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Esforzaos a Entrar por la Puerta Estrecha

El documento habla sobre la necesidad de esforzarse seriamente para entrar por la puerta estrecha que es Jesucristo. Citando varios pasajes bíblicos, explica que muchos sólo procuran entrar superficialmente en Cristo sin real esfuerzo, y que llegará un momento en que será demasiado tarde y no podrán ser salvos aunque quieran, como le sucedió a personas como Caín y los contemporáneos de Noé. Enfatiza la importancia de aprovechar el tiempo de gracia que Dios da para arrepentirse y buscarlo de
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Esforzaos a Entrar por la Puerta Estrecha

El documento habla sobre la necesidad de esforzarse seriamente para entrar por la puerta estrecha que es Jesucristo. Citando varios pasajes bíblicos, explica que muchos sólo procuran entrar superficialmente en Cristo sin real esfuerzo, y que llegará un momento en que será demasiado tarde y no podrán ser salvos aunque quieran, como le sucedió a personas como Caín y los contemporáneos de Noé. Enfatiza la importancia de aprovechar el tiempo de gracia que Dios da para arrepentirse y buscarlo de
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Entra por a puerta estrecha.

“Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.
Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar
a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois” (Lucas 13:24-
25).
Jeus declaro ser esa puerta, ancha es la que conduce ala perdición.
Esa puertae s estracha porque tienens q hacerte chiquitico tienens q doblar el cuello.

Tieenns q ntarra por la herida de su costado.

“Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y
no podrán” (Lucas 13:24). Les dijo “Esforzaos a entrar por la puerta angosta [estrecha]”. La
puerta estrecha es Jesús Mismo. Él dijo, en Mateo 7:13-14:

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a
la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto
el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”
(Mateo 7:13-14).

En Juan 10 Jesús también usó la figura de “la puerta”. Ambas se refieren a Él. En Juan
10:09, dijo:

“Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo…”


(John 10:9).

Así, en nuestro texto, Jesús dijo: “Esforzaos a entrar por la puerta estrecha” – esforzaos a
entrar en Él – “si alguno entrare, será salvo” (Juan 10:9). Pero Jesús dijo “esforzaos a
entrar” a Él, o no serás salvo. La palabra Griega exacta traducida “esforzarse” es
“agonizesthe”. Es una palabra que los Griegos utilizaban con frecuencia en las batallas
militares, y en las luchas atléticas. Esto significa esfuerzo serio, incluso “luchar”.
Podríamos ponerlo: “Esforzarse seriamente, hasta luchar, para entrar en “Cristo”,
¡“aprovechar” la oportunidad de entrar a Cristo! ¡Haz todo lo posible para entrar en Él! El
Puritano John Trapp dijo: “Luchar hasta [el punto de] la agonía...como lo hicieron para
conseguir los laureles en los Juegos Olímpicos [en la época Romana]...pero que nadie
piense que [puede] bailar con el diablo todo el día y cenar con Cristo en la noche – [o ir] al
cielo en un lecho de plumas” (traducción de John Trapp, Commentary on the Old and New
Testaments, Transki Publications, reimpreso en 1997, tomo 5, p. 326; comentario sobre
Lucas 13:24). Matthew Henry lo dijo aún más fuerte:

Todo lo que será salvo tiene que entrar por la puerta estrecha, tiene que pasar un cambio
de todo el hombre, nada que sea menos que el nacer de nuevo...aquellos que entrarán por la
puerta estrecha deben esforzarse para entrar. Es una cuestión difícil llegar al cielo y...no se
ganará sin gran cuidado y dolor, de dificultad y diligencia. Debemos luchar con Dios en la
oración, luchar como Jacobo, luchar contra el pecado y Satanás. Debemos…luchar con
nuestros propios corazones. Agonizesthe – “Estar en una agonía; esforzarse como los que
corren para ganar un premio; emocionarnos y esforzarnos al máximo” (traducción de
Matthew Henry’s Commentary on the Whole Bible, Hendrickson Publishers, reimpreso en
1996, tomo 5, p. 586; nota sobre Lucas 13:24).

“Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y
no podrán. Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando
fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os
dirá: No sé de dónde sois” (Lucas 13:24-25).

Ah, ¿cuántos son los que sólo “procuran entrar”? “Procurar” es una palabra mucho más
débil que “esforzarse”. La palabra Griega es “zeteō”. Significa “aprender casualmente, o
preguntar”, para incursionar en ello, para aprender un poco aquí y un poco allí, ¡sin ningún
tipo de celo real o esfuerzo para en realidad luchar para entrar en Cristo! ¡Ah, qué triste
destino espera a estos aficionados, estos necios superficiales, que se limitan a jugar, que
sólo quieren aprender un poco más acerca de la salvación, ¡pero no tienen ganas de
esforzarse a abrirse camino a Cristo! Ellos manipulan, y se entremeten y juegan a la
religión –y se limitan a ¡“procurar entrar, y no podrán”! ¡Sólo están “jugando” a la religión!

“Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y
no podrán. Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando
fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os
dirá: No sé de dónde sois” (Lucas 13:24-25).

El Dr. B. H. Carroll (1843-1914) fue presidente del Seminario Teológico Bautista Suroeste.
El Dr. Carroll dijo:

… esfuérzate ahora para entrar por la puerta angosta, porque muchos tratarán de entrar en
ella más tarde y no podrán una vez que el dueño de la casa se haya levantado y la puerta se
haya cerrado. La idea entonces es ésta: que existe una limitación de tiempo, que...hay un
momento en que si uno hiciera todo el esfuerzo en el mundo no haría ninguna diferencia en
absoluto. Esa es ciertamente la idea de nuestro Salvador aquí. Es el énfasis de Isaías:

“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano” (Isaías
55:6).

...Esla idea [predominante] en la parábola de las diez vírgenes. Aquellas cinco vírgenes
insensatas trataron de entrar, se esforzaron por entrar, y llamaron y dijeron: “¡Señor, Señor,
ábrenos!” [Mateo 25:11]...[Su] incapacidad consistía en luchar cuando ya era demasiado
tarde para luchar, cuando nada bueno podía lograrse al hacerlo, cuando se cerró la puerta,
cuando la oportunidad se había ido. Entonces se despiertan; se levantan, y con los ojos
abiertos [ven] una visión espantosa, la importancia eterna de la cuestión, con la sensación
de que afuera está la oscuridad y la muerte y el destierro, y que adentro está la vida y la
gloria. Dándose cuenta al fin de la gran importancia de la salvación personal entonces ellas
lo buscan, ellas tratan, se esfuerzan, llaman y oran, pero en vano. “Demasiado tarde,
demasiado tarde, ya no puedes entrar”... ¿Qué se entiende por la incapacidad de la gente a
entrar [a] Cristo? Eso...podemos fácilmente entender. Dios nos da aquí en la tierra una
oportunidad; [la medida de] esa oportunidad él mismo la mide. No la podemos medir
nosotros mismos. Dios mide la mide. ¿Cuánto [tiempo el momento de la oportunidad es]
para cualquier persona en particular sólo él lo sabe. Es posible que a una niña de la escuela
le de una medida de tres semanas. Es posible que a un hombre malo le de una medida de
sesenta años. No sé. Es totalmente, absolutamente, [conocido sólo por Dios]. En esto
consiste la soberanía divina. Una cosa sí sabemos: hay un tiempo en el que Cristo puede ser
encontrado, y hay un tiempo en el que no se puede encontrar. Por eso yo digo: “Exortaos a
vosotros mismos, buscad al Señor mientras puede ser hallado...” Los pasajes que he citado
demuestran que estas personas estaban tratando de entrar [a] Cristo, pero Cristo se había
retirado. Una cosa cierra la puerta, lo sabemos, y la cierra para siempre. Si la muerte nos
encuentra afuera de Cristo nunca habrá otra oportunidad [para] nosotros... sabemos que la
puerta se cierra entonces. [Pero] nuestro Salvador habla de un caso cuando se cierra antes
de ese tiempo [de muerte]. Él dice que si alguien blasfema contra el Espíritu Santo ha
cometido el pecado eterno que no tiene perdón, ni en esta vida ni en la vida venidera, lo que
significa que mientras las personas están aún con vida, antes de que [sus cuerpos mueran]
puedan tener la puerta cerrada, y ese cierre es eterno, y aunque puedan vivir mucho más
tiempo después de ese momento, la puerta está cerrada y cerrada para siempre en su contra.
Levantándose temprano, acostándose tarde, tocando de día y de noche, llorando como Esaú
lloró, entonces no encuentran lugar para el arrepentimiento (traducción de B. H. Carroll,
D.D., The Four Gospels, Baker Book House, reimpreso en 1976, tomo I, pp. 131-135;
notas sobre Lucas 13:24-25).

