ARTIGAS
ARTIGAS
PRELIMINAR
INTRODUCCIÓN
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Furlong S.J.; del ex-Decano de la Facultad de Humanidades
y Ciencias de la Educación de la Universidad de La Plata,
Dr. Roberto Marfany; del distinguido colega Profesor Alfredo
Castellanos; de nuestro dilecto amigo Alberto Methol Ferré,
y los interesantes datos del investigador compatriota Sr. Juan
A. Gadea.
Hemos utilizado ampliamente la documentación del "Ar-
chivo Artigas" en los volúmenes editados hasta la fecha,
labor historiográfica de gran mérito, que ha-tenido y tiene,
en el ex-Ministro de Instrucción Pública y Previsión Social
y actual Director del Museo Histórico Nacional, Prof. Juan
E. Pivel Devoto, un invalorable orientador y realizador y a
cuyo personal técnico de Investigadores tuvo el honor de
pertenecer el primer titular de esta obra.
6
INTRODUCCION
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ras, con precedencia sobre toda otra costa americana, el
primer embate del afán conquistador de Gran Bretaña, en
la hora decisoria de su lucha con el imperio europeo conti-
nental de Napoleón; y poco después recibieron la estimulante
presencia de sus mercaderes y el consejo prudente de sus
diplomáticos, sobre el "gobierno propio" y "el comercio libre",
que iluminaron los afanes de una minoría criolla, -tan
letrada como inexperta- para. ocupar, en la conyuntura pro-
picia de la crisis de la monarquía nacional hispano-americana,
el vacilante solio virreinal.
Buenos Aires sería, desde entonces, el escenario de una
actividad política, conducida por los hombres representativos
de su patriciado, cuyo proceso de marchas y contramarchas,
de ensayos y fracasos institucionales, de disputa de facciones
por el efímero poder, no tenía otro norte que el de imponer
sobre el ancho país americano, el predominio de su capita-
lidad, al amparo de su condición de "metrópoli" adminis-
trativa, aduanera y mercantil. Si acaso aparece, rompiendo
este esquema utilitario y doméstico porteño, la visión superior
de los objetivos nacionales, en el vigoroso pensamiento de
Moreno o en la épica voluntad de San Martín, pronto preva-
lece el afán localista de predominio político y de lucro mer-
cantil. De espaldas a un país americano que desprecia y no
comprende, la ciudad, que no quiere dejar de ser "capital",
vive asomada a los miradores, oteando sobre el río la promi.
soria perspectiva de los navíos de ultramar, portadores de
"novedades" -mercancías y noticias- de las grandes plazas,
donde la aritmética y la contabilidad eran el alfa y el omega
de la "civilización"...
Para esta "gente principal" resultaba incomprensible la
renuencia de los pueblos del interior criollo para aceptar
los cánones jurídicos de la "libertad", prolijamente trans-
criptos de los modelos ultramarinos, dando un centro jerár-
quico de subordinación al "Estado" geométrico, arquitecto-
rado por graves "doctores" que, a menudo trocaban la fina
pluma de ganso de sus escribanías por la vara de medir de
sus tendejones o la casaca de buen paño inglés por el ajus-
tado frac militar, cuando no desceñían el sable para tomar
el rebenquillo del hacendado rico de Quilmes o San Isidro.
Y su irritación y su impotencia ante esta extraña "insur-
gencia" de los pueblos, que resistían el nuevo orden "libe-
ral" -de gobernantes porteños y mercancías baratas, compe-
titivas de sus modestas artesanías- les exaltaba el autorita-
rismo; y entonces confiaban a los ejércitos la misión de
"llevar los mandatos del pueblo en la punta de sus bayo.
netas", como explicaría, años después, Bartolomé Mitre, su
mejor historiador y discípulo político.
Y así iría rompiéndose en pedazos el cuerpo nacional:
el Alto Perú, abatido y humillado por la blasfemia y el
latrocinio de los ejércitos porteños, rivalizando en saña y
crueldad con los "chapetones" del Virrey de Lima, y después
de Ayacucho, ignorado por la envidia rivadaviana a la gloria
del Libertador Bolívar, hasta quedar en la solemne soledad
de Bolivia; el Paraguay, escudado en el coraje indomable
de sus hijos, estrujado en su apertura federal por la dupli=
cidad porteña y el permanente asedio portugués, segregado
del común destino platense, hasta pagar en el asalto de la
Triple Alianza su heroica pretensión de Independencia y
dignidad americana; el Uruguay, entregado al Imperio aris.
tocrático y esclavócrata del Brasil por el pecado original de
haber gestado "la hidra del federalismo" y tener en Monte-
video, la peligrosa rival para el dominio y el disfrute de las
rutas mercantiles del Plata, y, por último, excretado de la
unión, con la salomónica y neutralizante "pax britannica" de
1828; la Argentina, en fin, exilado San Martín, vencidos los
Caudillos y los pueblos federales, segmentada por el egoísmo
porteño, entre la Confederación y el "Estado" de Buenos
Aires, sometida después de Cepeda, a la coyunda portuaria
y a la hegemonía centrípeta del régimen mitrista.
Pero para que así fuera, hubo primero que vencer el
programa de integración federal de José Artigas. Recio ca-
rácter hispánico, de rasgos estoicos, fue, quizá como ninguno;
el mejor conocedor "del corazón de sus compaisanos" y de la
realidad esencial de los "pagos" y comarcas del Plata. La
verdad y la trascendencia de su programa nacional, creado
a partir de la realidad concreta de su tiempo y de reiteración
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obstinada durante su larga lucha, le confieren un rango su-
perior entre los Libertadores de América. Pero a tal punto
en personalidad de Caudillo y su programa implican todavía
una severa acusación para la "independencia" de los Estados
platenses, hija de la .frustración nacional iberoamericana, que
la historiografía liberal -buscando superar la "mala con-
ciencia" de su responsabilidad histórica- ha desfigurado su
imagen real, para moldearla en un paradigma de héroe "civi-
lista" y ha esquematizado su vigoroso pensamiento en sen-
tencias de ética jurídica, para consumo escolar. Penetrar, por
lo tanto, en su conducta y en su ideario, constituye tarea
impostergable para las nuevas generaciones americanas del
Plata, en la hora crítica de un presente que reclama, con
urgencia, superar las enmohecidas tramoyas de las historio-
grafías aldeanas y rescatar los vectores de la unidad nacional
iberoamericana, como condición indispensable del desarrollo
libre e independiente de nuestros pueblos.
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-la "Roma quadrata" de la Federación platense, al decir
inspirado de Zorrilla de San Martín- las bases económicas
y políticas de la Nación, se abate sobre él y su "sistema" el
aluvión invasor del Brasil lusitano, movido por el afán "im-
perial" y el temor de su aristocracia a la República "anar-
quista" de sus gauchos, estimulado por la intriga porteña y
socarronamente ignorado por el gabinete inglés, que espera,
desde el restaurado mundo europeo, para heredar, en buena
hora, los frutos de su doble y ambigua alianza con el inepto
Fernando VII y la dócil clientela mercantil de los patriciados
criollos del Plata.
Pero el signo artiguista de la Revolución emancipadora,
además de ser auténticamente nacional e integrador, compor-
taba la instauración de una República igualitaria, asentada en
una justiciera relación productiva de la tenencia de la tierra
y de regulación del tráfico mercantil, que amenazaba de raíz
el privilegio económico y político de los patriciados comar-
canos. En este sesgo de su programa y de su lucha radica
por cierto, la clave que explicita la heterogénea unanimidad
de sus poderosos adversarios de dentro y de fuera, y el mote
de "sedicioso" y "anarquista", que quiso ser infamante y
hoy le justifica y enaltece en el rescatado amor de los pue-
blos americanos. El patriciado que pensó en él, en 1811, como
el mayoral de sus intereses, capaz de allegarle el concurso del
paisanaje patriota y el envión corajudo de las huestes gau-
chas e indias, para el triunfo de su irritada protesta local
frente al autoritarismo confiscatorio de Elío, pronto le iría
abandonando, alarmado por su creciente inclinación a oír y
defender los reclamos y los derechos de "los más infelices".
Y preferirá, estrechado de temores, el orden pretorial de los
dominadores porteños -acallando antiguas rivalidades y re-
celos- o la tutela del "pacificador" Lecor, antes que la Repú-
blica, áspera y austera, del Caudillo, marcando a fuego su
tremenda memoria, con el dicterio de la "tiranía doméstica".
Existe, asimismo, otra significación más honda todavía
en el desencuentro y conflicto de Artigas con el patriciado
de su tiempo. Mientras que el Caudillo era hijo de la pra-
dera y del "mundo interior" criollo e indio, yuyo núcleo
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esencial eran las -Misiones-, al conjuro de cuyo prestigio
carismático de "cara¡-guazú" se movilizaban los "mozos alu-
éinádos"; vaqueros tapes y "changadores" fronterizos, él pa-
triciado era hijo del puerto y del racionalismo ilustrado y
mercantil, adverso por interés y mentalidad al turbión de los
jinetes, al aduar trashumante de las castas. Era, en suma, el
enfrentamiento de dos sociedades y de dos dimensiones de
la historia: por una parte, la comunidad mestiza y la teleo-
logía americana de la Revolución popular; y por la otra,. el
orden estamentario del blanco y la enajenación oligárquica
a los beneficios del mercado exterior y a las coordenadas
universales del mundo "liberal" y "civilizado".
Félix Luna, en penetrante ensayo, ha precisado admira-
blemente la significación de esta antinomia socio-cultural:
"Esos gauchos que fueron en su tiempo la anti-cultura, la
anti-civilización, paradójicamente triunfan sobre sus detrac-
tores, convirtiéndose en materia sustancial para la creación
de una cultura que hunde sus raíces en la temática nacional;
que es, por consiguiente, más cultura para nosotros que aque-
lla que predicaban con sus galicismos los hombres de la civi.
lización, Al final, entonces, regresando de sus esencias ori-
ginarias, los caudillos aparecen como elementos constitutivos
de una mitología hondamente nacional, no alienada. Y recor-
dando a sus detractores, tan orgullosos de sus fraques, sus
monturas inglesas, sus tics afrancesados, viene naturalmente
a la memoria la cita de Tácito cuando hablaba de la adqui-
sición por los britanos, de las modas, los vestidos y las cos-
tumbres de sus conquistadores, los romanos: "A todo lo cual
aquellos simples llamaban civilización, en tanto no era sino
parte de su servidumbre".
Por lo tanto, en un análisis integral del proceso histórico
del Uruguay y del Río de la Plata, el estudio pormenorizado
y crítico del "ciclo artiguista" constituye el centro obligado
de la especulación científica para asumir, con claridad, la
plena conciencia de nuestro destino, en la medida en que, en
el pasado, su frustración comporta y explica nuestra enaje-
nación contemporánea y en el futuro, señala el camino irre-
nunciable de la liberación nacional de los pueblos ibero-
americanos.
CAPITULO I
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La actitud recelosa, primero, y abiertamente hostil de.
Montevideo, después, ante el "juntismo" porteño, estuvo soste-
nida, desde el principio, por los dos sectores sociales que
compendiaban, por así decir, la doble funcionalidad histórica
dé la -ciudad: plaza fuerte y apostadero naval, y activo em-
porio mercantil.
Por una parte, los efectivos veteranos del "Fijo" y los
batallones de Artillería y de Ingenieros y el importante Cuer-
po de Marina, integrados, en su inmensa mayoría, por e8pa-
ñoles éuropeos, sin arraigo en la textura económico-social del
país, y con jefes altivos, desafectos al elemento criollo, de cuyo
espíritu y mentalidad sería exponente singular, el Coman-
dante del Apostadero Naval, Capitán de Navío José María
de Salazar. Este último, por manera principal, se convertiría
en el adalid del "partido de la lealtad" a la monarquía y. al
tambaleante régimen virreinal, avizorando, con clarividencia,
en sustanciales informes al Ministerio de Marina, la tendencia
al gobierno propio = `independientista"- y la decisiva in-
fluencia británica -y por ende, antiespañola- en los desig-
nios de la Junta de Buenos Aires. Su gravitación personal
será, por lo demás, decisiva, en el reconocimiento montevi-
deano del Consejo de Regencia y en la organización de la
resistencia contrarrevolucionaria. Producido el pronuncia-
miento oriental de febrero de 1811, examinará, con notable
objetividad, sus orígenes, valorando con acierto todo su al-
cance y profundidad y la principal significación de la perso-
nalidad de Artigas, como director y orientador del movi-
miento.
Y por la otra, el grupo de "gente principal,. del-vecin-
dario y Comercio de esta Ciudad" -como le denominan las
actas de los Cabildos abiertos, de los convulsos primeros años
del siglo- acopiadores y barraqueros, usufructuarios del mo-
nopolio de intermediación de la exportación de los frutos del
país, y "registreros" y beneficiarios de la importación -in-
cluso de procedencia extranjera- y del importante tráfico
de esclavos. Este grupo, formado por los Magariños, Batlle
y Carreó, Salvañach, Vilardebó, Gestal, Illa, Sán Vicente, Cho.
pitea, Berro y Errazquiti, Sáenz de la Maza, Agell y otros,
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cerró filas en torno de las autoridades montevideanas. Gravi-
taba poderosamente en su actitud, la rivalidad con Buenos
Aires, en cuya disputa, Montevideo había contado, en gene-
ral, con la protección de las autoridades peninsulares, y en
particular, después de las invasiones inglesas. La Junta por-
teña era para ellos la entronización política de los compe-
tidores en el tráfico mercantil del Río de la Plata y la amena-
zante perspectiva de perder el importante papel del comercio
montevideano con Buenos Aires y aún con los restantes terri-
torios, si la unidad del mundo hispanoamericano se que.
braba. No dejaría de influir, asimismo, el temor de algunos,
de verse desplazados en el giro por comerciantes extranjeros,
que no sólo vendían al por mayor sino que también procuraban
dominar el comercio detallista.
-Menos unánime fue, en vez, la adhesión al régimen, de
los saladeristas. La mayor parte de ellos eran, simultánea-
mente, grandes comerciantes -Vilardebó, Magariños, Chopi-
tea- y ligados al mercado de La Habana, por la exportación
del tasajo, por lo que se mantuvieron firmes en su posición
política de lealtad a las autoridades. Pero cuando al conflicto
creciente con los navieros -que pretendían monopolizarla
exportación del tasajo- se sumó la caída de sus estableci-
mientos en manos de los revolucionarios, después del sitio,
varios de entre ellos, de los que cabe señalar a Juan José
Durán, Pedro Casavalle, los Viana y los Trápani, se incor-
poraron alas filas patriotas, hacia fines de 1812.
En vez, fue consecuente en su lealtad al orden constituido,
el modesto grupo de los artesanos. El perjuicio que irrogara
para su pequeña industria de taller, la competencia de la
manufactura inglesa, introducida en .la plaza desde las inva-
siones y después, con el régimen de comercio libro del 6 de
noviembre de 1809, les mantuvo fieles al sistema vigente. Años
después, durante la Cisplatina, recordarían, con amargura, las
consecuencias sufridas por el comercio con los ingleses, ex-
presando que al retirarse estos de la plaza, llevaron "es-
puelas, lazos, ponchos y aún bolas para.modelos.. . y bien
pronto vino que la fábrica de nuestros éxquisitos ponchos
balandranes estuvo en grande riesgo de arruinarse por la
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concurrencia de los ingleses en buques norteamericanos que
aunque muy inferiores en la tela, eran de colores más vis-
tosos y sobre todo de un valor medio al de los del país". (1)
Por su parte, también integrarían el frente contrarrevo-
lucionario, muchos de los grandes terratenientes, de estrecha
vinculación al comercio de la ciudad-puerto, y residentes en
ella =los "vecinos feudatarios" que mencionan las actas ca-
pitulares- yen cuyas manos había venido a quedar la di.
rección del Gremio de Hacendados, después del "pronuncia-
miento" de 1805 contra el Real Acuerdo que intentaba dar
solución al viejo problema del "arreglo de los campos", con-
trariando sus intereses y a su costa. (') Sus miembros prin-
cipales: Juan Francisco García de Zúñiga, María Antonia
Achucarro de Viana, Lorenzo Ulivarri, Cristóbal Salvañach,
Mateo Magariños y Ballinas, los Solsona-Alzaibar, Miguel
Zamora, Matilde Durán, Bernabé Alcorta, José Mas de Aya.
la, José Antonio Arrúe, José Ramírez, Francisco Javier Eche-
nique, los Saenz y Benito López .harían causa común con
las autoridades. políticas y militares —y con el grupo mercan:
til. En el gobierno de Montevideo' y en la supervivencia del
orden tradicional,. veían el amparo jurídico de la propiedad
de sus tierras y la defensa de sus intereses, amenazados por
una insurrección rural, en la que militaban, como jefes y
oficiales, muchos de sus antiguos arrendatarios expoliados;
ocupantes desalojados por la fuerza de sus campos; o frus-
trados vecinos de pueblos impedidos de consolidar su fun-
dación por su obstinada negativa a admitirlos. en el enclave
de sus dilatadas posesiones...
