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Conversión Misionera en América

Este documento presenta las conclusiones del V Congreso Americano Misionero celebrado en 2018 en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Resume los principales temas tratados en el congreso, incluyendo la identidad misionera de la Iglesia según el papa Francisco, los desafíos de la evangelización en América, la necesidad de anunciar el Evangelio en el mundo actual con alegría y compasión, y el llamado de la Iglesia a ser testigo de la comunión y la reconciliación, especialmente a través de una opción preferencial por
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Conversión Misionera en América

Este documento presenta las conclusiones del V Congreso Americano Misionero celebrado en 2018 en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Resume los principales temas tratados en el congreso, incluyendo la identidad misionera de la Iglesia según el papa Francisco, los desafíos de la evangelización en América, la necesidad de anunciar el Evangelio en el mundo actual con alegría y compasión, y el llamado de la Iglesia a ser testigo de la comunión y la reconciliación, especialmente a través de una opción preferencial por
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La alegría del

Evangelio y
la Conversión
Misionera de la
Iglesia en América

Documento Conclusivo

CONFERENCIA EPISCOPAL BOLIVIANA · OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS


Mons. Sergio Gualberti
Arzobispo de Santa Cruz
Presidente del Comité Central del V
Congreso Americano Misionero

Mons. Ricardo Centellas


Obispo de la Diócesis de Potosí
Presidente de la Conferencia Episcopal
Boliviana
Conferencia
Episcopal Boliviana Mons. Julio María Elías
Vicario Apostólico del Beni
Presidente de la Sección Misiones de la CEB

Mons. Eugenio Scarpellini


Director nacional de las Obras Misionales
Pontificias en Bolivia Elaborado por la Comisión
Coordinador General del V Congreso Teológica del V Congreso
Americano Misionero Americano
Obras Misionales Hna. Cilenia Rojas Arispe MCI Mons. Roberto Bordi.
Pontificias Secretaria Ejecutiva del V Congreso Vicario Apostólico Auxiliar del Beni
Americano Misionero Coordinador de la Comisión Teológica

Miembros:
Mons. Adolfo Bittschi
Obispo Auxiliar de Sucre

Mons. Waldo Barrionuevo


Obispo Auxiliar de Reyes

Hna. Rosalba Chávez


P. Marco Abascal
P. Dr. José Smyksy CSsR
P. Dr. José Cervantes
P. Sergio Montes SJ

Directores Nacionales de OMP - América

Impresión Equipo OMP - Misiones


Editora PRESENCIA S.R.L. Hna. Gabriela Guibarra MCI
Telf: 2333501 Javier Silva
2315708 Hugo Colque

II
La alegría del Evangelio y
la Conversión Misionera
de la Iglesia en América

Documento Conclusivo del V CAM


INDICE

PRESENTACIÓN 7
I. EL V CONGRESO AMERICANO MISIONERO (2018) 9
El V CAM en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) 9
El papa Francisco y la identidad misionera de la Iglesia 9
Los elementos fundamentales de la identidad misionera 10
La novedad magisterial del concepto de “misionariedad” 10
Los desafíos actuales para la Misión “Ad Gentes” 11
La participación del Pueblo de Dios en la preparación del V CAM 11
La realización del V CAM, un encuentro de gracia para la
Iglesia de América 12
Las conclusiones del V Congreso Americano Misionero 13
II. LA REALIDAD HUMANA COMO PUNTO DE PARTIDA DE LA MISIÓN 14
Riqueza sociocultural y simbólica en diálogo con el Evangelio 14
Mirada interpelante a la realidad humana en América 14
Los rostros y cuerpos sufrientes de los pobres y humillados 14
La constatación de cambios rápidos y profundos 15
La crisis de la familia requiere la luz del evangelio 15
La preocupación por la vida y la dignidad humana 15
El sistema económico vigente genera exclusión 16
La preocupante situación de la mujer 16
El cuidado necesario de la hermana madre tierra 16
Carencias en la vida política y democrática 16
Sombras alarmantes para la Iglesia 16
La modernidad débil y relativista 17
La persona vacía, fragmentada y despersonalizada 17
III. ANUNCIAR EL EVANGELIO AL MUNDO DE HOY 18
El Evangelio de Cristo, Muerto y Resucitado 18
Jesús, crucificado y resucitado, es el Señor 18
El Evangelio del Reinado de Dios 18
El dinamismo liberador de Jesús en el anuncio del Reino de Dios 19
La llamada a la conversión implica un cambio de mentalidad 19
Jesús crucificado y resucitado es el Evangelio de Dios 20
El Reino de Dios, un don gratuito a los pobres 21

3
El Reino de Dios y los discípulos 21
La evangelización, fruto del encuentro con el
Resucitado y de la vida comunitaria 21
La evangelización en San Pablo: memoria, mímesis y misión 22
La evangelización, fuente de nuevas relaciones humanas 22
La Iglesia Misionera, icono de la Santísima Trinidad 23
El testimonio de vida de los misioneros 23
IV. LA APASIONANTE ALEGRÍA DEL EVANGELIO 24
El encuentro con el Resucitado, fuente de alegría apasionante 24
De la tristeza a la alegría en el encuentro con el Resucitado 24
Junto a “los otros” en las periferias del mundo 25
La presencia del Resucitado en la Palabra compartida 25
La “dicha”, plenitud de alegría en las bienaventuranzas 25
La alegría paradójica de las bienaventuranzas en Dios 26
La gran alegría y la misericordia de Dios 26
La alegría de las Bienaventuranzas es la alegría de la Pasión de Cristo 27
La alegría procedente del amor sacrificial es el colmo de la alegría 27
La alegría Eucarística por la presencia del Resucitado en el pan partido 27
La alegría eucarística es exultante 28
V. TESTIGOS DE LA COMUNIÓN Y DE LA RECONCILIACIÓN 29
La misericordia de Dios sobre el hombre en su situación de miseria 29
Testigos de comunión y de misericordia 29
La evangelización como encuentro de corporalidades 30
Evangelizar, transformándose en imagen de Cristo 30
La familia protagonista de la Evangelización 30
Reconciliar en un mundo de violencia contra la mujer 31
Reconciliar en un mundo de pobreza y desigualdad 31
Reconciliar en un mundo roto por la corrupción 31
Otras situaciones humanas clamorosas 32
Realidades eclesiales que reclaman justicia 32
El clamor de la Hermana Madre Tierra 32
La Misión reconciliadora de Cristo y de la Iglesia 32
La reconciliación, consecuencia extraordinaria del perdón 33
La misión de reconciliación en todas las dimensiones 33
La reconciliación en el seno de la comunidad eclesial 34
El perdón, verdadero camino de salvación 34
La práctica del perdón, camino hacia una nueva sociedad 34

4
La llamada de Dios a la Comunión universal 35
La “koinonía”, comunión con Dios, con la Iglesia y con los pobres 35
El fundamento cristológico de la opción preferencial y evangélica
por los pobres 36
El dinamismo de liberación integral, de humanización y de reconciliación 36
La comunión Eucarística, máxima expresión de la koinonía 36
VI. MISIÓN PROFÉTICA DE LA IGLESIA EN LA ACTUALIDAD 38
La identidad profética del creyente católico 38
Profetas de la justicia y de la misericordia 38
Misión y profetismo centrados en Jesucristo y en el Reino de Dios 39
La Opción preferencial y evangélica por los pobres en una Iglesia profética 39
La opción por los pobres procede del mismo Jesús 40
La misión de la Iglesia es hacer discípulos y seguidores de Jesús 40
Los principios y tareas de la misión según Ad Gentes 41
La llamada a la conversión misionera y profética de la Iglesia 41
Una Iglesia de diálogo entre la fe y la razón, la ciencia y las culturas 41
Misioneros e interlocutores con los otros 42
Protagonismo de los laicos en una comunidad misionera y ministerial 42
Protagonismo corresponsable de las mujeres en las decisiones,
actividades y ministerios evangelizadores. 43
VII. PROPUESTAS CONCLUSIVAS DE CONVERSIÓN MISIONERA
PARA LA MISIÓN AD GENTES EN AMÉRICA Y DESDE AMÉRICA 44
1º LA MISIÓN AD GENTES EN Y DESDE AMÉRICA 44
Jesucristo, el Enviado del Padre en el Espíritu 44
La Iglesia es Misión 44
La humanidad entera es el campo inmenso de la única misión global 45
La misión en América 45
La vocación a la santidad en el compromiso misionero 46
La misión desde América 46
La dulce y confortadora alegría de evangelizar 46
2º PROPUESTAS DE CONVERSIÓN MISIONERA EN LA IGLESIA
AMERICANA 47
Educar en la alegría del Resucitado y de las Bienaventuranzas 47
Salir a las periferias del mundo para ir al encuentro de los “otros”. 47
Fomentar el conocimiento de la Biblia y de los Evangelios 48
Promover las Comunidades de vida cristiana con
dimensión Misionera Ad Gentes 48

5
Promover la comunión de bienes en la Iglesia y
con los pobres del mundo 49
Promover la Reconciliación en todos los ámbitos de la vida 49
Fomentar la conciencia de la misión profética y
liberadora en todos los ámbitos sociales 49
Celebrar la fe y la fuerza evangelizadora de la Religiosidad Popular 50
La evangelización de la familia como
clave cristiana de la transformación social y cultural 50
Promover y cuidar las vocaciones, a la vida sacerdotal y religiosa,
en favor a la misión ad Gentes 51
Potenciar una Iglesia misionera más ministerial y laical 51
Mensaje final (Mons. Sergio Gualberti, Misa de Clausura V CAM) 52

6
PRESENTACIÓN

L a Iglesia en América ha tenido la gracia de experimentar, la celebración del V


Congreso Americano Misionero en julio de 2018, en Santa Cruz - Bolivia. Como
todos sabemos, este proceso de renovación misionera tiene que continuar,
por eso, les presento el Documento Conclusivo: La Alegría del Evangelio y
la Conversión Misionera de la Iglesia en América. Desarrollando puntos
fundamentales, como ser: La realidad humana como punto de partida para la
misión; Anunciar el Evangelio al mundo de hoy; La apasionante alegría del Evangelio;
Testigos de la comunión y la reconciliación; La misión profética de la Iglesia en la
actualidad; Propuestas de conversión misionera para la misión ad gentes en y desde
América.
Este Documento Conclusivo pretende motivar la reflexión, la acción y el
compromiso de llevar adelante la conversión misionera de toda la Iglesia. Es
una inquietud de conversión pastoral de largo aliento, pero lo importante es no
descuidar la continuidad de este anhelo eclesial. En este sentido, todos estamos
llamados a valorar nuestras experiencias misioneras, a profundizarlas para que se
consoliden como referentes en la vida de la Iglesia. En nuestros tiempos, hace falta
trabajar para que se vea con mayor claridad una espiritualidad misionera, que nos
permita caminar más allá de ciertas actividades y nos muestre que la forma de vivir
de la Iglesia es la misión, o como dijo el Papa Francisco: llegar a la conciencia de decir
“yo soy misión”.
Ser Iglesia en salida, no es simplemente slogan, es un desafío pastoral muy actual.
Porque hay muchos lugares en el mundo que experimentan la ausencia de Dios,
o simplemente no han tenido la oportunidad de hacer el encuentro personal con
Jesucristo, por lo tanto, viven según sus criterios o con las orientaciones del mundo,
precisamente ahí está nuestro trabajo misionero para presentar la Alegría del
Evangelio, es decir, a la persona de Jesucristo que es alternativa de liberación para
cualificar toda vida humana. Nuestro servicio misionero tendrá que consistir en
pasar de condiciones menos humanas a más humanas.

7
Tenemos la responsabilidad de promover y experimentar la transformación
misionera de la Iglesia, en todo sentido. Que este material nos ayude a acrecentar
la dinámica misionera en todas las instancias eclesiales, formales e informales, de
manera que, cada bautizado, viva su condición de discípulo misionero en todas las
circunstancias de la vida. Es una oportunidad para poner a la Iglesia en movimiento,
que nuestras parroquias, grupos, instituciones, comunidades y obras, tengan la
actitud de compartir su experiencia de fe con propios y extraños, especialmente
con nuestro testimonio de vida.

Mons. Ricardo Centellas


Presidente de la Conferencia Episcopal Boliviana

8
I. EL V CONGRESO
AMERICANO MISIONERO
(2018)

El V CAM en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia)


1. La Iglesia Católica en América ha celebrado su V Congreso Americano
Misionero (V CAM) en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) del 10 al 14
de julio de 2018. Con el lema “América en Misión: El Evangelio es
alegría” y con el tema: “La alegría del Evangelio, corazón de la misión
profética, fuente de reconciliación y comunión” se ha llevado a cabo
este gran acontecimiento misionero, con el objetivo de: “Fortalecer
la identidad y el compromiso misionero ad gentes de la Iglesia en
América, para anunciar la alegría del Evangelio a todos los pueblos,
con particular atención a las periferias del mundo de hoy y al servicio
de una sociedad más justa, solidaria y fraterna”. En coordinación
con los Directores de OMP de América y la Conferencia Episcopal
Boliviana, la Comisión Teológica del mismo preparó los contenidos
del Congreso a lo largo de cinco años, durante los cuales se han
celebrado dos Simposios Internacionales, en Puerto Rico (2015) y en
Uruguay (2016) respectivamente, así como otros muchos Congresos
nacionales misioneros en cada país o jurisdicción eclesiástica de todo
el continente de América. De aquellos dos Simposios internacionales
se han publicado los libros1 en torno a los ejes temáticos del Congreso,
que han sido los siguientes: El Evangelio, la alegría, la comunión y la
reconciliación, la misión y el profetismo.
El papa Francisco y la identidad misionera de la Iglesia
2. El papa Francisco ha impulsado desde el comienzo de su pontificado
la identidad misionera de la Iglesia. La misión consiste en transmitir la fe
como anuncio explícito y testimonio vivo del Evangelio, pero el papa

1 Comisión Teológica del V Congreso Americano Misionero, I Simposio Internacional de Misionología.


El Evangelio, fuente de reconciliación y comunión, Conferencia Episcopal Boliviana – Obras Misionales
Pontificias, La Paz, 2015 y Comisión Teológica del V Congreso Americano Misionero, II Simposio
Internacional de Misionología. El Evangelio de la alegría impulsa la misión, Conferencia Episcopal Boliviana
– Obras Misionales Pontificias, La Paz, 2016. Ambas publicaciones están accesibles en la sección
“documentos” de la página web: http://www.vcambolivia.com/

