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Significado bíblico de Galilea

El documento proporciona información sobre la región de Galilea en Palestina. Galilea era la región más septentrional y fértil de Palestina, rica en agua y tierras fértiles que la hicieron atractiva para los pueblos vecinos. A lo largo de la historia, sus límites y control político han variado. El documento explora el origen del nombre Galilea, la evolución histórica de sus fronteras y gobernantes, desde las tribus bíblicas hasta los imperios que la conquistaron.

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Significado bíblico de Galilea

El documento proporciona información sobre la región de Galilea en Palestina. Galilea era la región más septentrional y fértil de Palestina, rica en agua y tierras fértiles que la hicieron atractiva para los pueblos vecinos. A lo largo de la historia, sus límites y control político han variado. El documento explora el origen del nombre Galilea, la evolución histórica de sus fronteras y gobernantes, desde las tribus bíblicas hasta los imperios que la conquistaron.

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Galilea

Galilea es la más septentrional de las regiones en las que se ha


dividido tradicionalmente Palestina. Las otras dos son Samaria y
Judea. Es también la más pequeña, aunque sus límites han
variado a lo largo de la historia. Es la más fértil de las tres, por la
calidad de la tierra, un más alto índice de lluvias y mayor
abundancia de manantiales, particularmente en la Alta Galilea en
donde nacen algunas de las fuentes más caudalosas del Jordán.
Esto la ha convertido desde la antigüedad en una joya apetecida
por naturales y extraños, fenómeno que se ha repetido en la
historia reciente, como lo ha demostrado el hecho de que, antes
de ser conquistada por la fuerza en la guerra de 1948, el
movimiento judío de inmigración ya la había hecho objeto de sus
preferencias, adueñándose de las zonas más ricas y más
favorecidas por el agua. Hasta el punto de que enseguida, por
doquier desde 1909, en este territorio instalaron granjas
comunales, cuya primera finalidad era el cultivo de la tierra. La
circunstancia de su riqueza natural, unida a la proximidad con
Fenicia y la Siria aramea (pueblos que ejercieron en Galilea una
fuerte influencia en el pasado), y la lejanía de Jerusalén (principal
centro político y religioso del judaísmo antiguo), fueron causas
que marcaron significativamente la historia de esta región y el
talante de sus habitantes. Sin olvidar la in-fluencia de las
condiciones físicas de la región misma.

1. El Nombre

El término Galilea es la versión directa de la palabra griega


galilaia. Pero su origen hay que buscarlo en el hebreo gál7, de la
raíz gálál "algo que gira o es redondo". Aparte de alguna
referencia extrabíblica dudosa, como es el caso de la lista de las
ciudades conquistadas por Tutmosis III, el nombre aparece seis
veces en el A. T. bajo la forma femenina gel7ah, o en plural gellot
para designar un objeto que gira (1 Re 6,34); un objeto redondo o
circular (Est 1,6; Cant 5,14); un círculo, región o distrito geográfico
delimitado, particular-mente de la llanura cercana al
mediterráneo (Jos 13,2; JI 4,4); o del valle del Jordán (Jos 18,17;
Ez 47,8). En la forma masculina galil es nombre común y significa
"círculo" o "región". Y empleado con el artículo definido hag-
galil se refiere siempre a una región del norte de Palestina. En
esta forma es empleado seis veces en el texto hebreo: hag-galil
(Jos 20,7. 21,32; 1 Cró 6,61); `eres hag-galil (1 Re 9,11);
haggalilah (2R 15,29); gelil hag-goyim (Is 9,11). En la forma
arameizada, galila, aparece ya en el siglo III a.C. en los papiros de
Zenón, de donde deriva la forma del gentilicio galilaia empleada
en los LXX y conservada en la versión latina.

2. Origen y evolución histórica

Los límites de la Galilea histórica siguen sin esclarecerse de forma


definitiva, siendo particularmente confusos a medida que nos
retrotraemos en el período veterotestamentario. De ahí que
historiadores y exégetas estén en desacuerdo a la hora de
establecer su localización y de-marcación. Unos la sitúan al
noroeste del lago Semeconitis (el Hule, hoy desaparecido),
formando un pequeño distrito en torno a la ciudad de Quedes.
Para otros la "Galilea de los gentiles" es un distrito cercano a
Fenicia, incluyendo el territorio de Cabul (1 Re 9,11-13), o bien el
rincón más septentrional de la Alta Galilea actual, o una región
situada al noroeste de Galilea. Para A. Alt y su escuela sólo existe
la Galilea que se identifica con la "Galilea de los gentiles" de ls
8,23; es decir -según ellos-, el territorio de las tribus de Zabulón y
Neftalí, y la identifican con la provincia de Megido del período
Asirio. Pero esta afirmación supondría incluir la llanura de
Esdrelón, que creemos nunca formó parte de la Galilea histórica.
También hay quien piensa que la expresión "galil hag-goyim" ("el
distrito de los gentiles") no corresponde a un distrito
administrativo, sino que tiene un significado étnico. No faltan
exégetas que desde una perspectiva Teológica neotestamentaria
le dan al texto de Isaías un sentido más amplio, incluyendo la
parte oriental y occidental del Jordán. En lo que parece haber
mayor consenso es en la apreciación de que la "Galilea de los
gentiles" de Isaías era más reducida que el territorio
comprendido más tarde por el término Galilea que J. G.
Echegaray extiende del Mediterráneo al Jordán, incluyendo
también la llanura de Esdrelón, aunque distingue bien entre la
Galilea geográfica como entidad más amplia y la Galilea política.

