaria, se encaminó hacia
Jerusalén y pareció salirse de su fatigosa ruta. ¿Pero fue así
realmente? El fue a Jericó porque había allí un pecador. De
hecho, había 2 o 3 pecadores en aquella ciudad. El señor
quería alcanzarles y debemos tener en cuenta las intenciones
de sus movimientos para no perder de vista el mensaje total
de este pasaje.
Jericó había sido la ciudad que Dios había entregado al control
de Josué. Se había establecido una maldición para quien la
reedificase. El hombre que la reedificó, en tiempos del rey
Ahab, recibió la maldición en toda su plenitud. En los días de
Jesús, era como una zona turística. Mucha gente pasaba allí
sus vacaciones. Allí vivían los publicanos o recaudadores, que
eran despreciados.
Se nos dice que Jesús entró en Jericó e iba atravesando la
ciudad. Así, Él también entró y pasó por este mundo. No vino
a la tierra para quedarse, sino para morir. Yo entré en este
mundo para vivir y me agradaría vivir por un tiempo
prolongado. Pero el único propósito de Jesús al venir a la
tierra fue el de morir por los pecados del mundo. Esa acción
tremenda quedó reflejada e ilustrada en el hecho de entrar y
atravesar Jericó. No perdamos esa imagen.
Leamos ahora el versículo 2:
"Y sucedió que un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de
los publicanos, y rico"
Se nos dicen 3 cosas sobre este hombre. El Espíritu de Dios
tiene una forma de decir, con el breve trazo de una pluma,
todo lo que tenemos que saber sobre una persona. 1 Lo
primero que sabemos de este hombre era su nombre,
que era Zaqueo. No pude menos que sonreír al descubrir
que el nombre significa "puro". Resulta difícil imaginar a un
publicano que fuese puro. Cuando era niño, sus padres le
habrán contemplado pensando que era el niño más precioso
del mundo. Pienso que cuando creció y le llamaban por ese
nombre, se habrán divertido bastante en Jericó, al asociar su
nombre con su profesión de recaudador de impuestos.
2 Zaqueo era jefe de los cobradores de impuestos. Sus
padres nunca habrán pensado que él tomaría ese camino.
Alguna noche oscura, él habrá tenido que decidir si se iba
vender a Roma. Como publicano, tenía que pagar a Roma la
cantidad de dinero designada para un territorio, en el cual
recaudaría las contribuciones. Entonces, por supuesto,
recolectaría más dinero por impuestos de lo que le pagaba a
Roma, lo cual le había enriquecido. Zaqueo había abandonado
su religión y no tenía acceso al templo. Era probablemente
aquel publicano que estaba a cierta distancia y que golpeaba
su pecho mientras decía "¡Oh Dios, ten compasión de mí que
soy pecador!" (Lucas 18:13). Zaqueo, como un pobre
pecador, buscaba un lugar hacia el cual acercarse, para ser
alcanzado por la gracia de Dios. Zaqueo quería volver a Dios.
3 Zaqueo era rico. Se empleó a fondo para que su profesión
resultase productiva. No condujo sus negocios con una
dedicación dividida. Si él iba a cobrar los impuestos a una
viuda que no pudiera pagar, la desalojaba de su casa. Si un
hombre no tenía dinero suficiente para pagar lo que debía, le
comprometía con una hipoteca sobre lo que tuviese en
propiedad. Había robado a mucha gente. Y aunque una vez
había tomado la decisión de convertirse en un cobrador de
impuestos, descubrió que toda la riqueza del mundo no
satisfaría su corazón. Deseaba poder volver atrás y empezar
de nuevo. Había recorrido una calle de una sola dirección y no
había manera de volver a tener acceso al lugar del templo
donde se manifestaba la gracia de Dios. Quería recibir gracia
y misericordia y el Señor lo sabía. Por ello fue a Jericó con el
propósito de ayudar a ese hombre. Deseaba llevar a Zaqueo
con Él, no a Jerusalén, sino a la cruz para que recibiese la
salvación. Leamos los versículos 3 y 4:
"procuraba ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la
multitud, pues era pequeño de estatura. Y, corriendo delante,
se subió a un sicómoro para verlo, porque había de pasar por
allí."
No le habrá resultado fácil subir a aquel árbol pero finalmente
lo logró y se situó en una rama y, a través de las hojas,
observó y se consideró aislado, en su lugar privilegiado de
observación. Así permaneció esperando hasta que Jesús se
acercó. El Señor sabía que él se encontraba allí. Estaba
pasando por Jericó para tener un encuentro con él para
salvarle. Dice el versículo 5:
"Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba lo
vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es
necesario que me hospede en tu casa."
