VIGENCIA DEL PENSAMIENTO BOLIVARIANO (CASO URUGUAY, BRASIL, ARGENTINA, POLO
CARIBEÑO).
Para entender la vigencia, permanencia en el tiempo histórico y contemporaneidad del
concepto político bolivariano de Anfictionía, tanto en su propuesta de 1826 donde llegara
a materializarse con el Congreso Anfictiónico de Panamá y sus acuerdos y resoluciones,
como la propuesta del Encuentro Venezolano por la Unidad Soberanía de Nuestros
Pueblos de ver en ella más que un concepto, una estrategia latinoamericana para la
«transformación liberadora de los pueblos latinoamericanos y caribeños», es preciso ir al
pensamiento de Bolívar, sus concepciones, esa utopía cargada de posibilidades objetivas.
La utopía bolivariana, fundamentada en un cabal conocimiento de la situación americana, lo lleva
a establecer en su diagnóstico de los sucesos de la realidad venezolana de 1811, que se impone un
cambio drástico, radical, estructural, revolucionario de las formas de dominación política y social a
través de la independencia total de España. Posteriormente el magistral análisis sociológico, de
clases, político que hacen en su famosa Carta de Jamaica que ya no sólo plantea la abolición de las
condiciones de dominación colonial, el surgimiento de un nuevo tipo humano, un Hombre Nuevo,
idóneo para la construcción de un nuevo mundo; sino que formula las ideas iniciales de la
anfictionía. Es decir, esa dimensión crítico utópica dirigida a grandes y profundos cambios
políticos, económicos y sociales en un continente dominado y colonizado por un poderoso
imperio, no podríamos entenderla sin la confrontación diálogo, debate, interrelación,
retroalimentación, diapasón con el pueblo al que dirigirá y conducirá a las más épicas victorias; y
en el deberá apoyarse para lograr las victorias obtenidas.
El extraordinario pensador socialista peruano, José Carlos Mariátegui, señala que:
«Las muchedumbres se emocionan. y se apasionan ante aquella doctrina que no es sino la
revelación de una nueva realidad en marcha. de una nueva realidad en camino. Un ideal
caprichoso, una utopía imposible por bellos que sean, no conmueven nunca a las
muchedumbres». (1)
Entonces Bolívar, el utopista, igual a los otros grandes majaderos de la historia, fue un intérprete
cabal, fiel de un enorme sentimiento colectivo, de un soterrado sueño de su pueblo americano,
madurado durante trescientos años de brutal dominación colonial y al que se debía sacar del
inconsciente a la conciencia colectiva para que la noción de Patria pudiera materializarse, se
transformara en conciencia para sí como nación.
Hay romanticismo, ¿quién lo duda?, pero simultáneamente hay una aguda intuición. « ¿Hacia la
utopía? Es el pueblo que inventa la discusión; que inventa la crítica. Mira al pasado y crea la
historia; mira al futuro y crea las utopías».
«Yo deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande nación del mundo», (3) dirá
en uno de sus más trascendentales sueños por el que lucharía casi 20 años.
El hombre de las Dificultades, venido de una atroz derrota, con la pérdida de la Primera República,
ha reflexionado en Cartagena y en Jamaica y sacado sus conclusiones esenciales sobre la estrategia
grancolombiana y le ha dicho a su interlocutor, Henry Cullen, en su conocida carta, otro juicio
utópico sobre el hecho histórico: «Lo presente ya pasó, lo futuro es la propiedad del hombre, pues
éste siempre vive lanzado en la región de las ilusiones, de los apetitos y de los deseos». (4)
El Congreso Anfictiónico de Panamá Sabotajes Norteamericanos para su realización. Agresiones
Yanquis contra El Libertador
Diez años después de la primera formulación de unidad americana, de esbozar el concepto de
anfictionía y unidad política americana ya para ese momento política de Estado con la liberación e
independencia de Venezuela y Colombia el pulpo norteamericano arremetería contra Bolívar para
intentar no sólo desprestigiarlo en lo personal, socavar su autoridad, buscando así abortar el
proyecto Anfictiónico en marcha y que se concretaría tres años después, en 1826. Evitar su
concreción y los acuerdos y resoluciones que emanarían del Congreso, cuyo primer ensayo
concreto era la Gran Colombia (fusión de Venezuela, Colombia, Panamá, Ecuador, Perú y Bolivia
en una sola nación) y la materialización de la utopía bolivariana: «Yo deseo más que otro alguno
ver formar en América la más grande nación del mundo»...
