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Género y Delincuencia - Módulo 1 - Género y Criminalidad

Este documento trata sobre la relevancia de adoptar una perspectiva de género en criminología. Explica que el concepto de género se ha convertido en un enfoque central en la cultura contemporánea y que su aplicación en criminología ha supuesto un cambio paradigmático. Resume las diferentes etapas en el estudio de la relación entre género y criminalidad, desde los primeros estudios feministas hasta la actualidad, donde la perspectiva de género se ha integrado plenamente en la disciplina. Finalmente, analiza diferentes teor

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Género y Delincuencia - Módulo 1 - Género y Criminalidad

Este documento trata sobre la relevancia de adoptar una perspectiva de género en criminología. Explica que el concepto de género se ha convertido en un enfoque central en la cultura contemporánea y que su aplicación en criminología ha supuesto un cambio paradigmático. Resume las diferentes etapas en el estudio de la relación entre género y criminalidad, desde los primeros estudios feministas hasta la actualidad, donde la perspectiva de género se ha integrado plenamente en la disciplina. Finalmente, analiza diferentes teor

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Género y

criminalidad
Myriam Herrera Moreno
PID_00208880

Tiempo de lectura y comprensión: 4�horas


CC-BY-NC-ND • PID_00208880 Género y criminalidad

Los textos e imágenes publicados en esta obra están sujetos –excepto que se indique lo contrario– a una licencia de
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CC-BY-NC-ND • PID_00208880 Género y criminalidad

Índice

Introducción............................................................................................... 5

Objetivos....................................................................................................... 8

1. Relevancia del enfoque de género en criminología.................. 9


1.1. Sobre género y sexo .................................................................... 9
1.2. Género y niveles de abordaje ..................................................... 10
1.3. Evolución de los estudios de género en criminología ................ 11
1.4. Etapas en la problematización sobre género y criminalidad ...... 12
1.5. Pluralismo en los enfoques sobre género y delito ...................... 13
1.6. Críticas a la perspectiva feminista en criminología .................... 15

2. Estudios sobre género y criminalidad: Evolución y


perspectivas.......................................................................................... 18
2.1. Iniciativas victimológicas ............................................................ 18
2.2. Hacia la superación de la ceguera de género .............................. 19

3. Género y delito: planteamientos criminológicos...................... 21


3.1. Teorías biológicas ........................................................................ 21
3.1.1. La tesis lombrosiana de la “infractora
desnaturalizada” ............................................................. 21
3.1.2. Enfermedad y perturbación en las infractoras ............... 22
3.1.3. Genética conductual y diferencias sexuales .................. 23
3.1.4. Infracción femenina y teoría evolucionista ................... 24
3.2. Planteamientos neutrales frente al género ................................. 25
3.2.1. Teorías del control social ............................................... 25
3.2.2. Planteamientos desarrollistas o del curso vital .............. 26
3.2.3. Aprendizaje social .......................................................... 27
3.3. Teorías híbridas ........................................................................... 28
3.3.1. Teoría general de la tensión .......................................... 28
3.3.2. Teoría general de la delincuencia .................................. 29
3.4. Planteamientos criminológicos basados en el género ................ 30
3.4.1. Tesis de la emancipación de la mujer ............................ 32
3.4.2. Marginalidad económica ............................................... 33
3.4.3. Teorías sobre socialización diferencial ........................... 34
3.4.4. Itinerarios de victimización hacia el delito ................... 34
3.4.5. Teoría relacional ............................................................ 36
3.4.6. Teoría del poder de control ........................................... 36
3.4.7. Estudios sobre mujer y subculturas ............................... 37
3.4.8. Género y masculinidades criminales ............................. 38
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 Género y criminalidad

Resumen....................................................................................................... 39

Actividades.................................................................................................. 41

Bibliografía................................................................................................. 43
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 5 Género y criminalidad

Introducción

El concepto de género se asienta como un sólido y central enclave en la cultu- Reflexión


ra contemporánea. La generalización de estudios criminológicos sobre géne-
El cambio paradigmático men-
ro y delito ha introducido un paradigmático cambio de perspectiva, más allá cionado se debe en buena me-
del descubrimiento de la mujer como un “nuevo” y enriquecedor objeto de dida a la relevancia adquiri-
da por las investigaciones del
estudio: la irrupción del concepto de “género” determinará en criminología feminismo criminológico. Si
en 1988, autoras como Daly
un profundo cambio de carácter epistemológico y conceptual que afecta a la y Chesney-Lind ponían en evi-
dencia la marginalidad de la
producción, organización y encuadre integral de los conocimientos sobre cri- visión de género en crimino-
minalidad, victimización y control social de hombres y mujeres. logía, menos de una década
más tarde, otra experta puede
señalar una situación bien dis-
tinta: la infracción de la mujer,
Tal situación indica un significativo nivel de acogida e impregnación de la vi- auténtica “bella durmiente”,
sión sociopolítica implícita en la idea de género. Una parte sustancial de los es- despertará con energía reno-
vadora en el nuevo panorama
tudios de género en criminología siguen siendo hoy de neta producción femi- criminológico (Heidensohn,
1997).
nista, pero su abordaje admite compatibilidades y eficaces integraciones con
otras visiones criminológicas asentadas; en todo caso, género y criminología
constituyen hoy un tándem de consensuada relevancia científica, ni mucho
menos concebible como un producto más de aquellas exóticas criminologías
que se alzaron a fines del siglo XX erizadas de vehemencia crítica.

Por lo tanto, la interpretación de género no es hoy, en criminología, un aña-


dido científico de carácter complementario, una ampliación de alcances por
interesante o enriquecedora que se pretenda: constituye ya una parte inescin-
dible e integrada de la comprensión criminológica sobre la conducta humana
desviada y su control. En tal sentido, ha sido clave entender que el género no
es un mero factor, sino que constituye ante todo un sistema de producción:
el sistema patriarcal, que parte, como materia bruta, de diferencias sexuales,
que serán reconfiguradas, elaboradas y alambicadas hasta un resultado final
netamente discriminatorio.

No es posible entender la conformidad normativa de las mujeres como gru-


po al margen del análisis de género, ni desconocer el modo en que la victimi-
zación limita las vidas de tantas mujeres; ello no solo cuando se manifiesta
como fenómeno real, sino cuando la inoculación de inseguridad, de miedo a
la victimización, se erige en toda una disciplina de control para tejer una red
angustiosa y ubicua que coarta las elecciones vitales.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 6 Género y criminalidad

El sistema de género, sin embargo, no opera siempre con dinámicas explícitas El sistema de género y los
ni sobre formulaciones programáticas. Antes bien, como se ha señalado desde medios

el feminismo más reciente, el control de género está dotado de una asombro- La justificación mediática (en-
sa capacidad de reinventarse, de reformularse incansablemente, de emboscar- tretener/informar) es sin duda
una de las más recurrentes. En
se en coartadas políticamente correctas, y colonizar las instituciones sociales, los espacios de entretenimien-
to, los noticiarios, en las ban-
asumiendo falsos discursos (todo sea por la igualdad, la seguridad o la protec- das de anuncios comerciales,
la imagen de la mujer aparece
ción de las mujeres...). recurrentemente como objeto
sufriente o artículo de consu-
mo, sea este criminal, mercan-
Tampoco puede entenderse la infracción de la mujer al margen de las desven- til o sexual. La “mujer auténti-
ca”, sensible, sufrida, atenta a
tajas de género. La concentración de la miseria en la mujer, o fenómeno de fe- la merienda de sus hijos y a la
minización de la pobreza constituye un poderoso elemento criminógeno que blancura de la colada familiar
contrasta regularmente con fi-
determina que algunas mujeres pasen a una cárcel que no es sino réplica insti- guras de mujeres prostitutas,
casquivanas, adictas y “malas
tucional –más segura y reglamentada, en todo caso– de la cárcel de la calle y la madres”, que se reúnen en el
miseria ambiental. Clave en este proceso es, de una parte, la secular situación caleidoscopio mediático de la
desviación femenina.
deprimida de algunos sectores, potenciada por la falta de medidas específicas
de prevención primaria, que proporcione unos mínimos en formación, auto-
nomía y oportunidades vitales para mujeres excluidas.

Desde hace pocos años, esta especial factorialidad se ha hecho del dominio
público, merced a la tarea divulgativa del feminismo criminológico, cuya labor
investigadora tantas veces se ha ligado a movimientos cívicos de denuncia. Sin
embargo, la injusticia de algunas situaciones solo parece calar en la sociedad
en casos sonoros, extremos, en los que puede percibirse a una mujer abruma-
doramente sobrepasada: sola e impotente ante las cargas familiares, ante los
déficits personales, ante las limitaciones socioeconómicas, la victimización y
la marginación; incluso para estos casos, el sistema penal no acierta a abrirse a
auténticas soluciones, más allá de zanjarlos desmañadamente por vía de arre-
glos de oportunidad.

El indulto, ¿solución o parcheo?

2000. Es indultada María Teresa de Jesús Moreno Maya, Tani, gitana, sin empleo ni recur-
sos, casada a los 14 años y con 17 años de palizas conyugales a sus espaldas, quien un día
matara a su marido en su chabolo de Mejorada del Campo. Pese al perdón institucional,
fue amenazada y expulsada por su propio clan (estaba emparentada con su marido, y los
suyos no dieron la cara por ella).

2009. María del Saliente Alonso Martínez, tras haber sido suspendida la pena de prisión
que le fuera impuesta, obtiene indulto respecto de la pena de alejamiento. Mujer sordo-
muda, con escasa formación, y el cargo de educar a un inquieto adolescente de 12 años,
había sido condenada por maltrato en el ámbito familiar: un día, persiguiendo al chico,
quien se zafaba de los deberes escolares, le había propinado una bofetada y agarrado
bruscamente del cuello.

2013. Emilia Soria, madre de dos niñas que dependían de ella para su sostenimiento,
había utilizado una tarjeta de crédito extraviada para hacer el pago en un supermercado
y adquirir pañales y alimentos por valor de 195 euros; alegó que no sabía “en qué otro
momento iba a poder llenar la nevera”. Condenada a dos años y cuatro meses de prisión
por falsedad y estafa, tras varias peripecias judiciales obtuvo la conmutación de su pena
por trabajos comunitarios.

En el mismo año, el Gobierno de Bolivia indulta a Dolores Sánchez, presa española reclusa
en este país por más de cinco años y que padecía un cáncer de mama terminal que nunca
fue tratado en prisión. Dolores había sido condenada por hacer de “mula”, pasando droga
en una operación a la que se había incorporado para salvar el domicilio familiar de un
inminente desahucio.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 7 Género y criminalidad

En el presente trabajo se abordará un recorrido a través de los tratamientos


criminológicos sobre género y criminalidad como objeto de estudio; nuestra
referencia será, generalmente, los desarrollos criminológicos de ámbito anglo-
sajón (básicamente EE. UU., Canadá, Australia y Reino Unido). Es claro que
no cabe hacer aplicaciones en bloque de tales modelos a ámbitos de infracción
diferenciados, pero también es cierto que tales estudios asumen haber apunta-
do unas bases teóricas transferibles a muchos otros sistemas, y que los estudios
feministas, en significativa medida, manifiestan una vocación de tratamiento
universalista y comparado de los problemas de la mujer en una sociedad glo-
bal de género.

Así, identificaremos las premisas conceptuales, estilos de abordaje científico,


críticas suscitadas y principales hipótesis desarrolladas sobre los fenómenos
criminales observados desde la perspectiva de género; para terminar, apunta-
remos las nuevas líneas que se comienzan a vislumbrar en uno de los sectores
criminológicos más jóvenes, y sin embargo más fecundos.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 8 Género y criminalidad

Objetivos

Con el estudio de este módulo alcanzaréis los objetivos siguientes:

1. Comprender el sentido, consecuencias y nuevos aportes que ha incorpo-


rado el enfoque sociológico de género en criminología

2. Acceder a las dificultades metodológicas que la agenda activista y la mul-


tiplicidad de aproximaciones del feminismo incorporan al discurso de gé-
nero en criminología.

3. Aprender a mirar críticamente los desarrollos criminológicos que han ig-


norado las variables de género al elaborar hipótesis explicativas de los fe-
nómenos criminales y de su control social.

4. Ganar soltura en el manejo de los conceptos y expresiones más recurrentes


en el tratamiento criminológico que intersecciona género y criminalidad
(así, entre otros muchos, ceguera de género, corriente masculinista, ratio de
género, igualdad vengativa, masculinidad hegemónica...).

5. Saber reconocer estereotipos e imposiciones diferenciales, ligadas a las ex-


pectativas normativas de género, en las vidas tanto de quienes delinquen
como de quienes no lo hacen.

6. Despertar interés en la perspectiva de género para contar con un suelo for-


mativo básico que permita seguir profundizando sectorialmente en cual-
quiera de las líneas de trabajo aquí esbozadas.

7. Desechar conceptos puros de mujer víctima y mujer infractora, accediendo


a las dinámicas que orientan a las mujeres victimizadas hacia la infracción,
como aquellas que, desde una posición infractora, involucran a las mujeres
en contextos de riesgo victimógeno.

