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Transformaciones de la Ciudad Contemporánea

La ciudad contemporánea experimentó cambios radicales durante el siglo XIX debido a la revolución industrial y el capitalismo. Esto llevó al crecimiento de las ciudades y la concentración de la industria, la fuerza laboral y el mercado en los centros urbanos. Sin embargo, la falta de planificación urbana creó problemas sociales como la marginalización de los pobres en barrios periféricos sin servicios. Más adelante, los gobiernos comenzaron a planificar el desarrollo de las ciudades para mejorar la infraestruct

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Transformaciones de la Ciudad Contemporánea

La ciudad contemporánea experimentó cambios radicales durante el siglo XIX debido a la revolución industrial y el capitalismo. Esto llevó al crecimiento de las ciudades y la concentración de la industria, la fuerza laboral y el mercado en los centros urbanos. Sin embargo, la falta de planificación urbana creó problemas sociales como la marginalización de los pobres en barrios periféricos sin servicios. Más adelante, los gobiernos comenzaron a planificar el desarrollo de las ciudades para mejorar la infraestruct

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Ciudad contemporánea

Durante el siglo XIX cambia radicalmente la sociedad, la economía y, por lo tanto, el concepto
de ciudad.
Aparece el capitalismo industrial y la creación de una nueva sociedad, la de clases, con
la burguesía dominadora del poder político; desde la Revolución francesa y las revoluciones
burguesas del 38, 48 y 68, y con el proletariado cada vez más explotado y con unas
condiciones de vida miserables. La burguesía es la ostentadora del poder económico, y pronto
lo será del político. Su concepto de propiedad es diferente al que había en la Edad Moderna:
es la propiedad absoluta, libre de servidumbres y que se pueda comprar y vender. Uno de los
hechos más trascendentales para la construcción de la nueva ciudad es la desamortización,
que pone en el mercado mucho suelo urbano y posibilita la especulación por parte de la
burguesía, cosa totalmente aceptada en la época.
Durante el siglo XIX la ciudad cambia radicalmente, se hace industrial y burguesa; y crece
hasta dimensiones insospechadas, gracias al transporte. La ciudad contemporánea gravita
sobre dos ideas básicas: la concentración del mercado en torno a la creación de un centro
urbano y la reunión de la fuerza de trabajo y los consumidores.
El prototipo de ciudad es París, y la reforma de Haussmann (ministro de Napoleón III) el
modelo de actuación en todo el mundo. Haussmann propone una ciudad ordenada, en la que
estén presentes los supuestos higienistas de los ilustrados: alcantarillas, iluminación, calles
anchas y arboladas, etc. Pero, además, esta ciudad está construida con criterios policiales, ya
que se propone un plano urbano; bien sea este radial, ortogonal, o cualquier otro; que permite
la represión de las manifestaciones revolucionarias. Sin embargo, lo importante del modelo de
Haussmann no es esto, sino el hecho de que somete a la ciudad antigua a toda
una operación de cirugía urbana, tirando lo viejo para construir lo nuevo, y todo ello
financiado por los poderes públicos.
El primer hecho significativo es la reforma interior, la creación del centro urbano. En España la
reforma interior engarza con el ensanche.
Alrededor del centro urbano y en torno al ferrocarril aparece la industria urbana, que
caracteriza a la ciudad del siglo XIX. Pero las necesidades de espacio y los problemas de la
contaminación terminan por expulsar esta actividad de las urbes, en favor de la función
residencial y terciaria. La industria se instala en el extrarradio, cada vez más lejano del centro,
a medida que crece la ciudad.
Los altos precios de las parcelas tras los planes de reforma interior y ensanche suponen que
el proletariado no puede acceder a estas viviendas, por lo que aparecen dos tipos de vivienda
marginal: las barriadas del extrarradio, parcelaciones ilegales, sin un proyecto conjunto y que
dan al plano un aspecto irregular, a pesar de su regularidad interna; y los corrales o casas de
vecinos, en los cascos antiguos de las ciudades y en el ensanche. Estos corrales se suelen
encontrar en el interior de las manzanas o en los edificios abandonados por la burguesía, que
progresivamente se van deteriorando. Las parcelaciones ilegales carecerán de infraestructura
sanitaria, ya que el Ayuntamiento no las reconocerá.
Los altos precios hacen caro el suelo incluso para la burguesía, por lo que los planes iniciales
casi nunca se cumplen. Las parcelas se dividen, creándose calles nuevas, porque son muy
caras para un solo promotor. Las casas que se construyen tienen más pisos de los previstos y
menos espacio verde, todo para rentabilizar del suelo.
Con el tiempo, la burguesía fue trasladándose al ensanche y el casco antiguo se fue
degradando socialmente hasta que recientemente el interés por conservar los testimonios del
pasado y su nueva función, como lugar de ocio y turismo, lo ha revitalizado, para lo que está
siendo necesario expulsar de allí a las clases marginadas.
La nueva economía capitalista industrial creará una ciudad que acoja el mercado
concentrado, pero también al proletariado que trabaja en las fábricas, por eso, en todos los
países del mundo, en algún momento, hay un éxodo rural, el abandono del campo y la
emigración a la ciudad, donde está la industria. Esta concentración de la mano de obra no
sólo pretende tener la fuerza de trabajo agrupada y cerca, sino también desvinculada del
medio rural, al que podrían volver en caso de crisis. De esta manera la burguesía se asegura
que la fuerza de trabajo depende de ella para sobrevivir, y de paso que tiene dedicación
exclusiva, por lo que no hay escasez de mano de obra en las épocas agrícolamente activas.
Son, además, los consumidores.
