Los libros litúrgicos (VI): el Breviario
En esta entrada trataremos del Breviario Romano, cerrando con ello la
serie dedicada a los libros litúrgicos.
El Breviario Romano (Breviarium Romanum) es un libro litúrgico que
contiene el rezo eclesiástico de todo el año. En síntesis ahí se recogen las
oraciones, lecturas bíblicas y salmos que deben ser rezados o recitados en
las diferentes horas del día y según el correspondiente período del año
litúrgico. Su finalidad es acompañar la Santa Misa con la
manifestación pública de la fe en forma de plegaria, por lo que existe
sincronía en la progresión de las lecturas.
Canto del oficio divino
(Ilustración: Divinum Officium)
Los orígenes del Breviario Romano
En latín clásico, breviarium significa el índice, el extracto o el resumen de
una obra. Entre los Santos Padres, el término se emplea usualmente en este
sentido, y también se observa en ciertos documentos de carácter profano
(por ejemplo, el Breviario de Alarico). En el uso litúrgico de la baja Edad
Medida designaba muchas veces el folio o fascículo que contenía
brevemente las normas para la exacta recitación del Oficio o de la Misa. De
ahí que el título de breviario haya servido para designar al código del Oficio
Divino (llamado Liber horarum), sea porque representaba el extracto o,
mejor dicho, la fusión de varios libros litúrgicos necesarios para su rezo, o
también porque, habiendo incluido el fascículo (breviarium) de las normas
rubricales, éste, por sinécdoque, acaba por dar el nombre a todo el
volumen. Por ejemplo, el Liber horarum en uso en la diócesis de
Augsburgo, impreso en 1489, dispone cada una de sus partes siguiendo este
orden: Calendarium, Psalterium, Hymnarium, Breviarium, Commune,
etcétera.
La formación del Breviario como libro litúrgico canónico no va más allá del
siglo XI y tiene sus comienzos en Italia. Se origen se debió, por una parte,
a las exigencias de la recitación privada del Oficio, que se iba extendiendo
cada vez más, y por otra parte, a cierta necesidad de coordinación y
simplificación de la liturgia, que por esa época se iba abriendo paso. Se sabe
que el Oficio fue creado y compuesto para la recitación pública, en coro. Tal
fue la forma general en la Iglesia, tanto entre los monjes como entre los
sacerdotes seculares, hasta después del siglo XI, aunque en ciertos casos
particulares se permitía la recitación privada, siempre de manera reducida
(por ejemplo San Pacomio y San Benito la autorizaban para los monjes que
están de viaje o tienen otras dificultades). A esta exigencia de celebración
se sumaba el hecho de que para el rezo del Oficio era necesario contar con
diversos libros, todos ellos difíciles de transportar debido a su gran tamaño.
Para su recitación era necesario contar con el Salterio, el Leccionario
(integrado por el Antiguo y el Nuevo Testamento), el Homiliario, donde se
recogían los escritos de los Padres de la Iglesia, el Martirologio para la vida
de los santos, el Antifonario, el Responsorial, el Pasionario o Legendario,
el Himnario y el Oracional o Colectario. Estos libros eran diferentes para
cada período especial del año litúrgico (Adviento y Navidad, Cuaresma y
Pascua) y para el hoy denominado "tiempo ordinario", siendo tal aquel en
que no se celebraban las festividades centrales del nacimiento, pasión,
muerte y resurrección de Nuestro Señor. Estos libros formaban, en toda
iglesia de cierta importancia, una verdadera biblioteca, tanto por el número
como por sus proporciones. Incluso más, para sostenerlos fue diseñado con
el tiempo el facistol (término que proviene del occitano antiguo), el cual es
un atril grande en que se ponen el libro o libros para cantar en la iglesia y
que, en el caso del que sirve para el coro, suele tener cuatro caras que
permiten colocar varios volúmenes simultáneamente, cada uno de ellos
correspondientes a una voz.
