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Informe de Expedición en Darién 1910

Este documento presenta el informe de una expedición enviada a la costa occidental del Golfo de Urabá en Colombia. Describe el viaje de la expedición desde Bogotá hasta Acandí y detalla los sondeos realizados en los puertos de la región para estudiar la zona limítrofe con Panamá.

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Informe de Expedición en Darién 1910

Este documento presenta el informe de una expedición enviada a la costa occidental del Golfo de Urabá en Colombia. Describe el viaje de la expedición desde Bogotá hasta Acandí y detalla los sondeos realizados en los puertos de la región para estudiar la zona limítrofe con Panamá.

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GENERAL JUSTINIAKO JARAlULLO

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EN EL DARIEN
-----

Informe de una Ex·pedición


OI\DENAIlA POR

EL MINISTERIO DE GUERRA


BOGO'f A
llfPJlUTA JtLÍcrRIC~, 168, CALLIt10

Este libro fue Digitalizado Por la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República,Colombia
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GENERAL JUSTINIANO JARAMILLO
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, EN EL DARIEN
Informe de una Expedición
ORDENADA POR

EL MINISTERIO DE GUERRA


BOGOTA
UI1'UNTA ELÍCTRlCA, 168, CALU 10

1910

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r-

r:olom/¡¡"a--I )eparta1flPllto de 'jllibd ,'o!Jerll{JcÚ;Il-'yÚnu'-


f;-(

f'fJ 'l.í.1-()wbd,;, :!8 de EIlf!f'o de 'f¡!(J

Tengo el honor de remitir á usted el lnfi)rme de la Expe-


dición que obró sobre el ~lunicipio de Acandí, limítrofé COIl
Panamá, cn cumplimiento de órdenes de ese Ministerio y de
las disposiciones del Decreto nÚmero 37 de '.!8 de Agosto Úl.
timo, expedido por esta Gobernación. El mapa (¡UC acompa-
ña al informe se envió por conduclo del Sr. Gobernador de
Carlagena.
En el informe general que rendí 2.1 Sr. Ministro de Go-
hierno y que eslá en prensa, dije:

"Expedición á Acalldf

Los límites entre este Departamento y el de Panamá en


la costa del Atlántico, (lue las leyes y contratos fijan en el
Cabo Tiburón, venían siendo moti vo de dudas y disputas en-
tre las autoridades que gobiernan las veo-as del río de La
Miel. Siempre ha poseído y administrado ef Cauca (ahora el
Chocó) la banda oriental de dicho río, siendo sus aguas el
verdadero lindero entre las dos entidades; pero como en al-
gunos documentos oficiales no se menciona ese do sino el
Cabo Tiburón, lo que nos quitaría diez kilómetros de costas
valiosas y una bahía de buen fondo, si así fuese, empezaron
las autoridades de Panamá. á ejercer actos de jurisdicción de
este lado de La Miel, á ganarse las simpatías de los natura-
les y á visitar con frecuencia la bahía de Sabsurro en gaso-
linas tripuladas por gendarmes, hechos (lue me movieron á
dictar el Decreto 37 de 28 de Al;osto, por el cual se dispo-
ne el envío de una Misión al l\luniciplO de Acandí, decreto
que fue en el acto aprobado por el Sr. Ministro de Guerra,
General Luis Enrique Bonilla, cuya deferencia para con esta
sección del país será siempre hien agradecida.
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-!¡-

Lo,; miembros de la Expedición ~alieron de aquí el 28 de


Septiemhre úllimo, ffifnos el Sr. Prefet'to Apostólico, que
partió fJuince días después, descoso de unirse;} sus compañe-
ros en Turbo, lo que no logró por sucesos imprevistos que
determinaron un cambio de rumbo y la ausencia del sabio y
abnegado MIsionero en rl lugar de las labores. Los Sres. Ge-
neral .Justiniano .Jaramillu y D. Hodolfo Caslro B., Jefe é In-
geniero, resper.tiv;lInt'nte, de dicha ExpediciÓn, desempeiía-
ron cnn lujo de pericia y buena voluntad su importante eo-
metid,¡. El informe que han rendido y el mapa r¡ue lo acom-
paña !;Oll obras que honr(ln á sus autores y los hacen aeree-
dore~ á la gratitud nacional. Los derechos de Colombia en la
región del Atlántico limítrofe con Panamá, han quedado
comprohados cnn el testimonio jurado de personas imparcia-
les, )' de hoy en a:ldante el Gobierno encontrará en el infor-
me)' mapa ameritados Iodos los datos que lllcesita sobre ex-
tensión, ri1lucza, puntos estratégicos, puert(ls, prorIuccionps
}' administración de aquel p"dazo de su lerritorio. Concepllío
fJue otra ¡'xpcdicir"n, con idéntico objeto, al Municipio de El
Litoral en el Pacifico, complementaría el interesante estudio
de los lugares que se nos disputan."
Me permito rogar á usted se sirva disp(lnl~r la publicación
en la 1rnprcn ta ~ élcional del referido In formc, para ¡¡UCsea bien
conocido en todo el país J especialmente pOI' los Diputados
á la J\samblca :\'acional que se reunirá este afio. Si mi sÚpli.
ca fuere atendida, dígnese ordenar que á este despacho se
remifan cicn e.ie.l1plares de tan importante lrabajo.
Oios guarde á usted.
GUlLLER~{'l O. Ilt-RTAllO

J/¡"¡¡is{f'i'¡o úe GlIerra--Bogo{lÍ, ilfa/'~o ¡'! de I!JIO

En vista del Informe riel Sr. General J IIstiniano Jararni.


Jlo sobre la Expedición allJarién, palrocinada por el Gobier-
no, pubHqucse en folleto para conocimiento riel p.ujlico . .Aví-
SCSI' reciho al Sr. Gllbern>idor de 'l'lihdó J dénse las gracias
al Sr. General JaramilJo p'lr la manera satisfactoria como
cumplió la comisión que en IllWn¡) hora se encomendó á su
lino .Y patriotismo.
Encárgase al Sr. Gral. Yergara y Velasco de la reduc-
ción del mapa de Acandí á las proporciones de la publicación,
y luégo remítase el original de uicho mapa:\ la Oficina de
ín formaciones del Estado MaJor General.

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INFORME
IH: LA

EXPEDICl<')~ SOBRE LA COSTA OCClDEC\ TA L

DEL GOLF') DE CRAU,\'

l\I.~ es honroso y satisfactorio á la vez prcsl'ntar á lIslc'l


el Illfnrrnt~ resultaíl0 de la comisión que me hizo el honor de
confiarme.
En eRlc Informe· -elaborado con efic&:l colaboración del
Sr. D. Rololfo Castro, primer Ayudante de la Expedición-
enl'on trará usted bipn demarcada la línea fronteriza que nos
divide con Panamá; detalles minuciosos sobre las costas de
este litor¡¡l; el resultarlo de los sondeos hechos ~n todos los
puertos, y, en una palaura, un estudio, lo má.,; completo po-
sible que se ha podIdo hacer, de aquella importante región.

