Morales
Morales
EL
EXILIO
BRASILEÑO
EN
MÉXICO
DURANTE
LA
DICTADURA
MILITAR
EN
BRASIL
(1964–1979).
Tesis
para
optar
por
el
grado
de
Doctora
en
Historia
Presenta
Daniela
Morales
Muñoz
Directora
de
tesis
Dra.
Verónica
Oikión
Solano
Zamora,
Michoacán,
noviembre
de
2016.
1
A
todos
aquellos
que
han
sido
obligados
a
abandonar
su
hogar
por
buscar
una
sociedad
mejor.
2
3
ÍNDICE
AGRADECIMIENTOS
6
SIGLAS
8
INTRODUCCIÓN
14
CAPÍTULO
1
DEL
GOBIERNO
DE
JOÃO
GOULART
AL
GOLPE
DE
ESTADO
EN
BRASIL
38
João
Goulart,
presidente
de
Brasil
38
Las
reformas
de
Base
40
Política
Exterior
Independiente
41
México
44
Eclosión
social
51
Antesala
del
golpe:
crisis
político–militar
68
CAPÍTULO
2
EL
PRIMER
EXILIO.
GENERACIÓN
64
76
“Operación
limpieza”
76
México,
el
golpe
de
estado
y
el
asilo
diplomático
80
Negociación
de
salvoconductos
y
crisis
diplomática
87
“Limpiar
la
pizarra”
103
En
México
117
El
grupo
que
llega
en
1964
118
El
grupo
que
llega
entre
1965
y
1966
142
CAPÍTULO
3
SEGUNDA
FASE
DEL
EXILIO.
GENERACIÓN
68
152
De
Castelo
Branco
al
AI–5
152
Asilo
diplomático:
cuidadoso
y
discreto
158
En
México
173
Tlatelolco
177
Los
canjeados
183
La
experiencia
de
los
“banidos”
en
México
189
“Aeropiratas”
brasileños.
El
secuestro
de
un
avión
mexicano
200
CAPÍTULO
4
EXILIO
EN
EL
EXILIO
206
Los
años
de
plomo
(1969–1974)
206
Brasileños
en
México
tras
el
golpe
de
estado
en
Chile
211
Las
casas
de
estudio
como
opción
de
exilio
223
Actividad
política
y
cultural
231
4
Cuadernos
del
Tercer
Mundo,
una
revista
en
el
exilio
236
CAPÍTULO
5
HACIA
EL
FIN
DEL
EXILIO
244
Tiempos
de
distensión
(1974–1979)
244
México,
base
de
apoyo
para
la
reorganización
del
Trabalhismo
246
Campaña
por
la
amnistía
en
México
250
CONCLUSIONES
254
FUENTES
264
ANEXOS
1. Relación
de
brasileños
asilados
en
la
embajada
de
México
en
Brasil.
1964–1979.
272
5
AGRADECIMIENTOS
Agradezco
en
primer
lugar
al
Centro
de
Estudios
Históricos
(CEH)
de
El
Colegio
de
Michoacán
el
haberme
dado
la
oportunidad
de
ingresar
al
Programa
de
Doctorado
en
Historia
y
formar
parte
de
la
generación
2011–2016,
así
como
al
Consejo
Nacional
de
Ciencia
y
Tecnología
(CONACYT)
que
financió
mis
estudios
durante
todo
ese
periodo.
Agradezco
también
a
los
profesores
e
investigadores
del
CEH,
a
mis
compañeros
de
generación
y
a
los
amigos
con
los
que
dentro
y
fuera
del
colegio
compartí
experiencias
a
lo
largo
de
estos
años.
Un
agradecimiento
muy
especial
a
mi
directora
de
tesis,
Dra.
Verónica
Oikión
Solano,
quien
alentó
mis
estudios
desde
mis
primeros
días
en
el
colegio
y
me
dio
la
confianza
y
el
soporte
académico
y
emocional
suficientes
para
lograr
una
feliz
conclusión
del
programa.
A
mis
lectores,
Dra.
Mónica
Palma
Mora
y
Dr.
Martín
López
Ávalos,
agradezco
haber
dado
seguimiento
a
mi
trabajo
de
investigación
y
cada
una
de
las
observaciones
que
realizaron
al
mismo.
Mi
más
sincero
reconocimiento
e
infinita
gratitud
a
cada
una
de
las
personas
que
accedió
a
compartir
sus
experiencias
de
exilio
para
la
elaboración
de
este
trabajo,
aún
y
cuando
ello
implicara
revivir
momentos
dolorosos
de
su
historia
personal.
Igualmente,
agradezco
enormemente
a
todas
las
personas
que
fungieron
como
intermediarias
para
concretar
cada
uno
de
los
encuentros
con
antiguos
exiliados
brasileños
en
México,
entre
ellos
quiero
destacar
la
valiosa
ayuda
de
Iván
Seixas,
María
Claudia
Badan,
Iván
Godoy,
Estela
Scheinvar,
Nadia
Bambirra,
Raquel
Valadares,
Teresinha
Bertussi,
Enrique
Cortés
Reyna
y
Paula
Abramo.
Un
especial
reconocimiento
a
la
Dra.
Gabriela
Pellegrino
Soares,
profesora
investigadora
de
la
Universidad
de
São
Paulo
(USP)
por
haberme
abierto
la
puerta
con
gran
generosidad
y
fraternidad
para
realizar
una
estancia
de
investigación
en
Brasil
durante
la
cual
pude
consultar
diversos
acervos
documentales
y
bibliotecas
de
ese
país,
recabar
testimonios
y
exponer
mis
avances
de
investigación
ante
el
grupo
de
investigación
que
ella
encabeza.
De
la
misma
manera,
agradezco
al
Dr.
Marcos
Napolitano,
profesor
investigador
de
la
misma
universidad
por
haberme
invitado
a
6
exponer
mi
trabajo
ante
el
grupo
de
estudio
sobre
la
dictadura
militar
brasileña
que
él
mismo
coordina
en
el
Departamento
de
Historia
de
la
Facultad
de
Filosofía,
Letras
y
Ciencias
Humanas
(FFLyCH)
de
la
USP.
Mi
agradecimiento
también
a
todas
las
personas
que
durante
los
gratos
meses
de
estancia
en
Brasil
me
orientaron
en
la
búsqueda
de
información,
y
a
la
comunidad
de
amigos
que
hicieron
de
esa
una
experiencia
inolvidable.
Mi
gratitud
a
todos
aquellos
trabajadores
de
los
archivos,
bibliotecas,
hemerotecas
y
centros
documentales
que
fueron
consultados
para
este
trabajo
tanto
en
México
como
en
Brasil
porque
facilitaron
mi
trabajo
de
investigación.
Agradezco
también
a
mis
papás,
Antonio
Morales
y
Olivia
Muñoz,
por
ser
los
más
grandes
ejemplos
de
constancia
y
de
trabajo,
y
porque
siempre,
bajo
cualquier
circunstancia,
están
dispuestos
a
ayudar
y
alentar
cariñosamente
cualquier
iniciativa.
A
mis
hermanas,
Lore,
Fer
y
Andri,
por
el
respaldo
incondicional
que
son
y
por
ser
también
ejemplo
de
superación,
trabajo,
compromiso
y
solidaridad.
A
mi
hermana
elegida,
Mónica
Naymich
López
Macedonio,
por
su
orientación
y
largas
charlas
que
ayudaron
a
esclarecer
mis
propósitos
en
este
proceso.
A
Carlos
Antaramián,
por
su
ayuda
durante
mi
instalación
en
Zamora
y
su
valiosa
amistad
de
varios
años.
A
mis
amigas,
Janet
García
y
Rebeca
Campeas,
por
haber
alentado
mi
ingreso
al
doctorado.
Y
el
más
grande
reconocimiento
a
mi
compañero,
Edgar
André
Ramírez
Alonso,
que
siguió
y
compartió
conmigo
cada
paso
en
esta
investigación
y
participó
de
manera
entusiasta
en
la
videograbación
de
la
mayoría
de
las
entrevistas
que
se
realizaron.
De
principio
a
fin
su
apoyo
ha
sido
fundamental
para
concluir
este
programa
de
estudios.
Finalmente,
dedico
todo
lo
bueno
que
pueda
resultar
de
esta
experiencia
a
Darío,
que
llegó
este
año
a
nuestras
vidas
para
hacerlas
todavía
mejores.
7
SIGLAS
ACNUR
Alto
Comisionado
de
las
Naciones
Unidas
para
los
Refugiados.
AGN
Archivo
General
de
la
Nación.
AI
Amnistía
Internacional.
Alalc
Asociación
Latino–Americana
de
Libre
Comercio.
ALN
Ação
Libertadora
Nacional.
AMFNB
Associação
dos
Marinheiros
e
Fuzileiros
Navais
do
Brasil.
AP
Ação
Popular.
ARENA
Aliança
Renovadora
Nacional.
AI
Atos
Institucionais.
CASLA
Comité
de
Acción
Solidaria
con
la
Lucha
de
América
Latina.
CEESTEM
Centro
de
Estudios
Económicos
y
Sociales
del
Tercer
Mundo.
CENIMAR
Centro
de
Informações
da
Marinha.
CEI
Centro
de
Informações
do
Exército.
CEI–COLMEX
Centro
de
Estudios
Internacionales
de
El
Colegio
de
México.
CELA
Centro
de
Estudios
Latinoamericanos.
CELE
Centro
de
Enseñanza
de
Lenguas
Extranjeras.
CEPAL
Comisión
Económica
para
América
Latina.
CGT
Comando
Geral
dos
Trabalhadores.
CGS
Comando
Geral
dos
Sargentos.
CIA
Central
Intelligence
Agency.
CIDE
Centro
de
Investigación
y
Docencia
Económicas.
CIDOC
Centro
Intercultural
de
Documentación.
8
CIEX
Centro
de
Informações
do
Exterior.
CNTI
Confederação
Nacional
dos
Trabalhadores
de
Indústria.
CSN
Consejo
de
Seguridad
Nacional.
DFS
Dirección
Federal
de
Seguridad.
DGIPS
Dirección
General
de
Investigaciones
Políticas
y
Sociales.
DI–GB
Dissidência
da
Guanabara.
DI–Niterói
Dissidência
de
Niterói.
DOPS
Departamento
de
Ordem
Política
e
Social.
DSN
Doctrina
de
Seguridad
Nacional.
ENAH
Escuela
Nacional
de
Antropología
e
Historia.
MAR
Movimento
Armado
Revolucionário.
MDB
Movimento
Democrático
Brasileiro.
M.L.L.
Movimiento
Latinoamericano
de
Liberación.
MIR
Movimiento
de
Izquierda
Revolucionaria.
MRE
Ministerio
das
Relações
Exteriores.
FCPyS
Facultad
de
Ciencias
Políticas
y
Sociales.
FLACSO
Facultad
Latinoamericana
de
Ciencias
Sociales.
FELAP
Federación
Latinoamericana
de
Periodistas.
FMI
Fondo
Monetario
Internacional.
FMP
Frente
de
Movilização
Popular.
FPN
Frente
Parlamentar
Nacionalista.
FSM
Federación
Sindical
Mundial.
INAH
Instituto
Nacional
de
Antropología
e
Historia.
9
INM
Instituto
Nacional
de
Migración.
IPM
Inquéritos
policial–militares.
OBEM
Organização
dos
Exilados
Brasileiros
no
México.
OEA
Organización
de
Estados
Americanos.
ONU
Organización
de
las
Naciones
Unidas.
ORM–POLOP
Organizção
Revolucionaria
Marxista
–Política
Operaria.
OSEM
Organização
dos
Sindicalistas
Exilados
no
México.
OTAN
Organización
del
Tratado
del
Atlántico
Norte.
PCB
Partido
Comunista
Brasileiro.
PCBR
Partido
Comunista
Brasileiro
Revolucionario.
PEI
Política
Exterior
Independiente.
PM
Polícia
Militar.
PPS
Partido
Popular
Socialista.
PRT
Partido
Revolucionario
do
Trabalhador.
PST
Partido
Socialista
Brasileiro.
PTB
Partido
Trabalhista
Brasileiro.
PUA
Pacto
de
Unidade
e
Ação.
RDA
República
Democrática
Alemana.
SEM
Servicio
Exterior
Mexicano.
SRE
Secretaría
de
Relaciones
Exteriores.
STF
Supremo
Tribunal
Federal.
UAM
Universidad
Autónoma
Metropolitana.
UDN
União
Democrática
Nacional.
10
UEEs
Uniões
Estaduais
dos
Estudantes.
UNAM
Universidad
Nacional
Autónoma
de
México.
UNESP
União
Nacional
dos
Servidores
Públicos.
UNE
União
Nacional
dos
Estudantes.
UP
Unidad
Popular.
VPR
Vanguardia
Popular
Revolucionaria.
11
“No
existe
indicador
más
preciso,
en
el
ámbito
de
los
derechos
humanos,
que
la
política
de
asilo
y
refugio,
para
clasificar
los
genuinos
sentimientos
de
un
pueblo
y
la
verdadera
cara
de
un
régimen
político
dado.”
Luis
Ortiz
Monasterio,
prólogo
al
libro
de
Cecilia
Imaz,
La
práctica
del
asilo
y
del
refugio
en
México,
México,
Potrerillos,
1995.
12
13
INTRODUCCIÓN
El
31
de
marzo
de
1964
un
golpe
de
estado
civil–militar
depuso
al
presidente
constitucional
de
Brasil
João
Goulart
e
instauró
una
dictadura
que
se
mantuvo
vigente
durante
los
siguientes
21
años.
Se
inauguraba
la
primera
dictadura
de
Seguridad
Nacional
en
América
Latina,
un
nuevo
tipo
de
autoritarismo
inspirado
en
la
Doctrina
de
Seguridad
Nacional
(DSN)
que
más
tarde
se
extendería
a
los
países
vecinos
en
el
cono
sur.
Formulada
en
Estados
Unidos
en
el
contexto
del
antagonismo
Este–Oeste
característico
de
la
guerra
fría,
la
Doctrina
de
Seguridad
Nacional
se
concibió
como
un
proyecto
de
seguridad
hemisférica
que
promovía
una
alianza
interamericana
de
defensa
contra
la
subversión
enemiga,
es
decir,
el
comunismo.
Esa
fue
la
bandera
bajo
la
cual,
una
vez
en
el
poder,
los
militares
brasileños
desataron
una
cacería
de
brujas
contra
todo
lo
que
consideraron
una
“amenaza
comunista”:
políticos,
funcionarios
públicos,
personas
que
actuaban
en
organizaciones
de
izquierda,
trabajadores
sindicalistas
y
militares
nacionalistas
que
se
opusieron
al
rompimiento
de
la
legalidad
fueron
depuestos,
perseguidos,
torturados,
encarcelados
o
lanzados
al
exilio.
Más
tarde,
en
los
años
setenta,
la
represión
se
focalizó
en
los
grupos
de
oposición
a
la
dictadura
militar,
algunos
de
ellos
agrupados
en
organizaciones
armadas
cuyos
integrantes
fueron
además
desaparecidos
y
asesinados.
Se
calcula
que
entre
1964
y
1979
unos
10
mil
brasileños1
habrían
encontrado
en
el
exilio
la
única
forma
de
resguardar
la
libertad,
la
integridad
física
o
la
propia
vida.
Su
salida
del
país
se
dio
fundamentalmente
en
dos
coyunturas
diferentes.
El
primer
momento
de
salida
se
registró
entre
1964
y
1966,
cuando
cientos
de
personas
vinculadas
al
gobierno
de
João
Goulart
y
al
gran
movimiento
popular
que
encabezaba
la
lucha
por
las
Reformas
de
Base
recurrieron
al
exilio
para
escapar
de
la
persecución
que
en
su
país
los
ponía
bajo
amenaza.
El
segundo
momento
se
disparó
a
finales
de
1968
tras
la
promulgación
del
Acta
Institucional
número
5
(AI–5).
Ese
decreto
inauguró
el
periodo
más
represivo
de
la
dictadura
militar
conocido
en
la
1Anthony
W.
Pereira,
Ditadura
e
repressão.
O
autoritarismo
e
o
estado
de
direito
no
Brasil,
no
Chile
e
na
Argentina,
São
Paulo,
Paz
e
terra,
2005.,
p.
56.
14
historiografía
brasileña
como
“os
anos
de
chumbo”
durante
el
cual
se
lanzó
al
exilio
a
un
número
indeterminado
de
personas,
en
su
mayoría
jóvenes
vinculados
al
movimiento
estudiantil
y
a
organizaciones
armadas
que
intentaron
derrumbar
la
dictadura.
En
función
de
esos
dos
momentos
que
detonaron
la
salida
al
exilio
de
miles
de
personas
durante
la
dictadura
militar
en
Brasil,
la
historiadora
Denise
Rollemberg
sostiene
que
el
exilio
brasileño
de
los
años
1960
y
1970
fue
una
experiencia
vivida
por
dos
generaciones
distintas:
la
de
1964,
donde
destaca
la
presencia
de
personas
vinculadas
a
una
lucha
con
perspectiva
nacionalista
y
reformista,
y
la
de
1968,
donde
es
notoria
la
presencia
de
militancias
mucho
más
jóvenes,
la
mayoría
provenientes
del
ámbito
estudiantil
y
algunas
vinculadas
a
la
lucha
armada,
que
eran
severamente
críticas
con
las
posiciones
reformistas
defendidas
durante
el
gobierno
de
Goulart,
y
que
estaban
mucho
más
influenciadas
por
la
experiencia
revolucionaria
cubana
y
comprometidos
con
la
lucha
por
el
socialismo
internacional.
2
La
vía
a
través
de
la
cual
los
brasileños
salieron
al
exilio
entre
1964
y
1979
varió
en
función
de
las
características
represivas
de
cada
periodo;
de
los
perfiles
de
los
afectados
y
de
la
receptividad
que
los
perseguidos
políticos
encontraron
en
los
países
donde
buscaron
protección.
En
general,
se
puede
decir
que
entre
1964
y
1966
quienes
optaron
por
el
exilio
salieron
fundamentalmente
por
dos
vías:
las
embajadas,
especialmente
las
de
países
latinoamericanos
que
concedieron
asilo
diplomático,
o
cruzando
la
frontera
a
países
vecinos
donde
solicitaron
asilo
territorial.
Por
su
parte,
quienes
salieron
al
exilio
en
los
años
posteriores
a
1968,
lo
hicieron
mucho
menos
por
la
vía
de
las
embajadas
y
mucho
más
por
la
vía
de
la
clandestinidad,
como
parte
de
esquemas
de
agrupaciones
armadas,
atravesando
las
fronteras,
con
pasaporte
vigente,
obteniendo
becas
de
estudio
en
el
exterior,
o
bien,
a
cambio
de
la
vida
de
algún
diplomático
retenido
por
grupos
revolucionarios
que
entre
1969
y
1971
lograron,
a
través
de
ese
recurso,
la
liberación
y
la
salida
al
exilio
de
más
de
una
centena
de
presos
políticos.
2
Denise
Rollemberg,
Exílio:
entre
raízes
e
radares,
Rio
de
Janeiro,
Récord,
1999,
pp.
49–50.
15
Los
destinos
que
tuvo
cada
generación
en
el
exilio
también
variaron
con
el
tiempo.
Mientras
que
Montevideo,
la
capital
uruguaya,
fungió
como
polo
de
concentración
para
la
generación
del
64,
Santiago,
la
capital
chilena,
lo
fue
para
la
generación
del
68
hasta
el
11
de
septiembre
de
1973,
cuando
el
golpe
militar
que
derrocó
al
gobierno
de
la
Unidad
Popular
en
Chile
obligó
a
cientos
de
brasileños
a
salir
a
un
segundo
o
tercer
exilio,
huyendo
de
la
persecución
desatada
en
contra
de
los
extranjeros
acusados
de
formar
parte
de
un
“ejército
de
terroristas
latinoamericanos”.
En
esa
coyuntura
los
brasileños
encontraron
poca
receptividad
en
los
países
de
América
Latina,
así
que
fue
Europa,
particularmente
Francia,
el
lugar
que
hacia
la
segunda
mitad
de
los
años
setenta
se
convirtió
en
el
principal
centro
de
reunión
de
los
brasileños
en
el
exilio.3
Sin
nunca
haberse
convertido
en
un
polo
de
concentración,
México
fue
uno
de
los
países
donde
se
registró
el
ingreso
constante
de
exiliados
políticos
brasileños
entre
1964
y
1979.
La
socióloga
Vania
Salles
–exiliada
brasileña
en
México–
identificó
que
el
ingreso
a
México
se
dio
fundamentalmente
en
tres
“oleadas.”
La
primera,
en
1964,
con
el
arribo
de
grupos
que
salieron
de
Brasil
en
los
meses
inmediatamente
posteriores
al
golpe
que
derrocó
a
João
Goulart;
la
segunda,
después
de
1968,
con
la
“ola”
de
personas
que
llegó
a
México
tras
la
emisión
del
AI–5,
y
la
tercera,
en
1973,
cuando
llegó
a
México
un
grupo
de
brasileños
que
salió
huyendo
de
la
represión
desatada
en
Chile
tras
el
golpe
de
estado.
4
En
este
trabajo
nos
hemos
propuesto
estudiar
al
exilio
brasileño
que
llegó
a
México
entre
1964
y
1979
bajo
el
esquema
propuesto
por
Salles
con
dos
objetivos
centrales.
En
primer
lugar,
conocer
cómo
fue
la
respuesta
del
gobierno
mexicano
frente
a
los
perseguidos
políticos
del
régimen
militar
brasileño
a
lo
largo
de
los
15
años
que
transcurrieron
entre
el
golpe
de
Estado
y
la
promulgación
de
la
ley
de
amnistía
que
permitió
el
regreso
de
quienes
habían
sido
desterrados.
En
segundo
lugar
queremos
trazar
los
rasgos
generales
de
este
exilio:
su
composición
3
Ibid.
4
Vania
Salles,
“Migrantes
y
trashumantes:
percepciones
sobre
el
exilio”
en
Babel,
Ciudad
de
México,
16
sociopolítica,
sus
vías
y
condiciones
de
ingreso
al
país
y
sus
experiencias
de
exilio
en
el
mismo.
En
relación
al
primer
objetivo
partimos
de
la
hipótesis
de
que
la
experiencia
de
los
brasileños
exiliados
en
México
no
corresponde
exactamente
con
la
idea
generalizada
–tan
positiva–
que
se
tiene
en
relación
a
la
respuesta
que
ofreció
México
al
exilio
sudamericano
de
las
dictaduras
militares
del
cono
sur.
En
otras
palabras,
consideramos
que
el
exilio
brasileño
en
nuestro
país
recibió
un
trato
que
en
alguna
medida
matiza
la
idea
de
México
como
país
de
puertas
abiertas
a
los
perseguidos
políticos,
lo
que
quizá
también
explique
el
silencio
que
ha
prevalecido
sobre
esta
experiencia
de
exilio
y
su
casi
total
desconocimiento
tanto
en
México
como
en
Brasil.
Respecto
al
segundo
objetivo
es
común
encontrarse
con
la
idea
de
que
el
brasileño
fue
un
exilio
compuesto
mayoritariamente
por
académicos,
intelectuales
y
dirigentes
distinguidos
de
la
oposición,
sin
embargo,
al
internarnos
en
los
perfiles
de
quienes
lo
integraron
nos
damos
cuenta
de
que
se
trata
de
un
universo
más
amplio
que
es
necesario
explorar
para
definir
mejor
los
rasgos
de
quienes
llegaron
a
México
y
poder
comprender
la
experiencia
y
la
relación
que
tuvieron
con
nuestro
país.
Desde
luego,
asumimos
que,
como
dice
María
Luisa
Tarrés,
“no
hay
un
exilio
sino
muchos”5,
y
que
cada
experiencia
es
una
historia
única.
Sin
embargo,
nos
parece
importante
trazar
los
rasgos
generales
de
un
exilio
para
poder
posteriormente
ubicar
el
contexto
en
que
cada
desterrado
vivió
su
experiencia
particular
y
así
poder
profundizar
en
las
historias
y
conocer
cada
vez
mejor
la
experiencia
y
el
legado
de
una
comunidad
en
el
exilio.
El
exilio
brasileño
que
llegó
a
nuestro
país
no
fue
un
fenómeno
de
masas,
como
sí
lo
fueron
otros
exilios
sudamericanos
como
el
chileno,
el
argentino
o
el
uruguayo.
No
obstante,
en
el
pequeño
universo
de
este
exilio
es
posible
advertir
una
muestra
representativa
de
los
varios
tipos
de
exiliados
que
produjo
la
dictadura
militar
brasileña
entre
1964
y
1979:
desde
los
políticos
e
intelectuales
ligados
al
gobierno
depuesto,
pasando
por
los
sindicalistas
o
militares
nacionalistas
que
fueron
base
social
del
mismo,
a
los
estudiantes,
los
guerrilleros,
presos
políticos
y
autoexiliados
5
María
Luisa
Tarrés,
“Exilios
en
México.
Miradas
de
una
chilena”
en
Babel,
Ciudad
de
México,
Latinoamericanos
en
la
Ciudad
de
México,
op.
Cit.,
pp.
53–62.
17
que
se
opusieron
y
combatieron
desde
dentro
a
la
dictadura
militar.
En
otras
palabras,
adelantamos
que
la
singularidad
del
exilio
brasileño
no
se
encontrará
en
su
dimensión
cuantitativa
sino
en
la
cualitativa.
El
trabajo
tuvo
como
punto
de
partida
la
documentación
diplomática
sobre
asilados
brasileños
que
resguarda
el
Archivo
Histórico
Genaro
Estrada
de
la
Secretaría
de
Relaciones
Exteriores
que,
contrastada
con
la
correspondiente
que
se
resguarda
en
el
Archivo
Histórico
del
Itamaraty
del
Ministerio
das
Relações
Exteriores
de
Brasil,
nos
permitió
elaborar
una
base
de
datos
con
los
nombres,
perfiles
políticos
y
fecha
de
ingreso
al
país
de
todos
aquellos
que
fueron
asilados
por
el
gobierno
mexicano
entre
abril
de
1964
y
agosto
de
1979.6
Con
esa
información
fue
posible
reconocer
en
primer
lugar,
los
momentos
de
mayor
o
menor
receptividad
del
gobierno
de
México
al
exilio
brasileño,
así
como
las
diferentes
actitudes
frente
al
mismo
que
se
perciben
al
pasar
de
un
gobierno
a
otro,
pues
se
trató
de
un
fenómeno
que
transcurrió
entre
los
gobiernos
de
Adolfo
López
Mateos,
Gustavo
Díaz
Ordaz,
Luis
Echeverría
Álvarez
y
José
López
Portillo.
La
base
de
datos
fue
el
punto
de
inicio
para
una
búsqueda
más
minuciosa
en
torno
a
los
perfiles
de
los
asilados
políticos,
concretamente
sobre
su
militancia,
que
finalmente
ayudó
a
conocer
la
composición
sociopolítica,
especialmente
del
que
denominamos
el
“primer
exilio“,
correspondiente
a
la
primera
generación
de
brasileños
que
salió
de
su
país
tras
el
golpe
de
Estado
que
derrocó
al
gobierno
de
João
Goulart:
la
“Generación
64”.
Que
fue
la
más
grande
en
toda
la
dictadura.
Los
acervos
diplomáticos
también
permitieron
conocer
los
reportes
que
los
embajadores
o
encargados
de
negocios
enviaban
a
la
Cancillería
en
México
relacionados
con
el
asilo
político,
las
circunstancias
que
se
vivían
en
Brasil
y
la
relación
que
se
tenía
con
el
gobierno
militar.
Así
pudimos
conocer,
por
ejemplo,
las
tensiones
que
se
generaron
entre
los
gobiernos
de
México
y
Brasil
en
la
coyuntura
del
golpe
de
Estado,
y
el
papel
que
los
asilados
políticos
jugaron
en
ese
conflicto
diplomático.
6
La
base
de
datos
está
disponible
en
el
Anexo
número
1.
18
Por
su
parte,
los
reportes
del
embajador
Vicente
Sánchez
Gavito,
ayudaron
a
percibir
cómo
el
gobierno
de
Gustavo
Díaz
Ordaz
al
proponerse
establecer
una
relación
cordial
con
los
militares
brasileños
aplicó
un
endurecimiento
discreto
en
materia
de
asilo
político
en
los
momentos
en
que
Brasil
vivía
un
intenso
resurgimiento
de
la
protesta
social;
de
auge
de
las
organizaciones
de
oposición
al
régimen,
y
en
consecuencia,
de
transición
hacia
el
periodo
más
represivo
de
la
dictadura
militar.
Bajo
el
argumento
de
que
la
documentación
relativa
al
periodo
1964–1979
que
resguarda
el
Instituto
Nacional
de
Migración
(INM)
se
encuentra
todavía
en
expedientes
clasificados
como
confidenciales
según
lo
establecido
en
el
Catálogo
de
Disposición
Documental
del
instituto
y
de
la
Ley
Federal
de
Archivos,
se
nos
impidió
el
acceso
al
archivo
migratorio. 7
Con
esa
documentación
esperábamos
encontrar
información
relativa
a
la
parte
del
exilio
brasileño
que
no
ingresó
al
país
por
la
vía
del
asilo
diplomático,
sino
bajo
otras
figuras
migratorias,
lo
que
fue
recurrente
especialmente
en
la
década
de
1970.
Ante
tal
impedimento,
buscamos
llenar
ese
vacío
con
otras
fuentes
entre
las
que
destacaron
los
testimonios
escritos,
las
entrevistas
y
los
reportes
de
los
órganos
de
inteligencia
o
policías
políticas
de
México
y
de
Brasil.
En
el
primer
caso
fue
de
gran
ayuda
la
consulta
en
versión
estenográfica
de
22
entrevistas
a
exiliados
brasileños
que
se
realizaron
para
el
proyecto
Un
refugio
en
la
memoria.
La
experiencia
de
los
exilio
latinoamericanos
en
México,
dirigido
por
Eugenia
Meyer
y
Eva
Salgado,
material
con
el
que
fue
creado
el
Archivo
de
la
Palabra
que
actualmente
se
resguarda
en
el
Fondo
Especial
de
la
Biblioteca
“Samuel
Ramos”
de
la
Facultad
de
Filosofía
y
Letras
de
la
UNAM.8
Por
otro
lado,
para
este
trabajo
realizamos
trece
entrevistas
con
personas
que
estuvieron
exiliadas
en
México
en
diferentes
coyunturas
durante
la
dictadura
militar.
Además
de
complementar
nuestra
investigación,
ese
material
que
fue
videograbado
7
De
acuerdo
con
la
subdirectora
del
Archivo
Migratorio
de
Concentración,
Karla
Sujey
Juárez
Morales,
que
fue
consultada
en
octubre
de
2015,
la
documentación
solicitada
debe
cumplir
con
más
de
70
años
de
resguardo
para
poder
permitir
el
acceso
a
ella.
8
Se
trata
de
un
material
muy
interesante.
Desgraciadamente,
la
consulta
se
limita
a
las
versiones
estenográficas
de
las
entrevistas
que,
en
el
caso
de
las
realizadas
a
los
brasileños,
son
de
muy
mala
calidad.
19
ahora
enriquece
también
la
documentación
existente
sobre
la
experiencia
de
los
brasileños
en
México.
Finalmente,
para
conocer
detalles
de
algunas
experiencias
de
exilio
en
México
fue
de
gran
ayuda
la
información
producida
por
los
órganos
de
seguridad
tanto
de
México
como
de
Brasil.
Acercándonos
a
ellos
con
una
perspectiva
crítica,
conscientes
de
que
fueron
producidos
con
objetivos
específicos
muchas
veces
inculpatorios,
ayudaron
a
encontrar
referencias
a
ciertos
aspectos
de
la
vida
y
la
actividad
política
de
algunos
exiliados
brasileños
en
México.
Dichos
acervos
fueron
consultados
en
las
galerías
1
y
2
del
Archivo
General
de
la
Nación
(AGN),
que
resguardan
los
documentos
de
las
desaparecidas
Dirección
Federal
de
Seguridad
(DFS)
y
Dirección
General
de
Investigaciones
Políticas
y
Sociales
(DGIPS)
en
México,
y
en
Brasil
a
través
del
proyecto
Memórias
Reveladas
que
coordina
el
Arquivo
Nacional
do
Brasil
donde
se
concentra
una
enorme
cantidad
de
fuentes
primarias
sobre
el
periodo
de
la
dictadura
militar
brasileña,
así
como
en
el
Arquivo
Público
do
Estado
de
São
Paulo,
que
alberga
el
mayor
banco
de
datos
de
la
información
producida
por
el
Departamento
Estadual
de
Ordem
Politica
e
Social
(DEOPS)
y
el
Arquivo
Estadual
de
Rio
de
Janeiro.
Como
mencionamos
anteriormente,
para
la
presentación
organizada
de
este
trabajo
optamos
por
desarrollar
el
tema
dividiendo
la
experiencia
del
exilio
brasileño
en
México
en
tres
fases,
tal
como
lo
sugirió
la
socióloga
Vania
Salles
y
como
también
lo
perciben
muchos
de
los
antiguos
exiliados
con
los
que
tuvimos
contacto
a
lo
largo
de
esta
investigación.
El
desarrollo
de
la
experiencia
del
exilio
brasileño
en
nuestro
país
inicia
con
un
capítulo
de
antecedentes
dedicado
a
explicar
de
manera
detallada
el
proceso
político
del
que
fue
resultado
el
exilio
brasileño,
destacando
aspectos
como
el
proyecto
de
gobierno
de
João
Goulart,
su
relación
con
México,
el
movimiento
nacionalista
de
base
social
que
respaldaba
el
proyecto
de
reformas,
y
el
momento
de
eclosión
social
que
se
vivió
en
los
meses
previos
al
golpe
civil–militar
en
Brasil.
Con
el
segundo
capítulo
entramos
a
la
primera
fase
del
exilio
brasileño
en
México,
cuando
nuestro
país
abre
sus
puertas
a
lo
que
llamamos
“el
primer
exilio”
formado
por
un
grupo
heterogéneo
de
personas
provenientes
esencialmente
de
las
organizaciones,
partidos
políticos
y
sindicatos
que
durante
el
gobierno
de
Goulart
20
habían
participado
activamente
empujando
el
proyecto
nacional–reformista
y
que
salieron
de
Brasil
entre
1964
y
1966.
Se
abordan
también
el
conflicto
diplomático
que
atravesaron
México
y
Brasil
tras
el
golpe
y
la
instauración
del
gobierno
militar;
el
asilo
diplomático
en
la
embajada
mexicana
y
la
experiencia
de
exilio,
mayoritariamente
transitoria,
que
tuvo
la
“Generación
64”
en
territorio
mexicano.
El
tercer
capítulo
aborda
la
segunda
fase
del
exilio
brasileño,
cuando
México
recibe
algunos
exiliados
de
la
Generación
68
que
sale
de
Brasil
a
partir
de
1969
tras
la
emisión
del
AI–5
que
marcó
el
inicio
de
la
etapa
más
represiva
de
la
dictadura
militar.
Se
trata
de
una
segunda
ola
de
exilio
que,
a
diferencia
del
primero,
llega
muy
poco
por
la
vía
del
asilo
diplomático
y
mucho
más
por
vías
sui
géneris
nunca
antes
vistas,
como
a
través
de
la
negociación
con
grupos
armados
brasileños
que
tras
secuestrar
diplomáticos
lograron
liberar
presos
políticos
del
régimen
y
enviarlos
al
exilio.
En
este
apartado
se
aborda
también
cómo
el
contexto
interno
represivo
y
anticomunista
del
gobierno
de
Gustavo
Díaz
Ordaz,
alcanza
a
tocar
al
exilio
brasileño.
La
tercera
y
última
fase
se
abre
en
el
cuarto
capítulo
titulado
“exilio
en
el
exilio”,
donde
se
aborda
un
momento
en
el
que
México
recibe
exiliados
brasileños
que
llegan
a
nuestro
país
provenientes
de
otra
u
otras
experiencias
de
exilio,
fundamentalmente
en
la
década
de
1970
durante
el
gobierno
de
Luis
Echeverría
Álvarez.
Se
trata
de
un
momento
interesante
en
el
que
en
plena
apertura
a
otros
sudamericanos
perseguidos,
los
brasileños,
con
excepción
de
algunas
personas
que
tuvieron
contactos
que
intercedieron
por
ellos
o
que
tenían
una
importante
reputación
académica,
parecen
no
haber
interesado
a
las
autoridades
mexicanas
que,
en
algunos
casos
incluso
exhibieron
un
grotesco
rechazo
hacia
ellos.
Por
otro
lado,
en
el
ámbito
de
la
experiencia
territorial
del
exilio
destaca
la
confluencia
de
exiliados
latinoamericanos
que
se
dio
en
México
después
de
1973,
y
que
propició
que
este
país
se
convirtiera
en
un
lugar
de
encuentro
político,
cultural
e
intelectual
muy
importante
de
la
época.
Finalmente,
esta
última
fase
cierra
con
el
capítulo
quinto,
dedicado
a
describir
los
últimos
años
del
exilio
previos
a
la
promulgación
de
la
Ley
de
Amnistía
que
en
1979
determinó
formalmente
el
fin
del
exilio
brasileño.
En
este
periodo
en
México
se
reunió
un
grupo
de
exiliados
de
importante
peso
político
que
participó
activamente
en
21
la
Campaña
internacional
por
la
amnistía
“amplia,
general
e
irrestricta”,
y
que
se
vinculó
con
la
iniciativa
del
líder
nacionalista
Leonel
Brizola
para
reorganizar
el
movimiento
trabalhista
brasileño
que
más
tarde
daría
pie
a
la
fundación
del
Partido
Democrático
Trabalhista
(PDT).
Con
este
trabajo
se
pretende
llenar
un
vacío
que
ha
existido
hasta
ahora
en
el
estudio
del
exilio
latinoamericano
que
llegó
a
México
durante
la
segunda
mitad
del
siglo
XX.
Nos
referimos
a
la
ausencia
de
un
estudio
dedicado
a
examinar
de
manera
específica
el
fenómeno
del
exilio
brasileño
en
México
en
el
que
se
establezcan
las
circunstancias
históricas
que
lo
motivaron,
su
composición
sociopolítica,
así
como
la
receptividad
y
las
experiencias
de
vida
que
sus
integrantes
encontraron
en
nuestro
país.
Se
trata
de
un
vacío
que
también
existe
en
la
historiografía
brasileña
sobre
el
exilio,
que
ha
abordado
fundamentalmente
las
experiencias
en
países
que
en
ciertos
momentos
concentraron
grupos
de
perseguidos
brasileños,
como
lo
fueron
Uruguay,
Chile
o
Francia,
pero
que
prácticamente
ha
ignorado
las
experiencias
que
se
vivieron
en
otros
países
que
quizá
fueron
menos
significativos
desde
el
punto
de
vista
cuantitativo,
como
el
caso
de
México.
Al
señalar
la
inexistencia
de
un
trabajo
que
explore
la
experiencia
del
exilio
brasileño
que
llegó
a
México
habría
que
considerar
dos
aspectos.
Primero,
que
el
campo
de
estudio
de
los
exilios
latinoamericanos
es
relativamente
joven,
y
segundo,
que
por
tratarse
de
experiencias
de
un
pasado
reciente
las
fuentes
no
siempre
han
estado
disponibles.
Como
afirma
Mónica
Palma
Mora,
uno
de
los
factores,
quizá
el
más
categórico,
para
explicar
la
desatención
historiográfica
que
han
sufrido
los
procesos
inmigratorios
de
la
segunda
mitad
del
siglo
XX
en
México
en
general
ha
sido
la
dificultad
que
ha
entrañado
el
acceso
a
la
consulta
de
la
documentación
generada
durante
ese
periodo,
depositada
en
los
acervos
públicos.9
Desde
luego
que
este
esfuerzo
que
presentamos
hoy
no
es
el
primero
que
se
ha
propuesto
explorar
la
experiencia
del
exilio
brasileño
en
nuestro
país.
Hay
que
mencionar
la
importante
labor
por
recuperar
la
memoria
de
este
exilio
que
se
hizo
en
9
Mónica
Palma
Mora,
De
tierras
extrañas.
Un
estudio
sobre
la
inmigración
en
México.
1950–1990,
México,
SEGOB/Instituto
Nacional
de
Migración/Centro
de
Estudios
Migratorios,
Instituto
Nacional
de
Antropología
e
Historia,
DGE
Ediciones,
Colección
Migración,
2006,
p.
27.
22
el
proyecto
de
historia
oral
Un
refugio
en
la
memoria.
La
experiencia
de
los
exilios
latinoamericanos
en
México
que,
como
ya
mencionamos,
entre
1997
y
2001
logró
realizar
una
veintena
de
entrevistas
con
brasileños
que
estuvieron
exiliados
en
nuestro
país,
muchos
de
los
cuales
ya
dejaron
de
existir.10
En
el
mismo
sentido,
se
deben
reconocer
otros
esfuerzos
por
obtener
testimonios
de
antiguos
exiliados
de
origen
brasileño
como
el
otorgado
por
Vania
Salles
al
proyecto
Babel.
Ciudad
de
México
en
1999
que,
como
también
mencionamos,
fue
una
importante
referencia
para
este
trabajo.11
Se
debe
señalar
además
que
en
los
últimos
años
se
ha
registrado
un
interés
creciente
por
el
tema,
como
lo
demuestran
trabajos
como
el
de
Mario
Antonio
Villanueva
Velasco,
sobre
los
aportes
académicos
del
exilio
brasileño12
o
los
de
Pablo
Porfirio13
y
Laura
Espejel14
sobre
la
figura
de
Francisco
Julião
que
recientemente
se
han
publicado
y
que
se
suman
a
la
tesis
realizada
en
2002
por
Diana
Guadalupe
Hidalgo
Castellanos15
en
la
Universidad
de
São
Paulo
sobre
el
fundador
de
las
Ligas
Camponesas,
sin
duda
el
exiliado
de
origen
brasileño
más
conocido
y
destacado
en
México.
Al
realizar
esta
investigación
nos
percatamos
de
que
a
pesar
de
carecer
de
un
trabajo
que
aborde
con
mayor
profundidad
este
fenómeno,
en
México
permanece
una
cierta
memoria
de
los
brasileños
que
llegaron
a
nuestro
país
en
el
periodo
de
la
dictadura
militar.
En
la
Universidad
Nacional
Autónoma
de
México
(UNAM)
se
tiene
10El
proyecto
también
dio
como
resultado
el
libro
de
Eugenia
Meyer
y
Eva
Salgado,
Un
refugio
en
la
memoria.
La
experiencia
de
los
exilios
latinoamericanos
en
México,
México,
UNAM,
Facultad
de
Filosofía
y
Letras,
Océano,
2002.
11
Salles,
Vania,
“Migrantes
y
trashumantes:
percepciones
sobre
el
exilio”,
en
Instituto
de
Cultura
de
la
Ciudad
de
México,
Babel.
Ciudad
de
México,
9
vols.,
México,
Instituto
de
Cultura
de
la
Ciudad
de
México,
Fiestas
Milenio
Pórtico
de
la
Ciudad
de
México,
1999,
pp.
29–52.
12
Mario
Antonio
Villanueva
Velasco,
“Brasil.
Ámelo
o
déjelo.
El
caso
del
exilio
de
académicos
brasileños
en
México
y
sus
aportes,”
ponencia
presentada
en
las
II
Jornadas
de
Trabajo
sobre
Exilios
Políticos
del
Cono
Sur
en
el
siglo
XX,
5,
6
y
7
de
noviembre
de
2014,
Montevideo,
Uruguay.
En
Memoria
Académica.
Disponible
en:
http://jornadasexilios.fahce.unlp.edu.ar/ii-‐jornadas/actas-‐2014/VillanuevaVelasco.pdf
13
Pablo
Porfírio,
Francisco
Julião.
Em
luta
com
seu
mito,
São
Paulo,
Paco
Editorial,
2016.
14
Laura
Espejel
López,
“Francisco
Julião,
su
conversación
con
doña
Gregoria
Zúñiga,
última
mujer
de
Zapata.”,
en
Con–temporánea.
Toda
la
historia
en
el
presente,
INAH,
primera
época,
vol.
3,
núm.
5,
enero–
junio
2016.
15
Diana
Guadalupe
Hidalgo
Castellanos,
“Um
olhar
na
vida
de
exílio
de
Francisco
Julião”,
2002,
São
Paulo,
tesis
maestría.
23
presente
el
paso
por
su
aulas
y
centros
de
investigación
de
importantes
académicos
que
trajo
el
exilio
como
Teothonio
Dos
Santos,
Vania
Bambirra
y
Ruy
Mauro
Marini,
creadores
de
la
Teoría
de
la
Dependencia,
o
las
investigadoras
Leia
Scheinvar
y
María
Lucia
Taylor,
que
hasta
el
día
de
hoy
desempeñan
una
importante
labor
de
investigación
en
esa
casa
de
estudios.
En
el
Centro
de
Estudios
de
Asia
y
Africa
de
El
Colegio
de
México
se
reconoce
y
recuerda
el
trabajo
del
profesor
Thiago
Cintra,
mientras
que
en
ciertos
sectores
intelectuales
y
políticos
se
mantiene
presente
la
figura
del
fundador
de
las
Ligas
Camponesas
de
Brasil,
Francisco
Julião,
quien
durante
sus
años
de
exilio
en
México
tuvo
una
presencia
constante
en
la
prensa
y
relación
con
importantes
círculos
del
ámbito
político
y
cultural
del
país.
No
obstante,
con
gran
frecuencia
estos
recuerdos
aparecen
difuminados
en
el
tiempo,
borrosos.
Es
difícil
que
se
puedan
identificar
con
precisión
los
años
en
los
llegaron
al
país
muchos
de
ellos,
el
tiempo
que
permanecieron
y
muchos
otros
detalles
que
en
este
trabajo
esperamos
ayudar
a
esclarecer.
Sin
duda,
el
exilio
brasileño
en
México
es
un
universo
de
estudio
aún
por
descubrir.
Nos
proponemos
aquí
dar
algunos
pasos
en
la
importante
labor
de
encontrarle
a
este
exilio
su
lugar
en
la
historia.
Conceptos,
definiciones
y
procedimientos
jurídicos.
El
exilio
es
el
alejamiento
forzado
de
una
persona
de
su
lugar
de
origen
o
de
residencia
permanente
motivado
por
cuestiones
políticas
o
circunstancias
sociales.
En
el
primer
caso,
individuos
son
obligados
a
abandonar
su
territorio
ante
la
posibilidad
real
de
perder
la
libertad
o
la
vida
por
tener
una
determinada
forma
de
pensar
o
de
actuar
frente
al
poder
político
dominante.
En
el
segundo,
grupos
de
personas
escapan
de
persecuciones
impulsadas
por
motivos
de
raza,
religión,
nacionalidad,
pertenencia
a
un
determinado
grupo
social,
dificultades
económicas,
o
huyen
de
catástrofes
naturales,
guerras
o
conflictos
políticos
que
ponen
en
riesgo
su
vida
o
su
integridad
personal.
Aunque
la
práctica
de
brindar
protección
a
personas
que
por
diversas
razones
son
obligadas
a
abandonar
su
país
de
origen
es
bastante
antigua,
ha
sido
en
los
24
últimos
doscientos
años
cuando
en
el
ámbito
internacional
se
han
delineado
jurídicamente
dos
instituciones
orientadas
a
otorgar
dicha
protección:
el
asilo
y
el
refugio.
Si
bien
es
frecuente
que
ambos
términos
sean
entendidos
e
incluso
utilizados
como
sinónimos,
cada
uno
de
ellos
se
ha
ido
definiendo
en
un
sentido
específico,
logrando
cada
vez
más
diferenciarse
jurídicamente
el
uno
del
otro.
De
acuerdo
con
las
convenciones
que
en
el
marco
del
derecho
internacional
e
interamericano
han
ido
definiendo
estos
dos
conceptos,
el
asilo
se
circunscribe
a
la
protección
que
un
Estado
otorga
a
un
individuo
que
es
perseguido
por
sus
ideas
o
actos
políticos,
es
decir,
a
perseguidos
políticos,
mientras
que
el
refugio
se
aplica
generalmente
a
grupos
de
personas
que
huyen
de
su
país
impulsados
por
el
temor
fundado
a
perder
la
vida,
la
seguridad
o
la
libertad
por
violencia
generalizada,
agresión
extranjera,
conflictos
internos,
violación
masiva
de
los
derechos
humanos
y
otras
circunstancias
que
perturben
gravemente
el
orden
público.
En
el
derecho
internacional
únicamente
se
reconoce
la
institución
del
refugio
como
instancia
a
través
de
la
cual
se
brinda
protección
a
los
individuos
que
no
pueden
recibirla
en
sus
países.
16
Su
regulación
a
través
de
la
Organización
de
las
Naciones
Unidas
(ONU)
se
impulsó
en
respuesta
a
la
gran
cantidad
de
desplazamientos
y
migraciones
forzosas
que
se
registraron
en
el
siglo
XX,
particularmente
a
raíz
de
las
dos
guerras
mundiales
y
de
otros
conflictos
que
afectaron
a
millones
de
personas
en
varias
partes
del
mundo,
lo
que
derivó
en
el
establecimiento
de
la
oficina
del
Alto
Comisionado
de
las
Naciones
Unidas
para
los
Refugiados
(ACNUR),
el
14
de
diciembre
de
1950,
17
y
pocos
meses
después,
en
la
adopción
del
Estatuto
de
los
Refugiados
en
Ginebra,
que
entró
en
vigor
el
22
de
abril
de
1954.18
Por
su
parte,
el
asilo
como
institución
jurídica
específica
es
reconocido
sólo
a
nivel
del
derecho
interamericano,
pues
aunque
tiene
orígenes
muy
remotos
y
es
16
Cecilia
Imaz,
La
práctica
del
asilo
y
del
refugio
en
México,
México,
Potrerillos,
1995.
17
El
establecimiento
de
ACNUR
se
realizó
con
base
en
la
Resolución
428
(V)
de
la
Asamblea
General
de
la
ONU.
18
Esta
convención
se
adoptó
el
28
de
julio
de
1951
en
una
conferencia
de
plenipotenciarios
de
las
Naciones Unidas.
25
producto
de
la
tradición
jurídica
de
occidente,19
ha
sido
en
esta
región
donde,
a
raíz
de
los
constantes
momentos
de
inestabilidad
socio–política
que
se
vivieron
en
el
siglo
XIX
a
partir
de
los
procesos
de
independencia
política,
adquirió
una
importancia
extraordinaria
y
mucha
vitalidad
precisamente
cuando
la
estabilidad
política
alcanzada
en
Europa
casi
lo
había
hecho
desaparecer.
20
La
regulación
jurídica
del
asilo
político
en
el
marco
del
sistema
interamericano
se
promovió
desde
finales
del
siglo
XIX21
con
la
intención
de
evitar
las
polémicas
que
se
habían
desatado
entre
los
recién
formados
Estados
nacionales
en
América
Latina,
donde
la
protección
a
perseguidos
políticos
empezó
a
funcionar
de
manera
relativamente
sistemática
al
mismo
tiempo
que
la
exclusión
institucional
se
fue
convirtiendo
en
un
rasgo
constitutivo
principal
de
la
política
latinoamericana
y
el
exilio
o
destierro
en
un
mecanismo
regulador
para
aquellos
sistemas
políticos
incapaces
de
crear
modelos
de
participación
plurales
e
inclusivos.22
La
primera
vez
que
la
institución
del
asilo
fue
reconocida
jurídicamente
en
América
Latina
fue
en
1889
cuando
el
Tratado
de
Derecho
Penal
de
Montevideo,
firmado
por
Argentina,
Bolivia,
Brasil,
Chile,
Paraguay,
Uruguay
y
Perú,
estableció
en
su
artículo
17
que
el
asilo
con
relación
a
los
perseguidos
por
delitos
políticos
debía
ser
respetado.
La
trascendencia
de
ese
documento
radica
en
haber
establecido
las
principales
características
que
en
adelante
mantuvo
la
regulación
del
derecho
de
asilo
en
los
países
latinoamericanos,
como
la
denegación
del
asilo
a
los
delincuentes
comunes,
el
reconocimiento
de
ese
derecho
a
los
“delincuentes”
políticos,
la
delimitación
de
los
derechos
respectivos
de
los
Estados,
la
inviolabilidad
de
la
persona
protegida,
la
obligación
de
respetarla
hasta
su
salida
del
territorio
nacional,
o
la
extensión
del
asilo
a
los
buques
de
guerra
surtos
en
las
aguas
territoriales
extranjeras.23
19
Heredada,
según
los
juristas,
de
la
antigüedad
clásica
grecorromana
a
los
europeos
y
de
éstos
a
los
americanos.
20
Fernando
Serrano
Migallón,
El
asilo
político
en
México,
México,
Editorial
Porrúa,
1998.
p.
39.
21
Gordon
Connell–Smith,
El
sistema
interamericano,
1ª
reimpresión,
México,
Fondo
de
Cultura
26
Otros
documentos
para
regular
el
asilo
se
firmaron
en
años
posteriores,24
no
obstante,
a
principios
del
siglo
XX,
el
carácter
limitado
de
los
documentos
que
hasta
entonces
se
habían
firmado
seguía
ocasionando
conflictos
de
manera
frecuente
entre
las
naciones
latinoamericanas,
lo
que
planteó
la
necesidad
de
elaborar
una
convención
internacional
panamericana
que
regulara
todos
los
temas
relativos
al
asilo
en
el
contexto
del
continente
Americano.25
En
1928
se
realizó
la
Convención
de
La
Habana,
que
se
convirtió
en
el
primer
esfuerzo
multinacional
no
regional
para
reglamentar
el
asilo
diplomático.
En
1933,
con
la
intención
de
modificar
aspectos
omitidos
o
imprecisos
de
la
Convención
de
La
Habana,
se
realizó
la
VII
Conferencia
Internacional
Panamericana
en
Montevideo.
En
1939,
de
nuevo
en
Montevideo,
se
redactó
el
Tratado
sobre
asilo
y
refugio
político,
donde
se
distinguió
con
claridad
el
asilo
diplomático
del
asilo
territorial,
y
en
1954,
durante
la
Décima
Conferencia
Interamericana,
se
suscribieron
la
Convención
de
Caracas
sobre
Asilo
Diplomático
y
la
Convención
de
Caracas
sobre
Asilo
Territorial.
En
1969,
la
Convención
Americana
sobre
Derechos
Humanos,
conocida
como
el
Pacto
de
San
José
de
Costa
Rica,
fue
el
último
documento
panamericano
que
se
suscribió
con
el
fin
de
regular
el
derecho
de
asilo
en
el
continente.26
Cabe
destacar
que
la
actitud
de
los
países
de
América
Latina
frente
al
asilo
ha
contrastado
con
la
de
Estados
Unidos,
donde
esa
institución
ha
sido
rechazada
de
manera
sistemática.27
A
pesar
de
los
esfuerzos
para
lograr
la
regulación
del
asilo
político
en
América,
juristas
como
César
Sepúlveda
han
concluido
que
las
tres
convenciones
interamericanas
sobre
asilo
–La
Habana
(1928),
Montevideo
(1933)
y
Caracas
(1954)–
no
lograron
establecer
un
núcleo
consistente
de
normas,
sino
que
terminaron
por
crear
un
régimen
“bisistemático”
complicado
en
el
que
coexisten
dos
juegos
de
24
En
1907
se
firmó
el
Tratado
de
Paz
y
Amistad
entre
las
repúblicas
de
América
Central,
con
la
participación
de
Costa
Rica,
Honduras,
Guatemala,
Nicaragua
y
El
Salvador.
En
1911
se
firmó
el
“Acuerdo
Bolivariano”,
firmado
por
Bolivia,
Colombia,
Ecuador,
Perú
y
Venezuela,
ver
Serrano
Migallón,
El
asilo
político
en
México,
Ibid.,
p.
41.
25
Ibid.,
p.
41.
26
Ibid.,
p.
45.
27
Ibid.
27
reglas
que
en
ocasiones
se
contraponen.
28
A
eso
hay
que
agregar,
como
señala
Fernando
Serrano
Migallón,
que
no
todos
los
estados
son
firmantes
de
las
tres
convenciones,
y
que
hay
estados
que
firmaron
la
primera
pero
ya
no
la
segunda
ni
la
tercera,
lo
que
también
ha
representado
un
obstáculo
para
lograr
un
sistema
regulatorio
consistente
en
materia
de
asilo
político
para
América
Latina.
La
ausencia
de
una
reglamentación
general
sobre
cómo
aplicar
el
asilo
en
América,
y
concretamente
en
América
Latina,
ha
ocasionado
que
cuando
se
les
ha
presentado
el
caso
cada
nación
ha
reaccionado
de
manera
distinta
y
en
función
de
ciertas
normas
de
procedimiento
establecidas
en
las
diferentes
convenciones,
que,
por
no
estar
unificadas,
dejan
la
puerta
abierta
a
interpretaciones
que
fácilmente
pueden
conducir
a
los
Estados
a
conflictos
entre
sí.29
Por
otra
parte,
como
ha
señalado
la
historiadora
Silvia
Dutrénit,
a
la
hora
de
poner
en
práctica
el
asilo
político
los
países
latinoamericanos
han
dependido
en
gran
medida
de
por
lo
menos
tres
aspectos:
la
vocación
de
su
Estado
de
reconocer
el
asilo
y
de
aplicarlo
en
una
coyuntura
específica;
la
forma
y
el
momento
que
cada
representante
diplomático
considera
los
más
apropiados
para
conceder
el
asilo,
y
la
percepción
que
de
las
crisis
políticas,
de
las
rupturas
institucionales
y
de
sus
repercusiones
en
cuanto
a
violaciones
a
los
derechos
humanos
en
todos
los
grados,
se
han
formado
los
diplomáticos
acreditados
en
los
países
en
conflicto.
30
En
suma,
la
práctica
del
asilo
político
en
América
Latina
no
sólo
ha
dependido
de
la
existencia
de
una
regulación
jurídica
en
la
materia,
sino
también
de
la
voluntad
de
un
Estado
para
aplicarla
e,
incluso,
de
la
sensibilidad
y
del
nivel
de
análisis
que
los
representantes
diplomáticos
han
alcanzado
en
determinadas
coyunturas.
Por
esa
razón,
no
todos
los
exiliados
consiguen
convertirse
en
asilados
y
obtener
la
protección
de
un
Estado.
Ante
la
urgencia
de
abandonar
su
país,
muchos
de
ellos
ingresan
a
otros
países
por
vías
que
van
desde
el
internamiento
clandestino
28
César
Sepúlveda,
“México
ante
el
asilo.
Utopía
y
realidad“
en
Jurídica,
julio
1979,
México,
pp.9–26.
29 Buriano
Castro,
Ana,
Silvia
Dutrénit
y
Guadalupe
Rodríguez
de
Ita,
Tras
la
memoria:
el
asilo
diplomático
en
tiempos
de
la
Operación
Cóndor,
México,
Instituto
de
Cultura
de
la
Ciudad
de
México–
Gobierno
del
Distrito
Federal/Instituto
de
Investigaciones
Dr.
José
María
Luis
Mora,
2000,
p.
106.
30
Ibid.
p.
37.
28
hasta
a
través
de
otras
figuras
migratorias
que
no
los
reconocen
como
perseguidos
políticos
pero
les
permiten
mantenerse
lejos
de
los
factores
que
han
puesto
en
peligro
su
vida,
su
libertad
o
integridad
física.
No
obstante,
de
acuerdo
con
la
Declaración
Universal
de
los
Derechos
del
Hombre
firmada
en
1948,
toda
persona
tiene
derecho
a
buscar
asilo
en
caso
de
persecución
por
motivos
políticos.31
Sin
embargo,
obtener
el
asilo
o
la
protección
de
un
Estado
no
es
un
derecho,
sino
una
prerrogativa
que
dicho
Estado,
en
ejercicio
pleno
de
su
soberanía,
otorga
a
la
persona
que
lo
solicita.
32
De
acuerdo
con
lo
establecido
en
las
convenciones
interamericanas,
antes
de
conceder
el
asilo,
el
Estado
que
ha
recibido
la
solicitud
es
el
único
encargado
de
hacer
una
valoración
para
determinar
si
los
motivos
y
las
causas
que
expone
el
solicitante
son
justos,
fundamentados
o
no.
El
Estado
del
que
intenta
huir
la
persona
que
solicita
el
asilo
puede
proporcionar
–y
en
ocasiones
se
le
solicita-‐
información
sobre
esa
persona,
pero
no
puede
influir
o
exigir
al
otro
Estado
que
se
conceda
o
se
niegue
la
prerrogativa
pues,
como
ya
se
mencionó,
otorgar
asilo
político
es
una
expresión
de
la
soberanía
de
un
Estado.
Una
vez
que
se
otorga,
la
protección
de
un
perseguido
político
puede
brindarse
en
las
embajadas
o
en
las
residencias
del
titular
de
las
mismas,
en
ese
caso,
se
estará
aplicando
el
asilo
diplomático,
también
definido
como
asilo
político.
En
cambio,
cuando
el
solicitante
de
asilo
ya
se
encuentra
en
territorio
nacional
del
país
que
lo
concede,
la
protección
se
otorga
en
ese
territorio
y,
en
ese
caso,
se
denomina
asilo
territorial.
Ambas
formas
han
sido
aplicadas
por
las
naciones
latinoamericanas
a
lo
largo
del
siglo
XX.
En
el
caso
del
asilo
diplomático,
una
vez
que
se
otorga,
el
asilado
debe
ser
trasladado
posteriormente
al
país
asilante,
y
una
vez
que
los
asilados
se
encuentran
en
ese
territorio,
su
permanencia
en
esa
nación
es
determinada
y
regulada
por
las
leyes
migratorias
vigentes.
31
Artículo
14
de
la
Declaración
Universal
de
los
Derechos
del
Hombre.
http://www.un.org/es/documents/udhr/index_print.shtml
32
Fernando
Serrano
Migallón,
“Duras
las
tierras
ajenas…”
Un
asilo,
tres
exilios,
México,
Fondo
de
Cultura
29
México
como
anfitrión
de
exilios
A
lo
largo
del
siglo
XX
México
ganó
un
lugar
en
el
imaginario
colectivo
nacional
e
internacional
como
un
“país
refugio”;
un
Estado
que
generosamente
ha
abierto
sus
puertas
para
recibir
perseguidos
políticos
de
diferentes
orígenes
y
tendencias
políticas.
Se
trata,
desde
luego,
de
una
imagen
fundada
en
una
verdadera
y
larga
historia
como
practicante
frecuente
de
la
protección
de
exiliados,
así
como
en
la
participación
de
México
en
los
esfuerzos
que
a
lo
largo
del
siglo
pasado
se
impulsaron
para
reglamentar
la
institución
del
asilo
en
el
ámbito
interamericano.
No
obstante,
en
años
recientes,
algunos
estudiosos
del
tema
han
considerado
pertinente
señalar
que
en
realidad
en
materia
de
protección
de
asilados
y
refugiados
México
ha
actuado
con
ciertas
restricciones
y
ambigüedades,
lo
que
obliga
a
repensar
y
matizar
la
afirmación
de
que
México
ha
sido
un
país
de
“puertas
abiertas”
a
los
perseguidos
políticos.33
Como
muchos
otros
países
de
América
Latina,
México
fue
practicante
frecuente
de
la
protección
de
desterrados
políticos
desde
el
siglo
XIX.
En
1928
participó
por
primera
vez
en
los
esfuerzos
por
legislar
en
materia
de
asilo
en
el
ámbito
interamericano
al
suscribir
la
Convención
de
La
Habana
y
más
tarde
suscribiría
también
las
convenciones
de
Montevideo
(1933)
y
de
Caracas
(1954)
en
las
que
se
continuó
dicho
esfuerzo.
Pero
fue
a
finales
de
los
años
treinta,
cuando
en
el
ámbito
internacional
–
y
también
al
interior
del
país–
se
identificó
por
primera
vez
a
México
como
un
país
protector
de
perseguidos
políticos,
lo
que
sucedió
a
raíz
de
la
visión
que
el
presidente
Lázaro
Cárdenas
tuvo
respecto
del
derecho
de
asilo.
Como
explica
Olivia
Gall,
para
el
general
Cárdenas
había
una
relación
directa
entre
soberanía
y
derecho
de
asilo,
es
decir,
la
defensa
de
la
soberanía
nacional
no
sólo
residía
en
el
control
del
Estado
sobre
los
recursos
naturales
del
país,
sino
en
la
capacidad
de
éste
para
practicar
con
libertad
la
solidaridad
entre
naciones
y
el
33
Guadalupe
Rodríguez
de
Ita,
“Un
México
protector…
de
asilados
y
refugiados
durante
la
guerra
fría.
Entre
la
definición
y
la
ambigüedad”,
en
Dimensión
Antropológica,
Año
15,
VOL.
43,
Mayo/Agosto,
2008.
p.
155.
30
derecho
de
asilo,
lo
que
demostró
al
recibir
en
tierras
mexicanas
al
líder
revolucionario
ruso,
León
Trotsky
en
193734
y
a
unos
20
mil
refugiados
de
la
guerra
civil
española
entre
1936
y
1939.
35
En
esos
mismos
años
también
fueron
protegidos
por
el
gobierno
mexicano
los
primeros
exiliados
de
origen
brasileño
de
que
se
tenga
registro.
En
1935
la
embajada
de
México
en
Río
de
Janeiro
asiló
por
algunas
semanas
a
un
pequeño
grupo
de
políticos
que
había
participado
en
la
rebelión
liderada
por
Luiz
Carlos
Prestes
contra
la
dictadura
de
Getulio
Vargas,
y
en
1938
Cárdenas
otorgó
asilo
a
Leocadia
Felizardo,
Ligia
y
Anita
Prestes,
madre,
hermana
e
hija,
respectivamente,
del
líder
comunista
brasileño.36
A
estos
asilados
se
sumaron
otros
tantos
de
la
corriente
de
exiliados
centroamericanos
que
constantemente
buscaban
protección
en
México,
y
que
en
la
década
de
los
treinta
estuvo
integrada
especialmente
por
guatemaltecos
perseguidos
por
el
régimen
totalitario
de
Jorge
Ubico.37
Pero
sin
duda
fue
el
impacto
del
asilo
otorgado
a
Trotsky,
el
“gran
perseguido”
de
la
década,38
y
la
protección
que
México
brindó
a
millares
de
españoles
al
terminar
la
guerra
civil
en
España,
lo
que
le
dio
a
México
proyección
internacional
y
un
gran
prestigio
como
país
de
puertas
abiertas
a
los
perseguidos
políticos.
En
ese
sentido,
la
posición
que
el
presidente
Cárdenas
asumió
frente
al
derecho
de
asilo
marcó
un
antes
y
un
después.
A
partir
de
entonces,
el
asilo
tuvo
un
lugar
en
la
política
exterior
de
México
hasta
convertirse,
junto
con
principios
como
el
de
no
intervención
y
de
autodeterminación,
en
auténticas
tradiciones
y
en
normas
no
escritas
de
la
misma.
La
idea
de
México
como
país
de
asilo
se
incrustó
también
en
la
memoria
oficial
del
34
Olivia
Gall,
“Un
solo
visado
en
el
planeta
para
León
Trotsky”,
en
Pablo
Yankelevich
(Coord.),
México,
país
refugio.
La
experiencia
de
los
exilios
en
el
siglo
XX.,
pp.
67–69.
35
El
exilio
republicano
seguiría
llegando
a
México
durante
la
década
de
los
cuarenta.
Ver
Dolores
Pla
Brugat,
Els
exiliats
catalans.
Un
estudio
de
la
emigración
republicana
española
en
México,
México,
INAH,
Orfeó
Català
de
Mèxic,
Libros
del
Umbral,
1999,
p.
157.
36
Buriano
Castro,
Ana,
“Madre
coraje”
y
la
familia
Prestes
en
México,
1938-‐1945,
en
Bicentenario,
vol.
4,
31
régimen
político
mexicano,
y
en
ciertas
coyunturas
lo
utilizó
como
un
recurso
que
ayudaba
a
exponer
ante
el
mundo
–y
también
hacia
el
interior–
el
ejercicio
de
la
soberanía
del
Estado
mexicano
y
a
arraigar
en
la
memoria
colectiva
la
idea
de
un
México
democrático
y
abierto.
Y
es
que
en
la
medida
en
que
los
sucesivos
gobiernos
del
régimen
posrevolucionario
se
fueron
alejando
de
los
principios
e
ideales
de
la
revolución,
fue
creciendo
la
necesidad
de
legitimar
su
permanencia
en
el
poder,
y
en
esa
tarea,
la
política
exterior
jugó
un
papel
importante,
pues
fue
el
espacio
desde
el
cual
se
podía
reafirmar,
al
menos
en
términos
simbólicos,
la
soberanía
del
Estado
mexicano,
sobre
todo
frente
a
los
Estados
Unidos.
39
El
derecho
de
asilo
quedó
pues
consolidado
como
un
precepto
de
la
política
exterior
de
México,40y
en
sus
discursos
los
sucesivos
gobiernos
siempre
exaltaron
la
disposición
de
México
a
brindar
protección
a
los
perseguidos
políticos
como
una
prueba
de
su
apertura
y
vocación
democrática.
No
obstante,
revisiones
más
cuidadosas
sobre
la
conducta
que
el
Estado
mexicano
tuvo
frente
a
las
migraciones
políticas
a
lo
largo
del
siglo
XX
han
revelado
que
en
realidad
sus
puertas
no
siempre
se
abrieron
para
todos.
En
primer
lugar,
durante
mucho
tiempo
México
fue
reacio
a
brindar
protección
por
medio
de
la
figura
del
refugio,
y
a
participar
en
los
esfuerzos
de
la
ONU
por
reglamentar
y
unificar
la
legislación
internacional
en
la
materia.
El
término
refugiado
fue
integrado
a
la
Ley
General
de
Población
hasta
julio
de
1990
y
una
década
después,
el
7
de
junio
de
2000,
el
país
se
adhirió
a
la
Convención
sobre
el
Estatuto
de
Refugiados
de
1951.
41
Lo
anterior
significa
que
el
Estado
mexicano
estuvo
cerrado
a
las
solicitudes
de
protección
bajo
la
figura
del
refugio
y
a
lo
largo
del
siglo
XX
sólo
reconoció
la
del
asilo
como
herramienta
para
brindar
protección
a
los
perseguidos
políticos
que
lo
solicitaron.
39
Claudia
Fedora
Rojas
Mira,
“El
exilio
político
chileno:
La
Casa
de
Chile
en
México
(1973–1993),
una
32
Por
otra
parte,
en
la
práctica
del
asilo
se
ha
detectado
que
el
Estado
mexicano
siempre
fue
mucho
más
favorable
a
atender
las
solicitudes
de
asilo
diplomático
que
las
de
asilo
territorial.42
De
hecho,
aunque
México
suscribió
la
Convención
sobre
Asilo
Diplomático
de
Caracas
(1954),
se
tardó
más
de
20
años
en
ratificar
la
correspondiente
al
Asilo
Territorial,
y
cuando
lo
hizo,
en
1981,
estableció
algunas
reservas
argumentando
que
el
artículo
décimo
de
esa
convención
contrariaba
las
garantías
individuales
establecidas
en
la
Constitución
Política
de
los
Estados
Unidos
Mexicanos.43
Aunque
el
argumento
apelaba
al
respeto
irrestricto
de
las
libertades
individuales,
no
se
puede
dejar
de
lado
que
a
diferencia
del
asilo
diplomático,
en
donde
se
protege
a
los
asilados
temporalmente
en
la
legación
mexicana
de
otro
país,
el
asilo
territorial
implica
recibir
una
inmigración,
en
este
caso
forzosa,
en
el
territorio
nacional,
lo
que
conduce
a
pensar
que
ese
poco
entusiasmo
frente
al
asilo
territorial
quizá
tenga
que
ver
con
la
actitud
restrictiva
que
el
Estado
mexicano
mantuvo
frente
a
la
inmigración
extranjera
durante
prácticamente
todo
el
siglo
XX.44
A
partir
de
la
década
de
los
sesenta
el
exilio
latinoamericano
empezó
a
ser
mucho
más
frecuente,
mayor
en
su
composición
numérica,
diverso
en
su
composición
social
y
prolongado,
pues
anteriormente,
las
emigraciones
políticas
que
llegaron
a
México
procedentes
del
subcontinente
se
distinguieron
por
ser
pequeñas
élites
o
grupos
pequeños
de
perseguidos
políticos
que
llegaban
con
menor
frecuencia
y
se
mantenían
fuera
de
su
país
durante
periodos
de
tiempo
más
cortos,
lo
que
no
significaba
ningún
tipo
de
peso
económico
para
el
país.45
Coincidentemente,
es
a
partir
de
los
años
sesenta
cuando
se
empieza
a
hacer
más
evidente
la
intención
de
limitar
el
ingreso
o
la
permanencia
en
México
de
los
42
Cecilia
Imaz,
La
práctica
del
asilo
y
del
refugio
en
México,
op.
Cit.,
p.
48.
43
El
artículo
10º
de
la
Convención
sobre
asilo
territorial
establece
que
los
internados
políticos
quedaban
obligados
a
dar
aviso
al
gobierno
del
Estado
en
que
se
encontraban
siempre
que
resolvieran
salir
del
territorio,
y
que
el
permiso
de
salida
se
otorgaría
bajo
la
condición
de
que
no
se
dirigirían
al
país
de
su
procedencia
y
dando
aviso
al
gobierno
interesado.
Ver,
Guadalupe
Rodríguez
de
Ita,
“Un
México
protector…
de
asilados
y
refugiados
durante
la
guerra
fría.
Entre
la
definición
y
la
ambigüedad,
op.
Cit.,
p.
130.
44
Mónica
Palma
Mora,
De
tierras
extrañas.
Un
estudio
sobre
la
inmigración
en
México.
1950–1990,
México,
SEGOB/Instituto
Nacional
de
Migración/Centro
de
Estudios
Migratorios,
Instituto
Nacional
de
Antropología
e
Historia,
DGE
Ediciones,
Colección
Migración,
2006,
p.
62.
45
Ibid.,
p.
143,144.
33
perseguidos
políticos.
Por
ejemplo,
al
examinar
diversas
solicitudes
de
protección
de
inmigrantes
forzados
latinoamericanos
y
la
respuesta
de
las
autoridades
mexicanas
en
la
segunda
mitad
del
siglo
XX,
Guadalupe
Rodríguez
de
Ita
encontró
que:
En
general,
los
que
pidieron
asilo
diplomático
encontraron
cierta
apertura
en
las
representaciones
mexicanas
en
los
países
de
la
región,
sobre
todo
en
los
años
cincuenta,
no
así
al
llegar
al
territorio
nacional,
donde
–nuevamente
generalizando–
se
vieron
envueltos
en
controles
y
limitaciones,
sobre
todo
respecto
a
la
tramitación
de
su
documentación
migratoria,
con
lo
que
fueron
afectados
negativamente
en
términos
de
tránsito,
domicilio,
trabajo,
etcétera.46
La
autora
también
encontró
indicios
de
que
una
constante
en
la
aplicación
de
la
política
mexicana
de
protección
a
inmigrantes
forzados
fue
que
muchos
de
los
que
obtuvieron
asilo
diplomático
en
alguna
representación
mexicana,
al
pisar
territorio
mexicano
no
fueron
reconocidos
como
tales
por
las
autoridades
migratorias
que
les
permitían
el
ingreso
pero
bajo
otras
características
migratorias
de
turista
o
visitante,
lo
que
limitaba,
entre
otras
cosas,
las
posibilidades
de
tránsito,
domicilio
y
trabajo
del
asilado
y
lo
dejaba
sin
la
protección
migratoria
debida.”47
Y
es
que
si
bien
la
práctica
del
asilo
en
México
se
ha
fundamentado
en
los
principios
jurídicos
establecidos
en
las
convenciones
sobre
asilo
firmadas
en
el
ámbito
interamericano,
el
ingreso
de
perseguidos
políticos
al
país
ha
sido
regulado
por
la
legislación
migratoria
contenida
en
las
leyes
generales
de
población,
y
esa
normatividad
interna
en
materia
migratoria
no
es
del
todo
compatible
con
los
instrumentos
jurídicos
internacionales
en
materia
de
asilo
y
refugio,
lo
que
dio
pié
a
que
a
que
los
diversos
gobiernos
de
México
brindaran
en
diferentes
momentos
protección
a
inmigrantes
forzados,
imprimiéndole
cada
uno
su
propio
sello
en
cuanto
a
la
forma
de
interpretar
y
de
cumplir
con
los
instrumentos
externos
y
las
normas
46
Guadalupe
Rodríguez,
“Un
México
protector…
de
asilados
y
refugiados
durante
la
guerra
fría.
Entre
la
34
internas,
atendiendo
a
motivos
de
diversa
índole
que
iban
desde
lo
político
a
lo
personal.
48
Ese
margen
de
discrecionalidad
que
tuvieron
funcionarios
gubernamentales
a
la
hora
de
decidir
sobre
brindar
o
no
protección
a
exiliados
políticos
hizo
que
el
Estado
mexicano
diera
respuestas
diversas
e,
incluso,
contradictorias
frente
a
las
diversas
peticiones
de
protección,
respuestas
que
en
palabras
de
Rodríguez
de
Ita,
iban
de
la
flexibilidad
a
la
rigidez
o
del
rechazo
a
la
aceptación,
y
viceversa.
En
función
de
su
análisis,
la
autora
concluye
que
la
apertura
de
las
autoridades
mexicanas
a
las
inmigraciones
políticas
fue
relativa
y
proporcional
al
tipo
de
persecución
que
sufrían
los
solicitantes.
“Cuando
la
persecución
en
el
país
de
origen
fue
selectiva
contra
dirigentes
políticos
y
sociales
y
el
número
de
peticiones
no
fue
muy
alto,
se
dio
mayor
aceptación;
conforme
la
persecución
fue
ampliándose
y
creciendo
la
cantidad
de
solicitantes
se
dio
mayor
rechazo,
como
ocurrió
a
partir
de
la
década
de
1970.”
49
En
efecto,
en
los
años
setenta
la
persecución
política
se
masificó
en
América
Latina
con
la
instalación
de
las
dictaduras
de
Seguridad
Nacional
en
prácticamente
todo
el
cono
sur
y
la
puesta
en
marcha
de
la
Operación
Cóndor
a
través
de
la
cual
los
gobiernos
militares
coordinaron
la
represión
a
nivel
regional.
En
esos
años
fueron
millares
los
que
encontraron
en
México
un
lugar
de
resguardo.
Sin
embargo,
en
muy
pocos
casos
esa
protección
se
otorgó
bajo
los
instrumentos
jurídicos
correspondientes.
Si
bien
desde
1936
la
legislación
migratoria
mexicana
contempla
la
característica
de
asilado
político, 50
también
otorga
facultades
discrecionales
a
la
Secretaría
de
Gobernación
para
determinar
la
condición
migratoria
en
la
que
se
interna
cada
uno
de
ellos
al
territorio
nacional,
así
como
la
facultad
de
decidir
su
lugar
de
residencia,
las
actividades
a
las
que
deben
aplicarse
y
el
tiempo
de
su
estancia
en
el
país.
48
Ibid.,
P.
137.
49
Ibid.,
p.
153–154.
50
Mónica
Palma,
De
tierras
extrañas.
Un
estudio
sobre
la
inmigración
en
México.
1950–1990,
op.
Cit.,
p.145.
35
Eso
explica
que
en
los
años
setenta
sólo
un
porcentaje
reducido
de
exiliados
sudamericanos
haya
ingresado
a
México
bajo
la
característica
migratoria
de
asilado
político
y
que
ante
la
urgencia
de
abandonar
su
país
y
encontrar
un
sitio
de
resguardo
la
gran
mayoría
de
ellos
lo
haya
hecho
con
un
visado
de
turista51
a
partir
del
cual,
en
algunos
casos,
habría
alcanzado
más
tarde
otra
calidad
migratoria.
En
ese
contexto,
no
fueron
pocos
los
exiliados
que
ya
estando
en
México
tuvieron
que
emprender
una
“ardua
lucha
por
lograr
la
característica
y
calidad
migratoria
que
les
permitiera
una
situación
laboral
y
residencia
estable,
así
como
el
libre
tránsito.”52
Lo
anterior
significa
que
si
bien
en
la
práctica
México
abrió
sus
puertas
a
una
gran
cantidad
de
perseguidos
políticos
del
Cono
Sur,
éstos
no
obtuvieron
en
México
una
recepción
homogénea;
que
muy
pocos
obtuvieron
la
calidad
migratoria
que
les
correspondía
como
perseguidos
políticos
o
comunidades
que
huían
de
la
represión
masiva
desatada
en
la
región,
y
que
su
suerte
en
México
dependió
en
buena
medida
de
la
voluntad
de
un
determinado
gobierno
o
del
criterio
personal
de
un
funcionario
público.
En
otras
palabras,
las
oportunidades
o
limitaciones
que
cada
comunidad
y
cada
exiliado
en
lo
particular
encontró
en
México
fueron
producto
del
tipo
de
respuesta
que
en
cada
coyuntura
ofreció
el
Estado
mexicano.
Con
sus
ambigüedades
y
restricciones,
a
lo
largo
del
siglo
XX
la
política
de
asilo
tuvo
una
presencia
permanente
en
la
política
exterior
de
México.
Al
consolidarse
como
una
tradición
o
norma
no
escrita
de
la
misma53
influyó
de
manera
decisiva
en
el
prestigio
del
que
en
adelante
gozó
la
política
externa
mexicana,
así
como
en
la
formación
de
varias
generaciones
de
funcionarios
del
Servicio
Exterior
Mexicano
(SEM)
que
siguiendo
ese
principio
tuvieron
un
comportamiento
ejemplar
y
solidario
con
quienes
requirieron
protección
en
diferentes
coyunturas.
Al
mismo
tiempo,
la
política
de
asilo
redituó
importantes
beneficios
políticos
al
Estado
mexicano.
Como
observa
Claudia
Rojas,
más
allá
de
su
carácter
humanitario,
la
política
de
asilo
también
fue
un
recurso
del
Estado
posrevolucionario
a
través
del
cual
51
Pablo
Yankelevich,
“La
Comisión
Argentina
de
Solidaridad.
Notas
para
el
estudio
de
un
sector
del
exilio
argentino
en
México”
en
Pablo
Yankelevich
(Coord.),
México,
país
refugio.
La
experiencia
de
los
exilios
en
el
siglo
XX,
México,
Instituto
Nacional
de
Antropología
e
Historia,
Plaza
y
Valdés,
2002,
p.
282.
52
Guadalupe
Rodríguez,
“Un
México
protector…
de
asilados
y
refugiados
durante
la
guerra
fría.
Entre
la
36
pudo
resolver
su
cada
vez
mayor
necesidad
de
autoafirmación
y
legitimación
dentro
y
fuera
del
país.54
No
obstante,
por
razones
humanitarias
o
por
estrategia,
muchas
vidas
quedaron
a
salvo
y
se
reconstruyeron
gracias
a
la
protección
que
brindó
México
a
una
gran
cantidad
de
perseguidos
políticos
a
lo
largo
del
siglo
pasado.
Sin
embargo,
haría
falta
conocer
otras
historias
que
se
han
quedado
en
el
silencio.
Aquellas
que
han
sido
producto
o
consecuencia
de
las
ambigüedades
y
de
los
matices.
Sólo
así
podremos
conocer
un
poco
mejor
a
México
como
anfitrión
de
exilios.
54
Claudia
Fedora
Rojas
Mira,,
op.
Cit.,
p.
77.
37
CAPÍTULO
1
“El
camino
a
ser
recorrido
es
arduo
y
las
reformas
nos
costarán
trabajo,
luchas
y
–¡quién
sabe!–
el
sacrificio
de
aquellos
que,
desde
las
primeras
trincheras,
se
lancen
a
la
gran
batalla
por
la
transformación
de
estructuras
que
ya
no
atienden
los
reclamos
de
nuestro
desarrollo.”
João
Goulart,
presidente
de
Brasil
ante
trabajadores
del
campo,
19
de
diciembre
de
1963.
Moniz
Bandeira,
O
Governo
João
Goulart.
As
lutas
sociais
no
Brasil
1961–
1964,
3ª
edición,
Rio
de
Janeiro,
Civilização
Brasileira,
1978,
p.
156.
Del
gobierno
de
João
Goulart
al
golpe
de
estado
en
Brasil.
João
Goulart,
presidente
de
Brasil
Cuando
Alfonso
García
Robles,
uno
de
los
más
destacados
funcionarios
del
Servicio
Exterior
Mexicano,
emprendió
su
viaje
a
Río
de
Janeiro
como
nuevo
embajador
de
México
en
Brasil,
ese
país
entraba
en
una
etapa
singular
de
su
historia
política.
Su
trayecto,
vía
Nueva
York,
rumbo
al
país
más
grande
de
América
Latina,
se
prolongó
más
de
lo
deseado
debido
a
la
crisis
que
en
agosto
de
ese
año
estalló
en
Brasil
tras
la
intempestiva
renuncia
del
presidente
Jânio
Quadros
el
28
de
agosto
de
1961.
De
la
Secretaría
de
Relaciones
Exteriores
(SRE),
García
Robles
recibió
la
indicación
de
permanecer
en
Nueva
York
“hasta
que
se
aclarase
la
situación
en
Brasil”55.
55
Miguel
Marín
Bosch,
“Alfonso
García
Robles:
una
entrevista”,
en
Jurídica.
Anuario
del
departamento
de
Derecho de la Universidad Iberoamericana, núm. 17, México, Universidad Iberoamericana, 1985, p. 24.
38
Jânio
Quadros,
quien
había
tomado
posesión
del
gobierno
apenas
siete
meses
atrás56,
renunció
al
gobierno
en
una
maniobra
a
través
de
la
cual
intentaba
movilizar
a
la
opinión
pública
en
su
favor
para
regresar
al
poder
más
fortalecido
y
sin
su
vicepresidente,
pues
en
la
misma
elección
en
la
que
él
había
sido
electo
presidente,
João
Goulart,
líder
del
Partido
Trabalhista
Brasileño
(PTB),
al
que
Quadros
culpaba
de
todos
los
males
contra
los
que
había
prometido
ir
en
su
campaña,
había
ganado,
por
segunda
ocasión,
la
vicepresidencia
de
la
república.
57
Sin
embargo,
para
sorpresa
de
Quadros,
el
Congreso
aceptó
su
renuncia
casi
de
inmediato
y
nombró
a
Ranieri
Mazilli,
presidente
de
la
Cámara
de
Diputados,
como
responsable
interino
de
la
dirección
del
país,
pues
justo
cuando
se
dio
la
renuncia,
el
vicepresidente,
João
Goulart,
en
quien
legalmente
debía
recaer
el
cargo,
se
encontraba
de
visita
oficial
en
la
República
Popular
de
China.
La
crisis
estalló
cuando
Goulart
regresó
a
Brasil
para
asumir
la
Presidencia
de
la
república,
pues
los
ministros
militares
de
las
tres
armas:
Ejército,
Aeronáutica
y
Marina,
se
opusieron
a
hacer
válida
la
disposición
constitucional
que
lo
colocaba
como
el
sucesor
legal
de
Quadros,
e
intentaron
impedir
su
toma
de
posesión,
pues
Jango,
como
era
popularmente
conocido,
era
considerado
el
heredero
político
del
proyecto
nacionalista
de
Getúlio
Vargas.58
Ante
el
intento
de
golpe
de
estado,
Leonel
Brizola,
gobernador
del
estratégico
estado
de
Río
Grande
do
Sul
y
cuñado
de
Goulart,
lideró
la
campanha
da
legalidade,
que
exigía
el
respeto
constitucional
y
el
reconocimiento
de
Goulart
como
legítimo
56
Jânio
Quadros,
del
Partido
Democrata
Cristão
(PDC)
y
apoyado
por
la
derechista
União
Democrática
Nacional
(UDN),
ganó
la
elección
presidencial
en
octubre
de
1960
con
una
importante
victoria
de
5.6
millones
de
votos.
En
su
campaña
prometía
“barrer”
la
corrupción,
equilibrar
las
finanzas
públicas
y
disminuir
la
inflación,
males
de
los
que
responsabilizaba
al
gobierno
saliente,
encabezado
por
el
presidente
del
Partido
Socialista
Brasileiro
(PSB),
Juscelino
Kubitschek
(JK),
y
el
vicepresidente
João
Goulart,
militante
y
dirigente
del
Partido
Trabalhista
Brasileiro
(PTB).
57
Por
la
Constitución
de
1946
la
elección
del
presidente
y
del
vicepresidente
en
Brasil
no
estaban
vinculadas,
es
decir,
se
podía
elegir
a
dos
personas
de
diferentes
fórmulas
o
partidos.
Eso
había
ocurrido
en
la
elección
de
octubre
de
1960,
cuando
Quadros
ganó
la
presidencia
apoyado
por
el
PDC
y
la
UDN,
y
Goulart
ganó
la
vicepresidencia
bajo
la
fórmula
del
PTB.
58
Getulio
Vargas
fue
presidente
de
Brasil
durante
dos
mandatos:
1930–1945
y
1951–1954.
Asumió
el
primer
mandato
tras
liderar
la
Revolución
de
1930
y
en
1937
instauró
la
dictadura
del
Estado
Novo
que
duró
hasta
1945,
cuando
un
golpe
de
estado
lo
obligó
a
abandonar
el
gobierno.
En
1950
fue
electo
presidente
por
la
vía
electoral
y
durante
este
segundo
mandato
continuó
el
proyecto
nacionalista
que
había
iniciado
desde
la
década
de
1930.
En
1954,
ante
la
inminencia
de
un
nuevo
golpe
de
estado,
comandado
por
sectores
civiles
y
militares
que
consideraban
que
estaba
tomando
medidas
“de
izquierda”,
Vargas
se
suicidó
con
un
tiro
en
el
pecho.
39
sucesor
de
Jânio
Quadros.
59
La
agitación
civil
y
militar
que
se
desató
ante
la
negativa
de
los
militares
a
reconocer
la
toma
de
posesión
de
Jango
sólo
concluyó
cuando
éstos
aceptaron
la
propuesta
del
Congreso
de
instaurar
un
régimen
parlamentario
que
limitaba
los
poderes
presidenciales
y
concentraba
el
poder
en
el
Legislativo.
En
adelante,
parte
del
poder
del
Ejecutivo
recaería
en
la
figura
del
primer
ministro.
Una
vez
que
Jango
asumió
la
Presidencia,
el
7
de
septiembre
de
1961,
Alfonso
García
Robles
continuó
su
viaje
a
Río
de
Janeiro
y
tomó
posesión
de
su
cargo
como
Embajador
de
México
en
Brasil.
João
Goulart,
que
desde
1952
comandaba
el
PTB,
encabezaba
un
proyecto
de
modernización
y
desarrollo
independiente,
iniciado
en
la
Era
Vargas,
que
en
la
década
de
1960,
influido
con
la
idea
de
que
el
desarrollo
tenía
que
ser
necesariamente
un
fenómeno
de
masas,
buscaba
incorporar
a
los
sectores
populares
dentro
de
una
perspectiva
nacionalista
y
reformista.60
Por
eso,
la
llegada
de
Jango
al
poder
era
temida
por
las
oligarquías
y
las
élites
financieras,
locales
y
extranjeras,
pues
por
primera
vez
en
la
historia
de
Brasil
amplios
sectores
de
la
sociedad,
principalmente
los
sectores
organizados,
vieron
en
esa
coyuntura
la
posibilidad
de
empujar
algunos
cambios
profundos
en
la
sociedad
brasileña,
es
decir,
en
las
estructuras
económicas
y
sociales
del
país.61
Las
reformas
de
base
Una
vez
que
Goulart
asumió
la
Presidencia,
la
idea
de
empujar
cambios
profundos
se
tradujo
en
las
llamadas
Reformas
de
Base,
un
conjunto
de
reformas
constitucionales
que
buscaban
disminuir
la
dependencia
de
la
economía
brasileña
de
los
intereses
internacionales
y
abrir
paso
a
un
desarrollo
nacional
que
permitiera
disminuir
las
históricas
desigualdades
sociales
y
regionales
que
arrastraba
el
país.
