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El Inconsciente y la Política según Lacan

Este documento resume un discurso sobre el concepto de que "el inconsciente es la política", según Jacques Lacan. Discute cómo Lacan extrapoló esta idea de una situación política en Vietnam en 1967 a conceptos más amplios sobre el deseo de ser rechazado como respuesta a la demanda de sometimiento al capitalismo. También explora cómo esta frase se relaciona con ideas de Marx, Freud y otros sobre el síntoma y la política. Finalmente, cuestiona si la frase sigue teniendo valor en el contexto de la política actual que sostiene el sistema financiero.

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El Inconsciente y la Política según Lacan

Este documento resume un discurso sobre el concepto de que "el inconsciente es la política", según Jacques Lacan. Discute cómo Lacan extrapoló esta idea de una situación política en Vietnam en 1967 a conceptos más amplios sobre el deseo de ser rechazado como respuesta a la demanda de sometimiento al capitalismo. También explora cómo esta frase se relaciona con ideas de Marx, Freud y otros sobre el síntoma y la política. Finalmente, cuestiona si la frase sigue teniendo valor en el contexto de la política actual que sostiene el sistema financiero.

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V CONGRESO INTERNACIONAL DE CONVERGENCIA

PORTO ALEGRE
JUNIO 2012

Enrique Tenenbaum

EL INCONSCIENTE ES LA POLITICA

En una sola ocasión Lacan asevera que el inconsciente es la política. Lo hace en la Lógica del
Fantasma1. Me pregunto por el alcance de esta frase no sólo respecto del campo específico de
nuestra práctica, esto es el psicoanálisis como práctica de discurso, sino de la pertinencia de su
extrapolación a lo que se entiende por política en términos más generales.

Para esta segunda deriva hay diversas ocasiones en las que el hacer de Lacan nos autoriza, como
por caso sus Escritos de los que dice que algo valen en el terreno de la política, por caso al retrucar
-en mayo del 68- que las estructuras bajan a la calle, o que lo que se estaba demandando era un
amo, o al rendir homenaje a Marx como el inventor del síntoma, o cuando en Radiofonía se refiere
a “la incidencia política donde el psicoanalista tendría lugar si fuera de ello capaz”.

La ocasión en la que Lacan pronuncia que el inconsciente es la política es al discutir un trabajo de


Bergler en el cual el autor propone que un modo de la regresión oral consiste en procurarse un
deseo de ser rechazado, como medio de satisfacción masoquista. Lacan opone que, en cambio, el
deseo de ser rechazado podría bien corresponder a una defensa contra la voracidad del Otro
materno, un modo de evitar –en el rechazo- ser devorado por el Otro. Inmediatamente extrapola
Lacan esta situación a lo que entonces ocurría en un país del sudoeste asiático –estamos en mayo
de 1967, año de la mayor invasión militar a Vietnam- y dice así: “¿De qué se trata? Se trata de
convencer a cierta gente que está bien errada de no querer ser admitida en los beneficios del
capitalismo, prefiere ser rechazada”.

El deseo de ser rechazado opera aquí como una defensa ante la demanda del Otro imperial de
someterse a las leyes de la producción capitalista. Ante el político que se presenta como aquel que
sabe qué necesitan los otros, y cómo administrar esas necesidades, la respuesta Lacan la sitúa
como inconsciente, como un deseo de ser rechazado.

1
10 de mayo de 1967.
No lo dice, pero seguramente Lacan no desconocía que 80 años antes Marx y Engels, en el
Manifiesto Comunista anticipaban lo que estaba comentando. Lo decían así respecto de la era
industrial capitalista: “la burguesía arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones,
hasta a las más bárbaras. Los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería pesada que
derrumba todas las murallas de China y hace capitular a los bárbaros más fanáticamente hostiles a
los extranjeros. Obliga a todas las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de
producción, las constriñe a introducir la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. En una
palabra: se forja un mundo a su imagen y semejanza.”

Así podríamos ubicar la extrapolación en que la respuesta a la demanda de alienación, alienación


en el modo de producción industrial y en el hacerse a imagen y semejanza, encuentra al deseo de
ser rechazado como respuesta. ¿Síntoma del capitalismo? Así lo entiende Marx2.

Años más tarde…

…en RSI, y luego de señalar que “lo Real se manifiesta en el análisis, y no solamente en el análisis
puesto que la noción de síntoma ha sido introducida por Marx”3, se pregunta Lacan de qué modo
podemos operar, incidir sobre el síntoma. Ya había señalado que el síntoma es aquello que se
pone en cruz en lo Real, que hace que -al contrario del discurso del amo, el que pone a andar la
rueda- el síntoma es lo que hace que la cosa no ande en lo Real, debido a la intrusión en él de lo
Simbólico. Y es en esa ocasión que afirma que lo que responde del síntoma es el inconsciente, y
por tanto señala la pertinencia de nuestra intervención.

Podría alcanzarnos con esta precisión para concluir que el inconsciente es la política -en tanto que
es lo que responde del síntoma- y articularlo con aquella otra frase, más difundida, de que nuestra
política es el síntoma. Sin embargo quisiera detenerme en otro aspecto de el inconsciente es la
política.

Es una frase que retuerce la de Freud, comentada algunas veces por Lacan, aquella de que la
anatomía es el destino. La frase freudiana es, a su vez, un retorcimiento de una sentencia
napoleónica. Dice la leyenda que Napoleón, en ocasión de visitar a Goethe, le recrimina que en su
Werther haya querido reintroducir la dimensión trágica del héroe antiguo, dimensión por la cual
las victorias épicas no eran adjudicadas a la destreza y el valor del guerrero sino al favor de los
dioses. Napoleón, el conquistador, el guerrero, tras años de guerra, retruca que “el destino, hoy,
es la política”.

