Principios de Fe en el Judaísmo
Principios de Fe en el Judaísmo
SheHakadosh Baruj Hu Matzui umashguiaj - Que el Santo Bendito Sea Existe y Supervisa.
Primer principio de Fe de Maimonides (Rabi Moshe Ben Maimon). El primer Principio consiste en
creer en la existencia de D-s. Es decir: Que existe un Ser, perfecto en todo aspecto posible, que es
la causa de todo lo existente.
En cambio, si nada existiera (es decir: si todo lo que existe dejara de existir),El seguiría existiendo y
Su existencia no sería afectada en absoluto.
El es autosuficiente y no precisa para nada de ningún otro ser. Por el contrario, todo lo demás:
ángeles, planetas, y lo que en ellos existe, dependen de Él para poder existir.
Este primer principio nos lo enseña la Tora en el primero de los 10 enunciados: “Yo soy Hashem tu
D-s” (Shemot 20:2)
COMENTARIO.
En su libro Mishne Tora escribe Maimonides que este primer principio es el pilar de los pilares del
Judaísmo. EL universo que nos rodea es obra de un Creador.
Una de las grandes preguntas que muchos se plantean es: ¿Cómo se me puede exigir creer si la
creencia es algo subjetivo, un sentimiento personal? ¿Acaso el Judaísmo pretende que la persona
se forme una sensación artificial de fe?
Más aun, en una época como la Era Moderna, en que la ciencia y la tecnología han avanzado
enormemente y el materialismo predomina en el mundo, ¿Hay cabida para la creencia en lo
invisible; en lo indemostrable en el laboratorio?
Antes de dar respuestas precisas a estas cuestiones, hemos de aclarar un punto de suma
importancia para toso aquel que desee conocer los Principios del Judaísmo: El Judaísmo está lejos
de ser tan solo una creencia y, con más razón, una creencia a ciegas. Los principios del Judaísmo se
presentan a estudiar y a analizar racionalmente.
La misma Tora escribe: “Y sabrás hoy, y enraizaras en tu corazón que Hashem es el D-s arriba en
los cielos y abajo en la Tierra…” (Devarim 4:39). Es decir que la creencia en la existencia de D-s y en
Su unicidad comienza por el conocimiento intelectual. La autenticidad de los principios del
Judaísmo se puede verificar, de modo que no se exige a la persona creer ciegamente en ellos. Al
contrario, el Judaísmo es partidario de la reflexión y utilización de la comprensión humana.
El segundo principio trata de la unidad de D-s. Es decir, que hemos de creer que este Ser, que es la
causa de todo lo que existe, es Uno.
Él no es uno como un miembro de un par o de una especia; tampoco es uno como un objeto único,
que se puede dividir en varios elementos; ni tampoco es uno como el objeto físico más elemental
que es posible dividir hasta el infinito.
Este segundo principio nos lo enseña la Tora con las palabras: “Escucha Israel, Hashem es nuestro
D-s, Hashem es Uno” (Devarim 6:4)
Forma parte de este principio saber que D-s es indivisible, que no tiene partes. Es por eso que no
se debe confundir y suponer que el Nefesh o alma humana es literalmente “parte de D-s” pues
esto implicaría que D-s tiene partes y esto atenta contra el principio de Unidad.
Fundamentos de Fe – Parte 3
Ve’en lo guf ve’en lo demut haguf – Que el Creador no posee cuerpo ni forma alguna
El tercer principio es que D-s es totalmente inmaterial. Esto consiste en creer que esta Unidad
(Que llamamos D-s) no es un cuerpo ni una fuerza física.
Ningún fenómeno que le acontezca a lo físico puede acontecerle a D-s de ningún modo. Por tanto,
no podemos decir que D-s se mueve, que está quieto o que reside en un lugar determinado.
Estos fenómenos no forma parte de Su esencia ni pueden acontecerle. Es por ello que nuestros
sabios nos enseñan que conceptos tales como la combinación o la separación son inaplicables a
EL. El talmud (Jaguiga 15) dice: “No hay allí arriba ni posición sentado ni de pie ni combinación ni
separación”.
El Profeta dice: “¿A quién Me comparareis, a quien Me asemejo, dice el Santo?” (Yeshayahu,
40:25). Si D-s fuera un ser físico, entonces se asemejaría a otros cuerpos físicos.