PRIMERA PARTE
En cumplimiento de lo dispuesto por usted, y de las ór-
denes (lile por su honorable conducto me impartió el señor
Ministro de Guerra. me embarqué en esta CIudad el dla 28 de
Septiembre del año próximo pasado, "on direcci¡'¡n á Calotage-
na, en donde r1ebla tomar un vapor que ml~ condujera á Acan-
dí; desgraciadamente á mi llegada á a({uclta ciudad s610 ha-
bía entre los barcos del (j.•hierno en condiciones de navegar,
uno, que era el Pinzón, y éste, en esos días, debía llevar tro-
pas á Santarnarta y H.iohacha; esta circnnstancia motivó la
demora de la Expedición hasta ti 20 de Octubre en Carlage-
nao En esta fecha salí para el Golfo, en 1'1 vapor antes men-
cionaflo, en compañía dellogeniero Ayudante Sr. Cas:t.ro,de1
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Sr. Próspero Uribe, quien patriótica y dl'sinteresadamente me
acompañó en loda la Expedición, y del Subteniente Arluro
Escobar, Comandante de 25 h0mbres pueslos á mis órdenes
por el Jef~ de la Zona, Sr. General Jiménez López.
En el mismo vapor se embarl'aron los empleados que
iban á constituir y organizar el Gobierno de las islas de San
Andrés y Prúvidencia, á quienes acompaiié hasta aquellos lu-
gares pOrf¡ue mi presencia se imponía á hordo, tuda vez que
debía, al regresar. ir á Turbo para embarcar y conducir has-
ta Acandí á los Reycrendos Padres Misioneros que debían
formar parte de la Expedición.
Este propÓsito mío desgraciadamente no pudo realizarse
porque el uarco regresó de San .\ ndrés en condiciones malí-
simas, qoe le impedían emprender una nueva excursión, y
apenas tení~ escasamente carbón para regresar á Cartagena.
Antes de marcharme á San Andrés desemharqué en
Acandí á loJos mis compañeros el día 22 del mes citado;
confié elmanrlo de ti'~rra al Primer Ayudante Sr. Castro,
puse á sos tírdenes la tropa y le ordené empezar los trabajos
de ingeniería que se le hahían confiado.
El Sr. Castro, á quien nunca se I(~repite una orden, cum-
plió mis instrucciones, y durante mi ausencia ejecutó traba.
JOs de sondeo en algunos puertos; estudió una parle de la
costa y lIeg-ó á las orillas de La Miel el 29 de OClubre, en
donde fue bien recihido por los colombianos que moran en
aquella rr~i('IO; allí le informaron que \In Teniente militar de
Panamá, Jefe de la frontera, llamado Eduardo :\'avas, había
penelrado en La !\tiel con el ol.jcto de fijar el límite con Pa-
nam:i y practicado \lna trocha sohre las colinas del Cabo Ti-
burón, yendo ¡\ terminar en PIIn tapla!lt'ta, Ó sea en la entrada
de la hahía de S'aósnrro.
El Ayudante f>lslro convocó inmediatam~nte á los veci-
nos, que acudieron presurosos, y celehró una reunión para
protestar contra las pretensiones del empleado del Protecto-
rado yanqui y-para constancia-levautó uua acta firmada
por todos los vecinos, (¡ue á la I~tra dice:
" En la boca del río de La Mid, :\ los 29 días del mes de
Octubre> de l!)"g, el Sr. RoJolfo Castro B., Io~eniero Pri-
mer Ayudante del Sr. General Justiniano .Jaramillo A., Jefe
extraordinario, enviado por el Gobierno de Colomhia al lími-
te con el Departamento rehelde de Panamá, convocó á todos
los habitantes de este caserío de La Miel con el fin de solici-
tar su contingente para los trabajos de montaña que es nece-
sario ejecutar para fijar el límite con dicho Departamento en
la cima de la cordillera. Todos acuclieron presurosos y mani-
1eslaron con el mayor rntnsiasmo que wn colombiallos de
corazón, que aman la Patria que les legaron sus mayores y

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-que serán siempre fieles á su bandera. Al escuchar tan ge-
nerosas palabras de patriotismo, el Sr. Ayudante les dio las
gracias en nombre de Colombia y los felicitó por su lealtad
hacia ella.
Pasado este momento de entusiasmo, el Sr. Ingeniero, en
representación del Jefe expedicionario, informó á los vecinos
allí presentes que la línea de sus trabajos alcanza. por la costa
hasta el río de La Miel y que le es preciso ejecutar una tro-
cha que, partiendo de las cabeceras del citado río, suba direc-
tamente á las alturas del Tondon- Yala (loma de la cúpula),
que es la altura mayor de la sierra que divide las aguas en-
tre los afluentes del río Armila que corre hacía el territorio
panameño y el río Asti, afluente del Acandí, cuya hoya es
ó está toda en territorio colombiano.
AIg-unos vecinos manifestaron que, en días pasados, su-
bió el Jefe de la frontera panameña con el fin de lijar límites,
-pero que antes de llegar á los nacimientos del río tomó la
montaña sobre la margen izquierda de subida, procedimiento
igual al ejecutado por el mismo empleado días antes y del
cual ya se había hecho mención en esta acta.
El Sr. Castro, el Sr. Uribe y todos los habitantes de ¡HIue-
lla re¡-ión, allí reunidos, protestaron de nuevo contra el in-
tento del Representante panameño. Inmediatamente fue da-
de la orden, por el Ayudante Castro, de abrir la trocha que
conduce al punto citado del Tondon- Yala.
Para constancia se firma la presente acta por todos los
que en ella intervinieron.
Rodolfo Castro n., Juan A. Luna C" Inspector, Enrique
Olicr l3., Juan Gómez, I1defonso Torres, Marcos Vargas, Abe-
Jardo V ásquez, Juan Baena, Santiago Gómez, Agllstín d.e
Orla Luna, Andrés Gómez, Próspero lJribe, Ismael Soto, ~l-
casio Fernández y Eusebio l\Ieléndez."
Hecha una exploración preliminar, se ordenó la apertu-
ra de una trocha á lo largo del límite p,mameño hasta la cor-
dillera y vino á reunirse conmigo en "-canoi el 31 de Octu-
bre, día de mi regreso de San Andrés .
. ,Los trabajos continuaron sin intcrrupción hasta el 5 de
!\ovlCmhre, fecha en que me trasladé á la frontera con todos
mis compañercs, \lna parte de la tropa y el Sr. Francisco A.
Nanclares, Visitador Seccional de Instrucción PÚblica del De-
partamento de Quibdó, quien en desempcilO de sus funciones
había llegado en esos días al Distrito de Acandí ; me acompa-
ñaron también en esta nueva excursión.
Mientras el Ingeniero, Sr. Castro, t'studiaba el límite, su-
bía ,por la sierra de Tondon- Yala y llegaba á la cord~lIera
haCiendo J08 trazados correspondientes para ellevantamlcnto
.del plano, que acompaño á este Informe, habiendo grab~do

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en el tronco de un árbol el númbre de nuestra Naci6n y la
fecha en que se tomaba posesión de e~a altura, me ocupé en
h8cer derribar la montaña y preparar, muy cerca liel-arroyo
del do de La l\Jiel, un sitio aparente para fundar lUl pueblo
ttonterizo que en no muy kjano día será, no lo dudo, una de
las poblaciones más importantes de aquella costa, fundación
que dispuse por resolución de 17 de Noviembre y que fue
inau~urado el 19 del mismo mes en medio del mayor entu-
siasmo por pArte de los colombianos, que en gran número se
congn>garon aIli en aquel día para dar maJor so1emRidad al
acto de inauguración que me propuse llevar á cabo.
Población y puerto fueron hautizados con el nombre del
célebre J1atricio José Fernández Madrid, nombre que me su.
girió el recuerdo de este mártir glorioso y la buena acogid.a
que el Gobierno de Cartagena y en general todos los habI-
tantes de aquella simpática ciudad dieron ;i mi expedición.
Para darlc mayor solemnidad á este acto, que de por si
reviste caracteres de alto patriotismo, reuní á la mayor parte
de los habitantl's de esa región, y hombres, mujeres y niños~
rebosando de entusiasmo y al són del Himno Nacional, jura-
ron, besando el pabellón de nuestra Patria, derenderla contra
los intrusos t'xlranjeros que pretendan con su planta sacríle-
ga hollar nuestro !'uelo. Para constancia lev-anté una acta en
la cual se narran los acontecimientos de aquel día y que, á la
letra, dice así:

"ACTA DE INAUr.URAl:I<b" DF.L PUEHTO FER:-¡,{~DEZ MADRID

" En La Miel, á los diez y nueve dias del mes de Noviem-


hre de mil novecientos nueve y á moción del Sr. J ustíniano
JaramilIo A., .Tefe expedicionario, se reunieron en este sitio los
Sres. Rodulfo Caslro, Secrl'tario Ingeniero Primer Ayudante
del citado Jl'fe; Francisco A. NancJares, Visitador SeccionaJ
de las Escuclas del )Jeparlamento; Próspero Urihe, Adjunto
de la Expedicíón ; J uslino Valdelamar, Alcalde del Distrito de
Acandí; Juan Luna, lnsp~ctor especial de l~olicia del puer-
to denominado Fernández Madrid, que hoy se inaugura; Ar-
turo Escobar, Subteniente de la guarnición; Enrique Olier,
Máximo Diaz, Ismael é lsidoro Pérez, José Barrios, J oan de
la Cruz Baena, Hafael Hamirez, Ascensión Pertuz, todos los
vecinos de ('sIc puerto y los de la ha/lÍa ue Sabsufl'o, con el
objeto de inaugurar la fundación del puerto Fcrnández
Madrid, ordenada por resolución de fecha J 7 de los corrientes.
Desde las 8 a. m. !lamea en alto el pabellón de la Patria, y
todos los vecines, hombres, muj~res y niños rebosan de en-
tusiasmo.
Llegada la hora sena/ada, 12 m .. la tropa, formada en la
plaza trazada por el Sr. Castro, y el grupo de circunstantes •..

