Boletín Hispánico Helvético
Historia, teoría(s), prácticas culturales
Artículos
Lucie Paratte, Cristina R. Martínez Torres,
Octavio Páez Granados, Jorge Chen Sham,
Virginia Holzer, Sandra Díaz de Zappia,
Beatrice Schmid, Jenny Brumme
Dossier: México multicultural: una mirada a la creación en lenguas
indígenas mexicanas
Cristina Mondragón, José Alejos García, Pilar Máynez,
Krishna Naranjo Zavala
Número 32 (otoño 2018)
BOLETÍN HISPÁNICO HELVÉTICO
Historia, teoría(s), prácticas culturales
Director
Marco Kunz (Université de Lausanne)
Comité de dirección
Carlos Alvar (Université de Genève)
Hugo O. Bizzarri (Université de Fribourg)
Beatrice Schmid (Universität Basel)
Consejo de redacción
Victoria Béguelin-Argimón (Université de Lausanne)
Andrea Goin (Université de Genève)
Belinda Palacios (Université de Genève)
Dolores Phillipps-López (Universités de Genève et Lausanne)
Secretario de redacción
Ángel Berenguer Amador (Universität Basel)
Comité científico
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Germán Colón (Universität Basel)
Harm den Boer (Universität Basel)
Rolf Eberenz (Université de Lausanne)
Manuel Galeote (Universidad de Málaga)
Johannes Kabatek (Universität Zürich)
Itzíar López Guil (Universität Zürich)
Adriana López-Labourdette (Universität Bern)
Abraham Madroñal (Université de Genève)
Julio Peñate (Université de Fribourg)
Catalina Quesada Gómez (University of Miami)
Juan Pedro Sánchez Méndez (Université de Neuchâtel)
Yvette Sánchez (Universität St. Gallen)
Antonio Sánchez Jiménez (Université de Neuchâtel)
Gustav Siebenmann (Universität St. Gallen)
Bénédicte Vauthier (Universität Bern)
Imagen de cubierta:
Artesanía huichol, Museo de las culturas populares,
Durango, México
© Foto: Marco Kunz
ÍNDICE
Lucie PARATTE: Visiones de Nueva York en textos de Muñoz
Molina y Lindo ..................................................................... 3
Cristina R. MARTÍNEZ TORRES: Un compromiso real para
una ficción realista: el Lazarillo de Tormes ...................... 27
Octavio PÁEZ GRANADOS: Ano castrado, ano imán, ano
locus amoenus. Las relaciones anales de Francisco
de Quevedo ....................................................................... 49
Jorge CHEN SHAM: Valoración de la experiencia, reunión
comunitaria: espíritu y religión en Carlos Martínez
Rivas .................................................................................... 77
Virginia HOLZER: Los barrios porteños en la nueva narrativa
argentina: representación del espacio en dos anto-
logías de ciudades ............................................................ 99
Sandra DÍAZ DE ZAPPIA: Leer la ciudad: la evolución histó-
rica de la nomenclatura de las calles de Buenos
Aires ................................................................................. 123
Jenny BRUMME/ Beatrice SCHMID: Gramáticas castellanas
impresas en Cataluña entre 1820 y 1875: una apro-
ximación a través de sus paratextos ............................ 163
Dossier: México multicultural: una mirada a la creación en
lenguas indígenas mexicanas
Cristina MONDRAGÓN: Yancuic tlahtolli: literatura contem-
poránea en lenguas indígenas mexicanas..................... 197
José ALEJOS GARCÍA: Literatura maya de tradición oral ....... 203
Pilar MÁYNEZ: Creación y recreación en la literatura en
lenguas indígenas. Aproximaciones lingüísticas
a mundos diversos .......................................................... 221
Krishna NARANJO ZAVALA: La palabra multicolor que canta
y resignifica el mundo: importancia del estudio de
lenguas y literaturas indígenas en México .................. 235
Informaciones del hispanismo suizo
Publicaciones de los socios en 2017 .......................................... 253
Resúmenes/Abstracts ................................................................. 265
Colaboradores en este número ................................................. 275
Normas de redacción ................................................................. 279
Visiones de Nueva York en textos de Muñoz
Molina y Lindo ©
Lucie Paratte* Université de Neuchâtel
Nueva York es una ciudad muy presente en el imaginario
colectivo. En este contexto, uno consigue a duras penas repre-
sentar originalmente esta metrópoli. No obstante, Antonio
Muñoz Molina en Ventanas de Manhattan (2004) y su esposa
Elvira Lindo en Lugares que no quiero compartir con nadie (2011) y
Noches sin dormir (2015) aceptan el reto y nos muestran su visión
de la Gran Manzana. Este estudio se propone comparar en tres
niveles de análisis la representación de Nueva York en estos
tres libros. El primer nivel de análisis se sitúa en el impacto del
sexo y la influencia de ser mujer u hombre en la transcripción
de unas mismas experiencias. El segundo se centra en las dife-
rentes escrituras del yo. Finalmente, en el último, nos focaliza-
mos en los recursos usados provenientes de otras artes para
describir la metrópoli. Nuestro estudio pretende, por lo tanto,
aportar unas lecturas contrastadas de las tres obras para exami-
nar cómo ambos autores reflejan a su manera una realidad pa-
recida que han vivido en paralelo.
ESCRITURA EN FEMENINO
Estudiar libros escritos por una pareja no implica directa-
mente considerar sus obras a través de sus diferencias de sexo.
©
Boletín Hispánico Helvético, volumen 32 (otoño 2018): 3-26.
* Este artículo presenta una versión abreviada de la tesina de máster con la
que la autora ganó el Premio de la Sociedad Suiza de Estudios Hispánicos 2017
al mejor trabajo de investigación predoctoral.
Lucie Paratte
Sin embargo, constatamos que las obras femeninas siguen sien-
do juzgadas negativamente. El comportamiento y la escritura
del género femenino están sometidos al peso de la historia y de
la repartición cultural de los roles entre hombre y mujer. La
historia de los sexos y de los roles asignados a cada uno influye
en la visión social de la mujer, pero también en lo que uno se
espera de una escritura femenina. María del Mar López-Cabales
resume muy bien la situación de la literatura de mujeres, afir-
mando que “la historia ha demostrado que el papel secundario
asignado [a las mujeres] no se debe a su incapacidad, sino a la
falta de oportunidades, a la inseguridad a la hora de salirse del
molde en el que habían sido educadas”1. Aunque hoy en día las
mujeres tienen el derecho a la palabra, según los analistas que
se interesan por la diferencia estilística entre los géneros, la es-
critura de la mujer no ha olvidado este pasado y conserva
características propias. Y, si bien la escritura de Lindo no está
comprometida con ideas feministas y no reivindica la voz feme-
nina en la literatura, aporta reflexiones sobre la posición de la
mujer en la sociedad y, sobre todo, en el mundo de la literatura.
La literatura es un lugar privilegiado por las mujeres para
hablar y contar su propia experiencia como mujer. Representa
por lo tanto una ocasión para las autoras de compartir aspectos
particularmente femeninos, como precisamente la diferencia de
trato que perciben. Lindo aprovecha sus libros para transmitir
unas de esas constataciones, como se observa en este pasaje:
[el psiquiatra] me dijo que tenía que preparar respuestas tipo para
preguntas incómodas que me repetían una y otra vez en las entrevistas.
A la pregunta de: “¿Le ayuda su marido en la escritura de sus libros?”
—aunque parezca mentira a veces tengo que escuchar esta pregunta y
en ocasiones las que preguntan son mujeres— el doctor Gasca me pro-
ponía contestar: “Nunca estaré suficientemente agradecida a la vida por
haber puesto en mi camino a una persona de tan alta categoría moral y
personal que ha sido fundamental en el desarrollo de mi trabajo”.2
Lindo trata de esta dificultad de ser reconocida como autora
de pleno derecho e introduce cuestionamientos sobre la misogi-
nia actual, por ejemplo en este fragmento de Noches sin dormir
cuando la escritora participa en una mesa redonda: “El público
1 López-Cabrales, María del Mar: Palabras de mujeres. Escritoras españolas con-
temporáneas. Madrid: Narcea, 2000, p. 29.
2 Lindo, Elvira: Lugares que no quiero compartir con nadie. Barcelona: Seix
Barral, 2011, pp. 189-190.
4
Visiones de Nueva York en textos de Muñoz Molina y Lindo
tiende, inconscientemente, a otorgar más autoridad a las voces
masculinas. A mí llevan años diciéndome que me sé rodear.
Que me sé rodear. Como si mi gran mérito consistiera en eso,
en rodearme de hombres inteligentes”3. Lindo sostiene ideas
feministas sin estar comprometida en la causa femenina, pero
aprovecha el ser una mujer escritora para aportar reflexiones
suyas al tema.
Por otra parte y de manera general, la literatura femenina
resulta ser un lugar propicio para la introspección y “se tiende a
limitar, delimitar la escritura y las creaciones de las mujeres a
una expresión de lo personal, de lo íntimo”4. Con los libros de
nuestro estudio, Lindo habla también mucho de su intimidad.
Lugares que no quiero compartir con nadie y Noches sin dormir per-
tenecen a la escritura del yo y son textos que giran alrededor de
la narradora en primera persona. Es verdad que Ventanas de
Manhattan comparte este modo de narración, pero nunca se
nombra explícitamente la relación entre el narrador y el autor,
aunque un lector atento haga fácilmente la correspondencia
entre ambas entidades. Con el libro de Muñoz Molina, la inti-
midad se percibe por lo tanto en menor grado que en Lindo
porque el relato se centra mucho más en la percepción de la
ciudad. Además de la intimidad, la búsqueda de identidad es
un tema central de la literatura femenina. Estos exámenes
desembocan en cuestionamientos que necesitan un regreso a la
infancia. Por consiguiente, la escritura femenina se caracteriza
por sus relatos de juventud, una particularidad que se encuen-
tra también en las tres obras de nuestro corpus. En Lugares que
no quiero compartir con nadie, Lindo intenta entender el presente
mediante recuerdos, como cuando sufre de una especie de fie-
bre urbana que la lleva a pensar en su infancia: “Sólo había
conocido esa sensación alucinatoria una vez, de niña, a los nue-
ve o diez años, en el pueblo, cuando permanecí despierta du-
rante toda una noche en la celebración de un bautizo” (Lugares,
pp. 46-47). Percibimos los mismos mecanismos en Noches sin
dormir, donde los recuerdos están introducidos con una pers-
pectiva actual. Sin embargo, constatamos que Muñoz Molina
tiene también pasajes ligados a la infancia, pero con un énfasis
diferente que en los textos de Lindo. Sus recuerdos no sólo son
representaciones de su infancia, sino que le permiten asimismo
presentar un retrato de la vida rural de su infancia. Tienen un
3 Lindo, Elvira: Noches sin dormir. Último invierno en Nueva York. Barcelona:
Seix Barral, 2015, p. 199.
4 Mékouar-Hertzberg, Nadia: «Escritura del “yo” imposible», Revista de
estudios sociales y humanidades, 33 (2015), p. 23.
5
Lucie Paratte
carácter menos individual que en Lindo y sirven sobre todo
para representar una época. Una posible explicación es el afán
de Muñoz Molina de contextualizar y dar un toque histórico a
sus textos. No obstante, la idea de que “el hombre tiende a
idealizar su vida y a colocarla dentro de moldes heroicos,
tendencia que tiene como resultado la proyección de una
imagen de confianza y seguridad en sí mismo necesaria para
superar las dificultades”5, no se aplica a Ventanas de Manhattan.
El personaje que representa el alter ego del autor está lleno de
dudas y no disimula sus deficiencias. En efecto, Muñoz Molina
cuenta:
Una mañana salgo del metro en la estación de la Séptima Avenida y
la calle 28 y cruzo hacia Madison Square mirando el reloj casi cada dos
segundos, temiendo que se me haga tarde, y a la vez asustado por la
inminencia de la cita por culpa de la cual me desvelé anoche, y a la que
tengo que llegar dentro de unos minutos, en la planta decimoquinta de
un edificio en el que no me atrevo a entrar. Veinte años justos después
soy el mismo que una tarde de mayo, en Granada, sentía las piernas
débiles y el corazón sobresaltado y daba vueltas en una acera bajo la
llovizna, mirando el reloj, concediéndole un minuto más a mi cobardía,
porque tenía una cita con el redactor jefe de un periódico […]. No
cuentan los años y no sirve de nada la experiencia cuando uno se ve
reducido a la parte más vulnerable y más verdadera de sí mismo.6
Muñoz Molina no duda en representarse como un personaje
con defectos y poca seguridad en sí mismo, que tampoco en-
tiende la vida neoyorquina y el inglés en sus primeros días en
Nueva York. En Ventanas de Manhattan, no nos encontramos con
un héroe, sino con un hombre cualquiera con sus temores y sus
vergüenzas.
Además de la introspección mediante los recuerdos de ju-
ventud, la literatura de mujeres desarrolla mucho el asunto de
la maternidad. En Lindo, la relación con sus hijos aparece fuer-
temente y es precisamente el tema que abre y cierra Noches sin
dormir. En Lugares que no quiero compartir con nadie, este tema
tiene menos importancia porque es un texto más dirigido hacia
el exterior y la ciudad. Sin embargo, los momentos con los hijos
cubren varias páginas. Se podría afirmar que entre este último
5 Ballesteros, Isolina: Escritura femenina y discurso autobiográfico en la nueva
novela española. New York etc.: Peter Lang, 1994, p. 31.
6 Muñoz Molina, Antonio: Ventanas de Manhattan. Barcelona: Seix Barral,
2004, pp. 341-342.
6
Visiones de Nueva York en textos de Muñoz Molina y Lindo
libro y Ventanas de Manhattan, la temática de la relación con
ellos se maneja en ambas obras de manera comparable. Sin em-
bargo, la forma de contar los acontecimientos sucedidos con los
hijos es muy factual en Muñoz Molina, como atestigua este
fragmento de las vacaciones de los hijos en la Gran Manzana:
ni siquiera hemos tenido mucho escrúpulo en visitar con ellos el
museo recién abierto de Madame Tussaud, que probablemente le habrá
causado a alguno una impresión más profunda que el Metropolitan o el
MoMA […]. Han mirado de cerca el Juan de Pareja de Velázquez en una
sala del Metropolitan y las enormes osamentas fósiles de los tiranosau-
rios en el Museo de Historia Natural. […] Qué regalo le habrá quedado
a cada uno de ellos de este viaje, qué imágenes se llevarán impresas
cada uno en su joven memoria, fértiles para el recuerdo consciente y
también para los escenarios de los sueños futuros, para los relatos que
ellos mismos transmitirán a otros a lo largo de los años. (Ventanas, pp.
105-107)
El relato de Muñoz Molina es bastante pragmático y de-
muestra su interés por formar intelectual y culturalmente a los
chicos. Las visitas se describen desde una perspectiva externa,
como si fuera una especie de lista de las curiosidades contem-
pladas. A manera de comparación, los mismos días contados
por la voz de Lindo se presentan así:
Los estoy viendo en ese momento, a punto de llorar Arturo, cansa-
do Miguel, serio Antonio hijo, los tres muertos de hambre y de satura-
ción cultural. […] Con frecuencia nos acordamos de que el momento
álgido de toda visita museística era cuando a la salida visitábamos la
tienda de regalos. […] Sólo en el Museo de Historia Natural se rindie-
ron ante lo que ofrecían las vitrinas. (Lugares, p. 137)
Lindo narra con cierto cariño el agotamiento de los niños y
su punto de vista se aproxima al de éstos. La diferencia entre
ambos autores no sólo se debe al estilo lírico de Muñoz Molina
y al humorístico de Lindo, sino que una madre es tradicional-
mente la persona que se preocupa por los hijos. El presupuesto
de la maternidad y de la relación filial de las mujeres corres-
ponde a una de las características de la literatura femenina y
observamos que hasta cierto punto se observa en la prosa de
Lindo.
Finalmente, si ya hemos mencionado que la narración en
primera persona es históricamente más utilizada por las muje-
7
Lucie Paratte
res, ello no implica que la producción masculina esté carente de
este modo de expresión. Observamos toda la dificultad de una
aplicación global de las diferencias entre las escrituras femeni-
nas y masculinas, mirando otra singularidad de los textos de la
literatura de mujeres. Ésta se caracteriza por un estilo personal
y subjetivo, basado en las sensaciones y marcado por las per-
cepciones de la autora7. Esto se percibe, por ejemplo, al nivel de
la lengua, donde el territorio de las emociones concuerda con
muchas de las escrituras femeninas, porque, como señala Laura
Freixas, “[s]entimientos y naturaleza, [son] el territorio femenino
por excelencia”8. Sin embargo, en Ventanas de Manhattan, Mu-
ñoz Molina recurre a las sensaciones9 y utiliza una gran varie-
dad de colores para describir unas atmósferas urbanas:
Los árboles de Union Square en primavera, con el verde nuevo y
claro de las hojas, las cornisas de color de bronce de los edificios, la
desembocadura oblicua y algo sombría de Broadway hacia el norte, los
altos tejados de pizarra con mansardas y el ladrillo rojo de este edificio
[…], y por encima el cielo azul, liso, vibrante. (Ventanas, p. 216)
El autor mezcla los tonos con habilidad, incluyendo en la
visión de la ciudad una nota de naturaleza, y el paso del tiempo
de su estancia se percibe mediante los cambios cromáticos de
las hojas de los árboles. Los textos de Lindo son mucho menos
polícromos, pero sí concuerdan con un elemento más femenino
y además muy presente en los textos en primera persona, que
se sintetiza en “una inclinación hacia lo informe que frecuente-
mente se asocia con lo oral, espontáneo, o con el canto improvi-
sado”10. Es verdad que el estilo de Lindo se distingue por frases
mucho más cortas que las de Muñoz Molina y por repeticiones
que son también propias de la oralidad. Esta característica co-
rresponde a lo que los críticos consideran como típicamente fe-
menino. Sin embargo, no hay que olvidar que un libro siempre
está construido y que la espontaneidad también lo está.
7 Cf. Ballesteros (1994), op. cit., p. 17.
8 Freixas, Laura: Literatura y mujeres. Barcelona: Destino, 2000, p. 121 (cursi-
vas de la autora).
9 Por ejemplo en este fragmento: “Hay una plenitud de la vida física, de los
sentidos en acción, en estado de alerta, los músculos de las piernas moviéndose
a un ritmo seguro, los pulmones aspirando y expulsando el aire y el corazón
bombeando la sangre” (Ventanas, p. 174).
10 Ciplijauskaité, Biruté: La novela femenina contemporánea (1970-1985). Hacia
una tipología de la narración en primera persona. Barcelona/ Santafé de Bogotá:
Anthropos/ Siglo del Hombre, 1994, p. 30.
8
Visiones de Nueva York en textos de Muñoz Molina y Lindo
ESCRITURAS DEL YO: ENTRE FICCIÓN Y REALIDAD
Frente a la forma muy clara del diario que se despliega en
Noches sin dormir, Ventanas de Manhattan y Lugares que no quiero
compartir con nadie son también expresiones del yo. Pero los tres
tienen cierto hibridismo porque son relatos que comparten ele-
mentos tanto autobiográficos como novelescos. Los dos últimos
textos se hallan en una frontera genérica y se inscriben en el
campo de la autoficción. Frente a la autobiografía “que se basa
en un pacto de confianza que el autor propone y el lector acep-
ta, un «pacto autobiográfico» que suele establecerse en el para-
texto de la obra”11, la autoficción carece de este tipo de pacto
con el lector. La diferencia principal entre la autobiografía y un
relato ficcional como la autoficción se halla en un cambio de
percepción por parte del autor, porque “[e]l principio de sin-
ceridad lo sustituye la expresión de una subjetividad que, a tra-
vés de la ficción, accede a una verdad íntima, hecha de equívo-
cos y contradicciones, como equívoca y contradictoria es la
identidad del individuo”12. La autoficción se caracteriza por lo
tanto ante todo por la identidad entre autor, narrador y perso-
naje —al igual que la autobiografía— y por una forma ficcional
que puede entenderse por un subtítulo genérico o una estruc-
tura explícita que remite a la novela. En el caso de Ventanas de
Manhattan, el tema es bastante evidente porque en la presenta-
ción de la contracubierta se comenta: “Como Ardor guerrero y
Sefarad, este libro participa a la vez de la novela y del relato de
hechos reales” (Ventanas, contraportada). Esta frase indica que
la obra se construye con un pacto de lectura ambiguo, a caballo
entre la ficción y la realidad. Además, en los tiempos verbales
de la mayor parte del texto domina el imperfecto, lo que au-
menta también la sensación de leer un texto novelesco. En Luga-
res que no quiero compartir con nadie, la confusión genérica no se
deja apreciar en la cubierta, pero se observa cierta mezcla entre
autobiografía y ficción porque se afirma que “Elvira Lindo se
retrata a sí misma”, pero se dice también que Lindo figura su
existencia mezclándola con circunstancias “que pertenecen a
nuestro imaginario colectivo” (Lugares, contraportada). A dife-
rencia de Ventanas de Manhattan, el texto se inclina más por el
lado auto que por el de ficción, como se observa con las primeras
11 Cuasante Fernández, Elena: «Aproximaciones críticas a los escritos en pri-
mera persona», Lingüística y literatura, 64 (julio-diciembre 2013), p. 171.
12 Casas, Ana: «El simulacro del yo: la autoficción en la narrativa actual»,
en: Casas, Ana (ed.): La autoficción. Reflexiones teóricas. Madrid: Arco/Libros,
2012, p. 17.
9
Lucie Paratte
frases del libro: “Voy a Queens. Voy a Queens en metro. Pienso
en las dos frases diminutas con las que comienzo esta historia y
me sonrío: no parecen mías” (Lugares, p. 11). La narradora se
comporta inmediatamente como si fuera la autora, aunque du-
da de serlo al revisar sus primeras frases. En esta declaración, se
observa la ambivalencia que se encontrará en el resto del libro.
Constatamos, por consiguiente, que ninguna de esas dos obras
declara formalmente ser una novela ni tampoco una autobio-
grafía. En este sentido no corresponden a la definición de la
autoficción o de la autobiografía, porque el pacto no está clara-
mente establecido. Ventanas de Manhattan está ciertamente más
cercano a la autoficción que Lugares que no quiero compartir con
nadie, pero el segundo, como hemos visto, no se puede tampoco
asimilar integralmente con la autobiografía. El contrato de lec-
tura se sitúa, por ende, en la frontera genérica, es ambiguo y así
determina la dimensión autoficcional de esos textos.
Además de las características de contrato y de identidad, la
autoficción se distingue por otros atributos. Algunos se perci-
ben en la definición del género propuesta por Philippe Gaspa-
rini:
Texto autobiográfico y literario que presenta numerosos rasgos de
oralidad, innovación formal, complejidad narrativa, fragmentación,
alteridad, heterogeneidad y autocomentario, cuyo objetivo es proble-
matizar las relaciones entre la escritura y la experiencia.13
El escritor cuestiona la cronología, demostrando la forma
humana de repasar sus recuerdos, saltando de un episodio a
otro sin seguir una unidad temporal. La fragmentación es segu-
ramente el componente más revelador del carácter autoficcional
de estos textos. El fraccionamiento entre los contenidos se en-
cuentra bajo formas diferentes en cada libro. En Lugares que no
quiero compartir con nadie, se manifiesta con saltos de una idea a
otra, como si la narración siguiera el flujo de la mente. Obser-
vamos que las idas y vueltas de los pensamientos de Lindo se
reflejan en su texto. Las digresiones son un efecto narrativo que
confiere al texto espontaneidad y hace pensar que el libro ha
sido escrito en la inmediatez del instante. En efecto, la manera
de Lindo de repetir frases o de señalar las digresiones permite
que el lector siga sin dificultades la lectura; la autora construye
su texto. En el caso de Ventanas de Manhattan, los saltos no se
13 Gasparini, Philippe: «La autonarración», en: Casas, Ana (ed.): La auto-
ficción. Reflexiones teóricas. Madrid: Arco/Libros, 2012, p. 193.
10
Visiones de Nueva York en textos de Muñoz Molina y Lindo
hacen generalmente dentro de un mismo capítulo, sino entre
uno y otro, por ejemplo al pasar de la descripción de los tesoros
de un rastro (Ventanas, cap. 73), al invernadero del Museo de
Historia Natural (Ventanas, cap. 74) y continuar con la presen-
tación del taller del escultor Manolo Valdés (Ventanas, cap. 75).
Con el proceso de autoficción, los autores presentan un alter
ego muy similar, pero que no se aleja de su persona propia. En
Ventanas de Manhattan, sentarse en un café proporciona este
distanciamiento de sí mismo, porque
si uno tiene la suerte de ocupar una mesa junta al ventanal, la situa-
ción es admirable, perfecta: uno es la estampa involuntaria del descono-
cido que mira la calle tras los cristales del café, y esa figura, ese anoni-
mato, le concede una visión alejada y un poco novelesca de sí mismo.
(Ventanas, p. 159)
Con esta última cita, nos damos cuenta de que este pasaje
avisa que el personaje representado en el texto no es igualmente
la misma persona que la que escribe. Existe una especie de
desdoblamiento de la personalidad. El elemento autoficcional
de retratarse con distancia se presenta asimismo en Lindo. En
algunos pasajes la autora narra sus acciones desde una perspec-
tiva externa, tratándose a sí misma y su pareja con la tercera
persona, como se observa en este fragmento: “El señor que sólo
viste zapatos para las grandes ocasiones y la señora de las plu-
mas van de vez en cuando al Four Seasons” (Lugares, p. 146).
Entendemos que existen dos Elviras, la real de su vida cotidiana
y privada y la de los libros que según sus palabras es un “otro
yo que a veces me delata y me retrata de manera más transpa-
rente de lo que desearía” (Lugares, p. 191). Finalmente, en estos
pasajes, los escritores nos avisan de que la escritura no se limita
a narrar la existencia tal y como la vivimos, sino que es un pro-
ceso de composición que se trabaja.
Con esta idea de desdoblamiento, se relaciona el tema del
anonimato. A ambos autores les gusta deambular en Nueva
York sin ser reconocidos pero se retratan al mismo tiempo en
primera persona en sus libros. Esto puede parecer muy paradó-
jico. Una respuesta a esta contradicción se encuentra en los tex-
tos, porque los escritores se sienten en varias ocasiones extran-
jeros y lejos de sus amigos, así como del mundo ordinario espa-
ñol. Esta forma de soledad, aunque pueda considerarse agra-
dable cuando se traduce por un relajamiento de la celebridad,
desemboca también en una vuelta hacia sí mismo. Otra res-
puesta se relaciona con la autoficción por ser también una
11
Lucie Paratte
muestra del desvelamiento fingido, típico de este género. En
otras palabras, los autores no narran totalmente su vida, sino
que cuentan la existencia que nos quieren ofrecer. Con este
razonamiento, entendemos mejor la elección de Lindo y Muñoz
Molina de abordar la autoficción y el diario, porque son escritu-
ras del yo que dejan espacio al entendimiento personal y fo-
mentan asimismo un espacio ideal para combinar el pasado con
el presente.
Frente a esta mezcla de ficción y relatos personales, el diario
Noches sin dormir parece ser únicamente referencial. En efecto,
en este género, lo contado suele ser sincero. De ese modo, por
una parte, “el pacto autobiográfico tendría lugar también en el
diario”14 y, por otra parte, y como toda escritura, el diario tiene
algo de ficción porque no retrata miméticamente la realidad
sino que la representa. Sin embargo, este diario está claramente
destinado a la publicación y Lindo no escribe sólo para sí mis-
ma. No se trata por lo tanto de un diario íntimo que se transfor-
ma en libro. En Noches sin dormir observamos en varios pasajes
que Lindo lo quiere publicar, lo que demuestra el carácter de
construcción del libro y significa que quedan aspectos ocultos y
que la autora elige conscientemente lo que aparece en el texto.
Como en las autoficciones, la autora ya no es el reflejo de su
persona, sino que se transforma en personaje del texto.
Además, este diario de Lindo tiene varias características en
común con la autoficción. En efecto y de manera general, el dia-
rio se aproxima a una de las características de la autoficción
mencionada anteriormente porque su estructura es fragmen-
taria y “tiende a funcionar como una especie de collage”15. En
Noches sin dormir, encontramos todo tipo de expresión: relatos,
recuerdos, extractos de lectura, monólogos interiores y encon-
tramos sobre todo la espontaneidad de la escritura. Además, el
estilo general del libro es ingenuo —lo que suele ser normal en
un diario— y se asemeja a la oralidad presente también en
Lugares que no quiero compartir con nadie. El estilo rápido nos da
la sensación de introducirnos en la intimidad de la autora. Su
cotidianeidad parece revelarse con naturalidad y percibimos
por lo tanto el libro como más íntimo.
14 Luque Amo, Álvaro: «El diario personal en la literatura: teoría del diario
literario», Castilla. Estudios de Literatura, 7 (2016), p. 280.
15 Ibid., p. 294.
12
Visiones de Nueva York en textos de Muñoz Molina y Lindo
ESCRITURA DE LA CIUDAD: UN VIAJE GUIADO POR LAS DEMÁS ARTES
La ciudad de Nueva York sirve de eje central en las tres
obras, de forma que estos textos tienen también unos rasgos co-
munes con la literatura de viaje. En efecto, no puede escribirse
un “relato de viaje sin narración de un viaje —por tenue que
sea—, personaje de viajero —aunque no ocupe el primer pla-
no—, sin relación más o menos detallada de un periplo”16. Esta
constatación nos permite ya observar que tanto el libro de
Muñoz Molina como los de Lindo comparten estas característi-
cas por ser relatos de una estancia en Nueva York, que se cierra
en cada libro con la preparación del regreso. Además, es intere-
sante observar que la literatura de viaje tiene rasgos en común
con la autoficción y el diario porque se presenta a veces de ma-
nera muy fragmentada y con una mezcla no muy homogénea
de diferentes recursos literarios como la narración autobiográ-
fica, el relato de hecho o la transcripción de historias locales.
Kurt Spang identifica efectivamente que
el relato de viaje es una narración con frecuentes coincidencias con
los recursos de otros géneros narrativos, sobre todo la novela. […] Se
construye como historia literaria con figuras, espacio y tiempo, presen-
tada por un narrador a menudo intradiegético, es decir, el mismo narra-
dor también es el viajero.17
Además, la literatura de viaje tiene la característica de tener
una vertiente autobiográfica.
Los tres textos de nuestro corpus pertenecen, por consi-
guiente, también a la literatura de viaje, a pesar de que Lugares
que no quiero compartir con nadie tenga algo de guía turística por-
que Lindo revela sus lugares favoritos y da al final del texto
una lista de ellos. No obstante, la escritura de las tres obras de
Muñoz Molina y Lindo permite más bien a los autores preser-
varse de las tendencias de las guías, en el sentido de que se ale-
jan de los estereotipos sobre la Gran Manzana difundidos por el
turismo y las imágenes tópicas. Contemplan la ciudad de mane-
ra subjetiva, pero al mismo tiempo fresca porque miran sus de-
16 Champeau, Geneviève: «El relato de viaje, un género fronterizo», en:
Champeau, Geneviève (ed.): Relatos de viajes contemporáneos por España y Portu-
gal. Madrid: Verbum, 2004, p. 20.
17 Spang, Kurt: «El relato de viaje como género», en: Peñate Rivero, Julio/
Uzcanga Meinecke, Francisco (eds.): El viaje en la literatura hispánica: de Juan
Valera a Sergio Pitol. Madrid: Verbum, 2008, p. 27.
13
Lucie Paratte
talles. Aprovechan su situación doble de ser extranjeros y habi-
tantes a la vez para observar la urbe desde esta doble perspec-
tiva. Ambos autores prefieren, por lo tanto, descubrir y contar
la ciudad a manera de un flâneur. En efecto, este tipo de viajero
no intenta “dominar la ciudad ni crear una visión totalizadora
de ésta; su actividad como observador es de naturaleza ociosa
—un vagabundeo que se caracteriza por la ausencia de cual-
quier propósito o misión”18. Lindo y Muñoz Molina se fijan en
elementos que la gente ha dejado de observar, como los objetos
de los mercadillos o “la sombra sobre el suelo de una paloma
que vuela entre las ramas” (Ventanas, p. 293). Esta situación de
flâneur y de extranjero en la ciudad les otorga la posibilidad de
retratar con mucha libertad su experiencia de la urbe.
Sin embargo, la mirada de Muñoz Molina y Lindo no está
carente de toda representación anterior. Ambos autores tienen
una visión de la metrópoli ya construida por las lecturas y el
cine, pero son capaces también de eliminar estos filtros del tu-
rismo de masa. En Ventanas de Manhattan las gafas del imagina-
rio están patentes, porque confirma el narrador:
También yo he viajado a Nueva York empapado de cine, como
cualquiera, atraído por ese imán de la pantalla brillante en una sala a
oscuras, y por eso me ha chocado tanto, cuando por los altavoces del
avión se nos aseguraba que estábamos llegando, no reconocer ningún
lugar, no encontrarme inmediatamente, desde muy alto y desde lejos,
con las siluetas de los rascacielos y la estatua de la Libertad emergiendo
poderosamente del mar. (Ventanas, p. 27)
No obstante, después de esta desilusión, en vez de buscar
los lugares de su imaginario, se esfuerza en contar todo lo que
percibe. Ventanas de Manhattan propone otra visión de la ciudad
y frente a la ceguera tanto de los neoyorquinos como de los
turistas que sólo se interesan por fotografiarse19, el escritor con-
serva los ojos abiertos para mostrar al lector la diversidad de un
18 Fil, Alla: «Narraciones urbanas de la España contemporánea. Entre la ciu-
dad criminal y la tarjeta postal», Revista hispánica moderna, I, 2 (junio-diciembre
2004), p. 289.
19 La crítica de esa costumbre se nota particularmente bien en este fragmen-
to, unos días después del atentado contra las Torres Gemelas, en la zona de la
tragedia: “Un hombre con pantalón corto y calcetines blancos me pide con acen-
to alemán que si puedo hacerles una foto a él y a su mujer: se abrazan frente a
mí, sonriendo, como si posaran delante de una catedral o de un paraje pinto-
resco […] los turistas se hacen fotos y los familiares de los desaparecidos dan
vueltas con sus fotografías fotocopiadas” (Ventanas, p. 97).
14
Visiones de Nueva York en textos de Muñoz Molina y Lindo
mercadillo o la otra cara de la metrópoli con sus menesterosos.
Lindo se aleja también de aquellos “turistas que se hacen fotos
con unos superhéroes que están ya en todas las plazas de las
grandes ciudades del mundo” (Noches, p. 64), para retratar una
faceta diferente de lo preestablecido de Nueva York.
Si bien buscan presentar Nueva York de manera personal,
las referencias artísticas tienen un papel muy importante en sus
obras. La intertextualidad es uno de los recursos más usados en
los tres textos de nuestro corpus. Las referencias literarias pun-
túan todo el relato, por ser Nueva York una ciudad muy repre-
sentada en la literatura. La observación se traduce en unas oca-
siones por una participación de textos ajenos, lo que lleva a la
intertextualidad. En Muñoz Molina, las citas pueden, por ejem-
plo, servir de intermedio para sostener una idea presentada,
como en este fragmento donde el narrador intenta identificar el
alma de los norteamericanos:
Cualquier azar los desconcierta, y difícilmente conciben que un
error sea irreparable, o que no haya compensación para un abuso, o
explicación para una irregularidad. […] Por eso les cuesta más todavía
aceptar el hecho monstruoso, la quiebra inaudita de la normalidad que
fue el apocalipsis de las Torres Gemelas, el descubrimiento de la sustan-
cia frágil y precaria de lo que parece más firme, de que todo lo sólido se
desvanece en el aire, como escriben con extraña poesía Marx y Engels en
el Manifiesto Comunista. (Ventanas, p. 127)
La cita permite ilustrar con otras palabras su opinión, aun-
que en este caso tenemos que recordar que el fragmento mar-
xista puede también entenderse como perteneciente a la prosa
de Muñoz Molina, porque alude al título de otro de sus libros.
En otras circunstancias la cita ayuda a expresar esta realidad
del mundo que al viajero le cuesta retratar. La mediación de
otro texto demuestra no sólo que el autor conoce la existencia
de otros escritos relativos a esa misma situación —lo que, expli-
cado así, suena como pedantería por parte del escritor— sino
que es también una forma de rendir homenaje a autores que ya
estuvieron en la metrópoli y que dijeron con palabras adecua-
das lo que el escritor observa. Unos ejemplos demuestran este
fenómeno; al contemplar las luces cambiantes de la tarde,
Muñoz Molina escribe:
Me acuerdo de unas líneas de E. B. White, en su caminata por
Nueva York, exactas como un verso de Juan Ramón Jiménez: Los
15
Lucie Paratte
edificios de ladrillo cambian de color al final del día de la misma manera en que
una rosa roja se vuelve azulada al marchitarse. (Ventanas, p. 345)
En Lindo lo constatamos también:
El escritor alemán Carl Zuckmayer, huido del nazismo, apuntó, en
sus primeras impresiones de Nueva York en 1939 que lo había vivido
como una marea incesante, “absorbiendo los ruidos vulgares y el olor a
palomitas de maíz de Times Square, los súbitos silencios huecos en las
calles laterales, los torrentes de luces, el chillido de los frenos y el aulli-
do distante de las sirenas de los barcos… Todo, incluidos los peligros
de la gran ciudad, nos daba la sensación de haber aterrizado en un con-
tinente salvaje, donde tienes que estar preparado incansablemente para
aventuras y sorpresas”. Las sensaciones vendrían a ser idénticas ahora,
con la diferencia de que ahora existen Times Squares en muchas ciuda-
des del mundo. (Noches, pp. 64-66)
Los escritores se apropian de las palabras ajenas para con-
ferirles un sentido nuevo, incluyéndolos en otro contexto. Las
voces de Ramón Jiménez o Zuckmayer se convierten en parte
del texto de Muñoz Molina y Lindo, y proporcionan a sus obras
un toque de referencialidad más, demostrando que la subjetivi-
dad de otro autor captó el ambiente de manera parecida a la
suya. En Lugares que no quiero compartir con nadie, se encuentra
más frecuentemente otro tipo de intertextualidad explícita: la
referencia. Representa una forma de introducir en el mundo del
relato otro ambiente literario. La referencia se ilustra, por ejem-
plo, en el siguiente pasaje:
Antonio lleva a Lolita a orillas del Hudson para que espante a las
gaviotas y ladre a las familias de gansos que aparecen en cuanto fina-
liza el deshielo y nos traen a la memoria inevitablemente los patos de
Salinger en Central Park. (Lugares, p. 89)
En este caso, la biblioteca no sirve para mejorar la descrip-
ción del parque, pero permite fijarse en esta parte de natura-
leza. En otra ocasión, la referencia cobra la misma función que
la cita y valida la idea del escritor por haber sido ya expuesta
por otro.
La intermedialidad es otro recurso muy usado en estas tres
obras. Con este término, nos referimos al “rapport entre plu-
16
Visiones de Nueva York en textos de Muñoz Molina y Lindo
sieurs médias au sein d’une même œuvre”20. Entendemos por
media, “un sistema o código que se emplea para transmitir in-
formación y que genera una representación de la realidad”21. La
intermedialidad permite captar estos instantes que las palabras
son a veces incapaces de representar. Además, y como subraya
Muñoz Molina en su libro, “escribir es una carrera contra el
tiempo en la que uno siempre se queda rezagado y acaba ven-
cido” (Ventanas, p. 371). El escritor intenta aceptar el reto de
agotar unos espacios con las múltiples enumeraciones que pue-
blan el texto pero acaba constatando que “[h]ay dibujos y foto-
grafías que pueden apresar un instante, pero no existe una lite-
ratura que pueda contar con plenitud toda la riqueza de un
instante” (Ventanas, p. 139). Esta dificultad del lenguaje se en-
cuentra también en Lindo22, de manera que en las tres obras de
nuestro corpus hay referencias a otras artes como intermedia-
rios para la descripción de los paisajes urbanos.
La referencia intermedial puede ser fílmica, como en este
pasaje que refleja que en el Bronx se encuentran “sus barberías
con imágenes de la Madonna y de San Gennaro, y también de
Frank Sinatra y de Tony Bennett, héroes de barrio italiano, y
algunas veces de Robert de Niro, que rodó en estas calles su
única película, A Bronx’s Tale, una historia de gente trabajadora
que se parece mucho a la que Mark saluda cada día” (Ventanas,
p. 282). Lindo trata asimismo de un hotel en relación con el
cine:
No es casualidad que aquella siniestra película de Mujer blanca solte-
ra busca, en la que aparecía la inquietante Jennifer Jason Leigh, fuera
rodeada entre estos muros tremendos, ideales para asesinar sin que
nadie interfiera en tu intimidad y también para ensayar música sin
molestar a los vecinos. (Lugares, p. 115)
La inserción de comparaciones con películas crea en el lector
que las conoce unas imágenes mentales que le permiten am-
bientar mejor los lugares del texto. Las referencias al cine y las
comparaciones con éste facilitan a los autores su descripción de
20 Guelton, Bernard: «Repérer et jouer la fiction entre deux médias», en:
Guelton, Bernard (dir.): Images et récits. La fiction à l’épreuve de l’intermédialité.
París: L’Harmattan, 2013, p. 12 (“relación entre varios medias en el seno de una
misma obra”, traducción propia).
21 Cubillo Paniagua, Ruth: «La intermedialidad en el siglo XXI», Diálogos:
Revista electrónica de historia, 2 (septiembre 2013-febrero 2014), p. 171.
22 La escritora nota también que es más fácil “narrar con imágenes aquello
que con palabras se diluiría” (Noches, p. 80).
17
Lucie Paratte
la ciudad. Ocurre lo mismo con otras artes, como la escultura.
En Ventanas de Manhattan, varios capítulos se dedican a detallar
esculturas o los talleres de sus creadores, y es particularmente
interesante observar cómo la descripción de una obra de Mano-
lo Valdés se transforma en un elemento simbólico de Nueva
York:
Ahora, la escalera de incendios, doblada, retorcida, sometida en el
taller por un esfuerzo tan material y tan violento como el que le dio su
primera forma, es el tocado que corona una gran cabeza de bronce, la
más grande de las esculturas que expone Valdés en Nueva York y
Madrid. […] Recuerdo el momento en que vi por primera vez esa obra
[…]. Se remontaba a los orígenes sagrados del arte, pero no se daba
cuenta de que tenía mucho que ver con la experiencia de quien vivió en
la ciudad el 11 de septiembre, cuando las más sólidas tecnologías de la
civilización urbana sucumbieron bajo un fuego súbito de apocalipsis y
el corazón financiero y tecnológico de la ciudad se convirtió en una can-
tera de ruinas. (Ventanas, pp. 329-330)
La escultura se convierte en una metáfora de los atentados y
representa igualmente, en sentido más amplio, la metrópoli con
sus cambios incesantes, porque una escalera puede cambiarse
en un sombrero y lo sólido puede en cualquier momento ser
destrozado.
La intermedialidad permite, por consiguiente, observar con
ojos diferentes y paliar la dificultad de las palabras. Los autores
utilizan también la écfrasis para resolver el problema de las
aporías del lenguaje. La écfrasis, en la crítica literaria actual, de-
signa “la representación verbal de una representación visual”23.
Consiste en verbalizar una obra de arte que suele ser en la
mayoría de los casos una pintura. En los textos, hay muchas
ocurrencias de la écfrasis. En Ventanas de Manhattan, varias refe-
rencias pictóricas aparecen con las visitas de museos que refle-
jan por lo tanto los cuadros de Matisse y David Hockney (Ven-
tanas, pp. 138-139), de Brueghel (Ventanas, pp. 168ss.) o las foto-
grafías de Richard Avedon (Ventanas, pp. 276ss.). Las perspec-
tivas de los pintores se añaden a la de Muñoz Molina y Lindo.
Empezando con la segunda, observamos en Noches sin dormir
una referencia a Paul Klee24, pero se encuentran también otras,
23 Artigas Albarelli, Irene: Galería de palabras. La variedad de la écfrasis. México
etc.: UNAM, 2013, p. 15.
24 “Hay una ventana diminuta siempre iluminada en rojo, otras en amarillo,
otras azuladas. Su caprichosa disposición dibuja en la oscuridad lo más pare-
18
Visiones de Nueva York en textos de Muñoz Molina y Lindo
como, por ejemplo, las siguientes: “En nuestro palco [de la ópe-
ra] había una señora asiática, bella y elegante, que ha sacado de
un estuchito unos prismáticos; su distinguida estampa me ha
recordado un cuadro de Mary Stevenson Cassatt” (Noches, p.
178), o los miserables que “desprenden un olor insoportable,
visten con capas de ropa amarronada por la suciedad y el tiem-
po; parecen mendigos de otro siglo, con los ojos enajenados de
los pobres de Goya” (Noches, p. 182). Las referencias a los pinto-
res evocan directamente imágenes a los lectores que, aunque
estén deformadas por la memoria de cada lector, evitan a Lindo
largas descripciones porque la autora cuenta con la cultura pic-
tórica de los receptores. En Muñoz Molina tales alusiones son
frecuentes y, a manera de ilustración, citamos una de ellas:
La llanura verde, anchurosa, ligeramente ondulada, del Sheep
Meadow tiene una placidez espléndida de gran cuadro postimpresio-
nista, como ese paisaje de las afueras de París pintado por Seurat en el
que la gente pasea, se baña, mira a lo lejos sentada en la orilla y con los
pies en el agua, descansa al sol junto a la corriente tranquila de la Sena.
(Ventanas, p. 161)
En este ejemplo, es interesante notar que el cuadro de Seurat
permite expresar el ambiente global que Muñoz Molina aumen-
ta con la enumeración de las personas que ve en el parque. Este
procedimiento ahorra palabras, pero no aporta el mismo grado
de referencialidad que podría tener una descripción o una com-
paración con otra cosa existente. En Lugares que no quiero com-
partir con nadie, Lindo no usa este método para contar la ciudad.
Menciona unas obras de arte porque forman parte de un deco-
rado (Lugares, p. 146) o porque se integran en la visita de un
museo (Lugares, p. 136), pero no sirven para ilustrar unos am-
bientes. Sin embargo, el arte está también presente porque Lin-
do recurre a los medios del pintor para reflejar unas de sus ob-
servaciones, como en el siguiente pasaje en el cual la autora
contempla un charco:
el luminoso rojo y el nombre se reflejaban en el agua quieta de ese
callejón en el que apenas pasaban coches y el nombre del local quedaba
dibujado en el suelo. La mezcla entre el neón y la irrupción de un ele-
mento natural como el agua de lluvia producía una obra de arte efímera
cido a un cuadro de Paul Klee que pueda ofrecer la realidad. Siempre miro
estos dos ventanales como si fueran dos cuadros de naturaleza expresionista
sobre los que de vez en cuando camina un personaje” (Noches, p. 98).
19
Lucie Paratte
que se emborronaba cuando unos zapatos pisaban el charco. (Lugares,
p. 42)
En este caso, la lengua toma prestado el lenguaje de la pin-
tura para componer su representación del mundo. Si el escritor
consigue observar el mundo como una obra de arte, le facilita la
tarea de descripción porque ésta se asemeja al trabajo de una
copia. Lindo sigue este modo de escritura en unas ocasiones,
por ejemplo para reflejar unos colores —“La luz es asombrosa:
una mezcla mágica de las bombillas de las farolas, del rojo del
sol poniéndose y del reflejo de la blancura de la nieve” (Noches,
p. 27)—, pero eso se observa sobre todo en Ventanas de Man-
hattan, como se ilustra, por ejemplo, en este pasaje:
una bandada de gansos que emprende letárgicamente el vuelo se
refleja en el agua inmóvil y queda detenida como en una instantánea en
el interior de un medallón de piedra, que está tallado con la misma
claridad que los dibujos en un libro antiguo de ciencias naturales, en las
páginas de una enciclopedia. (Ventanas, p. 183)
El mundo se convierte en una obra de arte y se observa que
este proceso del lenguaje pictórico necesita un encuadramiento,
sea por un charco o un estanque. Muñoz Molina hace de esta
delimitación del mundo unos de sus recursos principales lo que
se percibe ya en el título del libro. En Ventanas de Manhattan, ob-
servamos esta circunscripción de la realidad desde el inicio:
La ventana daba a un patio interior grande, oscuro, con ventilado-
res y máquinas que rugían, con muros de ladrillo negros de hollín, con
otras ventanas que pertenecían a habitaciones idénticas, con los cristales
ligeramente opacos de mugre, algunas de ellas iluminadas cuando caía
la noche. (Ventanas, p. 9)
La ventana está presente a lo largo de la obra y en todas las
circunstancias. Las ventanas nos hacen retroceder al campo de
la ficción, al universo de los tebeos25. Observamos por lo tanto
que, como en todo el libro, el límite entre realidad y ficción
siempre es borroso. Podemos ampliar aún más la metáfora: con
su transparencia, la ventana da la impresión de reflejar el mun-
25 Esta comparación se encuentra también en otros pasajes, como el siguien-
te: “las ventanas de los edificios próximos, las oficinas y las siluetas empeque-
ñecidas de la gente, cada uno en su breve cubículo, en su viñeta de tebeo” (Ven-
tanas, p. 115).
20
Visiones de Nueva York en textos de Muñoz Molina y Lindo
do fielmente. Sin embargo, enmarca la vista y a pesar de vincu-
lar el interior con el exterior sigue siendo un elemento de sepa-
ración.
Si las descripciones procedentes de estas miradas por la ven-
tana derivan en elementos construidos y por lo tanto más bien
ficcionales, los libros de Lindo proponen otra relación entre el
texto y una representación visual que parece más objetiva. En
Lugares que no quiero compartir con nadie, 24 ilustraciones creadas
por el hijo de la escritora acompañan el relato. En Noches sin
dormir, son 64 fotografías realizadas por Lindo. En este caso, ya
no se trata de écfrasis porque las representaciones verbales y
visuales comparten el mismo espacio, pero sigue siendo una
manifestación intermedial. Las imágenes no son meros testimo-
nios, sino que revelan otro punto de vista del escritor y fomen-
tan también la imaginación del lector, quizás aún más que las
referencias verbales. En Lugares que no quiero compartir con nadie,
esos “dibujos algo retro” (Lugares, p. 171) son un reflejo de la
autoficción que las contiene, porque su naturaleza de dibujo
nos hace entrar en el mundo de la ficción, pero al mismo tiem-
po lo representado corresponde a la realidad porque se recono-
ce claramente a Lindo en varios de ellos. Además, los dibujos se
relacionan directamente con el texto, porque cada uno corres-
ponde a una frase del libro, a menudo cortada para que encua-
dre mejor con su función de leyenda.
CONCLUSIÓN
El recorrido sobre los pasos neoyorquinos de Lindo y
Muñoz Molina nos lleva a varias conclusiones. Una primera
consiste en observan que la diferencia por razones de sexo entre
unas obras sobre la misma experiencia es claramente deficiente
porque diferentes elementos estilísticos no concuerdan con las
tendencias sexualmente marcadas de la literatura de mujeres y
algunos parámetros son incluso opuestos a los esperados. Es
verdad que los dos libros de Lindo forman parte de los géneros
literarios tradicionalmente reservados a las producciones feme-
ninas, pero es también cierto que las escrituras del yo represen-
tan una orientación general en la producción contemporánea,
comenzando por Muñoz Molina, y se hace aún más presente en
una metrópoli como Nueva York, porque una “gran ciudad,
ocultando al autor en la multitud, favorece la materia autobio-
21
Lucie Paratte
gráfica”26. Por otra parte, la inclinación de Lindo por fijarse so-
bre todo en los detalles de la vida cotidiana dejando de lado la
política y refiriéndose fugazmente a acontecimientos históricos
como los atentados del 11 de septiembre corresponde a las pre-
ferencias femeninas. Esta constatación se debe también matizar
porque Muñoz Molina alude asimismo mucho a aquellos por-
menores, pero la diferencia principal entre ambos autores no
reside únicamente en los objetos narrados, sino en la aproxima-
ción estilística de cada uno. Mientras que Muñoz Molina se em-
peña en construir la historia de la ciudad, Lindo se preocupa
más por lo particular.
Por otra parte, con las tres obras del corpus, las singularida-
des literarias sexualmente orientadas se invierten. Lindo escribe
con elementos muy orales, con humorismo y un tono tan bien
elaborado que parece espontáneo. Muñoz Molina muestra por
su parte una prosa mucho más lírica, llena de colores, adjetivos
y sensaciones. Las obras comparten además lo que tradicional-
mente pertenece a la literatura de mujeres, a saber, el autorre-
trato. En efecto, el hecho de contarse es importante en los tres
libros. En estas narraciones del yo, Lindo y Muñoz Molina ela-
boran un personaje reconocible como su alter ego, aunque la
identidad no sea explícita como en Ventanas de Manhattan.
Muñoz Molina no se cuenta como una estrella de la literatura,
sigue siendo humilde y no duda en retratar sus debilidades.
Los recuerdos de juventud tienen también una presencia no
desdeñable en Ventanas de Manhattan, pero sirven sobre todo
para aportar una visión histórica de la época de su infancia. Las
memorias de Lindo son más intimistas y pudorosas. La autora
comparte estas peculiaridades femeninas de contarse con mu-
cha intimidad, revelando sus preocupaciones, dudas y angus-
tias doblándolas de unos recuerdos de infancia muy personales.
Una escritura del yo que, a pesar de formarse en el ambiente de
una construcción literaria, hace su labor de mediación hacia
una mejor comprensión de sí por parte del autor, y particular-
mente en nuestro caso, de la autora. No obstante, Lindo de-
muestra conocer con lucidez los clichés ligados a su sexo. Este
discernimiento le permite también librarse de las ideas estereo-
tipadas y burlarse de estas convenciones al componer Lugares
que no quiero compartir con nadie y Noches sin dormir con géneros
fronterizos. El diario debería tener un pacto de lectura bien de-
limitado y constituirse de un compromiso de sinceridad, y
26 Romera Galán, Fernando: «Las ciudades escriben su autobiografía. Espa-
cio urbano y escritura autobiográfica», Anales de Literatura Española, 24 (2012), p.
318.
22
Visiones de Nueva York en textos de Muñoz Molina y Lindo
constamos que en Noches sin dormir esta temática se revela
menos sencilla porque el texto ha sido redactado pensando en
sus lectores y se basa en construcciones narrativas. Además,
forma parte de estos diarios llamados externos que se interesan
por el exterior y por la vida de los demás, al igual que la exis-
tencia de la narradora. Por consiguiente, Lindo cuestiona a su
manera las pautas genéricas del diario y significa asimismo la
parte de creación del texto. El elemento de la invención artística
se observa aún mejor en las autoficciones que presentan límites
claramente confusos. En éstas, el pacto de lectura es ambiguo
porque oscila entre la referencialidad de la autobiografía y la
ficción de la novela. Ventanas de Manhattan se sitúa más bien del
lado de la ficción, mientras que Lugares que no quiero compartir
con nadie tiene más aspectos de la referencialidad que de la
autobiografía. Pero ambas obras tienen estas características fun-
damentales de la autoficción, es decir, una mezcla entre los dos
tipos de pacto de lectura. Se notan en ambos libros unos efectos
narrativos novelescos además del desdoblamiento del yo, refle-
jado por una mirada exterior por parte del escritor. Estos meca-
nismos revelan la construcción del relato que simboliza implíci-
tamente una metáfora del mundo porque cualquier paisaje ne-
cesita una mirada para existir. Nueva York ejemplifica bien esta
observación porque existe también gracias a las representacio-
nes que formamos sobre ella.
La complejidad del mundo se refleja asimismo en la gran
fragmentación que caracteriza los tres libros del corpus. Nin-
guno sigue un hilo conductor preciso, o quizá el único resida en
el narrador. Las fracturas se presentan al nivel temático y for-
mal. Hemos podido observar que Ventanas de Manhattan, Luga-
res que no quiero compartir con nadie y Noches sin dormir no se
ciñen a un género exclusivo. Poseen elementos de ficción, de
realidad pero también de viaje, y se distinguen de las guías tu-
rísticas, porque Muñoz Molina y Lindo intentan distanciarse en
sus textos de los clichés sobre la Gran Manzana. Si Muñoz
Molina dice escribir evitando las frases hechas27, viaja esquivan-
do el turismo de masas, y tal concepción se observa también en
Lindo. Sus obras son por lo tanto relatos de viajes o, mejor
dicho, relatos de estancia por restringirse a una ciudad, pero
son sobre todo las narraciones de unos flâneurs. Observan la
metrópoli en medio de la muchedumbre.
27 Cf. Romera Galán, Fernando: «Las ciudades escriben su autobiografía.
Espacio urbano y escritura autobiográfica», Anales de Literatura Española, 24
(2012), p. 235.
23
Lucie Paratte
Además, la heterogeneidad de los textos no sólo está presen-
te en los recursos genéricos o en la narración de la ciudad, sino
que se observa también en los medios utilizados en el texto.
Unos medios que permiten solucionar la dificultad de mostrar
por escrito todas esas observaciones sensoriales que escapan
tan fácilmente a la palabra. Lindo y Muñoz Molina recurren a
métodos como la intertextualidad. La utilización de textos lite-
rarios ajenos permite rendir homenaje a los autores que ya han
escrito sobre el tema, pero representa ante todo una manera de
contar el mundo con mejores palabras que aquellas que el escri-
tor podría encontrar. Asimismo, en la gran urbe, Lindo y Mu-
ñoz Molina sienten la brevedad de aquellos instantes tan difíci-
les de transcribir con palabras. La pluma no recupera la fugaci-
dad de un instante. Frente a esta urgencia, Lindo toma fotogra-
fías que incluye en Noches sin dormir, pide dibujos a su hijo para
Lugares que no quiero compartir con nadie. Muñoz Molina facilita
su captura de la metrópoli sirviéndose de los recursos de la pin-
tura, eligiendo como lienzo las ventanas, a través de las cuales
le basta contemplar y copiar para formar un cuadro de pala-
bras. Además, en varios fragmentos de las tres narraciones, la
visualización de Nueva York empieza con una écfrasis. El cua-
dro permite poner el decorado a partir del cual los autores na-
rran el resto de la escena. La escritura participa de este anhelo
de fijar el tiempo. Por su parte, el arte ayuda e invita a contem-
plar lo que ocurre en el mundo, porque ofrece maneras de ob-
servar.
Finalmente, Muñoz Molina y Lindo nos muestran Nueva
York como una especie de autoficción porque a lo referencial se
superpone lo imaginario que atribuimos a la metrópoli y las
referencias artísticas introducidas por intertextualidad e inter-
medialidad que los escritores españoles nos ofrecen. Sus textos
conservan, por consiguiente, cierta autenticidad, pero llevan a
pensar que la realidad nunca se deja observar tal y como es, y
que siempre se confunde con la ficción. Nos demuestran que
una ciudad como Nueva York vive de la confusión entre estos
dos polos y que se funde también en sus múltiples contrastes,
como apunta Muñoz Molina:
Puertas opacas, blindadas, con mirillas diminutas, con chasquidos
múltiples de cerraduras de seguridad: ventanas siempre transparentes.
Es una de las paradojas de Nueva York, una entre tantas de sus oposi-
ciones extremas, como la del calor y el frío, el aire acondicionado y la
calefacción, la belleza y la fealdad, la opulencia y la miseria, la antipatía
y la afabilidad. (Ventanas, p. 54)
24
Visiones de Nueva York en textos de Muñoz Molina y Lindo
Tal vez, con estas narraciones a medio camino entre géneros,
entre medios, entre realidad y ficción nos hallamos frente a la
mejor manera de representar esa ciudad tan diversa e inabar-
cable, que aparece como un universo múltiple.
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26
Un compromiso real para una ficción realista:
el Lazarillo de Tormes ©
Cristina R. Martínez Torres Université de Lausanne
Si los estudios hasta la fecha elaborados coinciden en la im-
posibilidad de abandonar el Lazarillo de Tormes (1554) como
fuente inagotable de conocimiento en su aportación a la teoría
de los géneros y, en particular, al género picaresco, existe asi-
mismo una práctica unanimidad en los mismos al entender este
librillo como padre o primogénito de un nuevo género que
abriría las puertas a la novela moderna. Este hecho no sólo pre-
mia a su anónimo autor con la relevancia acreditada a su obra
—la cual, previsiblemente, ni siquiera él podría haber vaticina-
do—, sino que mantiene abierta una dialéctica entre acuerdo y
confrontación para todos aquellos que pretenden aproximarse a
los secretos que, todavía hoy, Lázaro reserva entre sus páginas.
A tenor de los extensísimos estudios que la novela picaresca
y, con especial relevancia, el Lazarillo de Tormes, han producido
en la academia, no sería apropiado acoger la idea vacua de que
las reflexiones en torno al género están agotadas. Muy al con-
trario, y con especial hincapié en la dificultad de marcar una
línea unánime sobre las relaciones entre la realidad ficcionada y
la ficción realista del Lazarillo, la reformulación de cuestiones
pasadas y la elaboración posible de otras muchas escasamente
propuestas, revela la inquietante posición que todavía mantiene
este texto en su género y el género en la teorización de sus már-
genes.
Todo un laberinto dibujado sobre las huellas de un mozo de
muchos amos, interesado en relatar de dónde venía y cómo
© Boletín Hispánico Helvético, volumen 32 (otoño 2018): 27-47.
Cristina R. Martínez Torres
había llegado a su presente, en el esbozo que sus propios ojos
elaboran de la España del siglo XVI y en unas palabras que no
son suyas, aunque le pertenezcan, sino que un anónimo autor
puso en su boca a golpe de pluma. Así, las líneas que siguen
responden al interés de seleccionar, sin ejecutar ningún descar-
te, los estudios que se aproximan a la tesis de un Lazarillo partí-
cipe de una poética comprometida —que no de una literatura
del compromiso—, a fin de traer a colación algunas de las cla-
ves intra y extratextuales que corroboran esta idea, así como de
apuntalar otras que permanecen en el aire.
ANTE UNA ACEPCIÓN PROBLEMÁTICA
Adentrarse en el océano del compromiso literario implica
atreverse a nadar en ese traicionero fango de historia y texto
que tanto perturba a unos y otros. Una problemática que parte
de la utilización misma de una u otra acepción, de un término u
otro en función de un modelo teorizante o de una aproximación
concreta. Es por esta razón que se nos antoja necesaria la sem-
blanza breve de algunos de los términos relacionados con aque-
llo del ‘compromiso’ y la explicación sucinta de en qué medida
dicho término será usado en referencia al Lazarillo de Tormes, sin
que el lector acuse en este estudio atisbo alguno de tratamiento
panfletario sobre la novela picaresca.
Los adjetivos comprometida o social adheridos a una manera
particular y consciente de producción literaria generan un com-
plejo árbol de contenidos que requiere de un escudriñamiento
con guantes, especialmente desde las herramientas que la se-
miótica y la hermenéutica ponen a disposición. La raíz del sin-
tagma poesía social está íntimamente ligada a la idea de una poé-
tica de sentido utilitario y al enclave artístico que la misma me-
rece. Así, poesía social, poesía comprometida o poesía civil son eti-
quetas que se entrecruzan en función de la época y las premisas
que baraje la crítica, respondiendo todas ellas en última instan-
cia a un mismo acervo común: poesía y realidad, o lo extraesté-
tico en la literatura, íntimamente relacionado con la función
social que se espera que cumpla la literatura así adjetivada. En
lo que al contexto estrictamente español se refiere, el uso de
estas categorías se hace palpable en la ejecución de una serie de
poéticas muy partícipes del contexto histórico-social de finales
del siglo XIX y en la plenitud del siglo XX. Por ello, es sencillo
encontrar cierto sentimiento perturbador al toparse con el tér-
mino compromiso en relación a una poética de mediados del
siglo XVI, más aún en la medida en que, en determinadas oca-
siones, una poética más de tinte panfletario ha querido solapar-
28
Un compromiso real para una ficción realista
se con las poéticas dignamente comprometidas —que no se so-
meten al abandono del cauce estético y del arte como uno de
sus fines—, en las relaciones tan estrechas que se articularon
entre contexto y literatura en los últimos siglos de nuestra histo-
ria.
No obstante, la existencia de un compromiso en la literatura
para con el hábitat en el que ésta se desarrolla no responde ex-
clusivamente a un canto feroz contra el establishment en unas
coordenadas de tiempo y espacio concretas. La noción de com-
promiso que se trae a colación en estas líneas es la que entiende
la literatura como producto de nuestra naturaleza de seres
sociales, actores en primera persona de la historia que confor-
mamos y con la que, nosotros y nuestro legado, generamos una
relación de consustancialidad. En línea con los estudios de
Miguel Ángel García en torno a la conflictividad que genera el
uso de unas y otras categorías —y partiendo de que la revisión
de textos anteriores haciendo uso de visiones más actuales es
más que lícita, siempre y cuando se utilice el prisma adecua-
do—, el único modo efectivo de romper con este encasillamien-
to es hablar de la poesía como lo que es, un discurso ideológico
e histórico, y no sólo lingüístico y de producción del yo1. De
este modo, García acoge los postulados de Juan Carlos Rodrí-
guez, cuyos estudios elaboran una concepción de la literatura
como producción ideológica, hecho presente en nuestras poéti-
cas y que se explicaría a partir de la aparición del llamado
“sujeto libre” entre los siglos XIV y XVI2. Pensar históricamente
la literatura, implica concebirla como práctica social de la histo-
ria. Por ello, y sin más remedio, la asunción de este principio
conlleva la revisión del término ideología. Ésta se asume en su
sentido althusseriano como un conjunto de ideas y representa-
ciones que van más allá de la política y que no la reducen exclu-
sivamente a una relación con la misma, pues supondría eludir
la realidad histórica y social que configura.
La ideología constituye un cuerpo de ideas o representacio-
nes con las que mantenemos una relación imaginaria que activa
nuestra existencia en tanto seres sociales. Así, el escritor que re-
niega de todo compromiso y permanece en la pureza kantiana,
1 Este y otros supuestos aparecen plenamente desarrollados en García,
Miguel Ángel: La literatura y sus demonios: leer la poesía social. Madrid: Castalia,
2012.
2 Para un estudio de las teorías sobre literatura como producción ideológi-
ca formuladas por Juan Carlos Rodríguez pueden consultarse sus títulos Teoría
e Historia de la producción ideológica: las primeras literaturas burguesas (siglo XVI),
Madrid: Akal, 1990, o De qué hablamos cuando hablamos de literatura. Granada:
Comares (De guante blanco), 2002.
29
Cristina R. Martínez Torres
lo está con el sistema que lo ha creado y lo mantiene, con ese
contra el que decide no arremeter y al que decide no llamar
como testigo en sus obras. La ideología, a tenor de las teorías de
Rodríguez, es un humus inconsciente y sólo cuando nos distan-
ciamos de él, podemos poner la ideología en cuestionamiento3.
No es únicamente en los momentos de crisis cuando la litera-
tura está cargada de historia. El escritor es siempre hijo de un
tiempo y un lugar, razón por la que no tiene cabida hablar de la
existencia de una palabra pura, sin mancha4.
En base a estas premisas, la controversia en cuanto al mo-
mento histórico en el que es apropiado hablar de poéticas com-
prometidas entreteje una complejidad que parece querer distan-
ciarla de la esfera más amplia o completa que implica la poesía
comprometida. Con ello, el análisis de las cuestiones tratadas
en estas líneas, con base en el Lazarillo de Tormes, responden a la
concepción de literatura como comunicación y, por las caracte-
rísticas propias que la obra genera en su constitución, a la in-
mersión en lo novelesco desde un acercamiento al realismo lite-
rario. De hecho, en líneas posteriores se profundizará en la rea-
lidad de un Lazarillo que no muestra predilección por una ideo-
logía única o concreta, razón que se apoya en el entendimiento
de lo ideológico no como enclave meramente político sino como
corpus social e histórico. Algo que, no obstante, hace posible
extraer de su morfología una línea temática muy precisa en
compromiso con ciertos esquemas de pensamiento y en com-
bate con la estratificación social cerrada y vacía de fundamento
racional que describe5. A ello habrá de acercarse sin perder de
vista el espectro teocéntrico en el que se desarrolla la obra, en
su transición hacia esquemas más humanistas pero que, en
3 Rodríguez reflexiona especialmente sobre cómo la literatura, al igual que
el resto de los discursos, “surge desde un inconsciente ideológico que se segre-
ga a su vez desde las relaciones sociales existentes a las que sostiene en su coti-
dianidad”, en: Rodríguez, Juan Carlos: Para una teoría de la literatura. 40 años de
Historia. Madrid: Marcial Pons, 2015, p. 27.
4 Autores como Gabriel Celaya hicieron popular el uso del sobrenombre
manchada para referirse a algunas de las literaturas comprometidas del siglo XX
español. Concretamente, el Celaya de posguerra afirmaría detestar a quienes no
veían la utilidad de “la poesía manchada”, tal y como se recoge en Luis, Leo-
poldo de: Poesía social española contemporánea: antología (1939-1968), ed. de Fanny
Rubio y Jorge Urrutia. Madrid: Biblioteca Nueva, 2010, p. 301.
5 Esta idea de una picaresca que no presenta predilección exclusiva por una
ideología concreta ha sido desarrollada en Rey Hazas, Antonio: La novela pica-
resca. Madrid: Anaya (Biblioteca Básica de Literatura), 1990, y en La vida de Laza-
rillo de Tormes, ed. de Antonio Rey Hazas. Madrid: Castalia, 2011, de la cual se
extraerán en adelante las citas textuales reproducidas.
30
Un compromiso real para una ficción realista
líneas generales, dificulta la distinción entre lo social, lo moral y
lo político, desdibujando las líneas de unos y otros ámbitos.
EL DIÁLOGO ENTRE HISTORIA Y LITERATURA
Tal y como quedaba esbozado en la introducción a este
estudio, pretender un acercamiento a la esencia comprometida
del Lazarillo implica aproximarse también a la cuestión de su
utilización de la realidad que lo atraviesa, a fin de averiguar en
qué medida, en tanto texto literario, éste juega a hacer ficción
de una realidad y, más aún, qué queda de realidad tras ese ejer-
cicio. Esta necesidad de sumergirse en los márgenes que que-
dan entre historia y literatura no supone, en ningún caso, aban-
donar la idea de literatura como discurso histórico. Más bien, se
apoya sobre la base de que dentro de las actividades del corpus
social que el individuo realiza, la historiografía y la literatura
no mantienen, en absoluto, una simbiosis, sino —en todo ca-
so—, una puntual relación de complementariedad. Así, y aun-
que la ideología forme parte indisoluble de la creación del texto
literario, la historia, el contexto histórico-social en el que la obra
se enmarca, no puede conducirnos a una actitud determinista
en torno a la misma o, en otras palabras, a pensar que toda obra
de cariz realista supone un fiel documento histórico de la
realidad a la que perteneció su autor o en la que quiso enmarcar
a sus protagonistas.
En este sentido, puede resultar esclarecedor dejarse caer por
alguna de las reflexiones que Aldo Ruffinatto establece al pre-
guntar, precisamente, si estamos ante “¿Realismo ficticio o fic-
ción realista?”6 en el caso del Lazarillo. Ruffinatto advierte de la
facilidad con la que determinados supuestos se han dejado lle-
var por la estructura propia de la novela picaresca —y, en parti-
cular, por su uso de la fórmula autobiográfica— para observar
en ella una expresión absoluta de realismo literario, en un ha-
llazgo genuino de lo que posteriormente se convertiría en la
novela realista del siglo XIX. Nombres como el de Guillermo
Díaz-Plaja sirven a Ruffinatto para traer a colación esa vertiente
que, hasta no hace demasiadas décadas, ha confiado a Lázaro la
virtud de dibujar el esquema social del siglo XVI prácticamente
6 Ruffinatto, Aldo: Las dos caras del “Lazarillo”. Texto y mensaje. Madrid:
Castalia, 2000, p. 255. Algunas de sus reflexiones en torno a la relación entre
literatura e historia se encuentran en el capítulo «Picaresca vs historia», op. cit.,
pp. 251-275.
31
Cristina R. Martínez Torres
sin lugar a errata7. Efectivamente, parece aventurado dotar a la
novela del ‘pícaro’ de Tormes la autenticidad de documento
histórico, no sólo por el riesgo que supone apuntalar los contex-
tos históricos en base a un único punto de vista construido por
un autor —que es siempre, como se ha apuntado antes, preso
de una ideología concreta— sino también porque supone des-
pojar al Lazarillo, así como al resto de obras que quieran con-
templarse como parte del género picaresco, de su realidad nove-
lesca, es decir, de su sustrato.
Parece más apropiado encontrar una vía de pensamiento in-
termedia que canalice lo que aparentemente aguarda dos estra-
tegias en un mismo tablero. Ruffinatto nos devuelve a escena
una de las aportaciones del hispanista italiano Carmelo Samonà
a este respecto:
En el producto literario la historia entra por todas partes, desde la
vertiente de las opciones formales hasta la de la relación con norma-
tivas, códigos e instituciones que se transforman de continuo junto con
las transformaciones de las culturas y órdenes sociales.8
Esta vía, lejos de pecar de laxitud, revela una posible solu-
ción a la problemática entre literatura e historia en la que, algu-
nas veces, pervierte su visceralidad. La historia forma parte, así,
del texto literario de igual manera que éste forma parte de la
ella. Una relación que, lejos de poder ser procurada o evadida,
es inevitable:
Las obras literarias no son simplemente productos sino actos; no
son simplemente sistemas de leyes, sino testimonios de la actividad del
pensamiento, y por consiguiente quedan inexorablemente vinculadas
con un sujeto pensante y seleccionador, que debe tenerse en cuenta en
nuestro trabajo si no queremos correr el riesgo de considerar el texto
como si fuera un organismo acéfalo, descuidando su característica pri-
mitiva y esencial que es la de ser, o de haber sido, una elaboración
humana.9
7 Ruffinatto se refiere a estudios como el de Díaz-Plaja, Guillermo: La litera-
tura española como documento social. Barcelona: Espiga, 1940, cit. ibid.
8 Samonà, Carmelo: «Sui rapporti fra storia e testo: la letteratura como
trasgressione e altri appunti», Belfagor, XXX, 6 (nov. 1975), pp. 651-658, cit. ibid.,
p. 257.
9 Ibid., p. 661.
32
Un compromiso real para una ficción realista
Ahora bien, este valor establecido entre ambas materias, his-
toria y literatura, que tanto contribuye a sostener la idea de
compromiso y que de nuevo apoya el planteamiento ideológico
formulado por Juan Carlos Rodríguez y citado al inicio de este
estudio, no puede —en tanto que constituiría realizar una foto-
grafía con demasiados filtros sobre nuestras obras— encauzar-
nos a la posibilidad única de creador-biógrafo. Es decir, supo-
ner la reducción de los autores a meros reproductores de su yo
empírico, puesto que supone despojar al mismo de una de sus
labores primarias en la creación, a saber, la selección de un
mensaje —mundo, si se quiere— concreto.