Facistol de coro (catedral de Sevilla)
(Foto: Wikimedia Commons)
Primero se comenzaron a reunir todos estos volúmenes en uno o dos,
dividiéndolos según las estaciones de invierno o verano. En un segundo
momento se fundieron juntos de forma ordenada, distribuyendo los
distintos elementos (himnos, responsorios, etcétera) en cada oficio y
presentándolos en el orden en que debían cantarse. En cambio, cuando el
volumen se compilaba para el rezo privado, se limitaba a poner el incipit de
los salmos, himnos, antífonas, etcétera, suprimiendo toda notación musical
y dejando las lecturas reducidas a pocas líneas. Estos breviarum portatilia,
o de cámara, en uno o dos volúmenes, se encuentran ya poco antes del siglo
XIII. En los viajes se llevaban sujetos con anillas a la cintura y muchas
veces, en las iglesias, se fijaban mediante pequeñas cadenas al atril del coro
(de ahí su nombre de breviari incatenati), para comodidad de los
sacerdotes que debían trasladarse de un lugar a otro.
Un tipo de estos breviarios de cámara fue el que se formó en Roma, durante
los siglos XII y XIII, en la corte pontificia de Letrán, bajo el auspicio de las
tormentosas vicisitudes que no dieron tregua y le obligaron a moverse de
un lado a otro de Italia. Inocencio III (1198-1216) lo aprobó y, poco tiempo
después, San Francisco de Asís (1181-1226) lo hizo adoptar en la Segunda
Regla (1233) por los hermanos menores que eran clérigos, recibiendo
sanción del papa Nicolás III (1277-1280). Con el título de Breviarium
secundum consuetudinem Romanae Curiae fue ampliamente difundido
por los franciscanos y sirvió de base para aquel sancionado por San Pío V.
La razón de la proliferación de estos breviarios de cámara proviene de la
creación de numerosas parroquias rurales, atendidas muchas veces por un
solo sacerdote, y de las ordenes mendicantes (franciscanos, dominicos,
agustinos, carmelitas, mercedarios, etcétera), donde el recorrido de largas
distancias para predicar la fe imposibilitaba el rezo del Oficio en coro. De
ahí que se hacía imperioso fijar y simplificar los textos a fin de poder
recogerlos en algunos volúmenes fácilmente transportables. La invención
de la imprenta facilitará todavía más su composición en pequeños
formatos.
Breviario romano en formato pequeño (Ratisbona, 1936)
(Foto: New Liturgical Movement)
El Breviario Romano promulgado por orden del Concilio de
Trento
Como ocurrió con todos los libros litúrgicos, el Concilio de Trento ordenó
componer un Breviario común para todas las iglesias de rito romano. Hasta
entonces, cada obispo tenía autoridad para fijar el texto que debía rezarse
en su diócesis, y lo mismo ocurría con las órdenes religiosas. En
cumplimiento de ese mandato, San Pío V (1566-1572) terminó la reforma
comenzada por el Concilio y promulgó la primera edición típica del
Breviario Romano (Breviarium Romanun ex Decreto Sacrosancti
Concilio Tridentini Restitutum Summorum Pontificum Cura
Recognnitum) mediante la bula Quod a nobis, de 9 de junio de 1568,
permitiendo el uso de todos aquellos otros breviarios que tuviesen una
antigüedad probada de al menos 200 años.
