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Los Valores

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ORATORIA

“LOSVALORES”

“ El que lleva la belleza dentro del alma, no la encontrará en ninguna


otra parte”

Si el Ser humano comprendiera que la riqueza y la grandeza no se


alcanzan con lo material, no estaríamos buscando, hoy en día, cada
vez con menos esperanza, algo tan importante que se ha ido
perdiendo, algo que los adultos casi no buscan, algo que los jóvenes ya
no quieren rescatar, algo que los niños tenemos que salvar, y, ¿qué es
ese algo tan importante? Pues, ese algo son…

¡¡¡ LOS VALORES,EL [Link] TOLERANCIA Y LA EQUIDAD !!!


Sin embargo ¡no todo está perdido!, porque aún podemos salvar a
nuestra sociedad de todos los antivalores.

Estimables miembros del H. Jurado calificador, profesores, profesoras y


compañeros aquí presentes, muy buenos días tengan todos ustedes.

Mi nombre es: _Naomi Abril Fraire Valdéz_ y vengo representando a la


escuela primaria” Jesús Alejandro Torres de la Rosa“ del turno
vespertino, perteneciente a la zona escolar 519 del sector laguna 2 en la
ciudad de Torreón Coah.

Hago un llamado a los Padres de Familia para que, antes que otra cosa,
inculquen, siembren y transmitan valores a sus hijos; a nuestros
gobernantes y a los servidores públicos, que sean honestos,
responsables y justos; a los profesores y profesoras que prediquen con
su ejemplo y a mis compañeros estudiantes, que transformemos los
valores en nuestras armas para enfrentar a la vida.

Por qué esperar a que pasen tragedias para sacar los valores que
llevamos dentro, si podemos practicarlo a diario en nuestro hogar, en el
salón de clases, en la escuela ó incluso hasta en la calle.
Compañeros: no seamos títeres de los medios de comunicación, que
tanta superficialidad y materialismo nos ofrecen, al contrario, seamos
críticos y aprendamos a aprovecharlos en lo positivo que también nos
brindan.

Y, ¿cómo podemos lograr ésta bonita misión de convivir con los valores?
¡¡es muy simple!!, practicando acciones y actitudes con humidad y
transparencia

A lo largo de la historia la sociedad ha estado siempre en permanente


transformación. Pero durante los últimos 50 años los cambios sufridos
han sido tremendamente profundos y sobre todo rápidos, muy rápidos.
Tanto, que los soportes sobre los que se asentaba se están
tambaleando. Uno de estos pilares es el conjunto de valores que
perfeccionan al hombre: los valores morales.

Por valores morales debemos entender el conjunto de creencias,


costumbres y normas de una persona que orienta su conducta.
Componen la conciencia que una persona tiene del bien y del mal. Por
tanto, los valores morales inciden en las relaciones interpersonales y
conforman la calidad de las mismas en una determinada sociedad.

Los seres humanos vamos interiorizando los valores morales en el


núcleo familiar. De ahí aprendemos el respeto, la tolerancia, la
honestidad, la generosidad, la responsabilidad, la lealtad y la
perseverancia, entre otros. A medida que maduramos comenzamos a
asumir los valores sociales, y comenzaremos a pensar en el respeto a
nuestros semejantes, la cooperación, la comprensión, la vocación de
servicio, etc.

Sin embargo, actualmente parece que este proceso se ha paralizado,


ha dejado de funcionar. Nos encontramos con que estos valores han
dejado de apreciarse, que ya no se tienen en cuenta y, por tanto, poco
o nada influyen en las relaciones sociales. Vivimos, sin duda, una crisis
de valores que genera una crisis social.

Efectivamente, estas normas morales han sido siempre el limitador real


de la interacción social entre los seres humanos y su negación es la
causa principal de la crisis social que actualmente padecemos. Sin una
ética de valores adecuada se nos hace difícil relacionarnos con otras
personas ya que los valores no sólo son una cuestión personal, sino que
repercuten en todos los ámbitos de la sociedad.

Confiemos en el ser humano, salgamos de nuestro interior y


comencemos por tratar a los demás como si fuéramos nosotros mismos.

De esta manera las crisis de valores personales constituyen un


problema social, del cual se derivan las acciones y conductas poco
éticas que día a día vemos en nuestro entorno, tanto en el ámbito
económico como en el político así como en las organizaciones públicas
y privadas.

