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Técnicas para Hablar en Público

Este documento presenta un extracto del libro "Así se habla en público" de Germán Díaz Sossa. El autor entrevistó a más de 100 expertos en oratoria de diferentes países para recopilar consejos sobre cómo hablar en público de manera efectiva. El documento explica que la capacitación y práctica son necesarias para superar el miedo a hablar ante grupos. También enfatiza la importancia de repetir los conceptos clave para que sean recordados por la audiencia.

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Técnicas para Hablar en Público

Este documento presenta un extracto del libro "Así se habla en público" de Germán Díaz Sossa. El autor entrevistó a más de 100 expertos en oratoria de diferentes países para recopilar consejos sobre cómo hablar en público de manera efectiva. El documento explica que la capacitación y práctica son necesarias para superar el miedo a hablar ante grupos. También enfatiza la importancia de repetir los conceptos clave para que sean recordados por la audiencia.

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Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) OratoriaEficiente.

com

Nota preliminar: Lo que sigue a continuación es


apenas un extracto de las más de 300 páginas que
componen el libro ASÍ SE HABLA EN
PÚBLICO de Germán Díaz Sossa.

Sin más preámbulos, empecemos…

PRIMERAS CONSIDERACIONES

Para pararse a hablar frente a un grupo no se


necesita ser valiente sino tener el dominio de unas
técnicas y de uno mismo. En este libro vamos a
analizar detalladamente el proceso y a formular
recomendaciones concretas y prácticas. Usted
recibirá todos los elementos que necesita para
ejercer dominio sobre los grupos mediante la
comunicación. Está en sus manos una
extraordinaria herramienta intelectual y tengo la
certeza de que todas sus dudas sobre el tema serán
despejadas.

Para la preparación de este libro, se entrevistaron oradores, profesores con amplia


experiencia y personas que pudieran analizar a quienes comunican frente a los grupos.
Las entrevistas fueron realizadas con expertos en los Estados Unidos, Colombia,
Argentina, México, España, Chile, Guatemala, Honduras, El Salvador, Costa Rica,
Panamá y otras naciones. Así mismo, consultamos a profesionales especializados en la
psicología del comunicador, el manejo del idioma, el fortalecimiento de la memoria,
imagen, el manejo y el cuidado de la voz, etc.

Las entrevistas sumaron más de cien. Entre los consultados podemos destacar a Zenaida
Orozco y Jaime Girón Peltier, del Instituto Dale Carnegie de México; Leopoldo
Barrionuevo, argentino nacionalizado en Costa Rica; Mauricio Piñol, del Instituto
Carnegie de Guatemala; Rony Galdámez Carías, del Instituto Carnegie en El Salvador;
Luis Alfonso Anleu, del Instituto Og Mandino en Guatemala; José Manuel Paredes, del
Instituto Dale Carnegie en Panamá; Horacio Serpa Uribe, ex candidato presidencial de
Colombia; Enrique Castellanos Rojas, del Instituto Dale Carnegie de Nueva York, quien
recibió un premio mundial en 1989 y es considerado como uno de los mejores
formadores de instructores y alumnos en el mundo; Miguel Ángel Cornejo, el
conferencista latinoamericano que más se escucha internacionalmente. Es autor de 26
libros; varios expertos egresados del Instituto Dale Carnegie Center of Excellence, el más
importante centro de enseñanza de oratoria del mundo; Juan Gossaín; director de la
cadena de noticias RCN; Hernando Santos Castillo, director del periódico El Tiempo de
Bogotá; Daniel Samper Pizano, columnista reconocido internacionalmente; el ex
presidente de Colombia Alfonso López Michelsen, Pedro H. Morales, considerado uno de
los mejores oradores de América, quien trabaja en 19 países; Fernando González
Pacheco, animador de televisión; Ivette Consuelo Hernández, fonoaudióloga; el sacerdote

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Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

Hernán Posada Saldarriaga, egresado del Instituto Dale Carnegie de Nueva York; el
escritor Álvaro Mutis, ganador de varios premios internacionales; Jaime García Serrano,
ganador de varios premios mundiales y conocido como la computadora humana; Gustavo
Adolfo Reyes Morris, experto en comunicación organizacional; Fernando Villa Uribe,
profesor de oratoria desde hace 40 años; Alberto Villar Borda, gerente de Mc Cann
Erickson; Juan Harvey Caycedo, Hugo Plazas Dennis, reconocido como uno de los más
destacados conferenciantes de América; los psicólogos Rodrigo Sepúlveda y Hugo
Mastrodoménico; el actor colombiano Carlos Muñoz; Diana Neira, experta en manejo de
imagen con estudios en España, los Estados Unidos y Francia; Bill Valenti, profesor de
oratoria en diferentes ciudades de los Estados Unidos y Antonio Fernández Manzano,
profesor en diferentes ciudades de España.

Hablamos, repito, con oradores expertos y con personas que pudieran indicar cuándo, en
concepto de ellos, un orador es bueno, cuándo fracasa, cuál es el peor defecto que puede
tener, qué tipo de conferenciantes los animan a escucharlos, cuál es el mejor orador que
han oído y por qué lo consideran el mejor, etc.

Sus respuestas fueron muy enriquecedoras. Pensamos que en este libro están todas las
recomendaciones, observaciones y enseñanzas que puedan necesitar los conferenciantes
profesionales, aficionados y principiantes. Sin lugar a dudas, la manera de comunicar en
un país puede ser diferente a la de otro. Fue por eso que recurrimos a los más destacados
conferencistas de muchos países, con el objeto de que orientarán a sus pueblos en el tema
de hablar en público.

Centenares de personas han dicho al autor que cuando pretenden hablar frente a un grupo,
hablar de pie, pensar de pie, se asustan, tiemblan, se les seca la boca, les da taquicardia,
no pueden razonar con fluidez, concentrarse y muchas veces olvidan lo que iban a decir.
La mayoría dicen con nostalgia que de sus manos se han escapado grandes oportunidades
por no haber sido capaces de vencer su miedo a comunicar de pie, frente a un grupo. Sé
de estudiantes que perdieron materias en la universidad porque se negaron
sistemáticamente a pararse a exponer sus ideas. No fueron capaces de hacerlo. Otros
pierden ascensos que les significarían mucho en su profesión, en su proyección,
económicamente, por su incapacidad para hablar bien en público. Y esto ocurre en el
mundo entero. José Manuel Paredes, del Instituto Carnegie de Panamá, indica que “creo
que el arte de hablar en público se desarrolla. En mi opinión, todos tenemos capacidad
para lograrlo. Se requiere algo de disciplina, algo de esfuerzo personal, algo de interés.
Hay que lanzarse al agua. Encontré esta maravillosa frase en un libro que se llama
Despierta y Vive: “Actúa como si fuera imposible fracasar y triunfarás”. Por su parte,
Rony Galdámez Carías, del Instituto Carnegie de El Salvador, señala que “hay que tener
una actitud positiva frente al reto de hablar en público. Hay que querer hacerlo y hacerlo
bien. Si tiene conocimiento de su tema, si sabe cómo desarrollará la conferencia, si
domina el tema, lo demás es afinar la puntería con algunos detalles. Se necesita mucha
práctica para lograr habilidad”. Zenaida Orozco y Jaime Girón Peltier del Instituto
Carnegie de México, apoyan: “Todos tenemos habilidades para hablar frente a los grupos,
pero se necesita capacitación y, luego, mucha práctica. Nunca digamos no antes de
intentarlo. Todo está en nuestra mente”.

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Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

Antonio Fernández Manzano, de España, señala que “la gente tiene el potencial, pero se
deben capacitar para desarrollarlo. Primero hay que saber qué hacer y luego dedicarse a
practicar. Habrá unos mejores que otros, pero pienso que cualquier persona se puede
convertir en conferencista si se prepara, practica y habla de lo que sabe”.

