Significado de "birria" en el teatro medieval
Significado de "birria" en el teatro medieval
ISSN: 1579-735X
Esto es una birria.
Una aportación del teatro clásico a la literatura
dramática medieval y al léxico castellano.
Elena Pingarrón Seco
Catedrática de Latín del IES Benlliure de Valencia
RESUMEN:
La literatura en ocasiones puede suponer una fuente de creación de vocabulario popular y trasmitir bases
léxicas de milenaria raigambre. Con demasiada frecuencia los estudios etimológicos se divorcian de otras
especialidades filológicas. He aquí un caso en que merece tenerse en cuenta la relación entre literatura,
folclore popular y lengua. Una atención escasa a las obras de un género medieval como es la llamada «co-
media elegíaca» y a su notoria influencia en los ámbitos escolares y universitarios de la Baja Edad Media
ha hecho que pudieran pasar oscurecidas tanto determinadas manifestaciones folclóricas, que pueden estar
muy vinculadas al teatro bajomedieval, como ciertas acuñaciones léxicas.
ABSTRACT
Literature can sometimes imply a source of creating popular vocabulary and transmit the lexical bases of
very old roots. Etymological studies are too often separated from other philological fields. This is a case in
which it is worth taking into account the relationship among literature, popular knowledge and language.
Scarce attention to the works of medieval genre as the so called «elegiac comedy» and to its great influence
in schools and universities in Late Middle Ages has made some popular knowledge velated to Late Middle
Age theatre, and some lexical terms become half forgotten.
_____________________________________
Introducción
La palabra «birria» según el DRAE es sinónima de mamarracho, cosa de lamentable
facha o adefesio estrafalario, y también significa algo muy malo o de poco valor. Asimismo
designa a un zaharrón o vestido ridículo de colores poco armónicos propio de mojigangas
y ciertas representaciones teatrales. Aquí examinaremos cómo estas acepciones casan a
la perfección con el origen que proponemos para la palabra. Sabemos además, y la Acade-
mia lo recoge, que birria se aplica en México a un rico plato sobre todo de la gastronomía
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1.– GASPAR Y ROIG, Diccionario enciclopédico de la lengua española: con todas las vozes, frases, refranes y locuciones, Ma-
drid, 1853.
2.– ZEROLO, E., Diccionario enciclopédico de la lengua castellana, París, 1895.
3.– TORO Y GÓMEZ, M. de, Nuevo diccionario enciclopédico ilustrado de la lengua castellana, París, 1901.
4.– ALEMANY Y BOLUFER, J. Diccionario de la lengua española, Madrid, 1917.
5.– IRIBARREN ARGAIZ, M.C., «Influencias vascas en la sufijación castellana. Morfología y contacto de lenguas».
Anuario del Seminario de filología vasca «Julio de Urquijo» xliv.1 (2010).
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bién son características del celta y de su variante celtibérica, que sí es un sustrato mucho
más generalizado en la península y, sin duda alguna, en la zona de generación del romance
castellano, e incluso se documentan en ibérico. Además hay que estudiar el origen y evo-
lución de cada palabra, antes de afirmar que en todos los casos se trata de un formante su-
fijal y no de parte de su lexema, sin descartar que en efecto existan voces que presentando
esa forma procedan o puedan proceder del vasco.
El «Birria» carnavalesco
Por otro lado, si inspeccionamos un poco las tradiciones folclóricas, veremos que es-
pecialmente en tierras leonesas existe un personaje grotesco que sale en procesiones del
Corpus y carnavales de invierno con el nombre de «el Birria». Así se da por ejemplo en la
villa de Tábara, en la provincia de Zamora6. Es aquí una especie de diablejo con careta de
narices prominentes, con una piel de animal sobre la cabeza cayendo hacia atrás, una valo-
na blanca en torno al cuello y blusa y pantalones bicolores de lo más estrafalario. Y no es el
único «Birria» en el folclore de la zona y de otras provincias vecinas7. Cabría preguntarse
de dónde surgen tales personajes de las mascaradas del Corpus y otros festejos similares.
Sabida es la relación de estas mascaradas con determinadas celebraciones teatrales
como son los autos sacramentales, con los que no nos referimos únicamente a las mani-
festaciones teatrales religiosas propias de la Contrarreforma de la segunda mitad del xvi
y el xvii, pues esta tradición se basa en origen en representaciones medievales, tanto de
índole religiosa como profana, que en la Edad Media recibían el nombre de «misterios» o
también «moralidades», cuando no ya directamente de «autos». Un trabajo interesante
de Andrés Pociña8 hace hincapié en la influencia de estos viejos carnavales del reino de
León o «antruejos» y sus tipos en el auto sacramental de Gil Vicente y en el personaje de
«el parvo», el zafio ignorante, entre grotesco y loco, opuesto a la racionalidad del filósofo,
tanto como a los profundos misterios de las verdades de la fe. Pero no es sólo el Birria una
máscara del Corpus, sino que otras festividades carnavalescas de invierno de la Tierra
de Campos en Zamora, de la provincia de Salamanca, de la de León, destacando espe-
cialmente el área de Astorga, del Cerrato de Palencia9, de Asturias e incluso de Santan-
der10, nos muestran «Birrias» con diferentes variantes del nombre (Birria, Birrio, Guirria,
Gurrio). Y hasta la tradición carnavalesca penetra, en parte, en Galicia y en el norte de
Extremadura. Son, en cualquier caso, personajes grotescos, zafios, provocadores y bufo-
nescos, ataviados con zaharrones y con ridículos aditamentos (carracas, palos, cencerros,
etc., según los casos). Y han sido objeto de estudio, junto con otras figuras similares de los
citados carnavales, sobre todo desde el punto de vista antropológico.