Ya la existencia de la Gran Colombia era una terrible dificultad para el desarrollo del
expansionismo norteamericano, el control y monopolio del comercio, la imposición de un mercado
único; por ello era preciso no sólo evitar la realización exitosa del Congreso Anfictiónico de
Panamá; había que intrigar, soliviantar y agudizar las con-tradicciones entre las naciones de esa
Gran Colombia buscando su disolución.
Pero habían, además, otras razones que chocaban con los intereses norteamericanos en el
proyecto bolivariano. El 15% de la población norteamericana de entonces era esclava, es decir,
cerca de dos millones de esclavos negros. Bolívar había planteado, y así lo recogía la Constitución
de Bolivia, la abolición definitiva de la esclavitud, y la norteamericana era una nación altamente
esclavista. «Todos los delegados al Congreso tendrán instrucciones de condenar la esclavitud y el
tráfico de esclavos, como en efecto lo acordaron».
Otra razón poderosa de los yanquis para oponerse a la realización del Congreso de Panamá, era su
enorme temor de la consolidación de una alianza político militar entre la Gran Colombia y México
para ir en pos de la liberación de Cuba y Puerto Rico de la dominación colonial española, naciones
estas en la mira de la terrofagia expansionista del incipiente imperialismo norteamericano. Uno de
los objetivos del Congreso de Panamá era, precisamen-te, trabajar política y militante en pos de la
independencia de Cuba y Puerto Rico. A los proyectos de acuerdos colombo mexicanos de 1825
para ir a liberar militante a Cuba, la diplomacia norteamericana intrigó en la persona de Joel
Roberts Poinsett, Ministro de los Estados Unidos ante el gobierno de México, para evitar esa
posibilidad. La intriga, el maquiavelismo más pérfido era utilizado por el agente yanqui que
incitaba a los mexicanos contra los gran colombianos y viceversa.
El dirigente norteamericano Tomás Jeterson le envía al presidente Monroe una carta donde
expresa abiertamente su pensamiento anexionista en tomo a Cuba. «Confieso francamente que
he sido siempre de opinión que Cuba seria la adición más interesante que podría hacerse a
nuestros sistemas de Estados». (6)
Ya el 27 de mayo de 1823, tres años antes del Congreso de Panamá, el Departamento de Estado
yanqui impartió instrucciones al Ministro norteamericano en Bogotá, Richard C. Anderson, para
enfrentar el proyecto de unidad la-tinoamericana; necesaria, al criterio de Bolívar, para enfrentar
los peligros comunes, las probables agresiones o la injerencia de potencias extranjeras. Señala el
instructivo del Departamento de Estado norteamericano: «Durante algún tiempo han fermentado
en la imaginación de muchos estadistas teóricos los propósitos flotantes e indigestos de esa Gran
Confederación Americana». (7)
La insolencia no puede ser más brutal, y digna de total y de absoluto re-chazo. Decirle a Bolívar:
Estadista teórico de propósitos flotantes, revela el diseño de una política antibolivariana, que
busca descalificar su concepción política de unidad latinoamericana, que se intenta ridiculizarlo
como un charlatán, descalificarlo como líder revolucionario, popular; habla del desprecio que
siempre han sentido las clases dominantes norteamericanas sobre nues-tros pueblos al Sur de sus
fronteras; del temor a la unidad y la integración real en aquellos momentos para enfrentar el
naciente imperialismo; tratar de impedir cualquier proyecto soberano; políticas imperiales que
hemos vivido dramáticamente en el continente en todo lo que va de siglo a través de sus políticas
de rapiña, saqueo de las riquezas e injerencia a partir del panamericanismo.
