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Capitulo 42

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CAPITULO ,_ la historia de la literatura argentina La novela moderna: Roberto Arlt CAPITOL la historia de la literatura argentina 42. La novela moderna: Roberto Arit Este fasciculo ha sido preparado por Luis Gre- gorich, redactado en el Departamento Literario del Centro Editor de América Latina, y ha tenido una lectura final a cargo del profesor Adetfo Prieto, CAPITULO constituird, a través de sus 56 fasciculos, una Historia de la Literatura Ar gentina, ordenada cronolégicamente desde la Conquista y la Colonia hasta nuestros dias. El material grafico con que se ilustrara la Historia, estrechamente vinculado con el tex- to, brindard a los lectores una vision viva y amena de nuestra literatura y del pais. Cada fasciculo serd, a su vez, un trabajo organico y completo sobre un aspecto, tendencia, pe ticdo 0 autor de nuestras letras. En CAPITULO NO 43: (MADUREZ DEL TEATRO: SAMUEL EICHELBAUM —IMPERIO Y DECADENCIA DEL SAINETE —AUTORES DE SAINETE REPRESENTATIVOS —DEFILIPPIS NOVOA 0 LA VANGUARDIA —DISCEPOLO 0 EL GROTESCO CRIOLLO —EICHELBAUM 0 LA INTROSPECCION —UN GUAPO DEL 900 Y OTRAS OBRAS DE EICHELBAUM y junto con el fasciculs, el libro que com- Drenderé UN GUAPO DEL $00, de Eichelnaum, STEFANO, de Discépolo, y HE VISTO A DIOS, de Defilippis Novoa Paral matral grin del presente fasciu, se ha ada conf cates claborasion del Arle ratio (la Navin, Y- 69 fat colecionespartclares. de zed Shine de Arty Horacio Jorge. Becc. feneundernate. La Dirtcgn 0 reswva el drcco. de eo alguara de os, tls. guests. rchivo Historico de Revistas Argenti as | www.ahira.com.ar La novela moderna: Roberto Arit El fin de la primera guerra mundial trae aparejado un profundo cambio que venia insinuindose ya, con una ppenetracién eada vez més honda, des- Ge fines de siglo. El hecho podria resumirse, bajo su faz hist6rica, en Ia quiebra total de ese mundo op mista y fragil que el humanismo li- beral habia levantado pacientemente alo largo de la segunda mitad del siglo diecinueve, La idea del progre- $0 indefinido, la conciliacién de las clases, el crecimiento armonioso de Jas grandes naciones, solo parecen ahora imigenes borrosas del pasado. La infraestructura econémica y social de Occidente, basada en un capita- lismo enérgico y expansionista, y que se habja convertido para, muchos en el modelo ideal, “natural”, de la. so- ‘edad humana, se problematiza aho- ra a fondo y cruje ante el asalto de ‘nuevas nacionalidades y Ia Mamarada evolucionaris que amenaza_incen- iar, desde el este, todo el continente En arte, en literatura, sin establecer ficiles paralelismos determinisas, puede comprobarse cémo estos sacu- Aimientos, ademés de brindar a los ‘ereadores un nuevo arsenal-de moti ‘vos intelectuales y-tonalidades emo- {vas tomminan do destrir a vigencin Aquellos instrumentos expresivos euya crisis se venfa incubando de modo irreversible, Quizs la novela =ese género hibrido y ambiguo que fs, sin embargo, la més adecuada representacién literaria de Ta secule- izada_y mévil sociedad burgueso— sea Ta que ejemplifique con mayor élaridad este momento de transforma: eign. Tras el fin de Ia gran contienda, Jos novelistas —por lo menos aquellos que hacen época— repudian defini yamente el realismo psicolégico y el naturalismo, y se lanzan a una inda- gacién y a una bésqueda de estruetu- as lterarias que resulten dignas de tun mundo, no solo trastornado politica y socialmente, sino también ajeno ya a Ia psicologia causal, a la fisiea de tres dimensiones, a la_concepcién de la temporalidad anterior a Berg- Archivo Historico son y Einstein. Las dos grandes ex- presiones de novela que se publican or estos aiios son, respectivamente, el cierre de una época y el comienzo de otra nueva: En busce del tiempo perdido, de Marcel Proust, es una genial clausura del siglo diecinueve; Ulises, de James Joyce, es un salto, xno menos genial, hacia un Futuro to- davia desconocido. Dentro de este mismo proceso, son ampliamente re- valorados escritores infieles al realis- mo clisico, como el ruso Fedor Dos- toievsky y el norteamericano Her- mann Melville. André Gide, hasta entonces apegado a una literatura ‘mas 0 menos tradicional, enuncia ex- plicitamente una nueva teoria de la novela en Los monederos falsos, y, tunos afios después, la obra extra y simbélica de Franz Kafka conquis- ta merecida gloria péstuma, A partir dee aoe ee buceo de técnicas y herramientas ap- tas para expresar la ruptura de un orden que munca volverd a imperar. En muestro pafs, situado en los mér- genes del drea'de dominios de las grandes potencias y neutral en la primera gran guerra, podria creerse que el conflicto no tavo efectos tan devastadores; incluso, el \6gico au- mento de exportaciones y la contrac- ‘ién de importaciones nos trajo indu- dables_eneficos “eoonbmicas pero seria imposible negar que el auge ae cle nacional Sefensio, e- plegado, tradicionalista, y la cre- cient: pauperizcién de as “masas pullares, son reflejos de la situa- Econ mundial aparte de resultados de nuestra evolucién interna, La crisis de 1930 habré de recordarnos, con dureza, que la malla de Ja dependen- ia nos sigue cifiendo. La revolueién de Ia literatura euro- pea llega a nuestras playas eon ejem- plares aislados de las mievas novelas, on libros ideolégicos y te6ricos més ‘© menos mal traducidos. El asumir Ja modernidad resulta para algunos ‘un nuevo acto de sumision 2 esa cul- tura europea de la que seguimos nu- de Revistas Argentinas | www.ahira.com.a¥ Albert Einstein trigndonos; pero para nuestros eseri tores més importantes es el. tinico camino que vale la pena seguir, la iinica manera de conectarse con Ja tenue tradicién nacional que se va eonfigurando desde Herndndez y, parcialmente, a generacién del 80 | (curopefsta por educacién e intereses pero con formas y temas ya difere Giadamente atgentinos). En. otro sitio ya ha sido estudiada la proliferacién | de ta novelistica urbana en el pais (y cabe recordar que casi todas las grandes novelas experimentales del siglo, tal ver con la pecularisima ex- cepcién del ciclo rural do Faulkner, pertenecen a la. narrativa urbana en nef Gaaepeeietcete se ha comprobaclo que, hasta 1920 apro- Miusdanaie ciaguoo de sas colts aleanza especial ovginaidad, nt se desliga de la gravitacién de grandes James Joyce tnacstfos surpeos dal siglo decinoe "4 70H ve. Se ver’ ahora cémo tun escritor Jnsuficientemente formado, com con- fesadas earencias culturales, alterna- | tivamente faseinado por los folletines ] de aventuras y el trato con Dos- toievsky, abr de convertirse en nuestro primer novelista urbano, y en rigor en el autor de las primeras novelas auténticamente “modernas”, en el sentido que le hemos dado en Tas lineas anteriores, que se escribie ron en el pais. Se trata, por supues to, de Roberto Arlt (1900-1942), Lo que importa en este novelista no es {que on sus libros se “hablo” del mun do actual, de sus cambios, de sus crisis, de’ sus intermitencias —pues novelistas anteriores usaron ya el to- ma para Ia materia intelectual, dis cursiva, de sus obras, sino que la propia ‘estructura de sts novelas re fieje a ese mundo, sea una de las formas que ese mundo tiene de dar- se, y acepte jugar Ia partida desde adeno del mal social que le toca Vida de Arlt. — Roberto Godofre- do Christophersen Arlt nacié en Bue- nos Aires, en ol barrio de Flores, el Marcel Proust en 1921 2 de abril de 1900, (Después, por un | | t SOA ab Ie ant Archivo Historico de www.ahira.com.ar extra. prurito, el propio escritor tralaria de confundir a sus bidgrafos, diciendo, en Ia seleceién de narrado- es jovenes compilada por Miranda Klix, que habia nacido el 7 de abril, y, mas tarde todavia, en Don Goyo, Afirmaria: “He nacido la noche del 26 de abril. ..”