LA SANIDAD DIVINA
4 RAZONES PARA CREER QUE DIOS SANA HOY
1. Se encuentra en la Biblia, y la Biblia es para nosotros hoy. Jesucristo revelado en las
Escrituras como sanador es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos, Hebreos 13.8.
2. La sanidad se encuentra dentro de la obra expiatoria de Cristo. La enseñanza bíblica sobre la
sanidad es paralela a su enseñanza sobre la salvación. La salvación incluye la sanidad de nuestra
vida en todos sus aspectos.
3. Existe una convergencia entre las enseñanzas de la Biblia sobre la salvación y sobre la
naturaleza del ser humano. El ser humano es espíritu, alma, y cuerpo, por lo tanto la salvación
deberá tener aplicación al ser humano en cada una de las áreas que lo forman.
4. La salvación es en última instancia una restauración del mundo caído. Dios está opuesto al
sufrimiento humano, porque el sufrimiento no es consecuencia de su voluntad, sino de la caída.
Debemos entender la redención como el plan de Dios para restaurar a toda la creación, y en especial
a la humanidad.
EL ORIGEN Y LA NATURALEZA DE LA ENFERMEDAD
El sufrimiento humano fue la consecuencia de ejecutar una acción contraria a las intenciones de
Dios. Dios no quiere el sufrimiento del ser humano, y así fue en su creación. La Biblia enseña que el
sufrimiento humano es consecuencia de la caída de Adán, no de la voluntad de Dios. La caída
adámica fue producto de la rebelión; una rebelión que fue catastrófica en su consecuencia y cósmica
en sus proporciones. Romanos 5.12-19
El mundo, en su estado edénico era extraño al sufrimiento humano, y en el cielo nuevo y la tierra
nueva de Dios, volverá a serle extraño. Adán, como representante nuestro en el huerto del Edén,
atrajo el juicio sobre todos nosotros. El anhelo de Dios consiste en bendecir a su creación, no en
hacerle daño. Génesis 12.3, Santiago 1.17.
La fuente del sufrimiento humano es nuestra condición de seres caídos. El hecho de que existan el
pecado y el sufrimiento no significa que sean voluntad de Dios. El pecado y la enfermedad fueron
obra del hombre, y lo que hizo Dios fue llegar al extremo para corregir esta obra por medio de su
plan de redención.
La experiencia presente del universo creado no se debe a la voluntad de Dios, sino al hecho de
que el cosmos es el mundo apartado de Dios.
El mismo judaísmo sostenía que el sufrimiento humano era consecuencia de la rebelión del hombre,
y no de la voluntad divina: “Aunque las cosas fueron creadas en su plenitud, cuando el primer hombre
pecó, quedaron corrompidas, y no regresarán a su orden antes de que Ben Perets (el Mesías) venga”.
Este texto muestra claramente las expectativas mesiánicas del pueblo judío en los tiempos de Jesús.
No debe sorprendernos pues, que sus milagros provocaran tanta emoción y sorpresa. Eran las
señales del Mesías que restauraría el mundo caído y sus habitantes. Los milagros de sanidades
hechos por Jesús hablan del anhelo por parte de Dios de restaurar físicamente y no tan sólo
espiritualmente a la humanidad quebrantada.
La enfermedad en el Antiguo y en el Nuevo Testamento
En el pensamiento judío, el sufrimiento físico y el pecado siempre iban asociados de cierta manera.
Israel tenía la tendencia a relacionar las dolencias, tanto con el pecado humano como
con la ira divina. Hay muchos pasajes bíblicos que relacionan el pecado y la enfermedad, y,
consecuentemente, el perdón y la sanidad, Salmos 6, 13, 22, 31, etc. lo más frecuente es que el
Antiguo Testamento presente la aflicción y las enfermedades como las consecuencias del pecado
humano. Por ejemplo en el Salmo 38.3, el enlace entre el pecado y el castigo es expresado con
gran fuerza.
Nada hay sano en mi carne a causa de tu ira; ni hay paz en mis huesos a causa de mi pecado.
