Sobre el autor
Joseph A. Micueci se gradué de licenciado en psicologia en la Cor-
nell University y obtuvo el doctorado en psiquiatria clinica
Universidad de Minnesota. Ha pertenecido al cuerpo profesion
North Memorial Medical Center de Minneépolis, Minnesota, y al
Robert Wood Johnson, jr. Life-style Institute de Edison, Nueva Jer-
sey. En 1984 se incorpors al Centro de Orientacién Infantil de Fi-
a, donde fue director de la Unidad de Adolescentes entre 1987
¥y psieslogo jefe entre 1991 y 1993. En la actualidad se de-
‘ha como profesor asociado de psicologia en el Chesnut Hill
fa, donde dicta cursos de posgrado de terapia
iar y evaluacién poicolégica. Es midioxbyo de la American Psy-
ily Therapy Academy
Ademas, el doctor Micucci
a privada en las ciudades de Bala Cynwyd y
El adolescente en la
terapia familiar
Como romper el ciclo del conflicto y
el control
Joseph A. Micucci
Amorrortu editores
Buenos Aires - Madridle el proceso de su tra
o que han aprendido los especi
Tutiva acerea de la segunda década de la vida, Bi lo qu
‘gue, ofreceré un panorama de las investigaciones recientes sobr
desarrollo adolescente, que serv
néstico y el tratamiento de lo
Desarrollo del adolescente
Consideremos estas seis vifietas:
Vidieta 1: Jill, de 13 aftos, teme asistir a una fiesta porque cree
que todos se dardn cuenta del grano que le acaba de salir en la
nariz.
Vifieta 2: Sean, de 15 aitos, sabe
cicleta por duces, y sin embargo lo
hace con frecuencia porque cree que a é no le pasaré nada.
Viiieta 3: Rod, de 16 artos, no puede decidirse sob
ra universitaria seguir, y osctla entre estudiar medi
artes.
es peligroso andar en bi
Vifieta 4: Gloria, de 13 afios, estd segura de que quiere ser ciruja-
na como su madre, y nunca ha considerado la posibilidad de op:
tar por otras carreras,
Viiieta 5: Bonnie, de 14 aiios, se queda aténita cuando una ami-
un amigo que ha
que considera que
tante.
lealtad a un amigo es el valor mas impor-
Pese a que estas vifietas puedan resultar sorprendentes a mu-
chas familias, todas describen conduetas adolescentes tipicas y pro-
pias de la edad. Muchos adultos, incluidos numerosos profesional
de la salud mental, continian sosteniendo que la conmocién adoles-
cente es un fenémeno universal (Offer, Ostrov y Howard, 1981). Se
equivocan. Los especialistas en psicologia evolutiva abandonaron
hhace mucho la idea de que Ia adolescencia se caracteriza inevi-
tablemente por conmociones y trastornos emocionales. El primero
73basaban en una muestra sesgada de adolescentes en tratami
ites basados en muestras aleatorias més represent
.contrado pruebas que confirmen la existencia d
fase Offer y Schonert-Reichl, 1992).
Creer que el adolezeente es un individuo atravesado por «tor-
mentas y tensiones» acarrea ciertas consecuencias negativas:
wwedad del trastorno de un adolescente bajo
tratamiento, confundiéndolo con un comportamiento problematico
evolutivamente normal. Si los padres creen que es comin
adolescente sea malhumorady, irritable y hoeco, tal vez ignoren el
problema y no hagan sino agravarlo,
2. Reaceionar exageradamente. Es posible que las familias y los
terapeutas tengan reacciones exageradas y supongan que una
conducta es signo de una patologia cuando, de h
muchos adolescentes. Por ejemplo, si los
\decisiGn es problemética, quizé le urgieran una de-
sreparado para to los padres
como prueba de
probable que la joven también comience a verse de esa manera
3. Profécias autocumplidas. Las percepeiones sesgadas e inexac-
tas de los adolescentes pueden crear profes las (Ro-
senthal y Jacobson, 1968). Si los padres de Sean creen que su con-
ducta es una muestra de irresponsabilidad, posiblemente adopten
‘medidas punitivas que pueden llevar al joven a insistir en ella a fin
de reafirmar su autonomia. De modo si 1 estas percepcio-
‘aver a sus padres como figuras autoritarias con
ivas que no apoyan sus esfuerzos por lograr mayor
autonomia,
4, Inhibir el crecimiento al restringir la libertad. La difundida
creencia de que los adolescentes son descontrolados por naturaleza
puede llevar a las instituciones a implementar politicas restrictivas
que limiten los derechos civiles de los jévenes y los priven de la opor-
ficaces que hacen
y las sanciones pueden perpetuarse (Eeclesetal.,
jones de adolescentes y adultos pueden conver-
tirse répidamente en improductivas luchas de poder.
Los estereotipos que pintan a los adolescentes como salvajes, re-
beldes e irrespetuosos de Ia autoridad puedes a los padres a
Feaccionar exageradamente cuando sus hijos los cuestionan, Con-
vencidos de que los jévenes no estén interesados en relacionarse con
ellos, muchos padres bajan los brazos demasiado pronto. Asi, los j6-
venes se ven privados de la educacién y la guia que atin necesitan
(Mackey, 1996). Con su actitud, los progenitores dejan de proporcio-
nar un contexto éptimo para el crecimiento durante esta etapa de la
vida. Los adolescentes precisan que sus padres les den amy
tad para experimentar las consecuencias de sus propia:
pésito de este capitulo es pasar revista a la bibliografia
sobre el desarrollo adoleseente normal a fin de crear un con
to para discutir, en los préximos capitulos, los problemas de los
adolescentes y sus familias. No es mi intencién abarcar la enorme
cantidad de obras que tratan este tema, sino destacar la informa-
cién més relevante para l ica. Los lectores interesados
en un andlisis mas detallado del desarrollo adolescente norm
pueden recurrir a alguno de los numerosos y excelentes manuales
que se han escrito sob
1990; Muus, 1996; Steinberg, 1996)
Panorama sobre los problemas evolutivos de la
adolescencia
La segunda década de la vida puede dividirse en tres fases gene-
rales, cada una de ellas caracterizada por determinados desafios
evolutivos:
Pr
ra adolescencia temprana (entre los 11 y 13 ates)
* Adaptaci6n a los cambios de la pubertad.
* Aprendizaje de nuevas capacidades cognitivas.inejo de las expectativas rel
Adblescencia media (entre los 14 y 16 afios)
‘+ Manejo de la sexualidad.
‘Toma de decisiones morales.
lo de nuevas relaciones con los pares,
brio entre la autonomfa y la responsabilidad ante los
Ultima adolescencia (entre los 17 y 19 afios)
* Consolidacién de la identidad.
+ Experimentacién de la intimidad.
+ Partida de la casa paterna.
Aunque el despliegue de estos desafios evolutivos describe el pa-
‘trén tfpico de los adolescentes en nuestra cultura, también es impor-
tante tener en cuenta las tres consideraciones siguientes:
1. El contexto,y la definicién de normalidad. Cualquier discusién
norma sea considerada una patologia? Huelga aclarar que en nues.
tras ideas de lo normal influyen las expectativas culturales.
Con frecuencia, los adolescentes son considerados problematicos
‘cuando exhiben una conducta que viola las normas de un émbito es-
ppecifico, como el hogar, la escuela o la comunidad. Sin embargo, toda
conducta se desenvuelve dentro de un contexto. Cuando se cataloga,
aun individuo como «problemtico», se supone que el problema esta
en la persona y non el contexto. En consecuencia, los esfuerzos irdin
dirigidos al tratamiento del individuo problematico antes que a in-
tentar comprender la razén por la cual su comportamiento no se
ajusta al contexto. La existencia de un desajuste entre un joven y su
contexto no implica necesariamente un problema en uno 0 en otro,
pero si sugiere que tal vez sea preciso considerar una modificacién
en el contexto en lugar (0 ademas) de un cambio en el joven.
Para poner un ejemplo, un adolescente al cual me tocé tratar te-
nia la certeza de que la escuela no era importante en su vida, La
6
ftan cunndo sta iltima parecié aliviarse gracias alos psicférmacos
yla psicoterapia, su motivacién en relacién con la escuela no mejor6.
Recién después de varias sesiones individuales y familiares se nos
‘ceurrié que los problemas escolares y la depresién se alimentaban
mmutuamente: cuanto mas se depri co, peor era su desempe-
escolar, pero, por otra parte, cuanto més atrapado se sentia en la
‘mayor era su depresién. Finalmente, los padres, resigna-
doe, accedieron a su deseo de dejar el eolegio luego de aprobar déci
‘io grado. El joven encontré empleo en la guarderfa de una fabri
‘eemplementé su sueldo minimo con un segundo trabajo de media
Jornada como portero. Pese a trabajar mas de sesenta horas sema-
ihales, ya no se deprimia,
Es posible que este sea un caso extremo, pero pueden identifi-
‘arve otras situaciones similares, menos draméticas. Aunque no po-
emos ignorar las consecuencias potencialmente negativas de «ir
‘tantra la corriente», tampoco podemos dejar de lado la posibilidad
e que al joven nunca le ocurra nada malo y logre ser feliz. con un
eatilo de vida «desviado.
2 Asincronta en et desarrollo. Consideremos el caso del mucha-
‘que a los 14 alos ya habia completado, en esencia, su desarrollo
fisico: era un defensor de fitbol americano que media aproximada-
‘mente 1,80 metros y pesaba a
‘uno de sus compafieras que,
somenzado a desarrollarse.
festos j6venes pueden generar en los adultos expectativa:
tee. Noes de suponer que el grandote se comportaré con mayor ma-
Gurez, y que al otro se le tolerarén conductas menos maduras? {No
‘upondrén los adultos que el jugador de futbol americano es capaz.
de disfrutar de més privilegios que su compaiero de desarrollo fisico
més lento?
