Música y Poder Político
Música y Poder Político
PROCULTA
San Cristóbal, 2012
2
Dedico este particular esfuerzo al Dr. José Humberto Ocariz Espinel, Profesor Titular Jubilado de
la Universidad de Los Andes, pero ante todo médico y músico y último paradigma de la
Tachiranidad quien, con sus sabios consejos, guio esta investigación.
Con gratitud y deferencia
A la memoria de mi profesora, la Dra. Elizabeth Gámez Sánchez
3
ÍNDICE
- Prólogo. Elizabeth Gámez Sánchez
- Gratitud personal
- Introducción
- A manera de resumen
- El Táchira como entidad política
o La formación de la tierra tachirense
o ¿Un Táchira feudal y bárbaro?
o El Táchira, crisol cultural
- El hecho musical
o Inicios de la música en el Táchira
o La enseñanza de la música
o La enseñanza musical en Caracas
o El Estado fomenta la actividad musical tachirense
- La música en la dinámica social tachirense entre 1869 y 1929
o Música y festividades patrias
o La iniciativa particular auspicia la música
o Un paréntesis para el Estado
o Pasodobles y toros
o Los escuchadores de la Banda le dan prestigio social
o Sangre y desgracia en la Banda
o Música en la Iglesia Católica
- Las otras expresiones culturales. Relación con el hecho musical
o Música y Teatro
o Música y Artes Plásticas
o Música y Letras
o Música y Periodismo
o El Estado apoya la música
- Los espacios donde se hizo la música
o Los espacios privados. La música entre paredes
o Los espacios públicos. La música en la calle
o El Estado toma sus plazas
o Un Teatro para San Cristóbal
- Influencia externa en la cultura musical tachirense
o San Cristóbal, punto de encuentro cultural
o Especiales visitantes. Artistas y Compañías líricas
o Sones de guerra
o La fiesta continúa
o Doña Zoila vuelve a su tierra. La Exposición Regional. Loas y elogios con música
o Con tiple y bandola. El Cuarteto Colombiano
o Otras visitas musicales
o Afinando el piano
o Cuatro influencias en la música popular tachirense
§ Influencia caraqueña o “centrana”
4
§ Influencia llanera
§ Influencia europea
§ Influencia colombiana
• Con música se hacen las paces. La nota diplomática
- Penetración de la industria cultural
o Introducción al concepto
o Pianos y pianolas
o Música comprimida en discos
o La música incita al baile
o El futuro hace su entrada
o El Estado se rinde ante la industria cultural
- Música y política
o La música en el poder
o La música prestigia al poder
o El Estado compone su Himno
o En el poder se inspiró la música
o Las serenatas políticas. Dedicatorias musicales al detentador del poder
o La música en la Memoria Anual de los gobernantes
o El poder prestigia la música
- Los hacedores de la cultura musical tachirense entre 1869 y 1929
- Conclusiones
- Bibliografía
- Hemerografía
GRATITUD PERSONAL
8
INTRODUCCIÓN
Este trabajo de investigación tiene varias connotaciones. Una, la condición de músico
de su autor, trabajo desempeñado durante años en la dirección de bandas y orquestas
sinfónicas, habiendo comprendido desde muy temprano, la absoluta importancia de la música
regional en todo su ámbito, es decir, a través de sus compositores, sus creaciones y la
interpretación de éstas. Otra, el haber cursado la escolaridad del postgrado en Ciencias
Políticas en el Centro de Estudios Políticos y Sociales de América Latina, Cepsal, de la
Universidad de Los Andes, donde adquirió herramientas para el análisis de la situación, que la
investigación histórica, oficio que ejerce por vocación, sin ser egresado en esa compleja área,
le reflejó, mostrándole un interesante encuentro en el cual la música y el poder son las
constantes de un período determinado.
El permanente interés por el análisis del espectro cultural del Táchira lo condujo a una
persistente observación. ¿Por qué de todas las expresiones artísticas, es la música la que
mayor atención social despierta? Esto se colige de una simple perspectiva por el ámbito
artístico de esta región, desde su formación como provincia autónoma en 1856. Músicos,
recitales, bandas por doquier, y ante todo, la cantidad de músicos notables ubicados en las
esferas del poder se hacen presentes como pianistas, violinistas, compositores y directores.
También ejercieron como presidentes del Estado, jueces superiores, magistrados, fiscales del
Ministerio Público, directores de gabinete, tesoreros, secretarios Generales de Gobierno,
administradores municipales, jueces de parroquia, militares, diputados, senadores y
presidentes de la Asamblea Legislativa.
Algún vínculo debe deducirse de tamaña presencia de variados intereses. Tal vez, el
Táchira sea único en este particular en el ámbito venezolano. Grosso modo, se presentaba un
interesante campo a abordar, ante todo, por la inclinación que siempre ha manifestado el
Ejecutivo tachirense en apoyar las artes musicales. En esto, valga decir, el ejercicio por parte
del autor, del cargo titular como director de Cultura y Bellas Artes durante tres años, entre
1996 y 1999, le permitió comprobar tal preferencia, concluyendo que más del 50% del
presupuesto está dedicado al fomento de la música, y un número considerable de músicos
forman parte de la nómina oficial, superando también ese porcentaje ante la presencia de
representantes de las otras expresiones del arte.
Por su condición de abogado, el autor hizo una revisión del arqueo jurídico cultural
producido por el Estado tachirense, hallando la existencia de documentos emitidos entre 1927
y 1928. Luego, la primera organización autónoma que el poder creó para la administración de
la cultura, llevó el nombre preferencial de Instituto Autónomo Estadal de Música. Dentro del
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su apoyo a los frágiles gobiernos locales, amenizando las fiestas patrias que surgían en el
calendario político, haciéndose en sitios públicos no apropiados para ello, logrando aglutinar
un pequeño grupo de personas.
A través del ejercicio del poder desde Mérida o Trujillo, San Cristóbal quedó libre para
que su sociedad civil - conformada por elementos nacidos allí, unidos a individuos de las
culturas europeas, llaneras, las del centro, tildadas de centranas y las colombianas – produjera
un crisol cultural de enriquecedoras experiencias. La distancia del centro del poder permitió
ese avance social, sustentado en la enorme riqueza vivida durante los años de mayor
explotación del café, producto que modificó la balanza económica venezolana a través de su
exportación a destinos internacionales. Esta dinámica fue realizada por competentes y
prestigiosas firmas comerciales extranjeras, establecidas entre San Cristóbal, Cúcuta y
Maracaibo.
Este interés logró que la sociedad civil desarrollara la creación de vías de comunicación
expeditas para tal propósito, destacándose que la única salida del Táchira al exterior se trazaba
por territorio colombiano. Este tributo dejó de pagarse cuando en 1895, los rieles del
ferrocarril llegaron a tierra tachirense. El impulso del fuerte conglomerado civil que actuaba
por iniciativa propia tenía sus consecuencias en la educación, en la música, en el periodismo,
en el comercio y en la política.
Al estallar la Revolución Liberal Restauradora, otro orden se impondría. Un músico y
militar, Cipriano Castro, encabezó el ejército de doctores, militares, bachilleres, músicos y
campesinos que tomó el poder nacional en octubre de 1899. Meses antes, el Gobierno
venezolano restituía la Constitución de 1864, en consecuencia, la autonomía del Táchira como
estado independiente. En ese momento, el Estado se encontró con la decadencia de una
sociedad ante la caída inevitable de la otrora riqueza cafetera, diezmada, entre otras razones,
por las incidencias internacionales del producto, las plagas que atacaron los cultivos, los
alzamientos locales, la inestabilidad política y el decrecimiento de la presencia alemana en el
ámbito internacional con su máxima consecuencia, su derrota en la conflagración mundial
iniciada en 1914.
El Estado recibió la herencia cultural gestada en estos años de florecimiento por la
iniciativa particular. Aceptó tutelarla, siendo la expresión musical la única de las artes que
había obtenido un máximo desarrollo. La inclinación de Cipriano Castro por la música y la
presencia acentuada de músicos en la esfera política, motivó ese paso. Desde julio de 1903 el
Estado intervino, fomentando desde entonces, sistemática e ininterrumpidamente tal
particular al tutelar la Banda del Estado. Con elementos simples de administración, ésta
dependía exclusivamente del presidente del Estado, llamado gobernador en 1947. Medio siglo
11
el campo para los músicos-músicos. Desde el momento de esa fuerte intervención, acentuada
con el uso despótico del poder, otro ambiente se gestó.
Sólo la presencia de otro músico-Presidente del Táchira, atenuó un poco el campo ya
desestructurado. Las evocaciones, los afectos y la nostalgia se adueñaron de una vida musical
influida por los elementos de la industria cultural que impondrían otros estilos y gustos. Esta es
la razón de la conclusión de esta investigación en 1929, momento cuando cesa el mandato
político de ese cuarto presidente del Táchira que había sido músico. Además, fue marcado por
la llegada al campo oficial de la música, de la Banda del Estado, del compositor y director
Marco Antonio Rivera Useche, quien impondría un ejercicio completamente diferente, noble y
adelantado.
En razón de lo expuesto, la investigación se orienta en las siguientes interrogantes:
1. ¿Permitió el aislamiento geográfico del Táchira la formación de una cultura especial
plasmada en el hecho musical como factor decisivo, gestada por la iniciativa particular
en la que sus exponentes fueron personajes estrechamente vinculados con el poder?
2. Luego de la intervención oficial a partir de 1903, ¿desarrolló el Estado una política
cultural a través del mecenazgo, permitiéndole emplear la música como elemento
constructor de sociedad e interventor del hecho político y social, manifestado en la
supresión de los planteamientos hechos por la sociedad civil anteriormente?
Estas propuestas tienen varias respuestas posibles emitidas por la investigación,
intentándose dilucidar en las siguientes páginas.
13
A MANERA DE RESUMEN
Desde 1856, año en que logró su erección como provincia autónoma, separándose de
Mérida, el Táchira pudo reunir los más variados elementos culturales que lo transformaron en
crisol del pensamiento y de la acción. Es tal vez, el único caso en la convulsionada Venezuela
de la segunda mitad del siglo XIX, en que, a diferencia de episodios fratricidas y de continuas
tragedias de desolación, guerra y muerte, fue posible conformar un espacio particular para la
educación, la cultura, el afianzamiento de la identidad y la fabricación de una delicada
urdimbre de tejido social. Se hizo también dentro de un gran aislamiento geográfico,
principalmente de Caracas, cuyos gobiernos desatendieron los persistentes llamados y
requerimientos de sus habitantes que perseguían el progreso. De igual manera, el territorio
fue anexado durante veinte años al llamado Gran Estado Los Andes, dominado desde Mérida y
Trujillo, dejando a la deriva las iniciativas de la peculiar sociedad civil que se gestaba en tan
florido espacio. Sus monitores comprendieron la dimensión de la obra que deberían realizar a
expensas del Estado, que hizo caso omiso de su obligación.
Con la sede del poder político distante de San Cristóbal, se gestó entre los años 1879 y
1899, uno de los más grandes crecimientos económicos manifestados en el país. La producción
del café y su dinámica capitalista, efectuada por casas comerciales europeas, particularmente
alemanas, colocaron los números de las finanzas nacionales en dígitos jamás conocidos,
concluyendo en una floreciente bonanza que cambió la faz de la distante comarca. A ella
llegaron los más prestantes elementos de la cultura europea, especialmente italianos, corsos,
franceses y alemanes que llevaron su tenaz brazo y su mente ávida de negocios, trazando
particulares formas de actuar en el comercio, en la agricultura y en la apertura de vías de
comunicación, entre ellas, las que persiguieron dejar atrás, los días cuando debía pagarse
tributo a Colombia por la salida tachirense al Lago de Maracaibo. La fuerza promocional del
Gran Ferrocarril del Táchira, concluido en su primera fase en 1895, inscribió una desconocida
manera de viajar, y los puertos de Nueva York y Hamburgo recibieron, de primera mano, la
exquisitez del café producido en las tierras de Santa Ana o Rubio. Esto condujo a una innegable
proyección del apartado territorio, en todos los órdenes.
Muchedumbres provenientes de los Llanos, familias enteras que huían de los desastres
de la Guerra Federal se asentaron en San Cristóbal, cargando su pasado colonial para crear
empresas de toda índole, siendo la más significativa la explotación petrolera en La Alquitrana,
cerca de Rubio, a partir de 1878. Brazos forjadores del centro de la República llegaron como
políticos, soldados o aventureros en busca de paz. Tiples, bandolas, bambucos, pasillos,
periódicos, sacerdotes, masones, institutores y panegiristas pasaron la frontera colombiana
para huir de la persecución promovida por los “godos”. En el Táchira, la inmigración
14
Ese apoyo esporádico no tuvo continuidad, porque el poder político, en lo físico, seguía
distante. En este estado de cosas, un grupo especial de músicos, de compositores, de
tañedores de instrumentos, incursionaba con fuerza en la vida pública. Llegaron a ser
gobernadores de la región, presidentes de la Legislatura, jueces de alto vuelo y magistrados
ejemplares, fiscales del Ministerio Público, diputados, senadores, concejales, presidentes de la
municipalidad, amén de institutores, grandes señores y verdaderos monitores que expresaron
su pensamiento a través de la prensa. De este modo, el vínculo entre música y poder político
se expresó en el Táchira de la segunda mitad del siglo XIX y primeros años del XX,
confeccionado con esa mágica mixtura sociocultural.
Luego del triunfo de la Revolución Liberal Restauradora, en 1899, con la que se
restableció el orden territorial planteado en la Constitución Nacional de 1864, el Táchira
retornó a su antigua condición de Estado. San Cristóbal era la capital física del poder político,
entonces sus efectos comenzaron a ser inmediatos, cercanos, tangibles. Estaban allí, cerca, no
en la distante Mérida, o en la colonial Trujillo. Esta decisión trajo otras consecuencias. Las
circunstancias mundiales que derrumbaron los precios del café, y una crisis económica
echaron abajo la floreciente industria de exportación. El Táchira había caído en un marasmo
inexplicable. La fuerte sociedad civil de otrora se debilitaba y no podía sostener bandas
musicales, menos sus vistosos programas dominicales.
El Estado comprendió que había llegado su hora de intervenir, haciéndolo en razón del
gusto filarmónico del general Cipriano Castro, quien extendió una nacional política de
mecenazgo cultural por todo el país, plasmada en compañías líricas, teatros, bandas y fiestas
que invadieron el ambiente. Además, Cipriano Castro era músico. Como última respuesta, la
iniciativa particular tachirense respondió con tres últimas manifestaciones, plasmadas en el
Teatro Garbiras (1904), el Club Táchira (1905) y el Salón de Lectura (1907). Después, todo lo
demás surgiría de las manos de los detentadores del poder político. En adelante, estos se
encargarían de dirigir la banda, dotándola de instrumentos y accesorios, además de pagar sus
músicos, sosteniéndolos. El conjunto filarmónico no sería conformado por la serie antigua de
doctores y generales. Siendo el Estado el nuevo mantenedor, la Banda se conformaría por
músicos de oficio, simples artistas. Los señores retornarían a sus salones de abolengo, con los
suyos.
El Estado haría sus propios espacios con la única de las disciplinas artísticas que servía
para tal cometido. Con la música creó la banda, y con la banda buscó reunir las gentes en razón
de retretas semanales, como medio de distracción social. Para ello acondicionó los terrenos
baldíos, convirtiéndolos en plazas con glorietas y escaños, ahuyentando a las gentes de mal
vivir, ante la presencia de distinguidas familias. Con la banda, el Estado se adueñó de esos
16
invasión de los colombianos y la batalla de San Cristóbal. Es tal vez, el único caso en Venezuela,
en que el arte es utilizado como elemento de concordia.
La música entró al Táchira, cual moda fulgurante, en los sones foráneos de foxes y
charlestones, en irreverentes ambientes juveniles que dejaron el boato y las refinadas formas
de cuadrillas decimonónicas. Se pasó del piano, del tiple, de la guitarra y de la bandola, a unas
extrañas pastas negras de las que salía música por medio de sofisticados aparatos que llevaban
nombres jamás escuchados. De allí tantos bautizados con el nuevo nombre de Víctor. Tiempo
más adelante, diría Ramón J. Velásquez, el clarinete daría paso al extraño saxofón,
instaurándose un nuevo modo de oír la melodía.
La música sirvió al poder y el poder a la música. Esta convirtió la simbología oficial en
algo audible, reconocido por los demás. Desde entonces, con su viso oficial, adquirió
reconocimiento, convirtiéndose en identidad, concepto manido y peligroso. De igual manera la
música cantó al poder, a sus hombres y mujeres, a los campos de lucha, a las batallas y
revoluciones, a los caídos en combate y a quienes sobrevivieron. Para todos, la banda fue
explotada en homenajear esos personajes, en afán cortés, o en gesto adulador de admiración
o lisonja del oferente. Por el uso de la música fueron ensalzados y perseguidos sus creadores,
humildes artesanos del sonido que murieron en la indigencia, en la miseria, sin protección
social, sin recuerdos, sin posterior gratitud. El poder político llevó la música al campo del honor
y al de la humillación, al de la degradación social, del mismo modo al de la creación de un
necesario orden jurídico para su administración y la incorporación a la Memoria Anual del
gobernante como un símbolo de progreso.
Este libro es único en este sentido. La forma de germinar el poder político tachirense
está impregnada de inevitables sonidos de viejas melodías, que deambulan en el inconsciente
colectivo de muchas generaciones. Toda una urdimbre mágica se teje en un misterio que
sobrepasa las partituras dominicales, el sonido de violines y flautas, el resonar de céntricas
glorietas, el tibio aroma de teatros y veladas. Es la comprensión del papel social y político del
artista del momento, indagándose en este estudio la manera de ejecutarlo en el papel de
pentagrama y en el oficio del poder, que en Ciencia Política, está compuesto de esos
elementos de fantasmagoría, misticismo y realidad, expresada en algo que va más allá del
afecto filarmónico.
18
1
VILA, Marco Aurelio. GEOGRAFÍA DEL TACHIRA. Corporación Venezolana de Fomento. Caracas.
1957. Pág. 31.
2
Ídem. Pág. 31.
3
CONTRERAS SERRANO, Juan Nepomuceno. CENTENARIO DE LA PROVINCIA DEL TÁCHIRA.
Ejecutivo del Estado Táchira. San Cristóbal. 1956. Pág. 19.
4
MONTILLA, José Abel. EL TERRUÑO, LA PATRIA Y EL MUNDO. Biblioteca de Autores y Temas
Tachirenses. Tomo n° 72. San Cristóbal. 1977. Pág. 34.
19
5
CARRERO, Manuel. CIPRIANO CASTRO. EL IMPERIALISMO Y LA SOBERANÍA NACIONAL
VENEZOLANA. 1895-1908. Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses. Tomo n° 172. Caracas. 2000.
Págs. 58 y 59.
6
CARDOZO, Arturo. PROCESO DE LA HISTORIA DE LOS ANDES VENEZOLANOS. Biblioteca de
Autores y Temas Tachirenses. Tomo n° 109. Caracas. 1993. Pág. 123.
7
CHIOSSONE, Tulio. HISTORIA DEL ESTADO TÁCHIRA. Biblioteca de Autores y Temas
Tachirenses. Tomo n° 83-A. Caracas. 1982. Pág. 98.
8
CHIOSSONE, Tulio. Ob. Cit. Págs. 99-100.
9
AYESTARÁN, Ítalo. TÁRIBA EN LA HISTORIA DEL TÁCHIRA. Caracas. 1951. Pág. 20.
20
10
FUNDACIÓN POLAR. DICCIONARIO DE HISTORIA DE VENEZUELA. Tomo 4. Caracas. 1997.
Pág. 8.
11
Ídem. Pág. 8.
12
VELÁSQUEZ, Ramón J. EL PAÍS Y SU GENTILICIO. En VENEZUELA Y... LOS PAÍSES
HEMISFÉRICOS, IBÉRICOS E HISPANOHABLANTES. Coordinador y Director Kaldone G.
Nweihed. Instituto de Altos Estudios de América Latina. Universidad Simón Bolívar. Caracas. 2000. Pág.
21.
13
Ídem Pág. 22.
21
a su anterior situación independiente el 1° de julio de 1868.14 Continuó como tal, hasta que el
30 de abril de 1879, en el gobierno del general Antonio Guzmán Blanco, se creó el Estado de
Los Andes, territorio integrado por los Estados Guzmán (Mérida) y Trujillo, convertidos en tres
secciones.15 De nuevo, el Táchira perdía su autonomía. Mérida volvía a ser su capital,
generándose desde ésta todas las acciones a desarrollarse en el rebelde territorio que
rechazaba tal imposición.
14
VILA, Marco Aurelio. Ob. Cit. Pag. 36.
15
Idem. Pag. 36.
16
Idem. Pag. 39.
17
CONSTITUCIÓN DEL ESTADO LOS ANDES. Enero de 1899. Archivo Histórico del Estado Mérida.
18
FUNDACIÓN POLAR. Ob. Cit. Tomo I. Pág. 153.
19
VILA, Marco Aurelio. Ob. Cit. Pág. 39.
22
20
CHIOSSONE. Ob. Cit. Pág. 99.
21
BORJA, Rodrigo. ENCICLOPEDIA DE LA POLÍTICA. Fondo de Cultura Económica. México. 1997.
Pág. 57.
22
CONTRERAS SERRANO, Juan N. Ob. Cit. Pág. 38.
23
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. MARTIN MARCIALES, HIJO. UN TACHIRENSE EN EL
TÁCHIRA. Fundación Martín Marciales Moncada. Mérida. 2002. Tomo I. Pág. 164.
23
24
UNIÓN DE LA CORDILLERA. San Cristóbal. 4 de diciembre de 1878.
25
Ídem.
26
CÁRDENAS, Horacio. BIBLIOGRAFÍA Y HEMEROGRAFÍA DEL ESTADO TÁCHIRA. Biblioteca
de Autores y Temas Tachirenses. Tomo n° 107. Caracas. 1992. Pág. XXX.
24
Baptista, quien apoyaba al gobierno nacional de Joaquín Crespo, y al andino del caudillo
trujillano Juan Bautista Araujo, con Guzmán detentando las riendas nacionales - denunció las
atrocidades de los funcionarios de Crespo, ante la visita del delegado Nacional, Simón Bolívar
O’Leary, quien nombró a Nepomuceno Sánchez como gobernador interino.27
27
LA VOZ DEL TACHIRA. San Cristóbal. 17 de julio de 1886.
28
Ídem.
29
LA VOZ DEL TACHIRA. San Cristóbal. 11 de septiembre de 1886.
25
decisión de las trascendentales cuestiones de Los Andes”.30 La existencia del Gran Estado era
discutida.