No obstante, la mayoría de la gente entiende por "crisis de valores" la


ausencia de éstos; pero la situación actual no responde exactamente a
su desaparición. Realmente lo que está ocurriendo es mucho peor. Los
valores se están transformando y se están cambiando unos por otros
debido a las modificaciones que se están produciendo en la forma de
relacionarse las personas.

Los valores tradicionales están siendo sustituidos en la mayoría de las


sociedades por otros basados en el individualismo. Se promueven, de
forma globalizada, corrientes de materialismo y hedonismo creando una
sociedad donde lo más importante es tener y en la que se promueven
las necesidades del consumismo, dejando a un lado el valor del ser
humano y ofreciendo un ambiente altamente nocivo para cultivarlo. La
otra cara de la moneda la forman aquellos que, dentro de la tensión
social creada, viven en el conformismo bastándoles con tener
garantizada la supervivencia y la seguridad.
Así las relaciones interpersonales se vuelven superficiales sin implicar
ningún tipo de compromiso generando conductas antisociales basadas
en una total ausencia de moral y en algunos casos incluso podríamos
hablar de doble moral.

Entonces, ¿estamos ante un cambio de paradigma?

Sin lugar a dudas podemos, y debemos, contestar afirmativamente a


esta cuestión. Están cambiando todas nuestras referencias morales,
incluso el valor de las consecuencias de nuestros actos, alcanzando la
cota del “nada importa excepto yo”.
Los poderes actuales, tanto reales como fácticos, fomentan los “nuevos
valores” y hay que entender que así sea y que lo hagan velando por sus
propios intereses. De todos es conocida la frase “divide y vencerás”, y
en una sociedad dividida, atomizada y sin cohesión entre sus miembros,
en la que prevalece el individualismo, la competitividad y el todo vale,
está claro hacia donde se inclina la balanza.

Se transmite una concepción de progreso equivalente a la destrucción


de todo lo pasado. Pilares de la sociedad como la familia y la educación,
que eran transmisores de los valores morales tradicionales están
desapareciendo. La amistad basada en la lealtad y el honor se está
transformando en amistad por interés. El respeto, la tolerancia y la
generosidad hacia los demás es algo que cada vez queda más lejano.
Y la solidaridad se canaliza a través de organizaciones no
gubernamentales, muchas de dudosa reputación y algunas incluso
protagonistas de escándalos de corrupción.

Todo esto, agravado por una pasividad social pasmosa incrementada


por el adoctrinamiento permanente a través de los medios sociales que
pretenden imponer un pensamiento único relacionado con los “nuevos
valores”, hace que nos estemos convirtiendo en una sociedad
vulgarizada, conformista y fácil de manipular.

Nos estamos acercando al concepto de hombre-masa de Ortega y


Gasset que, en su libro “La rebelión de las masas”, describe al individuo
como aquel que se afirma a sí mismo tal cual es, que da por bueno y
completo su haber moral e intelectual y manifiesta libremente sus
deseos vitales y una radical ingratitud hacia cuanto ha hecho posible la
facilidad de su existencia; sólo le preocupa su bienestar y al mismo
tiempo es insolidario con las causas de ese bienestar. Como resultado
cree que con lo que sabe ya tiene más que suficiente y no tiene la más
mínima curiosidad por saber más.

Si continuamos por esta senda abocamos a un triste futuro que ya


vaticinaba Aldous Huxley en su libro “Un mundo feliz”, en el que triunfan
los dioses del consumo y la comodidad y donde se han sacrificado
valores humanos esenciales.

En cualquier caso, como siempre, queda la esperanza y la confianza en


el ser humano; en su capacidad y en el uso de su libre albedrío. Pero
cualquier paso que haya que dar en la recuperación de los valores
morales habrá de hacerse desde la libertad a la cual sólo llegaremos a
través del conocimiento. Sólo así podremos cambiar la estructura social
impuesta y hacer un mundo más justo en el que el poder se diluya y los
Estados cumplan con su única función de administrar con transparencia
la sociedad que los designa. Confiemos en el ser humano, salgamos de
nuestro interior y comencemos por tratar a los demás como si fuéramos
nosotros mismos.

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