El proceso de desarrollo no es necesariamente lineal o coordina
its. Casi siempre, los adolescentes crecen a dife-
Puede ocurrir que un adolescente
fisico todavia incompleto sea eapaz de razonar con
{gran sutileza, y que otro con apariencia de adulto no logre apreciar
@l punto de vista ajeno.
Elerror de suponer que el desarrollo se lleva a cabo con la misma
velocidad en todos los dmbitos puede Nevar a los padres a esperar
1po de un adolescente es
rentes partes crecen de manera despareja, lo puede
del desarrollo adolescente en general. Es un periodo «desproporci
nado» de la vida, porque los avances en un rea determinada no
estan necesariamente coordinados con los avances en otras dreas,
3. Interaccién de las cuestiones del desarrollo adolescente y el de
sarrolio parental. El desarrollo psicolégico contintia toda la vida. Si
bien nuestro andlisis se centrard en el desarrollo del adolescente,
debemos tener en cuenta que también los progenitores enfrentan
desafios evolutivos.
En algunos casos, la pugna del adolescente desencadena una
pugna complementaria en los padres (véase Steinberg y Stein!
180 Por eemplo, una madre menopdusi puede Seti el mack
la sexualidad en su hija como una amenaza, y reaccionar
itentando restringir a la joven, quien responder enton-
ces ocultandole sus vivencias sexuales,
En otros casos, el adolescente progresa normalmente, pero uno
de los progenitores pugna con un desafio evolutive complementario
¥y proyecta esa lucha en el hijo. Es probable que un padre que atra-
vviesa la «crisis de la mediana edad» y afora s
logros del pasado,
tura de no ir a la universidad y ser, en cambio, un trabajador de la
construccién,
_ Tratemos de recordar estas tres consideraci
nicién de normalidad, asincronia en el desarré
las tres fases de la adolescencia,
8
Adaptacién a los cambios de la pubertad
sQué esta pasando?
Los signos mas evidentes de la adolescencia son los cambios fisi-
cos asociados a la pubertad. Si bien el desarollo de los caracteres se-
-omo el crecimiento de los pechos en las mucha-
len los varones, es el aspecto més evidente, los
de hacerse visibles (Buchanan, Eecles y Becker, 1992). Por ejemplo,
Ja menarca aparece en un momento intermedio del desarrollo pu-
beral de la nifia, En el caso de los varones, la primera eyaculacién,
‘que comtinmente se da entre los 11 afios y medio y los 14 afios y me-
. ya sea durante la masturbacién o en poluciones nocturnas
(Btein y Reiser, 1994), s6lo ocurre luego de haberse producido varios
cambios fisicos menos obvios.
El cestirén» adolescente es un fenémeno bien conocido, asi como
la observacién de que las jévenes, en prom
tarlo dos atios antes que los varones (Marshall, 1978),
lnrguirucho de muchos adolescentes parece estar asociado al hecho
de que las distintas partes de su cuerpo crecen en forma despareja
(Tanner, 1972). También esta bien documentado que en la act
dad la pubertad comienza a una edad més temprana que en siglos
anteriores. Por ejemplo, en 1900 la edad promedio de la primera
menstruacién era los 15 afios y medio; en 1990, en cambio, se produ-
‘fa a los 13, Aeste fenémeno se lo conoce como «tendencia secular» y
parece atribuible al mejoramiento de las condiciones ambientales,
‘como el mayor acceso a una buena alimentacién y la mejor atencién
de la salud (Eveleth y Tanner, 1976).
{Me estoy desarrollando normalmente?
Algunos adolescentes se preocupan porque no saben si su cuerpo
eat desarrolléndose con normalidad. Esto hace que reaccionen de
manera exagerada ante ciertos sintomas somaticos menores. Para
‘ayudarlos a sentirse mas seguros, es preciso instruirlos sobre la se-
‘euencia y el ritmo caracteristicos de los puberales.
‘Los cambios fisicos de la adolescencia siguen generalmente una
secuencia predecible tanto en los varones como en las mujeres, pese
79més tardio tal vez no menstrien hasta cu,
v “ien mplir los 16, De
tmilar, el crecimiento de los testiculos en los varones pued
is 10s 10 afios o a los 13. También existen variables de tipo
Perfodo puede ser de un aio y medio a s
dos a cinco atios en los varones. No parece haber relacion
id de comienzo de la pubertad y su
oe la pubertad y su ritmo de desarrol
Hormonas furiosas?
lescente es mas intenso y cambia con min
seep ese cabo
to pareceria confirmar la visién de las stormentas y tensie.
os malbumorado instabe. No
! restigacién comprobaron que el en
torno puedo vivir de manera eomparable para predecir i estado
le animo de adolescentes y adultos del entorno. De acuerdo eon
satmihalyi y Larson, los adolescentes pueden parcesr mie
volubles qi os adultos porque pasan de un contextoa otro més ré
To tanto sus emaciones estan mis expuestas »
influencia de los factoresstuscinales (pig. 129). ne S18
tra cuestién es si tos cambios hormonales influyen de una ma-
‘era significativa sobre esos estados de dnimo. Si bien existen aleve
‘nas prucbas sobre la asoeiacién entre las hormonas y el humor ln
cron generale escheat aos
Xia como resultado de los eambios hormonales no esta muy respal,
dada por las pruebas disponibles (Buchanan eta, 1992). Aparevte,
mente, la influencia de las hormonas sobre el humor y la condueta
es bastante menos importante que los factoré i
oi iportante que los factores ambientales y psico-
80
a la pubertad tienen en si mismos
ivo sobre la imagen de si del adolescente,
‘en una instancia: cuando el adolescente atraviesa la puber-
experimenta otros cambios en su vida, co-
cuela (Simmons, Burgeson, Carlton-Ford y
1987). La reaccién del contexto social ante los cambios fisicos
del adolescente es mucho més importante que los cambios fisicos en
Fe miemos (Brooks-Gunn y Reiter, 1990). Las nifias, en particular,
]eorren cl riesgo de sufrir trastornos alimentarios a causa del énfasis
societal en Ia delgadez (Attie y Brooks-Gunn, 1989). Retomaré este
ema en el préximo capitulo.
Los varones que se desarrollan a edad tempran:
de cierto respeto y prestigio entre sus pares, pero
tmuchachas no sucede lo mismo, Las jovencitas de maduracién pre-
ear suelen ser el blanco de comentarios obscenos por parte de los
adoleacentes varones, lo
her, 1994), En compar
formal o avanzada, las
eon més susceptibles de mostrar problemas de conducta, probable-
mente porque tienden arelacionarse con pares mas grandes, que las,
Antroducen en actividades para las cuales no estén preparadas (por
consumo de drogas, etc.) (Magnusson, Strattin y
Ibereisen, Petersen, Albrecht y Kracke, 1989).
La maduracién temprana pareceria ser particularmente perni-
iosa para las j6venes que exhiben problemas de conducta previos a
Ja pubertad. Segtin un estudio realizado por Caspi y Moffitt (1991),
as chicas de desarrollo precoz.que antes de entrar en la pubertad no
mostraban problemas de conducta s6lo corren un riesgo un poco ma-
yor de padecerlos luego de ese periode que las que maduran a edad
entre las jévenes que tienen
problemas de conducta antes de la pubertad, quienes se desarrollan
antes de tiempo tienen mas probabilidades de durante
In adolescencia que quienes experimentan un desarrollo normal 0
tardio.
El impacto de la pubertad en las relaciones familiares
‘Al comienzo de la pubertad, es comtin que los adolescentes y sus
padres experimenten un distanciamiento cada vez mayor en su
81puertas cerradas con lave y las conversaciones te
baja es aumentar dicha curiosidad.
Este cambio en la relacién familiar parece ocurrir independien-
temente de la edad de ingreso en la pubertad, lo cual sugiere que es
esta en si misma —y no sélola edad— la que se correlaciona con el
aumento de Ia distancia en la relacién con los padres. Es probable
que exista un proceso de alejamiento mutuo. El adolescente prefiere
tener més privacidad y los padres dan un paso atrés porque ereen
necesario darle «espacio», o simplemente porque intentan evitar el
conflicto.
Los padres que se sienten amenazados ante el mayor deseo de
privacidad del adolescente pueden provocar una reaccién negativa
en este tiltimo, que se distanciaré ain mas para evitar la inspeccién
parental. Los padres que dependfan del hijo para satisfacer sus pro-
pias necesidades pueden sentirse personalmente rechazados, y
responden entonees con la depresién o el rechazo del adolescente a
modo de represalia. En otros casos, la relacién conyugal cobra agudo
lescente se aparta dela escena. El joven, que se
ierado como tercero en un conflicto parental des-
viado, se aparta del tridngulo, pone a sus padres en un contacto sin
intermediarios y los fuerza a enfrentarse a sus propios asuntos con-
yagales no resueltos (Haley, 1980).
Aprendizaje de nuevas capacidades cognitivas
El paso al pensamiento operative formal
Durante la adolescencia comienzan a desarrollarse formas mas
Sofisticadas de pensamiento, que incluyen la capacidad creciente de
imaginar posibilidades futuras, una mayor conciencia de las alter-
nativas, el razonamiento abstracto y el pensamiento relative. Los
adolescents también empiezan a ser conscientes de la posibilidad
de pensar el pensamiente mismo (metacognicién), Jean Piaget iden-
tified estas capacidades cognitivas con el rétulo de pensamiento ope.
rativo formal (Inhelder y Piaget, 1958).
eas nuevas capacidades. En consecuencia, se hallan en un periodo
de transicién entre las formas de razonamiento més concretas, ca-
racteristicas de los niiios, y los modos mAs sofisticados que se as0-
ian con la adultez. Ademés, los adolescentes tienden a cometer cier-
to tipo de errores cognitivos porque estén poco entrenados en el uso
de estas nuevas formas de pensar.