Así lo hicieron los redactores de El Fisgón, el abogado Tito Sánchez y el bachiller Jesús
Manuel Colmenares Pacheco, éste último, frustrado presidente del Táchira en 1910, cuando
debió dejar el mando por insania mental. En 1891 llevaban la vocería de quienes pedían de
nuevo la autonomía del Táchira. Describían la frustración, desesperanza y engaño por el que
había sido sometido el pueblo tachirense, defendiendo su rebeldía y hasta su desobediencia
ante las circunstancias. Sostuvieron que la creación del Estado Los Andes “fue aborto del
general Guzmán Blanco y de muchos de los que están en el poder en la actualidad, la cual
convenía a sus medidas políticas, y hoy venimos a sufrir las consecuencias”.31
Resaltaban la provechosa ubicación geográfica del Táchira, ofreciendo ésta variadas
alternativas para el comercio con Colombia, con los Llanos y cuestionaban la distancia con
Mérida, centro de las decisiones, la cual, paradójicamente, a pesar de las circunstancias,
fomentó una creciente participación de la sociedad civil en el desarrollo de lo económico,
social, educacional, diversivo y hasta en lo artístico. La pretendida creación de la entidad más
fuerte como un rechazo a las rebeliones civiles, se había convertido en un rotundo fracaso.
Dijeron así los redactores:
Es innegable que la misma posición, el número de habitantes, su comercio
propio, su riqueza y relaciones con Colombia, le hacen más importante; siendo
por esta misma razón capaz de darse una vida independiente. Por otra parte,
la distancia a la capital retarda la acción de los poderes, como los malos
caminos perjudican y las relaciones se perturban; aparte de los perjuicios que
por tales causas reciben los procesados. La distancia a la capital hace más
asequibles las invasiones y la impunidad de los delitos.32
La reacción merideña argumentó que con esas tendencias autonomistas, los
tachirenses se reducirían a la condición de parias, pues ante las autoridades nacionales “no se
oiría nuestra voz”. Los tachirenses respondieron que
es mejor conservar la dignidad y el buen crédito en un pequeño territorio que
no la desconfianza en una vasta extensión. Es muy triste vivir aniquilado,
empobrecido, de esperanzas desvanecidas, siguiendo una vida indiferente y
adormecida bajo el imperio de quien de ninguna manera puede jamás hacerle
feliz.33
En el periódico Eco de Occidente, Pedro María Morantes, libelista y divulgador de las
atrocidades y desmanes del gobierno de Cipriano Castro, publicó en abril de 1897, bajo el
30
Ídem.
31
EL FISGÓN. Táriba. 14 de mayo de 1891.
32
Ídem.
33
Ídem.
26
34
ECO DE OCCIDENTE. San Cristóbal. 29 de abril de 1897.
35
LOS ANDES. San Cristóbal. 1° de julio de 1897.
36
CARDOZO, Arturo. PROCESO DE LA HISTORIA DE LOS ANDES. Biblioteca de Autores y Temas
Tachirenses. Tomo 41. Caracas. 1967. Pág. 94.
27
37
BORJA. Ob. Cit. Pág. 195
28
institucional a través del proceso de autonomía política, en una cercanía del poder, instalado
de nuevo en San Cristóbal como capital del Táchira. En esta circunstancia el Estado y sus
representantes, comprendieron que apoyando las artes musicales, tenían una vía de
distinción, más bien de diferenciación, creando la simbología que distancia al mandatario de
sus mandantes.
38
ECOS DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 5 de octubre de 1906.
29
instituciones, siendo algunos destacados ejecutantes. Una peculiar relación se evidencia. Por lo
tanto, las posturas de la política cultural fueron manifestadas de manera tácita, pero
determinante.
El Táchira como marco geográfico permitió, entre 1869 y 1929, la exposición de
variadas expresiones culturales y sociales. La ciudad de San Cristóbal, en particular, fue
epicentro de importantes comercios de origen europeo, importadores de mercancías y
exportadores de café. Dos colegios federales, algunos nacionales y otros municipales fueron
albergue para la juventud que buscaba superarse. Se constituyeron bandas de música muy
incipientes, algunos conjuntos instrumentales, organizaciones de mínima estructura, y solistas
locales ofrecieron su talento en peculiares espacios a través de recitales, veladas y conciertos,
en los que participaron generales, doctores, institutores, estudiantes, señoritas de reconocidas
familias, funcionarios públicos, comerciantes, oficinistas, hasta músicos de oficio.
Muchos periódicos y escasos libros fueron publicados por escritores regionales.
Algunos de ellos dejaron sus producciones en las páginas, luego archivadas por celosas
hemerotecas, como la de don Tulio Febres Cordero en Mérida. La institucionalidad, el
afianzamiento del territorio, los llamados valores regionales fueron traducidos en himnos,
escudos y banderas. La ciudad mostraba su adelanto urbanístico con nuevos barrios, parques,
plazas, bustos y estatuas, y los progresos de la técnica como el alumbrado eléctrico, el
telégrafo, el teléfono, el cine, el fonógrafo, la máquina de escribir, el ferrocarril y el automóvil
asombraban a los maravillados parroquianos.
Las fiestas de enero de San Cristóbal servían para el acercamiento con sus congéneres
colombianos, construyéndose precarios caminos y puentes para el tránsito de gentes y
mercancías. La ciencia exponía su adelanto con intervenciones quirúrgicas realizadas en la
ciudad por facultativos graduados en Mérida, Caracas o Europa. El arte musical era enseñado
en la capital, y en sus minúsculos distritos por conspicuos representantes de las clases sociales,
inclusive militares. El Estado consideró necesario apoyar la banda gestada por la iniciativa civil,
coartando con ello su crecimiento, con su inesperada intervención desde 1903. Esta
corporación logró adelantos jamás sospechados, con la presencia de connotados músicos
oriundos de Colombia y del Llano, que expresaban su talento en las muy concurridas retretas
dominicales, una distracción común de esa ciudad.
39
DIARIO CATÓLICO. San Cristóbal. 11 de febrero de 1925.
40
CÁRDENAS BECERRA, Horacio. Ob. Cit. Pág. XXXII.
41
EL CONTADOR. San Cristóbal. 1° enero de 1894.
31
42
LIBRO DE LA COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRÁ. (1774-
1850) Archivo de la Iglesia Parroquial de Lobatera. Táchira.
43
CONTRERAS SERRANO, Juan Nepomuceno. Ob. Cit. Pág. 32.
44
CORREO DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 28 de agosto de 1869.
45
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. DICCIONARIO DE LA MÚSICA EN EL TÁCHIRA. Proculta.
San Cristóbal. 1999. Pág. 78.
46
Ídem. Págs. 53-54.
32
47
LA PAZ DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 14 de julio de 1887.
48
EL CONTADOR. San Cristóbal. 1° de agosto de 1891.
49
EL CONTADOR. San Cristóbal. 15 de febrero de 1892.
50
EL CONTADOR. San Cristóbal. 15 de marzo de 1894.
51
BOLETÍN COMERCIAL. Táriba. 20 de enero de 1897.
33
orquesta” dirigidas por él, la pianista colombiana Julia de Blen y el merideño Caracciolo
Lamus.52
52
HORIZONTES. San Cristóbal. 3 de octubre de 1914.
53
GUERRERO, Emilio Constantino. EL TACHIRA FÍSICO, POLÍTICO E ILUSTRADO. Tip. Herrera
Irigoyen. Caracas. 1905. Pág. 304.
54
ORDÓÑEZ YÁÑEZ, Raimundo. GRAMALOTE. En Gaceta Histórica del Centro de Historia del Norte
de Santander. Cúcuta. Enero a Junio de 1961. Nos. 51-52. Pág. 91.
55
PERDOMO ESCOBAR, José Ignacio. HISTORIA DE LA MÚSICA EN COLOMBIA. Academia
Colombiana de Historia. Bogotá. 1963. Pág. 139. Encontramos en los archivos musicales del Archivo
Nacional de Música de Bogotá, la partitura de la citada Misa.
56
VARIEDADES. San Cristóbal. 5 de marzo de 1904.
34
57
Los documentos oficiales lo citan como Costantino.
58
GONZÁLEZ, José Mardonio. SENCILLAMENTE UN MAESTRO. MARCO ANTONIO RIVERA
USECHE. Publicación del Banco Hipotecario de Occidente. San Cristóbal. 1989. Pág. 17.
59
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. DICCIONARIO DE LA MÚSICA EN EL TÁCHIRA. Pág. 87.
60
PEÑÍN, José y GUIDO, Walter. ENCICLOPEDIA DE LA MÚSICA EN VENEZUELA. Tomo I.
Caracas. 1998. Pág. 551.
35
61
GARCÍA MORALES, Luis. CIEN AÑOS HAN PASADO. Prólogo a la redición de ENSAYOS
SOBRE EL ARTE EN VENEZUELA DEL GENERAL RAMÓN DE LA PLAZA. Imprenta Nacional.
Caracas. 1977. Pág. VII.
62
DE LA PLAZA, Ramón. ENSAYOS SOBRE EL ARTE EN VENEZUELA. Edición facsimilar del
original de 1883. Imprenta Nacional. Caracas. 1977. Pág. 242.
63
Ídem. Pág. 244.
64
MILANCA GUZMÁN, Mario. LA MÚSICA VENEZOLANA: DE LA COLONIA A LA
REPÚBLICA. Monte Ávila Editores Latinoamericana. Caracas. 1993. Pág. 51.
36
65
MASSIANI, Felipe A. LA POLÍTICA CULTURAL EN VENEZUELA. UNESCO. París. 1977. Pág.
15.
66
PEÑÍN, José y GUIDO, Walter (directores). ENCICLOPEDIA DE LA MÚSICA EN VENEZUELA.
Fundación Bigott. Caracas. 1998. Tomo I. Pág. 405.
67
INSTITUTO AUTÓNOMO ESTADAL DE MÚSICA. Academia de Música del Táchira. Bodas de
Plata. San Cristóbal. 1962. Pág. 5.
37
68
MASSIANI, F. Ob. Cit. Pág. 17.
38
de Ascensión Niño, erogando 107 pesos para la compra de instrumentos “cuya cantidad se
cargará al ramo de imprevistos”, pues
la protección a las Bellas Artes honra a todo Gobierno y particularmente la
música que modera las costumbres de los pueblos que les sirve de ornato,
recreo y aún de industria para algunos de los que se dedican a su
aprendizaje.69
También figura la cancelación de cien bolívares al compositor Eloy Galaviz “por el
Himno Patriótico presentado para el certamen del cinco de Julio del corriente año (1879)
conforme a la orden del gobierno del doce de julio N° 226”70, lo que se considera como el
primer Himno del Táchira.
La función del Estado protector de las artes o mecenas cultural se reitera al cancelar
los servicios profesionales (320 bolívares) a músicos como el ya mencionado violinista Eloy
Galaviz, en noviembre de 1880, como “valor de las tocatas para la celebración del 28 de
Octubre, la inauguración del Nuevo gobierno y de los puentes de la calle Bolívar y una retreta
extraordinaria”.71 Más adelante, se afianza esta presencia cuando el general Juan Vicente
Gómez, jefe Civil y Militar del Táchira, designó el 12 de agosto de 1900, al músico colombiano
Celso Pérez, como “profesor de las Escuelas de Música de Independencia y San Cristóbal, y a la
vez Director de la Banda de Música que ejecuta en esta ciudad las Retretas.”72 El Estado
concedió en abril de 1902, un auxilio financiero a la Banda Sucre, promovida por los
comerciantes de San Cristóbal, pagando su asignación completa.73
A esto se suma la reorganización de la Banda Filarmónica del Estado, anterior Banda
Sucre, y el nombramiento de Alejandro Fernández, el 20 de julio de 1903, como se dijo, “con el
sueldo mensual de cuatrocientos bolívares” y mil doscientos bolívares mensuales a ser
distribuidos proporcionalmente entre sus catorce músicos,74 además de designar y destituir
directores e instrumentistas, fomentando la creación de himnos y cantos patrióticos.
69
LIBRO DE DECRETOS, ACUERDOS Y RESOLUCIONES. Presidente del Estado Táchira. San
Cristóbal. 1870. Tomo XV. Archivo General del Estado Táchira. (recopilado por el historiador Horacio
Moreno).
70
LIBRO COPIADOR DE CORRESPONDENCIA DIRIGIDA POR EL GOBIERNO A PERSONAS
PARTICULARES. Sección Gobierno. San Cristóbal. 1880. Tomo XXXI. Archivo General del Estado
Táchira. (recopilado por el historiador Horacio Moreno).
71
LIBRO 1260. Tesorería General. Cuentas y Comprobantes. San Cristóbal. 1880. Archivo General del
Estado Táchira. (recopilado por el historiador Horacio Moreno).
72
LIBRO COPIADOR DE OFICIOS. San Cristóbal. 1900. Archivo General del Estado Táchira.
(recopilado por el historiador Horacio Moreno).
73
LIBRO COPIADOR DE OFICIOS. San Cristóbal. 1902. Archivo General del Estado Táchira.
(recopilado por el historiador Horacio Moreno).
74
RESUELTO suscrito por el Secretario General de Gobierno Rubén González. San Cristóbal. 1903.
Archivo General del Estado Táchira. (recopilado por el historiador Horacio Moreno).
39
75
LIBRO DE DECRETOS. Gobernación del Estado Táchira. San Cristóbal. 1928. Archivo General del
Estado Táchira.
76
MARTA SOSA, Joaquín. SOCIO POLÍTICA DEL ARTE. Equinoccio. Ediciones de la Universidad
Simón Bolívar. Caracas. 1975. Pág. 58.
40
77
STRONG, Roy. ARTE Y PODER. Alianza Editorial. Madrid. 1984. Pág. 21.
41
que ejecutó música académica como la obertura de Rossini La Italiana en Argel, trozos de las
óperas Norma de Bellini y Hernani de Verdi, con un conjunto de flautas y violines,
destacándose la actuación de las señoritas Alis y Ana María Boué, hijas de Alexander Boué,
pastor protestante alemán y factor de importantes casas comerciales exportadoras. En la
ocasión se estrenó el Himno Natalicio del Libertador del compositor José Consolación
Colmenares, quien ejecutó dúo de violines con Eloy Galaviz.78 Colmenares sería maestro de
música de Cipriano Castro y padre del último gobernador tachirense músico, el abogado
Abigaíl Colmenares.
Los actos del 5 de Julio fueron amenizados en 1887 con una “retreta en la Plaza
Bolívar”79, interpretada por la llamada Banda de los Cachacos, organización integrada por
algunos notables de la ciudad que usaban paltó levita en sus paseos musicales. En su afán de
imponer fiestas patrias, el Estado, persiguiendo la reunión de los pobladores en el estrado
público, utilizó el estamento musical para su propósito. En este orden celebró, en julio de
1888, el centenario del nacimiento del coronel Antonio Rangel, prócer merideño y oficial de
caballería del Ejército venezolano en la guerra de Independencia, de quien no se
conmemoraría otro recuerdo a su memoria en el Táchira. En el paseo de música, “la banda del
distrito” interpretó el Himno Nacional y hubo retreta “en la Plaza Colón”80, destacándose la
interpretación del Gloria al Bravo Pueblo que el yugo lanzó, en la presentación del día 4, lo que
podría considerarse como la primera vez que los habitantes de San Cristóbal, escucharan el
canto patriótico declarado oficial por el presidente Guzmán Blanco, el 25 de mayo de 1881.
Ante la distancia y desconocimiento de la partitura es probable que lo hayan arreglado para
banda, tomándolo de la versión oficial para piano editada en 1883 por el pianista cumanés
Salvador Narciso Llamozas. Al día siguiente, 5 de julio, la banda recorrió la ciudad en la mañana
y luego de una procesión, continuó un “paseo hacia la plaza Colón”.81 De esta plaza, no hay en
la actualidad, referencia alguna.
En ese julio de 1888, el Estado tachirense, en la cualidad de Sección del Gran Estado
Los Andes, festejó, dentro de su propio esquema cultural, tal vez no compartido en Mérida o
en Trujillo por razones de cercanía y afecto, la fiesta nacional colombiana del 20 de Julio. Igual
lo haría en 1919, al celebrar el centenario de la Batalla de Boyacá. La misma banda de música,
que podría ser la Banda Marcial fundada por el Poder Ejecutivo del Táchira el 5 de octubre de
1880,82 “acompañó a la Escuela Privada de Eloy Peralta” en su desfile.83 En la institución
78
EL POSTA MERCANTIL. San Cristóbal. 18 de agosto de 1883.
79
LA PAZ DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 4 de julio de 1887.
80
LA PAZ DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 3 de julio de 1888.
81
LA PAZ DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 20 de julio de 1888.
82
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. DICCIONARIO DE LA MÚSICA EN EL TÁCHIRA. Pág. 42.
42
educativa regentada por este preceptor colombiano, se realizaron desde marzo de 1907 las
reuniones que concluyeron con la fundación del Salón de Lectura de San Cristóbal.84
La inauguración del “Puente sobre el Torbes” en la fiesta patria del 24 de Julio de 1888,
contó con la actuación de la “Banda de Música”,85 participando además en el grado de
bachilleres del Colegio Nacional el 29 de julio, entre quienes se encontraban los jóvenes
Samuel Niño, Juan Semidei hijo, Carlos T. Pirela Roo y Antonio María Delgado hijo. Allí “se
presentó una Banda de Música organizada ad hoc y bien dirigida por el Sr. Diego García, en la
que tomaron parte el profesor Eloy Galaviz y los señores Obdulio Cacique y Hermenegildo
Rivera, nos dejó oír trozos de música selecta.”86
De ese grupo de bachilleres todos tuvieron vinculación musical. Niño ejecutó la
trompeta en la Banda Sucre y era hijo del compositor y general Ascensión Niño, luego fue
presidente de Carabobo y ministro de Instrucción Pública. Semidei, descendiente de corsos,
fue el promotor de la Banda Sucre, dirigida a fines del siglo XIX por Marco Antonio Castrellón.
Pirela Roo era flautista, pianista, transcriptor, arreglista y director de la efímera Banda
Municipal de San Cristóbal de 1903.87 El pianista y compositor, ya mencionado, Antonio María
Delgado Briceño era hijo de Antonio María Delgado, uno de los fundadores de la Sociedad
Filarmónica de San Cristóbal de 1869.
Otros homenajes se realizaron como la fecha del 19 de Abril, a partir de 1896, año en
que se rindió una Apoteosis a Miranda, en julio, con una velada musical en recuerdo del
Precursor y músico, prestante ejecutante de la flauta. En el acto participó el militar Florentino
Vargas, cantando arias de El Barbero de Sevilla de Rossini, además de haberse ejecutado dos
composiciones suyas: un vals de salón y un Himno alusivo a la apoteosis “cantado por éste y
por varios jóvenes, acompañado al piano”.88 Una de las crónicas fue escrita por el malogrado
poeta y soldado rubiense Eleazar Silva, fallecido en los incidentes de la Revolución Libertadora
en 1902, quien describió el coro integrado por Eustacia de Añez, Zoila Pulido, Dorila y Luisa
Amira Ayestarán, Alcira López, y sus hermanas Flor de María y Josefa Silva, integrantes de
connotadas familias de la zona, además de la participación de un coro infantil.89 La sociedad
civil integrada por destacados monitores sociales, líderes de la comunidad, también organizaba
83
LA PAZ DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 28 de julio de 1888.
84
VILLAMIZAR MOLINA, José Joaquín. HISTORIA DEL SALÓN DE LECTURA, ATENEO DEL
TACHIRA. 80 ANIVERSARIO. Ediciones de la Presidencia de la República. Caracas. 1986. Pág. 28.
85
LA PAZ DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 28 de julio de 1888.
86
LA PAZ DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 18 de agosto de 1888.
87
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. DICCIONARIO… Pág. 147.
88
EL PINCEL. San Cristóbal. 22 de julio de 1896.
89
EL COMERCIO. San Cristóbal. 20 de julio de 1896.
43
paralelo al Estado, sus propios actos, participando con sus elementos en el desarrollo estético
del mismo.
Asumido el poder político nacional por parte del general Cipriano Castro, éste impuso
sus fechas patrias, siendo la más resaltante la del 23 de Mayo. Esta efeméride que recuerda el
inicio de la Revolución Liberal Restauradora en 1899, fue utilizada por sus seguidores para
establecer desfiles, honras florales, discursos, valses y marchas. Los actos comenzaron en 1900
y permanecieron hasta 1908, cuando el 19 de diciembre Gómez derroca el estado de cosas.
Después, otra sería la celebración, por supuesto, la del 19 de Diciembre. Siempre con
acompañamiento musical, 23 de Mayo o el 19 de Diciembre en la fiesta de izada de bandera,
desfile, procesión, vespertina, arriada de bandera y retreta de gala. La Banda del Estado hacía
presencia como una de las atracciones en la capital tachirense, que despertaba en esas
festividades con los cañonazos lanzados desde la explanada del barrio San Carlos. Su trabajo
semanal transcurría en la realización de matinés infantiles que se efectuaban curiosamente en
la tarde, las retretas de los jueves con “siete piezas igual que los domingos”.90
90
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 22 de abril de 1905.
44
91
HORIZONTES. San Cristóbal. 7 de julio de 1909.
45
modales y vida social, quienes darían su concurso a esta localidad en la banca, el comercio, el
altruismo y el arte musical con sus ejecuciones del piano, del violín y de la flauta
respectivamente. El abogado merideño José Rafael González Uzcátegui, presidente del Salón
de Lectura, también ejecutó el piano acompañando al coro de voces blancas.92
Al Club Táchira no asistían ni militares activos uniformados, ni los presidentes del
Estado. Tampoco Eustoquio Gómez, quien al igual que su primo Juan Vicente, se distanció de
los espacios habituales de la llamada “burguesía”, creando los suyos. La sociedad civil no se
mezclaba con el Estado en estas particulares actividades. Del Club Táchira se reseñan con
pequeña variedad de programa las fiestas de fin de año de 1916 y 1922. En éste participaron
las señoras A. Friedel y D. Saegelken, de la colonia alemana de la ciudad, interpretando música
de Mendelssohn y Johann Strauss, con la presencia de la señorita Amanda Klock, funcionaria
de una de las casas de comercio germanas, la Van Dissel, Rode y Co. El piano, el violín y el
canto lírico descollaron en esa noche de “verdadera nota de arte”.93 La señorita Klock durante
su breve estancia ofreció sus servicios como profesora de “piano, violín, alemán, francés e
inglés”.94
El Salón de Lectura de San Cristóbal aprovechó la presencia de notables artistas,
invitándolas a participar en alguna festividad. El 18 de octubre de 1917 se ofreció un recital
lírico con la presencia de la señora Irma Marín Peoli de Ceballos, cantando arias de Il
Trovatore, La Gioconda, La Boheme y algunos lieder de Schubert, acompañados de Antonia
María Rodríguez, quien ejecutó a cuatro manos con Julia Amarís de Blen Muñoz, la Rapsodia
Húngara N° 2 de Franz Liszt. Los intelectuales Antonio Rómulo Costa, presidente de la Corte
Suprema de Justicia del Táchira y Amenodoro Rangel Lamus, también abogado de libre
ejercicio y docente del Liceo Simón Bolívar, fueron los oradores de orden de ese acto de la
sociedad cultural encabezada por su presidente, el colombiano Marcelino Hernández
Mantilla.95
Precisamente la señora de Blen Muñoz, quien vivió en Rubio a comienzos de la
segunda década del siglo XX, introdujo en esta capital fronteriza, dinamizada por los años de
gloria de la exportación del café cultivado en fincas y haciendas aledañas, un particular recital
en el Club Sucre de esa localidad. El 5 de marzo de 1911, la referida artista “a quien con sobra
de razones han proclamado muchos órganos de la prensa extranjera como una de las primeras
pianistas de la América del Sur”, efectuó un “gran concierto velada”, en el que se realizaron
combinaciones de piano a cuatro manos, piano a seis manos, dos pianos a ocho manos, dos
92
HORIZONTES. San Cristóbal. 7 de enero de 1915.