6.– RODRÍGUEZ IGLESIAS, J. M. «El birria de Tábara». Lenguajesculturales’s blog ([Link]
[Link]/2010/09/15/el-birria-de-tabara).
7.– CALVO BRIOSO, B., Mascaradas de invierno en Castilla y León, Junta de Castilla y León - Consejería de Cultura y
Turismo, 2013.
8.– POCIÑA LÓPEZ, A.J., «Gil Vicente y el carnaval tradicional», Estudios Humanísticos. Filología 29 (2007), pp. 283-315.
9.– GONZÁLEZ MENA, M.A., «Un rincón del Cerrato Palentino», Revista de dialectología y tradiciones populares 35
(1979-80), pp. 167-168.
10.– GARCÍA LOMAS, A., El lenguaje popular en las montañas de Santander, Santander, CSIC, 1949, p. 56.
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Un extenso artículo de Javier Peris Álvarez resume los rasgos de tales personajes en-
mascarados diciendo:
Todos estos personajes presentan características comunes entre las que cabe dis-
tinguir las siguientes:
1) Visten de forma estrafalaria y llamativa —abundando el rojo, amarillo y
verde— de forma asimétrica, o bien el vestido se hace de harapos; sin faltar
ciertos atributos animales, como unos cuernos, unos cencerros, una cola de
zorro o de caballo. Con todo ello se dotan de un aspecto cómico-monstruoso,
con el que ya estamos familiarizados.
2) Este carácter «temible» que poseen en buena parte, se ve reforzado por la
presencia de armas —látigos, porras o palos— con las que golpean al público.
3) Por otro lado, el carácter cómico se refuerza, además de por su atuendo, por
las bufonadas que hace y, con ellas, por las burlas de que es objeto por parte de
los participantes del festejo11.
El autor relaciona semejantes personajes con antiquísimos rituales de carácter apotro-
paico que hunden sus raíces en prácticas ancestrales relacionadas con conceptos como el
del chivo expiatorio, etc. Y un poco más adelante añade:
Hay que destacar, además, que el carácter fustigador de estos enmascarados pa-
rece estar vinculado con cierto ritual profiláctico, por cuanto aparentemente se
busquen los golpes por parte del público, en especial por las mujeres, y más en
concreto por las mozas, siendo frecuente que sean las piernas o los muslos la
parte golpeada12.
Sin duda estos aspectos darían lugar a estudios antropológicos de interés que pueden
llegar muy lejos, pues es inevitable pensar por ejemplo en el parecido con las Lupercalia ro-
manas, en que los lupercos, en su carrera por las calles de Roma, ungidos con sangre sacri-
ficial, golpeaban con sus látigos de piel animal a las mujeres para asegurar su fecundidad,
mujeres que buscaban sus golpes de buen grado. Y sin embargo, dejando de lado los viejos
aspectos ancestrales que pueden confluir en tales festejos, una cosa es el sentido y la raíz
antropológica del carnaval en sí, y otra el origen o la fuente concreta de cada uno de sus
tipos o máscaras. Y nos proponemos abordar el origen concreto del Birria como personaje
o máscara carnavalesca, personaje que también se asocia a veces a batallas simbólicas que
acaban con la quema en una hoguera de un monigote. Quedémonos sobre todo con su as-
pecto de mamarracho, sus bufonadas, la recepción de burlas y con su carácter claramente
fustigador. También destaca un rasgo interesante: el de cómo los transgresores morales
son puestos en la picota pública, factor este que parece aquí asimismo determinante, co-
mo después explicaremos.
En cualquier caso todos los autores dan por supuesto que el nombre de este personaje
se debe a su carácter estrafalario de adefesio y no se les ocurre razonar al revés, cuando
es obvio que las primeras apariciones de la palabra en castellano no aluden a ese sentido
abstracto actual, sino al personaje carnavalesco, y que además las otras variantes de su
11.– PERIS ÁLVAREZ, J., «La expulsión del mal como costumbre popular: algunos casos españoles», en Demonio, reli-
gión y sociedad entre España y América, Madrid, Departamento de Antropología de España y América, CSIC, p. 84.
12.– Ibidem, p. 87.
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13.– DE ISLA, J.F., Fray Gerundio de Campazas, «Carta xliii», en Obras escogidas del Padre Isla, edición de D. Pedro Fe-
lipe Monlau, Biblioteca de Autores Españoles, p. 576.
14.– CASAS HOMS, J. M., La Gaya Ciencia de P. Guillén de Segovia, Madrid, CSIC, 1962; 192, B6, birria.
15.– Ibidem, 192, B5, dirria.
16.– MENDOZA DÍAZ-MAROTO, F., «El Concilio de Aranda (1473) y el teatro medieval castellano», Criticon 26
(1984). ([Link]
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17.– BONILLA Y SANMARTÍN, A., Las Bacantes o del origen del teatro. Discurso leído en la Real Academia Española
el 12 de junio de 1921.