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entonaron el Himno Nacional 31 pie fle la bandera colom-
biana. Terminado esto, el General .Jefe expedicionario dijo:
j Colombianos al!ui reunidos! En el nombre de Dios y de
la Patria fundo rlesde hoy y para siempre este puerto y esta
población, que llevarán el nomul'e del célebre patricio carta-
genero Fern¡índez I\ladrid, centinela co(oca<io á la van-
guardia del hOllor nacional mientras suena la hora de la reí-
"indicación; juremos Iodos, en el nombre c\e ese mismo Dios
que nos mira desde el cielo y por este pabellón é insignia glo-
riosa de nuestra Patria, ser fieles á Colombia, defender sus
fueros)' su integridad, prefirit'ncio la muerte ;í la deslealtad.
Todos jurar(ln, á ulla voz, cumplir lo prescrito en el jura-
mento tomado. Acto cOl.tinuo, el Jefe expedicionario, Sil Se-
cretario y los empleac\lls principales colocan.n ulla piedra,
primera base para levantar un templo consagrado ;í la Madre
de Dios, y se fijó una tablilla con la siguiente inscripcillll:
, A María, Estrella de los mares '; otra piedra fue colocada
en el sitio en que debe construírse un edificio para Casa de
Gobierno, y cn IIna tabla, allí pucsta, se escribieron estas pa·
labras: 'Casa de Gobierno. Noviembre I~) de 1909.' En se-
guida se fijó sobre IIna roca del pucrto llna tablilla con I<! si-
guiente inscripción: Colombia. Puerto
¡ Fl'rnández Madrid.
Fundado por el neneral Justiniano JaramiJlo A. Goberna·
ciÓn. Guillermo O. 11urlado. NO\"iembre 19 de 190!.j.' Final-
mente, t'1 Sr. Francisco A. NancJares, en un corto é ins-
pirado discurso por su amor á la Patria, felicitó calurosa-
mente al Gobierno de Colombia, al seccional del Departa-
mento de QuibJó, al Sr. General .Jaramillo, al A)'udante Sr.
Castro, á los compañeros allí reunidos y á los sddados de la
expedición.
El Sr. Rodolfo Castro, en un patri6tico V elocllente dis-
curso, recordó á la vez á los pre~entes el di'ber de ~ratiLud
hacia el Gobernador del Departamrnto de Quibdó, D. Gui-
Hermo O. Hurtado, y al Jefe expedicionario Sr. Justmiano
J ararnillo A.
Salvas de fusilefÍa amenizaron el acto, que fue cerrado de
la manera más SOI"llIlle por el ;ya citado Jefe de la Expedi-
ción. Para constancia se firma la presente acta.
El Jefe expedicionario, J. JARAmLLO A.-EI Ingeniero
Secretario, Rodo{fo (:a~tro B.-El Visitador Escolar del De-
partamento, F,.aw¡sco A. Sandares-EI Adjunto ¡\Ia Expe-
dición. Prdspao Uriúe .l.-El Alcalde de ACllndi, Justino
Va/delamar-EI Inspector de la Frontera, .Juan A. Luna
C.-El Subteniente Jefe ne la Guarnición, A,.lllro Escobar-
Enrir/lle O/ier B., Mrí.dmo lJiaz,b'maelé lsidoro P';"n, Juan
de la Cruz Baellll, José BarrLOs, Rafael namíl'ez y Ascen-
sión Perlllz."
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Después de concluídas mis labores en el río de La Miel y


obtenidos los r~sultados que dejo narrados, regresé á A~andí,
en donde me ocupé, entre otras mucha~ cosas, en recibir de-
claraciones para comprobar que La Miel y no IJlro ha sido el
límite reconocido por todos los habitantes de aquellas costas,
entre los Departamentos de Cauca y Panamá, y como ellas
sean contextes, contienen noticias históricas relativas á la
fundación de Acandí y comprueban que en la colonización
de este litoral del Golfo no han intervenirlo panameiios. Creo
oportuno insertarlas en este r nforme. Ellas di(;en así:
"En Acandí, á los doce días del mes de Noviembre de r gog,
presente en esta Jefatura el Sr. Federico Barrios GJmez y pre-
vio juramento, que prestó con las formalidades legale~, mani-
festó ser mayor de edad, natural de la isla de l3arú, en el De-
partamento de 13oIívar, vecino de esta población desde hace
muchos años, agricultor, soltero y católico, apor-tólico, ro-
mano.
E! Sr. General J. Jaramillo lo interrogó en esta forma:
-¿Desde cuántos años atrás conoce esta región y qué
noticias puede dar sobre ella?
El interrogado contestó:
-- Vine aquí cuando en estas costas habitaban sÓlo indios
y este pueblo no existía; vine tí órdenes de I,)s Sres. José !\la-
da del Real, vecino de Hocha, en el Departamento de Bolí.
var, y de Manuel Hengifo, procedente del Chocó, con el objeto
de fundar este pueblo y explorar las montaiías para extraer
caucho y también taguas, que eran ahundanlÍsimas. Los
indios no opusieron resistencia y ce<iicron voluntariamente
una isla, especie de delta, en las bocas clel río AcanJí, donde
surgieron, casi inmediatamente, nuestras chozas y se retira-
ron á la margen opuesta del río, donde continuaron h,:¡bitan-
do. Posteriormente, una inundaciÓn arrasÓ el pueblo, y vini-
mos á establecernos en el punto que ocupaban los indios,
quienes se retiraron á establecerse en el río Tolo J en el
Guatl, este último afluente del Acandl.
- ¡, Sabe usted y le consta (lile toda esta reg-ión, hasta la
boca del río La Miel, ha pertenecido sic.u pre al lJepartamen-
to del Cauca ?
El ir, terrogado contestó:
-Me consta que siempre ha pertenecido toda esta comar-
ca, hasta la boca del río La Miel, al Departamento del Cau-
ea, hecho comprobado por el dominio que sobre elJa han ejer-
cido siempre las autorirlades de Turbo, Municipio de la Pro-
vincia de Urabá en el Departamento de Antioquia y que en
aquellos tiempos pertenecía á la Provincia de Atrato. En
Turho era nombrado siempre por el Alcalde el Inspector de
esta fracción; su autoridad ha sido siempre reconocida, res-

