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Consejos Sobre Iglecrecimiento

El documento describe las ventajas del sistema de células o grupos familiares para las iglesias, incluyendo ayudar a cultivar una comunión estrecha, satisfacer las necesidades espirituales y físicas de los miembros, facilitar que los cristianos ejerzan sus dones, y contribuir significativamente al crecimiento de la iglesia. También analiza métodos productivos y obstáculos estructurales para la incorporación efectiva de nuevos creyentes a la vida de la iglesia.

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Consejos Sobre Iglecrecimiento

El documento describe las ventajas del sistema de células o grupos familiares para las iglesias, incluyendo ayudar a cultivar una comunión estrecha, satisfacer las necesidades espirituales y físicas de los miembros, facilitar que los cristianos ejerzan sus dones, y contribuir significativamente al crecimiento de la iglesia. También analiza métodos productivos y obstáculos estructurales para la incorporación efectiva de nuevos creyentes a la vida de la iglesia.

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X. VENTAJAS DEL SISTEMA DE CELULAS O GRUPOS FAMILIARES.

1. Ayuda a cultivar una comunión estrecha entre todos los miembros del
grupo. Es imposible que en una iglesia en pleno crecimiento se pueda conocer a
todos y menos tener comunión con todos, por eso se hace imprescindible la
creación de grupos pequeños.

2. Es eficaz para satisfacer las necesidades espirituales de edificación y


nutrición. En un culto no se tienen oportunidades de hacer preguntas y aclarar
cuestiones dudosas en cuanto a las Sagradas Escrituras, pero en un grupo
pequeño sí.

3. Es fundamental para satisfacer las necesidades físicas. No solamente


con la oración, sino también con la ayuda que se puede brindar a una familia
cuidando a los niños, ayudando en la limpieza de la casa, colaborando con
alimentos y de muchas otras formas.

4. Facilita el camino para que los cristianos ejerciten sus dones. No todos
pueden desarrollarse en algún ministerio de la iglesia, pero sí pueden crecer
ejercitando sus dones en el grupo familiar.

5. Provee lugares de reunión sin ningún costo para la iglesia. Los gastos de
construcción de una Planta Educacional son muy elevados y siempre resulta
insuficiente cuando la iglesia crece. Por medio de este sistema se puede disponer
de cientos de lugares de reunión, relativamente cómodos, sin ninguna erogación
de la tesorería.

6. Contribuye significativamente al crecimiento numérico de la iglesia. Hasta


el presente el sistema de células o grupos familiares ha sido el más efectivo para
el crecimiento y consolidación de la iglesia en todas partes del mundo.

7. Es la forma más efectiva de supervivencia en tiempos de persecución.

Existen unos 100.000.000 de cristianos ocultos en China. Trabajan de día y


su sistema de células comienza a operar generalmente después de medianoche.
La mayoría de las iglesias de China jamás han visto a un pastor o misionero, sin
embargo, en cada reunión asisten entre 50 y 500 personas para orar y leer la
Biblia, y el Espíritu Santo los bendice.

XI. OBJETIVOS.

1. Enseñar y edificar a la iglesia.

2. Evangelizar en forma permanente.

3. Atender en forma personalizada a cada miembro del grupo.

El líder debe estar atento a cada necesidad. Debe saber dónde vive cada
uno, saber donde trabaja y como se desenvuelve en su casa. Si se enferma debe
ser el primero en visitarlo y ayudarle en cualquier necesidad.

4. Formar nuevos líderes.

En todos los grupos hay líderes en potencia que no surgirán a menos que
se les dé una oportunidad. El encargado del grupo familiar debe orar al respecto y
estar atento para descubrir aquellos que pueden estar a cargo de una célula. Su
principal tarea será estar a su lado, dándoles al principio algunas tareas sencillas
para ver si es responsable o no. Debe apuntar más a la rectitud de su carácter,
que a su capacidad para hablar o aprender.

5. Multiplicar los grupos familiares y establecer nuevas iglesias.

I. METODOS CONTRAPRODUCENTES.

1. El proceso de manipular tiende a crear “desaparecidos”.

2. El proceso evangelístico que tiene como objetivo una “decisión” en lugar


de un “discípulo” tiende a producir “desaparecidos”.

3. Un proceso evangelístico que presenta el evangelio una vez y luego pide


una respuesta, tiende a crear “desaparecidos”.

4. Una evangelización sin relaciones con la iglesia local tiende a crear


“desaparecidos”

II. METODOS PRODUCTIVOS.


1. Proporción de amistad: 1 a 7.

Cada persona nueva debería estar en condiciones de identificar, al menos,


siete amigos dentro de la iglesia en los primeros seis meses. Si ellos no
desarrollan inmediatamente amistades genuinas en el pueblo de Cristo, puede
esperarse que vuelvan a sus viejas amistades.

El factor tiempo es también importante. Los primeros seis meses son


cruciales. Las personas nuevas que no se integran en el cuerpo dentro de este
período, casi con seguridad están yendo hacia la puerta de salida.

2. Proporción de tarea desempeñada: 60 a 100

En una iglesia deberían existir, por lo menos 60 roles o tareas a


desempeñar por cada 100 miembros que haya.

3. Proporción de grupos: 7 a 100

En cada iglesia deberían existir por lo menos 7 grupos en los cuales se


puede fomentar la amistad por cada 100 miembros.

4. Proporción de Grupo Nuevo: 1 a 5

De cada cinco grupos para relacionarse en la iglesia, por lo menos uno


debería haber comenzado en los últimos dos años.

Es importante la creación de nuevos grupos porque todos llegan a un punto


de saturación en algún momento entre los 9 y 18 meses de su creación. Cuando
ese grupo ha llegado a esta zona de saturación, en la mayoría de los casos deja
de crecer y ya no integra personas nuevas.

5. Proporción de miembros de comisiones: 1 a 5

Uno de cada 5 miembros de las comisiones debería ser un nuevo creyente.

Le pregunté al pastor de una antigua iglesia tradicional: ¿Cuántos años


como miembro de su iglesia necesitaría tener una persona para asumir una
función de gobierno de la iglesia? Él estudió mi pregunta por un momento y luego
me preguntó: “¿Usted se refiere a un miembro que asista regularmente, ofrende
con fidelidad y demuestre la vida cristiana?”

“Si” —le respondí yo.

“Bueno, —dijo él—, si es así podría ser reconocido para esa función después de
12 o 14 años de incorporado a la iglesia”.

Esta iglesia padecía de una enfermedad fulminante.

6. Proporción de líderes sostenidos: 1 a 150

Una iglesia debería tener una persona ocupada en tiempo completo cada
150 miembros.

7. Proporción de visitantes: 3 a 10

Tres de cada 10 personas que visitan la iglesia, deberían quedarse y pedir


sus membrecía allí.

En la típica iglesia que no crece, solamente un 10 % de los que la visitan


por primera vez se quedan en ella.”

