Informe de Expedición en Darién 1910
Informe de Expedición en Darién 1910
EN EL DARIEN
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EL MINISTERIO DE GUERRA
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BOGO'f A
llfPJlUTA JtLÍcrRIC~, 168, CALLIt10
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GENERAL JUSTINIANO JARAMILLO
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, EN EL DARIEN
Informe de una Expedición
ORDENADA POR
EL MINISTERIO DE GUERRA
•
BOGOTA
UI1'UNTA ELÍCTRlCA, 168, CALU 10
1910
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r-
"Expedición á Acalldf
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INFORME
IH: LA
PRIMERA PARTE
En cumplimiento de lo dispuesto por usted, y de las ór-
denes (lile por su honorable conducto me impartió el señor
Ministro de Guerra. me embarqué en esta CIudad el dla 28 de
Septiembre del año próximo pasado, "on direcci¡'¡n á Calotage-
na, en donde r1ebla tomar un vapor que ml~ condujera á Acan-
dí; desgraciadamente á mi llegada á a({uclta ciudad s610 ha-
bía entre los barcos del (j.•hierno en condiciones de navegar,
uno, que era el Pinzón, y éste, en esos días, debía llevar tro-
pas á Santarnarta y H.iohacha; esta circnnstancia motivó la
demora de la Expedición hasta ti 20 de Octubre en Carlage-
nao En esta fecha salí para el Golfo, en 1'1 vapor antes men-
cionaflo, en compañía dellogeniero Ayudante Sr. Cas:t.ro,de1
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Sr. Próspero Uribe, quien patriótica y dl'sinteresadamente me
acompañó en loda la Expedición, y del Subteniente Arluro
Escobar, Comandante de 25 h0mbres pueslos á mis órdenes
por el Jef~ de la Zona, Sr. General Jiménez López.
En el mismo vapor se embarl'aron los empleados que
iban á constituir y organizar el Gobierno de las islas de San
Andrés y Prúvidencia, á quienes acompaiié hasta aquellos lu-
gares pOrf¡ue mi presencia se imponía á hordo, tuda vez que
debía, al regresar. ir á Turbo para embarcar y conducir has-
ta Acandí á los Reycrendos Padres Misioneros que debían
formar parte de la Expedición.
Este propÓsito mío desgraciadamente no pudo realizarse
porque el uarco regresó de San .\ ndrés en condiciones malí-
simas, qoe le impedían emprender una nueva excursión, y
apenas tení~ escasamente carbón para regresar á Cartagena.
Antes de marcharme á San Andrés desemharqué en
Acandí á loJos mis compañeros el día 22 del mes citado;
confié elmanrlo de ti'~rra al Primer Ayudante Sr. Castro,
puse á sos tírdenes la tropa y le ordené empezar los trabajos
de ingeniería que se le hahían confiado.
El Sr. Castro, á quien nunca se I(~repite una orden, cum-
plió mis instrucciones, y durante mi ausencia ejecutó traba.
JOs de sondeo en algunos puertos; estudió una parle de la
costa y lIeg-ó á las orillas de La Miel el 29 de OClubre, en
donde fue bien recihido por los colombianos que moran en
aquella rr~i('IO; allí le informaron que \In Teniente militar de
Panamá, Jefe de la frontera, llamado Eduardo :\'avas, había
penelrado en La !\tiel con el ol.jcto de fijar el límite con Pa-
nam:i y practicado \lna trocha sohre las colinas del Cabo Ti-
burón, yendo ¡\ terminar en PIIn tapla!lt'ta, Ó sea en la entrada
de la hahía de S'aósnrro.