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- II

petada, y sus actos legítimos, no solamente hasta la boca del


río La Miel sino un poco más allá. Otro he~ho histórico con-
firma que estas tierras no han pertenecido nunca á Panamá.
Es el siguiente: Poco despnés de 1895, los indios amenazaron
á los colonizadores ; el Sr. Saturnino Perigan, que tenía ya
vinculados intereses aquí, imploró la protecci6n del (;obierno
del Departamento de Bolívar, el cual ord¡>nó, de acuerdo con
el de la Nacit'ln, á cargo entonces del Sr. Dr. Rafael NÚñez,
que viniera la cañonera Popa trayendo á bordo 300 hom-
bres bien armados y tres piezas de artillería que se sal-
taron á tierra para el caso de un conllicto. Obedeciendo órde-
nes superiores, el Jtfe de La Popa trajo á esta población de
Acandí los Jefes indios qne promovían la guerra, )' en una
acta firmada por éstos y por las personas más conspicuas, hi-
cieron constar qne los colonos explorarían y explotarían clte-
rritorio hasta el río La Miel, límite reconocido, aun por los
mismos indios, entre el Cauca y Panamá. Los in.1ios cumplie-
ron la promesa de no perturbamos, y desde entonces la pose-
sión absoluta de estas tierras ha correspondido al Departa-
men to del Cauca.
_¿, Quiénes pueden declarar sobre los mismos plintos de
su declaración '1
Contestó el interrogado:
--Pueden declarar los Sres . .Juan y .1ulián Luna.
Leida que le fue esta declar&ción, el testigo manifestó
estar conforme, ctc. cte •
.J. .rAl\A)lILLOA.-A ruego del testigo Federico BarrIOs
Gónw::, por no ~nber firmar, JustillO VaMelamar C.-El Se-
cretario, noriolfo Castro n."
En la misma fecha V en la misma forma de la anterior, el
Sr. Anihal Pérez de la 'Hosa declaró lo siguiente:
" En el aiío d ~ 1893 me hice vecino de esta población de
Acandí, que había sido fundada algunos aiíosantes en el mis-
mo sitio en que los indios habían destruí,io ya dos veces pe--
qncños rancherios de llIozadas de cauchero~. La poblacIón
habia sido dcfillllivamente fundada por los Sres. J<lSI~María
del Heal, Saturnino Pcrigan y Manuel H.cngifo eo no delta,
en la hoca del río Acan(Ji, sobrc la margen izqlllerda. Pos-
teriormente IIna creciente destruyó la población, que fue re-
edificada en cllugar que hoy ocupa.
_¿, Sabe usted y le consta que toda esta región ha perte-
necido al Drpartamento del Canca y cuáles son sus límites?
El interrogado conte'tó:
-Desde muy joven sabía de una manera positiva que
todo este litoral, hasta la hocadel río de La Miel, era caucano
y que el citado río había sido, como es hasta hoy, el límite
entre los dos Departamentos.

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- 1:1 -

Este hecho es tan público y notorio hasta entre los mis-


mos aborigenes, y no puede remitirse á duda, porque duraD-
te todos los tiempos el Cauca, y no otro Departamento, ha
ejercido sobre él actos de dominio. Desde que hubo pobla •.
dores y se hizo necesaria la acción de una autoridad, el De-
partamento del Cauca atendió Á esta necesidad, y nn Inspec-
tor de Policía, nombrado por el Alcalde de Turbo, distrito
de este mismo nombre, que entonces pertenecía á la Provin-
cia dd Atrato y hoy depende de la de Urabí, Departamento
de Antiol{uia, rigió los deslinos de la fracción, hasta que, eri-
gida en Intendencia la regíl)n del Chocó, fue elevada á la ea.
tegoría de Municipio. En los pocos conflictos ocurridos con
los indíos el Gobierno de Blllivar amparó á los colonizado-
res. Asi, en la última emergencia, el Gobierno despachó des-
de Cartagena la cañonera Popa con tropas y elementos
de guerra. El Jefe de este barco conoujo hasta esta pobla-
ción á los jefes indios hostiles, enlre los cuale~ figuraban el
Coronel 1l1apaquiI1a y el Sargento Mayor Bernardo; todos
ellos y las personas salientes que estah,;n de presente firma-
ron una acta, documento en que constó que los nuevos po-
Lladores podrian explotar y poseer toda la comarca hasta el
citado do de La Miel y que los indios no IlOstilizarfan á estos
colonizadores ..
Leida 1J1IC le fue t~sta declaración, el testigo manif~stó
hallada COnfOflllP, y la tirma con el Sr. Jde expedicionario
por antl~ mí cl St'cretario, J. JAH,uIlLLO A.-Anibal Pérer
de la ¡losa, llodo1fo Castro /J., Secretario Ayudante."
" En Acand{, á los doce días del mes de Noviembre de
J909, ~e presentó en esta Jefatura el Sr . .Julián Luua, quien,
previo juramento legal, prestado con todas las formalidades
requcridas, manifestó ser mayor de cdad, natural de Pasaca-
hallo, del Departamento de llulivar, vecino de esta población
desde hace muchos aI1os, agricullur y marino, casado,
C. A. H."
El General Jusliniano .Jaramillo, Jefe expedicionario, lo
interrogó así:
-¿ CU;Íntos años hace que usted conoce esta región y
qué noticias puede dar aCt'fca de ella?
-El intclTogado contestó: Hace veintidós años, más ó me-
nos, que habito en esta población de Acandí, y stí la historia
cierta de la marcha que siguió la colonización dc este territo-
rio, porque la hc oiclo referir por personas que fUdon testigos
presenciales de los acontecimientos.
De mil ochocielltos setenta á mil ochocientos sctenta y
cinco penetró en el rio Acandi el Sr. Santos Medrano con

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- '.3 -
algunos compañeros, .v estableció sus viviendas en la boca de
este río en \Ina isla. El gran nÚmero de habitantes que de
las eostas vecinas acudiÓ, hizo qae Medrano se dirigiera á
Sasardí en busca de una selva más rica en los productos que
busca ha ; pero un disgusto con los in.lios lo obligÓ á retirar-
se, no sin hacer/e, antes algunos daños que los irritaron é
hicieron que cHyeran sobre los colonos que haLían quedado
en Acandí; desalojados éstos, inccndiaron la incipiente po-
blaciÓn.
Tres aiíos más tarde volvi.', á intentarsc el restablecimien-
to del pueblo, que siempre ha llevado el nombre de Acandí ;
pero muy poco despué.; volvieron los indios á irritarse con
motivo de la muerte que un colono, llamado Francisco An-
gel Pérez, dio á un indio en la hoca del río GIJatí. El asalto
no se hizo esperar, y la cololJia pereció entrc las llamas.
I)e ,880 á 188:1 vinieron á establecerse de Iluevo, en el
mismo sitio, los Sres. Butino Dávila, Gumersindo Medrano,
Concepción GÓmez y .J ulián Toro, procedentes del entonces
Estado Soberano de Bolívar, con algunos valientes compa-
ñeros. La lenidad con que trataron á los indios hizo que és-
tos los dejaran en paz; pero más tarde, en el año de 188G,
más ó menos, los aborígenes intentaron una nueva irrupción,
pero Acandí hahía pro~resado bastante, hahía fincados en
él intereses de gran valía y el comercio pidió protección al
Departamento de Bolívar, que envió la cañonera Popa con
t.ropas .v elementos de guerra.
El Jefe del barco, obedeciendo á órdcnl~s superiores, trajo
hasta aquí á los Jefes indios de Sasardí que intentaban la
guerra. E .•tos, d Jefe del barco y algunas personas distingui-
das firmaron un documento, mediante el cual los colonizado-
re8 podían poseer y explotar las montañas y costas hasta el
no de La Miel, limite reconocido y respetado desde tiempo
inmemorial por panameñús, caucanos y bolivarenses, y no
pOl" el cabo Tiburón, como erróneamente han creído algonlls
personas del interior.
_ ¿ Sahe usted y le consta que toda esta re~iÓn hasta la
boca del río La l\liel siempre ha pertenecido all)epartamento
del Callca ?
ContestÓ el interrogado:
- Ya he dicho <lue desde muchos aiíos atrás, y creo que
siempre ha sido reconocido el río La Miel como el limite en-
tre los Departamentos del Cauca y Panamá. Los comercian-
le8 provenientes de este último Departamento jamás han pa-
sado eOIl sus barcos de esa línea, por el conveneimiento de
que éste es el verdadero Hmite entre los dos Dena~~
ya citado~. 'ANCO
~ll9'"
....• m .....
~ ......-
'.el~~"""'" ~
~~ ...•
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- J!~-

Leida que le fue al declarante esta exposición, la halló


corriente, se ratificó en ella y la firma con el Sr. Jefe de
esta ExpediciÓn por ante mi el Secretario.
J. JAnA.mLLO A.-Julián Luna C.-llodo(fo Castro B.,
Secretario Ay udan te."
Declaración del Sr. Julián Toro:
Preguntado:
-¿ A qué Departamento sabe usted qoe ha pertenecido
siempre esta comarca y cuáles han sido SllS limites '?
ContestlÍ: Me consta que siempre ha sido el límite entre
el Departamento de Panamá y el del Cauca el curso del río
La Miel, que es solamente un arroyo, y desde alli hasta la
boca de Tarena, en el río Atrato, se ha extendido siempre la
acción de las autoridades nombradas por el Departamento de
Quibdó, antes Provincia de Atrato, perteneciente al Depar-
tamento del Cauca.
Nunca se ha dudado de estos límites, y los actos ejercidos
por el Gohierno constituido en esta región han sido conside-
rados como legítimos.
-¿ Cuántos años hace que vive usted por estas tierras y
le consta ó nó que los panamelios han respetado los limites
antes dichos?
Contestó: Hace más de treinta años que vivo en esta cos-
ta occidental del golfo, y desde entonces he visto que los cau.
canos y los panameños han admitido y respetado siempre
como límite sagrado entre los dos Departamento el rio La
Miel, media legua, más ó menos, hacia el Noroeste del Cabo
Tiburón, y no Este, como equivocadamente y por falta de co-
nocimientos geográficos de esta región, lo han crciclo, y así
lo han infm mado al Gobierno personas que desconocen por
completo la parte geográfica de esta costa y la situación to-
pográfica de ella. ::::-::.-"':'!- ..:. _
Leida que le fue al exponente esta declaración, la ha1l9
corriente, se ratificó en ella y la firma con el Sr. Jefe de esta
Expedición, por ante mi el Secretario, •
J. JARAmLLO A.-A ruego del testigo, Juan P. Valdela-
mar.-Rodolfo Castro B., Secretario Ayudante

DECLARACIÓN DEL SR. JUAN LUNA.