.) Sus padres eran dos finmigrantes europeos llegados hacia poco. al pais: el padre, Carlos Arlt, alemén de Posen (hoy Poznan, Po: Tonia), tiene treinta y dos aos al arribar a Buenos Aires y, segiin pa- rece, es desertor del ejéreito imperial la madre, Catalina Iobstraibitzer, ha nacido en una aldea tirolesa y Inego vivido en ‘Trieste, y su lengua natal es el italiano. En los primeros afios del siglo, la vida de Ia familia. Arlt (engrosada con le Negada de la her- mana menor de Roberto, Lila, qve, atin joven, habria de morir de tuber culosts) se arrastra penosamente, de acuerdo con los moldes econémicos sociales en que se mueve Ia inmi- Bracién urbana de aquella época Carlos Arlt conoce algo de vidrieria, otro poco de contabilidad, y tiene un caricter bohemio que no fe permite afincarse en un lugar determinado Abandona durante meses a su fax milia para irse a trabajar al interior, & Corrientes, a las compatiias yerba- teras de Misiones. Su regreso. no resuelve ninguno de los problemas que asedian al grupo familiar, pues vuelve con Tes manos tan vacias eo mo a su partida, Resulta particularmente importante, para la més completa comprensién de la obra del eseritor, hablar del caracter de sus padres y de las in- terrelaciones familiares establecidas fen cl hogar. Segiin todos los testi monios, el dspero genio y a incl nacién autoritaria de! padre hicieron Aificil la relacién con el hijo. varén desde la infancia de éste. Mas tarde, el conflicto se agudiz6, Roberto adop- 46 una actitud de franca rebelién frente a as esizonis patermas, termin6 por abandonar su casa, ape- nas silido do In adalesooncia, Se ha observado que en las novelas de Art, Archivo Historico cl padro, cuando existe pues lo que se da generalmente son grupos familiares presididos por viudas, den- ‘ro de sistemas mis 0 menos matriar- cales—, desempefia un papel negativo y destructivo para los hijos; @ esto hay que afadir que tampoco ninguno de los protagonistas de esas novelas asume la paternidad; més ain, nin- guno de ellos tiene hijos, a excep. cidn de Balder, en EU amor brujo, que siente total indiferencia hacia el nifio. El temperamento de la madre de Art, por su parte, era opuesto iametralmente al de sui marido: ima- ginativa, melancélica, no desprovista de sensibilidad estética, la campesina tirolesa guié las primeras lecturas de st hijo y le reeit6 los versos de Dante y de Tasso que habia aprendido en su juventud, Ms tarde, esta mujer habria de volearse hacia el espiritis mo, la astrologia y experiencias pars- siquicas diversas, como subrayando Ja influencia que estas rasgos, que se mezclaban con una suerte de difusa religiosidad, tuvieron en la formacion del hijo ‘Los viajes del padre, como se ha visto, no modifican la situacién de Ja familia Arlt, que se define por tuna pobreza casi extrema. Frecuentes cambios de domicilio nada agregan ni quitan a la desdicha cotidiana: se trata. de_sustituciones mas 0 menos disimaladas de un inquilinato por ‘otro, en que el factor econdmico es causa determinate. Roberto, indis- ciplinado y un poco vagabundo, no tiene suerte en Ia escucla ni gusta de ella, EI mismo apunta en la ‘mencionada compilacién de Miranda Klixy “He cursado las escuelas pri- arias hasta el tercer grado. Laego sharon por initil, Fui alumno jel de Mecinica de la ‘Armada, Me echaron por init”. Des- de chico, como su personaje de El juguete rabioso, desempesia diversos ficios y pequetios empleos: depen- diente de libreria, aprendiz, de hoja- latero, mecénico, corredor de articu- Jos varios. Mientras tanto, entra en contacto con Ia literatyra a. través : | Frans Kafko de Revistas Argentinas | www.ahira.com.ap, Las grandes revoluciones de Ia novela moderna —encarnadas en las obras de Joyce, Gide, Faulkner y otros— comienzan a llegar a nuestras playas hacia 1930, en forma de traducciones no siempre adecuadas, y gravitardn de ahi en adelante en los jévenes narradores argentinos. de lecturas desordenadas en biblio- tocas de barrio, de contactos apasi rnados y febriles con Ia subliteratura de Jos folletines. A los dieciséis afios Arlt abandona el hogar y se va a Cérdoba, donde tiene tuna aventura sentimental. Vive alli un par de afios y trabaja dura- mente para ganarse la vida. Tiene 20 aiios cuando conoce a Carmen Anti rmucci, con quien habré de casarse poco después. Con su mujer, atacada por una incipiente tuberculosis, se instala en las sierras de Cérdoba, invierte en vagos negocios Jos 25,000 pesos traidos por Carmen como dote sl matrimonio, Mientras tanto, ha nacido Mirta, hija de la pareja, Los negocios urdidos por Arlt fracasan, cl dinero se acaba y todos deben volver a Buenos Aires, Arlt trae con- sigo el manuscrito de El juguete ra- bioso, exerito en esos afios, y un sen- timiento de amargura y frustracién respecto de su. matrimonio. No hay duda de que el conflicto entre amor y matrimonio burgués, que se revela como inconciliable en los libros de Arlt, fue reiteradamente sufrido por l ekeritar, pero sobre todo desde e} dngulo de, la enajenaci6n debida a su situaelén material, nunca estabi- izada, En Buenos Aires, Arlt se aproxima con més interés al ambiente literario, y empieza a trabajar en periodismo, actividad que practicamente hasta su muerte habria de proporcionarle su principal sustento, Quiere publi- car El fuguete rabjoso en la col ccién “Los Nuevos", de la editorial Claridad, y expresién principal del grupo de Boedo, pero 2 Elias Cas- telnuove, asesor de la coleccién, no Te gusta el libro. Se ha hecho amigo, ‘en tanto, nada menos que de Ricardo Giiiraldes y Adelina del Carril; Gui- raldes, menos por necesidad que por deseos de ayudar al joven escritor, Jo nombra su secretario. Ha escucha- do ya la lectura de El juguete rabioso fe insta a Arlt para que lo publique. Ser él quien trate de domar la des- mn la Argentina de 1930 Dordante energia expresiva de Arlt, o de Rev entinas | www.ahira.com.ar Escena junto a una “olla popular”, Archivo Fistor! Archivo ristori William Faulkner de pulir su lenguaje, de corregir esas faltas de ortografia que luego serin tantas veces citadas y que no parecen sino un desafio més a la literatura “bien hecha”, a las buenas costum- bres, a los libros amables “como ung nube sonrosada”. Por fin, en 1926, gracias a la intervencién de Enrique Méndez Calzada, la Editorial Latina publica El juguete rabioso. El mis- mo afio aparece Don Segundo Som. bora; de algin modo, nace la modema narrativa argentina Muerto Gitiraldes, Arlt se consagra definitivamente al periodismo: prime- 10, en Don Goyo, revista humoristica dirigida por su amigo Nelé Roxlo: Iuego, como cronista policial en Cri- tica, ol gran diario de los Botana; y finalmente, en El Mundo, a invita. cién de Alberto Gerchunoff, quien ‘es muy pronto reemplazado por Car- los Muzzio Sienz Petia, En este ilti- ‘mo diario se consagraré como cronista portefio con la inolvidable serie de sus Aguafuertes. Ya trabaja alli cuan- do, en 1928, se publica su segunda novela, Lor siete locos, que obtiene el tercer premio municipal de ese aiio. El hecho representa, shora si, Ja nombradia Iiteraria para Arlt; uno de sus suefios se ha cumplido, La crisis mundial ronda por ese tiem- po, como se ha dicho ya, a nuestro pais, y lo sacude violentamente en 1930, con la revolucién del 6 de sep: tiembre, que reajusta ala Argentina en el exquema del_ mercado interna cional dirigido por las grandes poten. cias, e interrumpe una politica de integracién social intentads, aunque vacilantemente, por el radicalismo. Arlt, si bien jamés afiliado a partido politico alguno, ha participado ya de varias organizaciones de izquierda, y después de 1930 se cuenta entre los ‘opositores del gobiemo de Uribur. Sus_simpatias personales, es obvio lo, estin por la revolucién so- cial; pero seria ingenuo trasladar esta opinion ideolégica a sus libros y su- poner que ellos hacen explicita una estética socialista, En lo que respecta © de Kevistas Argentinas Roberto Arlt mientras sigue los ensayos de su obra La fiesta del hierro, en 1940 www.ahira.com.af Portada de la segunda ediciin de El juguete rabioso 4 politica cultural, permanece equt- distante en Ta polémiea Florida Boe- do, si bien la mayor parte de sus amigos pertenece al grupo de Boedo, ¢ insisten en adscribirlo a él, hasta el punto de que el propio novelista se suele incluir @ veces, aunque con re- servas, entre los boedistas. En 1991 se edita Los Tanzallemas, continuacién de Los siete locos, y el ato siguiente EL amor brujo, ilima novela de Art. Entre tanto, el eseri- tor ha conocido a Leénidas Barletia y ha tomado contacto con el Teatro el Pueblo; en adelante, la literatura ramitiea serd su principal preocu- pacién. Todavia publica dos vohime- nes de cuentos (El jorobadito, 1933, y El oriador de gorias, 1941), pero ¢s ineuestionable que el teatro se ha situado en el centro de sw inquietud creadora. Una tras oba, se estrenan 300 milfones, La isla desieria, Saverio el cruel, El fabricante de fantasmas, La fiesta del hierro, En otra parte se estudiard esta importante produc: cién, comparable a la narrativa arl tian en tensién y autenticidad, aun- que probablemente menos original que ésta Durante toda la década del 30, la situacién econémica de Arlt sigue siendo inestable, y Ia relacién con su esposa, ya muy enferma, sufre bbruseas caldas y reconciliaciones més © menos pasajeras. Un respiro para el escritor es un viaje de un ato a Espaia, donde va como corresponsal de El Mundo. Es 1935, y ya flota en Ja peninsula el aire trégico que anun- cia Ia grera civil. De vuelta en la Argentina, Arlt retoma su vieja afi cién de inventor, asada en conoci- rmientos cientificos autodidécticos rno siempre muy ortodoxos. Cree se- lamente que alguno de