18.– Ibidem, p. 50, 52 y 73.
19.– POCIÑA LÓPEZ, A., Op. cit. passim.
20.– «La représentation théâtrale est une quasi-realité. Le rôle de l’acteur consiste dans la représentation d la seule
substance d’ une personne réelle —les comédiens cachent leur visage sous les masques afin de réduire leurs propres iden-
tités et s’ assimiler aux personnages représentés. L’ orateur qui cherche a creer l’ illusion absolue d’ être le personage qu’ il
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de Vinsauf, teorizan tratando esta nueva comedia como un texto retórico21. Era esencial
además guardar una cierta disciplina y diferenciarse de un auténtico teatro que la iglesia
condenaba22. Estas son razones que hacen nacer estas específicas formas adaptadas y sim-
plificadas que responden por otro lado a una muy antigua tradición, incluso ya en época
romana y visigótica, del uso de la comedia latina en el aprendizaje de la retórica.
Ya Menéndez Pelayo resaltó entre otros elementos clásicos, la notoria contribución de
este género en La Celestina, o Tragicomedia de Calisto y Melibea23. También influye mucho
en la variada comedia humanística del Quattrocento24 y en el teatro universitario renacen-
tista; pero asimismo su influjo pudo ser efectivo en las manifestaciones teatrales en lengua
vernácula o vulgar, dado que descubrimos que algunos de sus personajes parecen bien co-
nocidos. Si bien las, en principio declamaciones —posiblemente más tarde llegaran real-
mente a representarse o a servir de base a representaciones— de la comedia elegíaca son
cultistas y didácticas, y no se dirigían, más que a un público selecto de estudiantes en
formación y conocedor de latines. Pero todos los medianamente letrados en general las
conocían y ni estos, ni especialmente los estudiantes, pueden considerarse gentes ajenas
a todo contacto con el pueblo o que no se mezclen o participen activamente en festejos
populares, aunque los estudiantes de la época sean en su inmensa mayoría clérigos en for-
mación; sabemos lo suficiente acerca del perfil mundano del clérigo bajomedieval.
Pues bien, autor muy notorio y pionero en este género, de la segunda mitad del s. xii,
es el francés Vital de Blois, cuyas dos obras de verdadero éxito y amplia difusión fueron
Querolus y un Amphytruo, que propiamente se conoce como «Comedia de Geta», o, en
algunas traducciones, simplemente «Geta y Birria»25. Aparte de la traducción italiana se
registra una al francés en 1421. En cambio sólo hemos constatado una traducción española
más tardíamente, la de Fernán Pérez de Oliva en 1585-8626, sin haber podido localizarla.
La primera de las obras es una refección sobre una comedia anónima latina del s. v o quizás
répresente realize donc l’ actio d’ une façon histrionique», en GLYŃSKA, K., «Les comédies latines à la culture du savoir
au xiie siècle. Les stratégies rhétoriques au Geta de Vital de Blois» (p. 6), en ([Link]
dokumente/SITM%[Link] ).
21.– Ibidem: «Les deux textes de Geoffroy, la Poetria Nova et le Documentum de arte dictandi et versificandi, composés au
débout du xiiie siècle, codifient la poétique de la comédie traitée comme un texte rhétorique.» (p. 5).
22.– Ibidem: «En lisant les critiques dirigées contre des orateurs qui n’ ont pas obéi aux regles du decorum rhétorique, il
faut retenir, d’ une côté, l’ odium, issue d’ écrits des pères de l’ Église, qui pesait sur le théaâtre, de l’ autre côté, le statut de la
rhétorique à l’ époque d’ où viennent les textes examinés. Il s’ agît donc de la condamnation de la profession d’ acteur, son
comportement lascif, démoralisant, inhumain, renversant l’ ordre natural institué par Dieu.» (p. 3).
23.– MENÉNDEZ PELAYO, M., La Celestina. Razones para tratar de esta obra dramática en la historia de la novela espa-
ñola, Buenos Aires, Espasa-Calpe, 1947; Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes ([Link]
ark:/59851/bmcrr1t1).
24.– «La comedia humanística no es un bloque homogéneo, sino una serie de experiencias nacidas de la tradición de
la comedia elegiaca y ovidiana, de la narrativa corta (cuentos, novelle, fabliaux, etc., cuya materia ridícula cuadraba per-
fectamente para amplificarse en forma dialogística), de las églogas virgilianas y del teatro romano (Terencio y Plauto).
Dependiendo de la finalidad de sus autores, del ambiente donde nacen (varios focos: Padua, Boloña, Pavía, Ferrara, etc.) y
también del fin para el que fueron compuestas, tomarán diferentes formas y estructuras. Sin embargo, las que alcanzaron
una mayor repercusión fueron aquellas pensadas como ejercicios escolares (Poliscena, Dolos, Poliodorus, Philogenia, etc.)».
CANET VALLÉS, J.L. (ed.), Comedia de Calisto y Melibea, Valencia, Universitat de València, 2011, p. 32.
25.– Traducción italiana del s. xiv. Vid. ARLIMA. Archives de littérature du Moyen Âge. Vital de Blois. ([Link]
[Link]/uz/vital_de_blois.html).
26.– Ibidem.