El Ayudante f>lslro convocó inmediatam~nte á los veci-
nos, que acudieron presurosos, y celehró una reunión para
protestar contra las pretensiones del empleado del Protecto-
rado yanqui y-para constancia-levautó uua acta firmada
por todos los vecinos, (¡ue á la I~tra dice:
" En la boca del río de La Mid, :\ los 29 días del mes de
Octubre> de l!)"g, el Sr. RoJolfo Castro B., Io~eniero Pri-
mer Ayudante del Sr. General Justiniano .Jaramillo A., Jefe
extraordinario, enviado por el Gobierno de Colomhia al lími-
te con el Departamento rehelde de Panamá, convocó á todos
los habitantes de este caserío de La Miel con el fin de solici-
tar su contingente para los trabajos de montaña que es nece-
sario ejecutar para fijar el límite con dicho Departamento en
la cima de la cordillera. Todos acuclieron presurosos y mani-
1eslaron con el mayor rntnsiasmo que wn colombiallos de
corazón, que aman la Patria que les legaron sus mayores y
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-que serán siempre fieles á su bandera. Al escuchar tan ge-
nerosas palabras de patriotismo, el Sr. Ayudante les dio las
gracias en nombre de Colombia y los felicitó por su lealtad
hacia ella.
Pasado este momento de entusiasmo, el Sr. Ingeniero, en
representación del Jefe expedicionario, informó á los vecinos
allí presentes que la línea de sus trabajos alcanza. por la costa
hasta el río de La Miel y que le es preciso ejecutar una tro-
cha que, partiendo de las cabeceras del citado río, suba direc-
tamente á las alturas del Tondon- Yala (loma de la cúpula),
que es la altura mayor de la sierra que divide las aguas en-
tre los afluentes del río Armila que corre hacía el territorio
panameño y el río Asti, afluente del Acandí, cuya hoya es
ó está toda en territorio colombiano.
AIg-unos vecinos manifestaron que, en días pasados, su-
bió el Jefe de la frontera panameña con el fin de lijar límites,
-pero que antes de llegar á los nacimientos del río tomó la
montaña sobre la margen izquierda de subida, procedimiento
igual al ejecutado por el mismo empleado días antes y del
cual ya se había hecho mención en esta acta.
El Sr. Castro, el Sr. Uribe y todos los habitantes de ¡HIue-
lla re¡-ión, allí reunidos, protestaron de nuevo contra el in-
tento del Representante panameño. Inmediatamente fue da-
de la orden, por el Ayudante Castro, de abrir la trocha que
conduce al punto citado del Tondon- Yala.
Para constancia se firma la presente acta por todos los
que en ella intervinieron.
Rodolfo Castro n., Juan A. Luna C" Inspector, Enrique
Olicr l3., Juan Gómez, I1defonso Torres, Marcos Vargas, Abe-
Jardo V ásquez, Juan Baena, Santiago Gómez, Agllstín d.e
Orla Luna, Andrés Gómez, Próspero lJribe, Ismael Soto, ~l-
casio Fernández y Eusebio l\Ieléndez."
Hecha una exploración preliminar, se ordenó la apertu-
ra de una trocha á lo largo del límite p,mameño hasta la cor-
dillera y vino á reunirse conmigo en "-canoi el 31 de Octu-
bre, día de mi regreso de San Andrés .
. ,Los trabajos continuaron sin intcrrupción hasta el 5 de
!\ovlCmhre, fecha en que me trasladé á la frontera con todos
mis compañercs, \lna parte de la tropa y el Sr. Francisco A.
Nanclares, Visitador Seccional de Instrucción PÚblica del De-
partamento de Quibdó, quien en desempcilO de sus funciones
había llegado en esos días al Distrito de Acandí ; me acompa-
ñaron también en esta nueva excursión.
Mientras el Ingeniero, Sr. Castro, t'studiaba el límite, su-
bía ,por la sierra de Tondon- Yala y llegaba á la cord~lIera
haCiendo J08 trazados correspondientes para ellevantamlcnto
.del plano, que acompaño á este Informe, habiendo grab~do
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en el tronco de un árbol el númbre de nuestra Naci6n y la
fecha en que se tomaba posesión de e~a altura, me ocupé en
h8cer derribar la montaña y preparar, muy cerca liel-arroyo
del do de La l\Jiel, un sitio aparente para fundar lUl pueblo
ttonterizo que en no muy kjano día será, no lo dudo, una de
las poblaciones más importantes de aquella costa, fundación
que dispuse por resolución de 17 de Noviembre y que fue
inau~urado el 19 del mismo mes en medio del mayor entu-
siasmo por pArte de los colombianos, que en gran número se
congn>garon aIli en aquel día para dar maJor so1emRidad al
acto de inauguración que me propuse llevar á cabo.
