No, no tienen derecho. Yo cumplí rigurosamente. Hablé.
Dije lo que sabía hasta el
fondo. Cumplan ustedes. No me maten. Me van a matar. Comprenden. Matar. Detener
los latidos de mi corazón. Nunca ya nada. Todo desaparecerá. Los sueños. Lo que hice.
Lo que proyecté. No lo concibo. Quiero vivir. Seguir arrastrándome sobre los
escombros aunque sea unos metros más. Pero continuar sintiendo el sol. La luz. El
dolor. Vibrar. Ser. Todo se hundirá. Cantarán. Construirán ajenos a que desaparezca. Al
mundo nada le importa ya de mí para seguir andando. Sobro. Estorbo. Causo asco.
Hacen bien en matarme. Soy un traidor. Lo merezco yo les quité por largo rato el pan
de la esperanza a la boca de los niños. Por mí la revolución retrocede y sus militantes
son masacrados minuciosamente. Hablé porque tuve miedo. Siempre fui débil. No me
desprecien. Siempre fui débil. No me desprecien. No me maten. Haré lo que quieran
con tal de sobrevivir. Me humillaré de las formas más abyectas. Les lameré las botas y
beberé las escupidas que sus venerables bocas se dignen arrojarme. Me puedo azotar
o hacer strip tease para divertirlos. Se imaginan lo cómico que quedaría yo antiguo
secretario general del Partido Comunista desnudando mis fofas carnes al compás de
una música lánguida. Como escenografía se podrían poner banderas rojas y retratos de
Marx y de Stalin e invitar a los más conspicuos representantes políticos e intelectuales
de nuestra oligarquía para que gozaran del espectáculo. Piedad. Piedad. Cristo lo dijo.
Amaos los unos a los otros. Confucio. Buda. Hegel. Kierkegaard. Tras que escudarse.
Nadie oye mis súplicas. Qué me importa lo que hice o dejé de hacer. Quiero vivir. Solo
eso. Pido poco. Me alimentaré de raíces. Les serviría como esclavo 60 horas diarias.
Torturaría sin descanso a mis camaradas para que no se fatigaran tanto vuestras
exelencias en ese bajo menester. No. Qué digo. La tortura es la más digna de las
actividades dado que ustedes la practican gozosamente según me consta. Dado que.
Cero.
Hablo y hablo queriendo olvidar el próximo fi. Ninguno me puede ayudar. Nadie
puede morir la muerte que moriré. Odio todo. Todo me odia. Me van a destruir. No les
dijeron en el catecismo que el 5° mandamiento. Otra vez lo mismo. No darán marcha
atrás. No hay salvación posible. Les ruego. Les pido humildemente. No es que pretenda
ni por un momento poner en duda la justeza y la oportunidad de vuestras sabias
decisiones. Sin embargo considerad que soy padre de familia. He sido comunista. Sé
que he pecado gravemente. Pero estoy con sinceridad arrepentido. Nunca más tendré
nada que ver con la peste roja. Fue en un momento de extravío que me afilié. Era
joven e inexperto. Mi papá me dijo que lo hiciera y yo no supe decir que no. Además
tenía ilusiones. Creía en la bondad del hombre. No sabía que su esencia era la vileza y
la abyección. Ustedes tienen razón en eso y en todo. Soy el culpable. Castíguenme. Si
quieren arránquenme los brazos. Y las piernas pero dejen que sigan funcionando mi
cerebro y mis ojos. Escalé posiciones rápidamente dentro del partido por ser sobrino
de su dirigente máximo. Y qué mejor encontraron que nombrarme sucesor suyo
cuando mi tío murió intrépidamente en el patíbulo vivando a la Paz y el Socialismo. Yo
no creía en nada de eso. El cargo que desempeña era exterior a mí. Reía en secreto al
pronunciar enfáticamente las fórmulas rituales comúnmente usadas entre nosotros.