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del vi, que es a su vez una recreación de la Aulularia de Plauto. La segunda, de considerable
éxito, es una reelaboración del conocido Anfitrión de Plauto, según Menéndez Pelayo quizá
también basada en alguna versión romana tardía27 aunque nada hay demostrado, en que
el esclavo Sosias será sustituido por el esclavo Geta, que forma pareja con Birria, figuras
cómicas que monopolizan en buena medida el protagonismo, hasta tal punto que el argu-
mento del original de Plauto, acerca de la seducción de Alcmena por Júpiter que el dios ha
consumado adoptando la apariencia de su esposo Anfitrión, y los equívocos y consecuen-
cias que genera en Anfitrión quedan relegados aquí a un insignificante segundo plano. En
esta obra en que Anfitrión no es un rey guerrero que retorna a su hogar, sino un estudiante
de filosofía, Geta es la parodia de un fámulo escolástico, de un escolasticismo medieval na-
ciente, cargado de libros y pedantería, cuyo nombre se basa en Terencio28 pero cuya figura
quizá muestre ciertas resonancias del pedante Dorsennus de la atelana romana29, el género
que sirve de base a la Comedia dell’Arte. Geta se opone constantemente a Birria, grosero,
lerdo e ignorante, además de perezoso y cobarde pero que acaba cómicamente triunfando
sobre su compañero que tiene el seso estropeado de tanto silogismo vano30. Buena parte
del texto de la obra se dedica además a la disputa entre Geta y Archas —en realidad el
dios Mercurio en el original plautino, que adopta la forma del propio Geta y lo suplanta—.
Archas acabará incluso convenciendo a Geta, que creía dominar los principios de la dialéc-
tica, de que no existe, como vemos en los siguientes versos:
Sis ego, respondit, ego sum nihil, atque recedit,
Quaque via laetus venerat ante, redit.
Solus abit, secum queritur: vae, vae mihi, dixit,
Vae mihi qui fueram, qui modo fio nihil.
Geta, quid esse potes? Es homo non hercule; namque
Si quis homo Geta es, quis nisi Geta foret?
Sum Plato? Me forsan artes fecere Platonem.
Geta quidem non sum, Getaque dicor ego.
Si non sum Geta, non debeo Geta vocari.31
Traducimos:
(Sé yo, respondió, yo no soy nada, y se retira,
y regresa por el camino por el que había venido alegre.
Marcha solo, lamentándose consigo mismo: Ay, ay de mí, dijo
ay de mí que existí y que me convierto en nada.
Geta, ¿qué puedes ser? No eres un hombre, por Hércules; y en efecto
si algún hombre Geta eres, ¿quién sino Geta sería?
¿Soy Platón? Quizá las artes me hicieron Platón.
Ciertamente no soy Geta, y me llaman Geta.
Si no soy Geta, no debo llamarme Geta).
No sólo brilla aquí su falta de valor, planean en el verso evidentes ecos ovidianos y ho-
racianos, en la forma de exhortación y el empleo de sapĕre y su complejo sentido latino de
tener sensatez, buen sentido, entender la vida, ser sabio y tener buen gusto, tan repetido
en estos autores con un valor exhortativo, y en concreto en el carpe diem.
Y lo que más destaca al final es su triunfo, la victoria de su realismo práctico sobre lo
que al final parece quedar sobre todo como una locura imaginada de Geta, neutralizados
también los hechos por la fuerza seductora de Alcmena36 sobre Anfitrión, y, en definitiva,
victoria sobre los dialécticos «a la griega»:
Byrria subridens, accepit Graecia sanos
Hos, ait, insanos illa remisit eos.
Insanire facit stultum dialectica quemvis
Ars ea sit numquam, Byrrhia, nota tibi.37
Traducimos:
(Birria sonriendo dice: Grecia recibió cuerdos
A estos y los devuelve locos.
Hace enloquecer la dialéctica como un estúpido a cualquiera.
Que este arte, nunca, Birria, te sea conocido.)
Y aún añade:
Sit logicus quivis, tu Byrrhia sis homo semper,
His studium placeat, uncta popina tibi.38
Traducimos:
(Sea un lógico quien quiera, tú, Birria, sé siempre un hombre,
guste a estos el estudio, a ti los pingües manjares.)
Quedémonos con esta caracterización de Birria y su realismo práctico, precedente de
tantos personajes literarios y hasta del Sancho quijotesco. Y fijémonos en la insistencia,
pues no sólo en la obra lo expresa Birria en el verso 459 antes citado, de su afirmación de
querer ser simplemente un hombre y no un saco de silogismos.
Sin duda, la pareja Geta y Birria son tipos cómicos no exclusivos de esta comedia, o al
menos no lo es Birria. Así, Conrado de Mure, hacia el año 1229, nos dice:
36.– En la mucho más larga comedia de Plauto, la solución al embrollo y a la ira de Anfitrión al sentirse engañado por
su esposa, sin que ella sea consciente de su infidelidad puesto que creyó acostarse con su marido al hacerlo con Júpiter,
requiere de la intervención maravillosa de este para aclarar los hechos. Aquí por obvios motivos de la época se prescinde
de toda intervención sobrenatural de un dios clásico, así como por una mayor simplicidad, pero sí se recurre a un motivo
bien clásico. Anfitrión queda desarmado ante la promesa seductora de los besos de la bella Alcmena y todo se olvida al
instante, del mismo modo en que Menelao renuncia a toda venganza previamente considerada al recuperar a Helena
tras la toma de Troya. Quinto de Esmirna en el libro xiii, versos 385 y ss, de sus Posthoméricas nos narra como Afrodita
(personificación del deseo amoroso) lo disuade, y en el libro xiv, versos 55 y ss., se nos relata como la simple visión de
Helena seduce al ejército entero y le hace olvidar su furor vengativo. Es tópico repetido. También por ejemplo Eurípides
alude a él en la tragedia Andrómaca (vv 627-631), en este caso con una referencia a la debilidad de Menelao al contemplar
el pecho de Helena.