Egocentrismo
David Elkind (1967) deseribié el fenémeno del egocentrismo ado-
leacente, Ia tendencia de los adolescentes més jévenes a abstraerse
‘extremadamente en si mismos. Segiin este autor, existen dos aspee-
tos del egocentrismo adolescente: la audiencia imaginaria y lafabu-
Ja personal, El primero hace referencia a la propensién de los ado-
lescentes de menor edad a imaginar que estén permanentemente
sen escena» y que su conducta es el centro de atencién de todo el
mundo. En la vineta 1, Jill ejemplifica esta inclinacién con la angus-
tia que le produce la idea de ir a una fiesta cuando le ha salido un
grano en la cara. La fabula personal alude ala conviecién de que las
experiencias propias son singulares, por lo que ninguna otra per-
ona es capaz de entenderlas. Una manifestacion de esta actitud es
¢l sentirse «invulnerable» ante las consecuencias peligrosas de una
conducta riesgosa. El caso de Sean, en Ia vifieta 2, es un ejemplo de
fabula personal. El joven parece ser consciente del peligro que
implica andar en bicicleta de noche, pero por alguna raz6n eree que
nada le ocurrira.
‘Aunque todavia no se ha podido determinar si estas caracteristi-
eas son compartidas por todos los adolescentes o s6lo por una mi-
, 1998), estos conceptos brindan a padres
rico util para comprender la conducta apa-
Tentemente irracional de algunos jévenes. Muchos adultos, por
@jemplo, tienen dificultades para entender por qué los adolescentes
muestran tanto interés en la evaluacién de sus pares.
Consideremos la vifieta 1, presentada al comienzo de este capi-
tulo. Algunos adultos podrian concluir que la fuerte identificacion
de Jill con su grupo de pares refleja una baja autoestima y poca con-
83.mente, sus pares estén tan preocupados como él. La aparente o
nién real del grupo de pares es, en realidad, una manifestacién de
audiencia imaginaria,
Los adultos que detectan esta ironia e intentan ayudar al adoles-
cente a comprender mejor eémo funciona la audiencia imaginaria
probablemente fracasen, ya que chocan con la otra manifestacién
del egocentrismo adolescents: la fibula personal. Cuanto més in-
tenta el adulto convencer al joven de que su forma de pensar es erré-
nea, mas tiende este tiltimo a sentirse incomprendido y a defender
'8u posicién con mayor firmeza.
El concepto de egocentrismo adolescente también explica la ten-
dencia aparentemente més fuerte en los jévenes a correr riesgos que
los adultos consideran insensatos. Estudios sobre la decisién de co-
rrer riesgos demostraron que el proceso de sopesar los beneficios y
las posibles pérdidas es muy similar en adolescentes y adultos (Qua.
drel et al., 1993). No obstante, para los j6venes sometidos a la mira-
da de una audiencia imaginaria, el riesgo de ser ridiculizados 0 ex-
cluidos por el grupo de pares es mucho més amenazante de lo que
muchos adultos pueden llegar a comprender,
‘Sumemos a esta tendencia otros cuatro fictores y podremos com-
render muchos de los conflictos que se presentan entre adolescen-
tes y adultos. En primer lugar, el adolescente adquiere mayor flui-
dez para discutir, lo cual lo convierte en un oponente mas formi-
dable para los adultos, cuyo razonamiento concreto no puede com-
petir con un pensamiento operativo formal mas sofisticado y abs-
tracto del adulto (Steinberg, 1996). En segundo lugar, los jéve-
nes son mds propensos a cuestionar las percepciones de sus padres
Porque poseen una visién menos idealizada de ellos que los nifios
(Steinberg y Silverberg, 1986). El padre que era idolatrado por su
hija de nueve afios sufre un comprensible golpe a su ego cuando es-
ta, alos 14 afios, comienza a sefialarle sin tapujos todas sus fallas, la
mayoria de las cuales él admite secretamente pero trata de ocultar.
En tercer lugar, los padres y sus hijos adolescentes suelen definir los
asuntos de una manera muy diferente; en cierto sentido, viven «rea-
lidades separadas» (Larson y Richards, 1994; Smetana, 1989). Si,
por lo general, las definiciones de los padres aluden a los valores yla
responsabilidad personal, los adolescentes definen las cosas en rela-
cién con Ta autonomia y las diferencias en los gustos personales. Es
4
j6venes que atraviesan la primera adolescencia
‘iin no son totalmente eapaces de adoptar el punto de vista de otra
persona, en particular si su razonamiento parece ajeno all suyo. Ro-
bert Selman (1980) propuso una teoria interesante con respecto a
sta ciltima tendencia,
Adoptar el punto de vista ajeno
Segrin Selman, la capacidad para adoptar la perspectiva de otra
‘persona progresa a través de una serie de etapas. Los adolescentes
més jévenes acaban de ingresar en una etapa en la que pueden
imaginar cudl puede ser el punto de vista del otro, y por lo tanto no
estn en condiciones de advertir cuando los demas experimentan,
una situacién de manera diferente que ellos. El caso de Bonnie, en
la vifieta 5, es representativo: se sorprende ante la reaccién que su
comentario suscita en su amiga porque todavia no es capaz de reco-
nocer que los otros pueden vivir una situacién de modo muy diferen-
teque ella.
Los adolescentes como Bonnie estén dando sus primeros pasos
fen lo que Selman denomin6 «la perspectiva de la tercera persona»,
que les permite analizar el conflicto entre ellos y otro desde un pun-
a perspectiva de un tercero hipotéticamente imparci
que dos afios mas tarde —a los 17 afios—, Bonnie di
‘euidado con los comentarios que hago a ‘Tracey sobre su pelo porque
ella es muy sensible a ese tema», o «Tracey y yo solemes discutir por-
que ambas somos muy testarudas»
El modelo de Selman ofrece un marco teérico para comprender
cémo razonan los adolescentes sobre las situaciones sociales. Es
imuitil esperar que quienes se hallan en los primeros afios dela ado-
lescencia sepan apreciar los méritos de perspectivas diferentes de
las propias. Son conscientes de que la misma situacién puede ser
considerada de otra manera por distintas personas, pero todavia
estan muy aferrados a sus propias opiniones y probablemente crear.
que los juicios de los demas son «equivocados» ;
Por ejemplo, Gary, un chico brillante de trece afios, discutia obs-
tinadamente con su madre porque consideraba una «tonteria» la re-
85,nadie entraré a casa». La madre
no era tan seguro como Gary parecia creer,
ba que un mes antes habian entrado a robar en una casa vecina, El
chieo la escuché cortésmente, pero no dejé de insistir en su opinién
‘La madre le pregunté entonces: «{No puedes verlo desde mi punto
de vista?», alo cual él replies: «No, no puedo. Ti te haces problemas
por nada.
Sélo més adelante los adolescentes pueden reconocer que existen
elementos correctos ¢ incorrectos en todas las formas de pensar, y
que el curso de accién més prudente es la avenencia. La hermana de
Gary, de 16 afios, coincidia con él en que el barrio era relativamente
seguro, pero también juzgaba razonable que su madre quisiera
mantener la puerta cerrada con lave. Muchos progenitores, sin
duda familiarizados con procesos mas sofisticados de pensamiento,
desafian a sus hijos adolescentes en una batall
derancia de uno u otro punto de vista, con lo cual
importancia de legar a un compromiso viable con ellos, que tome en
‘cuenta sus percepciones de la situacién y el hecho de que sus necesi-
dades y preferencias pueden ser radicaimente diferentes (Larson y
Richards, 1994). Aunque Gary siguié sosteniendo en forma rotunda
que él estaba en lo cierto y su madre se equivocaba, con el tiempo
ambos concordaron en que siempre que el chico saliera de su casa lo
haria por la puerta trasera, que quedaba automaticamente trabada,
Consolidacién de un lugar propio dentro del grupo de pares
La importancia de los pares
En la primera adolescencia se produce un cambio notorio en la
importancia del grupo de pares. El nino preptiber tiene amigos, pero
todavia busca, ante todo, la aprobacién y la atencién del adulto. Lue-
«go de la pubertad, este equilibrio se altera. El nifio que ingresa en la
adolescencia pareciera entregarse a su grupo de pares a punto tal
‘que muchos padres sienten que estén librando con estos tiltimos
uuna batalla perdida por el tiempo y la atencién de su hijo. Algunas
vveves, los padres, el adolescente y los pares quedan encerrados en
un enfrentamiento triangular: el joven utiliza al grupo de pares pa-
ra desafiar la autoridad de los padres; estos echan la culpa de la
«mala» conducta de su hijo a los pares, y el adolescente, a su ver, es-
86
lesidén compartido hacia
En primer lugar, ofrece un contexto en el cual los
jovenes pueden aprender las destrezas basicas para entablar re-
laciones amistosas e intimas en la adultez. En segundo lugar. cons-
tituye un punto de referencia transitorio para su naciente sentido
de la identidad (Brown, 1990). Mediante la identificacién con sus
los adolescentes inician su proceso de autodefinicién y dife-
Tenciacién con respecto a sus padres. En tercer lugar, el grupo de pa-
tes es un
que favorece el proceso de individua-
eién respecto de la familia de origen. Se convierte en una fami-
sustituta que brinda un contexto seguro en el cual el adolescente
tiene 1a posibilidad de empezar a experimentar la independencia.