"Evitar a toda costa la no rea1ización del Congreso Anfictiónico de Panamá fue un objetivo político
norteamericano y una obsesión de sus principales dirigentes, para ello diseñaron políticas de
intrigas entre los gobiernos de América, sabotajes a las gestiones de Bolívar, ingerencias
descaradas en las políticas de otros Estados, con tal de frustrar el Congreso.
Cercano el Congreso Anfictiónico, arreciaron su conspiración para abortar el mismo, el 26 de
marzo de 1826 en carta enviada por el agente norteamericano ante el gobierno de Chile, Herman
Allen, le escribe al Departamento de Estado una correspondencia altamente reveladora de esas
políticas anti bolivarianas. Señala: «...Creo que, como Buenos Aires, ha rehusado enviar miembros
a ese cuerpo, no pudiendo ver ninguna buena razón que cualquiera de ellos tenga que apartarse
de ese criterio. tanto más que de concurrir se sujetarán a los mismos términos que Bolívar
imponga a México. Guatemala, Colombia y el Perú. Uniformemente he sostenido que semejante
asamblea sería prematura y no produciría ningún bien: que las armas de España no pondrían por
más tiempo en peligro la independencia de los nuevos Estados: que no exista peligro de
intervención en sus asuntos de ninguna potencia extranjera y que bajo tales circunstancias
podrían dirigir mejor sus energías a mejorar sus cuestiones internas antes que a gastar parte de las
mismas en alientos inútiles y quizás perjudiciales. (8)
Pero no sólo eran los norteamericanos los opuestos al Congreso. La corona inglesa conspiraba
también si bien no abiertamente para sabotear la realización del mismo, si intrigaba para que
algunas naciones americanas con problemas con otras, Brasil y Argentina, por ejemplo quienes
tenían una disputa por la Banda Oriental del Uruguay, no fuesen a la reunión en Panamá pues sus
probables acuerdos de dirimir las controversias entre los países americanos la apartaba de ser la
instancia exclusiva de mediación. Así en carta enviada por el Encargado de Negocios Extranjeros
de la Gran Bretaña, Canning, a Lord Ponsonby, Encargado de la Mediación, le expone que: «Nada
puede ser de mayor importancia para el Bracil que lograr que sus disputas con Buenos Aires estén
en vías de solución antes de se recurra al Congreso general de Estados en Panamá para que se
aboque a ella (así podría ocurrir si Buenos Aires llevaba el caso ante la Anfictionía). En una
asamblea de tal composición. Hay poca duda de que la decisión ser desfavorable para el imperio
del Brasil. No obstante, si la discusión pasara a Panamá, el enviado de Su Majestad al Congreso
recibirá instrucciones para emplear sus buenos oficios con el fin de lograr una solución amigable y
satisfactoria. (9)
En buena medida el proyecto de unidad latinoamericana y caribeña que preconizara Simón Bolívar
quedó frustrado, se fractura la Gran Colombia, se balcanizan sus naciones integrantes y aparentan
concentrarse en sí mismas para iniciar el despegue como «países independientes y soberanos»
cuando en verdad un federalismo montarás y parroquismo, pugnas estériles, insensatas luchas
fratricidas desgarran las auténticas conquistas independentistas y el pueblo sigue sumido en la
pobreza, la miseria y la opresión del caudillismo entregado a las oligarquías, a los terratenientes, a
la clase comerciante.
Los Estados Unidos del Norte, buscando activamente el control político de las naciones americanas
para sujetarlas a su dominio político y económico, colonizarlas o neocolonizarlas, media-tizarlas e
imponerles su modelo de «desarrollo» fundamentado en la monoproducción de productos que les
eran útiles para su desarrollo. Diseñaron una política exterior pretendiendo introducirse en la
cultura política america-na, imponiendo ser aceptado como un miembro más de la gran familia de
naciones americanas; desvirtuando sistemáticamente el ideario bolivariano ya ese Bolívar a quien
odiaban y veían como un peligro para sus intereses.
