Cortina Sánchez, Luis Ángel
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Teoría de la Literatura 3
Dra. Eugenia Revueltas
Análisis de Medea desde la perspectiva de la Poética de Aristóteles
Aunque desde la perspectiva de Aristóteles Eurípides no utilizó bien los recursos
estructurales de la tragedia griega, el autor era el dramaturgo más trágico de los trágicos. Su
acercamiento e interés vienen de la ruptura que planteó con respecto a las obras de su época,
pues, su argumento proviene de la tradición mitológica, pero rompe con los puntos
argumentales, como bien menciona Linda Hutcheon en su libro A theory of Parody:
“Euripides was considered to have parodied Aeschylus and Sophocles when,
in his Medea, he replaced the traditional male protagonist with a woman, and a
woman who was an outsider rather than a member of a Greek family of renown. The
female Corinthian chorus replaced the elders of state and the suppliants, yet, with
added irony, they also support Medea in her hatred of Corinth. The male hero turns
out to be base – hypothetical and shallow. Although bloodied by four murders, Medea
is saved by the gods.” (Hutcheon, 2000, págs. 6-7).
En este sentido, para comprender mejor un análisis de la obra de Eurípides es necesario
recurrir a lo que Aristóteles planteó como tragedia y cómo esto se aleja o se acerca de los
rasgos argumentales que el filósofo propuso.
En primer plano, Aristóteles clasificó a la tragedia como:
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(…) imitación (mimesis) de una acción (praxis) de carácter elevado y
completo, con una cierta extensión, en un lenguaje agradable, llena de bellezas de una
especie particular según sus diversas partes. Imitación que ha sido hecha o lo es por
personajes en acción y no a través de una narración, la cual, moviendo a compasión
y a temor, provoca en el espectador la purificación (catarsis) propia de estos estados
emotivos. (Aristóteles, 1974)
De la misma manera, Aristóteles propone normas sobre la forma en que debe realizarse una
tragedia griega para que cumpla con su propósito social. La finalidad de la tragedia griega en
términos de Aristóteles es la catarsis, y a esta se llega a través de la compasión y el temor.
Sin catarsis no hay tragedia, y es tan arbitrario lo que Aristóteles pudo nombrar como catarsis,
como lo que nosotros hoy podemos identificar en un texto de la tragedia griega como tal.
Según Aristóteles en la obra de Medea la catarsis se produce cuando aparece la muerte de la
mano de Medea hacia Creonte, Glace, y sus hijos. (Gall, 2012)
Aristóteles ve en la tragedia una posibilidad de “curar” emociones que, según él, serían
propias, naturales del ser humano. La “cura” se lograría mediante la empatía. Por tanto, una
tragedia es:
(…) la imitación de una acción elevada y también, por tener magnitud,
completa en sí misma; enriquecida en el lenguaje, con adornos artísticos adecuados
para las diversas partes de la obra, presentada en forma dramática, no como narración,
sino con incidentes que excitan piedad y temor, mediante los cuales realizan la
catarsis de tales emociones. (Aristóteles, 1974)
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En este sentido, Medea ama a sus hijos y por eso los mata; pues, nadie ve la crueldad en
Jasón que los abandona y se casa con otra mujer, que niega a sus propios hijos y los obliga
al destierro, por lo que Medea asesina a sus hijos para que no queden desamparados cuando
ella quede exiliada: “[…] nunca ocurrirá que yo entregue a mis hijos a mis enemigos para
que los injurien (es enteramente una necesidad que mueran; y como es necesario, nosotras,
que les dimo el ser, los mataremos) […]” (Eurípides, 2004, pág. v. 1060)
Posteriormente, con respecto a esto menciona Octavio Paz en El arco y la lira sobre el
planteamiento de Eurípides:
Eurípides es el primero que se atreve abiertamente a preguntarse sobre la santidad y
justicia de la legalidad cósmica. Al hacerlo, abandona el campo del Ser y se traslada
al de la crítica moral. La culpa deja de ser una maldición objetiva y se convierte en
un concepto subjetivo y psicológico. El Destino es loco, caprichoso e injusto, nos
dicen los héroes de Eurípides (Paz, 2006, pág. 71).