59
Brizola
movilizó
la
Brigada
Militar,
sublevó
al
pueblo
de
Rio
Grande
do
Sul
y
al
III
Ejército,
el
más
poderoso
de
Brasil,
para
contener
el
intento
de
golpe
de
estado.
Véase
Flavio
Tavares,
1961:
O
golpe
derrotado:
Luzes
e
sombras
do
Movimento
da
Legalidade,
2ª,
Porto
Alegre,
L&PM
Editores,
2012.
60
Oswaldo
Munteal,
Jaqueline
Ventapane
y
Adriano
de
Freixo
(Orgs.),
O
Brasil
de
João
Goulart:
um
projeto
de
nação,
Rio
de
Janeiro,
Editora
PUC–Rio:
Contraponto,
2006,
pp.
7–36.
61
Ibid.
40
Desde
la
perspectiva
de
quienes
buscaban
un
desarrollo
nacional
independiente
apoyado
en
la
iniciativa
del
Estado,
y
contrario
al
tipo
de
desarrollo
que
empujaban
las
élites
financieras,
que
privilegiaba
la
iniciativa
privada
y
el
capital
extranjero
en
detrimento
de
los
intereses
de
la
clase
trabajadora
y
de
las
regiones
más
pobres,
el
desarrollo
de
Brasil
exigía
reformas
objetivas
en
los
ámbitos:
electoral,
administrativo,
tributario,
agrario,
urbano,
bancario,
cambiario
y
universitario.62
El
problema
era
que
todas
esas
reformas,
de
entre
las
cuales
la
Agraria
era
considerada
la
más
urgente,
afectaban
inevitablemente
los
intereses
de
quienes
estaban
mayoritariamente
representados
en
el
Congreso,
el
mismo
que
debía
aprobarlas.
Como
explica
Roland
Corbisier:
Si
la
Reforma
Agraria
tenía
como
objetivo
liquidar
el
latifundio,
¿cómo
podrían
votarla
los
latifundistas
o
sus
testaferros?
Si
la
Reforma
Urbana
buscaba
liquidar
el
monopolio
de
la
propiedad
inmobiliaria
en
las
ciudades,
¿cómo
podrían
votarla
los
grandes
propietarios
urbanos?
Si
la
Reforma
bancaria
buscaba
democratizar
y
nacionalizar
el
crédito,
¿cómo
podrían
votarla
los
grandes
banqueros,
ligados,
nada
raro,
a
los
bancos
extranjeros?63
Esos
latifundistas,
grandes
industriales,
comerciantes
y
banqueros
constituían
la
mayoría
conservadora
a
la
que
Goulart
y
sus
colaboradores
acusaron
desde
el
primer
momento
de
conspirar,
primero
en
contra
de
su
llegada
a
la
Presidencia,
y
después,
en
contra
de
su
proyecto
de
gobierno
que
era
respaldado
por
un
enorme
y
vigoroso
movimiento
nacionalista.
Política
Exterior
Independiente
El
plan
de
desarrollo
económico
independiente
exigía,
por
otra
parte,
el
diseño
de
una
política
exterior,
también
independiente,
como
uno
de
los
principales
instrumentos
para
su
realización.
Por
ello,
al
llegar
a
la
Presidencia,
Goulart
eligió
a
San
Tiago
62Roland
Corbisier,
“Lógica
e
cronología
das
reformas”
en
Munteal,
Oswaldo,
Jaqueline
Ventapane
y
41
Dantas,
reconocido
precursor
en
Brasil
del
concepto
de
Política
Exterior
Independiente
(PEI),
para
encabezar
el
Ministerio
das
Relações
Exteriores
(MRE),
con
la
tarea
de
llevar
a
la
práctica
aquél
concepto
y
en
cierta
forma
continuar
la
línea
que
en
esa
materia
se
había
iniciado
ya
durante
el
corto
gobierno
de
Jânio
Quadros.
La
PEI
se
articuló
en
función
de
objetivos
como
contribuir
a
la
preservación
de
la
paz,
a
través
de
la
práctica
de
coexistencia
y
de
apoyo
al
desarme
general
y
progresivo;
reafirmar
y
fortalecer
los
principios
de
no
intervención
y
autodeterminación
de
los
pueblos
y
ampliar
el
mercado
externo
brasileño
empujando
la
anulación
de
aranceles
en
América
Latina
y
la
intensificación
de
las
relaciones
comerciales
con
todos
los
países,
incluyendo
a
los
socialistas.64
Esos
objetivos
adquirían
un
significado
particular
en
un
contexto
internacional
como
el
que
se
vivía
a
inicios
de
la
década
de
1960
en
América
Latina
y
en
el
mundo,
marcado
por
la
guerra
fría
y
por
el
reciente
triunfo
de
la
revolución
cubana
(1959)
y
su
proclamación
como
socialista
(1961).
La
disputa
por
la
hegemonía
mundial
entre
Estados
Unidos
y
la
Unión
Soviética
había
dividido
al
mundo
en
dos
grandes
bloques
ideológicos
y
militares.
Por
un
lado
estaba
el
bloque
capitalista,
occidental
y
cristiano,
resguardado
por
la
OTAN65,
y
por
otro,
el
bloque
oriental
socialista,
resguardado
por
el
Pacto
de
Varsovia.66
Al
promover
la
coexistencia
entre
naciones
e
impulsar
las
relaciones
comerciales
con
países
tanto
del
bloque
capitalista
como
del
socialista,
Brasil
rompía
con
la
dicotomía
impuesta,
no
sólo,
como
explicó
San
Thiago
Dantas,
por
considerar
inadmisible
el
tenerse
que
decantar
por
una
de
las
dos
superpotencias
atómicas,
sino
también
por
la
necesidad
de
ampliar
los
mercados
brasileños
que
el
propio
proyecto
de
desarrollo
nacional
independiente
exigía.67
En
esa
tónica,
a
la
llegada
de
Jango
a
la
Presidencia,
la
aplicación
de
la
PEI
se
tradujo
en
el
restablecimiento
de
relaciones
diplomáticas
con
la
Unión
Soviética
en
64
San
Thiago
Dantas,
“Política
Externa
Independiente”,
en
Munteal,
Oswaldo,
Jaqueline
Ventapane
y
1955
por
los
países
del
bloque
del
Este,
diseñado
bajo
el
liderazgo
de
la
URSS
para
contrarestar
a
la
OTAN.
67
San
Thiago
Dantas,
op.
Cit.,
p.
113.
42
1961
y
en
la
negativa
de
Brasil
a
votar
la
exclusión
de
Cuba
de
la
Organización
de
Estados
Americanos
(OEA)
en
la
novena
reunión
ministerial,
realizada
en
Punta
del
Este,
Uruguay
a
finales
de
enero
de
1962.
Ese
mismo
año,
Brasil
se
definió
como
“potencia
no
alineada”
en
la
Conferencia
de
Desarme
realizada
en
Ginebra.
La
actitud
que
tomaba
Brasil
en
materia
de
política
exterior
representaba
una
novedad
si
se
considera
que,
a
excepción
de
un
corto
periodo,
durante
los
primeros
años
del
Estado
Novo,
ese
país
había
guiado
siempre
su
política
exterior
bajo
la
lógica
de
una
alineación
más
o
menos
automática
con
las
posiciones
estadounidenses.68
En
ese
sentido,
para
el
gobierno
de
Estados
Unidos,
más
que
una
novedad,
la
actitud
de
Brasil
contrariaba
la
ideología
que,
desde
el
término
de
la
Segunda
Guerra
Mundial
o
el
inicio
de
la
guerra
fría,
promovía
ese
país
a
través
de
la
Doctrina
de
Seguridad
Nacional
(DSN).
Creada
bajo
la
lógica
del
antagonismo
Este–Oeste
y
el
concepto
de
seguridad
hemisférica,
que
en
la
guerra
fría
se
tradujo
en
asumir
que
la
seguridad
de
Estados
Unidos
estaba
ligada
a
la
seguridad
del
bloque
occidental,
la
DSN
fue
creada
para
hacer
frente
a
la
“amenaza
comunista”
durante
este
periodo.
Esta
doctrina
había
diseminado,
desde
el
fin
de
la
Segunda
Guerra
Mundial,
una
ideología
que
asumía
que
la
humanidad
había
entrado
en
una
etapa
de
guerra
permanente
y
total
entre
Occidente
y
Oriente
y
que
en
función
de
esa
guerra
“total”
–
en
el
sentido
de
que
el
antagonismo
podría
encontrarse
tanto
fuera
como
dentro
de
las
fronteras
nacionales–
toda
la
nación
se
debía
movilizar
para
erradicarla.
La
neutralidad
no
era
aceptada.
Frente
a
la
“amenaza
roja”,
Estados
Unidos
promovió
en
América
Latina
una
alianza
interamericana
de
defensa
contra
la
“subversión
enemiga”
que
contemplaba
el
envío
de
misiones
militares
norteamericanas
a
diversos
países
de
América
Latina,
un
programa
de
asistencia
militar
que
contemplaba
el
abasto
de
armamento
a
los
ejércitos
latinoamericanos,
entrenamiento
militar,
establecimiento
de
bases
militares,
68
Guillermo
Palacios,
Intimidades,
conflictos
y
reconciliaciones.
México
y
Brasil.
1822–1993,
México,
Secretaría
de
Relaciones
Exteriores,
2001,
p.
291.
43
la
expansión
de
sus
servicios
de
inteligencia,
y
adoctrinamiento.
69
Por
esa
vía,
la
Doctrina
de
Seguridad
Nacional
llegó
a
Brasil,
donde
importantes
sectores
de
la
sociedad
brasileña,
tanto
militares
como
civiles,
habían
sido
permeados
por
esa
estrategia
a
través
de
la
Escuela
Nacional
de
Guerra.
Eran
sectores
que,
por
supuesto,
no
comulgaban
con
el
proyecto
nacionalista
de
Joao
Goulart,
al
que
consideraban
una
“amenaza
comunista”.70
México
El
acercamiento
entre
los
países
de
América
Latina
no
sólo
era
parte
de
un
proyecto
de
política
exterior
independiente,
como
el
que
se
impulsaba
en
Brasil
a
inicios
de
1960,
que
consideraba
indispensable
la
integración
económica
de
los
países
americanos
para
impulsar
las
industrias
nacionales
y
crear
una
estructura
más
fuerte
de
mercado
que
permitiera
mejorar
la
productividad
de
los
países
en
beneficio
de
sus
poblaciones.
El
impulso
de
las
relaciones
comerciales
entre
países
latinoamericanos
era
parte
de
un
proceso
mayor
de
crecimiento
que
las
economías
de
América
Latina
habían
experimentado
en
la
década
de
1950,
los
años
de
posguerra.71
En
función
de
ese
crecimiento
se
había
impulsado,
a
inicios
de
1960,
la
creación
de
la
Asociación
Latino–Americana
de
Libre
Comercio
(Alalc),
la
primera
propuesta
de
integración
económica
latinoamericana
que
promovía
el
establecimiento
de
una
zona
69
Nilson
Borges,
“A
Doutrina
de
Segurança
Nacional
e
os
governos
militares”
en
Jorge
Ferreira
y
Lucila
de
Almeida
Neves
Delgado
(Orgs.),
O
Brasil
Republicano.
O
tempo
da
ditadura:
regime
militar
e
movimentos
sociais
em
fins
do
século
XX,
2ª
edición,
Río
de
Janeiro,
Civilização
Brasileira,
2012,
pp.
15–42.
70
Como
resume
Nelson
Borges,
“en
el
contexto
de
la
guerra
fría
todo
esfuerzo
nacional
de
descolonización,
toda
guerra
nacional
de
liberación
y
todo
proceso
nacional
de
cambio
social
fueron
aquilatados
en
función
de
lo
que
significaban
para
uno
de
los
dos
sistemas
(este–oeste)
que
disputaban
la
hegemonía
mundial.
Ibid,
pp.
27–28.
71
Guillermo
Palacios
recuerda
que
como
producto
de
ese
crecimiento
muchas
de
las
economías
de
América
Latina
fueron
lanzadas
a
pavimentar
el
camino
de
la
industrialización
por
medio
de
la
política
de
sustitución
de
importaciones,
que
conoció
su
auge
en
los
años
cincuenta.
Ver
Guillermo
Palacios,
op.
Cit.,
p.
267.
44
de
libre
comercio
en
América
Latina
en
los
términos
que
se
habían
establecido
en
el
Tratado
de
Montevideo.72
En
ese
contexto,
al
iniciar
la
década
de
1960,
México
y
Brasil,
que
pasaban
por
un
periodo
de
crecimiento
notable,73
habían
declarado
el
inicio
de
una
“nueva
y
promisoria
época”
en
la
historia
de
sus
relaciones,
como
quedó
establecido
en
la
Declaración
Conjunta
que
se
firmó
en
Río
de
Janeiro
el
22
de
enero
de
1960,
durante
la
visita
que
el
presidente
de
México,
Adolfo
López
Mateos,
realizó
a
Brasil,
la
primera
que
un
mandatario
mexicano
realizaba
a
ese
país
sudamericano.74
Durante
la
visita
que
López
Mateos
hizo
a
Brasil
entre
el
19
y
el
25
de
enero
de
1960,
en
respuesta
a
la
invitación
que
le
había
extendido
el
presidente
Juscelino
Kubitschek
(1956–1961),
75
el
mandatario
mexicano
fue
recibido
en
la
sesión
solemne
del
Congreso
Nacional
con
un
discurso
del
entonces
vicepresidente
de
la
república,
João
Goulart, 76 en
el
que
trazó
con
gran
nitidez
las
que
dos
años
más
tarde
se
convertirían
en
las
líneas
rectoras
del
proyecto
de
nación
que
encabezaría
al
llegar
a
la
Presidencia
de
Brasil,
y
que
tanto
temor
despertarían
entre
las
élites
económicas
de
ese
país.
Como
destacó
Guillermo
Palacios,
en
aquél
discurso
de
bienvenida
al
mandatario
mexicano,
Goulart
aprovechó
para
elogiar
la
Revolución
Mexicana,
pues
consideraba
que
había
sido
la
influencia
más
importante
y
la
lección
más
provechosa
para
la
“formación
de
la
conciencia
nacionalista
de
los
pueblos
de
este
hemisferio”,
y
evocó
algunos
hechos
que,
según
su
visión,
habían
colocado
a
México
“en
posición
de
72
Un
acuerdo
firmado
en
1960
por
Argentina,
Bolivia,
Brasil,
Colombia,
Chile,
Ecuador,
México,
Paraguay,
Perú,
Uruguay
y
Venezuela,
donde
se
comprometían
a
crear
un
organismo
que
impulsara
la
disminución
de
aranceles
y
la
libertad
económica
entre
sus
miembros.
73
Como
afirma
Palacios,
el
crecimiento
económico
de
México
era
una
continuación
del
milagro
mexicano
que
se
inició
a
fines
del
sexenio
de
Ruíz
Cortines,
a
partir
del
apoyo
del
Estado
al
sector
empresarial
y
de
la
atracción
de
la
inversión
extranjera,
mientras
que
en
Brasil
el
crecimiento
había
permitido
que
se
fundaran
las
bases
de
la
industria
automovilística
y
de
Brasilia,
la
nueva
capital
del
país.
Guillermo
Palacios,
op.
Cit.,
p,
270.
74Alfonso
García
Robles,
“Las
relaciones
diplomáticas
entre
México
y
Brasil”,
en
Foro
Internacional,
vol.
IV,
núm.
3,
México,
El
Colegio
de
México,
enero–marzo
de
1964,
p.
348.
75López
Mateos
visitó
Río
de
Janeiro
y
Brasilia.
La
visita
a
Brasil
se
dio
en
el
marco
de
una
gira
que
el
mandatario
mexicano
realizó
por
América
del
Sur.
Ver,
Guillermo
Palacios,
op.
Cit.,
pp.
270–272.
76
Goulart
fue
electo
vicepresidente
por
primera
ocasión
en
la
elección
de
1955
en
la
que
JK
fue
electo
presidente.
45
vanguardia
en
la
lucha
por
la
emancipación
de
los
pueblos
americanos.”77
El
primero,
la
expropiación
petrolera
a
la
que
consideró
“una
medida
esencial
para
la
preservación
de
la
independencia
económica
del
país.”
En
segundo
lugar,
la
Reforma
Agraria,
pues
advirtió
que
Ningún
país
conseguirá
emancipar
su
pueblo
del
yugo
de
la
esclavitud,
si
no
logra
abolir
los
restos
del
feudalismo
de
los
campos,
haciendo
que
retornen
a
la
comunidad
las
tierras
improductivas
para
que
puedan
ser
distribuidas
con
el
apoyo
técnico
y
financiero
del
Estado,
a
auténticos
agricultores,
capacitados
para
explotarlas
en
beneficio
del
pueblo
y
del
país.78
En
tercer
lugar,
Goulart
había
destacado
el
papel
“pionero”
que
México
había
tenido
en
la
“moderna
conceptuación
del
nacionalismo
como
base
del
desarrollo
económico
y
condición
de
la
reforma
social”,
liberando
a
ese
concepto
de
sus
vínculos
originales
con
partidos
de
derecha
y
movimientos
reaccionarios. 79 “Hace
pocos
años,
el
nacionalismo
estaba
ligado
a
partidos
y
movimientos
de
derecha,
que
daban
a
ese
gran
ideal
de
los
pueblos
un
sentido
reaccionario.
La
Revolución
Mexicana
ligó
el
nacionalismo
a
la
revolución
social,
y
mostró
que
en
él
reside
la
mejor
defensa
de
las
clases
trabajadoras
contra
el
egoísmo
del
capitalismo
internacional.”80
En
el
marco
de
la
“refundación
de
relaciones”
entre
México
y
Brasil,
y
con
la
tarea
de
estimular
a
los
empresarios
brasileños
y
mexicanos
a
explorar
ambos
mercados,
el
gobierno
de
Brasil
había
nombrado,
en
enero
de
1961,
a
Manoel
Pio
Corrêa
como
nuevo
embajador
de
Brasil
en
México,
en
tanto
que
el
gobierno
de
López
Mateos
había
designado,
en
agosto
de
ese
mismo
año,
a
Alfonso
García
Robles
para
encabezar
la
representación
mexicana
en
Brasil.
Una
vez
en
Brasil,
García
Robles
presentó
sus
cartas
credenciales
ante
el
MRE
o
Itamaraty
–el
28
de
septiembre
de
1961–
y
entre
sus
primeras
ocupaciones
estuvo
la
de
recibir
en
Brasil
a
una
delegación
mexicana
de
empresarios
que,
acompañada
por
77
Guillermo
Palacios,
op.
Cit.,
p.
275.
78
Ibid.
79
Ibid.
80
Excélsior,
Ciudad
de
México,
5
de
diciembre
de
1961.
46
el
embajador
de
Brasil
en
México,
Pío
Corrêa,
visitó
varias
industrias
automovilísticas
y
se
reunió
con
importantes
representantes
del
sector
industrial
brasileño.81
La
segunda
tarea
importante
que
García
Robles
recibió
fue
la
de
extender
una
cordial
invitación
que
el
presidente
López
Mateos
dirigía
al
presidente
Goulart
para
realizar
una
visita
oficial
a
México,
en
correspondencia
con
la
visita
que
el
mandatario
mexicano
había
realizado
dos
años
atrás
a
Brasil.
En
diciembre
de
1961
Goulart
aceptó
“muy
honrado
y
complacido”82
realizar,
en
el
primer
trimestre
de
1962,
la
primera
visita
oficial
que
un
presidente
brasileño
haría
a
la
república
mexicana.
Caricatura
publicada
a
propósito
de
la
visita
de
Jango
a
México.
Periódico
Correio
da
manhã
(RJ),
11
de
abril
de
1962.
AHGESRE,
exp.
III.2867–14.
João
Goulart
estuvo
en
México
entre
el
9
y
el
11
de
abril
de
1962,
después
de
haber
sostenido
un
difícil
encuentro
en
Estados
Unidos
con
el
presidente
John
F.
Kennedy,
con
quien
había
tratado
de
manera
especial
el
tema
de
las
nacionalizaciones
de
81
Guillermo
Palacios,
op.
Cit.,
p.
286.
82
García
Robles
a
Relaciones,
telegrama,
Río
de
Janeiro,
11
de
diciembre
de
1961,
Archivo
Histórico
“Genaro
Estrada”
de
la
Secretaría
de
Relaciones
Exteriores
(en
adelante
AHGE–SRE),
exp.
III–2867–14,
f.
4.
47
diferentes
empresas
concesionarias
de
servicios
públicos
que
se
habían
realizado
en
Brasil.83
En
México,
la
invitación
al
presidente
Goulart
había
sido
animada
por
el
entusiasmo
que
reinaba
en
el
recién
constituido
grupo
de
industriales
brasileños
y
mexicanos
de
la
industria
automotriz84,
así
como
por
los
acuerdos
que
poco
a
poco
empezaban
a
incrementar
los
vínculos
comerciales
y
culturales
entre
ambos
países.85
En
el
ámbito
político
y
discursivo
fue
la
política
exterior
independiente
lo
que
durante
la
visita
de
Goulart
a
México
se
destacó
como
el
principal
punto
de
encuentro
entre
los
dos
países;
el
elemento
más
importante
de
ese
“inédito
periodo
de
entendimiento
y
armonía” 86
que
empezaban
a
experimentar
los
dos
países
más
grandes
de
América
Latina.
La
alineación
en
materia
de
política
exterior
de
México
y
Brasil
no
era
poca
cosa.
Apenas
dos
meses
atrás
México
había
votado
en
contra
y
Brasil
se
había
negado
a
votar
la
exclusión
de
Cuba
de
la
OEA
en
la
reunión
de
ministros
celebrada
en
Punta
del
Este,
erigiéndose
ambos
en
países
clave
para
la
fijación
de
límites
al
apoyo
que
habían
de
obtener
los
Estados
Unidos
de
la
OEA
en
su
política
hacia
Castro.87
Días
antes
de
la
reunión
ministerial
en
Punta
del
Este,
los
cancilleres
de
México
y
de
Brasil,
Manuel
Tello
y
San
Thiago
Dantas,
respectivamente,
habían
emitido
una
declaración
conjunta
en
la
que
ambas
cancillerías
reafirmaban
“su
más
firme
apoyo
a
los
principios
fundamentales
de
la
democracia
representativa,
de
no
intervención
y
de
autodeterminación
de
los
pueblos”,
y
convenían
en
la
necesidad
de
no
escatimar
esfuerzos
para
el
fortalecimiento
de
la
OEA88
Por
su
parte,
la
víspera
de
la
visita
de
Goulart
a
México,
el
embajador
Alfonso
García
Robles
declaró
por
la
radio
Tupí
de
Río
de
Janeiro,
que
la
estrecha
colaboración
83
Moniz
Bandeira,
O
Governo
João
Goulart.
As
lutas
sociais
no
Brasil
1961–1964,
3ª
edición,
Rio
de
Janeiro,
Civilização
Brasileira,
1978,
p.
51.
84
De
hecho,
con
motivo
de
su
visita
a
México,
el
presidente
Goulart
obsequió
a
López
Mateos
un
auto
deportivo
de
la
patente
“Willis
Overland”,
modelo
1962,
que
era
el
primer
automóvil
deportivo
fabricado
por
la
industria
automovilística
brasileña.
Secretaría
de
Relaciones
Exteriores,
boletín
de
Prensa,
ciudad
de
México,
5
de
abril
de
1962.
AHGE–SRE,
exp.
III–2867–14.,
f.
s/n.
85Guillermo
Palacios,
Op.
Cit.,
pp.
268–293.
86
Ibid.
87
Gordon
Connell–Smith,
El
sistema
interamericano,
1a
reimpresión,
México,
Fondo
de
Cultura
48
entre
México
y
Brasil
era
casi
“ineludible”
en
la
visión
de
todo
aquél
que
viera
en
ella
“un
factor
de
potencial
influencia
decisiva
para
el
mundo
del
mañana.”89
Durante
el
encuentro
en
México,
los
presidentes
Goulart
y
López
Mateos
emitieron
también
una
declaración
conjunta
en
la
que,
además
de
reafirmar
los
principios
de
autodeterminación
y
de
no
intervención,
y
asumiéndose
como
los
representantes
de
las
“principales
personalidades
internacionales
de
América
Latina”,
defendieron
una
postura
soberana,
desvinculada
de
cualquiera
de
los
dos
bloques
ideológico–militares
que
polarizaban
la
política
internacional
en
plena
guerra
fría.90
João
Goulart
se
despide
de
su
anfitrión,
Adolfo
López
Mateos.
Fotografía
publicada
en
el
diario
El
País
de
Montevideo,
Uruguay,
el
12
de
abril
de
1962.
Durante
la
visita
de
Goulart
a
México,
un
editorial
del
periódico
brasileño
Jornal
do
Brasil
publicó:
En
las
actuales
circunstancias
la
defensa
de
los
principios
de
no
intervención
y
autodeterminación
sólo
pueden
realizarse
en
este
continente
si
México
y
Brasil,
abandonando
la
política
de
mutuo
aislamiento
que
–incomprensiblemente–
siguieron
durante
tanto
tiempo,
se
dedican
a
una
acción
constante
y
metódica
para
que
el
sistema
interamericano
no
pierda
sus
características
fundamentales…
Tal
vez
en
la
89
Excélsior,
ciudad
de
México,
5
de
diciembre
de
1961.
90
Declaración
conjunta
formulada
por
los
presidentes
de
los
Estados
Unidos
Mexicanos
y
de
los
Estados
Unidos
del
Brasil,
con
motivo
de
la
visita
que
hizo
a
México
el
Excelentísimo
señor
Joao
Goulart,
10
de
abril
de
1962,
AHGE–SRE,
exp:
III–2867–14,
f.
s/n.
49
unión
más
estrecha
de
estos
dos
países,
celosos
de
su
independencia
y
orgullosos
de
sus
características
nacionales,
se
encuentre
una
solución
de
equilibrio
capaz
de
impedir
que
el
sistema
interamericano
se
desintegre
al
impacto
de
la
guerra
fría
entre
la
belicosidad
de
las
derechas
internacionales
y
la
predicación
revolucionaria
del
comunismo.91
Como
lo
había
hecho
dos
años
atrás
durante
la
visita
de
López
Mateos
a
Brasil,
João
Goulart,
ahora
en
su
calidad
de
presidente
de
Brasil,
no
desperdició
oportunidad
durante
su
visita
a
México
para
elogiar
el
nacionalismo
revolucionario
mexicano.
Tan
pronto
descendió
del
avión
en
la
Ciudad
de
México
“felicitó
a
los
mexicanos
por
su
revolución
de
1910
y
los
resultados
de
la
misma,
que
significaron
un
gran
progreso
para
la
nación.” 92
Sin
embargo,
como
observa
Guillermo
Palacios,
los
elogios
de
Goulart
resultaban
“curiosamente
anacrónicos”
en
un
país
cuyo
proceso
revolucionario
estaba
cada
vez
más
lejos.
93
Tan
sólo
un
mes
después
de
la
visita
del
mandatario
brasileño,
el
líder
agrario,
Rubén
Jaramillo,
cuya
lucha
simbolizaba
el
abandono
del
Estado
mexicano
de
los
principios
revolucionarios,
sería
asesinado
por
un
destacamento
militar
junto
con
su
mujer
y
sus
tres
hijos.
En
el
ámbito
interno,
el
legado
de
la
Revolución
Mexicana
se
había
alejado
de
la
práctica,
en
cambio,
se
mantenía
cuidadosamente
tanto
en
el
discurso
como
en
la
prestigiosa
política
exterior
en
nombre
de
la
cual
México
mantenía
una
posición
firme
de
defensa
de
principios
como
la
no
intervención
y
la
autodeterminación
de
los
pueblos.
En
realidad,
el
nacionalismo
revolucionario
que
inspiraba
a
Goulart
era
aquél
que
había
guiado
la
política
del
gobierno
mexicano
en
la
década
de
1930,
durante
el
gobierno
de
Lázaro
Cárdenas,
cuando
nacionalizó
la
industria
petrolera
en
México
e
implantó
la
reforma
agraria;
una
política
nacionalista
como
la
que,
en
la
década
de
1950,
él
mismo
había
acompañado
de
cerca
como
ministro
durante
el
segundo
gobierno
de
Getúlio
Vargas,
cuando
se
impulsó
en
Brasil
una
gran
campaña
en
defensa
91
Jornal
do
Brasil,
Río
de
Janeiro,
10
de
abril
de
1962.
92
La
Crónica,
Ciudad
de
México,
10
de
abril
de
1962.
93
Guillermo
Palacios,
op.
Cit.,
p.
275.
50
del
petróleo
brasileño
que
derivó
en
la
creación
de
la
empresa
estatal
Petrobrás
en
1953.94
Eclosión
social
El
legado
que
Goulart
recogía
de
la
Era
Vargas
no
se
limitaba
a
la
continuación
de
un
proyecto
desarrollista
o
modernizador
de
carácter
nacionalista
iniciado
en
la
década
de
1930.
Jango
también
era
heredero
de
un
importante
movimiento
nacionalista
de
base
social
que
había
tomado
fuerza
durante
la
histórica
campaña
O
petróleo
e
nosso!
a
principios
de
1950,
y
en
el
cual
había
causado
un
gran
impacto
el
suicidio
de
Getúlio
Vargas
y
la
Carta–Testamento,
dirigida
al
pueblo
brasileño,
que
sus
familiares
encontraron
junto
a
su
cuerpo,
donde
explicaba
las
razones
que
lo
habían
llevado
al
suicidio,
señalando
como
principales
responsables
a
grupos
internacionales
y
sus
aliados
nacionales,
cuyos
intereses
eran
contrarios
a
las
políticas
de
su
gobierno.
A
finales
de
1950,
esos
acontecimientos
habían
dado
un
nuevo
vigor
al
Partido
Trabalhista
Brasileiro
(PTB),
fundado
en
1945
por
Vargas
y
dirigido
en
la
década
de
1950
por
Goulart,
que
desde
entonces
fue
reconocido
como
el
partido
que
recogía
el
pensamiento
político
de
Vargas.
A
inicios
de
1960
ese
movimiento
nacionalista
había
engrosado
la
base
social
del
PTB
y
gradualmente
éste
había
ido
abandonando
la
actitud
conciliadora
que
lo
había
caracterizado
en
sus
primeros
años
de
existencia
bajo
la
égida
del
getulismo,
asumiendo
una
postura
cada
vez
más
reformista
que
lo
acercaba
al
Partido
Comunista
Brasileiro
(PCB)95,
que
desde
1948
actuaba
en
la
ilegalidad.96
En
la
década
de
1950,
el
vigor
de
las
fuerzas
nacionalistas
también
había
dado
pie
a
la
rearticulación
del
movimiento
sindical
brasileño,
que
desde
la
promulgación
de
las
leis
Trabalhistas
en
1943,
había
entrado
en
un
proceso
de
desmovilización
ocasionado
por
el
modelo
de
organización
sindical,
vertical
y
subordinada
al
Estado,
94
A
inicios
de
1950
la
campaña
en
defensa
del
petróleo
conocida
bajo
el
lema
O
petróleo
e
nosso!,
movilizó
a
buena
parte
del
pueblo
brasileño
que
se
oponía
a
que
empresas
extranjeras
explotaran
el
petróleo
en
suelo
brasileño.
95Munteal,
Oswaldo,
Jaqueline
Ventapane
y
Adriano
de
Freixo
(Orgs.),
op.
Cit.,
p.
8.
96
El
PCB
fue
fundado
en
1922
y
sólo
tuvo
un
breve
periodo
de
legalidad
entre
1945
y
1947.
51
que
dichas
leyes
habían
impuesto.97
En
los
cincuenta,
surgieron
varias
organizaciones
de
trabajadores
que
rechazaban
ese
modelo
y
asumieron
modelos
horizontales
y
autónomos
de
organización,
lo
que
resultó
en
un
significativo
avance
del
movimiento
sindical
brasileño
que
entre
1960
y
1964
viviría
un
periodo
de
singular
auge.98
Como
líder
del
PTB
y
ex
ministro
de
Trabajo
en
el
último
gobierno
de
Vargas,
João
Goulart
mantenía
una
gran
cercanía
con
el
movimiento
sindical
brasileño.
En
agosto
de
1960
éste,
en
su
calidad
de
vicepresidente,
había
sido
invitado
a
clausurar
los
trabajos
del
III
Congreso
Sindical
Nacional,
en
el
que
participaron
más
de
dos
mil
delegados
sindicales
que
formaban
parte
de
una
corriente
nacionalista,
la
más
grande
dentro
del
movimiento
sindical,
en
la
que
convivían
liberales,
socialistas
y
comunistas,
y
que
tenía
como
principal
objetivo
luchar
por
una
revolución
“antiimperialista,
nacional
y
democrática”
99
La
posición
ideológica
y
política
que
a
principios
de
la
década
de
1960
tenía
el
movimiento
sindical
brasileño
quedó
plasmada
en
la
declaración
de
principios
que
se
leyó
al
concluir
el
Congreso,
donde
los
trabajadores
de
Brasil
se
propusieron,
entre
otras
cosas,
luchar
por
“una
política
nacionalista
e
independiente,
de
defensa
de
los
intereses
nacionales”;
por
“el
establecimiento
y
ampliación
de
las
relaciones
comerciales,
diplomáticas
y
culturales
con
todos
los
países,
independientemente
del
régimen
vigente
de
los
mismo.”;
por
el
“reforzamiento
de
la
solidaridad
entre
los
pueblos
y
los
trabajadores
de
América
Latina,
en
la
lucha
contra
los
monopolios
de
los
Estados
Unidos,
y
por
la
defensa
de
la
soberanía
nacional
de
cada
país.”
En
ese
sentido,
rechazaron
cualquier
intervención
económica
o
militar
en
contra
del
“glorioso
pueblo
cubano”,
con
cuya
lucha
se
solidarizaban.
En
el
ámbito
interno,
los
trabajadores
brasileños
anunciaron
la
lucha
por
lograr
una
reforma
agraria
“que
liquide
los
latifundios
y
dé
tierras
a
los
que
la
trabajan.”
100
97Sérgio
Amad
Costa,
C.G.T.
e
as
lutas
sindicais
brasileiras
(1960–64),
São
Paulo,
editora
do
Gremio
52
Ese
era
el
ideario
político
que
permeaba
en
la
mayor
parte
del
movimiento
sindical
brasileño
cuando
Jango
asumió
la
Presidencia
de
Brasil
en
1961101.
Incluso,
las
posiciones
nacionalistas
se
habían
reforzado
durante
la
crisis
política
de
1961,
cuando
los
ministros
militares
habían
intentado
impedir
la
llegada
de
Goulart
a
la
presidencia
y
la
campanha
da
legalidade,
liderada
por
Leonel
Brizola,
había
garantizado
el
reconocimiento
de
Jango
como
presidente,
aunque,
como
se
señaló
arriba,
con
los
poderes
limitados
por
la
imposición
del
sistema
de
gobierno
parlamentario,
en
el
que,
como
todas
las
decisiones
del
presidente,
el
nombramiento
del
gabinete
de
ministros
tenía
que
ser
previamente
avalado
por
el
poder
Legislativo,
el
mismo
ante
el
cual
tenía
que
responder.
Desde
mayo
de
1962
el
movimiento
nacionalista
organizado
–en
gran
parte
dentro
del
movimiento
sindical–
empezó
a
empujar
la
lucha
por
las
reformas
de
base,
mientras
que
Goulart
empezó
a
exigir
públicamente
la
instauración
de
las
mismas
y
a
acusar
al
Congreso
de
impedirlas.102
En
Julio
de
1962
un
nuevo
gabinete
ministerial
tenía
que
ser
designado.
Los
líderes
sindicales
que
apoyaban
las
reformas
de
base
pugnaron
por
la
elección
de
ministros
que
estuvieran
comprometidos
con
las
mismas,
y
cuando
el
Congreso
rechazó
la
propuesta
del
presidente
para
nombrar
a
San
Thiago
Dantas
como
primer
ministro
–quien
tenía
el
apoyo
de
los
trabajadores–
y
nombró
en
su
lugar
al
senador
del
Partido
Social
Democrático
(PSD),
Auro
de
Mora
Andrade
–reconocido
opositor
a
las
reformas–,
los
trabajadores
estallaron
una
huelga
general
que
paralizó
casi
todo
el
país
y
que
fue
definida
en
la
prensa
como
un
“movimiento
de
las
clases
trabajadoras
nunca
visto
en
la
historia
brasileña.”103
En
esa
coyuntura,
conocida
como
“la
crisis
de
gabinete”,
los
líderes
sindicales
emitieron
un
manifiesto
a
nombre
del
Comando
Geral
da
Greve
Geral,104
en
el
que
expresaron
su
apoyo
al
presidente
Goulart,
quien
se
negaba
a
aceptar
la
imposición
de
101
A
finales
de
1961
el
movimiento
sindical
brasileño
estaba
dividido
en
dos
grandes
corrientes:
la
“nacionalista”
que
era
la
mayoritaria,
y
la
autodenominada
“democrática”
formada
por
antiguos
sindicalistas
“pelegos”,
como
se
les
denomina
en
Brasil
a
los
sindicalistas
“charros”
y
algunos
sindicatos
católicos
que
se
agruparon
en
torno
del
Movimiento
Sindical
Democrático
que
luchaba
contra
el
comunismo
y
por
un
Brasil
cristiano
y
democrático.
102Sérgio
Amad
Costa,
op.
Cit.,
p.
83.
103
Diario
de
Notícias,
Rio
de
Janeiro,
5
de
julio
de
1962.
104
Comando
General
de
la
Huelga
General.
53
Moura
Andrade,
y
acusaron
que
desde
el
Congreso
“se
pretende
implantar
una
dictadura
reaccionaria,
encubierta
por
el
Consejo
de
Ministros
compuesto
de
enemigos
jurados
de
nuestro
progreso,
de
nuestra
independencia
y
tranquilidad.”
La
huelga
general,
la
primera
en
la
historia
del
movimiento
sindical
brasileño
que
se
llevó
a
cabo
en
todo
el
país,
fue
apoyada
ampliamente
por
el
movimiento
estudiantil
y
por
sectores
nacionalistas
dentro
del
Ejército.
Su
éxito
dio
amplio
prestigio
a
los
líderes
sindicales
nacionalistas
que
al
concluir
la
huelga,
en
medio
de
un
gran
entusiasmo,
transformaron,
en
agosto
de
1962,
el
Comando
Geral
da
Greve
Geral
en
el
Comando
Geral
dos
Trabalhadores
(CGT),
un
órgano
integrado
por
las
confederaciones,
federaciones
y
sindicatos
nacionales,
que
en
adelante
estaría
al
frente
de
la
orientación,
coordinación
y
dirección
del
movimiento
sindical
brasileño.105
Las
leyes
brasileñas
impedían
la
creación
de
un
organismo
que
centralizara
al
movimiento
sindical,
por
eso,
el
CGT,
aunque
agrupaba
a
cinco
de
las
seis
confederaciones
entonces
existentes,
funcionó
desde
su
nacimiento
como
una
entidad
ilegal.
Pero
si
bien
no
fue
reconocido
oficialmente
por
el
gobierno,
el
presidente
Goulart
le
otorgaba
un
reconocimiento
de
facto
al
mantener
abierto
el
diálogo
con
sus
dirigentes,
generando
una
gran
indignación
entre
quienes
se
oponían
a
dicha
organización.
Mientras
tanto
en
el
campo,
las
Ligas
Camponesas106
se
esparcían
por
todo
el
noreste
brasileño.
Fundadas
en
1955
por
el
abogado
de
Pernambuco
Francisco
Julião,
se
proponían
organizar
a
los
trabajadores
rurales
para
modificar
la
estructura
agraria
brasileña,
que
concentraba
la
tierra
en
manos
de
unos
cuantos
propietarios,
vinculados
en
gran
parte
a
las
financieras
internacionales.107
Al
iniciar
la
década
de
1960
las
Ligas,
que
se
extendían
a
través
de
las
invasiones
de
tierras,
tenían
representación
en
26
ciudades
del
estado
de
Pernambuco
y
advertían
que
la
reforma
agraria
se
realizaría
“com
a
lei
o
com
a
marrra”108.
105
Sérgio
Amad
Costa,
op.
Cit.,
p.
48.
106
Ligas
Campesinas.
107
Moniz
Bandeira,
op.
Cit.,
p.
55.
108
“Con
la
ley
o
con
el
mazo”.
54
Pero
no
sólo
las
Ligas
Camponesas,
empujaban
la
organización
de
los
trabajadores
rurales.
Desde
mediados
de
1950,
tanto
la
iglesia
católica
como
el
PCB,
actuaban
en
el
campo
promoviendo
la
sindicalización
de
los
trabajadores
bajo
la
influencia
de
cada
uno.
Por
un
lado,
buscando
no
perder
la
influencia
que
ejercía
sobre
los
campesinos,
la
iglesia
católica
intensificó
su
trabajo
en
el
campo.
Algunos
sacerdotes,
estimulados
por
la
encíclica
Mater
et
Magistra
del
papa
Juan
XXIII,
que
afirmaba
“los
trabajadores
de
la
tierra
tienen
que
ser
solidarios
unos
con
los
otros
y
colaborar
en
la
creación
de
iniciativas
cooperativistas
y
asociaciones
profesionales
o
sindicales”,
comenzaron
a
organizar
a
los
trabajadores
rurales
en
sindicatos.109
Hacia
1963,
se
habían
formado
48
sindicatos
rurales
con
cerca
de
50
mil
miembros
bajo
la
influencia
de
la
iglesia
católica.
Con
frecuencia,
la
iglesia
acusaba
a
Francisco
Julião
de
utilizar
el
movimiento
campesino
para
fines
políticos
o
de
“bolchevique”
por
no
respetar
la
propiedad
privada.110
Los
sindicatos
rurales
y
federaciones
que
fueron
formadas
bajo
la
influencia
de
los
católicos
se
plegaron
a
la
corriente
sindical
“democrática”,
minoritaria
en
el
movimiento
sindical
brasileño,
que
se
declaraba
abiertamente
anticomunista
y
en
pro
de
un
Brasil
cristiano
y
democrático.111
Por
su
parte,
el
PCB,
que
en
su
V
Congreso
celebrado
en
1960
se
había
propuesto
expandir
sus
actividades
en
el
campo
por
considerar
que
“la
alianza
del
proletariado
con
las
masas
campesinas
es
la
condición
básica
para
que
éste
pueda
imprimir
al
movimiento
revolucionario
una
dirección
firme”, 112
había
logrado
organizar
a
miles
de
campesinos
bajo
su
influencia.
Para
1963,
existían
10
federaciones
de
trabajadores
rurales
bajo
la
influencia
de
los
comunistas
que,
a
su
vez,
eran
parte
de
la
corriente
sindical
nacionalista
que
en
el
movimiento
sindical,
como
se
dijo,
aglutinaba
a
las
varias
tendencias
políticas
y
era
la
corriente
mayoritaria.
109
Sérgio
Amad
Costa,
op.
Cit.,
p.
63–68.
110
Ibid.
111
Ibid.
112
Ibid.
55
Finalmente,
en
diciembre
de
1963
se
formó
oficialmente
la
Confederación
Nacional
de
Trabajadores
en
la
Agricultura
(CONTAG)
bajo
influencia
nacionalista
por
lo
que
rápidamente
se
afilió
a
la
CGT.113
Otra
organización,
aunque
con
menor
intensidad
que
las
anteriores,
también
trabajó
en
esos
años
en
el
movimiento
sindical
rural.
Se
trataba
de
Ação
Popular
(AP),
un
movimiento
político
formado
a
inicios
de
1960
de
una
escisión
de
la
Juventud
Universitaria
Católica
(JUC)
que
luchaba
abiertamente
por
una
“transformación
radical
en
la
sociedad
para
la
conquista
del
socialismo”.114
Hacia
1963
existían
8
federaciones
rurales
bajo
su
dirección.
AP
tenía
amplia
penetración
en
la
Unión
Nacional
de
Estudiantes
(UNE)
e
ideológicamente
se
oponía
al
PCB,
sin
embargo,
en
la
coyuntura
1961–1964
actuó
junto
a
él
dentro
del
amplio
movimiento
nacionalista
que
impulsaba
las
reformas
de
base.
Después
de
su
fundación,
en
1962,
la
CGT
procuró
unificar
las
reivindicaciones
tanto
de
los
trabajadores
urbanos
como
de
los
rurales
para
empujar
juntos
las
Reformas
de
base
que,
como
se
dijo,
contemplaban
cambios
estructurales
en
los
sectores
agrario,
bancario,
judicial,
electoral,
tributario
y
universitario.
El
25
de
marzo
de
1962,
en
aquél
contexto
de
gran
efervescencia
sindical
y
organización
política,
nació
también
la
Associação
dos
Marinheiros
e
Fuzileiros
Navais
do
Brasil
(AMFNB).
Marineros
y
fusileros
navales
–en
su
mayoría
procedentes
de
los
niveles
sociales
más
pobres
de
la
sociedad–
habían
visto
en
la
coyuntura
la
posibilidad
de
mejorar
sus
condiciones
de
vida
dentro
del
servicio;
conseguir
beneficios
como
el
derecho
a
una
alimentación
mejor,
a
estudiar,
a
casarse,
a
divertirse,
a
votar
o
a
vestir
ropa
de
civil
en
días
de
descanso,
así
como
de
anular
duros
castigos
y
prácticas
humillantes
de
las
que
constantemente
eran
objeto
por
parte
de
sus
superiores
en
la
Marina.
Se
presentó
como
una
entidad
de
representación
social
de
los
marineros
y
fusileros
navales
y
de
coordinación
social,
deportiva
y
cultural
de
sus
asociados.
Sin
embargo,
su
nacimiento
incomodó
mucho
a
los
miembros
de
la
alta
administración
naval,
que
desde
el
principio
la
tacharon
de
ser
una
entidad
con
“motivos
subversivos”
113
Ibid.
114
Ibid.
56
y
se
negaron
a
reconocerla.
No
obstante,
la
Asociación
creció
de
manera
exponencial,
pues
a
partir
de
su
nacimiento
recibió
afiliaciones
masivas.
115
Y
cómo
no,
si
como
explica
Anderson
da
Silva,
la
AMFNB
llegó
a
cubrir
el
inmenso
vacío
que
había
en
la
administración
naval,
proporcionando
a
sus
asociados,
entre
muchas
otros
beneficios:
asesoría
jurídica,
servicio
médico,
que
incluía
un
servicio
de
obstetricia
para
las
esposas
de
los
subalternos,
y
acceso
a
clases
de
diversas
temáticas
que
se
impartían
en
una
escuela
montada
por
la
propia
asociación.
Sólo
así
se
explica,
señala
el
autor,
que
de
200
miembros
iniciales
en
1962,
la
AMFNB
pasara
a
tres
o
cuatro
mil
socios
el
año
siguiente.116
En
septiembre
de
1962,
la
CGT
llamó
a
una
nueva
huelga
luego
de
que
el
Congreso
rechazara
un
proyecto
de
ley
presentado
por
el
primer
ministro,
Francisco
Brochado
da
Rocha,
para
conseguir
la
anticipación
del
plebiscito
mediante
el
cual
la
ciudadanía
debería
decidir
si
se
continuaba
la
forma
parlamentaria
de
gobierno,
impuesta
en
1961
a
la
llegada
de
Goulart,
o
si
se
regresaba
al
presidencialismo.117La
huelga,
que
fue
apoyada
por
amplios
sectores
de
la
izquierda
nacionalista,
logró
que
el
Congreso
convocara
al
plebiscito
para
el
7
de
enero
de
1963.
Arrancó
entonces,
en
el
último
trimestre
de
1962,
la
campaña
por
el
plebiscito.
La
CGT
llamó
a
los
trabajadores
a
decir
no
al
parlamentarismo.
Por
su
parte,
el
movimiento
opositor
a
los
nacionalistas,
que
aglutinaba
a
una
parte
minoritaria
de
los
sindicatos
y
a
empresarios
con
importante
poder
financiero
o
ligados
a
consorcios
extranjeros,
intensificó
su
proceso
de
articulación
para
detener
la
fuerza,
cada
vez
mayor,
del
movimiento
nacionalista.
Adoptaron
como
bandera
el
“combate
contra
el
peligro
comunista”.118
115Anderson
da
Silva
Almeida,
Todo
o
Leme
a
Bombordo.
Marinheiros
e
ditadura
civil–militar
no
Brasil
da
Rebelião
de
1964
à
Anistia,
Rio
de
Janeiro,
Arquivo
Nacional,
2012,
pp.
34–36.
116
Ibid.,
p.
41.
117
El
plebiscito
se
había
contemplado
en
la
enmienda
constitucional
de
1961
que
instituyó
el
parlamentarismo
en
Brasil.
Preveía
realizarlo
a
principios
de
1965,
sin
embargo,
Goulart
había
insistido
para
que
el
Congreso
aprobara
su
anticipación,
para
hacerlo
coincidir
con
las
elecciones
programadas
para
el
7
de
octubre
de
1962.
Ver
Sérgio
Amad
Costa,
op.
Cit.,
p.
89.
118
Moniz
Bandeira,
op.
Cit.,
p.
65.
57
Varios
grupos
empresariales,
en
estrecho
contacto
con
la
Central
Intelligence
Agency
(CIA), 119
patrocinaron
entidades
como
el
Instituto
de
Pesquisas
e
Estudos
Sociais
(IPES)
y
el
Instituto
Brasileiro
de
Ação
Democrática
(IBAD),
desde
los
cuales
se
operó
una
fuerte
campaña
contra
el
gobierno
de
João
Goulart.120
Como
documenta
Moniz
Bandeira,
el
IPES,
que
surgió
a
principios
de
1962,
se
proclamó
“contra
la
radicalización
de
la
política
brasileña”,
y
luego
comenzó
a
contratar
militares
reformados
para
montar
un
servicio
de
inteligencia,
cuya
función
consistía
en
colectar
datos
que
demostraran
la
“infiltración
comunista
en
el
gobierno
de
Goulart”.121
El
instituto,
que
se
presentaba
ante
la
sociedad
como
una
entidad
pretendidamente
científica,
se
convirtió
en
la
“célula
mater
de
la
resistencia
civil
al
gobierno
de
Goulart”.122
En
el
proceso
electoral
de
octubre
de
1962,
el
IBAD,
que
recibía
financiamiento
de
la
CIA,
subvencionó
candidaturas
de
personas
que
asumían
el
“compromiso
ideológico
de
defender
el
capital
extranjero
y
condenar
la
reforma
agraria,
así
como
la
política
externa
independiente
del
gobierno
brasileño.”123
No
cabe
duda,
asegura
Bandeira,
“de
que
mucho
dinero
norteamericano
corrió
en
la
campaña
electoral
de
1962”.124
Los
recursos
que
llegaban
a
Brasil
para
apoyar
la
campaña
contra
el
gobierno
de
Goulart
alcanzaron
para
financiar,
además,
una
gran
cantidad
de
grupos
de
la
sociedad
civil
y
cooptar
a
otros
tantos
en
el
sector
sindical,
que
emergieron
para
contrarrestar
la
fuerza
de
la
legítima
movilización
social
que
respaldaba
al
gobierno
y
las
reformas
de
base.125
En
el
campo,
particularmente
en
el
nordeste
brasileño,
el
IBAD
distribuyó
dinero
para
combatir
la
candidatura
de
Miguel
Arraes
al
gobierno
de
Pernambuco,
por
119
La
participación
de
la
CIA
está
ampliamente
documentada,
véase
Flavio
Tavares,
1964:
O
Golpe,
Porto
Alegre,
L&PM
Editores,
2014.
120
Según
denuncias
del
gobernador
Miguel
Arraes,
el
IBAD
recibió
contribuciones
de
compañías
extranjeras
instaladas
en
Brasil,
entre
ellas:
Texaco,
Shell,
Ciba,
Cross,
Schering,
Enila,
Bayer,
General
Elecric,
IBM,
Coca–Cola,
Standard
Brands,
Souza
Cruz,
Remington
Rand,
Belgo–Mineira,
AEG
y
Coty,
la
mayoría
norteamericanas.
Véase
Moniz
Bandeira,
op.
Cit.,
p.
72.
121Ibid.,
p.
66.
122Ibid.
123Ibid.,
p.
68.
124Ibid.,
p.
69.
125Ibid.
58
simpatizar
con
el
proyecto
de
Goulart,
y
trató
de
dividir
a
las
Ligas
Campesinas
lideradas
por
Francisco
Julião.126
En
las
Fuerzas
Armadas,
la
CIA
reclutó,
tanto
a
través
del
IPES
como
del
IBAD,
a
un
gran
número
de
oficiales
de
las
más
diversas
categorías.127
Por
otra
parte,
la
intromisión
del
embajador
de
Estados
Unidos
en
Brasil,
Lincoln
Gordon,
en
la
política
de
ese
país
y
en
la
campaña
contra
del
gobierno
de
Goulart,
ha
sido
también
ampliamente
documentada.128
A
pesar
de
la
poderosa
campaña
en
su
contra,
el
bloque
que
respaldaba
las
reformas
de
base
y
al
gobierno
de
Goulart
resultó
victorioso
en
las
elecciones
de
1962.
Miguel
Arraes,
conquistó
el
gobierno
de
Pernambuco,
Leonel
Brizola129
fue
electo
diputado
federal
y
el
PTB,
a
través
del
cual
algunos
militantes
del
PCB
se
habían
postulado,
duplicó
su
bancada
en
el
Congreso.
Entre
tanto,
en
el
ámbito
internacional,
se
empezó
a
hablar
cada
vez
con
mayor
frecuencia
de
la
“inestabilidad
política
y
económica”
que
reinaba
en
Brasil.
La
prensa
nacional
e
internacional,
no
paró
de
publicar
las
quejas
norteamericanas
contra
la
inflación
en
Brasil,
la
política
externa
de
ese
país
del
sur
y
la
presencia
de
comunistas
en
el
gobierno
de
Goulart.130
El
día
del
plebiscito
llegó.
El
seis
de
enero
de
1963
nueve
millones
de
electores
en
una
proporción
de
cinco
a
uno,
regresaron
a
Goulart
sus
poderes
presidenciales
votando
en
contra
del
parlamentarismo.
El
presidente
nombró
un
nuevo
gabinete,
afín
a
su
proyecto
de
gobierno,
mientras
en
el
Congreso
nació
el
Frente
Parlamentar
Nacionalista
(FPN),
integrado
por
los
diputado
nacionalistas
Neiva
Moreira,
Leonel
Brizola,
Antonio
García
Filho,
Sérgio
Magalhães
y
Max
da
Costa
Santos.
126Ibid.,
p.
70.
127Ibid.
128
Los
archivos
hasta
ahora
desclasificados
por
el
Departamento
de
Estado
de
Estados
Unidos
han
revelado
muchos
detalles
secretos
de
la
operación
“Brother
Sam”
que
el
Pentágono
preparó
para
suministrar
armas,
gasolina
y
hasta
tropas
de
combate,
si
fuera
necesario,
para
garantizar
el
éxito
del
golpe
militar
en
Brasil.
Véase
Carlos
Fico,
O
grande
irmão:
da
operação
Brother
Sam
aos
anos
de
chumbo.
O
governo
dos
Estados
Unidos
e
a
ditadura
militar
brasileira,
2ª,
Rio
de
Janeiro,
Civilização
Brasileira,
2008.
129
Leonel
Brizola,
quien
en
1961
lideró
la
Campaña
de
la
Legalidad
para
evitar
que
un
golpe
de
estado
59
El
ambiente
se
radicalizó
aún
más,
las
corrientes
de
izquierda
o
nacionalistas
se
agruparon
bajo
el
liderazgo
de
Leonel
Brizola
en
el
Frente
de
Movilização
Popular
(FMP),
que
reunía
a
las
principales
organizaciones
que
empujaban
la
aprobación
de
las
reformas
de
base,
entre
ellas:
la
União
Nacional
dos
Estudantes
(UNE),
el
CGT,
la
Confederação
Nacional
dos
Trabalhadores
de
Indústria
(CNTI),
el
Pacto
de
Unidade
e
Ação
(PUA)
y
la
AMFNB.131
Las
presiones
al
gobierno
de
Goulart
no
sólo
venían
cada
vez
con
mayor
fuerza
de
la
izquierda
nacionalista,
que
pugnaba
para
que
el
gobierno
tomara
acciones
más
contundentes
para
lograr
la
aprobación
de
las
reformas.
El
gobierno
de
Goulart
empezó
a
recibir
presiones
también
del
Fondo
Monetario
Internacional
(FMI)
para
aplicar
un
plan
trienal
que
afectaba
directamente
los
salarios
de
los
trabajadores
brasileños,
mientras
que
el
gobierno
de
Estados
Unidos
suspendió
los
recursos
de
la
Alianza
para
el
Progreso132
dirigidos
a
la
federación
y
empezó
a
asignarlos
a
los
gobernadores
que
eran
contrarios
a
Goulart.
Además,
aplicó
un
bloqueo
de
créditos
externos
para
debilitar
al
gobierno
brasileño.
La
confrontación
penetró
incluso
entre
la
oficialidad
de
las
Fuerzas
Armadas,
pues
algunos
militares
de
alto
rango
habían
apoyado
las
manifestaciones
políticas
del
CGT.
En
abril
de
1963
las
declaraciones
del
comandante
del
primer
Ejército,
general
Osvinio
Alves,
en
favor
de
una
concentración
que
organizaba
el
CGT,
desataron
una
crisis
militar
en
la
que
el
Ministro
de
Guerra,
Amaury
Kruel
y
el
alto
comando
del
Ejército
analizaron
la
posibilidad
de
reprenderlo
por
“indisciplina”.133
En
esa
coyuntura,
el
general
Alves
recibió
muestras
de
solidaridad
de
diversos
elementos
del
movimiento
nacionalista.
El
11
de
mayo
de
1963
sargentos
y
suboficiales
nacionalistas
de
las
tres
armas,
respaldados
por
el
CGT,
el
FPN
y
otras
entidades
como
la
UNE,
realizaron
un
mitin
para
homenajear
al
general
Osvinio
al
que
asistieron
alrededor
de
mil
500
personas,
y
en
el
que
el
subteniente
Gelsy
Rodrigues
Correa,
en
nombre
de
los
sargentos
y
suboficiales
del
Ejército,
Marina
y
Aeronáutica
131
Anderson
da
Silva
Almeida,
op.
Cit.,p
51.
132La
Alianza
para
el
Progreso
fue
un
programa
de
ayuda
económica
a
los
países
de
América
Latina,
formulado
por
el
presidente
de
Estados
Unidos
John
F.
Kennedy,
que
se
lanzó
en
1961,
con
una
abierta
intencionalidad
política
en
resguardo
de
los
intereses
de
Estados
Unidos
en
América
Latina.
133Sérgio
Amad
Costa,
op.
Cit.,
p.
96.
60
advirtió:
“Nosotros
los
sargentos
y
oficiales
progresistas,
auténticos
nacionalistas,
tomaremos
nuestros
instrumentos
de
trabajo
y
haremos
las
reformas
junto
con
el
pueblo,
y
acuérdense
señores
reaccionarios
que
el
instrumento
de
trabajo
del
militar
es
el
fusil.”134
Alarmado
por
aquellas
advertencias,
el
ministro
de
Guerra
recomendó
a
los
comandantes
de
los
cuatro
ejércitos
castigar
indistintamente
a
todos
los
militares
que
amenazaran
con
cometer
“crímenes
contra
el
Estado
y
el
orden
político
y
social”,
y
giró
una
orden
de
aprehensión
contra
el
general
de
reserva
Alceu
Jovino
Marques
y
el
subteniente
Rodrígues
Correa,
asistente
y
orador
del
mitin,
respectivamente.135
A
pesar
de
la
renovación
en
las
elecciones
de
1962,
en
el
Congreso
continuaba
una
fuerte
oposición
a
las
reformas
de
base,
particularmente
a
la
reforma
agraria136.
Por
ello,
el
movimiento
en
pro
de
las
reformas
empezó
a
presionar
al
gobierno
con
la
movilización
de
los
trabajadores.137
En
julio
de
1963,
el
CGT
lideró
una
caravana
con
cerca
de
500
representantes
de
trabajadores
rurales
y
urbanos
que
fueron
a
Brasilia
para
entregar
un
manifiesto
al
presidente
Goulart
en
el
que
decían
estar
dispuestos
a
combatir
junto
a
él,
“con
todas
las
fuerzas
y
recursos
en
pro
de
la
aprobación
inmediata”
del
proyecto
de
reforma
agraria.
138
En
la
Cámara
Federal
uno
de
los
líderes
del
CGT,
Roberto
Morena,
advirtió
que
ésa
era
la
primera
manifestación
de
un
esquema
de
presiones
que
por
parte
de
los
trabajadores
vendría
para
empujar
la
aprobación
de
las
reformas.139
El
presidente
Goulart
fue
ampliamente
criticado
por
haber
recibido
a
los
trabajadores
que
habían
advertido
que
iniciarían
un
amplio
movimiento
huelguista
si
sus
demandas
no
eran
atendidas.
En
el
periódico
Jornal
do
Brasil
un
editorial
se
refirió
a
Goulart
como
“el
presidente
sindicalista”:
134Ibid.,
p.
99.
135Ibid.,
p.
100.
136
Desde
marzo
de
1962,
Goulart
había
presentado
al
Congreso
un
proyecto
de
ley
de
reforma
agraria,
considerada
la
más
urgente
de
todas
las
reformas,
que
había
encontrado
una
amplia
oposición
en
el
Congreso
Nacional,
donde
estaban
representados
los
grandes
propietarios
de
tierras.
137
Entre
1962
y
1963
el
número
de
huelgas
se
duplicó,
pues
de
154
registradas
el
primer
año,
pasaron
a
302
en
el
segundo.
Anderson
da
Silva
Almeida,
op.
Cit.,
p.
51.
138Sérgio
Amad
Costa,
op.
Cit.,,
pp.
72–74.
139
Ibid.
61
Bajo
la
luz
de
las
antorchas
sindicales
y
bajo
la
protección
de
tanques
y
armas
de
la
república,
el
país
vio
a
su
presidente
confraternizar,
en
promiscuidad
repugnante,
con
la
predicación
del
Comando
General
de
Huelga,140cuando
su
representante
articuló
contra
el
Congreso
de
la
República
un
verdadero
ultimátum,
después
repetido
por
el
presidente
(…)
El
presidente
escuchó,
igual
que
el
país,
las
palabras
del
representante
del
CGT
anunciando
la
disposición
sindical
de
“irnos
a
los
extremos”
y
“dar
la
propia
vida”
para
conseguir
lo
que
el
sindicalismo,
ayer
entronizado
y
protegido,
denomina
reformas
de
base.
El
presidente
escuchó
y
concordó
con
el
ultimátum
sindical
al
Congreso
(…).
El
presidente
sindicalista
colocó
al
país
de
cara
a
una
opción
radical:
reforma
pacífica
por
las
buenas,
o
al
margen
de
la
Ley,
por
las
malas.141
Como
había
sido
anunciado
por
el
CGT,
las
presiones
sobre
el
Congreso
Nacional
para
la
aprobación
de
las
reformas
de
base
continuaron
en
los
meses
siguientes.
En
septiembre
de
1963
el
temor
de
los
oficiales
de
la
Marina
aumentó
cuando
fusileros
navales
que
integraban
la
AMFNB
aparecieron
entre
los
involucrados
en
la
llamada
Revolta
dos
Sargentos,
ocurrida
en
Brasilia
contra
la
decisión
del
Supremo
Tribunal
Federal
(STF)
que
ratificó
la
inelegibilidad
del
sargento
Aymoré
Zoch
Cavalheiro,
electo
diputado
estatal
por
el
PTB
en
Río
Grando
do
Sul.142
La
revuelta,
que
fue
reprimida
por
el
Ejército
y
terminó
con
la
muerte
de
un
soldado
fusilero
y
un
chofer,
desató
una
fuerte
reacción
de
las
autoridades
navales
contra
la
AMFNB,
acusada
de
promover
el
rompimiento
de
la
jerarquía
al
interior
del
Ejército.
En
octubre
de
1963,
el
presidente
y
el
2º
vicepresidente
de
la
AMFNB,
José
Anselmo
dos
Santos
y
Avelino
Capitani,
respectivamente,
fueron
llevados
a
prisión
por
considerar
que
los
discursos
que
emitieron
en
un
evento
de
la
Associação
de
Motoristas
do
Serviço
Público
eran
subversivos.143
Las
detenciones
generaron
una
serie
de
protestas
encabezadas
por
el
primer
vicepresidente
de
la
AMFNB,
Marcos
Antonio
da
Silva
Lima,
que
obtuvieron
la
liberación
de
los
dos
líderes
presos.
Sin
embargo,
en
octubre,
éste
y
otros
dirigentes
e
140
El
Comando
Geral
da
Greve
ya
se
había
transformado
en
el
Comando
General
de
los
Trabajadores
62
integrantes
de
la
asociación
fueron
apresados,
acusados
como
responsables
de
las
movilizaciones
de
octubre.
El
presidente
Goulart
intentó
mediar
entre
el
ministro
de
la
Marina
y
los
subalternos
a
través
del
general
Assis
Brasil
y
del
almirante
Aragão,
sin
embargo,
el
intento
no
tuvo
éxito.
El
ministro
de
Marina,
Sylvio
Motta,
estuvo
a
punto
de
renunciar
al
cargo
en
protesta
al
apoyo
que
los
órganos
del
gobierno
federal
daban
a
la
AMFNB.144
Como
explicó
años
más
tarde
el
vicepresidente
de
la
AMFNB,
Marcos
Antonio
da
Silva
Lima,
la
publicidad
que
se
dio
a
la
prisión
del
presidente
de
la
asociación,
José
Anselmo
dos
Santos,
hizo
que
ésta
empezara
a
ser
buscada
por
diversas
entidades
políticas
y
a
tener
apoyo
de
federaciones
y
sindicatos.
En
febrero
de
1963
una
asamblea
de
la
AMFNB
–que
ya
contaba
con
más
de
15
mil
socios145–
tuvo
amplia
cobertura
en
la
prensa
y
contó
con
la
solidaridad
del
Comando
Geral
dos
Sargentos
(CGS)
y
del
CGT.146
Uno
de
los
pronunciamientos
que
se
leyeron
en
ese
evento,
el
del
fusilero
naval
Walter
Aragão
manifestó:
“estamos
en
lucha
de
vida
o
muerte.
La
lucha
no
difiere
de
(sic)
trabajadores
y
obreros,
porque
todos
tenemos
el
mismo
ideal.”147
Como
explica
Anderson
da
Silva,
a
partir
de
entonces,
varias
agrupaciones
políticas,
de
las
más
diversas
orientaciones
ideológicas
de
la
izquierda
–desde
el
gobierno
de
Jango148 ,
la
vertiente
de
Brizola149,
el
CGT,
hasta
el
PCB–
empezaron
a
caminar
junto
al
movimiento
de
los
marineros.”150
El
gobierno
de
Estados
Unidos
estaba
cada
vez
más
intranquilo
con
la
emergencia
de
las
masas
y
las
medidas
nacionalistas
del
presidente
Goulart,
mientras
que
diversos
sectores
empresariales
de
Brasil
empezaron
a
pedir,
directa
o
indirectamente,
la
intervención
de
Estados
Unidos
para
frenar
al
gobierno
“comunista”
de
Brasil.
Un
ejemplo
claro
son
las
palabras
que
el
director
del
periódico
144Ibid.
p.
53.
145Ibid.
p.
58.
146Ibid.
p.
54.
147Ibid.,
p.
55.
148
Jango
intentó
varias
veces
mediar
entre
la
asociación
y
el
ministro
de
Marina,
pues
si
ya
no
contaba
con
el
apoyo
del
almirantado,
no
podía
perder
la
simpatía
de
los
subalternos.
Ibid.,
p.
57.
149
El
diputado
Leonel
Brizola
tenía
gran
cercanía
con
los
marineros
y
fusileros
navales.
Como
líder
más
radical
de
las
izquierdas
en
aquél
contexto,
sus
discursos
por
radio
eran
escuchados
asiduamente
por
los
marinos
y
su
publicación
O
Panfleto
era
muy
leído
por
los
subalternos
de
la
Marina.
Ibid.,
p.
57.
150Ibid.
63
O
Estado
do
São
Paulo,
Júlio
de
Mesquita
Filho,
expresó
el
18
de
noviembre
de
1963,
ante
la
Sociedad
Interamericana
de
Prensa
en
Miami:
“Existe
el
peligro
de
que
Brasil
se
convierta
en
otro
bastión
comunista,
como
Cuba.
(…)
Si
el
Brasil
llega
a
tener
una
dictadura
izquierdista,
esto
significaría
la
guerra
atómica.
Si
se
llegara
a
establecer
una
cabeza
de
puente
rusa
en
Brasil,
los
Estados
Unidos
tendrían
que
aceptar
esa
guerra
y
entonces
sería
el
fin.”151
Quizás,
como
más
adelante
analizó
García
Robles,
ante
la
inminencia
de
que
sólo
a
través
de
la
presión
popular
se
lograría
la
aprobación
de
cuando
menos
alguna
de
las
reformas,
a
finales
de
1963
Goulart
intensificó
la
campaña
por
la
reforma
agraria.
El
19
de
diciembre
de
1963,
ante
trabajadores
del
campo,
expresó:
“El
camino
a
ser
recorrido
es
arduo
y
las
reformas
nos
costarán
trabajo,
luchas
y
–¡quién
sabe!–
el
sacrificio
de
aquellos
que,
desde
las
primeras
trincheras,
se
lancen
a
la
gran
batalla
por
la
transformación
de
estructuras
que
ya
no
atienden
los
reclamos
de
nuestro
desarrollo.”152
Para
esas
fechas,
la
incomodidad
con
la
fuerza
que
había
alcanzado
el
movimiento
que
empujaba
las
reformas
de
base
había
penetrado
en
las
instituciones
militares
lideradas
por
militares
de
alto
rango.
Entre
los
oficiales,
por
ejemplo,
el
mariscal
Odílio
Denys,
advertía
que
Goulart
“pretendía
dar
un
golpe
de
Estado
e
implantar
en
Brasil
una
república
sindicalista.”
De
igual
forma,
el
general
Olímpio
Mourão
Filho,
hacía
su
parte
para
promover
en
los
cuarteles
la
lucha
contra
el
comunismo
en
Brasil
y
la
unidad
para
derrumbar
al
presidente
Goulart
en
nombre
de
“la
ley
y
el
orden.”153
Por
su
parte,
en
el
plano
político–partidario
la
reacción
contra
las
organizaciones
nacionalistas
y
contra
el
presidente
Goulart
era
encabezada
por
la
União
Democrática
Nacional
(UDN)
que
tenía
en
el
gobernador
de
Guanabara,
Carlos
Lacerda,
a
una
de
sus
figuras
más
visibles.
Ante
ese
escenario
de
enorme
polarización,
el
CGT,
el
FPN
y
otras
organizaciones
como
la
UNE,
convocaron
a
una
gran
concentración
popular
para
el
día
151
Moniz
Bandeira,
op.
Cit.,
p.
143.
152Ibid.,
p.
156.
153Sérgio
Amad
Costa,
op.
Cit.,
p.
141.
64
13
de
marzo
de
1964
en
la
Praça
da
República,
ubicada
en
la
Central
do
Brasil
en
Río
de
Janeiro.
El
objetivo
era
demostrar
“que
los
trabajadores
y
el
pueblo
en
general
están
decididos
a
participar
activamente
de
las
soluciones
y
los
problemas
nacionales,
y
manifestar
una
inquebrantable
disposición
en
favor
de
las
reformas
de
base…”154
En
el
manifiesto
que
convocaba
al
evento
se
anunciaba
la
presencia
del
presidente
João
Goulart.
Ese
día,
200
mil
personas
abarrotaron
la
Central
do
Brasil
levantando
pancartas
con
exigencias
como
la
aprobación
de
la
reforma
agraria,
la
legalidad
para
el
PCB
o
con
consignas
como:
“horca
para
los
gorilas”
o
“Lacerda
traidor
a
la
patria”.155
En
el
discurso
que
dio
en
el
histórico
Comício
das
Reformas,
Goulart
reiteró
la
necesidad
de
hacer
cambios
en
la
Constitución
y
anunció
la
firma
de
dos
decretos.
El
primero,
determinaba
la
desapropiación
de
tierras
requeridas
para
inversiones
públicas
ubicadas
en
determinadas
áreas
rurales
situadas
hasta
un
máximo
de
10
kilómetros
de
las
líneas
férreas
y
de
las
carreteras
federales,
y
el
segundo,
determinaba
la
expropiación
de
refinerías
petroleras
de
propiedad
privada
existentes
en
Brasil.
El
embajador
de
México
en
Brasil,
Alfonso
García
Robles,
reportó
a
la
SRE
sobre
esta
“gigantesca
reunión
popular”
en
la
que
el
presidente
Goulart
hizo
referencia
al
reparto
de
tierra
que
se
realizó
en
México,
entre
1932
y
1945,
como
un
ejemplo
de
la
forma
en
que
se
debía
proceder
para
lograr
“una
verdadera
reforma
agraria”.
Con
el
objetivo
de
destacar
“el
tono
del
discurso
presidencial”,
el
embajador
también
citó
en
su
reporte
el
párrafo
con
el
que
Goulart
concluyó
aquél
histórico
mitin.
Hoy,
con
el
alto
testimonio
de
la
nación
y
con
la
solidaridad
del
pueblo
reunido
en
la
plaza
que
solamente
al
pueblo
pertenece,
el
gobierno,
que
es
también
el
pueblo
y
que
también
solamente
pertenece
al
pueblo,
reafirma
sus
propósitos
inconmovibles
de
luchar
con
todas
sus
fuerzas
por
la
reforma
de
la
sociedad
brasileña.
No
sólo
por
la
reforma
agraria,
sino
también
por
la
reforma
tributaria,
por
la
reforma
electoral,
154Ibid.,
p.
143.
155Ibid.,
p.
144.
65
amplia,
por
el
voto
del
analfabeto,
por
la
elegibilidad
de
todos
los
brasileños,
por
la
pureza
de
la
vida
democrática,
por
la
emancipación
económica,
por
la
justicia
social
y
por
el
progreso
de
Brasil.156
En
el
análisis
que
incluyó
en
su
reporte,
García
Robles
consideró
que
tanto
el
tono
del
discurso
del
presidente,
el
éxito
de
la
concentración
popular
que
“había
contado
con
la
simpatía
del
ejército” 157 ,
así
como
los
anuncios
que
en
la
concentración
había
realizado
hacen
pensar
que
éste
(Goulart),
perdida
ya
la
paciencia
ante
la
actitud
obstruccionista
del
Congreso
en
lo
que
atañe
a
las
reformas
básicas,
ha
llegado
a
la
conclusión
de
que
sólo
mediante
un
sistema
de
presión
popular
y
militar,
como
el
que
permitió
que
el
Congreso
aceptara
contra
su
voluntad
el
plebiscito
que
puso
fin
al
régimen
parlamentario,
podrá
ser
posible
aunque
sea
iniciar,
en
lo
que
resta
aún
de
su
periodo
presidencial,
esas
reformas
cuya
urgente
necesidad
para
el
Brasil
ha
venido
pregonando
desde
el
momento
en
que
se
hizo
cargo
de
la
Primera
Magistratura
del
país.158
Según
quedó
asentado
en
los
reportes
que
dirigió
a
las
autoridades
mexicanas,
García
Robles
consideraba
que
la
campaña
en
favor
de
las
reformas
de
base
había
provocado
“una
violenta
oposición
en
determinados
círculos
de
las
clases
económicamente
fuertes
de
este
país,”
y
que
por
ello
el
mandatario
era
“constantemente
acusado
por
los
miembros
conservadores
del
Congreso
y
los
enemigos
de
las
“reformas
básicas”
de
infringir,
o
por
lo
menos
tratar
de
hacerlo,
tanto
el
orden
constitucional
como
el
democrático.”
159
156
García
Robles
a
Relaciones,
correo
aéreo,
Río
de
Janeiro,
14
de
marzo
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
III–
2688–1.
157
El
día
de
la
concentración
fusileros
navales
y
la
policía
del
Ejército
formaron
la
guardia
de
seguridad
del
presidente.
158García
Robles
a
Relaciones,
correo
aéreo,
Río
de
Janeiro,
14
de
marzo
de
1964,
op.
Cit.
159
García
Robles
a
Relaciones,
correo
aéreo,
Río
de
Janeiro,
20
de
marzo
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
III–
2688–1.
66
Efectivamente,
desde
la
oposición
a
las
reformas
de
base
y
a
Jango
se
tejió
un
discurso
según
el
cual
un
“golpe
izquierdista”
estaba
a
la
vuelta
de
la
esquina
por
lo
que
era
necesario
contenerlo
con
su
deposición.
García
Robles
también
informó
que
entre
la
diversidad
de
reacciones
provocadas
“por
la
política
de
reformas
y
de
progreso
social
que
viene
propugnando
el
presidente
Goulart”,
se
contaba
también
la
división
dentro
del
clero
en
Brasil,
“no
sólo
entre
los
miembros
del
clero
de
modesta
posición,
sino
entre
los
más
altos
jerarcas
de
la
iglesia
católica.”
Por
un
lado,
explicaba
García
Robles
a
través
de
dos
fotografías
que
se
habían
publicado
en
el
Jornal
do
Brasil,
el
arzobispo
de
Río
de
Janeiro,
cardenal
Jaime
de
Barros,
“que
en
toda
su
actuación
pública
aparece
siempre
identificado
con
las
clases
conservadoras
que
disfrutan
de
situación
privilegiada
en
el
país”,
se
reunía
y
expresaba
su
apoyo
a
los
sectores
que
se
oponían
a
la
política
de
Goulart.
En
tanto
que,
el
arzobispo
de
São
Paulo,
Carlos
Carmelo
de
Vasconcelos
Mota
y
el
nuevo
arzobispo
de
Olinda
y
Recife,
Hélder
Cámara,
“bien
conocidos
en
Brasil
por
su
ideología
progresista
y
su
labor
social
a
favor
del
proletariado
urbano
y
de
los
campesinos,”
almorzaban
con
el
presidente
Goulart
en
abierta
actitud
de
apoyo
a
sus
políticas.160
En
respuesta
a
la
enorme
concentración
popular
que
el
13
de
marzo
había
encabezado
Goulart
en
Río
de
Janeiro,
diversos
grupos
civiles,
movilizados
por
entidades
financiadas
por
la
CIA
y
por
el
empresariado
nacional,
salieron
a
las
calles
el
20
de
marzo
en
agrupaciones
que
detentaban
nombres
como:
Campaña
de
la
Mujer
Democrática
(CAMDE),
Fraterna
Amistad
Urbana
y
Rural
(FAUR),
Unión
Cívica
Femenina
(UCF),
Sociedad
Rural
Brasileña
(SRB).
Realizaron,
en
diferentes
ciudades
del
país,
las
llamadas
Marchas
de
la
Familia
con
Dios,
por
la
Libertad,
a
través
de
las
cuales
se
intentaba
utilizar
motivos
religiosos
para
diseminar
un
sentimiento
de
miedo
entre
la
sociedad
civil
ante
el
supuesto
“peligro
inminente
de
la
toma
del
poder
por
los
comunistas.”161Según
las
crónicas
de
la
prensa,
entre
las
consignas
que
se
160
Ibid.
161
Moniz
Bandeira,
op.
Cit.,
p.
166.
67
gritaban
durante
la
marcha
en
São
Paulo
se
escuchaba
“Verde,
amarelo,
sem
foz
e
sem
martelo!”162
Por
esos
mismos
días,
al
interior
de
las
Fuerzas
Armadas
empezó
a
circular
un
documento
reservado
del
general
Castelo
Branco,
a
través
del
cual
incitaba
a
los
militares
a
levantarse
contra
el
gobierno
y
los
sindicatos,
particularmente
contra
el
CGT,
apelando,
en
perfecta
sincronía
con
las
concepciones
de
la
Doctrina
de
Seguridad
Nacional,
la
lucha
contra
el
comunismo.163
Antesala
del
golpe:
crisis
político–militar
En
marzo
de
1964
la
AMFNB
planeó
conmemorar
su
segundo
aniversario
con
una
serie
de
actividades
que
incluían
una
visita
de
los
marineros
y
fusileros
a
una
refinería
de
Petrobras,
y
culminarían
el
25
de
marzo
con
un
gran
baile
al
que
habían
invitado
al
presidente
João
Goulart.
No
obstante,
el
23
de
marzo
el
ministro
de
Marina
ordenó
la
detención
de
12
marineros
que
formaban
parte
del
directorio
de
la
AMFNB,
acusados
de
haber
participado
en
una
reunión
en
la
que
el
presidente
de
la
asociación,
José
Anselmo
dos
Santos,
había
protestado
contra
el
ministro
de
la
Marina,
el
almirante
Sylvio
Motta.164
Al
día
siguiente,
seis
marineros
fueron
localizados
y
detenidos.
La
víspera
de
la
gran
asamblea
con
la
que
cerrarían
los
festejos
el
25
de
marzo,
la
AMFNB
distribuyó
un
panfleto
llamando
a
los
militares
a
asistir
para
apoyar
a
los
dirigentes
que
ya
habían
sido
presos
y
por
los
que
estaban
siendo
perseguidos
por
órdenes
del
ministro
de
la
Marina.165
La
mañana
del
25
de
marzo
la
AMFNB
tenía
seis
dirigentes
presos
y
otros
seis
se
encontraban
en
calidad
de
“fugitivos”,
entre
ellos
el
presidente
José
Anselmo
dos
Santos
y
el
primer
vicepresidente,
Marcos
Antonio
da
Silva
Lima166.
162
En
español
sería
”Verde,
amarillo,
sin
hoz
y
sin
martillo!”,
Correio
da
Manhã,
20
de
marzo
de
1964.
163
Moniz
Bandeira,
op.
Cit.,
p.
168.
164Anderson
da
Silva
Almeida,
op.
Cit.,
p.
59–62.
165
Ibid.
166
Ibid.
68
Como
narra
Anderson
da
Silva,
“fue
en
ese
mar
tenso
y
agitado
que
los
marineros
y
fusileros
navales
se
reunieron
el
día
25
de
marzo
de
1964
en
el
Sindicato
dos
Metalúrgicos
da
Guanabara,
respaldados
por
algunos
oficiales
nacionalistas
de
las
tres
armas
y
por
otros
subalternos
tanto
del
Ejército
como
de
la
Aeronáutica,
cabos
y
sargentos
de
la
Policía
Militar
y
del
Cuerpo
de
Bomberos.
El
presidente
Goulart
decidió
no
asistir,
pero
en
su
representación
acudió
el
diputado
del
Frente
Parlamentar
Nacionalista,
Max
da
Costa
Santos.
Otras
figuras
destacadas
estuvieron
incluso
entre
los
oradores
del
evento,
como
Hércules
Corrêa,
figura
destacada
dentro
del
sindicalismo
brasileño
y
miembro
del
PCB
que
ejercía
una
diputación
bajo
las
siglas
del
PTB,
o
los
líderes
del
CGT,
Oswaldo
Pacheco
y
Dante
Pelacani.
También
acudieron
representantes
de
otros
movimientos
destacados
en
el
escenario
político
del
momento
como
el
padre
Alípio
de
Freitas,
ligado
a
Ação
Popular
(AP);
la
UNE
o
Zilda
Maria,
representante
de
la
Liga
Femenina.
En
suma,
como
apuntó
Paulo
Shilling,
aquella
reunión
terminó
por
reflejar
una
especie
de
“restablecimiento
de
la
unidad
de
las
izquierdas”.167
Como
se
puede
apreciar
a
continuación,
el
discurso
que
aquella
noche
ofreció
el
presidente
de
la
asociación,
José
Anselmo
dos
Santos,
fue
bien
expresivo
de
un
aspecto
que
tanto
los
altos
mandos
del
Ejército
brasileño
como
la
oligarquía
brasileña
que
se
oponía
a
las
reformas
de
base,
debieron
haber
considerado
como
una
bomba
de
tiempo:
la
unidad
de
la
izquierda
civil
con
el
movimiento
de
subalternos
del
Ejército
en
la
lucha
por
las
reformas
de
base.
Acepte,
señor
Presidente,
el
saludo
de
los
marineros
y
fusileros
navales
de
Brasil,
que
son
hijos
y
hermanos
de
los
obreros,
los
campesinos,
los
estudiantes
y
las
amas
de
casa,
de
los
intelectuales
y
de
los
oficiales
progresistas
de
nuestras
Fuerzas
Armadas;
acepte,
señor
Presidente,
el
saludo
de
aquellos
que
juraron
defender
la
Patria,
y
la
defenderán
si
es
preciso
con
la
propia
sangre
de
los
enemigos
del
pueblo:
latifundio
e
imperialismo;
acepte
señor
Presidente,
el
saludo
del
pueblo
uniformado
que,
con
ansiedad,
espera
la
realización
efectiva
de
las
Reformas
de
Base,
que
liberarán
de
la
167Ibid.,
p.
64.
69
miseria
a
los
explotados
del
campo
y
de
la
ciudad,
de
los
navíos
y
de
los
cuarteles
brasileños.168
Además
de
manifestar
el
respaldo
a
las
medidas
tomadas
por
Goulart
en
el
Comício
das
Reformas
del
13
de
marzo,
los
marineros
y
fusileros
reivindicaron
una
reforma
Constitucional
que
extendiera
el
derecho
de
voto
a
los
soldados,
cabos,
marineros
y
analfabetas.
Además,
calificaron
de
“reaccionarios”
a
los
altos
mandos
que
en
la
Marina
se
negaban
a
reconocer
a
la
asociación
y
la
acusaban
de
ser
una
entidad
subversiva.
Quien
intenta
subvertir
el
orden
no
son
los
marineros,
los
soldados,
los
fusileros,
los
sargentos
y
los
oficiales
nacionalistas,
como
tampoco
son
los
obreros,
los
campesinos
o
los
estudiantes.
La
verdad
debe
ser
dicha!
Quien,
en
este
país,
intenta
subvertir
el
orden
son
los
aliados
de
las
fuerzas
ocultas,
que
llevaron
a
un
presidente
al
suicidio,
otro
a
la
renuncia
e
intentaron
impedir
la
toma
de
posesión
de
Jango
y
ahora
impiden
la
realización
de
las
Reformas
de
Base…169
La
inminencia
de
que
los
dirigentes
de
la
AMFNB
que
aún
se
encontraban
libres
serían
detenidos
al
concluir
la
asamblea
llevó
a
sus
miembros
a
declararse
en
asamblea
permanente
que
se
prolongaría
hasta
que
esa
entidad
fuera
reconocida
por
la
Marina
y
se
anularan
los
castigos
impuestos
a
los
dirigentes
de
la
asociación.
Ahí
comenzó
lo
que
hoy
se
conoce
como
la
“Rebelión
de
los
sargentos”.170
Como
narra
Anderson
da
Silva,
en
respuesta,
el
ministro
Sylvio
Motta
ordenó
al
almirante
Aragão
–cercano
al
presidente
Goulart
y
reconocido
en
la
AMFNB
por
sus
posiciones
nacionalistas–
a
desalojar
a
los
“amotinados”.
Sin
embargo,
el
almirante
se
negó
y
prefirió
renunciar
a
su
cargo
como
Comandante
de
los
Fusileros
Navales.
La
operación
quedó
a
cargo
de
otro
almirante,
Luiz
Phelippe
Sinay,
que
acudió
al
168Flávio
Luis
Rodrigues,
Vozes
do
mar:
O
movimiento
dos
marinheiros
e
o
golpe
de
64,
São
Paulo,
Cortez
70
Sindicato
de
los
Metalúrgicos
con
la
Compañía
de
Policía
del
Cuerpo
de
Fusileros
Navales
y
el
apoyo
del
Ejército
para
dar
la
ofensiva.
No
obstante,
para
sorpresa
de
quienes
comandaban
las
tropas,
al
escuchar
el
himno
nacional
y
en
un
episodio
de
epopeya,
varios
fusileros
navales
que
los
acompañaban
para
desalojar
a
sus
compañeros
decidieron
abandonar
el
fusil
y
traspasar
los
muros
del
Sindicato
para
unirse
a
la
rebelión.
Contrariando
las
presiones
de
la
oficialidad
de
las
Fuerzas
Armadas
brasileñas
que
exigían
castigo
a
los
sublevados,
el
presidente
Goulart
decidió
remover
al
ministro
de
Marina
nombrando
en
su
lugar
al
almirante
de
reserva
Paulo
Mário
da
Cunha
Rodrígues,
quien
decretó
una
amnistía
para
los
marineros
y
los
llamó
a
regresar
a
sus
puestos
de
trabajo.
Los
marineros
que
estaban
presos
fueron
entonces
liberados
en
medio
de
una
gran
fiesta.171
Entre
la
oficialidad
del
Ejército,
reunida
el
29
de
marzo
en
el
Club
Militar,
el
perdón
de
Jango
a
los
subalternos
significó
un
golpe
en
contra
de
la
disciplina
militar
y
la
prueba
de
que
el
país
se
encontraba
al
borde
del
caos.
Lo
que
este
golpe
representa
es
que
la
amenaza
a
todas
las
instituciones
del
país
está
patente,
en
forma
y
esencia,
y
sólo
nos
resta
alertar
a
la
Nación
para
que
se
defienda,
mientras
están
de
pié,
las
instituciones
y
los
ciudadanos
dignos
de
Libertad
y
de
Patria.
Continuamos
unidos
y
dispuestos
a
resistir
por
todos
los
medios
a
nuestro
alcance
las
tentativas
de
comunización
del
país.172
El
embajador
García
Robles
reportó
a
México
que
la
reunión
de
la
AMFNB
había
conducido
a
“un
recrudecimiento
inquietante
de
la
latente
crisis
político–militar
que
se
vivía
en
Brasil”.
En
efecto,
entre
los
estudiosos
de
la
dictadura
militar
en
Brasil
hay
quienes
señalan
que
la
rebelión
de
los
marineros
fue
lo
que
condujo
a
los
militares
a
dar
el
golpe.
Otros
análisis,
como
el
de
Anderson
da
Silva,
consideran
que
más
que
la
revuelta
fue
el
perdón
que
Jango
les
otorgó
a
los
marineros
y
fusileros
de
la
AMFNB.
Hay,
incluso,
otras
versiones
que
consideran
que
la
sublevación
fue
un
acto
provocado
171
Ibid.,
p.
74.
172Ibid.,
p.
76.
71
por
agentes
infiltrados
en
la
asociación
para
poder
generar
el
ambiente
propicio
para
el
golpe
de
Estado
en
nombre
del
orden.173
Lo
cierto
es
que
por
aquellos
días
la
unión
de
un
gran
frente,
integrado
por
varios
sectores
de
la
sociedad
en
los
que
participaban
estudiantes,
obreros,
campesinos,
oficiales
nacionalistas
y
militares
de
bajo
rango,
estaba
decidido
a
ir
con
el
presidente
hasta
las
últimas
consecuencias
para
empujar
las
reformas
de
base.
El
31
de
marzo
de
1964
el
general
Olympio
Mourão
Filho
se
levantó
con
sus
tropas
de
Juiz
de
Fora
en
el
estado
de
Minas
Gerais
y
partió
rumbo
a
Río
de
Janeiro
decidido
a
derrumbar
el
gobierno
de
João
Goulart.
Siguieron
horas
de
gran
incertidumbre,
tanto
en
el
Ejército
como
en
el
gobierno,
pues
mientras
los
jefes
de
los
otros
destacamentos
esperaban
cautelosos
a
tomar
la
decisión
de
unirse
al
levantamiento
de
Mourão,
Goulart
apelaba
al
“espíritu
legalista
de
las
fuerzas
armadas”
y
se
negaba
a
seguir
los
consejos
de
Leonel
Brizola
que
insistía
en
convocar
inmediatamente
a
la
resistencia
para
evitar
el
triunfo
de
los
golpistas.
174
En
la
noche
de
ese
día,
el
levantamiento
en
Minas
Gerais
fue
respaldado
por
el
II
Ejército
estacionado
en
São
Paulo.