Por fortuna, en este libro usted encontrará lo que debe y lo que no debe hacer frente a un
grupo, para convencerlo, para entusiasmarlo, para venderle sus ideas. Por fortuna,
también, se cuentan por millares las empresas en el mundo que, conscientes de la
imperiosa necesidad de que sus ejecutivos comuniquen mejor, contratan este tipo de
seminarios talleres. El autor de este libro dicta sus seminarios en muchos países de habla
hispana.

Decenas de personas me han dicho que, al no hablar bien en público, “se perdió la
oportunidad”. Y yo pienso: “Quédese tranquilo que las oportunidades nunca se pierden.
Siempre las agarra otro. Usted las dejó pasar, pero otro las tomó”.

Grandes oportunidades, seguramente, han pasado por su lado, han seguido derecho por su
dificultad para comunicar. Este libro será ilustrado con experiencias reales, verdaderas,
que dejarán mensajes muy claros. Igualmente y a propósito repetiremos, con distintas o
con las mismas palabras, los conceptos absolutamente fundamentales sobre la
comunicación frente a grupos. Varios publicistas entrevistados, entre ellos Juan Carlos
Contreras, de Mc Cann Erickson, indican que para que un mensaje sea recordado por una
persona, es importante repetírselo, por lo menos ocho veces. “Ciertamente, si se desea
que se recuerde, hay que repetir un buen número de veces”, precisó, por su lado, Alberto
Villar Borda, gerente de Mc Cann Erickson, una de las agencias de publicidad más
grandes e importantes del mundo.

En el caso específico de la publicidad radial, los profesionales consultados dijeron que a


un cliente le recomendarían repetir su mensaje por lo menos seis veces diarias durante
dos semanas, si desea que lo recuerden. Sin embargo, hay muchos conferencistas que, en
razón de que dominan su tema al derecho y al revés, creen que son entendidos
perfectamente con una sola mención de un concepto. Esto se encuentra muy alejado de la
realidad.

En este libro, pues, vamos a reiterar los conceptos fundamentales, para dejar
perfectamente claro lo que es pertinente hacer para ganar confianza y hablar con éxito
frente a grupos. Igualmente, el autor aprovechará algunas coyunturas para formular
reflexiones y compartir lecciones y experiencias que le ha dejado la vida. Ojalá le sirvan.
Pido a mi Poder Superior que así sea.

Este libro será ilustrado con gran cantidad de casos reales ocurridos en muchos lugares
del mundo. La siguiente es la historia de un ingeniero civil que estuvo en el Seminario
Así se Habla en Público que dirige el autor. Todo ocurrió exactamente como se narra,
pero hemos determinado cambiar su nombre. Lo llamaremos el doctor Aurelio
Fernández. El doctor Fernández trabajaba como director administrativo de una compañía
de construcción. Era la persona que más laboraba en esa empresa. Establecía dónde había

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Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

lotes en venta, entraba en contacto con sus propietarios, realizaba estudios de factibilidad
para proyectos de vivienda, trazaba políticas de ventas y de precios, etcétera. Sólo había
algo que no ejecutaba: exponer.

Cuando toda la información había sido recopilada, cuando estaba listo el proyecto y hasta
las maquetas habían sido elaboradas, sus compañeros lo felicitaban, le informaban la
fecha de la reunión de Junta Directiva en la cual se debía presentar el plan y lo invitaban
a que lo hiciera. Y él siempre respondía lo mismo:
--¿Yo? ¿Hacer el ridículo, yo? No. Exponga usted.

Y, claro, sus compañeros jamás perdían estas oportunidades de oro, maravillosas. La


ocasión les era servida en bandeja por Aurelio.

El expositor delegado, frente a la Junta Directiva, decía cosas como estas: “Logramos
establecer que hay un lote con las siguientes características en este sitio. Hicimos un
estudio de factibilidad y establecimos que se puede desarrollar un proyecto con tales y
tales especificaciones. Nosotros pensamos que los precios de venta pueden oscilar entre
esta y esta cifra”.

Al final, el expositor recibía un gran aplauso. Y muchas veces hasta un ascenso.

--¿Aurelio Fernández tiene algo que anotar? --preguntaba el presidente de la Junta


Directiva. Y Fernández, arrinconado, agachado, apocado, respondía:

--No señor.

--Está bien--indicaba el directivo--. Se acabó la reunión. Excelente proyecto y excelente


exposición. ¡A ver ese aplauso para nuestro investigador y expositor!

Y pensar que prácticamente todo el trabajo lo había hecho Aurelio.

Pero un día las cosas cambiaron. Fernández determinó tomar el curso de Así se Habla en
Público. Sufría, en verdad, grandes dificultades. Era inseguro y dudaba de sus
capacidades. Además, era autocrítico en exceso. Pero, y eso lo aceptaban sus propios
compañeros, era un excelente trabajador. Lucía temeroso, apocado, pero, definitivamente,
se empleaba al máximo en su labor.

El señor Fernández, al igual que todos los alumnos, participó en unas dinámicas con las
que arrancamos de las personas el temor al ridículo. Se trata de dinámicas fuertes, pero
efectivas. De procedimientos incómodos, pero que aportan resultados contundentes.
Siempre he creído que sin dolor no hay recuperación. También sé que el ser humano,
muchas veces, crece más con la adversidad que con el éxito. Es más: hay éxitos que
pueden arruinar y hasta acabar la existencia de las personas.

En una oportunidad leí una entrevista realizada a un cantante internacional, líder de un


grupo de rock, quien comentaba la prematura muerte de un colega que saltó al estrellato

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Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

con su primer disco. El entrevistado había superado graves problemas de drogadicción y


alcoholismo. Y formuló un comentario contundente, lleno de verdad y sabiduría: “Si
nosotros hubiéramos triunfado con nuestro primer tema, ya todos estaríamos muertos
también”. Muchas veces, el éxito tumba, acaba más gente que el fracaso. Hay reveses que
nos sirven, si se afronta adecuadamente la coyuntura. Frente a un hecho adverso, uno no
debería preguntarse por qué, sino para qué pasa esto. La pregunta es parecida pero
distinta. Cuando a una persona que no está preparada para recibirlo, le llega el éxito, ya
sea con un triunfo deportivo, poder, millones de dólares mal habidos, etc., ese éxito
puede derrumbarlo y hasta eliminarlo. El poder excesivo y repentino enloquece. Hay
centenares de deportistas y millones de personas en el mundo entero que certifican esta
afirmación: Por fortuna la vida, las más de las veces, se encarga de enderezarnos, cuando
la prepotencia, el orgullo, la falta de humildad, nos sacan del camino.

Unamuno decía que “un pedante es un estúpido adulterado por el estudio” y John
Gardner reflexionaba en los siguientes términos: “Un plomero excelente es infinitamente
más admirable que un filósofo incompetente. La sociedad que desdeña la excelencia de
un plomero porque su oficio es humilde, y tolera a los filósofos chapuceros porque la
filosofía es una actividad excelsa, no tendrá ni buena plomería ni buena filosofía”.

Hay presuntos éxitos que no sólo nos hacen creer mucho mejores que los demás, lo cual
no sería tan grave, sino que, aprovechando esa presunta superioridad, hay quienes
pisotean a sus semejantes de una manera injusta y absurda. Por fortuna, el cambio, la
transformación, el llanto y el crecimiento espiritual, llegan cuando la vida nos golpea y
nos devuelve al piso, de donde nunca nos hemos debido separar para elevarnos izados por
la prepotencia. Lo único que lo hará a usted más grande que otro es la humildad. Siempre
he pensado, reitero, que el ser humano, las más de las veces, crece más con el fracaso que
con el éxito. Las adversidades fortalecen el alma y nos hacen crecer espiritualmente.