En segundo plano, Aristóteles menciona dentro de su poética sobre la fábula y el lance
poético. En cuanto a la fábula se plantea que es el “principio y alma de la tragedia, es la
composición o estructuración de los hechos. Se articula en estricto orden cronológico
(principio-medio-fin), en relación causa – efecto y de tal manera que, sólo escuchando los
hechos, el temor y la compasión surjan en el espectador suscitando la catarsis o el lance
poético. (Fernández, 2017, pág. 1)
Aparte, según Aristóteles, debe existir una unidad de acción en la tragedia, es decir, se debe
desarrollar una única acción, donde el protagonista pueda ser agente o paciente: La unidad
de la fábula requiere que los hechos abarcados por ella estén relacionados entre sí de tal modo
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que, realizado uno, los demás se realicen o bien necesariamente o, al menos, de manera
verosímil (Aristóteles, 1974). De esta forma, estructuralmente tanto en la tragedia como en
la fábula es posible distinguir un nudo, formado por los acontecimientos que están fuera de
la obra y aquellos que están dentro del texto dramático hasta inmediatamente antes del
cambio de la dicha a la desdicha; y un desenlace que será desde el principio del cambio hasta
el fin de la tragedia (Fernández, 2017).
De esta forma, la estructuración de la fábula en la obra de Eurípides se podría considerar
desde el momento en que Medea asesina a su hermano para abandonar a su familia y
embarcarse con Jasón. Hasta el momento en que la protagonista se dispone a asesinar a sus
hijos. Para después, huir hacia Atenas con los cadáveres de los niños en un carro tirado por
dragones alados.
El texto dramático se presenta con Medea lamentándose, una vez que fue abandonada por
Jasón, situación que fue el detonante para que la protagonista desee la muerte de Jasón, de
sus hijos y la propia. Sin embargo, el texto teatral permite identificar todos aquellos hechos
que ocurren fuera de la historia, pero que el lector/espectador los conoce gracias al diálogo o
puesta en escena de los personajes. De esta forma, es posible conocer como en la travesía
Medea salva a Jasón, pues mata al dragón que vigilaba el vellocino y se vale de las hijas de
Pelias para que mataran a su padre. Luego, Medea, Jasón y sus hijos llegan a Corintio, lugar
en que Jasón abandona a Medea para casarse con la hija de Creonte, rey de la ciudad;
posteriormente, prueba que lo hizo por interés.
Asimismo, como plantea Fernández, la relación causa-efecto de los hechos se pueden
esquematizar, planteando una secuencia cronológica. En primer lugar, Medea asesina a su
hermano. Después, Medea y Jasón van en busca del vellocino de oro. Luego, Medea, Jasón
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y sus hijos llegan a Corintio. Más tarde, Jasón planea casarse por interés con la hija de
Creonte. Posteriormente, como una primera peripecia, Jasón abandona a Medea. Acto
seguido, Medea desea la muerte de Jasón, de sus hijos y la suya. La segunda peripecia ocurre
cuando Creonte teme que Medea tome represalias contra su familia, por lo que decide
exiliarla. Después, Medea concibe su plan, y dentro del mismo, pide asilo a Egeo y logra
quedarse un día más en Corintio. Luego, Medea finge reconciliarse con Jasón y acepta que
sus hijos vivan en Corintio. Acto seguido, envía a los niños con obsequios envenenados para
la hija de Creonte. Por lo que el lance patético, comienza en el momento en que muere
Creonte y su hija. Para después, Medea asesina a sus hijos. Finalmente, Medea huye con los
cadáveres de los niños.
De esta forma, y en términos aristotélicos, se puede plantear que el nudo de la obra comienza
cunado Medea y Jasón van en búsqueda del vellocino, y este concluye en el momento que
Creonte avisa de su destierro a la protagonista. Por lo tanto, el desenlace de la tragedia
corresponde al desarrollo descubierto de los planes de Medea, donde es posible ubicar una
unidad de acción. Es decir, esto se desarrolla en ambas peripecias de la obra, cuando Jasón
abandona a Medea y cuando Creonte avisa de su exilio a la protagonista.
Así, como último punto que se plantea desde el punto de vista aristotélico, el lance patético
es “una acción destructora o dolorosa que se acompaña de peripecia y/o agnición en las
tragedias complejas.” (Aristóteles, 1974) Es decir, las situaciones que inspiran temor y
compasión constituyen uno de los fines de la tragedia como lo son la catarsis y el lance
patético. Por lo que, “dichas sensaciones, que pueden nacer del espectador o de la estructura
de los hechos, incrementan si ocurren inesperadamente y como consecuencia de otras
situaciones. (Fernández, 2017)
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Según Aristóteles, los hechos que conducen a la catarsis ocurren entre amigos, esto es, entre
deudos o parientes que pueden conocerse o no conocerse antes de los actos. De esta forma,
el lance patético que consuma de las peripecias, como el cambio de la acción en sentido
contrario adheridas a la agnición, como el paso de la ignorancia al conocimiento, como
hechos que propician temor y compasión, en una acción destructora y dolorosa. Que en la
obra de Eurípides se desarrolla desde el momento en que el plan de Medea se lleva a cabo y
comienzan a morir personajes.
