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Leyendas Cortas del Ecuador

Este documento presenta tres leyendas de Ecuador. La primera habla de un jinete sin cabeza que recorría los caminos por las noches. La segunda narra la historia de una mujer llamada Etsa que descubre que su padre adoptivo en realidad era un demonio que se comía a la gente de su pueblo. La tercera leyenda describe un barco fantasma que navega por los ríos amazónicos tripulado por delfines convertidos en humanos.
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Leyendas Cortas del Ecuador

Este documento presenta tres leyendas de Ecuador. La primera habla de un jinete sin cabeza que recorría los caminos por las noches. La segunda narra la historia de una mujer llamada Etsa que descubre que su padre adoptivo en realidad era un demonio que se comía a la gente de su pueblo. La tercera leyenda describe un barco fantasma que navega por los ríos amazónicos tripulado por delfines convertidos en humanos.
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EL JINETE SIN CABEZA

Dice la leyenda, que en un pueblo muy apartado


de toda civilización, un Jinete en un caballo
hermoso acostumbraba a recorrer por las
oscuras noches. La gente muy extrañada se
preguntaba por qué hace algo tan raro aquel
hombre ya que, no era común que alguien
saliera tan tarde y mucho menos, por las noches
por una caminata.

Una día, durante la noche muy oscura empezó


a aparecer fuertes relámpagos, y al día siguiente, el Jinete desapareció
de la nada. Días después ya no regresó hasta que con el pasar de los
años, la gente se olvidó de él. Tiempo después, en una noche de lluvias y
truenos, similar a la que cuando desapareció, se escuchó nuevamente la
misma cabalgata del Jinete.

Las personas que lo veían por las noches, sintieron curiosidad por verlo
y se asomaron para verlo, sin embargo, cayo un rayo que iluminó los
alrededores y de paso, al Jinete demostrando horriblemente, que no tenia
Cabeza.
EL PEINE DE ORO

El peine parece ser un atributo de la Diosa Madre mediterránea,


personificación del poder generador.

En las márgenes de los arroyos, las lamias vascas peinan sus largos
cabellos con peines de oro. Son criaturas con aspecto de sirena y patas
de ave que seducen a los hombres a los que pueden llevar a la perdición.
El peine simboliza a la vez erotismo y ambición, pues con él tienta a los
hombres que, deseosos de apoderarse de la joya, sucumben ante la lamia.
En ocasiones las lamias someten a todo tipo de infortunios a los hombres
hasta que devuelven el peine robado, pero otras veces la relación es
erótica y puede acabar incluso en matrimonio. Las leyendas también
hablan de lamias del mar, como la que, según los pescadores del Golfo
de Vizcaya, provocó el hundimiento del Mina Mari al peinar su rubia
cabellera con un peine de oro.

(En la mitología griega, Lamia era una doncella amada por Zeus cuyos
hijos hacía perecer la celosa Hera nada más nacer. Consecuentemente la
desdichada Lamia, presa de desesperación se convirtió en un monstruo
que, envidioso de otras madres más afortunadas, robaba y devoraba a
los niños.)
LA DAMA TAPADA

Hace más de doscientos años en las calles apartadas de Guayaquil, los


trasnochadores veían la

Dama Tapada. Anoche vi a la Dama Tapada, contaba en una reunión de


amigos, el Fulanito. Son puros cuentos, respondía el amigo con aires de
valentón. Yo nunca he tropezado con ella. Nunca se la ve antes de las 12
de la noche, ni después de las campanadas del alba, opinaba otro
asistente a la reunión. Según la leyenda, la

Tapada

era una dama de cuerpo esbelto y andar garboso, que asombraba en los
vericuetos de la ciudad y se hacía seguir por los hombres. Nunca se supo
de dónde salía. Cubierta la cabeza con un velo, sorpresivamente la veían
caminando a dos pasos de algún transeúnte que regresaba a la casa
después de divertirse. Sus almidonadas enaguas y sus amplias polleras
sonaban al andar y un exquisito perfume dejaba a su paso. Debía ser
muy linda. Tentación daba alcanzarla y decirle una galantería. Pero la
dama caminaba y caminaba. Como hipnotizado,el perseguidor iba tras
ella sin lograr alcanzarla.De repente se detenía y, alzándose el velo se
enfrentaba con el que la seguía diciéndole: Míreme como soy... Si ahora
quiere seguirme, sígame...Una calavera asomaba por el rostro y un olor
a cementerio reemplazaba el delicioso perfume. Paralizado de terror, loco
o muerto quedaba el hombre que la había perseguido. Si conservaba la
facultad de hablar, podía contar luego que había visto a la Tapada

.
LA LEYENDA DEL CERRO SANTA ANA

Mucho antes de la llegada de los españoles y del asentamiento de los huancavilcas, un


lujoso palacio acuñado de oro, plata y mármol se levantaba en las profundidades del cerro
Santa Ana. Su dueño era un cacique que un día, desesperado, mandó a llamar al curandero
más anciano del lugar con la esperanza de que curara a su hija enferma.