En este sentido, parece que el Lazarillo de Tormes no pudiera
presentar demasiada controversia, dado su carácter anónimo.
No obstante, son extensísimos los estudios que incansablemen-
te han tratado de hallar o —acercarse, al menos— al misterioso
autor de la primera novela/ novela precursora de la picaresca.
El mayor o menor acierto de estas investigaciones no tendrá
aquí espacio, a pesar de la aportación que la identidad del autor
pudiera o no suponer. Pero sí resulta interesante apuntar, a
tenor de las reflexiones sobre el perfil del autor y su contexto
como parte activa o pasiva del producto literario, cómo estos
estudios han tratado de averiguar si el innovador creador de
Lázaro era un erasmista o un judío converso, entre otros per-
files10. Aun así, el acercamiento a una poética comprometida en
el Lazarillo no tiene por qué partir del perfil inescrutable del
supuesto autor, sino que sus claves pueden ser halladas a partir
de la configuración propia de la novela picaresca como género
y de las premisas expuestas en el texto, a fin de indagar en la
realidad histórica que el propio Lázaro, en su autobiografía
ficcional, realiza de la España del siglo XVI, vista, téngase en
cuenta, desde una única perspectiva, el que le pertenece como
miembro de un particular estrato social, delimitado, asimismo,
de una determinada manera. No se trata de tomar a Lázaro
como autor —lo cual supondría concretar la obra como auto-
biografía real—, sino de establecer la relación historia-compro-
miso-texto a partir de los propios esquemas semánticos del
texto, sin necesidad de establecer un enlace directo entre la
semblanza de un autor al que desconocemos y la intención de la
novela.
10 A este respecto puede consultarse el resumen de estas investigaciones
realizado por Rey Hazas (2011), op. cit., pp. 12-13.
33
Cristina R. Martínez Torres
LA PICARESCA A TRAVÉS DE SUS MARCOS
La clasificación de las obras literarias en las diferentes cate-
gorías y subcategorías que se salvaguardan bajo el término
género, supone abordar un reto que en ocasiones se presenta
poco menos que imposible. Ese desafío de repartir unos y otros
textos en habitaciones cerradas, cuyos muros de forma y conte-
nido confluyen en el vértice de un calificativo que ha de brillar
por su exactitud, no siempre da a luz resultados objetivos o de
unanimidad crítica. Muy al contrario, es fácil hallar todo tipo de
polémicas en torno a la clasificación de determinadas obras
que, precisamente por su novedad o por su reescritura de los
modelos anteriores, hacen estragos en esos andamios, no siem-
pre bien fijados, de la clasificación por géneros. Ello no implica
negar la evidencia del carácter útil que la teoría de los géneros
adquiere, especialmente en lo que a instancias didácticas se re-
fiere. Sin embargo, su capacidad esclarecedora se ve puesta en
tela de juicio a la hora de marcar ciertos límites y, más concre-
tamente, a la hora de decidir quién se hospeda y quién no en
cada una de las habitaciones.
El Lazarillo de Tormes es, tradicionalmente, una de las nove-
las expuestas a esta complejidad. Todos los matices que tienen
cabida entre los calificativos de ‘precursora del género’ a ‘nove-
la iniciadora’ o ‘prehistoria de la picaresca’, han tenido a bien
adherirse a este librillo, controversia que a su vez ha desperta-
do otras preguntas complementarias, a saber: ¿quiénes se inclu-
yen después en el género y quiénes formularon su última con-
tribución al mismo? Precisamente a tenor de esta complejidad,
un insuperable Lázaro Carreter quiso marcar ciertas pautas que
pudiesen contribuir a poner luz sobre la oscuridad de las con-
tradicciones:
Por ello resulta necesario, para comprender qué fue la “novela pica-
resca”, no concebirla como un conjunto inerte de obras relacionadas por
tales o cuales rasgos comunes, sino como un proceso dinámico, con su
dialéctica propia, en el que cada obra supuso una toma de posición
distinta ante una misma poética. […] Y ello permite un deslinde, relati-
vamente fácil, entre dos niveles distintos en el ámbito de la picaresca
—quizá, de cualquier género—; aquel en que surgen determinados ras-
gos, y un segundo, en que se advierte la fecundidad de aquellos rasgos,
y son deliberadamente repetidos, anulados, modificados o combinados
34
Un compromiso real para una ficción realista
de otro modo. La primera fase, de tensión constituyente, cesa cuando
termina la aparición de motivos o artificios formales repetibles.11
Asumiendo las conclusiones de Carreter, al Lazarillo le co-
rrespondería iniciar esa primera fase de tensión, a la cual se
pondría fin con la posterior aparición de Guzmán de Alfarache
(1599-1604) de Mateo Alemán, erigiendo completamente el gé-
nero.
En las líneas que siguen, este estudio ahondará en las carac-
terísticas propias de este género escurridizo de la picaresca a fin
de tomar una perspectiva global que permita dilucidar el com-
promiso en el Lazarillo. No obstante, y con arreglo a las cuestio-
nes que remiten al carácter preciso del escritor de picaresca, es
necesario tener en cuenta la dialéctica que se establece entre el
yo del pícaro y el tú del lector en las obras partícipes del géne-
ro12. Este aspecto, lejos de ser una mera consecuencia del artifi-
cio de sus autores, contribuye a establecer una directriz clara
sobre los contenidos del compromiso presentes en estas compo-
siciones. La dialéctica entre protagonista —a saber, pícaro—, y
lector, es lo que fundamenta la existencia del primero. En otras
palabras, no hay antihéroe sin espejo social que configure un
esquema de héroe. Esta paradoja se articula en uno de los temas
conflictivos de los que la picaresca se hace eco: el de la integra-
ción en un determinado estrato social fortificado e inaccesible
por cuestiones de consanguineidad o herencia. El excluido so-
cialmente, —ya sea, del conjunto de los estratos porque no se
encuentre a sí mismo en ninguno de ellos, o por su imposibili-
dad para formar parte del que anhela—, requiere mirarse y ser
mirado desde la postura de un integrado.
De este modo, se establecen las dualidades excluido/ inte-
grado, héroe/ antihéroe, moral/ apariencia. Es en la construc-
ción de estas alternancias y en la interpretación precisa de las
mismas donde la novela picaresca oscila de manera constante y
adquiere su mayor grado de ironía al concretar la historia de un
excluido en la pluma de alguien que, por el evidente contexto
de la época, debiera pertenecer a los integrados y que, a su vez,
se dirige a otros integrados, la nobleza, para criticar su mundo
desde una voz ficticia pero que aglutina parte de realidad. Este
hilo conductor entre productor, voz del texto y lector parte de
11 Carreter, Lázaro: «Para una revisión del concepto novela picaresca», en:
Magis, Carlos H. (coord.): Actas del Tercer Congreso Internacional de Hispanistas.
México D. F.: Asociación Internacional de Hispanistas, 1970, p. 29.
12 Algunas de las reflexiones sobre el establecimiento de esta dialéctica
aparecen recogidas en Rey Hazas (1990), op. cit., p. 77.
35
Cristina R. Martínez Torres
la premisa de que tanto las figuras de productor como la de re-
ceptor de la literatura del siglo XVI pertenecen, fundamental-
mente, a esquemas cortesanos y, por lo tanto, corresponden a
individuos socialmente establecidos, dado el escaso porcentaje
poblacional con acceso a la alfabetización y a la cultura de la
España de la época.
Es, precisamente, este matiz el que permite dar carpetazo a
la idea de la novela picaresca como pseudopanfleto político,
pues para cumplir tan vacua función debiera poder estar diri-
gido a la clase social que reivindicase o defendiese, y no ser
producto de un lectorado al que en tantos aspectos contradice o
critica. Así ocurre en el Lazarillo, tanto si entendemos que el
anonimato es fruto de la intención propia de su autor de escon-
der su identidad como si, por el contrario, entendemos que
dicha falta de identidad responde a la mera pérdida de la mis-
ma y a su falta de reivindicación precisa posterior.
RAZONES PARA UN COMPROMISO
Una vez planteada la dificultad persistente en la categoriza-
ción de las novelas picarescas, precisamente, bajo dicho título, y
tomando como referencia las reflexiones de Lázaro Carreter
anteriormente mencionadas, ha de tenerse en cuenta al Lazarillo
de Tormes como parte de esa primera fase de tensión constitu-
yente del género que se configura definitivamente con el Guz-
mán de Alfarache, la cual también participa de esta primera etapa
de tensión. El hecho de que la segunda se apoye sobre las bases
de la primera explica, entre otras cuestiones, las diferencias que
han sido halladas entre el pícaro de Tormes y Guzmán13, espe-
cialmente en lo que a cuestiones de moral y astucia pueden
divisarse en uno y otro personaje. A pesar de ello, la crítica se
aúna, —generalmente—, en la idea de una serie de rasgos com-
partidos entre los integrantes del género, y resulta imprescin-
dible traer a colación algunos de los mismos con el objetivo de
apoyar sobre ellos el extracto comprometido que pretende se-
leccionarse.
Los rasgos que a continuación se extraen de la figura del
pícaro responden, tal y como señala Rey Hazas, a la interpreta-
ción en sentido adjetivo, y no sustantivo, del término pícaro por
parte de la sociedad, dado que el público “no asimiló el con-
13 Son numerosos los autores que han indagado en las diferencias existen-
tes entre un pícaro y otro. Pueden tomarse como referencia las líneas dedicadas
a ello en Valbuena y Prat, Ángel: La novela picaresca española. Madrid: Aguilar,
1946, pp. 12-23.
36
Un compromiso real para una ficción realista
cepto de tipo social […] sino todas las cualidades de su compor-
tamiento, las que se desprendían de los actos del personaje du-
rante toda su vida”14. Este detalle colabora con el propósito de
no desvirtuar la esencia del pícaro como personaje novelesco,
como creación literaria, y no como figura estrictamente real, a
pesar de su concordancia con determinadas actitudes y activi-
dades propias de una época.
Extensísimamente han sido tratados los rasgos de antihe-
roísmo y deshonor presentes en el pícaro, dos cualidades que lo
acompañan casi por definición pero que, no obstante, presentan
ciertos matices en la figura de Lázaro, dados los paréntesis
justificativos que éste formula para establecer una relación
causa-efecto entre la necesidad de satisfacer su hambre y sus
actividades de hurto y engaño, que no corresponden estricta-
mente al anhelo egoísta de ascensión social. En todo caso, el
fundamento antiheroico de Lázaro se gesta de manera progre-
siva desde su niñez hasta la edad adulta, en un proceso nueva-
mente justificativo del incremento de su ingenio para hacer
frente al input negativo que recibe de manera reiterada. De esta
manera, puede establecerse una llamada al compromiso con la
infancia desprotegida de la clase servil, expuesta a un desarro-
llo descuidado en pos de lo que se entiende como búsqueda de
un lugar menos hostil en el mundo. Atiéndase al momento en
que la madre de Lázaro se despide de él, dando por finalizada
su intervención en la vida del niño e iniciando, así, el verdadero
comienzo del “caso” desde su origen abyecto:
[…] y cuando nos hubimos de partir yo fui a ver a mi madre, y,
ambos llorando, me dio su bendición y dijo:
—Hijo, ya sé que no te veré más. Procura de ser bueno, y Dios te
guíe. Criado te he y con buen amo te he puesto, válete por ti. (p. 68)
De este modo, si bien el deshonor, —en los términos enten-
didos en la época—, viene dado por el linaje, el perfil antiheroi-
co se justifica en la obra en la necesidad del niño de reemplazar
inocencia por astucia. Los grados de triunfo en este juego moral
varían en función del pícaro. En el caso de Lázaro, el desarrollo
de su picardía se verá limitada en ciertos episodios de su vida,
tal y como ocurre en el Tratado V, en el que Lázaro no es
partícipe activo de las burlas del buldero, sino que actúa como
espectador. A partir de dicho tratado, Lázaro abandonará el
14 Rey Hazas (1990), op. cit., p. 20, en referencia a los estudios realizados al
respecto en Rico, Francisco: La novela picaresca y el punto de vista. Barcelona: Seix
Barral, 1970.
37
Cristina R. Martínez Torres
perfil de pícaro mendigo y tramposo para continuar su camino
hacia la mejora social a través de la vía del trabajo, lo cual gene-
ra en él un cariz de honra, a pesar de que en el texto no pueda
entenderse como tal al estar el valor de la honra enlazado con
otro tipo de perspectivas que nada tienen que ver con el trabajo
como elemento dignificante. En todo caso, el perfil del anti-
héroe se dibuja en contraposición al héroe convencional de
espada e ideal patriótico, propio de los caballeros.
Con ello, es necesario permanecer dentro de los límites que
el honor plantea como valor social en el siglo XVI. Unos límites
basados, especialmente, en el linaje y en la posesión de bienes,
aunque sin menosprecio de las apariencias como pilar de con-
vivencia y salvaguarda del estatus. Como se sabe, el papel de
las apariencias ha sido uno de los aspectos más escudriñados en
los análisis relacionados sobre el Tratado III, a saber, el del
hidalgo. El conflicto de las apariencias es la pieza clave en el
análisis de la relación que Lázaro mantiene con este amo, la
cual supondrá otro punto de inflexión importante para inter-
pretar en su totalidad el “caso” que se desarrolla al final de la
obra. La obsesión del escudero por conservar su honra, su estra-
tificación social, —recordemos, la más baja de la nobleza—, en
base al juego de las apariencias supone un triple engaño: el que
las mismas generan en la realidad propia del escudero (al creer
que posee una posición social que, desde luego, se le ha agota-
do); el que éstas generan en Lázaro, confiado en haber encon-
trado un amo con el que no pasaría hambre hasta que logró ver
la pobreza que reinaba en la casa del hidalgo; y el que las
mismas generan en el lector, víctima del carácter autobiográfico
que anula todo punto de vista diferente del que porta el narra-
dor.
Este tratado es el que condensa de manera más perspicaz la
crítica como elemento configurador del relato. La ironía es la
batuta con la que el autor ordena adecuadamente las diferentes
escenas que nos permiten dibujar el perfil del escudero y, si se
aboga por la extrapolación, la de su respectiva clase. Un tratado
que, además, representa un halo luminoso entre los tratados
anteriores y los que le seguirán, al mostrar, por un lado, a un
Lázaro cercano a la caridad y, por otro, al poner en escena un
amo completamente diferente a los anteriores, cuyo mayor pe-
cado no es el de la escasez moral o el ejercicio del maltrato, sino
el de ser víctima de sus propias apariencias. La dosis de caridad
en el pícaro, aspecto que en un principio desmonta la semblan-
za popularmente generada sobre éste, proviene del doble senti-
miento de pena que el escudero genera en el narrador. Pena al
ver su hambre reflejada en la de su amo, al que, con ello, inter-
38
Un compromiso real para una ficción realista
preta como individuo semejante a sí, y pena al contemplar
cómo la salvaguarda de las apariencias lo mantiene encadenado
a un mundo irreal, que pervierte la realidad de la que se escon-
de y que esconde a su vez a los demás. La primera se articula en
el hecho de que Lázaro comparta su pan con el escudero. La
segunda, queda plenamente constituida en una de las frases
más repetidas de la obra:
¡Oh, Señor, y cuántos de aquéstos debéis Vos tener por el mundo
derramados, que padescen por la negra que llaman honra, lo que por
Vos no sufrirán! (p. 105)
La crítica a las apariencias se extiende, así, a la crítica por su
superioridad respecto de los valores fundamentales de la fe
católica, generando un sistema de idolatría a esa “negra” honra,
a la que se teme incluso más que a la voluntad divina. Junto a
esta crítica, el Tratado III supone también un buen ejemplo de
la puntual ruptura de Lázaro con su linaje degradado. Este ras-
go, al que Rey Hazas se refiere como “genealogía vil”15, supone
una de las claves del antihéroe, encaminado hacia el mal como
resultado del estigma que el mal ejemplo de sus progenitores
ha dejado en él. Al rebelar su dosis de empatía, Lázaro descu-
bre que el hambre iguala a todos los individuos, independiente-
mente de su clase social, lo que le permite dejar a un lado mo-
mentáneamente el motor de su inmoralidad, es decir, la res-
puesta autómata ante la inmoralidad de los demás. Esto per-
mite al autor elevar la crítica sobre la totalidad de los modelos
sociales de la época y humanizar equitativamente a sus perso-
najes ante la miseria. El hambre de Lázaro no ve su fin con el
hidalgo y, aunque a pesar de ello el pícaro decide permanecer
con él, será el amo el que, en esta ocasión, abandone al siervo,
en una huida de la justicia que pone fin a sus apariencias y al
aprendizaje picaresco de Lázaro:
Así, como he contado, me dejó mi pobre tercero amo, do acabé de
conoscer mi ruin dicha, pues, señalándose todo lo que podría contra mí,
hacía mis negocios tan al revés, que los amos, que suelen ser dejados de
los mozos, en mí no fuese ansí, mas que mi amo me dejare y huyese de
mí. (p. 121)
Otro de los rasgos señalados con plenitud por la crítica es el
que asume en el pícaro la búsqueda de libertad a partir del
15 Rey Hazas (1990), op. cit., p. 25.
39
Cristina R. Martínez Torres
ascenso social. No debe caerse en el error de entender la liber-
tad en los términos que se manejan en las sociedades actuales,
donde ésta se encuentra fundamentada por su valor como dere-
cho universal y por su carácter, en principio realizable, a partir
de supuestos liberales y de estratificación social fluctuante. Se
trata de la búsqueda de libertad en tanto que obtención de un
bien escaso. De esta manera, el deseo y la búsqueda de libertad
se presentan desde dos perspectivas, ambas aptas para un com-
promiso con la independencia del individuo social. La primera
se plantea a través de un Lázaro que se mueve en coordenadas
de libre albedrío, únicamente posibles dada su condición de
excluido. Con ello, uno de los grados más elevados de libertad
ya está presente en él, puesto que su evasiva ante el código de
honor imperante sólo es posible desde su configuración como
marginado. La segunda perspectiva sugiere observar la libertad
en términos de inclusión dentro del sistema. Lázaro, —como no
podría ser de otra manera—, entiende la libertad como valor
ligado a la independencia económica, a fin de deshacerse de la
dualidad siervo-amo, entendiendo como individuos libres a
aquellos que participan del sistema, del código de honor, y no
sirven sino a sus propios intereses.
La paradoja, de nuevo, aparece como elemento compositivo
de la crítica comprometida al evidenciar la falta de rigurosidad
en las dos posturas. De un lado, la visión del pícaro como indi-
viduo que sólo ha de regirse por su libre albedrío fue uno de los
aspectos del género que más furor causó entre el lectorado de la
época16, a saber, la clase cortesana, celosa de este ejercicio de
libertad ante la asfixia que la honra y sus apariencias compor-
taba sobre sus miembros. De otro lado, el entendimiento de la
libertad como inclusión en el sistema por parte del pícaro que-
da ridiculizada en el hecho de que Lázaro se sienta profunda-
mente afortunado por haber obtenido su oficio de pregonero,
uno de los más bajos en la escala de oficios reales17 y que, unido
a su condición de cornudo respecto a la relación con su espo-
sa18, rebela su atadura a un sistema que, sin embargo, no le con-
fiere un estatus honroso:
16 Véase ibid., p. 23.
17 Un oficio, el de pregonero, que, según especifica Antonio Rey Hazas en
las notas de su edición, era equiparable al oficio de verdugo (2001, op. cit., p.
137).
18 Recordemos que, también en el Tratado VII, Lázaro relata cómo tomó
por esposa a una criada del arcipreste de San Salvador, la cual, según las “malas
lenguas”, mantenía relaciones con el propio arcipreste.
40
Un compromiso real para una ficción realista
Y con favor que tuve de amigos y señores, todos mis trabajos y
fatigas hasta entonces pasados fueron pagados con alcanzar lo que pro-
curé, que fue un oficio real, viendo que no hay nadie que medre, sino
los que le tienen. (p. 137)
De esta forma, se completa en el pícaro una especie de cír-
culo cerrado entre el punto de partida y el final que en su vida
alcanza, o al menos, el final de las aventuras que en su auto-
biografía decide compartir. Convirtiéndose en víctima de las
apariencias, Lázaro transmite a su destinatario la falsa aparien-
cia de ascenso social cuando, lejos de ello, sólo se ha transfor-
mado en un partícipe activo y consciente de la ilusión, generada
a partir del concepto superficial de honra, con la que el protago-
nista cierra los ojos a su pasado y decide concentrarse, lejos de
habladurías, en el mantenimiento de su nuevo estatus ficticio.
Esta toma de postura por parte de Lázaro revela una de las
reflexiones críticas de mayor profundidad en la obra, la cual ha
sido exquisitamente relacionada por Carmen Elena Armijo con
el uso que hizo la política imperial de Carlos V de la Utopía de
Tomás Moro19. En esta obra, profundamente influenciada por
La República de Platón, Moro hace gala de su propuesta de so-
ciedad ideal al dibujar un mundo regido por los valores de la
época clásica y de la cristiandad, con máxima expresión en su
isla de Utopía. El idealismo de Moro, lejos del imperante en la
España del siglo XVI, se basaba en criterios de racionalidad y
pacifismo, en una sociedad imaginaria donde los bienes eran
debidamente repartidos. El monarca español invirtió minucio-
samente la propuesta utópica de Moro para adecuarla a sus fi-
nes. En palabras de Armijo, “el Imperio propone la utopía como
un mesianismo”20, lo que le confiere la posición de defensor del
cristianismo —en línea con el medievo, aunque con pequeñas
pinceladas humanistas— y contribuye a desarrollar la ilusión
ficticia de un Imperio triunfante de sociedad próspera en tér-
minos económicos y morales. Más aún, debe tenerse presente la
relación de complementariedad establecida en el Imperio entre
el ámbito religioso y el político, lo que obliga a extender lo que
simplemente pudiera ser una crítica básica a la institución ecle-
siástica, hacia una crítica de mayor profundidad, que implica la
19 Armijo, Carmen Elena: «Lazarillo de Tormes y la crítica a la utopía impe-
rial», en: Arellano Ayuso, Ignacio/ Pinillos Salvador, Carmen/ Vitse, Marc/
Serralta, Frédéric (coords.): Studia Aurea. Actas del III Congreso de la AISO. Tou-
louse: 1996, vol. 3, pp. 19-38.
20 Ibid., p. 32.
41
Cristina R. Martínez Torres
puesta en duda de todas las bases del sistema, incluida la polí-
tica.
El Lazarillo señala, con muy poco pudor, la degradación de
su sociedad en cada una de las esferas que la componen, tanto
aquellas en las que Lázaro es plenamente partícipe como aque-
llas que le sobrevienen a través de otros personajes. Si una de
las batallas a las que más duramente hubo de enfrentarse Car-
los V fue la lucha contra la expansión de las ideas reformistas,
más bien pareciera que con ello olvidó luchar contra un mal de
mucho mayor arraigo, el que había acabado por corromper los
valores de una cristiandad que él defendía en batalla, al tiempo
que los dogmas estipulados en el mundo cortesano generaban
una cultura del parasitismo como resultado de la poca honra
asignada al trabajo físico. Esta realidad invita a Armijo a acoger
las reflexiones de Marcel Bataillon sobre el cariz erasmista de la
obra, en tanto que éste procede de la percepción de Carlos V de
“una profunda analogía entre la lucha que él está capitaneando
y la del anciano filósofo obligado a hacer frente a un mismo
tiempo a los papistas intransigentes y a los luteranos irreducti-
bles”21. No obstante, las dificultades contextuales a las que ten-
drá que hacer frente Carlos V —entre las que se incluye, por
supuesto, un embrionario individualismo— convierten su polí-
tica en una ruptura contra toda invasión espiritual y racional en
la que arrastra a su sociedad a la persecución de valores irrea-
lizables e infundados, víctima de las apariencias ante la imposi-
bilidad de alcanzar sus propias ficciones. Un matiz emprendido
en la obra con suma sutileza pero que esconde una de las bases
de la voz comprometida en el Lazarillo.
Si a ello se opta por añadir los análisis concernientes al evi-
denciado anticlericalismo de la obra, es sencillo albergar la idea
de una crítica mucho más amplia que la que podría correspon-
der a cada uno de los amos de Lázaro a nivel individual. Es
decir, la relación simbiótica entre Iglesia e Imperio no trabaja
sólo en la encrucijada entre las antiguas y las nuevas corrientes
de la cristiandad, sino también en el objetivo de un control
social que sólo tiene sentido en el mundo que una entidad y
otra construyen. De ahí la imposibilidad última de Carlos V
para atajar una reforma adecuada de la institución eclesiástica
—al necesitar de su hermandad para mantener la unión del
Imperio— y la crítica sagaz a la manera erasmista del poder
monárquico por su apoyo y encubrimiento a todo tipo de per-
21 Bataillon, Marcel: Erasmo y España. Estudio sobre la historia espiritual del
siglo XVI, trad. de Antonio Alatorre. México: FCE, 1966, p. 230, cit. ibid., p. 32.
42
Un compromiso real para una ficción realista
versiones e injusticias. La evidencia se halla con plenitud en los
últimos detalles relatados por Lázaro:
Esto fue el mesmo año que nuestro victorioso Emperador en esta
insigne ciudad de Toledo entró, y tuvo en ella Cortes, y se hicieron
grandes regocijos, como Vuestra Merced habrá oído. Pues en este tiem-
po estaba en mi prosperidad y en la cumbre de toda buena fortuna. (p.
141)
En este caso, el uso magistral de la ironía no sólo se detiene
en el vínculo circunstancial que Lázaro elabora entre su situa-
ción personal y la entrada triunfante del Emperador Carlos V
en Toledo, sino que se extiende como la crítica más politizada
de la obra. Téngase en cuenta que tienen cabida dos posibles
fechas como las correspondientes a este episodio que relata
Lázaro: o bien la solemne entrada del Emperador el 27 de abril
de 1525 por la Puerta de Bisagra de la ciudad; o bien su regreso
para las Cortes de 153822. Ambos casos presentan una especial
paradoja. Si la entrada en 1525 fue una entrada históricamente
recordada como aplaudida a su paso, lo cierto es que no había
pasado mucho tiempo de las sublevaciones de los comuneros,
que habían convertido a Toledo en ciudad de la resistencia
contra el Imperio entre 1520 y 1522 con María Pacheco a la
cabeza. En lo que respecta al año 1538, el Imperio había queda-
do trastocado tras la firma de la Tregua de Niza con Francia en
ese mismo año, ante un Carlos V endeudado por el desastre de
algunas campañas militares.
En cualquiera de los dos casos, la entrada triunfal del Empe-
rador en Toledo que Lázaro rememora con elogio no es sino
una prueba más del cuidado exquisito de la figura idolatrada
del monarca, espejo, nuevamente, de una España de aparien-
cias. No obstante, la crítica que la obra genera a partir de este
recuerdo traído al presente de Lázaro responde más bien a una
analogía entre la situación del pícaro y la de un gobernante que
se pasea victorioso por las calles de una ciudad en ruina social,
en la que la riqueza se abre paso a duras penas entre la pobreza
material y de espíritu. La ingenuidad de Lázaro al creer haber
hallado su “cumbre” vital se contrapone a la figura más elevada
de la España del siglo XVI para mostrar al lector lo lejos que, a
pesar de su lucha, había quedado Lázaro de una consecución
real de sus objetivos, desmontando el esquema fantasioso de la
posibilidad de obtener verdadero medro.
22 Esta doble posibilidad es explicada por Rey Hazas (2011), op. cit., p. 141.
43
Cristina R. Martínez Torres
UN COMBATE DESDE DENTRO
En líneas anteriores se ha aludido a la importancia del mo-
delo de autobiografía ficcional que aborda el texto. Con él,
nuestro desconocido autor pudo abrir los horizontes de su críti-
ca hacia límites algo menos arriesgados —aunque no exentos
de castigo23. Además, en conjunción con el formato epistolar
emprendido para con Vuestra Merced, dota al pícaro de voz
propia, de escritura propia, de ese sujeto libre o yo literario del
que, dada su condición, difícilmente podría valerse en la reali-
dad. Pero lo cierto es que los constantes intentos por averiguar
la autoría del Lazarillo responden, en mayor o menor grado, a la
duda insatisfecha sobre quién otorgó a Lázaro su discurso com-
bativo. Donde sí es sencillo encontrar consenso es en la eviden-
cia de un autor que debiera pertenecer a cierto estatus acomo-
dado, el cual le hubiera dispensado el nivel cultural adecuado
para la elaboración de su texto. Con ello, es posible hablar de la
elaboración de un discurso combativo desde una postura partí-
cipe del modelo expuesto a crítica, es decir, de un combate
desde dentro.
Pero quizá sea incluso más provechoso para los fines de este
estudio observar quiénes fueron los receptores finales de su
discurso. Frecuentemente recordadas son las palabras de Julio
Cejador y Frauca a este respecto:
Fue el libro de todos, de la gente letrada y de la gente lega, de
eclesiásticos y de seglares, del pueblo bajo y de las personas de cuenta.
Aventureros y marchantes llevábanlo sin falta en la faltriquera, como en
la mochila trajineros y soldados. Veíase en el tinejo de pajes y criados,
no menos que en la recámara de los señores, en el estrado de las damas,
como en el bufete de los letrados.24
Este apunte histórico sobre su recepción aboga por la acogi-
da del Lazarillo bajo los principios de lo que después lo conver-
tiría en todo un clásico, a saber, su capacidad para atraer a re-
ceptores de diferentes perfiles. Así, una parte de su legado resi-
de, inevitablemente, en la concepción de la novela como pro-
ducto de un espacio lúdico y de entretenimiento. Esto explica
su presencia constante en los programas de estudio de las eda-
23 La censura eclesiástica encontró en el Lazarillo contenidos de tinte heré-
tico, lo que condujo a Fernando de Valdés a incluir la obra en su célebre Índice
de 1559. A este respecto, véase Ruffinatto (2000), op. cit., pp. 297-300.
24 La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades, prólogo y
notas de Julio Cejador y Frauca. Madrid: Espasa Calpe, 1962, p. 7.
44
Un compromiso real para una ficción realista
des más tempranas, precisamente, por los valores que la juven-
tud puede ver reflejados a través de las andanzas de un mucha-
cho que sufre desde su infancia hasta su madurez en continuas
pinceladas de humorismo y sátira. No obstante, y a pesar de
que este hecho mantiene viva la obra hasta nuestra actualidad,
no sería apropiado caer en la superficialidad del humor entra-
ñable del Lazarillo. El uso de esta técnica subyace a un objetivo
que traspasa concienzudamente todo atisbo de frivolidad. Lo
que ha de arrastrar a Lázaro hasta la actualidad de los estudios
literarios es el cúmulo de virtudes y defectos que lo convierten
en motor y expresión de un género, entendiendo la necesidad
de acudir para ello a sus estructuras morfológicas y, sin lugar a
equívoco, a una correcta interpretación de su sustrato ideoló-
gico y de aquellos parámetros que convierten su mensaje en
genuino.
Este sustrato ideológico —que proviene de la reivindicación
erasmista desarrollada en el siglo XVI— no se detiene en una
vacua relación de conflictividad con lo cortesano y lo eclesiás-
tico, sino que aborda un espíritu de reflexión existencial, de
cuestionamiento del individuo en relación con su colocación en
un tiempo y espacio concretos y de revisión de los preceptos
normativos que rigen su posicionamiento respecto al resto de
individuos. La crítica, en fin, de un espacio político e ideológico
concreto en el que engaño y apariencia hacen imposible el ada-
gio erasmiano homo homini deus25. Existe, sin embargo, una ten-
dencia al inmovilismo en el Lazarillo, dada la imposibilidad de
un ascenso social real en la vida de Lázaro —lejos de lo que el
personaje pacte consigo mismo en su fantasía—. Este inmovilis-
mo forma parte, así, del combate de su discurso, fortaleciendo
la falsa libertad de medro que su protagonista reivindica como
posible.
El compromiso del discurso no se construye a favor de Láza-
ro como emblema de un perfil social. La figura del pícaro sirve
a los designios del autor como instrumento. Sus ojos son el
catalejo con el que visualizar las cloacas del mundo, con el que
relatar el lodo que sustenta a un Imperio que acabará derrum-
bándose sobre su propia fantasía. Así, realidad y ficción conver-
gen en una voz mordaz y se desenvuelven bajo el abrigo de la
25 A saber, el hombre es un dios para el hombre, partiendo de la idea erasmista
de la cualidad especial de Dios de preservar el bien de su creación. En conse-
cuencia, aquellos que hacen el bien por otros o los protegen del peligro están
actuando en consonancia con la labor divina y en representación de la misma.
Ésta es una de las enseñanzas morales fundamentales con las que Erasmo de-
fendía la necesidad de una regeneración del ámbito eclesiástico, razón por la
que subyace a la crítica extendida en el Lazarillo.
45
Cristina R. Martínez Torres
paradoja: la creación de Lázaro como ficción que da muestra de
un universo real y la representación de una sociedad real que
mantiene la ficción construida por el Imperio a través del pacto
tácito de las apariencias.
BIBLIOGRAFÍA
Armijo, Carmen Elena: «Lazarillo de Tormes y la crítica a la utopía
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46
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47
Ano castrado, ano imán, ano locus amoenus:
Las relaciones anales de Francisco de Quevedo ©
Octavio Páez Granados Université de Genève/ CECH
Universidade de Coimbra
SOBRE EL CULO
El culo ocupa un lugar importante dentro del lenguaje y del
discurso social1. Lenguaje e imaginario hacen del culo un ente
central “por tener más imperio y veneración que los demás
miembros del cuerpo”, nos dice Francisco de Quevedo2. La cen-
tralidad del culo es pues literal y figurada. El culo es un lugar
de eufemismos, símiles y metáforas: cuando se habla de él, em-
pieza el conceptismo. En este sentido, el culo se nos presenta
como una imagen altamente barroquizable. Es también el lugar
de la injuria, del insulto y del vituperio. La penetración como
sujeto receptivo es la imagen anal por excelencia; una imagen
que hace del culo el paraje de lo abyecto, lo horrible, lo malo y
lo peor. El culo, como una frontera, es el lugar donde la mascu-
linidad tiembla. A caballo entre el terror, el desprecio, la nega-
ción, el morbo y la fascinación, el culo es un territorio de contra-
dicciones.
Pero antes de continuar con los asuntos propios del culo,
contextualizaré un poco. Como es bien sabido, el año de 1492
©
Boletín Hispánico Helvético, volumen 32 (otoño 2018): 49-75.
1 Sobre el culo y las innumerables expresiones asociadas a él, ver el trabajo
de Padilla Monge, José Manuel: El culo. Glosario y compendio de los asuntos propios
del trasero. Sevilla: Padilla Libros, 2004.
2 Quevedo, Francisco de: «Gracias y desgracias del ojo del culo», en: Obras
Completas en prosa, vol. II, tomo 1. Madrid: Castalia, 2007, p. 505.
Octavio Páez Granados
marca un antes y un después dentro del panorama histórico y
sociológico occidental. Centrándonos en el contexto ibérico, a
raíz de la toma de Granada emerge una nueva cultura en la que
el catolicismo avasallará las conductas sociales a la luz de una
nueva religiosidad. Posteriormente, hemos de sumar los efectos
de la Contrarreforma operados a lo largo del siglo XVI e inicios
del XVII. La España imperial, autoproclamada guardiana de la
cristiandad, se apoyará en estos nuevos paradigmas para afir-
marse y expandirse. Así, diversos mecanismos de control social
serán activados de diferentes maneras, buscando el afianza-
miento del proyecto imperial.
Concretamente, me interesa subrayar dos mecanismos que
afectaron el campo de lo individual: el proceso de abstracción,
negación y envilecimiento del cuerpo y su imagen3; y el proceso
de fabricación del ”hombre español perfecto” basándose en su-
puestas ”jerarquías naturales” de raza, clase y religión. A lo lar-
go del siglo XVI teólogos, moralistas, casuistas, magistrados,
historiógrafos y literatos —en suma, toda la intelligentsia espa-
ñola en gran parte representada por una iglesia tentacular—
figuran como los artífices de ciertas construcciones ideológicas
que procurarán el mantenimiento y la continuidad del enorme
aparato imperial hispánico4.
La vieja saña judeocristiana hacia lo corporal y lo terreno, se
verá exacerbada con la derrota definitiva del islam y el largo
proceso de erradicación de sus valores dentro del ámbito penin-
sular. Una imagen ilustrativa de este nuevo orden hacia lo cor-
poral es, por ejemplo, la ofensiva general hacia los baños. Para
los cristianos de la época de los Reyes Católicos, se trataba de
una costumbre nítidamente musulmana y como tal, era conve-
niente erradicarla. La destrucción de los baños será acompaña-
da por la elaboración de un conjunto de doctrinas que excusan
(e inclusive alaban) la suciedad física a favor de la limpieza mo-
ral de las costumbres5. La humillación y el abandono paulatino
del cuerpo se verá reflejado en la dicotomía cotidiana del vivir
entre dos planos adversos e incompatibles: el amor bajo y el
3 Sobre las relaciones cuerpo/catolicismo, remito al ensayo de Ranke-Heine-
mann, Uta: Eunucos por el reino de los cielos: Iglesia católica y sexualidad. Madrid:
Trotta, 2005.
4 A propósito de la construcción del ”hombre español perfecto” y su rela-
ción con el proyecto imperialista hispánico, ver el trabajo de Garza Carvajal,
Federico: Quemando mariposas: Sodomía e Imperio en Andalucía y México, siglos XVI
–XVII. Barcelona: Laertes, 2002, prólogo y cap. 1.
5 Para la cuestión de los baños en la España musulmana y su destrucción
durante la llamada ”reconquista”, ver Castro, Américo: La realidad histórica de
España. Ciudad de México: Porrúa, 1954, p. 271.
50
Ano castrado, ano imán, ano locus amoenus
amor cortés, lo celeste y lo terreno, la búsqueda del placer y la
culpa del pecado. Es pues en este contexto que pueden ser
entendidos algunos de los principios del misticismo ibérico (y
europeo) del siglo XVI, para quien la negación, la mortificación,
el abandono y el desprecio total hacia lo corporal son vías
absolutas para alcanzar a Dios.
Tenemos pues la construcción de un sistema opresor que
niega, rebaja e insulta al cuerpo para convertirlo en un orga-
nismo mudo, inerme, culpable y condenado, sin apelación para
el lenguaje: el cuerpo se ve entonces desposeído del verbo. Este
proceso ”civilizatorio” que enmudece al cuerpo —supeditando
la satisfacción de sus impulsos físicos primarios— se ocupará
también de ”virilizarlo”, mecanismo de domesticación en pro
de objetivos sociales. El nuevo hombre español perfecto de la
edad moderna, será el resultado de las fantasías discursivas de
teólogos y moralistas, quienes construyen una virilidad basada
en conceptos plagados de visiones de poder sexistas, intoleran-
te en materia de religión y altamente xenófoba6. Las declaracio-
nes aportadas por estos intelectuales acerca de la hombría,
pasaron a formar una parte importante de la armadura ideoló-
gica de la España imperial7. Por ejemplo, para los teólogos de la
escolástica tomística y de la segunda escolástica española el vir
es:
el varón que constituye un socio, un colaborador de Dios en la
creación continua, porque es en él, en su semilla, en el semen, donde
existe la potencia que permitirá la aparición de futuros y nuevos seres
humanos.8
Sumando a esto que el hombre español perfecto debía po-
seer hábitos impecables y mostrar un sentido de ”gallardía, ho-
nor, veneración y adoración por su príncipe”. Debía ser “un
hombre apasionado más allá del reproche, que siempre dignifi-
case su forma de vestir y ser además portador de virtudes he-
roicas, de fervor religioso y de piedad, sabiendo siempre como
arrepentirse”9. Virtudes como “la humildad, la caridad y la
6Garza Carvajal (2002), op. cit., p. 35.
7Padgem, Anthony: Spanish Imperialism and the Political Imagination. New
Haven: Yale University Press, 1990, p. 6.
8 Tomás y Valiente, Francisco (et al.): Sexo y otras transgresiones pre modernas.
Madrid: Alianza, 1990, p. 35.
9 Garza Carvajal (2002), op. cit., p. 74.
51
Octavio Páez Granados
capacidad de sufrimiento” serían también características adicio-
nales del hombre cristiano ideal10.
Estado e ideología totalitaria dan vida a una viril creación
con aspiraciones a un cuerpo glorioso y deshumanizado, simple
instrumento al servicio del sistema y de la doctrina que lo sus-
tenta y justifica. Esta ideología tiránica que niega el cuerpo y al
individuo —con la finalidad de ganar el cielo o utilizarlo como
un mero instrumento de trabajo y de guerra— se ensañará con
los “otros”: los distintos, los marginales, los disidentes y los
inasimilables. Todos ellos serán perseguidos y eliminados. Es
en esta coyuntura que aparece una figura particular que deven-
drá en el prototipo de masculinidad renegada, liminar y disi-
dente: el sodomita, cuyo blasón atribuido será precisamente el
ano.
EL SODOMITA: EL MÁS NEFASTO DE TODOS LOS DISIDENTES
Partiendo del raciocinio de la escolástica tomística, el acto
sexual debe ser un acto exclusivamente orientado hacia la pro-
creación. Esa será su finalidad única y natural11. Con base en
este principio absoluto, se da una nueva jerarquización de los
pecados relacionados con la lujuria; es decir, con todo lo con-
cerniente a la actividad sexual: la supuesta expresión máxima
del cuerpo individualizado.
Entiéndase que pecado contra natura puede ser cualquier
acto sexual que, además de no estar destinado a la procreación,
violente el binarismo coitocéntrico pene-vagina: penetración
anal homo y heterosexual, zoofilia y todo tipo de prácticas mas-
turbatorias y orales (en este orden de gravedad). Según estas
posturas discursivas, el pecado contra natura ofende directa-
mente a Dios dado que es la imagen de la creación la que se
altera, perturbando el orden natural, mermando la posibilidad
de seguir engendrando y entorpeciendo la colaboración directa
del hombre con Dios. Estos pecados contra natura serán siem-
pre bajo la perspectiva del vir, ya que es él quien emite el se-
men, el germen creador12.
10 Temprano, Emilio: El árbol de las pasiones. Deseo, pecado y vidas repetidas.
Barcelona: Ariel, 1994. A este respecto véanse, por ejemplo, las obras de Casti-
glione, Baldasare (traducción de Joan Boscà): El cortesano. Barcelona: 1534;
Panés, Atonio: Calidades del varón perfecto (s. XVII); Salas Barbadillo, Alonso
Gerónimo de: El caballero perfecto. Madrid: 1620.
11 Tomás y Valiente (1990), op. cit., p. 35.
12 Ibid., pp. 37-38.
52
Ano castrado, ano imán, ano locus amoenus
PECADO CONTRA NATURA13
Considerando todo lo anterior y como ya fue dicho, la figura
que representa el culmen de los comportamientos desviantes,
de la masculinidad disidente y de la transgresión de las doc-
trinas hegemónicas, es el sodomita. También llamada ”pecado
nefando”, la sodomía es colocada en la cúspide de esta pirami-
dal forma de control social edificada por los moralistas de la
época14, siendo subdividida en dos tipos: perfecta e imperfecta.
Se consideraba ”sodomía imperfecta” cuando, entre una pareja
del sexo contrario, se realiza la cópula fuera de todo lugar que
no sea la vagina (extra vas naturale, se advierte). También inclu-
ye posiciones sexuales fuera de lo ordinario (la que hoy llama-
mos ”posición del misionero”) o intentos de penetración anal o
vaginal que no sean fálicos. La ”sodomía perfecta” —el más
grave y punido de todos los delitos posibles— implica el coito
anal entre dos varones, siendo especialmente castigada si con-
llevase eyaculación dentro del ano. En este caso merecía la pena
capital tanto para el ”agente” (el penetrador) como para el ”pa-
ciente” (el penetrado)15. La sodomía ”perfecta” fue convertida
en el más aberrante de los crímenes contra natura, siendo el pe-
cado por antonomasia ya que ninguno de los otros pecados al-
teraba más directamente el supuesto orden natural de la crea-
ción. Como puede ser observado, el uso posible y voluntario
del ano (tanto de manera activa como pasiva) es lo que resulta
13 Tomás y Valiente (1990), op. cit., pp. 36-37.
14 Véase, por ejemplo, Enríquez, Fray Juan: Questiones prácticas de casos mora-
les. Córdoba: 1646.
15 Garza Carvajal (2002), op. cit., pp. 79-82.
53
Octavio Páez Granados
determinante a la hora de definir las prácticas sodomíticas;
prácticas que allende de contradecir el supuesto orden dictado
por Dios, también simbolizan un grave desorden social al re-
chazar una posible alianza matrimonial16.
El sodomita, varón que hace uso premeditado del ano y de
todo su cuerpo como instrumento erótico y expresivo —repre-
sentante de la soberana disposición del cuerpo— figura como
un individuo potencialmente ”peligroso” ya que puede activar
mecanismos de sedición17. El sodomita, ”un desorden, una figu-
ra sin razón y una amenaza para el estado”18, es pues conver-
tido en una especie de ”terrorista social” que hace del ano un
arma para perturbar y transgredir el orden establecido y los de-
signios de un estado teocrático totalitario. La sodomía se erige
entonces como uno de los crímenes más horrendos y escandalo-
sos para la monarquía hispánica19.
Me interesa disertar sobre dos posibilidades en concreto. En
primer lugar, pretendo comentar los eventuales mecanismos de
construcción e invención de la sodomía, a partir de la idea de
ficcionalidad e imaginario. En segundo lugar —y tomando en
cuenta el primer punto— abordaré la cuestión de la analidad
masculina como un posible gesto de deconstrucción y (desde
una perspectiva simbólica) sobre su potencialidad transgresora,
tomándola como ejemplo de renuncia ante un sistema represor
y de (re)apropiación del cuerpo individualizado. Es en este sen-
tido, y una vez que me ocupo de la época imperial hispánica,
que tomaré como caso de estudio la figura de Francisco de
Quevedo.
LECTOR/ INTÉRPRETE, INTÉRPRETE/TRADUCTOR.
TRADUCCIÓN, FICCIÓN Y LECTURA Y SUS POTENCIALES “PELIGROS”
El término sodomía se deriva del relato bíblico que describe la
destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra. Según este
relato, Dios envió a dos ángeles a rescatar a Lot, sobrino de
Abraham. Se dice que dichos ángeles llamaron la atención de
los habitantes de Sodoma por su belleza, quienes exigieron a
Lot que los entregara para así abusar sexualmente de ellos. Dios
16 Vázquez García, Francisco/ Moreno Mengíbar, Andrés: Sexo y Razón. Una
genealogía de la moral sexual en España (siglos XVI-XX). Madrid: Akal, 1997, p. 225.
17 El término es utilizado para referirse a conductas que pueden ser conside-
radas, por la autoridad legal, como motivo de insurrección contra el orden esta-
blecido.
18 Vázquez/ Moreno (1997), op. cit., pp. 230-232.
19 Garza Carvajal (2002), op. cit., pp. 66-69.
54
Ano castrado, ano imán, ano locus amoenus
castigó entonces la mala conducta de los sodomitas, con la des-
trucción total de la ciudad (Génesis 19: 1-38). Sin embargo, no
hay rastro del término sodomía antes del siglo XI20. Como un
concepto artificial, todo parece indicar que se trata de una in-
vención medieval que tiene lugar con motivo de la concreta y
dirigida interpretación del fragmento bíblico antes menciona-
do21. ¿Cómo explicar y justificar esta invención? Para la mayoría
de los moralistas cristianos, la castidad ha sido la forma más
completa de respuesta a Dios. Así, el matrimonio fue permitido,
pero no recomendado, siendo una concesión a la debilidad hu-
mana y la continuidad de la especie. Dicha concesión no era ne-
cesaria para el amor y la convivencia carnal entre personas del
mismo sexo, y es en esta coyuntura donde toda la fuerza irra-
cional de la condena cristiana se canalizó. Inventar la sodomía
fue inventar una esencia pura del erotismo —de lo corporal—
sin conexión con la reproducción; aislando lo erótico en estado
puro para describirlo con horror y condenarlo sin concesiones22.
Ahora, independientemente de si Sodoma existió o no y de si lo
que se narra en dicho capítulo es verdad, lo que interesa es
señalar cómo la manipulación de tal pasaje (al que se le aña-
dieron algunos otros)23 pasó a ser un dogma de fe y se convirtió
en el punto de partida para criminalizar una serie de conductas.
Toda esta dinámica fue articulada a partir de tres mecanismos
de ”creación”: la lectura, la interpretación y la traducción de
tales pasajes bíblicos.
En realidad, no diré nada nuevo. Señalo dos maneras de
acercarse a la comprensión de cualquier texto: una literal y otra
histórico-crítica. La primera finge limitarse a repetir lo que el
texto dice, sin hacer una interpretación. No obstante, es inevita-
ble que todo lector interprete el texto al leerlo, ya que su en-
torno cultural condicionará tal lectura. El método histórico-
crítico trata de reproducir el contexto en que fue escrito el texto,
para intentar comprender lo que entendían quienes lo leyeron
en su momento (si es esto posible). Es decir, esta ”interpretación
20 Jordan, Mark: La invención de la sodomía en la teología cristiana. Barcelona:
Laertes, 2002, p. 11.
21 Ibid., p. 11. Lings, Renato: Biblia y homosexualidad. ¿Se equivocaron los tra-
ductores? San José de Costa Rica: Sebila, 2011. Chamocho Cantudo, Miguel
Ángel: Sodomía. El crimen y pecado contra natura o historia de una intolerancia.
Madrid: Dykinson, 2012, p. 15.
22 Jordan (2002), op. cit., pp. 11-12.
23 Levítico 18: 22-30; Levítico 20: 13 y 15-16; Deuteronomio 23:18; Jueces 19:
22-24; Primer Libro de los Reyes 14: 24; Ídem 15: 12; Segundo Libro de los Reyes
27: 7; Carta de san Pablo a los corintios (1) 6: 9-10; Primera carta a Timoteo 1: 8-
11; Carta de san Pablo a los romanos 1: 24-32.
55
Octavio Páez Granados
históricamente informada”, pretende contextualizar con todo
rigor, para activar así una forma de lectura lo más ”fidedigna-
mente posible”.
A estas problemáticas de la lectura, comprensión y recep-
ción, hemos de añadir la de la traducción. Pasar de una lengua
a otra pone en juego esquemas mentales muy distintos: con
frecuencia la traducción quiere decir ”traición”. Algunos auto-
res sostienen que la invención de la sodomía parte de un equí-
voco de traducción, siendo especialmente sugerente el trabajo
del teólogo, hispanista y traductor Renato Lings, titulado Biblia
y homosexualidad. ¿Se equivocaron los traductores? (2011). Este
autor, abordando con especial énfasis la susodicha historia de
Sodoma y Gomorra, pone en práctica un análisis exegético del
texto original en hebreo. De este esfuerzo, Lings deduce que el
hilo conductor del drama de Sodoma radica en el terreno jurí-
dico, señalando además que posiblemente la redacción original
del relato se produjo en medio de un amplio debate sobre los
derechos sociales de los inmigrantes. Posteriormente, la imagen
de Sodoma fue siendo utilizada según las necesidades polémi-
cas del momento histórico, especialmente en aquellos lugares
en donde el cristianismo se fue imponiendo. Asimismo, se nos
señala que los efectos de tales reinterpretaciones aparecen por
doquier, por ejemplo, en la inmensa mayoría de las versiones
bíblicas en castellano. Este autor anota, además, que histórica-
mente las interpretaciones de Sodoma y Gomorra se pueden
agrupar en siete periodos o fases: la primera, que abarca la
Biblia hebrea; la segunda que coincide con el periodo de la hele-
nización (a partir del siglo III a.C.); la tercera, influenciada por
los escritos de Filón de Alejandría (siglo I); la cuarta, que refleja
la época medieval y que se caracteriza por el afianzamiento de
la versión latina (la llamada Biblia vulgata, ca. 400); la quinta
fase, que se inicia en la Baja Edad Media y el Renacimiento; la
sexta, que comienza en la segunda mitad del siglo XIX y la
séptima, que nació en las últimas décadas del siglo XX. Parti-
cularmente, merecen ser observadas la segunda fase, ya que es
aquí donde se da un giro lingüístico y comienzan las traduccio-
nes, la cuarta, en donde se impone la versión en latín y en
donde precisamente surge el vocablo sodomía (en el ya mencio-
nado siglo XI) y finalmente, la séptima fase (que retoma el aná-
lisis y la lectura del original en hebreo), en donde los comenta-
ristas empiezan a señalar que, al final, la historia de Sodoma y
Gomorra no habla sobre homosexualidad, sino antes sobre la
violación, la falta de hospitalidad y la preocupación por los
matrimonios mixtos, entre otras cosas. Toda esta problemática
de orden filológica, lingüística y literaria, no es para ser tomada
56
Ano castrado, ano imán, ano locus amoenus
a la ligera o como algo meramente anecdótico ya que las conse-
cuencias que todo esto ha provocado han sido de lo más ne-
fastas.
Observando las dinámicas y los mecanismos de acción que
toda esta problemática señalada engloba, la construcción de la
sodomía —desde una perspectiva ficcional y literaria— puede
ser entendida bajo la óptica propuesta por Valeria Wagner en
su libro Literatura y Vida cotidiana. Ficción e imaginario en las Amé-
ricas (2005). Construyendo un lúcido recorrido, esta autora de-
fiende la idea de que la literatura puede ser un ensayo de la
vida cotidiana o una forma de previsión o de proyecto. Es decir,
las ficciones (con lo que se entiende y se desprende de ellas)
pueden llegar a incidir activamente en la esfera de lo vivido,
teniendo una importancia crítica en los acontecimientos:
[…] seamos o no conscientes de ello, las ficciones nos “trabajan” y
nos hacen, a su vez trabajar […] pero la actividad que despliegan de-
penderá mucho de su recepción, de cómo serán leídas. Cuando se les
considera como un pasatiempo o un material de análisis inocuo, sin
consecuencias, las ficciones pueden actuar libre y “silenciosamente”
sobre sus lectores/audiencia, sea benéfica o maléficamente, aleatoria o
metódicamente. Podemos esperar, en cambio, que una lectura que iden-
tifique y se “sintonice” con el potencial crítico de las ficciones, logre
“trabajar” con ellas y sacarles provecho. Podríamos calificar a esta
modalidad de lectura crítica […] el lector crítico mantiene y elabora la
metáfora de la distancia que lo separa de lo que lee, desentrañado así su
propia subjetividad del fenómeno literario y superando la fuerza centrí-
peta de los relatos o del lenguaje poético que está analizando […].24
La autora analiza además la convergencia de la relación que
se establece entre la metaforización de la distancia crítica y los
genocidios que caracterizan la modernidad, revisando la idea
de que lo que entiende por ”lectura crítica” es una expresión
del progreso del humanismo25. Asimismo, partiendo de algunas
de las ideas propuestas por Mijail Bajtín y Walter Benjamin,
esta autora glosa la idea de que modo tipo de lectura comparte
con cierto tipo de violencia el pensarse a través del registro
24 Wagner, Valeria: Literatura y vida cotidiana. Ficción e imaginario en las Amé-
ricas. Madrid: Biblioteca Nueva, 200, p. 10.
25 La propia autora nos señala que algunos comentaristas, como Tzvetan
Todorov y Beatriz Pastor, asociaron el proceso de la conquista de América con
el proceso de aprendizaje de la modalidad de lectura conocida hoy en día como
lectura crítica: Wagner (2005), op. cit., p. 11.
57
Octavio Páez Granados
figural de la distancia26. Así, este modo de registro puede ser
favorable para colocar en los imaginarios colectivos algún tipo
de violencia que surge de la negación de la existencia de los
demás27.
Desde el punto de vista metodológico y analizando con dete-
nimiento lo que Valeria Wagner anota, señala y propone, se
puede ir al encuentro de lo sucedido con la interpretación y
“puesta en escena” de la fabulación bíblica de Sodoma y Gomo-
rra. E insisto, tal fabulación —con sus respectivos vericuetos de
lectura, interpretación y traducción— fue el punto de partida
que dio origen a una serie de glosas de índole teológica, que
detonaron la construcción del sodomita y provocaron una
secular historia de persecución e intolerancia que sigue vigente.
Ahora bien, si el primer paso hacia la materialización de las
fantasías interpretativas y discursivas de los teólogos medieva-
les se dio en el siglo XI —con la aparición de la nomenclatura
sodomía y sodomita—, la petrificación de la ficción que pasó a ser
realidad y su verdadera puesta en escena comienzan a mani-
festarse a través del discurso burocrático: la aparición, desde la
Edad Media28, de fueros, partidas, leyes, ordenanzas, pragmá-
ticas, etc. En este sentido, particularmente reveladora resulta la
pragmática puesta en marcha por los Reyes Católicos a partir
de 1497. Este real decreto será aquel que iniciará la serie de per-
secuciones hacia los sodomitas de la edad moderna hispano-
americana29. Tal documento —un buen ejemplo de lo que
podríamos llamar “la burocracia novelada”— pone en eviden-
cia una serie de cuestiones que merecen la pena ser amplia-
mente comentadas. Sin embargo, y por una cuestión de espacio,
me voy a limitar a enunciar una sola cuestión:
[…] y mandamos que cualquier persona, de cualquier estado, con-
dición, preeminencia o dignidad que sea, que cometiere el delito nefan-
do contra naturam se yendo en el convencido por aquella manera de
26Ibid.
27Ibid., p. 12.
28 Chamocho (2012), op. cit., pp. 227-262. Este autor, historiador del derecho
penal, aborda concienzudamente todo el aspecto burocrático y legal de la sodo-
mía desde una perspectiva histórica, con especial atención al contexto hispáni-
co.
29 ”Como ha de ser punido el pecado nefando contra natura” (D. Fernando y doña
Isabel en medina del Campo a 22 de agosto de 1497). Libro de bulas y pragmáticas,
1503, fol 148r-149r. Nueva recopilación: libro VIII, título XX, ley primera. Novísima
recopilación: libro XII, título XXX, ley primera. Utilizo la reproducción dada en
Chamocho (2012), op. cit., pp. 236-237.
58
Ano castrado, ano imán, ano locus amoenus
prueba, que según Derecho es bastante para probar el delito de herejía
o crimen de Iaesae Majestatis, sea quemado en llamas de fuego […].30
(cursivas mías)
Esta cláusula, en donde la sodomía pasa a ser considerada
como crimen de lesa majestad, merece ser comentada. Recorde-
mos que un crimen de lesa majestad es un delito genérico de
orden público, que es considerado una gravísima ofensa o
afrenta contra el estado, el reino o el imperio. Es decir, lo escan-
daloso de este tipo de delitos radica en el hecho que van más
allá de lo individual, afectando la esfera de lo colectivo y (figu-
radamente) rozando la imagen del rey. En este sentido, el sodo-
mita pasa a ser una especie de “terrorista social o terrorista de
estado” en quien recae —del punto de vista simbólico— un
poder desestabilizador considerable. Resulta paradójico cómo
ese poder le es precisamente otorgado por las más altas esferas
del poder totalitario, o sea, las que se supone resultan más afec-
tadas. Retomando lo mencionado páginas atrás, es así que la
figura del sodomita interesa no sólo como un ejemplo de mas-
culinidad ”disidente”; interesa también como una figura que
encarna la soberana disposición del cuerpo y de los afectos,
siendo un claro ejemplo de contestación individual y colectiva.
Hasta aquí me he ocupado de la sodomía y de la figura del
sodomita, contextualizando el asunto y proponiendo algunas
lecturas posibles sobre esta figura desde un punto de vista fic-
cional y literario. Con todo, he de retomar la imagen que ha
pasado a ser sinónimo de sodomita: el ano. Si lo que se preten-
de es hablar de la noción de imperio, masculinidad, sodomía,
cuerpo y analidad, así como de la eventual relación que estos
tópicos pueden mantener entre sí dentro de la literatura hispá-
nica, Francisco de Quevedo resulta un buen caso de estudio.
EL CULO SODOMIZADO: EL ENFANT TERRIBLE DE QUEVEDO Y LOS
QUEVEDISTAS
“Repulsivo y fascinador […] mezcla fantástica de anarquista,
guerrillero de Cristo Rey y agente de la NKVD o de la CIA”. Es
así como Juan Goytisolo describe a Francisco de Quevedo y
Villegas31, quien ocupa un lugar de honor entre los bustos
marmóreos cincelados por el hispanismo de los siglos XIX y XX.
Goytisolo nos brinda una pertinente observación que resulta
30Ibid., p. 237.
31 Goytisolo, Juan: «Quevedo y la obsesión excremental», Revista Triunfo,
XXXI, 710 (1976), p. 41.
59
Octavio Páez Granados
ilustrativa de la manera como la academia esculpe las figuras
autorales:
En el prólogo a su excelente edición de las “Obras completas” de
Quevedo, el profesor Blecua32, al examinar las composiciones satíricas
de nuestro autor dice que “tres o cuatro temas se vuelven obsesivos,
como el de las doncellas pedigüeñas, el de los cornudos y el del poder
del dinero”. Si bien ello es cierto en términos puramente cuantitativos,
es de lamentar que Blecua haya desdeñado ocuparse en otras materias
mucho más personales y significativas, cuya repetición a lo largo de la
obra quevediana frisa en la idea fija: el excremento, la repugnancia y
temor por las enfermedades venéreas, el racismo virulento dirigido en
primer lugar contra lo judío, pero igualmente contra lo moro y la aver-
sión enfermiza al abominable crimine pessimo. Estos asuntos constituyen
tal vez la clave secreta del pensamiento reaccionario, edificado siempre
sobre una ciénaga de temores, repulsas y odio a la promiscuidad (goce
sexual), lo inasimilable y ajeno (razas, culturas diferentes) y la realidad
traumática del ano y la atracción latente hacia lo fecal (sodomía).33
Para los que somos lectores asiduos del verso y de la prosa
satirico-burlesca quevediana, la observación de Juan Goytisolo
es bastante acertada y pertinente. Las obsesiones y ansiedades
que Quevedo muestra hacia ciertos temas son tan evidentes que
sólo pasan desapercibidas para aquel que no quieren verlas. La
postura del profesor Blecua que Goytisolo señala, ilustra la rea-
lidad de una academia aséptica, remilgada y esquiva, sensible a
temas poco cómodos de tratar:
[…] los críticos y estudiosos de la obra de Quevedo acostumbran a
esquivar con un mohín de disgusto la obsesión escatológica del escritor
o la despachan con unas breves frases condescendientes, cuando no
francamente condenatorias. La neurosis de Quevedo devine así en el
caso de muchos quevedistas una neurosis al cuadrado, una abstracción
que deshumaniza al hombre y lo aleja todavía del cuerpo delictuoso
que eructa, babea, escupe, orina, defeca y emite ventosidades.34
32 Se refiere a la edición crítica que José Manuel Blecua Teijeiro hizo de la
obra poética integral de Quevedo (Barcelona: Planeta 1963). A día de hoy ésta
sigue siendo una de las ediciones de referencia en lo que a la obra poética de
Quevedo respecta.
33 Goytisolo (1976), op. cit., p. 46.
34 Ibid., p. 38.
60
Ano castrado, ano imán, ano locus amoenus
En estas páginas, pretendo comentar una de las múltiples
fijaciones de Quevedo: su obsesión anal en gran medida refleja-
da en la relación dicotómica horror/fascinación que él muestra
hacia la penetración, cristalizada en la figura del sodomita. Para
tal efecto, presento una selección de diversos fragmentos en
prosa y verso, que ilustran claramente el horror quevediano por
la penetración anal35. Ya ha sido mencionado que el ano repre-
senta el lugar donde la masculinidad tiembla, siendo el talón de
Aquiles de la mentalidad machista para la cual el ser penetrado
es algo que transforma la identidad de manera esencial. En este
sentido la postura de Quevedo resulta tan ilustrativa como
compleja. Presento así algunos fragmentos de tres poemas anti-
sodomíticos («A un ermitaño mulato», «Epitafio a un italiano
llamado Julio» y «A un bujarrón»), ciertos párrafos tomados de
La vida del Buscón, llamado don Pablos y de Los sueños, así como
versos sueltos de algunos otros poemas.
Empiezo por comentar pasajes del «Epitafio a un italiano
llamado Julio»:
Yace en aqueste llano
Julio el italïano,
que a marzo parecía
en el volver de rabo cada día
Tú, que caminas la campaña rasa,
cósete el culo, viandante, y pasa.36
El terror quevediano por la penetración anal comienza a
quedar patente: el lector es alertado a tomar precauciones ante
la tumba de Julio el ”italïano” (nótese que el uso de las diéresis
permite la separación silábica i-ta-lï-ano, lo cual activa un juego
de palabras que potencializa la imagen de analidad), sodomita
”agente” —aquel que penetra—, que como el mes de marzo
suele ”voltear o poner detrás”. Se supone que este mes se carac-
teriza por dar la impresión de volver, ”voltearse”, hacia el in-
vierno, cosa que además pone en evidencia la imagen de ”in-
versión”. Tal concepto nos puede remitir a una de las muchas
maneras que tiene la homofobia de llamar a los homosexuales:
”invertidos”. Esta asociación del mes de marzo (volteado, in-
vertido) con el sodomita puede ser encontrada en otro poema
quevediano:
35 Son numerosas las referencias, menciones e imágenes anales que pueden
encontrarse en la obra quevediana. Sin embargo, sólo presento una selección
exclusiva que ilustra la cuestión penetrativa.
36 Quevedo, Francisco de: Poesía varia. Madrid: Cátedra, 2014, p. 548.
61
Octavio Páez Granados
En Vélez a dos de marzo
que por los putos de allá
no quiero volver las ancas
y no me parece mal.37
La voz poética deja en claro su temor: no es capaz de darle
la espalda al grupo de sodomitas, ya que eso sería ”voltearse”,
predisponerse a la penetración y sufrir las posibles embestidas
del grupo. En suma, Quevedo explota de todas las maneras
posibles el uso del concepto ”mes de marzo” para jugar con la
idea de algo que ”se voltea, se invierte, se pone de espaldas”; o
bien, algo que ”voltea, o pone de espaldas”. Así, el sodomita se
entiende penetrador y penetrable. Por otro lado, Quevedo deja
patente que en su imaginario la penetración anal acarrea la
muerte:
Murióse el triste mozo malogrado
de enfermedad de mula de alquileres,
que es decir que murió de cabalgado.38
Metáfora del acto sexual, cabalgar, Julio —sodomita agente
y paciente— murió debido al uso y abuso de su actividad
sexual como homosexual pasivo. Estos versos nos ponen de
relieve una cierta contradicción en el sistema de Quevedo, ya
que ¿habría entonces uso sin abuso? Continuando con el horror
anal quevediano, podemos leer:
¡Oh tú, cualquiera cosa que seas,
pues por su sepultura te paseas,
o niño o sabandija,
o perro o lagartija,
o mico o gallo o mulo,
o sierpe o animal que tengas cosa
que de mil leguas se parezca a culo:
Guárdate del varón que aquí reposa,
que tras un rabo, bujarrón profundo,
si le dejan, vendrá del otro mundo!39
37 «Relación que hace un Jaque de sí, y de otros», jácara; ibid., p. 331.
38 «Epitafio a un italiano llamado Julio»; ibid., p. 548.
39 «A un bujarrón»; ibid., p. 551.
62
Ano castrado, ano imán, ano locus amoenus
Allende de las insinuaciones zoofílicas (recordemos que la
zoofilia o bestialismo forma parte de los pecados contra natura)
y de la ”bestialización” de la que es objeto el sodomita, Queve-
do reincide en llamar la atención del lector/pasante, para que
guarde a buen recaudo su culo y así evite un posible ataque del
sodomita penetrador. La advertencia no deja de ser surreal, ya
que además pone de manifiesto el poder ”redentor” del culo: su
presencia es motivo para que el muerto sodomítico resucite.
Siguiendo con la ejemplificación, Quevedo escribe:
Había en el calabozo un mozo tuerto, alto, abigotado, mohíno de
cara, cargado de espaldas y de azotes en ellas. Traía más hierro que
Vizcaya, dos pares de grillos y una cadena de portada. Llamábanle el
Jayán. Decía que estaba preso por cosas de aire, y así, sospechaba yo si
era por algunas fuelles, chirimías o abanicos, y decíale si era por algo
desto. Respondía que no, que eran cosas de atrás. Yo pensé que pecados
viejos quería decir, y averigüé que por puto. Cuando el alcaide le reñía
por alguna travesura, le llamaba botiller del verdugo y depositario ge-
neral de culpas. Otras veces le amenazaba diciendo: —“¿Qué te arries-
gas, pobrete, con el que ha de hacer humo? Dios es Dios, que te vendi-
mie de camino”. Había confesado éste, y era tan maldito, que traíamos
todos con carlancas, como mastines, las traseras, y no había quien se
osase ventosear, de miedo de acordarle dónde tenía las asentaderas. (La
vida del Buscón, llamado Don Pablos).40
Primeramente hemos de notar que al sodomita en cuestión
se le llama ”el Jayán”, que en germanía (la jerga propia de los
rufianes y delincuentes del Siglo de Oro) significa ”rufián res-
petado por los demás”41. Este nombre, ilustra claramente el
aspecto intimidatorio del susodicho: alto, tuerto, de grandes bi-
gotes, mal encarado y arqueado de espaldas. No sabemos muy
bien qué tipo de ”travesuras” cometía el preso —independien-
temente de la cadena y los grilletes que lo limitaban y de las
amenazas del carcelero mayor— pero lo cierto es que los otros
presos estaban atemorizados por su presencia y por la posibili-
dad de ser abordados por este sodomita ”hipermasculinizado”.
Este cuadro ficcional resulta ilustrativo de una problemática
que Óscar Guasch Andreu aborda en su libro La sociedad rosa:
40 Quevedo, Francisco de: La vida del Buscón, llamado Don Pablos. Madrid:
Cátedra, 1982, pp. 221-222.
41 Alonso Hernández, José Luis: El lenguaje de los maleantes españoles de los
siglos XVI y XVII: La germanía (Introducción al léxico del marginalismo). Salamanca:
Ediciones de la Universidad de Salamanca, 1979, p. 106.
63
Octavio Páez Granados
Dos son los tipos donde los heterosexuales ubican los comporta-
mientos homófilos en el modelo pre-gay: marica [o mariquita] u homo-
sexual afeminado y maricón u homosexual viril […]42. El maricón goza
de menor aceptación social, ya que se trata del tipo homosexual menos
reconocible y el que presenta mayores problemas de categorización […]
se trata de una persona que traiciona la base mínima de lo masculino al
tener relaciones sexuales con otros varones: ¿cómo va a ser homosexual
si no lo parece? […] y lo indefinible, lo que está en los límites siempre
produce temor. El carácter social práctico del maricón es mínimo: ni
puede ser usado como sustituto morboso de la mujer, ni sirve tampoco
como contrapunto donde el varón heterosexual puede comparar sus
señas de identidad masculina.43
Este mismo autor señala que la imagen del homosexual viril
puede producir ansiedad al hombre heterosexual, ya que al
mostrar caracteres que él mismo cree poseer, puede recibir del
maricón una doble agresión: la física (ya que cualquier agresión
por parte del marica/mariquita sería percibida como feminoide)
y la sexual (ya que, basándose en las apariencias, el varón hete-
rosexual presupone que, como él, el maricón es sexualmente
activo, el que penetra)44. El lenguaje, siempre revelador de los
procesos mentales, traduce este temor a la violación en un cam-
bio cualitativo, ya que el hombre heterosexual raramente va a
llamar maricón al homosexual afeminado. El término maricón,
aumentativo de un peyorativo e hipérbole de una agresión ver-
bal, es usado como un mecanismo de defensa para rechazar lo
que no es posible entender y conceptualizar a partir de los códi-
gos culturalmente disponibles45. Estas mismas dinámicas del
lenguaje pueden ser claramente observadas en las nomencla-
turas homofóbicas de la época aurea: lindo, y marión o bujarrón,
las versiones barrocas del marica/mariquita y del maricón, res-
pectivamente. El miedo del ano heterosexual masculino ante la
posibilidad de ser penetrado por un maricón/bujarrón, queda
pues patente —una vez más— en este fragmento quevediano.
En el imaginario de Quevedo, los sodomitas —demonios en
vida— pueblan el infierno, acosando a los heterosexuados dia-
blos, también temerosos por sus traseros:
42 Guasch Andreu, Óscar: La sociedad rosa. Barcelona: Anagrama, 1991, p. 50.
43 Ibid., p. 55.
44 Ibid., p. 55.
45 Ibid., p. 56.
64
Ano castrado, ano imán, ano locus amoenus
Pregunté a un mulato que a puros cuernos tenía hecha espetera la
frente que dónde estaban los sodomitas, las viejas y los cornudos. Dijo:
—En todo el infierno están, que esa es gente que en vida son diablos,
pues es su oficio traer corona de güeso. De los sodomitas y viejas, no
solo no sabemos dellos, pero ni querríamos saber que supiesen de noso-
tros, que en ellos peligran nuestras asentaderas, y los diablos por eso
traemos colas, porque como aquellos están acá, habemos menester mos-
queador de los rabos (Los Sueños).46
Las advertencias de Quevedo nunca son suficientes:
Si no eres mentecato,
pon en recaudo el culo y arrodea
primero que te huela o que te vea.47
Sumado al terror del leitmotiv encontramos nuevamente la
animalización del sodomita, quien utiliza su olfato para identi-
ficar a sus posibles “víctimas”. La advertencia continúa:
Mas si acaso no quieres
arrodear, y por la ermita fueres,
llevado de tu antojo,
alerta y abre el ojo.
Mas no le abras, antes has tapiarle,
que abrirle, para él será brindarle.48
Abrir bien el ojo, pero entiéndase el órgano de la visión y no
el del culo, que eso sería invitación. La fijación anal de Quevedo
resulta incontestable. El ano como un imán —terrible y fasci-
nante— aunque parezca de mal gusto y poca trascendencia lite-
raria, aparece y reaparece en la obra quevediana, fluctuante
entre la aversión y la atracción:
El odio de Quevedo contra los putos no se manifiesta de modo sólo
racional, cristiano, humanista: la penetración anal aparece ante sus ojos
como un sumirse en la mierda infernal, sepultarse en un culo.49
46 Quevedo, Francisco de: Los Sueños. Madrid: Cátedra, 1996, p. 207.
47 Quevedo (2014), op. cit., p. 547.
48 Ibid., p. 547.
49 Blanco, Juan: «Grandeza y escatología: el oro y el culo», en: Cuestiones
quevedescas. Puebla: Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2000, p. 28.
65
Octavio Páez Granados
Ahora bien, la relación —tan animosa como compleja— que
este autor parece mantener con la analidad, se vuelve paradig-
mática en sus «Gracias y desgracias del ojo del culo» (1620)50,
probablemente la primera obra en lengua española exclusiva-
mente dedicada al ano. Coincidencia o no, los asuntos del culo
—terreno de las contradicciones— son abordados por un autor
igualmente contradictorio. Con la ironía, la mordacidad y la
agilidad mental conceptista que tanto caracterizan a este autor,
el culo se nos presenta como un ”otro”, una entidad autónoma.