Pero volvamos con el señor Fernández, luego de estas reflexiones que, repito, serán
frecuentes en estas páginas.

El señor Fernández realizó varias exposiciones. Le formulamos las observaciones


pertinentes y descubrió algo maravilloso: que sí era capaz de pararse frente a un grupo y
hablar. Todo esto lo consiguió durante nuestro seminario. Hizo exposiciones realmente
buenas. Estuvo inmerso en el proceso durante varios días y al final aceptó que “me siento
una persona diferente; ahora sé que soy capaz”.

“Es cierto aquello de que nadie da tanto como quien da esperanza”, pensé aquel día. Y
siento lo mismo en cada uno de mis seminarios.

Luego de algunas semanas, nuestro director administrativo, el señor Fernández, se


comunicó con el autor de este libro y con voz emocionada le dijo:

--¿Me recuerda? Soy Aurelio Fernández. Estoy feliz y lo llamo para compartirle mi
alegría. Cuando decidí tomar el seminario, era director administrativo de mi empresa.

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Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

Hoy fui nombrado gerente administrativo y financiero. Digo que nací el 4 de marzo y que
mi papá se llama Germán Díaz Sossa.

¿Qué fue lo que pasó con el señor Fernández? ¡Que habló! Terminado el seminario,
continuó haciendo el trabajo intenso de siempre. Pero a la primera oportunidad expuso un
proyecto ante las directivas. Lo hizo con entusiasmo, brío y confianza. Y luego realizó
otras exposiciones. Fue acumulando experiencias positivas y mejoraba sustancialmente
exposición tras exposición. Un día cualquiera, renunció el gerente financiero y
administrativo de la firma. Se reunió la Junta Directiva, se estudiaron nombres del
posible sucesor y fue escogido el señor Fernández, quien desde mucho tiempo atrás
merecía esa oportunidad, sólo que sus superiores no lo sabían. Siempre he creído que
quien no comunica es como si no existiera. Y quien no comunica bien, no administra, no
se relaciona ni vende bien.

Si tuviera posibilidad de delegar puestos de importancia en una compañía, los pondría en


manos de personas que muestren liderazgo, arrojo, confianza. Y si hay algo que de don
de mando en poco tiempo es una comunicación adecuada.

Millares de personas que han pasado por los cursos del autor expresan el deseo de perder
el miedo a los auditorios, hablar con seguridad, realizar exposiciones coherentes. Quieren
convencer a su auditorio, venderle sus ideas.

Pienso que todas las personas, si se dejan guiar por un experto, pueden desarrollar
habilidad para hablar frente a grupos. Es algo que he visto en centenares de seminarios,
dictados en muchos países. Los conferencistas no nacen. Se hacen.

Y cuando pueden hacerlo, se convierten en verdaderos ganadores. Si algo da


satisfacciones de todo tipo, es poder hablar frente a un público y lograr que, al término de
una intervención, el auditorio piense como el autor del discurso. La satisfacción es
inmensa. Es de las más grandes que puede vivenciar un ser humano.

Uno sabe, a puro ojo, cuáles son los estudiantes que desarrollarán más confianza y
habilidad para comunicar frente a grupos. Los que más avanzan son los que tienen una
ferviente necesidad y el deseo de salir adelante en esta área. Se les notan la atención, las
ganas, el deseo de superar ese miedo absurdo que paraliza a quienes, por falta de
experiencia, prácticamente no pueden comunicar frente a un auditorio.

De lo que se trata es de intentarlo. La persona descubre, casi con asombro, que sí es capaz
de hacer aquello que tanto temía, eso de lo que tanto había huido. En nuestros seminarios
no sólo damos información, técnicas, teorías sobre comunicación, sino que le despejamos
a los asistentes las barreras que ellos mismos se han creado y que los paralizan a la hora
de hablar parados. Hay personas que me dicen: “Yo, cuando estoy sentado, reflexiono
perfectamente sobre un tema que conozco, tengo argumentos interesantes, puedo hacer
aportes valiosos y los hago. Pero cuando me dicen que me pare y repita lo que he dicho,
me paralizo, todo se me olvida, comienzo a sudar, a temblar, me da taquicardia y no
puedo, prácticamente, ni abrir la boca. Esto es supremamente raro”.

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Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

Realmente--les digo yo--no es nada raro. Y argumento que las personas, cuando están
sentadas, piensan, hablan, reflexionan, discuten, con gran solvencia, por una sencilla
razón: tienen gran práctica en hablar sentadas. En cambio, cuando se ponen de pie,
quedan en un estadio completamente diferente. No están acostumbradas a reflexionar ni a
hablar paradas. Y es por eso que se desencadenan todas esas reacciones indeseables.

“No vuelvan a decir sentados lo que puedan decir parados”, les digo una y mil veces a los
alumnos del seminario. Practiquen, practiquen, practiquen, les recomiendo con la certeza
de que ese es el camino más corto y el más completo. De lo que se trata es de que
acumulen experiencias positivas. El único método que sirve para consolidar la confianza
y convertirse en un buen expositor, es practicar, practicar y practicar. Luego, siga
practicando.

El gran secreto consiste en consultar a un experto, saber exactamente qué es lo que hay
que hacer y qué no y, luego, no perder oportunidad de pararse a hablar. De lo que se trata,
reitero, es de acumular experiencias, experiencias positivas.

José Manuel Paredes, del Instituto Dale Carnegie de Panamá, señala que, por ejemplo, en
las reuniones de padres de familia, los que levantan la mano y exponen, terminan
imponiendo sus criterios frente a los que se quedan sentados, apocados, temerosos.
Agrega que, entonces, unos conducen el carro cómodamente y los otros se dedican a
empujarlo.

Antonio Fernández Manzano, experto español en el tema, señala que “hay que estar
preparados y hablar del asunto que se domine. El conferencista puede tener la certeza
absoluta de que, en la medida en que practique, cada vez tendrá menos temor. En sus
primeras charlas estará nervioso; luego irá ganando confianza y, finalmente, sentirá
verdadera pasión por hablar frente a los grupos”.

Hay quienes suponen que los oradores nacen, pero la verdad es que se hacen. Sólo
necesitan dominar unas técnicas. Esto no es tan difícil como la gente supone. Podríamos
decir, sin temor a equivocarnos, que es el noventa por ciento menos difícil de lo que la
gente cree. Y hay que ver las satisfacciones maravillosas, inmensas, que otorga este
nuevo poder.

La capacitación es imperiosa. Emilio Romualdo Santamaría, instructor del Instituto Dale


Carnegie de Honduras, manifiesta que “las personas se crean barreras y piensan que no
son capaces de hablar bien en público. Cuesta convencerlos de que están haciendo las
cosas bien. Nosotros realmente no les colocamos habilidades a las personas. Ellas las
traen, aquí les ayudamos a verlas y, al verlas, las van desarrollando” A su turno, Mauricio
Piñol del Instituto Carnegie de Guatemala, indica que “desearía que las personas busquen
capacitación en esta área tan importante. Se trata de un elemento realmente clave para el
éxito de la gente. En varios países, por ejemplo en Guatemala, están despidiendo gente y,
muchas veces, despiden justamente al menos capacitado. Ahora bien, tampoco es justo

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Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

que un gerente aspire a que sus subalternos hagan grandes presentaciones, si no los ha
capacitado”.