Pero el curandero obligó al cacique a elegir entre su riqueza y su hija. “La única cura”,
dijo. “Es que devuelvas a sus dueños legítimos todas las riquezas obtenidas y robadas en
tus batallas”. La avaricia habló y el cacique optó por su riqueza, mientras arrojaba un
hacha de oro al curandero.

El brujo, furioso, escapó de la muerte y maldijo al cacique y a su hija. “Vivirás con tu hija
y tus tesoros en las entrañas del cerro”, sentenció. ”Tu hija deambulará fuera de palacio
cada cien años hasta el día que encuentre a un hombre que la prefiera por sobre sus
bienes”.

Pasaron muchos años hasta que llegara la conquista española y, con ella, el soldado Nino
de Lecumberry, quien al llegar a la cumbre del cerro Santa Ana se encontró con la hija
del cacique. Sin conocer su historia, la siguió hasta el centro del cerro, a su palacio, y tuvo
que elegir entre quedarse con ella o los tesoros del lugar.

Nuevamente la avaricia fue más y el español tuvo que enfrentar la ira del cacique. Estando
en peligro de muerte, imploró de rodillas a la cristiana Santa Ana, madre de María y
abuela de Jesús, para que lo sacara de ese lugar.

Al lograrlo, en agradecimiento, colocó en la cima del cerro, una cruz con la leyenda de
Santa Ana. Desde ahí, los pobladores empezaron a llamar así al lugar que antes era
llamado por los aborígenes originarios como Loninchao.
LA TUNDA

La Tunda es uno de los seres más malvados que pueden existir en la selva, esta mujer fea
y monstruosa tiene un pie de molinillo o de tingui-tingui (raíz de un árbol) y el otro como
el de un bebé. Se lleva a los niños desobedientes y aquellos que no recibieron el bautismo,
también atrae a maridos trasnochadores e infieles y a jóvenes hombres o mujeres hacia
los bosques y los retiene cautivos allí.
Engaña a sus víctimas tomando la forma de un ser querido, cuando los tiene en sus
dominios, los alimenta con langostinos y cangrejos, para conservarlos con vida en una
especie de trance conocido como entundamiento. Los “entundados” aprenden a amar a
esta mujer y rechazan a los humanos.
Para poder rescatarlos, es necesario formar una comisión familiares y un sacerdote. Todos
ellos se internan en el monte tocando tambores (cununos y bombos), quemando pólvora,
disparando escopetas, rezando las oraciones y diciendo palabras soeces para que ella
desaparezca.

Esta horrenda criatura se dedica al consumo de seres humanos, dado que posee un apetito
feroz, caza a muchas víctimas en el lapso de pocos días. Los mantiene dóciles con sus
malos olores, y ellos le permiten chupar un poco de sangre para satisfacer sus impulsos
vampíricos.

Algunos dicen que la Tunda es negra y que huele mal, es un ser que experimenta
sentimientos humanos, se enamora, se queja y odia, especialmente a los niños. A pesar
de sus sentimientos y acciones humanas, tiene poderes sobrehumanos, pues es ella quien
produce la conjugación de sol y lluvia, y cuando esto pasa la gente del Pacífico dice que:
“la Tunda está pariendo“.
EL BARCO FANTASMA

Por los lentos ríos amazónicos navega un barco fantasma, en misteriosos tratos con la
sombra, pues siempre se lo ha encontrado de noche. Está extrañamente iluminado por
luces rojas, tal si en su interior hubiese un incendio. Está extrañamente equipado de mesas
que son en realidad enormes tortugas, de hamacas que son grandes anacondas, de bateles
que son caimanes gigantescos. Sus tripulantes son bufeos vueltos hombres. A tales peces
obesos, llamados también delfines, nadie los pesca y menos los come. En Europa, el delfín
es plato de reyes. En la selva amazónica, se los puede ver nadar en fila, por decenas, en
ríos y lagunas, apareciendo y desapareciendo uno tras otro, tan rítmica como
plácidamente, junto a las canoas de los pescadores. Ninguno osaría arponear a un bufeo,
porque es pez mágico. De noche vuélvese hombre y en la ciudad de Iquitos ha concurrido
alguna vez a los bailes, requebrando y enamorando a las hermosas. Dióse el caso de que
una muchacha, entretenida hasta la madrugada por su galán, vio con pavor que se
convertía en bufeo. Pudo ocurrir también que el pez mismo fuera atraído por la hermosa
hasta el punto en que se olvidó su condición. Corrientemente, esos visitantes suelen irse
de las reuniones antes de que raye el alba. Sábese de su peculiaridad porque muchos los
han seguido y vieron que, en vez de llegar a casa alguna, fuéronse al río y entraron a las
aguas, recobrando su forma de peces.

