0% encontró este documento útil (0 votos)
187 vistas6 páginas

Sin Borrones, Como Escribir

El documento habla sobre la importancia de escribir bien y los pasos necesarios para lograrlo. Explica que escribir bien requiere planificación, ordenación de ideas, organización escrita del texto y corrección. Detalla cada uno de estos pasos, incluyendo la necesidad de esquemas, párrafos coherentes, y el uso adecuado de puntuación y normas gramaticales. Concluye que aprender a escribir bien requiere leer manuales y practicar, no solo inspiración.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
187 vistas6 páginas

Sin Borrones, Como Escribir

El documento habla sobre la importancia de escribir bien y los pasos necesarios para lograrlo. Explica que escribir bien requiere planificación, ordenación de ideas, organización escrita del texto y corrección. Detalla cada uno de estos pasos, incluyendo la necesidad de esquemas, párrafos coherentes, y el uso adecuado de puntuación y normas gramaticales. Concluye que aprender a escribir bien requiere leer manuales y practicar, no solo inspiración.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Sin borrones

blog de letras de Carmen Martínez Gimeno


martes, 7 de enero de 2014

Escribir bien

El primer paso de la ignorancia es presumir de saber, y muchos sabrían si no


pensasen que saben.
Baltasar Gracián

Rem tene, verba sequentur.


Catón el Viejo

Un artículo aparecido en la edición digital del periódico El País el 27 de diciembre


de 2013 me ha impulsado a reflexionar sobre la buena escritura. Se titulaba
«Condenados porsecuestrar a un empresario para extorsionarle», y en la entradilla
se especificaba: «Los asaltantes le mostraron fotos de sí mismo y de su familia, y
le dijeron de que tenían el encargo de matarle por 50.000 euros» (capturado el 27
de diciembre de 2013). Apenas asombraría tal concentración de errores en tan
pocas líneas si no se tratara de un periódico de prestigioso pasado aunque de
presente incierto: ¿le dijeron «deque»? Ni el becario peor pagado debería cometer
un dequeísmo tan flagrante. ¿Lo secuestraron para extorsionarle? ¿Tenían el
encargo de matarle? No, querrían extorsionarlo y el encargo sería para matarlo,
porque el empresario (lo) es el objeto directo de ambas oraciones. ¿Y le
enseñaron fotos de sí mismo y de su familia? Más bien le enseñarían fotos en las
que aparecían él y su familia.

Es normal escribir mal y, sin embargo, es una actividad corriente y necesaria en la


vida diaria personal, educativa y profesional que deberíamos dominar. Sabemos
que las ideas expresadas con claridad por escrito se entienden mejor, pero no hay
nadie que nos enseñe un método práctico para lograrlo: ni en los colegios ni en las
universidades. Los buenos escritores son autodidactas en su mayoría y, al hablar
de ellos, se suele pensar en el mundo del arte y de la literatura. Escribir se
considera, así, una actividad relacionada con el talento y la inspiración que ha de
valorarse según criterios literarios y de estilo. ¿Hablaríamos de una buena
escritura para referirnos a un tratado de física cuántica?

Deberíamos hacerlo, sí, pues saber escribir no se reduce a escribir como un


novelista o un poeta: significa además expresar por escrito con precisión y sin
faltas lo que se desea o se debe cuando se redacta una noticia en un periódico,
una carta de negocios, un comentario en las redes sociales o un correo
electrónico, por poner algunos ejemplos habituales. No hace falta ser un artista
para escribir bien: se precisan conocimientos y práctica.

¿Y qué es escribir bien? En el colegio significaba poseer una buena caligrafía.


Para ello se nos entrenaba, y tenían menos importancia las ideas que salían del
lápiz, mordido con fruición ante la página en blanco mientras llegaba la inspiración,
que trazar con maña el palito de la t o lograr que todas las letras fueran rectas,
como en parada militar, más bien gordezuelas y chatas o picudas e inclinadas
levemente hacia la derecha, según la moda del centro educativo
correspondiente. El continente se cuidaba más que el contenido, quizá porque era
más fácil de evaluar. No hay tradición en nuestro sistema educativo de enseñar a
escribir, al contrario de lo que ocurre en el mundo anglosajón: en él hace bastante
tiempo que surgieron estudios sobre su metodología y se distingue
entre expository writing, la escritura de uso cotidiano que se ha de dominar para
exponer las ideas propias, y creative writing, la escritura literaria empleada en
poesía o novela.

