Bolivia: La justicia indígena y la ley de
deslinde jurisdiccional
Por Zenobio Quispe Colque*
Algunos antecedentes históricos
Históricamente conocemos que cada pueblo tenía sus valores, su justicia, diferentes entre sí,
y que la justicia indígena es una práctica ancestral en los ayllus, marcas, suyus, tentas, etc.
Los cronistas de la colonia como Waman Puma de Ayala, Juan Matienzo, Garcilaso de la
Vega, Cieza de León y otros, nos permiten ver que antes de la colonia ya existía un sistema
jurídico en el Tawantinsuyu, es decir, en los territorios que hoy constituyen las repúblicas de
Bolivia, Perú, Chile, Argentina, Ecuador, cuyas prácticas aún perduran en estos territorios.
Durante la colonia, de cualquier forma y pese a la dominación e imposición de nuevos
sistemas económicos, políticos, culturales y jurídicos, coexistieron dos tipos de justicia, dos
sistemas de justicia: la de los invasores y la de los pueblos indígenas invadidos.
Con la creación de las repúblicas, la situación poco o casi nada ha cambiado para los pueblos
indígenas, que pese a las nuevas constituciones, al Convenio 169 de la OIT y la Declaración
de las Naciones Unidades sobre los Derechos de Los Pueblos Indígenas, aún no pueden
ejercer a plenitud su propia justicia.
La importancia de la reconstitución territorial, sus autoridades
y procedimientos propios
La Justicia Indígena, vale decir, la justicia de los pueblos aymara, quechua, guararí, entre
otros del Estado Plurinacional de Bolivia, de forma equivocada y a veces
malintencionadamente, ha sido relacionada con los linchamientos y otras prácticas que se
han venido imponiendo por la ausencia de la justicia ordinaria y sus mecanismos en áreas
periurbanas y urbanas de nuestras principales ciudades.
Sin embargo, es preciso señalar que dichas prácticas no tienen ninguna relación con la
aplicación de la verdadera justicia indígena, precisamente por la ausencia de elementos
esenciales para ser consideradas como tal. En efecto, para que sea considerada como justicia
indígena es fundamental tomar en cuenta la reconstitución territorial, que en la región andina
son los ayllus, markas y suyus. Por otro lado, estos territorios están regidos por sus propias
autoridades, que son los jilaqatas en los ayllus y los mallkus en las markas y son quiénes
tienen que conducir todo proceso relacionado con el ejercicio de la justicia en sus territorios.
Asimismo, están los procedimientos propios, a los que vienen denominando como usos y
costumbres.
En tal sentido, no a cualquier situación o hecho de linchamiento se tiene que relacionar con
la justicia de los pueblos indígenas propiamente. Los numerosos linchamientos y otros
hechos que son vinculados por los medios de comunicación con la justicia indígena, no tienen
absoluta relación, porque precisamente no concurren los aspectos anteriormente señalados,
ya que estos hechos se suscitan en territorios que no son ayllus ni markas reconstituidos,
donde tampoco son las autoridades indígenas quiénes ejercen dichas funciones, ni mucho
menos se aplican los procedimientos que corresponden a los pueblos indígenas.
Se proscribe a la justicia indígena sólo al área rural
Por otro lado, con esta Ley 073 de Deslinde Jurisdiccional, en el ámbito personal y territorial,
la aplicación de la justicia indígena se proscribe al área rural y a los miembros de los
“territorios indígenas” y no toma en cuenta la verdadera realidad poblacional indígena del
país que nos señala el Censo de 2001, que nos demuestra que millones de indígenas viven en
la ciudades.
El desconocimiento de esta realidad, hace que las políticas, planes, programas y, en este caso
particular, el diseño y aprobación de leyes como la Ley de Deslinde Jurisdiccional adolezcan
de graves fallas e incoherencias en detrimento del avance y las aspiraciones de las mayorías
indígenas.
En este sentido, tomando en cuenta la realidad poblacional indígenas, lo correcto es que la
justicia indígena se deba también aplicar en áreas urbanas, es decir, la justicia indígena se
deberá aplicar donde están mayoritariamente los indígenas y donde eso ocurre, es
precisamente en las ciudades como La Paz, el Alto, Cochabamba, Oruro, Potosí, Sucre, etc.
Vale decir, la justicia indígena se debe aplicar e implementar en el área rural como en el área
urbana.
Ley de Deslinde Jurisdiccional reproduce el colonialismo
jurídico
La nueva Constitución Política del Estado en su título III del Órgano Judicial y Tribunal
Constitucional Plurinacional, con toda precisión señala:
“Artículo 179.- II La jurisdicción ordinaria y la jurisdicción indígena originaria campesina
gozarán de igual jerarquía.”
Sin embargo esa “igual jerarquía” entre ambas justicias, como ya mencionamos
anteriormente, es pisoteada, eliminada y transgredida por el artículo 10, II de la Ley de
Deslinde Jurisdiccional, quedando por tanto como simples enunciados los artículos 3 y 4, a)
de esta Ley 073.
Por otra parte, el artículo 30 del Capítulo Cuarto de los Derechos de las Naciones y Pueblos
Indígena Originario Campesino, el parágrafo II, numeral 14 reconoce el derecho “Al ejercicio
de sus sistemas políticos, jurídicos y económicos acorde a su cosmovisión”.
Asimismo, la Declaración de las Naciones Unidades sobre los Derechos de los Pueblos
Indígenas, que en Bolivia es a su vez Ley Nº 3760 del Estado Plurinacional de Bolivia de
fecha 7 de noviembre de 2007, de forma expresa reconoce el derecho de los pueblos
indígenas a conservar y reforzar sus propias instituciones, entre ellas, de forma específica las
jurídicas (artículo 5).
Pese al mandato de la nueva Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia y los
instrumentos internacionales como el Convenio 169 y la Declaración de las Naciones Unidas
sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, que además son leyes en Bolivia, con la
implementación de las nuevas leyes de desarrollo constitucional, en el caso particular que
nos ocupa, con la Ley de Deslinde Jurisdiccional, de forma concreta, se puede establecer que
existe un oscuro interés de no permitir el avance pleno de los pueblos indígenas, en este caso
el de no permitir el efectivo ejercicio de su ancestral e histórica justicia, al supeditarla a la
jurisdicción ordinaria, tal como se evidencia en el artículo 10, II de esta Ley.
De forma concreta, la Ley de Deslinde Jurisdiccional impone que la justicia ordinaria
colonial continúe supeditando y desplazando a la justicia de las mayorías indígenas de
nuestro país (62%, Censo de Población y Vivienda 2001), lo que lamentablemente significa
fortalecer la continuidad colonial y que la figura de la descolonización es un simple slogan
demagógico, que se podría interpretar como un anti indigenismo que niega toda
reivindicación concreta de nuestros pueblos, en este caso, el ejercicio pleno de su justicia
milenaria.
En este marco, la contradictoria e incoherente Ley de Deslinde Jurisdiccional, de forma
flagrante viola el precepto constitucional de la igualdad jerárquica entre la justicia ordinaria
y la justicia indígena.
A modo de conclusiones, es preciso señalar que la Ley de Deslinde Jurisdiccional coarta los
derechos de los pueblos indígenas y no permite el pleno ejercicio de la justicia indígena y
contradice lo establecido en la propia Constitución Política del Estado, el Convenio 169 y la
Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.
Por todo ello, tomando en cuenta que toda ley es perfectible, la Ley de Deslinde
Jurisdiccional debe ser modificada, consultada y consensuada con todos los sectores
indígenas, sobre todo con las millones de indígenas urbanos.