MARIPOSITA VA A LA ESCUELA
María Mercedes Córdoba
Había una vez una mariposita que vivía con su mamá y su papá.
Un día, la mamá la peinó con ganchos de colores, le puso perfume y le
dijo que sería su primer día de clases. Mariposita se puso contenta y
revoloteaba algo nerviosa de un lado a otro. Ella todavía no había ido
nunca a la escuela, porque aún era chiquita, así que se fue esa tarde llena de ilusiones.
Al principio estaba toda entusiasmada. Le gustaron los lunares de la señorita Vaquita,
las clases de música del profesor
Grillo y dar vueltas con el profesor Saltamontes. También se encontró con su amigo
Bichito de luz y con todos sus hermanitos.
Todo estuvo muy bien hasta que un día la mariposita se despertó más remolona que
de costumbre y le dijo a su mamá:
-Me parece que no voy a ir más a la escuela. Mejor me quedo en casa jugando con las
muñecas. La mamá no lo podía creer:
-Pero si hasta ayer te encantaba… ¿Cómo puede ser que ya no quieras ir?
-Bueno, sí, me gusta… ¡pero me cansé! -dijo Mariposita empezando a hacer pucherito
mientras que con un palito dibujaba en la tierra.
MARIPOSITA VA A LA ESCUELA
María Mercedes Córdoba
Había una vez una mariposita que vivía con su mamá y su
papá.
Un día, la mamá la peinó con ganchos de colores, le puso
perfume y le dijo que sería su primer día de clases.
Mariposita se puso contenta y revoloteaba algo nerviosa
de un lado a otro. Ella todavía no había ido nunca a la
escuela, porque aún era chiquita, así que se fue esa
tarde llena de ilusiones.
Al principio estaba toda entusiasmada. Le gustaron los
lunares de la señorita Vaquita, las clases de música del
profesor
Grillo y dar vueltas con el profesor Saltamontes. También se encontró con su amigo
Bichito de luz y con todos sus hermanitos.
Todo estuvo muy bien hasta que un día la mariposita se despertó más remolona que
de costumbre y le dijo a su mamá:
-Me parece que no voy a ir más a la escuela. Mejor me quedo en casa jugando con las
muñecas. La mamá no lo podía creer:
-Pero si hasta ayer te encantaba… ¿Cómo puede ser que ya no quieras ir?
-Bueno, sí, me gusta… ¡pero me cansé! -dijo Mariposita empezando a hacer
pucherito mientras que con un palito dibujaba en la tierra