Hay personas que sienten muchos nervios y por eso no levantan la mano, no se paran y
hablan. José Manuel Paredes, del Instituto Carnegie de Panamá, opina que “los nervios
no son otra cosa que un efecto; lo que la persona debe trabajar es la causa. Y,
generalmente, el temor lo origina la falta de habilidad, de experiencia. Hay que practicar.
Todo lo que uno practica se puede convertir en una cualidad permanente. Al principio
será difícil. Cuando uno está aprendiendo a nadar, traga agua. Cuando está aprendiendo a
montar en bicicleta, se cae. Pero, posteriormente, es posible que flote sin mover ni un
músculo y que conduzca la bicicleta hasta sin utilizar las manos. Y esto no es nada
distinto a habilidad. Todo lo que sea una habilidad se desarrolla con la práctica”. Es
posible que nunca le desaparezcan las mariposas del estómago. Pero lo que sí es posible
es ponerlas a volar en orden. “La práctica hace al maestro. De todas formas, casi siempre
habrá un poquito de ansiedad, lo cual demuestra el respeto y el compromiso que tenemos
frente al grupo”, anota Zenaida Orozco, del Instituto Carnegie de México, en entrevista
concedida al autor de este libro.

Una persona puede llegar a reflexionar, a comunicar parada, lo mismo o mejor que
sentada. Sólo necesita dominar unas técnicas y acumular experiencias positivas.

Es más. Una persona debería hablar mucho mejor, con más entusiasmo, más ganas, más
deseos de convencer, más énfasis, cuando está frente a un grupo que cuando no lo está. El
auditorio debería incitarla a hablar con más ganas, a vibrar con más fuerza para
convencer.

A mí, por ejemplo, me gusta más hablar frente a 200, 300 o mil personas que frente a
veinte o treinta. Una vez que el orador gana confianza con la práctica, entre más gente
haya, mejor. El grupo me incita a continuar, a hablar. Es casi seguro que un cantante
canta mejor ante veinte mil personas que ante un grupo de amigos al lado de una
chimenea. Es mejor escuchar una carcajada o un aplauso de 300 personas en un auditorio,
que de veinte personas en otro. Las reacciones de los seres humanos son contagiosas. El
entusiasmo que produce un buen orador, se contagia, crece, y el orador, a su vez, se
alimenta de esas reacciones que inspira.

He hablado con muchos oradores profesionales y todos coinciden en que se sienten mejor
ante centenares de personas que ante diez o veinte. Me mencionan cómo su cerebro se
despeja y se vuelve más agudo, incisivo, rápido, y la manera estupenda como crece su
carisma frente a un nutrido grupo.

Hay una cosa segura: el adiestramiento, el dominio de unas técnicas y el permanente


ejercicio de esta habilidad, irán eliminando a pasos agigantados el temor al auditorio. El
miedo será arrinconado por la práctica y la acumulación de experiencias positivas. Es un
hecho millones de veces comprobado. No diga sentado lo que pueda decir parado.
Aproveche toda oportunidad, en el colegio, la universidad, el trabajo, en sus reuniones,
toda oportunidad, decía, para levantarse y realizar sus exposiciones. Notará cómo con la

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Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

práctica, el temor cada vez disminuye. Y notará luego que hablar parado se convierte en
un verdadero placer. Podría decir que es uno de los más grandes placeres que existen.
Usted sí puede vencer el miedo absurdo a hablar parado, a exponer de pie. Siga nuestros
consejos y lo logrará. Usted no es el único que siente ese temor. Muchos grandes
oradores también lo sintieron, pero, como tractores, pasaron por encima de esos miedos,
los dejaron aplanados en las vías polvorientas y se convirtieron realmente en triunfadores.

“Tú puedes llegar a cualquier parte si no vas acompañado por el miedo”, decía Confucio.
También es cierto aquello en el sentido de que el que no espera vencer, ya está vencido.

Y Héctor Tassinari enfatizó: “Dios no te hubiera dado la capacidad de soñar, sin darte
también la posibilidad de convertir tus sueños en realidad”.

El elemento más importante de la comunicación frente a grupos es el entusiasmo. Como


lo digo en mis seminarios abiertos al público y privados para empresas nacionales e
internacionales, el entusiasmo es el 80 por ciento de la posibilidad de éxito de un
conferencista. La comunicación frente a los auditorios debe tener fondo, pero también
forma. Y la mejor forma es hablar con vehemencia, con ánimo, con entusiasmo, con
ganas. ¿Con ganas de qué? De vender. De vender lo que está pensando, lo que está
planteando.

Luis Alfonso Anleu, instructor de los cursos Og Mandino, indica que “hay que hablar con
pasión y con sentimiento. Diría que una charla sin sentimiento es una charla mecánica. El
sentimiento es aquella parte de mí mismo que le pongo a mi charla. Hay que dejar ver las
emociones. La emoción, la mayoría de las veces, despierta respuestas emocionadas en el
auditorio. Hay que hacer que la gente viva la charla y para eso se necesita meterle
emoción. Cuando las personas vibran, viven la charla, se emocionan, necesariamente hay
éxito”. Mauricio Piñol, del Instituto Carnegie de Guatemala, lo apoya: “Hay
conferencistas que tienen cosas muy importantes para decir, pero las dicen sin ánimo, sin
entusiasmo, sin brío y, en consecuencia, pierden al auditorio. Existen conferencistas que
duermen a los auditorios. Hay que hablar con ganas, con entusiasmo, con brío; no incurrir
en la monotonía, cambiar el volumen de la voz, hablar con pasión, si se desea tener
éxito”. Zenaida Orozco y Jaime Girón Peltier, del Instituto Carnegie de México,
manifiestan que “los auditorios reaccionan como los conferencistas. Un orador debe
hablar con convencimiento, con fuerza, con motivación, con convicción. El orador recibe
de lo que da”. “Yo diría que el entusiasmo, al igual que el aburrimiento, es contagioso”,
sentencia Luis Alfonso Anleu, del Instituto Og Mandino en Guatemala.

Bill Valenti, conferencista norteamericano, señala que “pienso que uno de los peores
defectos de un conferencista, que necesariamente lo lleva al fracaso, es hablar sin
entusiasmo. Para mí, el entusiasmo es el elemento determinante en el éxito de un
expositor. Obviamente, su mensaje también debe ser sólido, interesante, lleno de
enseñanzas, pero es imperioso hablar con ánimo y determinación”.

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Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

¿Cuándo, en su concepto, un orador es bueno?, le preguntamos al padre Gonzalo Gallo


González, un sacerdote colombiano que ha dictado conferencias en muchos lugares del
mundo. Y nos respondió:

--Cuando llena, al menos, tres condiciones: una, comunica con el alma y tiene fuego en el
corazón. Dos, cuando su comunicación es ética y positiva. Y tres, cuando su mensaje es
eficaz, es decir que la palabra lleva a la acción.

Por su parte, Enrique Castellanos, del Instituto Dale Carnegie, considerado uno de los
mejores instructores del mundo, señala: “El fracaso se produce cuando la actitud del
orador falla, ya sea por inseguridad, falta de empatía o poco entusiasmo”.

El experto Ignacio Orrego Rojo, expresa: “Usted no podrá convencer a un auditorio si no


le pone el corazón. Y eso nace del convencimiento, pues si uno no está convencido,
tampoco puede convencer a los demás. El secreto lo resumo en una sola palabra:
entusiasmo. Todo lo que uno hace con entusiasmo, queda bien hecho”.

Antonio Fernández Manzano, de España, opina que un conferencista fracasa “cuando


habla sin ánimo, con apatía. Una persona puede saber mucho sobre un tema, pero si no
comunica con ganas, con pasión, con brío, logrará poco o nada”.