8. Saber identificar las distintas rutas de victimización hacia el delito en mu-


jeres, para poder trabajar eficazmente con historiales de infractoras o re-
clusas.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 9 Género y criminalidad

1. Relevancia del enfoque de género en criminología

En este apartado nos detendremos en los principales aspectos definitorios li-


gados a la idea de sociedad patriarcal o de género, contemplaremos cómo el fe-
minismo criminológico ha irrumpido en el seno del pensamiento convencio-
nal, rompiendo arraigados preconceptos y abriendo nuevos cuestionamientos.
Delimitaremos las fases metodológicas en las que el nuevo enfoque de géne-
ro se ha ido desplegando y las diferentes dimensiones ideológicas abiertas en
torno a dichas etapas. Finalmente, daremos cuenta de algunas críticas susci-
tadas en torno a la cientificidad y autonomía de las nuevas líneas relativas a
género y criminalidad.

1.1. Sobre género y sexo

Sobran razones para considerar la incidencia del género en la criminalidad de


hombres y mujeres. Para entender hasta qué punto, debe acudirse a la raíz del
concepto: una exuberante profusión de estudios sociológicos y filosóficos se
encargan de ello (bien sea, a veces, empleando un característico criptolenguaje
que desde la propia reflexión feminista se ha criticado). A los efectos de la pre-
sente revisión, nos atendremos a las implicaciones diferenciales del concepto
frente a la noción de sexo, su “socio” más recurrente (Goffman, 1976):

• El sexo constituye una clasificación biológica, comprensiva de caracteres


secundarios y primarios diferenciados, propios de la condición reproduc-
tiva humana. La condición sexuada se evidencia en diferencias sexuales
en cuanto a cromosomas, hormonas, gónadas y ciertos órganos (el cerebro
entre ellos, a tenor de la moderna neurociencia).

• El género es, por su parte, el correlato cultural del sexo, su construcción


social: el conjunto de expectativas normativas y condiciones relativas a la
femineidad y masculinidad que la sociedad adscribe a una persona según
su pertenencia a uno u otro grupo sexuado.

Un sector del pensamiento feminista había concebido como dicotómicas las


categorías de sexo y género, sin que existiera apenas correspondencia entre
ambas esferas. Así, las diferencias sociales entre masculinidad y femineidad
se originarían completamente al margen de la condición sexuada, por cuanto
lo masculino y lo femenino serían artefactos culturales, puros amaños socia-
les artificiosamente construidos en beneficio del patriarcado. Hoy, el enten-
dimiento de dicha oposición se relaja o incluso se cuestiona desde distintas
vertientes disciplinares, externas o internas al pensamiento feminista.

Así, por vía de ejemplo:


CC-BY-NC-ND • PID_00208880 10 Género y criminalidad

• El llamado pensamiento feminista “de la diferencia” viene afirmando que


el cuerpo y la mente humana no son neutrales sino sexuados, y que ello
impacta diferencialmente en la consciencia subjetiva, la cultura y las po-
líticas de género. Sería opresor querer “superar” las identidades de género
a través de una reducción a pura androginia.

• Igualmente, desde bases evolucionistas se critica hoy la idea de un género


sin patrocinio biológico alguno, surgido de la pura espuma cultural. Negar
que la condición sexual sea “un destino” no debería así implicar nula in-
cidencia de dicha condición en algunas diferencias cognitivas y conduc-
tuales que hoy se observan en ambos géneros, siempre al margen de la
existencia de variabilidad individual.

Sin embargo, trascendiendo de este debate, parece regularmente admitido –


incluso entre las disciplinas biológicas– que la dimensión sociocultural de gé-
nero cumple un rol especialmente diligente en el moldeado de los comporta-
mientos sociales de hombres y mujeres, entre ellos la conducta criminal.

Así, pueden señalarse algunas especificidades criminológicas imposibles de es- Lectura complementaria
clarecer a espaldas de la idea de género:
Sobre estas especificidades
criminológicas, puede con-
• ¿Por qué la mujer no es frecuente ni característica autora de delitos graves sultarse la obra siguiente:
D.�Steffensmeier;�E.�Allan
contra la propiedad y contra las personas? (1996). “Gender and crime:
Toward a gendered theory of
female offending”. Annual re-
• ¿Por qué las mujeres delincuentes se integran o lideran grupos criminales view of sociology (vol. 22, pág.
en mucha menor proporción que los varones? 459-487).

• ¿Por qué, más frecuentemente en las mujeres, los delitos graves se vinculan
a historiales de maltrato en la infancia o hábitos adictivos precoces?

• ¿Por qué los factores relacionales tienen tanto peso en la explicación de la


criminalidad de la mujer? ¿Por qué un elevado porcentaje de mujeres son
introducidas en el mundo criminal por sus parejas? ¿Por qué el apego o
lealtad a la pareja o las necesidades familiares son motivos criminales tan
alegados por las infractoras?

1.2. Género y niveles de abordaje

Las implicaciones de género se manifiestan de modo muy diverso: en asun-


ciones populares, valores institucionales, exigencias normativas, costumbres,
situaciones, interacciones, lenguaje, expresión artística, imagen mediática...
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 11 Género y criminalidad

Por eso, según el nivel en que sea aislada y abordada la expresión del género Lectura recomendada
en Criminología, resulta útil la distinción apreciada entre:
Sobre esta distinción, puede
consultarse la obra siguiente:
• Género�al�nivel�macro: concebido como ordenación�de�género relativo
1
R.�W.�Connell (2002). Gen-
der. Cambridge.
a los patrones generales de regulación de la vida social que determinan
desigualdades estructurales entre hombres y mujeres. Debido a la variabi-
(1)
lidad y fluidez de dichos rasgos se afirma que la criminología funciona En inglés, gender order.

mejor en niveles más reducidos de análisis.

(2)
• Género�al�nivel�medio: coincidente con el concepto de régimen�de�gé- En inglés, gender regime.
2
nero . Se estudia aquí el género imbricado en las instituciones y organiza-
ciones sociales (así, la familia, la escuela, la iglesia, y muy paradigmática-
mente, la cárcel).

(3)
• Género� al� nivel� micro, o relaciones� de� género3, donde se diferencian En inglés, gender relations.

cuatro distintos contextos relacionales en los que las diferencias de géne-


ro se evidencian: relaciones de poder, relaciones productivas, relaciones
emocionales y relaciones simbólicas.

1.3. Evolución de los estudios de género en criminología

En la primera mitad del siglo XX, una primera�oleada�del�feminismo�sufra-


gista en el mundo occidental obtiene primero, y afianza en años sucesivos,
básicos objetivos igualitarios en el terreno de los derechos civiles de signo po-
lítico y educativo.

A partir de la segunda mitad del pasado siglo, la mirada feminista se posa en


el desnivelado entorno del que han emanado esos primeros derechos, y se
experimenta así una profunda necesidad de reorientación: ya no se trata de
recabar la benevolencia del estado hacia las mujeres, para arrancarle nuevas
–y siempre mezquinas– tajadas reformadoras; ahora se aspira a conmover y
transformar las estructuras socio-políticas desde sus mismos cimientos.

La cultura en su integridad se somete a intenso escrutinio, y lejos de estimar-


se ya aliada natural de la mujer, se redescubre viciada de prejuicio, desde su
origen, en cuanto instrumento político discriminatorio. La propia criminolo-
gía, por descontado una indiscutible emanación cultural, no queda a un lado
de este perverso juego de subordinación, bien a pesar de su alegada vocación
humanista.

Así pues, de ese nuevo contexto de desconfianza cultural, propia del feminis-
mo�de�segunda�oleada, en los años sesenta del pasado siglo, surge en EE. UU.
la criminología feminista, animada por una doble clave programática:
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 12 Género y criminalidad

• Objetivo�feminista: Promocionar el rol de la mujer en la sociedad, en con-


frontación con el predominio patriarcalista, desigualitario y limitador del
entorno social, contrario a la integración y autonomía de las mujeres. Des-
de esta premisa, los nuevos estudios feministas ilustrarán las categorías de
mujer infractora y mujer victimizada como figuras socialmente preteridas.

(4)
• Objetivo�disciplinar: Promocionar a la mujer en el seno de la propia cri- Este concepto (en inglés, ma-
le-stream criminology) alberga, por
minología, reclamándola como unidad científica de observación, tras su
cierto, un travieso juego de pala-
prolongada ignorancia. La criminología tradicional pasa, en este concepto, bras: male-stream parafrasea el tér-
4
mino mainstream, o corriente prin-
a ser rebautizada como criminología de corriente masculinista –término cipal; así, lo prevalente pasa a verse
como sesgado, sexista.
de incierta autoría, que cobrará enorme popularidad.

Lectura recomendada

1.4. Etapas en la problematización sobre género y criminalidad Sobre esta cuestión, puede
consultarse la obra siguiente:
K.�Daly;�M.�Chesney-Lind
Desde un punto de vista metodológico y epistemológico, se han apreciado tres (1988). “Feminism and crimi-
fases significativas: nology”. Justice quarterly (vol.
4, núm. 5, pág. 497-538).

1)�Fase�inicial, “añadir mujeres y remover”: Una incipiente consideración del


género se reducirá a aplicar meros procedimientos de agregación a estudios cri-
minológicos previos. Así, se aceptan en bloque doctrinas criminológicas crea-
das sobre referentes masculinos a las que sin más se adiciona el sexo como
variable no controvertida. En esta etapa, no se cuestiona la criminología con-
vencional, únicamente se aspira a integrarla mediante el añadido del género.

(5)
2)�Fase�de�emancipación: Se verifica a finales de los años setenta, abriéndo- En inglés, standpoint feminism.
se el paso, en la década subsiguiente, a una vehemente literatura criminoló-
gico-feminista que se centra en generar explicaciones específicas sobre infrac-
ción, desviación y control de la mujer. Este saber, extraído de las mujeres, por
mujeres, y con idea de servir a las mujeres, se corresponde con los procedi-
mientos propios del llamado feminismo de la perspectiva o del punto de vista5.

La mujer delincuente se convierte desde entonces en referencia explícita y di-


ferenciada. El grueso de los estudios criminológico-feministas se incardinan,
pues, en esta categoría, que progresivamente y desde la criminología anglosa-
jona, viene difundiéndose y cobrando carácter internacional.

3)� Fase� de� revisión: Muy a finales del siglo XX, y nada más emprendido el
nuevo siglo XXI, despunta un sector crítico que insta a hacer balance y reca-
pitulación provisional de los logros obtenidos para valorar si la orientación
criminológico-feminista está siendo fiel a las finalidades pragmáticas que se
habían impuesto.

Esta última fase se plantea reflexivamente si la criminología feminista ha ope-


rado una genuina aproximación a los objetivos igualitarios y humanistas del
feminismo, si ha mejorado efectivamente la vida de las mujeres, si ha aminora-
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 13 Género y criminalidad

do su exclusión social, prevenido su criminalización/victimización y reforzado


su presencia social. El giro revisionista, actualmente en vigor (en coexistencia
con una intensa actividad investigadora), se muestra a veces profundamente
escéptico y desencantado en materia de avances efectivos, e incluso desconfía
de la capacidad feminista para obtenerlos por instrumentos criminológicos.

Citemos algunos ejemplos:

• Se renuncia a la criminología como instrumento feminista viable, argu-


mentando que, al cabo, los objetivos criminológicos son autónomos –si
no opuestos– a la lógica igualitaria y reforzadora del feminismo. Es el caso
de Carol Smart, pionera en la crítica feminista a la criminología conven-
cional.

• Se reclama el reconocimiento de frentes discriminatorios indirectos y sec-


toriales, pues no tiene sentido que el feminismo en el mundo occidental
siga criticando a una sociedad patriarcal ya caducada que integraba explí-
citamente en su programa la subordinación femenina. Es esta una frecuen-
te observación en trabajos de Chesney-Lind.

• Se proclama que cierta criminología feminista opera, en la práctica, como


una útil fábrica de legitimación y “buena conciencia” al servicio de un sta-
tu quo punitivo que en tales elaboraciones halla nuevas excusas para seguir
criminalizando a mujeres pobres y excluidas. Así lo advierten, entre otras,
autoras como Carlen, en Gran Bretaña, o Hannan-Moffat, en Canadá.

1.5. Pluralismo en los enfoques sobre género y delito

Si en un principio las aspiraciones igualitarias del feminismo auspiciaban una


cierta homogeneidad de visiones, finalmente (Gelsthorpe, 2003) las aproxi-
maciones se han ramificado en vertientes y metodologías muy diversas (por
lo demás, un saludable cambio respecto del monocorde abordaje patriarcalista
sobre la mujer):

1)�Enfoque�liberal. Centrado en la obtención de reformas legales que procu-


ren a la mujer un estatus jurídico de igualdad mediante un completo recono-
cimiento de sus derechos.

2)�Enfoque�marxista. Ligado a factores de clase; denuncia cómo la mujer de


baja extracción es menospreciada por el sistema, por su menor productividad
y su anclaje en las tareas reproductivas.

3)�Enfoque�socialista. Atiende a los factores estructurales que gravitan nega-


tivamente sobre algunas mujeres de modo especial, ligados a su raza, clase y
condición culturalmente minoritaria.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 14 Género y criminalidad

4)�Enfoque�existencialista. Con base en la obra de Simone de Beauvoir, El


segundo sexo (1949), este pensamiento promueve que las mujeres dejen de ser
un añadido o alternativa por defecto. A este enfoque se liga, por ejemplo, el
uso no sexista del lenguaje.

5)� Enfoque� psicoanalítico. Estudia cómo la sociedad patriarcal condiciona


diferencialmente la mente de hombres y mujeres

6)�Enfoque�postmodernista. Celebra la diversidad y se opone a las categorías


binarias (entre ellas, la de hombre/mujer). Cuestiona la objetividad científica
de premisas explicativas simples como la de la opresión “de género”, que el
feminismo ortodoxo ha hecho suya.