Jugaba al Líder divirtiéndose al adoptar poses de abnegado luchador. Podía mandar sin
pedir cuentas a nadie. Ordenar arbitrariedades impunemente. Las injusticias que
cometía aparecían a los ojos de los camaradas como sabias e intachables decisiones y
todos me reverenciaban. Era indiscutible. Soberano. Con sólo decir unas cuantas
palabras o mover los dedos se producían manifestaciones y sabotajes o cualquiera era
encontrado unas horas después con un tiro en la nuca. Los burgueses temblaban ante
mi nombre. El orgullo ardía en mí al leer mi nombre en los diarios. Dejaba marcas. La
realidad vibraba al unísono de los vaivenes de mi sangre. Después gozaría de las
delicias de ejercer el poder sobre el país entero dirigiendo la construcción del
socialismo y mandando al perdón a cuantos mi libido quisiera. Como había hecho
dentro del Partido eliminando a los que se me daba la gana de acusar de trozkistas.
Agentes del imperialismo. Liquidaciones. Provocadores. Fraccionistas. Y todos esos
epítetos tan cómicos.
El entretenido pasatiempo duró hasta que la policía pudo descubrir el escondite donde
cumplía mis funciones de bien amado dirigente. A pesar de que los camaradas
guardianes resistieron hasta caer me atraparon.
Soporté con forzada impavidez las primeras vejaciones mientas me llevaban a la
comisaría pero el terror se iba apoderando de mi voluntad. Por jugar. Todo por jugar a
la estatua viviente. Me hubiera quedado en casa con mis libros y mis masturbaciones.
Tuve justo que ir a meter los pies en camisa de 8 varas. Un época de irresponsable
felicidad y ahora qué. La muerte. El olvido. El ser escarnio de aquellos a quienes delaté
y de quienes me hicieron delatar. Al tacho de basura.
Déjenme explicarle. Soy bueno. En mi juventud escribía versos. Tenía gran amor por las
flores y los pájaros. En las horas de melancolía tocaba el violín en la fronda y los
animales se acercaban para oírme. Luego en casa dijeron que ya era hora de que me
incorporara a la organización de vanguardia del pueblo para ocupar mi lugar en la
lucha contra el fascismo que es la expresión más chauvinista y reaccionaria del capital
monopolista internacional.
Además quedé tan solo después que papá y mamá murieron en la silla eléctrica por
hacer espionaje. Mi afiliación fue un error de juventud. Ustedes fueron jóvenes como
yo y les dicen a sus hijos que a su edad también tenían ideas izquierdistas pero.
Comprendan. Satanás puso delante de mis fauces esa infame boleta instándome a
gozar de las lujurias proletarias. A saciar mis instintos en la inversión de Hegel. Que
decirles. Qué hacer para obtener clemencia. Las puertas siguen cerradas. En vano
golpeo. Aúllo. Me arrastro. Pido perdón. Se acerca la hora en que Apolo comience a
cruzar el cielo conduciendo su tractor de fuego. Cuando las postreras luces del alba
asomen por accidente marcharé al paredón que soñaba utilizar contra quien quisiera.
Caeré y el lodo comenzará a sepultarme. Durante un tiempo seguirán mancillando mi
memoria. Después el olvido. No. No olviden. Insulten al repulsivo recuerdo que les
dejo. La nada no. No quiero desaparecer. Ser enterrado bajo el derrumbe de los siglos.
Quien oye. Quién.
Me llevaron a la seccional. No pude resistir los golpes. Fui tan frágil siempre. Hablé.
Hablé. Para qué soportar el dolor. Por qué no abrir la boca y dejar que el pus corriera.
Asumí el ser el mejor delator posible. Me adelantaba a responder las preguntas.
Suministraba informaciones importantísimas sin que me pidieran. Hacía diagramas.
Planos. Esquemas. Cuadros sinópticos. Que supieran bien todas las ramificaciones del
Partido. Con mi prodigiosa memoria les di los nombres de miles de cientos de afiliados.
Los que a pesar de buena voluntad puesta no recordaba o conocía los encontraron en
los archivos secretos después de hallar su escondite siguiendo mis indicaciones. De la
misma forma se incautaron de los planes y las armas para hacer la Revolución y
pudieron enterarse de quiénes eran exactamente los funcionarios del gobierno no
comprados y los idiotas útiles e inútiles a nuestro servicio.
Casi no dormía por mover la lengua. Quería ser total en algo. Un héroe de la delación.
Obtener el record de intensidad y permanencia de la delación. Construir un ejemplo
para las generaciones futuras de confidentes. Manual del perfecto delator. Cómo
convertirse en delator en 24 lecciones.