Conozco el caso de Alberto, quien se ubicaba en el último rincón de un salón de tertulias,


donde se hablaba sobre todo tipo de temas que eran propuestos por el coordinador de
turno. Él comenzó a asistir justamente para averiguar por qué sentía verdadero pavor
cuando tenía que pararse a hablar frente a un grupo de médicos en el consultorio de su
propiedad. Narra así su experiencia:

“Comencé a asistir para ver a esos héroes que se paraban y decían algunas palabras, por
cuatro, cinco o seis minutos. Hoy recuerdo que para ir hasta la greca y servir un tinto, era
necesario atravesar el salón. No tomé tinto durante un año, por el físico temor de recorrer
el salón. Un día me inscribí en un curso de oratoria, fui guiado por un buen maestro, hice
mis primeras intervenciones y descubrí que sí podía. Me pareció tan increíble como
emocionante. En una oportunidad preparé una pequeña charla para la tertulia, pedí la
palabra, me paré y hablé. Al final recibí un aplauso. Me siento realmente feliz. Vencí ese
miedo y en la medida en que realizo exposiciones, en todo tipo de lugares, cada vez tengo
más confianza y hablo con más naturalidad. Definitivamente es verdad aquello de que la
experiencia hace al maestro”.

“Antes Alberto se moría de pánico y ahora es uno de los mejores expositores”, dice uno
de sus amigos.

Es imperioso lanzarse de una vez por todas. Los auditorios no comen gente. Mao Tse
Tung decía que “Vivir no consiste en respirar...sino en obrar”. Chaucer opinaba, por su
parte, que “el que nada emprende, nada concluye”.

10
Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

Si usted no lo intenta, es posible que luego le pese profundamente, hasta con dolor. Un
día le preguntaron a ese fabuloso actor norteamericano, Dustin Hoffman, si estaba
satisfecho con lo que había vivido, con lo que había logrado. Y respondió algo que debe
ser una lección para todos nosotros:

“Un día le pregunté a mi padre, quien trabajaba con enfermos terminales, si las personas
que habían muerto de cáncer y con las que había estado, tenían algo en común, y él me
respondió que la ira. No la ira porque fueran a morir, sino la ira por lo que no habían
hecho en sus vidas, por las cosas que pudieron haber hecho. Así se tiene esa sensación a
los 51 años y no quiero estar rabioso por eso. Hay que hacer cosas”.

El gran conferencista mexicano Miguel Ángel Cornejo nos dijo que, definitivamente, hay
que lanzarse al agua. Y si se cae, hay que levantarse e insistir. La práctica le dará una
gran habilidad para hablar frente al público.

Acumule experiencias positivas. Para lograrlo, hay que lanzarse al agua. Es verdad
aquello de que la experiencia no se improvisa. No espere que alguien le dé un toque
mágico para que pierda el miedo de pararse a hablar. Capacítese, sepa qué debe y qué no
debe hacer, y manos a la obra. Fuera abanicos que llegó la brisa.

En la medida en que practique, aumentará su confianza y dominio sobre la comunicación


frente a grupos. Puede estar seguro.

Miguel Ángel Cornejo, considerado como el conferencista latinoamericano que más


escuchan en el mundo, nos dijo: “Pienso que los dos o tres primeros minutos son los más
difíciles de una charla, pero luego es como correr un automóvil: hay gran temor, pero
también hay un gran placer para quien disfruta la velocidad. Frente a un grupo, una vez
en el atril, el entusiasmo lo va llevando a uno. Creo que hay que lanzarse al agua. Lo
interesante es afrontar. En mi concepto, la mejor manera de enfrentar el miedo es
confrontándolo. Si alguien tiene miedo de hablar en público, puede contar con la certeza
de que, una vez resuelto el primer impacto, una vez que uno se lanza al agua, lo demás
fluye”.

Hay que tomar la decisión y actuar. Homero decía: “Jamás seré un obstáculo para mí
mismo”. Usted no puede seguir siendo un palo entre las ruedas para su propio desarrollo.

Un profesor chileno nos decía que “si usted está enterado de lo que va a hablar, si domina
el tema, pues esto le trae, paralelamente, una seguridad para exponer sus pensamientos,
sus ideas. Es indispensable estar enterado de lo que se habla”.

En mis conferencias y seminarios talleres en diferentes países hago esta pregunta:


Cuando una persona va a hablar frente a un auditorio, ¿quién está nervioso? ¿Usted o el
auditorio? “Pues uno”, responden casi en coro. Este es un consejo que puede cambiar su
manera de comunicar: Si tenemos en cuenta que quien está nervioso es usted y no el
grupo, ¡pues haga que el grupo hable primero, mientras usted se tranquiliza! ¿Esto cómo
se logra? Hágale al auditorio una pregunta sencilla sobre el tema que va a desarrollar.

11
Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

Esto dura diez segundos. Luego comienzan a hablar ellos y usted comienza a
tranquilizarse. Y luego empiece a desarrollar su tema. Y si nadie se ofrece para responder
a su sencilla pregunta, formúlesela directamente a alguien. La experiencia me enseña que
luego de que habla el primero, los demás también lo hacen. Muchas veces, incluso, lo
difícil es callarlos. Si a uno le hacen directamente una pregunta, no tiene opción diferente
a responder. Esta es una gran alternativa. Úsela. De ahora en adelante, que hablen
primero ellos, pues están absolutamente tranquilos, sin presión alguna. El auditorio lo
sacará del problema del inicio. Y si este problema ya no existe, desde luego que
disminuirá inmensamente el temor. Esto lo han probado centenares de mis alumnos, con
excelentes resultados.

Un buen presentador y orador debe estar muy bien enterado de lo que va a tratar. Si a mí
me invitaran a hablar, por ejemplo, de mecánica nuclear, pues no aceptaría porque no
tengo ni idea. Siempre trato de documentarme al máximo para no irrespetar a mi público.
El mejor consejo es, pues, que se entere al máximo de lo que va a exponer y que, luego,
lo haga de manera clara de tal forma que le llegue hasta el último de los oyentes. De lo
único que debe hablar una persona es de lo que sepa. Y cuando hable de lo que no sabe,
pasará inmensos trabajos. Por otra parte, hablar de lo que usted no sepa es un inmenso
irrespeto con su auditorio. No se deje imponer temas. Lo diré muchas veces: Es el
conferencista el que escoge el tema; no el tema el que escoge al conferencista. No se deje
imponer temas. Y si le piden que exponga sobre uno que usted no domina plenamente,
pida tiempo para investigar, para documentarse. La seguridad intelectual le dará
seguridad física y psicológica.

José Manuel Paredes, del Instituto Dale Carnegie de Panamá, nos dice: “Usted debe
hablar del tema que conoce a fondo, por vivencia, por estudio o por experiencia, y no
únicamente porque lo leyó hace algunos días. Es necesario que el tema le corra por las
venas. Debe estar entusiasmado con su tema y tener el ferviente y genuino deseo de
comunicarlo. Es ideal asumir una actitud positiva frente al reto y no una actitud negativa
y pesimista. Si piensa que le va a ir mal, seguramente le irá mal, porque estará lleno de
ansiedad. Prepárelo todo. Siempre es necesaria la preparación intelectual y logística para
tener éxito en una conferencia. Muchas veces, por falta de precaución, fallan los equipos
electrónicos que serán utilizados, por no haber realizado los ensayos previos. Hay quienes
preparan una muy buena presentación, pero no se preparan para realizar una muy buena
presentación”. A su turno, Rony Galdámez Carías, del Instituto Dale Carnegie de El
Salvador, indica que “uno tiene seguridad y confianza cuando habla de lo que domina. Y,
cuando vaya a hablar de un tema que no le guste mucho, porque, digamos, se lo pidió el
gerente, encuéntrele a ese tema las cosas positivas. Cuando hable de su tema, concéntrese
en el fondo, en el objetivo que busca. Tenga siempre en cuenta las necesidades del
auditorio. Los auditorios quedan encantados cuando les proporcionan algo que no
conocían. Proporcione beneficios con sus palabras y hable con pasión. Hay que hablar
con palabras que nacen del corazón y que están bien hiladas por la inteligencia. Sea
natural. Los auditorios quieren oír gente natural que comunica ideas humanas. Los
auditorios ya no quieren plástico sino naturalidad. Hable de temas que llamen la atención,
que enseñen, que interesen. Los grupos dan su tiempo al orador para obtener algo que
necesitan, para obtener un beneficio, para obtener una ganancia por su inversión. No