Como podemos observar, a menos que tomemos en serio la incorporación


activa de los nuevos creyentes a la vida y misión de la iglesia, las pérdidas serán
enormes

B. OBSTACULOS ESTRUCTURALES.

1. Exclusividad.

Las estructuras internas normalmente se enfrían y solidifican con el tiempo.


El efecto para las iglesias es el erigir barreras invisibles, que hacen que las
personas nuevas se sientan excluidas, Los nuevos líderes, aunque se les dé
autoridad, con frecuencia se sienten excluidos y apartados de los que realmente
tienen el poder. La exclusividad es también causada por los temores de los
legalistas empedernidos, que, con la fuerza de sus personalidades, preservan los
valores conservadores y alejan a otros líderes potenciales.
3. Nominalidad.

Hay fuerzas de decaimiento, casi desde el comienzo, que empiezan a


socavar su fuerza y su vitalidad. “Una vez el movimiento cristiano ha alcanzado su
cumbre de expansión, en vez de mantenerse en una meseta elevada de vida y
actividad espiritual, normalmente tiende a “enfriarse”.

La entropía (erosiones internas del crecimiento) es una causa principal de la


nominalidad. Ocurre cuando “una persona indiferente religiosamente ejecuta por
costumbre los rituales formalistas de la fe cristiana...” Hace las cosas porque tiene
que hacerlas, cumple por cumplir, pero no vive su fe. Se transforma en un cristiano
nominal.

4. Espontaneidad.

Muchos de nosotros nos formamos y alimentamos por vivencias negativas


en el pasado que nos limitan increíblemente. Pedro Larson, en una de sus
ponencias sobre “Como planificar para el crecimiento de la iglesia” dice: “Cuándo
hablamos de planes, muchos de nosotros podemos recordar tristes y amargas
experiencias. Nos vimos envueltos en grandiosos planes para el crecimiento y a
pesar de los esfuerzos para lograr las metas, nos sentimos frustrados y
desganados al no llegar a las metas fijadas. Tal es así, que después de
“quemarnos” una o dos veces, se crea un ambiente desfavorable con tensiones y
dudas cada vez que pensamos en una planificación” Debemos superar nuestro
rechazo a la planificación. Aunque sea cierto el dicho: “Dios no bendice a la
organización, sino que bendice a las personas” no debemos ir tan lejos para
suponer que toda organización o planificación es nociva para la vida de la iglesia.
Es una verdadera tontería seguir sosteniendo el concepto popular: “cuándo las
cosas se improvisan, salen mejor”. El problema radica en que organizamos mal y
planificamos peor, y cuando todo se cae, decimos que la culpa fue del sistema o
de los papeles. En otros casos se ha declarado enfáticamente que el Espíritu
Santo se opone a la organización y la organización al Espíritu Santo. Ambos son
incompatibles y excluyentes. La organización es humana y carnal, y la guía del
Espíritu Santo por profecías y lenguas es espiritual.
Sin embargo, en la práctica no es siempre así. Tenemos conocimiento de
innumerables casos concretos donde la “guía del Espíritu” o profecía, fue solo una
manipulación deshonesta de la iglesia en beneficio propio, y también, donde una
planificación u organización fue realmente inspirada por Dios.

No debemos descartar la acción incomprensible del Señor, superando


nuestros planes y proyectos, ni debemos hacer oídos sordos y oponernos a las
manifestaciones carismáticas, pero tampoco debemos dejar de organizarnos y
planificar con oración, porque nosotros también tenemos “la mente de Cristo”

5. Diversificación excesiva.

Cuando la iglesia se ve envuelta en uno y mil proyectos diferentes; o


cuando corre tras toda conferencia o énfasis de moda que aparece, jamás podrá
afirmarse para el crecimiento. Esto está relacionado con el híper-cooperativismo.

Tiene que ver con la cooperación entre hermanos y grupos de hermanos.


Es cuando se habla y habla siempre sobre una planeación futura, pero jamás se
llega a concretar los planes. Es el ir de reunión en reunión. Es el estar con otros
grupos de hermanos de manera excesiva de tal manera que la misión de la iglesia
se ve perjudicada. Los hermanos no tienen tiempo para meter mano a la obra —
siempre están en las reuniones o de la Convención, o de la Asociación, o de la
Confraternidad, o de la Sociedad. Si, se dictan hermosas actas y contemplan
dignos propósitos —pero no se lleva a cabo la obra del Señor.

Los síntomas de híper-cooperativismo son:

— demasiadas horas invertidas en reuniones de comisión.

— una mayoría de tiempo invertido en esfuerzos “unidos” con otras


congregaciones.
— muy poca movilización por parte de la congregación para el programa local.

— usando planes elaborados no por parte de la congregación local, sino por otros
“de arriba” o “de afuera”.

B. LA VISION DE CRECIMIENTO DEL APOSTOL PABLO

El apóstol Pablo estaba convencido que la voluntad de Dios fue siempre la


misma: que todos sean salvos. Así lo manifiesta cuando da instrucciones sobre la
oración de la iglesia en 1 Timoteo 2:4 “el cual quiere que todos los hombres sean
salvos y vengan al conocimiento de la verdad”. Con esta visión desarrolla su
ministerio con directrices bien claras, estableciendo:

1. El avance hacia nuevas fronteras.

Romanos 15:20 “Y de esta manera me esforcé a predicar el evangelio, no


donde Cristo ya hubiese sido nombrado...”

2. El avance hacia un crecimiento numérico.

1 Corintios 9:19 “Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos
para ganar a mayor numero”

3. El avance de la expansión de la iglesia local.

1 Tesalonicenses 1:8 “Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra


del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra
fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de
hablar nada.”

4. El avance en la continuidad y perseverancia.

1 Corintios 15:58 “Así que, hermanos míos amados, estad firmes y


constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo
en el Señor no es en vano.”

C. LA VISION DE CRECIMIENTO DE LUCAS


Un estudio cuidadoso del Libro de Los Hechos de los Apóstoles, nos
mostrará los factores que influyeron en el crecimiento de la iglesia primitiva:

1. La venida del Espíritu Santo en Pentecostés. “hecho este estruendo, se juntó la


multitud”. (2:6)

2. Predicación bíblica. De las 387 palabras que tiene el discurso de Pedro, 185
son solamente citas del Antiguo Testamento.

3. Claridad en el llamamiento: Arrepentimiento, bautismo, perdón.

4. Vida en comunidad. (42, 44-46)

5. Muchas maravillas y señales. (43) Milagros notorios e indiscutibles; “Y teniendo


asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito,
concurrió a ellos...” (3:11)

6. “Sobrevino temor a toda persona” (43)

7. “El favor de todo el pueblo”

8. Unanimidad en la oración. (4:23-31)

9. Disciplina. (Ananías y Safira) 5:1-11)

10. Evangelización diaria y constante. “Y todos los días, en el templo y por las
casas no censaban de enseñar y predicar a Jesucristo” (5:42)

11. Reorganización y corrección con la elección de los diáconos. Como resultado


Lucas señala:” y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se
multiplicaba grandemente en Jerusalén, y también muchos de los sacerdotes
obedecían a la fe” (6:7)

12. Predicación a cargo de laicos. (Esteban, Felipe, 8:5-12)

13. Intervención de ángeles. “Un ángel del Señor habló a Felipe...: (8:26)

14. La paz en las iglesias. “Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea,
Galilea y Samaria, y eran edificadas andando en el temor del Señor y se
acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo.” (9:31)
15. Conversión de poblaciones enteras. (9:32) por la curación de Eneas.