Siendo asi, la aceptacién del grupo de pares se torn
te un asunto de supervivencia psicolégica para
menos edad. Pero el adolescente cree que la aceptacién exige uni-
formidad. De abi que la conformidad con los pares
durante la primera adolescencia, y comience a declinar répidamen-
te después de los 14 afios (Berndt, 1979).
tPresionado por los pares?
Los padres de un adolescente suelen atribuir el mal comporta-
to de este a «la presién de sus pares», pero los grupos de pares,
llamente no funcionan de esta manera. Un adolescente no
eacciona pasivamente ante la presién de sus pares: la presién es
‘mutua. De acuerdo con la teoria del grupo de pares (Octting y Beau-
vais, 1987), cada grupo delimita sus propias normas de ingreso y
ermanencia mediante un proceso de influencia reciproca. Los jé-
vvenes que comparten valores, actitudes y creencias se atraen mu-
‘tuamente, conformando un «grupo de pares» muy homogéneo. Lue-
{g0, cada miembro participa activamente en la fijacién de las normas
¥ comportamientos del grupo. En otras palabras, tanto la seleecin.
{escoger a un amigo parecido a uno) como la socializacidn (parecerse
eada vez més al amigo), tienen igual importancia en la formacién y
mantenimiento del grupo de pares adolescente (Kandel, 1978).
87Manejo de las expectativas r
Intensificacidn del rol de género
Durante los primeros afios de la adolescencia, tanto los varones,
mujeres sufren una presién creciente para adoptar conduc-
as del género al que pertenecen, proceso denominado «in-
tensificacién del rol de género> (Hill y Lynch, 1983). Los mensajes
tes, ¥ que las mujeres sean atractivas, encantadoras y
“entes. El grado de conformidad con estas expectativas in.
ignificativamente en Ia imagen que el adolescente se forme
ismo. Es posible que las muehachas con actitudes masculi
1s varones afeminados sean excluidos por sus pares y, por
iguiente, sufran un golpe a esta autoimagen, que puede ser atin
més intenso si por entonees el joven comienza a aceptar sus senti-
mientos homosexuales.
Androginia
Las viejas concepeiones de lo masculino y lo femenino como dos
polos opuestos han sido reemplazadas por la idea de que constitu-
yen dos dimensiones diferentes. Muchos individuos exhiben una
mezcla en partes iguales de rasgos tradicionalmente masculinos y
femeninos, lo cual ha sido denominado sandroginia» (Bem, 1975),
Un ejemplo de varén andrégino es aquel que los sabados a la tarde
Juega al fiitbol en el equipo del colegio secundario y también disfruta
de cuidar nifios pequefios los domingos en la guarderia de su iglesia.
‘Una joven andrégina es capaz de arriesgarse a sufrir una herida con
tal de contribuir a la victoria de su equipo de fitbol, y luego se va a
‘su casa, donde pasa horas preparandose para su cita de la noche.
jen existen algunas pruebas en respaldo de la idea de que los
adultos andréginos se adaptan mejor a su entorno que quienes son
muy masculinos 0 muy femeninos, no parece suceder lo mismo con
los adolescentes. En ellos, es el componente masculino de In an-
Groginia el que parece asociarse a una mejor adaptacién (Marks-
trom-Adams, 1989). Las jévenes andréginas son mas aceptadas por
sus pares y se aceptan mas a sf mismas que las muchachas muy fe-
meninaso muy masculinas, pero los varones muy masculinos gozan
de mayor aceptacién, tanto propia como de sus pares, que los an-
88
os como femeninos; por eso se los estimula activamente a
abandonar todas las caracteristicas femeninas. En las jévenes se
jenta la feminidad, pero también la incorporacién de ciertos aspec-
tos masculinos, como la independencia y la autosuficiencia. La au:
sencia de rasgos masculinos en las jovencitas resulta una verdadera
desventaja, tanto en cuanto a su autoimagen como a la aceptacién
de sus pares.
A primera vista, pareciera que la mayor tolerancia dela masculi-
nidad en las j6venes las pone en situacién ventajosa con respecto a
Jos varones, a quienes se insta activamente a evitar las cualidades
femeninas. No obstante, lo que aparenta ser tolerancia social suele
ser experimentado por las jovenes como un impedimento que afecta
el concepto que tienen de si mismas. Muchas se consumen con Ia in-
quietud de no ser atractivas o populares, caracteristicas que, segin
suponen, son las marcas del éxito como mujer. Al mismo tiempo, se
ppereatan de que los rasgos femeninos cuyo desarrollo se propicia en
ellas no son los que més se valoran socialmente. Pt
de sorprender que exhiban menos autoestima que
sularmente durante los primeros aos de la adolescencia, cuando
las capacidades cognitivas atin no se han desarrollado lo suficiente
[para reconocer y cuestionar estos mensajes contradictorios en ma-
teria de género (Simmons y Rosenberg, 1975). Algunos expertos
afirman que estos mensajes culturales conflictivos explican la ma-
yor incidencia de la depresién en las mujeres, tanto adolescentes co-
‘mo adultas, que los hombres (Petersen et al., 1993). Aunque se
hha prestado menos atencién a las presiones relacionadas con el rol
de género en los varones, investigaciones recientes han destacado
iertas consecuencias de la socializacién masculina, como la menor
capacidad para la intimidad, el aumento de la agresividad y la preo-
cupacién por la competencia (McLean, Carey y White, 1996).
En el cuadro 3.1 se resumen los desafios evolutivos y las conduc-
tas tipieas y atfpicas de la primera adolescencia.
Cuadro 3.1 Primera adolescencia (11-19 ato)
es desafios evolutivas
‘© Adaptacién a los cambios dela pubertad.
“© Aprendizaje de nuevas eapacidades eognitivas
‘ Consolidacién de un lugar dentro del grupo de pares.
‘© Manejo de las expectaivas sociales relacionadas con el género,
89Condiuctas tivicas
‘© Mayor atenclén a la apariencin ica
' Preocupacién por el desarrollo normal del everpo,
‘* Pabula personal (importancia personal exagerada y ereencia en que las
cexperiencias propias son tan singulares que nadie, en especial os adultes,
puede comprenderl
‘© Mayor propensién a la discusién, acompatada por lo que parece ser un
pensarmiento rigido, porque no pueden sopesarse con objtividad los méritos
10s en relacin con los puntos de vista de la Persona con
'* Intensa participacién en el grupo de pares, ndusy al punto de dejar de lado
ades,
dad con los pares e interés por lograr su aceptacion,
© Mayor atencién a las
rencias entre los roles de génere
rmeninos y desaprobacién del comportamiento atipio en cuanto al género en
Tos otros
‘Signos indicadores de problemas
* Ocultamiento inusual y permanente de actividades, sobre todo las queinvalu-
(por ejemplo, nobabarse,
‘Falta de relaciones amistosas y de interés por entablaras,
‘© Buena relacién con los adults, pero mala cose pares
90
Manejo de la sexualidad
El aumento del interés por el sexo y de la capacidad de dedicarse
‘actividad sexual pone al adolescente cara a cara con los proble-
s derivados de la sexualidad y la orientacidn sexual. En algunos,
‘sentimientos sexuales despiertan angustia y dan como resultado
varios mecanismos de evitacién que pueden desviar el desarrollo
social. Otros carecen de la capacidad de postergar la gratificacion
¥,porlo tanto, pueden tratar de satisfacer indiscriminadamente sus
necesidades sexuales. Un tercer grupo reconoce que su interés se-
ual esta dirigido a miembros de su propio género y experimentan
tho sélo frustracién por no poder satisfacer sus necesidades, sino
temor a ser descubiertos y excluidos.
Es posible que los adultos que no han resuelto adecuadamente
sus propios asuntos sexuales tengan dificultad para tratar la sexua-
lidad de los adolescentes. Algunos padres sienten el desarrollo se-
xual de sus hijos como una amenaza. Los padres més jévenes quizas
envidien la aparente libertad sexual del adolescente, En el caso de
los padres mayores cuyo interés ¥ deseo por el sexo comienzan a
‘menguar, la emergencia de la sexualidad en el hijo adolescente
puede constituir un recuerdo cruel de to que han perdido (Steinberg
y Steinberg, 1994). Algunos padres adoptan una actitud debenévola
iten a regaiiadientes el despertar sexual de su hijo
yala ver, se niegan a tratarlo de manera directa, justificéndose con
‘el argumento de que una discusién sobre sexo con el adolescente im-
i de su conducta, Otros hacen caso
exageradamente restringiendo con
rigor las citas del joven.
‘Los valores parentales influyen en los valores sexuales del ado-
lescente, pero un factor atin més influyente son las normas que pre-
valecen ent su grupo de pares (Moore, Peterson y Furstenberg, 1986;
Newcomer y Udry, 1984; Treboux y Busch-Rossnagel, 190). La dis-
ponibilidad de compafieros sexuales en el grupo de pares y el es-
tatus atribuido por este a la actividad sexual son mas determinan-
tes que las prohibiciones establecidas por los adultos. No obstante,
existen pruebas de que las relaciones estrechas con los padres se
agocian a un comienzo més tardfo de la actividad sexual, mientras
que los adolescentes que consideran mala la comunicacién con ellos
tienen mayores probabilidades de iniciarse mas tempranamente en
91nn ante dichos valores puede derivar en un contlicto
familiar y un deterioro de la comunicacién.