Sale el barco desde las más hondas profundidades, de un mundo subacuático en el cual
hay ciudades, gentes, toda una vida como la que se desenvuelve a flor de tierra. Salvo que
esa es una existencia encantada. En el silencio de la noche, aguzando el oído, puede
escucharse que algo resuena en el fondo de las aguas, como voces, como gritos, como
campanas…
LA LEYENDA DE ETSA

Iwia, un demonio terrible, tenía la costumbre de atrapar a los shuar, meterlos en su enorme
shigra y después comérselos.En cierta ocasión, atrapó y luego se comió a los padres de
Etsa. Se llevó al poderoso niño para tenerlo a su lado y, durante mucho tiempo, le hizo
creer que él era su padre.
Cuando Etsa creció, todos los días cazaba para el insaciable Iwia, que siempre pedía
pájaros para postre. El muchacho regresaba con la gigantesca shigra llena de aves de todas
las especies. Una mañana, cuando apenas empezaba su cacería, descubrió que la selva
estaba en silencio. Ya no había pájaros coloridos por ninguna parte. Solo quedaba la
paloma Yápankam, posada sobre las ramas de una Malitagua.
Cuando Etsa y la paloma se encontraron en medio de la soledad, se miraron largamente.
-¿Me vas a matar a mí también? preguntó Yápankam.
-No, dijo Etsa. Parece que he dejado toda la selva sin pájaros.
Sintiéndose culpable, a Etsa se le fueron las fuerzas y se dejó caer sobre el colchón de
hojas del piso. Entonces Yápankam voló donde estaba Etsa y, a tuerza de estar juntos en
medio de ese silencio, se convirtieron en amigos.
Yápankam aprovechó para contarle al muchacho la manera en que Iwia había matado a
sus verdaderos padres. Entonces, nada ni nadie podía consolar a Etsa: lloraba con una
mezcla de rabia y tristeza.
Cuando Yápankam se dio cuenta de que Etsa estaba calmado, le dijo:
-Muchacho, no puedes hacer nada para devolverle la vida a tus padres, pero aún puedes
devolvérsela a los pájaros.
-¿Cómo?, dijo Etsa. La paloma explicó: “Introduce en la cerbatana las plumas de los
pájaros que has matado, y sopla”. El muchacho lo hizo y de inmediato empezaron a salir
miles de pájaros de todos los colores que levantaron el vuelo y con su alegría poblaron
nuevamente la selva. Etsa ya no volvió donde Iwa.
EL ORO DE LOS LLANGANATES
Se dice que el llamado Juan el Oso se había casado con la hija del Inca. Su suegro poseía
una
Gran cantidad de oro y, en señal de ello, acostumbraba llevar puesto, en uno de los dedos
de
Su mano derecha un anillo de oro macizo.
Un día, el así llamado Juan el Oso, dijo a su mujer:
_ Tu padre tiene un anillo de oro puro. Yo quiero tener ese anillo.
Bien mandada fue la esposa de Juan el Oso a pedirle a su padre, el Inca, que le diera el
ansiado Anillo.
El Inca se negó, no quería entregarle el anillo a su yerno porque era muy ambicioso. El
Inca Temeroso de que Juan el Oso le robara el anillo, lo cuidaba celosamente. Tanto así,
que cuando Dormía lo guardaba en su boca.

Juan el Oso no había dejado de ambicionar el anillo de su suegro y tramó un plan para
quitárselo.
Un día se encontró con un ratón y le dijo:
_ Mi suegro está ahí durmiendo, con el anillo en la boca. Métele el rabo en la nariz y
muévele,
Haciéndole cosquillas. ¡Ve ¡
El ratón hizo todo lo que Juan el Oso le pidió.

_ ¡Uuuuaau, uuuaaauuuglla! _ estornudó el suegro de Juan el Oso,


arrojando
Lejos el anillo y vomitando absolutamente todo. El ratón cogió el anillo y se lo dio a Juan
el oso.
_ ¿Qué ha sucedido? _ dijo el inca, terriblemente enojado.

Entonces el Inca cogió todo el oro que tenía y se fue a los cerros Llanganates y los ocultó
ahí Desde entonces, nosotros ignoramos el lugar donde está el oro. Si Juan el Oso no se
hubiera Robado el anillo de su suegro, ahorita tendríamos oro en abundancia. De todas
maneras, sabemos Que el tesoro está oculto en los Llanganates.
LA VIUDA DEL TAMARINDO
EL ATAUD AMBULANTE

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