16. Apertura a otras culturas. (10:11) Conversión de Cornelio, y establecimiento de


una iglesia gentil en Antioquía. (11:19)

17. Actividad misionera. (13)

18. Establecimiento rápido de iglesias con estructuras simples.

1. La iglesia de Jerusalén.

Sufre un proceso evolutivo en el transcurso de los años. Primeramente el


gobierno está centrado sobre los doce apóstoles hasta que surgen quejas por la
distribución ineficiente de los alimentos para las viudas. Debemos tener en cuenta
que ya estaba establecida una institución de ayuda social en las sinagogas judías.
Los limosneros que recibieron a Jesucristo como su Mesías se iban integrando a
la nueva comunidad, pero no por eso abandonaron su anterior ministerio entre los
necesitados. Pero al crecer el número, se incorporaron viudas de origen griego, o
que hablaban el griego, y al no estar incorporadas al sistema, fueron
desatendidas. El hecho que los siete elegidos tuviesen nombres griegos es muy
sugestivo (Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás) porque las
viudas hebreas ya tenían quienes les proveían del sustento diario, las griegas no.

Para ser exactos, evitaremos denominar “diáconos” a estos siete varones,


dado que el texto no lo dice y su actividad fue más amplia que “servir a las
mesas”, como se demuestra contundentemente por medio de Felipe y Esteban.

En la segunda etapa de la iglesia de Jerusalén, notamos que son


incorporados al grupo de los apóstoles, los “ancianos”. En Hechos 15, cuando se
reúne el Concilio para deliberar sobre la circuncisión, Lucas nos dice “Y se
reunieron los apóstoles y los ancianos para conocer este asunto” (15:16) No
tenemos datos para saber en qué momento ni como fueron elegidos estos
“ancianos”, lo cierto es que discuten los problemas mano a mano con los
apóstoles, para presentar luego sus conclusiones a toda la iglesia. En su tercera
etapa, Santiago, el hermano de Jesús, está al frente de la iglesia como obispo o
como un hombre de mucho peso en un equipo pastoral, junto a Cefas y Juan,
equipo que San Pablo denomina “columnas de la iglesia” (Gálatas 2:9) La
importancia de Santiago o Jacobo fue creciendo cada vez más entre los judíos
convertidos hasta destacarse por sobre el mismo Pedro, al menos en la iglesia de
Jerusalén.

2. La iglesia de Antioquía.

Fue la primera iglesia sin antecedentes judíos, nacida por la persecución


desatada después de la muerte de Esteban. No se mencionan apóstoles,
diáconos, obispos ni ancianos, sino dos ministerios nuevos: “profetas y maestros”.
Es importante señalar que el profetismo en la primitiva comunidad fue altamente
estimado, casi a la misma altura que el apostolado. El apóstol Pablo jerarquiza
algunos ministerios de esta manera: “y puso Dios en la iglesia, primeramente
apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros...” (1Cor 12:28) y su recomendación
final fue “sobre todo que profeticéis” (1Cor. 14:1)

3. Las iglesias de Listra, Iconio y Antioquía de Pisidia.

En su primer viaje misionero, Bernabé y Pablo constituyeron ancianos o


presbíteros en cada ciudad. El participio griego para indicar el nombramiento fue
(jeirotonisantes) significa “elegir levantando la mano”. O “votación a mano alzada”
Pero también puede significar “nombrar, instalar”. Probablemente la misma
congregación ha elegido a estos ancianos, y sencillamente los apóstoles
confirmaron dicha elección constituyéndolos en su cargo.

4. La iglesia de Filipos.

La introducción a los Filipenses dice: “Pablo y Timoteo, siervos de


Jesucristo, a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los
obispos y diáconos”: jefe, guardián; obispo: servidor, ministro, ayudante, diácono.

6. La iglesia de Éfeso

Podemos notar que mientras en la epístola se mencionan: “apóstoles,


profetas, evangelistas, pastores y maestros (4:11) Lucas nos refiere en Los
Hechos, que Pablo llama a Mileto a los “ancianos de la iglesia de Éfeso” a los
cuales también denomina “obispos”

La diferencia se explica si se considera a esta epístola como una carta


circular dirigida a varias iglesias. Sin embargo debemos destacar que llama a los
ancianos de Éfeso, para señalarnos que la iglesia tenía una especie de colegiado
o ministerio pastoral compartido.

7. Las siete iglesias del Apocalipsis.

El encabezamiento de cada carta dice “escribe al ángel de la iglesia de...”


Es decir “escribe al mensajero”, que, en la opinión de muchos no es otro que el
pastor responsable de esa comunidad. No se mencionan al fin del primer siglo a
los diáconos, ni a profetas o maestros, como encargados de la iglesia, sino
simplemente al ángel. Un solo ángel.

Por las cartas de San Ignacio, quien fuera uno de los discípulos del apóstol
Juan, a principios del segundo siglo de la era cristiana, el obispo era la figura
principal en cada iglesia, secundada por los diáconos.

De esta manera podemos notar que no existía uniformidad en las


comunidades cristianas en su estructura y organización.

Si esto fue así, debemos preguntarnos si acaso no fue esta flexibilidad


organizativa la que más influyó en la rápida expansión de la iglesia primitiva.
Flexibilidad que se ha perdido y que debemos volver a recuperar para volver a
crecer al mismo ritmo.

I. RECOPILAR INFORMACION.

Jesús enseñó a sus discípulos acerca de la importancia de la información


previa cuando les dijo “Mas en cualquier ciudad o aldea donde entréis, informaos
quién en ella sea digno, y posad allí hasta que salgáis.”
Muchos esfuerzos evangelísticos fueron frustrados porque esta
recomendación fue ignorada y se lanzó a un grupo de jóvenes entusiastas a
predicar en una ciudad sin ton ni son.

Para Jesús la persona “digna” era la llave de la ciudad y esa persona debía
ser encontrada. En la casa de esa persona debían poner su base de operaciones.

Se debe reunir toda la información posible sobre la ciudad y el barrio:


número de habitantes, grupos étnicos, agrupaciones sociales, escuelas, colegios,
universidades, medios de vida, religiones, iglesias, deportes, necesidades
urgentes, grupos marginados, hospitales y sanatorios. Características de la
población, si están abiertos o cerrados al evangelio, y en caso de que estén
cerrados, investigar las causas.