Vemos otro ejemplo en otro Salmo:
Fueron afligidos los insensatos a causa del camino de su rebelión y a causa de sus maldades; Salmo
107.17
En este último texto, la palabra “aflicción” significa “enfermedad”, y demuestra que este versículo
hace resaltar la conexión entre la enfermedad y el pecado.
En el Antiguo Testamento hay más ejemplos:
El del Uzías, rey de Judá, quien fue herido con la lepra debido a un acto sacrílego.
2º Crónicas 26.16-19,
El caso de Asa, en 2º Crónicas 16.11, 12. Asa no fue reprendido por acudir a los
médicos, sino por no confiar en Jehová. El texto declara que “no buscó a Jehová sino a
los médicos”. No debemos entender esto como una prohibición en contra de las consultas médicas,
sino más bien subraya lo importante que es confiar en el Señor, y nos enseña que cuando uno está
enfermo debe acudir a él.
En el Nuevo Testamento vemos que aunque Jesús no aceptara un dogma sobre una retribución
mecánica, hay numerosas indicaciones de que la enfermedad y el pecado estaban conectados
algunas veces. Juan 9.1-3
Algunos estudiosos de la Biblia afirman que la enfermedad puede indicar “la perturbación de una
relación con Dios”. Por ejemplo:
En Marcos 2, Jesús señala de manera implícita una relación de causa-efecto entre la enfermedad
y el pecado, cuando le dice al hombre que sus pecados le son perdonados y le ordena que se levante
y camine.
En Juan 5.14, Jesús le indica a alguien que ha sanado que deje de pecar, pues de lo
contrario le sucederá algo peor. Se ve claramente en el mandato “dejar de pecar” que
la enfermedad de aquel hombre había sido causada por su propio pecado; de no haber sido así, el
mandato de Jesús no habría tenido sentido.
El judaísmo y la iglesia coincidían en la opinión generalizada de que existía una relación entre la
enfermedad y el pecado.
Otro aspecto al que debemos prestar atención es la relación entre lo demoniaco y la enfermedad.
Hay una gran cantidad de evidencias en las Escrituras, en especial en los evangelios, que
apuntan la realidad de que algunas enfermedades son de origen demoniaco.
En Lucas 13.11-17 se habla de una mujer que había estado atada por Satanás, y se dice de ella
que tenía espíritu de enfermedad y andaba encorvada. Jesús en relación a ella dice: “A esta… ¿no
se la debía desatar”? Este es un caso bien claro de
con la ira divina. Hay muchos pasajes bíblicos que relacionan el pecado y la enfermedad, y,
consecuentemente, el perdón y la sanidad, Salmos 6, 13, 22, 31, etc. lo más frecuente es que el
enfermedad causada por Satanás.
En Mateo 9.32-34 vemos el caso de un hombre que no podía hablar. En este texto no
se menciona la fe, ni que Jesús tocara al enfermo, simplemente se limitó a echar fuera
al demonio.
Aunque hay muchos ejemplos de enfermedades causadas por demonios, hay
también
concepto demuchos
que todas las en
otros enfermedades
los que no son causadas
se puede por demonios
sugerir no esentre
una conexión la posición
ambasdecosas.
Jesús que
El
presentan los evangelios, ni la de Pablo en sus epístolas.
Hay ejemplos de circunstancias en las que Dios le ha permitido a Satanás afligir con
enfermedades a sus siervos, como una forma de acción disciplinaria o de instrucción.
Job
Pablo. 2ª Corintios 12.7-11
En 1ª Corintios 11.30 se habla de enfermos por una acción disciplinaria del Señor. Es
probable que se vea aquí la racha de enfermedades y muertes que los había atacado
recientemente como una expresión del castigo divino a toda la comunidad
La sanidad en el Antiguo y en el Nuevo Testamento
Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo presentan a Dios como Sanador.