sus hallazgos —deposita la mayor confianza en un sistema de vuleanizacién de medias ‘ue quiere explotar en sociedad con 1 actor Pascual Naccarati— lo sacaré de las tristezas de la miseria decorosa en quo vive. En 1940 muero su es- posa, y poco después Arlt se casa sarchivo Historico de Revistas Argentinas Adelina del Carril de Gtitraldes www..ahira.com.ar | por segunda yer, con Elizabeth Shine, El 96 de julio de 1942, a la madrugada, después de haber pre- senciado un ensayo en el Teatro del Pueblo y de haber votado en las ‘leceiones del Circulo do Ja Prensa, cl escritor muere de un ataque car- diaco, Sus restos son velados en el mismo Girculo de la Prensa. La obra narrativa de Arlt, — La obra narrativa de Arlt comprende cuatro novelas, un relato largo y al- rededor de veinticinco cuentos. En este ciclo escueto no caben la varie- dad de visiones del mundo, 1a mul- tiplicidad de caracteres ni los refic namientos idiomaticos. Més bien 10 preside una concopiénobsesiva, ui formada, que no varia en ninguna de las grandes novelas ni en los mejores cuentos: el hombre es impotente frente a la sociedad burguesa que Io oprime y sueciona su individuali- dad, y entonees, solo para demostrar- se que existe, para sentir el vértigo del ser, para detener el tiempo que fiuye sin sentido, arroja sus ensuerios y delirios contra los otros hombres, Reneralmente contra individuos tan desposefdos y humillados ‘éomo dl ‘Quisiera golpear alos poderosos, pero su pufio solo alcanza a los misers- Biles; como consecuencia, en lugar de hacerse revolucionario, se convierte, f mitad de camino, en asesino o de- lator de sus compafieros de empresa ‘A-esta extrafia mezcla de romanti cismo nihilista_y existencialismo hay que agregarle tina clara connotacién social: el hombre de Arlt no tiene tuna ubicacién abstracta, universal, sino que es el individuo de pequefla clase media portefia del primer cuar to de siglo, azotado por la miseria, ‘marginado socialmente, torturado por los tabiies del sexo, Desde el punto de vista de Ia creacién de caracteres, tampoco es rica la narrativa de Art: sus protagonistas (Astier, Erdosain, Balder, Stepens), amasados con abur: dancia’ de materiales autobiogrdficos (pero no por ello réplicas del autor), ejemplifican de modo bastante esté- Archivo Historico de Revistas A Conrado Nalé Roxio y-Roberto Arlt gentinas www.al hira COM.#af Las “Aguafuertes portefias” El periodismo tue, sin duda, una forma Ibisica de expresién y vida para Arlt durante toda su existencia, Desde sus primeras y oscuras aventuras periodistieas de barrio, hasta sus experiencias maduras de cronista policial en Critiea y de aguafuertista porteno en El Mundo, el ‘scritor encontré en esta actividad, no solo un modesto medio de subsistencia, sino también una de las vetas principales de su vocaciin, Pérrafo aparte merecen las Aguafuertes que, a lo largo de varios afios, marcaron dia a dia tno de Tos grandes fos de nuestro periodismo, y al mismo tiempo dieron nueva vida a esa_picaresca de la gran ciudad que desde los dias de Fray Mocho habia quedado casi abandonada, En las Aguafuertes se destaca, ante todo, el estudio irénico y socarrén de_prototipos ciudadanos, muchas veces realizado ‘con hondura psicoldgica: aparecen, asi, el solterén, el “pardsito jovial”, el mentiroso, el “hombre corcho”, el que siempre da la razén, el que “se tira a miierto”, el “furbo”, y tantos otros personajes pintorescos surgidos de las entrafias de esa fhueva ciudad aluvional profundamente sacudida por la ola inmigratoria y Jos cambios sociales. También se muestra habif Arlt en la descripcién sintética ¥ contrastada de escenas tipicas Gel suburbio portefio, y, cuando Ia faena diaria lo obliga a buscar temas ajenos ‘esta mitologia ciudadana, compone agurlas y polémicas paginas en que jusifien st idearo de eseritor,defende su utilizacién del dialecto, se burla de Jos académicos, endereza_ su artilleria ‘contra Ia politica y los politicos y, en fin, encuentra tiempo para decir: “Si usted dauiere formarse «un concepto claro» de la existencia, viva. Piense. Obre, Sea sincere. No se engafe a si mismo. Analice. Estidiese. El dia que se conozea 2 usted mismo perfectamente, acuérdese de To que le digo: en ningtin libro ya a encontrar nada que lo sorprend: sfarchivo Historico de tico ese hombre sofiador y humillado de que hablibamos y que por mo- mentos alcanza la categoria de ar- ‘quetipo; en cuanto a los personajes secundarios, si bien unos cuantos de ellos resultan memorables (el Rengo, Ergueta, la Coja, Irene), a poco que se los analice su_variedad humana se aminora, y pueden ser clasificados en dos categorias que se oponen y sostienen mutuamente: a) los que pertenecen al mundo del protagonis- ta, en general esquizofréniens, delia- cuentes, seres marginales; b) los aje- R05 a ese_mundo, casi siempre in- ividuos limpios, ‘pulidos, de buen Jenguaje y holgada posietén social, y vagamente idealizados. Los prime. 0s poseen existencia objetiva, aun- que se parecen todos entre sf; los segundos son por lo comin proyec- ciones de a concioncia insatisfecha del_protagonista, creaciones de su subjetividad. Por iltimo, el idioma de Arlt, tosco y pobre en recursos léxicos sintdctieos, tiene al menos Ja novedad de incorporar a muestra novelistica el lenguaje vivo de Bue- nos Ales, ol portefio espeso del alu. vvidn inmigratorio, y eso con absoluta naturalidad, insertando ese lenguaje a esttura misna de Ie obra, Icjos del pintoresquismo de los escr!- torer dialectales: pero. indudable ‘que este tinico hecho no basta para particularizar su obra 2Cémo demostrar que wn escritor asi de monétono, euyo propdsito no pax rece ser otro que el de mostrar ciertas formas de alienacién del individuo en el mundo contemporineo, a trax vvés de rigidas oposiciones y estructu- ras duales que parceen conspirar con- tra la riqueza y complejidad de las posibles demostraciones, y utilizando un Tenguaje popular y de escasa fle- sibilidad, sea nuestro primer novelista modemo? Habra que analizar paso paso su obra narrativa, exponiendo sus principales elementos significati- yos y formales; al final de ese cami- no, casi sin necesidad de proclamarlo explicitamente, podri conchuirse si Act 5 simplemente un escritor no. {able por realista, por “desgarrado” y ‘auténtico", y por haber incorporado antes que nadie el moderno lenguaje porteiio a sus libros; o si, por el cone trario, es el primero en haber voleado en estructuras novelisticas del siglo veinte algunos de nuestros. grandes rnitos sociales, con una intuicién de nerrador y un vigor humano tales que todos sus defectos menores de- jan de pesar y se reabsorben en ol conjunto de si obra. EI juguete rabioso, — De EU ju- ‘guete rabioso (1928) se ha dicho que es Ie novela mis autobiogrifia ‘de ‘Ant, como suelen serlo todas las pr- meras novelas, y la aflrmacién parece tierta, al menos en cuanto a la co- rrespondencia relativamente fiel en- tre los hechos de la ficetén y los de Ja vida del autor. El libro est4 na- rrado en primers persona y tlene tna insdlita limpieza de construccién, El aprendizaje vital del protagonista, Silvio Astier, se desenyuelve en cua: tro episodios independientes entre si, que se suceden como cuentas habil- mente engarzadas. En el primero, “Los ladrones”, Silvio, influido por Ja lectura de folletines y, quizis no menos, por su deplorable condicién social, funda con ottos dos. adoles- centes el “Club de los Caballeros de la Media Noche", que se dedica a ppequelios robos en el barrio, Luego de un fracaso, el Club paraliza sus ‘actividades. En el segundo, Los trae bajos y los dias”, Silvio, Iuego de mudarse de barrio, consigue trabajo ‘como dependiente de Mbreria y pasa f vivir a la casa de don Caetano, su petrén, At asiste a excenas de’ te- rrible mezquindad y sufre diversas Ihomillaciones. AI fin intenta quemar a Wibreria en que trabaa, pero fra ‘casa, y entonces deja el puesto. En eltercero, "El juguiete rabioso", Silvio fntenta,ingresaren la Eseuela de Aviacién como aprendiz de mecinieo. Primero lo aceptan, incluso sozpren- didos de su brillantez, pero luego, repentinamente, lo dan de baja, por- Revistas Argentinas | www.ahira.com.ar Roberto Arlt vestido de drabe en Marruecos (1935), pais que visité como enviado del 994 que no nevesitan “personas inteligen- tes, sino brutos para el trabajo". En seguida Silvio vive una extraiia aven- ‘ura. con un homosexual en una mi- serable pieza de hotel. A la salida, compra un revélver ¢ intenta suck. darse, pero también fracasa. En el cuarto, “Judas Iscariote’, el protago- nista, algo mayor, ha.pasado a ser corredor de papel, oficio que le pa- rece tan vil y humillante como los anteriores que ejercié. Encuentra a tno de sus compafieros del. “Club de Jos Caballeros de la Media No- che", convertido