Asimismo, en la obra se pueden encontrar dos momentos que cambian por completo el
sentido de la obra, en un primer plano el abandono de Jasón a Medea y, en segundo plano, el
destierro por parte de Creonte, que es el detonante para que el plan de la protagonista se
realice. Por otro lado, la justificación de la protagonista es la conservación del honor: “Nadie
pensará que soy débil o impotente, ni que sufro ni daño tranquila, sino, al contrario, que soy
terrible contra mis enemigos y benévola con los que me aman. Sólo de esta manera adquiriré
mayor gloria” (Eurípides, 2004).
Así, la catarsis se produce porque ella es agente de aquellas acciones dolorosas que suscitan
compasión, “a diferencia de lo observado en Edipo y Antígona, uno exiliado y la otra
suicidada” (Fernández, 2017). Lo que hace que el lector se compadezca de la protagonista,
pues es quien conoce la historia desde el principio; así, según Aristóteles: “la fábula, en
efecto, debe estar constituida de tal modo que, aun sin verlos, el que oiga el desarrollo de los
hechos se horrorice y se compadezca por lo que acontece” (Aristóteles, 1974).
Finalmente, como ya avisaban en sus estudios Paz y Hutcheon, Eurípides se sirve de recursos
teóricos que rompen con los esquemas teóricos propuestos hasta entonces por la poética de
Aristóteles, es decir:
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La grandeza de Eurípides como poeta lírico, su conocimiento de las pasiones
y su penetración psicológica no compensan lo que se ha llamado su «pecado contra
el mito», o sea el haber convertido en causa psicológica lo que antes fue justicia
cósmica. Al romper la tensión trágica, abrió la puerta al relativismo y a la psicología
y minó los fundamentos de la idea del ser. […] La respuesta que da Eurípides a la
pregunta que se habían hecho Esquilo y Sófocles tiene así dos caras: niega la santidad
del Destino y sostiene la inocencia del hombre. Su negación rompe el conflicto
trágico, pues no es lo mismo ser víctima del ciego azar o de la pasión que de una
justicia cósmica; su afirmación, en cambio, sí es eminentemente trágica: el hombre
es inocente porque su culpa no es suya realmente. Eurípides recoge la antigua noción
de culpa objetiva, la contrasta con las ideas de responsabilidad subjetiva y afirma la
inocencia última del hombre (Paz, 2006).
Esto, en las tragedias de Eurípides – como Medea – es visible, pues, distinto a lo que sucedía
en obras como las de Sófocles, donde los héroes eran victima de los dioses, el autor no se
preocupa por la relación entre hombres y dioses, sino por la pura concepción de la condición
humana. De esta forma, los personajes se dejan llevar por sus pasiones, los celos, el odio.
Así, Eurípides rompe con toda la tradición de la tragedia desarrollada hasta entonces y rompe
con el lance patético, pues, Medea, la protagonista, ya no es paciente en la catarsis, sino que
la convierte en un agente y es ella quien asesina a sus hijos y envenena a Creonte y a su hija.
Es decir, las descripciones y esta ruptura hicieron que Aristóteles clasificara a Eurípides
como el trágico más trágico.
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BIBLIOGRAFÍA
Aristóteles. (1974). Póetica. Madrid: Gredos.
Eurípides. (2004). Medea. Buenos Aires: Biblos.
Fernández, V. V. (2017). Eurípides: Medea. Análisis a partir de la Poética de Aristóteles.
Concepción: Universidad de Concepción, Facultad de Humanidades y Arte.
Departamento de español.
Gall, N. (2012). La bárbara y salvaje Medea. I Coloquio internacional. Saberes
contemporáneos desde la diversidad sexual: Teoría, Crítica y Praxis (págs. 1-10).
Rosario: Facultad de Humanidades y Artes (UNR).
Hutcheon, L. (2000). A theory of parody. Chicago: University of Illinois Press.
Paz, O. (2006). El arco y la lira. México: FCE.