Sin embargo, dentro de Montevideo, se constituiría un
sector de oposición, proclive al "juntismo", "núcleo doctoral
y doctrinario de vecinos -acota Pivel Devoto'- encabezados
por Nicolás Herrera, José Lucas Obes y Pedro Feliciano
Cavia, que había defendido el principio de la soberanía
popular, que se mostró sensible a la sugestión de las fórmu-
(1) Citado vur Agustín Bernia, "I. Revolución oriental de 1811", (Monte-
video, 1961), pág. 82.
(2) Véase "Ia Banda eriente1. Pradera. Frontera, Puerto", (Montevideo,
" 19661, de 109 autores.
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las revolucionarias, y osciló, desde entonces, entre el acata-
miento de la Junta instalada en Buenos Aires y la creación
de una autoridad análoga en Montevideo, lo cual no consi-
deraba reñido con la fidelidad jurada al Consejo de Regen-
cia".(') Beraza identifica como integrantes del grupo -ade-
más de los citados- a importantes hombres de negocios,
vin-colados al tráfico con los ingleses, ganados por las ideas
liberales, como Francisco Joanicó, Manuel Argerich, Anto-
nio Arraga, Juan Trápani, Antonio Pereira, Mateo Vidal,
Martín Lasala, Gregorio y Jerónimo Pío Bianqui; Jetrados
como José de Revuelta y Bruno Méndez; clérigos como José
Manuel Pérez Castellano, Juan José Ortiz y Fray Benito
Lamas y. otros miembros de la Orden Franciscana; y mili-
tares, Jefes de los batallones de extracción criolla, Juan
Balbín y Vallejo, Prudencio Murguiondo, y Bernardo Bo-
navía. (')
Estaban, asimismo, vinculados al grupo disidente monte-
videano, Miguel Barreiro, Dámaso A. Larrañaga, Francisco
Araúcho, Tomás García de Zúñiga, Pedro Celestino Bauzá,
Joaquín Suárez, Francisco Aguilar, Jorge Pacheco, Ventura,
Santiago y Juan Pablo Vázquez, Pedro Gervasio, Blas y Juan
María Pérez, y algunos otros, valgan los testimonios de la
época, (6)
Pero las esperanzas y propósitos de este grupo quedarían
frustradas, o postergadas, con el fracaso de la conjuración de
los cuerpos de Balbín y Vallejo y Murguiondo. (6) Sus miem-
bros, pertenecientes, en su mayoría, a familias distinguidas
del patriciado montevideano, quedaron, en un principio,.si-
lenciados en sus aspiraciones, dentro de la ciudad y en las
quintas de los aledaños, siendo expulsados algunos de ellos
durante el primer sitio, formando unos en las filas patriotas,
mientras otros huían a Buenos Aires, o pasaban al Cuartel
17
General de Rondeau; otros se mantuvieron dentro de mora.
llas hasta el segundo sitio.
Distinta, por cierto, eran las condiciones existentes en la
campaña oriental. "A lo largo de 1810 y comienzos de 1811
fue cuajando en los distintos pueblos de la Banda Oriental y
en su campaña -dicen los investigadores Sala de Tourón,
Rodríguez y de la Torre- un movimiento de opinión y una
vasta conspiración que.se extendió, fundamentalmente, en la
parte oeste del territorio, ampliamente vinculada con Buenos
Aires y donde tenían sus establecimientos muchos estancieros
bonaerenses, alcanzando también a otras zonas de la Ban-
da". (°)
En él mundo de la pradera, la lucha por el acceso directo
al mercado mundial, Sin intermediacionea forzosas y estran-
gulantes, se daba con la mayor crudeza. "Allí donde el cuero
era la moneda casi universal, su valorización era vital para
casi todo el mundo, desde el gaucho suelto hasta el gran ha.
cendado, y la coyunda del gran comerciante monopolista mo.
tivaba odios multiplicados a cada momento". (a)
Por lo demás, si el régimen hispánico contaba en Monte-
video con una fuerza de gran capacidad militar, de lealtad
incondicional a la metrópoli, como era la Marina de Guerra,
en la campaña, la única fuerza militar activa eran los Blan-
dengues, con oficiales y tropa criolla, que constituían el cuerpo
de confianza de los hacendados, que éstos pagaban y a cuyo
servicio estaban. En consecuencia, el medio estaba predis-
puesto -como dice Pivel Devoto- "para ser el escenario
natural de un movimiento revolucionario. Durante años se
había diferido la solución de los viejos problemas de la Banda
Oriental, originados en su mayor parte por la forma inór-
gánica en que se había desarrollado el proceso de población„
la no definición de la frontera, los desórdenes que resultaban
de la práctica del contrabando, y de no haberse concentrado
a las parcialidades indígenas en reducciones; la desarticu-
lación administrativa, el choque entre poseedores de grandes`
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extensiones de 'tierra y los que sin permiso se afincaban en
ellas, que estimulaba la vagancia e influía para que fuera
cada vez más grande el número de hombres sueltos que mero-
deaba por los campos; el estado embrionario de las .paupé_.
rrimas poblaciones que habían surgido, la resistencia que los
grandes propietarios oponían a los intentos para la formación
de pueblos, la indeterminación de la jurisdicción real de los
existentes que impedía el desarrollo de los mismos y fomento
de las haciendas; la carencia de jueces que administraran
justicia expeditiva, confíguraban una serie, por cierto nume-
rosa, de problemas de carácter social, sobre los cuales inci.
dieron, para provocar el estallido revolucionario, los factores
que resultaron de la serie de medidas adoptadas por el go-
bierno de Montevideo para obtener recursos e imponer su
autoridad". (a)
2. - Montevideo y la contrarrevolución
19
"en comisión del Virrey y con cartas partie:dlares que con.
firmarían las informaciones de que fuese portador. Ellas eran
de singular importancia, y referíanse al efecto causado en el
pueblo por el manifiesto de Cisneros, a las reuniones de los
revolucionarios _y elementos sediciosos, pidiendo la celebra-
ción de un Cabildo Abierto; a la aceptación del Virrey y
a los primeros actos de la asamblea reunida el 22 de ma-
yo„, (tt)
En la reunión que celebró ese día, el Cabildo resolvió
oficiar al Gobernador Soria, aconsejándole el cierre del puer.
to para "impedir la salida... de todo buque nacional y ex-
tranjero, hasta tanto que llegue la noticia positiva de los re.
sultados de aquellos movimientos..."; y pocas horas des-
pués, en presencia del Gobernador y con el dictamen del Dr.
Nicolás Herrera, se aprobó la referida clausura, consideran.
do, además, que era necesario "evitar que llegando trunca-
das estas noticias a la Corte del Brasil, tomase aquel Go-
bierno algunas determinaciones nada favorables a la Pro.
vincia...". (12)
A1 día siguiente, informado por Francisco Rodríguez y
Manuel Ocampo, patrón y pasajero, respectivamente, de una
lancha que acababa de llegar de Buenos Aires, de la "creación
de una Junta Provisional y téconocilniento de ella por las
autoridades, con general aplauso del pueblo...", el Cabildo
acordó escuchar la exposición de Vargas.("') Este hizo "una
relación historial de los acontecimientos..." y agregó que
había salido para Montevideo con comisión del Virrey "para
comunicar a este Ayuntamiento y autoridades constituídas la
ilegalidad de su deposición y del establecimiento de la Junta,
y hacerle entender que esperaba fuese su autoridad debida-
mente respetada por este Pueblo y vecindario, no habiendo
(11) Pablo Blanco Acevedo. "E1 Gobierno colonial en el Uruguay y los orí-
genes de la nacionalidad", (Montevideo, 31 ed., 1944), pág. 261,
(12)Actas de los acuerdos capitulares del 24 de mayo de 1810, en "Revista
del Archivo General Administrativo', (Montevideo, 1919), Volumen IX.
Págs. 41.418 y 418-419.
(13)Blanco Acevedo (ab, cit. Pág. 262) recoge una versión según la cua
Vargas insistió Per. que se adoptase una actitud radical. asegurando que
Cisneros y la Audiencia se trasladarían a Montevideo, que pasarla a ser
cabexn del Virreinato; Salar, habría apoyado esta posición, ..
20
en el de Buenos Aires poder legítimo para despojarlo del
mando..." (1')
El "Manifiesto del Gobierno y Municipalidad, a los habi-
tantes del pueblo de Montevideo", fechado el 25 de mayo, nos
ilustra sobre el clima reinante en la ciudad:
"La Capital de ese pueblo donde habita una parte
de nuestros deudos con otra de vuestros intereses se halla
agitada de un movimiento cuya naturaleza no podemos to-
davía deslindar. Los pasos, las medidas, las indagaciones
que se han practicado con el fin de conocerlN nada nos
ha producido de cierto y fijo, todo ea prohlemático, lodo
dudoso. Nadie sabe o declara más de los anuncios de cierta
convulsión política Nuestra conducta en tales circunstan-
cias ha sido cual habéis visto. Oid las pretensiones que se
atribuyen al Jefe, examinadlas con detención, ponedlas a
la censura de sujetos que merecen vuestro concepto y
nuestra satisfacción; y resolved que Montevideo, prudente
y circunspecto, espere el resultado de la Capital para deci-
diree.
El Magistrado se halla dispuesto a pensar lo mejor y
este mejor será lo que pida el Pueblo. El Pueblo es fiel,
díganlo si no sus hechos. El Pueblo es moderado, bien lo
anuncia su presente tranquilidad. Es valiente y aún pode-
roso, por la reunión de esas virtudes. El Pueblo, pues, nos
debe el más alto aprecio y su voluntad es para nosotros
una Ley inviolable, haremos por acreditarlo cuando sea
tiempo.
Pero el Pueblo tiene también sobre sí una estrecha
obligación de concurrir a nuestras ideas manteniendo la
circunspección que hasta el día. Todo Ciudadano viva
pronto, listo, y advertido para ejecutar grandes ideas ape-
nas los sucesos de Buenos Aires se manifiesten de un modo
sensible, entre tanto reina la paz, el sosiego y buena
armonía". (1s)
(14) Acta del acuerdo capitular del 25 de mayo de 1810. en "Revista..." cit.
pág. 419-420.
(15) Original en el archivo del Dr. Mateo Magariños y Ballinas, en poder
del Dr. Moteo J. Magariños de Mello. (Citado por Pivel Devoto, "Raicea
Coloniales...". págs. 284.285).
21
se resolvió solicitarle que abandonara cuanto antes Monte-
video, e hiciese saber al Virrey que "estaba dispuesto este
Cuerpo a tomar todas las medidas conducentes a la conser-
vación del orden y seguridad de los derechos sagrados del
Señor don Fernando VII". Pero como Vargas adujera que no
podía hacerlo "por tener aun pendientes los principales obje-
tos de su comisión que se extendían a tratar con Ministros de
Cortes extranjeras", el Ayuntamiento, asesorado por el Dr.
Herrera, y luego de una extensa deliberación, en la que parti-
ciparon, además, el Gobernador Soria, el comandante Salazar,
los presbíteros Pérez Castellano y Larrañaga y los Dres. José
E. de Elías, Bruno Méndez y Lucas J. Obes, resolvió "a plura-
lidad de votos", intimarle que pasara a "alguna de las pose-
siones de campo de la primera su mujer hasta nueva provi.
dencia". (16)
Recién el 31 tuvieron conocimiento oficial las autorida-
des montevideanas de la instalación de la Junta Provisional
Gubernativa, por intermedio del subteniente Martín Galain,
quien era portador de un oficio de la Junta, en que
esbozada la tesis jurídica que había llevado a su creación:
22
"considerando el medio adoptado por este pueblo (Bue.
nos Airea), como dirigido a conservar estos dominios a
su legítimo dueño don Fernando VII, esperaba que con-
tribuiría por su parte al logro de tan altos fines para lo
que tanto interesa: el orden, la subordinación y unión
de voluntades que deben manifestarse, enviando inmedia.
tamente a la capital los diputados autorizados con los ne-
cesarios poderes para que, en junta general, determinen lo
que deba practicarse." (1s)
23
del Consejo de Regencia. (ep) Llevados los pliegos ante el
Ayuntamiento, reunido en Cabildo Abierto, el 2 de junio "un
grito general de la Asamblea determinó que se reconociese
al Consejo de Regencia... y se suspendiese toda delibera-
ción sobre el nombramiento de Diputado y demás puntos
-acordados en la sesión anterior, hasta ver loa resultados de
dichas noticias en la Capital". (")
A pesar de recibirse, posteriormente, la nota circular del
Cabildo bonaerense, del 29 de mayo, y una nueva comunica-
ción de la Junta provisional, del 2 de junio, el Gobernador y
el Cabildo se concretarían, en sus respuestas del día 6, a dar
a conocer las resoluciones adoptadas en los Cabildos Abier-
tos del 1" y 2 de junio. En esta actitud de las autoridades
montevideanas, había sido decisiva la influencia de Salazar,
quien no pudo, sin embargo, evitar que surgieran opiniones
dicordes, que insinuarían-como se verá- la lucha de fac-
ciones.
El Gobierno, prevenido, trató de evitar cualquier
ración, publicando un riguroso y detallado "Edicto",
biendo las "reuniones tumultosas", aunque sin desconocer
derecho de sostener "controversias justas", "con la
que es propia de unos sentimientos españoles"; se permitía
"manifestar al Gobierno sus errores" y "reformas que
crean útiles", pero "se abstendrán de levantar partidos,
pendiár las personas del Gobierno y demás magistrados
(20) Roberto H. Marfany localizó al autor de -la superchería que cra Jpaé
María del Castillo, cantador jubilado del Consulado porteño, quien redactó
un informe con noticias exageredfsimas, que llegaban hasta afirmar la
derrota de los franceses en la Península y 1. consiguiente ilberación de
España. ("La ruptura de Montevideo con la Junta de Mayo, un engaño
de eonaecuenciss históricas" en Revista del Instituto Histórico y Geográ-
fir,, del Uruguay, (Montevideo, 1938), Tomo XIV. pág.. 305-313),
En la "Gaceta de Buenos Aires" correspondiente el día 5 de julio
de 1810 se publicó una carta anónima, titulada "Carta de un comerciante
de Montevideo a un corresponsal de Buenos Aires" cuya redacción se atri-
buyó a Pedro Felicbeno Solos de Cavia. E1 autor inculpa de la prepa-
ración de la "grasa,. intriga" a Solazar, para asegurarse "una prepon.
derencia que hoy nos cubre de ignominia". mediante " noticias invero-
aimiles destinadas a trastornar la opinión del Público—. (Reimpresión fae-
similar editada por la Junta de Historia y kJumiemática Americana (Boa-
. nos .Aires, 1910) Tomo 1, págs. 63-64).
(21) Acta del acuerdo capitular de 2 de junio de 1810, en "Revista, cte.". eit.,
pág. 426.