A medida que se realiza la investigación, el pastor y la iglesia deberían


estar orando para que Dios les revele el camino y la forma de alcanzar con el
evangelio a toda la zona.

Toda la iglesia debería estar informada y motivada sobre la visión de


crecimiento. El tema debería estar en cartelera por lo menos un año,
permanentemente encendido con el fuego de predicaciones fervientes, canciones
alusivas, retiros espirituales, distribución de folletos y libros, carteles, estudios
bíblicos en las casas.

Por esto es importante que el objetivo sea claro, bien definido en una sola
frase, y fácil de memorizar o retener, como, por ejemplo, el lema del año.

II. CAPACITAR EN PEDIATRÍA ESPIRITUAL

La pediatría trata con los temas de la atención médica de los niños. Y la


pediatría espiritual trata con la salud de los que recién comienzan en la vida
cristiana. El apóstol Pablo se consideraba a sí mismo y a su equipo como
“nodrizas”. “Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con
ternura a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que
hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también
nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos.” (1
Tesalonicenses 2:7-8)

Necesitamos capacitarnos en este tipo de cuidado. No viene solo. Una


iglesia que no ha sido capacitada para crecer, comenzará a perder miembros en
lugar de ganarlos. Los pastores, o coordinadores de ministerios, maestros,
encargados de grupos familiares o líderes de células, si son incompetentes,
irresponsables y ásperos en su trato, espantarán a la gente nueva en lugar de
atraerla.

La capacitación no tiene que ver solamente con el aprendizaje de las cuatro


leyes espirituales, ni con el exacto conocimiento de nuestras doctrinas
fundamentales, sino con el trato afable y respetuoso.

Larry L. Lewis dice: “Quizá la razón por la cual tanta gente no vaya al
templo es porque ¡ya han ido! ...Un culto que no empieza a tiempo, un director de
departamento que no se ha preparado, un coro que canta música que no
comunica ni inspira, un maestro que no está lleno del Espíritu, un canto
congregacional que no tiene vida o alma, un predicador no ungido, todos estos
presagian desastre para la iglesia que quisiera crecer.”

“Quizá lo más importante de todo es el espíritu. El evangelismo es un


ambiente, no sólo un programa, un método o una técnica. Es el espíritu de una
congregación que comunica: “¡Le amamos! ¡Le necesitamos! ¡Queremos que se
sume a nosotros!” Es el espíritu de una congregación dispuesta a hacer cualquier
sacrificio, pagar cualquier precio, hacer lo que sea necesario y todo lo posible para
alcanzar a la gente para Jesús.

“La gente aguanta casi cualquier cosa menos una iglesia antipática. Pueden
pasar por alto, aunque sea por un tiempo, una predicación mediocre o una
enseñanza pobre, pero nunca perdonarán a una iglesia que no es amistosa.

“El doctor W. A. Criswell, pastor de la Primera Iglesia Bautista de Dallas,


con 30.000 miembros, cuenta de lo que le sucedió en un viaje. Un domingo en la
noche él y su esposa fueron a un lindo restaurante para cenar. En cuanto entraron
a la playa de estacionamiento, fueron recibidos por un amable conserje.
Saludándolos amistosamente, los ayudó a bajar del auto y a entrar en el
restaurante. Allí fueron recibidos por una amable señorita que los condujo a una
mesa. Enseguida un mozo muy simpático los saludó y tomó su pedido. Volvía con
frecuencia a preguntar si todo estaba bien. Al partir, el maestresala los saludó
cálidamente y les preguntó si habían encontrado todo a su satisfacción.

“De allí el doctor Criswell y su esposa fueron al culto de una iglesia local.
Nadie los fue a recibir en la playa de estacionamiento, nadie los saludó a la puerta.
Encontraron un asiento y se aguantaron un culto muerto y frío. Al terminar, nadie
los saludó ni les despidió siquiera con un “que les vaya bien”. Solitos y sin ayuda
regresaron a su auto.

“Reflexionando en estas dos experiencias, dijo el doctor Criswell “Si ambos


hubieran hecho una invitación, ¡me hubiera hecho miembro del restaurante!”
(Lewis, Larry, Organizar para evangelizar, (El Paso: CBP. 1992) pág. 23-24.

III. CONCENTRAR EL ENFOQUE

El drama de muchas iglesias es su dispersión de objetivos. Por un lado la


iglesia como tal tiene su calendario de actividades, por el otro, la Sociedad de
Jóvenes en forma independiente elabora su propio programa de trabajo; la
Sociedad Femenil sigue las sugerencias de su revista, y la Escuela Dominical se
mantiene en su huella año tras año.

A menos que se elabore un programa unificado, concentrando todos los


esfuerzos, todos los departamentos de la iglesia y todos los ministerios en un
mismo objetivo, cualquier programa de crecimiento se estrellará y naufragará.

Jesucristo mismo aplicó el principio de la concentración a su ministerio:

1. Se concentró en doce hombres a quienes llamó “apóstoles” o “enviados”.


Aunque desarrolló un ministerio integral hacia las multitudes, se enfocó solamente
en ese pequeño grupo.
2. También se concentró en una sola etnia: los judíos. Y les dio órdenes
específicas diciéndoles “Por camino de gentiles no vayáis, y en ciudad de
samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de Israel”
(Mateo 10:5-6) aunque sabemos que su plan fue salvar al mundo.

3. En tercer lugar podemos observar que Jesús se concentró en un solo


territorio geográfico. Aunque había judíos dispersos en todo el imperio romano, el
nunca salió de Palestina.

4. Y por último, podemos ver que Jesús concentró su enseñanza. Él nunca


se refirió a los dones del Espíritu Santo, ni al gobierno de la iglesia, ni a la
alabanza en un culto, porque eso vendría después. Observamos que toda su
enseñanza estuvo ajustada o limitada por sus oyentes: Juan 16:12 “Aún tengo
muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar”

III. REFORZAR EL OBJETIVO CON UN INCREMENTO DE ORACIÓN

Nadie debe suponer o esperar que la iglesia se ponga a orar todos los días
por el crecimiento solamente porque se diga que es importante que lo haga. La
experiencia nos ha demostrado que se necesitan caminos o vías para conducir a
la congregación a este ministerio tan importante.

Puede ser que una congregación haya sido negligente en su vida de


oración por muchas razones: porque sus pastores, no solamente pasaron por alto
esta enseñanza, sino porque ellos mismos no dieron el ejemplo; o porque nunca
tuvieron modelos de oración que imitar, o también porque las personas mayores
acapararon siempre ese espacio haciendo extensas y aburridas oraciones. En tal
caso, es prudente comenzar poco a poco, primeramente enseñando sobre la
importancia de la fe, compartiendo lecturas de libros que hablen de este tema,
instruyendo sobre la “oración conversacional” para que toda la iglesia participe
orando con una sola frase.