El
primero
de
abril,
día
en
el
que
paradójicamente
se
celebra
en
Brasil
el
día
de
la
mentira,
el
presidente
del
Congreso
Nacional,
Auro
Moura
Andrade,
declaró
vacante
la
Presidencia
de
la
República
y
nombró
un
presidente
interino,
cuando
Jango
aún
se
encontraba
en
territorio
nacional.
En
el
análisis
de
la
situación
que
García
Robles
remitió
a
la
Cancillería
mexicana
el
dos
de
abril
por
la
mañana,
recomendó
tener
en
cuenta
que
eran
los
hacendados
de
Minas
Gerais,
los
iniciadores
de
la
sublevación,
“los
que
más
violentamente
han
reaccionado
contra
decreto
reforma
agraria
recientemente
expedido
por
el
presidente
Goulart.”175
En
mi
opinión,
agregó
el
embajador
mexicano,
el
antecedente
inmediato
173
Esta
versión
en
particular
se
basa
en
el
hecho
de
que
el
presidente
de
la
AMFNB,
José
Anselmo
dos
Santos,
reconoció
en
la
década
de
1980
haberse
convertido,
en
1971,
en
un
agente
de
los
servicios
de
inteligencia
brasileños
que
en
esa
década
condujo
a
la
muerte
y
a
la
desaparición
a
varias
personas
que
participaban
en
la
lucha
armada.
No
obstante,
hay
quienes
aseguran
que
el
cabo
Anselmo,
como
es
popularmente
conocido,
ya
trabajaba
para
la
inteligencia
militar
desde
antes
del
golpe
de
1964.
Es
una
incógnita
que
permanece
en
la
historiografía
brasileña.
174
Moniz
Bandeira,
op.
Cit.,
p.
184.
175García
Robles
a
Relaciones,
telegrama,
Río
de
Janeiro,
2
de
abril
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
III–2688–1.
72
de
la
rebelión
armada
se
encuentra
en
la
concentración
popular
efectuada
en
Rio
de
Janeiro
el
13
de
marzo.176
Desde
su
punto
de
vista,
el
mensaje
que
Goulart
había
enviado
al
Congreso
Nacional
el
15
de
marzo
haciendo
sugestiones
concretas
para
una
reforma
constitucional
que
facilitara
una
verdadera
reforma
agraria
y
otras
reformas
básicas,
“probablemente
había
convencido
a
los
principales
jefes
de
oposición
a
las
reformas
de
que
la
presión
popular
encabezada
por
el
Presidente
Goulart
lograría
vencer
la
obstrucción
del
Congreso
para
la
realización
de
las
mismas”.
Apuntó
también
que
a
lo
anterior
deberían
agregarse
las
ambiciones
presidenciales
de
varios
gobernadores
que
figuraban
en
la
oposición,
es
decir,
factores
de
política
interna
relacionados
con
la
campaña
para
las
elecciones
presidenciales
de
1965,
que
ya
estaba
en
plena
actividad.
Otro
factor
que
según
el
análisis
de
García
Robles
había
influido
“muy
especialmente”
en
la
rebelión
que
tomaba
forma
en
Brasil,
era
el
hecho
de
que
“la
ideología
política
y
sobre
todo
social
de
la
mayoría
de
la
oficialidad
de
Marina
y
regular
número
oficiales
de
Ejército
y
Aviación,
puede
compararse
a
la
de
la
oficialidad
del
Ejército
Federal
que
en
México
heredó
el
Presidente
Madero
de
la
dictadura
del
General
Díaz.”
En
consecuencia,
calculó,
el
golpe
parece
haberse
comenzado
tramar
desde
segunda
quincena
marzo.177
Finalmente,
a
juicio
del
embajador,
los
últimos
acontecimientos
ocurridos
con
los
miembros
de
la
AMFNB,
que
para
algunos
partidarios
del
gobierno
“procedieron
con
precipitación
y
equivocada
exaltación”,
habían
convencido
a
los
gobernadores
de
la
oposición
de
que
“había
llegado
el
momento
para
iniciar
su
insurrección.”178
El
dos
de
abril
por
la
tarde
el
embajador
mexicano
confirmó
a
la
SRE
el
“triunfo
del
golpe
de
estado”
e
informó
que
se
empezaban
a
llevar
a
cabo
numerosas
detenciones
en
Brasil,
entre
ellas,
la
del
Ministro
de
Justicia,
Abelardo
Jurema
Machado
y
del
gobernador
de
Pernambuco,
Miguel
Arraes.
García
Robles
también
reportó
que
la
huelga
general
decretada
por
el
CGT
en
apoyo
al
presidente
Goulart,
se
había
hecho
efectiva
ese
día
en
la
totalidad
del
país.
Sin
176Ibid.
177Ibid.
178Ibid.
73
embargo,
“su
continuación
resulta
dudosa
en
vista
de
que
se
ha
anunciado
la
prisión
de
gran
número
de
líderes
sindicales.” 179
Efectivamente,
doce
horas
después
de
iniciado
el
levantamiento
en
Minas
Gerais,
la
mayoría
de
dirigentes
del
CGT
ya
había
sido
aprehendida.180
179Ibid.
180Sérgio
Amad
Costa,
op.
Cit.,
p.
148.
74
75
CAPÍTULO
2
“No
hemos
venido
a
buscar
nuestra
libertad
individual
en
otros
países;
por
el
contrario,
estamos
decididos
a
continuar
luchando
por
la
verdadera
libertad
del
pueblo
brasileño,
a
quien
hemos
dedicado
lo
mejor
de
nuestras
vidas…
Dentro
de
los
límites
que
nos
imponen
el
deber
de
hospitalidad
y
las
leyes
de
asilo,
no
podemos
callar
nuestra
voz
de
rebeldía.”
COBEM,
“Carta
de
principios”
en
Siglo
XX,
no.
63,
febrero
de
1966.
El
primer
exilio.
Generación
64.
“Operación
limpieza”
Cuando
el
primero
de
abril
de
1964
el
Congreso
Nacional
declaró
vacante
la
Presidencia
de
la
república
y
nombró
al
diputado
Ranieri
Mazzilli
como
presidente
interino
de
Brasil
cometió
un
acto
abiertamente
anticonstitucional,
pues
el
presidente
João
Goulart
aún
se
encontraba
en
territorio
nacional.181
No
obstante,
al
día
siguiente,
el
presidente
de
Estados
Unidos,
Lyndon
Johnson,
envió
una
nota
de
felicitaciones
y
de
reconocimiento
al
nuevo
gobierno
brasileño
y
diez
días
después,
tras
arduas
confabulaciones
entre
gobernadores
y
generales
golpistas,
el
general
Humberto
de
Alencar
Castelo
Branco
fue
“electo”182
nuevo
presidente
de
Brasil.
Desde
las
primeras
horas
después
de
que
se
consumó
el
golpe
de
estado
los
militares
brasileños
iniciaron
una
autodenominada
“revolución”
que
tuvo
como
181
La
Constitución
sólo
permitía
que
la
Presidencia
fuera
declarada
“vacante”
en
el
caso
de
que
el
mayoría
simple
por
el
poder
Legislativo,
no
obstante,
se
trataba
de
un
Congreso
Nacional
que
había
sido
previamente
depurado,
pues
apenas
dos
días
atrás
un
decreto
(el
AI–1)
había
revocado
el
mandato
de
40
diputados
federales.
76
primer
objetivo
destruir
una
élite
política
e
intelectual
nacional–reformista
y
sus
lazos
organizativos
con
los
movimientos
sociales
de
base
popular,
como
el
movimiento
obrero
y
campesino.183
Inició
entonces
en
Brasil
un
proceso
de
“limpieza
política”
cuyo
objetivo,
en
la
retórica
de
la
Doctrina
de
Seguridad
Nacional
(DSN),184
era
la
“exclusión
de
todos
los
elementos
comunistas”
que
actuaban
en
el
escenario
político
del
país,
tanto
dentro
de
las
propias
Fuerzas
Armadas,
como
en
el
gobierno,
el
sector
público,
el
Congreso
o
los
sindicatos.
En
realidad,
la
persecución
se
desató
en
contra
de
los
hombres
y
mujeres
que
en
los
últimos
años
habían
participado
de
manera
destacada
en
la
vida
política
de
Brasil,
tanto
en
el
ámbito
gubernamental
y
los
partidos
políticos,
como
en
el
amplio
y
heterogéneo
frente
social
y
militar
desde
el
cual
sectores
populares
organizados
de
la
sociedad
habían
empujado
junto
al
presidente
Goulart
las
llamadas
Reformas
de
Base185.
A
pesar
de
haber
tomado
el
poder
por
la
fuerza,
los
militares
brasileños
se
preocupaban
con
la
legalidad
del
régimen.186
Después
de
todo,
la
“revolución”
había
sido
legitimada
bajo
el
discurso
de
la
defensa
del
orden
y
la
democracia
que,
según
el
discurso
de
los
militares,
se
habían
puesto
en
peligro
durante
el
gobierno
de
Goulart,
ante
la
inminencia
de
un
“golpe
de
las
izquierdas”
que
buscaba
instaurar
el
comunismo
en
Brasil.
Desde
el
gobierno
de
Castelo
Branco
(1964–1967)
el
régimen
militar
buscó
montar
una
estructura
legal
y
jurídica
que
le
diera
legitimidad
a
sus
acciones
represivas,
lo
que
en
un
primer
momento
chocó
con
la
posición
de
un
sector
“duro”
de
183
Marcos
Napolitano,
História
do
Regime
Militar
Brasileiro,
São
Paulo,
editora
Contexto,
2014,
p.
70.
184
La
Doctrina
de
Seguridad
Nacional,
diseñada
en
la
Guerra
Fría
por
el
Consejo
de
Seguridad
Nacional
de
Estados
Unidos
como
una
fórmula
para
lograr
la
contención
del
comunismo
internacional,
fue
propagada
en
Brasil
a
través
de
la
Escola
Superior
de
Guerra.
En
la
perspectiva
de
esta
doctrina,
los
ejércitos
nacionales
de
los
países
subdesarrollados
alineados
al
bloque
capitalista
deberían,
primordialmente,
evitar
la
infiltración
comunista
en
sus
países
en
una
lógica
en
la
que
la
frontera
a
ser
defendida
no
era
más
geográfica
sino
ideológica
y
el
“enemigo
interno”
podría
ser
cualquier
ciudadano
simpatizante
o
militante
del
comunismo.
Marcos
Napolitano,
op.
Cit.,
p.
10.
185
Sobre
las
Reformas
de
Base
ver
capítulo
II.
186
Anthony
W.
Pereira,
Ditadura
e
repressão.
O
autoritarismo
e
o
estado
de
direito
no
Brasil,
no
Chile
e
na
77
la
coalición
golpista,
dentro
y
fuera
de
los
cuarteles,
que
quería
la
instauración
de
un
“régimen
punitivo
y
reformador
sin
mayores
sutilezas
institucionales
y
jurídicas”.187
En
ese
intento
por
legalizar
la
represión
el
gobierno
recurrió
a
instrumentos
tales
como
las
famosas
cassações
o
anulación
de
mandatos
de
elección
popular
y
de
derechos
políticos,
así
como
a
la
apertura
de
investigaciones
policiaco–militares,
los
famosos
inquéritos
policial–militares
(IPM),
en
contra
de
opositores
al
régimen
acusados
de
cometer
crímenes
contra
la
seguridad
nacional.
Pero,
sin
duda,
los
instrumentos
más
poderosos
utilizados
por
el
nuevo
régimen
fueron
los
Atos
Institucionais,
decretos
que
le
conferían
al
presidente
poderes
que
pasaban
por
encima
de
la
Constitución.
El
nueve
de
abril
de
1964
el
autodenominado
Comando
Supremo
de
la
Revolução,
integrado
por
los
jefes
militares
de
las
tres
armas,
decretó
el
Ato
Institucional
número
um
(AI–1) 188 ,
que
confería
poderes
excepcionales
al
nuevo
régimen
para,
“en
el
interés
de
la
paz
y
de
la
honra
nacional”,
suspender
derechos
políticos
y
revocar
mandatos
legislativos
federales,
estatales
y
municipales.
Al
día
siguiente
se
publicó
la
primera
lista
de
personas
cuyos
mandatos
serían
revocados
y
sus
derechos
políticos
suspendidos
por
un
periodo
de
diez
años.
La
lista,
en
la
que
figuraban
102
nombres,
era
encabezada
por
el
líder
histórico
y
secretario
general
del
Partido
Comunista
Brasileiro
(PCB),
Luiz
Carlos
Prestes,
y
seguida
por
el
presidente
derrocado
João
Goulart.
Se
incluían
además
los
nombres
de
41
diputados
federales
y
decenas
de
funcionarios
públicos
y
líderes
sindicales.
Desde
los
primeros
días
de
abril
el
embajador
de
México
en
Brasil,
Alfonso
García
Robles,
había
explicado
a
las
autoridades
mexicanas
el
carácter
anticonstitucional
del
procedimiento
a
través
del
cual
el
Congreso
Nacional
había
despojado
a
Goulart
de
la
Presidencia
de
la
república,
y
había
informado
que
se
vivía
en
Brasil
un
ambiente
de
“cacería
y
persecución
arbitraria”
en
el
que
las
detenciones
187
Marcos
Napolitano,
op.
Cit.,
pp.
77–78.
188
En
principio,
este
Ato
Institucional,
no
tenía
número
porque
se
creía
sería
único
pero
más
tarde,
con
la emisión de otros más, pasó a ser conocido como el AI–1.
78
eran
cada
vez
más
numerosas
y
en
algunos
casos
“han
revestido
aspectos
flagrantes
de
arbitrariedad
y
de
violencia.”189
Según
Elio
Gaspari,
la
embajada
de
Estados
Unidos
registró
que
en
las
semanas
siguientes
a
la
deposición
de
Goulart
fueron
detenidas
más
de
cinco
mil
personas190,
mientras
que
Anderson
da
Silva
Almeida
señala
que
los
militares
abrieron
innumerables
procesos
en
contra
de
subalternos
de
la
Marina
y
alrededor
de
800
fueron
castigados
con
la
expulsión
o
el
licenciamento,
una
condena
sumaria,
sin
derecho
a
defensa.191
En
medio
de
aquella
ola
de
represión
y
cacería
selectiva
desatada
a
partir
del
golpe,
cientos
de
perseguidos
políticos
que
escaparon
de
las
detenciones
de
los
primeros
días
entraron
inmediatamente
a
la
clandestinidad,
otros
atravesaron
las
fronteras
rumbo
a
Montevideo
o
Buenos
Aries
y
otros
cientos
de
personas
acudieron
a
las
diferentes
representaciones
diplomáticas
para
solicitar
asilo
político.
Fue
en
las
embajadas
de
países
latinoamericanos
asentadas
en
Río
de
Janeiro
y
en
la
de
Yugoslavia
que
funcionaba
en
Brasilia,
donde
en
ese
primer
momento
los
perseguidos
políticos
del
régimen
militar
recién
impuesto
en
Brasil
encontraron
la
mayor
receptividad.192
Entre
ellas,
la
de
México
destacó
por
otorgar
el
mayor
número
de
asilos
diplomáticos
en
los
primeros
meses
posteriores
al
golpe
de
estado,
lo
que
se
demuestra
en
una
relación
dirigida
al
Departamento
de
Ordem
Política
e
Social
(DOPS),
en
mayo
de
1965,
en
la
que
se
informa
que
entre
abril
de
1964
y
esa
fecha,
un
total
de
181
asilados
políticos
habían
abandonado
el
país
a
través
de
las
siguientes
embajadas:
México
(74) 193 ,
Bolivia
(41),
Uruguay
(28),
Yugoslavia
(14),
Chile
(9),
Perú
(8),
Paraguay
(4),
Argentina
(2)
y
Colombia
(1).194
189
García
Robles
a
Relaciones,
telegrama,
Río
de
Janeiro,
3
de
abril
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
III–2688–
1.
190
Elio
Gaspari,
A
Ditadura
Envergonhada.
As
ilusões
armadas,
2ª
edición,
Rio
de
Janeiro,
Intrínseca,
políticos
toda
vez
que,
como
se
vio
en
el
Capítulo
I,
el
derecho
de
asilo
es
una
institución
del
derecho
interamericano.
193
Aún
no
existen
estudios
que
permitan
comparar
las
cifras
señaladas
en
el
documento
de
la
SSP
de
Guanabara
con
las
que
registraron
las
diferentes
embajadas
que
recibieron
asilados
políticos
en
los
meses
inmediatamente
posteriores
al
golpe
de
1964
en
Brasil.
Por
lo
pronto,
los
registros
de
la
SRE
de
México
permiten
corroborar
que
la
cifra
indicada
en
el
documento
para
el
caso
del
número
de
asilados
79
México,
el
golpe
de
estado
y
el
asilo
diplomático
Tras
la
consumación
del
golpe
de
estado
que
derrocó
a
João
Goulart,
el
gobierno
de
Adolfo
López
Mateos,
que
había
tenido
un
singular
acercamiento
con
éste
durante
su
sexenio,195se
abstuvo
de
otorgar
reconocimiento
al
“nuevo
gobierno”
y
dio
carta
blanca
a
su
embajador,
Alfonso
García
Robles,
para
otorgar
asilo
diplomático
en
todos
los
casos
que
considerara
procedente
conforme
a
los
convenios
interamericanos
vigentes
“sin
necesidad
de
solicitar
autorización
previa”196.
En
sintonía
con
esa
decisión,
el
seis
de
abril
en
la
ciudad
de
México,
el
canciller
José
Gorostiza
se
encargó
de
notificar
al
embajador
brasileño,
Manoel
Pio
Corrêa,
que
guiado
por
la
doctrina
Estrada,197México
no
podía
mantener
relaciones
con
gobiernos
impuestos
por
la
fuerza,198
como
lo
había
demostrado
tan
sólo
unos
meses
atrás,
al
retirar
sus
misiones
diplomáticas
de
la
República
Dominicana
y
de
Honduras
tras
los
golpes
de
estado
que
habían
derrocado
los
gobiernos
de
Juan
Bosch
y
de
José
Ramón
Villeda
Morales,
respectivamente,
entre
septiembre
y
octubre
de
1963.
Dos
días
después
–y
un
día
antes
de
la
emisión
del
AI–1–,
el
Ministerio
de
Relaciones
Exteriores
(MRE),
en
una
especie
de
respuesta
a
posiciones
como
la
que
había
asumido
el
gobierno
de
México,
dirigió
una
circular
a
todas
las
representaciones
diplomáticas
acreditadas
en
Brasil
en
la
que
exigía
“el
más
completo
respeto”
por
los
principios
de
no
intervención
y
autodeterminación,
enfatizando
que
éstos
“son
válidos
para
todos
y
no
únicamente
fórmulas
para
encubrir
determinadas
situaciones.”
Y
advertía:
“Brasil
no
renunciará
al
respeto
que
se
le
debe”.
199
que
abandonaron
el
país
vía
la
embajada
mexicana
corresponde
a
los
que
quedaron
registrados
en
esa
representación
diplomática
durante
el
mismo
periodo.
194Departamento
de
Ordem
Política
e
Social
(DOPS),
“Relação
de
asilados”,
Rio
de
Janeiro,
17
de
maio
de
1965,
Arquivo
Público
do
Estado
de
Rio
de
Janeiro
(APERJ),
fondo:
Policía
Política,
exp.
Administrativo
39,
dossiê
2,
f.5.
195
Guillermo
Palacios,
op.
Cit.269–293.
196
Relaciones
a
García
Robles,
telegrama,
México,
4
de
abril
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
III–2904–8
(I).
197
Formulada
en
1930
por
en
canciller
mexicano
Genaro
Estrada,
esta
doctrina
afirma
el
derecho
de
cada
pueblo
a
elegir
a
su
gobierno
sin
necesidad
de
que
éste
sea
reconocido
por
naciones
extranjeras.
198
Guillermo
Palacios,
op.
Cit.,
p.
295.
199
García
Robles
a
Relaciones,
telegrama,
Río
de
Janeiro,
8
de
abril
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
III–2688–
1.
80
Sin
embargo,
el
gobierno
de
México
mantuvo
la
indicación
que
desde
los
primeros
días
de
abril
giró
a
su
embajador
de
abstenerse
de
concurrir
al
MRE
o
Itamaraty,
en
caso
de
que
fuera
convocado.
Por
su
parte,
García
Robles
no
dejaba
de
recibir
y
conceder
asilo
diplomático
a
las
decenas
de
perseguidos
políticos
que
desde
el
2
de
abril
habían
empezado
a
acumularse
en
la
sede
de
la
embajada
mexicana.
La
incesante
llegada
de
asilados
a
la
embajada
de
México
obligó
al
embajador
a
habilitar
la
sede
del
Consulado
de
México
como
local
extraordinario
para
destinarlo
exclusivamente
a
la
habitación
de
los
mismos,
pues
el
espacio
donde
funcionaba
la
embajada
en
pocos
días
resultó
insuficiente
para
albergar
al
número
de
personas
ahí
reunidas.
El
nueve
de
abril,
en
una
misión
“secretísima”,
por
el
riesgo
que
implicaba
para
los
asilados,
se
realizó
el
traslado
de
la
embajada
de
México
al
departamento
sede
del
Consultado
ubicado
frente
a
la
playa
de
Botafogo
en
Río
de
Janeiro.
La
prensa,
que
por
aquellos
días
asediaba
las
embajadas
con
el
objetivo
de
obtener
alguna
información
sobre
la
identidad
de
los
asilados,
descubrió
y
reportó
los
detalles
de
la
que
denominó
“Operação
Mudança.”
…Todavía
en
fila,
los
cinco
carros
diplomáticos
llenos
se
quedaron
algunos
minutos
parados.
Cuando
el
coronel
que
comandaba
la
operación
recibió
la
señal,
las
cinco
puertas
de
carros
se
abrieron
simultáneamente
y
los
20
brasileños
que
pedían
asilo
corrieron
formando
un
verdadero
embudo
y
entraron
en
el
edificio
del
Consulado…
El
coronel
y
diplomáticos
que
dirigían
la
“Operação
Mudança”
y
todo
el
dispositivo
de
seguridad
que
los
acompañaba
esperaron
algunos
minutos
hasta
que
el
embajador,
Sr.
Alfonso
García
Robles,
descendiese
y
confirmase
que
ya
estaban
en
territorio
mexicano…200
La
prensa
se
quejaba
de
la
poca
información
que
las
embajadas
proporcionaban
sobre
los
asilados
que
en
sus
sedes
acogían.
Los
fotógrafos
y
reporteros
hacían
guardia
afuera
de
los
edificios
esperando
obtener
alguna
información
sobre
los
mismos.
El
16
200
Correio
da
Manhã,
Río
de
Janeiro,
11
de
abril
de
1964.
Traducción
de
un
extracto
del
reportaje
81
de
abril
por
la
tarde
finalmente
presenciaron
un
“show”
en
la
ventana
de
la
embajada
mexicana
cuando
apareció
el
“padre”
Alípio
Cristiano
de
Freitas,201
disfrazado
de
“mexicano”.
Al
percibir
la
llegada
de
los
reporteros
al
lugar
donde
funciona
el
Consulado
de
México,
algunos
refugiados
se
asomaron
por
detrás
de
las
cortinas,
cuidando
de
no
hacer
ningún
movimiento
en
las
ventanas
del
apartamento.
Pasadas
cerca
de
dos
horas,
uno
de
ellos
intentaba
llegar
cuidadosamente
a
la
ventana,
cubierto
con
un
periódico
abierto
a
la
altura
del
rostro…
Notando
que
había
sido
descubierto,
el
padre
Alípio
de
Freitas
regresó
al
interior
del
apartamento,
donde
se
tardó
algunos
minutos
hasta
que
volvió
a
aparecer
en
la
ventana,
pero
esta
vez,
para
sorpresa
de
todos
los
que
observaban
cómo
se
desarrollaba
la
escena,
“disfrazado
de
mexicano”,
pues
llegó
de
sombrero
puesto
a
manera
típico
de
un
“sombrero”,
además
de
la
clásica
manta
envuelta
encima
de
los
hombros.
Para
dar
más
veracidad
al
disfraz,
el
padre
Alípio
de
Freitas
tenía
la
barba
y
el
bigote
sin
hacer,
por
lo
que
parece,
desde
hacía
muchos
días.
Después
de
todo
eso
el
padre
sonrió
y
regresó
definitivamente
al
interior
del
Consulado,
cuyas
ventanas
fueron
cerradas
enseguida
por
un
empleado…
202
García
Robles
tuvo
que
reportar
el
incidente,
que
fue
desplegado
en
sendas
planas
de
O
Jornal,
a
la
Cancillería
en
México,
aclarando
que
al
padre
Alípio
“se
le
llamó
enérgicamente
la
atención
en
el
sentido
de
que
debería
abstenerse
de
repetir
hechos
análogos,
habiéndolo
prometido
así
y
presentando
sus
excusas”.
No
obstante,
hizo
énfasis
en
que
los
asilados
estaban
siendo
víctimas
de
constante
asedio
por
parte
de
los
fotógrafos
de
prensa,
lo
que
a
su
parecer
merecía
igual
o
mayor
censura.203
En
los
reportajes
que
se
publicaron
por
aquellos
días
se
percibe
un
intento
por
banalizar
el
drama
que
vivían
los
perseguidos
políticos
asilados
en
las
diferentes
representaciones
diplomáticas.
Un
ejemplo
de
ello
es
la
cita
que
en
el
mismo
reportaje
de
O
Jornal
se
hace
de
una
“revelación”
que
habrían
hecho
vecinos
del
departamento
201
Alípio
de
Freitas
había
dejado
el
sacerdocio
dos
años
antes
por
presiones
de
la
Iglesia.
Era
militante
de
AP
en
el
que
realizaba
trabajo
de
organización
de
grupos
campesinos.
202
O
Jornal,
Río
de
Janeiro,
16
de
abril
de
1964.
203
García
Robles
a
Relaciones,
correo
aéreo,
Río
de
Janeiro,
17
de
abril
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
2904–
8 (I).
82
del
Consulado
mexicano
en
donde
aseguraban
que
los
asilados
“debían
estarla
pasando
muy
bien,
pues
frecuentemente
eran
vistos
empleados
de
tiendas
y
almacenes
haciendo
entregas
de
comestibles
finos
en
la
puerta”
de
esa
representación
diplomática.204
Efectivamente,
el
embajador
había
comprado
camas,
colchones,
almohadas
y
diariamente
encargaba
comida
a
un
hotel
de
buena
calidad
para
alimentar
a
los
asilados
brasileños,
pero
al
contrario
de
lo
que
suponían
los
vecinos
citados
por
O
Jornal,
la
vida
al
interior
del
Consulado
no
era
sencilla.
Un
mes
después
del
golpe,
el
gobierno
militar,
que
había
garantizado
el
cumplimiento
de
todos
los
compromisos
internacionales
contraídos
por
los
gobiernos
anteriores,205
no
había
emitido
un
sólo
salvoconducto
que
permitiera
al
embajador
sacar
a
los
asilados
del
país
con
la
garantía
de
que
no
serían
arrestados
en
el
trayecto
del
consulado
al
aeropuerto.
En
consecuencia,
en
la
representación
mexicana,
46
personas
–40
hombres
y
seis
mujeres–
cohabitaban
en
un
pequeño
departamento
en
espera
de
los
documentos.
La
profesora
Josina
Maria
Albuquerque
Lopes
de
Godoy,
perseguida
por
el
gobierno
militar
por
haber
elaborado
una
cartilla
de
alfabetización
bajo
el
método
de
Paulo
Freire,
pasó
dos
meses
y
medio
asilada
en
el
consulado.
Designada
por
el
embajador
como
encargada
de
organizar
la
vida
de
los
asilados
ahí
dentro,
recuerda
algunos
detalles
de
aquella
experiencia:
…Había
tanta
gente
en
la
embajada
que
el
embajador
decidió
trasladarnos
al
Consulado
que
estaba
exactamente
enfrente
de
la
playa
de
Botafogo.
Veíamos
a
toda
la
gente
allá
extendida
en
la
playa,
y
nosotros
que
apenas
y
podíamos
acercarnos
a
la
ventana…
era
un
departamento
con
un
salón
grande
y
cuatro
cuartos.
En
un
cuarto
dormíamos
las
seis
mujeres
y
los
hombres
por
la
noche
extendían
las
camas
en
la
sala…
La
comida
era
muy
buena,
el
embajador
la
mandaba
pedir
de
un
hotel
y
nosotros
hacíamos
turnos
de
trabajo
para
hacer
limpieza.
204
O
Jornal,
Río
de
Janeiro,
16
de
abril
de
1964.
205
Guillermo
Palacios,
op.
Cit.,
p.
297.
83
Las
reacciones
de
cada
persona
eran
diferentes,
por
ejemplo,
Thales
–su
marido
también
asilado–
decidió
dormir
todo
el
tiempo
y
quería
que
yo
también
durmiera,
pero
yo
necesitaba
mantenerme
activa,
hacer
cosas…206
Sin
embargo,
las
mayores
dificultades
no
surgieron
de
las
complicaciones
que
ya
implicaba
la
convivencia
cotidiana,
durante
más
de
dos
meses,
de
casi
60
personas
en
ese
pequeño
departamento.
Los
problemas
más
serios
surgieron
ahí
dentro
por
una
fuerte
confrontación
que
surgió
entre
los
asilados
que
provenían
de
ese
gran
frente
heterogéneo
de
izquierda
nacionalista
que
fue
derrocado
en
abril
de
1964
junto
al
presidente
João
Goulart.
El
grupo
de
asilados
que
ingresó
a
la
embajada
mexicana
en
las
semanas
inmediatamente
posteriores
al
golpe
de
estado
estaba
integrado
fundamentalmente
por
líderes
sindicales
vinculados
al
CGT,
militares
subalternos
vinculados
a
la
dirigencia
de
la
AMFNB
y
militantes
del
PCB.207
En
menor
cantidad,
figuraban
también
periodistas,
diputados
cuyos
mandatos
habían
sido
revocados,
funcionarios
públicos
de
los
gobiernos
de
João
Goulart
y
de
Miguel
Arraes,
gobernador
de
Pernambuco,
líderes
estudiantiles,
militantes
del
movimiento
político
Ação
Popular
(AP), 208 militantes
del
Partido
Socialista
Brasileiro
(PSB)
y
personas
que
habían
participado
en
algún
intento
de
resistencia
al
golpe
de
estado.
De
acuerdo
con
lo
que
quedó
registrado
en
las
solicitudes
de
asilo
que
se
conservan
en
el
archivo
histórico
de
la
SRE,
entre
abril
y
octubre
de
1964
la
embajada
de
México
otorgó
asilo
diplomático
a
86
personas
con
los
siguientes
perfiles
políticos.209
206
Entrevista
realizada
a
Josina
Maria
Albuquerque
Lopes
de
Godoy
por
Daniela
Morales
Muñoz,
26
y
gran
influencia
en
el
sector
estudiantil
e
intentaba
penetrar
también
en
el
sector
obrero
y
rural,
principalmente
en
el
Noreste
de
Brasil.
En
el
periodo
de
gobierno
de
Goulart
fue
parte
del
Frente
social
que
impulsó
las
Reformas
de
Base.
209
Cuadro
elaborado
por
la
autora
con
base
en
la
información
proporcionada
por
los
expedientes
del
AHGE–SRE.
III–2904–8
(I),
(II)
y
(III)
y
el
rastreo
de
militancias
políticas
de
los
asilados,
también
realizado
por
la
autora.
84
Cantidad
Perfil
o
militancia
18 Miembros de las Fuerzas Armadas Brasileñas, la mayoría vinculados a la
AMFNB.
14 Militantes del PCB, (aunque había algunos otros entre los sindicalistas).
4 Estudiantes.
1 Vinculado a un movimiento de resistencia en una refinería de Petrobras.
En
cuanto
a
la
composición
etaria
de
los
asilados
se
registra
que
la
mayoría
era
menor
de
40
años,
pues
36.5%
se
encontraba
en
la
franja
etaria
de
los
veinte;
40.2%
de
los
treinta;
15.8%
de
los
cuarenta;
6%
de
los
50
y
únicamente
el
1.2
por
ciento
rebasaba
los
sesenta
años.
210
Diversos
testimonios
de
quienes
estuvieron
en
la
representación
mexicana
en
esa
coyuntura
coinciden
en
que
el
grupo
de
asilados
se
dividió
en
dos
frentes.
Por
un
lado,
el
grupo
de
marineros,
la
mayoría
dirigentes
de
la
AMFNB
que
simpatizaban
con
las
posiciones
nacionalistas
más
radicales
de
Leonel
Brizola,
se
aliaron
con
el
diputado
del
Frente
Parlamentar
Nacionalista
(FPN),
Max
da
Costa
Santos
y
con
el
“padre”
y
militante
de
AP,
Alípio
Crisiano
de
Freitas,
con
quienes
planeaban
organizar
la
resistencia
armada
para
revocar
el
golpe
de
estado.
Por
otro
lado,
el
grupo
de
líderes
210
Ver
anexo
1.
85
sindicales
y
militantes
del
PCB,
consideraba
una
locura
aquellos
intentos
de
resistencia
que,
desde
su
perspectiva,
sólo
ponían
en
riesgo
la
protección
que
se
les
había
otorgado
en
la
embajada
mexicana.
Cercana
al
grupo
del
PCB
y
líderes
sindicales,
la
profesora
Josina
Maria
Albuquerque
recuerda
así
aquella
confrontación
al
interior
de
la
embajada:
El
embajador
tuvo
que
enfrentar
las
mayores
dificultades
porque
en
el
grupo
[de
asilados]
había
gente
de
varios
lugares,
gente
de
sindicatos,
bancarios
y
de
otros
sindicatos
que
no
se
conocían
y
ahora
tenían
que
convivir.
Ahí
apareció
un
padre
revolucionario
portugués,
el
padre
Alípio
de
Freitas,
que
era
anarquista
y
participaba
en
varios
grupos
políticos…
se
juntó
con
los
marineros
y
comenzó
a
hacer
reuniones
políticas
con
ellos,
se
juntaban
en
un
cuarto
y
resolvieron
que
la
gente
del
partido
[Comunista]
tenía
que
morir.211
Por
su
parte,
en
las
declaraciones
que
hicieron
al
Departamento
de
Ordem
Política
e
Social
(DOPS/GB)
y
al
Centro
de
Informações
da
Marinha
(CENIMAR),
en
1967,
cuando
fueron
detenidos
por
la
policía
en
São
Paulo,
dos
ex
marineros
que
en
1964
estuvieron
asilados
en
la
representación
mexicana,
relataron
que
durante
las
semanas
que
estuvieron
en
el
consulado,
los
marineros
eran
constantemente
acusados,
especialmente
por
algunos
militantes
del
PCB,
de
ser
los
principales
culpables
de
los
acontecimientos
que
habían
culminado
con
la
deposición
de
João
Goulart.
Para
Marcos
Antonio
da
Silva
Lima
“la
frustración
y
las
acusaciones
mutuas”
tornaron
la
experiencia
del
asilo
“casi
insoportable”.212
Por
su
parte,
José
Duarte
dos
Santos,
detalló
que
durante
el
asilo
en
la
embajada
de
México,
elementos
del
PCB
hicieron
una
intensa
campaña
de
desmoralización
de
los
marineros
a
quienes
tachaban
de
no
tener
valor.213
Quizá
no
sea
aventurado
ver
en
la
confrontación
que
los
asilados
protagonizaron
durante
su
asilo
en
la
representación
mexicana,
el
anuncio
del
debate
211
Entrevista
de
Josina
Maria
Albuquerque
Lopes
de
Godoy,
op.
Cit.
212
Testimonio
de
Marcos
Antonio
da
Silva
Lima,
Arquivo
Público
do
Estado
de
São
Paulo
(en
adelante
86
que
a
partir
de
entonces
dominaría
en
la
izquierda
brasileña,
hegemonizada
hasta
esa
época
por
el
PCB,214
que
seguía
una
línea
política
reformista
que
consideraba
que
antes
de
alcanzar
la
revolución
socialista
en
Brasil
era
necesario
pasar
por
una
etapa
“nacional
democrática”
que
sólo
se
lograría
por
la
vía
pacífica
y
electoral,
es
decir,
con
la
conquista
de
un
gobierno
nacionalista
y
democrático,215
postura
que
a
partir
del
golpe
fue
severamente
cuestionada
por
varios
de
sus
militantes
que
empezaron
a
ver
en
la
vía
armada
una
opción
viable
para
alcanzar
la
revolución
socialista.216
Ese
debate
era
justamente
el
que
había
empezado
a
dominar
en
la
izquierda
latinoamericana
a
partir
del
triunfo
de
la
revolución
cubana
en
1959,
cuando
surgió
la
llamada
Nueva
Izquierda217,
crítica
de
la
visión
etapista
defendida
por
los
partidos
comunistas
y
encantada
con
el
modelo
de
la
toma
del
poder
por
la
vía
armada,
cuya
efectividad
había
quedado
demostrada
con
la
experiencia
cubana.
En
adelante,
el
dilema
se
centraría
entre
luchar
por
la
caída
de
la
dictadura
por
la
vía
pacífica
o
tomar
las
armas
para
derrocarla.
El
camino
de
la
izquierda
brasileña
se
había
bifurcado
y
muchos
de
sus
integrantes
salieron
al
exilio
en
medio
de
aquélla
disyuntiva.
Negociación
de
salvoconductos
y
la
crisis
diplomática.
El
último
día
de
abril,
el
embajador
Alfonso
García
Robles
se
trasladó
a
México
para
asumir
el
cargo
de
subsecretario
de
Relaciones
Exteriores
que
había
aceptado
mucho
antes
de
la
deposición
de
João
Goulart,
lo
que
significaba,
según
explicó
ante
la
prensa
antes
de
partir,
que
su
salida
no
estaba
relacionada
con
la
situación
política
que
se
vivía
en
Brasil.
No
obstante,
como
observa
el
historiador
Guillermo
Palacios,
en
aquél
214
Desde
principios
de
1960
surgieron
en
Brasil
organizaciones
como
AP
u
ORM–POLOP,
que
eran
críticas
con
la
línea
política
del
PCB
y
simpatizaban
con
la
vía
armada,
sin
embargo,
en
1964
esos
grupos
eran
aún
bastante
minoritarios
y
el
PCB
seguía
siendo
la
principal
fuerza
dominante
en
la
izquierda
brasileña.
ver
Vítor
Amorim
de
Angelo,
“La
izquierda
armada
en
Brasil:
un
balance
de
la
historia
y
la
producción
académica
reciente”,
en
Verónica
Oikión
Solano,
Eduardo
Rey
Tristán
y
Martín
López
Ávalos
(eds.),
El
estudio
de
las
luchas
revolucionarias
en
América
Latina
(1959–1996):
Estado
de
la
cuestión,
Zamora,
El
Colegio
de
Michoacán
y
Universidad
de
Santiago
de
Compostela,
2014,
pp.
139–
164.
215
El
Partido
Comunista
Brasileiro
(PCB),
adoptó
esa
línea
política
a
finales
de
la
década
de
1950
y
la
dio
a
conocer
a
través
de
la
Declaração
de
março
de
1958.
Ver,
Anita
Leocadia
Prestes,
Luiz
Carlos
Prestes.
O
combate
por
um
partido
revolucionário
(1958–1990),
São
Paulo,
Expressão
Popular,
2012,
p.
20.
216
Vitor
Amorim,
op.
Cit.
217
Verónica
Oikión
Solano,
Eduardo
Rey
Tristán
y
Martín
López
Ávalos
(eds.),
op.
Cit.
87
contexto,
la
salida
del
embajador
de
México
en
Brasil
sirvió
para
indicar
una
situación
de
enfriamiento
de
las
relaciones
entre
ambos
países.
“Si
esa
no
hubiera
sido
la
intención,
con
toda
seguridad
este
movimiento
del
gobierno
mexicano
habría
sido
postergado.”218
La
sospecha
de
que
el
regreso
de
García
Robles
a
México
fue
aprovechado
por
el
gobierno
de
López
Mateos
para
enviar
un
mensaje
de
hostilidad
al
recién
estrenado
gobierno
de
Castelo
Branco
se
reafirma
con
la
instrucción
que
el
embajador
recibió
por
parte
de
la
Cancillería
de
no
dirigirse
al
MRE
antes
de
abandonar
el
país,
“ni
siquiera
para
acreditar
al
consejero
de
la
embajada,
Roberto
de
Rosenzweig
Díaz,
como
encargado
de
negocios.”219
Para
esa
fecha,
siete
personas
habían
renunciado
al
asilo
diplomático
y
43
esperaban
la
emisión
del
salvoconducto
para
poder
abandonar
el
país.
El
consejero
Rosenzweig
mantuvo
la
política
de
puertas
abiertas
que
había
aplicado
García
Robles
y
continuó
recibiendo
asilados
sin
cesar.
Hacia
el
15
de
mayo
ya
sumaban
58
los
asilados
en
la
representación
mexicana
de
Río
de
Janeiro.
Como
era
de
esperar,
la
salida
de
García
Robles
del
país,
pero
sobre
todo,
la
forma
en
la
que
lo
hizo,
disgustó
fuertemente
al
gobierno
militar
que
en
reciprocidad
ordenó
el
retorno
de
su
embajador
en
México,
Manoel
Pio
Corrêa,
quien
el
18
de
mayo
salió
de
México,
sin
acreditar
a
su
respectivo
encargado
de
negocios.220
En
el
aeropuerto
de
la
ciudad
de
México,
minutos
antes
de
abandonar
el
país,
el
embajador
brasileño
también
abandonó
la
diplomacia
al
mofarse
de
la
doctrina
Estrada
–que
resguarda
los
principios
de
autodeterminación
y
de
no
intervención
que
durante
el
siglo
XX
fueron
centrales
en
la
política
exterior
mexicana–
al
declarar
ante
la
prensa
que
su
salida
de
México
se
debía
al
hecho
de
que
su
país
había
inventado
la
“estrada
bilateral,
mucho
mejor
que
la
unilateral”,
jugando,
como
observa
Palacios,
con
el
término
estrada,
que
en
portugués
significa
“carretera”.
Al
llegar
a
Brasil,
el
embajador
completó
sus
declaraciones
informando,
sin
autorización
del
Itamaraty,
218
Guillermo
Palacios,
op.
Cit.,
p.
298.
219
Ibid.
220
Ibid.
88
que
si
las
relaciones
entre
México
y
Brasil
no
estaban
interrumpidas,
los
“contactos”
entre
los
dos
países
sí
lo
estaban.221
Caricatura
publicada
en
Jornal
do
Brasil
(RJ)
el
19
de
mayo
de
1964.
A
partir
de
esa
fecha
se
desató
en
la
prensa,
tanto
en
Río
de
Janeiro
como
en
la
ciudad
de
México,
un
ir
y
venir
de
editoriales
en
lo
que
calificaron
como
una
crisis
de
relaciones
diplomáticas
entre
México
y
Brasil.
Los
periódicos
alineados
con
el
régimen
militar,
como
O
Globo
y
Tribuna
da
Imprensa,
lanzaron
una
andanada
de
críticas
al
gobierno
mexicano
que
aún
no
había
dado
su
reconocimiento
al
nuevo
gobierno
militar,
mientras
que
en
México
el
periódico
Novedades
calificó
las
palabras
de
Pio
Corrêa
de
“imprudentes
y
de
notoria
falta
de
discreción,
dignas
de
un
novato
tercer
secretario.”222
En
la
embajada
de
México,
el
consejero
Rosenzweig,
que
a
la
salida
de
García
Robles
quedó
a
cargo
de
la
prioridad
que
en
ese
momento
era
gestionar
los
salvoconductos
de
los
asilados
para
sacarlos
del
país,
empezó
a
sentir
los
efectos
del
descontento
del
gobierno
militar
que
un
día
después
del
retiro
de
su
embajador
en
México
colocó
una
guardia
de
elementos
de
la
Policía
Militar
(PM)
frente
a
las
instalaciones
de
la
representación
mexicana.
221
Ibid.
222
Ibid.
89
Rosenzweig
envió
una
nota
de
protesta
al
Itamaraty
en
la
que
acusaba
que
la
permanencia
de
la
PM
“causa
graves
inconvenientes
al
personal
diplomático
para
el
desarrollo
normal
de
sus
actividades
y
es
motivo
de
perturbación
para
las
personas
que,
de
conformidad
con
los
instrumentos
internacionales
interamericanos
vigentes
entre
los
dos
países,
han
solicitado
y
recibido
asilo
diplomático
en
la
Embajada
de
México.”223
No
obstante,
la
vigilancia
se
mantuvo
durante
los
meses
de
mayo
y
junio
bajo
el
pretexto
de
estar
brindando
“protección
especial”
a
esa
legación
diplomática.
La
representación
mexicana
no
fue
la
única
en
recibir
presiones
por
parte
del
gobierno
militar.
Las
embajadas
de
otros
países,
especialmente
la
de
Uruguay,
que
buena
parte
de
los
perseguidos
políticos
consideró
como
primera
opción
de
asilo,
fue
objeto
de
fuertes
presiones
por
parte
de
los
militares
con
el
objetivo
de
inhibir
la
protección
de
los
perseguidos
políticos
que
recurrieron
a
la
institución
jurídica
del
asilo
para
escapar
de
la
represión.
Evidentemente,
al
gobierno
militar
le
causaba
una
gran
preocupación
que
las
fuerzas
de
izquierda
que
la
“operación
limpieza”
estaba
desarticulando
en
Brasil,
pudieran
volver
a
articularse
en
un
país
vecino,
específicamente
en
uno
tan
cerano
como
Uruguay,
donde
desde
principios
de
abril
se
habían
empezado
a
concentrar
cientos
de
exiliados
brasileños
que
atravesando
la
frontera
del
estado
de
Río
Grande
do
Sul,
habían
llegado
a
Uruguay
para
solicitar
asilo
territorial.
Entre
ellos,
nada
menos
que
el
presidente
João
Goulart
y
el
líder
más
importante
de
la
izquierda
nacionalista
brasileña,
Leonel
de
Moura
Brizola.
Cruzar
la
frontera
hacia
Uruguay
fue
un
recurso
que
los
perseguidos
políticos
empezaron
a
utilizar
cada
vez
con
mayor
frecuencia
frente
a
las
restricciones
que
empezaron
a
encontrar
en
las
embajadas
para
la
concesión
del
derecho
de
asilo,
consecuencia
de
las
presiones
que
el
gobierno
militar
ejercía
cada
vez
con
mayor
efectividad
en
algunas
de
ellas.224
223
Copia
del
documento
remitido
por
Rosenzweig
al
Itamaraty,
AHGE–SRE.
Exp.
2904–8
(I).
224El
clero
del
estado
de
Rio
Grande
do
Sul
montó
un
“esquema”
para
facilitar
la
entrada
a
Uruguay
de
perseguidos
políticos
en
Brasil,
lo
que
resultó
decisivo
para
que
en
ese
país
se
concentrara
un
número
muy
relevante
de
exiliados
brasileños
en
los
primeros
meses
y
años
después
del
golpe.
Ver:
Teresa
Cristina
Schneider
Marques,
“Ditadura,
exílio
e
oposição:
os
exilados
brasileiros
no
Uruguay.
(1967–
1967)”,
Cuiabá–MG,
Tesis
de
Maestría,
Universida
de
Federal
de
Mato
Grosso,
diciembre,
2006,
p.
26.
90
El
caso
más
conocido
fue
el
del
cabo
Francisco
Dorismar
Arrais,
a
quien,
después
de
ayudar
a
escapar
a
tres
presos
políticos
de
un
presidio
militar,
el
embajador
de
Uruguay
en
Brasil,
Felipe
Amorim,
no
sólo
le
negó
el
asilo
alegando
que
no
lo
podía
considerar
un
perseguido
político,
sino
que
lo
entregó
a
la
policía
que
lo
sacó
esposado
y
desolado
de
las
instalaciones
de
la
embajada
uruguaya.225
Las
presiones
sobre
las
embajadas
que
recibieron
asilados
políticos
también
se
ejercieron
retrasando
la
emisión
de
los
salvoconductos
que,
en
acatamiento
de
los
tratados
interamericanos
de
asilo
político,
el
gobierno
brasileño
estaba
obligado
a
conceder
después
de
ser
notificado
de
la
concesión
de
asilo
por
parte
de
algún
Estado.
A
principios
de
mayo,
el
periódico
Tribuna
da
Imprensa
publicó
que
“el
pensamiento
dominante”
en
el
gobierno
era
de
no
conceder
los
salvoconductos
para
transferir
asilados
a
países
de
América
Latina,
“mucho
menos
de
los
que
hacen
frontera
con
Brasil.”
Aseguraban
que
el
gobierno
estaba
incluso
dispuesto
a
correr
el
riesgo
de
enfrentar
un
incidente
diplomático
con
tal
de
no
conceder
los
salvoconductos.226
La
disposición
a
correr
ese
riesgo
quedó
ampliamente
demostrada
con
la
actitud
de
indiferencia
que
durante
muchos
días
mostró
el
Itamaraty
ante
la
insistencia
del
consejero
Rosenzweig
para
que
fueran
emitidos
los
salvoconductos
de
los
más
de
60
asilados
que
un
mes
y
medio
después
del
golpe
se
encontraban
recluidos
en
la
sede
del
Consulado
mexicano,
especialmente
cuando
a
principios
de
mayo
el
gobierno
militar
emitió
los
salvoconductos
para
los
asilados
que
se
encontraban
en
las
embajadas
de
Argentina,
Perú,
Paraguay
y
Chile.227
Todo
indica
que
el
gobierno
mexicano
vio
una
relación
directa
entre
la
no
emisión
de
salvoconductos
para
los
asilados
en
su
embajada
y
la
falta
de
reconocimiento
de
México
al
gobierno
de
Castelo
Branco,
por
eso,
instruyó
a
Rosenzweig
para
dejar
entrever
a
los
funcionarios
de
Itamaraty
que
posiblemente
la
demora
en
la
expedición
de
salvoconductos
estuviera
influyendo
desfavorablemente
225
Ibid.
226
Tribuna
da
Imprensa,
5
de
mayo
de
1964.
227
Rosenzweig
Díaz
a
Relaciones,
telegrama,
Río
de
Janeiro,
8
de
mayo
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
2904–
8 (I).
91
para
la
normalización
de
relaciones
entre
los
gobiernos
de
México
y
Brasil,228enviando
el
mensaje
implícito
de
que
la
emisión
de
los
salvoconductos
podría
conducir
al
reconocimiento
del
gobierno
militar.
Hacia
el
19
de
mayo,
los
asilados
de
las
embajadas
de
México,
Uruguay
y
Yugoslavia
–que
tenían
la
mayor
cantidad
de
asilados–
eran
las
únicas
que
no
habían
recibido
los
salvoconductos
de
sus
asilados.
Según
el
diario
O
Jornal,
ello
se
debía
a
que
las
autoridades
del
Consejo
de
Seguridad
Nacional
(CSN)
estaban
empeñadas
en
investigar
más
a
fondo
la
participación
de
sus
asilados
en
el
“proceso
subversivo.”229
Previendo
que
los
salvoconductos
no
tardarían
en
ser
emitidos,
la
SRE
se
empezó
a
preparar
para
sacar
a
los
asilados
de
Brasil
y,
eventualmente,
recibirlos
en
México.
En
primer
lugar,
solicitó
a
Rosenzweig
informar
sobre
la
situación
económica
de
los
asilados
que
se
encontraban
en
la
representación
mexicana,
específicamente,
reportar
cuántos
carecían
de
medios
económicos
para
pagar
su
traslado
y
cuántos
carecían
de
recursos
para
subsistir
en
el
país
sin
trabajar.
En
segundo
lugar,
le
indicó
realizar
sondeos
entre
las
representaciones
diplomáticas
de
países
amigos
a
fin
de
ver
la
posibilidad
de
que
otorgaran
visas
a
los
asilados
de
la
embajada
mexicana
que
prefirieran
ir
a
radicar
a
países
limítrofes
con
Brasil,
para
evitar
que
fueran
trasladados
hasta
México.
En
sus
respuestas,
Rosenzweig
informó
que
entre
los
60
asilados
que
al
18
de
mayo
había
en
la
embajada
sólo
uno
contaba
con
recursos
para
cubrir
el
costo
de
su
pasaje;
cuatro
tenían
medios
económicos
pero
no
dinero
en
efectivo
para
sobrevivir
en
México;
35
sólo
contaban
con
dinero
para
gastos
en
los
primeros
días
y
19
carecían
de
medios
económicos
para
subsistir.230
Sobre
la
intención
de
viajar
a
otros
países,
el
consejero
reportó
que
de
las
52
personas
que
al
12
de
mayo
se
encontraban
asiladas
en
esa
embajada,
43
deseaba
dirigirse
a
México,
cinco
a
Uruguay,
dos
a
Francia,
una
a
228
Relaciones
a
Rosenzweig
Díaz,
telegrama,
ciudad
de
México,
9
de
mayo
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
2904–8
(I).
229
O
Jornal,
Rio
de
Janeiro,
19
de
mayo
de
1964
.
230
Rosenzweig
a
Relaciones,
telegrama,
Rio
de
Janeiro,
19
de
mayo
de
1964,
AHGE–SER,
exp.
2904–8
92
Rumanía
y
una
no
había
podido
manifestar
su
preferencia
por
encontrarse
“atacada
[por]
fuerte
depresión
moral.”231
El
consejero
se
refería
al
diputado
Luiz
Claudio
Braga
Duarte,
quien
tras
haber
pasado
casi
un
mes
encerrado
en
el
Consulado
sufrió
una
fuerte
crisis
nerviosa
que
obligó
a
Rosenzweig
a
solicitar
autorización
al
Itamaraty
para
trasladar
al
asilado
a
un
hospital.
El
jefe
del
departamento
jurídico
de
ese
ministerio
aceptó
el
traslado
pero
manifestó
su
deseo
de
que
la
vigilancia
del
asilado
en
el
hospital
no
quedara
en
manos
de
la
Cruz
Roja
o
de
otro
organismo
internacional.232
El
diputado
Luiz
Claudio
Braga
fue
internado
bajo
la
responsabilidad
y
vigilancia
de
la
embajada
mexicana,
que
comisionó
a
uno
de
sus
trabajadores
para
permanecer
en
el
hospital
con
el
asilado.233Después
de
ese
gesto,
por
primera
vez
el
consejero
recibió
la
promesa
de
que
se
apurarían
las
gestiones
para
obtener
los
salvoconductos.
Ante
esa
promesa
el
consejero
Rosenzweig
preguntó
al
departamento
Jurídico
de
Itamaraty
si
éste
concedería
un
tiempo
razonable
para
alcanzar
a
gestionar
los
traslados
a
México
y
las
visas
para
aquellos
asilados
que
deseaban
trasladase
a
otros
países,
obteniendo
la
“categórica
y
contundente”
respuesta
de
que
los
salvoconductos
serían
emitidos
para
que
los
asilados
se
dirigieran
exclusivamente
a
México.
El
jefe
del
departamento
jurídico
del
MRE,
Jaime
Souza
Gomes,
agregó
que
si
México
deseaba
“atender
los
deseos”
de
los
asilados
que
querían
viajar
a
otros
países
tendría
que
seguir
el
siguiente
procedimiento:
1)
trasladar
a
los
asilados
a
México;
2)
expedir
pasaportes
“nan”234
a
quienes
estuvieran
interesados
en
viajar
y
3)
consultar
“por
231
Rosenzweig
a
Relaciones,
telegrama,
Rio
de
Janeiro,
12
de
mayo
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
2904–8
en
sustitución
del
pasaporte
a
las
personas
que
habían
sido
privadas
de
ese
documento
en
sus
país,
permitiéndoles
así
el
libre
ingreso
y
tránsito
a
otros
países.
Ese
documento
fue
inventado
en
1922
y
utilizado
por
ACNUR
para
atender
los
casos
de
refugiados.
93
cortesía”
al
MRE.
El
ministro
enfatizó
que
dicho
viaje
se
realizaría
bajo
la
responsabilidad
del
gobierno
mexicano.235
En
el
telegrama
que
envió
a
la
Cancillería,
Rosenzweig
observó
que
la
condición
impuesta
por
Itamaraty
contrariaba
el
artículo
XIII
de
la
Convención
de
Caracas
sobre
Asilo
Diplomático,
donde
se
establece
que
el
Estado
territorial
no
puede
determinar
el
país
destino
de
los
asilados.
No
obstante,
aunque
en
la
Cancillería
coincidieron
con
el
consejero,
éste
recibió
indicaciones
de
evitar
entrar
en
una
discusión
con
Itamaraty
y
limitarse
a
aceptar
los
salvoconductos
que
fueran
emitidos
para
iniciar
los
traslados
a
la
ciudad
de
México.236
El
20
de
mayo
la
embajada
recibió
los
primeros
diez
salvoconductos
junto
con
la
“petición”
por
parte
del
Itamaraty,
de
recoger
los
pasaportes
a
los
asilados
antes
de
que
abandonaran
el
país.
La
Cancillería
indicó
a
Rosenzweig
proponer
al
MRE
que
mejor
cancelaran
los
pasaportes
de
los
asilados,
pero
el
jefe
del
departamento
jurídico
insistió
en
que
los
documentos
fueran
devueltos
al
MRE
para
su
cancelación
e
incineración,
como
lo
habían
hecho
con
los
de
los
asilados
que
habían
estado
en
las
embajadas
de
Chile
y
Perú.237
Una
vez
más,
para
evitar
entrar
en
una
discusión
con
Itamaraty,
la
Cancillería
mexicana
aceptó
retirar
los
pasaportes
a
los
asilados
y
devolverlos
al
MRE
solicitando
de
éste
la
única
“formalidad”
de
enviar
un
documento
en
el
que
informara
que
los
pasaportes
habían
sido
cancelados
y,
en
consecuencia,
solicitaba
su
devolución.
A
pesar
de
las
concesiones
que
el
gobierno
de
México
hizo
durante
la
negociación
de
salvoconductos
para
evitar
entrar
en
una
confrontación
mayor
con
el
gobierno
militar,
ésta
resultó
inevitable.
Tres
días
antes
de
que
saliera
rumbo
a
México
el
primer
grupo
de
asilados,
el
marinero
y
presidente
de
la
AMFNB,
José
Anselmo
dos
Santos,
renunció
al
asilo
diplomático
y
abandonó
la
embajada
de
México.
Al
día
siguiente
fue
detenido
en
un
departamento
de
Río
de
Janeiro
y
llevado
a
prisión,
acusado
de
intentar
poner
en
235
Rosenzweig
a
Relaciones,
telegrama,
Rio
de
Janeiro,
12
de
mayo
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
2904–8
94
marcha
un
movimiento
de
resistencia
armada
contra
el
gobierno
militar,
intensiones
que,
según
los
reportes
de
la
prensa,
él
mismo
confesó
en
su
declaración
ante
el
Departamento
de
Orden
Política
y
Social
(DOPS).238
José
Anselmo
dos
Santos
había
liderado
la
famosa
revuelta
de
los
marineros
del
25
de
marzo
de
1964
y,
dentro
de
la
embajada,
encabezaba
al
grupo
político
que,
en
alianza
con
el
diputado
Max
da
Costa
Santos
y
Alípio
Cristiano
de
Freitas
intentaba
organizar
la
resistencia
armada
al
golpe.
De
acuerdo
con
los
testimonios
de
otros
asilados
que
estuvieron
con
ellos
en
el
consulado,
ese
grupo
había
decidido
que
José
Anselmo
saldría
de
la
legación
con
el
objetivo
de
explotar
el
portaviones
Minas
Gerais,
plan
que
habría
sido
inspirado
en
el
ataque
que
el
2
de
mayo
de
ese
año
se
había
perpetrado
en
contra
de
un
portaviones
estadounidense
en
el
puerto
de
Saigón
durante
la
guerra
de
Vietnam.239
La
salida
de
José
Anselmo
de
la
embajada,
su
posterior
detención
y
la
revelación
de
sus
planes,
detonaron
en
la
prensa
de
Río
de
Janeiro
una
fuerte
andanada
de
acusaciones
en
contra
de
la
embajada
de
México
y
del
consejero
Roberto
de
Rosenzweig
Díaz,
a
quien
acusaron
de
haber
solapado
los
planes
“subversivos”
de
José
Anselmo
dos
Santos,
permitiendo
que
hiciera
llamadas
desde
la
embajada
y
retardando
la
notificación
al
Itamaraty
sobre
el
desistimiento
del
asilo
político
del
mismo
para
darle
tiempo
de
realizarlos.
La
documentación
de
los
archivos,
tanto
de
la
SRE
en
México
como
del
Itamaraty
en
Brasil,
demuestra
que
la
embajada
mexicana
reportó
en
tiempo
y
forma
sobre
el
desistimiento
de
José
Anselmo
dos
Santos
del
asilo
político,
lo
que
en
pocos
días
fue
reconocido
por
el
propio
MRE.240
En
función
de
ello
se
puede
suponer
que
el
episodio
fue
simplemente
aprovechado
por
el
gobierno
militar
para
presionar
al
gobierno
de
México
que
aún
no
había
tomado
una
decisión
sobre
la
forma
en
la
que
aplicaría
la
doctrina
Estrada,
es
decir,
si
mantendría
su
representación
diplomática
en
Brasil
o
no241,
como
lo
acababa
de
hacer
Venezuela
el
20
de
abril
cuando
manifestó
238
O
Jornal,
Río
de
Janeiro,
25
de
mayo
de
1964.
239
Entrevista
realizada
a
Josina
Maria
Albuquerque
Lopes
de
Godoy,
op.
Cit.
240
Rosenzweig
a
Relaciones,
telegrama,
27
de
mayo
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
2904–8
(I),
foja
436.
241
La
doctrina
Estrada,
que
en
defensa
del
principio
de
autodeterminación
de
los
pueblos
se
niega
a
otorgar o negar reconocimiento a los gobiernos de otros países, se aplica en casos en los que hay
95
que
no
reconocería
al
gobierno
golpista
y
llamó
de
regreso
a
todo
su
personal
diplomático.
Esta
suposición
se
refuerza
al
analizar
el
tono
y
el
contenido
de
las
críticas
que
enviados
oficiosos
del
nuevo
régimen
desataron
en
la
prensa
brasileña
al
día
siguiente
de
que
el
primer
grupo
de
asilados
salió
rumbo
a
la
ciudad
de
México.
El
26
de
mayo
los
periódicos
O
Globo 242
y
Tribuna
da
Imprensa, 243
publicaron
declaraciones
del
diputado
de
la
Unión
Democrática
Nacional,244Nina
Ribeiro,
en
las
que
acusaba
a
la
embajada
mexicana
de
haber
violado
el
derecho
internacional
y
dar
apoyo
a
las
guerrillas
en
Brasil.
Aseguraba
que
José
Anselmo
dos
Santos
había
establecido
un
acuerdo
con
el
secretario
de
la
embajada
para
que
éste
no
comunicara
de
su
desistimiento
al
MRE
en
un
plazo
de
tres
días
con
el
objetivo
de
darle
tiempo
para
organizar
un
grupo
de
guerrilleros
con
el
que
depondrían
al
gobierno
de
Castelo
Branco.
“Lo
más
lamentable
–remarcaba–
es
que
esto
suceda
en
la
embajada
de
un
país
que
no
reconoce
al
gobierno
brasileño…”245
El
diputado
Ribeiro
aseguró
que
los
planes
del
marinero
habían
quedado
grabados
“en
la
propia
voz
del
militar”.
Igualmente,
el
día
de
la
detención
de
Anselmo
–23
de
mayo
de
1964–
Jornal
de
Brasil
y
otros
diarios
aseguraron
que
las
diligencias
para
capturarlo
habían
iniciado
cuatro
días
antes
cuando
varios
telefonemas
pasados
por
él
desde
la
embajada
de
México
habían
sido
grabados
por
el
DOPS.246
El
consejero
Rosenzweig
Díaz,
rechazó
inmediatamente
las
acusaciones
y
envió
al
Itamaraty
el
acta
que
se
había
levantado
desde
el
momento
en
que
José
Anselmo
dos
Santos
había
desistido
del
asilo
diplomático.
El
departamento
Jurídico
de
ese
cambios
de
gobierno
y
México
se
limita
a
mantener
o
retirar,
cuando
lo
crea
procedente,
a
sus
agentes
diplomáticos,
así
como
a
continuar
aceptando,
o
no,
a
los
similares
agentes
diplomáticos
que
las
naciones
respectivas
tengan
acreditados
en
México.
242
O
Globo,
es
hasta
el
día
de
hoy
un
periódico
de
orientación
política
conservadora,
propiedad
del
influyente
Roberto
Marinho
que
apoyó
el
golpe
de
1964
y
mantuvo
estrechos
lazos
con
los
diferentes
gobiernos
militares
durante
la
dictadura.
En
1984
Marinho
publicó
un
artículo
donde
declaró
haber
apoyado
el
régimen
militar
desde
1964
hasta
el
proceso
de
apertura
política.
243
Tribuna
da
Imprensa,
un
periódico
que
fue
fundado
por
el
periodista
y
ex
gobernador
ultra
conservador
Carlos
Lacerda,
apoyó
el
golpe
de
estado
y
al
régimen
militar.
244
La
UDN
fue
un
partido
político
brasileño
de
orientación
conservadora
y
ferviente
opositora
a
las
políticas
y
a
la
figura
de
Getúlio
Vargas.
Fue
también
parte
del
complot
que
concluyó
con
la
deposición
de
João
Goulart.
245
O
Globo,
Río
de
Janeiro,
26
de
mayo
de
1964.
246
Jornal
do
Brasil,
23
de
mayo
de
1964;
O
Globo,
25
de
mayo
de
1964;
Tribuna
da
Imprensa,
25
de
96
ministerio
respondió
que
aunque
sabían
que
México
había
actuado
de
manera
correcta
no
elaborarían
ninguna
nota
aclaratoria
al
respecto.247
El
periódico
O
Jornal
confirmó
que,
efectivamente,
Rosenzweig
había
informado
en
tiempo
y
forma
sobre
el
desistimiento
de
José
Anselmo
la
noche
del
viernes
22
de
mayo,
sin
embargo,
criticaron
que
el
funcionario
mexicano
no
hubiera
previsto
que
el
MRE
no
trabajaba
los
fines
de
semana
y
por
lo
tanto
sólo
tomaría
nota
de
la
salida
de
José
Anselmo
el
lunes
por
la
mañana,
atribuyendo
ese
“error”
a
la
“inexperiencia”
del
mismo.
Normalmente,
él
debió
haber
entrado
en
comunicación
telefónica
con
el
funcionario
de
Itamaraty,
con
quien
mantiene
contactos
normales,
para
informar
lo
que
ocurría,
pero
no
lo
hizo.
Como
se
trata
de
un
segundo
secretario,
sin
mucha
experiencia,
y
que
ni
siquiera
es
Encargado
de
Negocios,
sino
sólo
el
diplomático
con
más
alta
graduación
que
hay
en
la
Embajada,
la
falla
puede
ser
tomada
como
falta
de
práctica.
Como
también
puede
haber
sido
parte
de
un
plan
bien
articulado
que
hasta
tomó
en
cuenta
ese
factor.248
Pero
el
ataque
más
contundente,
que
ya
no
tenía
como
objetivo
al
consejero
Roberto
de
Rosenzweig
sino
al
propio
gobierno
de
México,
se
dio
en
las
páginas
de
O
Globo,
donde
se
publicó
una
amplia
nota
editorial
que
hacía
fuertes
críticas
a
la
doctrina
Estrada,
exactamente
en
el
mismo
tono
en
el
que
lo
había
hecho
días
antes
el
ex
embajador
Pio
Corrêa
al
regresar
a
Brasil.
México
adopta
en
política
internacional
la
curiosa
“Doctrina
Estrada”
que
grosso
modo
puede
ser
explicada
de
la
siguiente
manera:
cuando
un
gobierno
con
el
cual
México
mantiene
relaciones
es
depuesto,
la
Cancillería
mexicana
no
reconoce
ni
deja
de
reconocer
al
nuevo
gobierno
formado
en
el
país
amigo,
pero
toma
actitudes
insólitas,
para
demostrar
el
disgusto
que
le
causó
el
movimiento
revolucionario.
Se
trata,
evidentemente,
de
una
actitud
pueril…
sólo
México
aplica
tal
doctrina
absurda
e
irritante,
sin
ningún
contenido
jurídico…
México,
siguiendo
la
“Doctrina
Estrada”,
247
Rosenzweig
a
Relaciones,
telegrama,
27
de
mayo
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
2904–8
(I),
f.
436.
248
O
Jornal,
27
de
mayo
de
1964.
97
retiró
a
su
embajador,
el
Sr.
García
Robles,
que
viajó
sin
despedirse
y
sin
dejar
un
encargado
de
negocios,
como
dicta
la
praxis,
lo
que,
en
lenguaje
diplomático,
significa
una
grosería.249
El
editorial
acusaba
a
García
Robles,
ahora
subsecretario
de
Relaciones
Exteriores,
de
haber
influenciado
al
gobierno
de
López
Mateos
en
contra
de
la
“nueva
situación
brasileña
que
él
pinta
en
colores
terribles.”
No
obstante,
celebraba
que
esta
vez
“México
fue
sorprendido
con
lo
que
se
llamó,
jocosamente,
la
aplicación
bilateral
de
la
Doctrina
Estrada,
cosa
que
no
había
ocurrido
antes
cuando
México
adoptó
actitudes
semejantes
en
relación
a
otros
gobiernos
latinoamericanos
surgidos
de
revoluciones.”
O
Globo
también
se
quejaba
de
que
la
prensa
mexicana
“que
es
dirigida
por
el
gobierno
y
no
es
libre
como
la
nuestra”,
estuviera
difamando
a
la
“revolución
brasileña”
y
exponiéndola
al
ridículo”,
como
según
la
nota
demostraba
la
fotografía
que
acompañaba
el
editorial,
donde
se
muestra
una
portada
reciente
de
la
revista
mexicana
Siempre!
en
la
que
aparece
una
folclórica
brasileña
que
porta
un
sable
y
ofrece
una
charola
con
la
cabeza
del
presidente
depuesto,
João
Goulart,
a
un
tío
Sam
que
se
encuentra
sentado
frente
a
ella.
Cuando
México
toma
actitudes
como
esa,
continuaba
O
Globo,
“parece
olvidar
que
su
democracia
está
lejos
de
ser
perfecta,
pues
funciona
a
base
de
un
partido
único,
con
todas
las
implicaciones
que
de
ello
derivan.”
Cuestionaba
que,
en
contraste
con
la
actitud
que
había
adoptado
frente
a
Brasil,
el
gobierno
de
México
hubiera
reconocido
en
72
horas
al
gobierno
de
Fidel
Castro.
En
relación
a
los
asilados
el
editorial
reprochaba
que
el
gobierno
de
México
no
hubiera
correspondido
a
la
actitud
del
MRE
que,
“a
pesar
del
episodio
del
marinero
Anselmo”,
y
“de
no
tener
aquí
un
embajador
de
México”
había
aceptado
“con
la
mayor
corrección”
que
un
primer
secretario
de
la
misión
diplomática
estuviera
al
frente
de
las
gestiones
para
la
salida
de
los
asilados.
Y
remataba:
“cuando
México
decida
dejar
de
hacer
el
papel
de
tonto
tomará
la
iniciativa
de
enviar
un
nuevo
embajador
a
Brasil
y
nosotros
haremos
lo
mismo
enviando
otro
representante
para
allá…”250
249
O
Globo,
27
de
mayo
de
1964.
250
Ibid.
98
Las
acusaciones
contra
la
embajada
de
México
continuaron
en
los
días
siguientes.
El
diputado
Nina
Ribeiro
insistía
en
acusar
que
ésta
permitía
a
los
asilados
realizar
llamadas
al
exterior
y
aseguraba
tener
grabaciones
en
su
poder
que
lo
podían
probar.
En
la
comunicación
interna
entre
la
embajada
y
la
cancillería
en
México
Rosenzweig
había
reconocido
que
al
personal
diplomático
le
era
difícil
mantener
el
control
de
los
asilados
tanto
por
el
número
de
los
mismos,
como
por
existir
entre
ellos
“elementos
extremistas.”
En
consecuencia,
advertía
que
era
“inevitable
que
se
cometan
algunas
irregularidades
a
espaldas
del
personal
de
la
Embajada.”
Incluso,
por
esos
días,
el
consejero
decomisó
tres
armas
de
fuego
que
detectó
entre
los
asilados
del
grupo
ligado
a
los
marineros,
que
planeaba
desde
la
embajada
la
resistencia
armada.
En
medio
de
aquel
escándalo
que
mantuvo
al
gobierno
de
México
en
los
titulares
de
la
prensa
carioca,
Itamaraty
emitió,
de
diez
en
diez,
los
primeros
30
salvoconductos
y
los
primeros
asilados
fueron
trasladados
a
la
ciudad
de
México
entre
el
25
de
mayo
y
el
primero
de
junio.
Ese
mismo
día,
Itamaraty
informó
a
Rosenzweig
que
el
resto
de
salvoconductos
–faltaban
30–
demoraría
un
poco
más
por
tratarse,
en
algunos
casos,
de
personas
bajo
sospecha
de
deserción
o
algún
delito
común
como
peculado.251
Al
día
siguiente,
2
de
junio
de
1964,
la
SRE
giró
instrucciones
al
consejero
Rosenzweig
Díaz
de
notificar
al
secretario
general
de
Política
Exterior
del
MRE
que
el
gobierno
de
México,
apoyado
en
la
doctrina
Estrada,
había
decidido
mantener
su
representación
diplomática
en
Brasil
y
que
en
breve
lo
acreditaría
a
él
mismo
como
encargado
de
negocios.252
No
era
el
reconocimiento
que
el
gobierno
de
Brasil
esperaba,
ni
el
nombramiento
de
un
nuevo
embajador,
pero
la
acreditación
del
encargado
de
negocios
fue
asumida,
con
beneplácito,
por
el
MRE
como
la
“normalización”
de
las
relaciones
diplomáticas
entre
ambos
países
y
la
prensa
lo
difundió
como
el
“reconocimiento”
de
México
al
gobierno
militar.
251
Rosenzweig
a
Relaciones,
telegrama,
1
de
junio
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
2904–8
(I),
f.
505.
252
Rosenzweig
a
Relaciones,
telegrama,
2
de
junio
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
2904–8
(I),
f.
509.
99
No
obstante,
como
el
nuevo
encargado
de
negocios
notificó
a
la
Cancillería
en
México,
aún
quedaba
un
asunto
importante
por
resolver:
la
intervención
de
los
teléfonos
de
la
embajada
mexicana
que
había
quedado
al
descubierto
no
sólo
en
las
acusaciones
del
diputado
Ribeiro
y
en
las
notas
periodísticas
que
aseguraban
que
las
conversaciones
de
algunos
asilados
habían
sido
grabadas
por
el
DOPS,
sino
en
la
propia
voz
del
jefe
del
Departamento
Jurídico
del
MRE,
Souza
Gomes,
que
tres
días
antes
había
pedido
a
Rosenzweig
vigilar
al
empleado
administrativo
de
la
embajada,
Oldemar
Cardoso,
a
quien
la
policía
responsabilizaba,
con
base
en
conversaciones
telefónicas
grabadas,
de
pasar
recados
a
varios
asilados.253
Rosenzweig
notificó
a
la
SRE
que
de
confirmarse
la
intervención
de
los
teléfonos
formularía
una
enérgica
protesta
en
la
que
agregaría
una
queja
por
la
indiferencia
que
el
MRE
había
mostrado
ante
la
protesta
que
15
días
atrás
había
interpuesto
por
la
permanencia
de
elementos
de
la
PM
en
las
puertas
de
la
embajada
que
hasta
esa
fecha
se
mantenían
ahí
bajo
el
pretexto
de
estar
dando
“protección
especial”
a
la
misma.
Cuando
el
ministro
Souza
Gomes
fue
cuestionado
sobre
la
intervención
de
los
teléfonos
se
limitó
a
responder
que
“con
toda
seguridad
la
prensa
se
había
equivocado”
y
prometió
a
Rosenzweig
ponerse
en
contacto
con
las
autoridades
policiacas
para
aclarar
la
cuestión.254
El
tema,
al
parecer,
no
se
volvió
a
tocar,
las
acusaciones
contra
el
gobierno
de
México
se
esfumaron
de
la
prensa,
la
guardia
policial
fue
retirada
y
los
salvoconductos
que
aún
se
estaban
esperando
fluyeron
con
facilidad
en
las
semanas
siguientes.
En
julio
de
1964
el
presidente
de
México,
Adolfo
López
Mateos,
que
estaba
por
concluir
su
mandato,
respondió
una
carta
que
el
presidente
Castelo
Branco
le
había
enviado
previamente
para
comunicarle
que
había
asumido
la
primera
magistratura
de
su
país.255
La
crisis
diplomática
había
quedado
atrás.
253
Rosenzweig
a
Relaciones,
Rio
de
Janeiro,
2
de
junio
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
2904–8
(I),
ff.
516,
517.
254
Rosenzweig
a
Relaciones,
Rio
de
Janeiro,
4
de
junio
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
2904–8
(I),
f.
532,
533.
255
Se
desconoce
el
contenido
de
la
misiva,
pero
la
constancia
de
la
existencia
de
esa
carta
se
e ncuentra
en
un
expediente
titulado
Notas
expedidas
por
Itamaraty
para
la
embajada
de
México
1964–1965
en
Arquivo
Histórico
del
Itamaraty
del
Ministerio
das
Relações
Exteriores
(en
adelante
AHI–MRE).
100
También
empezaba
a
quedar
atrás
el
ambiente
de
cacería
de
los
primeros
días
y
semanas
posteriores
al
golpe.
A
mediados
de
junio
la
mayoría
de
los
perseguidos
políticos
se
encontraba
en
alguna
prisión
del
territorio
brasileño,
había
salido
al
exilio,
o
había
entrado
a
la
clandestinidad.
El
encargado
de
negocios
de
la
embajada
mexicana,
Roberto
de
Rosenzweig
reportó
a
la
cancillería
que
en
la
mayoría
de
las
misiones
diplomáticas
latinoamericanas
–donde
se
habían
otorgado
la
mayor
parte
de
los
asilos
políticos–
prevalecía
la
opinión
de
que
la
situación
se
había
normalizado
y
que,
en
consecuencia,
ya
no
procedía
la
concesión
de
asilos
políticos.
Agregaba
que,
en
ese
contexto,
las
embajadas
de
México
y
de
Bolivia256
eran,
probablemente,
las
únicas
que
seguían
concediendo
asilo.257
Marcando
distancia
con
la
posición
de
la
mayoría
de
las
embajadas,
Rosenzweig
argumentó
la
necesidad
de
seguir
concediendo
asilo
a
los
perseguidos
políticos
que,
seguían
llegando
a
la
embajada
de
México,
en
función
de
que
aún
estaba
vigente
el
Ato
Institucional
No.
1
(AI–I)
–que
había
atribuido
al
presidente
la
prerrogativa
de
revocar
mandatos
legislativos
y
suspender
derechos
políticos–,
y
de
que
las
comisiones
de
investigación
tenían
facultades
de
arrestar
personas
sin
orden
judicial.258
La
SRE
dejó
a
su
criterio
la
valoración
para
determinar,
en
cada
caso
que
se
presentara,
si
procedía
o
no
la
concesión
de
asilo
diplomático,
pero
recalcó
que
era
elemento
decisivo
para
otorgarlo,
que
el
individuo
estuviera
en
la
situación
descrita
en
el
artículo
6º
de
la
Convención
de
Caracas.259
No
obstante,
hay
evidencia
de
que
a
partir
de
esas
fechas
la
SRE
empezó
a
ser
mucho
más
cautelosa
para
dar
luz
verde
a
las
solicitudes
de
asilo
que
el
encargado
de
negocios
recibía
en
la
embajada
de
México.
Como
recuerda
Estela
Scheinvar,
hija
del
militante
comunista,
Isaac
Scheinvar,
quien
entró
en
la
embajada
en
septiembre
de
256
En
noviembre
de
1964
aquellos
que
se
asilaron
en
Bolivia
fueron
sorprendidos
por
el
golpe
de
estado
a
través
del
cual
el
general
René
Barrientos
depuso
al
gobierno
de
Paz
Estensoro.
Bolivia
dejó
de
ser
entonces
una
salida
posible
para
los
exiliados
brasileños.
Denise
Rollemberg,
op.
Cit.,
p.
66.
257
Rosenzweig
a
Relaciones,
telegrama,
Rio
de
Janeiro,
13
de
junio
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
2904–8
razones
de
persecución
política
y
no
pueda,
sin
riesgo,
ponerse
de
otra
manera
en
seguridad.
Relaciones
a
Embajada
de
México,
telegrama,
16
de
junio
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
2904–8
(I),
f.
563.
101
1964
luego
de
que
su
madre,
Leia
Scheinvar,
hiciera
largas
guardias
afuera
de
la
representación
mexicana
esperando
una
respuesta
positiva
de
la
SRE
para
aceptar
a
su
marido.
”Después
del
gran
boom
del
exilio,
las
embajadas
empezaron
a
cerrar,
decían
que
sus
cuotas
se
habían
agotado,
incluso
la
de
México,
y
que
sólo
en
casos
de
extrema
excepcionalidad
podrían
abrir
la
embajada,
que
ya
no
tenían
permiso
de
Relaciones
Exteriores
de
sus
países
para
refugiar.”260
A
pesar
de
ello,
entre
junio
y
octubre
de
1964
Rosenzweig
logró
asilar
en
la
embajada
a
otras
18
personas
y
antes
de
concluir
el
año
había
trasladado
a
México
a
un
total
de
76
asilados
brasileños.
Embarque
de
asilados
políticos
para
México,
14
de
julio
de
1964.
APESP,
Fondo
Ultima
Hora,
referencia:
ICO_UH_033_058.
260
Entrevista
realizada
a
Estela
Scheinvar
por
Daniela
Morales
Muñoz,
7
de
abril
de
2015,
Río
de
Janeiro.
102
Embarque
de
asilados
políticos
para
México.
En
la
foto
aparece,
entre
otros,
Max
da
Costa
Santos,
Pedro
Toulois
Trampowski,
Helio
de
Almeida,
y
Oswaldo
Pacheco.
Río
de
Janeiro,
14
de
julio
de
1964.
APESP,
Fondo
Ultima
Hora.
Referencia:
ICO_UH_033_062.
Familiares
y
amigos
despiden
a
los
asilados
en
el
aeropuerto
del
Galeão
(RJ).
APESP,
Fondo
Ultima
Hora.
Referencia:
ICO_UH_033_056.
103
“Limpiar
la
pizarra”
El
primero
de
diciembre
de
1964
Gustavo
Díaz
Ordaz
tomó
posesión
como
presidente
de
México.
El
gobierno
de
Brasil
fue
invitado
a
la
ceremonia
de
transmisión
del
mando
como
una
“nueva
y
valiosa
demostración
de
la
amistad
que
felizmente
une
a
los
dos
países.”261
Un
mes
antes
del
cambio
de
gobierno
en
México,
corrían
rumores
en
los
círculos
políticos
brasileños
de
que
en
cuanto
Díaz
Ordaz
asumiera
el
poder,
México
nombraría
a
un
nuevo
embajador
en
Brasil.
En
función
de
ello
el
gobierno
brasileño
se
adelantó
y
nombró
a
Frank
de
Mendoça
Moscoso
como
nuevo
embajador
de
Brasil
en
México.262
El
optimismo
se
había
reforzado
con
la
salida,
a
finales
de
1964,
de
todos
los
asilados
políticos
de
la
embajada
de
México
en
Brasil.
Se
iniciaba
así
el
año
de
1965,
sin
asilados
en
la
embajada
y
con
miras
a
la
recomposición
de
la
relación
diplomática.
Los
cálculos
no
fallaron.
El
22
de
enero
de
1965
Díaz
Ordaz
nombró
oficialmente
a
Vicente
Sánchez
Gavito,
263
como
nuevo
embajador
de
México
en
Brasil,
quien
hasta
entonces
se
había
desempeñado
como
presidente
del
Consejo
de
la
OEA.
La
prensa
brasileña
destacó
que
con
la
designación
del
nuevo
embajador
se
cerraba
una
fase
de
creciente
enfriamiento
en
las
relaciones
diplomáticas
entre
los
dos
países,
“resultado
de
la
posición
mexicana
de
no
mantener,
habitualmente,
embajadores
junto
a
gobiernos
de
facto,
no
resultantes
de
elecciones”264
Entre
el
anuncio
del
nombramiento
y
la
llegada
–tres
meses
después–
a
Río
de
janeiro
del
nuevo
embajador
de
México,
el
encargado
de
negocios,
Roberto
de
Rosenzweig,
recibió
tres
nuevos
asilados
en
la
embajada
de
México.
261
Embajada
de
México
a
Itamaraty,
carta,
16
de
octubre
de
1964,
Notas
recibidas
por
Itamaraty
procedentes
de
la
Embajada
de
México1964–1965,
AHI–MRE.
262
Guillermo
Palacios,
op.
Cit.,
p.
304-‐305.
263El
nombramiento
de
Sánchez
Gavito,
un
diplomático
de
carrera
con
más
de
30
años
de
servicio
en
el
Servicio
Exterior
Mexicano,
que
además
venía
de
presidir
el
Consejo
de
la
OEA
fue
visto
como
una
excelente
señal
por
los
brasileños.
Jornal
do
Brasil,
21
de
enero
de
1965.
En
enero
de
1955
Sánchez
Gavito
había
recibido
la
condecoración
de
la
Orden
Nacional
del
“Cruzeiro
do
Sul”
que
en
el
grado
de
Gran
Oficial
le
confirió
el
gobierno
de
Brasil.
264
Correio
da
Manhá,
22
de
enero
de
1965.
104
Las
nuevas
solicitudes
de
asilo
provenían
de
personas
que
habían
sido
perseguidas
por
el
gobierno
militar
desde
los
primeros
días
de
abril
de
1964,
sus
nombres
figuraban
en
las
listas
de
diputados,
funcionarios
y
líderes
sindicales,
perseguidos
por
el
AI–1,
o
entre
los
sargentos
y
marineros
contra
los
que
después
del
golpe
se
abrieron
innumerables
procesos
judiciales
y
se
dictaron
órdenes
de
expulsión
de
las
fuerzas
armadas.
Todos
ellos
habían
permanecido
en
Brasil
de
manera
clandestina
o
habían
pasado
algún
periodo
en
la
cárcel
hasta
que
un
habeas
corpus
había
permitido
su
liberación
para
enfrentar
el
proceso
judicial
fuera
de
la
prisión.
Esa
era
la
razón
por
la
cual
personas
que
fueron
perseguidas
desde
los
primeros
días
del
régimen
militar
llegaron
a
solicitar
asilo
varios
meses
después
de
consumado
el
golpe.
La
primera
en
llegar
a
la
embajada
al
iniciar
el
año
fue
María
Ceáiles
Novares
Barreto,
una
joven
abogada
militante
de
las
Ligas
Camponesas
y
auxiliar
de
su
líder
más
destacado
y
diputado
federal,
Francisco
Julião,
quien
desde
junio
de
1964
se
encontraba
preso
en
una
cárcel
de
Recife
acusado
de
subversión,
el
mismo
cargo
por
el
que
se
perseguía
a
la
abogada
quien,
de
acuerdo
con
el
reporte
de
Rosenzweig,
había
permanecido
escondida
desde
el
primero
de
abril
de
1964
hasta
ese
día.
El
segundo
perseguido
político
en
ser
asilado
en
la
embajada
mexicana
al
iniciar
el
año
de
1965
fue
el
profesor
universitario
y
uno
de
los
fundadores
de
la
Organización
Revolucionaria
Marxista
–Política
Operaria
(ORM–POLOP) 265 ,
Ruy
Mauro
de
Araujo
Marini,
quien
había
estado
preso
acusado
de
subversión
entre
el
21
de
julio
y
septiembre
de
1964,
cuando
el
Supremo
Tribunal
Federal
(STF)
le
concedió
un
Habeas
Corpus
que
no
fue
respetado,
pues,
de
acuerdo
con
su
testimonio,
apenas
había
dejado
la
prisión
cuando
fue
secuestrado
por
la
Marina
y
entregado
al
Ejército
en
Brasilia
donde
se
había
abierto
otro
proceso
judicial
en
su
contra.
Estuvo
preso
nuevamente
hasta
diciembre
de
1964,
cuando
fue
beneficiado
por
un
nuevo
Habeas
Corpus
que,
esta
vez,
fue
respetado
porque
abandonó
Brasilia
y
permaneció
clandestino
hasta
mediados
de
enero
de
1965,
cuando
la
presión
policiaco–militar
265ORM–POLOP
fue
creada
en
1961
reuniendo
círculos
de
estudiantes
provenientes
de
organizaciones
de
orientación
socialista,
trotskista
y
de
disidentes
comunistas.
Después
de
1964
dio
origen
a
varias
organizaciones
armadas.
105
sobre
sus
compañeros
y
su
familia
se
incrementó
al
punto
de
obligar
a
uno
de
sus
hermanos
a
entrar
también
a
la
clandestinidad,
entonces
decidió
pedir
asilo
en
la
Embajada
de
México
en
Río
de
Janeiro.266
A
finales
de
febrero
Rosenzweig
asiló
al
segundo
sargento
reformado
del
Ejército,
José
Mendes
de
Sá
Roriz,
militante
comunista,
quien
apenas
el
10
de
enero
había
sido
puesto
en
libertad,
después
de
haber
pasado
seis
meses
en
prisión,
acusado
de
subversión.
Desde
el
presidio
de
la
Marina
en
la
Ilha
das
Cobras,
el
sargento
Mendes
de
Sá
Roriz,
mutilado
de
guerra,267
había
denunciado
que
en
las
cárceles
militares
y
de
la
policía
había
centenas
de
militares
y
civiles
que
habían
sido
presos
después
del
primero
de
abril,
entre
ellos,
“más
de
cien
sargentos
de
las
tres
armas
que,
como
yo,
sufrieron
y
continúan
sufriendo
palizas,
amenazas,
torturas
físicas
y
mentales
en
interminables
interrogatorios
que
se
suceden
madrugadas
enteras
para
que
denuncien
colegas
como
agentes
de
la
subversión
y
reclutadores,
sin
siquiera
explicar
de
qué.”268
El
21
de
abril
de
1965
Vicente
Sánchez
Gavito
presentó
sus
credenciales
como
nuevo
embajador
de
México
en
Brasil.
Con
su
llegada
las
relaciones
diplomáticas
entre
los
dos
países
volvían
a
la
normalidad,
sin
que
eso
significara
que
se
retomaran
los
niveles
crecientes
de
intercambio
comercial
que
habían
alcanzado
entre
1960
y
1964.
En
adelante,
como
explica
Guillermo
Palacios,
las
relaciones
bilaterales
entre
ambos
países
se
mantendrían
en
un
nivel
protocolar.
269
En
materia
de
asilo
político
el
nuevo
embajador
llegó
a
Río
de
Janeiro
con
la
misión
de
evitar
que
en
adelante
ningún
caso
de
asilo
diplomático
fuera
motivo
de
cualquier
tipo
de
roce
con
los
militares.
Esa
línea
que
ahora
establecía
el
gobierno
de
México
quedó
bastante
clara
desde
la
primera
reunión
que
Sánchez
Gavito
sostuvo
con
el
secretario
general
adjunto
para
Asuntos
Latinoamericanos
de
Itamaraty,
en
la
266Ruy
Mauro
Marini,
“Memoria”
en
Archivo
personal
de
Ruy
Mauro
Marini,
traducción
al
español,
Claudio
Colombani,
sitio
web:
http://www.mariniescritos.unam.mx/002_memoria_marini_esp.html
267
Sá
Roriz,
había
pertenecido
a
la
Fuerza
Expedicionaria
Brasileña
(FAB)
que
combatió
en
la
segunda
guerra
mundial.
268
Carta
enviada
por
José
Mendes
de
Sá
Roriz
al
diputado
Jamil
Hadad
y
publicada
por
el
Correio
da
106
que
expuso
que
para
poder
iniciar
en
condiciones
favorables
su
misión
en
Brasil,
le
parecía
indispensable
que
se
“limpiara
la
pizarra”.
270
En
adelante,
la
embajada
de
México
mantendría
su
tradicional
política
de
puertas
abiertas
en
materia
de
asilo,
siempre
y
cuando
no
se
comprometiera
en
nada
la
estabilidad
de
las
relaciones
diplomáticas
entre
los
dos
países.