Tal y como su título indica, este breve texto en prosa, dividido
en dos partes, nos habla de los dones y cualidades del culo, así
como de sus infortunios. Se trata pues de un ejemplo de género
literario demostrativo, del tipo encomio paradójico (encomion
paradoxon)51. De entrada, el culo toma forma como una entidad
cuya esencia está basada en la contradicción:
No se espantarán de que el culo sea desgraciado los que supieran
que todas las cosas aventajadas en nobleza y virtud, corren esta fortuna
de ser despreciadas della; y él en particular, por tener más imperio y
veneración que los demás miembros del cuerpo.52
Es decir, las tribulaciones del culo, órgano principal y aven-
tajado, se derivan precisamente de su estatus superior en com-
paración con el resto de los órganos corporales sobre los que
ejerce notable señorío: ”Dícese trasero, porque lleva como sir-
vientes a todos los miembros del cuerpo delante de sí”53. Que-
vedo nos va presentando encarecidas alabanzas dirigidas al tra-
sero, resaltando su perfección al ser ”una esfera con diámetro
zodiacal perfectamente divisible, solar y ciclópeo”54. La ”divini-
zación” del ano, conseguida al compararlo con un cíclope, se
corrobora cuando leemos: ”Y el no tener más que un ojo es falta
de amor poderoso; fuera de que el ojo del culo, por su mucha
gravedad y autoridad, no consiente niña”55. El culo se ”deidi-
fica” de dos maneras: como cíclope (al tener un solo ojo) o como
tuerto, hecho que lo asemejaría al dios Cupido. La imagen del
50 Ésta es la fecha aproximada de redacción que nos da Antonio Azaustre
Galiana en: Quevedo, Francisco de: «Gracias y desgracias del ojo del culo», en:
Obras completas en prosa, vol. II, tomo 1. Madrid: Castalia, 2007, p. 482.
51 Sobre este tipo de género literario, ver Núñez Rivera, Valentín: Paradojas.
Salamanca: US, 2010.
52 Quevedo (2007), op. cit., p. 505.
53 Ibid., p. 511.
54 Ibid., pp. 505-506.
55 Ibid., pp. 506.
66
Ano castrado, ano imán, ano locus amoenus
culo-cíclope, culo-planeta y culo-lugar-de-sodomía, es también
utilizada por Quevedo en un soneto contra Luis de Góngora
(1561-1627) en donde acusa al literato de bujarrón:
Este cíclope, no sicilïano,
del microcosmo sí, orbe postrero;
esta antípoda faz, cuyo hemisferio
zona divide el término italïano […]
éste, en quien hoy los pedos son sirenas,
éste es el culo, en Góngora y en culto
que un bujarrón le conociera apenas.56
Pero volviendo al fragmento citado de las Gracias y desgra-
cias en donde se lee que el culo ”no consiente niña”, puede refor-
zar esta idea del culo como divinidad o semidivinidad. Consi-
derando que niña, además de significar muchacha pequeña,
también se refiere a la pupila del ojo57, el ano sería un ojo ”no
humano”, antes divino. O bien, al ser una entidad grave y con
autoridad, no permite puerilidades. Pero queda aún la posibili-
dad de interpretar este pasaje con más malicia: como es sabido,
el término niña a menudo se utiliza no solamente para referirse
a las mujeres en edad infantil; también se suele emplear para
nombrar a las jóvenes o mujeres de mediana edad. Bien, si el
ojo del culo ”no consiente niña” —o sea sujeto del sexo
femenino—, nos surge una insinuación al culo sodomítico: al
culo sólo le placen los varones. Continuando con los primores
del culo, según Quevedo éste merece más la mirada que los ojos
de la cara, pobres en detalles y hechuras. El ano, colmado de
”pliegues llenos, molduras, repulgos y dobladillos, cola y bar-
ba”58, además de primoroso se trata de una cara cosa:
como cosa tan necesaria, preciosa y hermosa, le traemos tan guar-
dado y en lo más seguro del cuerpo, pringado entre dos murallas de
nalgas, amortajado en una camisa, envuelto en unos dominguillos59, en-
56 Quevedo (1982), op. cit., p. 594.
57 Covarrubias, Sebastián de: Tesoro de la lengua castellana o española. Madrid:
Luis Sánchez, 1611.
58 Quevedo (2007), op. cit., p. 507.
59 Prenda de punto que se usaba para dormir. Ibid, p. 507, nota 42.
67
Octavio Páez Granados
vainado en unos gregüescos60, avahado61 en una capa; y por eso se dijo:
bésame en donde no me da el sol.62
Cuando se lee esta última expresión, es inevitable no recor-
dar una de las referencias que Sigmund Freud dejó anotada a
propósito de la relación entre cierto tipo de actitudes desafian-
tes con la analidad:
Entre nosotros todavía, lo mismo que en épocas antiguas, se usa
como expresión de desafío y de escarnio desafiante un reto que tiene
por contenido acariciar la zona anal, vale decir, que designa en verdad
una ternura que ha caído bajo la represión (el subrayado es mío).63
Continuando, se nos señala que la importancia del orificio
anal es incuestionable: ”se puede vivir sin ojos, pero no sin el
ojo del culo”64. Las bondades del ojo anal sobrepasan a los de la
cara:
1. Por los ojos faciales entra el veneno de los vicios…
“¿Cuándo por el pacífico y honrado ojo del culo hubo
escándalo en el mundo, inquietud o guerra?”65.
2. ¿Cuándo el ojo del culo provocó ”mal de ojo”?…
¿Cuándo se habrá visto que, por ser testigo de vista,
hayan ahorcado a nadie por él?… ¿Cuándo se ha visto
que por las irregularidades se metan con el ojo del
culo?66
3. Mientras que el ano es vecino de los genitales, lo cual lo
ennoblece, los ojos de la cara son vecinos de la caspa,
los piojos y la cera de las orejas67.
4. El ojo del culo goza de mejor salud; los de la cara pade-
cen muchas dolencias tales como “telillas, nubes y cata-
60“Lo mismo que calzones”, Autoridades.
61“Lo calentado u recocido con el vaho”, Autoridades.
62 Quevedo (2007), op. cit., pp. 507-508.
63 Freud, Sigmund: «Carácter y erotismo anal (1908)», en: El delirio y los
sueños en la “Gradiva” de W. Jensen, y otras obras (1906-1908), vol. IX de las Obras
Completas. Buenos Aires: Amorrortu, 1979-1991, p. 156.
64 Quevedo (2007), op. cit., p. 508.
65 Ibid., p. 509.
66 Ibid., p. 510.
67 Ibid.
68
Ano castrado, ano imán, ano locus amoenus
ratas”. En cambio, el del culo a lo mucho suele atronar
”[…] y eso es cosa de risa y pasatiempo”68.
Sobre las ventosidades, ”voz del culo”, Quevedo nos presen-
ta también sus respectivas laudatorias y gracias69. El culo es
“miembro que da mucho gusto a las gentes” ya que brinda el
inmenso placer de cagar y nos oferta excrementos, que a menu-
do pueden ser utilizados como abonos y remedios (las prácticas
médicas y farmacológicas de la época de Quevedo, utilizaban
algunos excrementos de animales con finalidades cosméticas y
curativas)70. Una vez que para Quevedo las gracias del culo son
numerosísimas, opta por interrumpir las loas y pasar a las des-
gracias, que a diferencia de las virtudes, las limita a quince.
Según nuestro autor, los infortunios del culo pueden resumirse
a las diarreas y cagaleras que puede llegar a padecer por ex-
cesos gastronómicos o patologías (menciona por ejemplo lo que
hoy conocemos por ”síndrome del colon irritable”71). Los azotes
que padecen las nalgas infantiles y juveniles, así como algunos
tratamientos médicos, como las sangrías y los enemas, se men-
cionan como otras de las desgracias que puede padecer el culo.
Cierto tipo molestias o accidentes puntuales del culo también se
enumeran: cortes, heridas, callosidades y golpes. Más aptas
para la glosa y el comentario, resultan la quinta, sexta y
decimoquinta desgracia.
Comenzaré por la quinta: “[…] por donde salió el pedo, meta
el diablo el dedo, la víbora el pico, el puerco el hocico, el toro el
cuerno, el león la mano, el cimborrio del Escurial y la punta de
mi caracol te metan”72. Si aquí el caracol funciona claramente
como eufemismo del pene73 —en concordancia con el listado
zoológico que puede violentar el orificio rectal—nos encontra-
mos una vez más con la asociación quevediana ano/animalidad
ya observada en sus epitafios anti-sodomíticos. Por otro lado,
no carece de interés observar como el terror masculino (normal-
68 Ibid.
69 Ibid., pp. 515-517.
70 Ibid., pp. 510-515.
71 Ibid., «Desgracia décima», p. 524.
72 Ibid., p. 522.
73 El símil resulta evidente si observamos que el caracol tiene la capacidad
de encogerse y guardarse en su concha, soltar líquidos viscosos y dejar hume-
dades a su paso. La metáfora fue utilizada por varios autores en la poesía eró-
tica del Siglo de Oro. Ver, por ejemplo, los villancicos: ”Dormidito estás caracol,
saca tus cuernos al rayo de sol” o ”Caracoles me pide la niña y pídelos cada
día”, en: Varios autores: Jardim de poesias eróticas do ”Siglo de Oro”. Lisboa: Assi-
rio & Alvim, 1997, pp. 86-94.
69
Octavio Páez Granados
mente heterosexual) por la penetración anal puede tomar tintes
tan absurdos y surreales como la improbable amenaza de que el
orificio anal sea invadido —parcial o totalmente— por un ani-
mal. Si la anotación de Quevedo puede parecer anacrónica, ais-
lada o “ficcional”, puedo citar un ejemplo más contemporáneo
y sacado de la realidad. Luis Aragonés, un jugador y entre-
nador de fútbol español conocido como ”el sabio de Hortaleza”,
declaró en el mundial de fútbol que se celebró en Alemania en
el año de 2006: “me van a dar a mí un ramo de flores, que no
me cabe por el culo ni el bigote de una gamba”. Esto, a propó-
sito de un ramo de flores que el comité de bienvenida le intentó
regalar al susodicho y que el sujeto no aceptó. Esta frase, más
allá de ser un mero chascarrillo, condensa toda una ideología
que subyace en el desprecio y el terror por el sexo anal y sus
mitos. Este individuo pasa de un inocente ramo de flores a una
extraña declaración pública, que ronda en la idea de la impene-
trabilidad machista (literal y figurada) y al terror por la pene-
tración anal. Todo esto por medio de una enorme elipsis que
hay que desentrañar. Los imaginarios de Francisco de Quevedo
y de Luis Aragonés ilustran los presupuestos masculinos (en
principio, heterosexuales) que subyacen en la práctica del sexo
anal:
1. Es algo propio de sodomitas/homosexuales masculinos
y es exclusivo de ellos.
2. Es algo antinatural y repugnante. El ano sólo se debe
usar para defecar.
3. Ser penetrado te asimila a una mujer o a un homose-
xual; es decir, te hace inferior, se pierde la hombría, es
una vejación, una deshonra y una desgracia.
4. El ano de un hombre ”verdadero” debe ser impenetra-
ble. Está fuera de cuestión el que a un hombre hetero-
sexual le guste ser penetrado y estimulado analmente.
5. La pérdida de la ”virginidad anal”, supone un desliza-
miento de género, de identidad y de orientación sexual.
Quevedo refuerza estas deducciones en su sexta desgracia:
Da el otro en caballerear y servir damas y traer mucha bambolla y
fausto. Falta a los negocios y pierde el crédito y lo que pecaron los
miembros genitales lo paga el inocente culo, pues al punto dicen:
”Fulano ya dio el culo”.74
74 Quevedo (2007), op. cit., p. 522.
70
Ano castrado, ano imán, ano locus amoenus
Resulta ocioso comentar las nociones de machismo, supues-
ta pérdida de la hombría y la imagen de ultraje anal, que en-
cierra este fragmento. Finalmente anoto la decimoquinta des-
gracia, que por su interés me tomo la libertad de citar integral-
mente:
Finalmente, tan desgraciado es el culo que, siendo así que todos los
miembros del cuerpo se han holgado y huelgan muchas veces —los ojos
de la cara gozando de lo hermoso; las narices de los buenos olores; la
boca de lo bien sazonado y besando lo que ama; la lengua, retozando
entre los dientes, deleitándose con el reír, conversar y con ser pródiga—
. y una vez que quiso holgar el pobre culo, le quemaron.75
Es así que termina esta pequeña pero elocuente obra. He de
apuntar aun varios aspectos que considero pertinentes. Si se
observa con atención, es de notar que, por un lado y cuantita-
tivamente, Quevedo nos deja entrever que las gracias del culo
superan sus desgracias. Por otra parte, las desgracias del culo se
nos pintan como circunstanciales, no se trata de hechos o carac-
terísticas de natura: las gracias del ano ”son”, sus desgracias
”pueden ser”. A mi entender, esto le otorga al culo —desde lo
que nos propone velada o inconscientemente Quevedo— un
estatuto privilegiado de manera global. Muy llamativo resulta
—independientemente de la saña encarnizada que Quevedo
muestra por la penetración anal— como en la última desgracia
deja en claro que el culo es capaz de gozar con esta penetración.
Es decir, en un juego de ”estira y afloja” y contra todo pronós-
tico, Quevedo termina por caer en lo que tanto rehúye. Ahora
bien, ¿cómo resuelve esta insinuación tan poco ortodoxa?
Dejando en claro que tal placer conlleva el más terrible de los
castigos: la muerte en la hoguera. Con esta condena, súbitamen-
te todo lo que podría provocar sospecha, se normativiza.
Este vernos situados en los límites de lo permitido, de la de-
cencia y del decoro, de lo aceptable y ortodoxo, para luego
situarnos en lo que sería correcto y de esperar, no difiere mucho
del tipo de mecanismos que constantemente activan muchos
otros autores del Siglo de Oro, cuyo paradigma sería Lope de
Vega con sus comedias. Este dejarnos caer la normatividad de
golpe —estocada que esquiva a los censores— violenta clara-
mente el sentido de ficcionalidad que nos sugiere ”otros mun-
dos posibles” y nos sitúa a quemarropa en el plano de lo ”real”,
lo que ”tiene que ser”. Todo esto puede ser nítidamente ilustra-
75 Ibid., p. 525.
71
Octavio Páez Granados
do con el epígrafe que Valeria Wagner utiliza en el prólogo de
su obra antes referida76: “Nada de mamadas, no hay tal ficción,
hay ensayo en la ficción para puesta en escena cotidiana” (Paco
Ignacio Taibo II, La bicicleta de Leonardo). Y que puede comple-
mentarse con lo siguiente: “[…] casi podríamos decir que la
ficción es inactiva sólo cuando no es leída ni conocida, como
bien lo saben los que practican la censura”77.
En este magistral tratado de escatología y analidad, paradó-
jicamente Quevedo nos muestra —a su ver y manera— la idio-
sincrasia escrupulosa, mojigata, machista y homofóbica de una
sociedad, dando libre cauce a las obsesiones y fantasmas liga-
dos al reconocimiento de realidades corporales. Esta analidad,
tan insistente en la obra quevediana y que ha sido tan ignorada
y pasada por alto por la academia, no debería ser tratada como
algo marginal y poco digno de atención. Esta fijación de Queve-
do refleja una visión de la masculinidad hegemónica y hetero-
normativa —basada en la invención, el temor y la fragilidad—
que define al “hombre” iberoamericano de la edad moderna,
modelado y puesto en escena.
CONCLUSIÓN
A guisa de conclusión, considero pertinente anotar lo dicho
por Beatriz Preciado en su Terror anal78, ya que a mí entender va
al encuentro de muchos de los puntos que han venido siendo
expuestos a lo largo de estas páginas: al nacer somos un entra-
mado recubierto por un órgano que supera a los demás en peso
y extensión: la piel. La piel se abre en dos orificios musculares:
la boca y el ano. Dada la simetría entre estos dos orificios y los
cuerpos, y asustados de la potencialidad indefinida de gozar
con todo, se buscaron formas de controlarse y controlar. El
miedo a que toda la piel fuera un órgano sexual sin género hizo
redibujar el cuerpo, diseñado afueras y adentros, marcando
zonas de privilegio y zonas de abyección. Fue necesario cerrar
el ano para sublimar el deseo pansexual y convertir la energía
que podía fluir por él, en honorable y sana camaradería varonil,
intercambio lingüístico, comunicación, prensa, publicidad, capi-
tal. Surgió entonces la ”castración del ano”. Se metió un dólar
por el culo de los niños, mientras se exclamaba: ”cierra el ano y
serás propietario, tendrás mujer, hijos, objetos, tendrás patria. A
Wagner (2005), op. cit., p. 9.
76
Ibid., p. 10.
77
78 Epílogo publicado en la traducción castellana de la obra de Hocquen-
ghem, Guy: El deseo homosexual. Santa Cruy de Tenerife: Melusina, pp. 135-172.
72
Ano castrado, ano imán, ano locus amoenus
partir de ahora serás el propietario de tu identidad”. El ano
castrato se convirtió en un mero punto de expulsión de detritus.
Puesto a disposición de los poderes públicos, el ano fue cosido,
cerrado, sellado. Así nació el cuerpo privado, así nacieron los
hombres heterosexuales, que, aunque se presentan como jefes y
vencedores, son en realidad cuerpos heridos, maltratados. En el
hombre heterosexual el ano no es un órgano, es una cicatriz que
dejó en su cuerpo la castración anal. El ano clausurado es el
precio que el cuerpo paga al régimen heterosexual por el privi-
legio de su masculinidad. El daño fue remplazado con una
ideología de superioridad, olvidando que su hegemonía se
asienta sobre la castración anal. El ano castrado es el armario
del hombre heterosexual. Con la castración del ano, surgió el
pene como significante despótico. Los chicos-de-los-anos-am-
putados erigieron una comunidad a la que llamaron Ciudad,
Estado, Imperio, Patria, Nación, de cuyos órganos de poder y
administración excluyeron a todos aquellos cuerpos cuyos anos
permanecían abiertos: las mujeres, doblemente perforadas por
sus anos y vaginas, y los maricas a los que el poder no pudo
castrar, cuerpos que reniegan de lo que los otros consideran
evidencia anatómica y que hacen de la mutación una estética de
vida. En torno a la comunidad de los anos cerrados, se apunta-
lan como columnas bobas las familias con su padre-analmente-
castrado y su madre-víscera-hueca dispuesta a traer al mundo
nuevos tubos dérmicos a los que pronto se le arrancará el orifi-
cio anal … hasta que llegue el día de la cólera del cordero y los
cuerpos-no-castrados-de-ano se rebelen.
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1969-1981, 4 vols.
- Poesía original completa de Francisco de Quevedo. Barcelona:
Planeta, 1990.
74
Ano castrado, ano imán, ano locus amoenus
- Poesía satírico-burlesca de Quevedo: estudio y anotación filológica
de los sonetos. Madrid: Iberoamericana, 1984.
- Poesía varia. Madrid: Cátedra, 2014.
Ranke-Heinemann, Uta: Eunucos por el reino de los cielos: Iglesia católica y
sexualidad. Madrid: Trotta, 2005.
Temprano, Emilio: El árbol de las pasiones. Deseo, pecado y vidas repetidas.
Barcelona: Ariel, 1994.
Tomás y Valiente, Francisco (et al.): Sexo y otras transgresiones pre-mo-
dernas. Madrid: Alianza, 1990.
Varios autores: Jardim de poesias eróticas do ”Siglo de Oro”. Lisboa:
Assirio & Alvim, 1997.
Vázquez García, Francisco/ Moreno Mengíbar, Andrés: Sexo y Razón.
Una genealogía de la moral sexual en España (siglos XVI-XX). Madrid:
Akal, 1997.
Wagner, Valeria: Literatura y vida cotidiana. Ficción e imaginario en las
Américas. Madrid: Biblioteca Nueva, 2005.
75
Valoración de la experiencia, reunión comunitaria:
Espíritu y religión en Carlos Martínez Rivas ©
Jorge Chen Sham Universidad de Costa Rica
Desde el punto de vista de una búsqueda de una religiosi-
dad auténtica y de la manifestación de la divinidad en la vida
concreta de los seres humanos, en la poesía de los años 50 y 60
existe una necesidad de plantear el ámbito de participación y de
identidad grupal, como uno de los mayores retos del ligamen
del poeta a la experiencia religiosa. Si para la poesía de las
convulsas décadas 60 y 70 es posible entender esta liberación de
las conciencias dentro de esa comprensión de una utopía
socialista, como a la que aspiraba efectivamente gran parte de la
ciudad letrada latinoamericana, con los posteriores desarrollos
de una Teología de la Liberación y las transformaciones sus-
citadas por el Concilio Vaticano II. La vuelta a una eclesialidad
basada en la tradición de las primeras comunidades cristianas
es la piedra angular de esta nueva cristología marcada en esa
opción por los pobres; subraya el hecho de que se trata de una
iglesia construida desde abajo, desde una horizontalidad que
denuncia ya el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez en su
fundamental libro de 1971, cuando rechaza “la posición oficial
en una iglesia que postulaba una cierta asepsia en materia de lo
temporal”1. Un compromiso con la realidad social en la que se
lee ahora la pasión y muerte de Jesús, una nueva manera de
enfrentarse al Reino de Justicia y de Hermandad, que comienza
con esa proclama de la fraternidad humana y social. Sus ideas
©
Boletín Hispánico Helvético, volumen 32 (otoño 2018): 77-98.
1 Gutiérrez, Gustavo: Teología de la liberación: perspectivas. Salamanca: Edito-
rial Sígueme, 1987, 5ª. ed., p. 95.
Jorge Chen Sham
sobre lo que en el Concilio Vaticano II denominó como el
aggiornamento en materia de ritos y celebraciones no podrían
llevarse a la práctica sin que pasemos por la celebración de
rituales colectivos, fundados precisamente en el amor y en la
fraternidad.
Pero en la década de los 50 no podían esperarse todavía
tales transformaciones radicales que supondrían una puesta al
día de la Iglesia dentro de la Modernidad; sin embargo, Hora-
cio Cerutti Gulberg plantea que muchas veces la literatura se
adelanta y anticipa un pensamiento teológico renovador en sus
concepciones sobre las relaciones entre la divinidad y el ser hu-
mano2. Un poeta como el nicaragüense Carlos Martínez Rivas
(1924-1998) propugna una renovación de la liturgia, abierta a
incorporar la expresión de la individualidad y a ponderar la in-
serción de la vida comunitaria, y eso me parece lo más sintomá-
tico de un poemario como La insurrección solitaria (1953)3. La
aspiración a encontrar un ligamen entre lo cotidiano de las acti-
vidades humanas con la realidad trascendente se realiza en un
contexto determinado; Martínez Rivas nos invita a valorar las
ceremonias religiosas en tanto experiencia de la memoria reve-
lada, porque para el cristianismo más auténtico su presencia
está condicionada por la presencia del Espíritu:
La memoria es dinámica, el recordar de Dios es un acontecimiento
activo y creador. El cristianismo está siempre animado por el Espíritu y
si el Espíritu nunca prescinde del recuerdo de Jesús, es también creador
y aplica este recuerdo a las situaciones inéditas de la historia.
Recordar no tiene necesariamente que ver con el anquilosamiento.
[…] En el recuerdo de estas historias hay un comienzo de futuro libera-
dor. Así sucedía cuando el pueblo de Israel hacía memoria de su pasa-
do […].4
Desde el punto de vista religioso en esa inserción con lo sa-
grado, recordar desemboca en la actualización, en el sentido de
hacer memoria activa de ese pasado de los actos y palabras de
Jesús. El cristiano lo hace en unas ceremonias y unos ritos cuyo
sentido debe rebasar la retórica hueca y vacía de sus fórmulas,
2 Cerutti Gulberg, Horacio: Filosofía de la liberación latinoamericana. Ciudad
de México: Fondo de Cultura Económica, 1983, p. 113.
3 Baste solamente ver el libro de memorias que escribe Berenice Maranhão:
Traiciones a Carlos Martínez Rivas (semblanza no autorizada). Managua: Vanguar-
dia, 2a. ed., 2011.
4 Gelabert, Martín: Valoración cristiana de la experiencia. Salamanca: Editorial
Sígueme, 1990, p. 31.
78
Valoración de la experiencia, reunión comunitaria
con el fin de ubicarse en la expresión del amor que se irradia en
las vidas concretas de los creyentes. Y no es cualquier ceremo-
nia la que retiene la mayor atención de Martínez Rivas en La
insurrección solitaria; se trata de lo que, en la óptica cristiana, se
denomina como Pentecostés, la manifestación del espíritu sobre
los creyentes en el poema «Pentecostés en el extranjero». Los
Hechos de los Apóstoles narran este episodio central de la reve-
lación y experiencia comunitaria, puesto que después de tal
fusión energética, ya no tienen miedo y empieza su predicación:
Al cumplirse el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el
mismo lugar. Y se produjo de repente un ruido del cielo, como de vien-
to impetuoso que pasa, que llenó toda la casa donde estaban. Se les
aparecieron como lenguas de fuego, que se dividían y se posaban sobre
cada uno de ellos. Y todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comen-
zaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu Santo les movía a
expresarse.5
Pentecostés sería así la revelación del Espíritu de Dios que se
manifiesta y se revela a los Apóstoles, en lo que constituye el
culmen de las apariciones pascuales que dan origen al cristia-
nismo: “a partir de la experiencia de las apariciones pascuales,
interpretaron su muerte como el acontecimiento escatológico de
la salvación”6; su objetivo de fe era continuar la difusión de su
mensaje y palabras en una predicación itinerante y que se lanza
para que llegue a todos los confines; Philippe Sellier subraya
esa reunión que hace este episodio de la evangelización y la
catequesis, para que convoquen el Kerigma (“el llamado a la fe”)
y, en esa expansión del cristianismo por Cercano Oriente y
Europa del Este, se ore pidiendo la venida del Espíritu Santo y
se despliegue una rica imaginería religiosa7. También explica
los elementos relevantes dentro de esta concepción del “Pen-
tecostés”, de regeneración espiritual y de una experiencia inten-
sa bajo el enardecimiento del Espíritu8. Por lo tanto, Pentecostés
es una celebración que está en el origen mismo del cristianismo;
su predicación desencadena el sentimiento de comunidad con
el llamado a ser convocados bajo un mismo impulso, de modo
que es necesario infundir e interpelar al Espíritu de Dios en la
5 Capítulo 2: 1-4; Santa Biblia. Madrid: Ediciones Paulinas, 1972, p. 1274.
6 Vouga, François: Los primeros pasos del cristianismo: Escritos, protagonistas,
debates. Estella: Editorial Verbo Divino, 2000, p. 39.
7 Philippe Sellier: Para conhecer a Bíblia: Um guia histórico e cultural. São Pau-
lo: Editora WMF Martins Fonte, 2011, p. 257.
8 Sellier (2011), op. cit., pp. 257-258.
79
Jorge Chen Sham
comunidad así reunida. Esa es la experiencia que relata el epi-
sodio de los Hechos de los Apóstoles que hemos citado. En Pen-
tecostés se produce la manifestación pascual más interesante en
términos de que están reunidos la comunidad de los seguidores
de Jesús; se trata de un lugar de encuentro, cuya función es
determinante para el afianzamiento de la prédica a los judíos y
gentiles, pues lanza la vocación misionera del cristianismo.
Sirva todo lo anterior para introducir el poema de Carlos
Martínez Rivas, «Pentecostés en el extranjero», cuya primera
unidad tiene la función de proponer la celebración pentescostal
desde el punto de vista de su ubicación en el calendario litúr-
gico de la Iglesia Católica:
Antaño, en la época de las participaciones,
después del tiempo pascual con sus cincuenta días
bien contados y plenos en su liturgia triunfante
(tal cual se nos presenta hoy bien estudiada y mal vivida)
(v. 5) el domingo siguiente a la luna llena del equinoccio de primavera;
el suceso tenía lugar.9
Deícticamente hablando, el poema comienza estableciendo
una oposición temporal, “Antaño” (v.1) versus “Hoy” (v. 16),
cuando se enuncia y se ubica la acción por describir. La marca-
ción del calendario litúrgico (“después del tiempo pascual con
sus cincuenta días”, v. 2) y del calendario cosmológico (“el do-
mingo siguiente a la luna llena del equinoccio de primavera”, v.
5) hace que toda la importancia de la ceremonia se intensifique
en la repetición del mismo evento: “el suceso tenía lugar” del
verso 6. En lo que se refiere a esta particularidad del verbo en
imperfecto, Aintzane Doiz Bienzobas la define como una ora-
ción “de lectura iterativa no habitual”:
El imperfecto indica que la situación que modifica puede pertenecer
al plano de la actualidad o al plano de la estructura del mundo. Es
decir, por una parte, la no atribución de especificación temporal por
parte del imperfecto a la situación que modifica indica que la situación
9 Martínez Rivas, Carlos: La insurrección solitaria. San José: EDUCA, 1973, p.
49.
80
Valoración de la experiencia, reunión comunitaria
pertenece al plano de la estructura del mundo, en donde las situaciones
no están temporalmente ancladas.10
Con el imperfecto se describe un evento que tiene lugar cada
vez que se cumple con el calendario litúrgico y cosmológico,
por cuanto se repite cada año por las mismas fechas de acuerdo
con el movimiento lunar. Así, lo que Doiz Bienzobas observa
como el plano de la actualidad, de generalización y de extrapo-
lación, responde aquí a un tipo de situación especial que se rea-
liza siempre y cuando se ajuste al calendario: se celebra Pente-
costés en una fecha móvil teniendo en cuenta que si se cumple
con la prescripción de la Pascua según el tiempo litúrgico, como
indica el poema, “el suceso tenía lugar” (v. 6);
Sobre el fondo en pan de oro
la ronda felina de las llamas
desvaneciéndose renaciendo
(v. 10) y una nueva forma de persuasión
en boca de esas gentes.11
Lo claro
y lo obscuro. El murado yo voluntarioso con ceño de diamante
y el indefinido murmullo que se resigna fondo,
(v. 15) se conciliaban. (pp. 49-50)
La disposición tipográfica adquiere una significación capital
en «Pentecostés en el extranjero”». La estrofa centrada repre-
senta lo que retiene en primer lugar la atención de quien descri-
be la escena; se trata de esa hierofanía ligada a la revelación/
manifestación del Espíritu Santo, que Hechos de los Apóstoles
2, 3 describe con las “lenguas de fuego”: “Se les aparecieron
como lenguas de fuego, que se dividían y se posaban sobre
cada uno de ellos”12. Recordemos que la presencia de la divini-
dad desde la tradición veterotestamentaria se relaciona con el
fuego; pero en la versión de Martínez Rivas se proyecta de una
forma que llama la atención dentro de esta imaginación visio-
naria del poeta nicaragüense. El fuego se propaga como “la
ronda felina de las llamas/ desvaneciéndose renaciendo” (vv. 8-
9); el adjetivo “felina” no puede pasar desapercibido porque
10 Doiz Bienzobas, Aintzane: «El aspecto: la gramaticalización de la descrip-
ción de la realidad», Letras de Deusto XXXI, 92 (2001), p. 139.
11 Respeto la disposición del poema.
12 Santa Biblia (1972), op. cit., p. 1274.
81
Jorge Chen Sham
convoca no tanto al león como al tigre de nuestra tradición occi-
dental. Quien consolida este simbolismo es el poeta inglés
William Blake (1757-1827), quien lo pone en circulación en su
famoso poema «The Tyger», de su libro Songs of Experience
(1794). Para Blake, el tigre fascina y hechiza a sus víctimas por
sus ojos encendidos, lo que resalta él con esa sinécdoque cro-
mática que se despliega en la atmósfera del “burning bright” en
noche oscura (“the forest of the night”):
Tyger, tyger, burning bright,
In the forest of the night,
What inmortal hand or eye
Could frame thy fearful symmetry?13
Esos ojos motivan una retórica de la seducción que atrapa al
que mira su faz; se encuentra desarrollado en la segunda estro-
fa en esa combustión de unos ojos que queman:
In what distant deeps or skies
Burnt the fire of thine eyes?
On what wings dare he aspire?
What the hand, dare sieze the fire?14
Así, el elemento cromático, asociado a la luz, surge para
subrayar el resplandor tanto de los ojos como de las manchas
de la piel de la “ronda felina” (v. 8) que asecha a la fiera; pero
también se trata de ese tiempo de la sensación y de la transfor-
mación de la materia, tiempo vital de lo instintivo y primigenio
en el que se produce la combustión volátil. Por ello, se plantea
otra significación derivada de la combustión del fuego/luz,
pues el fuego destruye y purifica al mismo tiempo. Aquí Martí-
nez Rivas se obsesiona por un fuego que se expande en “ronda
felina”, aludiendo así al ritual de la fiera/presa que termina la
ingestión de carne por parte del tigre, y eso viene dado por el
símbolo del tigre blakeano, en el furor institivo15. Por esto, lo
que Marie-Christine Séguin denomina como “l’aspect d’un feu
13 Blake, William: Blake’s Poetry and Designs. New York: W.W. Norton & Co.,
1979, p. 49.
14 Blake (1979), loc. cit.
15 Véase el artículo de Chen Sham, Jorge: «Simbología del tigre “luminoso”
y deseante: Caza mayor de Eduardo Lizalde», Revista de Literatura Mexicana Con-
temporánea, LII, 18 (2012), pp. 45-52.
82
Valoración de la experiencia, reunión comunitaria
envahisseur et brûlant”16, se desarrolla en esta combustión in-
terna que transforma, pues el fuego “va se nicher au plus pro-
fond des corps”17. Es decir, para insistir en las transformaciones
que están experimentando los discípulos de Jesús, Martínez
Rivas observa la volatilidad y la incandescencia del fuego en los
gerundios del verso 9: “desvaneciéndose renaciendo”, sin olvi-
dar de que se realiza en una situación radical y específica:
“Sobre el fondo en pan de oro”, del verso 7, cuyo motivo es el
pan y la búsqueda de una comunión dialógica.
Así, el alimento por excelencia por sus motivaciones cristia-
nas ha sido el pan, ese cuerpo de Cristo que se transforma en la
eucaristía, cuando “cette expérience ne cesse d’être mise en lien
avec le corps et les sens, comme si elle devait s’éprouver dans et
par ce corps et ces sens avant de s’éprouver dans et par
l’âme”18. Este cuerpo material se “transustancializa”, como afir-
ma el misterio cristiano, de ese “pan de vida” en que esa hostia,
símbolo del cuerpo de Cristo, se transforma. De esta manera, el
alimento está en el principio de la identidad individual y colec-
tiva19, para que condicione la metamorfosis producida en los
versos 10 y 11: “y una nueva forma de persuasión/ en boca de
esas gentes”. Se trata de una imagen que expresa una gran am-
bigüedad porque, si bien es cierto puede aludir al don de len-
guas del que habla Hechos de los Apóstoles, también puede
subrayar el compartir la mesa con el pan que todo lo transfor-
ma, como más adelante claramente se especifica, cuando la
acción de Pentecostés se renueve en el ámbito familiar. En lo
que se refiere a la explicación otorgada al misterium tremendum
que se enmarca en Pentecostés con esa reunión de colores y de
sonidos, se subraya la reconciliación de los opuestos, tal y como
el mismo yo lírico reconoce en los versos 12 al 15: “Lo claro/ y
lo obscuro. El murado yo voluntarioso con ceño de diamante/ y
el indefinido murmullo que se resigna fondo,/ se conciliaban”.
La reunión de los opuestos en una conciliación que subraya la
transformación de la materia en el “diamante”.
16 Séguin, Marie-Christine: Des motifs pour dire les quatre éléments dans
l’oeuvre poétique de José Lezama Lima. Villeneuve d’Ascq: Presses Universitaire du
Septentrion, 2001, p. 82.
17 Séguin, loc. cit.
18 Jude, Véronique: «Expérience de Dieu, expérience du corps: Corps char-
nel et corps spirituel chez Sainte Thérèse d’Avila», Europe XVI-XVII, 16 (2011),
p. 445.
19 Pereybonne, Nathalie: «La mesa y los alimentos: espacios de sociabilidad
alimenticios en el Quijote», en: Chen Sham, Jorge (ed.): Los espacios de la socia-
bilidad en la narrativa cervantina. San José: Editorial Arlekín, 2011, p. 68.
83
Jorge Chen Sham
La coincidentia oppositorum se manifiesta para explicar un
acto que desde el punto de vista racional no puede producirse,
de manera que solamente en la reconciliación de opuestos, la
poesía evidencia esa hierofanía propia de la manifestación de lo
sagrado y la forma ambivalente en la que el hombre experimen-
ta su vivencia, pues como asegura el gran historiador de las
religiones, el hombre
trata de asegurarse y de incrementar su propia realidad mediante
un contacto lo más fructuoso posible con las hierofanías […]; por otro,
teme perder definitivamente esa ‘realidad’ al integrarse en un plano
ontológico superior a su condición profana, aun deseando superarla, no
puede abandonarla del todo.20
Tal condición religiosa de la experiencia poética se concreta
en «Pentecostés en el extranjero» con la evocación, como indica
el poema, de un acto rememorado, desde “[a]ntaño” (v. 1),
como se indicaba en el principio del poema. Pero, ¿qué sucede
actualmente? La respuesta se esboza en la siguiente unidad del
poema:
Hoy, el Espíritu Santo ya no es pan común
sino que cada uno oye al del otro, extraño al suyo,
zurear a su lado. Y ante cada rostro
afirmándose la desemejanza de otro rostro.
(v. 20) Y nombres propios.
Tortuosa, sonsacona, la zagala.
Dectractor el prójimo rechinando a tu vera,
Difícil cada vez más la poesía. Y ni siquiera
el día bueno: frío, nublado. Sin el menor rastro de fuego.
(v. 25) Pero seguimos esperando. Con fe
no exenta de cinismo esperamos
el día de mañana
para contradecir al de hoy.
A su golpe vacío. (p. 50)
La oposición temporal cobra toda su vigencia en la presen-
tación de otro escenario, el anodino y contemporáneo en donde
20 Eliade, Mircea: Tratado de historia de las religiones: Morfología y dialéctica de
lo sagrado. Madrid: Ediciones Cristiandad, 1981, p. 41.
84
Valoración de la experiencia, reunión comunitaria
lo sagrado ya no es una marca ostensible del espíritu humano,
mientras sus manifestaciones se van opacando en la seculariza-
ción del mundo después de la II Guerra Mundial21. Ese “Espí-
ritu Santo ya no es pan común” (v. 16), con lo cual se aclara
muy bien el hecho de que Martínez Rivas aluda a Pentecostés
como una reunión comunitaria para compartir el pan; entonces,
la solidaridad y la convivencia ya no están al orden del día en
un contexto en el que cada ser humano ya se encuentra abando-
nado en sí mismo ni tampoco comulga con el que está su lado,
según lo expresan los versos 17 al 20, en estos rostros que ni se
escuchan ni atienden al otro, porque lo que priva es el indivi-
dualismo y el egoísmo; de ahí que termine esta secuencia con
una imagen sin ambages, con “nombres propios” (v. 20), cuan-
do lo que debía privar son los nombres comunes. Este ambiente
tampoco es propicio para la poesía, indica la siguiente secuen-
cia, porque tanto ruido de la “zagala” como del “prójimo” no
coadyuvan a esta búsqueda de lo numinoso; se necesita no sólo
silencio sino también una comunión colectiva para que el espí-
ritu fructifique. La poesía y lo sagrado están aquí en un mismo
nivel, permiten el desciframiento de los misterios22; pero este
ambiente para lo sagrado lo encuentra Martínez Rivas, frío y
poco receptivo, cuando su juicio es contundente: “Sin el menor
rastro de fuego”, que pueda combustionar y encender el ánimo
de los presentes. Por eso, subraya el “vacío” (v. 29) y el tiempo
de la espera, porque de lo que se trata es de asirse a una espe-
ranza, “no exenta de cinismo”, en una confesión sin preceden-
tes del v. 16. La alienación del ser humano se dibuja en esta
caída al ámbito de lo profano, porque no puede reconocerse
como sujeto en ansias total de trascendencia. Por ello como se
enuncia en el verso 23: “Difícil cada vez más la poesía”, léase,
creer en la manifestación de lo sagrado como “antaño”23, aun-
que se aferre con desparpajo a una esperanza y a la posibilidad
de revertir esta desacralización. De manera contraria, mediati-
zado así el sujeto por la trascendencia de lo sagrado, hubiera
podido reconocer en el presente las marcas de la divinidad, de
21 Esa es la pregunta que se impone para Bernadette Hidalgo Bachs, cuando
ella encuentra a finales del siglo XX un resurgimiento de lo sagrado y de la
espiritualidad en Occidente, aunque su impronta se dirige a analizar sus reper-
cusiones y constancias en el ámbito de la poesía mundial: «Préface», en: Hidal-
go Bachs, Bernadette (ed.): Écritures poétiques, écritures du sacré: interactions.
Paris: Michel Houdiard Éditeur, 2015, p. 19.
22 Véase Boutet, Danielle: «L’art et la vie intérieure: phénoménologie d’une
expérience de création», en: Hidalgo Bachs (2015), op. cit., pp. 105-114.
23 Recordemos los orígenes sagrados de la poesía.
85
Jorge Chen Sham
ese Pentecostés radical y energético; solamente lo puede ubicar
en el pasado (“antaño”), frente al “hoy” de un tiempo profano,
nada gratificante y que no puede colmar las ansias de trascen-
dencia de la humanidad. De esta manera, la celebración en pre-
sencia se escenifica en la última unidad del poema:
(v. 30) Así
los dos compatriotas (E. C. y
C. M. R.) sentados junto a Teresa, con su respectivo
cáliz y su manera peculiar de mirar a la mujer,
brindan en esa dulce reunión
(v. 35) a la áspera salud de ser diferentes.
Fiel cada cual a su distinta lengua roja
a su pentecostés privado
a su fraude provisional.
Porque es verdad que hacemos fraude.
(v. 40) Porque creemos en el Espíritu Santo hacemos fraude.
Porque aún a costa del fraude y de los juegos
de vocablos, continuamos
para perpetuar la amenaza
inventar la necesidad
(v. 45) mantener el peligro en pie
mientras retornan
esos tiempos que el hombre ya ha conocido antes. (pp. 50-51)
El escenario que se dibuja llama mucho la atención, porque
se desarrolla en el espacio privado y familiar de los amigos que
se reúnen en torno a la mesa; ello no es casual en la medida en
que convoca, con el “pan de oro” del verso 7, eso que denomina
más adelante el “pan común” (v. 16), mientras que el “respec-
tivo cáliz” de los versos 32-33 conduce a una “comunión” fami-
liar y privada. En torno a la mesa, las palabras proporcionan un
reconocimiento y una nueva identidad dentro de esa concep-
ción judía de que “toda comida y bebida suponía una comuni-
dad íntima entre los participantes que provenía del hecho de
ser el pueblo elegido”24 y que se traslada, a partir de los Hechos
de los Apóstoles a los gentiles dentro de una “comensabilidad
abierta”25 practicada abiertamente por Jesús en los evangelios,
24 Maldonado, Luis: Eucaristía en devenir. Maliaño (Santander): Editorial Sal
Terrae, 1997, p. 65.
25 Loc. cit.
86
Valoración de la experiencia, reunión comunitaria
la cual escandalizaba tanto a los fariseos como a sacerdotes de
la ley. Leonardo Boff subraya esta transmisión del sacramento
primordial de la Iglesia cristiana, la de esa reunión/celebración
en la que los creyentes “se reúne[n] en la mesa eucarística en la
presencia del Resucitado y viven el vínculo del amor, de la fe,
de la esperanza, de la caridad y de la comunión”26. Y el centro
de esta experiencia se encuentra en la liturgia y en el culto, tal y
como lo indica Boff con gran acierto: “En la liturgia Dios habla
a su pueblo; Cristo sigue anunciando el Evangelio”27. La divini-
dad, pues, se manifestaba y hablaba en aquellos que, convoca-
dos, se reunían, es lo que insiste Carlos Martínez Rivas. Pero
ahora la congregación privada y familiar sustituye la comuni-
taria y extensiva a todos los que comulgaran entre sí28, y si cada
uno posee su “respectivo cáliz” (vv. 32-33), es porque cada uno
bebe de su copa en un acto que ya no es propiamente el colec-
tivo, sino el propio de una mesa bien adosada, brindando por
“ser diferentes” (v. 35). Caracterizada así como “dulce reunión”
(v. 34) frente “a la áspera salud” (v. 35), esta ceremonia susti-
tuye la pascual y la primigenia de las primeras comunidades
con la que el poema confronta como “su pentecostés privado”
(37). Veamos el sistema de oposiciones que se impone en el
poema:
“Antaño” (v. 1) vs “Hoy” (v. 16)
“pentecostés privado” (v. 37)
“ronda felina de las llamas” (v. 8) “cada cual a su distinta lengua roja” (v. 36)
“pan de oro” (v. 7) “ya no es pan común” (v. 16)
LO COLECTIVO vs LO INDIVIDUAL
LO COMUNITARIO vs LO PRIVADO
La necesidad de esta esperanza, del advenimiento de esos
tiempos primordiales en los que la autenticidad y lo comunita-
rio vuelvan a dominar, es un deseo que Martínez Rivas expresa
con el regreso de ese pentecostés primigenio. Pero lo es así en la
medida en que hay certeza en el yo lírico de que un “fraude” se
impone para el creyente. Si el “fraude” remite a “[e]ngaño, acto
26 Boff, Leonardo: Jesucristo El Liberador: Ensayo de cristología crítica para nues-
tro tiempo. Santander: Editorial Sal Terrae, 1983, 2ª. ed., p. 234.
27 «Constitución sobre Sagrada Liturgia», Vaticano II, núm. 33, citado por
Boff (1983), op. cit., p. 234.
28 Lo que en la perspectiva neotestamentaria sería comulgar en el amor de
Dios.
87
Jorge Chen Sham
de mala fe”29, eso cuestionaría la fe del creyente y sus actos e in-
tenciones y, por lo tanto, las creencias de quien, se considera,
comete un error. Eso lo deja en mala postura para acreditar su
buena fe y la autenticidad de sus palabras y actos. Pero en Mar-
tínez Rivas, este “fraude” funciona como la tabla de salvación
que posee el ser humano caído en la desgracia; se enuncia como
una treta del débil, una estrategia en tiempos de crisis y de su-
pervivencia: “Porque aún a costa del fraude y de los juegos/ de
vocablos, continuamos” (vv. 41-42). Pero habría que tomar en
cuenta la condición enunciada en el título del poema y confir-
mada por la fecha y el lugar que se agregan al término del poe-
ma, “Pentecostés, 1950—Hotel de Bretagne. Rue Cassette.—
París” (51); no sólo se trata de una indicación de la escritura del
poema sino también de esa situación que embarga al yo lírico.
En el “extranjero”, es decir, en la distancia de su tierra, aparece
entonces ese principio de espiritualidad que permite confrontar
las circunstancias personales y provocar una reflexión en torno
a la existencia actual, frente al pasado. Así que se despliega en
el poema su nostalgia; pero lo es en la medida en que «Pente-
costés en el extranjero» insiste en la posibilidad de recuperar
esa Edad de Oro, manteniendo “el peligro en pie” (v. 51), lo que
el libro expresa en su título, La insurrección solitaria, porque no
es ni colectiva ni tampoco de tono épico esa rebelión del sujeto
en los tiempos actuales ni tiene las repercusiones de una época
colectiva ni de grandes hazañas grupales. Podría verse, y eso es
plausible en el poema, como la pérdida de ese cristianismo pri-
mitivo, en cuya congregación y celebración se valora la expe-
riencia religiosa en su sentido más prístino frente al desencanto
de la vida moderna.
Lo mismo realiza Martínez Rivas en otro poema de La insu-
rrección solitaria; se trata de «Villancico», otra celebración que se
relaciona también con el calendario litúrgico de la Cristiandad.
Caracterizada como poesía de tipo tradicional, en la que domi-
na la forma de la canción, el villancico tiene como objetivo la
celebración de las pascuas de Navidad, en donde los pastores,
el pesebre, la sagrada familia y los reyes magos son parte de los
elementos estructurantes de este tipo de poesía tradicional “a lo
divino”, en la denominación de Dámaso Alonso30. Sin embargo,
¿cómo decir algo nuevo con un tipo de composición poética
cerrada desde su temática y su estructura estrófica? La apertura
29 García-Pelayo y Gross, Ramón: Pequeño Larousse ilustrado. Paris: Ediciones
Larousse. García-Pelayo 1976, p. 482.
30 Poesía española: ensayo de métodos y límites estilísticos. Madrid: Editorial
Gredos, 3a. reimpresión, 1981, p. 227.
88
Valoración de la experiencia, reunión comunitaria
del villancico a transformaciones del saber y de su adaptación
para que comprometa las creencias de su emisor solamente
puede realizarse en una valoración de la experiencia religiosa,
tal y como sucede en el caso de los villancicos de Sor Juana Inés
de la Cruz, cuyo lenguaje renovado y apertura cultural se debe
a la necesidad de inscribir la heteroglosia de la cultura novohis-
pana, pues “la religión continúa funcionando como una fuerza
incorporadora que permite abrir el espacio escénico y verbal a
una diversidad de voces, razas y saberes”31. En el caso del poe-
ma «Villancico» de Martínez Rivas, es la impronta de la valora-
ción de la experiencia religiosa la que permite otorgarle al
villancico una nueva significación en el marco de las posadas
decembrinas: asi se enuncia la voz que retoma la letanía propia
de la liturgia de estas celebraciones y la canción tradicional:
¡Un niño nos ha nacido
un niño se nos ha dado!
Vamos, pastores, vamos,
Vamos a Belén,
(v. 5) A adorar, etcétera…32 (p. 71)
De esta manera, estamos ante la presencia de una celebra-
ción, en la que este estribillo, propio del villancico y repetido
cinco veces, tendrá la función estructural de servir de conector
entre las cuatro partes en las que se divide el poema. En el mar-
co escénico de las posadas, el yo poético aparece como un ob-
servador privilegiado del ritual; la representación da lugar a
una reflexión sobre el sentido de la trascendencia del nacimien-
to del Hijo de Dios
Para algo nace
el niño.
Por algo lo hace.
No se alza porque sí
(v. 10) el vientre, la purísima clausura,
de una Niña de Niñas (¡Virgo Virginum!)
Si viene a traer la paz y no la guerra,
no sé a qué venga.
31 Martínez-San Miguel, Yolanda: Saberes americanos: Subalternidad y episte-
mología en los escritos de Sor Juana. Pittsburgh: Instituto Internacional de Litera-
tura Iberoamericana, 1999, p. 157.
32 Si no hay indicación alguna, las cursivas pertenecen al texto.
89
Jorge Chen Sham
Por más dulce que sea la llegada
(v. 15) de los bebés, y ofrecerlos,
¡por el amor de Dios! Si no han de cambiar todo
esto, no sé a qué vienen,
y sí sé
que vienen a engrosarlo no a cambiarlo. (p. 72)
La llegada de un bebé, su nacimiento, se ve como el anuncio
de un cambio en el ámbito de cualquier familia: es apuesta y
renovación de la vida; pero que se extiende aquí al contexto de
la significación mesiánica del Hijo de Dios dentro de ese tiempo
litúrgico del “adviento” cristiano. Ello no es casual, cuando la
reflexión que hace el yo poético sobre las posadas y el villancico
que lo inaugura lo transporta hacia una meditación cuyo origen
se encuentra en la finalidad de este nacimiento; es la afirmación
con la que se inicia el poema propiamente en los versos 6 y 7:
“Para algo nace/ el niño”. El sentido de este nacimiento hay que
buscarlo en la trascendencia que San Lucas otorga a “la función
salvífica de Cristo”33, con el fin de que sea reconocido su
encarnación virginal, tal y como hacen también los versos 9 al
11 del poema. Pero inmediatamente, Martínez Rivas introduce
un argumento de marras, que recoge una de las advocaciones
de Cristo como “Príncipe de la Paz”, según el anuncio de los
ángeles en San Lucas 2, 14: “Gloria a Dios en las alturas/ y paz
en la tierra/ a los hombres que él ama”34. De esta manera, el
contraste es contundente entre “la buena noticia de la alegría
mesiánica”35 y la incomprensión que surge luego, cuando intro-
duce la crítica actual ante tal acto que debió cambiar la faz de la
humanidad, para que sus palabras tengan una gran actualidad
en el contexto de los años 50: “Si viene a traer la paz y no la
guerra,/ no sé a qué venga” (vv. 12-13). Sus palabras suenan a
reclamo ante una situación mundial en el que las guerras con-
tinúan, aún así se trata de reconocer los signos de su presencia
en la historia de la humanidad. Veamos la continuación de esta
reflexión:
(v. 20) Si Él no ha venido — espada
en mano— contra el sabor a hierro,
Boff (1983), op. cit., p. 177.
33
Santa Biblia (1972), p. 1211.
34
35 George, Augustin: El evangelio según san Lucas. Estella (Navarra): Editorial
Verbo Divino, 1976, p. 16.
90
Valoración de la experiencia, reunión comunitaria
el regusto a cobre de no haber
sembrado sino desparramado,
de haber sido gastado
(v. 25) por la existencia sin gastarla,
de haber sido usado sin usar,
si Él no viene a quitar
de una vez por todas
ese resabio a cobre de las bocas,
(v. 30) no sé a qué viene. (p. 72)
La imagen de un Cristo justiciero, “espada/ en mano” (vv.
20-21), que viene a traer el Reino de Justicia, se trae a colación
utilizando el argumento de las guerras, pues su “espada”no
viene a enfrentarse con aquellos que esclavizan y someten a la
humanidad, que Martínez Rivas relaciona con “regusto a co-
bre” del verso 22, en tanto sinécdoque de la sujeción del ser hu-
mano al trabajo extremo y, por lo tanto, a su explotación de las
minas. En este sentido, dos veces se cuestiona el yo lírico el
advenimiento de este “Mesías”:
Si viene a traer la paz y no la guerra,
no sé a qué venga. (vv. 12-13) = Injusticia de la guerra
si Él no viene a quitar
de una vez por todas
ese resabio a cobre de las bocas,
no sé a qué viene. (vv. 27-30) = Explotación y dolor
La siguiente unidad es aún más crítica en cuanto a las razo-
nes que se abordan para preguntarse por el sentido la natividad
en estos tiempos difíciles y amargos; veamos la toma de con-
ciencia en la emergencia de una voz colectiva en primera per-
sona del plural, que surge, ya se anotaba, como estribillo que
ancla el «Villancico» en la estructura tradicional:
Vamos, pastores, vamos,
Vamos a Belén,
a adorar, etcétera…
Porque hemos entendido bastante
(v. 35) bien el sentido oculto (la segunda
intención) de lo blanco, de
lo blancuzco y sus relaciones
91
Jorge Chen Sham
con la lepra y el sello del pecado
casi como en el Éxodo y en Levítico es entendido
(v. 40) (“…y he aquí que estaba leprosa, como la nieve”)
—pero sin poder remediarlo—
(la mancha rutina, el empaque blanquecino
y la abominable pereza del color: años
centurias eras para que el gris se arrastre
(v. 45) un poco hacia el verde-zinc)36
—pero sin combatirlo—
creo, entonces, que a eso
viene y que si no viene a eso no sé a qué viene. (pp. 72-73)
Estamos ante la parte más difícil y oscura del poema si no se
parte de un conocimiento bíblico veterotestamentario sobre los
rituales judíos. Así, la relación establecida entre el color “blan-
co” y la “lepra” se encuentran en Levítico, capítulos 13 y 14;
más concretamente esta asociación se explicita en Levítico 13, 3-
6:
El sacerdote examinará la llaga de la piel: si viere que los pelos de la
parte afectada se vuelven blancos y que la llaga se presenta más
profunda que el resto de la piel, es llaga de lepra. Una vez examinado,
el sacerdote lo declarará impuro. Si la mancha reluce sobre la piel del
cuerpo es blanca, pero no está más profunda que el resto de la piel ni el
pelo se ha vuelto blanco, el sacerdote aislará al enfermo durante siete
días. El séptimo día lo examinará: si constatare que la llaga sigue en su
estado, sin extenderse en la piel, lo tendrá aislado siete días más. Al
séptimo día lo volverá a examinar: si ve que la llaga ha perdido brillo y
no se ha extendido por la piel, el sacerdote lo declarará puro: se trata de
una pústula. Lavará sus vestidos y quedará puro.37
La observación sobre las estrictas normas de limpieza ritual
se asocian con prescripciones médicas para el caso de lo que la
mentalidad israelita consideraba como la impureza humana; lo
interesante es que sea la blancura de las llagas y las lesiones lo
que se asocie con la lepra. Lo oculto es “la lepra”, que se escon-
de en la blancura de la piel, de modo que lo impuro se relaciona
36 Respeto la estructuración del texto; se presenta de esta manera con el fin
de poner un énfasis en los versos 41 al 45.
37 Santa Biblia (1972), p. 131.
92
Valoración de la experiencia, reunión comunitaria
con las normas de limpieza y de rectitud que Yavé dicta a su
pueblo elegido y que Martínez Rivas desliza al terreno, obvio
desde el punto de vista del Levítico, de este libro de la prescrip-
ciones en donde Moisés codifica las reglas de vida cotidiana y
cultural. A la luz de lo anterior, “la manchada rutina” y el ho–
rror a la diferencia del color en “la abominable pereza del co-
lor”38 se refieren a esas falsas apariencias que tendrían que ser
denunciadas en estos tiempos difíciles y abyectos, cuya impo-
tencia ante las acciones posibles se muestran en el verso 46:
“—pero sin combatirlo—”,
La siguiente unidad del poema no ofrece una reflexión como
las anteriores; más bien presenta una serie de observaciones
acerca de lo que ocurre una vez que se termina con el rezo del
rosario. Las posadas ahora tornan en celebración festiva y
dicharachera, que el yo poético, en tanto observador de primera
mano, reproduce:
Vamos, pastores, vamos,
Vamos a Belén,
(v. 50) a adorar, etcétera…
El zapatón que taconea con estrépito
no ha sido silenciado.
Los prójimos unos contra otros se aguzan
(v. 55) como cuchillos chas-chas-chas.
Se oye el encierro, el din-don monótono[,]
el cerrerreo de los adúlteros
guisando al rojo y cenando frío
el ruido de las hojas secas de la ropa humana…
(v. 60) Si Él no viene a acabar
con esas chas-chas-chas y el frou-frou
de la hojarasca y el din-don y el ¡tac
tac! de la bota y toda
nuestra cacofonía,
(v. 65) no sabré que ha venido cuando venga.
No tendré la menor idea. (p. 73)
El oído y la vista prestan toda su atención a la celebración
festiva. El taconeo y los cuerpos entrelazados de los “prójimos”
38 Hay otras expresiones e imágenes que no he podido descodificar en un
poema difícil para quien no conoce todas sus claves de lo cromático.
93
Jorge Chen Sham
(v. 54), por supuesto, en tono irónico, porque no hay acerca-
miento ni identificación con las personas que bailan en ese
ritmo desenfrenado, nos introducen al delirio del baile. Las
onomatopeyas recuerdan el ambiente festivo y jocoso, propio
del lenguaje de la vanguardia más experimental y retadora den-
tro de la literatura nicaragüense39; pero su función es otra,
porque de lo que se trata aquí es de subrayar el ruido desenfre-
nado y la excitación de las personas, en un sistema de equi-
valencias que lo refuerzan. Comienza con los movientos de los
pies para continuar con los cuerpos entrelazados en la pista de
baile:
El zapatón que taconea con estrépito Los pies
no ha sido silenciado (vv. 51-52)
↓
Los prójimos unos contra otros se aguzan
como cuchillos chas-chas-chas (vv. 54-55) Los cuerpos
↓
el ruido de las hojas secas de la ropa humana Los cuerpos
(v. 59)
↓
Si Él no viene a acabar Los pies/ Los cuerpos
con esas chas-chas-chas y el frou-frou
de la hojarasca y el ¡tac
tac! de la bota (vv. 60-63)
La percepción del baile y de los movimientos corporales se
explicita para terminar en la apreciación contundente de este
espectáculo, “nuestra cacofonía” (v. 64), la cual ya no puede so-
portar y del que se muestra muy distante, en esa mezcla muy
propia del mestizaje cultural latinoamericano. Es el preámbulo
para que se produzca un comentario sardónico y despreciativo,
que al final nos invita a una reflexión sobre la condición huma-
na:
Vamos, pastores, vamos,
Vamos a Belén,
a adorar, etcétera…
(v. 70) Aquí están todos los hijos, madres.
Recién nacidos, puros como la nieve.
Son la sal de la tierra. El libre
39 Pienso, por ejemplo, en la Chinfonía burguesa, de Pablo Antonio Cuadra.
94
Valoración de la experiencia, reunión comunitaria
vuelo de vuestro ser.
Oidlos ahora, parlotear, miradlos marchitarse
(v. 75) y adiestrarse —agibílibus— y marcharse.
hinchándose codiciosos,
empobreciéndose de oro. Poco
de todo aquel libre vuelo del ser, madres.
Y poco qué desde vuestro lecho
(v. 80) contra esta ola en torno a una cuna.
Poco desde vuestro rezo,
desde vuestro sueño, desde vuestro puesto.
Sólo hay la nieve amontonada
como la sal que se ha vuelto insípida
(v. 85) y es tirada y pisada.
Sólo la nieve sucia, el sello blanco
de la lepra y sal desalada.
Vamos, pastores, vamos,
Vamos a Belén,
(v. 90) a adorar, etcétera… (pp. 73-74)
El poema termina haciendo una crítica a la situación moral
de la humanidad. Lo que en términos de una familia es un
acontecimiento que cambia las vidas de una pareja, y que el
cristianismo lo ha hecho difundir y propagar para subrayar
también la trascendencia del nacimiento del Hijo de Dios en un
contexto universal, en el poema es objeto de una crítica. La pu-
reza e inocencia del niño ligadas a la “nieve” (v. 71), su signifi-
cación trascendental ligada a la frase evangélica, “la sal de la
tierra” (v. 72)40, sufren en el poema de Martínez Rivas un sabo-
taje, cuando el tópico del nido, de larga tradición en nuestro
imaginario occidental, se cuestiona porque estos recién nacidos
crecerán “[h]inchándose codiciosos” (v. 76) por el dinero. El
nido41, elemento de comparación de esa metáfora del pesebre
protector y refugio, será el lugar desde donde partirían estas
aves, cuyo vuelo tendría también un final censurable cuando
terminen por crecer y desarrollarse con un enriquecimiento ob-
40 Hace referencia a San Mateo, 5: 13-16, en donde Jesús con lenguaje de
parábolas enseña sobre las bondades del Reino y justifica la necesidad de vivir
en justicia y derecho.
41 Véase al respecto Bachelard, Gaston: La poética del espacio. Ciudad de
México: Fondo de Cultura Económica, 1975, 2a. ed., pp. 126-127.
95
Jorge Chen Sham
vio dentro de una economía capitalista. Entonces, la condena
resuena a enjuiciamiento y a castigo en un contexto en el que se
aclara la referencia que Martínez Rivas realiza a la lepra y a su
color blanco, aquí ahora convocada en la “nieve sucia” del
verso 86, gracias a la sal que deshace la nieve y la ensucia. Hay
en el final del poema «Villancico» una admonición que resuena
con esa misma fuerza de denuncia oracular, como la realizada
por el profeta en el Antiguo Testamento, cuando se persuade a
actuar con justicia y derecho, por cuanto la humanidad ha
invertido los valores y cambiado sus prioridades42.
A la luz de los dos poemas que se han analizado, Carlos
Martínez Rivas reactualiza la experiencia religiosa, con el fin de
que el ser humano reflexione sobre su relación con la divinidad
y la función de unos ritos y ceremonias que, lejos de seguirse al
pie de la letra con una retórica hueca o un ritualismo mecánico,
deben ser reinterpretados en la realidad inmediata del ser
humano. Según Martínez Rivas, esos tiempos modernos, de los
años 50, representan un desastre para la humanidad, en donde
la secularización y la acelerada modernización privan con un
sentido individualista y egoísta por un lado, y por otro, las la-
cras de la codicia y las desigualdades crecientes no dejan acer-
carse con devoción y religiosidad que deslegitima lo sagrado.
Parece sustentarse en esa idea muy propia de que con la Poesía,
esa realidad última de las cosas, el ser humano puede intentar
liberarse de ese dominio de lo profano y de una esclavitud que
lo propulsa hacia lo racional, cuando el acto poético así concebi-
do desembocaría en “ceremonias por medio de las cuales co-
mulg[ue de nuevo] con la fuerza que la misma vida represen-
ta”43. Carlos López Gómez trae a colación una idea que cala en
el poeta e intelectual nicaragüense referida a un Foro Mundial
de Filosofía, celebrado del 30 de marzo al 9 de abril de 1949 en
Mendoza, Argentina, en la que bajo concepciones del existen-
cialismo se degradaba a la divinidad y se deslindaba la posición
entre el creyente y el “crédulo” para el cual Dios es una simple
“hipótesis de trabajo”44. Su pertinencia, en este sentido, aclara la
reconsideración de su papel y de la experiencia de fe en el poeta
nicaragüense, de búsqueda de libertad pero también de
rebelión personal como de denuncia del “vate” ante la ignomia
de estos tiempos difíciles.
42 Asurmendi, Jesús: El profetismo: desde sus orígenes a la época moderna.
Bilbao: Editorial Desclée de Brouwer, 1987, p. 43.
43 Eliade (1981), op. cit., p. 54, la cursiva es del autor.
44 De la «Insurrección Solitaria» a las «Traiciones a Carlos Martínez Rivas».
Managua, s.e., 2012, p. 6.
96
Valoración de la experiencia, reunión comunitaria
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98
Los barrios porteños en la nueva narrativa
argentina:
Representación del espacio urbano en dos antologías de
ciudades ©
Virginia Holzer Universität Bern
La representación de la ciudad de Buenos Aires en la narra-
tiva argentina se inscribe en una tradición literaria que comien-
za en los años veinte del siglo pasado y que se extiende hasta el
presente. Sólo por nombrar algunos autores, Roberto Arlt, Leo-
poldo Marechal, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Ricardo
Piglia proveyeron discursos diferentes sobre la ciudad que fue-
ron centrales en la constitución de nuevos imaginarios urbanos.
Claramente, a lo largo del siglo XX, estas representaciones fue-
ron cambiando en la medida en que la forma de vivir y de per-
cibir la ciudad también ha ido cambiando. Pero es de destacar
que en la narrativa bonaerense contemporánea, y en particular
en la que comienza con el nuevo milenio, emerge un gran inte-
rés por el espacio urbano al interior de los diferentes barrios de
la ciudad, los cuales adquieren un papel importante. Por tanto,
la literatura reciente parece ofrecer un lugar donde el relato re-
crea la experiencia singular de pertenecer a un barrio —o en al-
gunos casos de extrañamiento—, y no sólo como reconstrucción
minuciosa con efecto de realidad.
En esta línea, me propongo analizar la construcción del es-
pacio urbano en cuatro relatos breves de escritores argentinos
contemporáneos y estudiar las relaciones que los personajes-
narradores establecen con el barrio. Para esto trabajaré con la
©
Boletín Hispánico Helvético, volumen 32 (otoño 2018): 99-122.
Virginia Holzer
noción de espacio social de Henri Lefebvre, espacio representacio-
nal de Michel de Certeau, lugar antropológico y no lugar de Marc
Augé y heterotopía de Foucault, autores referentes de lo que se
conoce como el giro espacial en el pensamiento y comprensión
de los fenómenos sociales que comienza en los años sesenta.
Estos conceptos, provenientes del campo de la filosofía, socio-
logía y antropología, son fundamentales en el presente trabajo
porque los textos seleccionados dialogan no sólo con la geogra-
fía urbana, sino también con el tiempo presente y la sociedad en
que esas narraciones tienen lugar. Paralelamente, discerniré los
modelos del mundo que se ofrecen en cada relato y que parten
de rasgos espaciales. A tal fin, tendré como modelo el estudio
de Yuri Lotman sobre la estructura del texto artístico por su
especial atención al problema del espacio. Tanto el uso de los
conceptos como las estructuras espaciales inferidas, permitirán
atender a las posibles vinculaciones desde la ficción entre nue-
vos espacios, personajes y cambios socioeconómicos.
Los textos a analizar forman parte de dos antologías publi-
cadas en 2007. Por una parte, «Consolación por la baratija» de
Marcelo Cohen y «Filcar» de Alan Pauls, fueron presentados en
el Encuentro Internacional de Pensamiento Urbano organizado
por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires entre 2005 y
2006. Se trata de escritores argentinos nacidos en la década de
los 50, que escriben sobre el barrio en el que vivieron durante
su juventud, Once y Caballito, respectivamente. Por otra parte,
«Diario de Boedo» de Oliverio Coelho y «Autonomía» de Romi-
na Paula, pertenecen a una antología que incluye a 25 artistas y
fue publicada por Entropía, editorial dedicada a la difusión de
obras de jóvenes escritores. Estos dos grupos fueron elegidos
por pertenecer a lo que desde hace más de una década se cono-
ce como lo nuevo de la literatura argentina, con el objetivo de
ver en qué medida difieren los espacios y las relaciones en sus
textos.
DEL ESPACIO SOCIAL A LAS HETEROTOPÍAS
Si bien las teorías espaciales que desde 1990 dieron lugar a
lo que se conoce como spatial turn fueron fundadoras para los
estudios culturales y sociales que priorizaron el análisis de las
ciudades en la producción cultural, las aproximaciones al tema
comenzaron con anterioridad. Sólo por mencionar una obra de
referencia para este movimiento, el Libro de los pasajes de Walter
Benjamin pone ya en la primera mitad del siglo XX la idea de
pasaje en el centro del interés. La aportación del autor va más
allá de lo que dice sobre el modo de construcción de los pasajes
100
Los barrios porteños en la nueva narrativa argentina
del París de mediados del siglo XIX. Es la idea del pasaje como
ciudad, incluso como mundo pequeño, lo que guarda relación
con la entrada al mundo moderno —marcado con el sello de la
fatalidad— y ciertas formas de poner los pies en la acera, de re-
correr y observar la ciudad. Allí la figura que testimonia la an-
gustia del habitante de la ciudad es el flâneur, el explorador del
mercado y de la multitud.
El desplazamiento de la preocupación por la historia y el
tiempo hacia lo espacial comienza en los años 60, cuando la
geografía humana y las ciencias sociales advierten la necesidad
de considerar el espacio como una dimensión fundamental para
la interpretación de los fenómenos sociales. Un nuevo paradig-
ma basado en una trialéctica dinámica entre espacio, historia y
sociedad, tiene como tesis fundadora la propuesta por Lefevre.
Para este autor el espacio es sobre todo social, y no pasivo, por lo
que cada sociedad produce su propio espacio. Su conceptuali-
zación triádica para dicha producción del espacio consiste en la
práctica espacial que remite a los usos cotidianos que los hom-
bres hacen en relación a un espacio; las representaciones del espa-
cio en tanto espacio concebido por los urbanistas; y los espacios
representacionales que son los espacios plenamente vividos a tra-
vés de sus imágenes y símbolos asociados a ellos1. Las relacio-
nes entre estos espacios pueden ser inestables y hasta conflicti-
vas. De entre éstos, la práctica espacial puede ser puesta en rela-
ción con la noción de espacio de De Certeau, con la particulari-
dad de ser un lugar practicado: “El espacio es un entrecruza-
miento de movilidades. […] Espacio es el efecto producido por
las operaciones que lo orientan, lo circunstancian, lo temporali-
zan […]”2, son las experiencias espaciales las que lo definen.
Desde la antropología, Augé introduce el concepto socioló-
gico de lugar antropológico, que es aquel que puede definirse
como lugar de identidad, relacional e histórico. Como explica el
autor, los hombres que lo reivindican como propio lo hacen de-
fendiendo la identidad del lugar al que pertenecen, ese lugar
común, “construcción concreta y simbólica del espacio”3. Son
ejemplos de esto la casa, los barrios, las plazas públicas, entre
otros. Contrariamente, los no lugares son aquellos espacios que
no pueden definirse como un espacio de identidad, relacional, o
histórico. Según Augé, la sobremodernidad es productora de
1 Lefebvre, Henri: The Production of Space. Malden: Blackwell Publishing,
2011, p. 33.
2 Certeau, Michel de: La invención de lo cotidiano. I. Artes de hacer. México:
Universidad Iberoamericana, 2000, p. 129.
3 Augé, Marc: Los no lugares. Barcelona: Gedisa, 2008, p. 58.
101
Virginia Holzer
este tipo de lugares: “Los no lugares son tanto las instalaciones
necesarias para la circulación acelerada de personas y bienes
(vías rápidas, empalmes de rutas, aeropuertos) como los me-
dios de transporte mismos o los grandes centros comerciales
[…]“4. Otros ejemplos son las cadenas de hoteles, los clubes de
vacaciones, los campos de refugiados, los supermercados. La
abundancia de este tipo de lugares contribuye a que la sobre-
modernidad se constituya a la vez como un mundo “prometido
a la individualidad solitaria, a lo provisional y a lo efímero, al
pasaje”5.
Resulta interesante que el autor retome la idea de pasaje tal
como Benjamin ya lo había planteado, noción que va en conti-
güidad con la sensación de soledad del hombre en la ciudad y
la idea de movimiento. De forma similar, la noción de pa(i)sajes
urbanos que ofrecen Adriana López-Labourdette y Ariel Camejo
Vento para el abordaje de las ciudades latinoamericanas en pro-
ducciones culturales diversas, conlleva la idea de dinamismo.
El término parte del concepto de “paisaje” entendido como cier-
ta “imagen del mundo”6 ofrecida al espectador, pero desde una
perspectiva concreta que se mueve del ámbito de la referencia
al del discurso. De lo anterior puesto en relación con el espacio
citadino se deriva la noción de “pasaje”, que alumbra las for-
mas en que el sujeto experimenta la ciudad. Esto último per-
mite introducir aquí la noción de heterotopías propuesta por
Foucault en los 60 y que pasó a formar parte del debate sobre el
espacio urbano en la década de los 80. Éstas son emplazamien-
tos reales en el espacio externo, que suspenden o alteran el con-
junto de relaciones que los definen: “Places of this kind are out-
side of all places, even though it may be posible to indicate their
location in reality”7. Estos lugares fuera de todos los lugares, y
sin embargo localizables, son propios del espacio en que vivi-
mos. De los principios que Foucault enuncia para las heteroto-
pías, me interesa el que las asocia a cortes de tiempo, porque
funcionan plenamente cuando los hombres atraviesan algo así
como una ruptura absoluta de su tiempo tradicional, como, por
ejemplo, museos, ferias, teatros, y otros.
4 Ibid., p. 41.
5 Ibid., p. 84.
6 López-Labourdette, Adriana/ Camejo Vento, Ariel (eds.): Pa(i)sajes urbanos.
Barcelona: Linkgua, 2015, p. 13.