12
Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

hable de genialidades que no le interesen al grupo. Hay que satisfacer sus necesidades.
Una persona debe salir del salón mejor de lo que entró. Cuando esto ocurre, significa que
el orador cumplió con su trabajo. No tiene sentido el no proporcionar lo que desea y
necesita el grupo. Logre sintonía y empatía, de tal forma que los oyentes lo reciban como
un amigo”. Entre tanto, Emilio Romualdo Santamaría, del Instituto Carnegie de
Honduras, indica que “creo que un conferencista necesita haberse ganado el derecho de
hablar de ese tema, ya sea porque lo ha vivido o porque lo ha estudiado a fondo. Así
mismo, esa persona debe estar emocionada por su tema y reflejar todas las emociones
frente al grupo, ya sea alegría, tristeza, indignación, desconcierto, etc.” Mauricio Piñol,
del Instituto Carnegie de Guatemala, opina que “hablar de lo que se sabe da mucha
seguridad. Quien habla de lo que no conoce, desde luego, estará inseguro, puesto que no
se encuentra en su zona cómoda”. Leopoldo Barrionuevo, un conferencista y asesor que
trabaja en decenas de países, argentino, radicado en Costa Rica, opina que “hay que
dominar el tema. Es necesario tener conocimiento y experiencia sobre lo que se va a
exponer. Creo que toda la vida nos preparamos para un discurso. Uno habla mejor de lo
que domina, de lo que conoce y de lo que ama. Usted no puede hablar de un tema porque
lo acaba de conocer en un libro. Eso me parece un pecado mortal. Eso lleva al fracaso. Se
fracasa al hablar de algo que no se sabe”.

“Lo sabio es hablar de lo que se sabe. Y estar convencido. Si no está convencido, no


puede convencer a nadie”, manifiestan Jaime Girón y Zenaida Orozco, del Instituto Dale
Carnegie de México.

Al comienzo, sin duda, tendrá miedo, pero lo irá superando con la práctica. Además, un
poco de temor al inicio da a entender algo que es muy positivo: usted siente respeto por el
auditorio. Cicerón consideraba que el miedo no era solamente natural sino necesario: “A
mis ojos--decía-- el orador, incluso el mejor, el que tiene la comunicación más fácil y
mejor adornada, si no se intimida en el momento de tomar la palabra..., es un
desvergonzado o poco menos”.

Cuando le preguntamos a Enrique Castellanos, del Instituto Dale Carnegie en Chile y


Nueva York, qué puede hacer una persona para superar el miedo en los segundos
iniciales, respondió: “Imagine que el auditorio es un grupo de amigos sentado en la sala
de su casa”. Por su parte, el sacerdote Gonzalo Gallo González señaló: “Un poco de
nerviosismo es necesario para tomar las cosas en serio, respetar al auditorio y prepararse
bien”.

Cada vez que el autor va a hablar frente a un grupo, se aísla, se concentra profundamente
en el tema y le pide a su Poder Superior que le permita prestar un servicio de la mejor
manera posible. Siempre me relajo, respiro profundamente, reviso las notas y los apuntes
sobre la conferencia. Conozco exactamente el recorrido que realizaré y la intención de mi
comunicación. Y, finalmente, manos a la obra.

Es verdad que cuando una persona siente miedo, el miedo aumenta. Por ejemplo, si siente
temblor, esto hace que el miedo vaya en aumento. Para romper este círculo vicioso, hay
que hallar en segundos una forma de relajarse. Es imperativo ejecutar acciones que bajen

13
Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

la tensión. Siempre digo a los alumnos: Si tener un marcador o un esfero en la mano le da


seguridad, téngalo; si cogerse del papelógrafo o rotafolios le da seguridad, agárrese. O
agárrese del espaldar de una silla o el atril. O tenga una moneda apretada en la palma de
la mano. Les recomiendo, igualmente, que respiren bien en cada pausa. Y que no se
concentren en sí mismos ni en el auditorio, sino en el tema. Si tiene hormigueo, cambie
de posición. La experiencia y nuestros estudios me demuestran que en un 99 por ciento
de los casos, el auditorio no nota lo que está sintiendo el conferencista. Pero,
desgraciadamente, los conferencistas tienden a pensar que todo lo que están sintiendo, es
detectado por el grupo, lo cual es totalmente falso. No se concentre en usted ni en el
auditorio: concéntrese en el tema.

Otra posibilidad para disminuir la tensión, es escribir en el papelógrafo, rotafolios o


tablero sintético. O explicar un gráfico o un mapa. De todas formas, jamás olvide que lo
que mejor debe estar preparado de su intervención, es el comienzo, pues es en los
segundos iniciales cuando se registra mayor ansiedad. La seguridad intelectual le dará
seguridad física y psicológica, como nos dicen todos nuestros entrevistados.

Es posible liberar la mente y el cuerpo del nerviosismo. Proceda con confianza. Piense
que está ahí parado porque tiene cosas importantes para decir. Y puede tener la seguridad
plena de que durante su intervención dejará enseñanzas a quienes lo escuchen. Nunca me
cansaré de repetir esta reflexión de uno de los más grandes psicólogos que ha producido
la humanidad, William James: “Para sentir valor, procedamos como si fuéramos
valientes, empeñemos toda nuestra voluntad para ese fin y lo más probable será que un
ataque de entusiasmo reemplace el estado de temor”.

En la medida en que sienta que prestará un servicio con su comunicación, que dirá cosas
que a los otros interesan, registrará un estado emocional en el que la ansiedad y el miedo
se diluyen. El miedo le huye a la preparación, el deseo de servicio, la decisión y el
entusiasmo. El miedo es miedoso frente a este tipo de armamento. Esté preparado y verá
cómo su enemigo sale huyendo del salón de conferencias. Comunique con entusiasmo y
con deseo de servir. Sólo hable de lo que sepa, de un tema que domine completamente. Y
no olvide el recurso de la pregunta al grupo, para que ellos hablen primero y, luego,
cuando usted ya esté tranquilo, inicie el desarrollo de su conferencia.

“A mí me entusiasman, me invitan a escucharlos, los oradores o conferencistas que tienen


conocimiento del tema, lo hacen sencillo y claro, y, desde luego, los que hablan con
entusiasmo contagioso”, dice Enrique Castellanos, quien trabajó durante varios años en el
Instituto Dale Carnegie de Nueva York.

Ignacio Orrego Rojo apunta: “Un expositor sólo puede hablar de lo que sepa, de lo que
haya investigado profundamente. Nadie puede hablar ni convencer sobre lo que no
domina. Una persona sólo puede hablar de lo que sepa, a menos que sea un charlatán”.

José Manuel Paredes, del Instituto Dale Carnegie de Panamá, indica que “es imperioso
estar bien preparados. Hay que prepararse, hay que tomar un curso, hay que leer sobre el
tema y estar listos para cuando llegue la oportunidad de levantarse a hablar. Un día leí

14
Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

que las oportunidades se multiplican cuando se aprovechan, y se mueren cuando se dejan


pasar”.

“Me gustan los conferencistas naturales y las personas que comunican sobre temas que
realmente han investigado. Me agradan quienes investigan y aportan evidencias, pruebas
de lo que dicen”, manifiesta, por su parte, Rony Galdámez Carías, del Instituto Dale
Carnegie de El Salvador.