A la diversidad ideológica del feminismo se añade en criminología una gran


variabilidad de aproximaciones conceptuales, que han sido agrupadas en tres
grandes secciones:

1)�Estudios�sobre�desigualdad�múltiple: clase/raza/género. Este enfoque as-


pira a superar la que fuera temprana crítica a los primeros abordajes, que había
suscitado secciones como la crítica feminista negra o black feminist critique –
según la cual el feminismo convencional obraba como instrumento etnocén-
trico y clasista (donde mujeres blancas, instruidas y de clase media, se consa-
gran a explotar las experiencias de mujeres marginales).

Esta línea correctora de investigación se centra en la intersección de un triple


haz de desventajas ligadas a la pobreza, pertenencia a minoría racial y condi-
ción de mujer, entendiéndola como una fortísima alianza potenciadora de los
riesgos criminales y victimales de aquellas mujeres socialmente más deprimi-
das.

(6)
2)�Estudios�sobre�prácticas�de�género6. Este punto de vista concibe el géne- Lo que en inglés se conoce co-
mo doing gender.
ro no como factor, rasgo o función ideológica, sino que se describe como ex-
periencia contextualizada o situación, donde vemos actuar a las personas en
diferentes contextos de género.

Ejemplos de prácticas de género

En marcos de pobreza, la prostitución opera en muchas ocasiones como una práctica de


género, una forma de expresión de femineidad situacionalmente transida, en tanto los
hombres en el mismo contexto afirmarán su masculinidad mediante violencia.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 15 Género y criminalidad

Este enfoque esquiva hasta cierto punto la visión pasiva y unilateral de la mu- Lectura recomendada
jer que a veces se imputa al feminismo: aquí, las mujeres no operan como ma-
Sobre esta cuestión, puede
rionetas del sistema, sino que responden, negocian y producen conductas de consultarse la obra siguiente:
género a través de sus acciones. Al mismo tiempo, la perspectiva es compatible K.�Daly (1997). “Different
ways of conceptualizing sex/
con la admisión de una multiplicidad de “femineidades” y “masculinidades”, gender in feminist theory
según la situación estructural en la que la acción se desarrolla. and their implications for cri-
minology”. Theoretical crimi-
nology (vol. 1, núm. 1, pág.
El estudio de las prácticas de género 25-51).

Veamos la aplicación de tal enfoque por Messerschmidt: el robo proporciona a los chicos
de la banda una oportunidad de obtener recursos y de practicar la masculinidad, accio-
nando el tipo del “hombre duro”; por su parte, las adolescentes en la banda mantienen
las diferencias de género practicando una femineidad que en este caso se asocia a los
estereotipos de “chica mala” (la dulzura y conformismo sería inviable dado el contexto
donde se hallan implicadas):

“Consecuentemente, las chicas de la banda no son simplemente receptoras pasivas del


«patriarcado», sino que participan activamente en la construcción de las relaciones de
género y orquestación de las varias fórmulas de heterosexualidad que dan por resultado
variedades de femineidad”

Messerschmidt (1997, pág. 177)

Pese a las ventajas de tal aproximación, se ha objetado que en este modo de


observar las dinámicas de género no está suficientemente representado el dis-
curso crítico frente a la subordinación de género.

3)�Estudios�sobre�subjetividad�sexuada. Este punto se aparta en cierta medida


del anterior, más conductual, para centrarse en la idea de “cuerpos sexuados”,
con impacto en las concepciones de género. Se trata de un pensamiento ins-
pirado en la filosofía de Foucault, quien famosamente en su obra Vigilar y cas-
tigar (1975) contemplaba el cuerpo del penado como espacio para la disciplina
y la subyugación. Así, la perspectiva de los “sujetos sexuados” observa cómo
la corporeidad de hombres y mujeres se hace objeto de tratamiento cultural.

El estudio de la subjetividad sexuada y de los delitos sexuales

Esta dirección orientó el estudio de los delitos sexuales, como la violación, en los trabajos
clásicos de Carol Smart o Susan Brownmiller. Es en dicho ámbito, se arguye, donde pro-
lifera muy especialmente la reducción a corporeidad de la mujer, donde se rinde culto a
una “incontrolable” sexualidad del varón, y donde la ofensa, lejos de entenderse dirigida
contra la autonomía personal, se reconvierte en un humillante itinerario jurídico por la
topografía del cuerpo violado.

En la misma línea, se desvela cómo las cautelas preventivas dirigidas a la mujer, como
potencial víctima, operan como estrictas consignas disciplinarias que inoculan el miedo
y confinan el cuerpo femenino en el ámbito de una “segura” domesticidad (Campbel,
2005).

1.6. Críticas a la perspectiva feminista en criminología

La agenda del feminismo –su indudable compromiso con los derechos de las
mujeres y su nítida orientación promocional– ha suscitado una especial reac-
ción que concierne a la idoneidad científica de la investigación feminista en
criminología.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 16 Género y criminalidad

En esencia, se cuestiona el valor de una perspectiva tan marcadamente pro-


gramática e impregnada de ideología. Así, se le oponen objeciones metodoló-
gicas, epistemológicas y conceptuales:

a)�Falta�de�cientificidad. Su neutralidad investigadora, se dice, adolece de un


cuestionable sesgo, debido a marcados déficits empíricos y ausencia de objeti-
vidad –muy en especial, cuando se trata de un ejercicio investigador ubicado
en el “feminismo de la perspectiva”, orgullosamente escorado al trabajo “sobre
mujeres, por mujeres y para mujeres”. En efecto, el feminismo criminológico
defiende, como valiosa innovación y no como debilidad científica, el ejercicio
de la reflexión subjetiva, que integra en la investigación las experiencias per-
sonales, emociones, expresividad y visiones personales de sentido.

b)�Selectividad�metodológica. Que se atribuye a una porfiada predilección


por la aproximación etnográfica y cualitativa, con abandono de la metodolo-
gía cuantitativa. Este prurito, se dice, no permite tomar distancia del objeto
de investigación, con el riesgo de perder una visión más amplia e integrada
de la realidad social.

c)�Intenso�constructivismo�social. Es decir, se imputa al feminismo el mol-


deado ideológico de las realidades percibidas, de modo que se acoplen a los
propios objetivos (ni más ni menos que el mismo vicio que sus planteamientos
atribuyen al patriarcado). El feminismo, se dice, incurre en errores de visión al
comprometerse antes con los objetivos activistas que con el rigor científico.

d)�Etnocentrismo,�clasismo,�esencialismo. Como quedó expuesto anterior-


mente, algunas voces objetaron frente al sesgo de un feminismo marcado por
la visión cultural occidental y racista. El prejuicio esencialista del feminismo
más radical, se ha argumentado, habría reducido a un solo discurso la multi-
plicidad de las voces de las mujeres.

Cabe apuntar que muchas de estas denuncias críticas han sido asumidas, y
en buena medida atendidas, en los últimos años. Téngase en cuenta, en todo
caso, que el feminismo criminológico se mueve en una dimensión explicativa
muy nueva, con un amplísimo margen de evolución y mejora.

Respuesta a las objeciones críticas

La propia criminología feminista se percató de la importancia de las estadísticas para


moverse en la esfera de la acción política, procediendo a una mayor aplicación de la
metodología cuantitativa sin abandonar su característico enfoque cualitativo.

El enfoque social raza/clase/género vino a compensar los déficits de los primeros abor-
dajes feministas, no solo abrazando la causa de la lucha contra la multimarginalidad,
sino reforzando el respeto entre las investigadoras y las mujeres cuyas experiencias se
analizaban.

Por otra parte, la criminología feminista ha ampliado significativamente sus alcances,


más allá de la sectorialización de su enfoque: así, se ha ido expandiendo su espectro
objetivo para comprender el impacto del género no solo en la infracción femenina, sino
asimismo en la criminalidad de los varones.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 17 Género y criminalidad

En cuanto a las objeciones sobre consistencia y fiabilidad de la investigación feminista


en criminología, no cabe una respuesta unívoca. A pesar de su denominador común, se
trata de un conjunto tan nutrido y diverso de investigaciones que resulta injusto medirlas
todas con idéntico rasero crítico.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 18 Género y criminalidad

2. Estudios sobre género y criminalidad: Evolución y


perspectivas

Como ahora planteamos, más allá de las fases apreciables en la metodología


de este abordaje, el nuevo sector científico se irá a desarrollar conforme a un
itinerario muy ligado a la apasionada vocación igualitarista y reivindicativa
del feminismo.

2.1. Iniciativas victimológicas

Un primer avance en los estudios de género (experimentado en los años se- Victimología y feminismo
tenta en EE. UU., y en Europa una década más tarde), se involucró en las áreas
Sacar a la luz dicha posterga-
de la victimización sexual y doméstica de la mujer; dichas víctimas habían ción, denunciar su injusticia y
sido convencionalmente silenciadas, y demasiado a menudo objeto de una atender las necesidades victi-
mológicas apreciadas se erigía
culpabilización social de carácter discriminatorio. así en prioridad absoluta en la
agenda feminista, que más allá
de lo académico, operaba en
la práctica como directo mo-
Esta apertura del feminismo transformó intensamente las bases ideológicas de vimiento activista. Desde un
la victimología. Ahora bien, la exposición de las ocultas realidades victimales, punto de vista de victimolo-
gía promocional, resulta hoy
que sirvió estratégicamente para activar la empatía social, difundía una ima- reconocida la relevancia de ta-
les inicios en aras del empode-
gen que se acoplaba con excesiva comodidad al estereotipo de mujer mansa, ramiento (empowerment) de
sufriente, y en suma, protovíctima. la mujer victimizada en dichas
áreas.

Así, esta andadura victimológica recababa insospechadas –o indeseadas– complacencias


por parte del pensamiento sexista tradicional; urgía no solo renovar la visión de la mujer
victimizada, sino complementarla con una más fecunda aproximación a la infracción
femenina:

“Invirtiendo el reloj, una puede recordar que, antes de los pioneros trabajos feministas
sobre agresión sexual, hostigamiento y abuso marital, estas formas de violencia de género
eran ignoradas, minimizadas y trivializadas... las mujeres adultas y las chicas en conflicto
con la ley eran pasadas por alto o excluidas en los estudios predominantes... El impacto
en el terreno de la criminología, y particularmente en el seno de la teoría criminológica,
fue, sin embargo, ambivalente, en parte porque tales delitos, en principio, no parecían
desafiar por sí mismos a la criminología androcéntrica. En lugar de ello, los conceptos
de «violencia doméstica», y «victimología», aunque esenciales en el desarrollo de la cri-
minología feminista, aportaron asimismo a los criminólogos convencionales, así como
a los prácticos de la justicia, un ámbito nuevo sobre el que publicar, nuevos delitos para
estudiar”

Meda Chesney-Lind (2006, pág. 7)

Por lo demás, como vamos a observar, la línea victimológica no quedará al


margen de los estudios sobre la delincuencia femenina, al revelarse itinerarios
de abuso, violencia y marginalidad social en la historia personal de tantas
mujeres infractoras.

De este modo, junto al enfoque victimológico, una nueva orientación abor-


dará el impacto del género sobre la delincuencia.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 19 Género y criminalidad

Itinerario central y nuevos caminos

Inicialmente, la inquietud de la criminología feminista se centró en interpretar en clave


de género tres clásicos interrogantes criminológicos:

• Explicar la ratio de género (en inglés, gender gap): Ello hace alusión al desnivel en las
tasas de criminalidad entre los géneros, donde el hombre comete porcentualmente
muchos más delitos que la mujer, y asimismo su infracción es de naturaleza más
grave.

• Explicar la etiología de la criminalidad de la mujer y los factores correlacionados.

• Explicar los característicos delitos femeninos y sus motivaciones (hurto, tráfico de


droga a pequeña escala, estafas).

En los últimos tiempos, con directa vinculación con los ámbitos anteriores, la crimino-
logía feminista desarrollará otras líneas de investigación tales como las de la mujer en
las bandas, las masculinidades, la mujer ante el sistema de justicia penal, como infrac-
tora o fuerza de trabajo (mujer y función policial, mujer como trabajadora penitencia-
ria, etc.), la cárcel como régimen de género, o muy novedosamente, valorará la eficacia
empoderante de las nuevas vías de justicia restaurativa, críticamente apreciadas desde la
perspectiva de género.

2.2. Hacia la superación de la ceguera de género

Muy en especial por lo que se refiere a las hipótesis etiológicas y explicativas


del delito, la aproximación de género solo podía hacerse fuerte partiendo de
una revisión crítica de la criminología antecedente, ciega al género. Dicha “ce-
guera de género” implicaba incurrir en una visión estereotipada y sexuada de
la mujer, o bien caer en la pura omisión de la existencia de las mujeres como
grupo de población.

En la criminología convencional, la visión sexuada de la mujer solía venir


apoyada por distorsionados fundamentos de base biológica. Por el contrario,
la mera ignorancia u omisión del género en el abordaje de la infracción rara
vez se justificaba. Así, la normalizada conformidad de la mujer, manifestada en
el neto predominio de la criminalidad masculina, se daba sin más por sentada
sobre la premisa de la “general incapacidad activa o productiva de la mujer”.