7 Foucault, Michel: «Of Other Spaces», Diacritics, XVI, 1 (1986), p. 24.
102
Los barrios porteños en la nueva narrativa argentina
DE LA CIUDAD IMAGINADA A LA CONCRETIZACIÓN DE LA CIUDAD
Las ciudades han sido realizadas, pero también han sido imaginadas.
Presupongo, también, que esa fuerza de la imaginación no es propia-
mente literaria (ni, naturalmente, propiamente arquitectónica, porque
tampoco quisiera caer en el prejuicio tan extendido de que son los
arquitectos quienes ejercen el monopolio de la imaginación urbana). La
literatura no imagina ciudades, sino que realiza (como la política, la
arquitectura o el teatro) imaginarios urbanos.8
Como explica el crítico Daniel Link, la literatura contribuye
en la creación de imaginarios urbanos, concepto ya propuesto por
García Canclini en la década del 90, basado en la idea de que
gran parte de lo que nos pasa como habitantes de una ciudad es
imaginario porque muchas veces no surge de una interacción
real9. En palabras de este último autor:
No sólo hacemos la experiencia física de la ciudad, no sólo la reco-
rremos y sentimos en nuestros cuerpos lo que significa caminar tanto
tiempo o ir parado en el ómnibus, o estar bajo la lluvia hasta que
logremos conseguir un taxi, sino que imaginamos mientras viajamos,
construimos suposiciones sobre lo que vemos, sobre quiénes se nos cru-
zan, las zonas de la ciudad que desconocemos y tenemos que atravesar
para llegar a otro destino, en suma, qué nos pasa con los otros en la
ciudad. […] Toda interacción tiene una cuota de imaginario, pero más
aún en estas interacciones evasivas y fugaces que propone una megaló-
polis.10
El autor agrega que son más visibles el imaginario urbano
que ofrece el discurso de la prensa y, por supuesto, el que for-
mulan escritores y cineastas. Es aquí donde Link comparte con
el teórico la noción de que las ciudades también se fundan den-
tro de los libros. Según Link, es posible conectar “la imagina-
ción del espacio no sólo a anclajes referenciales específicos en el
8 Link, Daniel: Fantasmas: Imaginación y sociedad. Buenos Aires: Eterna Ca-
dencia, 2009, p. 372.
9 En concreto, García Canclini (1997) se refiere a las interacciones que tienen
lugar en una megalópolis, es decir, aquellas ciudades con una gran concentración
urbana, como México o Buenos Aires, que se conectan con otras ciudades cer-
canas formando una red con varios centros. Estas ciudades se caracterizan tam-
bién por la convivencia de diversos grupos étnicos y nacionalidades. Cf. García
Canclini, Néstor: Imaginarios urbanos. Buenos Aires: Editorial Universitaria de
Buenos Aires, 1997.
10 Ibid., pp. 88-89.
103
Virginia Holzer
campo de la representación, sino también a modos de funciona-
miento textual”11. Con esto quiere decir que no se trata única-
mente de una espacialización meramente referencial, sino tam-
bién en el nivel enunciativo. Se podría decir que uno de esos
modos, la intertextualidad, es puesta en juego en la constitución
misma de los imaginarios urbanos que la literatura ofrece. Este
aspecto permite señalar la tradición literaria en la que los textos
de Cohen, Pauls, Coelho y Paula se inscriben y con la que están
en diálogo intertextual12. Forman parte de la misma, la novela
Los siete locos (1929) de Arlt, Adán Buenosayres (1948) de Mare-
chal, el cuento «La muerte y la brújula» (1942) de Borges y La
ciudad ausente (1992) de Piglia, entre otros. En todos los casos se
representa lo urbano de un Buenos Aires imaginado y general-
mente bajo la forma de policial. Lo que predomina en estos
relatos es la experiencia del sujeto en la muchedumbre, viven-
ciada de manera conflictiva en un escenario a veces artificial,
pero en el que se evidencian los efectos de la modernidad.
Incluso cuando aparece Rayuela (1963) de Cortázar, “hay una
mirada ya cristalizada sobre la ciudad, entendida como escena-
rio de alienación”13. Esto va a ir cambiando desde la década del
80 hasta la primera del 2000, cuando desde la ficción se realizan
diferentes figuraciones de la historia, que vuelve hacia los años
70 y comienzos de los 80 para escribir sobre la dictadura militar
en Argentina. Sólo por nombrar algunas novelas que buscaron
interpretar la reciente historia argentina: Respiración artificial de
Piglia, Nadie nada nunca de Saer, Los planetas de Chejfec y Dos
veces junio de Kohan. Sin embargo, parecería que en la actuali-
dad la historia ya no es el eje de la ficción argentina. Como
explica la crítica Beatriz Sarlo, el lugar de la literatura ha cam-
biado: “si el pasado reciente obsesionó a los ochenta, el presente
es el tiempo de la literatura que se está escribiendo hoy”14. Es
decir que el interés de la literatura contemporánea pasa por el
presente en el que se inscriben sus autores. En concordancia con
Sarlo, la teórica Josefina Ludmer sostiene que son prácticas lite-
11 Link (2009), op. cit., p. 373.
12 La crítica Silvia Saítta, al hablar de estas nuevas escrituras, declara que
“describir una ciudad es, de alguna manera, revisitar las ciudades ya escritas
para reinscribirlas en otras tradiciones, para corregirlas, para reinventarlas”:
Saítta, Silvia: «Ciudades revisitadas», Revista de Literaturas Modernas, 34 (2004),
p. 135.
13 Link (2009), op. cit., p. 373.
14 Sarlo, Beatriz: «Sujetos y tecnologías. La novela después de la historia»,
Punto de Vista, 86 (diciembre 2006), p. 2.
104
Los barrios porteños en la nueva narrativa argentina
rarias territoriales de lo cotidiano porque “salen de la literatura
y entran en 'la realidad' y lo cotidiano”15 para crear un presente.
Desde el punto de vista de Sarlo, ese presente no se configu-
ra como enigma a resolver sino como escenario a representar:
“Si la novela de los ochenta fue 'interpretativa', una línea visible
de la novela actual es 'etnográfica'”16. Se trata entonces de un
presente registrado casi etnográficamente, algo que caracteriza
a ese tipo de escrituras por reconstruir el presente más coyun-
tural que el neoliberalismo y la globalización generan, con alu-
siones a la migración y la crisis económica del 2001. En esta
línea, Sarlo afirma que escritores como César Aira y Washing-
ton Cucurto, lo que hacen, y a diferencia de los del siglo XX, es
concretizar en sus relatos la contemporaneidad. Es decir, reali-
zan la experiencia de lo urbano a través de un imaginario en el
que la felicidad y el horror son el resultado de que ellos mismos
como escritores habitan ese espacio, ya no abstracto sino con-
creto. Sin embargo, Link se aleja de esa mirada puramente etno-
gráfica y en parte objetiva que Sarlo señala:
no hay hiato posible entre la experiencia estética y la experiencia
urbana, que todo pensamiento sobre lo social y toda imaginación sobre
lo urbano necesariamente comienza, como se dice, con un reconoci-
miento del terreno, no el reconocimiento propio del topógrafo y del
agente inmobiliario, sino el del estratega, porque hay guerra en la ciudad.17
La cita abre el interrogante sobre los modos en que la ciu-
dad, en tanto espacio representado, es no sólo referida sino
también experimentada por los personajes en las narrativas
analizadas en el presente artículo. Para responder a esto, pre-
sentaré mi análisis en dos bloques. En el primero, los narrado-
res vienen desde afuera y recorren el barrio de su infancia, en el
que ya no viven, por lo que se desplazan de afuera hacia aden-
tro, y en el segundo los narradores ya están inmersos en el
barrio en el que residen actualmente, constituyendo itinerarios
desde adentro. Estos recorridos serán además abordados según
el estudio de Lotman, que parte de la afirmación de que “la
estructura del espacio del texto se convierte en modelo de la
estructura del espacio del universo, y la sintagmática de los ele-
mentos en el interior del texto, en el lenguaje de modelización
15 Ludmer, Josefina: «Literaturas postautónomas», Ciberletras: revista de críti-
ca literaria y de cultura, 17 (2007), [Link]
[Link] (consultado 6-X-2018).
16 Sarlo (2006), op. cit., p. 2.
17 Link (2009), op. cit., p. 380.
105
Virginia Holzer
espacial”18, de modo que ambas partes están en diálogo. El
autor plantea la posibilidad de construir modelos espaciales de
conceptos que no poseen en sí una naturaleza espacial, con lo
cual se trata de un modelo ya a nivel ideológico, en el que “el
lenguaje de relaciones espaciales se revela como uno de los
medios fundamentales de interpretación de la realidad”19. La
categoría espacial con la que abordaré estos recorridos será el
par opuesto “adentro-afuera”.
LA VUELTA AL BARRIO: RECORRIDOS DE AFUERA HACIA ADENTRO
En «Consolación por la baratija» de Cohen se narra la vuelta
al barrio de la infancia, en este caso, Balvanera, comúnmente
conocido como Once. El personaje-narrador, luego de someter-
se a una consulta oftalmológica que lo deja con las pupilas
dilatadas, casi ciego, se pierde en las calles que creía conocer
pero que ahora son escenario de una “feria democrática auto-
constituida”20. La frase con la que se define al barrio funciona
como prolepsis de los nuevos usos y apropiaciones que el con-
glomerado multicultural de comerciantes allí practica. A través
de una mirada esperpéntica, cual espejo deformante de su pro-
pia retina, el narrador presenta cierto imaginario urbano del
Once que alude a su lado más grotesco, desbordado de objetos
baratos. La alteración del sentido de la vista, bajo la forma de
una visión borrosa, es en realidad un recurso que el narrador
emplea para expresar el desencanto que le produce volver a su
entrañable barrio y ver que ya no es lo que era.
Cohen comienza su relato con una canción dedicada al
Once. La describe como “canto a la ciudadela”, comparando así
al barrio con las fortalezas antiguas que servían como refugio
ante un ataque externo, pero cuyas “fronteras urbanas”, como
sugiere la narración, fueron violadas. Así, la idea de “ciudade-
la” funciona como metáfora de la guerra que el narrador perci-
be en lo que fuera su barrio, algo que remite a la idea de Link
cuando afirma que en la ciudad lo que hay es guerra. En parti-
cular, el relato hace énfasis en el enfrentamiento entre judíos y
coreanos. Es en la voz de un taxista que la percepción del Otro
se expresa negativamente:
18 Lotman, Yuri M.: Estructura del texto artístico. Madrid, Ediciones Istmo,
1970, p. 270.
19 Ibid., p. 271.
20 Cohen, Marcelo: «Consolación por la baratija», en: Speranza, Graciela/
Sánchez, Matilde (coords.): Diagonal Sur. Buenos Aires: Edhasa, 2007, p. 51.
106
Los barrios porteños en la nueva narrativa argentina
cientos de negocios de bagatelas, e incluso los de confección, habían
pasado a mano de detestables invasores coreanos. Esos roñosos sin
ética empresarial, que fabricaban todo a precios irrisorios explotando a
sus compatriotas pobres, habían obligado a los honestos confeccionistas
moishes a exiliarse en Lanús. (pp. 55-56)
La cita pone de relieve la valoración negativa de la migra-
ción coreana, la cual es reducida a relaciones de explotación de
fuerza humana y producción de capital. Con lo cual, los “inva-
sores coreanos” representan el elemento amenazante que pro-
viene desde afuera.
De manera general, la descripción de ese nuevo espacio ape-
la a transformaciones surgidas a partir de las políticas neolibe-
rales que caracterizaron a la década de los 90 en Argentina. Una
de estas medidas fue la apertura a las importaciones, que en la
narración es referida a través de los productos coreanos que a
un bajo costo fueron ganando espacio en los comercios antes
regenteados por familias judías. Por lo tanto, el relato dialoga
tanto con el espacio y el tiempo presente, rasgo que concuerda
con la apreciación de Sarlo sobre el presente como escenario a
representar en la nueva narrativa argentina. A pesar de no vivir
más allí, el narrador reivindica esa frontera urbana que desde
su perspectiva debe ser defendida, porque el Once es su lugar
antropológico. Como lo entiende Augé, el barrio de la infancia
sigue representando su lugar de pertenencia, al punto que le
dedica una canción. De aquí que señale el advenimiento de
agentes externos que alteran ese espacio representacional en tér-
minos de Lefebvre. Es decir, el espacio vivido a través de imá-
genes y símbolos asociados a éste, y que el personaje recuerda:
“la alfombra donde probablemente habría gateado cuando be-
bé”, “mi primer departamento de vivir solo” (p. 60). Algo que
lo lleva a definirlo como “corroído escenario de una feria demo-
crática autoconstituida” (p. 51), expresión que alude a la actual
sociedad de consumo.
Desde hace dos décadas, el Once se transformó en lo que el
narrador describe como un espacio despersonalizado, en el que
impera la actividad comercial, el automatismo, la competencia
entre actores por vender al mejor precio, algo que podría ajus-
tarse a lo que Lefebvre entiende como espacio abstracto, en el que
lo importante es el intercambio para permitir la acumulación
del capital: “inhóspitos comercios mayoristas”; “empleados y
dueños que se hamacan de tedio”; “[canto] al alborozo mecá-
nico con que [los vendedores] abruman al cliente”; “mercaderes
atávicos” (pp. 49-50). El barrio es la síntesis de ese espacio de
acumulación: “el plagio industrial” en alusión a la copia de los
107
Virginia Holzer
productos importados; “la socarrona codicia del comerciante
descreído desbaratando la insulsa cuadrícula urbana” (p. 51).
De esto último se puede inferir que en la configuración de ese
espacio abstracto tienen un papel importante las representaciones
del espacio, ya no concebidas por los tecnócratas, como postula
Lefebvre, sino por los propios comerciantes. Son ellos quienes
con la expansión del neoliberalismo controlan y producen el
espacio urbano.
En ese espacio mercantilizado, lo que rige es la cantidad
(“rollos [de tela]”, “cuadras y cuadras”, “millares de perchas”).
De forma significativa, la diversidad en la infinidad de baratijas
que colman las vidrieras de las tiendas (“pulseras zodiacales”,
“cubiertos de plástico”, “llaveritos parlantes”, “mostacilla”,
“telgopor”) le confiere al barrio la homogeneidad propia del
espacio abstracto en el que todo es intercambiable porque todo se
reduce a mercancía, transformándolo en “obra de arte del dese-
quilibrio”. Ese espacio abstracto, como sugiere Lefevbre, es frío,
no orgánico, idea que se refleja en la abundancia de materiales
sintéticos que desbordan en las vidrieras: “pullover de acrílico”,
“blusas de orlón”, “cuello de microfibra desbocado” (pp. 49-51).
Esto se enlaza con la reflexión final del narrador, quien no sabe
“si el Once es un organismo vivo o fantasma” (p. 78). Por su
descripción pareciera tratarse más bien de lo segundo, porque
el barrio está compuesto básicamente de no lugares: cuadras,
comercios, galerías, locales. Contrariamente a los lugares antro-
pológicos, en los no lugares, según Augé, no se establecen relacio-
nes de identidad entre los individuos y el lugar, algo que en el
relato se ve en el amontonamiento de las personas para hacer
únicamente un uso comercial del espacio. Este tipo de lugares
guarda una relación particular con el tiempo, ya que son pre-
sentados como los lugares de todos los tiempos: “copias clan-
destinas del prèt–a–porter de moda conviven con pálidos origi-
nales de modas muy caducas”, “luz embalsamada” (p. 50).
Lugares fuera del tiempo tradicional, como las heterotopías eter-
nizantes de Foucault en las que el tiempo sólo se acumula.
De entre todos, hay uno que trae el recuerdo de lo que fue el
barrio y que choca con ese no lugar que Cohen contempla desde
afuera:
Hasta que vi un escaparate con lencería de dama, y en un rapto de
valor alcé la vista, y descubrir que el local se llamaba La bombachita me
alcanzó para comprender que entre el recuerdo del Once de mi infan-
cia, donde ese local se habría llamado Roitman hermanos, o el recuerdo
de las agudezas de los sesenta, cuando se habría llamado La liebre rosa, y
108
Los barrios porteños en la nueva narrativa argentina
ese nombre de ahora, La bombachita, había un rugido de tiempo histó-
rico que me sobrepasaba, me vaciaba de mí, y de repente, desmenuzado
en chispas de mercancía, fui únicamente ese barrio. (p. 54)
El barrio, en tanto lugar simbólico para Cohen, tradicional-
mente estuvo habitado por familias judías, por lo que en el
pasado ese local de ropa interior podría haber llevado como
nombre el apellido de una de éstas. Pero hoy se ha transforma-
do en un lugar que responde a otros intereses según la lógica
del mercado actual, captar la atención del consumidor a través
de un nombre sugerente, La bombachita, designación que incluso
en la década anterior al golpe militar hubiese tenido un eufe-
mismo. Así, esta analepsis pone en relación el espacio de hoy
con el espacio de ayer, lugar y tiempo se conectan a través de la
experiencia alienante que ese no lugar desata en el sujeto hasta
casi transformarlo en un objeto intercambiable más y perder su
persona: “me aflojaban la individualidad”, “la baratija revolu-
cionaba el sentido común” (p. 55). De modo que la sinécdoque
de la mercancía se extiende a todo el barrio para acentuar su
carácter deshumanizante. Vemos así cómo el espacio actúa
sobre el sujeto, quien si bien no se desplaza al interior de la
tienda queda captado por su presencia.
Por otra parte, en «Filcar» de Pauls también se narra la vuel-
ta al barrio de la infancia, Caballito. La intertextualidad del epí-
grafe con el que abre el relato funciona como prolepsis del sen-
tido del mismo:
The line between inner and outer landscapes is breaking down21 .
[Earthquakes can result from seismic upheavals within the human
mind. The whole random universe of the industrial age is breaking
down into cryptic fragments].22
La cita no declarada corresponde al prefacio escrito por
William S. Burroughs para The Atrocity Exhibition (1970) de
James G. Ballard. La frase sintetiza la idea del texto de Pauls, el
desmoronamiento del barrio tal como él lo recordaba. La metá-
fora de la frontera entre el paisaje interior (las emociones) y
exterior (lo que nos rodea) que se derrumba, se corresponde
con la sensación de abatimiento del personaje. Esa extrañeza es
21 Pauls, Alan: «Filcar», en: Speranza, Graciela/ Sánchez, Matilde (coords.):
Diagonal Sur. Buenos Aires: Edhasa, 2007, p. 101.
22 Ballard, James G.: The Atrocity Exhibition. London: Flamingo Modern
Classics, 2001, p. 6.
109
Virginia Holzer
producto del choque con la nueva realidad del lugar y le impi-
de reconocer sus calles. En concordancia con Burroughs, el uni-
verso paralelo en la era industrial de los 70 vuelve a ser trans-
formado en el nuevo milenio, universo que Pauls intenta desen-
criptar.
A diferencia del relato de Cohen —crónica minuciosa de un
día en el barrio de Once—, Pauls prefiere la forma de diario
para contar su regreso a Caballito. La narración se extiende du-
rante tres días, de martes a jueves, con un narrador homodiegé-
tico. El primer día comienza en una esquina emblemática para
el personaje, la “T siniestra” de Otamendi y Avenida Rivadavia.
Allí vive un “estado de estupefacción” al perderse en el camino
al consultorio de su cirujano: “[n]o se puede decir que el lugar
me resulte desconocido. ¿Cuántas veces pasé por ahí? ¿Cin-
cuenta? ¿Cien?” (p. 101). A pesar de conocer la intersección en
la que se encuentra, al atravesarla en auto no la reconoce, ni
siquiera con ayuda de la guía Filcar de la ciudad que da título
al relato:
ruego en silencio, con todas mis fuerzas, que el semáforo se ponga
en rojo, confiado en que ese minuto de tregua alcanzará para poner en
orden esa especie de maqueta centrifugada en la que se ha convertido
mi Caballito mental, con paralelas que se intersectan, puentes que se
pliegan sobre sí mismos y pasos a nivel que agachan la cabeza y se
ponen a buscar el centro de la Tierra. Todo es inútil. (p. 102)
Su mapa mental no coincide con el espacio real. Tal como lo
anticipara la frase de Burroughs, el paisaje interior —su imagen
mental del barrio— choca con el paisaje exterior —lo que ahora
ve—. En ese encuentro todo colapsa, al punto de alterarse sus
sentidos: “[c]uando el semáforo vuelve a verde estoy casi dis-
léxico: ya no distingo la derecha de la izquierda” (p. 102). Como
en el relato de Cohen, el narrador se ve afectado por la situa-
ción de que el barrio ha cambiado, algo que en el primero es
figurado como un problema de visión y que aquí se enuncia
como la imposibilidad de leer el paisaje. Por tanto, el narrador
asume que el barrio le es ajeno, “[e]stoy perdido. Perdido como
en una selva en medio de la ciudad donde vivo desde hace 45
años” (pp. 102-103). La sensación de extrañamiento lo invade y
le impide reconocer ese pa(i)saje urbano, incluso los edificios que
antes podía distinguir y ahora ya no:
todas esas fachadas idénticas, tapiadas por carteles comerciales, que
he visto cincuenta o cien veces desde toda clase de medios de trans-
110
Los barrios porteños en la nueva narrativa argentina
porte, solo o acompañado, se me han vuelto más extrañas de lo que sin
duda sería la cara de cualquier ciudad en la que no he estado […] (p.
103)
Ese extrañamiento que le produce el lugar dispara en el
narrador el recuerdo de un lugar fuera de lugar. Mediante una
analepsis describe una heterotopía, el bar de la esquina donde se
encontraba Canal 9, una cadena de televisión: “irresistible y
repulsivo con sus revestimientos de madera falsa, sus ceniceros
siempre sucios, su pestilencia amoniacal, sus relojes siempre
fuera de hora […]” (p. 108). La idea de suspensión del tiempo
que caracteriza al bar está en contigüidad con sus clientes: “he
visto vegetar a la comunidad más desoladora que la moderna
comunicación de masas haya podido reunir a una misma hora y
en un lugar cerrado alrededor de un café naturalmente into-
mable” (p. 108). Se refiere a los “actorzuelos”, “extras sin traba-
jo”, “aspirantes a secretarias”, “coristas”, “contadores de chis-
tes”, “cantantes de tango”, “taxistas”, personajes inanimados,
despersonalizados, que están en correlación con ese no lugar.
Otra suerte de heterotopía es la muestra de arte en un centro
cultural porteño que visita el segundo día. Allí intenta dialogar
con el artista de la exhibición, pero un silencio inesperado lo
desanima en su propósito. La obra de arte es para Pauls una es-
tafa:
esta columna de viento y vértigo que parece haber arrastrado a su
paso toda la basura del mundo y haberlo puesto, al mundo, completa-
mente cabeza para abajo, y después, terminada su tarea de destrucción,
haberse quedado quieto, inmóvil, en el centro de una sala del barrio del
Abasto. (p. 114)
En metonimia con el lugar y por su carácter estático, como si
se hubiese detenido el tiempo, la galería puede ser entendida
como una heterotopía. El narrador define ese arte como enfras-
cado:
[P]ienso en el enfrascado como la operación estética por excelencia.
Un frasco, una habitación, un museo: da lo mismo. Pienso, salvando las
distancias, en el estupor que me causaron a los nueve o diez años las
primeras latas que pretendían vender 'aire de Villa Gesell'. Estafadores
pensé. (pp. 114-115)
111
Virginia Holzer
Ese flashback que lo transporta a los veraneos familiares en la
costa argentina deja ver su valoración negativa de la obra de
arte que contempla y su comparación con otras heterotopías
como el museo, por ser contenedores que aíslan.
Pero aquí, y a diferencia del relato de Cohen en el que re-
cuerda con nostalgia su barrio de la infancia, Pauls no parece
concebir al suyo como espacio representacional o vivido, tampoco
como lugar antropológico, es decir, como aquel que reafirma
como propio: “[p]ero qué —si Caballito nunca fue nada para
mí. Nada” (p. 116). Tampoco el Parque Rivadavia —que perte-
nece a ese barrio y del cual también habla Paula— es percibido
por el narrador como un espacio vivido: “Caballito. Jamás en
mi vida fui a mirar libros o discos o informática pirata al Parque
Rivadavia” (p. 116). Esas prácticas que para otros resultan fami-
liares a Pauls no le interesan, o como luego admite, “[t]al vez,
de joven” (p. 116). Consecuentemente, la nostalgia no es algo
que el autor reivindique a favor del barrio. Sin embargo, otros
lugares fuera de éste son experimentados por él de manera más
vivencial.
Desde la perspectiva de Foucault, lugares de detención pro-
visoria, como los cafés, pueden tener cierta importancia en el
establecimiento de relaciones y por eso ser considerados como
irreducibles a otros emplazamientos. El bar Kim & Novak, en el
barrio de Palermo, es frecuentado por el escritor y descrito
como particular, diferente:
[s]i yo voy a Kim & Novak no es por el lugar [… ]. Voy porque es el
único bar de la ciudad que no ofrece abrigo, ni protección, ni priva-
cidad, ni siquiera la tasa mínima de previsión capaz de contrarrestar la
lógica aleatoria de la calle: voy porque interioriza la energía del afuera.
(p. 119)
La atmósfera es lo que lo hace especial. A diferencia de otros
bares, se destaca por ser plenamente vivido por el narrador,
quien lo define como una “versión privada del caos” o “catás-
trofe entre cuatro paredes” debido a que la posibilidad de que
se desate una pelea es una constante: “[a]cá adentro es como
afuera: todo se roza con todo, nadie calcula, las variables se
multiplican, la excepción es la ley. El reino del accidente” (p.
120). La referencia a la frontera espacial que es franqueada, re-
mite otra vez a la frase de Borroughs y se extiende a los clientes
del bar. Como explica Pauls, el lugar es un reducto en el que
todo se mezcla, incluso los cuerpos. Un travesti que trabajaba
en la esquina también frecuenta el bar, al igual que el escritor y
112
Los barrios porteños en la nueva narrativa argentina
un taxista que confunde con el artista plástico de la noche ante-
rior. De modo que el relato da cuenta a la vez de los otros
actores que practican la ciudad.
EN EL PROPIO BARRIO: ITINERARIOS DESDE ADENTRO
El texto «Autonomía», de Romina Paula, difiere de los ante-
riores porque no se trata de una crónica minuciosa o un diario,
sino de un breve relato sobre el barrio donde vive y que recorre
libremente en bicicleta, de allí el carácter de autonomía señala-
do en el título. Esta idea puede relacionarse con lo que Augé
llama bicilibertad, “una extraordinaria experiencia de libertad,
[…] la adquisición de una nueva autonomía”23, que ofrece ese
medio de transporte. Aquí, las descripciones se realizan gene-
ralmente a través de operaciones que implican un ir, un hacer,
es decir, movimientos. En línea con De Certeau, su escritura se
aproxima a lo que define como “itinerario” (una serie discursi-
va de operaciones), en el que el hacer permite un ver. Por lo
tanto, para poder ver, la narradora privilegia y organiza su des-
cripción a partir de desplazamientos, como los que le permite la
bicicleta: “[c]reo que terminé de o empecé a apropiarme de la
ciudad cuando di con mi bicicleta. Recorrer la ciudad en bici-
cleta, ir a absolutamente todos lados en bicicleta, eso te arma la
ciudad, eso te la otorga”24. Como Paula sugiere, el recorrido
efectúa un trabajo que transforma el lugar en espacio, es una
realización de espacios, como los espacios representacionales de
De Certeau, donde la ciudad es experimentada directamente.
A diferencia del narrador de «Filcar», que depende de una
guía para llegar a algunas zonas, la narradora aprendió a cono-
cer la ciudad pedaleando. Desde una aproximación diferente,
Paula establece un sentido de pertenencia con la megalópolis,
logrando trazar su propio mapa mental. La perspectiva está de-
terminada por esa forma de vivir el barrio, desde arriba de su
bicicleta:
[s]é que Buenos Aires es una cosa en la planta baja y una muy muy
distinta a partir del primer piso, sobre todo en la zona céntrica o en
Once, en el barrio de Once y en la calle Corrientes, basta con levantar
un poco la mirada y otra cosa aparece. (p. 165)
23Augé, Marc: Elogio de la bicicleta. Barcelona: Gedisa, 2009, p. 39.
24 Paula, Romina: «Autonomía», en: Terranova, Juan (comp.): Buenos Aires/
Escala 1:1. Los barrios por sus escritores. Buenos Aires: Entropía, 2007, p. 165.
113
Virginia Holzer
La distancia que la separa del suelo le otorga el beneficio de
la mirada desde lo alto, algo que le deja ver eso que los cami-
nantes ignoran, los “importantes desniveles”. Éste es el mérito
del ciclismo que destaca Augé, “imponernos una conciencia
más aguda del espacio y también del tiempo”25, algo que la na-
rradora experimenta recorriendo la ciudad en bici.
El barrio es para Paula su lugar antropológico en tanto cons-
trucción concreta y simbólica del espacio, un lugar cargado de
sentido. Esto se manifiesta en cada afirmación que Paula hace
de su conocimiento de Caballito: “Sé, también, que el Cid Cam-
peador es el centro geográfico de la Capital y que muy cerca de
ahí vivo yo” (p. 166). La cita reúne los elementos que Augé usa
para definir el lugar antropológico y el espacio urbano contempo-
ráneo: itinerario, intersección, centro y monumento. Como afir-
ma la narradora, el monumento a Rodrigo Díaz de Vivar —ca-
ballero castellano del siglo XI— marca el camino para llegar a
su casa, el centro del centro. El itinerario que Paula realiza dia-
riamente comienza y termina en la intersección de cinco aveni-
das, en uno de tantos centros de la ciudad. Allí se encuentra el
monumento al Cid, quien montado a su caballo y con una lanza
en su mano define la frontera entre el barrio de Caballito y Villa
Crespo, al tiempo que el bronce acentúa su expresión de perma-
nencia, o duración. Así, las relaciones inscritas en el espacio
—de identidad y pertenencia al barrio— se concretizan en el
tiempo, en cada recorrido, por lo que también son relaciones
históricas.
Aquí también tienen un lugar importante las heterotopías de
Foucault, bajo la forma de instituciones emplazadas dentro del
Parque Centenario, espacio privilegiado del relato. Contraria-
mente al fluir y la vida social del parque, en el interior de esos
emplazamientos parecería que el tiempo se detuvo, como lo
que ocurre en el Museo de Ciencias Naturales o el centro de
estudios científicos Instituto Leloir. De este último dice: “muy
vidriado con todas sus oficinas hacia la calle. A través de sus
ventanas se ve cada carpetita, cada planta, cada taza de café,
cada papel, de la gente que ahí trabaja, que investiga” (p. 171).
Como si la imagen se hubiese congelado, lo único que allí per-
manece son los restos que dan indicio de la actividad que se
desarrolla en esos lugares deshabitados. Es también significa-
tiva la convivencia de esos lugares aislados con ciertos espacios
representacionales, como, por ejemplo, la que hay entre el labora-
torio y lo que pasa afuera en el parque, donde los jóvenes se
deslizan con sus skates apropiándose así del espacio público; lo
25 Augé (2009), op. cit., p. 103.
114
Los barrios porteños en la nueva narrativa argentina
mismo ocurre con los vecinos que diariamente alimentan a los
gatos de la calle. El contraste refuerza la suspensión del tiempo
tradicional que suscita la descripción del instituto como hetero-
topía frente al movimiento que lo circunda.
A esto se agrega la información que Paula brinda del parque
en tanto representación del espacio como lo entiende Lefebvre, y
que aquí se presenta como producto del diseño de Carlos
Thays, un reconocido paisajista francés de principios del siglo
XX: “[s]e dice que lo que queda del diseño original es la dispo-
sición de ciertos caminos circulares, la circunvalación, la dispo-
sición de los jardines, el tipo de vegetación” (p. 172). A conti-
nuación, enlaza esta idea, que connota el paso del tiempo y las
sucesivas obras de rediseño del parque, con el “período de ane-
gación”. Esto último fue parte de un programa gubernamental
de políticas urbanas implementadas con el objetivo de evitar
actos de vandalismo en diferentes parques y espacios públicos
de la ciudad, acción que incluyó su enrejado. Desde la perspec-
tiva de la narradora, esto marcó un antes y un después en el
barrio, sobre todo en los recorridos nocturnos por el parque,
horario en el que se cierran sus puertas de acceso. Como dice
Paula, el parque “ya no es lo que era” (p. 173), ha dejado de ser
un espacio representacional cargado de sentido porque a diferen-
cia de ahora, antes se lo podía experimentar con mayor libertad.
Sumado a esto, Paula menciona las innovaciones que la obra
contrajo, cambios que revistieron al parque de una artificialidad
que cuestiona:
[a]hora, en ese parque, se puede ver agua, ver patos, alimentar
patos, reposar en pasto fluorescente, descansar sobre bancos de cemen-
to, ir al baño, tirar basura en cestos, caminar por caminitos, ver árboles
y gente, sobre todo gente. (p. 174)
La enumeración que hace, sugiere que éstos no son ni más ni
menos que elementos diversos de una técnica de planificación y
racionalidad científica, en términos de Lafevbre, con el único fin
de producir y reproducir un espacio concebido por otros pero
que le ha dejado de pertenecer26. En resumen Paula afirma:
26 La disconformidad de Paula en el texto está en concomitancia con la opo-
sición manifestada por grupos de vecinos de Caballito y otros barrios porteños,
quienes se enfrentaron con el gobierno incluso hasta el año 2012. Cf. Ruchan-
sky, Emilio: «La batalla de las rejas», Página/12, 23-IX-2012, [Link]
na12. [Link]/diario/sociedad/[Link] (consultado 6-X-2018).
115
Virginia Holzer
así el parque nos fue devuelto en su aspecto Playmobil y negado,
anegado para siempre en su simpático tono sauvage, su estilo a la que te
criaste, ahíto de deportistas, borrachos, gente sin techo, estudiantes,
señoras, oficinistas, cuzcos, jubilados, onanistas. (p. 174)
La mezcla de personajes es referida mediante la palabra
francesa sauvage27, adjetivo que por antonomasia, y en sentido
inverso, subraya lo nada salvaje de estos transeúntes. A diferen-
cia de lo sugerido en el relato de Cohen, la narradora valora
positivamente la convivencia de diferentes actores dentro de un
mismo espacio al designarlos como colectivo “simpático”. Lo
que los asimila con la narradora es el hecho de que a todos les
fue negada la autonomía de la que antes gozaban, sensación
que sólo puede revivir en el recuerdo.
Por otra parte, en «Diario de Boedo» de Oliverio Coelho,
como su título lo indica, se cuentan las vivencias del narrador
en ese barrio y bajo la forma de diario. El relato se estructura de
manera cronológica, siempre por la tarde o noche, durante seis
días entre julio y agosto. Como en el texto de Paula, el narrador
en primera persona también relata desde el barrio en el que
actualmente vive pero se diferencia por ser más intimista. Aquí
se ofrece más información no sólo de lo que piensa ese narrador
homodiegético, sino también de quién es y de su relación espa-
cial con el barrio. El narrador afirma que practica la horticul-
tura, le gusta ir a pubs, cafés, billares, vive solo, tiene una gata y
se presenta como escritor aficionado. Además, se puede inferir
de su relato que la soledad lo preocupa, pero a la vez es algo
que prefiere antes que estar mal acompañado. Este rasgo es
señalado por Augé como característico de la sociedad sobremo-
derna, “donde la soledad se experimenta como exceso o vacia-
miento de la individualidad”28, algo que ya había sido antici-
pado en las propias reflexiones de Benjamin en torno al tedio
que afecta al hombre vacío y frágil en la modernidad. En el
diario del protagonista, esto es observable desde el primer día,
cuando en su casa y ante una lluvia de granizo que lo deja inco-
municado con el exterior, imagina su propia muerte: “[é]ste
27 El extranjerismo podría a la vez guardar cierta ironía que alude al mote
de “afrancesado” con el que el entonces jefe de Gobierno porteño —y
continuador de las obras de enrejado de espacios públicos— se autodesignó. Cf.
«La muletilla del afrancesado», La Nación, 15-I-2007, [Link]
[Link]/ 875316-la-muletilla-del-afrancesado (consultado 6-X-2018).
28 Augé (2008), op. cit., p. 92.
116
Los barrios porteños en la nueva narrativa argentina
tranquilamente podría ser el principio del Apocalipsis”29. En el
interior de su hogar se mantiene resguardado de los destrozos
producidos por la lluvia en la ciudad, algo de lo que se entera a
través de las noticias en la web. Es allí cuando le llega el tedio,
“cuando no sabemos a qué aguardamos”30, según Benjamin.
Piensa en la posibilidad de morirse esa misma tarde, sin que
nadie lo perciba sino hasta salir publicado en internet: “Joven
escritor muere intoxicado en Boedo tras aderezar su bebida fa-
vorita con granizo del Apocalipsis” (p. 72). La seguridad que le
ofrece su casa no es suficiente, y morir en soledad lo preocupa.
Sin embargo, la mayor parte del relato transcurre fuera de
su casa, en los microespacios que frecuenta. En la narración,
éstos se construyen como lugares de paso con los que el usuario
mantiene únicamente una relación contractual, es decir, sólo los
visita para tomar una cerveza o un café. Esto ocurre en el pub
Pan y Arte, donde simula leer para en realidad observar a la
gente, “acodarme en la barra y leer un libro lo suficientemente
mediocre para distraerme y mirar los personajes” (p. 73). En los
bares imagina una realidad diferente:
Lamentablemente, los dos lugares que en el barrio tiran Scottish Ale
—además de todo tipo de cervezas artesanales e importadas— no están
llenos para nada, no hay clima ni charlas amigables, y la mayoría de las
veces, cuando no hay nadie en la barra, siento vergüenza de mi fantasía
—suponer que vivo en una ciudad británica y que Boedo es un subur-
bio de Manchester— y paso a ocupar una mesa en un salón también
vacío. (p. 73)
Al mismo tiempo, Coelho da cuenta de cierta soledad colec-
tiva y de la necesidad de que haya más pubs, al menos para
socializar: “si fuéramos más huraños, si necesitáramos una pin-
ta de Guinness para socializarnos, habría pubs en cada esqui-
na” (p. 73). Como contrapartida, lo que abundan son los cafés,
otros lugares de paso que el narrador frecuenta y donde tam-
bién —cual flâneur— observa a los clientes, que se caracterizan
por su “sociabilidad matinal” y por leer el diario gratis. Estos
realizan las mismas prácticas del espacio que el narrador, de-
ambulando, observando, entre el movimiento, el ocio y el con-
sumo. Son modos de estar en la ciudad.
29 Coelho, Oliverio: «Diario de Boedo», en: Terranova, Juan: Buenos Aires/
Escala 1:1. Los barrios por sus escritores. Buenos Aires: Entropía, 2007, p. 72.
30 Benjamin, Walter: Libro de los pasajes. Madrid: Akal, 2013, p. 131.
117
Virginia Holzer
A esta variedad de microespacios se suma el recuerdo de
otros lugares que el narrador conoce a través de fotos o que
vivió directamente, como el club deportivo San Lorenzo, siendo
éste un espacio representacional para el narrador, que en la déca-
da del 80 fue demolido y reedificado en otro barrio de la ciu-
dad. Son lugares que el autor anhela porque forman parte de
un pasado mejor pero que ya no están más:
En otro tiempo, a una cuadra, había un majestuoso teatro del que
guardo en mi biblioteca una foto antigua, El Nilo. Fue demolido y
construyeron un hipermercado de electrodomésticos. Sobrevivieron dos
sirenas que el visitante atento al entrar puede ver amuradas en lo alto,
como prueba de que hubo en el barrio una mejor época: el Boedo
próspero y exótico, cuando la cancha de San Lorenzo no era un Carre-
four. (p. 74)
Tanto el teatro como el estadio de fútbol fueron reemplaza-
dos por hipermercados. La transformación de esos lugares antro-
pológicos en no lugares apunta también a los cambios que hubo
en el entramado social y económico. En concreto, el avance del
neoliberalismo —como en el relato de Cohen— que trajo al tra-
dicional barrio de Boedo franquicias de supermercados france-
ses, como Carrefour. A esto se suma la mayor presencia de
turistas en los pubs, algo que el narrador vincula a la devalua-
ción de la moneda local frente al dólar. Como explica Coelho,
“desde la caída de la convertibilidad” (p. 74) llegan más turistas
a la ciudad porque el precio cambiario los favorece. Frente a
estas incorporaciones edilicias y de personajes, permanecen lu-
gares concebidos por sus practicantes como antropológicos,
donde se reúnen frecuentemente. El Boedo Billar Club, al que
concurre el personaje para encontrarse con su editor, es plena-
mente vivido por los socios que conforman esa “atractiva fauna
de señores que tienen una elegancia exasperada al moverse
alrededor de las mesas” (p. 75). Aquí, la convivencia de perso-
najes de distintas generaciones —los señores y el escritor— al
interior de esos lugares, hace visible la interacción con esos
otros cuerpos del barrio.
Otro no lugar —además de los hipermercados— es la playa
de estacionamiento ubicada en otro barrio al sur de la ciudad,
donde Coelho recoge su auto, que había sido remolcado por
estar mal estacionado. En Constitución todo es homogéneo: “En
la playa, bajo la autopista, donde cientos de autos parecen cha-
tarra o elefantes que van a morir, el frío es más intenso, cala en
los huesos” (pp. 76-77). El lugar está totalmente deshumaniza-
118
Los barrios porteños en la nueva narrativa argentina
do, sólo lo habitan bloques de acero que acentúan la uniformi-
dad de un escenario gris, que se puede leer en relación de conti-
güidad con la soledad del protagonista. Pero su itinerario luego
da cuenta de otros cuerpos que también transitan esas calles:
“Constitución está semidesierto. Apenas algunos borrachos que
van a las bailantas, travestis y patines que no pueden esconder
el dolor del frío en el pliegue de las caras mal dormidas” (p. 77).
La breve descripción de esos otros personajes —al igual que en
los relatos anteriores— instaura en el relato una diversidad de
cuerpos que difieren del autor. Estos están allí para ser mirados,
sin interacción de por medio, a la vez que testimonian los már-
genes del barrio. Desde allí, se erigen otros lugares que conno-
tan una atmósfera de excesos y delincuencia. Lugares y perso-
najes nocturnos, que desde la mirada del autor matizan la carto-
grafía de la ciudad.
ENTRE LA EXPERIENCIA FÍSICA DE LA CIUDAD Y SU CUOTA DE
IMAGINACIÓN
De forma general, y como lo resume el subtítulo que retoma
la tesis de García Canclini en torno a las megalópolis, los relatos
aquí presentados coinciden en ofrecer una literatura que pone
en el centro de su narración la experiencia física del narrador-
personaje en la ciudad. A lo que se suma, en algunos casos de
forma más exacerbada, una imagen adulterada de la urbe. Esto
último se puede observar en los textos de Cohen y Pauls, que
casualmente parten de una alteración de los sentidos para intro-
ducir desde una mirada desencantada/ desencajada los cambios
en el barrio de su infancia. Pero en los cuatro ejemplos, la ciu-
dad se hace presente no sólo de manera referencial, sino tam-
bién y sobre todo a través de la propia experimentación del
sujeto que se adentra en calles, intersecciones, bares, parques,
realiza itinerarios, cargándola de sentido. Con esto, retomo la
idea de Link cuando afirma que las ciudades no sólo fueron
fundadas a lo largo de la historia y a través de la literatura, sino
que además se viven, practican. Sea caminando, en auto, o en
bicicleta, los recorridos dan cuenta de modos de estar en ellas,
observando, deambulando por lugares que actúan como dispa-
radores de recuerdos.
Lo expuesto en el análisis de estas escrituras permite enton-
ces afirmar que parte de lo que se conoce como la nueva litera-
tura argentina se caracteriza por concretizar la ciudad. Esto la
diferencia de la narrativa anterior que a lo largo del siglo XX
imaginó un Buenos Aires moderno un tanto lejos de correspon-
derse con la realidad. Consecuentemente, la narrativa contem-
119
Virginia Holzer
poránea se distingue más por realizar imaginarios urbanos que
por imaginar otro Buenos Aires. Como se ha demostrado, y en
línea con las reflexiones de Sarlo y Ludmer, las representacio-
nes de la ciudad parten de la experiencia singular, real, y no en
abstracto, del yo. Es la experiencia individual del sujeto la que
amplía el campo de visión hacia los particularismos barriales,
en oposición a la universalidad de la metrópolis. Sin embargo,
hay entre estos relatos cierta continuidad de temas que evocan,
por ejemplo, lo extraordinario de la ciudad, preocupación pre-
sente en gran parte de la literatura de comienzos del siglo XX.
Es el caso de la crónica de Cohen, donde el hombre perdido
entre las masas retoma el tópico de la concentración urbana en
las grandes ciudades, marco desde el cual percibe su antiguo
barrio como fantasma.
Cabe señalar que en ninguno de los relatos se advierten refe-
rencias explícitas a la historia reciente, algo que se condice con
lo que Sarlo subraya en su análisis de la narrativa contemporá-
nea. Sin embargo, esta observación no pretende ser exhaustiva
para la totalidad de este tipo de escrituras. Al menos en esta
selección de textos parecería ser que el interés pasa por los
hechos del presente y de los que el narrador da testimonio. Así,
los cambios en la cartografía del barrio que advierten los per-
sonajes dan cuenta de las transformaciones socioeconómicas.
Por ejemplo, el modo en que uno de los personajes del relato de
Cohen percibe la migración asiática, incorpora en el relato las
formas en que el neoliberalismo se entrelaza con ciertas prác-
ticas del espacio —la “invasión coreana” en los comercios del
barrio tradicionalmente atendidos por familias judías—. Bajo
un modelo espacial del mundo, en el que adentro remite a lo
seguro (o sea la configuración tradicional al interior del barrio)
y afuera a lo inseguro (como la amenaza que en la narración
representan ciertos actores que provienen de afuera), se crista-
lizan formas de interpretar la realidad. Esto abre la cartografía
local hacia problemáticas globales como la migración y la socie-
dad de consumo. Vinculado a esto último, tanto en el relato de
Cohen como en el de Coelho, la transformación de lugares antro-
pológicos en no lugares —como los centros comerciales y super-
mercados— y su predominancia, testimonia otras transforma-
ciones espaciales del presente.
Otro ejemplo que revela demás reconfiguraciones de la ciu-
dad, es la alteración de ciertos recorridos del parque en el relato
de Paula. La imposibilidad de algunas trayectorias —como las
nocturnas— pone en primer plano formas de organización/
control del espacio por parte del Estado. De forma que el enre-
jado de espacios públicos se condice con las categorías espacia-
120
Los barrios porteños en la nueva narrativa argentina
les adentro/ seguro – afuera/ inseguro, modelo espacial con el
que la narradora disiente. Ese mismo modelo que organiza la
aprehensión del mundo en el relato de Coelho —cuando afuera
diluvia y adentro en su casa todo es seguro— es transgredido
por el sentimiento de soledad que invade al sujeto y lo compele
a recorrer bares donde distraerse. Por el contrario, espacios que
son plenamente vividos por el sujeto, como el bar que frecuenta
Pauls, suspenden toda posible categorización espacial del mun-
do porque el adentro se funde con el afuera. Esta dinámica es
sugerida mediante la incorporación de ciertas figuras en el rela-
to, como el travesti. Esa presencia le vale al narrador para afir-
mar una supuesta suspensión de categorías sociales, cuando en
realidad es más bien incluida como cuerpo para ser objetivado
y sometido a la mirada del flâneur. Son figuras vagamente refe-
ridas, con las que los narradores no interactúan —como los
borrachos y los sin techo en los relatos de Paula y Cohen—. Y
sin embargo, de alguna forma su inclusión visibiliza la coexis-
tencia de esos otros personajes en la ciudad. Pa(i)sajes urbanos
que son ofrecidos a través de un marco definido por el movi-
miento, el ocio y el consumo, es decir, lógicas que vehiculizan
una forma de acercamiento a la ciudad.
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122
Leer la ciudad:
la evolución histórica de la nomenclatura de las calles de
Buenos Aires (1734-1821) ©
Sandra Díaz de Zappia Instituto de Investigaciones de
Historia del Derecho
(Buenos Aires, Argentina)
Los nombres de las calles, atribuidos en diferentes épocas
históricas y en diversas circunstancias, representan una de las
huellas que el pasado ha dejado a la posteridad, y su estudio
constituye una propuesta innovadora para el abordaje de la
conformación del discurso de la memoria histórica, propuesta
que ha sido aplicada, por ejemplo, por Verónica Zárate Toscano
para la ciudad de México en el siglo XIX1. Además, parece inte-
resante la aplicación de una propuesta semejante en un ámbito
más bien periférico como es el caso del Río de la Plata, y a tra-
vés de un eje temporal que arranque con la organización ilus-
trada de los dominios hispánicos, continúe con el proceso inde-
pendiente y finalice con la culminación de las guerras revolu-
cionarias y el consecuente intento de consolidación de nuevos
paradigmas políticos, sociales y económicos.
Si uno de los grandes triunfos del barroco fue el de organi-
zar el espacio, haciéndolo continuo y reduciéndolo a la medida
©
Boletín Hispánico Helvético, volumen 32 (otoño 2018): 123-162.
1 Zárate Toscano, Verónica: «La patria en las paredes o los nombres de las
calles en la conformación de la memoria de la Ciudad de México en el siglo
XIX», Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Matériaux de séminaires, 2005, document
2005, mis en ligne le 21 novembre 2005, [Link]
mundo/1217 (consultado 15-X-2018).
Sandra Díaz de Zappia
y el orden2, la cuestión de la organización del trazado urbano
refleja —aunque en una escala mucho menor– el espíritu de las
reformas territoriales introducidas por la Corona española en
sus dominios hispanoamericanos con el objetivo de mejorar la
administración gubernamental. Estas medidas fueron el prelu-
dio de la implementación de una nueva burocracia formada por
empleados jerárquicamente organizados, que de esta manera
actuarían con mayor rapidez y efectividad en la ejecución de las
políticas reales3. La identificación de las calles de la ciudad fue
complementaria de esa organización, a la vez que —lejos de
adoptar un criterio de economía a la hora de variar las denomi-
naciones4— fue reflejando una clara intencionalidad pedagó-
2 “It was one of the great triumphs of the baroque mind to organize space,
make it continuous, reduce it to measure and order, and to extend the limits of
magnitude, embrancing the extremely distant and the extremely minute”
(Mumford, Lewis: The City in History. Its Origins, Its Transformations, and Its
Prospects. New York: Harvest Book, 1989, p. 364). V. también Chueca Goitía,
Fernando: Breve historia del urbanismo. Buenos Aires: Alianza, 1990, pp. 147-148.
3 Díaz de Zappia, Sandra: Conduciendo al orden y felicidad pública: los alcaldes
de barrio en la ciudad de Buenos Aires (1772-1821). Buenos Aires: Instituto de
Investigaciones de Historia del Derecho, 2018, v. I, p. 39. Las ideas inicialmente
enunciadas en esa investigación han sido retomadas y ampliadas en algunos
puntos del presente trabajo.
4 A mediados de siglo XIX, Ramón de Mesonero Romanos destacaba la
utilidad de dicho principio cuando se emprendió la renovación de las baldosas
que indicaban “los nombres de las calles y la reforma parcial de algunos de
ellos que se encontraban repetidos o extravagantes. En cuanto a la primera
parte, o sustitución material de los antiguos azulejos, mezquinos, confusos y
con una bárbara ortografía, por lápidas claras, de una dimensión conveniente y
escritas en regla, nada tenemos que observar, pues es bien obvia la ventaja que
hemos obtenido […] Mas en lo que no hallamos tanto acierto ni motivos de
economía es en la forma de los títulos de las calles y la sustitución por otros
nuevos. Es bien sabido que esta reforma era hasta cierto punto indispensable en
Madrid por hallarse muchos nombres repetidos cuatro, cinco o más veces, lo
cual producía notable confusión, y por ser otros tan extravagantes o innobles
que no podían menos de chocar generalmente. Mas al mismo tiempo que con-
venimos en esta necesidad, creemos también que era indispensable el limitarla
lo más posible y hacer la variación con grande economía, pues es bien conocida
la dificultad que el público ofrece en la adopción de nombres nuevos que sólo
recibe gustoso cuando los encuentra justificados por una causa importante o
material. Somos de opinión que en muchas de las variaciones adoptadas por la
comisión encargada de la rotulación nueva no se ha tenido presente aquel prin-
cipio, pues que vemos alteraciones de títulos tan infundados como calle del
Mártir San Pedro a la de San Pedro Mártir… […] Los nombres sustituídos en lo
general tienen bastante analogía con los objetos próximos, lo cual contribuirá no
poco a popularizarlos más pronto, si bien al lado de esta ventaja tienen el incon-
veniente de que trasladando aquel objeto a otro punto caduca también el título
124
Leer la ciudad
gica, cuyo carácter fue mudando conforme la sucesión de diver-
sas circunstancias históricas.
El interés por la historia urbana y, concretamente, el estudio
de la antigua topografía de las ciudades, cuenta con cultores ya
centenarios, quienes reconocieron una clara relación entre los
nombres de las calles y las circunstancias locales del medio al
cual intentaron organizar. Así, por ejemplo, desde las páginas
de un periódico español se felicitaba en 1835 a ciertas plumas
que se habían propuesto el estudio de la cuestión con el objeto
de
ilustrar al público acerca de la situación fija que tuvieron muchas de
dichas calles, cuyos nombres han caducado por el transcurso del tiem-
po, sin que hayan ocurrido alteraciones en el terreno por el derribo o
nueva planta de edificios, sino por otras causas, que, aunque no cono-
cemos exactamente, no dudaremos afirmar han sido dirigidas a objetos
locales y materiales, y por circunstancias de cada época, que son las que
en todas las poblaciones fijan su nomenclatura topográfica, y siguen la
marcha de las instituciones, de las costumbres, y hasta de las modas.5
de la calle; lo que pudiera suceder en la calle de las Provisiones, de la Biblioteca,
de la Farmacia u otras así nuevamente rotuladas. […] Finalmente, parécenos
que, habiéndose adoptado la idea de apropiar a muchas calles nombres glorio-
sos e históricos, no se ha dado a esta idea todo el desempeño conveniente, pues
debiera haberse consultado con detención la historia de este pueblo, para apli-
car atinadamente los nombres en los sitios oportunos; y cuando aquéllas por su
escasa importancia no fueran merecedoras de semejantes títulos, reservarlos
para las calles nuevas que hayan de formarse en la plaza de Oriente del Real
Palacio” («Policía urbana. De la nueva numeración y de la rotulación de las ca-
lles», en: Mesonero Romanos, Ramón de: Trabajos no coleccionados. Madrid: Im-
prenta de los hijos de M. G. Hernández, 1903, t. I, pp. 26-28. Publicado original-
mente sin firma en: Diario Avisos de Madrid, 25-IV-1835).
5 Y continúa: “Junto a una quinta cualquiera se edifica un nuevo parador; se
hacen después casas para dos o tres colonos; hay necesidad de culto y se cons-
truye una capilla, que más adelante viene a ser parroquia; luego se avecindaron
un albéitar y un aperador, y ya fue preciso que todos estos moradores eligiesen
algunos nombres que, denotando las respectivas situaciones, sirviesen para en-
tenderse, para buscarse y para las demás necesidades sociales. La calle del señor
cura, la del tío Juan el herrador, la del administrador del duque fueron las primeras
que se designaron; creció el vecindario, y hubo ya calle larga, calle ancha, calle
mayor; se estableció una estafeta, y dio nombre a aquel sitio; se hizo un retablo, y
la imagen colocada en él también lo fue del santo de la calle; hubo dos plazas, y
una se llamó la mayor. Pero en el transcurso del tiempo la calle que era del señor
cura pasó a llamarse del corregidor porque en ella se hospedó esta autoridad en
su primera creación; la calle del herrador fue ya de los escribanos; a estas altera-
125
Sandra Díaz de Zappia
Tomando apenas como modelo teórico inicial las categorías
analíticas elaboradas por Fernando Sánchez-Costa para estu-
diar la nomenclatura actual de las calles en Barcelona y Madrid,
se ha procedido a reelaborarlas y agregar otras acordes al con-
texto histórico, político y geográfico estudiado.
Para ello, y sobre la base de diversas colecciones editadas y
documentación histórica inédita conservada en el Archivo Ge-
neral de la Nación de la República Argentina, se propone el
estudio de la nomenclatura urbana de la ciudad entre 1734,
fecha de la primera organización de la traza urbana, y 1821, fe-
cha de extinción del cabildo de la ciudad, institución que hasta
entonces se había ocupado del gobierno de la ciudad, con el ob-
jeto de averiguar cuál fue el contenido conceptual que se pre-
tendió establecer.
I. EL SIGLO XVIII
Aparentemente, entre 1734 y 1742, durante la administra-
ción del gobernador y capitán general Miguel de Salcedo y
Sierraalta, se dieron nombres a las calles de la ciudad6. Hasta
entonces, se sabe que la nomenclatura de las mismas se basaba
informalmente en los nombres de los Santos7, aunque parece
que algunas se conocían al mismo tiempo por otras referencias
tales como iglesias, plazas y casas de vecinos conocidos8, en
ciones sucedieron otras, y sería una quimera pretender que en una ciudad en
que las artes, las ciencias, la devoción y el orden administrativo siguen los pro-
cesos sociales, fuesen solamente inalterables los nombres de las calles, cuando
en cada época varían hasta las frases más comunes del lenguaje. […] estas ob-
servaciones nos inducen a creer que no puede establecerse un arreglo defini-
tivo, perpetuo e invariable en los títulos de las calles; que éstos tendrán altera-
ción por mil circunstancias, por mil caprichos, y porque el público adopte otros
títulos fijándose más en nuestros objetos políticos, ya caprichosos, ya materia-
les, que en la etimología de las voces” (A. G. N.: «Títulos antiguos de calles de
Madrid», en: Floresta Española, o apuntes varios sobre todas materias, 18, 30-IV-
1835, p. 69).
6 «De la policía», sin autor ni fecha, en: Archivo General de la Nación,
Argentina (en adelante, AGN), IX, 19-7-2, s. f. En el acuerdo capitular del 3 de
agosto de 1734, “presentó relación Pedro González, pintor de los nombres que
había puesto en todas las calles y pidió premio de su trabajo, y se le libraron
contra el mayordomo de la ciudad cuarenta pesos” (Archivo General de la
Nación: Acuerdos del extinguido cabildo de Buenos Aires (en adelante, Acuerdos…).
Buenos Aires: 1929, 2ª serie, t. VII, p. 109).
7 Taullard, Alfredo: Los planos más antiguos de Buenos Aires 1580-1880.
Buenos Aires: Jacobo Peuser, 1940, pp. 47 y 54.
8 Ochoa de Eguileor, Jorge: «Prólogo», en: Manual de Buenos Aires 1823.
Buenos Aires: Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, 1981, p. I; Di
126
Leer la ciudad
forma análoga a lo que ocurría en otras ciudades españolas9.
Durante la gestión de Salcedo se produjo el “bautizo formal” de
las calles de la ciudad, utilizando formalmente para la nomen-
clatura el santoral de la Iglesia Católica Apostólica Romana, en
consonancia con la devoción de la población. En otros casos, las
calles recibieron nombres
de acuerdo a la ubicación que con respecto a ellas tenían algunos
edificios de significación. Tales fueron, entre otras, la de las Torres, en
la que se levantaba la antigua Catedral, con sus dos torres que domina-
Meglio, Gabriel: ¡Mueran los salvajes unitarios! La Mazorca y la política en tiempos
de Rosas. Buenos Aires: Sudamericana, 2007, p. 39.
9 Véase, por ejemplo, el caso de Sevilla: en 1839, Félix González de León
explicó que, si bien se desconocía el origen de los nombres de las calles de una
parte de la ciudad, “es sabido el de la mayor parte, pues unos pertenecen al
repartimiento que el santo Rey conquistador hizo de los Barrios de la ciudad,
entre las varias naciones y provincias que lo habían acompañado en la conquis-
ta, como son calle Bayona, Placentines, Catalanes, etc.; y entre los tratos y ofi-
cios mecánicos, pues a cada uno le señaló demarcación donde vivían reunidos
los de cada ramo, de que conservan los nombres como son calle Lineros, Borce-
guineros (o Borceguinería), Batihojas, y los semejantes. Otros son tocantes o
consecuentes a los conventos, Iglesias o edificios construidos en aquella calle, y
otros finalmente son tomados de sujetos distinguidos que vivieron en ellas.
Estos cuatro Orígenes de nombres abrazan una mitad, o más de las calles, y de
otras muchas se sabe de cierto; de suerte que puede deducirse el de la mayor
parte de ellas con certeza y seguridad” (González de León, Félix: Noticia histó-
rica del origen de los nombres de las calles de esta M. N. M. L. Y M. H. ciudad de
Sevilla. Sevilla: Imprenta a cargo de D. José Morales, 1839, p. II). Para Madrid,
una crónica al respecto fue publicada en 1835 (v. A. G. N.: «Títulos antiguos de
calles de Madrid», en: Floresta Española, o apuntes varios sobre todas materias, núm.
18, 30-IV-1835, p. 69. Sobre la identidad del autor del artículo, nada ha podido
averiguarse. Sobre los colaboradores del periódico, Eugenio Hartzenbusch re-
fiere que el primer número del periódico contenía artículos firmados por C.V.
M., G. G. y E. P. M. Al respecto, declaró ignorar “que nombres representarían
las tres primeras y las tres últimas iniciales. Las dos en medio creo que han de
corresponder a los dos apellidos del célebre autor de El Trovador, [Antonio]
García Gutiérrez” (Hartzenbusch, Eugenio: Apuntes para un catálogo de periódicos
madrileños desde el año 1661 al 1870. Madrid: Establecimiento tipográfico “Suce-
sores de Rivadeneyra”, 1894, p. 47). García Gutiérrez formaba parte de la tertu-
lia que, hacia 1830, se había instalado en el café del Príncipe, conocida como el
Parnasillo (Llera, Luis de: «Tertulias románticas y modernistas en el Madrid
castizo», p. 219, [Link]
pdf/romanticismo_6/[Link] (consultado 11-X-2016); Sierra, Juan Carlos: El
Madrid de Larra. Madrid: Sílex, 2006, pp. 87-90), con lo cual es probable que el
firmante también formara parte de dicho grupo.
127
Sandra Díaz de Zappia
ban el lugar; la de la Compañía, en la que estaban la iglesia de los Jesui-
tas —San Ignacio— y el Colegio.10
En 1769, durante la administración del gobernador Francisco
Bucarelli y Ursúa, se decidió redenominar algunas vías urba-
nas, reemplazando el nombre de algunos santos por otros. De
este modo, la calle de Santo Tomás pasó a llamarse San Miguel;
la de San Bernardo, Santa Catalina; y la de San Juan Bautista,
San Carlos. Además, la calle del Fuerte se denominó Santo
Cristo, y la calle Mayor, San Martín, en alusión al santo patrono
de la ciudad11. De esta manera, las designaciones utilizadas
para las calles entonces existentes se distribuyen de la siguiente
forma:
Nomenclatura de las calles de la ciudad de Buenos Aires (1769)12.
Calles de norte a sur
[actual]13
BALCARCE/25 DE MAYO Santo Cristo
DEFENSA/ RECONQUISTA San Martín
BOLÍVAR/ SAN MARTÍN Santísima Trinidad
PERÚ/ FLORIDA San José
CHACABUCO/ MAIPÚ San Pedro
PIEDRAS/ ESMERALDA San Juan
TACUARÍ/ SUIPACHA San Miguel
B. DE IRIGOYEN/ C. PELLEGRINI San Cosme y Damián
LIMA/ CERRITO Monserrat
SALTA/ LIBERTAD San Pablo
10 Ochoa de Eguileor (1981), op. cit., p. II.
11 Ibid., p. III.
12 Taullard (1940), op. cit., p. 53.
13 La división posterior que la actual Av. Rivadavia establece a la hora de
denominar cada una de las calles a un lado y a otro parece datar de la década
de 1820. Para entonces, la calle, que entonces se denominó “De la Plata” marca-
ba que a uno y otro lado, las arterias que la cruzaban poseían diferentes nom-
bres («Plano topográfico del nombramiento de las calles de la ciudad de Buenos
Aires y de los templos y plazas, edificios y cuarteles», en: Manual de Buenos
Aires 1823…, op. cit., pp. 14-15. Esta calle ha tenido sucesivamente los nombres
de Las Torres, La Plata, General Quiroga, Federación y Rivadavia. V. Larrain,
Nicanor: Noticia histórica de los nombres de las calles de Buenos Aires. Buenos Aires:
Imprenta de M. Biedma, 1877, p. 91). En función de ello, y para facilitar la locali-
zación de las calles actuales, se ha reproducido la doble nomenclatura actual.
128
Leer la ciudad
Calles de este a oeste
[actual] [actual]
VICTORIA Cabildo RIVADAVIA Las Torres
ALSINA San Carlos BMÉ. MITRE Piedad
MORENO San Francisco J. D. PERÓN Merced
BELGRANO Santo Domingo SARMIENTO Santa Lucía
VENEZUELA Rosario CORRIENTES San Nicolás
MÉXICO San Bartolomé LAVALLE Santa Teresa
CHILE San Andrés TUCUMÁN Santiago
INDEPENDENCIA Concepción VIAMONTE Santa Catalina
ESTADOS UNIDOS San Isidro CÓRDOBA Santa Rosa
CARLOS CALVO San Fermín PARAGUAY Santo Tomás
HUMBERTO Iº Bethelen M.T. DE Santa María
ALVEAR
SAN JUAN Santa Bárbara SANTA FE San Gregorio
Si se analiza el cuadro anterior, surge que de un total de 34
calles, 32 —esto es, un 94%— llevan nombre de santos o reflejan
inspiración religiosa, mientras que apenas 2 (6%) aluden a refe-
rencias institucionales o edilicias de índole civil. De esos 32
nombres, es posible hacer la siguiente clasificación:
-Nombres asociados a homónimos de iglesias y conventos:
10
-Nombres relacionados con la figura de Jesucristo, advoca-
ciones de la Virgen y liturgia: 5
-Nombres de Santos: 17.
A su vez, si se desglosa exclusivamente este último grupo,
surgen las siguientes características particulares:
-género: -Femenino: 4
-Masculino: 13
Entre los 10 nombres asociados a iglesias y conventos ubica-
dos en las calles que designaban, se observan las referencias a
los de Nuestra Señora de las Catalinas, Nuestra Señora de la
Merced, San Francisco, Santo Domingo, San Nicolás, San
Miguel Arcángel, San Juan, Inmaculada Concepción, Nuestra
Señora de Monserrat, y Nuestra Señora de la Piedad. Existían
además en la ciudad los de San Pedro González Telmo, San
Roque, San Ignacio y la Catedral, que se levantaban en calles
cuyos nombres no aparecen asociados a aquéllos. Es decir, que
de los 14 templos que existían para 1774 en la ciudad, 10 de-
signaban a su vez a las calles en los que se emplazaban. Sobre
los restantes cuatro, la razón resulta casi obvia para la iglesia de
129
Sandra Díaz de Zappia
San Roque, dado su cercana vecindad con la de San Francisco.
Otro tanto sucede con la Catedral: consagrada bajo la advoca-
ción de la Santísima Trinidad, está ubicada precisamente en la
intersección de las entonces calles Las Torres y Santísima Trini-
dad. El caso de San Ignacio —ubicado próximo a la Catedral, en
la intersección de las calles Santísima Trinidad y San Carlos—
se entiende que no se hubiera utilizado dada la expulsión de la
Compañía de Jesús en 1767; finalmente, resulta menos claro el
de San Pedro González Telmo, en la calle Bethelen, a cuatro
cuadras de la calle San Pedro14.
En cuanto a los nombres de calles relacionados con la figura
de Jesucristo y la Virgen María aparecen las calles de Santo
Cristo, Santísima Trinidad, Rosario, Bethelen y Santa María15.
De los 17 santos cuyos nombres fueron utilizados para de-
signar calles porteñas, 4 son mujeres (Santa Bárbara, Santa Lu-
cía, Santa Teresa y Santa Rosa) y 13 son varones (San Martín,
San José, San Cosme y Damián, San Pedro, San Pablo, San Car-
los, San Bartolomé, San Andrés, San Isidro, San Fermín, Santia-
go, Santo Tomás y San Gregorio)16. En cuanto al ámbito geográ-
fico de procedencia y la circunstancia histórica de cada uno, re-
sulta muy difícil establecer per se la identidad de cada una de
las figuras elegidas: si se examina el número de santos con-
signados en el santoral de la época que respondía a los mismos
nombres, es difícil dar una respuesta definitiva sin reducir el
margen de duda por la existencia de homónimos17. Es posible
inferir a qué santo hacían referencia si se examina la imaginería
de la época y la piedad de los habitantes de la ciudad, pues al
considerar estas imágenes, es importante entender
lo que representan y cuál es su circunstancia. La presencia reiterada
de ciertas advocaciones, la vinculación de éstas con los nombres de sus
dueños o de la gente de su entorno familiar, los accesorios más o menos
preciosos que se les destinan, suelen ser indicios inequívocos de las
14 Para la ubicación de los templos, se ha seguido como referencia Taullard
(1940), op. cit., p. 63.
15 Sobre la devoción mariana en Buenos Aires, v. Barbero, Estela Rosa: «Ico-
nografía de la Virgen María en los hogares porteños», en: III Congreso Argentino
de Americanistas (1999). Buenos Aires: Sociedad Argentina de Americanistas,
2000, vol. 1, pp. 37-51.
16 En el caso de los Santos Cosme y Damián, se ha contabilizado sólo uno,
puesto que el nombre de ambos denominaba una calle.
17 Se ha seguido como referencia a Villegas, Alonso de: Flos Sanctorum...
Barcelona: Imprenta de Isidro Aguasvivas, 1794.
130
Leer la ciudad
prácticas culturales privadas y de los santos preferidos en sus devocio-
nes por los hombres y mujeres del virreinato.18
De esta manera, es posible acercar una serie de consideracio-
nes respecto a las devociones porteñas de la época. Así, en el
caso de Santa Bárbara, se sabe que desde 1706 existió en la ciu-
dad una cofradía en el convento de la Merced para la venera-
ción a esta santa. En el altar que se le dedicó estaba su imagen, a
la que se suman otras cuatro ubicadas en los domicilios particu-
lares19. Si se considera a Santa Lucía, protectora de las enferme-
dades de la vista, sólo se cuenta con un registro fehaciente: su
imagen era venerada en el hogar de Petrona Cabezas20. Por su
parte, Teresa Martínez de Arce poseía un cuadro de Santa Tere-
sa de Ávila. Además del objeto material, los porteños pudieron
haber estado familiarizados con los escritos de la Santa de Ávi-
la, “principalmente la letrilla que la Santa llevaba, a modo de
registro, en su breviario, y que fuera la primera publicación de
la imprenta de Buenos Aires”21. En lo que respecta a Santa Rosa,
cuadros e imágenes de la santa limeña aparecen en el inventario
de los bienes de varios vecinos porteños, y es posible que varios
de ellos rezaran su novena, editada en la ciudad en 1785. Asi-
mismo, el interés por conocer su biografía se manifiesta en la
presencia de un libro sobre su vida en la ya mencionada biblio-
teca del obispo Azamor y Ramírez22. En el caso de San Martín,
es posible que se tratara del obispo de Tours, patrono de la ciu-
18 Rípodas Ardanaz, Daisy: «Advertencia», en: Porro Girardi, Nelly Raquel/
Barbero, Estela Rosa: Lo suntuario en la vida cotidiana del Buenos Aires virreinal. De
lo material a lo espiritual. Buenos Aires: PRHISCO-CONICET, 1994, p. XIV.
19 Según Barbero, “se la invocaba especialmente para pedir su protección
contra los rayos y truenos, y para alcanzar la gracia de no morir sin recibir los
últimos sacramentos” (Barbero, Estela Rosa: «Imaginería», en: Porro Girardi/
Barbero (1994), op. cit., p. 340; Barbero, Estela Rosa: «Iconografía de ángeles y
santos en los hogares porteños 1700-1750», Archivum, XXI (2002), pp. 11-12. V.
también Avellá Cháfer, Francisco: «Vocabulario de términos canónicos (Siglos
XVI a XIX)», Genealogía, L, 24 (1991), p. 333.
20 Porro Girardi/ Barbero (1994), op. cit., p. 343. La devoción a la santa llevó a
Antonio de Azquizalete a erigir un oratorio en su honor en la esquina de las
actuales Sarmiento y Montevideo, local que para 1733 era su quinta (Barbero
(2002), op. cit., p. 14).
21 Asimismo, libros sobre su vida y virtudes existían en la biblioteca de Luis
A. de Zavala y en la del obispo de Buenos Aires, Manuel de Azamor y Ramírez
(Porro Girardi/ Barbero (1994), op. cit., pp. 338-339; Rípodas Ardanaz, Daisy: La
biblioteca porteña del obispo Azamor y Ramírez 1788-1796. Buenos Aires: PRHISCO-
CONICET, 1994).
22 Porro Girardi/ Barbero (1994), op. cit., p. 335; Rípodas Ardanaz (1994), op.
cit.; Barbero (2002), op. cit., p. 11.
131
Sandra Díaz de Zappia
dad23. Con respecto a San José, cuya devoción cobró impulso
con Santa Teresa de Jesús y tuvo una amplia difusión en el siglo
XVIII, era venerado en los hogares porteños durante la segunda
mitad de la centuria ilustrada: según se sabe, su imagen ocupa
—tras las de San Antonio de Padua— el segundo lugar en cuan-
to a cantidad de figuras de bulto relevadas en dicho ámbito. A
ello se suman las prácticas piadosas realizadas en ocasión de su
fiesta —19 de marzo—, la presencia de libros sobre su vida y
virtudes inventariados en las librerías de los hogares porteños24,
y la existencia de la cofradía de San José en la ciudad25. En el
caso de los santos Cosme y Damián no existen hasta ahora re-
gistros de imaginería que los representara; sin embargo, su de-
voción en la ciudad estaba ligada a su cofradía, siendo además
los santos patronos de los médicos, cirujanos, boticarios y bar-
beros26. En lo que respecta a San Pedro y San Pablo, Porro Gi-
rardi y Barbero señalan que, a pesar de su relevancia dentro de
la Iglesia Católica, “tuvieran tan poco eco en la vida de piedad
de los vecinos porteños”. Sin embargo, dentro del calendario
litúrgico de entonces se les dedicaron “cinco días para venerar-
los con misa propia”27, y Avellá Cháfer informa de la existencia
de la cofradía de San Pedro en 179328. Asimismo, se sabe que
San Pedro de Alcántara recibió en la misma época veneración
23 Explican Porro Girardi y Barbero que su veneración “estuvo alimentada
por las festividades públicas anuales ordenadas por las autoridades, a las que
asistían las personas estantes y habitantes. El doctor Pantaleón Rivarola compu-
so en su honor una novena que fue publicada en 1790, y reimpresa en 1806 por
cuenta del cabildo —en acción de gracias por el triunfo sobre las armas ingle-
sas— para que se repartiera ‘graciosamente’ a la población, según consta en el
acta capitular del 15 de agosto de 1806” (Porro Girardi/ Barbero (1994), op. cit.,
p. 341). V. también Torre Revello, José: El nombre de Buenos Aires y su Santo
Patrono. Buenos Aires: Municipalidad de la ciudad de Buenos Aires, 1968; Bar-
bero (2002), op. cit., p. 14.