Oh, cuántas veces la Biblia nos da ejemplos de personas que esperaron demasiado tiempo –
y Dios cerró la puerta – y nunca fueron salvos. A pesar de que vivieron largo tiempo
después, Dios los abandonó. En la Biblia leemos caso tras caso. Solo puedo dar unos
cuantos esta noche.

Caín estaba celoso de su hermano Abel, porque Dios aceptó el sacrificio de la sangre de
Abel, pero rechazó los vegetales de Caín. Caín se enojó. Dios le dijo: “Si bien hicieres, ¿no
serás enaltecido?” (Génesis 4:7). Pero Caín se negó a arrepentirse y venir por la sangre a
Dios. El tiempo se acabó para Caín. En un día, y en una hora, Dios abandonó a Caín. Su
mente se quebrantó, y asesinó a Abel. Caín vivió durante años, pero ya era demasiado tarde
para ser salvo. ¡Dios lo abandonó a él! ¡Había cometido el pecado imperdonable!

“Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y
no podrán” (Lucas 13:24).

En los días de Noé, Dios dijo:

“No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne;
mas serán sus días ciento veinte años” (Génesis 6:3).

Pasaron los días. Las páginas del calendario fueron arrancadas y desechadas. Las décadas
pasaron – pero las personas no se arrepintieron ni buscaron al Señor. Los años pasaron
volando. Por último, el último día del último año, de aquellos 120 años llegó. Noé les había
predicado a ellos duro y por mucho tiempo sobre el juicio venidero – pero ellos continuaron
con sus vidas, como si no hubiera ningún peligro, “comiendo y bebiendo”, sin miedo “hasta
el día en que Noé entró en el arca” (Mateo 24:38). ¡Marca esas palabras! – ¡“Hasta el día en
que Noé entró en el arca”! En ese día, “Jehová le cerró la puerta” (Génesis 7:16). Entonces,
en ese día, se despertaron y trataron de entrar – ¡pero ya era demasiado tarde! Dios los
había abandonado. ¡Habían cometido el pecado imperdonable! Vivieron siete días antes de
que viniera el Diluvio (Génesis 7:10), pero ya era demasiado tarde para que pudieran entrar
en el Arca – ¡demasiado tarde para ser salvos! Los veo en mi mente, arrastrándose, y
arañando y gritando para que Dios los dejara entrar – ¡pero ya era demasiado tarde! Cada
uno de ellos se ahogó en el Diluvio. Dios trajo “el diluvio sobre el mundo de los impíos” (II
Pedro 2:5). ¡Demasiado tarde! ¡Demasiado tarde! Perdieron el tiempo y jugaron a la
religión – hasta que “el padre de familia [se levantó], y...cerró la puerta” (Lucas 13:25).

“Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y
no podrán. Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando
fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os
dirá: No sé de dónde sois” (Lucas 13:24-25).