Paulatinamente la congregación descubrirá el valor de la oración unida por


las sorpresivas respuestas a sus oraciones y todo el gozo que esto implica.
Además, es importante variar los énfasis de mes en mes, por ejemplo, un mes de
oración a favor de la salvación de parientes, amigos y conocidos. Al mes siguiente
se puede programar una semana con turnos de oración en determinadas horas del
día o de la noche. Más adelante es muy inspirador dedicar un día entero al ayuno
y la oración por el mismo tema. En algunas iglesias dio un excelente resultado las
llamadas “cadenas de oración” para interceder de día y de noche las 24 horas del
día.

I IMPREGNAR LA ZONA CON EL EVANGELIO

El apóstol Pablo utilizó el término “llenar” del evangelio cuando dijo: “Porque
no osaría hablar sino de lo que Cristo ha hecho por medio de mí para la
obediencia de los gentiles, con la palabra y con las obras, con potencia de señales
y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y
por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo”
(Romanos 15:18-19) La iglesia debe intentar saturar toda su zona de influencia
con una propaganda continua del evangelio y de su programa para el bien de la
comunidad.

Este esfuerzo debería producir al cabo de tres años:

1. Que todos hayan escuchado el evangelio al menos una vez en forma


completa.

2. Que todos sepan donde está ubicado el lugar de reuniones de la iglesia.

3. Que todos puedan identificar a la iglesia por su énfasis particular.

Para llenar del evangelio una zona o una ciudad, podríamos seguir el
método de Pablo “con palabra y con obras, con potencia de señales y prodigios,
en el poder del Espíritu de Dios” y si eso no es posible por nuestras propias
limitaciones, se requerirá la concentración y el esfuerzo continuo de toda la iglesia
por medio de (1) programas radiales (2) distribución masiva de propaganda (3)
Carteles anunciadores en las estaciones de trenes u ómnibus, en las vías
principales y en las rutas (4) Visitación casa por casa (5) campañas masivas de
evangelización.
II. PUERTAS ABIERTAS

La mayoría de los templos evangélicos permanecen cerrados durante toda


la semana y se abren únicamente el día domingo durante dos horas. Esto
representa un enorme desperdicio no solamente de tiempo sino también de
dinero. No se justifica mantener un enorme edificio para ser utilizado solamente
unas pocas horas a la semana.

En muchos lugares ha dado un buen resultado crear un “ministerio de


puertas abiertas” por medio del cual se pueden fijar turnos de atención al público.
No debe significar una inversión de tiempo para estar sin hacer nada. Los
estudiantes pueden permanecer allí para leer y trabajar con sus tareas; otro grupo
puede dedicar cierto tiempo a la oración o al estudio de algún libro; el pastor
podría tener allí su sesión de consejería. De esta forma las puertas del templo
estarían abiertas todo el día y todos los días del año para atender a cualquier
persona que casualmente se acerque buscando ayuda espiritual o simplemente
para curiosear.

III. CENSO DEL BARRIO

Larry Lewis dice que “muchas iglesias, especialmente en áreas urbanas,


deben planificar un censo completo de su comunidad cada cuatro años como
mínimo. Quizá la mejor manera de lograrlo sea censar un cuarto de la comunidad
por año.” Los censos pueden, no solo captar a muchísima gente necesitada de
Jesucristo, sino también mantener a la iglesia conectada con las necesidades más
inmediatas de su ciudad.

IV LLAMADAS TELEFONICAS
En algunos lugares ha dado resultado una encuesta telefónica. Se pueden
realizar más de 20 llamados en una hora, con un mensaje simple del evangelio,
dando la dirección y el horario de reuniones de la iglesia.

Otros han utilizado el sistema de “tele amigo” en forma personalizada, y los


más sofisticados prepararon “respuestas grabadas” de acuerdo a cada necesidad.

V. CARTAS CIRCULARES

Cartas de felicitación a cada pareja que contrae matrimonio; a los padres


cuando han tenido un bebé; o cartas de consuelo a los que han perdido un ser
querido. Para esto se puede utilizar el diario o los contactos con los mismos
miembros de la iglesia y sus relaciones.

VI UTILIZAR OMNIBUSES

Contratar a un micro para buscar a familias que viven alejadas, puede


ayudar significativamente al crecimiento. Se debe tener cuidado de enviar un
equipo de visitación con antelación si se quiere lograr un número considerable.

VII ENCUESTA INTERNA

“Una iglesia realizó una campaña que llamó: “A quien”. Cada miembro
presente recibió una tarjeta “A quién” para llenar y devolver ese mismo día. La
tarjeta sencillamente preguntaba: “¿A quién conoce que podría ser un buen
miembro en perspectiva para nuestra iglesia?”.

VIII LLENADO DE BANCOS

Un evangelista dijo:”Todos los planes combinados para la campaña no son


tan eficaces como el plan “llena un banco de la iglesia”. Cuando cada banco del
templo es asignado a una persona para que la llene de gente nueva, y el trabajo
se realiza con fidelidad, cualquier campaña evangelista tendría que tener éxito.

IX MEDIOS DE COMUNICACIÓN MASIVA

Programas y anuncios en la radio, la televisión, los diarios y periódicos


locales.
X INTERNET Y TELEFONOS CELULARES

Por medio de sitios, blocks, facebook, envío de mensajes de texto por


celulares.

XI PUBLICIDAD EN LA VIA PÚBLICA

Carteles anunciadores, afiches en los postes, anuncios en vidrieras de los


negocios.

XII PROGRAMA PARA GRUPOS HOMOGENEOS

Aquí la lista puede ser muy extensa:

1. Evangelismo por el deporte.

2. Clubes de para solos.

3. Reuniones especiales para matrimonios jóvenes.

4. Hombres de negocios.

5. Profesionales.

6. Encuentros de la tercera edad.

7. Alcohólicos anónimos.

8. Gordos anónimos.

9. Conjuntos corales.

10. Escuela de arte.

XIII CELULAS CASERAS

El 14 de noviembre de 1987, se distribuyó en Thea, Villa Bautista, el


siguiente material de Paúl Yonggi Cho sobre las células caseras: “Muchas cartas
llegan a nuestra oficina pidiendo información personal acerca de cómo llegó
nuestra iglesia a su tamaño presente de más de 320.000 miembros en agosto de
1983. (En el 2005 esta iglesia contaba con más de 980.000 miembros) Aunque
participamos de muchos seminarios sobre el crecimiento de la iglesia, tanto en el
extranjero como en Corea, muchos de los pastores que han asistido a estos
seminarios todavía preguntan acerca de los “secretos” de nuestro crecimiento.

En realidad no tengo ningún secreto, pero hay unos principios que hemos
seguido desde el comienzo de nuestra iglesia en 1958 y que siguen siendo la base
de nuestro crecimiento continuado.

