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ARTIGAS

Este documento presenta el índice o sumario de un libro sobre José Artigas y el programa federal artiguista en el Río de la Plata entre 1810-1820. El prólogo agradece a varias instituciones y académicos por su colaboración y apoyo en la investigación. La introducción describe brevemente el conflicto entre las élites de Buenos Aires que buscaban el centralismo y los pueblos del interior que lucharon por el federalismo liderados por Artigas. El libro analizará el nacimiento, desarrollo y frustra

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Este documento presenta el índice o sumario de un libro sobre José Artigas y el programa federal artiguista en el Río de la Plata entre 1810-1820. El prólogo agradece a varias instituciones y académicos por su colaboración y apoyo en la investigación. La introducción describe brevemente el conflicto entre las élites de Buenos Aires que buscaban el centralismo y los pueblos del interior que lucharon por el federalismo liderados por Artigas. El libro analizará el nacimiento, desarrollo y frustra

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1º edición: Universidad de la República,

Departamento de Publicaciones, 1968.

29 edición: Margarita Silberberg,


Impresora Cordón, 1971.

Derechos de autor reservados


conforme ala Ley N9 9.739
SUMARIO

PRELIMINAR

INTRODUCCIÓN

LA REVOLUCIÓN DE MAYO Y LA BANDA ORIENTAL

EL PUEBLO ORIENTAL EN ARMAS

LA SOBERANÍA ORIENTAL Y LA EMIGRACIÓN

LA GESTA DEL PROGRAMA ARTIGUISTA

EL PROGRAMA POLITICO DEL ARTIGUISMO

EL AUTONOMISMO ORIENTAL Y EL CENTRALISMO


PORTEÑO
A Eduardo Acevedo,
universitario ejemplar,
mentor de la verdad artiguista.
PRELIMINAR

Esta obra izo hubiera sido posible, sin el ingente aporte


documental y de revisión crítica, realizado en el Río de la
Plata en el último cuarto de siglo, por numerosos centros de
investigación y estudio, cátedras universitarias y distintos
autores.
Queremos, en particular, señalar nuestro reconocimiento
a la Dirección y personal técnico del Archivo General de la
Nación, Museo Histórico Nacional, Biblioteca Nacional -Sala
de Investigadores-, Archivo de la Curia Eclesiástica, Insti-
tuto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Huma-
nidades y Ciencias, de Montevideo; y del Archivo General de
la Nación Argentina, Museo Mitre, Biblioteca Nacional -Sa.
la Paul Groussac-, y del Instituto de Investigaciones Histó-
ricas de la Facultad de Filosofía y Letras, de Buenos Aires;
y a los titulares de los archivos públicos y privados de las
Provincias de Entre Ríos, Santa Fé, Corrientes y Córdoba,
de la República Argentina, por su colaboración para la
compulsa de fuentes y textos.
En especial, dejamos constancia de nuestro agradecimiento
a la generosa colaboración de que fuimos objeto por parte de
los señores' profesores Simón S. Lucuix y Flavio A. García, y
Dr. Luciano Labaure Casaravilla, mediante valiosos aportes en
préstamo de libros y revistas provenientes de sus excelentes
bibliotecas.
Asimismo, ha sido particularmente valiosa la inteligente
cooperación intelectual del eminente historiador P. Guillermo

5
Furlong S.J.; del ex-Decano de la Facultad de Humanidades
y Ciencias de la Educación de la Universidad de La Plata,
Dr. Roberto Marfany; del distinguido colega Profesor Alfredo
Castellanos; de nuestro dilecto amigo Alberto Methol Ferré,
y los interesantes datos del investigador compatriota Sr. Juan
A. Gadea.
Hemos utilizado ampliamente la documentación del "Ar-
chivo Artigas" en los volúmenes editados hasta la fecha,
labor historiográfica de gran mérito, que ha-tenido y tiene,
en el ex-Ministro de Instrucción Pública y Previsión Social
y actual Director del Museo Histórico Nacional, Prof. Juan
E. Pivel Devoto, un invalorable orientador y realizador y a
cuyo personal técnico de Investigadores tuvo el honor de
pertenecer el primer titular de esta obra.

"La Pulpería", Barra de Maldonado, enero de 1968.

N. B. Esta segunda edición -a cuyo editor Margarita Silberberg -


Impresora Cordón, expresamos nuestro reconocimiento- ha sido corre-
gida en algunos leves aspectos, respecto de la primera
Asimismo, reiteramos a nuestros colegas y estudiosos del proceso
histórico del Río de la Plata, nuestro agradecimiento por sus indica-
ciones y críticas recibidas con motivo de la publicación de este trabajo.
Montevideo, abril de 1971.

6
INTRODUCCION

En el proceso histórico del Uruguay y del Río de la Plata,


la década 1810-1820 está signada por el nacimiento, desarrollo
y frustración del programa federal artiguista de unidad
nacional.
En la dialéctica de la emancipación iberoamericana,
juegan dos líneas antagónicas: por un lado, el afán de poder,
de ascen_só y de prestigio sociales, y .d-plenco jafntte_de la
ri eza, de los patriciados de las ciudades capitales; y por
e otro, el sentimiento de liberación de los pueblos, inter-
pretado por los grandes caudillos, tendiendo a ganar, en la
Independencia, la plenitud del ser histórico continental.
Prevalecerá, como es notorio, el orden patricio, erigiendo
sobre las trazas del heredado régimen borbónico, los Estados
"nacionales", recortados y segmentados sobre el cuerpo histó-
rico de la Nación iberoamericana. Y cada uno de ellos, cons-
tituído, desde el centro capitalino de poder, a imagen y seme-
janza de sus minorías dirigentes, unidas por el cordón umbi-
lical del comercio ultramarino al Imperio Inglés, y enaje-
nadas por la refracción de las ideas importadas, al universo
liberal de la pujante burguesía europea.
Ilustrativo, en grado singular, sobre el origen y desa-
rrollo del proceso en todo el ámbito iberoamericano, es el
drama que le tocó vivir a los pueblos incluídos en las co-
marcas del Plata. Asomado el estuario sobre el Atlántico -
antiguo "mare nostrum" de los hispanos; desde Trafalgar,
camino abierto a la intrepidez británica-, sufrieron sus ribe-

7
ras, con precedencia sobre toda otra costa americana, el
primer embate del afán conquistador de Gran Bretaña, en
la hora decisoria de su lucha con el imperio europeo conti-
nental de Napoleón; y poco después recibieron la estimulante
presencia de sus mercaderes y el consejo prudente de sus
diplomáticos, sobre el "gobierno propio" y "el comercio libre",
que iluminaron los afanes de una minoría criolla, -tan
letrada como inexperta- para. ocupar, en la conyuntura pro-
picia de la crisis de la monarquía nacional hispano-americana,
el vacilante solio virreinal.
Buenos Aires sería, desde entonces, el escenario de una
actividad política, conducida por los hombres representativos
de su patriciado, cuyo proceso de marchas y contramarchas,
de ensayos y fracasos institucionales, de disputa de facciones
por el efímero poder, no tenía otro norte que el de imponer
sobre el ancho país americano, el predominio de su capita-
lidad, al amparo de su condición de "metrópoli" adminis-
trativa, aduanera y mercantil. Si acaso aparece, rompiendo
este esquema utilitario y doméstico porteño, la visión superior
de los objetivos nacionales, en el vigoroso pensamiento de
Moreno o en la épica voluntad de San Martín, pronto preva-
lece el afán localista de predominio político y de lucro mer-
cantil. De espaldas a un país americano que desprecia y no
comprende, la ciudad, que no quiere dejar de ser "capital",
vive asomada a los miradores, oteando sobre el río la promi.
soria perspectiva de los navíos de ultramar, portadores de
"novedades" -mercancías y noticias- de las grandes plazas,
donde la aritmética y la contabilidad eran el alfa y el omega
de la "civilización"...
Para esta "gente principal" resultaba incomprensible la
renuencia de los pueblos del interior criollo para aceptar
los cánones jurídicos de la "libertad", prolijamente trans-
criptos de los modelos ultramarinos, dando un centro jerár-
quico de subordinación al "Estado" geométrico, arquitecto-
rado por graves "doctores" que, a menudo trocaban la fina
pluma de ganso de sus escribanías por la vara de medir de
sus tendejones o la casaca de buen paño inglés por el ajus-
tado frac militar, cuando no desceñían el sable para tomar
el rebenquillo del hacendado rico de Quilmes o San Isidro.
Y su irritación y su impotencia ante esta extraña "insur-
gencia" de los pueblos, que resistían el nuevo orden "libe-
ral" -de gobernantes porteños y mercancías baratas, compe-
titivas de sus modestas artesanías- les exaltaba el autorita-
rismo; y entonces confiaban a los ejércitos la misión de
"llevar los mandatos del pueblo en la punta de sus bayo.
netas", como explicaría, años después, Bartolomé Mitre, su
mejor historiador y discípulo político.
Y así iría rompiéndose en pedazos el cuerpo nacional:
el Alto Perú, abatido y humillado por la blasfemia y el
latrocinio de los ejércitos porteños, rivalizando en saña y
crueldad con los "chapetones" del Virrey de Lima, y después
de Ayacucho, ignorado por la envidia rivadaviana a la gloria
del Libertador Bolívar, hasta quedar en la solemne soledad
de Bolivia; el Paraguay, escudado en el coraje indomable
de sus hijos, estrujado en su apertura federal por la dupli=
cidad porteña y el permanente asedio portugués, segregado
del común destino platense, hasta pagar en el asalto de la
Triple Alianza su heroica pretensión de Independencia y
dignidad americana; el Uruguay, entregado al Imperio aris.
tocrático y esclavócrata del Brasil por el pecado original de
haber gestado "la hidra del federalismo" y tener en Monte-
video, la peligrosa rival para el dominio y el disfrute de las
rutas mercantiles del Plata, y, por último, excretado de la
unión, con la salomónica y neutralizante "pax britannica" de
1828; la Argentina, en fin, exilado San Martín, vencidos los
Caudillos y los pueblos federales, segmentada por el egoísmo
porteño, entre la Confederación y el "Estado" de Buenos
Aires, sometida después de Cepeda, a la coyunda portuaria
y a la hegemonía centrípeta del régimen mitrista.
Pero para que así fuera, hubo primero que vencer el
programa de integración federal de José Artigas. Recio ca-
rácter hispánico, de rasgos estoicos, fue, quizá como ninguno;
el mejor conocedor "del corazón de sus compaisanos" y de la
realidad esencial de los "pagos" y comarcas del Plata. La
verdad y la trascendencia de su programa nacional, creado
a partir de la realidad concreta de su tiempo y de reiteración

9
obstinada durante su larga lucha, le confieren un rango su-
perior entre los Libertadores de América. Pero a tal punto
en personalidad de Caudillo y su programa implican todavía
una severa acusación para la "independencia" de los Estados
platenses, hija de la .frustración nacional iberoamericana, que
la historiografía liberal -buscando superar la "mala con-
ciencia" de su responsabilidad histórica- ha desfigurado su
imagen real, para moldearla en un paradigma de héroe "civi-
lista" y ha esquematizado su vigoroso pensamiento en sen-
tencias de ética jurídica, para consumo escolar. Penetrar, por
lo tanto, en su conducta y en su ideario, constituye tarea
impostergable para las nuevas generaciones americanas del
Plata, en la hora crítica de un presente que reclama, con
urgencia, superar las enmohecidas tramoyas de las historio-
grafías aldeanas y rescatar los vectores de la unidad nacional
iberoamericana, como condición indispensable del desarrollo
libre e independiente de nuestros pueblos.

Para el Caudillo, lo primero era la Nación, la comunidad


viviente de los pueblos del Plata, articulada federativa-
mente, sin desmedro del fuero propio de cada uno; de ahí
su primigenia defensa de "la soberanía particular de los
pueblos", dotados en el ámbito de su comarca, de "un go-
bierno inmediato" y firmemente ligados entre sí por el pacto
de la confederación ofensiva y defensiva contra el adversario
común del regentismo colonialista. La peripecia del Exodo
y el primer enfrentamiento con el centralismo absorbente
de Buenos Aires, ofrecen a su clarividente comprensión de
los hechos, la oportunidad para gestar las bases del programa
que habrá de encontrar su cabal definición en los docu-
mentos medulares del año Xlll. La lucha ulterior contra el
unitarismo directorial, erguido ya en "Protector de los Pue-
blos Libres", pone de relieve el sentido nacional de su lucha
y de su ideario federal, al rechazar de plano la segregación
del Uruguay y de todo "el continente de Entre Ríos", como
precio de reconocimiento de su autoridad, que una y otra vez
le oferta el régimen porteño, siempre dispuesto a negociar,
en aras de su predominio, los territorios, las riquezas y el
honor de los pueblos. Y cuando construye desde Purificación

10
-la "Roma quadrata" de la Federación platense, al decir
inspirado de Zorrilla de San Martín- las bases económicas
y políticas de la Nación, se abate sobre él y su "sistema" el
aluvión invasor del Brasil lusitano, movido por el afán "im-
perial" y el temor de su aristocracia a la República "anar-
quista" de sus gauchos, estimulado por la intriga porteña y
socarronamente ignorado por el gabinete inglés, que espera,
desde el restaurado mundo europeo, para heredar, en buena
hora, los frutos de su doble y ambigua alianza con el inepto
Fernando VII y la dócil clientela mercantil de los patriciados
criollos del Plata.
Pero el signo artiguista de la Revolución emancipadora,
además de ser auténticamente nacional e integrador, compor-
taba la instauración de una República igualitaria, asentada en
una justiciera relación productiva de la tenencia de la tierra
y de regulación del tráfico mercantil, que amenazaba de raíz
el privilegio económico y político de los patriciados comar-
canos. En este sesgo de su programa y de su lucha radica
por cierto, la clave que explicita la heterogénea unanimidad
de sus poderosos adversarios de dentro y de fuera, y el mote
de "sedicioso" y "anarquista", que quiso ser infamante y
hoy le justifica y enaltece en el rescatado amor de los pue-
blos americanos. El patriciado que pensó en él, en 1811, como
el mayoral de sus intereses, capaz de allegarle el concurso del
paisanaje patriota y el envión corajudo de las huestes gau-
chas e indias, para el triunfo de su irritada protesta local
frente al autoritarismo confiscatorio de Elío, pronto le iría
abandonando, alarmado por su creciente inclinación a oír y
defender los reclamos y los derechos de "los más infelices".
Y preferirá, estrechado de temores, el orden pretorial de los
dominadores porteños -acallando antiguas rivalidades y re-
celos- o la tutela del "pacificador" Lecor, antes que la Repú-
blica, áspera y austera, del Caudillo, marcando a fuego su
tremenda memoria, con el dicterio de la "tiranía doméstica".
Existe, asimismo, otra significación más honda todavía
en el desencuentro y conflicto de Artigas con el patriciado
de su tiempo. Mientras que el Caudillo era hijo de la pra-
dera y del "mundo interior" criollo e indio, yuyo núcleo

11
esencial eran las -Misiones-, al conjuro de cuyo prestigio
carismático de "cara¡-guazú" se movilizaban los "mozos alu-
éinádos"; vaqueros tapes y "changadores" fronterizos, él pa-
triciado era hijo del puerto y del racionalismo ilustrado y
mercantil, adverso por interés y mentalidad al turbión de los
jinetes, al aduar trashumante de las castas. Era, en suma, el
enfrentamiento de dos sociedades y de dos dimensiones de
la historia: por una parte, la comunidad mestiza y la teleo-
logía americana de la Revolución popular; y por la otra,. el
orden estamentario del blanco y la enajenación oligárquica
a los beneficios del mercado exterior y a las coordenadas
universales del mundo "liberal" y "civilizado".
Félix Luna, en penetrante ensayo, ha precisado admira-
blemente la significación de esta antinomia socio-cultural:
"Esos gauchos que fueron en su tiempo la anti-cultura, la
anti-civilización, paradójicamente triunfan sobre sus detrac-
tores, convirtiéndose en materia sustancial para la creación
de una cultura que hunde sus raíces en la temática nacional;
que es, por consiguiente, más cultura para nosotros que aque-
lla que predicaban con sus galicismos los hombres de la civi.
lización, Al final, entonces, regresando de sus esencias ori-
ginarias, los caudillos aparecen como elementos constitutivos
de una mitología hondamente nacional, no alienada. Y recor-
dando a sus detractores, tan orgullosos de sus fraques, sus
monturas inglesas, sus tics afrancesados, viene naturalmente
a la memoria la cita de Tácito cuando hablaba de la adqui-
sición por los britanos, de las modas, los vestidos y las cos-
tumbres de sus conquistadores, los romanos: "A todo lo cual
aquellos simples llamaban civilización, en tanto no era sino
parte de su servidumbre".
Por lo tanto, en un análisis integral del proceso histórico
del Uruguay y del Río de la Plata, el estudio pormenorizado
y crítico del "ciclo artiguista" constituye el centro obligado
de la especulación científica para asumir, con claridad, la
plena conciencia de nuestro destino, en la medida en que, en
el pasado, su frustración comporta y explica nuestra enaje-
nación contemporánea y en el futuro, señala el camino irre-
nunciable de la liberación nacional de los pueblos ibero-
americanos.
CAPITULO I

LA REVOLUCION DE MAYO Y LA BANDA ORIENTAL

1. Tensiones y conflictos preexistentes. 2. Montevideo y


la contrarrevolución 3, Actitudes de las ciudades y villas
orientales. 4. La unificación montevideana de la (landa.

1. - Tensiones y conflictos preexistentes

Grupos sociales y La subrogación del virrey Cis.


opiniones políticas. neros por la Junta patricia porte=
ña, en mayo de 1810, habría de
repercutir en los distintos centros de población de la Banda
Oriental, agudizando y radicalizando las tensiones y conflic-
tos preexistentes. El análisis de las actitudes asumidas por los
principales grupos sociales de la Ciudad-puerto -uniformes
en su rivalidad con Buenos Aires, pero distanciados por con-
flictos de intereses y opinión política- y de los núcleos po-
blados del interior y de los hombres representativos de la
campaña, durante el año X y comienzos del XI, permiten
explicitar, con claridad, las raíces y motivaciones de la reac-
ción contrarrevolucionaria de Montevideo y del ulterior pro-
nunciamiento revolucionario oriental.

13
La actitud recelosa, primero, y abiertamente hostil de.
Montevideo, después, ante el "juntismo" porteño, estuvo soste-
nida, desde el principio, por los dos sectores sociales que
compendiaban, por así decir, la doble funcionalidad histórica
dé la -ciudad: plaza fuerte y apostadero naval, y activo em-
porio mercantil.
Por una parte, los efectivos veteranos del "Fijo" y los
batallones de Artillería y de Ingenieros y el importante Cuer-
po de Marina, integrados, en su inmensa mayoría, por e8pa-
ñoles éuropeos, sin arraigo en la textura económico-social del
país, y con jefes altivos, desafectos al elemento criollo, de cuyo
espíritu y mentalidad sería exponente singular, el Coman-
dante del Apostadero Naval, Capitán de Navío José María
de Salazar. Este último, por manera principal, se convertiría
en el adalid del "partido de la lealtad" a la monarquía y. al
tambaleante régimen virreinal, avizorando, con clarividencia,
en sustanciales informes al Ministerio de Marina, la tendencia
al gobierno propio = `independientista"- y la decisiva in-
fluencia británica -y por ende, antiespañola- en los desig-
nios de la Junta de Buenos Aires. Su gravitación personal
será, por lo demás, decisiva, en el reconocimiento montevi-
deano del Consejo de Regencia y en la organización de la
resistencia contrarrevolucionaria. Producido el pronuncia-
miento oriental de febrero de 1811, examinará, con notable
objetividad, sus orígenes, valorando con acierto todo su al-
cance y profundidad y la principal significación de la perso-
nalidad de Artigas, como director y orientador del movi-
miento.
Y por la otra, el grupo de "gente principal,. del-vecin-
dario y Comercio de esta Ciudad" -como le denominan las
actas de los Cabildos abiertos, de los convulsos primeros años
del siglo- acopiadores y barraqueros, usufructuarios del mo-
nopolio de intermediación de la exportación de los frutos del
país, y "registreros" y beneficiarios de la importación -in-
cluso de procedencia extranjera- y del importante tráfico
de esclavos. Este grupo, formado por los Magariños, Batlle
y Carreó, Salvañach, Vilardebó, Gestal, Illa, Sán Vicente, Cho.
pitea, Berro y Errazquiti, Sáenz de la Maza, Agell y otros,

14
cerró filas en torno de las autoridades montevideanas. Gravi-
taba poderosamente en su actitud, la rivalidad con Buenos
Aires, en cuya disputa, Montevideo había contado, en gene-
ral, con la protección de las autoridades peninsulares, y en
particular, después de las invasiones inglesas. La Junta por-
teña era para ellos la entronización política de los compe-
tidores en el tráfico mercantil del Río de la Plata y la amena-
zante perspectiva de perder el importante papel del comercio
montevideano con Buenos Aires y aún con los restantes terri-
torios, si la unidad del mundo hispanoamericano se que.
braba. No dejaría de influir, asimismo, el temor de algunos,
de verse desplazados en el giro por comerciantes extranjeros,
que no sólo vendían al por mayor sino que también procuraban
dominar el comercio detallista.
-Menos unánime fue, en vez, la adhesión al régimen, de
los saladeristas. La mayor parte de ellos eran, simultánea-
mente, grandes comerciantes -Vilardebó, Magariños, Chopi-
tea- y ligados al mercado de La Habana, por la exportación
del tasajo, por lo que se mantuvieron firmes en su posición
política de lealtad a las autoridades. Pero cuando al conflicto
creciente con los navieros -que pretendían monopolizarla
exportación del tasajo- se sumó la caída de sus estableci-
mientos en manos de los revolucionarios, después del sitio,
varios de entre ellos, de los que cabe señalar a Juan José
Durán, Pedro Casavalle, los Viana y los Trápani, se incor-
poraron alas filas patriotas, hacia fines de 1812.
En vez, fue consecuente en su lealtad al orden constituido,
el modesto grupo de los artesanos. El perjuicio que irrogara
para su pequeña industria de taller, la competencia de la
manufactura inglesa, introducida en .la plaza desde las inva-
siones y después, con el régimen de comercio libro del 6 de
noviembre de 1809, les mantuvo fieles al sistema vigente. Años
después, durante la Cisplatina, recordarían, con amargura, las
consecuencias sufridas por el comercio con los ingleses, ex-
presando que al retirarse estos de la plaza, llevaron "es-
puelas, lazos, ponchos y aún bolas para.modelos.. . y bien
pronto vino que la fábrica de nuestros éxquisitos ponchos
balandranes estuvo en grande riesgo de arruinarse por la

15
concurrencia de los ingleses en buques norteamericanos que
aunque muy inferiores en la tela, eran de colores más vis-
tosos y sobre todo de un valor medio al de los del país". (1)
Por su parte, también integrarían el frente contrarrevo-
lucionario, muchos de los grandes terratenientes, de estrecha
vinculación al comercio de la ciudad-puerto, y residentes en
ella =los "vecinos feudatarios" que mencionan las actas ca-
pitulares- yen cuyas manos había venido a quedar la di.
rección del Gremio de Hacendados, después del "pronuncia-
miento" de 1805 contra el Real Acuerdo que intentaba dar
solución al viejo problema del "arreglo de los campos", con-
trariando sus intereses y a su costa. (') Sus miembros prin-
cipales: Juan Francisco García de Zúñiga, María Antonia
Achucarro de Viana, Lorenzo Ulivarri, Cristóbal Salvañach,
Mateo Magariños y Ballinas, los Solsona-Alzaibar, Miguel
Zamora, Matilde Durán, Bernabé Alcorta, José Mas de Aya.
la, José Antonio Arrúe, José Ramírez, Francisco Javier Eche-
nique, los Saenz y Benito López .harían causa común con
las autoridades. políticas y militares —y con el grupo mercan:
til. En el gobierno de Montevideo' y en la supervivencia del
orden tradicional,. veían el amparo jurídico de la propiedad
de sus tierras y la defensa de sus intereses, amenazados por
una insurrección rural, en la que militaban, como jefes y
oficiales, muchos de sus antiguos arrendatarios expoliados;
ocupantes desalojados por la fuerza de sus campos; o frus-
trados vecinos de pueblos impedidos de consolidar su fun-
dación por su obstinada negativa a admitirlos. en el enclave
de sus dilatadas posesiones...
Sin embargo, dentro de Montevideo, se constituiría un
sector de oposición, proclive al "juntismo", "núcleo doctoral
y doctrinario de vecinos -acota Pivel Devoto'- encabezados
por Nicolás Herrera, José Lucas Obes y Pedro Feliciano
Cavia, que había defendido el principio de la soberanía
popular, que se mostró sensible a la sugestión de las fórmu-

(1) Citado vur Agustín Bernia, "I. Revolución oriental de 1811", (Monte-
video, 1961), pág. 82.
(2) Véase "Ia Banda eriente1. Pradera. Frontera, Puerto", (Montevideo,
" 19661, de 109 autores.

16
las revolucionarias, y osciló, desde entonces, entre el acata-
miento de la Junta instalada en Buenos Aires y la creación
de una autoridad análoga en Montevideo, lo cual no consi-
deraba reñido con la fidelidad jurada al Consejo de Regen-
cia".(') Beraza identifica como integrantes del grupo -ade-
más de los citados- a importantes hombres de negocios,
vin-colados al tráfico con los ingleses, ganados por las ideas
liberales, como Francisco Joanicó, Manuel Argerich, Anto-
nio Arraga, Juan Trápani, Antonio Pereira, Mateo Vidal,
Martín Lasala, Gregorio y Jerónimo Pío Bianqui; Jetrados
como José de Revuelta y Bruno Méndez; clérigos como José
Manuel Pérez Castellano, Juan José Ortiz y Fray Benito
Lamas y. otros miembros de la Orden Franciscana; y mili-
tares, Jefes de los batallones de extracción criolla, Juan
Balbín y Vallejo, Prudencio Murguiondo, y Bernardo Bo-
navía. (')
Estaban, asimismo, vinculados al grupo disidente monte-
videano, Miguel Barreiro, Dámaso A. Larrañaga, Francisco
Araúcho, Tomás García de Zúñiga, Pedro Celestino Bauzá,
Joaquín Suárez, Francisco Aguilar, Jorge Pacheco, Ventura,
Santiago y Juan Pablo Vázquez, Pedro Gervasio, Blas y Juan
María Pérez, y algunos otros, valgan los testimonios de la
época, (6)
Pero las esperanzas y propósitos de este grupo quedarían
frustradas, o postergadas, con el fracaso de la conjuración de
los cuerpos de Balbín y Vallejo y Murguiondo. (6) Sus miem-
bros, pertenecientes, en su mayoría, a familias distinguidas
del patriciado montevideano, quedaron, en un principio,.si-
lenciados en sus aspiraciones, dentro de la ciudad y en las
quintas de los aledaños, siendo expulsados algunos de ellos
durante el primer sitio, formando unos en las filas patriotas,
mientras otros huían a Buenos Aires, o pasaban al Cuartel

(3) Juan E, PiveI Devoto, "Raíces coloniales de la Revolución Oriental de


1811". (bíontevideo, 21 ed, 19577), Váa, 238.
(4) Bereea, "La Revolución oriental...", cit., pág. 132.
(6) Joaouln suárez, "Apuntes autobiográficas": Justo Me. Maeso, "I.os. prl•
meros patriotas orientales", (Montevideo, 1914).
(6) Véase parágrafo 4 de este Capitulo.

17
General de Rondeau; otros se mantuvieron dentro de mora.
llas hasta el segundo sitio.
Distinta, por cierto, eran las condiciones existentes en la
campaña oriental. "A lo largo de 1810 y comienzos de 1811
fue cuajando en los distintos pueblos de la Banda Oriental y
en su campaña -dicen los investigadores Sala de Tourón,
Rodríguez y de la Torre- un movimiento de opinión y una
vasta conspiración que.se extendió, fundamentalmente, en la
parte oeste del territorio, ampliamente vinculada con Buenos
Aires y donde tenían sus establecimientos muchos estancieros
bonaerenses, alcanzando también a otras zonas de la Ban-
da". (°)
En él mundo de la pradera, la lucha por el acceso directo
al mercado mundial, Sin intermediacionea forzosas y estran-
gulantes, se daba con la mayor crudeza. "Allí donde el cuero
era la moneda casi universal, su valorización era vital para
casi todo el mundo, desde el gaucho suelto hasta el gran ha.
cendado, y la coyunda del gran comerciante monopolista mo.
tivaba odios multiplicados a cada momento". (a)
Por lo demás, si el régimen hispánico contaba en Monte-
video con una fuerza de gran capacidad militar, de lealtad
incondicional a la metrópoli, como era la Marina de Guerra,
en la campaña, la única fuerza militar activa eran los Blan-
dengues, con oficiales y tropa criolla, que constituían el cuerpo
de confianza de los hacendados, que éstos pagaban y a cuyo
servicio estaban. En consecuencia, el medio estaba predis-
puesto -como dice Pivel Devoto- "para ser el escenario
natural de un movimiento revolucionario. Durante años se
había diferido la solución de los viejos problemas de la Banda
Oriental, originados en su mayor parte por la forma inór-
gánica en que se había desarrollado el proceso de población„
la no definición de la frontera, los desórdenes que resultaban
de la práctica del contrabando, y de no haberse concentrado
a las parcialidades indígenas en reducciones; la desarticu-
lación administrativa, el choque entre poseedores de grandes`

(7) Lucia Sala de Tourón. Julio Carlos Rodrfguea y Nelson de la Torre,


"Evolución económica de la Banda Oriental", (Montevideo, 1067), pág.
(9) ILidem, pág. 201.