93
HELIOS. San Cristóbal. 4 de enero de 1922.
94
HELIOS. San Cristóbal. 5 de noviembre de 1921.
95
HORIZONTES. San Cristóbal. 26 de octubre de 1917.
46
pianos con un solo ejecutante cada uno en música de Gounod, Paganini, Gottschalk,
Meyerbeer, De Beriot y Wagner, entre otros, interpretados por la mencionada señora, las
señoritas Consuelo Baptista, Dolores Pulido Rubio, Sara Lucía Amarís, Mercedes Ostos, Julia
Oliveri, la señora Alcira de Rincón y los caballeros Jaime José Arévalo y Arquímedes Cortés.96
Rubio fue una prestante ciudad cultural pues su banda, dirigida desde 1880 hasta 1903
por Alejandro Fernández tuvo resonancia nacional, su comunidad habitada por extranjeros, el
impulso de su educación religiosa católica o protestante y la presencia de hacendados
cafetaleros y alemanes, le dieron notoriedad. En 1910, en el Club Sucre de esa ciudad, otro
recital se engalanó con la presencia de las pianistas Luisana Guerrero, Antonia María
Rodríguez, Dolores Pulido, Blanca de Villamizar y el mencionado Cortés, quien acompañó al
piano una recitación que hizo la señorita Juana de Dios Arvelo, quien sería luego su esposa.97
Cabe señalar que en los sitios donde esta clase demostró sus facultades artísticas no
quedó vestigio alguno de esas actuaciones. Muchos de sus protagonistas no transmitieron esa
tradición cultural a sus descendientes. La posterior integración de los clubes sociales fue el
reducto de una clase que dejó en los músicos la ejecución del arte, tratándolos, inclusive, con
desprecio, creando para ellos su propia puerta de atrás para entrar y salir, y su cubículo, por no
decir camerino, impidiendo el contacto con los señores de la fiesta. Entonces, ¿qué pudo
quedar de intención sana hacia la música por estas clases? Solo la veleidad de una facultad
artística que quedó refugiada en esos salones, luego vacíos y nostálgicos, en los que no
germinó el respeto hacia el arte, ni hacia sus cultores de calle. Bien lo describió Mariano Picón
Salas, cuando aseveró que
No nos interesa, por ejemplo, la Cultura que sirve tan sólo como el aditamento
decorativo de una clase “esnob”; la Cultura para conversar en el club o para
tomar el té, a la manera londinense, entre mujeres exquisitas, la única Cultura
egocéntrica, narcisista, inútil y culpable a que aspiró durante mucho tiempo
una sociedad decadente y ociosa.98
96
HORIZONTES. San Cristóbal. 13 de marzo de 1911.
97
HORIZONTES. San Cristóbal. 26 de abril de 1910.
98
PICON SALAS, Mariano. COMPRENSIÓN DE VENEZUELA. Antologías y Selecciones de la
Biblioteca Popular Venezolana. Ediciones del Ministerio de Educación Nacional. Tomo 34. Caracas.
1949. Pág. 149.
47
oficiales de festividades patrióticas muy circunstanciales eran amenizados por la banda, como
la celebración, en julio de 1927,99 del 24° aniversario de la Batalla de Ciudad Bolívar, que cerró
el ciclo de contiendas civiles del siglo XX, protagonizada en 1903 por Juan Vicente Gómez. La
moda de la época imponía llamar algunas retretas como matinés infantiles, soireés, picnics,
garden parties y retretas de gala.
La banda mantuvo una particular presencia en los institutos educacionales de San
Cristóbal, con motivo de la clausura del año escolar, en la celebración de exámenes, desfiles en
las fiestas de enero, algunos actos especiales de los colegios públicos y exposiciones de
manualidades. Estas se efectuaron regularmente entre 1903 y 1914. La institución musical
ejerció una forma directa de promoción cultural, llevando la música a los alumnos a través de
los conciertos en escuelas municipales, la escuela de labores y el Colegio Nacional de Varones.
En la interpretación de los himnos, la banda acompañaba el coro escolar, en algunas ocasiones
a dos voces,100 lo que denota un adelanto técnico y una perfecta simbiosis entre cultura y
educación, proceso a favor del arte musical, con la ganancia de posibles adeptos a su ejecución
mediante clases dictadas en el salón de ensayos. Los directores de estas instituciones
educativas, particularmente la señorita Regina Mujica y el superintendente de educación
Ramón Buenahora, siempre agradecían por la prensa en aviso público, la deferencia del
“Presidente del Estado por órgano de su ilustrado Secretario General”, de conceder la
actuación de la banda, gratificando, como lo hiciera la señorita Mujica, luego señora de Ramón
Velásquez Ordóñez, “al muy distinguido artista señor Director de la Banda del Estado, (se
refiere al maestro Nicolás Costantino) por el obsequio que le presentó, amenizando gratis el
acto final con las más delicadas piezas de su escogido repertorio.”101
Pasodobles y toros
Un peculiar festejo social que convoca gran parte de la población es la fiesta taurina.
Las corridas de toros son de vieja data en el Táchira. En 1774, el citado Libro de la Cofradía de
Lobatera registra la donación de seis toros para la festividad de la Chiquinquirá con la
obligación de que se coman cada año.102 Esta herencia española surgió desde 1912,
afianzándose durante los años del mandato regional de Eustoquio Gómez. Es una forma de
vivir de este país, donde
99
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 21 de julio de 1927.
100
HORIZONTES. San Cristóbal. 10 de junio de 1911.
101
HORIZONTES. San Cristóbal. 1° de agosto de 1914.
102
LIBRO DE LA COFRADÍA DE NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRÁ. 1774-
1850. Lobatera. Cortesía del historiador y cronista Dr. Samir Sánchez.
48
hay espectáculo taurino y hay aficionados de todos los niveles y tipos, de los
más comunes hasta los enciclopédicos, muchos de ellos con frecuentes viajes a
España para disfrutar de un espectáculo tan viejo como los fenicios, quienes
llevaron el toro al “país de los conejos”, como llamaban a Iberia.103
La Banda del Estado era solicitada por el empresario al presidente del Estado,
actuando en ciertas ocasiones de la fiesta. Los músicos protestaron esta participación, pues
otros cobraban y ellos no, por ser intérpretes oficiales. Esto motivó que algunos artistas como
Luis Lupi y Alejandro Fernández, constituyeran organizaciones privadas compuestas por
algunos ejecutantes de la Banda Oficial, a las que llamaron Banda Progreso y Banda Bolívar.104
Esta última, fundada por Santos Ignacio Zambrano en 1906, luego dirigida por Alejandro
Fernández, se caracterizaba por participar en procesiones, serenatas y estaba a la orden “del
gremio de artesanos, capitanes de misas y de todos los que a bien tengan oír su muy lucido y
nuevo repertorio”.105 Actuó en las fiestas taurinas de San Cristóbal desde 1907. Fue disuelta
por la intervención del Estado que obligó a la Banda Oficial, luego de 1915 su participación en
el coso taurino, sin cobrar, obviamente. Curiosamente, uno de sus integrantes, el fabuloso
trompetista y cornetista Federico William Hollingsworth, era novillero y actuaba bajo el alias
de Recajo II.106
103
MORENO GOMEZ, Luis. LA HUELLA HISPANA EN LA VENEZUELA CONTEMPORÁNEA. En
VENEZUELA Y... LOS PAÍSES HEMISFÉRICOS, IBÉRICOS E HISPANOHABLANTES.
Coordinador y Director de la obra: Kaldone G. Nweihed. Instituto de Altos Estudios de América Latina.
Universidad Simón Bolívar. Caracas. 2000. Pág. 157.
104
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. DICCIONARIO… Pág. 38.
105
Ídem. Pág. 38.
106
LA UNION TACHIRENSE. San Cristóbal. 26 de octubre de 1915.
107
HERNÁNDEZ. Ob. Cit. Pág. 76.
49
108
HORIZONTES. San Cristóbal. 3 de enero de 1911.
109
Ídem.
110
Ídem.
50
en espacios cerrados, distante de las clases populares. En el siglo XIX la banda estaba integrada
por
un numeroso grupo de caballeros de nuestra sociedad, que cultivaban la
música como distracción, y que bajo la dirección de Don Ascensión Niño
formaban un conjunto filarmónico, que tocaba en algunas festividades
patrióticas y religiosas y especialmente en las Fiestas de enero. Los miembros
de este conjunto, cuando tocaban en público, se presentaban elegantemente
vestidos de paltó levita, por lo cual el pueblo bautizó a esta agrupación con el
nombre de Banda de los Cachacos.111
Nicolás Costantino fue el primer funcionario público que siendo músico perteneció a
un club social de San Cristóbal. Fue fundador del Club 19 de Abril112, considerado como “de
segunda”, a diferencia del Club Táchira. En tal condición ofreció la primera retreta en este
centro diversivo el 28 de octubre de 1911, para conmemorar el Día de San Simón.113
Costantino reactivó, además, las retretas del Club Táchira, iniciadas en 1905 por Fernández,
ofreciendo la primera del nuevo ciclo el 16 de diciembre de 1911, pudiendo estrenar su
marcha Independencia, dedicada a este centro social.114 En abril de 1912, la banda retornó al
Club 19 de Abril para realizar otra presentación con motivo del festejo de su primer
aniversario, como lo participara el vicepresidente en ejercicio del instituto, José Antonio
Baldó.115
Los años de celebración del centenario de las fechas 19 de Abril y 5 de Julio,
permitieron la realización de actos culturales resaltándose la música como expresión estética.
Como se puede notar, los organizados por la sociedad civil no tuvieron injerencia del Estado,
participando éste en las invitaciones que hacían los clubes para las especiales retretas, lo que
no significaba intromisión del ente oficial. Los músicos aficionados y profesionales
organizaban, como se explicó, agrupaciones de cámara con recitales instrumentales y líricos,
acompañados de cuadros escénicos. Entretanto, la actividad oficial se evidenciaba por la
presencia de la Banda en los espacios públicos, a los que la gente acudía para disfrutar del
único evento que tenía una regular connotación social, pues era el momento de exhibir el
último traje, de cortejar la pretendida novia además de compartir en familia. Ese espacio de
civilidad no se logró en corto tiempo. Anteriormente, esos sitios eran ocupados por personas
indeseables, como vagos, merodeadores y prostitutas, llamadas por la crónica aves pálidas, las
111
OSTOS, Ovidio. ORÍGENES DE LA BANDA DEL ESTADO. Publicaciones del Grupo Juan
Maldonado. N° 1. San Cristóbal. 1959. Pág. 5
112
HORIZONTES. San Cristóbal. 18 de septiembre de 1911.
113
HORIZONTES. San Cristóbal. 27 de octubre de 1911.
114
HORIZONTES. San Cristóbal. 15 de diciembre de 1911.
115
HORIZONTES. San Cristóbal. 17 de abril de 1912.
51
que recordaban “a Babilonia”.116 Las meretrices o grisetas que deambulaban estos espacios
aledaños a los músicos, eran acusadas de ocupar desde horas tempranas de la noche “los
escaños del Parque Bolívar y formando en reunión de algunos tenores, cuadros que desdicen
mucho de nuestra cultura y del respeto que se debe guardar a la sociedad.”117 A pesar de ello,
la sociedad decente ocupó paulatinamente esas infraestructuras culturales.
116
HORIZONTES. San Cristóbal. 17 de diciembre de 1903.
117
TUERCA Y TORNILLO. San Cristóbal. 14 de marzo de 1914.
118
HORIZONTES. San Cristóbal. 20 de septiembre de 1911.
119
HORIZONTES. San Cristóbal. 3 de febrero de 1914.
120
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. DICCIONARIO…. Pág. 197.
52
121
Ídem. Pág. 128.
122
HORIZONTES. San Cristóbal. 4 de febrero de 1914.
123
HORIZONTES. San Cristóbal. 30 de mayo de 1914.
53
Marco Antonio Rivera Useche, José Ignacio Delgado, José María Rivera Carreño, Carlos
Medina, Felipe Sebastián Cárdenas y Santos Zambrano Díaz, se fueron a Colombia en agosto
de 1919124. Luego de una temporada pasaron al Zulia para integrar la banda conducida por
Cayetano Martucci, con tan mala suerte que en la retreta inaugural estaba el propio Eustoquio
Gómez. Al reconocer a los desertores, ordenó su encarcelamiento en el Castillo de San Carlos,
pasándolos a la cárcel pública de San Cristóbal donde permanecieron entre el 19 de febrero de
1920 hasta el 24 de octubre de 1921.125 Contra los artistas no hubo juicio, sino la aplicación del
terror de un régimen opresivo.
124
OSTOS. Ob. Cit. Págs. 17-18.
125
OSTOS. Ob. Cit. Pág. 18.
54
músico coriano Ramón Espinal Font como titular de la banda. Lamentablemente éste atendió
sus negocios personales, descuidando hasta el extremo la calidad artística de la institución. El
29 de agosto de 1927, Nicolás Costantino fallecería en San Cristóbal, viejo, enfermo y
abandonado.126
El nuevo gobernante tuvo más tolerancia con la institución y con su viejo maestro
Alejandro Fernández a quien designó, como ya se ha referido, director de la primera Escuela
de Música decretada oficialmente por el Estado Táchira. En mayo de 1929, el general Pedro
María Cárdenas asumió el poder regional, nombrando, el 21 de junio, a Marco Antonio Rivera
Useche como director.127 Rivera se había formado al lado de Costantino desde 1910. Presenció
el asesinato de Miranda en el ensayo de febrero de 1914, pues estaba a su lado inmediato,
partió al exilio en 1919 y estuvo preso entre 1920 y 1921, al exigir mejor trato y consideración.
Se convirtió en el primer tachirense en asumir esta titularidad en la que permaneció cuarenta
años.
En adelante la historia de la Banda sería otra. Los asesinatos de 1914 cambiaron la faz
social de la música. La gente prestante o de bien se retiró de ella. A diferencia de años
anteriores, su nómina quedó para los músicos de oficio. Los aficionados o profesionales
venidos de la promoción privada colocaron grandes distancias entre ambos sectores, como se
evidenció años después. El músico comenzó a ser visto como una rémora social, un ser de
segunda, lo que el mismo Estado estimuló.
Música en la Iglesia Católica
Un aspecto muy importante lo constituye la relación entre el arte sonoro y la actividad
ejercida por la Iglesia Católica, de gran penetración en este territorio. Bien como promotora,
instructora o creadora, la Iglesia sirvió de marco para la gestación de una visión muy peculiar
de la música, manifestándose con la presencia de bandas o conjuntos musicales como
acompañantes de sus actos, en la promoción de esta disciplina realizada por sacerdotes, en la
realización de veladas y actos especiales con la participación de músicos oficiales o no, con el
oficio desempeñado en su seno por prestantes músicos y hasta en la dotación de armonios y
órganos, teniendo precarios resultados en este último aspecto.
A diferencia de los festejos religiosos de la capital venezolana, San Cristóbal tuvo
manifestaciones peculiares. Al fin y al cabo en el interior, reitera Moreno Gómez, es diferente.
Si se trata de pueblos de la provincia entonces la fiesta va en serio con otra
música menos sacra, cohetería, desfiles y procesiones, casi un exhibicionismo
126
HERNÁNDEZ, L. DICCIONARIO… Pág. 77.
127
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 2 de julio de 1929.
55
128
MORENO GÓMEZ, L. Ob. Cit. Pág. 156.
129
EL MISIONERO. La Grita. 15 de mayo de 1896.
130
EL ALDEANO. Rubio. 10 de marzo de 1917.
131
UNIÓN, PAZ Y TRABAJO. San Cristóbal. 27 de junio de 1923.
132
EL EXPRESO DEL TÁCHIRA. Rubio. 15 de diciembre de 1900.
133
LA LIMOSNA. Rubio. 15 de agosto de 1896.
56
de María organizó una velada artística a fines de noviembre de 1903, con la presencia de los
músicos colombianos Luis David Villamizar (piano) y Julio Angulo Lewis (violín), además de la
contribución de la recién creada Banda del Estado, en franca alianza de esfuerzos de
promoción cultural.134
La población de Táriba celebró en agosto de 1907, los actos de festividad de la Señora
de la Consolación con una misa cantada por un coro dirigido por el músico y general José
Ascensión Niño, acompañado de los cantantes Julio Aranguren y Vicente Becerra, agregándose
la Banda del Estado conducida por Alejandro Fernández,135 residenciado en la capital
tachirense, luego de su estancia de tres lustros en Rubio.
Independiente de Mérida en lo político, el Táchira estaba adscrito a la Diócesis de
Mérida, luego Arquidiócesis. La recepción de gala al obispo Antonio Ramón Silva, realizada con
motivo de su visita a San Cristóbal en enero de 1914, fue organizada por la iniciativa civil, por
los feligreses, por la dignidad pastoral y por lo más prestante de las clases pudientes. En el Club
Táchira se realizó un programa que incluyó una danza cortesana de cuadrilla distribuida así: “I.
Parte. Introducción. Polonesa y Vals.- Vals. 2.- Polca y Vals. 3.- Cuadrilla y Vals. II. Parte. 4.-
Lanceros y Vals. 5.- Mazurca y Polca. 6.- Vals Final”.136 Esa misma clase social se manifestó en
enero de 1928, en el llamado Bazar de Catedral, realizado en el Club 19 de Abril, con la
actuación de los artistas Josefina Santos, Trina Soulés Baldó, Antonia María Rodríguez, Augusto
Villasmil y la orquesta del violinista Enrique Altuve.137
Muchos músicos, residentes o no en el Táchira dieron su contribución a los actos
promovidos por la Iglesia. En los archivos eclesiásticos tachirenses no existen vestigios sobre la
actividad musical realizada en su seno, como pudiera conseguirse en Caracas. Nada hay en
este sentido. El trabajo particular de la Iglesia con algunos músicos que pudieran considerarse
Maestros de Capilla recayó en Julio Peñuela, laborando en Rubio, en 1895, ofreciendo sus
servicios “en música vocal e instrumental para funciones religiosas y servicios a los venerables
curas”,138 sucedido en esa localidad por Pedro P. Hernández, maestro de música que enseñaba
guitarra, bandola, tiple, flauta, clarinete, instrumentación, teoría y solfeo, además de órgano y
canto religioso “en perfección”.139
Luis Felipe Medina Prada desempeñaba en Táriba, en 1918, el oficio ejercido
esporádicamente por maestros de la vecina San Cristóbal. Asistiendo al músico Pedro Elías
134
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 6 de noviembre de 1903.
135
EL TIPÓGRAFO. Táriba. 19 de agosto de 1907.
136
HORIZONTES. San Cristóbal. 27 de enero de 1914.
137
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 23 de enero de 1928.
138
LA LIMOSNA. Rubio. 15 de junio de 1895.
139
EL ALDEANO. Rubio. 25 de mayo de 1912.
57
García, se logró en esa localidad la ejecución de la misa de Bordesse a dos voces en las fiestas
patronales de ese año140, repitiéndolo en diciembre en la fiesta de la Inmaculada Concepción.
García se presentó como “Maestro de Capilla, Director de Bandas y Orquestas”, ofreciendo en
1911 sus servicios como afinador de pianos y órganos, además de fabricar “casullas, dalmáticas
y frontales”, entre otras vestiduras religiosas.141 Dentro de su ruta itinerante como supervisor
Nacional de Educación, el pedagogo Miguel Ángel Granado, compositor del Himno Al Árbol y
de la música del valse Recuerdos del Táchira, actuó en Táriba en los oficios de junio de 1919
junto al sacerdote italiano José Casazza142, director del Colegio Salesiano de esa población.
140
EL ALBUM CATÓLICO. Táriba. 16 de octubre de 1918.
141
HORIZONTES. San Cristóbal. 30 de agosto de 1911.
142
EL ALBUM CATÓLICO. Táriba. 16 de junio de 1919.
143
TUERCA Y TORNILLO. San Cristóbal. 10 de enero de 1914.
58
144
CARDOZO, Arturo. Ob. Cit. Pág. 56.
145
EL PORVENIR. San Cristóbal. 16 de diciembre de 1876.
146
EL PORVENIR. San Cristóbal. 29 de mayo de 1976.
147
MUÑOZ, Arturo Guillermo. EL TACHIRA FRONTERIZO. Biblioteca de Autores y Temas
Tachirenses. Tomo n° 86. Caracas. 1985. Pág. 66.
148
LA LIMOSNA. Rubio. 15 de octubre de 1896.
149
VARIEDADES. San Cristóbal. 21 de noviembre de 1903.
150
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 2 de abril de 1904.
59
151
EL REPUBLICANO. San Cristóbal. 25 de junio de 1896.
152
HERNÁNDEZ CONTRERAS. Ob. Cit. Pág. 178.
153
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 17 de julio de 1896.
154
EL TIPÓGRAFO. Táriba. 11 de marzo de 1907.
155
HORIZONTES. San Cristóbal. 6 de abril de 1907.
156
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 6 de octubre de 1905. Igualmente se encontró el texto
oficial del Decreto. Archivo General del Estado Táchira.
157
HORIZONTES. San Cristóbal. 2 de julio de 1911.
60
guerrero y tribuno liberal”. El llamado de la crónica era para que “sus manifiestas cualidades
artísticas no se ahogaran en la indiferencia y poquedad de nuestro medio”.158
En octubre de 1917, Zambrano pintó un óleo de Rubén Darío,159 y en mayo de 1919
moldeó un busto del Nazareno. De nuevo, la crónica exclamaba la ayuda para este artista del
espectro plástico, área que no recibió aportes del Estado, exceptuando la orden oficial de
elaborar los frescos del Palacio de Gobierno inaugurado en 1907, realizados por el mencionado
italiano Ángel Nóferi.160 Sobre Zambrano, el llamado de la prensa resaltaba
la disposición innata que posee este artista del terruño, bien merecen se
tomaran en cuenta para que medios y estímulos proporcionados a edad
conveniente, permitieran que éste que hoy pasa como un virtuoso ignorado,
fuera mañana una auténtica gloria del terruño, merced a un estudio suficiente
que fuera para la capacidad creadora de él, lo que el polvo de diamante para el
diamante bruto.161
En ese año, Zambrano Díaz (a quien no hay que confundir con Santos Ignacio
Zambrano, el músico homicida de Nicolás Carrero en febrero de 1914, caso ya expuesto), como
músico de la Banda protestó con sus compañeros las arbitrariedades del maestro Costantino.
Huyó del país, se exilió en Colombia, viajó al Zulia y allí fue apresado por orden del general
Eustoquio Gómez. Su talento de pintor y escultor fue ahogado en la cárcel pública de San
Cristóbal donde estuvo recluido entre febrero de 1920 y octubre de 1921, como lo precisó
Ovidio Ostos en su obra Orígenes de la Banda del Estado.
158
HORIZONTES. San Cristóbal. 13 de enero de 1917.
159
EL PUEBLO. San Cristóbal. 3 de octubre de 1917.
160
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis y APARICIO HERRERA, Gregorio. CRÓNICA VISUAL DEL
TÁCHIRA. Municipio San Cristóbal. N° 5. Fototeca del Táchira. Mérida. 2004. Pág. 4.
161
HORIZONTES. San Cristóbal. 14 de mayo de 1919.
