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Leido Sweet Talk - S.L. Scott

TE ENAMORARAS DE EL

Cargado por

JohannaGarces
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TE ENAMORARAS DE EL

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El siguiente material, es una traducción

realizada por fans y para fans.


Ni Beautiful Coincidence ni Lucky Girls
Books reciben compensación
económica alguna por este contenido,
nuestra única gratificación es el dar a
conocer el libro, a la autora, y que cada
vez más personas puedan perderse en
este maravilloso mundo de la lectura.
Si el material que difundimos sin costo
alguno, está disponible a tu alcance en
alguna librería, te invitamos a adquirirlo.
BEAUTIFUL COINCIDENCE LUCKY GIRLS BOOKS
MODERACION:: MODERACION:
Scherezade Florpincha

TRADUCCION: TRADUCCION:
Ana_rmz cjuli2516zc
Andrea Florpincha
anemona Gisenid
DianaX IviAbernathy
eilosanchez Liliana
Femme Fatale Loly
Jessgrc96 Myr62
[Link]
Leon CORRECCION:
LilyGolding Addictedread
micafp_2530 Caile
Mica Corrales Lelu
rihano IviAbernathy
Scherezade Sahara

CORRECCION: DISENO:
Scherezade IviAbernathy

REVISION:
Scherezade

LECTURA FINAL:
Scherezade
S. L. Scott Capítulo 19
Sinopsis Capítulo 20
Danny Weston Capítulo 21
Capítulo 1 Capítulo 22
Capítulo 2 Capítulo 23
Capítulo 3 Capítulo 24
Capítulo 4 Capítulo 25
Capítulo 5 Capítulo 26
Capítulo 6 Capítulo 27
Capítulo 7 Capítulo 28
Capítulo 8 Capítulo 29
Capítulo 9 Capítulo 30
Capítulo 10 Capítulo 31
Capítulo 11 Capítulo 32
Capítulo 12 Capítulo 33
Capítulo 13 Capítulo 34
Capítulo 14 Capítulo 35
Capítulo 15 Capítulo 36
Capítulo 16 Epílogo
Capítulo 17 Dirty Talk
Capítulo 18 Adelanto Dirty Talk
L
a autora mejor vendida del New York Times, S. L. Scott, siempre
estuvo interesada en las artes. Creció dibujando, escribiendo
poesía e historias cortas, y calentando sus días con buenos libros y
películas.

Con un título en Periodismo, continuó su amor por la escritura leyendo


a autores americanos como Salinger y Fitzgerald. Estaba intrigada por sus
personajes imperfectos viviendo en ficticios mundos perfectos, pero aun así
podría debatir que los mundos en que vivían esos personajes eran los más
imperfectos. La dinámica de dejar al lector invertido en las palabras, inspiró
a Scott para comenzar a escribir con emoción, mientras imponía una
pasión subyacente en sus propias historias.

Viviendo en la capital de Texas con su familia, Scott ama viajar, los


aguacates, las playas, y cocinar con sus hijos. Está obsesionada con los
romances épicos y ama un buen giro dentro de la trama. Sueña con ver
uno de sus propios libros convertido en una película, así como regresar
algún día a Europa. Su color favorito es el azul, pero le gusta más el azul
cielo que el intenso. Su hogar está lleno de símbolos de bienvenida con
forma de piñas y encuentra el surfear como un desafío a pesar de que le
gusta pensar que es una profesional.
T
odo lo que has escuchado hablar del modelaje es verdad, y no
has escuchado la mitad de ello.

Es glamurosa.

Es atractiva.

Y sí, la línea entre el trabajo y la realidad a menudo se difumina.

No solo somos prototipos de la perfección. Los modelos también


tienen sentimientos y deseos. Podemos estar dotados genéticamente, pero
todavía seguimos siendo humanos.