24 Porro Girardi/ Barbero, op. cit., p. 332; Barbero (2002), op. cit., p. 9.
25 Avellá Cháfer (1991), op. cit., p. 333.
26 Walker Vadillo, Mónica Ann: «Los santos médicos Cosme y Damián»,
Revista digital de iconografía medieval, III, 5 (2011), [Link]
servlet/articulo?codigo=4123961 (consultado 1-XII-2016). Furlong afirma que
para esa época la ciudad contaba con “unos diez médicos y cirujanos, sin contar
los que había en las comunidades religiosas, lo cual ciertamente no era poco
para un pueblo de 18.000 habitantes, que era la población de Buenos Aires en
1765” (Furlong, Guillermo: Médicos argentinos durante la dominación hispánica.
Buenos Aires: Huarpes, 1947, p. 147).
27 Porro Girardi/ Barbero (1994), op. cit., p. 334.
28 Avellá Cháfer (1991), op. cit., p. 333.
132
Leer la ciudad
de parte de sus devotos, que contaban con una estampita del
santo impresa en la ciudad29.
Sobre la denominación San Carlos, los estudios sobre la pie-
dad privada de los porteños no aportan dato alguno. No obs-
tante ello, es posible inferir que el nombre hacía referencia a
San Carlos Borromeo. En 1771, el entonces gobernador Juan
José de Vértiz, sugirió que los fondos de temporalidades
podrían destinarse para establecer escuelas y estudios generales
para la juventud, por lo que pidió dictamen a los cabildos. El 28
de diciembre de ese año, el cabildo eclesiástico de Buenos Aires
se expidió sobre la instalación de un colegio y de una real
pública universidad; de esta última sería
el patrón y titular […] en obsequio del nombre de nuestro soberano,
el glorioso arzobispo de Milán, San Carlos Borromeo, a quien la univer-
sidad hará todos los años el día 4 de noviembre una solemne fiesta a
que asistirá en forma de claustro y predicará uno de sus doctores,
llamándose por lo mismo La Real Pública Universidad de San Carlos.30
Además, no debe olvidarse que Carlos III era devoto del
santo, y sus colaboradores sembraron de “San Carlos la geogra-
fía española”31.
Por las figuras de bulto registradas para la época, se sabe
que San Bartolomé, San Isidro y Santo Tomás recibían devoción
en hogares porteños32. Otro tanto sucede con la advocación del
apóstol Santiago; además existía en la ciudad una cofradía del
santo desde 179633. Con respecto a San Gregorio, en los autos
obrados por muerte de José Narriondo en 1732, se registró un
cuadro de San Gregorio Máximo hecho en el Cuzco34.
Finalmente, no se han hallado hasta el momento testimonios
de devociones privadas a San Andrés y a San Fermín. Sin em-
bargo, es posible que en el caso del primero, la referencia al san-
to estuviera relacionada al Aspa Roja de San Andrés o Cruz de
Borgoña, que fue durante siglos “el emblema archiconocido de
29 Porro Girardi/ Barbero (1994), op. cit., p. 339.
30 Gutiérrez, Juan María: Noticias históricas sobre el origen y desarrollo de la
enseñanza pública superior en Buenos Aires (1868). Buenos Aires: Universidad
Nacional de Quilmes, 1998, pp. 260 y 290.
31 Vaca de Osma, José Antonio: Carlos III. Madrid: RIALP, 2014, c. XII.
32 Porro Girardi/ Barbero (1994), op. cit., pp. 335-336.
33 Ibid., p. 334.
34 Barbero (2002), op. cit., p. 14.
133
Sandra Díaz de Zappia
las tropas españolas”35. Sobre el segundo, el origen geográfico
común de ciertos habitantes de la ciudad podría explicar la
apelación a San Fermín: ha sido estudiada la presencia navarra
en Buenos Aires y la vinculación de algunos de su representan-
tes con la congregación de San Fermín de Madrid36.
Estas denominaciones parecen no haber arraigado, pues en
el ya citado plano confeccionado para la lectura del padrón de
1778 se consignan los nombres vulgares que se daban a algunas
calles, subsistiendo todavía la asociación de la calle con alguna
figura pública o establecimiento conocido; y en el caso de la
recientemente designada Santo Cristo, su nueva designación
como calle Nueva:
Calle Nueva en lugar de Santo Cristo.
Calle de San Francisco en lugar de San Martín.
Calle de don Pablo Thompson en lugar de San Pedro.
Calle de Merlo en lugar de San Juan.
Calle del Retiro en lugar de San Juan.
Calle que pasa por detrás de Monserrat en lugar de San Pablo.
Calle de San Miguel en lugar de Piedad.
Calle que sigue a la de Santa Teresa en lugar de Santiago.
Calle de las Catalinas en lugar de Santa Catalina.
Calle de la cancha de Matorras en lugar de Santa Rosa.
Calle que sigue después de la cancha de Matorras en lugar de Santo
Tomás.
Calle de Cueli en lugar de Santa María.
Calle de San Juan en lugar de San Carlos.
Calle de la Provisión en lugar de San Francisco.
Calle detrás de Santo Domingo en lugar de Rosario y de San Bartolomé.
Calle de Hospital en lugar de San Andrés.
Calle de Salgado en lugar de San Fermín.
Calle de la quinta del alcalde provincial Diego Mantilla en lugar de
Santa Bárbara.37
35 Martínez Láinez, Fernando/ Canales Torres, Carlos: Banderas lejanas.
Madrid: Edaf, 2009, p. 100.
36 Frías, Susana/ García Belsunce, César: De Navarra a Buenos Aires, 1580-
1810. Buenos Aires: Instituto Americano de Estudios Vascos, 1996, p. 39. Fue el
caso de Antonio de Azcona Imberto, que en 1645 “recibió poder” de dicha con-
gregación “para pedir limosnas en Indias”. Otro tanto ocurrió probablemente
con Juan Echavarría y con Juan Martín de Lizola y Perochena; este último apa-
rece entre los apoderados de la misma congregación (ibid., pp. 107, 122 y 172).
37 Taullard (1940), op. cit., pp. 58-59. Aparentemente, la pervivencia de la
denominación Santo Cristo para la calle del Fuerte podría haber sido bastante
134
Leer la ciudad
Posteriormente, se produjeron algunos cambios menores
respecto de la redacción de los nombres de algunas calles: así, la
calle Cabildo pasó a designarse como “Del Cabildo”, y la calle
Torres, “De las Torres”38. Si, una vez más, se cuantifican los da-
tos reproducidos, se obtiene que de la lista reproducida, que
contiene un 100% de nombres tomados del santoral romano, la
tradición popular hizo que vulgarmente unos 11 nombres (61%)
fueran reemplazados por nombres de lugares o personajes pú-
blicos.
En febrero de 1784, el virrey Vértiz dictó una «Instrucción
que debe observarse para la composición uniforme de las calles
de esta ciudad» estableciendo, en sus artículos 20 y 21, los crite-
rios y formas que deberían seguirse a la hora de elegir los nom-
bres de las calles y la identificación de las casas:
[20] Las calles deberán nombrarse de norte a sur y del este a oeste
por los nombres que hasta hoy tengan, poniéndose en las esquinas de
cada una un cuadro de piedra o de madera embutido en la pared con
letras claras de modo que se hagan legibles a una regular distancia; y
las que salgan directamente a la plaza principiarán sus nombres desde
ella hasta la salida, debiéndose contar su composición por ahora desde
las cuatro cuadras en contorno a la misma plaza, a excepción de aqué-
llas que continuasen con más edificadas enteramente de casas, porque
efímera: en efecto, en el “expediente sobre las obras voluntarias hechas por el
gobernador de Buenos Aires, informado por la Contaduría, y respondido por el
señor fiscal” de 1771, se menciona que a su llegada a la ciudad, Bucareli y Ursúa
“reconoció que las calles terminaban en barrancas, y que la Fortaleza estaba
también por la parte del norte cercada de peñascos ásperos y quebrados, y que
no había más bajadas que unas estrechas sendas, por donde aun a pie no
podían pasar dos personas juntas”. Frente a ello, llamó al ingeniero Juan Barto-
lomé Howel, “quien le contestó la gravedad de estos defectos, ya para la Forta-
leza porque embarazaban el fuego de la artillería, ya para la ciudad porque las
calles no concluían en perfección, sino que terminaban en aquellas fragosidades
que a poca costa se podrían allanar aplicando a los [sic] obras los presidiarios”.
Al término de las tareas emprendidas para solucionar la situación, el expediente
da cuenta que “hasta aquel tiempo no había en la ciudad quien no elogiase la
obra. Que lo mismo fue allanarse una o dos bajadas, que tomar el público por
desahogo y diversión el paseo de ellas, y de la calle que se allanó, llamándola la
calle nueva” («Año de 1771. Expediente relativos a las obras públicas hechas en
la ciudad de Buenos Aires por el gobernador de dicha provincia don Francisco
Bucareli y Ursúa, como arreglo de sus calles y paseos, etc.», en: Peña, Enrique:
Documentos y planos relativos al período edilicio colonial de la ciudad de Buenos Aires.
Buenos Aires: Municipalidad de Buenos Aires, vol. II, 1910, pp. 119-120).
38 Ochoa de Eguileor (1981), op. cit., p. III.
135
Sandra Díaz de Zappia
en ellas ha de hacerse la misma composición que en las demás, en aten-
ción a no carecer de vecindario.
[21] Para hacer más cómoda la inteligencia de las mismas calles en la
necesidad de buscar alguna casa, se distinguirán en ellas con nombre de
cuadra las [sic] dos frentes de cada una; y para recompensar el trabajo,
esmero y actividad de los respectivos diputados de éstas por el cuidado
en su composición a beneficio y utilidad del mismo vecindario, se pon-
drá en cada una de ellas otra tarjeta igual a la de las calles con el apelli-
do del diputado, para que distinguiéndose y conociéndose en lo sucesi-
vo por él perpetuamente, quede en ella y en honor suyo la memoria de
este servicio hecho a favor de sus convecinos.39
Durante la administración del sucesor de Vértiz, Nicolás de
Arredondo, se levantó un nuevo plano de la ciudad, del que
sólo se cuenta con una reconstrucción posterior realizada por
Manuel Ricardo Trelles40; en dicho plano, la nomenclatura ofi-
cial de las calles continuó siendo la misma.
II. LAS INNOVACIONES DE LINIERS
Las referencias históricas sobre la cuestión publicadas en el
período independiente ignoran la existencia de antecedentes
durante el siglo XVIII y aseguran que la primera iniciativa se
habría debido al virrey Santiago de Liniers. Este último “mandó
o influyó en el cabildo para que se fijasen en las calles los nom-
bres de los vecinos y de los jefes y oficiales que se distinguieron
en las acciones del 12 de agosto de 1806 y del 5 de julio de
1807”, aunque en realidad “los que se inscribieron fueron en la
mayor parte españoles europeos”41. Coinciden con esa referen-
39 Vértiz, Juan José de: «Instrucción que debe observarse para la composi-
ción uniforme de las calles de esta ciudad por los sujetos que el vecindario de
cada una de ellas nombre y encargue en sus respectivos distritos para el desem-
peño de los puntos que aquí se prefijan, y para cuyo efecto quedan autoriza-
do[s] por el gobierno las que se disputen a este fin, a quienes se auxiliará por las
justicias y demás en cuanto necesiten», Buenos Aires, 4-II-1784, en: Facultad de
Filosofía y Letras: Documentos para la historia argentina. Buenos Aires: Compañía
Sudamericana de Billetes de Banco, 1918, vol. IX, p. 106.
40 Taullard (1940), op. cit., p. 62.
41 «Manifestación de los nombres con que vulgarmente se conocen las calles
y plazas de esta ciudad y su correspondencia con los que le son propios desde
su traza. Y con los que se le ponen nuevamente, alusivos a las gloriosas acciones
de su reconquista y defensa, conseguidas contra las armas británicas, la primera
136
Leer la ciudad
cia Francisco Saguí42 y Juan Manuel Beruti; según este último, la
indicación de manzanas y calles data de julio de 1808, cuando
de orden de este Superior Gobierno se empezaron a poner números
a las manzanas de que se compone esta ciudad, como también a las
puertas de sus edificios, tanto de calle como de cuartos, e igualmente
nombres a las calles de Norte a Sur, y del Este a Oeste, como a las pla-
zas públicas que tiene; en cada principio de cuadra y a su fin; de uno y
otro costado, en el pilar de la esquina tiene puesta una tablilla de firme
introducción en él con el número y nombre de esta forma: Manzana N°
tal/ Calle de tal. Estando en los mismos términos igualmente puestos en
los costados de las esquinas de las plazas el nombre de ellas; y sobre las
puertas de los edificios providencia de policía que tomó este Gobierno a
imitación de las ciudades de Europa; para que los forasteros puedan
acertar con las calles, manzanas y casas que buscan, y con facilidad dar
con ellas, o dar señas ciertas en dónde vive una persona a otra.43
en 12 de agosto de 1806, y la segunda en 7 de julio de 1807», Buenos Aires, 30-
VI-1808, ibid., p. 101; «Policía», El Argos de Buenos Aires, 10, 14-VII-1821, p. 67.
42 Saguí, Francisco: Los últimos cuatro años de la dominación española en el
antiguo virreinato del Río de la Plata desde [el] 26 de junio de 1806 hasta [el] 25 de
mayo de 1810. Memoria histórica familiar. Buenos Aires: Imprenta Americana,
1874, cap. VIII, § 47, p. 68.
43 Beruti, Juan Manuel: Memorias curiosas. Buenos Aires: Emecé, 2001, año
1808, p. 105; Acuerdos… Buenos Aires: 1927, 4ª serie, t. III, pp. 292-293. A juzgar
por el comentario de Beruti, parece ser que la numeración no seguía la línea de
la calle, sino que se hacía por manzana. Una crítica en ese sentido publicada en
1835 corroboraría esta suposición: “El antiguo método de numeración dando
vuelta a la manzana o islas de casas, era absurdo y propio a confundir al hom-
bre más expedito, como que solía suceder el venirse a colocar dos números
iguales el uno enfrente de otro, reproduciéndose hasta cinco o seis veces en una
misma calle; la molestia y la pérdida de tiempo que esto ocasionaba son bien
notorias, así como los extravíos de cartas y remesas y otros desmanes consi-
guientes. Por el nuevo método adoptado ya en otras ciudades se evitan aquellos
inconvenientes, reduciéndolo a una claridad indispensable al rápido movimien-
to de la población. Consiste, pues, en fijar un punto céntrico, de donde partien-
do la numeración, siga presentando los números pares a la derecha y los im-
pares a la izquierda, y como empieza a contarse desde aquel punto, es consi-
guiente el deducir por la disminución o crecimiento de la serie de los números
la mayor o menor proximidad a él; […] Muchas veces se había pensado en esta
importante variación, y aun el Manual de Madrid, publicado en 1831, la indicó
con toda especificación y en los mismos términos que se ha mandado tres años
después a virtud del real decreto de 2 de julio próximo pasado, y llevado a cabo
por la actividad y celo del señor corregidor actual” («Policía urbana. De la nue-
va numeración y de la rotulación de las calles», en: Mesonero Romanos (1903),
op. cit., pp. 24-25. V. también Mesonero Romanos, Ramón de: Manual de Madrid.
137
Sandra Díaz de Zappia
Es seguro que estas tareas efectivamente se realizaron, por
cuanto el Archivo General de la Nación conserva un expediente
relativo al pago por la confección y colocación de las menciona-
das tablillas44.
Para entonces, la nomenclatura de las calles de Buenos Aires
varió significativamente y también se agregaron calles nuevas,
según se desprende del siguiente cuadro45:
Calles de norte a sur
[actual]46
BALCARCE/25 DE MAYO Arze/Gana47
DEFENSA/ RECONQUISTA Liniers
BOLÍVAR/ SAN MARTÍN Victoria
PERÚ/ FLORIDA Unquera
CHACABUCO/ MAIPÚ Lasala
PIEDRAS/ ESMERALDA Correa
TACUARÍ/ SUIPACHA Parejas
B. DE IRIGOYEN/ C. PELLEGRINI Rivas
LIMA/ CERRITO Varela
SALTA/ LIBERTAD Velarde
SANTIAGO DEL ESTERO/ Irigoyen
TALCAHUANO
SAN JOSÉ/ URUGUAY Pazos
SÁENZ PEÑA/ PARANÁ Mujica
VIRREY CEVALLOS/ MONTEVIDEO Maderna
SOLÍS/ RODRÍGUEZ PEÑA Somavilla
Calles de este a oeste
VICTORIA Villota RIVADAVIA Reconquista
ALSINA Álzaga BMÉ. MITRE Lezica
MORENO Villanueva J. D. PERÓN Sáenz Valiente
BELGRANO Pirán SARMIENTO Mansilla
Descripción de la corte y de la villa. Madrid: Imprenta de D. M. de Burgos, 1831, p.
51 y ss.).
44 «Año de 1808. Cuenta del costo de las tablillas de las calles y de su
colocación» (AGN, IX, 19-5-12, fs. 7-9, 93, 95, 120 y 185); Facultad de Filosofía y
Letras (1918), op. cit., pp. 348-350.
45 Taullard, Alfredo: Nuestro antiguo Buenos Aires: como era y como es, desde la
época colonial hasta la actualidad; su asombroso progreso edilicio, trajes, costumbres,
etc. Buenos Aires: Jacobo Peuser, 1927, pp. 172-174.
46 V. supra, nota 14.
47 Aparentemente, la calle tuvo dos denominaciones, sobre lo que no se en-
contró información adicional.
138
Leer la ciudad
VENEZUELA Basualdo CORRIENTES Incháuregui
MÉXICO Agüero LAVALLE Merino
CHILE Capdevilla TUCUMÁN Herrero
INDEPENDENCIA Monasterio VIAMONTE Ocampo
ESTADOS UNIDOS Ituarte CÓRDOBA Yáñez
CARLOS CALVO Iglesias PARAGUAY Belgrano
HUMBERTO Iº Núñez M.T. DE ALVEAR Fantin
SAN JUAN Barragaña SANTA FE Pío Rodríguez
COCHABAMBA Valencia
BRASIL Cabieces
De los datos consignados se desprende que el número de las
calles con nomenclatura conocida se incrementó de 34 a 41. De
los nombres de calles conocidos para 1807, 39 (un 95%) refieren
a personajes históricos, mientras que los restantes 2 (lo que
representaría aproximadamente un 5%) corresponden a sucesos
importantes (Victoria48, Reconquista49), desapareciendo —por lo
menos formalmente— toda designación previa. Como puede
apreciarse, la medida impulsada por Liniers tuvo, por lo menos
oficialmente, un cumplimiento absoluto, y los antiguos nom-
bres de santos desaparecieron del nomenclador urbano.
Entre los nombres utilizados para designar las diversas ca-
lles de la ciudad se ha podido identificar la totalidad de las refe-
rencias: Santiago de Liniers50, Baltasar Urquiza o Unquera51,
48 Se designó a esta calle “Victoria” “[...] porque por ella y la de las Torres se
lograron las principales acciones de la Reconquista en 12 de agosto de 1806”
(«Manifestación de los nombres...», Buenos Aires, 30 de junio de 1808, en:
Taullard (1940), op. cit., p. 101).
49 La antigua calle de las Torres pasó a denominarse de esta manera “por-
que por ella y la de la Victoria se lograron las principales acciones de la recon-
quista en 12 de agosto de 1806” (ibid.).
50 “Jefe de la Escuadra de la Real Armada, virrey, gobernador y capitán
general, etc. En memoria de sus gloriosos triunfos de la Reconquista en 1806 y
de la defensa de esta ciudad en 1807 y por haber hecho su entrada la primera
por esta calle” (ibid.).
51 Teniente de navío y edecán general (ibid.). El recuerdo de Urquiza y los
siguientes personajes (Cándido Lasala, Benito Correa, Francisco Parejas y Joa-
quín Ribas) se decidió para honrar la “memoria de estos oficiales que murieron
gloriosamente en defensa de los derechos del Soberano” (ibid.; Piccirilli, Ricar-
do/ Romay, Francisco/ Gianello, Leoncio: Diccionario Histórico Argentino. Buenos
Aires: Ediciones Históricas Argentinas, VI, 1953-1954, p. 709; Iusem, Miguel:
Calles de Buenos Aires. El significado de sus nombres. Buenos Aires: De los cuatro
vientos, 2012, p. 308).
139
Sandra Díaz de Zappia
Cándido Francisco José de Lasala52, Benito Correa53, Francisco
Parejas54, Joaquín Ribas55, Jacobo Adrián Varela56, Pedro Velar-
de57, Santos Irigoyen58, Josef Pazos59, Josef Pío Muxica60, Fran-
cisco Maderna61, Joaquín Gómez Somavilla62, Manuel Arze63,
Pío Garsa64, Francisco Lecica65, Anselmo Sáenz Valiente66,
52 Teniente de navío («Manifestación de los nombres...», Buenos Aires, 30 de
junio de 1808, en: Taullard (1940), op. cit., p. 101; Piccirilli/ Romay/ Gianello
(1953-1954), op. cit., vol. IV, p. 711).
53 Teniente de fragata («Manifestación de los nombres...», Buenos Aires, 30
de junio de 1808, en: Taullard (1940), op. cit., p. 101; Iusem (2012), op. cit., p. 88).
54 Alférez de navío («Manifestación de los nombres...», Buenos Aires, 30 de
junio de 1808, en: Taullard (1940), op. cit., p. 101).
55 Alférez de fragata («Manifestación de los nombres...», Buenos Aires, 30 de
junio de 1808, ibid., p. 101; Iusem (2012), op. cit., p. 272).
56 “Capitán de granaderos del tercio de Galicia y hoy sargento mayor del
mismo” […] “en memoria de la bizarra acción de haberse abierto paso con su
compañía de Granaderos a bayoneta calada por entre los enemigos para liber-
tarse de quedar prisionero en el Retiro” («Manifestación de los nombres...»,
Buenos Aires, 30 de junio de 1808, en: Taullard (1940), op. cit., p. 101; Piccirilli/
Romay/ Gianello (1953-1954), op. cit., vol. VI, p. 742; Iusem (2012), op. cit., p.
312).
57 Capitán del tercio de patricios («Manifestación de los nombres...», Buenos
Aires, 30 de junio de 1808, en: Taullard (1940), op. cit., p. 101). Se recordó a
Velarde y los siguientes (Santos Irigoyen, Josef Pazos, Josef Pío Muxica, Fran-
cisco Maderna, Joaquín Gómez Somavilla, Manuel Arze, Pío Garsa o Gana),
todos ellos oficiales de los cuerpos urbanos, por haber muerto “gloriosamente
en defensa de los derechos del Soberano” (ibid.; Iusem (2012), op. cit., p. 314).
58 Capitán agregado del tercio de patricios y vizcaínos («Manifestación de
los nombres...», Buenos Aires, 30 de junio de 1808, en: Taullard (1940), op. cit., p.
101; Iusem (2012), op. cit., p. 168).
59 Capitán y edecán de Xavier de Elío («Manifestación de los nombres...»,
Buenos Aires, 30 de junio de 1808, en: Taullard (1940), op. cit., p. 101; Iusem
(2012), op. cit., p. 243).
60 Capitán de artilleros urbanos («Manifestación de los nombres...», Buenos
Aires, 30 de junio de 1808, en: Taullard (1940), op. cit., p. 101; Iusem (2012), op.
cit., p. 222).
61 Teniente del tercio de montañeses («Manifestación de los nombres...»,
Buenos Aires, 30 de junio de 1808, en: Taullard (1940), op. cit., p. 101; Iusem
(2012), op. cit., p. 200).
62 Teniente del tercio de montañeses («Manifestación de los nombres...»,
Buenos Aires, 30 de junio de 1808, en: Taullard (1940), op. cit., p. 101; Iusem
(2012), op. cit., p. 148).
63 Capitán y edecán general («Manifestación de los nombres...», Buenos
Aires, 30 de junio de 1808, en: Taullard (1940), op. cit., p. 101).
64 Comandante del batallón de arribeños (ibid.). Según Iusem, se trata de Pío
Gana y no Garsa, un comerciante de origen vizcaíno (Iusem (2012), op. cit., p.
142).
140
Leer la ciudad
Manuel Mansilla67, Josef Santos Incháurregui68, Gerónimo Meri-
no69, Francisco Antonio Herrero70, Manuel Ocampos71, Martín
Iañez o Yáñez72, Francisco Belgrano73, Juan Baptista Fantin74, Pío
Rodríguez75, Manuel Genaro de Villota76, Martín de Álzaga77,
Esteban Villanueva78, Antonio Pirán79, Manuel Ortiz Basualdo80,
Miguel Agüero81, Josef Antonio Capdevilla82, Martín Monaste-
65 Alcalde de primer voto en 1806. Lecica y los siguientes (Anselmo Sáenz
Valiente, Manuel Mansilla, Josef Santos Inchaurregui, Gerónimo Merino, Fran-
cisco Antonio Herrero, Manuel Ocampos, Martín Iañez y Francisco Belgrano)
fueron recordados por haberse distinguido “en el desempeño de sus empleos
en las ocurrencias del año de 1806” («Manifestación de los nombres...», Buenos
Aires, 30 de junio de 1808, en: Taullard (1940), op. cit., p. 101).
66 Alcalde de segundo voto en 1806 (ibid.; Iusem (2012), op. cit., p. 281).
67 Alguacil mayor perpetuo («Manifestación de los nombres...», Buenos
Aires, 30 de junio de 1808, en: Taullard (1940), op. cit.,p. 101).
68 Regidor en 1806 (ibid.).
69 Regidor en 1806 (ibid.).
70 Regidor en 1806 (ibid.).
71 Regidor en 1806 (ibid.).
72 Regidor en 1806 (ibid.).
73 Regidor en 1806 (ibid.).
74 Regidor en 1806, homenajeado por “haber muerto en la Reconquista”
(ibid.).
75 Cabo del tercio de patricios, “en memoria de su valerosa acción de aca-
barse de cortar la pierna que le dejó colgando una bala, y de haber exhortado y
animado, después de herido, a sus camaradas” (ibid; Iusem (2012), op. cit., p.
274). Según Francisco Saguí, se llamaba Orencio Pío Rodríguez, quien “a pre-
sencia de su comandante Urien a dos cuadras al este de la plaza de Lorea, una
bala de cañón del enemigo le fracturó una pierna por la canilla: cae al suelo,
saca su cuchillo, y córtase la parte de la pantorrilla de que aun colgaba lo frac-
turado; y más y más entusiasmo exhorta y anima a sus compañeros —‘No es
nada mi herida, les grita, no es nada: defendamos y muramos por la patria’.
Este valiente patricio efectivamente murió de esas resultas el día 9, pero siquie-
ra con la dulce y consolante satisfacción de haberla visto triunfante y libre”
(Saguí (1874), op. cit., cap. VIII, § 47, p. 67).
76 Fiscal de lo civil, “porque en el último ataque permaneció en la Plaza con
los señores capitulares y asistió a la conferencia que precedió a las [capitula-
ciones?]” («Manifestación de los nombres...», Buenos Aires, 30 de junio de 1808,
en: Taullard (1940), op. cit., p. 101).
77 Alcalde de primer voto en 1807 quien, junto a los siguientes (Esteban
Villanueva, Antonio Pirán, Manuel Ortiz Basualdo, Miguel Agüero, Josef Anto-
nio Capdevilla, Martín Monasterio, Juan Baptista Ituarte, Benito Iglesias y Justo
Núñez), se distinguió “auxiliando con sus providencias la gloriosa defensa de
esta capital, Julio 1807”, ibid.).
78 Alcalde de segundo voto (ibid.).
79 Regidor en 1807 (ibid.).
80 Regidor en 1807 (ibid.).
81 Regidor en 1807 (ibid.).
141
Sandra Díaz de Zappia
rio83, Juan Baptista Ituarte84, Benito Iglesias85, Justo Núñez86,
Diego Álvarez Baragaña o Barragaña87, Tomás Valencia88 y
Eustaquio Cabieces89.
III. LA ÉPOCA NACIONAL
La situación parece haber cambiado inmediatamente des-
pués de producida la Revolución de Mayo de 1810 pues, al
decir de un periódico español de la época,
cuando un pueblo suelta las cadenas que le oprimían, y principia a
sentir los ensanches de la libertad, es tan natural que exhale su alegría
cantando las ventajas de su nuevo estado y las alabanzas de aquellos
por quienes lo alcanzó, como fuera violento e impolítico impedírselo
bajo cualquier pretexto.90
En este contexto, se entiende que en aquellos momentos
los fervores patrióticos que entonces se dejaron ver […], no pudien-
do sufrir que continuasen inscriptos los nombres de sus antiguos opre-
sores, en una noche, sin la autoridad ni el conocimiento del gobierno,
inutilizaron enteramente en unas bocas calles los cuadros que se habían
fijado, y en las restantes borraron los nombres de manera que hasta el
día permanecen si poderse percibir.91
82 Regidor en 1807 (ibid.; Iusem (2012), op. cit., p. 74).
83 Regidor en 1807 («Manifestación de los nombres...», Buenos Aires, 30 de
junio de 1808, en: Taullard (1940), op. cit., p. 101).
84 Regidor en 1807 (ibid.).
85 Síndico en 1806 y 1807 (ibid.).
86 Escribano mayor de cabildo (ibid.).
87 Álvarez Barragaña y Tomás Valencia (v. infra) eran “particulares”, que
fueron honrados “en memoria de lo que hicieron por la Reconquista, hasta mo-
rir valerosamente en ella” (ibid.).
88 “Particular” (v. supra) (ibid.; Iusem (2012), op. cit., p. 311, quien se refiere a
él como a un “militar”).
89 Teniente de artilleros urbanos, “en memoria de haber muerto en la defen-
sa de la ciudad” («Manifestación de los nombres...», Buenos Aires, 30 de junio
de 1808, en: Taullard (1940), op. cit., p. 101).
90 «Sobre el uso natural de las canciones patrióticas», El Censor, periódico
político y literario, 56, 25-VIII-1821, p. 156.
91 «Policía», El Argos de Buenos Aires, 14-VII-1821, p. 67; Wilde, José Antonio:
Buenos Aires desde 70 años atrás. Buenos Aires: Fondo Nacional de las Artes,
[1999], p. 108. Sin embargo, Ensinck menciona que en ese año y una vez pasa-
dos los sucesos de mayo, “hubo un gasto importante en la fabricación de las
tablillas ‘para fijarse en las calles y esquinas de la ciudad’ y en la ‘pintura de
142
Leer la ciudad
Efectivamente, en septiembre de 1812 el gobierno ordenó se
borrasen inmediatamente “los nombres de sujetos particulares
con que se designan las calles de esta ciudad y que sólo queden
los números de las manzanas”92. Al respecto, Vicente G. Quesa-
da recordó en sus memorias que
las calles no tenían nombre, ni número las casas, como puede indu-
cirse de los avisos publicados en 1810 en el Correo de Comercio: se llama-
ba la calle de Lezica, la de Villanueva, la de Sáenz Valiente: la esquina
de la Palma y la del Peligro, y otra la de la Patria. La dirección se seña-
laba por señas […] Las manzanas estaban numeradas, y para anunciar
en venta una casa, se decía manzana número tal, calle de Lezica, o de la
persona más notable que en ella tuviese habitación.93
Esta situación continuó hasta, por lo menos, 1821. En julio
de ese año, la falta de indicación en las calles motivó la apari-
ción tanto de críticas como de sugerencias para corregir el pro-
blema. Entre las primeras, se afirmaba que “menos cuesta el
dichas tablillas’, que alcanzó a 908, 6 y 2.190, 2 pesos, respectivamente”, abo-
nándose todo “del ramo de policía” (Ensinck, Oscar: Propios y arbitrios del cabildo
de Buenos Aires (1580-1821). Madrid: Instituto de Estudios Fiscales, 1990, p. 401).
Este dato levanta una sombra de duda sobre si dichas acciones fueron realiza-
das sin “la autoridad ni el conocimiento del gobierno”.
92 El cabildo [¿?] al intendente de policía, Buenos Aires, 7-IX-1812 (AGN, IX,
19-6-4, f. 415). Según parece, se mantuvieron las tablillas que indicaban el nú-
mero de las manzanas. Así, el 27 de octubre de 1813 se ordenó realizar un
relevamiento de las tablillas “grandes y chicas que hay fijadas en las esquinas”
de cada cuartel, tarea que fue realizada directamente —por lo que se sabe— por
los alcaldes de barrio o bien por sus tenientes, según el siguiente detalle: de los
cuarteles 13, 4, 3, 17, 12, 19, 10, 11, 5 agregado, 18, 14, 8, 9, 15, 16, 20, 5, 1, 2 y 6,
fueron los alcaldes —José Miguel Drago, Julián de Gregorio Espinosa, Pedro
Osandavaras, Mariano San Martín, Anastasio Patrón, Julián Espínola, Luis
Modesto Arroyo, Pascual Matallana, Mariano Blanco, Ramón Molina, Mariano
de los Santos, José María Balbastro, Estanislao Sancho, Manuel Alberti, Juan
Manuel Adriguez, Norberto Cabral, Andrés Aldao, Juan Balagué, Manuel
Navarro y Santiago Guillen, respectivamente— los que relevaron las tablillas
existentes en las manzanas de sus cuarteles. Sobre lo realizado por los tenientes
de alcaldes de barrio, se tiene noticia de que Juan Berdia, Eladio Otamendi, José
Gabriel García, José M. de Riglos, Francisco Martínez, Pedro María de Saveyro,
Valentín Alseyba y Mateo de Aloy informaron sobre las tablillas existentes en
las manzanas de su cargo en el cuartel 7 a su alcalde, Joaquín Griera, quien
posteriormente envió la información requerida. Por su parte, un teniente del
cuartel número 9 —Joaquín Roigt— realizó el relevamiento de las existentes en
la manzana 106 (Díaz de Zappia (2018), op. cit., vol. I, pp. 63-64).
93 Quesada, Vicente: Memorias de un viejo. Buenos Aires: Ediciones Ciudad
Argentina, 1998, pp. 39-40.
143
Sandra Díaz de Zappia
acompañar a uno a cualquier parte de la ciudad que el describir
su situación”, agregando irónicamente que además de un cono-
cimiento topográfico de la ciudad era necesario tener otro “de
carácter biográfico” para poder encontrar “la esquina de don
Fulano de Tal” y “el hueco de doña Zutana de Cual”94. Entre las
segundas, las propuestas contemplaron el empleo de placas de
piedra —esto es, baldosas— en lugar de madera, el uso de de-
terminados colores para el fondo y las letras de las tablillas y
hasta la utilización de métodos alfabéticos y numéricos a la
hora de atribuir nombres a las calles95. En lo que se coincidía era
en la urgencia de verificar dicha numeración, rogando al “regi-
dor juez de policía que dedique una parte de sus cuidados a
esta operación, a que sin duda es de esperarse que cooperará
también el excelentísimo cabildo con sus luces y con sus fon-
dos”96. Precisamente, fue el entonces regidor de policía, Joaquín
de Achával, el que declaró haber adelantado 1.400 pesos “para
las tablillas que deben fijarse para el nombre de las calles y nu-
meración de las casas de la ciudad”97. De esta manera, fue re-
cién en 1822 cuando se dispuso la adjudicación de nuevos nom-
bres para las calles de la ciudad de Buenos Aires, según el
siguiente detalle98:
94 «Policía. Comunicado», El Argos de Buenos Aires, 13, 24-VII-1821, p. 85. Lo
expresado quedó confirmado en los testimonios de la época; como ejemplo, se
citará un testimonio que en 1812 prestó Mariano Blanco, futuro alcalde de ba-
rrio del cuartel número 5 agregado, quien manifestó que “el día de san Pedro
del mes de junio último o la víspera por la tarde, lo que no tiene ni presente, iba
paseando el que declara con don Inocencio Blanco por una calle del Alto, que
no sabe su nombre, pero era por frente de la casa del alcalde Garaza”
(Carranza, Adolfo (dir.): Archivo General de la República Argentina. Período de la
Independencia. Causa de Álzaga. Buenos Aires: Litografía, imprenta y
encuadernación de G. Kraft, 2ª. serie, vol. IX, 1897, pp. 115-116).
95 «Policía», El Argos de Buenos Aires, 19, 14-VIII-1821, pp. 118-119; «Policía»,
ibid., 12, 21-VII-1821, p. 80; «Policía. Comunicado», ibid., 13, 24-VII-1821, p. 85;
«Policía», ibid., 18, 11-VIII-1821, p. 109.
96 «Policía», ibid., 10, 14-VII-1821, p. 67.
97 Joaquín de Achával a los editores del Boletín de la Industria, Boletín de la
Industria, 9, 21-IX-1821, p. 20. Según Romay, fue recién en 1822 cuando se resol-
vió la cuestión de la nomenclatura de las calles de la ciudad y la numeración de
las casas. La cuestión se le encargó a Achával y, después de la correspondiente
convocatoria, comenzó la colocación de las tablillas respectivas en las esquinas
(Romay, Francisco: Don Joaquín de Achával. Primer jefe de policía de Buenos Aires.
Buenos Aires: Editorial "Celta", 1944, p. 28).
98 Taullard (1927), op. cit., pp. 172-174.
144
Leer la ciudad
Calles de norte a sur
BALCARCE Balcarce 25 DE MAYO Del 25 de
Mayo
DEFENSA De la RECONQUISTA De la Paz
Reconquista
BOLÍVAR Universidad SAN MARTÍN Catedral
PERÚ Del Perú FLORIDA De la Florida
CHACABUCO De Chacabuco MAIPÚ Maypú
PIEDRAS De Las Piedras ESMERALDA Esmeralda
TACUARÍ Tacuary SUIPACHA De Suypacha
B. DE IRIGOYEN Del Buen Orden C. PELLEGRINI De Las Artes
LIMA Lima CERRITO Del Cerrito
SALTA Salta LIBERTAD Libertad
SGO. DEL Santiago del TALCAHUANO Talcahuano
ESTERO Estero
SAN JOSÉ San José URUGUAY Uruguay
SÁENZ PEÑA Lorea PARANÁ Paraná
VIRREY Zeballos MONTEVIDEO Montevideo
CEVALLOS
SOLÍS Solís R. PEÑA Garantías99
ENTRE RÍOS Entre Ríos CALLAO Callao
Calles de este a oeste
VICTORIA De La Victoria RIVADAVIA La Plata
ALSINA Potosí BMÉ. MITRE Piedad
MORENO Biblioteca J. D. PERÓN Cangallo
BELGRANO Belgrano SARMIENTO Cuyo
VENEZUELA Venezuela CORRIENTES Corrientes
MÉXICO México LAVALLE Del Parque
CHILE Chile TUCUMÁN Tucumán
INDEPENDENCIA Independencia VIAMONTE Del Temple
99 Tomado del «Plano topográfico que manifiesta la distribución y nuevos
nombres de las principales calles de esta ciudad, sus templos, plazas, edificios
públicos y cuarteles. Con agregación del sistema que se ha seguido en la nueva
numeración. 1823», en: Ochoa de Eguileor (1981), op. cit., pp. 14-15.
145
Sandra Díaz de Zappia
ESTADOS UNIDOS Estados Unidos CÓRDOBA Córdoba
CARLOS CALVO Europa PARAGUAY Paraguay
HUMBERTO Iº Comercio M.T. DE Charcas
ALVEAR
SAN JUAN San Juan SANTA FE Santa Fe
COCHABAMBA Cochabamba ARENALES Santa Cruz
JUAN DE GARAY Brasil
BRASIL Patagones
Como había sucedido en 1807, para 1822 el número de calles
aumentó de 41 a 59. Con respecto al tipo de denominación utili-
zada, es posible extraer una serie de observaciones a partir de
las explicaciones consignadas por una fuente contemporánea100.
Las denominaciones elegidas por las autoridades de entonces
respondían a los siguientes parámetros:
Personajes históricos: 4
-carácter: -civil: -
-religioso: -
-militar: 4
-género: -masculino: 4
-femenino: -
-profundidad temporal: -época hispánica: 2
-época nacional: 2
Geografía política: 24
-ámbito nacional: 10
-ámbito continental: 13
-ámbito extra continental: 1
Geografía física: 3
-ámbito nacional: 3
-ámbito continental: -
-ámbito extra continental: -
Valores: 3
Instituciones: 5
-gubernamentales: 2
-eclesiásticas: 2
-educativas: 1
Otros: 21
-efemérides: 17
100 Manual de Buenos Aires 1823…, op. cit., passim.
146
Leer la ciudad
-profundidad temporal: -época hispánica: 2
-época nacional: 15
-actividades urbanas: 2
-plazuelas/ paseos: 2
La primera categoría indicada es la correspondiente a los
personajes históricos. Sobre un total de 4 nombres, todos son
masculinos y pertenecientes al ámbito castrense; 2 correspon-
den al período hispánico y 2 al nacional. Entre los primeros,
aparece Juan Díaz de Solís, “primer descubridor del Río de la
Plata” e “insigne cosmógrafo”. Muerto por los charrúas, “su
nombre no debe ser olvidado por los gratos habitantes de las
orillas del gran río, que sus científicos y heroicos trabajos hicie-
ron conocer”101. Junto a Solís aparece Pedro de Cevallos; la ra-
zón de su elección fue explicada en 1823 de la siguiente manera:
Este es un nombre célebre en la historia colonial de nuestra patria, y
si bien en el fin primero de sus ilustres trabajos no entraba nuestro
engrandecimiento, sino del trono a que servía, con todo, en ello nos
hizo bienes permanentes. Siempre condujo a la victoria a los hijos de
esta provincia, sobre todo en la guerra que fue necesaria en su tiempo;
guerra que es necesaria en el nuestro y será en el de nuestros caros
descendientes. Su ilustre sombra irá siempre al frente de nuestras legio-
nes, y nos enseñará a vengarnos de malos vecinos y de usurpadores.
Hablamos de la población portuguesa de nuestro continente, a la que
ningún principio de moralidad contuvo jamás en el respeto de los
límites hispanoamericanos, y que si los ha respetado alguna vez, sólo
ha sido por el temor de la fuerza. Con ello corrió Cevallos a la venganza
en el siglo pasado, y esparciendo el terror por todas las fronteras del
Brasil, su solo nombre valió por ejércitos contra aquellos usurpadores.
El nombre pues del general Cevallos vive como un modelo en nuestra
memoria, por la que teniendo entre nuestros compatriotas un guerrero
que lo exceda en la venganza, sea éste para nuestros descendientes, lo
que Cevallos ha sido para nosotros.102
101Ibid., pp. 239 y 241.
102Ibid., pp. 237 y 239. En 1877, Larrain afirmó que el nombre de esta calle
“conmemora el del gobernador y capitán general don Pedro de Zeballos, uno
de los personajes más notables en la época del coloniaje, [...] quizá es el único
jefe español, con mando en estos países, que supo captarse el aprecio de los
americanos” (Larrain (1877), op. cit., pp. 121 y 123).
147
Sandra Díaz de Zappia
En cuanto a los personajes homenajeados del período nacio-
nal surgen las figuras del brigadier Antonio González Balcar-
ce103 y Manuel Belgrano104.
De las 24 referencias de geografía política, predominan las
alusiones a naciones continentales, seguidas de varias provin-
cias argentinas; una única mención extra continental se hizo con
la calle Europa, en “dedicación a una de las cuatro partes del
globo, fanal del mundo, propagadora de la civilización”105.
Como nota interesante, resultan curiosos los motivos por los
que se designó una calle con el nombre de Brasil:
Sólo por completar la geografía americana ha podido hacerse esta
mención en nuestras calles. […] Hablar de límites terrestres que separan
al Brasil de las poblaciones hispano americanas sería hacer una historia
de las usurpaciones que su gobierno ha cometido eternamente sobre
éstas. Al abrigo de la desidia de España sobre estos países, y última-
mente de las disensiones intestinas que ha movido la revolución, los
portugueses y sus dignos hijos han cebado su codicia sobre los terrenos
propios para las grandes crías de ganados, que eran propiedad de sus
vecinos, y de que carecía el Brasil. Ellos no han perdonado medios para
llevar adelante este plan. En el seno de la más profunda paz […] cauti-
varon más de trescientos mil indios destruyendo las ciudades de Jerez,
Villa Rica y Ciudad Real, en el Paraguay; han tomado los mejores pue-
blos de las misiones del Paraná y Uruguay; levantaron la Colonia del
Sacramento; intentaron sorprender a Santa Cruz de la Sierra, para apro-
ximarse a Potosí; fundaron sus poblaciones en las minas de Cuyabá y
103 La calle Balcarce es la “que principia desde la fortaleza que está a su
frente, y se extiende con dirección al sud, siendo la primera por la parte del rio.
Está destinada a perpetuar en el gran pueblo de Buenos Aires la memoria de
uno de sus hijos más ilustres, el brigadier general Don Antonio González Bal-
carce” (Manual de Buenos Aires 1823…, op. cit., p. 167). El nombre se otorgó a la
calle por decreto de 22 de noviembre de 1821 (Larrain (1877), op. cit., p. 14).
104 La calle que “el ilustre general Don Manuel Belgrano honro en vida con
su morada, es muy justo que después de su muerte, siga honrándose para siem-
pre con su esclarecido nombre, y con la memoria de sus virtudes” (Manual de
Buenos Aires 1823…, op. cit., p. 269). Aunque Belgrano era abogado de formación
y actuó tanto en la época hispánica como en la independiente, dado que la fuen-
te lo denomina “general” y como tal se desempeñó en el período nacional, se ha
colocado el nombre como propio de éste y dentro de la categoría de militar.
105 Ibid., p. 319. Una explicación similar consignó Larrain en su mencionada
obra: “Por su civilización, industrias e instituciones puede decirse que es el em-
porio de la civilización y el centinela avanzado en los destinos del género hu-
mano” (Larrain (1877), op. cit., p. 50).
148
Leer la ciudad
Mato Grosso; se apoderaron del Río Grande de San Pedro y sus bellas
adyacencias; y hoy…. Pero cuando llega el día de la venganza!!!106
En cuanto a las tomadas de la geografía física, se contabili-
zan apenas tres, siendo todos ríos (Uruguay, Paraná y de la
Plata), sobre los que una fuente de la época pone el acento en su
influencia en el ámbito nacional antes que en el continental107.
Fueron tres los valores escogidos para designar tres calles de
la ciudad: el primero, el “Del buen orden”108, pues
Jamás se siente tanto la necesidad de honrar este importante ele-
mento de las sociedades como cuando se han experimentado los estra-
gos de la anarquía. Buenos Aires que ha visto manchado con ella
algunas páginas de su brillante historia, no puede menos que encarecer
a sus hijos perpetuamente la conservación del orden social.109
106 Manual de Buenos Aires 1823…, op. cit., pp. 335 y 336.
107 Ibid., pp. 79-83 y 93-97.
108 Sobre el significado del término, El Censor advertía que “son tantas y tan
diferentes las acepciones de esa palabra, que bien se necesita explicarse clara y
distintamente sobre cuál de ellas es de la que se intenta hablar, si se desea evi-
tar, no así como quiera el error, sino acaso también un verdadero despropósito.
Porque ¿quién encontrará la más ligera conexión entre la palabra orden cuando
significa el concierto y buena disposición de las cosas, con aquella misma pala-
bra cuando significa un conjunto o congregación de personas que han hecho el
ánimo rotundo de vivir a costa ajena? ¿Ni qué semejanza puede haber entre la
situación o formación de un ejército para dar una batalla con el sexto sacramen-
to de la iglesia? Cualquiera que registre los diccionarios de las lenguas moder-
nas verá la multitud de ideas inconexas, y aun contrarias, que se expresan con
la palabra orden, y se admirará de la pobreza en que nos hallamos de voces que
expliquen propiamente los objetos que queremos representar” […] “El orden no
es más que el concierto que resulta de que todas las cosas y personas estén en el
sitio que deben ocupar, conforme a los eternos principios de la justicia y de la
verdad” («Sobre el orden», El Censor, periódico político y literario, 56, 25-VIII-1821,
pp. 132 y 140).
109 Manual de Buenos Aires 1823…, op. cit., p. 215. Es otra la opinión de
Larrain, para quien “su nombre debemos referirlo como probable al hecho
siguiente. Después de la revolución hecha al gobernador de Buenos Aires Don
Manuel Dorrego, en 1º de diciembre de 1828, y encabezada por el general Don
Juan Lavalle, tuvo lugar el combate en el pueblo de Navarro y el fusilamiento
de Dorrego el día 13 del mismo mes. En su consecuencia, la campaña de Buenos
Aires se puso en armas, y el comandante de milicias Don Juan Manuel Rosas
aliado al gobernador de Santa Fe Don Estanislao López, pusieron sitio a esta
ciudad que tuvo que armarse y defenderse contra las hordas federales de aque-
llos caudillos. Los extranjeros que aun no tenían agentes consulares en este país
formaron un batallón que se denomino del Buen Orden o simplemente del Or-
149
Sandra Díaz de Zappia
El siguiente, “De la Libertad”, porque
El nombre de esta calle es un monumento del amor del pueblo de
Buenos Aires a esta garantía inapreciable, de la dignidad y felicidad de
la especie humana por la cual ha hecho tantos sacrificios, y los hará [en]
cuanta ocasión se ofrezca de un modo el más memorable.110
Finalmente, se resolvió designar otra vía con el nombre de
“Garantías” con el objeto de
presentar continuamente a la memoria y al amor del pueblo los
derechos fundamentales que forman la dignidad y la felicidad del ciu-
dadano bajo los gobiernos representativos. La libertad, la seguridad, la
propiedad, el compromiso y empeño en que se constituyen estos go-
biernos de protegerlos y sostenerlos, y las instituciones que los obligan
a ello. He ahí lo que entendemos por garantías. Son ellas siempre y pro-
fundamente amadas y sostenidas, y la especie humana tendrá entre
nosotros una elevación y una suerte de que está privada en la mayor
parte de los pueblos de la tierra.111
den, el cual tenía su cuartel en la Plaza de Monserrat; y es muy posible que
aquel cuerpo diera su nombre a la calle donde se hallaba situado” (Larrain
(1877), op. cit., pp. 21-22). Bastardilla en el original.
110 Manual de Buenos Aires 1823…, op. cit., p. 77. Para Larrain, el nombre tiene
que ver además con dos baterías que fueron construidas junto al Paraná: “La
historia de su nombre puede verse en ló que décimos al tratar de la calle 25 de
Mayo y las noticias que damos enseguida. Ordenada por el gobierno de las Pro-
vincias Unidas en 1812 la construcción de baterías en las costas de los ríos Para-
ná y Uruguay, para cerrar el paso a la marina española, que hacía sus excursio-
nes a menudo sobre los pueblos ribereños, se acordó situar las del Paraná en el
pueblo del Rosario de Santa Fe, donde se estableció a la vez un campo militar,
cuyo mando se confió al general Don Manuel Belgrano. Estas baterías recibie-
ron el nombre de Libertad la una, e Independencia la otra, siendo estas fortifi-
caciones argentinas donde por primera vez flameó la bandera que por decreto
de febrero 18 debía ser de color Blanco y azul celeste, constituyendo «la escara-
pela nacional de las Provincias del Río de la Plata». La inauguración de estas
baterías tuvo lugar el 27 de febrero de 1812” (Larrain (1877), op. cit., pp. 61-62).
Bastardilla en el original.
111 Manual de Buenos Aires 1823…, op. cit., pp. 85 y 87. Para Larrain, “su nom-
bre, a falta de datos ciertos, debemos referirlo como probable al hecho si-
guiente. El deán de la iglesia catedral de Córdoba doctor don Gregorio Funes,
hijo notable de aquella provincia por sus letras, por el calor con que abrazó la
causa de la revolución de Mayo, por los altos cargos públicos que llenó en el
orden civil y eclesiástico, habiendo sido presidente del Congreso General
Constituyente de 1819, se había creado una reputación literaria con su obra
150
Leer la ciudad
En cuanto a las instituciones, se recordó a 5: 2 de carácter
gubernamental (“Del Parque”112 y Biblioteca113), 2 eclesiásticas
(Catedral114 y Piedad115) y 1 educativa (Universidad116).
Ensayo Histórico de la Historia civil del Paraguay, Buenos Aires y Tucumán (III
tomo-año 1817). En 1822 tradujo del francés la notable obra de Mr. P. C. F.
Daunou titulada Ensayo sobre las Garantías individuales que reclama el estado actual
de la sociedad, obra que el deán Funes anotó con elevado criterio y que produjo
honda sensación en la época de reconstrucción social en que vio la luz pública
(1822). La aparición de esta obra en los momentos en que se hacía más necesaria
la aplicación de las bellas doctrinas que contenía, y el acatamiento con que ella
fue recibida a su aparición, nos hace creer sea el origen del nombre puesto a la
calle que nos ocupa” (Larrain (1877), op. cit., pp. 51-52).
112 La calle del Parque tomo “su nombre del edificio público que está en ella
a las 9½ cuadras contadas desde la barranca del río, en el cual se hallan hoy
depositados nuestros artículos de guerra. Este edificio se levanto el primer año
de la revolución con el destino de fabricar fusiles, y se empleó en este objeto y
en la recomposición de los usados, así como en la fabricación de armas blancas
en aquellos primeros años en que nos fue muy difícil conseguirlas de la Europa,
hasta que facilitado después este arbitrio, ha venido a ser inútil, y se le ha dado
el actual destino” (Manual de Buenos Aires 1823…, op. cit., p. 113). En opinión de
Larrain, “su nombre lo toma del Parque de Artillería, situado en la Plaza del
mismo nombre. Por decreto de 1º de febrero de 1827, se constituyó en este anti-
guo cuartel una maestranza de artillería y actualmente funciona como depósito
de armas. El Parque de Artillería estuvo antes (1800) en los cuarteles que hoy se
conocen con el nombre de El Retiro” (Larrain (1877), op. cit., p. 79).
113 “En la cuarta cuadra de esta calle, principiando desde el río, se halla
situado este establecimiento público, y de él ha tomado el nombre. La biblioteca
fue uno de los primeros frutos que recibimos del gobierno patrio, pues fue fun-
dada en el mismo año de 1810, y bajo la principal influencia del secretario de
gobierno, el finado y para siempre ilustre, doctor don Mariano Moreno” (Ma-
nual de Buenos Aires 1823…, op. cit., p. 269).
114 La calle de la Catedral “lleva el nombre del primer templo de esta capital
que está situado en su primera cuadra, que arranca desde la Plaza de la Victo-
ria. La santidad y grandeza de los objetos de este edificio público, y también la
belleza con que el gobierno ha dispuesto sea perfeccionado, para que sirva a la
vez de monumento permanente de la religiosidad del pueblo, y de uno de los
mejores ornamentos de la ciudad, son causas muy dignas de que el de su nom-
bre a la calle que preside” (ibid., pp. 61 y 63).
115 La Calle de la Piedad “conserva el nombre que le había dado hasta aquí
el templo y parroquia con título de Nuestra Señora de la Piedad” (ibid., p. 97).
Coincide en ello Larrain, quien en 1877 agregó que “su nombre le viene de la
iglesia ubicada en la misma calle bajo la advocación de Nuestra Señora de la
Piedad, que es uno de los santuarios más antiguos de Buenos Aires” (Larrain
(1877), op. cit., p. 85).
116 La calle de la Universidad “toma su nombre del templo de San Ignacio
que está en la segunda cuadra; en El se celebran las funciones clásicas de la Uni-
versidad cuyos edificios le están contiguos” (Manual de Buenos Aires 1823…, op.
cit., p. 189). El edicto ereccional de la universidad fue expedido por el gobierno
151
Sandra Díaz de Zappia
La última de las categorías utilizadas engloba —bajo el rótu-
lo convencional de “otros”— referencias a efemérides, activida-
des desarrolladas en el ámbito urbano y plazas o paseos de la
ciudad. Las más numerosas son las efemérides, con un claro
predominio de indicaciones a hitos del proceso de la indepen-
dencia (Chacabuco117, Las Piedras118, Tacuary119, Lima120, San
José121, 25 de Mayo122, La Florida123, Maypú124, Esmeralda125,
de la provincia de Buenos Aires el 9 de agosto de 1821 (Gutiérrez (1998), op. cit.,
pp. 333-336).
117 Esta denominación estaba “destinada a inmortalizar la victoria con que
en 1817 el ejército de Buenos Aires, apellidado de los Andes, y dirigido por
nuestro célebre general don José de San Martín, restituyó la libertad al intere-
sante Estado de Chile” (Manual de Buenos Aires 1823…, op. cit., p. 203).
118 De esta manera se llamaba “una capilla y parroquia de San Isidro situada
al norte de Montevideo […]. En él se hallaba acampado en mayo de 1811 un
ejército español” al frente de José Posadas “que había salido de la plaza de
Montevideo para contener el movimiento general a que se entregaba aquella
campaña, en consonancia con el ejército de buenos Aires que marchaba a sitiar
la referida plaza” […]. “El general don José Artigas […] los observaba desde el
Canelón Chico, con el objeto también de estorbar la entrada de víveres a la
plaza. El ejército español se movió contra Artigas el 18 del citado mayo, y entre
ambas fuerzas se empeñó una obstinada batalla” que terminó con la victoria de
“las tropas americanas”. Como consecuencia, “el poder del pretendido virrey
Elío y las jactancias de sus secuaces quedaron reducidos al recinto de las mura-
llas” (ibid., pp. 209 y 211).
119 “La acción de las armas argentinas que este nombre recuerda, jamás los
hijos de Buenos Aires deben olvidar, si la suerte los pone algún día entre la glo-
ria o la muerte. Pueden verse pocos de ellos con las armas en la mano tomadas
para gloria y defensa de la América, oprimidos por el cansancio y los rigores
del clima, desalentados por contrastes anteriores y cercados por todas partes de
infantes y jinetes enemigos con mayor y más gruesa artillería? Recuerden las
jornadas del general Belgrano, en su campaña del Paraguay, y fines del primer
año de la patria y principios del siguiente. Recuerden su acción en Yuquerí el 19
de enero de 1811 en que con 500 hombres escasos dio batalla a 7000 enemigos.
[…] y recuerden sobre todo su retirada […] en la cual con sólo 135 bravos que le
quedaban, sostuvo sobre el paso del Tacuarí la gloria de las armas de la patria,
defendiendo este último resto el 9 de marzo, contra el ataque de aquel número
excesivo, con un valor que pertenece a los tiempos heroicos. Allí conquistó por
decirlo así, su salvo reposo del Paraná, y al mismo tiempo la admiración de
nuestros fascinados hermanos del Paraguay, consiguiendo que en fuerza de
este sentimiento y de sus persuasivas insinuaciones, quedaran dispuestos a
obrar el cambio político que la fuerza militar había sido impotente para conse-
guir” (ibid., pp. 211, 213 y 215).
120 “Ésta está destinada a perpetuar la gloria de las armas americanas, bajo
la dirección del general San Martín en la libertad de la capital del Perú” (ibid., p.
215).
121 “Este nombre recuerda dos acciones victoriosas de los patriotas orienta-
les sobre los españoles opresores de Montevideo, ganadas el día 25 de abril de
152
Leer la ciudad
Suypacha126, Cerrito127, Talcahuano128, Callao129, Independen-
cia130 y Cangallo131) y apenas 2 menciones del período hispáni-
1811 en los pueblos [sic] de San José, distante de aquella plaza unas once leguas,
y situado sobre el arroyo de su nombre, poco más arriba de su confluencia con
el río de Santa Lucía” (ibid., p. 235).
122 Esta calle, junto con la plaza del mismo nombre, “están consagradas a la
memoria de un día grande, de un día singular, que sirve de límite a la época
antigua de nuestro país, sombría, abyecta y árida; y da principio a su existencia
actual, luminosa, célebre, fecunda; a la memoria de un día en que triunfando
del enérgico sentimiento de nacionalidad americana sobre el arbitrario enveje-
cido sistema de colonización española, nació para nosotros una patria que no
había tenido nuestros mayores. Este día fue el 25 de mayo de 1810” (ibid., p. 37).
123 El nombre de esta calle “está destinado a la memoria de la gloriosa
acción que el día 25 de mayo de 1814 ganaron en el valle de la Florida los
valientes cochabambinos y patriotas de diversos pueblos del Alto Perú, man-
dados por el digno jefe don Antonio Álvarez de Arenales contra una división
numerosa de tropas del virrey de Lima” (ibid., p. 63).
124 Esta calle “está consagrada a la memoria de una victoria de las más glo-
riosas y fecundas de la guerra de nuestra independencia”. Con la victoria
conseguida en esta acción, “San Martín afianzó la libertad que había dado al
Estado de Chile el año anterior; con ella terminó la actitud ofensiva con que
desde el principio de la revolución hasta aquel día, nos había estado
amenazando el más encarnizado de nuestros enemigos, el virrey de Lima […].
Esta victoria lleva el nombre del río Maypú, a cuyas inmediaciones se dio la
batalla” mencionada, el 5 de abril de 1818 (ibid., pp. 65 y 67).
125 “Este nombre recuerda una de las empresas más heroicas de la fuerza
naval americana en la guerra de la independencia. Tal fue la de abordar la fra-
gata de guerra española nombrada Esmeralda bajo los fuegos del Callao, y
agregarla a las fuerzas navales destinadas a establecer la libertad del Pacífico”.
La acción se efectuó el 5 de noviembre de 1820 (ibid., pp. 67 y 69).
126 “Este es el nombre de un pueblo de la subdelegacía de Chichas, en la
intendencia de Potosí. Delante de él se dio el día 7 de noviembre de 1810 la pri-
mera batalla campal contra las tropas reunidas por los jefes españoles de Potosí
y Chuquisaca y la vanguardia del ejército auxiliar de Buenos Aires”. Al frente
de Antonio González Balcarce, “nuestra victoria fue completa” y como conse-
cuencia, “quedaron también en libertad las provincias del Alto Perú, pertene-
cientes al antiguo virreinato del Río de la Plata, que comenzaron a unírsenos
sucesivamente. A la memoria de esta acción gloriosa, está consagrada esta
calle” (ibid., pp. 71 y 73).
127 “Este es el nombre de una altura que hay en la costa de la bahía de Mon-
tevideo, que sirve de baliza para dirigir el rumbo a los buques que entran al
puerto; se llama Cerrito por su diferencia con el cerro grande que está a la boca
del Puerto. Un ejército de Buenos Aires, bajo la dirección del general Rondeau,
sitiaba en 1812 a la ciudad de Montevideo, donde se había hecho fuerte el par-
tido español al mando del general Vigodet”. El 31 de diciembre de 1812 los
españoles atravesaron las murallas de la ciudad; “la acción fue reñidísima y
sangrienta, y durante ella nuestras tropas perdieron y recuperaron la domi-
nante posesión del Cerrito, haciendo prodigios de valor, hasta que los dragones
153
Sandra Díaz de Zappia
de la patria, con un brío y disciplina inimitable, consumaron la derrota de los
españoles” (ibid., pp. 73 y 75).
128 “Este es un puerto de la costa de Chile que forma una ensenada a la parte
del norte de Concepción. […] Cuando nuestras armas libertaron al Estado de
Chile, los españoles se fortalecieron en este puerto, para mantener sus comuni-
caciones con la capital de Lima, recibir de ella auxilios y hostilizarnos. Así es
que allí se reunió el nuevo ejército que fue batido el 5 de abril de 1818 en las
inmediaciones de Maypo; y volviendo poco después a verse amenazada la
libertad de chile, se dirigió un ejército compuesto por tropas chilenas y porteñas
a las órdenes del supremo director O Hingins [sic pro: O´Higgings] a ponerle
sitio; y aunque no se consiguió todo el fin, pero las acciones de valor que eje-
cutaron nuestras tropas, arrostrando los fuegos de las baterías y arrollando allí
mismo a los enemigos, han hecho que tenga este sitio un lugar distinguido en
nuestra memoria” (ibid., pp. 77 y 79).
129 El Callao “es el puerto de la capital del Perú”, desde el cual “han salido
las frecuentes expediciones militares que sofocaron la libertad de Chile, de
donde a su vez, fue amenazada la del Estado del Río de la Plata. Mas en fin
llegaron los días de la expedición libertadora del Perú que dirigieron los genios
de San Martín y Cocrane [sic pro: Cochrane]; y los orgullosos temblaron dentro
de los castillos, de las atrevidas e inmortales hazañas que bajo sus mismos fue-
gos hicieron por mar y tierra los soldados de la independencia, hasta que por
capitulación celebrada dos días antes, flamearon sobre ellos por primera vez los
pabellones de la patria el día 21 de septiembre de 1821 a las diez de la mañana,
quedando desde aquel momento la ciudad del despotismo convertida en ba-
luarte sagrado de la independencia. Al recuerdo de este triunfo inmortal de las
armas americanas en la guerra de nuestra independencia está dedicada esta
calle” (ibid., pp. 87 y 89).
130 “Ésta y la plaza que está en su dirección, están consagradas al acto céle-
bre por el cual las Provincias Unidas asumieron de derecho la soberanía nacio-
nal, y juraron sostenerla con sus bienes, con su vida y con su honor. Esta inmor-
tal declaración la hizo a nombre de los pueblos el Congreso del Tucumán el día
9 de julio de 1816” (ibid., p. 315).
131 “Este es un nombre que el patriotismo ha consagrado. Así se llamaba un
pueblo cabecera de partido y curato perteneciente a la provincia de Huamanga,
en el virreinato de Lima. Hoy ya no existe, y la razón de esta desgracia, así
como la de llevar su nombre esta calle, está consagrada en el siguiente memo-
rable decreto del Gobierno. Buenos Aires, Marzo 28 de 1822. El virrey del Perú
don José de Lacerna en 11 de enero último ha expedido un decreto en el Cuzco
aprobando el bárbaro incendio efectuado por orden de Carratalá en el benemé-
rito pueblo de Cangallo, y ordenando igualmente que para borrar hasta de la
memoria de los hombres la de aquel pueblo infeliz nadie pueda reedificar en el
lugar en que existió, y se mude el nombre de todo el partido a que pertenecía.
El gobierno de Buenos Aires, en oposición a estas bárbaras ideas, y deseando
eternizar la memoria de todo un pueblo, víctima ilustre de la libertad, sacrifi-
cando a las llamas que encendió el furor del despotismo agonizante, ha acorda-
do y decreta los artículos siguientes. 1º. Una de las calles de esta capital se deno-
minará Calle de Cangallo. 2º. La calle que lleve este nombre será una de las
asignadas para llevar los nombres que inmortalicen las victorias del país. 3º. El
154
Leer la ciudad
co, conectadas ambas a las invasiones inglesas de 1806 y 1807
(Reconquista132 y Victoria133). La alusión a ciertas actividades
desarrolladas en el ámbito de la ciudad se dio en dos casos: en
el primero, con la designación de la calle “De las Artes” debido
a la
reunión de casas de menestrales que hay en algunas cuadras de esta
calle, principalmente a las inmediaciones del templo y plaza de San
Nicolás, que ahora lleva igualmente el nombre de Plaza de las Artes, y
un justo reconocimiento de los bienes que produce a los pueblos la in-
dustria, que es una fuente de las riquezas.134
Con el segundo —calle del Comercio—, se recordó que esta
actividad es “una de las fuentes de la riqueza de los pueblos”.
En virtud de ello, era “muy justo” que la ciudad consagrase de
esta manera “el nombre de una profesión lucrativa a que está
llamada especialmente por su ventajosa situación” geográfica,
lo cual “facilita sus comunicaciones mercantiles con la Europa,
con Asia y con una gran porción del continente”135.
ministro Secretario de Gobierno queda encargado de la ejecución de este de-
creto que se comunicará al ingeniero en jefe y se insertará en el Registro Oficial.
Bernardino Rivadavia’” (ibid., pp. 97-101; Larrain (1877), op. cit., pp. 26-27).
132 “El célebre triunfo de las armas argentinas [en 1806] a cuya memoria está
consagrada esta calle, es uno de los pocos astros que brillan sobre el oriente de
Buenos Aires en medio de las sombras de su noche colonial” (Manual de Buenos
Aires 1823…, op. cit., p. 177).
133 “Esta [calle] toma su nombre de la plaza mayor, que es su punto de
arranque y que ha sido considerada con este glorioso nombre para eterno re-
cuerdo de la inmortal victoria que el valiente y gran pueblo de esta capital re-
portó el día 5 de julio de 1807 de un aguerrido ejército de doce mil hombres
ingleses al mando del teniente general de los ejércitos de Su Majestad Británica
Juan Whitelok [sic pro: Whitelocke]” (ibid., p. 251).
134 Ibid., p. 73. Para Larrain, “el origen de su nombre es el siguiente: el lugar
que hoy ocupa el Mercado del Plata, fue la antigua Plaza de las Artes que reci-
bía su nombre de los numerosos talleres de artes manuales que parecia[n]
haberse dado cita allí, formando una especie de barrio de los artesanos. Por
decreto de Mayo 8 de 1826 se mando construir en la antigua Plaza un mercado
de frutos de consumo interior, y los planos que recién el año 30 fueron presen-
tados por el ingeniero de provincia, fueron la base del actual mercado del Plata,
el segundo construido en Buenos Aires. La calle ha conservado el nombre de
Artes, y como para confirmar su partida de bautismo, conserva aun los
numerosos talleres de platería, talabartería, etc., etc., que justifican el nombre
que lleva” (Larrain (1877), op. cit., p. 10).
135 Manual de Buenos Aires 1823…, op. cit., p. 321. Para Larrain, el nombre de
la calle hace referencia al reglamento de libre comercio expedido en 1778
(Larrain (1877), op. cit., pp. 35-36).
155
Sandra Díaz de Zappia
En lo que respecta a las plazas públicas, son recordadas las
de Lorea —cuya denominación data del período hispánico— y
la del Temple136.
IV. EPÍLOGO
La ciudad es un lugar de memoria, y —al decir de Boling-
broke— nos gusta preservar, en la medida de nuestro frágil po-
der, el recuerdo de nuestras propias aventuras, de los de
nuestro tiempo y de aquellos que lo precedieron137. Por ende, la
nomenclatura de las calles, además de un obvio sentido prácti-
co tendiente a racionalizar el espacio y orientar a sus habitantes
—para lo cual, no necesariamente habría que utilizar nombres
sino que podría recurrirse a designaciones alfanuméricas—,
debe ser entendida también como un “signo urbano” que hace
“presente el pasado” y establece “en el espacio público un dis-
curso de memoria que contribuye a forjar los imaginarios histó-
ricos e identitarios” de la población138. Para Maoz Azaryahu,
when used for commemorative purposes, street names and the
version of history they introduce into the public sphere belong to the
semiotic makeup of local and national identity and to the structures of
power and authority. In their commemorative capacity, street names
communicate oficial representations of the ruling socio-political order.
In particular, they introduce an oficial versión of history into networks
136 Ibid., pp. 237 y 129-131, respectivamente. Sobre la calle Lorea, Larrain
explica que “su nombre lo toma de la Plaza Lorea, antiguo mercado de frutos
de la campaña, conocido antes con el de Hueco de Lorea, nombre del propie-
tario de aquellos terrenos, asesinado con su mujer en la segunda invasión in-
glesa” (Larrain (1877), op. cit., p. 63). Y con respecto a la del Temple, afirma que
“su nombre le viene de que la real casa de armas o maestranza en tiempo de la
colonia, estaba situada en la plazoleta que hoy se llama del Temple, erigida en
1800, y donde se componían las armas de chispa y especialmente las blancas
que se construían y templaban para darle mayor consistencia. La operación del
temple de las armas dio su nombre a la casa y ésta a la calle. Es la tradición que
ha llegado hasta nosotros” (ibid., p. 118). Bastardilla en el original.
137 “We are fond of preserving, as far as it is in our frail power, the memory
of our own adventures, of those of our own time, and of those that preceded it.
Rude heaps of stones have been raised, and ruder hymns have been composed,
for this purpose, by nations who had not yet the use of arts and letters” (Boling-
broke, Henry St. John, Viscount: Study and Use of History. London: Printed for A.
Millar, 1752, vol. I, letter II, p. 3.
138 Sánchez Costa, Fernando: «Los mapas de la memoria. Nombres de calles
y políticas de memoria en Barcelona y Madrid», Hispania Nova. Revista de Histo-
ria Contemporánea, IX, 2 (2009), [Link]
go=3117041 (consultado 15-XI-2012).
156
Leer la ciudad
of social communication that involve ordinary urban experiences that
seem to be separated from the realm of political ideology.139
A mediados del siglo XVIII, los primeros nombres que se
colocaron para racionalizar un espacio caótico fueron escogidos
con sentido práctico, en tanto las denominaciones se basaron
esencialmente en cuestiones de índole religiosa —santos e igle-
sias— y en menor escala, en los nombres de vecinos prominen-
tes de la época. En cambio, las modificaciones promovidas en
1807 presentan un claro sentido reivindicador de los españoles
que se destacaron en las acciones realizadas como consecuencia
de las invasiones inglesas. Obviamente, y como resultado de la
emancipación, todo aquello debía dejarse de lado; sin embargo,
la vorágine de la primera década nacional no permitió ocuparse
sistemáticamente de estas cuestiones.
La adjudicación de los nombres de las calles de la ciudad de
Buenos Aires tuvo evidentemente una clara intencionalidad rei-
vindicadora, en el caso de la disposición que al respecto tomó el
virrey Liniers: en palabras de Mumford, el recuerdo de los
eventos evocados en la memoria de la población proveyó a sus
habitantes con “modelos para imitar, advertencias del peligro e
incentivos de logros”140. Por otro lado, las acciones en la cues-
tión de la nomenclatura urbana fueron de carácter “patriótico”
cuando, inmediatamente después de los sucesos de mayo de
1810, se conservaron sólo los números de manzanas y se elimi-
naron los antiguos nombres de las calles, acción que puede asi-
milarse al proceso de resignificación del pasado español propio
de los primeros años del período patrio141.
Fue también este pasado el que en 1822 volvió a ser la base
de una nueva nomenclatura urbana que aportaría nuevos nom-
bres para las diversas calles de la ciudad: algunos de ellos ha-
cían referencia a personajes con destacada actuación en el pro-
ceso revolucionario (Balcarce); otros remitían a batallas insignes
de la guerra de la independencia (Tucumán, Salta, Chacabuco),
y a instituciones recientemente fundadas (Universidad). Sin
embargo, y aunque es claro el predominio de los sucesos
históricos del período independiente para designar calles de la
139 Azaryahu, Maoz: «Naming the Past: The Significance of Commemorative
Street Names», en: Berg, Lawrence/ Vuolteenaho, Jani (eds.): Critical Toponymes.
