Las mejores ideas nacen a veces fruto del aburrimiento.
Y así es como estaba Walt
Disney cuando viendo a su hija dar vueltas en un tiovivo tuvo la idea de crear un lugar
donde toda la familia pudiera divertirse, un mundo donde sus personajes y escenarios
cobrarían vida. Tras una inversión de 17 millones de dólares, ese sueño se hizo
realidad el 17 de julio de 1955, aunque comenzó en pesadilla.
Los 30.000 invitados a la inauguración de Disneyland en Anaheim (California) formaron
un atasco de 11 kilómetros, varias atracciones no funcionaban, los tacones de las
mujeres se hundían en el cemento aún húmedo de la calle principal y los restaurantes
se quedaron sin comida y bebida. Todo ello en presencia de estrellas como Frank
Sinatra, Charlton Heston o Sammy Davis Jr. y ante 90 millones de espectadores por
televisión, que vieron el estreno en la cadena ABC, que emitió una edición especial con
invitados como Ronald Reagan, que por entonces no pensaba aún en política. Walt
Disney se referiría a ese día como el Domingo Negro, pero incluso con todo ello el
sentimiento general fue que Disneyland sería un éxito
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'Blancanieves y los siete enanitos'
Con ella empezó todo. El clásico Disney se forja con esta historia que
recupera el cuento de los Hermanos Grimm y lo convierte en la primera
obra maestra del cine de animación. Las constantes de lo que serían las
películas de la productora están presentes en este filme. Sus canciones,
los secundarios graciosos, el viaje de la heroína… todo estaba allí.
Nadie pensaba en los años treinta que el cine fuera capaz de dar vida a
los dibujos. Un prodigio técnico y artístico que influyó en todo lo que se
hizo después.
'Fantasía' (1940)
Con todo el éxito de Blancanieves y Hollywood a sus pies, Walt Disney se
arriesgó en su segundo largometraje animado. Lo fácil hubiera sido
seguir las bases ya marcadas. Adaptar otro cuento, meter nuevas
canciones y listo. Pero Disney giró 180 grados y prefirió una película que
fue recibida como un experimento.
El resultado fue Fantasía, otra obra maestra en la que la música clásica se
mezcla con la mejor animación. Sin diálogos, dejando la emoción al
poder de la música y la imagen. Su aprendiz de brujo es una de las
escenas más recordadas de la historia del cine de animación.
'Dumbo' (1941)
La cuarta película de la factoría, aunque la tercera animada, supuso otro
salto sin red de Walt Disney. Nada que ver con lo hecho anteriormente.
Originalmente concebida para recuperar las pérdidas de Fantasía, se
convirtió en un nuevo clásico. Es una de las películas de dibujos más
tristes y melancólicas de la historia.
El pobre elefante, basado en el libro para niños homónimo de Helen
Aberson e ilustrado por Harold Pearl, emocionó a todos en la película
más corta de la productora.
'Alicia en el país de las maravillas' (1951)
¿Era la novela de Lewis Carroll lo más adecuado para una película de
dibujos animados? Por un lado tenía todos los elementos fantásticos
para crear una bella historia animada, aunque el subtexto de la historia
era más propio de los adultos. Pero Disney volvió a arriesgarse y creó
uno de esos filmes que han crecido con el tiempo.
Fue uno de los clásicos más criticados en su estreno, pero que se ha
reivindicado con el tiempo y ha terminado siendo uno de sus títulos más
importantes. La fascinación de Disney con la obra de Carroll viene desde
sus inicios, cuando ya realizó una serie de historias cortas basadas en
ella.
'Mary Poppins' (1964)
Disney no produjo sólo películas de dibujos, también hizo filmes
como Mary Poppins, que incluía alguna escena con animación, pero que
era más un musical lleno de fantasía basado en los libros que firmaba P.
L. Travers -con la que acabó discutiendo ya que ella desaprobaba varios
aspectos de la adaptación-. Fue la primera película de la productora que
fue nominada al Oscar al Mejor filme del año, y ganó cinco de sus 13
candidaturas, entre ellas la de Mejor actriz para Julie Andrews por su
inolvidable niñera