37.– VITALIS BLESENSIS, Op. cit., vv. 453-456.
38.– Ibidem, vv. 459-460.
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Birria est proprium nomen masculinum comicum servile et ubique introducitur pro
servo garrulo et pigro, ignavo, circa dolum et fraudem studioso (Fabularius. Lexicon
B, 187, 253)39.
Traducimos:
(Birria es un nombre propio masculino cómico característico de esclavo, y por
doquier se introduce como esclavo charlatán y perezoso, cobarde, muy afanoso
para la trampa y el engaño).
Parece obvio que Birria se introdujo en otras obras que no nos han llegado, pues ade-
más el aspecto de circa dolum et fraudem studioso, es decir un carácter de servus fallax, no
está tan plenamente desarrollado en la obra de Vital de Blois. Y antes de eso, en Iohannes
de Neustria, también llamado Johannes d’Auville, hacia la segunda mitad del s. xii, y en
una obra llamada Archithrenius, encontramos lo siguiente:
Nudus in annoso tunicæ squalore ministrat
Geta dapes, dum vile meri libamen in urbe
Birria venatur, pretio vestibus eodem
Muricis eiusdem... (3, cap.4)40
Traducimos:
(Desnudo en la ruda desidia añosa de su túnica sirve
Geta los manjares, mientras el vil libamen de un vino puro en la ciudad
caza Birria por el mismo precio que vestimentas
del mismo múrice41…)
Y aún se añade: Numquam Birria sufficeret, ubi defecisset Homerus.42
Traducimos: «Nunca bastaría Birria, donde hubiera fallado Homero».
Otras citas insisten en su ya aludida cobardía o incluso nos muestran a un Birria como
tipo dominado por una mujer malvada, dato este último que hace sospechar que hay que
contextualizar esta figura de Birria en alguna otra comedia distinta de la de Vital de Blois,
en que tal situación no es del todo clara, pues aunque parece que en ella Birria es más bien
esclavo de Alcmena, ésta no está exactamente caracterizada como mujer perversa. Son
las citas que nos proporciona Hermannus Werdinensis43, autor autodenominado así en
latín y del que sabemos que despliega su actividad literaria entre 1224 y 1240, en la obra
Hortus deliciarum. Teniendo en cuenta además que se trata de una obra moral y no una
comedia, queda suficientemente resaltado que Birria ha adquirido el valor de un prototi-
po. Son las siguientes:
Hic piger et timidus qui casum pertimet omnem
Est tibi consimilis, Birria serve piger. (v. 6400, ad parabolas Salomonis 22, 13).
39.– CLCLT. Library of Latin Texts. Centre Traditio litterarum Occidentalium (version 7ª, en DVD), 2008. Ed Brepols.
40.– DU CANGE, Glossarium mediae et infimae latinitatis. BIRRIA ([Link]
41.– «del mismo múrice», es decir, de púrpura.
42.– Ibidem.
43.– En CLCLT. Library of Latin Texts. Centre Traditio litterarum Occidentalium. (version 7ª, en DVD), 2008. Ed
Brepols.
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Traducimos:
(Este perezoso y medroso que teme extraordinariamente toda situación
es muy parecido a ti, Birria, esclavo perezoso).
Y un poco más adelante:
Quam grave sit portare iugum mulieris inique
Testaris nobis, Birria, serve piger (30, 21).
Traducimos:
(De cuán pesado es sobrellevar el yugo de una mujer malvada,
nos das tú buena prueba, Birria, esclavo perezoso).
Es decir, el tipo cómico de Birria es habitual y parece paradigmático. Podemos afirmar
que la comedia de Vital de Blois es muy conocida en la España del s. xv44, y que sin duda
entre los siglos xiii y xv es altamente popular en toda Europa al menos entre las gentes le-
tradas. De ello es indicio asimismo la inmensa cantidad de manuscritos conservados de la
obra. Poseemos 67 manuscritos, además de 26 manuscritos de florilegios, comprendidos es-
tos entre el s. xiii y xvi, y que contienen fragmentos, extractos y máximas correspondien-
tes a la comedia.45. Y en el trabajo de Menéndez Pelayo podemos leer lo siguiente de ella46:
La de Geta y Birria está aludida tres veces en el Cancionero de Baena (n. 115, 116,
117). Dice Alfonso Álvarez de Villasandino, en su profecía contra el Cardenal de
España don Pedro Fernández de Frías, escrita hacia 1405:
Cuenten de Byrra toda su peresa,
E las falsedades de Cadyna e Dyna...
Y en otra poesía del mismo autor y del mismo tiempo:
Atyendan vengança del muy falso Breta,
Qual ovo de Birra su compañero (¿compadre?) Geta .