18
extensiones de 'tierra y los que sin permiso se afincaban en
ellas, que estimulaba la vagancia e influía para que fuera
cada vez más grande el número de hombres sueltos que mero-
deaba por los campos; el estado embrionario de las .paupé_.
rrimas poblaciones que habían surgido, la resistencia que los
grandes propietarios oponían a los intentos para la formación
de pueblos, la indeterminación de la jurisdicción real de los
existentes que impedía el desarrollo de los mismos y fomento
de las haciendas; la carencia de jueces que administraran
justicia expeditiva, confíguraban una serie, por cierto nume-
rosa, de problemas de carácter social, sobre los cuales inci.
dieron, para provocar el estallido revolucionario, los factores
que resultaron de la serie de medidas adoptadas por el go-
bierno de Montevideo para obtener recursos e imponer su
autoridad". (a)

2. - Montevideo y la contrarrevolución

Reacción ante los Al producirse los acontecimientos


sucesos porleños. que habrían de determinar la
erección de la Junta en Buenos
Aires, estaban a cargo, interinamente, del gobierno militar y
político de Montevideo, el brigadier Joaquín de Soria y el
Alcalde de ler. Voto, Cristóbal de Salvañach, respectiva.
mente. Con referencia al primero, diría Solazar, que "está
lleno de amor al Rey y de los mejores sentimientos y patrio-
tismo, y sólo sus años y contínuos servicios han puesto su
salud en términos que ya no puede tener aquella energía y
actividad que en menos edad". (rn)
El 20 de mayo el Gobierno y Cabildo de Montevideo to-
maban conocimiento del "Manifiesto" de Cisneros, del día
18. El 24, se recibían nuevas noticias de Buenos Aires, con
la llegada del edecán de Cisneros, Juan Jacinto de Vargas,

(9) "Raíces, etc,". pág.. 269.264.


(10) Citado uor. Ricardo R, C.Met Bolo. "La Revolución en el Virreinato",
ea "Historia de la Nación Arzentiná ', dirigida por Ricardo Levene,
(Buenos Aires, 1941), Tomo V, 2e Sección, páza 78,

19
"en comisión del Virrey y con cartas partie:dlares que con.
firmarían las informaciones de que fuese portador. Ellas eran
de singular importancia, y referíanse al efecto causado en el
pueblo por el manifiesto de Cisneros, a las reuniones de los
revolucionarios _y elementos sediciosos, pidiendo la celebra-
ción de un Cabildo Abierto; a la aceptación del Virrey y
a los primeros actos de la asamblea reunida el 22 de ma-
yo„, (tt)
En la reunión que celebró ese día, el Cabildo resolvió
oficiar al Gobernador Soria, aconsejándole el cierre del puer.
to para "impedir la salida... de todo buque nacional y ex-
tranjero, hasta tanto que llegue la noticia positiva de los re.
sultados de aquellos movimientos..."; y pocas horas des-
pués, en presencia del Gobernador y con el dictamen del Dr.
Nicolás Herrera, se aprobó la referida clausura, consideran.
do, además, que era necesario "evitar que llegando trunca-
das estas noticias a la Corte del Brasil, tomase aquel Go-
bierno algunas determinaciones nada favorables a la Pro.
vincia...". (12)
A1 día siguiente, informado por Francisco Rodríguez y
Manuel Ocampo, patrón y pasajero, respectivamente, de una
lancha que acababa de llegar de Buenos Aires, de la "creación
de una Junta Provisional y téconocilniento de ella por las
autoridades, con general aplauso del pueblo...", el Cabildo
acordó escuchar la exposición de Vargas.("') Este hizo "una
relación historial de los acontecimientos..." y agregó que
había salido para Montevideo con comisión del Virrey "para
comunicar a este Ayuntamiento y autoridades constituídas la
ilegalidad de su deposición y del establecimiento de la Junta,
y hacerle entender que esperaba fuese su autoridad debida-
mente respetada por este Pueblo y vecindario, no habiendo

(11) Pablo Blanco Acevedo. "E1 Gobierno colonial en el Uruguay y los orí-
genes de la nacionalidad", (Montevideo, 31 ed., 1944), pág. 261,
(12)Actas de los acuerdos capitulares del 24 de mayo de 1810, en "Revista
del Archivo General Administrativo', (Montevideo, 1919), Volumen IX.
Págs. 41.418 y 418-419.
(13)Blanco Acevedo (ab, cit. Pág. 262) recoge una versión según la cua
Vargas insistió Per. que se adoptase una actitud radical. asegurando que
Cisneros y la Audiencia se trasladarían a Montevideo, que pasarla a ser
cabexn del Virreinato; Salar, habría apoyado esta posición, ..

20
en el de Buenos Aires poder legítimo para despojarlo del
mando..." (1')
El "Manifiesto del Gobierno y Municipalidad, a los habi-
tantes del pueblo de Montevideo", fechado el 25 de mayo, nos
ilustra sobre el clima reinante en la ciudad:
"La Capital de ese pueblo donde habita una parte
de nuestros deudos con otra de vuestros intereses se halla
agitada de un movimiento cuya naturaleza no podemos to-
davía deslindar. Los pasos, las medidas, las indagaciones
que se han practicado con el fin de conocerlN nada nos
ha producido de cierto y fijo, todo ea prohlemático, lodo
dudoso. Nadie sabe o declara más de los anuncios de cierta
convulsión política Nuestra conducta en tales circunstan-
cias ha sido cual habéis visto. Oid las pretensiones que se
atribuyen al Jefe, examinadlas con detención, ponedlas a
la censura de sujetos que merecen vuestro concepto y
nuestra satisfacción; y resolved que Montevideo, prudente
y circunspecto, espere el resultado de la Capital para deci-
diree.
El Magistrado se halla dispuesto a pensar lo mejor y
este mejor será lo que pida el Pueblo. El Pueblo es fiel,
díganlo si no sus hechos. El Pueblo es moderado, bien lo
anuncia su presente tranquilidad. Es valiente y aún pode-
roso, por la reunión de esas virtudes. El Pueblo, pues, nos
debe el más alto aprecio y su voluntad es para nosotros
una Ley inviolable, haremos por acreditarlo cuando sea
tiempo.
Pero el Pueblo tiene también sobre sí una estrecha
obligación de concurrir a nuestras ideas manteniendo la
circunspección que hasta el día. Todo Ciudadano viva
pronto, listo, y advertido para ejecutar grandes ideas ape-
nas los sucesos de Buenos Aires se manifiesten de un modo
sensible, entre tanto reina la paz, el sosiego y buena
armonía". (1s)

E1 26, teniendo "positivos antecedentes para recelar una


conmoción popular de resultas del disgusto universal del Pue-
blo por la permanencia en esta ciudad" del emisario Vargas,

(14) Acta del acuerdo capitular del 25 de mayo de 1810. en "Revista..." cit.
pág. 419-420.
(15) Original en el archivo del Dr. Mateo Magariños y Ballinas, en poder
del Dr. Moteo J. Magariños de Mello. (Citado por Pivel Devoto, "Raicea
Coloniales...". págs. 284.285).

21
se resolvió solicitarle que abandonara cuanto antes Monte-
video, e hiciese saber al Virrey que "estaba dispuesto este
Cuerpo a tomar todas las medidas conducentes a la conser-
vación del orden y seguridad de los derechos sagrados del
Señor don Fernando VII". Pero como Vargas adujera que no
podía hacerlo "por tener aun pendientes los principales obje-
tos de su comisión que se extendían a tratar con Ministros de
Cortes extranjeras", el Ayuntamiento, asesorado por el Dr.
Herrera, y luego de una extensa deliberación, en la que parti-
ciparon, además, el Gobernador Soria, el comandante Salazar,
los presbíteros Pérez Castellano y Larrañaga y los Dres. José
E. de Elías, Bruno Méndez y Lucas J. Obes, resolvió "a plura-
lidad de votos", intimarle que pasara a "alguna de las pose-
siones de campo de la primera su mujer hasta nueva provi.
dencia". (16)
Recién el 31 tuvieron conocimiento oficial las autorida-
des montevideanas de la instalación de la Junta Provisional
Gubernativa, por intermedio del subteniente Martín Galain,
quien era portador de un oficio de la Junta, en que
esbozada la tesis jurídica que había llevado a su creación:

"...pues no pudiendo ya sostenerse la unidad constitucio-


nal sino por medio de una representación que concentre
los votos de los pueblos, atentaría contra el Estado cual-
quiera que resistiese este medio producido por la triste
situación de la península, y único para proveer legítima-
mente una autoridad que ejerza la representación del
Fernando VII y vele sobre la guarda'de sus augustos dere-
chos, por una nueva inauguración que salve las incertidum-
bres en que esté envuelta la verdadera representación
la soberanía;' (17)

A ello se agregaba un oficio de Cisneros al Gobernador


Soria, en que le informaba lo acaecido y coucluía que:

(16) Acta del acuerdo de 26 de mayo de 1810, en "Revista, cte." cit.


423, Vargas -era casado con doña Antonia Viena.
(17) Oficio de la Junta al Cabildo de Montevideo, de 27 de mayo de 1810 en
Pablo Blanco Acevedo, "La iunta de Mayo y el Cabildo de Montevideo'
en "Estudies 13ietóricoa", (Montevideo, 1956) Diga, 48T69,

22
"considerando el medio adoptado por este pueblo (Bue.
nos Airea), como dirigido a conservar estos dominios a
su legítimo dueño don Fernando VII, esperaba que con-
tribuiría por su parte al logro de tan altos fines para lo
que tanto interesa: el orden, la subordinación y unión
de voluntades que deben manifestarse, enviando inmedia.
tamente a la capital los diputados autorizados con los ne-
cesarios poderes para que, en junta general, determinen lo
que deba practicarse." (1s)

En un orden de ideas similar, también la Real Audien.


cia se dirigía a las autoridades montevideanas.
Todo ello determinó la decisión de convocar "a la ma.
yor y más sana parte del vecindario", celebrándose, el 1° de
junio, un Cabildo Abierto que, a pluralidad de votos, resolvió:

1° que "convenía la unión a la Capital y reconocimiento


de la nueva Junta a la seguridad del territorio y con.
eetvación de los derechos de nuestro amado Rey el Sr.
don Fernando 7°";
2° "que esta reunión debería hacerse con ciertas. limita-
cionea, conducentes a los mismos fines, y necesarias
al honor y dignidad de este Pueblo fiel';
3' que dichas limitaciones fuesen determinadas por los Go.
bernadores militar y político, asociados con los veci-
nos Joaquín de Chopitea y Miguel A, Vilardebó, co.
mandante militar Prudencio Murguiondo, Presbítero
Pedro Pablo Vidal y del Ministro de Real Hacienda. Dr.
Nicolás Herrera;
4° las referidas "limitaciones" serían presentadas
Junta de vecinos al día siguiente, para "aprobarlas
las hallase justas" y elegir al diputado que
la circular de la Junta porteña, del 27 de mayo

Pero en la noche del lp al 2 de junio anclaba el bergan-


tín "Nuevo Filipino", portador de abultadas y falsas noticias
acerca de la liberación del suelo español y de la constitución

(18) Oficio del ex-Virrey Cisneros al gobernador Soria, de 27


en Blanco Acevedo, "BI Gobierno Colonial... cit., Pág. 266,
(19) Acta del acuerdo del le de junio de 1810. en "Revista, cte."

23
del Consejo de Regencia. (ep) Llevados los pliegos ante el
Ayuntamiento, reunido en Cabildo Abierto, el 2 de junio "un
grito general de la Asamblea determinó que se reconociese
al Consejo de Regencia... y se suspendiese toda delibera-
ción sobre el nombramiento de Diputado y demás puntos
-acordados en la sesión anterior, hasta ver loa resultados de
dichas noticias en la Capital". (")
A pesar de recibirse, posteriormente, la nota circular del
Cabildo bonaerense, del 29 de mayo, y una nueva comunica-
ción de la Junta provisional, del 2 de junio, el Gobernador y
el Cabildo se concretarían, en sus respuestas del día 6, a dar
a conocer las resoluciones adoptadas en los Cabildos Abier-
tos del 1" y 2 de junio. En esta actitud de las autoridades
montevideanas, había sido decisiva la influencia de Salazar,
quien no pudo, sin embargo, evitar que surgieran opiniones
dicordes, que insinuarían-como se verá- la lucha de fac-
ciones.
El Gobierno, prevenido, trató de evitar cualquier
ración, publicando un riguroso y detallado "Edicto",
biendo las "reuniones tumultosas", aunque sin desconocer
derecho de sostener "controversias justas", "con la
que es propia de unos sentimientos españoles"; se permitía
"manifestar al Gobierno sus errores" y "reformas que
crean útiles", pero "se abstendrán de levantar partidos,
pendiár las personas del Gobierno y demás magistrados

(20) Roberto H. Marfany localizó al autor de -la superchería que cra Jpaé
María del Castillo, cantador jubilado del Consulado porteño, quien redactó
un informe con noticias exageredfsimas, que llegaban hasta afirmar la
derrota de los franceses en la Península y 1. consiguiente ilberación de
España. ("La ruptura de Montevideo con la Junta de Mayo, un engaño
de eonaecuenciss históricas" en Revista del Instituto Histórico y Geográ-
fir,, del Uruguay, (Montevideo, 1938), Tomo XIV. pág.. 305-313),
En la "Gaceta de Buenos Aires" correspondiente el día 5 de julio
de 1810 se publicó una carta anónima, titulada "Carta de un comerciante
de Montevideo a un corresponsal de Buenos Aires" cuya redacción se atri-
buyó a Pedro Felicbeno Solos de Cavia. E1 autor inculpa de la prepa-
ración de la "grasa,. intriga" a Solazar, para asegurarse "una prepon.
derencia que hoy nos cubre de ignominia". mediante " noticias invero-
aimiles destinadas a trastornar la opinión del Público—. (Reimpresión fae-
similar editada por la Junta de Historia y kJumiemática Americana (Boa-
. nos .Aires, 1910) Tomo 1, págs. 63-64).
(21) Acta del acuerdo capitular de 2 de junio de 1810, en "Revista, cte.". eit.,
pág. 426.

24
los vecinos beneméritos y honrados y causar con sus alta=
nerías el desorden de tan justas Asambleas". (2°)
La misión Paso. El 10 de junio se tuvo noticia en
- Montevideo de la próxima llega-
da de un comisionádo especial de la Junta provisional guber.
nativa de Buenos Aires, verificándose, esa misma noche, una
reunión, en -la que estuvieron presentes. el gobernador políti-"
co interino, Salvañach, el comandante Salazar, el comandan:
te Balhin Vallejo y el Coronel Prudencio Murguiondo. Apre-
ciada la situación, se resolvió "en virtud de los avisos y anó-
nimos de la Capital, que a la mañana se armasen las milicias,
se bajase y acuartelase en el Arsenal toda la tropa de marina
y que en el Cabildo se propusiese no permitirla entrada del
comisionado de la imita de Buenos Aires". (22)
E1 11 se tomaron las ,,precauciones antes mencionadas y
al desembarcar el secretario de la Junta, Dr. Juan José Paso,
debió detenerse en extramuros. Las autoridades, durante al-
gunos 'días, se mantuvieron vacilantes, resolviendo finalmen-
te el Cabildo, a pesar de la obstinada oposición de Salazar,
que se invitara a Sala, al Comisionado porteño para oír sus
informes. Paso asistió a la reunión del día 14, en la que pre-
sentó sus credenciales y un oficio de la Junta, del día 8, con-
testando la nota del Cabildo del ó, "y seguidamente hizo su
discurso reducido a justificar los motivos de la instalación de
la junta, de sus operaciones, sus fines, las razones que tenía
para no reconocer al Consejo de Regencia, hasta que llegasen
los avisos de oficio de su instalación, con arreglo a las leyes
y la necesidad de evitar en estas circunstancias todo motivo
de división en la Capital". Oído el comisionado, se resolvió
llamar a Cabildo Abierto "pues, desde que la diputación venía
al vecindario, para que, instruído-por el diputado, deliberase
lo que estimase justo". (24) Simultáneamente se recibían no-

(22) Borrador en el Archivo del Dr. Mngariños y Ballinas, en poder del Dr.
Mateo J. Magariños de Mello. Citado por Pivel Devoto, ob. éit.. pág. 238.
(23) Pablo Blnneo Acevedo, "El Gobierno Colonial. , clt., pág. 270,
(24) Acto del-Cabildo, da 14 de junio da 1810, en eit.i
429-430. . .

25
ticias de Buenos Aires que asignaban un carácter revolucio-
nario e independientista al nuevo Gobierno y ponían en duda
la autenticidad .de la carta de Cisneros a Soria, del 27 de
mayo, en base a nuevos informes- proporcionados por el ex.

Virrey.
El 15 se celebró el Cabildo Abierto, al que concurrieron
alrededor de ciento veinte personas. Admitidas las creden-
ciales del diputado, se dio lectura al ya mencionado oficio
de la Junta, del día 8.

Decía la Junta de Buenos Aires en su parte principal,


refiriéndose a las novedades traídas por el bergantín Nuevo
Filipino, que "nada ha recibido de oficio o por conducto
legítimo, que pueda hacer variar los fundamentos de su
instalación", agregando, además, su propósito de enviar
un oficial a España para que instruyese de sus resoluciones
al gobierno soberano que encontrase establecido; repetía
los términos de la convocatoria de diputados "para que
decidan el poder soberano que debe representar a Fernan-
do VII", protestando de sus sentimientos españoles y mo-
narquistas demostrados en juramentos de fidelidad ya he-
chos. Examinaba a continuación, brillantemente, la facul-
tad que se atribuía la Junta Suprema de Espafia de delegar
la soberanía en el Consejo de Regencia, afirmando, cier-
tamente, con los principios entonces en boga, que la so-
beranía era intrasmitible. Aún el autor de esta nota hacía
resaltar la incongruencia resultante de "que el mínimo
punto de la Isla de León arrastrase sin examen la suerte
de estas vastas regiones". Y concluía: "Lo sustancial ea
que todos permanezcamos fieles vasallos de nuestro augus-
to monarca el Señor Fernando VII, que cumplamos el
juramento de reconocer al gobierno soberano de España,
legítimamente constituido; que examinemos con circuns-
pección la legitimidad del establecimiento y no la conside-
remos como una voz vana sino eomo la primera regla
directiva de nuestra resolución; y que entretanto estreche-
mos nuestra unión... y hagamos lo que hicieron las Juntas
Provinciales del Reino antes de la instalación legítima de
la Capital, que no tenían una representación soberana del
Rey por quien peleaban y no por eso eran menos fieles,
menos leales, menos heroicos, ni menos dispuestos a pres-
tar reconocimiento a un Supremo poder apenas se consti-
tuyó legítimamente". (zs)
(25) P. Blanco Acevedo, "Im Junta de Mayo y el Cabildo de Montevideo",
cit., DSxa. 65-68.
26
El Dr. Paso informó al Cabildo Abierto sobre lo ocu-
rrido en Buenos Aires, los propósitos que perseguía la Junta
y los motivos para no reconocer a la Regencia, solicitando la
unión del pueblo de Montevideo con la Capital. La respuesta
estuvo a cargo de Salazar:

"El mismo, refiriéndose a su discurso, decía días des-


pués, que cuando comenzó a hablar creyó "que todo es-
taba perdido". "Como por una especie de inspiración me
levanté a contradecirle, y aunque jamás había hablado en
público, después de resumir en pocas palabras todo lo
expuesto por el diputado y reducirlo, a lo mismo que con-
tenía el oficio de la Junta, empecé a responder, con el
oficio en la mano, cláusula por cláusula, deteniéndome en
los puntos siguientes". Estos eran: la afirmación que hacía
la Junta de haber mandado un oficial a Cádiz, para ins-
truir al gobierno de los motivos de su instalación, hecho
que consideraba dudoso, pues el oficial había marchado
para Inglaterra; (y6) a defender a la Junta Suprema por
el ataque que se le hiciera, de haberse refugiado en la isla
de León; a sostener los fueros del Conséjo de Regencia, el
cual investía la soberanía de la nación; a hacer la crítica
de los actos de la Junta, que había quitado y dado empleos
y suprimido sueldos de los miembros de la Audiencia,
ejerciendo derechos soberanos". En cuanto a los derechos
de los americanos, no negaba que tenían los mismos que
los españoles "pero supeditado el ejercicio de los derechos
para el tiempo en que se instalaran las Cortes, expresando,
además, que mientras tanto deberían regirse los criollos por
las disposiciones de las Leyes de Indias". (s7)

Finalmente, la Asamblea vecinal resolvió:

"que entre tanto la Junta no reconociese la soberanía


Consejo de Regencia, que había jurado este pueblo,
podía ni debía reconocer la autoridad de la Junta
nos Aires, ni admitir pacto alguno de concordia
(zs)

(26) Se refiere s la misión confinda por la Junta porteña al Alférez de Navío


Matías de rrigoyen. (Véase "La Revolución de Mayo y los Pueblos del
Plata% de los autores).
(27) Blanco Acevedo, "El Gobierno Colon(al.. ', cit., Dág, 271.
(28) Acta del acuerdo capitular del 15 de junio de 1810, en "Revista...', cit.,
Dág. 180,

27
A1 comunicarle estos acontecimientos al Consejo de
Regencia, el Cabildo se explayaba acerca de las motivacio.
nes de la resolución:

"lv Porque bIontevideo ignoraba la justicia- de los


motivos del pueblo de Buenos Aires - para despojar del
mando a Cisneros; 2e porque aún recmociendo justas cau-
sas para este procedimiento, desconocida por la Junta la
autoridad soberana que había jurado obedecer este pueblo,
faltaba el centro de unidad de gobierno que imposibilitaba
la expedición de negocios públicos de este vecindario; 3-
11 por la postergación de todos los oficiales de graduación
de la provincia-para -el nombramiento de vocales de aque-
lla Junta, la reunión del, poder militar a la presidencia, los
avisos que tuvo este Cabildo del virrey depuesto por me.
dio de su primer edecán y secretario intimo, capitán de,
fragata don Juan de Vargas, la convocación de un Con-
greso y "algunas expresiones menos meditadas del oficio-
núm. 4 (se refiere a la notada la Junta leída en Cabildo
Abierto) hacían desconfiar de miras políticas avanzadas,
(?p) aunque el Cabildo hace la justicia a la ciudad de Bue.
nos, Aires, a su noble vecindario y a la misma Junta, de
creerlos fieles vasallos de V. M: como lo han acreditado en
todas ocasiones°. (as)

Blontevidéo reconoce el En acto solemne, el 16, los Go-


Consejo de Regencia. bernadores político y militar, el
Cabildo y los altos jefes de
administración; procedían a jurar el Consejo de Regencia
(29) Los principales jefes montevideanos, particularmente Soria y Solazar,
habían llegado a la convicción, alentada por las noticias recibidas de Bue-
nos Aires y por alir unss medidas adoptadas por la Junta, de que el
movimiento de Mayo apuntaba francamente a la independencia. Así lo
señalaba Salazar al Ministro de Estado, en oficio del 24 de junio: "Par
ciertos datos hemos llegado a convencernos de que una fracción, habiendo
ocupado el poder, deprime a los leales vasallas de Su Majestad y atenta
directamente a la soberanía, queriéndose hacer Independiente y arrastrar
a este proyecto las Provincias del Río de la Plata. siendo lo más temible
la cauacidad'con que m conduce para seducir a los pueblos, estampando
en sus manifiestos y proclamas que su intención es la de conservar los
derechos de nuestro augusto soberano al mismo tiempo que sus provi-
dencias y operaciones son para destruir el legitimo poder, con tal descaro..
..Que públicamente insultan y maltratan a Ius primeras magistrados y hasta
en Iba- convites loa personas más condecoradas brindan por ln indepen-
- dencia de estas provincias"; (Citado por Blanco Acevedo. —La impresión
de Montevideo ante la Revolución de Mayo" en "Estudios Histórjcoé',
ob. cit.. pág., 93).
(30) , Oficio .del'Cabildo. al Consejo de Regencia, de 19 de junio de 1810, -en
Blanco Acevedo, "El Gobierno Colonial...", cit., Pág. 272.

28
se redactaba la citada contestación a la Junta porteña;
dicionándose la aceptación de toda forma "de concordia
unidad, al previo reconocimiento, por dicha Junta, de.
suprema autoridad del Consejo de Regencia". (3')
Montevideo concretaba así su actitud contrarrevolucio.
naria, interpretando, sin duda, el sentir mayoritario de su
clase principal, que, con este acto, no sólo refirmaba su ad he..
sión al regimen hispánico, del que derivaba -su ventajosa
posición en el cuadro mercantil del Plata, sino que, además,
quebraba su dependencia de la ciudad virreinal, ahora en
manos de una facción claramente adversa a los intereses mon.
tevideanos, y se aseguraba el control del territorio de la
Banda, unificándola bajo su dirección política y hegemonía
económica.
En la noche del 16, el Dr. Paso intentó, por última vez,
modificar la actitud de los jefes de Montevideo, (a2) tratan-
do de demostrarles, con exhibición de documentos, el propó.
sito de Portugal de apoderarse de Montevideo, pero esta
nueva tentativa fracasó frente a la firme actitud de los refe.
ridos jefes y en medio de la indignación que produjo, en la
opinión de la ciudad, la conocida expulsión de Buenos Ai-
res de los oficiales de marina regentistas que, con sus bu-
ques y marinería, pasarían, desde entonces, a consolidar-el
fuerte poderío naval montevideano.

3. - Actitudes de las ciudades y villas orientales


El reconocimiento La actitud de las poblaciones de
de da Revolución. la campaña oriental frente a la
Revolución de Mayo fue, en al.

(31) Acta del acuerdo capitular, de 16 de junio de 1810. ea "Revista..."


págs. 429.430.
(32) En esa fecha, también, la Junta de Buenos Airea oficiaba al Cabildo
montevideano, para prevenirlo ante "el egoísmo v espíritu de Partido de
algunos malos ciudadanos", que "han sembrado especies siniestras centra
la fidelidad de este pueblo y Pureza de sus intencionés". I.e recomen-
daba que examinara "despacio las causas Y objetos de la instalación de
nuestro Monarca. desprecie las clamores can que el interés nersoml grita
centre loe Privilegios de los pueblos". Este oficio, que llegaría' a Monte-
video entre el 18 Y 19 de junio, no Dareee haber sido considerado Por el
Cabildo. (Véase. Blanco Acevedo, "La. Junta de MayV, ete......e'en "Es-
tudios Históricos" cit., Dág. 78).

29
guitas, de adhesión; y en otras, de franco rechazo.
u otra decisión influyó, sin duda, la mayor o menor
vitación de Montevideo.
Las comprendidas en los límites de la gobernación de
Montevideo subordinaron su decisión a la de la ciudad ca-
pital. San José, donde había "medio Cabildo", comunicó a
la junta, el 18 de julio de 1810, que no debía "contestar de-
cisivamente sobre el asunto hasta dar parte al gobierno in-
mediato de Montevideo, de quien depende". Pocos días des-
pués el también "medio Cabildo" de San Juan Bautista ex.
presaba, en forma mucho más concluyente, que no se some-
tería "a unas autoridades que repiten mucho en el papel el
nombre del adorado Fernando y lo desconocen en la sustan.
cia de sus operacionees". E1 Cabildo de Guadalupe, por su
parte, en Congreso de vecinos, el 2 de setiembre, juraba fi.
delidad_al Consejo de Regencia. (33)
Los pueblos situados fuera de la jurisdicción montevi-
deana, en cambio, se pronunciaron rápidamente por el
nocimiento de la Junta provisional, al recibir la circular
27 de mayo. (34)
En Colonia, el comandante político y militar, don Ramón
del Pino, en Bando del 4 de junio, -

"manda reconocer en todo este distrito la mencionada


Junta Provisional Gubernativa, obedeciendo sus órdenes,
providencias y determinaciones, como dirigidas al bien
prosperidad de la patria..."

A1 día siguiente, "reunidos con del Pino, el Alcalde'Or-


dinario, el Cura Párroco y demás habitantes de distinción",
convocados al efecto, para tratar el reconocimiento de la
junta,

(38) Véasa Pivel Devoto, "Raíces coloniales" cit., páee. 243-246.


(84) La Circular, a -la Que se adjuntaban impresos explicando los motivos de
la instalación de la Junta, pedía el reconocimiento de ésta y el envío
da representante, para Que pudiera "sostenerse la unidad. constitucional",
"por medio de una reprcaeataciÓ. QVe concentre lo, votos de IUa pue-
blos..." (Véase "La Revolución de Mayo y los pueblos del Plata",
las autores).

30
"dijeron todos a una voz que la reconocían y la obede-
cían como a la legítima autoridad establecida para sos-
tener los augustos derechos de su soberano...

El Comandante puso estos hechos en conocimiento del


Gobierno de Buenos Aires, expresando que:

...V. E. no debe dudar un momento que siendo unos


mismos el interés y los vínculos que unen con esa capi-
tal a los habitantes de esta jurisdicción, desplegarán,
cualesquiera tiempo y circunstancias, todo el lleno del
acendrado patriotismo y fidelidad que sin intermisión
han sabido acreditar para sostener la justa causa del so-
berano, permaneciendo obedientes y subordinados a
legítima autoridad de esa Junta Gubernativa". (3s)

También el 4 de junio se pronunció Maldonado, cuyo


Cabildo hizo saber a la Junta que realizaría "a la mayor
vedad la dispuesta convocatoria de vecinos para la elección
del Diputado que debe pasar a esa Capital para asistir
Congreso General...".(3e)
Poco más tarde, el 9, reunido el Cabildo de Santo Do-
mingo de Soriano para "abrir un pliego de la Junta Provi-
sional", en que se le informaba de lo ocurrido, (37) contes-
taba "prestándole obedecimiento" y resolviendo condultar• "si
se entiende debe pasar diputado también de esta Villa", lo
que se comunica a la Junta, en el día. (33) -
Los Comandantes militares de San Carlos y Santa Tere-
sa reconocieron al nuevo Gobierno los días 11 y 13, respec-
tivamente, manifestando el último de ellos: "Yo, un fiel va-
sallo de mi soberano el señor don Fernando VII, obedezco
desde luego a cualesquiera autoridad constituida que man-

(86) Setembrino E. Pereda, —La Revolución de Mayo, la Junta de Buenos Aires.


el Cabildo de Montevideo Y la campaña oriental de 1810" (Montevideo.
1928), pche. 283-236.
(36) Pereda, ob, cit. pág. 238.
(37) Se refiere a la citada Circular de la Junta, del 27 de mayo de
(38) Pereda, ob. cit. Pág. 346.