El Breviario tridentino está compuesto de ocho oficios repartido durante la
noche y el día: Maitines (antes del amanecer), Laudes (al amanecer), Prima
(primera hora después del amanecer, sobre las 6.00 de la mañana), Tercia
(tercera hora después de amanecer, sobre las 9.00 horas), Sexta (mediodía,
justo después del Ángelus durante el año o el Regina Coeli por Pascua),
Nona (sobre las 15.00 horas, Hora de la Misericordia), Vísperas (tras la
puesta del sol, habitualmente sobre las 18.00 horas, después del Ángelus
durante el año o el Regina Coeli por Pascua) y Completas (antes del
descanso nocturno, las 21.00 horas). Cada hora está compuesta por los
siguientes elementos: (i) invocación inicial; (ii) himno; (iii) salmodia (a la
que se añaden en las horas mayores textos bíblicos no sálmicos llamados
cánticos); (iv) lectura bíblica (y lectura patrística en Maitines); (v)
responsorio (cántico evangélico, preces y Padre Nuestro en el caso de
Laudes y Vísperas); (vi) oración final y despedida. La forma habitual de
editar el Breviario era en cuatro tomos o partes, uno para cada estación del
año: pars verna, pars aestiva, pars autumnalis y pars hiemalis. También
existía el Diurnal (Diurnale), en un solo tomo, en el que se reunían todas
las horas canónicas menos Maitines: Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona,
Vísperas y Completas.
Con posterioridad, el Breviario fue ligeramente modificado por Gregorio
XIII (1572-1585) en 1582 para adaptarlo al nuevo calendario, y por Sixto V
(1585-1590), quien reintrodujo en algunas fiestas suprimidas por San Pío
V (por ejemplo, la Presentación de la Virgen María). La obra de este último
fue continuada por Clemente VIII (1592-1605), quien promulgó una nueva
edición típica a través de la bula Cum in Ecclesia, de 10 de mayo de 1602.
En ella se corrigieron muchas lecturas hagiográficas y patrísticas, se aceptó
la nueva Vulgata, y se aumentó el santoral y el común. Poco después, y a
diferencia de sus predecesores, Urbano VIII (1633-1644) decidió
reestructurar completamente el breviario desde el punto de vista estilístico
por la bula Divinam psalmodiam, de 25 de enero de 1631, con el propósito
de adaptar el conocimiento del latín a la época, especialmente en los
himnos. Aunque estos himnos se publicaron en 1629, el Breviario recién
fue publicado tres años después. Clemente X (1699-1676) también hizo
algunas modificaciones, como aumentar las fiestas del calendario y su
categoría litúrgica, aunque en 1671 promulgó un decreto, a través de la
Congregación de Ritos, que prohibía hacer nuevas reformas por los
próximos 50 años, el cual fue confirmado por Clemente XI (1700-1721) y
Benedicto XIV (1740-1758).
Sin embargo, todas estas reformas fueron muy tradicionales y respetaron
la estructura general del Oficio Divino según la liturgia romana de los siglos
IX y X. Por el contrario, la reforma llevada a cabo por San Pío X (1903-
1914), merced a la bula Divino afflatu, de 1º de noviembre de 1911, supuso
una verdadera revolución en cuanto al desarrollo orgánico del rito. Ella
revalorizó el oficio dominical y temporal (casi completamente desplazado
por el santoral en el curso de los siglos) y redujo el número de salmos en
ciertas horas. Pese a los cambios que efectivamente se concretaron, la
reforma tenía un alcance mucho mayor: la propia bula anunciaba el
nombramiento de una comisión que debía preparar una revisión más
amplia del Breviario y del Misal, la cual no llegó a concretarse por la muerte
del Papa en 1914.
El relevo reformista fue tomado Pío XII, quien hizo publicar en 1956 una
nueva edición del Breviario, en la cual quedaron incorporados: (i) el
Salterio piano [elaborado por Agustin Bea (1881-1968), creado cardenal en
1959, y promulgado por el motu proprio In cotidianis precibus, de 24 de
marzo de 1944], (ii) una simplificación de las rúbricas (a través del decreto
de la Sagrada Congregación de Ritos De rubricis ad simpliciorem formam
redigendis, de 23 de marzo de 1955) y (iii) las reformas de la Semana Santa
(puestas en vigor por el decreto de la Sagrada Congregación de Ritos
Maxima redemptionis, de 16 de noviembre de 1955). En 1962, San Juan
XXIII publicó una nueva edición típica del Breviarium Romanum para
conformar éste al nuevo código de rúbricas (promulgado con el motu
proprio Rubricarum instructum, de 25 de julio de 1960). Fue la última
edición típica antes de la introducción de la reforma litúrgica postconciliar,
de suerte que tal es el texto que debe seguirse hoy en la forma
extraordinaria.