En el Antiguo Testamento, Dios impuso el que se guardara la ley como condición para
experimentar los beneficios de la sanidad. Éxodo 15.26
El Nuevo Testamento muestra que los beneficios de la sanidad están abiertos a todos los
que se vuelvan a Dios a través de Jesús en una fe confiada.
En todas las secciones de las Escrituras judías la imagen de Yahwé como sanador se halla presente
como un aspecto central de la relación entre Dios y el pueblo del pacto.
Les dijo: «Si escuchas atentamente la voz de Jehová, tu Dios, y haces lo recto delante de sus ojos,
das oído a sus mandamientos y guardas todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié
sobre los egipcios traeré sobre ti, porque yo soy Jehová, tu sanador». Éxodo 15.26
Ciertos sufrimientos, como los de los egipcios, eran producto de la desobediencia, lo cual indica
de manera implícita que la obediencia trae salud.
Herodoto, historiador griego del siglo V a.C., declaró: “los egipcios eran la nación más rica de la
antigüedad, hasta que su desafío a Dios hizo legendarias sus plagas y enfermedades.
Los nombres de Dios en la Biblia revelan la esencia misma de su naturaleza. En el versículo anterior
de Éxodo vemos a Dios manifestándose a su pueblo con el nombre de “Yahwé- Rof´eka”, “Jehová
vuestro médico”. En el Antiguo Testamento se utiliza el verbo “sanar” (hebreo rafá), inicial y
primordialmente para hablar de la curación física; sólo posteriormente, en los profetas, se comienza
a utilizar en un sentido espiritual.
La primera sanidad que se menciona en el Antiguo Testamento se derivó de la
intercesión de Abraham por la infertilidad de las familias de Abimelec.
Entonces Abraham oró a Dios, y Dios sanó a Abimelec, a su mujer y a sus siervas, las cuales
tuvieron hijos. Génesis 20.17
Aunque hay muchos ejemplos de enfermedades causadas por demonios, hay
también
El libro de Job
muchos otros nos muestra
en los conpuede
que no se claridad que
sugerir unano siempre
conexión entrela ambas
enfermedad
cosas. Eles
consecuencia del pecado, ya que Job era un hombre recto, temeroso de Dios y apartado del
mal, Job 1.8. la enfermedad de una persona puede no tener
absolutamente nada que ver con lo que ella haya hecho o dejado de hacer. Dios puede
utilizar una enfermedad o cualquier otra experiencia poco agradable como corrección
para nuestras vidas.
A lo largo de los Salmos hallamos numerosas asociaciones entre el pecado y la
enfermedad, por una parte, y el perdón y la sanidad por otra.
Jehová, Dios mío, a ti clamé y me sanaste. Salmo 30.2
Yo dije: «Jehová, ten misericordia de mí, sana mi alma, porque contra ti he pecado». Salmo 41.4
Él es quien perdona todas tus maldades, el que sana todas tus dolencias, Salmo 103.3
Tanto Elías como Eliseo vieron a personas levantadas de entre los muertos en sus
ministerios.
Eliseo fue usado en la curación de Naamán. 2º Reyes 5.3-14
Cuando Ezequías buscó profundamente a Dios fue sanado. 2º Reyes 20.1-21
En el Nuevo Testamento el estudio de la sanidad comienza en el ministerio de Jesús.
Él insistió en que las liberaciones y sanidades eran evidencias de la presencia de la esperada
salvación mesiánica.
Respondiendo Jesús, les dijo: Id y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos
andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es
anunciado el evangelio; Mateo 11.4,5
Eran señal y un anticipo de los planes que Dios iba a llevar a cabo en el futuro, planes que
culminarían con la resurrección, nuestro nuevo cuerpo, y el hecho de compartir el trono de Cristo. La
sanidad divina no sólo es parte del evangelio, sino que es un importante testimonio a favor de su
veracidad.
Los milagros de sanidad son expresiones del triunfo de Jesús sobre Satanás y de la destrucción
de sus obras.
Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. 1ª Juan 3.8
La importancia dada a los milagros de sanidad es sustancial. Por ejemplo en el evangelio según San
Marcos, más del 31% de los versículos se refieren a los milagros de sanidad de Jesús. Todos los
escritores del Nuevo Testamento hacen uso de las sanidades para enseñarnos acerca de Jesús y de la
personalidad de Dios, porque sanar es algo que forma parte de su naturaleza misma.
Si hay algo que sobresalga en el concepto de Jesús sobre la enfermedad, es que él está en contra
de ella. Jesús entendía su ministerio de sanidad como el sometimiento de los poderes de la muerte.
El ladrón no viene sino para hurtar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la
tengan en abundancia. Juan 10.10
La sanidad como parte de la salvación
El concepto de que a Dios le interesa el alma, y no la persona total, es ajeno a las Escrituras. El
evangelio completo para la persona completa es un tema vital para la predicación y enseñanza de
utilizar una enfermedad o cualquier otra experiencia poco agradable como corrección
hoy.
En el pasado, bajo la influencia de la filosofía helenística, se entendía a los seres humanos
primariamente en función de lo inmaterial. El dualismo de los filósofos helenistas dejó una fuerte
huella en algunos de los padres de la iglesia. La costumbre de rebajar al cuerpo y al mundo material
era algo prominente entre muchos de los primeros filósofos griegos. Platón consideraba al cuerpo
(gr. soma) como una tumba o sepultura (gr. sema). El mismo San Agustín fue influenciado en sus
principios por este tipo de forma de pensamiento.
Una razón por la que muchos teólogos de hoy muestran tanta resistencia a incluir la sanidad
divina en la expiación es esta lamentable herencia de conceptos incorrectos sobre la naturaleza de
los seres humanos. La Biblia presenta a la naturaleza humana como una unidad. Es la persona toda,
la que es redimida por Cristo. 1ª Tesalonicenses 5.23
La antropología dualista, excluye al cuerpo de la obra redentora de Cristo. La denigración de lo
físico y del ámbito material está ausente en la Biblia. Dios creó personas enteras, y su voluntad, tal
como la revelan las escrituras es restaurar personas enteras.
Tal como afirma Stuart Fowler, esta visión de la naturaleza humana es una “corrupta intrusión de la
filosofía pagana en el pensamiento cristiano, y un serio obstáculo al disfrute de las riquezas del
evangelio”. No se debería pensar en la sanidad como algo extraño a la salvación y totalmente ajeno
a ella. La palabra que traducimos “salvación” (gr. sotería) se refiere tanto a la salvación como a la
sanidad. La salvación, tal como se la define en el Nuevo Testamento, consiste en la restauración de la
comunión entre Dios y el hombre y la redención del cuerpo.
El correlativo de la doctrina de la reconciliación es “restauración y sanidad”. Así, una persona que
haya recibido la salvación y haya sido internamente santificada, y restaurada espiritual y
emocionalmente por el Espíritu Santo, no tiene menos necesidad o derecho de estar físicamente
sana. Ireneo, uno de los primeros padres de la iglesia, creía que la salvación rescataba “al
cuerpo, no del cuerpo”.
Textos como 1ª Tesalonicenses 5.23 hablan del interés de Dios por la persona entera.
Que el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser --espíritu, alma y cuerpo--
sea guardado irreprochable para la venida de nuestro Señor Jesucristo.
Probablemente dos de los textos más importantes para entender la relación entre la obra expiatoria
de Jesús y la sanidad sean los siguientes:
Ciertamente llevó él nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores,
¡pero nosotros lo tuvimos por azotado, como herido y afligido por Dios!
Mas él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados.
Por darnos la paz, cayó sobre él el castigo,
y por sus llagas fuimos nosotros curados.
ISAÍAS 53.4, 5
Para que se cumpliera lo dicho por el profeta Isaías:
«Él mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias».
Mateo 8.17
En la iglesia primitiva, el texto “por su llaga fuimos nosotros curados” de Isaías era la base de lo que
se ha llamado una “tradición de sanidad”. La intencionalidad de un texto del Antiguo Testamento
queda definida teológicamente, no sólo por su contexto histórico, sino también por su uso en el
Nuevo Testamento.