Adolescentes homosexuales
Durante la etapa intermedia de la adolesceneia, un varén 0 una
mujer cobran conciencia de sus sentimientos sexuales hacia perso-
nas del mismo sexo. Aun cuando en la sociedad haya una ereciente
tolerancia de la homosexualidad, es un fenémeno précticamen-
te universal que los primeros balbuceos de estos sentimientos ho-
‘moerdticos sean experimentados por el adolescente como inde-
seables 0 atemorizantes. Los jvenes cuyos pares sospechan que sé
homosexuals suelen ser maltratados por estos, lo cual podria e:
car que la tasa de suicidios, huidas del hogar y problemas esi
‘ntento de desarrollar una identidad
homosexual sana y viable es una tarea agotadora que conlleva mu-
cho ocultamiento, angustia y soledad en el adolescente» (pag. 819).
Cass (1979) identifies seis etapas en el proceso de form:
identidad homosexual. En la primera, confusién de la ide
Joven se percata por primera vez de su atraecién por el mismo sexo
¥ comienza a preguntarse (0 preocuparse) por la posibilidad de ser
homosexual. En esta etapa es comin la negacién. En la segunda,
comparacién de identidades, la negacién ya no sirve para climinar
los sentimientos sexuales, pero el adolescente quiza los racionalice
como «situacionales» (una fase) 0 intente intensificar su deseo hete-
admitir la inutilidad de negar su atraceién por el mismo sexo. En es-
te punto, es posible que busque relacionarse con otros homosexuales
en procura de camaraderia, aunque el contacto sexual, de haberlo,
esta cargado de secreto y angustia. En la cuarta etapa, la de la acep-
tacién de la identidad, e} individuo comienza a tomar mayor contac
to con otros homosexuales y a revelar a los demas su orientacién se-
heterosexuales y se oponga en forma militante a los prejuicios y la
92
resis, abando-
heterosexuales que
Por razones obvias, carecemos de datos empiricos que apoyen
‘sate modelo; no obstante, es probable que los adoleseentes homose-
muales se debatan los problemas de la primera y segunda etapas, y
que unos pocos logren pasar con éxito a la tercera, e incluso a la
cuarta. Fontaine y Hammond (1996) ofrecen unas pautas titiles pa-
ra el asesoramiento psicolégico de los adolescentes en las seis eta-
pas, Una de sus afirmaciones mas importantes es que durante la
primera o segunda etapa el terapeuta debe mantener una actitud de
aceptacién hacia la homosexualidad del adolescente sin urgirlo a
eaceptar» su identidad. Muchos jvenes sienten una atraccién pasa-
Jera hacia otros de su mismo sexo, ¢ incluso pueden actuar en conse-
‘uencia (Kinsey, Pomeroy y Martin, 1948), pero mas adelante se
‘identifican como heterosexuales. Al ayudar a los adolescentes a ex-
plorar su sexualidad, conviene tener en cuenta factores como su his.
toria en materia de atracciones sexuales, sus fantasfas y el conteni-
do de sus suefios erdticos (Coleman, 1990).
En el cuadro 3.2 ofrecemos otros puntos que deben tenerse en
‘cuenta en el asesoramiento psicolégico de adolescentes homose-
xuales.
Toma de decisiones morales
A medida que el adolescente cobra mayor autonomfa y se expone
anuevas experiencias, enfrenta el desafio de distinguir entre lo que
lo que esta «mal». Basdndose en la teoria de Piaget,
+g (1963) presenté un modelo para la comprensién
jecisiones morales en diferentes edades y etapas evo-
+rg sostuvo que el proceso de tomar una decision mo-
‘etapas, cada una de las cuales se designa por la razén
I que lleva a optar por una determinada decision. Las eta-
pas son las siguientes:
Cuatro 3:2 Pautas para el azesoramiento psicoligico de adolescentes homosexuales
Evitar mostrar desaprobacién dela homosexualidad,
[No presionar al adolescente a tomar decisianes sobre su orientacién sexual
93,‘+ Edvcar para dispar los esterectipos 1
\oloscente tiene una vida sexs
enfermedades de:
ar separar el
snsmisin sexval
i de Ia orientacidn sexval (l hecho de ser homosexval
‘onducta sexual. Algunos adolescentes quizés utilicen su orientacisn
sexual como justifieativo para gjercer la promiseuidad o la prostitueién © pera
tener relaciones sexusles con adultes, El terapeuta no debe bajar los brazos si
1 adolescente Io acusa de homofbbia por formular preguntas sobre estas cues:
tones. Bs prociso ayudar a los adolescentes a comprender que el hecho de ser
‘homosexuals no los exime de tomer decisionesresponsables sobre la conducta
sexual. La educacién sobre la diversidad de estilos de vida homosexuales puede
ante sus miembros
rmanecer neutral con respect alas experiencia hetarosexu
Jarlas i desslentarlas).Examinar los motives por los cuales el joven necesita re.
curri a este tipo de experiencias.
+ Avudar al joven a manejar las reaeciones dela gente ante su orientacién sexual
Etapa 1: Evitar el castigo.
Etapa 2: Obtener recompensas.
Etapa 3: Recibir la aprobacién de los otros significativos,
Etapa 4: Obedecer reglas y leyes.
Etapa 5: Preservar el bien comi
Etapa 6: Cumplir con principios éticos universales y abstractos.
La teoria de Kolhberg ha sido criticada por ser més aplicable a
Jos varones que a las jovencitas (Gilligan, 1982). Sin embargo, el
marco tedrico que ofrece puede resultar stil para evaluar el gradede
sofisticacién con el cual un adolescente toma una decisis
Por ejemplo, un varén que at
baserd sus decisiones sobre «lo que esta bien y lo que est mal» en
cualquier cosa que le permita obtener los mejores resultados. Si en-
cuentra una billetera perdida, tenderé a conservarla, y tinicamente
la devolverd si tiene la oportunidad de obtener una recompensa,
‘Como el desarrollo moral progresa secuencialmente a lo largo de
tapas, seria intitil intentar persuadir al joven con argu-
las
94
10 Antes que el inconveniente que pueda
‘causarte intentar localizar al duet de la billetera esta el deber de
arlo de la angustia provocada por la pérdida»). Un objetivo mas
realista podria ser ayudarlo a pasar ala tercera etapa. Una forma es
hacerle reparar en que la posibilidad de recibir Ia aprobacién del
duefo de la billetera es razén suficiente para devolvérsela, aun
‘cuando no se le ofrezca ninguna recompensa monetaria,
Muchas de las dis adolescentes y
sus progenitores en relacién con asuntos de indole moral desembo-
‘can en un callején sin salida porque el progenitor utiliza argumen-
tos propios de la etapa 5 para persuadir a un adolescente que se en-
ntraen la etapa 2 03. El terapeuta puede ayudar mejor @ las fa-
lias a sortear estos callejones sin si al evaluar las concep-
ciones del joven sobre el bien y el mal, utiliza el mareo te6rico de
Kohlberg.
Los estudios sobre la adolescencia que se han basado en este
marco teérico demostraron que muy pocos adolescentes ingresan en
la cuarta etapa, y casi ninguno en la quinta. Colby, Kohlberg, Gibbs
y Licberman (1982) descubrieron que s6lo alrededor de un 8 % de los
jovenes de 14 aftos y un 21% de los de 18 atravesaban la etapa 4. La
‘mayoria de los adolescentes de 14 afios de su muestra se hallaba,
por partes iguales, en las etapas 2 y 3, y muy pocos en Ia Ly Ia 4.
30%) atin permanecia en la 2, y un
porcentaje mas pequeio (el 1 fa pasado a la 4. Alos 18 atios,
més del 50% se encontraban en la etapa 3, y el resto estaba reparti-
doen partes précticamente iguales entre las etapas 2 y 4. Si exami-
‘amos la vifieta 6 del comienzo del capitulo, la justifieacién que da
Rick para no «delatar» a su amigo nos permitiria ubicarlo en un mo-
mento de transicién entre las etapas 3 y 4, lo cual es tipico en un jo-
ven de su edad.
Estos datos implican que es bastante comiin que un joven de 14
afios se refiera a recompensas tangibles o sociales como principal
‘xiterio para decidir si esta «bien» hacer aigo. Los adolescentes me-
nores hardn piblicas las opiniones que, segiin ellos creen, les con-
quistardn la aprobacién de los otros, y como suelen estar més orien-
tados hacia sus pares que hacia sus padres, la eprobacién del grupo
de pares tendra més peso que cualquier otra. Asi, Rick (vifieta 6)
argumenta que la lealtad a su amigo impone la decisién de no dela-
tarlo por el robo cometido. No obstante, al referirse ala lealtad comosun valor», el joven deja traslucir u
el razonamiento de la etapa 4, en ln que
mienzan a someterse a la influencia de rey
temente parecidas a las de la familia para impedir grandes choq
sos, la pertenencia a un grupo de pares cuyas normas difieren
manera significativa de las normas familiares puede generar ¢
flicto. Existen dos cursos de accién posibles para ayudar a la famil
en esas circunstancias. E] terapeuta puede
stablecimiento de reglas
ue esté dispuesto a cumplir.
sntre adolescentes que
:n_argumentos propios de
etapas més avanzadas,
Desarrollo de nuevas relaciones con los pares
Durante los primeros afios de la adolescencia, los jovenes se s0-
cializan principalmente con pequefias camarillas de pares del mis-
‘mo sexo, y la interaccién de los dos sexos se limita, por lo comin,
actividades realizadas en grupos de mayor tamaiio. Hacia mediados
dela adolescencia, 1a composicién del grupo de pares varia: las pan-
dillas del mismo sexo comienzan a disgregarse a medida que mu-
chos varones y muchachas forman pareja (Dunphy, 1963).