El análisis de algunos textos de los libros de la conquista (Jue


1,27-30. 31-33; 4,6-11; Jos 12,23b; I Re 9,11) nos llevan a la
conclusión de que el término Galilea usado en los textos bíblicos
más antiguos correspondía al territorio situado entre la costa
mediterránea y el valle del alto Jordán, limitando por el sur con el
extremo norte de la llanura de Acco y la falda sudoriental del
monte Merón y por el norte con el río Leontes, en los confines de
Tiro. En una palabra, comprendía la alta meseta formada por las
estribaciones del Antilíbano, la región de Tiro, hoy sur del Líbano.
En líneas generales, su perfil exterior se aproxima al de un círculo
en torno del cual había ubicadas una serie de ciudades, en su
mayoría mencionadas en el Antiguo Testamento, particularmente
en los libros de Josué, Jueces y Reyes, y en las fuentes
extrabíblicas egipcias y asirias, aun-que en algunos casos la
localización sigue siendo dudosa todavía hoy. Según esto, el
término Galilea (gala) podría tener su origen en la configuración
topográfica de la misma, o hacer alusión al círculo de ciudades
que la poblaban. El término aparece por primera vez en Jos 20,7 y
21,32 aplicado a la ciudad de Qedes (Qedes hagalif), que los LXX
tradujeron: Kades en te galilaia. Se trata de una ciudad de refugio
perteneciente al territorio de la tribu de Neftalí que formaba
parte del círculo de ciudades al que hemos aludido.

En 1Re 9,11 se da el nombre de Galilea a la región de Cabul, al sur


de Tiro, cercana al Mediterráneo, que comprendía los veinte
pueblos que Salomón dio a Hiram, rey de Tiro, como pago por la
ayuda que éste le había prestado en la construcción del Templo y
de su propio palacio. Esta localización parece confirmarse en
lMac 5,14-23. Y en 2Re 15, 29 se distingue Galilea del país de
Neftalí. Pero es Is 8,23 el primer texto en el que el término gel?
incluye explícitamente la heredad de las tribus de Zabulón y de
Neftalí forman-do una unidad territorial, a la vez que se
menciona el camino del mar como lazo de unión de ambas. Como
se verá más adelante, esta demarcación se aproxima, en términos
generales (excepción hecha de la margen izquierda del Jordán), a
la Galilea del siglo 1 descrita por Flavio Josefo (GJ III, 35-40).
Además, se la califica de pagana (gélil hag-goyim) (Galilea de los
gentiles). En efecto, hasta la conquista de la misma por Aristóbulo
1 (104-103 a.C.) fue de hecho una región pagana, con es-casa
población judía (1 Mac 5,21-23), particularmente desde la
conquista de su territorio por Tiglatfalasar III, rey de Asiria (732
a.C.), quien, además de deportar a muchos de sus habitantes,
convirtió la región en una provincia asiria con el nombre de
Megido (2Re 15,29; ANET, p. 283s).

Hasta ese momento, el territorio de Galilea había estado


habitado por pueblos cananeos con los que se mezclaron las
tribus de Israel que se establecieron en el norte a mediados del
segundo milenio a.C.: Zabulón, Neftalí y más tarde Dan. Los
territorios de Aser, al oeste, y de Isacar al sur, no formaron
propiamente parte del territorio de la Galilea Bíblica, o a lo sumo
sólo parcialmente; aunque hay autores que las incluyen.

De todas formas no puede asegurar-se, con certeza, cuándo el


nombre "Galilea" abarcó la zona sur de Neftalí y Zabulón,
conocida más tarde como Galilea Baja. Existe el hecho de que
bajo los persas (o bajo los tolomeos) la ciudad de Megido dejó de
ser el centro administrativo. Este simple hecho pudo ser
suficiente para que la región perdiera también el nombre de
provincia de Megido y recobrara el nombre de Galilea que, como
ya se ha visto, se aplicaba con anterioridad al menos a una parte
de la región norte. Con mayor razón si el centro administrativo
pasó a Hazor ciudad situada en la zona norte conocida ya como
Galilea en tiempos de la Monarquía. En el año 259 a.C.
encontramos a Galilea mencionada dos veces en los Papiros de
Zenón (Corp. Pap. Jud., vol. I, 2, 18 y 22). Y, algo más tarde, el
libro de Tobías (1,2) distingue ya la "Galilea Superior", lo que
obliga a presuponer la existencia de una Galilea Inferior, como
confirmará Flavio Josefo escribiendo en el siglo 1. En cuanto a la
frontera sur, debe excluir-se de Galilea la llanura de Esdrelón, que
durante el período de los lágidas y seléucidas fue territorio real,
como posiblemente lo había sido ya en otro tiempo en algún
momento de la monarquía israelita (1 Re 18,45.21,1). En todo
caso está claro que en el siglo II a.C. se distinguía Galilea de la
llanura de Esdrelón y del territorio de Tolemaida, al oeste (1 Mac
12,47.49; Jdt 1,8).