en agente de inves- tigaciones y “regenerado” en la Iucha por la vida. Silvio se hace ami- 0 del Rengo, individuo marginal, que trabaja como cuidador de earros en la feria de Flores. Cierta intimi- dad, cierto calor humano, parecen flocecer entre Silvio y el Rengo. Este cuenta al joven su proyecto de robo fen casa del ingeniero Vitr, patrén de su amante. Silvio acepta partici- ppar en la empresa. Luego, casi me- cénicamente, se pregunta: “ZY si lo delatara?” Y, en efecto, va a ver a Vitri, delata’al Rengo, éste es arres- tado, y Silvio tiene una conversacion final con Vite en la que le comunica que desea marcharse al sur del pais. Estamos en presencia, como se ve, de tuna “novela de la inieiaciOn”, no, por cierto, ala manera del Wilhelm Mebster, a conocida novela de Goe- the, sino més bien en una tradicién “negra” que no tiene precedentes en nuestra Hteratura, siguiendo, tal vez no a sabjendas, los pasos del Mar quis de Sade y del Conde de Lau- ‘tréamont. La estructura de Jos tres primeros episodios resulta homéloga: un intento de Silvio por afirmarse como individuo (mediante-el acto an- tisocial, en los dos primeros casos; mediante el suicidio, en el siltimo), fracasa lamentablemente, En el cuar- to, este juego de oposiciones e ine terrelaciones se sutiliza y complica al méximo: Silvio parece encontrar tuna posibilidad de relacién humana ‘con EI Rengo, y justamente entonces digrio Ek Mundo * has . Archivo Historico de Revistas Argentinas | Www.ahira.com.ar ee Elizabeth Shine de Arlt, segunda Copia faesimilar de la patente de esposa del eseritor fnoencife olorgada a Arlt por a (fotogrofia Wilensky, 1999) incenio de lr medias gomifcades cs be Valent Va ee Bee een Oe: EE Seg be 4 Sp pe oe A Rrged it ea) Cate Si asa PL ea, Os lea Po ata ee KRY BODE Gy Cane Pégina de una libreta en que Arlt anotaba las formulas quimicas necesarias para su inoento de Ge Tas medias gomificadas EI ditimo invento En 1934, Arlt patenta un procedimiento de su invencién para fabricar medias euyos puntos no se corran. El documento respective, del 17 de octubre de ese aiio, se refiere, con estilo administrative, a los. suefios cientificos del escritor: se trata de “medias con unteras y talén reforzado con caucho © derivados”, Como el Erdosain de Los siete locos pes lt pone sus mejores esas medias que lo sacarin de I inestabilidad econdmica y le permitirin escribir en paz. Se tiene tanta confianza como inventor que le exeribe a su hija Mirta: “Tendrén que usar amis medias © andar sin medias en invierno. No hay disyuntivas.” Ha instalado, con el actor Pascual Naccarati, un’ pequetio laboratorio en Lantis, donde, entre otros artefactos, un autoclave, tun barémetro y una piema de Guraluminio certifican que los socios han decidido explotar el invento de Arlt con toda seriedad. Las primeras medias que salen del autoclave no son un echado de perfeccién. Ya es 1942. Arlt resuelveperseverar. ¥ la muerte Io sorprende mientras suponia préximo el triunfo de su invento, ese invento que probablemente nunca two 'pesibilidades de imponerse, pero en el que el escritor ‘ereyé tanto como en sus libros. Archivo Historico de Revistas Argentinas | www.ahira.com.g: La produceién narrativa de Roberto Arlt, aparte de incorporar con naturalidad a la literatura a el lenguaje coloquial porteiio de su tiempo, cuelca por primera vez en plitcas auténiicamente, moderna los tipicos dramas sociales z urbana. Arlt, una Nuviosa, los actores del Teatro del Pueblo llevan el atatid con los “Trabajo Io indispensable para vivir sin tener que gorrear a nadie, y soy pacifico, timide y solitario, No creo en Tos hombres, y menos en las mujeres, mas esta conviecién uo me impide buscar a yeces el trato de ellas, porque la experiencia se afina fen su rove, y ademas no hay mujer, por mala que sea, que no nos haga indirectamente algin bien, Creo en el amor cuando estoy triste, cuando estoy contento miro a ciertas mujeres como si fueran mis hhermanas, las felices, aunque no se me oculta que tal pensamiento es un disparate, pues si es imposible que un hombre haga feliz. a una sola mujer, menos todavia a todas, Como todos los seres humanos, he Tocalizado muchas mezquindades en mi, y mas me agradaria no tener ninguna, tas al final me he conveneido que un hombre sin defectos seria inaguantable, porque jamés le daria motivo a sus préjimos para hablar mal de él, y lo unico que nunca se le perdona a un hombre, es su perfeccion. Roberto Arlt (de Primes autobiografia, reproducida en Conducta, NP Ql, julio-agosto 1942) Orgullosamente afirmo que escribir, para mi, constituye un lujo. No dispongo, como otros escritores, de rentas, tiempo o sedantes empleos nacionales, Ganarse la vida seribiende es penoso y rudo. Maxime ‘cuando se trabaja se piensa que existe gente a quien Ia preocupacién de busearse istracciones les produce surmenage, El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo, Crearemos nuestra Jiteratura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo ‘en orgullosa soledad libros que cencierran la violencia de un “eross” a a mandibula, Si, un libro tras otro, y “que los eunneos bufen”. Roberto Arlt (del prélogo a 1Los lanzallamas) lo delata: esta es la iniea vez que no fracasa, evando realiza un acto “socialmente” bueno pero individual- mente malo, Amargamente, el ibro se cierra y el lector sospecha hay salvacién ni para Silvio ni para Ja sociedad en que vive. Aqui se produce Ja ruptura con la tradicién negra” de que se hablaba, pues este final sorpresivo, injustamente.califi- cado por Zum Felde como "lo peor que tiene este libro”, tiene el efecto de un shock para el que lee, remic tiéndolo, de golpe, @ una precisa realidad Noé Jitrik observa que la novedad de la novela estriba “en que los pro- bblemas sociales que maneja no estin visos de afuera, como curiosided como aberracién propia de otros, sino desde adentro, sin renunciar al riesgo que implica examinar una realidad sin desentenderse personalmente de ell’. Ello es particularmente cierto durante el episodio de la. libreria, donde se asiste a una especie de contagio casi fisico por Silvio de la atmésfera viciada, “mala”, que lo x0- dea; y en el episodio del homosexual, en el que este problema es asumido, por primera vez. en nuestra literatura, sin exagerada intencién moralizadora © didéctica, y tampoco a partir de ‘una falsa oposicién entre normalidad y anormalidad, sino desde la desnu- da dimensién humana, individual, del conflito, ‘Téenicamente, el bro utiliza, casi sin proponérselo, algunos procedi- mientos de Ia nueva novela. No se explica la situacién social, el aspecto ni los pensamientos de los persona- jos: toda Ta explicacin est dada por Ja aceién misma, por el relato de os hechos. En el primer episodio, la fiecién se intema en Ia realidad (de Ja historia); los folletines de aventu- ras son, al mismo tiempo, materia y ‘motivo de los acontecimientos; Ia vida de los personajes remeda la vida de los otros personajes, los de le ficeién dentro de la ficoidn, También es mo- derna la presentacién psicolégica de Jos personajes: la vida psiquica es ppresentada con todas sus arbitrarie- dades, despojada de la casualidad, fragmentada en inniimeras vivencias ‘que muchas veces no se relacionan entre si, EI mismo aflo de Ja aparicién de El juguete rabioso, 1928, se publicd otra “novela de Ia iniciacién’, més Famosa que la de Arlt: Don Segundo Som- bra, Diferentes por tantas razones El juguete es urbana, y encarna tuna concepcién pesimista de la so- ciedad urbana, hecha de derrumbe de valores e inseguridad moral, mien- tras Don Segundo reconcilia tradi- cidn y modernidad en su visién del ‘mundo rural, en su nostilgica. can- i6n de despedida a un mundo de idad y esencias; ET juguete Integramente en un len- uaje empastado, Aspero, con fideli- dad coloquial, sin musica ni lirismo, en tanto que Don Segundo se empefia fen trozos de rara calidad poemética, en finas descripeiones impresionistas, de manera que una pégina aislada del libro de Arlt nada dice a la sen- sibilidad del lector, mientras muchas de las de Don Segundo se leen con placer, tienen en comin, aparte de To obvio de su asunto y de la narra- cién en primera. persona, el hecho de asumir las reglas del juego de la narrativa modema, aunque fuera en Aiversos dmbitos. Y si Don Segundo Sombra, debido a su perfeceién y al mundo ‘que representa, no podré ser imitado_y antes bien cerrard una época, El juguete rabioso, con todas sus limitaciones, traerd a nuestra ne- rativa una fuerza germinal que est lejos de haberse agotado. ‘Los siete locos y Los lanzallamas. Aunque quizds hubiera sey més co- rreclo estudiar por separado a estas dos novelas como se veri mas ade- Jante, sus desniveles de lenguaje, in- tensidad y aun composicién novelis- ‘ica