“El conferencista se tiene que preparar y no debe asistir a una charla con deficiencias en
su información, en su contenido, en su estructura, en su esquema”, opina Mauricio Piñol,
del Instituto Carnegie de Guatemala. Por su lado, Emilio Rumualdo Santamaría,
instructor Carnegie, manifiesta que “creo que nada sustituye a una buena preparación.
Para mí, el mejor conferencista es aquel que conoce el tema, que muestra respeto al
público habiéndose preparado suficientemente. Nunca se debe menospreciar a un
auditorio. Siempre hay que tener deseo de servir y no se debe pretender brillar más de la
cuenta”.

Al comienzo, adopte una actitud cordial, abierta, amistosa. Por ejemplo, recuerde que una
sonrisa es importante y contribuye a un buen inicio. Todo lo contrario ocurre con las
posturas arrogantes y despectivas, las cuales producen un choque con el auditorio y la
conferencia se puede ir brincando por el despeñadero. Jamás comunique para lucirse.
Comunique para prestar un servicio, para enseñar, para ilustrar, para distraer. Quien
comunica para lucirse, fracasa.

Rony Galdámez Carías, instructor Carnegie, indica que “transmita lo bueno que tiene,
con sencillez, sin pretender parecer un genio. Hay que establecer sintonía con el grupo y
no pensar que usted es muy inteligente y los demás muy brutos. No hay sintonía cuando
usted parece decir que es lo máximo y que ellos son mediocres; que tiene enorme éxito y
ellos son fracasados. No es bueno caerle mal al auditorio, lo cual ocurre cuando el orador
es presumido. La prepotencia rompe la empatía”.

Por su lado, Leopoldo Barrionuevo señala que “me gustan los conferencistas claros, que
hacen fácil lo difícil”.

En opinión de Zenaida Orozco y Jaime Girón, del Dale Carnegie de México, el


conferencista “debe enseñar lo que ha aprendido en la vida; debe compartir sus
conocimientos o habilidades para que los demás también tengan logros. Para impactar
hay que dar lo mejor de sí, hay que entregarse, hay que tener algo valioso para decir y
hay que generar resultados, luego de la comunicación”.

Es imperioso hablar para servir, y no para descrestar, para lucirse. Rony Galdámez Carías
manifiesta que “normalmente un conferencista resulta bueno cuando piensa en beneficiar
al auditorio, cuando realmente tiene el deseo de ayudar”. Y el instructor Carnegie,
Mauricio Piñol afirma enfáticamente: “Cuando los oyentes observan a una persona que
desea servir, que habla con ganas, con entusiasmo, con brío, se concentran en el mensaje
y no en sus pequeños defectos. En consecuencia, es el camino adecuado”.

15
Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

Cuando le preguntamos a Antonio Fernández Manzano, de España, cuáles son las


principales cualidades que debe tener un conferencista para impactar al auditorio, señaló:
“Creo que debe desarrollar carisma y hablar con pasión. Y, además, debe tener el deseo
de prestar servicio con su comunicación”. Por desgracia, hay conferenciantes que hablan
para lucirse y no para servir.

Usted se tiene que ganar el favor, la buena voluntad de la audiencia. Como queda dicho, a
los auditorios no les gustan los oradores prepotentes, carentes de humildad y deseo de
prestar servicio, ni mucho menos los camorreros.

Enrique Santos, Calibán, famoso periodista colombiano, decía que para descargar los
espíritus es obvio comenzar por descargar de explosivos las palabras. El autor agregaría
que hay que descargar de explosivos también las actitudes. Comunique con el deseo de
servir. Y jamás se enfrente a los miembros del grupo. Tenga presente esta reflexión de
Confucio: “Nunca contestes a una palabra airada con otra palabra airada. Es la segunda la
que provoca la riña”.

Es realmente estúpido enfrentarse a un auditorio, pelear con un auditorio. “Hay que


generar empatía. Podríamos decir que en una sala de conferencias lo más importante no
es el orador, sino el auditorio. Un orador necesita habilidad y humildad”, opina Rony
Galdámez, del Instituto Carnegie de El Salvador. Y agrega. “Si no se tiene empatía, si no
se llega al grupo, ¿de qué sirven la habilidad y el conocimiento? Si no hay sintonía se le
parte una pata al trípode. Eficacia, sin sintonía, no es lo adecuado. Si no hay empatía con
el grupo, es muy difícil hacer presentaciones, por brillantes que sean. El auditorio debe
ser acercado como nuestro amigo”.

A su turno, el argentino Leopoldo Barrionuevo indica que “no me gusta la soberbia


intelectual. Hay que respetar y escuchar con mucha atención al auditorio. Me preocupa el
discurso vacío que no tiene en cuenta la presencia del otro. Hay que ser empático y
sintonizarse con el grupo. Sin eso, no hay nada”. Barrionuevo, incluso, antes de muchas
de sus conferencias, ora por sus escuchas. Dice cosas como: “Esta gente merece lo mejor.
Los aprecio porque me permiten ganarme la vida; me hacen disfrutar de mi trabajo y,
además, me pagan. Esta gente es muy valiosa, la aprecio mucho y voy a hacer lo mejor
por ellos, voy a dar lo mejor que tengo para su crecimiento”. El conferencista argentino
señala que “creo que una persona prepotente, que no respete ni siquiera a su auditorio,
cae como una patada en el hígado. Entre más pase el tiempo, entre mejor hagamos
nuestro oficio, entre más nos aplaudan, debemos ser más humildes. No hay otra forma. A
mi no me gustan los que hablan con pedantería y soberbia”.

Zenaida y Jaime Girón Peltier, de México, dan su punto de vista: “No se debe entrar en
controversia o en pelea con el grupo. Debemos decirle a ciertas personas que respetamos
su punto de vista, pero no lo compartimos, y podemos pedirle a alguien que se dé la
oportunidad de escuchar opiniones diferentes. Uno no puede enfrascarse en una pelea con
una persona y descuidar a las otras 39, que si estaban de acuerdo y muy interesadas en el
tema”.

16
Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

Zenaida enfatiza. “Sea una buena persona que habla bien en público. Realice esta labor
con amor”.

TODO LO QUE USTED QUERÍA SABER

Para este libro fueron realizadas entrevistas con expertos de varios países,
fundamentalmente Estados Unidos, México, España, Chile, Argentina, Colombia,
Guatemala, El Salvador, Honduras, Panamá, Costa Rica, etc. Entrevistamos grandes y
reconocidos oradores, y también personas que no lo son, pero que los analizan y pueden
opinar sobre ellos. Hablamos con grandes maestros de la oratoria, vinculados de una u
otra forma con el Dale Carnegie Center of Excellence, de Nueva York y otras naciones,
al tener en cuenta que, definitivamente, Carnegie fue uno de los más profundos
estudiosos y maestros de la oratoria.

A personas con gran cultura, experiencia, capacidad de crítica y análisis, que además han
oído millares de discursos, de aficionados y profesionales, dentro y fuera del país, les
formulamos preguntas como estas:

¿En su concepto, cuándo un orador es bueno?

¿Cuándo es un fracaso?

¿Cuáles son las principales cualidades que debe tener un orador para conquistar al
auditorio?

¿Qué tipo de oradores, de conferencistas, lo entusiasman, lo animan a escucharlos?

Y a los expertos, a quienes son considerados extraordinarios oradores, también les


pedimos sus orientaciones, sus recomendaciones sobre otros aspectos como los
siguientes:

--Entusiasmo en el orador.

--Contacto visual.

--Personas que hablan plano, lento o muy rápido.

--Expresión corporal.

--¿Cómo puede ganar confianza un orador?

--¿Qué hacer para eliminar las muletillas?

--Reflexiones sobre personas que cometen el error de aprender sus discursos de


memoria.

17
Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

--Respuestas del auditorio de acuerdo con las actitudes del orador.

--Manejo de ayudas audiovisuales.