En el año 198 a. C. Antioco III conquistó Palestina y en el nuevo


sistema administrativo de los Seléucidas la región de Galilea del
período Tolomaico pasó a formar parte de la provincia de
Samaritis (Samaría) (1 Mac 10, 30. 38; 11, 28; Ant. 13,50). Fue
también entonces (probable-mente al ser creada la eparquía de
Fenicia) cuando quedó establecido definitiva-mente el límite
norte de la Galilea política a la altura del lago Semaconitis (lago
Hule), pues a partir de la línea de dicho lago hacia el norte todo el
territorio de Tiro y Paneas con la Alta Galilea de Tb 1,2 y la
Gaulanítide pasaron a formar parte de la eparquía de Fenicia. Por
occidente se creó la eparquía de la Paralia que com-prendía toda
la región costera desde Apolonia a Tolemaida (Acco), incluida la
llanura oriental norte de esta ciudad.

Pero la distribución territorial de los seléucidas cambió,


parcialmente al me-nos, con la conquista de la Baja Galilea por el
asmoneo Aristóbulo 1 (104-104 a.C.) quien, además de evitar que
los Itureos se apoderaran de la región, en la que ya habían
entrado, la anexionó al recién creado reino Asmoneo. Su reinado
no duró más que un año, lo que hace más relevante la rapidez de
su conquista y los resultados conseguidos en su campaña de
judaización, poniendo a los nuevos súbditos en la disyuntiva de
circuncidarse y practicar la ley judía o abandonar sus tierras.
Alejandro Janneo, su sucesor, amplió la conquista al valle del alto
Jordán y la región oriental de éste, siguiendo la táctica de
judaización de Aristóbulo, su hermano (Ant. 13,395).

En el invierno del 64-63 a.C. Pompeyo llegó a Damasco (Ant, 14,


34.38) y fundó la provincia de Siria con lo que había sido el reino
Seleúcida. Y en el año 63 a.C. conquistó Palestina que quedó, en
cierto modo, incorporada a Siria. El nuevo período de la historia
de Palestina que se iniciaba entonces terminaría siendo uno de
los más trágicos de la historia judía, debido en buena parte a la
actitud intransigente de grupos subversivos de Galilea frente a la
dominación romana. Su hostilidad nacía de un nacionalismo
exarcebado unido al fanatismo religioso de un judaísmo todavía
joven en la región.

La reforma administrativa de Pompeyo siguió la línea de los


lágidas y seléucidas. Con gran visión política dio un nuevo
impulso a la helenización como medida de resistencia contra
posibles nuevas reacciones de la población indígena semita. Las
ciudades helenistas que habían caído bajo la dominación
asmonea recobraron su libertad; Samaria y la llanura de Esdrelón
quedaron independientes, y el Carmelo fue cedido a Tolemaida
(Ant. 13,335). De esta forma Galilea quedó aislada
territorialmente de Judea, Idumea y Perea con las que, sin
embargo, siguió unida políticamente (GJ I,155s).

Años más tarde (57-55), tras la victoria sobre Alejandro hijo de


Aristóbulo, Gabinio, gobernador de Siria, emprendió una nueva
reforma administrativa del reino judío, entre otras razones para
debilitar más la ya escasa fuerza del mismo. A este objeto lo
dividió en cinco distritos, nombran-do cinco Consejos
Administrativos (Ant. 14,91; GJ 1,170). El centro administrativo de
Galilea le correspondió a Séforis "ciudad de Galilea", que se
convirtió en la capital de la región, llegando a ser una de las
ciudades más importantes de Palestina. Los consejos funcionaban
bajo el control del Gobernador de Siria, de la que eran tributarios
(Ant. 14,74).

Esta situación cambió tras la victoria de Cesar sobre Pompeyo en


Alejandría, gracias también a la ayuda de los judíos que Cesar
supo recompensar reunifican-do de nuevo el estado judío y
nombrando etnarca del mismo a Hircano II. Les cedió la llanura
de Esdrelón y Galilea recobró cierta autonomía. Tendría un
gobernador, el joven Herodes, nombrado por el mismo Hircano el
año 47 a.C. Al año siguiente Herodes recibiría de Roma, además,
el cargo de estratega de Celesiria. Cuando Herodes se hace con el
trono, poniendo fin al reino asmoneo (37 a.C.), la situación
política de Galilea continuó siendo prácticamente la misma.
Séforis siguió siendo el centro administrativo de la región al ser
ésta convertida en una meris que agrupaba cinco toparquías: una
en la zona norte (la Alta Galilea) y las cuatro restantes en la
Galilea Baja (GJ 11,252). La llanura de Esdrelón siguió como
dominio real, siendo administrada por Herodes Antipas a la
muerte de su padre, de quien heredó la Galilea y la Perea.

Con Herodes Antipas la función administrativa de Galilea pasó de


Séforis a la ciudad de Tiberias fundada por él en el año 18 d.C.
(Ant. 18,2.36.38; GJ 11,168) Pero desterrado Herodes Antipas por
orden del emperador Calígula en el año 39, Galilea pasó a formar
parte del reino de Herodes Agripa 1 (41-44) (Ant. 19,351; GJ
11,215). Y en el año 61, Nerón cedería a Agripa II (último rey de la
dinastía Herodiana) la parte oriental de Galilea; es decir, las
toparquías de Tiberias y Tariquea, (Ant. 20, 159; GJ 11,152). La
otra parte fue incorporada al territorio administrado por el
Procurador de Judea, al cual se añadiría también la zona oriental
a la muerte de Agripa II. Sin embargo, con motivo de la nueva
división de la Palestina, subsiguiente a la primera Guerra Judía,
Séforis y Tiberias fueron favorecidas con la categoría de ciudades
estado, conforme a la nueva política administrativa impuesta por
Vespasiano, y como recompensa a su actitud pacífica hacia los
dominadores. Ambas ciudades se repartían, más o menos por
igual, el territorio de la Baja Galilea, aun-que siempre dentro de
la provincia romana de Judea. La Alta Galilea quedó fuera de este
nuevo sistema de administración urbana, como estado imperial,
administra-do por un representante del Gobernador de la
provincia. Más tarde se le daría el nombre de Tetracomia.