Solo soy humano. Sí, un extraordinario espécimen que gana más en un


día de lo que la mayoría hace en un año, pero este paquete de ocho no
se creó por sí mismo. Paso horas trabajando en este cuerpo. La buena
apariencia solo viene de forma natural. *Guiño* Gracias, mamá y papá.

Soy Danny Weston, Supermodelo.

Pero un patrón fue cambiado por otro cuando escogí esta carrera.
Diez años más tarde, cambiaría mi carrera para tenerlo de nuevo. Para
tenerla de regreso.

Reese Carmichael es la única mujer por la que renunciaría a todo, y la


única a la que no puedo tener. Todavía.
Altura: 1.90 m

Cintura: 85 cm

Pecho: 104 cm

Traje: 42 G

Tiro: 34 cm

Número de Calzado: 13

Color de Ojos: Marrón claro.

Color de Cabello: Castaño mediano.


DANNY
—D
ios, te deseo, Danny —susurra Simone en mi oreja.
Lame justo debajo de esta antes de bajar por mi
mandíbula y morderme.

Mi agarre se aprieta alrededor de sus caderas, sujetándola. Debería


haber visto venir la mordida. Todas lo hacen, asumiendo que tienen que
hacer algo extremo para ser sexys, para obtener mi atención. Como cada
otra ocasión que sucede, retrocedo y paso mis dedos por su cabello en la
base de su cuello, luego aprieto mi agarre.

Jadea y entierra sus uñas en mis hombros mientras la inocencia que


está tratando de retratar en sus ojos falla bajo el escepticismo de que
encuentra en los míos. Nuestros cuerpos están presionados el uno contra el
otro y ardientes, el ventilador no está lo suficientemente fuerte como para
enfriarnos.

Inclinando su cabeza hacia atrás, beso la hendidura en la base de su


cuello, luego lamo desde la base hasta la barbilla, tomándome mi dulce
tiempo. La espalda de Simone se arquea, empujando sus pechos contra mi
pecho y gime de placer.

—Eso es tan caliente. Sigan así —se entromete una voz.

Simone suspira, irritada, y se aleja. Me vuelvo hacia el ayudante del


fotógrafo de pie en el borde del set mientras Simone revela su frustración al
inclinarse hacia atrás y balancear su pierna encima de mí para ponerse de
pie. Sin prisa, mi mirada se desliza hacia arriba por sus delgadas piernas. Es
más alta que la mayoría de las mujeres y los tacones que está usando le
añaden unos buenos doce centímetros. Apreciando su físico, sonrío y me
reclino con mis manos detrás de mi cabeza mientras la observó ajustarse
las cintas en sus caderas. Su cabeza se levanta bruscamente y sus ojos se
estrechan hacia el asistente fuera del set.
—Si quieres que sigamos, entonces cállate la próxima vez. —Se aleja
hecha una furia, sus zapatos resonando audiblemente contra el suelo de
cemento gris.

Sabiendo que una modelo enojada necesita tiempo, me siento y


pregunto:

—¿Cuánto tiempo tenemos?

Todo el mundo es consciente de que el estado de ánimo en el set ha


cambiado. La preocupación arruga el ceño del asistente cuando
responde:

—Creo, mmm… cinco o diez minutos.

La ansiedad del chico rueda como olas estrellándose a mí alrededor.


Sintiéndome mal por él, lo tranquilizo:

—No te preocupes por ella. Estará bien. Solo dale unos minutos para
que se enfríe.

—Gracias. —Sonríe, aunque es débil—. ¿Estás bien?

Sonrío genuinamente mientras me pongo de pie.

—Sip, estoy bien. Gracias. —Cuando comienzo a caminar, los bóxers


de punto que estoy usando para la sesión de fotos se tensan
incómodamente, así que me detengo para ajustarlos. Son de un tamaño
demasiado pequeño, así que agarro mi polla y la acomodo—. En realidad,
podría necesitar un tamaño más grande. Estos están cortando mi
circulación sanguínea ahí abajo.