En
palabras
del
propio
embajador,
la
política
a
seguir
sería
tratar
los
casos
de
asilo
de
forma
“cortés
y
amistosa”
y
“evitar
que
el
asilo
diplomático
se
convirtiera
en
causa
de
la
más
mínima
irritación
entre
los
dos
gobiernos.”271
A
los
pocos
días
de
haber
asumido
el
cargo,
Sánchez
Gavito
otorgó
el
primer
asilo
de
su
gestión
como
embajador
de
México
al
estudiante
venezolano
José
Jesús
Cremonesi,
un
joven
de
26
años,
estudiante
de
Derecho
y
militante
del
Frente
de
Liberación
Nacional
de
Venezuela
que
había
sido
detenido
por
el
DOPS
al
ingresar
a
territorio
brasileño,
donde
lo
mantuvieron
bajo
arresto
e
incomunicado
durante
47
días.
A
su
salida
denunció
ante
la
prensa
brasileña
las
torturas
de
las
que
había
sido
víctima
durante
su
secuestro,
motivo
por
el
cual
temía
ser
aprehendido
de
nuevo.
En
el
detallado
reporte
que
el
nuevo
embajador
remitió
a
la
SRE
sobre
el
caso
–el
primero
que
enviaba–,
se
informaba
que
el
joven
venezolano
se
encontraba
en
mal
estado
de
salud
por
los
golpes
que
había
recibido
durante
su
reclusión,
y
que,
incluso,
había
sido
necesario
proporcionarle
atención
médica
durante
su
estancia
en
esa
misión
diplomática.272
No
obstante,
pocos
días
después
de
su
llegada
a
Río
de
Janeiro
Sánchez
Gavito
también
recibió
el
primer
caso
de
asilo
que
ponía
en
peligro
la
“buena
relación”
de
la
embajada
de
México
con
el
gobierno
militar,
cuando
enviados
del
gobernador
depuesto
de
Pernambuco,
Miguel
Arraes,
lo
consultaron
sobre
la
posibilidad
de
que
se
le
otorgara
asilo
político
en
la
representación
mexicana.
270
Vicente
Sánchez
Gavito
a
Secretario
de
Relaciones
Exteriores,
Río
de
Janeiro,
28
de
mayo
de
1965,
expone
claramente
que
esa
fue
su
intención
en
materia
de
asilo
político
desde
que
asumió
como
representante
de
México
en
Brasil.
2
de
julio
de
1969,
Notas
recibidas
por
Itamaraty
procedentes
de
la
Embajada
de
México
1969,
AHI–MRE.
272
Vicente
Sánchez
Gavito
a
Relaciones
Exteriores,
abril
de
1965,
AHGE–SER,
exp.
2904–8
(III),
f.77.
107
Sánchez
Gavito
reaccionó
con
bastante
cautela
ante
la
eventual
petición
de
asilo
por
parte
del
gobernador
depuesto
Miguel
Arraes,
quien
había
estado
preso
desde
los
primeros
días
de
abril
de
1964
en
cárceles
militares
de
Recife
y
en
la
isla
Fernando
de
Noronha,
acusado
de
“actuar
a
favor
de
la
subversión
comunista.”273
Pocas
horas
después
de
su
liberación,
a
finales
de
abril
de
1965
gracias
a
un
amparo
concedido
por
el
STF,
Arraes
y
su
abogado,
el
legendario
Sobral
Pinto274,
enviaron,
en
la
madrugada
del
29
de
abril,
a
dos
hombres
a
la
residencia
del
embajador
mexicano
para
consultarle
“con
urgencia”
si
la
embajada
de
México
estaría
dispuesta
a
conceder
asilo
al
gobernador
depuesto,
en
caso
de
que
se
dictara
una
nueva
orden
de
aprehensión
en
su
contra.
El
embajador
se
negó
a
recibir
en
su
residencia
a
los
enviados
y
les
indicó
llevar
el
caso
ante
el
consejero
de
la
cancillería,
Roberto
de
Rosenzweig,
a
partir
de
las
nueve
de
la
mañana.
Los
enviados
consultaron
a
Rosenzweig
quien
a
su
vez
llevó
el
caso
al
embajador,
quien
mandó
como
respuesta
que
carecía
de
información
indispensable
para
contestar
esa
pregunta,
pero
que
estaba
dispuesto
a
reunirse
“a
solas”
con
el
abogado
defensor.275
Al
reportar
el
caso
a
Relaciones
Exteriores,
Sánchez
Gavito
consideró
que
“el
camino
fácil”
era
conceder
el
asilo
a
Miguel
Arraes,
toda
vez
que
realmente
“se
encontraba
en
peligro
de
ser
privado
de
su
libertad
por
razones
de
persecución
política”,
sin
embargo,
consideraba
que
el
caso
“traspasa
los
límites
usuales
de
los
casos
de
asilo”
porque
hasta
ese
momento
el
STF
había
logrado
que
se
respetara
el
amparo
concedido
al
ex
gobernador,
“a
pesar
de
las
maniobras
de
las
autoridades
militares.”
En
esa
circunstancia,
argumentaba
el
embajador,
si
se
concediera
el
asilo
al
273
Arraes
había
sido
electo
gobernador
de
Pernambuco
por
el
Partido
Social
Trabalhista
en
1963.
Sus
primeras
acciones
tuvieron
como
objetivo
ampliar
los
derechos
de
los
trabajadores
urbanos
y
rurales,
como
la
garantía
de
un
salario
mínimo
para
los
campesinos,
el
aumento
de
crédito
agrícola,
subsidios
a
artículos
de
primera
necesidad
o
la
distribución
de
medicinas
a
precios
populares.
Antes,
como
prefecto
de
la
ciudad
de
Recife,
tuvo
una
gestión
que
quedó
marcada
por
tener
un
gran
apoyo
popular.
Realizó
una
serie
de
mejorías
urbanas
y
se
destacó
por
la
implementación
del
Movimento
de
Cultura
Popular
(MCP)
que
tenía
como
objetivo
la
alfabetización
y
la
educación
política
de
jóvenes
y
adultos.
Por
esa
iniciativa
fue
señalado
como
comunista
y
su
nombre
apareció
en
la
primera
lista
de
funcionarios
depuestos
con
derechos
políticos
suspendidos.
274
El
jurista
y
abogado
Heráclito
Fontoura
Sobral
Pinto
fue
un
destacado
e
incansable
defensor
de
los
derechos
humanos
en
Brasil.
Durante
la
dictadura
militar
defendió
a
un
gran
número
de
presos
políticos,
como
lo
había
hecho
desde
la
dictadura
del
Estado
Novo
(1937–1945),
cuando,
entre
otras,
asumió
la
defensa
del
líder
histórico
del
PCB,
Luiz
Carlos
Prestes.
275Vicente
Sánchez
Gavito
a
Relaciones
Exteriores,
telegrama,
Río
de
Janeiro,
29
de
abril
de
1965,
108
gobernador
depuesto,
el
gobierno
de
México
estaría
reconociendo
la
incapacidad
del
STF
de
hacer
respetar
el
amparo
pues
“se
estaría
dando
un
golpe
a
la
causa
del
imperio
de
la
Ley
en
Brasil.”276
En
consecuencia,
anunciaba
a
Relaciones
Exteriores
su
determinación:
“negaré
el
asilo
en
caso
de
que
se
formalice
la
petición.”277
Relaciones
Exteriores
respaldó
la
decisión
de
Sánchez
Gavito
señalando
que
si
el
solicitante
estaba
bajo
la
protección
de
tribunales
“indudablemente”
que
éstos
darían
seguridades
al
mismo.
Por
otra
parte,
decían
estar
convencidos
de
que,
en
caso
de
formalizarse
la
petición
de
asilo,
el
embajador
resolvería
conforme
a
los
convenios
internacionales
y
a
la
política
mexicana
en
la
materia.278
El
de
Miguel
Arraes
no
era
un
caso
cualquiera.
Además
de
ser
una
figura
ampliamente
pública,
su
liberación
y
el
amparo
concedido
por
el
STF
había
intensificado
las
disputas
cada
vez
más
evidentes
entre
el
presidente
Castelo
Branco
y
la
“línea
dura”
de
la
coalición
golpista,
representada
en
el
ámbito
civil
en
la
figura
del
gobernador
de
Guanabara,
Carlos
Lacerda,
quien
criticó
fuertemente
la
liberación
de
Arraes
y
el
amparo
concedido
por
el
STF.
Diez
días
después
de
haber
consultado
a
la
embajada
de
México,
Miguel
Arraes
fue
nuevamente
detenido
durante
algunas
horas
y
posteriormente
liberado.
Permaneció
escondido
durante
una
semana
durante
la
cual,
según
informó
el
embajador
mexicano,
el
DOPS
mantuvo
estricta
vigilancia
sobre
la
embajada
de
Chile,
con
el
objeto
de
evitar
que
se
asilara,
y,
según
la
prensa,
la
vigilancia
también
se
habría
extendido
sobre
las
embajadas
de
Uruguay
y
de
México,
“aunque
menos
estrechamente”.
Por
lo
que
se
refiere
a
la
de
México,
Sánchez
Gavito
aseguró
no
haber
percibido
actividad
de
ninguna
especie
en
ese
sentido.
A
finales
de
mayo
la
prensa
anunció
que
la
Embajada
de
Argelia
había
solicitado
al
gobierno
brasileño
un
salvoconducto
para
sacar
del
país
al
gobernador
depuesto
de
Pernambuco,
Miguel
Arraes,
quien
se
encontraba
asilado
en
la
residencia
del
embajador
argelino.
276Ibid.
277Ibid.
278
Relaciones
Exteriores
a
Embjada
de
México,
telegrama,
3
de
mayo
de
1965.
AHGE–SRE,
exp.
2904–8
109
Superado
el
caso
de
Arraes,
el
embajador
se
dispuso
a
tramitar
la
salida
de
los
dos
asilados
políticos
que
tenía
en
la
embajada
y
fue
en
ese
contexto
que,
según
reportó
a
Relaciones
Exteriores,
se
dio
“la
primera
y
única”
alusión
que
un
funcionario
de
Itamaraty
le
hizo
de
manera
directa
en
relación
a
los
asilados
políticos.
La
escena
ocurrió
el
26
de
mayo
de
1965
en
el
aeropuerto
de
Río
de
Janeiro,
cuando
el
Canciller
de
Brasil,
Vasco
Leitão
da
Cunha
y
el
embajador
mexicano
se
disponían
a
abordar
un
avión
rumbo
a
Washington279
cuando
el
primero
le
espetó
con
ironía:
“ya
salen
tus
huéspedes.”280
La
frase
llamó
la
atención
del
embajador
mexicano
quien
envió
un
documento
a
la
Cancillería
en
México
en
el
que
consideró
necesario
dejar
constancia
de
que
él
no
había
tenido
intervención
alguna
en
la
tramitación
de
los
salvoconductos
y
solicitaba
que
en
el
expediente
personal
de
Roberto
de
Rosenzweig
Díaz
quedara
claro
“que
fue
él
quien
obtuvo
todos
los
salvoconductos”
de
las
noventa
personas
que
habían
obtenido
asilo
en
esa
embajada
entre
el
2
de
abril
de
1964
y
el
30
de
abril
de
1965,
incluyendo
los
de
los
últimos
asilados,
que
estaban
por
viajar
a
la
ciudad
de
México
el
30
de
mayo
de
1965.
Sánchez
Gavito
insistió
en
la
necesidad
de
reconocer
la
manera
en
la
que
Rosenzweig
Díaz
había
abordado
y
solucionado
los
casos
de
asilo
político,
y
de
hacer
una
“mención
muy
especial”
a
la
actuación
de
dicho
funcionario
desde
el
punto
de
vista
humanitario,
“ya
que
ha
puesto
de
manifiesto
compasión
y
un
espíritu
de
sacrificio
poco
comunes.”
Por
ejemplo,
destacó
el
embajador,
hospedó
en
su
casa
a
una
asilada,
y
durante
los
fines
de
semana,
compartió
con
el
personal
subalterno
el
servicio
de
guardia.
De
paso,
solicitaba
que
en
los
expedientes
de
los
cancilleres
Sergio
Martínez
y
Jorge
Schulte
se
hiciera
constar
que
durante
más
de
un
año
habían
atendido
el
servicio
de
referencia,
viéndose
obligados
a
trabajar
después
de
las
horas
de
oficina,
así
como
los
sábados,
domingos
y
días
de
fiesta.
279
El
ministro
se
dirigía
a
participar
en
la
reunión
de
Cancilleres
convocada
por
la
OEA
para
tratar
el
conflicto
que
se
atravesaba
en
República
Dominicana.
Correio
da
Manhá,
25
de
mayo
de
1965.
280Vicente
Sánchez
Gavito
a
Secretario
de
Relaciones
Exteriores,
Río
de
Janeiro,
28
de
mayo
de
1965,
110
El
mes
de
Junio
de
1965
inició
de
nuevo
con
la
embajada
vacía.
Sánchez
Gavito
iniciaba,
ahora
sí,
su
gestión
con
la
“pizarra
limpia”
y
no
sería
sino
hasta
tres
meses
después,
el
último
día
de
agosto,
cuando
se
registraría
un
nuevo
caso
de
asilo
concedido
al
segundo
sargento
del
Ejército
brasileño,
Luiz
Carlos
dos
Prazeres,
quien
había
sido
expulsado
del
Ejército
en
agosto
de
1964
y
recluido
nueve
meses
en
prisión
donde,
según
reportó
Sánchez
Gavito,
había
pasado
cuarenta
días
incomunicado
y
sufrido
torturas
físicas
por
no
haber
querido
denunciar
el
nombre
de
otros
sargentos
del
Ejército
que,
como
él,
habían
apoyado
el
movimiento
de
sargentos
en
Brasilia
en
1963.281
El
27
de
octubre
de
1965
el
gobierno
de
Castelo
Branco
emitió
el
Ato
Institucional
número
dos
(AI–2)
en
un
momento
en
el
que
la
crisis
entre
la
coalición
golpista,
integrada
por
civiles
y
militares,
había
alcanzado
su
mayor
auge,
particularmente
después
de
las
elecciones
de
octubre
de
ese
año.
El
AI–2
reinstauró
la
dinámica
de
estado
de
excepción
de
la
dictadura,
282
que
en
un
primer
momento
se
había
concebido
como
temporal.
Entre
otras
cosas,
determinó
las
elecciones
indirectas
para
presidente
de
la
República,
lo
que
significa
que
sólo
podrían
votar
los
integrantes
de
un
colegio
electoral
designado;
la
disolución
de
los
partidos
políticos
existentes
y
la
imposición
de
un
sistema
bipartidista;
se
reabrieron
procesos
de
casación
a
través
de
los
cuales
se
anulaban
mandatos,
y
el
poder
Judicial
sufrió
la
intervención
directa
del
poder
Ejecutivo,
por
lo
que
en
adelante
los
juicios
abiertos
a
los
opositores
del
régimen
dejaron
de
ser
competencia
de
la
justicia
civil.
Con
este
nuevo
decreto
el
régimen
de
excepción
avanzó
mucho
más
por
encima
de
la
Constitución
de
1946
y
la
represión
en
Brasil
se
revigorizó.
El
nuevo
decreto
trajo
nuevos
casos
de
asilo.
Al
día
siguiente
de
su
emisión,
el
28
de
octubre
de
1965,
el
embajador
Sánchez
Gavito
concedió
asilo
diplomático
a
Francisco
Julião,
líder
fundador
de
las
Ligas
Camponesas
que
después
de
haber
pasado
281
Sobre
la
revuelta
de
los
sargentos
ver
capítulo
II.
282
Daniel
Aarão
Reis
Filho,
Ditadura
e
democracia
no
Brasil:
do
golpe
de
1964
à
Constitução
de
1988,
Rio
111
dos
meses
en
la
clandestinidad
y
17
meses
en
prisión283
obtuvo
un
Habeas
corpus
gracias
a
la
defensa
del
abogado
Sobral
Pinto.
En
un
testimonio
que
escribió
durante
el
exilio,
Julião
narró
que
antes
de
acudir
a
la
embajada
mexicana
busco
ingresar
en
las
embajadas
de
Yugoslavia
y
de
Chile,
pero
éstas
se
negaron
a
recibirlo
porque
tenía
“olor
a
Cuba”,
asegura
Julião,
“
y
en
ese
tiempo,
oler
a
Cuba
era
oler
a
pólvora”.284
La
negativa
de
esas
dos
embajadas
demuestra
que
un
año
y
medio
después
del
golpe
de
estado
en
Brasil,
obtener
asilo
en
alguna
embajada
se
había
tornado
una
tarea
bastante
difícil.
Generalmente,
quienes
lo
obtenían
era
a
través
de
gestiones
y
negociaciones
que
sus
abogados
hacían
con
algún
diplomático
o
de
algún
contacto
que
intercedía
por
ellos
ante
algún
embajador.
En
el
caso
de
Julião,
fue
a
través
de
su
amigo,
el
reconocido
escritor
Antonio
Callado,
quien
consultó
al
embajador
Sánchez
Gavito
sobre
la
posibilidad
de
que
México
le
concediera
asilo
diplomático.
“Y
México
me
mandó
decir
inmediatamente
que
sus
puertas
estaban
abiertas
para
recibirme.
Todavía
guardo
en
la
memoria
las
palabras
del
embajador
Sánchez
Gavito,
que
fueron:
El
asilo
político
no
se
negocia,
se
hace.” 285
Además
de
esa
frase,
Julião
también
recordaría
siempre
el
“curioso”
comentario
con
la
que
Sánchez
Gavito
habría
intentado
expresar
su
conciencia
sobre
la
gravedad
de
la
coyuntura
política
brasileña:
“Mire,
dr.
Julião,
después
del
Acta
Institucional
No.
2
que
liquidó
totalmente
los
partidos
políticos
y
la
democracia
aquí
en
Brasil,
si
un
perro
acude
a
la
embajada
de
México
para
pedir
asilo,
yo
se
lo
daré.”286
El
29
de
octubre
la
embajada
mexicana
otorgó
asilo
al
Padre
Francisco
Lage,
sacerdote
católico
y
diputado
suplente
del
PTB
que
antes
del
golpe
había
trabajado
activamente
en
la
organizador
de
sindicatos
rurales.
Un
día
antes,
el
padre
había
sido
condenado
por
un
Tribunal
Militar
a
28
años
de
prisión
por
delitos
políticos
después
283
En
ese
periodo
de
prisión
Julião
escribió
Até
quarta,
Isabela!,
una
carta
dirigida
a
su
hija
recién
nacida
a
la
que
no
había
conocido.
Francisco
Julião,
Até
quarta,
Isabela!,
Recife,
editora
Guararapes,
2ª,
1979.
284
Francisco
Julião,
“Esperança
é
meu
signo”,
en
Pedro
Celso
Uchôa
Cavalcanti
y
Jovelino
Ramos
(Orgs.),
Memorias do exílio. Brasil 1964–19?? De muitos caminos, vol. 1, São Paulo, Livramento, 1978, p. 290
285
Ibid.
286
Cláudio
Aguiar,
Francisco
Julião.
Uma
biografía,
Rio
de
Janeiro,
Civiliazção
Brasileira,
2014,
p.
673.
112
de
haber
pasado
un
año
en
prisión.
Antes
de
conseguir
asilo
en
la
embajada
de
México,
había
recorrido
sin
éxito
las
embajadas
de
Chile,
Perú
y
Bolivia.287
En
noviembre
de
1965
Sánchez
Gavito
otorgó
asiló
a
otros
seis
perseguidos
políticos,
entre
ellos,
el
ex
secretario
particular
de
Jango,
Eugenio
Caillard,288 ,
el
estudiante
de
ingeniería
Augusto
Colombani,
el
joven
mecánico
de
origen
español,
Antonio
Quiñones
Peiri,
el
líder
obrero
y
ex
diputado,
Sinval
de
Oliveira
Bambirra
y
los
sargentos
del
Ejército,
João
Barbosa
do
Nascimento,
y
de
aeronáutica,
Mauro
Ribeiro
Alves.
Ese
grupo
de
asilados
pasó
cerca
de
dos
meses
viviendo
en
la
sede
del
consulado
de
México,
esperando
la
emisión
del
salvoconducto.
Julião
se
refiere
en
su
testimonio
a
esa
experiencia:
Vivíamos
todos
muy
apretados,
en
dos
cuartos
pequeños
donde
debíamos
permanecer
hasta
las
dos
horas
de
la
tarde,
cuando
terminaba
el
horario
de
trabajo
del
Consulado.
Nuestra
permanencia
duró
ahí
dos
meses
interminables!
Era
como
si
fuésemos
prisioneros
sin
la
disciplina
rígida
ni
el
toque
de
cornetas
de
los
cuarteles,
pues
la
comunicación
con
el
mundo
exterior
era
difícil
y
las
visitas
familiares
se
hacían
sólo
una
vez
por
semana.289
Pero
sin
duda,
lo
que
marcó
la
experiencia
de
este
grupo
de
asilados
en
la
representación
mexicana
fue
el
suicidio
del
ex
secretario
particular
de
João
Goulart,
Eugenio
Caillard,
cometido
en
el
departamento
del
Consulado
el
12
de
noviembre
de
1965,
episodio
que
Julião
también
narró
en
diferentes
testimonios.
Él
Tenía
altos
y
bajos,
había
días
u
horas
en
las
que
estaba
eufórico
y
de
repente
caía
en
una
depresión
feroz.
El
padre
Lage
y
yo
mantuvimos
con
él
una
larga
conversación
sobre
suicidio
porque
él
abordó
el
tema…
Aquella
noche
Caillard
pidió
que
no
lo
despertaran
para
el
desayuno:
“me
dejan
dormir
hasta
que
mate
el
sueño.”
Esa
misma
287
Denise
Rollemberg,
op.
Cit.,
p.
66.
288
Caillard
había
sido
asilado
en
la
embajada
de
México
y
trasladado
a
México
en
julio
de
1964.
En
febrero
de
1965
había
regresado
a
Brasil
de
manera
clandestina
vía
Uruguay.
Sánchez
Gavito
dudó
que
su
asilo
procediera,
pero
finalmente
se
lo
otorgó.
289
Francisco
Julião,
“Esperança
é
meu
signo”,
op.
Cit.,
p.
291.
113
noche
tomó
una
dosis
excesiva
de
comprimidos
que
cargaba
consigo,
adquiridos
en
París.
Bastaba
uno
de
esos
para
dormir
todo
el
día.
El
sujeto
tomó
todo
el
contenido
del
frasco,
unos
30
o
40
comprimidos.
Al
día
siguiente,
a
las
nueve
o
diez,
al
final
de
cuentas
fui
a
despertarlo.
Estaba
con
una
mano
en
la
cabeza
y
una
pierna
levantada.
Miré
bien
y
percibí
que
no
respiraba.
Llamé
al
padre
Lage:
“ven
aquí,
despierta
a
Eugenio!”
Cuando
el
padre
llegó
vio
que
los
dedos
estaban
morados:
“está
muerto.”
Ahí
dimos
la
alarma.
Se
mató.
No
resistió
la
angustia.”290
En
el
informe
que
Sánchez
Gavito
envió
a
la
SRE
sobre
lo
sucedido,
confirmó
que
se
había
tratado
de
un
suicidio,
sin
embargo,
detalló
que
se
habían
dado
“circunstancias
extrañas”
en
torno
a
ese
fallecimiento,
entre
ellas,
que
la
viuda
de
Eugenio
Caillard
había
recibido
la
indicación,
por
parte
del
comisario
que
fue
enviado
por
el
gobierno
militar
para
atender
el
caso,
de
conseguir
un
médico
que
emitiera
un
certificado
de
defunción
donde
se
registrara
que
el
motivo
del
fallecimiento
habían
sido
“causas
naturales”
y
no
suicidio.291
Como
había
previsto
el
embajador,
el
suicidio
de
Caillard
aceleró
la
emisión
de
los
salvoconductos.
Seis
de
los
siete
asilados
que
se
encontraban
en
la
representación
mexicana
volaron
a
la
ciudad
de
México
el
30
de
diciembre
de
1965.
En
la
embajada
sólo
permaneció
el
sargento
Mauro
Ribeiro
Alves,
quién
esperó
tres
meses
más
para
obtener
el
salvoconducto
que
le
permitió
viajar
a
México
el
primero
de
marzo
de
1966.
En
junio
de
1966,
cuando
los
militares
cumplían
ya
dos
años
en
el
poder,
la
Justicia
Militar
dictó
sentencia
a
cerca
de
280
subalternos
de
la
Marina
que,
según
la
Auditoría
de
esa
institución,
habían
estado
vinculados
a
la
AMFNB
y
a
los
acontecimientos
que
esa
asociación
protagonizó
en
marzo
de
1964.292
Esos
y
otros
800
subalternos
de
la
Marina
habían
sido
previamente
excluidos
de
la
institución
desde
octubre
de
1964,
ahora
tendrían
que
cumplir
una
sentencia
en
la
cárcel.
290
“Entrevista
con
Julião.
Prisión,
fuga,
exílio”
en
O
Pasquim,
No.
498,
año
1,
Rio
de
Janeiro,
18
de
enero
de
1979,
pp.10–16.
291
Vicente
Sánchez
Gavito
a
Relaciones,
telegrama,
Río
de
Janeiro,
16
de
noviembre
de
1965,
AHGE–
114
En
ese
contexto,
solicitaron
asilo
en
la
embajada
mexicana
tres
nuevos
ex
sargentos
de
la
Marina:
Adelzito
Bezerra
Cordeira,
Edilton
Swarovski
y
Paulo
Alves
Conserva.
Este
último,
que
había
pasado
ya
varios
meses
de
prisión
y
recientemente
enfrentaba
su
proceso
en
libertad,
fue
condenado
a
nueve
años
y
seis
meses
de
prisión
por
haber
participado
en
la
organización
de
la
histórica
asamblea
de
los
marineros
y
fusileros
navales
en
el
Sindicato
de
los
Metalúrigos
y
narra
así
su
ingreso
a
la
embajada
de
México:
Cuando
en
junio
de
1966
sentí
nuevamente
amenazada
mi
libertad
recordé
que
centenas
y
centenas
de
brasileños
–tal
vez
miles–
ya
habían
partido
para
el
exterior
gracias
al
refugio
en
diversas
embajadas
y
consulados…
El
26
de
junio
de
1966,
entré
discretamente
en
el
edificio
de
Playa
de
Flamengo,
en
uno
de
cuyos
andares
funcionaba
la
Embajada
de
los
Estados
Unidos
Mexicanos,
dije
“buen
día”
a
dos
elementos
jóvenes,
elegantemente
vestidos
que,
no
dudo,
podrán
ser
agentes
de
la
represión,
frente
a
los
cuales
pasé
aparentemente
desapercibido.
Subí
la
escalera
midiendo
bien
los
pasos,
evitando
la
larga
espera
del
elevador,
y
en
el
segundo
piso
arranqué
como
una
bala
sintiendo
la
sombra
de
alguien
a
mis
espaldas.
Rápidamente
llegué
al
tercer
piso…
apreté
la
campanilla
desesperadamente
porque
aquellos
segundos
significaban
para
mi
la
libertad,
la
prisión
o
la
propia
vida.
Confieso
que
en
aquél
instante
sentí
una
sensación
de
miedo
mezclada
con
la
última
gota
de
esperanza.
Del
otro
lado,
con
una
tranquilidad
franciscana,
oí
a
alguien
que,
espiándome
sin
que
yo
lo
viese,
me
preguntaba
qué
cosa
deseaba.
–Asilo
político,
señor…
y
como
si
fuese
obra
de
milagro,
la
gran
puerta
fue
abierta
por
el
portero
de
la
embajada…293
En
agosto
de
1966
la
embajada
también
concedió
asilo
al
estudiante
universitario
y
periodista,
militante
del
Partido
Operario
Revolucionario
Trotskista
(PORT),294Raimundo
Corrêa
de
Oliveira
Cavalcanti,
quien
después
de
haber
pasado
un
293
Paulo
Conserva,
Navegando
no
exílio:
memorias
de
um
marinheiro,
Paraiba,
Empresas
Gráficas
do
115
año
y
dos
meses
en
prisión
y
liberado
recientemente
por
un
Habeas
Corpus
acababa
de
ser
condenado
a
5
años
y
seis
meses
de
prisión.
Los
tres
ex
sargentos
y
el
estudiante
obtuvieron
su
salvoconducto
el
22
de
agosto
y
al
día
siguiente
viajaron
a
México.
A
finales
de
ese
mes
el
estudiante,
Adão
Fagundes
de
Aquino
fue
asilado
en
la
embajada
de
México,
pero
tres
días
después
desistió
voluntariamente
del
mismo
y
abandonó
la
embajada.
Antes
de
concluir
el
año,
el
26
de
diciembre
de
1966,
el
embajador
otorgó
el
último
asilo
de
ese
año
al
dirigente
de
AP,
Hebert
José
de
Souza,
mejor
conocido
como
“Betinho”,
quien
diez
días
después
también
desistió
del
beneficio
y
salió
de
la
embajada.
Entre
abril
de
1965
y
diciembre
de
1966
Sánchez
Gavito
había
concedido
asilo
diplomático
a
16
personas,
de
las
cuales,
13
fueron
trasladadas
a
México,
como
lo
habían
hecho
antes
otras
79
personas
que
habían
pasado
por
la
embajada
en
los
meses
inmediatamente
posteriores
al
golpe.
Siguiendo
la
línea
que
se
propuso
desde
su
llegada
a
Rio
de
Janeiro,
ningún
caso
de
asilo
había
puesto
en
peligro
la
relación
diplomática
con
Brasil,
y
las
gestiones
de
los
salvoconductos
transcurrieron
sin
sobresaltos.
En
total,
entre
el
primero
de
abril
de
1964
y
diciembre
de
1966,
104
personas
fueron
asiladas
en
la
embajada
de
México,
de
las
cuales,
92
fueron
trasladadas
a
la
capital
del
país
en
vuelos
comerciales
de
la
empresa
brasileña
Varig
proporcionados
por
el
gobierno
mexicano,
pues
la
mayoría
de
ellos
había
declarado
carecer
de
recursos
económicos
para
cubrir
el
costo
del
pasaje.
Según
Gaspari,
entre
1964
y
1966
pasaron
por
las
embajadas
latinoamericanas
de
Río
de
Janeiro
y
por
la
embajada
de
Yugoslavia,
la
única
que
funcionaba
en
Brasilia,
cerca
de
500
asilados
políticos,
lo
que
significaría
que
México
recibió
a
una
quinta
parte
de
quienes
en
esos
años
optaron
por
la
vía
del
asilo
diplomático.
Muchos
otros
miles
que
salieron
al
exilio
en
esos
años
habían
atravesado
las
fronteras
del
sur
buscando
protección
en
los
países
vecinos.295
295
Elio
Gaspari,
op.
Cit.,
p.
132.
116
En
México
A
pesar
de
que
probablemente
México
fue
el
país
que
más
asilados
logró
sacar
de
Brasil
a
través
de
su
embajada
durante
los
primeros
años
del
régimen
militar,
éste
recibió
en
su
territorio
apenas
a
un
centenar
de
los
cientos
o
quizá
miles
exiliados
brasileños
que
salieron
de
su
país
entre
1964
y
1966.
En
esos
años,
que
también
fueron
los
primeros
del
exilio,
fue
Uruguay,
específicamente
Montevideo,
la
ciudad
que
pocos
meses
después
del
golpe
se
convirtió
en
el
principal
polo
de
concentración
del
exilio
brasileño296
al
recibir
en
su
territorio
a
cientos
de
exiliados
que,
en
su
mayoría,
llegaron
atravesando
la
frontera
que
divide
a
ese
país
con
el
estado
brasileño
de
Río
Grande
do
Sul,
297
entre
ellos,
como
ya
se
mencionó,
el
presidente
derrocado
João
Goulart,
y
el
líder
más
importante
de
la
izquierda
nacionalista
brasileña,
Leonel
Brizola.
La
generación
64,
que
se
asiló
en
México
entre
1964
y
1966,
fue
el
grupo
más
numeroso
de
exiliados
brasileños
que
ingresó
a
México
bajo
la
calidad
migratoria
de
asilados
políticos
durante
los
21
años
que
se
mantuvo
vigente
el
régimen
militar.
Todos
ingresaron
a
través
del
asilo
diplomático
en
la
embajada
de
México
en
Río
de
Janeiro
y
después
fueron
trasladados
a
la
ciudad
de
México
donde
recibieron
asilo
territorial.
A
diferencia
de
otras
experiencias
de
asilo
diplomático
que
se
registraron
años
más
tarde
en
las
representaciones
diplomáticas
de
otros
países
del
Cono
Sur,
la
de
Brasil
no
incluyó
núcleos
familiares.
El
asilo
se
otorgaba
exclusivamente
a
la
persona
que
demostraba
ser
perseguida
por
razones
políticas
y
una
vez
que
éstas
eran
trasladadas
a
México
sus
familiares
podían
acompañarlas
e
ingresar
con
ellas
al
país
bajo
la
calidad
migratoria
de
asilados
políticos,
pero
éstos
no
eran
asilados
en
la
296
Denise
Rollemberg,
op.
Cit.,
p.
50.
297
Según
Teresa
Cristina
Schneider
no
es
posible
establecer
un
número
exacto
de
brasileños
exiliados
en
Uruguay
durante
la
dictadura
militar,
pues
muchos
de
ellos
salieron
del
país
constantemente
y,
además,
no
existe
un
registro
legal
de
los
que
salieron
a
través
de
la
embajada
uruguaya
en
Rio
de
Janeiro
o
de
los
que
ingresaron
por
otras
vías.
No
obstante,
algunas
fuentes
consultadas
por
ella
señalan
un
número
aproximado
de
brasileños
exiliados
en
Uruguay
durante
el
primer
año
de
exilio
político,
pero
los
datos
presentados
son
muy
divergentes,
pues
mientras
versiones
de
antiguos
exiliados
aseguran
que
había
cerca
de
mil
brasileños
en
Montevideo,
el
semanario
uruguayo
Marcha
reportaba
la
presencia
de
aproximadamente
la
mitad.
Teresa
Cristina
Schneider
Márques,
op.
Cit.,
p.
24.
117
embajada
y
los
gastos
de
su
traslado
debían
correr
por
cuenta
de
los
propios
familiares.
En
este
primer
grupo
de
asilados
brasileños
que
ingresó
a
la
embajada
solo
hubo
dos
casos
en
los
que
tanto
el
hombre
como
la
mujer
de
dos
matrimonios
pudieron
probar
que
ambos
eran
perseguidos
políticos
y
pudieron
ingresar
juntos
a
la
representación
diplomática.298
La
gran
mayoría
–alrededor
de
80–
de
este
grupo
de
asilados
ingresó
entre
mayo
y
diciembre
de
1964,
los
últimos
meses
de
gobierno
de
Adolfo
López
Mateos.
El
resto
–unos
veinte–
lo
hizo
en
el
transcurso
de
los
dos
años
siguientes
que
fueron
los
primeros
del
gobierno
de
Gustavo
Díaz
Ordaz.
Si
algo
marcó
una
diferencia
entre
estos
dos
grupos
de
asilados
fue
que,
mientras
para
la
mayoría
de
los
que
ingresaron
en
1964
el
paso
por
México
fue
una
experiencia
transitoria,
de
sólo
unos
cuantos
meses,
la
mayoría
de
los
que
fueron
asilados
entre
1965
y
1966
decidieron
establecerse
en
el
país.
El
grupo
que
llegó
en
1964.
El
primer
grupo
de
82
personas299
que
ingresó
a
México
entre
el
26
de
mayo
y
el
21
de
diciembre
de
1964
venía
de
una
larga
y
difícil
experiencia
de
asilo
diplomático
en
Río
de
Janeiro.
Como
se
mencionó
anteriormente,
ese
grupo
se
había
dividió
en
dos
frentes
que
mantuvieron
una
fuerte
confrontación
durante
su
estancia
en
la
representación
mexicana:
por
un
lado,
el
que
integraron
los
dirigentes
sindicales
y
militantes
del
PCB
que
tenían
una
postura
moderada
frente
a
lo
que
había
que
hacer
para
enfrentar
a
los
militares
en
el
poder,
y
por
otro,
el
grupo
de
los
marineros
de
la
AMFNB
que,
apoyados
por
el
padre
Alípio
de
Freitas
(AP)
y
el
diputado
del
FPN,
Max
da
Costa
Santos,
intentaban
organizar
ahí
mismo
la
resistencia
armada
para
revocar
el
298
Fue
hasta
1974
cuando
una
nueva
Ley
General
de
Población
extendió
el
beneficio
de
la
protección
a
familiares
de
asilados,
incluyendo
el
traslado
de
los
mismos
a
México.
299
Se
trataba
de
las
76
personas
que
estuvieron
asiladas
en
la
embajada
de
México
en
Río
de
Janeiro,
más
otras
seis
personas
que
viajaron
con
ellos:
tres
esposas
y
tres
hijos
de
asilados,
que
ingresaron
a
México
bajo
la
calidad
migratoria
de
asilados
políticos.
118
golpe
de
estado.
Al
parecer,
aquellas
tensiones
que
se
vivieron
en
la
embajada
amainaron
en
cuanto
los
asilados
fueron
siendo
trasladados
a
México.300
Antes
de
abandonar
la
embajada,
algunos
de
los
asilados
entregaron
cartas
donde
expresaban
una
profunda
gratitud
al
gobierno
de
México
y
al
encargado
de
negocios,
Roberto
de
Rosenzweig,
por
la
hospitalidad
que
les
habían
dado.
Algunos
de
ellos,
también
se
disculpaban
por
los
problemas
que
pudieron
haber
ocasionado
durante
su
estancia,
en
clara
alusión
a
la
confrontación
que
se
había
dado
entre
los
asilados,
y
prometían
que
en
México
tendrían
un
comportamiento
ejemplar.
“A
esa
hospitalidad,
señor
Encargado
de
Negocios,
sabré
responder
con
mi
más
dedicado
respeto
a
las
leyes,
a
las
costumbres
y
a
las
tradiciones
del
pueblo
mexicano,”
se
leía
en
una
de
ellas.301
Los
primeros
asilados
aterrizaron
en
México
entre
el
25
y
el
28
de
mayo,
cuando
se
vivían
los
días
más
complicados
de
la
crisis
diplomática
que
atravesaron
México
y
Brasil
en
los
días
posteriores
al
golpe.
En
el
aeropuerto,
los
asilados
de
un
primer
grupo
fueron
abordados
por
reporteros
que
intentaron
obtener
alguna
declaración
sobre
la
situación
que
prevalecía
en
Brasil,
sin
embargo,
uno
de
ellos
rebeló
que
se
habían
comprometido
con
la
embajada
a
no
hacer
ninguna
declaración
de
tipo
político
y,
en
cumplimiento
de
ese
compromiso,
se
abstenían
de
hacer
cualquier
comentario.
302
Por
separado,
los
asilados
del
segundo
grupo
agregaron
que
ese
compromiso
lo
habían
adquirido
en
el
momento
de
obtener
el
salvoconducto.303
Los
asilados,
acataron
la
indicación304porque
fueron
convencidos
de
que
el
silencio
era
parte
de
su
nueva
condición
migratoria305,
lo
que
es
claramente
contrario
300
Rodolfo
Konder,
Cassados
e
Caçados,
São
Paulo,
RG
editores,
2007,
p.
10.
301
Carta
del
asilado
Guildo
Guerra
a
Roberto
de
Rosenzweig,
Río
de
Janeiro,
17
de
junio
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
2904–8
(I),
f.
586.
302
Novedades
y
Excélsior,
México,
D.F.,
26
de
mayo
de
1964.
303
Excélsior,
México,
D.F.,
29
de
mayo
de
1964.
304
Los
brasileños
de
1964
no
eran
los
primeros
asilados
a
los
que
se
les
prohibía
hacer
referencias
políticas
sobre
lo
que
sucedía
en
su
país,
existe
cuando
menos
un
antecedente
cuando,
entre
1944
y
1954,
a
los
asilados
guatemaltecos
en
México
se
les
prohibió
participar
en
actividades
de
carácter
político,
en
especial,
labores
relacionadas
con
el
gobierno
de
su
nación.
Ver
Guadalupe
Rodríguez
de
Ita,
La
política
mexicana
de
asilo
diplomático
a
la
luz
del
caso
guatemalteco
(1944–1954),
México,
Instituto
Mora–SRE,
2003,
p.
85.
305
Entrevista
realizada
a
Víctor
Medeiros
do
Paço
por
Daniela
Morales
Muñoz,
19
de
mayo
de
2015
en
119
a
lo
que
establece
el
artículo
VII
de
la
Convención
sobre
Asilo
Territorial,
en
el
que
se
establece
que:
La
libertad
de
expresión
del
pensamiento
que
el
derecho
interno
reconoce
a
todos
los
habitantes
de
un
Estado
no
puede
ser
motivo
de
reclamación
por
otro
Estado
basándose
en
conceptos
que
contra
éste
o
su
gobierno
expresen
públicamente
los
asilados
o
refugiados,
salvo
el
caso
de
que
esos
conceptos
constituyan
propaganda
sistemática
por
medio
de
la
cual
se
incite
al
empleo
de
la
fuerza
o
de
la
violencia
contra
el
gobierno
del
Estado
reclamante.306
Ante
esta
situación,
cabe
preguntarse
si
la
indicación
de
no
hablar
ante
la
prensa
sobre
la
situación
que
se
vivía
en
Brasil,
era
parte
de
una
estrategia
que
el
gobierno
de
México
siguió
para
evitar
que
la
crisis
diplomática
entre
México
y
Brasil
se
profundizara
y
llegara
al
extremo
del
rompimiento.
Recordemos
que
en
la
misma
tónica
durante
la
negociación
de
los
salvoconductos,
el
gobierno
mexicano
ya
había
hecho
otras
concesiones
importantes
al
gobierno
militar,
como
retirar
los
pasaportes
a
los
asilados
antes
de
que
abandonaran
el
país
para
entregarlos
al
Itamaraty,
y
desistir
de
su
intención
inicial
de
trasladar
directamente
a
otros
países
a
los
asilados
que
así
lo
prefirieran.307
Es
muy
probable
que
así
haya
sido
y
que
Adolfo
López
Mateos
en
sus
últimos
meses
de
gobierno
haya
preferido
dejar
en
manos
del
gobierno
entrante,
encabezado
por
Gustavo
Díaz
Ordaz,
las
decisiones
de
lo
que
se
haría
frente
al
caso
brasileño.
Al
ingresar
a
México,
los
asilados
adquirían
la
calidad
migratoria
de
no
inmigrante,308
lo
que,
de
acuerdo
con
el
artículo
50,
fracción
IV
de
la
Ley
General
de
306
Conferencia
Interamericana,
10ª,
Caracas,
1954,
Convención
sobre
asilo
territorial,
Departamento
de
Asilo
Diplomático
de
1954,
donde
se
establece
que
el
Estado
territorial
no
puede
determinar
el
país
destino
de
los
asilados.
308
En
la
Ley
General
de
Población
de
1947
los
extranjeros
que
entraban
al
país
se
clasificaban
según
su
calidad
migratoria
como
inmigrantes
o
no
inmigrantes.
En
el
último
grupo,
donde
se
incluían
a
los
que
estaría
en
México
de
manera
temporal,
se
incluía
a
las
personas
que
solicitaban
su
ingreso
al
país
con
la
finalidad
de
proteger
su
libertad
o
su
vida
de
persecuciones
políticas.
Ver
Guadalupe
Rodríguez
de
Ita,
op.
Cit.,
p.
84.
120
Población
de
1947,
no
les
concedía
los
derechos
de
residencia
y,
en
consecuencia,
no
podían
llegar
a
adquirir
la
calidad
de
inmigrados.
La
SG
quedaba
a
cargo
de
evaluar
la
situación
de
cada
asilado
y
determinar
si
concedía
un
permiso
para
permanecer
en
el
país.
La
mayoría
de
los
asilados
había
declarado
carecer
de
recursos
económicos
para
mantenerse
en
el
país
más
allá
de
unos
cuantos
días,
309
en
función
de
ello,
el
gobierno
mexicano
les
garantizó
cubrir
los
gastos
de
hospedaje
y
alimentación
durante
un
periodo
de
15
días,
tiempo
límite
durante
el
cual
tendrían
que
encontrar
un
empleo
para
sustentar
su
estancia
en
el
país.
Ese
plazo
después
se
extendió
a
un
mes,
cuando
los
asilados
expusieron
ante
las
autoridades
las
enormes
dificultades
que
estaban
enfrentando
para
encontrar
empleo
en
un
plazo
tan
corto
y
en
un
país
donde
la
mayoría
carecía
de
contactos.310
En
algunos
casos,
esa
ayuda
incluso
se
prolongó
hasta
tres
meses.311
Los
asilados
fueron
distribuidos
en
hoteles
ubicados
en
el
centro
de
la
ciudad
de
México
y
todos
los
días
se
reunían
en
la
cocina
de
Blanquita,
ubicada
en
la
calle
5
de
mayo,
donde
el
gobierno
mexicano
les
garantizó
una
pensión
para
recibir
sus
alimentos.
Algunos
empezaron
a
buscar
trabajo
de
manera
inmediata
pero
muchos
otros
no
se
resignaban
con
la
idea
de
empezar
una
“nueva
vida”
en
México.
Como
suele
ocurrir
en
casi
todas
las
experiencias
de
exilio,
los
brasileños
salieron
de
su
país
pensando
que
el
exilio
sería
corto,
como
recuerda
el
ingeniero
petrolero
Víctor
Medeiros
do
Paço:
“llegué
a
México
en
mayo
y
pensaba
que
para
diciembre
ya
estaríamos
de
regreso,
otros
que
no
eran
tan
optimistas
creían
que
estarían
de
regreso
para
el
carnaval,
¡y
nos
quedamos
allá
21
años!”312
Desde
el
punto
de
vista
psicológico,
tampoco
debió
haber
sido
fácil
para
un
grupo
de
asilados
conformado
por
importantes
dirigentes
sindicales,
militantes
309
Rosenzweig
a
Relaciones,
telegrama,
Río
de
Janeiro,
19
de
mayo
de
1964.
AHGE–SER,
exp.
II–2904–8
(I).
310
Memorándum
para
información
del
C.
Subsecretario,
México,
D.F.,
s/f.
AHGE–SRE,
exp.
II–2904–8
(I).
311
En
su
testimonio
Víctor
Medeiros
dice
que
hubo
quien
recibió
esa
ayuda
hasta
por
tres
meses.
dictadura
por
haber
sido
parte
de
un
grupo
en
una
refinería
de
Petrobrás
que
intentó
adulterar
la
gasolina
que
usarían
los
militares
el
día
del
golpe.
Entrevista
a
Víctor
Medeiros
do
Paço,
op.
Cit.
121
comunistas,
ex
diputados
y
ex
militares
–de
alto
y
bajo
rango–
que
en
los
últimos
años
habían
tenido
un
papel
central
en
la
vida
política
de
Brasil,
verse
de
pronto
en
un
país
lejano
donde
lo
único
que
se
les
presentaba
de
frente
era
la
necesidad
de
renunciar
a
la
lucha
política
para
dedicarse
a
buscar
la
forma
de
sobrevivir.
Habría
que
recordar
además
que
en
México
la
Constitución
de
1917
excluyó
a
los
extranjeros
de
derechos
políticos:
el
artículo
8º
les
niega
el
derecho
de
petición
en
materia
política,
el
9º
establece
que
el
derecho
de
asociación
o
reunión
política
no
es
aplicable
a
los
extranjeros,
el
33
les
prohíbe
inmiscuirse
en
los
asuntos
políticos
del
país
y
da
la
faculta
exclusiva
al
Ejecutivo
de
hacer
abandonar
el
territorio
nacional,
inmediatamente
y
sin
necesidad
de
juicio
previo,
a
todo
extranjero
cuya
permanencia
juzgue
inconveniente,
el
artículo
27
limita
su
derecho
a
adquirir
bienes
inmuebles,
el
11
subordina
la
libertad
de
tránsito
a
las
limitaciones
“que
impongan”
las
leyes
migratorias
“y
salubridad
general
de
la
República,
o
sobre
extranjeros
perniciosos
residentes
en
el
país”,
y
el
32
da
preferencia
a
los
mexicanos
sobre
los
extranjeros
en
materia
de
“toda
clase
de
concesiones”
y
para
desempeñar
“empleos,
cargos
o
comisiones
del
gobierno.313
Una
vez
en
México,
una
parte
de
los
asilados
brasileños
se
organizó.
En
junio
de
1964,
el
grupo
de
dirigentes
sindicales,
entre
los
que
había
una
fuerte
militancia
comunista,
fundó
la
Organização
dos
Sindicalistas
Exilados
no
México
(OSEM)
que
poco
tiempo
después,
con
la
llegada
a
México
de
otros
asilados,
fue
rebautizada
como
Organização
dos
Exilados
Brasileiros
no
México
(OEBM),
donde
se
agruparon
fundamentalmente
los
militantes
y
simpatizantes
del
PCB.
El
grupo
de
marineros
y
fusileros
navales
que
había
llegado
a
México
entre
el
grupo
de
asilados,
no
participó
en
esa
organización.314
En
el
acta
constitutiva,
redactada
en
agosto
de
1964,
la
OEBM
se
presentaba
como
una
entidad
que
tenía
como
objetivos
principales
mantener
el
contacto
entre
los
brasileños
asilados
en
México,
organizarse
“inmediatamente”
para
facilitar
la
313
Mónica
Palma,
De
tierras
extrañas,
op.
Cit.,
p.
58.
314
José
Duarte,
APESP,
fundo:
Ordem
Social,
50–D–7–383,
depoimento
de
José
Duarte,
em
21
de
febrero
122
solidaridad
entre
ellos
y
abrir
un
espacio
para
el
intercambio
de
información
sobre
Brasil
y
México,
a
fin
de
poderse
“orientar
mejor.”
315
En
un
primer
acto
público,
la
OEBM
colocó
una
ofrenda
floral
en
el
monumento
a
la
Independencia
para
expresar
su
agradecimiento
al
gobierno
y
al
pueblo
de
México
por
la
hospitalidad
que
les
seguían
brindando.
316
315
El
documento
forma
parte
del
archivo
personal
de
la
profesora
Josina
María
Albuquerque
Lopes
de
Godoy,
quien
estuvo
asilada
en
México
entre
junio
y
octubre
de
1964.
316
Tres
fotografías
de
este
evento
fueron
proporcionadas
para
esta
investigación
por
Josina
María
123
Fotos
del
archivo
personal
de
Josina
Maria
Albuquerque
Lopes
de
Godoy.
124
La
estructura
de
la
OEBM
fue
planeada
a
modo
de
un
directorio
sindical,
pues
era
dirigida
por
un
secretariado
de
cuatro
elementos:
un
secretario
general,
un
secretario
de
relaciones,
un
secretario
administrativo
y
un
secretario
de
organización.
Además,
tenía
una
serie
de
comisiones
específicas,
integradas
por
un
número
variado
de
personas
encargadas
de
atender
los
rubros
de:
finanzas,
asistencia,
relaciones,
empleo,
salud,
intercambio,
cultura
y
prensa.
El
primer
dirigente
de
la
OEBM
fue
Aluizio
Palhano
Pedreira
Ferreira,
quien
desde
1963
se
había
desempeñado
como
presidente
de
la
Confederación
de
los
Trabajadores
de
los
Establecimientos
de
Crédito
(CONTEC)
y
vicepresidente
del
Comando
Geral
dos
Trabalhadores
(CGT).
En
México,
la
OEBM,
que
tenía
entre
sus
integrantes
a
un
expresivo
número
de
sindicalistas
–muchos
de
ellos
militantes
comunistas–
entró
rápidamente
en
contacto
con
el
histórico
dirigente
sindical
Vicente
Lombardo
Toledano,
quien
en
su
calidad
de
vicepresidente
de
la
Federación
Sindical
Mundial
(FSM)
emitió
un
manifiesto
de
solidaridad
con
los
trabajadores
y
con
el
pueblo
de
Brasil
en
el
que
anunciaba
que
esa
federación
encaminaría
una
queja
a
la
Comisión
de
las
Libertades
Sindicales
del
Escritorio
Internacional
del
Trabajo
en
Ginebra,
y
exigía
la
libertad
de
todos
los
trabajadores
y
militantes
presos,
así
como
el
restablecimiento
de
las
libertades
sindicales
y
democráticas
en
Brasil.317
Lombardo
Toledano
también
proporcionó
a
los
asilados
brasileños
un
espacio
físico
en
la
sede
del
Partido
Popular
Socialista
(PPS)318
donde
éstos
se
reunían
los
martes
y
sábados
de
cada
semana.
Desde
este
lugar
también
salieron
excursiones
organizadas
por
el
FSM
para
los
asilados
brasileños,
como
la
que
éstos
hicieron,
en
agosto
de
1964,
a
Teotihuacán
con
los
gastos
de
traslado
y
alimentación
cubiertos
por
el
frente.319
La
cercanía
que
este
primer
grupo
de
asilados
tuvo
con
Vicente
Lombado
Toledano
se
expresó
en
un
homenaje
que
éste
recibió
en
1964
en
el
Palacio
Nacional
317
Correio
Braziliense,
No.
4,
7
de
agosto
de
1964,
México,
D.F.
p.
3,
Centro
de
Documentação
e
memoria
125
de
Bellas
Artes
en
donde
una
comisión
de
la
OSBE
estuvo
presente
e
incluso
dirigió
un
mensaje
al
homenajeado.320
En
los
primeros
meses,
la
organización
logró
tener
una
caja
de
ahorros
“fruto
de
la
solidaridad
interna
y
externa”,
pues
se
nutría
con
las
contribuciones
mensuales,
de
diez
pesos
más
el
dos
por
ciento
del
salario
de
quienes
ya
estuvieran
trabajando,
entre
sus
integrantes,
así
como
del
apoyo
económico
que
también
llegó
a
recibir,
en
aquellos
primeros
días,
de
la
Unión
Soviética.321
La
OEBM
también
recibió
el
apoyo
de
una
exiliada
española
en
México
desde
hacía
más
de
25
años,
la
señora
“Ángeles”,
que
se
acercó
a
los
brasileños
para
ofrecer
orientación
a
aquellos
que
estuvieran
pensando
en
quedarse
en
el
país,
sobre
la
vida
que
les
podía
esperar
como
asilados
en
México,
pero
sobre
todo,
fungiendo
como
intermediaria
entre
los
asilados
y
algunas
empresas
y
firmas
comerciales
que
pudieran
estar
interesadas
en
contratar
a
los
brasileños.322
Por
otra
parte,
las
gestiones
de
la
comisión
de
Salud
de
la
OBEM
a
cargo
del
médico
asilado,
Renato
Moraes,
lograron
que
éstos
pudieran
acceder
de
manera
gratuita
a
un
servicio
de
asistencia
médica
en
el
Hospital
General
de
la
Ciudad
de
México.323
Entre
el
9
de
julio
y
el
27
de
octubre
de
1964
la
OEBM
publicó
un
boletín
semanal
titulado
Correio
Braziliense,324 que
se
presentó
como
un
órgano
cultural
de
los
exiliados
brasileños
en
México,
a
través
del
cual
se
vehicularían
todas
las
informaciones
relacionadas
con
las
actividades
de
la
organización.
Se
proponía
también
divulgar
a
través
de
sus
páginas,
las
principales
noticias
sobre
lo
que
sucedía
en
Brasil,
así
como
otras
relacionadas
con
la
vida
de
los
exiliados
en
México,
y
320
Ibid.
321
Entrevista
realizada
a
Víctor
Medeiros,
op.
Cit.
322
Correio
Brasiliense,
No.
4,
op.
Cit.,
pp.
3
y
4.
323
Ibid.
324
El
boletín
tenía
como
subtítulo:
Segunda
fase
do
jornal
fundado
por
Hipólito
da
Costa,
durante
seu
exílio
em
Londres
en
1809,
que
evidentemente
inspiró
a
los
exiliados
brasileños.
El
primer
Correio
Braziliense,
que
dejó
de
circular
después
de
la
independencia,
es
considerado
el
primer
periódico
brasileño.
Ver:
Carla
Patricia
Santana,
“Um
barracão,
jovens
professores
e
um
projeto
de
universidade-‐
intectualidade
nacional:
a
UnB
a
partir
do
olhar
do
crítico
literário
Heron
de
Alencar.”
en
Cerrados.
Revista
do
Pós–Graduação
em
Literatura,
vol.
21,
num.
34,
2012,
p.
314.
126
enfatizaban
que
el
boletín
no
trataría
de
política,
porque
su
objetivo
era
“única
y
exclusivamente
informar.”325
La
publicación
del
Correio
Braziliense
estaba
a
cargo
del
profesor
Heron
de
Alencar
y
de
los
periodistas
asilados,
Félix
Athayde,
Inacio
de
Alencar
y
Braulio
Ferreira.
Efectivamente,
en
sus
páginas
se
encontraban
anuncios
útiles
para
la
vida
de
los
asilados
en
México
pero,
fundamentalmente,
el
boletín
funcionó
como
un
órgano
de
denuncia
contra
la
dictadura
que
se
había
instaurado
en
Brasil,
a
través
del
cual
los
asilados
buscaban
develar,
tanto
en
México
como
en
otros
países
a
donde
el
boletín
fue
enviado,
la
“verdadera
cara”
del
gobierno
de
Castelo
Branco.
Esta
función
aparece
clara
en
editoriales
como
el
que
sigue:
Por
más
bien
hecha
e
intensiva
que
se
presente,
ninguna
propaganda
consigue
ocultar
al
pueblo
la
verdadera
cara
de
un
gobierno.
Cuando
se
trata
de
una
dictadura
fascista,
como
es
el
caso
de
la
administración
colonial
del
general
Castelo
Branco,
es
ahí
donde
toda
y
cualquier
propaganda
pronto
se
desmoraliza,
desmentida
por
los
hechos
de
la
vida
cotidiana.
Nadie
desconoce
que
la
gorilada326
del
1º
de
abril
y
la
farsa
de
gobierno
que
a
ella
siguió
constituyen
una
ejemplar
antología
de
mentiras.
327
El
Correio
Braziliense
en
realidad
se
proponía
por
lo
menos
una
doble
función.
Por
un
lado,
reunir
toda
la
información
relacionada
con
Brasil
a
la
que
se
podía
acceder
en
México
y
enviarla
a
través
de
su
boletín
a
otras
comunidades
de
asilados,
328y
por
otro,
denunciar,
ante
México
y
el
mundo,
las
prisiones,
las
torturas,
los
despidos
masivos,
las
contradicciones,
las
injusticias
propiciadas
por
la
dictadura
militar
recién
instaurada
en
Brasil.
La
OEBM
había
sido
muy
enfática
en
señalar
que
el
boletín
no
tenía
motivaciones
políticas,
lo
que
no
parece
raro
si
recordamos
que
durante
su
traslado
a
México
los
asilados
habían
recibido
la
indicación
por
parte
de
los
funcionarios
325
Ibid.
326
La
izquierda
brasileña
se
refería
a
los
militares
golpistas
como
“los
gorilas.”
327
Correio
Braziliense,
No.
4,
op.
Cit.
328
En
el
número
5
del
Correio
Brasiliense
se
publica
una
carta
en
la
que
asilados
brasileños
en
Bolivia
agradecen
el
envío
de
ejemplares
del
semanario.
Correio
Braziliense,
No.
5,
p.
3,
14
de
agosto
de
1964,
México,
D.
F,
CEDEM/UNESP.
127
mexicanos,
de
no
hacer
declaraciones
sobre
los
acontecimientos
políticos
que
prevalecían
en
su
país.
No
obstante,
el
contenido
de
las
notas
publicadas
por
el
Correio
Braziliense
demuestra
que
su
motivación
central
era
denunciar
y
movilizar
a
la
opinión
pública
internacional
en
contra
de
la
dictadura
instalada
en
Brasil.329
Como
su
órgano
de
divulgación,
el
Correio
Braziliense
seguía
la
línea
política
de
la
OEBM,
que
a
su
vez
estaba
fuertemente
influenciada
por
la
línea
política
del
PCB,
opuesta
a
la
lucha
armada
y
defensora
de
la
idea
de
organizar
a
las
fuerzas
populares
y
a
todos
los
espectros
de
la
oposición,
dentro
y
fuera
de
Brasil,
para
lograr
la
restauración
de
la
legalidad
en
su
país.
No
obstante,
como
sucedió
en
el
mismo
Comité
Central
(CC)
del
PCB,
donde
después
del
golpe
de
estado
un
importante
número
de
militantes
empezó
a
cuestionar
la
línea
política
del
partido,
especialmente
el
rechazo
de
la
vía
armada
como
alternativa
para
derrumbar
a
la
dictadura,
al
interior
de
la
OEBM
las
discusiones
en
torno
a
los
métodos
que
se
habrían
de
seguir
para
combatir
a
los
militares
en
Brasil
eran
cada
día
más
fuertes.
En
las
reuniones
que
dos
veces
por
semana
se
llevaban
a
cabo
en
la
sede
del
PPS,
los
asilados
brasileños
dictaban
conferencias
y
promovían
debates
sobre
la
situación
política
de
Brasil.
En
un
inicio,
narra
el
asilado
Peregrino
Romay,
era
una
reunión
de
intercambios,
pero
poco
tiempo
después,
el
análisis
crítico
abrió
una
“violenta
discusión
ideológica
que
al
principio
enfrentó
a
civiles
contra
militares
y
después
a
todos
contra
todos.
”330
A
la
izquierda
nacionalista
y
democrática
que
había
sido
derrotada
con
el
golpe
civil–militar
en
Brasil,
le
quedaba
claro
que
el
objetivo
central
era
derrocar
a
la
dictadura,
las
divergencias
giraban
fundamentalmente
en
torno
a
los
métodos
a
los
que
debían
recurrir
para
lograrlo.
Por
un
lado,
estaba
esa
posición
del
PCB,
que
se
oponían
a
la
lucha
armada
y
defendía
la
idea
de
resistir
y
luchar
contra
la
dictadura
por
la
vía
pacífica,
organizando
329
Para
dar
una
idea
del
contenido
presentamos
algunos
encabezados
de
las
notas
que
publicaba
el
boletín:
“Las
dos
caras
de
la
dictadura”;
“Dictadura
congela
salarios”;
“Solidaridad
con
los
trabajadores
del
pueblo
brasileño”;
“Atrocidades
de
los
gorilas”;
“Intervención
militar
ha
dimitido
a
más
de
cien
petroleros”;
“Torturados
y
golpeados,
dirigentes
del
Sindicato
de
Refinación
de
Bahía”;
“La
táctica
de
los
oportunistas
no
confunde
a
las
fuerzas
populares”;
“Arrais,
el
crimen
de
querer
una
nación
libre”.
330
Entrevista
con
Peregrino
Romay,
op.
Cit.
128
a
todas
las
fuerzas
políticas
que
estuvieran
en
contra
de
la
dictadura
para
generar
un
poderoso
movimiento
de
masas
que
condujera
a
la
derrota
de
los
golpistas
y
a
la
conquista
de
un
gobierno
nacionalista
y
democrático.331
Por
otro,
estaban
los
que
cuestionaban
esa
línea
política
del
partido
y
cada
vez
más,
sobre
todo
a
partir
del
golpe,
se
convencían
de
que
sólo
sería
posible
llegar
al
poder,
y
en
este
caso,
derrocar
a
la
dictadura,
por
la
vía
de
las
armas.
Evidentemente,
esta
posición
estaba
fuertemente
influenciada
por
el
reciente
triunfo
de
la
revolución
cubana
que
marcó
un
cambio
fundamental,
tanto
en
los
métodos
como
en
los
objetivos,
que
en
adelante
adoptaría,
en
general,
la
izquierda
latinoamericana.332
La
evidencia
de
que
entre
los
propios
asilados
brasileños
ligados
hasta
entonces
al
PCB
que
llegaron
a
México
hubo
quienes
empezaron
a
ver
en
la
vía
armada
una
mejor
estrategia,
la
encontramos
en
el
caso
de
asilados
como
el
sindicalista
petrolero
Milton
Campos
o
el
viejo
militante
comunista,
José
María
Crispim,
ex
preso
político
durante
la
dictadura
del
Estado
Novo,
que
según
información
de
la
Dirección
Federal
de
Seguridad
(DFS),
participaron,
en
diciembre
de
1964,
en
una
reunión
en
la
que
junto
a
otros
exiliados
latinoamericanos
fundaron
el
“Movimiento
Latinoamericano
de
Liberación
(M.L.L.)”,
en
cuyo
manifiesto
se
hacía
un
llamado
a
los
pueblos
latinoamericanos
a
cumplir
“con
las
armas
en
las
manos”
su
gran
misión
histórica
que
era
”liquidar
al
imperialismo
agresor
y
construir,
sobre
la
tumba
del
mismo,
el
mundo
nuevo
que
anhela
la
población
terrestre.”,
Esa
tarea,
agregaban,
caía
sobre
los
hombros
de
la
vanguardia
revolucionaria
de
América
Latina.333
Aunque
algunos
asilados
habían
logrado
empezar
a
trabajar,
a
muchos
otros
se
les
empezó
a
terminar
el
tiempo
que
la
SG
les
había
dado
como
límite
para
demostrar
que
podrían
sustentar
su
estancia
en
México.
Como
mencionamos
antes,
varios
asilados
se
habían
negado
a
buscar
trabajo
convencidos
de
que
pronto
estarían
de
regreso
en
Brasil,
mientras
que
otros,
esperaban
que
el
gobierno
mexicano
cumpliera
la
promesa
de
ayudarlos
a
trasladarse
a
otros
países
que
estuvieran
dispuestos
a
331
Anita
Leocadia
Prestes,
op.
Cit.,
p.
110.
332
Oikión
Solano,
Verónica,
Eduardo
Rey
Tristán
y
Martín
López
Ávalos
(eds.),
op.
Cit.
333
Manifiesto
del
movimiento
Latinoamericano
de
Liberación”,
América
Latina,
fecha
6
de
agosto
de
1964 , Archivo General de la Nación (en adelante AGN) DGIPS, caja 2952.
129
recibirlos,
pues
aunque
algunos
ya
habían
establecido
contactos
en
el
exterior,
no
habían
podido
viajar
porque
su
pasaporte
había
sido
recogido
y
cancelado
antes
de
salir
de
Brasil.
El
gobierno
de
México
decidió
resolver
ese
problema
y
a
finales
de
junio,
elaboró
un
proyecto
de
decreto
para
reformar
el
artículo
12º
del
Reglamento
para
la
Expedición
y
Visa
de
Pasaportes,
donde
entre
los
extranjeros
que
a
partir
de
entonces
quedaban
facultados
para
solicitar
un
documento
de
identidad
y
viaje
se
incluía
a
aquellos
que,
teniendo
nacionalidad
definida,
su
país
les
negaba
el
pasaporte
por
razones
políticas.334
Además,
se
proponía
reducir
el
costo,
de
500
a
50
pesos,
por
los
derechos
de
emisión
de
documentos
de
identidad
y
viaje,
igualándolo
así
al
costo
de
los
pasaportes
ordinarios
mexicanos.
El
primero
de
julio
de
1964
llegaron
a
la
SRE
las
primeras
12
solicitudes
para
adquirir
un
documento
de
viaje.
Los
primeros
en
requerirlo
eran
asilados
del
grupo
de
marineros
que
habían
llegado
al
país
un
par
de
meses
atrás.
En
las
declaraciones
que
dos
de
ellos
hicieron
a
la
policía
cuando
fueron
detenidos
en
1967
cuando
regresaron
de
manera
clandestina
a
Brasil,
éstos
aseguran
que
a
los
pocos
días
de
haber
llegado
a
México
las
autoridades
mexicanas
les
informaron
que
si
después
de
un
plazo
de
50
días
de
estancia
en
el
país
no
habían
conseguido
un
empleo
tendrían
que
solicitar
su
transferencia
a
otro
país
que
les
concediera
asilo.335
Según
los
mismos
testimonios,
después
de
recorrer
embajadas
de
varios
países
en
la
ciudad
de
México,
que
se
negaron
a
recibirlos
argumentando
que
tenían
sus
embajadas
en
Río
de
Janeiro
llenas
de
asilados,
un
funcionario
mexicano
les
habrían
informado
que
el
único
país
que
estaría
dispuesto
a
recibirlos
sería
Cuba
y
que
sólo
bastaba
la
autorización
de
los
asilados
para
que
ese
mismo
funcionario
hiciera
el
contacto
con
el
gobierno
cubano.
Todo
indica
que
los
asilados
siguieron
el
consejo
del
funcionario
mexicano
y
solicitaron
la
documentación
necesaria
para
viajar
a
Cuba
a
donde
fueron
trasladados
334
SRE,
Memorándum,
Ciudad
de
México,
22
de
junio
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
2904–8
(I),
ff.
605–613.
335
Marcos
Antonio
da
Silva
Lima,
Arquivo
Público
do
Estado
de
São
Paulo
(en
adelante
APESP),
Ordem
Social, 50–D–7–383, depoimento de Marcos Antonio da Silva Lima em 21 de febrero de 1967, f., 133.
130
a
mediados
de
julio.
El
documento
era
emitido
después
de
que
éstos
renunciaran
al
asilo
territorial
que
el
gobierno
de
México
les
había
otorgado.336
A
partir
de
esa
fecha,
otros
grupos
de
asilados
brasileños
se
acercaron
a
la
SRE
para
solicitar
su
traslado
a
diferentes
países,
principalmente
a
Cuba,
a
otros
países
del
bloque
socialista,
o
a
países
limítrofes
con
Brasil.
Entre
el
23
de
julio
y
el
24
de
noviembre
de
1964
el
gobierno
de
México
expidió,
a
solicitud
de
los
asilados,
63
documentos
de
viaje,
de
los
cuales,
37
debían
ser
utilizados
para
trasladarse
exclusivamente
a
Cuba;
cinco
a
Bolivia;
tres
a
Uruguay;
tres
a
Francia;
siete
a
Checoslovaquia;
dos
a
Alemania,
y
seis
podrían
utilizarse
en
múltiples
destinos
tanto
del
continente
Americano
como
del
Europeo.337
En
promedio,
los
integrantes
de
este
primer
grupo
de
asilados
permanecieron
en
el
país
durante
un
periodo
de
entre
dos
y
seis
meses,
entre
mayo
y
diciembre
de
1964.
Los
testimonios
de
los
dos
ex
marineros
citados
son
los
únicos
localizados
entre
los
asilados
brasileños
que
llegaron
a
México
en
1964
en
los
que
se
habla
de
que
el
gobierno
de
México
habría
ejercido
una
presión
para
empujar
a
por
lo
menos
un
grupo
de
asilados
a
buscar
asilo
en
otro
país.
El
resto
de
testimonios
conocidos
hasta
ahora
coincide
en
que
la
salida
del
país
de
la
mayor
parte
del
grupo
de
asilados
que
llegó
a
México
durante
ese
año
estuvo
relacionada
esencialmente
con
factores
de
dos
tipos:
económicos
y
políticos.
Las
razones
de
tipo
económicas
que
habrían
tenido
algunos
asilados
para
renunciar
al
asilo
en
México,
se
vinculan
directamente
con
la
dificultad
que,
quienes
lo
intentaron,
encontraron
para
trabajar
en
México,
no
sólo
por
la
dificultad
de
encontrar
un
empleo,
sino
también
por
las
trabas
con
las
que
algunos
de
ellos
se
toparon
tanto
en
la
legislación
mexicana
como
en
la
SG.
“Para
un
extranjero
todo
es
difícil
en
México”,
resume
Víctor
Medeiros,
uno
de
los
pocos
brasileños
del
grupo
de
asilados
que
llegó
en
1964
y
se
quedó
a
vivir
allá
durante
el
resto
de
su
exilio.
México,
agrega,
“no
era
un
país
fácil
para
vivir,
para
336
En
el
Archivo
de
la
SRE
aparecen
las
primeras
doce
solicitudes,
idénticas,
en
las
que
el
mismo
número
de
asilados
brasileños
solicita
la
documentación
necesaria
para
ir
a
Cuba.
Asilados,
oficio
dirigido
al
subsecretario
de
Relaciones
Exteriores,
Alfonso
García
Robles,
Ciudad
de
México,
1º
de
julio
de
1964,
AHGE–SRE,
exp.
2904–8
(II),
ff.
19–30.
337Copias
de
los
documentos
de
viaje
expedidos
a
los
asilados
se
pueden
consultar
en
AHGE–SRE,
epx.
131
trabajar,”
y
en
su
caso,
considera
que
el
haber
tenido
una
formación
como
ingeniero
y
conocer
una
segunda
lengua,
fueron
factores
tal
vez
decisivos
para
poder
insertarse
en
la
vida
laboral
mexicana,
aunque
no
como
ingeniero
petrolero,
como
había
pensado
al
elegir
México
como
su
país
de
asilo.
“Una
de
las
cosas
que
me
hizo
preferir
México
a
Uruguay
es
que
México
tiene
una
industria
de
Petróleo
bastante
desarrollada,
pensando
en
la
posibilidad
de
poder
trabajar
en
Pemex,
pero
para
mi
sorpresa,
cuando
llegué
allá,
me
dijeron
no,
aquí
sólo
hay
trabajo
para
los
mexicanos.”338
Durante
los
21
años
que
vivió
en
México,
Víctor
trabajó
como
intermediario
comercial
de
empresas
alemanas.
Un
caso
particular
fue
el
de
la
profesora
Josina
María
Albuquerque
Lopes
de
Godoy,
quien
llegó
a
México
con
su
esposo
y
sus
dos
hijos
y
gracias
a
un
contacto
que
traía
desde
Brasil,
fue
una
de
las
primeras
asiladas
en
conseguir
empleo,
pues
fue
aceptada
para
participar
en
los
trabajos
de
diseño
artístico
que
entonces
se
realizaban
como
parte
de
la
fundación
del
Museo
Nacional
de
Antropología
en
la
ciudad
de
México,
no
obstante,
la
SG
le
negó
el
permiso
de
trabajo,
argumentando
que,
por
estar
con
su
marido
en
el
país
sería
únicamente
él
quien
podría
recibir
un
permiso
de
trabajo.339
Josina
acudió
al
ex
embajador
en
Brasil,
Alfonso
García
Robles,
entonces
subsecretario
de
Relaciones
Exteriores,
para
pedir
que
intercediera
a
su
favor
a
fin
de
obtener
el
permiso
de
trabajo.
En
la
carta
que
le
dirigió
explicaba:
“sucede
que
yo
soy
una
asilada
política
independiente
de
mi
marido…
además,
tengo
ya
dos
ofrecimientos
de
trabajo
y
mi
marido
aún
no
ha
conseguido
empleo.
Hemos
traído
a
nuestros
hijos,
pues
creíamos
que
ambos
podríamos
trabajar…”340
La
Dirección
General
del
Servicio
Diplomático
intercedió
ante
la
SG
por
la
asilada,341
sin
embargo,
el
permiso
para
trabajar
nunca
llegó,
a
pesar
de
la
insistencia
de
Josina
que
como
única
respuesta
obtuvo
la
de
un
funcionario
de
bajo
rango
de
aquella
Secretaría
que
le
dijo:
“yo
no
voy
a
sacar
el
pan
de
dos
mexicanos
para
que
338
Entrevista
realizada
a
Víctor
Medeiros
do
Paço,
op.
Cit.
339
Entrevista
realizada
a
Josina
Maria
Albuquerque
Lopes
de
Godoy,
op.
Cit.
340
Josina
María
Albuquerque
Lopes
de
Godoy
a
Alfonso
García
Robles,
misiva,
México,
D.F.,
13
de
julio
México, DF., 7 de agosto de 1964. AHGE, exp. 2904–8 (II).
132
usted
trabaje.”342Aunque
el
marido
de
Josina,
el
capitán
de
fragata,
Thales
Fleury
de
Godoy,
consiguió
poco
después
un
trabajo
reparando
equipos
de
radio,
televisión
y
antenas,
después
de
cuatro
meses
de
estancia
en
México
decidieron
solicitar
documentos
de
viaje
para
asilarse
en
Cuba,
donde
pasaron
catorce
años
de
su
exilio.343
Otros
testimonios
también
reportan
la
dificultad
que
habrían
tenido
otros
asilados
brasileños
para
trabajar
en
México
en
el
año
de
1964,
como
el
profesor
universitario,
Heron
de
Alencar
quien,
a
pesar
de
haber
establecido
un
vínculo
con
la
Universidad
Nacional
Autónoma
de
México
(UNAM),
donde
dictó
conferencias
y
participó
en
seminarios,
no
pudo
conseguir
un
empleo
fijo
y,
después
de
cuatro
meses
de
estancia
en
el
país,
solicitó
un
documento
de
viaje
y
se
trasladó
con
su
esposa
a
Francia.344
Otro
ejemplo
serían
los
propios
marineros
asilados,
quienes,
de
acuerdo
con
los
testimonios
citados,
tuvieron
que
abandonar
el
país
por
no
haber
conseguido
un
empleo
durante
los
dos
meses
que
estuvieron
asilados
en
nuestro
país.
Pero
si
bien
es
cierto
que
algunos
asilados
de
este
grupo
encontraron
dificultades
para
trabajar,
como
revelan
algunos
testimonios,
también
lo
es
que
en
aquella
coyuntura
fueron
pocos
los
que
estuvieron
realmente
interesados
por
establecerse
en
México,
y
ese
desinterés
tenía
mucho
qué
ver
con
factores
de
tipo
político.
Entre
los
asilados
de
este
grupo
que
renunciaron
al
asilo
territorial
en
México
por
motivaciones
políticas
encontramos
al
menos
tres
experiencias
distintas:
la
de
los
que
prefirieron
trasladarse
a
un
país
más
cercano
a
Brasil;
la
que
quienes,
formando
parte
de
una
estructura
partidaria
consiguieron
asilo
o
becas
de
estudio
en
otros
países,
y
la
de
quienes
pudieron
haber
salido
de
México
con
la
idea
de
incorporarse
a
un
proyecto
de
resistencia
armada
a
la
dictadura.
En
el
primer
caso,
identificamos
a
ocho
asilados
que
renunciaron
al
asilo
territorial
en
México
para
trasladarse
a
Bolivia
y
a
Uruguay,
cinco
y
tres,
respectivamente.
Sería
muy
difícil
conocer
las
razones
que
tuvo
cada
uno
de
ellos,
sin
embargo,
de
este
grupo
se
conoce
el
caso
de
Rodolfo
Oswaldo
Konder,
un
dirigente
342
Entrevista
realizada
a
Josina
María
Albuquerque
Lopes
de
Godoy,
op.
Cit.
343
Ibid.
344
Carla
Patricia
Santana,
op.
Cit.
133
sindical
de
Petrobrás,
militante
del
PCB,
quien
simplemente
no
tuvo
interés
en
quedarse
en
México
y
se
trasladó
a
Uruguay
con
la
idea
de
regresar
clandestinamente
a
Brasil,
como
lo
hizo
poco
tiempo
después
de
su
traslado
a
Montevideo.
Queríamos
regresar
a
Brasil.
Entonces,
los
bancarios345resolvieron
pedir
transferencia
de
asilo
para
Uruguay,
porque
el
Ministro
del
Exterior
de
Uruguay
era
un
ex–dirigente
sindical
bancario.
Ellos
aprovecharon
ese
contacto
(y
me
incluyeron
en
la
lista)
con
el
objetivo
claro
de
llegar
a
Uruguay
y
luego,
en
cuanto
fuera
posible,
atravesar
la
frontera
y
regresar
a
Brasil.346
En
el
segundo
caso
identificamos
a
una
buena
parte
de
militantes
del
PCB
que
ya
sea
por
instrucciones
del
partido,
o
por
haber
conseguido
asilo,
alguna
beca
o
trabajo
en
algún
país
del
bloque
socialista,
renunciaron
al
asilo
en
México.
Una
gran
parte
se
dirigió
a
Cuba
y
algunos
otros
viajaron
a
Checoslovaquia
y
a
la
República
Democrática
Alemana
(RDA).
Dentro
de
este
grupo
identificamos,
entre
otros,
a
la
escritora
comunista
y
destacada
militante
feminista,
Ana
Montenegro, 347
y
su
esposo,
el
comunista,
Alberto
Carmo,
quienes
vivieron
15
años
de
exilio
en
Alemania
del
Este,
o
al
dirigente
estudiantil
y
militante
comunista,
João
César
Roxo
Nicolussi,
quién
de
México
se
trasladó
a
Cuba
y
posteriormente
a
la
República
Democrática
Alemana
donde
estudió
y
pasó
el
resto
del
exilio.
En
el
tercer
caso
encontramos
a
un
grupo
importante
de
asilados
brasileños
que
habría
renunciado
al
asilo
en
México
con
la
idea
de
incorporarse
a
un
proyecto
de
resistencia
armada
a
la
dictadura.
Existen
varios
indicios
de
que
la
salida
de
varios
asilados,
principalmente
del
grupo
de
los
marineros
o
vinculados
a
éste348,
pudo
haber
decidido
su
traslado
a
Cuba
pensando
que
allá
encontrarían
apoyo
para
levantar
la
345
Se
refiere
a
líderes
sindicales
de
empresas
bancarias
que
se
encontraban
entre
los
asilados.
346
Rodolfo
Komder,
op.
Cit.,
p.
12.
347
Su
nombre
verdadero
era
Ana
Lima
Carmo,
pero
es
más
conocida
por
su
pseudónimo.
348
Este
grupo
estuvo
integrado
por
la
mayor
parte
de
los
marineros
y
fusileros
navales
vinculados
a
la
AMFNB
que
fueron
asilados
en
México,
aunque
también
hubo
entre
ellos
asilados
que
estaban
vinculados
a
otros
movimientos
como
Ação
Popular
(AP),
sindicalistas
del
CGT,
e
incluso
militantes
del
PCB
que
rompieron
con
la
línea
política
del
partido.
Lo
que
la
mayor
parte
de
este
grupo
tenía
en
común
era
la
juventud,
pues
oscilaban
entre
los
22
y
los
39
años
de
edad,
aunque
la
mayoría
no
había
alcanzado
los
30.
134
resistencia
armada
para
derrocar
a
los
militares
en
Brasil,
idea
que,
como
se
documentó,
ese
grupo
habían
empezado
a
explorar
desde
aquellos
días
de
asilo
diplomático
en
la
embajada
de
México.
Las
trayectorias
que
ahora
podemos
conocer
de
algunos
ex
marineros
y
otros
brasileños
que
estuvieron
asilados
en
México
en
1964,
confirman
que
varios
de
ellos
se
involucraron
poco
años
después
del
golpe
en
organizaciones
revolucionarias.
El
historiador
Anderson
da
Silva
ya
exploró
algunas
de
las
razones
que
pudieron
haber
tenido
para
elegir
la
vía
de
las
armas,
algunos
de
los
cientos
de
marineros
y
fusileros
navales
vinculados
a
la
AMFNB
que
después
del
golpe
fueron
expulsados
de
las
fuerzas
armadas,
encarcelados,
procesados
o
lanzados
al
exilio.
Da
Silva
considera
que
involucrarse
en
grupos
de
la
izquierda
armada
fue
para
muchos
de
los
ex
marinos
y
fusileros
navales,
tal
vez,
el
único
camino
que
encontraron
para
la
redención.
Gran
parte
de
ellos
estaba
a
la
deriva
en
aquél
momento.
Regresar
a
casa
como
expulsado,
derrotado
y
subversivo
no
era
un
camino
fácil
para
quien
había
salido
con
la
esperanza
de
mejorar
la
vida,
crecer
financieramente,
ayudar
a
la
familia
y,
quién
sabe,
regresar
como
un
héroe
de
guerra…
La
sed
ahora
era
otra.
Sed
de
justicia
y,
¿por
qué
no?,
sed
de
venganza
contra
un
gobierno
que
les
había
quitado
el
empelo
y,
además,
les
había
impuesto
penas
a
ser
pagadas
en
un
largo
tiempo.349
Otro
indicio
importante
de
que
la
renuncia
al
asilo
en
México
y
el
traslado
a
Cuba
de
varios
ex
marineros
y
otras
personas
vinculadas
a
ellos
pudo
haber
estado
vinculada
a
la
perspectiva
de
incorporarse
a
grupos
revolucionarios,
lo
encontramos
en
un
documento
que
circuló
en
noviembre
de
1973
entre
los
órganos
de
información
brasileños.
Se
trata
de
un
álbum
fotográfico
elaborado
por
el
Centro
de
Informações
do
Exército
(CIE)
con
la
finalidad
de
detectar
a
los
brasileños
que
habían
realizado
algún
349
Anderson
da
Silva
Almeida,
op.
Cit.,
p.
92.
135
“curso
de
guerrilla”
en
Cuba
“como
un
indicio
importante
para
la
caracterización
de
peligrosidad
de
un
terrorista.”
350
Según
este
documento
de
107
páginas,
entre
1964
y
1971
cerca
de
200
brasileños
realizaron
“cursos
de
guerrilla
en
Cuba”
en
diferentes
etapas.
Estos
cursos
habrían
iniciado,
según
los
órganos
de
inteligencia,
con
la
llegada
a
la
isla,
en
1964,
de
brasileños
asilados
en
México
después
de
la
“revolución”351.
Según
las
investigaciones
del
Ejército
brasileño,
cada
fase
en
la
que
grupos
de
brasileños
recibieron
entrenamiento
en
Cuba,
estaba
asociada
con
el
liderazgo
de
“terroristas
brasileños”
que
en
determinado
momento
gozaron
de
prestigio
frente
al
gobierno
cubano,
“o
disponían
de
poderes
para
seleccionar
y
enviar
militantes
de
diversas
organizaciones
para
la
isla.”352
Los
órganos
de
inteligencia
identificaron
al
ex
marinero
y
vicepresidente
de
la
AMFNB,
Marcos
Antonio
da
Silva
Lima
y
al
ex
sacerdote
y
militante
de
AP,
Alípio
Cristiano
de
Freitas,
quienes
estuvieron
asilados
en
México
entre
mayo
y
julio
de
1964,
como
los
principales
impulsores
para
la
organización
de
los
cursos
y
los
líderes
de
los
dos
primeros
grupos
que
los
realizaron.
En
este
documento
se
registran
además
los
nombres
de
otros
ocho
ex
marineros
y
ex
fusileros
navales,
y
cinco
civiles
que
en
1964
estuvieron
asilados
en
México
y
después
se
trasladaron
a
Cuba
donde
habrían
tomado
los
“cursos
de
guerrillas”.
Es
difícil
establecer
cuántos
y
quiénes
de
los
señalados
por
los
órganos
de
inteligencia
brasileños
realmente
recibieron
entrenamiento
militar
en
Cuba,
pues
en
el
mismo
documento
se
advierte
que
puede
haber
errores
e
imprecisiones
en
la
información.
No
obstante,
la
coincidencia
de
los
nombres
que
figuran
en
ese
álbum
con
los
de
aquellos
que
figuran
entre
los
primeros
asilados
que
solicitaron
un
documento
de
viaje
para
salir
de
México
y
trasladarse
a
Cuba,
así
como
las
trayectorias
que
siguieron
varios
de
ellos
en
los
años
posteriores,
constituyen
indicios
que
fortalecen
la
hipótesis
de
que
por
lo
menos
un
grupo
de
asilados
brasileños
que
350Centro
de
Informações
do
Exército,
“Cursos
realizados
en
Cuba.
(Album)”,
26
de
febrero
de
1973.
136
pasó
por
México
en
1964
decidió
renunciar
al
asilo
en
nuestro
país
con
el
objetivo,
o
por
lo
menos
la
intención,
de
buscar
incorporarse
a
un
proyecto
de
resistencia
armada
a
la
dictadura.
Lo
que
a
partir
de
esta
información
sería
interesante
conocer
es
si
ese
grupo
de
asilados
salió
de
México
ya
con
la
certeza
de
que
en
Cuba
recibiría
entrenamiento
militar,
o
si
la
opción
de
tomar
los
“cursos
de
guerrilla”
se
les
presentó
más
tarde.
Algunos
otros
asilados
brasileños
que
convivieron
con
ese
grupo
en
México
aseguran
que
los
marineros
eran
quienes
en
aquellos
meses
inmediatamente
posteriores
al
golpe
tenían
“la
cabeza
más
caliente”,353
es
decir,
el
mayor
impulso
para
regresar
a
Brasil
a
derrocar
a
los
golpistas.
No
obstante,
la
certeza
de
que
algunos
brasileños
que
estuvieron
asilados
en
México
en
1964
se
incorporaron
más
tarde
a
organizaciones
revolucionarias
para
derrocar
a
la
dictadura
en
Brasil
se
alcanza
al
revisar
las
trayectorias
que
siguieron
algunos
de
ellos.
Hoy
es
posible
saber
que
de
las
15
personas
señaladas
por
los
órganos
de
inteligencia
entre
los
asilados
que
después
de
haber
pasado
por
México
recibieron
entrenamiento
militar
en
Cuba,
por
lo
menos
siete
estuvieron
involucrados
en
movimientos
armados
que
actuaron
en
diferentes
momentos
durante
la
dictadura
militar
en
Brasil.
Muchos
de
ellos
fueron
detenidos,
torturados
o
asesinados
entre
1967
y
1971
y
algunos,
incluso,
figuran
en
la
lista
de
desaparecidos
políticos
de
la
dictadura
militar
brasileña.
A
manera
de
ejemplo,
destacamos
las
trayectorias
de
quienes
fueron
señalados
como
organizadores
de
los
primeros
grupos
de
asilados
que
se
trasladaron
a
Cuba
desde
México
y
realizaron
entrenamiento
militar:
Alípio
Cristiano
de
Freitas
y
Marcos
Antonio
da
Silva
Lima.
El
primero,
luego
de
su
paso
por
Cuba
y
de
haber
realizado
entrenamiento
militar,
ingresó
en
1966
a
Brasil
de
manera
clandestina
y
fundó
el
Partido
Revolucionario
do
Trabalhador
(PRT),
un
proyecto
de
guerrilla
rural
que
no
fructificó,
pues
Alípio
fue
detenido
en
1970
y
recluido
en
diferentes
prisiones
de
Brasil
durante
nueve
años.
353
Entrevista
realizada
a
Víctor
Mederos
do
Paço,
op.
Cit.
137
En
cuanto
a
Marcos
Antonio
da
Silva
Lima,
un
joven
afro–descendiente
que
antes
del
golpe
figuró
entre
los
más
destacados
líderes
de
la
AMFNB,
comandó
en
1966
uno
de
los
focos
de
guerrilla
rural
que
intentó
levantar
el
Movimiento
Nacionalista
Revolucionario
(MNR)
liderado
por
Leonel
Brizola
desde
el
exilio
en
Uruguay.354
Marcos
Antonio
fue
detenido
en
1967
y
recluido
en
la
penitenciaría
“Lemos
de
Brito”
de
la
que
se
fugó
más
tarde.
Entre
1967
y
1969
participó
en
otras
organizaciones
armadas
hasta
enero
de
1970,
cuando
fue
asesinado
por
los
órganos
de
la
represión
a
los
29
años
de
edad.
En
diciembre
de
1964,
el
76
por
ciento
de
los
asilados
que
habían
ingresado
a
nuestro
país
entre
mayo
y
diciembre
de
ese
año
había
renunciado
al
asilo
territorial
en
México
y
se
había
trasladado
a
otros
países.
El
gobierno
militar
de
Brasil,
que
pasando
por
encima
de
las
convenciones
internacionales
había
condicionado
la
emisión
de
los
salvoconductos
al
“entendimiento”
de
que
los
asilados
serían
trasladados
exclusivamente
a
territorio
mexicano,
no
tardó
en
protestar.
Desde
junio
de
1964
el
Departamento
Jurídico
de
Itamaraty
había
solicitado
al
gobierno
de
México,
a
través
de
su
encargado
de
negocios
en
Brasil,
Roberto
de
Rosenzweig,
no
permitir
que
los
asilados
se
trasladaran
a
Uruguay.355
En
agosto,
cuando
más
de
la
mitad
de
los
asilados
había
salido
del
país,
la
SRE
recibió
un
documento
a
través
del
cual
Itamaraty
alegaba
que
entre
los
“entendimientos”
a
los
que
había
llegado
con
el
embajador
de
México
y
con
el
encargado
de
negocios
al
emitir
los
salvoconductos
para
los
asilados
políticos
brasileños
que
se
encontraban
en
la
embajada
mexicana,
estaba
que
el
gobierno
de
México
no
debería
permitir
la
salida
de
asilados
a
países
fronterizos
con
Brasil,
“donde
la
presencia
de
los
mismos
podría
ser
una
amenaza
a
las
autoridades
constituidas
brasileñas.”