son muy pronunciados—, el hecho de que tengan continuidad argumen- tal y de que el propio autor hubiera pensado en ellas como en una uni- oeArchivo Historico de Revistas Argentinas | www.ahira.com.ar EL JVVETE RABIOZE NOVELA Portada de' la primera edicién de El juguete rabioso dad, obliga a no aislarlas en el and- lisis. Estamos aqui en presencia, sin duda, de la mas ambiciosa empresa narrativa de Arlt, tanto por la vas- tedad del mundo’ evocado como por Ja multiplicidad de procedimientos utilizados: las inquictudes motafisi- cas del escritor se concentran, su Baleria de personajes se diversities ‘como en ningiin otro momento de su produceién, y su téenica de na- mrador aleanza el méximo de eficacia fen escenas sueltas, si no, tal vez, en a composicién global de los libros. Los siete locos (1929) se inicia con la escena en que el lector se entera de que el protagonista, Exdosain, ha robado dinero a la compafia en que trabaja como cobrador, y debe di volverlo en plazo perentorio. No. es tanto el dinero en sf lo que hizo robar a Erdosain, sino “Ia alegria” de ser ladrén y tomarse asi un desquite en su existencia humillada y mezquina. Después, vemos eémo pide ese dine- ro a Ergueta, un farmacéutica que lee la Biblia y se cree un elegido de Dios, y eémo Eraueta, luego de de- cirle: “Te pensis que porque leo Ia Biblia soy un otario?", Io despide ex- clamando: “Rajé, turrito, rajé”, Co- rnocemos también a Barsut, primo de Ja mujer de Erdosain y que despierta Ja repugnaneia de éste. Erdosain se dirige a Témperley, a casa del As- trélogo, extrafo porsonaje que planea constituir na sociedad secreta para tomar el poder y que cuenta con Erdosain para quo instale una {é- brica de gas fosgeno que le permita aniquilar toda resistencia en el mo- mento de la insurrecei6n, También forma parte de la sociedad —aunque solo a titulo de colaboracién desin- teresada— Arturo Haffner, el Rufidn Melaneélico, que elabora un esquema para instalar los prostitbulos que se- rn el principal Fundamento_econé- mico de la organizacién, Haffner es quien da a Erdosain el dinero para que reponga el monto de su robo. Al volver a Erdosain a su casa, se encuentra con que Elsa, su mujer, ha La Sociedad Secreta Pagina que forma parte de un capitulo de Las siete locos publicade antes de la edicién de ta novela, en la revista Pulso (julio 1925) Archivo Historico de Revistas Argentinas | www.ahira.com.ar “Tengo una fe inquebrantable en mi porvenir de escritor. Me he comparado on esi todos os del ambiente ¥y he visto que toda esta buena gente tenia preoeupacién estética 0 hhumana, pero no en si mismos, sino respect de Ios tas Esta especie de generosidad es tan fatal pura dl esertr, del mmo modo que Te Seria fatal a un hombre que quivers hhacer fortuna, ser tan honrado con los bienes de otros como con los suyos. Creo que en esto les Nevo ventajas a todos. Soy un perfecto gotta, [La felicidad del hombre y de Ta hhumanidad no me interesan un pepino. Pero en cambio el problema de mi felicidad me interesa tan enormemente, que siempre que lance una novela, los otros, aunque no quieran, tendrin que ineresarze en la forma como resuelven sus problemas mis. personajes, ‘que son pedazos de mi mismo Roberto Arlt (en entrevista concedida a Literatura Argentina, 1929) docidido abandonarlo irse con ef Capitan, que también esta presente. Entre los tres se desurrolla una és- pera y penosa escena. Elsa se marcha con el Capitan, Erdosain cae en la més oscura depresién. Llega Barsut, quien lo golpea y humilla indecoro- samente; Erdosain se promete me- tarlo, Con el Astrélogo, planea el seeucstro de Barsut, para robarle. Se cumple el plan del secuestro, En Ja casa del Astrélogo, tiene lugar una reunién plenaria de la sociedad se- creta, en la que se diseuten muevos aspectos de su aecién, Una extratia relacién se establece entre Erdosain y a Coja, esposa de Ergueta, pros- titata “que el farmaeéutico resolvié regenerar, La Coja informa que Br- gueta, despnés de un ataque de lo- ura, ha ido a parar al Hospicio de la Merced. Erdosain sueia. con el invento de la metalizacién de flores: Ja “rosa de cobre", piensa, habré de sacarlo de la miseria. En ia casa del Astrdlogo, de acuerdo con lo conve- niddo, Erdosain presencia el asesinato de Barsut; pero se trata solo ce una farsa, pues el Astrélogo ha decidido respetar la vida del secuestrado, Los lanzallamas (1981) comienza con cl encuentro de la Coja y el Asteé- logo; éste revela que 5 castrado Erdosain, en tanto, quo se ha ido de su casa, tiene relaciones con la Bizea, hija ‘adolescente de la duefia de la pensién en que vive. El vinewlo con la Bizca, pobre muchacha de barrio, es para Erdosain el sltimo grado de Ia. antohumillacién. Diver- 505 episodios laterales eruzan la ac- cidn: cl Rufidn Melanedlico es ase- sinado, Elsa —que ha dejado al Ga- pitin— cuenta sus desgracias, dos intorescos amigos de Endostin se proponen vivir de la limosna. Mien- tras Erdosain planea su filbrica de fas, un personaje mitad reel y mitad Imaginario, “el gaseado”, se presenta en su pieza. En Témperley, donde se ha instalado el enajenado Ergueta, se estrecha la relacién entre Ta Coja y el Astrdlogo, La banda esta a pun- to de ser descubierta, La accién se precipita: Barsut mata a. Bromberg, guardaespaldas del Astrélogo, éste hhuye con la Coja, y el propio ‘Barsut escapa de la casa, que es incendiada, ‘mientras Engueta se pasea en las cer canias. Erdosain, cuyo proyecto de fabriea de fosgeno no sirve ya para nada, realiza su iiltimo acto gratuito: mata a la Bizca, mientras la mucha- cha duerme con él, y mas tarde se suleida en el tren que va rumbo a Moreno, Ta trama relativamente complicada de estos libros, en Ia que el hilo ar gumental central se mezcla de pron- to con episodios laterales, y donde la tensién casi de novela’ policial se combina con largas tiradas y conver- saciones semifiloséficas, parece de- bere bastante —si bien deliberada ¢ Snicamente— al folletin, caro re- ccuerdo de infancia de Arlt, pero mis atin a Los poscidos, de Dostoievsky, con la que comparte varios propé tos signilicativos y estructurales. Una sociedad secreta se establece para conquistar el poder, pero su desafio es més bien metafisico que politico, y su pretensién aleanzar el absoluto tn el mal y en la destruccién antes que administrar la sociedad. Sus com- mentes, en ambos casos, son seres lesequilibrados, cercados por la es- quizofrenia 0 hundidos en ella, en los que se manifiestan, en reldmpa- gos de significado, las tensiones las contradicciones de todo el Ambito social que los envuelve. 4 diferencia el escritor ruso, Arlt propone en sus novelas un foco central (Ia concien- cia de Erdosain), a través dol que se da mayor relieve a la tragedia individual y como una sensacién de distancia, de objetividad, frente a la organizacién clandestina que el. pro- tagonista integra Un estudio comparado de Los siete locos y Los lanzallamas convendrd ‘que en aquella estén ya contenidos todos los niicleos de significacién del ciclo, y que Los lanzallamas, proba- Dlemente la menos convincente de las Agchivo Histdérico de Revistas Argentinas | www.ahira.com.ar novelas de Arlt, no hace sino acotar y dar culminacién anecdética a un texto ya configurado en sus eiemen- tos principales. No es que Los sicte Tocos carezea de caidas; su. compo- sicién nunca aleanza la limpieza de El juguete rabioso (aunque vale la pena advertir, como lo hizo el propio Arlt, que su ambicién constructiva y artistiea es muy diferente); 1a aecidn se arrastra a menudo, las escenas sub- jetivas no se insertan siempre en el flujo narrative, y aun hay un grave descuido cuando, en “Sensacién de Jo. subconseiente”, capitulo conlesio- nal del Astrélogo, se produce un in explicable cambio del foco central Pero lx comparacién con Los lan- zallamas no puede sino menguar a sta, incluso aceptando que Arlt, fseuciado por compromisos.editoria. les, debié escribirla en my corto plazo, El tono general de Los siete locos es dinimico, mévil; la accién, al avanzar, va descubriendo nuevos pllanos de interés y sentido; las me- jores escenas subjetivas, Ios “suctios” de Erdosain (como “Los suefios del inventor’, “Arriba del érbol", “La casa negra”) cumplen eficazmente su funeién “distanciadora”, y la téenica que acentiia el dramatismo del relato @s la del didlogo, hasta tal punto que entre los didlogos de Los siete locos se encuentran algunas de las més Jogradas paginas de la narrativa ar entina (por ejemplo, en los de Er- dosain_y Ergueta; Erdosainy Haff- ner; Erdosain, Elsa y el Capitie; Erdosain y la Coja). Lo contrario ‘ccurre en Los lanzallamas; la estruc- tura es estitica y reiterativa; predo- minan los. mondlogos_y los trozos confesionales (el de Elsa, el del re- lato sobre la vida de Bromberg), que