9
Francisco se ha concentrado en la idea de la misionariedad de la Iglesia.
Ésta es un elemento esencial de la comunidad cristiana y pertenece a
su propia naturaleza e identidad, tal como afirma el Concilio Vaticano
II, pues realmente la alegría de dar a conocer a Jesucristo apremia a los
creyentes a llevar a cabo la Nueva Evangelización.
Los elementos fundamentales de la identidad misionera
3. Entre los elementos más destacables de la conciencia de la identidad
misionera de la Iglesia, según el papa Francisco, podemos resaltar los
siguientes:
a. El anuncio de Cristo se hace desde la Iglesia y como Iglesia.
b. «El impulso misionero es una señal clara de la madurez de la
comunidad eclesial»2.
c. La misionariedad es un aspecto esencial, programático y
paradigmático de la vida de la Iglesia.
d. Todo cristiano debe ser testigo del Evangelio con fervor, alegría,
coraje y esperanza para poder así anunciar a todos, el mensaje de
Cristo.
e. El deseo de compartir esta experiencia de gran alegría es el
impulso para la acción misionera de la Iglesia.
f. Frente a los males presentes en el mundo en que vivimos, los
creyentes somos misioneros, mediante el anuncio y el testimonio
profético de los valores del Evangelio.
g. Frente a toda crisis, especialmente la de valores, el Evangelio
de Cristo es  anuncio de esperanza, reconciliación, comunión
y cercanía de Dios, que nos capacita para vencer el mal y
conducirnos hacia el camino del bien.
La novedad magisterial del concepto de “misionariedad”
4. Es de destacar la importancia de que el papa introdujera en el número
dos de su primer mensaje para la jornada mundial de las misiones
2013 la palabra “misionariedad”, asumiendo así un nuevo término,
conocido ya en la teología de la misión3, pero no utilizado hasta ese
momento en la doctrina de la Iglesia. Sin intentar hacer una definición
del mismo, el papa Francisco se refería con ese término al “mandato
confiado por Jesús a los Apóstoles de ser sus «testigos en Jerusalén,
2 Verbum Domini, 95.
3 Por ejemplo, cf. J. Esquerda Bifet, “La misionariedad de la Iglesia en América Latina, a la luz del discipulado
evangélico” Medellín, 125 (2006) 99-120.

10
en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1,8),
no como un aspecto secundario de la vida cristiana, sino como un
aspecto esencial: todos somos enviados por los senderos del mundo
para caminar con nuestros hermanos, profesando y dando testimonio
de nuestra fe en Cristo y convirtiéndonos en anunciadores de su
Evangelio.” Con el término “misionariedad” el papa Francisco quiere
mostrar al mundo una Iglesia no autorreferencial, descentrada de sí
misma, una Iglesia en misión evangelizadora, una Iglesia que rompe
sus fronteras, amplía los límites personales y geográficos de la fe y se
orienta hacia el mundo entero y hacia sus múltiples periferias para
anunciar la alegría del encuentro con Cristo mediante el Evangelio.
Los desafíos actuales para la Misión “Ad Gentes”
5. Siguiendo la orientación marcada por el Concilio Vaticano II, desde
la  Gaudium et Spes  y con el decreto  ad gentes,  y la Conferencia de
Aparecida del CELAM, la Iglesia se muestra esencialmente misionera
cuando se abre a los desafíos del mundo contemporáneo para buscar
las respuestas adecuadas desde el Evangelio y la Palabra de Dios.
Somos conscientes de los grandes cambios rápidos y profundos que
zarandean las culturas y las sociedades de esta época posmoderna,
que, sometida y encandilada por las nuevas tecnologías, sigue sin
resolver eficazmente problemas enquistados del hombre y del mundo.
Entre estos retos nuestra Iglesia está preocupada especialmente por
los siguientes grandes fenómenos de nuestro continente: La crisis
de la familia con todos sus problemas derivados, el desprecio y la
violencia contra la vida y la dignidad humana, la vulneración de los
derechos humanos, el dominio económico de unos pocos que genera
desempleo y pobreza, el panorama de injusticia y de falta de solidaridad
que deja tras de sí el ser humano en la época del secularismo, la
necesidad de cuidar a la Hermana Madre Tierra, la preocupante
situación de desigualdad y de violencia a que está sometida la mujer,
las migraciones, las situación de la población indígena, los aspectos
sombríos y vergonzosos de la misma Iglesia, golpeada sobre todo
por los escándalos de la pederastia, el descenso de las vocaciones
sacerdotales, la modernidad débil y relativista así como la negatividad
y la inmoralidad inherentes a dicha modernidad.
La participación del Pueblo de Dios en la preparación del V CAM
6. La consideración de todos estos puntos, con sus correspondientes
orientaciones desde la fe cristiana han sido ampliamente tratados
en las fases previas del Congreso, sobre todo, en los Simposios

11
Internacionales y los Congresos nacionales misioneros ya
mencionados. También se han realizado otras valiosas publicaciones
en cada país acerca de estos temas en el itinerario de preparación del
V CAM. A partir de todos esos trabajos y publicaciones la Conferencia
Episcopal de Bolivia y las Obras Misionales Pontificias elaboraron el
Instrumentum Laboris del V CAM que ha servido de base para los
trabajos de las comunidades cristianas católicas que viven su sentido
misionero en toda América, siguiendo la metodología habitual de
la Iglesia: Ver, Juzgar y Actuar. El sondeo llevado a cabo en América
recoge las aportaciones de los miembros activos de las iglesias con
una muestra representativa de diez mil encuestas, con la cual se ha
desarrollado una metodología de participación activa y plural de
toda la Iglesia en los países de América4.
La realización del V CAM, un encuentro de gracia para la Iglesia de
América
7. La realización del V CAM ha sido, sin duda, un momento de gracia y
de fiesta para la Iglesia en América, a través del cual se puede avivar la
misionariedad de la comunidad católica para hacerse presente en las
realidades del mundo con la fuerza transformadora y con la alegría
del Evangelio, que nos impulsa a trabajar abriendo vías de comunión
y de reconciliación en los ámbitos sociales y políticos, interreligiosos y
eclesiales. Con sentido misionero y evangelizador y con audacia profética,
este Congreso pretende fomentar a partir de ahora los cambios
pertinentes en las actividades y en las estructuras eclesiales, de modo
que esta Iglesia “en salida” responda con fidelidad a Dios en su misión
abierta “ad gentes”, especialmente a los pobres y a los descartados, a los
que no conocen ni a Cristo ni los valores que emanan del Evangelio y de
la Alegría de su anuncio. En continuidad con el caminar misionero del
continente, los Congresos Misioneros denominados CAMs-COMLAs
se constituyeron en hitos importantes, pues van marcando un avance
en la conciencia misionera de nuestras Iglesias e involucran a muchos
sectores del Pueblo de Dios, porque la misión ha sido y sigue siendo una
fuerza unificadora que asume todas las dimensiones de la vida pastoral.
Para ello contamos con la mediación extraordinaria y el ejemplo
testimonial de todos los santos y mártires del continente americano,

4 Los datos más significativos del sondeo aparecen en el libro del Congreso: Comisión Teológica del V
Congreso Americano Misionero, V Congreso Americano Misionero En Vivo. América en Misión: El Evangelio
es alegría, Conferencia Episcopal Boliviana – Obras Misionales Pontificias, La Paz, 2018, pp. 75-162.
Accesible en la sección “documentos” de la página web: http://www.vcambolivia.com/

12
entre los cuales se ha destacado como signo en este Congreso la primera
santa boliviana, Nazaria Ignacia.
8. Las profundas e iluminadoras conferencias que han tenido lugar han
sido las siguientes: La primera, “La alegría Apasionante del Evangelio”, a
cargo de Mons. Guido Charbonneau (Honduras), la segunda, “Anunciar
el Evangelio al mundo de hoy” a cargo de Mons. Santiago Silva (Chile),
la tercera, “Discípulos testigos de la comunión y de la reconciliación” a
cargo del P. Sergio Montes, S.J. (Bolivia), la cuarta, “Misión Profética de
la Iglesia hoy” a cargo de Mons. Luis A. Castro (Colombia), y la quinta,
“Misión Ad gentes en América y desde América”, por Mons. Vittorino
Girardi (Costa Rica)5.
9. Además de las cinco Subasambleas para profundizar los temas de la
mañana, se desarrollaron también doce talleres sobre los siguientes
temas: Laicos y consagrados en la Misión; Misión, ecumenismo y
diálogo interreligioso; Misión y Evangelización de la cultura –pueblos
originarios, Misión y reconciliación; Misión ad gentes en y desde
América; Misión y Ecología, Familia Misionera; Misión y Catequesis;
Nuevas formas de Cooperación Misionera; Jóvenes y Misión, Misión y
Migrantes; Misión y Formación Sacerdotal – Fidei Donum. Los cuatro
Conversatorios estuvieron dedicados a los temas: Nuevas perspectivas
de la misionología; Comunicación y Misión; La Infancia y Adolescencia
misionera; Misión y Pastoral Universitaria. De los cuales emanaron
las propuestas de conversión misionera para la misión Ad gentes en
América y desde América, así mismo en la Iglesia de América.
Las conclusiones del V Congreso Americano Misionero
10. A continuación, exponemos las conclusiones que emanan de la rica
reflexión que ha ocupado nuestra atención y nuestras actividades
desde la preparación hasta la celebración del V Congreso Americano
Misionero. En las mismas recogemos las preocupaciones de la Iglesia
ante los desafíos del mundo actual, las ideas maestras que han
iluminado los temas tratados en el mismo y, finalmente, las propuestas
de líneas de acción y de acciones concretas que pueden contribuir
sobremanera con la fuerza del Espíritu a la renovación misionera de la
Iglesia en América.

5 Todas las ponencias han sido publicadas en su integridad en el libro del Congreso: Comisión Teológica
del V Congreso Americano Misionero, V Congreso Americano Misionero En Vivo. América en Misión: El
Evangelio es alegría, Conferencia Episcopal Boliviana – Obras Misionales Pontificias, La Paz, 2018. Accesible
en la sección “documentos” de la página web: http://www.vcambolivia.com/

13
II. LA REALIDAD HUMANA
COMO PUNTO DE
PARTIDA DE LA MISIÓN

Riqueza sociocultural y simbólica en diálogo con el Evangelio


11. A nivel sociocultural se constata la gran riqueza cultural y lo que
ésta ofrece como terreno en el que pueda ser sembrado el anuncio
del Evangelio, aún cuando éste ya fue comunicado en una primera
evangelización y como proyección para la misión en el mismo
continente u otros. Los valores culturales, sus expresiones simbólicas,
como también las prácticas concretas de usos y costumbres contienen
dones para la humanidad que, bien asumidos y en diálogo con los
valores del Reino, pueden ser una forma de expresión contextual del
Evangelio, con notas de alegría, profecía y comunión.
Mirada interpelante a la realidad humana en América
12. Siguiendo las líneas maestras trazadas en el Concilio Vaticano II y
teniendo en cuenta las consideraciones realizadas en los distintos
momentos por el CELAM, especialmente en la última Asamblea
de Aparecida (2007), enumeramos a continuación las diferentes
realidades y problemáticas que se han percibido como elementos
fundamentales de carácter social, cultural, moral y económico en
estos últimos años y que constituyen, a grandes rasgos, las debilidades
y desafíos de la vida humana actual en el continente americano.
Los rostros y cuerpos sufrientes de los pobres y humillados
13. Las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano siempre
han destacado los rostros y cuerpos lacerados de pobres y humillados
de nuestro continente. La lista es extensa: pecadores, pobres,
humillados, marginados socio–culturales, migrantes y trabajadores
mal pagados, comunidades indígenas y afroamericanas; los rostros de
niños sometidos a la pornografía y la prostitución, niños víctimas del
aborto, portadores de graves enfermedades (VIH o SIDA, por ejemplo),
personas con capacidades diferentes, analfabetos tecnológicos…,
entre tantos otros. A estos rostros y cuerpos sufrientes hay que añadir

14
los que actualmente nos conmueven: personas en situación de calle;
migrantes; enfermos; adictos dependientes o tóxicos dependientes, y
encarcelados (DA, n. 407-430). La Iglesia, Cuerpo de Cristo resucitado,
está la llamada a abrazar todos estos cuerpos crucificados cuyo
drama no es quedarse en la periferia de los bienes y del crecimiento
de la sociedad, sino haber quedado fuera del desarrollo integral como
personas (DA, n. 65).
La constatación de cambios rápidos y profundos
14. En los primeros años del siglo XXI podemos constatar grandes
cambios y profundos que se producen a gran velocidad, tal como ya
afirmaba el Concilio Vaticano II (cf. GS 4). Las proporciones del cambio
son mundiales y a la vez se convive con procesos más regionales,
nacionales o locales. El documento de Aparecida (DA) recoge el
concepto de globalización para referirse a este fenómeno y vincula
su difusión a los amplios canales que los mass media establecen.
Al mismo tiempo millones de personas empobrecidas están ajenas
a la aparente globalización de la comunicación e información; la
llamada brecha digital no es sólo generacional sino principalmente
socioeconómica.
La crisis de la familia requiere la luz del evangelio
15. La crisis de la familia se manifiesta en la inconsistencia de los
matrimonios, la provisionalidad del amor de la pareja hombre y mujer,
la vida en concubinato, y abarca desde la desestructuración familiar
y la desatención a los ancianos hasta el vaciamiento del contenido
mismo del concepto de matrimonio, al permitir ya en algunos países
su utilización para regular la relación entre homosexuales.
La preocupación por la vida y la dignidad humana
16. En muchos países se establecen perversas redes de tráfico
humano, narcotráfico y pornografía infantil, así como situaciones
de violencia física, sexual y psicológica. El crimen y la inseguridad
ciudadana están presentes de distintas formas en nuestras
sociedades. Son también lacerantes las problemáticas que la
migración forzosa, el desplazamiento por violencia o la situación
de refugiados manifiestan como males de nuestra sociedad, a los
que no responden las políticas estatales. Y no en último lugar
hemos de mencionar, como gran atentado contra la vida humana,
el aborto, cuya legalización en muchos países se ha generalizado y
normalizado irresponsablemente.