Población y puerto fueron hautizados con el nombre del
célebre J1atricio José Fernández Madrid, nombre que me su.
girió el recuerdo de este mártir glorioso y la buena acogid.a
que el Gobierno de Cartagena y en general todos los habI-
tantes de aquella simpática ciudad dieron ;i mi expedición.
Para darlc mayor solemnidad á este acto, que de por si
reviste caracteres de alto patriotismo, reuní á la mayor parte
de los habitantl's de esa región, y hombres, mujeres y niños~
rebosando de entusiasmo y al són del Himno Nacional, jura-
ron, besando el pabellón de nuestra Patria, derenderla contra
los intrusos t'xlranjeros que pretendan con su planta sacríle-
ga hollar nuestro !'uelo. Para constancia lev-anté una acta en
la cual se narran los acontecimientos de aquel día y que, á la
letra, dice así:
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entonaron el Himno Nacional 31 pie fle la bandera colom-
biana. Terminado esto, el General .Jefe expedicionario dijo:
j Colombianos al!ui reunidos! En el nombre de Dios y de
la Patria fundo rlesde hoy y para siempre este puerto y esta
población, que llevarán el nomul'e del célebre patricio carta-
genero Fern¡índez I\ladrid, centinela co(oca<io á la van-
guardia del hOllor nacional mientras suena la hora de la reí-
"indicación; juremos Iodos, en el nombre c\e ese mismo Dios
que nos mira desde el cielo y por este pabellón é insignia glo-
riosa de nuestra Patria, ser fieles á Colombia, defender sus
fueros)' su integridad, prefirit'ncio la muerte ;í la deslealtad.
Todos jurar(ln, á ulla voz, cumplir lo prescrito en el jura-
mento tomado. Acto cOl.tinuo, el Jefe expedicionario, Sil Se-
cretario y los empleac\lls principales colocan.n ulla piedra,
primera base para levantar un templo consagrado ;í la Madre
de Dios, y se fijó una tablilla con la siguiente inscripcillll:
, A María, Estrella de los mares '; otra piedra fue colocada
en el sitio en que debe construírse un edificio para Casa de
Gobierno, y cn IIna tabla, allí pucsta, se escribieron estas pa·
labras: 'Casa de Gobierno. Noviembre I~) de 1909.' En se-
guida se fijó sobre IIna roca del pucrto llna tablilla con I<! si-
guiente inscripción: Colombia. Puerto
¡ Fl'rnández Madrid.
Fundado por el neneral Justiniano JaramiJlo A. Goberna·
ciÓn. Guillermo O. 11urlado. NO\"iembre 19 de 190!.j.' Final-
mente, t'1 Sr. Francisco A. NancJares, en un corto é ins-
pirado discurso por su amor á la Patria, felicitó calurosa-
mente al Gobierno de Colombia, al seccional del Departa-
mento de QuibJó, al Sr. General .Jaramillo, al A)'udante Sr.
Castro, á los compañeros allí reunidos y á los sddados de la
expedición.
El Sr. Rodolfo Castro, en un patri6tico V elocllente dis-
curso, recordó á la vez á los pre~entes el di'ber de ~ratiLud
hacia el Gobernador del Departamrnto de Quibdó, D. Gui-
Hermo O. Hurtado, y al Jefe expedicionario Sr. Justmiano
J ararnillo A.
Salvas de fusilefÍa amenizaron el acto, que fue cerrado de
la manera más SOI"llIlle por el ;ya citado Jefe de la Expedi-
ción. Para constancia se firma la presente acta.