detienen la accién sin enrique: cerla; os didlogos son en general iscursivos y- pretendidamente inte- Tectuales; y el desenlace estalla brus- camente sin una preparacién adecua- da, Con todo, la intuicién narrativa de Arlt rescata algunas escenas: la de Ja agonia del Rufién Melancélico, Ia del “gaseado” y, sobre todo, el tre mendo episodio del asesinato de la Bizea por Erdosain. Menos ingenva, menos instintiva tal vez que El juguete rabiaso (ya en el hecho de que esté escrita en ter- cera persona’ se revela un mayor esfuerzo de objetividad, de aleja miento de Ia propia materia crea. va, lo que despues confirman otras téenicas mediadoras), Los siete locos, sin aleanzar la justeza de composi cién, Ia economia expresiva que res- pira'la primera novela, consigie po- rer al desnudo, con ‘una violencia que precisamente Se debe a su pres- cindencia de las categorias narrtivas tradicionales, ciertos mitos constitu vos de la pequefia.burguesia: las rarqulas sociales, el fetiche del dine- 2, by ambicién de poder y fortuna. Esta lanor de eritica social resulta tanto més efieaz cuanto que no se presenta en forma de observaciones Gidicticas ni de parabolas edifican- tes, sino a través de Ta angustia per- sonal, intransferible, de un individu cuyas pesadillas y deliros, siempre en. duro conflicto con Ia realidad, ubrayan constantemente el caricter escindido y dual de Ie sociedad en ‘que vegeta. Este partir de la viven- Gia individual, esta imagen de Erdo- sain que se repliega sobre la propia ceonciencia y se contrac y disloea bus- tando initiimente un modo de con- vivencia con la realidad, es wno de los mejores testimonios acerca de la modernidad de Arlt, y una de las més aprovechables. partes de si he- reneia Iteraria El amor brujo, — La siltima nove- a de Arlt, El amor brujo (1982), propone, si se Ia compara eon. sus redecesoras, un cambio radical de enfoque: el escenario se achica, los personajes se reducen al minimo y todo se limita, al parecer, a una cues- tién de sentimientos. Una mirada més profunda revela, sin embargo, aque las obsesiones biisicas del eseri tor siguen teniendo vigencia en este libro, El amor brujo es, ante todo, Fedor Dostoievsky Archivo Historico de Revistas Argentinas | www.ahira.comiar Portada de la primera edicién de EI amor brujo tun estudio del amor tal como se ma- nifiesta en la clase media, articulado en la oposicién entze la idealizacién roméntica del ser amado y Ia reali- dad fraudulenta del matrimonio bur- gués. El ingeniero Estanislao Balder, casado, con un hijo de seis afis, ve tun dia, en el andén de la estacién do Retiro, a una muchacha cast ado- lescente —que también lo mira a él— ¢ ingresa en una especie de deslom- bramiento que_no le permitiré, en adelante, preseindir de la imagen y do la presencia de la joven. Luego de diversas altemativas, Balder consigue frecuentar la casa de Irene —la mu- chacha— y convertirse en tna especie de novio de ella. Toda la novela no 6s singel relto de Tes vacaciones le Balder, de sus experiencias con la familia de Treno, cuya madre —viuda de un teniente coronel— pri- mero no lo acepta por su calidad de hombre casado pero que luego cede y lo incita a divorciarse, de las ensofiaciones en que el amor de Ire- ne To sume. Una a una son descriptas Jas convenciones del noviazgo y del matrimonio burguds (que todos, a excepcidn de Balder, convierten’ en altos valores éticos) y es trazada una caricatura de la fauna familiar que consagra estas institueiones: Ia sue- sa, los futuros eusiados, los “amigos de la familia”. Una historia lateral, en Ja que Balder ve una suerte de xéplica —proyeetada_en_ el. futuro, quizis~ de sus propias relaciones con Irene, se desarolla al mismo tiempo: es la de Zulema, amiga algo mayor de Irene, cuyo matrimonio ‘con Alberto, un mecinico, no marcha bien. La historia termina cuando Ire- ne se entrega a Balder y éste com- prueba que no era virgen, tal como Te habia jurado, Ante el engafio, re- suelve romper sus relaciones con la muchacha. Simulténeamente, Alberto se presenta para contarle que Zulema le es infiel, En el sltimo instante, el Fantasma de la Dada, especie de conciencia de Balder, le habla y sue glere que no ha dejado a la mucha- cha solo porque no era virgen. “éPor- qué no le dijiste (al mecénico) que ayer, después que Irene se fue, Hle- 1&6 tu esposa y te reconciliaste con ath le dice, antes de que conclaya Estructuralmente, a pesar de Io exi- {guo del Ambito tratado, estamos en presencia de una de las obras mis complejas de Arlt. Para evitar Ia ‘omnisciencia del autor, y_ también para eludir un foco central despético, Arlt interpone entre el lector y el rotagonista a un “cronista”, que es quien da a conocer los. documentos fntimos de Balder. Este, con todo, continia siendo el foco central: Ja figura de Trene, sobre todo, se da a conocer a través de las reacciones aye onl desplra. Lhiteri ate ral, como se ha visto, es de al modo mediadora de la historia prin- cipal; los seres fantisticos que aco- san aBalder tienen también tin papel mediador, Podria decirse que con Balder Arlt logra el méximo de obje- tividad y de desprendimiento de si mmkano “al mens, en cuanto Ja é- nica novelistiea~' de sus protagonis- tas, mas que en Erdosain y mucho nds que en Astier. Incluso, a través de los elementos mediadores, el autor pone especial cuidado en diferenciar las opiniones de Balder de Tas suyas propias, Una de las razones por Ja que Ia composiciéin de El amor brujo parece abigarrada y frustrada, es Ta presen- tia de trozos de tipo discursive 0 ensayfstico cuya funcionalidad no al- ceanza a comprenderse. Evidentemen- te, Arlt pretendié tratar el tema del amor burgués desde todos los éngu- los, aun presentando descripciones e inventarios del problema que com- pletasen el cuadro elinico que se ana- Jizaba, Es probable que le haya fal- tado Ta artesania suficiente para que ‘esos fragmentos apareciesen integra- dos en la estructura narrativa, y no ‘como injertados en ella A pesar de las deficiencias y excesos de esta novela, no se puede coincidir whkrchivo Historico de Revistas Argentinas | www.ahira.com.ar Us ait) oii CMBR a} Portada de la edicién chilena de El eriador de gorilas (Edit, Zig-Zag, 1941) Archivo Historico de Revistas Argentinas | www.ahira.com, con Rail Larra cuando dice que es “la mds floja” de todas las de Arlt. En su anilisis de la relacién amo- rosa en el recinto de la clase media, El amor brujo usa diversas técnicas narrativas para subrayar, otra vez, Ja falsedad e incomunicaciin del mundo burgués, especialmente frente un protagonista que, como todos los de Arlt, se erige en buscador de Ja pureza absoluta. Balder no deja a Trene porque se reconcilie con su mujer, sino que se reconeilia con su mujer porque ha descubierto que Irene no es virgen. La posibilidad de la virginidad en Irene constituye, para Balder, la posibilidad de que pueda uno adaptarse a la sociedad burguesa, de que dentro de ella haya todavia respuesta a su sed de pureza, @Pero es que Balder tiene razén en fadoptar esta actitud cuando é1 mismo ha entrado en el_ juego? El mayor mérito de la novela, su riqueza nifieativa, residen en este final a biguo, que obliga al lector a cues- tionar, no solo las ficciones del amor burgués, sino también la posicién de su fiscal, el propio Balder, encezue- cido por tna realidad de Ia que estan ausentes los matices y que solo pa- rece dar cabida a una pureza total a una mentira total, Los cuentos. — La produceién cuentistica de Arlt esté incluida en dos volimenes: El jorobadito y otros cuentos, y El criador de gorilasy otros cuentos: Hay que agregarle, ademés, un relato largo, Viaje terri ble, publicado en 1841 y todavia no reeditado, en el que, segin Adolfo Prieto, “ctistaliza notablemente” cier- to “mecanismo fantasioso” que para este critico.es una de las tendencias fandamentales de la actividad crea- dora de Arle Solo unas pocas palabras basten para desechar a El criador de gorilas de este estudio. Se trata de cerea de quince cuentos escritos por encargo, en los que se toman como punto de partida anécdotas de ambiente afri- camo y se utiliza toda la constela- RoseRTo Ait Portada de la primera edicién de E] jorobadito El influjo de Arlt no ha cesado de crecer en gran parte de los escritores posteriores a él que practican diversas formas de Ta narration redlista, y su actitud frente a la creacién literaria resulta un itil legado incluso para las promociones més recientes. cidn mitolégica y Tegendavia que este mundo ~en especial, el de los érabes nordafricanos— Brinda. Son cuentos ‘mercenarios que no pertenecen, en realidad, a la literatura. Pero en ellos, ‘como para desmentir a los detrac- tores de Arlt, queda un excelente cjemplo de la'capacidad del escritor para narrar con economia una