Es cierto que en varios lugares de las escrituras sagradas se habla de D-s en términos físicos:
marchar, tenerse de pie, estar sentado, hablar y expresiones similares. Pero es solamente en
sentido figurado. Nuestros sabios hablaron ampliamente sobre este tema y así dicen en el Talmud
(Berajot, 31b): “La Tora se expreso en el leguaje de los humanos”.
La Tora nos enseña el tercer principio en el versículo: “No habéis visto ninguna figura” (Devarim
4:15). Es decir, D-s no es concebido como poseedor de una imagen ya que EL no es un ser físico ni
una fuerza física.
Fundamentos de Fe – Parte 4
El cuarto principio concierne a la Eternidad de D-s. Consiste en creer que el Ser Unico (que
llamamos D-s) es anterior a todo lo que existe de modo absoluto. Todo lo demás que existe es
posterior a EL.
Los versículos que apoyan este Principio son varios, y en la Tora nos lo enseña diciendo: “La
morada del D-s Eterno, etc” (Devarim 33:27).
Cuando hablamos de eternidad, no solo nos referimos a alguien inmortal, es decir que vivirá para
siempre, sino que al referirnos a D-s como Eterno, aludimos a que existe desde siempre, o sea
eterno tanto hacia el futuro, como hacia el pasado, en otras palabras que D-s ha existido, existe y
existirá siempre. (Ver guía de los perplejos del Rambam)
Esto implica que no puede haber nada que existe antes que EL, por lo tanto todo lo que existe
fuera de D-s, ya sean existencias materiales como espirituales fueron creadas y no que existen
eternamente.
Tomado del libro “Yo creo” de Simón Chocrón y comentarios al cuatro principio del rabino Itzjak
Sakkal.
Fundamentos de Fe – Parte 5
El quinto principio nos enseña que D-s es al único digno de servir, alabar, contar Su grandeza y
obedecer Sus mandamientos.
No podemos actuar de este modo con respecto a nada de lo que está por debajo de Él, sea un
ángel, una estrella, uno de los elementos básicos de la naturaleza o una de sus combinaciones, ya
que todos actúan según para lo que fueron predeterminados y no tienen ni autoridad ni libre
albedrio. Solamente D-s posee estos atributos.
Tampoco se los puede utilizar como intermediarios para acercarnos a D-s. Todos nuestros
pensamientos han de dirigirse únicamente hacia EL y todo lo demás no hemos de tomarlo en
consideración.
Este quinto principio constituye la prohibición de la idolatría y gran parte de la Tora previene en su
contra.
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Rambam en el Mishne Tora, Hiljot Avoda Zara, Leyes de Idolatria cap. 1, nos explica que asi fue
como comenzó la idolatría. En la generación de Enosh los hombres sabían que el sol y la luna,
como todas las estrellas, eran creaciones de D-s y que cumplían Su Voluntad, como los ministros
del Rey. Entonces ellos razonaron: “parte del honor del rey es honrar a sus ministros”. Así fue
como comenzaron a rendirles honor al sol y a la luna, no pensando que se trababa de dioses o
semi-dioses, sino como parte del Honor y respeto a D-s. Con el tiempo las próximas generaciones
vieron que sus ancestros servían a los astros y también ellos continuaron haciéndolo, pero
ignorando que se trataba de honrar a los servidores de D-s, y así fueron considerando semi-dioses
a los astros para luego olvidarse completamente de ese D-s incorpóreo, sustituyéndolo por esos
cuerpos inertes. Sin duda al principio la intención era servir mejor a D-s, pero en la práctica se
torno en idolatría, es por eso que para el judaísmo el que reza a cualquier otro ente (ángeles,
almas de fallecidos, etc.) está muy cercano a la idolatría. Mishne Tora Hiljot Avoda Zara Cap. 2
Tomado del libro “Yo creo” de Simón Chocrón y comentarios al quinto principio del rabino Itzjak
Sakkal.
Fundamentos de Fe – Parte 6
VeYodea Majshebot Bene Adam – Y conoce todos los pensamientos del hombre.
Hemos de saber que entre los seres humanos existen personas dotadas de cualidades muy
elevadas y que alcanzan una gran perfección. Sus almas están capacitadas para alcanzar la forma
más pura del intelecto humano.