Estas últimas transformaciones las vivió el historiador judío Flavio


Josefo, buen conocedor de la región, pues le tocó preparar la
defensa de la misma contra la invasión romana iniciada por
Vespasiano el año 66 d.C. De ahí que, aunque con alguna reserva
respecto de algunos detalles, la descripción que él hace de los
límites de Galilea, como entidad geográfica, no política, sea, en
términos generales, alta-mente creíble y de gran interés para el
Nuevo Testamento por su contemporaneidad, en términos
generales, con la com-posición de los evangelios sinópticos. La
Guerra Judía en griego debió ser publica-da entre el 75 y el 79 de
nuestra era, según la crítica.

Josefo describe los límites de toda la Galilea en los siguientes


términos: al oeste limita con Tolemaida (Acco) y el Carmelo; con
Samaria y Scitópolis (Bet Sheán) por el sur; por oriente con Hipo,
Gadara y la Gaulanítide y por el norte con Tiro y su territorio (BJ
III, 3,35-40). Distingue luego dos Galileas, la Galilea Superior y la
Inferior, y a continuación precisa: "La llamada Galilea Inferior
llega en longitud [este-oeste] desde Tiberias hasta Cabul, que en
la parte costera está próxima a Tolemaida, y en ancho [sur-norte]
se extiende desde la aldea llamada Xalot, en la Gran Llanura,
hasta Bersabé". Esta última referencia, donde según Josefo
comienza la Galilea Superior, es hoy de difícil identificación,
aunque por otros indicios probablemente haya que colocarla
aproximadamente a la altura del desaparecido lago Hule, al norte
del Mar de Galilea. Respecto de la Alta Galilea, Josefo dice que su
longitud alcanza "desde Tela, una aldea cercana al Jordán, hasta
Merot". Tela podría identificar-se con la aldea árabe de el-Teleil,
al suroeste del lago Hule.

Todavía da otras referencias bastante precisas, pero nos basta con


esto para caer en la cuenta de que el territorio delimitado por el
historiador, en cuanto es posible apreciar, corresponde con las
suertes de Zabulón y Neftalí descritas en Jos 19,10-16 y 32-39.

Aunque Josefo dice limitar con Sama-ría por el sur, de hecho


señala como punto más meridional de Galilea la aldea de Xalot,
en la Gran Llanura, que hoy la crítica identifica con Iksal, pueblo
cercano al actual Dabbúriye en la base occidental del monte
Tabor y, por consiguiente, en el extremo norte de la llanura de
Esdrelón, al pie de los altos que separan a esta de Nazaret. Esto
significa que la llanura no en-traba dentro de los límites de
Galilea y sí podía estar unida a Samaría, como de he-cho lo
estuvo en ocasiones. En cambio, parece claro que históricamente
la llanura de Esdrelón no formó nunca parte de Galilea, si
exceptuamos el período de la dominación asiria durante el cual
formó parte de la provincia de Megido.

Como primera conclusión, parece que el nombre Galilea, de


origen más o menos oscuro, terminó aplicándose, probablemente
hacia el siglo VIII o VII a.C., a un territorio con fronteras definidas
que apenas variaron a pesar de los cambios políticos a los cuales
se vio sometida repetidamente la región.

Los últimos cambios administrativos del período Romano en


Palestina fueron llevados a cabo por Septimio Severo (200 d. C.) y
por Heliogábalo (221 d. C.), pero, según el testimonio de Eusebio
(Onomásticon. E. Klostermann, Hildesheim, 1966, 72,18), parece
que no afectaron a Galilea. Aunque el texto de Eusebio presenta,
es cierto, algunas variantes. El Talmud divide Galilea en tres
partes con límites algo distintos a los establecidos por Josefo,
pero la división del Talmud, además de ser tardía, no responde a
una visión territorial geográfica ni política de la región (Cf. A.
NEUBAUER, La géographie du Talmud, Paris 1868, p.178ss).

3. Geografía

Actualmente Galilea se extiende des-de el río Jordán al


Mediterráneo y desde los montes de Samaría al confín con el
Líbano, incluyendo, por consiguiente, las llanuras de Esdrelón, de
Haifa y Acre (la antigua llanura de Tolemaida). En la siguiente
descripción prescindiremos de las mismas, limitándonos
únicamente al territorio que en su tiempo constituyó la Galilea
histórica bíblica, particularmente en el período del Nuevo
Testamento, por ser, de los antiguos, uno de los períodos más
importantes, en el que aparecen sus límites mejor definidos y del
que disponemos mayor información.