En el principio de mi ministerio, nuestro país acababa de pasar por la


Guerra de Corea. En ese momento muchas personas estaban enfermas con
tuberculosis. Muchas estaban sin trabajo, otras sufrían hambre, o estaban solas,
sin familia ni hogar. Más del 80% de la ciudad de Seúl había sido destruida. Había
necesidad por todas partes y la pobreza era casi más de lo imaginable. Yo era un
pastor nuevo con una gran visión, pero a veces aún esta se obnubilaba por los
interminables motivos de oración. Mirando atrás, ahora puedo ver un patrón que
se fue formando y convirtiendo en la base de los principios sobre los cuales se
edificó nuestra iglesia y continúa hoy.

1. Énfasis en la oración.

Rodeados por increíbles necesidades físicas y materiales, tuvimos que ir al


único que sabíamos que tenía una fuente inagotable de recursos. ¿Acaso no
había dicho Dios: “Invócame en el día de tu angustia, te libraré y me honrarás?”
(Salmo 50:15) Al principio no fue fácil lograr que la gente orara. Lograr la
participación de mi iglesia recién nacida llevó tiempo, pero persistí. Oraba
constantemente por dirección en cada nuevo problema. Dios era nuestra única
fuente y yo lo sabía. A veces pasaba la noche entera solo en la carpa de la iglesia
orando. Muchas veces el Dr. Chay Ja Shil, mi suegra y yo éramos los únicos que
orábamos de día. Mi oración más ferviente en ese momento era que otros se
unieran a nosotros en oración. Finalmente llegaron unos pocos después más y por
fin muchos, muchos más.
Habíamos establecido horarios específicos para que nuestra gente supiera
que el Dr. Chai y yo estaríamos en la iglesia para acompañarlos en oración. Un
día, mientras estábamos orando como lo habíamos hecho por tantas semanas,
tocamos a Dios y lo supimos. Las cosas empezaron a cambiar. La gente empezó
a ser sanada. Nuestros miembros empezaron a encontrar trabajo. Otros que
tenían negocios empezaron a comunicarnos que estaban prosperando. Atrayendo
a otros en las mismas circunstancias, nuestra iglesia pronto empezó a ser
conocida como la iglesia que ministraba a las necesidades de la gente. Pronto se
hizo evidente un ungimiento, una dirección y un crecimiento. En poco tiempo la
mayoría de nuestra iglesia estaba involucrada en oración matutina de 4,30 a 5,30
hs. y sobre la sólida base de oración comenzó nuestra iglesia.

2. Ministerio a las necesidades que nos rodean.

De igual importancia era el ministerio a los desesperados, los indigentes, las


viudas y los huérfanos que asistían a nuestra iglesia. Es fácil ver cuáles son las
personas necesitadas en la iglesia. Aun hoy, hay tantos matrimonios rotos, tanta
gente en sufrimiento, muchos desvalidos o desfigurados, y están en nuestras
iglesias para que les ministremos. Siguiendo cuidadosamente el libro de Los
Hechos, abrimos nuestras puertas a todos los que atravesaron el asolamiento de
la guerra. No éramos selectivos en nuestra elección de ministerios para atraer a
las multitudes sino que íbamos donde estaban las necesidades, desde temprano
por la mañana hasta tarde por la noche compartiendo lo que teníamos y guiando a
hombres y mujeres al Señor. Todavía recuerdo aquellos tuberculosos que
enfrentaban los fríos inviernos para estar en las oraciones matutinas, buscando su
sanidad. En una ocasión una madre trajo a su bebé bien abrigado y lo dejó frente
a mi oficina con una nota que decía: “Mi bebé tiene meningitis”. El Dr. Chai y yo
oramos por ese bebé hasta que supimos que se recuperaría y lo hizo. En nuestra
iglesia dábamos la bienvenida a todos.

El invierno era extremadamente frío en Corea y poca gente tenía ropa


suficientemente abrigada. “No se puede comer el Evangelio, o abrigarse con él”
me suplicaban. Pero yo razonaba: “Si el Evangelio puede cambiar su vida,
también puede cambiar su forma de pensar, creer y darles esperanza. Escucharon
y pronto nuestra gente empezó a confiar en Dios para su existencia diaria.
Adoptaron un punto de vista positivo con todas las promesas de Dios a pesar de
su pobreza y los milagros comenzaron a suceder. Muchos testimonios
maravillosos empezaron a llegar a la iglesia. Era verdad eso de que “Mi Dios,
pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo
Jesús” (Filipenses 4:19). Nuestra gente pasó por una prueba severa y descubrió
que Dios estaba interesado en ella. Hoy no solo oran por sí mismos sino que están
enseñando a orar a otros.

A pesar de la pobreza de sus ingresos, seguí predicando toda la Palabra de


Dios, incluyendo el diezmo. Los cristianos estaban aprendiendo que si obedecían
la Palabra de Dios, él cumpliría sus promesas y así lo hizo.

3. Vivir en la Palabra.

Como la Palabra había sido una fuerza tan poderosa en el fortalecimiento


de mi propia fe cuando estaba débil, le animé a mi gente no solo a leer la Palabra
sino a memorizarla, citarla y vivirla, y Dios se revelaría por ella. Se colgaron
versículos en marcos atractivos en muchas de las entradas a la iglesia para que
todos los que pasaran no solo vieran sino que pudieran leer la Palabra vez tras
vez y saber que “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy y por los siglos” (Hebreos
13:8) y también: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas y
que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2). Han pasado muchos
años desde que comenzamos a mostrar la Palabra en muchos lugares
estratégicos y, aunque estamos en nuestro tercer edificio, la gente que visita la
Iglesia Central del Evangelio Completo, todavía se encuentra en la mayoría de las
entradas con la Palabra de Dios.

4. Desarrollar la célula casera.

A medida que la iglesia crecía se incrementaban las necesidades y con el


crecimiento vino el cambio. Yo podía ver que era imposible que yo visitara cada
hogar y aconsejara a cada apersona. Necesitaba ayuda. Hasta este momento
había mantenido mi concepto de la Escuela Bíblica de que como pastor yo debía
hacer todo lo relacionado con las funciones de una iglesia creciente. Un domingo
en 1964, después de haber predicado en tres reuniones consecutivas por la
mañana y haber bautizado a casi 300 personas por la tarde, me desplomé sobre la
plataforma mientras traducía el mensaje de nuestro invitado. Me llevaron a la sala
de emergencia de un hospital cercano. Los médicos dijeron que había sufrido un
colapso físico total.

Estrictamente me recomendaron que volviera al pastorado muy


paulatinamente.

Durante los siguientes meses de recuperación, Dios me mostró una


alternativa divina en el desarrollo de mi congregación. Me mostró que necesitaba
delegar mi ministerio y autoridad a otros y permitirles comprender más plenamente
la necesidad de dar y recibir entre ellos.

