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Poemas sobre el dolor y la esperanza

Este poema expresa la profunda fe y creencia del autor en México. En tres oraciones o menos, describe a México como la tierra natal del autor, que a pesar de la tragedia y el dolor, también sabe reír. El autor siente que México forma parte de su alma y es la inspiración para sus canciones. Cree en México como cree en su amada, sin entender completamente por qué, sólo sintiendo la promesa y el beso.

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Poemas sobre el dolor y la esperanza

Este poema expresa la profunda fe y creencia del autor en México. En tres oraciones o menos, describe a México como la tierra natal del autor, que a pesar de la tragedia y el dolor, también sabe reír. El autor siente que México forma parte de su alma y es la inspiración para sus canciones. Cree en México como cree en su amada, sin entender completamente por qué, sólo sintiendo la promesa y el beso.

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"Las Abandonadas"

por Julio Sexto


Cómo, me dan pena las abandonadas,
que amaron creyendo ser también amadas.
Y van por la vida llorando un cariño,
recordando a un hombre y arrastrando un niño.

Como hay quién derribe del árbol la hoja,


y al verla en el suelo, ya no la recoja,
y hay quién a pedradas tire el fruto verde,
y lo eche rodando después que lo muerde.

Las abandonadas son frutas caídas,


del árbol frondoso y alto de la vida,
son más que caídas, fruta derribada,
por un beso artero, como una pedrada.

Por las calles ruedan estas tristes frutas


como maceradas manzanas intutas
y en sus pobres cuerpos antaños surgentes
llevan la indeleble marca de sus dientes.
Tienen dos caminos que escoger
el quicio de una puerta honrada
o el harén del vicio,
y en medio de tanto, de tantos rigores
hay quién al hablarles, se atreva de amores.

Aquellos magnates que ampararlas pueden


más las precipitan para qué más rueden
y hay quién se vuelva su postrer verdugo
queriendo exprimirlas, si aún les queda jugo.

Las abandonadas son como el bagazo,


que alambica el beso y exprime el abrazo,
si aún les queda zumo, lo chupa el dolor,
son tristes bagazos, bagazos de amor.

Cuando las encuentro me llenan de angustia,


sus senos marchitos, y sus caras mustias,
y pienso que llevan en sus arrepentimientos
un niño que es hijo del remordimiento.

El remordimiento lo arrastra algún hombre oculto


que al ver a esos niños de blondos cabellos
yo quisiera amarlos y ser padre de ellos.

Las abandonadas me dan estas penas


porque casi todas son mujeres buenas
son manzanas secas, son frutas caídas,
del árbol frondoso y alto de la vida.

De sus hondas cuitas ni el Señor se apiada,


porque de esas cosas Dios no sabe nada,
y así van las pobres, llorando un cariño,
recordando a un hombre, y arrastrando un niño.
ROBÉ PAN PARA MIS HIJOS
(Fidencio Escamilla Cervantes)

Si señor, yo robé esos panes, también los quesos fundidos,


Los dulces, la sal, los higos. Yo robé todo eso, señor;
Lo robe para mis hijos. ¿Qué es malo robar?
¿Qué es de los peores delitos? ¿Qué se castiga con cárcel?,
¿No importa porqué se hizo? ¿Qué es traición a la patria?
¿Qué si con ese ejemplo predico?
¿Qué soy peor que criminal?
Señor; es que tenían hambre mis hijos
Y yo he estado sin trabajo; tampoco tenemos casas,
Ya no tenemos ni cinco ¿Qué porqué no busco empleo?
Desde hace seis meses, señor, y no lo encuentro.

Siempre si tengo referencias y que si gozo de créditos,


Que donde trabajaba antes y a cuanto ascendía
Mi sueldo; que si mi filiación es priísta,
Que si apoyo al buen gobierno.
Y al final: “vuelva otro día, el personal es completo”

No señor, no tuve escuela; me crié entre los basureros.