De qué sirvió la euforia en pos de la santa abyección. El entusiasmo pasó. El derrumbe
sigue. Voy a morir. Es mi única certeza. Ante el laberinto de la muerte las palabras
caducan. Una pared de terror. 4 muros de pánico. Perdón. Perdón. Quiero sólo la vida
bajo cualquier condición. De cualquier manera. Qué poco pido. Un rincón oscuro. Un
mendrugo en pan de vez en cuando. Morir de viejo sin molestar más a nadie ni ser
molestado con slogans y fraces chirriantes. Y mi violín. Si no fuera mucho pedir mi
violín.
He cumplido altos servicios patrióticos. Deberían llenarme el pecho de
condecoraciones. Ya han muerto miles de comunistas y prácticamente se ha
aniquilado la organización del Partido gracias a los precisos y completos informes que
les di. Eligieron en cambio deshacerse de mí como se hace con una nuez después de
exprimida. Los delatores son despreciados y odiados por todos. Incluso por los que los
utilizan. Es injusto. Ser delator es un oficio como cualquier otro. Un engranaje más en
la máquina del mundo. Del buen confidente se debería hablar con el respeto con que
se habla del buen zapatero o del buen gobernante. Tengo el orgullo de creerme
delator más consciente y cabal producido por la historia. Llevé la traición a mis
camaradas lo más lejos que fue posible. Miserables satisfacciones. Los relojes no se
detienen por eso. Dios sálvame. Tómame entre tus brazos. Acógeme en tus intestinos.
Siempre te fui fiel en el fondo del corazón a pesar de que mi boca blasfemada y te
negaba. Lo hice porque los otros tenían los ojos fijos. Porque jugaba al rebelde. Al
revolucionario. Me obligaron. Tú evitarás que me ahorquen. Te lo pido por tu Hijo que
se hizo freir para redimirnos. Qué digo. La Segunda Persona de la Santísima Trinidad
frita. Entonces al Padre lo podríamos hacer escabeche y tomar sopa con el jugo de sus
barbas. Y al Espíritu Santo cebarlo bien y luego de sacrificarlo servirlo relleno de atún
acompañándolo con una buena botella de vitriolo Kant destilación 1784.
Desvarío. Yo no sé nada. Quien soy. Quiero un espejo. Quiero mirarme para estar
seguro de que existo. No existo. No puedo existir. Todo es un sueño. Se acabará la
pesadilla y me despertaré en un prado lleno de flores. Volveré a ser puro. Virgen de la
suciedad del mundo. Para qué mentirme. Para qué delirar. Dios no existe. Esto no es
un sueño. Es la realidad desesperada. Sólo puedo humillarme ante las manchas de
humedad de la celda. No importa si soy inmaculado o impuro. Culpable o no culpable
quiero sobrevivir. Beber hasta el último momento a la muerte. Extranjero. Condenado
sin coartadas. Las fuerzas se acaban. Piedad. Yo era bueno. Yo era feliz. Camaradas no
me juzguen mal si llegaron o llegan a enterarse de la traición. No tuve la culpa de. Fue
el Destino. Hablar más. Callar. Nunca alcancé a ser nada. Soy nada. Seré nada.
No puedo resignarme. Aquí. Aquí. Una cuerda. Una voz que me salve. Un indulto que
me rescate para el caos. Piedad.
A lo mejor arregla un poco las cosas lo que he decidido hacer. Gritaré antes de que las
balas me atraviesen. Viva la Revolución Social.
El amor ha invadido mi cuerpo desde que la vi. Llegó con sus legiones de ángeles y me
poseyó. Fue. Es inútil resistir. Doy vueltas y sólo veo el rostro de la amada. Todo es una
vorágine de colores. Todo es nuevo. En los pechos de los hombres arde el fuego
uniéndolos en una gran hoguera. Estoy alegre. Río por cualquier cosa. No preguntéis
por qué. La amo y ahora sé que ella también me ama. Qué más puedo pedir. Veo la
grisura de los demás. Veo cómo caminan sin levantar la mirada del suelo. Ellos no
saben. Ellos no conocen las vibraciones del sol. Yo vibro. Es mía. La llevo clavada en la
memoria. Nadie podrá quitármela. Tengo miedo. Podría perderte si los otros triunfan
es su deseo de separarnos. Los castillos de cristal que he levantado y ambos
habitamos me aplastarían en su derrumbe. Los vidrios cayendo. La muerte mostrando
otra vez su máscara blanca. El cotidiano agonizar. Arañar las telas. Rasgar los papeles
tratando de encontrarte donde no estás. No estás en ningún lado que no sea atrás de
tus ojos. Sólo en ti puedo hallarte. Eres el sol en cuyo torno giro. Abrásame en tus
llamas hasta que nos hasta que nos fundamos los dos en el cielo. Sálvame de la ronda
infinita. Del darse el rostro contra los muros en busca de algún pedacito de luz que
nunca se halla. No te conozco realmente y sin embargo me habitas. Yo conoceré tu
esencia cuando pronto invada tus ciudades y saquee los tesoros prometidos por la piel
que te envuelve.