15
El sistema económico vigente genera exclusión
17. El consumismo y la primacía de lo económico en el mundo globalizado
tienden a generar grandes exclusiones. Se antepone el valor del dinero
sobre la dignidad de la persona humana y sobre la creación entera. Se
constatan situaciones de subempleo, desempleo y empleo informal
como algo cotidiano en nuestras sociedades.
La preocupante situación de la mujer
18. Se constata la violencia a la que son sometidas muchas mujeres
en distintos espacios sociales, la inequidad de condiciones en las
que compiten con los varones o los prejuicios y sesgos machistas y
patriarcales que dominan la sociedad. También en la Iglesia persisten
formas de poder que infravaloran a la mujer y no permiten que sea
verdadera protagonista de la misión de la Iglesia.
El cuidado necesario de la hermana madre tierra
19. El medio ambiente, la biodiversidad, el calentamiento global, la
sobreexplotación de recursos naturales son temáticas que preocupan
mucho y que tienen que ver con el cuidado de la casa común. El sistema
económico provoca y promueve una depredación de los recursos de
la creación, llegando incluso a amenazar la propia subsistencia del
género humano.
Carencias en la vida política y democrática
20. Estamos muy lejos todavía de llegar a ser democracias verdaderamente
participativas en el nivel económico. Son especialmente llamativas las
problemáticas de abuso de poder de parte de algunos gobernantes
y la ineficiencia de los sistemas de justicia. Una queja constante a lo
largo del tiempo y de la geografía americana es la falta de justicia real
para los más pobres y vulnerables.
Sombras alarmantes para la Iglesia
21. En cuanto cristianos nos preocupan muchísimo los escándalos de
pedofilia y abusos sexuales perpetrados por miembros de gran
responsabilidad en la Iglesia, los cuales, lejos de cumplir su misión
como testigos fieles de Jesucristo, han golpeado y preocupado
profundamente a toda la Iglesia con el daño irreparable a las víctimas y
para la misma Iglesia. Asimismo, el impacto negativo en las vocaciones
sacerdotales y religiosas, la pérdida del sentido de lo trascendente,

16
el insuficiente diálogo con las culturas antiguas y emergentes, y la
existencia de una religiosidad difusa, individualista, mágica o ritualista,
constituyen grandes preocupaciones de nuestra Iglesia actual.
La modernidad débil y relativista
22. En la sociedad laicista y secularizada predomina el afán de dinero, de
poder y de placer, rechazando los principios morales y los mensajes
religiosos. Predomina el “pensamiento débil”. Se ha producido un
alarmante descenso de las vocaciones eclesiásticas y religiosas.
También se acrecentó el secularismo llevando consigo un retroceso de
la práctica religiosa y de las referencias cristianas en el comportamiento.
Sin pretender demonizar el fenómeno de la secularización, cuyas
aportaciones a los valores humanos, sociales y culturales son muy
valiosas, aquí se destacan solamente las consecuencias negativas
por la pérdida del sentido de la trascendencia divina en la vida de la
persona y de la sociedad.
La persona vacía, fragmentada y despersonalizada
23. La persona, en muchos casos, es un sujeto llevado sólo por los
estímulos, sin calado interior, interiormente vacía, fragmentada,
como sin columna vertebral, sin principios y llena de traumas y
complejos heredados y/o asumidos, que se mueve sólo en las lógicas
del resentimiento y la venganza, de la apatía y la indiferencia, de
la insolidaridad y el egoísmo. El drama de nuestras sociedades es la
progresiva «des–personalización» y la progresiva «individuación».

17
III. ANUNCIAR EL
EVANGELIO AL MUNDO
DE HOY

El Evangelio de Cristo, Muerto y Resucitado


24. El primer tema desarrollado en la iluminación teológica sobre las
debilidades y desafíos en esta realidad americana es el “Evangelio”.
Cuando Jesús Resucitado envía a los apóstoles a la misión lo hace con
el mandato de ir por todo el mundo, de hacer discípulos, de bautizar y
de enseñar todo cuanto él ha mandado (cfr. Mt 28,19-20), lo cual está
contenido en los Evangelios. Pero, desde el comienzo de la Iglesia, el
Evangelio originario del cristianismo es el anuncio de Cristo muerto y
resucitado. San Pablo, en la carta a los Corintios, nos da una primitiva
fórmula de fe cristiana o “kerigma”, a la cual el mismo denomina “el
Evangelio”: “Les transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que
Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue
sepultado y que ha sido resucitado al tercer día, según las Escrituras;
que se apareció a Cefas... (1Cor 15,3-5)”6.
Jesús, crucificado y resucitado, es el Señor
25. De la mano de Pablo y Pedro podemos seguir profundizando hasta
decir que el Evangelio es el anuncio de que Jesús es el Señor7. Por eso
Pablo escribe a los Romanos: “Esta es la palabra de fe que predicamos:
que, si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu
corazón que Dios lo resucitó de los muertos, serás salvo” (Rom 10,8-9)
[…] Y San Pedro lo anuncia a los judíos: “Sépalo bien todo Israel que,
a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y
Mesías.» (Hch 2,36).
El Evangelio del Reinado de Dios
26. La comunidad cristiana primitiva vinculó el Evangelio de Dios
directamente a la persona de Jesús y en los Evangelios incorporó el
contenido del mismo Evangelio a la predicación y a la actividad de

6 Cf. IL 70.
7 Cf. IL 71.

18
Jesús, centrada en el anuncio de la cercanía del Reino de Dios8. El
Evangelio, en cuanto es Buena Noticia, está relacionado estrechamente
con el Reino de Dios. Al comienzo de su ministerio, saliendo del
desierto, Jesús anuncia el Reino de Dios como la determinada y
concreta Buena Noticia que viene de Dios: “Predicando el Evangelio
de Dios y diciendo: Se ha cumplido el plazo y se ha acercado el Reino
de Dios. Conviértanse y crean en el Evangelio” (cfr. Mc 1,14-15; Mt 4,17)
[…] El Reino de Dios es prioridad absoluta para Cristo y sus apóstoles:
“Busquen primero el Reino de Dios y su justicia, lo demás se les dará
por añadidura” (Mt 6,33). Pero Jesús no sólo anuncia el “Reino de
Dios” sino al “Dios del Reino”, es decir, no se anuncia a un Rey sino
a un Padre que reina y quiere reinar como padre sobre sus hijos, que
son hermanos unos de otros. El Reino que proclama el Hijo hecho
hombre es la soberanía de Dios en cuanto Padre. De aquí que aceptar
el Reino es hacerse hijo de Dios y hermano de los demás.
El dinamismo liberador de Jesús en el anuncio del Reino de Dios
27. El Reino de Dios se acerca a los seres humanos en primer lugar en la
actividad liberadora de Jesús. Según el Evangelio de Marcos el anuncio del
Reino (Mc 1,14-15), como don de Dios, es una realidad viva y dinámica, que
nada ni nadie puede detener. Su definitiva proximidad es una propuesta
abierta y universal para que la humanidad participe en la salvación que
Dios le ofrece. Pero no dice el evangelio qué es el Reino, ni dónde está,
ni en qué consiste. En todo caso es algo que es dado por Dios, pues se
trata de una realidad que tiene en él su origen. Del contexto se puede
deducir que el Reino está vinculado a la actividad liberadora de Jesús en
favor de los oprimidos y excluidos, de los enfermos y marginados y en
abierta oposición a las instituciones religiosas de su tiempo. La autoridad
de Jesús puesta al servicio del hombre anula el poder de los dirigentes de
la sinagoga y antepone la atención al ser humano necesitado al día sábado.
Ese dinamismo liberador del hombre respecto a cualquier estructura
opresora fue iniciado con la actuación de Jesús y es la fuerza imparable
del Reino de Dios, que, como una semilla diminuta, va creciendo y
desarrollándose en la historia sin que nadie sepa cómo, hacia la plenitud al
final de los tiempos .
La llamada a la conversión implica un cambio de mentalidad
28. El mandato contenido en el mensaje de Jesús: “Conviértanse y crean
en el Evangelio” (Mc 1,15) es una llamada a la conversión. Creer en

8 Cf. IL 75.

19
este evangelio es entrar en el Reino de Dios. La conversión conlleva
principalmente un cambio de mentalidad, una visión nueva de la
vida, del hombre y de la sociedad. Este cambio invita no sólo a creer
en Dios, sino a creer que la persona de Jesús, su mensaje y su obra
de liberación, su misión profética, su destino de muerte violenta e
injusta y su esperanzadora vida nueva de la resurrección constituyen
paradójicamente la singularísima y sorprendente Buena Noticia de la
salvación para los seres humanos, pues en la acogida de su palabra, en
la percepción de su presencia y en el seguimiento radical de sus pasos
se vive el dinamismo del Reino de Dios. Jesús anuncia el Reino de
Dios sobre todo con la entrega de su vida en Jerusalén. Jesús asumió
libremente las consecuencias de su encarnación hasta la muerte en
cruz, para regalarnos relaciones del todo nuevas, haciendo que su
Padre sea para siempre «nuestro Padre». Pero el paso decisivo para
convertirse en discípulo de Jesús y participar del Reino, no será otro
que reconocer en Jesús al Hijo de Dios, cuando, como el centurión
(Mc 15,39) contemplemos su muerte en la cruz. Sólo con esta
reorientación de la mirada y de la perspectiva hacia Jesús en la cruz y,
con él, hacia todas las víctimas de la injusticia y los sufrientes de este
mundo se producirá en nosotros la auténtica metanoia o conversión
que pide el Evangelio y permite entrar en el Reino de Dios ya en la
historia presente.
Jesús crucificado y resucitado es el Evangelio de Dios
29. Sin embargo, Jesús es no sólo el Evangelizador sino el Evangelio mismo
del Reino de Dios y creer en el evangelio es lo mismo que creer en Jesús
(Mc 1,15). Este evangelio es de Dios, en cuanto se trata del cumplimiento
de la promesa hecha por Isaías, cuyo autor es Dios (Is 40,12-31; 51,16;
61,2). Aquella promesa se realiza en Jesús de Nazaret, en cuanto Él es
el Mesías que proclama y comienza el Reino de Dios y lo hace de la
forma que compete al Hijo de Dios, es decir, como Dios oculto que se
revela en la debilidad de la muerte de Jesús y suscita la fe hasta en los
paganos, como el centurión (Mc 15,39). Esta es ya una novedad absoluta
del Evangelio. Este Jesús ¡El Crucificado! es ya el Evangelio. Y después,
al tercer día, Jesús resucitó con lo cual el Padre firma y sella aquella
sorprendente, paradójica, inaudita e incomparable Buena Noticia. Jesús
es “el Crucificado Resucitado”. Una Noticia tan singularmente Buena,
excepcional y única, que la Biblia griega reservó la palabra griega neutra,
“el Evangelio”, exclusivamente para el anuncio de la persona de Jesús y
de su muerte y resurrección como la cercanía y la presencia del Reino
de Dios. La evangelización tiene un centro y un proyecto. El centro es

20
Jesucristo en cuanto «Hijo de Dios», pues, por Él Dios reina como Padre.
El proyecto es Jesucristo, pero en cuanto «Señor de la historia», porque
todo en Él y por Él está llamado a alcanzar su plenitud para que, al final
de los tiempos, todo vuelva al Padre.
El Reino de Dios, un don gratuito a los pobres
30. El Reino es don gratuito de Dios para todos los seres humanos y
particularmente para los pobres (Mt 5,3) y para los pecadores. El
aspecto tal vez más significativo que configura el anuncio de Jesús
sobre la proximidad del Reino es concebirlo como don gratuito de
Dios. Si la soberanía de Dios no depende de una actuación humana
previa, resulta que esa soberanía está en principio ofrecida a todos,
sean quienes sean y hagan lo que hagan. Así se explica no sólo que el
Reino llegue primero a los pobres, sino también la predilección que los
textos del Nuevo Testamento muestran por los pecadores.
El Reino de Dios y los discípulos
31. Asimismo, el Reino requiere discípulos, y discípulos del Hijo, pues
sólo él construye un nuevo Pueblo donde Dios ejerce su soberanía
de Padre bondadoso. Al transformar el pan en su Cuerpo que va a
ser entregado y el vino en su Sangre que va a ser derramada, dispone
al discípulo a lo que va a ocurrir en la cruz con los frutos de perdón
y nuevas relaciones. El discípulo y la Iglesia se reconocen y alimentan
de la mesa de la Eucaristía, sacramento o misterio de la Nueva alianza.
Esta mesa es pacto de amistad y vida nueva, porque alimenta la nueva
identidad o nuevas relaciones adquiridas por la enseñanza de Jesús
(Galilea) y su entrega (Jerusalén).
La evangelización, fruto del encuentro con el Resucitado y de la vida
comunitaria
32. La evangelización de Pablo se desarrolla en distintos momentos y
con pluralidad de misioneros. Es pluriforme y polifónica con variadas
formas y múltiples misioneros, pero todos discípulos de Jesús. La
misión evangelizadora proviene del encuentro con el Resucitado, no
cualquier encuentro, sino «con un acontecimiento, con una Persona»
(Deus caritas est, nº 1) que cambia la vida. La evangelización es el fruto
de una comunidad en comunión que tiene por fuente el gozo de una
misma experiencia: ¡Cristo ha resucitado y lo «hemos visto»! (Lc 24,33-
35; Jn 20,18). De aquí dos consecuencias: la primera evangelización
fue intracomunitaria, y el contenido de la evangelización consistía en

21
ofrecer esa misma experiencia de comunión con el Señor y con los
hermanos recibida en el encuentro con el Resucitado.
La evangelización en San Pablo: memoria, mímesis y misión
33. El encuentro con el Resucitado da lugar en la generación apostólica a tres
movimientos indispensables para la evangelización: a)- la memoria, que
consiste en mirar hacia atrás para recuperar la figura de Jesús, de lo que él
hizo y dijo pero como fuente de sentido para sus vidas y la comunidad;
b)- la mímesis, que consiste mirarse en Jesús, para seguir sus enseñanzas,
imitar sus disposiciones y conductas, pero en las nuevas realidades a las
que se enfrentaban; c)- la misión, que consiste en mirar hacia delante y,
a la luz de cómo lo hizo Jesús, formular modelos innovados de misión
que les sirvieran para anunciar a otros la Buena Noticia en el mundo
que vivían. Conocimiento de Jesús, imitación e innovación misionera
provocaban una evangelización en diálogo con las realidades que las
comunidades vivían y, a la vez, mostraban un estilo alternativo de vivir,
diverso al de la sociedad grecorromana, estilo que llamaba la atención.
El contenido de la evangelización es una Persona: Jesucristo en cuanto
Hijo de Dios y Salvador. Ofrecer y acompañar el encuentro con Él
como acontecimiento fundante y generador de conductas nuevas es
la labor de una comunidad evangelizadora. Conscientes del papel de
la comunidad en el proceso de la fe, Pablo y sus grupos acompañan
el kerigma con un trato interpersonal, caracterizado por el cariño y la
preocupación por el otro. El kerigma se proclamaba a los mismos en
diversas circunstancias, e incluía a la familia.
La evangelización, fuente de nuevas relaciones humanas
34. Con los que aceptaban a Cristo se formaban pequeñas comunidades.
Allí se continuaba la catequesis, se celebraba la liturgia y se practicaban
obras de solidaridad. La evangelización paulina tiene su centro en las
nuevas relaciones que se reciben por la irrupción en la vida del misterio
trinitario (la «justificación»). Ingresar a la comunidad del Resucitado,
exige modos novedosos de relación: de «hermano» (1 Cor 1,11), «santo»
(1 Cor 1,2) e «hijo de Dios» (Rom 8,16). Luego, los evangelizadores
educan en las nuevas disposiciones y conductas que exigen las nuevas
relaciones: consuelo; hospitalidad; orar unos por otros; preocuparse por
el bien de los demás; inclusión y participación de la mujer; atender a los
pobres; compartir bienes; corrección fraterna, entre otras. Varias de estas
eran sorprendentes para su tiempo, porque anulaban comportamientos
comunes de la época como la venganza, la preocupación por el honor,
el servilismo, la relación en base al poder.