24
los vecinos beneméritos y honrados y causar con sus alta=
nerías el desorden de tan justas Asambleas". (2°)
La misión Paso. El 10 de junio se tuvo noticia en
- Montevideo de la próxima llega-
da de un comisionádo especial de la Junta provisional guber.
nativa de Buenos Aires, verificándose, esa misma noche, una
reunión, en -la que estuvieron presentes. el gobernador políti-"
co interino, Salvañach, el comandante Salazar, el comandan:
te Balhin Vallejo y el Coronel Prudencio Murguiondo. Apre-
ciada la situación, se resolvió "en virtud de los avisos y anó-
nimos de la Capital, que a la mañana se armasen las milicias,
se bajase y acuartelase en el Arsenal toda la tropa de marina
y que en el Cabildo se propusiese no permitirla entrada del
comisionado de la imita de Buenos Aires". (22)
E1 11 se tomaron las ,,precauciones antes mencionadas y
al desembarcar el secretario de la Junta, Dr. Juan José Paso,
debió detenerse en extramuros. Las autoridades, durante al-
gunos 'días, se mantuvieron vacilantes, resolviendo finalmen-
te el Cabildo, a pesar de la obstinada oposición de Salazar,
que se invitara a Sala, al Comisionado porteño para oír sus
informes. Paso asistió a la reunión del día 14, en la que pre-
sentó sus credenciales y un oficio de la Junta, del día 8, con-
testando la nota del Cabildo del ó, "y seguidamente hizo su
discurso reducido a justificar los motivos de la instalación de
la junta, de sus operaciones, sus fines, las razones que tenía
para no reconocer al Consejo de Regencia, hasta que llegasen
los avisos de oficio de su instalación, con arreglo a las leyes
y la necesidad de evitar en estas circunstancias todo motivo
de división en la Capital". Oído el comisionado, se resolvió
llamar a Cabildo Abierto "pues, desde que la diputación venía
al vecindario, para que, instruído-por el diputado, deliberase
lo que estimase justo". (24) Simultáneamente se recibían no-
(22) Borrador en el Archivo del Dr. Mngariños y Ballinas, en poder del Dr.
Mateo J. Magariños de Mello. Citado por Pivel Devoto, ob. éit.. pág. 238.
(23) Pablo Blnneo Acevedo, "El Gobierno Colonial. , clt., pág. 270,
(24) Acto del-Cabildo, da 14 de junio da 1810, en eit.i
429-430. . .
25
ticias de Buenos Aires que asignaban un carácter revolucio-
nario e independientista al nuevo Gobierno y ponían en duda
la autenticidad .de la carta de Cisneros a Soria, del 27 de
mayo, en base a nuevos informes- proporcionados por el ex.
Virrey.
El 15 se celebró el Cabildo Abierto, al que concurrieron
alrededor de ciento veinte personas. Admitidas las creden-
ciales del diputado, se dio lectura al ya mencionado oficio
de la Junta, del día 8.
27
A1 comunicarle estos acontecimientos al Consejo de
Regencia, el Cabildo se explayaba acerca de las motivacio.
nes de la resolución:
28
se redactaba la citada contestación a la Junta porteña;
dicionándose la aceptación de toda forma "de concordia
unidad, al previo reconocimiento, por dicha Junta, de.
suprema autoridad del Consejo de Regencia". (3')
Montevideo concretaba así su actitud contrarrevolucio.
naria, interpretando, sin duda, el sentir mayoritario de su
clase principal, que, con este acto, no sólo refirmaba su ad he..
sión al regimen hispánico, del que derivaba -su ventajosa
posición en el cuadro mercantil del Plata, sino que, además,
quebraba su dependencia de la ciudad virreinal, ahora en
manos de una facción claramente adversa a los intereses mon.
tevideanos, y se aseguraba el control del territorio de la
Banda, unificándola bajo su dirección política y hegemonía
económica.
En la noche del 16, el Dr. Paso intentó, por última vez,
modificar la actitud de los jefes de Montevideo, (a2) tratan-
do de demostrarles, con exhibición de documentos, el propó.
sito de Portugal de apoderarse de Montevideo, pero esta
nueva tentativa fracasó frente a la firme actitud de los refe.
ridos jefes y en medio de la indignación que produjo, en la
opinión de la ciudad, la conocida expulsión de Buenos Ai-
res de los oficiales de marina regentistas que, con sus bu-
ques y marinería, pasarían, desde entonces, a consolidar-el
fuerte poderío naval montevideano.
29
guitas, de adhesión; y en otras, de franco rechazo.
u otra decisión influyó, sin duda, la mayor o menor
vitación de Montevideo.
Las comprendidas en los límites de la gobernación de
Montevideo subordinaron su decisión a la de la ciudad ca-
pital. San José, donde había "medio Cabildo", comunicó a
la junta, el 18 de julio de 1810, que no debía "contestar de-
cisivamente sobre el asunto hasta dar parte al gobierno in-
mediato de Montevideo, de quien depende". Pocos días des-
pués el también "medio Cabildo" de San Juan Bautista ex.
presaba, en forma mucho más concluyente, que no se some-
tería "a unas autoridades que repiten mucho en el papel el
nombre del adorado Fernando y lo desconocen en la sustan.
cia de sus operacionees". E1 Cabildo de Guadalupe, por su
parte, en Congreso de vecinos, el 2 de setiembre, juraba fi.
delidad_al Consejo de Regencia. (33)
Los pueblos situados fuera de la jurisdicción montevi-
deana, en cambio, se pronunciaron rápidamente por el
nocimiento de la Junta provisional, al recibir la circular
27 de mayo. (34)
En Colonia, el comandante político y militar, don Ramón
del Pino, en Bando del 4 de junio, -
30
"dijeron todos a una voz que la reconocían y la obede-
cían como a la legítima autoridad establecida para sos-
tener los augustos derechos de su soberano...
31
de en su real nombre". (") Igual. decisión adoptaron
mandante de. Mercedes, el Alcalde de Rosario del Colla
bos dependientes de la Comandancia de Colonia- y el que
había sido comisionado para fundar Porongos. Por último,
14 de junio, el Comandante Militar de Melo =`penetrado
de aquel entusiasmo y ardor con que todo buen ciudadano
vasallo del Sr. don Fernando VII debe propender a la
servación de sus augustos derechos"- anunciaba que había
convocado "la parte principal de este pequefio vecindario",
el que; confiado en las "benévolas, equitativas y prudentes
máximas de V.E. se entrega todo, sin la menor restricción,
sus acertadas decisiones, y. pide, como yo, se-digne
mitir la oblación que le hace del voto que haya de tener
el concurso de las demás -Diputaciones de las Ciudades
llas de la Provincia, pues desde ahora para entonces
sita- es. V.E. todo el poder y acción que le sea consiguiente
en su respectivo caso". (40)
32
tinúe en el cargo de director de aquella población, despler
Bando todo su celo, honradez y acreditado patriotismo en el
establecimiento de una obra que debe producir la felicidad
de una población a que ha consagrado tantos sacrifi-
cios...". (41)
33
el establecimiento y regularización de poblaciones, como Pay-
sandú (") y Porongos, donde ya existían núcleos inorgánicos.
En esta actitud de las ciudades y villas que adhirieron al
pronunciamiento juntista, de Buenos Aires actuó como moti-
vación atractiva la esperanza de obtener del nuevo régimen
el reconocimiento de las mejoras locales v el deseo de sus
hombres representativos de partieipmr en los destinos comu-
nes, que había, hasta entonces, frustrado la gravitación hege-
mónica y centrípeta de la ciudad-puerto de Montevideo y su
poderoso patriciado terrateniente y mercantil.
34
dante Luis González Vallejo, jefe de un batallón de infan-
tería. Ambos estaban disgustados con las autoridades, en pri-
mer término, porque no se había satisfecho la pretensión -
formulada en 1808- de que se declarara a sus tropas "cuerpos
de Ejército" y, más recientemente, por la distinción v prece-
dencia que, en todos los casos, se daba a los oficiales del cuerpo
de Marina, dirigido por el Capitán Salazar. Sobre esta base
inició Cavia su intriga, conversando en más de una oportu-
nidad con Murguiondo y Vallejo y, finalmente, publicando
un comentario sobre esta situación en la "Gaceta" de Buenos
Aires, del 5 de julio, con el seudónimo de "Un comerciante
de Montevideo", con términos elogiosos para los jefes mili-
tares, "a quienes la falta de ocasión detenía en una oscuridad
no merecida". Resaltaba la discriminación de méritos y rango
con la Marina, cuyo Comandante "y sus secuaces... ninguno
cree... se propongan el bien del país o sean capaces de sacri-
ficar sus personas por las luchas de su monarca..." (44)
En este clima de tensiones entre las fuerzas de la plaza,
arribó a puerto -el 11 de julio- una zumaca española cuyo
capitán y tripulantes esparcieron el rumor de que los ejércitos
espaííoles habían sufrido varias derrotas en la Península.
Frente a la conmoción que estas noticias produjeron en la
población, Salazar, con fuerzas de su mando, tomó posiciones
en el Barracón de la Marina, mientras que el batallón de
milicias se concentraba en su cuartel. Secundaban estas me-
didas el comandante de Blandengues, Cayetano Ramírez de
Arellano y los capitanes Rafael Guerra y Carlos Maciel, con
fuerzas de este cuerpo, introducidas en la ciudad. No sería
ajeno a estas disposiciones el recelo que provocó, en el ánimo
de Soria y Salazar, la publicación de la "Gaceta", que acen.
tuó las desconfianzas, ya incubadas de tiempo atrás, con
respecto a los jefes antes mencionados.
Frente a estas disposiciones extraordinarias, Murguiondo
y Vallejo se fortificaron en la Ciudadela y en el Cuartel de
Dragones, respectivamente. Desde allí enviaron oficios al Ca.
35
bildo y a Soria,(") manifestando sus quejas por "los
jes indebidos con que se ha ofendido mil veces unos
que defendieron incesantemente la causa del Rey" y que
excitado su justo resentimiento al verlos reproducidos
en el insulto de la noche de ayer". Aludían, precisamente,
la concentración de fuerzas de la Marina, y pedían,
mo, "se reembarque la Marina, en este día y se separe
Mayor interino de la plaza".
El Cabildo, ante "la animosidad con que estaba conce-
bido el oficio, los preparativos hostiles que hacía la tropa en
la ciudad, la conmoción que se observaba en el pueblo y la
previsión de los resültadosJunestos que podría traer este
accidente", se encontraba en agitada sesión, cuando hizo su
entrada el Gobernador Soria, portador de un oficio similar,
y que venía partí "consultar cón'.el Ayuntamiento la determi-
nación que podía adoptarse en el conflicto de tan, fatales cir-
cunstancias". El Cabildo- resolvió convocar al Oidor de la
Real Audiencia, don Juan de Zea, y al Asesor, Dr. Nicolás
Herrera, para deliberar con el "mejor acierto" ante tan grave
problema, y...- "tratado el asunto con meditación propor-
cionada a su gravedad",. se resolvió enviar una delegación ante
los jefes rebeldes, que haciéndoles ver "la gravedad de su
delito, el inminente riesgo de la efusión de sangre y la con-
moción popular...", los invitara a conferenciar con el Ayun-
tamiento, a lo qué accedieron.
(45) El oficio está firmado por Juan Balbin Vallejo. Prudencio Murguiondo,
Luis González Vallejo y Miguel Murillo (Véase "Revista del Archivo
General Administrativo", cit., tomo IX, pág. 482),
(46) Acta del acuerdo cnpitular del 12 de julio de 1810.. en "Revista...",
cit., t. IX, pág. 437.
36
Soria "único Jefe Soria, sintiéndose dueño de la si-
de la Banda Oriental". tuación, y comprendiendo que de-
trás de todo esto estaba la mano
de la Junta porteña, decidió actuar con toda energía.('I) E1
19 de julio se dirigió a las autoridades de la campaña, trans-
cribiéndoles la nota del ex-Virrey Cisneros, de fecha 21 de
junio, que contenía el repudio de las circulares "que he
librado sobre el reconocimiento de esta monstruosa Junta",
los que "son violentados y firmados para evitar mayores ma-
>,
les...
87
El primero en manifestarse fue el Comandante de Colonia,
quien hico saber a la Junta de Buenos Aires, con fecha
de julio, (5p) que prestaba acatamiento a las autoridades
Montevideo, y poco después, el 26 en una proclama,
(60) Por esos días, la Junta, que sospechaba Ya un posible cambio en dei
Pino, balda enviado a la Colonia. Para reemplazarlo, a Felipe Santiago
Cardozo, con una fuerza ezPedicionario de 50 hombres, que contaría.
e su vez, con el aP.Yo de algunos núcleos de entusiastas de la causa
revolucionaria, entre los cuales, el más destacado era el Cura, Doctor
José María Enrique% Peña. Cerdoso no pudo cumplir su misión. ante
la resistencia de del Pino, quien dispuso au inmediato reembarco y
regreso a Buenos Aireas, Posteriormente la situación se consolidó en
favor de Montevideo, con el arribo de la escuadrilla de Michelena.
(51) Véase "Biblioteca de Impresos Raros Americanos", "Gaceta de Montevi.
dad', (Universidad de la República. Facultad de Humanidades y Cien-
cina instituto de Investigaciones Históricas, Montevideo, 1948). "Estudio
Preiiminnr" de M. Blanca Par!. y Querandy Cabrera Piñón, tomo I,
inúg, LVIU.
(52) Ln "Gaceta'' de Buenoa Airea en su edición del 8 de agosto enjuició
severamente la actitud de del Pino a quien califica de "traidor" y
dice que "la cobardía lo precipitó o una intriga vergonzosa..."
(53) Acta del Cabildo de Santo Domingo de Soriano. del 31 de julio de
1810. en Pereda, "I~ Revolución de Mayo—, cit. pág. 266.
(54) Del Pino denunció ante el Cabildo a uno de sus miembros, don
Mariano Chavez -firmante del acta del 31 de julio- y .también fue
considerado hostil don Mariano Vean. juez comisionado de Mercedes,
quien, Do, indicación de del Pino -de fecha 3 de agosto- fue susti-
tuido Por don Francisco Doldán, -acta del Cabildo de fecha 8 de
agosto. Habiendo tomado Znria conocimiento del asunto "resolvía
declarar indemne "Ia conducta de ambos acusados", ordenándoles que
Para la satisfacción de estos dos individuos se Publique por Bando..."
según consta en el acta de fecha 8 de setiembre (Véase Pereda, cit.
pías. 291-293).
38
Más complejo fue el proceso en Maldonado. A mediados
de julio, Soria designó a Francisco Javier de Viana, en carác.
ter de Comandante Militar, con instrucciones de hacer "no.
toria a todas las autoridades y vecindario, la dependencia que
debe tener de este gobierno, tanto en lo político como en lo
militar, denegándola a la Junta Provisoria por ahora y hasta
tanto que S.M. resuelve lo conveniente sobre el particular".
Asimismo, en otro oficio le prevenía que podía "hacer enten•
dér al Cabildo y pueblo de Maldonado... que su puerto goza
de las franquicias que le dispensó la Junta..." Todo lo cual
fue comunicado por Viana al cabildo fernandino, desde su
campamento en el Solís Grande.'(")
La respuesta, de la misma fecha, informaba a Viana que
se había convocado un Cabildo Abierto, para el día 31, al
cual se le invitaba. ..
39
lo que no es de esperarse, llegase a entender otras miras con-
trarias a los fines que sancionó en su instalación; pero que
si agraviando los fueros municipales de esta ciudad, persis-
tiese el gobierno de Montevideo en corapelerla a sujetarse a
sus deliberaciones, contra la manifiesta voluntad del pueblo,
se somete bajo protesta, también a la fuerza, pudiendo en tal
caso entrar libremente" en la ciudad. (")
Viana así lo hizo, pero sin provocar mayores problemas
éon la población.
(57) Oficio del Cabildo a Vians, del 31 dc julio, en Pereda, ob. cit., págs.
281_282. . ,.
(58) Pivel Devoto, "tiaíceg Coloniales.. ', cit., Pág. 250. ., . ., .
40
dominar la costa entrerriana y mantener así, a través-
ríos, el camino expedito para el enlace y la coordinación
fuerzas con otros centros contrarrevolucionarios, o
desafectos a Buenos Aires, tales como Córdoba y e1 Paraguay.