El Sr. General J. Jaramillo, Jefe expedicionario, lo inte-


rrogó en esta forma: .
-¿ Cuánto tiempo hace que vive usted en este lugar y
cómo sabe y le consta que tanto los panameños como loscau-

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- 15-
canos, han reconocido siempre como límite entre estos dos
Departamentos el curso del río La Miel, por haber sido éste,
desde tiempo inmemorial, la línea divisofla?
Contestó: Conozco la región acerca de la cual se me inte-
rroga, hace veintiséis años, y estoy establecido definitivamen-
te en este punto de boca del río de La .Miel, hace doce años.
Durante esta larga permanencia he visto que todos los habi-
tantes de ella, de todas procedencias, inclusive los indios,
han reconocido como límitc entre estos dos Departamentos
del Cauca y Panamá el curso del río La Miel. Nunca he oído
decir que haya habido persona alguna que dude de este he-
cho; muy al contrario, he encontrado personas como el Sr.
Eduardo Navas-quien actualmente desempeña un puesto
del Gobierno panameño cn esta frontera, - quien muchas ve-
ces me ha dicho, al saltar desde la playa caucana á la playa
panameña, al través del pequeño río La Miel, estas precisas
palabras: ' Estoy en Panamá'; y al contrario, al saltar des-
de la playa panameña á la caucana: 'Estoy en Colombia.'
Leida que le fue al declarante esta exposición, manifestó
que había un error, consistente en que, en iU filiación, se
dice que es casado, siendo soltero.
En todo lo demás manifestó estar conforme; se ratificó y
firma con el General Jefe expedicionario por ante mí.

J. JARA!lULLO A.-Juan Luna C.-Rodolfo CastroB., Secre-


tario ayudante."

--...• -.--~

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SEGUNDA PARTE
La costa colomhiana que St~ {'xl ¡ende d('sne la boca del
rlo Atrato hast<l la hoca del do La Miel tuvo siempre ;rran.
dísima importanGia, así lo comprendieroFl los conquistado-
res Illle fundaron en ella poblaciones ne ca r:icter perrnan~nte,
tales eomo Santa María la Antigua, situada á orillas del río
'rancla y el Puerto de San .J lIan, que comtruyeron sobre una
roca en el mar, á 400 metros de la costa, la que unieron por
una calzada que los tiempos no han podido destruir.
La inclemencia de esos climas, las emulaciones entre los
conquistadores y las hostilidades de los indios dieron en tie-
rra con éste y otro!'; esfuerzos de los peninsulares, obligándo>-
los á retirarse; pero no perdieron de vista lag ventajas que
región tan privilegiada ofreda en lo porvenir, V fueron á si-
tuarse en la costa oriental del golfo, donde fundaron una
nueva poblaciÓn, que más tarde desapareció por las mismas
razones ()ue la primera, y cuyas ruinas remueven hoy los
buscadores de tesoros.
Abandonada la reg ión por los españoles, los indios com-
prendieron que la ofensiva en sus hostilidades les acarrearfa
más tarde el ani()uilamiento de su raza y la conquista defi-
nitiva de su territorio.
El instinto de su propia conservación les sugirió medios
menos violentos; pero !lO menos efIcaces para contener la
avalancha extranjera, y optaron por la defensiva; dictaron
Jeyes sociales que postergaron y sllmieron en el mayor des-
prestigio á la mujer que cedía á la conquista de un hombre
de otra raza, inhabilitándola en lo sucesIvo para ser soli-
citada por los indios; impidieron por todos los medios que
se aprendiese la lengua cHstel/ana y cerraron SllS oídos á los
sacerdotes católicos que en nombre de una religión de paz
y de consuelo intentaron la conquista; así lo prueba la con-
ducta de los indígenas, quienes hasta hoy, á pesar de tener
algunas nociones sobre la religión católica, rechazan toda
insinuación que se les haga tendiente á Uevarles sacerdotes
.ó misioneros del culto católico.

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-17-
Comprendieron lJue el oro atraía la codicia espaiiola, y aban-
donaron sus minas, borrando por completo el derrotero ó hue-
llas .por I¡onde pudiese llegarse á ellas; buscaron en el ais-
lamlen tu, en la pureza de su raza, en la unidad de su len-
guaje, en la in mutabilidad de sus costumbres el medio que
debiera sostenerlos en la posesión de su territorio y de sus
inalterables tradiciones.
Terminadas sus antiguas rivalidades, y ya libres de las
hostilidades de los espaitoles, se unieron todas las tribus para
formar una nación grande y fuerte, q!Je ha sido desde enton-
ces gobernada por un Záquila (cacique), no ya el tirano dés-
pota de otros tiempos, sino el amigo de todos sus goberna-
dos, el encargado de convocar á especie de Asambleas á to-
dos los capitanes de las pequeiias aldeas ó parcialidades para
resol ver las pocas complicaciones interiores y exteriores que
se les pudieran presentar; el ceremonial suntuoso de "épocas
pasadas desapareció por completo, y el ZAquila vi vió confun-:-
dido con su pueblo; sus costumbres fueron las mismas de
sus vasaIlos y su fortuna dependió desde entonces, como la
de é»tos, de su propio esfuerzo, matando así el germen de
ambiciones tentadoras, circunstancia que les permitió vivir
en una paz completa, durante la cual se hicieron más fuertes
y numerosos. Así pallaron los tiempos hasta ~ue brilló para
Colombia el día feliz de su libertad. Los indIOs vieron con
júbilo la desaparición de los españoles, no porque cORociera/}
las ventajas de la transformación política que redimía la
América, ni porque les interesase la suerte del país, sino por-
que vieron en los ejércitos patriotas á los vengadort>s de su
raza y vislumbraron la certidumbre de 'mantener indefinida-
mente su autonomía absoluta.
Libertada ya Colombia, empezaron los negros y mestizos
á abandonar las casas de sus amos, á extenderse por la costa
oriental del Go/fode Urabá; sus chozascomenzaron á surgir,
y los indios, temerosos de nuevas contiendas, fueron cediéndo-
les terreno; pero como la marcha del progreso de estos nue-
vos colonizadores no era tan alarmante, se contentaron con
trasladar sus bohíos á las cabeceras de los ríos Mulato, Cai-
mán, Caimanviejo y otros. Allí pemanecieron hasta que la
industria cauchera recibió grande impulso y lanzó, desde
mediados del siglo pasado, á aquellas montaiias, verdaderas
huestes de negros que las talaron en todas direcciones yatro-
pellaron á los antiguos moradores, que vinieron á refugiarse
en la eosla occidental del golfo, donde sus congéneres forma-
ban ya un pueblo compacto que se extiende del!de Armda, que
está situada muy cerca del rio La Miel, hasta Perdomo, sobre
el cabo San BIas, todo en territorio panameito.
~
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-I~-