31
de en su real nombre". (") Igual. decisión adoptaron
mandante de. Mercedes, el Alcalde de Rosario del Colla
bos dependientes de la Comandancia de Colonia- y el que
había sido comisionado para fundar Porongos. Por último,
14 de junio, el Comandante Militar de Melo =`penetrado
de aquel entusiasmo y ardor con que todo buen ciudadano
vasallo del Sr. don Fernando VII debe propender a la
servación de sus augustos derechos"- anunciaba que había
convocado "la parte principal de este pequefio vecindario",
el que; confiado en las "benévolas, equitativas y prudentes
máximas de V.E. se entrega todo, sin la menor restricción,
sus acertadas decisiones, y. pide, como yo, se-digne
mitir la oblación que le hace del voto que haya de tener
el concurso de las demás -Diputaciones de las Ciudades
llas de la Provincia, pues desde ahora para entonces
sita- es. V.E. todo el poder y acción que le sea consiguiente
en su respectivo caso". (40)

Apenas conocidas .estas adhesiones, la Junta Provisional


adoptó algunas medidas, con las .que trató. de contemplar
viejas aspiraciones de los pueblos de la Banda, o solucionar
problemas que afectaban sus, intereses. Con ello, al tiempo
que estimulaba su fervor revolucionario, diluía la posible
acción montevideana para recuperar su antigua influencia.
Una de las más importantes se refería al puerto de Mal.
donado. El 2 de julio de 1810 la Junta lo habilitó en carác.
ter de "puerto mayor", para las importaciones y exportacio-
nes correspondientes al territorio. de _su jurisdicción y cam='
pafia inmediata, estableciendo que regirían en él "los niis=
dios reglamentos últimamente establecidos para la aduana
de la capital..." y que "don Rafael Pérez del Puerto-con-

(39) Pereda, ob, cit., pág. 248. - ""


(40) Joaquín de Pua s la Junta de Muy.. Cerro Lárzo, 14 de junio de 1910.
en Flavio A, García, "Los campamentos españoles del río ~nguarón^en
- "ftevistadel-'Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay (Mdntevideo,
1958-59), tamo XXIX, pág.. 964-965. . . .-

32
tinúe en el cargo de director de aquella población, despler
Bando todo su celo, honradez y acreditado patriotismo en el
establecimiento de una obra que debe producir la felicidad
de una población a que ha consagrado tantos sacrifi-
cios...". (41)

Asimismo, se preocupó la Junta por adoptar providencias


en el viejo problema de la defensa de la frontera. En el mes
de junio encargó a los Comandantes de Melo y Misiones, don
Joaquín de Paz y don José de Larios, respectivamente, la for-
mación de un plan. ('2) Desde luego que éste se vinculaba
con el "arreglo de los campos", y la autoridad bonaerense
apenas si pudo paliar en algo la grave situación, disponiendo

(41) E1 extenso decreto comienza señalando la importancia que pira "fo-


mentar estas provincias.. ' tiene el comercio, "raíz única d, la pobla.
ción y riqueza de los Estados..." y "la habilitación de puertas ró,no-,
dos...", por 1. cual ae examinaron "con atención y madurez los an-
tecedentes relativos a la habilitación de Maldonadti '. desde la época
de Caballos, que había captado ya la extraordinaria importancia de
esa zona.
Destaca luego le excelente gestión del Ministro de Real Hacienda
don Rafael Pérez del Puerto, que permitió a Maldonado "alcanzar un
engrandecimiento que lo constituyó en uno de los primeros pueblos de
cata provincia...", situación que fue seriamente afectada por las inva-
siones inglesas; pero, aún "en el estado actual de decadencia a que
esté reducida esta población ofrece todavía considerable. ventnias...".
Entre estas se resaltan 1. extracción de los frutos de 1. gnnadetIa, que
producen loe campos adyacente., con el coc,siguiente progreso y riqueza;
el aumento de 1. población; y, por últlmo, pero no menos importante,
la formación de "una barrera de los límites del territorio español",
con lo que "quedaré éste seguro de invasión% (Véase Pereda, ob, cita
Págs. 238-243).
(42) Con fecha 6 de julio de 1810, Paz remitiría a la Junta un "Plan de
Defensa de la frontera, en el que desarrollaba interesantes conceptos
sobre la necesidad de establecer poblaciones -"ya sea con villas, o ya
con casas paürAs, dedicadas. solamente al pastoreo de ganados"- y
estimaba en "quinientos hombrea con dos mil caballos y a más del
completo armamento" la dotación indispensable para cubrir lao cad
ochenta leguas comprendidas entre la Laguna Minf y la confluencia
dei Santa Mnrfa con el Ibicuy. Aconsejaba que, en en.o de ser ..vio.
das dichas fuerzns, debían ir en pequeñas partidas, para no "alarmar
y poner en movimiento a los portugueses", en cuya frontera no se
observa "hasta ahora ninguna novedad ni mutación', "según los avisos
qp. constantemente procuro adquirir de su. operaciones". ProporelO..bO
asimismo, información sobre las fuerzas de que podrían disponer los
lusitanos ei resolviesen invadir aquella zona, (En Fiavio A. Carcí., ob.
vlt. págs.-966.969).

33
el establecimiento y regularización de poblaciones, como Pay-
sandú (") y Porongos, donde ya existían núcleos inorgánicos.
En esta actitud de las ciudades y villas que adhirieron al
pronunciamiento juntista, de Buenos Aires actuó como moti-
vación atractiva la esperanza de obtener del nuevo régimen
el reconocimiento de las mejoras locales v el deseo de sus
hombres representativos de partieipmr en los destinos comu-
nes, que había, hasta entonces, frustrado la gravitación hege-
mónica y centrípeta de la ciudad-puerto de Montevideo y su
poderoso patriciado terrateniente y mercantil.

4. - La unificación montevideana de la Banda

La conspiración Fracasada la misióq Paso, la Junta


"jientistd". porteña trató de atraer a su par-
tido a algunos de los jefes mili-
tares de Montevideo, que consideraba sensibles a la causa de
la revolución. Por intermedio de Pedro Feliciano Sainz de
Cavia, -natural de Buenos Aires, pero avecindado en Monte-
video, donde desempeñaba el cargo de "Escribano de Su Ma-
jestad" y tenía importantes conexiones-, se buscó obtener el
apoyo del-ComneL.P=ud"i-a-,Murguin_n_do,_jefe del poderoso
regimiento de "Voluntarios del Río de la Plata" y del coman-_

(43) El 22 de junio la Junta ofició a don Bonito Chain, encargándole "el


delineamiento y Planificación de la Iglesia y pueblo de Paysandá". Este
contestó un mee después, haciendo varias objeciones, cuyo temor "me
hace detener el paso, que debía acelerar, y hacer presente a esa supe-
. rloridad que el que ee nombra pueblo de Paysandú rw ea otra cosa
que un conjunto de ranchos de paja (excepto tres casitas de poco
.esto), mal formados. dirigidos al antojo de cada individuo, en la
forma que a ellos les acomodó y fuera de todo orden; ahora, pues,
que pensamos formal( zar lo en cuanto sea dable, indispensablemente ha
de haba, descontentos, Porque todos quisieran es delinease la Iglesia
al Di. de eu habitación" Pero agregaba que estaba retirado en su
estancia y que en Paysandú estaba el teniente de Infantería, don Joaé
María Méndez. quien Podría encargarse del ..unto ya que, al enterara.
de la eomis(ón que ls Junta le confiara "ha Prorrumpido en quejas
a desairado- y "será quizá el primero con quien yo haya de chocar".
La Junta oóv(á el Problema ordenando a Méndez que bajara a la Capital,
de lo que informó a Chain, en oficlo del 28 de junio.' No existen datos
acerca del cumplimiento de la mlslón encomendada, aunque se supone
con fundamento que la misma no se llevó a cabo, Pues Chain ee alejó
prontamente de las filas revolucionarias, (Véase Setembrino E. Pereda.
"Paysandú Patriótico" (Montevideo, 1926), tomo I. Pág.. 188-192),

34
dante Luis González Vallejo, jefe de un batallón de infan-
tería. Ambos estaban disgustados con las autoridades, en pri-
mer término, porque no se había satisfecho la pretensión -
formulada en 1808- de que se declarara a sus tropas "cuerpos
de Ejército" y, más recientemente, por la distinción v prece-
dencia que, en todos los casos, se daba a los oficiales del cuerpo
de Marina, dirigido por el Capitán Salazar. Sobre esta base
inició Cavia su intriga, conversando en más de una oportu-
nidad con Murguiondo y Vallejo y, finalmente, publicando
un comentario sobre esta situación en la "Gaceta" de Buenos
Aires, del 5 de julio, con el seudónimo de "Un comerciante
de Montevideo", con términos elogiosos para los jefes mili-
tares, "a quienes la falta de ocasión detenía en una oscuridad
no merecida". Resaltaba la discriminación de méritos y rango
con la Marina, cuyo Comandante "y sus secuaces... ninguno
cree... se propongan el bien del país o sean capaces de sacri-
ficar sus personas por las luchas de su monarca..." (44)
En este clima de tensiones entre las fuerzas de la plaza,
arribó a puerto -el 11 de julio- una zumaca española cuyo
capitán y tripulantes esparcieron el rumor de que los ejércitos
espaííoles habían sufrido varias derrotas en la Península.
Frente a la conmoción que estas noticias produjeron en la
población, Salazar, con fuerzas de su mando, tomó posiciones
en el Barracón de la Marina, mientras que el batallón de
milicias se concentraba en su cuartel. Secundaban estas me-
didas el comandante de Blandengues, Cayetano Ramírez de
Arellano y los capitanes Rafael Guerra y Carlos Maciel, con
fuerzas de este cuerpo, introducidas en la ciudad. No sería
ajeno a estas disposiciones el recelo que provocó, en el ánimo
de Soria y Salazar, la publicación de la "Gaceta", que acen.
tuó las desconfianzas, ya incubadas de tiempo atrás, con
respecto a los jefes antes mencionados.
Frente a estas disposiciones extraordinarias, Murguiondo
y Vallejo se fortificaron en la Ciudadela y en el Cuartel de
Dragones, respectivamente. Desde allí enviaron oficios al Ca.

(44) Véase Setembrino E. Pereda, "Le Revolución de Mayo, ete.", nán.


253-254.

35
bildo y a Soria,(") manifestando sus quejas por "los
jes indebidos con que se ha ofendido mil veces unos
que defendieron incesantemente la causa del Rey" y que
excitado su justo resentimiento al verlos reproducidos
en el insulto de la noche de ayer". Aludían, precisamente,
la concentración de fuerzas de la Marina, y pedían,
mo, "se reembarque la Marina, en este día y se separe
Mayor interino de la plaza".
El Cabildo, ante "la animosidad con que estaba conce-
bido el oficio, los preparativos hostiles que hacía la tropa en
la ciudad, la conmoción que se observaba en el pueblo y la
previsión de los resültadosJunestos que podría traer este
accidente", se encontraba en agitada sesión, cuando hizo su
entrada el Gobernador Soria, portador de un oficio similar,
y que venía partí "consultar cón'.el Ayuntamiento la determi-
nación que podía adoptarse en el conflicto de tan, fatales cir-
cunstancias". El Cabildo- resolvió convocar al Oidor de la
Real Audiencia, don Juan de Zea, y al Asesor, Dr. Nicolás
Herrera, para deliberar con el "mejor acierto" ante tan grave
problema, y...- "tratado el asunto con meditación propor-
cionada a su gravedad",. se resolvió enviar una delegación ante
los jefes rebeldes, que haciéndoles ver "la gravedad de su
delito, el inminente riesgo de la efusión de sangre y la con-
moción popular...", los invitara a conferenciar con el Ayun-
tamiento, a lo qué accedieron.

"Se presentaron los jefes de los cuerpos sublevados


la Sala capitular donde debía celebrarse la conferencia,
a pocos momentos se agolpa el Pueblo a las puertas del
consistorio, pidiendo las cabezas de los delincuenteé'
continúa el acto- "y fué necesario para contener a las
gentes, decretar su arresto con todas las seguridades,
desarmar los cuerpos, con cuya medida se consiguió
restablecimiento de la tranquilidad pública^. (46)

(45) El oficio está firmado por Juan Balbin Vallejo. Prudencio Murguiondo,
Luis González Vallejo y Miguel Murillo (Véase "Revista del Archivo
General Administrativo", cit., tomo IX, pág. 482),
(46) Acta del acuerdo cnpitular del 12 de julio de 1810.. en "Revista...",
cit., t. IX, pág. 437.

36
Soria "único Jefe Soria, sintiéndose dueño de la si-
de la Banda Oriental". tuación, y comprendiendo que de-
trás de todo esto estaba la mano
de la Junta porteña, decidió actuar con toda energía.('I) E1
19 de julio se dirigió a las autoridades de la campaña, trans-
cribiéndoles la nota del ex-Virrey Cisneros, de fecha 21 de
junio, que contenía el repudio de las circulares "que he
librado sobre el reconocimiento de esta monstruosa Junta",
los que "son violentados y firmados para evitar mayores ma-
>,
les...

En dicha nota Cisneros autorizaba a Soria "en el caso


de verificarse algún atentado contra mi persona (9s) para
que como único jefe de la Banda Oriental oficie a los co-
mandantes, Cabildos y jueces pedáneos, a fin de que
responsabilidad, guarden la más estrecha sumisión a
legítimas autoridades, desconociendo un gobierno levan-
tado sobre las ruinas del verdadero que adoptó la nación,
y esperando del celo de V S. como el más inmediato, lo
haga entender así a los gobernantes y jefes del interior...
Finalmente, Soria advertía que no se debían obedecer
otras órdenes superiores que no fueran las emanadas directa-
mente de él y de las legítimas autoridades, "dándome de su
conformidad ese ilustre Ayuntamiento, el respectivo aviso,
para los fines que puedan convenir mejor al servicio del Rey
nuestro señor don Fernando VII y los de la soberana auto.
ridad que en su real nombre ejerce el Supremo Consejo de
Regencia". (")
La intimación del Gobernador, el envío de una escua-
drilla al mando de Michelena para operar en las costas del
río Uruguay y un conocimiento más completo del desarrollo
de los sucesos bonaerenses, determinaron un cambio radical
en la posición de casi todos aquellos pueblos que, en principio,
habían prestado su adhesión a la Junta.

(47) Murguiondo. L. González Vallejo y el capitán de granaderos Délclom,


fueron enviados a E.Pnña; el mismo rumbo siguió poeo desPUés el
franciscano Juan Otaegut- (Pereda, "La Revolución de Mayo, cte.%
clt., Pág. 262).
(48) No estaba mUY errado Cisneros en esta Prevención, Pues. al día si-
guiente, la Junta decretaba su destierro, conjuntamente con el de los
Oidores de la Real Audiencia, (Véase "La Revolución de Mayo y los
Pueblos del Plata", de los autores).
(49) Pereda, "La Revolución de Mayo", cit., Pág$. 264-266.

87
El primero en manifestarse fue el Comandante de Colonia,
quien hico saber a la Junta de Buenos Aires, con fecha
de julio, (5p) que prestaba acatamiento a las autoridades
Montevideo, y poco después, el 26 en una proclama,

"exhortó y ordenó a los habitantes de su distrito que, sin


pérdida de instantes, prestaran su solidaridad al Gobierno
de nlontevideo, considerándose absolutamente separados e
independientes del actual de Buenos Aires". (s1)

Finalmente, el 6 de agosto, con las formalidades y fes-


lejós del caso, se juraba en Colonia el Consejo de Regen-
cia. (Se)
El Cabildo de Santo Domingo de Soriano, enterado por
Del Pino, de la circular del Gobernador Soria, se reunió el
31 de julio y resolvió prestarle "obedécimiento" "por todo lo
que a nuestra parte corresponde". (5') y presionado por el
Comandante de Colonia y por Michelena, adoptó medidas
para sustituir algunas autoridades sobre cuya adhesión se te-
nían reservas. (54)

(60) Por esos días, la Junta, que sospechaba Ya un posible cambio en dei
Pino, balda enviado a la Colonia. Para reemplazarlo, a Felipe Santiago
Cardozo, con una fuerza ezPedicionario de 50 hombres, que contaría.
e su vez, con el aP.Yo de algunos núcleos de entusiastas de la causa
revolucionaria, entre los cuales, el más destacado era el Cura, Doctor
José María Enrique% Peña. Cerdoso no pudo cumplir su misión. ante
la resistencia de del Pino, quien dispuso au inmediato reembarco y
regreso a Buenos Aireas, Posteriormente la situación se consolidó en
favor de Montevideo, con el arribo de la escuadrilla de Michelena.
(51) Véase "Biblioteca de Impresos Raros Americanos", "Gaceta de Montevi.
dad', (Universidad de la República. Facultad de Humanidades y Cien-
cina instituto de Investigaciones Históricas, Montevideo, 1948). "Estudio
Preiiminnr" de M. Blanca Par!. y Querandy Cabrera Piñón, tomo I,
inúg, LVIU.
(52) Ln "Gaceta'' de Buenoa Airea en su edición del 8 de agosto enjuició
severamente la actitud de del Pino a quien califica de "traidor" y
dice que "la cobardía lo precipitó o una intriga vergonzosa..."
(53) Acta del Cabildo de Santo Domingo de Soriano. del 31 de julio de
1810. en Pereda, "I~ Revolución de Mayo—, cit. pág. 266.
(54) Del Pino denunció ante el Cabildo a uno de sus miembros, don
Mariano Chavez -firmante del acta del 31 de julio- y .también fue
considerado hostil don Mariano Vean. juez comisionado de Mercedes,
quien, Do, indicación de del Pino -de fecha 3 de agosto- fue susti-
tuido Por don Francisco Doldán, -acta del Cabildo de fecha 8 de
agosto. Habiendo tomado Znria conocimiento del asunto "resolvía
declarar indemne "Ia conducta de ambos acusados", ordenándoles que
Para la satisfacción de estos dos individuos se Publique por Bando..."
según consta en el acta de fecha 8 de setiembre (Véase Pereda, cit.
pías. 291-293).

38
Más complejo fue el proceso en Maldonado. A mediados
de julio, Soria designó a Francisco Javier de Viana, en carác.
ter de Comandante Militar, con instrucciones de hacer "no.
toria a todas las autoridades y vecindario, la dependencia que
debe tener de este gobierno, tanto en lo político como en lo
militar, denegándola a la Junta Provisoria por ahora y hasta
tanto que S.M. resuelve lo conveniente sobre el particular".
Asimismo, en otro oficio le prevenía que podía "hacer enten•
dér al Cabildo y pueblo de Maldonado... que su puerto goza
de las franquicias que le dispensó la Junta..." Todo lo cual
fue comunicado por Viana al cabildo fernandino, desde su
campamento en el Solís Grande.'(")
La respuesta, de la misma fecha, informaba a Viana que
se había convocado un Cabildo Abierto, para el día 31, al
cual se le invitaba. ..

Expresaba, además, el cuerpo capitular que


de Maldonado no ha conocido hasta aquí, otras
el orden político que las dictadas por el Superior
de la Capital^.
"No puede el Cabildo, por sí solo, asegurar la depen-
dencia exclusiva de este pueblo y su jurisdicción hacia
señor Gobernador de Montevideo, ni tampoco hacer la
y reconocimiento del Supremo Consejo, de Regencia...
cuando no le ha sido aún mandado por los conductos
tumbrados..."
Y agrega que "...ningún embarazo se encuentra en
que se reconozca gustosamente al Consejo de Regencia,
por legítimo representante de nuestro soberano-el sefior
don Fernando VII, cuando sea esta noticia venida por los
conductos legales y ordinarios, esto es, de jefe a jefe, se-
gúnrealizarse
A1 la dependencia de cadaAbierto,
el Cabildo cual". (66)
Viana fue informado
que "por unánime votación" se había resuelto " no hacer inno•
vacjón en su actual constitución y dependencia del gobierno
de Buenos Aires, con protesta de separarse de este sistema si,

(55) Francisco Javier de Viana al Cabildo de Maldonado, oficios da 29 de


julio de 1810. en Pereda, ch. cit.. Págs.- 275-276.
(56) Oficio del Cabildo de Maldonado e Vi$... del 29 de julio de 1810, en
Ibidem. págs. 277-278. -

39
lo que no es de esperarse, llegase a entender otras miras con-
trarias a los fines que sancionó en su instalación; pero que
si agraviando los fueros municipales de esta ciudad, persis-
tiese el gobierno de Montevideo en corapelerla a sujetarse a
sus deliberaciones, contra la manifiesta voluntad del pueblo,
se somete bajo protesta, también a la fuerza, pudiendo en tal
caso entrar libremente" en la ciudad. (")
Viana así lo hizo, pero sin provocar mayores problemas
éon la población.

Medidas política El cambio de actitud de los pue-


y militares. blos que, en principio, habían
adherido a la-Junta de Buenos Ai-
res, determinó que, por primera vez, a lo largo de su historia,
se cumpliera la vieja aspiración montevideana de unificar el
territorio oriental bajo su dominio.
Durante los meses de julio a setiembre, la autoridad de
¡lecho correspondió a Salazar, el poderoso e influyente Co-
mandante de Marina, quien propulsó las medidas que creyó
oportunas para incrementar el poderío marítimo de la plaza,
confiando en que la mejor defensa de ésta era el dominio de
los ríos. En setiembre escribía a España que "la salvación de
América ,depende de esta plaza" y solicitaba se enviaran
urgentes auxilios, "porque esta Banda no da para sostener
a los empleados y mucho menos para los gastos de tropas y
expediciones". (°s) Asimismo, y por su influjo, se estudió un
régimen de' supresión de los privilegios de que gozaba el
comercio con puertos extranjeros.
Montevideo y Colonia -fracasado el citado intento de
Felipe Cardozo, por sujetar esta última a la causa bonae.
rense- se convirtieron desde entonces en los principales
bastiones en que se afirmaba la obediencia al Consejo de
Regencia. Pero no conformes con esto, las autoridades de
Montevideo decidieron el envío de una expedición para

(57) Oficio del Cabildo a Vians, del 31 dc julio, en Pereda, ob. cit., págs.
281_282. . ,.
(58) Pivel Devoto, "tiaíceg Coloniales.. ', cit., Pág. 250. ., . ., .

40
dominar la costa entrerriana y mantener así, a través-
ríos, el camino expedito para el enlace y la coordinación
fuerzas con otros centros contrarrevolucionarios, o
desafectos a Buenos Aires, tales como Córdoba y e1 Paraguay.
A1 frente de esta expedición iba el capitán Juan Angel
de Michelena, quien,, luego de concentrar sus fuerzas en
Colonia, se dirigió, hacia Paysandú, desde donde atacaría la
costa entrerriana. En sus filas formaban oficiales criollos de
verdadero prestigio: José Artigas, Rafael Hortiguera y José
Rondeau.
La Junta de Buenos Aires encomendó al Dr. José Miguel.
Díaz Vélez, .Comandante General de Entre Ríos, la defensa
de la zona,-pero sus fuerzas,' muy inferiores en número y
armamento, no pudieron impedir que las de Michelena ocu-
paran Arroyo de la China (Concepción del Uruguay), el día
6 de noviembre, (sa) y, casi de inmediato; las villas vecinas
de Gualeguaychú y Gualeguy. Desde allí fue destacado Arti-
gas, con 70. hombres; hacia el interior, . en persecución de
una "banda de malhechores", dirigida por Bartolomé Zapata;
y el entonces Capitán de Blandengues llegó hasta. Nogoyá;
replegándose luego hacia fines del mes, sobre el Arroyo da
la China. (ap)
En esta zona permanecieron las fuerzas regentistas
fines de enero de 1811 en que, ante la amenaza del "ejército
de obáérvacíón" porteHo; al mando del Coronel Martín
dríguez, y luego de celebrar una Junta de Guerra, Michelena
se dispuso a abandonarla. Simultáneamente recibió órdenes
del nuevo Virrey Elío en el sentido de que se retirara
Sur del Río Negro.
Entretanto, el 7 de octubre de 1810, había desembar-
cado en Montevideo, el nuevo Gobernador; Mariscal de Cam-
po, don José Gaspar de Vigodet, poniendo fin así a la situa-
(59) Parte de Juan Amel Michelena al Gohierno de Montevideo, en Gozo ta
de Montevideo, cit. Tomo le, págs. 64.65. (Ejemplar del 20 de
navimbre),
(60) Facundo Aree, "Antecedentes vinenlades con el movimiento indepen-
dientista uruguayo" en "La Revolución de 1811 en la Banda oriental".
Publicación. de la Junta Departamental de Montevideo, dirigida por el
.L--tituto Histórico y Geográfico del Uruguay (Montevideo, 1962), Págs.
23-23 y 28-29. . ., . . .. . .. .. ,....

41
ción de interinato en que se hallaba el gobierno militar y
político de la plaza, y al dominio que, en los hechos, ejercía
Salazar.
La situación que debía enfrentar, no era, por cierto,
favorable. Los problemas habían ido acumulándose y agra-
vándose, sin que las autoridades pudieran hacer mucho por
impedirlo, atadas, a su vez, por una crónica escasez de
recursos.

La "Gaceta de La necesidad de contrarrestar la


Montevideo". activa propaganda que efectuaba
la "Gaceta" de Buenos Aires, era,
por lo demás, motivo de honda preocupación para las auto-
ridades montevideanas. (al) Tras intensas gestiones, en las
que intervino, asiduamente, el propio embajador español
en Río, Marqués de Casa Irujo, la Infanta Carlota Joaquina,
ayudada por su secretario, José Presas, así como por el Mi-
nistro Conde de Linhares, obtuvo el consentimiento del Re-
gente Don Juan, para que se enviara una Imprenta a Monte-
video. De tan trascendente hecho informa el acta del Cabildo
del 24 de setiembre de 1810, en la que el Gobernador polí-
tico interino, Cristóbal Salvafíach da cuenta

"que había llegado la Imprenta que la generosidad de


nuestra Infanta la serenísima Señora Princesa del Brasil
doña Carlota Joaquina había proporcionado a esta fidelí-
sima ciudad con el loable objeto de fijar la verdadera
opinión de los pueblos de este continente, publicando
noticias de nuestra Península y su verdadero estado polí-
tico, que había tratado de desfigurar la Junta revolucionaria
de Buenos Aires, para prevenir los ánimos a la ejecución
de sus proyectos de independencia.

(O1) La falta de una imprenta habla llevado, en más de una oportunidad,


a recurrir a otro. medios de difusión, de mucho menor trascendencia,
desde luego, ,Así, Salatar, .para. responder a la acusación efectuada
por "Un Comerciante de Montevideo'- -ya citada- había obtenido del
Cabildo que su oficio de respuesta m fijara. como los bandos, en los
parajes público.. Y el propio Marqués de Casa trajo, en Rio, tuvo que
defender la posición española, en una proclama de la que m hicieron
copias manrscritas, (Véase. Blanca Paria - tluerandy Cabrera, en
"Gs.eta de Montevideo", cit., Tomo I, páy. LBI).

42
Se resolvió que "sin pérdida de instantes se pusiese
la prensa en ejercicio para publicar las noticias importantes
en un periódico semanal: que las gazetas se vendiesen a un
moderado precio para proporcionar su lectura a todas las
clases del Pueblo..." (6z)

Poco después, el 8 de octubre, aparece el "Prospecto"


del periódico, en el que se define su orientación y
terísticas:
Luego de invocar el patriotismo, "esa virtud eminente,
fundamento de la independencia de los pueblos libres", la
lealtad y la energía en la defensa "de los derechos sagrados
de su legítimo Soberano don Fernando VII", el documento
anuncia que la "Gazeta de Montevideo" se publicará los
jueves de cada semana y que en ella

...se comunicarán las noticias de España, y del Reino,


reales órdenes, edictos, proclamas, algunos discursos polí-
ticos y cuanto pueda interesar a los verdaderos patriotas.
Tendrá lugar en este periódico, lo que ha ocurrido y
ocurra durante las circunstancias actuales de la Provincia,
y en una palabra, todo lo que contribuya a dar una idea
positiva de nuestra situación". (6a)

El primer director del periódico fue el Dr. Nicolás


Herrera, pero casi de inmediato éste dejó en manos del
Dr. Mateo de la Portilla, -que había sido oidor de la
Audiencia de Lima-, la responsabilidad de la publicación,
(62) Acta del acuerdo capitular de 24 de setiembre de 1810, en "Revista...
cit., pág.. 444-445.
(63) Compárese este documento con el similar de la "Gaseta de Buenos
Aires"_ redactado por Me,¡... Moreno, en el que se postula el deber
del Gobierno de dar "una espeta natleta de los procedimientos de la
JUntü', comunicar las disposiciones que adopte, así como "loa estorbos
que se oponen al fin de su instalacióri". Y, frente a ese deber, señala
el derecho correlativo del pueblo "a saber la conducta de sus repre-
sentantes...", No encuentra ningún motivo para ocultar las medidas
que se msuelvnn nt para tener o las Provincias "ignorantes de las no-
ocias, prósperas o adversas...". ni por último, para "envolver la
administración de la Junta en un caos impenetrable a todos los que
no tuvieron paree en su formació. ", Y, concluye que esa "posición"
abrirá la puerta a las advertencias que desee dar cualquiera que pueda
contribuir con sus luces a la seguridad del acierto". (Véase Norberto
Piñem "Mari.. 3foreno. Escritos políticos v económicos', (Buenos
Aires, 1915). págs. 181-183).