A1 frente de esta expedición iba el capitán Juan Angel
de Michelena, quien,, luego de concentrar sus fuerzas en
Colonia, se dirigió, hacia Paysandú, desde donde atacaría la
costa entrerriana. En sus filas formaban oficiales criollos de
verdadero prestigio: José Artigas, Rafael Hortiguera y José
Rondeau.
La Junta de Buenos Aires encomendó al Dr. José Miguel.
Díaz Vélez, .Comandante General de Entre Ríos, la defensa
de la zona,-pero sus fuerzas,' muy inferiores en número y
armamento, no pudieron impedir que las de Michelena ocu-
paran Arroyo de la China (Concepción del Uruguay), el día
6 de noviembre, (sa) y, casi de inmediato; las villas vecinas
de Gualeguaychú y Gualeguy. Desde allí fue destacado Arti-
gas, con 70. hombres; hacia el interior, . en persecución de
una "banda de malhechores", dirigida por Bartolomé Zapata;
y el entonces Capitán de Blandengues llegó hasta. Nogoyá;
replegándose luego hacia fines del mes, sobre el Arroyo da
la China. (ap)
En esta zona permanecieron las fuerzas regentistas
fines de enero de 1811 en que, ante la amenaza del "ejército
de obáérvacíón" porteHo; al mando del Coronel Martín
dríguez, y luego de celebrar una Junta de Guerra, Michelena
se dispuso a abandonarla. Simultáneamente recibió órdenes
del nuevo Virrey Elío en el sentido de que se retirara
Sur del Río Negro.
Entretanto, el 7 de octubre de 1810, había desembar-
cado en Montevideo, el nuevo Gobernador; Mariscal de Cam-
po, don José Gaspar de Vigodet, poniendo fin así a la situa-
(59) Parte de Juan Amel Michelena al Gohierno de Montevideo, en Gozo ta
de Montevideo, cit. Tomo le, págs. 64.65. (Ejemplar del 20 de
navimbre),
(60) Facundo Aree, "Antecedentes vinenlades con el movimiento indepen-
dientista uruguayo" en "La Revolución de 1811 en la Banda oriental".
Publicación. de la Junta Departamental de Montevideo, dirigida por el
.L--tituto Histórico y Geográfico del Uruguay (Montevideo, 1962), Págs.
23-23 y 28-29. . ., . . .. . .. .. ,....
41
ción de interinato en que se hallaba el gobierno militar y
político de la plaza, y al dominio que, en los hechos, ejercía
Salazar.
La situación que debía enfrentar, no era, por cierto,
favorable. Los problemas habían ido acumulándose y agra-
vándose, sin que las autoridades pudieran hacer mucho por
impedirlo, atadas, a su vez, por una crónica escasez de
recursos.
42
Se resolvió que "sin pérdida de instantes se pusiese
la prensa en ejercicio para publicar las noticias importantes
en un periódico semanal: que las gazetas se vendiesen a un
moderado precio para proporcionar su lectura a todas las
clases del Pueblo..." (6z)
43
lo que fue confirmado por el Cabildo, en sesión de 26 de
noviembre de 1810. (64)
La 'característica más destacable durante un primer pe-
ríodo de la "Gaceta", que se extiende desde la fundación
hasta agosto de 1811, -en que se hace cargo de la Direc-
ción, Fray Cirilo Alameda- consiste en el predominio casi
absoluto que se da a la transcripción de documentos y a
la carencia de opiniones o interpretaciones personales de la
dirección o redactores. En cuanto al tema de las publica-
ciones, al comienzo se refieren sobre todo a los problemas
de. España,(") y casi no se encuentra referencia a los múl-
tiples ,episodios que por ese entonces sacudían la vida de la
ciudad de Montevideo. Con razón afirman los autores de un
interesante trabajo sobre el particular, "que la Gazeta de
Montevideo de 1810 podría ser un periódico que, apare.
ciendo en cualquier punto de América, tuviera como única
tendencia la adhesión a las autoridades constituidas en Es-
paña; es decir, un periódico sin color local". (aa)
En ese sentido resulta singularmente ilustrativo el cote-
jo con su competidora bonaerense. Esta última, al menos
mientras respondió a la inspirada pluma de Moreno, se re-
veló como eficaz instrumento de difusión de ideas, con fir=
meza de conceptos, con un definido propósito de defender
un sistema y de conseguir adeptos para el mismo., La monte-
videana, en cambio, repletas sus páginas de informaciones
de guerra, de cédulas reales, de noticias del reino del Perú
o de Méjico, parecía totalmente ajena a las vicisitudes con
que vibraba el alma de los pueblos rioplatenses, en los augu-
(64) "Revista... cit. Págs. '454-455. Dice el acta que el Dr. de la
_ . Portilla era un "sujeto de conocido talento y patriotimti". Se le acordó
la, suma de "Cien pesos fuertes al mes... en consideración a que la
expreaeda comisión de la edición de la Gazeta consulta el beneficio
.. de la Patria y la mejor seguridad de ella en las circunstancias pre-
santos" en. que la Junta de Buenos Aires, "procura atraer a su infame
partido a los Puebluá'.
(65). Empeño especial se Donfe en combatir las noticias contrarias al Consejo
da Regencia,
(66) M. Blanca Paria - Querandy Cabrera, ob,.cit., pág. LYIII.
44
rales momentos en que buscaban, más o menos lúcidamente,
su destino histórico. (ev)
Los artículos de la "Gageta" en su primera etapa han
sido agrupados en tres categorías: polémicas con Buenos
Aires; informaciones sobre movimientos americanos en reía-
ción con el Consejo de Regencia; y noticias sobre España y
Europa. (66)
E1 primer rubro, pese a que está encuadrado dentro
los propósitos que animaron a la fundación del periódico
aparece en éste con la asiduidad que podría esperarse.
45
"Casi siempre el tema de la polémica se origina en
artículos aparecidos en Buenos Aires, ante los cuales en Mon-
tevideo se siente la necesidad de reaccionar". La actitud del
periódico montevideano fue siempre "limitarse a la periferia
del asunto, aislar actitudes que puedan ser condenables, pero
no aventurar nunca la penetración al campo doctrinario".('°)
En la segunda' categoría se tratan los.sucesos de Caracas
y los movimientos de adhesión al regentismo. En general, la
documentación, aunque no original, es buena. Los comen-
tarios de los redactores aparecen rara vez. (71)
"La Gaceta de Montevideo da las noticias de América
luego que han sido filtradas por las autoridades de España.
El periódico es un puntal regentista en América, ciego e
irracional a veces". (72) -
En los casos en que los pueblos se pronunciaban por el
Consejo de Regencia, al transmitir la noticia no la comenta
favorablemente ni la destaca como ejemplo; se limita a la
simple transcripción de documentos, actas, proclamas, mani-
fiestos, oficios.
Finalmente, las informaciones sobre acontecimientos
litares de Europa y, particularmente de España, que
dan en las páginas de la "Gazeta", son generalmente
y bastante minuciosas. Ya en el primer número, del 13
46
octubre de 1810, encontramos un detallado -y bastante
correcto- informe sobre la situación del Reino; y frecuen.
temente se reiteran los datos con respecto a la lucha militar,
a las actitudes de los reinos americanos, a las disposiciones
del Consejo de Regencia, etc., tomados fundamentalmente de
"El Conciso" y del "Diario Mercantil" de Cádiz, y de la
"Gazeta", de Badajoz o del órgano de la Regencia. También
aparecen informaciones, aunque breves, de Gran Bretaña,
Holanda, Sicilia, Suecia, Prusia, Polonia y Rusia, relativas
a la lucha contra Napoleón.
En cuanto a la situación política de la Península, en el
número del 18 de diciembre, se celebra con alborozo la insta-
lación de las Cortes "que debe llenarnos de explicable
júbilo" y se promete que "ésta será por ahora la que ocupe
nuestra atención en transmitirle al público los mejores pa.
peles relativos a tan importante asunto". (T') Recién en el
año siguiente podrá darse cumplimiento cabal a este propó-
sito y entonces el periódico montevideano se transformará
en un instrumento de divulgación de toda la actividad de
las Cortes.
En este estilo y con estas limitaciones transcurrirá la
vida de la "Gazeta" hasta agosto de 1811, en que la direc-
ción de Fray Cirilo Alameda le imprimirá otros rumbos,
otro vigor y un fervor de "empecinado" que si bien irá en
desmedro de su objetividad, le dará, en cambio, mayor
interés.
47
caudar auxilios para enviar a Espafia,.empeíiada en la.guerra
de independencia contra Napoleón.
El 24 de agosto, el Gobernador Soria trasmitía al Cabildo
la orden recibida de España en el sentido de que los ameri.
canos debían auxiliar al Estado en sus apremios. Se crearon,
comisiones encargadas de recoger casa por casa, las contri.
Pociones voluntarias de los pobladores, sistema que se, aplicó
no sólo en Montevideo,.sino-tambiéti eni las villas y pueblos
del interior.' Cabildos 'y Comandantes Militares tuvieron a
su cargo. esta tarea, habiéndose cometido a lo! últimos "reco-
lectar el producto de todos los ramos de la Hacienda Pú:
Mica". Los resultados, no obstante las reiteraciones de los
pedimentos y las órdenes, no fueron totalmente satisfactorios:
48
"en la inteligencia de que se tratará con ellos el medio
do otorgárseles sus respectivos títulos de propiedad o bien
por medio de una moderada composición, o en público
remate, en los términos que según sus documentos gradúe
el gobierno más útil, en su beneficio y sin perjudicar los
reales intereses, bien entendido, que transcurso dicho tér-
mino sin haberse presentado o expuesto lo que crean
más útil, se procederá al beneficio, venta y remate de los
dichos terrenos, caso de salir postor, sin que después le
valga el título de posesión u otro alguno, ni los perjuicios
que reclame por su expulsión o lanzamiento, lo que no
sucederá ocurriendo como se le previene, pues esta
Comandancia General le dispensará cuantas gracias sean
compatibles coro su situación y las de dichos posee-
dores... (f°)
50
nunciantes que habían corrido la totalidad de los trámites
establecidos por la Real Instrucción de 1754.
Quedaban sin amparo a su derecho, de poseedores de
buena fé, que se consideraban propietarios con título bas.
tante al efecto, la inmensa mayoría de los pobladores de la
zona de Maldonado y Rocha, emanados de los repartos efec.
tuados por Pérez del Puerto; gran parte de los beneficiarios
de repartos efectuados por el Cabildo de Santo Domingo
Soriano; los que habían recibido tierras de Francisco Javier
de Viana y, por supuesto, de los demás comandantes. Estos
vecinos comparecerían ante la autoridad alegando excepcio-
nes, argumentando, en algunos casos, que "habiendo com-
prado y pagado al Rey en Buenos Aires" sólo estaban obli-
gados a "solicitar el título luego que se arreglen las cosas...";
y otros, -como los de Maldonado- haciendo hincapié en la
desaparición de los archivos, quemados durante el ataque
inglés a la ciudad. Argumentos o protestas de orden similar
se manejaron por los ocupantes para diluir los efectos de la
perentoria disposición del Gobierno. Los representantes de
éste, particularmente el Fiscal, Dr. Mateo Magariños y Ba.
Minas, se opusieron siempre a excepciones de este tipo, ya
que "admitida esta clase de petición se frustrarían los salu-
dables objetos del Gobierno"...
No obstante esta oposición, fueron muchos loa que se
presentaron a iniciar los trámites y una parte de éstos logró
finalizarlos con éxito. "En 1810 se había extendido título a
110 hacendados, y en el año siguiente algunos más comple-
taron los procedimientos. La inmensa mayoría estaba cons-
tituída por los vecinos de Pan de Azúcar, Maldonado y Ro.
cha, cuyas posesiones, generalmente de pequeñas áreas, fue-
ron tasadas a precio moderado. En otros casos se trató de
grandes poseedores como Juan J. Durán, quien compró en
1.500 pesos la inmensa extensión entre el Cordobés y el
Fraile Muerto, el Río Negro y la Cuchilla Grande, que había
denunciado Miguel I. de la Cuadra, y a cuya denuncia se
habían opuesto los fiscales tenazmente; José Ignacio de
Uriarte, la mensura de cuyos campos arrojó seis leguas de
frente por doce y media de fondo; Miguel Zamora, 46 suer-
51
tea entre el Tacuarembó y Clara; Cristóbal Salvañach, 45
'leguas en el Tacuarembó Chico, cte.". (7°)
El criterio fiscalista predominante en estas disposiciones
condujo 'a retasar los campos, para lo cual actuó una comi-
sión compuesta por Lorenzo de Ulivarri y Joaquín de Cho.
pitea. En la aplicación de las nuevas tasaciones, se siguió,
por lo demás, un criterio no exclusivamente económico, prac-
ticándose discriminaciones de acuerdo con la conocida opi.
nión política del poseedor. (6e) Demás está decir en qué gra-
do habrían de incidir estas medidas en la creciente con-
ciencia de rebeldía de la campaña, contra el "despotismo"
montevideano y sus gobernantes "godos"... ,
Otro grave problema surgió con la gestión, efectuada
por Soria, el 2 de setiembre de 1810, para que el Cuerpo
de Hacendados reintegrara la suma de 39.700 pesos que
adeudaba al Estado. Ante la desobediencia de que hicieron
gala los hacendados, pese a que se les reiteró la orden, el
Gobernador dispuso que los Comandantes militares de Colo-
nia y Maldonado vertieran en la caja del gobierno de Mon-
tevideo lo que se recaudase por concepto de diezmos, con
promesa de oportuno reintegro.
(79) Sala de Touron. Rodríguez y de la Torre, ob, cit.. páii. 215 y nota
32 del Capitulo VII, de los mismos.
(80) Tales loa casos -bien elocuentes- de Don Ramón de Cáceres, "jun-
tistá', al que ae le había fijado en tiempo de su denuncia, Is eume
de 130 pesos y ahora se le exigió 1.080. con plazo perentorio de tres
días para eu pago: y el de Cristóbal de Ealvañach -Gobcrnalor político
interino 1 Alcalde de lar. Voto- al cual el Fiscal Maasriños confirmó
ls primera teasción de 16 Desos In legua cuadrada¡.„ (Véase Sala de
Touron y otros, citado, págs. 216-218).
(81) Acuerdo del Cabildo de Montevideo del 27 de octubre de 1811.
ta.:.", cit. tomo IX, PAZ. 449),
52
Esta situación emergente del conflicto rioplatense y la
necesidad de proveer al establecimiento de un órgano que
ejerciera la superintendencia en materia económica y fiscal,
promovieron la convocatoria de una reunión celebrada en el
Fuerte, donde "conferenciada 1a materia con la delicadeza
y pulso que exigen tan extraordinarios acontecimientos", se
resolvió "erigir una Junta de Hacienda a semejanza de la
dispuesta en el Código de Intendentes para la capital y ca-
beza de Provincias", cuya instalación se efectuó el 27 de
octubre. (s2)
53
intereses del gremio de hacendados, no menos gravosa re-
sultaba esta implacable voracidad fiscal respecto de comer-
ciantes, barraqueros y navieros, que eran los principales con-
tribuyentes por gravámenes, donativos o préstamos, en mo-
mentos en que la situación prebélica en el Plata había dis-
minuído muy sensiblemente el tráfico mercantil por el puer-
to. Hubo de ocuparse la Junta de la Real Hacienda del pro-
blema del comercio con extranjeros, pues las disposiciones
del Auto virreinal del 6 de noviembre de 1809, vigente en el
Montevideo regentista, (a') no se cumplían. En efecto, éstas
exigían que las consignaciones se atribuyeran a comerciantes
matriculados; pero, de facto, no sólo comerciantes de origen
hispano o personas que no ostentaban esta calidad, habían
sido beneficiadas, sino que, incluso, también se concedieron
a extranjeros, no avecindados ni casados en la ciudad.