Apelando
a
ese
“entendimiento”,
y
al
artículo
noveno
de
la
Convención
de
Caracas356,
el
gobierno
354
Igual
que
Marcos
Antonio,
varios
de
los
marineros
y
fusileros
navales
de
Brasil
que
salieron
al
exilio
las
informaciones
que
el
gobierno
territorial
le
ofrezca
para
normar
su
criterio
respecto
a
la
naturaleza
del
delito
o
de
la
existencia
de
delitos
comunes
conexos;
pero
será
respetada
su
determinación
de
continuar
el
asilo
o
exigir
el
salvoconducto
para
el
perseguido.”
138
brasileño
pedía
la
“cooperación”
del
gobierno
mexicano,
tanto
para
evitar
el
traslado
de
asilados
a
países
fronterizos
con
Brasil,
como
en
informar
a
la
embajada
de
Brasil
en
México
en
cuanto
éstos
se
dirigieran
a
otro
país.357
Sin
embargo,
el
gobierno
de
México
continuó
la
expedición
de
documentos
de
viaje
a
todo
aquél
que
lo
solicitó,
y
no
encontramos
evidencia
de
que
haya
informado
a
la
embajada
de
Brasil
en
México
sobre
los
destinos
a
los
que
eran
trasladados
los
asilados.
En
octubre,
el
gobierno
de
Brasil
hizo
un
nuevo
intento
por
persuadir
al
gobierno
mexicano
de
impedir
el
traslado
de
asilados
brasileños
a
países
fronterizos
con
Brasil,
particularmente
a
la
República
Oriental
del
Uruguay.
Esta
vez,
el
encargado
de
negocios
de
la
Embajada
de
Brasil
en
México,
Octavio
Luiz
de
Berenguer,
visitó
personalmente
al
director
general
de
Servicios
Diplomáticos
en
México,
a
quien
informó
que
el
ministro
de
Relaciones
Exteriores
de
Uruguay
le
había
asegurado
al
embajador
de
Brasil
en
ese
país
que
no
se
autorizaría
la
internación
en
el
Uruguay
de
aquellos
asilados
políticos
brasileños
procedentes
de
un
tercer
país.
Sin
embargo,
nuevamente,
el
intento
fracasó,
pues
luego
de
agradecer
la
información,
el
funcionario
mexicano
respondió
que
ello
no
podía
alterar
los
procedimientos
que
esa
secretaría
seguía
frente
a
las
eventuales
solicitudes
de
asilados
brasileños
que
deseaban
dirigirse
a
Uruguay
y
que,
en
todo
caso,
era
competencia
de
la
embajada
uruguaya
acreditada
en
México
otorgar
o
negar
la
visa
correspondiente.358
En
diciembre
de
ese
mismo
año
el
diario
brasileño
oficialista
O
Globo
informó
que
el
gobierno
de
Brasil
estaba
preocupado
por
la
expedición
de
documentos
de
viaje
que
México
hacía
a
asilados
políticos
brasileños
en
ese
país.
Agregaban
que
el
gobierno
veía
“con
aprensión
y
asombro
la
acción
de
México
al
otorgar
documentos
para
que
asilados
brasileños
viajaran
a
Chile,
Argentina
y
Uruguay”,
y
anunciaba
que
357
Memorándum
recibido
por
la
Dirección
del
Servicio
Diplomático
de
la
SRE,
México,
D.F.
20
de
agosto
2904–8 (II).
139
el
MRE
iniciaría
negociaciones
con
el
nuevo
gobierno
mexicano
de
Gustavo
Díaz
Ordaz,
tendientes
a
que
se
suspendiera
la
expedición
de
dichos
documentos.359
Al
parecer,
el
gobierno
de
Castelo
Branco
intentaba
ejercer
con
el
gobierno
de
México
la
misma
fórmula
de
presión
que
aplicaba
cada
vez
con
mayor
contundencia
al
gobierno
de
Uruguay,
que
por
haberse
convertido
después
del
golpe
de
estado
en
el
polo
de
concentración
del
exilio
brasileño,
era
objeto
de
las
más
fuertes
presiones
por
parte
del
gobierno
militar.
Sin
embargo,
México,
que
a
diferencia
de
Uruguay
no
tenía
tantos
frentes
de
ataque,
tanto
en
el
ámbito
político
como
en
el
económico,
que
Brasil
pudiera
utilizar
para
agudizar
el
chantaje,
no
prestó
mayor
atención,
en
ese
momento,
a
las
quejas
que
le
llegaban
a
través
de
la
embajada
de
Brasil
en
la
ciudad
de
México.
Incluso,
en
diciembre
de
1964,
el
gobierno
de
Uruguay
intentó
regresar
a
México
al
ex
diputado
Max
da
Costa
Santos,
quien
había
llegado
a
ese
país
recientemente
con
un
documento
de
viaje
expedido
por
el
gobierno
de
México.
La
embajada
de
Uruguay
en
México,
consultó
en
la
SRE
si
este
país
estaría
dispuesto
a
volver
a
recibir
al
ex
diputado
ya
que
el
gobierno
de
Uruguay
no
le
daría
asilo,
pero
el
gobierno
de
México
pasó
más
de
un
año
analizando
dicha
petición
sin
dar
una
respuesta
concreta.
En
noviembre
de
1964
el
régimen
militar
detectó
que
en
México
los
asilados
brasileños,
encabezados
por
el
profesor
Heron
de
Alenar,
estaban
publicando
un
folleto
intitulado
Correio
Braziliense,
donde
se
atacaba
la
“revolución
brasileña”.360
Itamaraty
lo
reportó
a
la
embajada
de
México
y
ésta
a
la
SRE
quién
a
su
vez,
solicitó
a
la
SG
investigar
sobre
la
publicación
de
dicho
boletín
y
“de
ser
posible”
obtener
algunos
números
del
mismo,
con
el
objeto
de
“determinar
si
el
asilado
estaba
realizando
acciones
contrarias
a
las
normas
internacionales
del
asilo
político”.361
En
los
expedientes
de
la
SRE
no
consta
que
el
gobierno
mexicano,
que
entonces
se
encontraba
en
plena
transición
presidencial,
haya
enviado
alguna
información
sobre
el
boletín
al
gobierno
de
Brasil.
Es
probable
que
eso
se
haya
debido
a
que
en
la
fecha
en
la
que
Itamaraty
solicitó
dicha
información,
la
OEBM
y
el
Correio
Braziliense
359
La
información
de
O
Globo
fue
reproducida
en
México
por
el
diario
Novedades,
el
3
de
diciembre
de
1964.
360
Rosenzweig
a
Relaciones,
Río
de
Janeiro,
10
de
octubre
de
1964.
AHGE–SRE,
exp.
2904–8
(II).
361
Subsecretaría
de
Relaciones
Exteriores
a
Secretaría
de
Gobernación,
AHGE–SRE,
exp.
2904–8
(II).
140
ya
habían
dejado
de
existir
y
tres
de
los
cuatro
editores
del
boletín,
incluyendo
el
profesor
Heron
de
Alencar,
ya
habían
obtenido
documentos
de
viaje
para
abandonar
de
país.
Efectivamente,
el
20
de
octubre
de
1964
el
secretario
general
de
la
OEBM,
Aluizio
Palhano
Pedreira
Ferreira,
había
emitido
una
circular
comunicando
la
extinción
de
la
organización
que
había
cumplido
cuatro
meses
de
existencia.
El
motivo:
“la
transferencia
de
la
mayoría
de
sus
miembros
para
otros
países”,
situación
que
cancelaba
las
condiciones
efectivas
para
subsistir
con
la
estructura
y
la
finalidad
que
se
había
impuesto
en
el
momento
de
su
fundación.
En
esas
condiciones,
superados
muchos
de
los
objetivos
que
constituían
gran
parte
de
sus
tareas
y
por
haber
sido
verificado
imposible
mantener
las
mismas
actividades
y
el
esquema
de
organización
que
caracterizó
a
la
OEBM,
fue
deliberada
la
extinción
de
la
organización
y,
consecuentemente,
la
de
“Correio
Braziliense”,
su
órgano
de
divulgación,
cuyo
último
número
deberá
ser
editado
hasta
el
31
de
este
mes.362
El
31
de
octubre
la
OEBM
realizó
su
última
reunión
en
la
que
muchos
de
sus
integrantes
se
despidieron
de
los
pocos
asilados
brasileños
que
se
quedaban
en
México.363
De
acuerdo
con
el
acta
de
extinción
de
la
organización,
después
de
ese
día
el
número
de
asilados
brasileños
en
México
quedaba
reducido
a
“una
decena,
o
menos”.
Sin
embargo,
destacaban
que
el
intento
de
organización
no
debía
terminar
ahí.
A
partir
de
esa
fecha,
Carlos
Taylor,
presidente
de
la
Confederación
de
Servidores
Públicos
en
Brasil
y
militante
comunista
asilado
en
México
quedaría
a
cargo
de
aglutinar
a
los
asilados
brasileños
que
permanecieran
en
el
país
y
a
los
que,
eventualmente,
siguieran
llegado.
También
se
le
encomendó
reexaminar,
en
el
futuro,
la
posibilidad
de
reestructurar
aquella
organización.
362
Comunicado
da
extinção
da
organização,
México,
D.F.
20de
octubre
de
1964,
CEDEM/UNESP,
localización:
Ema
239/45.
363
“A
última
reunião
da
organização
dos
Exilados
e
los
principios
por
ela
defendidos”,
México,
D.F.,
31
141
El
grupo
que
llega
entre
1965
y
1966.
En
el
transcurso
de
los
dos
años
siguientes,
otros
dieciséis
asilados
en
Brasil
fueron
trasladados
a
la
ciudad
de
México.
Como
se
señaló
anteriormente,
quienes
fueron
asilados
entre
1965
y
1966
eran
personas
que
habían
sido
perseguidas
por
los
militares
desde
los
primeros
días
de
abril
de
1964,
pero
a
diferencia
de
los
que
se
asilaron
aquél
año,
todas
habían
pasado
ya
largos
periodos
de
prisión
o,
en
el
mejor
de
los
casos,
habían
permanecido
ocultos
en
Brasil.
En
este
grupo
de
16
personas
llegaron
seis
ex
militares,
algunos
vinculados
a
la
AMFNB,
dos
militantes
de
las
Ligas
Camponesas,
un
militante
del
PCB,
un
dirigente
sindical
y
diputado
del
PTB
con
mandato
revocado,
un
militante
de
la
ORM–POLOP,
un
sacerdote
católico
ligado
a
movimientos
campesinos,
dos
estudiantes
y
dos
extranjeros,
un
venezolano
ligado
al
Frente
de
Liberación
Nacional
de
Venezuela
y
al
Partido
Comunista
de
Venezuela,
y
un
español
cuya
militancia
se
desconoce.
También
en
el
transcurso
de
esos
años
llegaron
a
México
algunos
familiares
de
asilados
políticos
que
ya
se
encontraban
en
el
país.
Cuando
los
asilados
de
este
grupo
fueron
llegando
a
México
encontraron
al
pequeño
grupo
de
brasileños
que
habían
llegado
desde
1964
y
aún
permanecía
en
el
país.
En
sus
memorias,
Ruy
Mauro
Marini,
recuerda
que
al
aterrizar
en
México,
en
1965,
junto
con
la
abogada
de
las
Ligas
Camponesas,
María
Ceaíles
Novares
Barreto,
con
quien
compartió
el
asilo
en
la
embajada
mexicana
durante
dos
meses,
fueron
recibidos
por
un
grupo
de
asilados.
“No
conocía
a
nadie
ahí.
Pero,
en
el
aeropuerto,
me
esperaba
el
reducido
grupo
de
asilados
que
vivía
en
el
país
–cerca
de
veinte–
lo
que
me
proporcionó,
así
como
las
autoridades
mexicanas,
una
acogida
reconfortante.”364
Los
asilados
brasileños
que
ingresaron
entre
1965
y
1966
fueron
autorizados
por
la
SG
a
permanecer
en
el
país
durante
un
año
en
calidad
de
no
inmigrante,
su
permiso
podría
ser
renovado
mientras
perduraran
las
circunstancias
que
habían
364
Marini,
Ruy
Mauro,
“Memoria”
en
Archivo
personal
de
Ruy
Mauro
Marini,
traducción
al
español,
142
determinado
su
asilo,
y
para
trabajar,
como
todos
los
asilados,
tenían
que
obtener
un
permiso
de
Gobernación.
365
A
su
llegada,
igual
que
los
asilados
que
habían
llegado
en
1964,
recibieron
el
apoyo
del
gobierno
de
México
que
les
garantizó
hospedaje
y
alimentación
durante
un
periodo
de
30
días,
o
más,
y
en
el
caso
del
asilado
de
origen
Venezolano,
José
de
Jesús
Cremonesi,
el
gobierno
también
le
proporcionó
asistencia
médica,
pues,
éste
llegó
a
México
requiriendo,
según
indicó
el
embajador,
“atención
urgente”
debido
a
los
golpes
que
había
recibido
“en
la
espalda
y
en
las
costillas
a
base
de
puñetazos”
durante
los
47
días
que
permaneció
bajo
arresto
e
incomunicado
“en
una
celda
cuyas
dimensiones
lo
obligaban
a
permanecer
de
pié
o
a
acostarse
en
diagonal,”
antes
de
solicitar
asilo
en
la
embajada
mexicana.366
En
junio
de
1965
el
gobierno
de
México
también
atendió
la
petición
que
le
hizo
un
grupo
de
mujeres,
esposas
de
asilados
políticos
brasileños
que
habían
llegado
a
México,
para
costear
los
gastos
que
enfrentaba
la
comunidad
de
brasileños
exiliados
en
México
por
la
hospitalización
de
uno
de
los
asilados
que
había
intentado
quitarse
la
vida.367
El
pequeño
grupo
de
asilados
brasileños
que
había
quedado
en
México
ya
estaba
prácticamente
establecido.
Muchos
de
ellos
habían
recibido
a
sus
familias
y
habían
rentado
departamentos
–en
el
caso
de
los
que
estaban
casados–,
o
cuartos
de
pensiones
–los
que
permanecían
solteros–.368
La
comunidad
de
brasileños
se
había
aglutinado
en
torno
a
una
figura
central
del
exilio
brasileño
mexicano:
Carlos
Taylor
da
Cunha
Melo,
un
antiguo
militante
comunista,
líder
de
la
Unión
Nacional
de
los
Servidores
Públicos
(UNESP)
en
Brasil
que
había
llegado
a
México
a
finales
de
julio
de
1964
y
como
ingeniero
agrónomo
había
podido
encontrar
un
trabajo.
Era
una
persona
de
gran
carisma
que,
junto
a
su
entrañable
amigo,
también
militante
del
PCB,
Isaac
Scheinvar,
se
encargaron
de
365
Dirección
General
de
Población,
documento
de
autorización
de
permanencia
en
el
país,
México,
D.F.,
143
mantener
la
solidaridad
entre
los
asilados
brasileños
que
habían
quedado,
así
como
de
estar
pendientes
de
aquellos
que
seguían
llegando.
El
grupo
de
exiliados
brasileños
que
se
encontraba
en
México
no
era
para
nada
homogéneo,
pues
sus
integrantes
pertenecían
al
diverso
espectro
político
de
la
izquierda
brasileña
que
fue
perseguida
a
raíz
del
golpe
de
estado,
no
obstante,
en
aquellos
momentos
de
adversidad
intentaban
mantener
una
dinámica
de
respeto
poniendo
por
encima
de
las
diferencias
políticas
la
necesidad
de
mantener
la
unión
y
la
solidaridad
entre
ellos.
En
esa
idea,
los
asilados
brasileños
constituyeron,
en
junio
de
1965,
el
Comité
de
los
Brasileños
Exiliados
en
México
(COBEM)
dirigido,
en
ese
primer
momento,
por
Carlos
Taylor,
la
profesora
comunista
asilada,
Abigail
Ferreira
Nunez
y
el
profesor
y
militante
de
la
ORM–POLOP,
Ruy
Mauro
Marini.
Con
la
intención
de
echar
a
andar
ese
comité
en
un
marco
de
total
respeto
por
el
gobierno
mexicano,
los
asilados
enviaron
un
oficio
al
secretario
de
Gobernación
Luis
Echeverría
Álvarez
en
el
que
notificaron
el
nacimiento
del
COBEM
y
aclararon
que
sus
únicos
objetivos
eran
estrechar
los
lazos
de
solidaridad,
promover
el
auxilio
muto
entre
sus
miembros
y
mantenerlos
informados
de
lo
que
sucedía
en
Brasil.
369
Precisamente,
para
este
último
fin,
el
COBEM
también
había
empezado
a
publicar,
en
junio
de
1965,
el
“Boletín
Informativo
COBEM”
que
funcionaba
como
el
órgano
de
difusión
del
comité.
En
octubre
de
1965
el
subsecretario
de
Relaciones
Exteriores,
Gabino
Fraga,
envió
un
oficio
confidencial
al
secretario
de
Gobernación
y
un
copia
del
“Boletín
Informativo
COBEM”,
sugiriendo
que
fueran
investigadas
las
actividades
del
comité
para
determinar
si
no
se
estaban
vulnerando
las
obligaciones
internacionales
de
México
en
materia
de
asilo
o
las
disposiciones
de
la
SG.
En
el
mismo
oficio,
Fraga
señalaba
que
en
lo
referente
a
la
mera
publicación
del
boletín,
la
SRE
opinaba,
con
369
Oficio
dirigido
al
secretario
de
Gobernación,
3
de
junio
de
1965,
México,
D.F.,
AHGE–SRE,
exp.2904–
144
base
en
los
artículos
VII
y
VIII
de
la
Convención
de
Asilo
de
Caracas,
“que
la
calidad
de
asilado
político
de
una
persona
no
restringe
su
libertad
de
expresión
o
de
reunión.”370
El
boletín,
que
se
editaba
en
español,
publicaba
análisis
sobre
la
situación
política
y
económica
que
atravesaba
Brasil,
reproducía
algunas
notas
destacadas
que
encontraban
en
la
prensa
brasileña
y
denunciaba
casos
de
detenciones
arbitrarias
que
se
seguían
dando
en
Brasil.
371Tenía
entre
sus
colaboradores
a
los
asilados:
Ruy
Mauro
Marini,
Carlos
Taylor,
Abigail
Pereira,
Milton
Campos
y
Víctor
Medeiros
do
Paço,
quienes
a
través
de
sus
artículos
lanzaba
fuertes
críticas
a
la
dictadura
brasileña.
El
último
día
de
diciembre
de
1965
los
integrantes
del
COBEM
y
un
grupo
de
simpatizantes
mexicanos
solidarios
con
los
brasileños,
recibió
en
el
aeropuerto
de
la
ciudad
de
México
a
un
nuevo
grupo
de
seis
asilados
que
llegaban
de
Brasil.
Entre
ellos,
destacaban
las
figuras
del
abogado,
ex
diputado
y
fundador
de
las
Ligas
Camponesas,
Francisco
Julião372 ,
del
sacerdote
y
dirigente
campesino,
Francisco
Lage,
y
el
líder
sindical
y
representante
estatal
del
CGT,
Sinval
de
Oliveira
Bambirra,
quienes
junto
al
estudiante
Claudio
Augusto
Colombani,
al
trabajador
español
Antonio
Quiñones
Peiri
y
al
ex
sargento,
João
Barbosa
do
Nascimento,
fueron
recibidos
con
gran
júbilo,
como
recordaba
el
propio
Julião:
El
avión
que
nos
trajo
a
México
partió
del
Galeão373
una
mañana
llena
de
sol…
catorce
horas
después
estábamos
siendo
abrazados
con
alegría
y
exaltación
por
los
compatriotas
que
ya
vivían
en
México
y
por
centenas
de
mexicanos,
jóvenes
en
su
mayoría,
que
fueron
a
demostrar
su
solidaridad
y
simpatía.
“Viva
Brasil!”,
“Viva
México!”,
“Abajo
la
dictadura!”,
“Muera
el
fascismo!”
Los
vivas,
abajos
y
los
muera,
estaban
en
español
y
en
portugués.”
374
370
Gabino
Fraga
a
Luis
Echeverría,
21
de
octubre
de
1965,
México,
D.F.,
AHGE–SRE,
exp.2904–8
(III),
ff.
162–169.
371
Ibid.
372
Julião
viajó
a
México
con
su
esposa
y
tres
de
sus
hijos.
373
Nombre
del
aeropuerto
internacional
de
Río
de
Janeiro.
374
Francisco
Julião,
“Esperança
é
meu
signo”
en
Pedro
Celso
Uchôa
Cavalcanti
y
Jovelino
Ramos
(Orgs.),
145
El
grupo
de
asilados
en
el
que
viajó
Julião
fue
el
primero
en
ser
monitoreado
por
la
Dirección
Federal
de
Seguridad
(DFS),
375
que
en
1964,
con
la
llegada
de
Díaz
Ordaz
a
la
presidencia
y
de
Fernando
Gutierrez
Barrios
a
la
dirección
de
la
institución,
había
iniciado
su
“época
de
oro”
o
de
mayor
poder
que
duraría
hasta
1985
y
durante
la
cual
un
grupo
de
agentes
como
Luis
de
la
Barreda
y
Miguel
Nazar
Haro
controlaron
la
institución376
y
formaron
grupos
destinados
a
distintas
misiones,
entre
las
que
estuvo
el
seguimiento
y
vigilancia
de
distintos
asilados
políticos.
Es
posible
que
la
llegada
de
este
nuevo
grupo
diera
un
nuevo
impulso
al
COBEM,
que
a
juzgar
por
la
presencia
de
jóvenes
mexicanos
en
el
aeropuerto,
ya
había
logrado
cierta
simpatía
y
solidaridad
de
una
parte,
quizá
estudiantil,
del
sector
juvenil
capitalino.
Con
los
nuevos
integrantes,
el
COBEM
redactó
y
publicó
unas
semanas
después
su
carta
de
principios
en
donde
sus
integrantes
anunciaban
que
como
exiliados
mantendrían
la
lucha
por
la
libertad
del
pueblo
brasileño
haciendo
uso
de
las
libertades
de
que
gozaban
en
el
país
de
asilo.
No
hemos
venido
a
buscar
nuestra
libertad
individual
en
otros
países;
por
el
contrario,
estamos
decididos
a
continuar
luchando
por
la
verdadera
libertad
del
pueblo
brasileño,
a
quien
hemos
dedicado
lo
mejor
de
nuestras
vidas…
Dentro
de
los
límites
que
nos
imponen
el
deber
de
hospitalidad
y
las
leyes
de
asilo,
no
podemos
callar
nuestra
voz
de
rebeldía.377
Por
su
parte,
el
Boletín
Informativo
COBEM
que
se
publicó
en
enero
de
1966
contenía
en
su
primera
página
un
reporte
sobre
la
participación
de
la
delegación
brasileña
en
la
Conferencia
Tricontinental
de
los
Pueblos,
realizada
en
La
Habana
el
3
de
enero
de
ese
año,
e
incluía
amplios
artículos
en
los
que
Julião,
el
padre
Lage
y
Bambirra
exponían
sus
puntos
de
vista
sobre
el
gobierno
militar
y
la
lucha
que
debían
seguir
los
brasileños
contra
la
dictadura.
375
Dirección
Federal
de
Seguridad
(DFS),
“Asilados
politicos”,
31
de
diciembre
de
1965,
Archivo
General
de
la
Nación
(en
adelante
AGN)
Galería
1,
DFS,
exp.
76–27–66.
L1.
H.1.
376
Sergio
Aguayo,
La
Charola.
Una
historia
de
los
servicios
de
inteligencia
en
México,
México,
Ediciones
146
No
obstante,
la
tolerancia
del
gobierno
mexicano
llegó
hasta
ahí.
El
7
de
febrero
siete
asilados
brasileños
integrantes
del
COBEM
fueron
citados
en
la
Secretaría
de
Gobernación378
donde
el
subdirector
general
de
Población,
Miguel
Domínguez
Loyo,
les
pidió
abstenerse
de
la
publicación
del
Boletín
Informativo
COBEM,
“donde
se
critica
y
ataca
sistemáticamente
al
gobierno
político
actualmente
constituido
en
los
Estados
Unidos
de
Brasil”.
Les
dijo
que
de
esa
forma
colaborarían
“con
el
país
que
les
da
protección.”
Según
el
funcionario,
la
publicación
contrariaba
el
artículo
VII
de
la
Convención
sobre
Asilo
Territorial
firmada
en
1954
en
la
Convención
de
Caracas.379
En
aquella
reunión,
el
profesor
Ruy
Mauro
Marini
habló
en
representación
del
COBEM
y
manifestó
que
sus
integrantes
“jamás
han
querido
crear
dificultades
de
ningún
tipo
al
gobierno
de
México,
que
tan
hospitalariamente
nos
recibió
en
su
territorio.”
Dijo
que
habían
publicado
el
Boletín
en
la
creencia
de
que
se
mantenían
dentro
de
las
normas
jurídicas
que
regulan
el
asilo
político
y
que
en
función
de
ello
habían
comunicado
la
constitución
del
COBEM
y
del
propio
boletín
desde
agosto
de
1965.
Los
asilados
firmaron
un
acta
dándose
por
enterados
de
la
“petición”
que
les
hizo
el
gobierno
de
México
pero
manifestaron
su
deseo
de
gestionar
ante
las
autoridades
competentes
el
restablecimiento
de
la
publicación,
lo
que
todo
parece
indicar
que
no
sucedió,
a
pesar
de
que
meses
más
tarde
una
nueva
directiva
del
COBEM
argumentara
ante
la
SG
que
la
Constitución
mexicana,
consideraba
“inviolable”
la
libertad
de
escribir
sobre
cualquier
materia
de
todos
los
nacionales
y
extranjeros
que
vivían
bajo
su
protección,
y
que
un
análisis
más
detallado
del
artículo
VII
de
la
Convención
de
Asilo
Territorial
llevaría
a
la
conclusión
de
que
ésta
“en
realidad
apoya
y
garantiza
el
derecho
de
libre
expresión
del
pensamiento.”380
378
Los
asilados
que
fueron
citados
eran:
Carlos
Taylor,
Francisco
Julião,
Ruy
Mauro
Marini,
Victor
Medeiros,
Guildo
Mario
Porto
Guerra,
José
Thiago
Cintra
y
Francisco
Lage
Pessoa.
379
El
artículo
establece
que
“la
libertad
de
expresión
del
pensamiento
que
el
derecho
interno
reconoce
a
todos
los
habitantes
de
un
Estado
no
puede
ser
motivo
de
reclamación
por
otro
Estado
basándose
en
conceptos
que
contra
éste
o
su
gobierno
expresen
públicamente
los
asilados
o
refugiados,
salvo
el
caso
de
que
esos
conceptos
constituyan
propaganda
sistemática
por
medio
de
la
cual
se
incite
al
empleo
de
la
fuerza
o
de
la
violencia
contra
el
gobierno
del
Estado
reclamante.”
380
COBEM
al
subdirector
del
Servicio
Diplomático,
19
de
octubre
de
1966,
México,
D.F.,
AHGE–SRE,
147
A
pesar
de
los
intentos
del
gobierno
militar
de
Brasil
por
impedir
que
el
gobierno
mexicano
facilitara
el
traslado
de
los
asilados
a
otros
países,
entre
1965
y
1966
éste
siguió
otorgando
documentos
de
viaje
a
todo
aquél
que
lo
solicitó,
no
obstante,
ninguno
de
ellos
volvió
a
tener
como
destino
algún
país
que
hiciera
frontera
con
Brasil.
En
el
transcurso
de
esos
dos
años
se
emitieron
once
documentos
para
que
los
asilados
se
trasladaran
a
Cuba
y
a
Chile.
Al
parecer,
los
asilados
que
llegaron
a
México
entre
1965
y
1966
tuvieron
más
interés
en
quedarse
en
México
que
aquellos
que
habían
llegado
en
1964,
Tal
vez
eso
se
deba
a
que,
como
observa
Denise
Rollemberg,
en
esos
años
ya
empezaba
a
quedar
claro
que
el
retorno
no
sería
tan
pronto
como
lo
habían
imaginado.381
Quienes
llegaron
en
esos
años,
enfrentaron
las
mismas
dificultades
para
encontrar
empleo
que
sus
connacionales
anteriores.
No
obstante,
en
este
grupo,
tres
factores
parecieron
ser
determinantes
para
que
varios
decidieran,
o
pudieran,
quedarse
en
el
país.
Por
un
lado,
los
perfiles
políticos
y
profesionales
de
muchos
de
ellos,
por
otro,
el
establecimiento
de
contactos
que
a
muchos
de
ellos
ayudaron
a
insertarse
en
la
vida
laboral
del
país,
y
finalmente,
el
apoyo
que
muchos
de
ellos
encontraron
en
México
entre
aquél
pequeño
pero
solidario
grupo
de
asilados
brasileños
que
se
había
establecido
en
el
país.
El
joven
profesor
Ruy
Mauro
Marini,
que
en
1965
aún
no
era
un
conocido
fuera
de
Brasil,
narra
en
sus
memorias
cómo
ingresó
al
Centro
de
Estudios
Internacionales
(CEI)
de
El
Colegio
de
México:
A
los
quince
días
de
mi
llegada
y
después
de
sufrir
una
decepción
—Pablo
González
Casanova,
uno
de
los
pocos
intelectuales
que
conocía
de
nombre
y
que
me
recibió
con
cariño
y
solidaridad,
dejó
la
dirección
de
la
Facultad
de
Ciencias
Políticas
y
Sociales,
de
la
UNAM,
y
fue
sustituido
por
Enrique
González
Pedrero,
que
simplemente
no
me
recibió—
obtuve,
a
través
de
Mario
Ojeda
Gómez,
entonces
director
del
Centro
de
Estudios
Internacionales
(CEI)
de
El
Colegio
de
México
—quien,
además
de
cálidamente
solidario,
era
un
entusiasta
de
Brasil—
un
lugar
en
la
Institución.382
381
Denise
Rollemberg,
op.
Cit.,
p.
54.
382
Ruy
Mauro
Marini,
op.
Cit.
148
Otros
fueron
los
contactos
que
en
México
pudo
establecer
Franciso
Julião,
quien
no
era
la
primera
vez
que
se
encontraba
en
México
y
ya
era
en
esos
años
el
reconocido
fundador
y
dirigente
de
las
famosas
“Ligas
Campesinas”
del
nordeste
de
Brasil.
Julião,
quien
tenía
una
relación
cercana
con
Fidel
Castro,
recibió
a
los
pocos
días
de
llegar
a
México
la
invitación
del
líder
cubano
para
ir
a
vivir
a
la
Habana,
sin
embargo,
éste
decidió
permanecer
en
México.
Por
su
condición
de
extranjero
Julião
no
podía
ejercer
en
México
su
profesión
de
abogado,
así
que
se
registró
en
la
SG
como
escritor.
Según
sus
testimonios,
en
los
primeros
días
recibió
ayuda
del
muralista
David
Alfaro
Siqueiros,
a
quien
en
años
anteriores
había
intentado
visitar
en
la
cárcel
durante
su
paso
por
México.
“Con
ayuda
de
Siqueiros
pude
venir
a
Cuernavaca”,
escribió
Julião,
quien
vivió
en
el
estado
de
Morelos
el
resto
de
su
exilio
donde
trabajó
en
el
Centro
Intercultural
de
Documentación
(CIDOC)
y
se
dedicó
a
escribir.
No
obstante,
a
Julião
que
fue
la
figura
más
visible
del
exilio
brasileño
en
México,
nunca
le
faltaron
las
muestras
de
solidaridad
por
parte
de
importantes
figuras
de
la
izquierda
latinoamericana,
entre
ellas
el
general
Lázaro
Cárdenas
del
Río
o
el
propio
Salvador
Allende.
Solidaridad
nunca
me
faltó!
Siqueiros,
Allende,
Cárdenas,
Sedicre,
Ivan
Illich,
Pagés,
Silva
Resogue,
Jorge
Hermoso,
Pablo
González
Casanova,
Montañez,
Pulvo
Hernández,
Chico
Oliveira.
Cuántos
no
me
ayudaron
en
aquellos
primeros
años
duros,
en
forma
discreta,
fina
y
delicada,
hasta
que
salí
adelante
con
los
cursos,
con
los
libros
y
las
investigaciones!383
Por
su
parte,
el
padre
Francisco
Lage
que
era
el
único
sacerdote
asilado
fue
enviado
por
el
Cardenal
de
México
a
la
parroquia
del
barrio
de
Tepito
donde
según
su
testimonio
le
fue
muy
difícil
convivir
con
un
párroco
“muy
representativo
de
la
media
mexicana
de
la
época
cristera.”
Después
pasó
tres
años
en
la
parroquia
Nuestra
Señora
de
Guadalupe
en
la
colonia
América
de
la
ciudad
de
México
pero
terminó
por
383
Francisco
Julião,
“Esperança
é
meu
signo”
en
Pedro
Celso
Uchôa
Cavalcanti
y
Jovelino
Ramos
(Orgs.),
149
desligarse
de
la
iglesia
mexicana
y
se
unió
a
unos
padres
franceses
para
fundar
una
escuela
de
lenguas
llamada
“Escuela
Francia–Brasil.”384
Otra
fue
la
suerte
de
los
sargentos
y
marineros
que
llegaron
a
México
en
esos
años,
pues
no
eran
profesionistas
y
sus
oportunidades
fueron
mucho
más
reducidas.
Según
un
documento
de
la
Policía
Política
Brasileña,
en
aquellos
primeros
años
de
exilio
el
sargento
João
Barbosa
do
Nascimento
comenzó
vendiendo
frutas
en
calles
de
la
ciudad
de
México
para
sobrevivir.385
Por
su
parte,
el
marinero
Paulo
Alves
Conserva
escribió
un
testimonio
donde
recuerda
cómo
fueron
aquellos
días
difíciles
en
México.
“Leía
el
periódico
Excélsior,
devoraba
las
páginas
de
anuncios
de
empleo…
los
pocos
dólares
que
yo
llevé
a
México
ya
escaseaban,
la
situación
de
trabajo
era
cada
vez
más
difícil,
pues
además
de
extranjero
era
considerado
“rojo”
por
los
patrones
y
la
necesidad
de
empleo
era
apremiante.386
Con
un
par
de
excepciones,
la
mayoría
de
los
sargentos
y
marinos
de
este
grupo
salió
de
México
después
del
primer
año
de
estancia,
el
resto
de
asilados
se
incorporó
a
la
comunidad
de
asilados
brasileños
en
México
que
se
mantuvo
pequeña
y
dedicada
casi
exclusivamente
a
trabajar
y
estudiar.
El
contacto
entre
ellos
permaneció
en
un
nivel
más
familiar
que
político.
384
Entrevista
con
Francisco
Lage
Pessoa
(Padre
Lage),
O
Pasquim,
11
(533),
14–20
de
septiembre
de
150
151
CAPÍTULO
3
“El
exilio,
que
siempre
nace
de
una
derrota,
no
solamente
proporciona
experiencias
dolorosas.
Cierra
unas
puertas,
pero
abre
otras.
Es
una
penitencia,
y
a
la
vez,
una
libertad
y
una
responsabilidad.
Tiene
una
cara
negra
y
tiene
una
cara
roja.”
Eduardo
Galeano,
“El
exilio:
entre
la
nostalgia
y
la
creación,”
en
Revista
de
la
Universidad
de
México,
11
de
julio
de
1979.
Segunda
fase
del
exilio.
Generación
68.
De
Castelo
Branco
al
AI–5
Tres
años
después
del
golpe,
la
“revolución”
de
los
militares
había
cumplido
su
principal
objetivo
político:
desmantelar
a
la
élite
reformista
que
se
encontraba
en
el
gobierno
antes
de
1964
y
disolver
los
movimientos
sociales
organizados.
387
En
1967
la
mayoría
de
quienes
habían
formado
parte
de
aquél
movimiento
reformista–
nacionalista
se
encontraba
en
algún
presidio
del
país,
en
la
clandestinidad
o
en
el
exilio.
Entre
1964
y
1967
también
se
habían
frustrado
con
gran
facilidad
los
intentos
de
levantamiento
armado
que
se
registraron
en
Brasil
con
el
objetivo
de
expulsar
a
los
militares
del
poder,
entre
ellos
la
Guerrilha
de
Copacabana, 388 el
Movimento
Revolucionário
Três
Pasos389
y
la
trágica
experiencia
de
la
Guerrilha
de
Caparaó.390
387
Marcos
Napolitano,
Historia
do
Regime
Militar
Brasileiro,
São
Paulo,
editora
Contexto,
2014,
p.
71.
388 Foco
guerrillero
que
intentaron
organizar
Militantes
de
la
ORM–POLOP
en
articulación
con
subalternos
de
las
Fuerzas
Armadas
en
los
meses
inmediatamente
posteriores
al
golpe.
Fue
irónicamente
bautizado
en
la
prensa
con
ese
nombre
porque
polopistas
y
marineros
se
reunían
en
departamentos
de
ese
exclusivo
barrio
de
Río
de
Janeiro.
El
movimiento
fue
denunciado
por
vecinos
e
infiltrado
por
agentes
del
Centro
de
Informações
da
Marinha
(CENIMAR),
sus
integrantes
fueron
aprehendidos
en
julio
de
1964
y
nunca
llegó
a
ponerse
en
práctica.
Ver:
Anderson
da
Silva
Almeida,
152
Durante
el
gobierno
de
Castelo
Branco
se
había
construido
el
nuevo
orden
institucional
autoritario
y
centralista
que
en
adelante
sostendría
al
régimen.
Durante
este
periodo
se
editaron
cuatro
Atos
Institucionais,
se
publicó
una
nueva
Ley
de
Prensa,
se
creó
el
Consejo
de
Seguridad
Nacional
(CSN)
amparado
por
una
nueva
ley
de
Seguridad
Nacional
“que
convertía
virtualmente
a
todo
ciudadano
en
un
vigilante
y
un
sospechoso”,
y
se
aprobó
una
nueva
Constitución
que
resguardaba
celosamente
el
principio
de
seguridad
nacional.
391
Pero
a
pesar
de
todo
ello
y
de
la
“política
de
equilibrio”
que
siguió
para
mantener
contentos
a
los
integrantes
del
gran
frente
civil
y
militar
que
había
apoyado
el
golpe,
el
gobierno
de
Castelo
Branco
llegó
a
su
fin
en
marzo
de
1967
con
un
considerable
grado
de
desgaste.
Había
en
Brasil
una
atmósfera
de
descontento
con
el
gobierno
no
sólo
al
interior
de
las
Fuerzas
Armadas,
donde
había
sectores
inconformes
con
el
tono
“moderado”
de
éste,392
o
entre
líderes
civiles
que
habían
apoyado
el
golpe
y
estaban
inconformes
con
los
resultados
que
habían
obtenido
en
las
elecciones
de
1965
y
1966,
también
diversos
sectores
económicos
se
sentían
Todo
o
Leme
a
Bombordo.
Marinheiros
e
ditadura
civil–militar
no
Brasil
da
Rebelião
de
1964
à
Anistia,
Rio
de
Janeiro,
Arquivo
Nacional,
2012,
pp.
93–96.
389
Fue
un
levantamiento
dirigido
por
el
teniente
coronel
brizolista
Jefferson
Cardim
de
Alencar
Osorio
ocurrido
en
marzo
de
1965
que
planeaba
invadir
tres
estados
brasileños
del
sur
para
derrocar
a
la
dictadura
antes
de
que
ésta
cumpliera
un
año
en
el
poder.
El
plan
fracasó
y
sus
23
integrantes
fueron
llevados
a
prisión.
Poco
reconocido
por
la
historiografía
de
la
guerrilla
en
Brasil,
se
trató
del
primer
movimiento
armado
que
intentó
restaurar
la
democracia
en
Brasil.
390
Organizada
por
el
Movimento
Nacional
Revolucionário
(MNR)
liderado
por
Leonel
Brizola
desde
el
exilio
en
Uruguay
y
apoyada
financieramente
por
el
gobierno
Cubano,
fue
un
tentativa
de
establecer
un
foco
guerrillero
en
la
sierra
de
Caparaó,
ubicada
entre
los
estados
de
Espíritu
Santo
y
Minas
Gerais,
entre
1966
y
1967.
Muchos
de
sus
integrantes
eran
militares
que
habían
sido
expulsados
de
las
Fuerzas
Armadas
después
del
golpe
y
habían
recibido
entrenamiento
militar
en
Cuba.
Además
de
que
durante
el
intento
los
guerrilleros
fueron
atacados
por
la
peste
bubónica,
el
movimiento
fue
descubierto
por
los
servicios
de
inteligencia
y
desarticulado
en
abril
de
1967
por
la
Policía
Militar.
391
A
pesar
de
ello,
hay
versiones
historiográficas
que
pretenden
suavizar
el
carácter
autoritario
de
ese
gobierno,
afirmando
que
en
realidad
se
trató
de
una
“dictablanda”
porque
los
métodos
represivos
que
se
utilizaron
en
los
primeros
años
del
régimen
ni
siquiera
se
acercaron
a
los
niveles
de
violencia
sistemática
y
de
cerrazón
de
la
esfera
pública
que
alcanzaron
después
de
1968.
Ver,
Marcos
Napolitano,
op.
Cit.,
pp.
78–80.
392
Entre
los
militares
había
un
importante
sector
que
consideraba
a
Castelo
Branco
un
“liberal
en
exceso“
y
exigía
un
“combate
sin
treguas
contra
el
comunismo
y
la
corrupción.”
Esa
ala
era
identificada
como
la
“línea
dura”.
153
insatisfechos
porque
la
política
económica
no
había
presentado
hasta
entonces
resultados
convincentes.393
Por
otra
parte,
aunque
el
régimen
había
evitado
desencadenar
una
represión
generalizada,
las
denuncias
que
habían
salido
a
la
luz
sobre
las
torturas
y
otros
tipos
de
violencia
que
se
cometía
contra
los
presos
políticos
en
órganos
policiales
y
militares,
empezó
a
generar
críticas
en
algunos
sectores
de
la
sociedad
civil
que
empezaron
a
cuestionar
a
un
gobierno
que
se
decía
comprometido
con
los
valores
democráticos. 394
Algunas
de
esas
criticas
surgieron
incluso
de
las
propias
clases
medias
conservadoras
que
habían
celebrado
la
caída
de
Goulart,
pues
empezaban
a
sentirse
incómodas
con
el
carácter
autoritario
y
dictatorial
que
había
asumido
el
régimen.395
El
15
marzo
de
1967
la
“revolución”
cambió
de
mando.
El
mariscal
Artur
da
Costa
e
Silva
se
convirtió
en
el
segundo
presidente
del
régimen
militar
y
ese
mismo
día
entró
en
vigor
la
nueva
Constitución
que
confería
al
presidente
de
la
República
una
suma
de
poderes
mucho
más
amplia
de
lo
que
lo
hacía
la
Carta
de
1946.
En
el
nuevo
gabinete
destacaron
los
nombres
de
militares
considerados
pilares
de
la
línea
dura
dentro
de
las
Fuerzas
Armadas.396
Aunque
durante
su
toma
de
posesión
Costa
e
Silva
había
prometido
diálogo
con
la
sociedad
y
respeto
a
los
valores
democráticos,
no
tuvo
que
pasar
mucho
tiempo
para
que
mostrara
la
cara
dura
de
su
gobierno,
misma
que
se
mostraría
sin
tapujos
en
el
año
clave
de
1968.
El
desgaste,
las
críticas
de
la
sociedad
civil
y
los
rompimientos
políticos
que
se
habían
dado
a
finales
del
gobierno
de
Castelo
Branco
habían
dejado
brechas
por
donde
penetraron
cada
vez
con
más
fuerza
las
críticas
al
régimen
destacándose
entre
ellas
las
de
los
estudiantes
universitarios,
afectados
con
las
reformas
que
el
régimen
393
Daniel
Aarão
Reis
Filho,
Ditadura
e
democracia
no
Brasil:
do
golpe
de
1964
a
Constitução
de
1988,
Rio
Informaciones (SNI).
154
había
realizado
en
las
estructuras
administrativas,
profesional
y
curricular
de
las
universidades.397
Desde
1965
en
el
sector
estudiantil
se
había
ido
articulando
una
oposición
creciente
al
régimen,
especialmente
a
raíz
de
la
promulgación
de
una
ley
que
había
puesto
en
la
ilegalidad
a
las
entidades
de
coordinación
del
movimiento
estudiantil
como
la
União
Nacional
dos
Estudantes
(UNE)
y
las
Uniões
Estaduais
dos
Estudantes
(UEEs)
que
siguieron
actuando
en
la
clandestinidad.
Entre
1966
y
1967
los
universitarios
hicieron
protestas
públicas
contra
el
régimen
y
protagonizaron
varios
choques
con
la
policía,
pero
fue
en
marzo
de
1968
cuando
el
movimiento
estudiantil
despuntó
a
raíz
del
asesinato
del
estudiante,
Edson
Luis
de
Lima
Souto,
quien
cayó
abatido
por
la
Policía
Militar
durante
una
manifestación
de
estudiantes
en
Río
de
Janeiro.
La
muerte
del
joven
estudiante
conmovió
a
buena
parte
de
la
sociedad
civil.
Su
cuerpo
fue
velado
en
la
Asamblea
Legislativa
de
Guanabara
de
donde
partió
un
cortejo
fúnebre
acompañado
por
cerca
de
60
mil
personas,
mientras
que
los
estudiantes
decretaron
una
huelga
estudiantil
a
nivel
nacional
y
la
misa
del
séptimo
día,
que
se
realizó
por
el
estudiante
asesinado,
terminó
convirtiéndose
en
una
batalla
campal
entre
estudiantes
y
la
tropa
de
choque
de
la
Policía
Militar
de
Río
de
Janeiro.
En
ese
contexto,
otros
sectores
de
la
sociedad
se
fueron
sumando
al
movimiento
de
oposición
que
crecía
en
Brasil:
artistas,
religiosos,
profesores,
empleados
bancarios.
Poco
después,
los
militares
y
los
empresarios
vieron
con
enorme
preocupación
la
rearticulación
de
algunos
núcleos
obreros
como
los
de
las
zonas
industriales
de
Contagem
en
Minas
Gerais
y
Osasco
en
São
Paulo,
donde
se
realizaron
importantes
huelgas
que
reivindicaban
mejoras
salariales
y
mejores
condiciones
de
trabajo.398
En
1968
la
oposición
al
régimen
no
era
una
masa
homogénea,
el
historiador
Daniel
Aarão
Reis
distingue
dentro
de
ésta
por
lo
menos
tres
corrientes
que
únicamente
tenían
en
común
las
críticas
a
la
dictadura.
Había,
según
el
especialista,
397
Marcos
Napolitano,
op.
Cit.,
p.
88.
398
En
abril
de
1968,
15
mil
metalúrgicos
realizaron
una
huelga
por
mejores
salarios
en
Contagem,
y
en
julio,
seis
metalúrgicas
de
Osasco
realizaron
una
huelga
que
se
radicalizó
hasta
la
ocupación
de
una
fábrica
que
fue
liberada
por
el
Ejército.
155
una
corriente
moderada,
ampliamente
mayoritaria,
donde
se
articulaban
los
militantes
del
Movimento
Democrático
Brasileiro
(MDB) 399
apoyado
en
la
clandestinidad
por
el
PCB
y
otros
sectores
que
habían
participado
en
el
frente
golpista
que
ahora,
por
diversas
razones,
estaban
insatisfechos
con
los
rumbos
que
había
tomado
el
régimen
dictatorial.
Querían
la
restauración
de
la
democracia
en
los
moldes
en
los
que
existía
antes
del
golpe
y
defendían
una
transición
pacífica
a
través
del
diálogo
y
la
persuasión.
Otro
sector
de
la
oposición
se
encontraba
en
el
movimiento
estudiantil
que
estaba
en
las
calles,
definido
como
un
movimiento
democrático
radical
que
preconizaba
la
derrota
de
la
dictadura
pero
sin
definir
cómo
podría
lograrla.
En
una
tercera
vertiente
estaban
las
organizaciones
revolucionarias
que
actuaban
en
la
clandestinidad.
Controlaban
muchas
entidades
representativas
estudiantiles
pero
eran
sólo
una
parte,
minoritaria,
dentro
del
movimiento
estudiantil.
Se
trataba
de
la
izquierda
revolucionaria
integrada
en
grupos
de
vanguardia
que
estaba
decidida
a
emprender
la
lucha
armada
contra
el
régimen,
pues
consideraban
que
era
el
recurso
indispensable
y
principal
para
derrumbarlo.
No
querían
sólo
librarse
de
la
dictadura,
también
querían
destruir
el
sistema
capitalista
y
abrir
la
vía
para
la
construcción
de
un
régimen
alternativo,
socialista.400
Después
de
lo
intentos
fracasados
de
levantamiento
armado
que
se
habían
registrado
entre
1964
y
1966,
en
1967
una
organización
revolucionaria
había
empezado
a
ganar
fuerza.
Se
trataba
de
la
Ação
Libertadora
Nacional
(ALN)
constituida
por
ex
militantes
del
PCB
y
dirigida
por
Carlos
Marighela.
Al
año
siguiente,
además
de
ALN
también
actuaban
en
el
terreno
revolucionario
otras
organizaciones
como
la
Vanguardia
Popular
Revolucionaria
(VPR)
que,
como
la
primera,
realizaba
acciones
de
expropiación
de
armas
y
de
dinero,
atacaba
bancos
e
instituciones
comprometidos
con
la
dictadura,
realizaba
ejecuciones
de
representantes
del
régimen
399
Partido
político
que
aglutinó
a
los
opositores
del
régimen
militar
frente
al
poderío
gobiernista
de
la
156
y
realizaba
operaciones
de
propaganda,401acciones
que
coincidieron
con
el
momento
de
mayor
efervescencia
del
movimiento
estudiantil.
En
junio
de
1968
los
enfrentamientos
entre
policía
y
estudiantes
ganaron
nueva
fuerza.
El
día
21
pasó
a
la
historia
como
la
“Sexta–Feira
Sangrenta”402cuando
estudiantes
y
personas
de
la
sociedad
civil
se
enfrentaron
con
la
policía
y
agentes
del
DOPS
dejando
un
saldo
de
cuatro
muertos,
23
personas
baleadas
y
decenas
de
heridos.
Los
enfrentamientos
no
paraban
y
en
ese
contexto
fueron
detenidos
varios
estudiantes
que
en
los
centros
de
detención
fueron
sometidos
a
fuertes
dosis
de
violencia
y
humillaciones.
El
26
de
junio
de
1968
gran
parte
de
la
oposición
se
expresó
en
una
gigantesca
manifestación
conocida
como
la
“Passeata
dos
Cem
Mil”
que
se
realizó
en
Río
de
Janeiro
liderada
por
estudiantes
y
profesores
donde,
entre
otras
cosas,
se
exigía
el
fin
de
la
represión
policial.
Aunque
las
principales
manifestaciones
se
realizaron
en
Río
de
Janeiro,
también
los
estudiantes
de
otras
ciudades
lograron
organizar
importantes
protestas
públicas.
En
julio
el
gobierno
federal
prohibió
las
marchas
y
a
finales
de
agosto
la
Universidad
de
Brasilia
fue
violentamente
ocupada
por
los
militares,
acción
en
la
que
fueron
aprehendidos
varios
estudiantes
y
profesores.
En
septiembre,
desde
la
tribuna
del
Congreso
el
diputado
Márcio
Moreira
Alves,
del
MDB,
denunció
la
violencia
que
los
militares
estaban
ejerciendo
en
contra
de
los
estudiantes
y
convocó
a
la
población
a
no
participar
en
los
festejos
del
día
de
la
independencia
como
forma
de
protesta
contra
el
régimen.
En
octubre
de
1968
el
gobierno,
decidido
a
acabar
con
la
movilización
estudiantil,
disolvió
el
XXX
Congreso
de
la
UNE
que
se
realizaba
de
manera
clandestina
en
Ibiúna,
en
el
interior
de
São
Paulo,
y
aprehendió
a
920
personas,
entre
ellas
a
importantes
dirigentes
estudiantiles
como
Luis
Travassos
y
José
Dirceu.403
Pero
la
inquietud
de
los
militares
era
cada
vez
mayor
al
considerar
que
la
oposición
podría
efectivamente
llegar
a
desestabilizar
al
régimen
o
a
amenazar
su
401
Ibid.
402
“Viernes
sangriento.”
403
Marcos
Napolitano,
op.
Cit.,
p.
91.
157
control
sobre
el
sistema
político.
El
sentimiento
de
vulnerabilidad
se
reforzó
cuando
la
mayoría
en
el
Congreso
se
negó
a
autorizar
licencia
para
que
el
diputado
Moreira
Alves
fuera
procesado
por
“ofensa
a
la
honra
y
a
la
dignidad
de
las
Fuerzas
Armadas.”
Entonces
vino
la
respuesta
contundente:
el
13
de
diciembre
de
1968
el
presidente
Costa
e
Silva
decretó
el
Ato
Institucional
número
5
(AI–5)
que,
entre
otras
cosas,
cerró
el
Congreso
por
tiempo
indefinido,
regresó
al
Ejecutivo
amplios
poderes
discrecionales,
suspendió
el
habeas–corpus
y
reinstauró
el
estado
de
excepción.
A
partir
de
entonces,
el
Estado
autoritario
que
se
había
impuesto
tras
el
golpe
militar
de
1964
se
fue
transformando
en
un
violento
Estado
policial.
Por
eso,
la
emisión
del
AI–5
es
conocida
en
la
historiografía
de
la
dictadura
brasileña
como
“el
golpe
dentro
del
golpe.”
Asilo
diplomático:
cuidadoso
y
discreto
De
acuerdo
con
la
documentación
diplomática,
la
embajada
de
México
en
Río
de
Janeiro
no
recibió
ni
una
sola
solicitud
de
asilo
durante
todo
el
año
de
1967.
Sin
duda,
esa
situación
ayudó
a
que
las
relaciones
entre
los
gobiernos
de
México
y
Brasil
terminaran
de
recomponerse
y
adquirieran
el
tono
protocolar
pero
amistoso
que
las
distinguió
desde
la
llegada
de
Gustavo
Díaz
Ordaz
a
la
Presidencia
de
México
y
de
Vicente
Sánchez
Gavito
como
embajador
en
Brasil.404
Si
se
presta
atención
al
contexto
que
se
vivió
en
ese
país
entre
1966
y
1968,
los
años
previos
a
la
emisión
del
AI–5,
resulta
comprensible
la
ausencia
de
solicitudes
de
asilo
diplomático,
no
sólo
porque
desde
1966
la
mayoría
de
las
embajadas
había
dejado
de
otorgar
asilo
por
considerar
que
la
situación
en
ese
país
se
había
normalizado,
también
es
necesario
considerar
que
para
esos
años,
la
“operación
limpieza”,
esa
represión
selectiva
que
el
gobierno
militar
lanzó
después
del
golpe
de
404El
embajador
Vicente
Sánchez
Gavito
encabezó
la
misión
especial
que
en
representación
del
gobierno
mexicano
asistió
a
la
toma
de
posesión
del
mariscal
Arthur
da
Costa
e
Silva
como
nuevo
presidente
de
Brasil
el
15
de
marzo
de
1967.
“Notas
recibidas
por
Itamaraty
procedentes
de
la
embajada
de
México
(1964–1965)”,
Archivo
Histórico
del
Itamaraty
del
Ministerio
de
Relaciones
Exteriores
(en
adelante
AHI–MRE),
Brasil.
158
1964,
ya
había
desarticulado,
marginado
y
expulsado
del
país
a
aquellos
primeros
enemigos
del
régimen:
la
generación
de
1964.
Sin
embargo,
lo
que
quizá
puede
explicar
con
mayor
precisión
la
ausencia
de
solicitudes
de
asilo
durante
ese
año
es
el
ambiente
que
se
vivía
en
Brasil,
de
creciente
movilización
social
y
de
surgimiento
de
un
nuevo
movimiento
de
oposición
formado
por
una
nueva
generación
de
la
que
surgirían
los
nuevos
enemigos
del
régimen
que,
a
diferencia
de
la
generación
anterior,
estaría
formada,
en
su
mayoría,
por
jóvenes
estudiantes
o
militantes
de
organizaciones
revolucionarias.
Fue
antes
de
la
emisión
del
AI–5,
en
el
primer
semestre
de
1968
cuando
llegaron
a
la
embajada
mexicana
cinco
nuevas
solicitudes
de
asilo.
El
embajador
las
atendió
siguiendo
la
línea
cautelosa
que
había
establecido
desde
su
llegada
a
la
representación
mexicana,
cuidando,
por
un
lado,
el
prestigio
de
México
en
materia
de
asilo
político,
y
por
otro,
evitando
que
la
concesión
de
asilo
se
convirtiera
en
causa
de
la
más
mínima
irritación
entre
los
dos
gobiernos.
No
obstante,
en
el
contexto
de
creciente
oposición
que
se
vivía
en
Brasil
la
embajada
mexicana
creyó
conveniente
ser
más
estricta
en
la
aplicación
de
la
Convención
de
asilo
diplomático,
lo
que
derivó
en
la
primera
negativa
de
asilo
y
en
un
importante
cambio
de
actitud
hacia
los
asilados.
En
esta
nueva
etapa,
el
embajador
también
se
esforzó
por
evitar
que
se
diera
publicidad
a
los
casos
que
concedía
en
la
embajada,
primero
“por
consideración
con
Itamaraty”
y,
segundo,
para
evitar
atraer
más
casos,
pues
en
vista
de
que
la
mexicana
era
la
única
embajada
que
a
esas
alturas
estaba
concediendo
asilos,
Sánchez
Gavito
consideró
que
la
publicidad
equivaldría
a
publicar
un
anuncio
ofreciendo
asilo.405
Entre
los
casos
que
llegaron
a
la
embajada
mexicana
en
los
meses
previos
a
la
emisión
del
AI–5,
se
encontraban
todavía
dos
ex
militares
que
habían
sido
expulsados
de
las
Fuerzas
Armadas
desde
1964
y
condenados
en
1966
a
diferentes
años
de
prisión.
Tanto
el
presidente
del
Club
de
Suboficiales
y
Sargentos
de
la
Aeronáutica,
Selva
Correa
Mendes,
como
el
ex
marinero
de
la
AMFNB,
Paulo
Caires
Quintal,
habían
pasado
ya
algún
tiempo
en
la
clandestinidad
y
otro
tanto
en
prisión,
el
primero
había
405
Sánchez
Gavito
a
Relaciones,
telegrama,
Rio
de
Janeiro,
18
de
septiembre
de
1968,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11, s/n.
159
sido
liberado
gracias
a
un
habeas–corpus
que
gestionó
el
abogado
Sobral
Pinto
y
el
segundo
había
logrado
escapar
de
la
prisión.
Ambos
fueron
reconocidos
como
perseguidos
políticos
y
asilados
en
la
embajada
de
México.
Dos
casos
más
delicados
se
presentaron
la
mañana
del
seis
de
mayo
de
1968
cuando
tocaron
la
puerta
de
la
representación
el
teniente
coronel
Jefferson
Cardim
de
Alencar
Osorio,
dirigente
del
frustrado
Movimento
Revolucionário
Três
Pasos
y
el
soldado
Vitor
Luiz
Papandreu.
Hacía
apenas
unas
horas
que
el
primero
había
logrado
fugarse
de
la
prisión
militar
–donde
había
pasado
dos
de
los
tres
años
que
llevaba
encarcelado–
con
ayuda
del
segundo,
que
había
estado
a
cargo
de
su
custodia.
Juntos
habían
viajado
todo
un
día
y
una
noche
de
Curitiba
a
Río
de
janeiro
con
el
objetivo
de
buscar
protección
en
alguna
embajada.
Primero
acudieron
a
la
de
Chile,
que
no
los
recibió,
y
luego
a
la
de
México,
donde
el
secretario
Armando
Cantú
los
recibió
y
les
indicó
esperar
la
determinación
del
embajador.
Sánchez
Gavito
no
tuvo
ninguna
duda
de
que
el
teniente
coronel
Jefferson
Cardim
cumplía
todas
las
características
que
justificaban
plenamente
la
concesión
de
asilo
y
dijo
confiar
en
que
la
Cancillería
brasileña
concordaría
con
su
opinión,
sin
embargo,
tuvo
bastantes
dudas
con
respecto
al
soldado
Papandreu,
a
quien
en
un
primer
momento
había
resuelto
negarle
el
asilo
por
considerar
que
se
trataba
simplemente
de
un
guardia
que
había
sido
sobornado,
no
obstante:
Cambié
de
parecer
cuando
el
compañero
Cantú
y
yo
escuchamos
el
relato
del
propio
Papandreu.
En
efecto,
se
trata
de
un
individuo
inteligente,
aparentemente
insobornable
y
desde
luego
muy
politizado.
Sostiene
que
no
titubeó
en
arriesgar
su
vida
porque
consideró
que
tenía
oportunidad
de
poner
en
evidencia
la
ineptitud
militar
de
un
ejército
que
está
usurpando
el
poder
civil.406
Tanto
el
coronel
Cardim
como
Papandreu
fueron
asilados
en
la
embajada
de
México
pero
el
embajador
temía
que
Itamaraty
llegara
a
impugnar
el
caso
del
soldado.
La
prensa
dio
amplia
difusión
a
los
nuevos
casos
de
asilo
que
se
habían
registrado
en
la
embajada
de
México,
especialmente
al
del
famoso
coronel
que
había
liderado
una
406
Sánchez
Gavito
a
Relaciones,
Rio
de
Janeiro,
7
de
mayo
de
1968,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11,
s/n.
160
“mini–guerrilla”.
En
los
periódicos
se
informó
que
una
segunda
persona
había
entrado
a
la
embajada
con
él
pero
nunca
trascendió
que
se
trataba
de
un
soldado
del
Ejército
y
mucho
menos
que
había
participado
en
la
fuga
del
coronel
de
la
prisión
militar,
lo
que
hubiera
significado
un
duro
golpe
moral
al
régimen.
La
identidad
de
Papandreu
se
mantuvo
en
secreto,407
y
el
Ministerio
de
Relaciones
Exteriores
(MRE)
se
sintió
muy
agradecido
con
la
discreción
de
la
representación
mexicana
lo
que
hizo
pensar
al
embajador
que
el
trámite
por
los
salvoconductos
se
llevaría
a
cabo
en
un
“ambiente
favorable”.
Efectivamente,
Itamaraty
no
hizo
ningún
reclamo
directo
a
la
embajada
mexicana
por
la
concesión
de
los
asilos
diplomáticos,
a
pesar
de
que
la
fuga
del
teniente
coronel
Jefferson
Cardim
había
irritado
considerablemente
a
las
autoridades
militares
de
Brasil.
Como
en
casos
anteriores,
la
forma
de
manifestar
el
desagrado
con
la
existencia
de
asilados
políticos
fue
prolongar
la
obligación
que
de
acuerdo
con
las
normas
de
asilo
todo
Estado
territorial
tiene
de
otorgar
un
salvoconducto
a
los
asilados
para
garantizar
su
salida
del
territorio
nacional.408
En
contraste
con
la
activa
gestión
por
obtener
los
salvoconductos
que
realizó
Rosenzweig
en
la
coyuntura
de
1964,
esta
vez
el
embajador
decidió,
con
anuencia
de
la
Cancillería,
no
realizar
ninguna
gestión
al
respecto
y
dejar
que
los
trámites
fluyeran
al
ritmo
que
las
autoridades
militares
impusieran,
sin
ejercer
ningún
tipo
de
presión.409
De
vez
en
cuando,
el
embajador
sólo
recibía
información
extraoficial
y
sin
solicitarla,
de
algún
funcionario
de
Itamaraty
que
“por
atención”
le
informa
cómo
iban
los
trámites
de
los
salvoconductos.
Así
fue
como
a
finales
de
mayo
el
Jefe
del
Departamento
Jurídico
de
esa
dependencia
le
informó
“en
el
curso
de
una
conversación
casual”
que
cuando
menos
los
casos
del
sargento
Selva
Correa
Mendes
y
del
soldado
Victor
Luiz
Papandreu
iban
“por
buen
camino,”
en
cambio,
le
advirtió
que
la
tramitación
del
salvoconducto
del
ex–coronel
Jefferson
Cardim
de
Alencar
Osorio
podría
demorar
bastante
“pues
los
militares
no
quieren
ni
siquiera
hablar
del
407
Sánchez
Gavito
a
Relaciones,
Rio
de
Janeiro,
10
de
mayo
de
1968,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11,
s/n.
408
Aunque
como
se
apuntó
anteriormente,
el
hecho
de
que
no
se
establezca
un
tiempo
límite
para
hacerlo
da
pié
a
ambigüedades
en
la
interpretación
de
las
normas
de
asilo.
409
Sánchez
Gavito
a
Relaciones,
Rio
de
Janeiro,
27
de
mayo
de
1968,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11,
s/n.
161
asunto”410
pues
había
un
sector
militar
que
se
oponía
decididamente
a
concederlo
por
haberse
fugado,
el
coronel,
de
una
prisión
militar.
Son
asuntos,
explicaba
Sánchez
Gavito,
“en
que
intervienen
pasiones
violentas,
y,
consecuentemente,
no
queda
otro
camino
que
dejar
pasar
el
tiempo
con
la
esperanza
de
que
se
calmen
los
ánimos.”411
Mientras
esperaban
la
respuesta
de
Itamaraty
la
embajada
recibió,
en
los
primeros
días
de
junio,
una
quinta
solicitud
de
asilo.
Una
mañana,
al
llegar
a
su
despacho,
el
embajador
encontró
que
un
abogado
del
reconocido
bufete
Sobral
Pinto
y
un
joven
lo
estaban
esperando,
el
motivo:
hacer
una
petición
de
asilo.
El
embajador
se
reunió
a
solas
con
el
abogado
quien
le
explicó
que
el
joven
Walter
Tesch,
había
pasado
más
de
9
meses
preso
y
su
bufete
había
logrado
ponerlo
en
libertad
al
conseguir
un
habeas–corpus,
sin
embargo,
señaló
que
estaba
siendo
sumamente
difícil
lograr
el
cumplimiento
del
mismo
y
que
su
cliente
estaba
en
peligro
de
que
se
le
aprehendiera
nuevamente
de
un
momento
a
otro.
Además,
le
informó
que
Tesch,
quien
había
sido
presidente
del
directorio
central
de
Estudiantes
Secundarios
de
Brasilia,
había
perdido
la
mano
izquierda
“experimentando
con
bombas”
caseras
y
que
ahora
las
autoridades
estaban
tratando
de
implicarlo
en
los
incidentes
de
explosiones
de
bombas
que
habían
estado
ocurriendo
en
São
Paulo.412
El
embajador
negó
el
asilo
al
estudiante
Walter
Tesch,
argumentando
que
“no
podía
intervenir
en
un
procedimiento
judicial
en
el
que
los
tribunales
estaban
logrando
que
se
respetaran
las
garantían
individuales
del
acusado.”
La
decisión
del
embajador
se
reforzó
al
conocer
que
el
estudiante
tenía
otros
procesos
abiertos
en
su
contra
pero
el
abogado
prometió
regresar
muy
pronto
para
entregarle
un
memorándum
con
los
detalles
de
dichos
procesos
para
formular
una
nueva
petición
de
asilo.
La
negativa
de
asilo
al
estudiante
Walter
Tesch
fue
publicada
al
día
siguiente
en
el
periódico
Ultima
Hora 413
lo
que
ofendió
profundamente
al
embajador
quien
410
Ibid.
411
Sánchez
Gavito
a
Relaciones,
Rio
de
Janeiro,
18
de
septiembre
de
1968,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11,
s/n.
412De
acuerdo
a
la
información
que
el
embajador
proporcionó
a
la
SRE,
desde
cuatro
meses
atrás
en
la
ciudad
de
São
Paulo
se
habían
registrado
siete
atentados
con
bomba,
uno
de
ellos
en
contra
del
periódico
O
Estado
de
São
Paulo
en
donde
el
velador
había
resultado
gravemente
herido.
413
“Embaixada
nega
asilo
no
Rio”,
Ultima
Hora,
1
de
junio
de
1968.
162
consideró
que
se
trataba
de
una
maniobra
orquestada
por
el
estudiante
para
ejercer
presión
sobre
él.
En
ese
contexto,
Sánchez
Gavito
rebeló
al
secretario
de
Relaciones
Exteriores,
Antonio
Carrillo
Flores,
las
verdaderas
causas
por
las
cuales
había
decidido
negar
el
asilo
político:
Las
condiciones
generales
del
país
me
obligan,
en
mi
concepto,
a
aplicar
la
Convención
[sobre
asilo
diplomático]
muy
estrictamente.
Además,
me
parece
evidente
que
estoy
obligado
a
evitar
el
ingreso
a
nuestro
territorio
de
un
dinamitero,
quien,
como
este
individuo,
debe
ser
un
enfermo
mental
pues
el
Brasil
de
nuestros
días
no
es
un
país
en
el
que,
con
la
explosión
de
bombas
caseras,
pueda
ponerse
en
peligro
la
estabilidad
del
gobierno.
414
En
medio
de
la
crispación
social
que
se
vivía
en
Brasil
en
junio
de
1968
el
embajador
de
México
se
sintió
obligado
a
endurecer
la
aplicación
de
la
Convención
sobre
asilo
diplomático;
veía
en
Brasil
un
gobierno
estable
y
rechazó
la
petición
de
asilo
de
un
joven
integrante
del
movimiento
estudiantil
radicalizado
en
contra
de
la
dictadura
a
quien
además
se
refirió
como
un
“dinamitero”
y
probable
“enfermo
mental”.
Su
condena
sobre
el
estudiante
coincidía
con
la
del
propio
gobierno
militar
que,
como
explicó
el
abogado,
estaba
intentando
involucrar
al
estudiante
en
los
incidentes
de
São
Paulo.
El
trato
a
los
asilados
al
interior
de
la
embajada
tampoco
fue
el
mismo
de
antes
en
esta
nueva
coyuntura.
Precisamente,
la
atención
diferenciada
que
recibieron
dos
de
los
cuatro
asilados
que
se
encontraban
en
la
embajada
desató
un
conflicto
entre
el
personal
de
la
representación
mexicana
y
los
familiares
de
uno
de
ellos.
El
30
de
julio
de
1968,
la
señora
Rosa
Lopetegui
de
Alencar
Osorio,
esposa
del
coronel
Jefferson
Cardim,
dirigió
una
carta
al
secretario
de
Relaciones
Exteriores
de
México,
Antonio
Carrillo
Flores,
en
la
que
aseguraba
que
el
secretario
de
la
embajada,
Armando
Cantú,
había
condicionado
la
concesión
del
asilo
diplomático
del
coronel
y
del
joven
Papandreu
que
lo
había
ayudado
en
la
fuga,
al
compromiso
de
que
la
familia
llevara
diariamente
los
alimentos
de
ambos
asilados.
Agregó
que
en
días
recientes,
414
Sánchez
Gavito
a
Relaciones,
Rio
de
Janeiro,
3
de
junio
de
1968,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11,
s/n.
163
cuando
a
través
de
su
hijo
había
hecho
la
petición
de
que
la
embajada
se
hiciera
cargo
de
la
alimentación
de
su
marido
y
del
joven
Papandreu
–como
lo
hacía
con
los
otros
dos
asilados–
debido
a
las
dificultades
que
ella
tenía
para
llevarlos
a
la
embajada
diariamente,
el
secretario
Cantú
“tuvo
el
atrevimiento
de
a
los
gritos
pedirle
a
mi
hijo
que
se
retirara
de
la
embajada
y
no
volviera
más
para
tratar
de
asuntos
domésticos.”415
La
Cancillería
cuestionó
inmediatamente
al
embajador
al
respecto.
En
su
defensa,
Sánchez
Gavito,
aseguró
que
jamás
se
había
condicionado
el
asilo
y
se
incomodó
con
la
pregunta
de
la
Cancillería
señalando
que
tal
señalamiento
era
equivalente
a
acusarlo
de
haber
violado
la
Convención
de
Caracas.
Para
probar
su
respuesta,
el
embajador
pidió
al
coronel
Cardim
escribir
una
carta
“de
puño
y
letra”
en
la
que
informara
a
la
Cancillería
mexicana
cómo
había
sido
tratado
durante
los
tres
meses
que
llevaba
asilado
en
esa
representación.416
El
coronel
confirmó
que
desde
el
6
de
mayo
cuando
habían
entrado
a
la
embajada,
los
alimentos
de
él
y
del
soldado
Victor
Luiz
Papandreu
habían
sido
proporcionados
por
sus
familiares,
pero
aseguró
que
ello
se
debía
a
un
acuerdo
que
se
había
establecido
entre
sus
familiares
y
el
secretario
de
la
embajada
y
no
a
una
condición
impuesta
por
los
representantes
mexicanos.
Al
mismo
tiempo,
manifestó
que
su
esposa
había
escrito
esa
carta
de
denuncia
sin
su
consentimiento
y
que
la
acusación
del
mal
trato
que
había
recibido
su
hijo
por
parte
del
secretario
Cantú
en
realidad
se
había
tratado
de
un
lamentable
malentendido.417
Al
remitir
la
carta
del
coronel,
Sánchez
Gavito
aprovechó
para
volver
a
manifestar
su
inconformidad
con
la
forma
en
que
la
Cancillería
había
reaccionado
ante
la
carta
de
la
señora
Lopetegui
donde
ésta
hacía
acusaciones
que
el
embajador
calificó
de
“chismes
de
comadronas.”
Y
reclamó:
“se
me
ordenó
investigar
los
cargos
415
Rosa
Lopetegui
a
Antonio
Carrillo
Flores,
Rio
de
Janeiro,
30
de
Julio
de
1968,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐
5714–11,
s/n.
416
Sánchez
Gavito
a
Jefferson
Cardim
de
Alencar
Osorio,
Rio
de
Janeiro,
23
de
agosto
de
1968,
AHGE–
11, s/n.
164
formulados
por
la
señora.
Según
yo
concibo
una
misión
diplomática,
esa
orden
equivale
a
decirme
que
me
investigue
a
mi
mismo…”418
En
el
mismo
documento,
y
con
la
intención
de
restarle
importancia
a
las
acusaciones
de
la
señora,
el
embajador
también
dejó
registro
de
la
forma
en
la
que
concebía
a
los
asilados
y
el
trato
que
desde
su
punto
de
vista
debían
recibir
en
la
embajada.
En
todos
estos
casos
me
parecería
útil
y
de
justicia
que
la
Dirección
General
del
Servicio
Diplomático
tomara
en
cuenta
que,
por
regla
general,
los
asilados
y
sus
familiares,
precisamente
porque
se
encuentran
en
situaciones
irregulares
y,
en
la
mayoría
de
los
casos,
de
angustia,
son
personas
que
deben
ser
tratadas
como
enfermos.
Requieren,
y
en
esta
embajada
encuentran,
compasión.419
Además,
recordaba
que
desde
el
1
de
abril
de
1964,
“cuando
surgió
el
problema
del
asilo”
en
la
embajada
mexicana,
las
Convenciones
se
habían
aplicado
de
manera
correcta
y
no
había
dado
motivo
para
que
se
planteara
una
sola
controversia
o
un
solo
incidente
desagradable.
Ante
la
indignación
del
embajador,
la
Cancillería
respondió
que
ésta
nunca
había
puesto
en
duda
la
atingencia
con
la
que
el
embajador
había
manejado
los
asuntos
que
tenía
encomendados
y
que
sólo
había
considerado
útil
que
el
embajador
conociera
la
carta
que
la
señora
Lopetegui
había
dirigido
a
la
SRE.420
Después
de
una
larga
espera
–cuatro
meses–,
el
12
de
agosto
Itamaraty
emitió
el
primero
de
los
cuatro
salvoconductos
que
se
esperaban
en
la
embajada
de
México.
No
obstante,
la
disposición
de
ayuda
económica
para
los
asilados
que
llegaban
a
México
también
había
cambiado.
La
víspera
del
traslado
del
asilado
Victor
Luiz
Papandreu,
la
SRE
notificó
al
embajador
que
esa
dependencia
ya
no
cubriría
los
gastos
por
concepto
de
hospedaje
en
la
ciudad
de
México
del
nuevo
asilado,
como
se
había
hecho
en
el
pasado
con
otros
asilados
cuando
“prevalecían
circunstancias
418
Sánchez
Gavito
a
Relaciones,
Rio
de
Janeiro,
27
de
agosto
de
1968,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11,
s/n.
419
Ibid.
420
SRE
a
Sánchez
Gavito,
México,
D.F.,
19
de
septiembre
de
1968,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11,
s/n.
165
excepcionales”,
ahora,
advertía
el
Jefe
de
la
Dirección
General
del
Servicio
Diplomático,
“consideramos
ya
no
existen
razones
para
continuar
esta
práctica.”
421
El
embajador
respondió
que
como
ignoraba
el
“cambio
de
circunstancias”
ya
había
informado
a
los
cuatro
asilados
que
se
encontraban
en
la
embajada
que
en
México
era
costumbre
proporcionar
a
los
asilados
“cierta
ayuda”
durante
el
primer
mes.422
En
consecuencia,
la
SRE
comunicó
que
se
haría
cargo
del
sostenimiento
de
Victor
Luiz
Papandreu
durante
el
primer
mes,
pero
que
a
los
otros
tres
asilados
que
aún
estaban
esperando
el
salvoconducto
debía
aclararles
oportunamente
que
sólo
podrían
ayudarlos
durante
la
primera
semana
en
México
y
que
en
caso
de
que
se
presentaran
otros
casos
de
asilo
en
el
futuro
“ruégole
no
hacer
ofrecimiento
alguno.”423
En
el
transcurso
del
mes
de
septiembre
la
embajada
de
México
recibió
los
tres
salvoconductos
restantes
para
que
los
asilados
Selva
Correa
Mendes,
Paulo
Caires
Quintal
y,
finalmente,
el
teniente
coronel
Jefferson
Cardim,
pudieran
ser
trasladados
a
la
ciudad
de
México.
Sánchez
Gavito
reportó
complacido
a
la
SRE
que
la
emisión
de
los
salvoconductos
se
había
realizado
en
términos
muy
corteses
y
que
incluso
un
funcionario
de
Itamaraty
le
había
dicho
al
secretario
Armando
Cantú
que
esa
cortesía
se
debía
al
deseo
de
corresponder
a
la
forma
“tan
discreta
y
tan
correcta”
en
la
que
la
embajada
de
México
trataba
esos
asuntos.424
Después
de
todo,
la
discreción
y
la
aplicación
más
estricta
del
asilo
político
no
eran
gestos
menores
en
un
contexto
de
fuerte
resurgimiento
de
la
oposición
de
masas
en
Brasil.
En
ese
ambiente
de
cooperación
y
cordialidad
Sánchez
Gavito
también
se
comprometió
con
las
autoridades
brasileñas
a
que
una
vez
que
los
asilados
aterrizaran
en
México
la
SRE
devolvería
los
salvoconductos
de
cada
uno
de
ellos
a
la
embajada
de
Brasil
en
México,
como
efectivamente
se
hizo.425
Cuando
Sánchez
Gavito
recibió
el
salvoconducto
del
coronel
Jefferson
Cardim,
rebeló
a
la
cancillería
que
había
significado
para
él
“una
sorpresa
sumamente
421
SRE
a
Embamex,
México,
D.F.,
13
de
agosto
e
1968,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11,
s/n.
422
Sánchez
Gavito
a
SRE,
Rio
de
Janeiro,
14
de
agosto
de
1968,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11,
s/n.
423
SRE
a
Sánchez
Gavito,
México,
D.F.,
15
de
agosto
de
1968,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11,
s/n.
424
Sánchez
Gavito
a
SRE,
Rio
de
Janeiro,
12
de
agosto
de
1968,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11,
s/n.
425
Ibid.
166
agradable”
porque
no
era
“un
individuo
fácil,
principalmente
por
su
temperamento
nervioso
por
no
decir
que
neurótico”
y
aprovechó
para
volver
a
la
carga
contra
los
familiares
que
se
habían
quejado
del
trato
en
la
embajada:
“dos
de
sus
familiares
–su
mujer
y
el
mayor
de
sus
hijos–
son
intolerables,
entre
otras
razones
por
su
inmoderado
afán
de
publicidad,
sus
humos
de
agudeza
intelectual
y
su
falta
de
educación…”426
Los
asilados
fueron
abandonando
la
embajada
uno
a
uno.
El
embajador
también
maniobró
para
que
los
traslados
de
la
embajada
al
aeropuerto
se
realizaran
con
el
mayor
sigilo,
“en
primer
lugar
por
consideración
a
Itamaraty”,
y
también
por
considerar
que
la
publicidad
“equivaldría
a
publicar
un
anuncio
ofreciendo
asilo”,
pues
la
de
México
era
la
única
que
aún
concedía
asilos.427
La
prensa
atribuyó
el
sigilo
de
los
traslados
y
la
prohibición
de
entrada
de
fotógrafos
y
reporteros
al
hangar
donde
los
asilados
abordaban
el
avión,
a
una
“exigencia
de
Itamaraty
que
había
sido
acatada
por
la
embajada
de
México
y
lo
calificó
como
“un
hecho
inédito
en
la
conducción
de
asilados.”428
El
propio
embajador
reportó
a
la
SRE
que
en
el
caso
del
coronel
Jefferson
Cardim
había
incluso
tomado
“precauciones
extraordinarias”
evitando
que
los
familiares
y
el
propio
asilado
conocieran
la
fecha
precisa
en
que
se
realizaría
el
traslado
“así
la
mujer
y
el
hijo
mayor
no
tuvieron
oportunidad
de
hacer
escándalo,”
sentenció.
La
prensa
reportó
el
caso
de
la
esposa
del
asilado
Selva
Correa
Mendes,
que
acompañada
en
el
aeropuerto
de
su
pequeña
hija
de
siete
años
sólo
pudo
despedir
a
su
marido
desde
lejos
agitando
un
lienzo
y
llorando.429
En
octubre
de
1968
la
embajada
de
México
en
Brasil
había
quedado
nuevamente
libre
del
“problema
del
asilo.”
No
obstante,
con
la
promulgación
del
AI–5,
el
13
de
diciembre
de
1968,
Brasil
abandonó
por
completo
el
cauce
constitucional;
la
dictadura
se
instaló
con
todas
sus
426
Sánchez
Gavito
a
SRE,
Rio
de
Janeiro,
18
de
septiembre
de
1968,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11,
s/n.
427
Ibid.
428
“Sigilo
cerca
viagem
do
ex–sargento
Serva”,
Jornal
de
Comercio,
10
de
septiembre
de
1968.
429
O
Globo,
Diario
de
Notícias,
Ultima
Hora,
O
Jornal,
10
de
septiembre
de
1968.
167
letras
y
“sin
disfraces”430
en
ese
país.
Con
el
nuevo
decreto
el
presidente
lo
podía
todo:
estipular
unilateralmente
medidas
represivas
específicas;
intervenir
en
los
estados
y
municipios;
censurar
a
la
prensa;
quitar
mandatos
y
derechos
políticos;
cancelar
el
habeas
corpus;
apartar
o
jubilar
a
servidores
públicos;
limitar
garantías
individuales.
A
partir
de
esa
fecha,
no
había
forma
de
realizar
protestas
contra
el
gobierno
dentro
de
la
legalidad.431
Se
inauguró
entonces
una
nueva
y
más
feroz
oleada
de
represión
a
través
de
detenciones,
destitución
de
mandatos,
cancelación
de
derechos
políticos
y
exclusión
de
funcionarios
públicos.
En
los
días
siguientes
a
la
emisión
del
AI–5,
94
diputados
y
4
senadores
fueron
destituidos;
censores
del
régimen
invadieron
las
redacciones
de
radios,
periódicos
y
televisoras
y
centenas
de
periodistas,
intelectuales,
estudiantes
y
artistas
fueron
encarcelados.432
El
embajador
de
México
reportó
a
la
SRE
que
efectivamente,
con
la
medida
del
13
de
diciembre
de
1968
Brasil
había
abandonado
el
cauce
constitucional
y
que
la
justicia
ordinaria
había
dejado
de
funcionar
en
ese
país. 433
Bajo
esa
nueva
circunstancia,
Sánchez
Gavito
justificó
los
seis
asilos
diplomáticos
que
concedió
entre
enero
de
1969
y
marzo
de
1970
a
personas
directamente
afectadas
con
la
nueva
ola
represiva
que
se
inauguró
tras
la
promulgación
del
AI–5.
El
7
de
enero
de
1969
la
embajada
de
México
concedió
el
primer
asilo
de
esta
nueva
época
al
diputado
federal
del
MDB
y
periodista
Hermano
Alves,
a
quien
el
AI–5
canceló
su
mandato
y
sus
derechos
políticos
por
10
años
por
haber
publicado,
entre
enero
y
octubre
de
1968,
una
serie
de
artículos
periodísticos
en
donde
criticaba
a
jefes
de
las
Fuerzas
Armadas
que
ocupaban
puestos
destacados
en
el
gobierno.
Fue
acusado
de
violar
la
Ley
de
Seguridad
Nacional.
Dos
semanas
después,
fue
asilado
en
la
embajada
mexicana
el
reconocido
periodista
Edmundo
Ferrão
Moniz
de
Aragão,
redactor
principal
del
periódico
Correio
430
“Escancarada”,
como
tituló
el
periodista
Elio
Gaspari
el
volumen
dedicado
a
este
periodo
del
régimen
militar
en
su
colección
de
cuatro
volúmenes
sobre
la
dictadura.
Elio
Gaspari,
A
ditadura
escancarada.
As
ilusões
armadas,
Vol.
2,
2ª
edición,
Rio
de
Janeiro,
Intrínseca,
2014.
431
Ronaldo
Costa
Couto,
História
indiscreta
da
Ditadura
e
da
Abertura
Brasil:
1964–1985,
Rio
de
Janeiro,
168
da
Manhã 434
contra
quien
se
había
decretado
prisión
preventiva
acusado
de
actividades
subversivas
consistentes
en
la
publicación
de
sus
artículos.
Desde
principios
de
enero
Edmundo
Ferrão
se
encargaba
de
dirigir
el
diario,
pues
los
directores
del
mismo
habían
sido
detenidos
por
haber
publicado
una
lista
de
detenidos
a
raíz
de
la
expedición
del
AI–5
y
un
resumen
de
lo
que
la
prensa
internacional
había
comentado
sobre
dicho
decreto.
A
pesar
de
reconocer
las
nuevas
circunstancias,
el
embajador
siguió
procediendo
con
cautela
en
materia
de
asilo
diplomático.
Pocos
días
después
del
ingreso
del
segundo
asilado,
una
nueva
solicitud
de
asilo
en
la
embajada
tuvo
que
esperar
un
mes
para
obtener
una
respuesta
positiva.
Se
trataba
de
la
solicitud
que
realizó
Marcelo
Augusto
Abramo,
joven
estudiante
y
artesano
de
21
años
de
edad
que
en
1968
había
pasado
53
días
en
prisión
acusado
de
violaciones
a
la
Ley
de
Seguridad
Nacional
por
participar
en
una
manifestación
de
apoyo
a
los
obreros
huelguistas
del
sector
industrial
de
Osasco.
Había
sido
recientemente
liberado
a
través
de
un
habeas
corpus
pero
temía
ser
reaprehendido
tras
la
suspensión
de
garantías
individuales
decretada
en
el
AI–5.435
Antes
de
solicitar
asilo
en
la
embajada
mexicana
Marcelo
Abramo,
acompañado
de
su
padre,
había
recorrido
las
embajadas
de
Chile
y
Uruguay
donde
rechazaron
su
solicitud
e
incluso,
en
la
segunda,
fueron
amenazados
con
llamar
a
la
policía
si
no
se
retiraban
del
lugar.
Su
tercera
opción
fue
la
embajada
de
México,
donde
el
embajador
prometió
asilarlo
pero
le
pidió
regresar
en
el
plazo
de
un
mes,
pues
los
militares
estaban
resentidos
con
la
concesión
de
los
dos
asilos
anteriores.
El
embajador
dijo
sí,
sí
lo
recibo
pero
no
ahorita,
véngase
dentro
de
un
mes.
Porque
a
la
embajada
mexicana
en
ese
momento
acababan
de
entrar
dos
personas
que
eran
conocidas
e
importantes:
el
diputado
Hermano
Alves,
que
había
hecho
un
tremendo
e
incendiario
discurso
en
el
Congreso,
y
el
periodista,
Edmundo
Moniz,
que
era
muy
crítico
en
sus
artículos…
entonces
yo
fui
a
pedir
asilo
una
semana
después
de
que
entrara
Edmundo
Moniz
y
el
embajador,
con
434
En
1968
el
diario
Correio
da
Manhã,
publicado
en
Río
de
Janeiro,
que
defendía
el
punto
de
vista
de
que
la
antigua
constitución
democrática
(de
1946)
debería
ser
restituida,
fue
censurado.
435
Embamex
a
SRE,
Rio
de
Janeiro,
26
de
marzo
de
1969,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11,
s/n.
169
razón,
me
pidió:
espérese
tantito,
véngase
el
mes
que
entra,
porque
necesitaba
un
poco
de
tiempo
para
que
no
fuera
tan
duro
el
golpe
para
el
gobierno
mexicano
tener
que
aceptar
tres
(asilados)
así
de
un
jalón…436
De
acuerdo
con
el
testimonio
de
Marcelo
Abramo,
además
de
querer
evitar
roces
con
el
gobierno
militar,
que
ya
estaba
molesto
con
los
asilos
concedidos
a
Hermano
Alves
y
Edmundo
Moniz,
el
embajador
Sánchez
Gavito
también
fue
cauteloso
con
respecto
a
lo
que
significaría
para
el
gobierno
mexicano
asilar
a
un
integrante
del
movimiento
estudiantil
brasileño,
cuando
en
México,
apenas
unos
meses
atrás,
cientos
de
estudiantes
habían
sido
masacrados
durante
un
mitin
en
la
plaza
de
las
Tres
Culturas,
en
Tlatelolco.
“Dijo
miren,
tengo
ese
problema
porque
acaban
de
entrar
dos
personajes
conocidos,
famosos,
y
el
siguiente
es
un
estudiante
y
resulta
que
tuvimos
un
problema
serio
con
estudiantes
el
año
pasado.”437
Finalmente,
el
26
de
marzo
de
1969
Marcelo
Abramo
entró
a
la
embajada
pero
fue
documentado
como
artesano
y
no
como
estudiante.
Sánchez
Gavito
justificó
el
asilo
argumentando
que
éste
había
sido
aprehendido
en
una
manifestación
por
haber
disparado
un
cohete
que
recogió
del
suelo
contra
la
policía
para
proteger
a
su
novia,
aclaró
que
aunque
participó
en
la
protesta,
ni
la
novia
ni
él
formaban
parte
de
los
grupos
dirigentes
y
que
el
interés
primordial
de
Marcelo
así
como
su
manera
de
ganarse
la
vida
era
la
artesanía
de
artículos
de
cuero
y
la
taxidermia.
En
realidad,
aunque
Marcelo
Abramo
efectivamente
no
era
parte
de
la
dirigencia
del
movimiento
estudiantil,
sí
formaba
parte
del
esquema
se
seguridad
del
mismo,
y
el
cohete
que
lanzó
en
aquella
manifestación
del
26
de
julio
de
1968
contra
la
policía
era
parte
de
la
estrategia
que
los
estudiantes
tenían
para
protegerse
de
la
caballería
que
se
lanzaba
violentamente
contra
los
estudiantes.438
En
la
embajada
los
tres
asilados
esperaban
pacientemente
el
día
en
que
pudieran
salir
del
país.
Marcelo
recuerda
así
aquél
periodo
de
espera:
436
Entrevista
realizada
a
Marcelo
Abramo
por
Daniela
Morales
Muñoz,
25
de
septiembre
de
2014,
México,
D.F.