Antes de que el asistente pueda responder, dos mujeres aparecen


repentinamente del lado oscuro del gran piso. Una pequeña y linda rubia
ofrece:

—Déjame echar un vistazo. Quizás pueda ayudar. —Es atrevida, no


tímida como habría adivinado por la apariencia de bibliotecaria que ha
elegido.

La otra chica (más alta y con algunos mechones grises a través de su


oscuro cabello), parece nueva en el mundo del modelaje. Está de pie allí
mirando debajo de mi cintura y por la forma en que me está comiendo
con la mirada, supongo que podría ser nueva en ver a hombres desnudos
en general. Quizás nunca antes ha trabajado en una campaña de ropa
interior. Se aclara la garganta y encuentra su voz.

—Se ajustan en la cintura, ¿así que puedo añadir más tela si quieres?
Pero los necesitaré para poder hacerlo.

Omitiendo la primera oferta, acepto la segunda. Este es mi trabajo.


Soy un profesional, un modelo y estoy acostumbrado a estar desnudo
frente a extraños, así que bajo mis calzoncillos. Me agacho para agarrarlos
y cuando me enderezo, soy recibido por dos bocas abiertas de par en par.

—Señoritas, van a hacer que me sienta tímido —bromeo. No soy para


nada tímido.

Levantando sus barbillas hasta que sus bocas están cerradas, rio entre
dientes mientras continúan mirando descaradamente. La mujer más alta
dice:

—Oh, no tienes nada por lo que ser tímido.

—Absolutamente nada —añade la rubia con insistencia.

—Gracias —respondo, mi voz con su habitual encanto. Le entrego mis


bóxers a la señorita y salgo del set para agarrar mi bata. Cuando me la
pongo, Becs de vestuario se acerca y dice:

—Puedo añadir algo de espacio por ahí para ti. Haré que los traigan
en diez minutos.

—Ya se los di a la costurera.

—¿Qué costurera? —pregunta.

—La que está por allí. —Cuando giro hacia el set, se han ido.
Examinando el piso de un lado al otro, las dos mujeres no están en ninguna
parte—. Estaba justo allí con una chica rubia. —Perplejo, vuelvo a
examinar—. No tengo idea de a dónde fueron.

Becs pone los ojos en blanco, sacude su cabeza y suspira


audiblemente.
—Buen Dios. No de nuevo. —Volviéndose sobre sus talones, grita—:
Seguridad. Hemos tenido otra intromisión. —Con sus ojos entrecerrados
hacia mi cintura, añade—: Ajusta el cinturón. No quieres que nadie venda
una foto de tus partes íntimas al mejor postor. —Aligerando su humor, sonríe
y se encoge de hombros—. O quizás sí. Traeré tu próximo cambio de
vestuario…

Me río, pero señalo mis partes privadas.

—Espacio extra.

Becs agita su mano en el aire mientras se aleja.

—Sí. Sí. Entendido.

Me dirijo hacia el servicio de comida donde encuentro a Simone


comiendo lo que parece ser su tercer Snickers por los envoltorios que
cubren la mesa junto a ella.

—¿Tienen fruta hoy?

Habla con la boca llena.

—En el otro extrema de la mesa.

El asistente del fotógrafo anuncia:

—Cinco minutos.

Mirándola mientras se mete lo último de la barra de caramelo en su


boca, entonces hace lo que creo es la señal universal de vomitar con su
dedo, intento contener mi discurso para otra ocasión. Cuando
desaparece por el pasillo, entiendo que está bajo estrés. El mundo del
modelaje es competitivo. Medio kilo más que la otra chica y una modelo
puede perder su trabajo. Simone desea seguir trabajando, permanecer en
la cima de su juego, pero nunca he encontrado atractivo lo flaco. Cuando
la cámara añade cinco kilos, entiendo por qué lo hacen.

Agarrando una manzana, como mientras me dirijo de vuelta al set.