. Para proteger al Erario de la evasión por el contraban-
do y celar las ventajas de los poderosos comerciantes esta-
blecidos, se agregaron, al llamamiento del Diputado Juez de
Comercio, y por decisión del Gobierno, dos juntas, los días
9 y 17 de enero de 1811. En la última se aprobó el "Regla-
mento de Consignatarios" (ae) donde se disponía que el
"nombramiento debe recaer precisamente", de acuerdo con
el auto virreinal de 1809, "en personas nacionales y noto-
riamente conocidas por comerciantes de esta plaza", esta-
blecidas aquí o venidas de España o puertos españoles de
América para ese objeto, y de "ningún modo a los españo-
les que procedan de puertos extranjeros, ni aquellos cuyo
ejercicio no viene directamente del comercio" ni son "sus
dependientes asalariados". Se prohibe expresamente "que los
extranjeros puedan vender sus efectos o comprar los del
país", prescindiendo del intermediario nacional, e igualmen-
54
te "que tenga almacén o tienda abierta" salvo que "esté
avecindado y sea casado", para con ello prevenir perjuicios
"a la industria nacional" y "evitar fraudes que suelen haber
en los embarques en perjuicio de la Real Hacienda". (aa)
Aunque en el privilegio se incluían los hacendados "su-
jetos igualmente a la matrícula como comerciantes natos",
los directos beneficiarios eran los mercaderes establecidos en
la ciudad, que monopolizaban así los canales. de la exporta-
ción y dominaban el régimen de precios. Esta circunstancia
apunta al antagonismo de intereses de los dos sectores socia-
les aludidos, que prolonga sus efectos más allá de la con-
moción revolucionaria. (a') El Reglamento, aprobado por Elío
el 26 de enero, obligó a matricular a todos los comerciantes
y hacendados de la Banda Oriental, constituyendo un pre-
ciosísimo inventario de las clases vivas de la economía local,
ajustado cuando ya la turbonada revolucionaria asomaba su
violenta eclosión en el horizonte de la pradera oriental. (aa)
55
Provincias del Río de la Plata y Presidente de la Real Au-
diencia de Buenos Aires". (6e) Traía el flamante Virrey, ins-
trucciones reservadas para ajustar su conducta en las rela-
ciones con portugueses y británicos. De acuerdo con las mis-
mas, no debía ignorar las maniobras para coronar a la In-
fanta Carlota y el cumulo de circunstancias que autorizaban
a pensar en una posible invasión a las colonias hispanoame-
ricanas, acaso pretendiendo fijarse en la orilla norte del
fa. Mientras los portugueses esperaban la oportunidad para
cumplir sus proyectos y el gobierno metropolitano español
estaba ocupado en las considerables atenciones del momento,
se había encendido la rebelión en Caracas y Buenos Aires
v ambos insurgentes habían enviado sus representantes a
Londres, cuya Corte, lejos do oponerse a sus proyectos, pre-
sentaba una mediación, acaso como parte de un plan desti-
nado a emancipar las colonias. Debía, por lo tanto, oponerse
a todo intento portugués, aún por la fuerza; y en cuanto a
Inglaterra, aunque parecía tolerar y aún fomentar las pre-
tensiones lusitanas, no era de -esperar que las impulsase
abiertamente, mientras fuera firme la resistencia de la me-
trópoli. (sa)
Llegó Elí,o a Montevideo el 12 de enero de 1811 con
un piquete del Regimiento de Voluntarios de Madrid,
bordo de la fragata "Ifigenia".
El acta del Cabildo del 19 de enero, consigna que en
"atención al estado actual de incomunicación en que se halla
la capital de Buenos Aires, con esta ciudad", procedería el
Virrey a concurrir a las "Casas Capitulares a recibirle el
juramento" por "no haber más autoridad legítima en esta
56
Banda que pueda verificarlo". -Con la mano derecha puesta
en los Santos Evangelios y la izquierda sobre las del señor
Gobernador, la rodilla en tierra y delante de una imagen de
Jesús crucificado, juró por Dios y los Santos Evangelios,
obligándose "con pleito homenaje según fuero y costumbre
al Rey nuestro Señor, don Fernando VII y al legítimo Go-
bierno y Soberanía de la Nación española, cuando la liber.
tad de S. M. y pleno uso de todas sus facultades, no sean
absolutos". (a')
A la ceremonia le siguió un solemne "Te Deum", en la
Matriz. Así quedó declarado el Real de San Felipe de Mon.
tevideo, sede provisional del Virreinato.
Inmediatamente de llegado, el día 15, el Virrey había
ofíciado a la Junta, a la Audiencia y al Cabildo de Buenos
Aires, reclamando el reconocimiento de la legitimidad de
las Cortes Generales y Extraordinarias del Reino, reunidas
en Cádiz, y de su propia investidura. Los tres organismos
requeridos contestaron negativamente a su pretensión.
La Junta le solicitó con apremio al comisionado porta-
dor de las notas, que era el Oidor de la Audiencia de
José Acevedo y Salazar, que se reembarcara de inmediato
para Montevideo, adonde se cursarían las respuestas.
nota respectiva expresaba la junta que el "solo título"
Virrey con que Elío se presentaba a presencia de un
bierno establecido para sostener los derechos de los
libres", "ofende la razón y el buen sentido" y que el
medio conducente a "consolidar la felicidad de estos
es "desnudarse de una investidura sin carácter" y propender
con el influjo que pueda haberle dado la opinión en
blo montevideano "a reducir al buen sentido ese pequeño
resto de refractarios, que en la vasta demarcación de
gobierno, es el único que se resiste a conformarse a
luntad general".
La Audiencia replicó que "se había diferido la resolu.
ción sobre si debe reconocerse o no en estas Provincias,
(91) "Revista del Archivo General Administrativo", cit.. Volumen IX. píes.
474477. -
57
Consejo de Regencia últimamente instalado en la península,
al Congreso", "que debe celebrarse y se realizará muy en
breve", no estando, por lo tanto, "legitimada en estas pro-
vincias la autoridad de donde emana la provisión de VS al
mando superior de ellas"; y el Cabildo, por su parte, expresó,
que se ignoraban "hasta hoy los principios legítimos, bajo
los cuales haya sido conformado ese Consejo de Regencia,
sin la menor intervención de las Américas, por unas Cortes
en que tampoco han tenido parte
Replicó Elío declarando "por rebelde y revolucionario
el actual tiránico gobierno de Buenos Aires" y "que
dividuos que lo componen, y todos los que lleven armas
otros útiles de guerra para sostenerla y atacar las
bajo la verdadera divisa del estandarte del Rey de España,
sean tenidos por traidores y rebeldes a su Rey y a la
y como tales tratados y juzgados". (°') A la declaratoria
guerra de este bando, fechado el 12 de febrero de 1811,
guió el cierre de -los puertos de la Banda Oriental
procedencias de y' para Buenos Aires (24 de febrero)
establecimiento del bloqueo de aquel puerto y demás
costa occidental, gestionando del jefe de las fuerzas
británicas en el Plata exigiera a los buques de su nación,
el respeto de esta clausura; el refuerzo de la guarnición
Colonia -donde fue enviado el brigadier Vicente Muesas
y la organización de cruceros para la vigilancia del
(92) "Gaceta da Buenos Aires", Tomo II, cit., ejemplar del 24 de enero de
1811, PUB. 62-65: 66-68: y 68-71. Véase, además, sobre la misión Ace-
vedo y Salesar, "La Revolución de Mayo y los Pueblos del Piel."
autores.
(93) "Gaceta de Bueno. Aires", cit., ejemplar del 21 de marzo de 1811. pág..
214-215. IkclB Ello que se hablan tentado "cuantos medios sugiere la
prudencia y dicta 1. humanidad Dura hacer entrar en sus deberes Y
obligaciones a los que componen la Junta de Buenos Aire. que se ha
abrogado el mando euDerlor de todo el virreinato", Ha. despreciado toda
conciliación, agrega, y después de haber Principiado con "tiranías y
muertes de los jefes principales de la provincia sin guardar la
formalidad nl trámite judicial" han armado expediciones y atacado a
cn.nto. no han adherido a sus ideas, "haciendo la guerra con la bar-
barie de sacrificar los prisioneros contra todos derechos", y llevan su
osadía a lxisultar al Consejo de Regencia que gobierna a nombre de
Fernando y es reconocido Por todas las potencias de Europa, "usando
ron felonía del adgusto nombre de nuestro desgraciado monarca, para
solapar con él las miras de ambición u rnfemia que ocultan".
(94) Francisco Bauxá, "Historla de 1s bomínnción Española en el Uruguay"
58
Lanzó, entonces, la Junta de Buenos Aires, una proclama
llamando a las armas "para la defensa de la patria". Ante la
guerra que mueve "este hombre arrebatado", dice, preten-
diendo "inundar de sangre unas provincias que debía res-
petar como el mejor asilo de la fugitiva libertad", sin que
nada "embarace los empeños de su tiranía", la necesidad
"exige que los pueblos en masa empuñen vigorosamente las
armas".(s°) Y mientras, negociaba con los marinos británicos,
-al fin con buen éxito-, providencias que permitíeran.elu.
dir las consecuencias del bloqueo,(") adoptaba también sus
medidas de guerra económica: cierre del puerto a los carga-
mentos enviados desde Montevideo y a todo buque de esa
procedencia, con excepción de los británicos; prohibición de
girar letras sobre Montevideo y su jurisdicción y de pagar
las giradas desde aquella plaza, inclusive a los ingleses; veda,
por fin, de exportar oro y plata, ya fuera en barras o en
monedas. (s7)
Muy difíciles eran las circunstancias que debía enfrentar
Elío. Sin duda su vehemente temperamento no era el más
indicado para señalarle el camino del tacto y la prudencia que
el momento reclamaba imperiosamente; pero como ha sido
señalado por Pivel Devoto, (ss) no le faltaban condiciones
de estadista y de hombre de gobierno, y algunos de los errores
principales que entonces cometió deben ponerse a cuenta de
su superficial conocimiento del medio rural, que le llevaron
a extremar las exigencias y los requerimientos de auxilios y
recursos, y a manejar la fuerza como único expediente para
el reconocimiento de su autoridad.
La sustitución de del Pino por Muesas en la Coman-
dancia de la Colonia y el regreso de las fuerzas de Michelena,
que operaban en las costas del Uruguay, en el Arroyo de la
(95) "Gaceta de Buenos Airea", cit., págs, 218-220. "Puede ser -agrega, con
agorera previsión-, y acaso no esté lejos, que mendigue Elfo el socorro
de tropas BX2raniera9'.
(96) Véase "la Revolución de Mayo s los pueblos dei Plata' de las
(97) "Gaceta de Buenos Aires", reaolucionea gubernativas del 14 de fe-
brero y 9 da marzo de 1811, en los ejemplares del 1S de febrero (pág..
123-124) y del 14 de marzo, (paga, 197-198),
(98) Pivel Devoto, "Balees...". cit., pág. 260.
59
China, contribuyeron a socavar las frágiles bases en que se
apoyaba su autoridad en la zona vital de los ríos. El crí-
tico más implacable de Elío, José María Salazar, así lo seña-
la en su correspondencia con el Ministro de la Marina:
la retirada de Michelena del "sobresaliente punto del Arro-
yo de la China" desamparó a los buenos españoles -dice-,
y facilitó "que se reanimaran los malos y quedando libre el
Uruguay" se anudaran "las comunicaciones con Buenos Ai-
res". (°') La malquerencia general, -agrega en otro oficio-,
debe atribuirse a la "declaración de guerra publicada el 13
de febrero y a las órdenes impolíticas dadas en la campaña
y al plan de imposiciones sobre ella que encendió extraor-
dinariamente los ánimos contra la buena causa". ('00)
Sobre este mismo punto, una carta privada interceptada
por las autoridades, califica de "sistema de opresión y despo-
tismo" el que configuran estas exigencias anunciando que se
"estaba avaluando el caudal de Montevideo y su campaña
y se va a echar un 80% para sacar 48.000 mensuales". ('0')
En efecto, cuando llegó el Virrey, estaba pronto
de recolección de recursos redactado por una comisión
Cabildo, en quien había declinado sus competencias la
de la Real Hacienda. Decían los capitulares que el arbitrio
de los donativos voluntarios deja "un campo dilatado
trabas del egoísmo"; que los forzosos, a su vez, "jamás
reciben con agrado y que pocas veces se ejecutan con
dad"; las nuevas imposiciones no se adecúan a la urgencia
de la recolección; "no queda, pues, otro arbitrio que
los empréstitos"-,que-cerá,_sin_embargo, forzoso en su
60
sición; pero garantido por la seguridad del reintegro,
yos efectos "todas las rentas reales, los bienes de
y los que pertenezcan a la Nación y al Estado" quedaban
preferencia, hipotecados. El clero, empleados, propietarios
fincas urbanas, comercio, hacendados y los gremios de
sanos en sus diferentes clases, forman las "corporaciones"
que habrán de subvenir hasta la suma requerida para pagar
el presupuesto, fragmentándolo en listas exactas de
viduos que pertenecen a cada ramo y repartiendo la cuota
que debe satisfacer cada uno, según su estado y proporciones,
en la inteligencia "que cesará toda contribución desde
se reciban auxilios de la metrópoli o de Lima". (r0')
Las urgencias del pago de las tropas traían preocupado
a Elío (100) por lo que, sin dilatorias, aprobó en "todas sus
partes" el plan propuesto por el Cabildo; y en oficio diri.
gido a Vigodet, le indicaba que se fueran "citando las corpo-
raciones, las que a presencia del Cabildo se les enterará del
método que se ha adoptado" y convencidas que es el más
equitativo, "se adoptarán en seguida las demás medidas". (roa)
Volvió a insistirse con el arbitrio de la regularización de
los títulos por los ocupantes de los terrenos realengos, a los
que se emplazó bajo amenaza de expulsión, según resulta de
un oficio de Francisco Javier de Viana al Comandante de
Santa Teresa, fechado el 16 de febrero. (r06) Se exigió impru-
dentemente, a "las justicias, párrocos y vecinos" franquearan
"toda clase de auxilios" para el mantenimiento y alojamiento
de las tropas. Tales medidas "impolíticas" que irritaban a los
habitantes de la campaña, por los sacrificios que exigía y la
pobreza a que los reducía, no serían explicables si se omitiera
consignar las dramáticas circunstancias que vivía la ciudad
regentista:
61
.. nultadaá•s*s relaciones. civiles y mercantiles con el
~'édtiti!Iéptexílesrctáya sensiblemente su industria, se paraliza
su comerció,, uá producciones se estancan, enflaquecen, se
debilita eVi1píim público... y una situación tan violenta
no es coto¡iatible con una existencia duradera. Estamos ya,
_oeñüir~'q.e]%'íriste caso de adoptar el duro arbitrio de las
tlutribysiónes y aunque el patriotismo de este vecindario
iubñrá sin murmurar el peso de esta nueva carga, el Ca-
bildo conoce que no puede el pueblo soportarla por mucho
tiempo". (100)
62
CAPITULO II
63
auxilios de municiones y dinero".(') "Un puñado de orien-
tales, cansados ya de humillaciones, había decretado su li-
bertad en la villa de Mercedes: llena la medida del sufri-
íniénto por unos', procedimientos los más escandalosos del
déspot-á que' 1óe: oprimía, habían librado sólo a sus brazos
el*'triunfó de' la justicia; y tal vez hasta entonces no era
ofrecido al templo del patriotismo un voto ni más puro ni
más glorioso, ni más arriesgado: en él se tocaba sin remedio
aquella terrible alternativa de vencer o morir libres, y para
huir de este extremo, era preciso que los puñales de los pai-
sanos pasasen por encima de las bayonetas veteranas. Así se
verificó prodigiosamente, y la primera voz de los vecinos
orientales que llego- a -Buenos Aires fue acompañada de la
victoria del 28 de febrero de 1811: día memorable que ha-
(1) Desde el año 1809 destacadas figuras del patriciado criollo realizaban reu-
niones con el ánimo de promover un amplio movimiento reivindicatorio
de los Intereses políticos y económicos de la Banda Oriental. Joaauin
Suárez, en sus "Apuntes aumbiográficoé' recuerda cue "reunidos en 1809
con Don Pedro Celestino Bauzá, el padre Figueredo y don Francisco Meto.
acordamos trabajar por la independencia. para cuyo fin teniamos de ngente
en Buenos Airea a don Francisco Javier de Viana y en I. capital a
don Mateo Gallegos". Refiere, asimismo, que habiéndose enterado las
autoridades de sus trabajos subversivos y "comprendiendo que nada podría-
mos hacer sin un hombre de arma. llevar, que reuniese las masas,
nos retiramos a nuestras casas a cuidar nuestros intereses". (Justo Ma.