162
VILLET, Manuel María y otros. EL TÁCHIRA EN 1876. Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses.
Tomo n° 5. San Cristóbal. 1961. Pág. 297.
61
En los periódicos apoyados y sustentados por los diversos regímenes políticos, una
buena parte de intelectuales estuvieron a su servicio. Los opositores iban al exilio, a la cárcel o
al ostracismo. Dos de esas plumas, Emilio Constantino Guerrero y Pedro María Morantes
sirvieron en 1900 a un periódico tachirense creado por el régimen de Castro, La Idea
Restauradora, como directores de sus secciones científicas y literarias.163 Guerrero destacaría
las proezas militares de Cipriano Castro en varios de sus libros como Campaña Heroica de
1903,164 mostrando por primera vez la integridad cultural de su región nativa en El Táchira
Físico, Político e Ilustrado, editado en Caracas por Herrera Irigoyen y bautizado en el marco de
la Exposición Tachirense de enero de 1906, presidida por la primera dama de la República,
doña Zoila Martínez de Castro.165 Entretanto, Morantes fustigó al presidente tachirense en sus
libros El Cabito, Los Felicitadores, y Cuatro Años de mi Cartera, entre otros, escritos bajo el
seudónimo Pío Gil.166 Ellos, como lo cita Marta Sosa, desempeñaron el papel que
Gorki asignaba al escritor la función de ser “el vocero emocional de su país y de
su clase, es su oído, sus ojos y su corazón; es la voz de su época”. El artista
vendría a ser un centro privilegiado de su tiempo, su nación y su situación de
clase.167
Algunos poemas, narrativas y pequeños cuentos quedaron en las páginas de la
hemerografía regional y no han sido recogidos en su totalidad. El Estado no estimuló
sistemáticamente el apoyo a las letras, reduciéndose su participación a un Certamen Literario
programado para el 5 de julio de 1909, adjudicando premios en las modalidades de prosa y
verso. El acto, desarrollado en las instalaciones del Teatro Garbiras contó con discursos,
apologías, recitales de piano con la presencia de señoritas de la sociedad y de la Banda del
Estado.168 Igualmente, la municipalidad de San Cristóbal realizó otro encuentro literario (sin
concurso), para conmemorar el centenario del 19 de Abril de 1810, recitándose unos versos.
Además, se hizo un cuadro plástico en honor del Libertador, se cantaron algunas romanzas, se
escuchó el discurso de José Antonio Baldó, intelectual afecto al régimen y la Banda del Estado
interpretó una obertura y una polca.169
El afecto a lo literario era promovido por sociedades particulares, sin intervención del
Estado. Así lo hizo en Táriba el Gabinete de Lectura y Recreación, fundado el 19 de septiembre
163
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 24 de octubre de 1900.
164
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. ALBAÑILES DEL TACHIRA. Tomo I. Proculta. Mérida. 2002.
Pág. 96.
165
Ídem. Págs. 97 y 98.
166
INSTITUTO DE INVESTIGACIONES LITERARIAS “GONZALO PICÓN FEBRES”.
DICCIONARIO GENERAL DE LA LITERATURA VENEZOLANA. Tomo I. Consejo de
Publicaciones. Universidad de Los Andes. Mérida. 1987. Pág. 216.
167
MARTA SOSA, J. Ob. Cit. Pág. 55.
168
HORIZONTES. San Cristóbal. 3 de julio de 1909.
169
HORIZONTES. San Cristóbal. 16 de abril de 1910.
62
de 1880 por Ascensión Trujillo, instituto cultural que editaba un periódico, reuniendo en torno
de su biblioteca las inquietudes literarias de los jóvenes de la comunidad.170 Este organismo
mantenía una febril actividad reseñada una década después.171 Táriba fue cuna de la inquietud
por las letras. La Sociedad Díaz Rodríguez, iniciativa de comienzos del siglo XX, animada por el
joven José Antonio González Valbuena, luego militar y presidente del Táchira entre 1931 y
1935, creada en honor del médico y escritor mirandino creador de Ídolos Rotos y Peregrina,
entre otras novelas, organizó para la conclusión del año 1910, una velada con muestras de la
obra de su epónimo y exposiciones literarias a cargo de los poetas Pedro Barrios Bosch, Luis
Eladio Contreras y Manuel Beroes. La Banda Cárdenas dio el toque musical al acto.172
Ante la ausencia de iniciativa oficial en el mundo literario, el Salón de Lectura de San
Cristóbal, sociedad civil fundada en abril de 1907, estableció una serie de conferencias,
dictando la primera su presidente Abel Santos.173 Se creó un ciclo de lecturas nocturnas en
1910174, año de la fundación de su Biblioteca circulante,175 y se cumplió con una edición de sus
Juegos Florales, siendo galardonados en la primera justa el sabio Tulio Febres Cordero, en
prosa, y el abogado merideño José Rafael González Uzcátegui en verso.176
En 1911, con motivo del centenario de la fecha patria del 5 de Julio, volvió a realizarse
otra contienda intelectual de esta naturaleza, surgida del sector privado.177 El Estado mantuvo
un relativo apoyo subsidiario mensual a la organización, destacado por algunos mandatarios
regionales como Juan Alberto Ramírez178, quien impulsó la construcción por parte del
Gobierno Nacional de Juan Vicente Gómez, de su primera sede propia, inaugurada el 24 de
julio de 1929.179
Indudablemente, el Salón de Lectura ha representado un centro de formación, difusión
y promoción cultural, auspiciado por la iniciativa particular y fomentado por el Estado, sin
participación alguna en sus postulados. Representó siempre el espacio donde
periódicamente se dictaban conferencias sobre diversos tópicos históricos,
científicos, morales y humanísticos, disertaciones a las cuales se invitaba a
través de la prensa y hojas volantes y que eran posteriormente reseñadas y a
veces reproducidas en su totalidad en los mismos medios.180
170
AYESTARÁN, Ítalo. TÁRIBA EN LA HISTORIA DEL TÁCHIRA. Caracas. 1951. Pág. 55.
171
EL TORBES. Táriba. 24 de mayo de 1889.
172
HORIZONTES. San Cristóbal. 28 de diciembre de 1910.
173
HORIZONTES. San Cristóbal. 6 de mayo de 1907.
174
HORIZONTES. San Cristóbal. 21 de mayo de 1910.
175
HORIZONTES. San Cristóbal. 5 de septiembre de 1910.
176
VILLAMIZAR MOLINA, José Joaquín. Ob. Cit. Pág. 45.
177
HORIZONTES. San Cristóbal. 7 de julio de 1910.
178
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 18 de enero de 1927.
179
DIARIO CATÓLICO. San Cristóbal. 26 de julio de 1929.
180
GONZÁLEZ ESCORIHUELA, R. Ob. Cit. Pág. 38.
63
181
VELÁSQUEZ, Ramón J. Ob. Cit. Págs. 31 y 32. Luego, el propio Dr. Velásquez fundaría en 1961 la
Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses, recogiendo gran parte de ese pensamiento disperso en casi
200 tomos.
182
CARDOZO. Ob. Cit. Pág. 104.
183
EL ÁLBUM. Rubio. 1878.
64
184
UNIÓN LIBERAL. San Cristóbal. 20 de diciembre de 1880.
185
FUNDACIÓN POLAR. Ob. Cit. Tomo 2. Pág. 628.
186
EL 27 DE ABRIL. San Cristóbal. 17 de mayo de 1883.
187
HERNÁNDEZ CONTRERAS. DICCIONARIO… Pág. 91.
188
BRISAS DEL TORBES. San Cristóbal. 3 de noviembre de 1886.
189
LA MAÑANA. San Cristóbal. 3 de mayo de 1889.
190
José María Rivera era tío materno de Luis Felipe Ramón y Rivera.
191
LA IDEA ARTÍSTICA. San Cristóbal. 1° de enero de 1892.
192
EL NOVENTA Y DOS. San Cristóbal. 26 de mayo de 1893.
65
200
DIRECCIÓN DE CULTURA Y BELLAS ARTES. MEMORIA Y CUENTA 1996. Gobernación del
Estado Táchira.
201
PICÓN SALAS, M. Ob. Cit. Pág. 132.
202
GONZÁLEZ ESCORIHUELA, Ramón. LAS IDEAS POLÍTICAS EN EL TÁCHIRA. Biblioteca de
Autores y Temas Tachirenses. Tomo N° 115. Caracas. 1994. Pág. 33.
67
203
EL PORVENIR. San Cristóbal. 23 de noviembre de 1876.
69
El club El Vesubio, ubicado en el centro de la ciudad en la primera década del siglo XX,
sirvió de escenario para la actividad musical promovida por elementos como Federico Espina y
Teodosio V. Sánchez.204 De igual manera el Hotel Central, aledaño al anterior, sirvió de espacio
para la velada ofrecida en abril de 1901 por el músico colombiano Ramón Lamus G.205 El hotel
Central era propiedad de J. B. Mendoza y estaba ubicado “en la esquina occidental de la Plaza
Páez frente a la casa comercial de Steinvorth”.206 En este espacio, otro artista colombiano,
Camilo Estévez y Gálvez, enseñaba tiple y bandola “por fantasía en noventa días”,207 y en sus
salones comenzó desde 1910, la elemental escuela de música de Nicolás Costantino,
auspiciada por el presidente del Estado, general Régulo Olivares, como lo refirió Marco
Antonio Rivera Useche a José Mardonio González en el trabajo ya citado Simplemente un
Maestro.
Cuando los hermanos Lupi llegaron a San Cristóbal, invitados por Costantino para
formar parte de la Banda Oficial, y luego de su separación de ésta por desavenencias
personales, Luis Lupi fundó en 1911 la Banda Progreso, con el respaldo del comandante de
Armas del Táchira, general Eustoquio Gómez y del empresario Federico Chacón.208 Disuelta
esta institución, su director agradeció a quienes lo respaldaron en la paralela iniciativa,
resaltando al “entusiasta caballero” don Federico Chacón, “por la generosidad y desinterés con
que se dignó ceder uno de los departamentos de su acreditado establecimiento El Niágara
para los ensayos.”209
204
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 25 de junio de 1902.
205
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 24 de abril de 1901.
206
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 24 de noviembre de 1900. En el mismo punto, con
edificación reformada, los hermanos Villasmil Candiales fundaron el Hotel Royal, inaugurado el 1° de
enero de 1932.
207
ECOS DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 2 de agosto de 1907.
208
HERNÁNDEZ CONTRERAS, L. DICCIONARIO.... Pág. 45.
209
HORIZONTES. San Cristóbal. 3 de febrero de 1912.
70
Los espacios públicos. La música en la calle
Dentro de su obligación a contribuir con el desarrollo del ornato de la ciudad, y luego
de la decisión de fomentar el arte musical tutelando la Banda del Estado, el Estado construyó,
mejoró y adecuó en San Cristóbal, la infraestructura necesaria para la celebración de retretas y
actividades especiales. Auspiciaba a la vez la actividad artística, ofreciendo un momento lúdico
o diversivo. La retreta se convertía en la única actividad de distracción común semanal. De allí
la importancia de las plazas y parques.
Anterior a 1912, la ciudad tenía una curiosa distribución de sus plazas. La Bolívar,
conocida como tal desde 1871, siendo antes Plaza Mayor, se ubicaba frente a la Iglesia Matriz,
luego Catedral, es decir, en el sitio escogido por el capitán español Juan Maldonado para
fundarla en 1561, conocido actualmente como Plaza Juan Maldonado. Era la zona que
albergaba para mediados del siglo XIX, la cárcel pública y el cuartel. Por consiguiente, estaba
distante del sector de movimiento económico de la ciudad.
Este se situaba aledaño al Mercado Cubierto, inaugurado en diciembre de 1876, sitio
que resumía las transacciones comerciales diarias. En sus alrededores se instalaron las oficinas
de las principales casas mercantiles extranjeras y nacionales. Al norte del Mercado, se
desarrolló desde 1890 la Plaza Páez, conocida inicialmente como Plaza de El Pantano, llamada
en 1888 Plaza Guzmán Blanco, constituyéndose como el natural centro de la ciudad, entre las
calles 8 y 9 y las carreras 6 y 7. Las oficinas públicas se encontraban a dos cuadras de la Iglesia
Matriz, en la carrera 5 entre calles 4 y 5, esquina sureste, albergando la Gobernación y la
municipalidad. Unas cuadras al este, entre las carreras 9 y 10 se estableció el Parque Sucre,
sitio de importancia cuando a su lado se construyó el Palacio de Los Leones, concebido como
Casa Municipal, convertido desde su inauguración en 1931, como sede del Poder Ejecutivo y
Judicial. Estas razones explican la peculiar conformación de San Cristóbal como una ciudad en
la que su centro urbanístico no corresponde con la sede física de los poderes públicos.
Coloquialmente, en San Cristóbal, la Plaza Bolívar está en un lado, la Catedral en otro, y el
despacho del Gobernador ha estado a la merced de caprichos y necedades.
Las retretas de la banda se escenificaban en la Plaza Páez. Cuando llovía no era posible
efectuar allí el concierto, entonces, la institución musical se trasladaba a los espacios del
vecino Mercado Cubierto, propuesto por algunos como sede permanente de las retretas, como
sucedió el 23 de mayo de 1905, cuando la inclemencia del tiempo obligó tal mudanza. La
crónica señaló que
iluminado convenientemente el edificio (el Mercado Cubierto), los
concurrentes paseaban por los largos corredores en amena plática durante los
71
210
HORIZONTES. San Cristóbal. 25 de mayo de 1905.
211
HORIZONTES. San Cristóbal. 28 de septiembre de 1905.
212
HORIZONTES. San Cristóbal. 26 de marzo de 1909.
213
HORIZONTES. San Cristóbal. 29 de marzo de 1909.
72
214
HORIZONTES. San Cristóbal. 30 de marzo de 1909.
215
HORIZONTES. San Cristóbal. 24 de mayo de 1909.
216
HORIZONTES. San Cristóbal. 10 de febrero de 1911.
217
HORIZONTES. San Cristóbal. 11 de marzo de 1911.
218
HORIZONTES. San Cristóbal. 29 de octubre de 1912.
219
HORIZONTES. San Cristóbal. 21 de diciembre de 1912.
73
Los más prestantes oradores intervinieron resaltando la magnífica obra, entre ellos el
secretario General de Gobierno, Pedro León Arellano, y el doctor Teodosio V. Sánchez, quien
habló en nombre del cónsul de Colombia en San Cristóbal. Varios sectores de la colectividad se
hicieron presentes, y hasta la colonia siria, representada por el notable comerciante Luis
Baclini ofrendó ante el nuevo monumento, que mostraba por primera vez en San Cristóbal por
medio de una imagen, el culto a Bolívar.220 Ante la conquista de un nuevo sitio para el
esparcimiento de sus habitantes, la ciudad brindaba a su banda un campo propicio para la
difusión artística. El notable hecho se acrecentó cuando en el parque “espléndidamente
iluminado”, se efectuó la retreta de gala de despedida de fin de año, con una actuación que
anunciaba “ser sensacional”.221
220
TUERCA Y TORNILLO. San Cristóbal. 20 de diciembre de 1912.
221
HORIZONTES. San Cristóbal. 31 de diciembre de 1912.
222
HERNÁNDEZ CONTRERAS Luis. CIEN AÑOS DE HISTORIA TACHIRENSE. Tercera edición.
PROCULTA. San Cristóbal. 2012. Pág. 152.
74
223
HORIZONTES. San Cristóbal. 30 de marzo de 1914.
224
LA UNIÓN TACHIRENSE. San Cristóbal. 29 de enero de 1915.
225
LA UNIÓN TACHIRENSE. San Cristóbal. 18 de marzo de 1915.
226
HERNÁNDEZ. Cien Años de Historia Tachirense. Pág. 116
227
HORIZONTES. San Cristóbal. 19 de diciembre de 1917.
228
HERALDO DEL TACHIRA. San Cristóbal. 6 de octubre de 1925.
75
parte del cometido. Allí se incorporó junto a su secretario General, Manuel Toro Chimíes y la
esposa de éste, Josefina Mier de Toro, quien conformó una junta de damas para tal propósito.
Entre los monitores destacaron los doctores Pedro Felipe Villasmil y Amenodoro Rangel
Lamus.229 Ramírez, a diferencia de su antecesor, convocó a la sociedad civil para integrarse en
estas obras de común beneficio. Invitó a los variados sectores de la sociedad, en manifiesta
muestra de alianza y esfuerzos de cooperación. La municipalidad presidida por Rangel Lamus,
ante la envergadura de la obra a realizar, dispuso designar con el nombre de Plaza Bolívar, el
sitio denominado Parque Bolívar.230
En el acto de inauguración de la Plaza Bolívar con su estatua ecuestre, realizado el
domingo 19 de mayo de 1929, la Banda del Estado, dirigida por Ramón Espinal Font efectuó
una retreta de gala de 8 a 10 de la noche, siendo iluminado el espacio “a giorno por los
soberbios lampadóforos que sobre esbeltas columnas de bronce lucen espléndidos fanales
esféricos.”231
229
VILLAMIZAR MOLINA, José Joaquín. CIUDAD DE SAN CRISTÓBAL, VIAJERA DE LOS
SIGLOS. Publicación del Concejo Municipal de San Cristóbal. San Cristóbal. 1992. Pág. 531.
230
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 21 de diciembre de 1928.
231
DIARIO CATÓLICO. San Cristóbal. 21 de mayo de 1929.
76
consigna que transcurrido más de un siglo, aún permanece. En 1903, el diario Horizontes,
alertaba al Concejo Municipal, comentando la iniciativa de la familia Semidei Garbiras,
señalando que
a propósito, sería de desear la erección en esta ciudad de un Teatro Municipal,
capaz de atraer las buenas compañías que suelen llegar hasta Maracaibo.
Nuestros munícipes son hombres de buena voluntad para todo lo que dice
relación con el progreso.232
El recinto del Garbiras, ubicado en la calle 6 con carrera 4, esquina sureste, fue
apropiado para la exhibición de veladas culturales, conciertos y representaciones escénicas
protagonizadas por las compañías de zarzuela que actuaron luego de 1904, bien fueran
auspiciadas por sociedades culturales como el Salón de Lectura y otras, y también por el
propio Estado en pocas ocasiones. Esto posibilitó la gestación de empresarios que vivieron del
espectáculo teatral, las exhibiciones de cine, recitales de música y poesía, además de actos
especiales, ofreciéndolo a través de las boletas que los interesados adquirían en sus taquillas.
Por su lado, el Estado hizo una considerable inversión cultural construyendo las dos
sedes del Salón de Lectura. El 24 de julio de 1929, el Ejecutivo Nacional entregó a esta
sociedad su primer inmueble propio, levantado en la carrera 5 con calle 5, esquina noroeste,
obra del arquitecto Eduardo Filomena Castro . Deficiencias del edificio motivaron la realización
del fastuoso edificio diseñado por el arquitecto Luis Eduardo Chataing, inaugurado el 1° de
abril de 1938 frente a la acera norte de la Plaza Bolívar, en el mandato del general Eleazar
López Contreras, advirtiéndose que sus inicios y el logro de la sede anterior fueron
providencias emitidas por el general Juan Vicente Gómez. La administración pública penetró
en los espacios del Salón de Lectura, tal y como lo indicaba su condición de constructor de la
obra, pero a pesar de ello, jamás intentó inmiscuirse en sus programaciones.
Más adelante, el Ejecutivo Nacional puso a la disposición de la colectividad el Teatro de
la Casa Sindical, obra de la modificación del campo físico promovida por el gobierno de Marcos
Pérez Jiménez en enero de 1957. Pero, la ciudad nunca sintió este espacio como su Teatro, por
lo que aún sigue incitando a la construcción de uno como tal.
Se hace necesario insistir que ambos caminos, el civil y el público, se encontraron
pocas veces, como se expresó en la mutua cooperación auspiciada por el presidente Ramírez
en 1929, al nombrar la Junta de Fomento para la erección de la estatua ecuestre en honor del
Libertador. El resultado musical en consecuencia fue diferente. El del sector oficial, al aire libre,
concluía con la retreta en sus jornadas habituales de jueves y domingos, y en el cumplimiento
de una efeméride oficial. Fue absolutamente realizado por músicos profesionales a quienes se
232
HORIZONTES. San Cristóbal. 4 de septiembre de 1903.
77
les cancelaba su respectivo sueldo. La expresión sonora del sector privado terminaba en una
velada íntima o en el concierto al que se accedía por medio de la compra de una boleta o la
suscripción a una temporada de abono. La zarzuela, el recital clásico, la presentación de figuras
internacionales y nacionales sólo fueron posibles por esta ruta que fue aplastada por el Estado,
y por la decadencia de una sociedad civil que no acompañó a sus promotores en esa política de
fomento.
233
CARDOZO, A. Ob. Cit. Pág. 99.
79
234
EL 27 DE ABRIL. San Cristóbal. 13 de agosto de 1885.
235
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. DICCIONARIO. Pág. 181.
236
EL 27 DE ABRIL. San Cristóbal. 27 de abril de 1886.
237
EL LIBERAL ANDINO. San Cristóbal. 30 de septiembre de 1893.
238
EL MOSAICO. San Cristóbal. 23 de octubre de 1895.
239
EL CONTADOR. San Cristóbal. 29 de marzo de 1894.
80
continental, y la Banda del Estado ejecutaría en agosto de 1905 su famoso valse pianístico
María,240 repitiéndolo en noviembre de 1906,241 lo que denota la fuerte influencia dejada en el
ambiente. En 1894 se presentó el flautista ciego Elisardo Álvarez del Campo, quien ejecutaba la
flauta, el piano y poseía una voz de barítono. Realizaba una gira entre Maracaibo y Cúcuta.242
Según la Enciclopedia de la Música en Venezuela de la Fundación Bigott, Álvarez del Campo era
nativo de La Guaira. Estuvo en La Grita en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús dirigiendo
una misa con la participación de 25 alumnos del plantel.243
Para 1895, Julio A. Peñuela, de quien se desconoce su origen, ofrecía sus servicios en
Rubio en materia de música vocal e instrumental para funciones religiosas, igualmente en
“instrumentación de himnos, piezas para banda y para piano, y para la composición, afinación
y enseñanza del mismo”.244 Al menos este aviso denota su idoneidad profesional. Peñuela
actuaría con el colombiano Gabriel Bargalló en una velada lírica realizada en Rubio, el 3 de julio
de 1896, “a beneficio del Hospital”.245 Es muy probable que Bargalló haya sido el cantante
mencionado que integraba la Compañía Cuello. Con motivo de la fiesta de los setenta años de
vida del sacerdote Justo Pastor Arias, hombre de gran arraigo y monitor social de la zona,
ambos le dedicaron un himno, con letra de Bargalló y música de Peñuela.246 El último obtuvo
como ganancia de la velada artística un producto de cincuenta pesos,247 y trabajó como
administrador del periódico La Limosna.248 No hay más referencias sobre Bargalló a partir de
octubre de 1897.
La temporada ferial de San Cristóbal de 1896 contó con la presencia de la Compañía
Lírico-Española, participando la posibilidad de trasladarse a Rubio.249 No hay certeza si viajó o
no a la capital de Junín, pero en ésta actuó el pianista alemán Franz Richter en una velada a
beneficio del Hospital de Caridad, realizada el 19 de abril. El acto revistió notable interés
asistiendo “el Presidente del Estado y su Secretario”. Participaron, además, la señorita Elena
Richter, hermana del mencionado, cantando varias canciones, la señorita M. Serrano
interpretando “un trozo de Norma ejecutado brillantemente”, además de la Banda Junín
conducida por Alejandro Fernández.250 El músico alemán realizó “una difícil composición” al
240
HORIZONTES. San Cristóbal. 26 de agosto de 1905.