Becs está allí y me entrega un par de cortos calzoncillos negros
personalizados, con tela adicional finamente cosida en el centro.

—Ponte estos y veamos cómo lucen.


Me los pongo bajo mi bata antes de desatar el cinturón para permitir
que eche un vistazo más cercano. Se inclina y mira mi polla, haciéndome
sonreír. Cuando se pone de pie, aplaude.

—Síp, lucen bien.

—Gracias —respondo con suficiencia. ¿Qué? Soy humano—. Tú


tampoco estás tan mal.

Los intentos de Becs de parecer relajada se ven socavados cuando


sus mejillas se sonrojan.

—No salgo con modelos, Danny.

—¿Quién dijo algo de salir? —Le guiño juguetonamente.

—Es exactamente por eso que no salgo con modelos —responde,


incapaz de ocultar su lindo rubor. Observándola al alejarse, noto el ánimo
en sus pasos y espero haberle hecho el día un poco más disfrutable.

Después de hacer un triple encestando el corazón de la manzana en


la papelera, celebro mentalmente la anotación con una sonrisa de
satisfacción mientras regreso a la cama y espero.

Cuando Simone vuelve, se sienta junto a mí. Su cuerpo está tenso, sus
manos tienen un ligero temblor y está más pálida que antes. Cuando la
gente de maquillaje se aproxima y comienza a retocarla, le susurro:

—¿Estás bien?

Baja la mirada al suelo mientras le aplican más polvo.

—Bien.

He conocido a Simone por algunos años. No exactamente


veinticuatro, su carrera se está fortaleciendo, pero a veces es
malhumorada. Creo que es la constante falta de comida, por lo que
ofrezco:

—¿Quieres comer algo después?

La maquilladora se va y Simone levanta la mirada. Tocando mis


mejillas, dice:
—Eres siempre tan dulce, pero sabes que no como realmente, mucho
menos en restaurantes frente a otros.

—Estaba esperando que rompieras tu regla por mí.

Sonríe y suena esperanzada.

—Romperé la mía si rompes la tuya. ¿Por qué no te acuestas con


modelos?

—Me he acostado con muchas modelos.

—¿Entonces por qué nunca nos hemos acostado?

Con una ceja levantada, señalo:

—Eras demasiado joven. —Tomar ventaja de chicas jóvenes no es lo


mío. Muchos modelos experimentaban con estas chicas con abandono,
pero cuando llegué al final de los veinte, no había atractivo en salir con
una chica que era apenas legal para beber porque era caliente. Ahora
que estoy en mis treinta y pocos años, no quiero una chica. Quiero una
mujer—. Y como señalaste, somos amigos.

Un destello entra en sus ojos cuando se ríe, recostándose en la cama.

—Es cierto. Fuiste el primero en rechazarme. El único, de hecho. ¿Por


qué eres tan bueno, Danny Weston, cuando ser malo es mucho más
divertido?

Los recuerdos destellan en mi mente como un Rolodex1 girando.

—He hecho muchas cosas malas y nada ha funcionado. Quizás un


poco de bien me quedará mejor.

Maniobrando su cuerpo, envuelve sus piernas alrededor de mí y


arrastra sus uñas muy ligeramente por mi pecho, con cuidado de no dejar
una marca. Moviéndose lo suficientemente cerca para un beso, susurra:

—Bueno, si el bien no funciona para ti, ven a buscarme.

El fotógrafo aparece y sin darse cuenta de la intimidad, comienza a


comentarnos los ángulos que quiere completar en la sesión.

1 Rolodex: Es un dispositivo giratorio que se usa para almacenar tarjetas de negocios.


—No vamos a usar el sujetador en esta sesión. Los dos estarán
desenfocados en el fondo, pero quiero el costado del pecho y sombras.
Pezones cubiertos, pero eso es todo lo que quiero oculto. Íntimo, deseo,
como en el pre sexo. Denme un juego previo. Quiero besos, pero no
lenguas a la vista. Simone, su aroma te está volviendo salvaje y no puedes
mantener tus manos lejos de él. —Se vuelve y grita—: Prepárense para el
acercamiento de la botella de colonia. Quien sea que haya rociado mi
estudio con esa mierda está despedido.