MBee., "Las primeros patriotas orientales", cit., pág. 30).
Asimismo, existe constancia de actuaciones del Gobierno contra va-
- risa. damas patricias, entre las a.e estaban María Francisca y 1lfarga-
rita Villayrán. Mari. Josefa' y Agustina Oribe. Consolación Obra y
otras, que fueron encarceladas y desterradas. (Véase Beraza, "La Revo-
lución Oriental", cit., pág. 142).
- Por último, Francisco B.Va6. en su clásica "Iíistoria de la Domi-
nación española en el Uruguoy", se refiere a un levantamiento Dragrs-
mado en Casa Bta.., el 11 de febrero de 1811, en el que participaron
el cura de Paysandú y su teniente, el capitán retirado don Jorge Pa-
checo y el entrerriano Francisco Ramírez y que fue desbaratado por
la escuadrilla de Michelena. B.uzá vincula este episodio con la deserción
de Artigas que, según él, se produjo el 2 de febrero. El Prof. Ariosto
Fernández, luego de prolijas investigaciones, en eu trabajo —El pronun-
ciamiento sanducero de Casa Blanca en 1811", (que integra el volumen
"La Revolución de 1811. en la Banda Oriental". DSgs. 137-164), contro-
vierte, con abundante cotejo documental, los supuestos h4sicos de la
afirmación de Bau.á, como por ejemplo, la fecha de deserción de Ar-
tigas. la presencia de Ramírez y. sobre todo, la actuación de la escua-
drilla de Michelena que, en aquella fecha se encontraba en Colonia.
Véase el sumario promovido contra el vecino de Paysandú Tomás Pare-
des, acusado de manifestar que "sería voluntario verdugo para ahorcar
. todo esp.ñpl europeo, y de conspirar conjuntamente con el capitán
de Blandengues Jorge Pacheco. el cura Silvestre Martinez. el dominico
Fray Ignacio Mestre y don Nicolás Delgado, en "Archivo Artigas",
cit., tomo IV, págs, 1 a 7.
64
bía señalado la Providencia para sellar los primeros pasos
de la libertad en este territorio, y día que no podrá recor.
darse sin emoción, cualquiera que sea nuestra suerte".
Así comienza el célebre oficio, fechado en el Cuartel Ge-
neral en el Daymán, a 7 de diciembre de 1811, en que Arti-
gas describe al "Señor Presidente y Vocales de la Junta.
Gubernativa de la Provincia del Paraguay", la "admirable
alarma" (a) con que se iniciara la Revolución en la Banda
Oriental.
El pronunciamiento de Asencio, como hecho militar, fue
de poca entidad. Pero la trascendencia "memorable" que le
atribuye Artigas radica en que él fue la alborada de la Re-
volución, de una revolución que empieza a conmover a las
masas y muestra ya su signo más evidente: su carácter pre-
dominantemente rural. (') En efecto, el alzamiento de 1811
respondió a un anhelo colectivo de los hombres del campo
-pueblo desvalido y "vecinos establecidos poseedores de bue-
nas suertes"- que expresaban así su angustia y su protesta,
pero a los que faltaba aún para darle cohesión y posibili-
dades de éxito, "el hombre de armas llevar que reuniese a
las masas", éomo subrayara Joaquín Suárez.
Ese hombre, como lo había indicado Mariano Moreno,
en los comienzos de la Revolución y lo sabían con largueza
las autoridades españolas, (4) y lo sentía toda la campaña
oriental, era José Artigas, que el 15 de febrero había aban-
donado las fuerzas destacadas en la Colonia, y marchado a
(2) "Archivo Amigas", cit., (Montevideo. 1965), Tomo VI, pá&s. 74-75
(3) Este carácter hacía que los españoles las consideraran "partidas de
salteadores" y aplicaran duros calificativos a la masa nepular alzada
contra el orden establecido. A1 elemento doctoral de los Cabildos Abiertos
de Mayo o a lea autoridades de Ia Junta se les 1lamabn "traidores y
rebeldes a su Rey y a su Patria": las epítetos infamante. de "salten-
dored' y "ladrones" quedaban reservados a los anónimos
le insurrección campesina,
(4) Sala.ar, en oficio de 19 de noviembre de 1811, al Secretario de Estado
Y del Despacho Universal de Marina, luego de estudiar extensamente las
causas de la revolución oriental concluye con esta frase de grnn eaPre-
sividsd: "En resumen les principales causas de la revolución de la
campaña fueron las providencias de SE (Ello), sus órdenes, sus pro-
clamas y disposiciones pueriles para contenerla Y 1. deserción del ca-
pitán José Amigas, sin la cual, a pesar de todo, no se habría verificado".
(Archivo Artigae, cit., Tomo IV, pág. 375).
65
solicitar al gobierno de Buenos Aires, los auxilios necesarios
para llevar la revolución a la Banda' Oriental. En su tránsito
hacia la Capital galvanizó el propósito insurreccional de las
masas campesinas(') y obtuvo los suficientes elementos de
juicio que le permitirían asegurar a las autoridades que "re-
gresando a la patria con aquel auxilio no dudaba que todos
sus Blandengues que se encuentran libres se le reunirían, así
como los habitantes vecinos y oficiales se incorporarían a
sus filas contra el enemigo común". (')
66
"Venancio Benavídez era un dominador de multitudes
campesinas; alto, fuerte y recio había sido cabo de las tro-
pas realistas. Buen jinete, estaba poseído de una actividad
extraordinaria y podía recorrer a caballo grandes distancias
sin fatigarse. Tenía una intrepidez a toda prueba y no retro-
cedía ante las acciones arriesgadas. Era todo pasión y vehe-
mencia; sus exaltaciones lo llevaban a cometer los actos
más contradictorios, desde el delirante patriotismo hasta la
traición más desconcertante. Alma inquieta, fue un torrente
sin cauce".
"E1 otro iniciador de la insurrección, Viera, era natural
de Río Grande, pero residía en el país desde muchos años,
había desempeñado el puesto de administrador en la es-
tancia de Cayetano Almagro. Amaba intensamente la li-
bertad, lo que le impulsó a dirigir las masas gauchas con-
tra el gobierno hispano. Su carácter jovial lo rodeaba de
muchas amistades. Por su afición a los pericones y por su
habilidad. para bailar con zancos era conocido con el apodo
de "Perico, el bailarín". (o)
67
mor a la patria; se alarma porción de gente y Pedro Viera
a la cabeza, para atacar estos pueblos y sujetarlos al Gobier-
no de Buenos Aires y es preciso que Vm. convoque todo
su vecindario para que cuando le avise Viera, corra con su
gente a la reunión y convenido el citado Comisionado se
retiró a su partido. En seguida hizo llamar a Francisco
Bicudo, a Sebastián Cornejo y a Basilio Cabral, sujetos en
quienes Correa tenía confianza y después de haberlos
impuesto de lo que se trataba, les dijo: Que cada uno, de
por sí, como cabezas de división, convocasen toda la gente
que pudiesen en el partido de Coquimbo y Sarandí para
cuando Viera les avisase, con lo que se retiraron muy entu-
siasmados y deseosos de abajar la cerviz y orgullo de los
españoles de quien habían merecido tantas injurias°,
68
nada, con permiso de Vma me voy, y entonces
el Comandante contestó que entregal,a el pueblo
ción del gobierno de Buenos Aires, libre de
das, cuya contestación que la recibió Viera
al Alferez Ramón Fernández para que la leyese,
Viera oyó decir que entregaban el pueblo, ya
disponer como había de entrar la gente sin recoger
la respuesta del parlamento de manos de Don
69
"Cundió la chispa revolucionaria -dice Bauzá- por
entre los distritos más inmediatos, prosiguiendo hasta otros
más lejanos" (1°) A1 oeste de los actuales departamentos de
Rivera y Tacuarembó -donde Artigás había efectuado repar.
tos de tierras en los años de 1807, 8 y 9, levantan las huestes
campesinas, Blas Basualdo, alias "Blasito", santiagueño; Balta-
sar y Juan Antonio Ojeda -paraguayos- beneficiarios de esas
concesiones y vinculados a Artigas de tiempo atrás; junto
con Manuel Pintos Carneiro -que fuera capataz de las estan-
cias de Ulivarri y Salvañach; Hilario Pintos, Pedro Pablo
Osuna y otros.
Entre los ríos Yí y Negro, alzan' el pendón revolucionario
Félix y Fructuoso Rivera -hijos del prestigioso hacendado
Pablo Hilarión Perafán de la Rivera- el primero de los
cuales encabezara la sonada oposición de los pobladores de
la zona contra el gran latifundista Feliciano Correa. (16) Le
siguen entre otros, Pedro Amigó, futuro capitán de gauchos,
de temible fama. Por el Arroyo Grande, se pronuncian Barto-
lomé, Lucas y Miguel Quinteros -medianeros de los Durán-
en compañía de los paraguayos Baltasar y Marcos Vargas,
también medianeros, y famoso ya el primero entre el paisa-
naje, por su coraje y baquía, con el apelativo de "Balta-
vargas".
En el Pintado, Casupá y Santa Lucía, el principal agente
revolucionario fue el cura párroco, Santiago Figueredo, eficaz-
mente secundado por Tomás García de Zúfliga, hijo del
acaudalado comerciante y terrateniente Juan Francisco García
de Zúñiga y administrador de las grandes estancias de su padre
ubicadas en la zona: Manuel Francisco Artigas, que traba-
jaba en la estancia familiar de Casupá; Andrés Latorre,
tío de Lavalleja, de familia de pequeños hacendados; José
Llupes, pequeño hacendado y acopiador, que casaría con
una Durán; Faustino Tejera, hijo de un gran estanciero
y otros.
70
En Maldonado y Minas, se pusieron a la cabeza del movi-
miento los hacendados Francisco Antonio Bustamante, Pablo
y Pedro G. Pérez, hijos del gran estanciero y saladerista
Manuel Pérez; Paulino Pimienta, hacendado de Pan de
Azúcar; Juan Antonio Lavalleja, hijo del pulpero y peque-
ño hacendado Manuel Pérez de la Balleja; el gran comer-
ciante Francisco Aguilar y los estancieros Juan Correa y José
~Machado> José Antonio Berdún, de familia de pequeños
estancieros, y otros.
En el Cerro Largo, se destacó el hacendado Francisco
Antonio Delgado, y en San José, el frustrado denunciante
los campos de Solsona-Alzaybar, Juan Francisco Vazquez,
alias "Chiquitín". En Canelones, Joaquín Suárez, pulpero
y hacendado en los Cerrillos, hijo del poderoso terratenient
Bernardo Suárez del Rondelo; cl cura párroco Valentín
Gómez; Pedro Celestino Bauzá, de familia de grandes
tancieros; Ramón Márquez, hijo de Claudio Márquez,
gran estanciero en Canelones y entre el Yí y Negro,
bezaron el movimiento. En los alrededores de Montevideo,
promovió el alzamiento Fernando Otorgués, (r°) capatáz
la estancia del Rey en el Rincón del Cerro.(")
71
Estos acontecimientos causaron excelente impresión en
el Gobierno porteño, que resolvió designar a Belgrano para
General en Jefe del ejército de la Banda°Oriental;, y confirió
a Rondeau y a Artigas, los despachos de tenientes coroneles,
con los nombramientos de Segundo Jefe del ejército, y jefe
de las milicias orientales, respectivamente.
Lanzó, además, una proclama a los "Compatriotas de
Banda Oriental y Septentrional", donde expresaba:
72
sea nuestra cifra, y tiemblen esos tiranos de haber excitado
nuestro enojo, sin advertir que los americanos del sur están
dispuestos. a defender su patria; y a morir antes con honor,
que vivir on ignominia en afrentoso cautiverio."
(21) Proclama del General Don José Artigss al Ejército de la Banda Orien-
tal. ("Archivo Artigas", Tomo IV, página 299),
(22) El alzamiento de los pueblos de Entre Ríos es coetáneo con el movi-
miento insurreccional de la Banda Oriental. En )a "Gaceta de Buenos
Aires" citada, (páginas 210-214) correspondiente al 21 de marzo, se
publican dos partes del capitán Bartolomé Zapata, que actuaba bajo las
órdenes de Martín Rodríguez, jefe de la expedición al Entre Ríos, Por
el primero anuncia la toma de los pueblos de GueleguaY Y Gualeguaychú,
este último el día 21 de febrero. apresando en él dos barcos procedentes
de Montevideo, En el segundo parte, Zapata dice que tuvo la queja de
los vecinos por los excesos que cometian "nue.trms contrarias', los que
"tenla» en prisiones hasta las mujeres y niñas solteras que manifes-
taban adhesión s 1. suprema Junts" contra quien se habla publicado la
guerra "y se cantaban versos públicamenté". No tuve "Pecho" para
aguardar órdenes, dice Zapata, y "acometí del modo que pude con mi
gente armada de las armas que usan" y se apoderó del pueblo de
Arroyo de la China o Concepción del Uruguay, (Véase igualmente Ma-
riano G. Calventus, "Estudios de la Historia de Entre Ríos". (Paraná,
1939), Tomo 1, páginas 34 y siguientes).
73
todas las operaciones, observando sus órdenes y consultán-
dole todas las providencias que hasta la fecha se han
do". (")
Así en medio del general entusiasmo de la población
campesina, invocando el nombre del Rey cautivo, y en estricta
subordinación militar al mando jerárquico de Belgrano, la
Revolución oriental iniciaba su gesta.
74
junto con su afán indomable de libertad, la variada gama de
sus instintos y de sus sentimientos, amasados todos, sin em-
bargo, en una entrañable lealtad a quien ellos, espontánea-
mente, eligieron para que los expresara y condujera.
Estaba también la peonada de las estancias, que cam-
bió la ruda lidia con el animal chúcaro, por la aventura
del combate contra los hombres, en el que iba a poner
dura prueba su temple forjado en el trabajo y en los
ficios.
A1 "ejército nuevo" se incorporaron, asimismo, los indios,
que, con indómita fiereza y odio secular al espaúel, consti-
tuyeron contingentes valerosos y fieles: los charrúas ,y
minuanes, y también los tapes de la tierra misionera. Por
su parte, los negros esclavos -aunque poco significativos
militarmente- se fugaban del dominio de sus amos y busca-
ban en el ejército patriota un refugio en el que pudieran
concretar su derecho natural a la libertad.
Y, finalmente, los curas patriotas, tribunos del ideal
revolucionario y, muchos de ellos de destacada y activa
participación en las luchas armadas. (2') Ignacio Mestre y
Silverio Martínez, en Paysandú; el Dr. Juan José Ortiz, en
Montevideo; Tomás Gomensoro, en Soriano; José Valentía
Gómez, en Guadalupe; José María Enriquez Peña, en Colo-
nia; Manuel de Amenedo Montenegro, en San Carlos; Gre-
gorio Gómez, en San José, fueron, en su carácter de párrocos,
verdaderos propagandistas de la Revolución, papel al que
contribuyeron, por su parte, los miembros del clero regular,
dominicos, mercedarios y franciscanos. De todos ellos se
destaca la figura del Dr. Santiago Figueredo, quien llegó
a expresar a Artigas su satisfacción por "la plausible noticia
75
de su arribo a las costas de esta Banda Oriental con el objeto
de salvar nuestra Patria". Le informaba que estaba traba-
jando por la causa y
76
"E1 estado eclesiástico es el que más daño nos hace,
pues me consta que en el confesionario la primera pregunta
que hacen es si el penitente es patriota o sarraceno, nombre
que se nos da a los verdaderos españoles que reconocemos
el Congreso Nacional". (ao)
77
Informa que ha recibido "reiteradas quejas de los veci.
nos" ('•) "de modo que las ovejas de la grey de V.S.I. se
hallan entregadas a lobos carniceros". (33)
(32) Los vecinos del Canelón le informaban que el cora de la ciudad hubia
escrito a uno de ellos, amenazindolo: "Eche Vmd. la vistn al tiempo
venidero, y al freir de los huevos no sé quien ha de perder,
"E1 de le Cplpnill y el clérigo Arboleya, que estuvo en el Colla. y
actual paradero ignoro" -agregaba- "promueven con instancia la divi-
sión; el de las Viboras hace lo mismo; el de Santo Domingo de Soriano
le imita: el de San losé es tan reprensible como éstos; y de una vez
todos, ai exceptuamos el de Arroyo de la China, y, al que hoy está
interino en Colonia, en lugar del revolucionario Henrique de la Peóé'.