Al traspasarme tu presencia hizo explosión la sangre. Todo fue distinto. Lo comprendí
en seguida. Tú para mí. Y para ti. El azul sin límites. El principio del mundo. El final del
caos. De los engranajes que triunfan. Del vagar sin sentido por los laberintos sellados
de lo absurdo. Hubo una dimensión nueva. Un torrente que salió de tus huesos y me
engendró otra vez devolviéndome los colores y la risa. Alguien llegaba hasta mi fondo y
lo tocaba. Ni los que me odian y persiguen ni los que me admiran estúpidamente sin
atreverse a confesarlo. Tú. Un ser humano. No una cosa ni una idea. No un golpe que
esquivar o una blandura que aplastar. Otro ser. Lúcido. Cálido. Abierto.
Te busqué largamente a través de los cuerpos extranjeros. En los poemas hechos en
medio de la noche roído por el furor del viento. Ahora que te he hallado no nos
separemos más. Se ha encendido tu sol. Que brille siempre para que no retornen los
glaciares. Las bestias del frío de piel blanca y ojos horadados. Cómo expresarle la
densidad del amor que siento. Esto que estalla dentro de mí rescatándome. Quisiera
tener un dios para hacerle sacrificios delante de su altar. Quisiera creer en sortilegios
que encadenen para siempre a la persona amada. Pero maté a todos los dioses y
derribé todas las estatuas quedando solo en la desesperación más absoluta. Hasta que
ella llegó y desbordó el hueco grávido que me carcomía. Era el arquero que lanzaba
flechas quebradas al infinito sin encontrar respuesta. El que emitía luces y en su
interior ardían las tiniebla. Trascendido por tu amor toco los límites y los traspaso. Eso
límites que antes parecían impenetrable y definidos.
Me han cortado las manos tantas veces que siempre espero lo peor. Siempre espero el
fracaso. He pensado que serás uno de los sueños que se quiebran contra las aristas de
la realidad. Pienso. Sufro. Pienso. Lucho contra las alucinaciones de la angustia. Me
derriban. Me levanto. Sigo. Sigo entre los cubos de cemento. Entre los autómatas
ciegos que nos arrancan trozos de huesos al rozarnos. Te tengo a ti en mí. Nada
importa sino eso. Adelante. Vendrás a mí. Iré a ti. Emprenderemos el camino del amor.
Volveremos tomados de la mano. Siempre que te he esperado. No hay fronteras para
nosotros juntos. Contigo seré Dios. Creador de las cosas. Hacedor de las leyes.
Apareciste de pronto y te reconocí. Qué sencillo. Qué mágico. Eres la base desde
donde emprenderé el vuelo. Sálvame. Disuélveme en ti. Atrápame. Átame. Acaba con
el girar excéntrico. Con el chocar de mi sangre contra todo. Comprende. Quiero que
vivas. Los dos podemos Ser. Existir a pesar del sistema de exterminio que funciona
invisible y exactamente. Nos cuadriculan. Nos ponen etiquetas. Nos venden al mejor
postor después de convertirnos en sedimentos herrumbrados. No acepto. Desafío a los
dueños secretos. La amo. Por ella laten mis nervios. Estoy dispuesto a todo. Oigan.
Oiganme. Es difícil amar entre los letreros luminosos y los titulares de los diarios.