Estos indios, que á todo trance quieren conservar su auto-


nomía y que reehazan toda autoridad que no sea la de ellos,
han elevado sus quejas al Gobierno de Colombia siempre que
el atropeJlo de los negros y mestizos ha sido sobre sus pro-
piedades de alguna significación, y como nuestro Gobierno
se ha mostrado siempre generoso con ellos y los ha sostenido
en sus derechos, inspirándoles la confianza que hoy tienen
en las autoridades del país, se ha conseguido hacer d~ los
indios Cunas y Chucunates verdaderos amigos de Colombia.
Es preciso hacer notar que su patriotismo se limita á solici-
tar de Colombia la garantía de su propiedad territorial, á
cambio de defender de los americanos y panameños la vas tí.
sima región que ocupan; por lo demás, nada les importa, ni
preocupa la suerte de Colombia, y en el egoísmo innato de
su raza han llegado á oponerse de una manera abierta y de.
cididaá que los colombianos penetren en sus riquísimos bos.
ques, que ellos jamás explotan.
La costa colombiana á que este informe se refiere eslá
h~bitada por negros y mestizos, prove~ientes del Departamen-
to de Bollvar y del fÍo Atrato, .y por IDdios de la raza Cuna ó
Cunacuna, descendientes de los Tules (hombres), como ellos
se apellidan; esta raza no es numerosa en esta parte de la
costa, pues á Jo más habrá de estos indios en territorio co-
lombiano de 1,:100 á 1,5°0, habiendo formado sus pequeñas
agrupaciones en los ríos Tanda, Unguía y Arquía, que des-
embocan en la ciénaga de '\farriaga, tributaria del Atralo, y
en el río Tolo, que desemboca al mar. Estos indios tienen sus
Capitanes, pero están sometidos al Gobierno de Iñapaquiña,
Jefe Supremo de los Cunas y Chucunates, y no tienen indus.
trias ni aspiraciones de ninguna clase, y esperan impasibles
la extinción de su raza.
Con respecto á los negros, que no pasan de 2,000, pudiera
decirse lo mismo que de los indios: son indolentes y pasan
los años sin que sus cultivos seensanchen ni posean otra cosa
que 'plátano, yuca, cocos y arroz, que mezclados con los peces
que el mar les ofrece, constituyen la base principal de su ali.
mentación. Ni uno solo de estos productos sobra en la casa
d~1 costeño establecido allí; lodo está calculado para subve-
nir á las necesidades inmediatas de la vida, cosa que parecería
increíble si no se tuviera en cuenta que la feracidad de aquel
suelo asegura infaliblemente las cosechas anuales.
No existen alJí clases sociales: todos los habita ntes de la
comarca se conSideran enteramente iguales; en sus frecuen-
tes fiestas apareccn confundidas todas las razas, sin exceptuar
la blanca, (flle general.mente está representada por mujeres
más ú mcnos honestas, que siguen á un querido,-casi siempre
de raza inferior, y por muy pOCOii.hombres de costumbree
pnálogas á las de 108 negros, -
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El matrimonio no existe allf como lazo de uni6n en las
familias; en este campo hay lihertades absolutas: lt>s hom-
bres hacen sus conquistas sin obstáculos, y las más de las ve·
CI'S complicAn ro ellas á los padres de la mujer apetecida.
Las facilidadrs para conseguir la vida. y el dinero sufi-
cil'ntepara hacer sus frecuentes firslas y entregarse á la be-
bida, IJ3n hecho perezosas á eslas ~entes que viven holgadas,
gastando en pasalipmpos inútiles la mejor parte de su exis-
tencia. Bajo estos Iluspicio!l, el progreso de la región se hace
imposible, solamente el núriwro lie habitantes crece porque
la fecundidad es el dón prrcio~(J de este suelo; esta es sin
duda la tierra de promisión de Colombia: los cocoteros asom-
bran con su enorme producción; la caña de azúcar, el pláta-
no, el hanano, la yuca, los ñames y todos los productos tro-
picales alcanzan allí el máximum de su desarrollo.
La te'mperatura fluctúa en el año entre 2() y 35° centí-
grados, siendo ésta una de las regiones en que se sostiene con
más uniformidad el termómetro.
La atmósfera caliente de esta costa es más ardiente que
la del Pacifico, debido tal vez á la proximidad de lá cordillera
y al influjo de las corrientes del mar Caribe; ésta se mantie-
ne cargada de vapores y rmanaciones nocivas, producidas por
los pantanos y ciénagas que hay en casi todas las costas,
siendo por consiguiente este clima muy malsano.
La cordillera que separa el Departamento de Quibdó del
de Panamá es la continuación de la cordillera de Chepo, que
bajo denominaciones diversas recorre este último Departa-
mento como cadena ribereña del Atlántico; ésta continúa á
lo largo de la costa colombiana, desde las alturas de Anachu-
cuna, que mide 4,900 pies sobre el nivel del mar, con rumbo
general hacia el SE., evolucionando un poco hacia el interior
para darcahida á la hoya del río Acandí, constituída por éste
y sus importantes afluentes el Astí y el Muerto.
Entre las cabeceras del Muerto y las de Acandí Seco se
levanta el lIudo de Gandí, de 3,600' pies sobre el nivel del
mar; la cordillera se sostiene á esta altura hasta el nudo de
Turgand{, t'n que alcanza ¡:¡,200 pies de altura. En este punto
la cordillera tuerce casi directamente hacia el Sur, sobre la
banda occidental del Atrato, y levanta sus crestas en la forma
siguiente: á la altura de Tanelita, S,goo pies; en los naci-
mientos de Cuti, 7,!¡00 ; altos de Tapalís9, 8,400; alturas de
Paita, G,807; altura de Tihule, 4,007; alturas de Cué, 1,200 ;
Paso del Tuira, 800; al llegar aquí, la cordillera evoluciona
nuevamente y se dirige al SO. inclinándose siempre un poco
111 O. hasla llegar á los cerros de Aspabé, cerca del liloral
pac{fico, últimas prominencias que sirven de límite corográ-
fico entre los Derarlamentos de quibd6 y :rallam4. Pes4~
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- 20 ,....

este punto ellfmite debe ser una IInca recta que vaya á ter-
minar entre punta Coca lita y punta Ardita, en la boca de 18
quebrada Pitalito, á orillas del Pacífico.
Esta cordillera, perfectamente definida, es conocida con el
nombre de Serranía del Darién, y extiende sus estribacionl's
en inmensas moles de rocas escarpadas sobre ambos flancos.
Nadapiré de las que se internan ell tel'fitorio panameño,
porque este trabajo no tiene el alcance de estudio tan com-
pleto; de las que bajan allitorallltlántico sí es preciso hacer
mención: En el límite con Panamá la cordillera proyecta
hacia el NO. un ramal que se desprende de las montañas de
Anachucuna,!le encrespa en Tondonyala, allura que fulmina
este ramal muy cerca de los nacimientos del río de La
Miel. Al descender de la cordJlJera por la cima de este es-
tribo, es fácil reconocer que sobre el flanco derecho Mccn
varios arroyos que forman el do Asa, aUuente del Acand/, y
que spbre la izquierda se forman corrientes que lit'van su
caudal de aguas al rio Armila, -que recone el territorio pa-
nameño y va á desembocar en la ensenada de su n.ombre en
la costa de San BIas. Este ramal se desf-rende, como ya he
dicho, del nudo de Anachucuna, y muere á orillas del peque-
ño arroyo que los geógrafos de toúos los tiernpo~, no se com-
prende por qué, han llamado río La Miel, pues no puede,
racionalmente, colocarse en la categoría de tál debido á que
Sil ca udal de aguas es tan pequcñ@ que no da al mar arriba
de 500 litros por minuto y Su curso tolalno alcanza á dos y
media leguas; I'ste arroyo Sf~ bifurca precisamente en el
punto en que el estribo de la cordillera acaba, de mancra
que el límite natural con Panamá en esta parte lo constilu-
ye el curso del río La Miel hasta el vértice de la confluen-
cia de los dos pequeños arroyos que lo forman, y desde alJi
al TondonyaJa, que se adhiere á la cordillera que está situada
á cuatro y media leguas de la costa, y en la parte paralela al
litoral tiene los siguientes estribos principales, bien definidos
y que descienden hasta la ribera, formando puntas y acan\ i-
lados: el del cabo Tiburón, punta importante en cuyo exlre-
mo pretenden fijar sus límites los panameños; las colinas
costaneras del río Aslí, que recorren e/litoral desde Tonúon.
yala hasta la boca del río Acandí y dividen las aguas que
bajan al mar, de las que afluyen al río Asti: la barra de Ar-
quiti, que se proyecta entre el río de este nombre, cierra la
ensenada de Acandi; la del Tolo, que forma la punta de (stc
nombre, cierra la ensenada de Acandí y divide las aguas de
aquél de las que bajan directamente al mar á lo largo ,d~
Playona; la de Tanela, que se desprende de la cordillera, fn-
frente de Puerto Goleta y corre paralela al liloral, esta-
bleciendo la división de las aguas entre los rlos que formal1