Con la explosión demográfica y la urbanización de la sociedad industrial, las ciudades crecen.
El transporte urbano es el que posibilita el crecimiento de las ciudades en superficie, hasta
límites insospechados poco antes, y sin grandes trastornos de tiempo. El tranvía es el símbolo
de la ciudad decimonónica y el coche privado el de la ciudad de nuestro tiempo.
En el siglo XIX no se crean ciudades de nueva planta, pero sí se construye la nueva urbe
con arreglo a un plan. Ese proyecto dibuja distintos planos, con distintos objetivos, dentro de
cada ciudad. Hoy en día nos podemos encontrar, en todas las ciudades, distintos tipos de
plano según la época en la que fueron reformadas: desde el irregular de la ciudad antigua, al
plano radial, ortogonal o lineal. Sin embargo, esto no quiere decir que no hubiese propuestas
de ciudades ideales. Todos los socialistas utópicos tienen un modelo urbano, muy similar,
pequeñas comunidades de unos 1500 habitantes que se abastecían de todo lo necesario.
En los años 20 surge un nuevo modelo de ciudad: se abren las calles para los coches y se
jerarquiza la red viaria; se crean las infraestructuras que llevarán el agua y la electricidad a las
casas, se recogen las basuras, etc., y aparece un nuevo tipo de edificio que condicionará el
paisaje urbano; el rascacielos y los edificios de varios pisos. Los edificios de varios pisos
permitirán el uso de los bajos para mercado y el resto del edificio para vivienda.
Tras la generalización del coche privado, la ciudad ha de adaptar su infraestructura para su
uso: se asfaltan las calles, se crean las aceras y se ponen las señales de tráfico,
especialmente el semáforo. Todos ellos son elementos presentes en nuestras ciudades
actuales. La ciudad tradicional no está preparada para este tráfico y presenta problemas
de congestión. Los atascos son frecuentes por lo que en todas partes han sido necesarias las
carreteras de circunvalación, la construcción de vías rápidas y la peatonalización de la ciudad
más antigua.
El crecimiento urbano ha supuesto la colmatación de la ciudad y la creación de barrios social
y funcionalmente diferenciados. En ellas aparecen distritos especializados en
determinadas funciones: negocios, residencia, ocio, turismo, etc.
Durante los años 60 el crecimiento demográfico fue, en España, más rápido que la
construcción de viviendas. Esto ha pasado en todos los países en algún momento. El precio
de las viviendas aumentó y las clases más humildes no pudieron acceder a ellas. Aparecen
así los barrios de chabolas y casas de autoconstrucción en las periferias de las ciudades. Son
suburbios socialmente marginados sin infraestructura sanitaria; lo que les convierte en
permanentes focos de infección, en los que la marginación es caldo de cultivo de la
delincuencia. Este proceso continúa en las ciudades del Tercer Mundo.
La ciudad actual necesita de una gran infraestructura que debe situarse en las afueras, desde
hospitales y cementerios a vertederos, rondas de circulación, depósitos de agua,
transformadores eléctricos, etc. La ciudad debe dotarse también de pavimento asfaltado,
modernamente de calles peatonales, alumbrado, estaciones de transporte y taxi, mobiliario
urbano, recogida de basuras y toda una infraestructura sin la cual sería imposible su
funcionamiento.
Tras la segunda guerra mundial los poderes públicos de todo el mundo toman las riendas de
la planificación eficaz de la ciudad, aunque en muchos casos se salten sus propias normas.
La ciudad se fue equipando, e incorporó a su entorno las barriadas marginales y del
extrarradio. Se construirán viviendas obreras dignas y también para las clases marginales, con
el fin de erradicar el chabolismo. En la actualidad, se intentan conservar los edificios más
antiguos de la ciudad, pero la renovación del caserío ha sido tan intensa que apenas quedan
edificios anteriores al siglo XIX.
El caserío de la ciudad actual es marcadamente diferente al de la tradicional. En su
concepción han tenido una influencia decisiva los argumentos de la arquitectura racionalista.
Pero no es el modelo de Le Corbusier el que triunfa (edificios de viviendas en altura rodeados
de campo) sino su técnica de construcción. La arquitectura racionalista permite optimizar el
precio del suelo, permitiendo construir varias viviendas en altura, y que los bajos de los
edificios puedan ser utilizados para diversos negocios, tiendas, oficinas, etc. En estos edificios
el ascensor es un elemento esencial. Será en Chicago donde se cree este modelo de ciudad,
donde se pongan los primeros ascensores, donde los bajos se reserven para los negocios y
donde se construyan los primeros grandes almacenes, otra de las señas de identidad de la
ciudad actual. Este modelo es el que ha permitido el aumento de la densidad humana en las
urbes, y el crecimiento en altura del paisaje urbano. Además, el equipamiento de la casa ha
cambiado extraordinariamente, gracias al alto consumo de energía y el abaratamiento de los
electrodomésticos: luz eléctrica, televisión, teléfono, frigorífico, lavadora, lavaplatos,
microondas, ordenador, etc.
Las ciudades actuales han crecido enormemente, hasta el punto de haber absorbido pueblos y
ciudades vecinas. La aparición de las conurbaciones y las megalópolis es uno de los
fenómenos urbanos más dinámicos de nuestro tiempo. Existen regiones en las que el continuo
urbano entre ciudades es la tónica general, como Tokio-Yokohama, Liverpool-
Manchester, Washington, DC-Boston, la región del Ruhr, etc.
Desde hace algún tiempo en todas las ciudades se observan fenómenos de rururbanización,
que en las ciudades más grandes alcanzan el isócrono de 30 minutos, he incluso más.
Aparecen así viviendas unifamiliares en el entorno rural habitadas por gente que viven de la
ciudad conviviendo con gente que vive en y del campo.
Historia de las ciudades
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ciudades}} ~~~~