3.1. Límites

En el siglo 1 Galilea llegaba, por el norte, hasta el río Litani y la


base del monte Hermón; por el oeste limitaba con el territorio de
Tiro y la llanura costera; por el sur con la llanura de Esdrelón; por
el este con el Jordán y la orilla oriental del lago Genesaret,
también llamado mar de Galilea. Desde antes del período del NT
el territorio de Galilea se dividía en dos: Galilea Superior o Galilea
Alta y Galilea Inferior o Galilea Baja. La línea divisoria, aunque no
es muy precisa, arrancaba aproximadamente desde el sur del
pequeño lago Semeconitis (Hule) y seguía hacia occidente pasan-
do por la ladera sur de los montes Meirón y Heider hasta el límite
oriental de la llanura costera.

3.2. Geología

Galilea es una región con formaciones entremezcladas de


diversos períodos. La zona central montañosa es del Cretáceo
tardío. La llanura de la alta Galilea y los valles de el-Halzun, el-
Battof y Yiftael, en la baja Galilea son de origen aluvial. En el
extremo suroccidental de la Baja Galilea y al noroeste y oeste del
lago Genesaret hay formaciones del Eoceno, y basaltos y lava
volcáni:a del Pliocéno en el entorno del lago de Genesaret. Este
lago que no es otra cosa que un ensanchamiento del río Jordán,
de agua dulce por consiguiente, es el resultado de una falla
tectónica que desde el valle del río Orontes, en Siria, desciende
por la Beqaa, en el Líbano, se prolonga hacia el sur a todo lo largo
del valle del Jordán y el mar Muerto y, pasan-do por el mar Rojo,
continúa hasta la región de los lagos en Kenia y Tanganica. Este
hundimiento tuvo lugar en el período Terciario.

3.3. Orografía

La Alta Galilea está constituida por la llanura del hoy desecado


lago Hule (-2 m.) situado en una zona basáltica entre las alturas
del Golán (la Gaulanítide), al este, y la zona montañosa de la alta
meseta del Antilíbano. En este macizo, de la era Terciaria,
destacan alturas superiores a los 1000 m., como el Yebel Germaq
(en heb. Har Meirón) (1208 m.), el más alto de Palestina; el Yebel
Adatfr (Har Addir) (1006 m.) y el Yebel Heider (Har Haari) (1047
m.) que en caída rápida hacia el valle de Bet ha-Kerem señala el
límite con la Galilea Baja. La llanura del Hule toca, por el norte, la
base suroccidental del monte Hermón, y, siguiendo el curso del
alto Jordán, desciende desde Tel el Qadi (antigua ciudad de Lais-
Dan), hasta sobrepasar, al sur, la zona del pequeño lago que le ha
dado nombre. La abundancia de agua de las fuentes y curso alto
del Jordán convierten esta llanura en una de las más fértiles del
país.

La Baja Galilea se inicia por el norte donde termina la Alta Galilea


y en cadencia descendente se extiende hasta las colinas del sur
de Nazaret dominando sobre la llanura de Esdrelón. Está surcada
por una serie de cuatro cadenas de bajas montañas que la
recorren de este a oeste alternando con otros tantos valles en la
misma dirección. El relieve resultante de la formación geológica
tiene, pues, una configuración distinta a la del centro y sur de
Palestina donde las formaciones montañosas se orientan
preferentemente de norte a sur. La fractura entre ambas
formaciones es la llanura de Esdrelón (Yizre'el) y tuvo lugar en el
Pleistoceno. Los montes más elevados de estos pequeños
sistemas son el Hazon (584 m), en la cadena norte, Neto fa
(526m), Turán (548 m) y Nebi Sa'in (488 m) en Nazaret, por no
citar más que los más destacados de cada una de las cuatro
cadenas montañosas siguiendo un orden descendente de norte a
sur. Al este del grupo orográfico de Nazaret está, aislado, el Tabor
(Yebel et-Tur) (588 m) que se adentra un poco en la llanura. Al
este del monte Tabor la línea Límite de Galilea desciende en
dirección su-reste hasta el río Jordán, colindando con la llanura
de Bet Shean. Entre las llanuras de la Baja Galilea, todas de
origen aluvial del cuaternario, destacan por su extensión Sahel el-
Battóf (heb.: Biq'at Bet Netofa) y Emeq Yiftahel (Sahel Turán),
ambas en la zona central. Al este se encuentra la depresión del
río Jordán del período Terciario. El curso del Jordán y la margen
oriental del lago Genesaret constituyen el límite natural de
Galilea por el este.

3.4. Hidrografía

Galilea es la región de Palestina más húmeda y con mayores


recursos de agua, particularmente la Alta Galilea. Ello es debido a
su orografía y a una mayor abundancia de precipitaciones en su
territorio y en las regiones vecinas del Líbano y Siria. Destaca el
río Jordán formado por los afluentes Banias, Leddan, Hasbani y
Bareigit, que se alimentan de las abundantes nieves del monte
Hermón (2.814 m) de cuya base brotan todas ellas. Las dos
últimas en territorio del Líbano. A lo largo de su recorrido el
Jordán acrecienta su caudal con el agua de algunos riachuelos y,
durante la estación de las lluvias, con la de numerosos wadis
(torrentes) que vierten en él sus aguas, tanto por la margen
derecha como por la izquierda. En las laderas del Yebel Hunin y
Qades, al oeste de la llanura de la Alta Galilea nacen las fuentes
Daheb, Balata, Gahula y Mellaha a las que hay que añadir los
wadis Farah y el-Waqqas, que desembocaban en el lago Hule
antes de la desaparición de éste.