Prescindiendo de esta distinción, en líneas generales, se escribe bien si se reúnen


las ideas oportunas, se jerarquizan siguiendo un criterio lógico y se exponen con
claridad por escrito atendiendo a las normas ortotipográficas, morfológicas y
sintácticas de la lengua. Y todo texto escrito requiere una preparación previa. No
se escribe por inspiración divina: es un oficio y, como tal, posee unas reglas
básicas que se deben conocer y poner en práctica en etapas sucesivas.
Sintetizando al máximo, la primera regla sería la planificación; la segunda, la
ordenación de las ideas; la tercera, la organización escrita del texto; y la cuarta, la
corrección.

1. Planificación
Si se aguarda a que llegue la inspiración sin asociarla con un razonamiento lógico
sobre lo que se desea o debe escribir, las más de las veces será una pérdida de
tiempo. En lugar de mirar a las musarañas, resultará más fructífero asignar un
periodo determinado al examen de asuntos tan fundamentales como a quién irá
destinado el texto o cuál será su finalidad, el género que elegiremos, su extensión
y la función que tendrá en él quien escribe. De esta reflexión surgirá una idea o
imagen fecunda y un esquema básico que se desarrollará en la etapa siguiente.

2. Ordenación de las ideas


Algunos llaman a esta fase preescritura. Abarca todas las operaciones que se
realizan antes de ponerse a escribir el texto: recogida de información,
jerarquización de las ideas, determinación del hilo argumental y fijación del
esquema. Cuando los textos son muy cortos, el esquema puede ser mental, pero
en trabajos largos como ensayos, tesis, artículos de revista, cuentos o novelas es
importante redactarlo y tenerlo delante a lo largo de la escritura.

El esquema o esbozo es la espina dorsal del texto. Refleja el orden secuencial de


las ideas y los argumentos que pensamos emplear, aunque no es inamovible:
sufrirá cambios a medida que avance la escritura cuando nuevas ideas superen o
se añadan a las primeras, pero seguirá sirviendo de guía y asegurará que no
queden lagunas en el argumento. Las partes básicas del esquema son la
introducción, el nudo (o cuerpo del escrito) y el desenlace (o conclusión). La
cantidad de subdivisiones dentro de cada una de estas partes variará según el tipo
de texto: no es lo mismo componer una redacción escolar que un ensayo en el que
se trabajan varios meses. El índice de un libro, que a grandes rasgos se redacta y
muchas veces se presenta a la editorial antes de escribirlo materialmente, es un
esbozo de lo que aparecerá desarrollado en su interior y debe reflejarlo.

3. Organización escrita del texto


Llega el momento de escribir lo que se ha pensado. Es todavía el inicio de la tarea,
pues al redactar casi siempre surgirán nuevas ideas, se concretarán algunas
percepciones y se articulará mejor lo que ya se tiene en mente. El esquema es la
hipótesis de trabajo que habrá que desarrollar según avance la escritura: el texto
cumplirá su objetivo y resultará convincente en la medida que consiga dirigir poco
a poco al lector sin que pierda interés hacia la tesis que se expone.

La unidad de pensamiento básica del texto es el párrafo, que suele constar de un


grupo de oraciones relacionadas, aunque en ocasiones puede reducirse a una sola
oración. La palabra que comienza párrafo se escribe con letra mayúscula inicial, y
siempre se termina con punto y aparte. Las oraciones dentro de un párrafo
pueden ser cortas y coordinadas o largas y subordinadas, pero siempre debe
existir dentro de ellas una progresión natural de ideas que desarrollen la tesis
principal. Si se disponen las ideas en un orden claro y lógico con las transiciones
necesarias, los párrafos tendrán coherencia, con lo que el lector podrá seguir sin
esfuerzo la progresión del pensamiento.

¿Cómo se consigue ese orden claro y lógico ideal que hará coherentes nuestros
párrafos? Refiriéndose a la prosa, Umberto Eco ha sostenido en diferentes obras
(entre ellas, en De los espejos y otros ensayos) que la cuestión primordial es
«construir el mundo» que queremos escribir y entonces «las palabras vendrán casi
por sí solas». Rem tene, verba sequentur, según la locución clásica latina
atribuida a Catón el Viejo: si se domina el argumento, las palabras para expresarlo
aparecerán por sí mismas. ¿Es esto cierto? Puede que para escritores
experimentados que ya posean un estilo acorde con su manera de pensar y su
personalidad. Sin embargo, para quienes se inician en la escritura encontrar las
palabras precisas, relacionar las ideas entre sí y emplear la puntuación y los nexos
adecuados para que el lector comprenda el hilo conductor del razonamiento que se
desea transmitir es todo un reto que solo se conseguirá superar a fuerza de trabajo
y constancia.