43
lo que fue confirmado por el Cabildo, en sesión de 26 de
noviembre de 1810. (64)
La 'característica más destacable durante un primer pe-
ríodo de la "Gaceta", que se extiende desde la fundación
hasta agosto de 1811, -en que se hace cargo de la Direc-
ción, Fray Cirilo Alameda- consiste en el predominio casi
absoluto que se da a la transcripción de documentos y a
la carencia de opiniones o interpretaciones personales de la
dirección o redactores. En cuanto al tema de las publica-
ciones, al comienzo se refieren sobre todo a los problemas
de. España,(") y casi no se encuentra referencia a los múl-
tiples ,episodios que por ese entonces sacudían la vida de la
ciudad de Montevideo. Con razón afirman los autores de un
interesante trabajo sobre el particular, "que la Gazeta de
Montevideo de 1810 podría ser un periódico que, apare.
ciendo en cualquier punto de América, tuviera como única
tendencia la adhesión a las autoridades constituidas en Es-
paña; es decir, un periódico sin color local". (aa)
En ese sentido resulta singularmente ilustrativo el cote-
jo con su competidora bonaerense. Esta última, al menos
mientras respondió a la inspirada pluma de Moreno, se re-
veló como eficaz instrumento de difusión de ideas, con fir=
meza de conceptos, con un definido propósito de defender
un sistema y de conseguir adeptos para el mismo., La monte-
videana, en cambio, repletas sus páginas de informaciones
de guerra, de cédulas reales, de noticias del reino del Perú
o de Méjico, parecía totalmente ajena a las vicisitudes con
que vibraba el alma de los pueblos rioplatenses, en los augu-
(64) "Revista... cit. Págs. '454-455. Dice el acta que el Dr. de la
_ . Portilla era un "sujeto de conocido talento y patriotimti". Se le acordó
la, suma de "Cien pesos fuertes al mes... en consideración a que la
expreaeda comisión de la edición de la Gazeta consulta el beneficio
.. de la Patria y la mejor seguridad de ella en las circunstancias pre-
santos" en. que la Junta de Buenos Aires, "procura atraer a su infame
partido a los Puebluá'.
(65). Empeño especial se Donfe en combatir las noticias contrarias al Consejo
da Regencia,
(66) M. Blanca Paria - Querandy Cabrera, ob,.cit., pág. LYIII.

44
rales momentos en que buscaban, más o menos lúcidamente,
su destino histórico. (ev)
Los artículos de la "Gageta" en su primera etapa han
sido agrupados en tres categorías: polémicas con Buenos
Aires; informaciones sobre movimientos americanos en reía-
ción con el Consejo de Regencia; y noticias sobre España y
Europa. (66)
E1 primer rubro, pese a que está encuadrado dentro
los propósitos que animaron a la fundación del periódico
aparece en éste con la asiduidad que podría esperarse.

(67) Un ejemplo de esta diferencia es 1s Posición sobre la libertad de


prensa. Moreno, en el número del 21 de junio habla afirmado
la necesidad de Que "no ae reprima la Inocente libertad de pensar
en asuntos de interés Un(versal; no creamos Que con ella se atacará
jamás al mérito y la virtud, porque hablando Por al mismos en su
favor, y teniendo ele-Ple Por árbitro imparcial nl pueblo, se reducirán
a Dulvo los escrito. de los que indignamente osasen atacarles". En
cambio un colaborador de la "Gnzetá' montevideana, en el número
del 6 de noviembre, si bien afirma Que "la prensa debe ser libre Para
todo género de Pensamientos útiles..." sienta una tesis restrictiva en
cuanto "la libertad de 1. prensa sobre los principios de costumbres
y sobre las Personas, ea 1. destrucción y abatimiento de toda sociedad".
La escritura y la Prensa no pueden servir para la murmuración y
la e.].-la". Critica, asimismo "la licencia de hablar, que Por un
interés mal entendido se ha titulado libertad de imprenta...", (Véase
"Gaceta de Buenos Airea", del 21 de junio de 1810. (púg. 59) y "Gaceta
da Montevideti", cit. Dég, 43).
(68) Clasificaclón de M. Blanca Paris y Querandy Cabrera, ob. cit. cuyo
desarrollo general seguimos.
(69) solamente en cuatro oportunidades se entabla la Polémica a través
del Río: "ante Publicaciones de Buenos Aires sobre las -operaciones
de sus ejércitos y los de Montevideo; aclar.ndo conceptos sobre las
actuaciones del Almirante De Courcy en el Río de la Plata: en ' la
réplica a manifestaciones de Moreno sobre una proclama de Casa
Irujo y cuando se refieren a la Próxima reunión del Congreso General
Constituyente. Todo ello apareció bajo las firmas de "un Español" y
"Justo Claridades". respertivamenté'. (M. Blanca Paris y Querandy Cs-
brer., ob. cit. pág.. LXVI/LXVII). El problema de las troPas se
suscitó a tal. do una información dada Dar la Gaceta de Montevideo,
el 20 de noviembre, sobre un triunfo obtenido por la escuadrilla de
Michelena, acción que el Perlódic,5 bonaerense criticó por su "conducta
feroz'". E1 29, la Gaceta montevideana reprodujo loe partes -ya pu-
biieados en la de Buenos Aires- de las derrotas del Ejército del
Norte. El asunto con el almirante inglés tuvo su origen en una publi-
caci6n de la Gaseta de Buenos Aires, del 13 de noviembre, refiriéndose
a la "repulsa seria" de De Courcy a la Pretensión montevideana sobre
el bloqueo. Ello provocó la reacción montevideana y en el periódico
del 22 ee describen los honores que recibieron las autoridades de la
Plaza y la forma como se desarrollaron la. conversaciones. El asunto
de Casa Irujo comenzó can 1a contestación, hecha por Moreno, de 1.
Proclama del Marqués, la Que dio motivo, a su vez, a que "Un Español"
.. (pase a la pág. aisulente)

45
"Casi siempre el tema de la polémica se origina en
artículos aparecidos en Buenos Aires, ante los cuales en Mon-
tevideo se siente la necesidad de reaccionar". La actitud del
periódico montevideano fue siempre "limitarse a la periferia
del asunto, aislar actitudes que puedan ser condenables, pero
no aventurar nunca la penetración al campo doctrinario".('°)
En la segunda' categoría se tratan los.sucesos de Caracas
y los movimientos de adhesión al regentismo. En general, la
documentación, aunque no original, es buena. Los comen-
tarios de los redactores aparecen rara vez. (71)
"La Gaceta de Montevideo da las noticias de América
luego que han sido filtradas por las autoridades de España.
El periódico es un puntal regentista en América, ciego e
irracional a veces". (72) -
En los casos en que los pueblos se pronunciaban por el
Consejo de Regencia, al transmitir la noticia no la comenta
favorablemente ni la destaca como ejemplo; se limita a la
simple transcripción de documentos, actas, proclamas, mani-
fiestos, oficios.
Finalmente, las informaciones sobre acontecimientos
litares de Europa y, particularmente de España, que
dan en las páginas de la "Gazeta", son generalmente
y bastante minuciosas. Ya en el primer número, del 13

(viene de la Pág. anterior)

-acaso el mismo Cosa Iruio- en los números del 25 y 30 de octubre.


asumiera 1. defensa del Ministro ..Pañol, De,. sin entrar al debate
ideológico sobre los motivos de la instalación de la Junta. Finalmente,
la polémica sobre la reunión del Congreso, comienza con las publica-
ciones efectuadas Der Moreno, a partir del lo de noviembre y termina
con el articulo de "Justo Claridades" en la de Montevideo,
diciembre,
(70) Paria-Cabrera, ob, cit., Pág. LXXVI.
(71) En le edición del 13 de octubre, una breve introducción, destacando
Que mientras todos los pueblos linericanos han jurado obediencia a la
Regencia, Buenos Aires y Caracas "por una desgraciada fatalidad han
querldo singularizarse en la vasta extensión del Nuevo Mundo". Y en
la del 18, ve explica por qué el Gobierno desea reprimir el número en
que se informa de los "Sucesos de Caracas", (Véase "Gazeta de Mon-
tevideo," cit. págs. 9 y 15).
üs redactores eligieron el sistema de comentar o rebatir las afir-
maciones del texto, Por medio de breves notas, puestas al pie, (Ibídem
págs. 23, 24. 25, Si y 34).
(72) M. Blanca Paria - Q, Cabrera, ob, cit. Dág. LXXVIII.

46
octubre de 1810, encontramos un detallado -y bastante
correcto- informe sobre la situación del Reino; y frecuen.
temente se reiteran los datos con respecto a la lucha militar,
a las actitudes de los reinos americanos, a las disposiciones
del Consejo de Regencia, etc., tomados fundamentalmente de
"El Conciso" y del "Diario Mercantil" de Cádiz, y de la
"Gazeta", de Badajoz o del órgano de la Regencia. También
aparecen informaciones, aunque breves, de Gran Bretaña,
Holanda, Sicilia, Suecia, Prusia, Polonia y Rusia, relativas
a la lucha contra Napoleón.
En cuanto a la situación política de la Península, en el
número del 18 de diciembre, se celebra con alborozo la insta-
lación de las Cortes "que debe llenarnos de explicable
júbilo" y se promete que "ésta será por ahora la que ocupe
nuestra atención en transmitirle al público los mejores pa.
peles relativos a tan importante asunto". (T') Recién en el
año siguiente podrá darse cumplimiento cabal a este propó-
sito y entonces el periódico montevideano se transformará
en un instrumento de divulgación de toda la actividad de
las Cortes.
En este estilo y con estas limitaciones transcurrirá la
vida de la "Gazeta" hasta agosto de 1811, en que la direc-
ción de Fray Cirilo Alameda le imprimirá otros rumbos,
otro vigor y un fervor de "empecinado" que si bien irá en
desmedro de su objetividad, le dará, en cambio, mayor
interés.

Las medidas Producida la fractura de la uni•


fiscales dad administrativa del Río de la
Plata, Montevideo, ,debió resol-
ver, además de las cuestiones gubernativas anexas a
ración de la antigua capital virreinal, las económicas
cales consistentes en atender "la manutención de la
y otros empleados", proveer los gastos requeridos para
parar la guerra con los "insurgentes" de Buenos Aires,
escaramuzas iniciales ya se habían producido, e incluso

(73) "Gezetn de Montevided", cit. DáC. 114.

47
caudar auxilios para enviar a Espafia,.empeíiada en la.guerra
de independencia contra Napoleón.
El 24 de agosto, el Gobernador Soria trasmitía al Cabildo
la orden recibida de España en el sentido de que los ameri.
canos debían auxiliar al Estado en sus apremios. Se crearon,
comisiones encargadas de recoger casa por casa, las contri.
Pociones voluntarias de los pobladores, sistema que se, aplicó
no sólo en Montevideo,.sino-tambiéti eni las villas y pueblos
del interior.' Cabildos 'y Comandantes Militares tuvieron a
su cargo. esta tarea, habiéndose cometido a lo! últimos "reco-
lectar el producto de todos los ramos de la Hacienda Pú:
Mica". Los resultados, no obstante las reiteraciones de los
pedimentos y las órdenes, no fueron totalmente satisfactorios:

-Los vecinos qué han tenido .voluntad -informa. el ".


"" Cabildo de Soriano ul Coanmidante de Colonia, Ramón "del
Pino-, se han esforzado con lo que han podido aten-
. diendo' a la calamidad y circunstancias del tiempo, pero
„, varios se : han 'encogido, -y no han querido .extender sus
manos para tan laudable fin",(ral „ .
Simultáneamente el Gobernador Soria resolvió recurrir
a la propiedad raíz como fuente de recursos. El 23 de agosto
se hizo saber a :los Alcaldes, Cabildos y Comandantes Mili-
tares :que .debía procedeise:a un examen de,"las tierras rea-
lengas en poder de poseedores con títulos imperfectos `o dé
ocupantes precarios. A esos efectos se citaría y emplazaría
por. bando, a fijarse en todos los parajes públicos, a los
poseedores, para que exhibieran los justificativos de los
trámites de denuncia incompleta en el plazo perentorio de
cuarenta .días,

(74)' Oficio del Cabildo de Soriano al 'Comandante General de Colonia, del -


_ 9 de" octubre de 1810. (Pivel Devoto, "Raíces..." cit.. Pág. 253).
El mismo Pivel ¡.forma que en el "Libro Mayor de la Real. Caja
,. . ': 'de"Montevideo correspondiente al año 1810 se registran las
..concepto de donativos y préetemba Para "subvenir a la compra de cabe-
" "Ilos 7' 1. alta Paga de cuatro Pesos~Pnr'"mea' "s, las tropas de mar y
tierra que llegaron a 41.258 Pesos y 5 reales; a 26.335 con 5 reales,
los "donativos para España" Y n 41.531 con 2 reales los "préstamos
patrióticos", (Ibídem, Pág. .253, ea anota).: -_ .." _ 7. ......_ - .

48
"en la inteligencia de que se tratará con ellos el medio
do otorgárseles sus respectivos títulos de propiedad o bien
por medio de una moderada composición, o en público
remate, en los términos que según sus documentos gradúe
el gobierno más útil, en su beneficio y sin perjudicar los
reales intereses, bien entendido, que transcurso dicho tér-
mino sin haberse presentado o expuesto lo que crean
más útil, se procederá al beneficio, venta y remate de los
dichos terrenos, caso de salir postor, sin que después le
valga el título de posesión u otro alguno, ni los perjuicios
que reclame por su expulsión o lanzamiento, lo que no
sucederá ocurriendo como se le previene, pues esta
Comandancia General le dispensará cuantas gracias sean
compatibles coro su situación y las de dichos posee-
dores... (f°)

Esta disposición, ya sugerida en otras oportunidades,


al considerarse el problema del'"arreglo de los campos" (7°)
causaba una tremenda perturbación en el régimen de tenen-
cia de la tierra, y fue resistida en toda la campaña. Pese a
ello, Vigodet, a poco de hacerse cargo del gobierno, reiteró,
el 20 de octubre, con singular energía, los términos del
Bando:

"í1abiéndose notado que muchos vecinos de esta ciu-


dad y de toda la Banda Oriental que por ahora está bajo
la jurisdicción de este gobierno, han mirado con notable
abandono el auto de comparendo que antecede para entrar
en moderada composición con S M. sobre los terrenos
realengos que ocupan, creyendo tal vez que el Gobierno
tolerara tan criminal proceder, pues a más de exigirlo así
la seguridad de sus posesiones la demanda imperiosamente
el socorro de la Patria, que es la suprema Ley del Estado:
líbrense circulares a todos los comisionados y jefes mili-
tares de la campaña comprendidos en toda esta Banda con
los insertos necesarios, para que haciendo notorio en la
forma más solemne en sus respectivos Partidos, por se.

(75) Bando del Gobernador Soria del 23 de agosto de 1810,


"Ratees...", cit. págs. 253-254).
(76) La Idea fue acogida en el Real Acuerdo de 1806 para el
y defensa de la frontera, ocasionando una verdadera in
los vecinos feudatsrios y también fue Dropuerta -DOr Jorge
su ola. para el arreglo de la campaña. (Véase "La Banda
pradera, frontera, puerto", citada, de loa autores).
49
gunda vez, comparezcan sin más dilación y fijándoseles
el perentorio término de treinta días bajo las penas de
por su omisión, y silencio, quedarán sin derecho alguno
de preferencia y sin acción a la posesión adquirida por
dilatada que sea y que admitidas a otros las denuncias
de los terrenos que ocupan, propios de S.M. se les admi-
tirá a moderada composición, y librarán loe títulos de
propiedad, y con ellos se les pondrá en tranquila posesión.
lanzando a los resistentes y omisos a los llamamientos
emplazamientos de este Gobierno; y para que sea más
solemne a todos los habitantes y existentes en esta Ciudad
y su jurisdicción, se fijarán edictos, en los lugares acos-
tumbrados, quedando razón de todo por el actuario para
constancia y que abre los efectos que haya lugar". (77)

"Estas disposiciones de puro corte fiscalista -señalan


Sala de Tourón, Rodríguez y ,de la Torre- abandonaban,
en medio de una situación por demás convulsionada, los
principios establecidos por el Real Acuerdo de 1805 en la
parte que se proponía fundar poblaciones, asentar a los dis-
persos y de alguna forma "pacificar" la campaña y garantir
la frontera. Igualmente desechaban el límite de cuarenta y
ocho leguas que éste establecía a los adquirentes. En cambio
se agilitaban los procedimientos y contenían disposiciones
compulsivas para su aplicación". ('s)
Los bandos de Soria y Vigodet provocaron, como es fácil
comprender, una gran inquietud en toda la campaña. Sus
-disposiciones, en primer lugar, únicamente consideraban pro-
pietarios con título perfecto, a los que habían recibido tie-
rras de chacra y estancia como pobladores de Montevideo,
o en los repartos sucesivos de sus Gobernadores y Cabildo;
las tierras de chacras concedidas en las villas y pueblos
fundados posteriormente; una parte de las repartidas por el
Cabildo de Santo Domingo Soriano; las otorgadas cuando la
fundación de Melo y por mercedes posteriores; las que sub-
sistieran de los repartos de Azara; las escasas mercedes a
indios misioneros en la zona de Paysandít y a los pocos de.

(77) Bando de Vigod^.t de fecha 20 de octubre de 1810. en Pivel Devoto,


'Ralcee..." cit.. pág. 255.
(78) "Evolución ecOn6mien...'*, cit., pág. 214.

50
nunciantes que habían corrido la totalidad de los trámites
establecidos por la Real Instrucción de 1754.
Quedaban sin amparo a su derecho, de poseedores de
buena fé, que se consideraban propietarios con título bas.
tante al efecto, la inmensa mayoría de los pobladores de la
zona de Maldonado y Rocha, emanados de los repartos efec.
tuados por Pérez del Puerto; gran parte de los beneficiarios
de repartos efectuados por el Cabildo de Santo Domingo
Soriano; los que habían recibido tierras de Francisco Javier
de Viana y, por supuesto, de los demás comandantes. Estos
vecinos comparecerían ante la autoridad alegando excepcio-
nes, argumentando, en algunos casos, que "habiendo com-
prado y pagado al Rey en Buenos Aires" sólo estaban obli-
gados a "solicitar el título luego que se arreglen las cosas...";
y otros, -como los de Maldonado- haciendo hincapié en la
desaparición de los archivos, quemados durante el ataque
inglés a la ciudad. Argumentos o protestas de orden similar
se manejaron por los ocupantes para diluir los efectos de la
perentoria disposición del Gobierno. Los representantes de
éste, particularmente el Fiscal, Dr. Mateo Magariños y Ba.
Minas, se opusieron siempre a excepciones de este tipo, ya
que "admitida esta clase de petición se frustrarían los salu-
dables objetos del Gobierno"...
No obstante esta oposición, fueron muchos loa que se
presentaron a iniciar los trámites y una parte de éstos logró
finalizarlos con éxito. "En 1810 se había extendido título a
110 hacendados, y en el año siguiente algunos más comple-
taron los procedimientos. La inmensa mayoría estaba cons-
tituída por los vecinos de Pan de Azúcar, Maldonado y Ro.
cha, cuyas posesiones, generalmente de pequeñas áreas, fue-
ron tasadas a precio moderado. En otros casos se trató de
grandes poseedores como Juan J. Durán, quien compró en
1.500 pesos la inmensa extensión entre el Cordobés y el
Fraile Muerto, el Río Negro y la Cuchilla Grande, que había
denunciado Miguel I. de la Cuadra, y a cuya denuncia se
habían opuesto los fiscales tenazmente; José Ignacio de
Uriarte, la mensura de cuyos campos arrojó seis leguas de
frente por doce y media de fondo; Miguel Zamora, 46 suer-

51
tea entre el Tacuarembó y Clara; Cristóbal Salvañach, 45
'leguas en el Tacuarembó Chico, cte.". (7°)
El criterio fiscalista predominante en estas disposiciones
condujo 'a retasar los campos, para lo cual actuó una comi-
sión compuesta por Lorenzo de Ulivarri y Joaquín de Cho.
pitea. En la aplicación de las nuevas tasaciones, se siguió,
por lo demás, un criterio no exclusivamente económico, prac-
ticándose discriminaciones de acuerdo con la conocida opi.
nión política del poseedor. (6e) Demás está decir en qué gra-
do habrían de incidir estas medidas en la creciente con-
ciencia de rebeldía de la campaña, contra el "despotismo"
montevideano y sus gobernantes "godos"... ,
Otro grave problema surgió con la gestión, efectuada
por Soria, el 2 de setiembre de 1810, para que el Cuerpo
de Hacendados reintegrara la suma de 39.700 pesos que
adeudaba al Estado. Ante la desobediencia de que hicieron
gala los hacendados, pese a que se les reiteró la orden, el
Gobernador dispuso que los Comandantes militares de Colo-
nia y Maldonado vertieran en la caja del gobierno de Mon-
tevideo lo que se recaudase por concepto de diezmos, con
promesa de oportuno reintegro.

"La incomunicación con lo interior del Reino -escri-


bía Vigodet el 19 de octubre- de cuyas fuentes manaron
en todo tiempo los auxilios con que se sostenía la guami.
ción de esta Plaza, y la falta de circulación del dinero,
obstruido el comercio y el giro, han casi agotado los re-
cursos para su consemación:'(8')

(79) Sala de Touron. Rodríguez y de la Torre, ob, cit.. páii. 215 y nota
32 del Capitulo VII, de los mismos.
(80) Tales loa casos -bien elocuentes- de Don Ramón de Cáceres, "jun-
tistá', al que ae le había fijado en tiempo de su denuncia, Is eume
de 130 pesos y ahora se le exigió 1.080. con plazo perentorio de tres
días para eu pago: y el de Cristóbal de Ealvañach -Gobcrnalor político
interino 1 Alcalde de lar. Voto- al cual el Fiscal Maasriños confirmó
ls primera teasción de 16 Desos In legua cuadrada¡.„ (Véase Sala de
Touron y otros, citado, págs. 216-218).
(81) Acuerdo del Cabildo de Montevideo del 27 de octubre de 1811.
ta.:.", cit. tomo IX, PAZ. 449),

52
Esta situación emergente del conflicto rioplatense y la
necesidad de proveer al establecimiento de un órgano que
ejerciera la superintendencia en materia económica y fiscal,
promovieron la convocatoria de una reunión celebrada en el
Fuerte, donde "conferenciada 1a materia con la delicadeza
y pulso que exigen tan extraordinarios acontecimientos", se
resolvió "erigir una Junta de Hacienda a semejanza de la
dispuesta en el Código de Intendentes para la capital y ca-
beza de Provincias", cuya instalación se efectuó el 27 de
octubre. (s2)

"Como el principal objeto de esta Junta es proporcio-


nar los fondos y arbitrios para la conservación y subsis-
tencia de esta Plaza y de todo el territorio de su com-
prensión, conocerá dicha Junta de todo lo correspon-
diente y concerniente a hacienda, arreglo de oficinas y
resguardos, entradas y salidas de buques, cuenta y razón
de todos los fondos públicos y particulares sin determina-
da aplicación y dominio por alguna razón, de las comu-
nidades, aumento o disminución de sueldos y salarios,
de todo aquello sin limitación, que pueda conducir a fa-
cilitar las graves y ejecutivas urgencias del Gobierno".
Donativos patrióticos, rentas de diezmos, fondos apor-
tados por los Cabildos, recursos extraordinarios obtenidos
por el pago de composiciones de tierras realengas, o ven-
tas de buques embargados por deudas de los propietarios
con el fisco, impuestos sobre introducción de cueros a la
plaza (un cuartillo por piel), así como los provenientes de
la Aduana y de la Renta Real de Tabacos, fueron los recur-
sos principales de que dispuso la Junta de la Real Hacienda.
Si las providencias tomadas respecto de las tierras públi-
cas, ya referidas, tocaban un punto muy sensible para los

(82) La Integraban, el ~olxrnador VigMet, a Quien correspondía la Presiden-


cia. Juan de Zea y Villarroel, "Oidor de la Real Audiencia Pretorial de
Buenos Aires y detenido en esta Dlazü ', Pedro Ballesteros, Intendente
Honorario del Ejército Y Cantador Decano del Tribunal Mayor de
Cuentas de Buenos Aires: Criatobal Selvafiach. Alcalde Ordinario de
lee. voto: Dr. José Eugenio de Elías. Asesor General de Gobierno:
Jacinto Figueroa. Ministro Interino de la Real Hacienda; y el Dr.
Mateo Magariños Y BaIIinas, Abogado del Flaco.
(88) "Revista del Archivo Gral. Administrativo', cit. págs. 450-451.

53
intereses del gremio de hacendados, no menos gravosa re-
sultaba esta implacable voracidad fiscal respecto de comer-
ciantes, barraqueros y navieros, que eran los principales con-
tribuyentes por gravámenes, donativos o préstamos, en mo-
mentos en que la situación prebélica en el Plata había dis-
minuído muy sensiblemente el tráfico mercantil por el puer-
to. Hubo de ocuparse la Junta de la Real Hacienda del pro-
blema del comercio con extranjeros, pues las disposiciones
del Auto virreinal del 6 de noviembre de 1809, vigente en el
Montevideo regentista, (a') no se cumplían. En efecto, éstas
exigían que las consignaciones se atribuyeran a comerciantes
matriculados; pero, de facto, no sólo comerciantes de origen
hispano o personas que no ostentaban esta calidad, habían
sido beneficiadas, sino que, incluso, también se concedieron
a extranjeros, no avecindados ni casados en la ciudad.
. Para proteger al Erario de la evasión por el contraban-
do y celar las ventajas de los poderosos comerciantes esta-
blecidos, se agregaron, al llamamiento del Diputado Juez de
Comercio, y por decisión del Gobierno, dos juntas, los días
9 y 17 de enero de 1811. En la última se aprobó el "Regla-
mento de Consignatarios" (ae) donde se disponía que el
"nombramiento debe recaer precisamente", de acuerdo con
el auto virreinal de 1809, "en personas nacionales y noto-
riamente conocidas por comerciantes de esta plaza", esta-
blecidas aquí o venidas de España o puertos españoles de
América para ese objeto, y de "ningún modo a los españo-
les que procedan de puertos extranjeros, ni aquellos cuyo
ejercicio no viene directamente del comercio" ni son "sus
dependientes asalariados". Se prohibe expresamente "que los
extranjeros puedan vender sus efectos o comprar los del
país", prescindiendo del intermediario nacional, e igualmen-

(84) Durante el año 1810, se concertaran alrededor de treinta embargues


al amparo de las franquicias acordadas Dar el Virrey Cisneros en 1809.
(85) Juan E. Pivel Devoto. "Colección de documentos para la Historia
Económica del Uruguay", en "Revista de Economía",
1950). Tomo III, Nc 19, páginas 833 a 841.
En la reunión del di. 9 ae encargó la redacción del texto a Félix
Sainz de la Maza, Antonio de San Vicente, Pedro Fraacáseo Berro y
Gerónimo Flo Bianaui. El día 17 es, aprobó el Reglamento proyectado
por éstos.