El Jefe expedicionario, J. JARAmLLO A.-EI Ingeniero
Secretario, Rodo{fo (:a~tro B.-El Visitador Escolar del De-
partamento, F,.aw¡sco A. Sandares-EI Adjunto ¡\Ia Expe-
dición. Prdspao Uriúe .l.-El Alcalde de ACllndi, Justino
Va/delamar-EI Inspector de la Frontera, .Juan A. Luna
C.-El Subteniente Jefe ne la Guarnición, A,.lllro Escobar-
Enrir/lle O/ier B., Mrí.dmo lJiaz,b'maelé lsidoro P';"n, Juan
de la Cruz Baellll, José BarrLOs, Rafael namíl'ez y Ascen-
sión Perlllz."
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algunos compañeros, .v estableció sus viviendas en la boca de
este río en \Ina isla. El gran nÚmero de habitantes que de
las eostas vecinas acudiÓ, hizo qae Medrano se dirigiera á
Sasardí en busca de una selva más rica en los productos que
busca ha ; pero un disgusto con los in.lios lo obligÓ á retirar-
se, no sin hacer/e, antes algunos daños que los irritaron é
hicieron que cHyeran sobre los colonos que haLían quedado
en Acandí; desalojados éstos, inccndiaron la incipiente po-
blaciÓn.
Tres aiíos más tarde volvi.', á intentarsc el restablecimien-
to del pueblo, que siempre ha llevado el nombre de Acandí ;
pero muy poco despué.; volvieron los indios á irritarse con
motivo de la muerte que un colono, llamado Francisco An-
gel Pérez, dio á un indio en la hoca del río GIJatí. El asalto
no se hizo esperar, y la cololJia pereció entrc las llamas.
I)e ,880 á 188:1 vinieron á establecerse de Iluevo, en el
mismo sitio, los Sres. Butino Dávila, Gumersindo Medrano,
Concepción GÓmez y .J ulián Toro, procedentes del entonces
Estado Soberano de Bolívar, con algunos valientes compa-
ñeros. La lenidad con que trataron á los indios hizo que és-
tos los dejaran en paz; pero más tarde, en el año de 188G,
más ó menos, los aborígenes intentaron una nueva irrupción,
pero Acandí hahía pro~resado bastante, hahía fincados en
él intereses de gran valía y el comercio pidió protección al
Departamento de Bolívar, que envió la cañonera Popa con
t.ropas .v elementos de guerra.
El Jefe del barco, obedeciendo á órdcnl~s superiores, trajo
hasta aquí á los Jefes indios de Sasardí que intentaban la
guerra. E .•tos, d Jefe del barco y algunas personas distingui-
das firmaron un documento, mediante el cual los colonizado-
re8 podían poseer y explotar las montañas y costas hasta el
no de La Miel, limite reconocido y respetado desde tiempo
inmemorial por panameñús, caucanos y bolivarenses, y no
pOl" el cabo Tiburón, como erróneamente han creído algonlls
personas del interior.
_ ¿ Sahe usted y le consta que toda esta re~iÓn hasta la
boca del río La l\liel siempre ha pertenecido all)epartamento
del Callca ?
ContestÓ el interrogado:
- Ya he dicho <lue desde muchos aiíos atrás, y creo que
siempre ha sido reconocido el río La Miel como el limite en-
tre los Departamentos del Cauca y Panamá. Los comercian-
le8 provenientes de este último Departamento jamás han pa-
sado eOIl sus barcos de esa línea, por el conveneimiento de
que éste es el verdadero Hmite entre los dos Dena~~
ya citado~. 'ANCO
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canos, han reconocido siempre como límite entre estos dos
Departamentos el curso del río La Miel, por haber sido éste,
desde tiempo inmemorial, la línea divisofla?
Contestó: Conozco la región acerca de la cual se me inte-
rroga, hace veintiséis años, y estoy establecido definitivamen-
te en este punto de boca del río de La .Miel, hace doce años.