437
Ibid.
438
Ibid.
170
Fueron
cuatro
meses
de
platicar
mucho
con
mis
dos
colegas,
el
periodista
y
el
diputado.
Platicar
mucho,
muchos
chistes,
muchas
historias
de
la
propia
política
de
Brasil…
platicábamos
del
antecedente
político
de
los
tres,
y
bueno,
yo
era
el
de
la
menor
aportación
a
la
historia,
que
no
fue
ninguna
de
hecho,
que
fue
poquita,
muy
poquita,
pero
esa
historia
me
sacó
del
país
y
México
me
dio
el
asilo…
En
la
embajada
no
pasaba
más
que
eso,
las
autoridades
me
trataron
siempre
muy
bien.
A
los
funcionarios
de
la
embajada
no
les
gustaba
que
uno
anduviera
por
la
embajada,
uno
debía
estar
encerrado
en
su
cuarto,
porque
había
un
cuarto
para
los
dos
que
ya
estaban
ahí
dentro
y
yo
tenía
un
anexo
al
cuarto
de
servicio,
ese
me
lo
dieron
a
mi,
y
ahí
nos
quedábamos,
y
en
las
noches
sí
nos
juntábamos,
platicábamos,
pero
en
el
día
mientras
había
labores
no
les
gustaba
que
uno
estuviera
fuera
de
la
recámara.
Yo
entiendo,
así
son
las
cosas,
pero
de
todos
modos
fue
una
época
en
que
conocí
mucho
de
la
literatura,
porque
había
revistas,
había
noticias,
la
revista
Siempre!,
había
bastantes
ejemplares…
Como
en
los
casos
anteriores,
Sánchez
Gavito
se
limitó
a
informar
a
Itamaraty
sobre
las
tres
concesiones
de
asilo,
cuidando
de
no
ejercer
ningún
tipo
de
presión
para
acelerar
la
emisión
de
los
salvoconductos,
en
concordancia
con
la
línea
que
había
seguido
desde
su
llegada
a
la
embajada
de
“evitar
que
la
aplicación
de
la
Convención
de
Caracas
de
origen
a
la
más
mínima
irritación
entre
los
dos
gobiernos.”439
Sin
embargo,
cuando
la
espera
de
los
salvoconductos
cumplió
cinco
meses
el
embajador
decidió
manifestar
su
inconformidad
ante
el
Itamaraty,
no
sólo
por
la
dilación
del
documento
sino
también
por
el
trato
que
los
representantes
de
la
embajada
mexicana
habían
recibido
por
parte
de
las
autoridades
militares
en
el
aeropuerto
internacional
durante
el
traslado
del
asilado
Edmundo
Moniz,
a
quien
los
militares
habían
intentado
vacunar
por
la
fuerza
dentro
del
propio
auto
de
la
embajada
de
México
antes
de
que
éste
abordara
el
avión.440
El
jefe
del
Departamento
Jurídico
de
Itamaraty
se
comprometió
con
el
embajador
a
buscar
la
forma
de
acelerar
la
emisión
de
salvoconductos
y
más
tarde
el
recién
nombrado
embajador
de
Brasil
en
México
también
se
comprometió
con
439
Sánchez
Gavito
a
SRE,
Rio
de
Janeiro,
3
de
Julio
de
1969,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11,
s/n.
440
Ibid.
171
Sánchez
Gavito
a
intervenir
para
que
el
trámite
no
tardara
tanto.
Pocos
días
después,
el
tercer
asilado,
Marcelo
Abramo,
pudo
volar
a
la
ciudad
de
México.
Entre
octubre
de
1969
y
marzo
de
1970
Sánchez
Gavito
otorgó
otros
tres
asilos
diplomáticos
que
serían
los
últimos
de
su
gestión
como
embajador
de
México
en
Brasil,
que
concluyó
el
1
de
octubre
de
1970
en
vísperas
del
fin
del
sexenio
presidencial
de
Gustavo
Díaz
Ordaz
y
la
toma
de
posesión
de
Luis
Echeverría
Álvarez
como
nuevo
presidente
de
México.
El
20
de
octubre
de
1969
asiló
al
periodista
brasileño
de
origen
austriaco,
Érico
Czaczkes
Sachs,
quien
solicitó
protección
luego
de
haber
escapado
de
la
prisión
donde
se
encontraba
desde
un
mes
atrás,
acusado
de
realizar
actividades
subversivas,
la
misma
acusación
por
la
que
ya
había
sido
procesado
y
absuelto
entre
1964
y
1967.
Sachs,
militante
del
PSB
y
uno
de
los
cuadros
dirigentes
de
la
ORM–POLOP,
esperó
seis
meses
para
recibir
el
salvoconducto
que
le
permitió
viajar
a
la
ciudad
de
México.
En
febrero
de
1970
la
embajada
asiló
a
la
médico
pediatra,
Pura
Lopes
Cortés,
perseguida
por
haber
auxiliado,
proporcionando
servicios
médicos,
a
los
dirigentes
sindicales
del
sector
industrial
de
Osasco
que
ya
actuaban
en
la
clandestinidad.
La
doctora
llevaba
dos
semanas
escondida
por
temor
a
ser
detenida
e
interrogada
sobre
el
paradero
de
los
dirigentes
que
ella
conocía.
Había
llegado
a
la
representación
mexicana
en
estado
de
inanición
y
esperó
dos
meses
para
poder
salir
del
país.
Un
mes
después,
en
marzo
de
1970
Sánchez
Gavito
concedió
asilo
a
Vicente
de
Paula
Serafím
de
Acebedo,
un
chofer
acusado
de
complicidad
en
actividades
subversivas
por
haber
transportado,
sin
saberlo,
a
tres
personas
catalogadas
como
“subversivos
sumamente
peligrosos”
por
el
régimen
militar.
Después
de
un
mes
de
asilo
diplomático
Vicente
de
Paula
recibió
el
salvoconducto
y
viajó
a
la
ciudad
de
México.
Evidentemente,
el
número
de
asilados
que
la
embajada
mexicana
recibió
tras
la
emisión
del
AI–5
no
refleja
de
ninguna
manera
el
enorme
impacto
que
ese
decreto
tuvo
en
materia
de
represión
y
persecución
política
en
Brasil.
No
obstante,
la
baja
afluencia
de
solicitudes
de
asilo
en
la
representación
mexicana
durante
este
periodo
no
puede
sólo
atribuirse
a
la
política
cautelosa
y
discreta
que
mantuvo
el
embajador
Sánchez
Gavito
hasta
el
fin
de
su
misión
diplomática
en
ese
país,
también
puede
172
explicarse
tanto
como
resultado
de
un
fenómeno
de
resistencia
al
exilio
que
se
registró
en
una
parte
importante
de
quienes
en
1968
integraban
el
gran
movimiento
de
oposición
a
la
dictadura
militar441,
como
por
el
fenómeno
de
migración
que
se
dio
entre
los
integrantes
de
movimientos
sociales
organizados
que
actuaban
en
la
legalidad
hacia
las
organizaciones
revolucionarias
clandestinas,
a
partir
del
bloqueo
de
las
posibilidades
legales
de
acción
política.
Porque
si
el
AI–5
sacó
al
exilio
de
manera
inmediata
a
personas
que
vieron
con
ese
decreto
sus
mandatos
y
sus
derechos
políticos
cancelados
o
contra
las
que
se
abrieron
o
reactivaron
procesos
judiciales,
también
lanzó
a
la
clandestinidad,
especialmente
a
engrosar
las
filas
de
las
organizaciones
armadas,
a
una
parte
considerable
de
la
oposición
que
antes
del
decreto
se
manifestaba
contra
el
régimen
a
través
de
vías
legales,
particularmente
en
el
movimiento
estudiantil,
pero
también
en
el
sector
sindical
y
otros
sectores
sociales.442
Sería
entre
1969
y
1974,
los
años
más
violentos
de
la
dictadura
militar,
cuando
se
registraría
la
salida
al
exilio
del
mayor
contingente
de
perseguidos
políticos
de
la
dictadura
militar
brasileña
de
la
generación
68.443
En
México
A
finales
de
los
años
sesenta
permanecía
en
México
una
pequeña
comunidad
de
exiliados
brasileños
que
no
rebasaba
los
30
integrantes.
Quienes
habían
decidido
quedarse
en
México
habían
logrado
integrarse
a
la
vida
laboral
o
estudiantil
y
vivían
dedicados
a
ello.
Algunas
familias
de
los
asilados
políticos
que
llegaron
a
México
entre
1964
y
1966
habían
logrado
reunirse
poco
a
poco
en
el
país
en
cuanto
la
Secretaría
de
Gobernación
concedía
permisos
de
ingreso
para
esposas
e
hijos
y
los
asilados
conseguían
la
forma
de
financiar
los
pasajes
para
su
traslado
desde
Brasil.
La
comunidad
de
exiliados
brasileños
se
encontraba
en
buena
medida
atomizada.
Desde
principios
de
1966,
cuando
la
Secretaría
de
Gobernación
había
441
Denise
Rollemberg,
Exílio:
entre
raízes
e
radares.
op.
Cit.,
p.
62.
442
Cristina
Pinheiro
Machado,
Os
exiliados.
5
mil
brasileiros
a
espera
da
anistía,
Rio
de
Janeiro,
Alfa
173
“pedido”
suspender
la
publicación
de
su
“Boletín
Informativo”,
la
actividad
del
Comité
dos
Brasileiros
Exilados
no
México
(COBEM),
prácticamente
había
quedado
reducida
a
promover
la
solidaridad,
la
convivencia
y
la
discusión
política
relacionada
exclusivamente
con
lo
que
sucedía
en
Brasil.
Muchos
de
los
asilados
continuaron
realizando
trabajo
político,
pero
de
manera
discreta
y
siempre
atentos
a
los
límites
impuestos
por
el
artículo
33
de
la
Constitución
política
mexicana,
que
prohíbe
a
todo
extranjero
participar
en
política
nacional
bajo
la
pena
de
ser
expulsado
del
país.
La
actividad
política
de
los
asilados
se
orientaba
fundamentalmente
a
la
difusión
de
la
situación
brasileña
en
foros
que
eventualmente
se
abrían
para
ello
en
la
Universidad
o
en
la
prensa,
y
a
la
circulación
de
información
valiosa
sobre
Brasil
que
llegaba
a
México
y
los
asilados
se
encargaban
de
hacerla
llegar
a
su
país
y
a
otras
comunidades
de
exiliados
brasileños
en
el
mundo.
Entre
los
exiliados
de
la
generación
64
que
habían
permanecido
en
México
destacaban
algunas
figuras
en
torno
a
las
cuales
los
asilados
se
reunían
con
cierta
regularidad.
Por
un
lado,
Carlos
Taylor
e
Isaac
Scheinvar,
representantes
en
México
del
Partido
Comunista
Brasileño
(PCB),
cuyas
familias
vivían
en
un
mismo
edificio
y
recibían
regularmente
la
visita
de
otros
asilados,
y
por
otro,
Francisco
Julião,
el
reconocido
fundador
de
las
Ligas
Campesinas
en
Brasil
que
por
cuestiones
de
salud
estableció
su
residencia
en
Cuernavaca
donde
regularmente
recibía
la
visita
de
otros
brasileños.
En
el
ámbito
académico
destacaba
la
figura
de
Ruy
Mauro
Marini,
quien
había
ganado
gran
relevancia
en
los
círculos
intelectuales
y
políticos
mexicanos
a
través
de
sus
investigaciones
en
el
Centro
de
Estudios
Internacionales
(CEI)
de
El
Colegio
de
México,
de
sus
colaboraciones
en
la
prensa
mexicana,
sus
publicaciones
académicas
internacionales
y
sus
famosos
y
concurridos
cursos
sobre
teoría
marxista
en
la
UNAM.
Había
ocasiones
especiales
que
convocaban
a
los
exiliados
brasileños,
por
ejemplo,
cuando
se
conocía
de
la
llegada
de
nuevos
asilados
a
México,
como
recuerda
Estela
Scheinvar.
Era
una
gran
noticia:
¡alguien
va
a
llegar!,
entonces
todo
mundo
se
organizaba
y
en
una
casa
se
hacía
una
cena
o
un
desayuno,
depende
del
horario
del
vuelo.
No
teníamos
174
coche,
nadie
tenía
coche,
íbamos
todos
en
camiones
al
aeropuerto,
todo
mundo
iba,
era
muy
bonito,
y
hacíamos
pancartas,
los
niños
jugábamos,
sabíamos
que
cuando
llegaba
un
niño
nos
tocaba
cuidarlo,
inmediatamente
nos
tocaba
llevarle
un
juguete
nuestro
o
hacer
algo.444
La
solidaridad
que
los
nuevos
asilados
recibían
de
la
comunidad
de
exiliados
no
era
poca
cosa,
sobre
todo
hacia
finales
de
los
años
sesenta
cuando
el
gobierno
de
México
consideraba
que
ya
no
existían
razones
para
continuar
cubriendo
los
gastos
por
concepto
de
hospedaje
y
alimentación
a
los
brasileños
que
llegaban
asilados.445
No
obstante,
éstos
siguieron
recibiendo
cierta
ayuda
económica,
aunque
fuera
por
corto
plazo,
pues
a
las
autoridades
mexicanas
les
preocupaba
convertirse
en
albo
de
posibles
críticas
si
dejaban
a
los
asilados
en
completo
desamparo,
según
manifestó
en
una
ocasión
el
subdirector
general
de
la
Dirección
del
Servicio
Diplomático,
Juan
Miralles,
al
director
general
de
Cuenta
y
Administración
de
la
SRE.446
Entre
agosto
y
octubre
de
1968
ingresaron
a
México
como
asilados
políticos
los
brasileños
Vítor
Luiz
Papandreu,
Selva
Correa
Mendes,
el
coronel
Jefferson
Cardim
de
Alencar
Osorio
y
Paulo
Caires
Quintal.
Como
sus
antecesores,
adquirieron
la
condición
de
no
inmigrantes
y
tuvieron
un
plazo
de
30
días
para
comprobar
que
podrían
cubrir
los
gastos
para
su
sostenimiento
en
México.
El
coronel
Jefferson
Cardim
renunció
al
asilo
territorial
en
México
y
dos
meses
después
de
su
llegada
abandonó
el
país
con
destino
a
Cuba.
Los
demás
permanecieron
por
un
tiempo
más
prolongado
en
el
país.
Entre
1969
y
1970
ingresaron
también
las
últimas
seis
personas
que
fueron
asiladas
en
la
embajada
de
México
en
Brasil
durante
el
régimen
de
Díaz
Ordaz.
Cuatro
de
ellos:
Vicente
de
Paula
Serafím,
el
diputado
Hermano
Alvest
y
los
periodistas
Edmundo
Moniz
y
Enrico
Czaczkes
Sach,
renunciaron
al
asilo
territorial
y
abandonaron
el
país
pocas
semanas
después
de
haber
llegado.
De
acuerdo
con
la
documentación
diplomática,
únicamente
la
doctora
Pura
Lopes
Cortes
y
el
estudiante
Marcelo
Abramo
permanecieron
en
México
luego
de
444
Entrevista
realizada
a
Estela
Scheinvar
por
Daniela
Morales
Muñoz,
7
de
abril
de
2015,
Río
de
Janeiro,
Brasil.
445
SRE
a
Embamex,
México,
D.F.,
13
de
agosto
e
1968,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11,
s/n.
446
Dirección
General
del
Servicio
Diplomático,
México,
D.F.,
10
de
septiembre
de
1968,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11, s/n.
175
demostrar
que
tenían
los
medios
económicos
para
sobrevivir.
Marcelo
Abramo,
que
llegó
a
México
a
los
21
años
recuerda
aquellos
primeros
días
en
el
exilio:
“Llegué
sin
nada,
lo
único
que
tenía
eran
400
dólares
en
la
bolsa
y
con
eso
tuve
que
empezar
la
vida;
busqué
dónde
trabajar…”447
Abramo
también
recuerda
que
en
la
primera
entrevista
que
sostuvo
con
el
representante
de
Gobernación,
Miguel
Domínguez
Loyo,
fue
advertido
de
sus
limitaciones
políticas
en
México.
“La
primera
entrevista
que
tuve
en
Gobernación
fue:
bienvenido
usted
puede
estudiar,
trabajar,
usted
puede
hacer
lo
que
quiera,
menos
meterse
en
política,
no
se
meta
en
política
para
nada,
y
no
me
metí
en
política
para
nada…” 448
En
ese
sentido,
el
exilio
para
él
también
significó
la
mutilación
de
la
posibilidad
de
tener
una
vida
política.
“Hubo
una
necesidad
ahí
de
cortar
raíces…
la
política
podía
ser
importante,
pero
a
nivel
de
información,
más
que
nada,
no
a
nivel
de
participación…
aprendí
a
no
meterme
en
política
a
riesgo
de
mi
vida,
y
si
no
a
riesgo
de
mi
vida,
por
lo
menos
a
riesgo
de
la
vida
que
yo
construí
en
este
país.”449
Entre
las
“recomendaciones”
que
Abramo
recibió
aquél
día
en
Gobernación
también
se
incluyó
la
de
evitar
entrar
en
contacto
con
los
asilados
brasileños
que
ya
se
habían
establecido
en
México:
“tenían
como
la
consigna
de
no
fomentar
que
los
asilados
hicieran
trabajo
político.”450
Efectivamente,
los
asilados
que
se
habían
quedado
en
México
podían
acceder
a
una
vida
donde
las
necesidades
básicas
estaban
cubiertas.
La
mayoría
se
había
incorporado
a
algún
trabajo
o
había
ingresado
a
algún
programa
de
estudios.
México
les
ofrecía
la
posibilidad
de
una
vida
tranquila,
pero
al
mismo
tiempo
les
exigía
renunciar
a
la
actividad
política,
lo
que
no
dejaba
de
ser
paradójico
en
seres
eminentemente
políticos;
personas
que
habían
sido
expulsadas
de
su
país
por
haberse
involucrado
en
una
lucha
por
la
transformación
de
su
país.
Y
es
que
México
no
era
ningún
paraíso
democrático
como
pretendía
proyectarlo
su
clase
política
dirigente.
A
pesar
de
escudarse
en
su
legado
revolucionario;
de
mantener
un
discurso
nacionalista
y
sostener
una
política
exterior
447
Entrevista
realizada
a
Marcelo
Abramo
por
Daniela
Morales
Muñoz,
op.
Cit.
448
Ibid.
449
Entrevista
con
Marcelo
Abramo,
Archivo
de
la
Palabra,
PEL/1/B/1.
450
Ibid.
176
de
independencia
relativa
frente
a
Washington
que
le
redituaban
en
legitimidad
interna,
el
régimen
político
mexicano
de
la
segunda
mitad
del
siglo
XX
era
autoritario
y
profundamente
anticomunista.451
El
gobierno
de
Gustavo
Díaz
Ordaz
que
les
había
permitido
a
los
asilados
brasileños
permanecer
en
México
era
el
mismo
que
en
1965
se
había
lanzado
a
reprimir
con
gran
violencia
el
movimiento
de
médicos
en
la
capital
del
país
y
que
dispuso
la
ejecución
de
15
guerrilleros
en
el
cuartel
Madera
de
Chihuahua;
el
mismo
que
en
1967
instruyó
al
ejército
para
que
reprimiera
una
manifestación
campesina
en
Atoyac
de
Álvarez,
Guerrero,
en
la
que
murieron
más
de
40
personas,
o
que
argumentando
amenazas
externas
lanzó
los
tanques
en
contra
de
comunidades
universitarias
en
Michoacán,
Sonora
y
otros
estados
de
la
República
como
antesala
de
la
gran
masacre
que
perpetraría
en
contra
del
movimiento
estudiantil
el
2
de
octubre
de
1968.
Tlatelolco
En
la
plaza
de
las
Tres
Culturas
de
Tlatelolco
en
la
Ciudad
de
México,
miles
de
manifestantes
fueron
reprimidos
por
grupos
paramilitares
durante
un
mitin
convocado
por
el
movimiento
estudiantil,
dejando
un
saldo
aún
desconocido
que
se
calcula
en
cientos
de
personas
muertas,
heridas
y
detenidas.
La
tragedia
de
Tlatelolco
no
fue
ajena
a
la
comunidad
de
exiliados
brasileños
en
México,
por
el
contrario,
lo
sucedido
aquella
tarde
de
octubre
tuvo
consecuencias
importantes
en
la
vida
de
algunos
de
los
asilados,
como
fue
el
caso
de
la
familia
Taylor,
que
tuvo
a
cuatro
de
sus
hijos
detenidos,
o
del
profesor
Ruy
Mauro
Marini,
quien
poco
tiempo
después
de
la
matanza
fue
“invitado”
a
abandonar
el
país.
Conscientes
de
las
limitaciones
que
en
materia
de
actividad
política
les
imponía
su
calidad
de
extranjeros
en
México,
pero
como
buenos
hombres
y
mujeres
451
Lorenzo
Meyer,
“La
guerra
fría
en
el
mundo
periférico:
el
caso
del
régimen
autoritario
mexicano.
La
utilidad
del
anticomunismo
discreto.”,
en
Daniela
Spenser
(Coord.),
Espejos
de
la
guerra
fría:
México,
América
Central
y
el
Caribe,
México,
Centro
de
Investigaciones
y
Estudios
Superiores
en
Antropología
Social,
Secretaría
de
Relaciones
Exteriores,
Miguel
Angel
Porrúa,
2004.
Pp.
95–117.
177
identificados
con
las
causas
democráticas,
varios
asilados
brasileños
siguieron
con
interés
el
surgimiento
y
desarrollo
del
movimiento
estudiantil
en
México.
Los
hijos
de
muchos
de
ellos,
estudiantes
en
esa
época,
simpatizaban
con
el
movimiento
y
acompañaban
cautelosamente
las
manifestaciones,
como
narra
en
su
testimonio
Maria
Lucia
Taylor:
Venía
de
un
país
con
una
fuerte
represión,
así
que
viendo
esto
pues
me
identifiqué
con
los
estudiantes,
además
estaba
en
la
universidad,
me
habían
aceptado.
Yo
no
podía
participar
porque
yo
era
extranjera,
pero
nadie
podía
impedirme
que
yo
simpatizara,
entonces
yo
iba
a
las
marchas,
nomás
porque
me
sentía
bien,
sentía
que
por
lo
menos
era
un
granito
más
que
estaba
engrosando
una
masa
humana,
pero
no
tenía
conectes
con
el
movimiento,
no
conocía
a
nadie,
era
espontáneo
en
mucho,
y
mis
hermanos
también,
estaban
en
las
prepas
e
íbamos.
Y
me
acuerdo
que
mi
padre
–Carlos
Taylor–
nos
prohibía:
“ustedes
no
pueden
ir
porque
son
extranjeros…
¡prohibido!”
Pero
hubo
una
marcha
lindísima
que
se
llamó
la
marcha
del
silencio
en
la
que
todos
prendimos
antorchas,
¡lindo!,
y
cuando
miré
a
mi
lado
vi
a
mi
padre,
y
es
que
estaba
inquieto
porque
buscaba
a
sus
hijos
que
estaban
ahí…
fue
a
cuidarnos
y
se
quedó
muy
emocionado
porque
fue
una
marcha
muy
bonita.
Entonces
sí,
íbamos
a
todas
las
marchas
del
movimiento
sin
pertenecer
al
movimiento,
sino
por
afinidad.452
El
dos
de
octubre
cuatro
hijos
de
la
familia
Taylor
y
uno
de
la
familia
Scheinvar
fueron
convidados
a
asistir
al
mitin
estudiantil
de
Tlatelolco
desde
la
ventana
del
domicilio
de
una
amiga
que
vivía
en
el
edificio
Chihuahua.
“Entonces
fuimos,
y
ahí
estaba
el
presídium
de
los
líderes
de
68,
y
cuando
empezó
la
balacera
ya
no
pudimos
salir
del
edificio
y
quedamos
atrapados
ahí
yo
y
mis
tres
hermanos
que
fueron
conmigo,
y
ahí
fuimos
presos
los
cuatro.”453
Carlos
Alfonso,
Enrique,
Eduardo
y
Maria
Lucia
Taylor
fueron
trasladados
al
Campo
Militar
número
uno
donde
Maria
Lucia,
la
mayor,
fue
separada
de
sus
hermanos
y
más
tarde
conducida
a
otras
prisiones
hasta
llegar
a
la
prisión
migratoria.
452
Entrevista
realizada
a
Maria
Lucia
Taylor
por
Daniela
Morales
Muñoz,
23
de
abril
de
2014,
México,
D.F.
453
Ibid.
178
“Estuvimos
en
el
campo
militar
número
uno…
me
acuerdo
que
ahí
oímos
varias
declaraciones
porque
nos
tenían
apartadas
a
un
lado
a
las
mujeres
de
los
hombres
y
pude
incluso
escuchar
declaraciones
de
algunos
estudiantes
que
fueron
capturados
también,
y
estuvimos
creo
que
unos
cuantos
días
ahí.”454
Al
enterarse
de
la
detención
de
sus
hijos,
Carlos
Taylor
y
su
entrañable
amigo
Isaac
Scheinvar
recurrieron
a
un
contacto
que
habían
establecido
con
una
empleada
de
la
embajada
de
Brasil
en
México
llamada
Maydé,
quien
intercedió
por
ellos
ante
el
embajador
brasileño.
A
pesar
de
ser
el
representante
del
gobierno
militar,
el
diplomático
decidió
ayudar
a
los
asilados
y
esa
misma
noche
se
movilizó
para
localizar
a
los
jóvenes
detenidos.
Las
negociaciones
lograron
que
los
tres
hijos
varones
de
la
familia
Taylor
fueran
liberados,
sin
embargo,
la
hija
mayor,
Maria
Lucia,
la
única
que
había
ingresado
a
México
con
la
calidad
migratoria
de
estudiante,
quedó
retenida
y
fue
conducida
a
otras
prisiones:
“…pasé
por
el
Campo
militar
número
uno,
Lecumberri,
Gobernación
y
prisión
migratoria,
que
fue
el
mejor
lugar
de
todos
porque
por
lo
menos
había
un
cuarto
único,
con
un
baño
individual,
las
otras
partes
eran
terribles.”455
El
gobierno
mexicano
preparaba
ya
la
deportación
de
Maria
Lucia,
una
noticia
terrible
para
la
familia
Taylor,
pues
significaba
prácticamente
entregarla
a
manos
de
la
dictadura,
que
no
sólo
había
lanzado
al
exilio
a
su
padre
en
1964,
sino
que
en
1968
la
había
orillado
a
ella
misma
a
buscar
una
beca
para
salir
del
país
debido
al
endurecimiento
del
régimen,
que
ya
la
había
fichado
por
el
activismo
político
que
desempeñó
en
el
sector
estudiantil
brasileño
entre
1964
y
1968.456
La
amenaza
de
la
deportación
reunió
a
varios
asilados
brasileños
que
organizaron
un
movimiento
para
pedir
al
secretario
de
Gobernación,
Luis
Echeverría
Álvarez,
que
no
se
llevara
a
efecto.
Fueron
varios
los
asilados
que
participaron
de
esa
movilización
en
solidaridad
con
la
familia
Taylor,
entre
ellos,
desde
luego
la
familia
Scheinvar,
el
profesor
Ruy
Mauro
Marini
y
otros
asilados
de
la
generación
de
1964
que
permanecían
en
México.
454
Ibid.
455
Ibid.
456
Maria
Lucia
Taylor
llegó
a
México
en
marzo
de
1968
con
una
beca
de
la
OEA
para
realizar
una
maestría en la UNAM. En 1970 los militares lanzaron una orden de arresto contra ella.
179
El
movimiento
de
asilados,
que
recibió
el
apoyo
de
algunos
mexicanos,
como
del
ex
diputado
priísta,
Tulio
Hernández
Gómez,
logró
evitar
la
deportación
de
Maria
Lucia
quien
fue
finalmente
liberada
después
de
pasar
poco
más
de
un
mes
en
la
prisión
migratoria,
lo
que
no
la
salvó
de
recibir
un
gran
regaño
del
secretario
de
Gobernación.
Por
fin
hicieron
que
se
analizara
mi
caso
y
me
liberaron
después
de
un
mes
y
pico
de
estar
en
la
prisión
migratoria…
recuerdo
que
me
pasaron
a
la
oficina
[del
secretario
de
Gobernación]
y
ahí
estaba
toda
la
delegación
brasileña
que
había
luchado
para
que
yo
saliera…
y
recibí
un
gran
regaño
de
Echeverría
diciéndome
que
yo
no
tenía
que
inmiscuirme
en
la
política
mexicana,
que
si
quería
regresara
a
mi
país,
pero
que
no
me
metiera
en
la
política
mexicana,
que
una
segunda
detención
podría
ser
para
mi
mucho
más
difícil.457
El
episodio
de
Tlatelolco
tuvo
un
impacto
importante
en
la
vida
de
la
familia
Taylor.
La
relación
con
la
secretaría
de
Gobernación
se
dificultó
y
dejaron
de
sentirse
seguros
en
México.
Esa
situación
me
marcó
en
el
sentido
de
que
las
cosas
ya
no
se
hicieron
tan
fáciles
para
mi;
en
las
relaciones
de
Gobernación
con
nosotros,
yo
siento
que
creé
problemas
para
mi
familia,
de
alguna
manera
¿no?,
hubo
un
poco
de
dificultades
para
mi
padre
y
los
andaban
vigilando,
bueno
o
podía
ser
paranoia
también
nuestra
porque
estábamos
preocupados,
pero
sentíamos
que
estábamos
siendo
vigilados,
en
cierta
forma
algo
difícil.”458
De
acuerdo
con
Carlos
Eduardo
Taylor,
después
del
2
de
octubre
sus
hermanos
sufrieron
algunas
agresiones
por
parte
de
porros
en
la
preparatoria
donde
estudiaban
y
su
papá
quedó
muy
preocupado
con
la
ola
represiva
que
se
estaba
viviendo
en
México.
“La
cosa
estaba
difícil,
mi
papá
estaba
preocupado,
que
aquí
estaba
457
Entrevista
realizada
a
Maria
Lucia,
op.
Cit.
458
Entrevista
con
Maria
Lucia
Taylor,
Archivo
de
la
Palabra:
PEL/1/B/5.
180
volviéndose
igual
que
Brasil,
y
decía:
entre
gorilas
mexicanos
y
gorilas
nacionales
yo
me
quedo
con
los
gorilas
nacionales.”459
Asegura
que
incluso
la
familia
comenzó
a
pensar
en
regresar
a
Brasil,
idea
que
se
desechó
tras
la
emisión
del
AI–5
en
diciembre
de
1968.
Al
final,
la
familia
decidió
enviar
a
los
dos
hijos
mayores
a
Chile,
mientras
que
el
papá,
Carlos
Taylor,
dejó
su
trabajo
en
el
Banco
Nacional
de
Obras
y
Servicios
Públicos
(BANOBRAS)
donde
había
trabajado
desde
su
llegada
a
la
ciudad
de
México,
y
se
trasladó
a
la
ciudad
de
Cárdenas,
Tabasco,
donde
se
incorporó
al
proyecto
de
desarrollo
agrícola
“Plan
Chontalpa”.
En
esa
ciudad
pasó
el
resto
de
su
años
de
exilio,
que
nunca
terminó
porque
murió
un
año
antes
de
que
se
decretara
la
amnistía
en
Brasil.
La
represión
en
torno
al
movimiento
estudiantil
mexicano
de
1968
también
alcanzó
al
profesor
Ruy
Mauro
Marini,
quien
en
1968
impartía,
en
el
Centro
de
Estudios
Latinoamericanos
de
la
Facultad
de
Filosofía
y
Letras
de
la
UNAM,
un
curso
en
el
que
se
exponía
la
teoría
y
el
método
marxista
que
había
despertado
un
enorme
interés
entre
alumnos
de
diferentes
facultades,
no
sólo
del
ámbito
de
las
humanidades,
sino
incluso
entre
alumnos
del
área
de
las
ciencias
exactas
y
naturales.
El
interés
y
la
concurrencia
habían
sido
tales
que
el
profesor
terminó
por
organizar
un
seminario
de
lectura
de
El
Capital
que
se
llevaba
a
cabo
todos
los
sábados
por
la
mañana
en
su
propia
casa
con
la
participación
de
estudiantes
y
profesores
jóvenes
de
El
Colegio
de
México
y
de
la
UNAM.
En
mayo
de
1968
Ruy
Mauro
Marini
envió
una
colaboración
al
periódico
El
Día
en
la
que
exponía
un
análisis
sobre
el
movimiento
estudiantil
brasileño.
No
obstante,
por
razones
que
éste
nunca
pudo
conocer,
el
artículo
fue
publicado
hasta
el
mes
de
agosto,
poco
después
del
brote
del
movimiento
estudiantil
mexicano,
lo
que
empezó
a
crearle
dificultades
políticas
en
el
país
hasta
el
grado
de
considerar
que
su
situación
en
México
se
había
tornado
“insostenible.”
Inútilmente
conseguí
una
carta
del
periódico,
en
la
cual
éste
asumía
la
responsabilidad
por
la
infeliz
coincidencia.
El
hecho
-‐-‐sumado
a
mis
antecedentes
políticos,
mi
actividad
docente
y
una
conferencia
pública,
en
el
Colegio,
sobre
la
cuestión
estudiantil
459
Entrevista
con
Carlos
Eduardo
Taylor,
Archivo
de
la
Palabra:
PEL/3/B/3
181
latinoamericana—
hizo
pesado
el
ambiente
que
me
rodeaba,
hasta
en
mi
casa
(que
pasó
a
ser
vigilada
y
a
sufrir
censura
telefónica);
en
el
órgano
de
la
Secretaría
de
Gobernación,
encargado
del
control
de
los
asilados,
recibí
un
trato
francamente
hostil.
Cuando,
en
octubre,
tuvo
lugar
la
represión
gubernamental,
con
la
masacre
de
Tlatelolco,
mi
situación
se
tornó
insostenible.
Ruy
Mauro
consiguió
entrevistarse
con
el
subsecretario
de
Gobernación
quien
“fría
y
cortésmente”
le
dio
la
versión
oficial
de
lo
que
sucedía
en
México:
los
buenos
muchachos
mexicanos
habían
sido
envenenados
por
agitadores
extranjeros
y
se
habían
vuelto
contra
su
país.
…en
el
entender
del
gobierno,
yo
era
uno
de
los
principales
responsables
por
lo
que
sucediera.
Me
pareció
inútil
argumentar
y
me
limité
a
indagar
si
eso
significaba
que
el
gobierno
quería
que
yo
abandonara
el
país.
–Usted
está
bajo
la
protección
del
gobierno
de
México;
sin
embargo,
éste
consideraría
su
partida
como
un
gesto
de
colaboración
para
que
las
cosas
se
normalicen,
me
respondió,
con
inalterable
cortesía.
–Muy
bien.
¿De
qué
plazo
dispongo?,
pregunté.
-‐¿Cómo?,
¿plazo?
Usted
tomó
una
decisión,
nadie
lo
está
expulsando,
fue
la
respuesta.460
En
lo
que
analizaba
las
opciones
para
un
segundo
país
de
asilo,
Ruy
Mauro
Marini
intentó
demostrar
en
la
práctica
su
intención
de
cumplir
el
acuerdo
de
abandonar
el
país.
Renunció
a
su
cargo
como
educador
en
el
Centro
Regional
de
Construcciones
Escolares
para
América
Latina
(CONESCAL),
limitó
sus
actividades
en
el
Colegio
de
México
y
se
alejó
de
la
UNAM.
Tiempo
después
se
enteraría
de
que
la
Secretaría
de
Gobernación
había
instruido
por
escrito
a
dichas
instituciones
en
el
sentido
de
evitar
su
relación
con
los
estudiantes.
Cuando
Ruy
Mauro
optó
por
trasladarse
a
Argelia
vía
Francia,
el
gobierno
mexicano
le
negó
la
autorización
de
salida.
460
Ruy
Mauro
Marini,
“Memoria”
en
Archivo
personal
de
Ruy
Mauro
Marini,
traducción
al
español,
Claudio
Colombani,
sitio
Web:
file:///Users/danielamorales/Documents/Temas%20Tesis/Expedientes%20personales/Ruy%20Mau
ro%20Marini/Memoria%20Ruy%20Mauro%20Marini%20_español.webarchive
182
Hablando
con
la
misma
autoridad
de
Gobernación,
ésta
justificó
la
negativa
debido
al
acuerdo
existente
con
la
dictadura
brasileña,
en
el
sentido
de
impedir
mi
viaje
a
centros
de
reunión
de
exiliados
-‐-‐lo
que
descartaba,
también,
Francia,
Uruguay
y
Chile—
salvo
que,
renunciando
al
asilo,
yo
liberara
al
gobierno
mexicano
de
cualquier
responsabilidad
sobre
mis
actos.
Y
fue
lo
que
terminaría
haciendo.
Finalmente,
en
noviembre
de
1969
Ruy
Mauro
Marini
se
trasladó
a
Chile,
logrando
ingresar
a
dicho
territorio
gracias
a
la
gestión
que
habían
realizado
en
su
favor
amigos
brasileños
que
ahí
le
esperaban,
en
particular
Theotonio
dos
Santos
y
Vania
Bambirra.
También
habían
intercedido
por
él
políticos
chilenos,
como
el
entonces
senador
Salvador
Allende
y
la
Federación
de
Estudiantes
de
la
Universidad
de
Concepción,
donde
incluso
le
ofrecieron
una
plaza
de
profesor
titular
en
el
Instituto
Central
de
Sociología
a
donde
fue
a
trabajar
en
los
inicios
de
su
segundo
exilio.461
Los
canjeados
Durante
su
último
año
de
gobierno,
Díaz
Ordaz
recibió
en
México
a
veinte
asilados
políticos
brasileños
que
provenían
de
una
situación
completamente
sui
géneris.
Se
trataba
de
dos
grupos
de
presos
políticos
que
fueron
liberados
por
los
militares
brasileños
a
cambio
de
la
vida
de
dos
diplomáticos
que
habían
sido
retenidos
por
grupos
revolucionarios
en
ese
país.
Había
entre
los
liberados
personas
de
diferentes
tendencias
políticas
de
oposición
a
la
dictadura,
desde
militantes
históricos
del
PCB
hasta
dirigentes
estudiantiles
e
integrantes
de
las
organizaciones
de
la
izquierda
revolucionaria
brasileña,
perfiles
que
no
parecían
ser
los
favoritos
de
un
régimen
como
el
de
Díaz
Ordaz.
Como
se
verá
a
continuación,
fueron
dos
casos
en
los
que
el
gobierno
de
México
actuó
a
petición
de
gobiernos
amigos
y
no
por
el
interés
de
proteger
a
los
perseguidos
políticos
del
régimen
militar
brasileño
que,
independientemente
de
las
motivaciones
del
gobierno
mexicano
para
asilarlos,
se
vieron
beneficiados
con
esa
decisión.
461
Ibid.
183
La
liberación
de
presos
políticos
y
su
envío
al
exilio
a
cambio
de
la
vida
de
diplomáticos
extranjeros
retenidos
fue
una
estrategia
a
la
que
recurrieron
las
organizaciones
armadas
brasileñas
entre
1969
y
1970
con
dos
objetivos
claros:
dar
a
conocer
al
mundo
la
existencia
en
Brasil
de
perseguidos
políticos,
y
la
liberación
de
importantes
dirigentes
de
las
organizaciones
revolucionarias.
El
primer
caso,
sin
duda
el
más
espectacular,
fue
el
del
embajador
de
Estados
Unidos
en
Brasil,
Charles
Burke
Elbrick,
quien
el
4
de
septiembre
de
1969
fue
capturado
por
militantes
de
las
organizaciones
revolucionarias
MR–8
y
ALN
que,
a
cambio
de
la
vida
del
diplomático,
exigieron
la
liberación
de
15
presos
políticos
y
la
lectura
y
publicación
íntegra,
en
los
principales
periódicos,
radios
y
televisoras
de
todo
el
país,
de
un
manifiesto
que
indicaba
que
con
el
rapto
del
embajador
querían
demostrar
que
era
posible
vencer
a
la
dictadura
y
la
explotación.
Advertían
además
que
se
trataba
de
un
acto
más
de
la
guerra
revolucionaria
que
avanzaba
cada
día
y
que
apenas
ese
año
iniciaría
su
etapa
de
guerrilla
rural.462
Las
organizaciones
indicaron
que
los
quince
prisioneros
políticos
debían
ser
conducidos
en
un
avión
especial
hasta
Argelia,
Chile
o
México,
cualquiera
de
esos
tres
países
en
donde
se
les
concediera
asilo
político.
La
junta
militar
que
gobernó
Brasil
durante
los
meses
de
agonía
del
presidente
Arthur
da
Costa
e
Silva,463
se
movilizó
de
inmediato
para
cumplir
las
condiciones
de
los
guerrilleros
y
liberar
al
representante
diplomático
del
principal
socio
económico
y
político
de
Brasil.
Después
de
la
divulgación
del
manifiesto,
las
organizaciones
publicaron
los
nombres
de
los
15
presos
políticos
que
deberían
ser
liberados.
En
esa
lista
estaban
representadas
prácticamente
todas
las
tendencias
de
la
izquierda
brasileña.464
462
Silvio
Da–Rin,
Hércules
56.
O
sequestro
do
embaixador
Americano
em
1969,
Rio
de
Janeiro,
Zahar,
2008,
p.
P.
338.
El
autor
también
realizó
un
documental
sobre
estos
acontecimientos
titulado
Hércules
56.
463
El
“triunvirato”
o
Segunda
Junta
Militar
estaba
integrada
por
el
general
Aurélio
de
Lyra
Tavares,
ministro
del
Ejército;
almirante
Augusto
Rademaker,
ministro
de
Marina
y
brigadier
Márcio
de
Souza
e
Mello,
ministro
de
Aeronáutica.
Estuvieron
al
frente
del
gobierno
brasileño
del
31
de
agosto
al
30
de
octubre
de
1969.
464
Silvio
Da–Rin,
op.
Cit.,
p.
15.
184
Encabezaba
la
lista
el
legendario
militante
del
Partido
Comunista
Brasileiro
(PCB),
Gregório
Bezerra. 465
También
aparecían
los
nombres
de
los
principales
dirigentes
estudiantiles
del
año
1968:
Vladimir
Palmeira,
José
Dirceu
y
Luís
Travassos
y
de
los
estudiantes
y
militantes
de
la
Dissidência
da
Guanabara
(DI–GB),
Ricardo
Vilas
Boas
y
Maria
Augusta
Carneiro
Ribeiro;
del
dirigente
metalúrgico
y
militante
de
Vanguardia
Popular
Revolucionaria
(VPR),
José
Ibrahin,
del
periodista
y
militante
del
Movimento
Armado
Revolucionário
(MAR)
Flávio
Tavares,
el
ex
sargento
y
fundador
de
VPR,
Onofre
Pinto,
de
los
militantes
de
Ação
Libertadora
Nacional
(ALN),
Agonalto
Pacheco,
Mario
Zanconato,
João
Leonardo
y
Rolando
Fratti,
del
militante
del
Partido
Comunista
Brasileiro
Revolucionario
(PCBR),
Ricardo
Zarattini
y
del
militante
de
la
Dissidência
de
Niteroi,
Ivens
Marchetti.
México
fue
el
primer
país
que
accedió
a
recibir
en
su
territorio
a
los
15
prisioneros
brasileños
y
a
otorgarles
la
calidad
migratoria
de
asilados
políticos.466
El
secretario
de
Relaciones
de
México
informó
al
embajador
de
Estados
Unidos
en
México,
que
México
estaba
dispuesto
a
concedernos
asilo,
a
recibirnos,
por
sugerencia
del
mismo
Departamento
de
Estado
de
Estados
Unidos
que
quería
salvar
al
embajador
Elbrick
que
estaba
en
manos
de,
como
decían
ellos,
los
terroristas
en
Brasil.467
Los
militares
realizaron
rápidamente
el
trámite
para
liberar
y
trasladar
a
los
presos
a
México
en
una
operación
que
debía
realizarse
con
premura,
en
primer
lugar,
porque
las
organizaciones
habían
establecido
un
tiempo
de
24
horas,
a
partir
de
que
la
dictadura
hubiera
aceptado
públicamente
sus
condiciones,
para
transportar
a
los
presos
liberados,
y
en
segundo
lugar,
porque
un
sector
del
Ejército
se
oponía
a
aceptar
465
Militante
del
PCB,
era
el
más
antiguo
preso
político
brasileño.
Había
sido
detenido
inmediatamente
después
del
golpe
de
1964
y
sometido
a
una
gran
violencia
durante
su
detención
pues
fue
arrastrado
por
las
calles
de
Recife
con
una
cuerda
que
lo
sujetaba
por
el
cuello
en
un
acto
que
fue
transmitido
por
las
televisoras
locales.
466
Secretaria
de
Estado
das
Relações
Exteriores,
“Voo
especial
ao
México.
Acolhida
de
quinze
asilados
brasileiros”,
5
de
septiembre
de
1969,
AHI–MRE,
exp.
“notas
recibidas
por
Itamaraty
procedentes
de
la
embajada
de
México
(1969)”
y
“México
otorgó
el
asilo
político”,
Excélsior,
6
de
septiembre
de
1969.
467
Entrevista
realizada
a
Flávio
Tavares
por
Daniela
Morales
Muñoz,
30
de
noviembre
de
2013
en
185
las
condiciones
de
los
guerrilleros
y
planeaba
impedir
a
toda
costa
la
salida
de
los
prisioneros
al
exterior.
Los
15
presos
políticos
en
la
base
militar
del
Galeão
(RJ),
antes
de
embarcar
rumbo
a
México.
APESP.
Fondo:
Ultima
Hora,
referencia:
ICO–UH–033–042.
Una
vez
que
se
confirmó
el
desembarque
y
la
concesión
de
asilo
en
México,
el
embajador
Chales
Burke
Elbricke
fue
liberado
en
Río
de
Janeiro,
en
las
inmediaciones
del
estadio
Maracaná
donde
tanto
él
como
sus
captores
se
confundieron
entre
la
multitud
que
abandonaba
el
estadio
al
terminar
un
clásico
del
fútbol
brasileño.
El
diplomático
tomó
un
taxi
y
regresó
sano
y
salvo
a
su
residencia.
Aunque
el
suceso
endureció
aún
más
la
represión
en
Brasil
–dos
meses
después
fue
asesinado
el
dirigente
de
ALN
y
guerrillero
más
importante
del
momento,
Carlos
Marighella,–
el
éxito
de
la
estrategia
fue
tal
que
en
los
meses
siguientes
otros
grupos
revolucionarios
recurrieron
a
ella.
El
11
de
marzo
de
1970,
ya
en
pleno
gobierno
del
presidente
Médici,
la
organización
Vanguarda
Popular
Revolucionária
(VPR)
capturó
al
cónsul
de
Japón
en
São
Paulo
y
a
cambio
de
su
vida,
exigió
la
liberación
de
cinco
presos
políticos
y
su
envío
a
México
u
otro
país
que
estuviera
dispuesto
a
recibirlos.
186
Por
segunda
ocasión,
el
gobierno
mexicano
accedió
de
inmediato
a
recibir
a
los
prisioneros
y
otorgarles
asilo
político.
Cuatro
días
después
del
rapto
embarcaron
rumbo
a
la
ciudad
de
México
los
cinco
presos
liberados
que
serían
a
la
vez
los
últimos
asilados
brasileños
del
sexenio
de
Díaz
Ordaz.
Se
trataba
de:
Chizuo
Ozahua
(militante
destacado
de
VPR),
Otávio
Angelo
(ALN),
Diógenes
José
Carvalho
de
Oliveira
(acusado
de
participar
en
diversos
atentados),
Maurina
Borges
de
Silveira
ó
“madre
Maurina”
(religiosa
acusada
de
proteger
y
colaborar
con
las
Fuerzas
Armadas
de
Liberación
Nacional)
y
Damaris
Oliveira
Lucena
(militante
de
VPR
y
viuda
de
Antonio
Raimundo
de
Lucena),
quien
viajó
con
sus
tres
hijos,
unos
gemelos
de
9
años
y
una
niña
de
tres,
como
también
habían
indicado
los
captores.
El
gobierno
de
Díaz
Ordaz
aclaró
que
la
decisión
de
asilar
a
los
presos
liberados
mediante
el
“secuestro” 468
de
los
diplomáticos
en
Brasil
se
había
inspirado
fundamentalmente
en
su
propósito
de
no
negar
a
dos
países
amigos
la
asistencia
que
ambos
solicitaron
en
una
situación
en
que
peligraba
una
vida
humana.469
En
cada
uno
de
estos
casos,
México
actuó
a
petición
del
gobierno
en
cuyo
territorio
había
ocurrido
el
secuestro
y
del
gobierno
del
país
de
origen
de
los
secuestros.
Nuestra
desinteresada
colaboración
con
Gobiernos
amigos
tuvo
el
fin
humanitario
de
contribuir
a
salvar
una
vida
humana.
En
todos
los
casos
México
recibió
el
reconocimiento
y
la
gratitud
explícitos
de
los
países
interesados.
470
Efectivamente,
estas
singulares
solicitudes
de
asilo
que
el
gobierno
de
México
recibió
y
aceptó
entre
1969
y
1970,
se
gestionaron
a
través
del
propio
gobierno
militar
de
Brasil
y
de
los
gobiernos
cuyos
diplomáticos
habían
sido
capturados
por
las
organizaciones
revolucionarias:
Estados
Unidos
y
Japón.
En
su
último
informe
de
gobierno
Díaz
Ordaz
reiteró
que
en
esos
casos
su
gobierno
había
actuado
“a
petición
468
Los
ex
militantes
de
las
organizaciones
revolucionarias
que
estuvieron
involucradas
la
operación
para
liberar
a
los
15
presos
políticos
evitan
referirse
al
hecho
como
un
“secuestro”
y
señalan
que
más
bien
se
trató
de
una
retención
argumentando
que
no
se
trató
de
un
delito
sino
de
una
acción
política.
469
SRE,
Boletín
de
prensa,
México,
D.F.,
13
de
marzo
de
1970,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11,
s/n.
470
Memoria
de
la
Secretaría
de
Relaciones
Exteriores
del
1
de
septiembre
de
1969
al
31
de
agosto
de
187
de
los
gobiernos
afectados
y
del
gobierno
en
el
que
ocurrieron
los
secuestros,
con
el
objetivo
de
salvar
una
vida.”471
Destacamos
lo
anterior
porque
significa
que
en
esta
ocasión
la
institución
del
asilo
fue
utilizada
más
para
ayudar
a
gobiernos
amigos
de
México
–incluyendo
en
este
caso
al
de
los
militares
brasileños–
que
para
proteger
la
vida,
la
libertad
y
la
integridad
de
los
veinte
presos
políticos.
De
hecho,
la
respuesta
expedita
del
gobierno
de
México
para
aceptar
a
los
presos
liberados
en
su
territorio
de
alguna
forma
amainaba
el
impacto
de
estas
acciones
que
humillaban
profundamente
a
la
dictadura
y
evidenciaban,
tanto
en
Brasil
como
en
el
exterior,
la
existencia
de
organizaciones
armadas
y
de
presos
políticos
que
el
gobierno
militar
negaba
reiteradamente.472
De
lo
anterior
se
desprende
que
la
respuesta
del
gobierno
mexicano
frente
a
los
casos
de
asilo
mencionados
estuvo
más
alineada
a
las
necesidades
internas
de
la
dictadura
brasileña
que
libraba
una
lucha
desigual
contra
los
enemigos
del
régimen
en
el
marco
de
la
Doctrina
de
Seguridad
Nacional
(DSN),
esa
idea
de
seguridad
colectiva
que
en
función
de
las
preocupaciones
hemisféricas
de
Estados
Unidos,
impulsó
una
alianza
interamericana
de
defensa
contra
la
“subversión
enemiga”
durante
la
guerra
fría.473
Esta
interpretación
se
refuerza
con
la
información
que
el
embajador
Sánchez
Gavito
remitió
a
la
SRE
sobre
el
perfil
político
de
los
cinco
presos
que
fueron
canjeados
por
el
cónsul
japonés,
en
donde
destacan
las
referencias
a
éstos
como
integrantes
de
organizaciones
“terroristas,”474lo
que
revela
que
México
compartía
la
visión
del
gobierno
militar
sobre
los
militantes
perseguidos
de
la
generación
de
1968,
muchos
de
ellos
activos
en
las
organizaciones
revolucionarias
que
fueron
calificados
como
“terroristas”
tanto
en
Brasil
como
en
México.
Esas
referencias
cobran
mayor
relevancia
si
se
considera
que
en
la
guerra
contrainsurgente
que
los
militares
llevaban
a
cabo
en
Brasil
en
el
marco
de
la
DSN,
no
sólo
se
recurría
al
uso
sistemático
de
la
tortura,
el
asesinato,
la
desaparición
forzada
471
Ibid.
472
Denise
Rollemberg,
“Ezquerdas
revolucionarias”,
op.
Cit.,
p.
68.
473
Nilson
Borges,
“A
Doutrina
de
Segurança
Nacional
e
os
governos
militares”
en
Jorge
Ferreira
y
Lucila
188
de
personas
y
a
las
prisiones
arbitrarias,
sino
también
al
aniquilamiento
moral
del
enemigo;
a
la
separación
de
éste
de
los
demás
ciudadanos
para
evitar
la
oposición
activa
contra
el
régimen,475medida
que
en
el
caso
de
los
presos
políticos
canjeados
por
los
diplomáticos
se
expresó
a
través
de
la
pena
del
“banimento”,
una
figura
jurídica
inventada
por
la
dictadura
inmediatamente
después
de
la
salida
del
primer
grupo
de
presos
políticos,
que
les
prohibía
volver
a
ingresar
a
Brasil476,
y
que
también
sirvió
como
argumento
para
aconsejar
a
los
gobiernos
de
países
amigos
a
no
recibirlos
en
sus
territorios.477
La
experiencia
de
los
“banidos”
en
México
A
pesar
de
haber
obtenido
el
asilo
territorial
en
México,
el
grupo
de
veinte
asilados
que
fueron
intercambiados
por
funcionarios
diplomáticos
en
Brasil
tuvo
una
presencia
fugaz
en
nuestro
país.
Todos,
excepto
dos
de
los
canjeados,
buscaron
salir
de
México
en
cuanto
les
fue
posible.
No
vieron
condiciones
para
el
exilio.
El
primer
grupo
de
15
prisioneros
políticos
que
fue
intercambiado
por
el
embajador
norteamericano
Charles
Burke
Elbrick
aterrizó
en
México
el
7
de
septiembre
de
1969
en
el
avión
de
la
Fuerza
Aérea
Brasileña
“Hércules
56”.
Se
celebraba
el
día
de
la
independencia
en
Brasil
y
la
embajada
de
ese
país
en
México
canceló
la
fiesta
que
había
preparado
para
la
ocasión.
De
acuerdo
con
la
crónica
de
Excélsior,
“un
gran
torbellino”
de
gente
–que
incluía
cerca
de
300
periodistas,
agentes
de
Gobernación,
funcionarios
públicos,
guardias
aduanales
y
compatriotas
radicados
en
México–
esperaba
con
gran
expectativa
el
descenso
de
los
15
presos
políticos
que
habían
sido
liberados
y
enviados
al
exilio
a
cambio
de
la
vida
del
embajador
de
Estados
Unidos,
Charles
Burke
Elbrik,
capturado
días
antes
por
organizaciones
revolucionarias
en
Brasil.
475
Nilson
Borges,
op.
Cit.,
p.
28.
476
Los
banidos
que
intentaron
regresar
a
Brasil
fueron
asesinados,
entre
ellos
el
ex
sargento
y
fundador
de
la
organización
revolucionaria
VPR,
Onofre
Pinto,
uno
de
los
15
presos
políticos
que
fueron
intercambiados
por
el
embajador
de
Estados
Unidos.
Onofre
fue
asesinado
en
julio
de
1974
al
intentar
regresar
clandestinamente
a
su
país.
Su
cuerpo
nunca
fue
localizado.
477
Cristina
Pinheiro,
op.
Cit.,
79.
189
El
desembarque
de
los
presos
políticos
que
viajaron
atados
de
pies
y
manos
se
dio
en
medio
de
un
gran
dramatismo,
pues
los
militares
que
los
habían
transportado
tenían
instrucciones
de
entregarlos
a
los
funcionarios
de
la
embajada
de
Brasil
en
México,
lo
que
los
funcionarios
mexicanos
se
negaron
a
aceptar,
toda
vez
que
tenían
ordenes
de
recibirlos
en
calidad
de
asilados
políticos.
Llegamos
a
México
y
el
comandante
del
avión
tenía
la
orden
de
entregarnos
a
la
embajada
brasileña,
más
o
menos
en
la
condición
de
prisioneros,
y
no
al
gobierno
mexicano.
[El
comandante]
baja
a
decir
eso
a
las
autoridades
migratorias
mexicanas
y
esperamos
unos
20
minutos,
que
era
muchísimo
para
nosotros
que
habíamos
viajamos
esposados
de
manos
y
atados
con
un
cinturón,
y
sólo
podíamos
levantarnos
para
ir
al
baño
con
permiso
y
con
un
vigilante
al
lado,
un
soldado
de
la
Fuerza
Aérea.
Entonces,
el
comandante
regresa
con
un
diplomático
brasileño
que,
incluso
muy
amable
saludó
al
primero
[prisionero]
de
la
fila,
era
un
avión
con
banquillos
longitudinales
porque
era
para
el
transporte
de
tropas,
y
enseguida
sube
un
señor
así
bien
mexicano,
facciones
indígenas,
de
anteojos,
y
nos
mira
y
dice:
¡en
México
mandamos
nosotros,
quítenles
las
esposas
y
liberen
a
estos
señores
de
inmediato!
Y
ahí,
ese
diplomático
brasileño
pregunta:
pero,
¿quién
es
usted?,
y
él
responde:
soy
Cerecero
López,
jefe
de
Migración
del
Aeropuerto
Internacional
de
México.
Ahí
nos
dimos
cuenta
de
que
ya
dejábamos
de
ser
presos,
éramos
inmigrantes…478
El
trámite
demoró
más
de
45
minutos.
Los
periodistas
presionaban
para
que
de
una
vez
por
todas
dejaran
salir
del
avión
a
los
presos,
mientras
que
entre
los
asilados
brasileños
que
acudieron
a
recibirlos
se
escuchaban
gritos
como:
“¡Están
en
territorio
libre
de
América…!
Cuando
el
mayor,
Egon
Reinisch,
que
había
estado
al
mando
de
la
nave
durante
el
vuelo,
descendió
del
avión,
el
asilado
Renato
Pereira
Díaz
lo
señaló
y
gritó:
“Miren
a
estos
tipos,
con
cara
de
angelitos…
Estos
son
los
hombres
que
me
arrancaron
las
uñas
de
los
dedos
de
los
pies…
Mírenlos
bien,
éstos
son
los
gorilas!”
478
Entrevista
realizada
a
Flávio
Tavares
por
Daniela
Morales
Muñoz,
op.
Cit.
190
Flávio
Tavares,
Gregorio
Bezerra
y
João
Leonardo
Da
Silva
y
Ricardo
Zarattini
desembarcando
en
la
Ciudad
de
México.
APESP,
Fondo:
Ultima
Hora,
referencia:
ICO–UH–033–048.
Cuando
dos
representantes
de
la
embajada
brasileña
se
acercaron
a
Reinisch
para
intentar
concretar
la
entrega
de
los
presos
políticos
a
funcionarios
brasileños
en
México,
los
asilados
que
esperaban
afuera
gritaron:
“!No
pueden
hacerlo!...
están
en
México
y
sólo
el
gobierno
de
México
cuenta.
¡Aquí
no
tienen
que
hacer
nada
los
gorilas!
Finalmente
los
15
presos
políticos
fueron
liberados
y
entregados
a
las
autoridades
migratorias
mexicanas:
Salieron
los
dos
funcionarios
mexicanos,
y
tras
de
ellos,
los
asilados
políticos
que
inmediatamente
quedaron
envueltos
en
un
alud
de
preguntas,
de
empujones,
de
gritos,
de
agentes
de
la
Secretaría
de
Gobernación,
que
querían
llevarlos
a
la
sala
5
del
aeropuerto,
y
de
peticiones
de
fotógrafos
que
les
solicitaban
que
se
agruparan.
Delante
del
grupo
caminaba,
con
una
pequeña
maleta
de
plástico
en
la
mano,
el
viejo
líder
agrario
Gregorio
Bezerra.
Trataba
de
erguir
la
figura,
si
bien
era
notoria
su
debilidad.
En
el
mirador
del
aeropuerto
había
unas
doscientas
personas
–brasileñas
191
muchas
de
ellas–
que
le
gritaban:
¡Gregorio!,
¡Gregorio!,
desde
lo
alto.
El
alzó
la
vista,
las
miró
y
agitó
la
mano,
sonriente.479
Al
centro
Gregorio
Bezerra
saluda
a
los
connacionales
que
lo
reciben
en
México.
A
su
derecha
João
Leonardo
Da
Silva
y
a
su
izquierda,
Ricardo
Zarattini.
APESP,
Fondo:
Ultima
Hora,
referencia:
ICO_UH_033_050.
El
periodista
Flavio
Tavares,
que
formaba
parte
del
grupo
de
presos
políticos,
recuerda
el
momento
del
desembarque
en
México:
Desembarcamos
en
medio
de
una
lluvia
de
periodistas,
policías
y
diplomáticos
americanos,
gente
de
la
CIA
que
iba
ahí
para
cerciorase
de
que
nosotros
habíamos
llegado
para
que
liberaran
al
embajador
americano.
Nosotros
no
teníamos
ningún
documento
y
de
inmediato
pasamos
para
la
identificación
migratoria
en
el
aeropuerto.
Ahí
nos
vacunaron
contra
la
viruela
y
nos
hicieron
una
ficha
técnica
con
nuestros
datos
personales.480
479
Crónica
de
Excélsior
publicada
el
8
de
septiembre
de
1969.
480
Entrevista
realizada
a
Flavio
Tavares
por
Daniela
Morales
Muñoz,
op.
Cit.
192
Por
su
parte,
Víctor
Medeiros,
asilado
en
México
desde
1964,
recuerda
que
la
llegada
de
los
15
presos
políticos
se
vivió
con
gran
entusiasmo
entre
los
exiliados
brasileños
que
ya
radicaban
en
el
país:
“¡Ah!,
fue
un
entusiasmo
tremendo…fuimos
a
recibirlos,
a
dar
el
apoyo
que
podíamos
dar.
Fue
mucho
entusiasmo,
ahí
había
mucho
mexicano
también
que
estaba
acompañando
eso…”481
Una
vez
que
realizaron
los
primeros
trámites
migratorios
en
el
aeropuerto,
los
15
nuevos
asilados
políticos
fueron
trasladados
por
inspectores
de
la
Secretaría
de
Gobernación
al
Hotel
del
Bosque
donde
el
gobierno
mexicano
les
proporcionó
hospedaje,
alimentación
y
la
compañía
de
dos
agentes
de
la
Dirección
Federal
de
Seguridad
(DFS)
encargados
de
mantenerlos
bajo
una
estrecha
vigilancia.482
Nosotros
llegamos
el
día
7
de
septiembre
de
1969,
once
meses
después
de
la
matanza
de
Tlatelolco,
estaba
todo
muy
al
descubierto
en
México,
en
el
DF
más
todavía,
el
drama,
la
tragedia
de
Tlatelolco
estaba
en
los
dos
lados,
en
las
víctimas
y
en
la
policía,
la
policía
nos
protegía
y
nos
vigilaba.
A
nosotros
no
nos
interesaba
la
vigilancia
mexicana,
nos
interesaba
la
protección,
teníamos
mucho
miedo,
de
la
CIA,
y
además,
enfrente
al
hotel
del
Bosque
había
una
casa
de
huéspedes
donde
estaban
los
cubanos
anticastristas,
que
después
yo
me
hice
amigo
de
ellos,
era
gente
también
perseguida,
era
gente
buena,
pero
los
cubanos
anticastristas
podrían
vernos
a
nosotros
como
brasileños
castristas…483
Al
día
siguiente,
la
policía
llevó
a
los
15
asilados
a
las
oficinas
de
Gobernación
donde
concluyeron
su
registro
migratorio.
Antes
de
salir
del
hotel
los
asilados
recibieron
un
cambio
de
ropa
y
zapatos,
pues
la
mayoría
de
ellos
había
llegado
únicamente
con
lo
que
vestía
en
la
prisión.
Por
la
tarde,
ofrecieron
una
conferencia
de
prensa
donde
leyeron
un
comunicado
en
el
que
denunciaban
la
situación
que
prevalecía
en
Brasil,
especialmente,
que
la
tortura
se
había
convertido
en
un
método
usual
de
investigación
e
interrogatorio,
y
explicaban
que
el
secuestro
del
embajador
y
otras
acciones
de
481
Entrevista
realizada
a
Victor
Medeiros
do
Paço
por
Daniela
Morales
Muñoz,
19
de
mayo
de
2015
en
193
grupos
clandestinos
eran
producto
del
cuadro
de
violencia
que
el
poder
militar
había
creado
en
Brasil.
También
agradecieron
la
hospitalidad
del
pueblo
y
del
gobierno
de
México
y
ratificaron
su
compromiso
con
el
pueblo
brasileño
en
la
lucha
contra
la
dictadura,
el
imperialismo
y
contra
todas
las
formas
de
explotación
económica
y
opresión
política,
“solamente
nos
consideraremos
libres
en
definitiva
cuando
libre
sea
todo
el
pueblo
brasileño.”484
Dos
días
después
de
la
llegada
a
México,
once
de
los
quince
asilados
políticos
brasileños
depositaron
una
ofrenda
floral
en
el
monumento
a
los
héroes
de
la
independencia
mexicana.
Los
estudiantes
del
grupo
se
negaron
a
participar
en
el
acto
que
había
sido
alentado
e
incluso
financiado
por
el
propio
gobierno
mexicano,
el
mismo
que
apenas
unos
meses
atrás
había
masacrado
a
cientos
de
estudiantes
en
la
plaza
de
las
Tres
Culturas
de
Tlatelolco.
En
el
hotel,
los
asilados
políticos
recibieron
la
visita
recurrente
de
los
asilados
brasileños
que
radicaban
en
México.
El
mismo
día
en
que
llegaron,
la
DFS
reportó
la
visita
del
asilado
Renato
Pereyra
Díaz,
a
quien
identificaron
como
miembro
del
484
Comunicado
publicado
en
Excélsior,
9
de
septiembre
de
1969.
194
Movimiento
Latinoamericano
de
Liberación
(MLL).485
El
19
de
septiembre
también
se
registró
la
visita
del
ingeniero
Víctor
Medeiros,
asilado
en
México
desde
1964,
quien,
según
los
agentes
de
Seguridad,
se
ofreció
a
ver
la
posibilidad
de
conseguir
trabajo
para
algunos
de
ellos
en
la
compañía
donde
él
prestaba
sus
servicios.486
En
sus
memorias,
Ruy
Mauro
Marini
recuerda
lo
gratificante
que
fue
para
él
el
intercambio
de
impresiones
que
en
esos
días
–antes
de
abandonar
el
país–
pudo
sostener
con
los
jóvenes
del
movimiento
estudiantil
brasileño
que
llegaron
en
el
grupo
de
los
15.
Pude
mantener
estrecha
relación
con
los
presos
políticos
liberados
por
la
dictadura
a
raíz
del
secuestro
del
embajador
estadounidense,
que
México
acogió.
Entre
ellos,
estaban
Vladimir
Palmeira
y
José
Dirceu,
líderes
del
movimiento
estudiantil
de
1968,
además
de
Ricardo
Villas.
Fue,
para
mí,
excelente
oportunidad
para
discutir
los
problemas
de
la
izquierda
brasileña
descubriendo,
también,
que
mis
ensayos
sobre
Brasil
habían
tenido
en
el
país
una
amplia
difusión
clandestina…487
Por
su
parte,
Isaac
Scheinvar,
figura
representativa
del
comunismo
brasileño
exiliado
en
México
acogió
en
su
propia
casa
y
llevó
al
médico
al
viejo
líder
comunista
Gregorio
Bezerra,
quien
llegó
al
país
con
un
cáncer
avanzado. 488
Pocas
semanas
después,
Bezerra
renunció
al
asilo
en
México
para
trasladarse
a
la
Unión
Soviética,
donde
pasó
el
resto
de
su
exilio.
Después
de
unos
20
días
de
haber
aterrizado
en
México,
el
gobierno
notificó
a
los
asilados
que
tendrían
que
buscar
trabajo
para
sostenerse
en
el
país,
sin
embargo,
la
mayoría
de
ellos
asegura
que
en
México
simplemente
no
encontraron
condiciones
para
permanecer.
485
Dirección
Federal
de
Seguridad
(en
adelante
DFS),
“Llegada
a
México
de
quince
asilados
políticos
brasileños”,
México,
D.F.
7
de
septiembre
de
1969.
AGN,
Galería
1,
DFS,
expediente
11–155–69,
L.1.
H.60.
486
DFS,
“Grupo
de
asilados
políticos
del
Brasil”,
México,
D.F.
19
de
septiembre
de
1969,
AGN,
Galería
1,
195
A
través
de
antiguos
exiliados
brasileños
radicados
en
México,489
doce
de
los
catorce
asilados
que
quedaban
hicieron
contacto
con
la
embajada
de
Cuba
en
México
y
obtuvieron
permiso
del
gobierno
cubano
para
trasladarse
a
ese
país.
Otro
asilado
consiguió
permiso
para
trasladarse
a
Francia,
en
tanto
que
el
periodista
Flávio
Tavares
fue
el
único
del
grupo
que
decidió
permanecer
en
México.
Cada
uno
tuvo
razones
particulares
para
tomar
la
decisión
de
renunciar
al
asilo
en
México.
La
mayoría
de
ellas
fueron
de
tipo
político,
pues
sentían
el
compromiso
de
regresar
a
Brasil
para
continuar
la
lucha
contra
la
dictadura.
No
obstante,
en
los
testimonios
de
muchos
de
ellos
también
destaca
el
hecho
de
que
en
México
no
encontraron
un
ambiente
propicio
para
sentirse
ni
seguros
ni
en
libertad.
Mientras
estábamos
allá
[en
México],
los
15,
sólo
salíamos
en
grupo.
Sólo
en
grupo
y
escoltados
por
la
policía
mexicana.
La
recomendación
era
no
salir.
Y
cuando
salíamos,
había
dos,
tres
carros
siguiendo.
Se
decía
que
había
de
todo:
KGB,
SNI,
CIA…
Era
un
clima
de
terror
total,
de
control
total.
Tanto,
que
hasta
evitábamos
salir…
En
México
no
había
condiciones
para
quedarnos,
la
situación
era
muy
inestable,
no
nos
sentíamos
tranquilos.
Teníamos
miedo
de
sufrir
un
atentado…
el
gobierno
brasileño
estaba
muy
enojado…
no
teníamos
sensación
de
seguridad
en
México.490
Para
algunos
de
ellos,
como
para
el
líder
sindical
José
Ibrahim,
el
gobierno
mexicano
había
dejado
claro
que
su
paso
por
México
sería
temporal.
No
podíamos
quedarnos
en
México,
el
gobierno
mexicano
ya
había
avisado
que
estábamos
ahí
por
una
cuestión
de
solidaridad;
recibirnos
fue
un
acto
humanitario
del
gobierno
mexicano,
hasta
porque
estaba
en
juego
la
vida
del
embajador…
El
gobierno
mexicano
aceptó
recibirnos,
pero
dejó
claro
que
era
de
paso,
que
nadie
se
quedaría
allá.
Nosotros
teníamos
que
ver
cuál
sería
nuestro
destino.491
489
Silvio
Da–Rin,
Hércules
56.
O
sequestro
do
embaixador
Americano
em
1969,
op.
Cit.,
p.
73.
490
Testimonio
de
Ricardo
Vilas
en
Ibid..,
p.
43.
491
Ibid.,
p.
105.
196
Seis
meses
después
de
la
llegada
del
grupo
de
los
15,
aterrizaron
en
México
los
cinco
prisioneros
políticos
que
fueron
canjeados
por
la
vida
del
cónsul
de
Japón
en
São
Paulo,
Nobuo
Okuchi,
el
16
de
marzo
de
1970.
Chizuo
Ozahua,
Otávio
Angelo,
Diógenes
José
Carvalho
de
Oliveira,
Maurina
Borges
de
Silveira
y
Damaris
Oliveira
Lucena
–que
viajó
con
sus
tres
hijos
menores–
fueron
trasladados
en
un
avión
especial
escoltados
por
diez
agentes
de
la
Policía
Federal.
Aunque
el
gobierno
brasileño
había
solicitado
la
cooperación
del
mexicano
en
el
sentido
de
intentar
que
la
llegada
de
los
cinco
presos
políticos
fuera
cercada
del
mayor
sigilo492,
el
evento
volvió
a
convocar
a
un
grupo
de
periodistas
ante
los
cuales
los
asilados
denunciaron
la
violencia
de
la
dictadura
brasileña
y
agradecieron
la
hospitalidad
del
gobierno
mexicano.
Dos
religiosas
pertenecientes
a
la
Comunidad
Franciscana
del
Distrito
Federal
acudieron
al
aeropuerto
para
solicitar
al
jefe
de
Población,
Julio
Cerecedo,
autorización
para
llevarse
a
su
convento
a
la
religiosa
que
venía
en
el
grupo,
Maurina
Borjes
da
Silveira,
lo
que
no
se
les
permitió
en
ese
momento,
pues
todos
los
asilados
tenían
que
acudir
al
día
siguiente
a
la
Dirección
General
de
Población
en
la
SG
para
concluir
el
trámite
de
concesión
de
asilo.
Al
salir
del
aeropuerto
los
cinco
canjeados
fueron
vitoreados
por
un
grupo
de
aproximadamente
15
personas
de
nacionalidad
brasileña.
La
embajada
de
México
en
Brasil
remitió
Relaciones
Exteriores
información
detallada
sobre
las
actividades
políticas
y
la
militancia
de
cada
uno
de
los
asilados,
señalando
a
Diógenes
José
Carvalho
como
“el
de
más
cuidado”.
Mientras
que
el
embajador
de
Brasil
en
México,
João
Baptista
Pinheiro,
solicitó
a
la
DFS
que
le
brindara
servicios
de
seguridad,
tanto
en
su
residencia
como
en
la
Cancillería,
porque
temía
“actos
de
represalia
por
parte
de
elementos
afines
a
los
terroristas
brasileños”
que
llegaban
a
México.493
Los
cinco
canjeados
también
fueron
hospedados
en
el
Hotel
del
Bosque
de
la
ciudad
de
México
donde
permanecieron
bajo
estrecha
vigilancia
de
la
DFS.
La
492
Embajada
de
Brasil
en
México
a
SRE,
13
de
marzo
de
1970,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11,
s/n.
493
Memorándum
al
director
de
la
DFS,
14
de
marzo
de
1970,
México,
D.F.,
AGN,
Galería
1,
expediente
197
Secretaría
de
Gobernación
envió
un
médico
para
atender
a
los
asilados
que,
como
en
el
caso
de
Chizuo
Ozahua,
habían
llegado
gravemente
lastimados.
Al
día
siguiente
concluyeron
el
trámite
de
obtención
de
asilo
territorial
en
la
subdirección
de
Población,
donde
otros
asilados
políticos
brasileños
que
ya
radicaban
en
México,
como
Victor
Papandreu,
Isaac
Scheinvar
y
Selva
Correa
Mendes,
fungieron
como
intérpretes
entre
los
asilados
recién
llegados
y
los
funcionarios
mexicanos.494
Fueron
aceptados
en
calidad
de
no
inmigrantes,
obteniendo
un
plazo
de
30
días
para
demostrar
fehacientemente
que
disponían
de
los
medios
económicos
para
subsistir
en
México.495
El
obispo
de
Cuernavaca
y
promotor
de
la
Teología
de
la
Liberación,
Sergio
Méndez
Arceo,
acudió
ese
mismo
día
a
las
oficinas
de
Gobernación
para
entrevistarse
con
la
religiosa
Maurina,
a
quien
ofreció
alojamiento
en
algún
convento
franciscano,
lo
que
ella
aceptó
de
inmediato
y
en
pocos
días
obtuvo
el
permiso
del
gobierno
mexicano
para
abandonar
el
hotel
y
trasladarse
a
la
capital
morelense.
De
acuerdo
con
los
reportes
de
la
DFS,
los
asilados
brasileños
establecieron
contacto
con
asilados
guatemaltecos
que
se
encontraban
hospedados
en
el
mismo
hotel,
y
recibieron
la
visita
recurrente
de
varios
asilados
brasileños
radicados
en
México,
entre
ellos,
Flávio
Tavares,
que
había
llegado
recientemente
en
el
grupo
de
los
15,
las
familias
Scheinvar
y
Taylor,
asiladas
en
México
desde
1964,
Victor
Medeiros,
Selva
Correa
Mendes,
Victor
Luiz
Papandreu,
Peregrino
Romay,
el
sacerdote
católico
Francisco
Lage,
Antonio
Quiñones
Peyre,
Marcelo
Abramo,
Etelvina
Correa,
João
Barbosa
do
Nascimento,
Claudio
Colombani
y
Francisco
Julião.
496
La
policía
mexicana
también
registró
la
visita
de
personas
de
nacionalidad
mexicana,
como
la
de
una
pareja
que
acudió
a
ofrecer
ayuda
económica
a
los
asilados
y
algunos
juguetes
para
los
niños
que
habían
llegado
con
ellos.
Durante
los
días
que
permanecieron
en
México,
los
cinco
canjeados
tuvieron
un
contacto
constante
con
diferentes
medios
de
comunicación
ante
quienes
denunciaron
494
DFS,
“Reporte
de
actividades
de
los
asilados
brasileños
recién
llegados…”,
México,
D.F.
16
de
marzo
198
que
Brasil
padecía
“un
dominio
absoluto
de
los
Estados
Unidos
de
norteamérica“
y
un
régimen
militar
implantado
por
ellos;
explicaron
que
la
misión
de
las
organizaciones
revolucionarias
brasileñas
era
“liberar
al
pueblo
de
Brasil
del
imperialismo
yanqui,”
y
denunciaron
la
existencia
de
12
mil
presos
políticos.
Además,
agradecieron
las
atenciones
del
gobierno
y
el
pueblo
de
México
y
aseguraron
que
como
extranjeros
respetarían
las
leyes
mexicanas.
Quince
días
después
de
su
llegada
a
México
los
canjeados
–con
excepción
de
la
madre
Maurina
que
se
había
trasladado
a
Cuernavaca–
decidieron
acudir
a
la
embajada
de
Cuba
en
México
para
solicitar
su
traslado
a
ese
país. 497
Una
vez
aceptados,
renunciaron
al
asilo
político
en
México
y
el
27
de
marzo
de
1970
Chizuo
Ozahua,
Otávio
Angelo,
Diógenes
José
Carvalho
de
Oliveira,
y
Damaris
Oliveira
Lucena
con
sus
tres
hijos,
abordaron
un
avión
con
destino
a
La
Habana.
Aunque
intentaron
evitar
que
su
partida
llamara
la
atención
de
la
prensa,
éstos
fueron
cuestionados
por
reporteros
en
el
aeropuerto
sobre
los
motivos
de
su
renuncia
al
asilo
político
en
México.
Aseguraron
que
obedecía
únicamente
a
motivos
de
salud,
pues
la
altura
de
la
ciudad
de
México
les
ocasionaba
malestares.
No
obstante,
la
DFS
destacó
en
su
reporte
que
los
asilados
habían
ocultado
a
la
prensa
que
por
lo
menos
dos
de
ellos
ya
habían
pasado
largas
temporadas
en
Cuba
en
años
anteriores.498
En
el
transcurso
de
1970,
la
captura
el
11
de
junio
del
embajador
alemán,
Ehrenfried
Anton
Theodor
Ludwig
Von
Holleben,
y
del
embajador
suizo,
Giovanni
Enrico
Bucher,
en
diciembre,
llevaron
a
la
liberación
de
otros
110
presos
políticos
brasileños,
40
en
el
primer
caso,
que
fueron
asilados
por
el
gobierno
de
Argélia,
y
70
en
el
segundo,
que
fueron
trasladados
a
Chile
donde
se
empezaba
a
concentrar
un
gran
número
de
brasileños.499En
total,
140
presos
políticos
salieron
al
exilio
a
través
de
esa
vía
sui
géneris,
concebida
y
ejecutada
por
las
organizaciones
revolucionarias
brasileñas
entre
1969
y
1970.
497
DFS,
“Actividades
de
los
asilados
políticos
brasileños…”,
25
de
marzo
de
1970,
México,
D.F.,
AGN,
199
La
liberación
de
presos
políticos
a
través
de
la
captura
de
autoridades
diplomáticas
intensificó
el
proceso
de
represión
en
Brasil.
Las
organizaciones
armadas
fueron
cercadas
cada
vez
más
por
los
órganos
de
represión
hasta
que
fueron
completamente
desmanteladas.
Tan
sólo
después
del
rapto
del
embajador
de
Estados
Unidos,
más
de
350
personas
fueron
enviadas
a
prisión
y
detenidas
alrededor
de
600
para
ser
interrogadas.500
Esa
magnitud
de
detenciones
explica
al
mismo
tiempo
que
las
organizaciones
armadas,
que
muy
pronto
habían
visto
detenidos
a
sus
principales
dirigentes
y
a
una
gran
parte
de
sus
militantes,
hayan
recurrido
a
la
misma
estrategia
de
captura
de
otras
autoridades
diplomáticas
con
el
objetivo
de
liberarlos
y
contener
el
desmantelamiento
de
sus
organizaciones.
Sin
embargo,
después
del
último
intercambio
de
presos
políticos
por
la
vida
del
embajador
suizo,
la
capacidad
ofensiva
de
la
guerrilla
urbana
estaba
prácticamente
agotada
en
Brasil.501
Con
excepción
del
PCdoB,
cuya
guerrilla
fue
derrotada
hasta
1974502,
hacia
1972
los
militantes
de
la
lucha
armada
en
Brasil
estaban
muertos,
presos,
clandestinos
dentro
del
país
o
en
el
exilio.
La
rápida
victoria
de
la
represión
sobre
las
organizaciones
armadas
es
generalmente
explicada
en
función
del
perfeccionamiento
que
los
aparatos
de
represión
habían
alcanzado
a
principios
de
la
década
de
1970,
no
obstante,
en
los
últimos
años
algunos
historiadores
han
señalado
que
el
éxito
de
la
represión
sólo
fue
posible
en
el
cuadro
social
de
aislamiento
en
el
que
actuaban
las
organizaciones
revolucionarias,
y
del
uso
sistemático
de
la
tortura
como
recurso
para
la
eliminación
de
los
militantes.503
“Aeropiratas”
brasileños.
El
Secuestro
de
un
avión
mexicano
Dos
meses
después
de
la
salida
a
Cuba
del
último
grupo
de
asilados
políticos
brasileños,
dos
tripulantes
de
un
avión
comercial
mexicano
obligaron
a
los
pilotos
a
desviar
el
trayecto
del
vuelo
y
aterrizar
en
Cuba
la
noche
del
23
de
mayo
de
1970.
La
500
Cristina
Pinheiro,
op.
Cit.,
p.
87–90.
501
Ibid.
502
El
PCdoB
lanzó
la
guerrilla
rural
de
Araguaia
en
la
región
amazónica
brasileña.
503
Denise
Rollemberg,
“Ezquerdas
revolucionarias”,
op.
Cit.,
p.
66.
200
Procuraduría
General
de
la
República
(PGR)
identificó
a
los
ex
militares
brasileños
Víctor
Luiz
Papandreu504
y
Selva
Correa
Mendes505,
asilados
en
México
desde
1968,
como
los
responsables
del
secuestro
de
la
aeronave.
506
Según
el
SNI,
en
la
prensa
se
divulgó
la
versión
de
que
los
asilados
brasileños
habrían
perpetrado
el
secuestro
“en
venganza“
o
como
protesta
contra
el
régimen
político
mexicano
por
la
represión
policial
al
movimiento
estudiantil
mexicano
de
1968.
Sin
embargo,
Víctor
Medeiros,
asilado
brasileño
que
convivió
con
Papandreu
y
Mendes
durante
su
exilio
en
México,
asegura
que
la
decisión
de
secuestrar
el
avión
estuvo
más
relacionada
con
la
negativa
que
ambos
habían
recibido
en
la
embajada
de
Cuba
en
México
para
obtener
una
visa
de
entrada
a
la
isla.507
Esa
versión
concuerda
con
la
referencia
que
sobre
ese
acontecimiento
hizo
el
presidente
Díaz
Ordaz
en
su
sexto
y
último
informe
de
gobierno
en
el
que
calificó
como
un
hecho
absurdo
e
innecesario,
aparte
de
gravemente
criminal
poner
en
riesgo
vidas
inocentes
y
ajenas
a
los
móviles
personalísimos
de
los
secuestradores;
menos
aún
en
países
como
México,
donde
existe
y
es
respetada
de
manera
absoluta
la
libertad
de
tránsito,
y
en
donde
se
cuenta
con
los
medios
regulares
para
viajar
a
Cuba,
dependiendo
exclusivamente
de
que
el
Gobierno
de
aquel
país
conceda
la
visa.508
El
presidente
también
destacó
la
ingratitud
de
los
asilados
brasileños
que
respondían
así
al
país
que
les
había
brindado
protección.
…tampoco
parece
comprensible
que
puedan
ser
considerados
como
perseguidos
políticos
de
las
autoridades
mexicanas
extranjeros
que,
diciéndose
precisamente
víctimas
de
persecución
política
en
su
país
de
origen,
habían
sido
muy
recientemente
504
Ex
soldado
del
Ejército
que
se
asiló
en
la
embajada
de
México
tras
ayudar
a
escapar
de
una
cárcel
201
salvados
por
México
de
esa
supuesta
o
real
persecución,
al
concederles
asilo
y
haberles
abierto
los
generosos
brazos
de
su
hospitalidad,
poniéndolos
bajo
el
amparo
de
la
Constitución
y
las
leyes
mexicanas,
en
pleno
ejercicio
de
su
libertad.509
En
el
mismo
sentido,
la
prensa
mexicana
dio
amplia
difusión
a
los
hechos,
condenándolos
e
intentado
generar
entre
la
opinión
pública
una
actitud
de
rechazo
a
los
asilados
políticos,
a
quienes
acusaba
de
pretender
convertir
el
derecho
de
asilo
en
un
escudo
protector
de
actos
delictuosos.
Inevitablemente,
el
secuestro
de
la
aeronave
tuvo
efectos
negativos
sobre
la
comunidad
de
brasileños
asilados
en
México.
La
PGR
sometió
a
interrogatorio
a
varios
de
ellos
como
parte
de
la
investigación
que
se
abrió
en
torno
a
las
actividades
que
Papandreu
y
Correa
Mendes
desarrollaban
en
la
capital
mexicana.
Al
mismo
tiempo,
según
un
reporte
del
SNI,
algunos
asilados,
“preocupados
por
la
repercusión
negativa
del
secuestro”
enviaron
declaraciones
escritas
a
diferentes
periódicos
mexicanos
en
donde
calificaron
el
secuestro
como
un
“acto
irresponsable”
para
desvincularse
y
mostrar
su
desacuerdo
con
los
dos
asilados
que
lo
habían
llevado
a
cabo.510
El
incidente
también
provocó
tensiones
entre
los
gobiernos
de
México
y
Cuba,
pues
este
último
rechazó
la
solicitud
de
extradición
que
le
hizo
el
segundo
para
procesar
y
juzgar
a
los
brasileños
en
México.
En
cambio,
les
otorgó
protección.511
Pocos
días
después
la
atención
del
gobierno
de
Díaz
Ordaz
y
del
mundo
se
volcaron
a
la
celebración
de
la
IX
Copa
Mundial
de
Futbol
que
arrancó
en
México.
Seguramente,
la
animadversión
que
entre
los
mexicanos
pudo
haber
ocasionado
el
hecho
contra
los
asilados
de
origen
brasileño
se
minimizó
al
coronarse
Brasil
como
campeón
del
mundo
en
nuestro
país.
509
Ibid,
p.
11.
510
SIN,
“Sequestro
de
aeronave
mexicana
por
asilados
brasileiros.
Repercusão
no
México”,
op.
Cit.
511
Se
sabe
que
Selva
Correa
Mendes
vivió
el
resto
de
su
exilio
en
Cuba
mientras
que
Víctor
Luiz
Papandreu
se
habría
integrado
en
la
isla
a
alguna
organización
armada
para
después
internarse
clandestinamente
en
Brasil
donde
habría
sido
asesinado
en
1971.
Su
nombre
figura
en
la
lista
de
muertos
o
desaparecidos
durante
la
dictadura
militar.
En
los
archivos
de
la
SRE
de
México
se
encontró
registro
de
una
carta
que
el
señor
Valerio
Papandreu
envió
en
1985
a
esa
dependencia
solicitando
alguna
información
sobre
el
paradero
de
su
hermano
Víctor
Luiz.
202
A
principios
de
la
década
de
1970
el
Centro
de
Informações
do
Exterior
(CIEX),
creado
por
el
Ministerio
das
Relações
Exteriores
(MRE)
para
atender
los
intereses
del
Sistema
Nacional
de
Informações
(SIN)
de
la
dictadura
militar,
intensificó
sus
esfuerzos
por
mantener
mayor
vigilancia
sobre
los
exiliados
brasileños
en
diferentes
países,
incluyendo
los
radicados
en
México.
De
acuerdo
con
un
informe
elaborado
por
el
SNI
en
noviembre
de
1970,
en
esa
fecha
radicaban
en
México
cerca
de
32
exiliados
brasileños:
“Llevan,
con
algunas
excepciones,
una
vida
difícil,
dadas
las
pocas
ofertas
de
empleo
hoy
existentes
en
el
mercado
mexicano.”
De
un
modo
general,
continua
el
informe,
“ellos
se
mantienen
en
calma
y
con
discreción,
menos
el
señor
Francisco
Julião
que
continuamente
crea
problemas
para
la
embajada
de
Brasil
en
ese
país.”
“El
antiguo
agitador
pernambucano”,
como
se
referían
los
servicios
de
inteligencia
brasileños
a
Francisco
Julião,
era
el
exiliado
que
mayor
preocupación
ocasionaba
en
México
a
la
dictadura
brasileña,
no
sólo
por
su
activa
presencia
en
medios
informativos
nacionales
e
internacionales
donde
vertía
siempre
una
visión
crítica
hacia
la
dictadura
brasileña,
sino
también
por
su
cercanía
con
el
obispo
de
Cuernavaca,
Sergio
Méndez
Arceo
y
el
sacerdote
Iván
Illich,
promotores
en
México
de
la
Teología
de
la
Liberación
y
del
llamado
Progresismo
Católico
que
sostenían
una
postura
de
condena
hacia
los
regímenes
militares
en
Latinoamérica
y
difundían
textos
sobre
ideologías
socialistas
a
través
del
Centro
de
Información
y
Documentación
Católica
(CIDOC)
en
Cuernavaca,
donde
Julião
trabajó
varios
años
impartiendo
clases
de
portugués
y
cursos
relacionados
con
la
situación
social
de
América
Latina.
La
embajada
de
Brasil
en
México
fue
muy
insistente
en
denunciar
las
actividades
de
Julião
a
quien
identificaban
como
la
cabeza
de
un
grupo
de
asilados
brasileños
en
México
que
tenía
las
posturas
más
radicales
contra
el
régimen
brasileño.
Argumentaban
ante
las
autoridades
mexicanas
que
el
fundador
de
las
Ligas
Camponesas
violaba
las
normas
del
derecho
de
asilo.
No
obstante,
“los
resultados
–de
dichas
denuncias–
no
han
sido
muy
positivos”,
se
quejaban
los
informantes
de
la
policía
política
brasileña.