En otros versos, muy oscuros por cierto y revesados, de un Maestro Frey Lopes,
alusivos también a la caída del Cardenal:
Ya Byrra floresció (¿ floresce?) por su condicion:
Del que por peresça de vida discreta,
Pierde su facienda por el torpe Geta,
Non ha este mundo nin la salvacion.
¿Estos versos se refieren al poema latino o a alguna versión castellana que hubiese
de él? No es temerario conjeturarlo, puesto que medio siglo antes había pasado
ya a nuestro romance, mejorada en tercio y quinto, la obra más curiosa de este
género, Pamphilus de amore , llamada también Comedia de Vetula Intercalada en
el libro multiforme del Arcipreste de Hita, forma casi la quinta parte de él, y eso
que ha llegado a nosotros con lamentables mutilaciones aun en el manuscrito
más completo, en el que fué del Colegio Viejo de Salamanca.
54.– [Link] AFRI, Comoediae sex cum interpretatione Donati et Calpurnii et comentario perpetuo, Vol. i, ed. De
Andria por Westerhovius en Leipzig. 1831, p. 84 ([Link]
mode/2up).
55.– Ibidem, pp. 10-11.
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amante, y en la escena quinta del mismo acto se limita a vigilar a Pánfilo por encargo de su
amo, por ver si el joven se resiste al matrimonio con Filomena, como parece que le ha ex-
presado a Carino, o acepta los hechos, y concluye que Pánfilo asume la boda y no hay nada
que hacer, lo que simplemente piensa comunicar a su dueño. Ahí termina su actuación y
es evidente pues que es un mero personaje de apoyo a la versión terenciana de la trama.
Sin duda el despliegue de la personalidad de Birria se lo debemos a Vital de Blois en
la Comedia de Geta del s. xii, si es que éste no se basó en una tradición de refecciones có-
micas, ya creada en época romana tardía o altomedieval, como tenemos perfectamente
atestiguado para el caso del Querolus. Y hay que señalar que es muy terenciano el recurso
de la presentación de personajes mediante su par antagónico, como la pareja constituida
por Geta y Birria, de tan relevante éxito. Y hasta es posible que otras comedias u obras de
la época que no nos han llegado desarrollaran más sus rasgos.
El nombre Birria nos aparece atestiguado en los manuscritos con dos variantes: Birria
y Byrria. No es exclusivo de Terencio, también en la obra de Quinto Asconio Pediano, da-
tada a mediados del s. I d.C., encontramos Byrria como nombre de un gladiador:
Sequebatur eos magnum servorum agmen, inter quos gladiatores quoque erant,
ex quibus duo noti, Eudamus et Byrria56.
(Los seguía un gran batallón de esclavos, entre los que también había gladiadores,
de los cuales dos bien conocidos, Eudamo y Birria.)
Ad quem tumultum cum respexisset Clodius minitabundus, umerum eius By-
rria rumpia traiecit 57.
(Al haberse dirigido Clodio con amenazas a este tumulto, Birria le atravesó el
hombro con una lanceta).
Asimismo está testimoniada la variante Burria, y formas de cognomina como Byrrius,
Birrius y Birrianus58, casi con toda seguridad en linajes ciudadanos procedentes de libertos.
Además de ser habitual y bien conocida la oscilación gráfica i/u en la transcripción de la
ípsilon griega, pues griego es en origen el nombre, Conrado de Mure comenta específica-
mente el caso de Byrria:
Y autem Latini saepius in u vertunt, ut ‘birria’ ‘burria’. 59
Traducimos:
(Por otro lado los Latinos bastante a menudo vierten la Y en u, como ‹birria›
‹burria›).
Y aunque es un hecho antiguo que entre los gentilicios latinos figuren viejos apodos
de oficios o de rasgos físicos (Crassus, Flaccus, Rufus, Flavius, etc.), se trata en esos casos de
vocablos plenamente latinos. La aparición de nombres-apodo de origen griego o foráneo
en los cognomina, suele ser característica de una condición esclava del fundador del linaje,
que al ser manumitido asume como tercer nombre o cognomen su viejo nombre de esclavo.
56.– ASCONIUS PEDANIUS, Q., Orationum Ciceronis enarratio (quae exstant). In Milonianam, p. 27, línea 26. CLCLT.
57.– Ibidem, 28, 3.
58.– Thesaurus Linguae Latinae, Bayerische Akademie der Wissenschaften, München, 2004 (DVD ed. K. G. Saur).
59.– CONRADUS DE MURE, Fabularius, Lexicon E, p. 286, lin. 603. CLCLT.
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Y es que esta es la característica del nombre Byrria o Birria, que es una latinización
con sonorización de la labial del nombre-apodo griego Πυρρίας («el Rojo», «el Pelirrojo»,
«el que tiende a pelirrojo»), como nos testimonia perfectamente el gramático Prisciano:
Quem Graeci (vocant) Πυρρίαν, nos Byrriam60. Es decir: «Al que los griegos llaman Pyrrías,
nosotros, Byrria».