22
La Iglesia Misionera, icono de la Santísima Trinidad
35. La Iglesia es sacramento universal de salvación y por ello es el lugar de
la presencia y acción sacramental de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo
peregrinante en la historia. Pero si antes se decía que «fuera de la Iglesia
no hay salvación» (extra Ecclesiam nulla salus), hoy se entiende que
fuera de su estructura visible se encuentran «elementos de santidad
y verdad que, como bienes propios de la Iglesia de Cristo, impelen
hacia la unidad católica» (Lumen gentium, nº 8). El hecho de que la
plenitud del misterio salvador de Cristo resida en la Iglesia no significa
que fuera de ella no se encuentren destellos de salvación, lo que los
padres llamaban «semillas del Verbo». La Iglesia es también misterio
de comunión y de vida, de misericordia y de servicio en cuanto icono
de la Trinidad. La Iglesia hace realidad por sus ministerios y carismas
la obra salvadora del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, porque ella
está creada a imagen de la Trinidad. La Iglesia, como Pueblo de Dios
redimido, tiene la potestad y capacidad de ofrecer las mediaciones
de encuentros con el Señor (Palabra, Sacramentos, Enseñanza…) que
generan el discipulado misionero (DA, nsº 246-257). La Iglesia, con sus
dones ministeriales y carismáticos, es misionera y está al servicio de la
humanidad. Para esta misión se nos regala un triple ministerio con los
sacramentos de iniciación cristiana: el profético, el sacerdotal y el real o
gestor del Reino en el mundo. Anunciar a Jesús para que sea conocido
es revelar y acompañar el proyecto salvador de «humanidad nueva» o
«creatura nueva» que genera el encuentro con Cristo. La Iglesia para
el mundo, sobre todo hoy, ha de ser escuela de humanidad.
El testimonio de vida de los misioneros
36. En esta sociedad, la primacía de la evangelización la tiene «el
testimonio», ofrecido como fruto significativo del encuentro con
el Resucitado (cfr. Evangelii nuntiandi, nº 41). Hoy es sobre todo el
testimonio de comunión y de misericordia lo que «atrae» a otros a
recorrer la hermosa aventura de la fe y hacer de Cristo el centro de
sus vidas: «La Iglesia, como “comunidad de amor”, está llamada a
reflejar la gloria del amor de Dios que es comunión y así atraer a las
personas y a los pueblos hacia Cristo. Por tanto, la comunión vivida
con intensidad es por sí misma misionera: «La comunión y la misión
están profundamente unidas entre sí […] La comunión es misionera y
la misión es para la comunión» (DA, nº 163; ver nsº154-163).

23
IV. LA APASIONANTE
ALEGRÍA DEL EVANGELIO

El encuentro con el Resucitado, fuente de alegría apasionante


37. La alegría de los discípulos y misioneros tiene su motivación más
profunda en el encuentro personal con Cristo Resucitado (cf. Mt 28,9;
Jn 20,20). Por ello, el aspecto fundamental de la alegría en el Nuevo
Testamento es el encuentro con el Resucitado, fuente de la alegría
apasionante de la vida cristiana. La aparición de Cristo Resucitado a las
mujeres en Mt 28,9 y a los discípulos en Jerusalén revela la gran alegría
por la resurrección de Cristo. Asimismo, el relato de los discípulos de
Emaús que, tanto desde el punto de vista literario como teológico,
gira en torno a la centralidad del mensaje que anuncia que “Jesús vive”
(cfr. Lc 24,23), nos abre el camino para descubrir cómo se pasa de la
tristeza a la gran alegría por el Resucitado. A partir de ese relato se
pueden indicar varios ámbitos de la presencia del resucitado, que
pueden iluminar toda realidad humana, especialmente las situaciones
de decepción y de frustración de cualquier persona, hasta llevar a la
plenitud de la alegría.
De la tristeza a la alegría en el encuentro con el Resucitado
38. En la escena del camino de Emaús la presencia de Jesús, el viviente, en
el camino de la vida es una presencia desapercibida, pero no por ello
menos real. Es una presencia discreta, misteriosa, que consuela, que
interpela, que invita a la comunicación, al recuerdo, a hacer memoria.
En el encuentro con el otro y con los otros, abierto al diálogo, va
el Señor abriendo el corazón humano para pasar de la tristeza a la
alegría. Lo primero que requiere el diálogo es el reconocimiento y la
valoración del otro y de los otros, así como de su palabra. El camino
“hacia Emaús” es el camino de la humanidad sufriente, decepcionada
y deprimida, el lugar de la humanidad frustrada y desesperanzada. Y
Jesús, el Viviente, sin que sepamos exactamente cómo, se ha acercado
y es el compañero de aquellos discípulos y de todos los dolientes de la
historia. Pero por esta presencia del Resucitado, incluso desapercibida,

24
el corazón humano empieza a ponerse en ascuas y a palpitar a ritmo
emocionado.
Junto a “los otros” en las periferias del mundo
39. Jesús, el resucitado, habiéndose acercado, “caminaba con ellos” (Lc
24,15). El Resucitado no se desentiende de este mundo, sino que se
hace caminante solidario y encontradizo, para entablar diálogo con sus
hermanos y reconducirlos a la vida y a la alegría. Como Jesús, también
la Iglesia ha de ser mediadora de este encuentro y debe salir a las
“periferias geográficas y existenciales” –como dice el papa Francisco-,
para ir en busca de los alejados, de los diferentes y, sobre todo, de los
excluidos y descartados en el ámbito eclesial, social y político. Y hay que
dar la palabra a los “otros”, para que los desfavorecidos, los diferentes
y los marginados puedan narrar su historia, contar sus hechos, sus
preocupaciones, sus frustraciones y fracasos. Especialmente la palabra
de las mujeres ha sido minusvalorada y desacreditada en la sociedad,
sin embargo, su testimonio y su palabra constituyen la palabra más
relevante de todo el texto de Emaús al anunciar a los discípulos el
mensaje que ellas, a su vez, habían recibido en la tumba vacía, a saber,
que Cristo vive (cfr. Lc 24,23).
La presencia del Resucitado en la Palabra compartida
40. La misión de la Iglesia consiste a todos los ámbitos de la vida humana,
de manera especial en ir a los espacios de muerte, de decepción y
de desesperanza, en ir al mundo del dolor y del desconsuelo, para
oír y transmitir en el fondo de tanto sepulcro la gran palabra de la
esperanza y la alegría que anuncia la vida que procede de Dios Padre.
En el relato de Emaús mientras Jesús explicaba todo esto el corazón
de los discípulos estaba ardiendo de alegría. Es la palabra de Jesús que
comunica la gran alegría de la salvación. Esta alegría se produce por
la presencia inaudita del Resucitado en la Palabra. Y toda la acción
evangelizadora y misionera de la Iglesia debe apuntar a la presentación
explícita del misterio de Jesucristo, pues de él hablan todas las
Escrituras. Los evangelios relatan el camino de Jesús que nos invita a
la entrega de la vida a favor de los demás. Y entre sus mensajes de
alegría destaca el anuncio de las Bienaventuranzas, auténtica síntesis
antológica de la alegría del Evangelio.
La “dicha”, plenitud de alegría en las bienaventuranzas
41. El Sermón de la montaña del evangelio de Mateo comienza con
las bienaventuranzas (Mt 5,1-12) donde Jesús proclama la dicha del

25
Reino de Dios como una propuesta de alegría, de alcance universal,
que presenta a los pobres de la tierra y a los que se hacen pobres por
amor a Dios y al prójimo como los destinatarios primeros de la dicha
propia del Reino. La palabra “dichoso” expresa una profunda alegría
interior en la persona, que no depende de las circunstancias externas
a la persona. Esa alegría no la puede quitar nada ni nadie, porque
tiene su origen en Dios y su Reino; se puede vivir hasta en situaciones
adversas o de sufrimiento y el motivo de la alegría es siempre, explícita
o implícitamente, Dios. El Papa Francisco ha escrito en Gaudete et
Exsultate: “La palabra “ feliz”, o “bienaventurado”, pasa a ser sinónimo
de “santo”, porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su
Palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha” (GE 64). Las
bienaventuranzas, por ser la dicha cuya fuente es Dios, constituyen
el mejor fundamento de la “opción preferencial y evangélica por los
pobres” en el mensaje de Jesús.
La alegría paradójica de las bienaventuranzas en Dios
42. Las bienaventuranzas contienen paradojas sagradas, especialmente
en las primeras de Mateo en el sermón de la montaña y sus paralelos
lucanos: en ellas hay afirmaciones fundamentales que revelan a los
seres humanos en estados de severa dificultad, pobreza, aflicción,
desamparo, hambre, sed, como destinatarios del Reino de Dios y de los
bienes de consuelo, alegría y superación de las necesidades. También
el favor de Dios tiene como destinatarios a todos aquellos que actúan
con misericordia a favor de los necesitados, con limpieza de corazón,
generando la paz en el mundo hasta asumir incluso la persecución
por su fidelidad a la justicia de Dios. En todas las bienaventuranzas la
alegría tiene su origen en Dios que es la verdadera causa de la “dicha”
en plenitud y de la “santidad” de la que participan los seres humanos.
La gran alegría y la misericordia de Dios
43. La alegría del Evangelio está íntimamente vinculada a la misericordia
de Dios Padre cuya manifestación más plena ha sido la entrega de
su Hijo Jesús hasta dar la vida y resucitar de entre los muertos. Lo ha
formulado espléndidamente el apóstol Pedro en su Primera Carta (1Pe
1,3-6). Asimismo, la revelación divina manifiesta la alegría del Padre
en la parábola del hijo pródigo (Lc 15,32). En ella la conmoción del
padre que “misericordea” culmina en un beso efusivo y en la fiesta que
desencadena. Como el padre de la parábola del hijo pródigo, Jesús es
también el Buen Pastor que experimenta la alegría cuando encuentra
a la oveja perdida (Lc 15,5).

26
La alegría de las Bienaventuranzas es la alegría de la Pasión de Cristo
44. El amor de Cristo hasta la entrega de la vida en la Pasión es el que nos lleva
desde su alegría a la plenitud de la alegría (Jn 15,13-14). “Nadie tiene amor
más grande que quien da su vida por sus amigos: Ustedes son mis amigos”
(Jn 15,13-14). El amor de Jesús consiste en exponer la vida a favor de los
otros, tal como él hizo en la cruz. Ése es el amor que revela al Padre, y que
constituye la alegría en plenitud para la vida humana. […] La Primera carta
de Pedro acentúa el tema de la alegría con la bienaventuranza dedicada
a la Pasión de Cristo (1 Pe 4,12-13) […]: “Al contrario, estén alegres en la
medida que tienen parte en la pasión de Cristo, de modo que, cuando se
revele su gloria, gocen de la alegría desbordante”. La adhesión a la persona
de Cristo es lo que capacita a los creyentes para vivir como él y según él.
[…]: haciendo el bien, como personas justas y confiando siempre en Dios
(cf. 1 Pe 4,18.19; 2,23; 3,17-18). Es precisamente este sufrimiento el que ya
lleva consigo, paradójicamente, la gloria y por tanto la dicha y la gran
alegría de la bienaventuranza. De esta alegría es particularmente testigo
todo misionero pues “Dios le concederá valor y fortaleza para que vea
la abundancia de gozo que se encierra en la experiencia intensa de la
tribulación y de la absoluta pobreza” (AG 24). Por ello Pedro proclama
la dicha cristiana en medio del sufrimiento fundamentándola en que el
Espíritu de la gloria reposa sobre los creyentes: “Dichosos ustedes, si son
injuriados por el nombre de Cristo, pues el Espíritu de la gloria, que es el
Espíritu de Dios, reposa sobre ustedes” (1 Pe 4,14).
La alegría procedente del amor sacrificial es el colmo de la alegría
45. También San Pablo anuncia la alegría de la fe en sus cartas, como un don
del Espíritu en los creyentes, propiciado por el Evangelio y la acogida
del mismo (1 Tes 1,6; 3,9). […] La alegría es al mismo tiempo un fruto
del amor, del sacrificio por los demás. El sacrificio personal conduce a
la alegría cristiana. Creer en Cristo supone sufrir por Cristo (Flp 1,29-30).
El sacrificio es la prueba del amor y por eso la alegría que de él se deriva
es el colmo del amor. Por eso Cristo muerto y resucitado, el Señor, es el
fundamento de la alegría y el Reino de Dios es definido por Pablo como
justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo (cfr. Rom 14,17).
La alegría Eucarística por la presencia del Resucitado en el pan
partido
46. La alegría cristiana tiene su culminación en la celebración eucarística9
(IL 124-129). En el relato de Emaús la celebración eucarística de la
9 Cf. IL 124-129.