Aunque ya teníamos algunos grupos caseros de oración, su propósito todavía


estaba tomando forma. A través de los meses de mi recuperación llegué a
comprender que Dios quería que pusiera líderes laicos a cargo de nuevos grupos
caseros. Sentía que nuestra iglesia necesitaba ministrar a otros con un énfasis en
la enseñanza y el evangelismo. A medida que nuestra iglesia se desarrollaba vi a
muchos líderes potenciales. Era emocionante ver lo que iba emergiendo de su
difícil pasado porque habían aprendido a depender de Dios. No sabía cómo
aceptaría nuestra gente el nuevo plan, sin embargo, cuando me sentí más fuerte
compartí los conceptos que Dios había puesto en mi corazón con los diáconos y
las diaconisas de mi iglesia. Muchos dijeron enseguida que se sentían incapaces
de ministrar al nivel de liderazgo laico. Otros señalaron que este nuevo paso
resultaría en que yo descuidará mi verdadero trabajo. Pero permanecí firme. El
concepto estaba creciendo en mi corazón y sabía que Dios me había dado su
plan.

Aunque parezca extraño, fueron las diaconisas las primeras en ser


obedientes al llamado para el liderazgo laico en los grupos caseros. Los diáconos
respondieron positivamente después.
a. Fundamentos bíblicos de la célula casera.

Durante el proceso estructural de la preparación de líderes laicos para los


grupos caseros, el Señor me trajo varios pasajes importantes a la mente. Los
líderes necesitaban a otros bajo su autoridad para compartir la carga y las
responsabilidades del liderazgo para liberar a los líderes para tareas más
importantes.

En Hechos 6:1-7 se puede ver el comienzo del nombramiento de diáconos y


líderes laicos. El liderazgo laico parece haber sido una norma en el Nuevo
Testamento con requisitos específicos en 1 Timoteo 3:1-13 y Tito 1:5-9.

Noté que desde el nombramiento de los diáconos en la iglesia de Jerusalén


era evidente que la atención original no fue establecer un cargo sino nombrar a
personas para ayudar a los apóstoles y ministrar a la gente. Pesé todo esto
cuidadosamente en mi mente. Nuestra iglesia estaba llegando a los 2000
miembros ahora y estábamos listos para un cambio.

Mientras leía y releía el libro de Los Hechos, noté que la iglesia ya estaba
llena de personas que servían y ministraban “partiendo el pan de casa en casa”.
Aunque no hay documentación de diaconisas en la iglesia de Jerusalén, en las
iglesias de Asia las mujeres fueron nombradas, así como los hombres. Se me
menciona a Febe como diaconisa de la iglesia de Cencrea, a Priscila y Aquila,
dejado por Pablo para ministrar a la iglesia de Éfeso, y bien podrían ser llamados
un equipo de diáconos y diaconisas (Hechos 18:2,3, 18,19)

Otros pasajes me llamaron la atención “Y todos los días, en el templo y por


las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo” (Hechos 5:42) Vi la
culminación del liderazgo laico en la enseñanza y adoración en los hogares,
evidenciando en Hechos 7:6 “y crecía la palabra del Señor y el número de los
discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén”. La comprensión de estos
pasajes se desarrolló en principios y sobre estos principios bíblicos empezamos a
estructurar nuestras células caseras.
b. Estructura organizacional.

En un mapa dividimos a la ciudad en distritos y nombramos líderes para


enseñar en los hogares. Al principio yo les enseñaba cada semana y ellos
llevaban las lecciones a su célula casera. Después se pasaban los mensajes
grabados en las reuniones caseras y los líderes enfatizaban los puntos principales
y guiaban la oración y la evangelización, animaban a la gente y aconsejaban a los
miembros del grupo. Pero los mensajes grabados no tenían el aspecto importante:
el contacto personal Fue entonces que seguimos a la etapa actual. Los líderes de
grupo se convirtieron en “maestros mensajeros”. Como pastor, enseñaba la
lección por video y la cinta se podía pasar para los líderes durante las sesiones de
entrenamiento de los miércoles. Ahora se puede encontrar un mes de lecciones en
la revista de nuestra iglesia. De esta manera todos pueden aprender la misma
lección y toda la iglesia puede crecer en la misma dirección.

Se motiva a los líderes de grupo durante las reuniones de los miércoles.


También hay un seminario para ellos. Se les enseña a agregar sus apreciaciones
personales y sus experiencias a las lecciones, con el énfasis principal en una
practicidad poderosa.

Hoy se requiere la participación de una célula casera a todos nuestros


miembros.

Sentimos que este énfasis doble de preparación en la iglesia y en la célula


casera resulta en un crecimiento personal y espiritual mayor.

c. El ministerio de las mujeres en la iglesia.

Mientras más de tres cuartos del personal pastoral de nuestra iglesia está
plenamente involucrado en las células caseras como líderes de distritos y sub
distritos, más de dos tercios de los líderes de células son mujeres. Durante
muchos años, en Asia. Se las consideraba únicamente como amas de casa y no
tenían lugar en los ministerios de la iglesia. Sin embargo, después de ver en las
Escrituras que las mujeres trabajaban en la iglesia primitiva, se animó a un grupo
cada vez mayor de mujeres a aceptar responsabilidades. Las iglesias que no
utilizan el ministerio de las mujeres están sufriendo grandemente en su
crecimiento y desarrollo global.

d. Porque crecen las células caseras.

Cada una de las células caseras consiste en seis a ocho familias, es decir,
unas doce a dieciséis personas. Cuando crece más allá de este número, se divide
y el asistente asume el ministerio y la enseñanza del nuevo grupo. La célula
casera es la clave del crecimiento continuo de la iglesia por las siguientes razones:

(1) Porque el grupo es pequeño, los miembros se conocen y se preocupan


el uno por el otro. En nuestra iglesia cada persona de una célula toma cinco
minutos por día al mediodía para orar por cada miembro de su grupo.

(2) La enseñanza es más personal. La célula es lo suficientemente chica


como para que los miembros se sientan muy cerca de su líder y sientan que le
enseñanza es algo personal para ellos.

(3) Hay un compañerismo más estrecho. Siempre hay gente que se siente
perdida en una iglesia grande. En cierto sentido la célula casera es como una
pequeña iglesia dentro de la iglesia, porque el líder es el pastor de esa célula. Ora
por ellos cuando viene la enfermedad y los visita regularmente. Cuando se
encuentran los domingos en la iglesia sienten que conocen a muchas personas
porque están íntimamente ligados a su propio grupo.

(4) El calor y la comprensión emanan del hogar. El programa de la iglesia


fácilmente puede ignorar las necesidades individuales al planear alcanzar a
grupos grandes de todas las edades. Muchas personas solitarias, sin amigos y
con cargas entran a las iglesias todas las semanas. El calor del hogar donde los
miembros de la familia aman y se preocupan es el bálsamo necesario para
restaurar a algunas personas y dar vida a sus talentos.

(5) No hay que apurar el tiempo para compartir. Aunque las células de
nuestra iglesia se reúnen solo una vez por semana y las reuniones están
estructuradas para durar una hora, generalmente los participantes y los miembros
pasan más tiempo con aquellos que vienen con necesidades especiales.
Hoy hay 18.987 células caseras, dirigidas por 18.987 diáconos y diaconisas
en la ciudad de Seúl.