El apelativo contiene la misma raíz que Pirro (Πύρρος, el de cabellos de color de fuego),
nombre que se dio primero a Neoptólemo, el hijo de Aquiles, o que ostentó el conocido
rey Pirro del Epiro, famoso por sus victorias pírricas frente a los romanos, o Pirra, nombre
dado por la mitología a la hija de Pandora, primer elemento femenino en la raza humana;
esa Pirra que casó con Deucalión y se libraría en un arca del diluvio enviado por Zeus. Esa
raíz es la de la palabra πῦρ, que designa al fuego y forma derivados que no sólo remiten al
fuego, sino a su color rojo anaranjado característico61. El lexema de la palabra πῦρ está ya
atestiguado en griego micénico, en tablillas anteriores al 1.200 a.C. Se vincula a una vieja
raíz indoeuropea *pūr– que designa al fuego, y que tenemos presente en armenio, ger-
mánico, hitita y tocario. La voz griega πύρρος fue prestada también al latín con las formas
birrus, birrum, byrrhus y burrhus, designando en esta lengua sobre todo a una especie de
capote rojo o rojizo que parece que después, en época medieval, vestían ciertos agentes
servidores de la fuerza pública, de donde las palabras italianas birro y sbirro, la segunda de
las cuales se prestó al castellano dando lugar a nuestro vocablo esbirro.
Pero este nombre πυρρίας, que también designa a un tipo de serpiente por su color,
si bien aparece en una ocasión en la Anábasis de Jenofonte (6, 5, 11) refiriéndose a un
mando militar, un personaje arcadio que comanda un batallón, es sobre todo un apodo
característico de esclavo que habitualmente se daba a los esclavos tracios y que es profun-
damente despectivo. La Tracia proporcionaba en todo momento a los antiguos griegos un
importante contingente de esclavos, que se diferenciaban por sus rasgos físicos de los pro-
cedentes de distintos lugares de Asia Menor o del norte de África. Y es sabido que en el
imaginario colectivo griego, la Tracia, patria del fiero y loco dios Ares de la guerra, carac-
terizado a veces en Homero como un bravucón realmente cobarde, era considerada tie-
rra abrupta y salvaje, y los tracios eran tenidos por los griegos por bárbaros, incivilizados,
estrafalarios y zafios. Incluso la cerámica ática del s. v a.C. nos muestra a los pintorescos
jóvenes guerreros tracios, aleccionados por Orfeo, el mítico amansador de fieras, con sus
extraños gorros de diferentes picos y sus variopintas capas.
Del fuerte valor despectivo del apelativo «πυρρίας» referido a los tracios nos da cuenta
Aristófanes en Las Ranas. Allí el coro alude en los versos 676-682 a Cleofonte y su acento
tracio, del que dice que «sobre sus charlatanes labios terriblemente brama una golondrina
tracia», personaje este que es un demagogo conocido de gran influencia en la Guerra del
Peloponeso, citado también por Esquines y Aristóteles, y al que se acusaba de no tener
una clara estirpe ciudadana por ser hijo de madre tracia. A continuación, toma la palabra
el corifeo para expresarnos, a propósito de Cleofonte y sus congéneres tracios, esta desca-
lificación demoledora:
Traducimos:
Y de los ciudadanos igualmente, a cuantos sabemos que son bien nacidos, sen-
satos, justos, buenos y nobles, / y educados en las palestras y en los coros y en
las artes de las musas /, los ultrajamos, y en cambio recurrimos para todo a esas
monedas de falso cobre, esos extranjeros, esos pelirrojuchos /, esos delincuen-
tes hijos de delincuentes63, / esos advenedizos de los que en otro tiempo quizá
la ciudad / no se hubiera servido sin precauciones ni siquiera para usarlos como
chivos expiatorios64.
Y es tan fuerte el sentido despectivo de ese πυρρίαις que tentados estamos de traducir,
sin hacer traición alguna al tono del texto, «a esas monedas de falso cobre, esos extranje-
ros, esos birrias, esos delincuentes, hijos de delincuentes…» Compárese con el «¡vaya unos
birrias de ministros!» de Galdós, y considérese cómo el contenido semántico de menos-
precio lo tuvieron que percibir también los autores latinos en la palabra que tomaban en
préstamo, autores excelentemente formados en griego. Y este fuerte valor despectivo que
arrastra la palabra se ha mantenido a través de todas sus vicisitudes desde Aristófanes
hasta nuestros días, factor que en toda etimología es un aval más, y no poco importante,
de que nos movemos en la línea correcta.
acepción americana de birria como capricho, obstinación o incluso afición excesiva. Ade-
más hemos visto como el Cancionero de Baena atestigua la variante Byrra del nombre
de nuestro personaje cómico. Es fácilmente asociable también la derivación en asturiano
desvirriar con el sentido de disparatar o desvariar que recoge Corominas.
Más difícil resulta saber por qué en México se denominó birria a un plato de carne,
ya que las razones pueden ser múltiples y variadas, como el hecho de aprovechar piezas
de carne de escaso valor o entender el plato como un especial capricho. En ocasiones se
aplica la fantasía o relaciones insólitas en denominaciones gastronómicas, que pueden
ser bastante caprichosas (piénsese incluso en nombres como los «duelos y quebrantos»
del Quijote).