27
fracción del pan es la presencia reconocida y gozosa del Resucitado
en el mundo y constituye, tal como ha formulado reiteradamente el
Concilio Vaticano II, la fuente y cumbre de la vida cristiana. La Eucaristía
es “Pan partido para la vida del mundo”. Este gesto primordial de
“partir el pan” revela en sí mismo la identidad profunda del crucificado
y resucitado (Lc 24,35), recapitula todo su misterio y constituye el
símbolo primordial de la vida de Cristo y de la Iglesia.
La alegría eucarística es exultante
47. De manera semejante en Hch 2,46 se indica que los creyentes partían el
pan en las casas y compartían la comida con gran alegría y sencillez de
corazón. La alegría de la Eucaristía es una alegría exultante, mesiánica,
desbordante. Tras el encuentro con Jesús y el reconocimiento de su
identidad, los discípulos de Emaús, llenos de alegría, experimentaron
la liberación profunda que significa el paso de una vida sumergida en
el absurdo, la frustración y la desesperanza a una conducta nueva,
caracterizada por el testimonio gozoso de la presencia viva del Señor.

28
V. TESTIGOS DE LA
COMUNIÓN Y DE LA
RECONCILIACIÓN

La misericordia de Dios sobre el hombre en su situación de miseria


48. La misericordia es el rostro polifacético del amor de Dios ante
la miseria del hombre, al cual Dios le ofrece la ayuda concreta y
adecuada mediante sus misericordias, es decir, mediante sus obras
concretas de misericordia. Y esa misericordia es la que Dios quiere
también entre los seres humanos, tal como refleja la expresión de
Oseas: “Misericordia quiero y no sacrificios” (Os 6,6; cf. Mt 9,13; 12,7; Mi
6,8; Is 58,6-10). Jesucristo es el rostro vivo de la misericordia del Padre
(MV 1) y nos invita a poner en práctica la misericordia entre nosotros
especialmente en la parábola del buen Samaritano (Lc 10,29-37). Ésta
resalta la ejemplaridad de la misericordia en el que se hizo prójimo
de aquel ser humano sumido en la miseria. “Misericordear” consiste
en volcar el corazón hacia el otro en situación de miseria y prestarle
ayuda adecuada, oportuna y concreta. Es el amor que lleva consigo la
valoración y el reconocimiento del otro, independientemente de su
procedencia y de su identidad social, étnica, cultural o religiosa.
Testigos de comunión y de misericordia
49. Ser testigos de comunión y misericordia significa proponer la dimensión
materna de la Iglesia mediante comunidades acogedoras, de cercanía
afectuosa, escucha y diálogo, que comparte y sale al encuentro de
todos (DA, ns° 226,d; 272; 363). Ser testigos es rescatar la dimensión
social de la vida cristiana, ocupándose de la dignidad humana, de la
atención desinteresada de enfermos y pobres, ignorantes y marginados,
migrantes y refugiados, víctimas de la violencia y encarcelados (DA,
ns° 98; 105; 140; 275). También es exigencia de la vida en santidad, la
que no se vive sino en diálogo con las necesidades del mundo. Hay
que evangelizar «cristificando la corporalidad» por lo que hay que
anunciar que Jesús es «el rostro humano de Dios y el rostro divino
del hombre» (DA, n° 392) en quien «habita corporalmente toda la
plenitud de la divinidad» (Col 2,9).

29
La evangelización como encuentro de corporalidades
50. Pensemos, entonces, la evangelización como encuentros de rostros
y corporalidades: la mía con la de Jesús. Pablo emplea el término
«imagen» para explicar la transformación a la que está llamado el
discípulo de Jesucristo quien es la «imagen de Dios invisible» (Col 1,15;
2 Cor 4,4). El cristiano, partícipe de la vida trinitaria por el Bautismo, ha
dejado atrás «la imagen» del hombre terrenal, la del primer Adán, para
reproducir «la imagen» del Hombre celestial, Jesucristo, nuevo Adán
(Rm 8,29; 1 Cor 15,45.49), imagen a la que está llamado a adquirir en
plenitud por la acción del Espíritu (2 Cor 3,18; DA, nº 27). Por Jesucristo,
«imagen de Dios invisible», el discípulo «se despoja» del hombre viejo
con sus obras y «se reviste» de una nueva corporalidad conforme a
«la imagen de su Creador», para que Cristo sea todo en todos (Col
3,9-11). Un modo privilegiado de evangelizar hoy es mediante rostros
y cuerpos transformados que se proponen como «iconografías del
Resucitado» para revelar sus rasgos en medio de cuerpos desfigurados
por el dolor y el vacío existencial que sin saberlo buscan plenitud para
sus vidas. Más que discursos se requieren «imágenes» como las del
que, por ser discípulo de Jesús, testimonian claramente alegría, paz,
felicidad, solidaridad…, no porque lo dice, sino porque su rostro
y su cuerpo lo expresan mediante la forma que saluda, conversa,
gesticula, abraza…, es decir, mediante cómo se relaciona empleando
su corporalidad como canal de comunicación. Se trata de rostros y
cuerpos que visibilizan con claridad al Resucitado en medio de los
rostros y cuerpos de nuestra sociedad.
Evangelizar, transformándose en imagen de Cristo
51. Esto significa que para evangelizar hay que transformarse en imagen
de Cristo y comunicar corporalmente lo que Dios hace en mí y en su
comunidad por su Hijo y la acción del Espíritu. Nuestra corporalidad
se evangeliza cuando en el encuentro con Cristo adquirimos
progresivamente sus sentimientos y actitudes (Flp 2,5). Un rostro
evangelizado es un «hombre nuevo» (Ef 2,15; 4,24) o una «criatura
nueva» (2 Cor 5,17; Gál 6,15) que, transformado en imagen de Cristo,
refleja por su corporalidad lo que el Resucitado hizo en él.
La familia protagonista de la Evangelización
52. Otra nota distintiva de la evangelización hoy debiera ser el
protagonismo de las familias cristianas y de las comunidades eclesiales
(DA, n. 432-437 y n. 178-180). Al igual que el discípulo está llamado a

30
«corporalizar» a su Señor, las familias y comunidades a «encarnar» la
Iglesia con sus dones, carismas y servicio. Su vocación es ser Iglesias
domésticas. De este modo, familias y comunidades en quienes toda
la Iglesia está presente, tienen la misión de irradiar el Rostro resucitado
de su Cabeza, Jesucristo, y ponerse al servicio del mundo como
sacramento de comunión y vida para todos.
Reconciliar en un mundo de violencia contra la mujer
53. América Latina (AL) es la región más violenta del mundo hacia las
mujeres, tal como señala un informe de la ONU sobre las mujeres
en 2017. Esta violencia tiene mayores índices en Centroamérica y
México. Las tasas de feminicidio en la región son las más altas del
mundo. Según el informe, en 16 países de América Latina y el Caribe
se registraron en 2016 un total de 1.831 asesinatos de mujeres frente a
1.661 en 2015. Acompaña a la violencia hacia las mujeres, una violencia
social más amplia y que afecta a 42 ciudades de América Latina.
Reconciliar en un mundo de pobreza y desigualdad
54. A la violencia acompaña la pobreza y en algunas situaciones están
íntimamente imbricadas. La CEPAL presentó este año el Panorama
Social 2017 de AL y el Caribe, en el que se muestra que la pobreza
extrema pasó de 8,2% en 2014 a un 10% en 2016. Mientras que la
pobreza aumentó de 28.5% en 2014 a 30.7% en 2016. La desigualdad
en los ingresos en la región (de acuerdo al coeficiente de Gini), pasó
de 0,538 en 2002 a 0,467 en 2016, siendo la región más desigual del
mundo.
Reconciliar en un mundo roto por la corrupción
55. Junto a tales problemáticas sociales de impacto en la región se
da también la corrupción en muchos gobiernos, instituciones y
empresas, tal como se ha podido evidenciar en los últimos años. La
corrupción constituye una gran dificultad para que la riqueza de
los pueblos pueda beneficiar a más personas, debido a la ambición
y a la codicia de muchos dirigentes sociales, políticos y económicos.
Las democracias están atravesando dificultades muy amplias en
su espectro (institucional, de representación, de control social y de
ejercicio del poder), lo que ocasiona inestabilidad política y agudas
crisis sociales y económicas que, como siempre, afectan más a los
pobres, a los marginados, a los “descartables” por quienes intercede
continuamente el papa Francisco.

31
Otras situaciones humanas clamorosas
56. Otras situaciones como el narcotráfico, el tráfico humano, la calidad
de vida en salud y educación, o el fenómeno migratorio (con las
indignantes imágenes y el llanto de los niños separados de sus padres
en la frontera entre USA y México, recientes aún en la memoria),
son clamores de la vida que nos invitan a una respuesta de fe. Una
de las más sentidas son las crisis que se dan en las familias, desde
la desintegración y el cambio de valores o la inestabilidad y crisis
de sentido de las mismas. Los núcleos familiares, deben ser parte
de un compromiso misionero para generar encuentros sanadores,
reconciliadores y de defensa de la vida.
Realidades eclesiales que reclaman justicia
57. También a nivel eclesial tenemos tristes y dolorosas realidades que
claman justicia como son las situaciones de abuso y pedofilia en
distintas jurisdicciones eclesiásticas del continente, los escándalos sobre
el uso del dinero. Todo ello nos está hablando de crisis de humanidad
y no pueden ser ignoradas ni pueden transferirse responsabilidades
exclusivas a determinadas instancias. Para un cristiano, la humanidad
es su familia y el mundo su casa, pues comparte con toda persona
humana (más allá de sus creencias y opciones) una condición que
es don y creación de Dios. Las dificultades y problemáticas de la
humanidad tienen que ser asunto de la labor misionera de la Iglesia,
sea donde sea, porque, parafraseando a san Agustín, nada humano
nos es ajeno.
El clamor de la Hermana Madre Tierra
58. Cada día vamos teniendo más conciencia (lo que no necesariamente
signifique más acciones para el cambio) respecto de la crisis
medioambiental global, con la contaminación de las aguas, el
extractivismo secante de minerales, petróleo o gas; las deforestaciones
que amenazan la biodiversidad y los ecosistemas, por lo que la vida
humana también se ve amenazada, la contaminación del aire y las
emisiones de gases que generan el efecto invernadero, así como
la explotación irracional de la tierra y sus recursos para financiar la
riqueza de unos cuantos en sociedades cada vez más consumistas.
La Misión reconciliadora de Cristo y de la Iglesia
59. La esperanza cristiana, frente a la historia y las historias, realiza su
misión de reconciliación para recrear desde la justicia las rupturas que

32
se presentan en nuestro mundo. Pues la sangre derramada por Jesús en
la cruz es la que obra definitivamente la más profunda reconciliación
entre Dios y humanidad, así como con la creación. Así nos señala el
himno Cristológico de Colosenses (Col 1, 15-22): “Él es la imagen del
Dios invisible, primogénito de toda creatura. Porque por medio de él
fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra,
visibles e invisibles; Tronos, Dominaciones, Principados o Potestades;
todo ha sido creado por medio de él y para él. Él es anterior a todo y
todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo de la Iglesia;
él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es primero
en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda plenitud, y por él
quiso reconciliar todas las cosas consigo, haciendo la paz por la sangre
de su cruz, con todos los seres, así del cielo como de la tierra. Y aunque
ustedes antes estaban alejados y eran de ánimo hostil, ocupados en
malas obras, sin embargo, ahora él los ha reconciliado en su cuerpo de
carne, mediante su muerte, a fin de presentarse santos, sin mancha e
irreprensibles delante de él”.
La reconciliación, consecuencia extraordinaria del perdón
60. La reconciliación con Dios y entre los seres humanos está directamente
unida al perdón, pues es su consecuencia inmediata (IL 148-164). Pablo
propone el evangelio de la reconciliación (Ef 6,15), que encuentra su
raíz en 2 Cor 5,17-20: “Donde hay un cristiano hay humanidad nueva;
lo viejo ha pasado; miren, existe algo nuevo. Y todo esto es obra de Dios,
que nos reconcilió consigo a través de Cristo y nos encomendó el servicio
de la reconciliación…poniendo en nuestras manos el mensaje de la
reconciliación… Por Cristo se lo pido, ¡déjense reconciliar con Dios!”. La
reconciliación fraterna presupone la reconciliación con Dios, fuente
única de gracia y de perdón, que alcanza su expresión y realización
en el sacramento de la penitencia que Dios nos regala a través de la
Iglesia. Mediante su Pasión, Muerte y Resurrección el Señor Jesús nos
da el don de la reconciliación como obra del Espíritu Santo.
La misión de reconciliación en todas las dimensiones
61. La misión de reconciliación es hoy urgente, en sus múltiples
dimensiones: con Dios, con la humanidad, con nosotros mismos y
con la naturaleza, pues, como señala el Papa Francisco en la Encíclica
Laudato Si`, hay una sola crisis socio ambiental: “No hay dos crisis sepa­
radas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-
ambiental. Las líneas para la solución requieren una aproximación
integral para combatir la pobreza, para devolver la digni­dad a los

33
excluidos y simultáneamente para cui­dar la naturaleza” (LS 139).
“Pero hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo
ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar
la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el
clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (LS, 49).
La reconciliación en el seno de la comunidad eclesial
62. En el seno de la comunidad cristiana también es precisa y urgente
una reconciliación que nazca del reconocernos pecadores e invitados
continuamente a experimentar la misericordia de Dios que sana todas
las heridas. En un mundo que pierde el sentido de Dios, debemos
buscar una más profunda unión con Cristo en los misterios de su
vida. Hay muchas víctimas que claman justicia frente a relaciones
de poder que derivaron en abusos y han mellado el testimonio que
deberíamos dar como personas creyentes en el Dios de Jesús. Y
aún se mantienen roles y ejercicio de poder que son contrarios al
mensaje del Evangelio porque pretenden privilegios, humillan a los
pequeños del Reino de Dios o marginan el protagonismo de la mujer
en la comunidad cristiana, cuando en todos los espacios de nuestras
comunidades son ellas las que más participan, sirven, acogen y
engendran a la vida de fe.
El perdón, verdadero camino de salvación
63. El perdón se practica en un proceso que lleva a la reconciliación. El
perdón exige que, de una u otra forma, el agresor y la víctima recorran
“de nuevo”, juntos, ahora de forma sana, la misma historia que acabó en
desgracia por la agresión, o por el pecado. El perdón es un acto salvador
que se opone al acto condenatorio, regenera al pecador, regenera a los
otros y regenera el tejido social donde se produjo el acto pecador. Sólo
quien perdona salva de verdad y en plenitud. Perdonar supone sanar al
pecador y, a la vez, debe sanar la realidad donde se produjo el pecado y
debe sanar la realidad que fue dañada por el pecado. El Crucificado es
el intermediario, libre de toda culpa e inocente, que actúa como reflejo,
en el que queda reflejada la injusticia de la situación y actúa como juez
y sentencia. Dictamina la injusticia de la situación, pero emite un juicio
absolutorio al cual puede acogerse el culpable.
La práctica del perdón, camino hacia una nueva sociedad
64. No se puede transformar la sociedad si no se introduce en su seno la
práctica del perdón. Ésta es una dimensión profundamente misionera