La Baja Galilea cuenta con numerosos manantiales; eso sí, menos


caudalosos que los de la Alta Galilea. Hacia la cuenca del lago
Genesaret (-210 m) vierten los wadis el-Amud y el-Hamam, que
desembocan en el noroeste del lago; Ain et-Tabiga (Tabga) ("siete
fuentes", hoy sólo manan seis), que nacen en la margen
noroccidental del mismo lago, a pocos metros de la orilla, cerca
de Cafarnaúm. Mas al sur hay que contar al menos otras cuatro
fuentes y los wadis Feggas y el-Bire (Heb.: Nahal Tavor). Estos
desembocan ya en el Jordán, señalando el segundo
aproximadamente el límite sudoriental entre Galilea y la llanura
de Bet Shean. En el interior se cuentan numerosas fuentes, todas
de bajo caudal. Entre ellas la de Hattin, en la ladera del monte de
su mismo nombre; 'Ain Saffuriye y la Fuente de María en Nazaret.
Finalmente conviene nombrar el wadi el-Hasab (heb.: Nahal
Shezor), al norte, y el wadi el-Melek (heb.:N. Yiftahel) que recoge
las aguas de los valles centrales.

3.5. La Economía

En medio de un clima mediterráneo suave, en el centro, y


semitropical en el lago, la riqueza principal de Galilea fue siempre
la agricultura. La tierra y las condiciones climatológicas
convierten a esta región en un vergel si se la compara con Judea.
Para el siglo 1 el mejor pregonero de estas excelencias es el
historiador Flavio Josefo, quien a este propósito escribe: "Este
país -refiriéndose a Galilea- es muy fértil, y tiene abundantes
pastos y tal variedad de árboles, que incluso la persona que no le
gustara la agricultura se sentiría atraída a trabajarla por estas
ventajas"(GJ 111,42). Hasta tal punto que -según el mismo
historiador- en el siglo 1 no había en Galilea un palmo de tierra
sin cultivar (GJ 111,43). La entusiasta exageración de Josefo viene
refrendada por el Talmud (Megi//ah, 6 a y Berakhot, 44, a). Sin
duda las bendiciones de Moisés a las tribus del norte (Dt 33, 18-
19 y 23-24) tienen mucho que ver con esto. Nunca, ni siquiera en
verano, falta aquí la humedad del refrescante rocío nocturno del
Mediterráneo y del monte Hermón. La riqueza en frutos era
particularmente notable en las márgenes del lago Genesaret, y lo
sigue siendo. Josefo, hablando de esta zona del lago, menciona
los nogales, las palmeras, las higueras y viñedos, y añade: "A
causa de su fertilidad esta tierra no rechaza ninguna planta, y los
agricultores cultivan en ella de todo, pues la temperatura suave
del aire es apta para diversas especies" (GJ 111,516-519). Hoy
sabemos que esto es cierto, pues, sin dejar de cultivarse los
frutales anteriormente citados, modernas experiencias con el
pomelo, el plátano, el aguacate y el mango están dando
excelentes resultados. Junto a los campos de trigo y cebada,
abundaban en Galilea las plantaciones de olivos (Dt 33,24),
particularmente en el interior, siendo el aceite una de las
principales riquezas de la región, muy apreciado incluso fuera de
sus fronteras. También se cultivaba el lino. La Misná menciona la
industria de vestidos de lino hechos por las mujeres de Galilea
(BQ 10,9) y el Talmud de Babilonia comenta la alta calidad de
telas de lino tejidas por ellas (Baba Kama, 119 y Bereschith
rabba, 20). Tampoco faltaban bosques donde crecían el roble, el
terebinto y el sicómoro. A la riqueza agrícola añádase la pesca de
lago importante para el consumo interior y para la exportación.
Al menos de Tariquea (Magdala) sabemos por Josefo que tenía
industria de salazones para la exportación.

3.6. La población
No es de extrañar, por consiguiente, que siendo en la antigüedad
la región más rica de Palestina, fuera la más poblada. La
investigación arqueológica está poniendo de manifiesto la gran
cantidad de núcleos de población existentes en Galilea,
particularmente durante los períodos Romano y Bizantino. Junto
a las poblaciones que han subsistido hasta hoy, otras muchas
yacen en ruinas bajo el polvo. La arqueología en este caso no
hace sino corroborar el testimonio de las fuentes antiguas. El
historiador Josefo afirma que esta región "tuvo siempre una
población numerosa" (GJ III, 42-43). Por poner un caso: sólo en el
entorno del lago Genesaret yacen hoy en ruinas o sepultadas no
menos de once poblaciones, de las cuales sabemos que en el
siglo 1, además de tener una densa población, algunas
disfrutaban de una economía floreciente. Baste recordar, sólo en
la margen derecha del lago: la Tiberias de Antipas, Magdala, Bet-
Yerak, Cafarnaum, Korozain, Arbela, Amatus, etc. Este panorama
se repite en zonas del interior. Por ejemplo, Quedes y Giscala, en
la Alta Galilea; y Séforis, capital de Galilea hasta el año 19 d.C. y
de nuevo más tarde, a sólo 5 km. de Nazaret, está siendo en este
momento un interesante campo de investigación arqueológica. Y
como ésta, Kefar Hanania, Akabara, Gaba, Selamis, Arbel, Qana y
tantas otras todavía sepultadas. Muchas de estas ciudades o
pueblos gozaron de prosperidad en aquellos siglos. Véase,
finalmente, para el período del AT, las listas de ciudades
fortificadas que se citan en Jos 19,10-39; y para el NT las citadas
por Flavio Josefo en diversos pasajes de sus obras y en los
evangelios. Más otros muchos núcleos históricamente
desconocidos y que la arqueología de campo sigue localizando.