(Foto: Catholic Quotes)
El Concilio Vaticano II y el Oficio Divino reformado
Pese a la reforma de Pío XII, todavía subsistía el deseo de simplificar más
el Oficio Divino, conservando lo esencial del Breviario Romano y quitando
todo aquello extraño que se había agregando con los siglos. El Concilio
Vaticano II recogió esta inquietud y el Capítulo IV de la Constitución
Sacrosanctum Concilium dispuso la completa revisión del Oficio Divino.
Es más, ya desde antes del Concilio el término "Breviario" se había vuelto
impropio, pues la Liturgia de las Horas no es (como antaño) un resumen
de ninguna otra cosa, sino ella misma la oración colectiva de la Iglesia.
Conjuntamente con la promulgación del Misal reformado, el beato Pablo
VI promulgó el nuevo Oficio Divino (Officium divinum ex decreto Concilii
Oecumenici Vaticani II instauratum) mediante la Constitución
apostólica Laudis canticum, de 1° de noviembre de 1970. La Liturgia de las
Horas, como se denomina habitualmente, se edita en cuatro volúmenes, ya
en latín, ya en lengua vernácula. También existe una versión impresa en un
volumen único, donde no se incluye el Oficio de Lecturas.
Se distinguen en general dos niveles de celebración en la liturgia, las
llamadas horas mayores o principales (el Oficio de Lectura, que reemplaza
a Maitines, Laudes y Vísperas) y las horas menores (las horas intermedias,
vale decir, Tercia, Sexta y Nona, y Completas). Las primeras son de rezo
obligado, pudiendo situarse el Oficio de Lectura en cualquier momento del
día; de las segundas, en tanto, se cumple la obligación canónico con el rezo
de una sola de ellas.
Cabe tener presente que el rezo del Oficio Divino es obligatorio para
quienes llevan alguna forma de vida consagrada, siendo para ellos
obligatorio su rezo sub gravis. Esto significa que su omisión voluntaria
equivale a materia de pecado mortal, según la respuesta de 15 de noviembre
de 2000 dada por la Congregación para el Culto Divino y la Congregación
del Clero (véase aquí su texto). Por cierto, el Concilio Vaticano II animaba
a rezar esta liturgia a todos los fieles, pues en ella se condensa la forma más
perfecta de oración pública de culto a Dios.
(Foto: Lisa Graas)
Para comprar el Breviario Romano tradicional
Para quienes deseen rezar el Breviario Romano tradicional, la asociación
española Sapientiae Sedei Filii ha preparado una edición bilingüe latín-
castellano. El Breviario contiene: Laudes I, Laudes II, Prima, Tercia, Sexta,
Nona, Vísperas y Completas, para todo el año litúrgico tradicional. Está
dividido según costumbre: (i) Introducción y Ordinario; (ii) Salterio para
cada día de la semana en castellano y latín en traducción paralela; (iii) el
Propio del Tiempo en castellano y latín en traducción paralela; (iv) el
Propio de los Santos en español y latín en traducción paralela; (v) el Común
de Santos en castellano y latín en traducción paralela; (vi) las Letanías
Mayores en castellano y latín en traducción paralela; (vii) el Oficio de la
Bienaventurada Virgen María in Sabbato en castellano y latín en
traducción paralela; (viii) el Oficio de Difuntos en castellano y latín en
traducción paralela. La edición incluye además: (i) el Oficio Parvo de la
Bienaventurada Virgen María para cada día de la semana y según el tiempo
litúrgico, con las siguientes horas: Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona,
Vísperas y Completas; y (ii) el Martirologio Romano completo, según la
versión de Pío XII, siendo así el único Breviario en toda la historia que
facilita ese anexo para el rezo de la Hora Prima en coro, o para su rezo en
privado.