Esquivando los ómnibus. Tratando que no nos tiren a los tachos de la basura. Lo que se
aman sienten sus cuerpos extranjeros. Las palabras pierden sentido. Las distancias
aumentan. En las 6 dimensiones le vacío. El amor es la única Verdad. De qué sirven las
gesticulaciones y los trofeos. No apagan el sol negro que arde dentro y fuera de la piel
sin tregua. El amor es el agua total. Es el Fin y el Principio.
Estoy cansado de derribar muñecos y charlar interminablemente con rostros vacíos.
Estoy harto de estar harto. No quiero más el juego y el pánico. Quiero un sol cálido.
Quiero el tintineo de los caireles. La risa. El mar. La tierra. El cielo. El cielo para
nosotros dos. Te necesito. No me abandones luego de encontrarnos. No más hiel. No
más cavar trincheras y estar alerta por si viene algún enemigo. Boquear arañando e
cemento. Quiero la plenitud, Quiero la paz. Te quiero a ti entera. Infinita.
Sed de una mano que se pose en la mía. Tu blandura mitigando mi dolor antiguo.
Todos dicen que estás muerta. Yo sé que estás viva. Te han encerrado entre las
paredes de la negra caja para que nuestro amor no fuera posible. Ellos. Los que todo
vigilan. Los que todo lo destruyen. Nuestro amor será más fuerte que su maléfico
poder. Te llevaré conmigo lejos. A los lugares que siempre soñé habitar contigo. Mi
amante. Mi reina. Mi diosa. Cómo sufrirás encerrada. Te salvaré. Falta poco. Mi
corazón me dice que me guardas. Atravesaré las hileras de cruces sepulcrales. Entraré
en la bóveda de tus mayores donde te han sepultado viva. Abriré la tapa del ataúd y
luego traspasaremos los espacios. Seremos libres. Serás vengada. Justo a las 12 cuando
nuestro encuentro sea estallará una bomba en la casa de tus padre. Te libraré de esos
monstros que enterraron latiente aún del corazón. Voy. Sé que me aguardas. Sé que
me amas. Nos miraremos a los ojos y ya no habrá necesidad de palabras. Mis ojos tus
ojos. Mi cuerpo tu cuerpo. No he conocido mujer. Me he mantenido puro para ti. Sé
que me oyes. Sé que esperas que vaya a librarte desde el mes en que te enterraron.
No supe nada hasta hace poco. Perdón. No salgo del altillo en que vivo dedicado a
construir pomas en tu honor y a masturbarme. Los litros de esperma volcados por tu
en el vacío son la ofrenda simbólica que te hago en nuestras nupcias. Su derrame a
través de los años confirma la fidelidad del amor platónico, que siempre te tuve. No
sabía que para castigarte por quererme te habían hecho prisionera en un cementerio.
Esa es la prueba material que tengo de que ardes por mí como yo por ti. No conciben
que me ames a pesar de ser yo jorobado y rengo. Qué bien simulaste reírte y
despreciarme siempre para engañarlos a ellos. No sé cómo pedirte disculpas por haber
creído a veces que las mofas e insulto ante mis requerimientos no eran en serio. Ahora
comprendo cabalmente que aquella vez que me hiciste soltar los perros lo hiciste solo
para que la simulación fuera más perfecta. Necios. Cerdos. El amor está más allá de la
me ra contingencia. Es el Absoluto. Es Dios. Es la onda cálida que nos atrapará a ambos
haciéndonos planear hasta que los límites desaparezcan. Te amo. Ven. Voy. Ya está
todo listo. Las palanquetas. Los tornos eléctricos. La Nitroglicerina. Nada ni nadie
podrá interponerse en el camino hacia ti. El que lo haga volará en pedazos. Haré saltar
las puertas. Horadaré los muros y abriré tu féretro. Te amaré en mis brazos y nos
iremos juntos a Marte un artefacto que he construir especialmente para esta ocasión.
Se acerca la hora. Faltan pocos minutos. En el rojo planeta cesará la persecución sin
tregua. Nos podremos amar sin que traten constantemente de aniquilarnos. Será el
principio. Tendremos hijos. Una estirpe sagrada saldrá de tu viente y dentro de unas
generaciones volverá a la Tierra para asolar este planeta pecaminoso y destruirlo.
Basta de palabras. Actuar. Un gesto. El último. En marcha. Voy. He elegido este día por
ser el del aniversario de la batalla de Wellington-