3.7. Comunicaciones

Galilea estuvo siempre bien comunicada' en su interior y con los


pueblos o países de su entorno, no tanto con Sama-ría. Por ella
cruzaban rutas internacionales tan importantes como la que unía
Egipto con Siria y Mesopotamia, o el Mediterráneo con Damasco.
La primera se bifurcaba en la llanura de Esdrelón, y uno de los
ramales se dirigía hacia el norte bordean-do el monte Tabor y
atravesando Galilea por el interior, mientras que otro, atravesaba
la llanura hasta Scitopolis (Bet Shean), y desde allí seguía después
hacia el norte por el valle del Jordán y, bordeando el margen
occidental del lago de Genesaret, subía hasta Hazor para
continuar por el valle de la Beqaa, ya en el Líbano. Un tercer
ramal se desviaba desde las proximidades de Hazor en dirección a
Damasco, cruzando el Jordán a la altura del puente de las Hijas de
Jacob, en el curso medio del Jordán. La otra vía importante unía
Damasco con el mediterráneo a través de la Gaulanítide
descendiendo hasta el lago Genesaret y, tras bordear su ribera
norte y noroeste, atravesaba por el centro la Baja Galilea
siguiendo el valle de Yiftael, hasta llegar a Acco, en la costa
mediterránea. Esta ruta es, creemos, la famosa Via Maris a la que
se alude en ls 8,23, recordada, ya en la era cristiana, por Rashi y
San Jerónimo, y que no tiene nada que ver (contra lo que piensan
muchos autores modernos) con la que, procedente de Egipto,
recorría la costa mediterránea de Palestina y a la que en la Biblia
se conoce como el "Camino de los filisteos" (Ex 13,17). Otro
medio de comunicación importante entre las ciudades y regiones
que lo rodeaban era el lago de Genesaret (mar de Galilea), como
demuestran los relatos evangélicos y ha confirmado la
investigación arqueológica, por lo que al comercio se refiere.

Señalemos, finalmente, que la topo-grafía, la distribución de las


vías comerciales así como las fuertes influencias culturales de los
países paganos del entorno: Tiro, Sidón y Siria, hicieron de Galilea
en la época bíblica y postbíblica una región cultural y
religiosamente desconectada de Samaria y Judea, algo que ya era
conocido y hoy está siendo corroborado por la investigación
arqueológica.

4. Galilea y Evangelios

Como se ha visto más arriba, la Galilea que conoció Jesús de


Nazaret, en la que vivió y predicó, estaba claramente de-limitada
en su tiempo y los límites no eran otros que los descritos por
Josefo. Debe advertirse, sin embargo, que en el siglo 1 d.C. los
límites de la Galilea geográfica no se correspondían con los de la
Galilea política. Esta última, desde la muerte de Herodes el
Grande, comprendía únicamente el territorio de Antipas, que
parece ser que no abarcaba la parte septentrional de la Alta
Galilea entonces incorporada al territorio de Filipo. Por el
contrario, la descripción de Josefo comprende la Galilea
Geográfica en su totalidad; es decir, los territorios de ambas
Galileas como un todo físico, dentro del cual puede y debe
encuadrarse el marco de la actividad de Jesús en Galilea, según se
percibe en el Nuevo Testamento y muy particularmente en los
evangelios. Cierto, hay autores que disienten y prefieren hablar
de una Galilea teológica, tachando de ignorantes de la geografía
de Galilea a los evangelistas, particularmente a Marcos.

En los evangelios se cita 54 veces la región de Galilea y 4 veces el


mar de Galilea, éste dos veces en Mateo y dos en Marcos. De las
54 veces que se utiliza el término, 43 veces son referencias
genéricas a la región y 11 veces es utilizado para situar un
poblado u otro lugar concretos: cuatro veces Nazaret, dos veces
Caná, una vez Cafarnaum y Betsaida, más la ribera opuesta del
lago y la frontera entre Samaria y Galilea. De las cuatro
poblaciones citadas tres ciertamente están dentro de la
demarcación de la Galilea de Josefo; es decir, Nazaret, Cafarnaum
y Caná. Queda el interrogante de la Betsaida de Jn 12,21.
Generalmente los autores modernos la sitúan en la ribera
nordeste del lago, junto a la margen izquierda del Jordán. Las
excavaciones recientes parecen apoyar esta tesis. Luego
pertenecía a la Gaulanítide, y queda fuera de la demarcación
hecha por Josefo. Por otra parte, cuando -según los evangelios-
Jesús sale del territorio de la Galilea descrita más arriba, los
evangelistas lo señalan dando su propio nombre a la región o país
al que Jesús se dirige. Véase, por ejemplo, (Mt 15,21 y 8,28; Mc 7,
24.31 y 8,27). En ningún caso se nombra en los evangelios pueblo
o lugar alguno de la llanura próxima al Mediterráneo; sí, en
cambio, algunas poblaciones de la llanura de Esdrelón, pero no se
las relaciona con Galilea. Esto afianza la tesis de que la Galilea de
los evangelios concuerda con la descripción que de la misma hace
el historiador Josefo. Todas las referencias a Galilea en los
evangelios, incluso las que tienen un carácter menos preciso,
pueden encajar bien, por su contexto, dentro de dichos límites.
No es este lugar para entrar en el análisis de la discusión de la
exégesis moderna sobre el sentido y amplitud del término Galilea
en los evangelios. Resumiendo mucho, habría que distinguir
entre historicistas, los que no lo son con matices, y los que son
opuestos a la historicidad. Di-gamos simplemente que el hecho
de que un relato evangélico tenga una intención teológica en la
mente del redactor, no justifica suficientemente, creemos, la
postura de la "Historia de las Formas" cuando considera
redaccionales los datos toponímicos concurrentes, puestos con la
única finalidad de dar apariencia de verdadero al relato
evangélico, como piensa Bulmann.