Durante esta larga permanencia he visto que todos los habi-
tantes de ella, de todas procedencias, inclusive los indios,
han reconocido como límitc entre estos dos Departamentos
del Cauca y Panamá el curso del río La Miel. Nunca he oído
decir que haya habido persona alguna que dude de este he-
cho; muy al contrario, he encontrado personas como el Sr.
Eduardo Navas-quien actualmente desempeña un puesto
del Gobierno panameño cn esta frontera, - quien muchas ve-
ces me ha dicho, al saltar desde la playa caucana á la playa
panameña, al través del pequeño río La Miel, estas precisas
palabras: ' Estoy en Panamá'; y al contrario, al saltar des-
de la playa panameña á la caucana: 'Estoy en Colombia.'
Leida que le fue al declarante esta exposición, manifestó
que había un error, consistente en que, en iU filiación, se
dice que es casado, siendo soltero.
En todo lo demás manifestó estar conforme; se ratificó y
firma con el General Jefe expedicionario por ante mí.
--...• -.--~
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SEGUNDA PARTE
La costa colomhiana que St~ {'xl ¡ende d('sne la boca del
rlo Atrato hast<l la hoca del do La Miel tuvo siempre ;rran.
dísima importanGia, así lo comprendieroFl los conquistado-
res Illle fundaron en ella poblaciones ne ca r:icter perrnan~nte,
tales eomo Santa María la Antigua, situada á orillas del río
'rancla y el Puerto de San .J lIan, que comtruyeron sobre una
roca en el mar, á 400 metros de la costa, la que unieron por
una calzada que los tiempos no han podido destruir.
La inclemencia de esos climas, las emulaciones entre los
conquistadores y las hostilidades de los indios dieron en tie-
rra con éste y otro!'; esfuerzos de los peninsulares, obligándo>-
los á retirarse; pero no perdieron de vista lag ventajas que
región tan privilegiada ofreda en lo porvenir, V fueron á si-
tuarse en la costa oriental del golfo, donde fundaron una
nueva poblaciÓn, que más tarde desapareció por las mismas
razones ()ue la primera, y cuyas ruinas remueven hoy los
buscadores de tesoros.
Abandonada la reg ión por los españoles, los indios com-
prendieron que la ofensiva en sus hostilidades les acarrearfa
más tarde el ani()uilamiento de su raza y la conquista defi-
nitiva de su territorio.
El instinto de su propia conservación les sugirió medios
menos violentos; pero !lO menos efIcaces para contener la
avalancha extranjera, y optaron por la defensiva; dictaron
Jeyes sociales que postergaron y sllmieron en el mayor des-
prestigio á la mujer que cedía á la conquista de un hombre
de otra raza, inhabilitándola en lo sucesIvo para ser soli-
citada por los indios; impidieron por todos los medios que
se aprendiese la lengua cHstel/ana y cerraron SllS oídos á los
sacerdotes católicos que en nombre de una religión de paz
y de consuelo intentaron la conquista; así lo prueba la con-
ducta de los indígenas, quienes hasta hoy, á pesar de tener
algunas nociones sobre la religión católica, rechazan toda
insinuación que se les haga tendiente á Uevarles sacerdotes
.ó misioneros del culto católico.
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Comprendieron lJue el oro atraía la codicia espaiiola, y aban-
donaron sus minas, borrando por completo el derrotero ó hue-
llas .por I¡onde pudiese llegarse á ellas; buscaron en el ais-
lamlen tu, en la pureza de su raza, en la unidad de su len-
guaje, en la in mutabilidad de sus costumbres el medio que
debiera sostenerlos en la posesión de su territorio y de sus
inalterables tradiciones.