his- foria, por més insignificante 0 sim- plemente pintoresca que ésta fuera, May distinto es lo que ocurre con EI jorobadito, Los nueve cuentos de este volumen se agrezan, por dere- cho. propio, a los otros trabajos na- rrativos de Arlt, y sirven para com- pletar o ver bajo una luz distinta diversos nticleos tematicos de su obra. Los menos interesantes de la colecciin son, tal vez, los dos de tendencia més o menos fant “La Tuna roja’, construido a la ma- nera de una imagineria sobre la guerra universal, y “El traje del fan- fasma’, relato de las absurdas aven- turas de Gustavo Boer, que, para escapar de una condena por un eri- ‘men. cometido, quiere pasar por loco. Otros dos, de tendencia casi costum- brista, penetran con sarcasmo y hu- mor en ambientes de Ia pequetia burguesia: “Pequesios propietarios” narra las penurias que se infligen mutuamente dos vecinos.envidiosos l_uno del otto, y “Una tarde de do- mingo’, no desprovisto de agudeza psicolégica, relata el encuentro de Eugenio Karl con la mujer de uno de sus amigos, que Io invita a su casa, de la que esti ausente el ma- rido, y provoca una situacién equi- voca y finalmente eémica. “Las fie- ras” se desarrolla en un mundo caro a Arlt: el de Jos desclasadas, el de los seres marginados de la vida nor- mal, “Escritor fracasado”, pretendida autobiografia de un arquetipo de es- critor argentino, encierra buen mate- rial de sociologia y_psicologia. del Susana Rinaldi y Jorge Rivera Lépez, en una escena de Noche terrible, literato. En “Ester Primavera” surge episodio dirigido por Rodolfo Kulm, y basado en el cuento de nuevo el tema de la humillacién, homénime de Arlt, que integra wna pelicula aggentina-brasilena del acto gratuito, ahora visto desde list de Re tinas | www.ahira.com.ar la, perspectiva del recuerdo de un tuberculoso. Los dos cuentos mis logrados de la coleceién son el que le da titulo y “Noche terrible”. En el primero, Arlt hhace converger otra vez sobre un ppersonaje-limite la necesidad de des- hudar, de golpe, la mentira y el fraude social. Ahora es el jorobadito Rigoletto, “insigne piojoso” y levan- tador de’ quinielas, y convertido en “amigo” del relator, quien se con- vierte en verdugo del orden estable- cido. El relator humilla a Rigoletto hhasta el punto de pedirle que lo acompaie a casa desu novia y le pida a ésta un beso, Rigoletto acep- ta, concurre a Ia casa mencionada y, tras recibir Ia consternada negativa de la novia del relator, desenfunda un revélver ygrita, provocando el ‘espanto general: “Yo he venido aqui para cumplir ua alta mision Filan trdpica, La novia de mi amigo esti obligada a/darme un beso. Y no lo rechazo. Lo acepto. Comprendo que debo aceptarlo como una reparacién {que me debe la sociedad, y no me ego a recibir” Cuande, Mega Ik lila, el grotesco termina? pero su tfecto es imborable “Noche terible” (cuento en que se asd un episodio de una coproduc- cién cinematogrifica argentino-brasi- Ib6e, tnteligentemente, dirigido por Rodolfo Kuhn) juega con un vieio tema de Arlt, tratado exhaustiva- mente en El amor brujo: la mentira del amor y del matrimonio burgue- ses. Lo que resulta feliz aqui es que el protagonista, Ricardo Stepens, es enfocado In moche anterior a. sus bodas, sumido en negras cavilaciones que recorren toda la gama de re- euordos tétricos y_presentimientos que enfrenta un soltero antes de dar el paso final hacia el altar. En los Feoucrdos y dudas de, Ricard, se despliega 1a tragicomedia de Ia con- quista del soltero por la familia de Ja novia, Ia relacién a menudo triste hipécrita con ésta, Ia premonicién de tm férreo dominio por parte de Archivo Historico Ja futura esposa. La psicologia y el lenguaje portefios se meten hasta la édula del cuento. Vacilante hasta lltimo momento, Stepens, al fin, se decide, deja todo y escapa al Uru- tuay en la madrugada de las que debian ser sus bodas, rechazando ast al engatio social que supone para él ‘1 matrimonio, Balance de las novelas y cuen- tos de Arlt, — Hasta hace poco, la critica arltiana se basaba en un par de equivocos. Se decéa que el eseri- tor habia tenido graves deficiencias fen sus herramientas expresivas —|f tas de ortografia, entre ellasi-, que su concepeiin de la obra. narrativa debja mucha a sus juveniles lecturas de folletines, pero que podia resca- Lurselo debido a su condieién de cro- nista de las vidas marginales y des- clasadas. Otros enfatizaban también cl problema del déficit cultural de Arlt, pero, destacando, esta vez, su “inmersién” en Ia realidad, su eualic dad casi mistica para asumir el “ser nacional”, Unos pretendian que lo importante en Arlt era cierta postura politica de izquierda (tan dificil de encontrar explicitamente, sin embar- go, en sus libros); otros, tendian a ver en dicha postura precisamente el mayor error de un artista, que no deberia adherirse a ningiin credo po- Iitico. De alguna manera se debalen centre estas coneepciones erticos diver- sos como Rail Larra (autor, con todo, de Arlt el torturado, el estudio bi rifico mAs completo sobre el_no- velista), Juan Garlos Ghiano, FJ. Solero, Hf. A, Murena, Solo en los iltimos tiempos se ha comenzado a testablecer otra clase de contacto con las novelas-y cuentos de Arlt, a par- tir del andlisis estructural de las pro- pias obras, de las cuales se hace partir las diversas significaciones so- Ciales, psicoldgicas y estéticas que toda literatura. revela. Los trabajos de Oscar Masotta (Sexo y traicidn en Roberto Arlt) y de Angel Niviez (La obra narrativa de Roberto Arlt) son hasta_ahora, aunque muy distintos de Revistas rgentina La “leyenda negra” de Arlt Ari que vociera en el subtersineo contra los inocentes pusajeros que Io riran despavoridos, Arlt que escupe el rostro de un portero de casa de departamentos a quien ni si cconoce, Arlt que deseoneierta fsperamente a sus mejores amigos.. EI anecdotario del eseritor es rico en episodios semejantes, y su sentido es, sin duda, tal como en ciertas violentas Y sorpresivas escenas de sus novelas, el de poner en evidencia de tun golpe, en forma repentina, na estructura social y unas. convenciones psicoldgieas besadas en Ia mentira y el disimulo. Quien lo explica bien es su amigo Roberto Mariani: “Se divertia asombrando a la gente cuando invertia, por asi decirlo, Ios signos eorrespondientes & Tas buenas y a las malas personas. Contaba de su amistad con rufianes, con falsificadores, con pistoleros; tenia una cita en Puente Alsina ‘con un reconocide pequero; en fin, tipos de hampa y hez; y esto fuera nada, sino que Io escribia; y esto fuera poco, que Io divulgaba en papel impreso; y todavia mis: lo publieaba, no ya en escritura de fiecién, sino en aquel género de todos ‘eonsentimos en estimar puro, sincero, auténtico: la autobiografia. Se nos pidié varias veces unas paginas autobiogréficas; en cllas, Roberto Arlt, ‘con textuales vocablos de su propia pluma, se desterraba a si mismo de la esfera de las buenas personas (usted me entiende, verdad?) ¥ extremando el juego, penetraba ecididemente en la otra esfera, la esfera de las malas personas.” El propio Mariani cita palabras de Arlt que parecieran confirmar estas facetas oscuras de su personalidad: “Curiosidades cinicas: me interesan entre las mujeres deshonestas, las virgenes; y entre el io de los canallas, los charlatanes, los s] www.ahira.com.ar ‘f005 hipécritas y los hombres honrados.” Y sin embargo, nada més fécil de cor ‘que la teatralidad de estos estos, Ia deliberada mistficaciin =a la’ larga, desmistificadora que encierran estas declaraciones de doble filo, que confunden af lector pero también lo hacen volver sobre Io ya leido, que lo cuestionan y lo Sacuden, que lo remiten a una realidad que merece algo més que Ia mirada superficial. No siempre Arlt fue este peleador hosco y paradéjico; el propio Mariani sabe, descr el reverso de esta “leyenda neg “habia que descaseararlo para encontrarle su ser auténtico: deseartar las insélitas frases, distinguir Ta imaginacién —y edmo era rico y exético de esto...