‘Junto. este cambio en el modo de pasar el tiempo social, los ado-
lescentes también comienzan a sentirse més diferenciados de su
grupo de pares, Durante la primera adolescencia, este funciona
précticamente como una extensién del yo. Los adolescentes de entre
11y 13 afos tienen dificultades para distinguir lo que ellos piensan
o sienten de lo que (creen que) piensan o sienten sus amigos. A los
96
10 sus pares también atra-
inte la adolescencia media hay més to-
Ierancia entre los miembros del grupo y en el joven disminuye la an-
{pustia producida por la posibilidad de que los camaradas lo vean co-
Mo «diferente»
teorta del «yo en evolucién» de Kegan
Robert Kegan (
io en las rela
ppropuso un modelo que ayuda a expli
entre el adolescente y sus pares dur
dad y sofisticacién en el modo como la persona diferencia su
» evoluciona permanentemente mientras el
ividuo reconoce poco a poco que las experiencias que en algrin
ento fueron consideradas partes de st yo pueden diferenciarse
este, que las toma, a su vez, como objetos de su percepcién:
relaciones entre sujeto y objeto se desarrollan a lo largo de un
jo de desarrollo: una sucesién de diferenciaciones cua-
, en cada una de las cuales se
-xtenso para relacionarse con
tivamente mejores acer-
unfos sucesivos “relacién con”
i, una historia natural de garant
de la distintividad del mundo;
‘eobre la “inmersién en”» (pag. 7
Seguin Kegan, durante les dos primeros aftos de vida (la etapa
iva»), los nifios tienen dificultades para diferenciar el yo
ia». Bl nifio de tres afos quiere lo que quiere cuando lo quiere, y
hhay otra opcién posible.
de considerarlos
Jetapa piagetiana de las operaciones concretas, este periodo se ca-
7racteriz
cepeiones propias y
den experimentar las situaciones de otra
de ocho afios puede esperar pacientemente que su
Jos juegos, pero no se da cuenta de que el padre quiza no disfr
tanto como él de esa experiencia.
Los primeros artos de la adolescencia, dice Kegan, se caracteri
zan por la transicién de la etapa imperial a la etapa «interpersonal
Durante este pasaje, los jévenes toman cada vez més conciencia di-
Jos limites de su modo «imperial» de comprender el mundo gracia
las interacciones con otras personas que esperan que sus necesida
des sean tenidas en cuenta. Sin embargo, en esta etapa los adoles
centes tienen dificultades para distinguir sus propias necesidades
ddeseos o intereses de los de su grupo de pares.
Kegan afirma que durante los primeros aiios de la adolescen:
Jos j6venes tienen problemas para diferenciar su identidad real de
in que de ellos tienen sus pares, y esta confusién ex
tensa preocupacién por las opiniones de estos. Esto no implica q|
Jos j6venes dejen de lado sus propias necesidades y deseos en bene!
de lo prescripto por el grupo, a fin de.
los adolescentes jévenes no han desarrol
capacidad cognitiva de diferenciar sus tos y sentimie
tos de los pensamientos y sentimientos de los otros integrantes del
‘grupo. En otras palabras, la idea del yo, de «quién soy», «qué quiero:
Y «qué me gusta» se define por una pertenencia y participacién en la
‘comunidad interpersonal (el grupo de pares), y tiene una
existencia al margen del grupo. La idea del yo de un adolescente
menor esta tan ligada a las expectativas percibidas del grupo, que le
¢s dificil distinguir donde termina este y dénde comienza él. Un jo-
vencito de 13 afios ni siquiera se plantea si el rock pesado le gusta
Porque le atrae o porque sus amigos piensan que «esta de onda.
El surgimiento de un yo separado, capaz de evaluar con més ob-
jetividad las normas y expectativas presuntas del grupo, comienza
fase intermedia de la adolescencia y no suele completarse
hasta los primeros afios de la adultez. En este punto, el joven ingre-
saen la etapa «institucional, 6
con cierto orgullo que su pasién por el jazz de la década de 1950
lo distingue de sus amigos, quienes estén mas interesados en la
‘miisica popular contempordnea.
El modelo de Kegan es compatible con la postura constructivista,
seqrin la cual la realidad nunca se percibe tal cual es, sino que es
98
wna para dar
, 1996). Ke:
Jévenes y los adultos mayores tienen formas caracteristicas de perci-
bir el mundo, y que Ia idea del yo y del otro esta inextricablemente
entrelazada con este proceso dador de sentido.
Los adolescentes se ven a si mismos y a los demas de una manera
que difiere cualitativamente de la del adulto (o sea, de sus padres).
‘Los adultos y los adolescentes existen en «realidades divergentes»
‘comienzo de este capitulo. El define el hecho de no divulgar la iden-
tidad de un amigo que ha cometido un delito como una cuestion de
Jealtad hacia sus pares, mientras que para sus padres ol asunto p
in deuna etapa ala otra sucle estar
asociada a un repudio de la forma como se otorgaba sentido duran-
te la etapa que se abandona. Esta observacién puede ayudarnos a
‘comprender los enfrentamientos que suelen producirse entre pa-
dres e hijos adolescentes. Los padres que pasan de la etapa interper-
sonal a la etapa institucional pueden reaccionar enérgicamente
‘ante la inmersién de su hijo en la etapa interpersonal, ya que ellos
mismos atraviesan un proceso de rechazo del «viejo yor que habia
‘estado sumergido en dicha etapa. La inmersién del hijo en la etapa
interpersonal representa la manera de comprender el mundo que
ellos mismos repudian en pos de un nuevo equilibrio institucional,
8i tomamos como base el modelo de Kegan, es dable suponer que los.
padres que ya estan bien instalados en la etapa institucional la
han superado tendran menos dificultad para empatizar con los ado-
lescentes y moderar sus reacciones frente a ellos. Pareceria, pues,
que la resolucién de los conflictos ciclicos y progresivos de algunas
familias requiere un cambio evolutivo de los padres en lugar de (0
sumado a) un cambio evolutivo en el adolescente. Aunque Kegan no
Ia recomiende exp! parece ser el con-
texto ideal para facilitar el desarrollo simulténeo y coordinado del
adolescente y sus padres.
99Equilibrio
demas
ay la respo
«Asi que hoy falté al colegio de nuevo. :Y qué’
pas? No quiero que te preocupes».
— Un joven de 15 aftos defendiéndose ante su madre por
iF qué te preoe.
Los adultos y los adolescentes suelen estar en desacuerdo respe+
to de la definicién de la «auton ‘Mientras para los padres
‘ltimos creen que los adolescentes son meras marionetas de su gru
po de pares, pero los datos disponil
Como seftalé anteriorment
punto culminante en la primera adolescencia (entre los 12 y
‘afios), pero luego declina (Berndt, 1979),
los adolescentes reciben mucha influencia de sus pares
en materia de vestimenta, misica y actividades recreativas, la ma
yor parte de los j6venes recurren a los adultos para los asuntos en
los que, a su juicio, estos tienen mas experiencia, como la eleccién de
una carrera laboral y las decisiones econdmicas (Young y Ferguson,
1979). Sin embargo, ven a sus padres de un modo menos idealista y
més realista que sus hermanos menores (Steinberg y Silverberg,
1986). Dejan de considerarlos como las figuras de autoridad todopo.
derosas y omniscientes de la infancia; en cambio, empiezan a distin-
guir sus fallas con notable claridad, y su forma de sefialarselas suele
caracterizarse por una particular falta de tacto.
La autonomia y la responsabilidad ante los demas {accountabil:
ity] deben desarrollarse en forma paralela. A medida que el ado-
lescente ejerce mas libertad en la toma de decisiones, también debe
cexperimentar el impacto que estas decisiones producen en ély en los,
un horario para volver a casa), él se limitaba
fe queria yIueyo los inctaba s eaosiona Los progeni-
tores temfan haber perdido toda influencia sobre su hijo. Las cosas,
‘empeoraron atin mas cuando, al final del primer encuent
anuneié que no concurriria a una segunda sesién, Luego de inti
intentos de convencerlo para que continuara asistiendo a la terapia,
100
la rotunda negativa
c no podian obligar a su hijo a asistir, pero
{es seiialé que eso no significaba que también ellos tuvieran que
Abandonar las sesiones. Les sugeri que le dijeran al joven que ellos
teguirian viniendo y que si bien 61 estaba invitado a concurri
Weaconsejaba que lo hiciera, su negativa no iba a imy
siguieran trabajando en la terapia para reducir
lexistente on la casa. Indiqué al joven que yo seria probabl
ets justo sil venia.y daa su punt devs, per i preferan ha
desde la perspectiva de sus progenitores,
Eneste punto, muchos jévenes reexaminan su decisién, pero este
eci6 firme en su postura. Los padres eoncurrieron solos
ion siguiente, en la que relataron el choque mas reciente qu:
tenido con su hijo. Los habfa llamado a fin de pedirles perm:
‘quedarse a dormir en la casa de un amigo; cuando se lo neg:
dijo que de todos modos é1 se quedaria. Los padres comenzaron
discutir con él y terminaron gritandole, ante lo cual
hacia su hijo y la culpa por no haber sabido manejar bien el
cto.
Les sugeri que, en lugar de discutir con su hijo, debjan asumir al-
jobvio: que no podfan controlarlo. Si él escogia quedarse a dormir
ra, Io hacia sin esperar su consentimiento. Debian evitar reac-
‘ante los intentos del joven de embarcarlos en una discusién.
dia siguiente, cuando voiviera a la casa, debfan informarle tran-
inte cusin heridos y decepcionados se sentfan.
intentaba convencerlos de que dejaran de sentirse
: «No podemos cambiar nuestros sentimientos tan raj
jente lo superaremos, pero nos llevar un tiempo». Los padres
cron mi consejo y luego me informaron que en la casa las rela-
es mejoraban y el hijo tena una actitud de mayor colaboracién.