241
VOZ DEL ESTADO. San Cristóbal. 21 de noviembre de 1906.
242
LA REVISTA NEGRA. San Cristóbal. 28 de mayo de 1894.
243
HERNÁNDEZ CONTRERAS. Ídem, Pág. 30.
244
LA LIMOSNA. Rubio. 15 de junio de 1895.
245
LA LIMOSNA. Rubio. 18 de julio de 1896.
246
LA LIMOSNA. Rubio. 9 de agosto de 1896.
247
LA LIMOSNA. Rubio 1° de septiembre de 1896.
248
LA LIMOSNA. Rubio. 15 de octubre de 1897.
249
LA LIMOSNA. Rubio. 1° de enero de 1896.
250
LA LIMOSNA. Rubio. 10 de mayo de 1896.
81
piano. En el acto, el sacerdote Baltasar Vélez leyó “un discurso sobre la música”.251 Culminada
su actuación, la familia Richter, integrada por Franz, su hermana Elena y su esposa Ana viajó a
Alemania.252
Otros músicos colombianos participaron en la promoción particular del arte musical,
destacándose Simón Domingo Bolívar y Julio Angulo Lewis. Desde junio de 1896, Bolívar,
residente en el Hotel Central de Cúcuta, ofrecía sus servicios profesionales “en los ramos de
pintura y música”,253 siendo una de las escasas referencias del arte plástico al que se hizo
acotación, capítulos atrás. Luego, se anunciaba como “maestro de música con diploma de la
Academia de Bogotá y Profesor de ésta”. Decía haber sido director “de las Bandas nacionales
de Tunja y Bucaramanga”. Además de enseñar pintura, Bolívar daba clases de “piano, violín,
contrabajo, teoría y armonía” durante su estancia en el Norte de Santander.254 El jueves 20 de
agosto, Bolívar y Lewis ofrecerían un recital que fue suspendido por mal tiempo. Luego de
efectuado, viajaron a Cúcuta.255 En el referido Boletín Comercial editado en Táriba por José
Trinidad Colmenares, aparecen como profesores de música en Rubio, para abril de 1897, los
mencionados Alejandro Fernández y Domingo S. Bolívar, además de Gabriel Bargalló como
profesor de canto.256 También existe una cita sobre la presencia de una “compañía de zarzuela
española”, anunciando su actuación en Rubio, entre el 1° y el 6 de enero de 1898.257
Sones de guerra
Dos sucesos sacudieron fuertemente la paz del Táchira de fines del siglo XIX y
comienzos del XX. La Revolución Restauradora, campaña iniciada formalmente el 23 de mayo
de 1899 por Cipriano Castro, condujo a diversos encuentros bélicos como las batallas de
Tononó, Las Pilas, Cordero y El Zumbador.258 La inestabilidad política en la región motivó el
traslado del general Juan Vicente Gómez, quien llegó al Táchira con la investidura de jefe Civil y
Militar, cargo que desempeñó desde marzo hasta el 16 de agosto de 1900, cuando entregó el
poder al hermano de Cipriano, Celestino Castro. Un año después, entre el 26 y 27 de julio de
1901, se realizó la invasión del territorio nacional a través del Táchira. El acto
fue liderado por el médico venezolano y general Carlos Rangel Garbiras, quien
está al mando de seis mil hombres provenientes del vecino país,
pertenecientes al ejército de línea colombiano quienes han recibido el apoyo
251
LA LIMOSNA. Rubio. 20 de mayo de 1896.
252
LA LIMOSNA. Rubio. Mayo de 1896.
253
EL REPUBLICANO. San Cristóbal. 25 de junio de 1896.
254
LA LIMOSNA. Rubio. 1° de octubre de 1896.
255
EL PINCEL. San Cristóbal. 22 de agosto de 1896.
256
BOLETÍN COMERCIAL. Táriba. 14 de abril de 1897.
257
LA VOZ DE JUNÍN. Rubio. 11 de noviembre de 1897.
258
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. ALBAÑILES. Ob. Cit. Pág. 49.
82
259
Ídem. Pág. 52.
260
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 27 de noviembre de 1901.
261
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 14 de marzo de 1902.
262
HORIZONTES. San Cristóbal. 24 de diciembre de 1903.
263
HORIZONTES. San Cristóbal. 30 de diciembre de 1903.
264
MARGHELLA, José Jorge y LEÓN, Moraima Coromoto. EL TEATRO CARAQUEÑO EN LA
ÉPOCA DE CIPRIANO CASTRO (1899-1908). Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses. Tomo N°
161. Caracas. 1998. Págs. 110-111.
265
HORIZONTES. San Cristóbal. 27 de noviembre de 1903.
266
EL BOLETÍN. San Cristóbal. 19 de diciembre de 1904.
267
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 31 de diciembre de 1904.
268
Ídem.
83
del bel canto, los números de música para canto y piano de las zarzuelas estrenadas durante la
temporada”.269 La empresa encabezada por la “primera tiple” Teresa Puch,270 anunciaba la
puesta en escena de las zarzuelas “Los pobres de Madrid; Coro de Señoras; el Rey que rabió; La
carcajada y La obra de Terradas”.271 En caso de ausencia de luz eléctrica, la empresa Terradas-
Valdepares preveía una innovación lumínica compuesta de 65 lámparas de kerosene “para
alumbrar el teatro en las noches de función”, anunciando, en tono de advertencia, “para que
sepa que no se suspenderá ninguna función por falta de luz.”272 Del Castillo había llegado a
Venezuela con una compañía española de zarzuela, contratada para fines de 1903 por el actor
Félix Ramírez.273 Se trataba, por lo tanto, de un solvente músico.
Doña Zoila vuelve a su tierra. La Exposición regional. Loas y elogios con música
Desde comienzos de diciembre de 1905 se advertía sobre la inminente visita de la
Compañía de Zarzuela y Versos de Guillermo Bolívar y Sebastián Díaz Peña. El primero,
precursor del teatro venezolano es citado por la referida Enciclopedia de la Música en
Venezuela editada por la Fundación Bigott, como nativo de La Guaira, quien ya actuaba, en
1881, con una destacada carrera ejercida en varios países de América Latina.274
269
HORIZONTES. San Cristóbal. 10 de enero de 1905.
270
HORIZONTES. San Cristóbal. 5 de enero de 1905.
271
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 19 de enero de 1905.
272
HORIZONTES. San Cristóbal. 14 de enero de 1905.
273
MARGHELLA y LEÓN. Ob. Cit. Pág. 88.
274
PEÑÍN, J. y GUIDO, W. Ob. Cit. Tomo I. Págs. 208-209
275
HORIZONTES. San Cristóbal. 31 de diciembre de 1903.
276
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 19 de enero de 1905.
277
HORIZONTES. San Cristóbal. 4 de marzo de 1905.
278
HORIZONTES. San Cristóbal. 27 de mayo de 1905.
84
279
HORIZONTES. San Cristóbal. 16 de noviembre de 1905.
280
HORIZONTES. San Cristóbal. 28 de noviembre de 1905.
281
HORIZONTES. San Cristóbal. 5 de diciembre de 1905.
282
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 1° de diciembre de 1905.
283
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 8 de diciembre de 1905.
284
HERNÁNDEZ CONTRERAS, Luis. CRÓNICAS DE SAN CRISTÓBAL. (sin publicar).
85
285
Ídem.
286
Ob. Cit.
86
287
Ídem.
288
HORIZONTES. San Cristóbal. 1° de marzo de 1919.
87
Díaz Peña.289 Era la consecuencia de un régimen con visos de providencialismo, cuyo origen es
explicado por Ramón J. Velásquez como
siempre alimentado por la adulación que fabrica himnos y títulos, en donde
siempre el caudillo de turno es comparado con las más altas figuras de la
historia universal, los proclaman sucesores de Bolívar, les consagran estatuas,
bustos, poemas y canciones... indica la instalación de una camarilla integrada
por cortesanos y negociantes (la cual) forma parte de los actos iniciales en
cada uno de esos gobiernos.290
Luego de la rimbombante temporada de enero de 1906, surge la figura de un
desconocido músico colombiano, Camilo Antonio Estévez y Gálvez, quien anunciaba, en agosto
de 1907, la inminente fundación de una estudiantina, ofreciendo la enseñanza de
instrumentos de cuerda “por fantasía” en noventa días.291 Estévez y Gálvez fue del aprecio de
Alejandro Fernández y de la Banda del Estado, pues la institución presentó en varias retretas
sus valses Sí y Club Táchira en 1907, igualmente su serenata Blanca.292 Radicó en Táriba donde
fue profesor de música, estableciéndose luego en Boconó (Trujillo), para fundar la Banda
Filarmónica Gómez.293
La tranquila ciudad no volvió a recibir un gran elenco musical-escénico. Caído Cipriano
Castro en diciembre de 1908, un año después, su sucesor, el general Juan Vicente Gómez
ofrecía los pasajes a una compañía de zarzuela para su visita al Táchira, en manifiesta
intervención como mecenas cultural.294 Esta resultó ser la Compañía Artística de Canto y
Zarzuela dirigida por Luis María Reyes, la que actuó en la temporada de enero de 1910295. En
agosto de ese año, un elenco colombiano visitó San Cristóbal, bajo la dirección de los señores
Luis Felipe Peña maestro director, y J. Faría, maestro concertador. Su representante era
Florencio Ampudia.296
Las temporadas rubienses de diciembre de 1911 y enero de 1912, fueron amenizadas
por la Compañía de Zarzuela dirigida por el pianista Friné Pérez.297 Su estancia fue muy
particular, pues este músico informó sobre la relación económica de su actuación. Es un
curioso dato que se agrega a esta investigación, tal vez la única referencia existente sobre ese
particular. Declaró que ingresaron 1.326,64 bolívares, registrándose en egresos 1.079,70,
289
MILANCA GUZMÁN, Mario. LA MÚSICA EN EL TIEMPO HISTÓRICO DE CIPRIANO
CASTRO. Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses. Tomo N° 125. Caracas. 1995. Pág. 214.
290
VELÁSQUEZ, Ramón J. Ob. Cit. Pág. 26.
291
VOZ DEL ESTADO. San Cristóbal. 2 de agosto de 1907.
292
VOZ DEL ESTADO. San Cristóbal. 28 de agosto de 1907.
293
PEÑÍN, J. y GUIDO, W. Ob. Cit. Tomo I. Pág. 563.
294
EL CIVISMO. San Cristóbal. 17 de noviembre de 1909.
295
HORIZONTES. San Cristóbal. 12 de enero de 1910.
296
HORIZONTES. San Cristóbal. 5 de agosto de 1910.
297
HORIZONTES. San Cristóbal. 20 de diciembre de 1911.
88
quedando un abono para la compañía de 241,95 y para la empresa de 4.99.298 Pérez también
se ofreció a dar clases de piano a domicilio. Regresó con otra notable empresa lírica que se
presentó en la capital tachirense en agosto de 1912, la Compañía de Opereta, Zarzuela y Verso
de Manuel Pellicer.299 Se trataba de una agrupación venezolana dirigida por este actor, la cual
debutó en el Teatro Caracas el 19 de septiembre de 1908.300
Con este elenco, el larense Friné Pérez301 hizo el montaje, en el Teatro Garbiras, de La
Tempestad del compositor español Ruperto Chapí, con una orquesta de ocho profesores, con
su concertino Sr. Mogollón, acompañando a los cantantes Altagracia Ochoa (tiple), Eugenio
Rivero (tenor) y el barítono Ramón Zapata. Una curiosa y descriptiva crónica suscrita con el
seudónimo de Fra Filippo Lippi critica a Pérez, argumentando que “los coros, archisuperiores;
orquesta, floja, falta de ensayos; Maestro, ojo con los profesores; luz, media floja; apuntador,
muy alto; público, correctísimo.”302
En 1914 se registra la presencia del “maestro de piano” José Vicente Urdaneta
Guruceaga, quien ofreció sus servicios “a la culta y respetable sociedad de esta ciudad.”303 La
visita de un violinista chileno llamado Luis Palma, un año después, llenó las crónicas culturales
en suceso inusitado. Casi una veintena de referencias quedaron plasmadas desde su anunciado
viaje al Táchira, en crónicas más sociales que artísticas, pasando por sus presuntos estudios en
Europa, la boletería promovida por el empresario Federico Chacón, los poemas que le
dedicaron, su acompañante Antonia María Rodríguez al piano, sus actuaciones en el Garbiras y
los clubes locales, hasta las serenatas políticas llevadas con su violín al secretario General de
Gobierno, adosando sus visitas a Rubio y Táriba, y sus éxitos internacionales.304
En Rubio actuaron en 1916 los artistas colombianos Ernesto Salcedo (tenor) y Ramón
Vargas Sicard (piano), quienes luego de su recital anunciaron su despedida “para Nueva
York.”305 Otro violinista, el venezolano Hernández Mackay, se presentó en la temporada ferial
de 1917, y Nicolás Costantino le arregló y estrenó con la Banda del Estado su valse Sueño de
Artista. El concertista actuaría en el “circo de variedades”.306
298
HORIZONTES. San Cristóbal. 2 de febrero de 1912.
299
LA UNION TACHIRENSE. San Cristóbal. 10 de agosto de 1912.
300
MARGHELLA, J. y LEÓN, M. Ob. Cit. Pág. 133.
301
PEÑÍN, J. y GUIDO, W. ENCICLOPEDIA. Ob. Cit. Tomo II. Pág. 407.
302
HORIZONTES. San Cristóbal. 5 de agosto de 1912.
303
HORIZONTES. San Cristóbal. 15 de septiembre de 1914.
304
HORIZONTES. San Cristóbal. 22 de julio de 1915.
305
EL ANDINO. Rubio. 5 de agosto de 1916.
306
HORIZONTES. San Cristóbal. 19 de enero de 1917.
89
307
HORIZONTES. San Cristóbal. 25 de junio de 1919.
308
HORIZONTES. San Cristóbal. 21 de junio de 1919.
309
HORIZONTES. San Cristóbal. 26 de junio de 1919.
310
EL PUEBLO. San Cristóbal. 28 de junio de 1919.
311
AÑEZ, Jorge. CANCIONES Y RECUERDOS. Tercera edición. 1970. Bogotá. Colombia.
312
HORIZONTES. San Cristóbal. 3 de julio de 1919.
90
Marco Tulio García, “el más estupendo trío de panderetistas virtuosos que ha producido
Cundinamarca.”313
Jorge Rubiano, formado desde joven en prestigiosos conjuntos, fue un notable
compositor que radicó luego en Puerto Rico, y Joaquín Forero, un destacado tenor, quien
mantuvo un dúo con Arturo Patiño y formó parte de la “Estudiantina X”, grabó en los años
veinte varios discos en Nueva York, abandonando los círculos bohemios “para dedicarse al
canto religioso en entierros y grandes festividades litúrgicas”.314 Murió “ciego, paupérrimo y
olvidado”, luego haber sido “uno de los mimados de la bohemia, famoso cantor de iglesia y
figura que está ligada a las más célebres melodías nacionales y a los más notables
bambucos.”315
La presencia de tan afamado elenco, indiscutiblemente, dejó marcada influencia en la
música popular tachirense, en la ejecución de los instrumentos de cuerda y en la conformación
de agrupaciones que imitaron los estilos y formas escuchadas, siendo promovido por la
naciente industria cultural que penetraba la sociedad, asida de la mano de los empresarios que
auspiciaron estas actuaciones.
Otras visitas musicales
En 1921 se radicó en San Cristóbal, la señorita alemana Amanda Klock, funcionaria de
la casa comercial europea Van Dissel, Rode & Co., quien en sus ratos libres dictaba clases de
“piano, violín, alemán, francés e inglés”.316 Participó en algunas veladas efectuadas en el seno
del Club Táchira, marchando a Maracaibo en noviembre de 1922.317 A comienzos de diciembre
de este año visitó la ciudad, proveniente de Maracaibo, la Compañía Española de Zarzuela,
Verso y Variedades “Paco Martínez”, dirigida por Antonio Gutiérrez con un elenco de trece
actores y tres subalternos.318
Concluida la férrea dictadura local del general Eustoquio Gómez en julio de 1925, en
septiembre actuó la reconocida cantante española Emilia Benito, conocida como la satisfecha.
Desde la actuación de la cancionista española Carmen Leal, el 6 de mayo de 1922,319 no se
había vuelto a realizar presentación alguna de renombre artístico en la capital del Táchira, la
que había sido sometida a un sitio de terror, persecución, muerte y exilio durante los años más
313
AÑEZ. Ob. Cit. Pág. 275.
314
Ídem. Pág. 181.
315
RESTREPO DUQUE, Hernán. A MI CÁNTEME UN BAMBUCO. Ediciones Autores Antioqueños.
Volumen 28. Medellín. Colombia. 1986. Pág. 227.
316
HELIOS. San Cristóbal. 12 de octubre de 1921.
317
APOLO. San Cristóbal. 17 de noviembre de 1922.
318
APOLO. San Cristóbal. 6 de diciembre de 1922.
319
HERNÁNDEZ CONTRERAS. Cien Años de Historia Tachirense. Pág. 149.
91
320
HERALDO DEL TACHIRA. San Cristóbal. 26 de septiembre de 1925.
321
HERALDO DEL TACHIRA. San Cristóbal. 7 de noviembre de 1925.
322
HERALDO DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 11 de noviembre de 1925.
323
HERNÁNDEZ CONTRERAS, L. DICCIONARIO. Págs. 155,156 y 157.
324
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 6 de noviembre de 1926.
325
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 13 de mayo de 1926.
326
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 15 de mayo de 1926.
327
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 7 de abril de 1927.
328
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 7 de abril de 1927.
92
329
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 6 de febrero de 1928.
330
BROTES. San Cristóbal. 4 de septiembre de 1929.
331
HORIZONTES. San Cristóbal. 15 de febrero de 1913.
332
HORIZONTES. San Cristóbal. 21 de diciembre de 1916.
333
PEÑÍN, J. y GUIDO, W. Ob. Cit. Tomo I. Pág. 490.
93
334
HORIZONTES. San Cristóbal. 16 de enero de 1918.
335
LA LIMOSNA. Rubio. 1° de enero de 1897.
336
MUÑOZ, Arturo G. Ob. Cit. Pág. 66.
94
337
LA LIMOSNA. Rubio. 1° de junio de 1897.
338
MURILLO CHACÓN, Augusto. ECOS DEL RECUERDO. Biblioteca de Autores y Temas
Tachirenses. Tomo N° 45. Caracas. 1969. Pág. 71.
339
HERNÁNDEZ, L. DICCIONARIO. Pág. 114.
340
Ídem. Págs. 94 y 95.
341
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 31 de mayo de 1906.
95
342
MUÑOZ, Arturo G. Ob. Cit. Págs. 66 y 67.
343
RODE, Heinrich. LOS ALEMANES EN EL TÁCHIRA. (MEMORIAS DE HEINRICH RODE).
Traducción de Helga Nietzdche y Carlos Villanueva. Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses. Tomo
n° 106. Caracas. 1996. Pág. 70.
344
Ídem.
345
Ob. Cit. Pág. 75.
96
María Rivera, Telésforo Jaime o Eleazar Guerrero. Algunos se acercaron a los alemanes, e
incluso, un colombiano, Antero García Espinel, también músico, fue factor comercial de las
firmas europeas. Pero en el caso de los alemanes, mantuvieron distancia. Bien lo expuso Rode
en sus Memorias. “En nuestro hogar (una casa de 19 habitaciones en San Cristóbal), a cada
rato, solían venir los amigos; casi ninguna noche pasaba sin que tocásemos buena música; es
que para los alemanes de San Cristóbal, aquella casa era su club, su lugar favorito para
entretenerse.”346
Otros, como los italianos tuvieron sus inquietudes musicales. Trajeron esas luces
europeas, las cuales se arraigaron en la música popular tachirense. Este grupo
estaba formado por agricultores y pequeños comerciantes nativos de Italia,
especialmente de la isla de Elba y por corsos. Estos inmigrantes a diferencia de
los alemanes, participaban activamente en la política local tanto dentro del
partido liberal como en la organización conservadora, se casaban con mujeres
de la región y no pensaban en regresar a Europa.347
Influencia colombiana
Pero indudablemente, otra gran parte de esa influencia es colombiana. De allí llegaron
músicos, maestros, institutores, periodistas, impresores, compañías líricas, elencos teatrales,
posaderos, artesanos, militares, médicos, sacerdotes, diplomáticos, poetas y artistas de
verdadero renombre. Esta combinación de recogedores de café y doctores se plasmó en
bambucos, pasillos, valses, tiples, bandolas, violines y pianos. Toda una conjunción que marcó
con nombres y apellidos esa innegable penetración cultural, expuesta también por Arturo
Guillermo Muñoz indicando que “los maestros, periodistas y profesionales colombianos
sobresalían en las actividades culturales de los principales pueblos del Táchira; ellos dirigían
colegios, escuelas y bandas musicales, editaban periódicos y ejercían sus profesiones de
médicos, farmaceutas y odontólogos.”348
En lo estrictamente musical, los nombres de Julio Quevedo, Secundino Jácome,
Alejandro Fernández, Abel Briceño, Teodosio V. Sánchez, Eleazar Guerrero, Saturio Rangel y
Celso Pérez están vinculados a Colombia, la tierra donde nacieron y desde donde partieron
llevando su savia musical al Táchira, en el que unos se refugiaron dejando en esta tierra sus
restos. En 1889 se comentaba la presencia en Rubio de un “hábil tiplista”, o ejecutante del
tiple, instrumento de gran uso en el acompañamiento de la música popular de ese país,
popularizado entre otros, por el general Francisco de Paula Santander, ejecutante del mismo,
346
Ídem. Pág. 88.
347
MUÑOZ, Arturo G. Ob. Cit. Pág. 67.
348
MUÑOZ, Arturo G. Ob. Cit. Pág. 68.
97
quien se encargó de darle cabida social y difusión349. Este caballero, Antonio Escobar, quien
“ejecutó bellísimos trozos de su repertorio” estuvo acompañado de los señores Bernardo
Murillo, Manuel Santander, quien era a la vez juez del Distrito Junín, y Alejandro Fernández,
joven director de la Banda de esa localidad.350 Luego, se manifestarían las ya reseñadas
presencias de Julio Peñuela (pianista), Simón Domingo Bolívar (director), Julio Angulo Lewis
(violinista), Luis David Villamizar (pianista) y Gabriel Bargalló (cantante).