Sentimiento Integracionista de los pueblos. Surgimiento de formas nacionales, populares y
antiimperialista en la lucha política
Sin embargo, en los pueblos la idea integracionista, anfictiónica, de unidad latinoamericana seguía
viva, latente unas veces, activa otros. Un profundo sentimiento antiimperialista corría desde el río
Bravo hasta la Patagonia, de la frontera norte de México a la tierra del Fuego, en la Argentina,
pues las garras de rapiña del nuevo imperio se clavaban sin piedad en las carnes de nuestros
sufridos y oprimidos pueblos, los sumían en atroces estados de pobreza y miseria, de hambre y
seculares enfermedades mientras usufructuaban nuestras riquezas. Por esa pobreza de América
Latina y el Caribe, su atraso y subdesarrollo; gracias al saqueo de nuestras riquezas naturales o
agrícolas, se desarrollaba y enriquecía la nación imperial, se alejaba de nuestro tercer mundismo
para ser, cada vez más, nación de un exclusivo primer mundo donde apenas estaban unos diez o
quince países.
Los sentimientos nacionales de corte popular y antiimperialista, confundidos a veces ideológicas y
políticamente con anacrónicos nacionalismos de fronteras y chovinismos baratos, se fueron
incubando en nuestros pueblos. Los sectores más lúcidos de las burguesías latinoamericanas
impulsaban en diferentes épocas un nacionalismo que a veces rozaba el antiimperialismo: México,
Argentina, Perú. Bolivia; pero al final terminaban por imponerse los intereses y las políticas
yanquis y ese trasnochado jacobinismo quedaba como cosa del pasado, como travesura del
radicalismo juvenil. En tal sentido dirá Otto Vandervelde: Aprovechando semejante «filosofía» la
burocracia de turno del Estado desmonta. en forma barata el sentido nacional revolucionario de
las grandes masas campesinas, las de Sarraiga ideológicamente y demográficamente facilita los
avances del capital monopolista en el sector agro-industrial; arruina el campesino pobre y medio
para beneficiar las importaciones de los países industrializados situación que es acen-tuada por las
medidas neoliberales». (10)
Las clases dominantes criollas, oligarquías decimonónicas, sus partidos liberales o conservadores,
socialdemócratas o socialcristianos, pseudosocialistas; con democracias de utilería, con farsas
electorales para «elegir» (en Venezuela es patético como se ha «institucionalizado» el fraude y
una minoría pírrica «elige». En Chile, cuando perdieron, cuando no funcionó la manipulación y el
fraude, rompieron las reglas del juego y violentaron la situación imponiendo por medio del crimen,
el terror y la represión un régimen militar sanguinario y criminal) a los gobernantes, perpetuaban
periódicamente la dominación, la dependencia y el neocolonialismo. Las clases dominantes atadas
servilmente por un cordón umbilical, al corazón y al cerebro y a la banca imperial de los cuales
dependen y dependieron siempre para vivir, manejaban a su antojo nuestros países y lo
adecuaban a esos intereses.
Las luchas nacionales con un sentido y una realidad nueva, emanada de la contradicción histórica:
nación opresora (USA), naciones oprimidas (AL y el Caribe) se dibuja con claridad para algunos
sectores de las vanguardias políticas en diferentes momentos.
Después de la derrota de la lucha armada en los años 60 por años reinará una confusión y un
enorme caos ideológico en las dispersas y atomizadas fuerzas revolucionarias, cargadas de
foquismo, unas, de mesianismo, otras. No hay lucha ideológica, confrontación, análisis, nuevas
propuestas políticas. Un sector de la izquierda se integra a los procesos que imponen las clases
dominantes y una pesadez teórico invade todo, se incuba la división del PCV y ésta se consuma en
1970. Surge una visión «renovadora» del socialismo, una «mayoría comunista» que muere para
colarse un sedicente social democratismo que termina como Teodoro Petkoff y el MAS
defendiendo abiertamente a la oli-garquía y al neoliberalismo.