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- 21 -

la hoya hidrográfica del río Tanela, que desemboca en el


Atrato.
Pndiera decirse que no hay puertos en todo este litoral
colombiano desde la boca del río Atrato, denominada Ta-
rena, hasta la boca de La Miel j p~ro la posición de la cos-
ta permite que los barcos, de cualquier calado que sean,
fondeen enfrente de las bahías seguras que el litoral ofrece
cuando reinan los vientos del hemisferio austral, época que
se inicia á mediados del mes de Abril y concluye en los últi-
mos días de Noviembrl', ocurriendo con frecuencia el caso de
prolongarse hasta Enero; solamente en los meses de Diciem-
bre, Enero, Febrero y Marzo soplan vientos del Norte; du-
rante este tiempo el mar se alborota de tal manera, que des-
aparecen las costas bajo una nube blanca formada por el
agua que se levanta al chocar contra las rOCllS.
El inmenso caudal de aguas de los ríos Atrato, León y
Surquí origina una fuerte corriente, que marcha desde el
centro del golfo de Urabá en dirl'cción Sur-Norte, y las bri-
sas, al encontrarIas de frente, hacen el mar tan proceloso que
sería descabellado aventurarse muy cerca de esta costa sem-
brada de bajos y de es~ollos; pero en la otra época del año,
esto es, en el invierno, ya he dicho que los fondeaderos son
todos practicables enfrente de las pequeñas bahías, de las
cuales las más notables son: La Miel, hoy Pernándcz Ma-
drid, situ3da al NO. del caLa Tiburón, y cuyo fondo es el
siguiente: frente al cabo, media milla afuera, 16 braza";
en la entraua del puerto, 1!~Lrazas; fondo general, 12 Y 13
brazas; fondeaderos, 7~' La entrada á este puerto es com-
pletamente franca; basta nave~ar á ulla distancia prudente
de lacosta, colocarse frente á la boca del arroyuelo La Miel,
marchar r1esde aIll con rumllO Sur 228 Oeste hasta reconocer
á Playa Blanca y dirigirse á ella.
La magnífica bahía de Sabsurro, defendida en tOllo tiem-
po, y cuyo fondo es así: entre )Junta PlaJita y punta Flórez
hay I7 ~ brazas; entrada al puerto, 14 ~ ; fondo general, 11, 7 ~
8, 8, 8, 7~; fondeadero, 01·
Puerto Acandi, situado en rl fondo de la ensenada de
Tripogandí; t'ste puerto es de bastante fondo pero muy des-
abrigado; sin embargo, el río de su nombre ofrece magnífico
fondeadero á las embarcaciones que conducen productos de
Cartagena y otf(¡S lugares, y cuya copacidaj no pase de 110
toneladas.
Los fondeaderos de CalJ/ll'gand, Puel'lo Goleta, Tl'igand y
li'tllmate podrían utilizarse con poco costo, pero su poca im-
portancia no merece hacer gastos en ellos.
No existen islas en esta región; todos los puntos que apa-
recen con el nombre de tales son rocas desnudas de vegeta •.
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-'- 22 -

ción y las que la poseen son inaccesibles; sólo la isla de Pino


Roa está hahitada, pero no tiene importancia ninguna.
La proximidad de la cordillera, qu~ pudiera decirse que
tiene los pies en el mar, hace el suelo naturalmente quebrado;
sólo las vegas de los rlos y las playas formadas por las are-
nas que el oeéano ha ido depositando en la costa, son planas;
pero todo el suelo es aprovechable y feraz.
La minería en aquella región es una industria completa-
mente desconocida, pero no por esto se puede asegurar que
el oro no exista allí, pues en los lÍos Tancla, Arqula y Cuqué
y en la región de Ticantiquí se han encontrado preciosas
muestras de minas de aluvión.
Es probable que dedicándose gentes hábiles en el ramo
de la minería, encontrarían muy buenas minas de veta y alu-
vión, toda vez que la tradición habla de las inmensas rique-
zas que poseían los indígenas pobladores de aquellas comar-
cas en los tiempos de la Conquista.
Se tiene noticia de una mina de carbón, situada muy cer-
ca del puerto de la Goleta, y según se me aseguró, el Sr. José
Prestán, con quien no pude hablar, posee magníficas mues-
tras de este mmeral; pero hasta hoy los yacimientos que la
forman no se han encontrado, que yo sepa.
Los bosques están poblados de maderas de primera cali-
dad: el cedro, la giíina (especie de caoba) y la ceiba colora-
da (madera incorruptible), existen en tales proporciones que
pudiera decirse que son inagotables; hay además maderas
fuertes, de duración indefinida, propias para todo género de
construcciones; desgraciadamente todas estas riquezas hasta
hoy tstán inexplotadas.
El río Acandí y sus alluentes producen grandes cantida-
des de tagua, única fuente de riqueza que se explota y que
da vida al comercio de esa cosla. Anualmente se embarcan
para Cartagena G ó (i,ooo barriles de esa nuez que producen
actualmente al rededor de $ J 20,000 plata.
No es sólo este punto de Acandí el que produce la tagua
en la costa, también se encuentra en cantidades más ó menos
grandes en Gtros extensos bosques dellitoraI. Este fruto, que
cae de las palmeras que lo producen, se riega por el suelo, de
donde lo recogen en condiciones de ser exportado.
Casi todas las transacciones comerciales se verifican allí á
cambio de barriles de lagua, que es la unidad de medida
adoptada; el barril se subdivide en dos medios barriles ó en
cuatro cuartos; su peso es de 225 libras y contiene cada ba-
rril 2,000 nueces; estas unidades facilitan también las tran-
sacciones en pequeño. Produce también la costa un poco de
carey, cuya eantidad no pasa de 500 á 600 libras anuales.
La pesca de la tortuga se hace en los meses de Julio, AgostQ
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- 23-
y Septiembre, y podría aumentarse la produccitín antes
dicha enormemente lit las autoridades de esa part~ del Golfo
se preocuparan en el cumplimiento de sus deberes y la orga-
nizaran debidamente.
Los pescadores han encontrado en los centenares de miles
de huevos que las tortugas depositan en las playas un man-
jar exquisito j de manera que no sólo matan el animal y ven-
den la concha, sino que extirpan de la manera más imprevi-
sora la riqueza futura.
Los inaios emplean otro sistema verdaderamente distinto,
y que indica mayor y positivo cálculo en la conservación de
la riqueza que les produce esta industria j ellos sólo consu-
men una parte de los huevos que estos animales depositan en
las playas, y el resto lo cuidan con esmero para evitar que
tos negros los destruyan por completo. Estos indlgenas tam-
poco matan el animal para sacarle la concha, pues han He-
,ado á tal perfección en esta industria que arrancan la ma-
teria córnea s-in que la tortuga muera, quedando hábil para
seguirse reproduciendo.
Las industrias están en esa región completamente inci.
pientes; sólo el Sr. General Daniel Ortiz, con sus grandes
energías para d trabajo, montó en A..:andí un aserrío muy
bueno y abrió en lo~ bosques vírgenes de aquella región
grandes campos adecuados para el cultivo y la industria pe-
cuaria. Desgraciadamente este gran luchador fracasó en sus
propósitos, tal vez por la escasez absoluta de brazos y por la
dificultad que pudiera pr~sentársele para la consecución de
1ll capital suficiente para empresas de esta magnitud.
En el puerto de la Goleta hay una pequeña empresa pe-
cuaria, perteneciente al Sr. José Prestán, que indica las mag-
nifLcas condiciones de aquel suelo para la crianza del ganado
vacuno.
En varios puntos de la costa se encuentran pequefias
plantaciones de cocoteros, sembradas descle tiempo inmemo-
rial y casi todas pertenecen al Gobierno; entre éstas, la más
grande es la que existe en el punto denominado La Playona j
porsupuesto todo esto está completamente abandonado y las
autoridades jamás se preocupan d-el cuidado de ellas.
En Acandí y en las márgenes del,' río Meca, aUuente del
Tolo, hay una pequeña finca de agricultura del Sr. Emigdio
Morales, que atestigua cuán prácticos son en esa tierra los
cultivos de banano, cacao, caucho, caila <.leaZI.'1car,algodón,
maíz, arroz y todas las ralces alimenticias de los países tro-
picales.
El desarrollo de la industria pecuaria ofrece grandes faci-
lidades y magníficos rendimientos allí para quien se atreva á
tlcometer esta productora empresa en esa región; IOSpll6tOliJ