En 1901, en el Hotel Central se realizó una velada con el músico colombiano Ramón
Lamus G.351 Al tiempo se notaba la presencia en la Banda Sucre de las composiciones del
maestro Celso Pérez, entre ellas el valse La Idea Restauradora, dedicado al periódico
homónimo, ejecutado en las retretas del jueves 16 y domingo 19 de octubre de 1902.352 El
mismo Pérez, instrumentó, por orden del médico, músico y político Samuel Niño, seis
composiciones, las cuales éste obsequió a la Banda Sucre.353
Las remembranzas geográficas de un lado y otro de la frontera eran expuestas por esos
creadores colombianos. Eleazar Guerrero escribió el valse En el Táchira,354 mientras que
Alejandro Fernández compuso la polca La Heroína Cucuteña.355 Otro ejemplo de evocación lo
constituye un valse del mismo Fernández, titulado A Cúcuta.356 El referido Celso Pérez, amigo
personal de Castro y Gómez, escribió la marcha De Tocuyito a Caracas, en alianza musical y
política.357 La Banda del Estado ejecutaría en algunas de sus retretas la machicha bogotana La
morenita;358 la danza María de Rafael Lemoine, integrante del mencionado Cuarteto
Colombiano;359 y de Elías Mauricio Soto se interpretó su clásico bambuco Brisas del
Pamplonita, el bambuco 26 de octubre y el pasillo Mientras los años pasan.360
Además de la influencia en el sector bandístico, la música colombiana penetró por sus
raíces populares. En 1904, Próspero Espinel, colombiano y padre de Miguel Ángel Espinel,
compositor del actual Himno del Táchira, galardonado en 1913, vendía “cuerdas para violín,
guitarra, tiple y bandola,”361 mientras que José Antonio Madero, en su establecimiento
llamado La Lira Colombiana, seguramente en alusión al clásico conjunto dirigido por el clásico
349
PORTACCIO FONTALVO, José. COLOMBIA Y SU MÚSICA. Volumen 2. Bogotá. 1995. Pág. 226.
350
EL MUNICIPIO. Rubio. 16 de noviembre de 1889.
351
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 24 de abril de 1901.
352
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 15 de octubre de 1902.
353
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 19 de noviembre de 1902.
354
LA IDEA RESTAURADORA. Ídem.
355
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 16 de octubre de 1903.
356
ECOS DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 27 de septiembre de 1907.
357
VOZ DEL ESTADO. San Cristóbal. 13 de marzo de 1907.
358
HORIZONTES. San Cristóbal. 19 de octubre de 1912.
359
HORIZONTES. San Cristóbal. 3 de julio de 1919.
360
HORIZONTES. San Cristóbal. 13 de marzo de 1919.
361
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 11 de marzo de 1904.
98
neogranadino Pedro Morales Pino, ofrecía instrumentos musicales que habían sido premiados
en la Exposición del Táchira de 1906.362
De igual manera, las actividades del violinista Julio Angulo Lewis, de la renombrada
pianista Julia Amarís de Blen Muñoz, el reto educativo logrado por el institutor Teodosio V.
Sánchez, además de su febril dinamismo como monitor social como fotógrafo, fundador de
clubes, escuelas, coros, entre otros, marcan una presencia musical que, en el orden popular,
caminaba por las calles de la ciudad, por los campos del café y por los caminos de frontera,
donde se asimilaron, sin mayor esfuerzo los cantos del Cuarteto Colombiano y la actuación del
consagrado barítono Carlos Julio Ramírez.
Con música se hacen las paces. La nota diplomática
Una invasión proveniente de Colombia, comandada por el general venezolano Carlos
Rangel Garbiras, integrada por seis mil hombres de ejército de línea de esa nación, atacó al
Táchira a fines de julio de 1901. Estaba apoyada por el gobierno conservador del presidente
José Manuel Marroquín, quien perseguía deponer al restaurador Cipriano Castro. Fue
derrotada, luego de tres días de combate. En retaliación, el mandatario venezolano auspició
agredir a Colombia por el territorio de la Guajira. Los venezolanos fueron vencidos.
Rotas las relaciones, cerrado el comercio con el país vecino, transcurridos tres años, el
presidente del Táchira, el médico Rafael Garbiras Guzmán, hijo de Arístides Garbiras, auspició
un acercamiento entre ambas naciones. Autorizado por Cipriano Castro, Garbiras Guzmán
viajó a Cúcuta con una comisión conformada por sus inmediatos colaboradores y los también
funcionarios públicos y músicos, José Antonio Villafañe y Belisario Rivera, quienes
constituyeron, en julio de 1904
la primera delegación oficial que viajaba a la vecina nación, luego de los
penosos incidentes de julio de 1901, conocidos como la invasión de los
colombianos, acción bélica comandada por el san cristobalense, el doctor y
general Carlos Rangel Garbiras. Esta comisión, constituida como misionera de
paz, estuvo también integrada por los veintiséis profesores de la Banda del
Estado dirigida por Alejandro Fernández, reafirmando así el principio de que la
cultura une los pueblos.363
Este acercamiento, promovido por el Estado usando el emblema cultural de la banda,
reabrió las puertas a la presencia de las delegaciones consulares colombianas en San Cristóbal,
y viceversa. En marzo de 1909, la corporación musical ofreció una serenata al representante
362
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 1° de mayo de 1906.
363
HERNÁNDEZ L. DICCIONARIO. Pág. 160.
99
364
HORIZONTES. San Cristóbal. 27 de marzo de 1909.
365
HORIZONTES. San Cristóbal. 22 de abril de 1909.
366
HORIZONTES. San Cristóbal. 22 de octubre de 1913.
367
HORIZONTES. San Cristóbal. 21 de julio de 1914.
368
HORIZONTES. San Cristóbal. 7 de agosto de 1919.
369
EL ALDEANO. Rubio. 9 de agosto de 1919.
370
LA PAZ DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 28 de julio de 1888.
371
VOZ DEL ESTADO. San Cristóbal. 1° de enero de 1908.
100
372
EL RENACIMIENTO. San Cristóbal. 27 de marzo de 1909.
373
HORIZONTES. San Cristóbal. 26 de diciembre de 1914.
374
APOLO. San Cristóbal. 20 de julio de 1922.
375
AÑEZ, Jorge. Ob. Cit. Págs. 267 y 280.
376
RESTREPO DUQUE, H. Ob. Cit. Pág. 196.
377
Ídem. Pág. 205.
101
formados en el siglo XIX rechazaron la masificación de arte. Así lo reflexiona el filósofo Félix de
Azúa en su Diccionario de las Artes.
Todos los músicos verdaderos han detestado los discos hasta hace muy poco.
Los músicos anteriores a la generación de Gould (se refiere al pianista
canadiense Glenn Gould, célebre intérprete de Bach) consideraban el disco
como un artilugio sintético al servicio de la plebe. El auténtico entendido sabía
(o sabe) que la música verdadera sólo puede escucharse en vivo y en directo,
sosteniéndose en la vida del intérprete de tal manera que si a éste le da un
ataque, la música muere con él.378
Sin pensar que se trataba de lo que más adelante sería llamado “industria cultural”, los
pueblos de América Latina abrieron sus gustos a marcas en inglés o francés, que invadían las
columnas de los periódicos anunciando sus novedades tecnológicas. Asistieron asombrados a
ese hecho indetenible. Además, como lo sostiene Massiani,
la migración del campo a la ciudad creó las condiciones para introducir la
cultura de masas. El desarrollo simultáneo de la radiodifusión, de los aparatos
para música grabada en discos, y de cine polarizaron hacia otros mundos y
otras expresiones el sentimiento de las gentes.379
El estudioso de la política cultural Ezequiel Ander-Egg, define la industria cultural como
la fabricación, transformación, reproducción, almacenamiento, difusión y
venta a gran escala (con criterios industriales y comerciales) de bienes,
productos y servicios culturales transformados en bienes de consumo social
masivo, gracias al desarrollo de las mass media y de las sofisticadas
tecnologías.380
La consecuencia de la influencia de la industria cultural trajo un punto de comparación
irracional, como pesar en la misma balanza una obertura de Rossini, interpretada por la banda
tachirense, con la versión de los registros grabados por las orquestas europeas dirigidas por
Sargent, Beecham, Knappertbusch o Nikisch. Era absurdo, pero un sector de los llamados
puristas o culturosos de los sonidos se refugió en sus casas, y aún siguen en esa pretensión de
juzgar el mestizo sonido de los músicos latinoamericanos con los arcos teutónicos o romanos
de completas y profesionales orquestas. La industria cultural castró el esparcimiento de la
plaza o del teatro, domesticándolo. Dijeron Adorno y Horkheimer que
cuanto más se fortalecen las posiciones de la industria cultural tanto más
brutalmente puede actuar ésta contra las necesidades de los consumidores y
suscitarlas, orientarlas y disciplinarlas, llegando incluso hasta el extremo de
378
DE AZÚA, Félix. DICCIONARIO DE LAS ARTES. Editorial Planeta. Barcelona. España. 1996. Pág.
227.
379
MASSIANI, F. Ob. Cit. Págs. 23 y 24.
380
ANDER-EGG, Ezequiel. METODOLOGÍA Y PRÁCTICA DE LA ANIMACIÓN SOCIO-
CULTURAL. Editorial Lumen/Humanitas. Buenos Aires. Argentina. 1997. Pág. 63.
102
381
ANVERRE, BRETÓN, GALLAGHER y otros. INDUSTRIAS CULTURALES: EL FUTURO DE LA
CULTURA EN JUEGO. Fondo de Cultura Económica. México. 1982. Pág. 9.
382
Ídem.
383
HORIZONTES. San Cristóbal. 28 de enero de 1905.
384
GONZÁLEZ ESCORIHUELA, R. Ob. Cit. Pág. 40.
385
UNIÓN, PAZ Y TRABAJO. San Cristóbal. 6 de diciembre de 1922.
103
386
HORIZONTES. San Cristóbal. 26 de febrero de 1917.
387
EL ANDINO. Rubio. 9 de mayo de 1925.
388
HERALDO DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 24 de abril de 1925.
389
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 17 de marzo de 1927.
390
DIARIO CATÓLICO. San Cristóbal. 2 de enero de 1925.
391
HORIZONTES. San Cristóbal. 3 de mayo de 1915.
392
EL PUEBLO. San Cristóbal. 13 de marzo de 1920.
393
CIRANO. Colón. 22 de junio de 1926.
394
HERALDO DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 15 de septiembre de 1925.
395
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 12 de mayo de 1927.
104
396
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 20 de septiembre de 1927.
397
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 24 de diciembre de 1928.
398
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 19 de julio de 1977.
399
LA MONTAÑA. San Cristóbal. 5 de octubre de 1929.
400
LA MONTAÑA. San Cristóbal. 17 de diciembre de 1929.
401
VARIEDADES. San Cristóbal. 2 de enero de 1904.
402
EL PUEBLO. San Cristóbal. 3 de diciembre de 1919.
403
HORIZONTES. San Cristóbal. 15 de octubre de 1919.
404
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 22 de junio de 1928.
405
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 24 de abril de 1929.
406
LA MONTAÑA. San Cristóbal. 21 de noviembre de 1929.
105
sonoridad, belleza, etc.” por 525 bolívares.407 En los avisos de prensa se publicaba la letra
completa de las canciones de moda, para mejor conocimiento del público, cumpliendo una
estrategia de publicidad según los cánones de la masiva industria cultural.408
La música venezolana no fue desdeñada por los productores internacionales. Las
grabaciones realizadas en Caracas, luego mejoradas y prensadas en Norteamérica, incluían
selecciones nacionales como Vallecito (pasodoble), Trina Mercedes (foxtrot), El Gaucho y el
Llanero (fantasía), A Bolívar (marcha), Radio de Caracas (one step), Valles de Aragua (joropo),
Jarro Mocho (joropo), Hendrina (bambuco), Brisas del Zulia (valse) y hasta el Himno Nacional
Gloria al Bravo Pueblo. La multinacional Víctor informaba su respaldo a la música criolla,
anunciando que “en el impulso general que últimamente ha recibido el arte nacional, la música
ha mantenido su puesto y ha logrado verdaderos triunfos. La Casa Víctor, en diferentes
ocasiones ha escogido piezas venezolanas para impresionar discos.”409 Estas unidades de 78
revoluciones por minuto se vendían a tres bolívares.410
La empresa disquera norteamericana promovió la creación de música venezolana,
llamando a los compositores nacionales a concursar. En 1929, la Víctor premiaba con mil
bolívares el mejor joropo; mil bolívares para el mejor valse y mil para el mejor pasodoble. Los
autores debían ser nativos del país, y no podían enviar más de una composición en cada uno
de los géneros especificados. El Almacén Americano de Caracas recibiría los sobres con las
obras, atendiendo que los concurrentes poseyeran el derecho de propiedad intelectual,
debidamente registrado en Venezuela de las partituras enviadas al certamen. Recibirían,
además del premio, sus derechos de autor, entregando sus derechos de reproducción a la
Víctor Talking Machine Company. El jurado estaría compuesto por críticos musicales de los
importantes diarios de Caracas y un representante del Almacén Americano, cuya agencia en
San Cristóbal quedaba facultada para recibir la música enviada por los compositores
tachirenses.411
Aunque sea extemporáneo en razón del término conclusivo planteado en esta obra,
1929, sin embargo vale destacar que en la intención de promover la creación de obras
tachirenses, sólo la iniciativa particular a través del Salón de Lectura, fomentó en 1941 un
concurso anual en las modalidades de valse y bambuco, denominados con los nombres de
“Justo Telésforo Jaime” y “José María Rivera”. En esa ocasión, la institución presidida por el
bachiller Ramón J. Velásquez, otorgó los premios al valse Primer Pensamiento de Jesús
407
LA MONTAÑA. San Cristóbal. 20 de diciembre de 1929.
408
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 5 de enero de 1929.
409
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 15 de julio de 1926.
410
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 30 de junio de 1927.
411
LA MONTAÑA. San Cristóbal. 10 de agosto de 1929.
106
Colmenares, y al bambuco Retazo de Cielo de Ricardo Rojas. Dos auspiciantes, la señora Asia
Santana de Pulido Villafañe y el establecimiento comercial Agencia Internacional del
mencionado José Rafael Ibarra, galardonaron respectivamente el valse Juventud Tachirense de
Humberto Morales y el bambuco Cantares de Primavera de Pánfilo Medina.412 En el acto
interpretado por la Orquesta Pro Arte, conducida por Luis Felipe Ramón y Rivera, se ejecutó el
bambuco Brisas del Torbes, estrenado en diciembre de 1939. Los premios por género eran de
cien bolívares cada uno. El escuálido presupuesto de la casa cultural tachirense hacía imposible
competir con las transnacionales del mundo de la música, que luego sirvieron a un interés
completamente ajeno.
412
ÁLBUM DE PROGRAMAS DEL SALÓN DE LECTURA DE SAN CRISTÓBAL. Hemeroteca del
Salón de Lectura-Ateneo del Táchira.
413
AMADO, Anselmo. ASÍ ERA LA VIDA EN SAN CRISTÓBAL. Biblioteca de Autores y Temas
Tachirenses. Tomo N° 1. San Cristóbal. 1961. Pág. 87.
414
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 16 de febrero de 1929.
415
HERALDO DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 20 de junio de 1925.
416
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 26 de agosto de 1926.
107
completa de las últimas creaciones de bailes modernos”, los que impartía en el referido Hotel
Central. También enseñaba a domicilio.417
417
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 23 de junio de 1928.
418
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 29 de mayo de 1926.
419
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 3 de noviembre de 1927.
420
VOZ DEL SIGLO. San Cristóbal. 3 de octubre de 1929.
421
ANVERRE, BRETÓN, GALLAGHER, Y OTROS. Ob. Cit. Pag. 11.
108
musical, las creaciones de las montañas tachirenses jamás se inscribieron en la nueva moda.
Faltarían tres décadas para la grabación del primer disco de música tachirense.
El Estado se rinde ante la industria cultural
El análisis de este factor, producido por las transnacionales norteamericanas y
europeas que invadieron los espacios de recepción pasiva de la música, puede plasmarse en la
nueva actitud del consumo de bienes, de su categoría, de la clasificación de sus destinatarios y
consumidores, además de los vaivenes de la oferta y demanda en razón de gustos. Con la
industria cultural, la cultura comenzaba a ser un vulgar producto que descendía del trono de
las bellas artes para caminar en la senda del dinero, del managment y de las preferencias
individuales.
El Estado no produjo la industria cultural que aquí se analiza. Esta fue el resultado de
los imperios masificadores de la creación artística, enmarcándose dentro de los parámetros de
multitud y tecnología. Los adelantos científicos permitieron la reproducción, la duplicación de
la cultura, la que pasaba a ser doméstica, etiquetándose con el poder de una marca comercial.
Los habitantes del Táchira, como los del mundo entero, cayeron subyugados por
semejante avance que implicaba varios ámbitos de desarrollo. El esparcimiento en vivo
comenzaba a ser atacado lentamente, concediendo el Estado la seguridad jurídica para el
establecimiento de las transnacionales que buscaron hombres prestantes de la sociedad,
hombres de la cultura y de los negocios para abrir las puertas de los inventos a los
maravillados parroquianos, a quienes se les ofreció las facilidades para adquirirlos.
Desde 1926 se cimentó el poder de la industria cultural. Sin contaminantes humos, sus
productos cambiarían rotundamente las formas de pensar y ser de las gentes. Cuando se
escuchó la radio por primera vez en la vieja villa, por su parlante sonó algo más allá de la
dominical retreta interpretada por la Banda Marcial Caracas. Se evidenciaba, sin duda, una
división entre clases. Jorge Bosch, pensador argentino, en su obra Cultura y Contracultura,
expone crudamente esa realidad vivida, dejando una gran duda en su interrogante.
El rasgo estructural más notable de la cultura de Occidente y muy
particularmente de América Latina –hacia el final del siglo XIX y comienzos del
XX, es la escisión; hay un corte tajante entre la cultura de las grandes masas
populares analfabetas o semianalfabetas, y la cultura de las élites. La primera
estaba reducida a lo que se suele llamar folklore: cuentos, leyendas, canciones,
bailes, coplas y estribillos; la segunda estaba imbuida de lo más refinado de la
cultura europea, con importantes componentes científicos y tecnológicos. La
primera era simple, estática y rigurosamente limitada; la segunda era
109
compleja, dinámica y expansiva más allá de todo límite. ¿Cuál de estas dos
culturas definía la “identidad cultural” de América Latina?422
El mundo por surgir sería portador de las noticias inmediatas, del abanico interminable
de ritmos, del fulgor en los deportes, desplazando, en mala hora, la música nacional para
escuchar sones y gustos foráneos. Medio siglo después, el Estado venezolano, en infortunado
momento, pretendió regular mediante decretos, lo que el pueblo no sentía como suyo. La
misión conquistadora de los nuevos almirantes, sin atravesar la embravecida mar como los
imperialistas españoles, había cumplido su cometido. Otra cultura se impuso con la
aquiescencia de los pasivos públicos. Lentamente llegaba la contracultura, y el Estado, en
vergonzosa actitud, le abrió las puertas del virgen paraje. La pretendida “identidad nacional”
quedaría extraviada para siempre.
MÚSICA Y POLÍTICA
La música en el poder
En el caso tachirense que se estudia, una constante permanece en la actividad musical:
la relación de los actores musicales con el poder político. En consecuencia, no por casualidad,
cinco ex presidentes del Táchira fueron músicos profesionales. Integran esta exclusiva lista el
general Cipriano Castro (gobernador constitucional de la Sección Táchira del Gran Estado Los
Andes entre 1888-1890); el general Jesús Velasco Bustamante (1907-1909); el general
Ascensión Niño (encargado de la Presidencia, en su condición de titular de la Corte Suprema de
Justicia del Táchira, entre el 20 y 26 de febrero de 1910); el general Juan Alberto Ramírez
(1925-1929) y el abogado Abigail Colmenares (1937-1938). Esto significa un hecho de
resaltante trascendencia, tal vez único en Venezuela.
La música y el poder político se abrazaron en esta región de manera peculiar. El Estado
interventor en cultura y las formas cómo lo hizo, las partituras, serenatas y veladas dedicadas
al poder, los gobernantes artistas, las disposiciones administrativas, entre otras
manifestaciones, evidencian esta marcada relación, que por peculiares condiciones se dio en
este territorio aislado.
Perdida la autonomía del Táchira por su anexión al Gran Estado Los Andes de 1879,
tres lustros después, cuatro músicos suscribían, en 1894, un documento que exigía la
autonomía del Táchira. Eloy Galaviz, José Antonio Villafañe, Hermenegildo Rivera y Pedro
Telasco Pirela,423 son representantes de los ejecutantes de un arte que trascendía más allá de
422
BOSCH, Jorge. CULTURA Y CONTRACULTURA. Emecé editores. Buenos Aires. Argentina. 1992.
Pág. 176.
423
LA VERDAD. San Cristóbal. 10 de septiembre de 1894.
110
las notas de su atril. El proceso concluyó con la aprobación del anterior estado de cosas, es
decir, la vuelta a la Constitución de 1864 que reconocía la separación entre Táchira, Mérida y
Trujillo. Se evidenciaba, además, una gran indiferencia del Gobierno Nacional hacia la región
tachirense, en tiempos de anarquía, como se exponía detalladamente en 1893.424
Varios músicos fueron activistas políticos y detentaron cargos de decisión. Otros
fueron funcionarios de menor jerarquía, como Antonio María Delgado, fundador de la
Sociedad Filarmónica de San Cristóbal en 1869 y secretario General de Gobierno en 1871,
acompañado del oficial primero, el joven Ascensión Niño.425 Las preferencias políticas de los
artistas eran expuestas en público, como lo hicieron en 1875 Antonio María Delgado,
Ascensión Niño y los hermanos Julio y Felipe Galaviz, prestantes ejecutantes que apoyaban la
candidatura del general falconiano Hermenegildo Zavarce426, máxima autoridad del Táchira
entre 1872-73, a la presidencia de la República, aspiración en la que fue derrotado por el
general Francisco Linares Alcántara.427 Se reflejaba, además, la estrecha relación personal
entre el general Ascensión Niño, director de la Banda de los Cachacos, y el general Antonio
Guzmán Blanco.428
Una peculiar referencia surge en razón de los colaboradores para levantar el obelisco
de San Antonio del Táchira, en homenaje a la celebración del centenario del natalicio del
Libertador. Varios músicos, también funcionarios municipales, colaboraron con tal hecho,
entre ellos los hermanos Eloy, Felipe, Marco Antonio y Nicolás Galaviz. Figura, igualmente, el
general Obdulio Cacique, ejecutante de la Banda Sucre y compositor de la marcha Corazón de
Mármol; el pianista y flautista Carlos Trinidad Pirela Roo y el “empleado municipal” Cipriano
Castro. Curiosamente entre los capitanes de tal movimiento civil de ornato público figura un
residente de esa población fronteriza, “el señor Vicente Gómez”.429
A fines del siglo XIX, en febrero de 1899, previo a la revolución iniciada por Cipriano
Castro, se realizaron elecciones para integrar los cuerpos edilicios. En el caso de Rubio, el
director de la Banda Junín, Alejandro Fernández participó como candidato obteniendo 1.702
votos, integrando el consistorio como suplente.430 En el siglo XX, esta línea de conducta de
actuación de músicos en el espectro público continuó. El general Jesús Velasco Bustamante,
asumió la presidencia del Táchira en los días de la invasión de los colombianos, encargándose
424
EL PATRIOTA. San Cristóbal. 24 de junio de 1893.
425
EL MONITOR. San Cristóbal. 13 de junio de 1871.
426
EL PORVENIR. San Cristóbal. 15 de octubre de 1875.