La ciudad no es sólo un objeto de estudio importante de las ciencias sociales, sino, un


problema que ha ocupado y preocupado a los hombres desde que éstos decidieron asentarse
formando agrupamientos estables. Es obvio que los asentamientos humanos, aún en sus
formas más simples, requieren de un mínimo de acuerdos sociales para asegurar el equilibrio
del grupo, y que de la fragilidad o solidez de dichos acuerdos depende fundamentalmente la
estabilidad necesaria para la convivencia adecuada. Por ello, la ciudad debe entenderse como
un fenómeno vivo y permanente, íntimamente ligado a la cultura con la que comparte la
característica de la complejidad, lo que invita a acometer su estudio desde múltiples puntos de
vista. Se han ocupado de ella, entre otras disciplinas, la historia, la filosofía, la geografía,
la psicología, el arte, la arquitectura, la sociología, la política, la literatura, la antropología y
el derecho, entre otras disciplinas.
Son numerosas las definiciones que se han formulado sobre la ciudad a lo largo de la Historia,
dependiendo del elemento constitutivo sobre el que se fijara la atención. Unos autores han
destacado el elemento material (la pavimentación, el cierre amurallado, los equipamientos),
mientras que otros han atendido a las relaciones sociales o a visiones utópico-filosóficas del
fenómeno urbano.
Con carácter general, los estudiosos han venido distinguiendo las ciudades según dos
criterios: las épocas en las que se han consolidado (criterio histórico) y el tipo de cultura en
que éstas se han desarrollado (criterio antropológico). Desde estas perspectivas se suele
distinguir entre la ciudad antigua, la ciudad medieval, la ciudad barroca o, la ciudad
precolombina, la ciudad islámica, la ciudad anglosajona, la ciudad mediterránea... Haciendo
un compendio de las distintas clasificaciones que aparecen en la literatura urbanística,
podemos establecer la siguiente clasificación:

Índice
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 1La ciudad en el mundo antiguo


o 1.1Sumeria
o 1.2Mesopotamia
o 1.3Egipto
o 1.4Grecia
o 1.5La ciudad romana
o 1.6Antigüedad Tardía
 2La ciudad en la Edad Media
o 2.1La ciudad en la Europa cristiana medieval
o 2.2La ciudad islámica
 3La ciudad en la Edad Moderna
o 3.1La ciudad renacentista
o 3.2La ciudad barroca
o 3.3La ciudad industrial
o 3.4Las teorías utopistas
 4La ciudad contemporánea
 5Véase también
 6Bibliografía adicional
 7Enlaces externos

La ciudad en el mundo antiguo[editar]


Las ciudades del mundo antiguo respondían a una concepción simbólica del espacio, propia
del pensamiento mágico y del pensamiento religioso. El ordenamiento del espacio debía ser
coherente con la cosmología y la orientación astrológica de cada cultura.
Primeras ciudades:

 Jericó
 Mohenjo Daro
 'Ain Ghazal
Sumeria[editar]
Se trata de “ciudades-estado”, regidas por valores de tipo religioso y militar, donde se aprecia
un orden arquitectónico geométrico y una diferenciación por barrios. En estas ciudades
destacaban los grandes templos y palacios orientados hacia la salida del sol.
Ciudades Sumerias, Babilonias y Asirias:

 Ur
 Uruk
 Babilonia
 Assur
 Isín
 Larsa
 Nínive
Mesopotamia[editar]
Las ciudades son pequeñas y amuralladas, tenían un trazado irregular el cual se fue haciendo
reticular con el pasar del tiempo, se construían alrededor del templo, las casas tenían un patio
y alrededor de éste se localizaban las habitaciones, eran casas muy cerradas debido al clima
y a la defensa. Las construcciones son de barro cocido y adobe, por lo que quedan pocos
restos.
Ciudades de Mesopotamia:

 Ur
 Lagaš
 Mari
 Ešnunna
 Eriduh
 Nippur
 Umma
 Uruk
Egipto[editar]
En Egipto, el espacio urbano se estructuraba teniendo en cuenta la orientación de los puntos
cardinales en dos ejes, Norte-Sur (paralelo al Nilo) y Este-Oeste (el trayecto solar). La ciudad
egipcia plantea una organización espacial con arreglo a un orden jerárquico, situando en el
centro urbano los templos y palacios. Las calles y los barrios se disponen dentro de una red
octogonal donde el agua adquiere un especial protagonismo dentro de la escena urbana.
Al Este del Nilo la ciudad presentaba su mayor actividad. Los egipcios interpretaban, en su
cosmovisión, el trayecto del sol como una metáfora del ciclo de la vida. El amanecer, y toda la
tierra al Este del Nilo representan al nacimiento, a la vida. El atardecer, y las tierras al Oeste
del río, al ocaso de la vida, la muerte. La necrópolis, las pirámides, el valle de los reyes, todos
se encuentran al Oeste.
Ciudades del Antiguo Egipto:

 menfis
 Tebas
 Heracleópolis
 Tanisol
 Hieracómpolis
 Alejandría
Grecia[editar]
En la antigua Grecia, la cultura se decanta por el pensamiento racional, por la autonomía
racional del hombre. Para los sofistas como Protágoras, el hombre es la medida de todas las
cosas, por tanto, la ciudad debe de estar también a la medida del hombre.
El racionalismo impregna tanto al pensamiento político griego como al filosófico que, en
cuanto tal, se inicia en ese momento. El inicio del pensamiento urbano se suele situar por los
estudiosos en las ciudades ideales de Platón y Aristóteles. La ciudad es, para Platón, un
espacio para la vida social y la vida espiritual y debe estar encaminada a elevar a los hombres
a la virtud. Platón diseña hasta tres modelos de ciudades teóricas o ciudades ideales, siendo
su característica común la planta circular que muchos autores atribuyen a influencias indoarias
en el pensamiento platónico; en concreto, al símbolo mandálico del círculo utilizado por
la mitología hindú para expresar la forma del macrocosmos y del microcosmos.
Aristóteles acentúa el carácter político de la ciudad y la define como un conjunto de
ciudadanos, de manera que la ciudad no es, en realidad, un espacio físico determinado, sino
un conjunto de hombres libres ejerciendo en común sus libertades públicas, siendo el espacio
un aspecto secundario. Esta visión política de la ciudad que refleja Platón en su
famosa República, responde al modelo de la polis griega (ciudad estado), donde el ágora es el
elemento fundamental, el espacio donde los ciudadanos ejercen sus libertades públicas. El
ágora se sitúa en la ciudad aristotélica dentro de un recinto circular, es decir, con forma de
mándala hindú como en la ciudad platónica, donde los elementos defensivos definen la
separación entre vida de la polis y el exterior.
Junto al ágora, destacan en la ciudad griega la relevancia de sus templos, palacios, museos,
gimnasios, teatros, parques urbanos, bibliotecas. Todo ello constituye un conjunto armónico
que responde a la geometría espacial de la época. Otro elemento importante que aparece en
el urbanismo griego es la vía monumental o vía principal de la ciudad, sobre la que se alinean
las edificaciones más importantes.
Ciudades griegas:

 Atenas
 Esparta
 Corinto
 Tebas
 Mileto
 Éfeso
 Argos
 Siracusa
 Massalia
 Cirene
La ciudad romana[editar]
Las ciudades romanas fueron herederas del urbanismo griego; de sus criterios de
racionalidad, funcionalidad, armonía y orden. Recogieron también la tendencia griega al
cercamiento de los espacios y el valor de la perspectiva o visión de conjunto. En la ciudad
romana destaca en primer lugar el foro, después los templos y palacios, las termas,
los anfiteatros y los circos, así como el arte urbano, que es en Roma más psicológico y
extrovertido que el griego, más estético e interiorista. Pero la aportación romana más original
se halla en los campamentos militares, como corresponde al sentido práctico de esta
civilización. Hay que distinguir entonces entre la ciudad de Roma propiamente dicha y las
ciudades incorporadas al imperio romano, es para estas ciudades que el plan castrense
desarrolla una estructura urbana, especialmente pensada para controlar militarmente la ciudad
tomada. Estas ciudades sometidas al yugo romano deberán ceder su propia tradición urbana a
las condicionantes impuestas por el urbanismo romano, donde se encuentra de forma
característica el desarrollo de las dos calles principales, ortogonales con orientación este-
oeste (decumano) y norte-sur (cardo) permitiendo el desarrollo del Foro como ensanchamiento
del punto de cruce de ambas calles. Estas ciudades se amurallaban y las dos calles en cruz
remataban sus extremos exteriores en cuatro puertas de entrada y control a la ciudad. Otro
elemento importante en el desarrollo de la ciudad lo constituye el Acueducto, pieza de
ingeniería hidraúlica que confiere a cada ciudad un desarrollo particular en su morfología y
paisaje dependiendo de su acceso, recorrido, necesidades de altura, así como del desarrollo
de las pilas o bancos de agua limpia que se repartían por la ciuadad para proveer del líquido a
la población.
Ciudades Romanas:

 Roma
 Tarraco
 Augusta Emerita
 Cartago_Nova
 Vindobona
 Sarmizegetusa
 Londinium
 Mediolanum
 Constantinopla
 Narbona
Antigüedad Tardía[editar]
La crisis del siglo III es el inicio de la decadencia de la ciudad clásica, en la mitad occidental
del Imperio. Las sucesivas invasiones, que se convirtieron en un fenómeno de larga
duración hasta el siglo VIII, obligaron a costosas inversiones defensivas, visibles en el
amurallamiento (un buen ejemplo son las murallas de Lugo). Junto con otros cambios sociales
y políticos internos del Bajo Imperio Romano (rebeliones como las bagaudas), la ciudad
decayó en importancia: las élites urbanas procuraron eludir el aumento de la presión fiscal y
optaron por la ruralización. Instituciones que constituían el corazón de la vida urbana como
los collegia de oficios (similares a gremios) y las autoridades públicas (ediles), sometidos al
principio hereditario forzoso para controlar la recaudación de impuestos, son vistos ya no
como un honor ventajoso, sino como una carga.
Es el momento en que las villae del campo se hacen más lujosas, y se orientan a la
autosuficiencia, lo que no hace sino romper los vínculos que conectaban el campo con la
ciudad y la red de ciudades con Roma. Las ciudades, con mucha menos población, ven
desaparecer las funciones lúdicas, sociales, políticas y religiosas de sus grandes hitos
urbanos (anfiteatros, termas, templos, basílicas), en beneficio de nuevas funciones religiosas
en torno a la imposición del cristianismo, nueva religión oficial a partir de Teodosio.
El obispo pasa a ser la principal autoridad urbana.
La desaparición del Imperio en el siglo V sólo reforzó una tendencia ya comenzada. La Alta
Edad Media en Europa occidental verá el establecimiento de los reinos germánicos. El Imperio
de Oriente o Bizantino, en cambio, mantuvo durante todo el periodo una vida urbana más
intensa, junto con las conexiones comerciales a larga distancia y una autoridad central.
La arqueología ha venido a matizar la dimensión real de la decadencia de la vida urbana, que
las fuentes escritas muestran en todo este periodo con caracteres catastrofistas; demostrando,
para el caso de Hispania tardorromana y visigoda, la continuidad de la población de la mayor
parte de los núcleos urbanos, con episodios a veces momentáneos de destrucción o
desplazamiento, pero también el esplendor relativo de alguna de ellas, o la creación de
nuevas en algún momento concreto (Recópolis); y la presencia de elementos de cultura
material que implican la existencia de comercio a larga distancia, al menos de productos de
lujo, entre Oriente y Occidente.

La ciudad en la Edad Media[editar]


La ciudad en la Europa cristiana medieval[editar]
Artículo principal: Urbanística medieval

Casco medieval de Lübeck.

Toda la cultura europea durante la Edad Media tiene un acusado carácter agrícola. La ciudad
medieval es una ciudad amurallada que aparece como lugar cerrado dentro del paisaje
agrícola y forestal, sirviendo de fortaleza defensiva y refugio de los habitantes y campesinos
del entorno, a la vez que constituye el mercado del área de influencia.
Durante la Alta Edad Media, caracterizada por las sucesivas oleadas de invasiones que se
sucedieron hasta el siglo X (germanos, musulmanes, vikingos, húngaros), continuó el proceso
de ruralización, que se remonta a la crisis del siglo III y se impone el feudalismo. La principal
autoridad en las decaídas ciudades romanas fue la del obispo. En cambio, en la
Europa bárbara, a la que no llegó el Imperio Romano, tiene lugar en estos siglos una lenta
extensión de las formas propias de la civilización romana-cristiana, y el surgimiento de nuevas
ciudades.
En el burgo surgen actividades distintas a las agrícolas, florece una economía monetaria y la
especialización de los trabajos (gremios). La ciudad es ahora un marco heterogéneo donde el
hombre rural se libera de su dependencia ancestral (servidumbre feudal), gracias al anonimato
(Stadtluft macht frei -el aire de la ciudad te hace libre-) y a las posibilidades que ofrece la
ciudad como centro de producción de los distintos saberes de la época.
Las universidades juegan a partir de los siglos XII y XIII un papel destacado en el desarrollo de
la cultura que se refleja en las ciudades, sobre todo en los conjuntos urbanos que aparecen
junto a ellas.
Las ciudades más prósperas de la Baja Edad Media debieron su desarrollo al comercio a larga
distancia, que reconstituyó sus rutas a partir de las Cruzadas y el avance de los reinos
cristianos frente a los musulmanes en la Reconquista española y el sur de Italia (normandos
en Sicilia). Eso permitió que ciudades-estado del norte de Italia
como Venecia, Pisa y Génova experimentaran un gran auge, y de forma similar otros puertos
del Mediterráneo Occidental como Nápoles, Barcelona, Valencia o Marsella.
Constantinopla siguió siendo la ciudad cristiana más poblada e importante, por delante de las
más modestas capitales occidentales, de las cuales las mayores eran Roma y París. En el
norte de Europa se desarrollaron las ciudades hanseáticas del Báltico y el Mar del
Norte (Hamburgo, Lübeck) que llegaban en su influencia hasta el sur de Inglaterra (Londres) y
las ricas ciudades de Flandes (Brujas, Amberes); que a su vez se conectaban por
el Rin (Colonia, Basilea) y las ferias de Champaña con Milán y el resto de las ciudades
italianas.
El control del estrecho de Gibraltar permitió la ruta marítima que conectaba el núcleo italiano
con el flamenco a través de Sevilla, Lisboa y los puertos castellanos del cantábrico
(Santander, Laredo, Bilbao), conectados a través de Burgos al interior de la Meseta, donde se
abrieron rutas paralelas a las de la Mesta (Valladolid, Segovia, Toledo) y las ferias de Medina
del Campo.
La ciudad islámica[editar]
Como afirma Fernando Chueca Goitia, la ciudad islámica se caracteriza por su carácter
privado. Es una ciudad “secreta” que no se exhibe. Una ciudad con un marcado carácter
religioso, donde la casa es el elemento central y cuyo interior adquiere tintes de santuario. Las
calles de formas irregulares e intrincadas, parecen ocultar la ciudad al visitante. Algo muy
particular de la ciudad islámica es que la vida de sus habitantes, transcurre dentro de sus
casas.
Las ciudades islámicas suelen estar amuralladas y contienen un núcleo principal constituido
por la “Medina”, donde se sitúa la Mezquita mayor y las principales calles comerciales. A
continuación se hallan los barrios residenciales y por último los barrios del arrabal,
diferenciados por actividades gremiales. Otros elementos de interés de la ciudad islámica son
los baños, el zoco y los jardines palaciegos