The Contested Politics of Place Naming. Padstow: Ashgate, 2009, p. 53.
140 Mumford (1989), op. cit., p. 97.
141 Díaz de Zappia, Sandra: «A visão de Fernando VII e o passado espanhol
entre a emancipação e a independência (1810-1816)», Jahrbuch für Geschichte
Lateinamerikas, 53 (2016), pp. 117-142.
157
Sandra Díaz de Zappia
ciudad, tampoco se puede generalizar. Los ejemplos en contra-
rio son escasos, pero no por ello menos significativos: el caso
del recuerdo al primer virrey del Río de la Plata es paradigmá-
tico y, a diferencia del caso de Liniers, quien era homenajeado y
homenajeante a la vez, el caso del recuerdo de Cevallos en 1822
llama bastante la atención, especialmente cuando el contexto
general se manifestaba a favor de acabar con los vestigios de un
régimen “tiránico”142 contra el que todavía se continuaba lu-
chando.
En todo caso, las aspiraciones por un nuevo futuro exigieron
también la construcción de un nuevo pasado que reafirmara los
ideales de mayo y destacara algún hecho del período hispánico,
por lo que en el espacio urbano se reunían el tiempo pasado, el
tiempo presente y el porvenir143, configurando así un “espacio
de experiencia” en el que el pasado español se entrelazaba con
el futuro anticipado como expectativa144. Desde este punto de
vista, los nombres de las calles conforman también un espacio
en el que se exhibía la historia nacional, lo que es de una rele-
vancia fundamental si se recuerda que, para entonces, se consi-
deraba que la historia era la exhibición del hombre, la exhibi-
ción de la vida humana y la base del conocimiento general. La
historia extendía las ideas, agrandaba la mente y erradicaba
esos prejuicios estrechos e ilegales que oscurecen y corrompen
el entendimiento. Al contemplar los diversos fenómenos del
mundo moral y las escenas infinitamente diversificadas y com-
plicadas de la acción humana, la historia exhibía, en orden su-
cesivo, como en una imagen en movimiento, todas las genera-
ciones de hombres, mostrando los efectos de los sistemas polí-
ticos y religiosos, sobre las naciones y sobre las personas, y el
ascenso y la caída de imperios, reinos y Estados, con las causas
de su prosperidad y decadencia145.
142 Ibid.
143 Mumford (1989), op. cit., p. 98.
144 Koselleck, Reinhart: Futuro passado. Contribuição à semântica dos tempos
históricos. Rio de Janeiro: Contraponto/PUC Rio, 2006, pp. 308 y 310.
145 “History is the exhibition of man, the display of human life, and the
foundation of general knowledge. It expands the ideas, enlarges the mind, and
erradicates those narrow and iliberal prejudices which dim and corrupt the
understanding. […] While we contemplate the various phenomena of the moral
world, and the infinitely diversified and complicated scenes of human action,
history exhibits, in successive order, as in a moving picture, all the generations
of men. It displays the effects of political and religious systems, on nations and
on individuals, and shews [sic] the rise and fall of empires, kingdoms, and
states, with the causes of their prosperity and decline” (Bigland, John: Letters on
the Study and Use of Ancient and Modern History: containing Observations and
158
Leer la ciudad
A su vez, esa exhibición histórica constituía un poderoso in-
citador de ideas marciales, especialmente en los jóvenes, quie-
nes fácilmente podían ser encandilados por esa alabanza indis-
criminada que con demasiada frecuencia se da a aquellos cuyos
talentos militares han demostrado ser exitosos en el campo; “in-
cluso a veces cuando esos talentos, o esos éxitos, han sido em-
pleados para permitirles usurpar tronos a los cuales no tenían
título, o extender sus conquistas a países donde no podían re-
clamar ningún derecho de soberanía"146. En este contexto, cobra
especial significado la aseveración de Bolingbroke de que la his-
toria es filosofía enseñada por medio de ejemplos, proceso en el
que se apela tanto al entendimiento como a las pasiones147.
Finalmente, en este universo en el que debe rescatarse lo que
Edgar Allan Poe denominó “el poder físico de las palabras”148
Reflections on the Causes and Consequences of those Events which have produced
Conspicuous Changes in the Aspect of the World and the General States of Human
Affairs. Philadelphia: Printed for W. W. Woodward, 1814 [1ª. ed.: 1804], letter I,
p. 28.
146 “It has been observed by many good judges of human nature, and even
asserted by some who were qualified to speak experimentally on the subject,
that the Reading of history has a powerful tendency to excite martial ideas, and
to determine youthful and inexperienced mind to a military life […]. The minds
of youth may, indeed, easily be misled by that indicriminate and unqualified
praise too often given to those whose military talents have proved successful in
the field; even sometimes when those talents, or those successes, have been
employed to enable them to usurp thrones to which they had no title, or to ex-
tend their conquests over countries where they could claim no right of so-
vereignty” (Bigland (1814), op. cit., letter II, pp. 30 y 31).
147 “I think that history is philosophy teaching by examples. We need but to
cast our eyes in the world, and we shall see the daily force of example: we need
but to turn them inward, and we shall soon discover why example has this
force”. Al contrario de lo que sucede con los ejemplos, las “Instructions by pre-
cept have the further disadvantage of coming on the authority of others, and
frequently require a long deduction of reasoning. […] “when examples are
pointed out to us, there is a kind of appeal, with which we are flattered, made
to our senses, as well as our understandings. The instruction comes then upon
our own authority: we frame the precept after our own experience, and yield to
fact when we resist speculation. But this is not the only advantage of instruction
by example; for example appeals not to our understanding alone, but to our
passions likewise. Example asswages these, or animates them; sets passion on
the side of judgement, and makes the whole man of a piece, which is more than
the strongest reasoning and the clearest demonstration can do: and thus form-
ing habits by repetition, example secures the observance of those precepts
which example insinuated” (Bolingbroke (1752), op. cit., letter II, pp. 15-16, 17).
148 Poe, Edgar Allan: «El poder de las palabras» (Physical Power of Words),
en: Poe, Edgar Allan: Cuentos completos, trad. de Julio Cortázar. Buenos Aires:
159
Sandra Díaz de Zappia
que, en este caso, contribuyen a desarrollar el pensamiento de
los habitantes de la ciudad, con la intencionalidad de rectificar
ideas y opiniones149 sobre conceptos y situaciones, a la vez que
apelan de alguna manera a la noción de héroe, ese “varón ilus-
tre y grande, cuyas hazañas le hicieron digno de inmortal fama
y memoria”150 cuya grandeza supo definir Gracián al vincular la
realización de hazañas y el registro escrito de esas acciones151.
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149 “A curious and interesting subject of speculation now presents itself to
our view, in which a judicious perusal of history eminently contributes to
develope the nature of the human mind, and to rectify our ideas and opinions”
(Bigland (1814), op. cit., letter III, p. 35).
150 Real Academia Española: Diccionario de la lengua castellana [...]. Madrid:
Imprenta de la Real Academia Española, por los herederos de Francisco del
Hierro, 1734, vol. IV, p. 145.
151 “La grandeza de un héroe consistía en dos cosas: en alargar la mano a las
hazañas y a las plumas, porque caracteres de oro vinculan eternidad” (Gracián,
Baltasar: «El héroe» [1ª. ed.: 1637], en: Gracián, Baltasar: El héroe. El discreto.
Oráculo manual y arte de prudencia. Barcelona: Planeta, 1996, primor XII, p. 29).
En ese mismo sentido, Lope de Vega escribió: “¿Quién fuera Livio, quien Sido-
nio fuera, / quién Séneca Español, quien Publio Stacio, / para escribir en verso, o
en historia / héroe tan digno de inmortal memoria?” (Vega Carpio, Frey Lope
Félix de: «La mañana de San Juan de Madrid», en: Colección de las obras sueltas,
así en prosa, como en verso… Madrid: Imprenta de don Antonio de Sancha, 1726,
vol. III, p. 129).
160
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162
Gramáticas castellanas impresas en Cataluña entre
1820 y 1875:
Una aproximación a través de sus paratextos©
Jenny Brumme Universitat Pompeu Fabra
Beatrice Schmid Universität Basel
1. INTRODUCCIÓN
Durante el siglo XIX, gracias a la introducción de la ense-
ñanza pública y la paulatina escolarización de partes más am-
plias de la población, se publicaron una multitud de gramáticas
castellanas de diversa índole y extensión, desde las represen-
taciones más sencillas de la lengua, destinadas a las escuelas
primarias, hasta las descripciones extensas para la enseñanza
secundaria o la universidad.
Un número considerable de estas gramáticas castellanas se
publicaron en el ámbito geográfico del habla catalana, sobre
todo en Barcelona, que ya contaba con una industria editorial
significativa. El siglo XIX es precisamente la época en la que las
capas sociales que habían empleado hasta entonces sólo la len-
gua autóctona (el catalán y sus variedades diatópicas) entraron
en contacto con la lengua del Estado (el español).
En este artículo queremos acercarnos a las gramáticas caste-
llanas impresas en Cataluña entre 1820 y 1875 a través de sus
paratextos, recogiendo parte de los resultados de un proyecto
de investigación1, cuyo objetivo general consiste en recopilar y
© Boletín Hispánico Helvético, volumen 32 (otoño 2018): 163-194.
1 Se trata del proyecto de investigación Perceptions of Language Contact and
Linguistic Diversity in Spanish Grammar Books 1820-1875, llevado a cabo en coo-
peración entre la Universidad de Basilea y la Universitat Pompeu Fabra de Bar-
Jenny Brumme/ Beatrice Schmid
analizar las reflexiones metalingüísticas que los autores inclu-
yen en sus obras. El análisis se centra en la percepción tanto del
contacto entre el español y la lengua autóctona como de la
variación y la pluralidad lingüísticas. De esta manera, pretende-
mos sacar conclusiones sobre la percepción del entorno lingüís-
tico por parte de los autores y el saber lingüístico que estos po-
seen al respecto. Los objetivos del proyecto son:
− determinar la divergencia entre la realidad lingüística
de los alumnos catalanes y la obligación de desplegar
la enseñanza en la lengua del Estado2;
− recopilar las actitudes de los hablantes ante su propia
lengua y la lengua del Estado y ante el proceso de
Überdachung3 del catalán por el español;
− obtener así conocimientos concretos sobre el ideario
lingüístico de los gramáticos (entre ellos muchos
maestros de escuela) en la Cataluña del siglo XIX.
La época establecida como marco de análisis, es decir, los
años de 1820 a 1875, abarca el período comprendido entre el
principio del Trienio Liberal (1820-1823) y el fin del Sexenio
Revolucionario (1868-1874). En esta época se producen en Espa-
ña algunos cambios fundamentales como, por ejemplo, la apro-
bación de la Ley Moyano en 1857, que ratifica la enseñanza pri-
maria gratuita y abre paso a la centralización, uniformización y
secularización de la instrucción pública, defendidas por los
sectores liberales desde los comienzos del siglo XIX.
El enfoque presentado se concreta en las siguientes pregun-
tas:
celona y subvencionado por el Fondo Nacional Suizo por la Investigación Cien-
tífica (Swiss National Science Foundation, IZK0Z1_163634, 2015). Agradecemos
a Lea Helfenstein y a Cátia Ferreira dos Santos su valiosa colaboración.
2 Cf. Brumme/ Schmid 2017.
3 Este concepto basado en una metáfora (del verbo überdachen ‘cubrir algo
con un techo’) designaba, en su origen (Kloss 1978), una relación entre las varie-
dades estándares y las variedades no estándares. En concreto, se trataba de de-
terminar la situación de los dialectos alemanes frente al alemán estándar, inde-
pendientemente de las fronteras nacionales. Dondequiera que se reconozca el
alemán estándar como referente lingüístico supremo, se considerarán las varie-
dades existentes “bajo su techo” como dialectos. Su aplicación a otros ámbitos
lingüísticos ha sido fructífera, puesto que permite describir lo que también se
ha denominado minorización (DSL 2001: 192-193) o dialectalización (DSL 2001:
88). Para el catalán comienza, a inicios del siglo XIX, un proceso de paulatina
subordinación “bajo el techo” del castellano, hasta llegar a los extremos de con-
siderar sólo este último ‘lengua’ y aquel ‘dialecto’ del castellano.
164
Gramáticas castellanas impresas en Cataluña entre 1820 y 1875
¿Mencionan los gramáticos el contacto lingüístico en Cata-
luña?
¿En qué contexto y en qué términos?
¿Cómo describen el español?
¿Qué opinan los autores sobre el papel del castellano en
Cataluña?
2. LENGUA CASTELLANA Y UNIFICACIÓN DE LA ENSEÑANZA
PRIMARIA
La preocupación por la enseñanza primaria, que estaba ma-
yoritariamente en manos de la Iglesia y carecía de organización
estatal, se muestra por primera vez en la Constitución de Cádiz,
en el título 9 “De la instrucción pública” (artículos 366-371),
donde se establece:
En todos los Pueblos de la Monarquia se establecerán escuelas de
primeras letras, en las que se enseñará á los niños á leer, escrivir, y con-
tar, y el catecismo de la Religion católica, que comprehenderá tambien
una breve exposicion de las obligaciones civiles. (Constitución de Cádiz
1812, artículo 366)
La tendencia a la uniformización, a la que aspiraba tanto la
monarquía borbónica instaurada en el siglo XVIII como la polí-
tica educativa ideada por los liberales, se manifiesta en los artí-
culos 368, donde se determina que el “plan general de enseñan-
za será uniforme en todo el Reyno”, y 369, que reza: “Habrá
una direccion general de estudios compuesta de personas de
conocida instruccion, á cuyo cargo estará baxo la autoridad del
Gobierno, la inspeccion de la enseñanza pública”.
Jovellanos, en las «Bases para la formación de un plan gene-
ral de instrucción pública» (16-IX-1809), subraya la importancia
del estudio de la gramática como base para la adquisición de
los demás conocimientos: “La lengua se aprende por el uso des-
de la primera niñez; pero el conocimiento de su artificio requie-
re un estudio separado, el cual debe seguir al de las primeras
letras” (Jovellanos 1847: 13-14), palabras que retomará uno de
nuestros gramáticos (cf. 5.4.2.) aplicándolas al catalán.
El capítulo titulado «Estudio de la lengua castellana» (Jove-
llanos 1847: 13-18) manifiesta claramente que “nuestra lengua”
(Jovellanos 1847: 15, 17 y 18) y “lengua castellana” (Jovellanos
1847: 13 y 16) son lo mismo. Los siete puntos que Jovellanos
postula tener en cuenta para la adopción del castellano en la
adquisición de los conocimientos científicos y la comunicación
165
Jenny Brumme/ Beatrice Schmid
de la ciencia serán, para parte de nuestros gramáticos, argu-
mentos a favor de adoptar el catalán. Sirva como ejemplo para
la posterior comparación con el discurso de nuestros gramáti-
cos el primer punto expuesto por Jovellanos:
1.º Que siendo la lengua nativa el instrumento natural, asi para la
enunciacion de las ideas propias, como para la percepcion de las
agenas, en ninguna otra lengua podrán los maestros esponer mas clara
y distintamente su doctrina, y en ninguna la podrán percibir y entender
mejor los discípulos. (Jovellanos 1847: 16)
Puesto que el Informe Quintana4 se fundamenta en las «Ba-
ses» de Jovellanos, es consecuente que las dos ideas, es decir, la
de la uniformización y la de lengua nativa, se repitan aquí en
palabras similares: “Debe pues ser una la doctrina en nuestras
escuelas, y unos los métodos de su enseñanza, a que es consi-
guiente que sea también una la lengua en que se enseñe, y que
esta sea la lengua castellana” y “La lengua nativa es el instru-
mento más fácil y más a propósito para comunicar uno sus
ideas, para percibir las de los otros, para distinguirlas, determi-
narlas y compararlas”. Hay que situar estas aspiraciones en su
contexto, es decir, la presencia del latín en la enseñanza y la rei-
vindicación de las lenguas vulgares para el ámbito de la comu-
nicación científica: “Los pueblos sabios de la antigüedad no
usaron de otra lengua que la propia para la instrucción: lo
mismo han hecho, y con gran ventaja, muchas de las naciones
en la Europa moderna”.
Aunque las propuestas de Jovellanos y del Informe Quintana
no se realizaron y las leyes emitidas por las Cortes fueron anu-
ladas con la vuelta de Fernando VII (Sexenio Absolutista, 1814-
1820), estas ideas se seguían debatiendo y se plasmaron en
documentos posteriores. Así pues, durante el Trienio Liberal
(1820-1823), sigue en la línea de la uniformización el Reglamento
General de Instrucción Pública decretado por las Córtes en 21 de junio
de 1821, que establece que la enseñanza “será pública y unifor-
me” (artículo 1; 1821: 3) y que “será uno mismo el método de
enseñanza” (artículo 2; 1821: 3).
Durante la Ominosa Década (1823-1833), destaca el Plan y
reglamento general de escuelas de primeras letras, aprobado por S.M.
en 16 de febrero de 1825, firmado por Francisco Tadeo Calomarde
(1773-1842) quien afirma en la presentación:
4 Informe de la Junta creada por la Regencia para proponer los medios de proceder
al arreglo de los diversos ramos de instrucción pública (9-IX-1813).
166
Gramáticas castellanas impresas en Cataluña entre 1820 y 1875
Faltaba un plan y reglamento uniforme y bien entendido, que, clasi-
ficando las escuelas, uniformándolas en las bases mas esenciales é inal-
terables del método científico y de la enseñanza religiosa, graduando
las enseñanzas y su mayor ó menor perfeccion segun las necesidades de
los pueblos […]. (Calomarde 1825: 4)
Así lo recoge el reglamento en el título I “Escuelas y su clasi-
ficación”, artículos 1 (1825: 7) y 12 (1825: 9), comprendiendo la
unificación los libros de enseñanza y, concretamente, los de la
gramática castellana (título II, “Materias y libros de enseñanza”,
artículo 23; 1825: 11).
Como antecedente del Plan Pidal (1845) y de la Ley Moyano
(1847) hay que mencionar el Plan general de Instrucción Pública
(Plan Duque de Rivas, 1836). Revocando en varios aspectos los
objetivos de la ideología liberal (cf. Ávila Fernández 1989: 220-
221), este plan, elaborado durante la Regencia de María Cristina
(1833-1840), incorpora como novedad para la instrucción pri-
maria pública elemental la materia de “Gramática castellana”,
aparte de las materias ya establecidas con anterioridad (reli-
gión, lectura, escritura, aritmética; 1836: 34, artículo 4). Además,
este plan de 1836 instauraba “comisiones de provincia, de par-
tido y de pueblo” que vigilasen “sobre la observancia de los
reglamentos y la conducta de los maestros ó profesores (1836:
25). Por el contrario, con la Ley de 21 de Julio de 1838 vuelve a
aumentar la centralización a través del artículo 27 que remite la
inspección al Gobierno.
De mayor incidencia en el periodo que estudiamos es, sin
duda alguna, la Ley de Instrucción Pública (1857), llamada Ley
Moyano según el entonces Ministro de Fomento, Claudio Moya-
no Samaniego (1809-1890). Basándose en leyes y planes previos,
implantó definitivamente el modelo educativo del liberalismo
moderado. Entre las materias que la primera enseñanza debe
incluir se establecen los “Principios de Gramática castellana,
con ejercicios de Ortografia” (Ley Moyano 1857, artículo 2), ma-
teria para la que se señala lo siguiente: “La Gramática y Orto-
grafía de la Academia Española serán texto obligatorio y único
para estas materias de la enseñanza pública” (Ley Moyano 1857,
artículo 88).
167
Jenny Brumme/ Beatrice Schmid
3. EL CORPUS
El corpus comprende los paratextos de veinticuatro gramá-
ticas. Los paratextos (Genette [1987] 2002)5, que difieren de gra-
mática en gramática, pueden constar de elementos muy diver-
sos, del propio autor o de otras instancias, siendo los tipos más
frecuentes: portadilla, portada, nota sobre la propiedad de la
obra, nota sobre la inocuidad para la censura, dedicatoria(s),
anuncio de otras obras del autor, prólogo (prefacio, adverten-
cia), suplementos (epílogo, conclusión, adenda, apéndice) y no-
tas a pie de página. En la tabla 1 enumeramos, por orden crono-
lógico, las gramáticas consideradas y los principales paratextos
que contienen.
A título de ejemplo de un paratexto de autoría ajena, quere-
mos aportar la siguiente nota de la Censura eclesiástica que se
encuentra en la gramática de Pahissa y Ribas (1874: 2):
EXCMO. É ILMO. SEÑOR:
He mirado muy detenidamente el Compendio de Gramática espa-
ñola de D. Lorenzo Pahissa y Ribas que V.S.I. se dignó mandarme para
su exámen, y no he hallado en ella palabra ni concepto alguno ofensivo
á nuestra augusta religion y á su moral. Antes al contrario, la veo sem-
brada de lecciones morales en sus ejemplos, y muy extensa en su fra-
seología para facilitar el estudio de la lengua latina y recibir un perfecto
conocimiento de la ortografía española.
Tal es mi parecer salvo meliori.
Dios guarde á V.I.S. muchos años. – Barcelona 9 de octubre de 1876.
Fr. Manuel Ribé, Pbro.
Barcelona 17 octubre de 1876
En vista de la censura favorable que ha recaido en la Gramática
española escrita por D. Lorenzo Pahissa y Ribas, damos nuestro per-
misso para que pueda publicarse.
El Obispo de Barcelona
5 Genette define lo que entiende por paratexto cuando, hablando de la obra
literaria como texto, afirma que: “[…] ce texte se présente rarement à l’état nu,
sans le renfort et l’accompagnement d’un certain nombre de productions, elles-
mêmes verbales ou non, comme un nom d’auteur, un titre, une préface, des
illustrations, dont on ne sait pas toujours si l’on doit ou non considérer qu’elles
lui appartiennent, mais qui en tout cas l’entourent et le prolongent, précisément
pour le présenter, au sens habituel de ce verbe, mais aussi en son sens le plus
fort: pour le rendre présent, pour assurer sa présence au monde, sa «réception» et
sa consommation, sous la forme, aujourd'hui du moins, d'un livre” (Genette
1987: 7).
168
Gramáticas castellanas impresas en Cataluña entre 1820 y 1875
Suplemento
Dedicatoria
publicación
Notas a pie
Lugar de
Portada
Prólogo
1 Costa: Compendio de Barcelona x x x x x
gramática castellana,
1827
2 Domenech y Barcelona x [x] x x
Circuns: Elementos
de gramática
castellana-catalana,
1829.
3 Costa de Vall: Nuevo Barcelona x x x x x
método de Gramática
Castellana, 1829.
4 Riera: Gramática Barcelona x x
metodizada de la
Lengua Castellana,
1834.
5 Anónimo: Gramática Reus x x
castellana, 1837.
6 Moralejo / Rubio: x x
Primeros principios de
gramática jeneral,
aplicados al idioma
castellano, 1838.
7 Paluzie y Barcelona x x
Cantalozella:
Lecciones progresivas
de gramática, 1841.
8 Anónimo: Gramática Barcelona x x
castellana, 1842.
9 Gonzalez de Soto: Figueras x x
Gramática de la
lengua castellana,
1842.
10 Illas y Vidal: Manual Barcelona x x
de gramática
castellana, 1842.
11 Gelada y Cels: Barcelona x x x
Nueva gramática
española, 1845.
169
Jenny Brumme/ Beatrice Schmid
12 Illas / Figuerola: Barcelona x x x
Elementos de
gramática castellana,
1845.
13 Pers y Ramona: Barcelona x x
Gramática catalana-
castellana, 1847.
14 Pons y Argentó: Barcelona x x
Gramática castellana,
1850.
15 Fatjó y Bartra: Barcelona x
Sucintas nociones de
gramática castellana,
1852.
16 Castañs: Tratado de Barcelona x
gramática castellana,
1856.
17 Mercader: Lérida x
Rudimentos de la
gramática española,
1856.
18 Bordas: Colección de Barcelona x x x
temas para ejercitarse
en la traducción del
catalán al castellano, y
practicar las reglas de
la gramática
castellana, 1857.
19 Galavotti: Elementos Barcelona x x x
de gramática
castellana, 1857.
20 Giró y Roma: Barcelona x x
Gramática elemental
de la lengua
castellana, 1857.
21 Datzira / Arañó: Barcelona x x x x
Lecciones elementales
de gramática
castellana, 1859.
22 Yeves: Tarragona x x
Procedimientos y
ejercicios para la
enseñanza de la
gramática, 1862.
170
Gramáticas castellanas impresas en Cataluña entre 1820 y 1875
23 Sala: Compendio de la Vich x x
gramática castellana,
1867.
24 Pahissa y Ribas: Barcelona x x
Compendio de
gramática española,
1874.
Tabla 1. Corpus de gramáticas estudiadas
En cuanto al lugar de publicación, predomina Barcelona, con
19 de las 24 obras. Barcelona era en la época ya el gran centro
editorial, aunque cada capital de provincia y hasta las ciudades
más pequeñas poseían su propia imprenta, hecho que explica
que en cinco casos figure otra ciudad como lugar de la edición:
Reus, Figueras (Figueres), Lérida (Lleida), Tarragona y Vich
(Vic). La distribución por el territorio catalán se puede apreciar
en el siguiente mapa:
Figura 1. Mapa de las cuatro provincias catalanas con los lugares
de publicación
171
Jenny Brumme/ Beatrice Schmid
4. ANÁLISIS DE LAS PORTADAS
Para obtener una primera visión de conjunto, conviene seña-
lar dos aspectos importantes que se reflejan en las portadas. En
primer lugar, se trata de averiguar qué nombre (glotónimo) re-
cibe el idioma en los títulos y, en segundo lugar, interesa exa-
minar si las portadas hacen mención explícita de la presencia
del catalán.
4.1. EL NOMBRE DEL IDIOMA EN LOS TÍTULOS
En la tabla 2 presentamos un recuento de los nombres del
idioma en las portadas, el cual muestra que la gran mayoría de
los autores (y/o editores) optan por castellano en el título de la
obra (cf. tabla 1):
CASOS castellano español sin
glotónimo
“gramática castellana” 15
“lengua castellana” 3
“idioma castellano” 1
“gramática española” 3
“gramática” 2
TOTAL 19 3 2
Tabla 2. Ocurrencias de castellano y español en los títulos de las
gramáticas
Los tres autores que emplean español como glotónimo son
Antonio Gelada y Cels (1845), Manuel Mercader (1856) y Loren-
zo Pahissa y Ribas (1874). Transcribimos, a título de ejemplo, la
portada de Gelada y Cels (1845):
NUEVA
GRAMÁTICA ESPAÑOLA
fundada sobre un plan muy metódico
con
NUMEROSOS EJERCICIOS DE ORTOGRAFIA, SINTAXIS, PUN-
TUACION Y PROSODIA, SACADOS DE LOS MEJORES AUTORES
Y DISTIBUIDOS SEGUN EL ÓRDEN DE LAS REGLAS;
por
D. Antonio Gelada y Cels.
profesor de instruccion primaria por S. M. Doña Isabel
Segunda (Q. D. G.) y director de una de las escuelas
públicas de Barcelona.
172
Gramáticas castellanas impresas en Cataluña entre 1820 y 1875
BARCELONA,
IMPRENTA DE B. ESPONA, CALLE CONDAL, N.º 28
1845.
Gelada y Cels emplea español como adjetivo referido al idio-
ma y como glotónimo sustantivo. Lo hace de manera recurren-
te, tal y como demuestran los títulos de otras obras suyas, indi-
cadas en la contraportada de la misma Gramática:
OBRAS DEL MISMO AUTOR.
MÁXIMAS DEL HOMBRE DE BIEN Ó DE LA SABIDURÍA, en 33 cuartetas, 1
cuaderno en 16.º precio 3 cuartos.
BELLEZAS ESCOGIDAS DE LAS REFLEXIONES DE STURM, por el Rev. W.
Jones, y traducidas del ingles al español, 1 volúmen en 8.º …. precio 5
rs.
MANUAL DE CALIGRAFÍA ESPAÑOLA para uso de las escuelas, 1 volú-
men en 8.º …. precio 20 cuartos.
NUEVA CARTILLA PARA ENSEÑAR Y APRENDER Á LEER LA LENGUA
ESPAÑOLA, 1 volúmen en 8º. precio 2 rs.
(Gelada y Cels 1845: 2)
así como sus palabras en el prefacio:
Doy al público una NUEVA GRAMATICA DE LA LENGUA
ESPAÑOLA sin otra mira que la de poder explicar a mi ver con más
facilidad y ahorro de tiempo sus elementos a los alumnos de la Escuela
pública de mi cargo. En su composición, desearía haber sabido entre-
sacar de las gramáticas de las lenguas vivas y muertas, nacionales y
estrangeras que consultaba, un conjunto de preceptos que cooperase,
sino a llevar NUESTRA LENGUA a un grado superior de ilustración, a
hacer a lo menos incontrovertible y sostener el igual que ya tiene al de
las lenguas más acreditadas del Globo. (Gelada y Cels 1845: 3)
De estas últimas líneas se desprende que Gelada y Cels veía
la necesidad de ofrecer a sus alumnos un acceso más fácil y
rápido a la que él denomina “NUESTRA LENGUA”. El autor,
del que sabemos poco más que era oriundo de Olot y ejercía de
profesor en una escuela pública de Barcelona6, no cuestiona,
6 Solà/ Marcet (1998: 707-708) mencionan la gramática de 1845 y añaden:
“L’autor, olotí mort l’any 1845, publicà una altra [709] obra que no hem vist:
Nueva cartilla para enseñar y aprender la lengua española (vg. Notas históricas de
173
Jenny Brumme/ Beatrice Schmid
por tanto, el estatus del castellano, pero de su formulación
antitética de “lenguas vivas y muertas, nacionales y estrange-
ras” podría desprenderse la existencia de más de una lengua
nacional en el territorio español7.
4.2. REFERENCIA EXPLÍCITA AL CATALÁN EN LA PORTADA
En lo que concierne al segundo aspecto, hay que señalar que
sólo cinco de las veinticuatro obras mencionan la lengua autóc-
tona en la portada, reflejando así la situación lingüística en el
entorno al lugar de publicación. Las cinco obras pertenecen a
los cuatro autores que siguen: José Domenech y Circuns8, Magí
Pers y Ramona9, Jayme Costa de Vall10 y Luis Bordas11. Se pue-
den distinguir tres casos diferentes:
− Dos gramáticas se presentan como bilingües: los Ele-
mentos de gramática castellana-catalana (1829) de José
Domenech y Circuns (gramática de las dos lenguas,
redactada en castellano) y la Gramática catalana-caste-
llana (1847) de Magí Pers y Ramona (gramática de la
lengua castellana, pero redactada en catalán).
Olot, any 1899, vol. III, p. 281-314) (vg. ft. 8193)”. La BICRES IV (2012: 218)
incluye también un «Manual de caligrafía española para el uso de las escuelas
por D. Antonio Gelada y Cels, profesor Real de instruccion primaria por S. M.
Doña Isabel Segunda, y Director de una de las Escuelas públicas de Barcelona.
Barcelona: Imprenta José Torner. 1842».
7 Naturalmente, esta interpretación opone ‘nacional’ en el sentido de ‘pro-
pio’ a ‘extranjero’. Desde otro punto de vista, ‘nacional’ podría vincularse con
otras lenguas nacionales de otros países (extranjeros).
8 GEC, bajo la forma catalana de su nombre: Josep Domènech i Circuns (Bar-
celona, siglo XIX-Barcelona, siglo XIX), maestro y escritor. Ejerció en Tarragona
y Montblanc y fue miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País de
Barcelona.
9 GEC, bajo la forma catalana de su nombre: Magí Pers i Ramona (Vilanova i
la Geltrú, Garraf, 1803-Vilanova i la Geltrú, Garraf, 1888). Fue sastre de oficio y
tras una estancia de dieciocho años en Cuba (1821-1839), se estableció en Barce-
lona donde se dedicó, entre otras muchas cosas, a la frenología.
10 No hemos encontrado referencias biográficas. Firma también como Jayme
Costa o Jaime Costa Devall. La forma catalana de su nombre es Jaume Costa de
Vall.
11 GEC, bajo la forma catalana de su nombre: Lluís Bordas i Munt (Barcelona,
1798-Barcelona, 1875), profesor de idiomas. Entre otros libros, es autor de Gra-
mática italiana (1824), Gramática latina según el método de aprender las lenguas
modernas (1833), Arte de hablar bien el francés (1848) y El inglés sin maestro (1848).
174
Gramáticas castellanas impresas en Cataluña entre 1820 y 1875
− En las obras de Jayme Costa Compendio de gramática
castellana (1827) y Nuevo método de Gramática Castellana
(1829) se indica en la portada que las gramáticas van
acompañadas de un glosario bilingüe (Prontuario de
las voces mas usuales en catalan y castellano).
− Finalmente, Luis Bordas con su Colección de temas para
ejercitarse en la traducción del catalan al castellano, y prac-
ticar las reglas de la gramática castellana (1857) propone
un método didáctico que refleja su idea de enseñar el
castellano como una lengua extranjera.
5. ANÁLISIS DE LOS PARATEXTOS
El estudio de los paratextos interiores confirma las observa-
ciones hechas a partir de las portadas en los dos aspectos exa-
minados. En cuanto al primero, es decir, la denominación de la
lengua (cf. 4.1.), el término habitual es castellano, mientras que
español referido a la lengua aparece únicamente en aquellas tres
obras mencionadas que lo llevan en la portada (Gelada y Cels
1845, Mercader 1856 y Pahissa y Ribas 1874).
En lo que concierne al segundo aspecto (cf. 4.2.), las cinco
obras indicadas son también las únicas que contienen reflexio-
nes explícitas acerca de la situación lingüística en los demás
paratextos. Sólo en dos obras más hemos encontrado alguna
breve alusión indirecta a la lengua nativa de los alumnos (cf.
6.). Las demás diecisiete obras no reflejan en parte alguna el
contacto de lenguas o la lengua de los alumnos a pesar de que
muchas de ellas estén destinadas explícitamente a la enseñanza
primaria en Barcelona o en el Principado de Cataluña.
A continuación, comentaremos brevemente algunas de las
reflexiones explícitas encontradas en los paratextos, que proce-
den de los autores ya mencionados: Jaime Costa de Vall, José
Domenech y Circuns, Magi Pers y Ramona y Luis Bordas. Aun-
que estos autores presentan sus gramáticas en diferentes mo-
mentos, que van desde finales de los años 1820 hasta a media-
dos del siglo XIX, los cuatro coinciden en tres puntos centrales:
− En primer lugar, constatan que es indispensable
aprender el castellano, no sólo por obligación de la
ley, sino también para el progreso individual y para
contribuir a la prosperidad de Cataluña, considerada
parte de la “Nación española” (Pers 1847: 6). Es en
este sentido que los gramáticos consideran el caste-
llano “nuestra lengua” (Gelada y Cels 1845: 3), igual
que el catalán.
175
Jenny Brumme/ Beatrice Schmid
− En segundo lugar, los autores recalcan que la mayoría
de los catalanes no hablan castellano. Por tanto, para
los alumnos catalanes el castellano es una lengua des-
conocida.
− Finalmente, postulan que la enseñanza tome en consi-
deración este hecho diferencial: a los catalanes no se
les puede enseñar la gramática castellana de la misma
manera que a los castellanohablantes.
A pesar de la unanimidad en el diagnóstico general, cada
uno de los autores insiste más en un punto determinado o desa-
rrolla más algunos aspectos que otros. Por ello, en lo siguiente
presentaremos brevemente las observaciones características de
cada uno de los gramáticos.
5.1. JAYME COSTA DE VALL
Este autor se da a conocer a través de las portadas como pro-
fesor de lenguas y, más concretamente, profesor de español y
francés, además de instructor militar. Transcribimos, a conti-
nuación, las portadas de su Compendio de gramática castellana
(1827) y su Nuevo método de Gramática Castellana, que cuenta con
varias ediciones entre 1829 y 184712.
COMPENDIO
DE
GRAMÁTICA CASTELLANA,
SEGUIDO DE UN PRONTUARIO DE LAS VOCES MAS USUALES
EN
CATALAN Y CASTELLANO,
DIVIDIDO POR LECCIONES EN DOS PARTES
por
DON JAYME COSTA,
Subteniente graduado de infantería, Profesor de
lengua española y francesa.
CON LICENCIA.
Barcelona: En la imprenta de la VIUDA de D. Agustin
Roca, Año 1827.
12 Cf. Solà/ Marcet (1998: 521-522) y BICRES IV (124, 137, 143, 236 y 265-266).
176
Gramáticas castellanas impresas en Cataluña entre 1820 y 1875
NUEVO MÉTODO
DE
GRAMÁTICA CASTELLANA,
SEGUIDA DE UN PRONTUARIO DE LAS VOCES MAS USUALES
EN
CATALAN Y CASTELLANO,
por
Don Jayme Costa de Vall,
SUBTENIENTE GRADUADO DE INFANTERÍA, INSTRUCTOR DE
TÁCTICA MILITAR Y PROFESOR DE LENGUAS.
Segunda Edicion.
Con licencia:
Barcelona: En la imprenta de la VIUDA de D. A. Roca,
Año 1829.
5.1.1. DESTINATARIOS Y OBJETIVO
En la Dedicatoria (1827: s.p.; 1830: III-IV) a la “Real Junta de
Inspección de escuelas del principado de Cataluña”, Costa de
Vall esboza el objetivo de su trabajo como “[…] proporcionar a
la juventud y a los que carecen de un diccionario Catalán-Cas-
tellano, un libro en el cual, amas de las reglas de la gramática
encuentren a primera vista las voces más usuales que a cada
paso se necesitan para poder trabar una conversación”. En el
mismo sentido, en el Prólogo de la tercera edición el autor cons-
tata que “la mayor parte de los catalanes han descuidado la len-
gua castellana” y necesitan recursos adecuados “para trabar
una conversación” (1830: VI).
En lo que concierne a los destinatarios de la gramática, des-
taca la palabra juventud con cinco ocurrencias en los paratextos.
Al final de la Advertencia, Costa celebra la juventud como “la
honra y el lustre de Principado de Cataluña” (1830: VIII), y en
la misma página se incluye un poema que recalca el valor de la
juventud para la prosperidad de una nación:
Solo los jóvenes son,
Y no hay que contradecir,
Los que han de constituir
La dicha de una nación;
Claro es que sin excepción
Ellos de esta son la flor,
Cuidémosla con amor,
177
Jenny Brumme/ Beatrice Schmid
Y se nos dará el coger
El fruto que ella ha de hacer
Que nos colmará de honor. (Costa 1830: VIII)
Con esta visión, Costa se sitúa en la línea del pensamiento
unitarista y de los que pretenden construir la nación española a
través de la unificación lingüística. Pero a diferencia de otros
pedagogos representantes de esta línea, por ejemplo, los auto-
res del Nuevo Plan de Enseñanza Mútua (1821; cf. Brumme/
Schmid 2017), que reivindicaban enseñar primero el catalán
como lengua materna de los alumnos y luego el castellano
como lengua extranjera, Costa concibe el catalán como dialecto
(cf. 1827: 1; 1830: V) y el castellano como primera lengua y
único referente. En este sentido, en el Prólogo de la primera
edición critica implícitamente aquellas escuelas y personas que
siguen enseñando el catalán (o en catalán) pese a lo establecido
por la ley:
Si, es verdad que en ciertos pueblos no hay proporcion de hablar el
castellano, pero tambien lo es que si en algunas escuelas no se enseñase
el catalan sino que siguieran el idioma castellano conforme está pre-
venido, no esperimentarian los jóvenes y demas gente la falta que les
hace el no haber estudiado la lengua castellana, de aquí es que cuando
quieran estudiar la lengua latina ó cualquiera otra, se ven en la preci-
sion de tener que aprender en un mismo tiempo la propiedad de las
voces de las dos lenguas castellana y la que desean poseer, cuyo estudio
es naturalmente pesado. (Costa 1827: 2)
Sin embargo, en alguna de las modificaciones que se pueden
rastrear a través de las distintas ediciones se aprecia que Costa
era consciente del “hecho diferencial”, tal y como se observa en
la Conclusión de la la tercera edición del Nuevo método:
[…] algunos padres se quejan, diciendo: mi hijo no habla el castellano,
ni el latín, ni el francés sin embargo de haber estudiado mucho tiempo estos dos
idiomas. ¿Y queréis que hablen, y traduzcan con rapidez de un idioma a
otro, si a veces los niños tienen tanta dificultad en la correspondencia
castellana, como en la latina y francesa? Claro es que esto dimana de
que la Gramática solo es para dar reglas que enseñen a hablar, y ellas
solas son insuficientes a los catalanes, porque si los castellanos solo han
de aprender la significación de las palabras de un solo idioma, los
catalanes tienen que formar idea o correspondencia de los tres, es decir:
el catalán por haber conservado casi siempre en el modo de hablar su
178
Gramáticas castellanas impresas en Cataluña entre 1820 y 1875
uso primitivo, la significación de los términos castellanos, y los de la
otra lengua que quieren estudiar. (Costa 1830: 293-294)
Esta cita demuestra que Costa sabía muy bien lo que signifi-
caba aprender una lengua extranjera en Cataluña: en vez de dos
lenguas (por ejemplo, castellano y latín o castellano y francés),
los alumnos tenían que asimilar tres idiomas (catalán, castella-
no y la lengua extranjera). Sin embargo, esta conciencia no im-
plica que reivindique el catalán para la enseñanza.
5.1.2. ANÁLISIS DE LAS CIRCUNSTANCIAS HISTÓRICAS
Es una peculiaridad de este autor el hecho de que se detenga
con detalle en el análisis de la situación diglósica en Cataluña y
en el proceso histórico de la imposición del castellano. Costa de
Vall describe el cambio que supuso para el catalán la llegada de
los Borbones al trono de España, que causó una devaluación del
catalán que antes había sido lengua de prestigio y de uso públi-
co y escrito. Como desencadenante de este proceso indica la
legislación que establece el castellano como única lengua de en-
señanza:
[…] desde que Felipe V por reales órdenes que se han renovado por
todos sus sucesores, previnieron que en todas las ciudades y pueblos de
Cataluña se enseñase solamente el idioma castellano como en todas las
demas partes del reino. (Costa 1827: 1; 1829: V)
En este proceso (de Überdachung), el catalán fue relegado a la
oralidad, convirtiéndose en “dialecto” (subordinado al castella-
no), y cayó prácticamente en desuso en todos los ámbitos de la
vida pública y de prestigio:
[…] cesó desde luego de escribirse é imprimirse en idioma catalan
degenerado en dialecto, casi todo escrito, de modo que en el día no se
puede producirse con él ni de palabra* ni por escrito en las relaciones
con la corte y demas provincias, en los tribunales, en las escuelas,
académias, y en los asuntos de comercio. (Costa 1827: 1; 1830: V)
Por otro lado, Costa subraya precisamente la vitalidad del
catalán como lengua hablada. Así, la expresión “ni de palabra”,
es decir, ‘ni en el ámbito oral’, de la cita anterior va seguido de
un asterisco que remite a la siguiente nota a pie de página:
“Para la explicación de la doctrina cristiana, pláticas y demás
pertenecientes a lo espiritual, se fue de opinión conservar el
179
Jenny Brumme/ Beatrice Schmid
catalán, para la comprensión de toda la demás gente” (Costa
1927: 1; 1830: V, nota). Esta aclaración documenta muy bien
que, si bien se ha hecho “[…] indispensable y de toda necesidad
aprender el castellano” (Costa 1830: VI), se seguía utilizando el
catalán. El autor afirma que no sólo “los catalanes en el modo
de hablar han conservado su uso primitivo […]” (1830: VI) sino
que incluso existen “pueblos apartados de las capitales y ciuda-
des en donde no se oye una palabra en castellano […]” (Costa
1827: 2).
Por otra parte, en la introducción al Suplemento (1827: 107-
178), Costa señala también las consecuencias que tiene la pérdi-
da de la práctica escrita para el catalán: la falta de norma refe-
rencial y la creciente fragmentación o dialectalización13. Así
pues, la tabla de “los términos más frecuentados en castellano,
con la significacion catalana al lado de ellos” va acompañada
del siguiente comentario:
[…] como en el dialecto catalan, casi cada corregimiento ó pueblo
ha introducido nuevos términos á su modo de hablar; de aquí que esta
mudanza hace muy difícil en que se pueda acertar el verdadero término
catalan […]. (Costa 1827: 107; 1830: 144)
En las ediciones posteriores del Nuevo método (1829, 1830 y
1844) el autor sustituye la palabra “mudanza” (‘cambio’) por
“discrepancia”, modificación que aumenta las connotaciones
negativas. Finalmente, en la edición de 1847 el autor acentúa to-
davía más los efectos negativos de la creciente variación, perce-
bida como falta de unidad:
[…] como en el dialecto catalan, casi cada pueblo ha introducido
nuevos términos ó ha pervertido su habla con voces provinciales, resul-
ta que esta discrepancia hace muy difícil en que se pueda acertar el ver-
dadero término catalan […]. (Costa de Vall 1847: 166)
13 Según el DSL (2001: 88), se entiende por dialectalización la tendencia a la
diferenciación entre diferentes variedades geográficas de la lengua subordina-
da. Cada una de estas variedades tendería a recluirse en su ámbito geográfico,
por lo que se perdería la conciencia de la unidad idiomática. La lengua domi-
nante pasaría a ocupar el papel de estándar o referente interdialectal.
180
Gramáticas castellanas impresas en Cataluña entre 1820 y 1875
5.2. JOSÉ DOMENECH Y CIRCUNS
En la portada de los Elementos de Gramatica castellana-catalana
(1829)14, Domenech y Circuns se presenta como profesor de
primera educación en la Villa de Montblanch:
ELEMENTOS
DE
GRAMATICA CASTELLANA-CATALANA
ENTRESACADOS DE VARIOS AUTORES,
Y ORDENADOS POR
D. JOSÉ DOMENECH Y CIRCUNS,
PROFESOR DE PRIMERA EDUCACION EN LA
VILLA DE MONTBLANCH,
PARA UTILIDAD DE LOS NATURALES Y MORADORES
DEL PRINCIPADO DE CATALUÑA.
Con licencia.
BARCELONA:
En la Imprenta de la Viuda é Hijos de BRUSI.
Año de 1829.
Además, lo conocemos a través de otras publicaciones como
un activista de la enseñanza en Cataluña durante la primera
mitad del siglo XIX (cf. Brumme/ Schmid 2017).
5.2.1. DEDICATORIA Y DESTINATARIOS
Es una peculiaridad de esta obra que la dedicatoria no se
sitúe en el lugar que podríamos esperar, es decir, al principio de
la obra, sino que se encuentra al final, escrita en castellano y
seguida de una versión más explícita en catalán:
[…] Y tal como él [sc. el trabajo] es, recibidlo como una demostra-
cion del afecto que os profeso, mis amados compatricios, y como fruto
de una voluntad síncera [sic], como una copia que busca su original, y
como un testimonio de gratitud á la patria, y del alto aprecio que me
merecen mis amados niños catalanes, á cuya instruccion ha querido la
divina Providencia consagrase los dias de mi ecsistencia.
14 Cf. Marcet/ Solà (1998: 480), Anguera (1997: 37), Ginebra (1999: 36, 39 y
57) y Schmid (2014: 232 y 237-238).
181
Jenny Brumme/ Beatrice Schmid
Sí estimats compatricis: Rebeu est mon treball, encara que tan ple
de defectes, com una demostració del pur afecte queus professo, y com
á fruit de una voluntad sincera, y com un testimoni de gratitut á la
patria, y del alt apreci que m’mereixen mos estimats noys catalans, á la
instrucció dels quals ha volgut la divina Providencia consagrás los dias
de ma ecsistencia y concloch an lo Dr. Ballot:
Pus parla en catalá, Deu lin don gloria. (Domenech 1829: 325)
Se desprende con toda claridad cuáles son los destinatarios
de la obra: sus compatriotas, “los naturales del Principado de
Cataluña” (cf. la portada), y, concretamente, “mis amados niños
catalanes”, es decir, los alumnos a los que el autor daba clase.
Llama la atención la cita añadida al fragmento en catalán,
atribuida al “Dr. Ballot”, al que denomina también “sábio cata-
lan Ballot” (Domenech 1829: III). Se trata de la frase que acaba
la Gramatica y apología de la llengua cathalana ([1813] 1987) de
Josep Pau Ballot (1747-1821), pero que, en realidad, procede de
un soneto anónimo dedicado al historiador Jeroni Pujades
(1568-1635)15.
Esta dedicatoria arroja luz sobre el significado que Dome-
nech da a la palabra patria, que aquí se circunscribe más bien a
la patria chica (Cataluña) que la patria grande o nación (Espa-
ña). Tal distinción se manifiesta también en el Prólogo, donde
Domenech distingue entre “nuestra Cataluña” y la “Nación”
(España) al describir la situación lingüística: “en nuestra Cata-
luña, si bien que el idioma catalan es el vulgar, toda persona
culta debe saber y hablar el castellano por ser el idioma general
de la Nacion” (Domenech y Circuns 1829: I).
5.2.2. CRÍTICA DE LA SITUACIÓN Y REIVINDICACIÓN
Entre los cuatro gramáticos estudiados, Domenech y Cir-
cuns es el que desaprueba con mayor claridad la imposición
legal del castellano como única lengua de la enseñanza. A su
parecer, hace falta enseñar la lengua autóctona y en la lengua
autóctona, ya que “[e]s cosa comun y muy sabida que la prime-
ra gramática que un niño debe aprender, es la de su lengua vul-
gar; porque en el órden de la naturaleza primero es aprender lo
fácil que lo difícil” (Domenech 1829: I).
15 El soneto que contiene este verso se puede leer en la edición virtual de la
Crònica universal del principat de Catalunya (1609) de Jeroni Pujades: http://
[Link]/servlet/SirveObras/06922741089536262977857/ima00
[Link].
182
Gramáticas castellanas impresas en Cataluña entre 1820 y 1875
Para que los niños catalanes aprendan bien el castellano,
lengua extranjera en sus palabras, Domenech concluye que la
lengua vehicular de la enseñanza debería ser la lengua de los
alumnos:
Muy difícil es llegarse á penetrar bien de un idioma estrangero,
(cual debe considerarse el Castellano con respecto á Cataluña) á quien
no conoce el suyo natal; del conocimiento de este y de la comparación
con aquel ha de resultar el efecto deseado. (Domenech 1829: II)
Sin embargo, a pesar de ser consciente de la condición de
sus alumnos, la situación legal no le permite ser coherente y
redactar su gramática en la lengua autóctona:
Segun esta reflecsion mi gramática deberia estar escrita con el tecsto
en catalan; sin embargo, dos poderosas razones me han determinado á
lo contrario: la primera es la sumision á los decretos del Monarca que
disponen que la enseñanza en las escuelas de primeras letras sea uni-
versalmente en castellano; y la otra porque esta gramática pueda ser
útil á muchísimos castellanos, que por razon de sus empleos y destinos
tienen de vivir en Cataluña, y les serà muy interesante el conocimiento
de la lengua vulgar […]. (Domenech 1829: II)
Tal y como se aprecia en esta cita, entre las razones que da
para justificar que la gramática se publica en castellano, la pri-
mera es de orden imperativa, pero la segunda atiende más bien
a un argumento pragmático: tal como se menciona ya en la por-
tada, en el subtítulo de la obra, la gramática se dirige no sólo a
los “naturales” de Cataluña sino también a los “moradores”, es
decir, a los castellanos que viven en Cataluña. Creemos que esta
idea de ofrecer a los forasteros la posibilidad de aprender cata-
lán es bastante inaudita en el contexto histórico (cf. Schmid
2014: 232-233).
Domenech no sólo opta por una instrucción bilingüe, razón
por la cual compone una gramática bilingüe, paralela de las dos
lenguas, sino que se pronuncia también con decisión a favor del
bilingüismo en general y del mutuo respeto en lo que concierne
a las dos lenguas:
Mi idea es que los niños de esta Provincia penetren la relacion que
tiene el castellano con el catalan para que conociendo la analogia y
hermandad de estas dos hijas de una comun madre, la lengua latina, no
insulten á la una para ecsaltar la otra, antes si, amen á las dos, tratán-
183
Jenny Brumme/ Beatrice Schmid
dolas con aquel cariño y gravedad, que solo el conocimiento perfecto de
entrambas nos puede inspirar. (Domenech 1829: III)
En las líneas finales de su gramática, el autor retoma esta
idea de la igualdad de los dos idiomas:
[…] que en nada ventaja el uno al otro en fluidez y elegancia, tanto
en la prosa como en la poesía, y cuan necesaria es la inteligencia de esta
relacion ó conformidad para despreciar la pedantería de algunos igno-
rantes empeñados en desacreditar el idioma catalán; […]. (Domenech
1829: 324)
Esta idea reivindicativa concuerda con lo que el mismo Do-
menech y Circuns, en coautoría con Ramon Vila y Figueras,
había expuesto en el Nuevo Plan de Enseñanza Mútua (1821) par-
tiendo de los conceptos liberales de la igualdad de los pueblos
ibéricos y la voluntad de unificación lingüística (cf. Brumme/
Schmid 2017).
5.3. MAGI PERS Y RAMONA
La Gramática catalana-castellana (1847) de Pers y Ramona es la
única que posee una portada bilingüe. Tal y como se aprecia en
la siguiente transcripción, el título y el subtítulo van en catalán,
seguidos de unos versos en castellano tomados de una oda del
poeta del siglo XVIII Francisco Díaz Gómez.
GRAMÁTICA
CATALANA-CASTELLANA.
ADORNADA
ÁB EXEMPLES DE BONS AUTORS, ALGUNS
DIÁLOGOS FAMILIARS AB LA CORRESPONDENCIA DE LAS
FRASES MES DIFICILS DE LA LLENGUA, Y ALGUNS
TROSSOS ESCULLITS EN PROSA Y VERS,
AB LA VERSIÓ CORRESPONENT AL COSTAT.
COMPOSTA
per
MAGI PERS Y RAMONA.
Lengua, cuya suave melodía,
Cuyo flujo fecundo de espresiones,
Clara te hace entre vivientes lenguas,
184
Gramáticas castellanas impresas en Cataluña entre 1820 y 1875
Mas que todas, ilustre.
Francisco Diaz Gomez, oda II.
BARCELONA
IMPRENTA DE ANTON BERDEGUER.
1847.
La gramática de Pers se diferencia de todas las demás obras
estudiadas por ser la única redactada en catalán. La elección del
catalán como metalengua responde a razones prácticas y no a
ideas ideológicas o reivindicativas. Así el autor lo deja muy cla-
ro en el prólogo, afirmando que, a través de su lengua nativa,
los catalanes aprenderán más rápidamente y mejor el español.
Por tanto, estamos ante una gramática castellana concebida
para catalanes, publicada veinte años después de la obra de Do-
menech, quien ya reclamaba utilizar la lengua autóctona como
metalengua para enseñar el castellano, considerado lengua ex-
tranjera. Sin embargo, la Gramática catalana-castellana (1847) no
es un libro destinado al uso en las escuelas, sino que se dirige a
los naturales de Cataluña en general.
En el prólogo Pers recalca en repetidas ocasiones la necesi-
dad de publicar una gramática de la “lengua general de la Na-
ción española”, por ejemplo: “[…] que tanta falta fá als fills de
aquest antich Principat, pera que pugan possehir, ab algun
estudi, la llengua general de la Nació española” (Pers 1847: 6).
La falta de tal gramática ideada para los catalanes está perjudi-
cando, sobre todo, a los jóvenes: “als jóvens de una provincia
tan rica com industriosa” (Pers 1847: 6).
Entre los objetivos se fija que los catalanes aprendan el caste-
llano con facilidad, propiedad y en poco tiempo:
[…] los naturals de aquest pais puguessen apéndrer fácilment la llengua
dels Cervántes y Granadas16 . (Pers 1847: 5).
[…] á fi de que los catalans pugan apéndrer ab propietat y en curt temps
una llengua tan rica, tan elegant y armoniosa. (Pers 1847: 7)
Cabe destacar que Pers repite aquí la idea de la dicotomía
entre la patria chica (“Catalunya”, “aquest antich Principat”) y
la patria grande (“la Nació española”) con una dicotomía para-
lela en el nivel de la lengua entre la “nostra llengua” (Pers 1847:
7), es decir, el catalán, y “la llengua general de la Nació” o len-
gua castellana.
16 El plural se refiere a autores como Miguel de Cervantes (1547-1606) y Luis
de Granada (1504-1588).
185
Jenny Brumme/ Beatrice Schmid
5.4. LUIS BORDAS
El libro de Bordas no es una gramática en sentido estricto.
Tal y como reza el título, se han reunido en un volumen temas
para practicar la traducción y las reglas de la gramática caste-
llana:
COLECCION DE TEMAS
PARA EJERCITARSE EN LA TRADUCCION
DEL CATALAN AL CASTELLANO,
y practicar las reglas de la
GRAMÁTICA CASTELLANA,
por
D. Luis Bordas.
Barcelona.
LIBRERIA DE LA SRA. VIUDA DE MAYOL,
calle De Fernando VII, núm. 13,
1857.
5.4.1. EL HECHO DIFERENCIAL
El tema principal del extenso prólogo (1857: I-XV) de Luis
Bordas es el sistema educativo que prevé enseñar el castellano
en Cataluña con el mismo método didáctico y con los mismos
libros que en el resto de España. Esto en detrimento de los re-
sultados, porque, como Bordas subraya una y otra vez, la situa-
ción lingüística entre Castilla y Cataluña es bien distinta:
Los hijos de Castilla aprenden desde la primera niñez su lengua, y
cuando concurren á la escuela estudian el artificio de cuanto saben por
el uso. Lo mismo acontece á los muchachos de Francia, Inglaterra, Ale-
mania, Italia, etc., etc. ¿Se hallan en el mismo caso los hijos de Cata-
luña? Muy lejos de eso. La mayor parte van á la escuela sin saber quizás
ni una palabra de la lengua castellana; y si bien el profesor les habla en
castellano y los libros destinados á la lectura están en castellano, y aun
las muestras de escribir; sin embargo el muchacho catalan solo aprende,
hasta cierta edad, á hablar como el papagayo. (Bordas 1857: I)
Ya que los niños catalanes tienen que estudiar las reglas
gramaticales sin saber castellano, “pues se les hace aprender la
lengua castellana, sin haberles procurado de antemano provi-
sion alguna de palabras de ese idioma, que para ellos es sin
duda un idioma estranjero” (1857: II-III) y dado que “la lengua
186
Gramáticas castellanas impresas en Cataluña entre 1820 y 1875
castellana no es su habla nativa” (1857: III), a los niños les falta
la base para asimilar el entramado gramatical y para los profe-
sores la tarea se hace imposible:
El profesor se desvela y se desvive; pero como edifica sobre arena,
su trabajo es en extremo penoso: ha de enseñar á los niños la gramática
de una lengua, que para ellos no es la materna, y le falta un punto de
comparacion. Solo quien lo haya esperimentado, puede formarse una
verdadera idea del trabajo y paciencia que necesita en esta parte el pro-
fesor de primera enseñanza en Cataluña. (Bordas 1857: IV-V)
Resultado de este escenario también es cierta discriminación
de los alumnos catalanohablantes:
En la traduccion del latin, del francés ó de cualquier otro idioma
vemos que sobresale en la clase un jóven castellano acaso poco aplicado
ó quizás de cortos alcances, cuando otro jóven catalan con aplicacion y
talento apenas se hace distinguir. La causa de esa diferencia es muy evi-
dente: la soltura del uno es mas de la naturaleza que del arte; y el enco-
jimiento del otro es consiguiente á la falta de principios y conocimientos
del habla castellana. (Bordas 1857: VI-VII)
Todo esto le lleva a Bordas a proponer el método de enseñar
la lengua mediante la traducción, es decir, “traducir de una len-
gua sabida á la que se desea aprender” (1857: VIII).
5.4.2. EL MÉTODO PARA ENSEÑAR EL CASTELLANO
Con el método que Bordas propone y que él mismo sitúa en
la línea del método Ollendorff17, se concibe el aprendizaje del
castellano como el de una lengua extranjera. El autor describe la
adquisición de la lengua materna en términos sensualistas, par-
tiendo de los cinco sentidos18 y el papel de establecer un vínculo
entre el signo y el designado:
Y así es como por medio de la impresion agradable ó desagradable
en nuestros sentidos, adquirimos el conocimiento de los objetos que nos
rodean. El alma conserva la imágen de esos objetos cuando están ausen-
17 Heinrich Gottfried Ollendorff (1803-1865) “que tan buenos resultados da
en la enseñanza de las lenguas vivas” (Bordas 1857: VIII). Cf. Reinfried (2014).
18 El fragmento correspondiente está inspirado en las «Bases para la forma-
ción de un plan general de instrucción pública» (p. 8) de Gaspar Melchor de
Jovellanos (1744-1811; cf. Obras, tomo V).
187
Jenny Brumme/ Beatrice Schmid
tes, porque conoce la relacion establecida entre la palabra y la cosa
significada; y dicha relacion nos la hacen aprender cuando niños las
personas que nos rodean mostrándonos los objetos y diciéndonos su
nombre. Con la contínua repeticion llega á habituarse de tal modo
nuestra mente en la relacion conocida entre el objeto y su nombre, que
nos vemos aquel sin recordar este, ni oimos nombrar este sin represen-
tarnos inmediatamente aquel. Así aprendemos la lengua materna, y así
aprendemos á darnos á entender en el idioma propio mucho antes que
tengamos idea de lo que es gramática ó noticia de su existencia. (Bordas
1857: III-IV)
Tras esta primera fase de aprender la “lengua nativa”, según
Bordas, “se ha llegado á la edad competente” (1857: IV) para
estudiarla como arte. Para justificarlo se vale de palabras de
Jovellanos:
[…] no solo perfecciona el conocimiento y recto uso del principal instru-
mento de la instruccion, que es la lengua, sino que ofrece una disposi-
cion general para aprender otras lenguas; pues que el artificio de todas
es sustancialmente el mismo. (Bordas 1857: IV)
Dicho de otra manera, Bordas afirma que primero hay que
enseñar gramática catalana para luego pasar a otras lenguas,
que todas ellas (castellano, latín, francés) son extranjeras para
los catalanes. En este sentido, propone anteponer un año de
enseñanza del castellano antes de pasar a estudiar un tercer
idioma, por ejemplo, el latín (1857: VI):
Sobre todo debe tenerse presente que para un catalan la lengua
castellana es otra de las lenguas á que puede llamar estranjera por no
ser su habla nativa, y que por consiguiente debe estudiarla lo mismo
que cualquier otra lengua; y que aprender á la vez dos lenguas estran-
jeras, principalmente cuando la una ha de servir de comparacion para
la otra, si no es del todo imposible, á lo menos tiene un grandísimo in-
conveniente. (Bordas 1857: VI)
Se desprende de la cita que Bordas considera de primordial
importancia que los alumnos asimilen primero el metalenguaje
gramatical. A ello se añade la práctica de la escritura, enfocada
como composición y como traducción. A través de los ejercicios
quiere que los alumnos comparen las dos lenguas, que reco-
nozcan las similitudes y las diferencias y que lleguen “á pensar
en castellano” (Bordas 1857: IX).
188
Gramáticas castellanas impresas en Cataluña entre 1820 y 1875
6. ALUSIONES INDIRECTAS
Por último, cabe mencionar que dos gramáticas incluyen
alusiones indirectas al contacto de lenguas en el ámbito catalán.
En la Gramática de la lengua castellana (1842), Julián González de
Soto alude en el prólogo a sus experiencias en la enseñanza de
la gramática a niños que no tienen el castellano como lengua
nativa: “[…] las dificultades que la enseñanza y trato de niños,
especialmente catalanes y franceses, me ha suministrado” (Gon-
zalez de Soto 1842: I). El autor, “[d]irector del Colejio de Figue-
ras”, como se lee en la portada de la gramática, no es ningún
desconocido en la enseñanza19.
En la segunda, la Gramática elemental de la lengua castellana
(1857), no hay ninguna observación sobre la situación lingüís-
tica o sobre los conocimientos de castellano de los alumnos en
los textos preliminares. Pero el autor, José Giró y Roma20, da
por entendido que los alumnos dominan el catalán, ya que
aprovecha estos conocimientos cuando trata de explicar la orto-
grafía de la hache en castellano:
Todas las palabras que en catalán tienen f por inicial, y su equiva-
lente castellana comienza con vocal, deben escribirse con h: v. gr. horno,
de forn, harina, de farina, hijo, de fill. Hemos puesto aquí esta regla porque
no siendo perjudicial á nadie, es de mucha utilidad á los que pueden
aprovecharse de ella, que no son pocos, pues ademas de los habitantes
de Cataluña, se aprovechan del mismo modo todos los valencianos,
mallorquines y los aragoneses fronterizos del Principado. (Giró 1857:
290, n.1)
En cambio, en los textos preliminares, cuando habla de
“nuestro idioma” y “nuestros clásicos”, etc., Giró se refiere al
castellano y los clásicos castellanos, respectivamente.
19 Julián González de Soto (Ejea de los Caballeros, Zaragoza, 1803-Barce-
lona, 1864) ingresó en 1818 en la Congregación de San Vicente de Paúl, supri-
mida entre 1835 y 1852, y de la cual fue expulsado en 1856. Encabezó diversas
iniciativas educativas en Madrid, Barcelona y Vitoria y dirigió el Colegio de
Figueras (1839-1845) (cf. García Folgado 2015; “Somos vicencianos” 2012).
20 RACAB, bajo la forma catalana de su nombre: Josep Giró i Roma (1823-
1900), profesor de la Escuela normal superior de Barcelona, miembro de la
Sociedad filomática y la Sociedad Económica de Amigos del País de Barcelona.
En 1863, ingresó en la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona, ejer-
ciendo de director de la Sección de Ciencias Fisicomatemáticas (1867-1896). Fue
vicepresidente del Congreso pedagógico celebrado en 1888 en Barcelona.
189
Jenny Brumme/ Beatrice Schmid
7. A MODO DE CONCLUSIÓN
Partiendo de los paratextos de veinticuatro gramáticas caste-
llanas publicadas entre 1820 y 1875 en Barcelona, Reus, Figue-
res, Lleida, Tarragona y Vic, nos preguntamos si éstas eviden-
cian de alguna manera el contacto entre las dos lenguas en
Cataluña. En comparación con las gramáticas catalanas (cf.
Schmid 2014), sorprende la escasez de reflexiones: sólo cuatro
autores de cinco gramáticas hacen mención explícita del contac-
to entre el catalán y el castellano. Además, hay que subrayar
que los autores lo presentan casi exclusivamente como proble-
ma pedagógico y didáctico, es decir, en términos de dificultad
en la enseñanza del castellano, que, a su vez, consideran indis-
pensable para los catalanes siendo la lengua nacional. Sin em-
bargo, es interesante que los gramáticos estudiados describen el
castellano como lengua ignorada (“extranjera”) por la mayoría
de los catalanes. Corroborando investigaciones anteriores (cf.
Ginebra 2012; Brumme 1997; Kailuweit 1997), se aprecia que la
Überdachung o, incluso, la sustitución del catalán por el castella-
no y su relegación a la esfera doméstica es un proceso paulatino
y se retrasa a lo largo del siglo. De esta manera, en el siglo XIX
se dan dos tendencias diametralmente opuestas, la de la paula-
tina recuperación del catalán a partir de la Renaixença y la de la
superposición del castellano sobre el catalán.
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194
Dossier:
México multicultural:
Una mirada a la creación en
lenguas indígenas mexicanas
Yancuic tlahtolli: literatura contemporánea en
lenguas indígenas mexicanas ©
Cristina Mondragón Universität Bern
Paralelamente a la literatura mexicana más conocida —la es-
crita en español—, en diversas regiones de la República la crea-
ción artística verbal en idiomas originarios se ha mantenido
como heredera de una rica y muy antigua tradición. No podría
ser de otra manera en un país donde viven alrededor de 7
millones de personas mayores de cinco años que hablan alguna
de las sesentaiocho lenguas indígenas reconocidas oficialmente
como nacionales1. Se trata de una minoría de hablantes —la
población total de México en 2015, según el Instituto Nacional
©
Boletín Hispánico Helvético, volumen 32 (otoño 2018): 197-202.
1 El Diario Oficial de la Federación, el 14 de enero de 2008, publicó un catálogo
donde describe los objetivos, procedimientos de catalogación y definiciones,
entre otros datos, con los que se formó este documento. Ahí quedaron consig-
nadas “a) las 11 familias lingüísticas indoamericanas que tienen presencia en
México con al menos una de las lenguas que las integran; b) las 68 agrupaciones
lingüísticas correspondientes a dichas familias; y c) las 364 variantes lingüísticas
pertenecientes a este conjunto de agrupaciones”: Instituto Nacional de las Len-
guas Indígenas (INALI): Catálogo de lenguas indígenas nacionales: variantes lingüís-
ticas de México con sus autodenominaciones y referencias geoestadísticas, México, Dia-
rio Oficial de la Federación, 14-I-2008, [Link]/nota_to_doc.php?cod
nota=5028329 (cons. 2-XII-2018). En la página del INALI se puede consultar la
Clasificación de lenguas indígenas 2010, publicada por el INEGI, que, con datos del
censo de ese año, “contempla 95 lenguas, reunidas en 42 grupos de 13 familias
lingüísticas […] 136 lenguas agrupadas como otras lenguas indígenas de Méxi-
co […] [y] 103 lenguas agrupadas como otras lenguas indígenas de América”,
más una clave para otras no especificadas. Instituto Nacional de Estadística y
Geografía: Clasificación de lenguas indígenas 2010. México: INEGI, 2014, p. 5.
Cristina Mondragón
de Estadística y Geografía (INEGI), era de 119.938.473 personas,
hoy se calculan más de 120 millones— cuyas lenguas apenas
alcanzaron el rango de nacionales en el año 2003 mediante la
emisión de la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pue-
blos Indígenas (LGDLPI), y que cuenta con escritores cuya va-
lía, también, apenas en los últimos cincuenta años se ha comen-
zado a considerar como igual a la de los hispanohablantes.
Las vicisitudes que sufrieron los pueblos mesoamericanos
desde la invasión española provocaron que, quinientos años
más tarde, muchos de sus idiomas nativos hayan muerto y
otros tantos se encuentren en peligro de desaparición; también
que, dada la discriminación que han sufrido los hablantes y
creadores indoamericanos, el mismo concepto de “literatura in-
dígena” fuera puesto en duda durante siglos por la cultura do-
minante. De hecho, no fue sino hasta mediados del siglo XX que
comenzó una recuperación sistemática de textos prehispánicos
y coloniales, en buena medida de la mano de Ángel María Gari-
bay, a quien “se le debe, sobre todo, la primera exploración
científica y traducción de textos coloniales en náhuatl”2, aunque
su trabajo filológico pasó siempre por el tamiz de su formación
eurocéntrica, propia de la época:
[c]omo traductor humanista, su empeño en ver retratada una cultu-
ra y literatura clásicas en los, a menudo, crípticos manuscritos del ná-
huatl colonial, cosa que en su tiempo ya se le criticó, debe entenderse en
un contexto de enorme desdén por lo indígena y de admiración por lo
europeo, y obedece a su anhelo de ver incorporada la cultura mesoame-
ricana a las grandes civilizaciones de la humanidad.3
A su afán de reconocimiento para la lengua y la literatura
antiguas de México debemos algunas de las más importantes
obras del siglo pasado, pioneras en el proceso de reivindicación
cultural mesoamericana, como su Poesía indígena de la altiplanicie
(1940), Poesía náhuatl en tres volúmenes (1964-1967) o la magna
Historia de la literatura náhuatl en dos volúmenes (1953-1954).
La extraordinaria labor del padre Garibay encontró terreno
fértil en la vida académica y en su estudiante más prolífico y re-
conocido, Miguel León-Portilla, quien se ha ocupado no sólo de
continuar el camino abierto por su antecesor, sino también de
promover el conocimiento de la literatura mesoamericana con
2 Payàs, Gertrudis: «Ángel María Garibay», en: Enciclopedia de la literatura en
México (ELEM), [Link] (cons. 2-XII-2018), s.v.
3 Ibid.
198
Yancuic tlahtolli
un importante trabajo de difusión. Sólo como ejemplo, su anto-
logía Trece poetas del mundo azteca, editada por primera vez por
la UNAM en 1967, para la década de los 80 se había convertido
ya en libro de lectura, si no oficialmente sí de hecho, obligatoria
en el bachillerato mexicano. Este volumen, que a muchos nos
acompañó durante la juventud y nos mostró la riqueza de la
poesía en lengua náhuatl, ha crecido a Quince poetas del mundo
náhuatl y se sigue publicando ahora bajo otro sello editorial.
Otras de las obras del profesor Miguel León-Portilla que han
mostrado el nivel de las culturas indoamericanas y las han colo-
cado a la altura de las antiguas europeas y asiáticas son La filo-
sofía náhuatl estudiada en sus fuentes de 1956 (tesis doctoral), La
visión de los vencidos de 1959 y El reverso de la conquista: relaciones
aztecas, mayas e incas de 1964, Los antiguos mexicanos a través de
sus crónicas y cantares de 1961, Toltecáyotl: aspectos de la cultura
náhuatl de 1980 o La tinta roja y negra. Antología de poesía náhuatl
de 2009. A esto hay que sumar los numerosos cursos que ha im-
partido en la Universidad Nacional Autónoma de México, de la
cual es profesor emérito y, lo pertinente para esta presentación,
el apoyo que desde sus múltiples puestos ha brindado a los
creadores contemporáneos de literatura en lenguas originarias.
Así, quizás la mejor muestra —como si aún hiciera falta—
de la continuada existencia de una literatura indígena queda re-
sumida en Antigua y nueva palabra. Antología de la literatura meso-
americana desde los tiempos precolombinos hasta el presente, prepa-
rada en conjunto por León-Portilla y el estadounidense Earl
Shorris (†2012)4 que incluye, además de la conocida literatura
colonial náhuatl y maya, ejemplos de los siglos posteriores a la
invasión y una importante muestra de la “Nueva palabra”: Yan-
cuic tlahtolli. Este voluminoso trabajo pone de manifiesto una
larga historia eclipsada por el canon dominante, el desconoci-
miento y el desdén, pero también por la dificultad de acceso a
los productos artísticos y el escaso apoyo por parte de las auto-
ridades culturales que durante años tuvieron los creadores
mesoamericanos.
Es a la Yancuic tlahtolli que dedicamos este breve dossier, que
ha sido posible gracias a la colaboración de tres investigadores
que continúan la labor de recuperación, defensa y estudio de la
Nueva palabra. José Alejos García inicia con un artículo sobre el
4 Esta antología fue “[p]reparada en colaboración conmigo y con nuestras
respectivas esposas, Sylvia y Ascensión, [y] apareció primero en inglés con el
título de In the Language of the Kings (Nueva York, W. W. Norton, 2003)”: León-
Portilla, Miguel: «Earl Shorris (1936-2012)», Estudios de cultura náhuatl, 44 (julio-
diciembre 2012), pp. 369-372, cito p. 371.