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crecen con la maJar exuberancia; en los veranos se secan
muy bien los montes derribados y las brisas de esa estación
hacen muy activa la combustión de los árboles que .se tum-
ban, de tal manera que las malezas desaparecen casI espon-
táneamente. Los ganados pudieran traerse del Sinú á la bahía
de Sispata, desde donde es filcilísirno transportarlos en vapo-
res .Y aun en pequeñas embarcaciones tIe vela.
En la hoya del río Acandí hay grandes superficies planas,
en las cuales llUdicran sembrarse, con muy bucnos resultados,
banano, cauc 10 y algod(ín.
También se encu~ntran terrenos muy aparentes para el
cullivo del caf,S; los pocos ejemplares quc de estos árboles se
encuentran en esa región, sorprendcn por la abundan-
cia de sus frutos, igual cosa puede decirse del algodón.
Dada la importancia qu~ tiene esta región, por la des-
cripción que á grandes rasg-os he hecho ya de ella, y por la
proximidad á las vías canálicas que pudieran intentarse en
Truand6 y Nipipí, me parece deber imprescindible llamar la
atención del Gobierno hacia la necesidad que hay de impul-
sarlas vigorosamente; para el/o podrían organizarse fuertes
compañías con capital colombiano, que llevaran allá in mi-
gTantes al país, que sería fácil contratar en el Sinú y en el
Departamento de Antioquia, donde hay abundancia de bra-
zos y grande escasez de trabajo. Podría también el Gobier-
no tomar por su cuenta la colonización, lIevando,familias po-
bres de los lugares antes indicados, pagándoles el transporte
y dándoles una cantidad suficiente que les permitiera pro-
veerse de los alimentos necesarios durante seis meses y de las
h.erramientas suficientes para hacer sus primeras planta-
cIOnes.
El transporte podría hacerse económicamente en uno de
los barcos que tiene fondeados el Gobierno en la bahía de
Cartagena .. ,
También me parece de gran necesidad un servicio médico
gratuito en los primeros tiempos. ,
No me atrevo á insinuar la idea de llevar una inmigra-
ción extranjera, porque el sentimiento patrio y clamor á Co-
lombia son condIciones que no deben faltar á los colonos de
esa frontera, y estando mezclados y en minoría, por supues-
to, con gentes tic países extranjeros, estos sentimientos des-
aparecerían en breve.
Además, veo en esa comarca un alivio inmediato,á las
necesidades de los rnenesterosos colombianos que residen y
fueran allí; los cuale~ cambiarían de suerte en poco tiempO y
llegarían al fin de la jornada hendiciendo al Gobicrno b.ien-
hechor que los llevó en buenas condiciones á esas costas. Na-
turalmente habría que facilitar .á los colonos .la adquisición

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dellítulo de propiedild que ocuparan, suprimiendo las {rubas


que hoy ponen las disposiciones vigentes sobre bandidos;
prohibiendo sí á los colonizadores el traspaso de la propie-
dad adquirida á ciudadanos () compañías extranjeras.
La condición de Municipio de esa región, la posición ais-
lada en que se encuentra y la escaSt'Z completa de personal
idóneo hacen imposible la organización de un Gobierno serio,
capaz de representar con dignidad la autoridad colombiana
en los casos probables de pretensioIlt's de extranjeros, y que
sea suficiente para dar orgllnizaci()n y fuerza al progreso dc
la comarca; por otra purle, el principio de autmidad esU\ de-
bilitado hasta el punto de que más que órdcnl's parecen sÚ-
pliclS sus mandatos; t\sta está representada por un Alcalde
ignorante.r pOI' \In Juez mÚs ignorante todavíu.
S"y de tlpini('lfi que esa costa dehe go!Jerllur¡;;e militar-
mente y crear en ella una Prefectura á cargo de un he,mbre
patriota, honrado, inteligenle y laborioso, sostt'llido por una
guarniciÓn tÍ por un cllcrpo de grndarmeI'Ía l1;1cÍ(lnal <¡ue
dependa rlirecl •.•mrnl(~ de Il Gouernací¡'J/l tlel Departamento
de / )uibdó.
Tambit~n creo (Jlw sería muy convenicnte trasladar á
Acandí y á puerto }erllánde: lJladnd la m¡¡yor parte de
los individuos qlle componen ti Hesguardo Nacional de Tur-
bo; en este p\lnto son casi innecesarios, porque por <:lUíno
puede hacerse contrahando ninguno, mientras que por los
lugares indicados sí sc facilita mucho 1'1 fraude, el cllal se
hace hoy cn no pcquella escala.
Da pena ver el estado lamentable en que se encuentra
la Instrucción Pública en ese territorio; sólo existe una es-
cuelita á cargo de una señorila completamente ignorante, y
que por consiguiente nada tiene que enseñar á sus discípulos;
. allí la instrucción debe ser obligatoria, y es necesario crear
un nÚmero mayor de escuelas, fundando una en Titumate,
otra en Acandí, y sosteniendo la creada por mí en el puerto
Ferndnder Madrid.
La cuestión religiosa corresponde al Gobierno Eclesiás-
tico del Departamento, á cargo hoy del muy distinguido
Prefecto Apos..lÓlico R. P. Juan Gil, de la Orden de Hijos del
Sagrado Corazón de María, quien no hay duda que con su
celo apostólico atenderá á.las necesidades espirituales de esas
gentes; hasta hoy, que yo sepa, muy penoso es confesarlo,
no ha puesto SIIS plHlltas en las coslas occidentales del golfo
de Urabá ningún sacerdote fatÓJicn.
P¡¡ra concluIr este Inf'lrme me permito recomendar, de
la manera más especial, al Sr. D. Hodolfo Castro, Ingeniero
AJ udantc de la Expedición, quien no ha omitido esfuerzo al·
guno para Ilevar/a á feliz término; su trabajo de Ingeniería
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-como usted lo verá por el famosQpl\Ulo qu~ le acompaño, se~
ra, no lo dudo, de gran import~ncia en los actuales mome~r
t03 para el Gobierno de Colombia. Este incansable trabaj¡9-
dor ha colaborado tamhién eficazmente CI.l la parte cientifi,Ca
de este Informe.
Asimismo le llamo la atención hacia el Sr. Próspero
Uribe, quien, por puro sentimiento de patriotismo, abandonó
sus negocios, y sin ganar un centavo me ha acompañado en
las rudas faenas de esta expedición hasta terminarIa; él se
ha hecho acreedor á una recompensa del Gobierno y con
gusto verJa que usted la solicitara del de la Nación.
También le recomiendo, mu)' especialmente, al Sr. Fr.a,n-
cisco A. l\'anclares, Visitador de Instrucción Pública del
Departamento, quien con interés y patriotismo me ha segui-
do en esta ardua labor, prestando importantes servicios á la
labor de que he sid:) Jefe.
Por mí sólo sé decirle que no he puesto más que mi hue-
·na voluntad en esta obra que -con sobra de talento y pa-
triotismo-- inició usted, y que tan benéficamenle fue apoya-
da y secundada por el entonces distinguido l\finistl1o de
-Guerra, Sr. General Luis Enrique Donilla.
Si mis esfuerzos para llevar á cabo esta importan~isima
empresa tuviesen alguna importancia, sería esto sufi,ciente
recompensa para mí y b~tante timbre de honor para llllm&r
-con sobrada justicia- su admini"tración como l~ más
patriota, honrada y próspera que ha~ta hoy haya tenido ~e
Departamento.
Soy de usted con toda conside~aci6n y r.~spelo ob~ecuell-
,te y sé~uro. servidor~·· '

El.Gener~JeW .ex~dicjOIl~io, J. ~AR4~IHQ ••••

Quibdó, 22 de Enero de 19-10.

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