427
FUNDACION POLAR. DICCIONARIO DE HISTORIA DE VENEZUELA. Caracas. 1997. Tomo
IV. Pág. 332.
428
EL PORVENIR. San Cristóbal. 8 de julio de 1876.
429
EL 27 DE ABRIL. San Cristóbal. 12 de julio de 1883.
430
EL FEDERALISTA. Rubio. 4 de febrero de 1899.
111
431
EL EXPRESO DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 3 de agosto de 1901.
432
EL ESTÍMULO. San Cristóbal. 15 de noviembre de 1903.
433
HORIZONTES. San Cristóbal. 4 de mayo de 1905.
434
HORIZONTES. San Cristóbal. 27 de febrero de 1911.
435
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 20 de abril de 1906.
436
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 28 de abril de 1906.
437
EL EXPRESO DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 3 de agosto de 1901.
438
EL EXPRESO DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 20 de abril de 1901.
439
VOZ DEL ESTADO. San Cristóbal. 24 de diciembre de 1907.
112
440
UNIÓN Y LEY. San Cristóbal. 2 de marzo de 1910.
441
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 24 de julio de 1903.
442
EL EXPRESO DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 23 de marzo de 1901.
443
VARIEDADES. San Cristóbal. 15 de agosto de 1903.
444
VARIEDADES. Ídem.
445
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 5 de julio de 1927.
113
446
UNIÓN Y LEY. San Cristóbal. 3 de noviembre de 1909.
447
ECOS DE URIBANTE. Pregonero. 10 de agosto de 1907.
448
UNIÓN Y LEY. San Cristóbal. 24 de marzo de 1909.
449
EL ALDEANO. Rubio. 1° de octubre de 1910.
450
EL ANDINO. Rubio. 10 de septiembre de 1921.
451
EL CIVISMO. San Cristóbal. 17 de noviembre de 1909.
452
HORIZONTES. San Cristóbal. 29 de abril de 1913.
453
HORIZONTES. San Cristóbal. 27 de enero de 1911.
454
HORIZONTES. San Cristóbal. 30 de julio de 1912.
114
actividades.455 En el caso de la banda oficial, el presidente del Estado, general Pedro Murillo,
dispuso en 1911 la realización de una matinée los domingos, en particular para la asistencia de
los niños y “aquellas personas que por una u otra causa no pueden asistir a las retretas.”456
La dependencia directa de la banda del despacho del presidente del Estado, le permitía
dictar órdenes de actuación de la misma, además de sus habituales retretas semanales y su
participación en fiestas públicas como las efemérides patrias. Era regular su presencia en
celebraciones especiales como actos del poder legislativo, ceremonias de posesión de
mandatarios, fechas patrias de colonias extranjeras, sepelios de personalidades, inauguración
de obras físicas y pronunciamientos políticos, lo cual no ha cambiado aún, transcurrido un
siglo. Inveterada y perniciosa costumbre.
El Estado compone su Himno
En la función de brindarse sus símbolos de poder, el Estado creó sus propios himnos,
paradigmas de “gloriosos recuerdos”, empleados exclusivamente “para las grandes efemérides
de la Patria”.457 En el caso tachirense, se logró en 1879, una partitura compuesta por Eloy
Galaviz con versos del poeta zuliano Arbonio Pérez.458 Se presume, aunque no se ha hallado
documento oficial que lo confirme, la existencia de un segundo canto con letra de Antonio
Ramón González, surgido en la época restauradora. Un tercer himno, es el actual, que data de
1913. Su única intención fue separar la causa rehabilitadora de Gómez de la restauradora de
Cipriano Castro.
El Estado abrió el concurso de “composición de la letra del himno regional”, pues como
lo establecía el decreto de creación
el Táchira necesita de un Himno del Estado para sus actos oficiales, que haga
presente a sus hijos el fuego del amor patrio, la memoria de los grandes
héroes y aliente sus nobles anhelos de alcanzar en el seno de la moral, la
prosperidad y grandeza que nos reserva el porvenir.459
Designado el jurado, éste recibió el secretario General de Gobierno las creaciones
presentadas para ser analizadas. El presidente del Estado, general Pedro Murillo, suscribió el
decreto, refrendado por el secretario General, el pianista, compositor y abogado Antonio
455
HORIZONTES. San Cristóbal. 30 de mayo de 1911.
456
HORIZONTES. San Cristóbal. 24 de agosto de 1911.
457
HORIZONTES. San Cristóbal. 21 de diciembre de 1912.
458
TUERCA Y TORNILLO. San Cristóbal. 29 de marzo de 1913.
459
HORIZONTES. San Cristóbal, 21 de diciembre de 1912.
115
María Delgado Briceño. El término para la presentación de los textos concluía el 1° de abril de
1913.460
460
HORIZONTES. Ídem.
461
HORIZONTES. San Cristóbal. 22 de abril de 1913.
462
HORIZONTES. San Cristóbal. 25 de abril de 1913.
463
HORIZONTES. San Cristóbal. 28 de junio de 1913.
116
464
HORIZONTES. San Cristóbal. 17 de diciembre de 1914.
465
MARTA SOSA, J. Ob. Cit. Pág. 60.
466
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 6 de noviembre de 1903.
467
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 5 de enero de 1906.
468
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 16 de junio de 1906.
469
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 11 de agosto de 1906.
117
Pública de Gómez. Dupla de personajes con intereses y logros comunes, ambos cantados por la
música.
477
RAMÓN Y RIVERA, Luis Felipe. MEMORIAS DE UN ANDINO. FINIDEF. Caracas. 1992. Pág.
89.
478
RAMÓN Y RIVERA. Ídem.
479
VOZ DEL ESTADO. San Cristóbal. 13 de marzo de 1907.
480
ECOS DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 18 de octubre de 1907.
481
ECOS DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 4 de septiembre de 1908.
482
EL ALDEANO. Rubio. 1° de octubre de 1910.
119
Castro. El general Rolando fue llamado por Gómez para formar parte del Consejo de Gobierno
en 1909.483
Juan de Dios Galaviz, compositor del clásico y muy difundido valse tachirense Flor de
Loto, le dedicó al general Celestino Castro el valse Mi Hogar (1905),484 entretanto Francisco
Mariño,485 escribió el valse Zoila Rosa, ante el anunciado viaje de la primera dama al Táchira.
Este compositor fue fundador de la Banda Civil Venezolana, durante el gobierno de Castro.486
Instalado Gómez en el poder nacional, la efervescencia creadora en razón del poder produjo la
marcha militar La bandera de la libertad, obra de Rafael Fossi,487 con la que homenajeó al
mandatario regional Aquiles Iturbe en 1909, curioso personaje que detentó el poder regional
en secreta misión encomendada desde Caracas. Un hermano de Fossi, Roberto, fue célebre
mártir de las cárceles de Gómez.
Para el pacífico general y músico, Juan Alberto Ramírez, el director de orquesta italiano
Luis Felipe Carbonell488 escribió la marcha Viva la Paz, estrenada por la Banda del Estado en
una retreta de julio de 1910.489 Otra marcha, Patria y Libertad, de A. Vera R. sirvió para cantar
las glorias del mandatario regional, general Régulo Olivares en 1911,490 quien después tomaría,
por discrepancias del poder, largo exilio hasta 1935. Un mandatario feroz y progresista, el
general Eustoquio Gómez, fue honrado por el desdichado José María Rivera con la marcha
Honor al General Eustoquio Gómez, interpretada en la retreta de la banda del jueves 20 de
enero de 1916,491 y Ramiro Perich produjo el gran valse Gloria al Táchira, “dedicado al honrado
y pulcro Presidente General Eustoquio Gómez”.492 Irónicamente, en el caso de Rivera, el
personaje al que hacía honor con su humilde partitura ordenó su prisión luego del exilio de los
músicos que huyeron a Colombia en 1919, por lo que debió pagar dos años de cárcel. Definido
opositor del régimen, Rivera fue asesinado en La Rotunda de Caracas en 1926 y enterrado sin
participar a su familia, como lo testimonió su sobrino materno Luis Felipe Ramón y Rivera. Fue
el creador de la danza-bambuco Aires Andinos.
483
FUNDACIÓN POLAR. Ob. Cit. Tomo 3. Pág. 998.
484
HORIZONTES. San Cristóbal. 6 de mayo de 1905.
485
HORIZONTES. San Cristóbal. 24 de junio de 1905.
486
MILANCA, M. Ob. Cit. Pág. 53.
487
HORIZONTES. San Cristóbal. 27 de octubre de 1909.
488
MILANCA GUZMÁN, Mario. LA MÚSICA EN EL TIEMPO HISTÓRICO DE CIPRIANO
CASTRO. Biblioteca de Autores y Temas Tachirenses. Tomo n° 125. Caracas. 1995. Pág. 160.
489
HORIZONTES. San Cristóbal. 7 de julio de 1910.
490
HORIZONTES. San Cristóbal. 13 de julio de 1911.
491
HORIZONTES. San Cristóbal. 19 de enero de 1916.
492
HORIZONTES. San Cristóbal. 17 de febrero de 1916.
120
493
EL PORVENIR. San Cristóbal. 16 de diciembre de 1876.
494
LA VERDAD. San Cristóbal. 25 de julio de 1895.
495
EL EXPRESO DEL TÁCHIRA. Rubio. 9 de febrero de 1901.
496
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 2 de septiembre de 1904.
497
VARIEDADES. San Cristóbal. 29 de octubre de 1904.
498
EL BOLETÍN. Rubio. 30 de septiembre de 1904.
499
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 16 de junio de 1905.
500
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 15 de diciembre de 1905.
501
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 5 de enero de 1906.
502
ECOS DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 19 de octubre de 1906.
503
ECOS DEL TÁCHIRA. San Cristóbal. 18 de octubre de 1907.
121
504
HORIZONTES. San Cristóbal. 27 de febrero de 1905.
505
HORIZONTES. San Cristóbal. 15 de noviembre de 1909.
506
HORIZONTES. San Cristóbal. 1° de octubre de 1909.
507
HORIZONTES. San Cristóbal. 6 de mayo de 1911.
508
HORIZONTES. San Cristóbal. 18 de mayo de 1915.
509
HORIZONTES. San Cristóbal. 11 de noviembre de 1911.
510
HORIZONTES. San Cristóbal. 20 de marzo de 1912.
511
HORIZONTES. San Cristóbal. 24 de septiembre de 1912.
122
cordialidad,”512 como consecuencia de la nueva fecha patria del 19 de Diciembre que desplazó
al “oprobioso” 23 de Mayo restaurador.
La música en la Memoria Anual de los gobernantes
Las acciones del Estado a favor del arte musical fueron destacadas por los presidentes
regionales en sus Mensajes Anuales. La obra realizada originaba prestigio, fortaleciendo la
precaria política cultural ejercida, entendida como el criterio personal de mecenazgo ejercido
por cada mandatario.
En 1903, año en que se inicia la intervención formal y sistemática del Estado en la
cultura musical tachirense, a través del tutelaje de la Banda del Estado, el presidente del
Táchira, Celestino Castro, hizo mención especial a la “Banda Filarmónica” en su mensaje
presidencial ante el cuerpo legislativo.513 Igualmente el compositor, pianista y general Jesús
Velasco Bustamante, expuso, en su condición de músico, un notable comentario en el mensaje
anual pronunciado el 3 de diciembre de 1908, días antes del golpe de Estado de Gómez,
expresando que
el Gobierno, convencido de que el arte civiliza y la música mejora los
sentimientos y depura las costumbres, hace con gusto y sacrificio esa
erogación, (el sostenimiento y fomento de la Banda) porque así se llevan
insensiblemente los pueblos al camino de la Paz e impulsa a un factor que
desde la mas remota antigüedad ha laborado por la mansedumbre de los
caracteres, por la cultura del entendimiento y por las tranquilas faenas que
sólo tienen vida a la sombra del orden y de la regularidad administrativa. Se
subvenciona la Banda Castro establecida en Independencia, y se dotó con
algunos instrumentos a la Banda Junín de Rubio y a la Bolívar de esta capital.514
Es la pretensión clásica de la cultura como factor de corrección de las deficiencias
sociales. Es una tradición griega del pensamiento que el español De Azúa esboza, al indicar que
Aristóteles justificaba la música instrumental aduciendo que ésta expresa los
afectos humanos (lo que hoy llamamos “pasiones”) porque sus leyes, aunque
no responden a la armonía del cosmos, sí responden a la armonía del
microcosmos, es decir, del cuerpo de los mortales. La música expresa una
armonía fisiológica y es buena porque puede servir para la educación del
pueblo y el cuidado de las almas cultivadas (Política, 1340 a, 1342 b). Es un
camino empírico, muy utilizado en la época de mayor expansión musical
europea, en los siglos XVII y XVIII.515
512
HORIZONTES. San Cristóbal. 21 de diciembre de 1911.
513
LA IDEA RESTAURADORA. San Cristóbal. 4 de diciembre de 1903.
514
VOZ DEL ESTADO. San Cristóbal. 9 de diciembre de 1908.
515
DE AZÚA, F. Ob. Cit. Pág. 223.
123
El general Régulo Olivares, presidente del Táchira entre marzo de 1910 y agosto de
1911, ni siquiera aludió en su mensaje anual, a la incorporación del italiano Nicolás Costantino
como director de la Banda, acto que este gobernante impulsó, pero creó la citada Escuela de
Oficios con su cátedra de música regentada por el europeo.516 De la misma manera actuó su
sucesor el general Pedro Murillo, quien sólo expresó en su mensaje de abril de 1913, los
1.865,25 bolívares que se erogaron “para vestuarios, música y otros efectos de la Banda del
Estado”.517 Eustoquio Gómez no hizo el más mínimo comentario sobre la actividad artística
durante sus catorce años de mandato transcurridos entre 1914 y 1925.
516
HORIZONTES. San Cristóbal. 23 de febrero de 1911.
517
EL ALDEANO. Rubio. 5 de abril de 1913.
518
EL TÁCHIRA. San Cristóbal. 18 de enero de 1927. (La primera sede propia de esta institución fue
edificada por el Estado e inaugurada el 24 de julio de 1929, siendo su presidente el Dr. Eduardo Santos,
antiguo enemigo del gobierno de Gómez, luego integrado al Táchira, después de la amnistía de 1925).
519
Ídem.
124
520
SALAZAR, Temístocles. LAS CONSTITUCIONES DEL ESTADO TÁCHIRA. TÁCHIRA SIGLO
XXI. Publicación de la Universidad Católica del Táchira. San Cristóbal. 2002. Pág. 41.
521
MILANCA, M. LA MÚSICA EN EL TIEMPO HISTÓRICO DE CIPRIANO CASTRO. Pág. 249.
522
Ídem. Pág. 248.
125
523
BORJA, Rodrigo. ENCICLOPEDIA DE LA POLÍTICA. Pág. 54
524
Idem.
525
MUÑOZ, A. Ob. Cit. Pág. 289.
126
Ese debilitamiento del impulso privado se expresó mediante una menguada economía,
que se circunscribía a una decreciente cultura del café y su exportación, la ausencia de
industrias y de políticas de desarrollo tecnológico que tejieron una escasa sociabilidad. Estas
causas coartaron las iniciativas particulares. Es un particular tema en cual algunos
investigadores, como Alphons Silbermann emiten opinión científica
Esta forma de arte (la música) es capaz de recibir dignidad y libertad del
hombre para al mismo tiempo evitar con ello el aislamiento, egoísmo,
sectarismo o algo igualmente lamentable, o si estamos dispuestos a seguir a
Confucio, que hace ya muchos siglos declaró que la música, que sale del
corazón humano, está unida a los orígenes de la actitud humana, que por esta
cualidad es socio-formativa, siempre se vuelve a subrayar el hecho –
sociológicamente interesante- de la fuerza condicionante de sociabilidad que
tiene la música.526
El Estado que comenzaba a ser poderoso en virtud del situado constitucional y de su
capacidad arancelaria, creó con Cipriano Castro un Ejército Nacional por virtud de la Carta
Magna de 1901, otorgándole una condición distinta al sentido de coacción. El presidente se
convirtió en un dador de prebendas sociales, en el solucionador de todos los problemas, en el
gran padre protector de la sociedad. Esto limitó la otrora floreciente sociedad civil del Táchira,
convirtiéndose en receptora pasiva de providencias oficiales. En el campo de las bandas
musicales, la dádiva presupuestaria permitió la creación de la Banda del Estado y de una Banda
Municipal dependiente de la Comandancia de Armas, es decir, del estamento militar. Pareciera
surgir aquí la conducta oficial de crear direcciones culturales en todos los órdenes, con el
propósito de complacer vanidades alimentadas opíparamente con la renta petrolera surgida
desde la tercera década del siglo XX.
Único y monopolizador de la creación de símbolos del poder y de la identidad, el
Estado promovió la composición de su Himno, hecho posterior al Escudo al que se le
cambiaron las fechas según los vaivenes políticos. Así como el Escudo indicaba en sus franjas la
“gloriosa” fecha del 23 de Mayo, después de 1908 era obligatorio abolir “tal aberración”,
incorporándole la fecha del 24 de marzo de 1864, error promovido durante los retoques que
hiciera el pintor colombiano Marcos León Mariño, a quien erróneamente se atribuye su
autoría. El canto musical debía ensalzar la nueva era de unión, paz y trabajo, es decir, la
Rehabilitación, el gobierno instaurado por Juan Vicente Gómez. De allí, la letra de Ramón
Eugenio Vargas, “somos libres, las férreas cadenas del esclavo rompiéronse ya; el hogar
tachirense sonríe bajo un sol, todo luz: la igualdad.”
526
SILBERMANN, Alphons. ESTRUCTURA SOCIAL DE LA MÚSICA. Taurus. Madrid. 1961. Pág.
62.
127
trabajos artesanales. Los señores de la sociedad, como fueron llamados, hacían su música en el
club o en la tranquilidad del hogar, complaciendo su sentido de élite.
En este crisol de ambiciones, ascensos sociales, discriminaciones, y la presencia de
arribistas, arrogantes, adulantes, ingenuos, pero también de prestantes artistas, se desarrolló
la cultura musical tachirense entre 1869 y 1929. En el fondo, se persiguió la ejecución de la
música como oficio ennoblecido en razón de la condición social de sus intérpretes, y viceversa.
Esto permitió el desarrollo de la música desde la trinchera pública a través de la Banda del
Estado, quedando la iniciativa particular en la creación de pequeñas estudiantinas, orquestas
típicas, conjuntos instrumentales y la participación del creador musical como compositor y la
aparición de notables intérpretes.
Las referencias a enunciar forman parte del Diccionario de la Música en el Táchira, la
obra publicada por el autor, ya citada.
Intentando hacer una relación cronológica y temática, resalta la figura del general José
Ascensión Niño (c. 1845-1918). Desde 1871 fue oficial en la Secretaría General de Gobierno,
diputado al Congreso Nacional (1876), diputado ante la Legislatura del Gran Estado Los Andes
(1885), presidente de la Junta de Instrucción Pública (1893), secretario General de Gobierno
(1904), juez Superior del Estado (1905), presidente de la Corte Suprema de Justicia del Estado
(1910), presidente Encargado del Táchira (1910), secretario privado del presidente del Estado
(1910), registrador Principal del Distrito Federal (1910) y senador ante el Congreso Nacional
(1913). Amigo de Guzmán Blanco, respaldó la candidatura de Hermenegildo Zavarce a la
Presidencia de la República, dirigió el Partido Liberal del Táchira, sumándose a la causa de
Cipriano Castro para seguir en igual condición con Gómez. Fue director de la Banda de los
Cachacos desde 1876, actuando en las diversas celebraciones públicas del último cuarto del
siglo XIX. Ejerció como profesor de música y canto en San Cristóbal, y conducía en 1907,
algunos oficios musicales en la iglesia de Táriba. Laboró como periodista y editor, participando
como director de los órganos Unión Liberal (1880) y El 27 de Abril (1883). Compuso valses y
bambucos, entre ellos Flor y María. Fue una de las víctimas de la gripe española, falleciendo en
Caracas.
527
POLANCO ALCÁNTARA, Tomás. ESQUEMA BIOGRÁFICO. En PINO ITURRIETA, Elías
(compilador) CIPRIANO CASTRO Y SU ÉPOCA. Monte Ávila Editores. Caracas. 1991. Pág. 31.
130
Alcántara, y su biógrafo, seguidor y discípulo el general Eleazar López Contreras relata que
Castro
fue alumno de la Banda de Música fundada por el gran maestro Consolación
Colmenares, contratado por el Padre Montilla. Allí aprendió el arte y oficio que
le permitió a Cipriano ganarse la vida en sus primeras épocas de exilio en
Colombia, en momentos adversos, para obtener algún otro trabajo.528
Fue admirador de la zarzuela, de la ópera y de la música en general, además del baile.
Fomentó la creación de bandas, entre ellas la del Táchira, auspiciada por su hermano
Celestino, presidente del Estado. Construyó en Caracas el Teatro Nacional y el edificio sede de
la Academia de Bellas Artes, luego Escuela Superior de Música de Santa Capilla. Apoyó las
carreras artísticas del pianista Andrés Delgado Pardo y del barítono Lucio Delgado.529 El
primero de ellos compuso en Italia la ópera I due rivali, la que “simboliza una de las páginas
más hermosas de la historia militar del general Cipriano Castro.”530 La Banda del Táchira,
durante la visita de su esposa a San Cristóbal, en 1906, fue denominada Banda Castro. Con su
nombre también se distinguieron la Plaza Castro de La Ermita, llamada desde 1912 “Páez”, y el
Distrito Castro, conocido como Capacho hasta la reforma constitucional de noviembre de
1909. Protegió al compositor y pianista Sebastián Díaz Peña, y envió compañías de zarzuelas en
giras por todo el país, recibiendo múltiples homenajes musicales por parte de compositores
como el propio Díaz Peña, Francisco Mariño, Alejandro Fernández, Vicente Cedeño y su cuñado
Jesús Velasco Bustamante. Murió en Santurce, Puerto Rico.
528
LÓPEZ CONTRERAS, Eleazar. EL PRESIDENTE CIPRIANO CASTRO. Imprenta Nacional.
Caracas. 1986. Pág. 72.
529
MILANCA, M. Ob. Cit. Pág. 249.
530
PEÑÍN, J y GUIDO, W. Ob. Cit. Tomo I. Pág. 506.
131
presentación de las semanales retretas. Fue solvente pianista, flautista y compositor, creador
de valses, pasillos, danzas, fantasías y bambucos. Sus hijas cultivaron el arte musical, entre
ellos, Delia María, quien estudió en el Conservatorio de París. Murió en Caracas. Su hermano,
el temible mandatario Rafael María Velasco Bustamante (c. 1874–c. 1950), ingratamente
recordado como gobernador de Caracas durante el gomecismo, en el arte musical fue discípulo
del institutor colombiano Ramón Vera Guerrero, en sus tiempos de estudiante del Colegio del
Sagrado Corazón de Jesús de La Grita, dirigido por monseñor Jesús Manuel Jáuregui, en cuya
orquesta se desempeñó como flautista.
siete médicos, ante la conmoción política que surgió, atribuyéndose la autoría intelectual de su
“presunto envenenamiento” por parte de su rival, el general Juan Pablo Peñaloza.
de funcionarios les permitió en sus tiempos libres, motorizar con recitales, retretas y
especiales presentaciones el gusto por la música, de la que fueron agradecidos servidores,
llevando más allá del pentagrama su vocación altruista y su voluntario servicio a la comunidad.