¿Mis padres? Nunca los conocí, ni conocí a mis abuelos
mi cama fue la basura y mis amigos los perros;
allí aprendí a defenderme, allí mis años crecieron.

Entre las moscas, entre miasmas, entre el polvo y basureros.


Allí me di cuenta que el hombre es aborto del infierno.
Allí me di cuenta que el mundo es un vil pleito de perros
Y crecí, crecí y crecí; y mi alma se hizo más dura
Y mi destino más negro y una palabra que a diario
Me taladraba en el cerebro: ¡Hambre! ¡Hambre! ¡Hambre!
Las cáscaras no alimentan, el agua sabe a vinagre,
Las tortillas tienen hongos muy duros están los panes,
Los frijoles quedan rancios, las frutas a orines saben.

Y así crecí: entre pus y desperdicio, entre microbios de


Entre bacterias de tifo, entre perros y entre gatos;
Entre todo esto también crecieron mis hijos:
Unos hijos esqueléticos viviendo entre desperdicios,
Jugando entre suciedades y bañándose con vicios.
Y un día quise conocer mi pueblo el pueblo que no me quiso,
El que miraba en mis noches y en mis infantiles sueños
Como algo maravilloso; algo así como un juguete nuevo.

¡Que decepción abrigué en mi alma! ¡Cuanta miseria llegó a mis ojos!


Miseria sucia, miseria humana, nido de ratas, bestias en brama
Donde él más fuerte castiga y mata, donde el más débil sufre y acata;
Nido de fieras llenas de rabia donde las normas
Ya se olvidaron, donde no existen sabias palabras:
Se veja, se viola, se tima y roba
Y por la paz ni un ser humano trabaja.

Todo esto vi con mis ojos y el corazón se volvió más negro:


Allá tenemos basura, aquí viven los despojos,
Que allá vivimos los malos; aquí transitan los buenos,
Aquí viven de caviar, allá vivimos de abrojos,
Que allá no carcome el cáncer, aquí se alimentan cuervos;
Aquí viven los decentes, allá los menesterosos;
Y me acordé de mi gente y me acorde de mis hijos,
Del hambre que aún les cuelga como microbio infeccioso,
Y robé, ¡Robé esta bolsa con higos!
No sé sí voy a llegar a un sumarísimo juicio.
Si ya conocí el pecado y mi pena es el presidio
El precio ya está pagado por esa bolsa de higos.
Por favor, señor gendarme, aplique usted el castigo,
Pero por su santa madre, lleve ese pan a mis hijos,
Que usted también es un padre; hágalo en bien de su oficio.

Hoy es domingo, señor, no se trabaja;


Ellos están con hambre porque no hubo desperdicios
Y aunque flacos y esqueléticos, con sarna, cáncer o tifo,
no dejo de ser su padre y ellos, no dejan de ser mis hijos;
Aunque duerman en basura, aunque se bañen con vicios,
Por favor, usted lléveles esos panes
¡Qué tienen hambre mis hijos! Es lo mismo ¡¡lo mismo!!
RECIBÍ FLORES HOY
(Anónimo)

No es mi cumpleaños o ningún otro día especial; tuvimos nuestro primer disgusto anoche y él dijo muchas
cosas crueles que en verdad me ofendieron. Pero sé que está arrepentido y no las dijo en serio, porque él me
mandó flores hoy.

No es nuestro aniversario o ningún otro día especial; anoche me lanzó contra la pared y comenzó a
ahorcarme.
Parecía una pesadilla, pero de las pesadillas despiertas y sabes que no es real; me levanté esta mañana
adolorida y con golpes en todos lados, pero yo sé que está arrepentido; porque él me mandó flores hoy.
Y no es día de San Valentín o ningún otro día especial; anoche me golpeó y amenazó con matarme; ni el
maquillaje o las mangas largas podían esconder las cortadas y golpes que me ocasionó esta vez. No pude ir
al trabajo hoy, porque no quería que se dieran cuenta. Pero yo sé que está arrepentido; por que él me mandó
flores hoy.