Aunque la lengua española —como en mayor o menor medida el resto de las


románicas, provenientes del latín— se caracteriza por su tendencia a la digresión,
y la idea principal que se quiere demostrar se deja de lado con frecuencia para
desarrollar antes otras ideas relacionadas, cuando se está aprendiendo a escribir
conviene ir al grano: redactar oraciones más bien cortas con frecuentes puntos y
seguidos. Si no se domina la subordinación y se recurre a menudo a ella, surgirán
textos enrevesados y confusos.

Asimismo, en la construcción de párrafos coherentes tiene una importancia crucial


la puntuación, cuya función es subdividir el contenido en grupos de significado
para facilitar la comprensión. Si no se posee una concepción clara sobre la
estructura de la oración, no se puede puntuar bien: el sujeto jamás se separa con
coma ni punto y coma del verbo o predicado; el verbo tampoco se separa de sus
complementos por ningún signo de puntuación, a no ser que haya un inciso en
medio. Y la opinión extendida de que teniendo buen oído es fácil puntuar es
errónea: hay pausas —permisibles— en el habla que no se corresponden con las
aceptadas en el texto escrito. Por ejemplo, no se puede cortar una oración que
continúa con un punto ni punto y coma: Paloma salió de la funeraria. Llorando a
lágrima viva. Lo correcto es Paloma salió de la funeraria llorando a lágrima
viva. Un empleo adecuado de los distintos signos de puntuación ayudará al lector a
entender los diferentes niveles sintácticos del texto.

¿Cómo se aprende a puntuar? El primer paso es reconocer la propia ignorancia y


ponerle remedio. No existe la «ciencia infusa» en este caso como en ningún otro,
así que si nunca se han leído ni estudiado manuales de ortografía, gramática o
estilo, es muy probable que se cometan sin saberlo todo tipo de errores al utilizar
los signos de puntuación o prescindir de ellos. Cualquier manual examinado con
atención servirá para valorar el estado de nuestros conocimientos y para mejorar y
actualizar los que ya poseemos. Porque lo que se sabe también se olvida y es
necesario repasar con frecuencia para estar al día.

Una vez adquiridas o refrescadas las normas de puntuación que rigen la escritura,
se recomienda leer mucho, porque también se aprende por imitación hasta que
poco a poco se va creando el propio estilo. Pero no vale cualquier lectura ni
cualquier escritor: solo los excelentes, los que no cometen errores garrafales. Y no
será difícil desechar a los mediocres: cuando se conocen las reglas, las faltas en
las que caen algunos resultan tan evidentes que molesta su lectura. De este modo,
no nos volverán a dar gato por liebre y tendremos un criterio más formado para
juzgar una buena o mala escritura.

En lo tocante al vocabulario, hace años escuché un consejo a uno de los mejores


editores que he conocido: jamás emplees una palabra ajena a tu vocabulario cuyo
significado no hayas verificado antes. De este modo se evitará escribir tonterías
como partido suspendido debido a la climatología, agua de lluvia que deja
manchas indelebles en los cristales, niña que adolece de salud, anciana de huesos
fehacientes, charlas que se departen, palabras que concitan polémica, joven que
se apoya en el dintel de la puerta, espía que habla despacio para que no le oigan,
país que detenta la presidencia de la UE cuando le corresponde… Y, sin embargo,
consultando los diccionarios, ya podremos elucubrar sobre lo que queramos,
descambiar una falda aunque sea la primera que compramos, usar una palancana,
develar un secreto o quejarnos de la reuma. Nos entremeteremos y nos
entrometeremos. Si contamos con buenos diccionarios, gramáticas y libros de
estilo en nuestra biblioteca imprescindible, las palabras y las cosas saldrán de los
maremagnos donde a veces se pierden y ocuparán el lugar que les corresponde.

4. Corrección
Los textos necesitan más de una revisión para quedar perfectos. Y no debe
dejarse exclusivamente para el final. Si la escritura es una tarea cotidiana, lo mejor
es ir releyendo y corrigiendo a medida que se va redactando. De nada sirve llenar
muchas páginas si están plagadas de errores: se pierde menos tiempo cuando se
avanza sobre seguro, resolviendo las dudas que van surgiendo. Pero no basta. Ha
de añadirse, además, una revisión completa y cuidadosa cuando el texto se da por
terminado y se tiene una visión global del conjunto.