5. Compartir el liderazgo y la autoridad.

Desde el principio del concepto de la célula casera hasta ahora, yo he sido


el líder de los dirigentes de las células, supervisando su entrenamiento y siguiendo
de cerca su desarrollo. Por su vida de oración y su asociación estrecha con cada
rama y departamento de su iglesia, el pastor generalmente es el primero en poder
motivar, animar, disciplinar y notar la dirección en la cual se están moviendo las
células caseras.

El compartir el liderazgo y la autoridad con aquellos que tienen gran


potencial siempre tendrá algo de riesgoso, pero estamos construyendo el Reino de
Dios y él da el crecimiento. Hemos perdido algunos líderes y sus células pero Dios
siempre nos ha mandado más gente. Cuando el pastor está a la cabeza de los
grupos, podrá supervisar mejor los ministerios. Tengo reuniones de oración
especiales y momentos de consejo con todos los líderes de células en horarios
establecidos.

6. Compartir metas.

Es tan importante planificar el futuro de la iglesia como la de la familia o de


la vida personal. Si nunca fijamos metas nunca sabremos si legamos o cumplimos
algún nuevo sueño para la causa de Cristo. En nuestras reuniones anuales se fijan
metas por un año y otras por período de cinco años, y cada departamento trabaja
hacia la realización de su parte en ellas.

7. Compartir con otros.

Aunque parezca un principio insignificante, fue un mandato de Jesús:”Al


que te pida dale, y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses” (Mateo
5:42) Nuestra campaña para compartir sigue hasta hoy, compartiendo alimento,
ropa, aparatos domésticos y todo lo que podamos con aquellos que nos menos
afortunados. Se mandan miles de kilos de ropa en excelentes condiciones y otras
necesidades a pastores de iglesias rurales pioneras, leproserías, prisiones,
hogares de detención, familias carenciadas y otros.

Pero no es suficiente compartir artículos para las necesidades físicas de


otros. Vimos que las Escrituras también nos indican: “Dad y se os dará, medida
buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo...” (Lucas 6:38).
Hemos animado a nuestra gente que ha tenido grandes necesidades a encontrar a
otro con la misma necesidad y orar ardientemente por él y después por sí misma y
le aseguramos que recibirá una respuesta “rebosante”.

OCTAVO PRINCIPIO

PREPARAR A LA IGLESIA PARA EL CRECIMIENTO

La preparación de la iglesia para el crecimiento requiere una planificación


cuidadosa, sentido común, perseverancia y una dependencia absoluta de Dios en
la oración.

Un pastor me dijo hace algunos años: “—El sistema de Evangelismo


Explosivo nos ha dado tanto resultado, que tuvimos que parar de evangelizar
porque no sabemos cómo atender a tanta gente”. Evidentemente se encontró de
pronto con tres problemas inesperados:

Primero: No contaba con un espacio físico para reunir a tanta gente. Ni el


pastor ni la iglesia habían previsto una situación semejante.

Segundo: No tenía suficientes líderes capacitados para continuar creciendo.


Su programa perdió fuerzas a mitad de camino, en lenguaje popular: se “desinfló”.

Tercero: Todos los que trabajaban en el proyecto quedaron abrumados de


tanto trabajo:

“no daban más”. Pedían un respiro, porque ya no tenían tiempo para ellos mismos
ni para sus familias, y no encontraron mejor solución que decir: ¡Basta! Paremos
aquí.
Siempre uno piensa que después de un paréntesis para “confirmar los
frutos”, podrá retomar el ritmo de evangelismo, pero descubre con tristeza que eso
ya no es posible. La iglesia se acomodó a una nueva situación y sacarla de allí
resulta arduo y penoso.

Todo esto se podría haber evitado si el pastor hubiera preparado a su


iglesia para el crecimiento. Por esto, considero fundamental que:

I. LA IGLESIA DEBE SER MOTIVADA A CRECER.

Eduardo F. Murphy, en el Congreso Latinoamericano de Evangelización, en


Bogotá dijo:

“La vida espiritual de los creyentes y de las iglesias que tenemos depende
del crecimiento continuo. ¿Qué pasa con los creyentes sí año tras año las iglesias
permanecen estancadas o si aún merman?

1. Los creyentes se desaniman.

Se quejan diciendo: “En esta iglesia nunca sucede nada agradable. Somos
siempre los mismos...no viene gente nueva. Esto se parece más a un club social y
no una iglesia...”

2. Los hermanos comienzan a descubrir muchas fallas en sus vidas y a pelear


entre sí.

3. Los pocos nuevos convertidos que llegan a la iglesia no permanecen.

4. Los hijos de los creyentes dejan la iglesia y se van al mundo.

Se pierde la segunda generación, pues habiendo sido criados en una iglesia


estancada, piensan que hay más vida y gozo en el mundo.

5. Los jóvenes comienzan a abandonar la iglesia.

No encuentran allí el compañerismo que necesitan. Empiezan a pensar con


quien se van a casar y al no encontrar su pareja dentro de la iglesia, la buscan
afuera.
6. El nivel espiritual de todos los miembros decae por la ausencia de motivaciones.

Estas son muy buenas razones para apoyar los argumentos para el
crecimiento de la iglesia, aunque, por supuesto, se necesitan planteamientos más
positivos para lograr este propósito. La congregación debe saber que su razón de
ser, su misión más importante es extender el Reino de Dios por medio de la
predicación del evangelio, el bautismo y la incorporación de nuevos creyentes a la
iglesia.

Las iglesias que han crecido de una manera abrumadora no se han


detenido para “afirmar” los frutos, ni para tomarse un descanso. Adoptaron un
sistema de vida propio y permanecieron en él a través de los años.

II. LA IGLESIA DEBE SER MOTIVADA A ORAR

Jack Taylor escribió: “Cuando los cristianos son totalmente honestos


consigo mismos, reconocen que la razón de su escaso testimonio no es que no
sepan cómo hacerlo, sino porque su relación con el Cristo que los habita y que los
ha cautivado, es tan deficiente que no les provee un mensaje desbordante.”

Y Neighbour agrega: “Ya es hora de que comprendamos que nuestros


programas de entrenamiento y las estrategias que hemos desarrollado nos inútiles
si no hay vidas llenas de Cristo.” Muchas veces se habla de la oración como la
clave del crecimiento de la iglesia pero en la práctica no ocurre absolutamente
nada, porque las oraciones son solamente discursos huecos y tediosos. Si
existiera el Purgatorio, creo que una de las penas que Dios nos impondría sería
que escuchemos por mil años todos los discursos vacíos en forma de oración que
tuvo que soportar durante toda nuestra vida cristiana.

La verdadera oración es la que sale del corazón. Dios mismo promete que
le hallaremos si lo buscamos con todo el corazón. A la manera de Ana, quien,
según sus propias palabras había “derramado mi alma delante de Jehová” (1
Samuel 1:15)

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