Cuando el Señor miró hacia arriba y le vio, debió sonreír. Es
cierto que el texto no lo dice, pero es difícil leer este relato sin
ver algo de humor en él. Es como si le hubiere dicho:
"Zaqueo, querías verme y te esforzaste mucho para subirte a
este árbol. Pero ahora, apresúrate y baja en seguida" El pobre
habría pasado mucho tiempo en trepar al árbol; pero no le
debió llevar mucho tiempo ni esfuerzo bajarse de él. Es
siempre más fácil bajar que subir. Y el Señor le dijo: "Hoy he
de quedarme en tu casa". En aquella ocasión, el Señor no se
detuvo en casa del alcalde, ni en casa de un Fariseo ni de
ningún otro personaje importante. Se fue a la casa de un
publicano. Leamos los versículos 6 y 7:
"Entonces él descendió aprisa y lo recibió gozoso. Al ver esto,
todos murmuraban, diciendo que había entrado a hospedarse
en casa de un hombre pecador."
El relato destaca la alegría del momento que estaba viviendo.
Pero, ¿quiénes murmuraban? Los chismosos de la multitud. Y
vemos en el relato un lapso de tiempo, aunque no sabemos
cuánto tiempo pasó. Porque más tarde, Jesús tuvo una cena
en casa de Zaqueo. Y allí fue donde el recaudador tuvo algo
que decir. Leamos el versículo 8:
"Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: Señor, la
mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he
defraudado a alguien, se lo devuelvo cuadruplicado."
Algo le había ocurrido a este hombre. Admitió que había
estado robando a los pobres y prometió dar la mitad de sus
bienes a los pobres. Y devolver una cantidad de dinero cuatro
veces mayor a quienes había asignado falsamente impuestos
más altos. Estaba actuando de acuerdo con la ley de Moisés,
como podemos ver en Éxodo 22. Algo había sucedido en su
interior y era un hombre nuevo.
No tenemos un relato detallado de la conversación entre
Zaqueo y el Señor. Por algún motivo, el Espíritu Santo no nos
dijo de qué hablaron. Sin embargo, cuando el Señor habló con
las personas, generalmente les habló de 2 cosas: (1) de la
necesidad del ser humano, y (2) de la capacidad de Dios para
satisfacer esa necesidad. No tuvo que decirle a Zaqueo que
era un pecador, porque éste lo sabía, lo mismo que los
demás. El Señor le dijo que había un remedio para el pecado.
Seguramente le habrá dicho: "Voy a Jerusalén para morir en
la cruz, así que, Zaqueo, habrá un lugar de gracia y
misericordia para ti". Leamos el versículo 9:
"Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa, por
cuanto él también es hijo de Abraham"
Desde que se convirtió en un recaudador, Zaqueo había
estado excluido de acercarse al propiciatorio o tapa del arca
del pacto, lugar donde operaba en el templo la gracia de Dios.
El propiciatorio señalaba al Señor Jesucristo y a Su sangre
derramada en la cruz por nosotros. El Señor quiso que este
hombre odiado supiese que Él se dirigía hacia Jerusalén para
morir, y que Su muerte le proveería a él un lugar de gracia. Y
así, el publicano hizo su decisión de seguir a Cristo y se
convirtió en un hombre nuevo. Leamos ahora el versículo 10:
"porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se
había perdido."
Observemos que Zaqueo no declaró públicamente lo que
sentía interiormente por haber recibido a Cristo. Sino que dijo
lo que iba a hacer, la forma en que iba a restaurar los daños
causados a otros para demostrar que se había convertido.
Esta es la única manera en que el mundo podrá saber que te
has convertido a Cristo. La gente no lo sabrá por una
declaración o un testimonio público, sino únicamente por lo
que los demás vean en tu vida. Si en aquel día las personas
no hubieran visto su vida cambiada, jamás habrían sabido
que aquel veterano recaudador se había convertido en un
nuevo hombre.
La experiencia de Zaqueo es una buena ilustración de lo que
el apóstol Santiago dijo en 2:18, Pero alguno dirá: Tú tienes
fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras y yo te
mostraré mi fe por mis obras. Zaqueo mostró su fe por medio
de sus obras. No habló de su fe, sino que la demostró en la
vida práctica. El mundo en la actualidad no está escuchando
algo; está buscando algo. Zaqueo tenía lo que el mundo
estaba buscando. Jesús había cenado con él y su vida había
cambiado.
Jesús aun está entrando y pasando por las calles de tu
ciudad, donde quiera que ésta se encuentre, y quiere cenar
con aquellos que no le conocen. Quiere hablar de tu alma y de
la salvación. ¿Ha pasado frente a tu casa? ¿Ha llamado a la
puerta de tu corazón? ¿Le has dejado entrar?

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