Ciudades Islámicas Medievales:

 Córdoba
 Bagdad
 Damasco
 El Cairo
 Túnez
 La Meca
 Medina
 Granada
 Alejandría
 Ubbadat al-Arab

La ciudad en la Edad Moderna[editar]


La ciudad renacentista[editar]
Artículo principal: Urbanismo renacentista

Las concepciones aristotélicas y platónicas sobre la ciudad permanecerán en el pensamiento


urbanístico posterior. Así el auge del pensamiento racional durante el Renacimiento determinó
un resurgir de estas ideas. Se trata ahora de una ciudad señorial donde los hombres se
dedican a cultivar las artes y las letras, en la que vuelve a resurgir el ágora como centro
público donde compartir los conocimientos. Una ciudad donde el arte urbano adquiere un
protagonismo importante, cuyas calles invitan al paseo y a la conversación. Los mejores
ejemplos de este tipo de ciudades son Florencia y Venecia en Italia.

Buenos Aires en el s. XIX.

Estas ideas influirían notablemente en el urbanismo de los nuevos territorios americanos. En


efecto, la conquista de América, iniciada en el siglo XVI, permitió a los urbanistas llevar a la
práctica en un territorio virgen las ideas utópicas del modelo griego, construyendo ciudades
conforme al planteamiento aristotélico. conforme al modelo político de plaza mayor donde las
cabeceras eran ocupadas por la iglesia y el Ayuntamiento o concejo y en los laterales las
casas de la gente principal (cuando eran de nueva planta y no se asentaban sobre la
edificación prehispánica)
Ciudades Renacentistas:

 Venecia
 Florencia
 Roma
 Pisa
 Milán
 Nápoles
 Úbeda
 Baeza
La ciudad barroca[editar]
En el barroco se produce un cambio radical en el modo de entender la ciudad. El espíritu de la
“ciudad-estado” cerrada en sí misma que de un modo u otro había subyacido en la ciudad
medieval y en el Renacimiento, desaparece para dar paso a la ciudad capital del Estado. En
ella, el espacio simbólico se concibe subordinado al poder político, cuyo papel sobresaliente
tratará de destacar la arquitectura urbana mediante un nuevo planteamiento de perspectivas y
distribución de espacios. Los elementos formales cobran fuerza frente al carácter humanista
de la polis griega.
Ciudades Barrocas:

 Madrid
 Roma
 París
 Viena
 Valladolid
 Ciudad de México
 Lima
 Quito
 Ronda
La ciudad industrial[editar]
Ya en el siglo XIX, los llamados utopistas (Saint-Simón, Fourier, Godin), en cuyo pensamiento
subyacen los modelos utópicos de los griegos, intentarán llevar a la práctica sus
planteamientos ideales, en contraposición a los urbanistas más funcionales y operativos que
dieron lugar a la moderna disciplina urbanística.
A partir de la segunda mitad del siglo XIX, el funcionamiento del sistema económico mundial
experimenta una serie de cambios, cuya influencia se hará sentir sensiblemente en la nueva
imagen que adquirirán las ciudades europeas.
El proceso colonial y la consecuente apertura de nuevos mundos amplían la geografía
económica de Europa y hacen surgir un nuevo modo de entender la actividad empresarial.
Nacen ahora fenómenos de concentración industrial, que requieren de nuevas técnicas de
gestión empresarial tendentes a reducir gastos corrientes, todo ello en un marco productivo
mucho más amplio, basado en la obtención de nuevas fuentes de energía, el transporte, la
división del trabajo y la mecanización, donde las funciones directivas y el volumen de
actividades comerciales y financieras adquieren una enorme importancia.
Resulta ahora necesario poner al servicio de la producción nuevos medios tecnológicos,
nuevas condiciones de accesibilidad y, sobre todo, una nueva distribución del espacio. La
entrada en escena de la energía eléctrica favorece el surgimiento de las coronas periféricas de
las ciudades, cuyos suelos vacantes son ocupados por los nuevos asentamientos industriales
y laborales, dando lugar a una nueva concepción de separación espacial entre producción y
gestión.
La población urbana se distribuye formando arcos más o menos amplios en torno al núcleo
urbano, en un movimiento centrífugo. En el arco exterior se sitúan las crecientes masas
residenciales, constituidas por la nueva mano de obra inmigrante para la industria. Son los
“barrios obreros”, típicos de los extrarradios de las grandes ciudades, densamente poblados,
con escasos servicios y en general con pocas condiciones de habitabilidad. En estos barrios
se concentra la masa laboral, que comparte la periferia con las grandes e insalubres
instalaciones industriales.
En este modelo radial de ciudad, los espacios centrales van a alcanzar inusitados valores de
posición. En efecto, al mero aprovechamiento urbanístico del suelo, es decir, a la posibilidad
de construir o edificar en el mismo, se va a añadir ahora un nuevo valor: la renta inmobiliaria
asociada a la posición del suelo. Este valor añadido permitirá al capital asegurar la estabilidad
del beneficio a largo plazo.
Hasta la llegada de la Revolución industrial la intervención de los poderes públicos en el
campo urbanístico había sido muy limitada, en su mayor parte se trataba de medidas
orientadas a la sanidad y a la reglamentación de las edificaciones situadas en los conjuntos
monumentales o en áreas centrales de la ciudad. Ahora, el nuevo entramado de intereses
nacido al amparo del “desarrollismo industrial”, convertirá al urbanismo en una trama social y
política, donde los poderes públicos tendrán que intervenir para reducir las tensiones que se
generan en este campo cada vez más conflictivo.
Estos elementos fueron los que provocaron un cambio profundo en todo lo referente a
la morfología urbana de las principales ciudades, creando espacios completamente diferentes
y que llevaron en pocas décadas a la búsqueda de soluciones reformatorias en el marco de
las teorías políticas del utilitarismo, en especial en el Reino Unido, que proporcionarían una
preocupación cada vez más grande en la ordenación urbana de las ciudades, y en los efectos
a nivel sanitarios que estos grandes cambios.
Nacen así elementos indispensables en las grandes ciudades industriales: Un sistema
eliminación de las aguas negras, uno de distribución de agua potable, y otro de transportes
dentro una misma ciudad.
El agrupamiento de las fuerzas obreras, consecuencia de la propia concentración fabril,
favorece la conciencia de clase y la demanda social. Esta fuente de conflicto dentro de un
medio urbano creciendo sin control, pone en peligro el binomio empresa-territorio. Es
necesario, por lo tanto, recurrir a la intervención de entes administrativos públicos para
solucionar los nuevos problemas urbanos, mediante medidas de organización administrativa
del territorio.
Ciudades Industriales:

 Londres
 Nueva York
 Chicago
 Mánchester
 Lieja
 Erfurt
 Monterrey
 Dresde
Las teorías utopistas[editar]
Plano Piloto de Brasilia. La capital brasileña fue concebida para hacer realidad las teorías del urbanismo
utopista.