Este intelecto humano se une entonces al Intelecto Divino y recibe de Él una emanación. Esta es la
profecía y los que la alcanzan son los llamados profetas.
Esta es la idea de la Profecía. Una explicación completa y precisa requeriría alargar mucho sobre el
tema y nuestro propósito no es traer pruebas sobre cada principio ni de explicar el medio de
obtención de la profecía. Son numerosos los versículos de la Tora que testifican la profecía de
mucho profetas.
Aquí comienza el segundo grupo de los trece principios, los que tratan acerca de la Tora. El
primero de este grupo es la profecía pues antes de hablar de la Tora en si primero hay que dejar
sentada la idea de que existe la profecía y luego entonces hablar de la Tora que se basa en esta.
En tanto esto, el profeta no es el que predice el futuro ni el que tiene poderes, esta no es la
esencia del profeta, a pesar que vemos que muchos profetas tienen estas cualidades, sino que la
esencia es que D-s habla con él y esto no ocurre con cualquier persona, tal como piensan otras
religiones. Maimonides en la guía de los perplejos explica que hay quienes creen que D-s hace
profeta a cualquier persona ingenua de buenas a primeras, con tal que sea una persona honesta.
Esta no es la postura judía que sostiene que para ser profeta primero hay que ser sabio, rico (no
precisamente de dinero) y fuerte (no físicamente hablando) es por eso que antes de pedirle que
haga un milagro a cualquiera que pregona o pretende ser profeta, nos fijamos si posee estas
cualidades para serlo, de lo contrario por más que trate de ser buena persona, con excelente
intenciones y que jamás haya mentido, no lo consideramos profeta.
….
Nedarim 38 dice: “Rabi Yonatan dice: D-son da la inspiración Divina sino solo a una persona fuerte,
rica, sabia y humilde”.
Fuerza, riqueza, y sabiduría son condiciones que aseguran la integridad y la personalidad del
profeta, de forma que este protegido de toda influencia externa. La humildad, citada de último
lugar por el talmud, viene a resaltar que a pesar de todos los privilegios citados de que disponía, el
profeta debía ser humilde: es decir, debía reconocer profundamente que todo lo que tenia era un
regalo Divino y alejarse de todo deseo de poder.
Tomado del libro “Yo creo” de Simón Chocrón y comentarios al quinto principio del rabino Itzjak
Sakkal.
Fundamentos de Fe – Parte 7
Unbuat Moshe rabenu Alav Hashalom Emet – Y la Profecía de Moshe Nuestro Maestro sobre el
sea la Paz es Verdadera.
El séptimo principio se refiere a la profecía de Moshe. Hemos de creer que él es el padre de todos
los profetas ya que todo profeta que le precedió o le sucedió no logro un nivel profético como el
que obtuvo Moshe.
Moshe alcanzo el nivel más elevado de profecía de toda la humanidad y llego a un grado de
conocimiento de D-s superior al alcanzado por cualquier otro hombre que haya existido o que
existirá. Su elevación fue tan grande que llego al grado de los ángeles.
No le quedo ninguna barrera por rebasar. Nada físico le retenía. Ninguna deficiencia le allego, ni
grande ni pequeña. Su imaginación y sus sentidos cesaban de actuar durante sus percepciones de
modo que su espíritu consciente quedaba completamente puro, desatado de toda pasión o deseo.
Es por ello que la Tora dice acerca de él que hablaba con D-s sin necesidad de un ángel como
intermediario.
1. D-s hablo con los demás profetas pasando por un intermediario. Moshe no, Boba a Boca
hablo Hashem con Moshe.
2. Los otros profetas solo podían recibir la profecía cuando dormían o en estado de
somnolencia. Moshe la recibía despierto.
3. Cuando un profeta recibía profecía, independientemente del medio en que la recibiera sus
fuerzas se aflojaban, su estatura estaba en desconcierto, un temor enorme se apoderaba
de él hasta el punto de perder prácticamente todo soplo de vida. En cambio Moshe
hablaba “frente a frente” con Hashem como si hablara con un hombre.
4. Los profetas posteriores no podían recibir la inspiración profética siempre que lo
desearan, todo dependía de la Voluntad de D-s. Moshe , sin embargo, podía alcanzar la
profecía en el momento que lo deseara.
Fundamentos de Fe – Parte 8