Según
el
mismo
informe,
el
resto
de
los
asilados
mantenían
posturas
más
moderadas,
sobre
todo
después
de
que
el
secuestro
del
avión
mexicano,
realizado
por
203
dos
ex
asilados
brasileños,
disminuyera
o
casi
cesara
la
“buena
voluntad”
hacia
los
asilados
brasileños
en
los
medios
mexicanos
y
en
los
círculos
oficiales.512
En
realidad,
el
único
rastro
de
animadversión
contra
asilados
brasileños
identificado
en
esos
años
fue
el
infructífero
pedido
de
expulsión
de
Francisco
Julião
y
del
padre
Francisco
Lage
Pessoa,
que
realizó
a
través
de
un
manifiesto
el
ultraderechista
Movimiento
Universitario
de
Renovadora
Orientación
(MURO),
acusándolos
junto
al
pedagogo
brasileño
Paulo
Freire,
que
había
dictado
una
conferencia
en
México,
y
al
sacerdote
Iván
Illich,
de
ser
los
principales
responsables
de
“estimular
la
subversión.”513
512
SNI,
“Exilados
e
asilados
brasileiros
no
México”,
informe
número
192,
Whashington
D.C.,
18
de
noviembre
de
1970,
ANB,
proyecto
“Memorias
Reveladas”,
Fondo:
CIE,
exp.
A0320614–1970.
513
SNI,
“Pedido
de
expulsión
de
asilados
políticos
brasileiros
do
México”,
20
de
octubre
de
1971,
ANB,
204
205
CAPITULO
4
Otra
vez
la
huida.
Verde
que
te
quiero
verde,
¿por
qué
no?
México,
bananas
e
abacaxis
imensos,
não
tem
Chile,
pero
tenemos
chili,
picante
tal
vez
demasiado
para
el
gusto
de
ustedes.
…pero
por
la
chingada,
aquí
no
se
quedan
que
México
es
caliente,
un
calor
más
sutil
que
el
de
Brasil,
pero
tan
abrasador
como
el
de
allá,
perdónenme.
El
comboy
sigue
el
viaje…514
María
Auxiliadora
Lara
Barcellos
“Dora”,
“Continúo
Sonhando”
en
Pedro
Celso
Uchõa
Cavalcanti
e
Jovelino
Ramos
(orgs.),
op.
Cit..
p.
318.
Exilio
en
el
exilio.
Los
años
de
plomo
(1969–1974)
En
agosto
de
1969
el
presidente
general
Costa
e
Silva
sufrió
un
derrame
cerebral
y
dos
meses
después,
en
octubre
de
1969,
fue
sustituido
en
la
Presidencia
de
la
República
por
el
general
Emílio
Garrastazu
Médici,
quien
entre
1969
y
1974
comandó
el
periodo
más
violento
y
de
mayor
represión
política
de
la
dictadura
militar
brasileña,
conocido
en
la
historiografía
como
los
“anos
de
Chumbo.”515
Ese
terrible
periodo
está
directamente
asociado
al
desmantelamiento
de
las
organizaciones
revolucionarias
que
después
del
AI-‐5,
fortalecidas
con
la
integración
de
cientos
de
jóvenes
provenientes
en
gran
parte
del
movimiento
estudiantil,
intensificaron
sus
acciones
armadas
que
fueron,
esencialmente,
acciones
de
guerrilla
514
Texto
original
con
fragmentos
mezclados
en
español
y
portugués
–coloquialmente
conocido
como
portuñol–
con
pequeñas
modificaciones
de
sintaxis
realizadas
por
la
autora
de
la
tesis.
515
Los
“años
de
plomo.”
206
urbana,
como
expropiación
de
armas
y
de
fondos
o
ataques
sorpresa
a
cuarteles
y
puestos
policiales.
Entre
las
organizaciones
que
crecieron
e
intensificaron
su
actuación
después
del
AI–5
estaban,
entre
otras,
Acción
Libertadora
Nacional
(ALN),
Vanguardia
Popular
Revolucionaria
(VPR),
Disidencia
de
Guanabara
(DI–GB)
o
Movimiento
Revolucionario
8
de
octubre
(MR–8),
Movimiento
de
Liberación
Popular
(Molipo),
los
Comandos
de
Liberación
Nacional
(Colina)
o
el
Movimiento
Revolucionario
Tiradentes
(MRT).
Prácticamente
entre
1969
y
1972
los
militantes
de
la
lucha
armada
en
Brasil
fueron
masacrados;
murieron
en
la
tortura,
en
combate
o
simplemente
fueron
desaparecidos
por
los
órganos
de
represión
brasileños
que
a
principios
de
la
década
de
1970
habían
alcanzado
un
nivel
más
elevado
de
sofisticación.516
Los
sobrevivientes
permanecieron
presos,
clandestinos
dentro
del
país
o
salieron
al
exilio.
517
Al
interior
de
Brasil
la
violenta
desarticulación
de
las
organizaciones
revolucionarias
que
los
militares
ejecutaron
con
los
métodos
más
sofisticados
del
terrorismo
de
Estado,
fue
tristemente
opacada
por
un
periodo
de
entusiasmo
económico
y
social
que
se
inauguró
a
principios
de
la
década
de
1970.
Por
un
lado,
el
régimen
y
un
sector
de
la
sociedad,
empezaba
a
gozar
de
los
efectos
del
llamado
“milagro
brasileño”,
un
periodo
de
crecimiento
económico
sin
precedente,
resultado
de
un
contexto
internacional
favorable,
marcado
por
la
expansión
acelerada
del
comercio
internacional
y
la
disponibilidad
de
capitales
para
la
inversión
y
el
financiamiento,
apoyado
por
un
conjunto
de
medidas
e
incentivos
estatales
que
los
militares
habían
decidido
adoptar
después
de
1967,
sustituyendo
el
programa
liberal
internacionalista
que
habían
adoptado
después
del
golpe
de
1964
–obteniendo
magros
resultados–
por
un
programa
que
colocaba
al
Estado
como
motor
de
la
actividad
económica.
518
Por
otro
lado,
la
conquista
del
primer
tricampeonato
mundial
“México
70”
–el
primer
campeonato
mundial
de
futbol
transmitido
en
vivo
en
todo
el
país–
había
516
Cristina
Pinheiro,
op.
Cit.,
p.
79.
517
Denise
Rollemberg,
“Esquerdas
revolucionarias”
en
Jorge
Ferreira
y
Lucila
de
Almeida
(org.)
O
Brasil
republicano.
O
tempo
da
ditadura:
regime
militar
e
movimentos
sociais
em
fins
do
século
XX,
2ª
edición,
Rio
de
Janeiro,
Civilização
Brasileira,
2012,
p.
66.
La
excepción
fue
la
guerrilla
impulsada
por
el
Partido
Comunista
do
Brasil
(PCdoB),
formado
por
una
disidencia
del
PCB.
518
Daniel
Aarão
Reis,
op.
Cit.,
p.
80.
207
abierto
el
camino
a
una
euforia
optimista
y
patriótica
que
fue
muy
bien
aprovechada
por
el
gobierno
de
Médici
y
su
agencia
de
propaganda,
empeñada
en
construir
la
imagen
de
un
país
próspero
a
través
de
slogans
ufanos
que
rezaban
frases
como:
“¡Para
adelante,
Brasil.
Nadie
detendrá
a
este
país!“,
¡El
futuro
llegó!”,
“¡Brasil,
tierra
de
oportunidades!”,
“¡Brasil,
potencia
emergente!”
Para
los
que
alcanzaban
a
dimensionar
la
represión
del
régimen
y
discordaban
con
el
optimismo
dictatorial
también
se
adoptó
una
frase
bastante
clara,
en
realidad,
una
advertencia:
“Brasil,
ámelo
o
déjelo.”
Fue
la
represión
desatada
durante
los
“anos
de
chumbo”
–que
no
sólo
afectó
a
los
militantes
de
las
organizaciones
armadas–,
la
que
lanzó
al
exilio
a
un
nuevo
y
más
grande
contingente
de
brasileños.
A
diferencia
de
la
generación
de
1964,
que
salió
en
la
coyuntura
del
golpe,
la
generación
de
1968
estaba
integrada
por
militantes
más
jóvenes,
críticos
con
las
posiciones
y
prácticas
del
PCB
y
muchos
eran
originarios
del
movimiento
estudiantil
que
más
tarde
se
habían
integrado
a
la
lucha
armada.519
Curiosamente,
durante
los
“años
de
plomo”
las
embajadas
no
se
distinguieron
como
lugares
de
asilo.
Muchas
de
ellas
ya
habían
sido
trasladadas
a
la
ciudad
de
Brasilia,
lejos
de
los
centros
más
importantes
de
actividad
política
de
los
grupos
de
oposición,
incluyendo
a
las
organizaciones
revolucionarias.
Por
otro
lado,
los
países
que
después
del
golpe
mantuvieron
su
relación
diplomática
con
la
dictadura
estuvieron
cada
vez
menos
dispuestos
a
otorgar
asilos
diplomáticos
para
evitar
confrontaciones
con
los
militares
brasileños.
El
gran
contingente
de
brasileños
que
salió
del
país
de
manera
progresiva
a
partir
de
1969
lo
hizo
a
través
de
otras
vías,
especialmente
recurriendo
a
las
fronteras,
que
todavía
en
esos
años
eran
una
forma
relativamente
fácil
de
salir
para
quienes
actuaban
en
la
clandestinidad.
En
la
frontera
sur
de
Brasil,
por
ejemplo,
se
montaron
los
“esquemas
de
salida”,
que
eran
redes
de
militantes
y
simpatizantes
que
ayudaban
a
quienes
buscaban
trasladarse
a
un
país
vecino.520
En
este
periodo,
también
se
dio
de
manera
destacada
el
fenómeno
del
autoexilio,
es
decir,
la
decisión
voluntaria
de
abandonar
el
país
por
inconformidad
con
519
Denise
Rollemberg,
Exílio:
entre
raízes
e
radares,
op.
Cit.,
p.
50.
520
Ibid.,
p.
73–74.
208
las
condiciones
políticas
que
en
él
se
vivían,
así
que
una
gran
cantidad
de
personas
salió
de
Brasil
por
vías
legales;
con
pasaporte
vigente
para
ir
a
radicar
a
otros
países
donde
pudieran
encontrar
mejores
condiciones
para
estudiar,
trabajar
o
para
continuar
la
militancia
política.
Como
el
resto
de
las
representaciones
diplomáticas
en
Brasil,
la
embajada
de
México
no
tuvo
un
papel
destacado
en
materia
de
asilo
diplomático
durante
este
periodo.
En
todo
el
régimen
del
presidente
Luis
Echeverría
(1970-‐1976)
se
registró
un
solo
caso
de
asilo
diplomático
concedido
en
la
embajada
de
México
en
Brasil
–cuya
sede
también
se
había
trasladado
a
Brasilia–
al
periodista
Elías
Macaris
el
10
de
marzo
de
1975.
521
Durante
estos
años,
México
tampoco
fue
un
país
especialmente
atractivo
para
quienes
optaron
por
el
autoexilio.
De
acuerdo
con
Cristina
Pinheiro,
el
periodo
más
duro
del
exilio
brasileño
fue
justamente
el
que
coincidió
con
el
fracaso
de
la
lucha
armada,
pues
el
agravamiento
de
la
represión
dificultó
los
contactos
entre
quienes
ya
estaban
en
el
exilio
y
los
que
buscaban
salir.
Por
otro
lado,
los
países
de
América
Latina
que
anteriormente
habían
sido
opción
de
exilio
empezaban
a
tornarse
inviables
sobre
todo
por
razones
políticas,
lo
que
aparece
muy
claro
con
el
caso
de
Uruguay,
que
tras
el
golpe
de
1964
se
había
convertido
en
el
centro
aglutinador
del
exilio
brasileño,
pero
a
principios
de
la
década
siguiente
había
dejado
de
ser
un
lugar
seguro
para
éstos,
pues
cada
vez
más
se
tenían
noticias
de
la
entrega
de
asilados
a
la
policía
brasileña.522
Cabe
recordar
que
la
Operación
Cóndor,
colaboración
clandestina
entre
los
países
del
Cono
Sur
para
capturar
y
destruir
con
violencia
a
fugitivos
o
exiliados
políticos,
se
empezó
a
gestar
precisamente
a
inicios
de
la
década
de
1970,523
lo
que
sin
duda
influyó
en
las
dificultades
que
encontraron
quienes
intentaron
huir
de
la
represión
en
los
primeros
años
de
esa
década.
En
ese
contexto,
Chile,
que
en
1970
inauguraba
la
prometedora
experiencia
de
un
gobierno
socialista,
se
convirtió
en
“la
referencia
de
todo
exiliado
brasileño”,
pues
521
SRE,
“Asilos
diplomáticos
concedidos
por
nuestra
embajada
en
Brasilia
durante
el
régimen
del
presidente
Echeverría”,
México,
D.F.,
30
de
noviembre
de
1976,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11,
s/n.
522
Cristina
Pinheiro,
op.
Cit.,
p.
93.
523
Wagner
William,
“O
prieiro
voo
do
Condor”
en
Revista
Brasileiros,
Número
65,
19
de
diciembre
de
2012, Brasil.
209
era
atractivo
no
sólo
para
quienes
eran
directamente
perseguidos
en
Brasil,
sino
también
para
una
izquierda
imposibilitada
de
actuar
en
su
propio
país
y
ansiosa
por
conocer
la
famosa
experiencia
chilena.
Así
que
a
ese
país
del
Cono
Sur
fueron
a
radicar
miles
de
brasileños
que
huían
del
miedo
y
del
terror
policial
que
se
había
instalado
en
su
país.524Santiago,
la
capital
chilena,
se
convirtió
en
“la
capital
del
exilio
de
brasileños
y
de
otros
latinoamericanos
acorralados
por
gobiernos
dictatoriales.525
Los
integrantes
de
la
generación
1968
desembarcaban
–en
Chile–en
plena
efervescencia:
manifestaciones
de
masas,
discusiones
políticas
en
las
calles,
en
los
transportes
públicos,
en
los
locales
de
trabajo,
en
los
partidos,
las
asociaciones.
Eran
testigos
de
la
participación
de
una
población
politizada
y
con
posiciones
definidas…
los
brasileños
llegaban
de
una
experiencia
muy
diferente,
donde
la
lucha
contra
la
dictadura
y
la
guerrilla
se
encontraban
cada
vez
más
aisladas
de
la
sociedad,
en
la
clandestinidad;
en
donde
la
represión
y
la
censura
hacían
parte
de
la
realidad
del
país,
del
día
a
día,
agravadas
después
del
AI–5
en
diciembre
de
1968.526
De
acuerdo
con
la
apreciación
del
abogado
Cícero
Viana,
quien
estuvo
asilado
en
Chile
durante
esos
años,
a
principios
de
1969
había
alrededor
de
setenta
exiliados
brasileños
en
Chile;
a
finales
de
ese
año
el
número
había
aumentado
a
más
de
doscientos;
a
mediados
de
1970
ya
eran
más
de
seiscientos
y
hacia
1973
la
colonia
brasileña
ya
contaba
con
cerca
de
cuatro
mil
personas,527de
las
cuales,
alrededor
de
mil
doscientas
tenían
calidad
migratoria
de
asilados
políticos.528
En
el
contexto
del
exilio
en
Chile,
los
brasileños
tuvieron
una
intensa
militancia
política
pues
en
el
gobierno
de
la
Unidad
Popular
los
extranjeros
no
tenían
vedado
el
derecho
a
la
participación
política.529
Algunos
de
ellos
trabajaron
activamente
en
el
gobierno
y
muchos
otros,
sobrevivientes
de
la
guerrilla
brasileña,
intentaron
revivir
524
Cristina
Pinheiro,
op.
Cit.,
p.
97.
525
Denise
Rollemberg,
Exílio.
Entre
raízes
e
radares,
op.
Cit.,
p.
97–98.
526
Ibid.
527
Cristina
Pinheiro,
op.
Cit.,
p.
97.
528
Reporte
de
Amnistía
Internacional
(AI)
citado
por
Rollemberg
en
Exílio.
Entre
raízes
e
radares,
op.
210
las
organizaciones
armadas
que
ya
habían
sido
devastadas
en
Brasil,530activismo
que
después
del
golpe
de
Estado
que
derrumbó
al
gobierno
encabezado
por
Salvador
Allende,
los
convirtió,
igual
que
a
miles
de
ciudadanos
chilenos,
en
objetivos
de
una
feroz
persecución.
Brasileños
en
México
tras
el
golpe
de
estado
en
Chile
Con
la
junta
militar
chilena
en
el
gobierno
se
instaló
el
terror
en
el
país.
El
gran
proceso
revolucionario
que
se
vivía
en
Chile
se
transformó
inmediatamente
en
persecuciones,
allanamientos,
detenciones
masivas,
desapariciones,
tortura
y
muerte,
no
sólo
en
contra
de
quienes
fueron
considerados
enemigos
políticos,
sino
de
muchas
otras
personas
que
aleatoriamente
se
convirtieron
en
víctimas
del
terrorismo
de
Estado
desatado
tras
la
declaración
de
Estado
de
guerra
invocado
por
los
golpistas
a
través
de
la
Ley
del
Estado
de
Sitio.
En
el
caso
de
los
extranjeros,
la
junta
militar
promovió
una
campaña
contra
ellos
según
la
cual
éstos
eran
parte
de
un
plan
para
asesinar
chilenos;
“se
aseguraba
que
había
un
ejército
de
15
mil
terroristas
latinoamericanos”531
responsables
de
todo
lo
malo
que
estaba
sucediendo
en
ese
país,
así
que
llamaban
a
la
población
a
denunciarlos
y
advertían
que
serían
duramente
castigados
aquellos
que
fueran
descubiertos
protegiendo
o
“encubriendo”
a
alguno
de
ellos.
Como
se
mencionó,
Santiago
se
había
convertido
en
la
capital
política
de
la
izquierda
latinoamericana.
En
septiembre
de
1973
había
12
mil
refugiados
oficialmente
reconocidos
en
ese
país
que
provenían
de
diversos
países
latinoamericanos
como
Brasil,
Uruguay,
Bolivia
y
Argentina.532
Además,
se
habían
concentrado
ahí
muchos
otros
extranjeros
que
simplemente
estaban
interesados
en
530
Cristina
Pinheiro,
op.
Cit.,
p.
100.
531
Ibid.
532
Tenían
el
status
oficial
de
“refugiado”
de
acuerdo
a
la
Convención
de
Ginebra
sobre
los
Refugiados.
La
cifra
es
de
Helmut
Frenz,
obispo
luterano
y
presidente
de
la
Comisión
Nacional
de
Ayuda
a
los
Refugiados
(CNAR)
citado
en
Yannek
E.
Smith,
“Una
perspectiva
institucional
del
proceso
de
Asilo
para
los
refugiados
y
perseguidos
políticos
en
Chile
después
del
Golpe
de
Estado”,
Museo
de
la
Memoria
y
los
Derechos
Humanos,
Santiago,
Noviembre
2013,
versión
digital.
211
conocer
o
trabajar
voluntariamente
en
la
experiencia
socialista
que
se
vivía
en
ese
país.533
Tras
el
golpe,
los
extranjeros
quedaron
en
una
situación
sumamente
vulnerable
frente
a
la
actitud
xenófoba
que
asumieron
los
militares
chilenos,
por
lo
que
inmediatamente
comenzaron
la
búsqueda
de
protección.
Muchos
la
encontraron
en
las
representaciones
diplomáticas
de
sus
propios
países,
pero
no
todos
corrieron
con
la
misma
suerte.
Los
brasileños,
por
ejemplo,
fueron
abandonados
completamente
por
su
representante
diplomático.
Varios
países,
como
Argentina,
Perú,
Uruguay,
trataron
de
recoger
sus
exiliados.
Frente
a
la
amenaza
de
muerte
en
las
calles
de
Santiago
se
les
ofrecía
la
alternativa
de
regresar
a
su
patria,
aún
enfrentando
procesos
o
prisiones.
A
los
brasileños
no
se
les
dio
esa
alternativa.
Las
puertas
de
la
embajada
permanecieron
cerradas.
La
visa
de
salida
que
se
exigía
para
poder
dejar
el
país
era
sistemáticamente
negada
por
la
embajada,
aún
a
los
que
no
tenían
ningún
envolvimiento
político,
incluso
a
mujeres
y
niños
que
habían
ido
a
visitar
maridos
y
padres.
En
lugar
de
ayudar
a
los
brasileños
en
dificultades
frente
al
estado
de
guerra
civil
desencadenado
en
un
país
extranjero,
el
gobierno
de
Médici
se
empeñó
en
agravar
las
condiciones
de
los
compatriotas
que
allá
se
encontraban…
algunos
exiliados,
aterrorizados,
se
enfrentaron
una
vez
más
a
los
interrogatorios
de
los
cuales
pensaban
haber
escapado
para
siempre…534
En
ese
contexto
de
persecución
masiva,
las
misiones
diplomáticas,
a
donde
además
de
sus
connacionales
acudieron
a
buscar
protección
tanto
ciudadanos
chilenos
como
extranjeros
que
radicaban
en
Chile,
muy
pronto
se
abarrotaron
exponiendo
ante
la
comunidad
internacional
la
crisis
humanitaria
que
se
vivía
en
ese
país.
Ante
esa
evidencia,
el
gobierno
militar
intentó
dificultar
el
proceso
de
asilo
en
las
embajadas,
533
Denise
Rollemberg,
Exílio.
Entre
raízes
e
radares,
op.
Cit.,
p.
170.
534
Cristina
Pinheiro,
op.
Cit.,
pp.
104–110.
212
instalando
guardias
alrededor
de
muchas
de
ellas
o
retardando
la
emisión
del
salvoconducto
que
permitía
al
asilado
salir
del
país.535
En
esta
coyuntura,
en
las
representaciones
diplomáticas
hubo
de
todo;
desde
quienes
se
negaron
a
ayudar
a
quienes
llegaron
a
solicitar
asilo,
hasta
quienes
asumieron
actitudes
valientes
y
comprometidas
con
los
perseguidos
políticos.
Las
embajadas
latinoamericanas
fueron
las
que
mayor
cantidad
de
asilados
recibieron,
destacando
entre
ellas
sobre
todo
las
de
Argentina
y
México,
pero
también
las
de
Venezuela,
Panamá,
Colombia,
Perú,
Ecuador,
y
entre
las
europeas
las
de
Francia,
Suecia
e
Italia.536
De
acuerdo
con
estadísticas
oficiales
del
gobierno
militar
sobre
el
asilo
en
recintos
diplomáticos
concedido
entre
septiembre
de
1973
y
junio
de
1975
–cuando
se
dio
la
mayor
parte
de
los
casos–,
4,608
personas
fueron
asiladas
en
las
embajadas,
de
las
cuales,
3,495
eran
ciudadanos
chilenos
y
1,113
de
origen
extranjero.537
Como
es
conocido,
tras
el
golpe
de
estado
en
Chile,
la
embajada
de
México
en
Santiago
desempeñó
un
papel
sumamente
relevante
en
materia
de
asilo
político,
no
sólo
extendiendo
inmediatamente
invitaciones
especiales
para
ir
a
México
a
personalidades
del
gobierno
de
la
Unidad
Popular
y
a
los
familiares
del
presidente
Salvador
Allende,
sino
también
abriendo
las
puertas
de
la
embajada
a
cientos
de
perseguidos
políticos.538
En
efecto,
entre
el
golpe
de
estado
y
mediados
de
1974
la
representación
mexicana
acogió
a
alrededor
de
725
personas,
entre
ellas,
a
un
grupo
de
47
brasileños
que
se
encontraban
exiliados
en
Chile,
539
de
los
cuales
43
fueron
trasladados
a
México
a
principios
de
octubre
de
1973.540
El
presidente
de
México,
Luis
Echeverría,
había
sido
uno
de
los
primeros
en
condenar
al
régimen
golpista
y
casi
de
inmediato
había
retirado
al
embajador
de
535
Yannek
E.
Smith,
op.
Cit.,
p.
14.
536
Ibíd.,
pp.
15
y
26,
anexo
A.
537
Ibíd.,
p.
24.
Y
anexo
C.
538
Gabriela
Díaz
Prieto,
“un
exilio
venturoso”
en
Javier
Garcíadiego
y
Emílio
Kouri,
Revolución
y
exilio
en
la
historia
de
México.
Del
amor
de
un
historiador
a
su
patria
adoptiva:
Homenaje
a
Friedrich
Katz,
México,
El
Colegio
de
México/Centro
Katz
de
Estudios
Mexicanos,
the
University
of
Chicago
y
Era,
2010,
p.
795.
539
Brasileiros
asilados
na
Embaixada
do
México
no
Santiago,
19
de
octubre
de
1973,
ANB,
Fondo
CIEX,
213
México
en
Chile,
Gonzalo
Martínez
Corbalá,
quien
pocos
días
después
del
golpe
viajó
a
México
en
uno
de
los
cinco
vuelos
que
el
gobierno
mexicano
puso
a
disposición
de
los
perseguidos
políticos,
junto
a
un
grupo
de
120
asilados,
entre
ellos,
Hortensia
Bussi,
viuda
del
presidente
Salvador
Allende.
A
partir
de
entonces
la
misión
diplomática
quedó
varios
meses
bajo
la
responsabilidad
de
dos
militares:
Mario
del
Valle
y
Orlando
Carrillo
Olea,
y
posteriormente
del
encargado
de
negocios,
Reynaldo
Calderón
Franco,
quienes
siguieron
recibiendo
solicitudes
de
asilo
hasta
noviembre
de
1974,
cuando
el
gobierno
de
México
rompió
formalmente
sus
relaciones
diplomáticas
con
la
junta
militar
chilena
encabezada
por
Pinochet.
La
reacción
del
gobierno
mexicano
era
congruente
con
el
acercamiento
que
el
presidente
Echeverría
había
impulsado
desde
el
inicio
de
su
sexenio
con
el
gobierno
de
Unidad
Popular
de
Chile
en
el
marco
del
inicio
de
una
política
“comprometida”
en
el
continente
sudamericano
que
se
llevó
a
cabo
bajo
un
signo
“tercermundista”,
que
promovía
la
vinculación
entre
los
países
“periféricos”
deseosos
de
obtener
un
grado
mayor
de
autonomía
frente
a
los
dictados
de
la
OEA
y
los
intereses
de
Estados
Unidos.
En
efecto,
a
principios
de
la
década
de
1970
el
gobierno
de
México
abandonó
la
política
externa
de
bajo
perfil
que
había
mantenido
prácticamente
desde
el
inicio
de
la
guerra
fría,
y
asumió
de
manera
abierta
una
política
exterior
de
acercamiento
a
los
países
del
llamado
“Tercer
Mundo,”541
más
impulsado
por
intereses
políticos
internos
que
externos,
pues
esa
posición
le
permitía
subrayar
internamente
su
política
de
independencia
relativa
y
con
ella
recuperar
la
legitimidad
que
el
régimen
había
perdido
a
raíz
de
la
represión
desatada
a
partir
de
1968
contra
las
demandas
de
la
oposición
de
izquierda.542
541
Como
explica
Lorenzo
Meyer,
“los
esfuerzos
iniciales
por
construir
interna
y
externamente
la
imagen
de
un
México
que
buscaba
y
se
mantenía
en
un
cierto
equilibrio
en
la
bipolaridad
del
sistema
mundial,
se
llevaron
a
cabo
en
el
marco
de
una
política
externa
de
bajo
perfil,
donde
los
momentos
de
activismo
fueron
una
excepción.
Ese
rechazo
al
activismo
en
el
exterior,
tuvo
como
razón
de
ser
el
disminuir
al
máximo
la
posibilidad
de
que
México
tuviera
que
involucrarse
en
los
temas
definidos
como
sustantivos
por
los
norteamericanos
y,
así
evitar
chocar
de
frente
con
los
intereses
de
la
potencia
hegemónica,
pues
en
ese
caso
la
independencia
relativa
de
la
que
surgía
la
legitimidad,
no
sólo
encontraría
su
límite,
sino
que
se
haría
evidente
su
fragilidad.”
Ver,
Lorenzo
Meyer,
“La
guerra
fría
en
el
mundo
periférico”
en
Daniela
Spencer
(coord.),
Espejos
de
la
guerra
fría:
México,
América
Central
y
el
Caribe,
México,
CIESAS,
SRE
y
Porrúa,
2004,
p.
191.
542
Ibid.,
p.
102.
214
La
relación
de
México
con
sectores
progresistas
del
mundo
también
le
daban
la
posibilidad
de
ocultar
que
nuestro
país
también
había
adoptado
el
concepto
de
Seguridad
Nacional
diseñado
en
Estados
Unidos
y
definido
en
la
DSN,
según
el
cual
los
países
debían
entrar
en
una
guerra
contra
la
subversión
interna,
y
de
que
en
esa
“guerra”
en
la
que
se
reprimía
violentamente
a
los
opositores
del
régimen
se
utilizaban
métodos
empleados
por
las
propias
dictaduras
militares
del
cono
sur
como
la
desaparición
forzada
de
personas,
la
tortura
y
el
asesinato.543
No
obstante,
fue
precisamente
ese
giro
en
la
política
exterior
mexicana
lo
que
permitió
que
en
el
contexto
de
la
crisis
humanitaria
desatada
en
Chile
se
impulsara
un
nuevo
momento
de
activismo
en
el
exterior,
abriendo
la
puerta
al
segundo
exilio
masivo
que
se
recibía
en
México
después
del
exilio
español.
La
acogida
de
cientos
de
perseguidos
políticos
por
la
junta
militar
chilena
complacía
a
una
buena
parte
de
la
opinión
pública
nacional
e
internacional
que,
impactada
enormemente
con
la
violencia
del
golpe
en
Chile,
se
había
movilizado
en
favor
de
que
sus
gobiernos
recibieran
a
los
exiliados
políticos.
En
esa
ola
de
solidaridad,
en
octubre
de
1973
ingresó
a
México
un
nuevo
grupo
de
asilados
políticos
brasileños
provenientes
de
ese
país,
que
se
deparaban
ante
la
dramática
circunstancia
de
afrontar
un
segundo
o
tercer
exilio;
“el
exilio
en
el
exilio.”544
Se
trataba
de
43
personas
que
habían
sido
asiladas
en
la
embajada
de
México
en
Santiago
en
los
días
posteriores
al
golpe,
que
sería
el
grupo
más
numeroso
de
asilados
brasileños
que
ingresaría
a
nuestro
país
en
toda
la
década
de
1970.
Una
parte
considerable
de
los
nuevos
asilados
brasileños
que
llegaron
a
México
había
estado
vinculada
a
las
organizaciones
revolucionarias
brasileñas;
muchos
de
ellos
tenían
la
condición
de
“banidos”,
pues
habían
salido
al
exilio
a
través
de
alguno
de
los
intercambios
que
las
organizaciones
armadas
habían
logrado
con
el
rapto
de
autoridades
diplomáticas
entre
1969
y
1970.
543
Para
una
exposición
detallada
del
tema
ver:
Sergio
Aguayo,
La
Charola.
Una
historia
de
los
servicios
de
inteligencia
en
México,
op.
Cit.
544
La
expresión
es
de
Denise
Rollemberg
en
su
libro
Exílio.
Entre
raízes
e
radares,
op.
Cit..,
p.
87.
215
El
gobierno
militar
brasileño
se
encargó
de
advertir
a
diferentes
países
que
muchos
de
los
brasileños
asilados
en
Chile
eran
“subversivos”,
“secuestradores”
o
“banidos”
con
diferente
grado
de
peligrosidad,
con
el
objetivo
de
desalentar
la
concesión
de
asilo
o
refugio
para
ellos.
Es
probable
que
esa
recomendación
haya
influido
en
la
decisión
que
tomaron
algunos
gobiernos
latinoamericanos
de
no
conceder
asilo
territorial
a
los
asilados
de
otras
nacionalidades
que
habían
entrado
en
sus
embajadas
en
Santiago
–entre
ellos
una
cantidad
considerable
de
brasileños–
aún
y
cuando
éstos
ya
se
encontraban
en
esos
territorios.
Ese
fue
el
caso
de
México
y
de
otros
países
como
Argentina,
Panamá
y
Venezuela.545
De
acuerdo
con
un
documento
del
Centro
de
Informações
do
Exterior
(CIEX),
el
19
de
octubre
de
1973,
el
Ministerio
del
Interior
de
Argentina
divulgó
un
comunicado
oficial
declarando
que
el
gobierno
argentino
únicamente
concedería
asilo
territorial
a
los
asilados
de
nacionalidad
chilena,
por
lo
que
a
aquellos
asilados
de
otras
nacionalidades
–incluyendo
los
brasileños–
que
hubieran
obtenido
asilo
diplomático
en
su
embajada
de
Santiago
obtendrían
únicamente
un
permiso
para
transitar
por
territorio
argentino
mientras
“elegían”
el
lugar
para
el
cual
deseaban
ir.546
En
el
caso
de
México,
en
noviembre
de
1973,
el
agregado
militar
de
la
embajada
de
Brasil
remitió
a
los
órganos
de
inteligencia
brasileños
una
lista
oficial
concedida
por
el
gobierno
mexicano
que
contenía
los
nombres
de
los
brasileños
que
habían
llegado
a
ese
país
procedentes
de
Chile
y
aseguró
que
el
gobierno
de
México
ya
había
informado
que
no
les
concedería
asilo
territorial
a
esas
personas
que,
mientras
estuvieran
en
ese
territorio,
serían
consideradas
como
“turistas”
o
“en
tránsito.”
“Las
autoridades
mexicanas
se
reunirán
con
los
refugiados
e
informarán
que
los
mismos
tienen
un
plazo
de
30
días
para
abandonar
el
país,”
reportó
el
agregado
militar,
quien
además
advirtió
que
en
breve
el
gobierno
de
México
solicitaría
a
la
embajada
de
Brasil
en
México
dotar
de
pasaportes
a
los
brasileños
recién
llegados,
pues
la
mayoría
de
ellos
carecía
de
un
documento
que
les
permitiera
viajar.547
545
Ibid.
546
“Subversivos
extrangeiros
na
Argentina
oriundos
do
Chile”,
19
de
octubre
de
1973,
ANB,
Fondo:
VAZ 115_0056.
216
En
efecto,
pocas
semanas
después
de
aterrizar
en
México,
el
grupo
de
brasileños
asilados
en
Chile
–y
de
otras
nacionalidades
latinoamericanas–
recibió
la
noticia:
el
gobierno
de
México
no
les
concedería
asilo
territorial,
argumentando
que
no
eran
sujetos
de
asilo
aquellos
que
eran
perseguidos
en
una
patria
ajena.
Este
grupo
de
brasileños,
uruguayos,
paraguayos
y
bolivianos
venidos
de
Chile
tendrían
que
buscar
otro
país
de
asilo.
De
acuerdo
con
el
testimonio
del
profesor
Wilson
Barbosa,
quien
llegó
a
México
en
aquél
grupo
de
asilados
brasileños
provenientes
de
Chile,
llegando
a
México
la
determinación
del
gobierno
era
únicamente
dar
asilo
a
los
ciudadanos
de
origen
chileno:
Cuando
llegamos
–a
México–
hubo
la
orden
de
que
sólo
los
chilenos
tendrían
asilo
político,
porque
Echeverría
se
decía
amigo
de
Salvador
Allende
y
estaba
socorriendo
al
pueblo
de
Chile,
entonces
ellos
podían
quedarse,
los
demás
que
venían
juntos
no
podían
quedarse
porque
eran
visita
de
Chile
o
visitas
de
México,
entonces
México
no
tenía
nada
con
ellos,
y
eran
considerados
en
tránsito,
México
les
había
ayudado
a
salir
de
Chile,
los
había
protegido
a
través
de
su
embajada,
pero
a
la
hora
de
llegar
a
México
ya
podían
irse
a
otra
parte…548
En
el
mismo
sentido,
Reinaldo
Guarany,
brasileño
integrante
de
aquél
grupo,
recuerda
que
funcionarios
del
gobierno
mexicano
les
informaron
que
México,
igual
que
otros
países
latinoamericanos
que
habían
protegido
en
sus
embajadas
en
Chile
a
ciudadanos
de
diversos
países
de
América
Latina,
había
decidido
otorgar
asilo
territorial
únicamente
a
los
ciudadanos
de
origen
chileno.549
Por
su
parte,
Marijane
V.
Lisboa,
también
integrante
del
grupo,
dejó
testimonio
de
aquella
gran
decepción.
548
Entrevista
realizada
a
Wilson
Barbosa
do
Nascimento
por
Daniela
Morales
Muñoz,
10
de
diciembre
Janeiro, Brasil.
217
Pensábamos
que
íbamos
a
tener
asilo
en
México.
Llegamos
y
fuimos
alojados
en
un
hotel.
En
la
primera
semana
los
asistentes
sociales
del
gobierno
ya
nos
encaminaban
para
trabajos,
estudios,
renta
de
casas.
Yo
hice
mi
matrícula
en
la
Universidad
de
México
y
ya
estaba
con
un
empleo
a
la
vista.
Ahí
vino
entonces
la
noticia
de
que
el
gobierno
mexicano
sólo
daría
asilo
para
los
chilenos,
o
sea,
según
ellos,
para
personas
perseguidas
en
su
patria.
Nosotros
éramos
personas
perseguidas
por
“patria
ajena”
y
por
eso
no
teníamos
derecho.
Quedamos
arrasados,
porque
nadie
tenía
las
mínimas
ganas
de
andar
recorriendo
el
mundo
entero
en
busca
de
asilo…550
El
profesor
Barbosa
recuerda
su
paso
por
México
como
“una
experiencia
horrorosa”
y
humillante.
A
los
pocos
días
de
haber
aterrizado
en
México
había
conseguido
que
el
profesor
Enrique
Semo
y
Enrique
Florescano
le
ofrecieran
trabajo,
sin
embargo,
la
Secretaría
de
Gobernación
le
impidió
aceptar
las
ofertas.
A
las
seis
de
la
mañana
del
día
siguiente
de
haber
recibido
las
dos
ofertas
de
trabajo,
la
Secretaría
de
Gobernación
llamó
a
Wilson
Barbosa
a
las
oficinas:
Me
fui
caminando
hasta
allá,
y
un
tipo
que
ya
había
hablado
con
nosotros
una
vez
anterior
me
preguntó:
¿qué
fuiste
a
hacer
a
la
universidad
ayer?,
yo
dije,
fui
en
busca
de
un
trabajo,
y
gritando
me
dijo:
¡No
vas
a
trabajar
con
Semo,
no
te
vas
a
quedar
en
México,
no
vas
a
trabajar
con
Florescano,
fuera,
fuera,
fuera!,
tienes
que
escoger
un
país
a
donde
te
vas
y
te
vas
inmediatamente
de
México.551
Ante
la
negativa
del
gobierno
mexicano,
varios
integrantes
del
grupo
de
brasileños
decidieron
impulsar
un
movimiento
para
quedarse
en
México
buscando
apoyo
internacional
y
de
la
propia
sociedad
mexicana
para
conseguir
que
las
autoridades
finalmente
les
otorgaran
el
asilo
territorial.
En
esa
coyuntura,
organizaciones
estudiantiles
y
universitarias
en
México
difundieron
un
manifiesto
dirigido
a
la
opinión
pública
a
través
del
cual
demandaban
550
Pedro
Celso
Uchôa
Cavalcanti
e
Jovelino
Ramos
(orgs.),
Memórias
do
exílio.
Brasil
1964–19??
De
muitos
caminos,
,
vol.
1,
São
Paulo,
Livramento,
1978,
pp.
250–252.
551
Entrevista
realizada
a
Wilson
Barbosa
do
Nascimento,
op.
Cit.
218
al
gobierno
mexicano
respetar
la
tradicional
política
de
asilo
del
país
y
abrir
las
puertas
a
todos
los
latinomericanos
perseguidos.
Actualmente
se
ha
asilado
y
dado
facilidades
a
los
hermanos
chilenos,
pero
no
así
a
compañeros
sudamericanos
brasileños,
uruguayos,
bolivianos,
a
los
cuales
se
les
ha
emplazado
a
abandonar
el
país,
en
contra
de
la
tradicional
hospitalidad
del
pueblo
mexicano.
Ante
estos
acontecimientos
las
organizaciones
abajo
firmantes,
y
las
10,000
personas
cuyos
nombres
y
rúbricas
aparecen,
demandamos
a
las
autoridades
competentes,
el
asilo
político
de
los
compañeros
latinoamericanos
que
lo
soliciten.552
De
acuerdo
con
el
testimonio
de
Reinaldo
Guarany,
la
lucha
de
los
brasileños
por
conseguir
asilo
en
México
disgustó
tanto
al
gobierno
mexicano
que
incluso
recurrió
a
la
intimidación
para
hacer
que
abandonaran
el
país.
Una
noche
nos
llevaron
a
Gobernación
o
algún
lugar
del
ministerio
del
interior
donde
había
también
una
estructura
de
la
policía.
Estábamos
ahí,
bajamos
un
piso
y
me
sentaron
en
una
silla,
no
sé
cómo
fue
con
los
otros,
pero
había
un
tipo
con
una
máquina
de
escribir
y
me
dijo,
bueno,
¿cuál
es
tu
intención
en
México?,
y
yo
contesté:
pedir
asilo
político
en
México.
Entonces
empecé
a
escuchar
gritos
de
un
tipo
ahí
cerca,
y
el
tipo
que
me
cuestionaba
me
dijo,
¿y
tu
crees
que
México
es
el
mejor
lugar
del
mundo
para
quedarte?,
y
los
gritos
eran
de
alguien
que
estaba
siendo
torturado,
nosotros
conocemos
eso,
entonces
yo
le
dije,
mira,
ahora
yo
estoy
en
duda
de
si
éste
es
el
mejor
lugar,
y
contestó:
mira,
ustedes
tienen
que
irse
de
México,
mientras
tanto
pueden
quedarse
acá,
pero
llegará
un
tiempo
que
nuestra
paciencia
se
terminará
y
los
pondremos
en
un
avión
para
donde
sea…553
Ante
la
imposibilidad
de
conseguir
el
asilo
territorial
y
en
una
situación
de
gran
desesperación,
los
brasileños
integraron
diferentes
comisiones
dedicadas
a
recorrer
552
Firman
como
responsables
Armando
Jesús
Villegas
y
Alfonso
Piña
Orozco.
Una
copia
del
manifiesto
se
localizó
en
los
documentos
del
SNI
brasileño.
ANB,
“proyecto
Memorias
Reveladas”,
fondo:
CISA,
exp.
BR
AN
BSB
VAZ
114ª
–0159.
553
Entrevista
realizada
a
Reinaldo
Guarany,
op.
Cit.
219
las
embajadas
de
diferentes
países
en
la
ciudad
de
México
en
búsqueda
de
un
país
de
asilo,
como
reportó
el
agregado
militar
de
la
embajada
de
Brasil
en
México
en
diciembre
de
1973.
Los
refugiados
brasileños
que
se
encuentran
en
los
Estados
Unidos
Mexicanos
procedentes
de
Chile,
después
de
la
revolución
del
día
11
de
septiembre
de
1973
en
aquél
país,
continúan
buscando
por
todos
los
medios
salir
de
México,
una
vez
que
este
país
ya
informó
oficialmente
que
no
pretende
mantenerlos
como
“asilados”.554
La
negativa
del
gobierno
mexicano
a
otorgarles
asilo
territorial
no
era
la
única
dificultad
que
los
brasileños
enfrentaban
en
México.
También
la
embajada
brasileña
operaba
para
impedir
que
los
exiliados
provenientes
de
Chile
consiguieran
una
visa
para
trasladarse
a
otro
país.
Un
ejemplo
de
ello
ocurrió
cuando
la
embajada
de
Costa
Rica
expidió
una
visa
para
uno
de
los
asilados
brasileños,
como
relata
el
agregado
militar.
El
diplomático
constarricense
que
atendió
a
los
refugiados
brasileños,
inadvertidamente
expidió
el
documento
de
“visa”
con
permiso
para
entrar
a
Costa
Rica
a
uno
de
ellos
(José
Mariane
Ferreira
Alves).
Una
vez
alertado,
buscó
un
contacto
con
la
embajada
de
Brasil
y
no
atendió
más
a
los
refugiados,
diciendo
a
los
mismos
que
fueran
a
presentarse
ante
las
autoridades
brasileñas…555
Al
cabo
de
cinco
o
seis
meses
de
intentar
infructuosamente
obtener
asilo
territorial
en
México,
los
asilados
brasileños
provenientes
de
Chile
terminaron
por
abandonar
el
país.
La
gran
mayoría
de
ellos
viajó
a
países
europeos
donde
fueron
recibidos
en
calidad
de
refugiados
políticos.
María
Auxiliadora
Lara
Barcellos
“Dora”,
quien
de
México
viajó
a
Alemania
occidental
donde
terminó
por
quitarse
la
vida
en
1976
dejó
un
singular
testimonio
de
su
salida
de
Chile,
el
paso
por
México
y
la
negativa
de
asilo
territorial:
554
Agregado
de
las
Fuerzas
Armadas
en
la
Embajada
de
Brasil,
“Refugiados
brasileiros
no
México”,
México,
D.F.
31
de
diciembre
de
1973,
ANB,
proyecto
“Memorias
Reveladas”,
exp.
BR–AN–BSB–VAZ–
115–0056.
555
Ibid.
220
Otra
vez
la
huida.
Verde
que
te
quiero
verde,
¿por
qué
no?
México,
plátanos,
piñas
inmensas,
no
hay
Chile,
pero
tenemos
chili,
picante
tal
vez
demasiado
para
el
gusto
de
ustedes.
Miguel
Aceves
Echeverría
Cantinflas,
me
presento
con
gusto,
con
mayor
gusto
les
conozco
a
ustedes,
por
el
sí
y
por
el
no
todo
lo
contrario,
pero
que
sí
pero
que
no,
porque
más
me
quieren,
pero
por
la
chingada,
aquí
no
se
quedan
que
México
es
caliente,
un
calor
más
sutil
que
el
de
Brasil,
pero
tan
abrasador
como
el
de
allá,
perdónenme.
El
comboy
sigue
el
viaje.
Hermanos
americanos,
nos
asilamos
en
Europa…556
Difícil
encontrar
otro
testimonio
que
refleje
mejor
la
ambigüedad
y
esquizofrenia
que
caracterizó
la
política
del
gobierno
de
Luis
Echeverría
frente
al
asilo
político
no
chileno
en
la
coyuntura
del
golpe
contra
el
gobierno
de
la
Unidad
Popular.557
Por
un
lado,
el
discurso
progresista,
la
solidaridad,
la
protección,
la
condena
a
la
dictadura;
por
otro,
el
rechazo,
el
desdén,
la
amenaza,
la
indiferencia.
El
activismo
en
favor
de
la
protección
de
los
perseguidos
políticos
no
alcanzó
para
incluir
al
grupo
de
brasileños
señalados
como
“subversivos”
por
los
militares
brasileños.
Finalmente
se
trataba
de
un
grupo
pequeño,
poco
visible
en
medio
de
la
cálida
y
emotiva
recepción
masiva
que
el
gobierno
de
México
ofrecía
a
los
asilados
chilenos.
Y
es
que
mientras
el
gobierno
de
Echeverría
rompía
relaciones
diplomáticas
con
la
junta
militar
chilena,
recomponía
su
relación
con
la
dictadura
brasileña
por
las
mismas
motivaciones
que
lo
habían
llevado
a
apoyar
al
gobierno
de
Salvador
Allende
en
Chile
a
principios
de
1970:
buscar
que
México
asumiera
cierto
liderazgo
en
el
subcontinente
con
miras
a
mejorar
su
capacidad
de
negociación
con
los
Estados
Unidos.558
556
María
Auxiliadora
Lara
Barcellos,
“Continúo
Sonhando”
en
Pedro
Celso
Uchõa
Cavalcanti
e
Jovelino
Ramos
(orgs.),
op.
Cit.,
p.
318.
Traducción
realizada
por
la
autora.
557
Sería
muy
bueno
conocer
las
experiencias
de
asilo
que
en
esa
coyuntura
tuvieron
en
México
otros
latinoamericanos
provenientes
de
Chile.
558
Carlos
Arriola,
“El
presidente
Echeverría
en
Latinoamérica”
en
Foro
Internacional,
vol.
15,
Julio–
221
En
el
marco
de
ese
acercamiento
con
el
“Tercer
Mundo”,
México
promovía
en
el
subcontinente
una
política
de
integración
regional
que
les
permitiera
a
los
países
periféricos
disminuir
la
dependencia
económica
y
tecnológica
de
los
Estados
Unidos,
mejorar
la
capacidad
de
negociación
con
el
exterior
y
obtener
una
participación
mayor
en
el
orden
mundial.559
Esas
fueron
las
directrices
de
las
propuestas
que
el
presidente
Echeverría
llevó
durante
la
gira
que
realizó
en
julio
de
1974
por
diversos
países
de
Sudamérica,
entre
ellos
Brasil.
El
gigante
sudamericano
era,
de
hecho,
un
punto
clave
en
la
gira
del
presidente
mexicano,
pues
tenía
el
propósito
de
comprometerlo
con
la
política
de
integración
regional
para
hacer
contrapeso
en
la
política
expansionista
que
Brasil
asumía
en
la
práctica,
logrando
extender
cada
vez
más
su
órbita
de
influencia
en
los
países
vecinos.
De
acuerdo
con
Carlos
Arriola,
a
México
no
le
preocupaba
tanto
competir
con
Brasil
por
el
control
de
recursos
naturales
en
países
como
Bolivia
o
Paraguay
en
donde
Brasil
había
aumentado
su
influencia,
sino
el
hecho
de
que
conforme
Brasil
incorporara
verdaderos
satélites
en
el
subcontinente,
aumentaría
su
capacidad
de
negociación
con
los
Estados
Unidos
disminuyendo
automáticamente
la
de
México.
Durante
la
visita
de
Echeverría
a
Brasil
–la
segunda
que
realizó
un
presidente
mexicano
a
ese
país–se
logró
el
compromiso
de
elevar
el
nivel
de
cooperación
de
ambos
países
a
través
de
la
firma
de
diversos
convenios
en
materia
turística,
de
transportación
marítima
y
financiamiento.
También
se
constituyeron
grupos
mixtos
para
el
estudio
de
problemas
relacionados
con
la
producción
y
el
abastecimiento
de
diversos
productos
pero,
sin
duda,
el
mayor
entusiasmo
se
dio
entre
los
sectores
empresarial
e
industrial
de
ambos
países,
donde
se
logró
un
importante
entendimiento
y
se
establecieron
varios
acuerdos
de
transferencia
de
tecnología,
coinversión,
intercambio
comercial
y
planteamientos
para
agilizar
las
relaciones
comerciales
y
económicas
entre
los
dos
países.
560
559
Ibid.,
p.
114.
560
Ibid.,
p.
111.
222
Las
casas
de
estudio
como
opción
de
exilio
Como
ya
se
ha
documentado,
uno
de
los
espacios
laborales
que
más
generosamente
se
abrió
al
exilio
latinoamericano
en
la
década
de
1970
en
México
fueron
los
recintos
académicos
donde
fueron
acogidos
un
gran
número
de
intelectuales.
En
la
coyuntura
del
golpe
en
Chile,
esa
inercia
atrajo
a
un
grupo
de
intelectuales
brasileños
que
se
habían
exiliado
en
ese
país.
Al
mismo
tiempo,
México
empezó
a
recibir
a
un
importante
número
de
estudiantes
latinoamericanos
atraídos
por
la
importancia
que
la
UNAM
y
otros
centros
de
estudio
adquirieron
en
esos
años
como
centros
de
conocimiento,
debate
y
reflexión
en
torno
a
los
problemas
latinoamericanos.
Claudia
Rojas
explica
cómo
el
intenso
intercambio
intelectual
que
se
había
establecido
entre
México
y
Chile
en
los
tiempos
de
la
Unidad
Popular
(UP)
había
articulado
redes
y
equipos
de
trabajo
entre
intelectuales
y
académicos
mexicanos,
chilenos
y
otros
latinoamericanos,
que
hicieron
posible
que
tras
el
golpe
las
instituciones
universitarias
mexicanas
se
abrieran
como
opción
laboral
en
el
exilio.561
Destaca
incluso
la
labor
de
importantes
investigadores
mexicanos
como
el
ex
rector
de
la
UNAM,
Pablo
González
Casanova,
Rodolfo
Stavenhagen
o
Víctor
Flores
Olea,
que
trabajaron
para
lograr
la
incorporación
de
un
número
importante
de
intelectuales,
investigadores
y
académicos
exiliados
en
instituciones
como
la
UNAM,
especialmente
en
la
Facultad
de
Ciencias
Políticas
y
Sociales
(FCPyS),
El
Colegio
de
México,
la
Universidad
Autónoma
Metropolitana
(UAM),
el
Centro
de
Investigación
y
Docencia
Económicas
(CIDE),
la
Escuela
Nacional
de
Agricultura
de
Chapingo
en
el
Estado
de
México
y
en
otras
universidades
como
la
de
Puebla
y
Guadalajara.
Menciona
también
dos
instituciones
que
incluso
fueron
creadas
con
el
objetivo
específico
de
abrir
espacios
laborales
para
el
exilio
chileno
como
fueron
el
Centro
de
Estudios
Económicos
y
Sociales
del
Tercer
Mundo
(CEESTEM)
y
la
sede
en
México
de
la
Facultad
Latinoamericana
de
Ciencias
Sociales
(FLACSO).562
Ese
espíritu
de
atraer
a
la
intelectualidad
latinoamericana
expulsada
de
Chile
abrió
la
puerta
a
tres
importantes
intelectuales
brasileños:
Ruy
Mauro
Marini,
561
Claudia
Fedora
Rojas
Mira,
op.
Cit.
p.
86.
562
Ibid.
223
Theotonio
Dos
Santos
y
Vania
Bambirra,
quienes
durante
su
exilio
en
Chile
habían
realizado
importantes
contribuciones
como
exponentes
de
la
teoría
marxista
del
capitalismo
dependiente,
mejor
conocida
como
Teoría
de
la
dependencia,563que
les
dio
un
importante
prestigio
en
los
círculos
intelectuales
latinoamericanos
y
europeos.
En
Chile
habían
desarrollado
además
un
intenso
trabajo
político
debido
al
cual
fueron
severamente
perseguidos
por
la
dictadura
militar
de
Pinochet.
En
México
iniciaron
un
nuevo
periodo
de
exilio
aunque,
a
pesar
de
su
condición
de
perseguidos
políticos
no
sólo
de
la
dictadura
brasileña
sino
también
de
la
chilena,
su
ingreso
al
país
no
fue
a
través
de
la
institución
del
asilo,
sino
de
la
gestión
de
visas
o
permisos
de
trabajo
que
contactos,
colegas
o
amigos
mexicanos
realizaron
en
su
favor,
como
recuerda
en
sus
memorias
Ruy
Mauro
Marini.
En
México,
se
movilizaron
activamente
Neus
Espresate,
Eugenia
Huerta
(hija
del
poeta
Efraín
Huerta
y
que
trabajaba
en
Siglo
XXI),
Carlos
Arriola
(mi
alumno
en
el
Colegio,
de
la
generación
de
1966,
y,
en
la
época,
secretario
general
de
la
institución,
Mario
Ojeda
Gómez,
Luis
Hernández
Palacios,
José
Thiago
Cintra,
entre
muchos;
de
ahí
recibí
ofertas
de
trabajo
–reales
o,
en
algunos
casos,
para
facilitar
la
visa
de
entrada-‐-‐
de
Víctor
Flores
Olea,
director
de
la
Facultad
de
Ciencias
Políticas
y
Sociales,
de
Leopoldo
Zea,
director
de
la
Facultad
de
Filosofía
y
Letras,
de
José
Luís
Ceceña,
director
de
la
Escuela
Nacional
de
Economía,
y
de
Raúl
Benítez,
director
del
Instituto
de
Investigaciones
Sociales,
todos
de
la
UNAM,
y,
por
el
Colegio
de
México,
de
Mario
Ojeda
y
Carlos
Arriola
–y
el
Colegio
también
gestionó
la
posibilidad
de
incluirme
en
un
programa
cultural
de
Televisa,
en
el
que
participarían
J.
A.
Salk,
Jorge
Luís
Borges,
Jorge
Sabato,
Jacques
Cousteau
y
otros.
En
las
gestiones
ante
Gobernación,
para
la
obtención
de
la
visa,
fue
Flores
Olea
quien
demostró
más
fuerza
y,
por
eso,
al
dirigirme
más
tarde
a
México,
mi
destino
terminó
siendo
la
Facultad
de
Ciencias
Políticas
y
Sociales.564
563
Esta
teoría
se
formuló
a
principios
de
la
década
de
1960
como
crítica
y
alternativa
a
la
teoría
del
desarrollo
impulsada
por
los
economistas
de
la
Comisión
Económica
para
América
Latina
(CEPAL).
Ver:
Yasmín
Rada
Aragol,
El
capitalismo
dependiente:
una
propuesta
teórica
latinoamericana,
Caracas,
Fundación
Centro
de
Estudios
Latinoamericanos
Rómulo
Gallegos–Ministerio
del
Poder
Popular
para
la
Cultura
del
Gobierno
Bolivariano
de
Venezuela,
2014.
564
Ruy
Mauro
Marini,
“Memoria”,
op.
Cit.
224
Como
se
asentó
en
los
capítulos
anteriores,
Ruy
Mauro
Marini
había
salido
de
Brasil
en
1965
para
vivir
los
tres
primeros
años
de
su
exilio
en
México,
hasta
que
en
1968,
tras
la
represión
del
movimiento
estudiantil,
el
gobierno
de
México
lo
“invitó”
a
abandonar
el
país
por
considerarlo
uno
de
los
“agitadores
extranjeros”
que
estaban
envenenando
a
la
juventud
mexicana
que
“se
había
volcado
en
contra
de
su
país.”
Después
de
pasar
cinco
años
de
su
segundo
exilio
en
Chile,
Ruy
Mauro
regresó
a
México
con
varias
ofertas
de
trabajo
–como
las
que
había
recibido
en
varias
partes
del
mundo–.
Finalmente,
asumió
el
cargo
de
profesor
visitante
primero
y
profesor
titular
después,
en
la
Facultad
de
Ciencias
Políticas
y
Sociales
(FCPyS),
e
investigador
del
Centro
de
Estudios
Latinoamericanos
(CELA)
de
la
UNAM.
El
gobierno
de
México
lo
aceptó
de
vuelta,
pero
tan
pronto
pisó
territorio
nacional
lo
recibió
con
una
advertencia:
Después
de
retirar
mi
equipaje,
me
dirigía
hacia
el
lugar
donde
estaban
los
agentes
aduanales,
cuando
un
joven,
bien
vestido
y
de
buena
apariencia,
parado
en
una
zona
mal
iluminada,
después
de
mirarme
fijamente
(como
si
me
comparara
a
la
fotografía
que,
sin
duda,
memorizara),
me
hizo
una
señal
para
que
me
detuviera
ahí.
Mientras
yo
abría
las
maletas
–que
él
volvía
a
cerrar,
sin
dignarse
siquiera
a
mirarlas–
el
joven,
con
esa
cortesía
amenazadora
en
que
los
mexicanos
son
maestros,
me
manifestaba
la
satisfacción
de
México
y
la
suya
propia
por
mi
regreso
a
la
UNAM
(a
la
cual
yo
no
había
hecho
referencia),
ya
que
tendría
el
honor
y
el
placer
de
ser
mi
alumno.
En
realidad,
nunca
más
lo
vi.
Era
un
agente
de
Gobernación,
que
–en
el
buen
estilo
mexicano–
al
mismo
tiempo
que
me
ahorraba
los
trámites
aduanales,
me
advertía
que
el
gobierno
ya
sabía
de
mi
llegada
y
acompañaría
mis
pasos
con
atención.565
Por
su
parte,
Theotonio
Dos
Santos
y
Vania
Bambirra
que
habían
salido
de
Chile
vía
la
embajada
de
Panamá
–y
con
muchas
dificultades
porque
Theotonio
estaba
amenazado
de
muerte
por
la
dictadura
chilena–
llegaron
a
México
gracias
a
las
gestiones
que
una
pareja
de
amigos
–Raquel
y
Roberto
Morales–
hizo
en
su
favor.
565
Ibid.
225
Cuando
viene
el
golpe
ellos
entran
en
contacto
conmigo
diciendo
que
yo
podría
ir
directo
a
México
con
mis
niños.
Mi
ex
marido
no,
porque
él
tenía
el
salvoconducto
recusado
por
la
dictadura
de
Pinochet,
pero
yo
opté
entonces
por
irme
a
México
y
fuimos
a
México…
Él
(Roberto
Morales),
que
era
como
ministro
de
Estado,
inmediatamente
nos
puso
en
contacto
con
el
hijo
de
Echeverría
que
era
presidente
de
la
república
y
entonces
varias
universidades
nos
ofrecieron
empleo,
no
por
eso,
sino
por
la
cuestión
de
la
teoría
de
la
dependencia.
Entonces
tuvimos
que
escoger.
No
tuvimos
ninguna
dificultad
con
el
empleo…
fue
una
situación
privilegiada
porque
era
muy
difícil
quedarse
en
México
si
no
eras
chileno.
El
gobierno
mexicano
abrió
las
puertas
para
los
chilenos
pero
para
los
demás
exiliados
no…
así
que
fueron
sólo
los
chilenos
y
algunos
pocos
otros
latinoamericanos,
como
nosotros,
por
cuestiones
particulares.566
Vania
Bambirra
y
Theotonio
Dos
Santos
también
se
incorporaron
a
la
UNAM
como
profesores
e
investigadores
del
Instituto
de
Investigaciones
Económicas,
en
la
FCPyS
y
en
Facultad
de
Economía,
en
esta
última
Theotonio
trabajó
en
la
formación
del
posgrado
en
Economía
y
fue
el
primer
coordinador
en
la
División
de
Estudios
Superiores.
La
llegada
a
México
de
una
parte
importante
de
la
intelectualidad
latinoamericana
de
izquierda
que
hasta
1973
se
había
concentrado
en
Chile
y
la
confluencia
de
un
selecto
exilio
latinoamericano
en
nuestro
país
hizo
que
éste
se
convirtiera
en
aquellos
años
en
el
“centro
del
debate
sobre
la
situación
latinoamericana,”
recuerda
Theotonio
Dos
Santos:
…el
debate
político
que
ya
había
avanzado
mucho
en
Chile,
con
un
gran
debate
latinoamericano,
se
dirige
todo
hacía
a
México,
porque
era
casi
el
único
lugar
566
Entrevista
realizada
a
Vania
Bambirra
por
Daniela
Morales
Muñoz,
9
de
julio
de
2015
en
Río
de
Janeiro,
Brasil.
226
donde
se
podía
mantener
la
perspectiva
de
debate…
y
entonces
realmente
México
pasó
a
ser
el
centro
de
debate
sobre
la
situación
latinoamericana.”567
Destaca
además
el
que
México
haya
podido
ofrecer
las
condiciones
materiales,
políticas
e
ideológicas
para
ello:
La
experiencia
socialista
de
Chile–
Exigía
de
nosotros
un
debate
sobre
socialismo
muy
fuerte,
y
México
fue
muy
importante
porque
pudo
dar
una
base
bibliográfica,
de
análisis,
de
estudio,
de
investigación
muy
grande.
Siglo
XXI
lanzó
casi
toda
la
literatura
marxista
del
mundo,
occidental
por
lo
menos,
fue
traducida
al
español.
…Con
el
exilio
latinoamericano
–México–
también
“fue
un
centro
de
pensamiento
político
muy
sustancial,
en
fin,
tenemos
ahí
realmente
un
caso
de
concentración
de
conocimiento,
de
debate,
de
reflexión
muy
fuerte,
realmente
muy
fuerte
y
con
la
ventaja
de
poder
traducir
esto
académicamente
en
cursos
de
posgraduación,
ya
en
un
nivel
bastante
más
alto,
nosotros
en
nuestra
facultad
de
Economía
teníamos
en
el
doctorado
recursos
para
traer
invitados
cinco
o
seis
veces
por
año.568
En
el
mismo
sentido,
Vania
Bambirra
destaca
las
facilidades
que
encontraron
en
México
para
la
divulgación
de
su
obra
intelectual.
La
teoría
de
la
dependencia
fue
creación
nuestra,
yo
digo
nuestra
a
un
conjunto
de
personas
¿no?,
un
conjunto
de
cabezas,
un
conjunto
de
manos,
que
trabajaban
en
el
Centro
de
Estudios
Socioeconómicos
en
Chile,
y
ahí
ella
fue
elaborada
y
ahí
ella
repercutió
por
el
mundo,
pero
ella
es
creación
originalmente
en
Chile.
Y
en
México
se
dan
las
condiciones
de
una
divulgación
increíble
porque
en
México
existía
una
cosa
fantástica:
que
la
intelectualidad
hervía,
entonces
por
ejemplo,
en
México
yo
encontré
cosas
que
no
existían
en
ningún
otro
país,
por
ejemplo
existían
unas
50
revistas
académicas,
aquí
en
Brasil
debía
existir
una,
y
revistas
de
tradición,
existían
los
567
Entrevista
realizada
a
Theotonio
Dos
Santos
por
Daniela
Morales
Muñoz,
25
de
febrero
de
2015
en
Río
de
Janeiro,
Brasil.
568
Ibid.
227
seminarios
fantásticos
en
que
tenían
los
recursos
para
invitar
gente
de
cualquier
parte
del
mundo.569
La
concentración
de
la
intelectualidad
latinoamericana,
particularmente
en
el
área
de
ciencias
sociales
atrajo
también
a
México
a
muchos
estudiantes
latinoamericanos
que
fueron
beneficiados
con
becas
otorgadas
por
las
instituciones
académicas,
los
gobiernos
u
organismos
internacionales.
Fue
un
momento
en
el
que
muchos
estudiantes
brasileños
que
se
sintieron
en
riesgo
buscaron
la
forma
de
salir
del
país
para
continuar
sus
estudios.
Uno
de
esos
casos
fue
el
de
Guadelupe
Teresinha
Bertussi,
estudiante
de
sociología
que,
tras
sentirse
amenazada
por
la
represión
que
caía
sobre
el
movimiento
estudiantil
y
la
organización
VAR–Palmares
a
la
que
ella
era
cercana,
decidió
buscar
la
forma
de
salir
de
Brasil.
Para
ello,
contactó
algunos
de
los
que
habían
sido
sus
maestros
que
habían
obtenido
becas
de
una
fundación
alemana
para
hacer
posgrado
en
sociología
en
la
UNAM.
Yo
les
escribí
–preguntando–qué
tal
era
venir
a
México,
que
me
contaran
y
todo
eso,
entonces
ellos
me
contestaron
que
aquí
estaban
todos
los
que
habían
salido
de
Chile,
todos
los
latinoamericanos
de
ciencias
sociales
estaban
aquí,
que
el
pensamiento
social
más
importante,
pensamiento
crítico
latinoamericano
estaba
en
México,
en
la
UNAM
y
que
era
el
lugar
adecuado
para
que
yo
viniera…
570
Teresinha
se
trasladó
a
México
en
1974
para
estudiar
en
la
UNAM
becada
por
la
Organización
de
Estados
Americanos
(OEA).
Efectivamente,
a
mediados
de
los
años
setenta,
México
se
convirtió
en
un
lugar
ideal
para
los
estudios
sociales
sobre
América
Latina,
como
confirma
Estela
Scheinvar:
México
era
una
capital
intelectual.
Yo
estudié
sociología,
éramos
alumnos
de
los
grandes
líderes
de
toda
América
latina:
chilenos,
guatemaltecos,
argentinos,
569
Entrevista
realizada
a
Vania
Bambirra,
op.
Cit.
570
Entrevista
con
Teresinha
Bertussi
realizada
por
Concepción
Hernández,
29
de
junio
de
1999
en
la
Ciudad
de
México.
Archivo
de
la
Palabra,
PEL/1/B/2.
228
uruguayos,
bolivianos,
ecuatorianos,
brasileños,
los
autores
de
los
libros,
los
editoriales
de
los
periódicos
eran
nuestros
maestros,
entonces
era
una
fiesta
académica,
leíamos
como
locos,
discutíamos
como
locos,
hacíamos
millones
de
seminarios,
era
muy
fuerte
eso,
entonces
en
Brasil
quien
quería
estudiar
en
el
área
social
o
se
iba
a
París
o
a
México,
era
así
muy
muy
importante.571
No
obstante
lo
atractivo
que
pudiera
resultar
México
como
centro
de
la
intelectualidad
latinoamericana,
entre
los
estudiantes
también
había
quienes
habían
llegado
a
México
más
bien
orillados
a
un
segundo
exilio.
Ese
fue
el
caso
de
Raymundo
Santos
quien
en
1970
se
había
exiliado
en
Chile
donde
consiguió
una
beca
de
posgrado
como
forma
de
sobrevivir.
Tras
el
golpe
de
estado
salió
de
ese
país
vía
la
embajada
de
Panamá,
después
fue
a
Costa
Rica
y
en
1976
viajó
a
México
donde
consiguió
una
beca
para
estudiar
una
maestría
en
la
FLACSO.
Ingresó
a
México
con
una
visa
de
estudiante.572
La
llegada
de
estudiantes
brasileños
a
México
se
había
empezado
a
registrar
desde
principios
de
los
años
setenta.
No
en
todos
los
casos
México
les
atrajo
por
el
prestigio
que
adquirió
después
de
1973
con
la
incorporación
de
importantes
intelectuales
y
académicos
provenientes
de
diferentes
países
de
América
Latina
a
sus
casas
de
estudio.
Muchos
de
los
estudiantes
brasileños
que
llegaron
a
México
lo
hicieron
a
través
de
redes
académicas
que
se
establecieron
y
facilitaron
la
obtención
de
becas.
Ese
fue
el
caso
de
Clóvis
Brigagão
y
Nancy
Valladares
quienes
en
1971,
después
de
haber
pasado
un
periodo
en
la
cárcel
acusados
de
subversión,
consiguieron
una
beca
en
El
Colegio
de
México
por
intermediación
del
profesor
Helio
Jaguaribe,
que
intercedió
por
ellos
ante
Víctor
Urquidi,
presidente
de
esa
institución.573
Como
apunta
Vania
Salles,
los
estudiantes
que
se
trasladaron
a
México
durante
estos
años
para
cursar
posgrados
en
diversas
instituciones
académicas
mexicanas,
571
Entrevista
realizada
a
Estela
Scheinvar,
op.
Cit.
572
Entrevista
con
Raymundo
Santos
realizada
por
Concepción
Hernández,
17
de
agosto
de
1999
en
Río
de
Janeiro,
Brasil.
Archivo
de
la
Palabra,
PEL/3/B/7.
573
Entrevista
realizada
a
Clovis
Brigagão
por
Daniela
Morales
Muñoz,
22
de
agosto
de
2015
en
Río
de
Janeiro,
Brasil.
229
sobre
todo
en
la
UNAM,
fueron
un
estrato
social
muy
específico
y
numeroso
del
exilio
brasileño,
pues
tenían
en
orden
su
documentación
(pasaportes,
diplomas
certificados
y
revalidados),
pero
en
cierta
medida,
huían
de
la
represión
que
ensombreció
el
ámbito
académico
brasileño
particularmente
después
del
AI–5,
“cuando
tuvo
varios
y
reconocidos
profesores
e
investigadores
universitarios
con
sus
derechos
políticos
y
civiles
suspendidos,
además
de
algunos
académicos
y
principalmente
estudiantes,
encarcelados
y
torturados.”574
Aunque
quizá
inadvertidamente,
en
los
años
setenta
las
casas
de
estudio
también
fueron
un
lugar
de
confluencia
de
las
dos
generaciones
de
exiliados
brasileños
que
llegaron
a
México.
Algunos
de
los
que
habían
llegado
tras
el
golpe
de
1964
contra
el
gobierno
de
João
Goulart
encontraron
en
estos
recintos
oportunidades
para
realizar
destacadas
carreras
académicas.
Ese
fue
el
caso
de
personas
como
José
Thiago
Cintra,
quien
llegó
a
México
en
1964
y
fue
parte
de
la
primera
generación
del
programa
de
maestría
en
Estudios
Orientales
en
El
Colegio
de
México
donde
más
tarde
se
convertiría
en
Coordinador
y
profesor
del
Centro
de
Estudios
de
Asia
y
África.
Llegó
a
ser
un
destacado
especialista
en
estudios
orientales
y
durante
el
gobierno
de
Luis
Echeverría
fue
contratado
como
asesor
de
la
presidencia
de
la
república
en
materia
de
relaciones
internacionales,
y
en
especial
de
la
política
hacia
el
Tercer
Mundo.575
Otros
asilados
de
la
generación
de
1964
que
hicieron
carrera
en
la
UNAM
fueron
Leia
Scheinvar,
esposa
de
Isaac
Scheinvar,
que
en
México
se
convirtió
en
una
de
las
investigadoras
especialista
en
cactáceas
más
destacadas
que
tiene
la
universidad.
Hasta
su
jubilación
en
2015
fue
responsable
del
Laboratorio
de
Cactáceas
en
el
Jardín
Botánico
del
Instituto
de
Biología
de
la
máxima
casa
de
estudios.
El
padre
Francisco
Lage,
que
llegó
a
México
en
1965,
fue
acogido
laboralmente
por
la
UNAM
donde
durante
muchos
años
se
desempeñó
como
profesor
del
Centro
de
Enseñanza
de
Lenguas
Extranjeras
(CELE).
574
Vania
Salles,
op.
Cit.,
p.
46.
575
Flora
Botton,
Susana
B.
C.
Devalle
and
Michiko
Tanaka,
“In
Memoriam
José
Thiago
Cintra
(1936–
1998)”
en
Estudios
de
Asia
y
Africa,
Vol.
33,
No.
1
(105)
(Jan.
Apr.,
1998),
pp.
211–216.
230
Otra
destacada
académica
vinculada
al
exilio
brasileño
es
Maria
Lucia
Taylor,
hija
del
asilado
Carlos
Taylor
que
en
1968
estuvo
a
punto
de
ser
deportada
a
Brasil
a
raíz
de
su
detención
en
Tlatelolco
el
2
de
octubre
de
1968.
En
aquél
año
iniciaba
sus
estudios
de
posgrado
en
la
UNAM
para
más
tarde
convertirse
en
una
destacada
investigadora,
especialista
en
microbiología
y
parasitología
adscrita
hasta
el
día
de
hoy
a
la
Facultad
de
Medicina.
De
la
generación
de
1968
destaca
Marcelo
Abramo,
quien
llegó
a
México
en
1969
y
entró
a
estudiar
en
la
Escuela
Nacional
de
Antropología
e
Historia
(ENAH)
donde
se
convirtió
en
un
importante
antropólogo
adscrito
hasta
hoy
al
Instituto
Nacional
de
Antropología
e
Historia
(INAH).
Actividad
política
y
cultural
La
confluencia
en
México
del
gran
exilio
latinoamericano
a
partir
de
1973
reanimó
la
actividad
política
y
despertó
la
empatía
y
solidaridad
de
amplios
sectores
de
la
sociedad.
La
existencia
de
un
espacio
como
la
Casa
de
Chile
en
México
y
el
encuentro
en
las
aulas
universitarias
de
una
importante
comunidad
de
estudiantes
latinoamericanos
con
profesores
exiliados
dio
paso
a
una
gran
movilización
político–
cultural
avocada
fundamentalmente
a
la
denuncia
de
los
regímenes
militares.
Como
se
sabe,
el
exilio
chileno
fue
arropado
en
México
por
una
política
oficial
de
apoyo
a
la
actividad
en
el
exilio
y
de
condena
a
la
dictadura
de
Pinochet.576
Como
parte
de
ese
apoyo,
en
1974
nació,
con
financiamiento
del
gobierno
de
Luis
Echeverría,
la
Casa
de
Chile
en
México,
577
pensada
como
un
espacio
de
cohesión
grupal
y
de
reunión
de
los
partidos
de
la
UP
y
del
Movimiento
de
Izquierda
Revolucionaria
(MIR)
en
el
exilio.578
No
obstante,
desde
el
principio
la
Casa
de
Chile
en
México
fue
mucho
más
que
eso,
pues
congregó
no
sólo
a
los
chilenos,
sino
a
académicos
e
intelectuales
mexicanos,
576
Fue
el
único
régimen
militar
con
el
que
México
rompió
relaciones
diplomáticas.
577
La
Casa
de
Chile
en
México
A.C.
dependía
de
la
Secretaría
de
Educación
Pública
(SEP)
y
era
coordinada
por
el
Consejo
Nacional
de
la
Cultura
y
las
Artes
(CNCA),
organismos
que
aprobaban
el
presupuesto
anual
y
otorgaban
un
subsidio
mensual.
ver:
Claudia
Fedora
Rojas
Mir,
op.
Cit.,
p.
127.
578
Ibid.,
p.
122.
231
estudiantes
universitarios
y
a
otros
exilios
del
cono
sur
y
América
Latina579
como
el
brasileño,
que
participaron
activamente
en
las
acciones
de
solidaridad,
debate
político
y
activismo
cultural
que
se
llevaron
a
cabo
en
ese
espacio.580
En
el
contexto
de
confluencia
de
exiliados
latinoamericanos
activos
en
la
defensa
de
las
libertades
democráticas,
la
autodeterminación
de
los
pueblos
y
de
resistencia
contra
las
acciones
del
imperialismo
y
de
las
dictaduras
latinoamericanas
nació
el
Comité
de
Solidaridad
Latinoamericana,
impulsado
e
integrado
por
un
grupo
de
intelectuales
latinoamericanos
entre
los
que
se
encontraban
dos
figuras
del
exilio
brasileño
en
México:
Francisco
Julião
y
Theotonio
Dos
Santos.
El
comité
estaba
integrado
además
por
figuras
como:
Jorge
Turner
(Panamá),
ex
militante
político
y
profesor
universitario;
Rodolfo
Puiggrós
(Argentina)
ex
rector
de
la
Universidad
de
Buenos
Aires;
Leopoldo
Zea
(México);
Pablo
González
Casanova
(México),
ex
rector
de
la
UNAM;
Pedro
Vuskovich
(Chile),
ex–ministro
de
Economía
del
gobierno
de
Salvador
Allende;
José
Luis
Valcárcel
(Venezuela);
José
Luis
González
(Puerto
Rico),
escritor
y
periodista;
Reynaldo
Carnero
Checa
(Perú),
fundador
con
Jorge
Turner
de
la
Confederación
Latinoamericana
de
Periodistas
en
México;
Francisco
de
Assis
Fernández
(Nicaragua)
sandinista;
Mario
Salazar
Valente
(El
Salvador),
profesor
universitario;
Carlos
Quijano
(Uruguay),
director
de
la
revista
Marcha;
Agustín
Cueva
(Ecuador),
economista
y
profesor
universitario;
Gabriel
García
Márquez
(Colombia)
escritor,
y
otros
que
se
adhirieron
después.581
Fundamentalmente,
el
comité
estaba
abocado
a
la
denuncia
de
las
violaciones
de
los
derechos
humanos
y
el
rompimiento
del
estado
democrático
de
derecho
en
varios
países
latinoamericanos
dominados
por
dictaduras. 582
En
la
coyuntura
del
golpe
en
Chile
y
de
los
golpes
de
estado
que
se
siguieron
en
cascada
en
América
del
sur,
el
Comité
de
Solidaridad
Latinoamericana
funcionó
como
una
tribuna
y
trinchera
579
Ibid.,
p.
129.
580
Entrevista
realizada
a
Theotonio
Dos
Santos,
op.
Cit.
581
Cláudio
Aguiar,
Francisco
Julião.
Uma
biografía,
Rio
de
Janeiro,
Civiliazção
Brasileira,
2014,
pp.
717–
719.
582
Ibid.
232
política
en
la
conducción
de
protestas
y
actos
de
concientización
de
las
personas
en
varias
latitudes.583
El
comité
realizaba
sus
denuncias
a
través
de
conferencias,
artículos
y
declaraciones
a
la
prensa,
actos
públicos,
cursos,
debates,
congresos,
manifestaciones,
o
expidiendo
resoluciones
y
mociones
de
apoyo
a
causas
latinoamericanas,
entre
otras.
Se
trataba
de
aprovechar
cualquier
espacio
o
foro
nacional
o
internacional
que
se
abriera
a
cualquiera
de
sus
integrantes
para
colocar
los
temas
de
interés
y
lograr
la
difusión
de
los
mismos.
Por
ejemplo,
Francisco
Julião,
que
se
había
incorporado
en
1972
al
equipo
de
colaboradores
permanentes
de
la
revista
Siempre!,584
dedicaba
sus
colaboraciones
semanales
a
mantener
vigente
el
tema
de
“nuestra
américa”
como
lo
definió
él
mismo.
Por
su
parte,
Theotonio
Dos
Santos
había
continuado
en
México
la
publicación
del
Frente
Brasileño
de
Informaciones
(FBI),
un
boletín
mensual
que
se
publicaba
en
Chile
y
formaba
parte
de
una
red
de
denuncia
de
la
dictadura
militar
iniciada
por
el
ex
gobernador
de
Pernambuco,
Miguel
Arraes.
El
FBI
se
llegó
a
publicar
en
varios
países
donde
había
exiliados
brasileños
como
Argelia,
Francia,
Alemania,
Holanda,
Inglaterra,
Italia,
México
y
Estados
Unidos.585
El
exilio
brasileño
que
llegó
a
la
Facultad
de
Economía
de
la
UNAM
alentó
la
constitución
del
Comité
de
Acción
Solidaria
con
la
Lucha
de
América
Latina
(CASLA)
que,
según
un
informe
de
la
DFS,
nació
la
segunda
quincena
de
octubre
de
1977
en
el
domicilio
de
un
estudiante
de
economía
de
origen
peruano
llamado
César.586
Según
el
reporte
que
el
director
de
la
DFS,
Javier
García
Paniagua,
remitió
a
la
Secretaría
de
Gobernación,
en
las
cinco
reuniones
donde
se
planeó
la
creación
del
comité,
“estuvieron
presentes
12
personas,
todas
ellas
exiliadas
políticas
583
Ibid.
584
Desde
años
atrás
Julião
colaboraba,
pero
de
manera
ocasional,
en
la
revista
Siempre!,
donde
compartía
páginas
con
distinguidos
articulistas
como
Carlos
Monsivais,
Heberto
Castillo,
José
Luis
Ceceña,
Adolfo
Sánchez
Vázquez,
entre
otros.
Ver,
Diana
G.
Hidalgo
Castellanos,
op.
Cit.,
p.
51.
585
Fabio
Lucas
Da
Cruz,
“Frente
Brasileño
de
Informaciones
e
Campanha:
Os
jornais
de
brasileiros
exilados
no
Chile
e
na
França
(1968–1979),
2010,
Tesis
Maestrado,
Universidades
de
São
Paulo,
São
Paulo,
Brasil,
p.
57.
586
Javier
García
Paniagua,“Visita
a
México
del
General
Ernesto
Geisel,
Presidente
de
la
República
del
Brasil.”,
México,
D.F.,
12
de
enero
de
1978,
AGN,
Galería
1.
Exp.
11–236–78,
L.7,
H.142–153.
233
sudamericanas,
en
su
mayoría
brasileñas
y
estudiantes
de
la
Facultad
de
Economía
de
la
U.N.A.M.”
Como
quedó
asentado
en
su
declaración
de
principios,
el
CASLA
se
proponía
“nuclear
a
todas
las
fuerzas
interesadas
en
la
democracia
y
el
antiimperialismo
para
impulsar
la
solidaridad
recíproca
entre
los
pueblos
de
Latinoamérica.”587
Entre
otras
cosas,
exigía
la
amnistía
general
e
irrestricta
a
los
presos
políticos
y
exiliados,
el
reconocimiento
oficial
de
los
desaparecidos
y
el
cese
de
la
intervención
imperialista.
El
comité
se
constituyó
pocos
meses
antes
de
la
visita
del
general
Ernesto
Geisel
a
México,
que
se
realizó
el
16
de
enero
de
1978
durante
el
sexenio
de
José
López
Portillo.
Naturalmente,
la
primera
acción
planeada
fue
aprovechar
esa
ocasión
para
intensificar
la
campaña
de
denuncia
de
la
dictadura
militar
brasileña
a
través
de
artículos
publicados
en
periódicos
y
revistas,
circular
volantes,
promover
conferencias
y
pláticas,
pintar
murales
en
las
facultades
y
escuelas,
realizar
un
acto
de
denuncia
frente
a
la
embajada
brasileña
y
dejar
ahí
una
lista
de
firmas
en
repudio
a
la
visita
junto
con
una
lista
de
personas
asesinadas
por
la
dictadura.
En
el
contexto
de
esa
visita,
la
comunidad
de
exiliados
y
estudiantes
brasileños
y
el
CASLA
recibieron
una
gran
muestra
de
solidaridad
por
parte
de
organizaciones
sindicales
como
SITUNAM
y
STUAM;
de
grupos
estudiantiles
como
el
Grupo
de
Izquierda
Revolucionario
“Espartaco”
y
de
entidades
como
la
UNAM,
el
Instituto
Politécnico
Nacional
(IPN)
y
la
Escuela
Nacional
de
Antropología
e
Historia
(ENAH),
y
de
partidos
políticos
de
izquierda
como
el
Partido
Comunista
Mexicano
(PCM),
el
Partido
Revolucionario
de
los
trabajadores
(PRT),
el
Partido
Socialista
de
los
Trabajadores
(PST),
el
Partido
Socialista
Revolucionario
(PSR),
el
Partido
Mexicano
de
los
Trabajadores
(PMT)
y
el
Partido
del
Pueblo
Mexicano
(PPM).
588 Además,
los
respaldaron
organizaciones
políticas
de
otros
exiliados
en
México
como
el
Frente
Sindical
de
Liberación
Nacional
de
Nicaragua,
el
Poder
Obrero
de
Argentina,
el
Movimiento
de
Izquierda
Revolucionaria
(MIR)
de
Chile,
la
Coordinadora
Regional
del
587
Ibid.
588
Ibid.
234
Partido
Socialista
de
Chile,
el
Grupo
Panameño
en
México
y
el
grupo
Colombiano
en
México.
La
participación
de
mexicanos
en
la
campaña
contra
la
visita
del
general
Geisel
hizo
que
las
protestas
de
repudio
se
extendieran
hasta
el
presidente
mexicano
López
Portillo,
a
quien
en
un
acto
de
solidaridad
con
el
pueblo
brasileño
realizado
en
la
Facultad
de
Filosofía
y
Letras,
fustigaron
por
“permitir
la
entrada
a
tan
peligroso
fascista”.
En
muchas
ocasiones,
el
activismo
político
del
exilio
latinoamericano
en
México
se
realizó
a
través
de
la
cultura.
Estela
Scheinvar,
hija
de
Isaac
y
Leia
Scheinvar,
exiliados
brasileños
en
México
desde
1965,
describe
así
el
ambiente
que
se
vivió
en
México
tras
la
llegada
de
los
exilios
sudamericanos
en
los
años
setenta.
Después
de
Chile,
después
de
73
todo
cambia
porque
el
exilio
es
enorme,
más
organizado.
Por
ejemplo,
cuando
llegan
los
uruguayos,
llega
la
Camerata
Punta
del
Este,
Zitarroza
venía
todo
el
tiempo,
entonces
se
hacen
las
jornadas
uruguayas
mundiales,
los
uruguayos
eran
tan
organizados,
pero
era
así,
increíble,
increíble…
…todos
los
exiliados
nos
ayudábamos…
había
una
movilidad
muy
grande
y
nos
relacionábamos
mucho,
al
mismo
tiempo
había
mucha
vida,
había
mucho
sufrimiento.
Los
argentinos
venían
con
las
peores
historias…
entonces
había
esos
momentos
de
reconstruir
la
vida
por
la
potencia,
por
la
literatura,
por
el
arte,
por
manifiestos
políticos,
poder
hablar,
poder
gritar,
poder
escribir,
no
tener
que
esconderte,
poder
curarte
en
un
médico,
todo
eso
era
importante,
entonces
México
tuvo
esa
dimensión
de
potencia
de
vida.
…Los
Quilapayún
que
iban
todo
el
tiempo
a
México,
los
Folkoristas
mexicanos…
todos
frecuentábamos
peñas
y
ahí
circulaba
mucha
gente,
muchas
historias,
mucha
solidaridad,
alguien
necesita
algo,
alguien
necesita
empleo…
Entonces
sí
hay
un
cordón
de
solidaridad
y
de
afectividad
porque
éramos
nuestras
familias.589
La
coyuntura
también
reanimó
a
la
pequeña
célula
del
PCB
que
había
quedado
en
México.
589
Entrevista
realizada
a
Estela
Scheinvar,
op,
Cit.
235
Nuestra
célula
del
PCB–México
se
hace
grande,
porque
llegan
estudiantes,
y
entonces
de
ser
4
o
5
pues
éramos
como
10.
Pero
eran
grupos
de
análisis
político,
nunca
hicimos
la
revolución
ni
nos
propusimos
a
organizarla,
ni
era
ya
la
línea
del
PCB,
eran
movimientos
de
discutir,
de
dar
apoyo,
de
organizar
la
fiesta
anual,
leer,
hacer
análisis,
eran
muy
serios,
eran
semanales
y
al
mismo
tiempo
confraternizábamos,
convivíamos,
era
muy
bonito,
pero
con
los
otros
brasileños
(los
estudiantes)
hicimos
en
auditorios
dentro
de
la
UNAM
algunas
conferencias,
algunos
debates,
divulgábamos
cosas
a
veces
nos
reuníamos
con
esos
estudiantes
de
la
universidad
en
algunos
momentos.
Ellos
no
nos
consideraban
igual
porque
ni
éramos
militantes
de
Brasil
ni
habíamos
militado
acá,
entonces
la
historia
de
ellos
era
otra,
pero
había
siempre
la
discusión
contra
la
dictadura
y
eso
era
muy
claro
y
con
mucho
miedo
a
la
dictadura
y
lo
que
pasaba.590
Los
comunistas
brasileños
participaron
en
los
festivales
anuales
de
Oposición,
el
periódico
del
PCM,
donde
se
les
abría
espacio
para
la
denuncia,
como
recuerda
Leia
Scheinvar:
Ahí
teníamos
una
embajada,
nos
preparábamos
todo
el
año
para
hacer
finanzas…
entonces
juntábamos
música
para
formar
unos
casssettes…
y
traíamos
mercancía
de
Brasil
para
vender
en
ese
festival,
hacíamos
carteles,
hacíamos
propaganda
para
divulgar
la
situación
de
Brasil,
pedir
apoyo,
denuncias
y
era
una
actividad
importante,
cada
año
había
un
festival
de
Oposición,
cada
país
latinoamericano
que
estaba
aquí
por
motivos
políticos,
tenía
su
espacio.591
Cuadernos
del
Tercer
Mundo,
una
revista
en
el
exilio
A
mediados
de
1976
llegaron
a
México
los
periodistas
Neiva
Moreira
y
Beatriz
Bissio,
editores
de
la
revista
Tercer
Mundo
que
había
nacido
unos
meses
atrás
en
Buenos
Aires.
Neiva
era
una
de
las
figuras
más
importantes
del
exilio
brasileño.
En
1964
había
salido
de
Brasil
luego
de
que
los
militares
cancelaran
su
mandato
como
590
Ibid.
591
Entrevista
con
Leia
Scheinvar
realizada
por
Concepción
Hernández,
6
de
noviembre
de
1999
en
la
Ciudad
de
México.
Archivo
de
la
Palabra,
PEL/1/B/6.
236
diputado
federal
y
sus
derechos
políticos
por
diez
años,
pues
en
el
Congreso
Nacional
había
liderado
el
Frente
Parlamentar
Nacionalista
(FPN),
un
grupo
que
reunía
a
varios
diputados
de
diferentes
partidos
políticos
en
defensa
de
las
Reformas
de
Base.592
De
Bolívia
había
salido
a
un
segundo
exilio
en
Uruguay
donde
radicó
hasta
1973,
cuando
la
implantación
de
la
dictadura
uruguaya
lo
obligó
a
salir
con
su
esposa
de
origen
uruguayo,
Beatriz
Bissio,
a
un
tercer
exilio
que
pasaron
entre
Perú
y
Argentina.