Cuando se va, los labios de Simone se retuercen con malicia,


ignorando mi diatriba.

—Juego previo. Pre sexo. —Se estira, sus pechos sobresaliendo y


desabrocha su sujetador. Desnuda frente a mí, dirige su mirada a la mía—.
Podemos hacer esto, ¿cierto, Danny?

Manteniendo mis ojos en ella, no me desvío más abajo.

—Creo que me las arreglaré.

Desde los laterales, el fotógrafo instruye:

—Toca sus pechos. —Cuando lo hago, añade—: Tan caliente. Sigan.

Dos horas más tarde, Simone yace en la cama, su mirada baja, su


cuerpo expuesto sin cuidado. Trato de ponerme de pie, pero me detiene
agarrando mi pretina y tirando.

—Quizás te veré de nuevo pronto.

—Sí, quizás seremos emparejados de nuevo. Nos vemos, Simone.

—Nos vemos.

Quince minutos más tarde, salgo tirando de mi camiseta por encima


de mi cabeza.

—Hola, Becs, voy tarde para reunirme con los chicos. ¿Tienes algo que
pueda tomar de la sesión para usar?

—Te he consentido en el pasado, pero sabes que se supone que no


puedes llevarte nada. Tenemos que informar nuestros gastos y devolver
toda la ropa. —Agarra una camisa azul marino con botones del bastidor y
me la entrega—. Así que no seas atrapado. Llévala como si ya fuera tuya.

Me saco la camiseta y me deslizó en la otra rápidamente.

—Gracias. —La beso en la mejilla mientras la abotono.

De buen humor, me empuja.

—Vete, guapo. Sal de aquí y diviértete.

Destellando mi sonrisa de un millón de dólares, respondo:

—Eres la mejor.

—Siempre tan encantador, Danny.

—Lo sabes.

—Creo que te veo en una sesión la próxima semana, de todas


maneras, así que vete.

—Si me extrañas en el inter, tienes mi número. —Mientras me dirijo


hacia la puerta, meneo mis cejas.

—Oh, tengo tu número, está bien. Vete, gran coqueto. Encuentra a


alguien que vaya a caer con esa línea.

—¿Qué hay de estos abdominales y mi chispeante personalidad?


—Froto mis abdominales para provocar—. ¿No hay amor por ellos?

Con su mano en su cadera, me sigue el juego.

—Es fácil enamorarse de esos abdominales.

—Auch. ¿Nada para mi personalidad?

—¡Vete!

Riendo, me escapo antes de que me atrapen con la camisa.

—Te veo la semana que viene.

—Nos vemos entonces, playboy.


Revisando la hora, se han hecho las diez. Corro hacia mi Jeep, el cual
está estacionado a una cuadra. La cena con amigos ha pasado hace
mucho. Seré regañado por perdérmela… como hago siempre.
Revoluciono el motor y me voy así puedo alcanzarlos para la segunda
mitad de las festividades de esta noche.

Tentado a conducir a casa en su lugar, enciendo la radio para


sintonizarme mentalmente con la noche. Tengo la sensación de que esta
noche será igual al miércoles y el domingo anterior a ese. Estoy listo para
algo diferente, un cambio de escenario, un cambio de compañía, algo o
alguien que me haga emocionarme por salir.

Resquicio de Esperanza: cada noche es una nueva oportunidad,


cada día, una segunda oportunidad de hacer las cosas bien.

Llego al club y le lanzo mis llaves al valet, quien me da un


asentimiento de bienvenida.

—Dan Man.

—¿Cuándo comenzaste a trabajar aquí, James?