199
Cristina Mondragón
debate acerca de la oralidad y la literatura, o la literaturidad de
la creación oral. Con la poesía maya de Briceida Cuevas Cob,
Silvia Canché Cob y Margarita Kú Xool como trasfondo, Alejos
García pone sobre la palestra los prejuicios que la teoría litera-
ria suele tener ante la oralidad y defiende las diferencias funda-
mentales entre una tradición literaria occidental centrada en el
'yo' y el encuentro con un 'tú' exclusivamente humano, y la
maya donde el diálogo incluye también una relación íntima con
la naturaleza. Expone la necesidad de reconocer los rasgos dis-
tintivos e influencias de una expresión que se inspira en la mile-
naria historia cultural maya, que continúa la tradición oral en la
escritura y que vive en diálogo con la cultura occidental.
Sigue a esta discusión el artículo de Pilar Máynez sobre uno
de los problemas más evidentes para la difusión de las literatu-
ras indígenas: la traducción. Particularmente, esta investigado-
ra pone énfasis en el traslado de una obra escrita originalmente
en una lengua minoritaria no reconocida a la dominante y vice-
versa: muestra cómo los escritores indoamericanos contempo-
ráneos tienen el doble trabajo de creación y recreación de su
propia obra, más el trasvase de una a otra visión de mundo que
toda traducción implica, pero que en estos casos trae consigo la
impronta de la inequidad. Ahora bien, este fenómeno ha lleva-
do, por otra parte, a la profesionalización del oficio del traduc-
tor indígena y al reconocimiento de esta doble y complicada
tarea. Una cosa por otra. Además, Máynez también pone en re-
lieve el reconocimiento que el siglo XXI ha traído para la crea-
ción en lenguas indígenas, enfrentado aún a los prejuicios por
su vertiente oral y por la ignorancia de sus mecanismos poéti-
cos y su diversidad.
Finalmente, Krisha Naranjo Zavala escribe sobre la vitalidad
de las lenguas mesoamericanas en un universo multicultural y
plurilingüístico que incluye hoy novedosas manifestaciones
además de poéticas y narrativas, en géneros musicales como el
rock o el rap. Consecuentemente con el origen de estos géneros
músico-literarios que nacieron con un espíritu contestatario y
de denuncia, en sus versiones tzotzil o maya aparecen como
herramienta de reivindicación étnica y de crítica social. En este
mismo tenor, Naranjo Zavala aborda también, con base en una
interesante muestra de poetas en lengua maya, la aparente con-
tradicción de la escritura femenina al interior de las comunida-
des, entre la defensa de la tradición y la visión crítica en torno a
la situación de la mujer.
A pesar de todos los obstáculos, felizmente las literaturas en
náhuatl, maya, tzotzil, tzeltal, chol, yaqui, cora, seri, chontal,
mixe, mazateco, mixteco, zapoteco y más lenguas han entrado
200
Yancuic tlahtolli
al siglo XXI con un nuevo apoyo institucional y con plataformas
que aprovechan para mostrarse como lo que son: una parte
fundamental de la cultura mexicana contemporánea. Progra-
mas de televisión como La raíz doble de Mardonio Carballo, él
mismo poeta nahuatlahto que entrevista a creadores indígenas,
o programas de radio por internet, que hasta hace un par de
años no podían transmitirse en otra lengua que el español, se
están convirtiendo en defensores reales de los derechos lingüís-
ticos5. Grupos como Sak Tzevul (rock tzotzil), Vayijel (rock
metálico tzotzil), Slajem K'op (hiphop y rap tzotzil), Xipe Totec
(death metal náhuatl), Mikistli (metal náhuatl) o Hamac Caziim
(rock seri) prueban que la creación mesoamericana está más
viva que nunca y que se ha incorporado a la modernidad sin
complejo alguno.
Para cerrar este preámbulo, agradezco sinceramente la ama-
bilidad de Krishna Naranjo Zavala, Pilar Máynez y José Alejos
García, que respondieron a la invitación para colaborar con este
dossier, y al Boletín Hispánico Helvético por su interés en difundir
la multiculturalidad mexicana.
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Federación, 14-I-2008, [Link]/nota_to_doc.php?codnota=
5028329 (cons. 2-XII-2018).
5 Hasta mayo de 2016, la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifu-
sión prohibía la transmisión de contenidos en lenguas diferentes del español
aduciendo que éste es el “idioma nacional”; sin embargo, gracias al decreto
publicado en el Diario Oficial de la Federación el 1 de junio de 2016, el artículo
230, sección I, capítulo II de la LFTR, quedó modificado de la siguiente manera:
“En sus transmisiones, las estaciones radiodifusoras de los concesionarios
podrán hacer uso de cualquiera de las lenguas nacionales de conformidad con
las disposiciones legales aplicables. Las concesiones de uso social indígena
podrán hacer uso de la lengua del pueblo originario que corresponda”: «Ley
Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión», Instituto de Investigaciones
Jurídicas UNAM, [Link]
ley-federal-de-telecomunicaciones-y-radiodifusio n#30668 (cons. 4-XII-2018).
201
Cristina Mondragón
León-Portilla, Miguel: «Earl Shorris (1936-2012)», Estudios de cultura
náhuatl, 44 (julio-diciembre 2012), pp. 369-372.
Payàs, Gertrudis: «Ángel María Garibay», en: Enciclopedia de la litera-
tura en México (ELEM), [Link]
(cons. 2-XII-2018).
202
Literatura maya de tradición oral1 ©
José Alejos García Instituto de Investigaciones Filológicas-
Centro de Estudios Mayas
Universidad Nacional Autónoma de México
INTRODUCCIÓN
El propósito de este artículo es abordar el tema de la litera-
tura oral de los pueblos mayas, partiendo de una discusión del
término literatura y de su relación con la creación estética de
tradición oral. Argumento en favor del término literatura oral,
considerando la larga historia de su conceptualización por
parte de especialistas en la materia, la actualidad de su uso en
diversos campos de la investigación humanística, así como su
significación en el cuestionamiento del canon literario por parte
de las reivindicaciones culturales mayas. La pertinencia de esta
discusión consiste en que se trata de un arte verbal que en
realidad presenta una situación ambigua en la esfera de los
estudios literarios; pues si bien cuenta con un amplio recono-
cimiento de su naturaleza artística, es un hecho que ha quedado
excluido del campo de la literatura, desde que ésta se estableció
como una institución cultural y autónoma en Occidente, gene-
rando su propio canon, mismo que ha definido desde entonces
lo que es y lo que no es literatura. En este sentido, resulta inte-
resante constatar la emergencia de la “voz popular” de las cul-
turas indígenas, que está irrumpiendo con fuerza en el ámbito
©
Boletín Hispánico Helvético, volumen 32 (otoño 2018): 203-219.
1 Una primera versión de este artículo fue presentada como ponencia en la
IV Mesa Redonda del Mayab, Mérida, Yucatán, 15 de octubre de 2016.
José Alejos García
literario, cuestionando el canon establecido por la institución
literaria, y reivindicando su literatura, oral y escrita.
El otorgamiento del Premio Nobel de literatura al cantautor
norteamericano Bob Dylan se ha perfilado como un inusitado
acontecimiento que puso de manifiesto un giro trascendental en
la institución literaria mundial. Por un lado, esta designación
vino a cuestionar fuertemente el canon literario, al incluir como
literatura una tradición poético-musical representada por Dy-
lan, cercana por cierto al campo de la tradición oral. Considero
que este cuestionamiento responde efectivamente a un movi-
miento crítico contemporáneo contrario al canon artístico, que
incluye, por supuesto, a la literatura. Por otro lado, el que Dy-
lan represente a la canción de protesta2 es igualmente relevante,
tanto por marcar el giro crítico que se está produciendo en el
canon, como por su asociación con el espíritu contestatario de
las literaturas indígenas.
En un artículo de 2013 dedicado al análisis de la lírica de tres
poetisas mayas yucatecas contemporáneas, Óscar Ortega Aran-
go destaca los aportes y continuidades de esta literatura e iden-
tifica su distinción respecto de la tradición occidental. El autor
enmarca el tema de su ensayo reconociendo un movimiento de
revitalización cultural generado por escritores indígenas de
América que “están incursionando con fuerza en el espectro
literario y, en particular, en el género poético”3. El surgimiento
de escritores indígenas en Yucatán, nos dice, se encuentra vin-
culado a políticas culturales de instituciones de gobierno, espe-
cíficamente a los talleres literarios y al fomento de las lenguas
indígenas, orientados a la reflexión sobre la identidad étnica, la
recopilación de tradición oral y la promoción cultural y la do-
cencia. Asimismo, considera que la publicidad (mercadeo) de
las obras producidas se encuentra orientada hacia el origen
étnico de los autores, más que hacia la calidad, género o pro-
puesta de las obras, lo cual “puede ser síntoma de una inserción
particular dentro de la dinámica interna del sistema ideológico/
cultural que programa dicha manifestación”4. Ortega Arango
considera que todo ello no garantiza la autorreflexión y ejerce
una notable presión en el circuito literario5, limitando la capaci-
2 Véase la edición impresa del periódico La Jornada del 14 de octubre de
2016.
3 Ortega Arango, Óscar: «El laberinto literario de las poetas mayas yucate-
cas contemporáneas», Estudios de cultura maya, XLII (2013), pp. 147.
4 Ibid., p. 149.
5 “[…] el hecho de que un texto sea escrito por un autor maya (es decir, que
el autor «real» asuma una identidad étnica y cultural determinada) no significa
que dicha producción estética proponga una reorganización o una reflexión
204
Literatura maya de tradición oral
dad creativa, y orientando la recepción de la obra por parte del
lector6:
Se puede afirmar que la labor de creación poética, vista desde el
perfil de un género literario, está influenciada por los talleres literarios
que se desarrollaron en la Península de Yucatán en los últimos años y
mediante los cuales se realizó un distanciamiento y una incorporación
de diversos elementos de la tradición occidental.7
Tomando en cuenta lo anterior, el autor analiza la poesía de
Briceida Cuevas Cob, Silvia Canché Cob y Margarita Kú Xool,
no sin antes reconocer que “la poesía lírica tiene una historici-
dad amplia como subgénero poético preeminente dentro de la
tradición maya”8, y caracterizando la poesía lírica como la rea-
lización de un deseo de autoafirmación del poeta, siendo uno
de sus elementos principales “el convertirse en una forma de
expresión ubicada desde el «yo» subalternizado frente al dis-
curso homogéneo de una cultura impuesta a partir de un deseo
de autoafirmación”9. Concluye el ensayo considerando que en
los poemas analizados encuentra la actualización de una mile-
naria sabiduría maya, así como un aporte “de la mujer maya a
la literatura, no sólo de su propia comunidad, sino del corpus
literario universal”10. En efecto, la muestra examinada permite
al autor reconocer una diferencia fundamental respecto de la
tradición literaria occidental, al establecer la autoafirmación del
“yo” no centrada en el encuentro con un “tú” exclusivamente
humano, sino en íntima comunión con la naturaleza. La tradi-
ción occidental, nos dice, separó al hombre del mundo natural,
“en la construcción del individualismo propio del mundo occi-
dentalizado”11:
Diferente a estos procesos evidentes en la historia de la lírica occi-
dental, la lírica maya contemporánea, expresada en las tres poetas men-
cionadas en este ensayo, se dirige, en una forma novedosa de apropia-
ción de dicha tradición, a clamar la fusión con el “tú” (totalidad), pero
que no se expresa únicamente en el amado, sino en la naturaleza. Lo
sobre las configuraciones culturales y simbólicas propias de su etnia” (ibid., p.
149).
6 Ibid., pp. 149-150.
7 Ibid., pp. 151-152.
8 Ibid., p. 152.
9 Ibid., p. 154.
10 Ibid., p. 158.
11 Ibid., p. 164.
205
José Alejos García
anterior invita e impulsa al lector de la poesía maya contemporánea a
no mirar en estos textos una simple reelaboración de la tradición lírica
occidental o una sencilla recopilación de antiguas tradiciones, sino un
constructo simbólico diferente e insinuante que invita a leer/vivir el
mundo desde una perspectiva cultural maya contemporánea.12
Del ensayo de Ortega Arango quiero resaltar algunos ele-
mentos de especial interés. Por un lado, el análisis de destaca-
das poetisas maya yucatecas pone de relieve la originalidad de
sus obras, como un aporte significativo a la literatura universal
y como un ejercicio de autorreflexión que enriquece y actualiza
la cultura maya. Ese aporte consiste en la afirmación de la fun-
damental relación entre humanidad y naturaleza, en contraste
con el individualismo y la tajante oposición entre ambos térmi-
nos que caracteriza al pensamiento occidental. El autor recono-
ce que esta producción literaria maya fue impulsada por las
políticas indigenistas del Estado mexicano, y que esas mismas
políticas han impreso un sesgo “étnico” en los creadores y en la
recepción del mercado literario. Sin embargo, el valor y la origi-
nalidad de esta propuesta literaria radica en estar inspirada en
una milenaria historia cultural maya, en valores, ideas y visio-
nes del mundo contenidas ya en los arcaicos géneros literarios
de su tradición oral, de donde se nutren los literatos mayas en
su actual producción escrita. De esta manera, el autor confirma
la continuidad de una tradición literaria y el valor de su pro-
puesta para el mundo contemporáneo. Ortega Arango muestra
cómo la literatura maya contemporánea es resultado de la
actualización de una herencia cultural previa, de una literatura
oral que hoy se vuelve escritura, sin que por ello desaparezca
del acervo ideológico de los mayas, sino que permanece como
una forma paralela de la creación estética verbal de la cultura.
Es interesante señalar que los resultados de Ortega Arango
coinciden con otro estudio efectuado por Francisco Ligorred
Perramon (2000), quien realiza un análisis de destacados escri-
tores y poetas mayas de la península de Yucatán, en donde
igualmente sostiene que se trata de una literatura escrita que
actualiza una milenaria tradición literaria, tanto oral como es-
crita, que representa las voces populares, comunitarias, y expre-
sa una resistencia étnica frente a la cultura occidental dominan-
te:
12 Ibid., pp. 165-166.
206
Literatura maya de tradición oral
creaciones contemporáneas que ponen de manifiesto la resistencia
étnica de los mayas a través de la construcción de un lenguaje poético
inspirado en la tradición, pero destinado a constituirse en un elemento
esencial para la revitalización cultural maya futura.13
Así pues, en ambos estudios encontramos la afirmación de
la existencia de una literatura oral perteneciente a una antigua
tradición cultural y que ahora se expresa y proyecta también en
forma escrita. Como veremos a continuación, el problema con-
siste en que, en el campo de la institución literaria misma, el tér-
mino literatura oral enfrenta serios cuestionamientos.
ORALIDAD Y LITERATURA
El término de literatura oral, entendido como creación estéti-
ca verbal y como expresión artística de la cultura, ha sido reco-
nocido como un objeto específico de investigación por parte de
importantes estudiosos de la antropología, la lingüística y los
estudios literarios desde hace mucho tiempo, aunque su estatu-
to como “literatura” continúa siendo un tema de controversia,
especialmente en los medios e instituciones literarias.
Desde los estudios pioneros del folclor de las culturas llama-
das “primitivas” o “tradicionales”, pero también de las “civili-
zaciones antiguas”, se reconoció el carácter artístico de ciertos
géneros narrativos de tradición oral, y se emplearon términos
como los de folclor literario, folclor narrativo, poesía popular, poesía
oral, literatura oral y, más recientemente, etnoliteratura, etnopoé-
tica, oralitura, entre otros. Así también, se propusieron esque-
mas de clasificación y definición de géneros, en gran medida
inspirados en los estudios literarios de la cultura occidental,
como el cuento, la fábula, la leyenda, el drama o la épica. Un
ejemplo paradigmático de investigación de la narrativa oral
tradicional, considerada como literatura oral, es la dedicada al
cuento maravilloso del sabio ruso Vladimir Propp, quien desta-
có el carácter poético del mismo, así como la necesidad de una
investigación en profundidad acerca del problema del estilo,
con el fin de definir su especificidad14. Cabe resaltar la adscrip-
13 Ligorred Perramon, Francisco: «Literatura maya-yukateka contemporá-
nea (tradición y futuro)», Mesoamérica, 39 (2000), p. 334.
14 Propp, Vladimir: Morfología del cuento. Madrid: Fundamentos, 1977, pp.
131, 134. Véase al respecto, Alejos García, José: «Tradición y literatura oral en
Mesoamérica. Hacia una crítica teórica», en: Clark, Belem/ Curiel, Fernando
(coords.): Filología mexicana. México: UNAM, 2001, pp. 293-320.
207
José Alejos García
ción de Propp a la corriente formalista de estudios literarios
surgida en Rusia a inicios del siglo XX, así como la importancia
que esta corriente dio a la estética de la oralidad y a su presen-
cia en la literatura escrita. Por su parte, Lévi-Strauss15 también
empleó el término de literatura oral al referirse a la narrativa
indígena, re-conociendo en Propp a un precursor de esos estu-
dios.
También siguiendo las consideraciones pioneras de Propp,
Jakobson16 dedicó cierta atención a la naturaleza artística de las
creaciones verbales folklóricas, estableciendo criterios para sus
distinciones respecto a la literatura escrita. Según Jakobson, una
diferencia esencial entre el folclor y la literatura es la relación
específica del primero hacia la lengua, mientras la segunda lo
hace respecto del habla (tradición/improvisación). Este autor
también enfatizó las diferencias en el nivel funcional, y advirtió
sobre la tendencia de aplicar las tipologías literarias a las for-
mas folklóricas, considerando que los géneros deberían definir-
se en relación a la comunidad específica que los crea.
El término literatura oral ha sido objeto de una interesante
polémica entre los especialistas desde entonces. Así, en su obra
Oralidad y escritura (1987), Walter Ong se dedica a explicar las
diferencias absolutas entre ambas, criticando duramente el tér-
mino, argumentando que éste es resultado de una ideología
textualizada, y que la etimología latina de literatura se refiere
estrictamente a la escritura, a la letra del alfabeto, y no a sus
verbalizaciones orales. Ong considera el término literatura oral
como un concepto “monstruoso”, contradictorio, absurdo y
anacrónico, pero admite que, sin embargo, “sigue circulando
hoy en día aun entre los eruditos”17. Su argumento en contra
del término se basa en la etimología de la voz latina LITTERA,
mediante la cual distingue radicalmente oralidad de escritura.
“Considerar la tradición oral o una herencia de representación,
géneros y estilos orales como «literatura oral» es algo parecido
a pensar en los caballos como automóviles sin ruedas”18, nos
dice Ong. De igual manera, considera una deformación el refe-
rirse a la producción oral como un “texto”, ya que quienes
saben leer utilizan el término por analogía con la escritura19. En
15 Lévi-Strauss, Claude: Antropología estructural. México: Siglo Veintiuno
Editores, 1979, pp. 114, 128-130.
16 Jakobson, Roman: «Le folklore, forme spécifique de création», en: Jakob-
son, Roman: Questions de poétique. Paris: Éditions du Seuil, 1973 [1929], p. 70.
17 Ong, Walter: Oralidad y escritura. Tecnologías de la palabra. Trad. de Angé-
lica Scherp. México: Fondo de Cultura Económica, 1987, pp. 20-21.
18 Ibid., p. 21.
19 Ibid., p. 22.
208
Literatura maya de tradición oral
tal sentido, propone referirse a las creaciones orales como “for-
mas artísticas exclusivamente orales”, aunque reconoce que,
quizás, nunca se logre ganar la batalla en contra del término
literatura oral.
En mi opinión, la batalla de Ong no podrá ganarse mientras
la crítica se base en la raíz etimológica del término, simple-
mente porque cuando se habla de “literatura”, al menos en el
idioma español20, más que una referencia a su significado eti-
mológico o a su forma escrita, se está haciendo referencia a su
contenido artístico, al “arte verbal”, o bien a su codificación ins-
titucional, es decir, al hecho de ser reconocida por una institu-
ción social como “literatura” al interior de determinada socie-
dad. En efecto, un criterio común parte de la etimología latina
LITTERA (letra) para definir como literarias las obras artísticas es-
critas y de autoría individual. Esa definición concuerda con el
grueso de la producción contemporánea, mas no da cuenta de
la totalidad del fenómeno literario, pues deja fuera una impor-
tante y antigua porción de la creación estética verbal. Es el caso
de lo producido originalmente en forma oral, cuya autoría no se
limita a la de un autor individual, sino que incluye las creacio-
nes estéticas de una comunidad cultural. Así, en su estudio de-
dicado a la poesía oral, Zumthor señala la existencia de un viejo
prejuicio estético según el cual la producción de todo lenguaje
artístico es identificada con la escritura21. Sin embargo, dice, en
tal caso lo “literario” es definido “en referencia a una institu-
ción, a un sistema de valores especializados, etnocéntricos y
culturalmente imperialistas […] pero oralidad no significa ser
iletrado”22. Al interrogarse acerca de si la poesía oral debería
considerarse literatura, el autor afirma que no debe darse una
respuesta a priori, pues ello depende de la percepción interna
del grupo y de un discurso social al respecto. Debe valorarse la
función social, la recepción y la inserción del texto al interior de
la sociedad de la cual proviene23.
Por su parte, en su estudio sobre la tradición oral y la iden-
tidad cultural, Jean-Claude Bouvier, Henry-Paul Bremondy,
20 Cabe reconocer que en idioma inglés el término literature presenta un sen-
tido más amplio, y es común su empleo para referirse a cualquier tipo de escri-
tura, o a un cuerpo de escritos sobre un tema en particular. En tal sentido, en el
título original de la obra de Ong, Orality and Literacy, el último término se refie-
re más bien a los conceptos de escrituralidad y alfabetismo.
21 Zumthor, Paul: Oral Poetry. Minneapolis: University of Minnesota Press,
1990, p. 4.
22 Ibid., pp. 16s.
23 Ibid., pp. 27s.
209
José Alejos García
Philippe Joutard, Guy Mathieu y Jean-Noël Pelen afirman la
pertinencia del término literatura oral, al cual caracterizan me-
diante tres rasgos distintivos que lo diferencian del discurso
oral no literario:
ella [la literatura oral] es resultado de una “elaboración artística”,
rasgo que comparte con la literatura escrita; seguidamente, y sobre
todo, ella es a la vez “tradicional” y “colectiva” […]. Asimismo, el dis-
curso de la literatura oral es un discurso “fijado” (“fixé”), o más bien
“semifijado”, en el cual la improvisación sólo puede ser parcial.24
De hecho, uno de los argumentos empleados para incluir las
creaciones orales artísticas como literatura es el concepto mis-
mo, que ha cambiado con los años, con una marcada tendencia
a incluir las tradiciones orales y los textos arcaicos. En el
Dictionnaire des termes littéraires dirigido por Hendrik van
Gorp25 encontramos que, si bien etimológicamente el término
proviene del latín ‘escritura’, es decir aquello que concierne a
las letras, se considera vano tratar de fijar el concepto de litera-
tura en una definición universal, ya que éste varía y no cesa de
evolucionar. El concepto moderno fue elaborado a fines del
siglo XVIII, a la vez que el sistema literario adquiría una auto-
nomía cada vez mayor. En tal sentido, se afirma que puede con-
siderarse literario todo texto verbal que cumple una función es-
tética al interior de una cultura determinada, incluso con inde-
pendencia de las intenciones de su autor.
Otra interesante perspectiva teórica fue planteada por Lud-
wig Söll, quien cuestiona el canon literario al criticar el reduc-
cionismo inherente a la oposición binaria oralidad/literatura, ya
que por sí misma no da cuenta de la complejidad del fenómeno.
A fin de resolver el problema, el autor señala una distinción
fundamental entre dos aspectos de la naturaleza de un texto:
por un lado, su medio de transmisión, que puede ser fónico o
gráfico, y por el otro lado el aspecto conceptual, que puede ser
oral o escrito. De acuerdo con ello, un texto escrito puede ser
conceptualmente oral, como podría ser el caso de una carta in-
formal o un “chat”, mientras que un texto oral puede ser “escri-
tural” desde el punto de vista conceptual, como de hecho ocu-
24 Bouvier, Jean-Claude/ Bremondy, Henry-Paul/ Joutard, Philippe/
Mathieu, Guy/ Pelen, Jean-Noël: Tradition orale et identité culturelle. Problèmes et
méthodes. Paris: Éditions du Centre National de la Recherche Scientifique, 1980,
p. 24. Traducción mía.
25 Gorp, Hendrik van (et al.): Dictionnaire des termes littéraires. Paris: Honoré
Champion, 2005, p. 281.
210
Literatura maya de tradición oral
rre con los textos de la tradición oral, los cuales se encuentran
altamente codificados26.
Entre los principales defensores del uso de literatura oral
como un término de referencia conveniente para las creaciones
verbales artísticas de las culturas nativas del mundo entero se
encuentran los antropólogos y etnolingüistas. Esto se manifiesta
claramente en el reciente estudio de Worley27 sobre la narrativa
oral de los mayas de Yucatán, en donde el autor cuestiona la
oposición oralidad/literatura, enfatizando la importancia de los
contextos performativos y la naturaleza crítica de esa produc-
ción literaria. En el mismo sentido, en su estudio dedicado a la
lingüística y la literatura indígenas de Norteamérica, Bright
afirma, al igual que los autores precedentes, la pertinencia del
uso del término literatura para la creación oral:
“Literatura” se refiere al cuerpo de discursos o textos que, en cual-
quier sociedad, es considerado valioso de ser diseminado, transmitido y
preservado en una forma esencialmente constante. En nuestra sociedad
típicamente asociamos literatura con el soporte escrito, sin embargo,
aquellas obras compuestas originalmente por escrito pueden ciertamen-
te ser ejecutadas oralmente, como cuando los padres leen en voz alta a
sus hijos, o cuando los poetas ofrecen un recital. Pero, una interrogante
mayor es lo apropiado del término ‘literatura oral’ —frase que para
algunas personas quizás todavía constituye un oxymoron: ¿cómo puede
algo ser litterae y sin embargo ser oral? Sin embargo, el término ha sido
ampliamente empleado para aquella literatura compuesta, transmitida
y ejecutada oralmente: ejemplos bien conocidos son La Ilíada y La Odisea
en sus formas originales, así como la épica aún más extensa de la anti-
gua India.28
El autor concluye definiendo su postura, junto a Burns,
Bright, Tedlock, Hymes y otros autores, quienes han afirmado
que las narrativas orales de los nativos de América deben ser
tomadas seriamente como literatura29.
26 Sobre Ludwig Söll, véase Koch, Peter/ Oesterreicher, Wulf: Lengua hablada
en la Romania: español, francés, italiano. Madrid: Gredos, 2007, pp. 20-21.
27 Worley, Paul: Telling and Being Told. Storytelling and Cultural Control in
Contemporary Yucatec Maya Literatures. Tucson, Arizona: The University of Ari-
zona Press, 2013.
28 Bright, William: American Indian Linguistics and Literature. Berlin/ New
York/ Amsterdam: Mouton, 1984, p. 80.
29 “Quiero agregar mi voz a aquella de Tedlock, Hymes, y otros que han en-
fatizado en que las narrativas orales de los nativos americanos deben ser
211
José Alejos García
CUESTIONANDO EL CANON
En su teoría semiótica, Lotman examina el concepto de lite-
ratura artística mostrando los profundos cambios en su signi-
ficado según el momento histórico y la cultura de que se trate, y
poniendo en evidencia la movilidad de la frontera que separa el
texto artístico del no artístico30. Funcionalmente, dice Lotman,
“será literatura artística todo texto verbal que dentro de los
límites de una cultura dada sea capaz de realizar una función
estética […] un texto que para el autor no entra en la esfera del
arte, puede pertenecer a ella para el investigador, y vicever-
sa”31. Desde el punto de vista de su organización interna, el au-
tor de un texto artístico “lo cifra realmente muchas veces y con
diversos códigos (aunque en casos aislados es posible que el
remitente cree el texto como texto no artístico, es decir, cifrado
una sola vez, y el receptor le atribuya una función artística”32.
Pero en la historia de la cultura ocurren virajes profundos, de
manera que aquello que en un momento se consideró arte pue-
de no serlo en otro momento, y viceversa:
El folclor, excluido de los límites del arte por la teoría del clasicis-
mo, se convirtió en una norma estética ideal para la Ilustración y para
los Prerrománticos […]. Así, no sólo los textos artísticos participan en el
desarrollo artístico. El arte, siendo parte de la cultura, necesita del no-
arte para su desarrollo, justo como la cultura [necesita] de la no-cultu-
ra.33
En tal sentido, Lotman identifica el establecimiento del ca-
non como una función fundamental del arte en la cultura, pero
también posee la función contraria de cuestionar y reformular
el canon:
En la poética histórica se considera establecido que hay dos tipos de
arte […] un tipo de arte está orientado a los sistemas canónicos (el “arte
ritualizado”, el “arte de la estética de la identidad”), y el otro, a la
tomadas seriamente como literatura”, ibid., p. 86. Worley concuerda con esta
opinión, subrayando el carácter contestatario de esta producción literaria.
30 Lotman, Iuri: La semiosfera I. Madrid: Cátedra, 1996, p. 162.
31 Ibid., p. 163.
32 Ibid., p. 165.
33 Ibid., p. 166.
212
Literatura maya de tradición oral
violación de los cánones, a la transgresión de las normas prescritas de
antemano.34
De esta manera, podemos concebir una etapa histórica ante-
rior, en que las tradiciones orales tuviesen la función de esta-
blecer y reproducir el canon (cognitivo, ético, estético) en el
interior de la cultura indígena, pero en el momento actual estén
cumpliendo la función inversa de cuestionar el canon, en este
caso literario, especialmente en la sociedad nacional. Pueblos
indígenas que propugnan por un reconocimiento de sus cultu-
ras, de su creatividad estética verbal, frente a la literatura escri-
ta del sistema social que los domina y excluye. Por otro lado, y
como bien han señalado varios autores, hoy en día el auditorio
de esa creación estética verbal no lo son sólo los miembros de la
comunidad indígena, sino que se ha abierto a la sociedad en su
conjunto, y la labor de los mismos indígenas, de antropólogos,
lingüistas y literatos que se han encargado de comunicarla y
difundirla, ha sido de traducción, orientada justamente a la va-
loración de la misma como arte, y en ese sentido, es un movi-
miento dirigido al cuestionamiento del canon literario. En la
misma perspectiva habría de considerarse la producción indí-
gena de literatura escrita, como hemos visto para el caso de las
poetisas mayas.
De hecho, las literaturas de los mayas son un terreno intere-
sante para poner a prueba nuestras ideas teóricas. Por más de
dos mil años, ellos han mantenido y cultivado una herencia cul-
tural, cuyas huellas se encuentran en los restos arqueológicos,
pero también en una rica tradición oral y escritural que sus
actuales descendientes han logrado conservar viva. Por demás
está decir que los mayas, tanto los de la antigüedad como los
contemporáneos, han sido el centro de atención de uno de los
mayores esfuerzos de investigación en las humanidades y cien-
cias sociales, y que gracias a ello contamos con un riquísimo
acervo de documentación que nos brinda una perspectiva histó-
rica muy amplia de la trayectoria civilizatoria de su cultura. Por
un lado, el descubrimiento reciente del “código maya” ha per-
mitido lecturas epigráficas de un vasto número de textos escri-
tos de la antigüedad. Una fascinante historia de héroes, reinos,
guerras y logros científicos ha empezado a surgir a la luz, junto
con el creciente reconocimiento de los estudiosos acerca de las
cualidades estéticas de algunas de esas antiguas escrituras, pre-
sentes no sólo en sus aspectos verbales, sino en la plasticidad de
34 Ibid., p. 182.
213
José Alejos García
la escritura glífica en sí misma35. Dennis Tedlock es uno de esos
estudiosos dedicados al estudio de la cultura maya que procla-
man la existencia de una rica y antigua tradición literaria, que
aún se encuentra a la espera de un estudio y reconocimiento
apropiados:
Ha llegado la hora de dar un paso adelante y proclamar que la lite-
ratura existió en América antes de la llegada de los europeos —no sólo
la literatura oral, sino una literatura visible. Hasta ahora, muy poco se
ha publicado para sostener esa afirmación. Se han efectuado muchos
desciframientos, pero muy poco en el sentido de la traducción. Parte del
problema consiste en que el desciframiento está orientado por objetivos
lingüísticos más que literarios.36
Como ya mencioné al inicio, Francisco Ligorred Perramon,
especialista en literatura maya yucateca, afirma la existencia de
una milenaria “tradición literaria maya”, “una literatura sabia,
porque sabio es su pasado”37, manifiesta tanto en su tradición
oral como en la escritura jeroglífica, en los textos coloniales y en
la literatura maya contemporánea. El autor considera que la
literatura contemporánea maya es “producto de la tradición y
no un experimento o un descubrimiento de los antropólogos y
lingüistas”38 y que se caracteriza por ser una expresión de “re-
sistencia étnica […] a través de la construcción de un lenguaje
poético inspirado en la tradición, pero destinado a constituirse
en un elemento esencial para la revitalización cultural maya fu-
tura”39. En relación a la literatura maya colonial, Ligorred con-
sidera representativas las obras conocidas como Chilam Balam, y
afirma que estas obras literarias provienen directamente de la
tradición oral, y tuvieron un uso y un valor cultural exclusivo
de la propia comunidad maya. “Sin duda alguna, los textos del
[Chilam Balam] de Chumayel, más o menos adulterados, pro-
vienen directamente de antiguos cantos o relaciones poemáticas
que de padres a hijos fueron bajando, repetidos de memoria,
35 Véanse Houston, Stephen: «Literacy among the Pre-columbian Maya: A
Comparative Perspective», en: Hill Boone, Elizabeth/ Mignolo, Walter (eds.):
Writing Without Words. Alternative Literacies in Mesoamerica and the Andes.
Durham/ London: Duke University Press, 1996, pp. 27-49 y Tedlock (2010),
entre otros.
36 Tedlock, Dennis: 2000 Years of Mayan Literature. Berkeley/ Los Angeles:
University of California Press, 2010, p. 1.
37 Ligorred Perramon (2000), op. cit., p. 357.
38 Ibid., p. 335.
39 Ibid., p. 334.
214
Literatura maya de tradición oral
hasta los días de la dominación española”40, afirma, recuperan-
do a Mediz Bolio. Sin embargo, considera el autor que, por su
importancia literaria, los Cantares de Dzitbalché constituyen “una
preciosa ilustración de la lírica maya”, donde se explicita la
antigüedad de sus orígenes, y cuya lectura “ha influenciado a
varios poetas mayas de la actualidad que reconocen en dicho
texto valores étnicos y poéticos propios”41.
En cuanto a la literatura oral de los mayas, Ligorred señala
que ésta ha sido documentada abundantemente por viajeros e
investigadores, aunque su publicación se ha visto limitada. Ha
sido material de una recreación poética maya, que ha funcio-
nado como un “sustento para la resistencia cultural”42 y gracias
a una serie de proyectos oficiales de gobierno ha ocurrido una
“proliferación de escritores mayas”, inspirados en esta litera-
tura tradicional. Un lugar donde se refleja esta influencia de la
tradición oral, nos dice el autor, es en determinados recursos
literarios, como las fórmulas para el cierre del relato, el recono-
cimiento de un narrador, el empleo de metáforas, paralelismos,
difrasismos, paranomasias, aliteraciones, armonía vocálica, así
como el desarrollo de temas culturales propios, como la concep-
ción del tiempo, del sueño y de una serie de valores culturales43.
Ligorred concluye reconociendo que
[l]a poesía vendría a ser el género por excelencia de la literatura
maya […] [la cual] juega un papel parecido a la literatura oral; esta últi-
ma sigue conservando un fuerte arraigo popular (leyendas, rituales…)
pero la poesía escrita logra conjugar en sus versos aspectos de la tradi-
ción cultural y reivindicaciones étnicas […] es evidentemente una poe-
sía plural, comunitaria, popular.44
Hasta tiempos recientes, el estudio de las tradiciones orales
mayas era concebido como un asunto de “folclor”, como textos
remanentes de épocas pasadas, de interés para aquellos estu-
diosos dedicados a la reconstrucción de una civilización extinta.
Pero tal concepción está sufriendo cambios radicales, y mucho
del llamado “folclor oral” está siendo reconocido como litera-
tura, tanto por los estudiosos como por los mismos mayas. Ello
marca un giro radical en el estatuto de estas creaciones verba-
40 Ibid., p. 340.
41 Ibid., p. 342.
42 Ibid., pp. 345-346.
43 Ibid., pp. 348-354.
44 Ibid., p. 356.
215
José Alejos García
les. Como se indicó anteriormente, la percepción del auditorio
es una parte importante de la concepción de literatura, y en este
sentido estamos siendo testigos de la emergencia de una litera-
tura oral, en parte debido al reconocimiento de un auditorio de
alcance mundial. Este reclamo de reconocimiento es comparti-
do con otros pueblos indígenas, tales como los quechua de
Sudamérica45, quienes también reclaman para sí la existencia de
una antigua tradición literaria, en términos de los aspectos con-
ceptuales de sus creaciones orales.
Por otro lado, encontramos también la emergencia de escri-
tores y poetas mayas, cuyos trabajos no sólo están siendo reco-
nocidos como artísticos, sino que adoptan una postura crítica
con respecto a la institución literaria46. De hecho, hay artistas
que toman su inspiración de su propia tradición cultural, pero
que también crean y experimentan con nuevos tópicos y géne-
ros, empleando sus propias lenguas, pero también escribiendo
en las lenguas dominantes, como una manera de romper las
barreras culturales. Worley (2013) lo plantea claramente al afir-
mar que
los hombres y mujeres [mayas] que escriben literaturas indígenas
como relatos de historias lo hacen a manera de desestabilizar el presti-
gio de la palabra escrita y llaman la atención de los lectores hacia las
vibrantes realidades de esta otra tradición literaria no occidental.47
Así pues, nos encontramos frente a un amplio movimiento
artístico e ideológico, orientado no sólo al establecimiento de
las antiguas y modernas creaciones verbales mayas como litera-
tura, sino que al hacerlo, se orientan hacia el cuestionamiento
de la institución académica y buscan producir un impacto en el
canon literario mismo. Este movimiento está causando cambios
interesantes en la esfera literaria en los escenarios nacionales y
mundiales, como puede observarse en la inclusión de las “lite-
raturas orales” y las “artes étnicas” en concursos, festivales y
premios artísticos.
45 Véanse Espino Relucé, Gonzalo: La literatura oral o la literatura de tradición
oral. Lima: Pakarina Ediciones, 2010; García, Gustavo: La literatura testimonial
latinoamericana. (Re)presentación y (auto)construcción del sujeto subalterno. Madrid:
Editorial Pliegos, 2003; Lienhard, Martin: La voz y su huella. México: Casa Juan
Pablos Editores, 2003; Houston (1996), op. cit.
46 Véanse Burns, Allan: An Epoch of Miracles: Oral Literature of the Yucatec
Maya. Austin: University of Texas Press, 2011; Ligorred Perramon (2000), op.
cit.; Ortega Arango (2013), op. cit.; Tedlock (2010), op. cit.; Worley (2013), op. cit.
47 Worley (2013), op. cit., p. 2, traducción nuestra.
216
Literatura maya de tradición oral
CONCLUSIONES
De esta breve exposición, podemos rescatar algunos puntos
esenciales. Por un lado, la comprensión de la literatura como
“creación estética verbal” nos permite incluir como tal a las
obras artísticas de la oralidad indígena. Por otro lado, vemos
cómo la exclusión de ésta como literatura ha obedecido, en gran
medida, a los criterios institucionales que han fijado el canon,
apoyados principalmente en el contraste entre escritura y orali-
dad. Pero retomando el punto de vista de Lotman sobre el pa-
pel del arte en la cultura, podemos reconocer que éste también
posee el poder de cuestionar y modificar el canon, y que en la
actualidad la literatura oral parece estar produciendo ese efecto.
Cuestionar lo canónico es un movimiento al interior del arte
que coincide con las actuales reivindicaciones de reconocimien-
to por parte de los artistas indígenas, y en un nivel más amplio,
de las culturas indígenas a nivel mundial. El empleo mismo del
término “literatura oral” por parte de académicos puede enten-
derse como un gesto en el mismo sentido. En términos de Mijaíl
Bajtín (1982), podemos interpretarlo como un movimiento re-
volucionario, como una respuesta dialógica de las voces popu-
lares, aquellas de las culturas indígenas, hacia el dominante e
imperialista régimen de la literatura occidental. El caso nos re-
cuerda que todas las voces tendrán su momento de resurrec-
ción en el Gran Tiempo, y esta vez, el momento ha llegado para
las voces mayas.
Para finalizar, considero que en este importante esfuerzo
por estudiar, valorar y difundir las literaturas orales indígenas
es necesario reconocer tanto aquellos rasgos distintivos de sus
propias tradiciones culturales y su sentido contestatario, pero
también ponderar las marcas, las influencias y la relación dialó-
gica que aquéllas guardan con la cultura occidental y sus insti-
tuciones en el curso de su propio desarrollo.
BIBLIOGRAFÍA
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219
Creación y recreación en la literatura en lenguas
indígenas.
Aproximaciones lingüísticas a mundos diversos ©
Pilar Máynez Facultad de Estudios Superiores Acatlán
Universidad Nacional Autónoma de México
El mundo ya gira conmigo, / ya me va abriendo sus puertas.
Puedo escuchar a quienes hablan, /a quienes ríen, a quienes lloran.
Voy descubriendo el misterio del mundo.
El mundo ya gira conmigo, / me enseña y me habla.
Porque yo conozco la lengua del mundo.
Porque yo conozco la lengua del cerro,
del trueno, del árbol y del día.
Porque yo conozco la lengua del sol.
Porque yo conozco la lengua de la piedra,
de la tierra, de la flor y de la noche.
Porque yo conozco la lengua de la estrella.
Porque yo conozco la lengua de la luna,
de la nube, del mar y de la muerte…
(Juan Gregorio Regino, Conozco la lengua del mundo*)
1. EN TORNO AL QUEHACER TRADUCTOLÓGICO Y SU RELACIÓN CON
EL ENTORNO CULTURAL
George Steiner, en su multicitado libro Extraterritorial. Ensa-
yos sobre literatura y la revolución lingüística advierte que, “[…] de
todos los hombres, el escritor es quien de manera más evidente
©
Boletín Hispánico Helvético, volumen 32 (otoño 2018): 221-233.
* Gregorio Regino, Juan: «Conozco la lengua del mundo», Círculo de poesía.
Xochitlájtoli, [Link]
(cons. 2-VII- 2018).
Pilar Máynez
encarna el genio, el Geist, la esencia de su lengua materna”1, y
más adelante prosigue:
De ahí que a priori resulte extraña la idea de un escritor lingüística-
mente «sin casa», la idea de un poeta, novelista, dramaturgo que se
sienta como en casa ajena al manejar la lengua en que escribe, que se
sienta marginado o ubicado vacilantemente en la frontera.2
Steiner se refiere al bilingüismo como la capacidad de expre-
sarse con naturalidad en la lengua materna y, por ejemplo, en
latín y francés, de igual forma que lo hicieron las elites europeas
durante un tiempo hasta las postrimerías del siglo XVII. Cita,
en concreto, el caso de Samuel Beckett (1906-1989) quien domi-
naba tanto el inglés como el francés, y advierte que no sabemos
en cuál de ellas escribió originalmente sus obras. Abunda en la
estrecha relación lingüística que estableció con ambos idiomas
la cual se evidenció al traducir los juegos de palabras, e incluso,
los chistes elaborados por él previamente; su bilingüismo per-
fecto le permitió encontrar la fuerza expresiva, las connotacio-
nes y el contexto social precisos para trasladarlos de la lengua
de origen a la meta; así, en el Segundo Acto de Esperando a
Godot tradujo magistralmente la serie continua y creciente de
insultos, donde queda al descubierto la pericia del autor para
recrear los procesos expresivos del francés original al inglés3;
por tanto, el escritor irlandés logró trasladarse, de igual modo,
en dos sistemas sin ser extraño en ninguno de ellos; pudo recu-
brir apropiadamente los matices que permitían el accelerando de
las injurias que requerían determinadas escenas en la lengua de
llegada: “Andouille! Tordu! Crétin! Curé! Dégueulasse! Micheton!
Ordure! Archi…tecte!” a “Moron! Vermin! Abortion! Morpion!
Stewerrat! Curate! Cretin! Critic!”4.
Steiner destaca, de este manera, la indiscutible destreza de
Samuel Beckett en el uso simultáneo de dos sistemas lingüísti-
cos diferentes, factor peculiar si se considera la premisa de la
que parte respecto a que el escritor está enraizado en “[…] los
ritmos del lenguaje que se encuentran por debajo de la sintaxis
formal […] y en captar las múltiples connotaciones y los recón-
ditos ecos de un idioma que ningún diccionario contiene”5. El
1 Steiner, George: Extraterritorialidad. Ensayos sobre literatura y la revolución
lingüística, trad. de Francisco Rivera. Barcelona: Barral Editores, 1973, p. 15.
2 Ibid., p. 16.
3 Ibid., p. 32.
4 Idem.
5 Ibid., p. 29.
222
Creación y recreación en la literatura en lenguas indígenas
escritor es, desde su punto de vista, una persona eficiente, de
manera activa, en varias lenguas; más aún, un ser extraordina-
riamente competente en ellas6. Pero también, este ser avezado
en la estructura de diferentes sistemas, debe conocer el contexto
social para lograr establecer los significados exactos y las con-
notaciones; debe moverse en mundos diferentes que son recu-
biertos por formas lingüísticas igualmente distintas. Y esto nos
conduce al siguiente aspecto a tratar: Al ser la lengua el modo
de acceso a una cultura determinada, el escritor transita no sólo
entre significantes y significados de diferentes códigos, de es-
pectros semánticos precisos, sino entre mundos diversos. Cada
lengua representa una manera específica de ver el universo,
constituye un prisma a través del cual se accede a él.
En relación con el carácter creativo y conformador del len-
guaje que orienta el modo de comprender y aprehender los ele-
mentos que configuran nuestra realidad y nuestro entorno cul-
tural, se habían pronunciado Wilhelm von Humboldt (1767-
1835) y, antes que él, Joseph G. Herder (1744-1803). El primero
se refería a una fuerza espiritual que dirigía la forma7 lingüística
de un pueblo; ambas, al igual que lo había propuesto anterior-
mente Herder, estaban estrechamente relacionadas. Humboldt
explicaba: “[…] El lenguaje es, puede decirse, la manifestación
externa del espíritu de los pueblos. La lengua de éstos es su es-
píritu, y su espíritu es su lengua”8. No obstante, admitía líneas
después, que: “[…] La verdadera manera como ambos coinci-
den en una fuente común, inasequible a nuestros conceptos,
permanece para nosotros oculta e inexplicable”9.
6 George Steiner también se detiene en el experimento inter e intralingüís-
tico de Nabokov que se pone de relieve, por ejemplo, en Lolita, así como en el
universalismo de Borges. Ambos autores evidenciaron un profundo conoci-
miento de las posibilidades expresivas de las lenguas por las que transitaron.
7 Término que aparece profusamente en la obra de Wilhelm von Humboldt.
“[…] El concepto de la forma de las lenguas va mucho más allá de las reglas por
las que se traba el discurso, y aun de las que presiden la formación de las pala-
bras, al menos en la medida en que bajo estas últimas suele comprenderse la
aplicación de categorías lógicas universales como acción y resultado, sustancia,
accidente, etc. a las raíces y palabras básicas. El concepto de la forma tiene su
más auténtica aplicación en el dominio de la formación de las propias palabras
básicas y conviene de hecho aplicarlo preferentemente a él, es que se aspira a
conocer de verdad la esencia de la lengua”: Humboldt, Wilhelm von: Sobre la
diversidad de la estructura del lenguaje humano y su influencia sobre el desarrollo espi-
ritual de la humanidad, trad. y pról. de Ana Agud. Barcelona: Anthopos, 1990, pp.
68-69.
8 Ibid., p. 60.
9 Idem.
223
Pilar Máynez
El estrecho vínculo lengua-cultura y pensamiento, posterior-
mente considerado y ampliado por otros autores como Ernst
Cassirer10 y por los antropólogos lingüistas norteamericanos, se
suscribe así, en primera instancia, a la idea humboldtiana de
que:
La producción del lenguaje constituye una necesidad interna de la
humanidad; no es algo necesitado sólo externamente para el sosteni-
miento del trato en las comunidades, sino que forma parte de la natura-
leza misma de los hombres, y es indispensable para el desarrollo de sus
capacidades espirituales y para acceder a una concepción del mundo a la
que el hombre sólo puede llegar en la medida en que va llevando su
pensamiento hacia una mayor claridad y determinación, lo que es fruto
de pensar en comunidad con los demás.11
2. DOS LENGUAS, DOS MUNDOS Y LA CONCEPTUALIZACIÓN
LITERARIA
Sirva el anterior referente teórico para introducir el tema que
en especial trataremos en este artículo relacionado con la mane-
ra en que los escritores actuales en lenguas indígenas mexicanas
se enfrentan al arduo proceso de creación, o en su caso recrea-
ción, de relatos emitidos por siglos en sus distintas comunida-
des, y cómo éstos son transvasados, ya sea al español o de éste a
su particular lengua materna. El escritor chol Domingo Mene-
ses Méndez12, quien se ha ocupado del tema de la traducción y
sus implicaciones conceptuales y culturales13, explica sobre lo
anterior:
10 Georges Mounin, al referirse a la traducción y las “visiones del mundo”,
retoma el pensamiento de Cassirer en el sentido que venimos planteando: “El
mundo no es [solamente] comprendido y pensado por el hombre por medio del
lenguaje; su visión del mundo, y su manera de vivir en esta visión están ya
determinadas por el lenguaje”. Mounin, George: Los problemas teóricos de la tra-
ducción, trad. de Julio Lago Alonso. Madrid: Gredos. 1977, p. 60.
11 Humboldt (1990), op. cit., p. 32. Las cursivas son nuestras.
12 Desconocemos el año de nacimiento.
13 Meneses Méndez continúa hasta la fecha con esta reflexión teórica. Véase
su artículo «Palabras o conceptos. La traducción en las lenguas mayas de Méxi-
co», [Link]
PALABRAS-O-CONCEPTOS-La-Traduccion-de-La-Lenguas-Mayas-de-Mexico
(cons. 2-VII-2018).
224
Creación y recreación en la literatura en lenguas indígenas
La forma particular de interpretar el mundo por la lengua, presta
mucho que decir para el trabajo de la traducción que implica para el
traductor conocer las dos lenguas y comprender los dos mundos para
que pueda realizar el trabajo más o menos razonable, porque en esto no
basta con sólo conocer las estructuras gramaticales de la segunda len-
gua, sino conocer a su vez los diferentes contextos en que una palabra
adquiere significado; esto queda determinado por las condiciones de
cada grupo social.14
Y es que, en efecto, cada lengua imprime determinados
aspectos que le son relevantes biológica y semióticamente. Cada
lengua está asociada al pensamiento y la cultura que representa
a través de formas y estructuras precisas, y esta premisa ha
estado presente en las reflexiones de los escritores indígenas.
Carlos Montemayor (1947-2010) lo explica al referirse en espe-
cial a la producción poética maya de Gerardo Can Pat (1957-
1994)15. Montemayor destaca que este autor emplea, de manera
insistente, la palabra k´aaytuukul para aludir a sus “cantos de
pensamiento”. No obstante, ésta no comporta correlatos exactos
en español que connoten el sentido de inspiración y arrepenti-
miento, implícitos en la lengua de origen pues este último no
puede concebirse sin castigo, ni dolor en el espectro semántico
de la lengua meta. En maya, en cambio, “arrepentirse” significa
literalmente ‘regresar al pensamiento’, que no se asocia con el
sentido de punición sino con el reencuentro de uno mismo, un
retorno a la propia mente. Al respecto Carlos Montemayor
explica que prefirió traducir uno de los poemas de Can Pat
—pues algunos escritores no traducen siempre sus poemas—
como «El muchacho que regresa» y no como «El muchacho
arrepentido», porque retorna a su mente y también por su cer-
canía al concepto del ‘hijo pródigo’. Lo mismo ocurre con el
último verso del poema «Teech yeten ten», en español «Tú y
yo», que tradujo como “si volviera a ti tu pensamiento” en lu-
gar de “si te arrepientes”16.
14 Meneses Méndez, Domingo: «La visión del escritor indígena sobre sus
escritos», en: Montemayor, Carlos (sel.): Los escritores indígenas actuales II, Ensa-
yo. México: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1992, pp. 31-32.
15 Dice Montemayor a la letra: “Mente o pensamiento tiene una función im-
portante en muchos aspectos de identidad, de individualidad y de conciencia”.
Montemayor, Carlos: Cantos del corazón. México: Instituto Nacional Indigenista
y Secretaría de Desarrollo Social (Colección Letras Mayas Contemporáneas 2),
1993, p. 11.
16 Ibid., p. 12.
225
Pilar Máynez
Montemayor comenta, asimismo, la manera en que procedió
para captar la esencia del pensamiento maya en los significan-
tes y significados del español, en fin, en cómo procedió en el
traslado de dos poemas de Can Pat, «A tu belleza» y «La veo en
mis sueños», con el fin de restituir en español la visión del
mundo indígena del cual procedía. Sobre los diferentes procedi-
mientos de realizar el transvase de uno a otro idioma volvere-
mos posteriormente, al referirnos a dos casos específicos.
Los escritores indígenas actualmente crean sus composicio-
nes en su lengua materna, considerada, las más de las veces en
forma errónea y despectiva como “dialecto”17; ésta es vertida a
otra, es decir, a la del grupo social de prestigio, a la implantada
finalmente por los conquistadores y portadora de una recono-
cida tradición literaria, con el objeto de que sus creaciones pue-
dan ser difundidas en mayor escala. Además de su ardua tarea
de creación, estos autores se enfrentan con prejuicios lingüísti-
cos que nada tienen que ver con la estricta terminología cientí-
fica del medio en que es concebida su producción literaria;
dicha situación resulta totalmente diferente a la referida en el
caso antes mencionado de Samuel Beckett, cuya alternancia lin-
güística se encontraba en condiciones simétricas debido al pres-
tigio tanto del inglés como del francés. Beckett incursionó indis-
tintamente en dos lenguas que contaban con igual preponde-
rancia y con un sistema ortográfico convenido, situación esta
última que aún no logra normalizarse en las lenguas nacionales
de México. Los actuales escritores indígenas, además, deben
vencer los mitos y prejuicios que impiden la aceptación plena
de su producción artística, deben enfrentar recelos que ponen
en duda la pertenencia al ámbito literario de su producción de
distinto género. Julieta Campos, al internarse en el estudio que
aquí nos compete, explica que: “Si entendemos, sin embargo,
que esos relatos o poemas que se comunican de una generación
a otra no son en lo esencial de naturaleza diversa a la literatura
hay que aceptar que todos los pueblos y todas las culturas, aun
las más arcaicas, tienen literatura”18. No obstante, lo que nos
interesa señalar aquí es que, como en el caso de Beckett, estos
17 Dialecto es una variedad de lengua que se habla en una determinada
zona, es una modalidad determinada regionalmente de un idioma concreto; por
tanto, resulta imposible que las lenguas originarias sean dialectos del español
puesto que su origen y su tipología son muy distintos. En: Máynez, Pilar: Breve
antología de cuentos indígenas. Aproximación a la narrativa contemporánea. México:
Universidad Nacional Autónoma de México/ Instituto de Investigaciones Histó-
ricas, 2004.
18 Campos, Julieta: La herencia obstinada, análisis de cuentos nahuas. México:
Fondo de Cultura Económica, 1982, p. 20.
226
Creación y recreación en la literatura en lenguas indígenas
autores transitan de su lengua originaria al español o viceversa
con la misma destreza, sólo que ellos tienen que enfrentar la
resistencia de quienes no advierten en sus composiciones, por
prejuicio o desconocimiento, los elementos necesarios que las
asocian con la literatura.
La inequidad en cuanto a su lengua materna y el español
dentro de determinados ámbitos sociales y culturales ha preo-
cupado a los escritores indígenas. En su poema Didxazá, «El
zapoteco», Gabriel López Chiñas (1911-1983) expresa, con desa-
zón, que esta lengua está por desaparecer debido a que el grupo
poderoso de la región prefiere comunicarse en español. Se con-
duele del desdén de algunos hacia su idioma: “Ay, zapoteco,
zapoteco, / quienes te desprecian / ignoran cuánto / sus madres
te amaron”, pero concluye alentadoramente declarando que
sólo se extinguirá cuando muera el Sol19.
Distinto tono detenta el poema «Pueblo mío» del poeta mixe
Ángel Flores Alcántara20. En la primera y más extensa estrofa
evoca, de manera conmovedora, a su terruño mediante el em-
pleo de la anáfora con la que insistentemente se refiere a él.
“Pueblo mío que, / al escuchar tu música /, hace que mis lágri-
mas broten / como el agua de tus montañas. Pueblo mío que en
tus fiestas / unes a mi gente”21. En el segundo apartado, de
menor longitud que el primero como ocurre con las estrofas del
resto del poema, sostiene que su gente no se dejó vencer nunca,
que jamás se pudieron someter sus creencias ni su lengua.
Líneas después Flores Alcántara asegura, a través de la anáfora
o reiteración ahora con el pronombre personal “tú”, que hace
referencia, por igual, a la historia y tradiciones de su pueblo, e
insiste asimismo en su religión y lengua. En las últimas estrofas,
advierte que aunque se imponga el español, su entrañable te-
rruño se erguirá majestuoso e imperecedero22.
Por otra parte, resulta interesante la apreciación, desde la
perspectiva temporal, del poeta Natalio Hernández (n. en 1947)
19 López Chiñas, Gabriel: «Poemas zapotecos», El Nacional, 10-I-1990, p. 7.
20 No contamos con los datos de su nacimiento.
21 Flores Alcántara, Ángel: «Pueblo mío», en: León-Portilla, Miguel/ Shorris,
Earl: Antigua y Nueva palabra. Antología de la literatura mesoamericana desde los
tiempos precolombinos hasta el presente. México: Aguilar, 2004, p. 805. Pelayo H.
Fernández explica que “[l]a anáfora reitera una o varias palabras al comienzo
de frases análogas o al principio de cada verso […]. Estas figuras se basan en el
efecto del ritmo sobre la sensibilidad humana. La reiteración de las palabras es
síntoma de interés, emoción o énfasis, atrae la atención y hace más intenso el
significado”. Fernández, Pelayo H.: Estilística. Estilo, figuras estilísticas y tropos.
Madrid: José Porrúa Turanzas, 1975, p. 40.
22 Ibid., pp. 805-806.
227
Pilar Máynez
respecto a la cultura y lengua originarias. Una revisión historio-
gráfica nos permite identificar las transformaciones valorativas
de Hernández. En su poema Na ni indio “Yo soy indio”, confor-
mado por once estrofas de tres versos, el poeta originario de
Naranjo Dulce, Veracruz, emplea la anáfora —que consiste en
la repetición de una o varias palabras, en este caso “yo soy
indio”— para encabezar cada uno de ellos y establecer la iden-
tidad del “yo” lírico y lo que ésta ha implicado en el transcurso
de la historia. La primera parte del poema advierte que “otros”,
“los blancos”, impusieron el término de indios a los habitantes
originarios; en el segundo apartado, lo que dicha palabra signi-
fica para el autor: su origen, su cultura y la posibilidad de un
renacer pleno23. No obstante, Hernández experimenta tiempo
después una reconciliación con la lengua española que llegó a
imponerse en el vasto territorio de la actual República Mexica-
na alternando con la diversidad lingüística indígena, que afor-
tunadamente todavía prevalece:
Hoy sabemos que somos ricos porque tenemos muchas lenguas
mexicanas y la lengua española que también es nuestra, porque nos
une.
En nuestro país necesitamos ver a la lengua española como un
Ahuehuete que nos da sombra y cuyas ramas se extienden para comu-
nicarnos. Un árbol maravilloso que se nutre y fortalece de las lenguas
mexicanas, las lenguas del Anáhuac; ñahñú, maya, zapoteco, rarámuri,
tojolabal, náhuatl, purépecha, en fin, las más de 50 lenguas que perma-
necen vivas.
Todas estas lenguas le dan raíces, le dan rostro propio, le dan iden-
tidad a la lengua española que hablamos en México.24
3. LA TRADUCCIÓN DE REALIDADES Y QUIMERAS, EL INCESANTE
QUEHACER
La literatura en lenguas indígenas se puede definir como el
conjunto de composiciones de diverso género, escritas en verso
o en prosa, concebidas en alguno de los idiomas originarios o
en español y después traducidas generalmente por su autor de
uno a otro sistema. Estas obras pueden reproducir textos pro-
pios de la oralidad transmitidos por generaciones en determi-
23 Véase Máynez, Pilar: Lenguas y literaturas indígenas en el México contempo-
ráneo. México: Universidad Nacional Autónoma de México/ Instituto de Inves-
tigaciones Históricas, 2003, p. 79.
24 Hernández, Natalio: «Noiuhqui toaxca caxtilan tlahtolli. El español tam-
bién es nuestro», Estudios de cultura náhuatl, 30 (1999), s. p.
228
Creación y recreación en la literatura en lenguas indígenas
nadas comunidades y fijarlos en la escritura alfabética latina
con un estilo más depurado al empleado en la cotidianidad, o
bien expresar la resonancia colectiva o personal de una preocu-
pación social e íntima que experimenta el autor25.
Ahora bien, a continuación comentaremos someramente la
forma en que concibieron y tradujeron dos escritores nahuas
sus composiciones, por ser la lengua indígena que en particular
conocemos. Se trata, en primer lugar, de un relato que alude a
la fundación de un pueblo. Se debe a Luisa Bautista Bautista26 y
se intitula Tlatempoualistli tlen nochinanko Texoloc, «Narración de
mi comunidad Texoloc». Julieta Campos pregunta, en su dis-
quisición sobre el tema, de dónde proceden los mitos y la rela-
ción que guardan éstos con los cuentos y responde al respecto
que las motivaciones del mito están estrechamente asociadas
“al restablecimiento o a la preservación de una unidad original
con el cosmos y con la comunidad”27; ésta ha generado, como
consecuencia, una serie de relatos en la literatura en lenguas
indígenas. Luisa Bautista, por su parte, cuenta en un estilo ágil
y llano, los orígenes de su pueblo, enclavado en el municipio de
Xochiatipan y también explica la conformación etimológica del
topónimo Texoloc que significa “piedra” y “desnuda”, motivada
porque los antepasados encontraron una losa en forma de mu-
jer desnuda cerca de su comunidad. Refiere el cotidiano trans-
currir de sus mil habitantes, la manera de comunicarse en su
lengua indígena y en español, y el modo en que celebran la
fiesta principal de la Santa Concepción el 7 y 8 de diciembre.
Asimismo, narra la festividad del día de muertos llamada Xan-
tolo —que comienza el 30 de octubre y termina el 3 de noviem-
bre— cuando se colocan en el altar “pan, naranja, café, cacahua-
te, camote, yuca, plátano, lima, copalero, morral, tamales, mole,
copal, caña, piloncillo, cera, entre otras cosas”28. La autora hace
hincapié en la necesidad de continuar cultivando sus tradicio-
nes —que asegura estar perdiéndose—, y concluye invitando a
los lectores a visitar Texoloc donde no existen “las enfermeda-
des, porque siempre está limpio el lugar y sus alrededores”29.
La versión en náhuatl de este breve relato está escrita en
ortografía moderna, cercana a la realización fonética de la len-
25 La definición es nuestra.
26 No contamos con los datos de su nacimiento.
27 Campos (1982), op. cit., p. 26.
28 Bautista Bautista, Lucía: «Narración de mi comunidad Texoloc. Tlatem-
poualistli tlen nochinanko Texoloc», en: Ueyi Domingo, Tiankistonali. Domingo gran-
de, Día de Plaza. México: Poder Ejecutivo del Estado de Hidalgo, 2015, p. 107.
29 Ibid., p. 106.
229
Pilar Máynez
gua, por lo que aparece solo l para denotar el sufijo absoluto
nominal (tlali), la k ante la vocal a (moskaltia) y la j para indicar
saltillo (ojtli), tan característico de la lengua mexicana, y que
difiere de la ortografía empleada en el náhuatl clásico30. Ésta
antecede a su traducción al español y guarda estrecha corres-
pondencia con el estilo sencillo que ostenta su corta narración.
Como sucede con el cuento de Luisa Bautista, encontramos mu-
chos otros dentro de la literatura indígena contemporánea que
aluden a los orígenes y al diario transcurrir de sus comunida-
des, aunque también existen algunos que explican el origen del
cosmos. Entre ellos tenemos, como sostiene Carlos Montema-
yor, el del escritor Samuel Payán que narra el principio del
mundo y de los tarahumaras, hijos del Sol (Raienari) y de la
Luna (Mecha), y de qué forma ellos, para poder cumplir cabal-
mente con su encomienda en la tierra como sus padres lo hacen
en el cielo, deben experimentar los efectos del peyote (jicuri) y
avanzar en el fortalecimiento de su alma para convertirse en
verdaderos rarámuris31.
Por otra parte, hemos elegido para comentar en este espacio,
asimismo, Mochalchiuh yau, «Tu chalchihuite se va» del etnó-
logo Alfredo Ramírez Celestino, originario de Xalitla, Guerrero
(1954-2016). Este poema, de tono intimista, en el que incide
constantemente el término chalchihuite, de ricas connotaciones
en la cultura indígena y con el cual se imprimen ciertos efectos
rítmicos, plantea las sensaciones y experiencias vividas por el
ser amado con el que se encuentra en plena consonancia. Lo
anterior se evidencia en: “Aman nicnequizquia nichocaz mohuan /
ihuanzepan tica tequizquian xochime ica tixayo”, “Ahora quisiera
llegar a llorar contigo / y que juntos reguemos las flores con
nuestras lágrimas”. De mayor calado literario que el texto ante-
rior en prosa, el poema de Ramírez comporta por igual bellas
imágenes y figuras retóricas como la anáfora aman, “ahora”, la
cual antecede recurrentemente a los versos.
Ramírez Celestino logra una atildada manufactura no sólo
en cuanto a la escrupulosidad gramatical, por ejemplo en el
traslado de tiempo y modo de los verbos, sino también en la
reproducción de los efectos estilísticos como los señalados ya.
30 En náhuatl clásico, cuya ortografía fue instaurada por los llamados lin-
güistas misioneros y la cual se sigue empleando entre algunos estudiosos prin-
cipalmente, estos términos se escriben respectivamente tlalli, moscaltia y ohtli u
oʼtli.
31 Véase Montemayor, Carlos: Arte y trama en el cuento indígena. México:
Fondo de Cultura Económica, 1999, pp. 30-31.
230
Creación y recreación en la literatura en lenguas indígenas
Este poema alcanza, sin duda, las metas establecidas a las que
según Umberto Eco se debe aspirar en la tarea de transvase:
El concepto de fidelidad tiene que ver con la convicción de que la
traducción es una de las formas de interpretación y que debe apuntar
siempre, aun partiendo de la sensibilidad y de la cultura del lector, a
reencontrarse no ya con la intención del autor, sino con la intención del
texto, con lo que el texto dice o sugiere con relación a la lengua en que
se expresa y al contexto cultural en que ha nacido.32
4. COMENTARIO FINAL
La literatura actual en lenguas indígenas mexicanas ha veni-
do cobrando notable relieve en las últimas décadas, como ha
sucedido, asimismo, con otras cultivadas en distintas latitudes
de nuestro continente. Los escritores indígenas contemporáneos
han tenido que enfrentar una serie de dificultades adicionales a
su complejo quehacer artístico. Este tiene que ver con los prejui-
cios originados en la vertiente oral a la que fundamentalmente
se ha asociado su producción por siglos y las subsecuentes difi-
cultades derivadas de los procesos de estandarización ortográ-
fica de sus respectivos idiomas. A eso se suma, como ya hemos
señalado, el desigual valor de las lenguas con las que se adscri-
be su particular producción literaria. Como sostiene la novelista
maya Sol Ceh Moo:
La distinción sobre el estatus político y social entre la lengua de
Estado, en este caso el español, y el resto de las lenguas parece pro-
yectarse al mundo de la creación literaria y sin mucha reflexión previa.
Se asume que la literatura en lenguas indígenas se hace en espacios
distintos ignorando la diversidad de mecanismos poéticos, estrategias y
fenómenos detrás de esa categoría que unifica lo heterogéneo al opo-
nerlo al español (cit. pos., Aguilar Gil, 26 de marzo 2015).33
La pujanza de este peculiar movimiento es innegable y sos-
tenida. Inspiradas composiciones, de extraordinaria manufactu-
ra en su mayoría, escritas en verso o en prosa son publicadas
32 Eco, Umberto: Decir casi lo mismo. Experiencias de traducción, trad. de Hele-
na Lozano Miralles. México: Lumen, 2008, p. 22.
33 Cit. en Aguilar Gil, Yasnaya Elena: «¿Literatura? ¿indígena?», Letras libres,
26-III-2015, https//[Link]/mexico-espana/libros/literatura-indigena
(cons. 3-VIII-2018).
231
Pilar Máynez
por entidades estatales y acreditadas editoriales. El oficio tra-
ductológico al que se tienen que enfrentar los escritores bilin-
gües se torna cada vez más riguroso y profesional. Algunos de
ellos, como el galardonado escritor maya Jorge Miguel Cocom
Pech (n. en 1952) y la reconocida poeta zoque Mikeas Sánchez,
han realizado, incluso, cursos de traducción literaria en The
Banff Centre, Banff International Literary Traslation Centre en
Calgary, Alberta en Canadá. También el citado Domingo Mene-
ses Méndez ha estado involucrado plenamente en el tema de la
traducción y la complejidad de lograr una aproximación exacta
frente a temas especializados o muy propios de la cultura en la
que está escrito originalmente el texto. Lo anterior y la ince-
sante actividad de difusión a través de encuentros, recitales y
sobre todo la profusa y variada producción, muchas veces, im-
pecable hacen que la literatura en lenguas indígenas se adscriba
a la corriente actual de la literatura universal.
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233
La palabra multicolor que canta y resignifica el
mundo:
Importancia del estudio de lenguas y literaturas indígenas en
México©
Krishna Naranjo Zavala Universidad de Colima
El objetivo de este trabajo es ofrecer una serie de reflexiones
en torno a la importancia del estudio de lenguas y literaturas
indígenas contemporáneas en México. En un primer momento,
se harán algunas consideraciones sobre los idiomas originarios
de nuestro país, tomando como referencia tanto ciertas expre-
siones musicales, como, principalmente, la literatura indígena
actual. Ambas manifestaciones son latidos vigorosos del pluri-
lingüismo en territorio nacional. Con la intención de trazar un
recorrido por aspectos elementales del tema que nos atañe
—con el ánimo, además, de dotarlo de un matiz creativo— se
parte de dos nociones filosóficas del mundo náhuatl que identi-
fica Patrick Johansson1. Se seleccionaron las siguientes: omeyo-
lloa: “se parte en (o se hace) dos el corazón: la duda”, y tlalna-
miqui: “recuerdo, luego pienso”. Más adelante se desmenuzarán
sus respectivos significados. Se pretende un ejercicio de inter-
polación de las expresiones filosóficas en los temas que nos
©
Boletín Hispánico Helvético, volumen 32 (otoño 2018): 235-252.
1 Patrick Johansson: «Especulación filosófica indígena», Revista de la Univer-
sidad de México, 21 (2005), pp. 69-77. El artículo visibiliza, mediante expresiones
en náhuatl registradas en antiguos mitos cosmogónicos, la profundidad filosó-
fica de esta cultura que contrasta con el pensamiento occidental. Asimismo,
siguiendo a Johansson, ha sido clave el aporte del historiador mexicano Miguel
León-Portilla por advertir y defender el grosor filosófico náhuatl. Basta remitir
a su tesis doctoral: La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes (1956).
Krishna Naranjo Zavala
competen; el primer término recogerá consideraciones sobre
aquellas palabras que ponen “el dedo en la llaga” al denunciar,
desde el sentir del idioma y del imaginario, embates sociales
que históricamente han ceñido a los pueblos indígenas, princi-
palmente.
Se situarán expresiones musicales contemporáneas por re-
presentar posibilidades de fortalecimiento de la lengua y decla-
raciones de identidad. Enseguida, se analizarán algunas claves
derivadas de la literatura indígena contemporánea vistas desde
una recepción mestiza para, a la postre, reparar en rasgos níti-
dos como la veta denunciatoria, la clara presencia de la cosmo-
visión, que nos lleva a colocar el foco en la literatura escrita por
mujeres indígenas debido a razones precisas sin la pretensión
de la exclusiva perspectiva de género y, desde luego, sin pasar
por alto la labor editorial dedicada a esta producción.
México cuenta con 32 entidades federativas. El Instituto Na-
cional de Lenguas Indígenas (INALI) registra 11 familias con
sus 364 variantes en 68 grupos lingüísticos2. De acuerdo con lo
registrado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía
(INEGI) en el 2010, los estados de la República con mayor nú-
mero de hablantes de lenguas indígenas son, en orden decre-
ciente: Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Puebla, Yucatán, Guerrero,
México e Hidalgo; en el primero mencionado se registran más
de un millón, mientras que en Hidalgo, casi 400'000 personas.
La misma fuente también expone cómo ha mermado dramática-
mente el número de hablantes: en 1930, el 16.0 por ciento de la
población de más de cinco años usaba alguna lengua indígena;
entre 1940 y 1950 se dio una baja violenta: 14.8 por ciento y 11.2
por ciento, respectivamente. Lo mismo ocurrió entre 1960, con
10.4 por ciento y 1970 con 7.8 por ciento. Al 2015, 6.6 por ciento
de la población mayor de 5 años es hablante de alguna lengua
originaria3.
Al revisar el artículo segundo de la Constitución Política de
los Estados Unidos Mexicanos, vemos que se reconoce la auto-
nomía de los pueblos originarios para llevar a cabo sus prácti-
cas culturales, resolución de conflictos, elección de autoridades
de gobierno interno, conservación del hábitat y preservación de
las tierras, entre otros. Subrayo la fracción IV del inciso A por
2 Instituto Nacional de Lenguas Indígenas: «Proyecto de Indicadores socio-
lingüísticos de las lenguas indígenas nacionales», [Link], [Link]
[Link]/Micrositios/estadistica_basica/ (cons. 01-IX-2018).
3 Instituto Nacional de Estadística y Geografía: «Lengua indígena», Inegi.
[Link], [Link] (cons. 1-IX-
2018).
236
La palabra multicolor que canta y resignifica el mundo
relacionarse con el presente artículo: “Preservar y enriquecer
sus lenguas, conocimientos y todos los elementos que constitu-
yen su cultura e identidad”4.