Pero también por su similitud, conviene acercarnos al caso de tirria, para el que Coro-
minas y el DRAE echan mano del fácil recurso onomatopéyico, y que no vemos muy bien
justificado, porque podría no ser más que una deformación popular de birria, favorecida
también por distinguir la acepción de «birria» como adefesio o cosa despreciable, de la
acepción de furia, enojo, manía persecutoria u ojeriza. No convence en absoluto la etimo-
logía vasca para tirria que propone Iribarren Argaiz65, quien concluye que tirria debe de ser
un préstamo vasco al castellano y no a la inversa, con el endeble argumento de que en vasco
existe además el verbo tirriatu (anhelar) y el adjetivo tirri (dentera o terco) y en castellano
no existen derivados, cuando ya Corominas documenta bien la existencia de derivados
verbales antiguos. Con enorme facilidad además las lenguas históricamente han formado
derivados propios inmediatamente a partir de un préstamo, y no es necesario suministrar
ejemplos de tan frecuente fenómeno. Cualquiera podría entonces aducir que «fútbol» no
es un préstamo del inglés, porque tenemos palabras como futbolístico o futbolero.
Y resulta especialmente interesante que en La Gaya Ciencia de Pedro Guillén de Sego-
via, de 1475, se documente, aunque sin contexto, además de birria, un vocablo «dirria»
que muy bien puede ser el antecesor de tirria. Es más fácil fonéticamente el paso de birria
a dirria (un mero desplazamiento entre oclusivas sonoras, del que vimos también las va-
riantes Guirria y Gurria en el nombre del Birria carnavalesco), y mucho más sencilla des-
pués la evolución de dirria a tirria, por ensordecimiento o más bien mera alternancia, por
la existencia en el habla vulgar de alófonos sordos y sonoros semánticamente irrelevantes
incluso para las oclusivas iniciales66.
Según Corominas el vocablo tirria se atestigua por primera vez en 1517, en la Comedia
Himenea de Torres Naharro e inmediatamente en diversas obras del s. xvi. En esos mo-
mentos su acepción oscila entre disgusto o sinsabor, y enojo o enfado, siendo ya muy claro
su sentido de ojeriza en Quevedo. Pero el verbo enterriarse, claramente asociado al enojo,
parece que incluso se documenta antes, desde fines del xv, y su participio enterriado, que
alterna con entirrado y entirriado, aparece ya en Juan del Encina67.
Podríamos pues hallarnos ante un verdadero doblete culto/ popular, en que birria su-
pondría un vocablo más cultista, y dirria>tirria su variante más vulgar. De hecho incluso
Corominas constata cómo los clásicos del siglo de Oro consideraban tirria palabra vulgar
y algo ridícula, y cómo Pedro Espinosa en 1625 lo incluye en su lista de palabras vulga-
res y malsonantes68. Y semejante desplazamiento semántico no sería único ni extraño.
Por ejemplo, independientemente de que el nombre romano Furiae de las enloquecidas e
iracundas Erinnias infernales proceda de un verbo previo furĕre (estar loco, mostrar una
locura violenta) y de que exista la palabra furia para expresar un loco desvarío violento,
una expresión como «ponerse hecho una furia» nos muestra el fácil tránsito semántico en
este caso desde el nombre de un personaje a una cualidad arquetípica en él.
Incluso hipotéticamente podría incluirse en esta familia léxica un vocablo habitual
en zonas leonesas y especialmente en el habla familiar de Salamanca, no recogido en el
DRAE: el apelativo tradicional «pirracas» que se da sobre todo a los niños especialmente
traviesos que andan siempre ideando trastadas y provocando enredos para irritar a los
adultos. En este caso parece ser un lusismo procedente del portugués pirraça, vocablo que
los diccionarios portugueses dan con origen desconocido, casi sinónimo en portugués de
birra, y que añade al significado de birra el de todo acto que se hace para provocar o irritar.
Dada la facilidad de la alternancia b/p, pudiera ser pirraça en origen la trastada, enredo,
provocación o engaño de un Birria cómico o carnavalesco.
Otro caso que tendría muchas posibilidades de ser incluido en esta familia léxica es
el adjetivo «esmirriado», cuya variante más antigua es «desmirriado». De una manera
muy poco creíble Corominas69 (y otros autores antes que él), lo relaciona hipotéticamente
con mirra, y con un uso de la mirra en el embalsamamiento de cadáveres, que por defi-
nición están consumidos y resecos. Aparte del malabarismo de las relaciones semánticas
que se establecen, es muy poco verosímil en ambientes populares de la época el embal-
samamiento de cadáveres y el uso de la mirra para ello. Por el contrario es fácil y muy
habitual la alternancia b/m en el lenguaje popular, que no hace falta ejemplificar mucho
(véase albóndiga/ almóndiga por ejemplo). Sospechosamente Corominas también ve en
este vocablo un posible origen luso-leonés, del mismo modo que birria, y es justamente
el área de extensión de nuestro folclórico Birria. Y la representación de los esclavos o los
personajes ridículos como flacos y desgarbados fue habitual en todas las épocas hasta
tiempos contemporáneos, en donde han variado los patrones, pues las carnes abundantes
eran de buen tono en el pasado y denotaban un digno estatus social, y la delgadez notoria
lo grotesco. Si ya en el s. xv además pudo el vocablo birria ir especializándose en algo o
67.– COROMINAS, J.- PASCUAL, J.A., Diccionario crítico-etimológico castellano e hispánico. Versión electrónica, 2012,
p. 3109.
68.– Ibidem.
69.– COROMINAS, J.- PASCUAL, J. A., Op. cit. p. 1045.
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