34
del perdón. Sólo el perdón es capaz de recrear y regenerar lo destruido
por el pecado. El castigo sólo es bueno si ayuda al pecador a reconocer
las consecuencias de su pecado, a reconocerse pecador y, por tanto,
a disponerse a pedir perdón. Por ello no tienen sentido en nuestros
Estados ni la pena de muerte ni la cadena perpetua. Cristo en la cruz
es el prójimo samaritano que nos perdona a todos los pecadores
e intercede por nosotros ante el Padre poniendo fin a la cultura
cainita de la aniquilación del otro y abriendo el camino de la cultura
samaritana de la atención, regeneración y rehabilitación del otro.
La llamada de Dios a la Comunión universal
65. Siendo creados por el mismo Padre, todos los seres del universo
estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de
familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto
sagrado, cariñoso y humilde (cf. LS, 89). Esta Comunión, perfilada
desde la reconciliación con Dios, con la humanidad, con nosotros
mismos y con la naturaleza exige un testimonio de misericordia por
unos y por otros: “No puede ser real un sentimiento de íntima unión
con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón
no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos”
(LS, 91). Ésta es la visión de una ecología integral que apunta a realizar
la plenitud de Comunión de Vida en Dios. El deseo de Comunión,
de que Dios sea todo en todo (1 Cor. 15, 28), se va materializando en
nuestra vida presente cuando la unidad, la comunión de bienes para
la humanidad, el respeto a la diferencia, la aceptación de opiniones
diferentes, la diversidad de carismas, el servicio desinteresado más allá
de nuestras creencias o el diálogo con otras culturas y religiones son las
acciones que emprendemos con valentía y sin miedo por afincarnos
en nuestras propias seguridades y certezas.
La “koinonía”, comunión con Dios, con la Iglesia y con los pobres
66. La plenitud de la reconciliación es la “koinonía” o comunión
profunda espiritual y visible, con Dios y con los hermanos. A partir
de la comunión con Dios, que se hace celebración en la Eucaristía, los
creyentes estamos llamados a vivir la más profunda comunión con los
hermanos de la comunidad eclesial, compartiendo la vida, los dones
recibidos y los bienes, con ellos y con todos los pobres, sean éstos
miembros o no de la comunidad cristiana. La koinonía o “comunión
con Dios y con los hermanos” es la meta última de la misericordia
y de la reconciliación. La koinonía es solidaridad en el compartir
los bienes en la comunidad (Hch 2,42) y con los pobres, cercanos y

35
lejanos, tal como se expresa en la línea maestra de la evangelización de
nuestro continente mediante la opción preferencial y evangélica por
los pobres, cuyo argumento teológico y cristológico fundamental se
encuentra en 2Cor 8,9: “Cristo se hizo pobre por nosotros”.
El fundamento cristológico de la opción preferencial y evangélica
por los pobres
67. Como el mismo Jesús se identifica con los que sufren (Mt 25,31-46),
el servicio a los pobres «es una dimensión constitutiva de nuestra fe»
por lo que la opción por ellos está implícita en la fe cristológica; de aquí
se deduce –por un lado– que la adhesión a Jesús «nos hace amigos de
los pobres, y solidarios con su destino» y –por otro– que el servicio
a ellos es servicio al Señor crucificado que, en ellos y por ellos, anhela
adquirir los rasgos propios del Resucitado que humaniza y da dignidad
(DA, n. 257 y 392-393). Así como los primeros discípulos testimoniaban
su fe siendo solidarios en tiempos de guerras, hambrunas, pestes…,
así la Iglesia que vive e irradia los rasgos del Resucitado debe salir al
encuentro, por exigencia de su misma fe, de los rostros y cuerpos
marcados con los rasgos ensangrentados del Crucificado.
El dinamismo de liberación integral, de humanización y de
reconciliación
68. Estos rasgos desafían al evangelizador por cuanto el Resucitado clama
que nos acerquemos con amor solícito para liberarlos y devolverles
la vida. La evangelización más que nunca tiene que ser propuesta de
humanización integral para estos rostros que están lejos de reproducir
la imagen del hombre perfecto, Jesucristo. Por esto, no podemos
concebir el anuncio de Cristo sin que sea fuente de un «dinamismo de
liberación integral, de humanización, de reconciliación y de inserción
social» (DA, n. 359). El conocimiento y la vivencia de la Doctrina Social
de la Iglesia es fundamental para formar las conciencias y ayudar a
construir sociedades y economías al servicio del desarrollo integral de
las personas (DA, n. 99f; 395; 505).
La comunión Eucarística, máxima expresión de la koinonía
69. La koinonía tiene su origen en Dios que nos llama a vivir en estrecha
e íntima comunión y alianza con Cristo (cf.1Cor 1,9). Esta relación de
amor profundo es manifestación de la fidelidad de Dios en su amor a
los seres humanos, que tiene en la comunión eucarística su máxima
expresión (1Cor 10,16). Por eso la comunión en la fracción del pan es

36
participar del Espíritu de unidad, de fraternidad y de entrega, que se
deriva del cuerpo y de la sangre de Cristo en la Eucaristía, es compartir
el Espíritu eucarístico de sacrificio en la entrega de la vida a los demás
y es vivir la solidaridad con los necesitados y con los pobres hasta
las últimas consecuencias. Asimismo, la koinonía es una llamada a
compartir la pasión y resurrección de Cristo, lo cual significa para los
creyentes que hemos de estar dispuestos a asumir y a transformar
todo sufrimiento en oportunidad de gracia para amar y hacer el bien
a los demás, con espíritu de verdadero sacrificio espiritual (cf. Heb
13,16), como Cristo hizo en su Pasión.

37
VI. MISIÓN PROFÉTICA
DE LA IGLESIA EN LA
ACTUALIDAD

La identidad profética del creyente católico


70. En virtud del Bautismo todo creyente participa de la Misión profética
de parte de Dios, que nace del encuentro personal con Dios. Entre
Dios y el profeta tiene lugar un encuentro maravilloso, un encuentro
de amor, un encuentro personal, de persona a persona, mediante el
cual el profeta recibe un encargo que lo saca de sí mismo y lo pone
a mirar hacia adelante con una misión de beneficiar a la humanidad y
específicamente para buscar al que está perdido, sea éste persona o
pueblo. Etimológicamente un “profeta” significa la persona que habla
claro en nombre de Dios, delante de otros y orientado al futuro. El
profetismo es ante todo dedicación a la Palabra de Dios. El primado
de la Palabra es para transmitir el mensaje de Dios al pueblo. El profeta
hace uso de tres medios: la palabra hablada, la palabra escrita y la
acción simbólica. En aras de la claridad, el profeta, ayer y hoy, se hace
ante todo discípulo para ser iluminado en contacto con el pueblo
y con Dios. Antes de ser maestro el profeta es discípulo y tiene una
sensibilidad especial por las exigencias de la justicia hacia las periferias.
Profetas de la justicia y de la misericordia
71. Hay en el profeta una sensibilidad especial por las exigencias de la
justicia hacia las periferias. El primero de los profetas del Antiguo
Testamento que pusieron por escrito su mensaje fue Amós, en
cierto modo, paradigma de todos los profetas. Él da a conocer los
sentimientos de Dios que rechaza un culto aislado de la vida, una
liturgia separada de la justicia, una fe despojada de obras. Por eso,
su palabra es dura y clara: “Yo detesto, rechazo sus fiestas. Aparten
de mí el ronroneo de sus canciones, no quiero oír la salmodia de sus
arpas. Que fluya sí el derecho como agua y la justicia como arroyo
perenne (Amós 5,21-22.24). Estas dos palabras de Amós, Mispat y
Sedaqá, Derecho y Justicia, parecen dos expresiones iguales, como
dos sinónimos y a veces así son usadas en la Biblia. Pero, en realidad,

38
estos dos términos expresan realidades diferentes: Mispat es la justicia
aplicada rectamente por el juez según lo determinan las leyes, sin
excepciones, con todo su peso y su rigor. Sedaqá es la justicia aplicada
por el justo el cual tiende a modificar la estrecha justicia añadiéndole
ese tanto de misericordia que le impida transformarse en injuria. En
la parábola del hijo pródigo, el hermano mayor pedía estricta justicia
(Mispat); el papá en cambio juntaba la justicia con la misericordia
(Sedaqá).
Misión y profetismo centrados en Jesucristo y en el Reino de Dios
72. El ministerio profético sigue siendo necesario hoy como lo fue en el
pasado. Por eso, necesitamos evocar al profeta por antonomasia: Jesús
de Nazaret. Él es el profeta –y más que profeta-, que puso en práctica
de la manera más radical los principales elementos del ministerio y de
la imaginación profética. El profetismo y el testimonio del discípulo
misionero se insertan en el proyecto de Jesucristo, que es instaurar
el Reino de Dios y de su amor en los corazones humanos y en las
relaciones sociales (IL 172-179). El comienzo de la novedad de vida
que el Reino lleva consigo se hace patente en la palabra y en las obras
de Jesús, pero alcanza su culmen y su plenitud en la cruz gloriosa del
Señor, en su muerte y resurrección, donde el Reinado de Dios ya ha
llegado a los hombres con potencia (cf. Mc 9,1). El profetismo y el
testimonio cristiano, desde una Iglesia misionera, se orienta hacia el
Reino de Dios: El Papa Francisco lo ha expresado formidablemente:
“El eclesiocentrismo se previene y se cura con el remedio de centrarse
en la misión: poniendo a la Iglesia en movimiento de salida de sí, de
misión centrada en Jesucristo, de entrega a los pobres” (EG 97). “La
sociedad tiene necesidad de testigos en todos los campos: artistas,
científicos, trabajadores, especialistas, profesores, padres y madres
etc.” (cf. Documento de Aparecida 496).
La Opción preferencial y evangélica por los pobres en una Iglesia
profética
73. Uno de los aspectos trascendentales de la Iglesia posconciliar en
América ha sido y sigue siendo la opción preferencial y evangélica
por los pobres. Aparecida destaca que Jesús está presente en los
más necesitados10 y pone su énfasis en los pobres: “Para la Iglesia, la
opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural,

10 Cf. Documento de Aparecida, 31.

39
sociológica, política o filosófica”11. “Por eso [dice el Papa] quiero una
Iglesia pobre para los pobres”12 y “La necesidad de resolver las causas
estructurales de la pobreza no puede esperar”13. Es indispensable
prestar atención para estar cerca de las nuevas formas de pobreza
y fragilidad14 y afrontar proféticamente la cuestión de la dignidad
humana y el fenómeno de la migración, los problemas ecológicos y la
situación de las personas mayores.
La opción por los pobres procede del mismo Jesús
74. Esta opción por los pobres procede de Jesús. Los pobres son los
primeros destinatarios del Evangelio de Jesucristo (Lc 4,16-30). Jesús
asume la misión profética de Is 61,1-3 y la interpreta en un sentido
universal de liberación de los pobres y oprimidos. La misión de los
discípulos es la misma que la de Jesús y consiste en anunciar a todos
los abatidos la cercanía del Reinado de Dios, esto es, comunicar
que los últimos, los marginados, los pobres y los indigentes son
los predilectos del amor de Dios y ocupan el primer puesto en la
misericordia divina. Jesús les enseña que la entrega propia de la vida
misionera debe caracterizarse por la gratuidad, la pobreza asumida y
la libertad para la misión, por la valentía, el coraje y la confianza en
Dios ante las dificultades y por una radicalidad extrema en la fidelidad
al Reino de Dios (cf. Mt 10,1-42). Uno de los retos más urgentes que
hoy tiene nuestro mundo es derribar los muros de la exclusión social,
de la explotación económica, de la injusticia estructural y del racismo
xenófobo.
La misión de la Iglesia es hacer discípulos y seguidores de Jesús
75. En el final del Evangelio de San Mateo (Mt 28,16-20) Jesús Resucitado se
aparece a los Once discípulos para encomendarles la misión definitiva
y universal. El encargo misional de Jesús consta sólo de un imperativo:
“Hagan discípulos a todos los pueblos”. El mandato no tiene fronteras,
es un envío de carácter universal, que impulsará a los enviados a
convertir en discípulos a todas las gentes y pueblos, a todas las etnias
y culturas, para hacer una sola familia humana en torno al único Dios y
Padre de Jesucristo. Hacer discípulos consiste en dar a conocer a Jesús
para hacer que otros lo sigan. Para ello deben aprender el nuevo estilo
de vida propuesto por Jesús y estar dispuestos a seguirlo hasta la cruz