La ocasional argumentación de que la infracción femenina resulta “demasia-


do infrecuente para ser tomada en cuenta”, pura justificación cuantitativa,
ciertamente se antoja del todo insustancial al nuevo feminismo revisor: pre-
cisamente, la mayor frecuencia estadística del delito del varón debería haber
conducido, con lógica mejor fundada, a aclarar las razones de esa “general no
delictividad de la mujer” (Heidensohn, 1997).

¿Pocas para ser consideradas?

La mera justificación estadística, en efecto, no convence:

• Resulta especialmente chocante la desconsideración de la mujer en los planteamien-


tos sobre control social (y su prototípico ariete, la teoría de los vínculos sociales,
Hirshi, 1969), los cuales no abordan las causas de la criminalidad, sino los factores
sociales que contribuyen a la conformidad: precisamente, el grupo mayoritariamente
conformista era el de las mujeres. Dados estos resultados, ¿no merecían un estudio
los patrones de socialización de la mujer?
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 20 Género y criminalidad

• Por otra parte, la excusa “pocas para ser consideradas” no podrá ser aducida a partir
del radical incremento de la infracción femenina, apreciado prácticamente a un nivel
global a partir de la década de los setenta del pasado siglo.

En suma, ante la “ceguera de género” en criminología, se esgrimirán un con-


junto de inquietudes y prioridades científicas que se harán recurrentes en la
investigación feminista:

1) La comprensión de los factores criminógenos y dinámicas propias de la


infracción femenina. Ello incluirá:

a) La revisión�de�los�enfoques�criminológicos, que en alguna medida habían


especulado sobre la criminalidad de la mujer, desvelando su carga de distorsión
y prejuicio.

b) La discusión�sobre�posibilidades�de�generalizar y transferir a la mujer de-


lincuente las teorías convencionales sobre criminalidad exclusivamente ava-
ladas sobre datos relativos a varones infractores.

c) La producción�de�específicas�hipótesis�explicativas�que�correlacionen
género�y�delito. Así, se atiende muy especialmente a los factores desigualita-
rios de género que condicionan la infracción y curso vital de las mujeres in-
fractoras, e influyen en los tipos de delitos que característicamente cometen
estas.

2) La explicación de la ratio de género. Como vamos a comprobar, el abordaje Reflexión


de la “desproporción de género” se convierte en inquietud constante, cuando
La intersección conceptual en
no en hipótesis de trabajo exclusiva en algunos planteamientos. el estudio de las raíces de la
criminalidad femenina y la ex-
tendida conformidad de las
mujeres como grupo resulta
manifiesta. De ahí la conve-
niencia, como se ha adverti-
do, de abordar conjuntamen-
te el modo en que la teoriza-
ción criminológica ha dado
respuesta –o ignorado– ambas
inquietudes.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 21 Género y criminalidad

3. Género y delito: planteamientos criminológicos

En este apartado se van a relacionar las principales explicaciones criminológi-


cas relevantes en el ámbito de la criminalidad de la mujer, clasificadas en torno
a cuatro grupos fundamentales, en los que la recepción del concepto socio-
político de género, base de estructuras desigualitarias y sexistas, oscila desde
una inexistente recepción del concepto hasta el desarrollo de tesis centradas
específicamente en el mismo.

3.1. Teorías biológicas

Este sector suele abordar la infracción femenina, por más que inequívocamen-
te, al margen de la visión sociológica de género. Así, no infrecuentemente, se
dirige al mundo de la infracción femenina, si bien desde su estricta conside-
ración sexuada. De hecho, suelen esgrimir los términos sexo o género en un
indistinto sentido biológico. Si bien no existe siempre incompatibilidad o re-
chazo al reconocimiento del impacto social de las estructuras de género en la
conducta humana, en general este tipo de estudios no incorporan esfuerzos
de integración o contraste interdisciplinar.

3.1.1. La tesis lombrosiana de la “infractora desnaturalizada”

En el caso de la infracción femenina, Lombroso, representante del positivis-


mo, se evidencia como un claro continuista de los estereotipos y preconcep-
tos largamente establecidos sobre la maldad y el carácter desnaturalizado de
la mujer infractora.

Rasgos convencionales a los que, por lo demás, vendrá a aportar barniz cien-
tífico: la figura de infractora malvada y moralmente descarriada pasa a recibir
un significativo espaldarazo mediante la identificación de factores biologico-
constitutivos específicos, que evidenciarían su carácter atávico.

Así, Lombroso, en colaboración con Ferrero, consagra al estudio de la mujer Lectura recomendada
infractora la conocida obra La donna delinquente, la prostituta e la donna normale
Sobre esta cuestión, puede
(1895). Desde su mismo título, asoma en la obra la clave interpretativa en consultarse la obra siguiente:
la tesis lombrosiana: el carácter sexualmente desviado de la infractora y su C.�Lombroso;�G.�Ferrero
(1893). La donna delincuente,
condición alternativa al modelo de mujer convencional, normal. la prostituta e la donna norma-
le. Turín: L. Roux.

Partiendo del dato de anormalidad estadística –pocas mujeres delinquen– se


llega a afirmar la anormalidad cualitativa de la delincuente. Así, la infractora
resulta esencialmente distinta de la no delincuente: constituye, en efecto, un
tipo viriloide, tal como lo avalan sus anomalías craneanas, su hirsutismo, su
piel áspera y callosa y su incalificable apetencia sexual.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 22 Género y criminalidad

El “pecado” menos redimible

Salillas, receptor del positivismo criminológico en España –pero en tantos aspectos disi-
dente respecto de dichas tesis– no dejaba sin embargo de admirarse de la “exactitud” de
los modelos lombrosianos en cuanto a la mujer infractora ¿su principal estigma?:

“[la fealdad] es de advertir principalmente, ya en la forma o en la expresión, el tipo varonil


y, casi siempre, la falta de belleza [...] es muy difícil entresacar de la población de la Galera
media docena de mujeres estéticamente bien parecidas”

Salillas (1888, pág. 296)

En correspondencia al modelo masculino, la infractora se erige en especifi-


cación o subtipo del atavismo o degeneración propia del delincuente varón.
Un peligroso y reforzado subtipo, por lo demás, ya que junto a los caracteres
propios de su esencial no femineidad –nulo instinto maternal, embotamiento
moral, fuerte pulsión sexual, promiscuidad– subsistirían algunos rasgos pro-
pios de toda mujer, a saber: su carácter traicionero, mañoso, mezquino e in-
cordiante.

En palabras de los autores del opúsculo:

“su criminalidad resulta un comportamiento masculinizado e impropio de su verdadera


naturaleza [...] una doble anormalidad biológica y social [...] y por ser una doble excep-
ción, la mujer criminal es un monstruo”

La tesis del varón “delincuente nato” comenzó a ser cuestionada y falsada El cine, ¿última guarida
desde su misma contemporaneidad; sin embargo, no ocurrió lo mismo con su del monstruo?

monstruoso correlato femenino, no invalidado ni oficialmente “dado de baja” Tal como observa Ches-
por la criminología subsiguiente, hasta la irrupción crítica del feminismo. ney-Lind, la concepción mons-
truosa de la infractora, dema-
siado simplista ya para cual-
quier tipo de propósito aca-
3.1.2. Enfermedad y perturbación en las infractoras démico, campa sin embargo
hoy a sus anchas en los medios
de comunicación, donde, pa-
A medida que avanza el siglo XX, desde la teoría de los roles sexuales, de pre- ra grato escalofrío del público,
se asiste a la exhibición de la
tensión sociológica pero de fuerte base biológica, se sigue defendiendo la cons- imagen demonizada de bruta-
les infractoras, sexualmente in-
titución deficitaria de la mujer infractora. continentes, lesbianas violen-
tas o madres desnaturalizadas
(Chesney-Lind, 2006, Ches-
La idea del “umbral más elevado” parte de la socialización diferencial que se ney-Lind y Eliason, 2006).
observa entre los géneros: los hombres, debido a sus menores necesidades de
protección, son socializados en la autonomía, en tanto las mujeres son tute-
ladas hacia la conformidad: por lo tanto, aquellas que cometen delito, por ló-
gica deben haberse visto impulsadas por un intenso potenciador biológico de
carácter individual, un motor lo suficientemente poderoso para haber podido
vencer la reforzada resistencia hacia el delito que como grupo caracteriza a
la población femenina. Ese especial refuerzo biológico individual vendrá da-
do por la concurrencia en la infractora de un fuerte componente personal de
anomalía y perturbación.

No muy lejos de este enfoque, la llamada paradoja�de�género observa que las


mujeres, el sexo con menor prevalencia en materia de desórdenes conductua-
les, es el que sin embargo presentaría las manifestaciones más intensas de tales
trastornos a nivel individual. Así, las mujeres delincuentes se verían más in-
tensamente perturbadas por trastornos y condiciones de comorbilidad: mayor
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 23 Género y criminalidad

incidencia comparativa en tasas de autismo, retraso mental, tendencias suici-


das, ansiedad, embotamiento y dureza emocional, hiperactividad y trastornos
adictivos (perturbaciones, en efecto, muy presentes en el historial psiquiátrico
de las infractoras y reclusas).

Ahora bien, supuesta la especial incidencia de trastornos en la infractora, ¿de- Infractoras perturbadas:
rivan estos por fuerza de condiciones personales previas a la infracción?, ¿has- ¿Se confirma la paradoja
de género?
ta qué punto, se ha objetado, no influyen en dicha sintomatología el estilo de
vida predelictivo, el estrés de la calle, la marginalidad, la perpetración misma Una conocida investigación
longitudinal de cohorte, el lla-
de delito y el contacto con la justicia y el sistema penitenciario? mado Estudio Dunedin, segui-
do en Nueva Zelanda (Moffit
y otros, 2001), explícitamente
3.1.3. Genética conductual y diferencias sexuales aborda la paradoja de género,
sin poder confirmarla, aunque
no se excluye que otros facto-
res distintos a los de una base
Esta disciplina biológica, de amplio desarrollo contemporáneo, valora cómo la psiquiátrica anómala pudieran
configurar un impulso especial
interacción entre genética y ambiente determina diferencias en las conductas en determinadas mujeres.
de los individuos de una especie. Desde esta vertiente, algunos estudios han Así, en esta línea, un recien-
te estudio europeo (Wong y
observado diferencias por sexo en la etiología de la conducta agresiva (Eley y otros, 2010) valida la teoría del
otros, 1999). Según observan, debido a diferencias biológicas (cromosómicas, “umbral más elevado”, pero
no precisamente para atribuir-
hormonales, bioquímicas, etc.) las mujeres parecen constituir un grupo alta- lo a anomalías constitutivas en
la infractora, sino a la diferen-
mente resiliente que se involucra en conductas agresivas con menor probabi- cial acumulación y mayor in-
lidad, incluso a pesar de características individuales de riesgo. tensidad de experiencias vita-
les extremadamente adversas
y victimizadoras en las vidas de
las infractoras.
Sin embargo, con raras excepciones, lo frecuente es que las tesis de genética
conductual se centren sin más en factores biológicos impulsores de la infrac-
ción en el varón, en tanto la respuesta a la ratio de género parece responderse
tácitamente por defecto: ¿Por qué no cometen –tantos– delitos las mujeres?:
Porque no son hombres. A pesar del interés que revisten estos planteamientos
para el análisis de casos individuales, muchos de ellos adolecen de una palma-
ria ausencia de aptitud integradora.

Estudios genéticos sobre conducta criminal

1) Uno de los más notables hallazgos en este campo fue el realizado por Brunner y otros
en 1993, quienes partieron de una específica mutación en el gen de la enzima mono-
amino-oxidasa A (MAOA), ligado al cromosoma X, a la cual vinculan los investigadores
el comportamiento gravemente antisocial del varón, asociado al hecho de haber sufrido
grave maltrato en la infancia.

Este efecto se ha comprobado asimismo en los raros casos de mujeres que presentan esa
conformación; sin embargo, estas, comparativamente, evidencian una mayor resistencia
frente a la criminalidad, incluso a pesar de sufrir un mismo entorno hostil, lo que se ex-
plicaría por su composición cromosómica XX, que duplicaría las posibilidades de heredar
una versión correcta del gen.

2) Por su parte, la llamada proposición�neuroandrogénica (Ellis, 2003) explica la mayor


predisposición violenta del varón, respecto a la mujer, en función de su especial exposi-
ción a elevadas concentraciones de andrógenos, con impacto en las dinámicas cerebrales.
Si bien un varón sano cuenta con factores inhibitorios que equilibran tales condiciones,
un déficit en dichos factores –inteligencia, eficacia ejecutiva y capacidad de aprendiza-
je– acarrearía la indefensión del varón ante la promoción a la impulsividad y violencia
aportada por los andrógenos –la testosterona, destacadamente–.

Tal propuesta es apta para explicar –siempre parcialmente– la desproporción�de�género


en la conducta violenta, aunque no esboza un planteamiento muy distinto al de Lom-
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 24 Género y criminalidad

broso en la concepción de la mujer que comete delito (quien al cabo integraría sin más
un biotipo viriloide).

3.1.4. Infracción femenina y teoría evolucionista

Parcialmente receptora de la Sociobiología, la Psicología evolucionista apor-


ta una hipótesis que comprende específicamente la explicación de la general
conformidad de la mujer y de las condiciones que integran su criminalidad.

Neo-darwinismo criminológico

El enfoque psico-evolucionista heredero de la sociobiología se ocupa de causas remotas,


ancestrales, de las conductas, cuyo origen se hace radicar en adaptaciones mentales sobre
preferencias e inclinaciones conductuales originadas a lo largo del período Pleistoceno,
hace 2,6 millones de años, las cuales vinieron a incorporarse a la naturaleza humana por
el éxito reproductivo que propiciaban.