Siempre se ha de corregir la forma y el fondo: revisar meticulosamente los


aspectos ortotipográficos, morfológicos y sintácticos, así como el contenido. Debe
comprobarse que no hay saltos de razonamiento, elementos sueltos ni las mismas
ideas repetidas sin cesar; que se desarrolla todo lo que se ha enunciado y que se
llega a conclusiones coherentes. Y todo lo que sobre, todo lo superfluo, se ha de
suprimir sin piedad.

Entre los aspectos a los que se debe prestar mayor atención en la corrección se
encuentran los siguientes:

•Coordinación de adjetivos y nombres en género y número, y de sujetos y verbos


en persona y número.
•Repetición indebida de verbos genéricos con escaso significado (tener, ser, decir,
poder).
•Predominio indebido de la voz pasiva frente a la activa.
• Uso adecuado del modo subjuntivo.
•Gerundios mal empleados.
•Régimen preposicional de los verbos.
•Excesivos pronombres no necesarios.
• Construcción de las oraciones de relativo.
•Pobreza o imprecisión de vocabulario.
•Orden adecuado de las palabras en la oración.
•Extensión de las oraciones; subordinación y coordinación.
•Nexos entre oraciones y entre párrafos.
•Criterio unificado en la escritura de números dígitos y cifras.
•Empleo de letras mayúsculas y minúsculas.

La lista podría continuar, pero resulta más importante, llegado este punto, plantear
una pregunta: ¿cómo va a corregir lo que ha escrito quien ignora su propia
ignorancia? Detectar erratas, algunas faltas de ortografía o los despistes (lapsus
cálami) que todos sufrimos al redactar no es demasiado difícil y hasta el corrector
automático del ordenador puede facilitar la tarea si está bien configurado. Sin
embargo, es imposible corregir materias que se desconocen: «Este es un grupo
que le gusta los libros y la Literatura», acabo de leer en Facebook. Quien lo ha
escrito no sabe que ha cometido tres errores: «Este es un grupo al que le gustan
los libros y la literatura». Ha unido en su enunciado dos bestias negras, al parecer,
difíciles de dominar por la cantidad de veces que se repiten los mismos fallos: el
verbo gustar y una oración de relativo con complemento indirecto que exige
preposición y verbo coordinado en número y persona con el sujeto, que es los
libros (los libros le gustan a este grupo). Para colmo, escribe literatura con
mayúscula inicial como si fuera nombre propio, mientras que
considera libro nombre común.

Este motivo, la falta de conciencia de la propia ignorancia, provoca que haya


tantos textos mal escritos por doquier, así como que se publiquen y logren éxito
popular libros que no pasarían la menor criba de un corrector de estilo experto. No
obstante, también somos legión los que nos preocupamos por formarnos día a día
y sabemos distinguir el grano de la paja. Hay gente para todo.

Son muchas las ventajas de escribir bien, aparte del prestigio personal. Y es algo
que está al alcance de todos poniendo algún interés y efectuando una pequeña (o
no tan pequeña) inversión en tiempo y esfuerzo. La preparación es indispensable
porque la escritura, como ya se ha señalado, es un oficio y, al igual que ocurre
en todos los demás, hay que ser humilde, pasar por el aro reconociendo las
propias limitaciones y empezar de aprendiz. Después se puede llegar muy lejos
con estudio, práctica y tesón. La suerte y la disposición personal también cuentan,
por supuesto.

Ahora bien, que ese oficio una vez adquirido se convierta en arte es cuestión muy
distinta. Que nadie se lleve a engaño: para eso no sirven las lecciones. Al menos
yo desconozco las que hay que aprender. En esto me sumo a las palabras de
Umberto Eco, referidas en especial a la poesía, pero también aplicables a la
literatura de excelencia: Verba tene, res sequentur: las palabras (la elección de
sentido) es lo importante; lo demás (el argumento) viene detrás (o al lado). Quod
natura non dat, Salmantica non praestat.

Entradas relacionadas
Pautas de corrección para mejora un texto
Concordancia (I)
Concordancia (II)
Cómo construir oraciones de relativo perfectas
Ortotipografía para e-escritores

Más entradas sobre asuntos de lengua y escritura pinchando Índice de


entradas de este blog.

Publicado por Carmen Martínez Gimeno gimenocong. Carmen Martínez Gimeno


Enviar por correo electrónicoEscribe un blogCompartir con TwitterCompartir con Facebook
Etiquetas: corrección, esbozo, escritura, ordenación de las ideas, organización escrita del
texto, planificación

También podría gustarte