11 Evangelii Gaudium, 198.


12 Evangelii Gaudium, 198-199.
13 Evangelii Gaudium, 200.
14 Cf. Evangelii Gaudium, 210-215.

40
siendo testigos y misioneros de la paz, de la alegría y del perdón en el
mundo (cf. Jn 20,19-23).
Los principios y tareas de la misión según Ad Gentes
76. Con este gran sentido misionero el objetivo del decreto conciliar
“Ad Gentes” era delinear los principios de la actividad misional. En ad
gentes se destacan las ideas de Dios Trinidad que llama a la gratuidad,
a la encarnación y a la interioridad, la de la Iglesia como misterio de
comunión y de la actividad misionera. Entre los grandes principios
destaca el de la inculturación15, según el cual, manteniendo la fidelidad
a la Palabra, se debe hacer una iluminación crítica de las costumbres,
del sentido de la vida y del orden social, con gran respeto a las culturas.
Se distinguen tres tareas: la acción misionera con los no cristianos; la
acción ecuménica con los no católicos; y la acción pastoral con los
católicos16 (cf. AG 6).
La llamada a la conversión misionera y profética de la Iglesia
77. A partir de ad gentes se han ido sucediendo documentos eclesiales17
de gran relevancia para la misión: Desde Medellín (1968) hasta
Aparecida (2007) con la creación del Consejo Pontificio para la
Nueva Evangelización (2010) y la publicación Evangelii Gaudium del
Papa Francisco (2013) se ha ido madurando como una llamada a la
conversión misionera de la Iglesia. El profeta es una persona llamada y
enviada para transmitir la Palabra que él ha recibido; su tarea consiste
en captarla, interpretarla, formularla y comunicarla al oyente. Lo
específico del profetismo es el contacto inmediato con Dios que
envía a presentar un mensaje peculiar y concreto para un tiempo y
una situación determinada. Se ha de hacer un programa misionero
para orientar a la Iglesia a salir a la calle y llegar a las periferias con el
anuncio del Evangelio.
Una Iglesia de diálogo entre la fe y la razón, la ciencia y las culturas
78. Otro aspecto esencial para evangelizar hoy es el diálogo entre la fe
y la razón, las ciencias, las culturas, y entre la fe que anunciamos y
los múltiples sentidos que aportan los hombres contemporáneos,
ansiosos de un sentido unitario y pleno para sus vidas. La sabia

15 Cf. AG 22.
16 Cf. AG 6.
17 Documentos Misioneros de la Santa Sede: Apostolicam actuosidades (1965), Evangelii nuntiandi (1975),
Redemptoris Missio (1990), Cooperatio missionalis (1998), Evangelii Gaudium (2013)

41
articulación entre el anuncio de Jesucristo y el diálogo con las culturas
es un don del Espíritu, constitutivo de la evangelización (DA, n. 237;
cfr. n. 465-466; 497,b). «Los discípulos, quienes por esencia somos
misioneros en virtud del Bautismo y la Confirmación, nos formamos
con un corazón universal, abierto a todas las culturas y a todas las
verdades, cultivando nuestra capacidad de contacto humano y de
diálogo» (DA, n. 377; cfr. n. 283; 363).
Misioneros e interlocutores con los otros
79. Nos corresponde, por tanto, «ser interlocutores» para el diálogo
evangelizador con la sociedad y sus culturas, que también nosotros
vivimos, y en las que estamos llamados a testimoniar a Cristo (Pablo
VI, Ecclesiam suam, n° 63). «Interlocutores» como los padres de la
Iglesia que llevaron adelante con lucidez el diálogo de fe con sus
contemporáneos en lenguajes y categorías de pensamiento que
entendieran, suscitando la pregunta por Dios y el sentido último de la
vida. «Interlocutores» que no tratan a los demás como un «objeto»
o «destinatario» del mensaje, sino que dialogan con ellos a partir de
sus propias búsquedas, como Pablo a los atenienses (Hech 17,23). Esta
evangelización considera la historia personal y social como «lugar
teológico» de la presencia y acción de Dios, y requiere de empatía,
de mirada cordial y conciencia crítica de las situaciones, sean las que
sean.
Protagonismo de los laicos en una comunidad misionera y ministerial
80. Si la Iglesia se entiende a sí misma como comunidad de discípulos
misioneros enviada a anunciar el Evangelio, la evangelización no
puede ser compromiso exclusivo del clero y de los consagrados
(DA, nº 209), los cuales ejercen su misión profética mediante su
ministerio y mediante su estado de vida de consagración plena a
Dios y a su Reino. Los laicos, por su parte, tanto en las diócesis, como
en las parroquias y comunidades no son destinatarios de la acción
misionera de los que han recibido el sacramento del Orden, sino que
por ser bautizados y confirmados les corresponde en propiedad la
misión de la Iglesia que extiende la misión de Cristo. A los laicos, por
tanto, les incumbe la misión de la Iglesia insertos en las complejas
y variables realidades tanto del ámbito doméstico (familia, trabajo,
vecindarios) como de los ámbitos social, económico y político, donde
se toman las decisiones de la vida ciudadana y del bien común (DA,
n. 501-508). La labor evangelizadora como el ámbito donde se realiza

42
requiere de laicos con sólida formación doctrinal, pastoral, espiritual
y misionera.
Protagonismo corresponsable de las mujeres en las decisiones,
actividades y ministerios evangelizadores.
81. Además de contar con la confianza de sus pastores, los laicos deben
tener la autonomía necesaria, los ministerios y encargos que les
permitan vivir, insertos en mundo, sus compromisos de discípulos
misioneros de manera responsable (DA, nº 211). Particularmente las
mujeres no pueden seguir ocupando un segundo o tercer lugar en la
Iglesia (DA, nº 213), sino que por identidad y misión deben tener parte
activa en las decisiones, elaboración y ejecución de la evangelización.
Abrir estos espacios eclesiales no es un favor que se concede, sino
exigencia de su identidad de laicas bautizadas. Sin un laicado formado,
partícipe de la ministerialidad y carismas de la Iglesia para poder actuar
«como verdadero sujeto eclesial y competente interlocutor entre
la Iglesia y la sociedad, y la sociedad y la Iglesia» no será posible una
nueva evangelización (DA, n. 497a).

43
VII. PROPUESTAS CONCLUSIVAS
DE CONVERSIÓN MISIONERA
PARA LA MISIÓN AD GENTES
EN AMÉRICA Y DESDE AMÉRICA

1º LA MISIÓN AD GENTES EN Y DESDE AMÉRICA


Jesucristo, el Enviado del Padre en el Espíritu
82. El autor de la Carta a los Hebreos nos invita a tener fija la mirada en
Cristo Jesús (cfr Heb 12, 2). Es lo que queremos hacer para introducir
nuestras reflexiones acerca de la “Misión ad gentes en y desde
América”. El amor de Dios Trinidad se ha hecho envío en Jesús. Y lo
que marcó constantemente la autoconciencia de Jesús y su actuar
ha sido precisamente el hecho fundamental de “sentirse enviado”.
Sólo en el cuarto Evangelio, este título (Enviado), de forma directa o
indirecta aparece unas cuarenta veces. Es el título que más expresa
su conciencia. Cuando, sirviéndose del texto de Isaías 61, 1ss, Jesús
se autopresenta en la sinagoga de Nazaret, afirma que el Espíritu del
Señor lo ha enviado a dar la buena noticia a los pobres (cfr Lc 4, 18).
Cristo se siente ante todo el Enviado por el Padre en el Espíritu para
realizar el proyecto salvífico madurado en el Corazón del Misterio
trinitario. Jesucristo todo lo vive y todo lo asume en función de lo que
Él es y se autopercibe, a saber, como el Enviado (Misionero). Jesús es
servidor del anuncio del misterio del amor infinito de Dios-Trinidad
“que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento
de la verdad” (1Tim 2, 4). La Misión es su suprema diaconía.
La Iglesia es Misión
83 Según el Evangelista San Juan, las últimas palabras de Jesús en la cruz
fueron: “Todo está cumplido” (Jn 19, 30). El plan salvífico de Dios ha
llegado así a su consumación en el Misterio Pascual de Pasión, Muerte
y Resurrección de Cristo. La acción misionera, como acción salvífica,
no comienza con la Iglesia, sino que propiamente la misma Iglesia nace
de la Misión y prolonga en el tiempo y en el espacio, en cuanto que
“Sacramento Universal de Salvación” (AG 5) la acción de Dios Trinidad.
La misión salvífica brota de la acción de Cristo y del Espíritu Santo
teniendo en el amor Fontal del Padre su origen primero (cfr AG 2). El

44
amor “hasta el extremo” que Cristo nos manifiesta, es el mismo amor
del Padre que lo ha enviado al mundo, por el impulso del Espíritu. La
misión no comienza con la Iglesia, sino que ésta, la Iglesia, se pone a
disposición de la Misión, constituida ella misma en misión ¡La Iglesia
es misión! La actividad misionera representa aún hoy día el mayor
desafío de la Iglesia y la causa misionera debe ser la primera pues la
salida misionera es el “paradigma de toda obra de la Iglesia” (EG 15).
La humanidad entera es el campo inmenso de la única misión global
84. Hay pues, estudiosos de misionología que consideran, debido
especialmente a los fenómenos complejos de la globalización y de
las migraciones, que no cabe ya distinguir las misiones dentro de la
única misión de la Iglesia. Ya no sería de ninguna utilidad tal distinción.
Como hay un único Dios que quiere la salvación de todos, así hay una
única Iglesia, servidora del Reino, sacramento universal de salvación,
cuya vida es misión. Ya no habría misiones extranjeras, ni países o
territorio de misión: la humanidad entera es el campo inmenso de la
única misión de la Iglesia. Es una misión global que nos lleva a afrontar
un sistema que mata con hambre, que mata con guerra, que mata al
planeta y nos mata dentro de él. Sin embargo, es un deber recordar
que, “sin la misión ad gentes, la propia dimensión de la Iglesia quedaría
privada de su significado fundamental y de su ejemplo de acción”, y
por eso, “es necesario evitar que (…) se vuelva una realidad diluida en
la misión global de todo el pueblo de Dios, quedando, de ese modo,
descuidada u olvidada” (RM 34).
La misión en América
85. En América conviene tener presente los que nos dicen nuestros
Pastores reunidos en Aparecida (2007) y lo que ya se había afirmado en
las anteriores asambleas de Puebla (1979) y de Santo Domingo (1992).
La situación es de extrema urgencia: la población latinoamericana
desde 1974 al 2004 ha aumentado sorprendentemente un 80%,
mientras que los presbíteros sólo un 40% y las religiosas un 10 %, sin
olvidar que los religiosos, presbíteros o hermanos, han disminuido un
26%... Muchos de estos religiosos llegaban de Europa y en los últimos
años no hay jóvenes misioneros que los sustituyan. Además, hay otra
realidad que nos cuestiona profunda y dolorosamente y que no nos
debe dejar indiferentes…Después de 500 años de presencia y de
evangelización de la Iglesia en América, desafortunadamente aún no
ha surgido una Iglesia de rostro Amerindio, con una jerarquía propia y
vida consagrada.

45
La vocación a la santidad en el compromiso misionero
86. Para madurar la vocación misionera ad gentes hay que entrar en la
lógica cristiana de lo más, de lo mejor, de lo máximo. Mediocridad
cristiana y compromiso misionero no son compatibles, como recuerda
el Papa Francisco en Gaudete et Exsultate: “Dios nos quiere santos
y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre,
aguada, licuada (1). “A cada uno de nosotros el Señor nos eligió para
que “fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor” (Ef 1, 4). Se
trata de un anhelo de santidad que está en imprescindible conexión
con el compromiso misionero”. Y añade: “la santidad es parresía: es
audacia, es empuje evangelizador que deja una marca en este mundo
[…] Audacia, entusiasmo, hablar con libertad, fervor apostólico, todo
esto se incluye en el vocablo parresía, palabra con que la Biblia expresa
también la libertad de una existencia que está abierta porque se
encuentra disponible para Dios y para los demás.
La misión desde América
87 Es sorprendente lo que afirma el Decreto ad gentes en un luminoso
texto de espiritualidad misionera: “En una vida realmente evangélica,
el misionero, con mucha paciencia, con longanimidad, con suavidad,
con caridad sincera, da testimonio del Señor, si es necesario, hasta
el derramamiento de la sangre. Pedirá a Dios fortaleza y valor para
conocer la abundancia del gozo que se encuentra en la experiencia
intensa de la tribulación” (AG 24, 2). En la medida en que en nuestro
continente tengamos cristianos que se abran valientemente a la
“seducción” de Cristo, crucificado y vivo, es decir, al fuerte atractivo
de la contemplación de su Rostro, se hará realidad lo que afirma el
documento de Puebla: “ha llegado la hora de intensificar los servicios
mutuos entre Iglesias particulares y de proyectarse más allá de nuestra
propia frontera ad gentes. Es verdad que nosotros mismos necesitamos
misioneros. Pero debemos dar desde nuestra pobreza. Por otra parte,
nuestras iglesias pueden ofrecer algo original e importante: su sentido
de la salvación y de la liberación, la riqueza de su religiosidad popular,
la floración de sus ministerios, su esperanza y la alegría de su fe” (DA
368).
La dulce y confortadora alegría de evangelizar
88. Los documentos de Santo Domingo (1992) y de Aparecida (2007)
reconocen que se ha ido difundiendo en nuestro continente una
mayor conciencia del compromiso misionero ad gentes, pero añaden

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que “es preciso que entremos en una nueva primavera de la misión
ad-inter gentes” (DA 379). “Recobremos pues el fervor espiritual.
Conservemos la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso
cuando hay que sembrar entre lágrimas. Hagámoslo –como Juan el
Bautista, como Pedro y Pablo, como los otros Apóstoles, como esa
multitud de admirables evangelizadores que se han sucedido a lo
largo de la historia de la Iglesia–con un ímpetu interior que nadie ni
nada sea capaz de extinguir. Sea ésta la mayor alegría de nuestras
vidas entregadas. Y ojalá que el mundo actual -que busca a veces
con angustia, a veces con esperanza- pueda así recibir el Evangelio
a través de ministros del Evangelio cuya vida irradia el fervor de
quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo y
aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el Reino de Dios y
de implantar la Iglesia en el mundo” (EN 80 y DA 552). Nos ayude la
compañía siempre cercana, llena de comprensión y ternura, de María
santísima. Ella, Estrella de la Evangelización, Reina de las Misiones,
Nuestra Señora de la Visitación, nos enseñe a salir de nosotros mismos
y a mantenernos fieles en el camino de la misión, el camino de amor,
de sacrificio y de alegre servicio.
2º PROPUESTAS DE CONVERSIÓN MISIONERA EN LA IGLESIA
AMERICANA
Educar en la alegría del Resucitado y de las Bienaventuranzas
89. Es preciso potenciar al máximo entre los servidores de la Palabra de
Dios, el conocimiento y la profundización en el misterio central de
la fe cristiana, que es el Misterio Pascual de la muerte y resurrección
de Jesús y compartir sistemáticamente con nuestro Pueblo la
preeminencia del mensaje de las Bienaventuranzas (IL 236-259), que
constituyen la verdadera antología del Evangelio y que resumen la
alegría de todo el mensaje cristiano y de los valores del Reino de Dios
y su justicia, fomentando la opción preferencial por los pobres y la
creación de espacios de atención a los que sufren y a los excluidos.
Salir a las periferias del mundo para ir al encuentro de los “otros”.
90. Es preciso fomentar espacios de diálogo y de alegría en nuestras
comunidades e ir a las periferias del dolor, de la marginación y de la
pobreza. Crear medios, métodos e instrumentos para ir a los alejados
de la fe y transmitirles la alegría del Evangelio con un corazón abierto
a la universalidad, especialmente en medio del sufrimiento. Avivar el
sentido ad gentes e ir con la alegría del Evangelio al encuentro de las