Ahí
fundaron,
junto
al
periodista
Pablo
Piacentini,
la
revista
Tercer
Mundo
que
tenía
como
principal
objetivo
difundir
en
América
Latina
la
problemática
de
los
países
del
tercer
mundo,
“pautas
de
información
que
en
los
medios
de
comunicación
convencionales
ni
siquiera
existían.”593
Tras
la
caída
del
gobierno
del
general
Juan
Velazco
Alvarado
en
Perú,
en
el
que
Neiva
Moreira
había
colaborado,
éste
fue
conminado
a
abandonar
el
país,
entonces,
ante
la
imposibilidad
de
viajar
a
otro
país
sudamericano
pensaron
en
México.
“En
América
del
Sur
ya
no
era
posible
pedir
asilo.
Estábamos
en
una
especie
de
selva
política,
cercados
de
gorilas
por
todos
lados.
Quedaban
Cuba
y
México.
Intentamos
México.”594
La
elección
de
México
se
hizo
sobre
todo
en
función
de
su
proyecto
periodístico:
“queríamos
permanecer
en
América
Latina
porque
el
proyecto
siempre
fue
traer
a
esta
región
ese
tipo
de
temática.
Entonces
no
nos
atraía
ir
a
Europa.
Con
esa
idea
es
que
México
parecía
un
destino,
y
efectivamente
fue,
un
destino
importantísimo.”595
Sin
documentos
y
con
un
plazo
de
ocho
días
para
abandonar
el
Perú,
Neiva
solicitó
una
visa
de
entrada
a
México
ante
su
embajada
en
Lima,
sin
embargo,
la
respuesta
tardaba
en
llegar
así
que
Beatriz
viajó
sola
a
México
para
intentar
conseguir
un
permiso
de
entrada
para
Neiva
con
la
ayuda
de
alguno
de
los
tres
contactos
que
tenían
en
México:
Francisco
Julião,
el
periodista
peruano
Genaro
Carnero
Checa
y
592
Sobre
el
FPN
y
las
Reformas
de
Base
ver
Capítulo
2.
593
Entrevista
realizada
a
Beatriz
Bissio
por
Daniela
Morales
Muñoz,
el
21
de
agosto
de
2015
en
Rio
de
Janiero,
Brasil.
594
Neiva
Moreira,
O
pilão
da
madrugada.
Um
depoimento
a
José
Louzeiro,
Rio
de
Janeiro,
Editora
Terceiro
Mundo,
1989,
p.
394.
595
Entrevista
realizada
a
Beatriz
Bissio,
op.
Cit.
237
Julieta
González
de
Cohen,
profesora
en
la
Universidad
del
Tercer
Mundo596
a
quien
habían
conocido
durante
un
encuentro
inesperado
en
Tanzania
con
la
comitiva
del
presidente
Luis
Echeverría.
La
profesora
recibió
a
Beatriz
en
su
casa
mientras
que
Julião
y
Carnero
Checa,
que
dirigía
la
Federación
Latinoamericana
de
Periodistas
(Felap),
movilizaron
en
México
sus
contactos
en
el
medio
cultural
y
político
hasta
conseguir
que
el
presidente
Echeverría,
que
estaba
terminando
su
sexenio,
diera
órdenes
para
acelerar
los
trámites
que
permitieran
el
ingreso
de
Neiva
Moreira
que
finalmente
se
logró
en
noviembre
de
1976.597
Además
de
Julião,
en
México,
Neiva
y
Beatriz
reencontraron
a
otras
figuras
destacadas
del
exilio
brasileño
como
Ruy
Mauro
Marini,
Theotonio
Dos
Santos,
Vania
Bambirra
y
poco
más
tarde,
a
Herbert
de
Souza
“Betinho”,
importante
ex
dirigente
del
movimiento
político
de
base
estudiantil
Ação
Popular
(AP),
quien
estaba
exiliado
en
Canadá
pero
en
1978
fue
invitado
por
Theotonio
Dos
Santos
para
impartir
clases
en
el
posgrado
de
Economía
de
la
UNAM.
Encontraron
también
al
gran
exilio
latinoamericano.
Hicimos,
allí,
relaciones
fraternas
con
muchos
de
ellos:
el
comandante
Tomás
Borge,
de
Nicaragua;
el
profesor
universitario
y
líder
político
Gerard–Pierre
Charles,
de
Haití;
Guillermo
Torriello,
ex
canciller
de
Guatemala;
Marcelo
Quiroga
Santa
Cruz,
dirigente
socialista
de
Bolivia,
con
quien
ya
habíamos
convivido
en
el
exilio
argentino;
Hortencia
Bussi
de
Allende,
viúda
del
presidente
Salvador
Allende
y
la
señora
Emma
Obleas
de
Torres,
viúda
de
otro
presidente
asesinado,
el
general
Juan
José
Torres,
de
Bolívia,
por
citar
sólo
algunos.598
Neiva
y
Beatriz
fueron
hospedados
inicialmente
por
la
exiliada
brasileña
Maluza
Stein,
quien
había
llegado
asilada
a
México
procedente
de
Uruguay,
gracias
a
las
gestiones
596
Fue
un
proyecto
de
universidad
que
durante
su
sexenio
echó
a
andar
Luis
Echeverría,
pero
que
no
prosperó
por
falta
de
apoyo
de
los
gobiernos
siguientes.
597
Neiva
Moreira,
op.
Cit.,
p.
395–396.
598
Ibid.
238
que
en
su
favor
realizó
el
entonces
embajador
de
México
en
ese
país,
Vicente
Muñiz
Arrollo.
Pero
a
pesar
de
la
fraternal
acogida,
el
inicio
de
un
nuevo
exilio
no
se
veía
fácil:
“Allá
estábamos
nosotros,
en
México,
teniendo,
una
vez
más,
que
reiniciar
nuestra
vida
a
partir
de
cero:
estábamos
en
un
país
que
no
conocíamos,
sin
dinero,
sin
trabajo,
sin
documentos
y,
lo
que
era
peor,
sin
nuestra
revista.”,
relató
Neiva
Moreira.599
Sin
embargo,
en
México
las
cosas
fueron
favoreciendo
la
reaparición
de
la
revista
luego
de
vencer
algunos
obstáculos.
En
primer
lugar,
como
el
nombre
de
Tercer
Mundo
ya
estaba
registrado
tuvieron
que
cambiarlo,
y
a
propuesta
del
entonces
secretario
de
Educación,
Porfirio
Muñoz
Ledo,
quedó
como
“Cuadernos
del
Tercer
Mundo.”
En
segundo
lugar,
consiguieron
que
el
ingeniero
mexicano
Enrique
Cortés
Reyna,
militante
de
los
movimientos
de
derechos
humanos
y
ecologistas
que
se
llegó
a
convertir
en
uno
de
sus
amigos
más
queridos,
apareciera
como
el
director
legal
de
la
revista
en
la
que
además
trabajó
de
manera
muy
comprometida. 600
Finalmente,
consiguieron
un
préstamo
a
fondo
perdido
del
Instituto
Latinoamericano
de
Estudios
Transnacionales
(Ilet)
con
el
que
pudieron
lanzar,
en
junio
de
1977,
la
primera
edición
de
Cuadernos
del
Tercer
Mundo,
que
en
realidad
era
la
número
diez
del
mismo
proyecto
que
ya
había
circulado
nueve
ediciones
anteriores
en
Argentina.
El
lanzamiento,
recuerda
Nevia
Moreira,
se
realizó
en
la
sede
de
la
Federación
Latinoamericana
de
periodistas
(Felap),
en
presencia
de
más
de
doscientas
personas
entre
periodistas,
diplomáticos,
políticos
y
exiliados
de
todas
las
latitudes.
“Genaro
Carnero
Checa
hizo
el
discurso
oficial.
Comparó
al
equipo
de
la
revista
a
un
nuevo
tipo
de
Hércules
que
en
sus
exilios
llevaba
cargando
sobre
la
espalda,
no
al
mundo,
como
en
la
mitología,
sino
al
Tercer
Mundo…”601
A
pesar
de
haberlo
solicitado
varias
veces,
Cuadernos
del
Tercer
Mundo
nunca
logró
obtener
publicidad
del
Estado.
Sin
embargo,
a
cambio,
pudo
circular
libremente.
599
Ibid.
600
Entrevista
realizada
a
Beatriz
Bissio,
op.
Cit.
601
Neiva
Moreira,
op.
Cit.,
p.
397.
239
Nunca,
nunca
nadie
nos
vino
a
decir
no
publiquen
esto
o
publiquen
aquello,
y
no
nos
apoyaron
nunca
con
publicidad.
Muchas
veces
fuimos
a
pedir
publicidad
del
estado
y
nunca
conseguimos,
entonces
era
un
poco
esa
política:
nosotros
los
dejamos
hacer,
ahora,
si
ustedes
son
capaces
o
no
de
mantener
ese
medio
de
comunicación
el
problema
es
de
ustedes.
Pero
nunca
hubo
ningún
tipo
de
restricción.
Claro
que
nos
hubiera
venido
muy
bien
una
publicidad
para
darnos
más
aire
¿no?,
pero
bueno,
eso
fue
lo
posible…602
No
obstante,
en
los
poco
menos
de
tres
años
de
circulación
en
México
la
revista
de
publicación
mensual
logró
penetrar
fuertemente
en
las
universidades,
en
los
medios
sindicales
y
en
los
sectores
más
independientes
y
nacionalistas
de
la
vida
política.603
Desde
México
también
lograron
lanzar
su
primera
edición
en
inglés,
Third
World,
con
la
ayuda
del
economista
mexicano
Fernando
Molina
y
del
periodista
anglo–
norteamericano
asilado
en
México,
Cedric
Belfrage,
con
quien
entraron
en
contacto
vía
Francisco
Julião.604
Hacia
1978
Cuadernos
del
Tercer
Mundo
compartió
sede
con
un
centro
de
análisis
sobre
América
Latina
que
echaron
a
andar
en
México
Theotonio
Dos
Santos
y
Herbert
de
Souza
“Betinho”.605
La
convivencia
de
la
revista
con
el
centro
de
análisis
fue
muy
fructífera
pues
lograron
una
importante
retroalimentación.
…de
alguna
forma
había
un
aprovechamiento
más
rico
de
lo
que
cada
uno
conseguía,
sea
promover
una
mesa
redonda
que
después
se
podía
convertir
en
un
artículo;
si
nosotros
hacíamos
una
entrevista
ellos
invitaban
–a
la
persona–
a
dar
una
charla
y
en
fin,
fue
muy
interesante
esa
convivencia
de
las
dos
instituciones.606
602
Entrevista
realizada
a
Beatriz
Bissio,
op.
Cit.
603
Neiva
Moreira,
op.
Cit.,
p.
405.
604
Ibid.,
p.
406.
605
El
centro
de
análisis
en
México
era
una
especie
de
continuación
del
Centro
de
Estudios
Latinoamericanos
que
Betinho
fundó
durante
su
exilio
en
Canadá
y
que
a
su
regreso
a
Brasil
se
convirtió
en
el
Instituto
Brasileiro
de
Análises
Sociais
e
Econômicas
(Ibase),
que
hasta
el
día
de
hoy
está
dedicado
a
promover
la
reflexión
y
el
debate
sobre
temas
relacionados
con
la
ciudadanía,
la
democracia,
la
sustentabilidad
y
la
justicia
socioambiental.
606
Entrevista
realizada
a
Beatriz
Bissio,
op.
Cit.
240
Muy
pronto,
tanto
la
pauta
informativa
de
la
revista
como
las
figuras
de
Theotonio,
Betinho
y
Neiva
Moreira,
conocidas
y
reconocidas
entre
el
exilio
latinoamericano,
hicieron
que
aquella
sede
que
albergaba
el
centro
y
la
revista
se
convirtiera
en
un
polo
importante
de
reunión
del
exilio
y
de
debates
sobre
América
Latina
y
el
contexto
revolucionario
de
la
época.
Entre
las
cosas
más
interesantes
de
ese
momento
y
de
esa
circunstancia
está
el
hecho
por
ejemplo
que
los
movimientos
que
estaban
operando
en
Guatemala
y
en
El
Salvador,
en
la
lucha
armada,
y
que
estaban
dispersos
y
a
veces
enfrentándose
entre
sí,
en
México
convergen
–a
través
de
los–
exiliados
de
todos
los
movimientos:
guatemaltecos,
salvadoreños,
y
de
alguna
forma
la
revista
y
el
instituto
propician
un
encuentro
de
ellos
y
un
diálogo
entre
ellos.
Y
por
ejemplo,
el
Frente
Farabundo
Martí
nace
prácticamente
de
esos
encuentros.
Ahí
ellos
consolidan
la
visión
de
que
si
no
están
unidos
no
van
a
derrotar
la
dictadura
que
están
enfrentando,
si
ellos
se
mantienen
con
a
veces
pequeñas
divergencias,
si
se
mantienen
separados,
y
frente
a
ese
desafío
enorme
¿no?
Entonces
hay
como
una
madurez
y
se
constituyen
esos
movimientos
que
al
final
efectivamente
son
los
que
llegan
a
derrotar
la
dictadura.
Lo
mismo
los
sandinistas
que
evidentemente
ya
estaban
más
avanzados
en
sus
luchas,
pero
también
tenían
un
lugar
de
encuentro
en
la
sede
de
nuestra
revista.607
Para
Neiva
Moreira
y
Beatriz
Bissio,
los
años
en
México
fueron
entrañables
en
muchos
sentidos.
Por
un
lado,
fueron
años
de
“paz
en
el
exilio”,
en
los
que
pudieron
trabajar
libremente
en
el
proyecto
de
la
revista.
Al
mismo
tiempo,
la
confluencia
con
otros
exiliados
latinoamericanos
les
hizo
de
alguna
manera
partícipes
y
testigos
de
movimientos
políticos
que
en
los
años
siguientes
fueron
tomando
una
dimensión
cada
vez
mayor.
Eran
conscientes
también
de
que
aquella
política
de
apertura
a
los
exilios
latinoamericanos
y
de
acogida
a
los
movimientos
revolucionarios
externos
que
tuvo
México
en
la
coyuntura,
particularmente
del
gobierno
de
Luis
Echeverría,
tenía
a
la
vez
su
contracara
en
una
política
interna
de
represión
brutal,
y
que
preservar
la
607
Ibid.
241
apertura
al
perseguido
era
una
forma
de
presentar
ante
el
mundo
un
mínimo
de
coherencia
en
el
marco
de
ese
discurso
que
presentaba
a
México
como
un
país
que
levantaba
las
banderas
del
movimiento
no
alineado.
A
pesar
de
ello,
señala
Beatriz
Bissio,
en
el
último
lustro
de
los
años
setenta
México,
Panamá
y
Cuba
funcionaron
como
un
tripié
para
las
fuerzas
progresistas
de
América
Latina.
Independientemente
de
cuál
haya
sido
la
motivación
última,
si
fue
más
altruista
o
menos,
el
hecho
objetivo
es
que
tener
en
México
ese
apoyo
significó
mucho
para
América
Latina,
para
los
exiliados
y
para
las
fuerzas
progresistas,
significó
mucho.
Te
puedo
decir
con
certeza
que
el
destino
de
El
Salvador,
Guatemala,
y
en
gran
medida
Nicaragua,
en
aquél
momento,
con
aquella
lucha
como
estaba,
en
los
términos
en
que
estaba,
no
hubiera
sido
el
mismo
si
no
hubiera
tenido
el
exilio
las
puertas
de
México
ahí,
porque
el
exilio
en
México
era,
y
particularmente
en
esos
casos,
también
un
lugar
de
definición
de
estrategias,
de
apoyo
logístico…
Nosotros
teníamos
un
tripié:
Panamá
con
el
general
Torrijos,
México
con
Echeverría–López
Portillo
y
Cuba.
Entonces
era
como
un
contrapunto
al
oscurantismo
que
venía
del
otro
lado.608
608
Ibid.
242
243
CAPÍTULO
5
“…
e
sonha
com
a
volta
do
irmão
do
Henfil
e
tanta
gente
que
partiu
num
rabo
de
foguete.”609
Hacia
el
fin
del
exilio.
Tiempos
de
distensión
(1974–1979)
A
principios
de
1974,
Ernesto
Geisel
asumió
como
cuarto
presidente
de
la
dictadura
militar.
En
Brasil,
no
sólo
se
empezaban
a
sentir
los
efectos
de
la
llamada
crisis
del
petróleo
de
1973, 610 y
a
vislumbrar
las
primeras
señales
de
crisis
del
“milagro
económico”
del
que
había
gozado
entre
1967
y
1973.
El
régimen
también
arrastraba
una
importante
crisis
política
debido
al
desgaste
que
las
Fuerzas
Armadas
brasileñas
habían
acumulado
a
lo
largo
de
diez
años
en
el
poder,
y
al
desprestigio
de
un
régimen
cada
vez
más
señalado,
sobre
todo
en
el
exterior,
por
sus
reiteradas
violaciones
a
los
derechos
humanos.
En
ese
contexto,
Geisel
se
propuso
ablandar
el
régimen
dictatorial;
superar
el
estado
de
excepción
y
restablecer
un
estado
de
derecho
autoritario,
objetivo
que
anunció
en
agosto
de
1974
como
el
inicio
de
un
proceso
de
distensión
que
sería
“lento,
gradual
y
seguro”.611
Tras
la
apertura
política
en
Brasil,
el
gobierno
mexicano,
encabezado
desde
diciembre
de
1976
por
José
López
Portillo,
profundizó
el
estrechamiento
de
las
relaciones
comerciales
que
se
venían
impulsando
desde
1974
con
Brasil,
logrando
que
609
Canción
“O
bébado
e
o
equilibrista“,
escrita
por
Aldir
Blanc
y
João
Bosco
e
interpretada
por
Elis
Regina
en
la
que
se
hace
referencia
al
regreso
de
Betinho
–exiliado
en
México–y
de
los
demás
exiliados.
Según
Neiva
Moreira,
en
los
últimos
años
del
exilio
se
convirtió
en
el
himno
oficial
del
exilio
brasileño
en
México.
610
En
octubre
de
1973
los
países
árabes
decidieron
elevar
abruptamente
los
precios
del
petróleo
para
presionar
a
las
potencias
occidentales
a
obligar
a
Israel
a
renunciar
a
sus
pretensiones
de
expansión
territorial.
En
esos
años
Brasil
todavía
era
muy
dependiente
de
las
importaciones
petrolíferas.
611
Daniel
Aarão,
Ditadura
e
democracia
no
Brasil,
op.
Cit.,
p.
98.
244
a
mediados
de
los
años
setenta
se
convirtiera
en
el
principal
mercado
para
los
productos
mexicanos
en
América
del
Sur
y
el
mayor
socio
comercial
de
nuestro
país
en
el
continente
después
de
Estados
Unidos.
612
En
enero
de
1978
el
general
Geisel
realizó
una
visita
oficial
a
la
ciudad
de
México
durante
la
cual
se
reforzaron
los
canales
de
colaboración
y
de
amistad
con
el
gobierno
de
López
Portillo,
tónica
en
la
que
siguieron
caminando
hasta
la
década
siguiente.
Un
mes
después
de
la
visita
de
Geisel
a
México,
el
nuncio
apostólico
en
Brasil,
monseñor
Carmine
Rocco,
gestionó
en
la
embajada
de
México
que
este
país
aceptara
la
internación
de
tres
brasileños
que
desde
septiembre
de
1977
se
encontraban
resguardados
en
la
nunciatura.
El
gobierno
mexicano
accedió
e
intentó
sacar
a
los
asilados
del
país
en
calidad
de
turistas,
lo
que
logró
únicamente
con
el
periodista
Henrique
João
Cordeiro,
pues
Itamaraty
se
negó
a
conceder
la
salida
en
calidad
de
turistas
del
empleado
bancario
Jorge
Medeiros
Valle,
mejor
conocido
como
“O
bom
burgués”
que
llegó
a
desviar
cerca
de
dos
millones
de
dólares
del
Banco
de
Brasil
para
ayudar
a
la
guerrilla,
y
de
la
profesora
normalista
Wanda
Cozetti
Marinho,
sentenciada
a
diez
años
de
prisión
por
su
ideología
socialista,
de
los
cuales
había
purgado
tres.
El
gobierno
mexicano
realizó
la
gestión
para
trasladar
a
los
asilados
luego
de
cerciorarse
de
que
Itamaraty
no
tendría
ninguna
objeción
en
que
se
siguiera
ese
procedimiento
y
se
comprometiera
a
entregar
los
salvoconductos
en
un
plazo
breve.613
De
acuerdo
con
los
registros
diplomáticos,
los
anteriores
fueron
los
últimos
casos
de
asilo
que
el
gobierno
mexicano
otorgó
en
territorio
brasileño
en
pleno
periodo
de
“apertura
democrática”.
Aunque
internamente
causó
controversia
y
un
sector
del
Ejército
se
opuso,
el
proyecto
de
distensión
anunciado
por
Geisel
había
sido
recibido
con
beneplácito
por
la
mayoría
de
la
clase
política
brasileña
y
por
la
comunidad
internacional,
pues
a
esas
alturas
era
bastante
incómodo
para
los
países
“defensores
de
la
democracia”
mantener
relaciones
con
un
régimen
que
tenía
la
tortura
como
política
de
Estado.
Por
612
Guillermo
Palacios,
op.
Cit.,
p.
310.
613
Embamex
a
SRE,
Brasília,
D.F.,
24
de
febrero
de
1978,
AHGE–SRE,
exp.
III-‐5714–11,
s/n.
245
otro
lado,
la
línea
en
favor
de
los
valores
democráticos
se
reforzó
a
partir
de
1976
después
de
que
Jimmy
Carter
asumiera
la
presidencia
de
Estados
Unidos
y
no
sólo
reforzara
las
críticas
a
las
dictaduras
latinoamericanas,
sino
que
además
determinara
la
suspensión
de
la
ayuda
militar
a
los
regímenes
autoritarios
latinoamericanos.614
Como
ha
explicado
Guillermo
Palacios,
la
crisis
de
relaciones
que
en
ese
momento
se
acentuó
entre
Brasil
y
Estados
Unidos
tenía
como
trasfondo
fundamentalmente
los
acuerdos
que
los
militares
brasileños
habían
firmado
con
Alemania
para
el
desarrollo
de
su
programa
nuclear.615
Como
sea,
la
posibilidad
de
una
apertura
política
en
Brasil
entusiasmó
a
la
comunidad
de
brasileños
exiliados
dispersa
por
el
mundo,
y
la
de
México
no
fue
la
excepción.
Por
un
lado,
el
grupo
político
que
entonces
reunía
a
Francisco
Julião,
Theotonio
Dos
Santos,
Herbert
de
Souza
“Betinho”
y
Neiva
Moreira,
respondió
a
la
convocatoria
que
desde
su
exilio
en
Nueva
York
lanzó
Leonel
Brizola
para
reorganizar
el
Partido
Trabalhista
Brasileiro
(PTB),
mientras
que
por
otro,
se
organizó
la
“Comunidad
de
Brasileños
en
México
por
la
Amnistía
Amplia,
General
e
Irrestricta,
y
por
las
Libertades
Democráticas
en
Brasil“
que
junto
con
otros
comités
pro
amnistía
en
el
mundo
empujaron
la
aprobación
de
una
ley
que,
entre
otras
cosas,
pondría
fin
al
exilio.
México,
base
de
apoyo
para
la
reorganización
del
Trabalhismo
En
1977
Leonel
Brizola
había
salido
a
un
segundo
exilio
en
Nueva
York,
luego
de
que
la
dictadura
uruguaya
lo
expulsara
de
ese
país
donde
había
vivido
asilado
desde
el
golpe
de
1964.616
Su
ingreso
a
Estados
Unidos
había
sido,
evidentemente,
otro
signo
614
Guillermo
Palacios,
op.
Cit.,
p.
317.
246
de
hostilidad
por
parte
del
gobierno
de
Jimmy
Carter
hacia
los
militares
brasileños
pues
Brizola
era
“el
primer
exiliado”;
el
enemigo
número
uno
de
la
dictadura.617
Cuando
comenzaron
a
surgir
las
primeras
señales
concretas
de
la
apertura
política
en
Brasil,
Brizola
comenzó
a
trabajar
en
la
reorganización
del
Trabalhismo.
Para
ello,
convocó
a
dirigentes
trabalhistas
y
militantes
de
diversas
organizaciones
de
izquierda
que
se
encontraban
tanto
en
el
interior
de
Brasil
como
en
el
exilio,
para
debatir
el
futuro
de
esa
corriente
política
y
la
eventual
reorganización
del
Partido
Trabalhista
Brasileiro
(PTB),
creado
por
Getulio
Vargas
en
1945,
presidido
por
João
Goulart
y
proscrito
después
del
golpe
de
1964.
En
México
Francisco
Julião,
que
siempre
había
tenido
una
buena
relación
con
Brizola618,
lo
llamó
por
teléfono
para
invitarlo
a
reunirse
en
México
con
“un
grupo
de
exiliados
brasileños
formado
por
socialistas,
trabalhistas
y
demócratas
interesados
en
discutir
las
bases
de
reorganización
del
trabalhismo
en
Brasil.”619
Entre
otros,
se
refería
a
Theotonio
Dos
Santos,
Vania
Bambirra,
Herbert
de
Souza
“Betinho”,
Ruy
Mauro
Marini,
Thiago
Cintra
y
Neiva
Moreira.
Brizola
viajó
a
México.
Aunque
nunca
había
visitado
este
país,
el
líder
trabalhista
había
conocido
en
Nueva
York
al
político
mexicano
Porfirio
Muñoz
Ledo,
quien
se
desempeñaba
como
embajador
de
México
ante
las
Naciones
Unidas.
De
acuerdo
a
Clóvis
Brigagão,
ex
secretario
de
Brizola,
Muñoz
Ledo
buscó
un
acercamiento
con
Brizola
con
quien
entabló
una
amistad.
También
le
habría
ofrecido
y
proporcionado
ayuda
económica
en
aquellas
difíciles
condiciones
del
exilio,
por
lo
que
“Brizola
siempre
se
quedó
muy
agradecido
al
PRI.”620
Theotonio
Dos
Santos
confirma
que
en
aquella
coyuntura
hubo
un
gran
interés
por
parte
del
PRI
por
apoyar
el
proceso
de
democratización
en
Brasil,
y
en
función
de
617
João
Goulart
había
muerto
en
Argentina
el
6
de
diciembre
de
1976,
oficialmente
de
un
ataque
al
corazón.
Sin
embargo,
hasta
el
día
de
hoy
sus
familiares
y
otras
personalidades
políticas
sostienen
que
fue
asesinado
en
el
marco
de
la
Operación
Cóndor.
618
Según
Cláudio
Aguiar,
la
comunión
de
ideales
políticos
entre
Brizola
y
el
líder
de
las
Ligas
Camponesas
no
había
nacido
ni
de
la
afinidad
partidaria
ni
ideológica
sino
de
la
admiración
mutua.
Ver:
Claudio
Aguiar,
op.
Cit.,
p.
724.
619
Ibid.,
p.
724.
620
Entrevista
realizada
a
Clovis
Brigagão,
op.
Cit.
247
ello,
encontraron
también,
apoyo
y
hasta
entusiasmo
por
el
proceso
de
reorganización
del
Partido
Trabalhista
de
Leonel
Brizola.
Las
conexiones
de
Julião
con
la
clase
política
mexicana
facilitaron
la
organización
de
una
gran
reunión
que
se
llevó
a
cabo
en
el
Hotel
Casino
de
la
Selva
en
Cuernavaca
a
la
que
asistieron
también
funcionarios
del
gobierno
mexicano,
líderes
políticos
de
diferentes
partidos,
profesores
e
intelectuales
comprometidos
con
la
lucha
por
la
democracia
y
el
socialismo,
como
Gabriel
García
Márquez,
que
ofrecieron
una
fraternal
recepción
a
Brizola
en
Cuernavaca.621
Además
de
la
confraternización
entre
viejos
amigos,
el
encuentro
en
Cuernavaca
consistió
en
un
acto
político
en
el
que
hubo
algunas
conferencias,
pronunciamientos
y
debates
importantes
de
los
cuales
resultó
la
unánime
decisión
de
organizar,
en
breve,
un
encuentro
en
Lisboa
donde
brasileños,
exiliados
o
no,
pudiesen
discutir
los
próximos
pasos
para
la
conducción
del
proceso
de
apertura
democrática
en
Brasil.
622
Aquél
grupo
de
exiliados
que
había
organizado
la
reunión
con
Brizola
en
el
Casino
de
la
Selva
integró
el
“Grupo
de
México”
que
se
trasladó
a
Lisboa
para
participar
en
el
evento.
Al
llegar
a
Portugal,
el
Servicio
de
extranjeros
impidió
el
ingreso
a
Francisco
Julião
bajo
el
argumento
de
que
requería
de
una
visa
previa
registrada
en
su
pasaporte
para
poder
entrar.
Quedó
confinado
en
una
oficina
del
aeropuerto
durante
todo
un
día
hasta
que
la
comisión
de
recepción,
formada
por
ilustres
políticos
portugueses,
incluyendo
al
ex
primer
ministro
y
secretario
general
del
Partido
Socialista
Portugués,
Mário
Soares,
intercedió
por
él
logrando
liberar
su
entrada
a
Portugal.623
El
encuentro
en
Lisboa
se
realizó
entre
el
15
y
el
17
de
junio
de
1979
en
un
recinto
proporcionado
por
el
Partido
Socialista
Portugués.
De
acuerdo
con
Neiva
Moreira,
ahí
se
confrontaron
dos
grupos,
“el
de
México
y
el
eurocentrista,
anticipando
621
Claudio
Aguiar,
op.
Cit.,
p.
725.
Y
Neiva
Moreira,
op.
Cit.,
p.
415.
622
Claudio
Aguiar,
op.
Cit.
623
Ibid.
p,
727.
248
posicionamientos
que
irían
a
marcar
en
los
años
siguientes
el
debate
ideológico
en
el
seno
del
Trabalhismo.”624
Según
los
agentes
de
inteligencia
brasileños
que
reportaron
sobre
el
encuentro,
“los
brasileños
de
posición
más
radical
son
los
que
viven
en
México
y,
entre
ellos,
Neiva
Moreira
y
Francisco
Julião.”
Advirtieron
que
el
“Grupo
de
México”
tenía
gran
influencia
sobre
Leonel
Brizola
y
también
“gran
tolerancia
hacia
los
cubanos.”
Como
prueba
reportaron
que
en
sus
viajes
de
ida
y
regreso
de
México
a
Lisboa
Julião
había
realizado
escalas
en
la
isla.625
Las
conclusiones
de
las
propuestas
y
discusiones
de
la
reunión
fueron
plasmadas
en
la
Carta
de
Lisboa
que
fue
redactada
por
Darcy
Ribeiro
y
a
través
de
la
cual
se
convocaba
a
la
construcción
de
un
partido
popular,
nacional
y
democrático,
“nosso
PTB”,
que
levantaba
las
banderas
de
todo
aquello
que
había
sido
proscrito
con
el
golpe
de
1964.
El
gran
desafío
que
nosotros,
trabalhistas,
enfrentamos
hoy,
es
el
de
situarnos
en
el
cuadro
político
brasileño
para
ejercer
el
papel
renovador
que
desempeñábamos
antes
de
1964
y
en
razón
del
cual
fuimos
proscritos…
El
desafío
con
que
nos
enfrentamos
es,
por
consiguiente,
el
de
retomar
las
banderas
de
aquella
tentativa
generosa
de
emprender
legalmente
las
reformas
institucionales
indispensables
para
liberar
las
energías
del
pueblo
brasileño…626
En
el
plano
político,
la
carta
establecía
como
prioridad
la
lucha
por
la
amnistía
“amplia,
general
e
irrestricta”
de
todos
los
brasileños
que
eran
perseguidos
por
su
resistencia
a
la
dictadura,
“requisito
indispensable
para
hacer
de
Brasil
una
patria
solidaria,
de
ciudadanos
libres,
emancipados
del
miedo,
de
la
ignorancia
y
de
la
penuria.”627
624
Neiva
Moreira,
op.
Cit.,
p.
415.
625
“Encontro
dos
Trabalhistas
em
Lisboa”,
22
de
agosto
de
1979,
ANB,
Fondo:
CISA,
exp:
A0032578–
1979.
626
Carta
de
Lisboa.
Consultada
en
el
sitio
web
del
Partido
Democrático
Trabalhista
(PDT)
http://www.pdtrs.org.br/14-‐documentos/cartas/13-‐carta-‐de-‐lisboa
627
Ibid.
249
Campaña
por
la
amnistía
en
México
A
mediados
de
los
años
setenta
se
empezaron
a
crear
los
comités
pela
anistía
en
diversas
ciudades
de
Europa
en
donde
para
entonces
se
concentraba
la
mayor
parte
del
exilio
brasileño.628
Al
interior
de
Brasil,
“varias
entidades,
instituciones
ligadas
a
los
derechos
políticos,
humanos
y
religiosos
decidieron
levantar
la
bandera
de
la
amnistía,
tomándola
como
punto
de
partida
para
la
instauración
de
un
Estado
democrático
de
derecho.”629
Las
señales
de
apertura
despertaron
en
la
mayoría
de
los
exiliados
una
inquietud
en
torno
a
la
posibilidad
del
regreso,
por
eso
cada
vez
más
se
fueron
uniendo
a
la
campaña
por
la
aprobación
de
una
ley
que
permitiera
su
reintegración
a
la
sociedad
brasileña.
En
1979
una
delegación
de
legisladores
brasileños
visitó
México.
Entre
ellos
se
encontraban
los
políticos
del
Movimento
Democrático
Brasileiro
(MDB)
–la
oposición
tolerada
durante
la
dictadura–
Tancredo
Neves,
ex
primer
ministro
del
presidente
João
Goulart,
y
Ulysses
Guimarães,
quienes
en
una
reunión
con
un
grupo
de
asilados
dejaron
claro
que
la
amnistía
era
una
posibilidad
real.630
Como
describió
Neiva
Moreira,
entre
los
asilados,
“cualquier
cosa
que
indicase
una
apertura
recorría
la
colonia
como
un
rayo
de
esperanza.”
Por
otro
lado,
el
tema
del
regreso
se
mezclaba
con
la
preocupación
de
qué
hacer
en
Brasil
para
sobrevivir
y
retomar
la
lucha
política.631
Los
comités
por
la
amnistía
que
se
fundaron
en
el
exilio
generalmente
recibieron
la
solidaridad
y
el
apoyo
de
las
sociedades
en
las
que
se
encontraban.
Uno
de
los
casos
más
emblemático
fue
el
del
Comitê
Brasil
pela
Anistia
(CBA)
que
se
fundó
en
París
en
1975
y
recibió
el
apoyo
de
personalidades
y
de
organizaciones
jurídicas,
religiosas
y
humanitarias,
partidos
y
organizaciones
políticas
y
sindicatos
en
Francia.632
628
Rollemberg,
Exílio.
Entre
raízes
e
radares,
op.
Cit.,
p.
246.
629
Claudio
Aguiar,
op.
Cit.,
p.
728.
630
Neiva
Moreira,
op.
Cit.,
p.
413.
631
Ibid.,
p.
414.
632
Rollemberg,
Exílio.
Entre
raízes
e
radares,
op.
Cit.,
p.
247.
250
El
2
de
abril
de
1979
se
constituyó
en
nuestro
país
la
Comunidad
de
Brasileños
en
México
por
la
Amnistía
Amplia,
General
e
Irrestricta
y
por
las
Libertades
Democráticas
en
Brasil.
Su
objetivo
era
conseguir
la
adhesión
y
la
solidaridad
de
todos
aquellos
que
estuvieran
comprometidos
con
la
lucha
por
las
libertades
democráticas.
Se
proponían
también
orientar
la
opinión
pública
mexicana
en
favor
del
movimiento
por
la
amnistía
amplia,
general
e
irrestricta
y
lograr
que
se
constituyera
un
comité
integrado
por
las
fuerzas
democráticas
y
progresistas
de
México.
En
su
visión,
la
amnistía
en
Brasil
no
sólo
debería
incluir
la
liberación
de
todos
los
presos
políticos,
la
rehabilitación
de
los
cesados,
de
los
sumariamente
jubilados,
de
los
perseguidos
políticos
y
el
regreso
de
los
exiliados.
Además,
debía
dar
garantías
a
las
personas
para
reintegrarse
a
la
lucha
una
vez
reincorporados
a
la
vida
pública.
Para
lograr
lo
anterior,
exigían
el
desmantelamiento
del
aparato
represivo,
el
enjuiciamiento
y
castigo
ejemplar
a
los
responsables
y
ejecutores
de
asesinatos,
torturas
y
malos
tratos
a
los
opositores
a
la
dictadura,
la
execración
de
los
métodos
criminales
(torturas,
desapariciones,
etc.)
adoptados
por
el
régimen,
la
investigación
y
el
esclarecimiento
de
las
circunstancias
en
que
habían
desaparecido
muchos
opositores
y
la
derogación
de
la
Ley
de
Seguridad
Nacional633
No
hay
registro
de
todos
aquellos
que
formaron
parte
del
movimiento
por
la
amnistía
en
México,
sin
embargo,
se
conoce
que
Francisco
Julião
participó
como
representante
del
comité
que
se
formó
en
México
en
la
Conferencia
Internacional
por
la
Amnistía
que
se
llevó
a
acabo
entre
el
28
y
el
30
de
junio
de
1979
en
Roma,
organizada
por
la
Liga
Internacional
para
los
Derechos
y
la
liberación
de
los
Pueblos
en
la
que
además
de
varios
brasileños
exiliados
representantes
de
los
comités
constituidos
en
diferentes
países,
participaron
instituciones
de
defensa
de
derechos
humanos,
partidos
y
organizaciones
políticas
y
sindicales
internacionales,
personalidades
extranjeras,
diecisiete
diputados
del
MDB,
representantes
del
movimiento
por
la
amnistía
en
Brasil
y
del
movimiento
sindical.634
633
Comunidad
de
brasileños
en
México
por
la
amnistía
amplia,
general
e
irrestricta
y
por
las
libertades
democráticas
en
Brasil,
“Principios
y
plataforma”,
Ciudad
de
México,
2
de
abril
de
1979.
AGN,
DFS,
Galería
1,
009–010–003.
634
Rollemberg,
Denise,
Exílio.
Entre
raízes
e
radares,
p.
248.
251
Otros
brasileños
activos
en
el
movimiento
pro
amnistía
en
México
fueron
Francisco
Lage
y
Severo
Salles,
quienes
la
víspera
de
la
aprobación
del
proyecto
de
amnistía
enviado
por
el
general
Joao
Baptista
Figueredo
al
Congreso
encabezaron
una
conferencia
en
el
auditorio
de
El
Colegio
de
Economistas
de
la
Ciudad
de
México
en
la
que
si
bien
reconocieron
que
se
trataba
de
un
avance
significativo,
también
criticaron
que
se
tratara
de
un
proyecto
de
amnistía
parcial.
La
amnistía
propuesta
por
la
dictadura
no
es
AMPLIA,
puesto
que
no
contempla
la
forma
de
expresión
de
lucha
armada,
la
cual
se
insertó
dentro
de
las
demás
formas
de
oposición
al
régimen
ilegítimo,
represivo,
y
terrorista
que
se
impuso
en
Brasil
a
raíz
del
golpe
militar
de
1964.
No
es
GENERAL,
porque
no
incluye
todas
las
victimas
de
la
represión
(según
informaciones
de
la
prensa
brasileña,
entre
200
y
300
personas,
aproximadamente,
quedarán
excluidas
del
beneficio;
y
tampoco
es
IRRESTRICTA,
en
la
medida
en
que
mantiene
restricciones
a
la
reincorporación
profesional
de
quienes
serán
beneficiados,
así
como
no
contempla
su
indemnización
en
sueldos
y
por
otros
daños
causados
por
la
represión.635
Según
reportó
la
DFS,
en
la
conferencia
realizada
el
24
de
agosto
de
1979
la
comunidad
de
brasileños
en
México
por
la
amnistía
estuvo
respaldada
por
Hugo
Miranda,
director
de
la
Casa
de
Chile
en
México;
Bernardo
Fonseca,
representante
de
las
centrales
obreras
democráticas
de
México;
Salvador
Paz,
miembro
del
Frente
Sandinista
de
Liberación
Nacional,
por
los
partidos
políticos
de
izquierda:
Partido
Revolucionario
de
los
Trabajadores
(PRT),
Partido
Socialista
de
los
Trabajadores
(PST)
y
Partido
Comunista
Mexicano
(PCM),
y
por
agrupaciones
obreras
democráticas
y
sindicatos
universitarios.636
Entre
otras
cosas,
el
proyecto
de
amnistía
que
finalmente
se
aprobó
en
Brasil
el
28
de
agosto
de
1979
también
fue
criticado
por
la
Comunidad
de
Brasileños
en
México
por
la
Amnistía
Amplia,
General
e
Irrestricta
y
por
las
Libertades
Democráticas
por
dejar
abierta
la
posibilidad
de
que
torturadores
y
asesinos
del
régimen
fueran
635
Miguel
Nazar
Haro,
“Conferencia
sobre
la
amnistía
amplia,
general
e
irrestricta
en
Brasil.”,
Ciudad
de
México,
24
de
agosto
de
1979.
AGN,
DFS,
Galería
1,
009–010–003.
636
Ibid.
252
beneficiados
con
la
misma,
como
efectivamente
ocurrió,
pues
hasta
el
día
de
hoy
la
interpretación
que
se
ha
dado
a
esa
ley
ha
entorpecido
las
investigaciones
e
impedido
que
se
abran
juicios
en
contra
de
los
funcionarios
estatales
que
participaron
en
violaciones
a
los
derechos
humanos
durante
la
dictadura
militar.
Conferencia
que
organizó
la
Comunidad
Brasileña
en
México
por
la
Amnistía
Amplia,
General
e
Irrestricta
y
por
las
Libertades
Democráticas
el
24
de
agosto
de
1979
en
El
Colegio
de
Economistas.
De
izquierda
a
derecha:
María
Eugenia
Jaramillo
(PST);
María
Eugenia
(UTOF);
Severo
Salles
(Exiliado
político
del
Brasil
y
catedrático
de
la
UNAM),
párroco
Francisco
Lage
(asilado
brasileño);
Bernardo
Fonseca
(representante
de
las
organizaciones
democráticas
y
obreras
de
México);
Hugo
Miranda
(director
de
la
Casa
de
Chile
en
México);
Salvador
Paz
(FSLN)
y
Jaime
Valverde
(PRT).
Fuente:
AGN,
Galería
1,
DFS,
exp.
009–010–003.
A
pesar
de
las
deficiencias
señaladas,
la
ley
de
amnistía
abrió
la
puerta
para
el
regreso
a
Brasil
de
aproximadamente
5
mil
exiliados
que
se
encontraban
dispersos
por
el
mundo.
La
gran
mayoría
decidió
regresar
a
su
país
en
el
transcurso
de
los
años
ochenta,
como
ocurrió
con
la
comunidad
de
exiliados
brasileños
en
México.
Formalmente
el
exilio
había
terminado
aunque,
como
aseguran
muchos
de
quienes
lo
vivieron,
el
exilio
en
realidad
se
queda
por
siempre.
253
CONCLUISIONES
Como
se
ha
podido
constatar
en
estas
páginas,
México
fue
un
destino
recurrente
para
el
exilio
brasileño
a
lo
largo
de
los
15
años
que
transcurrieron
entre
el
golpe
de
estado
que
derrocó
al
gobierno
de
João
Goulart
y
la
promulgación
de
la
Ley
de
amnistía
que
permitió
el
regreso
de
miles
de
personas
a
las
que
la
dictadura
impuso
el
destierro.
No
obstante,
nuestro
país
nunca
llegó
a
ser
un
polo
de
concentración
de
los
brasileños
perseguidos,
como
en
ciertas
coyunturas
lo
llegaron
a
ser
países
como
Uruguay,
Chile
o
Francia.
Para
la
mayoría
de
los
brasileños
que
se
exiliaron
en
México,
este
país
apareció
inesperadamente
como
un
destino
posible
en
un
momento
límite,
por
eso,
de
los
10
mil
exiliados
que
se
calcula
que
produjo
la
dictadura
militar
brasileña,
apenas
alrededor
de
dos
centenas
habrían
pasado
por
nuestro
país
entre
1964
y
1979,
de
los
cuales
poco
menos
de
treinta
se
habrían
establecido
con
sus
familias,
el
resto
habría
permanecido
sólo
unos
cuantos
meses
para
después
volar
a
otros
destinos
de
exilio.
El
brasileño
en
México
fue,
pues,
un
exilio
pequeño
y
de
tránsito.
No
obstante,
llegó
a
albergar
a
personajes
de
gran
peso
político
en
Brasil
de
cuyos
pasos
en
el
destierro
la
dictadura
siempre
se
mantuvo
pendiente.
Como
estableció
Denise
Rollemberg,
el
exilio
brasileño
fue
un
fenómeno
que
le
tocó
vivir
a
dos
generaciones
distintas.
Hemos
confirmado
en
este
trabajo
que,
aunque
en
medidas
diferentes,
México
llegó
a
albergar
a
integrantes
de
las
dos
generaciones,
la
de
1964
que
salió
a
raíz
del
golpe,
y
la
de
1968
que
salió
como
consecuencia
del
endurecimiento
del
régimen
militar.
Al
mismo
tiempo,
una
mirada
panorámica
sobre
este
exilio
nos
permitió
constatar
que,
como
observó
Vania
Salles,
estas
generaciones
se
internaron
en
México
fundamentalmente
en
tres
coyunturas
distintas.
En
la
primera
fase
del
exilio,
que
se
dio
entre
1964
y
1966,
identificamos
al
grupo
más
grande
de
exiliados
políticos
brasileños
que
ingresaría
a
México
a
lo
largo
de
toda
la
dictadura
militar.
Una
centena
de
ellos
llegaron
a
México
por
la
vía
del
asilo
diplomático
que
les
concedió
el
embajador
Alfonso
García
Robles
primero,
y
el
encargado
de
negocios,
Roberto
de
Rosenzweig,
después,
en
el
último
año
de
gobierno
del
presidente
Adolfo
López
Mateos,
quien
había
mantenido
una
relación
estrecha
con
254
el
presidente
Goulart
y
cuando
éste
fue
derrocando
marcó
distancia
con
los
militares
brasileños.
La
actitud
que
el
gobierno
de
México
asumió
frente
al
gobierno
de
facto
y
la
recepción
de
decenas
de
perseguidos
políticos
brasileños
en
la
embajada
mexicana
propició
un
enfriamiento
de
las
relaciones
diplomáticas
entre
México
y
Brasil
y
retardó
la
emisión
de
salvoconductos,
ocasionando
que
los
asilados
tuvieran
que
pasar
más
de
dos
meses
encerrados
en
la
legación
diplomática
mientras
se
gestionaba
su
traslado
a
la
ciudad
de
México.
Este
“primer
exilio”
estuvo
integrado
por
hombres
y
algunas
mujeres
que
en
los
últimos
años
habían
participado
de
manera
destacada
en
la
vida
política
de
Brasil,
tanto
en
el
ámbito
gubernamental
y
los
partidos
políticos,
como
en
el
amplio
y
heterogéneo
frente
social
y
militar
de
izquierda
nacionalista
desde
el
cual
sectores
populares
organizados
de
la
sociedad
habían
empujado
junto
al
presidente
Goulart
las
llamadas
Reformas
de
Base.
Aunque
entre
los
asilados
hubo
diputados,
periodistas,
personas
cercanas
a
Goulart
y
figuras
políticas
de
gran
peso,
lo
que
distinguió
a
este
grupo
de
asilados
fue
que
estuvo
integrado
esencialmente
por
obreros
sindicalistas
y
militares
subalternos
de
las
fuerzas
armadas,
la
base
social
del
movimiento
que
respaldaba
al
gobierno
nacional–reformista
de
Goulart
y
que
hacia
1964
habían
logrado
un
nivel
muy
avanzado
de
organización
a
través
del
Comando
Geral
dos
Trabalhadores
(CGT),
los
primeros,
y
de
la
Associação
dos
Marinheiros
e
Fuzileiros
Navais
do
Brasil
(AMFNB),
los
segundos.
A
pesar
de
haber
pertenecido
a
ese
gran
frente
que
empujó
el
proyecto
de
las
Reformas
de
Base,
los
integrantes
de
estas
organizaciones
entraron
en
una
fuerte
confrontación
durante
el
periodo
de
asilo
diplomático
que
pasaron
en
la
embajada
mexicana
por
mantener
diferentes
posiciones
respecto
a
la
forma
en
la
que
se
debía
enfrentar
la
irrupción
de
los
militares.
Mientras
que
el
grupo
de
sindicalistas,
entre
los
que
había
un
expresivo
número
de
militantes
comunistas,
apostaba
por
convocar
a
todas
las
fuerzas
progresistas
para
revertir
pacíficamente
el
golpe
y
regresar
la
presidencia
a
Goulart,
el
grupo
de
marineros,
unido
en
esos
días
de
asilo
a
personalidades
cercanas
a
Leonel
Brizola
y
a
militantes
de
otras
organizaciones
de
255
izquierda
como
Açao
Popular
(AP),
consideraba
que
la
única
forma
de
recuperar
el
país
era
a
través
de
la
acción
armada.
El
desencuentro
de
posiciones
políticas
hizo
que
este
primer
grupo
de
asilados
llegara
y
se
mantuviera
dividido
en
la
ciudad
de
México,
pues
el
grupo
de
militares
subalternos,
mucho
menor
que
el
de
los
sindicalistas
y
comunistas,
fue
excluido
o
no
participó
en
la
Organização
dos
Sindicalistas
Exilados
no
México
(OSEM)
–poco
después
rebautizada
como
Organização
dos
Exilados
Brasileiros
no
México
(OBEM)–,
desde
la
cual
el
exilio
brasileño
mantuvo
la
unidad
y
continuó
la
militancia
política,
esencialmente
a
través
del
Correio
Braziliense,
boletín
semanal
publicado
en
México
que
fue
uno
de
los
pocos
periódicos
publicados
por
el
exilio
brasileño
en
la
década
de
1960,
pues
según
Rollemberg,
la
gran
parte
de
la
prensa
que
los
brasileños
publicaron
en
el
exilio
se
produjo
en
la
década
de
1970.
Entre
los
integrantes
de
este
“primer
exilio”
hubo
muy
poco
interés
por
permanecer
en
la
ciudad
de
México,
lo
que
atribuimos
fundamentalmente
a
factores
de
tipo
económico,
social
y
político,
por
lo
que
la
mayoría
de
ellos
renunció
al
asilo
territorial
y
abandonó
el
país
a
los
pocos
meses,
y
en
algunos
casos
semanas,
de
haber
aterrizado
en
la
ciudad
de
México.
Entre
los
factores
de
tipo
económico
y
social
que
se
vislumbran
como
motivaciones
de
ese
desinterés
por
permanecer
en
México
destacan
las
pocas
opciones
laborales
y
la
dificultad
de
integrarse
a
la
sociedad
mexicana
tanto
por
la
diferencia
del
idioma,
como
por
ser
una
sociedad
más
bien
cerrada
a
la
aceptación
del
extranjero,
sobre
todo
en
el
ámbito
laboral.
Son
recurrentes
los
señalamientos
entre
los
antiguos
exiliados
de
que
en
México
la
condición
de
extranjero
dificultaba
la
integración
laboral,
primero,
por
la
idea
de
que
estaban
quitando
el
trabajo
a
un
mexicano,
y
en
segundo
lugar,
por
carecer
de
una
verdadera
tradición
de
migración.
En
cuanto
a
las
motivaciones
de
tipo
político
que
habrían
tenido
muchos
de
ellos
para
renunciar
al
asilo
y
abandonar
el
país
se
encuentran
los
que
pensando
que
el
exilio
sería
de
sólo
unos
cuantos
meses
prefirieron
trasladarse
a
un
país
fronterizo
con
Brasil,
la
de
quienes
formando
parte
de
alguna
estructura
partidista
encontraron
mejores
condiciones
de
asilo
en
otro
país,
y
finalmente,
la
de
quienes
salieron
de
México
con
la
idea
de
buscar
incorporarse
a
algún
proyecto
de
resistencia
armada
a
la
256
dictadura,
como
habría
sido
el
caso
de
la
mayoría
de
los
militares
subalternos
asilados,
aunque
en
sus
testimonios
se
deja
entrever
que
el
gobierno
mexicano
presionó
para
que
abandonaran
el
país.
Como
se
mencionó,
fueron
pocos
los
asilados
de
este
primer
grupo
que
encontraron
condiciones
para
establecerse
con
su
familia
en
el
país.
Generalmente,
quienes
lograron
insertarse
en
la
vida
laboral
mexicana
eran
profesionistas
que
pudieron
llevar
una
vida
tranquila
en
México,
eso
sí,
ejerciendo
una
militancia
política
muy
discreta
respecto
a
lo
que
sucedía
en
Brasil
y,
obviamente,
evitando
cualquier
participación
en
la
política
mexicana.
Quienes
rebasaron
esos
límites
simplemente
fueron
“invitados”
a
abandonar
el
país.
El
gobierno
mexicano
a
través
de
la
DFS
mantuvo
siempre
bajo
control
los
movimientos
de
los
asilados
brasileños
a
quienes,
a
pesar
de
las
quejas
que
constantemente
se
recibían
por
parte
de
la
embajada
de
Brasil
en
México,
dejó
hacer
y
decir,
aunque
siempre
con
una
tendencia
a
inhibir
el
trabajo
político
conjunto,
y
dejando
pasar
el
individual.
La
llegada
de
Gustavo
Díaz
Ordaz
a
la
presidencia
de
México
a
finales
de
1964
marcó
un
giro
tanto
en
la
relación
de
México
con
el
gobierno
militar
de
Brasil,
como
en
la
receptividad
de
los
asilados
políticos.
Como
se
especulaba
en
los
círculos
políticos
brasileños,
Díaz
Ordaz
recompuso
la
relación
del
gobierno
mexicano
con
los
militares
brasileños
y
a
través
de
su
embajador
en
Brasil,
Vicente
Sánchez
Gavito,
endureció
discretamente
su
política
de
asilo.
Por
un
lado,
cuidaba
el
prestigio
de
México
en
materia
de
asilo,
mientras
que
por
otro,
evitaba
que
la
recepción
de
asilados
se
convirtiera
en
motivo
de
conflicto
con
el
régimen
militar.
Esa
política
que
se
mantuvo
durante
todo
el
sexenio
se
tradujo
en
algunas
negativas
de
asilo
e,
incluso,
en
un
trato
más
hostil
hacia
los
asilados.
No
obstante,
a
lo
largo
de
este
sexenio
fueron
pocas
las
solicitudes
de
asilo
que
se
recibieron
en
la
embajada,
pues
Brasil
se
encontraba
en
un
momento
de
resurgimiento
de
la
protesta
social
y
de
organización
de
los
movimientos
de
oposición
a
la
dictadura.
Estaba
naciendo
la
nueva
generación
que
saldría
al
exilio
a
partir
de
1969,
tras
la
emisión,
en
diciembre
de
1968,
del
AI–5,
que
endureció
al
régimen
e
intensificó
la
represión
en
Brasil.
257
Al
finalizar
la
década
de
1960,
México
volvió
a
aparecer
inesperadamente
como
una
opción
de
asilo
para
grupos
de
brasileños
de
la
nueva
generación
de
perseguidos
políticos.
Se
abrió
así
la
segunda
coyuntura
de
ingreso
de
este
exilio
a
México.
La
singularidad
de
esta
nueva
etapa
como
país
asilante
radica
en
que
el
gobierno
de
México
otorgó
el
asilo,
no
para
proteger
la
vida
o
la
integridad
física
de
veinte
presos
políticos
brasileños,
sino
para
ayudar
a
gobiernos
amigos
–Estados
Unidos,
Japón
y
el
propio
régimen
militar
brasileño–
a
salvar
la
vida
de
dos
diplomáticos
que
habían
sido
capturados
por
organizaciones
armadas,
y
que
a
cambio
de
respetar
la
vida
de
los
funcionarios,
exigieron,
entre
otras
cosas,
la
liberación
y
envío
al
exilio
de
los
presos
políticos.
Estos
dos
grupos
de
asilados
brasileños
que
llegaron
a
México
entre
septiembre
de
1969
y
marzo
de
1970,
estaban
compuestos
por
personas
de
diferentes
tendencias
políticas
de
la
oposición
a
la
dictadura
militar.
Había
desde
militantes
históricos
del
PCB
hasta
dirigentes
estudiantiles
e
integrantes
y
simpatizantes
de
las
organizaciones
de
la
izquierda
revolucionaria
brasileña.
A
pesar
de
haber
sido
protegidos
en
territorio
mexicano,
los
presos
políticos
eran
calificados
en
documentos
internos
del
gobierno
de
México
como
pertenecientes
a
grupos
terroristas
y
durante
su
estancia
en
el
país
estuvieron
bajo
vigilancia
policial
permanente,
lo
que
sin
duda
contribuyó
a
que
todos,
con
excepción
de
dos
de
ellos,
decidieran
buscar
otro
país
de
asilo
que
la
gran
mayoría
encontró
en
Cuba.
Por
su
parte,
los
dos
brasileños
que
decidieron
permanecer
en
México
fueron
acogidos
por
la
comunidad
de
brasileños
exiliados
que
ya
vivía
en
el
país
y
por
algunos
otros
mexicanos
que
facilitaron
su
integración
al
mismo.
De
acuerdo
con
Cristina
Pinheiro,
la
etapa
más
dura
para
el
exilio
brasileño
fueron
los
primeros
años
de
la
década
de
1970
que
también
fueron
los
años
más
feroces
de
la
represión
en
Brasil.
La
desarticulación
de
las
organizaciones
armadas
y
la
represión
generalizada
lanzó
nuevamente
al
exilio
a
una
gran
cantidad
de
brasileños
que,
en
su
mayoría
encontraron
en
Chile
un
lugar
privilegiado
de
exilio,
pues
además
de
poder
mantenerse
en
activo
políticamente,
podrían
atestiguar
los
primeros
años
del
gobierno
socialista
de
Salvador
Allende.
258
No
obstante,
tras
el
golpe
que
derrocó
al
gobierno
de
la
Unidad
Popular,
los
militares
chilenos
asumieron
una
actitud
xenófoba
y
desataron
una
persecución
contra
los
extranjeros
latinoamericanos
que
se
encontraban
en
ese
país,
acusándolos
de
formar
parte
de
un
ejército
de
terroristas.
En
esa
coyuntura,
la
embajada
de
México
en
Santiago,
que
se
abrió
de
manera
ejemplar
a
cientos
de
chilenos,
apareció
también
como
una
posibilidad
de
asilo
para
un
pequeño
grupo
de
brasileños.
Fue
así
como
México
recibió
una
tercera
ola
de
exiliados
de
origen
brasileño
que
tenían
la
particularidad
de
ser
perseguidos
en
su
país
de
exilio,
se
trataba,
pues,
de
un
exilio
que
salía
a
un
nuevo
exilio,
conformado
mayoritariamente
por
personas
jóvenes,
estudiantes
y
algunos
de
ellos
militantes
de
las
organizaciones
revolucionarias.
Muchos
de
ellos
tenían
la
categoría
de
“banidos”
en
Brasil,
pues
habían
salido
de
ese
país
en
intercambio
por
algún
diplomático
capturado
por
las
organizaciones
de
izquierda
armadas.
En
la
coyuntura
del
golpe
en
Chile,
la
mayoría
de
los
países
de
América
Latina
se
cerró
al
exilio
brasileño.
Tristemente,
con
todo
y
su
tradición
de
asilo
México
no
fue
la
excepción,
pues
ese
grupo
que
protegió
en
su
embajada
en
Santiago
fue
notificado
al
llegar
a
la
Ciudad
de
México
que
tendría
que
buscar
otro
país
de
asilo;
que
su
estancia
en
México
sería
únicamente
transitoria.
Las
puertas
que
el
gobierno
de
Luis
Echeverría
abrió
cálidamente
y
de
par
en
par
al
exilio
chileno,
fueron
cerradas
al
mismo
tiempo
a
otros
exilios
latinoamericanos,
entre
ellos,
el
brasileño.
Sin
duda,
este
episodio
obliga
a
matizar
la
reputación
de
México
como
país
protector
de
perseguidos
políticos,
pero
sobre
todo
esa
idea
generalizada
que
existe
sobre
la
recepción
irrestricta
del
exilio
sudamericano
durante
la
segunda
mitad
del
siglo
XX.
Sin
embargo,
esa
idea
tampoco
se
creó
en
el
vacío.
Desde
luego
que
proviene
de
la
importante
recepción
que
efectivamente
se
dio
en
México
en
la
década
de
los
setenta
a
miles
de
sudamericanos
no
sólo
de
origen
chileno,
sino
también
argentino,
uruguayo
e,
incluso
que
alcanzó
a
beneficiar
a
unos
cuantos
brasileños
que
sí
fueron
acogidos
en
México
gracias
a
contactos
o
redes
académicas
que
intercedieron
por
ellos
ante
el
gobierno
mexicano
para
que
se
les
concedieran
permisos
de
entrada
al
país,
de
estudio
y/o
de
trabajo.
En
estos
casos
se
trató
fundamentalmente
de
259
académicos
de
importante
reputación
que
fueron
acogidos
por
instituciones
académicas
mexicanas
y
que
no
ingresaron
bajo
la
figura
migratoria
de
asilado,
sino
de
turista,
visitante
u
otra.
Esa
apertura
selectiva
permitió,
no
obstante,
que
en
los
últimos
años
del
destierro
se
reuniera
en
México
un
grupo
de
importante
peso
político
del
exilio
brasileño.
La
confluencia
en
este
país
de
Francisco
Julião,
Teothonio
Dos
Santos,
Neiva
Moreira
y
Herbert
José
de
Souza
Betinho
propiciaron
que
México
se
convirtiera
en
un
punto
importante
para
la
reorganización
del
movimiento
Trabalhista
que,
la
víspera
de
la
amnistía
en
Brasil
echó
a
andar
desde
su
exilio
en
Nueva
York
el
líder
de
la
izquierda
nacionalista
brasileña,
Leonel
Brizola,
proceso
en
el
que,
según
los
testimonios
recabados,
el
gobierno
de
México
y
el
Partido
Revolucionario
Institucional
(PRI)
tuvieron
un
gran
interés
y
siguieron
muy
de
cerca.
Finalmente,
los
últimos
años
del
exilio
ponen
al
descubierto
a
una
comunidad
de
brasileños
exiliados
en
México
que
ante
la
posibilidad
del
regreso
reactiva
su
militancia
y
se
suma
con
gran
determinación
al
gran
movimiento
internacional
por
la
amnistía
“amplia,
general
e
irrestricta”
que
empujó
la
aprobación
de
una
ley
que
puso
fin
de
manera
formal
al
exilio
y
abrió
la
posibilidad
del
regreso.
A
pesar
de
haber
sido
pequeño
y
en
muchos
casos
involuntario,
sin
duda
el
exilio
brasileño
tuvo
en
México
uno
de
los
destinos
más
importantes
en
América
Latina.
Como
ya
se
dijo,
nunca
fue
un
lugar
de
gran
concentración
pero
sí
fungió
como
lugar
de
tránsito
hacia
otros
países
de
asilo,
especialmente
hacia
Cuba,
pues
este
exilio,
compuesto
por
muchos
jóvenes
admiradores
de
la
revolución
cubana,
supo
aprovechar
estratégicamente
la
relación
excepcional
que
México
mantuvo
con
la
isla
durante
la
guerra
fría.
Sería
muy
interesante
profundizar
en
las
características
y
motivaciones
de
ese
tránsito
constante
de
exiliados
que
llegan
a
México
y
terminan
por
asilarse
en
Cuba.
En
una
etapa
posterior,
sobre
todo
en
los
años
setenta,
México
también
figuró
como
un
destino
que
en
general
ofreció
las
condiciones
para
continuar
el
trabajo
intelectual
y
militante,
como
lo
demuestra,
por
ejemplo,
la
publicación
de
Cuadernos
del
Tercer
Mundo.
Lo
anterior
no
es
un
asunto
menor,
pues
uno
de
los
aspectos
que
260
caracterizan
a
este
exilio
es
el
alto
grado
de
politización
de
sus
integrantes
en
todas
las
etapas
del
exilio.
Como
ya
se
detalló,
la
respuesta
que
el
gobierno
mexicano
ofreció
a
los
perseguidos
políticos
del
régimen
militar
brasileño
no
fue
uniforme;
varió
en
función
de
la
coyuntura,
de
los
perfiles
políticos
de
los
exiliados
y
de
la
voluntad,
las
posturas
ideológicas
y
las
percepciones
sobre
lo
que
sucedía
en
Brasil
de
quien
estaba
al
frente
del
gobierno
de
México,
de
sus
representantes
ante
ese
país
y
de
sus
autoridades
migratorias.
Por
otro
lado,
el
perfil
sociopolítico
de
los
exiliados
también
se
fue
modificando
al
tiempo
que
una
generación
de
perseguidos
fue
dando
paso
a
una
segunda,
en
función
de
lo
que
el
régimen
militar
brasileño
fue
considerando
una
amenaza
para
su
permanencia
en
el
poder.
Así
también
fueron
cambiando
las
vías
de
ingreso
a
nuestro
país,
en
la
medida
en
que
los
perseguidos
también
variaron
las
formas
de
salir
de
Brasil,
y
de
que
las
embajadas
se
cerraran
al
asilo
ó,
como
en
el
caso
de
la
mexicana,
decidiera
en
algún
momento
aplicar
de
manera
más
estricta
las
convenciones
interamericanas
de
asilo.
El
brasileño
es
uno
de
esos
casos
que
develan
actitudes
del
gobierno
mexicano
en
materia
de
asilo
político
que
no
siempre
corresponden
a
la
imagen
consagrada
que
se
tiene
de
México
como
país
de
puertas
abiertas
a
los
perseguidos
políticos,
pues
muestra
cómo
la
política
de
protección
hacia
las
migraciones
políticas
no
ha
tenido
una
aplicación
homogénea.
Que
si
bien
en
coyunturas
se
ha
aplicado
de
manera
ejemplar
y
solidaria,
también
ha
habido
otras
en
las
que
su
aplicación
ha
sido
selectiva
y
ha
dependido
en
buena
medida
de
la
voluntad
y
los
vaivenes
de
los
gobiernos
en
turno.
No
se
trata
de
una
observación
que
se
haga
por
primera
vez,
sino
de
un
caso
en
específico
que
lo
documenta.
Si
en
México
los
migrantes
políticos
han
sido
en
algunos
casos
tolerados,
en
otros
acogidos
y
en
algunos
otros
incentivados
como
observó
Claudia
Fedora
Rojas,
637
podríamos
decir
que
el
caso
brasileño
fue
el
de
un
exilio
tolerado
de
más
a
menos,
pues
mientras
en
la
primera
fase
el
gobierno
de
México
abrió
las
puertas
a
un
gran
637
Claudia
Fedora
Rojas
Mir,
op.
Cit.,
p.
162.
261
contingente
de
brasileños
perseguidos
por
el
régimen
militar,
con
la
llegada
de
Díaz
Ordaz
a
la
presidencia
de
México
y
el
cambio
de
perfil
de
los
exiliados,
la
apertura
a
la
recepción
de
asilados
de
origen
brasileño
se
fue
haciendo
cada
vez
menor
y
más
compleja.
El
exilio
brasileño
descubre
nuevas
formas
de
entender
a
México
como
país
protector
de
perseguidos
políticos.
En
cada
etapa
múltiples
y
fascinantes
historias
aguardan
la
posibilidad
de
ser
descubiertas.
Esperamos
con
este
trabajo
haber
contribuido
a
establecer
un
marco
general
a
partir
del
cual
se
puedan
ir
dibujando
de
manera
más
nítida
los
contornos
y
detalles
de
un
exilio
latinoamericano
que
ha
esperado
bastante
tiempo
para
ello.
262
263
FUENTES
Documentales
México
–Archivo
General
de
la
Nación.
–Archivo
Histórico
Genaro
Estrada
de
la
Secretaría
de
Relaciones
Exteriores.
–Archivo
de
la
Palabra
(FFyL–UNAM).
Brasil
–Arquivo
Nacional
–Arquivo
Histórico
do
Itamaraty
do
Ministerio
das
Relações
Exteriores,
Brasil.
–Arquivo
Público
do
Estado
de
São
Paulo.
–Centro
de
Documentação
e
memoria
da
Universidade
Estadual
Paulista,
São
Paulo.
–Archivo
personal
de
la
profesora
Josina
María
Albuquerque
Lopes
de
Godoy
ubicado
en
Caldas
Novas,
Goias,
Brasil.
–Arquivo
da
Memoria
Operaria.
(RJ)
–Arquivo
Estadual
de
Rio
de
Janeiro
Digitales
–Archivo
personal
de
Ruy
Mauro
Marini.
sitio
web:
http://www.mariniescritos.unam.mx/002_memoria_marini_esp.html
Hemerográficas
Brasil
Correio
da
manhã
O
Globo
O
Jornal
Diario
de
Notícias
Jornal
do
Brasil
Jornal
de
Comercio
Tribuna
da
Imprensa
Ultima
Hora
O
Pasquim
México
Excélsior.
La
Crónica
Novedades
Orales
264
Entrevista
realizada
a
Flavio
Tavares
por
Daniela
Morales
Muñoz,
30
de
noviembre
de
2013,
Porto
Alegre,
Brasil.
Entrevista
realizada
a
Maria
Lucia
Taylor
por
Daniela
Morales
Muñoz,
23
de
abril
de
2014,
México,
D.F.
Entrevista
realizada
a
Josina
Maria
Albuquerque
Lopes
de
Godoy
por
Daniela
Morales
Muñoz,
26
y
27
de
julio
de
2014
en
Caldas
Novas,
Goias,
Brasil.
Entrevista
realizada
a
Marcelo
Abramo
por
Daniela
Morales
Muñoz,
25
de
septiembre
de
2014,
México,
D.F.
Entrevista
realizada
a
Theotonio
Dos
Santos
por
Daniela
Morales
Muñoz,
25
de
febrero
de
2015,
Río
de
Janeiro,
Brasil.
Entrevista
realizada
a
Reinaldo
Guarany
por
Daniela
Morales
Muñoz,
4
de
abril
de
2015
en
Rio
de
Janeiro,
Brasil.
Entrevista
realizada
a
Estela
Scheinvar
por
Daniela
Morales
Muñoz,
7
de
abril
de
2015,
Río
de
Janeiro,
Brasil.
Entrevista
realizada
a
Victor
Medeiros
do
Paço
por
Daniela
Morales
Muñoz,
19
de
mayo
de
2015
en
São
Paulo,
Brasil.
Entrevista
realizada
a
Vania
Bambirra
por
Daniela
Morales
Muñoz,
9
de
julio
de
2015
en
Río
de
Janeiro,
Brasil.
Entrevista
realizada
a
Beatriz
Bissio
por
Daniela
Morales
Muñoz,
21
de
agosto
de
2015
en
Río
de
Janeiro,
Brasil.
Entrevista
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Clovis
Brigagão
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2015
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Río
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Operación
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Cultura
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Relaciones
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De
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extrañas.
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estudio
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la
inmigración
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Antropología
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Historia,
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Anthony
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repressão.
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autoritarismo
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Chile
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Argentina,
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Pinheiro
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5
mil
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la
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Mèxic,
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1964
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do
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O
movimiento
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Rodríguez
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política
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asilo
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“Migrantes
y
trashumantes:
percepciones
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Instituto
de
Cultura
de
la
Ciudad
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México,
Babel.Ciudad
de
México,
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de
Cultura
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la
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do
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Maestría,
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Brasil
1964–19??
De
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1,
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Livramento,
1978.
Villanueva
Velasco,
Mario
Antonio,
“Brasil.
Ámelo
o
déjelo.
El
caso
del
exilio
de
académicos
brasileños
en
México
y
sus
aportes,”
ponencia
presentada
en
las
II
Jornadas
de
Trabajo
sobre
Exilios
Políticos
del
Cono
Sur
en
el
siglo
XX,
5,
6
y
7
de
noviembre
de
2014,
Montevideo,
Uruguay.
En
Memoria
Académica.
Disponible
en:
http://jornadasexilios.fahce.unlp.edu.ar/ii-‐jornadas/actas-‐2014/VillanuevaVelasco.pdf
Wagner
William,
“O
prieiro
voo
do
Condor”
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Revista
Brasileiros,
Número
65,
19
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diciembre
de
2012,
Brasil.
Yankelevich,
Pablo
“La
Comisión
Argentina
de
Solidaridad.
Notas
para
el
estudio
de
un
sector
del
exilio
argentino
en
México”
en
Pablo
Yankelevich
(Coord.),
México,
país
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La
experiencia
de
los
exilios
en
el
siglo
XX,
México,
Instituto
Nacional
de
Antropología
e
Historia,
Plaza
y
Valdés,
2002,
pp.
281–302.
TESIS
Castellanos,
Diana
Guadalupe
Hidalgo,
“Um
olhar
na
vida
de
exílio
de
Francisco
Julião”,
2002,
tesis
maestría,
Universidade
de
São
Paulo,
São
Paulo,
Brasil.
Da
Cruz,
Fabio
Lucas,
“Frente
Brasileño
de
Informaciones
e
Campanha:
Os
jornais
de
brasileiros
exilados
no
Chile
e
na
França
(1968–1979),
2010,
Tesis
Maestría,
Universidade
de
São
Paulo,
São
Paulo,
Brasil.
Rojas
Mira,
Claudia
Fedora,
“El
exilio
político
chileno:
La
Casa
de
Chile
en
México
(1973–1993),
una
experiencia
singular”,
Tesis
de
doctorado
en
Estudios
Americanos
con
mención
en
historia
de
la
Universidad
de
Santiago
de
Chile,
Santiago,
2013.
270
271
ANEXO
1
Relación
de
brasileños
asilados
en
la
embajada
de
México
en
Brasil.
1964–1979.
NOMBRE
EDAD
OFICIO
Y/O
FECHA
DE
VIAJE
A
MILITANCIA
ASILO.
MÉXICO.
ANTES
DE
SALIR
AL
EXILIO.
1.
Max
da
Costa
42
años.
Diputado
federal
2
de
abril
de
13
de
julio
de
Santos.
(PSB).
1964.
1964.
2.
Manoel
37
años.
Policía
Militar
2
de
abril
de
No
viajó.
Belmiro
da
1964.
Desistió
del
Costa.
asilo.
3.
Thales
Fleury
39
años.
Capitán
de
2
de
abril
de
18
de
junio
de
de
Godoy.
Fragata
y
1964.
1964.
militante
del
PCB.
4.Ivo
Mendes
39
años.
Dentista.
Militante
3
de
abril
de
25
de
mayo
de
Morem.
del
PCB.
1964.
1964.
5.
Antonio
39
años.
Policía
Militar.
3
de
abril
de
No
viajó.
Senna
Pires.
1964.
Desistió
del
asilo.
6.
Lafayette
de
24
años.
Marinero.
AMFNB
3
de
abril
de
15
de
junio
de
Souza
Spinola.
1964.
1964.
7.Josina
María
35
años.
Maestra.
4
de
abril
de
15
de
junio
de
Albuquerque.
1964.
1964.
8.
Alipio
35
años.
Ex
sacerdote
5
de
abril
de
15
de
junio
de
Cristiano
de
católico.
Mlitante
1964.
1964.
Freitas.
de
AP.
9.Severino
28
años.
Marinero.
AMFNB
5
de
abril
de
28
de
mayo
de
Manoel
do
1964.
1964.
Nascimento.
10.
Otacilio
23
años.
Marinero.
AMFNB.
6
de
abril
de
1
de
junio
de
Pereira
da
Silva.
1964.
1964.
11.
Celso
Carlos
27
años.
Marinero.
AMFNB
7
de
abril
de
25
de
mayo
de
da
Silva.
1964.
1964.
12.
Marco
22
años.
Marinero.
7
de
abril
de
28
de
mayo
de
Antonio
da
Silva
Vicepresidente
de
1964.
1964.
Lima.
la
AMFNB.
13.
Braulio
34
años.
Periodista
ligado
a
7
de
abril
de
1
de
junio
de
Ferreira
Da
la
AMFNB.
1964.
1964.
Costa.
14.
Renato
38
años.
Periodista
ligado
a
7
de
abril
de
1
de
junio
de
Pereira
Dias.
la
AMFNB.
1964.
1964.
15.
José
Duarte
23
años.
Marinero.
7
de
abril
de
28
de
mayo
de
272
Dos
Santos.
AMFNB
1964.
1964.
16.
Edival
¿?
Marinero.
7
de
abril
de
¿?
Augusto
de
AMFNB.
1964.
Melo.
17.
Raymundo
31
años.
Marinero.
7
de
abril
de
15
de
junio
de
Jerónimo
Silva
AMFNB.
1964.
1964.
Vieira.
18.
Belarmino
35
años.
Marinero.
7
de
abril
de
¿?
Alfredo
Dos
AMFNB
1964.
Santos.
19.
Fabio
28
años.
AP.
7
de
abril
de
No
viajó.
Rogerio
1964.
Desistió
del
Innecco.
asilo.
20.
Katia
Do
22
años.
Estudiante.
7
de
abril
de
15
de
junio
de
Prado
1964.
1964.
Valladares.
21.
Peregrino
26
años.
Sindicalista
8
de
abril
de
25
de
mayo
de
Romay.
petrolero
y
1964.
1964.
militante
del
PCB.
22.
Ricardo
20
años.
Estudiante.
9
de
abril
de
1
de
junio
de
Ferreira
Varzea.
1964.
1964.
23.
José
23
años.
Marinero.
9
de
abril
de
No
viajó.
Anselmo
Dos
Presidente
de
la
1964.
Desistió
del
Santos.
AMFNB
asilo
el
23
de
mayo
de
1964.
24.
Edgar
de
23
años.
Fusilero
Naval.
9
de
abril
de
¿?
Aquino
Duarte.
AMFNB
1964.
25.
Fabio
Moura
27
años.
Estudiante.
10
de
abril
de
¿?
de
Oliveira.
1964.
26.
Glimauro
26
años.
Sindicalista
10
de
abril
de
28
de
mayo
de
Rocha
Portilho.
petrolero.
1964.
1964.
27.
Plinio
38
años.
Sindicalista
10
de
abril
de
¿?
Petersen
petrolero.
1964.
Pereira.
28.
Francisco
44
años.
Profesor
10
de
abril
de
1
de
junio
de
Heron
de
Universitario.
1964.
1964.
Alencar.
Militante
del
PCB.
29.Felix
31
años.
Periodista.
10
de
abril
de
¿?
Augusto
de
1964.
Athayde.
30.
Luiz
Mario
46
años.
Sindicalista.
10
de
abril
de
15
de
junio
de
Camargo
Xavier.
Militante
PCB.
1964.
1964.
31.
Rodolfo
26
años.
Sindicalista
11
de
abril
de
28
de
mayo
de
Oswaldo
Petrobrás.
1964.
1964.
Konder.
273
32.José
Thiago
28
años.
PSB
11
de
abril
de
15
de
junio
de
Cintra.
1964.
1964.
33.
Josías
26
años.
Sindicalista
13
de
abril
de
28
de
mayo
de
Jacinto
Muniz.
Petrobrás.
1964.
1964.
34.
Victor
35
años.
Ingeniero
13
de
abril
de
28
de
mayo
de
Medeiros
do
petrolero.
1964.
1964.
Paço.
35.
Abigail
24
años.
Profesoras.
11
ó
13
de
15
de
junio
de
Pereira
Nuñez.
abril
de
1964.
1964.
36.
Oswaldo
45
años.
Secretario
general
14
de
abril
de
13
de
julio
de
Pacheco
da
del
CGT.
1964.
1964.
Silva.
37.
Ubaldino
35
años.
Sindicalista
14
de
abril
de
25
de
mayo
de
Santos.
Estibadores.
1964.
1964.
38.José
35
años.
Periodista.
15
de
abril
de
Desistió.
Aparecido
de
1964.
Oliveira.
39.
Almeida
Dos
33
años.
PSB
15
de
abril
de
13
de
agosto
Santos
Sare.
1964.
de
1964.
40.
Clovis
Ferro
44
años.
Diputado
Federal
15
de
abril
de
Desistió.
Costa.
FPN.
1964.
41.
Abelardo
30
años.
Sargento
militar.
15
de
abril
de
25
de
mayo
de
José
de
1964.
1964.
Sant´Anna.
42.
Moacyr
35
años.
Profesor.
17
de
abril
de
28
de
agosto
Vasconcellos.
1964.
de
1964.
43.
Luiz
Claudio
29
años.
Diputado
y
19
de
abril
de
28
de
mayo
de
Braga
Duarte.
sindicalista
1964.
1964.
ferroviário.
44.
Paulo
41
años.
Periodista.
20
de
abril
de
Desistió.
Cavalcanti
1964.
Valente.
45.
Alberto
37
años.
Sindicalista
20
de
abril
de
28
de
mayo
de
Pires
Barbosa.
portuário.
1964.
1964.
46.Joédimo
de
27
años.
PCB.
27
de
abril
de
25
de
mayo
de
Castro
Peixoto.
1964.
1964.
47.
Antonio
¿?
Sindicalista
24
de
abril
de
25
de
mayo
de
Lopes
de
Ferroviario.
1964.
1964.
Wanderley
da
Silva.
48.
Olimpo
23
años.
Unión
Brasileira
24
de
abril
de
1
de
junio
de
Gonçalves
de
Estudantes
1964.
1964.
Mendes.
Secundaristas.
49.
Ana
Lima
49
años.
PCB
y
Liga
27
de
abril
de
1
de
junio
de
Carmo.
Femenina
de
1964.
1964.
274
Guanabara.
50.
Alberto
52
años.
Periodista
y
PCB.
27
de
abril
de
1
de
junio
de
Carmo.
1964.
1964.
51.
Osmildo
38
años.
Sindicalista
30
de
abril
de
25
de
mayo
de
Stafford
da
bancário.
1964.
1964.
Silva.
52.
Luiz
Viegas
41
años.
Sindicalista
30
de
abril
de
25
de
mayo
de
da
Motta
Lima.
bancário.
1964.
1964.
53.
Humberto
43
años.
Sindicalista
30
de
abril
de
25
de
mayo
de
Menezes
bancário.
1964.
1964.
Pinheiro.
54.
Marina
27
años.
Secretaria.
21
de
mayo
de
¿?
Ferreira.
1964.
55.
João
Cézar
25
años.
Estudiante.
UNE.
4
de
mayo
de
18
de
junio
de
Roxo
Nicolussi.
1964.
1964.
56.
Vitelbino
35
años.
Sindicalista
5
de
mayo
de
28
de
mayo
de
Ferreira
de
metalúrgico.
1964.
1964.
Souza.
57.
Djaci
36
años.
Asesor
jurídico
de
4
de
mayo
de
1
de
junio
de
Magalhaes
Miguel
Arraes.
1964.
1964.
Florencio.
58.
Aluizio
42
años.
Representante
11
de
mayo
de
18
de
junio
de
Palhano
CGT.
1964.
1964.
Pedreira
Ferreira.
59.
Yvan
Senra
28
años.
Abogado
11
de
mayo
de
18
de
juniod
e
Pessanha.
sindicatos.
1964.
1964.
60.
Carlos
24
años.
AMFNB.
11
de
mayo
de
18
de
junio
de
Alcides
Pinheiro
1964.
1964.
de
Araujo.
61.
Dantes
43
años.
Sindicalista
11
de
mayo
de
Desistió.
Edmundo
bancário.
1964.
Montes
Jr.
62.
Paulo
Stuart
30
años.
Diputado
Estatal
12
de
mayo
de
¿?
Wright.
PSP.
1964.
63.
José
34
años.
Marinero.
13
de
mayo
de
¿?
Medeiros
AMFNB.
1964.
Dantas.
64.
Lair
30
años.
Marinero.
13
de
mayo
de
¿?
Cornelio
AMFNB.
1964.
Rumão.
65.
Marcos
42
años.
PCB.
17
de
mayo
de
13
de
julio
de
Jaimovich.
1964.
1964.
66.
Gildo
Mario
41
años.
Auxiliar
de
Miguel
17
de
mayo
de
18
de
junio
de
Porto
Guerra.
Arraes.
1964.
1964.
275
67.
Hezir
26
años.
Profesora
y
25
de
mayo
de
18
de
junio
de
Marins
Senra
presidenta
del
1964.
1964.
Pessanha.
Frente
Nacionalista
Femenino.
68.Renato
de
50
años.
Diputado
PTB.
27
de
mayo
de
18
de
junio
de
Moraes
Santos.
1964.
1964.
69.
Inacio
de
36
años.
Periodista.
29
de
mayo
de
18
de
junio
de
Loiola
Alencar
1964.
1964.
Filho.
70.
Aurea
¿?
PCB.
10
de
junio
de
13
de
julio
de
Celeste
Moura.
1964.
1964.
71.
Helio
Vieria
¿?
Publicista.
9
de
junio
de
13
de
julio
de
de
Almeida.
1964.
1964.
72.
Breno
28
años.
Piloto
del
12
de
junio
de
13
de
julio
de
Capistrano
presidente
1964.
1964.
Brandão.
Goulart.
73.
María
29
años.
Esposa
del
12
de
junio
de
Desistió.
Cándida
anterior.
1964.
Asilo
Eugenio
de
provisional.
Melo
Capistrano.
74.
Geraldo
31
años.
Presidente
de
la
15
de
junio
de
13
de
julio
de
Pimentel.
Asociación
de
1964.
1964.
cortadores
de
diamantes.
75.
Eduardo
36
años.
Economista
15
de
junio
de
13
de
julio
de
Quintillano
da
PETROBRAS.
1964.
1964.
Fonseca
Sobral.
76.
João
Crispim
37
años.
Director
sindical
15
de
junio
de
13
de
julio
de
Pimentel.
de
la
Asociación
1964.
1964.
de
cortadores
de
diamantes.
77.
Eugenio
50
años.
Ex
secretario
15
de
junio
de
13
de
julio
de
Cailard
Ferreira.
particular
del
1964
y
3
de
1964.
presidente
noviembre
de
Goulart.
1965.
78.
José
Milton
32
años.
Sindicalista
12
de
junio
de
13
de
julio
de
Galvão
Campos.
PETROBRAS.
1964.
1964.
79.
Adelino
32
años.
Sindicalista
17
de
junio
de
13
de
julio
de
Nogueira
PETROBRAS
y
1964.
1964.
Cerqueira.
PCB.
80.
Pedro
María
33
años.
Periodista.
23
de
junio
de
13
de
julio
de
Trompowsky
1964.
1964.
Toulois
Netto.
276
81.
Carlos
51
años.
Presidente
15
de
julio
de
27
de
julio
de
Taylor
da
Cunha
Confederación
de
1964.
1964.
Mello.
Servidores
Públicos
y
militante
del
PCB.
82.Isaac
39
años.
PCB.
14
de
5
de
octubre
Scheinvar.
septiembre
de
de
1964.
1964.
83.
Wanda
23
años.
Periodista.
PCB.
7
de
octubre
9
de
Cándida
de
de
1964.
noviembre
de
Almeida
1964.
Santiyana.
84.
José
María
53
años.
Periodista.
PCB.
9
de
octubre
21
de
Crispim.
de
1964.
diciembre
de
1964.
85.
Wiliam
25
años.
Periodista.
9
de
octubre
Desistió.
Roberto
de
PCB.
de
1964.
Oliveira
Lacerda.
86.
Alvaro
63
años.
PCB.
21
de
octubre
19
de
Coelho
Faria..
de
1964.
noviembre
de
1964.
87.
Maria
28
años.
Abogada
de
las
12
de
enero
de
14
de
marzo
de
Ceáiles
Novares
Ligas
Campesinas.
1965.
1965.
Barreto.
88.
Ruy
Mauro
32
años.
ORM–POLOP
19
de
enero
de
14
de
marzo
de
de
Araujo
1965.
1965.
Marini.
89.
José
Mendes
37
años.
Sargento
del
23
de
febrero
30
de
mayo
de
de
Sá
Roriz.
Ejército
retirado.
de
1965.
1965.
90.
José
de
Jesús
¿?
Estudiante
y
30
de
abril
de
30
de
mayo
de
Cremonesi.
militante
del
1965.
1965.
(Venezolano)
Frente
de
Liberación
Nacional
de
Venezuela.
91.Luiz
Carlos
37
años.
Sargento
militar.
30
de
agosto
11
de
Dos
Prazeres.
de
1965.
noviembre
de
1965.
92.
João
¿?
Sargento
militar.
3
de
30
de
Barbosa
do
noviembre
de
diciembre
de
Nascimento.
1965.
1965.
93.
Francisco
50
años.
Abogado
fundador
28
de
octubre
30
de
Julião.
de
las
Ligas
de
1965.
diciembre
de
Campesinas.
1965.
277
94.
Francisco
49
años.
Sacerdote
29
de
octubre
30
de
Lage.
católico.
de
1965.
diciembre
de
1965.
95.
Claudio
27
años.
Estudiante.
9
de
30
de
Augusto
noviembre
de
diciembre
de
Colombani.
1965.
1965.
96.
Antonio
20
años.
¿?
9
de
30
de
Quiñones
Peiri.
noviembre
de
diciembre
de
(Español)
1965.
1965.
97.
Sinval
de
32
años.
¿?
24
de
30
de
Oliveira
noviembre
de
diciembre
de
Bambirra.
1965.
1965.
98.
Mauro
¿?
Miliar.
2
de
1
de
marzo
de
Ribeiro
Alves.
noviembre
de
1966.
1965.
99.
Raimundo
20
años.
Estudiante.
PORT.
12
de
agosto
23
de
agosto
Correia
de
de
1966.
de
1966.
Oliveira
Cavalcanti.
100.
Paulo
Alves
25
años.
Marino.
26
de
junio
de
23
de
agosto
Conserva.
AMFNB.
1966.
de
1966.
101.
Adelzito
¿?
Militar.
¿?
23
de
agosto
Bezerra
de
1966.
Cordeira.
102.
Edilton
¿?
Marino.
¿?
23
de
agosto
Swarovksi.
AMFNB.
de
1966.
103.
Adão
24
años.
Estudiante.
22
de
agosto
Desistió.
Fagundes
de
de
1966.
Aquino.
104.
Herbert
31
años.
AP.
26
de
Desistió.
José
de
Souza.
diciembre
de
“Betinho”
1966.
105.
Selva
¿?
Sargento
militar.
29
de
abril
de
9
de
Correa
Mendes.
1968.
septiembre
de
1968.
106.
Jefferson
54
años.
Coronel
del
6
de
mayo
de
18
de
cardim
de
Ejército
brasileño.
1968.
septiembre
de
Alencar
Osorio.
1968.
107.
Victor
Luiz
21
años.
Soldado.
6
de
mayo
de
12
de
agosto
Papandreu.
1968.
de
1968.
108.
Paulo
26
años.
Marinero.
22
de
julio
de
2
de
octbre
de
Caires
Quintal.
AMFNB.
1968.
1968.
109.
Hermano
41
años.
Diputado
federal.
7
de
enero
de
20
de
abril
de
de
Deus
Nobre
1969.
1969.
Alvest.
278
110.
Marcelo
21
años.
Estudiante.
26
de
marzo
de
27
de
julio
de
Augusto
1969.
1969.
Abramo.
111.Edmundo
57
años.
Periodista.
28
de
enero
de
29
de
junio
de
Moniz
de
1969.
1969.
Aragão.
112.Enrico
47
años.
Periodista.
20
de
octubre
6
de
mayo
de
Czaczekes
de
1969.
1970.
Sachs.
113.
Pura
Lopes
39
años.
Médico.
2
de
febrero
de
6
de
mayo
de
Cortes.
1970.
1970.
114.
Vicente
de
31
años.
Chofer.
4
de
marzo
de
22
de
abril
de
Paula
Serafim
1970.
1970.
de
Acebedo.
115.Elias
¿?
ALN.
10
de
marzo
de
19
de
julio
de
Macaris
de
1975.
1975.
Solera.
116.
Jorge
45
años.
¿?
5
de
1
de
marzo
de
Medeiros
Valle.
septiembre
de
1978.
1977.
117.
Henrique
¿?
Periodista.
5
de
¿?
João
Cordeiro.
septiembre
de
1977.
118.
Wanda
48
años.
Profesora
23
de
febrero
1
de
marzo
de
Cozetti
normalista.
de
1978.
1978.
Marinho.
279