¿Cómo se refleja lo anterior en la realidad del país? ¿Cómo
impulsar el interés hacia las lenguas indígenas y sus manifesta-
ciones artísticas? En el campo de las Humanidades encontrare-
mos fructíferas reflexiones y propuestas; la literatura —mexica-
na, en este caso— nos proyecta un semblante del México multi-
cultural y, por ende, plurilingüe. Desde la propia experiencia
como profesora titular de la asignatura “Literatura Prehispá-
nica” en la Universidad de Colima, México, percibo la falta
generalizada de referencias en cuanto a escritores y escritoras
indígenas actuales. Y es que, antes de abordar el emblemático
Nezahualcóyotl o el Popol Vuh, sondeo entre los(as) estudiantes
algún bagaje sobre expresiones literarias, artísticas y culturales
manifestadas en lenguas indígenas. Porque al conocer estas
propuestas contemporáneas, se cobra plena conciencia de que
las voces vivas, casi siempre bilingües, integran y enriquecen el
caleidoscopio cultural de la nación. Enseguida, se inicia la asig-
natura desde tiempos prehispánicos.
Desde la lingüística, sociolingüística y/o antropología, se es-
tudian aquellos factores alrededor de cierta lengua que influyen
en la disminución de su uso o que lo potencializan. Por ejem-
plo, son conocidos los criterios que la UNESCO establece para
evaluar la situación de una lengua, su grado de vitalidad y su
peligro de desaparición, entre ellos: 1) la transmisión intergene-
racional de la lengua, 2) el número absoluto de hablantes, 3) la
proporción de hablantes en la comunidad etnolingüística afec-
tada, 4) las actitudes de los miembros hablantes de la comu-
nidad hacia la lengua, 5) las posibilidades de la lengua de abrir-
se a nuevos ámbitos y a los medios de comunicación, 6) la natu-
raleza y calidad de la documentación disponible de la lengua,
7) la disponibilidad de materiales didácticos para el uso de la
lengua en la enseñanza, así como para su propia enseñanza, 8)
la situación de la lengua en cuanto a los ámbitos en los que se
emplea, y 9) las políticas y actitudes hacia la lengua por parte
del gobierno y las instituciones5.
4 Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Cámara de Dipu-
tados del H. Congreso de la Unión, [Link]
pdf/1_270818.pdf.
5 Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la
Cultura: «Lenguas en peligro», [Link], [Link]
ture/themes/endangered-languages/language-vitality/ (cons. 10-VIII-2018).
237
Krishna Naranjo Zavala
Podemos pensar estos temas a partir de los puntos 4, 5, 6 y 7
que se relacionan con las propuestas musicales y literarias en
lenguas indígenas. Buscar expresarse en el idioma materno es
un síntoma positivo de la actitud del hablante frente a su len-
gua; ciertamente ésta se enriquece cuando se hace mediante
canales que implican escuchas, lectores, públicos, como los pro-
yectos musicales o la producción literaria. Sobra decir que el
papel de los creadores implica, asimismo, el de promotores de
su lengua, con la ventaja de las plataformas accesibles en inter-
net u otros medios.
Antes de proseguir cabe una aclaración personal: las refle-
xiones aportadas desde la actividad académica, la participación
en algunos congresos, cursos y seminarios en relación con el
tema o algunas entrevistas que escritores(as) indígenas me han
concedido, han forjado una perspectiva que no deja de ser sub-
jetiva. No pertenecer a determinada comunidad indígena me
distancia de las expresiones de estos pueblos, de sus discursos
significativos brotados desde el interior de sus colectividades.
No obstante, los múltiples y heterogéneos lenguajes artísticos
que evidentemente abren puentes de comunicación sin distin-
ción de públicos o interlocutores apuntan a un diálogo intercul-
tural, dinámico; por tanto, cabe el encuentro entre distintas
identidades, entornos y condiciones.
A esto se añade “lo occidentalizado” de estos lenguajes (lite-
ratura, música) aunque posean una raíz identitaria (el idioma
y/o la filiación étnica). Hoy en día tenemos noticias del trabajo
en la esfera cultural ejercido en lenguas indígenas cuyos auto-
res, casi siempre, recurre al bilingüismo o la traducción para
establecer ese lazo de comunicación. Esto se vuelve complejo al
considerar, por otra parte, que el móvil de estas producciones
artísticas y culturales surge, en gran medida, de la necesidad o
deseo de preservar la lengua en medio de un clima incierto, en
tanto que, según García Landa y Terborg Schmidt,
a escala mundial están desapareciendo lenguas locales y minorita-
rias que por lo común tienen pocos hablantes. Mientras que la divulga-
ción de la cultura escrita aumenta en muchos lugares del orbe, al mis-
mo tiempo están muriendo cada vez más lenguas vernáculas sin tra-
dición de escritura porque sus hablantes ya no las transmiten a las nue-
vas generaciones. Junto con ellas, muchas pequeñas culturas también
mueren porque sus miembros están asimilando las culturas de la socie-
238
La palabra multicolor que canta y resignifica el mundo
dad superpuesta cuyos miembros son hablantes de la lengua mayori-
taria del respectivo lugar.6
Hay que subrayar el quehacer comprometido de distintas
generaciones hacia sus respectivas lenguas mediante un fenó-
meno registrado en varias entidades y enclaves del país: el rap
en lenguas originarias cuyos discursos reiteran la denuncia so-
cial, la migración, la pérdida de la lengua, la identidad lingüís-
tica, la riqueza espiritual, aspectos de género y posturas femi-
nistas. Una muestra sucinta que indica la alta temperatura ex-
presiva en el sureste mexicano: “Vayijel” y “Sak Tzevul”, gru-
pos de rock tzotzil; el rapero Pat Boy y el grupo “Tihorappers”,
de Quintana Roo, entre otros. Las fecundas propuestas musi-
cales funcionan, sea o no la intención, como mecanismos de
conservación lingüística y, asimismo, han dado pie a estudios y
abordajes críticos. Martín de la Cruz López Moya y Efraín
Ascencio Cedillo, en «El rock indígena en Chiapas. Estrategias
de reconocimiento y de consumo cultural», observan en las
bandas de rock indígena la fusión de elementos extranjeros con
instrumentos que forman parte de la tradición prehispánica.
Ambos consideran que, desde hace poco más de veinte años,
este género ha cobrado presencia en el sureste, sumándose a
otros ritmos que gustan en los contextos juveniles. Un dato im-
portante es que ahora, sostienen, a diferencia del censurado
rock nacional de los setenta, las políticas culturales promueven
la conformación de bandas de rock en las poblaciones indíge-
nas7.
Por su naturaleza lúdica y profusión simbólica, Itzel Vargas
García considera la música como una óptima posibilidad de
preservar y/o fortalecer el uso de una lengua y fomentar, en la
comunidad, una percepción positiva sobre ésta. Así como se in-
siste en tener cuidado con la etiqueta “indígena” que con fre-
cuencia montamos a distintas manifestaciones artísticas y cultu-
rales, la autora sostiene que es necesario concebir la existencia
de “culturas musicales”, llamando a cada una por su nombre;
por ejemplo, música nahua. En este punto, Vargas García hace
6 Terborg Schmidt, Roland/ García Landa, Laura (coords.): Muerte y vitalidad
de las lenguas indígenas y las presiones sobre sus hablantes. México: Universidad
Nacional Autónoma de México, 2011, p. 16.
7 De la Cruz López Moya, Martín/ Ascencio Cedillo, Efraín: «El rock indí-
gena en Chiapas. Estrategias de reconocimiento y de consumo cultural», en: De
la Cruz López Moya, Martín/ Ascencio Cedillo, Efraín/ Zebadúa Carbonell,
Juan Pablo (coords.): Etnorock. Los rostros de una música global en el sur de México.
México: Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, 2014, pp. 27-42.
239
Krishna Naranjo Zavala
una importante elucidación: no se trata de constreñirse a la mú-
sica tradicional sino, también, de considerar expresiones con-
temporáneas e híbridas. Señala que podemos comprender la re-
vitalización lingüística y la música de dos maneras:
la primera en torno a la recuperación y revitalización de expresio-
nes musicales tradicionales, ligadas a actividades culturales más am-
plias, ejemplo de ello son las prácticas rituales ligadas a los ciclos agra-
rios o vitales, las ceremonias del Costumbre, las fiestas patronales, etcé-
tera. La segunda entiende a la música como herramienta para la trans-
misión de ideas, actitudes, ideologías e innovaciones lingüísticas en la
lengua materna, que además son paralelas a las propias transformacio-
nes culturales […].8
Lo anterior expuesto colorea un paisaje alentador sobre el
uso y fortalecimiento de los idiomas originarios. Son los creado-
res(as) en lenguas indígenas quienes están extendiendo modos
de encuentro —mediante diversos géneros musicales: rock, rap,
hip-hop, reggae— con el mundo occidental (si cabe hacer esta
distinción9). Estas diversas culturas musicales coexisten en el
México diverso y polifónico, y es necesario que se ensanche la
recepción indígena y mestiza a fin de lograr esa convivencia
intercultural y multicultural. Internet es una ventana que faci-
lita asomarse hacia estas propuestas musicales; de hacerlo, en-
contraremos que la mayoría de los proyectos son autogestivos,
se sitúan al margen de la industria musical comercial y tienen
en las radios indígenas una vía importante de difusión.
Otro rasgo crucial en los contenidos musicales de las genera-
ciones jóvenes es la reivindicación étnica que se refleja en com-
posiciones en lengua materna o bilingüe, así como una postura
social, crítica. Sobre el terreno musical, una última considera-
ción: De la Cruz López Moya y Ascencio Cedillo ya refirieron la
censura al rock nacional en décadas pasadas, situación diferen-
te de, por ejemplo, las políticas culturales que acogen y propi-
8 Vargas García, Itzel: «El potencial de la música en las prácticas (re)vitaliza-
doras y de fortalecimiento lingüístico y cultural de los pueblos indígenas mexi-
canos», Cuicuilco, XXIII, núm. 66 (mayo-agosto 2016), p. 8.
9 Se sugiere visitar la conferencia dictada por el periodista y escritor nahua,
Mardonio Carballo: «Otro calor de aliento. Nuevos formatos, soportes y cantos
en lenguas indígenas» que formó parte de las Jornadas de Oralidad en la Cultu-
ra Contemporánea, disponible en el sitio virtual de la Biblioteca Vasconcelos.
Carballo, Macedonio: «Otro calor de aliento. Nuevos formatos, soportes y can-
tos en lenguas indígenas», [Link], [Link]
[Link]/calendario/informacion_general_detalle.php?id=1879
(cons. 10-VIII-2018).
240
La palabra multicolor que canta y resignifica el mundo
cian espacios para manifestaciones musicales en lenguas indí-
genas10. Existen además diversas iniciativas de los propios crea-
dores(as) y de instituciones que alientan la formación de entor-
nos creativos de plena articulación de la lengua materna11.
Vayamos ahora al terreno literario. ¿Tiene sentido consumir
literatura escrita en un idioma distinto, sabiendo que la traduc-
ción o autotraducción es la que permitirá acceder a su signifi-
cado? La respuesta es afirmativa. La búsqueda de horizontes
literarios que residan en la periferia de la hegemonia cultural
hallará nuevos senderos para reconocernos como nación; para
saber qué rostros y en qué idiomas se expresan; qué les preocu-
pa, qué imaginan, qué proponen en tanto arte literario y discur-
so. El primer paso para lograr esta comunicación intercultural
es abrir la puerta a escritores(as) que realizan una doble labor:
la creación literaria y la traducción. En México contamos con
editoriales, encuentros, festivales e iniciativas tanto indepen-
dientes como institucionales que promueven la creación en
idiomas originarios. Las cosmovisiones contenidas en las len-
guas, además del esfuerzo de sus creadores(as) —quienes favo-
recen esta interacción— están, de algún modo, al alcance de los
lectores que desean palpar expresiones artísticas cuyo sustrato
ancestral no impide a la creación emprender búsquedas estéti-
cas o temáticas contemporáneas. Ahondar en la importancia de
la literatura indígena actual exige el ejercicio de dilucidar sus
principales dimensiones discursivas y que sean éstas las que,
ipso facto, respondan al objetivo de este artículo.
10De la Cruz López Moya/ Ascencio Cedillo (2011), op. cit.
11 Un caso reciente es la “Primera Cumbre Latinoamericana de Rap: Voces
del Hip Hop” que convocó, para celebrarse en septiembre de 2018, el Labora-
torio Nacional de Materiales Orales (LANMO) de la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM). Dicho evento presentó grupos de Hip Hop en
lenguas originarias, y contó con la participación del joven Pat Boy. Universidad
Nacional Autónoma de México: Laboratorio Nacional de Materiales Orales
LANMO, [Link] (cons. 10-VIII-2018). Asimismo, se su-
giere acudir a la memoria en extenso de la autora del presente trabajo: Naranjo,
Krishna: «El rap y la reivindicación de la identidad maya: dos proyectos de
Quintana Roo, México», en: Covarrubias Cuéllar, Karla Y./ Perazzo, Priscila F.
(coords.): II Simposio Internacional Comunicación y Cultura. Problemas y desafíos de
la memoria e historia oral. Memorias en extenso. México: Universidad de Colima,
2017, pp. 645-658, [Link]
wAhi9VgtDs/view.
241
Krishna Naranjo Zavala
OMEYOLLOA: “PARTIRSE EN DOS EL CORAZÓN”. CUANDO LA
PALABRA OBSERVA, SIENTE Y ALZA LA VOZ
Johansson sostiene que este término náhuatl alude a la sepa-
ración entre lo cognitivo-afectivo, binomio indisoluble que en el
mundo mesoamericano conlleva una plena conciencia de la ver-
dad. Debido a que ésta, intangible, permea al ser en su totali-
dad, la duda no es el camino para alcanzar la anhelada verdad,
como sí lo es en el pensamiento occidental ocasionando “el des-
doblamiento del corazón que genera la incertidumbre, el males-
tar, una ruptura entre el mundo y el conocimiento que el hom-
bre tiene de él”12.
¿Qué se observa y experimenta para alzar la voz?, ¿cuándo
se intercala la flor, símbolo del arte y del pensamiento prehispá-
nico, con la palabra herida que busca alguna explicación?,
¿cuándo y por qué “se parte en dos el corazón”? Por ejemplo,
con la denuncia social: aquellos reclamos de los pueblos origi-
narios en relación con las problemáticas constantes por las que
atraviesan. El poeta nahua Martín Tonalmeyotl (1983, Chilapa
de Álvarez, Guerrero) ejemplifica esta denuncia cuando aborda
el tema de la migración:
Los migrantes se van porque si Ye youej kampa xkinekej
los levantan, makimajokuikan,
tendrán que elegir entre una bala tla okimajokej, kuajkon tej kineke
o la vida, tlajtlajkuijkuiliskej
pero no cualquier vida, tla kuaskej se bala inmixkuatipan
sino aquella que cobrarían con noso tla nemiskej,
otras más. tla nemej kuajkon tej
kineke temiktiskej oke yajuamej.13
Desgraciadamente, México es un país en deuda con la justi-
cia social donde, cabe acotar, los pueblos originarios han sido
los más afectados, enfrentando situaciones como proyectos ex-
tractivistas que dañan el suelo y el medio ambiente, la privati-
zación de recursos naturales o una consecutiva militarización,
entre otras. Basta ubicar una de ellas porque la relación sería
interminable: la matanza de Acteal que ocurrió en el municipio
de Chenalhó, Chiapas, el 22 de septiembre de 1997. Leamos de
12 Johansson, Patrick: «Especulación filosófica indígena», Revista de la Uni-
versidad de México, 21 (2005), p. 77.
13 Tonalmeyotl, Martín: Ritual de los olvidados / Tlalkatsajtsilistle. México:
Jaguar Ediciones, 2016, pp. 20, 22.
242
La palabra multicolor que canta y resignifica el mundo
la poeta tzotzil, Ruperta Bautista (San Cristóbal de las Casas,
Chiapas) un fragmento del poema «Lunes en el pozo» / «Lunex
ti Ch’ enalo’» que recrea, de manera estremecedora, el
comienzo de la tragedia:
EN LA INFANCIA DEL DÍA EL TA YUNENAL IKLIMAN CH-ATIN
SOL SE BAÑA TI K’ AK’ ALE14
perfumando el rezo de los humildes. spomtabe xch’uvil me’onetik.
Una velación cubre el sano cuerpo Jpanmuk’tavanej smakbeik slekil
del lugar, sbek’tal ti osile,
la mirada traicionera atenta. sts’ujet no’ox cha’iik ti milvaneje.
Escribir para desvelar esa injusticia social convierte a la len-
gua en portadora de resistencia. Desde principios del siglo XX
se cuentan claros relatos denunciatorios que evidencian las con-
diciones de esclavitud de los indígenas y han llegado a nosotros
por las recopilaciones escritas. Siguiendo con la palabra tzotzil,
El Sombrerón / jSemet Pixol, en la versión y traducción de Maria-
no López Calixto Méndez, cuenta la historia de un hombre cha-
mula que huyó de una finca cafetalera instalada por los alema-
nes en 1904, en el Soconusco. Empujado por la explotación, las
condiciones de esclavitud, el paupérrimo pago, la tienda de
raya, el personaje tomó una decisión:
El chamula arregló su petate, dobló su cobija, su caldera para el
café, su machete, el moy, su piedra de afilar, un tecomate, una bola de
masa de maíz para el pozol, unas cuantas tortillas tiesas y un pedacito
de tasajo que recibió el viernes. El finquero, conocedor de que muchos
trabajadores se iban, mandó vigilantes para controlar los senderos y
cuidar a los peones. Si los descubrían, los agarraban y metían a la cárcel
hasta que pagaran su deuda. Pero el hombre estaba dispuesto a vivir o
a morir.15
14 López K’ana, Josías/ Peñate Montejo, Juana Karen/ Bautista Vázquez,
Ruperta/ Huet Bautista, Nicolás/ Pérez López, Enrique: Palabra conjurada (cinco
voces, cinco cantos). Tuxtla Gutiérrez: Centro Estatal de Lenguas, Arte y Litera-
tura Indígena, 2012, pp. 54, 56.
15 López Calixto Méndez, Mariano: El Sombrerón / jSemet Pixol. Trad. al
castellano de Mariano López Calixto Méndez. México: Universidad Nacional
Autónoma de México, 2000, p. 6. En tzotzil se lee: “Ti jchi´iltike sbal lok´el spop,
spak la sk´u´lal chij, sk´ej yavil skajve, smachita, smoy, sjuxton, stzu, stik´ech´el
jbej yuni uch´omo´, juteb syijil svayem-ot, jtuch´stakibek´et ti ak´bat ta
243
Krishna Naranjo Zavala
Como lectores podemos tejer relaciones intertextuales entre
diversas narrativas y oralidades (u oraliteraturas, como se les
ha denominado) de la literatura mexicana que surgieron a par-
tir de la época revolucionaria y posrevolucionaria para advertir
los modos de representación de los indígenas entre conflictos
agrarios, condiciones laborales de explotación; en suma, formas
de vida que, aunque filtradas por el ejercicio literario, podrían
considerarse testimonios de la realidad. En la primera etapa en-
contramos a Mariano Azuela, Martín Luis Guzmán y Nellie
Campobello; en la segunda a José Revueltas, Juan Rulfo y Car-
los Fuentes16.
Aunado a lo anterior, los relatos orales emanados de las co-
munidades indígenas poseen una alta valía en tanto son regis-
tros vivenciales donde los recursos expresivos de una lengua
juegan un papel crucial (tema del que se ha ocupado Carlos
Montemayor). Lourdes de León, en el estudio introductorio a El
Sombrerón / jSemet Pixol, hace hincapié —nota fundamental para
pensar la relación entre lectores no hablantes de alguna lengua
vernácula que consumen literatura en formato bilingüe— en al-
gunas características de la versión tzotzil porque revelan la
enunciación, sobre todo dan cuenta de la transmisión colecti-
va17. En este sentido, De León aplaude la responsabilidad de
Mariano López Calixto Méndez, quien escribió en tzotzil y tra-
dujo al español El Sombrerón, toda vez que deja ver en la com-
posición, a las voces de una colectividad que han contado, una
melkulixe. Ti yajval pinkae lik yak’ sat ti yantik la xyoch ech´el ti yaj abteltake,
mu la k´usi stak ech´el yaj k´elvanej ta be, bat svelan sbaik bu x-ech bik´tal bee,
tzmakik ta be ti j-abteletike. Mi ilvanike, chmakvanik sutel ta xtik´vanik ta
chukel yo´to k´uxi xtoj li yilike. Pere ti vinike spatoj la yo´onton mi xkuch mi
mu xkuch yu´un”.
16 No podemos dejar al margen el trabajo de dos escritores: Ermilo Abreu,
autor de Canek (1940), una estilizada novela corta que recrea las vicisitudes de
Jacinto Uc de los Santos, líder maya que se sublevó frente a la opresión que
sumía a los indígenas. Aunque a Rosario Castellanos no se le sitúa en ese esce-
nario, su narrativa es imprescindible en cuanto a representaciones del mundo
indígena, especialmente en Chiapas, donde conoció de cerca los problemas y la
cotidianidad de los pueblos originarios: Balún Canán (1957) y Ciudad Real (1960).
17 “[Q]uisiera empezar con algo que no es visible en la traducción pero que
es clave en su proceso de «manufactura». El texto tzotzil de Mayran [Mariano
López] tiene alrededor de 7 000 palabras. Dentro de las palabras más frecuen-
tes, encontré una que tiene el tercer lugar de frecuencia: una pequeña partícula,
la […]. Se usa para indicar que la persona que habla está reportando que al-
guien le contó lo que dice. Se podría traducir como «dicen», «me contaron»”:
De León Pasquel, Lourdes: «Estudio introductorio», en: López Calixto Méndez,
Mariano: El Sombrerón / jSemet Pixol. Trad. al castellano de Mariano López Ca-
lixto Méndez. México: Universidad Nacional Autónoma de México: 2000, p. XII.
244
La palabra multicolor que canta y resignifica el mundo
y otra vez, este relato. Una riqueza oral que, escrita, llega para
ser conocida por tzotziles y mestizos.
TLALNAMIQUI: “RECUERDO, LUEGO PIENSO”. CUANDO LA PALABRA
MIRA A LOS ANCESTROS, DA CONTINUIDAD (O RESIGNIFICA EL
MUNDO)
A fin de conducirse en la vida, los antiguos mesoamericanos
tomaban como fuente esencial la palabra de los abuelos(as) o de
los mayores que ostentaban un cargo importante en la comuni-
dad, así, el huehuetlahtolli —nombre que se le da a una serie de
enseñanzas, consejos o directrices axiológicas— constituía una
brújula vital. Después de la conquista española, Fray Bernardi-
no de Sahagún, auxiliado por informantes, recopiló numerosos
conocimientos y prácticas de la cultura indígena en su Historia
general de las cosas de la Nueva España, también conocido como
Códice Florentino. Forman parte de esta magna obra estos discur-
sos donde padres o madres se dirigían a sus hijos; gobernantes,
al pueblo, entre muchos otros. Johansson indica que ni siquiera
los sabios, sean nahuas o mayas, dudaban de sus antepasados.
Sus enseñanzas, sus palabras, eran el camino. No había pie para
someterlas a algún tipo de cuestionamiento; se procedía confor-
me lo dicho. Así, pensar y recordar se correspondían, tal como
otra noción filosófica, “tlamati”, que significa saber-sentir. Lo
expresado por los abuelos podría estar
sometido a la erosión cultural del tiempo mas no a la especulación
de los hombres. Este hecho frenará notablemente la elucubración filosó-
fica. En este contexto «pensar» será ante todo traer a la memoria lo que
dejaron dicho los abuelos, es decir recordar.18
El antecedente del huehuetlahtolli nos lleva a comprender el
desenvolvimiento de la literatura de tradición prehispánica y
de la que floreció, de acuerdo con Carlos Montemayor, en los
años ochenta, la hoy conocida como literatura indígena contem-
poránea19. ¿Desenvolvimiento en qué sentido? En el de dar voz
a los antepasados en el acto creativo de la palabra, a veces con
la intención de continuar su sendero, otras veces resignificarlo
o, incluso, cuestionarlo. Como se indicó al inicio del trabajo, nos
detendremos especialmente en la literatura escrita por mujeres
Johansson (2005), op. cit., p. 79.
18
19Véase Montemayor, Carlos: La literatura actual en las lenguas indígenas de
México. México: Universidad Iberoamericana, 2001.
245
Krishna Naranjo Zavala
indígenas porque en estas voces se declara con vehemencia el
rumbo literario que se le confiere a la cosmovisión, a la perte-
nencia étnica.
En cuanto a los abordajes críticos orientados a la literatura
escrita por mujeres indígenas, los cuales subrayan la relación
entre identidad, cuerpo y escritura, recomiendo los trabajos que
han compilado Consuelo Meza Márquez, Aída Toledo Arévalo
y Magda Zavala; títulos disponibles, de manera gratuita, en la
red20. La escritora e investigadora maya, Ana Patricia Martínez
Huchim (quien falleció recientemente), es autora de Contrayerba
/ U yóol xkaambal jax xíiw, un libro de relatos cuya dedicatoria
ilumina profundamente el sentir de su autora: “A la memoria
de las mujeres mayas cuyos destinos son testimonios de exis-
tencias llenas de fuerza”21. En sus páginas, aparecen perfiles fe-
meninos de la cotidianidad maya como abuelas, comadronas,
yerbateras e incluso una limosnera. Veamos una parte del relato
sobre una comadrona: «La recompensa de Concepción Yah
Sihil»:
Presta doña Concepción, cortaba el cordón umbilical, soplaba la
nariz del niño, metía el dedo en la boca del bebé y éste vomitaba las fle-
mas. Entonces, ansiosa, esperaba a que salga la placenta, y una vez fue-
ra le preguntaba a la recién aliviada:
–¿In cho’oj ta wich utia’al a ka’a chaktal?
Algunas parturientas aceptaban, otras no, por lo que a veces doña
Concepción Yah Sihil se cubría el rostro con la viscosa bolsa sangrante y
susurraba:
–¡Ba’ax in k’áat ti’!, kex yaan in máan ich áak’abe’, kex min wenele’, kex
tsu’utsukt’ anta’aken, kex min náajaltik taak’ine’; in bo’olale’ in ch’aik in
muuk’ ti’ le yaala’ táabil tuuche’ utia’al u ya’ abtal in toj óolal yóok’ol kaab.22
20 Meza Márquez, Consuelo/ Zavala, Magda: Mujeres en las literaturas indí-
genas y afrodescendientes en América Central. Aguascalientes: Universidad Autó-
noma de Aguascalientes, 2015; y Meza Márquez, Consuelo/ Toledo Arévalo,
Aída: La escritura de poetas mayas contemporáneas producida desde excéntricos
espacios identitarios. Aguascalientes: Universidad Autónoma de Aguascalientes,
2015.
21 Martínez Huchim, Ana Patricia: Contrayerba / U yóol xkaambal jax xíiw.
Mérida, Yucatán: Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indíge-
nas, 2013.
22 Ibid., p. 93. Las traducciones al castellano son, respectivamente: “¿Te la
pongo en la cara para que tomes color?” y “¡Qué me importa!, aunque ande de
noche, aunque no duerma, aunque me insulten, aunque no gane dinero, mi
246
La palabra multicolor que canta y resignifica el mundo
La cita pone en relieve la visión de la mujer maya. Podría
pensarse como una sinécdoque de aquella mujer indígena que
se desempeña en el ámbito de la salud, cuya función es recono-
cida por la comunidad: comadrona, partera o curandera23. La
autora deja claro que la visión capitalista no entra en el pensa-
miento de quien ayuda a las mujeres durante el alumbramiento.
Por cuestiones de espacio, sintetizaré algunos datos acerca de la
poesía escrita por mujeres: Pluralia Ediciones (México) creada
en 2001, es un referente nacional del panorama editorial que
publica a escritores y escritoras en formato bilingüe. En esta
editorial hay una colección que merece detenimiento: Voces
Nuevas de Raíz Antigua, donde publicaron las poetas Celerina
Patricia (ñuu saavi), Enriqueta Lunez (tzotzil), Irma Pineda
(binnizá), Juana Karen Peñate (ch’ol), Mikeas Sánchez (zoque) y
Ruperta Bautista (tzotzil), cuyos libros de poesía dejan ver algu-
nos intereses compartidos a los que bien se les podría dar una
lectura de género sin ser una recepción exclusiva.
Mediante la escritura, estas mujeres ofrecen sus visiones
identitarias, personales y críticas hacia el mundo que enfrentan
todos los días. Cada voz es transportadora de su respectiva cos-
movisión y así nos acercamos a un ideario profundo sobre la
naturaleza, la dinámica de sus elementos que, en algunas pági-
nas, reflejan su convivencia con fenómenos de índole mágico,
considerados míticos en el pensamiento occidental: recuerdan
los mitos cosmogónicos transmitidos gracias a la oralidad. Del
mismo modo prevalece la preocupación por la supervivencia de
la lengua materna y por las condiciones de injusticia social que
recaen en los pueblos indígenas: migración, militarización, ra-
cismo al que se encara con la reivindicación de la identidad; en
versos de Enriqueta Lunez: “De pequeña / pregunté por qué me
nombrabas con odio. / Añoré la muerte / soñé con tu ropa y tu
espejo / usé tu perfume. Chamulita soy, te digo / escucha bien,
Chamula moriré”24.
Además, aparecen siluetas femeninas que pueden resultar
estereotipos en el sentido de que traslucen imágenes cotidianas
de mujeres en contextos tradicionales y, en contraparte, se leen
visiones críticas en torno a roles sociales de las mujeres. ¿Por
qué nos hemos concentrado en este punto? Por una razón: las
pago es tomar fuerza de la placenta para tener más salud sobre la tierra”, y
están tomadas del mismo texto.
23 María Sabina, quien fue una conocida curandera mazateca, ejemplifica lo
dicho.
24 Lunez, Enriqueta: Sk’eoj jme’tik U / Cantos de luna. México: Pluralia Edicio-
nes, 2013, p. 15.
247
Krishna Naranjo Zavala
escritoras entretejen a su oficio el conocimiento de sus corres-
pondientes raíces culturales, y por conocimiento se entiende
aquellos saberes antiguos que perviven: prácticas rituales, con-
juros, impacto de los astros o elementos de la naturaleza en el
cuerpo femenino, la maternidad, así como la denuncia social
anteriormente referida. Temas que vimos en la narradora y re-
copiladora de tradición oral maya, Martínez Huchim, citada en
líneas anteriores. En dicho tenor, se inscribe la poesía de Bricei-
da Cuevas Cob. Leamos «Noche de eclipse»:
Hija mía, In xch’upul aal,
préndete los alfileres en la ropa, ch’ik púuts’o’ob ti’ a nook’,
ponte la pantaleta roja, tak a xchak eex,
bebe del agua con que se lavó el uk’ u xp’o’oja’il ka’
metate yo’olal ma’ u p’atik u yuuy xma uj
para que mamá luna no deje su tu wíinklil a chaampal
mancha ken a la’achabaj.
en el cuerpo de tu retoño
cuando te rasques.25
Sumando a lo anterior, Meza y Zavala sostienen que:
La literatura ancestral tradicional —viable a través de la oralidad—
tuvo en las mujeres a sus principales cultoras debido al papel que las
civilizaciones étnicas les otorgaban. Ellas se definían como las responsa-
bles de la transmisión y el resguardo de la cultura tradicional. Dicha
condición imponía a las mujeres no sólo deberes y obligaciones sino
también la responsabilidad de impedir o moderar el cambio cultural.26
No obstante, la literatura indígena actual escrita por mujeres
toma, como hemos observado, distintos derroteros temáticos y
estilísticos, pero es notoria la intención de trasladar los saberes
y valores, bien para abrigarlos o bien para someterlos a un
cuestionamiento.
Por otro lado, es conveniente discernir que las voces musica-
les y literarias expuestas a lo largo del trabajo, residen en la es-
fera artística-cultural con mayor o menor recepción a nivel re-
gional o nacional, principalmente. No por ello es el único esce-
25 Cuevas Cob, Briceida: Ti’ u billil in nook’. Del dobladillo de mi ropa. Anto-
logía. México: Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas,
2008, pp. 76-77.
26 Meza Márquez/ Zavala (2015), op. cit., p. 16.
248
La palabra multicolor que canta y resignifica el mundo
nario significativo, existen otros que se localizan, precisamente,
en el seno de sus comunidades, en los ojos y oídos de sus inter-
locutores quienes escuchan conjuros, relatos en entornos fami-
liares. Es pertinente ubicar aquí el trabajo de la poeta Ámbar
Past, quien se instaló hace varias décadas en San Cristóbal de
las Casas, Chiapas, y fundó el “Taller Leñateros”, colectivo de-
dicado a la hechura de libros artesanales que difunden la orali-
dad, las lenguas originarias y las artes plásticas. Como parte de
dichas labores, lanzó un bello libro colectivo en tzotzil-español.
Lleva por título Conjuros y ebriedades donde aparecen discursos,
cuentos y canciones de cuna de mujeres mayas de los Altos de
Chiapas que no se asumen como escritoras; son mujeres que
comparten sus experiencias y saberes.
Un paréntesis: Carlos Montemayor ha estudiado la estructu-
ra de estas composiciones y afirma que su elaboración formula-
ria denota el sentido que cobra cuando es articulado en la co-
munidad. Posee ciertas características conocidas en otro tipo de
discursos como la letanía: repetición, anáfora, entre muchos
más para, como ha advertido Johansson, crear esa “efectividad
invocatoria”27. Finalmente, en palabras de Meza y Zavala:
De las cultoras orales y las escritoras que se mueven en el ámbito de
la producción comunitaria tradicional se conoce muy poco, pues para
quienes no pertenecen al circuito directo de escuchas en su comunidad,
la creación o recreación de este material sólo es posible mediante la
recopilación propia por vía escrita o mediante la labor de recopiladores
profesionales (lingüistas, filólogos, antropólogos), lo cual determina
una relación difícil entre informante e intermediario y produce impac-
tos diversos sobre el material recopilado.28
CONSIDERACIONES FINALES
El escritor nahua Natalio Hernández apuntó en 1998 que
uno de los retos de los escritores(as) en lenguas originarias era
superar “la visión folclórica que se tiene de los pueblos indíge-
nas”29. Hoy en día, se dejan ver lenguajes artísticos heterogé-
neos en diferentes idiomas originarios, los mismos que habi-
27 Véase Montemayor, Carlos: Arte y plegaria en las lenguas indígenas de Méxi-
co. México: FCE, 1999.
28 Meza Márquez/ Zavala (2015), op. cit., p. 17.
29 Hernández, Natalio: «La literatura indígena en tiempos de guerra en
Chiapas», en: In tlahtoli in ohtli. Memoria y destino de los pueblos indígenas. México:
Plaza y Valdez Editores, 1998, p. 146.
249
Krishna Naranjo Zavala
tualmente conviven y/o se entretejen con el español. Si bien es
precisa la raíz de la que parten (formada por la lengua, cultura,
cosmovisión), podemos registrar cómo se codifica en el discur-
so musical y literario.
“Cuando muere una lengua”, nos dice Miguel León-Portilla,
“entonces se cierra / a todos los pueblos del mundo / una venta-
na, una puerta / un asomarse / de modo distinto / a cuanto es
ser y vida en la tierra”30. He ahí la importancia de acercarse a
las expresiones en lenguas originarias. El horizonte de músicos
y escritores(as) que, al parecer, tiende a robustecerse, nos brin-
da la oportunidad de la recuperación de las más hondas fibras
de la cultura mexicana (podría hablarse en plural: “culturas”,
debido a la diversidad de lenguas, de expresiones creativas).
Con ello, nos posibilita estrategias de descolonización para am-
pliar nuestros paradigmas al menos del ámbito cultural y artís-
tico que impacta, ciertamente, en otras esferas. Cabe el debate y
las propuestas en torno a la recepción mestiza de estos materia-
les en lenguas indígenas porque el desafío es, ante todo, dar un
paso más allá de escuchar el idioma, sino aprenderlo o aproxi-
marse a él con mayor seriedad. No obstante, la profusión de vo-
ces, las iniciativas editoriales, las plataformas virtuales, así
como el diálogo de lectores(as) de cualquier condición, indíge-
nas o no, son los que están definiendo el rumbo.
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transcurso de 2017 e incluye sólo los datos recibidos por la Secretaría
de la SSEH. Omisiones y referencias incompletas no son responsabili-
dad de los editores.
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la, XIV (2017), pp. 1-16.
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temporáneo (1994-2015), Madrid/ Frankfurt, Iberoamericana/ Ver-
vuert, 2016, 716 pp», Olivar, XVII, 26 (diciembre 2017), pp. 1-4,
[Link]. [Link] (Revista Científica semestral).
BÉGUELIN-ARGIMÓN, Victoria
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Faculté des lettres: de l'acquisition des littératies universitaires à
leur évaluation», en: Thierry, Hermann (ed.): Techniques, rhétoriques
et écrits scientifiques, Tranel, 65 (Travaux neuchâtelois de linguistique),
dossier 2017, [Link]
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BENITO MORENO, Carlota de
Artículos
& Pato, Enrique: «Tráenolos para comérnolos o la ‘transposición’ del clíti-
co en español actual», Philologica Jassyensia, XXV, 1 (2017), pp. 121-
136.
BERENGUER AMADOR, Ángel
Libros
El libro sefardí La güerta de oro de David M. Atías (Liorna, 1778). Lau-
sanne: Hispanica Helvetica, 2017.
BIZZARRI, Hugo
Libros
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La fábula en la prosa castellana del siglo XV: Libro del caballero Zifar,
Conde Lucanor, Libro de los gatos. Antología comentada. Murcia: Edi-
ciones de la Universidad de Murcia, 2017.
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Resúmenes/ Abstracts
José Alejos García (UNAM, Instituto de Investigaciones Filológicas-
Centro de Estudios Mayas):
Literatura maya de tradición oral.
El artículo aborda una discusión sobre la literatura oral, término bien
establecido en antropología y etnolingüística, pero controversial en el
campo de la literatura. Aparte de los aspectos estéticos que interesan a
la investigación académica, recientemente el tema ha cobrado un ca-
rácter ético, relacionado con los derechos culturales de los pueblos ori-
ginales del continente americano. En este sentido, se considera la rele-
vancia de la teoría literaria de Mijaíl Bajtín, en especial aquellos con-
ceptos basados en la estética de la creación verbal, como una vía de ac-
ceso al estudio de la literatura oral de los pueblos mayas, cuyas obras
artísticas e intelectuales destacan por su antigüedad y su fortaleza en
los tiempos actuales. La discusión conduce al tema de la literatura
como una esfera artística cuyo canon es objeto de críticas importantes,
en parte provenientes de aquellas voces indígenas que el canon ha de-
jado fuera, pero también de aquellas voces académicas que buscan una
inclusión de las poéticas orales indígenas en la literatura.
Palabras clave: Literatura maya, literatura oral.
Mayan Literature of Oral Tradition.
This article discusses oral literature, as an old and well established
term in ethnolinguistics and anthropology, but a controversial one in
the field of literature. Recently, the issue has also become an ethical
matter related to the cultural rights of native people in the American
continent and by the same token, a major aesthetical subject for aca-
demic research. With that in mind, the article considers the relevance
of Bakhtinian literary theory, especially those concepts based on the
aesthetics of verbal creation, as a way to approach the study of Mayan
oral literature, whose intellectual and artistic achievements stand out
for their archaic backgrounds and their strength in contemporary
times. This discussion leads to the issue of literature as an artistic
sphere whose canon has been the object of major critiques, in part
coming from those indigenous voices the canon has left out, but also
from academic voices that aim for an inclusion of native oral poetics as
literature.
Keywords: Mayan literature, oral literature.
Jenny Brumme (Universitat Pompeu Fabra)/ Beatrice Schmid (Uni-
versität Basel):
Gramáticas castellanas impresas en Cataluña entre 1820 y 1875: una
aproximación a través de sus paratextos.
En este artículo se analizan los paratextos que acompañan veinticuatro
gramáticas castellanas impresas en Cataluña entre 1820 y 1875. Se exa-
mina si y cómo los autores perciben la divergencia entre la realidad
lingüística de los alumnos catalanes y la obligación de desplegar la en-
señanza en la lengua del Estado. Del análisis resulta que sólo cuatro de
los autores estudiados, muchos de ellos maestros de escuela, reflexio-
nan sobre el uso del catalán en la enseñanza y que generalmente no
cuestionan el papel del castellano como lengua nacional. Sin embargo,
se aprecia que los autores perciben la introducción del castellano como
un problema didáctico que tendría solución partiendo primero de la
enseñanza del catalán, es decir, la lengua nativa, para pasar luego a la
enseñanza del castellano que se describe como lengua extranjera para
los alumnos catalanes.
Palabras clave: Libros de gramática, enseñanza de la lengua española,
historia del catalán, contacto de lenguas.
Spanish Grammars Printed in Catalonia between 1820 and 1875: An
Approach through their Paratexts.
This paper discusses the paratexts of twenty-four Spanish grammar
books printed in Catalonia between 1820 and 1875. It determines if and
how the authors of these grammars perceive the divergence between
the linguistic reality of the Catalan pupils and the obligation to teach in
Spanish. The results from the analysis show that only four of the
authors, many of them schoolteachers, reflect on the use of Catalan in
teaching and that they generally do not question the role of Spanish as
the national language. However, it is observed that the authors per-
ceive the teaching of Spanish in school as a didactic problem. In their
eyes, the solution would be to teach initially Catalan, that is, the native
language, and pass subsequently to the teaching of Spanish, which is
depicted as a foreign language for the Catalan pupils.
Keywords: Grammar books, teaching of Spanish language, history of
Catalan, language contact.
266
Jorge Chen Sham (Universidad de Costa Rica/ Academia Nicara-
güense de la Lengua/ Academia Norteamericana de la Lengua
española):
Valoración de la experiencia, reunión comunitaria: espíritu y reli-
gión en Carlos Martínez Rivas.
El poeta nicaragüense Carlos Martínez Rivas (1924-1998) propugna
una renovación de la liturgia, abierta a incorporar la expresión de la
individualidad y a ponderar la inserción de la vida comunitaria, en
dos poemas claves de la La insurrección solitaria (1953). Tal dimensión
colectiva y vivencial de las celebraciones rituales se halla, respectiva-
mente en «Pentecostés en el extranjero», en donde la comunión y el
banquete apelan el significado cristiano de compartir el pan, y en
«Villancico», cuyo título genérico inserta la fiesta de las posadas de-
cembrinas dentro del tiempo litúrgico del “adviento”. Gracias a la va-
loración de la experiencia religiosa, Martínez Rivas le otorga tanto a la
celebración de la mesa y a las posadas una significación de denuncia,
con el fin de recordarnos la necesidad de que la modernización y la se-
cularización de la vida moderna no nos hagan olvidar la dimensión de
lo sagrado.
Palabras clave: Carlos Martínez Rivas, poesía nicaragüense, teología,
comunión, experiencia religiosa.
Value of Experience, Comunal Reunion: Spirit and Religion in the
Poetry of Carlos Martínez Rivas.
The Nicaraguan poet Carlos Martínez Rivas (1924-1998) proposes a
renovation of the liturgy, a liturgy open to the expression of indivi-
duality and the inclusion of communal life as is the case in two poems
of his book La insurrección solitaria (The Solitary Insurrection) (1953).
Such dimension of ritual celebrations, both collective and experiencial,
can be found in “Pentecostés en el extranjero” (“Whitsunday abroad”),
where communion and banquet remind us of the Christian meaning of
the sharing of bread, and in “Villancico” (“Carol”), whose generic title
includes the popular celebrations held in December within the litur-
gical time of the “advent”. Thanks to the value assigned to the reli-
gious experience, the celebration of food and the popular festivities of
December (“posadas”) become in Martínez Rivas’ writing a means of
denunciation in order to remind us of the fact that modernization and
secularization of modern life should not make us forget the dimension
of the sacred.
Keywords: Carlos Martínez Rivas, Nicaraguan poetry, theology, com-
munion, religious experience.
267
Sandra Díaz de Zappia (Instituto de Investigaciones de Historia del
Derecho (Buenos Aires, Argentina):
Leer la ciudad: la evolución histórica de la nomenclatura de las calles
de Buenos Aires (1734-1821).
Los nombres de las calles, atribuidos en diferentes épocas históricas y
en diversas circunstancias, constituyen una de las huellas que el pasa-
do ha dejado a la posteridad, y su estudio constituye una propuesta
innovadora para el abordaje de la conformación del discurso de la
memoria histórica. Sobre la base de documentación histórica édita e
inédita —conservada en el Archivo General de la Nación de la Repú-
blica Argentina—, se propone el estudio de la nomenclatura urbana de
la ciudad entre 1734, fecha de la primera organización de la traza urba-
na, y 1821, fecha de extinción del cabildo de la ciudad, institución que
hasta entonces se había ocupado del gobierno de la ciudad, con el obje-
to de averiguar cuál fue el contenido conceptual que se pretendió esta-
blecer.
Palabras clave: Nombres de calles, ciudad de Buenos Aires, siglo
XVIII, siglo XIX.
Reading the City: The Historical Evolution of Street Names in
Buenos Aires (1734-1821).
The names of the streets, given in different historical times and in
different circumstances, constitute one of the traces that have been left
to posterity, and its study is an innovative proposal to analyze how the
formation of the historical memory discourse has taken form. Based on
published and unpublished historical documentation from the Argen-
tine National Archive, I study the urban nomenclature of the city be-
tween 1734, when the first organization was done, and 1821, when the
cabildo ceased its work as local major city authority, in order to estab-
lish what was the conceptual content that was intended to establish.
Keywords: Street names, city of Buenos Aires, 18th century, 19th cen-
tury.
Virginia Holzer (Universität Bern):
Los barrios porteños en la nueva narrativa argentina: representación
del espacio urbano en dos antologías de ciudades.
La representación de Buenos Aires en la narrativa argentina se inscribe
en una tradición literaria que comienza en los años veinte del siglo
pasado. Estas producciones culturales proveyeron discursos diferentes
sobre la ciudad que fueron centrales en la constitución de imaginarios
urbanos a lo largo del tiempo. Claramente, estas representaciones fue-
268
ron cambiando en la medida en que la forma de vivir y de percibir la
ciudad también ha ido cambiando. Pero es de destacar que en la narra-
tiva contemporánea, y en particular en la que comienza con el nuevo
milenio, emerge un gran interés por el espacio urbano al interior de los
diferentes barrios de la ciudad. Así, la literatura reciente se destaca por
recrear la experiencia singular de pertenecer a un barrio. En este artí-
culo me propongo analizar la construcción del espacio urbano en cua-
tro relatos breves de escritores argentinos contemporáneos, y estudiar
las relaciones que los personajes-narradores establecen con el barrio.
Palabras clave: Espacio urbano, ciudad, nueva narrativa argentina, lu-
gar antropológico, no lugar.
Buenos Aires Neighbourhoods in the New Argentine Narrative:
Representation of Urban Space in Two Anthologies of Cities.
The representation of Buenos Aires in the Argentine narrative is part
of a literary tradition that began in the 1920s. These cultural produc-
tions provided different discourses about the city, which were central
to the constitution of urban imaginaries over time. Clearly, these repre-
sentations have been changing to the extent that the way of living and
perceiving the city has also changed. But it is noteworthy that in
contemporary narrative, and particularly the one that begins with the
new millennium, a great interest in the urban space within the differ-
ent neighbourhoods of the city emerges. Thus, recent literature stands
out for recreating the unique experience of belonging to a neighbour-
hood. In this paper I intend to analyse the construction of the urban
space in four short stories of contemporary Argentine writers, and to
study the relationships that the characters-narrators establish with the
neighbourhood.
Keywords: Urban Space, City, New Argentine Narrative, Anthropolo-
gical Place, Non-Places.
Cristina Martínez Torres (Université de Lausanne):
Un compromiso real para una ficción realista: el Lazarillo de Tormes.
El presente artículo tiene por objetivo condensar algunas de las aproxi-
maciones a la poética comprometida existente en el Lazarillo de Tormes.
Para ello, se abordará la noción de compromiso desde el entendimien-
to de la literatura como producción ideológica y como práctica social
de la historia. Las particularidades inherentes al género de la picaresca
permiten establecer diferentes líneas de interpretación en torno a una
crítica que traspasa las barreras del anticlericalismo y la oposición a los
valores constitutivos del contexto que la acontece, para extenderse
hacia una crítica de índole existencial: la que aboca al individuo a bus-
269
carse y hallarse como ser social en la esfera que lo envuelve. Un cami-
no que, desde la ficción realista, Lázaro nos hace recorrer con la ironía
y la sátira como espejos de su sutileza.
Palabras clave: Poéticas comprometidas, Lazarillo de Tormes, picaresca,
ficción realista, historia y literatura.
A Real Commitment to Realistic Fiction: Lazarillo de Tormes.
The aim of this article is to condense the approach to committed writ-
ing in the novel Lazarillo de Tormes. To this end, the idea of commit-
ment will be looked at from the understanding of literature as an ex-
pression of ideology and as a social practice in history. The particu-
larities inherent to the picaresque genre allow us to establish different
lines of interpretation both around a critique that goes beyond the
barriers of anti-clericalism, and is in opposition to the values and con-
text in which it takes place. This occurs, to the extent that it forms a
critique of an existential nature: one that leads the individual to won-
der and discover himself as a social being in the setting that he is part
of. A path that Lázaro takes us through, with irony and satire as a re-
flection of his subtlety as main character of this realistic fiction.
Keywords: Committed poetics, Lazarillo de Tormes, picaresque, realistic
fiction, history and literature.
Pilar Máynez (FES-Acatlán, UNAM):
Creación y recreación en la literatura en lenguas indígenas.
Aproximaciones lingüísticas a mundos diversos.
La actividad creativa de los actuales escritores en lenguas indígenas
mexicanas incluye el arduo quehacer traductológico. Obras de diverso
género son transvasadas del idioma nativo al español o viceversa, en
su mayoría con notable pericia estética. Este proceso implica el conoci-
miento de los dos mundos a los que pertenecen los creadores, así como
de las propiedades lingüísticas y retóricas de los sistemas que emplean
en su producción. Los prejuicios que enfrentan en su actividad artística
son numerosos y muchas veces injustificados y los esfuerzos dedica-
dos a subsanarlos hacen que este particular movimiento literario, gene-
rado en las últimas décadas, vaya cobrando notable realce, como se in-
tentará comprobar en este artículo.
Palabras clave: Lenguas indígenas mexicanas, traducción, poesía indí-
gena contemporánea.
270
Creation and Recreation in Indigenous Languages’ Literature.
Linguistic Approaches to Different Worlds.
The creative activity of present writers in indigenous Mexican langua-
ges includes the arduous task of translating. Works of different genres
are transferred from the native language to Spanish or vice versa,
mostly, with remarkable aesthetic expertise. This process implies the
knowledge of those two worlds to which the creators belong, as well
as the linguistic and rhetorical properties of each of the systems they
use in their production. The prejudices they face in their artistic activi-
ty are huge and often unjustified, and the efforts devoted to overcome
them have given this particular literary movement, generated in recent
decades, more and more importance, as this article will try to prove.
Keywords: Translation, indigenous Mexican languages, contemporary
indigenous poetry.
Krishna Naranjo Zavala (Universidad de Colima):
La palabra multicolor que canta y resignifica el mundo: importancia
del estudio de lenguas y literaturas indígenas en México.
El objetivo del trabajo es ofrecer una serie de reflexiones en torno a la
importancia del estudio de lenguas y literaturas indígenas contempo-
ráneas en México. En primer lugar, se situarán expresiones musicales
contemporáneas por representar posibilidades de fortalecimiento de la
lengua y declaraciones de identidad. Enseguida, algunas claves deriva-
das de la literatura indígena contemporánea vistas desde una recep-
ción mestiza para, a la postre, reparar en rasgos nítidos como la veta
denunciatoria, la presencia de la cosmovisión en la escritura, misma
que nos lleva a colocar el foco en la literatura escrita por mujeres indí-
genas por razones precisas, sin la pretensión de la exclusiva perspec-
tiva de género; son acaso pistas viables en la travesía literaria. Desde
luego, sin pasar por alto la labor editorial dedicada a esta producción.
Palabras clave: Literaturas indígenas mexicanas contemporáneas, de-
claraciones de identidad, música indígena contemporánea.
The Multicoloured Word that Sings the World and Gives New
Meaning to it: Importance of the Study of Indigenous Languages
and Literatures in Mexico.
The objective of this work is to offer a series of reflections on the im-
portance of the study of contemporary indigenous languages and lite-
ratures in Mexico. First, contemporary musical expressions, which re-
present possibilities of strengthening the language as well as declara-
tions of identity, will be located. Next, some clues derived from con-
271
temporary indigenous literature seen from a mestizo reception will be
placed. And then, distinct features, such as the denunciatory vein and
the presence of the worldview in writing, will be reviewed. All of
which leads us, without the pretentiousness of an exclusive gender
perspective, to focus for precise reasons on the literature written by in-
digenous women. Perhaps, these are viable paths in this literary jour-
ney. Of course, without overlooking the editorial work dedicated to
this production.
Keywords: Contemporary Mexican indigenous literatures, declara-
tions of identity, contemporary indigenous music.
Octavio Páez Granados (Université de Genève / CECH – Universi-
dade de Coimbra):
Ano castrado, ano imán, ano locus amoenus. Las relaciones anales de
Francisco de Quevedo.
El culo ocupa un lugar importante dentro del lenguaje y del discurso
social. Suele ser el lugar de la injuria y del insulto, funcionando como
una frontera: una línea imaginaria donde la masculinidad tiembla.
Estrechamente asociada a la imagen de la analidad, surge la figura del
sodomita —aquel que representa la soberana disposición del cuerpo,
ejemplo de masculinidad disidente y contestataria— que parece ser
construida a partir de un complejo proceso que involucra mecanismos
de ficcionalidad, traducción, lectura y puesta en escena. Así, culo, so-
domía y masculinidad, se articulan dentro del imaginario de uno de
los paradigmas literarios del denominado «Siglo de Oro»: Francisco de
Quevedo y Villegas.
Palabras clave: Culo, sodomía, masculinidad, Francisco de Quevedo.
Castrated Anus, Anus as a Magnet, Anus as locus amoenus. Francisco
de Quevedo’s Anal Relationships.
The ass occupies an important place within language and social dis-
course. It is usually the means of insult; it functions as a border: an
imaginary line where masculinity trembles. The figure of the sodomite
is closely associated with anality. He represents the sovereign dis-
position of the body, as example of dissident and rebellious mascu-
linity, and appears to be constructed from a complex process that in-
volves fictionality, translation, reading and staging. Thus, the ass, so-
domy and masculinity, are articulated within the imagination of one of
the literary paradigms of the so-called «Siglo de Oro»: Francisco de
Quevedo y Villegas.
Keywords: Ass, sodomy, masculinity, Francisco de Quevedo.
272
Lucie Paratte (Université de Neuchâtel):
Visiones de Nueva York en textos de Muñoz Molina y Lindo.
Este artículo analiza tres relatos sobre unas estancias en Nueva York.
Estudia el libro de Antonio Muñoz Molina Ventanas de Manhattan y dos
libros de Elvira Lindo, Lugares que no quiero compartir con nadie y Noches
sin dormir, desde tres perspectivas: la literatura femenina y la influen-
cia de ser hombre o mujer escritor en la descripción de una misma ex-
periencia, el uso de la escritura del yo y el empleo de otras artes me-
diante la intertextualidad y la intermedialidad para representar la
urbe.
Palabras clave: Autoficción, literatura femenina, intermedialidad, in-
tertextualidad.
Views of New York in Antonio Muñoz Molina’s and Elvira Lindo’s
Texts.
This article analyses three texts about some visits in New York. It stud-
ies Antonio Muñoz Molina’s book Ventanas de Manhattan and two
books by Elvira Lindo, Lugares que no quiero compartir con nadie and
Noches sin dormir from three perspectives: the feminine literature and
the influence of being a man or a woman writer in the description of a
same experience, the usage of writing in the first person and the utili-
zation of other arts by the intertextuality and the intermediality to
describe the city.
Key words: Autofiction, women’s literature, intermediality, intertex-
tuality.
273
Colaboradores en este número
José Alejos García es un antropólogo guatemalteco, investigador titu-
lar de la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha realizado in-
vestigaciones etnográficas entre los grupos mayas q’eqchi’, ch’ol e itzá
en Guatemala y Chiapas. Ha desarrollado teorías y métodos para la in-
vestigación antropológica basados en la filosofía del lenguaje de Mijaíl
Bajtín, y en la semiótica de la cultura de Iuri Lotman, principalmente.
Actualmente trabaja en una semiótica de la tradición oral indígena.
Fue catedrático de la licenciatura en etnología de la Escuela Nacional
de Antropología e Historia de México (1988-1998). Desde 1993 ha sido
profesor del Seminario de Tradición Oral del Posgrado en Estudios
Mesoamericanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM,
donde además fungió como coordinador. Ha sido docente y consultor
en universidades públicas en México, Centro América y Canadá. El Dr.
Alejos ha publicado los resultados de sus investigaciones en libros, an-
tologías y artículos en revistas especializadas. Sus dos últimos libros se
intitulan La palabra en la vida. Dialogismo en la narrativa mesoamericana
(UNAM, 2012) y Dialogismo y semiótica de cuentos míticos mayas (UNAM
2018).
Contacto: jalejosg@[Link]
Jenny Brumme es catedrática en Traducción y Lingüística Aplicada en
la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona (España). Su investigación
se ha centrado tanto en la lingüística histórica como en la lingüística
contrastiva y los estudios de traducción. Sus proyectos actuales se sitú-
an en esta última línea con énfasis en la fraseología.
Contacto: [Link]@[Link]
Jorge Chen Sham es Doctor en Estudios Románicos, especialidad Es-
pañol, por la Université Paul Valéry, Montpellier III, Francia (1990). Es
profesor catedrático de la Escuela de Filología, Lingüística y Literatura
de la Universidad de Costa Rica (2003), en donde enseña literatura cen-
troamericana, teoría literaria y literatura española. Sus campos de in-
vestigación son los siguientes: la Generación del 98, literaturas centro-
americanas, prosa española e hispanoamericana del siglo XVIII, ade-
más de la lírica hispánica. Es miembro correspondiente de la Acade-
mia Nicaragüense de la Lengua y de la Academia Norteamericana de
la Lengua Española. Ha ganado el Premio al investigador del Área de
Artes y Letras de la Universidad de Costa Rica (2008) y Docente Desta-
cado (2010, 2011 y 2012). Tiene a su haber más de 275 artículos en re-
vistas especializadas y capítulos de libros y actas en Costa Rica, Nica-
ragua, Guatemala, México, EE. UU., México, Colombia, Chile, Brasil,
Argentina, España, Francia, Alemania, Italia, República Checa. Los li-
bros de su autoría se dedican a la prosa del siglo XVIII (José Francisco
de Isla y José Cadalso) y a las literaturas centroamericanas (Rima de
Vallbona, Mariana Sansón, Jorge Debravo). Ha editado o co-editado
volúmenes sobre Rima de Vallbona, Gloria Elena Espinoza de Tercero,
la Generación del 98, las nuevas novelistas latinoamericanas, Rubén
Darío, Carmen Naranjo y Virgilio Mora. En el campo de la creación
poética ya ha publicado Nocturnos de mar inacabado (2011), Conjuros del
alba (2014) y Por Costa Rica de viaje: sus trípticos (2015); sus libros más
recientes son una coedición con Mayela Vallejos Ramírez, Onomástica e
intertextualidad en el relato corto latinoamericano (2016), y la edición de
Cartas de Eunice Odio a Rodolfo (2017).
Contacto: jorgechsh@[Link]
Sandra Díaz de Zappia Doctora en Historia, fue profesora en diversas
cátedras en la Universidad del Salvador y en la Pontificia Universidad
Católica Argentina de Argentina. Especializada en Historia del Dere-
cho, es miembro titular del Instituto de Investigaciones de Historia del
Derecho desde 2008. Además, se desempeñó como archivera y consul-
tora histórica en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Ar-
gentina. Es autora de varios trabajos científicos publicados en Argen-
tina, Chile, Estados Unidos y Alemania.
Contacto: [Link]@[Link]
Virginia Holzer tiene una Maestría en Artes en Lingüística/ Literatura
Española y Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Berna.
Desde 2018 es doctoranda en dicha universidad, por el Instituto de
Lengua y Literatura Española. Como miembro del programa de docto-
rado de Estudios Globales de la Walter Benjamin Kolleg, está actual-
mente trabajando en su proyecto Narrativas de violencia(s) contra muje-
res: cuerpos residuales y vidas no lloradas en la literatura contemporánea en
Perú y Argentina.
Contacto: [Link]@[Link]
Cristina R. Martínez Torres es Graduada en Periodismo por la Uni-
versidad Complutense de Madrid con Máster en Estudios Literarios y
Teatrales por la Universidad de Granada y miembro del grupo coordi-
nador de la Asociación de Amigos de Miguel Hernández. Actualmen-
te, realiza su tesis doctoral en la Universidad de Lausana, bajo la direc-
ción del Dr. Marco Kunz, en la que estudia la figura del poeta Miguel
276
Hernández como eje de las poéticas comprometidas españolas del
siglo XX.
Contacto: [Link]@[Link]
Pilar Máynez es Doctora en Lingüística Hispánica por la Facultad de
Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Desde 1981 forma parte de la planta docente de la Facultad de Estu-
dios Superiores (FES) Acatlán de la UNAM. Ha obtenido diferentes
reconocimientos como la “Distinción para Jóvenes Académicos en el
área de Investigación en Humanidades” y el Premio “Wigberto Jimé-
nez Moreno” a la mejor investigación en Lingüística (INAH). Algunos
de sus libros son: El calepino de Sahagún. Un acercamiento (FCE, 2003,
reedición digital 2015); Lenguas y literaturas indígenas en el México Con-
temporáneo (UNAM, 2004).
Contacto: pilar_unam@[Link]
Krishna Naranjo Zavala es Maestra en Literatura Hispanoamericana.
Actualmente cursa el Doctorado en Estudios Mexicanos. Es profesora
de tiempo completo en Facultad de Letras y Comunicación de la Uni-
versidad de Colima e integrante del cuerpo académico 49 “Rescate del
Patrimonio Cultural y Literario”. Sus intereses son la poesía mexicana,
siglos XX y XXI, y la literatura indígena contemporánea. Ha publicado
artículos académicos, ensayos y colaboraciones literarias en revistas,
libros y sitios de la especialidad. Asimismo, se ha desempeñado como
promotora de lectura en contextos escolares. Es autora de los poema-
rios Letanías mestizas, Batalla de la aurora, Tierra de cada día, Tal vez el bos-
que, así como del cuadernillo de cuento infantil, Beto, su secreto. Su artí-
culo publicado más reciente es: «Poesía de la naturaleza desde la cos-
movisión zoque: Mokaya, de Mikeas Sánchez» en el libro Margen al
centro, coordinado por Rogelio Guedea, bajo la editorial Peter Lang.
Contacto: krish@[Link]
Octavio Páez Granados. Asistente doctorando en las unidades de es-
pañol y portugués de la Universidad de Ginebra y miembro colabora-
dor del Centro de Estudos Artísticos e Humanísticos (CECH) de la Univer-
sidad de Coímbra. Su principal línea de investigación se refiere al estu-
dio de las masculinidades (con especialmente énfasis en las disidentes)
en las literaturas iberoamericanas del barroco y en obras de los siglos
XX y XXI de estética neobarroca. Paralelamente a sus estudios litera-
rios, Octavio Páez Granados tiene formación como clavecinista y musi-
cólogo. En este sentido, su labor se centra en el estudio de formas poé-
277
ticos-musicales iberoamericanas propias de los siglos XVI al XVIII,
específicamente villancicos de personajes, de naciones y ensaladas
villanciqueras.
Contacto: ottavitopaez@[Link]
Lucie Paratte obtuvo un Máster en literatura hispánica en la Universi-
dad de Neuchâtel en septiembre de 2016, con una tesina de Máster
sobre la visión de Nueva York y la manera de representarse en esta
metrópoli en tres libros de Antonio Muñoz Molina y Elvira Lindo. Sus
campos de interés son la literatura del los siglos XX y XXI, la autobio-
grafía y más generalmente la escritura del yo, e igualmente el estudio
de la novela como género ficticio representante de lo real.
Contacto: parattelucie@[Link]
Beatrice Schmid es catedrática emérita de Lingüística Iberorrománica
de la Universidad de Basilea (Suiza). Su investigación se ha movido en
diversos campos de la lingüística histórica (catalana, hispánica y romá-
nica general). Sus proyectos actuales se centran en el judeoespañol
oriental y en el catalán del siglo XIX.
Contacto: [Link]@[Link]
278
BOLETÍN HISPÁNICO HELVÉTICO
Normas de redacción
1. Los originales para el número doble 33-34 (primavera-otono
2019) se entregarán por correo electrónico en formato Word y
PDF antes del 31 de marzo de 2019: [Link]@[Link].
2.1. Los artículos, escritos en español, formato DIN A4, tendrán
una extensión entre 20.000 y 60.000 signos (incl. espacios blan-
cos entre palabras).
2.2 Los artículos incluirán un resumen (abstract) de unos 500-
1000 signos (incl. espacios blancos entre palabras) en español y
en inglés (con traducción también del título del artículo), y unas
palabras clave (3-6), también en español e inglés.
2.3. Se ruega añadir al abstract una breve nota biográfica en
español (no más de 500 signos) e indicar el correo electrónico y
una dirección postal.
3. El título del artículo debe aparecer justificado a la izquierda,
en negritas 12 pt Palatino o Times New Roman (el subtítulo en
10 pt), seguido de los nombre(s) y apellido(s) del autor, justifi-
cado(s) a la izquierda, en tamaño 10 pt, y, debajo, los nombres
de la institución y del país, en 10 pt cursiva, seguidos de un
espacio sencillo.
4. Los títulos de capítulos deben aparecer en tamaño 10 pt Pala-
tino o Times New Roman, en versalitas, ajustados a la izquierda
y precedidos y seguidos de un espacio en blanco de 12 pt.
5. Composición del texto
• interlineado simple
• tamaño 10 pt Times New Roman, justificado a ambos
lados.
• sangrado 0.5 cm en la primera línea de cada párrafo.
6. Citas
Las citas breves se incorporarán al texto entre comillas dobles
(“...”). Las citas más extensas de tres líneas formarán un párrafo
aparte, sangrado a 1.0 cm del margen izquierdo (más un san-
grado de 0.5 cm en la primera línea de cada párrafo), tamaño 9
pt, justificado, interlineado sencillo. Omisiones y cambios en las
citas se pondrán entre corchetes: p. ej. […], [¡sic!].
7. Notas al pie
7.1. Las notas tendrán las características siguientes: tamaño 8pt
Palatino o Times New Roman, interlineado sencillo, sangrado
0.5 cm en la primera línea. El número de llamada a las notas se
pondrá antes de coma y punto y después de interrogante, signo
de exclamación y todo tipo de comillas.
7.2.1. Las referencias bibliográficas correspondientes a las citas
se pondrán en nota a pie de página indicando, la primera vez
que se cita un texto, los datos completos según las normas espe-
cificadas para la bibliografía (v. 8). Se usarán las abreviaturas p.
y pp. para la(s) página(s).
7.2.2. En las citas posteriores se pone ibid. cuando la nota inme-
diatamente anterior remite al mismo texto; en todos los demás
casos, se indican el apellido del autor y el año de publicación
seguidos de op. cit.
P. ej.: Fuentes (1995), op. cit., pp. 23-24.
7.2.3. Cuando se trata de una cita de segunda mano, indiquen,
si posible, la referencia completa del texto original, seguida de
“cit. en:” y la referencia completa del texto de donde han toma-
do la cita.
7.2.4. Si el artículo analiza una sola obra, las referencias corres-
pondientes a esta obra se indicarán en el texto principal, entre
paréntesis después de cada cita —ej.: “Para hacer las cosas no
hay más que hacerlas” (p. 9)—, excepto la primera vez que se
cita el libro (v. 7.2.1).
7.2.5. Si el artículo analiza varias obras que se citan a menudo,
las referencias correspondientes se ponen en el texto principal
indicando, entre paréntesis después de cada cita, el título abre-
viado y el número de página —ej: “Tijuana es el proyecto caído
de la posmodernidad” (Tijuanologías, p. 114)—, excepto la pri-
mera vez que se citan (v. 7.2.1).
8. Bibliografía
La bibliografia debe aparecer después del texto (Palatino o
Times New Roman, 9pt). Se mencionarán: autor con nombres y
apellidos completos (los nombres no se abreviarán nunca), títu-
lo, lugar, editorial y año/fecha de publicación según los mode-
los siguientes:
280
8.1. Libros
Cota Torres, Édgar: La representación de la leyenda negra en la
frontera norte de México. Phoenix: Orbis, 2007.
Rulfo, Juan: Pedro Páramo, ed. de José Carlos González Boixo.
Madrid: Cátedra, 2008, 21a ed.
— El llano en llamas, ed. de Carlos Blanco Aguinaga. Madrid:
Cátedra, 1986, 3a ed.
Yépez, Heriberto/ Montemozolo, Fiamma/ Peralta, René: Here is
Tijuana. London: Black Dog, 2006.
Garza, Roberto (ed.): Contemporary Chicano Theatre. Notre
Dame: Notre Dame University Press, 1976.
8.2. Artículos en libros
Toro, Alfonso de: «Figuras de la hibridez: Carlos Fuentes, Gui-
llermo Gómez Peña, Gloria Anzaldúa y Alberto Kurapel»,
en: Mertz-Baumgartner, Birgit/ Pfeiffer, Erna (eds.): Aves de
paso. Autores latinoamericanos entre exilio y transculturación
(1970-2002). Frankfurt a. M./ Madrid: Vervuert/ Iberoameri-
cana, 2005, pp. 83-103.
8.3. Artículos en revistas
Villoro, Juan: «Nada que declarar. Welcome to Tijuana», Letras
Libres, II, 17 (mayo 2000), pp. 16-20.
8.4. Publicaciones electrónicas
Se indicará el máximo de informaciones disponibles, es decir, si
es posible, nombre(s) y apellido(s) del autor, título del texto,
título de la revista electrónica o página web, fecha de la publi-
cación, y en todos los casos la dirección de la página web (URL) y
la fecha de consulta:
Ali-Brouchoud, Francisco: «Entrevista al artista Guillermo
Gómez-Peña: Un chicano en Tucumán», Página/12, 14-VI-
2005, [Link]
[Link] (consultado 11-III-2008).
9. Sólo deberían incluirse imágenes si éstas resultan imprescin-
dibles para la comprensión del texto y si el autor del artículo
tiene los derechos de reproducción. Las imágenes y las tablas se
mandarán también en formato PDF y JPG y deben ajustarse al
281
formato de la revista (es decir, no pueden exceder un máximo
de 10 cm de ancho y 17 cm de alto) e integrarse sin problemas
en el texto (en el caso contrario tendrán que ser reproducidas en
un apéndice).
10.1. Se agradece el envío de artículos inéditos en español. La
dirección y el consejo de redacción de la revista se reservan el
derecho de decidir si un artículo se publica o no, incluso si la
evaluación por pares ha sido positiva.
10.2. Para garantizar la calidad de los artículos, éstos pueden
ser sometidos a una evaluación por parte de dos expertos: si
ambos dictámenes son positivos, el artículo se publicará y se
indicará en la primera página que se trata de un “peer reviewed
article”.
282
© Sociedad Suiza de Estudios Hispánicos, Lausanne, 2017
Ángel Berenguer Amador
Distribuidor:
Pórtico Librerías
Muñoz Seca, 6
50005 Zaragoza (España)
distrib@[Link]
[Link]
ISBN: 978-84-7956-172-7, Depósito legal: Z 1844-2017
Directora: Victoria Béguelin Argimón
Coeditores: Mariela de La Torre & Antonio Lara Pozuelo
Section d'espagnol
Université de Lausanne
CH-1015 Lausanne
Resumen
La güerta de oro es la primera obra de temática profana conservada en
judeoespañol. Su autor, David Atías, es el primero que intentó llevar la
cultura occidental al mundo de los sefardíes orientales; pero además
de por su contenido, el libro es innovador por la forma, dado que los
géneros literarios que aparecen en él son también occidentales, des-
conocidos hasta la fecha en el mundo sefardí oriental. Asimismo, la
lengua que aparece es singular, pues está alejada de los registros
hebraizantes propios de la literatura religioso-patrimonial.
Junto a la edición del libro, se presenta un estudio sistemático de la
morfología y la sintaxis del verbo. Se han estudiado tanto los rasgos
que diferencian el texto del español estándar como los compartidos, in-
cluyendo aquellos que pueden no ser tan evidentes, pero son necesa-
rios para tener una imagen de conjunto del sistema lingüístico de esta
variante del español. En nuestra obra se encuentran rasgos que, frente
al español estándar de su época, se pueden distribuir en dos tipos: con-
servadores e innovadores, combinación propia de cualquier sistema
lingüístico vivo.
284
El Boletín Hispánico Helvético (BHH) es el órgano de expresión de la
Sociedad Suiza de Estudios Hispánicos (SSEH).
Además de brindar información acerca de las actividades realizadas en el seno
del hispanismo suizo, el BHH ofrece un espacio de difusión del hispanismo en
sus diversas tendencias hermenéuticas y campos de interés (la investigación
literaria, lingüística, histórica y cultural). Constituye asimismo una plataforma
de publicación para los jóvenes hispanistas incentivándolos
de este modo en su labor investigadora.
BHH se publica con ayuda económica de la ASSH
(Académie Suisse des Sciences Humaines et Sociales):
[Link]
[Link].
BHH está indexado en CIRC, MIAR, MLA, Latindex, Elektronische
Zeitschriftenbibliothek.
BHH sale dos veces al año (primavera y otoño). Los artículos que aparecen en la
revista son evaluados y revisados por los miembros del Comité de redacción y
en casos especiales por expertos externos.
Diríjase toda correspondencia relacionada con el contenido del BHH a
Marco Kunz, Université de Lausanne, Faculté des Lettres, Section d’Espagnol,
UNIL-Dorigny, Anthropole 4125, CH-1015 Lausanne, SUIZA
(dirección electrónica: [Link]@[Link]).
Para hispanistas suizos o residentes en Suiza, la suscripción al BHH está
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Precio de suscripción por 2 números anuales:
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Para suscripciones, diríjase al secretario de la revista, Ángel Berenguer Amador:
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SOCIEDAD SUIZA DE ESTUDIOS HISPÁNICOS
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Vice-Presidentes
Dora Mancheva (Université de Genève)
Dolores Phillipps-López (Université de Genève/ Université de Lausanne)
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Secretaría
Elena Padrón Castilla (Université de Neuchâtel)
[Link]@[Link]
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