En 1898 Ebenezer Howard publica sus teorías acerca de la ciudad jardín, que influiría
poderosamente en el urbanismo de los Estados Unidos. El modelo que propone Howard
pretende aglutinar todas las ventajas del campo con las de la ciudad, evitando los
inconvenientes de ambos. Se trata de una ciudad en equilibrio, donde se compatibilizan
actividades agrarias e industriales en un medio ambiente cuidado que favorece el estudio
intelectual y la vida sana. Los principios colectivistas en los que se inspira, en la línea del
socialismo utópico imperante en aquellos años, se ven compensados en la ciudad jardín por la
preferencia hacia la vivienda unifamiliar propia de las capas medio-burguesas.
Las ideas de Howard nacen en un contexto donde la producción urbanística estaba ya muy
madura. En el Reino Unido habían visto la luz durante la segunda mitad del siglo
XIX movimientos a favor de los parques urbanos, se habían creado barriadas de iniciativa
pública, existía ya una prolija legislación en materia sanitaria y de reforma de la viviendas,
habiéndose establecido formas de control del crecimiento de las ciudades industriales, de la
calidad de los edificios, normas sobre estética, volúmenes, etc. De hecho, la propuesta de
Howard de fusionar la ciudad y el campo en una ciudad jardín tuvo una amplia acogida en las
clases medias burguesas, que vieron con satisfacción la aplicación de los ideales colectivistas
del socialismo reformista de la época, compatibilizadas con la defensa de la “privacidad”
materializada, como se ha indicado, en la vivienda unifamiliar. La ciudad jardín se plantea no
sólo como una inversión ventajosa en el plano social, sino también como un proyecto
financieramente rentable. Apoyada en el transporte que proporciona la accesibilidad, la ciudad
se asienta en terrenos agrícolas comprados a bajo precio. Las plusvalías que genera la
urbanización redundan directamente en el patrimonio de la comunidad, con objeto de que ésta
controle el destino de los beneficios inmobiliarios.
Otras aportaciones interesantes al urbanismo contemporáneo por parte del Reino Unido
fueron las ideas de Raymond Unwin sobre planificación periférica de las ciudades, que
intentan armonizar residencia unifamiliar y paisaje en un conjunto orgánico y naturalista.
También es significativa la aportación de Patrick Geddes, que traslada al campo del
urbanismo las teorías del evolucionismo biológico. Geddes entiende la ciudad como un
organismo en crecimiento permanente. Para este autor la ciudad tiene una “naturaleza”, un
“alma de la ciudad” al estilo de los naturalistas.
En España, donde la actividad urbanística ha sido mucho más escasa, irrumpe la figura
de Arturo Soria como caso aislado y excepcional. Este autor español planteó su idea
de ciudad lineal y dio lugar a la creación de un movimiento urbanístico de amplia influencia en
toda Europa. Dicho movimiento se aglutinó en torno a la Revista La Ciudad Lineal dirigida por
el propio Arturo Soria y cuya publicación se inició en 1897. La ciudad lineal puede crecer todo
lo que se quiera en sentido longitudinal, desde Cádiz a San Petersburgo, decía su autor, es la
anchura la que delimita el crecimiento, con el fin de asegurar una distancia adecuada y
constante desde cualquier punto de la franja, al eje dorsal de las comunicaciones.
En definitiva, es en el siglo XIX cuando el urbanismo se convierte no sólo en una corriente de
pensamiento científico, sino, y sobre todo, en una técnica para la distribución de los espacios
públicos y privados, y de los usos o actividades que pueden en ellos desarrollarse.
Obviamente, estas técnicas tenían que acabar teniendo un contenido jurídico para poder ser
impuestas, así que su evolución dio lugar al Derecho urbanístico actual, compuesto de normas
jurídicas y figuras de planeamiento que regulan el ejercicio del derecho de propiedad y
disciplinan la actividad urbanizadora y edificatoria sobre el suelo.
Ciudades Utopistas:

 Letchworth
 Weimar
 Ciudad Lineal

La ciudad contemporánea[editar]

Nueva York.

El vocablo ciudad viene del latín “civitas” y de la palabra “civis” (ciudadano), es decir, la ciudad
como ciudadanía. Este es el sentido de ciudad que, en el siglo XX recupera el
ensayista Ortega y Gasset, autor que ha tenido una notable influencia en la ciencia social
española. Ortega parte de la distinción entre ciudad y naturaleza de manera similar a los
clásicos griegos que distinguían entre la polis y el incivilizado mundo exterior, y pone el acento
en la ciudad política, donde el centro de gravedad se sitúa en la plaza, espacio público
característico de la ciudad mediterránea favorecedor de las relaciones sociales cuyo origen se
encuentra en el ágora griega.
En la actualidad, el término ciudad no está exento de polémica, siendo definido según la
disciplina o el autor que lo acometa. En su acepción vulgar, el término hace referencia a
aglomeraciones humanas que realizan actividades distintas de las agrarias. Aquí, la distinción
entre ciudad y campo, de amplia tradición en el pensamiento urbanístico, se establece en
función del tipo de actividades. Por un lado están las actividades relacionadas directamente
con la agricultura que se desarrolla en los núcleos rurales y, por otro, las actividades distintas
de las agrarias (industria, servicios, etc.) que tienen lugar en los núcleos urbanos donde las
relaciones humanas son más refinadas y complejas, y el aparato administrativo del Estado
está más cerca del ciudadano.
La Geografía humana, a la hora de estudiar el fenómeno urbano, pone de relieve aspectos
como la organización social, los índices de población, el tipo de cultura o la especialización
funcional. Por su parte, la Sociología, sin desdeñar estos elementos, centra el estudio de la
ciudad en el tipo de relaciones sociales que se desarrollan dentro del entorno urbano, los
estilos de vida que tienen lugar en este entorno y, en definitiva, en las causas que dan lugar a
las transformaciones o cambios sociales que se producen en el mundo urbano. Desde la
óptica de la Psicología y de la Antropología se atiende fundamentalmente a las conductas, a
las prácticas sociales y a las influencias del ambiente urbano en la vida psicológica de las
personas.
Hoy en día, hay autores que critican el discurso urbanístico construido durante los dos últimos
siglos, al que achacan una excesiva tecnificación y funcionalidad al servicio de la rentabilidad.
Ello es consecuencia, según esta corriente crítica, del aislamiento que la disciplina urbanística
ha tenido respecto de la política y del debate público. Para estos autores, las ideas utópicas
que impregnaron el pensamiento marxista en sus inicios, durante la Primera Internacional,
sustentadas fundamentalmente por los pensadores anarquistas como Bakunin o Proudhon, se
vieron relegadas al olvido debido a la escisión que tuvo lugar entre comunistas y anarquistas a
partir de la Segunda Internacional.

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