¿Se refiere Isaías 53.4 a la sanidad física?
La palabra traducida “enfermedades” es el vocablo hebreo jolí , palabra que es traducida de
diversas formas en el Antiguo Testamento, y todas ellas llevan alguna connotación de enfermedad
física. La otra palabra de este texto que se traduce “dolores”, es maj ´ob, literalmente “dolor físico”.
Se utiliza esta palabra también para hablar del sufrimiento causado por los capataces de los
esclavos en Egipto, Éxodo 3.7. Por consiguiente, no se puede limitar Isaías 53.4 a la sanidad
espiritual. Además, las palabras usadas en el versículo 4, así como “paz” y “curados” en el versículo
5, hablan de la devastación física y psicológica del pecado que Jesús llevó sobre sí en nuestro lugar.
Antes de la caída en el huerto del Edén había una situación de paz (hebreo shalom). Es una
experiencia de salud y bienestar desprovista de sufrimiento, además de tener paz con Dios. La obra
de Cristo en la cruz es primera y fundamentalmente la restauración del shalom.
El saludo típico de las epístolas paulinas es una oración por los creyentes, para que experimenten la
gracia y el shalom que se encuentra en Cristo. Este shalom por el que sufrió Cristo no se debe
entender como lo entienden muchos creyentes: sola y exclusivamente la paz psicológica o
emocional. El shalom por el que Cristo sufrió, murió y resucitó es un shalom para toda la persona:
cuerpo, alma y espíritu.
«Él mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias».
Mateo 8.17
Cuando Mateo escribe “tomó” y “llevó”, está presentando “traducciones exactas del hebreo” y
ciertamente, estas hablan de que Jesús cargó nuestros sufrimientos de una manera vicaria. D.A.
Carson, quien no es pentecostal, escribe con respecto a Mateo 8.17: “este texto y otros enseñan
claramente que hay sanidad en la expiación”.
Por otro lado está el problema de los que creen que les pueden dar órdenes a Dios y manipularlo
para producir sanidades a su antojo, como consecuencia de la expiación. Hay sanidad física para esta
era en la expiación conseguida por Cristo, pero es decisión de Dios en Cristo escoger cuándo y cómo
dispensarla. Sí, y él ha decidido sanar como respuesta a la oración de fe.
El hecho de que Dios haya sanado a los enfermos en el pasado, y de que los sana hoy, es evidencia
de la redención de nuestro cuerpo, que había prometido, Romanos 8.23. Cuando observamos una
manifestación del poder sanador de Dios, esto nos recuerda que algún día, cuando Cristo vuelva, su
pueblo será libertado por completo de los sufrimientos de un mundo caído. Aún cuando no
seamos sanados nosotros en el presente, la curación de otros no tiene por qué servirnos de
perplejidad irresoluble, sino más bien como testimonio divino de que nosotros también, si no ahora,
entonces, seremos sanados por completo.
Para el autor del libro de los hebreos, la sanidad divina es la confirmación de la salvación
prometida.
¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido
anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios
juntamente con ellos, con señales, prodigios, diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo
según su voluntad. Hebreos 2.3, 4
La sanidad es una expresión muy palpable del amor perdurable de Dios por su creación. Las
sanidades que realizó Cristo en el poder del Espíritu Santo eran señales de que se había
acercado el reino de Dios, Mateo 10.7, 8. La sanidad era el “ya” del reino de Dios que verifica el
“aún” prometido. Cada vez que es sanada una persona enferma mediante la oración y la fe en Cristo,
se proclama un testimonio con respecto a su regreso prometido. Es un testimonio a favor de la
fidelidad de Dios. Así, las sanidades que experimentamos hoy sólo son un anticipo de la
redención futura de nuestro cuerpo.