Terminadas sus antiguas rivalidades, y ya libres de las
hostilidades de los espaitoles, se unieron todas las tribus para
formar una nación grande y fuerte, q!Je ha sido desde enton-
ces gobernada por un Záquila (cacique), no ya el tirano dés-
pota de otros tiempos, sino el amigo de todos sus goberna-
dos, el encargado de convocar á especie de Asambleas á to-
dos los capitanes de las pequeiias aldeas ó parcialidades para
resol ver las pocas complicaciones interiores y exteriores que
se les pudieran presentar; el ceremonial suntuoso de "épocas
pasadas desapareció por completo, y el ZAquila vi vió confun-:-
dido con su pueblo; sus costumbres fueron las mismas de
sus vasaIlos y su fortuna dependió desde entonces, como la
de é»tos, de su propio esfuerzo, matando así el germen de
ambiciones tentadoras, circunstancia que les permitió vivir
en una paz completa, durante la cual se hicieron más fuertes
y numerosos. Así pallaron los tiempos hasta ~ue brilló para
Colombia el día feliz de su libertad. Los indIOs vieron con
júbilo la desaparición de los españoles, no porque cORociera/}
las ventajas de la transformación política que redimía la
América, ni porque les interesase la suerte del país, sino por-
que vieron en los ejércitos patriotas á los vengadort>s de su
raza y vislumbraron la certidumbre de 'mantener indefinida-
mente su autonomía absoluta.
Libertada ya Colombia, empezaron los negros y mestizos
á abandonar las casas de sus amos, á extenderse por la costa
oriental del Go/fode Urabá; sus chozascomenzaron á surgir,
y los indios, temerosos de nuevas contiendas, fueron cediéndo-
les terreno; pero como la marcha del progreso de estos nue-
vos colonizadores no era tan alarmante, se contentaron con
trasladar sus bohíos á las cabeceras de los ríos Mulato, Cai-
mán, Caimanviejo y otros. Allí pemanecieron hasta que la
industria cauchera recibió grande impulso y lanzó, desde
mediados del siglo pasado, á aquellas montaiias, verdaderas
huestes de negros que las talaron en todas direcciones yatro-
pellaron á los antiguos moradores, que vinieron á refugiarse
en la eosla occidental del golfo, donde sus congéneres forma-
ban ya un pueblo compacto que se extiende del!de Armda, que
está situada muy cerca del rio La Miel, hasta Perdomo, sobre
el cabo San BIas, todo en territorio panameito.
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este punto ellfmite debe ser una IInca recta que vaya á ter-
minar entre punta Coca lita y punta Ardita, en la boca de 18
quebrada Pitalito, á orillas del Pacífico.
Esta cordillera, perfectamente definida, es conocida con el
nombre de Serranía del Darién, y extiende sus estribacionl's
en inmensas moles de rocas escarpadas sobre ambos flancos.
Nadapiré de las que se internan ell tel'fitorio panameño,
porque este trabajo no tiene el alcance de estudio tan com-
pleto; de las que bajan allitorallltlántico sí es preciso hacer
mención: En el límite con Panamá la cordillera proyecta
hacia el NO. un ramal que se desprende de las montañas de
Anachucuna,!le encrespa en Tondonyala, allura que fulmina
este ramal muy cerca de los nacimientos del río de La
Miel. Al descender de la cordJlJera por la cima de este es-
tribo, es fácil reconocer que sobre el flanco derecho Mccn
varios arroyos que forman el do Asa, aUuente del Acand/, y
que spbre la izquierda se forman corrientes que lit'van su
caudal de aguas al rio Armila, -que recone el territorio pa-
nameño y va á desembocar en la ensenada de su n.ombre en
la costa de San BIas. Este ramal se desf-rende, como ya he
dicho, del nudo de Anachucuna, y muere á orillas del peque-
ño arroyo que los geógrafos de toúos los tiernpo~, no se com-
prende por qué, han llamado río La Miel, pues no puede,
racionalmente, colocarse en la categoría de tál debido á que
Sil ca udal de aguas es tan pequcñ@ que no da al mar arriba
de 500 litros por minuto y Su curso tolalno alcanza á dos y
media leguas; I'ste arroyo Sf~ bifurca precisamente en el
punto en que el estribo de la cordillera acaba, de mancra
que el límite natural con Panamá en esta parte lo constilu-
ye el curso del río La Miel hasta el vértice de la confluen-
cia de los dos pequeños arroyos que lo forman, y desde alJi
al TondonyaJa, que se adhiere á la cordillera que está situada
á cuatro y media leguas de la costa, y en la parte paralela al
litoral tiene los siguientes estribos principales, bien definidos
y que descienden hasta la ribera, formando puntas y acan\ i-
lados: el del cabo Tiburón, punta importante en cuyo exlre-
mo pretenden fijar sus límites los panameños; las colinas
costaneras del río Aslí, que recorren e/litoral desde Tonúon.