2
El síntoma social es inherente al sistema de producción. Como bien lo señalara Rodríguez Ponte: Es que
para Marx estos fenómenos –guerras, crisis económicas y sociales- son productos necesarios, y no
contingentes, del propio sistema, lugares límites donde la verdad del sistema social irrumpe, y donde la
misma verdad se disimula. ¿Cuál verdad? La de un antagonismo irreductible.
3
10 de diciembre de 1974.

-2-
Voy a arriesgar –en una ficción totalmente carente de rigor histórico- que el dicho de Napoleón
resulta la réplica a una frase que Goethe habría pronunciado en 1771, en ocasión de un homenaje
aniversario a Shakespeare. Goethe habría dicho en esa ocasión “Enano francés, ¿qué creés que
estás haciendo con la armadura griega? ¡Es demasiado grande y pesada para vos! Por eso todos
los dramas franceses no pasan de ser parodias”.

La histórica enemistad entre franceses y germanos no se jugaría sólo en el terreno del narcisismo
de las pequeñas diferencias. En un meduloso estudio sobre Hamlet4, Carl Schmitt plantea que el
nacimiento del Estado moderno surgió como un nuevo orden político al neutralizar las guerras
civiles entre confesiones. En este proceso Hamlet se convertiría en el mito político de la
Modernidad, opuesto a Edipo como aquel de la Antigüedad.

Neutralizadas las guerras confesionales y con el Estado como detentor de la razón se habría
puesto fin al derecho de los héroes, y con ello a la tragedia misma y a los héroes trágicos. El
término “político” surgiría renovadamente entonces en Francia para nombrar, como en un paso
de sentido respecto de la concepción originaria de lo político, a aquellos filósofos que ya no
esperaban la salvación por parte de la Iglesia sino, ahora, del Estado. Es en este sentido que
entendemos el reproche de Napoleón a Goethe, el reproche por querer devolver el destino trágico
de los héroes al lugar que, luego de cien años de guerra, había conquistado la política en el Estado.

Por cierto que, en el circo contemporáneo, y para cuando se trata de crisis más globales y de
efectos más reales que la riña entre vecinos, es decir: cuando el sistema hace síntoma y, siendo
Merckel y Hollande bien diferentes a Goethe y Napoleón, pronto cesan en sus diferencias, ya no
importa si es la antecedencia de la guerra respecto de la política o viceversa, y se ponen de
acuerdo en realimentar el síntoma, esto es en sostener que la cosa reviente, pero más adelante,
reinyectando plusvalía, sí, pero no al mercado productivo sino al financiero. Ante esta situación
me pregunto si la frase el inconsciente es la política sigue teniendo, encore, algún valor.

……

En El Reverso del Psicoanálisis5 señala Lacan que es imposible que haya un amo que haga
funcionar al mundo. El amo no trabaja nunca, “el amo hace un signo, el significante amo, y todos a
correr”. Es el signo – significante amo- el que hace mover la rueda. No serían ni Merckel ni
Hollande los amos sino aquellos que –alguno tiene que ser, siempre- dan la orden.

Ahora bien, ¿acaso con el político que da la orden, que firma el salvataje del sistema financiero a
ser pagado con los cuerpos de aquellos cuya fuerza de trabajo en tanto mercancía cae en la
medida misma de las necesidades de ese sistema financiero, a ser pagado por esos cuerpos cuya

4
Hamlet o Hecuba. La irrupción del tiempo en el drama.
5
10 de junio de 1970.

-3-
muerte antes de tiempo es firmada y sentenciada por ese eufemístico salvataje, acaso de ese
síntoma responde el inconsciente?

El Posición del Inconsciente afirma Lacan que, por encontrarse en el lugar del Otro, el inconsciente
ha de buscarse, en todo discurso, en su enunciación. Si así fuera, si hubiera un orden de
enunciación en el discurso del político, del amo moderno, del capitalista, ¿cuál sería allí el estatuto
de ese inconsciente?

Puesto que el discurso del capitalista está destinado a reventar, ya que al acumular plusvalía y no
relanzarla al mercado productivo no admite giro posible de discurso, ¿podríamos hablar, aun, de
enunciación, podríamos hablar, aun, de inconsciente…? Sostengo esta pregunta puesto que, si
está vedado el giro, no hay chance de que emerja el discurso del analista, o el amor de
transferencia como su signo.

No habrá sido entonces ingenuo el movimiento por el cual el síntoma haya desaparecido como tal
de la nomenclatura ni asimismo la histeria como forma de padecimiento sintomático en la
efectuación coercitiva del discurso del capitalista, que vela el hecho mismo del síntoma
reinyectando neurotransmisores al sistema como reintroduce en el mercado financiero la exacción
de la plusvalía.

Propongo entonces, para concluir, y como una cuestión preliminar a todo tratamiento posible del
síntoma, la necesidad de un intento de rectificación de los términos del discurso del capitalista a
los lugares que ocupan en el discurso del amo entendido como discurso del inconsciente, esto es:
que cuando al lugar del agente vaya el significante amo –el lapsus, el olvido, el sueño, el chiste, el
síntoma- la verdad reprimida en juego sea sostenida por el analista por venir como la de un sujeto
supuesto. De esta manera, preliminar entonces a toda posibilidad de incidencia del acto analítico,
se promovería que eso, como dice la canción, siga girando.

-4-

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