--¿Cómo enfrentar los segundos iniciales, difíciles para casi todo orador?

--¿Cómo se cierra profesionalmente una intervención? ¿Cuáles son los recursos que
se pueden utilizar en este momento definitivo?

--¿Cómo se prepara un discurso, una charla, una intervención frente a un grupo?

--Naturalidad, oradores sobreactuados y postizos.

Y a lo largo de este libro continuaremos incluyendo sus respuestas. Hay conceptos que
son tan repetidos como definitivos y por eso, a propósito, los dejaremos una y otra vez.
Deseamos que queden grabados para siempre en la mente de nuestros lectores.

<fin del extracto>

Nota final: Lo que acaba de leer es apenas un


extracto de las más de 300 páginas que
componen el libro ASI SE HABLA EN
PUBLICO de Germán Díaz Sossa.

Este libro, lo puede obtener completamente


GRATIS con la compra de la conferencia
digital del mismo autor.

La conferencia fue grabada, durante las


jornadas de [Link] desde Miami.
Álvaro Mendoza, anfitrión de esta conferencia,
la modera y la presenta.

Pero además de escuchar a Germán Díaz Sossa,


usted tendrá la oportunidad de tener su libro
"ASÍ SE HABLA EN PÚBLICO", para poder
ayudarle mejor, a fijar, practicar y recordar,
todas las técnicas y enseñanzas que Germán le
mostrará.

No solo eso, sino que con la conferencia se incluyen, casi 20 minutos con las preguntas
del auditorio y las sorprendentes respuestas de Germán.

DURACIÓN de la CONFERENCIA: 90 minutos, incluye sesión de algo menos de 20


minutos de preguntas y respuestas.

18
Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

TEMARIO

• Descubra el factor responsable del 80% del éxito de una persona que habla en
público.

• ¿Memorizar o no memorizar la presentación? Conozca la respuesta y el por qué


de la misma.

• Aprenda cómo se aclaran las ideas y los hechos.

• El PDC: Planteamiento, Desarrollo y Conclusión.

• Cómo persuadir, convencer y vender. ¿Conoce la intención de su comunicación?


Así comunican, atienden y venden grandes empresas.

• La seguridad. Claridad y Concreción.

• Cómo darle fuerza al mensaje. El entusiasmo que VENDE.

• ¿Qué es lo primero que usted debe saber acerca de la presentación?

• Para hablar bien en público no se necesita ser valiente, sino tener el dominio de
unas técnicas. Descubra qué hay que hacer y luego simplemente hágalo.

• Contacto visual. Conozca el gran truco de a quién mirar mientras habla, para
ganar seguridad. Conozca a quién dedicar más atención, logrando su apoyo. De
esto depende su éxito o su fracaso...

• Aprenda a quién debe mirar usted para ganar más apoyo y seguridad.

• Actitud comunicadora y vendedora. Sepa cómo ganarse al auditorio, convencerlo


y venderle sus ideas, imagen o productos.

• Dominio de los nervios físicos y psíquicos. ¿Qué hacer durante los primeros
segundos para romper el hielo con gran éxito?

• La importancia del manejo de la voz y técnicas efectivas de expresión corporal.

• Los gestos. La expresión corporal. ¿Intimida usted a sus auditorios?

• Descubra cuál es el mejor profesor de expresión corporal que hay en el mundo y


aprenda de él.

• Aprenda qué hacer cuando tenga temor.

19
Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

• Como ir generando confianza y habilidad para hablar en público.

• Aprenda cuál es la principal virtud de una intervención ante un auditorio.

• Manejo de ayudas audiovisuales. En esto hay reglas, si quiere efectividad.

• ¿En qué ha de concentrarse cuando esté en frente del auditorio?

• ¿Cuál es la mejor forma de iniciar una presentación?

• La importancia de las anécdotas.

• Aprenda diferentes formas de satisfacer al auditorio.

• ¿Usar o no usar terminología especializada? Pros y Contras.

• ¿Cuánto debe durar una exposición?

• Correcta utilización del micrófono. Conozca los errores más frecuentes.

• Correcto manejo de la voz, volumen, dicción, vocalización.

• Estrategias para abrir, desarrollar y cerrar intervenciones.

• Consideraciones con respecto al humor.

• ¿Pasar o no material escrito a los participantes?

• Aprenda a evitar los distractores del mensaje.

• Aprenda todo sobre la fórmula "TIO" para presentar conferencias.

• ¿Qué hacer cuando le hagan una pregunta y usted no sepa la respuesta?

• ¿Qué hacer cuando las personas del auditorio se distraen?

• ¿Qué hacer cuando hay una persona agresiva en el auditorio?

• Manejo de auditorios difíciles.

Nunca olvide que presentarse ante un auditorio medio preparado es como


presentarse medio desnudo.

20
Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

Pero, ¿quién es Germán Díaz Sossa?

Germán Díaz Sossa es escritor, conferencista y profesor de


diplomados y postgrados desde hace más de veinte años.

Ha obtenido cuatro galardones mundiales, entre ellos el Premio Rey


de España, el cual le fue entregado por Su Majestad Juan Carlos de
Borbón y la Reina Sofía, en el Palacio de La Zarzuela, en Madrid,
España.

Realizó radio y trabajos especiales en el servicio Latinoamericano de la BBC de Londres.


Ha escrito y es corresponsal de la revista Selecciones del Reader's Digest, la más vendida
del mundo, con cerca de 30 millones de ejemplares y cien millones de lectores.

Es autor de varios libros, entre los que figuran Así se Habla en Público, Líderes que
Enseñan, Páginas Sabias y El Poder Vendedor de la Atención Telefónica, todos ‘Best
sellers’ en varios países.

¿Cómo puede acceder a escuchar esta aleccionadora conferencia de Germán Díaz


Sossa?

La conferencia se la remitiremos en formato de audio digital, que usted podrá instalarla


en su ordenador y escucharla tantas veces como desee, para fijar bien los principios y
conceptos que le ayudarán a mejorar sus presentaciones, sus discursos y sus
negociaciones a través de la palabra hablada.

21
Así se habla en público (Germán Díaz Sossa) [Link]

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podrían costar por encima de los 150 dólares pero ahora usted podrá conseguirla desde
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una verdadera JOYA. Este libro ha ayudado a millones de
personas alrededor del mundo a enriquecerse.

Citando a Wattles:

"HAY una Ciencia para hacerse rico, y es una ciencia exacta, como el álgebra o las
matemáticas. Hay ciertas leyes que gobiernan el proceso de adquirir la riqueza; una vez
que estas leyes son aprendidas y obedecidas por cualquier hombre, él se enriquecerá con
una certeza matemática. La posesión del dinero y las características, vienen como
consecuencia de hacer cosas de un CIERTO MODO; los que hacen cosas de este
CIERTO MODO, ya sea con intención o por casualidad, se enriquecen; mientras que
aquellos que no hacen las cosas de ese CIERTO MODO, sin importar con qué fuerza
trabajen o cómo sean de capaces, permanecerán pobres.
Es una ley natural que ciertas causas producen determinados efectos; y, por lo tanto,
cualquier hombre o mujer que aprende a hacer las cosas de este CIERTO MODO,
infaliblemente se enriquecerá."

Resumiendo...

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material directamente a su computador. El material incluido es el siguiente:

1. Un archivo de Audio con los 90 minutos de la conferencia integra, más la


grabación de las preguntas y respuestas que se hicieron en el evento en directo.

2. Acceso para descargar la presentación en Power-Point, con las transparencias de


la conferencia para poderla seguirla a su propio ritmo.

3. El e-book en formato PDF de 312 páginas: Presentaciones eficaces, con las


entrevistas a los principales oradores, profesores e instructores del mundo
hispano, en oratoria.

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