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La Virtud de la Templanza

Pascual tenía problemas con la ira y la falta de templanza en sus acciones y palabras. Su esposa le aconsejó que templara su carácter para controlar mejor sus emociones y comportamiento. La virtud de la templanza es importante porque implica el autodominio y el uso moderado de las facultades y pasiones humanas según la razón. La oración final pide ayuda divina para vencer defectos como la ira, la gula y la soberbia a través de la práctica de virtudes como la mansedumbre, la mortificación y la humildad

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La Virtud de la Templanza

Pascual tenía problemas con la ira y la falta de templanza en sus acciones y palabras. Su esposa le aconsejó que templara su carácter para controlar mejor sus emociones y comportamiento. La virtud de la templanza es importante porque implica el autodominio y el uso moderado de las facultades y pasiones humanas según la razón. La oración final pide ayuda divina para vencer defectos como la ira, la gula y la soberbia a través de la práctica de virtudes como la mansedumbre, la mortificación y la humildad

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No.

17
LA VIRTUD DE LA TEMPLANZA
Era frecuente que Pascual se irritara por cualquier cosa; algunas veces llegaba a ser violento y
no era raro que abandonara una reunión arrojando las cosas. ´´Necesitas templar tu carácter´´,
le decía su mujer con la máxima suavidad que le era posible. Pero él se irritaba más y le
respondía groseramente.

Ella tenía razón. Todos podemos templar nuestro carácter, adquirir autodominio y emplear
moderación y equilibrio en las palabras, en los gestos y en las acciones.

La TEMPLANZA es la virtud del autodominio y de la justa medida. Ella nos hace llevar nosotros
mismos las riendas de nuestros actos y de emplear con moderación y para su justo fin las
facultades y tendencias que tenemos. Todos disponemos de sentidos externos e internos;
tenemos inclinaciones naturales y hay en nuestro interior pasiones que son fuerzas cuya
canalización depende de nosotros. Algunos ejemplos pueden ilustrarnos:

¿Para qué nos dio el Creador el apetito? Para facilitar el instinto de alimentarnos, necesario
para sobrevivir. Sin embargo, el que come en demasía, sólo por el placer de hacerlo, ha perdido
el control y se ha hecho esclavo de la gula.

El recíproco atractivo del hombre y la mujer, Dios lo concedió al género humano para que fuera
posible la procreación. Pero el buscar desmedidamente la unión sexual sólo por el placer de
experimentarla, también es una esclavitud: constituye lujuria.

Dios puso en nosotros el instinto de conservación, por el cual protegemos nuestras vidas y nos
defendemos de agresiones, pero si alguien viera en toda persona un agresor y usara violencia
contra él, estaría mostrándose como un antisocial y un iracundo.
Un último ejemplo: Dios puso en todos los hombres la aspiración al progreso, pero el que se
deja llevar por la ambición y la codicia, acaba por vivir únicamente para aumentar sus riquezas y
nunca se conformará con un tenor de vida modesto.

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA:

´´La templanza modera la atracción de los placeres, asegura el dominio de la voluntad sobre
los instintos y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados´´.

Tres palabras podemos extraer de esta definición: MODERACIÓN, DOMINIO y EQUILIBRIO. Son
los principales bienes con que se manifiesta la templanza, pero hay otras virtudes vinculadas
con ella, como la CONTINENCIA, la AFABILIDAD, la CLEMENCIA, la MODESTIA, el ORDEN, etc.

Desde la más remota antigüedad, los educadores y filósofos más confiables le han dado un
valor enorme a la templanza, como que es la virtud que nos hace dueños de nosotros mismos,
capaces de someter nuestras pasiones al dictamen de la razón y valernos de los bienes para su
justo fin y en la medida conveniente.

LAO-TSÉ, filósofo chino del siglo VI antes de Cristo, enseñó: ´´Quien conoce a los demás es
instruido; quien se conoce a sí mismo es sabio. Quien vence a los demás tiene fuerza física;
quien se vence a sí mismo es fuerte´´.

SALOMÓN, en el Libro de la Sabiduría, menciona juntas las cuatro virtudes cardinales y asegura
que son los valores más útiles que la persona puede tener en su vida: ´´¿Anhelas ser un hombre
justo? El fruto de la acción de la Sabiduría son las virtudes, pues ella enseña la templanza y la
prudencia, la justicia y la fortaleza, y en la tierra nada es más útil que esto para los hombres´´.

SAN AGUSTÍN, grande conocedor de la condición humana, dice: ´´El hombre que ha adquirido
la templanza, cuenta con una regla en las cosas de esta vida…, de tal modo que de nada es
esclavo, nada desea por mera satisfacción, sino que todo lo emplea a su debido tiempo y
siempre modestamente´´.

Las cuatro virtudes cardinales son virtudes humanas y, en cuanto tales, pueden adquirirse y
consolidarse con el esfuerzo personal y la práctica constante. Pero en una persona creyente,
esas mismas virtudes pueden ser reforzadas y elevadas a un nivel superior, con el auxilio de
Dios omnipotente y misericordioso.
ORACIÓN DEL BEATO SANTIAGO ALBERIONE
PARA PEDIR LA TEMPLANZA
Llegue a mí, oh Señor, el auxilio de tu misericordia, para que yo viva bien mi condición de
hombre y de cristiano.

Haz que yo pueda vencer la ira y la fragilidad y practicar la verdadera mansedumbre.

Que yo pueda vencer la gula y practicar la mortificación.

Que yo pueda poner un freno a mi soberbia y practicar la humildad.

Que yo pueda vencer la ambición y practicar la modestia cristiana.

Que yo pueda vencer la vana curiosidad y amar santamente la auténtica ciencia.

Que yo pueda frenar mi lengua y el desorden en el obrar, y vivir siguiendo las orientaciones
de mi director espiritual.

Así sea.

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