Eloy Galaviz Ávila (1837-1902) encabeza esta lista. Consumado violinista, nativo de San
Cristóbal, formó parte de una musical familia que inició su padre Nicolás Galaviz Maldonado,
gran promotor de la educación, de la imprenta y de otros servicios sociales a la entidad que
aún dependía de la Provincia de Mérida. Los hermanos Galaviz Ávila se destacaron por su
gusto artístico, representado en Eloy, Juan de Dios y Julio Ernesto. Eloy Galaviz aprendió la
música, entre otros, con su padrino y mentor, el merideño Agustín Arias, de cuya orquesta
formó parte. Organizaba recitales en compañía de Ascensión Niño y Diego García en 1877. Dos
años después compuso la partitura del primer Himno del Táchira, declarado oficialmente en
1880, con versos del poeta zuliano Arbonio Pérez. Se presentó al violín acompañado al piano
por Elías M. Soto e integró una pequeña banda con Diego García, Hermenegildo Rivera, Régulo
Bustamante y el general Obdulio Cacique. Escribió una serie de valses, danzas y bambucos bajo
el álbum Guirnalda Musical Tachirense, publicado en 1888, teniendo interés nacional al ser
reseñado por el periódico El Revisor de Puerto Cabello, en 1891. Fue profesor de música y
canto en San Cristóbal, ciudad a la que sirvió desde su municipalidad como administrador en la
década de los ochenta, y como Secretario en 1893. Se oponía a la anexión del Táchira al Gran
Estado Los Andes, suscribiendo este parecer en documento público de 1894. Por su destreza
en el violín fue conocido como el Paganini venezolano. Mantuvo con su esfuerzo propio la
llama viva del ejercicio musical en esta capital donde murió.
Opositor a la anexión del Táchira al Gran Estado Los Andes, integró la directiva regional del
Partido Liberal, siendo uno de los restauradores que llegaron a Caracas en 1899, ciudad en la
que falleció. Fue secretario del Juzgado de Primera Instancia en lo Criminal (1891). Carlos
Trinidad Pirela Roo (c. 1866-1936) era agrimensor público y un notable intelectual. Solvente
dibujante y calígrafo, participó como joven empleado municipal en el grupo contribuyente a la
erección del obelisco de San Antonio, ya referido. Obtuvo su grado de bachiller en 1888, en el
Colegio Nacional de San Cristóbal. Fue docente en la escuela alemana regentada por el
preceptor Teodoro Messerschmidt, en la que se formaban los hijos de los europeos y de las
clases pudientes de la localidad. Ejerció como secretario en el Ministerio de Relaciones
Exteriores (1894), en Caracas, donde obtuvo el título de agrimensor en la Universidad Central
en 1897. Ejerció el cargo de vicerrector del Colegio Federal de Varones en la capital tachirense
(1900), directivo de la Junta Ferial (1904), realiza el embellecimiento de la Plaza Páez y
construye su glorieta (1909), desempeñándose en una oficina de ingeniería. Trabajó en la
construcción de las carreteras nacionales, siendo uno de sus directivos por decisión de su
amigo Juan Vicente Gómez. Inspeccionó los trabajos de la Carretera Trasandina e integró la
Comisión de los Exiliados, supervisando la transición gubernamental entre Eustoquio Gómez y
Juan Alberto Ramírez, además del ingreso de los exiliados tachirenses provenientes de
Colombia en julio de 1925. Como artista, Pirela Roo fue pianista, flautista y director.
Transcribió para la Banda Sucre la Marcha del Toreador de la ópera Carmen en 1903, año en
que dirige la Banda Municipal de San Cristóbal, ciudad donde falleció.
El compositor de los valses Quejas del Alma y Sueño de Artista, el pianista y abogado
Antonio María Delgado Briceño (c. 1869-1921) fue hijo de uno de los fundadores de la
Sociedad Filarmónica de San Cristóbal de 1869, Antonio María Delgado, quien murió en
Guanare en 1903. Bisnieto de la heroína tachirense María del Carmen Ramírez de Briceño,
gran colaboradora del Libertador, Delgado Briceño fundó en Táriba el Liceo Táchira (1899),
dotándolo de una banda, adquiriendo de sus propias expensas los instrumentos. Fue
presidente de la Asamblea Legislativa del Táchira en 1911, año en que también asumió la
Secretaría General de Gobierno, correspondiéndole el honor de suscribir el decreto que
llamaba a concurso para la letra del Himno del Táchira. Se trasladó a Caracas donde se
incorporó a la burocracia oficial.
distinguió como ejecutante del bombardino en la Banda de los Cachacos. Platero de profesión,
término como se conocían a los joyeros, se desempeñó igualmente como escribiente en la
Secretaría General de Gobierno en 1900. Fue primera autoridad civil del municipio San Juan
Bautista entre 1903 y 1904, y encabezó la Junta de Censo Electoral. Acompañó al presidente
del Táchira, Rafael Garbiras Guzmán, en el grupo que hizo las paces con el gobierno
colombiano en julio de 1904, empleando a la Banda del Estado como mensajera de paz, a raíz
de los inconvenientes surgidos desde 1901 con la llamada invasión de los colombianos.
Seguidor de Castro, en el gobierno de Gómez estuvo recluido en el Castillo de San Carlos. El
compositor Alejandro Jácome le dedicó el valse El crisol. Es el padre del director y compositor
Marco Antonio Rivera Useche, titular de la Banda del Estado Táchira desde junio de 1929.
Su hermano Hermenegildo Rivera Cuéllar se distinguió como un notable monitor
social de fines del siglo XIX. En septiembre de 1894, fue uno de los opositores de la anexión del
Táchira al Gran Estado Los Andes. Presidió la sociedad de artesanos “Miranda”, emprendiendo
un programa de alfabetización y clases nocturnas para obreros (1896). Fue periodista en La
Mañana (1890) y La Idea Artística (1892). Ejecutante del flautín, el piano y la guitarra, integró
la Banda de los Cachacos y otros grupos instrumentales, ejerciendo la docencia musical en
1897. Fue el padre del malogrado compositor José María Rivera Carreño, asesinado en La
Rotunda en 1926, y abuelo del compositor e investigador etnomusicológico Luis Felipe Ramón
y Rivera.
Régulo Bustamante Rosales (c. 1858-1909) nativo de San Antonio del Táchira y
ejecutante de la flauta, tuvo una trayectoria como secretario del Concejo Municipal de San
Cristóbal (1887), secretario del Juzgado de Primera Instancia en lo Criminal (1888), secretario
de la Corte Suprema de Justicia del Táchira (1900) de la que fue canciller-procurador, carrera
jurídica continuada con su actuación como defensor de presos en 1903. Fue uno de los
panegiristas de Cipriano Castro, actuando en múltiples recitales y veladas artísticas
promovidas por la sociedad civil, participando con algunas pianistas y cantantes destacadas en
1889 y 1895. En su condición de comandante de Resguardo en el Puerto de La Ceiba, fue
asesinado en 1909.
Sin ser músico, el poeta y abogado Ramón Eugenio Vargas (1876-1949) ha mantenido
gran vinculación por ser el autor de la letra del Himno del Táchira, el tercero de la entidad,
declarado oficial en 1913. Hijo de Ramón Vargas (1853-1921), ejecutante del cornetín de la
Banda de los Cachacos y de la Banda Sucre, Ramón Eugenio, graduado en Mérida en 1900,
publicó por esos días su primer poemario. Su carrera pública fue variada. Actuó como ministro
y presidente de la Corte Superior de Justicia del Táchira (1900), presidente de la Corte
Suprema de Justicia del Distrito Federal (1901), fiscal del Ministerio Público (1908), juez
137
Superior del Estado (1915), presidente de la Asamblea Legislativa (1917), secretario Privado del
general Eustoquio Gómez (1917), hasta su viaje a Caracas en 1918 para ejercer como
secretario del Gobernador de Caracas, el general Juan Crisóstomo (Juancho) Gómez. Actuó en
el periodismo en La Idea Restauradora y ejerció su oficio de abogado.
Del mismo modo, la actividad del empresario local Federico Chacón tiene su
importancia como promotor de cultura, al gestionar las presentaciones de algunos artistas,
entre ellos, la de Luisa Martínez Casado, frustrada en 1904. Gestionó, además, algunas
presentaciones líricas realizadas en 1912, los recitales del violinista chileno Palma en 1915,
además de facilitar los espacios de su establecimiento mercantil El Niágara, para los ensayos
de agrupaciones como la Banda Progreso de Luis Lupi. Fue un entusiasta amigo de los músicos
y difusor de sus actividades.
A este grupo se agregan dos personajes, que tampoco fueron músicos, pero que
tuvieron gran influencia en este particular, como promotores culturales del orden privado.
José María Semidei Gutiérrez (1858-1916), y José Manuel Juan Semidei Sánchez (1865-1926),
mejor conocido como el Dr. Juan Semidei, ambos primos, descendientes de corsos, dejaron
una importante huella de promoción cultural particular. José María Semidei, comerciante,
casado con Rita Elisa Garbiras, hija del médico y ex presidente regional Arístides Garbiras, puso
todo su empeño para culminar la obra emprendida por su suegro desde el último cuarto del
siglo XIX. Inauguró el 1° de octubre de 1904 el Teatro Garbiras, escenario donde se
presentaron las más importantes manifestaciones culturales de todo orden durante cinco
décadas. Entretanto, el doctor Juan Semidei, farmacéutico de profesión, viajó en varias
ocasiones a Europa, siendo festejadas sus salidas y llegadas por conjuntos instrumentales que
actuaban en su residencia. Formó parte del segundo grupo de bachilleres del Colegio Nacional
del Táchira en 1888, en el que se graduaron los músicos Carlos Pirela Roo, Samuel Niño y
Antonio María Delgado Briceño, además del poeta Antonio Ramón González, creador del
segundo Himno del Táchira. Presidió la Junta de Retretas que auspició las actuaciones de la
Banda Sucre, sostenida por los comerciantes de la localidad, la que fue conducida a finales del
siglo XIX por el músico Marco Antonio Castrellón. Se desempeñó en los negocios de
exportación de café, fue agente consular de Francia y representante del Banco de Venezuela
en esta zona.
531
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140
edecán del Libertador, coronel y violinista. Quevedo Arvelo se formó en una variedad notable
de instrumentos, destacándose en el piano y el órgano. Por razones personales, pues estaba
vinculado a la familia Villafañe, vivió en el Táchira. Hay noticias sobre la construcción de un
órgano que hiciera en Michelena, además de la composición de la Misa en Mi bemol Mayor en
honor de la Virgen de la Consolación de Táriba. Su presencia, seguramente motivó el
aprendizaje musical de futuros representantes, como lo expuso Emilio Constantino Guerrero.
Secundino Jácome fue un sacerdote colombiano que laboró en La Grita como
instructor de música en 1856, en documento hallado por la antropóloga Fanny Zulay Rojas.
También es mencionado por Guerrero en libro El Táchira Físico, Geográfico y Humano.
Precisamente en esa ciudad del Espíritu Santo se asentó Ramón Vera Guerrero (c. 1844-1939),
colombiano de Pamplona radicado en el Táchira desde 1864, institutor en La Grita, profesor de
música y cofundador del Colegio del Sagrado Corazón de Jesús con monseñor Jesús Manuel
Jáuregui. Allí formaron a futuros músicos y hombres de notable actuación en la política
venezolana del siglo XX.
del Táchira, premio obtenido por su discípulo Miguel Ángel Espinel en 1913. Continuó su labor
pedagógica con paisanos como la pianista Julia Amarís de Blen Muñoz y el ex cónsul Federico
Rivas Frade. Fue condecorado por el gobierno de Gómez con la Medalla de Instrucción Pública
y la Orden del Libertador en el grado de Comendador. En Caracas prosiguió su tarea
pedagógica en el Colegio de Los Dos Caminos, donde falleció. Compuso el pasillo Lágrimas,
dedicado a la ciudad de San Cristóbal, la que ingratamente lo ha olvidado.
los líderes de la Revolución Liberal Restauradora, proceso político al que cantó efusivamente,
con sus partituras dedicadas a sus hechos y protagonistas. En 1910, de la manera más
indiferente fue remplazado por el músico italiano Nicolás Costantino. Pasó a ser subdirector,
pero no pudo congeniar con su sucesor. Fundó la Banda Táchira, rivalizando con sus antiguos
compañeros oficiales, por lo que fue perseguido y humillado. En mayo de 1913, publicó una
nota en la que demuestra su humildad y pobreza, diciendo que “por encontrarse retirado de la
Banda del Estado, está en actitud de aceptar cualquiera solicitud que se le haga sobre el arte
que profesa, ya sea para dar clases de varios instrumentos, o para dirigir una banda”. Se radicó
en Táriba y con Telésforo Jaime dirigió la banda de esa población. Viejo y enfermo, su antiguo
discípulo y amigo, el general Juan Alberto Ramírez lo nombró mediante decreto, director de la
Escuela de Música de San Cristóbal en 1926. A la salida de este mandatario en 1929, volvió a su
anterior situación de desamparo, falleciendo en septiembre de 1934 en San Cristóbal. Su
catálogo de obras es enorme, superando el centenar, y es lamentable que la casi totalidad del
mismo haya desaparecido por la indolencia e indiferencia de sus sucesores.
CONCLUSIONES
El desempeño del Poder Público en el territorio tachirense en el lapso 1869-1929, fue
ejercido por importantes representantes del arte musical. Bien fuera en el ámbito ejecutivo,
legislativo o judicial, la manifestación política tuvo una innegable connotación artística, y
viceversa. En este término, cuatro ex presidentes de la entidad fueron músicos profesionales.
Valgan los casos de los generales Cipriano Castro, Jesús Velasco Bustamante, Ascensión Niño y
Juan Alberto Ramírez.
Sin embargo, el aislamiento geográfico al que estuvo sometido el Táchira hasta 1925,
permitió la creación de un campo cultural en el que sus protagonistas fueron innegables
actores políticos de la comunidad. Siendo la actividad artística promovida desde el campo
privado, la gran fuerza de la sociedad civil que promovió las inquietudes del espíritu, se logró
durante el término en que el Táchira perteneció como Sección anexada al Gran Estado Los
Andes (1879-1899). Con su capital en Mérida, San Cristóbal pudo vivir una notoria vida
cultural, una singular “autarquía”. Vuelto el antiguo estado de cosas con el restablecimiento de
la Constitución de 1864, que dio autonomía al Táchira, la ciudad de San Cristóbal se convirtió
en el centro de un nuevo poder político que promovió la intervención del Estado.
Gran parte de ese desarrollo cultural, previo a 1899, se debió al gran crecimiento
económico que vivió el Táchira por el auge del café como producto cosechado en la zona, cuya
exportación condujo a la introducción del capitalismo, representado en las casas de comercio
extranjeras que imprimieron gran dinamismo en todos los órdenes. Sentidas las primeras
consecuencias del desplome de este esquema, patentizadas en la anarquía local, la fluctuación
de los precios del producto en los mercados internacionales, sumándose la derrota de
Alemania en la Primera Guerra Mundial, esa bonanza cesó. Su caída, ya sentida en 1895, se
evidenció en el notorio descenso del apoyo que el sector privado daba al arte musical.
Durante ese florecimiento cultural, la sociedad encontró en la música, la única
expresión artística que permitió cohesionar al colectivo. Las presentaciones de los conjuntos
locales en sitios cerrados, y esporádicamente en algunos públicos, motorizó esa expectativa
que originó notoria admiración por sus cultores, quienes formaban parte del estamento
político regional, de la burocracia administrativa y de la incipiente burguesía alimentada por el
efecto mercantil suscitado por las casas extranjeras.
Los músicos vinculados a la política fueron exponentes de la intelectualidad regional.
Provenientes de hogares campesinos y urbanos, los ilustrados afectos al arte, encontraron en
éste un vehículo para la distracción, también para la formación de una urdimbre social de
actores políticos que tenían un lugar común, la ejecución de algún instrumento y la conducción
del mensaje público a través de los periódicos que editaron.
145
menos comprendidas. Las notas musicales elaboraron un sistema de honores que los
gobernantes locales auspiciaron desde 1903. Desde ese momento, los sucesivos gobiernos
regionales han cancelado las subvenciones y las partidas presupuestarias para el
mantenimiento del elenco artístico.
creadas por el Estado, como la Secretaría de Cultura del Ministerio del Trabajo o la Dirección
de Cultura del Ministerio de Educación. El lapso estudiado, 1869-1929, no contempló tal
pretensión, pero en indirecta posición de mecenas, la administración pública tachirense
auspició el orden musical con plena conciencia de los efectos sociales y políticos que causaba.
Paradójicamente, la intervención del Estado en el ámbito cultural surgió en tiempos de
gobiernos arbitrarios. Fue la misma época en que se evidenció la gran fuerza de la sociedad
civil, introduciéndose los nuevos códigos y símbolos propios de la industria cultural que
penetró todos los ámbitos. Podría decirse, que el aislamiento del Táchira originó una
dimensión inusitada de conexión entre música y poder, hecho único en Venezuela. En el caso
regional, se motivó el apoyo a la música en detrimento de las demás artes. Hasta 1960, el
Estado tachirense creó el Instituto Autónomo Estadal de Música, contemplando ciertas
expresiones de las artes visuales y escénicas. Luego, la Dirección de Cultura y Bellas Artes, ente
administrativo surgido en 1978, continúa protegiendo el arte musical, el cual, en proporción,
consume más del 50% del presupuesto general asignado. Es una clara herencia del pasado.
Los dirigentes sociales y políticos de la ciudad de San Cristóbal comprendieron el papel
fundamental del hecho musical, conducido en una época por la iniciativa civil, con actores que
estaban involucrados en la política, pero sin la intervención del Estado. Esto le dio prestancia al
movimiento cultural por la cualidad intelectual, moral y la posición social de esos monitores.
Sin embargo, cuando el Estado intervino, desde la Presidencia del Táchira, sus anteriores
protagonistas se replegaron a la dinámica de los espacios cerrados. A pesar de ello, en ambos
sentidos, se tejió un alto nivel de sociabilidad, compartiendo un mismo destino, un mismo
compromiso a vivir en comunidad, admitiendo el orden político establecido, luchando contra
la opresión que pretendiera imponer, aún a riesgo de su propia integridad física, como lo
expresaron varios elementos en el último quinquenio del siglo XIX, rechazando la anexión del
Táchira al Gran Estado Los Andes.
La estructura política del territorio motivó ese comportamiento. Uno, fue el esquema
del gran dinamismo originado desde el sector particular, cuando el Estado fue indiferente por
indolencia o por negligencia ante el hecho social. Desde Mérida, en el Gobierno del Gran
Estado Los Andes no se manifestó interés alguno de fomentar ese apoyo cultural, debiendo la
sociedad civil crear el suyo propio. Triunfante la Revolución Liberal Restauradora, fortalecida la
coacción del Estado a través del Ejército Nacional y del orden jurídico impuesto, el poder se
hizo cercano en las entidades territoriales, desapareciendo los antiguos feudos. Entonces, el
Estado comprendió su papel ante la cultura, dando énfasis a la música por la peculiar
integración de su orden administrativo, compuesto por músicos de oficio que eran presidentes
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de Estado, tesoreros, jueces, fiscales del Ministerio, secretarios de Gobierno, entre otros
honores y distinciones.
El aislamiento geográfico del Táchira del resto del país, en particular del centro del
poder, Caracas, permitió que sus valores culturales, su estructura social y su conducción
institucional se manifestaran, al igual que la creación de la llamada música popular tachirense,
como el resultado de cuatro grandes influencias que hicieron del Táchira una entidad distinta a
las demás regiones venezolanas. La presencia caraqueña o “centrana”, la llanera, la europea y
la colombiana tejieron eso llamado “tachiranidad”, o la forma de ser-en-el-mundo, Heidegger
dixit.
Esa “tachiranidad”, concepto elaborado por el pensamiento del médico y músico José
Humberto Ocariz, que evoca la religiosidad, el ahorro, la espera ante la cosecha, la vocación
por el poder y la unión familiar, expresada en rasgos como el orden de los alemanes, la
valentía de los llaneros, lo cazurro y malicioso del colombiano y la política aprendida de los
“centranos”, hizo este cuerpo social con sus valores y arquetipos, además de la música
compuesta a partir de un patrón multicultural. Del ámbito musical de Alemania llegó el vals,
hijo del ländler; de Caracas, la síncopa pulsada en el piano; del Llano, el joropo que venció la
Selva de San Camilo; y en las alforjas de los colombianos venían resguardados bambucos y
pasillos rasgados en las cuerdas del tiple y la bandola. Fue un mágico proceso que logró la
conformación social de esa tierra aislada a la que llegaron campesinos, periodistas,
institutores, comerciantes, cebadores de ganado, sacerdotes, masones, políticos, militares y
artistas. Esta mezcla hizo al Táchira, conformando las bases de su música popular, logrando
una serie de valores estéticos, espirituales e individuales de indudable diversidad.
Luego, con el poder asido en sus manos, el Estado impuso su camino a los demás. Una
vía empleada para hacerlo fue la Banda Sucre, convertida por imperio de la Ley en Banda
Oficial o del Estado desde julio de 1903. A ella, el Estado le impuso el nombramiento de sus
conductores, el sostenimiento de sus músicos, la dotación de los implementos necesarios para
su funcionamiento, el rigor de la arbitrariedad, el castigo ante la transgresión, y hasta el
desprecio a que fuera expuesto el oficio de músico, por parte de un colectivo que manifestó su
indiferencia e indolencia, consecuencias inevitables que al paso de los años no ha aminorado
lo suficiente, sin embargo, ese resultado de sonidos se mezcló en todos los ámbitos, en la
diversión popular de festejos esporádicos donde se liberaba el espíritu de una sociedad
oprimida, y en el culto a la divinidad que ha constituido una razón de ser.
El poder prestigió la música y la música al poder. Extraña simbiosis expresada en todos
los elementos que el arte lleva en sí, es decir, en la constitución de una religión civil de
149
símbolos, himnos, escudos, letras, loas y cantos, serenatas políticas y uso de espacios para
expresarla.
En conclusión, durante el período estudiado entre 1869 - año de fundación de la
Sociedad Filarmónica de San Cristóbal y 1929, año de conclusión del gobierno del músico y
general Juan Alberto Ramírez, cuarto presidente del Táchira con esa dualidad especial, a la vez
que tiempo de apertura de la primera sede del Salón de Lectura, icono cultural promovido por
la instancia civil, y época del ascenso de Marco Antonio Rivera Useche como director de la
Banda del Estado – la música representó un hecho social que trascendió el pentagrama. Fue la
expresión más acendrada de un esquema en el cual sus actores políticos, sus decisiones
administrativas y estratégicas estuvieron impregnadas por el culto a esta expresión artística.
Esos protagonistas comprendieron que con el fomento a la música se podía adelantar
socialmente. Ellos tomaron las decisiones que han hecho del Táchira un sitio común, con un
comportamiento político distinto al manifestado en todo el país, cuando la voluntad de su
pueblo no ha sido coartada. La hipótesis desarrollada en este libro marca una ruta en la
investigación particular, en la tarea de hallar científicamente, cual acto heurístico, la razón de
la vocación de sus habitantes por el ejercicio del poder político. Este es, quizás, un camino a
seguir en tal pretensión.
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