(7)
Desde esta vertiente científica, Campbell advierte que las diferencias de géne- ”Sobreviviendo”, según el título
de un veterano éxito musical.
ro no flotan libres en un magma cultural, sino que tienen como base la mente
humana. Se propone así dar sentido a especificidades criminológicas observa-
Lectura recomendada
das en ambos sexos a partir del planteamiento evolucionista conocido como
Staying alive7. Sobre esta cuestión, puede
consultarse la obra siguiente:
A.�Campbell (1999). “Sta-
Premisa de partida de la tesis es el llamado coste reproductivo diferencial, cuya ying alive: Evolution, cultu-
re and women’s intrasexual
clave reside en que la vida del hijo depende más estrechamente de la super- aggression”. Behavioral and
vivencia de la madre que de la del padre, quien invierte reproductivamente brain sciences (núm. 22, págs.
203-214).
mucho menos (un mero aporte espermático, fácilmente reemplazable, frente
al caso de la mujer, que aporta el fuerte compromiso de todo su cuerpo, cuan-
do menos tres años de su vida fértil entre embarazo y lactancia). Así, en el
escenario ancestral, la perduración genética de la mujer frente a la del hombre
dependía de un número más limitado de hijos, en torno a los cuales debía
concentrarse. Ello explicaría que las mujeres como grupo manifiesten una di-
ferencial tendencia a evitar el riesgo físico o la violencia.

Sobreviviendo

En el remoto Pleistoceno las madres que eludían situaciones de confrontación o riesgo


físico y optaban por estrategias relacionales no violentas para la satisfacción de sus ne-
cesidades, sobrevivían en mayor medida y hacían sobrevivir a su descendencia, con la
transmisión generacional y definitiva selección en la mujer del rasgo cognitivo de aver-
sión tendencial al riesgo de muerte o pérdida física.

En situación experimental, Campbell ha verificado que las mujeres en nuestros días evi-
dencian en efecto un mucho mayor rechazo que los hombres a implicarse en contextos
que involucren riesgo físico o muerte. Ante una situación de estrés o amenaza, la acción
de la oxitocina en la mujer impulsa una conducta afiliativa, esto es, de afirmación social,
interpersonal, allí donde la testosterona despierta en el varón una respuesta competiti-
vo-agresiva frente a idéntico estímulo estresante.

De este modo:

1) En cuanto a la ratio�de�género: Por cuanto la criminalidad incorpora un


estilo de vida arriesgado, las mujeres como grupo experimentarán menor in-
clinación al delito.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 25 Género y criminalidad

2) La criminalidad�femenina:

• Se producirá por razones de supervivencia estricta, como baza última o re-


curso extremo, impulsado por razones de extrema precariedad ambiental.
• Será excepcional que las infractoras cometan delitos de naturaleza violen-
ta, y en caso de confrontación, preferirán la agresión indirecta.
• Es también coherente que su criminalidad arrastre de la vinculación a las
actividades ilegales de su pareja, a cuyo estilo de vida se asocia.

Algunas voces feministas han rechazado la imagen dependiente, estereotipa-


da, que según se denuncia, desprende la teoría; en otras ocasiones, voces fe-
ministas la han señalado como prometedora y positivamente susceptible de
integración sociológica, aunque difícilmente falsable.

3.2. Planteamientos neutrales frente al género

Este mayoritario grupo de teorías fueron elaboradas en la ignorancia de la mu-


jer, sea en la conformidad o en la infracción. En su elaboración, no contaron
con datos empíricos sobre infracción femenina, y bien sea de modo explícito
o implícito, suelen asumir que sus planteamientos son perfectamente extensi-
bles a ambos géneros. Entran en esta categoría casi todas las teorías criminoló-
gicas convencionalmente generadas en criminología, desde la emergencia del
paradigma sociológico, en los años 30 del pasado siglo, hasta la tardía apari-
ción del feminismo criminológico, en el último cuarto del siglo XX. En especial
destacaremos aquellas que con desiguales resultas y matices diferenciales, han
podido ser probadas y trasladadas al ámbito de la criminalidad femenina.

3.2.1. Teorías del control social

Comprenden el conjunto de factores que inhiben los comportamientos des- Vínculos sociales
viados, así como las razones que influyen en el desistimiento del delito. La
Estos lazos, muy conocida-
teoría�de�los�vínculos�sociales (Hirschi, 1969), la más reconocida de entre las mente, son definidos por el au-
que se ocupan de lo primero, se construyó esencialmente sobre información tor como apego (afectos fa-
miliares, escolares, grupales),
aportada por varones. Sostiene que controles sociales externos se aúnan de compromiso (adscripción a
objetivos vinculantes), partici-
modo eficaz para obtener la conformidad social del individuo. pación (implicación en activi-
dades convencionales) y creen-
cias (participación en valores
La teoría se ha confirmado en criminología en sus aspectos sustanciales, si bien sociales consolidados)

solo en los últimos tiempos asistimos a algunas investigaciones que pongan a


prueba su validez para representar las vías de conformidad en las mujeres.

Las teorías del control social a prueba

Desde el enfoque de la escuela canadiense de rehabilitación “sensible al género” (Coving-


ton, 1985) se declara confirmado el carácter generalizable de la teoría, comprobada sobre
una muestra de mujeres.

Otros estudios (Chapple y otros, 2005) confirman asimismo la eficacia de la teoría para
ambos géneros, con algún matiz diferencial (así, una más determinante correlación en-
tre una ausencia de vínculos con el grupo generacional y la violencia, en el caso de los
chicos).
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 26 Género y criminalidad

3.2.2. Planteamientos desarrollistas o del curso vital

Las tesis desarrollistas postulan que los factores de riesgo vienen a modularse
conforme a las variaciones propias del estadio de maduración del sujeto. La
perspectiva de estudio es coherentemente longitudinal con el seguimiento de
las trayectorias vitales de los infractores desde su infancia hasta la infracción
y su evolución postdelictiva.

Esta vertiente descansa eminentemente en datos recogidos sobre jóvenes in-


fractores varones. Únicamente contados estudios, así estadounidenses como
europeos han seguido el curso vital de mujeres infractoras, pero no suelen
trascender de la etapa de infracción juvenil. Así pues, quedan sustancialmente
sin resolver las dudas sobre capacidad representativa, para ambos géneros, de
unas hipótesis por lo demás ampliamente aceptadas en criminología.

a) Excepcionalmente, la tesis de la doble trayectoria criminal (Moffit, 1993)


ha validado expresamente su planteamiento aplicado a trayectorias de desvia-
ción femenina. La autora se ha caracterizado ciertamente por defender que no
existe una factorialización criminógena específica para cada sexo. En términos
indiferenciados, pues, el planteamiento general de Moffit defiende la existen-
cia de una doble etiología de la infracción adolescente y juvenil:

• Los llamados adolescentes� antisociales� adelantados, o de� comienzo


temprano, que presentan desde la infancia unas características antisocia-
les muy marcadas de base biológica, a lo largo de su vida y de modo cons-
tante, proyectadas más allá de la adolescencia.

• Los adolescentes�antisociales�de�comienzo�tardío, o delincuentes�limi-


tados�a�la�adolescencia, que constituyen la mayoría de la criminalidad
juvenil, cuya antisocialidad emerge en la fase adolescente debido a una
etiología que combina aspectos de maduración biológica con aspectos so-
ciales. Es característico que estos adolescentes desistan en sus actividades
antisociales a partir de la edad de 18 años, en que se vinculan a actividades
convencionales.

Es de señalar que ambos grupos coinciden en su etapa de infracción juvenil,


por lo cual su diferenciada etiología se confunde. Además, los antisociales li-
mitados a la adolescencia suelen imitar a los “persistentes” como forma de
obtener el respeto del entorno de iguales.

Expresamente, esta doble etiología se ha identificado en ambos sexos, salvan-


do significativos matices, como el menor porcentaje de antisociales persisten-
tes entre varones (5-10%, entre varones, 2% mujeres), lo que obedecería a la
mayor incidencia de trastornos de riesgo antisocial observada entre varones.

Sobre la ratio�de�género se aduce que:


CC-BY-NC-ND • PID_00208880 27 Género y criminalidad

• Los modelos de antisocialidad se ofrecen eminentemente desde grupos de


chicos de carácter segregado, y a los que ellas no tiene fácil acceso.

• En las adolescentes, el estímulo a la infracción se sentirá en menor medida


por los riesgos adicionales que acarrea en la mujer el estilo de vida infrac-
tor, tales como el embarazo, o la violencia en el caso de pareja desviada.

b) Desde otra vertiente criminologicodesarrollista, un estudio comparativo se-


guido en Holanda (Block y otros, 2010) aplica a ambos géneros el plantea-
miento del curso vital con interesantes resultados: si bien existe un notable
margen de coincidencia en las carreras criminales de hombres y mujeres, se
dan diferencias destacables, que justifican el reclamo de estudios específicos
sobre patrones vitales según el género.

Edad y curso vital: Algunas especialidades diferenciales

Muy significativamente, en las mujeres, el pico más alto de criminalidad por etapas no se
registra a fines de la segunda década vital, como suele aceptarse en el caso de los jóvenes
infractores, sino más tarde. La edad promedio en el acceso a la conducta criminal es
además significativamente más elevada entre las infractoras (29 años, mujeres; 22 años,
hombres).

Además, es también destacable que muchas más mujeres que hombres comienzan a de-
linquir a la edad de 45 o más años. También en España se ha observado una especial
presencia en la prisión de infractoras de significativa edad madura (Yagüe Olmos, 2007).

(8)
c) En la intersección entre la aproximación desarrollista y las teorías del con- En inglés, turning points.
trol social (Laub y Sampson, 1993) se han identificado unos hitos o puntos de
inflexión8 relevantes para el definitivo desistimiento del delito en la vida de
los infractores (así, casarse, tener un hijo o acceder a un trabajo). Sin embargo,
pocos estudios han comprobado cómo funcionan los citados puntos de infle-
xión en el caso de la delincuencia femenina.

Pobreza, género y desistimiento

El género ligado a la marginalidad parece que aporta matices diferenciales a los factores
de desistimiento (Katz, 2000). En barriadas pobres, así como entre minorías raciales, las
mujeres infractoras adictas hallan en los tratamientos de deshabituación vías de desisti-
miento eficaces –en mayor medida de lo que se aprecia en adictos delincuentes.

Sin embargo, no se observa que el matrimonio –que suele vincular a las mujeres a parejas
adictas o desviadas– las conduzca eficazmente al desistimiento; antes bien, abre para
ellas una ruta de criminalidad. Lo mismo ocurre con tener un hijo, que no predice el
desistimiento de las infractoras socialmente excluidas; antes bien, puede operar en ellas
como factor impulsor. Por otra parte, en sentido inverso, el divorcio parece operar como
hito criminógeno más en hombres que en mujeres.

3.2.3. Aprendizaje social

La teoría del aprendizaje social (Burgess y Akers, 1966) combina hallazgos de la


teoría clásica de Sutherland sobre asociación diferencial, y principios de psico-
logía cognitivo-conductual. En esencia, viene a postular el carácter aprendido
del delito. Los sujetos adquieren definiciones favorables a la comisión delictiva
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 28 Género y criminalidad

a partir de aprendizaje operante (mediante refuerzos positivos y castigos) así


como por imitación. Así pues, tanto los valores criminales que se transfieren
como sus posibles dinámicas transmisoras son relevantes en el planteamiento.

Planteada la teoría, Akers ha sugerido que la desproporción de género en la


criminalidad obedecería a procesos de socialización diferenciados.

Procesos de socialización diferenciados

Las niñas y las mujeres, afirma, están sujetas a controles sociales más intensos en la in-
ducción a la conformidad (expectativas de rol, recompensas sociales informales, menor
libertad para disentir y mayor control social). Los patrones de asociación diferencial para
los adolescentes varones difieren significativamente de los patrones femeninos, eviden-
ciando una mucho más elevada tendencia a asociarse con iguales desviados y a involu-
crarse en actividades desviadas. Los costes sociales del comportamiento transgresor serían
mayores para la mujer, así como menores las recompensas, lo que explicaría la ratio de
género (Akers, 1998).

Desde el análisis feminista (Blanchette y Brown, 2006) se ha imputado a este


planteamiento no subrayar las implicaciones de género: así, se le achaca el in-
currir en definiciones sobre criminalidad discutibles desde enfoques de género
(su concepto convencional de violación, por ejemplo), no destacar la relevan-
cia de las estructuras sociales discriminatorias más allá de su impacto diferen-
cial en la socialización e ignorar las investigaciones criminológico-feministas
que podían ser relevantes para su teoría (así, a efectos de enriquecer el estudio
de las agrupaciones desviadas de mujeres).

3.3. Teorías híbridas

A diferencia del anterior grupo teórico, entre las teorías híbridas existe una
explícita validación y construcción de postulados contando con la infracción
de la mujer, pero sosteniendo sobre tales resultados la validez general de los
planteamientos, que se declaran, con matices, extensibles a uno u otro género.