54
te "que tenga almacén o tienda abierta" salvo que "esté
avecindado y sea casado", para con ello prevenir perjuicios
"a la industria nacional" y "evitar fraudes que suelen haber
en los embarques en perjuicio de la Real Hacienda". (aa)
Aunque en el privilegio se incluían los hacendados "su-
jetos igualmente a la matrícula como comerciantes natos",
los directos beneficiarios eran los mercaderes establecidos en
la ciudad, que monopolizaban así los canales. de la exporta-
ción y dominaban el régimen de precios. Esta circunstancia
apunta al antagonismo de intereses de los dos sectores socia-
les aludidos, que prolonga sus efectos más allá de la con-
moción revolucionaria. (a') El Reglamento, aprobado por Elío
el 26 de enero, obligó a matricular a todos los comerciantes
y hacendados de la Banda Oriental, constituyendo un pre-
ciosísimo inventario de las clases vivas de la economía local,
ajustado cuando ya la turbonada revolucionaria asomaba su
violenta eclosión en el horizonte de la pradera oriental. (aa)

El Virreinato de E1 Consejo de Regencia, por Real


Elío Orden del 31 de agosto de 1810,
había designado a Francisco Ja-
vier de Elío, "Virrey, Gobernador y Capitán General
(88) Plvel Devoto, ob. cit., Pág. 838.
(87) En 1812. esta divergencia entre comerciantes y hacendados y ealade.
ristas sa manifiesta en la reacción de los últimos ante la tentativn
de restringir el comercio con extranjeros, que habría de perjudicar en
principal medida al "comercio de carnes saladas de esta plaza", cuya
parálisis aumentaría en la medida en que resultaran limitadas las
expediciones en buques nacionales y la paralela concurrencia de
"compradores Y extractores en los puertos del Brasíl". "Cuando decimos
que conviene la extracción de nuestros frutos en los buques extranjeros,
no se entienda que por eso nos oponemos que hagan lo mismo las
embarcaciones de nuestro comercio; sólo queremos representar a Uds.
que no pudiéndose exportar por éstos, el todo de nuestros frutos Y
manufacturas, no se baga novedad en que los extranjeros admitidos a
nuestro comercio saquen el superávit a aquéllos que no pueden alcanzar"
(Representación de un grupo de hacendados y snladeristas al Cober-
nadar y Capitán General. Gaspar de Vigodet". (De Juan E. Pivel
Devoto, "Revista de Economía', ob, cit, Tomo IV, Na 20, págs, 35-36).
(88) Del registro formado por los comisionados designados al efecto, resulta-
ban en Montevideo y su campaña, 80 comerciantes matriculados; 432
hacendados; 50 mercaderes matriculndos; 42 mercaderes no matriculados;
18 navieros: 40 almacenes por mayor; 24 dueños de establecimientos
de salazón de carnes; 14 fábricas de sebo en marquetas y 2 corredores
de número. Im lista de hacendados comprende los ubicados dentro de
la jurisdicción de Montevideo,

55
Provincias del Río de la Plata y Presidente de la Real Au-
diencia de Buenos Aires". (6e) Traía el flamante Virrey, ins-
trucciones reservadas para ajustar su conducta en las rela-
ciones con portugueses y británicos. De acuerdo con las mis-
mas, no debía ignorar las maniobras para coronar a la In-
fanta Carlota y el cumulo de circunstancias que autorizaban
a pensar en una posible invasión a las colonias hispanoame-
ricanas, acaso pretendiendo fijarse en la orilla norte del
fa. Mientras los portugueses esperaban la oportunidad para
cumplir sus proyectos y el gobierno metropolitano español
estaba ocupado en las considerables atenciones del momento,
se había encendido la rebelión en Caracas y Buenos Aires
v ambos insurgentes habían enviado sus representantes a
Londres, cuya Corte, lejos do oponerse a sus proyectos, pre-
sentaba una mediación, acaso como parte de un plan desti-
nado a emancipar las colonias. Debía, por lo tanto, oponerse
a todo intento portugués, aún por la fuerza; y en cuanto a
Inglaterra, aunque parecía tolerar y aún fomentar las pre-
tensiones lusitanas, no era de -esperar que las impulsase
abiertamente, mientras fuera firme la resistencia de la me-
trópoli. (sa)
Llegó Elí,o a Montevideo el 12 de enero de 1811 con
un piquete del Regimiento de Voluntarios de Madrid,
bordo de la fragata "Ifigenia".
El acta del Cabildo del 19 de enero, consigna que en
"atención al estado actual de incomunicación en que se halla
la capital de Buenos Aires, con esta ciudad", procedería el
Virrey a concurrir a las "Casas Capitulares a recibirle el
juramento" por "no haber más autoridad legítima en esta

(89) "Gnaeta de Montevideo", el¡. (1811-enero-junio), (Montevideo, 1954), tomo


II, pág. 218,
El nombramiento, -probablemente, fue hecho sin conocimiento de las
Cortes, y firmado únicamente par el Ministro Eusebio Barde.! y Azar.,
sobrino de Elio. Lord Strangford, en carta . Wellesley, de 7 de abril
de 1811. criticaría esa impolitica designación y la atribuiría al Ministro
Bardas). (Citado no, Gabriel A, Puentes, "Don Francisco Javier de Ello
en el Río de la Platrt' (Buenos Aires, 1966), pág. 244).
(90) Gabriel Antonio Puentes, "Sublevación del Entre Ríos y la Banda Orien-
tal" (1811) en "Humanidades" (publicación de la Facultad de Humanidades
Y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de La Plata.
Buenos Aires 1950), tomo XXXII, Pág. 234-285. .

56
Banda que pueda verificarlo". -Con la mano derecha puesta
en los Santos Evangelios y la izquierda sobre las del señor
Gobernador, la rodilla en tierra y delante de una imagen de
Jesús crucificado, juró por Dios y los Santos Evangelios,
obligándose "con pleito homenaje según fuero y costumbre
al Rey nuestro Señor, don Fernando VII y al legítimo Go-
bierno y Soberanía de la Nación española, cuando la liber.
tad de S. M. y pleno uso de todas sus facultades, no sean
absolutos". (a')
A la ceremonia le siguió un solemne "Te Deum", en la
Matriz. Así quedó declarado el Real de San Felipe de Mon.
tevideo, sede provisional del Virreinato.
Inmediatamente de llegado, el día 15, el Virrey había
ofíciado a la Junta, a la Audiencia y al Cabildo de Buenos
Aires, reclamando el reconocimiento de la legitimidad de
las Cortes Generales y Extraordinarias del Reino, reunidas
en Cádiz, y de su propia investidura. Los tres organismos
requeridos contestaron negativamente a su pretensión.
La Junta le solicitó con apremio al comisionado porta-
dor de las notas, que era el Oidor de la Audiencia de
José Acevedo y Salazar, que se reembarcara de inmediato
para Montevideo, adonde se cursarían las respuestas.
nota respectiva expresaba la junta que el "solo título"
Virrey con que Elío se presentaba a presencia de un
bierno establecido para sostener los derechos de los
libres", "ofende la razón y el buen sentido" y que el
medio conducente a "consolidar la felicidad de estos
es "desnudarse de una investidura sin carácter" y propender
con el influjo que pueda haberle dado la opinión en
blo montevideano "a reducir al buen sentido ese pequeño
resto de refractarios, que en la vasta demarcación de
gobierno, es el único que se resiste a conformarse a
luntad general".
La Audiencia replicó que "se había diferido la resolu.
ción sobre si debe reconocerse o no en estas Provincias,

(91) "Revista del Archivo General Administrativo", cit.. Volumen IX. píes.
474477. -

57
Consejo de Regencia últimamente instalado en la península,
al Congreso", "que debe celebrarse y se realizará muy en
breve", no estando, por lo tanto, "legitimada en estas pro-
vincias la autoridad de donde emana la provisión de VS al
mando superior de ellas"; y el Cabildo, por su parte, expresó,
que se ignoraban "hasta hoy los principios legítimos, bajo
los cuales haya sido conformado ese Consejo de Regencia,
sin la menor intervención de las Américas, por unas Cortes
en que tampoco han tenido parte
Replicó Elío declarando "por rebelde y revolucionario
el actual tiránico gobierno de Buenos Aires" y "que
dividuos que lo componen, y todos los que lleven armas
otros útiles de guerra para sostenerla y atacar las
bajo la verdadera divisa del estandarte del Rey de España,
sean tenidos por traidores y rebeldes a su Rey y a la
y como tales tratados y juzgados". (°') A la declaratoria
guerra de este bando, fechado el 12 de febrero de 1811,
guió el cierre de -los puertos de la Banda Oriental
procedencias de y' para Buenos Aires (24 de febrero)
establecimiento del bloqueo de aquel puerto y demás
costa occidental, gestionando del jefe de las fuerzas
británicas en el Plata exigiera a los buques de su nación,
el respeto de esta clausura; el refuerzo de la guarnición
Colonia -donde fue enviado el brigadier Vicente Muesas
y la organización de cruceros para la vigilancia del

(92) "Gaceta da Buenos Aires", Tomo II, cit., ejemplar del 24 de enero de
1811, PUB. 62-65: 66-68: y 68-71. Véase, además, sobre la misión Ace-
vedo y Salesar, "La Revolución de Mayo y los Pueblos del Piel."
autores.
(93) "Gaceta de Bueno. Aires", cit., ejemplar del 21 de marzo de 1811. pág..
214-215. IkclB Ello que se hablan tentado "cuantos medios sugiere la
prudencia y dicta 1. humanidad Dura hacer entrar en sus deberes Y
obligaciones a los que componen la Junta de Buenos Aire. que se ha
abrogado el mando euDerlor de todo el virreinato", Ha. despreciado toda
conciliación, agrega, y después de haber Principiado con "tiranías y
muertes de los jefes principales de la provincia sin guardar la
formalidad nl trámite judicial" han armado expediciones y atacado a
cn.nto. no han adherido a sus ideas, "haciendo la guerra con la bar-
barie de sacrificar los prisioneros contra todos derechos", y llevan su
osadía a lxisultar al Consejo de Regencia que gobierna a nombre de
Fernando y es reconocido Por todas las potencias de Europa, "usando
ron felonía del adgusto nombre de nuestro desgraciado monarca, para
solapar con él las miras de ambición u rnfemia que ocultan".
(94) Francisco Bauxá, "Historla de 1s bomínnción Española en el Uruguay"
58
Lanzó, entonces, la Junta de Buenos Aires, una proclama
llamando a las armas "para la defensa de la patria". Ante la
guerra que mueve "este hombre arrebatado", dice, preten-
diendo "inundar de sangre unas provincias que debía res-
petar como el mejor asilo de la fugitiva libertad", sin que
nada "embarace los empeños de su tiranía", la necesidad
"exige que los pueblos en masa empuñen vigorosamente las
armas".(s°) Y mientras, negociaba con los marinos británicos,
-al fin con buen éxito-, providencias que permitíeran.elu.
dir las consecuencias del bloqueo,(") adoptaba también sus
medidas de guerra económica: cierre del puerto a los carga-
mentos enviados desde Montevideo y a todo buque de esa
procedencia, con excepción de los británicos; prohibición de
girar letras sobre Montevideo y su jurisdicción y de pagar
las giradas desde aquella plaza, inclusive a los ingleses; veda,
por fin, de exportar oro y plata, ya fuera en barras o en
monedas. (s7)
Muy difíciles eran las circunstancias que debía enfrentar
Elío. Sin duda su vehemente temperamento no era el más
indicado para señalarle el camino del tacto y la prudencia que
el momento reclamaba imperiosamente; pero como ha sido
señalado por Pivel Devoto, (ss) no le faltaban condiciones
de estadista y de hombre de gobierno, y algunos de los errores
principales que entonces cometió deben ponerse a cuenta de
su superficial conocimiento del medio rural, que le llevaron
a extremar las exigencias y los requerimientos de auxilios y
recursos, y a manejar la fuerza como único expediente para
el reconocimiento de su autoridad.
La sustitución de del Pino por Muesas en la Coman-
dancia de la Colonia y el regreso de las fuerzas de Michelena,
que operaban en las costas del Uruguay, en el Arroyo de la

(95) "Gaceta de Buenos Airea", cit., págs, 218-220. "Puede ser -agrega, con
agorera previsión-, y acaso no esté lejos, que mendigue Elfo el socorro
de tropas BX2raniera9'.
(96) Véase "la Revolución de Mayo s los pueblos dei Plata' de las
(97) "Gaceta de Buenos Aires", reaolucionea gubernativas del 14 de fe-
brero y 9 da marzo de 1811, en los ejemplares del 1S de febrero (pág..
123-124) y del 14 de marzo, (paga, 197-198),
(98) Pivel Devoto, "Balees...". cit., pág. 260.

59
China, contribuyeron a socavar las frágiles bases en que se
apoyaba su autoridad en la zona vital de los ríos. El crí-
tico más implacable de Elío, José María Salazar, así lo seña-
la en su correspondencia con el Ministro de la Marina:
la retirada de Michelena del "sobresaliente punto del Arro-
yo de la China" desamparó a los buenos españoles -dice-,
y facilitó "que se reanimaran los malos y quedando libre el
Uruguay" se anudaran "las comunicaciones con Buenos Ai-
res". (°') La malquerencia general, -agrega en otro oficio-,
debe atribuirse a la "declaración de guerra publicada el 13
de febrero y a las órdenes impolíticas dadas en la campaña
y al plan de imposiciones sobre ella que encendió extraor-
dinariamente los ánimos contra la buena causa". ('00)
Sobre este mismo punto, una carta privada interceptada
por las autoridades, califica de "sistema de opresión y despo-
tismo" el que configuran estas exigencias anunciando que se
"estaba avaluando el caudal de Montevideo y su campaña
y se va a echar un 80% para sacar 48.000 mensuales". ('0')
En efecto, cuando llegó el Virrey, estaba pronto
de recolección de recursos redactado por una comisión
Cabildo, en quien había declinado sus competencias la
de la Real Hacienda. Decían los capitulares que el arbitrio
de los donativos voluntarios deja "un campo dilatado
trabas del egoísmo"; que los forzosos, a su vez, "jamás
reciben con agrado y que pocas veces se ejecutan con
dad"; las nuevas imposiciones no se adecúan a la urgencia
de la recolección; "no queda, pues, otro arbitrio que
los empréstitos"-,que-cerá,_sin_embargo, forzoso en su

(99) José María Solazar al Secretario del Despacho Universal de la Marina,


lv de mayo de 1811 ("Archivo Artigas", Tomo III, pág. 443). También
juega errónea la separación de Ramón del Pino de la Comandancia de
Colonia, diestro conocedor de la campaña y del país, al punto de que "no
_ nos denunció uno como sospechoso, que después no ae haya confirmado
por un traidor", mientras m sustituto -Vlcente Muesas- "Dios no 1s
he concedido e1 don del mando",
(100) José María Solazar al Secretario del Despacho Universal de la Marina.
19 de noviembre de 1811, ("Archivo Artigaá' (Montevideo, 1953), Tomo
iv. Pág. sal).
(101) Juan E. Pivel Devoto. "Uruguay independiente", en "Historla de Amé-
rica Y de los Pueblos Americanos". dirigida por Antonio Ballesteros Y
Bereta (Barcelona-Madrid, 1949), t. XXI, pág. 420. en nota.

60
sición; pero garantido por la seguridad del reintegro,
yos efectos "todas las rentas reales, los bienes de
y los que pertenezcan a la Nación y al Estado" quedaban
preferencia, hipotecados. El clero, empleados, propietarios
fincas urbanas, comercio, hacendados y los gremios de
sanos en sus diferentes clases, forman las "corporaciones"
que habrán de subvenir hasta la suma requerida para pagar
el presupuesto, fragmentándolo en listas exactas de
viduos que pertenecen a cada ramo y repartiendo la cuota
que debe satisfacer cada uno, según su estado y proporciones,
en la inteligencia "que cesará toda contribución desde
se reciban auxilios de la metrópoli o de Lima". (r0')
Las urgencias del pago de las tropas traían preocupado
a Elío (100) por lo que, sin dilatorias, aprobó en "todas sus
partes" el plan propuesto por el Cabildo; y en oficio diri.
gido a Vigodet, le indicaba que se fueran "citando las corpo-
raciones, las que a presencia del Cabildo se les enterará del
método que se ha adoptado" y convencidas que es el más
equitativo, "se adoptarán en seguida las demás medidas". (roa)
Volvió a insistirse con el arbitrio de la regularización de
los títulos por los ocupantes de los terrenos realengos, a los
que se emplazó bajo amenaza de expulsión, según resulta de
un oficio de Francisco Javier de Viana al Comandante de
Santa Teresa, fechado el 16 de febrero. (r06) Se exigió impru-
dentemente, a "las justicias, párrocos y vecinos" franquearan
"toda clase de auxilios" para el mantenimiento y alojamiento
de las tropas. Tales medidas "impolíticas" que irritaban a los
habitantes de la campaña, por los sacrificios que exigía y la
pobreza a que los reducía, no serían explicables si se omitiera
consignar las dramáticas circunstancias que vivía la ciudad
regentista:

(102) Pivei Devoto. "Raíces...", cit., pág,. 261-263,en nota.


(103) E1 31 de enero, Ello programó establecer nuevas impuestos para atender
el pago da las tropas. (Puentes, "Don Francisco Javier de Ello...", cit.
pág. 256).
(104) Oficio del Virrey Elfo al Gobernador Vigodet del 12 de febrero de 1811.
El mismo Puentes anota que loa vecinos se libraron de tal carga por la
oportuna llegada de la fragata "Revolución" que traía, procedente de
El Callan, 489.173 pesos, 500 quintales de pólvora y 289 barras de co.
bre, ta nave llegó a Montevideo e7 la de abril.
(105) Puentes, ob. cit., pág. 262-

61
.. nultadaá•s*s relaciones. civiles y mercantiles con el
~'édtiti!Iéptexílesrctáya sensiblemente su industria, se paraliza
su comerció,, uá producciones se estancan, enflaquecen, se
debilita eVi1píim público... y una situación tan violenta
no es coto¡iatible con una existencia duradera. Estamos ya,
_oeñüir~'q.e]%'íriste caso de adoptar el duro arbitrio de las
tlutribysiónes y aunque el patriotismo de este vecindario
iubñrá sin murmurar el peso de esta nueva carga, el Ca-
bildo conoce que no puede el pueblo soportarla por mucho
tiempo". (100)

De este modo, la impaciencia y la rígídez de Elío tornaban


incitantes y explosivos, los viejos fermentos de la protesta
social, que harían eclosión en febrero de 1811.

(106) Oficio del Cabildo de Montevideo al Conaeio de Regencia del 8 de fe-


brero de 1811- (Estudio preliminar de M. Blanca París Y Querandy Ca-
brera Piñón a la publicación de la Gaceta de Montevideo, cit. pág.
CLxxxI%).

62
CAPITULO II

EL PUEBLO ORIENTAL EN ARMAS

1, E1 pronunciamiento de los pueblos y los "pagos" orien.


tales- 2 José Artigas, intérprete y conductor. 3. La marcha
de la Revolución. 4. La Revolución desde el campo regen•
tista. 5. La primera invasión portuguesa.

1. - El pronunciamiento de los pueblos y los "pagos"


orientales

La "admirable "Cuando los americanos de Bue-


alarma" nos Aires proclamaron sus dere-
chos, los de la Banda Oriental,
animados de iguales sentimientos, por un encadenamiento
de circunstancias desgraciadas, no sólo no pudieron recla-
marlos, pero hubieron de sufrir un yugo más pesado que
jamás". "Yo fui testigo así de la bárbara opresión bajo qué
gemía toda la Banda Oriental, como de la constancia y vir-
tudes de sus hijos, conocí los efectos que podía producir y
tuve la satisfacción de ofrecer al gobierno de Buenos Aires
que llevaría el estandarte de la libertad hasta los muros de
Montevideo, siempre que se concediese a estos ciudadanos

63
auxilios de municiones y dinero".(') "Un puñado de orien-
tales, cansados ya de humillaciones, había decretado su li-
bertad en la villa de Mercedes: llena la medida del sufri-
íniénto por unos', procedimientos los más escandalosos del
déspot-á que' 1óe: oprimía, habían librado sólo a sus brazos
el*'triunfó de' la justicia; y tal vez hasta entonces no era
ofrecido al templo del patriotismo un voto ni más puro ni
más glorioso, ni más arriesgado: en él se tocaba sin remedio
aquella terrible alternativa de vencer o morir libres, y para
huir de este extremo, era preciso que los puñales de los pai-
sanos pasasen por encima de las bayonetas veteranas. Así se
verificó prodigiosamente, y la primera voz de los vecinos
orientales que llego- a -Buenos Aires fue acompañada de la
victoria del 28 de febrero de 1811: día memorable que ha-

(1) Desde el año 1809 destacadas figuras del patriciado criollo realizaban reu-
niones con el ánimo de promover un amplio movimiento reivindicatorio
de los Intereses políticos y económicos de la Banda Oriental. Joaauin
Suárez, en sus "Apuntes aumbiográficoé' recuerda cue "reunidos en 1809
con Don Pedro Celestino Bauzá, el padre Figueredo y don Francisco Meto.
acordamos trabajar por la independencia. para cuyo fin teniamos de ngente
en Buenos Airea a don Francisco Javier de Viana y en I. capital a
don Mateo Gallegos". Refiere, asimismo, que habiéndose enterado las
autoridades de sus trabajos subversivos y "comprendiendo que nada podría-
mos hacer sin un hombre de arma. llevar, que reuniese las masas,
nos retiramos a nuestras casas a cuidar nuestros intereses". (Justo Ma.
MBee., "Las primeros patriotas orientales", cit., pág. 30).
Asimismo, existe constancia de actuaciones del Gobierno contra va-
- risa. damas patricias, entre las a.e estaban María Francisca y 1lfarga-
rita Villayrán. Mari. Josefa' y Agustina Oribe. Consolación Obra y
otras, que fueron encarceladas y desterradas. (Véase Beraza, "La Revo-
lución Oriental", cit., pág. 142).
- Por último, Francisco B.Va6. en su clásica "Iíistoria de la Domi-
nación española en el Uruguoy", se refiere a un levantamiento Dragrs-
mado en Casa Bta.., el 11 de febrero de 1811, en el que participaron
el cura de Paysandú y su teniente, el capitán retirado don Jorge Pa-
checo y el entrerriano Francisco Ramírez y que fue desbaratado por
la escuadrilla de Michelena. B.uzá vincula este episodio con la deserción
de Artigas que, según él, se produjo el 2 de febrero. El Prof. Ariosto
Fernández, luego de prolijas investigaciones, en eu trabajo —El pronun-
ciamiento sanducero de Casa Blanca en 1811", (que integra el volumen
"La Revolución de 1811. en la Banda Oriental". DSgs. 137-164), contro-
vierte, con abundante cotejo documental, los supuestos h4sicos de la
afirmación de Bau.á, como por ejemplo, la fecha de deserción de Ar-
tigas. la presencia de Ramírez y. sobre todo, la actuación de la escua-
drilla de Michelena que, en aquella fecha se encontraba en Colonia.
Véase el sumario promovido contra el vecino de Paysandú Tomás Pare-
des, acusado de manifestar que "sería voluntario verdugo para ahorcar
. todo esp.ñpl europeo, y de conspirar conjuntamente con el capitán
de Blandengues Jorge Pacheco. el cura Silvestre Martinez. el dominico
Fray Ignacio Mestre y don Nicolás Delgado, en "Archivo Artigas",
cit., tomo IV, págs, 1 a 7.

64
bía señalado la Providencia para sellar los primeros pasos
de la libertad en este territorio, y día que no podrá recor.
darse sin emoción, cualquiera que sea nuestra suerte".
Así comienza el célebre oficio, fechado en el Cuartel Ge-
neral en el Daymán, a 7 de diciembre de 1811, en que Arti-
gas describe al "Señor Presidente y Vocales de la Junta.
Gubernativa de la Provincia del Paraguay", la "admirable
alarma" (a) con que se iniciara la Revolución en la Banda
Oriental.
El pronunciamiento de Asencio, como hecho militar, fue
de poca entidad. Pero la trascendencia "memorable" que le
atribuye Artigas radica en que él fue la alborada de la Re-
volución, de una revolución que empieza a conmover a las
masas y muestra ya su signo más evidente: su carácter pre-
dominantemente rural. (') En efecto, el alzamiento de 1811
respondió a un anhelo colectivo de los hombres del campo
-pueblo desvalido y "vecinos establecidos poseedores de bue-
nas suertes"- que expresaban así su angustia y su protesta,
pero a los que faltaba aún para darle cohesión y posibili-
dades de éxito, "el hombre de armas llevar que reuniese a
las masas", éomo subrayara Joaquín Suárez.
Ese hombre, como lo había indicado Mariano Moreno,
en los comienzos de la Revolución y lo sabían con largueza
las autoridades españolas, (4) y lo sentía toda la campaña
oriental, era José Artigas, que el 15 de febrero había aban-
donado las fuerzas destacadas en la Colonia, y marchado a

(2) "Archivo Amigas", cit., (Montevideo. 1965), Tomo VI, pá&s. 74-75

(3) Este carácter hacía que los españoles las consideraran "partidas de
salteadores" y aplicaran duros calificativos a la masa nepular alzada
contra el orden establecido. A1 elemento doctoral de los Cabildos Abiertos
de Mayo o a lea autoridades de Ia Junta se les 1lamabn "traidores y
rebeldes a su Rey y a su Patria": las epítetos infamante. de "salten-
dored' y "ladrones" quedaban reservados a los anónimos
le insurrección campesina,
(4) Sala.ar, en oficio de 19 de noviembre de 1811, al Secretario de Estado
Y del Despacho Universal de Marina, luego de estudiar extensamente las
causas de la revolución oriental concluye con esta frase de grnn eaPre-
sividsd: "En resumen les principales causas de la revolución de la
campaña fueron las providencias de SE (Ello), sus órdenes, sus pro-
clamas y disposiciones pueriles para contenerla Y 1. deserción del ca-
pitán José Amigas, sin la cual, a pesar de todo, no se habría verificado".
(Archivo Artigae, cit., Tomo IV, pág. 375).

65
solicitar al gobierno de Buenos Aires, los auxilios necesarios
para llevar la revolución a la Banda' Oriental. En su tránsito
hacia la Capital galvanizó el propósito insurreccional de las
masas campesinas(') y obtuvo los suficientes elementos de
juicio que le permitirían asegurar a las autoridades que "re-
gresando a la patria con aquel auxilio no dudaba que todos
sus Blandengues que se encuentran libres se le reunirían, así
como los habitantes vecinos y oficiales se incorporarían a
sus filas contra el enemigo común". (')

Entretanto, se había producido el "grito de Asencio".


De la impaciencia del pueblo por exteriorizarse es testi-
monio elocuenté el aviso de Viera al Alférez Correa, fechado
el 24 de febrero, en Coquimbo, donde le dice "ya no me es
posible de ningún modo contener la gente y a fin de evitar
algún desorden que cause muchos males o daños, he deter-
minado aproximarme esta noche a ese pueblo y atacarlo
mafiana". (7) "Los paisanos no entendía- de estrategia y de
oportunidad, ni median lo flaco de sus recursos frente al
formidable poder militar y marítimo de Montevideo si que-
daban librados a sus solas fuerzas; sólo sentían el mensaje
de solidaria decisión que recogían en la campaña entera- y
por ende se impacientaban con las dilatorias. Querían obrar.
Ellos pusieron en marcha la revuelta en la ínaflana (le
Asencio". (s)

Los jefes de esta primera hora, incluso en su ingenuidad


y en sus flaquezas, son dignos de sus soldados. Así los
cribe Lorenzo Bélinzon:

(5) En ePof(cio de Salnzar al Ministerio de Marina, 19 de noviembre, ya


citado, dice ' ..y a medida que iba pasando Por los pueblos los convi-
daba a la insurrección, ofreciéndoles Prontos socorros de la capital, adonde
se trasladó inmediatamenti'. (Archivo Artigr.s, cit.. Tomo IV. Pág. 371).
(6) Carlos Anaya. "Revolución de la Banda Oriental del Uruguay, situada
en la margen izquierda del Río de la Plata, América del Sur", "APUn
taciones históricas sobre la Revolución Oriental (1811-1851)", Adver-
tencia Preliminar de liaría Julia Ardao, en "Revista Itietórica', (Mon-
tevideo, 1954). Tomo XX, Pág. 304,
(7) Archivo Artigab, cit.. Tamo IV, Pág, 248.
(8) Oscar H, Eruschera, "Asencio inicia 1. Guerra Gnuchri', "Marcha",
Montevideo, viernes 24 de febrero de 1961, yág. 24.