—La semana pasada. El hotel me despidió por darle un paseo a una


dama en un Ferrari.

—¿Al menos eso te ganó puntos con la dama?

El valet sonríe y frunce sus labios.

—Ya sabes.

—Así se hace, pero imagino que el propietario del Ferrari no estaba


demasiado feliz.

—Estaba más molesto de que hubiera tomado prestado su auto de


que su esposa me hubiera dado una mamada. A mi jefe tampoco le gustó
eso.

Estallando en risas, choco puños con él.

—Oh, mierda. Bueno, cuida del Jeep. Nada de escapadas.

—Entendido, hermano. —Justo antes de saltar dentro, me grita—:


Buena suerte y diviértete.
—Eso pretendo.
DANNY
E
l gran anuncio metálico de Illustrious resplandece al sol de media
mañana de LA. Illustrious es la agencia de modelos de mayor
prestigio en la Costa Oeste, y mi nombre tiene peso allí. Poder de
estrella. No es arrogancia lo que me permite reconocer este hecho. Es mi
tarifa por ahora. No soy barato. Algunos me llaman un supermodelo,
aunque personalmente, odio ese término.

El ascensor se abre en el quinto piso y atravieso la puerta de cristal,


saludando a la nueva y muy linda recepcionista rubia cuando paso.
Escucho el cuchicheo antes de doblar en la esquina de El Pit (el lugar
donde todos los agentes trabajan) sin paredes, sino con filas de escritorios,
teléfonos sonando, y agentes de moda de California. Tomo la esquina y
soy recibido con una mirada furiosa de mí agente, visto a través del cristal
transparente de la pared de la sala de conferencias que lo separa de mí.

Uniéndose a mí mientras camino hacia la reunión que se celebra al


otro lado del Pit, la asistente de Mark, Jody advierte:

—Llegas tarde y está de mal humor. Ve con cuidado.

—Tuve una noche larga. —Sonrío. Nah, le doy una sonrisa completa—.
¿Cuándo no está de mal humor? Oh, es cierto. El día de paga. —
Mirándola digo—: Luces bien, Jods. ¿Estás haciendo ejercicio?

Agregando un pequeño meneo de culo mientras camina para


presumir su trabajo duro, dice:

—Spinning2 en Hollywood Cycle3.

—Está dando resultados.

2Spinning: Ejercicio aérobico realizado en bicicleta estática.


3Hollywood Cycle: Programa de televisión tipo Reality, basado en el entrenamiento en
bicicleta estática.
—Deberías unirte a mí alguna vez. Esas mujeres te comerían.

—Eso es lo que me da miedo. —Le envío un guiño y empujo la puerta


de la sala de conferencias. Ella gira en la dirección opuesta, dejándome
lidiar con el mal humor de Mark a solas. Mierda.

Mark deja de hablar y me saluda como a su hijo perdido por mucho


tiempo, añadiendo algunas palmaditas en mi espalda para completar:

—Ah, aquí está. El hombre de la campaña.

—Mis disculpas por llegar tarde. El tráfico apesta en esta ciudad. Estoy
seguro que entien…

La sangre corre a través de mis orejas; mi corazón está latiendo


suficientemente fuerte para hacer que me preocupe que mi pecho ha
sido abierto por la daga que acaba de golpearme.

Ondas suaves de cabello castaño salpicado con oro enmarcan su


rostro. Ojos azules brillantes miran fijamente directo a los míos marrones.

La única que se escapó.

La única que alguna vez podría haberme llevado sobre mi rodilla (la
izquierda para ser preciso) está sentada enfrente de mí. Una sonrisa
amable que siempre derritió mi corazón instalada en su expresión. No
había visto a Reese Carmichael en diez años, pero mirándola ahora, mi
corazón está olvidando el dolor que una vez lo endureció. Estúpido
corazón.

Mark interrumpe nuestro momento para hacer las presentaciones.

—Danny Weston, me complace decir que ahora eres el rostro de