Y no era el día de las madres o ningún otro día; anoche el me volvió a golpear, pero esta vez fue mucho peor.
Si logro dejarlo, ¿qué voy a hacer? ¿Cómo podría yo sola sacar adelante a los niños? ¿Qué pasará si nos
falta el dinero? ¡Le tengo tanto miedo! Pero dependo tanto de él que temo dejarlo. Pero yo sé que está
arrepentido, por que él me mandó flores hoy.

Hoy es un día muy especial: Es el día de mi funeral. Anoche por fin logró matarme. Me golpeó hasta morir. Si
por lo menos hubiera tenido el valor y la fortaleza de dejarlo. Si hubiera aceptado la ayuda profesional.... hoy
no hubiera recibido flores.
MÉXICO, CREO EN TI
(Ricardo López Méndez)

México, creo en ti,


como en el vértice de un juramento.
Tú hueles a tragedia, tierra mía,
y sin embargo, ríes demasiado,
acaso porque sabes que la risa
es la envoltura de un dolor callado.
México, creo en ti,

sin que te represente en una forma


porque te llevo dentro, sin que sepa
lo que tú eres en mí; pero presiento
que mucho te pareces a mi alma,
que sé que existe, pero no la veo.

México, creo en ti,


en el vuelo sutil de tus canciones
que nacen porque sí, en la plegaria
que yo aprendí para llamarte Patria:
algo que es mío en mí como tu sombra,
que se tiende con vida sobre el mapa.

México, creo en ti,


en forma tal que tienes de mi amada
la promesa y el beso que son míos,
sin que sepa por qué se me entregaron:
no sé si por ser bueno o por ser malo porque del perdón nazca el milagro.

México, creo en ti sin preocuparme el oro de tu entraña:


es bastante la vida de tu barro
que refresca lo claro de las aguas
en el jarro que llora por los poros
la opresión de la carne de tu raza.
México, creo en ti, porque creyendo te me vuelves ansia
y castidad y celo y esperanza.

Si yo conozco el cielo, es por tu cielo,


si conozco el dolor, es por tus lágrimas
que están en mí aprendiendo a ser lloradas.
México, creo en ti, en tus cosechas de milagrerías
que sólo son deseo en las palabras.
Te consagras de auroras que te cantan
¡y todo el bosque se te vuelve carne!,
¡y todo el hombre se te vuelve selva!
México, creo en ti,

porque nací de ti, como la flama


es compendio del fuego y de la brasa;
porque me puse a meditar que existes
en el sueño y materia que me forman
y en el delirio de escalar montañas.

en tus cosechas de milagrerías


que sólo son deseo en las palabras.
Te consagras de auroras que te cantan
¡y todo el bosque se te vuelve carne!,
¡y todo el hombre se te vuelve selva!
México, creo en ti,

porque nací de ti, como la flama


es compendio del fuego y de la brasa;
porque me puse a meditar que existes
en el sueño y materia que me forman
y en el delirio de escalar montañas.

México, creo en ti, porque escribes tu nombre con la equis,


que algo tiene de cruz y de calvario;
porque el águila brava de tu escudo
se divierte jugando a los volados
con la vida y, a veces, con la muerte.

México, creo en ti, como creo en los clavos que te sangran,


en las espinas que hay en tu corona,
y en el mar que te aprieta la cintura
para que tomes en la forma humana
hechura de sirena en las espumas.

México, creo en ti, porque si no creyera que eres mío


el propio corazón me lo gritara
y te arrebataría con mis brazos
a todo intento de volverte ajeno
sintiendo que a mí mismo me salvaba.

México, creo en ti, porque eres el alto de mi marcha


y el punto de partida de mi impulso.
¡Mi creo, Patria, tiene que ser tuyo,
como la voz que salva y como el ancla…!

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