Retos a la doctrina de la sanidad divina
Retos desde el mundo secular
1. La negación rotunda de lo sobrenatural.
En cuanto al cristiano, no hay razón para no creer en los milagros del Nuevo
Testamento, puesto que la misma experiencia de la regeneración ocupa el rango de milagro en el
pensamiento neotestamentario (Juan 3. 5-8; 2ª Corintios 5.17).
El cuento de C.S Lewis sobre un voluntarioso agnóstico que se encontró en el lago de fuego al
llegar el fin del mundo. “Siguió empeñado en considerar sus experiencias en aquel lugar
como una ilusión buscando explicaciones en el psicoanálisis y en la patología cerebral. Lewis nos
quería decir que muchas personas no están dispuestas a cambiar su manera de ver el mundo, a
pesar de todo cuanto le indiquen las evidencias (Lucas 16.19-31)
2. Comparar los milagros del Nuevo testamento con la magia pagana del primer siglo. Según Colin
Brown, Celso, el gran antagonista de Orígenes, definió a Jesús como un mago que había
aprendido “los trucos mientras ejercía su oficio en Egipto”. Los mismos fariseos acusaron
falsamente a Jesús. Mateo 9.34
Retos procedentes de cristianos
Pasemos ahora a considerar los retos desde dentro del cristianismo, comenzando
con el del protestantismo liberal. Muchos de estos liberales descartan la sanidad divina, apoyados
en una posición filosófica que han abrazado.
Jonh MacQuarrie habla lo que él llama “graves peligros” inherentes al teologizar filosófico, que es el
método principal del protestantismo liberal de hoy. Menciona tres peligros:
- Primeramente, existe lo que él llama la “preocupación por la filosofía secular” que lleva
a una “distorsión de las enseñanzas cristianas”.
- En segundo lugar, señala que es muy común que unas ideas ajenas al cristianismo se
deslicen dentro de él o se enmascaren como cristianismo tradicional.
- En tercer lugar, el peor peligro de todos, es la acomodación completa a la filosofía que
prevalezca, sea cual fuere.
MacQuarrie afirma que esta reticencia a enfrentarse a lo milagroso del Nuevo Testamento es un
arrastre del modernismo liberal. Aquellos que quieran retener el nombre de cristianos y, sin
embargo, nieguen la realidad de lo sobrenatural, solo son cristianos de nombre.
Otro ejemplo de razonamiento erróneo en los círculos protestantes liberales es la negación de lo
demoniaco. Ha habido un brote de publicaciones escritas por teólogos nominalmente cristianos que
niegan la realidad de un Satanás personal y de los demonios. Después de esto, necesitamos ver los
errores de algunos evangélicos con respecto a la sanidad divina.
Uno de sus errores más significativos con respecto a la doctrina de la sanidad divina, es car.
Una serie de estudios recientes han señalado que los dones del Espíritu Santo no cesaron al final
de la era apostólica. Ronald A.N. Kydd demostró en una disertación de la Universidad de Saint
Andrews que los dones del Espíritu continuaron hasta entrado el tercer siglo. La evidente
perdida de los dones después de esto se derivó de una disminución en el interés por ellos:
“Ya no encajaban dentro de las comunidades cristianas, altamente organizadas, bien educadas,
ricas y socialmente poderosas.”
No fue cuestión de que el Espíritu santo hubiese retirado de la Iglesia los dones sino, más
bien, de que esta los fue abandonando junto con muchas otras cosas durante lo que se ha
llamado la “constantinización” de la Iglesia. Constantino, como el iniciador de la era de la
prosperidad para la Iglesia, se ha convertido en “el símbolo de la época de la gran marcha
atrás”.
Ken Blue señala una serie de errores en los círculos evangélicos que corrompen la doctrina bíblica
de la sanidad divina. Habla de ellos como obstáculos teológicos a la sanidad:
- En primer lugar, existe lo que él llama la idea de la “santificación por medio de la
enfermedad”.