Este caso ilustra un concepto clave en el trabajo con adolescen-
en dejar que el joven se responsal
16s, al mismo tiempo que mantenté
lo, se concentraban en fortalecer la relacién con él.
101enfrentaban con las consecuencias sociales impensadas de su
ble busqueda de libertad y le brindaban la oportunidad de consi
rar la forma de equilibrar su deseo de autonomia con la respon:
lidad gue le incumbia en las relaciones importantes de su vida.
El rebelde independiente?
Muchos adolescentes confunden rebelién con autonomia. En rea
ién no es més que otra forma de dependencia, ya que re-
jen algo contra lo cual rebelarse. En términos de
Kerr y Bowen (1988), es probable que los adolescentes rebeldes cré-
padres no estén bien diferenciados entre si. Al castigar
los padres alimentan sin quererlo el proceso de fusién y
reactividad mutua que sostiene una rebel
En un estudio realizado por Fulgini y Eccles (1993), se concluyé
que los adolescentes més dependientes de la aprobacién de su grupo
de pares son los que viven en los hogares més autoritarios. Los ado.
lescentes cuyos padres estimulan la independencia en la toma de
decisiones se orientan menos hacia sus pares. Lo tinico que logran
Jos intentos parentales de limitar la autonomia de sus hijos es estre-
char el lazo entre estos y su grupo de pares, lo cual no hace sino au-
mentar los afanes controladores de los padres. De este modo se ins-
tala un patrén que puede provocar el estallido de un ciclo sintomati-
co pleno.
Un ejemplo de este tipo de ciclo es el de la familia de Erin. Esta
Joven de 16 alos, que acudié a la sesién con unos vaqueros rotos,
‘una remera sucia y completamente desmelenada, mostraba un di-
vertido contraste con su padre, un abogado conservadoramente ves-
tido con una casaca de polo y unos pantalones color caqui. Casi de
inmediato, el padre se lanzé a una previsible letania de quejas sobre
la ropa de Erin, sus amistades, la decoracién de su cuarto y su poca
dedicacién al estudio. Ante esto, Erin respondis con frases hechas
acerca de su «in lidad» y acus6 a su padre de intentar privar-
Ia de su derecho a ser ella misma. Yo me preguntaba si la chica era
capaz de distinguir entre ser ella misma y ser lo contrario de lo que
su padre queria que fuese.
102
os en contin: el
Tal vez fueran estas similitudes las que hacian que Erin se cui-
ase tanto de adoptar como propio cualquier rasgo caracteristico de
‘bu padre, quien a todas luces crefa tener siempre la razén, |
Dos sesiones més tarde, me sent lo bastante cnectado con Erin
para formuiarle la pregunta que habia tenido en mente desde nues-
{to primer encuentro: «Cuando haces algo, gpuedes distinguir si
realmente lo haces porque quieres o porque tu padre no quiere que
Yohagas?». La joven me lanzé una mirada burlona: podria jurar que
‘sab(a que yo tenfa algoen mente. Dijo que no conoefa la diferencia, y
parecié sentirse casi aliviada de que yo supiera que no la conocia. A
partir de ese momento podiamos comenzar a explorar quién era
Brin realmente. Su padre debia ayudarnos haciendo lo posible por
dejar de ser un blanco tan facil.
Cuidados parentales autoritativos
Se ha dicho que el estilo de cuidados parentales més promotor de
In autonomia y la individuacién adolescentes es el que Steinberg
(1996) denomina «autoritativor 0 «posibilitador»:
«Los padres autoritativos son carifiosos pero firmes. Establecen nor-
‘mas para la conducta del nifio, pero crean expectativas congruentes
‘eon las necesidades y capacidades de su desarrollo. Otorgan mucho
‘valor al desarrollo de la auton ro asumen
Ia responsabilidad primaria por la condueta de su hijo. Los padres
‘autoritativos se ocupan de sus hijos de un modoracional y orientado
hacia los problemas, y con frecuencia conversan con ellos y les expli-
‘can asuntos referidos a la disciplina» (pég. 162).
En materia de cuidados parentales, es preciso distinguir los au-
tertativos de los autortarios establesimiento del ley con esas
fl nifio) y los permisivos (imposicién de muy pocas o nin-
foo ventric “{sa condueta), Una euantiosa bibliografia avala
In correlacién existente entre los cuidados autoritativos y los resul-
tados positivos alcanzados por los adolescentes, lo cual Ileva a
concluir que este tipo de educacién brindada por los padres es la
més adecuada para este periodo del desarrollo (véase Steinberg,
1996).
103it,
proteger alos adotescentes de las eonsecuensas de susp
Siones. Sélo intervienen si esas consecuencias naturales pued
graves o irreversibles, resolviendo el problema dela manera mis
ida y menos devastadora .
Ann y Vince Rossi eran ejemplos d
an eran ejemplos de padres autoritati
Cuando su hijo Frank, de 15 afos, les conté que iba a comen
a trabajar media jornada despuc
ientemente, aunque a la
postre decidis aceptar elempleo. ae
Esto angustié alos padres pero decidieron dar un paso atris
dejar que Frank viera por si solo si el trabajo interferia en suv
otras responsabilidades. Cuando al mes siguiente el joven
‘mostr6 timidamente el boletin y comprobaron que su prom
habia bajado de 8,50 a 7, no se regodearon ni pontificaron, pes.
a sentirse tentados a hacerlo, Antes de manifestar su opi
cesidad de dejar de trabajar. Sus padres comentaron que no esta-
ban tan seguros de eso, y que se tomarian unos dias para discutir
el tema y comunicarle su decisin.
Tres dias después, volvieron a preguntar a Vincent si habia
reconsiderado su postura acerea del trabajo, No lo habia hecho.
Entonces le transmitieron con calma su decision: debia reducir
de inmediato sus horas de trabajo. Si el mi
ba subir el prom¢
viera a trabajar mas horas; si
pleo.
Frank discutié con ellos, pero Ann y Vince se mant
‘mes. Al mes siguiente, el boletin mosiré un promedio de 8. El jo-
ven insistfa en que era lo maximo que podia hacer. Entonces, sus
padres mantuvieron un encuentro con ély sus profesores, Estos
104
us amigos una de las n
estudiar. No sin cierto
El siguiente boletin exhibié
Megar al nivel previo al tra
prendieron que Frank ses
pefio académico y que parecia darse cuenta del efecto que tendria
Reconocieron que el joven se habfa mantenido por
dad paiblica atin seguia e1
la renuncia al trabajo con el fin de ot
con el cual se sentian muy comprome-
0 no opinaba del mismo modo.
Imente, ambos decidieron retomar su postura inicial:
siempre y cuando Frank pudiera mantener su promedio por en-
cima del 7, preservaria su trabajo. El joven terminé el afo lectivo
con un 7,50 de promedio, pero gané varios cientos de délares que
invirtié en un seguro para el automévil. Ademés, se mostraba
‘més maduro y confiado en si mismo, y o atribufa a su experien-
cia laboral. Mas importante atin es, quiza, que 61 y sus padres
habfan sabido mantener una relacin célida y respetuosa, y en
cierto modo se sentian mas cerca.
Conviene hacer algunas advertencias. Bn primer lugar, algunas
investigaciones han distinguido en la educacién parental avtorita-
tiva tres componentes: calidez, estructura y apoyo de la autonomia
(Steinberg, 1990). Es probable que la mejor forma de caracterizar
icticas parentales sea, en ultima instancia, realizar una gra-
dacién mas fina de los estilos de educacién, sobre la base del peso re-
Iativo de estos tres componentes.
En segundo lugar, es posible poner en tela de jui
de que la educacion parental puede clasificarse en.
ria de los padres u
‘dad por completo. Los gritos no estaban ausentes en la f
si, pero no eran muy frecuentes. En titimo andlisis,
a los padres autoritativos es una actitud con respecto a la rela
105Steinberg, 1993).
En tercer lugar, deben
os y culturales de la fami
prevaleven los métodos autoritarios (McGoldrick, Pearce y
dano, 1982),
Por otra parte, las ventajas de la edueacién parental autoritat
va tal vez sélo sean vélidas en las familias blancas de clase m¢
(Dornbusch, Ritter, Leiderman, Roberts y Fraleigh, 1987). Es
bable que los efectos aparentemente adversos del autorita!
rental comprobados en estas familias no se den en fa
iinberg, Lamborn, Darling, Mounts y
centes de distintos contextos culturales
Por ejemplo, Rohner y Pettengil informaran que los jove-
nes coreanos percibfan que los padres les demostraban més cariho
cuanto mas los controlaban,
Estos hallazgos pueden explicarse por la definicion de «control
Parental» formulada por las investigaciones. Lau y Cheung (1987)
sefialaron que el control parental restrictivo, dominante y entrome
tido debe diferenciarse de un estilo de control que se centra en man-
tener la organizacién y el orden en la familia. Ruth Chao (1994) afir-
los conceptos de educacién parental autoritativa y autorita-
ria son etnoeéntricos y no contemplan ciertos rasgos importantes de
i Jos nifos en fas culturas asidticas, en las que la impo-
ites estrictos coexiste con lazos familiares fuertes, cer-
a inversién emocional en el éxito del hijo. De ahi
que, en las familias de grupos étnicos minoritarios, no resulte tan
relevante el grado de independeneia dado a los hijos, como el afecto
que estos sionten en la relacién con sus padres.
En el cuadro 3.3 se resumen los desafios evolutivos y las candue-
tas tipicas y atipicas de la adolescencia media.
106
‘ruses desulos evolutios
ta sexual,
los demés.