Se quejaba también de la conducta de loa "religiosos mercednrios Fr.
Cselmiro Rodríguez, Fr. Rhmón Irrazabal y el dominico Fr. José Rizo, el
primero teniente de San Ramón y el último de Canelones, abandonados
a su capricho y locura, obran como los párrocos a quienes sirven..
(33) Vigodet al obispo de Buenos Aires. Mons. D. Benito Lo. y Riega, Monte-
, video, 14 de diciembre de 1811, en "Gazem Ministerial", cit., tomo III,
pága. 180-181.
Véaso sobre este tema el estudio de Ariosto Fernández, "Causas Proce-
sales como fuentes de investigación histórica. Contribución al estudio del
movimiento revolucionario del año 1811", en "Revista del instituto Histó-
rico y Geográfico del Uruguay", (Montovideo, 1024), tomo III, Nv 2.
78
contra el régimen hispánico, que reconocía en cada uno de
los diversos estamentos que la integraban una íntima moti-
vación, propia y particular: para los hacendados, jefes divi-
sionarios naturales de las mesnadas de cada pago, el objetivo
de la Revolución estaba cifrado en la orgullosa convicción de
su capacidad para el gobierno propio y el afán de romper las
trabas monopolísticas al libre disfrute de sus bienes; para los
curas "patriotas", doctrinos y tribunos de la Revolución, el
pronunciamiento estaba legitimado por la defensa de los prin-
cipios tradicionales, con que la más ortodoxa teoría jurídica
de los grandes teólogos hispanos, justificaba el derecho de los
pueblos a subrogar al monarca ausente, como depositarios ori-
ginarios de la soberanía, y por su deber de pastores espirituales
de las masas campesinas, nucleadas en la causa de la libertad;
para los paisanos, para los "hombres sueltos" de los campos
-"gauchos" o "tupamaros"-, para los tapes misioneros, pa-
ra los negros y zambos esclavos, para los grupos indígenas
montaraces, en fin, la causa revolucionaria daba ocasión y
cauce a su instintivo anhelo de rebeldía y de odio al "godo",
expresión viva de mando y prepotencia... Zum Felde ha
sintetizado magníficamente la esencialidad de esta "rebelión
de instintos":
79
De ahí el rasgo caracterizante del movimiento: su hon-
da significación de "guerra social" de la multiforme pobla-
ción campesina de la Banda contra el régimen amurallado
en la ciudad-puerto, de espíritu cosmopolita y mercantil,
centro visible de la repudiada administración de los domina-
dores hispánicos.
La estructura de la hueste revolucionaria estaba caracte-
rizada, además, por ser una "hermandad" de contingentes
diversos, identificados por la procedencia del lugar o "pago"
de su vecindad y por la respectiva lealtad de los hombres de
cada mesnada al "caudillo" regional. Cada "división" criolla
constituía de por sí una entidad social propia: el jefe; sus
capitanes, "vecinos establecidos" del lugar; sus familias; sus
mayorales, capataces y peones; sus esclavos y servidores; sus
capellanes; y tras ellos, todo el mundo circundante del "se-
ñorío" rural de aquel jefe: el comerciante rústico, de pulpería
volante; las "chinas", llevando en sus carretas el hogar trashu-
mante, nutrido de "gurises", y las "quitanderas", selváticas
damas del coraje criollo, reserva de lanceras o auxiliadoras
del sediento o del herido en el combate; el baqueano; el
domador; el curandero y "mano santa", de botica vegetal y
milagrera y el barbero sangrador, cirujano improvisado y
hábil; el cacique cristiano y sus gentes, en fin. La "división",
pues, constituía en sí misma una comunidad andariega, un¡.
mismada en una "integración vertical" cuya médula era el
prestigio, la confianza y el pacto tácito de obediencia al "cau-
dillo", señor del "común" lugareño.
Pero el centro atractivo y coordinador de tan diversas
voluntades y motivaciones no era una idea ni un programa
abstracto: era una voluntad superior, un prestigio y
conducta señera: era Artigas.
80
2. - José Artigas, intérprete y conductor
(31) "Según Menéndez y Pelayo acribe Zorrilla de San Martín ("La Epopeya
de Artigas—, (Barcelona, 2- edic. 1917), tomo t, pág.. 179-130), la voz
"artigá" significa —adoctrinad.". Quizá no asa del todo aventurada supo-
ner por eso, que la familia de Artigas procede de árabes o moros conver-
tido.." Otra hipótesis rastrea el origen del vocablo en idioma vascuence,
pues so señala que el apellido Amigas, y otros similares, son comunes en
hidalgos de Navarra y Guipuzcoa, "El radical "arti" significa encina.
y "agá", lugar, de modo que. si el apellido proviniera del vasco. "Artiags'
y por contracción se escribiera "Artigas", podría derivarse de —artigar—,
verbo proveniente del latín "artiré', que significa "ahonda;", "Por último,
si vamos a lo más común, encontraremos "e los diccionarios nos dicen:
.Artigas es 1. tierra que se ha quemada en el monte bajo y hs sido
roturada, ea decir, la tierra que ya está preparada o pronta para la
siembra„ lo cual. en resumidas cuentas, sería una ampliación del latín
"artire", ahondar". (Ramón Llambías de Olivar. "Ensayo sobre el linaje
de los Artigas en el Uruguay", (Montevideo, 1926), tamo 1, pág. 5).
(35) "Archivo Artiyas", (Montevideo, 1960), tomo 1, pág. 231.
81
de Artigas; ésta debió ser asentada de apuntes o borradores,
llevados por el sacerdote que administró .el bautismo, Dr.
Pedro García (de Zúñiga), muchos años después; y demues-
tra, con acopio de datos y pruebas caligráficas, que dichos
asientos debieron ser realizados por el cura párroco Pedro
de Pagola, con posterioridad a agosto de 1793. El citado in-
vestigador concluye que, sin poner en duda que José Artigas
nació realmente el 19 de junio de 1764, y que fue bautizado
en la Iglesia Matriz de la ciudad, el 21 del mismo mes, la
partida de bautismo es apócrifa y no ea original. (" a)
82
A1 levantarse el primer padrón de pobladores de la re.
cién fundada ciudad de Montevideo, -fechado el 20 de di-
ciembre de 1726- ('°) figura en él, Juan Antonio Artigas, (40)
de treinta años de edad, nacido en Zaragoza, con su esposa
Ignacia Javiera Carrasco,(41) de veinticinco años, y cuatro
hijas menores, nacidas en Buenos Aires. ('2) Con el tiempo
se agregarían al núcleo familiar varios hermanos, entre los
cuales, Martín José, cuyo nacimiento puede establecerse,
aproximadamente, entre 1733 y 1734. (43)
83
El patrimonio No fue el caudal en tierras y ga.
de los Artigas. nados ni el despliegue de una vas-
ta actividad empresarial en sala.
cleros, comercio de la eselavatura y efectos de ultramar o de
la extracción de frutos de la tierra, -característica señalada
del complejo económico del patriciado (4') -el fundamento
de la condición, sin duda, destacada, de los Artigas, entre la
clase principal de Montevideo. Integraban, más bien, "una
especie de aristocracia de los servicios públicos en la ciudad
y sus distritos", como acertadamente dice el historiador in-
glés John Street. (4a)
(44) Véase. sobre el particular, Carlos Real de Azúa, "El patriciado urugua-
yo', (Montevideo, 166I),
(45) "Artigas y In emnncipnción del Uruguay", (Montevideo, 1967), pág. 95.
(46) "Relación hecha por el Comisnrio Ordenador de los Ejércitos de S.M.
embarcados en Cádiz, el 14 de abril de 1717. destinados a reforzar el
presidio de Buenos Aires", en "Archiva Artigas'". cit., Tomo 1, Pág. 4.
(47) Véase testamento de Juan Antonio Artigas. otorgado en Montevideo el
24 de diciembre de li66, en "Archivo Artigas". Tomo L, pág. 156.
(49) Véase testamento de Sebastián Carrasco. otorgado en Buenos Aires, el
. 13 de noviemhre de 1721, en Ibidem. Tomo 1, pág.. 45-48.
(49) Véase Luis Enrique Azaroln Gil, "Los orígenes de Montevideo", citado.
El teto del auto del gobernador, en que detalla los beneficios de que
han de gozar los que passea a radicarse en la nuéva ciudad de Monte-
video, en las págs. 249-251.
84
la costa del arroyo Pando. (°°) Posteriormente obtuvo la
posesión y título de una nueva suerte, con frente al arroyo
Casupá y fondo al de Chamizo. (51)
De las doscientas vacas que debieron corresponderle,
según el repartimiento fundacional dispuesto en el citarlo
auto de Zavala, sólo tenía sesenta en el censo de gauado
vacuno practicado en 1752, en singular y elocuente contraste
con las cuarenta mil de Francisco de Alzaybar, para men-
cionar sólo al más opulento. ('-)
Don Martín José, varón primogénito de Juan Antonio
Artigas e Ignacia Carrasco, obtuvo en pago de su legítima;
la estancia de Casupá, (") la que redondeó, afros después
85
-en 1789-, adquiriendo una fracción lindera, en la zona
de Chamizo. (9") Con anterioridad al fallecimiento de su
padre, don Martín José había trabajado por cuenta de aquél
los campos de Casupá y era propietario de una "casa de
piedra cubierta de teja", en solar habido por su mujer,
doña Francisca Antonia Pasqual Rodríguez, por herencia de
su madre, María Rodríguez Camejo. (a6) El matrimonio
adquirió otro solar -lindero con el anterior- donde estaba
implantada "una casa de ocho varas de~luz, compuesta de
paredes de piedra y cubierta de teja, con su cocinita de
media agua". ('°) Por fin debe mencionarse una suerte de
estancia en el Sauce, "pago de Las Piedras", propiedad de
su esposa, que ésta recibiría por herencia. (°')
Estos eran pues los bienes, con algún terreno más en la
ciudad y una chacra en Carrasco (°6) que integraban el pa-
trimonio de don Martín José Artigas, los que trabajaba con
sus hijos José Nicolás y Manuel Francisco, al producirse la
revolución. (°9)
(54) Martín José había comprado a los herederos de su suegra, doña María
Rodríguez Camejo, un solar en la ciudad, "sito en la calle Real de San
Luis", que vendió a su vez, a Casimim Francisco de Necochea, "vecino
y del comercio de Buenos Aires" (Ibídem, págs. 511-513). Esta venta le
produjo tres mil seiscientos cincuenta pesos, que invirtió, unos días
después, el 21 de abril de 1798. en la compra de 1. aludida fracción
en Gmsupá, lindera con la que poseía. (Ibídem, Págs. 513-516). Por la que
pagó tres mil pesos. Es interesante destacar, pues, que un terreno baldía
en Montevideo, valía más que una suerte de estancia, en la zona de
Casupá, en ese año 1798.
(55) Testamentaría de doña María Rodriguez Camejo y de don Felipe Pasqual
Aznar, otorgados el la de noviembre de 1755 y el 4 de diciembre de 1772,
respectivamente, en Ibídem, Págs. 499-501; y 502-504,
(sfiy Le finca fue adquirida a Juan José García, el 11 de febrero de 1773, en
la suma de quinientos pesos. (Ibídem, págs. 506-508).
(57) Lorenzo Barbngelata, "Artigas antes de 1810", (Montevideo, 2' edie, 1945),
Pág. 49.
(58) El solar con frente a la calle Real le fue adjudicado en el repartimiento
efectuado a los pobladores, por el tCabildo y el Gobernador de la Díaz.,
ei 13 de mayo de 1758. La chacra en el arroyo Carrasco lo fue por el
Gobernador, previo informe del Cabildo, el 10 de julio de 1761, constando
de cuatrocientas varas de frente y una legua de fondo,
(59) Testamento de Martín José Artigas, otorgado en el Sauce, el 4 de noviem-
bre de 1806, ("Archivo Amigas', cit. tomo I, Págs. 531-533), Don Martín
José falleció en el partido del Sauce, entre los años 1822 y 1824, Su testa-
mento fue protocolizado a solicitud de D, Vicente Ponce de León, apode-
rado de doña Martina Amigas. -designada albacea con su hermano José,
impedidc de actuar ror su extrañamiento en al Paraguay, en el citado testa.
mento de 1806- el 11 de diciembre de 1829. El inventario de los bienes
se realizó entre 1830 y 1836, resultando del mismo que el acervo
sucesorio eran la chacra de Carrasco; un terreno ubicado en las calles
San Benito y San Luis, en Montevideo; otro terreno en la misma ciudad;
las dos suertos de estancia en Casupá y Chamizo; .y la estancia ubicada
en el Sauce, (Ibídem, pág. 533, en nota).
86
Este conjunto patrimonial, que nos muestra el marco
de actividades de un hacendado mediano y laborioso -que
integrara como miembro la Junta de Hacendados de la
campaña de Montevideo- contrasta visiblemente con el de
otros hombres de su tiempo, de acaudalada fortuna y anchas
posesiones de tierra, beneficiarios directos de la acumulación
latifundista, como los Zamora, los Durán, Alzaibar, los Viana,
o Juan Francisco García de Ztífliga. (6°)
José Amigas que, si bien habría realizado acarreos de
cueros para sus familiares, -valga el testimonio de Josefa
Ravía- desde muy joven vivió su vida propia en la cam-
paña, y no tuvo oportunidad de acompañar a sus padres y
hermanos en la explotación regular de sus estancias, habría
de solicitar el 13 de febrero de 1805, al Comandante general
de la campaña, Francisco Javier de Viana, la concesión de
campos para poblar una estancia. Al día siguiente -14 de
febrero- el Comandante Viana dona a Artigas "un rincón
que forma un arroyo llamado Valentín y desagua en Arapey
Grande, y las puntas de la cuchilla que sale al Daymán y
hace rincón con otro arroyo, llamado Arerunguá. (asa)
Medido este predio, en diciembre de 1810, resultó de un
área total de treinta y cuatro leguas, las que fueron tasadas
a "$ 8 corrientes cada legua", por el hecho de estar situado
"a más de cien leguas de Montevideo, lo que dificultaba las
(00) Los Zamora poseían cuarenta y seis leguas cuadradas en la zona de los ríos
Negro y Tacuarembó; los Durán eran propietarios de ocho estancias;
Alzaibar, posiblemente el hambre más rico de aeuellae tiempos, tenía
iento diecisiete leguas de campo, eue ocupaban parte de los actuales
departamentos de Colonia, San José y Flores, hasta el río Yí; los Vio-
n. voy. coya famosa estancia "La Maríscala" comenzaba en las fuentes del
Cebollatt y seguía la línea de la Cuchilla Grande hasta Casupá y Santa
Lucía. cubriendo las zonas de Polanco, Marmarajá, Aiguá y Barriga Ne-
gra; Juan Francisco García de Zúñiga acumuló una tremenda extensión,
sobre la base de la adquisición de la antigua estancia jesuítica de
"Nuestra Señora de los Desamparados", que alcanzaría a cuatrocientas
tres mil cuadras, ocupando buena parte del actual departamento de Flo-
rida. (Véase, Real de Azúa, ob, cit., Págs. 36-37) y en el Apéndice,
el estudio sobre "La Estancia de las Desamparados" y loa García de
Zúñiga (págs. 141-146); y también Ricardo Campos, "El brigadier 0e-
neral Dr. Tomás García de Zúñigá", (Montevideo, 1946); y, en parti-
cular, el excelente trabajo de Lucía Sala de Tourón, Julio Carlos Ro.
dríguez y Nelson de la Torre, "Evolución económica de la Banda Orien-
tal". ya .¡todo.