3.3.1. Teoría general de la tensión

En 1992, Agnew reformuló la clásica tesis mertoniana de la “tensión” o “frus-


tración”, conforme a la cual se sostenía que los sujetos de clase baja cometen
infracciones debido a una “tensión” entre objetivos socialmente reforzados
accesibles a la clase media, y las vías legítimas para alcanzarlos, vedadas a su-
jetos desfavorecidos.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 29 Género y criminalidad

Agnew amplió los supuestos generadores de tensión, más allá del bloqueo de Principales fuentes de
objetivos por limitación de medios, e integró la hipótesis con aspectos de reac- tensión

tividad emocional susceptibles de impulsar al delito a partir de una tensión. • Imposibilidad de acceder
a metas positivas (bloqueo
de metas, al estricto sentido
Se ha postulado que la teoría es válida en sus parámetros generales para ambos mertoniano).
• Desaparición de estímulos
géneros (Broidy y Agnew, 1997) y susceptible de explicar así la ratio de género, positivamente valorados
por el individuo (pérdida o
así como la criminalidad de la mujer, si bien se observan factores mediadores: encarcelamiento de un pro-
genitor, divorcio, pérdida
de un empleo).
1) Mujeres y hombres experimentan diferentes tipos de frustración y reaccio- • Influencia de estímulos ne-
gativos (abuso sexual, hos-
nan con ira; sin embargo, las reacciones emocionales se combinan con impli- tigamiento escolar, maltra-
caciones de género, de modo que la rabia en las mujeres se liga a depresión, to).
De entre la gama de reaccio-
culpa y ansiedad, con un efecto de desactivación criminal, y aumento de ries- nes emotivas suscitadas frente
go de conductas escapistas o autodestructivas. a la tensión, es la ira la que lle-
va una mayor peligrosidad cri-
minal.

2) Junto a ello, las mujeres cuentan con distintas estrategias de afrontamien-


to, distinto apoyo social, distintas oportunidades y diferente predisposición
individual, que permiten afrontar la tensión de modo no delictivo.

3) En cuanto a la “criminalidad de la mujer”, la teoría general de la tensión


(TGT) admite que la sociedad crea vías específicas de opresión de género res-
ponsables de crear en la mujer una tensión especialmente criminógena en al-
gunos casos. Así:

• Estrés financiero (por la dependencia, sobrecarga familiar o debilidad eco-


nómica de la mujer y su desamparo social).

• Victimización. Así, violación y abuso sexual, acoso y otras vías de expre-


sión del rol social devaluado de la mujer.

Según se argumenta, debido a los factores moderadores antes citados (reacti-


vidad, afrontamiento y oportunidad diferencial), la infracción de la mujer su-
jeta a tensión no se descarga característicamente en formas violentas o grave-
mente delictivas.

3.3.2. Teoría general de la delincuencia

También conocida como teoría del bajo autocontrol (Gottfredson y Hirschi,


1990), este planteamiento predice que la comisión de delitos se explica en
función de dos factores:

a) Bajo control�personal, que cursa con la tendencia a dejarse llevar por ob-
jetivos gratificantes a corto plazo e impulsividad debido a un déficit de socia-
lización.

b)�Oportunidad o accesibilidad estratégica a los objetivos criminales.


CC-BY-NC-ND • PID_00208880 30 Género y criminalidad

Los autores defienden el valor de la hipótesis para ambos géneros además de


su capacidad de explicar todo tipo de criminalidad, violenta, organizada, de
cuello blanco, etc.

Las razones del desnivel de género en la criminalidad se explican en función


de una más acabada socialización de la mujer en términos generales, así co-
mo por la más estrecha supervisión familiar en su caso, lo que disminuiría la
oportunidad de delinquir.

Parece suficientemente avalado que, en efecto, un bajo control social está re- Bajo control e infracción
lacionado con el delito e incluso puede explicar combinaciones entre edad y femenina

género. Sin embargo, la teoría es muy desigualmente valorada en criminolo- Desde el metaanálisis propio
gía, en especial en cuanto a sus pretensiones de validez general. de la escuela de rehabilitación
canadiense, se comprueba, es-
pecíficamente en la infracto-
ra, cómo la corrección de défi-
3.4. Planteamientos criminológicos basados en el género cits en autocontrol disminuye
el riesgo de reincidencia (Blan-
chette y Brown, 2006).
A finales del siglo XX el feminismo criminológico era consciente de que debía Sin embargo, el análisis femi-
nista (Kruttschnitt, 2013) ha
ir más allá del puntual esclarecimiento de la ratio de género y plantear teorías objetado que las implicaciones
criminológicas aptas para explicar de modo integrado las dinámicas desigua- de género no son puestas en
juego a la hora de explicar las
litarias de género y su impacto en los fenómenos criminales. dinámicas en las que la mujer
se descontrola, y que no se ex-
plica suficientemente la combi-
Así, Steffensmeier y Allan ponen en 1996 las bases para la teorización crimi- nación entre bajo autocontrol
y oportunidad, en el caso de la
nológica sobre género y criminalidad. Su modelo comprende una factorializa- criminalidad femenina.

ción integral de los aspectos de género relevantes en las estructuras donde se


manifiesta la conducta criminal. Dichos factores se refuerzan y retroalimentan
(figura 1).

Este diseño no nos enfrenta tanto a una hipótesis etiológica (pese a su cone-
xión con planteamientos conocidos, tal como el del aprendizaje social o las
actividades rutinarias) sino al establecimiento del nuevo paradigma de género
en el entendimiento del delito.

A continuación revisaremos los principales enfoques sobre criminalidad en-


focados desde el género, y comprobaremos hasta qué punto estos acogen las
categorías estructurales citadas por estos autores.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 31 Género y criminalidad

Figura 1. Modelo de delincuencia femenina y diferencias criminales de género

Fuente: Steffensmeier y Allan (1996).


Las líneas intermitentes indican efecto débil; las líneas compactas indican efecto fuerte.

Bases para una teoría criminológica de género

1)�Organización�de�género:�normas�morales,�desarrollo�moral�y�control�social. Den-
tro de tal organización se aprecian en la mujer, a diferencia de lo que ocurre con los
hombres:

• Normas de género, que imponen obligaciones femeninas de alimentación y sostén,


de belleza y de virtud.

• Desarrollo moral y susceptibilidad de compromiso: se condiciona a la mujer para que


se involucre en dificultades y asuma cargas de su entorno.

• Control social: que moldea a la mujer en cuanto a deseos o habilidades para la co-
misión de delitos.

• Fuerza física y agresión: la mujer no cumple las exigencias físicas y agresivas del en-
torno violento y posee mayor vulnerabilidad, real o percibida, frente al hombre.

• Sexualidad: comprende diferencias reproductivas y tabúes sociales.

2)�Oportunidades�criminales.�Sexismo�en�el�submundo�criminal.�Destrezas,�patroci-
nio,�socios�delincuentes,�ubicación�criminal.�Mercado�sexuado,�implicación�de�ac-
tividades�rutinarias. Para las mujeres, el acceso al submundo criminal se dificulta, ya
que ella no contará fácilmente con quien la introduzca y patrocine; además, debido a un
mercado de trabajo discriminatorio, sus actividades rutinarias no la expondrán a contex-
tos de riesgo en la misma medida que al varón.

3)�Motivación�para�el�delito.�Preferencia�por�el�riesgo,�vergüenza,�autocontrol�y�cos-
tes�frente�a�recompensas. En la mujer, una fuerte socialización neutraliza fuertemente
las apetencias a favor de las conductas de riesgo e implicación criminal.

4)�Contexto�criminal.�Formato�y�sentido. Comprende la naturaleza de la situación y


características del delito, (¿quién comienza la conducta, quién la dirige, quién la auxilia,
a qué lógica responde...? Así, no es igual el contexto de acometimiento de una mujer a
su marido que a la inversa).
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 32 Género y criminalidad

3.4.1. Tesis de la emancipación de la mujer

Según observara Smart en irónica revisión criminológica antes de la formula- Del lecho al delito: Los
ción de esta tesis, no era absolutamente inédita en criminología la noción de caminos arteros de la
criminalidad femenina
que la mujer es potencialmente igual al hombre, más aún, incluso superior en
antisocialidad. En realidad, tal concepto tiene raíces en los habituales prejui- Pollack (1950) había defendi-
do que, en efecto, las mujeres
cios sobre la convencional perfidia femenina y sus proverbiales malas artes. son criminales más eficaces,
cuanto mejor dotadas para el
engaño y la explotación. Co-
Un pionero abordaje feminista, evidentemente distanciado de lo anterior, sos- meten numerosos delitos que
jamás se evidencian, pues se
tuvo la perfecta capacitación de la mujer para el delito –como para cualquier las arreglan para encubrirlos
frente a la mayor franqueza de
otra actividad–, en pie de igualdad con el varón. La ratio de género solo obe- las conductas masculinas. La
prueba de tal carácter mani-
decería así a la condición socialmente subyugada de las mujeres (Adler, 1975 pulativo puede verse, según el
y Simon, 1975). autor, en el significativo hecho
de que las mujeres pueden fin-
gir “emociones positivas” du-
rante el intercambio sexual, a
Este planteamiento parte de la observación retrospectiva de una progresiva diferencia de los varones, no-
disminución de la ratio de género, con un sensible aumento en la proporción blemente manifiestos en lo fi-
siológico como en lo criminal.
de mujeres arrestadas, condenadas y penadas. Esto, desde la presente óptica, se
debería a las nuevas políticas de liberación femenina adoptadas en EE. UU. en
los años sesenta, que habrían redundado en mayores derechos para las muje-
res, y de ahí, en una creciente incorporación al segmento delictivo.

Oportunidades laborales, control de la natalidad y otras ganancias civiles en el


terreno de la igualdad tendrían como contrapartida una mayor equiparación
en el terreno de la criminalidad, debido a la mayor libertad de movimientos y
oportunidades criminales ofrecidas a la mujer en su nuevo rol emancipado.

Lo más controvertido de los planteamientos de Adler y Simon es su inherente


vaticinio según el cual, conforme la mujer fuera saliendo de su rol tradicional-
mente subordinado, y en particular accediera a la educación y la tecnología,
tanto las tasas de infracción femenina como la gravedad de sus delitos irían
en aumento hasta nivelarse con las propias de los infractores varones. La hi-
pótesis fue ampliamente contestada por la criminología feminista de segunda
oleada. Para dicho sector, esta tesis:

• Pone en cuestión uno de los principales planteamientos del feminismo


promocional: la igualdad reporta efectos positivos netos, así a las mujeres
como a la propia sociedad.

• Además, el planteamiento contribuye a divulgar falsos mitos sobre la pro-


liferación de una nueva mujer criminal, violenta, masculinizada e insen-
sible.

• Metodológicamente, resulta un planteamiento lastrado por distorsiones


interpretativas sobre datos estadísticos.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 33 Género y criminalidad

El vaticinio, por lo demás, no se ha visto cumplido sino a medias en el conjun-


to de países que han registrado esfuerzos civiles igualitarios: si bien, en efecto,
la ratio de género se adelgaza y la prisionalización de las infractoras se dispara
–así en EE. UU., Canadá, Australia, y Europa–, sin embargo, la mujer en tales
casos sigue siendo autora de delitos prototípicamente femeninos: pequeños
hurtos, menudeo de droga, fraudes a pequeña escala.

Infracción de la mujer y nueva espiral punitivista: Un debate


criminológico centrado en enfoques de género

Para Steffensmeier y Allan (1996), no existen variaciones significativas en la naturaleza de


los delitos cometidos. El característico hurto femenino se sigue produciendo en comer-
cios y artículos de subsistencia (lo que ni mucho menos sugiere que las infractoras sean
mujeres emancipadas); sin embargo, la mayor gravedad de los nuevos empoderamientos
femeninos tendría más que ver con la emergencia de los modernos centros comerciales
y la accesibilidad de mercancías valiosas.

Autoras como Carlen, Chesney-Lind o Snider, entre otras muchas, sostienen que la mo-
derna elevación de tasas de delito femenino se deben eminentemente a cambios en las
actitudes judiciales, ahora especialmente recrudecidas frente a la mujer (Herrera Moreno,
2012). Ello tendría que ver con nuevos y entusiastas criterios de “justicia igualitaria” y
equiparación de raseros, renunciando al presunto “buenismo” o “manga ancha” en el tra-
tamiento judicial de las mujeres que sostenía la tesis de la “caballerosidad judicial” (siem-
pre discutida desde el feminismo criminológico).

Así, para la criminología feminista, el nuevo punitivismo contra la mujer ha sido famo-
samente calificado como “igualdad vengativa” en una nueva época de regresión contra
los avances de la mujer.

También se ha aludido al moderno auge de las teorías económicas de la criminalidad, las


cuales presentan a un infractor que “elige” con autonomía y deliberación (Snider, 2003).
La punitividad se habría cebado con la mujer infractora, ahora asumida y equiparada al
modelo de varón egoísta, predatorio y racional (ignorando la realidad de una infractora
precisamente falta de autonomía debido a sus especiales carencias estructurales).

Una última explicación defiende que existe una nueva mujer infractora, no más violenta
en su condición, sino más intensamente motivada. Así, a fines del siglo XX una mejora
en bienestar habría producido una reducción en tasas de delitos violentos de varones, en
tanto se habrían mantenido las relativas a mujeres pobres y excluidas, afectadas por una
polarizada “feminización de la pobreza”. Lo veremos más detenidamente en el siguiente
subapartado.