- En segundo lugar, está el determinismo divino calvinista que afirma que Dios lo ha
dispuesto todo; incluso el sufrimiento físico de sus hijos obedientes. Hay ciertos problemas en
estos conceptos. Hacen absurda la oración por los enfermos; si Dios lo controla todo
directamente, entonces no tenemos porque orar. Dios nos sanará, si es que quiere que nos
sanemos, y si no lo quiere, no valdrá de nada que oremos, de todas maneras.
Muchas veces se manifiesta la presencia de este punto de vista cuando hay insistencia
extremadamente fuerte en el “si es tu voluntad, Señor”. Con frecuencia, estas oraciones no son
oraciones de sumisión a la voluntad de Dios, sino más bien confesiones de que dudamos que Dios
vaya a intervenir realmente en la vida de la persona enferma de una manera sobrenatural par
devolverle la salud. Normalmente, la voluntad de Dios es que el creyente esté sano. Esto no
significa que los creyentes no enfermen. La enfermedad no significa que tengamos muy poca
calidad como cristianos.
- Otro obstáculo a la sanidad bíblica es lo que Blue llama la fórmula de fe, que no se
centra en el poder de Dios y su deseo de sanar, sino en la fe humana y la confesión. Es lo que
se conoce normalmente como “el movimiento de fe”.
Este punto de vista presenta varios problemas:
Se define la fe como si fuese una técnica por medio de la cual se vuelve posible manipular el
poder de Dios. Lo que promueve es la soberanía de los seres humanos, y no la soberanía
de Dios.
La visión del ser humano está influenciada por filosofías paganas.
Se enseña que el hecho de que un creyente esté enfermo es reprochable, es decir, es
incorrecto que tengamos enfermedades y dolencias. Pero a este respecto vemos que la Biblia no
le atribuye a la enfermedad cualidades morales o inmorales. El que estemos sanos o
enfermos físicamente muy poco tiene que ver con nuestra fe o espiritualidad.
Otro problema es la práctica de la confesión positiva misma, negando las realidades obvias
bajo el pretexto de ejercitar la fe. El movimiento de fe enseña que los creyentes pueden quedar
totalmente liberados del sufrimiento corporal ya en esta vida. Esto contradice las enseñanzas de
las Escrituras, - ver Romanos 8-, donde Pablo se refiere a los sufrimientos de su vida que no le
serán quitados por completo hasta la redención futura de nuestro cuerpo, cuando seamos
transformados y nos convirtamos en semejantes al Cristo resucitado.
¿Puede enfermarnos físicamente el pecado? Sí, pero esto no equivale a decir que cada vez
que alguien se enferma, se trata de una consecuencia directa del pecado.
¿Puede usar Dios la fe para traer la sanidad a nuestro cuerpo? Sí, pero no quiere decir que si no
somos sanados, el problema tenga que ser necesariamente una falta de fe. No debemos, ni negar
la sanidad, ni simplificarla a base de “pasos” o “principios”, o
“fórmulas” a las cuales Dios tendría la obligación de responder.
Preguntas frecuentes sobre la sanidad divina
o ¿Por qué se sanan unos, y otros no?
La respuesta a esta pregunta se halla dentro de la soberanía de Dios, pero se pueden hacer
algunas observaciones:
Algunos están enfermos debido a los efectos del pecado. 1ª Corintios 11.27-30. Esta es la razón
por la cual le deberíamos pedir al Espíritu Santo que escudriñe nuestro corazón
y nos muestre las posibles zonas escondidas de pecado que nos estén impidiendo recibir la
sanidad.
Otra posibilidad es que Dios esté tratando de enseñarnos algo, como hizo con Pablo (2ª Corintios
12.7), o con Job. En estos casos, necesitamos buscar que el Señor nos de comprensión.
Otra cuestión, es el momento adecuado. Muchos no reciben la sanidad inmediatamente.
Dios tiene su tiempo. La palabra kairós en el idioma griego del Nuevo testamento
significa “un punto determinado dentro del tiempo”, “un momento para la decisión”, o también
puede significar un “momento favorable”, como en Hechos 24.25. El creyente no puede abandonar
la esperanza, porque Dios tiene un momento para la sanidad de sus hijos e hijas.