87
producciones de la estancia, el riesgo de ser invadidos por los
indios infieles y otros inconvenientes que ocasionaba el
desamparo". Ya en esa época había cedido Artigas a Luis
Sierra parte del citado terreno -14 leguas y 5 cuadras
cuadradas, que incluía la mayor de las dos rinconadas que
lo formaban- por lo que quedaron de su pertenencia, 19
leguas y 55 cuadras cuadradas. Años después, en oportunidad
de solicitar su hijo legítimo, José María, el correspondiente
título de propiedad, la diligencia de mensura realizada en
julio de 1833, dio una superficie de 15 5/6 leguas. Los pe-
ritos tasadores, Pedro P. de la Sierra y Faustino Texera,
nombrados de conformidad para el arreglo de la moderada
composición de dicho predio, situado entre el arroyo Are.
runguá, de las Cañas e islas de Vera, lo retasaron "en el
valor de treinta pesos por cada legua cuadrada".
Artigas ocuparía también- campos para invernada en el
rincón de los arroyos Tacuarembó Grande y de los Laure-
les, de 3 1/18 leguas cuadradas, tierras situadas en el actual
departamento de Rivera, que abandonara "cuando se levan-
tó la Patria". (66 b)
(60b) Aníbal Barios Pintos, —De las vsaperiae al alambradti ' (Montevideo,
1067), pág.. 188-189.
88
tía José de Echauri, en el período prefundacional, (61) fue
designado, por Zavala, Alcalde de la Santa Hermandad, al
proceder a la fundación jurídica de la ciudad e instalar su
primer Cabildo, en 1730. (62) Esta demostración de confianza
del fundador, la reiteró el vecindario en otras cinco oca-
siones, seleccionándolo para ocupar los oficios de Alférez
Real o de Alcalde Provincial, (66) en donde pudo -sobre
todo en el último- acreditar sus condiciones de hombre de
acción y de armas llevar, valeroso y buen negociador, apto
para celar la campaña y contener a los perturbadores que la
infectaban. En 1732, Zavala propició un acuerdo de paz entre
los habitantes de la ciudad y los caciques minuanos, y cuando
la negociación parecía frustrarse, pues los indígenas man-
daron de vuelta a los españoles, con la prevención de que
"no fuesen a sus toldos", cupo al Alférez Real, Juan Antonio
Artigas, llevarla a buen término, trayendo de vuelta a la ciu-
dad "dos caciques minuanes con treinta indios", con "quie-
nes se trató y ajustó la paz". (6")
El fundador Zavala instituyó, en 1730, una Compañía
de Caballos Corazas españolas en el Real de San Felipe y
Santiago de Montevideo, en donde se alistarían "sus pobla-
dores y vecinos", de forma de acudir con "prontitud en
cualquier caso que sea del real servicio y de defensa propia
de la ciudad y su jurisdicción". (66) Revistó allí con el grado
89
de capitán, Juan Antonio Artigas,'y anduvo por largos años;
en trajines de perseguir portugueses; "castigar y extinguir
los ladrones que se hallan en estas campañas"; luchar "con-
tra los indios bárbaros" y reprimir faenas clandestinas y co.
rrerías de vagabundos". (ee)
Heredero de la tradición de servicio de su progenitor,
Martín José Artigas ocupó, en nueve oportunidades, cargos
en el Ayuntamiento (e') y, durante dos breves interinatos,
fue Alcalde Ordinario de 19 y 29 votos.
Igualmente en el oficio castrense, Martín José, llegó a
Capitán del Regimiento de Milicias de Caballería de Monte-
video (q6) y por ostentar ese carácter se le encomendaron
variadas comisiones, como la arriesgada conducción de ca-
rretas y efectos desde Montevideo a Santa Tecla y desde
ésta a la capital de la Gobernación, entre 1775 y 1776, en
las vísperas y durante la campaña contra los portugueses, de
cuyas ocurrencias -en las que fue partícipe activo- resultó
9U
que, después de veintisiete días de defensa, las fuerzas espa.
ñolas.tuvieron que entregar aquella posición por capitula-
ciones, a las portuguesas que mandaba Rafael Pintos Ban-
deira. (e') Imposibilitado para continuar en el servicio, se
produjo su retiro en 1796, librándosele los correspondientes
despachos con goce del fuero militar. (7q)
En otros menesteres al servicio del común, siguió reve-
lando su acrisolada honradez, que le valió disfrutar de la
confianza del vecindario y de las autoridades. Así lo vemos
intervenir en diversas diligencias judiciales; actuar en la
medición y tasación de tierras; o recibir, como depositario
de los bienes de don Francisco Ortega, junto con sus alhajas
y pedrería, una importante biblioteca, que durante un tiempo
bastante largo retuvo en su poder. (") En la época de las
Invasiones Inglesas, en el informe de don Bernardo Suárez
del Rondelo al Cabildo, figura su nombre entre los hacen-
dados que pusieron a disposición de la causa, las caballadas
de sus estancias "todo el tiempo que fuera necesario y sin
obligación de reintegro". (72)
No hay en la prosapia de Artigas, como se ha visto,
sones señoriales, porque no los hubo, en todo el Río
(69) "Archivo Artigné", cit., Tomo I, Pág.. 303 Y 330, sobre todo el "Dia-
rio de lo acaecido en el Fuerte de Santa Tecla; posesionado por S.M.C..
en el avance hecho a él per los vasallos de S,M.F., entregado por
aquellos a éstos en los términos que expresa la capitulación que incluye.
Principiado en 28 de febrero Y dejado en 28 de marzo de 1778", (Ibi-
dem, págs. 331-355).
(70) Ibidem, pág. 366,
(71) En el inventario de la Biblioteca de Ortega -que había eid. Coman-
dante del Resguardo del Río de 1. Plata- se encuentran, junto a obras
literarias clásicas, verbigracia el Quijote, las Confesiones, de San Agus-
tín, la Historia de Gil Blas, libros de Cicerón, o históricas, como la
de Solía sobre Méjico, tratados científicos, sobre matemáticas, física o
ciencias naturales, como la Historia Natural de Buffon. Se incluyen
también material de naturaleza castrense y algunas obras más compro-
metidas Y directamente relacionadas con In filosofía del siglo XVIII,
entre las que pueden mencionarse: "Quatro tomos en octavo en francés
de obras de M, de Montesquieu", incluso las famosas "Cartas Persas":
los cuatro tomos de la "Historia de América', de Robertson, de lectura
prohibida; el "Proyecto Económica" de Bernardo Word: los dos tomos
de la "Filosofía" de Newton; la "Historia de Carlos XII", de Voltaire.
En 1791 fue embarcada con destino a La Coruña, en trece cajones.
("Archive Artiaae", cit., Tomo 1. Pág.. 370-388).
(72) Fragmento del informe presentado por D, Bernardo Suárez del Rondelo
al Cabildo de Montevideo, sobre los servicios prestados por el vecindario
durante las Invasiones inglesas .(Ibidetc, págs, 483-484),
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Plata; pero fue patricio el abolengo de sus mayores, porque
ellos están enraizados con el nacimiento mismo de la cir:dad.
Y los títulos que luego adquirieron, para la consideración, el
respeto y el prestigio, los conquistaron con una conducta de
severa austeridad, dignificada por el trabajo y por los servicios
que, como diestros paladines, prestaron al "común" y a su
Rey, en el duro oficio de las armas y en desempeño de los
cargos concejiles, plinto de las jerarquías criollas; en la
constante y comunitaria convivencia con los hombres y la
tierra, que los hizo adentrarse en la entraña de un pueblo
que se fue forjando al diapasón de sus propias experiencias
vitales. Si se analiza con detención el periplo de estas vidas,
se advierte en ellas una esencial identidad, como si se hubiera
cumplido una especie de, ancestral aprendizaje para decantar
las virtudes requeridas por aquellos pocos hombres llamados
a cumplir altos destinos en la Historia.
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Las investigaciones más modernas (7a) han permitido des-
cartar algunas de estas hipótesis, y actualmente no cabe duda
de que fue Montevideo 1a cuna del prócer. (7e)
Ocho años después de su bautismo; José Artigas, junto
con varios de sus hermanos y su propio padre, recibía el
sacramento de la confirmación, el 24 de diciembre de 1772,
en la estanzuela de don Melchor de Viana, siendo padrinos
éste y su esposa, doña Rita Pérez. (77)
Artigas debe haber pasado estos primeros años en la
ciudad y en la chacra de su padre, ubicada junto al arroyo
Carrasco. (73) Tras un breve pasaje por la escuela de pri-
meras letras, existente en el Convento de San Bernardino,
bajo la. dirección de los padres Franciscanos, (7a) según con-
signa en sus memorias el General Nicolás de Vedia, prefirió
seguramente dedicarse a las tareas rurales. Hubo de que-
brantar, para ello la disposición testamentaria de su abuelo
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materno, quien, en 1772, estableció rtna capellanía
do "por primer capellán de ella a mi nieto Josef Gervasio
Artigas..." (su)
En 1778 su nombre aparece registrado al ingresar
Cofradía del Santísimo Rosario y luego, por un largo
ríodo, se abre una época indocumentada en la vida del
roe, de la que apenas poseemos algunas noticias.
En sus "Apuntes biográficos sobre don José Artigas",
citado general Vedia, expresa:
94
r
de llegar con una crecida porción de animales a vender.
Esto fue a principios del año 93, en la estancia de un
hacendado rico, llamado el capitán Sebastián^.
Entre los años 1794 y 1796, hay noticias de sus andan-
zas por los territorios del norte del Río Negro y en las zonas
limítrofes con el Brasil, haciendo corambre en el Cuareim,
en compañía de otros "changadores"; (6a) "conduciendo más
de cuatro mil animales y al mismo tiempo cogiendo gana-
do" al frente de "80 y tantos hombres de armas, la más
,portuguesada..." (s') o, en fin, despertando la prevención
del propio Gobernador Olaguer y Feliú, quien, en la capi-
tal, ha tenido "positivas noticias" de que está "para salir
de la barra de Arapey Grande con Arapey Chico..." una
crecida tropa con destino "a la Estancia de Pintos, que está
enfrente a la guardia de Batoví y que igual camino lleva
otro llamado Pepe Artigas, contrabandista vecino de esta
Ciudad, conduciendo también dos mil animales..." (a°)
La documentación glosada prueba que Artigas,, como
hijo de su tiempo, como morador de la pradera oriental,
participó en faenas clandestinas y en el trajín del contra-
bando, en la zona norte de la Banda, durante los años de
su mocedad.
Y si esta probanza, más la que fluye de una interpre-
tación racional y lógica sobre los requerimientos ineludibles
del medio en donde actuaba, no fuera suficiente,(") cabría
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agregar que, al ingresar al Cuerpo de Blandengues, se
a los beneficios de un indulto, donde estaba previsto
cialmente este delito y que justamente pretendía atraer
hombres diestros, buenos jinetes, y que hubieran andado
"en el trajín clandestino" para formar aquel Cuerpo
Caballería destinado a celar la campaña. (a7)
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pues, (aa) Artigas, seguido de muchos de sus compañeros de
aventuras, se hizo presente en el cuartel general, en Maldo-
nado, el 10 de marzo de aquel año.
Pivel Devoto, al evaluar este momento de la vida del
héroe, expresa con acierto: "Amigas contaba entonces trein-
ta y tres años a los que una vida intensa había dado ma-
durez y experiencia. En sus correrías por los campos de la
Banda Oriental, en los que el desierto era interrumpido por
una que otra población, o el rancherío de una estancia, había
llegado a dominar la realidad geográfica que formaban las
dilatadas extensiones de suaves colinas con abundantes pas-
tos, las serranías y grandes cuchillas que servían de rumbo
a los baqueanos; a reconocer los pasos y picadas para vadear
los ríos y los arroyos; los senderos que daban acceso a los
montes que servían de refugio a los bandoleros. Persiguiendo
ganado alzado para hacer tropas, parando rodeo en las es-
tancias o haciendo corambres en compañía de hombres de
rudo aspecto y alma simple, había penetrado en los secretos
del gaucho, del changador y del indio, en la solidaridad que
crea el peligro y las fatigas, en las charlas y confidencias
del fogón. Su espíritu inquieto habíase saciado ya con la
aventura de esa existencia libre, en la que el duro trajín
de correr campos y_faenar ganados, se matizaba boleando
potros y avestruces, matando perros cimarrones o descu-
briendo la guarida de un tigre. La existencia en un medio
de costumbres tan primitivas no había dejado en su alma
sedimentos innobles". (a')
En su nueva carrera, y a pesar de su simple condición
de soldado, ya en agosto el Virrey le enviaba al mando
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treinta hombres del Cuerpo recién creado para perseguir los
malhechores que infectaban la campaña. Esta decisión había
sido precedida, en mayo, por una solicitud de los hacen-
dados "para que se comisione a don José Gervasio de
Artigas para perseguir a los ladrones y mulhechores de la
campaña". (°°) En esta su primera misión al servicio del
orden, Artigas recorrió la zona fronteriza con el Brasil y
desbarató la acción de los changadores que mataban ganado
para beneficiar los cueros, consignando luego su juicio sobre
el daño que infligían a la riqueza pecuaria de la Banda,
al informar que "da lástima ver la destrucción que crean
en el país. Solamente por los cueros matan las vacas". Tam-
bién obtuvo la victoria sobre un contingente de indios "in-
fieles", que consagró su habilidad como militar y baqueano;
y en el transcurso de una persecución de cuatreros, en las
proximidades de la guardia de Batoví (pt) perfeccionó el
conocimiento de una zona en la que habría de cumplir años
más tarde una importante gestión a las órdenes del sabio
geógrafo y naturalista don Félix de Azara. (e2)
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de esta Plaza, el 27 de octubre de 1797.(°') E1 nuevo Jefe
de Milicias continuaría, sin embargo, al mando de fuerzas
de línea, como eran los Blandengues, dentro de cuyos cua.
dros no hubiera podido obtener tan rápido ascenso en la
forma a que era acreedor por su extraordinaria habilidad
como experto conocedor del medio rural y de sus problemas.
Ya en 2 de marzo de 1798, el Virrey Olaguer y Feliú le
expedía el despacho de Ayudante Mayor del Cuerpo de
Blandengues (a') con cl grado de Teniente de línea (°') que
sería confirmado por cl Rey, en enero de 1799. (sa)
Por entonces, vacante un cargo de Capitán en la tercera
compañía del Cuerpo, el Comandante de los Blandengues
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y el Sub-Inspector General de Guerra, Marqués de Sobre-
monte, le propusieron para dicho ascenso; pero el Virrey
don Gabriel de Avilés lo postergó, prefiriendo al Teniente
Miguel Borrás, en cuya oportunidad, al elevar el informe
la Corona, dejó constancia de que lo hacía en mérito
mayor antigüedad como oficial de línea del segundo,
parte también por el "origen que tuvo la entrada de
en el servicio -alude al indulto- y al extraño medio
que se le proporcionó su rápido ascenso de soldado a
dante Mayor". (°r) A pesar de tan importantes y destacados
servicios, habrían de transcurrir once años para que
alcanzara el grado de Capitán, que le fue finalmente
rido, el 5 de setiembre de 1810, por el Gobernador de
video y Comandante General de la Banda Oriental, briga-
dier Joaquín de Soria, con carácter interino y hasta
prema confirmación real. ("a)
Cuando se prestó aprobación al plan del ilustre don
Félix de Azara, de fundar poblaciones en la frontera de
la Banda con el Brasil, (0°) Artigas fue designado para ac-
tuar como Ayudante del sabio geógrafo, seguramente "por
su mucha práctica de los terrenos y conocimientos de la
campaña", como diría el Sub-Inspector General Sobremonte,
en oportunidad de recomendarlo para una comisión. ('0")
Azara le encargó proceder al deslinde y entrega de los so-
lares en el recién fundado pueblo de Batoví. Allí tendría
oportunidad de vivir una aleccionante experiencia, con el
asalto portugués a las guardias fronterizas de Santa Tecla
y Batoví y la ocupación dé las Misiones.
De resultas de la guerra con España -cuya noticia
llegó a América después de haberse firmado la paz-,
Gobernador y Capitán general de Río Grande del Sur movi.
lizó sus fuerzas sobre el territorio español. Por su
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