3.4.2. Marginalidad económica

Estos planteamientos sostienen que el delito de la mujer se ve característica-


mente impulsado por la pobreza, la exclusión social y la extrema dependencia
de las mujeres en una sociedad discriminatoria donde la alianza entre géne-
ro, minoría racial o cultural y pobreza determinarían tristes avenidas hacia la
criminalidad femenina. Se trata así de un planteamiento defendido desde el
llamado critical�race�feminism, vertiente teórico-reivindicativa que conecta
las desigualdades de género con la condición de minoría racial o cultural, y
que suele extender su programa analítico y de denuncia a la situación mundial
de la mujer.

Avalan estos planteamientos los estudios criminológicos interculturales sobre


infractoras y penadas a nivel mundial, que revelan un retrato característico
de mujeres dependientes al frente de familias monoparentales, sin trabajo o
con empleos basura, y carentes de toda posibilidad de mejora o inserción la-
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 34 Género y criminalidad

boral debido a sus profundos déficits educativos. Junto a ello, una profusión
de estudios etnográficos atestigua el característico estilo de vida marginal de
las mujeres en riesgo de criminalidad o de reincidencia.

Así, se hablará de la criminalización�de�la�supervivencia�femenina (Ches-


ney-Lind, 1989), o simplemente de “mujeres con problemas” (Comack, 1996),
antes que de infractoras.

Como se observa, esta tesis descansa en una premisa hipotética que funciona
en dirección contraria a la hipótesis de la emancipación de la mujer.

Hipótesis de la marginalidad económica de la mujer

Cuando las mujeres se ven económicamente relegadas y en desventaja comparativa fren-


te a las condiciones de los hombres, las tasas de criminalidad de estas se incrementan
frente a las de aquellos.

La clave es, pues, la feminización�de�la�pobreza. Ante la crisis del estado de bienestar, sin
medidas de apoyo institucional o políticas educativas y laborales, afectadas por marcadas
desigualdades salariales y pocas oportunidades de empleo, las mujeres en riesgo social se
ponen sin embargo al frente de familias monoparentales, como se hacen cargo de padres
mayores, y a veces, de otras personas desamparadas de su comunidad (Heimer, 2000).

La hipótesis de la multimarginalidad es compatible con el dato de la incorporación tardía


de las mujeres al delito, que se produce en el punto en que la progresiva asunción de
cargas llega a desbordar a dichas mujeres y las orienta hacia el delito.

3.4.3. Teorías sobre socialización diferencial

Numerosas teorías convencionales así como la teorización de género (apren-


dizaje social, control social) asumen que la distinta socialización de las muje-
res, más exigente, controlada y escorada hacia roles pasivos y tradicionales, es
responsable de la ratio de género en las cifras criminales.

Desde una vertiente feminista, se alude a la existencia de una ubicua “polariza- Reflexión
ción de género”, o procesos discriminatorios de socialización, registrados en la
Una de las vertientes más crí-
familia, la comunidad y los medios educativos, que refuerzan con recompen- ticas frente a esta hipótesis es
sas o mayor indulgencia el inconformismo e iniciativa del joven educando, la evolucionista, que advierte
en las anteriores premisas ses-
en tanto una muchacha será informalmente castigada por el mismo concepto gos de determinismo socioló-
gico; así, rasgos conductuales
como transgresora, conforme a códigos de conducta diferenciales. La distin- tan extendidos a nivel demo-
gráfico y comparado (la me-
ta exigencia en conducta, expectativas y control de inclinaciones al riesgo o nor preferencia por el riesgo fí-
transgresión marcan las apreciables diferencias infractoras según el género. sico y menor inclinación a in-
volucrarse en la transgresión)
son, se aduce, constantes in-
terculturales de sentido univer-
3.4.4. Itinerarios de victimización hacia el delito sal que no pueden ser explica-
dos monolíticamente en clave
de exclusiva socialización dife-
La lectura victimológica de la mujer infractora constituye toda una contrana- rencial (Campbel, 2002).
rrativa que desmiente el modelo teórico de la mujer infractora como mons-
truosa o perturbada. La moderna verificación de las llamadas rutas de victi-
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 35 Género y criminalidad

mización de género hacia el delito permite hablar de mujeres esclavas y de Lectura recomendada
sus condiciones adversas y sumidas en experiencias de desamparo, violencia
Sobre los itinerarios de victi-
y victimización. mización hacia el delito co-
mentados en este subaparta-
do, puede consultarse la obra
Dicho planteamiento rompe al mismo tiempo con estereotipos de pasividad e siguiente:
invariable condición sumisa y sufriente de toda mujer victimizada: la existen- K.�Daly (1998). “Women’s
pathways to felony court: Fe-
cia de historiales de victimización en las infractoras explica el enérgico poten- minist theories of lawbrea-
cial reactivo de muchas mujeres, que recurren a la criminalidad para gestionar king and problems of repre-
sentation”. En: K. Daly; L.
una extrema desventaja vital. Maher (ed.). Criminology at
the crossroads (pág. 135-154).
Nueva York: Oxford Univer-
De los datos investigadores acopiados, se perfilan nítidos circuitos específi- sity Press.

cos, o rutas hacia la delincuencia de la mujer victimizada, que constituyen un


sector ya consolidado en la reciente literatura criminológico-feminista. Dicha
victimización enraíza con problemas de marginación estructural de mujeres
en situación de riesgo, y por ello se trata esencialmente de rutas de género
confirmadas por una amplia evidencia internacional.

Rutas de género hacia el delito (Daly, 1998)

a)�Mujeres�de�la�calle. Itinerario que hace referencia a la temprana exposición criminó-


gena de algunas mujeres a una vida externa y desprotegida, por lo general al llegar a la
adolescencia, debido básicamente a la huida de un hogar abusivo o familiarmente aban-
donado. La dureza de la vida callejera implica a la adolescente en circuitos de desviación.
Al mismo tiempo, dicho estilo de vida empeora el pronóstico de partida, ya que impacta
sobre la estabilidad psicológica y bloquea las posibilidades formativas y laborales de las
mujeres afectadas. Ejemplo: Un abuso o desamparo familiar precipita a la mujer adoles-
cente a asociarse a actividades de prostitución, en curso de las cuales una organización la
exporta a otro país, donde, además de ser objeto de explotación sexual, la involucra in-
timidatoriamente en actividades ilegales de tráfico de droga (Villacampa y Torres, 2012).

b)�Mujeres�y�droga. Itinerario relativo a aquellas mujeres que entran en los circuitos del
tráfico de drogas a partir de relaciones familiares o de pareja. Ellas mismas no suelen ser
adictas, y no cuentan con un significativo historial criminal previo.

c)�Mujeres�“dañadas�y�dañinas”. Han sobrevivido crudamente a un historial victimo-


lógico de abuso sexual o negligencia intrafamiliar, el cual determina en ellas una actitud
vital hostil y defensiva, emocionalmente embotada y endurecida, que se relaciona en
último término con un acentuado riesgo de cronificación criminal.

d)�Mujeres�maltratadas�por�su�pareja. Dicha vía enfatiza la influencia criminógena de


una interacción perturbadora con un varón violento, desarrollándose una biografía an-
tisocial posterior ligada a la criminalidad reactiva de la mujer frente al abuso de género.

Las dos primeras vías abarcan el grueso de las mujeres infractoras, siendo las
dos últimas las que presentan un pronóstico de superación menos promete-
dor. Las consecuencias de esta cumulativa victimización social y criminal com-
prenden efectos físicos y psíquicos, desórdenes conductuales, tendencias sui-
cidas y adicciones, pérdida de autoestima, manifestaciones agresivas, así co-
mo impactan sobre relaciones de familia, escuela, grupo generacional y vida
carcelaria.

Algunas de estas experiencias (así, por ejemplo, la del maltrato o negligencia


infantil) concurren asimismo significativamente en el historial de varones in-
fractores. La criminología�del�curso�vital ha evidenciado, en efecto, que la
violencia opera como punto de inflexión criminógeno en ambos géneros. Sin
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 36 Género y criminalidad

embargo, en el caso de la mujer en situación de riesgo social, la criminalidad


no es el resultado de una experiencia disruptiva juvenil, sino la coronación de
un proceso. Las limitaciones que impone la sociedad de género a las mujeres
excluidas irán labrando para ellas un destino desviado a partir de vivencias de
polivictimización en varias esferas, a veces de modo paralelo.

3.4.5. Teoría relacional

Planteamiento criminológico basado en el género y fraguado en el seno de la


Escuela canadiense de rehabilitación. Con base psicosocial, la hipótesis des-
cansa en las diferencias en el desarrollo moral de hombres y mujeres. Como
se observará, se trata eminentemente de una tesis etiológica orientada a un
tratamiento penitenciario centrado en vulnerabilidades relacionales de las in-
fractoras que estarían en la base de su victimización e infracción.

Según la tesis, las mujeres tienen necesidades emocionales diferenciales. El


sentido identitario en la mujer se genera mediante conexiones, antes que en
separaciones, de modo que su subjetividad puede verse especialmente daña-
da por una abrupta disrupción o desconexión relacional (divorcio, abandono,
experiencias de abuso o violencia por quien dice amarla, o cárcel). Con base
en amplia evidencia penitenciaria, y sobre dicho ideario relacional, fue impul-
sado el movimiento llamado de reforma�rehabilitadora�sensible�al�género
(Bloom, Owen y Covington, 2003), hoy promovido a nivel global.

Las investigaciones centradas en la hipótesis relacional destacan cómo un


esencial motor de la infracción femenina sería la trascendental importancia
que para la estabilidad de la mujer cobra la felicidad y satisfacción vital de
otros –hijos, padres, parejas y amigos–. De ahí que mejoras significativas en
los estilos de relación y compromiso de las reclusas predicen así menores tasas
de infracción y reincidencia.

“No soy buena para relacionarme...”

No obstante su fundamental contribución al movimiento mundial de atención peniten-


ciaria a las necesidades de género, la teoría relacional ha sido fuertemente criticada desde
planteamientos revisionistas.

En tal sentido, han sido denunciadas ciertas terapias imbuidas en dicha filosofía, a cuenta
de su excesivo carácter intervencionista, invasivo de intimidad y víctimo-culpabilizador,
que habría inoculado en las infractoras/víctimas la idea simplista de que su devastadora
trayectoria pueda obedecer sin más a un modo incorrecto de relacionarse (Herrera Mo-
reno, 2012).

3.4.6. Teoría del poder de control

(9)
Con este planteamiento se aspira a responder a la cuestión de la ratio de gé- En inglés, power-control.
nero poniendo el acento en exigencias estructurales de socialización diferen-
cial, dirigidas al sostenimiento de un poder desigualmente distribuido entre
géneros. Según los defensores de la teoría del poder de control9 (Hagan y otros,
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 37 Género y criminalidad

1987), la fuerte estratificación de la sociedad de género asigna a las madres


una función de control de las hijas que difiere de su rol, menos intrusivo y
rígido, en la socialización de los hijos.

Conforme a los parámetros tradicionales de crianza, las mujeres, que carecen


de poder frente a los maridos, cumplen la función materna de monitorizar
estrechamente a las hijas, inoculando en ellas una intensa aversión a la incer-
tidumbre y a la adopción de iniciativas no convencionales. Dicho estilo de
crianza, se argumenta, funciona como instrumento de subordinación sexista
y no responde a diferenciales biológicos entre hombres y mujeres.

Estos estudios hacen corresponder niveles de poder alcanzados en el trabajo


con niveles correlativos de poder/control en la familia. Destacan así diferencias
entre familias vertebradas de modo rígidamente patriarcal (madres sin trabajo
remunerado, volcadas en sus roles familiares) y familias más igualitarias en
la distribución de poder, donde las mujeres llevan una vida más externa y
autónoma respecto de su pareja y aportan a la familia un sueldo, sin tiempo
para desarrollar una socialización tan exigente en el caso de las hijas).

Sin embargo, al igual que ocurre con la hipótesis de la emancipación, la pre-


misa asumida es que mayores niveles de igualdad en las instituciones sociales
propician la infracción femenina, debido al aumento de mujeres no socializa-
das en la conformidad o menos sometidas a supervisión. Se objeta, por ende,
que esta tesis incrementa el sentido de culpabilidad de las madres trabajado-
ras, a las que se presiona con las posibles resultas de la desviación de las hijas
a su cargo.

3.4.7. Estudios sobre mujer y subculturas

En los años ochenta del pasado siglo, despunta pioneramente un creciente Las mujeres de la banda:
número de investigaciones sobre mujeres implicadas en bandas antisociales. Nuevos estereotipos

El nuevo abordaje resultó desmitificador, y abrió paso a un inédito sector de No por casualidad, el interés
estudios. científico sobre la mujer en las
bandas antisociales surge en
paralelo a la emergencia del
estereotipo de nueva mujer
A partir de una generosa información acopiada a lo largo de dos décadas, puede violenta atribuido a la libera-
ción de la mujer y, se dice, im-
observarse una gran heterogeneidad en el riesgo y el estilo de vida subcultural, pulsor del endurecimiento de
según la actividad ilegal emprendida y según se trate de bandas mixtas, bandas las políticas penales en los paí-
ses occidentales. Así las cosas,
masculinas con chicas asociadas o bandas exclusivamente de chicas. el feminismo criminológico
creyó imprescindible esclarecer
el genuino rol y condiciones
Se ha destacado (Miller, 2004) la insoslayable necesidad de una mirada al im- de las mujeres integradas en
subculturas de violencia (Ches-
pacto de género en las bandas, en atención al marcado riesgo de victimización ney-Lind, 1993).
femenina y la evidencia de roles subordinados de las chicas en los grupos mix-
tos. En otros aspectos, muchas de las conclusiones de los estudios subcultura-
les son, con matices, extensibles a ambos géneros:

• La integración en bandas de las muchachas responde a la existencia de


una enorme problematicidad en sus vidas. En esencia, buscan afecto y
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 38 Género y criminalidad

protección, siendo así que, junto al riesgo de criminalidad ven al cabo


incrementado el riesgo de victimización violenta, sea por victimarios de
su propia banda o de bandas rivales.