Equilibrio entre la autonomy la responsabilidad ant
Gondustas tinea
Mayor conciencia de las necesidades de Ios otras y mj disposiidn a Hogar @
severdos
Bn la toma de decisiones sobre el bien y ef mal, menos hinca
de recompensas tangibles y mayor interés en obtencr Ia aprobacién de los otros
en la obtencién
ones con 1s pares, formacin de pareas,
toleraneia de
n respecto del grupo de pares, aumento de
3 Ia expresion de la propia individualidad,
independencia y Ia libertad con respecto a las normas
Ingreso en la posicién de moratoria: mayor interés por definir la propia
identidad, lo que incluye exploracién y experimentacién en una variedad de
aspects.
‘Signos indicadores de prablomas
via muestra muchos rasgos tinicas de la primera adoles-
‘* Preocupecién por el sexo (por ejemplo es normal que un joven esconda tn ejers
plar de Playboy debs leh6n, pero un escondite con pornografia dura
podefa ser indice de
Promiceuidad sexual en esta etapa, muchos adolescente
exualmente activus, pero la eleceiénindiseriminada de par
smayoria, son
comin),
“© Ansiedad invsual eon respecto a? sexo (por ejemplo, el joven se pone nervioso
interesado en el 8080),
fo declara no est
cevando se discuten auntos sexual
Aparente ausencia de culpa cuando hace algo claramé
incorrecto 0 que
lastima a otra person
107asociacin con sus pares
= Ase
in exclusiva con sus pares, evitacién de la compat
fesores, entrenadores, empleados dela escuela).
Adolescencia tardia
Consolidacién de la identidad
Probablemente la mayoria de los terapeutas coincidan en que &
maximo desafio al que debe enfrentarse el adolescente es la consoli-
dacién de su identidad, Este punto de vista deriva de los escritos de
Erik Erikson (1959, 1968), quien identifies la adolescencia como la
quinta de sus «ocho etapas del ser humano», caracterizada por la ta-
una identidad. Durante la adolescencia el sujeto ex-
jempo, define quién es él mismo, para poder pasar
en la cual el desafio consiste en
otra persona.
Los estatus identitarios de Marcia
James Mareia (1966, 1976) desarrollé un método para identifiear
la posicion «estatus» del adolescente en el proceso de definicion de
su identidad propia. Sefialé que pueden presentarse cuatro «estatus
identitarios» que se definen por la interseccién de dos dimensiones.
1La primera dimensién indica el grado de exploracién previa del ado-
lescente hasta arribar a una decisién determinada; la segunda des-
cribela fortaleza de su compromiso con esa decision. En la figura 3.1
se muestran las cuatro posiciones resultantes.
Un ejemplo de adolescente en estado de dispersion es aquel que
xno se preoctipa mucho por el futuro y no piensa mas que en obtener
‘una gratificaciGn inmediata. Un muchacho al que no le interesan el
108
por difuso
por his con pa como él, seencuentra en elestatus
de dispersién. ytagonista de la vita 4, es un ejemplo
de adolescente en exclusién: sabe perfectamente a qué se quiere
dedicar y nunca consideré otras alternativas. Rod, en le \eta 3, es
‘uncaso de adolescente en moratoria: no tiene claro qu
ro tomar y esta en plena consideracién de varias alternati
de algunos afios de atravesar este arduo y penoso praceso, quizé
tome una decisién y alcance el estatus de realizacién.
Intensidad del compromise
Baja Alta
Poca dispersién | exclusion
‘Mucha ‘moratoria | realizacion
cexploracion
previa
Figura 3.1 Los cuatro estatus identitarias de Marcia.
‘Algunos estudios en los que se aplicé el modelo de Marei
‘Adams, Gullotta y Montemayor, 1992) revelaron que los adolescen-
tes con mayor propensién a mostrar conductas problemdticas son
Jos que se encuentran en la categoria de dispersion identitaria, Son
jévenes que no han acometido la construccién de una identidad pro-
ia y no parocen interesarse en ello. Son muy susceptibles
fluencia negativa de sus pares y lo mas probable es que no se mues-
tren muy motivados en el colegio u otros espacios relacionados con
las realizaciones personales. De acuerdo con el marco teérico de
Erikson, estos adolescentes no han podide resolver una o més erisis.
's anteriores. Por ejemplo, antes de entrar en Ia adolescen
cia, los nifios deben desarrollar bien su sentido de la laboriosidad, la
‘certeza de que son «buenos» para algo. De no hacerlo (por ejemplo a
causa de un problema de aprendizaje o de una negligencia grave de
bus padres), tendrén dificultades para manejar la cuestion de 1a
jdentidad, y en consecuencia caeran con frecuencia en el estatus de
dispersién.
Los adolescentes situados en la posicién de exclusion, que
parecieran haber tomado una decision sin un periodo previo de ex-
109tancias, pero son
setrata de correr riesgos. Por
cién @ un grupo de pares desviados (Muus, 1996).
Segiin Erikson y Marcia, la posicién dptima es la de moratoria:
adolescente explora su identidad sin defini
derado todas las alternativas posibles. Con
za una identidad claramente definida, con lo cual pasa a la categ
de realizacién. Como es previsible, las investigaciones demuestran
que la cantidad de adolescentes en esta tltima categoria aumenta
con la edad (Meilman, 1979).
Criticas a los modelos de Erikson y Marcia
‘Los modelos de Erikson y Marcia ofrecen marcos teéricos itiles
ara la comprensién del proceso de desarrollo de la identidad, No
obstante, se les han formulado algunas criticas. Hay quienes afir-
‘man que no licables a las mujeres, cuyo sentido de tie
entreteje tipicamente con relaciones competitivas (Gallatin,
1975; Josselson, 1987). En las joven
a identidad y el establ
superponerse. Por eso
longado para
joratoria tal vez sea més pro-
las chicas heterosexuales, el
lo de una capacidad similar para la intimidad en los varones
en ellos recién aparece, segtin se cree, una vez constituida la iden-
tidad.
Otra cosa que se cuestiona en el modelo de Erikson y Marcia es
Que defina el establecimiento de una «identidad- como una «tarea»
que debe ser completada o cumplida. Estudios recientes sobre el
construccionismo social discrepan con esta idea y sostienen, por el
contrario, que nuestro sentido de nosotros mismos esta en evolucién
¥ cambio constantes (véase, por ejemplo, Markus y Nurius, 1986),
Ademés, importa tener en cuenta que la identidad no es una «co-
sa» monolitica sino con numerosas facetas, como la identidad profe-
sional, la identidad de valores religiosos, la identidad de género, la
étnica y la identidad politica. El establecimiento de una
lentidad estén ya para entonces bien
es concebible que un adolescente
a ciertos aspectos en
tntrer grupo en nperismcomoeljven que a escucasecu-
daria comienza a explorar activamente sus opciones en materia
profesional (moratoria), pero ha adoptado sin cuestionamientos
familia (exclusién) y no parece interesarse
luar su manejo de importantes decisiones de vida.
El papel de los padres en el desarrollo de la identidad det
cadolescente
Uno de los desatfos a los que se enfrentan los padres es la mane-
rade posicionarse con respecto a la exploracién
Jo adolescente. Muchos padres no toleran con f le
{gada posicién de moratoria y presionan al joven para que escoje wi
eurso de accién determinado, Como resultado, este se apresura a
tomar una decisién excluyente o descuida las tareas de la maratoria
por entrar en diseusiones con los padres acerea desu autovomia, En
tuna actitud errénea, muchos padres creen que los adolescentes de
ben tener una idea clara de sus futuras metas profesio
cuanto salen del colegio secundario. Las investigaciones
a ss no
‘Avveces, e] adolescente aleanza dicha posicion pero sus padres n¢
estdn de acuerdo con la decisién que ha tomado, Quedan entonces
cara a cara con sus propios sistemas de valores y pueden tener cho-
ques no sdlo entre si sino también con la familia extensa. Si los pa-
4 tar su devepeién al ente-
dres son més sagaces, quizas intenten ocul
rarse, por ejemplo, de que su hijo, un estudiante sobresaliente, decide
ser mecdnico de motocicletas, porque consideran que cualauie ox
presién de desaprobacion podria dafiarsurelacién con é-Sufrenen-
silencio, aunque la tensién en las relaciones es palpable.
crapeuta recibe una consulta sobre estos temas, el modelo
de Erikson y Marcia le ofrece algunas lineas rectoras. A los adoles-
uu.te a abandonar su determinacién,
ella y los campos conexos. La oposicién pay
como una oportunidad de que el adolescente explor
mente comprometido con la decisin.
Otroes el enfoque con los adolescentes de més edad que,
un perfodo de exploracién, optan firmemente por un rumbo
nado. En este caso, el joven ha atravesado la moratoria y op!
loque es mejor para él més alld de las objeciones de sus padi
lo insta a explorar otras alternativas, quizd se produzca una
sién evoluti preferible ayudar a los padres a comp!
su hijo ha tomado la decisién, y ayudar a e
que una de |
frentado a la dificil decisién de seguir su propio rumbo, ellos d
enfrentarse al duro desafio de elegir si mantener a buena
con su hijoo sacrificarla, La elaboracién de conflictos de este
cilitard el proceso de diferenciacién del yo (Kerr y Bowen, 1988) ta
to en los padres como en los adolescentes.
Qué sucede con los adolescentes en estado de disper
todo, el terapeuta debe evaluar todos los aspectos de la
Porque es posible que el adolescente no se encuentre
categoria en todos ellos. A veces, quienes aparentan estar dispers
en un aspecto (por ejemplo, las metas profesionales) estan en mi
ratoria en otras areas (por ejemplo, los valores personales). En estos
casos, los terapeutas pueden intentar que el adolescente avance de
la dispersién a la moratoria formulandole preguntas relacionadas
sila dis-
iona con los objetivos profesionales, el terapeuta
4éd6nde quisieras estar dentro de cinco afios?
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