47
culturas y de la cultura, de la diversidad cultural de nuestros pueblos y
del crecimiento cultural de nuestras gentes, con una atención particular
al mundo indígena, a los sectores de población de los inmigrantes, de
todas las víctimas de la violencia y de la droga. Siempre con el método
específico y valores propios del Evangelio que impulsa el diálogo
fraternal, la escucha de los “otros”, de los diferentes y los que sufren,
hay que hacerse presente en los ambientes culturales y generadores
de cultura, en las universidades e instituciones educativas, así como en
los medios de comunicación y en las redes sociales de comunicación.
Fomentar el conocimiento de la Biblia y de los Evangelios
91. Vemos necesario intensificar el encuentro con la Palabra de Dios, a
través de la escucha atenta de sus diferentes voces, convencidos de
que “en este diálogo con Dios nos comprendemos a nosotros mismos
y encontramos respuesta a las cuestiones más profundas que anidan
en nuestro corazón” (VD 23). En este contexto de la Teología de la
Palabra, se propone promover la formación y capacitación, en orden a
un mayor conocimiento de la Biblia, especialmente de los evangelios,
como fuente de renovación cultural, de encuentro entre las culturas
y pueblos y como camino de paz entre las diferentes religiones. Para
esto creemos que es indispensable buscar un espacio público, abierto
y plural en las universidades y otros espacios educativos (IL 267-270).
Se propone, además, crear escuelas interparroquiales misioneras
para fomentar sistemáticamente el conocimiento, profundización
y difusión de la Biblia como Palabra viva y permanente de Dios que
regenera la vida. Creemos conveniente también intensificar, en los
intersticios de las catequesis sacramentales, así como en la Escuela
con Jesús propia de la Infancia y Adolescencia Misionera (IAM), el
encuentro con la Palabra, para que, creciendo en la fe, se intensifique
también el compromiso misionero ad gentes.
Promover las Comunidades de vida cristiana con dimensión
Misionera Ad Gentes
92. Se propone promover y apoyar al máximo las Comunidades de Vida
Misionera, desde las Comunidades Eclesiales de Base como desde otras
formas de vida comunitaria eclesial y de movimientos eclesiales, como
forma concreta de vivir la dimensión misionera de la Iglesia, inmersa
en el mundo y en las realidades humanas, sociales y políticas con el
método de la Revisión de Vida, con sus tres pasos fundamentales (Ver,
Juzgar, Actuar, Celebrar y Evaluar), como instrumento de análisis y de
transformación personal, eclesial y social desde la fuerza del Espíritu

48
(IL 274). Asimismo, se deben seguir fomentando las nuevas y múltiples
formas de cooperación misionera existentes en nuestros países. Se
trata de la participación de cada Iglesia local en la misión universal,
y de la fundamental solidaridad de cada comunidad con los otros
pueblos y con las otras Iglesias locales repartidas por todo el mundo.
Promover la comunión de bienes en la Iglesia y con los pobres del
mundo
93. Así como la Iglesia es misionera por naturaleza, también brota
ineludiblemente de esa naturaleza la caridad efectiva con el prójimo,
la compasión que comprende, asiste y promueve (EG 179). Asimismo,
es necesario crear, fomentar y desarrollar instituciones de caridad
(Caritas parroquiales, obras sociales…) en todas las comunidades
cristianas parroquiales y no parroquiales, con el fin de hacerse presente
desde la práctica de la caridad y de todas las obras de misericordia
de manera organizada y estructurada ante las necesidades materiales
y sociales de nuestra población, especialmente entre los más pobres
y necesitados, tanto de cerca como de lejos (IL 275). De este modo
se desarrolla la estructura fundamental de la Iglesia para gestionar la
comunión de bienes en la Iglesia y con los más pobres y necesitados.
Promover la Reconciliación en todos los ámbitos de la vida
94. La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo
el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado
a vivir según la vida buena del Evangelio (EG 114). En primer lugar,
hay que fomentar el sacramento del perdón y de la misericordia de
Dios, así como promover, cuidar y atender la Reconciliación en el
ámbito familiar, ecológica cuidando con responsabilidad nuestra casa
común, la “Hermana, Madre Tierra”, el diálogo entre las religiones, la
participación activa de los actores sociales y políticos para superar las
guerras, la conflictividad, la discriminación y construir la paz fruto de
la justicia. Sobre todo, se debe consolidar la opción por los pobres y
últimos como vía de Reconciliación.
Fomentar la conciencia de la misión profética y liberadora en todos
los ámbitos sociales
95. Hay que despertar y alimentar la conciencia de la misionariedad
de la Iglesia, cultivando la dinámica vocacional de la Iglesia y de
sus miembros en el servicio al mundo entero. Asimismo, hay que
elaborar desde conferencias episcopales un proyecto misionero, que

49
debe impregnar los planes pastorales y renovar nuestras estructuras
de evangelización, haciéndonos caminar hacia la misión ad gentes,
especialmente orientada a todos los ámbitos donde no se conoce
a Cristo o no se viven los valores del Evangelio, particularmente los
sectores de población dedicados a la gestión económica, empresarial,
social y política de nuestras sociedades. Y hay que hacer también un
esfuerzo intenso de conexión con la vida real de la gente, asumiendo
y promoviendo la Lectura Creyente de la Realidad como metodología
excelente del diálogo con el mundo y de la comunicación del
Evangelio, haciéndose presentes en los diversos ambientes con los
medios adecuados y saliendo a las periferias existenciales y geográficas
del mundo para ir al encuentro de los alejados (IL 290-95). Asimismo, se
apoya a las instituciones eclesiales, publicas y privadas, que trabajan en
la creación y desenvolvimiento del Observatorio Eclesial Americano
de los Derechos Humanos con el objetivo de realizar informes de
carácter profético acerca de las situaciones de exclusión, marginación,
opresión, injusticia, corrupción y extorsión de los derechos humanos,
sociales, políticos y económicos en todos los países de América.
Celebrar la fe y la fuerza evangelizadora de la Religiosidad Popular
96. La fuerza celebrativa de la fe inculturada de nuestros pueblos es
camino de evangelización en nuestra Iglesia motivo de esperanza,
manifestación clara y significativa de la rica diversidad de expresiones
de la Religiosidad popular de nuestras comunidades (devociones
marianas, procesiones, bailes y danzas, cantos a lo divino, fiestas
patronales y sus Santuarios...etc). Esto expresa el alma de nuestros
pueblos porque “refleja una sed de Dios que solamente los pobres
y los sencillos pueden conocer” (EN 48) y constituye así una manera
legítima de vivir la fe y una forma de ser misioneros; (Cf EG 122-
126). . Esta vivencia y expresión de la fe sencilla de nuestro pueblo,
purificada y evangelizada es cauce precioso de vida en Cristo y
camino de evangelización, que encuentra en la Eucaristía la cumbre
y fuente de nuestra vocación misionera, y en la celebración de los
demás sacramentos la santificación de la vida. Cuidar con sensibilidad
la celebración, el lenguaje y los signos permite llegar a la vida,
preocupaciones e inquietudes del hombre de hoy.
La evangelización de la familia como clave cristiana de la
transformación social y cultural
97. Trabajar en un diseño específico de atención a la institución de la
familia y a los problemas familiares desde la Iglesia. A imagen de la

50
familia trinitaria y de la familia de Nazaret las familias cristianas deben
ser comunidades domésticas de vida y de amor auténticamente
cristiano. Para ello es preciso trabajar en el campo educativo y
catequético en la formación de los jóvenes para que experimenten
la vivencia madura del amor como entrega total al otro. Es necesario
trabajar sistemáticamente en la atención eclesial desde las parroquias
a los problemas de las parejas, antes, en y después del matrimonio.
Es urgente consolidar el respeto a la dignidad de la persona en el
marco familiar para que ningún miembro de la familia sea maltratado,
particularmente las mujeres y los niños. Es también urgente educar en
el respeto a la vida como un don de Dios desde el primer momento
de la concepción hasta la muerte natural. Es apremiante asimismo
educar a los jóvenes desde las familias y desde las parroquias en el
sentido y en el valor cristiano de la sexualidad.
Promover y cuidar las vocaciones, a la vida sacerdotal y religiosa, en
favor a la misión ad Gentes
98. Es preciso promover y cuidar las vocaciones a la vida sacerdotal y
religiosa como formas de vida evangelizadora y profética en el mundo
actual, promoviendo y cultivando de manera especial las vocaciones
sacerdotales y consagradas misioneras que asuman con entusiasmo
el servicio evangelizador ad gentes. Para ello hay que replantear el
modelo de “formación” que se tiene y procurar un proceso formativo
basado en la experiencia de Dios, de contacto con la realidad y de
madurez humana y de fe. Es importante implementar la dimensión
misionera como línea transversal en la formación humana, espiritual
y teológica de los candidatos a la vida sacerdotal y consagrada, y
también colocar la asignatura de misionología en el pensum de
estudio de los seminarios e institutos de formación teológico pastoral.
Potenciar una Iglesia misionera más ministerial y laical
99. Potenciar el desarrollo de una “Iglesia en salida” que vaya rompiendo
los moldes de una Iglesia demasiado clerical y abra caminos firmes
y decididos hacia una Iglesia más Ministerial y con participación
laical que pone su mirada en Cristo y en los hermanos necesitados,
desorientados y en los no creyentes. Potenciar una Iglesia en la que
los laicos asuman su gran responsabilidad testimonial y misionera
orientada desde la alegría del Evangelio al servicio a los otros, a los
que sufren y a los pobres. Se deben proponer en serio formas de
liderazgo laical, vocaciones laicales misioneras (de varones y mujeres)
en la comunidad eclesial, con responsabilidades, funciones y autoridad

51
correspondiente, reconociendo su servicio a la evangelización como
una realidad viva.
Se plantea seguir reflexionando la propuesta de la creación de un
ministerio reconocido, laical y femenino, mediante el cual se reconoce
a la mujer su extraordinario servicio a la evangelización como una
realidad viva y se institucionaliza una participación estructurada en la
misionariedad de la Iglesia de nuestro tiempo
Mensaje final (Mons. Sergio Gualberti, Misa de Clausura V CAM)
100. En el marco del tema que ha inspirado nuestro Congreso: “La alegría
del Evangelio, corazón de la misión profética, fuente de reconciliación
y comunión”, hemos gozado de un tiempo privilegiado de reflexión,
de comunión y de compartir nuestras vivencias misioneras. Hemos
salido de nuestras casas, comunidades, países y de nosotros mismos,
respondiendo al llamado del Señor para subir juntos a la montaña de
la Casa del Señor, guiados por la luz que emana de su morada, como
nos dice Isaías: “vengan subamos al monte del Señor, a la casa de
Dios… vengan caminemos a la luz del Señor”.
· En la casa del monte hemos tenido la dicha de encontrar a Cristo,
de disfrutar de su luz espléndida, de gozar de su presencia y de
saborear lo hermoso y bello que es vivir como hermanos.
· Es la casa de la alegría del Evangelio donde el Señor con su
Palabra sacia nuestra sed de verdad, nos instruye en sus caminos
de justicia y paz.
· Subir juntos a la montaña de la libertad, de la esperanza y de la
democracia participativa y real, versus los populismos caudillistas
y totalitarios, que mantienen a la población en una situación de
postración, de opresión y de muerte
· Subir a la montaña de la solidaridad, de la justicia y de la vida
digna de todo hijo de Dios para vencer a la pobreza que todavía
mantiene en condiciones infrahumanas a una cantidad demasiado
grande de hermanos y hermanas en nuestro Continente.
· Subir a la montaña de la fraternidad e igualdad caminando
junto a tantos emigrantes que buscan una patria que garantice
condiciones de vida digna para ellos y sus familias y que en
cambio se chocan en contra de los muros de la xenofobia y de

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la vergüenza. Muros que separan los niños de sus padres y que
discriminan por los orígenes y condiciones personales y sociales
· Subir a la montaña de la paz, para contrarrestar a los gastos del
armamentismo en nuestros países quitando recursos para crear
fuentes de trabajo, para vencer a la pobreza e implementar
políticas sociales al servicio de todos, en especial de los últimos y
marginados.
· Subir a la montaña del amor y de la unión acompañando a las
familias a instalarse en la casa del Señor, como iglesias domésticas,
como hogares cimentados sobre la fe, el amor, la comunión, la
reconciliación, el perdón y como sagrarios de la vida y escuelas de
humanización.
· Subir a la montaña de la luz y de la verdad, desenmascarando
las mentiras y falacias de la cultura individualista y relativista que
subyace a la sociedad consumista
· Subir a la montaña de la comunión en nuestra Iglesia donde
todos pongamos nuestros carismas al servicio de la comunidad
y del Reino de Dios, donde los ministerios laicales, en particular
de las mujeres, sean reconocidos y encuentren el espacio que les
corresponde por el bautismo.
Hoy desde la montaña de la casa del Señor, Él nos envía a todos a anunciar la
alegría, la esencialidad y radicalidad del Evangelio: “Así como tú me enviaste al
mundo, yo también los envío al mundo”, para que “por toda la tierra se extienda
su voz y sus palabras lleguen hasta los confines del mundo”. Acojamos con
entusiasmo y alegría el reto que el Señor nos hace a todos y cada uno, de ser
profetas de su palabra de vida, de justicia y de amor, sin dejarnos acobardar por
nuestras debilidades, dificultades e incomprensiones y así experimentar cuán
hermosos son los pies de los que anuncian el Evangelio en nuestra América y
más allá de nuestro Continente.

53
CONFERENCIA EPISCOPAL BOLIVIANA · OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS – BOLIVIA
La Paz – Calle Potosí, nro. 814. Casilla 11932 – Tel. y Fax 2406817
E-mail: [email protected] www.boliviamisionera.com

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