66
"Venancio Benavídez era un dominador de multitudes
campesinas; alto, fuerte y recio había sido cabo de las tro-
pas realistas. Buen jinete, estaba poseído de una actividad
extraordinaria y podía recorrer a caballo grandes distancias
sin fatigarse. Tenía una intrepidez a toda prueba y no retro-
cedía ante las acciones arriesgadas. Era todo pasión y vehe-
mencia; sus exaltaciones lo llevaban a cometer los actos
más contradictorios, desde el delirante patriotismo hasta la
traición más desconcertante. Alma inquieta, fue un torrente
sin cauce".
"E1 otro iniciador de la insurrección, Viera, era natural
de Río Grande, pero residía en el país desde muchos años,
había desempeñado el puesto de administrador en la es-
tancia de Cayetano Almagro. Amaba intensamente la li-
bertad, lo que le impulsó a dirigir las masas gauchas con-
tra el gobierno hispano. Su carácter jovial lo rodeaba de
muchas amistades. Por su afición a los pericones y por su
habilidad. para bailar con zancos era conocido con el apodo
de "Perico, el bailarín". (o)

Es indudable, sin embargo, que los primeros gesto-


res pensaron, desde los inicios, en Artigas. Dice Anaya, en sus
"Apuntaciones históricas" que éste "era la más viva esperanza
de los del alzamiento de Mercedes que buscaban protecto-
res" (1"). Ramón Fernández, al comunicar a la Junta porteña
el triunfo de Asencio, le hace saber que el mismo 28 de febre-
ro, había oficiado a Artigas, pidiéndole auxilio o, en su "defec-
to, a cualquier jefe de tropas", (11) lo que insinúa el mando
que espontáneamente se le acordaba ya al indiscutido Caudi-
llo de la campaña.
Del clima y las circunstancias que precedieron el movi-
miento de Asencio y de su inmediata consecuencia, la toma
de Mercedes, y Santo Domingo Soriano, nos ha dejado una
vívida descripción Justo Correa, actor en los sucesos:
"Correa que vio el empeño y tesón del referido Viera
dijo en sí, es preciso llevar adelante esta obra, y mandó llamar
al comisionado de Cololó, Don Félix Rodríguez, y -con
la satisfacción de ser coterráneo y amigo suyo le dijo:
ha llegado el tiempo que Vm demuestre con denuedo su

(9) Lorenzo Bélinzon, "La Revolución Emancipadora Uruanayá", (Monte-


video, 1931), Tomo I, pág. 111.
(10) En "Revista Histórica", citada.
(11) Ramón Fernández a la Junta Gubernativa de Buenos Aires, 1> de marzo
de 1811, en "Archivo Artigas", cit.. Tomo IV, pó,s. 195-196,

67
mor a la patria; se alarma porción de gente y Pedro Viera
a la cabeza, para atacar estos pueblos y sujetarlos al Gobier-
no de Buenos Aires y es preciso que Vm. convoque todo
su vecindario para que cuando le avise Viera, corra con su
gente a la reunión y convenido el citado Comisionado se
retiró a su partido. En seguida hizo llamar a Francisco
Bicudo, a Sebastián Cornejo y a Basilio Cabral, sujetos en
quienes Correa tenía confianza y después de haberlos
impuesto de lo que se trataba, les dijo: Que cada uno, de
por sí, como cabezas de división, convocasen toda la gente
que pudiesen en el partido de Coquimbo y Sarandí para
cuando Viera les avisase, con lo que se retiraron muy entu-
siasmados y deseosos de abajar la cerviz y orgullo de los
españoles de quien habían merecido tantas injurias°,

' • •."El •venticuatro •de• febrero' a .horas •de• la • Misa' Mayor


publicaron la guerra de Montevideo o Buenos Aires y dieron
los españoles muchos vivas a Montevideo, tirando los sombre-
ros al aire, y gritando muera la inicua y monstruosa Junta de
Buenos Aires y todos sus aliados. Con lo que la gente del
país se llenó de más calor y al otro día le pasó Viera una
carta a Correa, avisándole que no podía sujetar la gente que
aquella noche se iba a aproximar, y que así lo avisaba a los
partidarios que había en el pueblo".
"Cinco o seis días antes de tomar el pueblo andando
Viera citando las cabezas de división, encontró a Venancio
Benavidez, y preguntándole a dónde iba, respondió Bena-
videz que a la Capilla (Mercedes), y entonces Viera le dijo
con la satisfacción que eran amigos, que no fuese pues iba
a atacar cl pueblo, y que si quería lo llevaría de su segundo,
cuyo partido admitió Benavidez y suspendiendo su viaje
siguió a Viera."
..........................................................
La"noche del veintisiete se aproximó nuestra gentea
las márgenes del pueblo, y los españoles toda la noche ilumi-
naron con fogones las bocacalles y se parapetaron arriba
de las azoteas, alrededor de la plaza y en las cuatro esquinas,
con cinco piezas de artillería que tenían, y de media hora
en media hora tiraban un cañonazo al viento, para meter
miedo a los gauchos, y para eso se ponían más bravos".
"El veintiocho al ser de día formó Viera su columna a la
vista del pueblo poniendo delante los Blandengues y al
Oficial que había tomado prisionero, y mandó un parla-
mentario que lo fue Enrique Reyes, quien desempeñó su
comisión con el desembarazo de un completo militar y
dando su embajada fue preguntado por el Comandante qué
gente era la que venía y respondió Reyes: ya se cumplen
los tres minutos que traigo de plazo y Vms. no responden

68
nada, con permiso de Vma me voy, y entonces
el Comandante contestó que entregal,a el pueblo
ción del gobierno de Buenos Aires, libre de
das, cuya contestación que la recibió Viera
al Alferez Ramón Fernández para que la leyese,
Viera oyó decir que entregaban el pueblo, ya
disponer como había de entrar la gente sin recoger
la respuesta del parlamento de manos de Don

Pocos días después, Pedro Viera se dirigía a la junta


de Buenos Aires, dando cuenta de los hechos y comisionan-
do al Regidor del Cabildo de Santo Domingo Soriano, Dn.
José Fernández, "como testigo ocular" para ampliar la infor-
mación y solicitar auxilios en armas y municiones. El docu-
mento revela, con elocuencia, como había prendido en aquellos
hombres el "incomparable fuego del patriotismo" y de la
decisión de Viera, que "arrebatado... entonces del deseo de
ser útil a la Patria me propuse ser su caudillo". (")
La satisfacción con que fue recibida en Buenos Aires la
noticia de la exitosa jornada revolucionaria de Asencio, habría
de verse contrarrestada casi de inmediato, por la derrota de
la flotilla revolucionaria, al mando de Azopardo, frente a
las fuerzas navales de Montevideo, a órdenes de Jacinto
Romarate, el 2 de marzo, en el puerto de San Nicolás, sobre
el Paraná. Después de una sangrienta acción, -en que perdió
la vida el jefe porteño- Romarate volvió en triunfo a Monte-
video, llevando como presas a los tres buques patriotas y
a la mayoría de sus tripulantes
Este desastre, que amenazaba incomunicar a Buenos
Aires con el Entre Ríos y la Banda Oriental, no logró, empe-
ro, desanimar a los patriotas orientales. Luego del grito de
Asencio, Viera al frente de una partida, penetró en el distrito
de Paysandú, logrando reunir unos cuatrocientos hombres.
Simultáneamente, se pronunciaban los patriotas en Belén,
acaudillados por el comandante militar del pueblo, Francisco
Redruello y los hacendados Julián Laguna y Manuel Pintos
Carneiro.

(12) Relación de Justo Correa, capilla Nueva de Mercedes, Fehrero•marxo


6 de 1811, en "Archivo Artigas", cit., Tomo IV, págs. 255-266 (frag-
mentos).
(13) Viera a la Junta de Ruenos Aires. Capilla de Mercedes, marro de 1811,
en "Archivo Artigas", cit., Tomo LV. págs. 252-266,

69
"Cundió la chispa revolucionaria -dice Bauzá- por
entre los distritos más inmediatos, prosiguiendo hasta otros
más lejanos" (1°) A1 oeste de los actuales departamentos de
Rivera y Tacuarembó -donde Artigás había efectuado repar.
tos de tierras en los años de 1807, 8 y 9, levantan las huestes
campesinas, Blas Basualdo, alias "Blasito", santiagueño; Balta-
sar y Juan Antonio Ojeda -paraguayos- beneficiarios de esas
concesiones y vinculados a Artigas de tiempo atrás; junto
con Manuel Pintos Carneiro -que fuera capataz de las estan-
cias de Ulivarri y Salvañach; Hilario Pintos, Pedro Pablo
Osuna y otros.
Entre los ríos Yí y Negro, alzan' el pendón revolucionario
Félix y Fructuoso Rivera -hijos del prestigioso hacendado
Pablo Hilarión Perafán de la Rivera- el primero de los
cuales encabezara la sonada oposición de los pobladores de
la zona contra el gran latifundista Feliciano Correa. (16) Le
siguen entre otros, Pedro Amigó, futuro capitán de gauchos,
de temible fama. Por el Arroyo Grande, se pronuncian Barto-
lomé, Lucas y Miguel Quinteros -medianeros de los Durán-
en compañía de los paraguayos Baltasar y Marcos Vargas,
también medianeros, y famoso ya el primero entre el paisa-
naje, por su coraje y baquía, con el apelativo de "Balta-
vargas".
En el Pintado, Casupá y Santa Lucía, el principal agente
revolucionario fue el cura párroco, Santiago Figueredo, eficaz-
mente secundado por Tomás García de Zúfliga, hijo del
acaudalado comerciante y terrateniente Juan Francisco García
de Zúñiga y administrador de las grandes estancias de su padre
ubicadas en la zona: Manuel Francisco Artigas, que traba-
jaba en la estancia familiar de Casupá; Andrés Latorre,
tío de Lavalleja, de familia de pequeños hacendados; José
Llupes, pequeño hacendado y acopiador, que casaría con
una Durán; Faustino Tejera, hijo de un gran estanciero
y otros.

'(14) "Historia de la Dominación Española en el Uruguay", cit., Tomo 111.


pág. 50.
(15) Sala de Tourón, Rodríguez, de la Torre, ob. cit.. Págs, 226=27.

70
En Maldonado y Minas, se pusieron a la cabeza del movi-
miento los hacendados Francisco Antonio Bustamante, Pablo
y Pedro G. Pérez, hijos del gran estanciero y saladerista
Manuel Pérez; Paulino Pimienta, hacendado de Pan de
Azúcar; Juan Antonio Lavalleja, hijo del pulpero y peque-
ño hacendado Manuel Pérez de la Balleja; el gran comer-
ciante Francisco Aguilar y los estancieros Juan Correa y José
~Machado> José Antonio Berdún, de familia de pequeños
estancieros, y otros.
En el Cerro Largo, se destacó el hacendado Francisco
Antonio Delgado, y en San José, el frustrado denunciante
los campos de Solsona-Alzaybar, Juan Francisco Vazquez,
alias "Chiquitín". En Canelones, Joaquín Suárez, pulpero
y hacendado en los Cerrillos, hijo del poderoso terratenient
Bernardo Suárez del Rondelo; cl cura párroco Valentín
Gómez; Pedro Celestino Bauzá, de familia de grandes
tancieros; Ramón Márquez, hijo de Claudio Márquez,
gran estanciero en Canelones y entre el Yí y Negro,
bezaron el movimiento. En los alrededores de Montevideo,
promovió el alzamiento Fernando Otorgués, (r°) capatáz
la estancia del Rey en el Rincón del Cerro.(")

(16) La madre de Fernando Otorgués, Feliciana Josefa Pérez, era hija de


Francisco Pérez y de Josefa (Luis) Rodríguez: Y ésta, a .u vez, era
hija de María Rodríguez Comejo, -abuela materna de José Artigas-,
habida en su primer matrimonio con Francisco Luis.
Pero la vinculación de los Torgués fue originariamente debió ser
Torquet- con los Amigas, sus parientes, era ya larga, señalándose en
el padrón de 1772-73, como viviendo en la chacra del capitán Martín
José Artigas, en el paso del arroyo de la Sierra, "arrimado, José
Torgué, inválido de dragones", con su mujer Feliciana Josefa Pérez,
padres de Fernando, cuya partida de bautismo no aparece, y que cam-
bió .u apellido, luego de la batalla de las Piedras, en el de Otorgué.,
con que le recuerda la historia.
Contrajo matrimonio con Juana Otero, natural de Montevideo, de
la que no tuvo hijos y de la que estuvo separado en sus últimos años.
Fernando Otorgué. falleció en 1831, habiendo conferido poder verbal
Dar. testar e José Vidal y Medina, instituyendo a .us hijos naturales
como herederos, Juana Otero impugnó dicha disposición sin éxito: pero
del expediente resulta que Otorgué. había tenido dos hijas naturales,
antes de su matrimonio, que había reconocido con los nombre. de
Florentina Otorgué. o Rodríguez y Juliana Otorgué.; Y otros dos vás-
tagos, con su concubina María o Margarita Feria, natural de San José,
Manuel Y Mynica Eduviges Otorgués, pequeños aún al morir su padre.
.(Véase Juan Alejandro Apolant, "Génesi. de la familin uruguayá",
(Montevideo. 1866), pág.. 235-236).
(17) Hemos seguido en la caracterización de lo. personajes, las especificaciones
señaladas por los investigadores Sala de Tourón. Rodríguez y de la
Torre, en su obra citada, páginas 234-235.

71
Estos acontecimientos causaron excelente impresión en
el Gobierno porteño, que resolvió designar a Belgrano para
General en Jefe del ejército de la Banda°Oriental;, y confirió
a Rondeau y a Artigas, los despachos de tenientes coroneles,
con los nombramientos de Segundo Jefe del ejército, y jefe
de las milicias orientales, respectivamente.
Lanzó, además, una proclama a los "Compatriotas de
Banda Oriental y Septentrional", donde expresaba:

"La fama de vuestro herofcó esfuerzo se ha trasmitido


a nosotros, y ocupado nuestro espíritu de la sublime idea
de su grandeza, se ha abandonado a la dulce violencia
de la sorpresa. Dichosa revolución! La naturaleza resentida
antes de vuestro silencio, os restablece hoy a la dignidad
de hombres libres..."
"Vuestro es el empeño, vuestros los arbitrios; apresu.
rúas a la gloria de terminar la brillante empresa que habéis
comenzado:' (1s)

Entretanto, Artigas había partido de Buenos Aires, el 9


de marzo, en compañía del vocal de la Junta, Juan Francisco
Tarragona, registrándose su marcha, por las postas del eami.
no, hasta Santa Fé. (ip) En los últimos días del mes cruzaba
el Uruguay, dirigiéndose a Paysandú (2°) y de allí a Merce.
des, dónde el 11 de abril arengó a los orientales:

"He convocado a todos los compatriotas caracterizados


de la campaña y todos se ofrecen con sus personas y bienes,
a contribuir a la defensa de nuestra justa causa. A la empre.
sa, compatriotas, que el triunfo es nuestro: vencer o morir

(18) Proclama de la Junta de Buenos Aires a los compatriotas de la Banda


Oriental, Buenos Airea, marro e de 1811, en "Archivo Artigas", cit.,
Tomo IV, Apéndice, pág.. 493-494.
(19) "Archivo Artigas'", Tomo III. Págs. 427 a 431; y pág.. 432 a 436.
(20) Una tradición indocumentado ha perpetuado durante largo tiempo en
nuestra historiografía, la versión de la llegada del Jefe de los Orien
tales a nuestro país, de retorno de Buenos Aires, por la Calera de las
Huérfanas, Tnl hecho Quedó definitivamente desmentido -como ya lo
demostrara el Dr. Eduardo Acevedo en su "Artigas. Alegato Histórico",
(Montevideo, Edlc, oficial, 1950). Tomo II, página 203-, por las expre.
sienes del propio Amigas en comunicación al gobierno de Buenos Aires,
de mayo 10 de 1811, donde dice: "Desde mi arribo a Peyeandú dirigi
varias cartas a los snieto. más caracterizados, tanto de la campana
como de la ciudad de Montevideo", ("Archivo Artigas", cit., Tomo IV, pág.
381).

72
sea nuestra cifra, y tiemblen esos tiranos de haber excitado
nuestro enojo, sin advertir que los americanos del sur están
dispuestos. a defender su patria; y a morir antes con honor,
que vivir on ignominia en afrentoso cautiverio."

La Junta de Buenos Aires "que tan dignamente nos


regentea" ha puesto en su primera atención, el "heroico y
entusiasmado patriotismo" de los orientales y se dispone a
ofertar los auxilios necesarios "para perfeccionar la grande
obra que habéis empezado": "dinero, municiones y tres mil
patriotas aguerridos" son los primeros auxilios con los que
entre todos podremos sacar a nuestros hermanos de la "opresión
en que gimen bajo la tiranía del despótico gobierno de
Elío." (xt)
La confusión en que se encontraban los pueblos del
Arroyo de la China, ("), Paysandú y Mercedes y la necesidad
"de ponerlos en orden y restablecer a los vecinos en su tranqui-
lidad perdida" demoró las marchas de Artigas, mientras
instruía al vecindario sobre el verdadero objeto de la Junta,
que "era mantener ilesos estos preciosos dominios de nuestro
infortunado Rey" y eliminar las usurpaciones "de los ambi-
ciosos mandones que los oprimen". El "patriótico entusiasmo
del paisanaje" era general y todos se empeñaban en acom-
pañar al Ejército donde formaban desde la primera hora, las
milicias voluntarias y los Blandengues. "Como se aproximó
el Excmo. Sr. Gral. Belgrano -continúa-, comuniqué a él

(21) Proclama del General Don José Artigss al Ejército de la Banda Orien-
tal. ("Archivo Artigas", Tomo IV, página 299),
(22) El alzamiento de los pueblos de Entre Ríos es coetáneo con el movi-
miento insurreccional de la Banda Oriental. En )a "Gaceta de Buenos
Aires" citada, (páginas 210-214) correspondiente al 21 de marzo, se
publican dos partes del capitán Bartolomé Zapata, que actuaba bajo las
órdenes de Martín Rodríguez, jefe de la expedición al Entre Ríos, Por
el primero anuncia la toma de los pueblos de GueleguaY Y Gualeguaychú,
este último el día 21 de febrero. apresando en él dos barcos procedentes
de Montevideo, En el segundo parte, Zapata dice que tuvo la queja de
los vecinos por los excesos que cometian "nue.trms contrarias', los que
"tenla» en prisiones hasta las mujeres y niñas solteras que manifes-
taban adhesión s 1. suprema Junts" contra quien se habla publicado la
guerra "y se cantaban versos públicamenté". No tuve "Pecho" para
aguardar órdenes, dice Zapata, y "acometí del modo que pude con mi
gente armada de las armas que usan" y se apoderó del pueblo de
Arroyo de la China o Concepción del Uruguay, (Véase igualmente Ma-
riano G. Calventus, "Estudios de la Historia de Entre Ríos". (Paraná,
1939), Tomo 1, páginas 34 y siguientes).

73
todas las operaciones, observando sus órdenes y consultán-
dole todas las providencias que hasta la fecha se han
do". (")
Así en medio del general entusiasmo de la población
campesina, invocando el nombre del Rey cautivo, y en estricta
subordinación militar al mando jerárquico de Belgrano, la
Revolución oriental iniciaba su gesta.

El "ejército nuevo" En su ya citado oficio a la Junta


del Paraguay, informa Artigas
que los paisanos "corrían de todas partes a honrarse con
el bello título de soldados de la Patria, organizándose mifi-
tarinente en los mismos puntos en que se hallaban cercados
de sus enemigos, en términos que, en muy poco tiempo se
vio un ejército nuevo, cuya sola divisa era la libertad" ('")
Agustín Beraza (2') ha destacado, en feliz hallazgo, esa
expresión "ejército nuevo", con que Artigas caracteriza la
originalidad de la revolución oriental.
Componían ese ejército, los hacendados "poseedores
buenas suertes", muchos de ellos vinculados, por su
a la sociedad montevideana, que, abandonando "sus intere-
ses, sus casas y sus familias", iban, "acaso por primera
a presentar su vida a los riesgos de la guerra", y que
a la voz de la naturaleza, oían solo la de la patria";
caudillos regionales, que alzaron partidas y dominaron
pueblos en los momentos iniciales, cuyos nombres nuclea
han los vecindarios y las peonadas, e infundían respeto
consideración a los "hombres sueltos" de los campos.
En el otro extremo de las jerarquías sociales, oyeron el
llamado aquéllos a quienes Artigas había "alucinado" en
todo el vasto escenario de la Banda: matreros; contrabandis-
tas<~los "hombres sueltos", que aportaron a la Revolución,
-(23) Amigas n la Juntas Provisional Gol,crnativa, C„mnnmento de Mercedes.
abril 21 de 1811. ("Archivo Amigas", Tomo IV, páginns 308-309).
(24) Artigas al Gobierno del Paraguay, Costa del Daymán 7 de diciembre
de 1811, ya citado,
(25) A. Berazn, "La revolución oriental...". cit. págs. 29 y siguientes.
(26) Oficio de Artigas a la Junta. del Paroguny, citado.

74
junto con su afán indomable de libertad, la variada gama de
sus instintos y de sus sentimientos, amasados todos, sin em-
bargo, en una entrañable lealtad a quien ellos, espontánea-
mente, eligieron para que los expresara y condujera.
Estaba también la peonada de las estancias, que cam-
bió la ruda lidia con el animal chúcaro, por la aventura
del combate contra los hombres, en el que iba a poner
dura prueba su temple forjado en el trabajo y en los
ficios.
A1 "ejército nuevo" se incorporaron, asimismo, los indios,
que, con indómita fiereza y odio secular al espaúel, consti-
tuyeron contingentes valerosos y fieles: los charrúas ,y
minuanes, y también los tapes de la tierra misionera. Por
su parte, los negros esclavos -aunque poco significativos
militarmente- se fugaban del dominio de sus amos y busca-
ban en el ejército patriota un refugio en el que pudieran
concretar su derecho natural a la libertad.
Y, finalmente, los curas patriotas, tribunos del ideal
revolucionario y, muchos de ellos de destacada y activa
participación en las luchas armadas. (2') Ignacio Mestre y
Silverio Martínez, en Paysandú; el Dr. Juan José Ortiz, en
Montevideo; Tomás Gomensoro, en Soriano; José Valentía
Gómez, en Guadalupe; José María Enriquez Peña, en Colo-
nia; Manuel de Amenedo Montenegro, en San Carlos; Gre-
gorio Gómez, en San José, fueron, en su carácter de párrocos,
verdaderos propagandistas de la Revolución, papel al que
contribuyeron, por su parte, los miembros del clero regular,
dominicos, mercedarios y franciscanos. De todos ellos se
destaca la figura del Dr. Santiago Figueredo, quien llegó
a expresar a Artigas su satisfacción por "la plausible noticia

(27) E1 Pbro, Manuel Antonio Fernández, capellán de las tropas de Bena-


videz, "recorria la línea exhortándolos a la lucha" y en cuanto a los
Dres, José Valentías Gómez y Santiago Figueredo "no contentos con haber
colectado con activo celo varios donativos patrióticos, con haber seguido
In miwsa marcha del Ejército, participado de las fatigas del soldado, con
haber ejercido las funciones de su alto ministerio en todas las ocasio-
nes en que fueron precisas. se convirtieron en el acto de la batalla (Las
Piedras) en bravos campeones, siendo los primeros que avanzaron sobre
las filas enemigas, con desprecio del peligro y romo verdaderos militares".
("Archivo Artigaé'. Tomo IV, página 402),

75
de su arribo a las costas de esta Banda Oriental con el objeto
de salvar nuestra Patria". Le informaba que estaba traba-
jando por la causa y

... a este fin he introducido en la campaña las Gacetas


de Buenos Aires, por cuya lectura y mis sesiones particu.
lares he conseguido desengañar a más de cuatro, que aluci-
nados por las radicales amenazas e insignificantes promesas
del tirano, o ignorantes de nuestros incalculables progresos,
paralizaban sus deseos en medio de tantas incertidum-
bres:'

Y en ejemplo de cómo los tiempos permitían mezclar


sermones y latines con el blandir de lanzas, agregaba:

`Toda la gente de que constan los seis partidos de


mi comprensión están prontos a reunírsele en el momento
en que VM se acerque. y yo por mi parte, quedo formalizando
una compañía de vecinos hacendados, que en mi compa.
ñía se agregarán a servir voluntarios y sin gravamen alguno
del erario". (28)

El padre Gomensoro, por su parte, inscribió en el "Libro


19 de Entierros", de la parroquia de Santo Domingo Soriano,
la siguiente partida:

"El día 25 de este mes de Mayo expiró en estas


cias del Río de la Plata la tiránica jurisdicción
yes, la dominación despótica de la Península española
el escandaloso influjo de todos los españoles: se
en la capital de Buenos Aires y por el voto unánime
todas las corporaciones reunidas en Cabildo Abierto,
Junta superior independiente de la Península y de
otra dominación extranjera^. (2)

Coincide con estos juicios el más elocuente de los corres.


ponsales regentistas, José María Salazar. En oficio del 12
de abril, dice:

(28) Santiago Figueredo a José Amigas, Florida, 7 de abril de


Artiess", cit. Tomo IV, pág. 291.
(29) Citado por Berma, ob, cit. pág. 101.

76
"E1 estado eclesiástico es el que más daño nos hace,
pues me consta que en el confesionario la primera pregunta
que hacen es si el penitente es patriota o sarraceno, nombre
que se nos da a los verdaderos españoles que reconocemos
el Congreso Nacional". (ao)

También se refiere Salazar a los abogados, que "nos


hacen un terrible daño. Por mi parte no conozco uno que no
esté contagiado de las perversas máximas de la Junta Revo-
lucionaria", expresa en su oficio ya citado. (al)

E1 Gobernador Vigodet no fue menos explícito, cuando


juzgó la influencia de los párrocos de los poblados del
interior, en la gestación del alzamiento revolucionario. En
los días inmediatos siguientes a la firma del armisticio de
octubre, se dirigía al Obispo Lue, diciéndole:

"En vano sacrificaría mis desvelos para restituir el


orden y la tranquilidad perdidos en esta Banda Oriental
y para sepultar hasta el más leve indicio de rivalidad, si los
pastores eclesiásticos se empeñan en sembrar la cizaña, en
enconar los ánimos y en alterar el orden, persuadiendo la
rebelión a las leyes patrias". "!Qué doloroso me es decir a
V.S.I. que esta es la conducta general de casi todos los
párrocos y eclesiásticos seculares y regulares, que sirven
la cura de almas en esta campaña; partidarios del error,
lo difunden con desvergüenza audaz muy ajena de su sagra-
do carácter; inspiran el odio contra los buenos vasallos del
rey; los amenazan contra nueva invasión de las tropas
de esa ciudad y conspiran por todos los medios imagi-
nables a hacer odiable el supremo gobierno de la nación...
y a que sean despreciadas las providencias que emanen
de su soberanía y de sus jefes, que, en su nombre, regimos
estos dominios; conducta luciferina!"

(30) Oficio al Ministro de Marín.. En Archivo Artigas, tono IV,


304, En oficio del 19 de noviembre de 1811, reitera que "los
pueblos son los que más parte han tomado en este Revolución".
pU. 840).

(31) Oficio del 12 de abril, citado. Ibidem,

77
Informa que ha recibido "reiteradas quejas de los veci.
nos" ('•) "de modo que las ovejas de la grey de V.S.I. se
hallan entregadas a lobos carniceros". (33)

1luy importante fue el papel desempeóado por las


pulperías de campaña en la difusión de las ideas y en el
contacto de los pobladores por ellas animados. Centros
naturales de la vida económica, las pulperías propiciaron la
reunión de contingentes armados, y la concentración de recur-
sos tales como caballadas, armas e incluso víveres.
No menos originales que sus componentes humanos
eran las armas y el modo de combatir de este "ejército
nuevo". Cada hombre aportaba su caballo y sus armas, y
así se formó un ahigarrado muestrario que comprendía
desde las boleadoras y el lazo hasta los fusiles de cargar por
la boca y alguna carabina, con enorme predominio de las
armas blancas, 'tales como lanzas (de tacuara, cuchillos
enastados y sables. En los primeros encuentros lograron
arrebatar al enemigo armas de fuego y algunos cañones,
con los que aumentaron su poder combativo. En cuanto
a la táctica, se concedió preferencia a la acción de la caba-
llería, lo que contemplaba la idiosincracia de los paisanos
y les permitía desenvolverse con la mayor eficacia.
Esta hueste singular, de tan variada composición social,
había surgido animada de un sentimiento espontáneo de lucha

(32) Los vecinos del Canelón le informaban que el cora de la ciudad hubia
escrito a uno de ellos, amenazindolo: "Eche Vmd. la vistn al tiempo
venidero, y al freir de los huevos no sé quien ha de perder,
"E1 de le Cplpnill y el clérigo Arboleya, que estuvo en el Colla. y
actual paradero ignoro" -agregaba- "promueven con instancia la divi-
sión; el de las Viboras hace lo mismo; el de Santo Domingo de Soriano
le imita: el de San losé es tan reprensible como éstos; y de una vez
todos, ai exceptuamos el de Arroyo de la China, y, al que hoy está
interino en Colonia, en lugar del revolucionario Henrique de la Peóé'.
Se quejaba también de la conducta de loa "religiosos mercednrios Fr.
Cselmiro Rodríguez, Fr. Rhmón Irrazabal y el dominico Fr. José Rizo, el
primero teniente de San Ramón y el último de Canelones, abandonados
a su capricho y locura, obran como los párrocos a quienes sirven..
(33) Vigodet al obispo de Buenos Aires. Mons. D. Benito Lo. y Riega, Monte-
, video, 14 de diciembre de 1811, en "Gazem Ministerial", cit., tomo III,
pága. 180-181.
Véaso sobre este tema el estudio de Ariosto Fernández, "Causas Proce-
sales como fuentes de investigación histórica. Contribución al estudio del
movimiento revolucionario del año 1811", en "Revista del instituto Histó-
rico y Geográfico del Uruguay", (Montovideo, 1024), tomo III, Nv 2.

78
contra el régimen hispánico, que reconocía en cada uno de
los diversos estamentos que la integraban una íntima moti-
vación, propia y particular: para los hacendados, jefes divi-
sionarios naturales de las mesnadas de cada pago, el objetivo
de la Revolución estaba cifrado en la orgullosa convicción de
su capacidad para el gobierno propio y el afán de romper las
trabas monopolísticas al libre disfrute de sus bienes; para los
curas "patriotas", doctrinos y tribunos de la Revolución, el
pronunciamiento estaba legitimado por la defensa de los prin-
cipios tradicionales, con que la más ortodoxa teoría jurídica
de los grandes teólogos hispanos, justificaba el derecho de los
pueblos a subrogar al monarca ausente, como depositarios ori-
ginarios de la soberanía, y por su deber de pastores espirituales
de las masas campesinas, nucleadas en la causa de la libertad;
para los paisanos, para los "hombres sueltos" de los campos
-"gauchos" o "tupamaros"-, para los tapes misioneros, pa-
ra los negros y zambos esclavos, para los grupos indígenas
montaraces, en fin, la causa revolucionaria daba ocasión y
cauce a su instintivo anhelo de rebeldía y de odio al "godo",
expresión viva de mando y prepotencia... Zum Felde ha
sintetizado magníficamente la esencialidad de esta "rebelión
de instintos":

"Una palabra mágica va cundiendo por las cuchillas


desiertas, de estancia en estancia, de ranchería en ranclterío,
de monte en monte: Guerra al Godo! Y a su conjuro, cl
peón deja la estancia, sale el matrero de la espesura del
monte, el indio aúlla y levanta su toldería: Guerra al Godo!
Blancos, rubios, morenos, indios, negros, pardos, viejos,
muchachos y mujeres, semidesnudos, hirsutos, desmelena.
dos, montando redomones, blandiendo lanzas y cuchillos,
empuñando viejos trabucos, voceando, envueltos en polva-
redas, salidos no se sabe de dónde, como paridos por la
tierra, llegan de todas partes."
"El godo es, para el gaucho, la dominación orgullosa,
la autoridad arbitraria, el despojo de la libertad y de la tie.
rra. Para el indio es la conquista que lo arroja de su suelo;
para el matrero, la policía que persigue, encarcela y mato;
para el peón es la altanería patronal que relega y humilla;
(33a)
para todos es la injusticia
Alberto Zum Felde.
opresora que se impone
"Proceso histórico del UruzuaY"
por la
(ltlontevideo. 1963).
págs. 44.15.