yala hasta la boca del río Acandí y dividen las aguas que
bajan al mar, de las que afluyen al río Asti: la barra de Ar-
quiti, que se proyecta entre el río de este nombre, cierra la
ensenada de Acandi; la del Tolo, que forma la punta de (stc
nombre, cierra la ensenada de Acandí y divide las aguas de
aquél de las que bajan directamente al mar á lo largo ,d~
Playona; la de Tanela, que se desprende de la cordillera, fn-
frente de Puerto Goleta y corre paralela al liloral, esta-
bleciendo la división de las aguas entre los rlos que formal1
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crecen con la maJar exuberancia; en los veranos se secan
muy bien los montes derribados y las brisas de esa estación
hacen muy activa la combustión de los árboles que .se tum-
ban, de tal manera que las malezas desaparecen casI espon-
táneamente. Los ganados pudieran traerse del Sinú á la bahía
de Sispata, desde donde es filcilísirno transportarlos en vapo-
res .Y aun en pequeñas embarcaciones tIe vela.
En la hoya del río Acandí hay grandes superficies planas,
en las cuales llUdicran sembrarse, con muy bucnos resultados,
banano, cauc 10 y algod(ín.
También se encu~ntran terrenos muy aparentes para el
cullivo del caf,S; los pocos ejemplares quc de estos árboles se
encuentran en esa región, sorprendcn por la abundan-
cia de sus frutos, igual cosa puede decirse del algodón.
Dada la importancia qu~ tiene esta región, por la des-
cripción que á grandes rasg-os he hecho ya de ella, y por la
proximidad á las vías canálicas que pudieran intentarse en
Truand6 y Nipipí, me parece deber imprescindible llamar la
atención del Gobierno hacia la necesidad que hay de impul-
sarlas vigorosamente; para el/o podrían organizarse fuertes
compañías con capital colombiano, que llevaran allá in mi-
gTantes al país, que sería fácil contratar en el Sinú y en el
Departamento de Antioquia, donde hay abundancia de bra-
zos y grande escasez de trabajo. Podría también el Gobier-
no tomar por su cuenta la colonización, lIevando,familias po-
bres de los lugares antes indicados, pagándoles el transporte
y dándoles una cantidad suficiente que les permitiera pro-
veerse de los alimentos necesarios durante seis meses y de las
h.erramientas suficientes para hacer sus primeras planta-
cIOnes.
El transporte podría hacerse económicamente en uno de
los barcos que tiene fondeados el Gobierno en la bahía de
Cartagena .. ,
También me parece de gran necesidad un servicio médico
gratuito en los primeros tiempos. ,
No me atrevo á insinuar la idea de llevar una inmigra-
ción extranjera, porque el sentimiento patrio y clamor á Co-
lombia son condIciones que no deben faltar á los colonos de
esa frontera, y estando mezclados y en minoría, por supues-
to, con gentes tic países extranjeros, estos sentimientos des-
aparecerían en breve.
Además, veo en esa comarca un alivio inmediato,á las
necesidades de los rnenesterosos colombianos que residen y
fueran allí; los cuale~ cambiarían de suerte en poco tiempO y
llegarían al fin de la jornada hendiciendo al Gobicrno b.ien-
hechor que los llevó en buenas condiciones á esas costas. Na-
turalmente habría que facilitar .á los colonos .la adquisición
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