Es evidente que Galilea le debe a los evangelios, y, por tanto, a la


persona de Jesús, el ser una región conocida en gran parte del
mundo, por haberse difundido desde allí el mensaje de salvación
más universal de la historia. Para Lucas (1,26-38) fue en una
"ciudad de Galilea", Nazaret, donde se inició esta historia de
salvación en el misterio de la Encarnación. Y los tres sinópticos
están de acuerdo en situar el comienzo del ministerio de Jesús en
Galilea, aunque sólo Mateo (4,14) da una razón explícita de la
elección de este marco Geográfico: "Para que se cumpliera el
oráculo del profeta Isaías". En efecto, la aparición de Jesús de
Nazaret en Galilea es para Mateo el cumplimiento de la profecía
de la liberación del pueblo que vi-ve en tinieblas (4,16). Y, para
que no que-den dudas, Mateo avanza una descripción geográfica
del marco donde se manifestó Jesús como la luz prometida por
Isaías. Ese marco coincide, en efecto, con el trazado por Isaías y
queda dentro de los límites de la Galilea de Josefo. El evangelista
Juan (2,11) lo expresa de otra manera: "En Caná de Galilea dio
Jesús comienzo a sus señales".

Dentro de ese marco general llamado Galilea destacan con luz


propia una trilogía de lugares más especialmente relacionados
con la vida y actividad apostólica de Jesús: Nazaret, Cafarnaum, y
el mar de Galilea (lago de Genesaret). Los tres siguen regalando al
peregrino, todavía hoy, con matices distintos, la experiencia
íntima de una vivencia única, al recordar al Jesús histórico y
revivir el mensaje allí predicado por él. Los antiguos poetas
bíblicos, y otros, encontraron inspiración y crearon hermosas
metáforas contemplan-do las montañas y paisajes de Galilea y su
entorno (Sal 42,7; 89,13; 133,3; Cant 4,8; 7,5; Is 35,2; Jer 46,18;
50,19). También Jesús de Nazaret se inspiró en la contemplación
de los campos floridos de la primavera junto al lago (Mt 6,26-30)
para hablar del abandono en la Providencia de Dios; o en la
observación de las faenas, usos y costumbres de los campesinos
de Galilea y pescadores del mar de Tiberíades para componer las
más hermosas parábolas que jamás se hayan escuchado.

Galilea conoció todavía una época gloriosa durante el tardío


período Romano y el período Bizantino. Se sabe que en la
primera Guerra Judía (66-70) Galilea se opuso a la invasión
romana dirigida por Vespasiano, y en algunos lugares lo pagó
caro. Sin embargo, no se ha podido de-mostrar que se implicase
en la rebelión de Bar-Kokba (134/35 d.C.). Tampoco se ha podido
probar que ésta sublevación, nacida en Judea, tuviera alguna
repercusión en la región norte. Al contrario, Galilea fue un
importante lugar de refugio para una gran cantidad de judíos
huidos de Judea por causa de ambas guerras, pero sobre todo
debido a su expulsión de Jerusalén y alrededores decretada por
el propio emperador Adriano al fin de la segunda Guerra Judía.
Esta circunstancia favoreció el desarrollo de un período de
prosperidad para Galilea (siglos III-VII) coincidiendo con la
expansión de la comunidad cristiana. Fueron siglos de fervor
religioso después de la prueba, de prosperidad económica, de
importante productividad literaria (composición de la Misná y el
Talmud de Jerusalén en la escuela de Tiberias) y de un notable
florecimiento artístico, como lo demuestran los magníficos restos
arqueo-lógicos de multitud de sinagogas e iglesias de entonces
diseminadas por toda Galilea. Todo este florecimiento
desapareció paulatinamente con la ocupación del Islam en el 636.
A los cruzados les faltó tiempo para devolverle su antiguo
florecimiento, y el moderno estado judío lo viene intentando
desde hace casi un siglo, sobre todo desde el punto de vista
agrícola, con la aplicación de métodos de cultivo importados de la
Europa socialista.
Señalemos, finalmente, que Galilea viene siendo, desde hace
2000 años, juntamente con Jerusalén y Belén, lugar privilegiado y
preferente de peregrinación para cientos de miles de cristianos
cada año que caminan allí en busca de la cuna de su fe y de la
huella de Jesús de Nazaret, el Galileo. -> Nazaret; Cafarnaúm, el
lago; Genesaret.

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