79
De ahí el rasgo caracterizante del movimiento: su hon-
da significación de "guerra social" de la multiforme pobla-
ción campesina de la Banda contra el régimen amurallado
en la ciudad-puerto, de espíritu cosmopolita y mercantil,
centro visible de la repudiada administración de los domina-
dores hispánicos.
La estructura de la hueste revolucionaria estaba caracte-
rizada, además, por ser una "hermandad" de contingentes
diversos, identificados por la procedencia del lugar o "pago"
de su vecindad y por la respectiva lealtad de los hombres de
cada mesnada al "caudillo" regional. Cada "división" criolla
constituía de por sí una entidad social propia: el jefe; sus
capitanes, "vecinos establecidos" del lugar; sus familias; sus
mayorales, capataces y peones; sus esclavos y servidores; sus
capellanes; y tras ellos, todo el mundo circundante del "se-
ñorío" rural de aquel jefe: el comerciante rústico, de pulpería
volante; las "chinas", llevando en sus carretas el hogar trashu-
mante, nutrido de "gurises", y las "quitanderas", selváticas
damas del coraje criollo, reserva de lanceras o auxiliadoras
del sediento o del herido en el combate; el baqueano; el
domador; el curandero y "mano santa", de botica vegetal y
milagrera y el barbero sangrador, cirujano improvisado y
hábil; el cacique cristiano y sus gentes, en fin. La "división",
pues, constituía en sí misma una comunidad andariega, un¡.
mismada en una "integración vertical" cuya médula era el
prestigio, la confianza y el pacto tácito de obediencia al "cau-
dillo", señor del "común" lugareño.
Pero el centro atractivo y coordinador de tan diversas
voluntades y motivaciones no era una idea ni un programa
abstracto: era una voluntad superior, un prestigio y
conducta señera: era Artigas.

80
2. - José Artigas, intérprete y conductor

El linaje de En el Libro de Bautismos de la


los Artigas. (") Iglesia Matriz de Montevideo, al
folio 209 vuelta, con fecha 22
diciembre de 1764, figura asentada la siguiente partida:

"Día diez y nueve de Junio de mil setecientos se.


senta y cuatro nació Josef Gervasio, hijo legitimo de
don Martín Josef Artigas y de dona Francisca Antonia
Arnal, vecinos de esta ciudad de Montevideo; y Yo el
Doctor Pedro García lo bauticé, puse óleo y rrisma en
la Iglesia parroquial de dicha ciudad el veinte y tino
del expresado mes y año. Fue su padrino don Nicolás
Zamora". (3s)

En exhaustivo estudio, Juan A. Apolant ha demostrado


que esta partida, como otras que corren transcriptas
folios 209v y 210 del Libro 19 de Bautismos de la Iglesia
Matriz de Montevideo, no fueron asentadas por los titulares
que aparecen firmándolas y que, en el caso particular

(31) "Según Menéndez y Pelayo acribe Zorrilla de San Martín ("La Epopeya
de Artigas—, (Barcelona, 2- edic. 1917), tomo t, pág.. 179-130), la voz
"artigá" significa —adoctrinad.". Quizá no asa del todo aventurada supo-
ner por eso, que la familia de Artigas procede de árabes o moros conver-
tido.." Otra hipótesis rastrea el origen del vocablo en idioma vascuence,
pues so señala que el apellido Amigas, y otros similares, son comunes en
hidalgos de Navarra y Guipuzcoa, "El radical "arti" significa encina.
y "agá", lugar, de modo que. si el apellido proviniera del vasco. "Artiags'
y por contracción se escribiera "Artigas", podría derivarse de —artigar—,
verbo proveniente del latín "artiré', que significa "ahonda;", "Por último,
si vamos a lo más común, encontraremos "e los diccionarios nos dicen:
.Artigas es 1. tierra que se ha quemada en el monte bajo y hs sido
roturada, ea decir, la tierra que ya está preparada o pronta para la
siembra„ lo cual. en resumidas cuentas, sería una ampliación del latín
"artire", ahondar". (Ramón Llambías de Olivar. "Ensayo sobre el linaje
de los Artigas en el Uruguay", (Montevideo, 1926), tamo 1, pág. 5).
(35) "Archivo Artiyas", (Montevideo, 1960), tomo 1, pág. 231.

81
de Artigas; ésta debió ser asentada de apuntes o borradores,
llevados por el sacerdote que administró .el bautismo, Dr.
Pedro García (de Zúñiga), muchos años después; y demues-
tra, con acopio de datos y pruebas caligráficas, que dichos
asientos debieron ser realizados por el cura párroco Pedro
de Pagola, con posterioridad a agosto de 1793. El citado in-
vestigador concluye que, sin poner en duda que José Artigas
nació realmente el 19 de junio de 1764, y que fue bautizado
en la Iglesia Matriz de la ciudad, el 21 del mismo mes, la
partida de bautismo es apócrifa y no ea original. (" a)

Era José Gervasio ('6) el tercero de los hijos del matri-


monio de don Martín José Artigas y de doña Francisca An-
tonia Pasqual, ('7) realizado el 23 de mayo de 1757. (°a)
Estaba vinculado, por su linaje, a familias fundadoras de
la ciudad: los Artigas, los Carrasco, los Pasqual y los Camejo.

(35a) "Génesis da la Familia Urusuayá', cit. págs. 844 y asta.


(36) El nombre histórico del Prócer es José Artigas a secas. Con razón dice
el Dr. Eduardo Acevedo ("Alegato histórico", cit. tomo 1, Págs. 41-42), que
el "Gervasio, aunque incluído en la partida de bautismo de Amigas.
jamás fue usado por éste. Millares de oficios y cartas Publicados en ambas
márgenes del Plata o que permanecen inéditos en los archivo, Públicos
y Particulares, suscritos Por Artigas, o relativos a éste, Prueban irrecusa-
blemente que se trata de una agregación Póstuma, que sólo tiene el mérito
de afear el nombra del Den ... j.-.
(37) Francisca Antonia era hija única de don Felipe Pascual Aznar y de doña
María Rodríguez Camejo. Su Padre, zaragozano de lllueca, nacido en 1717,
Pertenecía a una familia de vieja estirpe aragonesa, que incluía miem.
bros tan distinguidos como el erudito Carcía Aznar de Amán, obispo de
Lérida, y un "Aznar" que se contó entre los héroes de la reconquista contra
los-muaulmanese. Sobre la deformación del apellido, véase José M. Traibel,
"Amigas antes de 1811", en "Artigas", edición de "El País", (Montevideo.
1951). pág. 25.
(38) De dicho matrimonio nacieiron -además de José- Martina Antonia, en
1758; José Nicolás, en 1760, que actuó en los Primeras tiempos de la Revo-
lución,'siendo hecho prisionero antes de la batalla de Las Piedras y
devuelto en el canje, practicado luego de ésta; Participó en el Exodo y
falleció entre 1812 y 1813: Manuel Francisco, en 1789. jefe del levanta-
miento oriental en la región del Este de la Banda; prisionero de los
portugueaea en 1318 y fallecido en 1822: Pedro Angel, en 1771, y Cor-
nelio Cipriano. en 1773, Estos últimos fallecieron muy jóvenes, antes de
-1806. fecha-en que otorgó su testamento don Martín José.

82
A1 levantarse el primer padrón de pobladores de la re.
cién fundada ciudad de Montevideo, -fechado el 20 de di-
ciembre de 1726- ('°) figura en él, Juan Antonio Artigas, (40)
de treinta años de edad, nacido en Zaragoza, con su esposa
Ignacia Javiera Carrasco,(41) de veinticinco años, y cuatro
hijas menores, nacidas en Buenos Aires. ('2) Con el tiempo
se agregarían al núcleo familiar varios hermanos, entre los
cuales, Martín José, cuyo nacimiento puede establecerse,
aproximadamente, entre 1733 y 1734. (43)

(39) Sobre las deficiencias e inexactitudes de este primer padrón y 1. orde-


nación cronológica errónea que contiene; estado de conservación de los
originales en custodia en el Museo y Archivo Histórico Municipal (Ca-
bildo) y valor documental de las copias existentes en el Archivo General
de la Nación y Escribanía de Gobierno y Hacienda, véase, Juan A, Apo-
Iant, "Génesis de la familia uruguaya", cit., Dogs. 20-25. Las críticas
documentales que señala dicho autor, no invalidan, en el Particular, el
dato sobre Juan Antonio Artigae y su familia, como pobladores de
Montevideo.
(40) Don Juan Antonio, que Des. a su juventud había tenido destacada actua-
ción en- la Guerra de la Sucesión de España, era hijo de filas Artigaa
y de María o María de Aguas 0rdúbes. Blas Amigas. -nacido en 1665-
descendía de Josef Artigas y Gracia Zaragozano; Josef, era hijo de Jaime
Artigas y Gracia Benedit, y nieto de Joan Artigas, natural de la Puebla
de Albortón, en la provincia de Zaragoza, que se había casado, a prin-
cipios del siglo XVI, con María Ortfn. Todavía, en línea ascendente,
encontramos a Bartolomé Artigas, mencionado en un manuscrito del siglo
XIV. (Véase, Llamblas de Olivar, "Ensayo sobre el linaje de los Arti-
gae', citado).
(41) Hija del capitán Salvador Carrasco y de Leonor de Malo y Cuitiño, en
realidad Cputinho, en el origen Portugués del patronímico, Salvador Ca-
rrasco, malagueño, hijo de Sebastián Carrasco y de María Josefa Fer-
nández de Cpb.e . Lobos, fallecido en 1723. había cumplid. una eficaz
carrera en el servicio de las armas del Rey, desde 1681, en calidad de
soldado, hasta 1709. en que alcanzó el grado de capitán de caballería.
Por eu parte, Leonor de Melo estaba entroncada con la casa de Son..
Portugal, vinculándose por esta rama con el Rey Alfonso III. El fun.
dador de esta familia en Buenos Aires, Juan de Malo y Coutinho o
Cuitiño, padre de I.eonor, había casado con Juana Olgufn de UIIoa,
nieta, a su vez, de Pedro Alvarez Olguín, venido del Perú con Vaca
de Castro, donde había casado con Beatriz Tapar Yupanqui, hija del inca
TVDae Yupanqqi.
(42) Veinticuatro parientes del Capitán Salvador Carrasco, incluyendo a Juan
Antonio Artigss y su mujer, con sus cuatro hijos, figuran entre los
treinta y sola componentes de las primeras seis familias que se estable-
cieron en Montevideo. antes de 1720. ("Archivo Artigas", cit., Tomo I, pág.
10).
(43) Pueden verse las Partidas de nacimiento de siete hermanos de Martín
José Artigas en "Archivo Artiqaa". (Montevideo, 1950), Tomo f. Págs.
Eg-42).

83
El patrimonio No fue el caudal en tierras y ga.
de los Artigas. nados ni el despliegue de una vas-
ta actividad empresarial en sala.
cleros, comercio de la eselavatura y efectos de ultramar o de
la extracción de frutos de la tierra, -característica señalada
del complejo económico del patriciado (4') -el fundamento
de la condición, sin duda, destacada, de los Artigas, entre la
clase principal de Montevideo. Integraban, más bien, "una
especie de aristocracia de los servicios públicos en la ciudad
y sus distritos", como acertadamente dice el historiador in-
glés John Street. (4a)

Juan Antonio Artigas, al llegar al Río de la Plata, en


1717, destinado a la guarnición de Buenos Aires, en condición
de soldado de caballería ('a) no dejaba más patrimonio en
la península, que una "casa de vínculo" en la puebla de
Alhortón = `solar conocido" de hidalgo pobre (4') y al con-
traer nupcias, el mismo ario, con Ignacia Javiera Carrasco,
ésta no aportaría otra dote que unas cuantas varas de tela
para el arreglo del hogar, una caja o arcón y algunas prendas
de ropa. ('6) Como a uno de los primeros pobladores del que
habría de ser Real de San Felipe y Santiago de Montevideo,
le correspondió, de acuerdo con las disposiciones del auto
del Gobernador y Capitán General, Bruno Mauricio de Za-
vala (") un solar "en la planta de la nueva ciudad"; una
chacra sobre el arroyo Miguelete; y una suerte de estancia,
de media legua de frente, por legua y media de fondo, sobre

(44) Véase. sobre el particular, Carlos Real de Azúa, "El patriciado urugua-
yo', (Montevideo, 166I),
(45) "Artigas y In emnncipnción del Uruguay", (Montevideo, 1967), pág. 95.
(46) "Relación hecha por el Comisnrio Ordenador de los Ejércitos de S.M.
embarcados en Cádiz, el 14 de abril de 1717. destinados a reforzar el
presidio de Buenos Aires", en "Archiva Artigas'". cit., Tomo 1, Pág. 4.
(47) Véase testamento de Juan Antonio Artigas. otorgado en Montevideo el
24 de diciembre de li66, en "Archivo Artigas". Tomo L, pág. 156.
(49) Véase testamento de Sebastián Carrasco. otorgado en Buenos Aires, el
. 13 de noviemhre de 1721, en Ibidem. Tomo 1, pág.. 45-48.
(49) Véase Luis Enrique Azaroln Gil, "Los orígenes de Montevideo", citado.
El teto del auto del gobernador, en que detalla los beneficios de que
han de gozar los que passea a radicarse en la nuéva ciudad de Monte-
video, en las págs. 249-251.

84
la costa del arroyo Pando. (°°) Posteriormente obtuvo la
posesión y título de una nueva suerte, con frente al arroyo
Casupá y fondo al de Chamizo. (51)
De las doscientas vacas que debieron corresponderle,
según el repartimiento fundacional dispuesto en el citarlo
auto de Zavala, sólo tenía sesenta en el censo de gauado
vacuno practicado en 1752, en singular y elocuente contraste
con las cuarenta mil de Francisco de Alzaybar, para men-
cionar sólo al más opulento. ('-)
Don Martín José, varón primogénito de Juan Antonio
Artigas e Ignacia Carrasco, obtuvo en pago de su legítima;
la estancia de Casupá, (") la que redondeó, afros después

(50) Le correspondió a Juan Antonio Artigas la cuadra número cuatro del


repartimiento hecho por el capitán Pedro blillán, el 24 de diciembre de
1726. (Padrón de los solares distribuidos entre los pobladores de Monte-
video, en "Archivo Artigas", cito. 'Pomo 1, pág. lo). La chocra del
Miguelete, de tres mil varas de frente. Po, un. legua de fondo, le fue
adjudicada en el repartimiento del 12 de marzo de 1727. confirmado el
18 de enero de 1730. (lbidem, Págs. 15 y l9). El repartimiento de estan-
cias fue efectuado, también, por don Pedro Millán, en 1728. (lbidem,
pág. 16).
(51) La gestión de Juan Antonio Artigas para obtener esta nueva suerte, la
fundó en la circunstancia de hallarse "con supercreeido número de ga-
nado en la estancia que pose. ". La solicitud, presentada en 1764, le
valió le fuera concedida la posesión y el título en 1768. (lbidem, pág.
En 1741, don Juan Anl.onie Artisas y su mujer vendieron cincuenta
varas de las cien que les había correspondido en la cuadra número cuatro
de le ciudad, al cabo de escuadra José Rodríguez de Sototnayor (Ib.dem,
Pág.. 141-199): y en 1773, hizo entrega a su yerno José Villsgrán, de
la chacra del Miguelete, por el importe de ciento treinta y siete pesos,
cantidad que éste le había "suministrado y dado ... en discurso de más
de seis años que ee halla ... postrado en una coma de una penosa en-
fermedad". (Ibídem, págs. 140-151).
(52) La diferencia ea resaltante, no sólo en este caso. En el mismo ecos.
figuran los "Reverendos Padres de 1. Compaáí.' de Jesús, con mil
novecientas treinta y seis cabezas; y con mil, entre otros, la "Chacarita
los Padres de San Francisco-: el "Padre Vicario—, Juan de Morales y
Felipe Pérez de Sosa. (lbidem, págs. 30-32).
A la muerte de don Juan Antonio -acaecida el 8 de abril de 1775-
(Ibidem, pág, 54) dejaría un caudal liquido hereditario de siete mil seis-
cientos ochenta y cinco pesos con cinco reales, para repartir entre nueve
hijo., fallecida ya, y sin dejar fortuna Dr.pia, .u mujer. Ignacio Javier.
Carrasco, (Testamentaría de Juan Antonio Artigas y de Ignacio Javiera
Carrasco, en "Archivo Artigaé', tomo 1. pág.. 153-196: y 196-193).
(53) También obtuvo la estancia de Pando, por haber ejercitado su opción como
heredero, en la respectiva almoneda y remate de los bienes sucesorios. en
el valor de la oferta aceptada, de don Francisco Maciei, por mil setecientos
noventa y cuatro pesos. abonando la demasía de su hijuela a sus cohere-
deros, en dinero contante. (Partición extrajudicial de la Te,tementaria
de Juan Antonio Artigns, aprobada el 16 de julio de 1783, en "Archivo
Amigas", cito tomo I, pág.. 134 y aigs.). Algún tiempo después vendería
esta estancia de Pando a don Gabriel Sáss, el 6 de julio de 1790, en
mil novecientos pesos, Poco más del valor que tuviera al deducir su
mejor derecho en la sucesión de su padre. (Ibídem, págs. 508-510),

85
-en 1789-, adquiriendo una fracción lindera, en la zona
de Chamizo. (9") Con anterioridad al fallecimiento de su
padre, don Martín José había trabajado por cuenta de aquél
los campos de Casupá y era propietario de una "casa de
piedra cubierta de teja", en solar habido por su mujer,
doña Francisca Antonia Pasqual Rodríguez, por herencia de
su madre, María Rodríguez Camejo. (a6) El matrimonio
adquirió otro solar -lindero con el anterior- donde estaba
implantada "una casa de ocho varas de~luz, compuesta de
paredes de piedra y cubierta de teja, con su cocinita de
media agua". ('°) Por fin debe mencionarse una suerte de
estancia en el Sauce, "pago de Las Piedras", propiedad de
su esposa, que ésta recibiría por herencia. (°')
Estos eran pues los bienes, con algún terreno más en la
ciudad y una chacra en Carrasco (°6) que integraban el pa-
trimonio de don Martín José Artigas, los que trabajaba con
sus hijos José Nicolás y Manuel Francisco, al producirse la
revolución. (°9)

(54) Martín José había comprado a los herederos de su suegra, doña María
Rodríguez Camejo, un solar en la ciudad, "sito en la calle Real de San
Luis", que vendió a su vez, a Casimim Francisco de Necochea, "vecino
y del comercio de Buenos Aires" (Ibídem, págs. 511-513). Esta venta le
produjo tres mil seiscientos cincuenta pesos, que invirtió, unos días
después, el 21 de abril de 1798. en la compra de 1. aludida fracción
en Gmsupá, lindera con la que poseía. (Ibídem, Págs. 513-516). Por la que
pagó tres mil pesos. Es interesante destacar, pues, que un terreno baldía
en Montevideo, valía más que una suerte de estancia, en la zona de
Casupá, en ese año 1798.
(55) Testamentaría de doña María Rodriguez Camejo y de don Felipe Pasqual
Aznar, otorgados el la de noviembre de 1755 y el 4 de diciembre de 1772,
respectivamente, en Ibídem, Págs. 499-501; y 502-504,
(sfiy Le finca fue adquirida a Juan José García, el 11 de febrero de 1773, en
la suma de quinientos pesos. (Ibídem, págs. 506-508).
(57) Lorenzo Barbngelata, "Artigas antes de 1810", (Montevideo, 2' edie, 1945),
Pág. 49.
(58) El solar con frente a la calle Real le fue adjudicado en el repartimiento
efectuado a los pobladores, por el tCabildo y el Gobernador de la Díaz.,
ei 13 de mayo de 1758. La chacra en el arroyo Carrasco lo fue por el
Gobernador, previo informe del Cabildo, el 10 de julio de 1761, constando
de cuatrocientas varas de frente y una legua de fondo,
(59) Testamento de Martín José Artigas, otorgado en el Sauce, el 4 de noviem-
bre de 1806, ("Archivo Amigas', cit. tomo I, Págs. 531-533), Don Martín
José falleció en el partido del Sauce, entre los años 1822 y 1824, Su testa-
mento fue protocolizado a solicitud de D, Vicente Ponce de León, apode-
rado de doña Martina Amigas. -designada albacea con su hermano José,
impedidc de actuar ror su extrañamiento en al Paraguay, en el citado testa.
mento de 1806- el 11 de diciembre de 1829. El inventario de los bienes
se realizó entre 1830 y 1836, resultando del mismo que el acervo
sucesorio eran la chacra de Carrasco; un terreno ubicado en las calles
San Benito y San Luis, en Montevideo; otro terreno en la misma ciudad;
las dos suertos de estancia en Casupá y Chamizo; .y la estancia ubicada
en el Sauce, (Ibídem, pág. 533, en nota).
86
Este conjunto patrimonial, que nos muestra el marco
de actividades de un hacendado mediano y laborioso -que
integrara como miembro la Junta de Hacendados de la
campaña de Montevideo- contrasta visiblemente con el de
otros hombres de su tiempo, de acaudalada fortuna y anchas
posesiones de tierra, beneficiarios directos de la acumulación
latifundista, como los Zamora, los Durán, Alzaibar, los Viana,
o Juan Francisco García de Ztífliga. (6°)
José Amigas que, si bien habría realizado acarreos de
cueros para sus familiares, -valga el testimonio de Josefa
Ravía- desde muy joven vivió su vida propia en la cam-
paña, y no tuvo oportunidad de acompañar a sus padres y
hermanos en la explotación regular de sus estancias, habría
de solicitar el 13 de febrero de 1805, al Comandante general
de la campaña, Francisco Javier de Viana, la concesión de
campos para poblar una estancia. Al día siguiente -14 de
febrero- el Comandante Viana dona a Artigas "un rincón
que forma un arroyo llamado Valentín y desagua en Arapey
Grande, y las puntas de la cuchilla que sale al Daymán y
hace rincón con otro arroyo, llamado Arerunguá. (asa)
Medido este predio, en diciembre de 1810, resultó de un
área total de treinta y cuatro leguas, las que fueron tasadas
a "$ 8 corrientes cada legua", por el hecho de estar situado
"a más de cien leguas de Montevideo, lo que dificultaba las

(00) Los Zamora poseían cuarenta y seis leguas cuadradas en la zona de los ríos
Negro y Tacuarembó; los Durán eran propietarios de ocho estancias;
Alzaibar, posiblemente el hambre más rico de aeuellae tiempos, tenía
iento diecisiete leguas de campo, eue ocupaban parte de los actuales
departamentos de Colonia, San José y Flores, hasta el río Yí; los Vio-
n. voy. coya famosa estancia "La Maríscala" comenzaba en las fuentes del
Cebollatt y seguía la línea de la Cuchilla Grande hasta Casupá y Santa
Lucía. cubriendo las zonas de Polanco, Marmarajá, Aiguá y Barriga Ne-
gra; Juan Francisco García de Zúñiga acumuló una tremenda extensión,
sobre la base de la adquisición de la antigua estancia jesuítica de
"Nuestra Señora de los Desamparados", que alcanzaría a cuatrocientas
tres mil cuadras, ocupando buena parte del actual departamento de Flo-
rida. (Véase, Real de Azúa, ob, cit., Págs. 36-37) y en el Apéndice,
el estudio sobre "La Estancia de las Desamparados" y loa García de
Zúñiga (págs. 141-146); y también Ricardo Campos, "El brigadier 0e-
neral Dr. Tomás García de Zúñigá", (Montevideo, 1946); y, en parti-
cular, el excelente trabajo de Lucía Sala de Tourón, Julio Carlos Ro.
dríguez y Nelson de la Torre, "Evolución económica de la Banda Orien-
tal". ya .¡todo.

(60a) "Archivo Artigss" cit. Tomo III, Págs. 401-409

87
producciones de la estancia, el riesgo de ser invadidos por los
indios infieles y otros inconvenientes que ocasionaba el
desamparo". Ya en esa época había cedido Artigas a Luis
Sierra parte del citado terreno -14 leguas y 5 cuadras
cuadradas, que incluía la mayor de las dos rinconadas que
lo formaban- por lo que quedaron de su pertenencia, 19
leguas y 55 cuadras cuadradas. Años después, en oportunidad
de solicitar su hijo legítimo, José María, el correspondiente
título de propiedad, la diligencia de mensura realizada en
julio de 1833, dio una superficie de 15 5/6 leguas. Los pe-
ritos tasadores, Pedro P. de la Sierra y Faustino Texera,
nombrados de conformidad para el arreglo de la moderada
composición de dicho predio, situado entre el arroyo Are.
runguá, de las Cañas e islas de Vera, lo retasaron "en el
valor de treinta pesos por cada legua cuadrada".
Artigas ocuparía también- campos para invernada en el
rincón de los arroyos Tacuarembó Grande y de los Laure-
les, de 3 1/18 leguas cuadradas, tierras situadas en el actual
departamento de Rivera, que abandonara "cuando se levan-
tó la Patria". (66 b)

A1 servicio del Aquellos hacendados -fueron, en


Rey y del común. vez, infatigables servidores del in.
terés público, ora desempeñando
"cargos de República", en los oficios concejiles; ora en el
duro servicio de las armas, en el sostén de la causa del Rey,
defendiendo sus dominios de las intrusiones lusitanas, y los
intereses y la tranquilidad de los vecinos pobladores de la
campaña, acosados por las turbulencias de un medio en fra.
goroso crisol, donde rivalizaban "hombres sueltos" e "india-
das alzadas" para hacer peligrar la seguridad, la propiedad
e incluso la vida, de sus sufridos moradores.
Juan Antonio Artigas, cuya radicación en la zona mon.
tevideana se ha fijado alrededor de 1724, a la que vino,
como soldado de caballería, en la compañía del capitán Mar-

(60b) Aníbal Barios Pintos, —De las vsaperiae al alambradti ' (Montevideo,
1067), pág.. 188-189.

88
tía José de Echauri, en el período prefundacional, (61) fue
designado, por Zavala, Alcalde de la Santa Hermandad, al
proceder a la fundación jurídica de la ciudad e instalar su
primer Cabildo, en 1730. (62) Esta demostración de confianza
del fundador, la reiteró el vecindario en otras cinco oca-
siones, seleccionándolo para ocupar los oficios de Alférez
Real o de Alcalde Provincial, (66) en donde pudo -sobre
todo en el último- acreditar sus condiciones de hombre de
acción y de armas llevar, valeroso y buen negociador, apto
para celar la campaña y contener a los perturbadores que la
infectaban. En 1732, Zavala propició un acuerdo de paz entre
los habitantes de la ciudad y los caciques minuanos, y cuando
la negociación parecía frustrarse, pues los indígenas man-
daron de vuelta a los españoles, con la prevención de que
"no fuesen a sus toldos", cupo al Alférez Real, Juan Antonio
Artigas, llevarla a buen término, trayendo de vuelta a la ciu-
dad "dos caciques minuanes con treinta indios", con "quie-
nes se trató y ajustó la paz". (6")
El fundador Zavala instituyó, en 1730, una Compañía
de Caballos Corazas españolas en el Real de San Felipe y
Santiago de Montevideo, en donde se alistarían "sus pobla-
dores y vecinos", de forma de acudir con "prontitud en
cualquier caso que sea del real servicio y de defensa propia
de la ciudad y su jurisdicción". (66) Revistó allí con el grado

(61) Azarola Gil, ob, cit., pág. 100.


(62) Auto de Bruno Mauricio de Zavala, procediendo a la designación de los
integrantes del Cabildo de Montevideo, el lv de enero de 1730, ("Ar-
chivo Artigas", cit., Tomo I, pág., 55-56).
(63) Fue Alférez Real en 1732 y 1733 y Alcalde Provincial en 1735. 1742 y
1743. Las actas registran frecuentes ausencias de las sesiones, Dor ha-
llarse "recogiendo sus sementeras", "en sus haciendas de campo", o re-
cqrriéndolo "al servicio del Rey", ("Archivo Artigad', cit., Tomo I.
Sección I, Serie II.I, págs, 65 y siguientes),
(64) Ibidem, Pág.. 66-71. "De aqui en adelante -dice el convenio de Date
vivirán (los minuanea) con los españoles como hermanos", estimando
y agradeciendo "mucho el favor y cariño con que SE los ha favorecido
y perdonándoles sus yerros", pues son sabedores de que han errado y
procurarán en el futuro enmendarse, "más ahora que SE les empeña su
palabra en castigar a los españoles que los agraviaserí', En simbólico
juramento se levantaron los "dos caciques, cogieron por la mano primero
al Capitán Comandante y le pusieron su mano derecha en el pecho
izquierdo" y luego hicieron la misma ceremonia con los diputados y
demás españoles. (Ibidem, págs. 70-71),
(65) Ibidem. pág. 116.