— de la realidad: graduar sus distintas actitudes, percibir su rechazo de todo seniimentalismo verbal; y darle valor a. sus simpatias y fmistades, Yash resltaba tm {gran amigo: interesante, conversador, hhablaba yescuchaba; decia de mismo, cierto, Pero también preguntaba por uno y repreguntaba, Interesindose por otro que no él” centre si, los més adecuados exponen- tes de esta nueva linea critien. Los mitos ya se han disipado: ni Arlt eseribia mal —las incorrecciones menores de su lengua no perjudican casi su verdad y conviceién narrati- vas— ni el folletin fue el principal modelo en que se inspiré. Arlt re- sulta, en nuestras letras, un punto de partida y no un punto de Ilegada: précticamente ninguno de nuestros escritores anteriores lo ha influido. Gorki, Andeeiev, y sobre todo Dos- toievsky, tienen relativa. gravitaeién en su formacién literaria; pero la originalidad de Arlt consiste en que su personal experiencia social y lin- agiistica, casi sin mediaciones cultu- rales, crea sus estructuras narrativas correspondientes. Sus defectos hay que buscarlos en otra parte: en cierto rechazo de Ia cultura Iiteraria en general, que se hace visible especial mente en la composicién de sus li bbros, y sin el cual quizis su obra Ihubiese alcanzado un nivel genial Pero también es probable que ese rechazo fuera Ia “nica actitud posi- ble para Arlt en un medio cultural como el nuestto, la tiniea puerta de salida frente a lis tentaciones y afei tes de una literatura dependiente, Lo importante es, como apunta el ya meneionado Nie su estractora narativa coincide “en recursos y sentido— con la gran lite. ratura de Ja época, Sus relatos por- teins, tachados de estilo defectuoso y aparentemente limitados frente otras obras. argentinas contemporé- neas, entroncan con la Iinea que en el siglo XX cambia Ia literatura oc- cidental’ Hasta Ia Tlegada de Artt, Ia narrativa argentina no sobrepasa un nivel de ignidad menor, en que las erénicas naturalistas. (en Cambaceres, en los novelistas del ciclo de la Bolsa) se alternan con novelas “artisticas", cu- ya pros pulida poco tiene de narra- tivo (como las novelas modernistas), y donde eseritores que cealtivan un realismo psicol6gico y social empa- rentado con el clima espiitual del siglo diecinueve (como Gilvez) se mezclan con narradores humanitaris- tas y diddetices,cuyas obras no pas san de ser ilustraciones de problemas Seis ¥ eras (io lon os Taturalistas integrantes del de. Boedo). Don Segundo. Sombra, gue aparece el mismo ato que la primera novela de Arlt, es, como se ha visto, un caso aislado de logro ranative, un gran Libro que no herd escuela. Con Arlt ingresan en nue tra narrativa los grandes conflictos Ge la sociedad. urbana; con, Arlt la Inoderna pricologia se hace presente en la novela, desplazando al causa. ae y sreasioniens, tan vincula- s con el siglo anterior; y, por ulti- mmo, con All se hace. presente, por primera vez entre nosotros, lo. que Masottallsma “reelismo:metafisioo" a herencia de Arlt esté lejos de Taber sido todavia usuructuate por completo. Todas las nuevas formas Ge narrativa reaista “que tan poco tienen que ver con el realisno el Telurletmo fradiconlee= le debt en el pais, alguna leccién y alguna ineitacién. A él vuelven sus esfuerzos creadores algunos de los més repre- fentativor noveitas de To que se ha dado en Tamar “generac interme: dia” (Sabato, Roger Pla y, en el Uruguay, Juan Carlos Onetti); de extrac motives para sit intents de realismo critico o para sus pre- ocupaciones psicolégieas, buena par- te de los narradores que forman Ia feneracién del 55 (David Vinas, Bev dro Orgambide, H. A. Murena); y a ‘él acuden, en nueva prueba de su oad ae a ee thtas aparecidos recentemente, Una revision de Ark no es, ue, on 860 esfuerzo de exégesis literaria, sino cma lores viva Y permanente que prisa por cl centro de Tas obras de Jnuesttos mejores narradores, y que ann puede ensefiarles mucho —por teston por rechazo acerca’ de Ja fidelidad a sus propios instrumen- fos expresivos ya su propia realidad, Agchivo Historico de Revistas Argentinas | www.ahira.com.ar Comida con motivo del primer aniversario de la inauguracién de los talleres erdficoe de la Editorial Glaridad, en (a calle San José (1935). En la fila de los sentados, el primero de la izquierda es el editor Antonio Zamora; el tercero de la izquierda, Roberto Arlt; y el illtimo, Elias Castelnuovo, orico de Revistas A rchivo Hi Bibliografia basica De ARLT NARRATIVA Y PROSA EN GENERAL, EL juguete rabioso (novela), Editorial Latina, Buenos Aires, 1926, Tos siete locos (novela), Editorial La- tina, Buenos Aires, 1929, Los lanzallamas (novela), Editorial Cla- ridad, Buenos Aires, 1991. EL amor brujo (novela), Editorial toria, Buenos Aires, 1932, “Aguafuertes portefias (crénicas periodis- ticas), Editorial Vietoria, Buenos Aires, 1963. El jorobadito (cuentos), Librerfas Ana- ‘onda e Imprepta Lépez, Buenos Aires, 1983. x Aguafuertes espaiiolas (primera parte) (crénicas periodisticas), Editorial L. J Rosso, Buehos Aires, 196. Viaje terrible (relato), en “Nuestra No- yela, afio I, N? 6, Buenos Aires, julio de 1341. El criador de gorilas (eucktos), vol. 6 de “Obras de Roberto Ari”, Editorial Futuro, Buenos Aires, 1951. (Hay una cedicién anterior, pricticamente inhalla- Dle, publicada en Chile en 1941.) Novelas completas y cuentos, 3 tomos, Compania General Fabril Editora, Bue- nos Aires, 1963. Figuran las cuatro no- velas, y los dos tomos de cuentos. No se inclaye Viaje terrible. Segiin José Mari, Arlt publicé en 1920, durante su estada en Cérdoba, en “La Novela de Cordoba", una novela corta titulada EX diario de un, morfindmano. Ni el original ni la edicién han podido ser hallados. TEATRO 300 millones, Editorial Victoria, Buenos ‘Aires, 1992 Separacién feroz, en el diario El Litoral, Santa Fe, 1938, Saverio el cruel, Et fabricante de fan- tasmas, La isla desierta y 300 millones, vol. 9 de “Obras de Roberto Arlt”, Edi- torial Futuro, Buenos Aires, 1950. El desierto entra en Ia ciudad, Editorial Futuro, Buenos Aires, 1952. Ademés de las obras citadas, fueron es. trenadas dos que permanecen inéditas Africa (estreno: 1838) y La fiesta del hierro (estreno: 1940). En 1930 se re- presenté en el Teatro del Pueblo Ef humillado, esbozo dramitico basado en un capitulo de Los siete locos. Sobre ARLT Anderson Imbert, Enrique, Historia de la literatura hispanoamericana (tomo II, pags. 300-302), Fonda de Cultura Eco: némica, México. Arlt, Mitta, “Recuerdos de mi padre a propésito de algunas eartas”, en Ficcién, N° 15, Buenos Aires, 1958, Id, prélogo a Novelas completas y ‘cuentos, Compaiiia General Fabril Edi tora, Buenos Aires, 1963, Castelnuovo, Elias, “Roberto Arlt’, en Columna, Buenos Aires, agosto de 1942, Etchenique, Nira, Roberto Arlt, Edito- rial La Mandrégora, Buenos Aire Garefa, Germén, La novela argentina (pags. 215-217), Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1952. Ghiano, Juan Carlos, Testimonio de ta novela argentina (pigs. 171-182), Edi- ciones Leviatin, Buenos Aires, 1956, Td, °Mito y realidad de Roberto Ault", ‘en Ficcién, N° 17, Buenos Aires, 1959. Jitrik, Noé, “Arlt, ET juguete rabioso", ‘en Eseritores argentinos: dependencia 0 libertad, Ediciones del Candi, Buenos Aires, 1967. Larra, Rasil, “Ubicacién de Roberto Art”, en Argumentos, N° 2, Buenos Aires, 1968, 1d,, Roberto Arlt, ef torturado, Editorial ro, Buenos Aires, 1950. Mariani, Roberto, “Roberto Arlt", en Conducta, N? 21, Buenos Aires, 1942, Id, “Roberto Arlt", Nueva Gaceta, Bue- nos Aires, septiembre de 1942. Masotta, Oscar, Sexo y traicién en Ro- berto Arlt, Jorge Alvarez Editor, Buenos Aires, 1965. En parte recoge articulos publicados anteriormente. Mastronardi, Carlos, “Roberto Arlt”, en Formas de ta realidad nacional, Biblio- teea del Sesquicentenario, Buenos Ai- res, 1961, Murena, H. A., “El sacrificio del inte- lecto. 2. Roberto Arlt”, en El pecado original de América, Editorial Sur, Buc nos Aires, 1954, Niiez, Angel, Ta obra narvatica de Roberto Arlt,’ Editorial Nova, Buenos Aires, 1968, Pagés Larraya, Antonio, “Buenos Aires en la novela’, en la Revista de la Unie versidad de Buenos Aires, afto IV, N° 2 (pigs, 253-276), Buenos Aires, 1946, Prieto, Adolfo, “La fantasia y lo fan- tistico en Roberto Arlt”, en Boletin de literaturas hispénicas, Instituto de Letras de Ia Facultad de Filosoffa y Letras de Ja Universidad Nacional del Litoral, Rosario, 1963, Sebreli, Juan José, “Inocencia y culpa bilidad de Roberto Ari”, on Sur, N° 923, Buenos Aires, julio-agosto de 1953. Solero, F, J, “Roberto Arlt y el pecado de toclos®, en Contorno, N° 2, Buenos Aires, 1954, Soto, Luis Emilio, en “El cuento’, His. toria de Ia literatura argentina (tomo IV, pls. 499-440), dirigida por Rafael Alberio Arrieta, Editorial Peuser, Bue- 10s Aires, 1959. ‘Trejo, Mario, “Arlt, un desconocido”, en Democracia, Buenos Aires, 27 de enero de 1957, Vanasco, Alberto, “Roberto Arlt”, en Letra y Linea, afto T, N° 1, Buenos Ai- res, 1953. Vias, David, “Arlt: humillar y seduci en Marcha, N° 1298, Montevideo, abril de 1986, Vitias, Ismael, “Una expresién, un sige en Contorno, N? 2, Buenos Aires, Zum Felde, Alberto, La narratioa his. panoamericana (en “Las modalidades suprarrealistas de mediados del siglo”), Editorial Guarania, México, 1959. archivo Historico de Revistas Argentinas | www.ahira.com.ar Este fasciculo, con el libro EL JUGUETE RABIOSO, de Roberto Arlt, constituye la entrega N° 42 de CAPITULO Precio del fasciculo mas el libro: $ 160.- a Ke otis

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