La falta de fe también puede ser un impedimento para recibir la sanidad. Juan nos recuerda
que la victoria del creyente va unida a su fe personal. No todos los que estuvieron en contacto con
Jesús fueron sanados.
Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo,
nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
1ª Juan 5.4,5
o Si la sanidad está incluida en la expiación, ¿por qué no podemos estar seguros de nuestra sanidad,
como lo estamos de nuestra salvación?
Hay quienes alegan que aunque Dios haya prometido salvar a todos los que le invocan, en ningún
momento ha prometido sanar a todos los que acudan a él. Piensan que la sanidad
no ocupa el mismo lugar que la salvación en la expiación. Pero leyendo las escrituras
entendemos que cuando estemos enfermos, deberían orar por nosotros, tal y como dice
Santiago. Por lo tanto es obvio que la voluntad de Dios es sanarnos.
o ¿Por qué eran sanados todos los creyentes en el Nuevo testamento, pero no lo son todos los
creyentes hoy en día?
- Algunos pasajes bíblicos sugieren que no todos eran sanados. En Juan 5 vemos que
había una multitud de paralíticos, pero Jesús sólo sanó a uno, que hacía 38 años que estaba
enfermo.
- Pablo también tenía una enfermedad, y en Gálatas dice que fue a través de ella que llegó a
predicarles el evangelio. Es decir que Dios usó una enfermedad para llevar a su siervo Pablo a un
lugar concreto, a un pueblo concreto, y con el propósito completo de que anunciase el evangelio.
- Tenemos también el caso de Epafrodito, Filipenses 2.25-27, quien se recuperó de
aquella enfermedad después de estar muy cercano a la muerte.
- Otro caso es el de Timoteo, 1ª Timoteo 5.23, a quien Pablo le recomienda que beba un poco
de vino por causa de sus problemas estomacales, por cierto, que este era un jugo de uva sin
fermentar, sin alcohol, ya que el vino fermentado irrita las paredes del estómago. Este texto bíblico
funciona como precedente histórico para justificar el uso de medicinas durante los tiempos de
enfermedad, cuando no hayamos experimentado una sanidad divina. Este texto no nos da
justificación para permitirnos el uso de bebidas alcohólicas.
o ¿No se debiera considerar la sanidad divina más como la excepción, que como la regla?
Necesitamos estar profundamente conscientes, tanto del interés de Dios en sus hijos, como su
deseo de formar parte de nuestra vida de una manera sobrenatural.
Hablar de la sanidad de Dios como algo excepcional e inesperado es contrario al espíritu de las
escrituras, donde encontramos un Padre amoroso que desea el bien para sus hijos.
En el Nuevo testamento encontramos un hecho inquebrantable:
La base normativa de Dios consiste en sanar a los enfermos sobre la base de la obra de
Cristo en la cruz, y por medio de la fe del creyente en él, y en su obra de redención.
Confesaos vuestras ofensas unos a otros y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración
eficaz del justo puede mucho. Santiago 5.16
Esta afirmación de Santiago no considera siquiera la posibilidad de fracasar. La sanidad divina va más
allá de lo excepcional. Decididamente, es algo con lo que Dios quiere bendecirnos más de lo que
estamos experimentando.
Observaciones finales
La sanidad divina no es una doctrina secundaria sino, al contrario, parte integral del mensaje
de la Biblia entera. La idea de que Dios quiera sanar a los enfermos hoy forma parte de la obra
continua de Cristo en su iglesia, mientras esperamos con ansias su regreso, “cuando venga lo
perfecto”, y “lo que es en parte” se acabe.
El Maestro nos ha llamado a predicar el evangelio completo a la persona completa hasta que él
vuelva de nuevo. Esto comprende la sanidad sobrenatural del cuerpo, tanto como la del alma.
Pero cuando venga lo perfecto,
entonces lo que es en parte se acabará.
1ª Corintios 13.10