Algunas nuevas búsquedas, no obstante, se van dando tratando de explicar políticamente la
derrota y vislumbrar salidas futuras. EL MPDIN comienza en 1970 a darle un sentido nuevo y una
reinterpretación a la cuestión nacional desde una posición socialista, de la óptica de la clase
trabajadora, re-volucionaria. Elabora su teoría del nacionalismo popular antiimperialista y se bate
en lucha contra el revisionismo masista que devendría en oportunismo abierto y contra el
oportunismo electoralista de una izquierda derrotada, contra el mesianismo de importantes
grupos, que plantean un socialismo directo, organizaciones que muchas desaparecerán, con los
tiempos casi todos.
En otro polo está el caso de MBR-200 que insurge, con una cruenta insurgencia militar, y produce
una irreversible fractura en la estructura de dominación imperial y neocolonial en Ve-nezuela.
Nace inicialmente con confusas banderas nacionalistas y tímidamente antiimperialistas. En su seno
conver-gen y a veces se confunden sectores radicales de izquierda con sectores nacional
burgueses, pero ese Movimiento va paulatinamente afinando sus políticas nacional
antiimperialistas plasmadas en el programa «Agenda Bolivariana», se autodepura y aclara más su
pensamiento político y el de sus principales líderes, con el Comandante Hugo Chávez Frías a la
cabeza. Atrás va quedando cieno mesianismo y sectarismo de los primeros años, pero la cuestión
nacional todavía se mueve con propuestas ideológicas y no del todo claras en situaciones de fondo
aun cuando percibimos una propensión de asumir más claramente los intereses populares y la
conflictividad social. El MBR es una organización de izquierda nacionalista de nuevo cuño, aliada
de la izquierda revolucionaria.
Más recientemente (1995) un inte-resante ensayo unitario de izquierda y popular, el Bloque
Popular Unitario, integrado por la LS, PCV, MPDIN, BR, CONVERGENCIA REVOLUCIONA-RIA e
independientes, que comienza a asumir la cuestión nacional, como op-ción en la lucha política de
nuestro pueblo, tanto en la lucha contra los opresores de adentro (burguesía monopólicas,
oligarquía política, burocracia estatal, Estados mayores militares) como los de afuera
(imperialismo yanqui, factor hegemónico, pero también los siete países imperialistas más
desarrollados, las transnacionales, banca internacional, etc.) en un proceso ininterrumpido de
revolución nacional antiimperialista en marcha hacia el socialismo.
Tenía que producirse la insólita caída del campo socialista europeo y el desmembramiento de la
URSS, para que los sectores de izquierda comenzaran no sólo a ver hacia adentro de sus pueblos y
dentro de la realidad del continente y comenzar a hacer una revalorización de la cuestión nacional
como parte fundamental de una nueva estrategia. Los viejos conceptos de una indigesta y
dogmática interpretación marxista de la lucha de clases, que despojaba a ésta de lo nacional, para
dejárselo exclusivamente a los sectores burgueses y pequeños burgueses en sus variadas
expresiones y estamentos, comenzaba a acercar a esos sectores a una comprensión global tanto
de la llamada contradicción fundamental (capital-trabajo) y la contradicción principal (opresores-
oprimidos).
Naturalmente ello no impedía que por confusión ideológica y política, visión limitada,
oportunismo, pragmatismo sectores del campo de la izquierda, progresista hicieran una
interpretación errónea de un presunto anti neoliberalismo en las propuestas demagógicas de los
futuros gobernantes, astutos zorros de la política , y apoyaran sus gobiernos y sus políticas
dándole la espalda al movimiento popular en lucha.