89
de capitán, Juan Antonio Artigas,'y anduvo por largos años;
en trajines de perseguir portugueses; "castigar y extinguir
los ladrones que se hallan en estas campañas"; luchar "con-
tra los indios bárbaros" y reprimir faenas clandestinas y co.
rrerías de vagabundos". (ee)
Heredero de la tradición de servicio de su progenitor,
Martín José Artigas ocupó, en nueve oportunidades, cargos
en el Ayuntamiento (e') y, durante dos breves interinatos,
fue Alcalde Ordinario de 19 y 29 votos.
Igualmente en el oficio castrense, Martín José, llegó a
Capitán del Regimiento de Milicias de Caballería de Monte-
video (q6) y por ostentar ese carácter se le encomendaron
variadas comisiones, como la arriesgada conducción de ca-
rretas y efectos desde Montevideo a Santa Tecla y desde
ésta a la capital de la Gobernación, entre 1775 y 1776, en
las vísperas y durante la campaña contra los portugueses, de
cuyas ocurrencias -en las que fue partícipe activo- resultó

(08) "Archivo Artigas'", cit., Tomo 1, págs. 78, 86 y 101, recDecto de 1.


actuación en el cumplimiento de sus obligaciones como miembro del
Ayuntamiento, y pág.. 118, 123, 125. 129-130 y 139. en su carácter de,
Capitán de la Compañía da Caballo. Corazas Españolas,
En la solicitud de merced de tierras formuIada.en 1764, Juan An-
tonio Artigas reseñó todos estos trabajos: recogidas de caballos y gentes
Dura auxiliar el sitio de Colonia antes de fundada Montevideo; exredi-
ción al puerto de Maldonado Para expulsar navíos Portugueses y contra
los "indios tnpesleventodos, ladrones que desolaban estas campañas".
mí como contra 1m minuanes "declarados enemigos de esta ciudad":
"salida contra los Portugueses que se hallaban haciendo faena de cue-
ros en los campos de esta jurisdicción" en el año 1730. renovadas en 1782
y 1734. oportunidad en "la que se mantuvo en la campaña por tres
meses y veinticinco días"_ En el año 1750, -agrega- "hice una co-
rrida contra los indios infieles: en el. de 62 estuve en la campaña en 1.
frontera de los portugueses, Dar. impedir cualquier invasión que éstos
intentasen hacer e impedir la conquista de Colonia" y "todo lo que se
ofreció mientras estuvo ln escuadra Dortugue.a en estas costas, cuyas
playas .al¡ a reconocer Por varias ocasiones" y después "de la retirada
de la escuadra, dos meses en campaña en la jurisdicción o frontera de
esta ciudad". .(Ibídem, págs. 142-144),
(67) Martín José Artigas fue Alguacil Mayor en 1758: Alcalde de la Santa
Hermandad, en 1761: Alcalde Provincial, en 1765, 1774, 1781 y 1792;
Alférez Real, en 1768 y 1796; y Depositario General, en 1788, Cuando
desempeñó el cargo de Alférez Renl, en 1796, fue Alcalde Ordinario
interino, de 29 y lar. voto. (Véase "Archivo Amigas'. cit., Tomo 1,
págs. 240 y eigs.),
(68) Figura como soldado, en 1761, del aludido Regimiento, capitaneado por
su padre, y en ese mismo año, al dividirse las Milicias Civicns, obtiene
el cargo de Teniente; en 1771 culminaría. su carrera militar alcanzando
el grado de Capitán.

9U
que, después de veintisiete días de defensa, las fuerzas espa.
ñolas.tuvieron que entregar aquella posición por capitula-
ciones, a las portuguesas que mandaba Rafael Pintos Ban-
deira. (e') Imposibilitado para continuar en el servicio, se
produjo su retiro en 1796, librándosele los correspondientes
despachos con goce del fuero militar. (7q)
En otros menesteres al servicio del común, siguió reve-
lando su acrisolada honradez, que le valió disfrutar de la
confianza del vecindario y de las autoridades. Así lo vemos
intervenir en diversas diligencias judiciales; actuar en la
medición y tasación de tierras; o recibir, como depositario
de los bienes de don Francisco Ortega, junto con sus alhajas
y pedrería, una importante biblioteca, que durante un tiempo
bastante largo retuvo en su poder. (") En la época de las
Invasiones Inglesas, en el informe de don Bernardo Suárez
del Rondelo al Cabildo, figura su nombre entre los hacen-
dados que pusieron a disposición de la causa, las caballadas
de sus estancias "todo el tiempo que fuera necesario y sin
obligación de reintegro". (72)
No hay en la prosapia de Artigas, como se ha visto,
sones señoriales, porque no los hubo, en todo el Río

(69) "Archivo Artigné", cit., Tomo I, Pág.. 303 Y 330, sobre todo el "Dia-
rio de lo acaecido en el Fuerte de Santa Tecla; posesionado por S.M.C..
en el avance hecho a él per los vasallos de S,M.F., entregado por
aquellos a éstos en los términos que expresa la capitulación que incluye.
Principiado en 28 de febrero Y dejado en 28 de marzo de 1778", (Ibi-
dem, págs. 331-355).
(70) Ibidem, pág. 366,
(71) En el inventario de la Biblioteca de Ortega -que había eid. Coman-
dante del Resguardo del Río de 1. Plata- se encuentran, junto a obras
literarias clásicas, verbigracia el Quijote, las Confesiones, de San Agus-
tín, la Historia de Gil Blas, libros de Cicerón, o históricas, como la
de Solía sobre Méjico, tratados científicos, sobre matemáticas, física o
ciencias naturales, como la Historia Natural de Buffon. Se incluyen
también material de naturaleza castrense y algunas obras más compro-
metidas Y directamente relacionadas con In filosofía del siglo XVIII,
entre las que pueden mencionarse: "Quatro tomos en octavo en francés
de obras de M, de Montesquieu", incluso las famosas "Cartas Persas":
los cuatro tomos de la "Historia de América', de Robertson, de lectura
prohibida; el "Proyecto Económica" de Bernardo Word: los dos tomos
de la "Filosofía" de Newton; la "Historia de Carlos XII", de Voltaire.
En 1791 fue embarcada con destino a La Coruña, en trece cajones.
("Archive Artiaae", cit., Tomo 1. Pág.. 370-388).
(72) Fragmento del informe presentado por D, Bernardo Suárez del Rondelo
al Cabildo de Montevideo, sobre los servicios prestados por el vecindario
durante las Invasiones inglesas .(Ibidetc, págs, 483-484),

91
Plata; pero fue patricio el abolengo de sus mayores, porque
ellos están enraizados con el nacimiento mismo de la cir:dad.
Y los títulos que luego adquirieron, para la consideración, el
respeto y el prestigio, los conquistaron con una conducta de
severa austeridad, dignificada por el trabajo y por los servicios
que, como diestros paladines, prestaron al "común" y a su
Rey, en el duro oficio de las armas y en desempeño de los
cargos concejiles, plinto de las jerarquías criollas; en la
constante y comunitaria convivencia con los hombres y la
tierra, que los hizo adentrarse en la entraña de un pueblo
que se fue forjando al diapasón de sus propias experiencias
vitales. Si se analiza con detención el periplo de estas vidas,
se advierte en ellas una esencial identidad, como si se hubiera
cumplido una especie de, ancestral aprendizaje para decantar
las virtudes requeridas por aquellos pocos hombres llamados
a cumplir altos destinos en la Historia.

Infancia La historiografía nacional vaciló,


y juventud. durante muchos años, acerca del
lugar donde nació José Artigas.
Hubo quienes lo ubicaron en el Sauce, en el "pago o partido
de Las Piedras"; (") aunque ya Isidoro de María en su
"Vida del-Brigadier General D. José Gervasio Artigas, Fun-
dador de la Nacionalidad Oriental", publicado en Guale-
gunychú en 1860, afirmó que había nacido en Montevidfio (7')

(73) Felipe Polleri y Amaro Cúneo, en artículos periodísticas publicados /en


1894. sostuvieron esta tesis. Ella fue recogida no, O'restes Araúju .. s.
"Diccionario Geográfico del Uruavay", (Montevideo, 1900), pág.. 721-
720, y reafirmada Do, el SI. Cúneo en folleto titulado "Artigns'", (Mon-
tevideo, 1927).
(74) El propio De María, en la Primera edición de su libro "Rasgos biográ-
ficos de hombres notables", publicada en 1879 (Tomo 1) habla ubicado
el nacimiento en el "pago o partido" de Las Piedras, influido Dor una
tradición basada en la "circunstancia de poseer sus Padres un estable-
cimiento de campo en Sauce Solo' '. En ediciones posteriores -2e en
1883: 3- en 1889- se apoya en la partida de bautismo para volver a su
primer. afirmación, (Véase, en la edición de 1939. la página 14 del
Tomo t), La citada Partida fue publicada por Carlos Marte Rnmlrez
en su famosa polémica de 1884, (Véase Carlos María Ramírez, "Artigaá'.
Colección de Clásicos Uruguayos, (Montevideo, 1953), pág. 199, en nota).

92
Las investigaciones más modernas (7a) han permitido des-
cartar algunas de estas hipótesis, y actualmente no cabe duda
de que fue Montevideo 1a cuna del prócer. (7e)
Ocho años después de su bautismo; José Artigas, junto
con varios de sus hermanos y su propio padre, recibía el
sacramento de la confirmación, el 24 de diciembre de 1772,
en la estanzuela de don Melchor de Viana, siendo padrinos
éste y su esposa, doña Rita Pérez. (77)
Artigas debe haber pasado estos primeros años en la
ciudad y en la chacra de su padre, ubicada junto al arroyo
Carrasco. (73) Tras un breve pasaje por la escuela de pri-
meras letras, existente en el Convento de San Bernardino,
bajo la. dirección de los padres Franciscanos, (7a) según con-
signa en sus memorias el General Nicolás de Vedia, prefirió
seguramente dedicarse a las tareas rurales. Hubo de que-
brantar, para ello la disposición testamentaria de su abuelo

(75) Lismbfas de Olivar ha establecido, sin lugar a dudas, que la estancia


del Sauce pasó a propiedad de la madre de Artigae entre 1775 y 1776,
cuando José Gervasio tenia ya doce años de edad— Y en el Dadrón de
Montevideo, de 1764-1766, figura Felipe Pasqual Aznar, que tiene en
au comPañfa una hija "casada con el capitán Martín José ~rtigsé'.
("Archivo Artigas". cit.. Tomo 1. pág. 34).
Lorenzo Barbagelata, en su obra "Artigas antes de 1810", transcribe
el acta de la sesión del Cabildo de Montevideo de 3 de febrero de 1814,
en la que se afirma estar a la espera del "feliz día de la conclusión
deseada por este pueblo que le dio la existencia"; y una carta de Luis
Larrobla. en la que éste hablo de la unión de Artigas "con Montevideo.
eu D.triW*. (Pág. 31, en nota).
Tiene también valor el testimonio del propio Artigas, quien, en la
solicitud de dispensa del grado de consanguinidad que 1e unía con su
prima Rafaela Rosalfa Villagrún, para contraer matrimonio, presentado
en el Juzgado eelesiástico, dice ser "natural de esta ciudad", ("Archivo
Artigaé', cit.. Tomo III, pág1 1).
(76) El investigador Juan A, Gadea ha ubicado, con toda precisión, el eolar
nativo de José Artigas, en el predio que ocupaban, en la ciudad de
Montevideo, sus abuelos maternos, Felipe Pasqual Aznar y María Ro-
drlguez Camelo, y sus padres, Martín José Artigas y Francisca Antonia
Paeq.al Rodríguez -conocida pr.r Francisca Antonia Aznar- en la es-
quina de las actuales calles Colón Y Cerrito, en la extensión que hoy
cubren las fincas señaladas con los nómeras 1486-1490 y 306-308-310
respectivamente. (Véase Juan A. Cede., "La casa natal", en "Artigus
en "Acción" - Suplemento especial del diario "Acción", Montevideo,
iueves 18 de junio de 1964).
(77) "Archivo Artigas", cit., Tomo 1, pág. 239,
(78) El Censo de 1774 registra viviendo allí a don Martín José Amigas,
"con su mujer y cinco hijos menores". Ibídem, Tamo I, Pág. 222.
(79) La enseñanza abarcaba el arte de la lectura y escritura, aritmética
elemental, nociones de gramática y ciencias naturales, y doctrina eris-
tina.

93
materno, quien, en 1772, estableció rtna capellanía
do "por primer capellán de ella a mi nieto Josef Gervasio
Artigas..." (su)
En 1778 su nombre aparece registrado al ingresar
Cofradía del Santísimo Rosario y luego, por un largo
ríodo, se abre una época indocumentada en la vida del
roe, de la que apenas poseemos algunas noticias.
En sus "Apuntes biográficos sobre don José Artigas",
citado general Vedia, expresa:

"Don José Artigas era un muchacho travieso e in-


quieto y propuesto a sólo usar de su voluntad; sus
padres tenían establecimientos de campaña y de unos
estos desapareció a la edad como de 1•t años y ya no
paraba en sus estancias, sino una que otra vez, ocultán-
dose a la vista de sus padres. Correr alegremente los
campos, changuear y comprar en éstos ganados mayores
y caballadas, para irlos a vender a la frontera del Bra-
sil, algunas veces contrabandear cueros secos, y siempre
haciendo la primera figura entre los muchos rompa.
fieros, eran sus entretenimientos habituales". (e1)
En 1791, al levantarse cl padrón del partido de Sauce
y Pantanoso, aparece en él Martín José Artigas, con su es-
posa y tres hijos; José se había alejado ya del hogar ppterno.
Por esa fecha se encontraba en la zona de Soriano, y en
los campos del Queguay, donde actuaba asociado "a un
señor Chatre", en la recogida de ganados, que, proce-
dentes de las estancias misioneras, eran atraídos por las fér-
tiles rinconadas basálticas de la región litoraleíía. Vuelve
Vedia a mencionarlo en sus "Apuntes": (a2)

"Se habían pasado cosa de dieciséis a dieciocho


cuando después abrazó su carrera de vida suelta,
por primera vez en una estancia, a orillas del
circundado de muchos mozos alucinados que acababan

(so) "Archivo Artigns". Tomo I, Pág. 603.


(81) Nicolás de Vedia, "Apuntes biográficos sobre don José Artigas"; en
Mariano de Vedia Y Mitre. "El manpscrito de Mitre sobre Artigae .
(Buenos Aires, 1937), Apéndice, Pág. 95.
(82) ''Apuntes. ete.", en ob, cit.. pág. 96,

94
r
de llegar con una crecida porción de animales a vender.
Esto fue a principios del año 93, en la estancia de un
hacendado rico, llamado el capitán Sebastián^.
Entre los años 1794 y 1796, hay noticias de sus andan-
zas por los territorios del norte del Río Negro y en las zonas
limítrofes con el Brasil, haciendo corambre en el Cuareim,
en compañía de otros "changadores"; (6a) "conduciendo más
de cuatro mil animales y al mismo tiempo cogiendo gana-
do" al frente de "80 y tantos hombres de armas, la más
,portuguesada..." (s') o, en fin, despertando la prevención
del propio Gobernador Olaguer y Feliú, quien, en la capi-
tal, ha tenido "positivas noticias" de que está "para salir
de la barra de Arapey Grande con Arapey Chico..." una
crecida tropa con destino "a la Estancia de Pintos, que está
enfrente a la guardia de Batoví y que igual camino lleva
otro llamado Pepe Artigas, contrabandista vecino de esta
Ciudad, conduciendo también dos mil animales..." (a°)
La documentación glosada prueba que Artigas,, como
hijo de su tiempo, como morador de la pradera oriental,
participó en faenas clandestinas y en el trajín del contra-
bando, en la zona norte de la Banda, durante los años de
su mocedad.
Y si esta probanza, más la que fluye de una interpre-
tación racional y lógica sobre los requerimientos ineludibles
del medio en donde actuaba, no fuera suficiente,(") cabría

(83) Expediente referente a una partida sorprendida en marzo de 1794. Paso


del Queguay, 13 de abril de 1794, ("Archivo Amigas", cit., Tomo IV,
pág. 478 y siga.).
(84) Esteban Hernández a don Agastín de la Rosa, Santa Maria, lo do enero
de 1795, en "Archivo Artigas", (Montevideo, 1961), Tomo 11, pág. 1.
(85) Antonio Olaguer y Feliú a Agustín de la Rosa y Francisco Lu"ro, Mon-
tevideo, 8 de diciembre de 1796, ("Archivo Artigas", Tomo IV, pág.
488 y Dacs. No 2, 3. 4 y 6. en el mismo tomo, pág.. 484-488).
(SO La historia clásica del período de la "reivindicación", negó siempre el
aserto, aduciendo, por lo menos, inocuidad de las probanzas. Lorenzo
Barbagelata, por ejemplo, (ob, cit., Págs, 26-28) la vincula a las acu-
saciones. interesadas y falsarias, del libelo de Cavia, y Eduardo Ace-
vedo (ob, cit., Tomo I, CBp. VIII), aunque explica largamente el en-
rácter del contrabando como "ley de la épocé', y cita la unánime
opinión el respecto de historiadores del más diverso origen, concluye
preguntándose donde están las praebas de que el Jefe de los Orientales

(pasa a la Pág. siguiente)

95
agregar que, al ingresar al Cuerpo de Blandengues, se
a los beneficios de un indulto, donde estaba previsto
cialmente este delito y que justamente pretendía atraer
hombres diestros, buenos jinetes, y que hubieran andado
"en el trajín clandestino" para formar aquel Cuerpo
Caballería destinado a celar la campaña. (a7)

En el cuerpo Promulgado el Bando virreinal de


de Blandengues. 7 de febrero de 1797, concediendo
el indulto a quienes se presenta.
ian'para formar parte del proyectado Cuerpo de Blanden-
(viene de 1. pág. anterior)
haya sido contrsbnndista. Desecha las que resultan de Rengger y Iong-
chemp y. de las Memorias de Millar, "cuyas narraciones de esta parte
fueron rellenadas con páginas y frases del libelo del oficial mayor del
gobierno de Pueyrredón", estando esta "única fuente destituida de valor
históricti". (Ibid., pág.. 508-509),
Carlos Ma. Ramlrez exhibe en este punto mayor sentido histórico.
Al replicar n la acusación del "Sud América" que calificaba a Amigas
de bandolero Y contrabandista, dice: "Si Artigas fue contrabandista en
su juventud, esta es harina de otro costal. El contrabando era la r'eac-
ci6n natural contra el sistema restrictivo de la colonia. Y tanta su asiento
en la Banda oriental, como territorio intermedio entre la capital del
Virreinato, cuyas autoridades lo perseguían tenazmente, Y las posesiones
portuguesas, que tenían interés en fomentarlo. El contrabando violaba,
sin duda alguna, las leyes escritos de la dominación española: pero
era al mismo tiempo la ley social de la época. Fueron contrabandistas
todos los que se dedicaban a la industria Y al comercio en el Río de
la Plata. e fines del aigio XVIII. Artlgas, siendo joven, aplicó sus fe-
cultades excepcionales de actividad, vigor, energía, astucia, al servicio
de ese comercio ilícito, poro necesario en Aquellos'tiempos. y fecundo
para las mismas colonias", ("Artigas". ob. cit.. Págs. 32-33).
(87) Barbagelata dice que el proceso a que estuvo sometido Amigas fue
beneficiado por el Indulto que concedió Carlos 1V el 22 de diciembre
de 1795, en celebración del ajuste de paz con loa franceses y de los
matrimonios de las Serenisimas Infantas doña María Amelia Y doña
Marín Luisa, el que se publicó por Bando en Buenos Aires, el 25 de
setiembre de 1798, y en el que se excluyen de todo ampnro, entre otros,
los delitos de "extracción de cosas prohibidas del Re¡..' " y de "resis-
tencia a la justicia". ("Artigas antes de 1810", cit.. paga, 51-52),
Pero en realidad Artigas se acogió al" Bando especial que, para la
formación del Cuerpo de Blandengues, publicó el Gobernndor de Monte-
video, don Antonio 0laguer Y Feiiú. el 7 de febrero de 1797, Por él Be
indultaba "a los contrabandistas, desertores y demás malhechores que
andan vagantes, huyendo de la justicia por sus delitos", excepto los
reos de homicidios o los que "hubieran hecho armas contra la justicia
o contra lea partidas de campo", ..¡ocurre que ae presentaren a "tomar
partido en las compañías de Blandengues" con la obligación de servir
por "eI' término de ocho años", y con cargo de traer consigo "seis Oa-
ballos a lo menos cada unti', ("Archivo Artigas', cit.. Tomo 11, paga.
I1-18);

96
pues, (aa) Artigas, seguido de muchos de sus compañeros de
aventuras, se hizo presente en el cuartel general, en Maldo-
nado, el 10 de marzo de aquel año.
Pivel Devoto, al evaluar este momento de la vida del
héroe, expresa con acierto: "Amigas contaba entonces trein-
ta y tres años a los que una vida intensa había dado ma-
durez y experiencia. En sus correrías por los campos de la
Banda Oriental, en los que el desierto era interrumpido por
una que otra población, o el rancherío de una estancia, había
llegado a dominar la realidad geográfica que formaban las
dilatadas extensiones de suaves colinas con abundantes pas-
tos, las serranías y grandes cuchillas que servían de rumbo
a los baqueanos; a reconocer los pasos y picadas para vadear
los ríos y los arroyos; los senderos que daban acceso a los
montes que servían de refugio a los bandoleros. Persiguiendo
ganado alzado para hacer tropas, parando rodeo en las es-
tancias o haciendo corambres en compañía de hombres de
rudo aspecto y alma simple, había penetrado en los secretos
del gaucho, del changador y del indio, en la solidaridad que
crea el peligro y las fatigas, en las charlas y confidencias
del fogón. Su espíritu inquieto habíase saciado ya con la
aventura de esa existencia libre, en la que el duro trajín
de correr campos y_faenar ganados, se matizaba boleando
potros y avestruces, matando perros cimarrones o descu-
briendo la guarida de un tigre. La existencia en un medio
de costumbres tan primitivas no había dejado en su alma
sedimentos innobles". (a')
En su nueva carrera, y a pesar de su simple condición
de soldado, ya en agosto el Virrey le enviaba al mando

(88) Dicho Cuerno se creó a raíz de una solicitud de los vecinos de la


campaña, que en 1798, amenazaron al Cabildo con abandonar sus cam-
pos si no ac correglan las continuas excesos y desórdenes: y del temor
o una invasión inglesa. El decreto de creación de enero de 1797, esta-
blecía que el Cuerpo se compondría de 8 comvañlns de 100 hombres
cada una, que equiparían a su costa. Iría. armados con fusil y espadas
y se preferían expertos iinetes. (Véase "La Banda Oriental, Pradera,
Frontera. Puerto", de los autores),
(89) Pivel Devoto, "Raíces, sin.", cit., Dá". 41-42_

97
treinta hombres del Cuerpo recién creado para perseguir los
malhechores que infectaban la campaña. Esta decisión había
sido precedida, en mayo, por una solicitud de los hacen-
dados "para que se comisione a don José Gervasio de
Artigas para perseguir a los ladrones y mulhechores de la
campaña". (°°) En esta su primera misión al servicio del
orden, Artigas recorrió la zona fronteriza con el Brasil y
desbarató la acción de los changadores que mataban ganado
para beneficiar los cueros, consignando luego su juicio sobre
el daño que infligían a la riqueza pecuaria de la Banda,
al informar que "da lástima ver la destrucción que crean
en el país. Solamente por los cueros matan las vacas". Tam-
bién obtuvo la victoria sobre un contingente de indios "in-
fieles", que consagró su habilidad como militar y baqueano;
y en el transcurso de una persecución de cuatreros, en las
proximidades de la guardia de Batoví (pt) perfeccionó el
conocimiento de una zona en la que habría de cumplir años
más tarde una importante gestión a las órdenes del sabio
geógrafo y naturalista don Félix de Azara. (e2)

La diligencia y eficacia puestas de manifiesto en el cum-


plimiento de su difícil misión, le valdrían al blandengue
una rápida promoción en la carrera de las armas. En efecto,
a su regreso a Montevideo, en enero de 1798, ya había sido
designado Capitán del Regimiento (lo Milicias de Caballería

(90) "Archivo Artigaá", cit., Tomo 11, pdgs. 18-24,


(91) En noviembre de 1797. mientras cumplia su misión de patrullaje en la
frontera, la Partida de Artiges tuvo un encuentro con una banda de
contrabandistas que introducían tabaco del Brasil. Ios blandengues so-
frieron dos muertes y Artigas, después de cercar en un monte a los
enemigos, penetró en la espesura, enfrentándose al cabecilla, que -
segun dirá en el Parte respectivo- al verlo "ir derecho a él con el
arma preparada me habló y me dijo "no me tire que estoy r..d!d.".
Se prendió con una carabina y una pistola todas Preparadas y un facón
en la cintura... y antes de haberlo prendido me dijo la gente que era
un tal Chaves, portugués..." De los doce rollos de tabaco, Artijas
repartió uno entre los hombres de su partid. y envió
Administración de la Renta par. su ulterior destino. (Véase "Causa
urinal seguida a Josó Ildefonso Chaves por contrabando—, en "Archivo
Artigas". cit., Tomo II, pág.. 40-63).
(92) "Archivo Artizas", cit., Tomo II, Déca. 27-29: y 32-34.

98
de esta Plaza, el 27 de octubre de 1797.(°') E1 nuevo Jefe
de Milicias continuaría, sin embargo, al mando de fuerzas
de línea, como eran los Blandengues, dentro de cuyos cua.
dros no hubiera podido obtener tan rápido ascenso en la
forma a que era acreedor por su extraordinaria habilidad
como experto conocedor del medio rural y de sus problemas.
Ya en 2 de marzo de 1798, el Virrey Olaguer y Feliú le
expedía el despacho de Ayudante Mayor del Cuerpo de
Blandengues (a') con cl grado de Teniente de línea (°') que
sería confirmado por cl Rey, en enero de 1799. (sa)
Por entonces, vacante un cargo de Capitán en la tercera
compañía del Cuerpo, el Comandante de los Blandengues

(93) "Archivo Artigae', cit., Tomo 11, pág. 68,


A Doc. de hallarse en el cumDlimienm de sus deberes. Amigas ya se
hacia merecedor de una particular mención del Virrey Olaguer, en
oficio que éste le dirigiera, el 2 de octubre de 1797. en el que, luego
de acusarle recibo del "parte" de sus operaciones, el gobernante le
expresa que espera habrá de poner su mayor "actividad Y esmero al
desempeño de la insinuada comisión, correspondiendo con pureza y celo
a la confianza que de Vmd, hice', ("Archivo Artigas", cit., Tomo II,
pág. 80).
En conocimiento de su designación como Capitán de Milicias, y a
au regreso de la citada comisión, el nuevo oficial hizo propicia la ocasión
para escribir al Virrey, expresándole que "las circunstancias en que
me hallaba impidieron a mi gratitud, rendir las gracias con la mayor
prontitud. Debe Ven. estar persuadido que recibo esta honra en mayor
aprecio y rendido por ella en loe más debidas gracias: la idea que tengo
formada, Sor. Exmo. de la grandeza del corazón de V.E., me hizo siem-
pre concebir ciertas esperanzas de que en su favor encontraría el más
seguro amparo y ProteCCiún y la palabra que a mi Drqpartida me dio
de favorecerme, no sólo la veo cumplida con las honrosas comisiones
y empleos con que me ha distinguido, sino que me hace vivir en la
firme creencia de quc me dé algún lugar en los cuerpos vivos que está
creando y qpe de qn golpe me Ponga en carrera de honor y que pueda
adelantar mi suerte en el futuro, en que V.E. quiera; consiste sola-
mente en que Yo sea feliz y para tal inclinación a ello no apele a otro
sagrado que al de su bondad, a que me acojo, ofreciendo de mi parte
no dejar jamás desairada cualquier confianza que se hiciere en mi'
(Amigas al Virrey, arroyo del Sauce, lv de enero de 1798, en "Archivo
Artigas", cit.. Tomo II, pág.. 65-66),
(94) Como Ayudante Mayor, Artigas continuaria en el desempeüo de nume-
rosas comisiones de Servicio, má9 Propias de un capitán de romDañla
en actividad, que de su cargo, de normal ocupación en el Cuartel General
de Maldonado, donde raras veces se le encuentra. Desde octubre de 1793
s junio de 1799, actuará a1 frente de eu compañía de Blandengues, en
guerrillas fronterizas contra los contrabandistas, as¡ como contra los
indígenas charrúas y minua.c., que merodeaban Por aquellos parajes.
(Véase "Archivo Artigné", cit., Tomo 11, Págs. 76-82),
'(95) "Archivo Artigas", cit., Tomo IL, Pág.. 74-75.
(96) Ibidem, Pág. 73.

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y el Sub-Inspector General de Guerra, Marqués de Sobre-
monte, le propusieron para dicho ascenso; pero el Virrey
don Gabriel de Avilés lo postergó, prefiriendo al Teniente
Miguel Borrás, en cuya oportunidad, al elevar el informe
la Corona, dejó constancia de que lo hacía en mérito
mayor antigüedad como oficial de línea del segundo,
parte también por el "origen que tuvo la entrada de
en el servicio -alude al indulto- y al extraño medio
que se le proporcionó su rápido ascenso de soldado a
dante Mayor". (°r) A pesar de tan importantes y destacados
servicios, habrían de transcurrir once años para que
alcanzara el grado de Capitán, que le fue finalmente
rido, el 5 de setiembre de 1810, por el Gobernador de
video y Comandante General de la Banda Oriental, briga-
dier Joaquín de Soria, con carácter interino y hasta
prema confirmación real. ("a)
Cuando se prestó aprobación al plan del ilustre don
Félix de Azara, de fundar poblaciones en la frontera de
la Banda con el Brasil, (0°) Artigas fue designado para ac-
tuar como Ayudante del sabio geógrafo, seguramente "por
su mucha práctica de los terrenos y conocimientos de la
campaña", como diría el Sub-Inspector General Sobremonte,
en oportunidad de recomendarlo para una comisión. ('0")
Azara le encargó proceder al deslinde y entrega de los so-
lares en el recién fundado pueblo de Batoví. Allí tendría
oportunidad de vivir una aleccionante experiencia, con el
asalto portugués a las guardias fronterizas de Santa Tecla
y Batoví y la ocupación dé las Misiones.
De resultas de la guerra con España -cuya noticia
llegó a América después de haberse firmado la paz-,
Gobernador y Capitán general de Río Grande del Sur movi.
lizó sus fuerzas sobre el territorio español. Por su

(97) E1 Virrey Avilés a don Juan Manuel Alvarez, Buenos Airea, 19 de


octubre de 1799. en "Archivo Artigas". cit., Tomo 11, Pág. 123.
(98) "Archivo Artigaé'. cit., Tomo III, Pág-. 349-350.
(99) Véase "Im Banda Oriental", de los autores, cit., Págs. 66-68.
(100) Oficio dirigido al Virrey Manlués de Avilés Montevideo, 8 de octubre
de 1800, en "Archivo Artigaa", cit., Tomo ÍII, págs. 129-130,

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