Esaú “por una sola comida vendió su primogenitura” a su hermano (Hebreos 12:16). Él
dijo: “¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?” (Génesis 25:32). “Y él comió y bebió,
y se levantó y siguió su camino: Así menospreció Esaú la primogenitura” (Génesis 25:34).
Los años pasaron rápidamente. Al fin Esaú vio que después de todo su primogenitura era
importante. Pero ya era demasiado tarde. ¡Había cometido el pecado imperdonable cuarenta
años antes! Ahora él gritó y clamó – ¡pero ya era demasiado tarde!

“Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no
hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas”
(Hebreos 12:17).

¡Ya era demasiado tarde para Esaú – para siempre! Y Dios dijo:

“A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí” (Romanos 9:13).

“Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y
no podrán. Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando
fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os
dirá: No sé de dónde sois” (Lucas 13:24-25).

No recuerdo donde leí esta historia. Está en uno de los libros del Dr. John R. Rice. La
escribí, pero no puedo recordar dónde la leí. Se las doy como la escribí hace años.

El Dr. John R. Rice una vez contó acerca de un hombre que vino a escuchar su predicación
noche tras noche en las reuniones evangelísticas. El hombre se sentó en la parte de atrás y
se reía y se burlaba de los sermones. El evangelista se fue y las reuniones terminaron. Los
años pasaron pero el hombre nunca fue salvo.

Una noche, el Dr. Rice habló con su hermana por teléfono. Ella dijo: “John, ¿recuerdas el
señor (Tal y tal)?” Él dijo, “Sí. Recuerdo que llegó a los servicios, pero no fue salvo. Él se
burló y se rió y bromeó acerca de los sermones”.
Entonces la hermana del Dr. Rice le dijo lo que le pasó a ese hombre. Él se enfermó del
estómago y lo llevaron al médico. El médico dijo: “Es demasiado tarde. No hay nada que se
pueda hacer. Vete a casa y escribe tu testamento. No vivirás mucho.”

Hacía calor ese verano en Dallas. Fue antes de que tuvieran aire acondicionado. Dejaron las
ventanas abiertas para que entrara un poco de brisa. Ese hombre estaba en su casa muriendo
por semanas. Nadie podía consolarle. Se mandó a buscar al predicador Bautista, pero no
pudo llevar al hombre a Cristo. El moribundo seguía diciendo que era demasiado tarde, que
había esperado demasiado tiempo. Dicen que lo podían oír gritar por cuadras durante
aquellas calurosas noches de verano en Dallas. Dicen que se le oía gritando: “¡Oh Dios,
necesito más tiempo! ¡Oh Dios, yo no estoy preparado para morir! ¡Oh, Dios, no estoy
preparado para morir! ¡No estoy preparado para morir! ¡No estoy preparado para
morir!” Era demasiado tarde. Él había cometido el pecado imperdonable. Él murió así,
gritando: “¡Oh, Dios, yo no estoy preparado para morir!”

“Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y
no podrán. Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando
fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os
dirá: No sé de dónde sois” (Lucas 13:24-25).

¡No esperes! ¡No pospongas el asunto por más tiempo! Cristo ha muerto en la Cruz para
pagar la pena completa del pecado. Ven a Él y Él limpiará tus pecados por Su Sangre, y te
vestirá con Su justicia. “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que
está cercano” (Isaías 55:6). “Esforzaos a entrar” a Cristo ahora, mientras Él está cerca –
¡antes de que la puerta de la salvación sea cerrada para siempre! El Dr. Rice dijo:

Has esperado y tardado rehusando al Salvador,


Todas sus pacientes advertencias, Su amable imploro;
Comiste el fruto prohibido, creíste la promesa de Satanás;
Tu corazón se ha endurecido, el pecado tu mente oscureció.
Que triste enfrentar el juicio, recordarás sin misericordia
Duraste y tardaste hasta que el Espíritu se fue;
Que reproches y dolor, cuando la muerte te encuentre sin esperanza,
Duraste y tardaste y esperaste demasiado.
amigo q haras cuando la puerta sea cerrada, ella será cerrada hasta para los malos
cristinaos, ahra para el impio.

Porque sie l justo con dificulatad se salva.

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