• En ambos géneros, se observa una implicación activa en espirales muy ra-


dicales de conflicto y rivalidad, aunque las adolescentes no suelen llegar a
los niveles de acometimiento directo desplegados por sus iguales varones.

• Los programas criminológicos específicamente dirigidos a disuadir a las


adolescentes de su implicación en bandas son especialmente indicados,
teniendo en cuenta su temprana etapa de afiliación (sobre los 15 años).

• La orientación punitiva de las intervenciones, regularmente disfuncional,


resulta especialmente contraindicada.

3.4.8. Género y masculinidades criminales

La vertiente que relaciona género e infracción va más allá del estudio estricto
de la criminalidad/conformidad femenina. Así, se han configurado plantea-
mientos que vinculan las expectativas de género a la criminalidad de los va-
rones. Un sector de estudios creciente desde la última década del siglo XX se
centra en las llamadas masculinidades o diversidad de identidades masculinas en
una sociedad de género.

Masculinidad hegemónica

Se alude con este concepto (Connell y Messerschmidt, 2005) a un conjunto de condicio-


nes normativas relativas a la condición de hombre en una sociedad de género. La mas-
culinidad hegemónica establece una jerarquía de poder sobre la mujer que va desde las
identidades violentas a aquellas que, sin ejercer violencia directa, se benefician de ejerci-
cio de otros hasta, en el nivel más bajo de la escala, llegar a las masculinidades subordi-
nadas– popularmente: “pardillos”, maridos consentidores y calzonazos, chicos apocados
y acosados, homosexuales (Messerschmidt, 1993)

Las masculinidades no se configuran mediante atributos simples, sino que se Algunos fenómenos de
manifiestan fluidamente en prácticas y relaciones de género. En una sociedad masculinidad

patriarcal, las expectativas normativas de género suscitadas en torno a la con- Numerosos estudios etnográ-
ducta de los hombres determinan en estos subjetividades muy diversas, si no ficos registran fenómenos de
masculinidad, manifestada se-
contradictorias, y las proyectan sobre relaciones sociales (eminentemente en gún el contexto: el machismo
latino, el hooliganismo depor-
las esferas de relación laboral, relaciones de autoridad y sexualidad). tivo, el rudo cow-boy, las je-
rarquías en la cárcel de varo-
nes, cúpulas de poder u orga-
El delito, así, es una práctica masculinista socialmente construida para satisfa- nizaciones delictivas, las ban-
das de adolescentes, y el ejér-
cer las exigencias de género en una determinada estructura, sea industrial o cito. Cada uno de estos tipos
se corresponde con un ejerci-
tradicional. El autor enfatiza la importancia del cuerpo masculino en la con- cio de masculinidad hegemó-
formación de masculinidades y destaca la relevancia criminógena que adquie- nica (desde el maltrato de la
mujer a la violación grupal).
re para el adolescente la necesidad de desafiar una masculinidad subordinada,
primero mediante rebeldía y bravuconería, más tarde a través del delito.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 39 Género y criminalidad

Resumen

A partir de una reciente recapitulación sobre la evolución y modernos alcances


del enfoque género-delito, se han ofrecido conclusiones de interés, de las que
pueden destacarse las siguientes:

• Una significativa evidencia parece apoyar que ciertos correlatos crimina-


les, aportados desde teorías consolidadas en criminología como la pobre
socialización, bajo autocontrol y desventaja económica, son predictores
comunes a ambos géneros; sin embargo, son diferenciales algunas expe-
riencias mediadoras que en el caso de la mujer auguran distintos resultados
a los que se observa en varones, tanto en la conformidad y la criminalidad
como en la naturaleza de los delitos cometidos.

• Ante la recopilación de trayectorias criminales de ambos géneros, se evi-


dencia en las mujeres que la victimización adulta y el efecto retardado del
abuso sexual en la infancia pueden estar vinculados a la edad más tardía
de incorporación de la mujer al delito.

• Los incipientes estudios sobre el desistimiento de la criminalidad en la Lectura recomendada


mujer infractora arrojan luz sobre la posible existencia de puntos de infle-
Sobre esta cuestión, puede
xión diferenciales para hombres y mujeres, dado el contexto desigual en consultarse la obra siguiente:
el que los géneros contienden. C.�Kruttschnitt (2013).
“Gender and crime“. Annual
review of sociology (vol. 39,
• Si bien las motivaciones de ambos géneros para involucrarse en el delito pág. 291-308).

a veces parecen solaparse o fundirse –así, al adscribirse a bandas antisocia-


les u traficar con drogas– su estudio en mujeres se verá enriquecido por
aquella aproximación que cuente con la intersección entre raza, género y
clase social.

• Finalmente, despuntan algunos ámbitos de investigación especialmente


prometedores: así, las emociones y el género, la influencia del barrio des-
viado en la criminalidad femenina o el nuevo rol que viene adquiriendo
la mujer en algunos ámbitos organizados de poder (mujeres en grupos de
criminalidad transnacional o en los delitos “de cuello blanco”).

Definitivamente, asistimos hoy al contemporáneo despegue de un sector cri-


minológico joven y enormemente productivo, del que cabe esperar aún desa-
rrollos muy enriquecedores en la superación definitiva de la secular ceguera
criminológica de género.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 41 Género y criminalidad

Actividades
Apartado�1.�Género�y�sexo

1. ¿Cuál es la diferencia entre ambas categorías?

2. ¿Creéis que existen diferencias tendenciales entre grupos de hombres y mujeres debidas
al sexo, o son todas construidas? ¿El sexo es intercambiable? ¿Y el género?

3. En relación con lo anterior, reflexionad sobre esta frase: “el género es un instrumento que
escribe las vidas de hombres y mujeres, como se escribe sobre una tablilla de cera”. ¿Estáis de
acuerdo? ¿Qué posiciones filosóficas y científicas se desmarcan de esa postura?

4. Identificad situaciones de la vida cotidiana que reclamen reglas de conducta diferenciadas


según el género. ¿A quién o quiénes favorece esa diferenciación?

5. ¿Es radical, exagerada o victimista la demanda feminista de nivelación entre hombres y


mujeres en la totalidad de las estructuras sociales? ¿O acaso dicha equiparación es solamente
ilusoria?

6. Ejemplificad posibles situaciones donde operan la exigencias ligadas al género según se


trate de dinámicas en los niveles “macro”, “medio” o “micro”.

Apartado�2.�Estudios�de�género�y�feminismo�criminológico

1. ¿Cuáles son los objetivos –general y particular– del feminismo criminológico?

2. Cierto pensamiento defiende que hay que cambiar el discurso feminista occidental para
poner en evidencia nuevas actitudes machistas más solapadas y conductas sexistas menos
explícitas. ¿En qué fase de abordaje podría incardinarse tal aseveración?

3. Se aborda una investigación feminista para esclarecer cómo se toman las decisiones delic-
tivas en grupos familiares consagrados al narcotráfico en el caso de minorías étnicas y cul-
turales o inmigrantes. Calificad el enfoque y características del grupo de estudio en el que
se podría incardinar.

4. Reflexionad sobre la imagen de la mujer en los medios publicitarios, la regulación del


delito de violación, la estigmatización de mujeres violadas, las recomendaciones de especial
prudencia dirigidas a chicas y mujeres jóvenes. ¿Podríais identificar en algunos de estos as-
pectos concepciones de la mujer como mero cuerpo sexuado?

Apartado�3.�Teorías�sobre�sexo,�género�y�criminalidad

1. Indagad en la red sobre la figura de Baldomera Larra (así, por ejemplo, el artículo divulgati-
vo de Mercedes Albi, “El delito de Baldomera” (accesible en línea). Comparad el tipo de mu-
jer desviada conceptuado por Lombroso con la figura de esta perspicaz y poco convencional
estafadora, pionera en el terreno de la delincuencia económica. ¿Cuál podría ser el motivo de
que este sorprendente caso se haya ido desdibujando en la memoria criminológica y social?

2. Reflexionad sobre la hipótesis evolucionista de Campbell, identificando sus premisas fun-


damentales y sus implicaciones. ¿Creeis que se trata de una hipótesis plausible, o por el con-
trario, parte de estereotipos biológicamente reduccionistas?

3. ¿Qué hace similar la tesis de la emancipación de la mujer y la del poder-control? ¿Por


qué son ambas rechazadas por voces significativas en la criminolog‫ם‬a feminista? ¿Qué otro
planteamiento establece una hipótesis que funciona en sentido contrario?

4. Después de ver cualquiera de las películas que os proponemos (u otra que consideréis
apropiada), reflexionad sobre la imagen de mujer delincuente que de los respectivos relatos
fílmicos se desprende:

• Monster (2003), película que Chesney-Lind ha identificado como una paradigmática cris-
talización fílmica de un prejuicio: el supuesto crecimiento al alza de un nuevo modelo de
infractora atávica, egoísta, violenta e insensible. En este caso, el monstruo es una lesbiana
sexualmente voraz y asesina en serie.
• Freeeway (1996), película que en su día fue objeto de censura, que permite proyectar sobre
su narrativa más de un planteamiento criminológico; si bien en un principio parecería
dar alas al mismo estereotipo de femineidad violenta que la anterior, resulta sin embargo
saludablemente desmitificadora en más de un aspecto. La película, afectada por cierto
cliché efectista, presenta el crudo itinerario de una joven caperucita nada sumisa a su
destino victimal.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 42 Género y criminalidad

• Carmina o revienta (2012), tragicomedia contemporánea donde hallamos a una mujer


madura, abrumada por sus cargas y limitada por sus enormes carencias sociales, que re-
suelve al paso sus dificultades, con energía, compasión y humor, incluyendo el delito
entre sus recursos de supervivencia. Carmina, como tantas mujeres infractoras, es una
antiheroína que vive sin dramatismo su difícil circunstancia.

a) Si eleg‫ם‬s la primera película, identificad los rasgos demonizados y brutales con que la in-
fractora es presentada y poned en relación esta imagen mediática con la proyección punitiva
señalada por Chesney-Lind.

b) En cuanto a las otras dos, identificad, en el caso elegido, las detalladas rutas de victimiza-
ción hacia el delito que las narrativas cinematográficas describen. Destacad qué conductas de
las protagonistas desmienten los estereotipos de mujeres victimizadas como puros espíritus
sufrientes y carenciales, incapaces de iniciativa. ¿Podrían ser calificadas como mujeres con
problemas, tanto o más que como delincuentes? ¿Qué autora prefiere, en efecto, calificarlas
así?

Apartado�4.�Masculinidades

Zack es un chico adoptado por su abuela, pues su madre alcohólica es incapaz de


criarlo. Desde los cuatro años convive con otros primos, siendo objeto selectivo de
abusos verbales y físicos por parte de su tía. Zack se apega a su tío, que le traslada la
idea de una masculinidad conectada con el futbol y la fuerza, un modelo en el que
no se siente competitivo.

Aunque su rendimiento escolar es sobresaliente, comienza a ser objeto de maltrato


escolar por sus compañeros, que lo tildan de gordo y de pardillo. Su tío le recomienda
que plante cara y luche, algo a lo que no se atreve.

Solo lo hará tras tres años de hostigamiento, pero sin efecto, y con la consecuencia
de una mayor humillación. Su aislamiento aumenta y, con él, su estigmatización
como “chico blandito”. Decide tomar otra iniciativa: apuntarse a un equipo de fútbol
para sentirse valioso. Sin embargo, se lesiona en los entrenamientos y gana más peso,
siendo finalmente expulsado del equipo.

A estas alturas, solo puede comunicarse en la escuela con otros marginados y chi-
cos-problema. Llegada la adolescencia, descubre su interés por el otro sexo y tiene
gran curiosidad por la sexualidad, siendo sistemáticamente rechazado por las chicas.
Las charlas sobre sexo con los chicos problemáticos le transmiten un nuevo motivo
de distanciamiento: la consciencia de ser “el único chico virgen del colegio”. Tiene
11 años y lo intenta todo, cambiar de imagen, de ropa y aficiones, en la idea de con-
vertirse al fin en “guay”. Justo a esa edad, su abuela le confiesa que lo había acogido
como último recurso, una vez su madre no había encontrado a nadie que lo adoptara.

Se siente mal, humillado y disminuido en casa y en la escuela. En cierta ocasión se


queda a solas con su prima de 6 años, una chica apocada, y tras comenzar jugando,
termina forzándola. Tiene 11 años y los abusos se prolongan tres años más. La im-
posición sexual de una niña le hace sentirse bien, vigoroso, masculino, olvidando
finalmente sus complejos.

• Leed atentamente esta historia de vida, extractada de un artículo científico (Messersch-


midt, 1999).
• Reflexionad sobre este caso, aplicando la perspectiva de las masculinidades. Identificad
en vuestro comentario aspectos de corporeidad subjetiva, expectativas de masculinidad
hegemónica percibidas en el entorno, y la nula aptitud del protagonista para satisfacerlas.
Finalmente, destacad cuál es la práctica de género que emplea el chico para rechazar su
identidad subordinada.
CC-BY-NC-ND • PID_00208880 43 Género y criminalidad

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